AGLI Recortes de Prensa   Domingo 14  Julio 2019

Sánchez y el vicio del poder
FRANCISCO ROSELL El Mundo 14 Julio 2019

Manuel Olivencia, ilustre maestro de mercantilistas y padre del código de buen gobierno al que apellidó, era un manantial de sabiduría que adobaba con anécdotas atesoradas en su dilatada carrera. Conversador profundo, hacía de la charla un placer perdurable como el toreo rondeño de su admirado Ordóñez. Así refería el episodio que protagonizó Ramón Carande, autor del monumental estudio sobre los banqueros de Carlos V, como profesor de la Facultad de Derecho de Sevilla. Un buen día, mientras explicaba la exclusividad del Estado para emitir moneda, un alumno de primero le espetó: "Siendo como usted lo cuenta, don Ramón, ¿por qué no se hacen circular más billetes y se reparten a todo el mundo por igual?". Sin perder la templanza, el tantas veces colérico palentino acalló los murmullos y le inquirió a su vez: "¿Qué edad tiene, señor mío?". Al responderle que 17 años, exclamó facundo: "¡Qué maravilla! No puedo contestarle. Pero sí aconsejarle que ya no precisa regresar a clase. No lea nada ni preste oídos a quienes pretendan explicárselo. Abandone el aula y conserve su seráfica inocencia".

Como la escena se registró el curso 1946-47, hay que descartar que aquel cándido discípulo deviniera luego en presidente como Pedro Sánchez, quien no deja de prodigar ocurrencias de arbitrista. Como aquellos que ideaban planes disparatados para conquistar la inexpugnable Amberes -cuenta Quevedo- secando el mar con esponjas. Aquellos "arcigogolantes" -así los definió Don Francisco- no han dejado de deslumbrar incautos. De hecho, el crédulo electorado sigue transigiendo con muchas patrañas de estos avispados de todo tiempo y lugar.

Incapaz de desbloquear su investidura, pero dispuesto a afrontar un intento fallido a la espera de su repesca en septiembre, Sánchez ha planteado esta semana como cortina de humo nada menos que una reforma constitucional para que gobierne la lista más votada, al margen de cuantos escaños sume. No pudiendo con lo minúsculo, promete lo mayúsculo, esto es, aquello que exige una mayoría cualificada y un referéndum si lo pide una cuarentena de diputados. Sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, pero sí al brujo de La Moncloa, su asesor áulico Iván Redondo, proclamó su particular "¡eureka!", como si fuera Arquímedes al descubrir el principio que le ha dado fama y gloria.

El anuncio de tal portento podría haber rasgado el velo del templo, si no fuera por el pasmo que produjo escuchárselo a quien, tras reprobar esa posibilidad por activa y por pasiva para la elección de alcaldes, como auspiciaba el PP, postula convertir su incapacidad para llegar a pactos de Gobierno en una traba constitucional. Tras arribar a La Moncloa por el atajo de su moción de censura Frankenstein contra Rajoy, justifica esta enmienda del artículo 99 para impedir "coaliciones negativas" cuando fue lo que le facultó ser presidente por sorpresa con menos escaños que ningún otro.

Con leyes nuevas, no van a resolverse conflictos que se deben a la insolvencia y frivolidad de quienes, si otrora hubieran estado al mando, no hubieran sacado adelante pactos de Estado como los de la Transición o de la Constitución. Convendría recordar que el sistema de doble vuelta se corresponde con regímenes presidenciales, lo que no es el caso de España, de la misma manera que dotar de un suplemento de 50 escaños a la fuerza mayoritaria, como plantea Pablo Casado al ser lo último que se le ha ocurrido por estar de moda Grecia, quebraría una proporcionalidad ya afectada por la fórmula D'Hont que favorece a los dos partidos mayoritarios en cada distrito.

Interesa no echar en saco roto que, entre los factores que llevaron a pique la Restauración, que aportó a España un gran periodo de bienestar y estabilidad de la mano del turnismo de Cánovas y Sagasta, fue establecer un dique que relegó a la izquierda obrera extramuros del sistema. Nada más propio de arbitristas que proponer remedios no pensados.

Mejor sería, si fuera una cuestión de normas, que no lo es, incorporar un cupo de 50 escaños que se escogieran, no por circunscripción provincial, sino nacional. Ello paliaría la sobrerrepresentación nacionalista o localista, ajena al interés común de la nación, sin distorsionar en exceso la voluntad de los españoles. Pero, para desmontar la engañifa, hay que rememorar que los partidos nacionales de Gobierno -PSOE y PP- siempre se han inclinado a completar sus mayorías con particularistas, bien rehuyendo coaliciones entre sí, bien prescindiendo de partidos bisagra nacionales como CDS, UPyD o Cs.

Al cabo de 80 días de los comicios del último domingo de abril, cualquiera que no conociera a Sánchez diría que padece la parálisis del asno de Buridán. Plantado ante dos montones de heno, iguales y simétricos, no supo decidirse pereciendo de hambre. De esta guisa, pudiendo forjar mayorías a diestra y a siniestra, Sánchez ha dejado pudrir la investidura. Pero no lo sume tanto la paradoja de Buridán, sino someter a los españoles a la disyuntiva de yo o el caos. Resucita una gran portada de la revista satírica Hermano Lobo en la que el dibujante Ramón retrata a un orador lanzando ese dilema y el público grita cual eco rebelde: "El caos, el caos". Oído lo cual, el tribuno concluye: "Es igual, también somos nosotros".

Todo ello cuando Europa en su variopinta complejidad de Torre de Babel de 28 naciones con intereses contrapuestos, familias ideológicas heterogéneas y choques de fuerzas centrípetas y centrífugas ya dispone de Gobierno tras sus comicios posteriores a las elecciones legislativas españolas. ¿Cómo ha sido posible armar ese puzle en un mes y que España dilate el interinato de un presidente en funciones que hace mangas y capirotes? Por ejemplo, negociando libérrimamente la posición española, donde Macron le ha tomado el pelo. En una coyuntura proclive a sus intereses, al echar la carne en el asador de la fallida candidatura del socialdemócrata Timmermans, España ha debido contentarse con un puesto más relumbrante que relevante: una jefatura de la política exterior que, en la práctica, ejercen los jefes de Gobierno.

No ha hecho falta echar mano de aquella argucia que planteó la directora-gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, próxima gobernadora del Banco Central Europeo, para resolver la crisis del euro: encerrar con llave en una habitación a los líderes de la UE hasta que diseñaran un plan. Quizá habría surtido efectos en España. Pero lo cierto es que la investidura demorada de Sánchez, tras semanas dando vueltas y más vueltas como una peonza en danza, sigue en la casilla de inicio, una vez descartada la opción de Cs y de designar socio preferente a Podemos.

Se enfrenta al mismo aprieto de partida: o forma un Gobierno Sánchezstein con ministros de Podemos empotrados en su sala de máquinas o convoca las cuartas elecciones en cuatro años, salvo que le baste con esa amenaza para persuadir a Iglesias de que dé su brazo a torcer. No parece. En esta encrucijada, el líder podemita prefiere el riesgo de morir enfrentado al destino que la muerte lenta de su asimilación electoral por el PSOE mediante un apoyo parlamentario sin puestos en el Consejo de Ministros que permita capitalizar esas medidas legislativas en votos. En cierto modo, ello le supondría vivir derrotado y morir un poco cada día hasta llegar exangüe a la siguiente cita con las urnas, tras desperdiciar en su momento la posibilidad de un sorpasso al PSOE. Como afirma Taleb, el autor de El Cisne Negro, en uno de sus aforismos: de la misma forma que no hay un estado intermedio entre el hielo y el agua, "sí lo hay entre la vida y la muerte: un empleo". De ahí la terquedad de Iglesias por meter la cabeza en La Moncloa.

Sánchez se finge víctima de la situación que él propicia eternizado como presidente en funciones a base de erosionar los mecanismos constitucionales y de saltarse los controles consustanciales a un sistema democrático. Disponiendo de votos a izquierda y derecha para acarrear los 53 escaños de su investidura, no asiste al Parlamento para buscar el refrendo de la Cámara hasta transcurridos tres meses de unas elecciones generales que, a su vez, anunció con dos meses de antelación. En la práctica, acumula casi medio año en una situación poco decorosa democráticamente.

A la sazón, habrán corrido más de 40 días desde que el pasado 6 de junio recibió el encargo del Rey para formar Gobierno. Primero se parapetó en las elecciones municipales y europeas del mes siguiente para ver si le aportaban algún comodín que le permitiera rentabilizar mejor sus 123 escaños y, posteriormente, dilató la cita para ver si, dando largas a las apetencias, sus aliados aflojaban y le permitían no tener que cederle cuotas de poder que comprometieran su aspiración de liderar la socialdemocracia europea. Es más, cuadró la fecha de investidura para presionar a sus eventuales socios con elecciones anticipadas en noviembre, como si Felipe VI fuera un mero convidado de piedra y careciera de atribuciones para resolver una solución alternativa por medio de la correspondiente ronda de conversaciones con los portavoces de los grupos parlamentarios. Una cosa es conceptuarse de rey de la situación y otra distinta suplantar al Jefe del Estado.

Camino de ser un presidente interino para la eternidad, evoca El vicio del poder, la película de Adam McKay sobre Dick Cheney, considerado el vicepresidente más poderoso de la historia de EEUU, cuya acción no sólo cambió su país, sino el mundo posterior al 11 de septiembre de 2001. Cuando un vicepresidente no tiene mayor función que sentarse a esperar a que el presidente se muera, arguye el personaje de Cheney en la cinta, él se adueñó de resortes claves y actuó como un presidente a la sombra por la vía de los hechos mediante un sinfín de triquiñuelas. Cheney podía haber hecho suya la frase que su padrino en sus primeros días en Washington, Donald Rumsfeld, secretario de Defensa con Ford y Bush, decía de sí mismo: "Soy como un chinche al que hay que quemar el colchón para librarse de él". Es lo que pretende Sánchez. Aun habiendo cambiado el colchón nada más llegar a La Moncloa, hace del poder un vicio.

Herencia envenenada de Carmena
Editorial El Mundo 14 Julio 2019

El nuevo equipo de gobierno del Ayuntamiento de Madrid creía haber heredado una situación económica favorable, ya que no hacía más que presumir de ello la ex alcaldesa Manuela Carmena. Sin embargo, como adelantamos hoy, la realidad es bien distinta, ya que ha heredado unos presupuestos para este año que vulneran la regla de gasto en 406 millones de euros, es decir, un desvío equivalente nada menos que al 10% del presupuesto anual, y con un 70% menos de superávit. Una herencia más que envenenada que ata las manos al nuevo alcalde Almeida para aplicar el plan pactado con Cs. Para cumplir los objetivos económicos este 2019 será necesario un plan financiero con importantes ajustes.

Según las cuentas que maneja la AIReF, a las que ha accedido este diario, Carmena dejó antes de irse unos presupuestos que incumplían con mucho el equilibrio de las finanzas públicas. Y a conciencia. Tal es así que ni la desviación récord de la regla de gasto le impidió emplear fondos extra para afrontar los comicios. En clave electoralista, aprobó partidas de 106 millones adicionales firmando convenios de personal y otras medidas. Cómo sería el nivel de despilfarro que hasta la interventora municipal le advirtió del riesgo de saltarse la Ley de Estabilidad Presupuestaria, lo que no entrañaba una novedad, ya que en 2017 Hacienda ya tuvo que tutelar las operaciones financieras del Ayuntamiento. Éste es el comprometedor legado económico para los madrileños que deja el populismo

Cachondeo
Nota del Editor 14 Julio 2019

Cuarenta años de cachodeo. Los de siempre hacen y deshacen a su antojo y ni transparencia ni interventores ni oposición sueltan lastre hasta que hay cambio de carteras. Puro cachondeo. Y los de siempre a pagar impuestos directos, indirectos y circunstanciales mientras ellos se forran y viven como jeques árabes. Y nadie exige nada, ni responsabilidades, ni malversación ni prevaricación: sólo unas líneas en algunos medios de comunicación y a seguir igual. ¡ Cuidado que no es lluvia !

Tras el Brexit, el inglés seguirá siendo el rey en la ‘torre de Babel’ de Bruselas
Nacho Alarcón. Bruselas EC 14 Julio 2019

Bruselas es la capital de Europa, en todos los sentidos posibles. En ninguna otra ciudad de la UE uno camina por la calle escuchando tantos idiomas, viendo tantas culturas diferentes, todo ensamblado como un ejercicio absolutamente natural. Prensa de todos los países, restaurantes de casi cualquier Estado miembro y de más allá -sirios, serbios, africanos- luciendo sus galones cosmopolitas. Es el ADN de la ciudad.

La capital europea lo es también de un país en el que se hablan tres lenguas oficiales: el francés, el flamenco y el alemán. Un Estado casi fallido con dos mitades enfrentadas en el que la identidad es un asunto más bien espinoso. Una ciudad sin rostro, una isla de convivencia en mitad de un país en el que los flamencos muy rara vez van a Valonia y los valones pasan muy poco por Flandes.

Una “tierra de nadie” que, de hecho, representa una ventaja para la capitalidad europea. Si las instituciones europeas estuvieran en París seguramente Berlín se quejaría. A la inversa si fuera al revés. Pero Bruselas no le importa a nadie. Todos están contentos. Y con la lengua más usada en la burbuja comunitaria puede acabar sucediendo lo mismo.

Cuando el Brexit se convirtió en una realidad, Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, comenzó a bromear con hablar menos inglés. Al fin y al cabo, sería una lengua que empezaría a estar en desuso cuando el Reino Unido abandonara la UE. Ya no se hablaría tanto inglés en los pasillos de la Comisión Europea.

A día de hoy este idioma gana por goleada a cualquier otra lengua que se pueda hablar en el barrio europeo de Bruselas. Se escucha en los restaurantes, en las oficinas de las instituciones, en las cafeterías, en los pubs irlandeses, gimnasios o quioscos de prensa. En todos lados.

A la hora de trabajar, el inglés es también la lengua vehicular favorita. Pero no siempre fue así. Algunos recuerdan con cierta nostalgia cuando el francés era el acento dominante y nadie le ganaba. Llevaba siglos siendo el idioma de la diplomacia y lo seguiría siendo.

2004, año clave
Una serie de acontecimientos cambiaron las cosas. Ahora Juncker espera que el francés vaya a recuperar fuerza con la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Pero la realidad es otra distinta. El inglés llegó a las instituciones europeas para quedarse. Y lo hizo con fuerza porque la entrada de todo el bloque del este de Europa en el proyecto común fue un momento clave. Los polacos, por ejemplo, podrían hablar en ruso, pero no francés, por mucho que fuera la lengua de la diplomacia europea. Y para ellos era mucho más sencillo trabajar en inglés.

Así es como los documentos de trabajo y los movimientos a nivel diplomático comenzaron a hacerse en inglés. Hoy casi todos los textos se escriben en él, aunque luego pasen por el extenso equipo de traducción que utilizan las instituciones europeas para distribuir su información en las otras 23 lenguas oficiales.

Los británicos sacaron bastante ventaja a los países que tradicionalmente habían trabajado con el francés como lengua diplomática. El embajador británico antes la UE, como el irlandés o el maltés, entendían bien las diferencias entre una palabra y otra, muy parecidas, pero con connotaciones distintas. Los franceses, por ejemplo, tenían que pasar de usar su propia lengua a entender los matices del inglés.

Y en la UE que una palabra pueda tener un segundo sentido, pueda dar pie a una interpretación distinta o abra puertas a otras lecturas es absolutamente clave. Bruselas, la ciudad de los susurros, lo es también de los matices, de las comas y puntos en documentos diplomáticos que marcan la diferencia.

El aumento del uso del inglés en la Unión Europea también fue paralelo al crecimiento del peso del Reino Unido. Porque la UE de hoy, aunque los británicos abandonen el proyecto, se parece mucho a lo que Londres quería que fuera: las ambiciones federales ya son inaceptables para un buen puñado de Estados miembros que bloquean esa vía de progreso y quieren que el club permanezca como un espacio de libre comercio.

Algunos de los funcionarios y diplomáticos más hábiles de Bruselas eran británicos, y lo han sido hasta hace relativamente poco. Su control del idioma en las negociaciones también ha sido una ventaja para los británicos a la hora de forjar acuerdos y de dar los últimos retoques al trabajo de orfebrería de la negociación europea. Pero Londres ha aportado algunas de las mentes más brillantes de la esfera comunitaria. El inglés será un recordatorio de lo clave que llegó a ser el Reino Unido en la UE.

¿Lengua elitista?
El inglés es un idioma al alcance de prácticamente todos. Es fácil aprenderlo y más en Bruselas, donde se habla el ‘euro-english’ o ‘globish’: inglés, pero con muchos errores. Está permitido mientras un polaco, un finlandés y un portugués puedan entenderse en la misma conversación. “El inglés simplificado ha llegado para quedarse”, explica Jaume Duch, portavoz de la Eurocámara.

El movimiento que pide que el francés se sitúe como la primera lengua en la UE es minoritario y está bastante acotado a una pequeña élite intelectual y periodística de Bruselas. Círculos de pensamiento algo chovinistas, que esperan con ardor el regreso de Francia a la primera línea mundial: “Rendre la France grande encore”. Y el regreso del francés es parte de esa idea.

Para el resto del mundo, el inglés es más que bienvenido. Y si se trata de las nuevas generaciones, entre los que es cada vez más común que sepan hablar varios idiomas, basta un paseo el jueves por la tarde por Plaza Luxemburgo, donde se reúnen muchos de los jóvenes que realizan prácticas en las instituciones europeas, para darse cuenta de que el inglés arrasa. Se escucha también francés, pero a la vez muchísimo italiano, alemán o español. Se funde en la enorme sopa de letras que es Bruselas.

El francés sigue utilizándose para las relaciones personales, para charlar en un pasillo, pero rara vez es la principal lengua cuando se trata de trabajar, de plasmar posiciones en documentos o de mantener negociaciones. “El francés ha retrocedido mucho en el Consejo. Algo menos en la Comisión y en la administración del Parlamento. Y sigue siendo la lengua de procedimiento principal en el Tribunal de Justicia (en Luxemburgo)”, explica Duch.

En el Colegio de Europa, un centro donde buena parte de la élite que después ocupa altos cargos de las instituciones europeas acude para obtener un título superior, el francés es una lengua prácticamente obligatoria. Y quien no sabe hablar bien francés acude a clases extra para aprenderlo.

¿Se notará el Brexit?
Pero llegada la hora de la verdad, cuando el Brexit no sea más un proceso inconcluso sino un hecho consumado, ¿se notará? ¿Habrá un retroceso del inglés? “No”, contestan varios trabajadores de la Comisión Europea. Desde el 23 de junio de 2016 su vida y la forma de comunicarse no ha cambiado en absolutamente nada. El inglés sigue siendo, de muy lejos, la lengua más utilizada.

En el ámbito de las instituciones europeas lo tienen claro: no hay vuelta atrás al inglés. El francés es una lengua bonita, bastante utilizada en términos informales, con algunos usos de trabajo, pero ahí termina su recorrido.

“Ni se ha notado ni creo que se vaya a notar en la práctica”, señala otro trabajador del Ejecutivo comunitario. Un funcionario que trabaja en temas de comunicación señala que en los 90 el francés era la lengua predominante, cuando solo había 12 Estados miembros. Eso fue poco a poco cambiando hasta llegar a lo que califica como una “clara hegemonía del inglés”. “No cambiará la situación porque es la lengua que usa todo el mundo”, señala. “Ni el francés ni el alemán ni ninguna otra lengua van a lograr reemplazarlo”, sentencia Duch.

Pero Bruselas no son solo las instituciones europeas: a su alrededor hay un enjambre de lobbies, empresas, ONGs y grupos de presión. Y en todos esos círculos hay una opinión unánime: el inglés no se va a mover de donde está. De hecho hay una parte importante de funcionarios, diplomáticos y trabajadores de los sectores privados de la capital comunitaria que difícilmente se manejan en francés. Las clases de francés en Bruselas están llenas de personas que han caído en el centro de la UE sin comerlo ni beberlo, y todo lo que manejan de la lengua nacional es el francés de supermercado: “Un sac s’il vous plaît”.

Algunos señalan ahora que solo Irlanda y Malta utilizan el inglés, y que eso debería descalificar en cierto modo a esta lengua. No hay ningún gran Estado miembro que utilice el inglés. Pero es justo es lo que le hace un idioma ideal para la UE, lo que lo convierte en una especie de 'Bruselas del idioma'. Un terreno de nadie tras el que no hay intereses nacionales, que no genera tensiones, que no levanta pasiones. Es justo la idea de Europa: derribar fronteras y elementos identitarios que separan.

El retorno de don Cirongilio de Tracia
Pedro J. Ramírez El Espanol 14 julio, 2019 01:42

Hay un momento, en la Segunda Parte del Quijote, en la que el Ingenioso Hidalgo cataloga a los ilustres antecesores que le han servido de fuente de inspiración como caballero andante: "¿Quién más honesto y más valiente que el famoso Amadís de Gaula?, ¿quién más discreto que Palmerín de Inglaterra?, ¿quién más acomodado y manual que Tirante el Blanco?...". Pero, tras detenerse en estos tres héroes míticos de las novelas de caballerías, menciona a otros paladines menores, tipo Felixmarte de Hircania o Lisuarte de Grecia, y, como si tomara aliento, añade enfáticamente: "¿Quién más arrojado que don Cirongilio de Tracia?".

Sólo los especialistas en el género saben que se refiere al protagonista del libro de igual nombre, publicado en Sevilla en 1545 por Bernardo de Vargas, como un compendio de tópicos o más bien como un "estereotipo esclerotizado" de los relatos caballerescos. Según el profesor argentino Javier Roberto González, el Cirongilio "se sustenta en una apologética ingenua" del caballero cristiano que, ante las invasiones turcas que infeccionan Europa, acude, desde Tracia, en auxilio de Roma, "pese a la condición soberbia y fatua" de la antigua metrópoli, a cuyo solio imperial acaba de acceder el joven Posidonio.

Todo es un disparate integral. Las aventuras de don Cirongilio son tan ucrónicamente estrafalarias como su nombre. En realidad, estamos ante una parodia del género, basada en la "hinchazón estilística", los "pasajes recargados" y la "reiteración exagerada de situaciones y motivos narrativos". Se trata, en definitiva, de "un libro presuntuoso por su lengua, hipertrófico por su funcionalidad... que conviene estudiar como un típico producto de la etapa epigonal o de agotamiento de la especie caballeresca peninsular".

Como subgénero, podríamos identificarlo con la "pulp fiction", los tebeos del Guerrero del Antifaz, las novelas de El Coyote o el cine de serie B. O sea que don Cirongilio es a don Quijote lo que el brindis de los tercios de Flandes a la historia del Siglo de Oro, lo que Vox a la derecha tradicional, lo que Santi Abascal, Rocío Monasterio e Iván Espinosa a Fraga, Aznar, Cánovas o Maura: una caricatura, una broma efímera, más pintoresca que tremenda, una saga metepatas que pasará ante nuestros ojos sin demasiadas consecuencias.

La equivalencia con el líder de Vox surgió al leer la otra mención que en la obra de Cervantes se hace de ese antecesor. Concretamente, cuando Alonso Quijano relata una de sus aventuras más significativas mediante una pregunta retórica: "¿Qué me dirán del bueno de don Cirongilio de Tracia, que fue tan valiente y animoso que, navegando por un río, le salió de la mitad del agua una serpiente de fuego y él, así como la vio, se arrojó sobre ella y se puso a horcajadas encima de sus escamosas espaldas y le apretó con ambas manos la garganta, con tanta fuerza que, viendo la serpiente que la iba ahogando, no tuvo otro remedio sino dejarse ir a lo hondo del río, llevándose tras sí al caballero que nunca la quiso soltar?".

Pues diremos, señor don Quijote, que en el caso de Abascal y sus escuderos, no sólo resulta que han sido víctimas del derrape de su propio brío -como tantas veces le pasa a Cirongilio-, sino que encima se han equivocado de “serpiente de fuego”. Porque lo sucedido en Madrid y Murcia demuestra que no se han "arrojado" sobre la izquierda socialista o podemita, representada por jayanes o gigantes al servicio de los turcos, como Parpasodo Piro, Fanamú de la Pujante Roca o Buzaratangendro –hay que reconocer que el tal Vargas inventaba nombres como nadie-, sino sobre la derecha a la que dicen servir. Es lo que Aguado espetó a Monasterio tras más de media hora de infructuosa brega tripartita para desbloquear la investidura de Díaz Ayuso: "Rocío, estás ayudando a Gabilondo".

***
Tal y como yo advertí, una y otra vez, durante la campaña, en la pugna entre las dos almas de Vox no está primando la que hubiera querido echar a Sánchez de la Moncloa, sino la que quiere echar a Casado de Génova. O sea, la que, antes que derrotar al fingidor caballero Metabólico –así se llama el más pedrista de los enemigos de don Cirongilio-, prefiere derrocar a Posidonio, nuevo emperador de Occidente. Y nada lo prueba mejor que la satisfacción con que la altiva dirigente voxística o voxera hizo un balance positivo de esa reunión, exigida por ella, pese a que sólo sirvió para darle su anhelada cuota de protagonismo, mediante la escenificación de un fracaso. Nadie duda del asentimiento de su marido, Ivan Espinosa de los Monteros.

A base de cruzar todos los días la frontera entre lo que, en su espejo vanidoso, parece sublime y, a los ojos del común, resulta grotesco, estos compañeros de don Cirongilio, a quienes FJL ha bautizado certeramente como "Los Aristogatos", han contribuido de manera decisiva a arrastrar a Vox al fondo del río del descrédito, ante sus propios electores. De momento han bloqueado la Comunidad de Madrid, convirtiendo en estéril la emocionante remontada de medianoche que permitió que muchos ciudadanos se acostaran el 26-M apesadumbrados, soñando con la pesadilla de los impuestos de Gabilondo y Errejón, y se levantaran aliviados por la perspectiva de un acuerdo entre Ayuso y Aguado.

Una vez consumado el pacto de las 155 medidas, el papel que han reservado las urnas a los líderes de Vox no es el de cambiar votos por fotos, sino el de elegir entre las dos únicas opciones posibles. Es lógico que pidan ser tenidos en cuenta en todos aquellos aspectos programáticos que no choquen con lo acordado por PP y Cs. Pero no podrán negar que la nueva aspirante a lideresa madrileña –toda una revelación en estas semanas de pausa- ha hecho alarde de comprensión, paciencia y voluntad de integración.

Al final del día, les tocaba elegir entre un mal menor (un gobierno de centroderecha sin ellos) y un mal mayor (el bloqueo, con riesgo de que unas nuevas elecciones den mayoría a la izquierda). Era un dilema similar al de Valls en Barcelona. Pero Valls optó por el mal menor y ellos, de momento, juegan al órdago del mal mayor.

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El paralelismo entre Abascal y el caballero andante de Tracia se refuerza por el hecho de que, cuando don Cirongilio acude en ayuda de la Roma amenazada por los turcos, no sólo trata de defender la capital del cristianismo, sino que busca a la vez el reencuentro con la familia de la que fue raptado y alejado. De hecho, en su cuerpo hay unas marcas de nacimiento que facilitarán la anagnórisis o reconocimiento familiar que marcará el apogeo del relato.

A nadie le sorprenderá que un buen día Abascal muestre una gaviota tatuada bajo el antebrazo y que en Génova se sacrifique el mejor cordero para celebrar la vuelta del hijo pródigo. Cuando alguien escribe “me voy del partido de mi padre”, está diciendo, aun sin darse cuenta, que su destino es regresar un día. Y en el PP de Posidonio no queda ya de Rajoy ni la suscripción al Marca.

Cuestión distinta es la de Los Aristogatos. Aparentaban ser el rostro amable de Vox y a la hora de la verdad han resultado ser el sustento de la línea más dura contra los medios que no les gustan -casi todos- y la trinchera de las posturas más intransigentes en las conversaciones con PP y Ciudadanos.

Dentro del casting de la novela, a Espinosa de los Monteros le correspondería repartirse con los demás dirigentes de Vox los papeles de los jóvenes aristócratas, armados caballeros junto a Cirongilio. Es el caso de Beroaldos de Santrastópoli, Tigrán el Membrudo –ese sería para Ortega Smith-, Florimando de Ínsula Verde –el juez Serrano cuando se recupere de su ataque de ansiedad- o más bien Armindo de Rocasalada, hijo del marqués de Parenso y enamorado de la bella hechicera Palingea.

Transcribiré ahora del castellano antiguo. Dotada de los dones de la profecía y la videncia, Palingea Monasterio, augura que “un encerrado osso -alusión inequívoca a la barba y tamaño de su marido-, encendido en amor della, procurará por todas las vías de la aver a su voluntad”, pero advierte que “en el ayuntamiento de las dos partes más amigas, se engendrarán los enemigos”. Eso era lo que sin duda venía sucediendo hasta el jueves en Vox.

Ese día regresó el héroe. Apercibido de que estaba ahogándose, al intentar estrangular a la serpiente equivocada, don Cirongilio soltó su presa y sintió como la liviandad de su propio ser le empujaba hacia arriba. Emergió a la superficie y volvió a flotar entre los acordes mágicos de un santur, una cítara y un cimbal. Enseguida emitió un dictamen, vinculante para todos los caballeros cristianos: "Las cosas están cambiando. Estamos en otra fase. Están respetando a Vox y a sus votantes y hay posibilidad de llegar a un acuerdo".

Lo que debe suceder, a partir de ahora, en Madrid y Murcia, está escrito en la sinopsis editada por el Centro de Estudios Cervantinos: "La flota de Cirongilio llega al sitio de la batalla entre turcos y romanos y suma sus fuerzas a la de estos... Gracias al aporte del héroe y los suyos, las fuerzas cristianas derrotan a las turcas que se dan a la fuga... Todas las tierras turcas se sumen en llanto y lamentos. Cirongilio ofrece a Posidonio, ahora que el enemigo común está vencido, arreglar sus propias diferencias individualmente y excusando una nueva guerra. El emperador renuncia definitivamente a ella y celebra una reunión de paz y amistad con el héroe". Nadie podrá negar que la vida política imita mucho a los tebeos malos.

Si ladran es que no somos inertes
Nota del Editor 14 Julio 2019

Después de tantas traiciones y tropelías del PP, los desmemoriados (¿ traidores a España ?) siguen empeñados en tumbar la única opción que defiende España: Vox. Tanto el PP como el PSOE han demostrado que tienen que desaparecer, son indignos de presentarse como representates de los españoles. Los desmemoriados tumbaron UPyD, y siguen empeñados en que la UVI donde se encuentran PP y PSOE siga funcionando y que parezca que algo cambia para que todo siga empeorando y los despistados españoles sigan pensando que viven en una democracia sin darse cuenta de que ya llevan cuarenta años tomándoles el pelo.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Lo común impropio
ARCADI ESPADA El Mundo 14 Julio 2019

Mi liberada:
Desde hace tiempo algunos miembros del constitucionalismo -Mercè Vilarrubias, Juan Claudio de Ramón o Joaquim Coll, entre otros- propugnan un cambio en la política lingüística española. Sus objetivos han acabado detallándose en el libro de Vilarrubias, Por una Ley de Lenguas (Deusto). En las primeras líneas del prólogo De Ramón avanza el porqué profundo del empeño y la ambición de su iniciativa: "El problema territorial español es un problema, ante todo, lingüístico (...) La clave del descontento reside en el perdurable deseo de un conjunto no desdeñable de ciudadanos españoles de disponer de un Estado propio para la lengua con la que se identifican". El singular diagnóstico no es exclusivo del prologuista, sino que la autora lo hace suyo nuclearmente. Su Ley de Lenguas no responde a una necesidad intelectual o jurídica, sino a la de afrontar y resolver un problema político. Los independentistas catalanes no pusieron en marcha el Proceso en razón de su pulsión xenófoba o del aluvión de mentiras sobre la supuesta discriminación a que los somete el Estado. Al parecer lo hicieron para que su lengua tenga un Estado. Vilarrubias no es independentista. De ahí que el Estado que ofrezca a los independentistas sea el Estado Español. Un Estado que hable sus lenguas y que con hablarlas se convierta, mágicamente, en su Estado. Un Museo del Prado que lleve la inscripción Prado Museoa y otras tres en su frontispicio.

No tiene interés que detalle el grado de ingenuidad de la propuesta ni lo que supone de sorprendente ignorancia de elementales mecanismos de la conducta nacionalista. Solo citaré el ejemplo de un país que es muy querido por la autora y su prologuista. En 1969 se aprobó en Canadá la ley que hacía del francés y del inglés lenguas oficiales y que según sus impulsores, Pierre Trudeau entre ellos, acabaría con la querella lingüística y por extensión con la reivindicación independentista. Pero la ley no impidió que en 1980 y en 1995 los quebequeses convocaran dos referéndums de autodeterminación y estuvieran a punto, en el segundo, de hacer saltar en mil pedazos la federación. En Canadá y en España hay ciudadanos que no quieren vivir con el resto de canadienses o con el resto de españoles. No quieren que el actual Estado sea plurilingüe; quieren su Estado monolingüe. Es perfectamente explicable, porque la lengua en manos del nacionalismo -otra cosa es en manos del mercado- tiene la misión de aglutinar en la diferencia, de ser aduana de la identidad y no pasaporte de la especie.

La razón de la xenofobia es compleja y quizá la única manera de combatir el nacionalismo sea encarar paciente y largamente a los xenófobos ante su rasgo. Exactamente lo contrario de lo que se ha hecho en España donde, después de cuatro décadas, la xenofobia ha alcanzado cotas altísimas de prestigio. Aunque disfrazada, obviamente, de hecho diferencial, de sentimientos inalienables o de cualquiera de esas retóricas por las que una idea maligna consigue camuflarse y vencer. Entre las modalidades de la xenofobia, la lingüística ha ocupado un lugar preponderante. Y lo ha hecho de manera sutil, casi inadvertida. Pensé que Vilarrubias iba afrontar este suceso clave de nuestra reciente historia sociolingüística, pero pasa por él -gravemente- de puntillas. La redacción en 1979 del punto 1 del artículo 3 del Estatuto de Cataluña ("El catalán es la lengua propia de Cataluña") consagró el adjetivo propio referido a las lenguas regionales españoles. Luego, todos los estatutos necesitados lo imitaron. En el campo semántico de propia figuran exclusiva y natural. Decir que el catalán es la lengua exclusiva y natural de Cataluña implica asumir algunas cosas de gran importancia. La fundamental, que Cataluña es algo distinto de los catalanes. En 1979, como cuarenta años después, la lengua materna de la mayoría de los catalanes es el español. De lo que resulta un desacuerdo: el grupo de ciudadanos de lengua materna catalana encaja con la lengua del territorio, a diferencia de lo que sucede con el grupo -¡mayoritario!- de ciudadanos de lengua materna castellana.

La construcción lingüística de las comunidades autónomas se ha basado en una legitimidad predemocrática, en la convicción manifiesta de que las lenguas son -sí- de los territorios antes que de las personas. En Cataluña, singularmente, la consecuencia ha sido taxativa: la organización lingüística de la escuela y los medios se ha hecho al margen de la lengua materna mayoritaria de sus ciudadanos. A ello hay que añadir el efecto de aplicar propio a una de las lenguas de una comunidad bilingüe: para cualquier nacionalista lo principal de propio es lo impropio. En su ensayo Vilarrubias objeta tímidamente contra el adjetivo propio señalando que tal vez habría sido mejor el uso de autóctono. Autóctono sigue diciendo que la lengua es del territorio. Pero lo sorprendente es que su Ley de Lenguas no se plantee en ningún momento la reconsideración de este asunto fundamental. No solo no se lo plantea, sino que su propuesta incluye que las lenguas regionales sean también "propias del Estado junto con el castellano". La cuestión de cómo una lengua puede ser propia (natural, exclusiva) de Cataluña y al mismo tiempo natural y exclusiva del Estado la dejo a expensas de que la ensayista aclare en próximas ediciones los fundamentos de su lógica.

Nuestra autora tiene también un plan para la lengua impropia de las comunidades. El plan del 30 por ciento: la cultura, la educación, el perfil del funcionariado deben estar veteados de lengua impropia al menos en un 30 por ciento. Es decir, que la inmersión lingüística catalana debería dejar paso a un modelo educativo donde el 30% de la enseñanza se realizara en castellano. ¡Parece un avance! Sin embargo hay una difícil pregunta a la que no he encontrado respuesta en el libro. Un 52'7% de catalanes tiene el castellano (un 31% el catalán) como lengua materna. ¿Cómo podría explicar Vilarrubias la impropiedad del 22,7 que va desde su propuesta del 30% castellano hasta la realidad estadística de un 52,7%, de catalanes de lengua materna castellana? No podría. No podría sin asumir hasta qué punto su libro legitima desde un constitucionalismo supuesto el marco mental nacionalista.

Vilarrubias está encantada con los modelos lingüísticos suizo y canadiense. Tienen una característica, en oposición al español: la inexistencia de una koiné o lengua común. En páginas tristemente memorables la autora desprecia el valor moral, económico y práctico del castellano como lengua común. En el "nuevo relato" que plantea su Ley "el castellano es la lengua común de aquellos que así la sienten [!], pero no es la lengua común de todos". Su problema profundo no es lo que dice del castellano, sino lo que dice de lo común. Sin embargo, la apoplejía conceptual no es más que el agravamiento del problema que desencadenó el propio Estado cuando empezó a hablarle a los españoles en otra lengua distinta del español. Mi Dni, por ejemplo, tan correctamente bilingüe. Fue el momento en que se hizo doctrina oficial del Estado el valor simbólico de la lengua. La lengua no solo servía para comunicar sino que debía también complacer. Lo que se legitimaba no es que catalanes gallegos o vascos no entendieran, sino que no quisieran entender. Hasta hoy. Cuando la clase política nacionalista catalana habla en público hay quien ve en su castellano los efectos devastadores de la inmersión. ¡Quia! Sus errores, sus descuidos, son perfectamente deliberados. El castellano sioux que hablan es una decisión política. Hace tiempo que, gracias a la complacencia, desconectaron de la gramática común.

Ni en la Constitución ni en ningún Estatuto se dice del español que sea lengua propia de alguien. La razón es que es la lengua del otro, Vilarrubias.

Sigue ciega tu camino.
A.

‘Fausto’ Sánchez, el socio del diablo
EDUARDO INDA okdiario 14 Julio 2019

Muchas veces he dicho que el pecado original del mal moral global que afecta a la sociedad española de nuestro tiempo es dar por normales cuestiones que son una auténtica anormalidad en términos morales, éticos e incluso legales. Cosas que hace una década, dos, tres e incluso cuatro hubiéramos considerado una aberración pasan desapercibidas como si nada. El problema no es sólo que se produzcan, que también, sino tanto más que no provoquen una sola reacción en la opinión pública ni en la publicada, básicamente, porque la mayor parte de los medios (en un 80%) están del lado de quienes nos imponen el trágala de confundir el mal con el bien.

Si al adolescente que yo era en tiempos de Felipe González le llegan a vaticinar que el PSOE iba a pactar con los malnacidos hijos políticos de ETA, hubiera mandado a esparragar al interlocutor de turno. El proyecto político del más longevo presidente de nuestra democracia jamás de los jamases coqueteó con quienes asesinaban a policías, guardias civiles, militares, civiles o correligionarios. Es más, y obviamente no lo justifico, durante su mandato se creó una banda para matar terroristas. “Si matan a los nuestros, nosotros les mataremos a ellos”, dicen que dijo el presidente González. Cosas veredes: los sucesores de quienes crearon los GAL son los que ahora flirtean día sí, día también, con los bilduetarras.

Sé lo que piensan los González, Guerra, Bono, Corcuera, Leguina y cía porque alguno de ellos me lo ha transmitido personalmente y porque otros lo han proclamado públicamente. Lo obvio en gente decente desde el punto de vista intelectual. Políticos de fuste que saben que no hay nada que hablar y menos que acordar con malnacidos que asesinaron a 857 españoles, hirieron o mutilaron a miles, extorsionaron a otros tantos y secuestraron a decenas. Consensos básicos transversales que van intrínsecamente unidos a ese Pacto de la Transición que es lo mejor que hemos hecho en 500 años de historia.

Pedro Sánchez ha dinamitado estos perogrullescos principios morales. Le da igual ocho que ochenta. Tiene más claro que el propio Nicolás Maquiavelo que el fin justifica los medios. ¿Que me tengo que aliar con el mismísimo diablo para lograr el poder en una comunidad autónoma, una diputación, un ayuntamiento o el mismísimo Gobierno de España? Pues me alío y aquí paz y después gloria. Y a la Constitución, que le den. Un asco.

Cuenta la periodista Lorena Gómez-Lobato en su interesante libro La Moción que la secretaria general de los socialistas vascos, Idoia Mendía, se sentó a negociar con Bildu el respaldo al golpe de gracia parlamentario a Mariano Rajoy. Añade que el presidente del Gobierno fue personalmente a agradecer a la parlamentaria filoterrorista Marian Beitialarrangoitia el “sí” a la moción de censura que le permitió mudarse a La Moncloa. Un asco.

El ataque a la memoria de las víctimas del terrorismo acababa de empezar. Nos quedaban por ver infamias mayores incluso. La más reciente se está gestando en Navarra y culminará con la socialista María Chivite de presidenta del Gobierno de mi tierra. De momento va de la manita de Geroa Bai, la marca local del racistoide PNV, Podemos e Izquierda Unida. Pero precisará del voto activo o pasivo de Bildu para lograr su objetivo. ¿Tienen alguna duda de que lo tendrá? Un asco.

Por no hablar de la que ha tenido lugar en la Diputación de Barcelona, un organismo redundante pero que sin embargo todos anhelan. ¿Será tal vez porque maneja un presupuesto de 1.000 millones de euros que da para hacer todas las trapacerías que uno quiera? No afirmo, sólo interrogo. La socialista Nuria Marín fue investida presidenta el jueves pasado con el respaldo de quienes hace no 21 años sino 21 meses perpetraron un golpe de Estado en Cataluña: Junts per Cat, el partido del delincuente fugado Carles Puigdemont. Otra vez un asco, como ven.

Un interesante análisis publicado por Carlos Cuesta revela que el PSC, el apéndice catalán del PSOE, ha hecho alcaldes con sus votos a 47 independentistas de diferentes municipios. Una aberración más de un Pedro Sánchez y un Miquel Iceta que no tienen reparos en vender a su padre o a su madre con tal de conseguir poder y más poder. ¿Acaso se creen que esto no tiene nada que ver con la conquista de la Diputación de Barcelona? Más asco.

La Alcaldía de la localidad alavesa de Samaniego está en manos de quien está, Bildu, el partido de ETA, gracias a los sufragios de ese Partido Socialista de Euskadi que continúa mancillando el espíritu de quienes dieron la vida por defender la democracia en territorio comanche: Enrique Casas, Ernest Lluch, Joseba Pagaza, Juan Mari Jáuregui, Froilán Elespe, Juan Priede y otros cinco socialistas más. Asco moral al cubo.

Tampoco olvidamos ni olvidaremos que el presidente del Gobierno lo fue gracias a los “síes” en la moción de censura de ERC y JxC, los dos vértices del segundo golpe de Estado de la democracia. Haya o no investidura dentro de dos semanas, la haya en septiembre o diciembre, lo cierto es que Pedro Sánchez no pondrá reparos a que ambos grupos le den el plácet para mantener su colchón en Moncloa. Esto también es un asco.

Cruzo los dedos para que llegue el día en el que este mundo al revés en el que nos ha sumido Sánchez vuelva al lugar que nunca debió abandonar. A esa normalidad institucional, moral y legal que es siempre el camino más corto al bienestar común. Cruzo los dedos por España en general y por el Partido Socialista en particular. Un PSOE que de la mano de Felipe González fue tal vez el partido más transversal en 40 años de democracia, un PSOE al que nunca se le pasó por la cabeza llegar a un acuerdo con Batasuna o con los golpistas que un año antes de su llegada al poder habían intentado robarnos la libertad. Un presidente puede pactar con quien quiera, con Ciudadanos, con el PP al estilo alemán e incluso con Podemos, por mucho que nos disguste el partido totalitario de Pablo Iglesias. Lo que no es de recibo es vender el alma de todos los españoles a ETA o a los protagonistas de una rebelión. Esto es un asco.

El presidente del Gobierno se parece cada vez más a Fausto, criatura literaria que Goethe elevó al Olimpo de la literatura universal. El personaje que se echó en manos del demonio para conseguir los objetivos que hasta entonces Dios y el destino le habían negado y acabó como acaban todos los que se entregan al maligno: de manera violenta y en el infierno. La metáfora de la obra cumbre del gigante alemán es obvia pero impepinable: el que pacta con el mal termina peor que mal. Es lo que puede suceder a un PSOE al que las mieles del poder nublan el discernimiento e impiden adivinar las hieles que llegarán cuando se pase a la oposición y explosione víctima de estas contradicciones éticas. Fausto Sánchez va por mal camino: ni en política ni en la vida vale todo.

El PSOE ofrece a la Generalitat controlar las guarderías para adoctrinar a niños de hasta 3 años
Carlos Cuesta okdiario 14 Julio 2019

El PSOE no pierde oportunidad para allanar el camino a un entendimiento con los separatistas. Y la forma de conseguirlo es avanzar en un autogobierno pleno, que quede a un paso de una independencia de facto. El siguiente peldaño lo pretenden dar los socialistas en materia educativa, donde el adoctrinamiento nacionalista es exagerado, pero donde los separatistas siguen queriendo ampliar su poder para expandir el efecto de su fábrica de votantes nacionalistas. Y el área donde ya se negocia esa expansión es en las guarderías: la primera etapa educativa, donde la edad de los niños va de los 0 a los 3 años.

El PSOE tiene en mente una nueva reforma educativa nacional. Una que abra el camino a un mayor autogobierno autonómico en materia escolar. Y, en concreto, tal y como reconoce ya el PSC, pretenden ahora "recuperar la corresponsabilidad de la Generalitat en la financiación de las guarderías municipales". La medida se vende como la fórmula de "garantizar una financiación estable de estos servicios, bajo los criterios de corresponsabilidad, calidad y equidad". Pero lo cierto es que, esa cofinanciación traerá de la mano un evidente aumento de poder de la Generalitat en estos centros educativos y una uniformidad en toda la región con los parámetros educativos mostrados por la Generalitat ya en el resto de tramos de edad.

Esta nueva entrega de poder se complementa con la oferta trasladada ya a ERC donde se recoge una completa reforma de la ley educativa nacional -la LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa)- con el fin de dar aún más poder sobre la educación a los nacionalistas. El cambio pretende acabar con los controles nacionales a la imposición del catalán. La reforma, de esta manera, supondrá la imposibilidad legal, no sólo de garantizar una mínima enseñanza en castellano en las escuelas de esa comunidad autónoma, sino también de que los padres puedan defenderse con posibilidades reales de triunfo en los tribunales frente a los abusos lingüísticos.

Esa reforma parte de una serie de ideas base. La primera es que, como señalan desde el PSC, "defendemos un sistema educativo justo, equitativo y respetuoso con las competencias del Estatuto de Autonomía de Cataluña". La segunda es el avance en un sistema que potencie "el arraigo territorial y la defensa del modelo de escuela pública de Cataluña". La tercera es directamente "derogar la LOMCE como primera medida de apoyo al modelo de Escuela catalana". Y esa derogación supone literalmente abrir la puerta a la eliminación de los controles lingüísticos.

Hay que recordar que estas cesiones suponen la entrega de los últimos bastiones de potencial control nacional en un panorama educativo tomado por el nacionalismo. Porque lo cierto es que hoy en Cataluña existen un total 4.635 centros de Infantil, Primaria y Secundaria y de ellos ni uno oferta educación con el castellano como lengua vehicular de enseñanza. Así, para un total de 1.196.148 alumnos, sólo 15.000 alumnos (menos del 1%) pueden estudiar en colegios que oferten la educación en castellano. Y todos ellos son privados.

La situación ha llegado a tal punto que las denuncias por adoctrinamiento han ascendido ya hasta la propia Unicef. La asociación Cataluña Pueblo de España, fundada en Lausanne (Suiza), ha denunciado ya en una carta dirigida a la directora general del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), Henrietta H. Fore, la manipulación de los niños por parte del independentismo y el adoctrinamiento que se produce en las aulas de Cataluña.

El presidente de la entidad, François Meylan, explica en su escrito que Cataluña "sufre una profunda fractura social, causada por actos de discriminación, manipulación y violencia psicológica o incluso física por parte del aparato separatista catalán" y apela a la necesidad de garantizar en la región los principios que defiende Unicef en su carta fundacional: "La supervivencia, la protección y la satisfacción de los niños son imperativos del desarrollo universal cuyo respeto es esencial para el progreso de la humanidad".

Ahora los socialistas ponen a pleno tiro de este adoctrinamiento la franja de edad más sensible: la de los niños hasta 3 años.

Gana Bildu, gana ETA
Editorial ABC 14 Julio 2019

Para entender en qué consiste la «normalización» en el País Vasco baste con saber que EH Bildu presidirá la Comisión de Derechos Humanos en las Juntas Generales de Guipúzcoa con apoyo de todos los grupos que las forman. Al lavado de memoria sobre el pasado de ETA se une así el escarnio a sus víctimas, más aún porque ha coincidido el acceso de los proetarras a ese cargo con el aniversario del secuestro y asesinato del concejal del Partido Popular Miguel Ángel Blanco. Esta confluencia de acontecimientos tan antagónicos, política y moralmente, retrata el nivel de amnesia y deshumanización que hace falta en la sociedad vasca para dar por buena la presidencia de una comisión de derechos humanos a cargo de un partido que no ha condenado la violencia practicada por ETA y cuyos dirigentes siguen justificando, entre equilibrios retóricos, lo que llaman «lucha armada». Para estas situaciones no hay previstas esas «consecuencias» que el ministro en funciones Grande-Marlaska sólo reserva para Ciudadanos y Partido Popular por pactar con Vox. Al contrario, semejante infamia es aplaudida como un ejemplo de «reconciliación» en la sociedad vasca, como lo fue en su día la designación de Josu Ternera para la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco, en 2000. De poco sirvió, porque ETA siguió matando y Ternera huyó de la Justicia. Tampoco servirá ahora la presidencia de Bildu en la Comisión de la Junta guipuzcoana nada más que para aumentar el sentimiento de agravio de las víctimas de ETA, que ven que a la derrota policial y judicial de los terroristas está siguiendo una victoria social y política, lenta, pero inexorable, de los herederos de sus verdugos.

Ningún partido que excuse la violación presidiría una Comisión por la Igualdad, ni uno que defendiera la pederastia, una Comisión de la Infancia. Pero en España, un partido que prolonga políticamente el legado de ETA y reclama la legitimad de su actividad terrorista sí puede presidir un órgano supuestamente destinado velar por los derechos humanos y la «cultura democrática». Así no es posible colocar a ETA en el lugar que le corresponde en la historia negra del propio País Vasco; y es la sociedad vasca la que debe asumir que si su silencio mayoritario en el pasado fue cómplice de los terroristas, ahora también es cómplice su ilimitada capacidad para ocultar a casi novecientas víctimas mortales, miles de heridos y de familias destrozadas y traumatizadas, y decenas de miles de exiliados, que dejaron de votar en las urnas vascas. ETA no ganó al Estado la independencia del País Vasco, pero ha conseguido asentarse en la vida diaria de una sociedad inexplicable.

Escandalosa provisionalidad eterna de Mateo en RTVE
Editorial El Mundo 14 Julio 2019

No hay institución estatal u organismo público que no se vea dañado por la parálisis política que atenaza a España desde hace mucho más de un año y que amenaza con prolongarse sine die. Y RTVE no sólo no es una excepción, sino que es un símbolo del descrédito y la utilización partidista en la que están sumidos tantos entes en este escenario de interinidad. En el caso de la radiotelevisión pública se va a hacer bueno aquello de que nada es tan eterno como lo provisional. Porque constituye una escandalosa anomalía democrática que esté a punto de cumplirse un año desde que el Gobierno de Sánchez -en la que fue su primera maniobra tras llegar a La Moncloa gracias a la inesperada moción de censura- propusiera a Rosa María Mateo como administradora provisional única.

Se vendió a la opinión pública que era un nombramiento "provisional" de unos tres meses para que el Congreso desatascara la renovación de la cúpula de RTVE. Pues bien, la periodista lleva al frente casi 12 meses y así podría seguir hasta el infinito, haciendo y deshaciendo a su antojo sin más controles o frenos que su servilismo a La Moncloa, porque ni hay voluntad política para que el Parlamento la sustituya ni se sabe qué pasará con el concurso público para el Consejo de Administración. El procedimiento en marcha duerme el sueño de los justos y, si la incapacidad de Sánchez para ser investido nos conduce a nuevas elecciones en otoño, así seguirá todo quién sabe hasta cuándo.

Aunque el nuestro sea un sistema parlamentario, cada vez funciona más como un mal sucedáneo presidencialista en el que, a falta de Gobierno, las Cámaras se sumen en la total inacción; bien que se encargan de ello los brazos ejecutores que Sánchez ha puesto al frente del Congreso y del Senado. Y, así, aunque el concurso público del que tendría que salir la nueva cúpula de RTVE estaba muy avanzado el pasado febrero, desde la convocatoria de las elecciones generales quedó bloqueado. Mientras, una administradora única que en principio sólo debiera haber gestionado asuntos urgentes de funcionamiento ordinario, sin control alguno inició su mandato protagonizando una purga de un centenar de profesionales por motivos ideológicos, y ha acabado sumiendo a la radiotelevisión pública en el más absoluto descrédito y con la peor audiencia de toda su historia, llevando a los informativos -el histórico buque insignia de TVE- muchos días a la cuarta opción entre los espectadores.

Escándalos como el de la ignominiosa entrevista a Otegi se suceden, mientras la primera cadena cerró junio con apenas el 8,7% de cuota de pantalla. Y, sin que se ataje la insostenible estructura financiera, se despilfarra en contratos como el del ex ministro socialista Màxim Huerta, cuyo programa apenas supera el 5% de share. El Consejo de Informativos pidió el jueves a Sánchez cuando acudió a TVE que acabe ya con la era Mateo. A este paso, uno y otra van a acabar con la cadena.

Memoria y dignidad por Miguel Ángel
 La Razon 14 Julio 2019

Miguel Ángel Blanco tenía 29 años cuando ETA lo secuestró el 10 de julio de 1997. Cuarenta y ocho horas después, apareció herido de muerte en la localidad guipuzcoana de Lasarte. Los terroristas Francisco Javier García Gaztelu, alias «Txapote», Irantzu Gallastegui Sodupe, «Nora», y José Luis Geresta Mujika, «Oker» o «Ttotto», fueron los torturadores que le mantuvieron retenido y maniatado en algún lugar desconocido a sabiendas del trágico desenlace que le aguardaba. Gaztelu le disparó dos veces en la cabeza, mientras Geresta le forzaba a ponerse de rodillas con las manos atadas a la espalda.

De una sociedad conmocionada, conmovida e indignada surgió el Espíritu de Ermua, un sentimiento colectivo prendido a un movimiento cívico absolutamente mayoritario en el país que sumó y unió a prácticamente toda la clase política del momento. Nada fue igual a partir del asesinato de Miguel Ángel. Aunque le seguirían más jornadas de luto y dolor, aquellos días terribles supusieron el principio del fin de la banda terrorista. Toca este breve recordatorio de los acontecimientos que se produjeron hace 22 años porque la huella de aquel espíritu recobrado, que nació de un ánimo roto y traumatizado por la atrocidad, es casi irreconocible en la España de hoy, la de la memoria histórica convertida en amnesia interesada sobre esta página luctuosa y reciente de la democracia.

La derrota policial del terror es un hecho incuestionable, del que debemos enorgullecernos, además de celebrar y agradecer a sus responsables, no lo es la disolución ni la marginación del proyecto de ETA ni de sus jaleadores, promotores y autores, muchos de los cuales se sientan hoy en las instituciones y ocupan espacios de prestigio en los medios.

Que existe una corriente compartida por el nacionalismo separatista y la izquierda en general por blanquear al brazo político de ETA es una realidad constatable. No ya sólo por la manipulación del pasado, o su relativización, que es peor, sino por la elaboración de un relato adulterado sobre cuatro décadas genocidas. Una narración tergiversada que asentar en el imaginario colectivo, en la que no hay verdugos ni víctimas, ni un proyecto de eliminación étnica y sistemática de los representantes de lo español por parte de terroristas vascos, un tiempo en el que todos tuvieron razones de peso para actuar como lo hicieron y en el que todos compartieron el sufrimiento.

En ese marco de normalización del tiro de la nuca, el secuestro, la extorsión y la coacción es en el que se inscriben actos como que EH Bildu presida la nueva comisión de Derechos Humanos de las Juntas de Guipúzcoa, Otegi sea el hombre de paz y el héroe de la retirada estrella invitada de TVE o que se cuente con los batasunos para lograr investiduras. Es parte de ese guión inmoral y miserable el que la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, nos invite a asumir «con naturalidad» que no hay problema en hablar con EH Bildu porque «todos los escaños, tanto de parlamentos autonómicos como de las Cortes Generales son legales y legítimos». Es el marco mental de la política oportunista, indigna y desalmada que el PSOE abraza cuando se cuenta con los votos de esas manos manchadas de sangre para arrebatar Navarra a los constitucionalistas vencedores de las elecciones y urdir una moción de censura y una mayoría legislativa que refrende los decretos.

Estamos seguros que las víctimas del terrorismo, incluidos los dirigentes y concejales socialistas, no entregaron sus vidas en sacrificio por la libertad y la democracia para que los asesinos y quienes aún hoy justifican la barbarie reciban el privilegio de la normalización del brazo de la equidistancia más ignominiosa. Las víctimas son y serán patrimonio de todos los españoles, el símbolo de un legado extraordinario de libertad y el recuerdo diario del deber de combatir el totalitarismo exterminador y de hacer justicia a los muertos y a los vivos.


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