AGLI Recortes de Prensa   Sábado 17 Agosto 2019

Las tres lecciones de Argentina que los españoles no deberían olvidar
EDITORIAL  Libertad Digital 17 Agosto 2019

Argentina se encuentra, una vez más, al borde del precipicio y, por desgracia, no será la última. La victoria que cosechó el peronismo en las elecciones primarias del pasado domingo frente al oficialismo que encarna el actual presidente, Mauricio Macri, se tradujo de inmediato en un estado de pánico entre los inversores, con el mayor desplome bursátil registrado hasta la fecha, un fuerte aumento del riesgo país y el hundimiento del peso. La reacción de los mercados avanza, ni más ni menos, que la posible quiebra del Estado argentino, el regreso del cepo cambiario, con un férreo control de capitales, y el empobrecimiento generalizado de empresas y familias, ya que se da por hecho que el peronismo se impondrá en las presidenciales del próximo mes de octubre.

Negro futuro, pues, el que le depara a los argentinos si nada ni nadie lo remedia. El problema de fondo, sin embargo, no viene de ahora, sino de lejos. Argentina es, desde hace tiempo, un país fallido, de forma similar a lo que sucede en Europa con Grecia. No en vano, ha suspendido pagos en ocho ocasiones a lo largo de los dos últimos siglos. En este sentido, Argentina ofrece, al menos, tres grandes lecciones que deberían quedar grabadas a fuego en la memoria colectiva de otras sociedades, y en especial la española, para que no cometan los mismos errores que le han llevado a esta dramática situación.

La primera lección, pese a ser muy sencilla, no siempre resulta evidente para muchos: la riqueza no está dada. La riqueza se crea, pero para ello es necesario contar con una serie de condiciones básicas a fin de que fructifique, tales como la defensa de la propiedad privada, el cumplimiento de los contratos (seguridad jurídica) y libertad económica en un sentido amplio. Cuanto más fuertes y asentados estén dichos principios, más próspera será la sociedad en cuestión. El caso argentino es paradigmático, ya que, hace apenas un siglo, era una de las economías más ricas del planeta. Hasta la Primera Guerra Mundial, su renta per cápita era similar a la de EEUU, acumulaba el 50% del PIB de toda América Latina y el sueldo medio en Buenos Aires era hasta un 80% superior al de París. Y ello, gracias al mantenimiento de una economía abierta y poco intervenida.

Por el contrario, desde los años 30 hasta después de la Segunda Guerra Mundial, sus líderes políticos empezaron a abrazar la autarquía y el proteccionismo comercial hasta posibilitar, posteriormente, el ascenso del peronismo al poder, cuyo legado aún pervive. Desde entonces, Argentina ha navegado entre un modelo mercantilista y otro profundamente socialista, en el que la libertad económica y la estabilidad monetaria brillan por su ausencia. El resultado ha sido la implantación de un sistema clientelar, corrupto y empobrecedor. Hace tiempo que Argentina abandonó el grupo de las economías más ricas.

La segunda lección a extraer de su negativa deriva es que el inmovilismo no funciona. Y la prueba más reciente es Macri. Llegó a la Presidencia bajo la promesa de liberalizar los mercados, reducir de forma sustancial el peso del Estado y dejar atrás el peronismo, pero hizo entre poco y nada. Sus cambios, meramente cosméticos, fueron muy insuficientes. Tanto es así que el déficit público y la inflación siguieron creciendo bajo su mandato, teniendo que recurrir, finalmente, a un rescate del Fondo Monetario Internacional para evitar el default. Su gradualismo, consistente en no tocar el grueso del sistema peronista, fracasó estrepitosamente, llevando al país a una profunda crisis, que, como es lógico, se ha traducido en un amplio descontento electoral.

Y la tercera, la más importante de todas, es que la batalla de las ideas es fundamental. Si el peronismo ha gobernado Argentina en sus distintas formas y vertientes durante tanto tiempo, se debe, ni más ni menos, a que es el pensamiento predominante e irrefutable en la gran mayoría de la población, haciendo así que tropiece, una y otra vez, en la misma piedra. El votante medio piensa, erróneamente, que el problema es de sus gobernantes, que también, pero obvian que el auténtico origen de su constante y recurrente fracaso estriba en el intenso intervencionismo público y un anquilosado clientelismo político en el que buena parte de la sociedad permanece subsidiada a costa de una porción productiva cada vez más escasa y depauperada. Si nadie cuestiona ese modelo, y son muy pocos los que lo hacen, la sociedad argentina seguirá condenada. Han pasado casi cien años desde el inicio de su declive y bien podrían pasar otros.

Los tres 'agujeros negros' de la economía española
Manuel Llamas  Libertad Digital 17 Agosto 2019

España no está en condiciones de afrontar una fuerte ralentización de la economía mundial o una nueva recesión en el seno de la zona euro.

Quien piense que España está en condiciones de afrontar con solidez un posible cambio de ciclo a nivel internacional se equivoca de plano. Las turbulencias que han experimentado los mercados en las últimas semanas avanzan un menor crecimiento global a corto y medio plazo, debido, entre otros factores, al recrudecimiento de la guerra comercial que mantienen EEUU y China y sus negativos efectos sobre ambas potencias y el conjunto de Europa.

El Gobierno de Pedro Sánchez insiste en que el ritmo de crecimiento de España duplica a la media de la zona euro (0,5% en el segundo trimestre frente al 0,2%, respectivamente) y que, por tanto, no hay motivo de preocupación, ya que las bases de la economía son sólidas, pero lo cierto es que el país se debate entre un declive persistente y una nueva recesión durante los próximos dos años, cuyo resultado dependerá, en última instancia, de la aplicación o no del recetario correcto para sortear esta nueva coyuntura.

Y la razón no es otra que la persistencia de, al menos, tres graves problemas estructurales: endeudamiento, paro, y productividad. La combinación de estos factores convierte a España en un objetivo altamente vulnerable ante la llegada de otra tormenta financiera, tal y como revela un detallado informe elaborado por la consultora Freemarket.
Elevado endeudamiento

Tanto los gobiernos del PSOE como los del PP han desperdiciado el tiempo a la hora de eliminar una de las brechas más preocupantes de la economía nacional, el relativo al desequilibrio de las cuentas públicas y su elevado endeudamiento. España entró en la crisis de 2008 con un importante problema de deuda privada y sale de ella con otro, no menor, de deuda pública.

Por un lado, el país sigue registrando a día de hoy uno de los déficit más altos de la zona euro, equivalente al 2,5% del PIB en 2018, aunque inferior al límite del 3%, lo cual ha permitido abandonar el Procedimiento de Déficit Excesivo que establece la UE tras una década de reiterados e históricos incumplimientos. El Gobierno en funciones del PSOE confía en reducir esta brecha al 2% este año, gracias al aumento de la recaudación. Sin embargo, la clave no es tanto el déficit nominal como el estructural, que refleja el desequilibrio presupuestario asumiendo que la economía funciona a pleno rendimiento. Y es aquí donde saltan todas las alarmas, puesto que el esfuerzo para reducirlo no solo no es nulo, sino contrario al objetivo exigido.

El déficit estructural de España supera el 3% del PIB, el mayor de los países de la zona euro y de toda la OCDE, y medidas como la indexación de las pensiones al IPC, la recuperación del subsidio de desempleo para mayores de 52 años, el incremento del permiso de paternidad o el aumento de empleados y sueldos públicos tan sólo contribuirán a su crecimiento.

Todo ello dificultará enormemente la necesaria reducción del endeudamiento público, cuyo nivel roza el 100% del PIB, limitando así el margen de maniobra fiscal que ostenta Estado en caso de problemas, al tiempo que acrecienta la vulnerabilidad del país ante un cambio en el sentimiento de los mercados. Si a ello se suma el volumen de deuda privada, todavía elevada en comparación con la media comunitaria, el resultado es una deuda total próxima al 250% del PIB.

Por otro lado, la deuda externa (diferencia entre el total de activos en manos de inversores españoles y los pasivos propiedad de agentes extranjeros) se redujo de forma significativa entre 2012 y 2014, pero, desde entonces, ha recuperado su senda alcista, situándose entre las más altas de la zona euro, tan sólo superada por Irlanda, Grecia y Portugal. Otro claro signo de fragilidad.

Alto paro estructural
El segundo gran agujero negro es la crónica tasa de paro que padece España, no de ahora, sino desde hace 40 años. La reforma laboral de 2012 mejoró algo la situación, ya que permitió flexibilizar los costes laborales, impulsando con ello la contratación y la competitividad en plena crisis, pero el caso es que, pese a ello, el mercado de trabajo sigue siendo uno de los más rígidos de la OCDE.

Y la mayor prueba es que el paro estructural, medido como tasa de desempleo no aceleradora de los salarios, rondaría hoy el 15%, el doble que la media de la UE (7,4%), tres veces más que Irlanda (5,71%), cinco más que Alemania (3,2%) e incluso vez y media más que la de Francia (9,34 %).

Tanto es así que con un paro próximo al 14% ya se está experimentando una aceleración salarial, cuyos efectos se traducirán, en última instancia, en pérdida de competitividad y destrucción de empleo.

Baja productividad
Por último, la productividad de España, cuya evolución marca el nivel de vida a largo plazo, es muy inferior a la media europea y nada apunta a que vaya a mejorar en el futuro inmediato.

El problema, en este caso, tal y como asevera el estudio de Freemarket, es la falta de capital tecnológico y el bajo peso de la innovación en comparación con otros países de la UE. Las ineficiencias del sistema educativo o el cúmulo de regulaciones que limitan la libre competencia, tanto en el mercado de bienes y servicios como en el laboral, explican, en gran medida, esta particular brecha.

Como resultado, la productividad por hora trabajada en España apenas se sitúa en el 80% de la media europea. Y, si bien este factor ha mejorado algo entre 2009 y 2012, ha vuelto a empeorar en los últimos años, lo cual, entre otras cosas, significa que el empleo creado es de bajo valor añadido.

No, España no está en condiciones de afrontar una fuerte ralentización de la economía mundial o una nueva recesión en el seno de la zona euro, ya que los pilares en los que se asienta el actual crecimiento son endebles. Si llega la tormenta, los españoles sufrirán de nuevo.

Alemania y Argentina, más señales de alarma
Daniel Lacalle El Espanol 17 Agosto 2019

“We´re caught in a trap, I can´t walk out”, Mark James

Dice el refrán que “más vale prevenir que lamentar”, y debemos tener en cuenta las importantes señales de riesgo que se acumulan. El índice de indicadores adelantados de la eurozona que publica The Conference Board ya está en territorio recesivo. Un nuevo mega plan de estímulo del BCE no va a solventar problemas estructurales, entre otras cosas porque parte del problema de ralentización europeo viene de zombificar la economía y perpetuar los desequilibrios disfrazándolos con enormes inyecciones de liquidez y tipos negativos.

La caída del PIB de Alemania debería importarnos mucho. El desplome de Argentina también.

Los datos de Alemania suelen disfrazarse bajo el socorrido argumento de que todo es por culpa de la guerra comercial. No es del todo correcto, ya que los datos mostraban debilidad anteriormente. Pero incluso si lo fuera, nos debe preocupar. Las exportaciones de Alemania a la eurozona caían un 7,2% en junio, prueba de que hay más factores que el socorrido enemigo externo, y que la ralentización de la eurozona es evidente. Alemania no va a solucionar sus problemas con más gasto y copiando a los países deficitarios, sería suicida, y su impacto en la economía europea sería ínfimo. Argentina nos debe preocupar por lo que supone en sí misma, pero también por el posible efecto dominó. El desastre argentino, además, nos debe alertar sobre el inmenso error de pensar que los problemas estructurales se solucionan con gradualismo y fiándolo todo a la política monetaria.

En 10 años, Argentina aumentó su masa monetaria un 1.200% imprimiendo dinero para el pueblo para financiar gasto político creciente. Argentina sufre una cuña fiscal que sigue siendo la más alta de la región y una de las más altas para empresas del mundo, mientras la enorme inflación y depreciación del peso supone una fuerte barrera a la inversión, crecimiento y creación de empleo. Con un gasto público que supera el 45% del PIB, no solo es el más alto de la región, sino el más ineficiente según el Banco Interamericano de Desarrollo. La ineficiencia del gasto público en Argentina alcanza el 7,2% del PIB. Con políticas intervencionistas, el índice de competitividad global del Foro Económico Mundial ubica a Argentina en el puesto 92 sobre 137 países. En mi artículo Cinco razones de a debilidad de la economía argentina, comentaba que “no es fácil cambiar políticas equivocadas sin reconocer el enorme agujero monetario y fiscal creado en la anterior administración, pero si las reformas no son decisivas y claras, la economía argentina continuará siendo frágil y más vulnerable a los ciclos económicos que otras”. A Macri le estalló en la cara una bomba diseñada y activada por la administración anterior, y las tímidas reformas no fueron suficientes para evitar otra crisis. Ahora la moneda se desploma ante el riesgo de volver a la alocada impresión de moneda y políticas intervencionistas, sea cual sea el resultado final.

El gradualismo no solucionaba problemas estructurales y el peso se desplomaba aún más ante el miedo a volver a la locura monetaria y confiscatoria de Kirchner. Los que dicen que en Argentina se han llevado a cabo políticas neoliberales tienen un problema de diagnóstico con los datos y la realidad. Tiene la cuña fiscal y el gasto público más altos de la región y el porcentaje de empleo público sobre privado más alto por provincias. El gobierno de Macri confió en una estimada depreciación del dólar y una alta liquidez global para hacer un cambio gradual ante el agujero recibido, y se encontró con la dura realidad (lean al economista argentino José Luis Espert Pocas correcciones tras las elecciones).

Para España, Argentina es muy importante, con más de 300 empresas instaladas en el país y unas inversiones de casi 6.000 millones de euros. España es el segundo mayor inversor en Argentina del mundo.

La oportunidad para Argentina sería enorme si reconoce el enorme agujero monetario y fiscal que sufre, pero parece improbable. El riesgo de aumentar el intervencionismo es enorme.

¿Existe riesgo de contagio? La palabra es la equivocada. No es “contagio” sino riesgo de caer en los mismos errores. Los mercados emergentes han visto la mayor salida de capitales en junio de los diez meses anteriores, y se enfrentan a enormes vencimientos de deuda soberana en dólares en los próximos años. 1,2 billones de dólares en vencimientos hasta el año 2025 según IIF, emitidos en la época en la que muchos pensaban que el dólar barato y la liquidez abundante iba a ser eterno. ¿Por qué se lanzaron a emitir deuda en dólares en vez de en moneda local? Porque no existe demanda suficiente en moneda doméstica ante la evidencia, que demuestra la historia, de que los países intentarán devaluar su moneda todo lo que puedan ante la llegada de compromisos financieros crecientes.

Por eso es muy arriesgado apostar a que el dólar se deprecie y la liquidez se dispare, sobre todo cuando dicha liquidez está a máximos históricos (73 billones de dólares de oferta monetaria global según Bloomberg) y los tipos a mínimos. Es como esperar que te toque la lotería todos los años tras haber comprado un billete ganador.

Un país como España, con el segundo mayor porcentaje de deuda externa con respecto al total del mundo, alto desempleo, un sector empresarial pequeño y frágil e importantes desequilibrios fiscales y comerciales, no puede ignorar un aumento del riesgo en el país aparentemente más seguro y fuerte, Alemania, y uno de los más volátiles y arriesgados, Argentina. Debemos tomarlo muy en serio, sobre todo cuando los datos internos empeoran a ojos vista:

El índice de entrada de pedidos industriales cayendo un 2,1% anualizado, el índice de cifra de negocios de la industria cayendo un 0,7% interanual en junio de 2019 comparado con un +7,8% en junio de 2018, el consumo de luz industrial cayendo un 7,9% interanual, cinco meses consecutivos con tasas de crecimiento negativa y en más de la mitad de las industrias, la compraventa de viviendas cayendo un 5,2% interanual, y las ventas en el mercado nacional de las grandes empresas a niveles de 2013.

Detrás de todos estos datos negativos en unos y otros países no está la falta de estímulos, sino el exceso. Una economía dopada que ignoró las señales de alarma. La política monetaria de los bancos centrales se convirtió en un incentivo perverso para no hacer reformas de calado. Alemania tiene herramientas para sobrellevar la ralentización, otros -incluida España- no. Pensar que otro enchufe (más) de liquidez y tipos (aún más) bajos lo van a solventar es simplemente engañarse. Es hora de dejar las políticas de demanda y aplicar políticas de oferta, que dejen respirar y fortalecerse al sector privado, que dejen de penalizar fiscalmente la alta productividad para subvencionar la baja productividad y que dejen de aumentar liquidez para financiar elefantes blancos inútiles que no hacen la economía más dinámica, sino más frágil.

Temporal con Pedro y Pablo
Viene otra crisis y nos va a pillar con el peor Gobierno posible
Luis Ventoso ABC 17 Agosto 2019

Esta semana pasa por ser la más festiva del año y la que pilla a mayor número de españoles bronceando la panza al sol (Sánchez incluido, por supuesto, tras culminar con gran éxito las negociaciones para formar un Gobierno estable). Nos encontramos sumidos en las profundidades del mítico ferragosto, con las mentes felizmente dispersas, incluso un poco embotadas por ese estado de permanente semi-boligón tantas veces aparejado al parrandeo estival. Resulta probable que en el planeta del chiringuito y la toalla tal vez haya pasado desapercibido que esta semana ha sucedido una noticia muy importante, que dentro de unos meses afectará a nuestras vidas diarias. Resumiendo mucho es esta: los expertos dan por sentado que vamos de cráneo a otra crisis.

Es cierto que los economistas arrastran fama de agoreros. Un viejo chiste los define como ese gremio que ha acertado diez de las dos últimas crisis. Pero esta vez parece claro que se acumulan los peores indicios. Si usted está ahora mismo ventilándose una caña en un chiringuito y lee arrullado por el rumor de las olas, lo que sigue no le resultará la lectura más amena. Sin embargo es relevante. El jueves, el interés del bono estadounidense a 30 años cayó por debajo del 2% por primera vez en su historia. El miércoles, el día anterior, había llegado la gráfica que hizo temblar a los economistas: la rentabilidad del bono USA a dos años superó a la del bono a diez. ¿Por qué dieron un respingo los especialistas? Porque en los últimos cincuenta años cada vez que se dio esa circunstancia, acto seguido llegó una recesión. Y hay más: Alemania se ha trabado, con caída del 0,2% en su PIB del segundo trimestre; en Estados Unidos se hunde la confianza e inversión empresarial; las cifras del comercio global son negativas; el dato manufacturero chino ha sido el peor en 17 años. El FMI estima un crecimiento mundial este año del 3,2%, el más bajo desde la recesión de 2009. Toda esta fiesta se adereza además con el picante de la errática guerra comercial de Trump y China y con la majadería del Brexit, bien espoleada por el nacionalista irresponsable Boris Johnson. Pero que no cunda el pánico. Nuestras ministras Montero y Calviño, tal vez en un homenaje posmoderno al zapaterismo, han anunciado esta semana que revisarán las previsiones españolas... ¡al alza! Olé.

Pregunta retórica que jamás encontrarán en el CIS de Tezanos: con semejante galerna en lontananza, ¿considera usted que lo más adecuado para España es que la gobiernen Pedro, el de los alegres «viernes sociales», y Pablo, el del jovial analfabetismo numérico? Pues a eso vamos, ahora o en noviembre. A no ser que Rivera entre en razón y acepte apoyar a Sánchez para poder controlarlo, o que admita la fórmula España Suma, sea generoso y se alíe con el PP para ofrecer en noviembre una alternativa liberal basada en el realismo económico.

Con Pedro y Pablo en el puente, avante toda rumbo al iceberg. Eso sí, la orquesta del Titanic seguirá tocando hasta el final el meloso vals del progresismo.

Alemania marca el camino en el plagio
Editorial ABC 17 Agosto 2019

Una ministra alemana, Franziska Giffey, aspirante a presidir desde septiembre el Partido Socialista de ese país, se ha comprometido a renunciar a su candidatura y a seguir formando parte del Ejecutivo de coalición de Angela Merkel si se confirman los serios indicios de que plagió su tesis doctoral antes de acceder a la política. De momento, una plataforma anónima de «internautas voluntarios» ha diagnosticado que en una de cada ocho páginas de las 200 que tiene la tesis, Giffey plagió contenidos.

El caso suena mucho al escándalo público que provocó la forzada publicación de la tesis doctoral de Pedro Sánchez después de que ABC desvelara que al menos un 20 por ciento de ese trabajo estaba plagiado, con la diferencia, no poco relevante, de que en este caso la ministra alemana promete renunciar a su carrera, y Sánchez en cambio mintió a la opinión pública con tanto desahogo político como desvergüenza académica. En el colmo del cinismo político, ABC recuerda hoy cómo fue el propio Sánchez quien en su día puso a los cargos públicos alemanes como ejemplo de dignidad política por dimitir cuando fueron sorprendidos falseando sus tesis doctorales o sus currículos profesionales. El doble rasero ético de Sánchez se ha convertido ya en triple. Tiene uno de exigencia máxima e intransigencia política para la derecha en todo lo que haga, piense o falle, faltaría más. Tiene otro para la izquierda en general, y para el PSOE en particular, mucho más transigente y comprensivo. Y tiene uno inédito en nuestra democracia, de tintes cesaristas, y basado en la inmunidad total para sí mismo en la medida en que no cabe duda alguna de que su tesis fue plagiada, de que La Moncloa usó fondos públicos para mentir negando la evidencia, y de que falseó los datos de una empresa verificadora de plagios para presentar ante la opinión pública lo que en realidad fue una copia en toda regla como una simple anécdota universitaria.

En cualquier caso, empieza a resultar llamativa la indigencia intelectual de muchos exponentes de la clase política europea que han alcanzado cotas de aparente ejemplaridad pública y de rigor formativo mintiendo a sus electores. En este caso vuelve a ser un relevante cargo de la izquierda quien presume de lo que no es. Los doctorados fraudulentos, una vez acreditados, como el de Sánchez tras pasar por el filtro de ABC, deberían ser motivo de una dimisión inmediata. En España, en cambio, dan origen a un libro autobiográfico sobre la capacidad de resistencia. En eso Sánchez tiene razón: resiste a la mentira como ningún otro presidente de nuestra democracia.

Los retos del Gobierno de la Comunidad de Madrid
José María Rotellar okdiario 17 Agosto 2019

Esta semana, PP, Ciudadanos y Vox votaron a favor de la investidura de Isabel Díaz Ayuso como presidenta de la Comunidad de Madrid, tras las dos jornadas en las que se desarrolló la investidura. El primer día, se produjo la intervención de la candidata y el segundo, el debate y la votación.

Atrás quedaban muchas semanas de negociación, tras las cuales Ciudadanos y Vox, aunque fuese a través de la relación de cada uno de ellos con el PP, fueron limando sus diferencias, que no son tantas, y llegaron a un entendimiento para apoyar a Isabel Díaz Ayuso. Los electores habían sido claros al dar una mayoría relativamente holgada al bloque de centro-derecha, pues si la mitad de una cámara de ciento treinta y dos diputados es sesenta y seis, el centro-derecha cuenta con dos diputados más, hasta contabilizar un total de sesenta y ocho.

El gobierno que nace fruto de estos pactos estará formado, por primera vez en la Comunidad de Madrid, por más de un partido, ya que en 1991 el presidente Leguina gobernó con el apoyo parlamentario de Izquierda Unida, pero sin que entrase a formar parte de su ejecutivo. Esto, sin duda, constituye todo un reto, al igual que los necesarios acuerdos parlamentarios en los que habrá de participar Vox para garantizar que la mayoría parlamentaria se materialice. Por eso, más allá de la lógica dialéctica que en un debate como el de investidura puede haber, los partidos que conforman el ámbito liberal-conservador tendrán que ponerse de acuerdo en los asuntos que deseen llevar adelante, pensando en el beneficio de los madrileños y, vía la solidaridad interterritorial de la Comunidad de Madrid, en el de todos los españoles.

El gobierno que liderará Isabel Díaz Ayuso tiene grandes retos por delante, muchos de los cuales los narró la ya presidenta investida: seguir apostando por la libertad, por los impuestos bajos, por la educación de calidad y por la excelencia sanitaria, entre otras cuestiones. Y todo eso, es posible que tenga que llevarlo a cabo en un entorno de importante desaceleración económica, con un Gobierno de la Nación que puede tener la tentación de asfixiar a la Comunidad de Madrid, como ya hizo en el pasado, y con contestación en algunos sectores que puede que agite la izquierda. No obstante, la determinación debe ser rotunda para aplicar el programa de reformas que, en el margen de sus competencias, anunció Ayuso.

Además de bajar impuestos, que es esencial, y de ser eficientes con el gasto, administrando de la mejor manera posible cada céntimo de dinero público, el nuevo gobierno habrá de estar vigilante con el cumplimiento de la estabilidad presupuestaria, pues muchas veces, en épocas de bonanza el gasto se va incrementando de manera imperceptible pero importante al agregarse el resultado tras varios años y, cuando menos nos damos cuenta, los ingresos sobre los que se ha construido ese aumento del gasto se desvanecen si no en todo, sí en gran parte, y eso puede provocar un desajuste en las cuentas que hay que evitar.

Es importante, por tanto, que esa línea de impuestos bajos, gasto eficiente, reformas profundas y cumplimiento de los objetivos de estabilidad presupuestaria -déficit y deuda- se garanticen, tal y como destacó la nueva presidenta, porque esa acción estará inspirada por la línea liberal-conservadora que se ha aplicado en la Comunidad de Madrid desde 1995. De esa manera, podrá continuarse dicha actuación con el gobierno de Ayuso. Si así se hace, se tendrá bien preparada la economía para crecer más que la media en los momentos alcistas del ciclo económico y resistir mejor que la media cuando la economía se ralentice. Hay trabajo por delante, pero a buen seguro que la Comunidad de Madrid podrá seguir siendo ese oasis frente a las políticas intervencionistas de la izquierda, demostrando que con gasto eficiente, impuestos bajos, libertad económica y cumplimiento de los objetivos de estabilidad presupuestaria, se puede ofrecer los mejores servicios a los ciudadanos y aumentar más su prosperidad.

La percepción del terrorismo yihadista
CARLOS IGUALADA TOLOSA El Mundo 17 Agosto 2019

Con motivo del segundo aniversario de los atentados en Barcelona y Cambrils, el autor explica la constante mutación del yihadismo. Y analiza la apreciación de este fenómeno en la opinión pública

El 17 de agosto de 2017 se adentraba un terrorista en las Ramblas de Barcelona conduciendo un vehículo con el único objetivo de arrollar a todas las personas que se encontrase a su paso. Pocas horas más tarde, ya de madrugada, otros cinco terroristas intentaban emular sin éxito la misma acción en la localidad de Cambrils, aunque conseguirían apuñalar mortalmente a una mujer antes de ser abatidos todos ellos.

Los atentados de Cataluña, de los que hoy se cumple el segundo aniversario, son hasta el momento el último ataque de carácter yihadista perpetrado por una célula terrorista en suelo europeo. Desde entonces, Occidente ha sufrido de forma esporádica distintas acciones terroristas de menor envergadura llevadas a cabo por individuos que deciden pasar a la acción, en la inmensa mayoría de los casos, de forma autónoma tras haber sido radicalizados a través del uso de las nuevas tecnologías y mediante el consumo del contenido propagandístico difundido en redes sociales y foros yihadistas por miembros de organizaciones terroristas como el Estado Islámico o personas que simpatizan con los planteamientos radicales de su ideología.

La sombra de la amenaza yihadista que planea sobre Europa en la actualidad no se encuentra en los mismos niveles de alerta que se daban en 2015, 2016 y 2017, años en los que se sufrió una oleada de atentados sin precedentes con ataques cometidos sobre algunas de las capitales europeas más importantes como son París, Londres, Bruselas o Berlín. Sin embargo, esto en ningún caso quiere decir que haya desaparecido el riesgo de sufrir atentados, dado que las condiciones actuales del paradigma en el que nos encontramos y el acceso a distintas herramientas, que facilitan y acortan en el tiempo tanto los procesos de radicalización como la adquisición de todo aquello necesario para perpetrar un ataque, permiten en gran medida mantener un perfil bajo a aquellos terroristas dispuestos a atentar, consiguiendo así pasar desapercibidos para las autoridades. Aun así, siempre es necesario reconocer el trabajo que realizan las fuerzas de seguridad en materia antiterrorista, quienes, pese a estas mayores dificultades, frecuentemente realizan operaciones que se saldan con la detención de presuntos yihadistas que tienen planes inmediatos para pasar a la acción. No olvidemos que, sin el trabajo, el esfuerzo y la dedicación que ponen los distintos cuerpos policiales, con toda seguridad tanto en España como en el resto de Europa el número de atentados sufridos sería considerablemente superior al actual.

Lo comentado es una muestra más de la forma en la que el terrorismo de corte yihadista se presenta como un fenómeno en constante mutación y en función de la asiduidad con la que se materializa a través de los atentados acaba por influir directamente en la percepción que tiene la sociedad sobre la amenaza que representa. En Occidente, esta percepción suele manifestarse de forma sesgada y desvirtuada respecto a la realidad, dado que se tiende a enfocar el encuadre desde una óptica localizada que no tiene en consideración que el yihadismo es un fenómeno mucho más complejo y global que trasciende más allá de nuestras propias fronteras. De hecho, y aunque pueda resultar sorprendente, la sociedad occidental en términos estadísticos es la menos afectada por la violencia ejercida por las organizaciones yihadistas.

En lo que llevamos de 2019 se podrían atribuir en Europa tres ataques terroristas inspirados por la ideología yihadista, dos en Francia y uno en Noruega. Entre todos ellos se ha producido una víctima, la cual parecía ser la cómplice del preso radicalizado en prisión que intentó apuñalar mediante un arma blanca en marzo a varios funcionarios en la cárcel de Condé sur Sarthe, en el oeste del país galo. Las otras dos acciones fueron llevadas a cabo también por individuos que procedieron por cuenta propia. El primero actuó a mediados de enero en Oslo tras conseguir apuñalar a una mujer que resultó herida en un supermercado, mientras que la segunda acción fue obra de un joven en Lyon -quien dijo actuar en nombre del Estado Islámico tras su detención-, que en el mes de marzo lanzó desde una bicicleta una mochila que contenía un explosivo de escasa potencia sobre una calle peatonal.

Ahora bien, si este enfoque eurocentrista lo ampliamos a escala mundial, observamos que en el primer semestre de 2019 se han producido al menos 757 atentados yihadistas que han provocado la muerte de 5.199 personas, de acuerdo al informe que publicamos recientemente en el Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET). Es más, los cinco países en los que más víctimas se han producido en lo que llevamos de año -Afganistán, Siria, Nigeria, Irak y Sri Lanka- reúnen el 67% del total de los fallecidos. Con estos datos podría interpretarse como una contradicción y un oxímoron la percepción que se tiene sobre la situación actual en Irak, donde se celebra que a estas alturas del año el número de víctimas sea de tres centenares, dado que en los años anteriores los fallecidos se contaban por millares.

Por otro lado, y centrando la atención en nuestro país, una encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en septiembre de 2017, justamente pocas semanas después de los atentados de Cataluña, concluía que para el 15,6% de los ciudadanos, el terrorismo internacional era una de las tres principales preocupaciones. Un mes después, este porcentaje era del 3,7% y cuatro meses más tarde, del 1%. Cifras similares a estas dos últimas eran las que fluctuaban en esta misma encuesta durante los meses anteriores a los ataques de Barcelona y Cambrils, cuando ya se estaban produciendo desde dos años atrás diversos atentados de alta letalidad en distintas ciudades europeas.

Estas cifrs resultan tan ilustrativas como útiles a la hora de hacer especial hincapié en la forma en la que la sociedad mundial percibe la amenaza que representa el terrorismo en función de unos prismas y unos criterios espaciotemporales que resultan tan volátiles como es el propio dinamismo con el que evoluciona el fenómeno yihadista. Esta realidad se magnifica todavía más en el caso de la sociedad occidental, donde sólo acaparan parte de nuestra atención aquellos atentados que ocurren en nuestro más inmediato entorno, pasando por alto que precisamente en no pocos países de mayoría musulmana se están cometiendo atentados yihadistas diariamente que, salvo contadas excepciones -como pueden ser aquellos ataques en los que se producen centenares de víctimas, así como otros en los que se ven afectados nuestros intereses turísticos o nos sentimos identificados cultural o religiosamente con los fallecidos- no reciben ninguna atención por nuestra parte.

Resulta fundamental que tanto los especialistas en la materia como la opinión pública a través de los medios de comunicación hagamos un esfuerzo por comprender la visión internacional del desafío que presenta el terrorismo yihadista y sepamos explicarlo de forma adecuada al conjunto de la ciudadanía, para que ésta sea capaz de comprender la dimensión real y conozca de forma panorámica el propio fenómeno. Sólo así conseguiremos que no se produzca una sobredimensión de la amenaza real que representa el yihadismo cada vez que se produce un atentado en el interior de nuestras fronteras y evitaremos a su vez la proliferación de los discursos islamófobos que tanto peso está ganando durante los últimos años en una parte de la sociedad.

Carlos Igualada Tolosa es director del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET).

Barcelona, gravemente degradada en la era Colau
Editorial El Mundo 17 Agosto 2019

La transformación de cualquier ciudad para hacer frente a retos como el del desarrollo urbano sostenible, la mejora medioambiental, la integración del turismo de masas o la asimilación de grandes bolsas de población extranjera exige políticas a largo plazo que ni comienzan ni se agotan en una única legislatura. Pero, en cambio, basta un único mandato al frente de un Ayuntamiento si se aplican medidas disparatadas para que la degradación del municipio se torne insufrible. Lo que ha ocurrido con Barcelona durante la primera legislatura de Ada Colau como alcaldesa ejemplifica hasta qué punto el populismo es un cáncer tanto para la vida democrática como para la prosperidad ciudadana.

El grave problema de criminalidad que hoy sufre la Ciudad Condal se debe en buena medida a que durante cuatro años se hayan aplicado políticas demagógicas en el terreno de la seguridad. Envuelta en un infantil discurso que se podría resumir en el mensaje naif de que todo el mundo es bueno, a Colau le costó quitarse su traje de activista al llegar a la Alcaldía. Algo parecido se vivió en Madrid con Carmena. Las fuerzas de seguridad se sintieron ninguneadas, el discurso oficial respaldaba prácticas ilegales como el top manta mientras los comerciantes se sentían cada vez más abandonados, y los ciudadanos en general sufrían una creciente inseguridad en sus barrios a la vez que sus gestores municipales miraban hacia otro lado con tal de no perder su marchamo de izquierdistas y de no estigmatizar a ningún colectivo. Sólo faltaba.

El caso es que sólo entre 2016 y 2018 los delitos se han disparado en Barcelona un 25%. Y tanto se está degradando la situación -se producen 600 casos de criminalidad cada día, según Interior- que en esta nueva legislatura a la alcaldesa no le ha quedado más remedio que cambiar de estrategia, aunque, eso sí, para no manchar su imagen buenista, ha dejado las competencias de seguridad en manos de sus socios socialistas.

Con el apuñalamiento mortal de ayer son ya 12 los fallecidos por crímenes en lo que va de año, ocho en el último mes y medio. La Consejería de Interior, en una indisimulada enmienda a la totalidad a la gestión de Colau, ha empezado a desplegar dispositivos policiales en las calles, ha anunciado tolerancia cero con los manteros y ha prometido empezar a actuar contra las peligrosas pandillas de menas. Costará dar la vuelta a una situación que se ha podrido. Y la responsable política es quien está al frente de la ciudad, una paradoja.

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Bajar impuestos para crecer más y crear empleo
Editorial El Mundo 17 Agosto 2019

Isabel Díaz Ayuso defiende que hay un modelo alternativo al de la voracidad fiscal del PSOE que ya ha puesto en práctica el PP

La avalancha de reacciones políticas que ha generado el anuncio de Isabel Díaz Ayuso de acometer una histórica rebaja fiscal en la Comunidad de Madrid puede ayudar a entender la campaña mediática de acoso a la nueva presidenta madrileña. Algunos barones del PSOE, especialmente el valenciano Ximo Puig, han acusado a Díaz Ayuso de querer convertir Madrid en un "paraíso fiscal", hasta el punto de pedir algo insólito en un presidente socialista que debe su poder a los soberanistas de Compromís: que el Estado recupere, en línea con lo que exige Vox, algunas competencias fiscales, en concreto la gestión de los impuestos de patrimonio, sucesiones y donaciones. Es decir, Puig está dispuesto a renunciar a parte de sus competencias autonómicas con tal de no reconocer que las acusaciones a la Comunidad de Madrid de practicar una suerte de dumping insolidario aprovechando el "efecto capitalidad", con el que no contarían otras CCAA, encubre no solo la evidencia de que las políticas socialistas de presión fiscal sobre los ciudadanos resultan contraproducentes, sino la incapacidad para gestionar sus propios recursos.

El PSOE no puede pretender que las comunidades en poder del PP apliquen su política fiscal de acoso a los trabajadores y las empresas para sostener un sistema de gasto público expansivo. Si por algo los madrileños llevan casi un cuarto de siglo votando masivamente al centro derecha es porque se han beneficiado en todo este tiempo de una fiscalidad moderada que ha generado nuevos puestos de trabajo y ha garantizado el crecimiento económico a la vez que se han mantenido muy altos los niveles en Educación, Sanidad y Transportes. Porque no se trata solo de bajar los impuestos, en realidad, todos los presidentes autonómicos podrían hacerlo. Lo que distingue a la Comunidad de Madrid es que las presidencias de Ruiz-Gallardón, Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes, a través de un decidido empeño por invertir en infraestructuras y mejorar los servicios, han logrado atraer a inversores extranjeros y a numerosas empresas, haciendo de Madrid la más próspera de las autonomías españolas. No es de extrañar, por tanto, que Díaz Ayuso quiera seguir la senda de sus antecesores y que en Andalucía, desde la formación de un gobierno PP-Cs, se hayan empezado a aplicar las mismas recetas de corte liberal, capaces de crear empleo, mantener los servicios y dinamizar económicamente la región.

Es cierto, como ha recordado Puig, que la ley de financiación autonómica lleva años esperando una reforma en profundidad, pero no hay que olvidar que Madrid es la que más aporta a las políticas de solidaridad territorial, sin que ello haya obligado a recortar el gasto en servicios y que estos sean más eficientes que en otros lugares, manteniendo, además, una deuda con respecto al PIB de las más bajas de España, solo por detrás de la autonomías con régimen fiscal propio.

En las CCAA donde ha gobernado, el centro derecha ha demostrado que su discurso no es "demagogia fiscal", como afirma Puig, sino que existe un modelo alternativo al de la voracidad fiscal de la izquierda, que pasa por no acosar con impuestos a ciudadanos y empresarios para garantizar un sistema libre, social y de mercado.

Humillando a la plebe
Eduardo Goligorsky  Libertad Digital 17 Agosto 2019

El diario La Vanguardia publicó a doble página, en su edición del 11 de agosto, un impresionante mapa del firmamento político catalán en el que aparecían las caras y los nombres de los cabecillas del supremacismo, flotando como si fueran astros, satélites, asteroides y meteoritos imaginarios, englobados por el ilustrador en sus respectivas constelaciones o, a veces, aislados. Sorprendía la cantidad de clanes de competidores y candidatos egocéntricos que citaba el texto (Isabel García Pagan, La familia y uno más):

Puigdemontistas, rullistas, turullistas, bonvehilistas, independientes de PDECat y la Crida, alcaldes, dirigentes territoriales, vaqueros solitarios y viejas glorias.

Homogeneidad étnica
El observador atento captaba un detalle no desprovisto de importancia: lo que tenía delante no era un corte transversal de la sociedad catalana sino un compendio de las cuatrocientas familias de rancio abolengo que Manuel Trallero desmenuzó, con implacable rigor, en sus investigaciones sobre el escándalo Millet y la corrupción rampante del pujolismo. Todos los apellidos que figuraban en la trama eran catalanes de pura cepa, sin márgenes de tolerancia para que se infiltraran otros -la mayoría del censo- con genealogía española.

Los castellanohablantes conversos quedan relegados, cuando los reclutan excepcionalmente los partidos y movimientos supremacistas, a las trastiendas donde se exhiben los fenómenos de feria. El caso más espectacular es el del hazmerreír Gabriel Rufián, predestinado a recibir los escupitajos de sus supervisores de raza impoluta cuando se aparta del libreto que estos le dictan.

Pero la homogeneidad étnica no se traduce en la cohesión de la familia. La diversidad de clanes personalistas arriba citados lo demuestra. El mismo día en que apareció el mapa de constelaciones políticas, la autora del artículo publicó junto con Alex Tort otro titulado explícitamente La crisis de confianza independentista bloquea una respuesta a la sentencia - El enfrentamiento entre Esquerra y la ANC evidencia el choque de estrategias.

Más claro, imposible. La banda golpista es una jaula de grillos, donde a los jerarcas les importan un rábano los sentimientos y las ilusiones de las masas que han abducido. Lo importante para ellos son las parcelas de poder y los fondos públicos que puedan arrancarle al truhán entreguista aposentado en la Moncloa, mientras ellos siguen humillando a la plebe. Para la casta ensoberbecida, la plebe está compuesta por la buena gente que el monopolio mediático y educativo ha intoxicado con sus mentiras.

Traidores contumaces
El desprecio con que los golpistas tratan a la buena gente los retrata de cuerpo entero. La hacen comulgar con ruedas de molino intragables y la pasean de un lado a otro como si fuera un rebaño de borregos. El último hallazgo de estos sinvergüenzas ha consistido en convertir su Diada antaño sacrosanta en un filtro de lealtades, manipulado por traidores contumaces a España, el país donde nacieron y cuya documentación y servicios sociales usufructúan.Traidores que rivalizan con otros traidores. Escriben Isabel García Pagan y Alex Tort:

Si la Diada debe servir como termómetro de la movilización independentista, el choque de la ANC con ERC pone de manifiesto las dificultades para afianzar un relato conjunto. Si la Diada ya no es de unidad, al independentismo solo le queda el Consell per la República, con Carles Puigdemont al frente. (…) Aunque también hay visiones contrapuestas sobre cuál debe ser el papel de este organismo de carácter privado.
(…)
La división se plantea incluso en el seno de JxCat. Entre el "ho tornarem a fer" que esgrime Torra y la apuesta por la confrontación de Puigdemont, los más pragmáticos de la formación alertan que "el país no está para ir al choque" con el Estado sino para que se gobierne e intente avanzar en el diálogo.

Cualquiera sea la táctica que elija, la oligarquía catalana no cambiará su estrategia, encaminada a levantar fronteras dentro del territorio de España para separar a los que ella considera étnicamente puros de sus compatriotas mestizos, cuyo remanente recluido en el apartheid de la nueva república correrá, al fin y al cabo, una suerte parecida a la de su vecina, la plebe humillada autóctona. Una plebe que, para más inri, ha sido conminada a sufragar con impúdicas derramas las juergas del sátrapa prófugo Puigdemont y de su corte, que incluye al rapero Valtònyc, trovador de la bomba y el kalashnikov, y a un diputado bilduetarra blanqueador de asesinos (LV, 12/8). La opípara paella de Waterloo, canonizada por la papisa Pilar Rahola, ha sido otra bofetada en la cara del pueblo de Cataluña, expoliado en su totalidad.

En guardia
La descomposición acelerada del contubernio antiespañol puede ser un regalo que nos brinda la historia. Pero el constitucionalismo no debe descuidarse. Es posible que al sentirse próximos a la derrota, los bárbaros redoblen sus esfuerzos para reventar la sociedad abierta e implantar su dictadura retrógrada. Unos prometen que lo volverán a hacer. Otros se conchaban para tomar por asalto las calles y las instituciones si los jueces del Tribunal Supremo sancionan con unas sentencias ejemplares a los golpistas encausados.

En Guardia era el título de una publicación de los servicios de información aliados cuya lectura me educó en el culto a la democracia durante la guerra contra los nazis. En guardia, sin fisuras y con los artículos 116 y 155 en las alforjas, debe estar el constitucionalismo para salvaguardar la Monarquía parlamentaria y las libertades heredadas de la Transición.
 


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