AGLI Recortes de Prensa   Jueves 4  Julio 2019

Otra ley electoral
Gabriel Albiac ABC 4 Julio 2019

Todo es hoy pantomima en la política española. Siniestra. Pero pantomima. Muy poca cosa, más allá del cruce de pasos de baile sobre una partitura cerrada y fósil, una partitura condenada a repetirse sin desenlace. Todo parece querer ser reducido a la combinatoria múltiple de las alianzas. Algunas de las cuales podrán ser anudadas. Otras no. Todo se le presenta al elector como anécdota de buenas y de malas voluntades: «Yo quise llegar a acuerdos, pero él despreció mis ofertas...».

Es una burla al ciudadano adulto. Pero cuela maravillosamente en el ciudadano hecho al metódico embrutecimiento televisivo. Se busca generar en él -y se consigue en altas proporciones- la «evidencia» de que una generosa camaradería entre coleguis permitiría salvar el callejón sin salida que dura ya varios años: este que mantiene en provisionalidad perpetua al gobierno de la nación y en gravísimo riesgo a su economía. Se elude así plantear el verdadero problema: que es estratégico y no táctico. Que afecta, no a los gustos personales de sujeto alguno, sino a ciertos automatismos institucionales que colapsan la maquina del Estado. Necesariamente. Con perfecta indiferencia hacia las buenas y las malas intenciones.

El primero de esos automatismos es de una obviedad palmaria. Cuesta esfuerzo pensar que los políticos, no sólo no lo aborden, sino que traten de ocultarlo a cualquier precio. Se llama ley electoral. La vigente fue diseñada con propósitos precisos: consolidar un modelo bipartidista en la mayor parte del territorio, articulado con un sustancioso multiplicador de escaños nacionales en las autonomías vasca y catalana.

El privilegio autonómico proveía de sobrerrepresentación parlamentaria al PNV, a ER y a lo que fue en su momento CiU. Bastaría con igualar en esas provincias la relación población/escaño a la del resto del país para acabar con semejante insulto al principio que postula que todos los votos ciudadanos sean iguales; y para abolir esa potestad de compraventa y chantaje que los nacionalistas vienen ejerciendo en Madrid desde hace cuatro decenios.

Pero hay una distorsión aún más importante. Roto el bipartidismo, la regla D’Hondt, junto al peculiar diseño de las circunscripciones, hace casi imposible la formación de gobiernos estables. Existe un precedente, del cual he escrito ya alguna vez aquí: aquella IV República francesa que, entre 1946 y 1958, hubo de soportar la sangría de 24 cambios de gobierno, cuyo plazo osciló entre un día y 6 meses. Nos convendría atender al modo en el que Francia logró, al fin, salir del desastre. La condición electoral sobre la cual De Gaulle estabilizó la V República fue un sistema de doble vuelta (en la primera se elimina, en la segunda se elige), que garantizara la formación de bloques amplios y estables en el parlamento. Con pequeños ajustes, sigue operativa hoy.

¿Qué impide que una ley de ese tipo sea adoptada en España? Se entiende que los nacionalistas rechacen ser despojados de sus privilegios: quedarían reducidos a partidos «normales». Se entiende que los pequeños partidos vean con malos ojos la doble vuelta: Vox y Podemos tendrían, en efecto, serios problemas para sobrevivir al filtro. No hay lógica ninguna, sin embargo, para que los dos grandes partidos, sobre los cuales reposa la estabilidad de la nación, no sean capaces siquiera de consensuar eso. Eso, sin lo cual vamos inexorablemente a la repetición y al naufragio. El resto -los chantajes, las compraventas, las alianzas- no es más que pantomima.

El extraño caso de Vox
Jorge Vilches. vozpopuli  4 Julio 2019

Vox es el partido más singular que ha surgido en España en el último lustro. A diferencia de los otros dos partidos nuevos -Cs y Podemos-, los dirigentes voxistas no tienen una estrategia de poder; es decir, no saben qué hacer con los votos, ni con los escaños, ni cómo relacionarse con las instituciones y el resto de partidos. Tampoco tienen una única política de comunicación, ni un discurso sólido una vez pasadas las elecciones, y carecen de cuadros. Más aún: no existe la coherencia que debería adornar a un partido pequeño.

La fuerza de un grupúsculo político, el PNV, por ejemplo, es la asunción de un papel siempre atado a sus principios, cosa que no se encuentra en Vox. Los nacionalistas vascos hacen siempre lo que se espera de ellos: cualquier cosa, ya sea con socialistas, populares o bilduetarras, con tal de figurar como los máximos defensores de la patria vasca. Buscar otra cosa en el PNV, como el sacrificio al que empuja en no pocas ocasiones el sentido de Estado, es absurdo.

Ciudadanos, el partido más incoherente de la vida política española, capaz de decir que aplicar el 155 era “matar moscas a cañonazos” y luego atribuirse la paternidad de su aplicación, sí ha tenido una estrategia de poder. Fue sencillo: funcionar desde 2015 como un grupo de presión dentro de las instituciones para influir, pero dejando siempre a salvo su imagen virtuosa. Para eso, claro, era necesario no tener responsabilidades, ser un “ni-ni” de la política; esto es, ni gobierno verdadero ni hacer oposición auténtica, apuntarse los éxitos y denunciar los fallos.

Pero Cs compensaba esto con una buena política de comunicación. Vox, en cambio, ha limitado este instrumento imprescindible a las redes sociales, hoy reducida a robots acosadores y feligreses enfurruñados -este miércoles la cuenta oficial de Vox ha llamado en Twitter “acojonado” y “sinvergüenza” a Rivera-. La comunicación no es figurar, sino cómo se figura, cuándo, dónde y para qué. Es un conjunto que Ciudadanos domina, Podemos lo controlaba -ya no-, y Vox todavía no lo ha entendido porque no es capaz de trasladar a la gente ni a sus votantes qué están haciendo.

Recuerdo cuando apareció Podemos. Asombró a todos la capacidad que tuvo para marcar la vida política con su imagen y lenguaje. Deslumbró al PSOE. Los socialistas querían ser como aquella gente que aparentaba conocimiento y frescura. Libros, artículos, tertulias y congresos académicos nos rodeaban para explicar “el fenómeno”. Los podemitas daban la impresión de que iban a tomar el cielo al asalto. Era 2015. Cuatro años después el sóviet hinchable se ha desinflado y el “partido de la gente” es una escombrera.

Vox no ha deslumbrado por nada al PP. Los multitudinarios mítines que asustaron a muchos no se tradujeron en los 80 o 90 diputados que aventuraban. Sus dirigentes no dieron la sensación, como los podemitas, de ser jóvenes idealistas, intelectuales, o modelos a seguir, como presentó cierta prensa a los de Podemos. Fue todo lo contrario, pero no solo porque se encontró a muchos medios en contra, sino porque los voxistas buscaron ese enfrentamiento. Pensaron imitar a Trump, atacar a “los periodistas del establishment” para granjearse a los “buenos españoles”, pero no tienen el talento del equipo trumpista ni nuestro país es Estados Unidos.

Vox arrancó con el discurso del miedo, diciendo que aparecían en la arena política frente a las “amenazas” a España: el separatismo, la ideología de género y la inmigración ilegal, especialmente la islámica. También los podemitas decían que su movimiento era imprescindible para salvar al pueblo de las amenazas del capitalismo y la democracia liberal, y apelaban al miedo. Iglesias decía entonces: “El miedo va a cambiar de bando”, y Abascal insistió en las dos últimas campañas con algo parecido, aunque sacado de Blas Piñar: “Sin miedo a nada ni a nadie”.

El argumento de que no quieren defraudar a sus votantes es pobre, porque sus electores, los que queden, prefieren ayuntamientos y comunidades de centro-derecha

A estas alturas a nadie se le escapa que el furor que causó Vox no existe. Entre el 28-A y el 26-M perdieron la mitad de su electorado, incluso en las elecciones europeas, donde no hace falta una estructura territorial. La sensación que están dando entre el electorado del centro-derecha es de que impiden la formación de gobiernos del PP con Cs por orgullo mal entendido y cargos. No se puede hacer peor. Lo ocurrido en Murcia, donde Vox ha votado con el PSOE y Podemos no se olvidará fácilmente.

El principio que alumbró a Vox fue poner freno a los gobiernos izquierdistas, pero no ha sabido presentar su juego de presión a los otros partidos como algo bueno o coherente, sino todo lo contrario. El argumento de que no quieren defraudar a sus votantes es pobre, porque sus electores, los que queden, prefieren ayuntamientos y comunidades de centro-derecha, donde el día a día se negocia. Incluso la lucha por consejerías resulta vana cuando la mayoría parlamentaria es dependiente. Esa es la manera de que un partido pequeño defienda principios: con la influencia y la presión al poder constituido. Y si no recuerden el error de Iglesias en 2016 al impedir el gobierno Sánchez.

En estas ocasiones recuerdo a Nicolás Salmerón, altivo y mendaz, horas antes de que el general Pavía disolviera las Cortes en la madrugada del 3 de enero de 1874. Castelar, presidente del Poder Ejecutivo, pidió a Salmerón su voto para sostener el Gobierno amenazado por todos lados, a lo que aquel krausista sobrevalorado se negó espetando: “Sálvense los principios, perezca la República”. Luego, cuando “pereció”, los diputados salieron a hurtadillas del Palacio sin que soldado alguno les molestara, rumbo a sus casas, a llorar abrazados a sus principios.

La piel del oso
Nota del Editor 4 Julio 2019

Sigue empeñado en tumbar la única opción que defiende España. Nunca ha hecho algo en favor de Vox, siempre tratando de poner palos en las ruedas de la defensa de España, .
No sé que interés tiene en que España siga descomponiéndose. Parece que no le gusta Vox, ni España. Vox sigue a pesar de todas las zancadillas, trampas, desprecios, insultos y traiciones. Cualquier español con algo de memoria debería apoyar a Vox.

Pobre educracia
Noé de la Cruz eltorotv.com 4 Julio 2019

Mis dos hermanas gemelas, “EDUCACIÓN Y DEMOCRACIA”, lo están pasando muy mal.

Traigo aquí nuevamente unas líneas de un artículo anterior a las elecciones del 28 de Abril. Hablaba del chalaneo de los políticos con los votos que les hemos dado los ciudadanos en esta llamada, Democracia a la Española, No 34: https://eltorotv.com/opinion/tribunas/nuevas-elecciones-democraticas-20190327

“La Española tiene características muy especiales, identifica la Democracia=votación, votando los ciudadanos, dan permiso ya a los votados para que hagan “el chalaneo que consideren oportuno, porque la Democracia es el voto”. Nada más lejos de la verdad. Los votos son el instrumento básico, imprescindible, para la Democracia, pero no son la Democracia. Se configuran Gobiernos, que muy poco tienen que ver con el resultado de las votaciones. Las influencias reales de los más avispados, desde la sombra, con una minoría objetivamente insignificante, consiguen doblegar a los gobernantes, dejando a la mayoría aplastante de la población completamente descolocados, indignados y más y más…. Pero…. Es la Democracia a la Española. Gana el que más y mejor “ha chalaneado” y “ocupa democráticamente el poder, no el Gobierno”.

Han pasado más de dos meses y siguen “chalaneando”. Esta es nuestra Democracia. ¿A dónde ha ido mi voto? Quizá tenía que decir todavía, ¿A dónde va a ir? Lo peor de todo es tener que oír, a todos por igual, que este es el mandato de los ciudadanos democráticamente manifestado en las urnas. Los elegidos no se ponen de acuerdo, aunque los principios esenciales que dicen defender, verbalmente son coincidentes, están muy bien elegidos.

Todos van a defender “a capa y espada” la Democracia, la Educación, el apoyo a los más débiles y a los discapacitados, la Justicia, el bienestar, la igualdad de derechos; es decir, son media docena de puntos, se repiten diariamente por doquier. La pregunta es ¿Tienen las mismas connotaciones lo que dicen unos y otros? Podemos asegurar que no, no quieren decir lo mismo. Sobre la Democracia (pobre Democracia), ya lo estamos viendo, no lo decidimos los ciudadanos, como es evidente, porque las Leyes que tenemos son absurdas, contradictorias y lo más difícil de entender, “son anticonstitucionales”. Los resultados pueden ser absolutamente contradictorios, extremistas y a esperar otros cuatro años.

La Educación, otra palabra polisémica, según quien la pronuncie o la ejecute. Todos destacan la Educación, como la barita mágica, que todo lo puede y todo lo transforma. Sin duda tienen razón. Es la palabra maravillosa.

Entre sinónimos y antónimos me encuentro más de cuarenta palabras, relacionadas con la Educación.

De todas ellas, me quedo con adiestramiento, entrenamiento, adoctrinamiento, formación, enseñanza, instrucción, cultura, urbanidad, corrección, cortesía, delicadeza, civismo.

Formación, enseñanza, instrucción, son las palabras con las que identificamos normalmente el proceso educativo desde el nacimiento del ser humano e incluso, desde las estrategias educativas de la Pedagogía Prenatal. Las siguientes palabras cultura, urbanidad, corrección, cortesía, delicadeza, civismo son los efectos, las consecuencias de una educación de éxito. Son características, todas ellas, de la persona educada y cívica.

Sin embargo hay otra cara de la moneda. En la relación de sinónimos aparecen tres palabras, en el primer lugar, con un significado real polivalente. La palabra adiestramiento se aplica habitualmente con los animales y, por desgracia, es la que utilizan el socio-comunismo-fascista, las dictaduras radicales y las dictaduras teocráticas, con las personas, especialmente con los niños desde su nacimiento, con el fin de amaestrar y dominar. El entrenamiento, palabra ambivalente de uso tanto con las personas, como con los animales, para conseguir un determinado nivel de capacitación física, mental o psicológica. Podemos destacar a los atletas de alta competición. Es digno de recordar a Iván Pavlov, consiguiendo respuestas, consiguiendo determinadas respuestas con su perro, a las que se llamó el condicionamiento clásico.

Hay otra palabra digna de destacar, cuando hablamos de Educación y de Democracia, el adoctrinamiento. Es exclusivo del ser humano. El adoctrinamiento inculca e impone un determinado pensamiento, idea, actuación, valoración, descalificación, sin opción. No hay alternativas. Todo lo que quede fuera de esos principios es lo malo. Lo que se le ofrece, no sólo es lo bueno, sino que es lo óptimo. Consigue que los valores que adquiere, los considere como ideas propias. Está muy próximo al adiestramiento.

Para ver realmente los efectos de estos vocablos en la realidad, no tenemos que ir muy lejos. La Escuela Vasca y la Escuela Catalana son ejemplos vivos, en el adiestramiento y en el adoctrinamiento. Viene de lejos, bastantes décadas sin la más mínima dificultad en proponer, actuar y aplicarlo en la realidad, con un éxito desbordante. Centenares de miles de CHARNEGOS de toda España, luchan obsesivamente por romper la Patria Grande y la Patria Chica que los vio nacer.

Todos los días, a todas las horas, todos los políticos citan estas dos palabras sagradas Educación y Democracia. Para unos, la Educación empieza y sigue en la Familia y la completa la Escuela y la Democracia es la forma más humana de vivir en Sociedad con respeto a las diferencias de los demás. Para otros la Educación es el resultado de un Adiestramiento y un Adoctrinamiento irreversibles por parte del Estado y de la Sociedad y la Democracia es la palabra que los justifica para aplicar con los demás los resultados de la aplicación del adiestramiento-adoctrinamiento.

Investidura de humillación
Cristina Losada  Libertad Digital 4 Julio 2019

Ya somos más cínicos que la primera vez. Ahora, el candidato a la presidencia del Gobierno fija fecha para la investidura sin haber atado algo parecido a una mayoría parlamentaria. No tiene siquiera un acuerdo con su socio preferente que pudiera servir de base para aglutinar bien votos a favor, bien abstenciones. No ha hecho, por tanto, lo que hizo aquella primera vez, cuando suscribió un acuerdo con Ciudadanos antes de presentarse a una investidura que fracasó. Pero entonces había un quizás. Una posibilidad. Ahora, la convocada para el 22 de julio ya circula bautizada como investidura fallida.

Después de las elecciones de diciembre de 2015, Rajoy, con el primer partido de la Cámara, con 123 diputados, renunció a intentarlo diciendo que no veía que pudiera reunir los apoyos suficientes. Ahora, Sánchez, con idéntico peso parlamentario, pone fecha no porque los haya reunido, sino con la finalidad de acogotar a posibles aliados y seguros adversarios. Ha encendido la mecha y, ¡hala!, que pasen por el aro, y rapidito, que ya está corriendo el reloj, tic tac. Los procedimientos para la formación de Gobierno, y esto es lo inédito, los está usando el líder socialista, de forma torticera, como instrumentos de presión.

Tal uso indebido puede que no tenga coste inmediato para Sánchez y su partido. Ahora mismo es posible que el electorado, ya más escamado que la primera vez, sólo quiera que se acabe la función y que, en ese estado de ánimo, afirme que está dispuesto incluso a votar a Pedro como un solo hombre para conseguirlo. Cosa distinta, muy distinta, es que lo haga si llega el momento de tener que hacerlo. Queden aparte los sondeos del CIS que, igual que otros, han pasado a ser, en el nuevo cinismo reinante, puras cartas de Tarot echadas con nocturnidad y alevosía para meter el miedo en el cuerpo. Como esas torres vigía desde las que amenazan con repetir elecciones como con una plaga bíblica.

Así las cosas, una investidura fallida sí tendrá una utilidad. Será útil para hacerle ver a Sánchez cuál es su lugar y cuanto pesa, es decir, 123. Ni más ni menos. Nada del otro jueves. Servirá para que el líder socialista sepa que no es deber de los demás investirlo; que es el candidato quien tiene que trabajarse el patchwork de una mayoría. Será valiosa porque lo que necesita con urgencia Sánchez no es formar Gobierno, sino que se le recuerde que es políticamente mortal. Que se le haga tomar conciencia de que no está en condiciones de transferir a otros los costes políticos que entraña la obtención de acuerdos de investidura o de Gobierno. Esto no sale gratis y es el candidato quien tiene que asumir la parte principal.

Sánchez necesita una investidura de humillación. Pero no por nada personal, sino por la erosión a la que está sometiendo el procedimiento de formación de Gobierno y, por ende, al sistema político. Es eso o el cinismo.

La razón de Vox y la ficción de Ciudadanos
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 4 Julio 2019

¿Sería Juan Marín vicepresidente de la Junta de Andalucía sin los votos de Vox? ¿Y Begoña Villacís vicealcaldesa de Madrid sin las papeletas del partido de Abascal? La respuesta es obvia: no. Y no habrá presidente popular en Murcia ni en Madrid sin la colaboración pasiva, en el primer caso, o activa, en el segundo, de Vox. Y como el partido de Rivera ha vetado —salvo la excepción en Castilla-La Mancha— al “PSOE de Sánchez”, su opción consiste en renunciar a cuotas de poder importantes en el ámbito autonómico, entregándoselas a los socialistas, o firmar con el PP y Vox pactos explícitos de gobierno en las dos comunidades todavía en juego.

Vox tiene razón cuando denuncia que Ciudadanos, por una parte, se beneficia de sus efectivos parlamentarios y, por otra, niega tener relación con el partido. Así, los naranjas viven sumidos en una ficción: la de que no pactan con una organización de extrema derecha, aunque los conservadores lo hagan por ellos. Tanto en Andalucía como en el Ayuntamiento de Madrid, los de Rivera han logrado el trampantojo de suscribir acuerdos con los populares pero no con los 'voxistas', aunque el resultado haya sido el apetecido: tocar poder gracias a los votos ultras. La estratagema no puede ser ni más hipócrita ni menos creíble.

Le asiste la razón a la dirigencia de Vox cuando se planta y lanza el aviso de que Ciudadanos debe mojarse y firmar un acuerdo a tres. Roza el ridículo lo que ha ocurrido en la capital de España. El alcalde, Martínez-Almeida, ha suscrito un pacto con Vox y otro con Ciudadanos. Los dos con 80 medidas programáticas y, algunas, como la referida a Madrid Central (punto 44), contradictorias. La ventaja del PP sobre Ciudadanos es que a los conservadores no les importa absorber el coste —en el caso de que lo tenga— de firmar acuerdos explícitos con Vox. Al fin y a la postre, el partido de Abascal no deja de ser una escisión del PP. El propósito de Génova consiste en iniciar una senda —que no será de corto recorrido— para que los electores de Vox dejen de serlo y se reintegren al PP. En otras palabras: Casado encara “sin complejos” su relación con la extrema derecha.

No es el caso de Ciudadanos, que tiene escrúpulos, parece que insalvables, para suscribir un acuerdo explícito con Vox pero ninguno para usufructuar sus votos en municipios y autonomías. Pues bien: en Murcia y en Madrid, los autocalificados liberales tienen la oportunidad de demostrar que priorizan los valores sobre los intereses. Juegan con la baza de que Vox tendría enormes dificultades para justificar que las derechas perdieran Murcia y, sobre todo, Madrid —lo que abocaría a una rebelión de su electorado—. La esperanza de Ciudadanos es que los de Abascal no puedan mantener el pulso y, antes o después, invistan al presidente popular de Murcia y a la presidenta 'in pectore' de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

Pero si Vox diese la campanada y se mantuviese en sus trece —y aunque esa perseverancia le resultase pírrica—, Ciudadanos quedaría también desarbolado porque ni el electorado del PP ni el del partido de Abascal entenderían su posición táctica, que excluye tanto un acuerdo directo y explícito con Vox como con el PSOE. Si se diera esa situación, Rivera volvería a tener un problema difícilmente soluble y quedaría al descubierto que sus cálculos posicionales están confundidos porque se ha ido restando a sí mismo margen para pactos a izquierda y derecha.

La política tiene una grave e inevitable exigencia: la de elegir. No se puede estar al plato y a las tajadas y eso es, justamente, lo que ha pretendido Ciudadanos. Vox, aunque con tardanza, le enfrenta a la realidad y le sitúa al borde del precipicio. Regresa el juego de la gallina: ambos partidos van directos a una confrontación y habrá que ver si colisionan o uno de ellos hace un quiebro de debilidad y arroja la toalla.

Vox está haciendo un favor —sin que sirva de precedente— a la clarificación de posiciones en el tablero político español. O con ellos, o sin ellos, o contra ellos. Pero sin admitir la ficción de Ciudadanos, que quiere una cosa (evitar contagios ultras) y su contraria (tocar poder gracias a los ultras). Veamos cómo termina esta partida y cuál de los que la juegan se impone. Cabe la posibilidad de que Vox se quiebre y Cs persista en la ficción de su distancia sideral con el partido de Abascal. Pero cabe también que los 'voxistas' —en este caso con razón— abandonen el pragmatismo cauteloso y aleccionen a Rivera, evitando en todo caso los abochornantes y tabernarios insultos que le dedicó ayer en su cuenta oficial de Twitter. Por algo son extrema derecha.

Extrema derecha
Nota del Editor 4 Julio 2019

Los españoles con una pizca de memoria difícilmente podrán votar al PP. Los españoles que ya han gastado los dedos de tanto tapar la nariz para votar al PP, tampoco pueden repetir el mismo error. Si los votantes de Vox somos extrema derecha, significa que el PSOE es centro, algo que no cuadra porque el único interés del PSOE es destruir España.

Existen otras alternativas
Juan Francisco Martín Seco Republica 4 Julio 2019

Pablo Sebastián, editor de este periódico, ha escrito -y con razón- que Pedro Sánchez no es la solución, sino el problema. En realidad, hay que decir que lo ha sido desde el primer momento, desde las elecciones de 2015. Paradójicamente, ahora habla de bloquear el gobierno, cuando él desde hace cuatro años se ha entregado con ahínco a este cometido y ha cerrado todas las salidas que no pasasen por ser él el presidente del ejecutivo.

El problema es que para esto último los resultados nunca se lo han puesto fácil. No obstante, con 90 diputados y 33 menos que Rajoy tuvo la osadía de presentarse a la investidura. Le daba igual con quién tuviera que pactar y el contenido del pacto, con tal de que fuese un escalón hacia su objetivo. Pretendió firmar un acuerdo al mismo tiempo con Ciudadanos y con Podemos. Misión imposible, teniendo en cuenta que ambas formaciones son como el agua y el aceite en casi todos los temas; no solo en política social y económica, sino también, e incluso en mayor medida, en política territorial. Dada la inviabilidad de casar dos programas tan dispares, optó por exigir la adhesión incondicional y gratuita de Pablo Iglesias con el argumento de que Podemos no podía votar en contra de un gobierno socialista. Bien es verdad que él se presentaba en buena medida con el programa de Ciudadanos, que de socialista tenía bien poco.

Hoy vuelve a repetir la misma jugada. No quiere oír hablar de gobierno de coalición. Pretende gobernar solo, aun cuando únicamente cuenta con 123 diputados. No me cansaré de repetirlo: es el mismo resultado que originó la dimisión de Pérez Rubalcaba e idéntico también al que obtuvo Rajoy en las elecciones de 2015 y que, ante la imposibilidad de formar gobierno, condujo a la repetición de elecciones en 2016. Pretende chantajear de nuevo a Pablo Iglesias responsabilizándole de no permitir por segunda vez que exista un gobierno de izquierdas.

De izquierdas no sé, pero de Pedro Sánchez no solo lo permitió, sino que hizo de aglutinante y artífice para que pudiera gobernar (el tiempo que pudo) con 85 diputados. Intuyo que precisamente esa experiencia es la que le ha llevado a desconfiar del actual presidente del gobierno en funciones. Ha salido bastante escaldado del experimento y con una pérdida de 30 diputados. Piensa -y es posible que este en lo cierto- que la única forma de garantizar (si es que lo es) que se cumpla lo pactado es estando en el gobierno.

El chantaje de Sánchez no solo se dirige a Podemos, sino a todos los otros partidos; a algunos con el argumento de que si no le apoyan no tendrá más remedio que pactar con los secesionistas, y a todos con la tesis de que no existe otra alternativa. Especial presión se está ejerciendo sobre Ciudadanos movilizando todos los medios, tanto interiores como exteriores. Interiores, desde las fuerzas económicas hasta los medios de comunicación social pasando por la contestación interna de algunos de sus dirigentes, curiosamente y de forma particular los que están conectados con el mundo económico. No se puede olvidar que son los puestos de esta área los mejor retribuidos y algunos de ellos podrían ser ocupados por la formación política que garantizase la investidura. Mayor gravedad tienen las presiones que vienen de fuera. Resulta indignante que un jefe de Estado extranjero intervenga en los asuntos políticos de otro Estado soberano, y más si lo hace a petición del presidente del gobierno de este último país.

La teoría de que no hay otra opción solo tiene visos de realidad desde la distorsión que, desde hace bastantes años, casi desde el principio de la democracia, se lleva haciendo de nuestro sistema político. Poco a poco se ha ido transformando lo que es un sistema parlamentario en un sistema presidencialista. Se comenzó por introducir la costumbre de que cada formación política en las elecciones generales designara un candidato a la presidencia del gobierno. Por supuesto, de forma extraoficial y sin ningún valor jurídico, pero que confunde sobre el verdadero sentido de estos comicios en los que no se elige al presidente del gobierno sino solo a diputados y senadores. Según nuestro sistema político, es el Congreso de los Diputados el que después de constituido debe elegir al jefe del ejecutivo. En sentido estricto, no hay candidato a la presidencia hasta que el jefe del Estado no lo designa, y no debería designarlo hasta que de las rondas con las distintas fuerzas políticas dedujese que algún español (no tiene por qué ser diputado) tiene probabilidad de obtener los apoyos necesarios.

Recientemente ha ido tomando fuerza en esta misma dirección de deformar nuestro sistema político otra práctica con efectos bastante negativos. Me refiero a las primarias. Las critiqué desde el principio, hace ya casi veinte años. Y más tarde, según iban adquiriendo popularidad, reiteradas veces en bastantes artículos. Frente a los que las tenían y tienen por un sistema más democrático, he pensado siempre que deterioran seriamente la democracia y consagran el caudillismo, eliminando la división de poderes dentro de los partidos. Quien es elegido por la militancia considera que no debe dar cuenta a nadie, excepto a las propias bases cuya opinión es siempre bastante fácil de manipular. En la actualidad, Pedro Sánchez constituye un buen ejemplo de ello. Nunca los sistemas asamblearios han sido buenos.

Pero es que, además, el llamado sistema de primarias se asienta sobre un principio falso, el del que nuestro sistema político es presidencialista y que, en consecuencia, los ciudadanos votan directamente al presidente del gobierno. Hablar de primarias implica aceptar que hay elecciones secundarias, es decir, que posteriormente los ciudadanos eligen al jefe del ejecutivo, lo cual no es cierto, eligen a los diputados y son estos los que escogen al presidente del gobierno. La inconsistencia llega al summum cuando se convocan primarias a la secretaria general o a la presidencia de un partido. ¿Dónde están después las secundarias?

Mientras ha existido el bipartidismo, esta distorsión de nuestro sistema político, transformándolo en la práctica de parlamentario en presidencialista, no tenía demasiada importancia, porque era siempre uno de los dos partidos el que se imponía, bien con mayoría absoluta, bien con una mayoría relativa muy sólida, que necesitaba solo completarla con unos cuantos diputados que normalmente obtenía de los partidos nacionalistas pagando el correspondiente peaje. Los votantes conocían de antemano, por tanto, que uno de los dos partidos ganaría las elecciones, sabían con que programa se presentaba cada uno y quién sería, si ganaba, el presidente de gobierno.

Con el fraccionamiento del espacio político la cosa se ha complicado. Las mayorías absolutas han desaparecido y, aunque un partido teóricamente haya ganado las elecciones, los escaños obtenidos resultan claramente insuficientes para gobernar en solitario. Se vieron las dificultades que Rajoy tuvo en las legislaturas pasadas y, por mucho que Pedro Sánchez pretenda ahora convencernos de lo contrario, va a ser difícil que pueda gobernar en solitario. Solo lo consiguió y únicamente por nueve meses, apoyándose en los golpistas, pero parece que la experiencia no convenció a Pablo Iglesias, que fue el muñidor de ese gobierno, y sin embargo no está dispuesto a repetirlo.

Políticos y electores tendrían que acostumbrarse a la nueva situación. Ningún partido puede pretender aplicar en exclusiva su programa. El programa tiene que ser objeto de negociación; pero de igual modo es muy posible que se tenga que negociar la composición del ejecutivo y, aunque ahora extrañe porque va en contra de todo lo que se ha vivido hasta el momento, tenga que pactarse la propia designación de presidente del gobierno. Un partido puede elegir en solitario a su secretario general o a su presidente, pero si necesita el concurso de otro u otros dos para llegar a la Moncloa, no podrá designar en solitario qué presidente de gobierno ha de ser investido.

Pedro Sánchez, para presionar a las demás formaciones políticas, mantiene que él es la única alternativa. Pero en realidad él es el problema. Su connivencia con los golpistas durante el último año le incapacita para tener el apoyo de los partidos constitucionalistas, que además no se fían de él y piensan que la cabra siempre tira al monte. La única opción que tiene es repetir de una o de otra forma el gobierno Frankenstein, y eso siempre que Podemos acepte por fin apoyarle. Pero eso no quiere decir que no haya otra alternativa, y que esté obligado a abrazar a los golpistas. Puede dimitir e incluso sin dimisión su grupo parlamentario puede proponer para presidente de gobierno a otros candidatos y que uno de ellos fuese aceptado por los diputados de otros partidos, dejando al margen a las formaciones sediciosas que además proclaman que están dispuestas a repetir la asonada.

No cometeré el error de lanzar nombres, lo que sería una osadía por mi parte. Parto además del convencimiento de que lo que se acaba de plantear, aunque casa plenamente con nuestra Constitución y se adecua fielmente al funcionamiento de un sistema parlamentario, carece de cualquier probabilidad de que suceda. Primero porque hasta ahora nunca se ha actuado de ese modo en España, pero segundo, y principalmente, porque Pedro Sánchez ha dado suficientes muestras de no estar dispuesto a dimitir nunca. Se aliaría con el diablo con tal de continuar en la presidencia del gobierno. Tampoco existe ninguna posibilidad de que el grupo parlamentario socialista pueda actuar al margen de Sánchez. Después de las primarias, su control sobre el partido es total ya que ha construido la Ejecutiva, el Comité Federal y el grupo parlamentario de manera que no pueda existir la mínima discrepancia.

En cualquier caso, lo que es totalmente cierto es que a Pedro Sánchez no le está permitido afirmar que no existe otra alternativa. Si repite el ejecutivo Frankenstein y se apoya en los sediciosos para continuar en la Moncloa, la responsabilidad será solo suya, y suya será también la responsabilidad de todas las cesiones que haga a los nacionalistas para mantenerse en el gobierno. No podrá echar la culpa a las otras formaciones políticas. Tampoco el grupo parlamentario socialista puede lavarse las manos, por mucho que mediante las primarias y las consultas a las bases Pedro Sánchez haya establecido un régimen autocrático dentro del partido socialista. Pedro Sánchez es el problema, pero los diputados del PSOE se convertirán en cómplices.

Continúa la malversación de dinero público del CIS
OKDIARIO 4 Julio 2019

A este paso, las siglas del CIS dejarán de significar Centro de Investigaciones Sociológicas para referirse a la Cocina Industrial de Sánchez. Porque lo que realiza José Félix Tezanos con las encuestas es una cocina, un aliño y un condimento en toda regla y con todo tipo de alimentos y especias al servicio de su jefe, el presidente del Gobierno.

Llegados a este punto, a Tezanos al menos hay que agradecerle una cosa: el descaro, la exageración. La desfachatez con la que trabaja los datos tiene –a pesar suyo– dos efectos positivos: neutraliza toda credibilidad en el proceso de manipulación y le confiere un involuntario tono jocoso.

El último barómetro, recién publicado, no resulta útil para conocer la verdadera intención de voto de los españoles, pero desde luego que es muy revelador a la hora de destapar las intenciones de quienes son los actuales inquilinos de La Moncloa.

Si el PSOE en esta encuesta alcanza un inédito resultado, cercano al 40%, ello hay que interpretarlo como un instrumento de presión sobre Podemos para que se avenga a las condiciones del Gobierno de cooperación que le está proponiendo Sánchez. Por tanto, el presidente no quiere elecciones sino una investidura exitosa, ahora o en septiembre.

Jueguecitos aparte, la cocina de Tezanos tiene una derivada seria. El CIS es un organismo público, dotado con un presupuesto anual de más de 11 millones de euros. El prestigio del que gozaba esta institución hasta hace poco era inmenso. No es de recibo la dilapidación que se está realizando de este dinero, que proviene del bolsillo de todos los españoles y del capital de autoridad del organismo, para convertirlo en un mero instrumento de propaganda del PSOE. El CIS, innecesario es recodarlo, no es una empresa privada de demoscopia. En términos financieros y jurídicos, lo que está haciendo Tezanos es un auténtico desfalco, una verdadera malversación.

¿El Parlamento venezolano o el Parlamento español?
OKDIARIO 4 Julio 2019

El Congreso de los Diputados ha decidido retirar su acreditación parlamentaria al periodista de OKDIARIO Segundo Sanz. Una maniobra ejecutada por la Mesa del Congreso a instancias de Podemos, saltándose a la torera como no se había visto antes el artículo 20 de la Constitución, ese que ampara nada menos que la libertad de información. Para ello, los podemitas han contado con la complicidad del resto de formaciones que componen la Mesa, donde son mayoría junto al PSOE, pero en la que también figuran PP, con Adolfo Suárez Illana, y Ciudadanos, que no han impedido el atropello.

El motivo por el que OKDIARIO ha sido censurado: publicar unas imágenes del nuevo despacho de Pablo Iglesias, que ha triplicado el espacio a pesar de haber perdido diputados en las últimas elecciones generales. Este periódico contó, una vez más, una de esas verdades incómodas que destapan las vergüenzas de Podemos. Algo que el partido de Iglesias no soporta.

El Congreso intenta amordazar a instancias de Podemos al medio más incómodo para la formación morada. La financiación de Venezuela; los arrebatos machistas de su líder; el casoplón que la pareja Iglesias-Montero se han comprado en Galapagar; los despachazos… esas y otras muchas informaciones son las que han llevado a la formación morada a aprovechar la oportunidad y pedir al Congreso que aplique su particular ley mordaza.

Para comprender la decisión de retirar por un año la acreditación a nuestro compañero, Segundo Sanz, hay que entender antes quienes son los promotores de dicha sanción. Nos referimos a Gloria Elizo, no por casualidad vicepresidenta del Congreso, y Gerardo Pisarello, no por casualidad segundo secretario de la Mesa de la Cámara. Elizo forma parte de la ejecutiva de Podemos. El argentino Pisarello es militante de Barcelona en Comú y persona de la máxima confianza de Ada Colau.

Ambos han protagonizado bochornosas acciones simbólicas contra los fundamentos de nuestro Estado de Derecho. Pisarello no sólo ha retirado de su nuevo despacho de las Cortes el retrato del Jefe del Estado para poner, en su lugar, una imagen que ensalza la II República. Antes, en 2015, pudimos ver el vídeo en el que intentaba retirar la bandera española del balcón del Ayuntamiento de Barcelona durante las Fiestas de la Merced. Incluso llegó a forcejear con Alberto Fernández Díaz en el intento de que la bandera no ondease en el balcón. Afortunadamente, no tuvo éxito en la acción. En cuanto a Elizo, miembro del núcleo duro de Pablo Iglesias, nada más tomar posesión de su despacho en el Congreso decidió retirar del mismo la bandera de España. Resulta curioso que la vicepresidenta del Congreso de los Diputados no quiera tener dentro de su despacho la bandera del país al que sirve dicha institución. Sin embargo, sobre los más de 6.000 euros mensuales que cobra por su actual cargo, Elizo no ha expresado incomodidad.

OKDIARIO, en el cumplimiento de nuestro deber como periodistas, ha informado sobre estas conductas y otras incluso de peor cariz, como por ejemplo que Pablo Fernández, actual pareja de Elizo y también dirigente de Podemos, está implicado en una red de fraude relacionada con el cáncer infantil. Fernández supuestamente utilizaba las donaciones que miles de españoles realizaban a una falsa asociación contra el cáncer infantil para así pagar los sueldos y los coches de alta gama de una trama criminal que ha estafado 5,5 millones de euros. Tenemos la razonable sospecha de estar haciendo bien nuestro trabajo cuando, en el cumplimiento de nuestro deber de periodistas, nos hemos ganado la inquina de Elizo y Pisarello, personas que bien merecen el calificativo de radicales.

Poniendo el foco ahora sobre la sanción a nuestro compañero Segundo Sanz, asistimos a un hecho sin precedentes en nuestra por otra parte joven democracia; nos referimos al hecho de que primen las fotos de unos despachos sobre la libertad de prensa y el evidente interés informativo de dichas imágenes. Si el lugar que es la sede física de la soberanía nacional y de la democracia española continúa aplicando este tipo de sanciones, cada vez irá pareciéndose más a otro parlamento –el venezolano– por el que los representantes de Podemos sienten viva simpatía.

Por nuestra parte, seguiremos informado.

La niña y la bandera
José Manuel Sánchez Fornet okdiario  4 Julio 2019

Una niña española de 10 años escolarizada en su comunidad autónoma, Cataluña, dibuja una bandera de su país. La profesora, en una reacción visceral de odio, le da un empellón por la espalda y la hace caer al suelo. Una falta leve para la agresora, una puerta llena de dibujos con colores de la bandera de España colocados por otros niños y sus padres una mañana, y a otra cosa. Ha sido una demostración, una más, de odio fanático a cualquier ejercicio de libertad y creencia en los símbolos del Estado/nación que es España. ¿Cuántos años llevamos viendo incidentes de este tipo, quema de imágenes de jueces o del jefe del Estado, pintadas en locales de familias de políticos que no son independentistas, fregados con lejía de la calle o plaza donde un político español ha estado en un mitin…

¿Desde cuándo la administración del Estado español en Cataluña está siendo usada contra todos los que no acepten el yugo nacionalista contra España dentro de Cataluña? Los fanáticos independentistas solo quieren hablar de cómo, cuándo y en qué condiciones favorables rompen el Estado/nación que es España. Torra, presidente de la Generalitat, considera que los españoles “son bestias carroñeras, víboras, hienas con una tara en el ADN”. Una situación que afecta a libertades civiles y políticas de la ciudadanía que el Estado no solo no defiende sino que protege desde su administración catalana.

Ampara la discriminación y ataques a quienes son y quieren seguir siendo españoles en Cataluña. No es tiempo de pedir perdón por creer en España. Es tiempo de recuperar libertades y derechos, normalizar el uso de la lengua y símbolos del Estado/nación en Cataluña. Una ofensiva político/social que llegue a cualquier lugar de España donde exista odio y no sea posible pasear por la calle con los colores de la bandera sin ser insultado o llamado fascista.

Es una tarea de políticos de Estado, que no tenemos. Quizás en un momento de sensatez dirigentes de PSOE, PP, Cs, CC, UPN y otros, decidan modificar la Constitución y hacer una España para personas libres e iguales, por ejemplo, acabando con el privilegio del cupo vasco o aplicando la misma fórmula para todos los territorios, con mecanismos de cooperación y control estatal que garanticen la solidaridad interregional, igualdad de oportunidades, servicios y derechos en todo el territorio nacional. Un ciudadano español puede morir o no según la comunidad autónoma en que resida, la sanidad y medios técnicos dependiendo de su mayor o menor riqueza, o ser trasladado mil kilómetros con un tobillo roto de una comunidad a otra.

El español, la lengua común, será vehicular en todo el territorio nacional en la educación, en comercios, servicios públicos y cualquier otro ámbito público o privado. Cualquier persona tiene derecho a usarla y a ser respondido en la misma. En las comunidades autónomas con lengua propia esta podrá ser vehicular al 50% en la educación pero no podrá imponerse sobre la de la nación con medidas restrictivas contra la misma. Ni en Cataluña, Baleares, Galicia, País Vasco, Navarra, Comunidad Valenciana… ni ninguna otra.

Políticos que hagan leyes justas y tengan la voluntad de impedir la apología del terrorismo en actos de ensalzamiento de sus asesinos. Que modifiquen leyes exigiendo número mínimo de votos, como existe ya en varios países europeos, para que los nacionalismos no puedan decidir el Gobierno de la nación. Políticas que garanticen servicios, libertades y derechos para la ciudadanía y no costosas estructuras para cargos de la Casta política y sus acólitos, que nos gobiernan en infame partidocracia desde hace 40 años.

Miseria de la historiografía española
Pío Moa Gaceta.es 4 Julio 2019

1. La ley de memoria histórica es una imposición del poder (un poder por demás corrupto) al estilo norcoreano, una ley totalitaria por la cual se impone a la población una versión de la historia y se amenaza implícitamente con perseguir cualquier discrepancia. Amenaza manifiesta hoy en las censuras y denigración a quienes defendemos la libertad de investigación, expresión y enseñanza, pero que quiere hacerse más directa mediante multas y cárcel. Debería provocar una verdadera revuelta de los historiadores, y en general de los universitarios, pero no ha sido así, sino más bien al contrario.

2. Esa ley es además falsaria en un sentido estrictamente histórico: parte de la idea de quienes combatían al franquismo, es decir, un frente popular formado por stalinistas, socialistas radicales, separatistas y republicanos golpistas contra la propia república, todos ellos tutelados directamente por Stalin, representaban la libertad, el progreso y la democracia. Y lo mismo quienes después lucharon contra el franquismo, es decir los comunistas y la ETA. La pretensión es tan grotesca que debería bastar para que cualquier historiador que se pretendiese serio la denunciase incesantemente como el fraude y la estafa desvergonzada que realmente es.

3. Esa ley es además extremadamente inmoral, porque presenta como «víctimas del franquismo» a los chekistas y otros sujetos de izquierda y separatistas juzgados y ejecutadas por crímenes a menudo espeluznantes. Al no distinguir entre posibles inocentes y evidentes culpables, los autores de la ley se identifican con los culpables, elevándolos al nivel de los inocentes. Es una ley chekista sin atenuantes, que define a sus autores.

4. Esa ley ha dado lugar a permanentes campañas de propaganda, de falsificación de los hechos, inflación de víctimas (de una sola parte) y envenenamiento de la opinión pública con unos odios que, precisamente, rompieron la convivencia en la república, conduciendo a la guerra civil. Campañas que, como en los regímenes totalitarios, obligan a pagar a todos los ciudadanos, un abuso y corrupción más, bien definitorios.

5. Los historiadores españoles no solo no han rechazado tamaños insultos y graves daños a la libertad de investigación, expresión y cátedra, a la honestidad intelectual y a la democracia, sino que, en su mayoría, han participado en los desmanes o han callado u ofrecido una resistencia insignificante. Este hecho es suficiente para valorar el espíritu académico y democrático predominante entre el «gremio» de los historiadores actuales.

6. Creo que quien con más insistencia ha denunciado estos tremendos desmanes he sido yo, viéndome por ello sometido a una auténtica censura en los medios universitarios y de difusión, censura proveniente incluso de académicos o grupos disconformes con dicha ley pero que se convierten en la práctica en cómplices, por miedo –el miedo acompaña siempre a las medidas totalitarias– ,o por espíritu de «gremio», más parecido al de mafia.

7. Uno de los resultados de tales fechorías es la proliferación de libros y «estudios» de pura propaganda ideológica y política presentados como historiografía seria. «Estudios» muchas veces subvencionados. En realidad son la escuela del historiador stalinista Tuñón de Lara, complicada a menudo con influencias más o menos socialdemócratas de origen anglosajón y que no mejoran gran cosa la anterior, aunque resulten menos energuménicos y en apariencia moderados. Véase un ejemplo en la influencia de Raymond Carr, loada por Juan Pablo Fusi:

Bajo la dirección última de Carr trabajamos en el Centro de Estudios Ibéricos los que creo que podemos considerarnos sus discípulos: Romero Maura, José Varela Ortega, Shlomo Ben Ami, yo mismo, Paul Preston (que hacia 1970 estaba ya en la Universidad de Reading, con Hugh Thomas), Leandro Prados, Antonio Gómez Mendoza (ambos, como historiadores económicos, muy vinculados al tiempo a Patrick O´Brien y Max Hartwell) y Charles Powell. Pero también se vincularon al Centro, en muy distinta capacidad, don Ramón Carande, Olegario González de Cardedal, Lucas Beltrán, Santos Juliá, José María Maravall, Joan María Esteban, Isaac y Aviva Aviv, Susana Tavera, Jaime García Lombardero, Joan Artells, Tomás Jiménez Araya, Laura Rodríguez, Frances Lannon, Fernando Maravall. Aun sin relación directa con el Centro, Martin Blinkhorn, Sebastian Balfour y Joseph Harrison fueron de alguna forma discípulos de Carr. También lo fueron Ezequiel Gallo, Malcolm Deas y Adrian Lyttelton, tres grandes historiadores, como ya ha quedado dicho.

Para entender la cuestión de Carr: http://revista.libertaddigital.com/raymond-carr-y-la-diversidad-de-espana-1276234297.html

Por supuesto ni los tuñonianos ni los carreños han elevado su voz contra la ley de memoria histórica y, como insisto, ya solo eso nos da una clave para valorarlos académica, política y moralmente. Esta farsa debe terminar. Y no terminará si no se denuncia incansablemente, aprovechando la libertad de expresión todavía existente, aun si cada vez más restringida.

La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)Los Mitos Del Franquismo (Historia)Mitos de la Guerra civil, los (Bolsillo (la Esfera))

************

Una hora con la historia no consigue salir a flote. Los sucesivos llamamientos en petición de apoyo económico y difusión de los programas tienen muy escaso resultado, salvo por un pequeño grupo de valientes. Parece una labor casi imposible hacer comprender la necesidad de acción a un gran número de gente que prefiere la queja inane. No sea usted de esos. La cuenta para colaborar es BBVA “tiempo de ideas” ES09 0182 1364 3302 0154 3346

Una hora con la Historia. España en la guerra fría. Franco: “Nos necesitan más que nosotros a ellos”: https://www.youtube.com/watch?v=_pFTC1ppRLI

Otro ultraizquierdista que se ríe del Holocausto
OKDIARIO 4 Julio 2019

Si hubiera algo positivo en que España, durante los años 30 del pasado siglo, estuviese presa como nación de sus propios demonios internos es que al menos así no pudo luego participar en la Segunda Guerra Mundial. La tragedia de la Guerra Civil, sin minusvalorarla, es un juego de niños comparado con el horror alcanzado durante el conflicto posterior. Y no se trata sólo de una cuestión del número de muertos y heridos entre una y otra guerra, sino de la comisión del Holocausto, el mayor crimen de la Humanidad.

La especificidad de la Shoah, el nivel de maldad que le confiere un rango único en la Historia, se encuentra en la tremenda cifra de personas asesinadas –seis millones de judíos sobre un total aproximado de 11 millones de personas– y, sobre todo, en su metodología y finalidad.

Organizar un sistema industrial a gran escala para asesinar a millones de seres humanos por motivos raciales e ideológicos significa combinar, en el mismo proceso, el máximo nivel de la razón instrumental y la perversión más profunda de la razón moral. Las víctimas no eran culpables de nada, salvo de existir, y este derecho se les negó a conciencia. Esta es la triste y real paradoja; cómo pudieron los nazis adentrarse con tanta fría lucidez en semejantes abismos del Mal. El Holocausto es un crimen que no se agota porque nunca termina de comprenderse tamaña perversidad y, por ello mismo, reclama volver a él una y otra vez, siempre con el máximo respeto a las víctimas y a sus descendientes.

La frivolización con el Holocausto es, por motivos obvios, algo impensable en otras latitudes europeas. En cambio, en España existe una cierta bula para que la extrema izquierda haga bromas de pésimo gusto con la Shoah. Lo acabamos de comprobar de nuevo con Ernesto Castro, a quien sus alumnos de la Complutense sitúan ideológicamente muy a la izquierda de Podemos, y todos recordamos el caso de Guillermo Zapata, concejal de Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid.

Podríamos consolarnos pensando que ellos solos se retratan. Pero no. La costumbre crea tendencia y nunca resultan tolerables crueldades gratuitas que hieren la memoria y dignidad de los inocentes. Urge que la Universidad Complutense abra el correspondiente expediente sancionador, máxime cuando estas aberraciones se pronuncian en un centro público, que existe gracias al dinero de los españoles.


***************



******************* Sección "bilingüe" ***********************

El meneo de Vox al PP
Luis Asúa. vozpopuli  4 Julio 2019

La irrupción de Vox en el mapa político español ha servido para ganar la autonomía andaluza, recuperar el Ayuntamiento de Madrid y para mantener algunas plazas importantes. Hoy, Pablo Casado sería historia sin la aportación de los votos de Vox.

Este meneo -palabra que denota cierto matiz cariñoso, añadiría que por ahora- debe ser asumido con lealtad. El PP hasta hace poco era percibido como un partido corrupto y tramposo, esperemos que el aire fresco que parece traer Casado se refleje en el cumplimiento de los pactos.

Del otro lado, el de Ciudadanos, esperar un átomo de reconocimiento es una entelequia. Y, es que, este partido, como propugnaba el tan citado estos días, profesor Carreras, nunca debió salir de Cataluña. Imaginemos lo que sería para la estabilidad de España (y la ambición personal de Rivera) un partido como Ciutadans cuando iba camino de sustituir a los nacionalistas catalanes -antes CiU, hoy ERC- a la hora de condicionar los gobiernos de España. Debemos recordar que llevamos trece legislaturas en democracia, de las cuales en seis hubo mayorías absolutas y en el resto se gobernó con el apoyo de CiU y ahora ERC, y hasta con el PNV. Un gran partido catalán no nacionalista sería la auténtica y benéfica bisagra que necesitamos.

Entiendo que Rivera ante el vacío corrupto del trío Rajoy-Montoro-Soraya pretendiera el “sorpasso” y sustituir al PP. Nunca lo han tenido más fácil que en estas pasadas elecciones, pero han fracasado. Hoy, no es más que un partido infantil e incoherente que sangra apoyos a diario. Lo ideal sería la vuelta al Ciutadans de los éxitos de Arrimadas, aunque el nefasto Valls haya casi calcinado ese magnífico proyecto. Si recuperan la coherencia, y empiezan el repliegue a Cataluña, seguro que volverán los éxitos. Fórmula que, además, se puede hacer extensiva a largo plazo a otras comunidades amenazadas por el nacionalismo.

Vox no es un partido al uso, es más bien una plataforma (me resisto a llamarle movimiento por razones obvias) de ideas y políticas. Viene a luchar contra algunos consensos que están demasiado arraigados y que generan una indolencia, o peor, una anomia social muy peligrosa. De nuevo, un meneo en este sentido nos viene muy bien.

El primer consenso que quisiera señalar es el del Procés. Si no fuera por la querella de Vox, hoy los responsables del Procés estarían gobernando Cataluña tan ricamente. Se había instalado la idea (o nos querían hacer tragar con la idea) de que el referéndum del 1 de octubre fue una simple gamberrada sin transcendencia jurídica. Sin embargo, hoy, gracias Vox, muchos de los gamberros están en la cárcel o fugados.

Otro consenso que hay que romper es lo que algunos autores llaman el tribalismo moderno de la izquierda. La idea de dividir a la sociedad en grupos identificados por su sexo, orientación sexual, etnia, condición social o personal, incluso por sus aficiones o preocupaciones para dotarlos de algunos privilegios. Esta es la clave: que tienen un tratamiento legal o político distinto. La paradoja es que muchas de estas identificaciones, de los llamados colectivos, fueron empoderadas (sic) por la derecha o con la contribución esencial de la derecha; o en entornos que no eran precisamente socialistas para luego ser politizados por la izquierda de la forma más abyecta, al objeto de convertirlos en bolsas de votos en propiedad. Urge volver al individuo libre y responsable con plena igualdad de derechos y obligaciones, clave para la cohesión social.

El estatismo y la fiscalidad infernal que nos rodea son asfixiantes. No hay apenas diferencias de programa entre PP, Ciudadanos y PSOE, salvo subir los impuestos a los ricos que preconizan estos últimos. Esta es una argucia política que genera mucha ansiedad entre los empresarios y los líderes de opinión que presionan para que haya una mayoría estable, al menos sobre el papel. Creo que no hay que angustiarse tanto: no salen los números de diputados para subir los impuestos (ni tampoco para bajarlos, salvo que esté Vox en el Gobierno). España necesita un programa liberal como el que ha elaborado Vox para recuperar competitividad y garantizar un futuro a nuestros jóvenes. El estatismo que nos rodea necesita desmantelarse con urgencia para dejar de perder más generaciones de jóvenes.

Economía de amiguetes
El consenso cultural español es lamentable. Denostamos nuestra historia, nuestra cultura, nuestras raíces cristianas, nuestras tradiciones y costumbres. Tenemos una ley tan pintoresca como la de Memoria Histórica que fija por ley la ¡historia! En consecuencia, seguimos teniendo especialistas de fuera (los hispanistas), que bienvenidos sean, porque en España ser historiador y nativo es una profesión de riesgo. La literatura y los medios de comunicación casi todos tienen el mismo sesgo. No se diferencia la cultura del entretenimiento. Las consecuencias son las inevitables: estamos a la cola en índice de lectura y ranking de universidades, y en la cabeza en el consumo de televisión o de fracaso escolar. Nuestro cine parece demasiadas veces el de la Unión Soviética, esto es, subvencionado, politizado y sin público.

Criminal es el consenso de la inmigración. El buenismo del “refugees welcome” de Carmena o las políticas de puertas abiertas han fracasado. Lo vivimos con la crisis de los refugiados sirios que degradaron considerablemente la vida ciudadana desde Frankfurt a Estambul. Hoy, la trata de personas es un problema gravísimo que causa muchísimas muertes y explotación. Hay más esclavos, sí; más esclavos y más tráfico de seres humanos que nunca en la historia. Es hora de atacar el problema con realismo y contundencia.

Vivimos en el consenso feliz y carísimo de las Comunidades Autónomas, mientras el sistema de pensiones está quebrado. Hemos creado dieciséis reinos de taifas con dieciséis economías de amiguetes. No incluyo Madrid, pues con algunos reparos se salva. Invertir, trabajar en una comunidad autónoma distinta a la de origen es una aventura en la que hay que enfrentarse a mafiosillos locales o a tener que pasar por una UTE con un local. Después de casi cuarenta años del sistema autonómico aún no han resuelto cuestiones tan caras e importantes como son la necesidad de un currículo nacional, las duplicidades de funciones, las diputaciones o la función del Senado, entre otras.

Y estos son algunos de los consensos que hay que romper con urgencia. Quedan algunos más. Vox es ciertamente incómodo, pero no apela a la violencia, sino al Estado de Derecho y al debate ideológico. Ahora parece que se impone llamarle ultraconservador cuando su vocación no es conservar, sino abrir y debatir muchos de los consensos que nos desequilibran como sociedad. Sobre su futuro poco hay que decir, por ahora, como Don Quijote, lo suyo es cabalgar y desfacer entuertos, hay muchos.

Cobarde muñeco roto
Ningún político sobrevive a un ridículo como el protagonizado por Puigdemont con su espantada en Estrasburgo
Isabel San Sebastián ABC 4 Julio 2019

Entre la humareda de una investidura de Pedro Sánchez que empieza a oler mucho a tongo (no hay más que ver el CIS) y otra ya fallida en Murcia para vergüenza de Vox y Ciudadanos, ha pasado prácticamente desapercibido el bochornoso espectáculo protagonizado el pasado martes por el prófugo Carles Puigdemont en la frontera entre Bélgica y Francia. Una espantada a medio camino entre la ópera bufa y el esperpento, no por anunciada menos estigmatizante. Un ridículo sin paliativos al que no hay político que sobreviva.

El «expresident» con ínfulas de líder histórico y aspecto cada vez más parecido al de Chaplin en El gran dictador ya había dado pruebas sobradas de su cobardía. Huir escondido en el maletero de un coche para instalarse a todo lujo en un palacete de Waterloo, mientras sus socios de intentona golpista se enfrentaban a las consecuencias de ese desafío en la cárcel, era suficiente demostración de su catadura moral, entre otras razones porque Junqueras y demás presos estuvieron y siguen en prisión preventiva precisamente porque Puigdemont y otros cobardes como él escaparon a la acción de la Justicia. Pero lo del martes, el numerito de los autobuses fletados en balde por los incondicionales del lazo amarillo para recibirle en Estrasburgo en olor de multitud, la espera festiva del mesías por parte de esa secta enfervorecida y el plantón final, el monumental mutis por el foro de un hombrecillo incapaz de vencer el miedo paralizante que le produce ser detenido... Eso supera todo lo visto hasta ahora. No es de extrañar que su partido, compuesto por los escombros que dejó el descalabro de CiU, esté en caída libre, mientras ERC crece en número de votos y en protagonismo. No son mejores en ningún sentido, pero al menos sus dirigentes muestran algo de gallardía.

Me cuesta entender que alguien tan pusilánime, tan traidor a sus propios compañeros, tan carente de valentía como escaso de atractivo intelectual pueda conservar algún respaldo popular. Claro que el dinero público hace milagros y su lacayo, Torra, dedica todos los recursos de la Generalitat, que son cuantiosos, a mantener viva la llama de una ficción independentista republicana que ni existió ni existirá, salvo en los sueños de una masa amorfa intoxicada de propaganda. ¿Qué habría ocurrido si el 155 de la Constitución se hubiese aplicado como demandaban la situación y el sentido común; es decir, por un período más largo, privando a las fuerzas sediciosas de ese inmenso caudal de dinero salido de nuestros bolsillos? Probablemente las cosas serían muy distintas, especialmente para el grotesco personaje atrincherado en su madriguera belga, cuya Waterloo amenaza seriamente con tornarse Santa Elena.

Pero tiempo al tiempo, que todo llegará. Por más que se engañen e intenten engañarnos los cabecillas del «procés» con el soniquete de que la Justicia europea ampara sus actuaciones e incluso sus pretensiones, nada más lejos de la realidad. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha dado la razón a España en su negativa a otorgar un acta de diputado a quien no se ha presentado a recogerla en su país natal, tal como demanda el ordenamiento jurídico, y lo mismo cabe esperar del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, donde, desde que salió de allí el socialista López Guerra, cuyo papel fue determinante para tumbar la doctrina Parot, en cumplimiento de los acuerdos suscritos por Zapatero con ETA, el Estado español ha ganado prácticamente todos los recursos presentados por etarras y gentes de semejante calaña. Europa no ampara a criminales, sean terroristas, golpistas, vascos o catalanes.

Vergüenza de quienes no votan a Vox
Nota del Editor 4 Julio 2019

Vox defiende España y Ciudadanos se entretiene en atacar, insultar y ningunear a Vox, por consiguiente, Ciudadanos pretende destruir España. Cualquier español con un conocimiento mínimo de la situación española debe votar a Vox.

Y sin Fungairiño
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 4 Julio 2019

Hace 13 años, escribí un artículo en Libertad Digital sobre el tenebroso futuro que auguraban los pactos de ZP y la ETA tras una pasmosa revelación de EL MUNDO: la Fiscalía General del Estado, encargada a Conde-Pumpido para allanar sus acuerdos con la banda, respaldaba al etarra Parot en su intento de derogar la ley que impedía que diez asesinatos contaran como uno solo, limitando la pena al delito y al margen del número. Tan cierta era la noticia que, años después, Pumpido y Parot triunfaron gracias al trabajo en Estrasburgo del sociata López Guerra. Y el PP de Rajoy se tragó el fin de la doctrina Parot como todo el pacto ZP-ETA, Bolinaga incluido.

En aquel texto citaba el homenaje de la AVT (la de Alcaraz, claro) al fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Eduardo Fungairiño, destituido por Pumpido como parte de las condiciones de la ETA, que antes lo intentó matar con un paquete bomba. Miles de ciudadanos acudieron bajo la lluvia al monumento a la Constitución para homenajear a Ironside, jefe de los "indomables" de la Audiencia Nacional. LD abrió un libro de firmas de apoyo y poco después le llevamos un grueso tomo con decenas de miles de mensajes de toda España. Como en el Juicio al 1-O, cuando un funcionario sirve a la nación y a la ley, se agradece muchísimo.

Pero en 2006 había gigantescas movilizaciones contra el pacto del Gobierno del PSOE con la ETA que parece aceptarse en 2019. El diagnóstico es el mismo:

"Nos adentramos a ciegas en un proceso revolucionario, tan atípico, desnortado y descompuesto que su rasgo principal es que quien infringe la legalidad con ánimo de destruirla es el Gobierno que debería defenderla (...). Cuando un Gobierno vive empeñado en vender a la opinión un pacto con los terroristas que no pasa de voluntad de rendición, es fatal la derrota del Estado de Derecho y, en nuestro caso, del régimen constitucional y de la nación española como sujeto de la soberanía. Yo entiendo la aparición de Zapatero como heraldo de la nada en clave de defunción nacional. Estamos ante el prólogo del epílogo. Sin duda el epílogo de la nación más antigua de Europa. Y con el epílogo de España, el carpetazo a nuestras libertades y el fin de nuestra condición de ciudadanos. Porque si no hay España, no hay libertad".

Y así seguimos, con Zapatero, Sánchez y, desde ayer, sin Fungairiño.

Ciudad sin ley
Miquel Giménez. vozpopuli  4 Julio 2019

Barcelona, un día cualquiera. No hay otra ciudad con mayor desprecio a las clases sociales. En ella, todos somos susceptibles de ser víctimas

Ada Colau ha de pasar a la historia como la política que supo enmascarar mejor la consuetudinaria vacuidad de las falsas izquierdas. Nadie hasta ella consiguió hacer desaparecer la realidad ante los ojos de los electores, hipnotizados por esa adormidera progresista destilada a base de tópicos ramplones de un mayo del sesentaiocho que jamás fue lo que luego nos contaron. Colau, envuelta en celofán multicolor, ha conseguido cegar al barcelonés que pasa, sin verlos, al lado de homeless, mendigos, carteristas, sirleros, okupas, camellos. La creme de la creme de la delincuencia, hez de tres continentes reunida en esta ciudad en la que ley y orden emigraron hace años.

Colau sonríe cuando le dicen que Arranha colgado una pancarta en contra del turismo en la azotea de La Pedrera. Colau se toma una infusión al saber que los manteros, organizados en un sindicato potenciado y pagado por las arcas del ayuntamiento, se muestran cada vez más y más agresivos contra la policía. Colau cierra los ojos beatíficamente para no leer que una ministra de Corea del Sur ha sido robada y, a causa de ello, ha fallecido por la caída que sufrió. Colau se congratula en secreto cuando le comunican que a la familia real de Qatar le han robado de su habitación del hotel cien mil euros. ¿Qué importa todo eso, si la fachada el ayuntamiento luce un lazo amarillo? ¿Qué importancia tiene que la indemnización a uno de los propietarios de licencia de hotel al que el ayuntamiento le prohibió edificarlo pueda costar a los barceloneses ochenta millones de euros?

La cabalgata de los vendedores de muerte lenta galopa desatada por los narcopisos del Raval, mientras en las calles sus heraldos se disputan el territorio a golpe de machete, entre gritos de vecinos y putas. Las Ramblas son la versión moderna de cualquier Main Street de película del Oeste, con la única diferencia que aquí no hay un sheriff dispuesto a hacer frente a los bandidos. Los ciudadanos que circulan por esos rincones antaño tan queridos y entrañables, lo hacen con el paso acelerado, esquivando despedidas de soltero de alcohólicos que encuentran en esta ciudad el mingitorio perfecto para sus nulas dotes cívicas. Nadie lo ve, nadie lo quiere ver. Las manadas violan muchachas en oscuros portales donde no llega el mundo de colorines de la seudo izquierda de mero postureo, tolerante con los canallas.

Colau sestea, dando cabezadas en su sillón de alcaldesa, olvidando que se siguen produciendo diez desahucios diarios en esta ciudad. Solo despierta cuando se trata de acudir a un medio de comunicación para derramar lágrimas. Lágrimas que todos sus conciudadanos compartimos, aunque por distintos motivos. Tengo para mí que la izquierda no lo será jamás mientras viva esa fragmentación estúpida de las diferentes ideologías, por llamarlas de alguna manera: la de género, la ecologista, la de la inmigración. El día que se optó por sectorializar el drama humano se abrieron las puertas a los aprovechados, a los falsos profetas, a la inanidad total y absoluta.

En esa ciénaga en la que han convertido Barcelona navegan entre miasmas sus habitantes. A la familia real de Qatar bien pueden haberles robado en un hotel de campanillas, lo que no es precisamente la mejor propaganda para atraer turismo de calidad; a la ministra de Corea del Sur, que en paz descanse, puede haberle causado la muerte un par de tironeros en motocicleta; ahora, sin negar la importancia de tales cosas, a quienes roban agreden, violentan y, en definitiva, esclavizan a diario es a todos los barceloneses. Ni Colau, ni Collboni ni mucho menos Ernest Maragall saldrán a plantarles cara a los responsables. Para ellos, alternativos de folleto, contestatarios de cargo oficial, la ley es fascista. Cuánta ignorancia. Lo único que hace iguales a las personas es que esta sea la misma para todos. Aquí, sin embargo, a los menas se les asigna una paga de seiscientos euros, el doble que el salario mínimo en Marruecos, o el consistorio les organiza cursillos de vela. Han leído bien, de vela.

En mi ciudad hace tiempo que es de noche y nadie se atreve a encender un simple farol.


Recortes de Prensa   Página Inicial