AGLI Recortes de Prensa   Viernes 26 Julio 2019

La alternativa casi imposible
Emilio Campmany  Libertad Digital 26 Julio 2019

El fracaso de la investidura de Sánchez no cierra ningún escenario. Todo sigue siendo posible. Hay dos meses para hacer lo que no se ha querido hacer en tres. Puede haber Gobierno de coalición o de cooperación del PSOE con Podemos si uno de los dos cede al chantaje del otro. Puede también haber Gobierno monocolor con la colaboración de Ciudadanos, del PP o de los dos. Son resultados que, de producirse, se darán cuando Iglesias y Rivera estén al borde del abismo de unas nuevas elecciones que podrían perder, no antes.

De modo que, efectivamente, la votación de este jueves no cierra ningún escenario, pero abre otro. Que haya caducado la propuesta de candidato que el rey hizo al Congreso obliga al monarca a iniciar una nueva ronda de consultas y decidir si hace un segundo intento. Se da por hecho que una nueva propuesta no puede consistir más que en darle otra oportunidad al fracasado Sánchez. Y no es así. El rey puede proponer a cualquier español mayor de edad que crea que tiene respaldos suficientes para ser investido. No hay exigencia legal de que haya sido candidato en las elecciones del 28 de abril, mucho menos que haya sido cabeza de lista de ningún partido. La única condición, que por otra parte Sánchez ha demostrado no cumplir, es la de tener más o menos apalabrados los votos necesarios para ser elegido.

Dada la fuerza del Grupo Socialista, es impensable que un candidato que no sea del PSOE pueda ser investido. Pero eso no significa que tenga que ser Sánchez. Es más, tiene cierta lógica que, tras su fracaso, quien lo intente sea otro. Cuando en 1996 pareció que Aznar no sería capaz de reunir los votos suficientes para ser investido, un editorial de El País, sin esperar a que Aznar fracasara, adelantó el nombre de Alberto Ruiz Gallardón como el de un candidato que sí concitaba los respaldos necesarios. Y nadie consideró que fuera inmoral. Es cierto que nuestro sistema ha adquirido una pátina presidencialista que hace que los electores creamos que elegimos al presidente del Gobierno. Pero no es así. Precisamente porque no es así pudo Pedro Sánchez ser presidente del Gobierno por medio de una moción de censura sin tener que ganar unas elecciones. Así que no tendría nada de escandaloso que antes de septiembre fuera investido otro socialista capaz de cerrar los pactos que Sánchez no sabe o no puede alcanzar.

Es evidente que esta solución es muy improbable. Pero no es imposible, y tiene la ventaja de que liberaría al PSOE de la tutela del PSC y ayudaría a poner el cordón sanitario a quienes de verdad lo merecen, los independentistas vascos y catalanes. No es casualidad que quienes se llevaron el disgusto más gordo por no salir, por ahora, el Gobierno de coalición de comunistas y socialistas fueran Rufián y Aitor Esteban. Esta solución alternativa a Sánchez quizá no llegue ni a estar sobre la mesa, pero no será por falta de atractivos.

Podemos: jaque mate
RAÚL DEL POZO El Mundo

En el Apocalipsis se avisa, a los que niegan el calentamiento global, que huirán de las islas cuando el cuarto ángel derrame su copa sobre el sol. En España tenemos la copa del ángel amenazante, y todo a merced del azar cuando el poder y la sandez se reúnen. Se han roto las relaciones entre el PSOE y Podemos, confirmando que pasan los siglos pero no la ruptura entre la socialdemocracia y su izquierda. En las horas previas al segundo intento de investidura, el nuevo PSOE recordó con el viejo PSOE que el peligro siempre está a su izquierda.

El llamado pacto maldito, alumbrado en las relaciones incestuosas entre la socialdemocracia y los nuevos comunistas, fracasó. En Europa los comunistas solo participaron en Gobiernos de coalición al terminar la II Guerra Mundial; después casi nunca, con la excepción de algunos Gobiernos de coalición en Islandia, Finlandia, en el Portugal de los claveles y recientemente Syriza en Grecia. En España los comunistas no han estado en el Gobierno desde la Guerra Civil. Ahora, como siempre, el PSOE no quiere gobernar con su enemigo histórico y su adversario electoral que intentó adelantarlo por la izquierda después de gritar en las calles: "El PSOE y el PP la misma mierda es". ¿Cómo el partido del orden y de la restauración va gobernar con la guillotina, la tricolor y el nacional-populismo? La segunda investidura fracasó estrepitosamente. Pablo y Pedro han despreciado a los votantes de la izquierda y se han burlado de todos los partidos en negociaciones de pequeños truhanes de zoco, repartiéndose cortinas y alfombras, recordando a la izquierda -como ha reconocido Pedro- que cuando gana, pierde. Pedro acusó a Pablo de querer entrar al Gobierno para controlar al Gobierno, pero él actuó, como si tuviera mayoría absoluta, en plan Rafael Guerra 'Guerrita' ("después de mí, nadie"). Carmen Calvo, con su talento para la hipérbole, dijo que los de Podemos han pedido el Gobierno entero, pero no es cierto. Los de Podemos informan que Moncloa ha intoxicado todo el tiempo.

Desde la fontanería de Moncloa me llegó, horas antes de la sesión del Congreso, este mensaje: "Si dicen sí a la propuesta, lentejas; si es no o abstención se destruyen, y si votan sí quedándose en la oposición nos dan el Gobierno monocolor. De todas formas, jaque mate a Podemos". Los de Podemos, en la edad de la inocencia, aseguran que con la misma oferta de hoy, con contenidos concretos, habrá Gobierno en septiembre. Gabriel Rufián no lo tenía tan claro cuando profetizó que Pablo y Pedro serían destruidos. Aunque, de momento, Pedro seguirá en Moncloa hasta Navidad.

La prensa, la radio, la televisión… la democracia
Antonio García Fuentes Periodista Digital 26 Julio 2019

Fue Winston Churchill el que sentenció que… “la democracia es el menos malo de todos los sistemas políticos inventados por el hombre”; también dijo que, “sin prensa libre no podría existir una democracia”; a lo que hay que añadir lo que escribiera mucho antes Montesquieu; con la división del sistema en tres poderes, para que se controlaran unos a los otros. Incluso el Mahatma Gandhi, opinando dijo sobre el sistema; “Sostengo que el autogobierno es… solo un medio de lograr un buen gobierno. Y la verdadera democracia es lo que promueve el bienestar del pueblo. La prueba del buen gobierno radica en el mayor bien del pueblo con el mínimo control… A mi modo de ver, un sistema que permite la pobreza y el paro no es digno de durar ni un solo día”.

¿Pero qué ocurrió y sigue ocurriendo para que en general todos los sistemas de gobierno “democrático” (no hablemos de los tiránicos y que abundan más) se nos presenten de la forma tan corrompida o abusiva en extremo, que padecemos? Pues lo de siempre, que, “el dinero perversamente empleado lo corrompe y destruye todo”; y lo sentenció, nada menos que “un gran vividor”… “En este mundo todo se compra con dinero… y lo que no se compra con dinero… se compra con más dinero”: lo dijo aquel pirata que se llamó, Aristóteles-Sócrates Onassis y que llegó a ser el más rico del mundo en su época, que fue en el pasado siglo veinte.

Por mis experiencias e inquietudes intelectuales; fui llamado a la más importante emisora de radio de mi provincia (Cadena SER) y desde 1976 a 1993; mantuve unas charlas (“monólogos y ráfagas”) desde 1976 a 1993; o sea, nada menos que dieciocho años; en los que logré una muy buena audiencia provincial (dinero ni una peseta puesto que lo hice gratis); pero como lo hice a pecho descubierto, sin ningún poder económico o político que me respaldase, al final me echaron; puesto que al ir avanzando, “mis verdades” dolían a muchos; y yo estimo que, “serví de moneda de cambio para que otros se beneficiaran” (lo mismo me ocurrió con una revista comarcal); y es claro que en mi provincia y salvo un diario local y que me publica un artículo semanal; el resto “de medios que hoy proliferan”; me hicieron, “la cruz y ralla”; y nadie quiere saber nada de mí; pero gracias a este medio cual es Internet y a los muchísimos periódicos en idioma español y que se publican en todo el mundo; mis escritos llegan a lugares tan lejanos, como pueden ser desde EE.UU, pasando por Canadá y luego siguiendo dando la vuelta “a la pelota sideral”, llegar a Australia, México, o Argentina… amén de otros muchos destinos “nacionales y no nacionales”… ¿Qué me los publican o no? Como yo no cobro nada, eso ni me preocupó nunca y ahora a mi vejez, simplemente me hace “sonreír”.

Pero sí quiero resaltar, que cuando me llamaron a la citada emisora; el director, que era un muy amante de “la radio” y entendido de la misma; me dijo en una de tantas charlas que privadamente manteníamos, lo siguiente… “La misión de la radio o cometido de la misma, es, “formar, informar y entretener”; es claro que hay que lograr la suficiente publicidad o propaganda, para que con ese dinero, se mantengan holgadamente, los grandes gastos de una emisora”. Emisora que entonces, contaba con una quincena de empleados con nómina.

¿Qué queda de todos esos principios en los que se denominan “medios”?; simplemente veamos y analicemos con nuestra inteligencia y comprobaremos, que esas responsabilidades que me dijo, Lorenzo Molina Gallego, como director, han mermado una barbaridad… “hoy todo gira por los principios y fines del griego Onassis y que arriba he citado”; el resto les importa, lo que a mí, “las llamaradas del Sol”.

DEMOCRACIA: Los políticos, todos los políticos; nos hablarán bien del “engendro actual”; puesto que la realidad, es, que todos los político que llegan al mismo en Bruselas y demás, “comederos” internacionales; van a vivir opíparamente de los impuestos que nos sacan; incluso los que quedan en los países que los nutren, vivirán de similar forma; puesto que ya, “todo es un uno”; y con ramificaciones tan bien enlazadas, que, “todos se sostienen en el conglomerado”: y el resto; sólo les servimos para producir bienes que son reales y que les servirán a ellos como a nadie. ¿Qué en ese infernal tornillo sucumben miles o millones? A ellos eso no les importó ni les va a importar en el futuro. Por tanto o la política cambia de rumbo y se vuelve mucho más justa y equitativa; o al final, ocurrirá lo de siempre… “sangre sudor y lágrimas y llegado al extremo, guillotinas y horcas a la calle”. Es lo que me dice la Historia del mono humano, que no cambia a pesar de los siglos o milenios que viene repitiendo los mismos errores.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

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España pierde otra vez
EDITORIAL ABC 26 Julio 2019

Resulta accesoria la insólita y vergonzosa simulación teatral a la que el PSOE y Podemos han sometido a los españoles. El daño infligido a nuestra democracia y a nuestra imagen de nación solvente ha sido brutal. Las consecuencias son muy nocivas: España continuará al menos dos meses más con un Gobierno en funciones, y la posibilidad de celebrar elecciones en noviembre crece exponencialmente en un escenario de ralentización económica e inseguridad política generalizada.

El cambalache de la negociación-farsa planteado por Sánchez e Iglesias ha sido disparatado. Con golpes de efecto, filtraciones interesadas y amagos falsarios no se construye absolutamente nada serio. Y menos aún una investidura. Ha sido un fraude a la ciudadanía porque una negociación política nunca puede reducirse a la frivolidad. Nuestro Parlamento merece mucho más respeto porque es la expresión de la soberanía popular, y no el jardín de infancia de una partitocracia ególatra y de una izquierda cainita con patente de corso para jugar con los intereses de todos. Ha sido un irritante proceso de manipulación de la opinión pública para que Sánchez e Iglesias fabricasen coartadas argumentales irreflexivas, superficiales y exculpatorias de su fracaso. Todo ha sido una farsa en la que hasta Bildu y ERC se han erigido en mediadores mendicantes para que no decayera el primer gobierno social-comunista con capacidad para romper España. En eso hemos ganado. La subasta de escaños y ministerios ha sido delirante e indigna.

España dispone de dos meses para poder retomar la investidura de Sánchez o, definitivamente, concurrir a las urnas en noviembre. Con una diferencia: ahora la iniciativa corresponde de nuevo al Rey, porque Sánchez, desde una perspectiva constitucional, ya ha perdido toda prerrogativa de control sobre el proceso. No es fácil el guion que le queda interpretar a Don Felipe. Sin embargo, es la hora de España otra vez. Cuatro elecciones generales en cuatro años es demasiado y sería indiciario de un fracaso global y de una incapacidad manifiesta por interpretar el mandato de las urnas, que exige mayoritariamente pactos constitucionalistas. Reeditar los comicios sería casi inasumible para un ciudadano próximo al hartazgo y al aborrecimiento de su clase política. España no puede depender del tacticismo de los partidos, de su obsesión por los sondeos, de sus vetos y bloqueos o de su capacidad para generar estados de opinión maleables a capricho. Toca madurar y pensar en los intereses generales. Sánchez debería retomar la iniciativa, reconducir su neoizquierdismo y renunciar taxativamente a cualquier negociación con el separatismo y el comunismo para ofrecer al PP y a Ciudadanos acuerdos realistas de Estado por el bien de España.

Sánchez debería rectificar su concepto del cordón sanitario a la derecha y exponer claramente que no pactará nunca con quienes se propongan destruir los consensos constitucionales. Si no lo hace, nunca dará margen alguno a Pablo Casado y a Albert Rivera para manejar la opción de una «abstención técnica», o un «voto patriótico», que avale la garantía de un gobierno socialista en solitario. Casado y Rivera ya reciben múltiples presiones a favor y en contra, dentro y fuera de sus propios partidos. Y harán bien en recapacitar y corregir posiciones maximalistas por el bien de España. Pero antes Sánchez debe recuperar la credibilidad, algo que se ha empecinado en perder desde que retornó a la secretaría general del PSOE. Y todo, más allá de que el PP difícilmente olvidará las heridas aún abiertas de la moción de censura. La generosidad del constitucionalismo es imprescindible, pero Sánchez no puede pretender en septiembre un apoyo gratis para después gobernar con esos socios ultraizquierdistas que ahora han destrozado sus expectativas.

Unas nuevas elecciones, por legítimas que sean, supondrían un riesgo incierto e irresponsable para todos los partidos. Pero en septiembre también habrá nuevos condicionantes que complicarán la gobernabilidad. La amenaza entre los partidos de la izquierda ha sido dura y no hay visos de que ese odio descarnado desaparezca. Por eso estrecharán mucho el margen a Sánchez. Además, la atmósfera política se volverá a enrarecer en otoño con la sentencia del Supremo sobre los golpistas y con la ralentización de nuestra economía. La posición de sus socios de moción ya no será igual, y sería lógico que Sánchez trate de girar a la desesperada hacia PP y Ciudadanos en busca de una oportunidad «in extremis». Por eso conviene poner en cuarentena ese supuesto proceso de blanqueamiento al que Sánchez se ha sometido a sí mismo con una «moderación» oportunista del PSOE. Su problema es la falta de fiabilidad; y el de los ciudadanos, este nuevo fracaso por el que España pierde otra vez.

Nadie lo esperaba
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 26 Julio 2019

Al final, resulta que nadie esperaba lo que finalmente pasó. Como al que más le pasó fue al candidato Sánchez, el mayor chasqueado es él, pero también Iglesias estaba seguro de que, al final, Sánchez empoderaría a su señora (a la de Iglesias, porque no veo yo a Pablenin como Señor Montero), el Partido Popular estaba seguro de que al final las izquierdas separatistas, porque todas lo son, aprovecharían la ocasión para dar jaque mate a España, y el más seguro de todos, Rivera, que el lunes dijo que en la "habitación del pánico", al otro lado de las puertas del Hemiciclo, había formado Gobierno la Banda de Sánchez, compuesta por podemitas, golpistas y separatistas, pero no por García-Page y otros héroes de la disidencia socialista, a los que ha entregado sin vacilar Ciudad Real o Guadalajara, mientras mantiene sin Gobierno a Murcia y Madrid. En esta última comunidad, por cierto, con Aguado mintiendo más que Pablo Iglesias.

Yo creo que por un mínimo decoro intelectual Rivera debería haber elaborado algo más lo de que si no ha pasado lo que él aseguró que pasaba ha sido porque la banda no se ha puesto de acuerdo en el reparto del botín. Será porque no hay una banda sino varias, y como el botín es uno, España, y siendo distintas la banda socialista y la comunista, no pudieron acordar cuál de las dos entregaba el botín a los separatistas, que eran los que más ganaban y son los que más han perdido en el fiasco de ayer. Pero no porque Sánchez tenga el menor respeto a España, sino porque estaba seguro de que Iglesias no se atrevería a derrotarlo otra vez en una investidura. Y la pifió.

La condición amoral de Sánchez quedó clara cuando presumió de anteponer sus principios a sus conveniencias, dos días después de atacar a Vox y con él a Ciudadanos y PP ("la oyen, es la ultraderecha", decía el socio del Le Pen catalán) y al día siguiente de besuquearse con el partido de la ETA, al que agradeció su tarea en pro de la Memoria Histórica. Por los homenajes a los asesinos etarras que celebra cada semana, supongo.

El que mejor salió del error de creer que había pacto fue Abascal, que, sin papeles, se dirigió por su nombre a los enemigos de España allí presentes diciendo que Vox luchará contra Sánchez y cualquier otra marioneta que pretendan poner en Moncloa. En septiembre y noviembre volverán a intentarlo y con las mismas marionetas, aunque algo más despeluchadas.

«¡Con Rivera no!»
La mayor victoria desde que César conquistó las Galias se queda en nada
Luis Ventoso ABC 26 Julio 2019

Qué noche la de aquel día. Euforia desbordada en el balcón de Ferraz en la madrugada del 28 de abril: 123 escaños para el PSOE, ¡a 53 de la mayoría absoluta! La mayor gesta desde la conquista de las Galias por César. En la TVE de Rosa María y en las cadenas encarnadas se agotaban los superlativos. España giraba al progresismo. A Sánchez, Calvo, Lastra y Begoña Gómez, la mujer del líder, no les cabían las sonrisas en sus rostros alborozados. Los simpatizantes congregados alrededor de la sede socialista se arrancaron entonces a corear una consigna espontánea (perfectamente orquestada por el aparato): «¡Con Rivera no, con Rivera no!». Begoña se sumaba al coro, batiendo palmas con mucha risa. El líder, encantado, muy sonriente, se mostraba cómplice con el clamor: «Ya os he escuchado. Ha quedado bastante claro». ¿Quién necesitaba a Rivera, secuaz de la luciferina derechona, cuando la histórica victoria abría la puerta a un gran Gobierno de progreso, a buen seguro «monocolor»? «Hemos ganado las elecciones y vamos a gobernar. Ha ganado el futuro y ha perdido el pasado», sermoneaba el presidente. Todos los politólogos de guardia parecían concordar, porque de repente la aritmética parlamentaria había desaparecido del imaginario español. Sánchez iba a gobernar en solitario sin ningún problema, por la sencilla razón de que le apetecía.

Evocando aquella velada, tiene su puntillo de justicia poética que el político que ha convertido el marketing y la egolatría en su programa recibiese un cubo de agua helada ayer en el Parlamento: más «noes» que «síes», un repaso que lo deja hibernado en La Moncloa. La verdad de esta embarullada historia es que Sánchez ha intentado en todo momento armar un Gobierno «Frankenstein 2» sostenido por comunistas y separatistas (ahí están la abstención de Bildu y ERC y el disgusto de Rufián). Al final Iglesias puso un precio tan alto que Sánchez no lo aceptó. Pero no por principios, como quiere hacer ver ahora, sino porque lo que pedía el jefe comunista mermaba el poder de un personaje que se ha acostumbrado a denominarse a sí mismo «El Presidente» y que no soporta que alguien le pueda hacer luz de gas. Sánchez sí tragaba con gobernar con Podemos: les ofreció una vicepresidencia, aunque fuese florero, y tres ministerios. Un ofertón para un partido en declive. La sorprendente bofetada de Iglesias con su «no» lo obligó ayer a virar su discurso sobre la marcha. Pasó entonces a tachar a Podemos de partido sin experiencia, incapaz de gestionar cosas serias. Lo decía el mismo Sánchez que regaló a esos incompetentes las alcaldías de la capital de España, de Barcelona y de varias urbes de relieve. La incongruencia maniobrera habitual.

Lo mejor serían otras elecciones. Los españoles tendrían la oportunidad de meditar sobre si desean un cierto retorno al bipartidismo, que permita reformar la ley electoral para dar estabilidad al país, o continuar con la ensaladilla de siglas, los facazos por las sillas y la parálisis. Ayer el dato de paro fue el peor desde 2012. Entretenidos con Franco y el Falcon, llevamos sin Gobierno desde junio de 2018.

Sánchez, víctima de su propio mercadeo
Cristina Seguí okdiario 26 Julio 2019

En un delicioso alarde de virtuosismo poético, España ha vuelto a ser la peor de las cuentas pendientes de Sánchez negándole Moncloa con 155 noes. La víctima propiciatoria de un político que la ha mercadeado hasta la obscenidad con JxCat, ERC, Bildu.

Para culminar la segunda investidura fracasada de su vida, Sánchez volvió a bajar al averno de los separatistas y los batasunos demasiadas veces durante las últimas semanas. Tantas que, por su culpa y por el camino, Otegi presumió como una “tía buena” de ser cortejado por Moncloa, y la portavoz de Herri Batasuna ascendió desde la herrikotaberna diseñada para ella en un lugar marginal del Congreso para “apoyar a Sánchez con su abstención y propiciar un Gobierno de justicia social que evite la muerte política de Sánchez”. Albricias de la normalización batasuna: una hija de la ETA
hablando de la muerte de un político sin apretar el gatillo.

Sólo horas antes del segundo conato ungidor del paria de Moncloa, Rufián le espetó en su turno de intervención que “la abstención en una investidura es una decisión activa”. Un sí. Algo que, cuando le repetimos muchos a los analistas adeptos a Sánchez, suele provocar en su cara el típico estupor de un padre que recibe por primera vez a su hijo bajo los efectos de una seta alucinógena.

Sánchez era tan consciente del asentimiento que representa la abstención, que llegó a reconocer la “legitimidad democrática de Bildu”, y llamó a Elespe, Buesa, Múgica, y el resto de sus nueve compañeros asesinados a pedro samanos de ETA “discrepancias del pasado” antes de ofrecer a los batasunos una bandeja de plata con la cabeza de los diputados del PP, el partido más excelsamente masacrado por sus socios pasivos: “¿Cuántos diputados del PP están en representación del País Vasco?”.

Iglesias tiene hasta noviembre para paliar de debacle electoral que a todas luces se le vaticina de repetir elecciones, pero antes tendrá que volcarse en los libros como todo pésimo estudiante durante lo que queda de verano. Desde el atril, y como poseído por Nikita Khrushchev, pidió recentralizar las políticas activas de empleo transferidas a las “naciones de naciones”. Mucha “plurinacionalidad”, pero a la hora de “pillar cacho”, Galapagar es como Moscú dirigiendo a las repúblicas socialistas soviéticas como a la banda de una orquesta de pueblo. Le ha regalado a Sánchez el plan B diseñado por Ábalos, o el que muchos pensamos que era el plan A desde el principio.

La seducción a Rivera impostando a un nuevo Sánchez que hoy ha empezado a impostar la catarsis para pasar a la fase del ajusticiamiento democrático en aplicación del artículo del 155 en Cataluña con la excusa de la sublevación institucional de Torra provocada por las condenas a los golpistas catalanes, y las revueltas de la ultraizquierda y la ultraderecha nacionalista que se aventuran recrudecidas con respecto a las de septiembre y octubre de 2017.

En esa carrera hacia la reconversión, Sánchez, el hombre que ha jurado “inquebrantables principios y convicciones” es capaz de acabar con Bildu apoyando a un Gobierno de Navarra Suma. Va a ser divertido ver como los periodistas y analistas de izquierdas que hoy describían a una “España harta y devastada por la oportunidad desaprovechada” hoy, y que, ayer, llamaban “fascistas” y “ultraderechistas” al “trifachito de Colón” por reclamar una Cataluña y una Navarra española y constitucional, le imponen por lo mismo a Sánchez el nuevo atavío de demócrata.

La caseta del perro
Cristina Losada  Libertad Digital 26 Julio 2019

Enero de 2016. El Rey, como es preceptivo, recibe a Iglesias Turrión en el marco de sus reuniones con los líderes de los grupos parlamentarios después de las elecciones y antes de proponer candidato a la investidura. En cuanto sale, Iglesias comunica a la prensa que le ha dicho al Jefe del Estado que quiere un Gobierno de coalición con el PSOE e Izquierda Unida. Tiene ya hecho el reparto de ministerios. Para él la vicepresidencia, qué menos. Para los suyos, las carteras de Economía, Educación, Sanidad, Servicios Sociales, Defensa e Interior. El CNI va en el lote. Baraja crear un Ministerio de Plurinacionalidad, cuyo titular tendría que ser alguien de la candidatura de En Comú Podem, el antecesor de Pisarello o de Asens. Exige la dirección de TVE.

Aquella maniobra propagandística y aquel ejercicio de prepotencia los hizo Iglesias cuando lideraba el tercer partido de la Cámara y todavía llevaba intacta su escolta de fundadores. Tres años y pico después, reducido a cuarto partido, demediado en escaños y en escoltas, Iglesias no ha podido jugar tan fuerte, pero ha jugado a lo mismo. Exactamente. Entonces, todo el mundo flipó, empezando por Pedro Sánchez, quien nada sabía de aquel Gobierno que le habían compuesto los podemitas así, por la cara, aunque bien detallado en un organigrama. Todo el mundo flipó menos los que decretaron, seducidos, que había sido una "jugada maestra", los mismos que le suponían –aún le supondrán– a Iglesias una gran inteligencia política.

Después de la jugada maestra que fue la renuncia sacrificada de Iglesias a estar en el Gobierno y que, según opinión extendida, le dio la vuelta a la tortilla del relato, ¿cuál ha sido ahora la jugada maestra? ¿Su última oferta desde la tribuna de oradores? ¿Eso de para ti la perra gorda y para nosotros, las políticas activas de empleo? ¿Las que están prácticamente transferidas a las comunidades autónomas? ¿O ha sido la penúltima, con un Ministerio de Trabajo con el poder de derogar la reforma laboral del PP de un plumazo del ministro o ministra podemita?

Es imposible y en cualquier caso inútil dar cuenta de tantas jugadas maestras de Iglesias, y aún más inútil rastrear, a partir de ellas, la inteligencia. Puestos a buscar algún rastro de ella, habría que mirar hacia su oponente en esta negociación. Sí, oponente. Un oponente al que se ha menospreciado, por fijarse sólo en Sánchez, doctor fraude, y olvidar que tiene un partido con larga experiencia en la materia y en las artes correspondientes. Y el PSOE encaraba dos problemas. Uno, inmediato, el de gobernar con Podemos dentro y en puestos relevantes. De haber aceptado Iglesias la "caseta del perro", la dimensión del problema se hubiera minimizado, pero no coló. El segundo, más de fondo, es que Sánchez, aunque no quiera gobernar con Podemos, no puede decirlo. Toda su campaña contra "las tres derechas", todo su intento de recuperar el voto desertor de la izquierda, lo ata a la idea de cooperar con los podemitas.

En 2016, el PSOE cargaba sin muchas contemplaciones contra Podemos. El propio Sánchez clamaba contra los populistas. Pero después hizo público arrepentimiento y empezó a acariciar el lomo de la bestia. Subido a esos lomos –y otros– hizo la moción de censura. Y el problema sigue ahí. Parte de las bases socialistas, gran parte de la hinchada de la izquierda, ve a Podemos como uno de los suyos. No entienden que no se puedan juntar –estamos en el kindergarten político– si los dos son de izquierdas. No entienden qué es Podemos. Y, si lo entienden, les gusta. Les gusta un partido antisistema, anticapitalista, contrario a la democracia liberal, la nación española y el orden constitucional. Satisface la nostalgia del izquierdista de salón por la izquierda revolucionaria, auténtica.

Sánchez no puede decir que no quiere gobernar con Podemos. Pero ahora puede decir que Podemos no quiere un Gobierno del PSOE. Puede decir, ya lo ha dicho, que lo ha impedido por segunda vez. Si estas no son cartas suficientes para ir a nuevas elecciones, lo parecen. Y, al lado del Gobierno que se prefiguraba, la repetición electoral es el mal menor. Hay que agradecérselo a la inteligencia de Iglesias. Lo que espera el PSOE no es que el problema Podemos desaparezca, sino que se vuelva a reducir. Entonces, cabrá en la caseta del perro.

El fiasco de toda una trayectoria
Editorial El Mundo 26 Julio 2019

Pedro Sánchez ha vuelto a demostrar que es el político de las primeras veces. El primero que llegó al poder con una moción de censura; el primero que se empeñó en gobernar con 84 diputados y unos aliados partidarios de la liquidación del Estado; el primero que celebró en Pedralbes una cumbre bilateral con el presidente de una autonomía; y el primero que ha estado a punto de meter al populismo de inspiración comunista en el Consejo de Ministros: si no lo ha hecho es porque finalmente no se pusieron de acuerdo en el reparto de sillones. Desde ayer, Sánchez figura además en nuestra historia por ser el primer candidato cuya investidura es tumbada en dos ocasiones.

Algunos creen que todas las primeras veces de Sánchez se deben a la audacia, pero solo son hijas de la temeridad. Y de una ausencia asombrosa de escrúpulos. Y de una arrogancia igualmente asombrosa. No otra cosa se necesita para proclamarse vencedor absoluto de unas elecciones en las que se obtienen 123 escaños, pasarse tres meses sin mover un músculo para asegurarse el éxito de la propia investidura pese a haber sido propuesto por el Rey y pretender ser investido por aclamación en primera votación o tras una delirante negociación exprés en segunda. Pero así es Sánchez. Hace tres años mantuvo el país bloqueado durante meses parapetándose tras el no es no; desde abril ha pretendido responsabilizar a los demás del bloqueo, pero él mismo afirmó en 2016: "La responsabilidad de que pierda la investidura es exclusiva del señor Rajoy por ser incapaz de articular una mayoría". Ahora nos aboca a un nuevo periodo de incertidumbre: nueva oportunidad o repetición electoral. Los españoles no se merecen a un presidente que entiende la política como un puro juego de relatos forzados, mentiras en prime time, distribución de culpas y juegos de poder en régimen de monopolio. Los españoles se merecen un gobierno que haga frente a sus problemas presentes y a los que están por venir. Y desde luego no se merecen en absoluto el grotesco espectáculo de la segunda investidura fallida de Sánchez, que pasará a la historia como el punto degradante en que Gabriel Rufián y un portavoz de Bildu, entre otros impugnadores de la Constitución, se permitieron presumir de sentido de Estado en la sede de la soberanía nacional.

La sesión de este jueves vino a dar la razón al difunto Rubalcaba. A quien Sánchez rindió honras fúnebres sin acompañarlas del correspondiente ejercicio de autocrítica. Rubalcaba sabía que no se puede gobernar España con lo que llamó la vía Frankenstein. Que el PSOE, un partido sistémico de la democracia del 78, no podía acometer la gobernabilidad del Estado con Podemos, Batasuna y dos partidos promotores de un golpe de Estado cuyos líderes están en la cárcel o fugados. Sin embargo, Sánchez vendió a las bases del PSOE que sí era posible, y con ese argumento ganó las primarias a Susana Díaz y desalojó después a Rajoy del poder en la moción. Consideró entonces que pagaba un precio asumible por La Moncloa, pero no lo era ni para España, ni para la democracia, ni para el PSOE y ni siquiera para el proyecto de supervivencia personal de Sánchez, como se vio en el Congreso: solo le apoyó su partido y un regionalista cántabro. Lo único que ha conseguido es empujar la vida política española a un extremo insoportable de radicalidad y sectarismo, obligando a la oposición a atrincherarse en respuesta a su tóxico plan de alianzas y a su campaña permanente de demonización. Por eso ayer no solo fracasó toda la trayectoria de Sánchez: fracasó toda una generación política condicionada inevitablemente por él y su modo de hacer política.

Ahora qué, se preguntan los ciudadanos. ¿Habrá examen de conciencia y rectificación? ¿Seguirá España abocada al bloqueo por la megalomanía de Iglesias y la histórica irresponsabilidad de este PSOE al aliarse con él? Ojalá este bochornoso fracaso le sirva a Sánchez para recapacitar sobre la advertencia cumplida de Rubalcaba.

Frankenstein sin piernas
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han cavado a fondo la fosa del desencuentro. Han roto tantas cosas que les costará recomponerlas en un hipotético futuro acuerdo. Podemos y parte del PSOE quieren seguir negociando
Ignacio Camacho ABC 26 Julio 2019

La nueva política española no tiene estrategas sino guionistas. Ya no se trata siquiera de fabricar contenidos, que era el estado intermedio con que la posmodernidad había sustituido a esa antigualla de las ideas; ahora la prioridad es «construir un relato» para cebar la conversación de las redes sociales y anticiparle los argumentos al adversario. Los guionistas de los partidos parecen saturados de devorar series y necesitan crear episodios trepidantes acabados en clímax, como si en vez de gobernar, o algo parecido, un país tuviesen que alcanzar records de audiencia a base de suspense y tramas rocambolescas. La negociación (?) de la investidura de Sánchez, desarrollada bajo esta pauta, ha registrado más episodios en los platós que en los despachos, y reservaba el final para el mismísimo Congreso como manda el canon de los seriales.

Fue a las 13.15 de ayer, un cuarto de hora antes del pleno decisivo, cuando se conoció el desenlace. Esta vez no habría gol en la «zona Cesarini» -un antiguo futbolista conocido por su habilidad de marcar en el descuento-ni exhibición de efectos especiales. Tras una jornada entera de caótico forcejeo, ofertas y contraofertas, Podemos había decidido tumbar la candidatura de Sánchez. Éste, por su parte, ya se había dado por derrotado ante su ejecutiva un par de horas antes, pero el famoso guión exigía dejar la última esperanza en el aire. Comenzó entonces la guerra del último minuto, el pulso propagandístico por declarar culpables. Con el ministro Ábalos al frente, los socialistas se lanzaron a colocar su versión en el escaparate. Como si al cabo de dos meses de postureo estéril hubiese faltado tiempo para establecer responsabilidades.

Por si quedaban dudas, Pablo Iglesias entró al hemiciclo con la camisa de cuadros arremangada y la mochila a la espalda, elementos que en su semiótica visual constituyen el uniforme de combate. Forjado en la televisión, utiliza su ropa, su gesto y su semblante para emitir señales, y todas ellas eran propias de momentos graves. El acuerdo de coalición, que nunca llegó a formarse, estaba roto y le tocaba pasar como pudiera el trámite.

El presidente le soltó desde la tribuna una descarga de imputaciones políticas. Lo acusó de requerir sillones a toda costa, de desentenderse del programa, de pretender controlar los ingresos y gastos del Estado y de carecer de experiencia de gestión. «No se puede poner la Hacienda de los españoles -llegó a decir- en manos de quien jamás ha administrado un presupuesto». Cada argumento cavaba un poco más hondo la fosa del desencuentro; quizá ni él mismo, en su afán de autojustificarse, se daba cuenta de hasta qué punto estaba rompiendo cosas que le será muy difícil arreglar ante un hipotético futuro acuerdo. Cuando apeló a sus convicciones -¡sus convicciones!- la bancada le tributó en pie un aplauso cerrado y largo, mitad de ánimo y mitad de consuelo. Los diputados socialistas no terminan de saber si están ante una jugada maestra de su jefe o ante un descomunal desacierto. Como tampoco se lo ha explicado nadie, muchos tienen la sensación de estar jugando con fuego.

Casado y Rivera hicieron lo esperado. El primero casi repitió, más breve, el discurso del lunes, añadiendo menciones a Venezuela y al candado constitucional que Podemos quería romper en pedazos. «Nuestros hijos se avergonzarán cuando estudien esta sesión», dijo en un alarde de optimismo académico acendrado. Hasta señaló las enormes estatuas de los Reyes Católicos como testigos pétreos de tanto fracaso. El segundo volvió a aludir a «la banda» de Sánchez y preguntó retóricamente si alguien creía que puede ser un buen presidente. (Le respondieron al final: eran 124).

En su turno de palabra, Iglesias hizo algo inédito: ofreció desde el ambón una nueva tentativa de mercadeo. Su pasión, tan televisiva, por las sorpresas en el libreto le llevó a una última cabriola con las competencias de Empleo. Encelado en su éxito dialéctico del primer día, volvió a retransmitir las negociaciones en directo, y atribuyó la pirueta final a un mensaje que acababa de recibir de un ex dirigente del PSOE en el que no fue difícil reconocer a… Zapatero. Sánchez, que probablemente conocía la paternidad de la idea, la desdeñó con displicencia sin alterar el gesto. Puesto a perder, trataba de conservar al menos una cierta, artificial aureola de respeto.

Luego, tras una breve acometida de Abascal, con su verbo brioso y su mandíbula prieta, salió Rufián reconvertido en papel de estrella. El jabalí separatista se ha investido de líder moral de la izquierda, a la que reprochó la pérdida de una oportunidad señera. Rufián sacó su veta más sincera para advertir que en septiembre, cuando el Supremo evacue sentencia, no estará en condiciones de apoyar nada porque su partido se declarará en son de guerra. Pero quizá el episodio más chocante de la mañana lo había protagonizado antes de la sesión, cuando salió a clamar desesperadamente por el pacto con Mertxe Aizpurúa, la representante de Bildu, como compañera. El embajador de los golpistas catalanes y la portavoz de los herederos de ETA.

La imagen resultó demoledora de puro siniestra: era el laboratorio del Gobierno Frankenstein en plena faena. El PSOE aportaba el cuerpo y la cabeza, Bildu y ERC los brazos y sólo faltaban las piernas, que por supuesto las tenía que ajustar Iglesias. Pero el líder de Podemos decidió dejar al monstruo inerte sobre la mesa, a pesar de que Alberto Garzón, su socio de IU, pidió a la presidenta Batet un receso para intentar muñir antes de la votación un acuerdo de urgencia.

Cuando todo acabó, a las 15.45 nadie sabía con exactitud el siguiente paso. Para la oposición y gran parte del periodismo, Sánchez ha puesto rumbo a las elecciones, convencido de ganar la mano. Podemitas, y no pocos parlamentarios del PSOE, abogaban por continuar negociando. Y sin esperar a septiembre, aprovechando la quietud del verano. El camino a noviembre es muy largo. El presidente está herido en su narcisismo; sólo la moción de censura le evita el marbete de coleccionista de fracasos. En las últimas dos semanas ha sufrido un ataque de vértigo al darse cuenta de que estaba abocado a compartir el poder con un enemigo más que con un aliado. Y acaso haya oído en la Moncloa esas voces telúricas, profundas, que brotan como cacofonías subterráneas de las entrañas del Estado. Las que informan de que hay asuntos que no se pueden poner al alcance de cualquier oportunista de saldo. Las que provocaron la sacudida de placas tectónicas que lo derribó hace tres años.

Es probable que la ruta la vuelvan a dirigir los guionistas en la sala de mapas del Gabinete. Allá donde se examinan encuestas, se estudia la respiración sociológica y se analizan tendencias. Sobre el PSOE sanchista pesa una vieja disputa genética: la de la propiedad del ADN de la izquierda. Algo que no tiene que ver con la reforma laboral ni con los precios de la vivienda sino con la custodia ideológica de las esencias. Los dirigentes de Podemos proceden en su mayoría de las Juventudes Comunistas y la tradición socialdemócrata, desde González, considera al comunismo su bestia negra. Se le hace cuesta arriba pactar con ella; la quiebra del bipartidismo impone estrategias nuevas pero a la hora de la verdad, incluso a un populista (mal) encubierto como Sánchez, un yonki del poder refractario a los debates de ideas.

Pero se equivocará el que minusvalore su tenacidad, su audacia y su resistencia. Y su absoluta falta de miramientos para darse a sí mismo la vuelta completa.

El deplorable espectáculo de una izquierda convertida en una jaula de grillos
EDITORIAL ESdiario 26 Julio 2019

Sánchez e Iglesias han pisoteado la imagen democrática de España con un impúdico y fracasado cambalache de cargos que retrata su único proyecto: lograr y conservar el poder.

La variopinta, enfrentada y a menudo folclórica izquierda española dio un espectáculo deplorable en el momento más solemne tal vez de la liturgia democrática, la investidura del presidente del Gobierno. Todas las insensateces, contradicciones, caprichos y superficialidad de sus dos principales líderes, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, quedaron en evidencia con estrépito en una sesión vergonzosa que terminó en fracaso.

Desde 2015, ambos partidos han hecho lo imposible por desestabilizar la política española, forzando repeticiones electorales y mociones de censura para, una vez lograda en las urnas la posibilidad de conformar Gobierno, fracasar en el intento con un ruido inaceptable y por unas razones lamentables.

Lo único que unía a formaciones tan dispares como PSOE y Podemos y a otras tan extravagantes y perniciosas como ERC o Bildu era su odio casi enfermizo por el PP y Rajoy; y una vez derribado ese tótem se han exhibido sus vergüenzas. Que no son pocas.

Arrogantes y codiciosos
De un lado, las de un arrogante Sánchez que, con solo 123 diputados, se ha saltado la obligación elemental de buscar socios estables y acuerdos concretos para completar sus contadas fuerzas parlamentarias; exigiendo a rivales como PP y Cs que le apoyaran mientras negociaba en público, con un impudor sin precedentes, los cambalaches de puestos y sillones con Iglesias.

Y de otro, Podemos, que tras lograr convencer a la opinión pública de que la dificultad de una coalición era achacable a la negativa de Sánchez, ha dilapidado un acuerdo que le otorgaba, nada menos, una vicepresidencia y tres ministerios.

Sánchez e Iglesias llevan desestabilizando a España desde 2015 para, al final, ser incapaces de entenderse en nada

Si incomprensible es que un aspirante a presidir España con 52 diputados de menos se permita reclamar cheques en blanco a todo el espectro parlamentario; ridículo resulta que un partido en caída desaproveche la posibilidad de acceder al Gobierno por un exceso de codicia.

Y la combinación de ambos factores retrata muy negativamente al conjunto de una izquierda que ha hecho lo imposible por lograr el poder, hasta el punto de pactar con independentistas, pero luego no sabe qué hacer con él cuando lo tiene.

Otro candidato del PSOE
La salida a esto no pueden ser unas nuevas Elecciones Generales, que serían las cuartas en cuatro años; ni tampoco que PP y Cs le regalen a Sánchez la investidura para que, a continuación, vuelva a apoyarse en sus socios de moción de censura mientras denigra a sus eventuales apoyos para desbloquear la situación.

Esto solo tendría sentido con Sánchez fuera, otro candidato del PSOE, y un programa de pactos de Estado firmes en ámbitos tan relevantes como el territorial, el económico, el laboral y el educativo. Justo donde menos clara está la posición en esa jaula de grillos.

«Una oportunidad para España»
Juan Díez Nicolás ABC 26 Julio 2019

El pasado 27 de agosto este periódico tuvo la amabilidad de publicarme una Tercera con el título «¿Una oportunidad perdida?», en la que comentaba la oportunidad perdida por Pedro Sánchez por no configurar una alianza con el principal partido de la oposición para establecer un gobierno estable después de la moción de censura que provocó la caida del gobierno de Rajoy. Ahora, una vez fracasado el intento de formar un gobierno de coalición PSOE-UP, vuelvo a insistir en los argumentos entonces expuestos. En las líneas que siguen entrecomillo lo principal y vigente de esa Tercera, y al final añado algúnos comentarios actualizados.

«Siempre que se produce un cambio en la Jefatura del Gobierno de España se abre una oportunidad, pero solo a veces se ha aprovechado. Adviértase que he escrito Jefatura del Gobierno, y no Presidencia del Gobierno, pues desde que se aprobó la Constitución de 1978 he reiterado... que el nombre correcto, en una monarquía constitucional, es el de jefe del Gobierno o primer ministro, como en todas las monarquías constitucionales europeas y también en las repúblicas presidencialistas (con la única excepción de la República de Italia, donde su título es el de presidente del Consejo de Ministros, título que también fue utilizado habitualmente en España desde 1834 hasta el régimen franquista). La cuestión no es baladí, pues de aquí se han derivado consecuencias no anticipadas. En primer lugar, se ha hablado de presidente de España, y el presidente no lo es de España, lo es solo del Gobierno de España. Y ello ha conducido a que se confunda Estado y Gobierno. El Estado siempre ha sido lo stato, lo permanente, lo estable. El Gobierno, por el contrario, es cambiante con cierta periodicidad... De aquí se ha derivado un segundo error, el de denominar presidentes a los jefes de gobierno de las comunidades autónomas, lo que les ha llevado a pensar que son presidentes de Madrid, o de Andalucía, o de Cataluña o de Navarra, en lugar de jefes de Gobierno de la Comunidad. Como se suele decir, las palabras las carga el diablo.

»Creo que cuando se presentó la moción de censura que acabó con el gobierno del PP, una gran mayoría de españoles pensaban que el gobierno de Rajoy estaba agotado, carecía de soluciones para los principales problemas de España... Para una mayoría de españoles, incluso votantes del PP, se abría una oportunidad para que el PSOE, liderado por Sánchez, pudiera dar respuesta a los problemas sobre todo políticos que habían provocado la caída del gobierno de Rajoy... Muchos analistas y observadores de la política pensaron que Sánchez volvería en gran medida a lo que fue el comienzo de la transición en 1976, el bipartidismo de la derecha y la izquierda moderadas, y el apoyo sin fisuras a la Constitución y, por tanto, al sistema político de la Monarquía Parlamentaria que ésta establece. La primera parte implicaba volver al pacto entre PSOE y PP, relegando a Ciudadanos y a Podemos al papel de partidos residuales, como lo fueron al comienzo de la transición AP y el PCE. Debe recordarse que la situación política en España a la muerte de Franco era mucho más complicada que ahora. Suárez tuvo dos aciertos en mente decisivos entonces: el primero fue pactar con Carrillo para lograr la reconciliación entre las dos fuerzas políticas reales en ese momento... Pero inmediatamente logrado ese acuerdo, que de alguna forma cerraba las heridas de la Guerra Civil y abría la Reconciliación Nacional, planteó el acuerdo con la izquierda moderada, que era el PSOE de Felipe González... Adolfo Suárez y Felipe González, como ha recordado recientemente el segundo, acordaban incluso hasta las discrepancias. Por eso la transición fue un éxito, ya que contó con dos líderes excepcionales (y otros dos, Carrillo y Fraga, que con sus renuncias colaboraron al proceso de reconciliación). Los problemas han vuelto por dos razones: la corrupción que ha afectado a todos los partidos, y la desconfianza entre la derecha moderada y la izquierda moderada, que ha conducido a echarse en brazos de los partidos nacionalistas, al principio moderados y más tarde envalentonados y cada vez más independentistas... La ruptura de ese pacto de confianza ha provocado el creciente poder de los partidos nacionalistas y el peligro de ruptura de la unidad nacional y de conflictos sociales importantes.

»Si hay una cosa cierta es que el PP nunca logrará eliminar al PSOE, ni el PSOE logrará eliminar al PP, o lo que ideológicamente ambos partidos representan. Si no se ponen de acuerdo el electorado, tarde o temprano, les obligará a hacerlo. Ya no son tiempos de totalitarismos más o menos encubiertos de izquierda o derecha, y no reconocerlo así será un gran error.»

En nuestra opinión Sánchez ha sabido ver el peligro de un gobierno de coalición con UP. Históricamente socialistas y comunistas (o similares) han desconfiado entre sí, y generalmente con razón, y en especial desde que el socialismo se transformó en social-democracia. Además, los partidos que más apoyaban ese gobierno de coalición eran los separatistas y los proetarras, todos ellos contrarios a la unidad de España y a la monarquía parlamentaria que establece la Constitución. Y ese gobierno provocaría muy importantes desacuerdos dentro del propio PSOE. Un peligro para Sánchez en España y también en la UE.

La alternativa que se ha estado manejando, incluso desde el propio PSOE, ha sido la de convocar elecciones en noviembre. Los resultados de esas elecciones no serían muy diferentes de los obtenidos en las recientes elecciones del pasado 28 de abril. Por otra parte, no habría gobierno al menos hasta 2020, y con parecidas dificultades a las actuales. España lleva sin gobierno, en términos reales, desde 2015. Esas elecciones nos trajeron un desistimiento de Rajoy a formar gobierno y un intento fracasado de Sánchez, seguido de convocatoria de elecciones para 2016, que después de muchos problemas trajo un gobierno en minoría de Rajoy, que no pudo gobernar y provocó la moción de censura de 2018. El gobierno de Sánchez surgido de la moción de censura no ha podido gobernar, y eso ha llevado a las elecciones de 2019. En resumen, si se descuentan los meses de precampaña y campaña electoral y los meses de gobierno en funciones, y los de gobiernos incapaces de gobernar realmente, España lleva casi 5 años sin gobierno, precisamente en un momento en que los acontecimientos en el mundo llevan un ritmo de cambio crecientemente acelerado.

Por eso, si Sánchez es el hombre de Estado que pretende ser, no querrá ir a nuevas elecciones. Y la única otra alternativa es un pacto con el PP como principal partido de la oposición. Ese pacto le liberaría de un gobierno Frankestein, con facturas que pagar a la izquierda radical, a los separatistas, a los antimonárquicos, y le proporcionaría una imagen similar a la de Suárez. El pacto, que puede adoptar la forma de gobierno de coalición (menos probable) o pacto de legislatura con una lista de pactos de Estado (más probable), garantizaría un gobierno estable capaz de hacer frente a los problemas más inmediatos (Brexit en octubre, sentencia del TS sobre el 1 de octubre, reforma de algunos artículos de la Constitución pero previsiblemente no el 99, sobre legislación electoral, igualdad de todos los españoles, pensiones, educación, economía y empleo, seguridad nacional, política europea y política exterior de España, organización territorial, etc.). Además, reduciría el protagonismo de los nuevos partidos, Ciudadanos, Unidas Podemos y Vox (surgidos precisamente para combatir la corrupcion y las cesiones a los nacionalismos independentistas del PP y el PSOE). En otras palabras, ese pacto devolvería a España a gobiernos estables que respeten a las minorías pero garanticen el gobierno de las mayorías moderadas de izquierda o derecha, como ha sucedido entre 1977 y 2004. Tenemos cierta confianza en que no somos los únicos en haber pensado esta solución al aparente «impasse» político en el que nos encontramos. La mayoría de los ciudadanos dormirían más tranquilos.
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Juan Díez Nicolás es Académico de número de la Real de Ciencias Morales y Políticas


El Tribunal de Cuentas confirma y aumenta la condena a Artur Mas por el 9N
La Sala de Justicia del Tribunal de Cuentas ha confirmado y aumentado ligeramente la condena impuesta al expresidente de Cataluña Artur Mas y varios exconsellers por valor de casi cincomillones de euros por los gastos ocasionados por la consulta soberanista del 9N de 2014
Estrella Digital 26 Julio 2019

En noviembre de 2018, el Tribunal de Cuentas condenó al expresident y los exconsellers Joana Ortega, Francesc Homs e Irene Rigau a devolver casi cinco millones de euros gastados por la Generalitat en la consulta soberanista del 9N de 2014, una condena que los afectados recurrieron por considerarla "aberrante".

Según dicha sentencia, Mas, los exconsellers y seis personas más fueron condenados por los gastos originados por el 9N, cifrados en 4.946.788,16 euros.

Los condenados recurrieron la sentencia al considerar que la decisión del tribunal estaba "muy lejos de la imparcialidad" y pretendía ser, por un lado, "un escarmiento" para todos aquellos que llevaron a cabo el proceso participativo del 9N y, por otro, "un aviso a navegantes" para futuras ocasiones.

Ahora, la Sala de Justicia del Tribunal ha informado este viernes que ha acordado no solo mantener las condenas impuestas, sino añadir un "leve aumento" de las mimas al decidir incluir otras partidas de gastos no contempladas inicialmente que suman 41.831,95 euros más.

Así, el total que debe ahora ser restituido a la Generalitat asciende a 4.988.620,11, importe del que los condenados responden de manera solidaria.

La sentencia detalla que, más allá de que Mas sea el responsable último por los casi cinco millones, cada uno de los condenados es considerado responsable directo de determinadas cantidades en función de las atribuciones y responsabilidades que asumieron con motivo del 9N.

Así, los demandados deberán reintegrar a la Generalitat de Cataluña la suma total más los intereses legales correspondientes calculados desde la fecha en que se efectuaron los pagos determinantes del daño causado a los fondos públicos.
 


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