AGLI Recortes de Prensa   Domingo 30  Junio 2019

Si Rivera acierta, Ciudadanos yerra
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  30 Junio 2019

Ni como bisagra ni como alternativa, se puede estar contra el PSOE de Sánchez y con el PSOE de Page, que, claro está, no ha roto con Sánchez tras la entrega de Navarra y la toma de TVE por el comando informativo de la ETA dirigido por Otegi.

Tras una larga ausencia de declaraciones, típica de los presidentes de partido en España y deudora de una concepción oriental del Poder, donde el temor al que calla es mayor que al que amenaza, Rivera ha vuelto a escena como era previsible: reafirmando su liderazgo frente a los garicanos. Lo ha hecho con estrépito, delatando que la crisis no era fruto de problemas internos sino de la debilidad estructural de un partido sin más definición ideológica que la que marca el líder. Nada nuevo. Mandarlos a "fundar otro partido para irse al PSOE" recuerda al Rajoy que dijo: "el que quiera irse al partido liberal que se vaya y el que quiera irse al partido conservador, que se vaya". Y se fueron.

De Rajoy 2008 a Rivera 2019
La diferencia entre el Rajoy de 2008 y el Rivera de 2019 es que, en aquella época, liberales y conservadores tenían un partido, el PP, que desde 2008 fue una copia borrosa del PSOE y un conjuro contra el PP histórico. Pero Ciudadanos es un proyecto político sin la estructura nacional del PP, capaz de sobrevivir a dos sequías de votos. A Cs lo siguen votando menos que al PP y no tiene estructura para sobrevivir a los errores de orientación.

Este viernes, Alejandro Fernández, líder del PP en Cataluña, dijo en esRadio que el PP "no puede cometer un error más en Cataluña". Es cierto, pero su estructura ha sobrevivido a dos: el que alumbró un partido dizque liberal, Cs, y el que dio a luz un partido conservador, Vox, ambos salidos de aquel PP de los 11 millones de votos. En cambio, cuando Rivera dice que sus críticos "funden un partido y se vayan con Sánchez", no ve que ese partido ya lo ha fundado él, y es el de Manuel Valls. Y que Cs amenaza en toda España con firmar ese pacto con el PSOE que él se niega a sí mismo.

La tamborrada de aplausos encabezada por Villacís y Aguado en el fervorín madrileño olvida que ambos han propuesto o proponen compartir poder con el PSOE, cuya relación con el "sanchismo" no es más que la grotesca diferenciación entre el PSOE con el que no quiere pactar Rivera y el PSOE con el que sí puede pactar y pacta su partido, contra el PP y Vox. Pero ese cambio de prioridad de ser el gran partido español en Cataluña a serlo en toda España heredando la base electoral del PP no pasa por decir que la Izquierda es mala sino que la Derecha es buena. Y eso no se atreve a decirlo un Rivera que no es maricomplejines sino maricomplejones, y que sólo comparte con el PP el pánico a los medios de Izquierda y el odio a los de Derecha. A los que ha dejado el PP, se entiende, que somos poquísimos.

La alergia a las ideas de Albert Rivera
Teresa Giménez Barbat, la fundadora de Ciudadanos que se fue a UPyD e hizo una gran tarea en el Parlamento Europeo pero a la que Rivera no ha dejado volver, siquiera para acompañar a Maite Pagaza, ha publicado en OK Diario El eje cultural de Ciudadanos, un análisis de la crisis y de lo que ve como gran problema de Rivera: su alergia a la lectura y las ideas:

Lo que distingue al grupo de Garicano, Roldán e Igea del que, con la salvedad de Juan Carlos Girauta, ha cerrado filas con Rivera no es el factor ideológico, sino el sustrato cultural, el sentido crítico, la razón ilustrada. Este grupo, no obstante, tiene otras insuficiencias, y la principal, me temo, es su incomodidad ante cualquier tipo de pacto o de medida que se salga del carril de lo políticamente correcto.

Rivera no es muy amigo de la cultura. Hasta ahí, nada que no delate también a dirigentes de otras formaciones. Ahora bien, a diferencia de lo que es habitual en el gremio, Rivera ha hecho de ese desprecio un rasgo cardinal de su formación. Un estilo. Ya no es sólo su renuencia a tratar con los fundadores, absolutamente legítima. Es, por ejemplo, el que a mi juicio es uno de los grandes déficits de Ciudadanos, sobre el que nadie, ni yo misma, hemos terciado lo suficiente: la ausencia de un think tank a la manera de FAES o Pablo Iglesias.

No creo que sea casual que, después de 13 años de existencia, el partido no disponga de una factoría de ideas, pues Rivera percibe el hecho intelectual como un contrapoder indomesticable. Y ello, obviamente, tiene un reflejo en quienes componen su círculo de confianza, más inferiores que él en casi todo. Rivera solía ufanarse de dirigir el partido como si fuera una empresa. Bien, no es así: en el mundo empresarial, el talento está bastante más reconocido.

Paréntesis para una historia futura
Sería interesante escribir la historia real, no la imaginada, de FAES, que nació impulsada por Aznar para dotar a su PP de una base doctrinal homogénea, refundiendo las ideas, todas con fundaciones detrás, de signo conservador, democristiano y liberal, que sería la matriz en que verterlas. Esperanza Aguirre y Vidal Quadras fueron los primeros encargados de forjar ese think tank pero con un problema que desde el principio marcó su funcionamiento: su carácter instrumental, al servicio del partido y su líder. Por eso al llegar a la Moncloa, Aznar canceló la línea liberal en favor de un centrismo de gobierno, vagamente democristiano, con Eugenio Nasarre y Nueva Revista como referentes. De eso trata mi ensayo Viaje al centro de la nada en La Ilustración Liberal, que, junto al del "invierno mediático", marcan el distanciamiento del grupo LD y el PP y el Gobierno de Aznar.

En realidad, la historia intelectual de la derecha política española en el último cuarto de siglo es en lo esencial la ruptura del think y del tank, la bifurcación de dos proyectos, el de FAES y el del Grupo LD, que nacen la vez, participan juntos en las Jornadas Liberales de Albarracín, con el PP en la Oposición y sus primeros años en el Poder, y rompen definitivamente en 1999, cuando el PP ya acaricia la mayoría absoluta y cambia todas sus referencias intelectuales. Después de 2008, Aznar se refugia en una nueva FAES, que recupera la referencia liberal, pero se centra más en la historia del liberalismo español -con publicaciones excelentes- que en la política actual, tropezando siempre con la dependencia económica del PP de Rajoy.

Paradójicamente, cuando Aznar rompe con esas amarras y crea un think tank atlantista, llega en un golpe de audacia a la presidencia del PP Pablo Casado, con personajes a su lado como Lasquetty y Álvarez de Toledo, pertenecientes a aquella FAES de segunda generación que recreó Aznar para la oposición a Zapatero antes de la traición definitiva de Rajoy. Quizás en 2020, al cumplir los 20 años de Libertad Digital, sea el momento de hacer esa historia de las ideas en la derecha, inseparable de sus opciones políticas, así los impuestos, la Ley de Violencia de Género, la de Memoria Histórica o la exhumación de Franco.

Hasta ahora, el nuevo PP sólo se enfrenta a la dictadura ideológica de la Izquierda en lo fiscal. Preso de sus complejos históricos y de género, se limita a los números. Sigue siendo más un partido para la gestión de Estado que un partido nacional de ideas y valores. Está más cerca de Rajoy y de la segunda etapa de Aznar en el Poder que del primer PP y la primera FAES. Por ahora. No sabemos qué decidirá Casado, que aún no ha acabado con el sorayismo, negación de toda política de Derecha y socio de la de Izquierda.

Si hago este excurso es para mostrar todo lo que ignoran Rivera y su partido de la historia profunda de esa Derecha, el PP, que quieren heredar. Y su peor ignorancia, su error estratégico mortal, es el trato a Vox. En el PP actual llevarán mal que bien el trato con los jeques atrabiliarios de Abascal, pero los ven como suyos, porque dicen cosas que ellos piensan.

Si Cs está "con España" no puede estar contra Vox
En su discurso al partido, que hoy -no ayer- sería compartido por sus votantes, porque Sánchez se ha destapado como socio fiel de la ETA y Podemos, Rivera dijo una gran frase: "Diremos no a Sánchez y sí a España". Pero no se puede estar con la España que se opone a su descuartizamiento sin contar con Vox. Y Rivera cuenta y no cuenta, su partido lo insulta en los mismos términos que la propaganda socialista y comunista, pero pacta con Vox a través del PP en Andalucía y donde hay una alternativa a la Izquierda.

Pero, ojo al cuco, no en todas partes. Su compromiso con España queda en suspenso en Castilla-La Mancha, donde pacta con García Page una especie de enmienda a lo que llama torticeramente el sanchismo, o sea, el PSOE con el que él no pacta para que su partido sí pacte con el PSOE. Eso le parecerá muy inteligente, pero no deja de ser una tomadura de pelo. Y jamás heredará así las bases del PP, bien al contrario: las irá perdiendo. Dice que el PP no puede ser alternativa porque tiene 50 casos de corrupción. ¿Y el PSOE? ¿50.000? ¿Y quién es su socio preferente? El PP de la corrupción, creo. La verdad es que ese fatuo saltimbanquismo moral de Cs resulta cada vez más estomagante.

Contra el PSOE en general y con el PSOE en particular
Esta semana, en Madrid y Murcia, seguirá el carnaval de negaciones y afirmaciones sobre este asunto. Y no sabemos por dónde saldrá Aguado, que tras romper el cordón sanitario de Monasterio ha abierto la puerta a Fray Gabilondo, que corre a ofrecerse como santo para la peana naranja. Lo malo es que cada idiotez de Ciudadanos provoca una estupidez de Vox. Y ambos ayudan esforzadamente a la restauración del PP, pero eso sólo se sustanciará si Sánchez ajusta fuerzas con Podemos en nuevas elecciones. Mientras, la repelente frivolidad de los portavoces -Franco en Murcia, Aguado y Monasterio en Madrid- supone una humillación diaria a los votantes de las tres fuerzas de centro-derecha, que las respaldaron para echar a la izquierda, no para echarse en cara sus respectivas debilidades.

Pero volviendo a Rivera, gran protagonista de este estío abrumador, hay que insistir en que, ni como bisagra ni como alternativa, se puede estar contra el PSOE de Sánchez y con el PSOE de Page, que, claro está, no ha roto con Sánchez tras la entrega de Navarra y la toma de TVE por el comando informativo de la ETA dirigido por Otegi pero al que abrió la puerta desde dentro el Gobierno de Sánchez y todo el PSOE. Para ser alternativa a la Izquierda, Rivera debe entender a los 2.700.000 votantes de Vox. O, al menos respetarlos. Si no, el virtuoso "no a Sánchez" puede quedarse en "Ya no, ay, al PSOE", en unas elecciones generales que parecen a la medida de Pablo Casado. Ah, y de aquella FAES de antaño, que se fue extraviando hasta perderse en los meandros del Poder. Rivera, es verdad, no ha fundado nada igual ¡Y se llaman ilustrados! ¡Han estado en París!

En cuántos muertos calcula Otegi el daño que ETA sí podía hacer
DAVID GISTAU El Mundo  30 Junio 2019

EL ASPIRANTE A MANDELA DE ELGOIBAR. Mientras otros abusaban de Gandhi, Otegi se caracterizó por trazar una analogía de su situación carcelaria con la de Mandela. Modestia para qué. El profeta de la paz, caracterizado como tal por el Zapatero de la 'trattativa' mafiosa con ETA, acudió a una entrevista a que lo consagraran como demócrata y asustó con su apego a los valores del terror.

El género de la entrevista a veces es confuso. Ocurre cuando el entrevistador busca su propio lucimiento -por ejemplo, convirtiendo cada pregunta en un chiste autoconcluido o asfixiando como en un interrogatorio ...policial con el haz de luz proyectado a los ojos- y transforma al entrevistado en un mero pretexto. Aun así, podemos decir que el propósito canónico de la entrevista es muy sencillo: conocer mejor al personaje y sacarle incluso aquello que quería ocultar o que no sabía que sabía, como en un juego de la mayéutica. La mejor entrevista posible es socrática.

En este sentido, no podemos sino congratularnos de que Otegi haya sido entrevistado en la televisión pública. En una época poblada de pícaros y logreros como ésta, donde casi todo ocurre en una dimensión subterránea de la que de vez en cuando rebalsa mierda porque alguien se siente engañado y plantea una queja como la de las dos señoras de Madrid a las que no les cumplieron un contrato de asesinato -y que también presentaron la firma del estafador-, hay que celebrar las ocasiones que favorecen que todos nos conozcamos mejor. La entrevista a Otegi ha resultado tener esta función de desenmascarar impostores que fue prolongada horas después, en el Parlamento, por los diputados reticentes a ovacionar a los asesinados por el terrorismo. Y que son precisamente en los que Sánchez pretende apoyarse para refundar España, aunque sea admitiendo en el acuerdo cláusulas que habrían parecido humillantes a Fausto en su negociación con el Diablo.

Después del paso de Otegi por nuestras salas de estar, conocemos mejor, por ejemplo, a la televisión pública. Tan militante y predispuesta a volverse instrumental en los enjuagues de Sánchez, que avergüenza y hace sentir mal a sus propios periodistas, que de repente se ven sentados delante de Otegi y no saben cómo salvar un ápice de su propia dignidad. De esto se dio cuenta hasta Otegi, que les hizo un reproche, como diciendo: «Muchachos, olviden su propia honra, saben como yo que esta noche vine aquí a que me trataran bien». También conocemos mejor a Sánchez, sus verdaderas intenciones, su concepto de agrupamiento progresista, todo el paripé de la incertidumbre acerca de la investidura, que sólo sirve para mantener a la derecha en tensión autodestructiva por culpa de la engañifa de la abstención patriótica. Hasta el PP, del que se supone que no tenía dentro socialdemócratas avergonzados de sí mismos y ansiosos de expiación, ha caído en la trampa.

Por encima de todo, conocemos mejor a Otegi. Conocemos mejor, más bien, la falacia de un supuesto proceso evolutivo que fue propulsado por la palabra paz con la que lo ungió Zapatero y que le permitió, no sólo entrar en ciudades como Barcelona recibiendo trato y selfis de ídolo del pop, sino ponerse de pronto a arbitrar la democracia ejemplar, ecologista y feminista, con regañinas a los desechados por fascistas. Hace falta ser bruto, o muy cautivo de la propia naturaleza, para acudir a una entrevista concebida para normalizarte como líder democrático fetén y salir de ella habiendo asustado aún más a los espectadores con la resistencia a pedir perdón, con la impermeabilidad ante la compasión, y con las convicciones graníticas acerca de la legitimidad de los asesinos. Esa frase atroz, de psicópata, en la que Otegi sólo llegó a lamentar un daño superior a aquel que tenían «derecho» a hacer. ¿Quién concedía ese derecho? ¿Hasta dónde alcanzaba la patente de corso? ¿Valían los muertos uniformados, pero no los demás o es una cuestión numérica; es decir, que ETA tenía un vale de hasta 500 muertos? Éstos son los personajes vertebrales de la España que se nos viene encima.

El suicidio televisado de España
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli   30 Junio 2019

Una cuestión muy interesante para entender la política es elucidar cuáles son las verdaderas motivaciones de la actuación de los políticos, las razones, no siempre conscientes, que les animan en sus iniciativas, propuestas y maniobras sobre el volátil y complejo tablero en que se mueven. De entrada, muchas de sus acciones carecen por completo de lógica, sentido de la realidad, coherencia, valor moral y, por supuesto, de relación alguna con el bienestar, la prosperidad o la seguridad de sus votantes. Consideremos, sin ir más lejos, el presente panorama de la vida pública española, un endiablado torbellino de partidos dirigidos por personajes que consumen su esfuerzo y su tiempo en banales juegos de alianzas, contradicciones, conspiraciones, engaños y comedias ante las cámaras y los micrófonos mientras la parte saludable de nuestra sociedad, ajena a sus absurdas piruetas, pugna por producir los bienes y servicios que necesitamos, por desenvolverse en el feroz escenario de la competitividad global y por sacar adelante a sus familias mientras paga con su elevado esfuerzo fiscal los caprichos divisivos, la venalidad reiterada y los despilfarros electoralistas de sus representantes elegidos en las urnas.

Un doloroso ejercicio mental consiste en imaginar cómo sería España sin separatistas que quieren destruirla, sin colectivistas que se afanan en arruinarla y sin terroristas que han asesinado vilmente durante décadas a centenares de inocentes en una muestra de crueldad vesánica más propia de monstruos que de seres humanos. Una España gobernada por servidores del Estado de alta preparación, honradez y patriotismo, que concibiesen el poder como un medio y no como un fin y que antepusiesen siempre el interés superior de la nación a consideraciones personales o partidistas. Este ideal no debe ser necesariamente inalcanzable, porque ha habido etapas en nuestra historia y en la de otros países en las que, sin llegar a la perfección, los acontecimientos han discurrido por caminos próximos a este desiderátum. ¿Por qué, entonces, padecemos hoy el castigo de una clase política superficial y mediocre, únicamente atenta a sus diminutos y desatados egos y a sus voraces ambiciones cortoplacistas?

Se dirá que estos gobernantes tan inadecuados para conducir a sus conciudadanos y para administrar los gigantescos recursos que se ponen en sus manos son los que hemos colocado en sus puestos a través de elecciones por sufragio universal, libre y secreto, y que, por tanto, no tenemos derecho a quejarnos. No son otra cosa, se nos recordará, que el fiel reflejo del cuerpo electoral que los ha encumbrado y que la culpa de que no estén a la altura de su trascendental función es de los que los hemos situado donde están. Su torpeza, su desidia, su superficialidad, su liviano bagaje intelectual, su egoísmo y sus prácticas corruptas emanan de nosotros, no son más que el eco del conjunto de los españoles, que a la hora de seleccionar a sus elites políticas aplican unos criterios de calidad tan poco exigentes como los que se demandan a sí mismos.

Sin embargo, este enfoque fatalista y autodenigratorio es contradicho por la existencia de numerosos casos de talento, empuje, altruismo y heroísmo en la sociedad española de nuestros días, que demuestran que el viejo dicho del poema del Mío Cid sobre la concordancia entre las virtudes del vasallo y del señor es una consoladora verdad. La solución radica, pues, en hallar los mecanismos correctos para que se alcen a las responsabilidades clave del Estado a los mejores de entre nosotros y no a sujetos que van a dar con sus huesos en la cárcel por sus latrocinios, a resentidos patológicos que pretenden reducirnos a todos a la miseria para satisfacer sus frustraciones, a fanáticos malignos que ven con buenos ojos que las causas políticas se propicien con bombas o con tiros en la nuca o a golpistas ciegos de odio emperifollados de lazos amarillos que no cejan en su empeño de liquidar nuestros derechos y libertades.

Ese debiera nuestro empeño en estos principios del siglo XXI, el impulso de las reformas estructurales imprescindibles en nuestro modelo territorial, en nuestra arquitectura institucional, en nuestro tejido productivo, en nuestro sistema educativo, en nuestra normativa electoral y en nuestro entramado jurídico para evitar que nuestras instituciones queden en manos indignas o incapaces y para que, por el contrario, sean los más aptos entre nosotros, los de trayectorias probadas de logros significativos y de comportamiento intachable, los que se sienten en el Consejo de Ministros, en el Parlamento y en los Ayuntamientos.

La ominosa entrevista en Televisión Española a un criminal despreciable y su exhibición descarada de su negativa a reconocer sus atrocidades y a pedir perdón por ellas, ha sido probablemente el último aviso previo a la caída en el abismo, la postrera señal para que despertemos y reaccionemos antes de participar por acción perversa o por omisión cobarde en el suicidio de España.

La querella de Abascal y la historia que no pasa
Pío Moa Gaceta.es 30 Junio 2019

(Los textos de este blog (y otros textos) pueden consultarse también en www.piomoa.es )

Usted analiza las cuestiones y evoluciones políticas en España de un modo que nadie hace. Sin embargo nadie le hace caso. Y no por eso el país va a la ruina, sino que se mantiene, con problemas, claro, pero como todos los países. ¿Qué sentido tiene que usted persista?

–Todo eso es cierto. Pero no de modo tan absoluto como usted lo expone. Ahora Abascal ha presentado una querella contra Zapatero por cuestiones relacionadas con las actas de sus chanchullos con la ETA. Esto es muy importante. Yo vengo diciendo desde el principio — y es verdad que en solitario– que las “negociaciones” y “diálogos” eran chanchullos entre mafiosos que compartían el 80% de ideas y tendencias, eran colaboración con banda armada y destruían el estado de derecho al reconocer el asesinato como un modo de hacer política aceptado y premiado con relegalización, dinero público, etc., para convertir en potencia política a la ETA, que estaba prácticamente derrotada por Aznar. Estos son evidencias evidentísimas, lo dije y escribí cien veces. Sin el menor éxito, lo que revela una vez más la clase de democracia que tenemos. Bueno, si después de catorce años se empieza a hacer algo, es un avance. En rigor, no hacían falta las actas, pero estas dan un asidero más a la querella. Claro está, después de Zapatero tendría que venir Rajoy, cuya función entonces consistió en anular las protestas por aquellos chanchullos, para luego seguir en los mismos. Sospecho que todo quedará en agua de borrajas, porque meter en la cárcel a dos expresidentes de gobierno es algo que no van a tragar los partidos actuales y me temo que no hay jueces con suficiente pundonor para ir hasta el fondo. En todo caso ya no es lo mismo hacer algo, protestar, que aceptar ovejunamente cualquier desmán del poder. Otra cosa: se habla de “las víctimas del terrorismo”. Pero nadie habla de la víctima principal, que no toca solo a los directamente afectados sino a toda la sociedad, pues esa víctima es la democracia y el estado de derecho. Víctima de la complicidad entre los gobiernos PSOE y PP con la ETA. ¿Por qué nadie lo dice? El país vive en estado de farsa y patraña sin fin. Gobernado por delincuentes. Pero también aumenta la protesta. VOX ha llevado a los tribunales a los separatistas con quienes Rajoy y ahora el Doctor pretendían y pretenden seguir “dialogando”. Ya no es como antes, aunque falte mucho recorrido.

– Pero siendo como usted dice, usted mismo podría haber planteado en su tiempo la querella que presenta ahora Abascal
– Antes que nada, dice usted que el país no se ha hundido. No, porque la economía ha ido más o menos bien, pero estamos ya en el vaciamiento de las libertades y el golpe de estado permanente. En cuanto a lo de la querella, hablé con abogados, que me desanimaron. No entiendo por qué si pasas mil euros a la ETA te pueden procesar por colaboración con banda armada, pero si legalizas sus terminales y les pasas millones de euros de dinero público, es legal. Y de todas maneras yo tenía otras cosas que hacer. Mi parte consistía y consiste en analizar y denunciar los hechos y su alcance político. Otros, los que están directamente en la política, son los que deben actuar política y judicialmente. Yo tengo que escribir libros, tratar de aclarar la historia, analizar la evolución política actual… No pretendo tener la verdad absoluta, pero tendría que haber debate. El pánico al debate es otro rasgo de la miseria intelectual que sufre hoy España, empezando por la universidad.

–¿La historia no pasa? ¿No debe pasar?
Lo explicaré con otro caso típico: todo el juicio historiográfico predominante sobre la guerra civil y el franquismo, toda la ley de memoria histórica, gira en torno a la supuesta ilegitimidad de aquel régimen al haber atacado a un gobierno democrático salido de unas urnas democráticas. He expuesto que no había un solo partido democrático en el Frente Popular y que aquellas urnas fueron un fraude, en un ambiente de violencia, falsificación y despotismo. La campaña exaltaba la insurrección socialista-separatista de octubre del 34 y tuvo una virulencia que ya excluía cualquier convivencia en paz y en libertad; en aquel clima violento, el recuento de votos se hizo sin ninguna garantía en muchos lugares y los votos reales no se publicaron; el proceso continuó con una ilegal segunda vuelta ya bajo poder del Frente Popular, continuó con una ilegal desposesión de actas de la derecha y culminó con la también ilegal deposición de Alcalá-Zamora (por otra parte el mayor responsable de la guerra). Este conjunto de hechos marca unas elecciones fraudulentas que fueron un auténtico golpe de estado. Es también la evidencia misma, o debiera serlo para cualquier persona que se tenga por demócrata. Hace poco dos pobres hombres demostraron el fraude concreto en un número de actas, y digo pobres hombres porque a continuación decían que no querían sembrar polémicas, y porque su servilismo hacia la versión oficial se convertía en burla ante mis “pretensiones” de haber señalado antes la ilegitimidad de aquellas elecciones y del régimen salido de ellas. Pues bien con la clarificación del carácter de aquellas elecciones caen por tierra todas las afirmaciones de legitimidad de origen del Frente Popular. Digo de legitimidad de origen, porque su “legitimidad de ejercicio” consistió en crear un caos tiránico en todo el país hasta provocar la reanudación de la guerra en julio del 36. Y su repercusión política plenamente actual se ve, entre otras cosas, en la ley de memoria histórica, muy acorde con el carácter tiránico de aquellas elecciones y el régimen frentepopulista que se impuso. Es decir, no solo tiene máxima importancia histórica sino también actual. Que para atacar al franquismo sea preciso atacar la democracia hoy mismo ya lo dice todo. Otra cosa es que muchos que se dicen franquistas y que nunca entendieron aquel régimen cedan gustosos la bandera de la democracia a stalinistas, golpistas, racistas separatistas y similares. Es un caso de simple tontería. Así que la historia no acaba de pasar, en efecto, no acaba de ser asimilada y está envenenando la convivencia.

Al revés que el resto de Europa occidental, después de la guerra España se reconstruyó con sus propias fuerzas, en medio de hostilidades exteriores, guerrillas comunistas y un aislamiento directamente criminal. Y dadas las circunstancias, se reconstruyó con auténtica brillantez en los años 40 y 50. No hubo un verdadero corte entre los años 40 y 50, “perdidos” según los demagogos, y el “milagro español” de los siguientes hasta la muerte de Franco. El milagro no habría sido posible sin la base económica construida en los años anteriores: https://www.youtube.com/watch?v=dMMpNSIsUgA

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Este manifiesto se dirige a millones de españoles, por lo que invitamos a nuestros lectores y oyentes a difundirlo por todos los medios. Se trata de crear una plataforma que ponga en primer plano un problema que es de primer plano, pues afecta íntimamente a la política exterior e interior de España. Un problema ocultado o desvirtuado sistemáticamente por todos los partidos, con la excepción parcial de VOX. Se trata de si ha de continuar el actual proceso de satelización política y cultural a intereses ajenos, acompañado del desguace del propio país, o de reaccionar contra esas políticas nefastas de una vez y con máxima energía

España soporta la única colonia en Europa, una invasión en el mismo centro neurálgico de su eje defensivo Baleares-Gibraltar-Canarias. El hecho exige una reflexión en profundidad porque los gobiernos españoles, sean del PP o del PSOE, se declaran amigos y aliados de la potencia invasora, caso único en el mundo, lo que automáticamente convierte a España en un país satélite y sin intereses internacionales propios.

Esta posición, que hoy no toleran países del llamado Tercer Mundo, se manifiesta igualmente en intervenciones militares sucesivas bajo mando ajeno, en idioma ajeno y por intereses ajenos. Recordemos las acciones en Yugoslavia o Kosovo contra un país en proceso de disgregación por fuerzas internas y externas, cuando la propia España sufre hoy, precisamente, fuertes tensiones disgregadoras. O las costosas intervenciones sin salida en Afganistán, un país absolutamente lejano a nuestros intereses. O en Libia que dejó al país sumido en una guerra civil y un caos que continúa, con cientos de miles de víctimas y de huidos que han agravado las crisis inmigratorias en Europa y en la misma España. Etc. O la presencia de aviones y tanques españoles amenazando y provocando por cuenta ajena a Rusia, un país con el que no tenemos ningún conflicto como sí lo tenemos, en cambio con el que invade nuestro territorio y que es la segunda potencia de la OTAN, en estrecha vinculación con la primera.

Debe recordarse que en los años 60, España obtuvo en la ONU una gran victoria política sobre Inglaterra, al reconocerse la obligatoriedad de devolver Gibraltar a España. Dada la arrogante negativa de los invasores a cumplir la resolución, el gobierno español cerró la frontera con la colonia, aislándola y convirtiéndola en una ruina económica, con coste político y moral añadido y creciente para los ocupantes. Esta política, que habría dado fruto con el tiempo, fue radicalmente invertida por la casta política actual, que anuló aquella victoria, abrió la verja, multiplicó las facilidades a los invasores y convirtió la colonia en un gigantesco emporio de empresas opacas y contrabando masivo, con cuyas ganancias ejerce una auténtica colonización sobre el entorno –al que ha hundido económicamente– y una corrupción sistemática sobre políticos, periodistas, abogados y jueces no solo en su entorno andaluz sino en toda España. Gibraltar ha albergado reuniones de grupos separatistas españoles y no hay duda sobre la intención de Londres y la colonia de jugar con los problemas internos de España para mantener a toda costa su ilegal, humillante y parasitaria presencia en el peñón y su entorno.

El caso de unas clases políticas que no solo admiten la invasión de su territorio sino que multiplican los gestos de sumisión y zalamerías hacia el ocupante, es quizá único en el mundo. Y no se entiende sin otros rasgos, también únicos, de esos partidos y gobiernos. Pues ninguna otra nación tolera gobiernos que en lugar de hacer frente a los separatismos disgregadores, los ha alimentado, financiado y promovido durante décadas hasta volverlos extremadamente peligrosos vaciando de estado a dos regiones y creando una situación de golpe de estado permanente desde una de ellas, cuyas autoridades se declaran en abierta rebeldía contra el resto del país. Esos gobiernos, sean de derecha o de izquierda, han incumplido mil veces los puntos más elementales de la Constitución que garantiza la unidad nacional, y de la democracia, amparando toda clase de ilegalidades, acosos y propagandas contra quienes les resisten. Gobiernos que, declarándose demócratas, han propiciado leyes totalitarias de estilo comunista como la de memoria histórica u ofensivas contra la igualdad de derechos de las personas como las leyes de género. Gobiernos que vienen entregando ilegalmente la soberanía española a una burocracia no representativa con sede en Bruselas.

No estamos, pues, ante un asunto menor, pues se conecta estrechamente con todos los demás problemas de fondo creados por la actual casta política y que no cesan de agravarse. El problema de Gibraltar no tiene solución militar, pero tampoco la necesita. Es indudable que España tiene todas las bazas, sean económicas, políticas, morales o internacionales. Esas bazas las han utilizado los gobiernos de PP y PSOE contra los intereses españoles y a favor de los ocupantes; procurando al mismo tiempo que la intolerable y escandalosa situación quede en la ignorancia para la mayoría de la gente o sea considerado por ella como un asunto de poca enjundia. Gibraltar ilustra la abyección y miseria moral, intelectual y política de una casta política de la que el país debe deshacerse necesariamente y cuanto antes. Y denunciar la cuestión en sus verdaderos alcances y proyecciones, combatir el oscurantismo deliberado hacia la misma, su ocultación a los españoles, es el primer paso al respecto.

El justo indomable
Emilio Campmany  Libertad Digital  30 Junio 2019

Cuando muere alguien como Eduardo Fungairiño, todos los españoles nos quedamos algo huérfanos. No es sólo una manera de hablar. En un país donde los Gobiernos de turno se arrugan ante los que quieren destruir la nación que juraron (o más comúnmente prometieron) defender, unos pocos funcionarios, que hicieron el mismo juramento o promesa, son la última trinchera del último frente desde el que protegerla. Los que, como Fungairiño, deciden defender las leyes ante quienes las atropellan, da igual que lo hagan con balas 9 milímetros Parabellum o con el BOE, lo pagan. Su mérito no está sólo en la indómita voluntad de ser justos, estriba sobre todo en la disposición a arrostrar las consecuencias. Porque en España defender a la nación y sus leyes sale carísimo.

En esto, como en tantas otras cosas, los Gobiernos y los políticos se atienen al código Corleone, esa norma por la cual el alto funcionario que prefiere defender la ley antes que obedecer dócilmente al gobernante es castigado una y otra vez, mientras se premia profusamente con bicocas, cargos y medallas a los que sumisamente se olvidan, como los políticos, del juramento que hicieron. No sólo se cierran las puertas del natural ascenso en la carrera de cada cual, no sólo se ciegan las normales rutas de promoción que deberían esperar a juristas de la brillantez de Fungairiño. Son los artículos de prensa, la exposición a escarnio público de cualquier episodio de la vida privada que pueda ser presentado como vergonzoso, es la soledad derivada de los muchos amigos que huyen de quien es objeto del anatema de los poderes públicos y la prensa cortesana. Es verdad que no llega a ser el "plata o plomo" de la Colombia de Pablo Escobar, pero el principio es el mismo. Veremos qué cínicos elogios harán de Fungairiño un Marlaska, juez elevado a ministro del Interior, o una Dolores Delgado, fiscal catapultada al Ministerio de Justicia, por ser y hacer ambos exactamente lo contrario de lo que fue e hizo el gran Eduardo Fungairiño.

Sin jueces y fiscales dispuestos a renunciar a un futuro de prebendas, los golpistas catalanes no se habrían sentado en el banquillo. Del mismo modo que sin Eduardo Fungairiño y otros pocos, el felipismo del GAL y de la corrupción se habría ido de rositas. Es verdad que Felipe González, un aspirante a dictadorzuelo caribeño de novela de Vargas Llosa, se libró indebidamente de ser acusado y hoy es considerado el estadista que nunca fue. Pero eso se lo debe a los Bacigalupos, que abundan mucho más que los Fungairiños, que antepusieron los favores que recibieron a su obligación de hacer cumplir las leyes.

Cuando muere alguien como Fungairiño, una parte de nosotros también muere. Hoy España está un poco más indefensa, algo más desamparada. Toda la desgracia que cayó sobre este hombre justo y bueno cuando se vio condenado a una silla de ruedas desde joven se compensa ampliamente con la fortuna que los demás tuvimos de ser sus compatriotas.

En la muerte de Eduardo Fungairiño
Javier Gómez de Liaño  Libertad Digital  30 Junio 2019

A Eduardo Fungairiño, maestro del Derecho y un verdadero hombre de ley, la muerte le ha llegado creyendo en la Justicia, a la que dedicó su vida por completo.

Sí. Eduardo Fungairiño ha muerto. Por eso este obituario que no me será fácil escribir, pues siempre que un gran hombre muere siento un inmenso vacío. Quizá sea porque piense que la muerte se lleva a los mejores para dejarnos vivos a los malos. De todos modos, no aspiro a decir la última palabra sobre él, ni creo que hubiera de conseguirlo por muchas veces que lo intentare.

Si un hombre es el soporte de una biografía, alguien de quien se dice que nació un día, que murió otro y que, entre tanto, hizo cosas, los datos de la vida pública de Eduardo Fungairiño son, aproximadamente, estos:

Eduardo nació en 1946. Para ser más precisos, el 30 de mayo, festividad de san Fernando. En 1972 ingresó en la carrera fiscal, comenzando sus primeros pasos en la Audiencia Provincial de Barcelona, en cuya Fiscalía sirvió hasta 1980, año que fue destinado a la Fiscalía de la Audiencia Nacional. En 1997 ascendió a la categoría de fiscal de Sala y nombrado fiscal jefe de ese tribunal, cargo que ejerció hasta 2006. Desde entonces hasta su jubilación el año pasado, fue fiscal de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo.

A Eduardo Fungairiño, maestro del Derecho y un verdadero hombre de ley, la muerte le ha llegado creyendo en la Justicia, a la que dedicó su vida por completo. Algún día habría que escribir con hermosa letra de cuaderno de caligrafía que en la nómina de sus cualidades destacaba el compromiso de no traicionar jamás los dictados de su conciencia. Para él, como para muchos jueces, fiscales y abogados, lo decente, con la toga puesta, no era triunfar, lo cual no pasa de ser una efímera flor de estufa, sino tratar de hacer justicia con la razón de la ley, que es dura como el diamante. Como quería el prudente Séneca, el hombre más poderoso es aquél que es dueño de sí mismo, o, por el camino contrario, nadie tan esclavo como el que se tiene por libre sin serlo.

Trabajador en constante vena creativa, había elaborado una obra a la que se aplicaba con esfuerzo para mantenerla al día y que rotuló El Paco, un prontuario actualizado de convenios de extradición y otros de cooperación judicial internacional. Siempre atento a todos los aconteceres, curioso de cuanto escuchaba y veía, sagaz en lo que decía, Eduardo Fungairiño parecía un hombre de la Ilustración. Sus conocimientos eran de los que yo llamo "múltiples", y, por ejemplo, ahí estaba el Fungairiño historiador o escritor. De su trabajo como articulista, El Español y Libertad Digital son fieles testigos.

"Me parece que la tragedia me llegó demasiado pronto", me dijo Eduardo en cierta ocasión, abriéndome su corazón. Tenía 19 años, estaba en tercero de Derecho, era un magnífico deportista, destacaba de portero de hockey sobre patines y tenía novia. De pronto, la fatalidad tiraba por la borda ese tesoro y un furioso golpe de mar lo dejó náufrago, tetrapléjico, agarrado a la tabla salvadora de su voluntad. Luego, día a día, minuto a minuto, Eduardo, como diría el poeta, se aferró a la dura tierra y con espíritu luchador fue amasando el dulce y noble barro de su nueva vida.

En este momento de tristeza en el que procuro huir de la estéril adulación, tan ajena a su talante y al mío, hay una faceta en la vida de Eduardo que quiero resaltar. Me refiero al culto que dispensaba a la amistad, ese sentimiento ilustre que muy pocos saben distinguir. Para él, contra lo que suele entenderse, la amistad no era un medio sino un fin. Decía que a la amistad se llega desde la generosidad y sabía que toda amistad interesada destruye su mayor encanto. La amistad es necesaria y hermosa.

Con la muerte de Eduardo Fungairiño, en el mundo del Derecho y la Justicia hay un amigo menos a quien admirar. Quienes conocimos y quisimos a Eduardo lo haremos vivir mientras vivamos, porque los muertos viven en la memoria de los vivos. Vivimos en el espacio, pero morimos en el tiempo. De Eduardo ya hablamos en pretérito, aunque, para mí, siempre perfecto. Si no lo recordáramos como se merece, él estaría más muerto y quienes presumimos de haber sido sus amigos, no lo seríamos tanto ni tampoco justos, lo cual me lleva a pensar que el hombre sólo es inmortal si después de dejar este valle de lágrimas, los suyos, su familia y sus amigos, le recuerdan incesantemente. La vida es, ante todo, recuerdo, nostalgia y tristeza ante la ausencia del ser querido. Tres esencias que se destilan en el alambique del alma.

Sí; Eduardo Fungairiño ha muerto. De brevitae vitae. Es fugitiva la vida. La muerte es el reverso, la cruz de la moneda, el saldo de los gozos y de las amarguras. La muerte es ese pozo sin fondo en el que los hombres nos desbaratamos sin remisión posible. Cierto. También lo es que las cenizas nos emparentan a todos. O sea, que nacemos iguales pero morimos iguales, aunque no lo es menos que no todos los muertos son iguales.

Sí; Eduardo Fungairiño ha muerto. Se ha ido dichoso porque la muerte solamente le ha quitado la vida. La muerte sólo llega con el olvido. Son muchos a quienes tras la muerte de Eduardo Fungairiño el dolor nos baila en el corazón, en la garganta y en la mirada. Descanse en paz Eduardo Fungairiño, el Ironside del Ministerio Fiscal, como le llamaban en Barcelona cuando llegó en su silla de ruedas. También aquellos que en esta hora de su muerte sientan algún que otro remordimiento de conciencia.

Aquí pongo punto y final a esta oración fúnebre por la muerte de Eduardo en la que he tratado de ser tan sincero como objetivo. No obstante, confieso que en tres ocasiones he tenido que dejar de escribir y levantarme. Vosotras, queridas Trini, Pilar y María Dolores, seguro que me entendéis.

Beatificación de 14 religiosas
Las monjas «fueron fusiladas por odio a la fe, no desaparecieron sin más»
El fraile capuchino Rainerio de Nava afirma que a sus 94 años «no pensaba poder ver a su hermana elevada a los altares»
Laura Daniele ABC  30 Junio 2019

A sus 94 años, el padre capuchino Rainerio de Nava ya no contaba con poder ver a su hermana elevada a los altares. Sor María Beatriz de Santa Teresa fue una de las 14 religiosas concepcionistas asesinadas durante la Guerra Civil que fueron beatificadas la semana pasada en la catedral de la Almudena. «Ha sido una gracia de Dios, un regalo muy grande. Nunca pensé que iba a poder vivirlo», asegura el sacerdote, que ha recibido a ABC en el convento de la Parroquia de San Antonio en el madrileño barrio de Cuatro Caminos.

Este fraile fue el principal responsable de la etapa diocesana del proceso de beatificación de estas religiosas, que luego continuó el capuchino Alfonso Ramírez Peralbo en el Vaticano y que culminó en enero de 2019 con el decreto de martirio firmado por el Papa Francisco. Fueron muchos años de trabajo, recopilando información y testimonios para poder demostrar que estas hermanas concepcionistas franciscanas prefieron morir a traicionar su fe durante la persecución religiosa de los años 30 del siglo XX.

«Sofocón emocional»
«La ceremonia de beatificación ha sido una especie de sofocón emocional. Desde entonces tengo un estado de ánimo optimista tanto en mi vida personal como religiosa. Algo se me ha quedado prendido en el corazón y siento una disposición personal distinta», asegura el fraile, que no esconde su profunda tristeza por la tergiversación que algunos medios de comunicación han hecho de la beatificación. «Estas mujeres fueron asesinadas por los milicianos por odio a la fe, no desaparecieron así sin más como han dicho algunos periodistas», subrayó.

Las 14 religiosas pertenecían a la Orden de la Inmaculada Concepción. Diez de ellas formaban parte de la comunidad del monasterio madrileño de San José; dos a la comunidad de Escalona (Toledo) y las otras dos a la de El Pardo (Madrid).

La hermana del padre Rainerio estaba en el convento de San José. Era la mayor de siete hermanos. Él era el más pequeño. Sus padres eran labradores oriundos de Navas de los Caballeros (León), un pueblo situado en la depresión del río Valdeyorma. «Cuando se despidió de la familia para irse al convento con 16 años, yo estaba en el seno de mi madre», recuerda el fraile, que está a punto de cumplir 75 años en su ministerio sacerdotal. «Mis padres me contaron que era una niña extraordinaria. Y siempre se distinguió por ser una persona consecuente. Con 10 o 12 años cogía el arado que era muy pesado y labraba el campo», asegura.

La noticia de su muerte le llegó por carta cuando el padre Rainerio tenía 12 años y estudiaba en un colegio en Bilbao. Su hermana entonces tenía 28. «Fue muy doloroso», recuerda el capuchino.

Con el paso del tiempo, el fraile consiguió saber a través de distintos testimonios cómo habían sido los últimos meses de estas religiosas antes de ser fusiladas. «En el caso de la comunidad del convento de San José las denunció la portera de un edificio vecino. Cuando llegaron los milicianos tiraron a una hermana que iba en silla de ruedas por las escaleras. Llevaban meses sin comida ni nada. Los revolucionarios hicieron a las religiosas de entonces muchas cosas crueles que prefiero no recordar», asegura.

El relato de algunos testigos y numerosos documentos permitieron confirmar posteriormente que estas religiosas –que se habían visto obligadas a abandonar su convento para refugiarse en un piso de la madrileña calle Francisco Silvela– fueron fusiladas entre el 6 y el 8 de noviembre de 1936. «Sus cuerpos probablemente se encuentren enterrados en una fosa común en Paracuellos del Jarama», asegura el padre Rainerio.

Junto a ellas, también encontró la muerte la abadesa, María del Carmen Lacaba Andía. «En lugar de huir, como pudo hacerlo, se negó a abandonar a sus hermanas enfermas. Sus últimas palabras antes de morir fueron: ‘Viva Cristo Rey’», asegura el capuchino.

Una señal en la tumba
Algo parecido ocurrió con las dos monjas de El Pardo. Tras echarlas de su convento fueron llevadas hasta un descampado en el barrio madrileño de Vicálvaro, donde las fusilaron el 22 de agosto de 1936. Son los únicos dos cuerpos localizados e identificados. Se encuentran en la capilla del protomonasterio de las concepcionistas franciscanas de Toledo, la casa madre.

Se trata de la beata Inés de San José y de su hermana carnal, la beata María del Carmen de la Purísima Concepción. «El sepulturero que las enterró era un hombre bueno. Después de limpiarles el rostro les tomó una fotografía y puso una señal en sus tumbas. Gracias a eso pudieron ser reconocidas posteriormente», explica sor Ana María, religiosa concepcionista, quien recuerda que todas estas monjas sabían que iban a morir y aceptaban el martirio. «Rezaban al Señor para que los republicanos se convirtieran», subraya.

Todas murieron de una forma cruel, pero sin guardar «ningún tipo de odio en el corazón y sin renegar de su fe», recordó el postulador de su causa, el fraile capuchino Alfonso Ramírez Peralbo. Los malos tratos y los insultos que tuvieron que soportar estas religiosas sin que llegaran a renegar de su fe solo se explica –según detalla este fraile– por su «intensa vida de oración y su profunda vida interior».

«Son un signo de reconciliación para los que todavía odian»
Prefirieron morir a traicionar su fe, pero antes de que les arrebataran la vida también supieron perdonar. Por ello, los mártires son «un signo de reconciliación para los que todavía odian». Así lo vive Inmaculada Cano Fuentes. Su padre era primo hermano de la beata María del Santísimo Sacramento, una de las catorce concepcionistas que fueron beatificadas la semana pasada en la catedral de La Almudena. Sor María ingresó en el convento de San José (Madrid) cuando tenía 18 años y fue fusilada en 1936 a los 49, después de tres décadas dedicadas a la vida consagrada.

«La viví con mucha espiritualidad y con mucha verdad en estos días donde reina tanta falsedad. Creo que la beatificación de estas religiosas es un motivo de alegría y espero que sirva para que la gente reflexione sobre la vida de estas mujeres que llevaron su fe hasta el extremo», asegura.

Como en muchas familias españolas divididas por la Guerra Civil, en la de Inmaculada no se hablaba del tema. «Nuestros padres no nos contaban nada porque en la misma familia había de un bando y del otro. Por eso nos hablaban de la beata», recuerda.

Con la beatificación de estas catorce religiosas concepcionistas, el número de mártires españoles de la persecución religiosa de los años 30 del siglo XX alcanza los 1.915. Pero esta cifra faraónica aún es provisional, ya que todavía quedan muchas causas pendientes en las diócesis y el Vaticano.

La mayoría de los mártires beatos españoles (1.319) son religiosos, seguido de sacerdotes 284, religiosas (183), laicos (106), seminaristas (14) y diáconos (1). «Fueron un ejemplo de generosidad y perdón. En las peores circunstancias supieron perdonar. Murieron por su fe no por causas políticas. Su sacrificio no fue en balde», asegura el postulador de la causa concepcionista, el capuchino Alfonso Ramírez.

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Ciudadanos: de veleta a pararrayos
FRANCISCO ROSELL El Mundo  30 Junio 2019

Durante sus vacaciones estivales en un pueblo costero inglés, un joven extranjero solía coger una barca para bañarse desnudo mar adentro, a cubierto de miradas indiscretas. Al menos, eso creía. Hasta que se cruzó con el pastor de la iglesia local y le afeó su exhibicionismo. Dos señoritas de edad provecta habían acudido a la sacristía para testimoniarle su queja sobre la indecorosa conducta de aquella oveja descarriada. Asistían escandalizadas al espectáculo cotidiano de aquel descarado viajero al que, desde su casa de la playa, contemplaban como Dios lo trajo al mundo. Una vergüenza para el buen nombre de aquella puritana comunidad.

Receptivo a la admonición sacerdotal, el buen turista se deshizo en disculpas justificándose en que creía que nadie podría verle a esa altura de la costa. No obstante, le prometía que la próxima se retiraría un par de millas más. Al cabo de una semana, el visitante volvió a toparse con el clérigo. Seguro estaba de que las castas parroquianas, pero bastante alcahuetas, habrían apaciguado su solivianto al habérselo quitado de su vista. Pero cuál no sería su asombro cuando le espetó: "¡Ay! Todavía ayer volvieron a suplicarme que interceda de nuevo con usted. Es cierto que se zambulle en una zona más apartada. Pero, aun así, le siguen avistando con un anteojo de larga alcance". Con ellas, no había manera, salvo coger el petate y borrarse de la faz del pueblo.

Aquel joven en cueros, independiente de donde se sumergiera y del trecho que pusiera de por medio, siempre incomodaría a aquellas meticonas, podía ser Albert Rivera atendiendo a su actual circunstancia política. No ya porque se fotografiara sin ropa en el cartel que le dio a conocer como candidato veinteañero en los comicios catalanes de 2006. Primordialmente porque, al margen de donde se ubique, acostumbra a ser objeto de críticas por muchos a los que jamás contentará. Si vira, bromean con que es un veleta al albur del momento y, si se planta, por no comulgar con las ruedas de molino, le atizan por inflexible y desconectado de la realidad. Palo si boga y palo si no boga, como en la fábula de Esopo del molinero, el hijo y el asno.

A diferencia de aquel veraneante, el presidente de Ciudadanos no es sólo víctima de la doble moral y de la hipocresía -la calle más larga del mundo porque empezó con la existencia y acabará con ella, según Quevedo- de sus cotillas vecinas, sino de un intento de acoso y desestabilización parejo en su índole al de Adolfo Suárez al frente de la UCD, lo que desataría su caída y extinción consiguiente del partido-guía de la Transición a la Democracia.

Más allá de su criticada condición de partido veleidoso que se ha hecho proverbial entre sus detractores con una gran parte de la culpa achacable -todo hay que decirlo- a la propia formación por sus inconexos pactos, o sus giros de un punto cardinal a otro, Cs está siendo estas semanas pararrayos de la radiactiva tormenta desatada en su contra desde sectores políticos, empresariales y mediáticos que le reclaman que le dé a Pedro Sánchez aquello que el presidente en funciones no está dispuesto a propiciar, esto es, la abstención sin contrapartida a un aspirante resuelto a renovar la investidura Frankenstein con los compañeros de viaje que hace un año -podemitas e independentistas- desalojó a Rajoy de La Moncloa. Fiado a esa alianza, el PSOE refrenda acuerdos en ayuntamientos y autonomías tras las elecciones administrativas del 26 de mayo, y apalabra la reinvestidura Sáncheztein.

El rapto de Navarra por el nacionalismo, bajo una presidenta socialista títere como María Chivite, jalona la traición al constitucionalismo y también, por qué no decirlo, a quienes sacrificaron su vida a esta causa. Entre ellos, muchos socialistas a cuyos familiares habrán helado la sangre, como aventuró la madre de los Pagaza en su premonitoria carta a Patxi López. En su ambición de poder, el PSOE se somete a las horcas caudinas de Bildu. Merced a ello, el brazo político de ETA es maquillado por un PSOE que habilita a un asesino confeso como Otegi, como el jueves en TVE, inhabilitado por la Justicia.

No se dirimía una cuestión de libertad de expresión, sino cómo se supeditan los instrumentos del Estado a los intereses de un presidente en funciones que devalúa la Abogacía del Estado a la condición de Abogacía del Gobierno y que presiona al Tribunal Supremo para que dicte una sentencia sobre la tentativa de golpe de Estado del 1-O que favorezca una solución política. Con un proceso separatista en marcha, Sánchez usa como correvedile al buscón don Zapatero, menos digno que el pícaro quevediano. Transita de reunirse en un caserío con Otegi a telefonear a la cárcel a Junqueras, cuando le dejan tiempo sus servicios a la satrapía de Maduro. Nadie supondrá que Zapatero es un espontáneo que va por libre. Allana lo que está por venir. Si Zapatero legalizó al partido de ETA con sus trapacerías con el Tribunal Constitucional, donde consumó las injerencias que hoy perpetra con el Supremo, y Sánchez lo legitima para valerse de sus escaños en Pamplona y Madrid, ahora se legitima el 1-O y pronto se legalizará parte de sus demandas para que no precisen volver a hacerlo, como alardearon en su alegato ante el Supremo.

Todo ello a expensas de que Sánchez resuelva su porfía con Pablo Iglesias por empotrar ministros de Podemos en un Ejecutivo de coalición, como en Valencia o en Baleares. Pero Sánchez lo rehúye como gato escaldado por su mala venta en Europa, así como porque el PNV no desea ser pagafantas de una entente nociva para una economía al ralentí. A la captura de los 53 escaños que le faltan, Sánchez cimenta su reinvestidura con el PNV. Habiendo sido palanca de la catapulta que propulsó el golpe de mano contra el PP, el PNV es ahora el tractor -debe ser con el remolcador que le prestó el incauto Rajoy a Aitor Esteban- de la abstención del eje ERC-Bildu y tal vez del partido del prófugo Puigdemont (Junt per Cat) para revalidar a Sánchez.

Pese a este correlato que habla por sí solo, una epidemia de miopía tan contagiosa como la que el Nobel Saramago retrata en su Ensayo sobre la ceguera se apodera de sectores empeñados en negar esta verdad incómoda y dispuestos a alimentar el prejuicio. "Cuando los hechos y los datos cambian, yo cambio de opinión, ¿qué hace usted?", se preguntaba Keynes aludiendo a la ceguera de las élites de su tiempo. "Nunca ocurre -sentenciaría- lo imprevisto, sino lo no pensado".

Es evidente que, aun habiendo hecho campaña contra Sánchez, lo que premió el electorado al mejorar su representación de 32 a 57 diputados, el principio de realidad hubiera forzado un acuerdo del partido naranja con el PSOE, de igual modo que el PSD se replanteó su negativa a la gran coalición tras hacer bandera de lo contrario. Pero, al escrutarse las urnas, entendió que era la fórmula que mejor garantizaba la estabilidad en un momento peliagudo para la locomotora europea. Es más, si Sánchez hubiera rescatado el centón de folios del malogrado Pacto del Abrazosuscrito con Rivera en 2016, cuando la suma de votos no daban para la mayoría que hoy sí dan, y lo hubiera puesto sobre la mesa como base de entendimiento, es palmario que Rivera no le hubiera quedado otra que dar su consentimiento.

Pero Sánchez ni lo ha hecho ni ha querido caminar en una dirección que hubiera sido la más adecuada para España. Al contrario, debiendo elegir entre Cs y el PNV, ha preferido a los segundos, quienes -conviene recordarlo- dejaron tirado a Rajoy para que no saliera adelante una moción de censura instrumental para convocar elecciones inmediatas, como argüía Rivera para aprovechar la debilidad extrema del PP tras la sentencia de Gürtel que amortajó a Rajoy. Así, Sánchez marcha al encuentro de quienes quieren demoler el régimen constitucional de 1978 -hacha etarra incluida- y fragmentar su integridad territorial. Temerario, reanuda la estrategia suicida que Zapatero hubo de interrumpir en 2011 por la crisis económica y que Sánchez paralizó para que su claudicación de Pedralbes ante Torra no frustrara su necesidad imperiosa de refrendar en las urnas lo conseguido por un atajo.

En 2016, Sánchez buscó a Rivera para edulcorar un pacto a tres con Podemos, pero la avaricia de Iglesias por dar un sorpasso al PSOE le hizo romper el saco, y tres años después lo hace para culparle de tener que echarse en brazos de sus socios de moción de censura. Como si fuera ajeno a su voluntad lo que persigue con denuedo. Una estratagema tan burda como eficaz, como se aprecia en el sondeo de este domingo de EL MUNDO, en una modernidad, más que líquida, como estableció Zygmunt Bauman, gaseosa.

Después de acusársele con reiteración a Peter Pan Rivera de no sacudirse del síndrome que impide aceptar las responsabilidades propias de la edad adulta y de no saber qué deseaba ser de mayor, en cuanto ha tratado de sustanciar un proyecto que no se limite a ser un partido bisagra -lo que tiene su sentido en un bipartidismo imperfecto como el que ha disfrutado España desde la restauración democrática, pero no entre bloques difíciles de cohesionar entre sí a causa de la fragmentación-, el líder naranja afronta la mayor crisis de su partido desde su fundación.

Si ya es espinoso asentar una fuerza política en las arenas movedizas del centro político, en medio de la confluencia de la derecha y la izquierda -CDS y UPyD lo padecieron-, Rivera experimenta una campaña de desestabilización del PSOE que martillea un eslabón clave del centro derecha para que no se conforme una oposición sólida y con posibilidades de reemplazarle en La Moncloa, así como la incomprensión de quienes se han erigido en sector crítico por razones más o menos confesables. Estos últimos no terminan de entender que, en este brete, la cosa no va de liberales o socialdemócratas, sino de cómo frenar al independentismo y al neocomunismo populista, razones de ser de los naranja. Quién no entienda que ahí estriba el quid de la cuestión es porque no quiere ver lo que tiene delante o enreda para desviar la atención.

Así, cual tormenta perfecta, confluyen en su contra, como pieza a batir, desde Macron movido por Sánchez a Valls tras la fallida operación conjunta para conquistar la Alcaldía de Barcelona, pasando por algunos padres fundadores de la formación que primero se opusieron a que se constituyera en partido, limitándose a ser una especie de corriente de opinión constitucionalista que sujetara la deriva nacionalista del PSC, y luego a que saltara de los límites de Cataluña, y acabando con la salida de miembros de su ejecutiva como el diputado Toni Roldán, hijo de un histórico del PSOE como Santiago Curri Roldán y hoy bajo la égida profesoral de Francesc de Carreras y política de Luis Garicano.

En definitiva, una conjunción variopinta que, a resultas de ello, forjaría un orden político que eternizara al PSOE con su cohorte de socios, reduciendo el papel de la oposición a testimonial, de modo que se debata entre la impotencia y la condena moral.

Atendiendo a algunos episodios y protagonistas, viene a la memoria cómo el PSOE erosionaba a Suárez gracias a la labor de zapa de los barones-termitas de la UCD. Era la época en que el ministro de Justicia, Francisco Fernández Ordóñez, gran modernizador de España por otra parte, se ausentaba de los Consejos de Ministros para hacerle confidencias telefónicas al jefe de la oposición, Felipe González, del que luego sería ministro de Exteriores, y que aparecían en letras de molde en un conocido diario. Su compañero de gabinete, el liberal Joaquín Garrigues, gustaba decirle: "Paco, cuántas veces nos has traicionado hoy". Y Pacordóñez sonreía cual pillo cogido in fraganti en una travesura.

De hecho, en la reunión con el Rey posterior a la dimisión de Suárez, González se ofreció a formar Gobierno, pese a que le faltaban casi 50 escaños para la mayoría absoluta y UCD tenía 40 más. Contaba con varios diputados tránsfugas de UCD, como Fernández Ordóñez, que pasó de director del INI con Franco a ministro de González. Tentativa que no hay que descartar por parte de Sánchez para maquillar su pacto de investidura.

En este desbarajuste, peor que ser una veleta, es perderla en el extravío de una España que no sabe por dónde le viene el aire. Para ello, en vez de coronarla con la silueta de un gallo francés, Rivera debe plantar un pararrayos que soporte los chuzos que le van a caer tanto con un Ejecutivo Sáncheztein como si hay elecciones. En un caso, para justificar la anomalía; en otro, para culparlo de ir otra vez a las urnas. Como aquel atribulado veraneante que no tuvo modo de que le dejaran en paz, por mucha que fuera su amabilidad e interés en congraciarse con quienes, si no alcanzaban a verlo desnudo con gafas, tiraban de anteojos.

La pasión de RTVE según [San] Mateo, Rosa María
Jesús Cacho. vozpopuli   30 Junio 2019

En febrero de 2016, en su primer intento por ser investido presidente, Pedro Sánchez visitó Torrespaña para trasladar a los sindicatos y al Consejo de Informativos su “compromiso por una RTVE independiente y plural” que no se pareciera en nada “al modelo impuesto por el PP, un partido que utiliza los medios públicos de comunicación para sus fines partidistas”. Él iba a convertirse, ya era hora, en el campeón capaz de hacer realizar la vieja aspiración de “unos medios públicos que garanticen la pluralidad, la neutralidad y la diversidad”. Los sindicatos, atentos al quite, aprovecharon el viaje para pedirle un “plan de choque” que arreglara las cuentas del Ente y pusiera fin “al desgaste que está produciendo la manipulación informativa y la falta de credibilidad de los gestores del PP, lo que se traduce en unos bajos niveles de audiencia”. Las veces que en los últimos tiempos el personaje ha prometido trabajar “por una RTVE pública, plural y de calidad” serían incontables. Tan firme determinación por el bien público debiera mover a la admiración si no fuera porque el fiasco en el logro de tan probos objetivos mueve a la vergüenza y quizá a la risa.

La farsa del personaje Sánchez en todo su esplendor. RTVE ha sido noticia esta semana con motivo de la entrevista efectuada el jueves a Arnaldo Otegui, condenado por pertenencia a banda armada y ahora reconvertido en cabeza de EH Bildu. Al margen del debate sobre si una televisión pública debe entrevistar o no a un antiguo terrorista que sigue sin condenar a ETA, asunto opinable donde las opiniones están divididas, la entrevista tiene lugar en un momento en que Sánchez acaba de pactar el apoyo de Bildu en Navarra para gobernar la comunidad foral con María Chivite (PSN) como presidenta, y en la casi total seguridad de que él mismo necesitará también ese apoyo para ser elegido presidente del Gobierno. A mayor abundamiento, el careto del ex pistolero aparece en las pantallas de RTVE apenas 12 horas antes de que el Congreso realice su homenaje anual a las víctimas del terrorismo, una “coincidencia” que a la desvergüenza del cumplido a los filoetarras añade la ignominia del insulto a las víctimas.

El episodio ha vuelto a poner de manifiesto algo no por sabido menos necesitado de obligado recordatorio y de exigente apremio democrático: RTVE sigue chapoteando en el barro de la manipulación informativa más soez, ahora a favor del Gobierno Sánchez como antes lo fue a favor del Gobierno Rajoy; sigue convertida en lapidaria demostración de la incapacidad de nuestra clase política para alcanzar consensos capaces de mejorar la calidad de nuestras instituciones; sigue siendo un pozo sin fondo a la hora de perder dinero, un dinero que cubren los impuestos de unos españoles en apariencia no demasiado preocupados por el desfalco. Al final, esa televisión “pública, plural y de calidad” que prometía el vistoso mozo afincado en Moncloa era esto: la televisión que pierde más dinero que nunca y que ha alcanzado los más bajos índices de audiencia de su historia, como corresponde a un medio de comunicación puesto de hoz y coz al servicio del mandamás socialista, con desprecio a la inteligencia del ciudadano medio.

A finales de 2018 RTVE empleaba a 6.458 personas (datos de la CNMC), de los cuales 5.872 son considerados “personal de convenio”, con una media de edad de 54 años y con más gente mayor de 70 años que menor de 30. El Ente tiene en nómina nada menos que 1.467 periodistas con contrato indefinido, un número que supera la plantilla total de Mediaset España (1.267 personas), no obstante lo cual muchos de los programas se siguen subcontratando a empresas ajenas. La Corporación, que sigue arrastrando los efectos del ERE que en 2006 amortizó 4.150 puestos de trabajo con un coste de 1.722 millones hasta 2022, gasta en salarios más de 400 millones, equivalentes al 43% de su presupuesto, una estructura financiera insostenible, cuyo déficit cubren regularmente los contribuyentes vía la correspondiente partida contenida en los PGE. Los siete directivos que acompañan a Rosa María Mateo, actual presidenta, se reparten 1,1 millones en salarios, a sumar a los 145.000 euros que percibe la doña.
El despilfarro público de RTVE

Ahora se habla de imponer un impuesto a las telecos para financiar el déficit de RTVE, un dinero que podría utilizarse en construir colegios y en pagar mejor a los maestros, que bien lo merecen. Parece, sin embargo, que el ciudadano medio prefiere utilizarlo en ver MasterChef y mal cine gratis, eso sí, sin molestos anuncios. Esta aparente anomalía descansa, al alimón, en la ausencia de espíritu crítico y en la falta de cultura financiera. El español medio practica una especie de “irresponsabilidad fiscal” que le lleva a pensar que no le conciernen las decisiones de gasto que toma el Ejecutivo de turno, o tal vez piensa que las copas del despilfarro público las va a pagar el vecino de en frente. Y ahí seguimos, pagando liberados sindicales, hasta 31 en RTVE, que solo en dietas se llevan a casa 850 euros mensuales, como aquí publicó en su día Rubén Arranz.

La realidad de una RTVE sindicalizada y convertida en un mero órgano de propaganda del Gobierno de turno, además de ampliamente deficitaria, vuelve a plantear el viejo dilema de su mera existencia. ¿Para qué necesitamos una televisión pública carísima y sectaria hasta decir basta, habiendo canales privados de todo tipo de ideologías? El Estado no edita periódicos y nadie le pide que vuelva a imprimir el 'Pueblo' alegando las mismas razones por las que sostiene una televisión y radio públicas. La proliferación de canales informativos o meramente culturales y/o de entretenimiento es hoy tal que convierte en una quimera la pretensión de adoctrinamiento ideológico que persiguen los partidos con RTVE cuando llegan al Gobierno. Es evidente que sigue influyendo en determinadas capas de población rural y/o de menos nivel cultural y de renta, pero su influencia dejó de ser determinante hace tiempo, como refleja los actuales niveles de audiencia situados hoy en un pobre 15%, al punto de que Telecinco casi iguala la misma audiencia que todas las cadenas del Ente. El sectarismo de la Mateo, cuya gestión va camino de convertirse en la peor de la historia de la Corporación, ha terminado por echar de la pantalla a aquella legión de españoles acostumbrados a ver, con PSOE o con PP, el telediario de la noche, uno de los programas más vistos de siempre, ahora insufrible a cuenta de la apoteósica inyección de Memoria “Histérica”, ideología de género y feminismo rampante.

La llegada al Gobierno de Sánchez ha terminado por decantar la situación de una RTVE literalmente tomada por la izquierda, y en gran medida por la izquierda podemita (“Lo importante es que RTVE deje de ser un órgano de propaganda” Iglesiasdixit) situación a la que ha contribuido decisivamente el natural talento de don Mariano y sus tecnócratas, con Soraya a la cabeza, capaces de situar al frente de la Corporación a los más tontos del lugar, aunque, eso también, los más fieles y los más de derechas. La desvergüenza de la mayoría sindical y política que hoy controla RTVE, dedicada a apuntalar la visión revanchista de las dos Españas, no tiene límites. Así, les parece muy bien la presencia de Otegui en pantalla, pero piden el veto para Santiago Abascal, y si a alguien se le ocurre, caso del economista Juan Ramón Rallo, plantear en antena el debate sobre la existencia misma del Ente, los sindicatos, con los periodistas al frente, arremeten contra él y reclaman su censura física. Cualquier cosa antes de permitir que los españoles decidan un día acabar con el chollo del que vive una minoría ideologizada hasta el tuétano.
El sueño de una noche de verano

La renovación del alto mando de RTVE será una de las primeras cuestiones a atender por el nuevo Parlamento. La intención manifestada por los líderes de los partidos de despolitizar el futuro Consejo suena a broma a la luz del perfil ideológico de varios de los más notorios candidatos, caso de Alicia Gómez Montano, mucho más cerca de Podemos que del PSOE, o del omnipresente Fran Llorente (verdadero presidente en la sombra). El concurso público correspondiente está parado, como conviene al inquilino de Moncloa, lo que ha servido para alargar la situación de interinidad de la comisaria Mateo, que administra el Ente sin ningún control del Consejo de Administración. Sanchismo en estado puro, o la pasión de RTVE según (San) Mateo y sin música de Bach. Tamaña exhibición de autoritarismo ha provocado no pocas tensiones internas, hasta el punto de que los apoyos de la señora –María Escario, Elena Sánchez, y Federico Montero- se cuentan con los dedos de una mano. Los rumores sobre su eventual dimisión antes de que el Congreso elija su sucesor/a se vienen sucediendo, frente a la certeza de quienes aseguran que no se irá mientras Sánchez necesite de sus servicios para controlar RTVE a su antojo.

Si el futuro de RTVE parece ligado, como dicen los expertos en la cuestión, a la elección de ese Consejo de Administración capaz de despolitizar las estructuras de RTVE, entonces podemos dar la batalla por perdida. La izquierda, con los sindicatos por vanguardia, que hace tiempo se apoderó de RTVE, no va a soltar esa presa ni con un batallón de la Legión rodeando Torrespaña con la cabra por testigo. Esa izquierda podemizada piensa que RTVE les pertenece por derecho de conquista y que los españoles están obligados a pagar su nivel de vida sin rechistar. Y los contribuyentes muy probablemente seguirán pagando en silencio y manteniendo la bicoca de unos cuantos a cuenta de los impuestos de todos. Eso sí, con una televisión pública cada día más sectaria y con menos audiencia. La idea de una RTVE independiente, plural y dirigida por profesionales de prestigio, además de barata, sigue siendo el sueño de una noche de verano.

Otegi se ríe de las víctimas con nuestro dinero
EDUARDO INDA okdiario  30 Junio 2019

El 7 de diciembre de 1941 ha pasado a los anales de los Estados Unidos como “El día de la infamia”. Aquel domingo fuerzas navales japonesas atacaron a traición, sin haber declarado previamente las hostilidades, la guarnición de la Armada yanqui en el puerto hawaiano de Pearl Harbor. Miles de muertos, decenas de barcos hundidos y, sobre todo y por encima de todo, la infinita humillación provocaron la entrada en la Segunda Guerra Mundial de la que ya se barruntaba como gran potencia del siglo XX.

El 26 de junio de 2019 es ya, por derecho propio, nuestro pequeño gran día de la infamia. El miércoles pasado soportamos lo que jamás pensamos que nos tocaría soportar: al jefe de la banda terrorista ETA, el malnacido de Arnaldo Otegi, siendo entrevistado en el canal 24 Horas de RTVE. Un tête à tête a caballo entre el masaje y ese “no nos vamos a hacer daño” que inevitablemente surge cuando el paciente se topa con el dentista armado con el torno presto y dispuesto a hacer de las suyas.

Un servidor jamás pensó en sus cinco décadas justas de vida que le tocaría vivir semejante indignidad. Si alguien me llega a aventurar hace 40, 30, 20, 10 ó incluso 5 años que el capo de los asesinos de 857 compatriotas iba a ser protagonista en persona de un programa de la cadena que mantenemos con nuestros impuestos, lo hubiera remitido al frenopático más próximo salvo que lo hubiera identificado como un marciano recién llegado a la tierra. En cuyo caso, le hubiera enseñado unos cuantos vídeos de las atrocidades de los compañeros de faena de este monstruo para que se hiciera cargo de qué y de quiénes estamos hablando.

Ni siquiera en los tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero, cuando se pactó con ETA el frenazo a los asesinatos a cambio de meter a los matones en la vida pública, hubiera sospechado tamaña felonía a los españoles en general y a las víctimas del terrorismo en particular. Discrepo del presidente Zapatero acerca del modus operandi escogido para poner punto y final a más de medio siglo de terror en el País Vasco, Navarra y el resto de España. Yo nunca hubiera dado nada a cambio por una sencilla razón: ETA estaba machacada e infestada hasta las cachas por topos de la Policía, la Guardia Civil y el CNI. Pero lo cierto es que hace ya ocho años que el imperio del mal no elimina ni secuestra a nadie, aunque la violencia de estos nazis perviva como se certificó en Alsasua. Pero matar, lo que se dice matar stricto sensu, no han vuelto a matar.

Zapatero va a acabar haciendo bueno a un Pedro Sánchez para el que el fin justifica cualquier medio por repugnante que sea desde el punto de vista ético, moral o legal. ¿Que me tienen que plagiar una tesis para presumir del currículum del que carezco? Pues que me la plagien. ¿Que me tengo que aliar con los que han dado un golpe de Estado hace ocho meses para echar a un tipo que tuvo 53 escaños más que yo? Pues me alío y aquí paz y después gloria (“sí, la mía”, debe cavilar mientras se parte la caja). ¿Que preciso de los votos de los etarras para presidir Navarra y España? Pues le doy al matón jefe un rato en prime time en la cadena pública y que se jodan. Así es este Pedro Sánchez que no sé si es inmoral, porque entre el bien y el mal eligió este último, o amoral porque psicológicamente no distingue lo primero de lo segundo.

Pero más allá de los métodos empleados por Pedro Sánchez para mantenerse en el poder o para lograrlo pese a haberse quedado en casi la mitad de escaños que sus rivales en Navarra, lo que más asco me da es la puñalada trapera que supuso esa entrevista para las víctimas, para sus familias y para el buen nombre de la España constitucional. Para empezar, a las personas que directamente sufrieron en carne propia el terror de ese hijo de Satanás que es Arnaldo Otegi. Me refiero a Luis Abaitua, que fue secuestrado por este sujeto al que Zapatero definió como “hombre de paz”. Hablo de Javier Rupérez, al que también tuvo retenido contra su voluntad. O de ese entrañable a la par que añorado Gabi Cisneros que más allá de toda duda razonable lo identificó entre los pistoleros que le dispararon en la pierna cuando era uno los prohombres de la UCD.

Intuyo la cara que se le quedó a Ortega Lara cuando vio o le contaron la infamia que estaba perpetrando RTVE. Un Ortega Lara que estuvo enterrado 532 días por los subordinados del “hombre de paz”. O la de la insuperable Irene Villa, a la que mutilaron con 12 años. O la de Marimar Blanco con cuyo hermano no tuvieron la piedad que ahora sí tiene con el baranda de sus verdugos un Gobierno huérfano del más mínimo principio ético. O las de los familiares de las otras 856 personas a las que privaron del derecho más elemental: el de la vida. O las de los miles de ciudadanos que quedaron heridos física o psicológicamente de por vida. O las de los que se arruinaron porque ETA les exigía el malévolamente bautizado como “impuesto revolucionario”. Y, desde luego, las de los 250.000 vascos y navarros que se exiliaron y tuvieron que empezar de cero lejos de su tierra para evitar que les matasen, secuestrasen o extorsionasen.

Las televisiones públicas son un anacronismo en estos días en los que ya nadie alberga dudas de que lo privado funciona mejor que lo público, en los que la ciudadanía está hasta los mismísimos de tener que sufragar con sus impuestos los aparatos de propaganda del dirigente político de turno. Si de mí dependiera, que desgraciadamente no depende, cerraría todos los canales públicos o, al menos, los reduciría a la mínima expresión. Quedarían como un reducto de programación de calidad enfocada, básicamente, a la educación de los españoles y muy especialmente de esos jóvenes a los que las sucesivas leyes educativas han privado de los más elementales conocimientos de la segunda nación más antigua de Europa. Algo parecido a lo que hoy día es la 2.

Con Otegi ha quedado claro para qué sirve una tele pública: para el interés del gobernante o gobernanta de turno. El motivo que quedaba para clausurarla. A los que sostienen que no entrevistar al terrorista Otegi hubiera sido censura hay que recordarles que a ninguno de los 300 canales del Sistema Público de Televisión estadounidense, PBS, se les pasó por la cabeza entrevistar al causante del 11-S: Osama bin Laden. La BBC tampoco tuvo siquiera la tentación de hacer lo propio con Al-Baghdadi, líder de ese maligno Estado Islámico que tantas vidas ha segado en Reino Unido en los últimos años.

El debate con Otegi, con Bin Laden o con Al-Baghdadi no es libertad de expresión “sí”-libertad de expresión “no” sino dignidad “sí”-dignidad “no”. O más bien respeto a las víctimas “sí”-respeto a las víctimas “no”. Ni Ortega Lara, ni Irene Villa, ni Marimar Blanco, ni ninguna otra de las miles de víctimas de ETA tienen que soportar que con el dinero de sus impuestos se dé publicidad al vomitivo cinismo de uno de los gerifaltes de quienes destrozaron la vida a ellos y a los suyos. “Pido perdón si hemos hecho más daño del que teníamos derecho a hacer”, escupió Otegi en TVE. Unas víctimas, por cierto, que ni se tomaron la justicia por su mano ni dejaron de confiar un segundo en el Estado de Derecho. Unas víctimas que estarán eternamente en nuestro corazón. El corazón que ha demostrado no tener Pedro Sánchez.

Galicia
Los profesores gallegos que impartirán castellano no tendrán que examinarse en español
Raquel Tejero okdiaio  30 Junio 2019

Los profesores que opositan en Galicia para impartir Lengua Castellana y Literatura podrán hacer el examen en gallego. A excepción de la prueba oral, los maestros pueden pasar las pruebas sin necesidad de responder en español.

Durante los últimos días se están realizados las pruebas de oposición que dictaminarán qué profesores contarán con una plaza en la enseñanza pública gallega. La asociación ‘Hablamos Español’ ha denunciado públicamente las quejas de varios opositores, que no entienden esta medida.

El detrimento de la lengua española en favor del gallego, catalán o vasco es un fenómeno que se repite en las Comunidades Autónomas donde cohabitan ambos idiomas. Esta situación tiene especial importancia en las aulas donde no se puede usar el español ni en la rotulación de los centros de enseñanza, ni en boletines de notas, avisos, circulares, y los profesores tienen prohibido usarlo en actas y comunicaciones internas. Incluso los nombres de las asignaturas sólo existen oficialmente en gallego. Este caso es aplicable también al de lengua castellana, que se denomina ‘Lingua Castelá e Literatura’.

Ahora los profesores tampoco tendrán que demostrar su nivel de español escrito cuando se presenten los exámenes de oposición que les permitirán convertirse en profesores públicos.

Los profesores gallegos que impartirán castellano no tendrán que examinarse en español

Además, se trata de una medida encubierta puesto que en los requisitos no se pide un idioma u otro, como sí se hace a la hora de examinarse de otras asignaturas y donde la lengua obligatoria es el gallego.

Los profesores deben superar en español la prueba oral donde sí se especifica que tenía que hacerse de esa manera. En el resto de pruebas, las escritas, se puede elegir entre gallego y castellano. Las propias hojas de exámenes pueden pedirse en varios idiomas a pesar de ser una asignatura destinada al estudio de la lengua castellana.

En las bases para las oposiciones para profesor de francés, inglés o gallego existía la opción de realizar el examen en otra lengua que no fuera la de la asignatura que se iba a impartir. En este caso, el aspirante debe contestar a todas las preguntas en el idioma en el que dará la clase.

La presidenta de la asociación ‘Hablamos Español’, Gloria Lago, recibió el viernes, horas antes del primer examen, el mensaje de un opositor que llamaba su atención sobre algo que le pareció insólito: las pruebas del examen de Lengua castellana y Literatura se entregaban a los examinados también en gallego.

 


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