AGLI Recortes de Prensa   Martes 9  Julio 2019

El sanchismo derrapa
Valentí Puig okdiario 9 Julio 2019

Hay algo en la personalidad política de Pedro Sánchez que es como esa fruta de frigorífico que reluce y asume perfección pero luego madura mal. Viene con celofán de diseño y entre lo que transcurre del mercado a casa, pierde aroma, sustancia, vitaminas. Es su versión personalizada de la post- socialdemocracia, encantado de haberse conocido. Al desnaturalizar todo lo que ha sido el PSOE desde la transición y que Rodríguez Zapatero ya alteró, Pedro Sánchez ha introducido de pleno la relativización en la política.

Es lo que va de la política cabal de Javier Fernández al frente de la gestora en la crisis socialista de 2016 a la política virtual de Pedro Sánchez desde que regresa a la secretaría general. Tiene su punto álgido en la moción de censura a Mariano Rajoy, el acceso al poder y las elecciones anticipadas en las que alcanza 123 escaños y queda a la espera de obtener una mayoría de investidura. Eso no es propiamente una crisis de la democracia española pero acumula rasgos de inestabilidad. Tanta incógnita tiene un coste institucional y económico, como van percibiendo los sensores de la Unión Europea, de nuevo con los principales despachos ocupados después de las elecciones. La sombra de unas nuevas elecciones anticipadas satura de incertidumbres la vida pública española. Para la economía, los “shocks” potenciales no son ficción.

Emergen elementos suficientes para una estimación de los propósitos del sanchismo, muy personalizados, con un efecto de desequilibrio entre la ejecutoria y la apariencia. Es una política de buena percha. Tiene sintonías de “youtuber” y es refractaria a la realidad, de la que cree disponer como si fuese una sesión espiritista. Para una socialdemocracia descafeinada por la globalización y el universo digital, el sanchismo es más bien un espejismo, una pausa en la que a falta de otra cosa gobierna con las máximas dosis de antifranquismo e ideología de género.

Es memorable su rueda de prensa después de los acuerdos de los socios de la Unión Europea para dotarse de nuevas cúpulas de poder, tal vez porque, aun considerándose un consumado navegante de las instituciones comunitarias, como pieza importante del grupo socialdemócrata y como jefe de gobierno no podía alardear de trofeos en la gran batida. Entonces, con su indiscutible soltura gestual pero con mirada algo desconcertada, optó por considerar que el reparto de poder en Bruselas era un victoria de la paridad y de la ideología de género.

Del mismo modo que estuvo a punto de deteriorar al máximo la unidad del PSOE a menudo hace sospechar que la integridad de España no es una de sus principales tribulaciones. ¿Qué lo que mueve realmente a Pedro Sánchez? Tampoco es la consolidación económica y si no fuera por la abundancia de presiones parece capaz de asumir el gasto y el déficit a los que le llevaría un entendimiento de gobierno con Podemos. Agitado por esas curvas de vacío de poder, el sanchismo derrapa incluso en el Valle de los Caídos. En una época en la que hacer Historia importa menos que reescribirla, Pedro Sánchez es su propio amanuense. Lo molesto es que en momentos así es cuando parece que política y antipolítica se den de la mano.

Valentí Puig es escritor.

Hasta se cortaría la coleta
En su desdoro final, Iglesias se arrastra por un puestecito
Luis Ventoso ABC 9 Julio 2019

Con arrogancia sobrada, el gran Iglesias Turrión -al igual que Rivera- irrumpió en política divinizando la juventud, condenando la experiencia y las canas como si fuesen la peste bubónica y despellejando a toda la clase dirigente previa a él (en la que había algún chorizo, cierto, pero también muchísima más gente valiosa). Iglesias -como Rivera- proclamó endiosado que con él arrancaba una nueva era, la de la limpieza absoluta y las soluciones milagreras. Había nacido la Nueva Política, la efebocracia.

Pero ahora, ay, el joven ya tiene 40 tacos, dos churumbeles (y otro de camino), una mujer a la que ha enchufado en la cúpula de su empresa y una hipoteca de varios ceros. Iglesias se ha vuelto mayor y se ha desgastado más rápido que la moda de las esterillas de bolas en los taxis. Cometió un error de cálculo garrafal. En su soberbia, tomó a su público por pánfilo e incurrió en los gustos mundanos de alto burgués que antaño denigraba. Iglesias comenzó a pinchar el día que le echó el ojo a Villa Galapagar y exclamó «¡mía!». El resto del declive de Podemos atiende a cuatro motivos: ponerse de canto en la unidad de España, su chapucera gestión municipal, el circo de las trifulcas internas y el hecho de que la ideología comunista es un añejo despropósito utópico (ahí están los griegos, que tras probar la medicina del populismo zurdo acaban de propinar un puntapié al Podemos heleno, Syriza).

Con todo, quienes pensaban que Iglesias había tocado fondo con la finca de recreo de Galapagar se equivocaban. Ha logrado desacreditarse todavía más, arrastrándose ante la puerta de Sánchez implorando un puestecillo. Transita por los platós televisivos como si fuese el Gollum de Tolkien salmodiando aquello de «mi tesoro, mi tesoro». Este Iglesias mendicante llega al extremo de que sus principios le importan un carajo con tal de que Sánchez le otorgue la prebenda. Véase el tema catalán, donde sin discutirlo con nadie (lo cual es lógico, porque Podemos son hoy él y su mujer) ha anunciado que a cambio de un carguito se olvidará de su tontuna de los referéndums de independencia y será un leal constitucionalista. Iglesias se cortaría la coleta por un ministerio. Haría el Camino de Santiago de rodillas. El asalto a los cielos resultó ser esto: trepismo y canonjías.

Al final, Podemos facilitará Frankenstein 2. Sánchez gobernará de nuevo con comunistas y separatistas (ya ha pactado con ellos en Navarra y en la Diputación de Barcelona, con el partido del prófugo Puigdemont). Luego llegarán los presupuestos. Como la cabra siempre tira al monte, los separatistas le exigirán el indulto para los golpistas o un referéndum (o el doblete). Dado que ningún presidente de España puede conceder eso, ni siquiera uno tan elástico como Sánchez, vuelta a la casilla de salida: elecciones (donde los votantes conservadores deberían olvidar los experimentos con gaseosa verdes y naranjas, si no quieren seguir desayunándose durante ocho años con un país sumido en la inestabilidad y la tutela de comunistas y separatistas).

Una política «kamikaze»
 La Razon 9 Julio 2019

No parece que se ajuste a la lógica política firmar una coalición de gobierno, con reparto de puestos de responsabilidad incluido, sin hablar, al menos, con quien tiene los votos imprescindibles para que ese pacto pueda llegar a buen puerto parlamentario. Tampoco parece responsable la pretensión del presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, de obtener los apoyos de Podemos para su investidura sin ofrecer nada a cambio, ni siquiera un programa consensuado.

Tampoco, mantener bloqueadas las instituciones por razones meramente efectistas, que van más a la forma que al fondo de la cuestión, que no es otra que proporcionar a la sociedad la estabilidad política que precisa para mantenerse en la senda de la recuperación y afrontar los graves problemas que se avizoran en el horizonte. Porque lo estamos viendo tanto en el Gobierno de la nación como en muchas comunidades autónomas es el espectro de una política «kamikaze» que creíamos más propia de otras latitudes, pero que parece haberse instalado en nuestro país.

Así, que el partido de Albert Rivera pretenda el apoyo de la formación de Santiago Abascal, pero sin que ésta le roce lo más mínimo, como si se tratara de un apestado, no tiene el menor sentido y, además, demuestra cierta sumisión a las consignas de la izquierda, que ha encontrado en el espantajo de VOX la excusa perfecta para justificar su sectarismo innato. Que los mismos que no hace muchos meses habían sido tildados de fascistas desde las cavernas de la ultraizquierda, se avengan a dispensar el mismo trato a quienes no están en su mismo registro ideológico y político no deja de sorprendernos. Las imágenes de Inés Arrimadas y sus compañeros de partido acosados e insultados en la manifestación del Orgullo deberían servir de advertencia contra quienes, desde siempre, se han arrogado el derecho en España a repartir los carnés de demócratas.

Pero, dicho esto, la formación de Santiago Abascal se hace un flaco favor al caer en un victimismo fácil, que elude sus propios, y graves, errores de comunicación y que, en la misma escuela de Podemos y de Donald Trump, por citar dos ejemplos de plena actualidad, carga contra los medios periodísticos que no le son gratos. Como ya hemos señalado anteriormente, VOX puede apoyar la formación de gobiernos del centroderecha en Madrid y Murcia, como ya ha hecho en Andalucía y en decenas de ayuntamientos de toda España, o no.

Está en su derecho y, puesto que sus votos son decisivos, adquiere la plena responsabilidad de la decisión que tome, tanto si prolonga la provisionalidad de los gobiernos concernidos, como si provoca la repetición de las elecciones o, en un efecto no buscado, habilita la victoria de los candidatos del PSOE. Pero, sea cual sea la postura final que adopte, no puede excusarse en lo que hagan o dejen de hacer los demás. Como vimos en Murcia y estamos viendo en Madrid, desde el Partido Popular no sólo se ha mantenido la normal corrección política, sino que se han incorporado a los programas de gobierno muchas de las medidas que planteaba VOX.

Ahora, al partido de Abascal sólo le queda tomar la decisión y atenerse a las consecuencias. Prolongar el proceso, es contribuir a esa política «kamikaze», que toma a los ciudadanos como rehenes y les conduce a la incertidumbre. Los españoles tienen todo el derecho a que las personas que han sido elegidas en las urnas dejen a un lado sus intereses, sus conveniencias e, incluso, sus pruritos personales, y se ocupen de la gobernabilidad del país.


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Goebbels era un pringado

Carlos Esteban eltorotv.com 9 Julio 2019

La propaganda sólo es perfecta cuando no necesita censura formal. Todavía pueden leerse ocasionalmente en redes sociales invocaciones a Goebbels o al abrumador aparato propagandístico de los regímenes comunistas. Permítanme que les defina: principiantes. Amateurs.

Tener una oficina de censura -no digamos una policía política- es la confesión de un fracaso, y en cuanto a las propaganda de los países comunistas, nadie, absolutamente nadie creía en ella en las últimas décadas previas a la caída del muro.

Lo perfecto, lo acabado, es lo nuestro: que la izquierda siga teniendo predicamento cuando tenemos delante de nuestras narices, accesible a todos, información sobre aquello en lo que desemboca indefectiblemente. Para España, próspera y libre, tan europea ella, Grecia ha sido el Fantasma de las Navidades Futuras, y ahí siguen tantos votando a Podemos.

Grecia se salvó de lo peor porque Tsipras se reveló como un pícaro y un mentiroso. Leo en El País semanal a un griego de a pie que lo resume bastante bien: ““Creí en Tsipras, creí en Syriza. Eran algo nuevo. Me rebajaron el sueldo entre un 50% y un 60% con los recortes. Ganaba unos 1.000 euros y me recortaron a 500. Tengo otro trabajo gracias al español que aprendí a hablar cuando fui emigrante en Argentina”.

Eran algo nuevo. Los publicitarios saben que, sólo por detrás de ‘gratis’, ‘nuevo’ es la palabra con mayor tirón entre los consumidores.

Eso es lo bueno de la izquierda, que puede aplicar las más salvajes políticas asociadas con la derecha más cruel sin dejar de ondear las banderas proletarias. Gozan de esa extraña bula, ese margen de pudoroso silencio en los medios. La ordalía griega la hubiéramos tenido para comer y para cenar con estos datos atroces si la hubiera aplicado otro gobierno.

En nuestro propio país necesitamos a los socialistas para desmantelar la protección franquista al trabajador y privatizar el patrimonio industrial del Estado como si no hubiese mañana, para que un ministro de Hacienda, Carlos Solchaga, se ufanara de que España era el país donde más deprisa podía hacerse uno millonario, para meter a nuestro país en la OTAN.

Pero en Grecia eran héroes, émulos de Leónidas, y cuando Tsipras empezó a traicionar todas sus promesas -empezando por ese referéndum ganado que se pasó por el forro la semana siguiente-, la narrativa no fue la obvia, de engaño y fracaso, sino de noble derrota frente a los abrumadores poderes de Alemania y la UE.

Podía haber sido peor; podía haber sido Venezuela. Hoy son sencillamente derrotados por las urnas. Mañana, si Dios quiere, serán solo un mal recuerdo, aunque mucho de lo roto podría no volver a recomponerse.

Luego tenemos a nuestro ministro del Interior, Grande-Marlaska. Recuerdo cuando fue nombrado para el Gabinete de las Estrellas y recibió el aplauso o, al menos, la aquiescencia de buena parte de la opinión conservadora. Marlaska era famoso en el mundo de la judicatura por su valiente postura frente a ETA y el mundo abertzale, y la esperanza en la derecha sobrevive siempre a la experiencia.

Hoy el hombre justifica la agresión contra un partido, Ciudadanos, que es el epítome mismo de la progresía, por unos pactos que en realidad se niega obstinadamente siquiera a negociar con un partido, Vox, que ha recibido por costumbre inveterada la etiqueta de fascista sin levantar la mano contra nadie ni defender un solo recorte de libertades.

Todo ello usando la ‘identidad’ gay que reivindica para sí el ministro, muy ofendido con lo que piensa que podría hacer Vox, de los que Ciudadanos aceptaría los votos sin sentarse a negociar, y obviando que su compañera de gobierno se haya referido a él como “maricón”, sin matices. Pelillos a la mar. Todo ello, mientras el partido del gobierno del que forma parte se coaliga alegremente con quienes han apoyado y justificado las acciones violentas de esa banda que tenía al juez en el punto de mira.

Eso es la izquierda, abiertamente, delante de todos. Y esa es la prueba de que la buena propaganda es la que no necesita censura oficial ni policía política.

La lengua en Cataluña, cuestión de libertad
Alejandro TerceroCronica Global 9 Julio 2019

TV3 sugiere que el catalán está al borde de la desaparición. Así lo insinúan sin ser refutados casi la totalidad de los testimonios de supuestos expertos en materia de lengua que protagonizan el documental (por llamarlo de alguna forma) Llenguaferits emitido hace una semana.

Sin embargo, los datos dicen lo contrario. Nunca tanta gente a lo largo de la historia había conocido ni utilizado el catalán como hoy. La lengua catalana está en su mejor momento. El 76% de la población adulta de Cataluña la usa a diario. La Unesco no la incluye en la lista de las 2.500 en peligro. Al contrario, pone el catalán como ejemplo de una de las pocas "lenguas minoritarias" de Europa que "no corren el menor peligro".

La propia directora general de Política Lingüística de la Generalitat, Ester Franquesa, ha reconocido este lunes --durante la presentación de la Encuesta de Usos Lingüísticos de la Población 2018-- que “la transmisión del catalán de padres a hijos no se rompe, sino que crece año tras año”, de hecho, “la población adulta habla más catalán con sus hijos que con sus padres y abuelos”. Lo que le ha llevado a concluir que se trata de una “señal de la buena salud lingüística del catalán, cuyo comportamiento no se corresponde con el de una lengua minoritaria en recesión”.

Entonces, ¿a qué responden los discursos apocalípticos que aseguran que el catalán está herido de muerte?

El nacionalismo catalán tiene en la lengua uno de los pilares básicos de su proyecto y eso es incompatible con permitir la convivencia entre el catalán y el español en igualdad de condiciones. Los dirigentes nacionalistas han dejado claro que el catalán es “el nervio de la nación” (Pujol) o “el ADN de Cataluña” (Maragall) y que tocar cuestiones como la inmersión lingüística escolar obligatoria exclusivamente en catalán --ilegal, según los tribunales-- se consideraría un “casus belli” (Mas).

Y así lo han plasmado en todos los textos legales que han podido --empezando por el Estatuto-- y que definen el catalán como “la lengua propia de Cataluña”, lo que deja en una suerte de limbo a los catalanes que tienen como lengua propia el castellano, pese a que son mayoría.

Algunas entidades que cuentan con el favor económico y político de la Generalitat y del resto de administraciones de Cataluña van más allá. Es el caso de Plataforma per la Llengua, que reclama que el español deje de ser lengua oficial en Cataluña.

Y son los datos difundidos por esta entidad la que han generado la última oleada de ira por parte del nacionalismo lingüístico catalán, cuando en su estudio InformeCAT 2019, publicado en junio, alertan de que “solo el 24,3% de las conversaciones en la hora del patio en los centros educativos de Cataluña son en catalán, en las etapas de los estudios obligatorios”. Un porcentaje que baja al 14,6% en el caso de “las conversaciones de los alumnos de ESO en el patio en las zonas urbanas”.

En el documental citado al principio del artículo, el director del Centro de Investigación en Sociolingüística y Comunicación de la UB (CUSC-UB), Francesc Xavier Vila, explicaba que “en el momento en que da igual hablar una lengua que otra con una misma persona y todo el rato estoy cambiando entre las dos lenguas quiere decir que las dos son igual de propias para nosotros. Si son igual de propias para nosotros, si son exactamente iguales, hay una que sobra”.

Al contrario de lo que siempre se había dicho, al nacionalismo lingüístico no le basta con que todos los catalanes dominen el catalán. Es insaciable. Quieren que el castellano deje de ser la lengua propia de los catalanes castellanohablantes. Quieren que los castellanohablantes dejen de ser lo que son. No soportan que los ciudadanos utilicen la lengua que les dé la gana. No soportan la libertad.

Cataluña y las 'lenguas en guerra'
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 9 Julio 2019

Lean este párrafo tan contundente: “El sectarismo que lleva siglos aquejándonos se encuentra hoy en plena vitalidad, especialmente en lo que atañe a las lenguas. Las páginas que siguen están inspiradas por la razón pero sé que los mitos, particularmente los nacionales y las lenguas asociadas a ellos, son impermeables a los desvelos de las luces, pues sacan su fuerza de la irracionalidad y la visceralidad”. Lo escribió en un buen ensayo ('Lenguas en guerra', editorial Anagrama 2005) Irene Lozano, secretaria de Estado en funciones de España Global y estrecha colaboradora de Pedro Sánchez en la elaboración, entre otros varios asuntos, de su libro 'Manual de resistencia'.

Recomiendo este libro ('Lenguas en guerra'), que obtuvo el premio Anagrama de ensayo, porque contiene todas las claves de este delicado asunto con específicas remisiones a Cataluña, en donde parece que los estrategas del proceso soberanista —los más radicales y más irresponsables, aunque todos lo sean— han puesto en marcha una segunda fase de agitación hurgando en la zona más sensible de las identidades: las lenguas. Pretenden que los idiomas —remedando el ensayo de Lozano— entren 'en guerra'.

En 'Estudios del malestar' (editorial Anagrama), el filósofo José Luis Pardo, uno de nuestros intelectuales más discretos y lúcidos, sostiene que “el malestar es algo que tiene que ser creado. El enemigo no preexiste, así que hay que inventarlo. Es necesario construir el antagonismo, aliñarse (…) un enemigo contra el que habrá que luchar”. Eso es lo que los llamados 'hiperventilados' independentistas están intentando: reproducir y aumentar el malestar al observar que quizás esté decayendo el voltaje de la crispación o, en otros términos, que la situación de alerta indignada en la que vive la ciudadanía independentista en Cataluña no alcanza los niveles insurreccionales a los que aspiran.

El nuevo presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, Joan Canadell, ha sostenido públicamente que responder preguntas en castellano —como habitualmente se hace allí— es “una pérdida de tiempo”. Y se propone practicar el monolingüismo en una sociedad bilingüe. La inspiración quizá le vino a este empresario independentista de la portavoz del Gobierno de la Generalitat, Meritxell Budó, que el pasado mes de junio se negó a contestar en castellano a las preguntas formuladas en ese idioma, después de hacerlo en catalán, como venía siendo norma. Budó balbuceo días después una disculpa, pero dejó la semilla de un nuevo conflicto que se traduciría en procurar la invisibilidad del castellano —idioma materno de la mayoría de los ciudadanos de Cataluña—. Lo acaba de recordar Rosa Cullell en un artículo titulado "Mi patria son dos lenguas" ('El País', publicado el 1 de julio pasado).

La articulista constata que “ha pasado el tiempo y la inmersión lingüística de nuestros hijos y nietos es absoluta”, en una comunidad en la que la lengua materna del 52% de la población es el castellano y del 32%, el catalán. Una 'normalización' que permite que el 99% de los catalanes entienda el castellano y el 96,4% lo hable “sin ningún problema”. El bilingüismo sigue creciendo sin obstáculos salvo los que crean los nuevos “inquisidores” que Cullell denuncia como tales. En este sentido, son muy interesante los datos sobre consumo de productos culturales que ha proporcionado el Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat: los catalanes prefieren leer libros en castellano (45% frente a 27%), ver cine en ese idioma (46,8% frente a un 15%, siendo del 18% los que optan por la versión original) y acudir al teatro (34,8% en castellano frente al 28,3%). Los porcentajes de indiferentes son también altos.

Hay que estar alerta porque se están generando artificiosamente las condiciones para un renovado malestar, un nuevo agravio —la supuesta postergación del idioma catalán— que pretende visualizarse mediante la negación del castellano, un despropósito alimentado por victimizaciones según las cuales “el catalán está perdiendo en los recreos de los colegiales”, una especie que ha lanzado TV3 en un controvertido reportaje el pasado 30 de junio titulado 'Llenguasferits'. Se fragua así una especie de segunda parte del 'procés' que ya no se articularía mediante leyes de desconexión ni excentricidades políticas sino a través de un abierto enfrentamiento lingüístico.

La sospecha de que los Canadell y las Budó están echando gasolina al fuego es vivísima, llevando a la práctica las proclamadas tesis de Quim Torra. Nada tiene más capacidad de identidad, para unos y para otros, que la lengua, de tal manera que su conciliación a través del bilingüismo, trabado en la tolerancia, es un objetivo innegociable que apela a la sensatez de los que se expresan en catalán y en castellano —o en ambas lenguas— para marginar al fundamentalismo 'procesista' fracasado y que necesita para prosperar de reacciones tan virulentas como sus propias formulaciones sectarias. Como escribió ayer en 'El Periódico' Carles Francino, hemos pasado de “¡habla castellano, coño!” al “¡parla en catalá, collons!”, de tal manera que “solo cambian los órganos genitales pero el cerebro y el talante son los mismo. Idiotas y sectarios”. Eso.

Vox, en la encrucijada
Cayetano González  Libertad Digital 9 Julio 2019

Los electores tomarán buena nota de lo que hagan unos y otros.

La política, con minúscula, tiene estas cosas: pasas de ser un partido que emerge con fuerza, que genera ilusión en un segmento importante de la sociedad, a encontrarte en una tesitura en la que tienes que decidir qué camino seguir. Esto es lo que lisa y llanamente le está pasando a Vox en el momento presente.

El partido presidido por Santiago Abascal –que tuvo el apoyo de 2.700.000 españoles en las elecciones generales– tiene en su mano dar los Gobiernos de Murcia y Madrid a una coalición formada por el PP y Ciudadanos, propiciar que gobierne el PSOE con Podemos o forzar una repetición de elecciones en ambas comunidades. En política, como en otros órdenes de la vida, a veces hay que aplicar la teoría del mal menor, que en el caso que nos ocupa supone actuar de la manera que menos perjudique los intereses de los electores, que tanto en Murcia como en Madrid han optado mayoritariamente por que gobierne el bloque del centro y la derecha y no el PSOE y sus aliados de izquierda.

Vox tiene toda la razón cuando se queja del mal trato recibido por Ciudadanos, que en una actitud profundamente antidemocrática se ha negado desde el primer momento a sentarse a negociar nada con los de Abascal, tratándoles como a unos apestados. Es absolutamente comprensible que Vox se sienta herido y exija un trato normal si se quieren sus votos. Pero la situación es la que es: Ciudadanos no parece que vaya a cambiar de criterio y de actitud, mucho menos con la crisis interna que están viviendo. Por eso Vox tiene que decidir qué hacer y explicarlo a la opinión pública. Una explicación que debería dar su presidente Abascal, quien no debería delegar en los portavoces de la comisión negociadora de su partido. Lo que está en juego es tan importante que exige la intervención directa del líder de Vox.

¿Y qué es lo que está en juego? Mucho más que el Gobierno de dos comunidades autónomas. Está en juego plantar cara al Gobierno del Frente Popular, que sin ninguna duda es el proyecto político, ideológico y cultural que quiere continuar liderando Pedro Sánchez. Un proyecto que pasa por la demolición de la España constitucional del 78. Cuando en Cataluña sigue latente la amenaza de los separatistas; cuando en Navarra el PSOE no tiene ningún escrúpulo en aceptar el apoyo de Bildu para gobernar con el PNV y que no lo hagan los constitucionalistas de Navarra Suma; cuando desde el Gobierno de la Nación, a través de TVE, se blanquea a un personaje como Otegui; cuando en Baleares los socialistas pactan con los nacionalistas que piden el derecho de autodeterminación, los partidos que están en el bloque constitucional no pueden seguir con sus batallitas, con su dimes y diretes, porque España necesita una alternativa seria, y porque quienes les han votado no se lo merecen.

Vox tiene que ser consciente de que se juega mucho, también electoralmente, en este envite. Aunque, reitero, no sean los principales culpables de esta situación, sin embargo la opinión pública cree que son los de Abascal quienes tienen la llave. Esa percepción no va a cambiar, por lo que Vox tendrá que decidir qué hacer, y ahí es donde entra la teoría del mal menor citada anteriormente. Lo menos malo sería que apoyara la investidura de López Miras y de Díaz Ayuso para luego pasar a la oposición y desde ahí intentar influir en las políticas que quieran llevar adelante los ejecutivos de PP y Ciudadanos en ambas Comunidades.

Algunos podrán pensar que hacer eso supone una cesión intolerable y una indefensión de los votantes de Vox. No creo que sea estrictamente así, pero, en cualquier caso, tiene que adoptar una decisión ya, porque el tiempo se acaba. Los electores tomarán buena nota de lo que hagan unos y otros.

La izquierda desata la violencia
Carlos Dávila okdiario 9 Julio 2019

Dos episodios de esta pasada semana han sembrado la alarma. En Pamplona, una serie de forajidos refugiados bajo las siglas proetarras de Bildu, increparon, insultaron e intentaron agredir a los dirigentes de Navarra Suma, la coalición tripartita que ganó las elecciones forales en el pasado mayo. En Madrid y durante la manifestación del llamado “Orgullo”, unos tipos, muchos, desaprensivos, intimidaron a los representantes de Ciudadanos que, muy pardillos ellos, acudieron a la concentración sin duda para reflejar su solidaridad (palabra que cada día se antoja más horrible por su mal uso) con los miembros del denominado “Colectivo LGTBI” en el cual se encuadran personas de muy diversa condición. Tanto en Pamplona como en Madrid las víctimas se libraron de un enorme linchamiento que Dios sabe a dónde les hubiera conducido, aunque vista la agresividad de los bárbaros es muy fácil supone realmente el lugar en el que podían haber quedado internados.

Curiosamente y salvo raras excepciones, ambos sucesos han quedado decolorados por el afán de la izquierda y de sus corifeos mediáticos en demostrar que lo que ocurrió verdaderamente en ambos escenarios es que, tanto los ingenuos de Ciudadanos como los tranquilos concurrentes a la procesión de San Fermín, se comportaron como auténticos provocadores. Es decir, que su sola presencia determinaba la reacción airada de sus agresores.

Para mayor inri, en Madrid, uno de los jefes de la algarada, el ministro del Interior, Grande Marlaska, componente efectivo del “lobby gay” español, no solo disculpó sino que incluso “comprendió” la conducta de los asaltantes. Por eso se colocó inequívocamente al lado de sus colegas de alternativa sexual y en contra incluso de los policías que intentaron, tras ímprobos esfuerzos, que los seráficos componentes de la tribu ciudadana de Rivera, fueran molidos a palos, después, eso sí, de que soportaran toda serie de procaces insultos.

En Pamplona los incendiarios aún eran más peligrosos. Se trataba de los herederos directos de canallas como Ternera o De Juana Chaos, los asesinos que durante cincuenta años han matado sin piedad a cualquiera que no estuviera complicado en sus objetivos. Tampoco estos han recibido demasiados reproches de la izquierda socialista y, mucho menos desde luego, de los estalinistas de Podemos. La razón está a la vista. Tanto en Pamplona como en Madrid, Sánchez, siempre a favor de darse el morro con la izquierda montaraz, precisa para seguir en el machito, de sujetos como los agresores de Navarra Suma, aunque él, su discípula Chivite y un sujeto abominable como Santos Cerdán, aseguren por dónde van que ellos no quieren saber nada y que “Si estos tiparracos nos dan su voto bienvenidos sea, pero quede claro que nosotros no les hemos pedido sus escaños para completar mayorías”. ¡Qué ejercicio de hipocresía!

Los sucesos que estamos glosando, sobre todo el de Madrid, están pasando desapercibidos, cuando no ocultados en los relatos de la izquierda, muy preocupada en demostrar la enorme importancia de la salida masiva del armario de unas personas, respetables ellas mientras no se demuestre lo contrario, que han sufrido masivamente durante muchos años la inquina de una sociedad persecutora que les ha hecho literalmente la vida imposible.

En Pamplona y en Madrid ha sonado todas las alarmas posibles y se ha hecho visible una amenaza real; a saber, que las posiciones encontradas no queden avaladas por la tolerancia y el diálogo que es, ahora mismo, otro vocablo malversado por su pésima utilización. Lo ocurrido suena a timbre para levantar suspicacias sobre la voluntad de los proetarras de Bildu, y de los “gays” más enloquecidos de respetar las reglas de juego en una democracia tan formalista como afortunadamente es la nuestra. Es tremendo, pero los que escribimos o decimos cosas como éstas recibimos siempre imprecaciones salvajes del jaez de “homófobos” o “fachas”. Nadie se atreve en estos momentos a considerar que dentro del LGTBI pueden existir tantos cenutrios como en el mundo heterosexual. Si caes en la tentación de asentar este principio, de aventar que tampoco los homosexuales se libran de la presencia de sujetos indeseables o de presumir que el “lobby” antedicho margina sin piedad al que no comulga con sus derivadas sexuales, el reproche no sólo vendrá de los socios del llamado “Colectivo”, sino de los izquierdistas modo Sánchez que reparten carnés de “personas aceptables” y que maltratan en sus televisiones a los simplemente rivales. La izquierda ha desatado la violencia y lo peor de caso es que se ha quedado tan tranquila, cómoda en la seguridad de que cuenta con el respeto y la complacencia de los Sánchez y Marlaska de turno y que siempre podrán tachar de provocadores a los tontos del haba que, angélicamente, se prestan a servirles de mulilleros.

Ciudadanos y Vox se enredan en un bucle que solo ayuda a sus rivales
EDITORIAL ESdiario 9 Julio 2019

Cs debe decidir si se apoya en Vox o no y proceder en consecuencia, sin ambages. Y Vox debe aclarar si prioriza frenar a la izquierda o ser protagonista de ese cambio. No hay más.

La Comunidad de Madrid puede llevar el mismo camino que la de Murcia si Ciudadanos y Vox persisten en sus posiciones actuales, fáciles de explicar pero difíciles de entender en ambos casos y por distintas razones.

De entrada, no tiene sentido que Cs espere y necesite el respaldo indirecto de Vox y que, a la vez, se avergüence de esa posibilidad y haga todo lo posible por disimularla.

Si para los naranjas todo roce con los verdes es nefando, es absurdo que aspire a gobernar con los populares y ha de explorar otras opciones, con el precio electoral que seguramente ello tendría para sus votantes, claramente alineados contra el PSOE de Sánchez.

¿Auxilar a quien te acosa?
Pero si no es así, debe respetar la liturgia de los pactos y sentarse a dialogar con ese socio directo o indirecto, sometido a una caricatura absurda por los mismos partidos políticos que, sin acuerdos entre Vox y Cs, ya acosan a los de Rivera en celebraciones como el Orgullo Gay.

Si los votantes de PP, Cs y Vox respaldan el entendimiento, sus líderes no pueden frustrarlo bajo ningún pretexto

No entender que, hagan lo que hagan -salvo rendirse ante Sánchez o Carmena o Gabilondo-, van a ser estigmatizados de "ultraderechistas" por quienes silencia pactos vergonzantes con Bildu o el PdeCat, refleja una preocupante inmadurez de Ciudadanos, presa del relato de sus adversarios con respecto a un partido que, guste más o menos, ni es fascista ni defiende muchas de las propuestas que sin embargo le adjudican.

Vox tampoco acierta
Pero Vox tampoco está acertado al vincular su decisión al trato y el papel que Cs le reconozca. Aunque técnicamente tenga razón en denunciar la actitud de Rivera, si al final las opciones son elegir entre PP, PSOE o nuevas Elecciones; no puede aferrarse a una cuarta posibilidad inexistente a sabiendas de que ello alimenta a los partidos que exigen un apartheid político para Abascal.

Con esas posiciones, agravadas por la falta de liderazgo del PP y reflejo del daño que ha generado la fractura en tres del centroderecha, se están dañando las expectativas de millones de españoles cuyas reflexiones debieran guiar a los partidos.

Si ellos, con sus diferencias, respaldan mayoritariamente el entendimiento de las tres formaciones, sus líderes no tienen derecho a frustrarlas. Así se entiende mejor el crecimiento de Sánchez, consagrado en la encuesta de ESdiario: los errores de sus rivales lo aúpan como nunca.

Los socialistas no lo llevaban en su programa
El PSOE pacta con Geroa Bai y Podemos crear una Ertzaintza para echar a la Guardia Civil de Navarra
Agustín de Grado okdiario 9 Julio 2019

Barcos planifica la expulsión de la Guardia Civil de Navarra: 27 millones y 180 agentes forales más

El futuro de la Guardia Civil en Navarra está en manos de Arnaldo Otegi. La candidata del PSOE a la investidura, María Chivite, ha pactado con los nacionalistas de Geroa Bai y los populistas de Podemos y Ezkerra que la Policía Foral se convierta en "la policía de referencia en Navarra en materia de seguridad", lo que supondrá el fin de la Benemérita en esta región española.

La medida, que no estaba contemplada en el programa electoral de los socialistas navarros, convertirá a la Policía Foral, de facto, en la Ertzaintza propia de Navarra.

El PSOE acudió a las urnas con un programa electoral según el cual la Policía Foral debía reforzar "los elementos de coordinación y colaboración" con el resto de las policías del Estado. En ningún caso hacía uso del concepto "policía de referencia" que aparece en el acuerdo firmado con Geroa Bai, Podemos y Ezkerra para formar un Gobierno de coalición que sólo será posible con el consentimiento o el apoyo de Bildu.

El punto 17 del mencionado acuerdo establece que el Gobierno de Navarra se compromete a la "revisión y crecimiento del estado de despliegue de la Policía Foral dotándolo de los efectivos suficientes para su óptimo funcionamiento como policía de referencia en Navarra".

Reivindicación separatista
Por si no hubiera quedado claro, el futuro Gobierno de coalición explica en el punto 18 que seguirá trabajando "para que la Policía Foral sea la policía de referencia en Navarra en materia de seguridad ciudadana", labor que en estos momentos corresponde a la Guardia Civil.

La expulsión de la Guardia Civil es una de las reivindicaciones históricas del nacionalismo vasco, tanto en el País Vasco como en la Navarra que en un futuro confía anexionar.

La policía foral de Navarra cuenta en estos momentos con 1.050 agentes. La asunción de las competencias de Tráfico, Seguridad Vial y Medio Ambiente pactadas por la anterior presidenta, Uxue Barkos, con Pedro Sánchez conllevará que el Cuerpo deba incorporar 109 agentes más.

Y se necesitarán 180 policías más cuando la seguridad ciudadana pase a ser responsabilidad exclusiva del Gobierno navarro, según el plan director de la Policía Foral 2016-2020 elaborado en virtud del acuerdo que Geroa Bai, Bildu, Podemos y Ezkerra alcanzaron para gobernar Navarra en 2015. Hoy todos ellos son socios del PSOE pues los bildutarras permitirán la investidura de Chivite por acción (voto afirmativo) u omisión (abstención).

Como la Ertzaintza y los Mossos
El acuerdo del PSOE con los nacionalistas y populistas se hace eco de las necesidades evaluadas por este plan director. Así, establece que se acordará con el Gobierno central "el proceso y calendario de convocatorias de Ofertas Públicas de Empleo que permita aumentar la plantilla de la Policía Foral para que sea la policía de referencia en Navarra en materia de seguridad".

Llegado ese día, la Guardia Civil y la Policía Nacional prácticamente habrán desaparecido de Navarra, consumándose una reivindicación histórica del nacionalismo y el separatismo vasco. Sus labores pasarán a ser residuales: fronteras, antiterrorismo, expedición del DNI y poco más.

Es lo que en la actualidad ocurre en el País Vasco y en Cataluña, con la Ertzaintza y los Mossos funcionando como policías bajo mando directo de sus respectivos gobiernos autonómicos.

Condenan a Bélgica por no cooperar en el esclarecimiento de un atentado de ETA
OKDIARIO 9 Julio 2019

La actitud de Bélgica con España ha quedado una vez más en evidencia con la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), que ha condenado a este país por falta de cooperación en la investigación de un atentado etarra.

Bélgica deberá a indemnizar a los hijos del teniente coronel Ramón Romeo, asesinado por ETA cuando salía de misa en la Basílica de Begoña en Bilbao en 1981. Por este atentado se investigó a la etarra Natividad Jáuregui, que se refugia en aquel país desde los ochenta.

Según la sentencia del tribunal con sede en Estrasburgo, que ha sido publicada este martes, los cinco hijos del teniente coronel deberán recibir 5.000 euros cada uno, así como 7.260 euros por las costas del procedimiento.

En 2004 y 2005, la Audiencia Nacional emitió dos órdenes europeas de detención contra la etarra, quien fue detenida en 2013 en la ciudad belga de Gante, pero aunque en un principio el juzgado correspondiente había autorizado su entrega a España, el tribunal de apelación lo desestimó al considerar que estaban en riesgo los derechos fundamentales de Jáuregui.

La Fiscalía belga recurrió esta decisión, pero el tribunal de casación lo rechazó. Un nuevo intento de la Audiencia Nacional en 2015 reclamando a la etarra tampoco ha dado sus frutos; los tribunales belgas insisten aún en no entregarla a España.

La Justicia belga se amparaba en un informe del Comité Europeo para la Prevención de la Tortura del año 2011 en el que se criticaba la duración de la detención incomunicada en España y se destacaban algunas alegaciones que se habían presentado por malos tratos.

El tribunal de Estrasburgo considera que Bélgica no cumplió con la "obligación de cooperar" con España para investigar y juzgar la posible participación de Natividad Jáuregui en el asesinato del teniente coronel Romeo, porque no se llevó a cabo un examen riguroso de las euroórdenes y porque no existía una "base fáctica suficiente" sobre ese presunto riesgo de violación de los derechos fundamentales.

Los tribunales belgas no llevaron a cabo los procedimientos oportunos para encontrar un motivo que les llevara a rechazar la entrega de Jáuregui, según los magistrados del TEDH.

Los magistrados subrayan que las autoridades belgas ni siquiera trataron de encontrar un ejemplo de ese posible riesgo de vulneración de derechos o cualquier deficiencia en las condiciones del encarcelamiento en España.

Consideran que Bélgica "debería haber pedido información complementaria" sobre el régimen de detención que habría tenido la etarra en España con el objetivo de "comprobar" si existía riesgo "concreto y real" de vulneración del Convenio Europeo de Derechos Humanos.

Natividad Jáuregui, miembro del ‘comando Vizcaya, continúa viviendo en Bélgica, donde se casó con uno de los abogados que la representan y regenta un cátering. En otro intento para continuar con la investigación, la Audiencia Nacional libró el pasado otoño tres órdenes de investigación para que sea interrogada por los crímenes que se le imputan.

Además del asesinato del teniente coronel Romeo, la Audiencia Nacional pide que se la interrogue por un delito de estragos terroristas cometido en los ochenta y por el ametrallamiento de dos coches de la Guardia Civil en 1981 en Bilbao. En aquel ataque no murió nadie, pero tres agentes resultaron heridos de gravedad.

La AVT espera que Bélgica entregue a "la etarra de las mariscadas" tras la condena de Estrasburgo
OKDIARIO 9 Julio 2019

La llaman "la etarra de las mariscadas" y es la protagonista de la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que ha condenado a Bélgica por no cooperar en el esclarecimiento de un atentado que cometió en España en 1981. Es Natividad Jáuregui y la Asociación de Víctimas del Terrorismo espera ahora que ese país la entregue para que pague por sus crímenes.

La AVT ha aplaudido este martes la sentencia del TEDH que ha condenado a Bélgica a indemnizar a los hijos del teniente coronel Ramón Romeo, asesinado por ETA en 1981 y ha subrayado que esta resolución reconoce "el sistema de libertades y garantías" de España.

Carmen Ladrón de Guevara, abogada de la AVT, ha insistido en que el fallo del tribunal de Estrasburgo es, sobre todo, "una buena noticia tanto para las víctimas como para España".

La letrada ha explicado que las alegaciones que dieron las autoridades belgas para no entregar a Jáuregui "no tenían ningún tipo de sustento ni de fundamento", pues "viene a decir que Bélgica no había realizado las gestiones para comprobar efectivamente cuál era el nivel de peligro de los derechos" de la miembro del ‘comando Vizcaya’ de ETA.

La sentencia recoge que, en 2004 y 2005, la Audiencia Nacional emitió dos órdenes europeas de detención contra la etarra, quien fue detenida en 2013 en la ciudad belga de Gante, pero aunque en un principio el juzgado correspondiente había autorizado su entrega a España, el tribunal de apelación lo desestimó al considerar que estaban en riesgo los derechos fundamentales de Jáuregui.

Ladrón de Guevara considera "importante" esta resolución "para España y para la defensa de su sistema de libertades y garantías" por el "reconocimiento" que hace. "Es una acusación bastante grave por parte de las autoridades belgas", ha añadido.

La AVT espera que tras conocerse la sentencia Bélgica acceda finalmente a las reclamaciones de la Audiencia Nacional y entregue a la etarra para que pueda ser interrogada por los crímenes que se le imputan en varios procedimientos.

Además del asesinato del teniente coronel Romeo, la Audiencia Nacional pide que se la interrogue por un delito de estragos terroristas cometido en los ochenta y por el ametrallamiento de dos coches de la Guardia Civil en 1981 en Bilbao. En aquel ataque no murió nadie, pero tres agentes resultaron heridos de gravedad.

Historia y memoria de ETA frente a la falsa lucha entre relatos sobre el terrorismo
Alberto Lardiés www.vozpopuli.com 9 Julio 2019

ETA ya se acabó. Pero escribir y comprender su historia es uno de los principales retos que afronta la sociedad vasca. Hay una lucha de relatos, que es ideológica y política, sobre qué fue el terrorismo. El profesor Antonio Rivera, catedrático de Historia en la Universidad del País Vasco, edita un libro que pretende contribuir a acabar con esa lucha. Con argumentos y datos historiográficos. Con hechos incontrovertibles y no con recuerdos personales. Con Historia (con mayúsculas) y no solo con memoria. En 'Naturaleza muerta. Usos del pasado en Euskadi después del terrorismo' (Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2018), él y un grupo de historiadores de varias generaciones analizan la historia del terrorismo y la forma en que se cuenta hoy.

Quizás lo más cómodo sea el olvido. De hecho, Rivera denuncia en el libro que la sociedad vasca apuesta por olvidar por encima de todo. "La voluntad más decidida, puede que hasta mayoritaria, es pasar página, recomponer la sociedad rota, volver al lenguaje comunitario dentro-fuera, mantener la nebulosa sobre lo que pasó -ese derecho de cada cual a su memoria-, evitarse responsabilidades y no poner en peligro el valor que se considera más importante: la paz y su continuidad. (...) Se prefiere el olvido y el "mirar hacia adelante", la hoja en blanco sobre la que escribir el futuro juntos". Pero, recuerda el profesor, "el olvido no supera el pasado, sino que lo convierte en fantasma que vaga entre los vivos hasta que alguno lo reclama para su desactivación".

De olvidos y falsificaciones
Contra ese olvido y contra las "falsificaciones" de lo que pasó, estos historiadores, que trabajan juntos en el Instituto Valentín de Foronda, decidieron escribir esta obra. A lo largo de ocho capítulos, abordan "la teoría del conflicto" (esa según la cual existe un "conflicto político" con dos bandos enfrentados, ETA y el Estado, que producen dos tipos de violencia), las posibilidades y los riesgos de que las víctimas sean el centro del relato sobre el terrorismo, la represión franquista en el País Vasco o la forma en que la izquierda abertzale narra qué fue ETA. Su intención es alejarse de "esos historiadores partisanos que trababan al servicio de una causa determinada", para lo que siguen la máxima kantiana de "la verdad os hará libres".

Este grupo de historiadores remarca en la obra que uno de sus principales objetivos es ayudar a evitar cualquier repetición de lo sucedido. No olvidan el viejo aserto según el que un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla. Recordar el pasado para entender el presente y vacunarse para el futuro. No en vano, el editor del libro afirma en sus páginas que "el modo en que una sociedad quiere contar su historia de ayer dice mucho sobre cómo quiere configurar su futuro de mañana". Rivera charla con Vozpópuli sobre algunos aspectos de la obra.

En el libro, usted dice, partiendo de Todorov, que memoria e historia juegan en ligas diferentes, pero otro de los autores viene a decir que son dos cosas complementarias.
El material con el que trabaja el historiador está formado por los restos del pasado, entre ellos los propios testimonios. La memoria o el testimonio de alguien que ha sido testigo es material de primera mano para la producción historiográfica. Pero también tenemos que hacer un análisis crítico cuando le ponemos un micro a un testigo, cuyo testimonio puede estar mediatizada por el presente. Memoria e historia son dos elementos íntimamente relacionados pero hay que tener en cuenta que son distintos. Hay otra dimensión distinta que abordamos en el libro, que son las políticas públicas de memoria, que normalmente son gestadas por entidades públicas o privadas. Hay una disputa de los agentes públicos y privados por sacar adelante el recuerdo de la propia experiencia; y hay intenciones nobles e innobles.

En el libro aseguran que la sociedad vasca ha elegido el olvido. ¿Por qué?
Porque todas las sociedades hacen eso. Cuando se nos muere un ser querido, pasamos el duelo. No se puede vivir en el duelo porque te conviertes en un enfermo; cuando lo has metabolizado, intentas fijarlo y enfriarlo, que no sea doliente. La sociedad vasca ha actuado como otras sociedades al salir de un trauma, sobre todo teniendo en cuenta que en la sociedad vasca, cuando se pone a pensar sobre el terrorismo, cada uno se tiene que poner ante el espejo y preguntarse dónde estaba yo. Eso nos hace a todos una fotografía un tanto penosa. Nadie quiere recordarlo.

Estamos en un momento donde se hace una especie de borrón y cuenta nueva, con pocas fuerzas políticas interesadas en insistir en esa memoria; el nacionalismo está muy interesado en que se pierda de vista que era el terrorismo de ETA tenía una raíz etnonacionalista. Las pretensiones de ETA eran las mismas que las del nacionalismo. Hay existe una política pública de memoria tendente al olvido o a la difuminación de las responsabilidades. Es parecido a lo que hizo la sociedad española en la Transición, se trata de eliminar las posibilidades de que el recuerdo del pasado opere como un factor político.

Una de las cuestiones que llaman la atención del libro es que señalan que la Guerra Civil tuvo una escasa incidencia en la creación de ETA, pese a lo que suele decirse.
En el libro señalamos que ETA sí le da importancia a la Guerra Civil, porque ellos consideran que su terrorismo es una continuidad de la lucha de los gudaris de ayer, como dicen, pero en realidad las cifras no acompañan. Los números sobre la represión en el País Vasco no demuestran que allí fuera donde podía surgir un activismo armado relacionado con la propia guerra. La mortandad en el País Vasco fue mucho menor que en otros muchísimos sitios de España.

Insisten mucho en que la "teoría del conflicto" puede provocar que "se desvanezcan las responsabilidades" y que incluso en el futuro algunos otros "jóvenes románticos" pueden volver a apostar por coger las armas. Es decir, remarcan que la forma de contar qué fue ETA puede alentar que algo parecido se repita dentro de unos años.

Si no desmontamos de forma racional la teoría del conflicto, esta queda dormida, no eliminada, de manera que dentro de un tiempo, a un grupo de jovencitos, como aquellos de 1958 del grupo Ekin que dio lugar a ETA, se les puede pasar por la cabeza que esto es imposible de aguantar y vuelta otra vez la burra al trigo. Hay que desmontar la teoría del conflicto, hay que hacer un discurso laico: efectivamente hay un problema de inserción del País Vasco en España, como lo hay en otras partes o como tenemos problemas de orden social, pero no hay un solo problema, un conflicto con mayúscula que tenga la capacidad de subsumir todos los demás. Y desde luego no hay un pueblo vasco eterno que se pueda identificar desde hace cientos de años.

¿Por qué acabar con esa teoría es tan difícil?
El problema es que la teoría del conflicto da la base no solo al nacionalismo terrorista, sino a todo el nacionalismo en general. El nacionalismo no asesino vive también de esta teoría del conflicto, de que estamos inevitablemente abocados a que los vascos en su conjunto acaben en una confrontación histórica u ontológica con España; esa es la visión 'sabiniana' según la cual los vascos son los buenos y España es la representación de todo lo malo. Esto es un pensamiento absolutamente infantil pero que ha tenido unas consecuencias dramáticas. Ocurre como con el nazismo: si no desmontamos esas bases, dentro de 80 años alguien puede volver a pensar que los alemanes son superiores a otros pueblos vecinos y cosas por el estilo. La base es exactamente igual.

De ahí la necesidad de los historiadores de recoger todo el material para llegar a la conclusión de que no había ningún argumento ni lógica que explicase que ETA decidiera coger las armas. El País Vasco era la zona de España que presentaba las mejores condiciones económicas. No es cierto que la represión fuera desaforada en los 60 contra todo lo vasco, sino que pasó lo contrario: el activismo de ETA estimuló extraordinariamente una reacción en el tardofranquismo que recuerda los niveles de violencia y represión de la posguerra.

Rivera se despide con la esperanza de que el libro sea útil. 'Naturaleza muerta' es, según sus autores, una aportación contra el olvido y la mentira. Una visión que parte de la historia y que también utiliza la memoria, que bebe de ella, pero no solo de ella. El espíritu de la obra queda resumido a la perfección en el capítulo escrito por Gaizka Fernández Soldevilla, autor de varios libros sobre esta cuestión poliédrica, resbaladiza y compleja. "No se trata de sustituir unos mitos por otros, ni de instrumentalizar los hechos, ni de adoctrinar, sino de hacer un eventualmente doloroso pero cauterizador examen crítico de nuestro pasado reciente: contar las verdades incómodas, todas ellas, para evitar que queden sepultadas por la desmemoria o por una lectura de la historia interesada y parcial".
 


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