AGLI Recortes de Prensa   Jueves 8  Agosto 2019

Sánchez sigue abdicando de su responsabilidad
Editorial El Mundo  8 Agosto 2019

En política se puede hacer de todo menos el ridículo. El conocido aforismo de Tarradellas sirve para describir el escenario creado por Pedro Sánchez después de su fallida investidura. En lugar de asumir el fiasco y afrontar de forma responsable una negociación de fondo que le permita sumar los apoyos parlamentarios necesarios, se ha lanzado a la búsqueda de un pretendido apoyo de la sociedad civil con el fin de forzar al resto de formaciones a respaldar sin condiciones una eventual segunda investidura en septiembre. Pero lo que toca después de unas elecciones no es reunirse con colectivos sociales, sino negociar con el resto de fuerzas políticas para poder formar Gobierno. Las palabras que pronunció ayer, después del tradicional despacho con el Rey en Palma, hay que insertarlas en el calculado tacticismo del presidente del Gobierno en funciones. Resulta incomprensible que solicite el apoyo de Podemos tras endurecer el tono contra Pablo Iglesias. Tan incomprensible como pretender ganarse el favor de la formación morada y, al mismo tiempo, la abstención del PP y Cs.

Sánchez, que llegó casi una hora tarde a la cita con Felipe VI porque el presidente alargó una reunión con agentes vinculados a la industria, sigue sin asumir su responsabilidad. Soslayando cualquier atisbo de autocrítica, pese a fracasar en el encargo que recibió del Rey para armar un Ejecutivo, el líder socialista continúa anclado en la contradicción. Si de verdad aspira a desbloquear la situación que atraviesa el país, su obligación pasa por negociar en serio la formación de un Gobierno libre de ataduras con formaciones radicales como Podemos o con socios independentistas. "Los españoles no quieren volver a las urnas", afirmó Sánchez en Marivent, apoyándose en las recientes declaraciones del jefe del Estado en las que éste animó a los partidos a evitar un adelanto electoral. Ciertamente, el bloqueo no solo paraliza la acción ejecutiva sino que erosiona gravemente la situación económica. Pero la salida a este atolladero no puede ser a cualquier precio, y mucho menos en un contexto en el que la unidad nacional continúa estando amenazada por los mismos partidos que auparon a Sánchez en la moción de censura.

Ayer, tras su audiencia con el Monarca, Sánchez imploró a Podemos su apoyo después de admitir "la desconfianza recíproca" establecida entre él e Iglesias. Y, a renglón seguido, volvió a reclamar a Casado y Rivera que faciliten su investidura. No se puede soplar y sorber al mismo tiempo. Sánchez tiene aún tiempo de rectificar e intentar formar Gobierno desde la centralidad, como corresponde a un partido sistémico como el PSOE. En caso contrario, que sean los españoles los que vuelvan a tomar la palabra.

Y van redondos
Pedro de Tena  Libertad Digital 8 Agosto 2019

Cada vez más redondos van. Otra cosa es que sepamos a dónde se dirigen, y lo que es más inquietante por involuntario, que sepan a dónde nos dirigen. Ya sé que en Andalucía ser "redondo" tiene connotaciones plenisexuales que habrá delicados a quien le parezcan ofensivas. Sin embargo, en principio, lo que se quiere decir con que alguien es "redondo" es que le gusta todo y de todo. Pero no. Yo no utilizo el adjetivo "redondo" como algo lindante con lo sexual de aldea o de dogma de género - yo sólo sé del género humano -, sino como algo, entre otros muchos lugares y sentidos, que tiene plaza y ruedo en la tauromaquia. Mucho antes que Cossío en el Vocabulario sobrevenido de su Biblia, Sánchez de Neira en sus tomos sobre El Toreo ya mencionaba los "redondos". Se trata de dar pases naturales seguidos metiendo el engaño en la cara del toro y siendo cada uno de ellos un segmento del círculo o redondo total que se compone. O sea que al toro y al maestro lo disfrutan todos los tendidos, hasta los más irritantes y saboteadores. Es como una vuelta al ruedo, circular, completa, tremenda, pero con el astado hispánico dentro.

Precisamente esto es lo que, en el ruedo ibérico sin Portugal, aunque tal vez con él, están haciendo los del Manual de Resistánchez con el toro español, qué gran metáfora para unos ciudadanos, ustedes, ellos, todos, yo, que sólo nos alzamos contra el castigo cuando este se hace sangriento y doloroso. Este Pedro Sánchez, que pasó de maletilla sin futuro y sin amores con la luna a propietario del coso nacional y a primera figura como consecuencia de la lógica del espectáculo, nos está lidiando a todos en redondo. Primero, puso cara a los tendidos de la izquierda y a los de los "entendidos" en trincar en las reventas nacionales otro porcentaje más jugoso para tirar la plaza abajo. Luego, fue virando al centro para tratar de convencer a los primerizos que no saben de manos, ni de las derechas ni de las izquierdas, en terrenos de nadie o de quien sabe usarlos como juegos de trueque en los callejones. Y finalmente, ha seguido rolando hacia la derecha para mostrar que sabe cómo usar la muleta para que el morlaco no se rebele contra el truco ni el respetable sepa de qué va la trastada.

Que Susana Díaz se haya picado un puyazo pro-sanchista descabellando, de paso, a sus bravos de dehesa, ya indica cuál ha sido el nivel del redondazo. Que Sociedad Civil Catalana, que nació para oponerse al separatismo catalán y sus pansueños lingüístico- imperialistas, se haya amansado en tablas hasta el punto de recalificarse como sociedad servil catalanista sin que haya habido arrimadas de peones para impedirlo, ha sembrado el silencio en los pañuelos. Que en Navarra haya pasado lo que ha pasado tras los sanfermines, que los puntilleros de hombres salgan a hombros de las manadas, esas tanto como otras, y que en Aragón haya un Echenique que capea más que Lambán, nos da una idea -si sumamos los excesucesos de los cosos de Castilla La Mancha, Extremadura y otros -, de cómo ha sido el entrenamiento del redondo en el salón de las aulas taurinas de la Moncloa.

O sea, terminemos, que lo de ir redondos significa ir adonde sea, con quien sea, del modo de que sea y para lo que sea con tal de que el largo caballero de la Resistánchez de Manual sea el bombero-torero que corte las orejas, el rabo, las criadillas y las patas de lo que quede de nosotros después de esta lidia a la que han contribuido todas las cuadrillas. Vamos, que lo de ir redondos viene a significar no creer en nada para que pueda creerse en todo, no ser nada para poder serlo todo o nadie, no defender nada, ni a los propios muertos, con el fin de defenderlo todo, lo bueno, lo malo, lo regular, lo estúpido, lo banal, lo venal, lo que sea con tal que sea posible la Resistánchez en La Moncloa.

La culpa la tiene Cela el magnífico. El que resiste, gana, epitafió en su tumba sin precisar, jodíos refranes, ante qué había que resistir para ganar qué. Pues ahí tiene a un alumno, el que perpetró, eso dicen, su tesis para resistirnos a todos y convertirnos en arena, esa de la que decía Nietzsche que nos uniformaba a todos haciéndonos muy pequeños, muy "redondos", muy tolerables, muy aburridos y, añado yo, muy esclavitos.

Por eso, porque las diferencias son incómodas y heterodoxas, vamos cada vez más, y van, redondos, equidistantes de toda verdad, de todo sentido, de toda moral salvo la del poder, que es la de siempre.

Pedro Sánchez, a verlas venir
EDITORIAL  Libertad Digital 8 Agosto 2019

Tras llegar casi una hora tarde a su cita con el Rey, Pedro Sánchez ha comparecido en el Palacio de Marivent donde no ha despejado duda alguna respecto a cuanto tiempo van a tener que esperar los españoles de cara a que los socialistas obtengan un acuerdo de investidura que evite la repetición en noviembre de las elecciones generales. De hecho, ya podrá el presidente en funciones asegurar que su partido "no tira la toalla" y que está haciendo "todo lo posible" para superar la situación de bloqueo, pero lo cierto es que Sánchez no ha realizado un solo gesto ni para ganarse la abstención de los partidos constitucionalistas a su investidura pero tampoco para ganarse el respaldo de la extrema izquierda podemita con la que parecería cada vez más distanciado. De hecho, Sánchez ha afirmado que "la desconfianza con Podemos ahora es recíproca", al tiempo que reclamaba la abstención de PP y Ciudadanos sin ofrecer la más mínima garantía a estos partidos que tienen tanto o más motivos de desconfianza hacia el nihilista líder socialista que los que tienen los separatistas y podemitas con los Sánchez que ya ha gobernado y con los que su partido sigue llegando a acuerdos tan infames como los que se han producido en Navarra.

Así las cosas, parecería que la única actividad política de Sánchez va encaminada no a evitar las elecciones del 10 de noviembre sino a llegar a dichos comicios en las mejores condiciones posibles. No otra cosa parece su reciente retahíla de promesas electorales a la España rural y a otros colectivos de la sociedad civil, como los que agrupan a profesores y padres de alumnos, que se asemejan más a una precampaña en la que se ofrece de todo, que a los discretos encuentros que se deberían establecer con el resto de los partidos políticos si de verdad se quiere evitar la repetición de los comicios.

No pretendemos decir con esto que Sánchez ya tenga un plan deliberado encaminado a celebrar esos nuevos comicios. De hecho, el presidente en funciones sigue teniendo la esperanza en que el temor de Podemos –y en menor medida, de Ciudadanos- a unos nuevos comicios le permita acceder ahora a la presidencia. Lo que está claro, sin embargo, es que él no parece dispuesto a poner absolutamente nada de su parte y sólo espera que unos –"por responsabilidad y sentido de Estado"- o bien los otros –por dar respaldo a un "gobierno progresista"- terminen dejándole llegar a La Moncloa.

Por nuestra parte, nos parece evidente que siempre sería preferible la repetición de las elecciones que tener ahora un gobierno en manos de populistas y separatistas. Lo malo es que no está nada claro que la repetición electoral nos vaya a sacar de una situación de bloqueo como en la que estamos ahora. De hecho, lo único que nos parece claro es que Sánchez no le importa esperar… ni hacer esperar.

El Gobierno progresista de Sánchez
Fernando González Urbaneja Republica 8 Agosto 2019

La muletilla o, si se quiere, la bandera de enganche de Sánchez para presentarse ante los ciudadanos es la del “gobierno progresista”, lo suyo es el “progresismo” que es una de esas palabras que sirve para un roto y un descosido. Lo contrario de progresista sería conservador; pero probablemente ambos conceptos o definiciones, sobre los que hay abundante bibliografía y doctrina sirven según y cómo para lo que interese al autor. Atribuir a Sánchez (y por ende a los grupos que encabeza Iglesias) la condición de progresista y a Casado (y a Rivera) la matriz de conservador puede ser tan útil para entender como para confundir.

Hasta ocho ministros comparecieron ayer ante los medios para reiterar, más bien machacar, la relevancia de que en breve España disponga de un “gobierno progresista”, es decir el de Sánchez. Sin muchos más detalles esa pretensión es más bien estéril, vacía de contenido. Sánchez pide la confianza, siquiera como abstención, para ese gobierno a cuantos tienen votos en la cámara, pero sin entrar en detalles, sin formular un programa y una estrategia, lo cual conduce a la desconfianza, suena demasiado a propaganda.

Sánchez ha dispuesto de la oportunidad de un año de gobierno para acreditar para qué quiere gobernar, por donde orienta su legado. Es eso Zapatero fue mucho más claro; Sánchez se parece a Rajoy, aguantar (manual de resistencia) aunque con desempeño más pinturero y con un uso intenso del marketing electoral. De hecho el año de gobierno fue un año de campaña, muy centrada en desgastar a toda la oposición a la derecha y a la izquierda. Los primeros señalados como ultras, franquistas, reaccionarios y los segundos como aventureros peligrosos e incompetentes.

A Sánchez le llevaron en volandas al gobierno los adversarios de Rajoy, los que entendían que desalojar al PP de la Moncloa era una cuestión primordial. Sánchez fue la herramienta disponible para la sustitución con el compromiso de convocar elecciones de inmediato. Sánchez llegó sin compromisos formales con quienes le apoyaron y decidió tomarse un tiempo para acomodarse al poder y desplegar una campaña electoral efectiva a base de guiños al electorado. Y le fue bien ya que mejoró las expectativas electorales del PSOE en perjuicio de todos los demás grupos. Tanto hoy es el partido que encabeza todos los sondeos y las valoraciones pero de forma insuficiente. De hecho ha sumado más escaños pero le resulta imposible alcanzar la cota que le hizo presidente. Su estrategia sigue siendo desgastar a los demás, fundamentalmente a los que podían ser sus socios (de hecho lo han sido aunque sin resultados favorables), es decir a Podemos y a Ciudadanos. Su discurso le dedica sobre todo a reiterar su desconfianza respecto a Iglesias y a criticar la derechización de Ciudadanos. A Sánchez el fantasma de la ultraderecha franquista le ha servido de banderín de agitación y enganche junto con ese marco conceptual del “gobierno de progreso” sobre que no hay concreciones a pesar del rosario de buenas intenciones, sin orden ni concierto, que expuso en su fallida investidura.

¿”Gobierno de progreso”?… qué progreso, para quién, cómo, cuándo… desarrollos que no caben en un mensaje de Twiter ni mediante canutazos.

Sánchez y su equipo saben cómo aumentar el desempleo
Una propuesta de “progreso” capaz de acabar con el bluff socialista
Miguel Massanet diariosigloxxi 8 Agosto 2019

Es posible que el señor Pedro Sánchez sea un hombre hábil en cuanto a conseguir crear situaciones en las que, una parte de la ciudadanía, pudiera pensar que es capaz de solucionar los graves problemas que en estos momentos acechan a nuestra nación. El menor de los cuales no es, seguramente, el amenazador brexit con el que nos están inquietando los ingleses del señor Johnson de la Gran Bretaña o los problemas que van surgiendo en algunas partes del país con aquellos inmigrante que, con tanta alegría, hemos ido acogiendo, sin tomar en cuenta la clase de personas que acogíamos con nuestra hospitalidad, sin descartar lo que parece un serial interminable relacionado con el hecho de que llevamos más de tres meses de la celebración de las legislativas y el que obtuvo el voto de siete millones de ciudadanos ha demostrado que o no puede o no sabe o, en el peor de los casos, no quiere encontrar una solución viable para su investidura como presidente del gobierno español, dejando que los días pasen y aquellas cuestiones básicas para que la nación pudiera funcionar con normalidad, sigan en stand by a la espera de que, por agotamiento, alguien decida echarle un cable para que pueda gobernar a su manera que, al parecer, consiste en establecer una especie de dictadura progresista en la vieja España.

Lo cierto es que, mientras los políticos están enfrascados en dimes y diretes, culpándose mutuamente de que la nación siga sin gobierno; en tanto que el Banco de España sigue advirtiendo de que se están acercando nubarrones que pueden afectar a nuestra economía y los empresarios, asustados, no acaban de entender que, la situación inestable de España y lo que parece que se está cociendo en Europa, no haga que estos señores que se presentaron para ser elegidos para los nuevos encargados de dirigir la marcha del país, sigan percibiendo sus honorarios como senadores o parlamentarios sin que, hasta la fecha, ninguno de ellos haya dado un palo al agua desde el escaño que consiguieron conquistar, decidan ponerse a trabajar para evitar que la nación siga en manos de los intrigantes que amenazan con llevarla a una situación límite. Al parecer, la única persona que viene dando muestras de un cierto sentido común resulta ser el Rey que, aunque sus facultades en política están muy limitadas por la Constitución española, intenta, a veces sin demasiado éxito debido a que cualquier opinión que pueda insinuar, provoca inmediatamente la explosión de la jauría de políticos que, como si fueran niños de pocos años, intentan, todos contra todos, comerse el pastel arrimando lo que, generalmente es un comentario bien intencionado del monarca, al discurso que cada uno de los partidos viene defendiendo.

En realidad, lo que viene ocurriendo es que, tanto Sánchez como sus compañeros del gobierno interino, que siguen en funciones en tanto no conozcamos quienes van a sustituirlos, gobiernan a su antojo mientras la Cámara baja esta de “vacaciones”, en el más amplio sentido de la palabra; disponen de manga ancha para hacer y deshacer lo que les viene en gana y todo ello le ha permitido, a nuestro Presidente en funciones, haber iniciado una tanda de visitas a diversos colectivos que no tienen nada que decir respecto a la posible investidura del futuro presidente del gobierno español, en lo que podríamos calificar, sin temor a errar, de propaganda política destinada a conseguir adhesiones de parte de sindicatos, agrupaciones, gremios, colectivos rurales, colegios de profesionales e, incluso de funcionarios de la educación pública, con excepción de los pertenecientes a los colegios concertados de la CONCAPA que, debido a sus especiales relaciones con partidos conservadores, seguramente ha decidido prescindir de ellos aunque estos colegios representan a dos millones de estudiantes.

¿Deberíamos entender que, en la mente un tanto atrabiliaria, del señor Sánchez, quede encriptada la idea de que va ser necesario acudir a unas nuevas elecciones para resolver el aparente nudo gordiano que, hoy en día, parece que impide la formación de un nuevo gobierno? Esta sería una respuesta que quizá muchos políticos estarían encantados de poder responder. Lo que sí se puede deducir de esta artimaña es que, el señor líder del PSOE, no deja cabos sueltos e intenta asegurarse tener controlados todos los posibles escenarios que se le pudieran presentar para que, en el hipotético caso de que decidiera llevarnos a las urnas, no iba a tener sorpresas desagradables que pudieran contradecir lo que, todas las encuestas, pronostican para una situación semejante, en las que se pronostica una victoria todavía mayor, para los socialistas, que la conseguida en los comicios del pasado mes de abril.

Entre tanto, las noticias de los partidos de derechas o centro derecha no pueden ser más decepcionantes. Por raro que pudiera parecer, para los que se han dedicado a criticar al partido del señor Abascal, VOX, parece ser que son los que más se han esforzado en colaborar, ajustándose a lo que se les ha requerido desde el PP para conseguir que los intratables políticos de Ciudadanos transigieran en apoyar, sin demasiado entusiasmo, la candidatura del PP en Murcia y posteriormente a la señora Ayuso, de la Comunidad madrileña. Sabemos que se equivocaron al no concurrir, como sugería el señor Casado del PP, a las anteriores consultas agrupados, en aquellas circunscripciones en las que, como se ha demostrado, el acudir por separado les ha perjudicado; no obstante y para mayor decepción de los que esperábamos más de dichos partidos, los señores de Ciudadanos, empecinados en pretender estar por encima del PP cuando, quiéranlo o no, de momento, el PP sigue ocupando el segundo puesto y, por tanto, le corresponde a él la designación como cabeza de la oposición.

Lo peor es que, de nuevo y ante la posibilidad de que hubiera elecciones en el mes de noviembre, los señores de Ciudadanos ya se han reafirmado en que no van a rectificar y se van a seguir presentando individualmente en todos los puntos de votación. Resulta poco menos que una postura condenada al fracaso, debido a que, y en esto parece que van coincidiendo todas las encuestas que se vienen haciendo sobre lo que podrían ser los resultados de unos nuevos comicios, sus posibilidades de mejorar los resultados del mes de abril parece que son muy escasas y, son muchos los que pronostican para el partido de Rivera una caída como la que también se les anticipa a los de Podemos.

En cualquier caso, si lo que pretende Pedro Sánchez sigue siendo el mantener sus propuestas electorales, hablar de un salario básico, como anunció; aumentar las pensiones; seguir aumentando el número de funcionarios y empleados públicos; dar cobertura sanitaria a todos los inmigrantes que siguen entrando, en grandes cantidades, en España; aumentarse los sueldos ( como ya vienen haciendo en muchos municipios) de los ediles y alcaldes municipales; ir cediendo a las presiones que viene recibiendo desde Cataluña y el País vasco para que le apoyen ante una probable investidura; no parece que esté dispuesto a hablar de lo que va a ser necesario implantar en España para que, los miles de millones de euros que van a suponer estos cambios, puedan ser financiados. No nos han dicho una palabra de los impuestos que van a incrementar o de los nuevos que va a ser necesario implantar; no parece que les preocupe el déficit público del Estado y de las autonomías; no sabemos hasta donde van a estar dispuestos a empeñarse para conseguir financiación a través de la Deuda pública ni se nos ha dicho lo que, en sus numerosos viajes a Europa, ha hablado respeto a lo que piensan los grandes países, que hoy son los que llevan la voz cantante en la CE, respecto a que nuestro endeudamiento y déficit público pueda alcanzar niveles que no entren dentro de los planes establecidos desde Bruselas.

Mucho nos tememos que hay demasiadas cosas que se ocultan al común de los ciudadanos, cosas que van a afectar directamente a nuestros bolsillos como, por ejemplo, ¿qué hay del aumento del impuesto de Sociedades y de las cotizaciones a la Seguridad Social? En uno y otro caso, la subida de ambas partidas va a suponer, para los empresarios, el incremento de sus costes de producción, lo que significa que vamos a estar en inferioridad respecto a los países con los que venimos compitiendo. Como el empresario lo que desea es sacar beneficios y no va a estar dispuesto a perder dinero va a tener que optar entre varias opciones, a cual peor, como: disminuir su producción y prescindir de personal; invertir en la mecanización y robotización de sus cadenas productivas, rebajando el número de operarios; trasladarse a otro país donde los impuestos no le reporten pérdidas, lo que significara expedientes de reducción de plantilla o, lo que para el caso es lo mismo, cerrar la empresa enviando a la plantilla al desempleo.

Añádanse a ello los anuncios que van llegándonos de las autoridades económicas de toda Europa en los que se habla de estancamiento de la economía, de parón de la producción por falta de pedidos, amén de los efectos negativos de un brexit ingles sin acuerdo, que se habla que podrían repercutir en una reducción de ingresos de 1.432 millones de euros y una caída de dos millones de turistas británicos. ¿Ha calculado el señor Sánchez la eventualidad de que la posibilidad de financiación del Estado español, por un aumento descontrolado de los intereses del dinero, pudiera representar para España? ¿Acaso podría seguir con la política desaforada del aumento sin control del gasto público? Por mucho que pretenda esquivar el problema, si se aumentan los impuestos, aumenta el paro, disminuye el poder adquisitivo de los ciudadanos y deja de mantener el llamado estado del bienestar, será evidente que el señor Sánchez y sus esbirros van a tener que dar explicaciones, de su modo extravagante de actuar, al pueblo español.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos nubarrones en el horizonte allí donde el señor Sánchez y sus ministros nos quieren hacer pensar que todos los españoles, especialmente los trabajadores, van a conseguir ventajas. ¡De ilusiones también se vive!


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La mal aprendida lección
CÉSAR ANTONIO MOLINA El Mundo 8 Agosto 2019

Partiendo de la base de que España es un bastión europeo contra la barbarie, el autor advierte de los efectos envenenados del nacionalismo para las libertades y la convivencia

De la misma manera que los nacionalistas no cejan en su publicidad y propaganda, sea la estación del año que sea, nosotros los antinacionalistas de cualquier signo, y por tanto unionistas, debemos hacer lo mismo. No solo para combatirlos, sino para convertirlos a la senda constitucional de la que no debieron salir. Y no únicamente a causa de su culpa, sino también por las muchas culpas debidas a la incapacidad de varios Gobiernos estatales. Por eso escribo este artículo-pasantía para, en este ferragosto, refrescarnos la frágil memoria.

1. El nacionalismo es el mayor destructor de la libertad. ¿Se es hoy totalmente libre en Cataluña, no siendo nacionalista? ¿Se es libre en los colegios, universidades, empresas, instituciones públicas, en la calle misma? Lo que allí está sucediendo se asemeja mucho a la película La vida de los otros. Una libertad vigilada sin cesar.

2. El nacionalismo asesinó a millones de personas a lo largo del siglo XX. Cuando finalizó la guerra de la ex Yugoslavia, el número de muertos rondaba los 200.000, más dos millones de desplazados. Desde la Segunda Guerra Mundial ningún conflicto europeo fue tan violento. Con sus características propias, la guerra en la ex Yugoslavia fue una guerra civil de carácter étnico. En 1970, los nacionalistas croatas (cómplices del nazismo, como quisieron serlo los nacionalistas vascos pero sin éxito),le dijeron a Tito que su existencia estaba amenazada por la asimilación al resto de los pueblos yugoslavos. La hegemonía étnica regional acabó en una limpieza étnica vergonzosa para Europa. En los Balcanes la tensión continúa. La siembra del odio se eterniza.

3. El nacionalismo desprecia la democracia y la separación de poderes. Le molesta todo lo que no pueda controlar. Los derechos y libertades ya están coaccionados en Cataluña por una Generalitat que representa a una parte de los ciudadanos y desprecia al resto.

4. El nacionalismo selecciona a sus ciudadanos, los discrimina, e instaura en la sociedad desigualdades selectivas entre ellos. Marca a quienes son afines o no. Favorece a unos sobre otros.

5. En el nacionalismo solo hay súbditos de esas ideas, como en los antiguos regímenes absolutistas, y no ciudadanos que es lo que somos ahora.

6. Excepto casos contados, ningún gran artista, escritor o intelectual ha apoyado jamás estas ideas. Tampoco en Cataluña, a pesar del clientelismo; o en el País Vasco. Siempre han defendido la convivencia. Y esta actitud es heroica ante las presiones.

7. El nacionalismo étnico, y el de catalanes y vascos lo es, suplanta la fe religiosa. Por cierto, la Iglesia Católica tiene una gran culpa por haber apoyado a estos movimientos. Hermanos contra hermanos. No hay ni un vasco ni un catalán puro. ¿En qué se basan? ¿Por qué habría que ser absolutamente puro? Tampoco los nazis lo eran.

8. El nacionalismo no busca la libertad o la prosperidad, sino que pretende que la nación se convierta en la norma y el molde del estado político. Todo así queda subordinado a esta idea fanática.

9. El nacionalismo es una cruzada, en el peor sentido, contra quienes no participan de sus ideas.

10. El nacionalismo destruye el conocimiento. La razón es sustituida por las emociones más primitivas y antropológicas. Se despilfarra el saber, el trabajo y los recursos económicos. Miseria, destrucción y hundimiento en vez de ensalzar la convivencia, la libertad, la vida y el progreso.

11. El nacionalismo es la mejor escuela de sectarismo, fanatismo y barbarie. Ya se ha comprobado lo que se ha enseñado en las escuelas catalanas a los niños, y en las del País Vasco. Y la utilización absolutamente partidista de los medios de comunicación. ¿Acaso TV3 es ejemplo de imparcialidad? Ni en el peor franquismo hemos visto actos semejantes de manipulación. Estos y otros medios informativos están dedicados permanentemente al odio racial, cultural y político. ¿Se puede a la larga vivir así?

12. El nacionalismo va contra el Estado de derecho. Ya hemos visto sus peleas contra el poder judicial. No le gusta la separación de poderes porque ejerce una fuerza supervisora sobre ellos, y en un sistema totalitario esto es inconcebible. De ahí la petición al Gobierno que intervenga, saltándose al Tribunal Supremo, para liberar a los políticos presos.

13. El nacionalismo puede llegar a ejercer una violencia física. Pero, sobre todo, ejercer, a diario, una extrema violencia simbólica sobre sus ciudadanos: invade la vida privada, señala, marca, condena a través de las redes sociales. Excluye, en definitiva.

14. El nacionalismo ejerce una violencia institucional animando con dinero público a aquellas organizaciones que llevan a cabo la labor de propaganda, enaltecimiento y movilización de masas dedicadas a estos fines.

15. El nacionalismo va contra sus vecinos geográficos, echándoles las culpas de los males que ellos mismos provocan. No piensan que, siendo o no independientes, tendrán que seguir conviviendo con ellos a lo largo de los siglos.

16. El nacionalismo ampara la corrupción porque él mismo es un movimiento corrupto.

17. El nacionalismo impone descaradamente, y sin prueba documental alguna, una verdad oficial, única, al margen de la realidad histórica.

18. El nacionalismo no enseña a sus jóvenes e indefensos ciudadanos, sino que los adoctrina incluso contra sus familiares y los hace desfilar con antorchas como en el Berlín de la quema de libros.

19.Obama, rememorando a los clásicos, dijo: "Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su origen o su religión. Las personas aprenden a odiar, y si pueden aprender a odiar, se les puede enseñar a amar, pues el amor es un sentimiento más natural para el corazón humano que su opuesto". El nacionalismo en Cataluña, y no solo allí, enseña a odiar no a amar.

20. El nacionalismo es un problema español y europeo. Putin aguarda a que Europa desaparezca como lo hizo la URSS. Una Europa partida en mil pedazos ¿qué fuerza tendrá? ¿Qué es hoy de aquella potente Yugoslavia que incluso se enfrentó a la URSS? Nada. Un conjunto de países irrelevantes, molestos permanentemente entre sí, pendientes de nuevas peleas.

21. El nacionalismo es cómplice de los enemigos de Europa, de aquellos que quieren destruir su unidad, su paz, su libertad, su democracia, su estado de bienestar, su economía, su cultura milenaria.

22. El nacionalismo es un proyecto oligárquico, clasista, identitario, étnico, excluyente, irracional, fanático, sectario y emocionalmente desequilibrado.

23.Edward Luttwack escribió un libro titulado Golpe de estado: un manual práctico. En este ensayo se enumeran las múltiples maneras, violentas o no, en que hoy en día se puede llevar a cabo un golpe. Por ejemplo, hacerse con el control de la maquinaria estatal (en este caso la Generalidad); utilizar a los funcionarios; tomar los centros de comunicación y emitir propaganda, aunque esto lo llevan haciendo años, darlo por fin como hecho consumado; desatender los requerimientos de las autoridades legítimamente constituidas y a las leyes que rigen la convivencia. Nancy Bermeo clasifica los golpes de estado modernos así. El golpe ejecutivo: quien está en el poder y decide suspender las instituciones democráticas; el fraude en jornada electoral: amañando elecciones ilegales; el golpe promisorio, pendiente de nuevas elecciones para legitimarse; la expansión del poder a través de los funcionarios obligados.

24. Un referéndum, la panacea del nacionalismo y de los populismos, por sí mismo, no es democrático. Los ciudadanos, convertidos en meros espectadores, solo pueden decir sí o no a una pregunta que ni siquiera se les ha consultado. Los políticos nacionalistas deciden lo que los votantes han querido decir en realidad. Además, si no están conformes con el resultado, podrán hacer tantos referéndums como deseen.

25. El nacionalismo es un totalitarismo de las ideas.

26. Un país de más de quinientos años no se puede destruir de la noche a la mañana por las ocurrencias de unos cuantos fanáticos fracasados. Porque la verdadera realidad última no es la independencia de Cataluña, sino la destrucción de España.

27. El nacionalismo ha envenenado a los partidos políticos de izquierda por un malsano y enfermizo complejo de inferioridad.

28. El nacionalismo utiliza a las lenguas y culturas como armas bélicas, cuando son patrimonio común del cual nos sentimos orgullosos y al cual todos hemos ayudado a salvaguardar y respetar.

29. El nacionalismo es racista y xenófobo. La mentira y el engaño son sus bellas artes.

30. De nada vale que el nacionalismo se gaste nuestro dinero en difamarnos por el mundo. El orbe sabe que España es una de las democracias más avanzadas.

En fin, repasemos la lección para lo que se viene encima este otoño. Seamos fuertes, porque somos hoy día un importante bastión europeo contra la barbarie.

César Antonio Molina es escritor, ex director del Instituto Cervantes y ex ministro de Cultura. Su último libro es Las democracias suicidas (Fórcola).

Sánchez se enroca en el bloqueo
Editorial ABC 8 Agosto 2019

El despacho que ayer mantuvieron en Palma Su Majestad el Rey y el presidente del Gobierno en funciones no sirvió para que se atisbe, al menos a corto plazo, un desbloqueo de la investidura de Pedro Sánchez. Sus palabras respecto a Podemos revelan una «desconfianza mutua» brutal tras la fallida sesión de investidura de julio. Y mientras persista esa desconfianza, y el PP y Ciudadanos mantengan su postura frontal contra Sánchez, la única evidencia palpable es que, sin avances negociadores, España se acerca irremisiblemente a nuevas elecciones en noviembre. Una vez más, Sánchez se afanó ayer de forma irresponsable en culpar al resto de partidos al presentarse como una víctima de nuestro sistema electoral y no como un presidente en funciones impotente a la hora de formar gobierno. Nada más lejos de la realidad. Es Sánchez quien ha enquistado nuestra política, quien dice un día que un presidente puede serlo sin haber sido el más votado y quien al día siguiente dice lo contrario, arrogándose una suerte de derecho universal a ser investido que no es tal. Empeñado en ser portador del presunto mandato de los votantes para formar «un gobierno progresista» -mantra que no cuadra con el resultado de las elecciones de abril, muy equilibrado-, Sánchez está frivolizando nuestra política hasta límites insospechados, sin asumir la culpa que tiene de su propio fracaso.

De momento, Sánchez mantiene a España en dique seco, presionando a los demás partidos para que cedan y le permitan gobernar, sin siquiera asumir la exigua mayoría de que dispone en el Congreso, con solo 123 diputados. Más parece que la estrategia de Sánchez consista en estigmatizar a todos los partidos, llevar el bloqueo al límite y concurrir a nuevos comicios con la esperanza de que Podemos se estrelle y el PSOE crezca hasta casi los 150 escaños. De antemano, ha excluido a los partidos separatistas de sus contactos habituales para tratar de recuperar una mayoría solvente, lo cual no debe ser una mala noticia. Sin embargo, el problema es que Sánchez no es creíble. No se trata de una decisión basada en principios y valores intrínsecamente democráticos -acaba de demostrarlo en Navarra, de la mano de Bildu-, sino de un nuevo ejercicio de oportunismo. No es extraño en Sánchez, quien en su comparecencia de ayer expresó de todo menos preocupación. Incluso sonreía cuando recordó la evidencia de que hoy no es formalmente un candidato. Es cierto que proponer de nuevo a un candidato es una prerrogativa del Rey, pero Sánchez lo escenificó de tal modo que parecía ser un lastre que se quitaba de encima. Sánchez nunca ha pensado que quizás el problema para el PP o Ciudadanos sea él, y no el PSOE. Son ardides de la política, pero el resultado es irritante: España sigue bloqueada mientras Sánchez sonríe.

El tufo de Bildu en Navarra: Chivite arranca bajo la "luna de sangre" de Otegi
Antonio Martín Beaumont esdiario  8 Agosto 2019

La imagen del PNV y Bildu celebrando eufóricos la llegada de María Chivite a Navarra lo dice todo de un pacto increíble e inmoral que, sin embargo, ya es operativo.

A muchos socialistas les ha sorprendido el perfil bajo del Gobierno de Pedro Sánchez en la toma de posesión de la socialista María Chivite como presidenta de una comunidad, la Navarra, estratégica para la estabilidad de España.

Una representación inapropiada para un acuerdo que, según La Moncloa y Ferraz, era “sin complejos”: Luis Planas y José Luis Ábalos no parecen el mejor aval en el pistoletazo de salida de una aventura con destino, como poco, peligroso. Ni la vicepresidenta, ni ninguno de los llamados “ministros de Estado”…

La euforia del PNV
Mucho menos debe sorprender, claro, el entusiasmo con el que el nacionalismo vasco afronta esta legislatura basada en un pacto contra natura, cuya llave de apertura y cierre la tiene… ¡Arnaldo Otegi! Como es lógico, ver al lendakari Íñigo Urkullu, visiblemente eufórico, jaleado por sus simpatizantes a las puertas del mismísimo Parlamento de Navarra, ha sembrado la alerta en las filas de UPN, PP y Cs.

Una visita que sigue a la que hace unos días cursó a Chivite el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, para bendecir el “sí” de nacionalistas, populistas y proetarras.

El compromiso del histórico Reino con la unidad de España es incompatible con las ansias de Urkullu y Ortuzar, y ya no digamos con el negro, sangriento e inhumano currículum de Otegi

Como a cualquier otro cargo público, a la nueva presidenta se le deben cien días de gracia. Pero, como suele decirse, “por sus hechos los conoceréis”. Y a más de media Navarra, y al resto de España, le inquieta tanto derroche de simpatía del socialismo navarro hacia un nacionalismo vasco que guarda en la recámara de su historia la OPA hostil a su comunidad.

Con Otegi
Y le inquieta no menos ese nuevo mantra que Chivite y el ministro Planas (enviado especial de Sánchez a la apertura del “nuevo tiempo”) repiten desde hace horas: la “Navarra plural”.

Plurales son los navarros, sin duda. Pero, el compromiso del histórico Reino con la foralidad, la Monarquía y la unidad de España es incompatible con las ansias independentistas de Urkullu y Ortuzar, y ya no digamos con el negro, sangriento e inhumano currículum de Otegi.

La “cobra” a UPN y la extraña manera de Sánchez de buscar socios de investidura
Si María Chivite quiere ganarse sus galones, debe ejercer como presidenta de Navarra. Es decir, ser dique de contención de las ansias anexionistas, nunca ocultadas, del vecino vasco. Pero ¿cómo hacer para superar la desconfianza de estar en el sillón del poder con el tufo del apoyo de la filoterrorista Bildu?

Increíble. Inmoral. Aunque cierto, por desgracia. La parábola del “árbol y las nueces”, que apadrinó el desaparecido Xabier Arzallus, vuelve a ponerse de actualidad.

Arnaldo Otegi, la novia de la muerte de Sánchez
Cristina Seguí okdiario 8 Agosto 2019

Los ministros del Gobierno socialista de España, José Luis Ábalos y Luis Planas estuvieron en la toma de posesión de María Chivite el martes pasado en Pamplona para aplaudir a la nueva presidenta de Navarra y celebrar la “normalidad” y el “diálogo” refiriéndose, evidentemente, a su amancebamiento con EH Bildu. También puso su granito de arena Emiliano García-Page, otro socialista para quien Francisco Franco está acechando en el armario de cada español, y que, sin embargo, es capaz de calificar a los de EH Bildu como “extinta la violencia terrorista", como ocurrió también el martes. Todos reconociendo explícitamente lo que, hasta antes de ayer, negaban los socialistas, sus negociaciones para alcanzar pactos de Gobierno con EH Bildu pese que, hasta el último momento y desde el día posterior a las elecciones ganadas por Navarra Suma, fue Santos Cerdán, el número dos de Ábalos y secretario de organización del PSN hasta que Sánchez le ficha en 2017, quien negoció hasta el último momento con la nueva Batasuna tuneada.

“Normalización” es ese concepto inherente a los ingenieros sociales mengelianos que, como este caso, manda en una organización política dispuesta a tratar a las víctimas del terrorismo etarra como a los monos lobotomizados de las películas de Tim Burton. Normalizándolos para que la sociedad y los familiares de los muertos vean lógico y positivo la equiparación de los asesinados y de los asesinos. El PSOE lleva 16 años en ese camino. Normal hubiera sido que, en lugar de fichar a la batasuna, Itziar Gómez, para su Gobierno con el beneplácito de Ferraz, hubiera tenido la decencia de irse a casa y levantar un proyecto constitucionalista durante los próximos cuatro años con los familiares de los 11 socialistas asesinados por ETA. Si es que queda alguno que no se sienta terriblemente avergonzado y humillado por la marca blanca batasuna en la que se ha convertido el PSN.

Normal hubiera sido que algún varón hubiera levantado la voz contra Eguiguren cuando, el pasado mes de mayo, el ex secretario general del PSE llamó a Josu Ternera “héroe de la retirada”. Normal sería que el engendro aberrante de Navarra se hubiera abortado y que la Fiscalía General del Estado hubiera actuado cuando Arnaldo Otegi, la novia de la muerte de Sánchez, se ufanó ante el foco de todos los medios de que los próximos 250 actos de exaltación del terrorismo transcurrirán con absoluta naturalidad y festividad.

Normalidad sería que el PSOE no pisoteara a la Guardia Civil y al resto de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que suponen 506 de las casi 900 víctimas de ETA habiendo creado una Ley que indemnizará con 150.000 a los batasunos que aseguren haber sido maltratados por las fuerzas policiales. Sobre todo, ante los hechos probados de que en Echari Aranaz se sigue colocando un muñeco vestido de guardia civil para celebrar las fiestas del “tiro al facha”.

Lo ocurrido esta semana en Navarra, y lo que seguirá transcurriendo en los próximos cuatro años, salvo milagro, dista mucho de ser un problema local como pretende hacernos ver Sánchez y la equidistancia grotesca y perezosa de la mayoría de los medios de comunicación. Implica que el partido más votado en España con 7.480.755 votos se ha convertido en la más activa, emblemática, garantista y potente maquinaria en la búsqueda de la máxima impunidad para los crímenes terroristas de toda España.

Una maquinaria más útil para Otegi por su diligente empeñado en construir una sociedad de clientes indecentes capaces de humillar a las víctimas con su indiferencia. Una sociedad que, para recuperar la decencia, debería perseguir que los asesinados recibieran el honor debido por parte de sus instituciones echando, en primer lugar, a la aberración sanchista del Gobierno de España destinada a seguir criando a todos los gilipollas inertes que siguen repitiéndote en la sobremesa del domingo: “ETA ya no existe”.

Sánchez, un dirigente irresponsable que da alas siempre al independentismo
EDITORIAL ESdiario 8 Agosto 2019

Nadie ha estimulado tanto al independentismo, en sus distintas versiones, como Pedro Sánchez. Y nadie lo ha hecho, además, en el peor momento para España, coincidiendo con una ola de esta ideología perversa que, con desigual intensidad, azota a la vez en distintas comunidades al detectar la flaqueza del poder Ejecutivo, la fragmentación parlamentaria y la debilidad constitucional.

Sánchez ha permitido que Navarra dependa de Bildu y del PNV, con esa toma de posesión simbólica de Íñigo Urkullu junto a la presidenta nominal, María Chivite, con una decisión que no tiene nada de excepcional y sí, por contra, de norma.

Un virus en expansión
Con el independentismo llegó él mismo a La Moncloa mediante una moción de censura que no hubiera triunfado sin el PNV y ERC y además contó con el respaldo de Bildu. Y con él, de una forma u otra, gobierna la Diputación de Barcelona, la Comunidad de Valencia o las Baleares, como ejemplos más destacados.

Que su otro socio haya sido el populista Podemos, gracias al cual gobernó Madrid y un sinfin de ayuntamientos, evidencia el carácter estructural de la política de alianzas del sanchismo.

Nadie ha dado nunca tantas alas al separatismo, en el peor momento posible, como el PSOE de Sánchez

Vale todo, para este PSOE, a la búsqueda de un beneficio inmediato menor que proyecta problemas mayores para el conjunto del país. No hace falta melodramatizar ni exagerar para entender que, si de alguien no puede depender la estabilidad institucional de España y de sus distintos ámbitos administrativos, es de quien no cree en ellos y quiere cambiarlos.

Eso es básicamente Podemos, un partido que desprecia la Transición y defiende sin ambages un nuevo periodo constituyente. Y eso es, desde luego, el independentismo en su conjunto, que solo colabora con Sánchez con la creencia de que eso beneficia a sus objetivos rupturistas.

Los independentistas son muchas cosas perniciosas, pero tienen una virtud: no engañan ni cambian; se comportan siempre como tales y todo lo más varían de estrategia y de calendario pero no de objetivos. La colonización de Navarra desde el PNV, con la tutela de Bildu, es un hecho consumado de una gravedad histórica que extiende y alimenta el virus secesionista en otras comunidades donde ya anida.

Y que en ese contexto, inducido por él, Sánchez se permita exigir el respaldo de los partidos constitucionales, resulta escandaloso e indiciario de la catadura de sus principios. Si el PSOE se hubiese negado a gobernar Navarra con esos peajes, tras sacar casi la mitad de diputados que el vencedor, aún tendría sentido la súplica. Pero después de este bochorno, que se atreva a solicitarlo siquiera denota una frivolidad sin límites.

Sánchez quiere elecciones
 La Razon 8 Agosto 2019

No hay acción de Gobierno. Sólo cálculo electoral. El fracaso de las conversaciones para formar un Ejecutivo del PSOE con Unidas Podemos ha abierto la espita para un sinfín de declaraciones, anuncios y promesas por parte de Pedro Sánchez que en nada se traducen, con unos Presupuestos en el aire, ante la imposibilidad de desarrollarlos y la incapacidad para llegar a acuerdos con el diálogo político bloqueado.

Ayer tuvimos la enésima prueba con las declaraciones del secretario de Acción de Gobierno de Podemos, Pablo Echenique, quien puso en cuestión las palabras de Sánchez acerca de la «desconfianza recíproca» entre PSOE y Podemos para pactar su investidura. Algo que ha considerado una «excusa» para no aceptar un Gobierno de coalición. Mientras rechaza llegar a acuerdos con su «aliado natural» –algo que por lo demás fue recibido con alzas en las bolsas–, Pedro Sánchez sigue con una frenética «actividad» que se traduce en reunirse con distintos colectivos y organizaciones sociales y políticas. De grupos feministas a ecologistas y en el futuro más: empresarios, sindicatos y autónomos. Un paseo por las distintas sensibilidades que todos aplaudimos pero que no ayuda a solucionar el entuerto: quienes te tienen que apoyar no lo van a hacer.

Y en medio de todo ello, como si fuera una broma, el presidente del Gobierno llega casi una hora tarde a la recepción oficial en Palma con el Rey «por un problema de tiempo al alargarse las conversaciones con los agentes sociales» (Moncloa dixit). Un encuentro del jefe del Estado y del presidente del Gobierno que, además, fue fijada por el propio presidente. Ni siquiera así fue puntual. El nudo gordiano de las idas y venidas de Sánchez, de tanto encuentro –y desencuentro– se desinfla con el paso del tiempo. Esa progresión de los tiempos parlamentarios que tanto criticó el PSOE cuando el PP negociaba y buscaba el acuerdo en la anterior legislatura.

Sin duda Sánchez ha batido récords: hasta cien días para formar Ejecutivo. Y ni con esas. Ha hecho del interim, de una insustancial transición hacia no se sabe qué toda una forma de gobernar. Ayer, tras la recepción en Marivent, el líder socialista, en un tono lastimoso y esforzado, afirmó que «no pierdo la esperanza, no tiro la toalla, creo que los españoles no se merecen volver a las elecciones». Empalma sus palabras con las expresadas por el Rey hace escasos días, en el sentido de que los españoles no desean unos nuevos comicios.

Nada dijo tampoco de recoger el ofrecimiento del Partido Popular, de dar un paso a un lado y dejar que otro candidato de consenso con las fuerzas conservadoras ocupe su lugar. Eso no. Menos aún que una coalición de PP y Cs llegue al Gobierno con la abstención del PSOE. Todo para él es una fantasía irrealizable –como la de formar un Gobierno presidido por él–. Y mientras, pasa el tiempo constitucional. Y el presidente, pendiente de los CIS mensuales, teje una posible convocatoria electoral.

Con la sentencia del «procés» a la vuelta del verano siguiendo sus propios tiempos jurídicos. Él a lo suyo. A pedir a la oposición que permitan un Gobierno socialista «por la gobernabilidad de España», para abrir paso a una nueva financiación autonómica y desbloquear la situación financiera de comunidades y ayuntamientos. Sánchez tiene la sospecha de que en unos nuevos comicios podría fagocitar parte del voto de Podemos y tener mejor resultado. CIS mediante. Eso, sin embargo, es un tanto peregrino. Como se ha visto, como el propio Don Felipe ha apuntado, los españoles castigan a las fuerzas que no han sido capaces de ponerse de acuerdo. El tablero político es inestable. Él mejor que nadie debería saberlo. Y el voto busca seguridades. Algo que el PSOE no ha sabido –o querido– brindar a los ciudadanos.
 


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