AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 3  Julio 2019

Vox se está equivocando
Fernando José Vaquero Oroquieta latribunadelpaisvasco 3 Julio 2019

Es costumbre muy extendida, de elemental cortesía parlamentaria, e incluso periodística, la concesión de un periodo de gracia al gobernante recién electo, cien días generalmente, para después valorar y criticar a conveniencia. Además de no ser, estrictamente hablando, el caso de Vox, se trataría de un lujo que no se puede permitir. Por otra parte, los partidos políticos no tienen porqué librarse de tan elemental práctica -la de la crítica/autocrítica-, más cuando su vida siempre es anterior a las elecciones, de una u otra manera; caracterizándose por una común voluntad de proyección en el futuro, explicitada en proyectos que pretenden conjugar los intereses nacionales, las líneas maestras de cada partido y las pequeñas o grandes ambiciones personales. Es el momento, pues, de mirar hacia atrás, pensar en las realidades de hoy y empezar a plantearse respuestas a los seguros desafíos del mañana.

1.- La nada, Andalucía, la crisis
Hay que partir de una premisa: ¿quién podía imaginar, hace 365 días, que Vox pasaría de una irrelevante marginación a convertirse en fulgurante novedad del firmamento político español?

De una presencia institucional limitada a unas decenas escasas de concejales desconocidos y sin proyección alguna, en 365 días Vox ha obtenido, conforme el balance de 29 de mayo remitido por el secretario general Javier Ortega Smith a sus afiliados por correo electrónico: 24 diputados en el Congreso, 1 senador, 3 eurodiputados europeos, 49 diputados autonómicos repartidos en 9 Comunidades, 530 concejales en unos 350 ayuntamientos (muchos en ciudades de gran importancia, caso de Madrid, Zaragoza o Valencia). Por lo que se refiere a datos internos, se habrían superado los 50.000 afiliados; varias decenas de sedes regionales y locales abiertas al trabajo interno y a la militancia; 15.000 candidatos en 800 candidaturas. Unos números de enorme potencial… al menos hasta el 27 de mayo pasado.

Pero su éxito no se limita a unos rápidos números más o menos expositivos: Vox ha logrado situar en la escena pública diversos debates sociales soterrados por el consenso políticamente correcto. Nos referimos a la progresiva deconstrucción de España, las componendas de la oligarquía política del régimen, el impacto humano de la inmigración, las perversas aplicaciones de la mal llamada ley contra la violencia de género, la hipocresía y desmemoria histórica, etc.

A partir del inesperado voto de protesta andaluz, su correspondiente estado de ánimo, indisciplinado y poco estructurado, se proyectó a nivel nacional cual fuegos artificiales. Y ya sabemos qué pasa siempre con los mismos.

En este contexto de crisis, con toda seguridad, de muchos de los recientes afiliados ya nada volverá a saberse de puertas hacia dentro: buscaban poltronas, reconocimiento, sueldos… Algunos lo han conseguido, “colocando”, incluso, a esposas, amiguetes y afines. Estas cosas son inevitables; especialmente para un partido que tuvo que edificarse desde una casi total indigencia material.

De igual modo, se han frustrado –dolorosamente- muchas expectativas erróneas, sobrevaloradas, infantiles e inmaduras… políticamente hablando: ¡90 diputados en el Congreso!, ¡desbancar al PP…! Se acabaron las ensoñaciones. Realismo a golpe de realidad.

Lo cierto e incuestionable es que en las elecciones generales de abril Vox sumó 2.677.173 votos. En las europeas de mayo siguiente fueron 1.388.681. Y en las municipales, simultáneas a europeas y autonómicas, 655.983 votos; en buena medida justificable por su pequeña implantación territorial, en comparación con la del bipartidismo del régimen, es decir, PP y PSOE.

2.- Autocrítica y debate democrático
Nos situamos, pues, ante un Vox en profunda crisis. Pero, ¿de qué naturaleza? ¿De crecimiento o terminal?

Es evidente e incuestionable que “algo” muy relevante ha acaecido en Vox, y en muy poco tiempo. Una cuestión, ciertamente, que bien debe contemplarse; no en vano se trata de un partido político, de actuación pública, susceptible por tanto de evaluación por el conjunto de la ciudadanía. Nada, pues, de cotos privados, secretos guardados a cal y canto, silencios resignados, preguntas sin respuestas, o confianzas inasequibles al desaliento en el carisma e intuición del liderazgo. Votantes o no, afiliados o no, los españoles somos ciudadanos mayores de edad, no súbditos.

Pero, pese a tal contexto, desde Vox no se ha hecho pública ninguna reflexión al respecto: apenas algún comunicado para uso interno, de tono simplista y un tanto triunfalista. Tampoco han llegado, a sus desorientados electores, claves interpretativas de lo acaecido y/o del curso futuro del partido, emitidas desde la pluma o voz de tertulianos situados en su periferia, quienes pudieran anticipar a este partido semejante trabajo mediático. Y es que los comentarios de algunos de sus líderes vía Whatsapp o Twitter, no pueden tener ni la profundidad, ni el calado, de una elaboración mínimamente coherente y profunda. Se trata, pues, de otra carencia que Vox deberá afrontar: la de dotarse de medios de comunicación -oficiales u oficiosos- que generen opinión, materiales para el debate, e informaciones pensadas en afiliados y simpatizantes, que vayan más allá de los infantiles argumentarios propios de ocasionales escenarios electorales. Las memes están bien, pero no para siempre, ni para todos.

Todo partido es fruto –en lo bueno y en lo malo- de diversas condiciones y potencias concurrentes: un liderazgo, una base humana, medios materiales (desde las sedes, medios de comunicación afines, recursos económicos sólidos y transparentes), una cultura organizativa, unas bases ideológicas; tácticas y estrategia.

Analizar el desarrollo y estado de cada uno de tales factores, en la atípica trayectoria de Vox, sería propio de una tesis doctoral o de un profundo trabajo de algún gabinete demoscópico y politólogo. Pero, desde la conciencia de los límites propios, ya es posible anticipar algunas conclusiones o hipótesis desde el sentido común y la reflexión metapolítica. Veámoslas.

3.- Vox cambia profundamente en febrero de 2019
El antes y el después en la marcha ascendente del partido es marcada por los profundos cambios estatutarios escenificados en la Asamblea General del 23 de febrero. Hasta entonces su modelo se pretendía democrático y regenerador; con posibilidad de elección, por parte de los afiliados, tanto de los cargos orgánicos (internos) como de las candidaturas a las instituciones públicas. Semejante modelo, apropiado para un contingente pequeño que hace de la regeneración democrática -frente a las prácticas oligárquicas de la vieja casta- una de sus banderas, se modifica apresuradamente, según estamos viendo, en febrero; centralizándose toda su estructura decisoria real en un pequeño equipo radicado en Madrid. Se trataría –aquél- de su núcleo directivo, quien abordaría y resolvería todas las decisiones relevantes. La primera evidencia de este cambio es la percepción generalizada de que la militancia que soportó la “travesía del desierto” es relegada por “fichajes estrella”, antiguos militantes del PP y advenedizos varios. En segundo lugar, dada la confusión y parálisis generadas por la avalancha de afiliados y la inoperancia de buena parte de las estructuras del partido, el recurso alternativo y democrático al Comité de Garantías se muestra inaccesible para la militancia, en general, e inédita para el conjunto de Vox.

De ambas circunstancias se derivan otras situaciones en cadena, particularmente: las gestoras, comités y equipos provinciales se convierten en amos y señores de la comunicación con las instancias superiores del partido, generalizándose prácticas de cooptación basadas en criterios personales e incluso de facción religiosa (chidos, kikos, pitufos…). De ahí el rosario de quejas, primero, y abandonos individuales de antiguos afiliados, posteriormente; quienes hicieron públicas -en no pocos casos- su descontento alegando cuestiones muy diversas: desde la denuncia genérica de la ausencia de democracia interna, hasta la inexistencia de información alguna destinada a los afiliados de base desde los órganos provinciales, pasando por la inoperancia del Consejo Político y tantos –supuestamente- incomprensibles y repentinos nombramientos “a dedo” desde Madrid, tanto de gestores como de candidatos.

4.- La deriva ideológica hacia el liberalismo “católico”
Vox intentó explotar y generalizar el éxito andaluz, ante todo, profundizando en una tosca imagen patriótica de bandera, una comunicación centrada en mensajes mínimos para redes sociales y una evidente orientación hacia postulados económicos liberales. Simultáneamente, procuró no someter a la exposición pública las debilidades e incoherencias internas, propias de tanto candidato bisoño, mediante una restrictiva y controlada actuación antes los medios de comunicación; táctica que también experimentó algunos giros significativos, como por ejemplo ante La Sexta.

La antes mencionada deriva “liberal” no es de extrañar, pues había que dotar, a tan precaria y desdibujada estructura, de materiales de trabajo, documentos y bases doctrinales; labor realizada en buena lógica por quienes ya estaban organizados previamente. De ahí una afluencia de materiales y consignas elaboradas en determinadas entidades católicas –muy conservadoras en lo dogmático-religioso- y liberales en lo económico. Es el caso de voxistas, de nuevo o añejo cuño, vinculados a la elitista Acción Social Empresarial y al Centro Diego de Covarrubias. Ya existía, por otra parte, una presencia significativa de elementos muy cualificados procedentes de El Club de los Viernes (liberal-libertarios).

Tal pertrecho ideológico alejó a Vox de ciertas expectativas de vocación transversal, al modo europeo, que en España, por ejemplo, ha retomado Íñigo Errejón, tras la afirmación de la línea leninista-oportunista de Pablo Iglesias y su círculo dirigente en Podemos. Una transversalidad, básicamente, orientada a la extensión de la soberanía nacional al ámbito económico-social; táctica indisimuladamente dirigida a las clases trabajadoras españolas que también ha profundizado en el plano teórico, por ejemplo, un Jorge Verstrynge. Recordemos, de paso, cómo este autor siempre rechazó inequívocamente el presunto carácter fascista de Vox, destacando como novedosa su orientación populista; si bien también ha advertido su realineamiento liberal-conservador.

Ciertamente, muchos de quienes lo leyeron en su día, haciéndolo propio, vienen echando de menos algunas de las dimensiones contempladas en el Manifiesto Fundacional de Vox (https://www.voxespana.es/biblioteca/espana/nosotros/gal_a45b90181103095110.pdf). Por otra parte, también se han producido algunas rectificaciones programáticas poco claras; caso de la cuestión foral que han replanteado los dirigentes de Vox en Navarra y que no ha sido bien comprendida por la militancia de esa comunidad y de otras.

5.- Posicionamiento internacional
Tampoco han sido explicadas ni debatidas, con la militancia ni los cuadros intermedios, otras decisiones de carácter estratégico. Es el caso de la suma de los tres europarlamentarios voxistas al ECR, Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos (junto a los católicos nacional-polacos de Ley y Justicia, los post-fascistas Hermanos de Italia, los separatistas de la Nueva Alianza Flamenca y, todavía, los conservadores británicos). Salvo el comentario informal de que no existiría una afinidad personal entre Abascal y Le Pen y Salvini -siempre en petit comité- no se ha conocido reflexión mínimamente elaborada al respecto.

Es muy posible que el liderazgo de Vox haya optado, por la decisión anterior, al percibirla como la menos expuesta a las críticas mediáticas. No obstante, su base electoral -bragada en la batalla del día al día en barrios, centros de trabajo y cuestionados en sus propias familias- habría comprendido muy bien otros alineamientos internacionales con partidos interclasistas, contundentes y alejados de los complejos y pasteleos de la vieja política. No es sencillo, por otra parte, que buena parte de la base electoral de Vox -católica culturalmente, pero alejada de cualquier práctica propia de grupos confesionales tan exclusivistas como “discretos”- se identifique con esos particulares planteamientos nacional-católicos que, una vez marchen los británicos, prevalecerán en el ECR de la mano del PiS.

6.- Una desigual implantación territorial
Otra realidad que bien debe analizarse es la desigual implantación del partido a lo largo de las diversas comunidades españolas.

Desde hace años es muy difícil el arraigo, no digamos ya el crecimiento, de los partidos del centro-derecha en el País Vasco y Cataluña. Sin embargo, en el caso catalán la debacle debe considerarse desde algunos de los mimbres anteriores que también alimentaron Vox: es el caso de la extinta Plataforma de Cataluña que, en sus mejores momentos, superó las cinco docenas de concejales. Sin embargo, Vox no ha logrado, siquiera, alcanzar esos niveles. Tal vez ello sea indicativo de que el patriotismo de bandera no es suficiente –al menos allí- y que se precisa elevar el tono en cuestiones como la inmigración ilegal, su incidencia en los niveles de delincuencia, su impacto en la precarización laboral de los españoles, la subcultura de la subvención y la “paga” de determinados colectivos etno-culturales, etc.

El caso vasco también deviene muy doloroso para Vox, por ser aquélla la patria chica del propio Abascal. Y no basta consolarse con el neotestamentario “nadie es profeta en su propia tierra”.

Otros supuestos, particularmente Galicia, siempre han sido territorios difíciles para operaciones que no pasen por el mismísimo PP. Y en el caso navarro acaece un fenómeno análogo, en esta ocasión merced al afortunado paraguas electoral desplegado por UPN, Navarra Suma, deglutiendo Ciudadanos y al mismísimo PP.

Un partido que hace de la unidad nacional su principal bandera no puede eludir conclusiones y actuaciones futuras que traten de paliar tan chirriantes hechos.

7.- ¿Qué quiere ser Vox de mayor?, ¿volar por su cuenta o volver a casa con papá?
El dilema estratégico de Vox, hoy decisivo, es el siguiente: sustituir al PP, lo que nunca fue posible, más dada la recuperación del partido de Pablo Casado; o elaborar un nuevo sujeto político que se remita al espíritu regenerador fundacional mirando otras prácticas de impacto en Europa.

A Vox le espera, en todo caso, otra “travesía por el desierto”, si bien muy distinta a la sufrida de 2013-2018. En cualquier caso, ya se ha demostrado que no basta con repetir fórmulas de éxito ocasional (el caso andaluz). No hay, en consecuencia, ni soluciones mágicas, ni atajos.

El verano, sin duda, no es el momento de afrontar tales desafíos. Y, entre las prioridades del partido –en verano y otoño- deberán primarse la formación de cargos electos, su coordinación y la elaboración de tácticas parlamentarias y municipales comunes y coherentes.

Pero Vox también deberá afrontar, con decisiones concretas, y más antes que después, el hecho de que su hipercentralizado modelo actual le incapacita para una acción pegada al terreno, el trabajo sectorial y la implantación territorial.

Su liderazgo, cuadros intermedios y demás militantes –si les dejan a segundos y terceros- deberán plantearse si su estrategia pasa por una incorporación ordenada y consensuada en el PP, o se deciden definitivamente por la construcción de un partido político moderno, eficaz y con línea propia; lo que inevitablemente le orientaría hacia otros modelos europeos de éxito, caso del RN francés y la Liga italiana. No en vano, si persiste en soluciones liberales será deglutido por un PP, líder del liberalismo-conservadurismo, quien intentará minimizar, por su otro flanco, a su todavía rival liberal-progresista Ciudadanos. Demasiados partidos liberales…

Renunciar a un programa social -que inequívocamente defendiera el Estado del bienestar, el control de la inmigración y un programa cultural identitario- sería dejar el vector de la transversalidad en manos exclusiva de Errejón y similares; en lugar de convertirlo en palanca del cambio mental y social que la regeneración y transformación de España planteaba, al menos fundacionalmente, Vox.

En todo caso, y visto lo visto, a día de hoy, a pesar de sus indudables éxitos, o a causa precisamente de los mismos, e independientemente de su acreditada capacidad de resistencia (“agua pasada no mueve molino”), Vox –desde nuestra modesta percepción- se está equivocando: en su orientación económica marcadamente liberal, en su alineamiento internacional, en su seguidismo de un modelo idealizado del PP, en su política informativa, en su modelo de partido. ¿Puede rectificar? ¿Hay voluntad para ello? O lo que es lo mismo: ¿se alejará de las corruptelas propias de la partitocracia de este régimen? ¿Está todavía a tiempo?

Y es que no se trata de que unos cientos de cargos públicos vivan de la política durante unos años (cuatro u ocho) dentro de Vox o, catapultándose del anterior, en el PP u otros. Lo que está en juego es la España contemplada en el Manifiesto Fundacional.

Equivocaciones y traiciones
Nota del Editor 3 Julio 2019

Vox ha reunido a millones de españoles en la defensa de España. Lo ha conseguido porque los partidos políticos que sufrimos han hecho y siguen haciendo todo lo posible por destruir España.
Del PSOE ni hablar, siguen en el quinto frente tratando de ganar la guerra que causaron y creen aún poderla ganar, el PP sigue tratando de mantener su maquinaria para seguir viviendo del cuento, Ciudadanos para marear la perdiz y atacar a Vox al ver reflejadas sus debilidades e incoherencias, y Podemos para seguir defendiendo el genocidio en Venezuela.

Vox tiene todas las debilidades del recién nacido, pero las ideas claras: la defensa de España. Y ello implica que hay que dejarse de propagar cantos de sirena de los culpables que nos han coducido al desastre y siguen en aumentarlo.

Investidura, no, 'desvestidura'
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 3 Julio 2019

Salvo acuerdo de última hora con Podemos, los días 22 y 23 se abrirán las sesiones de investidura de Sánchez y el 25 se cerrará la de su desvestidura. Iremos a donde dijo Celaá que nunca iríamos, a septiembre, como los malos estudiantes. Pero tampoco aprobaremos. Como mucho, seguiremos tirando con los presupuestos de Rajoy de hace dos años y la reforma laboral de hace tres, menos mal, pero probaremos de nuevo la medicina del Doctor Cum fraude, que consiste en votar una y otra vez hasta que le demos mayoría suficiente para gobernar, a ver si nos deja en paz. Que tampoco nos dejará. El Jefe de Estado tris, porque lo de bis se le queda corto, ha dicho: "España necesita un Gobierno en julio". Así que seguirá sin intentarlo. Si en septiembre reblan los de Galapagar, habrá Gobierno republicano. Y si no reblan, en lo que de Sánchez dependa, también.

Porque lo que estamos viendo con el Macrosidente y Lady Falcon es una subversión radical de la fórmula básica de la monarquía parlamentaria, en la que un candidato ofrece al Rey una mayoría de Gobierno pendiente de aprobación por las Cortes y el Jefe del Estado le encarga ese trámite para la formación del nuevo Ejecutivo. Sánchez hace justo lo contrario de lo que han hecho todos los presidentes desde 1977: se presenta al Rey sin mayoría parlamentaria para formar Gobierno, esperando forzar así a otros a dársela. Si no se la dan, insiste; y si no la consigue, insiste; y si no, vuelve a insistir.

En otras monarquías parlamentarias, es otro candidato del mismo partido el que lo intenta; después, otro candidato de otro partido; y finalmente, puede intentarlo un candidato de consenso que no sea de ningún partido pero que tenga el aval de una mayoría parlamentaria. De ahí la importancia del Rey, que debe hablar con todos y tiene la mejor información al respecto.

Pero aquí se ha instalado de hecho una República cum fraude, con Sánchez como único candidato del partido más votado, no mucho, pero que se niega a pactar con otros partidos una legislatura estable, con mayoría para aprobar los Presupuestos. Podría formarla, o intentarlo, con Cs, el PP o ambos; pero la quiere con Podemos y el apoyo de golpistas y terroristas en el Parlamento, no en el Gobierno. Y para darse el gusto, nos hará votar hasta escarmentar. Está acostumbrado a las desvestiduras. Habrá más.

Vox llevará hasta el final el órdago en Madrid y Murcia que privaría al PP de ambas comunidades
Carlos Cuesta okdiario 3 Julio 2019

La candidatura del popular Fernando López Miras ha perdido este martes en Murcia su primera votación de investidura. El jueves, el candidato del PP volverá a presentarse en el Parlamento murciano. Fuentes de Vox han confirmado a OKDIARIO que la situación se repetirá si C’s sigue sin firmar el documento programático presentado por los de Santiago Abascal. Un órdago que se mantendrá también en la Comunidad de Madrid si los hombres de Albert Rivera no aceptan rubricar el famoso documento. En C’s siguen cerrados en banda y no firmarán el acuerdo con Vox.

Las posibilidades de gobernabilidad del centroderecha se reducen a medida que pasa el tiempo en la Región de Murcia y la Comunidad de Madrid. Lo que empezó siendo un órdago durante la negociación se ha mostrado ya como una realidad en la investidura fallida de Murcia. Vox exigió la firma de un documento de Gobernabilidad por parte de las otras dos formaciones -PP y C’s- como garantía de cumplimiento de determinados puntos que los de Abascal consideran irrenunciables. Entre esos puntos se encuentra el aumento de la libertad educativa, la rebaja de impuestos, mecánicas de identificación de inmigrantes ilegales y, el punto de la discordia- la rebaja de las normas LGTBI.

El documento ha sido negociado entre PP y Vox y ha contado con matizaciones por parte de los populares. El partido de Albert Rivera no ha querido negociar el texto y se ha negado en rotundo a firmarlo. Por el momento, Vox ha cumplido con el órdago anunciado hace días votando en contra de Fernando López Miras en la sesión de investidura.

Madrid, en peligro
La situación en Madrid no es distinta. Vox ha señalado en Murcia que no puede respaldar un Gobierno con presencia de C’s mientras los de Rivera mantengan “la ciega e irracional negativa” a negociar y firmar los pactos de gobierno que sí acepta el PP. Y afirma que no modificarán esta postura mientras persista “la falta de respeto y el ninguneo, e incluso el desprecio a Vox, a sus ideas y a sus votantes”. Ciudadanos, por su lado, ha reafirmado su posición y ha defendido que lo “responsable” es no respaldar las exigencias de Vox.

Fuentes de Vox han confirmado, igualmente, que la situación se repetirá el jueves en la votación de mayoría simple para la investidura de López Miras. Es más, señalan que, si persiste la postura de C’s, volverán a votar en contra. Y es que en esa votación, la abstención de Vox bastaría para permitir la gobernabilidad de López Miras. Pero, en caso de que C’s siga sin firmar el documento, los de Abascal volverán a votar en contra.

El fracaso de la investidura de López Miras en Murcia sucedía prácticamente a la misma hora en la que se decidía en Madrid convocar la sesión de investidura para el próximo día 10. Eso sí, sin candidato. Pese a que este martes, tanto Isabel Díaz Ayuso como el socialista Ángel Gabilondo se han postulado públicamente y precisamente por la negativa de Vox a respaldar al PP sin la firma del documento de Gobierno por C’s, y el rechazo de C’s a firmar ese mismo documento. De ese modo se ha tenido que plantear como una sesión de investidura abierta.

Por ahora, sin embargo, las dos posturas se revelan como muy difíciles de casar. Vox alerta ya de que no se bajará del órdago ni en Murcia ni en Madrid. Y C’s se mantiene en su rechazo a aceptar las condiciones de Vox.

Jugando con fuego
EDITORIAL  Libertad Digital 3 Julio 2019

Todo lo que no sea un acuerdo entre las tres fuerzas liberal-conservadoras sería, sencillamente, imperdonable.

Como era de temer, la primera votación para la investidura de Fernando López Miras como presidente de la Región de Murcia fracasó este martes, al no obtener aquél la mayoría absoluta requerida en primera instancia. El candidato popular y presidente de Murcia en funciones solo fue respaldado por sus correligionarios y por los diputados de Ciudadanos, partido con el que había llegado a un acuerdo programático a despecho de Vox, cuya anuencia es imprescindible para la conformación de un Gobierno de centro-derecha en una región donde el centro-derecha es muy mayoritario.

Lo ocurrido este martes en Murcia es consecuencia de la actitud irresponsable de los dos partidos con los que el PP está llamado a entenderse. Ciudadanos persiste en su indignante e injustificable rechazo a sentarse siquiera con Vox, cuyo apoyo es, repetimos, imprescindible para formar un Gobierno en el que el partido de Rivera se haría con la mitad de las carteras, a pesar de contar con solo 6 escaños, 10 menos menos que el PP.

En cuanto a Vox, no parecen ser conscientes de las consecuencias devastadoras de que pase a manos de la izquierda una comunidad autónoma con bajos impuestos y un marco normativo estable de impronta liberal. Murcia, región especialmente maltratada por el socialismo en asuntos vitales como el reparto solidario del agua, puede quedar en poder de esa misma izquierda liberticida por culpa de unos políticos que deberían saber estar a la altura de las circunstancias.

El fracaso de la investidura de López Miras puede ser asimismo un siniestro anuncio de lo que podría suceder en Madrid, el otro polo liberal de la política autonómica y locomotora económica de España.

Todavía hay margen para un entendimiento del centro-derecha en Murcia. Cabe esperar que de aquí al jueves, cuando se produzca la segunda y definitiva votación, Ciudadanos y Vox pongan por delante los intereses de los ciudadanos de una región donde la suma PSOE-Podemos no llega siquiera al 40% del voto. Todo lo que no sea un acuerdo entre las tres fuerzas liberal-conservadoras sería, sencillamente, imperdonable.

Sin memoria y sin decoro
Nota del Editor 3 Julio 2019

A los votantes de Vox nos quieren seguir tomando el pelo quienes nos han arrastrado a esta situación por su inepcia o traición.

El PP avisa a Vox: "O reconsidera lo que está haciendo en Murcia y Madrid o tendrá los días contados"
Míriam Muro  Libertad Digital 3 Julio 2019

El Partido Popular avisa a Vox: "O reconsidera lo que está haciendo en Murcia y Madrid, o tendrá los días contados porque sus votantes no quieren gobiernos de izquierda y los líderes de Vox están propiciándolos".

Declaraciones que hacía el dirigente popular Javier Maroto en una entrevista en RNE este miércoles después de que el partido de Santiago Abascal cumpliera su amenaza en la Región de Murcia y tumbara el Gobierno de centro derecha del popular Fernando López Miras. Desde Vox avisaban además este martes de que en la Comunidad de Madrid seguirán los mismos pasos si Ciudadanos no firma un acuerdo a tres.

El vicesecretario de Organización del PP se ha referido a estos hechos y ha asegurado que sus palabras "no deben interpretarse como una amenaza", sino como la consecuencia de lo que le puede suceder a Vox al estar "propiciando gobiernos de izquierda".

Vox, la esperanza de Sánchez
En esta misma línea se ha pronunciado el secretario general del PP, Teodoro García Egea, en una entrevista en Telecinco. "La única esperanza que tiene la izquierda hoy se llama Vox", ha asegurado. Para el dirigente popular, los de Santiago Abascal están siendo "el mejor aliado de Sánchez" en la Región de Murcia y en la Comunidad de Madrid.

Egea ha explicado que "si la izquierda sumara la mayoría absoluta de 176 diputados", pactarían sin dudarlo. Por eso, ha añadido, que "no se entiende que Vox vote en el mismo bloque que Podemos y PSOE, y en contra de bajar impuestos y defender la libertad". "Los partidos no somos un fin en sí mismos; nos presentamos a las elecciones para que se cumpla nuestro programa", ha avisado.

El secretario general del PP se ha vuelto a desplazar este miércoles hasta Murcia para continuar negociando y tratar de que Vox cambie de postura: "Yo sí quiero sentarme con Vox y estoy a disposición de todo aquel que quiera mejorar mi región y mi país y me sentaré las veces que hagan falta para que dentro de los valores e ideales sea bueno para España", ha asegurado.

La resurrección de los muertos
Nota del Editor 3 Julio 2019

Ahora resulta que el PP, tras la traición a España de Mr marca, ha resucitado. El Partido Podrido, el Partido Perdedor, el partido traidor que nos ha empujado al desastre y pretende seguir hundiéndonos más, se mete contra Vox, el único grupo que defiende España.

Sánchez y el daño institucional

Editorial El Mundo 3 Julio 2019

Tres meses. Tres meses van a transcurrir entre las elecciones generales y el día fijado para la investidura del candidato encargado de recabar los apoyos parlamentarios para dotarla de sentido. Pedro Sánchez llamó por teléfono a la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, y así quedó convocada para el 22 y 23 de julio la sesión de investidura que debería servir para desbloquear este país. Es cierto que Sánchez comprendió que debía pedir perdón a los grupos políticos por semejante abaratamiento de las formas democráticas, pero al menos está atendiendo sus compromisos europeos; por lo que no ha pedido perdón es por escamotear los esfuerzos que el Rey y la Constitución le exigen para desbloquear la situación; por lo que no ha pedido perdón es por hacer perder el tiempo a los partidos con rondas cosméticas de consultas que no se materializan en ninguna propuesta concreta; por lo que no ha pedido perdón es por mantener la ficción de la urgencia nacional mientras calcula el beneficio partidista de una repetición electoral; por lo que no ha pedido perdón es por descargar la propia responsabilidad sobre las espaldas de la oposición al precio de agravar el deterioro institucional. Sería una buena manera de empezar su discurso de investidura: pidiendo perdón por el abuso de nuestra paciencia.

Tres semanas tiene Sánchez aún por delante para convencernos de que no ansía secretamente llevar a los ciudadanos a las urnas otra vez para perjudicar a sus rivales, sino que está sinceramente comprometido con la búsqueda de un pacto con su socio preferente que permita poner al Congreso a legislar. Usar las elecciones como chantaje revela una concepción perversa de la lógica democrática. Sánchez afirmó en campaña tener un proyecto para España: es la hora de demostrarlo.

Las instituciones no son un juguete en manos del inquilino de turno en La Moncloa. La fragmentación ha terminado con la autosuficiencia del partido más votado. El resultado de Sánchez no le permite gobernar sin acuerdos estables, y para eso debe hacer una oferta. Es el candidato el que debe moverse para armar una mayoría viable: aún puede elegir si plantea una oferta a sus socios radicales de la moción o explora una vía por el centro. Pero debe hacerlo ya, porque España no puede permanecer más tiempo al albur de sus cálculos cortoplacistas. Los sondeos tampoco arrojan un cambio significativo en la correlación de fuerzas tras una hipotética vuelta a las urnas. Y el coste en desafección sería altísimo. Desde el Parlamento europeo nos llegan escenas preocupantes de gesticulación antipolítica que dañan el prestigio de la democracia liberal; nos preguntamos cómo pueden sorprendernos si quienes deben dar ejemplo de decoro consideran adecuado arrancar un mandato lanzándose a una investidura kamikaze, a despecho de cualquier noción adulta de responsabilidad institucional.

«Mr. No es no» pincha
Los conservadores revientan la maniobra de Sánchez y Macron y se hace con los puestos relevantes de la UE
Luis Ventoso ABC 3 Julio 2019

Democracia: el pasado 26 de mayo, el Partido Popular Europeo ganó las elecciones europeas con 178 escaños, 26 más que la alianza de los socialistas, que obtuvieron 152, y los liberales (108). Conclusión democrática evidente a tenor de estos resultados: los populares debían ocupar de nuevo el puesto más relevante de la UE, la presidencia de la Comisión Europea, tal y como viene ocurriendo desde 2004. Pero esta vez, ay, existía una novedad, una innovación española llamada el sanchismo, según la cual la democracia no tiene por qué ser siempre el gobierno del más votado, los enjuagues también sirven. Dicho y hecho, aprovechando el G-20 de Osaka, allá se fue el sastrecillo valiente y maniobrando con otro líder providencial encantado de haberse conocido, Macron, tramó en los pasillos de la cumbre una celada para despojar a los conservadores de la Comisión y colocar a un socialista. Merkel, exhausta y de salida, les dejó enredar. Sánchez, levitando, comunicó al orbe que acababa de imponer el «no es no» al candidato del Partido Popular Europeo, el alemán Weber, y que la gran silla sería para un socialdemócrata progresista, Timmermans. Aplausos admirados en los telediarios de TVE.

Pero resultó, vaya por Dios, que en Europa todavía quedaban líderes dispuestos a defender la democracia. Y no fueron los franceses, los españoles o los alemanes, sino los mandatarios de los antiguos países del Este, tantas veces tachados de populistas antidemócratas. Hungría, Polonia, Eslovaquia y Chequia (a las que se unió Italia), se plantaron contra la treta de Sánchez y Macron: los conservadores habían ganado, así que el puesto tenía que ser suyo, fin del debate. Acostumbrado a nuestro circo de tres pistas, donde todo cuela, Sánchez se aferró a su «no es no» contra la derecha y siguió enredando en Bruselas durante 48 horas. No le sirvió de nada. Ayer se abrió el melón y lo que apareció fue que dos mujeres conservadoras se harán con los dos sillones estelares. La presidencia de la Comisión, para la ministra de Defensa de Merkel, y el BCE, para Lagarde, que llevó la cartera de Economía con Sarkozy. Fiel a su afamada jeta de acero inoxidable, tras ver frustrada su operación, Sánchez compareció ante los medios españoles con una sonrisa hiperforzada y declaró que el acuerdo es «extraordinario y equilibrado». Casi se echaron en falta las risas en off, como en aquellas viejas telecomedias de situación...

Es de celebrar, eso sí, que al menos Sánchez lograse que un español, Borrell, sea el jefe de la diplomacia comunitaria. La pachorra de Rajoy nos había dejado durante su etapa sin los puestos europeos que corresponden a España por tamaño y peso económico. Pero al margen de eso, repaso europeo para el novato que quiso ser el alumno más pillín de la clase.

(P. D.: Esto nunca lo dirán Irene Montero ni Carmen Calvo, pero aquí sí lo podemos decir: las dos mujeres que por fortuna han roto el techo de cristal para su sexo en el BCE y en la CE son conservadoras, y lo han logrado sin dar la murga y sin cuotas, solo con su talento y trabajo).

Fascismo histórico y fascismo demonológico
Pedro Carlos González Cuevas okdiario 3 Julio 2019

Poco antes de fallecer, Michel Foucault reivindicaba el papel de parresiasta, es decir, la función crítica del intelectual y del profesor frente a los consensos fundamentales en que descansaba la sociedad. Esto ocurre hoy con el “antifascismo”, convertido en uno de los pilares ideológicos no sólo de la izquierda, sino de la sociedad europea actual. Quede claro que, como dijo hace años el filósofo Augusto del Noce, es preciso distinguir entre el fascismo histórico y el fascismo demonológico. Y es que la llegada a la Casa Blanca del republicano Donald Trump y los éxitos electorales de los nuevos partidos de derecha identitaria en Europa han contribuido a resucitar el espectro del fascismo y, en consecuencia, del antifascismo.

Con la aparición de un partido como Vox, España no ha sido una excepción, sino todo lo contrario. Como ya he señalado en otras ocasiones, Vox no me parece un partido fascista, ni tan siquiera de extrema derecha. Se trata del clásico movimiento de derecha tradicional, conservador en lo moral y liberal en lo económico, con algunos aditamentos identitarios. Sin embargo, la opinión dominante va por otros caminos. Por eso, en este como en otros aspectos de nuestra vida política y cultural, lo que destaca es la ausencia de calidad intelectual; y no sólo en nuestra particular looney left (izquierda chiflada), sino en una derecha esclava de los supuestos ideológicos de su antagonista. Por todo ello, resulta significativa la abundancia en nuestras librerías de obras dedicadas al fascismo escritas desde una perspectiva claramente demonológica: Mark Bray, Antifas. El Manual Antifascista; Umberto Eco, Contra el Fascismo; Madeleine Albright, Fascismo; Jason Stanley, Facha; Michela Murgía, Instrucciones para convertirse en un fascista, etc.

Ninguno de estos libros vale gran cosa. En concreto, Bray identifica el antifascismo con la extrema izquierda; defiende la violencia y, como alternativa, la “sociedad sin clases”. Eco hace referencia desde una perspectiva ahistórica a un “fascismo eterno”. Y estas dos obras son lo más presentable intelectualmente. Las demás resultan grotescas y caricaturescas. Lo malo es que los intérpretes españoles no han mucho más allá. A la hora de analizar el fenómeno Vox se ha recurrido a los rancios tópicos antifascistas.

Desde su columna en El País, Santos Juliá Díaz relaciona al partido verde, por su retórica nacionalista, con el fascismo. Claro que hace cuatro años Juliá Díaz hacía lo mismo con Podemos, identificando a sus militantes y dirigentes con el efebo cantarín nacional socialista de la célebre película Cabaret. Y es que este antifascismo sirve ante todo para estigmatizar aquello que no nos gusta. Mejor no hacer mención a las opiniones de un historiador como Ángel Viñas. Tinta Libre, uno de los órganos intelectuales de nuestra particular “izquierda chiflada”, dedicó uno de sus últimos números a Vox, calificándolo, naturalmente, de “fascista”, “extrema derecha”, “totalitario” o “neofranquista”.

Echamos de menos en nuestro país autores de la talla de Pierre André Taguieff, Régis Debray, Michael Seidmann, Emilio Gentile, Chantal Mouffe, Enzo Traverso, Alain Finkielkraut o Stuart Hall, a la hora de analizar los nuevos fenómenos políticos. Sin embargo, hay que reconocer que este antifascismo tan primario e irreflexivo tiene su funcionalidad política. Por de pronto, contribuye, como denunció el filósofo alemán Peter Sloterdijk, a la salvación de la conciencia de comunistas y revolucionarios, borrando las huellas de su práctica genocida de clase. Además, al demonizar a las derechas identitarias emergentes bloquea los cambios en el mercado político. Y, por último, oculta los problemas fundamentales y las amenazas reales que sufren nuestros regímenes demoliberales en la actualidad, es decir, la partitocracia, la falta de representatividad y la corrupción.

A nivel propiamente historiográfico, este tipo de antifascismo carece de fundamento tanto teórico como empírico. Y es que el antifascismo, a diferencia de lo sustentado por Mark Bray, no puede ser identificado sin más con la izquierda revolucionaria, porque hubo conservadores antifascistas como Charles de Gaulle, Winston Churchill o Alcide de Gasperi. La situación incluso adquirió tintes surrealistas dado que el mismo Ku-Klux-Klan -como ha señalado el historiador norteamericano Michael Seidmann– rechazó el fascismo, hecho que no hace menos repulsiva y condenable a esta organización terrorista de corte racista.

Sin embargo, quien ha sometido a una crítica histórica más concienzuda este rebrote de antifascismo demonológico, ha sido el historiador italiano Emilio Gentile, hoy por hoy el máximo intérprete del fenómeno fascista en Europa. Gentile ha publicado recientemente el libro Quien es fascista, en cuyas páginas califica de “ahistoriología” no sólo el contenido de obras como la de Umberto Eco, sino los intentos de identificación de las nuevas derechas con el fascismo histórico. Y es que, a su juicio, sólo pueden ser denominados “fascistas” aquellos sectores políticos que se consideren herederos del fascismo histórico, es decir, un movimiento político-social “totalitario” basado en un “pensamiento mítico”, en un “partido milicia”, “interclasista”, en un “sentimiento trágico y activista de la vida”, en “una ética civil basada en la subordinación absoluta del individuo al Estado”, “una organización corporativa de la economía” y una política exterior imperialista. Ninguno de los nuevos partidos de la derecha identitaria, señala Gentile, se siente heredero de ese proyecto político; todo lo contrario. Así que el antifascismo demonológico se reduce a una retórica marxistoide o a la indigencia cultural conservadora. De ahí la necesidad de combatir este tipo de subterfugios, cuya única finalidad es conservar el poder político y la hegemonía ideológico-cultural.

Pedro Carlos González Cuevas es Profesor Titular de Historia de las Ideas y las Formas Políticas y de Historia del Pensamiento Español en la UNED.

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La culpa es de Ciudadanos
Pablo Molina  Libertad Digital 3 Julio 2019

Por aclarar conceptos: el partido que no quiere llegar a un acuerdo para gobernar las comunidades de Madrid y Murcia es Ciudadanos, no Vox. Los de Abascal llevan desde el día siguiente de las elecciones no pidiendo, ¡suplicando!, un pacto, pero Rivera ha dado orden a los suyos de que ni siquiera se sienten a negociar.

Y si peculiar es el empecinamiento de los de Rivera en bloquear una mayoría de centro-derecha, más asombroso es el motivo que aducen para impedirla, porque lo de no sentarse siquiera a hablar con Vox por querer cambiar las leyes de género es, con seguridad, la excusa más ridícula de la política española en los últimos decenios.

En última instancia, el partido de Abascal no dice nada que no denunciara antes Rivera, que en su programa electoral para las generales de 2016 pedía acabar "con la asimetría penal por razón de sexo". Por no hablar de Toni Cantó, ciudadanista avant la lettre, que organizó una campaña en las redes sociales denunciando los atropellos evidentes de una ley que privaba a padres inocentes del derecho a ver a sus hijos y, en no pocos casos, los enviaba a la cárcel. Ningún dirigente de Vox ha llegado a tanto, pero ahora resulta que esas normas sectarias son para Rivera una revelación divina sobre la que no cabe dudar bajo pena de excomunión.

Las consecuencias de este inmenso carajal anaranjado ya las estamos viendo: una investidura fracasada en primera instancia, la de Murcia, y otra que ni siquiera va a tramitarse, Madrid. La única salida de este embrollo, para no repetir elecciones, sería un acuerdo de Ciudadanos con el PSOE en las dos autonomías. Llegados a ese punto, nos sería dado asistir al maravilloso espectáculo de ver a conocidos dirigentes de Cs, más de derechas que el Capitán Trueno, alzando la manita para entregar su comunidad a la izquierda, contra la que han combatido toda la vida.

Pero es que la cosa se complica todavía mucho más, porque el candidato del PSOE en Murcia, Diego Conesa, no es un sanchista más o menos vergonzante: ¡es un hooligan de Falconetti!; al que, entre otros ditirambos, felicitó públicamente por su idea de contratar a un relator para el conflicto entre Catalunya y España. A ver cómo explica Rivera que va a hacer presidente autonómico a un ultrasanchista mientras invita a irse de su partido a los que le piden que haga lo mismo con Sánchez en la Moncloa. Venga, Albert, asómbranos.

Ciudadanos, al menos en Murcia, está inmerso en un diabólico juego del que puede salir bastante perjudicado. La única solución es que alguien baje a Rivera a la realidad antes de la segunda votación de investidura en el Parlamento de Murcia, cuando ya no habrá margen para dar marcha atrás. El plazo acaba a las 19:30 horas del jueves. Tic, tac, tic, tac.

Sin salida: o investidura o elecciones
 La Razon 3 Julio 2019

La investidura empieza a andar y, de paso, la posibilidad de un adelanto electoral cobra cada vez más entidad. La presidenta de las Cortes, Meritxel Batet, comunicó ayer que el próximo 22 de julio se celebrará la primera sesión y el 23 la votación, en la que el candidato, Pedro Sánchez, debería obtener al mayoría absoluta (176 de los 350 diputados). De no salir, se intentaría 48 horas después por mayoría simple. A través de una conversación telefónica, el presidente en funciones le debería haber informado a la presidenta de la Cámara de que cuenta con los apoyos necesarios o que, a lo sumo, en estos veinte días que quedan contaría con ellos. Todo indica que no ha sido así, lo que desvirtúa el protocolo seguido y la utilización del anuncio de la investidura como un arma política en manos del candidato para apremiar a los grupos con los que cuenta para que clarifiquen de una vez si están dispuestos a apoyarle.

Como decíamos, Sánchez no sólo ha puesto fecha al proceso de su reelección, sino también a las nuevas elecciones en caso de que no salga adelante su candidatura, el 10 de noviembre, lo que es más que probable, incluso deseable para determinados sectores del PSOE más próximos a su líder. Sería la mejor manera para debilitar más a Unidas Podemos y Cs. Su prolongada, aunque justificada, estancia fuera de España dedicado a asuntos de política exterior da pistas de que su doble decisión está tomada: o investidura o elecciones. Es decir, él ya ha hablado, ahora que hablen los otros. Está en su derecho de controlar los tiempos de la mejor manera que considere, pero no al punto de sobrepasar sus atribuciones institucionales. En concreto, la ronda de consultas que el Rey mantuvo el pasado 5 y 6 de junio con quince líderes políticos y que concluyó con el encuentro con Sánchez y la propuesta de que éste formase Gobierno tenía menos base de lo que anunciaba la «mayoría de izquierdas». Podría haber evitado que el jefe de Estado compartiese un deseo político que, además, necesitaba del apoyo de los independentistas catalanes y de EH Bildu.

Desde aquella ronda y los sucesivos encuentros con los líderes de PP, Cs y Unidas Podemos no se ha avanzado en nada y sólo ha servido para confirmar que Sánchez ha construido su poder sobre el falso supuesto de creer y hacer creer que disponía de una «mayoría de izquierdas». Las exigencias de Pablo Iglesias para sentarse en el Consejo de Ministros tiene lógica siendo su socio «preferente», pero resulta indeseable para Sánchez tener a alguien con una exposición mediática insaciable y, lo que es peor todavía, que defiende el derecho de autodeterminación en el tema de Cataluña. Su posición ante la sentencia del Tribunal Supremo del juicio por el 1-O es poner al futuro Gobierno de Sánchez fecha de caducidad. Esa es la contradicción de su «mayoría de izquierdas».

Albert Rivera podría abstenerse y, sin duda, hubiese sido lo más sensato para evitar un Gobierno en manos de Podemos e independentistas, pero parece que Cs desea el peor de los escenarios en la confianza de que esa estrategia le favorezca. La crisis por la que atraviesa la formación naranja toma cuerpo precisamente en el hecho de no aceptar que Rivera no va a ser presidente del Gobierno y puede que esa posibilidad esté cada vez más lejos. En esto, Pablo Casado ha sabido conservar su posición original y la que más la define como referencia del centroderecha. No es quién para facilitar un gobierno de Sánchez, sino para hacer oposición.

Sugerencia a VOX / Por no analizar la experiencia…
Pío Moa Gaceta.es 3 Julio 2019

Parece que la piara izquierdista ataca las denuncias de VOX a los patrocinadores de Otegui argumentando que VOX invitó a una conferencia «al terrorista Pío Moa, fundador del GRAPO». Estas cosas asustan a la gente flojilla tipo PP. Y dado que yo no estoy en política y VOX sí, les sugiero una respuesta:

«Otegui es un terrorista en activo, convencido de que sus crímenes contra España y la democracia estuvieron justificadas, y que intenta poner a sus víctimas asesinadas al mismo nivel que los asesinos que a su vez perdieron la vida por fallos en las bombas o por tiroteos. Que lo promocionen publicitariamente en la televisión del Doctor revela que esa televisión, teóricamente pública, está en manos de proetarras. Pío Moa es un analista político e historiador, uno de los mejores o incluso el mejor en lo que se refiere a la guerra civil y el franquismo, por lo que es normal que VOX o cualquier organismo decente y no proetarra lo haya invitado a conferencias. Por otra parte sorprende que esa gente «antifranquista» critique las acciones de Pío Moa hace más de cuarenta años contra el franquismo, que él nunca ha ocultado y que ha explicado críticamente. Como el propio Moa les ha dicho: «para ustedes yo soy un héroe, cosa que no me complace».

«Y cabe preguntarse por qué Otegui o Josu Ternera o De Juana Chaos pueden estar orgullosos de sus crímenes. En cierto modo tienen razón para estarlo, porque con Zapatero esos crímenes se han justificado y premiado con legalidad, dinero público en grandes cantidades y numerosas prebendas. ¿Cómo no va a estar orgulloso Ternera de haber tratado de igual a igual con el gobierno «democrático» del PSOE, uno de cuyos representantes confesó que «estaban en el mismo barco»? ¿Cómo no va a estar orgulloso Otegui de tener tras de sí a la piara manipuladora y corrupta del Doctor, los separatistas, Plural, Público y similares? Lo que a ustedes les duele es que Pío Moa sea quien con más tenacidad ha denunciado esos manejos. Quédense ustedes con sus orgullos que tan gravemente están amenazando el estado de derecho y la libertad de todos. Nosotros seguiremos luchando por España y la democracia»

Algo así.

Los Mitos Del Franquismo (Historia)La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)
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En España se ha dado el caso de que los políticos y partidos más contrarios a la libertad y a la propia España hayan sido los que con más furia han enarbolado la bandera democrática. No deja de tener mérito, a su modo, que un conglomerado de comunistas, socialistas extremos, golpistas «republicanos» y racistas separatistas hayan logrado presentarse como el bando de la democracia, dentro y fuera de España. Ese éxito explica que la mayor parte del pueblo español rechazase la idea democrática después de sufrir en sus carnes a tales demócratas. La derrota del Frente Popular, completa en todos los planos menos el propagandístico, y la nueva sociedad creada en el franquismo, autorizaban a que la lección hubiera sido aprendida, como la aprendió la inmensa mayoría del pueblo al votar la transición desde y no contra el franquismo.

Pero edespués, por la incapacidad tradicional de nuestros políticos e intelectuales para analizar la experiencia histórica y sacar alguna lección de ella, los rupturistas fueron ganando la batalla de las ideas, lograron oponer franquismo y democracia, mantener la idea de un Frente Popular (la «república», disimulaban) injustamente vencido y la vuelta a la oposición España-democracia. Porque el fondo de todo este infame manejo es la negación de España, por la vía del totalitarismo, de la disgregación o de la disolución en la UE, es lo contrario de lo que significó el franquismo. Eso no tiene que ver con ninguna democracia, como no lo tuvo el Frente Popular. Pero la confusión está envenenando nuevamente la sociedad y creando condiciones para repetir lo peor de nuestra historia, como recordaba Santayana.

Nueva hi
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Una hora con la historia no consigue salir a flote. Los sucesivos llamamientos en petición de apoyo económico y difusión de los programas tienen muy escaso resultado, salvo por un pequeño grupo de valientes. Parece una labor casi imposible hacer comprender la necesidad de acción a un gran número de gente que prefiere la queja inane. No sea usted de esos. La cuenta para colaborar es BBVA «tiempo de ideas» ES09 0182 1364 3302 0154 3346

Una hora con la Historia. España en la guerra fría. Franco: «Nos necesitan más que nosotros a ellos»: https://www.youtube.com/watch?v=_pFTC1ppRLI

Vivir de ETA
JOSEBA ARREGI El Mundo 3 Julio 2019

Hace ya bastantes años que fue necesario desarrollar por escrito la idea de que existe una verdad objetiva de las víctimas asesinadas por ETA. Esta verdad no radica en lo que piensan las distintas asociaciones y fundaciones de víctimas. Tampoco radica en lo que pensaron en vida los propios asesinados, pues las diferencias ideológicas entre ellos, incluso en lo que afectaba a la forma de enfrentarse a ETA, eran importantes. La verdad objetiva de las víctimas asesinadas radicaba, y radica aún hoy, en la intención de los asesinos, en lo que los propios asesinos, ETA, afirmaban ser la razón por la que mataban: un proyecto político concreto basado sobre todo en un nacionalismo radical que buscaba una sociedad vasca homogénea en el sentimiento de pertenencia y en el que solo cabía una identidad, la radical nacionalista.

Lo que motivó la puesta por escrito de esta idea fue que, para anular la influencia que las asociaciones y fundaciones de víctimas del terrorismo pudieran tener en la política antiterrorista, voces de la izquierda española recurrían al hecho indiscutible de la pluralidad de opiniones existente entre las distintas asociaciones. El artículo que recogía la idea de la verdad objetiva de las víctimas respondiendo a la esterilización de las voces de las asociaciones de víctimas no pudo ver la luz en el medio nacional al que fue enviado.

Hoy la idea de aquel escrito sigue vigente gracias a un hecho también incontestable: ETA ha dejado entretanto de matar y ha anunciado algunos años después su disolución. Pero los asesinados por ETA siguen muertos. Es un hecho incontrovertible. Y el proyecto por el que ETA mató sigue vivo y animando propuestas políticas para la definición del futuro político de la sociedad vasca. La memoria digna debida a las víctimas asesinadas u objeto de atentado mortal en intención sigue siendo objeto de debate. La ley de víctimas del terrorismo aprobada por el Parlamento vasco no se cumple en sus aspectos nucleares, en especial en la calificación que da de los asesinatos de ETA -cometidos, dice la ley, al servicio de un proyecto excluyente de una parte de la sociedad vasca, con la intención de imponer una visión única y homogénea de la sociedad vasca, negando su pluralismo y por lo tanto su libertad-, y cuando afirma que la memoria de las víctimas debe incluir su significado político, es decir, que nada parecido al proyecto que sirvió para motivar su asesinato, su liquidación como obstáculos para el proyecto político del nacionalismo radical, debe ser posible para definir el proyecto político futuro de la sociedad vasca.

Valga esta larga introducción para tratar de entender la frase atribuida por este mismo medio al PSN -Partido Socialista de Navarra-: "Ya está bien de vivir de ETA". Se puede entender como la formulación de una prohibición: que nadie se atreva a recurrir a ETA y sus asesinatos para condicionar los pactos que se puedan suscribir o no en Navarra tras las últimas elecciones. En realidad, y sin circunscribirlo a Navarra, esta frase ya ha sido dicha con anterioridad. La pronunció el entonces lehendakari Ibarretxe para su segunda justificación del plan que llevaba su nombre -la primera justificación decía que su plan era necesario para acabar con ETA, es decir que era necesario pagar el precio político de aprobar su plan de nacionalismo radical para acabar con ETA-: que era necesario hacer política en el País Vasco como si ETA no existiera. Quizá la frase del PSN vaya algo más allá: no solo es preciso hacer política como si ETA no existiera, sino como si ETA no hubiera existido.

Si miráramos fuera de nuestras fronteras uno trata de imaginarse a algún miembro de los partidos indudablemente democráticos de algunos países europeos diciendo por ejemplo en Alemania que "ya está bien de vivir del Holocausto" -y nunca he creído necesario ni conveniente equiparar los crímenes de ETA con el Holocausto por respeto a la profunda gravedad y al significado de esta negación incomprensible de la humanidad-, algo que quizá no esté tan lejos de afirmaciones de la AfD; o diciendo en Polonia que tampoco se puede seguir viviendo del gueto de Varsovia, o de los crímenes cometidos por los rusos en el bosque de Katyn.

Llama la atención que algunos socialistas navarros justifiquen su posición recordando que algún familiar suyo fue fusilado por los requetés al comienzo de la Guerra Civil, o que a alguna otra pariente le cortaron el pelo por socialista. Llama la atención que la acusación de querer seguir viviendo de ETA provenga de un partido que se está caracterizando por el recurso permanente a la Guerra Civil, al dictador Franco y a la necesidad de sacarlo del Valle de los Caídos, al hecho de no haber sacado a todos los que yacen aún en cunetas o paredones, al cambio de nombres de los callejeros.

De la misma forma en que tiene su justificación la crítica dirigida a todos los gobiernos que han existido desde la transición por no haber tenido la diligencia debida para hacer justicia a todos los que, víctimas de la Guerra Civil, no habían tenido un entierro digno, de la misma forma, digo, creemos algunos que es preciso seguir luchando para que asesinados mucho más recientes, los de ETA, se mantengan en el recuerdo porque todavía no han recibido el reconocimiento de una memoria compartida por parte de la sociedad vasca, sino que han vuelto a ser enterrados en la cripta del olvido, o mejor dicho, en el infierno de la memoria porque lo que nunca se ha sabido a conciencia no puede ser olvidado sino que sigue siendo no visto, no tenido en cuenta, no interiorizado de verdad y con todas sus consecuencias --su significado político-, objeto de la desmemoria más abyecta.

Porque aunque ETA haya desparecido como organización terrorista, sigue viva en sus antes compañeros necesarios y hoy herederos que hacen política gracias a lo conseguido por la historia de terror de ETA, como lo afirman ellos mismos. Y seguirá siendo así mientras estos herederos no tracen una línea divisoria radical con su historia, con su identidad, con el proyecto que implicó necesariamente la violencia terrorista. Porque los asesinados siguen estando asesinados por mucho que nos olvidemos de ETA -si no hay memoria de ETA tampoco hay memoria de los asesinados por ella-. Son los herederos de ETA los que viven de la historia de terror de ETA y es a ellos a quienes es necesario exigir que corten de una vez por todas con dicha historia de terror. Solo entonces podremos todos enterrarlos dignamente porque los guardamos vivos en la memoria.

Los estudiosos del valor de una memoria crítica de las víctimas de los terrorismos señalan, con razón, que su valor radica en la búsqueda de una más profunda democracia. En el grito grabado a sangre y fuego en las víctimas asesinadas se escucha que algo parecido no vuelva a suceder: la exclusión violenta del otro, la negación de la libertad de conciencia que reclama la liquidación de quienes la representan en su persona y en sus actos, la negación de la libertad de identidad y de sentimiento de pertenencia. Desde ese «nunca más» que surge de cada asesinado por ETA se debe plantear el respeto del pluralismo y la transversalidad de las políticas democráticas. No desde el olvido interesado de ese grito.

No es de recibo que el presidente del PNV considere que Vox es antisistema mientras que Bildu no lo es. Que el presidente de un partido que firmó el pacto de Estella-Lizarra para excluir del futuro político de Euskadi a los no nacionalistas, que asumió el plan Ibarretxe como suyo persiguiendo la misma finalidad, que ha pactado con HB-Bildu una reforma confederal de la Constitución española, que siempre ha leído la Constitución española desde la adicional que garantiza los derechos históricos de los territorios vascos, que siempre ha tenido a gala acatar la Constitución sin comprometer su lealtad con ella sea el árbitro de conformidad o disconformidad con el sistema constitucional español para incluir en el horizonte de pactos políticos posibles a los herederos de ETA, no es aceptable.

Mientras no exista una condena clara de la historia de terror de ETA, mientras no exista una actuación política coherente con el significado político de las víctimas proclamada por la ley vasca de víctimas (2008), significado que exige renunciar a los proyectos políticos nacionalistas radicales que pretendan edificar el futuro político de la sociedad vasca en la exclusión de los no nacionalistas, en la negación del pluralismo y en la negación de la libertad de conciencia, de la libertad de identidad y de la libertad de sentimiento de pertenencia, la presencia de ETA en la sociedad y en la política vasca seguirá viva porque no se habrá hecho justicia a la memoria debida a las víctimas asesinadas. Y la frase "ya está bien de vivir de ETA" no deberá tener sitio en la política.

Joseba Arregi, ex consejero del Gobierno Vasco, es ensayista
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