AGLI Recortes de Prensa   Lunes 22 Julio 2019

El debut de Abascal en la tribuna: palos a la "izquierda sectaria" y el golpe en Cataluña
El líder de Vox lleva días trabajando con su equipo en la que será su primera intervención en el Congreso. Insistirá en la "emergencia nacional" que existe en España y en atacar a Sánchez
Paloma Esteban El Confidencial 22 Julio 2019

Santiago Abascal se estrena en el debate de investidura de Pedro Sánchez. El líder del Vox está decidido a llevar su programa electoral a la tribuna del Congreso e insistirá en señalar la "emergencia nacional" que atraviesa España en estos momentos, con énfasis en la "necesidad de restaurar el orden constitucional" en Cataluña. El "golpe" del 1-O y la responsabilidad de los políticos secesionistas tendrán un espacio destacado en su discurso, que desde hace días prepara rodeado de su núcleo duro. Los secretarios generales del partido y grupo parlamentario, Javier Ortega Smith e Iván Espinosa de los Monteros respectivamente, saben que es su primera oportunidad real en las Cortes y no puede desaprovecharla.

Aunque el principal hándicap será hacerse hueco en la oposición por la que pelean Pablo Casado y Albert Rivera, en Vox son conscientes de que gran parte de las miradas estarán puestas en Abascal. Nada puede salir mal y no quieren dejarse ningún asunto importante en el tintero. Además de denunciar la crisis catalana y arremeter contra los grupos separatistas —ERC y JxCAT—, abordará la "urgencia social para hacer frente a la crisis demográfica" —un asunto clave en su programa— e insistirá en la grave situación económica que muchos españoles siguen atravesando: "No encuentran un trabajo digno, no pueden independizarse o formar una familia", enumerará.

Abascal aprovechará su aterrizaje en la tribuna para insistir en "el tamaño desorbitado" del Estado que, a su juicio, "actúa como si sus recursos fueran ilimitados sin la más mínima delicadeza hacia quienes hacen posible ese estado del bienestar". En realidad, el programa de Vox incorporaba una drástica reducción del gasto político, entre las que estaban eliminar cargos y organismos duplicados, "ideológicos o por cualquier otra razón prescindibles", cerrar organismos destinados a crear "estructuras paralelas al Estado", e incluso las televisiones autonómicas, defensores del pueblo, Consejos Consultivos o agencias meteorológicas.

De hecho, el ideario del partido de ultraderecha defendía la eliminación de las autonomías. "Transformar el Estado autonómico en un Estado de Derecho unitario que promueva la igualdad y la solidaridad en vez de los privilegios y la división. Un solo gobierno y un solo parlamento para toda España", dice el punto seis del texto, apostando como paso previo por la devolución inmediata de las competencias de Educación, Sanidad, Seguridad y Justicia al Estado.

En la parte de confrontación política, Abascal pretende endurecer su discurso denunciando "el totalitarismo sectario de la izquierda", y mencionará algunas de las políticas aplicadas por gobiernos autonómicos y por el de Sánchez en el último año, cargando especialmente contra el socialista y sus socios preferentes de Unidas Podemos. No faltará una de las frases estrella de la formación: "La voz de la España viva llega al Congreso", y habrá tiempo para lanzar alegatos a favor de las clases medias y desfavorecidas, "absolutamente olvidadas por la acción política", una de las acusaciones más repetidas durante las campañas andaluzas, de generales y las autonómicas y municipales.

Los 24 diputados de Vox ocuparán por primera vez sus asientos oficiales—situados en el gallinero y sin apenas opciones de tiro a cámara— después de que en la sesión constitutiva madrugaran para sentarse en la bancada socialista, quitándole el sitio a representantes de primer nivel como la portavoz Adriana Lastra o la ahora presidenta del Congreso, Meritxell Batet. Ambas se tuvieron que conformar con la quinta fila. El único 'superviviente' de la jornada constitutiva, en la que los asientos no están aún distribuidos, fue el diputado José Zaragoza, que logró hacerse un hueco entre Abascal y Espinosa de los Monteros.

Que los diputados no cobren
La semana pasada el grupo lanzó una de sus primeras propuestas en la Cámara, encaminada a denunciar el bloqueo que existe desde el 21 de mayo, cuando las Cortes se constituyeron: que los diputados no cobren "sobresueldos" por estar en las comisiones parlamentarias hasta que éstas se pongan en marcha en el mes de septiembre. Según el régimen económico de los diputados, todos reciben una asignación idéntica mensual de 2.981 euros. A esta asignación se añaden otras cantidades, en concepto de gastos de representación por formar parte de alguna comisión. Los presidentes reciben 1.516 euros mensuales más; los vicepresidentes y portavoces 1.108 y los secretarios y portavoces adjuntos 739 euros más al mes.

La idea de Vox pasa por que estas remuneraciones adicionales solo deberían abonarse cuando comience el funcionamiento "efectivo" de las comisiones, dado que agosto es inhábil. Además, el partido estudia presentar una iniciativa que congele el sueldo de los diputados hasta la formación de un nuevo Gobierno, medida que se podría extender a todos los parlamentos autonómicos que vivan situaciones de bloqueo idénticas.

El momento en el que intervendrá Abascal en la tribuna es todavía una incógnita. El lunes comenzará hablando el presidente del Gobierno a las doce de la mañana con la aspiración de ganarse la confianza de la Cámara. Por la tarde el pleno se reanudará a las cuatro con los distintos líderes de los grupos parlamentarios (de mayor a menor) por un tiempo de 30 minutos para cada uno y opción de réplica por otros 10 minutos. Eso sí, Sánchez podrá también responder por un tiempo limitado cuando ellos acaben. En función de lo que tarden Casado, Rivera e Iglesias, se verá si el líder de Vox hablará el lunes o ya el martes por la mañana con el inicio de la segunda sesión.

El ideario del partido de ultraderecha
Nota del Editor 22 Julio 2019

El día que los españoles consigamos eliminar el tinglado autonómico, en vez de etiquetarnos como ultraderecha tendrán que utilizar hiperderecha, porque habremos llegado al hiperespacio de la eficacia.

La futura política económica de Sánchez: entre el abismo y la incertidumbre
José María Rotellar  Libertad Digital 22 Julio 2019

Hoy, lunes veintidós de julio, comienza la sesión de investidura como presidente del Gobierno de Pedro Sánchez. A estas alturas, y después de la fragmentación del Congreso desde diciembre de 2015, vivimos tiempos en los que no existen mayorías absolutas, ni siquiera mayorías amplias, aunque sean minoritarias, que permitan lograr una estabilidad a los distintos gobiernos. Es cierto que Rajoy logró acordar con Ciudadanos un pacto de legislatura que dio estabilidad al ejecutivo, aunque estuviese siete escaños de la mayoría absoluta, pero con Coalición Canaria y con el PNV en los presupuestos -hasta que los nacionalistas vascos lo traicionaron- consiguió estabilidad.

Sin embargo, desde la destructiva moción de censura, no hubo programa alternativo de Gobierno, sino sólo la suma de fuerzas que querían echar al PP del poder, vivimos un momento en el que ni siquiera parece viable un pacto de legislatura.

Eso nos ha introducido en un tiempo de incertidumbre, especialmente, porque el presidente Sánchez no es claro respecto a qué política económica va a seguir. Ni siquiera deja claro si va a poder seguir una política económica, porque no aclara del todo si al final recibirá el apoyo de Podemos y, si es así, si va a gobernar con dicha formación a lo largo de la legislatura, lo que tendría un impacto importante en los presupuestos y, por tanto, en la política económica que siga el Gobierno.

Hasta ahora, sabemos que Sánchez presentó un proyecto de presupuestos que fue devuelto al Gobierno, el cual había pactado con Podemos, y que la actualización del plan de estabilidad que le había enviado a Bruselas contenía la misma directriz de política económica que los fallidos presupuestos, es decir, incremento del gasto no financiero en 5.230 millones, subida de impuestos por importe de 5.654 millones, elevación del déficit y de la deuda en valores absolutos y unas cifras irreales de previsión de ingresos de aquí a 2022.

Pues bien, entre las medidas que Sánchez tendría que tomar si decide gobernar con Podemos a lo largo de estos próximos cuatro años, se encontraría la derogación de la reforma laboral, o, como ellos dicen, de sus puntos principales, que son los que más han contribuido a que el mercado de trabajo sea más dinámico y genere más empleo. Pese a que BBVA Research, en sus últimas previsiones, y la práctica totalidad de instituciones nacionales e internacionales, le piden al Gobierno que dinamice más el mercado laboral, los socialistas no dejan de decir que derogarán aspectos de la reforma que ellos consideran lesivos para los trabajadores, pero que, realmente, son beneficiosos para los ciudadanos, porque son los que han permitido que se creen más puestos de trabajo.

Dichos incrementos de impuestos y de gasto tendrán un impacto negativo en la actividad económica y el empleo. De esa forma, al elevar el gasto en 5.230 millones y los impuestos en 5.654 millones, el PIB perderá 747 millones y se destruirán 10.395 puestos de trabajo. O lo que es lo mismo, tendrá un efecto negativo en la actividad económica equivalente a 3,2 décimas de PIB y una disminución de un 0,33% en el empleo.

Adicionalmente, nos encontramos con los efectos de la derogación de la reforma laboral. Según un estudio de FEDEA de 2016, elaborado por el profesor José Ignacio García Pérez (" efecto de la reforma laboral de 2012 sobre la dualidad y el empleo), la mejora del mercado de trabajo se debía al menos en un 32% al dinamismo que introducía la reforma laboral de 2012.

Pues bien, aplicando ese 32% sobre el incremento de ocupados desde el momento más bajo de los mismos por motivo de la crisis (primer trimestre de 2014, según la EPA) y el primer trimestre de 2019 (último disponible), se perderían 806.560 puestos de trabajo (32% del incremento de ocupados en el período mencionado, que es de 2.520.500 personas), de manera que se pasaría de 19,5 millones de ocupados a 18,7 millones, una disminución del 4,14%.

Esa pérdida de puestos de trabajo vendría dada por una disminución de la actividad económica en un 4,05%, que podría hacer perder 48.935 millones de PIB.

La suma de ambos efectos por aplicar una política económica radical de izquierdas provocaría una pérdida de casi 50.000 millones de PIB y de 817.000 puestos de trabajo.

Ésas serían las consecuencias de una política económica radical de izquierdas. A ello, hay que unir que la inseguridad e incertidumbre que genera en la economía el Gobierno con sus vaivenes y su inconcreción a la hora de tratar claramente cuál es su política económica, podrá tener un impacto negativo en la economía de casi 100.000 empleos menos y de 6.000 millones menos de PIB. Ese efecto de lastre se da simplemente por la ausencia de toma de decisiones en la que nos tiene metidos el presidente Sánchez, no porque pueda haber repetición de elecciones o no, sino por la ausencia de una directriz clara sobre cuál va a ser su acción de gobierno, que incrementa el miedo, por no ser claro, a que su deseo sea seguir una política económica radical de izquierdas.

Y es que, obviamente, tras esta inseguridad puede venir la política radical de izquierdas antes descrita. Entonces, el efecto conjunto nos haría perder en el medio plazo 56.000 millones de PIB y 915.000 puestos de trabajo.

Éstas pueden ser las graves consecuencias económicas en el medio plazo del futuro gobierno de Sánchez, cuya investidura comienza hoy. Unas consecuencias nocivas para la prosperidad.

Envidioso doctor Sánchez
Juan Manuel de Prada ABC 22 Julio 2019

El divorcio entre periodismo y literatura ha embarrado mucho la interpretación de las noticias, ahora confiada a analistos y analistas políticos a los que falta esa luz cenital que brinda la penetración psicológica, la atención a lo que Graham Greene llamaba «el factor humano»; o que, si la tienen, carecen de esas delicadezas del estilo que sirven para explicarla. Y para suplir esta carencia, los analistos y analistas aportan un batiburrillo de tópicos (chismes que le han soplado sus «fuentes», cuando no los «argumentarios» que les guasapean desde la sede de los partidos) que aliñan hasta darles una apariencia a veces liviana (si el analisto es modesto) y a veces científica o incluso hegeliana (si el analisto tiene ínfulas de gurú). Pero en este batiburrillo siempre faltan esas «iluminaciones en la sombra» que sólo puede aportar el perito en almas.

Esta carencia del periodismo actual se percibe a veces de forma estruendosa. Ocurre así, por ejemplo, con la conditio sine qua non que el doctor Sánchez impuso a Podemos para negociar el reparto del salchichón. Todas las razones que el doctor Sánchez esgrimió para justificar la exclusión de Pablo Iglesias son por completo chuscas e inconsistentes. Si Iglesias no está «dispuesto a defender la democracia española», como afirmaba el doctor Sánchez, tampoco lo estarán sus peones, aleccionados por él. Las «discrepancias» que el doctor Sánchez pueda tener con Iglesias sobre «cuestiones esenciales de Estado» (o sea, sobre el reparto del salchichón) son las mismas que tendrá con los peones de Iglesias, que repiten miméticamente sus juicios. Y, en fin, si lo que teme el doctor Sánchez es la «vigilancia» de Iglesias sobre su gobierno, salta a la vista que podrá seguir ejerciéndola a través de sus peones.

Todas estas sinrazones del doctor Sánchez, tan chuscas e inconsistentes, son encubridoras de la razón verdadera. El analisto o analista político dirá aquí que la razón verdadera es la desconfianza mutua que Iglesias y el doctor Sánchez se profesan, o bien la intención maquiavélica del doctor Sánchez de «captar» a los peones de Iglesias premiados con una poltrona, hasta lograr que se desvinculen de su secretario general. Pero se orilla la razón más verdadera y literaria, la más atenta al «factor humano», que no es otra sino la envidia. El doctor Sánchez ha llegado mucho más lejos que Iglesias, ha conseguido reducir a Iglesias a un papel subalterno (y espera reducirlo todavía más), su inconsistencia y vacuidad gozan del aplauso de una época cretinizada… pero, ¡ay!, el doctor Sánchez sabe íntimamente que Iglesias es mucho más dotado que él, mucho más inteligente que él, mucho más divertido que él, mucho más apasionado que él, mucho más leído que él, mucho más doctor que él... ¡Mucho más persona, con todos sus defectos, que él, que sólo es un cascarón cosmético, una carcasa vacía! Y entonces el doctor Sánchez, reconcomido en su alma de resentido y mediocre por el más teológico de todos los pecados, que es la envidia de Caín, impone esa caprichosa condición y veta a Iglesias.

Pero que el doctor Sánchez esté reconcomido por la envidia no debe inquietar el sueño de los demócratas. Después de todo, como nos recuerda Gómez Dávila, «decapitar es el rito central de la misa democrática». Y, como nos enseña Bertand Rusell, «las teorías políticas son siempre el disfraz de la pasión; y la pasión que ha reforzado las teorías democráticas es indiscutiblemente la envidia». Así, invocando las autoridades concordantes de un reaccionario y de un progresista, cerramos este artículo, en la seguridad de que una nueva Edad de Oro aguarda a nuestra democracia. Pues nadie está más «dispuesto a defenderla» que un envidioso.

Gobierno, sí, pero, ¿para qué?
Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco 22 Julio 2019

Se están haciendo largas peroratas en todas las tertulias sobre la necesidad de que los partidos lleguen a un pacto o a un arreglo para facilitar la investidura de Sánchez, como si el hecho de que hubiera que convocar elecciones fuera una realidad que nos lleve al precipicio abisal.

Evidentemente, nadie niega que un sistema organizado, estable, con un sistema adecuado para abordar las necesidades del país es fundamental para el desarrollo.

La cuestión es para qué queremos Gobierno si no hay un paradigma que sirva para atajar los males estructurales que nos aquejan.

Un Gobierno que simplemente se dedique a gastar, y más aún si el gasto es infértil para el bien común, y barre para los amigos y acólitos del grupo que dirija la nave del país, es un Gobierno metastásico, un Gobierno absolutamente estéril para abordar cualquier reto sistémico; un Gobierno que solamente sirve para decir que tenemos Gobierno.

El tema de transfondo es más profundo, y más sustancial, que esta frivolidad de quién va a ser ministro, o si Iglesias va a ser o no ministro; o si los que van a votar la investidura son los que precisamente quieren romper la unidad nacional, la estructura constitucional, el elemento capilar que nos une a todos los españoles como es la lengua común, etc.

El tema de fondo es si queremos que exista España como nación o pretendemos fraccionarla en trozos que luego sean reunificados en un modelo confederal. El tema de fondo es si queremos o no mantener las bases de nuestra civilización o modificarlas hacia un modelo mal llamado multicultural; pues se trata más de una sistemática de sustitución de un tipo de sociedad con raíces cristianas por otro que nos devuelve a la Edad Media.

El tema es si se tiene proyecto para España, entendido ese proyecto como un un reto colectivo para mantener la presencia de lo español en el mundo. O si se plantea por alguien nuestra unidad de destino para seguir realizando misiones históricas de lo español fuera de nuestras fronteras. O de si de lo que se trata es de demolerlo para disolverlo como un azucarillo en una nueva hegemonía basada en el dominio de la Europa central sobre la periferia. O, de si se quiere conservar lo poco que queda de las glorias del pasado que los demoledores de España denigran, en unos casos por sangrante ignorancia y en otros por pura maldad consciente.

La gran pregunta que debe guiar la idea de la conformación del Gobierno y justificar su existencia es si quienes aspiran a gobernar España creen o no en España. De si aceptan o no que España es una nación histórica que tuvo en sus manos la construcción de mundo moderno, que trajo grandes avances para la humanidad; y lo hizo afrontando retos y misiones inigualables desde que el hombre ha sido hombre, como la construcción del espacio hispanoamericano, la difusión del cristianismo en ese ámbito, la generalización del español como lengua por el mundo, la enorme actitud y acción civilizatoria de las leyes de Indias y de la humanización de la conquista de aquellos continentes poblados por aborígenes que tuvieron un trato incomparablemente mejor que los afectados por la colonización del mundo anglosajón; con la construcción de hospitales, las misiones jesuitas, las vacunaciones contra la viruela, las técnicas agrícolas y tecnologías de la época que desconocían aquellos en sus lugares de origen, etc.

La gran prueba de que eso fue así era que los procesos de independencia americana en el ámbito español se produjeron alimentados por quienes aprovechando una leyenda negra difundida con mala saña sobre todo por los ingleses, aguzaron las ambiciones de los criollos, mientras que los indígenas luchaban para mantener sus lazos con España, por sentirse protegidos por la metrópoli.

Esa gran azaña universal, como la vuelta al mundo, entre otras, caracteriza por sí sola la existencia de España como nación histórica.

La nación política es otra cosa, pues es un pacto de españoles que puede hacer volar por los aires lo que quede de unidad de todo lo español tal como lo entendemos, de la mano de quienes quieren reconfigurar el mundo para intereses que no coinciden con los de las poblaciones afectadas. Pero eso sería una convención, no un hecho legítimo; pues ilegítimo sería poner las bases para que España no tuviera continuidad tal como nos la han legado nuestros antepasados, gracias a los oscuros intereses de unos politicastros vendidos a intereses foráneos.

Por eso afirmo: es necesario un Gobierno para España. Pero cualquier Gobierno no.

Es necesario un Gobierno que tenga claro lo que quiere para España, conservando lo fundamental y reformando lo accesorio.

Es mejor que sigamos sin Gobierno a que haya un gobierno destructor.

El argentino hispanista Marcelo Gullo en la revista “Razón Española” ha escrito un muy importante artículo titulado “España como caso práctico de subordinación pasiva”. En él considera entre otras fundamentales razones que “[…] aquellos Estados que tienen poder tienden a constituirse en Estados líderes o a transformarse en Estados subordinantes, y, por lógica consecuencia, los Estados desprovistos de los atributos del poder suficiente, en materia militar, económica y cultural, para mantener su autonomía, tienden a devenir en Estados vasallos o Estados subordinados, es decir, a convertirse en colonias informales o semicolonias, más allá de que logren conservar los aspectos formales de la soberanía”

Y en ese sentido, considera que la pérdida de la influencia cultural en el mundo y su subordinación a otra esfera cultural lleva aparejada la pérdida o destrucción del propio Estado, para desfigurarse bajo el influjo económico, cultural y económico de los Estados que han propiciado el desdibujamiento de ese espacio cultural propio, labrado por los siglos. Por eso Trump está poniendo en marcha mecanismos para frenar el influjo de lo Español en Norteamérica, poniendo barreras a su expansión creciente. Él lo entiende bien. Los que no lo entendemos somos los españoles. Y a tal propósito, la conquista de las mentalidades es esencial. Justamente lo que se está haciendo en España por los mecanismos del adoctrinamiento y de la acción de los medios de comunicación de masas.

Esa es la cuestión: si queremos ser un país líder, uno más entre los líderes, o colonizado, avasallado, súbdito de otros intereses. Pues en ese caso, nuestra soberanía dejaría de existir -ya de hecho solamente existe a efectos nominales o formales, no reales-. Ahí está el meollo de la cuestión.

Hacia el bochorno nacional
Pedro de Tena  Libertad Digital 22 Julio 2019

No me refiero al calurón que seca una España que se quedó sin Plan Hidrológico vertebral y, de paso, sin las desaladoras prometidas. Me refiero al sonrojo calimoso interior que produce el espectáculo de la política. Si hace unas semanas la exhibición de roña se daba en el centro-derecha, poblando de vetos, tonterías, cansancio y deserciones a un electorado que está jartito de papelones y de indefensión, ahora, en el coliseo, cada vez más infrarrojo que rojo, se representa una batalla de mentirijilla protagonizada por unos codiciosos del poder como hacía mucho no se veía en España. Creen algunos que el debate de investidura dará paso a un fracaso total que conducirá a elecciones en septiembre. No conocen bien el paño ni el percal de los truhanes. Ni Pedro Sánchez ni el no ministro –ya saben de quién hablo– van a dejar pasar la oportunidad de meter las manos en la masa presupuestaria ni la ocasión de avanzar, un poco más, en la destrucción de la España de la convivencia reconciliada.

Bruno Padín, en uno de sus estudios sobre los traidores en la historia de España, cita al historiador Modesto Lafuente cuando se refiere a Perpenna, traidor de Sertorio, escribiendo que "si en los traidores pudieran tener cabida el pundonor, debió Perpenna haber muerto de remordimiento y bochorno". Pero como en los traidores no hay decoro que valga, hay que tomarse a broma lo del no ministro. Dice el no doctor Sánchez que no puede tener en un ministerio, no digamos en una vicepresidencia, a quien habla de "presos políticos" en Cataluña. Jajaja. El mismo que tiene en su partido, y a punto estuvo de colocarlo al frente del Senado, a un Iceta que pide indultos para los políticos separatistas presos por el golpe de Estado en Cataluña se rasga las vestiduras por los calificativos del no ministro. Así no ve lo que de verdad hay, una venganza casi siciliana de este menda por la traición perpetrada contra su persona cuando el ahora achicado Coletas lo dejó a los pies de los caballos y casi logra su anonadamiento. Ahora, lo que son las cosas, el no ministro va a sufrir las consecuencias de aquella chulería que el no doctor no le ha perdonado. Como un moisés de opereta se quedará sin cartera prometida y a medio plazo, sin na de na y, a lo mejor lo vemos, sin predio en Galapagar.

La calina nacional va a romper los termómetros cuando veamos a Irene Montero en un sillón ministerial para hablar de vivienda y alquileres y al desinhibido Echenique tal vez en el Ministerio de Trabajo exigiendo legalidad en los contratos laborales. Vaya vodevil. No tengo duda alguna de que vamos ser testigos de todo ello y de que, seguramente, sufriremos otros ataques de rubor como los ya padecidos cuando se descubrió que todo eran sillones, vanidad de vanidades y superegos con un proletariado de broma como jaculatoria de ocasión.

Pero aún queda otra procesión más en el escenario de la investidura. Comprobaremos que los sucesores de ETA y los separatistas de toda índole se acamarán ante su elegido como el mal menor que, cuando menos, no sólo no hará retroceder su proyecto antiespañol, sino que hará posible unos pasitos más en dirección a la felonía.

¿Y por qué? Porque el PSOE, que nunca entendió la densidad histórica de la nación española, que dinamitó la convivencia y la tolerancia atizando el odio en el seno de un maniqueísmo social y dejó en manos de las derechas la energía renovable de la tradición nacional, ahora ha abortado todo germen de justicia y de igualdad situándose como defensor de excepciones, cuotas, privilegios y fueros que terminarán por tumbarle, esto es, por llevarlo a la tumba política ante su electorado tradicional. Pero, oigan, en el PSOE nadie se opone ya a esta deriva que ya no es socialdemócrata sino socialtimócrata, de timo, truco o gatazo. Cualquier cosa vale ya para disimular que este pollo sin cabeza tiene un rumbo claro hacia el futuro cuando en realidad se dirige sin descanso hacia la Segunda República y, como les venga otro calentón de libreto, a la Primera. Como aquel pájaro de Borges, construye el nido al revés y vuela para atrás, porque no le importa a dónde va, sino sólo dónde estuvo.

Pero renunciar a la ocupación de las instituciones, de las relaciones de puestos de trabajo y del Gobierno, a la colocación de los afines y a sembrar de caprichos y agujeros la economía de todos, eso nunca. Por eso, Dios quiera que me equivoque, aquí va a haber una más que monstruosa investidura, quizás, mejor, embestidura contra "los otros" o "los no nuestros" que escandalizaría al propio Frankenstein. Un bochorno.

La selvática derecha
Álvaro Petit Zarzalejos. vozpopuli  22 Julio 2019

Las matemáticas parlamentarias importan. Las frías y pertinaces operaciones que pueden hacerse para lograr los diputados es la traslación de los cálculos de la campaña a las operaciones de la legislatura. Sin embargo, los votantes no pidieron matemáticas, sino poesía. Los números bocetan la necesidad de lírica en una situación de cinco partidos. El gobierno hasta ahora, la política en general, era una actividad prosaica, para la que el ábaco bastaba. Sin embargo, con cinco partidos es necesario dar paso a la lírica y a políticos que rimen y cuenten medidas como sílabas para llegar a acuerdos como poemas. En el fondo, las matemáticas muestran caminos intuidos que los responsables públicos parecen haber decidido recorrer, no son altibajos.

Los renglones retorcidos con los que la izquierda llevó a cabo la moción de censura resultan no servir ahora que se abre página nueva. El presidente en funciones parece más empeñado en repetir las elecciones que en dotar de estabilidad a las instituciones (recordemos, por ejemplo, que el CGPJ, el Defensor del Pueblo, el Tribunal Constitucional y el Consejo de Transparencia aún siguen pendientes de renovación). Este repelús que muestra por Podemos hace que Sánchez aparezca incapacitado para la poesía política que la situación exige. Pretender unos votos sin ofrecer nada a cambio es, además de una arrogancia que España no puede permitirse, una muestra de escrúpulos que roza lo farisaico. Podemos, claro, dice que por ahí no pasa.

Algo similar sucede con Vox y Ciudadanos, con la diferencia de que ambos han empezado a pasar por sus respectivos aros. Parecen los protagonistas de La Esfera y la Cruz: dos personajes, un católico y un ateo, que tratan de batirse en duelo por sus ideas sin lograrlo. Andan, vuelan y navegan para poder hacerlo sin que las autoridades interrumpan el enfrentamiento, hasta aliarse por un objetivo común: cruzar armas el uno contra el otro. Paradójico.

Los votantes no pidieron matemáticas, sino poesía, y con cinco partidos es necesario dar paso a la lírica y a políticos que cuenten medidas como sílabas para llegar a acuerdos como poemas

Aunque las semejanzas puedan ser reveladoras, la derecha soporta un peso que la izquierda ha logrado evitar por la vía de la victoria electoral. Que exista un partido de gobierno -en este caso, el PSOE- es importante y sencillo, tanto en cuanto nace de una victoria electoral clara. Que ese partido tenga una oposición eficaz es indispensable, y no tan sencillo.

Ciudadanos aún no ha caído en la cuenta de que no han logrado el objetivo que se marcaron en las elecciones. Se resisten a aceptarlo, presos de una nostalgia por lo que pudo haber sido, y se niegan a reubicarse en el espacio político de la derecha, que guste más o guste menos, sigue liderando el PP. Están, claro, en su derecho de disputárselo. Algo así como una machtpolitik weberiana, pero en pequeñito y más de andar por casa. Pero hasta la voluntad de poder debería tener límites.

Vox, por su parte, bascula entre el grito y la reivindicación, en una acumulación y pérdida permanente de razón. Con el trato que han recibido los de Abascal hemos asistido a la degeneración de la escala con la que se mide las ideas en política. Cuando se consideran inadmisibles las posiciones de Vox sobre el aborto o la familia y tolerables las del secesionismo con respecto a la unidad nacional, queda en evidencia la lógica perniciosa con la que a veces funciona la opinión pública. Pero toda la razón que pudiera asistirles a los de Abascal la pierden por sus golpes de retórica pétrea.

Y el PP. Perfil bajo, poca presencia mediática y de un lado para otro por España para intentar alcanzar acuerdos. Casado no ha tenido protagonismo. Tampoco lo ha querido. Y ha asumido el desgaste que se pueda desprender de hacer pactos con unos y con otros. El presidente del PP ha mostrado hechuras de Estado acudiendo siempre que el resto de líderes le han llamado, incluso ha tenido el tino de ofrecer a Sánchez pactos que puedan darle estabilidad a la legislatura.

Los tres partidos están enzarzados, bosquejando pactos y soluciones para los gobiernos autonómicos, sin vislumbrar lo que a todas luces parece evidente: que el futuro y cariz lo marcará la derecha y su unión o desunión. División que puede ser intenstina, reunión que no tiene por qué ser bajo una misma vitola electoral. No de momento, al menos.

Lo poco que se quieren hoy es la medida de lo mucho que se necesitarán mañana. No es un augurio, es mera observación, es mero sentido común propulsado por la certeza de que la izquierda irá desarrollando su agenda, sin que la derecha pueda promover la suya. Que el Gobierno encuentre por toda contestación a sus pretensiones silencio o gritos aislados y por aislados, ineficaces en su labor de oposición, siempre es malo, sea del partido que sea ese Gobierno. Si el presidente de ese Ejecutivo es Sánchez, puede ser aún peor.

El líder del PSOE está en el disparadero. ¿Lo estará la derecha ante una España que pide a gritos dejar atrás la coyuntura permanente? Esta legislatura, tanto en autonomías como en el Parlamento, es una buena oportunidad que no deberían dejar pasar. Las negociaciones autonómicas, abruptas en sus inicios, parecen haberse reconducido. Y además de lo que esto significa, son también la condición de posibilidad para que se extiendan en el tiempo y en el espacio. Una oposición conjunta respecto a determinados temas, con posiciones consensuadas entre los tres sobre la base de la confianza mutua. Ese podría ser un primer paso para que la derecha deje de estar enrededada en el ensimismamiento partidista y el marasmo selvático de su propia división.

Los disparates "ciudadanos" se los endilgan a Vox
Nota del Editor 22 Julio 2019

Tener razón y parecerlo debe estar prohibido en estos tiempos, lo mismo que tener memoria y criterio. Cuarenta años de tomadura de pelo y la gente votando a quienes siguen en ello. Los disparates, insultos, desprecios de "ciudadanos" contra Vox no tienen justificación alguna, es una locura al ver sus propias miserias.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Hacia un Gobierno social-comunista
EDITORIAL  Libertad Digital 22 Julio 2019

Sánchez, sí, prefiere apoyarse en los liberticidas de Podemos antes que en las formaciones constitucionalistas comprometidas con el régimen del 78 y el Estado de Derecho.

Las negociaciones entre Pablo Iglesias y Pedro Sánchez parecen estar sustanciándose en un éxito resonante del potentado comunista a sueldo de la República Islámica de Irán, con el que el socialista juró y perjuró que jamás se asociaría.

El sanchismo creyó que vetando la presencia de Iglesias en el Gobierno acabaría con las presiones de los podemitas, que tendrían que aceptar su investidura poco menos que gratis et amore a fin de evitar un nuevo varapalo en las urnas. Sin embargo, el capo chavista se agarró al veto personalista de Sánchez para, dando un aparente paso atrás –en un movimiento no previsto por el gran genio de la estrategia Iván Redondo–, dejar sin argumentos al PSOE para seguir negándose a la entrada de los comunistas en el Gobierno. Ya se habla incluso de que Irene Montero, alabardera de Fidel Castro que pedía arrojar los Borbones "a los tiburones", podría detentar una vicepresidencia.

Así las cosas, parece que de aquí al jueves, fecha de la segunda investidura, el PSOE se va a volcar en complacer a los comunistas para mantener a Sánchez en la Moncloa. En consecuencia, negociará con Iglesias qué ministerios ocuparán sus secuaces y qué áreas de la política, la economía y la sociedad caerán bajo su siniestro control.

Estamos, pues, a las puertas de que entren en el Consejo de Ministros unos personajes que odian profundamente a España y defienden a las dictaduras más sanguinarias del planeta, de algunas de las cuales algunos han recibido y reciben cuantiosísimas sumas de dinero. Es, sin duda, una noticia funesta, de ahí que los separatistas –especialmente los golpistas– apenas oculten su entusiasmo.

Pedro Sánchez, el de "la España que quieres" que previamente desplegó aquella descomunal bandera rojigualda en uno de sus mítines, va a conformar un Gobierno social-comunista con los esbirros de Pablo Iglesias –de quien afirmó que "hace de la mentira su forma de hacer política"–, que abominan de la Constitución, la Monarquía parlamentaria y la democracia liberal, califican de "presos políticos" a los golpistas catalanes y están en comunión ideológica con los proetarras de Bildu. Sánchez, sí, prefiere apoyarse en estos indeseables antes que en las formaciones constitucionalistas comprometidas con el régimen del 78 y el Estado de Derecho.

Esta es la brutal verdad y lo que convierte al más que probable Gobierno social-comunista de Sánchez e Iglesias en una amenaza nacional formidable.

Sánchez-Iglesias, la peor noticia
EDITORIAL ABC 22 Julio 2019

Los equipos negociadores de Sánchez e Iglesias ultimaban anoche la conformación del que probablemente será en las próximas horas el primer Gobierno de coalición de nuestra democracia. No es una buena noticia para España que el PSOE necesite a Podemos para gobernar, ni lo es que un partido en declive, con un liderazgo caduco y fiel exponente de lo peor del comunismo, vaya a acaparar mucho más protagonismo del que las urnas le otorgaron. Es poco relevante dirimir si el vencedor de esta negociación a horas de la sesión de investidura es Sánchez o Iglesias.

Se trata de una alianza perniciosa para los intereses de los españoles porque, independientemente de que Iglesias haya sido vetado y no vaya a patrimonializar la acción de Gobierno, lo cierto es que su entorno sí lo hará si las negociaciones llegan a buen puerto. Sánchez tenía poco margen de actuación. Si vetaba la coalición con Podemos, la única salida factible serían unas elecciones generales el 10 de noviembre, con la incertidumbre de su resultado, con la izquierda desmovilizada y molesta por la pérdida de una oportunidad única para ellos, y con el futuro de Pedro Sánchez en juego. Por eso aparentemente ha cedido. Sánchez no se fiaba del resultado de unos nuevos comicios y ha claudicado ante Iglesias, que ya no tenía nada que perder. A su vez, Iglesias ha sumido a Podemos en el descrédito más absoluto, lo ha fracturado territorialmente, ha expulsado de su dirección a todos aquellos que han discutido su estrategia y ha convertido a Podemos en un paraíso del hiperliderazgo autoritario, la purga interna y el desprecio al disidente. Por eso su única opción era sucumbir a cualquier oferta del PSOE, por raquítica que fuera.

Sánchez, sin embargo, también aparecerá como el perdedor de un pulso determinante si finalmente fragua el Gobierno de coalición. El PSOE apostó por un Ejecutivo en solitario que ya queda en el olvido. No ha aguantado el farol a Podemos, y es ahora cuando se percibe que todo el argumentario expuesto por Sánchez era un conjunto de soflamas absurdas y una mentira flagrante. Sánchez sostuvo que no podía pactar con Iglesias porque Podemos es partidario del derecho de autodeterminación y porque cree que en España hay «presos políticos». Y resulta que está pactando. ¿Significa eso que Sánchez también cree en el derecho de autodeterminación y que en España hay presos políticos? Significa que Sánchez carece de principios y valores, que cada vez que habla lo hace para engañar a los españoles, y que su única obsesión era permanecer en La Moncloa a cualquier precio, votos de Bildu incluidos. En cualquier caso, si el acuerdo PSOE-Podemos se cierra finalmente, como así parece, la principal duda se cierne sobre el futuro de la economía de España. El incremento del gasto público y la subida masiva de impuestos a la clase media están garantizadas. Una pésima noticia.

Pedro Sánchez: incierta sesión de investidura
Editorial El Mundo 22 Julio 2019

Pedro Sánchez afronta hoy su segunda investidura con el riesgo de fracasar en el encargo de formar Gobierno, que es exactamente lo que ocurrió en marzo de 2016. Si entonces se presentó al trámite tras acordar un pacto programático con Ciudadanos, en esta ocasión, la única posibilidad de sacar adelante la investidura pasa por ahormar la mayoría de populistas e independentistas que le aupó a La Moncloa en la moción de censura. Un Gobierno Frankenstein tan legítimo como preocupante para el futuro de la nación. El enroque en las negociaciones, sazonado con un impúdico mercadeo de puestos, dio paso el viernes a la retirada por parte de Pablo Iglesias de su exigencia de entrar en el Consejo de Ministros. Sánchez, pese a enarbolar en su día el eslogan del no es no, exige ahora a PP y Cs que se abstengan por el bien del país. El mismo que él no consideró hace tres años. Pero, al mismo tiempo, ha declarado a Podemos "socio preferente". Esta posición, unida al hecho de que Iglesias aceptara el veto impuesto por Sánchez, ha obligado al PSOE a intensificar los contactos con la formación morada. En todo caso, para sacar adelante la investidura -previsiblemente, tiene más opciones de hacerlo en la votación del jueves- necesita del apoyo o la abstención del PNV, Compromís, PRC y ERC.

Iglesias ha tenido la habilidad de convertir el veto de Sánchez en una trampa para obligar al PSOE a algo que repudiaba de inicio:la formación de un Gobierno de coalición. El presidente en funciones ha abusado del tacticismo y del marketing político. Y el resultado es que, por primera vez en 80 años, los socialistas se abren a la posibilidad de incorporar a una fuerza a su izquierda al Consejo de Ministros. De esta forma, el PSOE abandona definitivamente la centralidad política, reclamada esta semana por Felipe González, y se dispone a afrontar la legislatura de la mano de formaciones que cuestionan algunos de los principios elementales en los que se sustenta el Estado, empezando por la unidad nacional.

Sánchez sostuvo que no podía contar con Iglesias como vicepresidente mientras éste considerara que en España existen "presos políticos". La realidad es que, con Iglesias dentro o fuera del Gobierno, Podemos sigue amparando la autodeterminación. De hecho, el líder de En Comú Podem en el Congreso, Jaume Asens, aseguró ayer en Catalunya Ràdio que "una de las cosas de las que tendremos que hablar [con el PSOE] es del referéndum". Es una burla a todos los españoles que Sánchez ponga en almoneda la soberanía nacional por pura ambición de poder. La crisis de Estado que supone el desafío separatista exige no ir de la mano, precisamente, de aquellos que quieren liquidarlo. El programa de gobierno que hoy desgranará Sánchez ante la Cámara pasa a un segundo plano ante la inquietud tanto política como económica que despiertan los compañeros de viaje elegidos por el PSOE.

Idiota solemne

Luis Herrero  Libertad Digital 22 Julio 2019

Tengo la estúpida sensación de haber caído en la trampa como un idiota. Poco a poco fui inoculando el efecto nocivo de la propaganda monclovita hasta quedar firmemente convencido de que Sánchez había tomado la firme decisión de impedir que Podemos formara parte del Gobierno. La explicación tenía una lógica irrefutable. Con los podemitas en la mesa del Consejo de Ministros, el PSOE sellaba los términos de una legislatura condenada a circular por un carril de sentido único. Renunciaba definitivamente al ejercicio de la llamada geometría variable —es decir, a alcanzar acuerdos concretos en cuestiones concretas con los partidos del bloque de la derecha— y fiaba toda su suerte a que los independentistas quisieran respaldar, a veces con su abstención, pero otras veces —en el debate presupuestario, sin ir más lejos— con su voto afirmativo, las iniciativas del Gobierno mixto.

Durante el tiempo que dure la legislatura, o esa sociedad aritmética (PSOE, Podemos, PNV, ERC-Bildu) funciona como un reloj, o las iniciativas gubernamentales estarán abocadas a la derrota parlamentaria. No hay vías de servicio ni caminos alternativos. La derecha no acudirá en ayuda del gobierno de izquierdas más radical que haya conocido la política española española desde la restauración democrática. Solo por ese hecho, la perspectiva de lo que nos aguarda ya da demasiado vértigo. Imaginemos ahora lo que pedirán los independentistas a cambio de su apoyo constante (vienen tiempos de diadas incendiarias y sentencias demoledoras para los líderes del procés) y el vértigo se transformará, probablemente, en terror abisal. De ahí que yo me creyera que Sánchez estaba haciendo lo imposible por ahorrase ese trago. No sé cuántos jamones he perdido al apostar por la repetición de las elecciones.

En mi defensa debo decir que no hubiera picado el anzuelo —creo— si la coyuntura política no hubiera admitido otras posibles soluciones. Si la situación se hubiera planteado en términos de "o esto o nada", "o el poder a este precio o a la puta calle", el geniecillo maligno de la propaganda oficial no hubiera conmovido mis convicciones. Siempre he creído que Sánchez pagaría lo que hiciera falta por seguir siendo el inquilino del palacio de La Moncloa. Nunca le he visto cerca de sufrir un acceso de dignidad política. ¡Pero había un plan B! Una vez constatado que Rivera no iba a apearse de su "no es no" a la coyunda con el socialismo sanchista, la opción de la repetición electoral aún dejaba cierto margen a la posibilidad de rebajar el precio de la factura por seguir en la presidencia del Gobierno. En el peor de los casos nos hubiera devuelto a la situación actual, pero en ningún caso hubiera empeorado las cartas de Sánchez. O eso creía yo.

Me cuentan mis espías paraguayos que la clave del cambio de criterio hay que buscarla en el mensaje inequívoco que le han hecho llegar a Sánchez los independentistas catalanes y vascos: "si quieres nuestro aval para alcanzar la investidura tienen que darse dos condiciones: que el acuerdo se firme ahora mismo (en septiembre, con la sentencia del procés recién dictada, olvídate) y que Podemos se siente en el banco azul. Ellos serán los garantes de que se nos pague un precio justo por nuestra contribución a tu permanencia en la presidencia del Gobierno. De ti solo no nos fiamos. O ellos te vigilan de cerca y te olvidas de los requiebros a los paladines del 155, o perderás para siempre la oportunidad de contar con nuestro respaldo. Y sin él, o cambian mucho las previsiones electorales, o puede que no seas presidente jamás. Lo tomas o lo dejas." Al parecer, después de haberlo meditado mucho, en Moncloa han decidido tomarlo.

Todo lo que ha pasado en los últimos tres días no es otra cosa que una grotesca puesta en escena para justificar la rectificación. ¿Alguien se cree que cambia mucho el panorama por el hecho de que Iglesias no forme parte del Gobierno pero sí lo haga Irene Montero? ¿Deja de ser el populismo podemita un riesgo para el prestigio de la democracia española del que habló Pedro Sánchez en La Sexta la semana pasada por el simple hecho de que su secretario general siga sentado en la bancada de la Oposición mientras sus sobresalientes de espadas se acomodan en el banco azul? ¿Tiene Montero criterios distintos a los de Iglesias en las grandes cuestiones de Estado? ¿Va a ser Podemos un socio de Gobierno menos oportunista porque al número 1 le sustituya la numero 2 en el Consejo de Ministros? Pocas veces he visto una tomadura de pelo de tal calibre. Pero no tengo derecho a protestar. Durante mucho tiempo he sido un idiota solemne.

Carta a un separatista / Oro de Moscú y miseria de la historiografía
Pío Moa Gaceta.es 22 Julio 2019
Doy por supuesto que mis amables lectores difundirán a fondo e insistentemente, como siempre, contenidos como esta carta abierta.

Estimado señor:
Empezaremos por un asunto que a usted no le hace gracia, pero que es definitorio: el racismo. Después de la derrota nazi nadie quiere proclamarse racista, pero en el origen de sus separatismos está la idea de ser una una raza superior. Superior y sin punto de contacto con ninguna otra, decía Arana. Superior y en peligro de contaminarse con los “españoles”, decían Prat de la Riba y los de la Esquerra. Esto está bien documentado, mal que le pese. Me dirá usted que eso ha cambiado y ya no es así. Muy bien, si ustedes no son una raza superior, no se diferenciarán de los demás españoles porque sus diferencias son mínimas, las clásicas regionales, al lado del fondo común cultural e histórico que nos identifica a todos. Pero ¡por supuesto que el fondo de todo su llamémosle pensamiento sigue siendo ese racismo tan peculiarmente necio y ahora disimulado hipócritamente! Sin él se quedaría usted sin “argumentos”.

En su empeño en hacerse el diferente, usted da excepcional importancia al idioma regional, declarando ajeno y opresor al común que nos une a todos. Idioma de origen castellano pero hablado y entendido en toda España y al cual han contribuido todas las regiones. Usted pretende que la lengua común se ha impuesto y oprime a su lengua regional. Pero sabe muy bien que es falso. Lo que viene ocurriendo es justamente lo contrario: son ustedes los que tratan de marginar y excluir la lengua común. No voy a entrar en la discusión sobre el mérito de su lengua regional, y menos aún su derecho a hablarla y desarrollarla, pero sí le recordaré el hecho histórico de que el castellano se fue haciendo común por su mayor peso cultural en todos los órdenes, que fue aceptado sin necesidad de guerras por todas las regiones, y que a su desarrollo, literatura y pensamiento han contribuido todas las regiones. Y que con él se ha creado uno de los grandes ámbitos culturales del mundo. En su misma región, la cultura se ha desarrollado mucho más en el español nacional que en el español regional. Y usted pretende privar a sus paisanos de la riqueza que en todos los órdenes supone la lengua común para imponerles la exclusiva de una de mucha menor influencia en todos los órdenes. ¿Y por qué pretenden ese absurdo? Por lo del principio, porque consideran la lengua regional como la propia en exclusiva. ¿Propia de quiénes? De la “raza superior”, claro.

Otro aspecto disimulado de su racismo es su jactancia de ser más ricos que otros españoles. Y esto conviene aclararlo también. Es cierto que en Barcelona y Bilbao surgió una clase empresarial e industrial de cierto fuste por primera vez en España. Y es igualmente cierto que esa clase fue especialmente protegida desde Madrid. Es decir, fue concebida y funcionó como una política nacional de España. Ninguno de esos empresarios era por entonces secesionista, porque, aparte de que ni se le ocurría, sabía bien que su prosperidad dependía del conjunto del mercado español y de la política española. Esto no tiene nada de particular, todos los países han desarrollado su industria con proteccionismo y en algunos centros particulares, pues sus productos tardan en hacerse competitivos con los de otros países que se han adelantado. Así ocurrió en Usa, Alemania, etc. El problema reside en el grado de proteccionismo. Cuando es excesivo, como ocurrió en España, crea mercados cautivos que frenan la innovación y la iniciativa empresarial, por una parte, y por otra absorben rentas de otras regiones, obligadas largo tiempo a comprar productos de menor calidad y a mayor precio que los extranjeros. Este problema influyó, por ejemplo, en la guerra de Cuba. En otras palabras, un proteccionismo excesivo, que no se abolió hasta 1960, ha permitido que algunos centros industriales de sus regiones se enriqueciesen perjudicando al resto.

Y le recordaré otra cara de la moneda: también absorbieron sus empresas a gran número de personas de otras regiones, precisamente porque el proteccionismo excesivo las mantenía en mayor pobreza. Es cierto que para esas personas fue una salida, pero no lo es menos que su riqueza regional de ustedes se debe en gran medida, y no debe olvidarse, a aquellas personas, a menudo explotadas de mala manera. En buena medida, el separatista vivía de ellas y se permitía al mismo tiempo despreciarlas e insultarlas. El desprecio alcanza una cima cuando ahora se jactan ustedes de haberles ofrecido un pan que les negaban sus regiones de origen o bien ”España”. ¡Qué generosos con los inferiores! ¿Entiende usted todo lo grotesco de ese laberinto de falacias?

En fin, usted y sus correligionarios pretenden destruir una de las naciones que más ha contribuido a moldear la historia del mundo, y disgregarla en un conglomerado de pequeños estados como los de la llamada Edad Media, inevitablemente hostiles entre sí, insignificantes en el orden internacional y juguete de intereses de potencias mayores. Ese es el contenido de su programa y no hay otro. ¿Cómo es posible tanta estupidez? Estupidez agravada porque, ante la miseria moral y política de los gobiernos que llevamos sufriendo largo tiempo, ustedes han creído ya fácil cumplir su designio. Quizá le convenga reparar en que ese tipo de gobiernos ha sido bastante frecuente en España desde hace un siglo y medio, y a pesar de ello, todas las intentonas separatistas han fracasado, incluso ridículamente, una y otra vez. España, convénzase, tiene una densidad cultural, histórica y política que no se deja destruir fácilmente, y que debería tener usted muy en cuenta si no quiere provocar nuevas desgracias a un país que ya lleva sufrido bastante de chifladuras como la suya.

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El oro de Moscú
El nivel de la actual historiografía española se pone de manifiesto en la cuestión periódicamente resucitada del oro enviado a Moscú por el gobierno de Largo Caballero, o más propiamente por tres de sus componentes: el propio Largo, Negrín y Prieto.

La cuestión históricamente decisiva es que aquel envío, al margen de cualquier motivación que se haya esgrimido, puso al Frente Popular en manos de Stalin. Simplemente eso. Sin Stalin, el Frente Popular se habría hundido en seis meses a pesar de su aplastante superioridad material de inicio. Pues bien, este hecho está ausente o apenas mencionado en la mayor parte de la historiografía, que prefiere enredarse en aspectos secundarios.

El principal aspecto secundario que ha dado lugar a multitud de intervenciones es el del motivo de su envío a Moscú. Sus autores han afirmado que se debió a que las democracias no aceptaban colaborar con el Frente Popular (“la república”, la llaman), a pesar de ser tan demócrata como ellas. Y por ahí siguen muchos historiadores de poco fuste. Al parecer no tienen relevancia hechos como que Largo, Negrín y Prieto hubieran intentado en 1934 una insurrección contra la república para implantar un régimen de tipo soviético; o que hubieran organizado el fraude electoral de febrero del 36; o que contribuyesen a crear un clima revolucionario a continuación, y una revolución abierta a partir del 18 de julio de aquel año. En los análisis de esa gente, estos hechos ni se mencionan. Se diría que los tres personajes eran unos buenos demócratas que solo deseaban que otras democracias los apoyasen y que solo recurrieron a Stalin cuando se vieron sorprendidos por la falta de solidaridad de Londres y París. ¿Es que no sabían lo que representaba Stalin?

Hay otros debates de interés menor, como el de la legalidad del envío. Desde luego fue manifiestamente ilegal, pero eso no era nada nuevo en un Frente Popular que en las propias elecciones y a continuación de ellas había pisoteado a conciencia cualquier legalidad o principio democrático.

Por otra parte, los debates secundarios sobre si el oro fue consumido o no, giran sobre problemas sin mayor interés, al no poder comprobarse fehacientemente. Excepto en un sentido: el Frente Popular gastó, en cualquier caso, mucho más dinero que los nacionales en la adquisición de material en Rusia y otros países, y no fue solamente el oro. Lo cual arruina otra especulación de historiadores lisenkianos que aceptan la propaganda roja, según la cual se había perdido la guerra porque el Kremlin había ayudado poquito en comparación con las masas de armas suministradas a Franco por Italia y Alemania.

Y, repitamos, el efecto histórico mayor y definitivo fue que aquella decisión puso en manos de Stalin los destinos del Frente Popular. Si no se parte de ahí, todo el debate degenera en puros bizantinismos. Por cierto, un asunto derivado es el del arrepentimiento de Largo y de Prieto, pero no de Negrín, por el envío del oro y sus consecuencias. Arrepentimiento que costó a ambos su defenestración política. ¿O no tuvo nada que ver una cosa con la otra?

Ocho 'Ibex 35' pagaron una campaña contra el 'procés' a petición del Gobierno de Rajoy
Los presidentes de las empresas del Ibex 35 se han implicado personal y económicamente en sofocar la independencia de Cataluña promovida por Carles Puigdemont
Agustín Marco El Confidencial 22 Julio 2019

Los presidentes de las empresas del Ibex 35 se han implicado personal y económicamente en sofocar el proceso de independencia de Cataluña promovido por la Generalitat de Cataluña. Según han confirmado varias fuentes oficiales, siete de las mayores compañías nacionales financiaron a petición de Mariano Rajoy una campaña internacional por las principales capitales de Europa y ciudades de Estados Unidos para contrarrestar la propaganda del Gobierno catalán en el extranjero.

En octubre de 2017, España vive un momento político histórico ante el envite del entonces presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, al declarar la independencia de Cataluña y forzar la celebración del referéndum del 1 de octubre. La Generalitat utiliza sus embajadas en el exterior para plantear el debate sobre su proyecto secesionista como una lucha entre el espíritu democrático del referéndum y el totalitarismo de Madrid por impedirlo. Y el discurso cala en algunos medios de comunicación internacionales. La declaración de independencia del Parlamento de Cataluña del 27 de octubre recibe inmediatamente la respuesta del Gobierno de Mariano Rajoy, que aprueba la aplicación del artículo 155 de la Constitución para intervenir el parlamento regional.

A la par, Carmen Martínez de Castro, secretaria de Estado de Comunicación dentro del Ministerio de Presidencia, convoca a un desayuno a altos directivos de Banco Santander, BBVA, Caixabank, Telefónica, Repsol, Iberdrola, El Corte Inglés e Inditex. Les explica el momento tan delicado que vive España y las posibles consecuencias para el país y para las empresas del órdago independentista. En ese contexto, del que todos los presentes eran conscientes, la mano derecha del que era presidente español en ese momento, Mariano Rajoy, les pide que contribuyan a neutralizar la campaña mediática de la Generalitat, en una operación que se estructuraría a través del Real Instituto Elcano, cuyo presidente de honor es el rey Felipe VI.

Tras debatir cuál es la mejor fórmula para instrumentar esta ayuda -en un momento en el que muchas empresas estaban cambiando sus sedes en Cataluña y otras estaban viendo sus negocios en riesgo-, se consideró adecuado que la campaña se ejecutara a través del Real Instituto Elcano, dado que todas ellas forman parte de su patronato. De esa manera, se quiso evitar dar la impresión de que estas empresas estuviesen financiando una acción gubernamental.

Según la documentación a la que ha tenido acceso El Confidencial, el programa consistió en un 'road show' o ciclo de conferencias por cinco ciudades europeas --París, Londres, Bruselas, Berlin y Roma-- y dos estadounidenses, Nueva York y Washington. El Real Instituto Elcano contó con la colaboración de 'think tank' como el Institut Français Relations Internationales, Chatham House, Egmont, Institut für Euroapaische Politik, Istituto Affari Internazionali, Wilson Center Peterson Institute for International Economics y el council on Foreign Relations. La ronda comenzó el 6 de noviembre en Londres y acabó el 19 de diciembre en Nueva York.

Además del director del Real Instituto Elcano, Charles Powell y varios de sus principales investigadores, las jornadas contaron con la intervención de Josep Bou, presidente de Empresaris de Catalunya, Juan José Bruguera, presidente de la inmobiliaria Colonial y del Cercle d´Economia, Joaquím Gay de Montella, en ese momento presidente de Foment del Treball, y de Juan Rosell, presidente de la CEOE, También participaron Josep Borrell, actual ministro de Exteriores en funciones, Josep Piqué, exministro y consejero de varias compañías como Amadeus, Alantra y antes OHL y Aena, y Rocío Martínez, directora de la Fundación Felipe González.

Fuentes de las empresas financiadoras, que oficialmente han declinado hacer ningún comentario, explican que la situación particular de España exigía una respuesta contundente y que el Real Instituto Elcano era y es una organización respetada a nivel internacional para exponer al mundo que en el país se respetaba el orden constitucional. Una estructura que en aquellos días estaba en peligro por la amenaza independentista que había conseguido tener altavoces en medios extranjeros de primer orden.

Por ello, estas empresas acordaron dar un "presupuesto especial" para esta campaña, a petición del Gobierno, puesto que Elcano ya había consumido prácticamente los cinco millones con los que un gran número de compañías nacionales financian anualmente al Instituto. La aprobación de esta línea tuvo que ser validada por cada uno de los presidentes de Banco Santander, BBVA, Caixabank, Telefónica, Repsol, Iberdrola, El Corte Inglés e Inditex con el fin de acreditar la importancia de la orden recibida desde Moncloa.

Fuentes oficiales de Elcano indican que entre los mandatos fundacionales de la institución está explicar España al mundo y el mundo a los españoles. Sobre el 'road show' pagado por estas empresas, indican que "el 24 de octubre de 2017, el Real Instituto Elcano presentó en rueda de prensa el informe "El proceso independentista catalán ¿cómo hemos llegado hasta aquí?", con una gran presencia de medios, entre ellos muchos corresponsales extranjeros". Por ello, visto el interés suscitado y que muchos de esos periodistas habían asumido como verdaderas las tesis independentistas, se decidió hacer esta misma presentación en otros países, "a través de los centros de pensamiento con los que tenemos una relación habitual".

El objetivo era "explicar la situación en Cataluña, y defender los intereses y la imagen de España". Para ello, la idea se comunicó a los miembros del Patronato y se solicitó un presupuesto adicional, ya que no estaba incluido en el presupuesto de 2017. Por contra, Elcano asegura desconocer la participación del Gobierno y por qué la Secretaria de Estado de Comunicación fue la que pidió la aportación de las compañías al Instituto en una reunión en Moncloa cuando lo podía haber hecho directamente el patronato donde están sentados representantes de Banco Santander, BBVA, Caixabank, Telefónica, Repsol, Iberdrola, El Corte Inglés e Inditex.

Otros líderes, otra ley
Isabel San Sebastián. ABC 22 Julio 2019

Salvo sorpresa de última hora, esta semana quedará resuelta, al fin, la investidura del presidente. El vergonzoso chalaneo de cargos protagonizado por Sánchez e Iglesias se traducirá en una nutrida presencia de representantes de Podemos en el Consejo de Ministros, con la consiguiente amenaza para nuestros bolsillos, que pagarán más pronto que tarde el precio de esa coalición. Nada en política se consigue gratis y la poltrona del líder del PSOE nos va a costar un ojo de la cara a los ciudadanos, no solo en términos económicos, sino de estabilidad democrática y cohesión nacional. Aunque la terminología haya caído en desuso, vamos a un gobierno de frente popular encabezado por un socialista tan ambicioso como escaso de fuerza parlamentaria, rehén de los comunistas que tendrá metidos en su gabinete y de los separatistas cuyo respaldo precisará en cada votación, empezando por la del jueves. Antes de empezar a mejorar, las cosas van a empeorar mucho.

¿A quién creen engañar los señores de Ferraz vendiendo como una victoria la exclusión del cabeza de cartel podemita? ¿Qué más le da a éste mandar desde dentro o desde fuera del Ejecutivo? Porque mandar, va a mandar, eso es seguro. De momento, ha ganado el pulso a su oponente demostrando una notable superioridad estratégica y no digamos táctica para la consecución de poder, que es exactamente de lo que se trata. Tocar poder y presupuesto. Colocarse o colocar. España y los españoles les importamos un rábano tanto al uno como al otro. El proceso secesionista en Cataluña es una mera anécdota en comparación con el placer de pisar moqueta. El historial sanguinario del separatismo vasco, un detalle carente de importancia. El fingido mohín ofendido de Sánchez ante el hecho de que Iglesias llame «presos políticos» a los golpistas encarcelados, un acto de hipocresía repugnante por parte de quien nunca ha hecho ascos a los votos de ERC o de Bildu, autores del copyright. El poder es su único objetivo y ya lo tocan ambos con la mano. Ha pesado más esa codicia que cualquier desavenencia personal.

Con otros líderes u otra ley electoral habría sido posible otro desenlace, desde luego. Si los dos grandes partidos presuntamente vertebradores de la sociedad hubiesen reformado las reglas de juego cuando todavía disponían de mayorías suficientes para hacerlo, a fin de privar al nacionalismo de la sobrerrepresentación de la que goza, otro gallo nos cantaría. Pero esa ley les beneficiaba y prefirieron mantenerla, hasta que el sistema ha saltado hecho pedazos y la gobernabilidad se complica hasta límites insospechados. En paralelo, si al frente del PSOE hubiese habido un hombre de Estado capaz de supeditar sus propias apetencias al interés general, en lugar de un narcisista de libro, habría dirigido su mirada hacia su derecha y buscado un acuerdo razonable con Ciudadanos, basado en la defensa de la Constitución y del crecimiento económico, aún a costa de afrontar un choque duro con un separatismo crecido y fuertemente atrincherado en sus feudos. Dada la naturaleza del interfecto, es de suponer que se cree capaz de engañar o controlar a sus socios de extrema izquierda en el Gobierno, apaciguando a la vez a los independentistas mediante un «diálogo» entre demiúrgico y milagroso encabezado por su insigne persona. Será interesante ver cómo lidia con la realidad en cuanto pase el verano y se disipe el incienso de los múltiples botafumeiros mediáticos dedicados a loar su gloria.

Los líderes son, por desgracia, los que son, y la ley electoral, un corsé que dificulta sobremanera la respiración democrática del país. Mientras perduren unos y otra, la única opción es resistir.

Espías en el recreo
Carlos MármolCronica Global 22 Julio 2019

Decía Proudhon, que fue un filósofo anarquista francés, idealista del mutualismo y célebre por su afirmación de que toda propiedad es un robo, que ser gobernado implica ser “observado, inspeccionado, espiado, dirigido, regulado, escriturado, adoctrinado, sermoneado, verificado, estimado, clasificado, censurado y ordenado por seres que no poseen los títulos, el conocimiento ni las virtudes apropiadas”. Es una verdad como una catedral. Lo constatamos al descubrir que la Generalitat de Torra, intelectual del supremacismo, autorizó que una panda de dogmáticos de la inmersión lingüística –por supuesto, subvencionados– espiara a los profesores y a los alumnos en los colegios de Cataluña para comprobar si en las aulas y en el recreo usaban el catalán o el castellano para entenderse.

El plan de observación –curioso término– se llevó a cabo con todas las bendiciones tribales en cincuenta centros escolares, donde los espías lingüísticos se presentaban “de incógnito”, hablando en inglés y con la excusa de organizar “actividades lúdicas”. Una vez dentro de los colegios, fiscalizaban con esmero –el detallismo es uno de los rasgos de los fanáticos– cuál era la lengua espontánea. Ni los docentes ni las familias de los alumnos –menores– tenían constancia de ser las cobayas de un experimento de ingeniería social, que es una de las prácticas preferidas por los regímenes totalitarios. Su conducta ha servido para que la Plataforma per la Llengua –que es el nombre oficial de la secta– constate que menos de un 30% de los alumnos y profesores de Cataluña se comunican en catalán, optando en su mayoría por el español. ¡Bienvenidos al Mediterráneo!

Para los espías de Torra, este dato –empírico, aunque obtenido de forma ilegal– supone un escándalo porque demuestra el incumplimiento de la ley de educación regional que, fiel al credo nacionalista, en su momento estableció –lo hizo una mayoría parlamentaria incapaz de respetar a minorías representativas que son mayorías sociales– que para ser catalán había que dejar de hablar y entender el castellano. El episodio, que se suma a otros muchos, como el caso de la niña del colegio Font de l'Alba de Terrasa, agredida por una profesora porque en un ejercicio escolar se atrevió a pintar la bandera de España, demuestra el mayúsculo grado de delirio al que han llegado los independentistas, capaces de espiar a niños para evaluar sus políticas segregacionistas. Nos dice, también, algo más: la obstinación del soberanismo por crear una raza aria, inequívocamente catalanufa, tras décadas de pujolismo, es un rotundo fracaso. Lo natural (en este caso el uso del castellano) se impone. Da igual lo que diga el Estatuto de autonomía o las tablas de la ley de Moisés.

La lengua es el territorio de la libertad, el único espacio (sagrado) en el que los individuos –sin tener que obedecer a ningún clan, sin ataduras, sin miedo– nos expresamos como somos. Lo que sucede en los colegios catalanes no es una anomalía –como la califican los espías amarillos– sino un acto de libertad al desnudo. Sin propaganda, sin manipulación, sin componendas. Demuestra que la inmersión lingüística nunca ha sido una forma de defender y divulgar el catalán, que puede hablarse ahora y antes con libertad plena. Es una manera perversa de segregar a la gente entre los candidatos a formar parte de la familia y los extraños, aunque sean vecinos, compañeros de colegio y colegas de trabajo.

Según los espías amarillos, Cataluña vive “una situación de emergencia lingüística” que debería intensificar la eliminación del castellano, al que no defiende ni el propio Estado, que debería ser tan garante del uso de las lenguas regionales como del idioma común. La milonga de que el catalán está al borde de la extinción –compuesta siguiendo la lógica victimista de quienes en cuanto pueden se convierten en inquisidores– es uno de los fakes habituales de TV3. Ni lo está, ni lo estará mientras los hablantes, por decisión propia, lo usen para expresarse, en lugar de para distinguirse de sus iguales. Es un hecho natural de Cataluña, que es una sociedad netamente bilingüe.

Lo que los nacionalistas no entienden –ni aceptan– es la evidencia subsiguiente: el castellano también es la lengua natural del país, como diría, tras liarse un cigarrillo, el gran Josep Pla. Que tengan que espiar a los niños en el recreo para confirmarlo denota su incapacidad para asumir que nadie, tenga la ideología que tenga, va a renunciar a elegir cómo expresarse. La represión del español en Cataluña practicada por el nacionalismo no ha acabado con el castellano. En primera instancia, porque su uso es una opción personal, familiar y cultural. En segundo, porque continúa siendo la lengua mayoritaria entre los propios catalanes. And last, but not least, porque, en términos de eficacia lingüística, es útil.

Ninguna ley puede, aunque lo pretenda, establecer la identidad por decreto. Uno es lo que es por elección propia. Y, en determinados años de la vida, probablemente también por oposición a la imposiciones ajenas. No es cierto que el problema territorial español tenga que ver con la lengua ni con la cultura. En España cada uno puede ser lo que quiere. Tiene que ver con el dinero, que es el verdadero lenguaje universal, “pues de puro enamorado/Anda continuo amarillo”, como escribió, con su prodigioso castellano, don Francisco de Quevedo y Villegas, señor sombrío de la Torre de Juan Abad.

Roures, Benet, el CNI y los golpes al Estado
Xavier Salvador Cronica Global 22 Julio 2019

Los hechos del otoño-invierno de 2017 son de los asuntos más graves que han sucedido en España desde la recuperación de la democracia a la muerte de Franco. Una especie de rebelión popular auspiciada desde el poder institucional puso en jaque al Estado durante unos meses y alumbró la mayor crisis política de la última década. Juristas y politólogos se han detenido en otorgarle la nomenclatura adecuada a aquellos acontecimientos sin que exista unanimidad.

Son muchos los que calificaron el momento álgido del procés como un golpe de estado. Sostienen esa calificación porque, aunque la dimensión más moderna de lo acontecido no se compadece con los golpes de estado clásicos, sí que podía encerrar una finalidad similar: propiciar un cambio de poderes sin atravesar por los procelosos y garantistas sistemas democráticos.

Somos unos pocos quienes establecemos un matiz. Lo que resulta indiscutible de aquel asunto es que hubo, y no fue menor, un golpe al Estado. A todas sus instituciones y a los tres poderes clásicos. Al legislativo se le marraneó los días 6 y 7 de septiembre de hace dos años pasando por alto derechos indiscutibles de las minorías e intentando un cambio legislativo de profundidad que se basaba, de manera principal, en una arquitectura de falsa democracia parlamentaria inédita en España. Al poder ejecutivo se le mancilló hasta límites insospechados: Rajoy y su equipo quedaron no sólo como unos incompetentes en la resolución de conflictos, sino como una versión moderna de gobernantes totalitarios por su negativa a aprobar un referéndum ilegal y por la intervención posterior de las fuerzas de seguridad para impedirlo. Al poder judicial aún se le acosa. Primero fueron los desfiles de gobernantes y ciudadanos ante las sedes judiciales para acompañar a sus líderes encausados y, más recientemente, el intento permanente de descrédito al Tribunal Supremo, máxima instancia judicial del país y órgano que juzga aquellos hechos.

Para golpear al Estado hacen falta no pocos esfuerzos. Crear un clima de opinión en el que se perciba su actuación como corrompida es la primera necesidad. La expansión internacional de esa imagen constituye otro de los propósitos de los urdidores de aquel fenómeno. Una prensa subvencionada y dócil a pie de obra contribuyó sobremanera al plan, y una parte pequeña del sector privado de la comunicación que parece manejarse mejor en un magma de descontrol y desconfianza que ante un Estado sólido y fuerte.

Ahí es donde aparecen figuras singulares en estos últimos años. Jaume Roures y su socio Tatxo Benet, son dos de los nombres propios a retener. Además de impulsores y adinerados empresarios gracias al imperio audiovisual Mediapro, la militancia izquierdista histórica del primero e independentista de su socio hicieron el resto. Su empresa fue la organizadora de un centro de prensa internacional para dar cobertura al falso referéndum del 1-O que contaba con las últimas tecnologías y el control de la mayoría de las imágenes de aquella infausta jornada. Su ánimo emprendedor les hizo dueños en primera y segunda vuelta del diario Público, que aspira a ser una especie de martillo de herejes de la policía y el espionaje español. Sus documentales sobre lo que llaman las cloacas del Estado nunca se sabe si consiguen ganar algún euro, pero lo que nadie discute es que influyen en la creación de un relato catastrofista que tiende a presentar al Estado como una corrupta y perversa maquinaria que vive de espaldas a la ciudadanía y al interés general.

Hay más, pero huelga extenderse en las andanzas de esta pareja. Que pusieran dinero en la fallida aerolínea Spanair para perjudicar a la compañía de bandera española o que intentaran adquirir El Periódico de Catalunya para contar con otra vía de ejecución de sus intenciones son apenas anécdotas. Incluso es un tema menor que Benet tenga un especial interés por hacerse con el control del Barça, después de que la actual junta directiva partiera peras con Mediapro y se aliara con uno de sus competidores en varias actividades vinculadas al fútbol, onerosas todas ellas.

El último episodio que abunda en esa línea se ha producido hace apenas unos días cuando el medio digital que controlan ha puesto sobre la mesa una teoría alucinógena sobre la supuesta convivencia del CNI con el atentado terrorista de Barcelona y Cambrils del 17 de agosto de 2017. En lo periodístico su apuesta no se sustenta, pero en lo ideológico han conseguido que algunos ámbitos del independentismo hallen una nueva tesis con la que flagelar al Estado que siempre desearían derribar. La prensa seria ha pasado de largo sobre el asunto. La prensa de izquierdas incluso ha llegado a explicar que no se hacían eco de la conspiración porque daba pánico cómo estaba formulada. Los medios concertados del frikismo indepe, en cambio, la presentaron como una verdad revelada, aunque ninguno de ellos haya resultado capaz de aportar un dato adicional que valide ese esperpento de tan mal gusto. Pilar Rahola en estado puro, para entendernos.

Seguro que el CNI comete errores, que las fuerzas de seguridad también lo hacen (conviene recordar que ninguno de los terroristas del 17A fue capturado con vida para obtener información adicional y que los Mossos justificaron aquella actuación por el riesgo y peligrosidad que entrañaba su captura –cosa que jamás se discutió–), pero sólo el entorno clientelar de la pareja empresarial parece dispuesta a usar esos elementos como un puñal en la espalda del Estado. Agitar al radicalismo y al independentismo para pedir explicaciones por una barbaridad no comprobada es una forma novedosa de golpear al Estado. Y quienes lo impulsan y difunden, una especie de cómplices de la locura que hemos vivido.

Público, Roures, Benet, Rahola y otros muchos son los que entrenan con el Estado como un saco de boxeo, día sí, día también. No verlo, ser incapaces de tomar distancia, como ha sucedido con algunos buenos colegas de profesión, es pura patología nacionalista. Una expresión mejorada del supremacismo en estado puro.

Decálogo para diferenciar al hombre de Estado
Pablo Mosquera latribunadelpaisvasco 22 Julio 2019

La política no ha mejorado en la percepción de los españoles. La democracia no depende de las citas con las urnas. El sistema de elecciones de nuestro país ha fracasado. Y lo peor de todo. Cuando Murphy enunció su teorema, parece que se estaba inspirando en España.

1. España es un país dónde unos tienen derechos históricos y los demás el derecho a obedecer dicterios y ocurrencias de mandarines. Esto nos lleva a las desigualdades y desequilibrios entre territorios y ciudadanos. Sr. Rivera, ¿se ha dado usted cuenta?. Sr. Rivera, ¿no descubrió que ser catalán es una forma privilegiada de ser español?.

2. Si lo que antecede es verdad, todavía puede ser más nefasto el asunto. Cuando los ricos además son nacionalistas e independentistas. Se valen del caduco sistema electoral que con un puñado de votos en Cataluña y Euskadi, logran tantos escaños como partidos de ámbito nacional, y se convierten en la novia más deseada -pubilla o neska- cuyos encantos se disputan los grandes partidos para completar mayorías, eso sí, a cambio de dineros e inversiones. Sr. Rivera, ¿aún no ha descubierto que mientras no se hagan reformas en la Ley Electoral, hay que impedir semejante abuso?.

3. En el colmo de la desfachatez, chulería y desprecio a la Ley, llegan a usar su poder autonómico para vulnerar las normas de convivencia en la nación españa. Llegando a declarar la República Independiente de Cataluña, en un claro golpe al Estado. Sr Rivera, ¿qué parte de lo acontecido no ha entendido, para declarar lo que acontece como gravísimo problema de Estado que requiere total acuerdo de Estado?

4. Hubo momentos en los que nos convenció. Llegó a firmar un acuerdo con el PSOE para desalojar al gobierno corrupto del ínclito Rajoy. Sr. Rivera, si en aquellos momentos demostró la centralidad consistente en distinguir las voces de los ecos, ¿qué le ha pasado para llegar a acuerdos con la derecha antes citada, la ultraderecha aparecida, y despreciar a la social-democracia que ha ganado las elecciones generales?.

5. España es un cúmulo de problemas. La política debe ser el arte o ciencia de identificarlos y tratar de resolverlos. Para tales menesteres se requieren mayorías fuertes y políticas tangenciales. Sr. Rivera, ¿a dónde quiere llevarnos con sus alianzas por la derecha?.

6. Nos llegamos a emocionar con sus gestos, palabras y compromisos para las reformas y la regeneración. Pero sin duda, las primeras debían ser en el propio espacio de lo que denominamos despectivamente "partitocracia", por tener cautiva a la democracia. Sr. Rivera, ¿qué ha cambiado para que adopte desde la cúpula de C's, tics, actitudes y decisiones, contra la disidencia, así como la obligación de obediencia debida a la curia?.

7. El otro nuevo en política, por la izquierda de la izquierda. El fenómeno Podemos, nacido del espíritu callejero del 15-M. Se ha convertido en parte de problema. Diría que la conducta de sus mandarines es obscenamente interesada, soberbia y contraria a esa participación de la que tanto hemos hablado como espacio para la sociedad civil. Para Podemos, sólo importa tocar poder. Para Podemos los españoles somos una herramienta útil y desechable, al servicio de una pequeña nomenclatura que cada vez más recuerda al régimen de José Stalin. Sr. Rivera, ¿no cree que debería hacer todo lo posible para evitar un Gobierno de España en manos de personajes de la catadura de Iglesias y Montero?.

8. En las últimas elecciones generales, Cs ha presumido de incorporar nuevos talentos a la política. Pero visto lo visto, los que han llegado, salvo honrosas excepciones, no han hecho nada que les distinga. Se ha caído en la trampa de recoger a políticos profesionales de otras formaciones. Sr. Rivera, ¿que tiene el señor Vals que no tenga el señor Garicano?. Por poner un ejemplo.

9. Ustedes han llegado señalando que la vieja política, la del bipartidismo, está casi tan obsoleta como aquella restauración con la alternancia entre Cánovas y Sagasta. Y que las mayorías absolutas ni están ni se les espera. Además fue la inmensa mayoría del PP la que nos trajo toda suerte de porquerías, capaces de hacer irrespirable el ambiente, con necesidad de atraer a otros personajes que abrieran y ventilaran el espacio. Sr. Rivera, ¿no cree que un Gobierno de coalición entre este PSOE y C's daría estabilidad, confianza, transversalidad en las decisiones, con una mayoría suficiente para abordar las reformas que modernicen otra vez al Estado, haciéndolo eficiente en el gasto, justo en la fiscalidad, fuerte en Europa e inalcanzable para aventureros por la derecha y la izquierda?.

10. Una de las cuestiones más despreciables de la rancia política son los llamados diputados cuneros. Esos paracaidistas que faltan al respeto debido a los militantes de la circunscripción electoral, y a los votantes que no los vuelve a ver hasta las próximas elecciones. Sr. Rivera, ¿cómo ha podido caer en tal error y tal perversión en Galicia?. Y lo que nos tememos. ¿Lo va a repetir en las autonómicas del 2020?. Le aseguro que si es así, no les votará ni la familia...

Ustedes, los de su generación, además de ser "estudiados, viajados y experimentados en las nuevas tecnologías", deben en algunos aspectos retroceder para avanzar. Es lo que sucedió en el Renacimiento. Para superar la Edad Media, hubo que recuperar al mundo antiguo. Créame. Menos política y más sociedad. Saber lo que pasa, para hacer todo lo posible atendiendo las demandas. Devolverle a la sociedad lo que ésta nos ha dado.

Extraños en el patio
M. Rivera De la Cruz El Espanol 22 Julio 2019

En nuestro país, si un menor tiene que declarar ante la Policía, lo hará siempre en presencia de sus padres o sus tutores, y da igual que sea porque ha visto el robo de una cartera o porque es testigo de un crimen múltiple. Cualquier médico exige la presencia de los responsables de un menor antes de practicarle una exploración, y si vas a buscar a un niño a un colegio te harán esperar en la puerta o te tendrán previamente 'fichado' si vas a acceder a alguna zona común por la que pasen más niños que el tuyo. Me parece perfecto: todo se hace para proteger a los menores, para garantizar su integridad, su seguridad, su bienestar. Recordaba las medidas precautorias que se toman con los niños cuando leía que en Cataluña una ONG (ejem ejem) denominada 'Plataforma per la llengua' ha entrado en dependencias colegiales para elaborar un estudio (ejem, ejem) sobre qué idioma usan los críos para comunicarse.

Hasta hace nada, los miembros de la plataforma de marras dedicaban su talento y su esfuerzo a denunciar fruterías y restaurantes por no tener en catalán la carta o los carteles. Ahora, previo riego de la subvención correspondiente, parecen haber ampliado sus objetivos vitales y se han propuesto fiscalizar el uso de la lengua que hacen cientos de menores. Es decir, que los papás y las mamás dejan a los niños en el cole, con la tranquilidad de fiarse de la señorita Mari Pili, de la profesora Jesusita o del profesor Manolete, y aparecen unos cuantos desconocidos para obtener información dentro del sacrosanto recinto de una escuela. Dejando al margen las sectarias intenciones de los agentes secretos de pacotilla… ¿quién controlaba a estos sujetos? ¿Quién tenía de ellos la suficiente información como para avalar su contacto con menores de edad? ¿Se había comunicado a los padres que además de la señorita Mari Pili, el profesor Manolete o la profesora Jesusita iban sus hijos a relacionarse con una caterva de 007 del tres al cuarto de los que nada se sabe, aparte de que consideran peligrosísimo el uso del español mientras los chavales juegan al fútbol o al salta la rana?

En España se lleva un control exhaustivo de cualquier adulto que entre en un centro de estudio donde hay menores. Si Perico el fontanero va a hacer una ñapa en el cole del barrio y se le ocurre pasarse por el aula de 3ºC para saludar a su sobrino que estudia allí será placado convenientemente antes de llegar a la puerta, y me parece muy bien: al limitar al personal del centro el contacto de los escolares con adultos se está protegiendo su privacidad y garantizando su seguridad. Pero al parecer a los de Plataforma por la llengua se les deja entrar hasta la cocina de los coles.

El oscuro episodio de la ONG que se pasea por los patios catalanes tienen alcances que todavía no hemos encarado. Al margen de la intención última de un montón de sujetos (y sujetas) fiscalizando el idioma que usan los alumnos, está el hecho impepinable de estar poniendo a un montón de menores en relación con personas desconocidas para sus padres. Y eso, en un país como el nuestro, en el que los derechos de la infancia son garantizados y protegidos, debería ser ya motivo de alarma, investigación y quizá de castigo


 


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