AGLI Recortes de Prensa   Viernes 5  Julio 2019

C’s mantiene el órdago: no firmará con Vox ningún documento en Murcia ni en Madrid
Carlos Cuesta okdiario 5 Julio 2019

La sesión de investidura fallida en Murcia ha supuesto todo un susto para muchos. Pero C’s sigue con su estrategia y asegura que no la modificará para abrir las puertas a la exigencia de Vox de firmar un documento de Gobierno conjunto a tres bandas, uno que contenga la rúbrica de PP, C’s y Vox.

Tal y como ha podido confirmar OKDIARIO de fuentes de Ciudadanos, “el acuerdo programático lo será siempre con el PP, no con Vox”. Traducido: que la famosa firma de los tres partidos no llegará a producirse, según las palabras de responsables de la formación naranja.

Entre las intenciones de los hombres de Albert Rivera no se encuentra, por lo tanto, la posibilidad de que se vaya a firmar “nada, bajo ningún concepto ni forma, con Vox, aunque sea por medio de otro documento reformado o renovado distinto del ya conocido” y propuesto hace días por Vox.

Es más, el posicionamiento de Ciudadanos mostrado a este diario deja claro que esa es la postura y no lo será sólo para la investidura presidencial de Murcia. También lo será para la votación de la ‘popular’ Isabel Díaz Ayuso como candidata a la Presidencia de la Comunidad de Madrid.

La decisión de C’s, además, deja de lado el contenido del documento. Es más, la postura implica la imposibilidad de firmar cualquier documento o propuesta, sea como sea el contenido, siempre que proceda de la formación de Santiago Abascal.

La reafirmación en su órdago por parte de Ciudadanos llega en un momento de especial tensión. Y es que este mismo jueves caía la investidura del ‘popular’ Fernando López Miras como aspirante a la Presidencia autonómica de Murcia. Y sucedía de esa manera tras el pacto entre PP y Vox de un nuevo documento -que hoy publica OKDIARIO- y la negativa de los hombres de Rivera a respaldar el texto con su firma, tal y como exige el partido de Abascal.

El resultado se convertía en un nuevo desencuentro y en el voto en contra de los de Vox a la investidura del candidato del PP a la Presidencia murciana.

Pese a ello, fuentes del PP confirman a este diario su intención de seguir buscando una salida al jeroglífico. Y se muestran dispuestos a seguir trabajando hasta el último minuto para conseguir desbloquear la situación y evitar que sea la izquierda la que acabe sacando partido del bloqueo en el centroderecha.

Pese a ello, lo cierto es que, tanto en Murcia como en Madrid, el PSOE necesita de más apoyos que los puros de la izquierda. En Murcia, el PSOE de Diego Conesa -17 escaños- sólo puede gobernar si le respalda Ciudadanos -6 diputados-, puesto que la mayoría absoluta se alcanza con 23 diputados.

Y en Madrid, el PSOE en manos de Ángel Gabilondo, sólo podrá formar Gobierno si a sus 37 diputados se le suman los 20 escaños de Más Madrid, los 7 de Podemos y al menos 3 de los 26 sillones bajo mando de Ciudadanos, porque la mayoría absoluta se encuentra en 67 escaños.

Traducido, que sólo si Ciudadanos acepta respaldar esas opciones será la izquierda la que mande en ambas regiones. En caso contrario, no.

Vox dinamita el gobierno del PP y Cs en Murcia: la frase que echó a perder todo
Ana Isabel Martín. esdiario 5 Julio 2019
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Por la mañana hubo una reunión a tres en la Asamblea regional en la que las posturas parecieron acercarse. Vox culpa a Rivera de no haber llegado a un acuerdo. No obstante, aún hay tiempo.

Vox cumplió este jueves su amenaza e hizo descarrilar la votación de investidura del popular Fernando López Miras como presidente de la Región de Murcia por segunda vez en 48 horas. Mandando así un mensaje muy nítido al PP y sobre todo a Cs en la Comunidad de Madrid, cuyo gobierno sigue en el aire.

El suspense continúa, en tanto que ahora el presidente de la Asamblea murciana, de Cs, deberá convocar otra ronda de consultas y proponer nuevamente un candidato. Que puede volver a ser el propio López Miras y seguramente lo será.

De hecho, durante su discurso en la Cámara el portavoz de Vox, Juan José Liarte, se mostró convencido de que habrá un gobierno "pronto", "en muy breve plazo de tiempo". Porque este jueves hubo avances significativos entre Cs y Vox, aunque no lo pareciera a tenor del voto contrario de los cuatro diputados verdes. Avances que, según Vox, frustró el propio Albert Rivera.

No en vano la mañana comenzó con una reunión entre los representantes del PP, Cs y Vox en la Asamblea que transcurría en muy buen tono hasta que desde Madrid llegaron los ecos de una declaración muy contundente del diputado de Cs Juan Carlos Girauta.

Antes de entrar en una reunión del grupo parlamentario de Ciudadanos en el Congreso presidida por Albert Rivera, Girauta se paró ante las cámaras y pisoteó a Vox justo cuando en Cartagena sus compañeros de partido estaban sentados con ellos.

"Lean mis labios: Ciudadanos no negocia acuerdos programáticos con Vox", sostuvo. Y a renglón seguido minimizó la reunión de urgencia en Murcia diciendo que se trataba de un simple "café". Que eso Cs nunca se lo niega a nadie. Solo una hora y media después el secretario general de los naranjas, José Manuel Villegas, insistía: "No hay negociaciones a tres ni gobierno a tres (...). No se está negociando el acuerdo de gobierno, que está cerrado".

Las palabras de uno y otro cayeron como una bomba en la sede nacional de Vox, donde por un instante pensaron que la situación tenía visos de reconducirse después de haber sido citados a ese encuentro a tres en Murcia. Santiago Abascal y los suyos comprendieron que no había nada que hacer con la dirección nacional de Cs. Al cabo de un rato, sus negociadores murcianos se levantaron de la mesa y anunciaron que votarían en contra.

Así las cosas, a las siete y media de la tarde López Miras subió a la tribuna sabiendo que iba a perder. Pero aun así se dirigió a los cuatro diputados de Vox para decirles: "Les necesito a ustedes". Y ofrecerles "respeto" para ellos y sus votantes. El candidato del PP incluso calificó de "bastante razonables" las propuestas de los verdes, todas ellas "legales, constitucionales" y, según él, "perfectamente compatibles" con el acuerdo que ha suscrito con Cs.

El portavoz de Vox, por su parte, alabó la disposición de los responsables de Cs en Murcia para el diálogo y la negociación -"han dado una lección de madurez democrática", sostuvo-, y culpó directamente a Rivera del no acuerdo. "El obstáculo está en el eje París-Madrid", afirmó Liarte, que no obstante dejó su puerta totalmente abierta: "Hasta el último día, hasta el último minuto, mi teléfono sigue encendido y mi mano tendida".

La portavoz de Cs también hizo un guiño a Vox en su discurso que demuestra que, al menos en Murcia, las posiciones están más cerca que el miércoles. Isabel Franco aseguró que los acuerdos entre el PP y Vox "no son incompatibles" con los suyos. "No nos oponemos", añadió.

No obstante culpó a los de Abascal de haberse convertido en el "principal aliado del sanchismo", en la "tercera pata del tripartito con el PSOE y Podemos en la Región de Murcia".

Para Vox, la votación de este jueves era una cuestión de supervivencia, como contó ESdiario el miércoles. El partido de derechas está convencido de que si se pliega sin más al PP y a Cs y no hace valer sus escaños en Murcia y en Madrid, estará condenándose a desaparecer.

Sea como fuere, en la jornada de este jueves se cerró una puerta pero se abrió otra. En Murcia, PP, Cs y Vox se ocuparon de dejar bien claro que hay margen para la negociación. Otra cosa es Rivera.

VOX sabotea al centro derecha
 La Razon 5 Julio 2019

Sin duda, el discurso del candidato popular para el Gobierno autónomo de Murcia, Fernando López Miras, podía colmar la exigencia de legitimidad como actor político que parece necesitar VOX, más allá de cualquier otra consideración. López Miras, en efecto, dijo alto y claro en la Cámara murciana que ninguna de las propuestas de la formación que preside Santiago Abascal eran ilegales, atentaban contra la Constitución o significaban menoscabo alguno de las libertades individuales, en una declaración de principios que cualquier político razonable, más preocupado por los intereses comunes que por un equivocado sentido de la dignidad, hubiera entendido.

Pero no. En Murcia ha primado la irracionalidad y la soberbia de los representantes de VOX, dispuestos a llevar a la inestabilidad a la región con tal de dejar bien sentado que lo que cuenta es el memorial de agravios que mantiene con Ciudadanos y no aprovechar la mano tendida desde el Partido Popular, aunque ello redunde en beneficio, precisamente, de una izquierda que, sí, les niega el pan y la sal.

Ciertamente, el papel que en todo este asunto está jugando el partido de Albert Rivera puede ser calificado de muchas formas, menos de ejemplar. No es de recibo que la formación naranja pretenda beneficiarse de los votos de VOX para alcanzar cuotas de poder municipal y autonómico mediante sus acuerdos con el Partido Popular, mientras niega carta de naturaleza al otro colaborador necesario. Más aún, si lo hace desde un discurso mixtificado, simple eco de la habitual política de estigmatización de la izquierda, que no hace muchos meses propugnaba cordones sanitarios y llegaba a tildar de fascista al propio Albert Rivera.

Pero con todas las consideraciones que sean precisas, la responsabilidad de lo sucedido ayer en el Parlamento de Murcia, y de lo que pueda suceder en la Asamblea de Madrid, corresponde exclusivamente a VOX. En primer lugar, porque su pretensión de formar parte de un programa de Gobierno tripartito, aunque legítima, parte de un error de perspectiva incuestionable, como es la negativa, también legítima, de uno de sus potenciales miembros. Se propuso la alternativa razonable, como ayer confirmaron los representantes de Ciudadanos, de incluir las propuestas del partido verde, que no eran en absoluto incompatibles con el programa de Gobierno, mediante un documento anexo, firmado con el Partido Popular.

Pero nada parece servir ante la indignación sobreactuada de unos dirigentes que dicen sentirse ninguneados e insultados en la dignidad de sus votantes, pero que, a la hora de verdad, exigen su cuota en el reparto del poder. Se argüirá que están en su perfecto derecho a la hora de hacer valer sus votos, pero no es exactamente así. En primer lugar, porque los magros resultados electorales de VOX en las comunidades de Murcia y Madrid les hacen imprescindibles para la conformación de unos ejecutivos autonómicos de centro derecha, pero son insuficientes para bloquear la alternativa contraria: un gobierno de centro izquierda, con Ciudadanos apoyando a los candidatos socialistas. Es decir, la herida vanidad de VOX puede causar el indeseado efecto de entregar Murcia y Madrid a la izquierda. No creemos que los votantes de Santiago Abascal –que debería no descuidar el tono de sus expresiones, pues la firmeza y la convicción ideológica no están reñidas con las buenas formas– estuvieran muy de acuerdo con este resultado. Todavía hay tiempo para rectificar y aproximar posiciones. Incluso Ciudadanos, tras el nefasto efecto Valls, empieza a entender lo absurdo de seguir el manido juego a los partidos excluyentes de la izquierda. Pero, insistimos, la principal responsabilidad es de VOX y son sus dirigentes los que están llamados a rectificar.

Obtuso sabotaje de Vox en Murcia
Editorial El Mundo 5 Julio 2019

En un alarde histórico de irresponsabilidad y amateurismo, el partido Vox saboteó este jueves la investidura de Fernando López-Miras que habría puesto en marcha un Gobierno liberal para Murcia. Ni siquiera tras avenirse Cs a sentarse durante cinco horas con los de Abascal en una misma mesa con el PP, conformando la estampa a tres que exigía, la derecha populista fue capaz de desbloquear la situación en beneficio de los ciudadanos. Todos los murcianos pagan así la inmadurez emocional de un partido que se conduce por las instituciones entre el exabrupto, la descalificación grosera, un programa ideológico de máximos que amenaza consensos irrenunciables y un resentimiento que parece incapaz de superar.

Vox irrumpió con fuerza en Andalucía y posibilitó un cambio histórico. No pidió entonces sillones sino que asumió la correlación de fuerzas y negoció condiciones asumibles para unos buenos Presupuestos que han dado estabilidad a la comunidad más poblada de España. Sin embargo, aquello a la cúpula de Vox no le bastaba y cambió su estrategia: pasó a pedir cargos en proporción directa a sus votos, algo que no hizo Cs cuando irrumpió en la escena nacional con mucha mayor representación. Después chocó con el PP y eligió pasar a la oposición para influir desde allí en el rumbo político de ayuntamientos y autonomías, algo razonable. Pero de nuevo ha vuelto a cambiar de idea: ahora prefiere dinamitar gobiernos de PP y Cs para hacerse respetar, demostrando que concibe el respeto como intimidación. No está mal para un partido que acusaba a otros de veletas y que presumía de anteponer los principios.

Llegados a este punto, cabe preguntarse por la utilidad política de Vox. Se puede entender su sentimiento de frustración al concitar en las urnas un apoyo mucho más modesto que aquel al que aspiraba; pero otros han pasado antes por la misma experiencia sin empeñarse a continuación en el bloqueo como forma de venganza, no se sabe muy bien contra quién. O sí: contra todos los ciudadanos de centroderecha que asisten con estupor al espectáculo. Es posible que un reducido núcleo de votantes de Vox, los más fanatizados, aplaudan su airado obstruccionismo; pero el tiempo atempera los ánimos más exaltados y descubre el efecto contraproducente de los afanes megalómanos, como lo descubrió Iglesias tras tumbar la investidura de Sánchez en 2016. El hecho es que este jueves Vox votó en compañía de PSOE y Podemos contra un Gobierno de PP y Cs por puro despecho partidista. Y el despecho es una categoría demasiado infantil para no ser castigada por los electores en el futuro.

El historiador Carlo Maria Cipolla definió la estupidez como la capacidad de causar daño a otros sin obtener el causante ganancia alguna, e incluso provocándose daño a sí mismo en el proceso. Hay que lamentar de veras que el comportamiento de Vox en este trance se ajuste tanto a tal definición.

"ciudadanos" muestra su lado oscuro
Nota del Editor 5 Julio 2019

Los más desmemoriados del lugar quieren echar la culpa de la frustración de "ciudadanos" transformada en ataque irracional a Vox a la falta de colaboración de Vox. Vox está por la defensa de España, "ciudadanos" está mostrando, sigue mostrando, su lado oscuro, su capacidad de tratar a varios millones de votantes defensores de España como escoria y de asociarse a cualquier miserable que pretenda destruir España.

No se sabe lo que pretende "ciudadanos", lo que está claro es que España les importa muy poco, la defensa del idioma común español tampoco les importa lo más mínimo, solo andan dando vueltas a la noria de la estupidez y la traición a España, tratando de eliminar al único grupo que constituye una esperanza de regeneración para España.

Sainete infumable
Pablo Molina  Libertad Digital 5 Julio 2019

No debería haber problemas para alcanzar ese acuerdo de gobernabilidad, en el que Vox estaría dispuesto a renunciar a entrar en el Gobierno regional.

Como estaba previsto tras las declaraciones de los dirigentes de Ciudadanos a lo largo de la mañana, la Asamblea regional de Murcia ha rechazado por segunda vez la investidura de Fernando López Miras como presidente autonómico.

Los equipos negociadores se reunieron en los despachos del grupo popular en el Parlamento murciano a primera hora de la mañana. Por primera vez, Ciudadanos aceptaba sentarse a hablar en una mesa con presencia de Vox. Teodoro García, que llegó a Murcia la tarde anterior, tenía muy claro que esa era la clave para un entendimiento. Por eso, la ruptura del cordón sanitario decretado por Rivera hacía pensar en un cambio de estrategia del partido naranja que podría facilitar la investidura de López Miras en la votación de la tarde.

Pero el optimismo duró muy poco. Exactamente hasta que en la sede central de Ciudadanos llegaron noticias de ese encuentro de PP y Vox con Miguel Garaulet, diputado en el Congreso por Murcia y responsable de su comité negociador. Inmediatamente, desde la Ejecutiva de Ciudadanos desautorizaron a su representante asegurando que si estaba ahí sería para tomar un café, porque en los planes del partido de Rivera no entra, ni por asomo, mantener el más mínimo contacto con los de Abascal. El acuerdo de los tres partidos en ese momento era del 95%, incluido el espinoso tema de la legislación LGTBI, el casus belli que había venido utilizando Cs en los últimos días para justificar su boicot a los de Abascal.

El estrambote de este sainete lamentable lo puso por la tarde una llamada telefónica de José Manuel Villegas a Abascal, cuando los diputados ya estaban en el Pleno para comenzar la votación. Según fuentes de la dirección de Vox en Murcia, el secretario general de Ciudadanos aceptaba pactar, pero antes tenían que votar a favor de su Gobierno de coalición con el PP. La imposibilidad de avisar a los diputados y lo impropio de un ofrecimiento de esas características, cuando habían estado negociando durante cinco horas ese mismo día, hicieron que Vox mantuviera su posición y se negara a otorgar su apoyo a un Gobierno de coalición PP-Cs presidido por López Miras, con lo que la segunda y definitiva votación del proceso de investidura acabó nuevamente en fiasco.

El portavoz de Vox aseguró en su intervención previa a la votación que habría un Gobierno de centro-derecha. A tenor de los últimos movimientos de unos y otros, no debería haber problemas para alcanzar ese acuerdo de gobernabilidad, en el que Vox estaría dispuesto a renunciar a entrar en el Gobierno regional, como exigía al principio. El camino quedaría así expedito para que la próxima semana se convocara una nueva sesión de investidura, con los mismos protagonistas pero esta vez con un acuerdo ya firmado en el cajón.

Las únicas dos alternativas restantes son una sesión de investidura a favor del candidato del PSOE o la disolución del Parlamento murciano el 2 de septiembre y la convocatoria de nuevas elecciones.

Lo diabólico de la aritmética parlamentaria surgida de las elecciones del 26-M hace que el candidato socialista no pueda alcanzar la investidura por mayoría simple con la abstención de Ciudadanos, porque la suma PP-Vox (20) supera en un voto la de PSOE-Podemos (19). Para que el PSOE gane el Gobierno murciano es necesario, por tanto, el voto a favor de Ciudadanos.

El problema para el partido naranja es que ha anunciado repetidas veces que no pactará con candidatos sanchistas, y el del PSOE murciano lo es. En grado sumo. Diego Conesa, secretario general de los socialistas y aspirante a la presidencia autonómica, fue sin ir más lejos el único barón autonómico que celebró con entusiasmo la idea de Sánchez de contratar un relator para el conflicto catalán. Su posición vacilante en la defensa de los trasvases de agua a la cuenca del Segura y su silencio ante los ataques del Gobierno socialista en este asunto refuerzan la imagen de Conesa como un personaje que pone la lealtad a Sánchez por encima de cualquier otra consideración.

En todo caso, el presidente del Parlamento murciano, de Ciudadanos, retomará la ronda de contactos con las cinco fuerzas políticas para proponer un nuevo candidato a la investidura. Si el pronóstico del portavoz de Vox se confirma, podríamos tener una nueva sesión de investidura del candidato popular la semana próxima. Pero esta vez, con resultado favorable. De lo contrario, Murcia podría estar abocada a repetir las elecciones en otoño.

La naranja amarga: Rivera, contra todos
Ignacio Varela El Confidencial 5 Julio 2019

En la crónica de los últimos días figura que Albert Rivera no acudirá a una reunión con Pedro Sánchez para hablar sobre la investidura. Que Ciudadanos se negó a participar en una reunión de los tres socios de su propia coalición electoral en Navarra, forzando la ridícula situación de que UPN tuviera que reunirse por separado con el PP y con Cs…¡para suscribir el mismo documento! Que Villegas y Girauta sabotearon desde Madrid el acuerdo para el Gobierno de Murcia con sendas declaraciones deliberadamente provocadoras mientras se ultimaba el acuerdo. Que, además, rompió estrepitosamente con Manuel Valls y enseñó la puerta de la calle a quienes discrepan (“si no les gusta, que monten otro partido”).

Analizadas por separado, quizá pueda explicarse cada una de esas actuaciones. Vistas en conjunto y conectadas con los últimos meses, componen una imagen de intolerancia impropia de un partido que vino a la política española y se hizo atractivo para mucha gente precisamente por lo contrario.

El nefasto discurso del noesnoísmo, principal aportación de Pedro Sánchez a la cultura política española, ha creado escuela. Albert Rivera lo ha hecho suyo y convertido en categoría estratégica, extendiéndolo en todas las direcciones. Es difícil encontrar un partido al que, de uno u otro modo, Ciudadanos no obsequie estos días con su hostigamiento. Al PSOE, por sanchista. Al PP, por el afán de arrebatarle el mando de la derecha. A Vox, por ser lo que es. A Podemos, por populista y comunista. A los nacionalistas, porque condensan todos los males sin mezcla de bien alguno. Desde un fantasioso extremo centro, el líder naranja ha resucitado la vieja idea de las dos orillas: Ciudadanos ocuparía la orilla de la virtud democrática y todos los demás, la del vicio y el pecado.

Más que soberbia o sectarismo, ello muestra la inmadurez de un partido y un líder embutidos en un traje (el de sus ambiciones a corto plazo) que aún les viene grande por varias tallas. También el desconcierto estratégico derivado, por un lado, de sucesivos espejismos que indujeron errores en cadena; y por otro, de la dificultad de metabolizar aquella moción de censura que cambió por completo el tablero de juego y el juego mismo, haciendo descarrilar para Ciudadanos un plan que parecía perfecto. (Moraleja: en la política te haces adulto cuando aprendes a desconfiar de los planes perfectos).

Rivera construyó su mensaje electoral entero sobre el sobreactuado juramento de que, aunque se hunda el mundo, no negociará nada con Sánchez ni con su partido. Para dar verosimilitud a esa posición (no exenta de motivos), radicalizó el vocabulario y extremó la belicosidad hacia el PSOE, llegando a negarle su condición de partido constitucional. Puesto que el mismo anatema lo había lanzado antes contra Podemos, contra Vox y contra toda la galaxia nacionalista, el autodesignado repartidor de certificados de constitucionalidad dejó al espacio constitucional en los puros huesos.

Por otra parte, Ciudadanos tampoco oculta su diseño de una opa hostil hacia el Partido Popular. Convencido de que está condenado al declive, ha hecho causa de enviarlo al desván de la historia y ocupar su lugar al frente de la derecha. Para ello, ha debido someterse a una severa metamorfosis ideológica, ya que el primer requisito para ejercer el liderazgo de la derecha es hacerse integralmente de derechas. La obsesión de Rivera con el sorpaso al PP no está lejos de la que en su día se apoderó de Iglesias respecto al PSOE. Es posible que ambos terminen de la misma manera, convertidos en satélites de los dos viejos y resistentes partidos a los que quisieron abatir.

Luego llegó Vox y lo alborotó todo. Ahora Ciudadanos tiene la vicepresidencia de Andalucía y tendrá la de Castilla y León gracias a Vox. De la misma manera, Vox ha hecho a Begoña Villacís vicealcaldesa de Madrid, y Aguado aspira a un puesto similar en esa comunidad. Los pocos alcaldes de Ciudadanos lo son, en su mayoría, con el respaldo de Vox, que también le ha abierto las puertas de numerosos gobiernos municipales. Es insostenible aparentar que no existe o tratar como apestado a un partido cuyos votos se aprovechan —incuso se exigen— sin escrúpulo alguno.

En Europa hay ejemplos de dos actitudes frente a la extrema derecha populista: una es bloquear toda colaboración con ella y fortalecer, en cambio, la concertación de los partidos moderados del centro derecha y el centro izquierda. La otra, aceptar su colaboración e integrarlos en los gobiernos conservadores o en sus mayorías parlamentarias.

Rivera ha inventado una original tercera vía: por debajo de la mesa se nutre golosamente de los votos de Vox pero, de cara al tendido, lo envía a la leprosería. Su cordón sanitario a Vox solo opera de cintura para arriba; de cintura para abajo, funciona más bien una vergonzante concupiscencia de poder. Es difícil practicar a la vez la colusión y la colisión con una misma fuerza política. Veremos hasta dónde puede sostenerse semejante potaje.

Los dirigentes de Vox han elegido Murcia para demostrar que los leprosos también tienen su dignidad. En realidad, casi los obligaron a hacerlo. No puede ser casualidad que en el mismo instante en que se logra el milagro de sentar a los tres partidos de la derecha para acordar la investidura (dicen los asistentes que las coincidencias eran ya del 95%), el jefe del aparato de Rivera aparezca en Madrid negando toda relevancia negociadora a esa reunión y su compadre Girauta proclame: “Lean mis labios: Ciudadanos no hace acuerdos programáticos con Vox”. El sabotaje fue descarado: su verdadera finalidad se conocerá próximamente. Quizás a los socialistas murcianos les haya tocado la lotería. Mientras, Madrid espera.

Si de verdad Rivera quiere ser el próximo Gil Robles de la derecha española, antes o después tendrá que admitir que esa derecha tiene varias patas, y que no conviene tratarlas a patadas porque tras cada una de ellas hay millones de votantes. Si además quiere aparecer como un político moderado, tendrá que volver a comportarse como tal. De hecho, Casado ya le ha visto ese flanco y lo está aprovechando.

Lo cierto es que el comportamiento reciente de Ciudadanos y de su líder hacen hoy de ese partido, objetivamente, un agente adicional de inestabilidad y crispación en la desquiciada política española. Justamente lo contrario de lo que figuraba en la etiqueta original. La naranja se ha vuelto amarga. Algunos quizá lo vean como una oportunidad. Otros muchos, como el principio del fin de una esperanza.

Pedro Sánchez en su ratonera
El presidente en funciones está metido en una ratonera de la que le va a costar mucho salir, y lo sabe. Quizá por eso se deja ver tan poco de un tiempo a esta parte
Fernando Díaz Villanueva www.vozpopuli.com 5 Julio 2019

La situación política actual es en muchos aspectos parecida a la del primer trimestre de 2016, pero con los papeles invertidos. Pedro Sánchez es ahora Mariano Rajoy y Pablo Casado es Pedro Sánchez. Hay, con todo, algunas diferencias. En abril irrumpió Vox, un nuevo partido de ámbito nacional que complica aún más el panorama, y Ciudadanos es sensiblemente más fuerte de lo que era hace tres años.

Pero lo que hace que 2019 no sea del todo 2016 es el hecho de que Sánchez puede formar Gobierno sin tener que estirarse demasiado. A diferencia de Rajoy, no padece cordón sanitario alguno. Podría pactar con Rivera o con Podemos y ERC. Pero por ahora no ha pactado con nadie. No lo ha hecho porque no ha querido. Está empleando la suerte de don Tancredo que tanto gustaba a Rajoy. Se ha plantado inmóvil en el centro de la plaza con la esperanza de que cuando el toro salga de chiqueros no le arrolle. Por toro hay que entender la sesión de investidura.

A la luz de los hechos se diría que con quien de verdad quiere pactar es con Ciudadanos. Lo cual no es de extrañar, porque Rivera le da estabilidad y moderación. Lleva un mes encima del pedestal diciéndole con gestos a Rivera que o se aviene a llegar a un acuerdo o se pondrá en manos de Podemos y los independentistas catalanes.

Evidentemente es un farol. Sánchez no se puede permitir semejante pacto por el altísimo coste que supondría. Por un lado Podemos le pediría carteras delicadas como la de Trabajo y quizá la de Hacienda. Por otro, Esquerra no se conformará con menos de un indulto exprés para los políticos procesados por el Supremo, cuya sentencia aún no se ha emitido, pero todo indica que será condenatoria.

La sensación es que Sánchez echa mano del tándem Iglesias-Rufián para ablandar a Rivera quien, llegado el caso, también podría servirle en bandeja el Gobierno de la Comunidad de Madrid

Si termina gobernando con Iglesias y Rufián su Gobierno será como un potro de tortura. Aprobar los presupuestos puede convertirse en un triple salto mortal que vendría acompañado de quejas desde Bruselas, más aún cuando el horizonte económico no pinta despejado sino tormentoso. Pero necesita ese farol para ablandar a Rivera que, llegado el caso, también podría servirle en bandeja el Gobierno de la Comunidad de Madrid. Lo que dudo es que ese farol haya colado.

Le queda eso sí, y por seguir con los naipes, echar un órdago que ponga patas arriba todo el escenario, liquidando esta legislatura mediante la convocatoria de elecciones. Esto ya lo han dejado ver en Moncloa y apuntan incluso una fecha, el 10 de noviembre, lo que significa que están dispuestos a tirar la toalla este mismo verano. Ir a elecciones es como lanzar una moneda al aire. Nadie sabe a ciencia cierta que puede salir de ahí, pero el hecho es que hoy por hoy no interesa a nadie.

No interesa al PP porque Casado aún no se ha terminado de hacer con el partido y todavía tiene pendiente recuperar muchos votos que se fueron a Vox. No interesa a Ciudadanos porque anda su electorado un poco mosca con la indecisión y los bandazos que han venido dando en los últimos meses. No interesa a Podemos, un partido menguante que ha perdido casi todo el atractivo que tuvo en sus buenos años. No interesa a Vox porque es previsible que la sangría que empezó en las municipales continúe en los próximos comicios.

Y no interesa al PSOE porque, aunque se beneficie de la anemia podemita, sufriría directamente el regreso al PP de muchos votantes que se habían pasado a Ciudadanos y Vox. No hay más que echar un vistazo rápido a los resultados del 28-A para percatarse de lo cerca que están los tres primeros. El PSOE aventajó al PP en tres millones de votos pero, en el caso de que se reconcentrase el voto en la derecha, el PP dispone de mayor reserva: casi siete millones entre Ciudadanos y Vox, mientras que el PSOE sólo puede reclamar los tres millones justos de Podemos.

Bastaría con que una parte del votante de izquierdas se quede en casa para inclinar la balanza hacia Casado y que Sánchez salga de Moncloa por la misma puerta que Carmena salió el mes pasado del palacio de Cibeles. El votante de derechas también podría abstenerse pero es más difícil que lo haga porque, al estar sus partidos en la oposición, se encuentra más movilizado. La de ir nuevamente a elecciones sería una apuesta de la que Sánchez podría arrepentirse y eso es algo que se huelen en su gabinete. Según están las cosas mejoraría su posición, pero no demasiado y a cambio regalaría una bombona de oxígeno y quizá el poder a su principal adversario.

Si quiere evitarlas, a lo largo de las dos próximas semanas en Moncloa tienen que tomar una decisión. O le ofrecen un acuerdo formal y en voz alta a Ciudadanos, o hacen lo propio con Podemos y ERC; o hacen saltar todo por los aires. Tienen, lógicamente, que estar dispuestos a enfrentar las consecuencias, porque ninguna de las tres opciones les saldrá gratis. Si alarga la mano a Rivera y éste se la toma tendrá problemas en Cataluña y habrá defraudado al sector más izquierdista de su electorado. Si se decanta por la opción más radical le van a hacer comprometerse a cosas que no quiere y hasta que no puede cumplir. Si va a elecciones podría el diablo ponerse a enredar y verse privado de la poltrona antes de tiempo. Está en una ratonera de la que le va a costar mucho salir y lo sabe, quizá por eso se deja ver tan poco de un tiempo a esta parte.

Murcia
Carlos Esteban eltorotv.com 5 Julio 2019

Llama en Twitter mi atención el profesor Quintana Paz sobre un artículo aparecido en Bloomberg cuya tesis es que los seres humanos tendemos a pasar por alto los sucesos realmente históricos que vivimos sin advertir su verdadera importancia.

Eso no solo es cierto en el sentido de que pasan cosas cuyas consecuencias no podemos valorar hasta muchos siglos después -la primera Navidad sería un ejemplo bastante obvio-, sino también a la inversa: nuestra preferencia por el presente hace que achaquemos un peso desproporcionado a sucesos que estamos viviendo y que quizá el devenir vuelva triviales.

En este segundo caso, los periodistas somos a menudo cómplices necesarios. La misma necesidad de rellenar cada día un número exacto (en el caso del papel) o aproximado de líneas (en medios online), siempre las mismas, nos empuja a exagerar la importancia de lo banal.

Pero hay otro incentivo no menor para hacerlo, y es la batalla por el poder. La división de poderes es una bonita ficción, seguramente conveniente, pero ficción al cabo, y no solo entre los tres poderes tradicionales -ejecutivo, legislativo y judicial-, sino, al fin, sobre cualquier institución social, todas las cuales acaban repartidas entre las banderías dominantes.

La noticia recurrente durante este interminable periodo postelectoral es que el ‘trifachito’ fue siempre un ente de razón, una entelequia, un mito lanzado por la izquierda en el poder y ávidamente recogido por el Partido Popular. Nunca hubo tal, nunca existió ese ‘bloque de la derecha’.

Hoy es Murcia, donde no gobernará el PP porque Ciudadanos no quiere que le vean en público con Vox y Vox no quiere regalar sus votos a quienes le hacen ese desaire. Eso está causando un revuelo considerable que, en mi humilde opinión, no tiene razón de ser.

Vox, lo he dicho alguna vez, puede ser todavía cualquier cosa. Puede convertirse en un PP 2.0, una red barredera para que el Partido Popular recoja los votos que perdieron por sus continuas traiciones programáticas sin tener que rectificar, o puede llegar a ser la ‘enmienda a la totalidad’, la oposición a una deriva que afecta a todo el espectro, ese desplazamiento generalizado y aparentemente inevitable hacia un pensamiento único que no parece surgir exactamente de las masas populares y del que muchos están ya ahítos.

Y el primer tiempo para señalizar qué va a ser de mayor es este. Ahora, si va a ser lo segundo, nada de lo que está haciendo -poco de lo que está haciendo, mejor- debería sorprender a nadie. Cualquier otra postura supondría su muerte o su irrelevancia.

Desde el punto de vista de eso que se llama ‘la derecha sociológica’, no meramente tribal, ¿por qué es tan, tan importante descabalgar al PSOE para poner al Partido Popular, un partido que parece un apocado oficinista deseoso de administrar pero incapaz de tener ideas propias? ¿En qué, exactamente, se diferencia su ideología de la del PSOE, en los aspectos reales, tangibles?

De Ciudadanos no hablaré, por ser aún más obvio. El caso es que, desde fuera y con cierta perspectiva, sería absurdo culpar a Vox -a cualquier partido, en realidad- de no dar votos a una formación que representa ideas distintas a las propias, como si el PSOE fuera lo peor que puede pasar, y no lo mismo de siempre, lo mismo que viviremos con PP o Ciudadanos, grosso modo.

En cuanto a Ciudadanos, tampoco es en absoluto reprochable que no quiera coaligarse con Vox. Otra cosa es que no quiera sentarse con ellos, que los traten como parias y los miren con un asco que no parece en absoluto justificado. Eso, en sí mismo y referido a cualquier partido que admita lealmente las reglas de juego es, además de una innecesaria ofensa a sus millones de votantes, un peligroso precedente que acaba convirtiendo la palestra política en un combate de lucha en el barro.

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Murcia: segundo aviso
EDITORIAL  Libertad Digital 5 Julio 2019

Vox se juega su supervivencia en la región; y la mejor manera que tiene de asegurársela no pasa por igualarse por abajo con Ciudadanos sino por todo lo contrario.

La sesión de investidura del candidato del PP a la presidencia de Murcia acabó este jueves en fiasco, al no contar Fernando López Miras con el apoyo de los cuatro diputados de Vox.

La decisión del partido de Santiago Abascal de votar en contra se produjo después de una reunión de más de cinco horas entre dirigentes de Vox, PP y Ciudadanos en el propio Parlamento regional. De acuerdo con los asistentes a la misma, el entendimiento en cuestiones programáticas había llegado al 95%, pero los líderes nacionales de Ciudadanos salieron a la palestra para desautorizar la reunión y afirmar, categóricos, que su partido no negocia nada con Vox.

La actitud del partido naranja es injustificable e indignante, pues lo que está en juego no es una cuestión menor sino el color político de una de las pocas autonomías con un proyecto político razonablemente liberal. Ciudadanos puede entenderse perfectamente con Vox, partido con el que comparte muchísimo más de lo que pretende, pero se niega a formalizar un acuerdo y a abandonar su ominoso cordón sanitario contra una formación que de ninguna de las maneras merece ser tratada como una apestada. Vox no es Podemos, Vox no es Bildu, Vox no es como los partidos golpistas que demonizan a Ciudadanos en Cataluña. Rivera lo sabe mejor que nadie, por eso su posición es sangrante e imperdonable.

Lo más estupefaciente es que la alternativa a la investidura de López Miras, encumbrar al candidato socialista, tampoco parece entrar en los planes de un Rivera que se niega a apoyar a candidatos forofos de Pedro Sánchez, como sin duda lo es el líder del PSOE en Murcia. ¿Qué se propone entonces Ciudadanos? ¿Mantener el bloqueo y forzar la repetición de las elecciones? No está Murcia para oportunismos rastreros ni para jugar con fuego.

En cuanto al baqueteado Vox, ha de tener muy en cuenta que si su negativa a investir al candidato popular se traduce finalmente en la entrega de la región a la izquierda, las consecuencias serán devastadoras para todos los murcianos; también para sus votantes, que mantendrán el honor intacto pero se verán igualmente condenados a sufrir las políticas ruinosas y liberticidas del socialismo realmente existente en España. Vox se juega su supervivencia en la región; y la mejor manera que tiene de asegurársela no pasa por igualarse por abajo con Ciudadanos sino por todo lo contrario, por darle una lección de grandeza que no olvide nadie, empezando por los muy mayoritarios electores de centro-derecha en una Murcia que no merece caer en manos del socialismo frentepopulista y que tiene mucho que ofrecer al resto de España como bastión, precisamente, de un modelo liberal alternativo que apueste por la libertad y el desarrollo económico.

¿A qué juegan Vox y C’s?
OKDIARIO 5 Julio 2019

El Parlamento murciano ha servido como banco de pruebas de lo que puede pasar en la Asamblea de Madrid la próxima semana. La obcecación de Ciudadanos y VOX por mover al contrario de su posición de cerrazón ha provocado el primer susto. La región de Murcia no contará, por el momento, con un Gobierno de centroderecha liderado por el PP.

El partido de Pablo Casado se ha visto atrapado por la pelea de patio de colegio entre los de Albert Rivera y el partido de Santiago Abascal. El colmo del ‘barriobajerismo’ lo alcanzaron ambas formaciones con el intercambio de tuits con insultos y vídeo de Locomía incluido, culpándose mutuamente de una situación que ya toca revertir.

Unos porque no quieren firmar un documento –a todas luces asumible por la otra parte– y otros porque quieren salir en la foto para demostrar que no son flor de un día. El resultado no podía ser peor: dos comunidades tan importantes como Madrid y Murcia se asoman al precipicio de un Gobierno liderado por el PSOE y Podemos. Lo que faltaba.

Las carcajadas en La Moncloa ante esta ópera bufa se oyen ya en las antípodas. Pedro Sánchez sigue expectante cómo VOX y Ciudadanos se despellejan. El socialista, sabedor de que el tiempo corre a su favor y su posición actual le otorga, cada día que pasa, más papeletas para aumentar su representación en el Congreso en caso de que se atreva a convocar nuevas elecciones. Sánchez sabe perfectamente que un traspiés de Ciudadanos en esta guerra de pactos puede suponer arrebatar un buen pellizco de votantes naranjas para el PSOE. Y VOX también sabe que ceder en todo a cambio de nada les diluye como fuerza política, y eso beneficia al PP.

Rivera y Abascal tienen que poner punto y final a esta locura. No sólo están en juego los gobiernos de dos autonomías, sino la credibilidad de ambos como líderes políticos como hombres de Estado. Los dos deben trabajar ya en serio para cerrar cuanto antes las investiduras de Isabel Díaz Ayuso y Fernando López Miras. Después, ya podrán centrar sus esfuerzos en minar la credibilidad de Sánchez, en destapar sus cesiones a Podemos, los proetarras de Bildu y los independentistas catalanes. Sus votantes lo agradecerán.

El lamentable espectáculo de Cs, Vox y PP mientras Sánchez asalta Navarra
ESdiario 5 Julio 2019

El PSOE está tomando todo el poder en España, de la mano de los peores, mientras el centroderecha se desmorona entre disputas absurdas, egos y errores.

Mientras el PSOE cerraba un (vergonzoso) acuerdo con Podemos para gobernar Navarra gracias a Bildu, el PP perdía la investidura como presidente de Murcia de su candidato por las desavenencias existentes entre PP y Vox, que amenazan con provocar lo mismo en la Comunidad de Madrid.

El espectáculo que ofrece así el centroderecha es lamentable, e indiciario de por qué le van tan bien a Sánchez y por qué, incluso, puede aprovecharse de Otegi, tras promocionarlo en TVE, para asaltar la Comunidad Foral y acercarla peligrosamente a los postulados nacionalistas más perversos: haga lo que haga el sanchismo, a sus rivales les pillará enfrascados en sus disputas internas.

Lo sucedido en Murcia es un ejercicio de inmadurez e irresponsabilidad que comienza en Ciudadanos y termina con Vox, con un PP de mediador inútil para rematar el paisaje. Los naranjas llevan semanas cometiendo el error de suscribir el mensaje de la izquierda al respecto del supuesto radicalismo de Vox, al que tratan como un apestado pese a necesitarle para prosperar.

Infantilismo
Una paradoja que los de Rivera han pretendido superar dejándole al PP como único interlocutor pero beneficiándose del resultado de esos acuerdos: una postura infantil que, además, no le ha servido a los naranjas para evitar los mismos ataques de la izquierda que si hubiesen rubricado los pactos Rivera y Abascal en persona.

Ni Cs ni Vox tienen disculpa. Su actitud, inmadura y caprichosa, solo está beneficiando a Sánchez

Pero Vox tampoco mejora mucho a Cs, pues si bien tiene razón en exigir respeto si se le piden sus votos; la pierde al convertir esas cuitas en materia decisiva, hasta el punto de preferir votar con el PSOE y Podemos que hacer viable su propio pacto de Gobierno con el PP.

Un espectáculo
El resultado de todo ello es que Sánchez, cada vez más, tiene las manos libres para hacer y deshacer a su antojo, convocar Elecciones o no hacerlo pero gobernar como si tuviera mayoría absoluta pese a disponer de solo 123 diputados.

La frustración del votante de centroderecha es inmensa ante este panorama, pero lejos de atenderla, Cs y Vox la agudizan, con un PP de espectador pasivo de un espectáculo que tampoco sabe parar. Si algo así se repite en Madrid, habrá Sánchez para lustros.

El Estado seductor
Cristina Losada  Libertad Digital 5 Julio 2019

El 'relato' separatista no habría 'seducido' ni a la mitad si no hubiera tenido a su disposición dos instrumentos fundamentales: poder y dinero.

Los separatistas quieren que el Estado los seduzca. Qué improbable. Pero éste es el mensaje que ha llevado Roger Torrent a Madrid, seguramente con la intención de que alguien lo crea. Siempre hay crédulos donde los ha habido. Siempre conviene decir algo que la gente quiere oír, y la demanda de seducción es, como el corazoncito de Twitter y los vídeos de mascotas, un buen transmisor del calor afectivo, aunque sea, como éste, de bote.

El presidente del Parlamento catalán, militante de Esquerra Republicana, exhibió esa perplejidad afectada del independentismo ante el comportamiento del Estado, ente abstracto e impersonal que oponen a su cálido y afectivo nosotros, con estas palabras: "Frente a la voluntad de convertirnos en una república independiente, lo razonable es que el Estado respondiese con un intento de seducción". Y hay que ver cómo respondió el bruto. En lugar de mandar a una colección de donjuanes para seducir a los insurrectos, envió hobbesianamente a la Guardia Civil, aplicó constitucionalmente la coerción federal del 155 y procesó, vía judicial, a docena y media de hombres y mujeres. El restablecimiento de la ley es lo que un separatista llama represión.

No puede decirse que sea novedad este intento de seducir con la seducción. Lo extraordinario es que pueda haber gente asintiendo, hasta emocionada, a eso de "seducidnos, pero no nos reprimáis", y tragando la amenaza subsiguiente: "Si nos reprimís, seremos muchos más". Pero debe de haberla. Si no, no estarían vendiendo esta tinta de calamar los especialistas en trapicheos entre la política y los sentimientos. Lo que ocurre, y esto es lo extraño del caso, es que la demanda seductora conecta con una idea que ha ido cobrando fuerza en el campo constitucionalista desde los hechos del 1-O. Es la idea de que unos tienen relato y otros no. Que ellos, los separatistas, tienen relato, y un relato que seduce, y, en cambio, los constitucionalistas van desnudos, con la ley en la mano y nada más.

La existencia de dos millones de creyentes independentistas viene a ser, para esa idea, la prueba de que el relato, en efecto, existe. Pero creer que dos millones de personas, o las que sean, se suman a un proyecto político de esas características porque han creído un relato, porque las ha seducido, porque las arrastra la fuerza pura de la convicción, es creer demasiado en los poderes de la narración. Esa gente también tiene que comer. Quien dice comer dice vivir. Y vivir bien. Que esto es el separatismo de los ricos.

El relato separatista no habría seducido ni a la mitad si no hubiera tenido a su disposición dos instrumentos fundamentales: poder y dinero. Sin el poder autonómico, la fuerza de persuasión se debilita. Sin la chequera siempre dispuesta, el relato pierde brillo seductor. ¡Pero si a los primeros a los que hay que pagar es a los fabricantes del relato! Y eso se hizo. Todo eso se ha ido haciendo a la vista de todos. Desde Pujol. Mientras el Estado, no bruto, pero ciego, entregaba nuevos poderes, dejaba hacer y se retiraba. El Estado seducido. Exactamente el que desean los que coquetean pidiendo, cada tanto, un intento de seducción.

El frente de la mentira
Jaime Mayor Oreja ABC 5 Julio 2019

A lo largo de estos últimos años y meses, cuando -tanto en ámbito privado como público- me he referido al proceso que vive España y, sobre todo, cuando he afirmado la existencia de un «frente popular», la reacción de quien lo ha escuchado oscilaba entre la infinita distancia y el rechazo. No se quería aceptar la realidad del proceso que iniciaron ETA y Rodríguez Zapatero en los arranques de los dos mil ni la culminación del mismo en el «frente popular».

Lamentablemente, día tras día, acta tras acta de los encuentros entre los enviados de Rodríguez Zapatero y ETA, derivada tras derivada de aquel proceso, confirman tanto la existencia del mismo como del «frente» resultante.

Resulta una obviedad señalar que esta culminación, el «frente de 2019» es diferente, no es idéntico al que emergió en España en el gobierno de 1936. La sociedad española era radicalmente diferente a la de hoy, pero la fórmula política decidida finalmente no es distinta; la suma de los peores componentes para gobernar España en ambos momentos de nuestra historia.

El «frente» de hoy tiene más componente nacionalista y secesionista que aquel, porque en su origen hace más de una década y media estaba ETA, porque arrancó con una negociación desde el Gobierno de España con un proyecto de ruptura, porque llegó el «procés» catalán como la primera derivada de aquella decisión, porque hoy se instala en Navarra la vanguardia del nacionalismo vasco, de la mano esta vez de los socialistas, porque el número de comunidades periféricas afectadas por el fenómeno nacionalista se acrecienta.

El «frente» no es el gobierno de los españoles ni el de España, sino que es el gobierno del «proceso». En consecuencia, el frente popular encierra las mismas características del proceso del que nace.

Si el proceso, esto es una negociación pactada entre el Gobierno de España y ETA, fue opaco, oscuro, vergonzante, escondido, su gobierno, su administración, tendrá exactamente las mismas características. Es un frente asentado y marcado en la mentira, en un juego permanente para esconder su auténtica naturaleza, en el que están hace muchos años. Una mentira en progresión geométrica.

El frente se inició con una mentira; no había negociación ETA-Gobierno, ETA y Bildu se enfrentaron y ganaron los segundos, la mayoría de los españoles derrotamos a ETA; luego continúa con la mentira de que la corrupción era la causa fundamental de la moción de censura contra Mariano Rajoy; al final, Navarra y un gobierno del Frente popular culmina este proceso.

Hoy en particular, la mentira -que ha estado presente siempre en este proceso- se sustancia en los llamamientos permanentes e hipócritas al Partido Popular y especialmente a Ciudadanos para trasladar la impresión de que ellos, los socialistas, no querían el «frente» y que los auténticos responsables del futuro gobierno son los demás.

Estarán condenados a no decir nunca la verdad, porque la mentira con que se impulsó el proceso imprime carácter. Durante estos últimos largos años he comprendido que la crisis actual tiene en la prevalencia de la mentira sobre la verdad su principal componente y que es verdad que, por regla general, los hombres de las tinieblas son más astutos que los hombres de la luz.

Dicho lo cual, lo que más nos debe preocupar en el día de hoy no es la estrategia y el sectarismo de los que componen el frente. El problema auténtico, a veces desesperante, el problema de verdad radica en la ceguera, en la incapacidad de entender lo que sucede, en las personas que no estamos en el frente, tanto en el ámbito político como en el social, como en los medios de comunicación.

Uno de los efectos de los frentes es que lamina, expulsa, mata, escojan el verbo que quieran, la alternativa. Por ejemplo, los frentes ridiculizan los partidos bisagra, porque estos últimos pierden su razón de ser, les convierten en un partido imposible, incoherente, porque no se puede pactar de verdad con un frente, ni siquiera territorialmente. La configuración de este «frente» nos desconcierta, porque su diagnóstico nos divide y enfrenta a quienes no somos del mismo.

Me atrevo a afirmar y reiterar el título de una tercera de ABC que tuve el honor de escribir el pasado 9 de febrero, «La urgencia moral de una alternativa», es decir, todo lo contrario a la realidad que se ha ido produciendo desde aquella fecha. Todos los partidos políticos que no forman parte del «frente» tienen que ser capaces de concentrar todos sus esfuerzos en la urgente tarea de presentación y diseño de una alternativa, en la refundación inaplazable del espacio político que ocupan, por difícil que ello sea.

No hay que engañarse, hoy todavía no hay alternativa, entre otras razones porque uno de los principales objetivos del frente es que no la haya.

Ayer muchos se sorprendieron con el desenlace de la moción de censura, hoy se escandalizan del devenir de Navarra, mañana ya veremos. Sin embargo, la lógica del proceso es implacable.

Siempre he reiterado -con poco éxito- que frente a la tozudez extrema de los movimientos nacionalistas, el conjunto de los españoles no sabemos ser tenaces y perseverantes.

Cambiamos de estrategia, de posición y actitud sin razón alguna, sin que ellos, quienes integran el movimiento nacionalista, hayan cambiado un ápice, una coma de su posición y, sobre todo, de sus objetivos. Nos cansamos, nos aburrimos de ser coherentes, de decir la verdad, y de vez en cuando, nuestra tendencia a la comodidad nos lleva a la puesta en marcha de genialidades tácticas o estratégicas, abrazando el mal llamado y perverso «proceso de paz».

La pregunta que debemos hacernos es qué podíamos esperar de un acuerdo contra natura entre el Gobierno de España y de un proyecto como el de ETA, fundamentado en la ruptura de España. El resultado no solo es un gobierno mal llamado Frankenstein, porque lamentablemente es mucho más, sino la administración de un proceso letal para la derecha, para la izquierda constitucional y democrática y puede serlo para España.

Los frentes hacen estragos fuera del mismo, su efecto destructivo nos contagia a todos. Mientras no diagnostiquemos, enunciemos y nos concienciemos sobre el frente, estaremos indefensos frente a sus efectos y consecuencias.

Los frentes, por su propia naturaleza, son instrumentos de fractura y destrucción nunca de suma. Empiezan destruyendo la alternativa, desde la división y la fractura, posteriormente y aunque no quieran, destruirán todas y cada una de las instituciones de la nación, especialmente las que más nos unen y cohesionan. Acabarán destruyéndose, suicidándose, fracasarán, pero estará por ver el grado de daño que produce al conjunto, a España y a nuestra convivencia.

Seguimos sin comprender la profundidad y naturaleza de la crisis que nos caracteriza, no solo a los españoles, sino a todos los europeos: una crisis moral, de principios, de referentes permanentes, de carácter antropológico, de la verdad. En todos los países la crisis es de la misma naturaleza, que nos está llevando al extremo desorden, pero en España se manifiesta de forma singular: la crisis en España es la crisis de España.
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Jaime Mayor Oreja es presidente de la Federación Europea One of Us

‘Cosa Nostra’ y Estado paralelo
Antonio Robles  Libertad Digital 5 Julio 2019

La independencia no es el peor escenario, sino la falsa normalidad en que vivimos.

Como la mafia en Sicilia, el procés es un Estado paralelo con sus propias reglas, que hace cumplir a rajatabla, aunque sus profetas jamás cumplan las del Estado de Derecho al que pertenecen. La Camorra, la Cosa Nostra, la Mafia son organizaciones criminales diferentes, pero todas tienen una identidad común, actúan al margen del Estado mediante un Estado paralelo presidido por la omertá. No otra cosa es hoy Cataluña. El catalanismo no mata a casa nostra (todo se andará), pero su eficacia es mayor.

El negocio nacional es controlado por una mezcolanza de clasismo retrógrado, clases medias y funcionariales, junto al agrocarlismo batasuno del interior, amalgamados por vínculos identitarios e intereses económicos que quieren ostentar por siempre. Y quienes no colaboran o se oponen pasan a formar parte de los enemigos de la democracia y la libertad. ¡Ahí es na! Estamos ante la revolución de las clases pudientes, con adultos eternamente adolescentes de casa bien, de izquierdas y de derechas, pero, antes que nada, nacionalistas.

No se asusten por las palabras, a veces las metáforas muestran con dureza el abuso que se hace de ellas para ocultar la realidad mafiosa que se oculta tras su perversión. En este caso, ni siquiera la comparación es ofensiva, lo ofensivo es ver cómo ese Estado paralelo actúa impunemente, sin parecerlo, al margen de la Ley, con métodos mafiosos y amparados por la ley del silencio. Una retahíla de evidencias lo delatan: los Mozos de Escuadra ya actúan como una verdadera policía política. Ada Colau es acosada al grito de "zorra, puta y guarra", mientras el régimen y los altavoces mediáticos miran para otro lado, y el independentista Ernest Maragall lo justifica. Lo mismo le pasó a Inés Arrimadas en esos pueblos de limpieza étnica del interior, donde gente corriente friega con lejía el suelo por donde pasa. Una maestra indepe agrede a una niña de 10 años en el cole por pintar una bandera española en su cuaderno y el régimen y sus medios ignoran la atrocidad. "Ho tornarem a fer". Òmnium monta una campaña con autobuses para anunciar su decisión de continuar el delito de rebelión recién juzgado, y el régimen lo permite. Y seguramente paga… Y todo eso, con el silencio cómplice de esa población bajo la influencia de la omertá o directamente beneficiada por ella.

En más de una ocasión he insistido en que la independencia no es el peor escenario, sino la falsa normalidad en que vivimos, donde los hispanohablantes y todo el que se siente español es excluido, despreciado y convertido en ciudadano de segunda. La diferencia con un judío de la Alemania de los años treinta, con los negros de Alabama de los cincuenta o con los inmigrantes africanos sin papeles explotados en los campos de Almería o Lérida sólo es de contexto. En el fondo, unas clases propietarias de la identidad y del poder institucional imponen el desprecio en nombre de una identidad nacional agredida. No son los desheredados de la tierra, sino los herederos de aquella burguesía clasista y pistolera de principios del siglo pasado que despreciaba al servicio y convirtió a los jornaleros llegados de Murcia, Andalucía, Extremadura… en carne de cañón para sus fechorías. Meros charnegos sin identidad. No muy distinto de como Vox convierte hoy a los inmigrantes en invasores. ¡Qué chiquito es el mundo para tanto hereu!

La Complanta dels Burgesos Oprimits, de Alfonso de Vilallonga, y L'opressió, per a qui se la treballa, de Albert Soler, ponen humor y ácido a la obscenidad. Diviértanse al menos.

La democracia híbrida
José Rosiñol. vozpopuli  5 Julio 2019

¿En qué se diferencia un Estado totalitario del que no lo es? La respuesta no sería difícil de responder si nos encontrásemos en los paisajes de entreguerras y de las posteriores guerras frías, cuando la delimitación conceptual era aparentemente clara gracias a la fructificación de relatos teleológicos y dictadores varios, y se daba una estructura tripartita en la que vivíamos con una claridad y una comodidad que escondía la compleja realidad del poder: por un lado estaban la democracias; por otro, los estados autoritarios y los totalitarios.

El problema lo encontramos en que esa estructura simplificadora ha desaparecido junto a los dogmas totalitarios del siglo XX, vemos cómo algunas democracias, algunos sistemas democráticos, son utilizados, instrumentalizados, para alcanzar los mismos objetivos que buscaban los totalitarismos del siglo XX. Si bien dichas democracias son formalmente democracias porque usan los procedimientos establecidos, están imbuidos en una cruzada esencialista en la que tratan de controlar la vida privada de los individuos despojándolos de su condición de ciudadanos y convirtiéndolos en objeto de reeducación.

Estas democracias, que podríamos denominarlas democracias híbridas, las encontramos en todo el globo, especialmente en el continente europeo, cuyo esencialismo responde a cosmovisiones culturales y lingüísticas territorializadas y mistificadas: desde valores religiosos elevados a condición de imperativo categórico, pasando por deformaciones historiográficas interpretadas como fatalidades históricas o pretendidos determinismos ontológicos basados en el relativismo lingüístico entre otras muchas variedades y matices de esencialismos.

En nuestro país tenemos un caso muy particular: la utilización de ese proto-estado llamado Generalitat que utiliza todos los resortes públicos para uniformizar cultural, lingüística y políticamente al mayor número de ciudadanos posibles, esta cínica obsesión uniformizadora la podemos ver en la mayor herramienta de adoctrinamiento en manos del nacionalismo catalán, su televisión pública, y toda la malla de medios que sustenta gracias al erario público.

El último ejemplo lo encontramos en el “reportaje” del programa 30 Minuts titulado “Llenguaferits” (lenguaheridos), en el que podríamos detenernos en las falaces premisas de las que parte, como la de la “hostilidad del Estado español” contra el catalán, cuando dicha supuesta hostilidad pasa por permitir una inmersión lingüística que cercena los derechos y posibilidades de miles de niños catalanes, la imposición de multas lingüísticas a comercios por no rotular en catalán (curiosamente se multan a los comercios que rotulan en castellano pero no a los que rotulan en inglés) o que todas las comunicaciones de las administraciones públicas sean solo en catalán. Y, lo dicho… el Estado mirando para otro lado.

También podríamos detenernos en el lenguaje utilizado en el programa, empezando por este neolenguaje performativo nacionalista , los “lenguaheridos”, con el que vitalizar el victimismo en la sociedad catalana, o el recurso a la hipérbole y al lenguaje agresivo/alarmista con el mismo objetivo: ataque, supervivencia, acoso, desaparición, enfermedad, urgencia… Sin embargo, es cuando dedican un capítulo a la educación cuando más se destila ese esencialismo rancio que impregna todo el relato de este programa y toda la narrativa de TV3.

Veamos, para los ideólogos de este “reportaje” el problema en Cataluña y para la pervivencia de Cataluña (la Cataluña monolingüe y ensimismada) radica en que “hemos perdido los patios de los colegios”. Ven como una perversión que los niños hablen en castellano durante la hora del patio, piden medidas urgentes ante tal perversión y ataque al catalán… la fanática obsesión por controlar la vida privada del individuo llega al paroxismo de pretender estigmatizar a los niños por ejercer su libertad, por someter a la presión social a los padres para que cambien sus costumbres, para limitar su libertad individual y sus libertades negativas.

Este ejemplo es paradigmático de lo que es una democracia híbrida y sirve para responder a la pregunta inicial del artículo: ¿En qué se diferencia un Estado totalitario del que no lo es? Básicamente en que los instrumentos en manos de la democracia son para servir al ciudadano y éste es el centro de los derechos, tanto positivos como negativos. Sin embargo, cuando se usan las herramientas democráticas para reeducar al individuo, cuando desde los poderes públicos se parte de la presuposición de que la libre elección individual, la diferencia, la disensión y la pluralidad son una anomalía a corregir, entonces no estamos ante un totalitarismo de baja intensidad o latente, estamos ante una democracia híbrida que ha pervertido la esencia de la democracia.

Un negrito con sombrero de copa
Miquel Giménez. vozpopuli  5 Julio 2019

Es falso de toda falsedad que la república catalana sea tolerante y abierta. Si dependiera de los puigdemontianos, habría ciudadanos de primera y de segunda. Incluso de tercera

Uno puede defender la ley de la gravedad sin por eso estar de acuerdo con el balconing; De la misma manera, se puede defender a un separatista sin compartir su ideario. Esto viene a cuento del linchamiento en Tuiter al que la neoconvergencia ha sometido a Gabriel Rufián y que va mucho más allá de las hostilidades que han empezado a producirse entre los, insólitamente, todavía socios en la Generalitat. A Rufián, los que hasta hace tan solo cuatro días le reían las gracias, mostrándolo como ejemplo de castellano parlante “de los nuestros”, lo están insultando por activa, por pasiva e incluso por transitiva. ¿El motivo? El diputado de Esquerra se ha atrevido a reivindicar a la cantante Rosalía y a criticar el manifiesto Koiné, el mismo que defiende la consellera Borrás, que quiere que el catalán sea la única lengua oficial de Cataluña. A la mierda el bilingüismo, el “todos serán respetados” y la transversalidad. Convergencia antes, y ahora sus herederos, siempre han sido supremacistas, baste recordar las palabras de Pujol al referirse al andaluz como alguien desestructurado o a su mujer, Marta Ferrusola, quejándose de que sus hijitos no podían jugar en el parque al haber solo niños que hablaban en castellano.

Como sea que Torra y su circo de Manolita Chen, con perdón de Manolita, tienen que ocultar la cobardía de Puigdemont y los zascas que, uno tras otro, les están endilgando en Europa, han decido sacar de nuevo el espantajo de la lengua, exigiendo adhesiones inquebrantables. Rufián ha cometido, pues, bajo su punto de vista el peor de los pecados, el de lesa lengua que, añadido al de lesa cultura – Rosalía ha sido vituperada desde el minuto cero por los ayatolás separatistas –, de ahí que lo hayan convertido en la diana de sus trolls. Añadamos que Rufián entrevistaba el otro día en su canal de YouTube al gran maestro Tomás Guasch. ¡Hasta ahí podíamos llegar!, debieron gritar los dirigentes de ese Herrenvolk de pan con tomate denominado procés.

De garrulo de periferia a subnormal, pasando por lindezas tales como hijo de puta vividor, quinqui, cara de hámster, nivel super Chayanne, garrulo, sidoso o invitaciones a irse a la mierda o a practicar sexo por el cerito sexual – lo digo así por suavizar el insulto – los sumos sacerdotes del separatismo se han quitado la careta. Y es que, Gabriel, nunca fuiste de los suyos, nunca te reconocieron como tal, nunca te admitieron en sus selectos círculos en los que tener la partícula “i” entre el primer y segundo apellido es imprescindible. Esa fue una de las razones, y no la menor, que me desengañaron del separatismo, su tremenda capacidad de menospreciar a todo el que no perteneciera a las trescientas familias que se lo han llevado crudo secularmente en esta tierra. Cuando crearon la asociación “Súmate” para captar a castellano parlantes, me propusieron ir allí porque, como mis apellidos son Giménez Gómez, venía de la izquierda y, además, mi lengua materna es el español, podría convencerlos con facilidad. Cuidado, convencerlos, que no integrarlos. Los envié al guano, claro, porque no soy nacionalista ni creo que existan más diferencias que las económicas.

Aquello era como el negrito con sombrero de copa que dibujaban en Bélgica para identificar al amable aborigen al que los cultos occidentales protegían a cambio de desposeerle de todo. Nos ven como unos pobres desgraciados a quienes, en el mejor de los casos, hay que tutelar porque no somos capaces ni de atarnos los cordones de los zapatos. Esa es, quizás, la peor de todas sus mentiras, la más abominable, la más ruin.

Me duelen estos linchamientos racistas. Y ojo, te he llamado desde estas páginas dandi poligonero, he criticado tu manera de comportarte en sede parlamentaria, he discrepado de tus formas y palabras, no nos confundamos. Pero jamás lo hice porque hablases en español, por tus apellidos o, mucho menos, porque te guste Rosalía o pienses que el manifiesto Koiné es una barbaridad. La diferencia estriba en que ellos no te consideran un ser humano, solo carne de cañón. Servidor, desde la total discrepancia, ve en ti a un semejante, alguien que respira el mismo aire que el resto de los mortales. Es la diferencia entre huir en un maletero o estar en la cárcel. La que hay entre poderse sentar a tomar un café para buscar lo que te une con el otro y no lo que te diferencia. Es la empatía, el diálogo, aunque no sirva más que para conocer a quien tienes delante. Eso se llama civilización, cultura, progreso. Digamos que se llama humanidad. Por eso desde la otra trinchera me permito enviarte un abrazo. Y déjalos, créeme. Vivirás más tranquilo.
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