AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 17  Julio 2019

Tanto ego, tanto desastre
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS  El Mundo 17 Julio 2019

Para hacernos una idea de la dimensión del ego de Sánchez digamos que se nos haría más largo que ir a Saturno, circundar sus anillos, poblar Marte con siervos de Xi Jinping, pasar por Neptuno a plantar la bandera atlética, acercarse a Urano y sumar letras a LGTBI, explorar la discutida existencia de Plutón y volverse al planeta Tierra para rebautizarlo Agua. Y tras ese periplo intra-galáctico apenas habríamos cubierto una minúscula parte del ego de Sánchez, lo único en él que no es cum fraude. Si no nos engaña hasta el martes o el jueves de la semana que viene, Egosánchez no pacta con Iglesias, ni con Casado, ni con Rivera, porque no se le pone en los 123 escaños. Pocos, pero que, multiplicados por su ego, se van a 321. Y como las encuestas halagan ese ego interminable, a votar en noviembre, a ver si nos enteramos de que hasta que no lo hagamos presidente, no parará.

Del ego de Iglesias, para qué hablar. Él mismo dice que no le falta, pero ni los Perón, ni los Kichner, ni los Castro, ni los Kim, ni los Maduro, ni Putin, ni Xi hicieron refrendar a los suyos la adquisición -con el partido de avalista- de la mansión solariega del marquesado de Galapagar. Si no es ministro Él, cuya imagen fue el logo -ilegal- de Podemos la primera vez que se asomó a las urnas, aunque con el bolivariano afán de romperlas, no será ministro nadie. ¿Cómo podría Él volver a casa, pasar revista al servicio y decírselo a Ella? Además, que es comunista: o manda o es que ha muerto. Pero Pablenin es malo, no tonto, así que ha copiado de Vox la apelación a los votantes como índice de su propia dignidad, por supuesto, irrenunciable. El sicariato aristogato que puebla las redes lo repite mil veces diarias: los votantes que han respaldado nuestros valores, sólo nuestros, no serán humillados. Así que votamos contra el PP... por culpa de Ciudadanos.

Porque el ego falsamente humilde de Abascal se ha unido en su órbita, a modo de cometa amenazante sobre el ego de Casado, con el ego francamente soberbio de Rivera, de tamaño megasánchez. Resultado: no habrá gobierno en Madrid ni en Murcia hasta que ambos egos valoren cómo les ha ido en la Desvestidura. Y así, entre la famosa superioridad moral de la izquierda, la del hipercentro y la de la superderecha, iremos a votar cuantas veces sus egoseñorías dispongan.

Vox es necesario e imprescindible
Nota del Editor 17 Julio 2019

Hablan de memoria de mosquito y tal bicho tiene en su minúsculo cuerpo un sistema de control de vuelo tremendamente eficaz. Lo malo de los formadores de opinión que pìerden la memoria selectivamente es que aunque no se les vea el plumero, por el humo que lanzan, deben de estar tramando algo para seguir igual, o sea empeorando España. PSOE y PP tienen que desaparecer. En cuarenta años de falsa democracia no han hecho nada por España, solo vivir del cuento y vender trozos de España a los nazionalistas de lengua propia.

La crisis de Ciudadanos, un invento de Sánchez y sus amigos para hundirles
EDITORIAL ESdiario 17 Julio 2019

Sánchez es el único responsable de su propio bloqueo interesado, por su negativa a pactar ni a dialogar de nada que no sea firmarle un cheque blanco.

La presión sobre Ciudadanos en las últimas semanas roza la línea de lo abyecto, y tiene por único fin satisfacer los deseos de Sánchez de lograr su respaldo en la investidura pese a la negativa del líder del PSOE a hacer lo que cualquiera en su situación haría: sentarse a negociar con sus socios potenciales y llegar a un acuerdo que, a ser posible, persiga la estabilidad de toda una legislatura.

Sánchez no lo ha hecho ni con Cs ni con Podemos, aunque de manera sonrojante se presenta en público, en el fenomenal aparato televisivo que acompaña al presidente en funciones, como un error, un problema o una afrenta de Rivera o de Iglesias.

Se da así la vuelta a la realidad para transformar la insólita posición del PSOE en un problema de sus rivales, conculcando una de las normas básicas de la democracia: el aspirante a la presidencia, que suele ser el vencedor de las Elecciones -salvo el propio Sánchez en 2015- completa sus fuerzas parlamentarias con las de otros partidos, mediante un diálogo que suele incluir un programa de síntesis, con aportaciones y renuncias de todos, y un Gobierno de coalición.

Escandaloso
Pero si en el caso de Podemos es evidente, por mucho que Iglesias se dirija a un precipicio por negarse a aceptar el chantaje, en el de Ciudadanos es simplemente escandaloso. No solo por la insólita exigencia de que le firme un cheque en blanco a Sánchez; sino por la certeza previa de que ello conculcaría el principal compromiso del partido naranja en las pasadas Generales: desalojar de La Moncloa a quien, desde hace cuatro años, lo ha pactado todo con Podemos y el independentismo.

Es inaceptable que el boicot de Sánchez al diálogo y los acuerdos se presente como un problema de Ciudadanos

Siendo tan obvia la secuencia y tan lamentable la actitud trilera del PSOE, conviene preguntarse por la salud mediática de España, donde de manera casi unánime se blanquea todo lo que hace Sánchez y se convierte en culpable a quien, pese a todo, se mantiene firme en sus posiciones.

Firmeza
Las de Ciudadanos son de sobra conocidas y, además, acertadas: no se puede investir a un presidente para que gobierno con Podemos, pero sin Podemos en el Consejo de Ministros, y sustentado de nuevo en el separatismo, cada día más cercano por mucho que se intente disimular en público.

Rivera no debe traicionarse a sí mismo y a sus votantes por muchas presiones que reciba ni por mucho que se magnifiquen las dimisiones de tres o cuatro dirigentes de su menor rango. Pero haría bien en explicarlo más y mejor, empezando con un argumento incontestable: si Sánchez de verdad quiere el auxilio de Cs, ¿por qué se niega a proponerle ni el más mínimo acuerdo?

Estado autonómico y colapso del Estado social (recordatorio)
Carlos Ruiz Miguel Periodista Digital 17 Julio 2019

El diario «El Mundo», en su edición del martes 11 de junio, encabeza su portada con un titular, a tres columnas, que dice «El Tribunal de Cuentas constata la quiebra de la Seguridad Social». Los demás medios no destacan esta noticia que es trascendental y, sin embargo…. no puede ser sorpresiva. De hecho, hace ya ocho años advertí de ello en un artículo publicado el 26 de febrero de 2011 que me permito reproducir
@Desdelatlantico..

Insisto: el desarrollo del Estado autonómico lleva al colapso del Estado social. Algunos prefieren negar la realidad alegando que “los servicios sociales corresponden a las autonomías”. El problema, sin embargo, de este “argumento” (que sólo puede explicarse por ignorancia o por interés de quienes se estén beneficiando del régimen autonómico detentando cargos o recibiendo subvenciones), es que no es cierto por estas tres razones: no niega mi afirmación; no es históricamente cierto; y tampoco es cierto en el presente. Veamos.

Lo primero que debe quedar claro es que “Estado social” es mucho más que “servicios sociales”. Para ser más precisos: los “servicios sociales” son sólo una pequeña parte del “Estado social”. Y esto se demuestra de forma muy fácil: esos “servicios sociales” autonómicos no forman parte de la “Seguridad Social” que depende del Estado central. Y no creo que nadie pueda negar que sin “Seguridad Social” no hay “Estado social”. La “Seguridad Social” paga las pensiones de los jubilados y los inválidos y de ahí sale el dinero para los parados.

Lo segundo que conviene recordar es que las dos prestaciones sociales más importantes que ahora son competencias autonómicas (la educación y la sanidad), ya existían como tal mucho antes de que se crearan las comunidades autónomas. Y es que, aunque alguno no lo recuerde, o no quiera recordarlo, la educación y la sanidad gratuitas ya existían en España, proporcionadas por la Administración central, cuando no existían el régimen autonómico. Es más, convendría preguntarse si la degradación de la educación (el nivel de la educación en España está en los últimos puestos en la escala europea) no se debe precisamente a que la misma se ha descentralizado.

Lo tercero que cumple decir es que ni siquiera es cierto que los “servicios sociales” correspondan a las “autonomías”. Aunque el artículo 27.23 del Estatuto de autonomía de Galicia atribuye a la autonomía competencia en “asistencia social”, resulta que el artículo 25.2 de la Ley 7/1985, de Ley de Bases de Régimen Local atribuye al Municipio competencias en “k) Prestación de los servicios sociales y de promoción y reinserción social”.

Conviene recordar para quienes quieren seguir negando la realidad que no hace ni un año se han congelado las pensiones para poder pagar los intereses de la deuda pública que, en una medida muy importante está causado por el Estado autonómico. Basta ver lo que está ocurriendo con la Generalidad catalana. Lo repito: ¿sacrificaremos el “Estado social” para que sobreviva el “Estado autonómico”?

¿Para qué políticos? ¿Para qué partidos?
CÉSAR ANTONIO MOLINA  El Mundo 17 Julio 2019

Hace unos años, en una cena, coincidí con uno de los empresarios más importantes de nuestro país, y no solo de este. La conversación fue amena y, ya avanzada la misma, me comentó que hacía poco que había conocido al presidente del Gobierno de aquellos tiempos, por insistencia suya. Enseñándole la fábrica matriz, el político tuvo la ocurrencia de presumir de los miembros de su gabinete. Luego le hizo una pregunta un tanto comprometida e indiscreta: "¿Qué te parecen?". El anfitrión calló la primera vez, calló la segunda y, ante la insistencia, en medio de su silencio, cada vez más espeso, contestó: "Yo no los contrataría". El arte de callar no le correspondía al industrial, sino al político. ¿Es acaso más difícil crear de la nada una empresa multinacional y conducirla exitosamente durante décadas que dirigir el gobierno de una nación secular, repleta de funcionarios? Me hubiera gustado que los protagonistas de mi anécdota me lo contestaran. El caso es que este asunto regresó a mi cabeza a la vista de todo lo que ha estado pasando con los pactos poselectorales y la incapacidad de nuestros políticos (jóvenes y aparentemente bien preparados) para llegar a acuerdos en el Gobierno de la nación, en uno de los momentos más frágiles y complejos de nuestra historia contemporánea. Imaginémonos qué sucedería si los altos ejecutivos de la empresa, antes mencionada, no fueran capaces de resolver problemas semejantes, cuál sería su destino dentro de su organización. Es inconcebible que, por cuestiones partidistas y ante lo malo y lo peor, se abandone al Estado a su suerte. Porque dejar un Gobierno en manos de quienes lo quieren destruir es de una gravedad inmensa. En este momento hay que tenerlo muy claro. El mayor enemigo de España son los nacionalistas, incluso por encima de los populistas. Y apoyar para que esto no se produzca es una obligación constitucional.

Los ciudadanos que no salen de su agitación, después de varios meses de sobresaltos, se hacen preguntas tan sencillas y elocuentes como estas: ¿para qué políticos? ¿para qué partidos? Gandhi decía que los partidos estaban para que las personas no tuvieran ideas propias. El partido -cuando no es tan cesarista como los actuales nuestros- le dice al líder qué línea debe seguir. El partido intenta decirle al votante a qué político debe votar y se interpone entre el pueblo y sus representantes. Los partidos políticos que históricamente más éxito han tenido son los que han generado un verdadero sentido de pertenencia entre sus miembros. Hoy, la caída en picado de la militancia es una llamada de atención. Hoy, a la vista de lo que está pasando, los partidos políticos se han convertido en asociaciones intransigentes e intolerantes. Las coaliciones son siempre una alternativa para no paralizar la gobernabilidad. La democracia española surgió de la tolerancia. En la política de EEUU también se está dando desde la llegada de Trump. Antes, republicanos y demócratas, cada uno en sus propias filas, tenían a grupos más conservadores y progresistas capaces, entre ellos, de llegar a acuerdos en cuestiones importantes para el país. Hoy solo existen bandos enfrentados. Ian Kershaw, en su monumental historia de la Europa del siglo XX, destacaba la importancia que tuvieron los políticos en la posguerra. Líderes que, en medio de la ruina, le devolvieron el carisma y la credibilidad a la política. Hoy todo brilla por su ausencia. Las redes sociales han influido mucho en la caída de los partidos como clubs, lugares de reunión, de debate, de estudio, de reflexión, de familiaridad. El poder de la red los va relegando. También los partidos dejan paso a movimientos sociales más directos e inmediatos. Su mayor peligro es el de conformarse, ellos mismos, en un partido, como le ha sucedido a Podemos. Los partidos jamás pretendieron ser democráticos (a veces lo intentan), mientras que los movimientos sí, pero no les ha ido mucho mejor. Los partidos políticos consuetudinarios están sufriendo derrotas sin precedentes. Por ejemplo, en las presidenciales francesas.

Las redes sociales han logrado que la democracia representativa parezca falsa y que las versiones falsas que existen en la red parezcan más reales. ¿Qué fue de aquella revolución democrática que internet traía? Era para vigilar al Estado y a sus representantes, pero hoy son ellos quienes nos vigilan aún más. Ellos y las empresas privadas que están robándonos con complicidad nuestra libertad. La democracia representativa ha consistido en observar y vigilar. Nosotros los vigilamos para asegurarnos de que no se aprovechan del poder que les hemos delegado; mientras que ellos nos vigilan para procurar que no nos aprovechemos de la libertad que nos han delegado. Putin bombardea con desinformación, con bots en twitter que fingen ser personas. Hoy la micromanipulación del electorado es un peligro. Joseph Schumpeter define a la democracia en la que vivimos como una competencia entre equipos de vendedores que tratan que los votantes compren su producto. Las ideologías como producto: marcas, candidatos, partidos. Comenzaron esto las empresas publicitarias. La revolución digital prometía mucho para la política, pero ha sido más lo negativo que lo positivo.

Muchos hablan de hacer del Estado una empresa. Un consejero delegado no elegido por la ciudadanía. Los ciudadanos no serían más que clientes, no tendrían que preocuparse de la política. Es más, cualquier interés por ella sería un delito; y nos tratarían como usuarios de un supermercado. Nic Land, difusor de esta propuesta, la del Gov-Corp, y al que, por supuesto, se le ha acusado de ultrareaccionario, dice que si no fueran rentables nuestros impuestos podríamos reclamar al departamento de atención al cliente. Otros politólogos, desesperados, piensan que la robótica lo resolverá todo. Piergiacomi es de esta opinión: "Los humanos se están volviendo más estúpidos, los políticos más falsos, mientras las máquinas más inteligentes. ¿Acabarán ellas tomando las decisiones?". La ausencia de alternativas paraliza la democracia. El populismo se basa en esto. El autoritarismo resurge siempre en las dificultades. Incluso el autoritarismo "democrático" del húngaro Orbán, él mismo autotitulado como "demócrata iliberal".

¿Vamos camino de la epistocracia? Es decir, la del gobierno de «los que saben», contrario a los presupuestos de la democracia. ¿Es tan importante que todos participen y el peso de cada persona sea el mismo? ¿Sería bueno un autoritarismo pragmático? ¿Acaso a la Grecia actual no le resolvieron su crisis los bancos? Brennan dice que muchas cuestiones políticas son demasiado complejas para el nivel de comprensión de la mayoría de los electores. Yo añadiría que incluso para la mayoría de los elegidos. David Runciman, en su magnífico ensayo Así termina la democracia, escribe: "¿No debería preocuparnos lo mismo proteger a las personas de la incompetencia del demos que protegerla de la arrogancia de los epistócratas? Sí, si fueran la misma clase de poder, pero no lo son. La ignorancia y la estupidez no oprimen de igual forma que el conocimiento y el saber, precisamente por la incompetencia que encierran aquellas". La defensa de la democracia contra la epistocracia viene a ser una variación sobre la defensa de la democracia contra el autoritarismo pragmático. Stuart Mill tenía razón: la democracia viene después de la epistocracia y no al revés.

Una gran empresa tecnológica denominada Kimera Systems anunció que estaba a punto de desarrollar una inteligencia artificial llamada Nigel. Ayudaría a los votantes a dilucidar sus dudas y, supongo, que también a los propios políticos. Evidentemente, disponiendo de todos los datos de cada uno de nosotros. Su propietario, Shita, cuando fue recriminado por semejante cosa se molestó y contestó airado: "Acaso la máquina no ayudaría a la democracia, pues ella sería la única que tomaría en serio nuestros deseos. A los políticos no les importa mucho nuestros deseos, les importa convencernos de que queremos lo que ellos nos ofrecen". Quienes rechazamos este panorama tan desolador y deshumanizado, también antidemocrático, le pedimos a nuestros políticos que sean más sensatos y no den motivos al pábulo. Pacten cuando tengan que pactar (excepto con independentistas y populistas). El nacionalismo es hoy, con mucho, el mayor cáncer de nuestra sociedad. Ayudemos a curarlo entre todos. Está en riesgo la supervivencia de nuestro país y Europa. Está en riesgo también la vida de muchos millones de nuestros compatriotas que en esos territorios no comparten estas ideas totalitarias y que verían en riesgo la permanencia en su propia tierra. Hoy no hay mayores enemigos que Otegi y los suyos. Hoy no hay mayores enemigos que Torra y su recua. ¿Dejaremos que nos ganen por incompetencia?

César Antonio Molina es escritor, ex director del Instituto Cervantes, ex ministro de Cultura. Su último libro, Las democracias suicidas (Fórcola).

El PSOE secuestra al Congreso
Editorial ABC 17 Julio 2019

Sánchez tiene toda la culpa de que el Congreso no funcione ni siquiera bajo mínimos, hurtando a la oposición la capacidad de supervisar la acción del Gobierno y de denunciar sus abusos

La reunión ayer de la Mesa del Congreso volvió a poner de manifiesto la absoluta parálisis en que Pedro Sánchez y Meritxell Batet han decidido instalar a la Cámara Baja. Casi han transcurrido tres meses desde las elecciones y la posterior constitución del Congreso y, más allá del bloqueo para la investidura del líder socialista, la institución sigue sin actividad básica. Se acumulan algunas peticiones de comparecencia de ministros en funciones sin respuesta por parte del Ejecutivo, no se constituyen ni convocan las preceptivas comisiones parlamentarias, no se celebran sesiones de control, y Sánchez ha decidido no dar una sola explicación pública sobre el resultado de dos citas del Consejo Europeo, pese a que está obligado a ello. En cierto modo, el Congreso se ha convertido en el cortijo del PSOE. Más allá de este desprecio genérico al ciudadano manteniendo a los diputados con vacaciones forzadas, lo más grave es que Sánchez siga contradiciéndose a sí mismo con tanto desparpajo. Fue el PSOE quien en 2016 impugnó ante el TC la decisión de Rajoy de no comparecer en las sesiones de control mientras fuese presidente del Gobierno en funciones, y ahora, tras ganar ese recurso y hallarse en idénticas circunstancias, Sánchez calla e incurre exactamente en la misma conducta que reprochaba al líder del PP. El fallo del Constitucional fue taxativo al respecto, porque la situación de provisionalidad de un jefe del Ejecutivo no puede implicar en ningún caso que su labor deje de estar fiscalizada por la soberanía popular.

Sánchez puede no tener toda la culpa -aunque tiene bastante- por no lograr los votos necesarios para ser investido. Su tacticismo es evidente, y su pasividad e indolencia son totalmente premeditadas. Sin embargo, sí tiene toda la culpa de que el Congreso no funcione ni siquiera bajo mínimos, hurtando a la oposición la capacidad de supervisar la acción del Gobierno y de denunciar sus abusos. Eso sí, aún sin una actividad normalizada, los 350 diputados cobran religiosamente el sueldo público al que tienen derecho. Llama la atención que, en buena lógica, todo el foco mediático se dirija hacia las dificultades de Sánchez por arbolar una investidura solvente que le garantice una gobernabilidad duradera. Pero no por ello puede dejar de denunciarse la gravedad que tiene silenciar al Parlamento y apropiarse de él para hacer un uso partidista de las funciones que le atribuye la Constitución. Y menos aún, con una sentencia reciente, y dictada con toda la lógica de una democracia responsable, que deja muy claro que el margen de actuación de un Gobierno en funciones no es ni mucho menos absoluto, y que el poder ejecutivo debe someterse al legislativo en todo lo que esté legalmente previsto. Sánchez ha hecho ya méritos sobrados para ganar el premio de oportunista del año en nuestra deteriorada política.

Sánchez descontrolado
Manuel Marín ABC 17 Julio 2019

Cuando Mariano Rajoy disolvió las Cortes para convocar las elecciones generales de 2015, su Gobierno en funciones dejó de rendir cuentas al Congreso en las obligadas sesiones de control. Esa situación se prolongó diez meses, hasta octubre de 2016, cuando pudo ser de nuevo investido tras un periodo de crisis y parálisis institucional que había forzado la celebración de nuevos comicios en junio, tras la fallida investidura de Pedro Sánchez. Entre medias, y con el socialista Patxi López como fugaz presidente del Congreso, el PSOE planteó al Tribunal Constitucional un inédito «conflicto de atribuciones» que jamás se había tenido que dirimir en cuarenta años de democracia.

Al PSOE creía asistirle la razón cuando defendía que la actitud evasiva de Rajoy para no dar explicaciones en el Congreso era un desprecio abusivo a la democracia, una muestra de deslealtad hacia el poder legislativo, y una vulneración de la relación de confianza -incluso de sumisión- entre el Gobierno y la soberanía popular, rompiendo así el equilibrio de poderes inherente a nuestro sistema.

Y el PSOE tenía razón. Al menos, eso sentenció el Tribunal Constitucional en noviembre de 2018 para zanjar el enfrentamiento entre La Moncloa y el PSOE. Entre Rajoy y Sánchez. El TC lo decidió de forma unánime, sin fracturas ideológicas y con una exquisita dosis de sentido común porque, entre otros motivos, el hecho de que un Gobierno esté en funciones no implica que las Cortes, si se han constituido debidamente, lo estén también. Así, y aunque sea de modo excepcional, el Ejecutivo tiene la obligación de someterse a ese control de la ciudadanía.

Sin embargo, la de España parece una democracia inconstante, de ida y vuelta, de quita y pon, en la que la reversibilidad de los argumentos se produce con tanta falta de rubor como exceso de descaro. «La función de control que corresponde a las Cortes Generales está implícita en su carácter representativo y en la forma de gobierno parlamentario que establece el artículo 1.3 de la Constitución, no pudiendo negarse a las Cámaras todo ejercicio de la función de control, ya que con ello se afectaría al equilibrio de poderes previsto en nuestra Constitución», sostenía con nitidez el TC. Y añadía: «No se puede negar a las Cortes el ejercicio de la función de control que les atribuye el artículo 66.2 de la Constitución, basándose en que el Gobierno en funciones no desarrolla actividad, en la medida en que (…) sí sigue desarrollándola». ¿Más claro aún? «El menoscabo de esa función de control implicaría una limitación del derecho a ejercer la función parlamentaria (…) y del derecho de participación ciudadana».

Socialistas como Patxi López, promotor de este conflicto, o Rafael Simancas, lo celebraron. No era para menos tras haber doblado el pulso al PP con una sentencia novedosa y relevante. López culpó a Rajoy de haber provocado un «conflicto institucional grave». Y Simancas, de «vulnerar los derechos de los españoles representados en las Cortes». Pero hoy no consta que ninguno diga eso de Sánchez. Memoria corta y silencio administrativo en el partido descubridor del feminismo como monopolio exclusivo de una inanidad intelectual que ignora o manipula la historia. En esta España política en la que la incoherencia obsesiva y el oportunismo de pancarta se repiten como un mal gazpacho, hasta la hemeroteca ha dejado de ser relevante para retratar tanto desahogo.

Ciudadanos en Cataluña
Emilio Campmany  Libertad Digital 17 Julio 2019

Anuncian los oráculos que Ciudadanos dejará de ser primera fuerza en Cataluña. No sólo, sino que dejará también de ser el primer partido no independentista en favor de ese profesional de la traición que es el PSC. La inclinación natural del analista es explicar la prevista debacle con la huida de Arrimadas. No es esa la causa principal.

La clave la tiene el electorado socialista en Cataluña, que se nutre de la emigración andaluza y extremeña. Este electorado se entusiasmó con Felipe González. Y le dio, junto a otros españoles y a pesar de la ineficacia, la corrupción y el terrorismo de Estado, cuatro legislaturas que transformaron la España de la Transición en lo que es hoy, una sociedad mucho menos libre. Ese mismo electorado fue crucial en la victoria de Zapatero en 2008. ¿Por qué? Porque ese electorado de emigrantes e hijos de emigrantes es socialista para bien o para mal y está convencido, como lo estaba el andaluz, de que el PSOE siempre es la mejor opción para sus supuestos intereses de clase. Por eso en las autonómicas, donde creían que no se jugaban tanto, tendían a abstenerse. Hasta que llegaron las elecciones convocadas por Rajoy bajo la autoridad del 155. Entonces castigaron la traición del PSC, de la que absolvían al PSOE, votando a Ciudadanos. Lo hicieron convencidos de que era una escisión españolista del PSC. Cuando llegaron las generales, volvieron a votar al PSOE, no sólo porque no le hacen responsable de nada, sino porque Ciudadanos se presentó como partido de centro-derecha, algo que ellos jamás respaldarán en las urnas.

Ahora que se vislumbra una convocatoria de elecciones autonómicas en Cataluña, ese electorado, que habitualmente se abstenía y sólo votaba en las generales, puede haberse acostumbrado a acudir a las urnas autonómicas, pero no volverá a apoyar a Ciudadanos. Porque es un partido de derechas, desde luego, pero también porque el PSC les ha convencido de que tiene un plan infalible para sacar a su región de la crisis en la que la metió el independentismo.

Todo sería razonable si fuera verdad. Para empezar, el PSC y el PSOE son los principales responsables, con diferencia, de la crisis catalana, que se inició con el empeño de Zapatero en aprobar un estatuto inconstitucional con el objetivo de que la sociedad catalana entera se enemistara con el PP. En segundo lugar, el PSC no tiene ningún plan. El único que hay es encontrar el modo de transformar España en una confederación de naciones para que Cataluña pueda sentirse cómoda en ella. Algo que, sabemos por experiencia, tan sólo servirá para deshacer nuestra nación sin conseguir a cambio que los independentistas experimenten ningún confort.

El electorado del PSOE andaluz se dio finalmente cuenta de que el pesebre no trae más que miseria. Ahora hay que esperar a que el electorado socialista catalán se dé cuenta de que es el PSC quien controla al PSOE y no al revés y de que los socialistas catalanes son la herramienta indispensable con la que el nacionalismo catalán hace que los españoles, emigrantes o no, sean allí extranjeros. Algún día lo verán.

La SER quiere curar a los votantes de Vox
Pablo Molina  Libertad Digital 17 Julio 2019

La repugnancia instintiva a los medios del Grupo Prisa no nos impide hacer catas periódicas, si bien involuntarias, para comprobar el punto exacto de cocción de la papilla progre que sirven diariamente a su boyante clientela.

Es lo que ocurre cuando estás en una sala de espera y en lugar del hilo musical suena la cadena SER, que debe de ser una especie de táctica de marketing inverso de algunos negocios para macerar al cliente y bajarle las defensas antes de mostrarle la factura.

En la tarde de este lunes el tema era la ideología de género, un asunto central del que depende la supervivencia de nuestro sistema democrático (Eduardo Madina dixit) y que, como todo el mundo sabe, sufre la amenaza neofascista de Vox. Las preguntas a la experta en igualdad y diversidad afectivo-sexual invitada a la tertulia no dejaban mucho margen a la duda sobre qué piensan en esa cadena, más que sobre el concepto abstracto de la igualdad entre los sexos, sobre la salud mental de los que votan a Abascal. "¿Cómo podemos ayudar a los que votan a la ultraderecha, doctora?", fue por ejemplo una de las preguntas que le espetaron a la pobre académica, que no sabía por dónde salir para no dar por buena la premisa fijada de inicio en la entrevista, según la cual las violaciones y, en general, las agresiones a las mujeres y a los homosexuales son consecuencia del éxito electoral de Vox.

También sacaron a relucir un mensaje del arzobispo de Burgos, fechado a comienzos de 2017, en el marco del proceso de beatificación de una joven de la localidad que fue violada y asesinada por el llamado Violador del Ascensor. El titular de El País que su emisora hermana traía a colación rezaba lo siguiente: "El arzobispo de Burgos pide a las víctimas de violación que se resistan ‘hasta la muerte’ por la castidad". La realidad, como casi siempre en el Grupo Prisa, es completamente distinta. El jefe de la Iglesia en Burgos no pedía nada a las mujeres que están siendo violadas; se limitó a señalar el heroísmo de una víctima católica en su lucha contra el asesino con estas palabras tan emotivas como razonables:

Marta también es un estímulo para vivir todas las virtudes cristianas que ella fue descubriendo: la alegría, el servicio, la entrega… Pero, en especial, la grandeza de la castidad, como se hace visible cuando resiste y lucha hasta morir asesinada por defenderla.

Sin embargo, para la cadena SER, las palabras del arzobispo burgalés "no ayudan" en la lucha contra el machismo. En cambio, sí deben de ayudar, y mucho, párrafos como éste que el mismo diario progresista publicó en sus páginas sobre el asesinato de una monja a manos de una manada de asesinos frentepopulistas:

¿Imaginan el goce que sentiría al caer en manos de una patrulla de milicianos jóvenes, armados y –¡mmm!– sudorosos? En 1974, al morir en su cama, recordaría con placer inefable aquel intenso desprecio, fuente de la suprema perfección.

Antes de terminar el programa, y dentro de una de estas secciones típicamente veraniegas para rellenar huecos, hicieron un repaso a esos sustitutos ocasionales que acabaron superando de lejos a los titulares a los que reemplazaron. Entre ellos destacaron el caso del grupo musical Olé Olé, cuando Marta Sánchez relevó a Vicky Larraz como vocalista. Uno de los presentes resumió la dimensión eminentemente feminista de la cadena afirmando que no podía opinar sobre la calidad vocal de la sustituta, pero de lo demás jejeje.

Esa risita es maravillosa, porque nos permite fijar las coordenadas precisas de la relación intelectual del Grupo Prisa con sus clientes. Son tan majaderos que ahora también pretenden curar a los votantes de Vox de su enfermedad. Más les valdría buscar con urgencia un equipo eficiente de psicólogos para que los ayuden a ellos a salir de esa secta a través de una profunda desprogramación.

La campaña de limpieza lingüística de Colau
Santiago Trancón Pérez  Libertad Digital 17 Julio 2019

El Ayuntamiento de Colau, con el dinero de todos, ha editado una Guía de comunicación inclusiva para construir un mundo más igualitario. ¡77.000 copias, 28 páginas, exclusivas, deslumbrantes, esperpénticas! Compendio de escupitajos al diccionario, patadas a la gramática, coces a la semántica. Gran meada, riego por aspersión sobre el asfalto sintáctico, de pie, al estilo de la Colau rompeaguas, activista. Cundirá el ejemplo. Veremos a los ayuntamientos del recambio imitar la proeza. Preparen el cerebro, embalsamen la lengua, hagan ejercicios de contención gutural. Llega la redención lingüística. Acicalados, almidonados, hipervigilantes para que no se nos escape ni un suspiro fuera de catálogo. Progresísimos, ciudadanos concienciados aportando nuestro granito de alpiste al canario de la empatía, la tolerancia, el abrazo inclusivo: llega la epifanía, todos a comulgar, a fundir nuestros corazones y a luchar contra la xenofobia, la lgtbiq+fobia, la canariofobia, la imperiofobia.

Lo que más me sorprende no sé si es la becerril ignorancia que sus promotores manifiestan, o la cabestril arrogancia con que la nueva clerigalla retroprogre impone su catecismo, establece normas y extiende su legaña vigilante sobre la sociedad. Su obsesión de control y dominio sobre cuerpos, mentes y lenguas, es lo más parecido a la tiranía de los ayatolás. Está claro que cuanto más irracional, cuanto más contraria al sentido común, mayor impacto (temor, respeto) produce una norma totalitaria.

La lengua es un bien común, propiedad de todos los hablantes. Nadie es dueño de ella, nadie puede imponer sus propias normas. Las normas son convenciones que nacen del uso, y el uso de la interrelación y la necesidad comunicativa. La lengua es el resultado de la creatividad colectiva y responde a leyes naturales, como son la claridad, la economía, la eficacia, el establecimiento de vínculos emocionales, la espontaneidad. Evoluciona de modo natural en función de nuevas necesidades comunicativas, ya sea por un mejor conocimiento del mundo, la aparición de nuevas realidades, nuevos valores y estímulos. Las normas estabilizan los usos más frecuentes y comunes, pero no imponen ni inventan nada.

El poder político nada tiene que hacer ni decir, ni mandar ni prohibir, ni meter la mano, la pata o la lengua en el uso que los hablantes hacen libremente de una lengua; es un terrero totalmente ajeno a las funciones que podemos exigirle al Estado. El conocimiento de la lengua común y oficial es un derecho individual que el Estado debe asegurar, pero eso nada tiene que ver con el funcionamiento y uso de esa lengua. El Estado no es dueño de ninguna lengua ni puede intervenir en sus normas internas y usos.

Las Colau, con cretina soberbia, quieren imponer un modo de hablar, de entonar, de gesticular y de definir las palabras de acuerdo a una ideología obtusa, ovejuna, que consideran superior, oponiéndose a lo que los hablantes han construido y construyen libremente cada día con la lengua que utilizan. El lenguaje se rige por un principio democrático: prevalece lo que la mayoría quiere. Pretender torcer y retorcer esa voluntad es lo más antidemocrático que podamos imaginar, porque afecta a la vida diaria de todos (la vida interior y la vida social: vivir es hablar, consigo mismo y con los otros). Imponer desde el púlpito institucional un modo de hablar y de pensar, mojigato y pedante, es algo tan clasista que espanta comprobar el grado de degeneración mental y moral al que puede llegar esta secta.

Además, si analizamos la alternativa que ofrecen para desterrar los términos reprobados (patriarcales, machistas, xenófobos...) resulta muchas veces más ofensiva y excluyente que lo que pretende erradicar. He aquí unos ejemplos. Nos proponen que no llamemos a nadie "negro", sino "persona negra" o "persona racializada"; no "abuelo o abuela", sino "persona mayor"; no "discapacitado", sino "persona en situación de discapacidad"; no "cojo", sino "persona con movilidad reducida"; no "ciego", sino "persona con ceguera" (que desaparezca la ONCE, por machista); no "esquizofrénico", sino "persona con un trastorno de esquizofrenia"; no "bipolar", sino "voluble"; no "estoy depre", sino "tengo un día triste", etc. ¡Dicen que así defienden a los "colectivos vulnerabilizados"!

Esta neolengua cursi acaba haciendo más visible aquello que pretende negar, como cuando en lugar del "vete a tomar por el culo" nos propone un "vete a freír espárragos", estigmatizando aún más el sexo anal que es precisamente una legítima reivindicación homosexual. Todo sigue la misma senda del disparate. "Somos personas plurales", "una persona se puede definir por múltiples ejes", y "estos ejes identitarios nunca deben jerarquizarse unos por encima de otros". Esto supone que cuando nos dirijamos a una persona debemos nombrarla a partir de todos sus ejes. Por ejemplo, a un senegalés deprimido y con muletas, debemos tratarle como "persona racializada con movilidad reducida que tiene un día triste". Y sin jerarquizar los ejes para que no se caiga.

Si no actuamos así, con esta delicadeza sintáctica, es como "consecuencia de la colonialidad y el racismo". Pero hay más: no debemos decir "terrorismo yihadista o islámico", sino de al Qaeda, el Daesh... Nada que ver con el islam, ni Mahoma, ni el Corán... Hay que partir el terrorismo por el eje para no confundir los ejes de la carreta. Ya cantó Atahualpa: "Porque no engraso los ejes, me llaman abandonao"...

Y no digas que vas "al paki, al badulaque o al chino"... ¡sino al supermercado! Identificar a alguien sólo por el eje del origen es rebajar su dignidad. Eso huele a racismo. Porque, además, no puedes llamar a nadie "inmigrante ilegal", porque "ninguna persona es ilegal", lo mismo que "no hay nadie normal, todo el mundo es diferente", así que no te ofendas cuando alguien te diga que no eres normal, tío-tía. Tampoco digas "trabajar como un negro", aunque la expresión nazca precisamente de denunciar el trabajo esclavizante de los negros. Y lo de "moros en la costa"... ¡vade retro, Satanás, que son personas del Magreb! Y no se te ocurra decir "mi mujer o mi esposa", sino "mi pareja o mi cónyuge".

Pero la guía municipal va más allá: no presupongas nunca "que una persona con cuerpo de macho se identificará como hombre y tendrá comportamientos 'masculinos', y una persona con cuerpo de hembra se identificará como mujer y tendrá comportamiento 'femenino'. Además, (tampoco) consideres que los hombres y las mujeres son complementarios y se atraen sexualmente", porque "esta cuestión es mucho más compleja". O sea, cuando veas a una persona piensa que es un marciano sin sexo y espera a que él-ella-ello te diga cuál es la preferencia sexual que le-la-lo define. Y si ves a un toro, no mires qué le cuelga entre las piernas, porque la naturaleza se equivoca muchas veces. En todo caso, si ves a un niño, piensa que es una niña, y viceversa; o mejor, no pienses nada, déjale ser lgtbiq+, que él elija su camino sin interferencias morfosintácticas heteropatriarcales.

Y un pasito más. Si ves llorar a una niña, no pienses que llora como una niña, ni se te pase semejante barbaridad por la cabeza; piensa que él-ella-ello "llora como quiere" (sic, no me la invento). Y aprende biología: "hermafroditas son los caracoles", nunca los humanos, que son "intersexuales"; y si alguien se opera y cambia de sexo, no digas que ha realizado un "cambio de sexo, sino una afirmación de género". Y a las personas que están de acuerdo con el género que se le asignó al nacer, no les llames hombre, mujer o heterosexual, sino, de ahora en adelante, "una persona cisgénero", neologismo inventado por un alemán que en español suena a lo que a uno le apetece hacer al oír semejantes chorradas.

(Y digo yo, ¿Valls se habrá enterado de esto (o de algo)? No, hombre, esto son minucias, cosa de plebeyos).

Argucias para seguir cobrando en agosto
 OKDIARIO 17 Julio 2019

Según el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del pasado mes de junio, los políticos se consolidan como el segundo problema de los españoles, sólo superado por el desempleo. Si a la situación de parálisis que vivimos se le añaden hechos como los que señalamos en la noticia de hoy, no cabría descartar que esta preocupación de los ciudadanos acabe ocupando el primer puesto.

Constituir las comisiones parlamentarias para que éstas comiencen a rodar en pleno agosto, cuando la situación de atonía institucional es total y absoluta, sólo tendrá una consecuencia práctica: el desembolso de más de un millón de euros en pluses para sus señorías, además de su sueldo. No habrá nadie trabajando en el hemiciclo, así que los complementos salariales no se otorgarán en función de ningún trabajo real. En este sentido, es de justicia reconocer el sentido común de la propuesta de Vox, en la que pidió en la Junta de Portavoces que los integrantes de las nuevas comisiones no cobren los complementos salariales hasta el mes de septiembre, que es cuando las tareas se comienzan a realizar.

A quien, en cambio, se le ha visto el interés crematístico ha sido al senador Manuel Cruz, del PSOE, que ha luchado, y finalmente conseguido, que todas las comisiones estén constituidas a la vez el 31 de julio, independientemente de que haya o no un nuevo gobierno. Como es evidente que no lo habrá, se entiende la preocupación expresada con anterioridad por parte de Partido Popular, Ciudadanos y Vox de que poner en marcha las comisiones para antes de las vacaciones podría generar un escándalo en la opinión pública. Efectivamente, está siendo así. España lleva desde 2015 instalada en la anomalía política permanente. Se necesita cuanto antes que la política vuelva a ser un factor de estabilidad y de ejemplaridad. Gestos como los señalados constituyen un caso de lo contrario; sólo contribuyen a aumentar la desafección de los españoles hacia las instituciones.

¿Es España una nación? ¿Puede hundirse?
Pío Moa Gaceta.es 17 Julio 2019

Los Mitos Del Franquismo (Historia)La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)

El franquismo fue, como todos, un régimen de partidos, aunque se llamaran “familias”. Y, como en todos los regímenes, las rivalidades entre ellos podían resultar muy peligrosas. Aquí se explican algunos aspectos clave de la cuestión, a menudo tan mal entendida https://www.youtube.com/watch?v=9CU7pgIaARE
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Así, con todas sus variedades internas, no mayores que las de otros muchos países, España ha sido, insistamos en ello, una entidad política y cultural más estable y sostenida que casi cualquier otra europea. Pero, ¿constituye por ello una nación? Las discusiones en torno al concepto de nación han hecho correr ríos de tinta, nacidos a menudo en Bizancio. Para evitar discusiones vanas, expondré mi concepto de nación con el que creo estará de acuerdo la mayoría: una nación es una comunidad cultural aceptablemente homogénea (lengua, tradiciones, costumbres, formas de derecho, religión, etc., que generan sentimientos de unidad e identificación entre sus individuos), discernible de las vecinas, y dotada de un estado. Si no hay estado, no hay nación, y si un estado se impone sobre diversas comunidades culturales, no es nacional, sino, por lo común, imperial. A veces se habla de “naciones culturales” (yo mismo lo he hecho) lo que solo embrolla la cuestión, ya que el estado es elemento imprescindible de la nación. Según este concepto, España es sin duda una nación, y una de las de más prolongada historia en Europa.

La cuestión tiene enjundia más allá de las connotaciones emocionales o de orgullo, porque desde el siglo XIX las doctrinas nacionalistas atribuyen a la nación una dignidad especial, por residir en ella (en el “pueblo”) la soberanía; de ahí, por ejemplo, la llamada autodeterminación, según la cual toda comunidad cultural tendría derecho a dotarse de un estado propio. Pero conviene distinguir entre nación y nacionalismo, cosa que a menudo no se hace. La nación es muy anterior al nacionalismo. Este nace con la Revolución francesa y extiende como un concepto político y un derecho lo que en la historia se ha desarrollado espontáneamente como particularidad mucho más antigua en algunas comunidades. De la confusión entre nación y nacionalismo surge, por ejemplo, el equívoco de que la nación española es fundada en 1812 por la Constitución de Cádiz (España sería así una especie de creación francesa): lo que se funda entonces en España es el nacionalismo (doctrina de la soberanía nacional) sobre la base de una nación preexistente de muy atrás.

Ahora bien, establecida la doctrina, el nacionalismo ha funcionado después como un instrumento para crear nuevas naciones, es decir, para dotar de estado a comunidades antes inmersas en un estado imperial o divididas entre varios de ellos. De este modo, el nacionalismo ha disgregado en los siglos XIX y XX a los antiguos imperios europeos, creando numerosas naciones nuevas. A su vez, los nuevos estados han reaccionado sobre su base democultural, “nacionalizándola” al máximo es decir, reforzando aquellos rasgos que considera distintivos e inventando o añadiendo nuevas tradiciones a las más antiguas. Por otra parte, las comunidades culturales nunca se diferencian radicalmente de las vecinas, así las europeas tienen en común un vínculo tan poderoso como el cristianismo, que corrientes contrarias, en especial el marxismo, no han logrado erradicar; o basta considerar las considerables interinfluencias de todo tipo entre España y Francia o entre Francia y Alemania, etc.

El doble fenómeno de las interinfluencias y de la capacidad “nacionalizadora” de los estados, ha llevado a menudo a concluir que las naciones son realmente creaciones del estado. Ciertamente esto puede aceptarse para las nuevas naciones procedentes de la descolonización sobre territorios sin estado previo ni comunidades culturales muy definidas; pero es obvio que el proceso histórico ha sido el inverso. Los estados no nacen de la nada para crear naciones, idea poco razonable. La historia indica que los estados surgen y se apoyan en comunidades culturales y a menudo genéticas. Si se limitan a dichas comunidades hablaremos de estados nacionales. Si desde esa base se imponen sobre otras comunidades o naciones previas, hablamos de estados imperiales (más raramente hay confederaciones, pero en ellas alguna de las comunidades lleva la voz cantante). Así, a lo largo de la llamada Edad Media (Edades de Supervivencia y Asentamiento) se formaron dos Europas, la de las naciones en el extremo oeste y la de los imperios en el centro y este del continente, hasta la descomposición total o parcial de estos últimos en los siglos XIX y XX.

No creo que estas concepciones merezcan mucha discusión pues, como digo, saltan demasiado a la vista, aunque puedan ser oscurecidas y de hecho lo sean a menudo con consideraciones a menudo arbitrarias y ahistóricas.
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Cuando hablamos de España, por tanto, no nos referimos solo a un ámbito geográfico sino, ante todo, a una entidad cultural y política conjunta, con diferencias regionales secundarias. Su carácter de nación no ha surgido de un nacionalismo previo ni de un “derecho de autodeterminación”, sino que se ha ido configurando de forma espontánea en un proceso de siglos y venciendo a veces obstáculos enormes que pudieron causar su desaparición. Por tanto, tiene un origen claramente delimitado en el tiempo (no la “España eterna” a veces mentada): como comunidad cultural se formó a partir de la invasión romana en la II Guerra Púnica, hacia el siglo III antes de Cristo y en un largo proceso de seis siglos, que extendió el latín, el derecho, numerosas actitudes, costumbres y técnicas, así como a partir de una época, la religión cristiana. Antes, Hispania, existía solo como una denominación geográfica en la que vivían poblaciones muy diversas, agrupadas convencionalmente como íberos y celtas. No había un país como entidad cultural y menos aún política, ya que sus numerosos pueblos, con frecuencia enfrentados entre sí, tenían lenguas, costumbres y religiones muy diversas y de orígenes distintos, y se habrían sentido tan sorprendidos de ser llamados españoles como los germanos o los celtas de llamarse “europeos”. Cuando se habla, como Sánchez Albornoz, de la gran dificultad que tuvieron los romanos para dominar España, debe entenderse el aserto desde el punto de vista geográfico. Desde el punto de vista cultural-político no existía tal España.

La colonización latina tuvo efectos decisivos en todos los aspectos: cuando cayó el Imperio romano, no solo la cultura sino la genética de la población había cambiado profundamente por las mezclas derivadas de las migraciones internas, la milicia o el comercio. Los distintos pueblos agrupados en íberos y celtas eran cosa del pasado, y seguramente solo en las agrestes montañas del norte pervivían núcleos de población más o menos aislados y poco latinizados. Esta transformación ha sido la más crucial para la historia posterior del país, pues sus efectos perviven plenamente en la actualidad. La impronta latina en España demostró su profundidad al ser capaz de revertir las consecuencias de la invasión árabe-bereber en el siglo VIII, al contrario de lo ocurrido en el norte de África, donde una floreciente cultura latino-cristiana quedó definitivamente arruinada hasta nuestros días. Creo que este punto no admite discusión en sus líneas generales, aunque sí matizaciones, como es natural.

España no era entonces una nación, por carecer de estado, pero sí ya una comunidad cultural conjunta, bastante homogénea, integrada en el Imperio romano aunque con rasgos particulares. Por ello debemos diferenciar la historia de España propiamente dicha, que empezaría con la II Guerra Púnica (y lo mismo la historia de Europa, como he sostenido en Nueva historia de España) de la de los pueblos asentados en Iberia, sean los anteriores a Roma o los posteriores ajenos a dicha base cultural, como los árabes y magrebíes. Historias interesantes pero, en rigor, no historia de España.

No solo ha pervivido la transformación cultural, sino también la genética (o racial, en un sentido no ideológico) legada por Roma sobre la base de las poblaciones anteriores: ninguna de las inmigraciones posteriores (germanos, árabes y bereberes, sobre todo, también de otros orígenes, en especial franceses) debió de superar el 5%, como mucho el 10% de la población configurada bajo el Imperio romano. Dejo de lado lo que Sánchez Albornoz llama herencia temperamental que se habría mantenido desde la época prerromana, porque, si bien debe de tener algo de cierto, resulta un tanto evanescente y especulativa frente a los datos culturales y políticos, más precisables, implicados normalmente cuando hablamos de historia.

Y fue sobre esta base cultural sobre la que se configuró, en el último tercio del siglo VI después de Cristo, el primer estado propiamente español, es decir, la nación española. Fue una creación de los visigodos en combinación con las autoridades hispanorromanas, pero no un estado germánico, sino esencialmente latino y con ambición definida de incluir en él a toda Hispania. De época algo anterior suele datarse la creación de la nación francesa, pero tiene interés señalar la dinámica contraria de esta y de la nación española: en Francia las tendencias dispersivas fueron muy intensas, con constantes divisiones y guerras entre reinos, mientras que la dinámica española fue la contraria, de una tenaz y en general exitosa unificación.

La cuestión de si puede ser llamado “español” el reino visigodo ha originado controversias no muy fundadas. Podría considerársele una superestructura foránea si no fuera porque solo tuvo tal carácter en su primera etapa, cuando los godos eran uno de tantos pueblos errantes que se imponían sobre un territorio durante un tiempo para abandonarlo, por presiones exteriores u otras causas, y establecerse en otro lugar, sin ligarse con las poblaciones autóctonas. A partir de Leovigildo ello no fue así: su estado se concibió como hispanogodo, y el afincamiento y progresiva disolución de los godos en España fueron definitivos. España era ya una nación –no una mera comunidad cultural–, con sentimientos nacionales explícitos y voluntad de asentamiento definitivo en la península. Es más, sin esa nación habría sido imposible la posterior dinámica de reconstrucción de España después de la conquista árabe.

Es interesante comprobar cómo la invasión islámica pudo causar una definitiva división o balcanización de España en varias naciones, debido a que, por imperativo de las circunstancias, los núcleos de resistencia al Islam nacieron y se desarrollaron en considerable aislamiento unos de otros, creando toda suerte de particularidades e intereses que podrían haber concluido en un mosaico parecido al de los Balcanes. Esa tendencia tenía todas las de ganar en principio, porque materialmente eran las más fuertes. Sin embargo, al lado de las tendencias particularistas se mantuvo todo el tiempo una tensión unitaria en pro de la “recuperación de España”, que poco a poco fue imponiéndose y hasta lograr rehacer la unidad de la nación, salvo Portugal. De entonces acá, las fuerzas unificadoras han prevalecido siempre sobre las disgregadoras, de modo que España ha continuado básicamente igual a la de los Reyes Católicos.
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Naturalmente, la antigüedad de una institución histórica, aunque prueba de solidez, no garantiza su pervivencia, y hoy vemos a la nación española sometida a muy fuertes tiranteces que por un lado intentan disgregarla y por otro disolverla como nación en una entidad “europea”: secesionismo y europeísmo. Por una parte tenemos ejemplos de comunidades culturales divididas en varias naciones, como ocurre con Austria y Alemania o con Francia y la Bélgica valona; Rusia y Ucrania o Bielorrusia serían un caso semejante, incluso –solo hasta cierto punto– España y Portugal. En un pasado muy reciente hemos visto la descomposición de Yugoslavia pese a que las semejanzas culturales entre sus actuales estados son en principio mayores que sus diferencias, y observamos en Italia algunas tendencias semejantes, aunque de menor impulso. Por otra parte, la llamada Unión Europea está socavando lenta pero sistemáticamente, la soberanía de numerosas naciones de Europa. ¿Podrá resistir España la doble tensión?

Creo que la disgregación, combinada con la disolución de España no son posibilidades descartables, porque un tercer e imprescindible factor de nacionalidad, además de la comunidad cultural y el estado, es la voluntad de una parte suficiente de una población de permanecer como nación unida. Como hemos visto, la voluntad reunificadora fue imponiéndose en la Reconquista –con la excepción de Portugal—a poderosas tendencias contrarias y desde entonces ha mantenido a España como nación. Pero desde hace tres decenios se percibe un aumento de la voluntad disgregadora y una especie de desfallecimiento de la voluntad integradora, que a menudo opta, en una especie de huida hacia delante, por la disolución en una amalgama sin la menor base histórica como es la Unión Europea, que quizá nunca debió pasar de Mercado común. Sin duda España sufre hoy una prolongada crisis nacional –unida a otras crisis—, a la que me he referido en el capítulo anterior, y la puesta en cuestión del carácter nacional de España, incluso por las más altas jerarquías del estado, es una manifestación más, y muy aguda, de tal crisis. Su origen inmediato está en la forma como se hizo la necesaria transición democrática a partir de Suárez, y que he procurado explicar en La Transición de cristal. El país emergió del franquismo con una considerable salud social, la mayor y más sostenida prosperidad de su historia y sobre todo libre de los odios que habían hundido la república y conducido a la Guerra Civil. Sin embargo, a partir de la reforma de Suárez, las tendencias disgregadoras por una parte y disolutorias por otra, no han cesado de reforzarse, a menudo en alianza de hecho o de derecho con el terrorismo. En algunas regiones, especialmente en Vascongadas y Cataluña, han ido cobrando fuerza tendencias separatistas que exaltan las diferencias regionales por encima de los rasgos comunes y de la unidad histórica de siglos, y proclaman su deseo de disgregar España convirtiendo a las regiones en nuevas naciones, mientras el país ha ido perdiendo soberanía en un proceso sistemático. Es decir, nuestra época presenta a España desafíos muy graves, que afectan a su propia supervivencia.

Pero el problema tiene un origen muy anterior a la Transición y perfectamente datable: el llamado “Desastre del98”a finales del siglo XIX, por lo que debemos examinarlo en capítulo aparte. De la convulsión moral e ideológica de aquella fecha parten los movimientos secesionistas y totalitarios marxistas y anarquistas, muy violentos, que a su vez convulsionaron a España dando lugar a la ruina del régimen liberal de la Restauración, resuelta provisionalmente con la dictadura de Primo de Rivera, para hundirse después en una república epiléptica y cargada de odios, hundida a su vez por el proceso revolucionario del Frente Popular y por la Guerra Civil. La era de Franco permitió olvidar los viejos odios y trajo el mayor progreso material vivido por España en siglos, lo que facilitó una transición democrática en la que los viejos problemas parecían superados. Sin embargo han ido resurgiendo poco a poco, unidos a la desvaloración del pasado y la cultura hispanas, o más bien basados en esa desvaloración, y sin encontrar la oposición debida hasta la difícil crisis actual. Porque si no se conforma una fuerte voluntad integradora y nacional, las perspectivas son de disgregación o de disolución de una nación que durante siglos ha resistido las más difíciles pruebas.

El joven condenado por matar a un ladrón sí acepta los más de 110.000 euros recaudados por Vox
Fuentes cercanas a la familia de Borja explican a 'Vozpópuli' que el joven "no quería recibir el dinero" de la formación de Santiago Abascal por su deseo de permanecer en el anonimato. Sin embargo, ha terminado aceptando "porque no tienen dinero para afrontar esa multa"
Marina Alías VZ 17 Julio 2019

El joven que provocó la muerte de un ladrón en Málaga tras un forcejeo, y que se enfrenta a una multa de 180.000 euros si quiere evitar entrar en prisión, ha terminado aceptando los más de 110.000 euros recaudados por Vox a través de una campaña de crowdfunding.

Fuentes cercanas a la familia de Borja aseguran a Vozpópuli que, en un principio, no quería recibir la cuantía recaudada por Vox por su deseo de permanecer en el anonimato, pero han decidido recibirlo porque "no tienen dinero" para afrontar la multa. La Ley excluye expresamente la responsabilidad civil del indulto, por lo que, si fuera indultado -como también han solicitado los de Abascal-, se le perdonaría la cárcel, pero no la multa impuesta.

Tras conocer la decisión final de la familia, que no se ha dado a conocer hasta este mediodía según ha podido constatar este diario, Vox ha señalado a través de un comunicado que "en las próximas 48 horas, para dar tiempo a que lleguen las transferencias ordenadas, se ingresará en la cuenta de consignación del Juzgado la cantidad total recaudada". Más de 110.000 euros.
Más de 5.300 donaciones

Según el partido, la cuantía proviene de 5384 donaciones, lo que genera una media por donación de 20,43 euros. "Hay más de un centenar de donaciones de 1 euro (quizá pruebas) y entre los donantes hay ciudadanos de las 52 provincias españolas", especifican.

Borja y su abogado han agradecido a todos los donantes su generosidad y a Vox la 'actuación ágil y eficaz'", defienden desde el partido

"Borja ha querido agradecer a quienes, a través de la iniciativa puesta en marcha por Vox, le han ayudado con esta deuda. Abrumado por el resultado de la iniciativa -todas las previsiones superadas- y temeroso de que pareciera que quería lucrarse, pidió que se cerrara la recaudación en un plazo razonable -las 24.00 horas del martes- y hacerse cargo de la parte restante de la multa impuesta", insisten en Vox.

"Borja y su abogado han agradecido a todos los donantes su generosidad y a Vox la 'actuación ágil y eficaz'", aclaran desde el partido. Sobre las informaciones en las que se afirmaba que el abogado había dicho que el joven no quería el dinero, Vox considera que "es una vergüenza cómo se ha tergiversado por algunos medios esta acción canalizada por la formación, pero cuyo mérito está en todos y cada uno de los ciudadanos que han hecho su donación".

Delito de homicidio con imprudencia grave
En declaraciones a Europa Press, el abogado del joven, Alfredo Herrera, señaló que no va a solicitar el indulto porque considera que su actuación fue correcta y esta petición supone la asunción de condena. Sí se ha presentado ante el Constitucional un recurso de amparo en el que alega falta de tutela judicial efectiva porque no se contestan las preguntas que planteaba la defensa y presunción de inocencia.

El Juzgado ya había dictado la orden de ingreso en prisión al considerar el dinero depositado hasta ahora insuficiente, pero Herrera recurrió esta orden. Vox confía "en que este ingreso de más de 110.000 euros se juzgue suficiente y evite su ingreso en prisión".

El joven fue condenado a dos años de cárcel y a 180.000 euros de indemnización por homicidio imprudente grave al considerar el juez acreditada la agresión, consistente en dos puñetazos, y el posterior abandono del lugar despreocupándose "del estado del agredido sin dar cuenta a la autoridad policial o sanitaria" que acudió al lugar.

La Fiscalía coincide con Vox y se muestra a favor de suspender la pena de prisión de Borja

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Sin frenos: un Gobierno sin escrúpulos para una España sin memoria
Daniel Ortiz esdiario 17 Julio 2019

¿Se acuerda alguien del flagrante plagio de la tesis de Pedro Sánchez? La indiferencia ante ese hecho o los pactos hasta con Bildu define el momento actual de España.

Los métodos de este Gobierno que sufrimos en España -la media España que se resiste a morir- son de un descaro escalofriante. La ausencia total de límites morales, la mentira descarada, la ignorancia consciente de la más básica estética pública son signos evidentes la psicopatía política de los pupilos de Iván Redondo.

Estamos en manos de unos tipos entrenados para la televisión. De unos medios de comunicación poco dispuestos a hacer frente a la apisonadora del poder y sin una oposición que sea lo suficientemente vehemente cuando la cuestión lo merece.

Toda la formación exitosa de Pedro Sánchez y de Carmen Calvo se reduce a la destinada a seducir a su público. La imagen lo es todo en este siglo. Da igual que cualquier persona medianamente leída se dé cuenta de que Presidente y Vicepresidenta son, en lo esencial, analfabetos funcionales -lo que da una idea del estado de la Universidad española, pues ambos tienen el título de doctor-. La factoría socialista siempre está dispuesta a tapar con una sonrisa el mayor de los escándalos.

No es que en la casi siempre vergonzosa historia del PSOE no haya habido malvados, ignorantes inmorales y amorales de todo tipo. Siempre los hubo; conviviendo en las filas junto a figuras honorables dignas de respeto, como Besteiro o los Múgica.

No. Estamos en otro nivel. Se trata de que las personas que en estos momentos tienen España en su poder carecen del más mínimo escrúpulo, cuando no, hacen gala de su hipocresía de una manera descarada. Sin el menor rubor.

Ni ética ni estética
En el pasado, las normas de la ética y de la estética, y un elemental respeto por los electores exigían, al menos de cara a la galería, un mínimo decoro. Como no calificar de extrema derecha a la oposición, o como no entregar a los nacionalistas vascos -siempre una minoría- el gobierno o la gobernabilidad de Navarra. Ahora mismo, la llave de ese gobierno no es que esté en manos de los nacionalistas, no. Está en manos del brazo político de los terroristas. Ni más, ni menos.

Pero no pueden decirnos que no nos advirtieron: fíjense de la manera tan vergonzosa en la que la opinión pública ha ido difuminando el hecho de que la tesis doctoral del Presidente es un plagio flagrante. Ni rastro de las querellas anunciadas a los medios que publicaron aquella información veraz: el miedo a que por turno corresponda un juez imparcial y aprecie la más que probable «exceptio veritatis» es insuperable.

Sánchez impide a La Moncloa que identifique al autor del comunicado falso para maquillar el plagio de su tesis

Ahora bien, lo más obsceno de Sánchez no es el plagio, siéndolo bastante. Ni las amenazas con acciones legales que jamás se ejercerán. No. Lo más sangrante es que fue precisamente ese el ejemplo que le puso a Rajoy, en el debate de la moción de censura, para el nivel ético de las dimisiones en Alemania: el plagio total o parcial de una tesis doctoral.

Votamos sabiéndolo
Todo esto lo conocíamos antes de las pasadas elecciones generales. Como también es de dominio público el hecho de que sin los golpistas -los que saltándose la Constitución han intentado romper la Nación y derogar su Ley Fundamental, definición de Kelsen- Sánchez no habría llegado a Presidente del Gobierno. Y esos indecentes partidos periféricos van a cobrar a España un precio que Sánchez sigue dispuesto a pagar. Y aun así: el suyo es el partido más votado.

Hemos elegido a un gobierno sin frenos. Poco nos pasa.

El PSOE, lo malo y lo peor
EDITORIAL  Libertad Digital 17 Julio 2019

El separatista Rufián ha advertido a sus semejantes: "Sin pacto PSOE-Podemos, aquí palmamos todos". Y es que, tal y como están las piezas desplegadas, el voto negativo de la formación de Pablo Iglesias haría matemáticamente imposible la investidura de Pedro Sánchez, tanto en la primera como en la segunda votación, aun cuando al candidato socialista le respaldaran todas las formaciones separatistas catalanas y vascas, incluida la proetarra de Bildu.

Con todo, aún está por ver que Podemos dé finalmente el paso de votar, al igual que PP, Ciudadanos y Vox, en contra de un candidato de izquierdas y provocar así una nueva convocatoria electoral, cuando todas las encuestas auguran una nueva caída de los neocomunistas.

El lunes, las declaraciones de Sánchez en la SER parecían representar la ruptura entre socialistas y neocomunistas. Pero no se desprendía lo mismo de la entrevista que le han practicado este martes a Iglesias en su Sexta, si bien el potentado comunista se ha mantenido firme en la idea de que haya podemitas en el Ejecutivo.

Sea como fuere, una ruptura definitiva entre el PSOE y Podemos podría abrir la posibilidad de explorar la investidura de Sánchez no gracias a comunistas y separatistas, sino a la abstención de PP y Ciudadanos, desagradable mal menor del que ya se ha hablado en estas páginas y que ha sido defendido por personalidades como Esperanza Aguirre, Arcadi Espada o Francesc de Carreras. Ciudadanos podría verse especialmente compelido a ello, no sólo porque también saldría mal parado en unas nuevas elecciones, según apuntan las encuestas, sino porque ya llegó a acuerdos de gobierno con el propio Sánchez y con Susana Díaz en Andalucía. Si resulta un deber desalojar al PSOE allí donde es posible hacerlo, no menos imperativo resulta, donde no es posible desbancarlo, tratar de que gobierne con las alianzas menos perjudiciales para España.

Con todo, es harto improbable que se llegue a un escenario así, pues no parecen buscarlo PP y Cs –que deberían percatarse de que su voto negativo no impediría el Gobierno de un Sánchez en alianza con podemitas y separatistas, mientras que su abstención sí posibilitaría un Gobierno socialista sin tan deplorables compañías– ni, mucho menos, el PSOE de Sánchez. Por tanto, estamos prácticamente abocados a un Gobierno social-comunista sostenido por separatistas o a unas nuevas elecciones... que probablemente vuelvan a poner sobre el tapete la terrible disyuntiva de elegir entre lo malo y lo peor.

Rivera sigue equivocándose
José García Domínguez  Libertad Digital 17 Julio 2019

El PSC está recuperando con rapidez las grandes bolsas de votantes que migraron en su día a Ciudadanos. Y sin Cataluña, recuérdese, no se manda en España.

Nadie alcanza la Moncloa sin Cataluña. Y nadie retiene la Moncloa sin Cataluña. Es una muy empírica ley de hierro contrastada una y otra vez a lo largo de los últimos cuarenta años de la democracia española. Porque el tamaño importa. Y mucho. Junto con el de Andalucía, el peso demográfico de Cataluña acaba siendo determinante en todos los procesos electorales de la península. Por eso resulta crítico lo que está ocurriendo con Ciudadanos en su lugar de origen. Y lo que está ocurriendo es un desmoronamiento. Su desmoronamiento. Ciudadanos, lo constatan todas las catas demoscópicas, se hunde en las cuatro provincias. De haber sido hace apenas un cuarto de hora el partido ganador en las autonómicas, los sondeos los sitúan en este instante postergados a la cuarta posición, con una expectativa de perder en torno a catorce diputados. Pues no sólo la Esquerra lograría situarse por delante, desplazándolos del primer puesto. También el PSC y los neoconvergentes estarían en disposición de superarlos ya en escaños.

Un perfecto desastre, y sin paliativos, cuyas causas políticas profundas se superponen con la insólita frivolidad superficial mostrada por los máximos dirigentes en Cataluña de un tiempo a esta parte. Una alegre frivolidad que tuvo su primera plasmación en la renuncia gratuita de la ganadora de las elecciones, Inés Arrimadas, a presentar su candidatura a la Presidencia de la Generalitat durante el proceso de investidura en el Parlament. Espantada nunca justificada cuyo efecto desmoralizador sobre el electorado fue el primer síntoma de lo que estaba por venir. Pero no quedaron ahí las frivolidades desconcertantes. Algo jamás visto ni en la política española ni en la europea, que el grueso de los dirigentes y cargos públicos de un partido decida trasladar su lugar de residencia a cientos de kilómetros de la demarcación en la que hasta entonces habían desarrollado toda su labor institucional, la desbandada encabezada por la propia Arrimadas en busca de nuevas salidas profesionales más cómodas y gratificantes en Madrid, ha dejado a Ciudadanos en Cataluña literalmente en cuadro. Acaso con la excepción del portavoz parlamentario, Carrizosa, el resto de los dirigentes actuales del partido en Cataluña podrían pasearse por las Ramblas sin ser reconocidos por ningún viandante. Son invisibles. Literalmente.

Porque no es que se haya ido la jefa. Es que se han ido todos. Un partido gana las elecciones en un sitio y al cabo de dos años la totalidad de sus dirigentes decide trasladar su lugar de residencia a otro sitio. Suena a broma. Parece un chiste de Eugenio. Hasta ahí, por lo demás, la epidermis. Pero un hundimiento de dimensiones bíblicas como ese que anuncian las encuestas no se explica solo por la mera epidermis. Tiene que haber algo más. Y es que, al igual que no se puede ser el Bolívar de Cataluña y el Bismarck de España, tampoco se puede ser el partido del electorado clásico del PSC, el socialdemócrata y castellanohablante de los distritos de la periferia de Barcelona, mientras en Madrid se compite con el Partido Popular por liderar el Bloque de Colón. Eso, simplemente, es incompatible. Tenía que estallar por algún lado. Solo era cuestión de tiempo. Dirigido por alguien inteligente como Iceta, siempre en las antípodas de la elemental simplicidad de un Montilla, el PSC está recuperando con rapidez las grandes bolsas de votantes que migraron en su día a Ciudadanos. Con gran rapidez. Y sin Cataluña, recuérdese, no se manda en España. Rivera sigue equivocándose.

Cataluña ya es residual
Josep Maria Cortés Cronica Global 17 Julio 2019

La democracia directa es la ley de la selva. Su aplicación equivale a la ritualización del caos, el arma con la que el independentismo disuelve conscientemente las instituciones. Es más destructivo someter a una sociedad por la vía cultural (nacionalismo) o religiosa (islamismo radical), que hacerlo por medios coercitivos, utilizando el monopolio de la violencia en el espacio público. Sirve de ejemplo, no analógico respecto a España, un país como Egipto, actualmente bajo el directorio militar del general Al Sisi, pero no subyugado bajo los Hermanos Musulmanes de Mursi, recién fallecido ante el tribunal que le juzgaba. El caso de Turquía permite la misma comparación: el país afrancesado y duro de Kemal Atatürk, mariscal de campo y estadista, era mucho más libre que la nación dominada hoy por el populista musulmán Erdogan, el actual presidente.

En una sociedad laica, las cadenas no entran nunca en la vida privada de los ciudadanos. Sin embargo, las ideologías sagradas, como el islamismo o el nacionalismo, imponen pautas doctrinales dentro de los ámbitos familiares; su autoritarismo invade la privacidad. Unos te exigen que escribas en catalán? y los otros imponen que tu hija lleve el hijab. El nacionalismo catalán actúa como un credo divino. Es otra religión del libro (la tradición semítica de la Biblia, el Corán o la Tora), dotada de revelaciones, como las de Wifredo, aquel conde de la Cerdanya, oriundo del Conflent, herido de muerte frente a la Media Luna y asistido por todo tipo de leyendas carolingias.

Los referéndums y plebiscitos, tan queridos por los nacionalistas, son mecanismos que atentan contra la libertad. Un sufragio es modificable a voluntad del electorado, pero un referéndum determina el sistema para siempre. Queda además por resolver ¿quién formula la pregunta? Ahora, la consulta de Podemos la escribe el promotor; la cúpula del partido de Iglesias es arte y parte, como lo fue el Antiguo Régimen (mutatis mutandi) en los 25 años de paz. “En una sociedad inmanejable, la disolución de la certidumbre más que un enemigo es una constante” (Claude Lefort), con la que debemos aprender a vivir. Recuerdo con claridad meridiana al expresident Artur Mas, cuando presumía de lo bien que había escrito la pregunta del referéndum del derecho a decidir. Será economista, pero de Teoría del Estado –la que daba González Casanova en la UB– el señor Mas va muy pez.

Si Pablo Iglesias, a cambio de la coalición, acepta lo que diga Sánchez en el conflicto catalán es porque está en “condiciones de no cumplir su promesa”, escribe José Antonio Zarzalejos. Sánchez no duda de que Iglesias doblaría las banderas del referéndum de autodeterminación y las metería en un cajón. Pero, a continuación se pregunta: ¿quién nos asegura que no volvería a sacarlas, cuando menos te lo esperas? Por su parte, si Ciudadanos no acepta la “abstención patriótica”, que le ofrece Sánchez, es porque el PSOE, a lo largo de la legislatura, se verá obligado a pactos con el soberanismo, en sentido amplio, eso es, desde el PNV hasta ERC o Bildu. Sánchez ha repetido que pide la abstención a los dos grandes partidos del centro-derecha para evitar el pacto con los soberanistas, que presentaron una enmienda a la totalidad a los Presupuestos de Nadia Calviño, reventando la efímera mayoría de la moción de censura. Pero el presidente clama en el desierto.

La democracia es frágil por sistema y los movimientos identitarios son justamente lo contrario; son inmóviles y pueden empoderarse a lo largo de siglos, especialmente en el suelo yermo que dejó el Uno bajos sus herraduras. La vindicación identitaria es una planta anóxida que se refuerza a sí misma de forma automática y, si está situada en el corazón de una sociedad tolerante, la destruirá lentamente, como un cáncer. El frente identitario, se llame procés o se llame Vox (“un partido de ideales inmutables sobre España”, en palabras de Sánchez Dragó), es una barrena inexorable a lo largo del “no tiempo”, porque tiene de su parte la visión ontológica. Ante el “totalismo” soberanista –expresión que tomo prestada de Miquel Porta Perales– a los críticos solo nos queda protegernos en espacios de tránsito, como aeropuertos, supermercados, performances artísticas en el Raval, en tresillos o en salones de té, donde apenas se establecen relaciones, que además son efímeras y provisionales. “En el anonimato del no lugar es donde se experimenta solitariamente la comunidad de los destinos humanos”, dejó escrito el antropólogo francés Marc Augé, al que solo le faltó entonar la Varsoviana. Y añadió que, cuando dejamos de ser nómadas para ocupar nuestra cabaña, “tampoco estamos a salvo”. También allí, en el puesto del “emboscado” (Ernst Jünger), nos acecha el eterno ritornelo identitario.

Son solo unas gotas de los perjuicios que, como sociedad, nos inflige el nacionalismo. En lo económico, las cosas van mal, mientras crece la camarilla de los vándalos: la Cámara de Comercio tomada por la ANC. Pero frente a tal estropicio, los miembros del Consejo Consultivo de Fomento, el senado de los cien mejores, calla elegantemente sin otorgar. En los foros de opinión, como el Círculo de Economía y en cátedras y think tanks, nadie quiere desvelar, por la cuenta que le trae, que somos ya una tierra infértil. En el terreno de la política, el drama son las ausencias. De momento, la reacción del PSC está llenando de forma insuficiente el espacio que dejó Ciudadanos, un partido más preocupado ahora por inventar enemigos a los que denunciar.

Inés Arrimadas, la mujer que deslumbró por su sensatez, persigue sombras a machetazos dialécticos, mientras su partido cae en intención de voto. La bisoñez de la cúpula de Rivera acabará destruyendo la bella torre levantada en los comienzos. Los veranos alegran a los corazones desesperados. Pero no se llamen a engaño: la Cataluña de Atila, de momento, ya es residual.

PP y Cs, adversarios y aliados
 La Razon 17 Julio 2019

Desconocemos si Pedro Sánchez y su consejero áulico tienen anotado en su agenda política la celebración de elecciones el próximo 10 de noviembre. Es una posibilidad, cuentan con ella y en muchos momentos parece que sólo trabajan para ello. Desde luego las negociaciones entre PSOE y Unidas Podemos para dar forma de gobierno a la «mayoría progresista» no puede ser más desastrosa, al punto de que si al final Pedro Sánchez y Pablo Iglesias llegasen a un acuerdo, el Gobierno nacería débil e hipotecado por la disputa y desconfianza que han mostrado sus máximos exponentes con momentos de obscenidad política nunca vistos hasta ahora.

La situación es, sin duda, excepcional porque el candidato socialista y presidente en funciones está reclamando la abstención del centroderecha –PP o Cs– para que eche andar un Gobierno cuyos socios están en las antípodas en cuestiones de Estado: frente al desafío independentista y en el cumplimiento del compromiso de gasto marcado por la UE. Además, se permite el lujo de decir que si sale investido con el apoyo de los independentistas será responsabilidad de Pablo Casado y Albert Rivera, cuando será muy fácil deshacerse de tan indeseables socios: no aceptando su votos.

Pero la estrategia realmente disparatada de Sánchez no debe llevar a confundir a PP y Cs, al punto de que vuelva a plantearse que ambos partidos deberían ir en coalición, siguiendo el ejemplo de Navarra Suma. Antes que nada, habrá que decir que este era un caso especial, que contaba con el papel clave –y los votos– de los históricos foralistas de UPN y que el objetivo era dar forma a una mayoría constitucionalista real frente a un acuerdo vergonzoso de los socialistas con los abertzales vascos.

Las pasadas elecciones del 28 de abril dejaron claro que cuando de manera muy optimista los sondeos anunciaban que el centroderecha tenía la mayoría –sumando, además, a Vox–, cuando los tres partidos defendían como es lógico sus posiciones y buscaban votos en el mismo caladero, era producto de un análisis irreal. Otra cosa es que en algunas circunscripciones se plantearan candidaturas para el Senado, en contra de aquella peregrina teoría de que para llegar a la Cámara Alta bastaba con sumar las partes.

Todo indica que el pulso entre PP y Cs se va a mantener por la razón de que ambas formaciones pugnan por un mismo sector del electorado al haber renunciado Rivera al votante del centroizquierda o que oscila entre socialistas y naranjas. La situación de este partido se ha agravado precisamente por querer disputar al PP la titularidad de la oposición al Gobierno socialista, una posición que ha descosido las costuras del partido y, sobre todo, ha dilapidado todo el encanto que podía tener para muchos electores como un partido moderado, liberal y progresista.

En un reciente sondeo de NC Report ya se apuntaba que de los tres partidos del centroderecha sólo los populares crecían en votos y lo hacían, además, de una manera significativa, que, por lógica, supone el descenso de los otros dos. Del 16,7% actual, el partido de Casado pasaría al 20,2%, lo que supone 3,5 puntos más. Por otra parte, Cs caería del 15,9% al 14,9%, un punto, lo que le aleja de su soñado sorpaso y superar al PP hasta dejarlo reducido en un partido irrelevante. El objetivo era ambicioso, pero minusvaloró la solidez de un partido que ha sido clave para la gobernabilidad de España y que en estos momentos de inestabilidad está demostrando tener más sentido de Estado que el resto.

Puede que así lo puedan ver ahora los electores de Vox, ya que, siguiendo la misma encuesta, pasaría del 10,3% a 8%, lo que supondría una merma importante en diputados. El PP está demostrando tener un discurso más sólido –incluso si se abstuviera para hacer presidente a Sánchez– y es lógico que quiera contrastarlo en solitario en las urnas.

La cena de los infames
Miquel Giménez. vozpopuli  17 Julio 2019

Puigdemont cenó el pasado 9 de junio en casa de la etarra Natividad Jauregui, en Gante. Los comensales no desdecían a la anfitriona: el abogado Paul Bekaert, especialista en defender terroristas, y el rapero Valtònyc, condenado por enaltecimiento del terrorismo. Infamia en estado puro

Balzac se preguntaba acerca de cuantas infamias eran precisas para lograr un éxito. Lo mismo podría decirse respecto al fracaso. Porque en esa cena a la que el fugado de Waterloo acudió, sonriente y feliz, el menú estaba condimentado con infamia, con la amarga especie del crimen, de la apología del asesinato, del regocijo ante la muerte del adversario. Jauregui, alias Pepona, responsable de dispararle un tiro en la nuca al teniente coronel Ramón Romeo Rotaeche; Bekaert, defensor de etarras; Valtònyc, condenado por sus letras en las que anima a matar guardias civiles y ponerle una bomba al fiscal.

Entre ellos, el líder de las sonrisas, al que votan y defienden muchos catalanes, el que se encuentra a gusto compartiendo mesa y mantel con semejantes individuos. Claro que, en un lugar como Cataluña en el que a Otegui se le considera un hombre de paz y toda la clase política separatista se hace fotos con él, no es extraño. Tamaña perversión de los valores humanos, ya no digamos democráticos, es terrible y da que pensar. ¿Qué lleva al chico criado en una pastelería del pueblecito de Amer a sentarse con total normalidad a la mesa de una mujer que descerrajó un tiro a sangre fría a un inocente? ¿Tanto odio, tanta maldad, tanta inhumanidad atesora el ex presidente catalán?

No es fácil hallar respuestas. El nacional separatismo es un movimiento supremacista que ha considerado a los que no formaban parte del mismo como algo inferior, y quizás sea aquí donde podamos encontrar las raíces del cáncer que lo ha corroído. Cuando solo encuentras dignidad en tu ombligo, la falta de empatía te lleva fatalmente a la impermeabilidad emocional.

¿Es con esta gente con quien pacta el PSC de Iceta diputaciones y alcaldías? ¿Son estos a los que pretende seducir Sánchez para que lo invistan presidente de España?

El odio que se respiraba en esa cena de la infamia debía ser notable. Digamos, de paso, que el gobierno belga merece el mismo epíteto de infame por permitir que en su territorio vivan tan tranquilos personajes de ese calibre. Es tierra donde la infamia se convierte en normalidad absoluta. ¿Cómo calificar, si no, que den asilo a la Pepona, ex miembro del Comando Vizcaya, al que se le atribuyen como mínimo seis asesinatos? ¿Es esa la Europa que nos prometían? ¿Es ese el espejo en el que hemos de mirarnos los demócratas españoles? ¿Es Bélgica, que se ha negado siempre a extraditarla bajo el pretexto, criminal y obsceno, de que a los vascos se le había quitado el derecho a la autodeterminación, calificando a los etarras como “refugiados políticos”, un país digno de pertenecer a la Unión Europea?

A Jauregui, el abogado Bekaert, que la tiene como cliente así como a Puigdemont, la definió como mujer de mundo; Puigdemont, por su parte, busca su amparo y cobijo. ¿Era a esto, Presidents Pujol y Mas, a lo que se referían cuando hacían discursos acerca de la superioridad moral de su causa? ¿Es con esta gente con quien pacta el PSC de Iceta diputaciones y alcaldías? ¿Son estos a los que pretende seducir Sánchez para que lo invistan presidente de España?

Ninguno de los separatistas hablará de esta cena. Del imán de Ripoll y del CNI, achacando al estado el criminal atentado yihadista de las Ramblas, mucho. La infamia gobierna nuestra sociedad con nombres y apellidos.

¿Quién teme al plurilingüismo?
Joaquim Coll Cronica Global 17 Julio 2019

El pasado domingo nos desayunamos con el artículo de Arcadi Espada Lo común impropio (El Mundo), en el que vertía una dura descalificación hacia la propuesta de una nueva política lingüística para España que algunos constitucionalistas llevamos tiempo defendiendo y que Mercè Vilarrubias ha sabido articular hasta el mínimo detalle en el libro Por una Ley de Lenguas (Deusto), con prólogo de Juan Claudio de Ramón. Bienvenida sea la controversia siempre y cuando las críticas u objeciones respondan a lo que verdaderamente se propone y no a una voluntad manifiesta de malinterpretar un texto para poder atribuirle cosas que no dice ni persigue. No es la primera vez que eso ocurre con quienes defendemos la necesidad de que el Estado se convierta en un actor de la política lingüística para impulsar cambios en el statu quo actual. Es decir, defender con mejores armas tanto el bilingüismo frente a los abusos de los nacionalistas como la riqueza hasta las últimas consecuencias del plurilingüismo en España.

Más allá del citado artículo de Espada, lo interesante es adentrarnos en por qué una propuesta de esa naturaleza suscita un debate tan encendido, con tantas desconfianzas y malentendidos, a veces hasta rayar en la caricatura, entre constitucionalistas considerados de “pata negra”. La clave para entender esa animadversión se encuentra en la errónea idea de que un Estado plurilingüe erosiona el castellano/español como lengua común. Los contrarios a una mayor presencia y uso de las otras lenguas españolas creen que es innecesario y hasta ridículo admitir que el catalán/valenciano, gallego y vasco adquieran un mejor estatus fuera de sus territorios porque el castellano es de obligado conocimiento para todos, y basta. Eso es cierto, pero olvidan que las lenguas no solo tienen una función comunicativa sino también simbólica y emotiva. Y por ello desprecian el hecho de que para los hablantes del catalán/valenciano, vasco o gallego sería una satisfacción verse representados en sus lenguas en aquellos organismos centrales y actos oficiales de Estado que comparten y les unen al resto de los españoles. En la propuesta de Vilarrubias se explicitan toda una serie de ejemplos que permitirían visualizar la realidad del cuatrilingüismo a ese nivel.

En realidad, se trata de avanzar en la construcción de un Estado democrático y plurilingüe pero ahora desde una perspectiva nueva, por lo menos en España, según la cual los titulares de los derechos lingüísticos son los ciudadanos, mientras las administraciones son quienes contraen las obligaciones. Y eso avalaría, por ejemplo, que los hablantes del catalán/valenciano, vasco o gallego pudieran declarar en su lengua de elección ante el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional con traducción simultánea, o que los representantes políticos en el Congreso y el Senado pudieran hablar en todos los plenos en otra lengua oficial diferente del castellano. Por la misma razón que el BOE dispone de suplementos en todas las lenguas oficiales españolas, un hecho relevante que muchos desconocen, ahora se trataría de que el cuatrilingüismo se extendiese en todas las instituciones estatales de forma razonable. Frente a la caricatura que algunos propagan, nadie está pidiendo que los funcionarios de la Diputación de Zamora aprendan gallego ni que los de la Generalitat tengan que atender en vasco o que en el Ayuntamiento de Sevilla se vean forzados a admitir solicitudes en catalán. Estamos hablando siempre de articular la obligación que tiene la Administración General del Estado, es decir, lo que en otros países descentralizados llaman Gobierno federal u organismos federales, hacia los hablantes de las otras lenguas españolas que también son oficiales.

La Ley de Lenguas se adentra también en la defensa de los derechos lingüísticos de los castellanohablantes en las comunidades autónomas donde las políticas nacionalistas tienden al monolingüismo con el argumento de ser “lengua propia”, un concepto que con resultados desafortunados se introdujo en el Estatuto catalán de 1979. La propuesta de Vilarrubias es equilibrada porque al mismo tiempo que plantea profundizar en el plurilingüismo no desatiende la urgencia de garantizar el bilingüismo en un mínimo del 30% como criterio general. Esa cifra es ciertamente discutible y puede ser considerada insuficiente, pero lo más importante es que legalmente sería viable con base en las resoluciones judiciales existentes en educación y a la doctrina del Tribunal Constitucional sobre la materia. Es un porcentaje razonable que permitiría encontrar un punto de equilibrio para empezar a rehacer un consenso lingüístico que en Cataluña se ha roto por los cuatro costados. Sin duda la mejor manera de garantizar derechos desatendidos es regulándolos, tomando el Estado la iniciativa, y no es extraño que los nacionalistas se opusieran ferozmente porque dejarían de ser los únicos en hacerlo.

Plurilingüismo y bilingüismo son, pues, dos caras de una misma propuesta para acercar “las lenguas a la ciudadanía sin delimitarlas a los territorios”, como dice Vilarrubias. Es una propuesta moderada, equilibrada y factible que políticamente pretende fortalecer el proyecto común español. No se plantea para contentar a los nacionalistas, “dándoles más catalán” como algunos piensan, pero tampoco para “combatirlos de frente” como otros desearían, sino para introducir sentido común en una querella que es instrumentalizada por las pasiones identitarias. El argumento es el del Estado plurilingüe con la bandera de los derechos lingüísticos de los ciudadanos frente a las visiones románticas de las lenguas como unificadoras de comunidades diferenciadas. Y es ahí donde los enemigos del plurilingüismo en España acaban coincidiendo en parecidos términos con los que se oponen al bilingüismo en las comunidades autónomas. Son los que en ambos lados esgrimen el argumento de la lengua común, propia o nacional frente al cual los otros idiomas son subsidiarios y los derechos lingüísticos de los ciudadanos prescindibles.

Siguen con los disparates
Nota del Editor 17 Julio 2019

Esto parece la tortura china, la construcción de la cueva plurilingüe con estalagtitas y estalagmitas. Siguen empeñados en la irracionalidad. nimguno de sus argumentos se basa en la razón, en el sentido común. Ya he repetido en innumerables ocasiones muchos argumentos que tumban racionalmente todas estas "propuestas" de parte interesada.

CATALUÑA
En una carta a sus padres
La niña que pintó una bandera de España en un colegio de Tarrasa no verá más a la profesora
JAVIER NEGRE El Mundo 17 Julio 2019

El colegio de Tarrasa en el que presuntamente una maestra agredió a una niña por ese motivo se compromete a que ni la menor ni sus hermanas vuelvan a toparse en un aula con la profesora

El colegio de Tarrasa (Barcelona) en el que presuntamente una maestra agredió el 17 de junio a una niña de diez años por dibujar una bandera nacional y escribir "viva España" ha enviado una carta en castellano y con membrete de la Generalitat al padre en la que da por ciertos los hechos y se compromete a que ni la menor ni sus hermanas vuelvan a toparse en un aula con la profesora.

"Como le he reiterado en ocasiones anteriores lamento profundamente los hechos ocurridos el 17 de junio, especialmente porque Rocío no volvió a clase los días posteriores y no pudo finalizar el curso con sus compañeros i (sic) compañeras de clase", responde la directora de l'Escola Font de I'Alba, Isabel Guzmán, a un escrito que presentó el progenitor Francisco Rodríguez.

La responsable del centro adquiere en la misiva, a la que ha accedido EL MUNDO, una serie de compromisos que el padre había solicitado. "Tal y como le afirmé en la reunión del 18 de junio, para su tranquilidad y evitar situaciones de desconfianza, nos comprometemos a adoptar medidas organizativas para que en el futuro ninguna de sus hijas coincida con la profesora Miriam F. como tutora", dice la directora que, según explica, decidió que la maestra dejase de impartir clases en el curso de su niña "desde el día siguiente del incidente" hasta el final de este curso.

"Comunicamos los hechos a la Inspección"
Guzmán informa a Rodríguez de las "medidas cautelares" que han tomado contra la maestra. "Comunicamos los hechos a inspección educativa, realizamos entrevistas a testimonios de diferentes sectores con el objetivo de contrastar las informaciones aportadas por ustedes, analizamos con detenimiento las diversas declaraciones y revisamos todos los trabajos del resto de alumnos del grupo para comprobar si la profesora había mantenido un criterio de neutralidad respecto a las observaciones de corrección, no permitiendo ninguna otra bandera", detalla la responsable. La Generalitat abrió un expediente disciplinario a la profesora por romper en público el trabajo de la niña, pero no vio en ello "motivación ideológica" ni consideró probada la agresión pesar de que la familia de la niña incorporó un parte médico a una denuncia que ya está siendo investigada por la Justicia.

El procedimiento de la Generalitat fue suspendido por "prejudicialidad penal", según explica Guzmán, que se compromete a recalcar en el próximo claustro la obligación del profesorado de "no menoscabar la integridad física o moral de los alumnos" y de "no realizar ningún tipo de adoctrinamiento político mediante acciones, discursos o simbologías".

Guzmán indica que en su escuela tienen "un especial empeño en acoger niños y niñas de orígenes y culturas diversas" porque están convencidos de "que la diversidad enriquece a los alumnos". Una afirmación que no casa con una denuncia que presentó Ciudadanos en diciembre ante la Síndica de Greugues de Tarrasa en la que acusaba al centro de castigar a los alumnos que hablasen castellano en el patio del recreo.


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