AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 28  Agosto 2019

El final de la escapada de Iglesias
OKDIARIO  28 Agosto 2019

Difícilmente podría realizarse una gestión peor en el caso del ‘Open Arms’ que la llevada a cabo por el Gobierno socialista. De rechazar recoger a los inmigrantes en España a enviar a las costas italianas una fragata a tal efecto y mientras tanto, en todo ese lapso de tiempo, Sánchez fue tomando mil decisiones distintas al buen tuntún, sólo guiándose por el golpe de efecto, por la inmediatez de la repercusión mediática. Al final la crisis se resolvió porque el sol salió por Antequera, desembarcando los inmigrantes en la isla de Lampedusa.

Pero una cosa es el día a día del sanchismo, donde su brújula es un tacticismo de vuelo corto y otra muy distinta, su proceso de toma de decisiones con la formación del posible nuevo Gobierno. Aquí no nos duele prendas reconocer que Pedro Sánchez está demostrando ser un consumado maestro de los tiempos, acorralando poco a poco a Iglesias ante la desagradable tesitura de apoyarle –aunque sólo sea para su investidura– o tener que ir a nuevas elecciones, donde sabe que los socialistas le darán una nueva dentellada en votos y diputados a los podemitas.

Este es el marco político-electoral, esta es la estrategia de Sánchez y, ante ello, Iglesias poco tiene que hacer. Podemos es una formación en franca decadencia, desgastada por los mil y un escándalos de su cuadrilla dirigente y por su propia inconsistencia orgánica e ideológica, y llamar a Carmen Calvo al Congreso para que rinda cuentas sobre la mala gestión del ‘Open Arms’ sólo servirá para ocupar los titulares del día. Mientras tanto, el tiempo seguirá corriendo en favor de Sánchez, y en el final de esta particular escapada de Pablo Iglesias sólo seguirá habiendo dos opciones: o apoyar a Sánchez o nuevas elecciones.

Pablo Iglesias tiene que comprender dos cosas: primera, ningún gobierno de Europa occidental aceptaría tener dentro a un radical de extrema izquierda de su perfil y segunda, que su tiempo político ha terminado. Es tiempo de volver a las clases de la universidad –profesión dignísima, por cierto– y de dejar el juguete de Podemos en otras manos.

Las Cortes del sanchismo
Manual de dignidad
Álvaro Martínez ABC  28 Agosto 2019

En los catorce meses que llevamos de sanchismo, las Cortes han aprobado solo un proyecto de ley, aquellos que son enviados por el Ejecutivo al Congreso para su discusión y posterior luz verde. Hablamos de un proyecto de ley en 424 días de «Gobierno bonito», lo que no parece la plusmarca mundial de la eficacia legislativa, precisamente. Dijo Pedro Sánchez, «el resistente» del Manual, que con su llegada a La Moncloa «España recuperó la dignidad de sus instituciones», quizá porque para él era muy digno y honorable llegar al poder con los votos de dos partidos que acababan de apoyar un intento de golpe de Estado y de otro que ha venido aplaudiendo los asesinatos perpetrados por una banda terrorista que liquidó a casi un millar de españoles. Desde luego, cada uno pone el listón de su dignidad allá donde más le place. Quizá a Sánchez le parezca, por ejemplo, digno de elogio que su Gobierno presente tan ridícula producción legal -recuerden, un solo proyecto de ley aprobado en 424 días-, pero a bote pronto invita más a pensar que su «dignísima» llegada nació coja y que lo único que perseguían los mencionados partidos era librarse de Rajoy, mucho más incómodo para sus proyectos rupturistas para la unidad de España.

Pero hay más. ¿Es muy digno -parlamentariamente hablando- que el presidente del Gobierno de la nación lleve seis meses sin someterse a la sesión de control de las Cortes? Porque aún en funciones, sigue gobernando y representando a España. Sin ir más lejos, acaba de mandar un barco de la Armada para recoger a quince inmigrantes (eso sí que supone un récord) y no hace cuatro días que estuvo invitado en la reunión del G-7 de Biarritz. Por no acudir a la sesión de control siendo presidente en funciones, Sánchez llevó a Rajoy hasta el Tribunal Constitucional. Ahora, él lleva seis meses y no hay manera de llevarle al Congreso, al que quizá le haya cogido manía pues es el único político desde la Transición al que el Congreso ha rechazado dos veces su candidatura a la Presidencia del Gobierno, la primera en marzo de 2016 y la segunda a finales del pasado julio.

La ecuación nos deja, por tanto, a un líder político al que es el doble de probable que el Congreso le rechace en La Moncloa a que le apruebe un proyecto de ley. Dos a uno. Así son las Cortes del sanchismo.

El gran debate: qué fue el franquismo y qué entender por democracia
Pío Moa Gaceta.es  28 Agosto 2019

Estos textos y otros están disponibles también en el blog «Más España y más democracia»: www.piomoa.es
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Dice usted que hay que aprender del franquismo. ¿Qué, en definitiva?
–Eso habría que discutirlo mucho. Pero si el franquismo fue capaz de derrotar a totalitarios y separatistas, de evitar la guerra mundial, de desafiar y sostenerse contra la hostilidad realmente delictiva de medio mundo, de reconstruir el país sin deudas políticas, económicas y morales externas, de conseguir una salud social, una estabilidad social y una esperanza de vida muy destacadas en un país tradicionalmente poco lucido en ambas cosas, en hacer de España una potencia económica considerable… Si consiguió todo eso y otras cosas , algo habrá que aprender de él, seguramente. Creo que es el gran tema de pensamiento político que habría que abordar. No se puede despachar con esa estupidez de la dictadura y la democracia ni con las palmarias falsedades de la memoria histórica. Si queda algo de democracia actualmente viene de la herencia de estabilidad que dejó, no de los autodenominados demócratas, que en España han sido demasiadas veces bandas de botarates y corruptos. Eso ya lo decía Azaña, tan lúcido con sus compañeros como ciego hacia sí mismo.

Sin embargo el franquismo ha sido analizado por arriba y por abajo, desde la izquierda y desde la derecha, y desde el propio franquismo.
–Un análisis que no tenga muy en cuenta los hechos mencionados, sus logros reales, la transición a la democracia, y que se dedique a denigrar a aquel régimen en nombre de una democracia de pandereta… Si no empieza por ahí no irá muy lejos. Porque en España no existe pensamiento democrático, todo se reduce a cuatro tópicos simplones. O que ensalce al franquismo, pero como un régimen en definitiva normal… Todo eso vale poco.

Se entiende que para usted el franquismo no fue un régimen normal.
–Claro que no lo fue. Fue una excepción en Europa. Y una excepción positiva. Observe usted la frase-programa de Ortega: “España el problema, Europa la solución”. Una frase estúpida, pero que ha tenido tal éxito que la opinión casi generalizada es que ¡por fin, después del franquismo, habíamos “entrado en Europa”! Se había cumplido el programa de Ortega y ya éramos “normales”. Lo de Ortega tiene interés por otra causa: porque al volver del exilio en el 46, encontró al país “con una salud casi insultante” en medio del desastre moral y político del resto del continente. Creo que fue un giro radical en su punto de vista, que no llegó a desarrollar, en parte por la hostilidad que le manifestó la jerarquía eclesiástica. Hostilidad, hay que decirlo, sin ningún efecto práctico de persecución o cosa así. El franquismo fue muy poco despótico, culturalmente.

¿España debería distanciarse de Europa, entonces?
–Yo creo que España es diferente, como decía aquel lema del franquismo. No es que lo crea, es que es así. Aunque en cierto modo es no decir nada, porque Europa es un continente repleto de diferencias nacionales, cada país tiene su historia y características culturales muy marcadas, dentro de una raíz más o menos común. Así que hay que especificar en qué consiste esa diferencia. Por lo pronto, en el siglo XX España se ha desmarcado de las dos grandes guerras que en cambio afectaron a casi todas las demás naciones. No cayó luego bajo la tutela useña, se reconstruyó con sus propias fuerzas, siempre insisto en esto porque me parece crucial, mantuvo con más fuerza que otros la raíz cristiana, etc. Estas diferencias tienen su valor. Pero la actitud de los políticos y de gran parte de la población es de un servilismo inaudito hacia lo que llaman “europa” y que ellos mismos no saben de qué se trata.

¿Europa, entonces, no ofrece nada a España?
A nuestros políticos parece que les ofrece mucho, pero creo que al país le ofrece su desaparición histórica y cultural. Lo voy a exponer de otro modo: no hay debate sobre Europa porque casi nadie sabe gran cosa del asunto, ni tampoco le interesa. Es una palabra mágica para un pensamiento mágico. En cambio sí hay un debate, aunque nada racional, sobre la guerra civil, que se quiere presentar como una guerra entre demócratas y fascistas o reaccionarios o como se les quiera llamar. La cuestión es totalmente falsa. La cuestión real es: ¿por qué ganaron los nacionales y por qué fueron capaces de construir un régimen tan fructífero? Hay que elevar el debate en esa dirección. Y, claro, especificar qué entendemos por democracia. Los que dicen que el Frente popular representaba la democracia nos aclaran que para ellos la democracia consiste en elecciones falsificadas, en aplastar y asesinar a la oposición, en reparto de armas a los sindicatos, en terror entre los mismos componentes del Frente Popular, en dependencia total, militar y política, de Stalin, etc. El debate es ese: qué aprender del franquismo, lo que exige analizarlo en profundidad, y qué entender por democracia. A partir de ahí se podría abordar el papel de España en Europa y en Hispanoamérica.

Iglesias, muleta de Sánchez
Editorial El Mundo  28 Agosto 2019

Pedro Sánchez parece decidido a apurar todos los privilegios que le otorga la presidencia en funciones sin responder de las obligaciones del cargo. Solo así se explica que, ante la eventualidad de una repetición electoral presente en los cálculos partidistas de Sánchez desde el principio, el presidente en funciones se entregue a rondas de contactos con entidades sociales y colectivos afines para presionar a Podemos mientras su Gobierno lleva medio año sin someterse a control parlamentario. Una anomalía democrática que el propio Sánchez reprochó a Mariano Rajoy, cuya negativa a someterse al control de las Cortes durante los diez meses que permaneció en funciones fue recurrida al Tribunal Constitucional por el PSOE. La sentencia tardó en llegar pero dio la razón a los socialistas: concluyó que el Gobierno del PP vulneró la Carta Magna al sustraerse a la vigilancia del Parlamento. Ahora Sánchez desde el poder imita las peores actitudes de Rajoy, y evidencia una vez más que su trayectoria se explica antes por la ambición inescrupulosa que por el deseo creíble de regeneración.

Pero Sánchez, con los escaños que tiene, no podría permitirse este comportamiento si el resto de grupos políticos hiciese su trabajo en representación del derecho de los ciudadanos a la rendición de cuentas de sus líderes. Tanto PP como Cs han registrado varias peticiones de comparecencia urgente del presidente en funciones y de los ministros concernidos por graves cuestiones de actualidad, pero para que prosperen necesitan del concurso de Podemos. Ayer el partido de Pablo Iglesias creyó acercar la posibilidad del gobierno de coalición ahorrándole a Sánchez el trago de tener que dar cuentas del papel de España en la crisis migratoria de este verano, singularmente respecto del Open Arms, que pilló al presidente de vacaciones en Doñana. Tuvo que ser Carmen Calvo la que asumiera la responsabilidad de la crisis, y a este pretexto se aferra Podemos para reclamar la comparecencia de Calvo en lugar de Sánchez. Quien tiene asimismo pendientes todas las explicaciones referidas a lo tratado en los consejos europeos. Habrá que esperar para ello al momento que mejor convenga en Moncloa dentro del periodo ordinario de sesiones. Otro tanto ocurre con María Jesús Montero, a la que el PP demanda que explique la situación del techo de gasto para 2020, y con otra media docena de ministros: desde Grande-Marlaska, para que informe del dispositivo de seguridad del G-7, hasta la titular de Sanidad, María Luisa Carcedo, por el brote de listeriosis.

La decisión de Podemos de ejercer de muleta y biombo de Sánchez no es solo una claudicación moral sino también un error táctico. Lo primero porque Iglesias irrumpió en política bajo la bandera de la transparencia. Y lo segundo porque Sánchez no dejará de forzar elecciones, si eso le conviene, por un gesto entre cómplice y mendicante de Podemos.

Inmigración musulmana: cuidado
Ramón Reig LA GACETA   26 Agosto 2019

“Diré algo políticamente incorrecto, pero que a esta edad me lo puedo permitir: la inmigración musulmana es inasimilable, y con ella estamos recurriendo a nuestro suicidio como cultura”. Con estas palabras concluyó una entrevista que hace poco le hicieron al novelista y ensayista Juan Eslava Galán en El Mundo. Se puede decir más alto, pero no más claro. Y yo estoy de acuerdo con él, no sé si puedo decirlo a mi edad porque soy más joven que él –no mucho más- pero es que ya hay que empezar a perder el miedo a hablar y temer que te tachen de islamófobo, cuando uno tiene derecho a simpatizar o no con quien o con lo que crea conveniente, siempre que no se emplee la violencia y se ofrezcan argumentos. El mío principal está claro: la teocracia y el totalitarismo islámico atentan contra los valores de mi cultura, unos valores que han costado mucha sangre y aún cuestan.

Con que de mil inmigrantes uno sea un fundamentalista, ya está justificado que haya que mirar con lupa a quienes entran en territorio propio y más si lo hacen clandestinamente, gracias a la caridad de unos señores y señoras que se dedican a lavar sus conciencias recogiendo menesterosos del mar y luego endosarles la responsabilidad de darles una vida digna a los gobiernos que no sólo los representan a ellos sino a todos los demás ciudadanos, muchos de los cuales –como Eslava Galán- no deseamos musulmanes en Europa. Oigan, hagan lo difícil, lleven sus barcos a las costas de Estados Unidos que son los principales causantes del desastre actual en el mundo árabe. Y si les cogen lejos, a algunas de sus bases militares que las hay por todas partes.

En Radio Nacional de España (RNE) todos los domingos por la madrugada ofrecen programas para diversas religiones, entre ellas la musulmana. Ahí están, expresándose con toda libertad, hablando de grupos de mujeres en Órgiva (Granada) que, desde el catolicismo, se han convertido al sufismo, cuyas opiniones sobre el papel de la mujer se supone que deberían levantar la cólera de las feministas que intentan destruir a celebridades como Plácido Domingo. Pero callan. ¿Dónde está la correspondencia en el mundo musulmán? Salvo excepciones, el dominio coránico es total, los grupos de comunicación se ven afectados en su programación por las prohibiciones gubernamentales, tan unidas a la religión. En Europa, millones de personas han muerto para que se le dé a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, aunque aún quede mucho camino por recorrer en el tema de la separación religión-estado. No quiero que esas conquistas se vean amenazadas por personas que le tienen un evidente miedo a la libertad, que no conocen o apenas conocen los espíritus liberales del Renacimiento, de la Ilustración y del Romanticismo del siglo XIX.

Ya me siento alarmado con lo que dijo Eslava Galán: “a esta edad me lo puedo permitir”. ¿Qué significa eso? Pues que incluso en esta sociedad a la que llamamos democrática no se puede hablar libremente a cualquier edad porque te pueden crucificar verbalmente, te pueden golpear o apuntarte en una invisible lista negra para no darte trabajo por xenófobo. Los nuevos sanedrines puritanos se las gastan así. Entonces, si estos son los demócratas, ¿qué podría pasar en una Europa musulmana? O, mejor dicho, ¿qué está pasando ya en algunas zonas? ¿Qué sería de la vieja Europa que aún tiene mucho que enseñar al resto del planeta por eso, por vieja? En efecto, como también afirmó Eslava, que se fuera a la mierda, a pesar de que estoy seguro de que el Islam poco a poco camina hacia occidente y su mercado –ya está en él- pero las resistencias al cambio tardan mucho en desaparecer, son peligrosas y se contagian.

A veces tengo la esperanza de que Europa conduzca hacia su cultura –que aún precisa tantas mejoras- a las personas de principios coránicos, pero si pienso que la personalidad se forma entre los 0 y los 6 años, como mucho, sólo me quedan los bebés y los que llegan en los vientres de sus madres. Pero de educar a esas criaturas se van a encargar sus madres, en primer lugar. En caso de duda, a favor del reo que en este caso es Europa, todo sin negar la necesidad de escuchar las aportaciones que puedan hacernos para mejorar lo que ya tenemos, pero para ir hacia adelante, no hacia atrás. No puedo olvidar, por ejemplo, que a filósofos vinculados al Califato de Córdoba les debemos conocer mejor a Aristóteles, entre otras aportaciones.

Vía El Correo de Andalucía

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Un curso político abocado al fracaso
 La Razon  28 Agosto 2019

El reinicio del curso político, con la reunión previa de la Diputación Permanente de las Cortes para acordar las comparecencias parlamentarias de los miembros del Ejecutivo en funciones, no ha hecho más que abundar en las notables diferencias de fondo que alejan las perspectivas de acuerdo de investidura entre el PSOE y Unidas Podemos. Eso es así, pese a las gentilezas para con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que ha tenido el partido de Pablo Iglesias, que no sólo le ha ahorrado una sesión extraordinaria a cuenta de la rocambolesca peripecia del «Open Arms», –de la que tendrá que responder en su lugar la vicepresidenta Carmen Calvo, poco apreciada, por lo visto, entre las filas del partido morado– sino que, además, ha llevado al formato parlamentario normal los debates sobre las dos últimas cumbres de la Unión Europea.

Para un Gabinete como el actual, que desde el 22 de mayo sólo se ha dignado a responder a 226 de las 1.199 preguntas planteadas por los grupos del Congreso, es decir, menos de un 20 por ciento, tal actividad resulta febril, y aún lo sería más sin los guiños podemitas. Y, sin embargo, como señalábamos al principio, entre los socialistas han saltado las alarmas al comprobar cómo, una vez más, las huestes de Pablo Iglesias cerraban filas con los partidos separatistas catalanes y los proetarras de Bildu, en esta ocasión para exigir la comparecencia del ministro de Asuntos Exteriores en funciones, Josep Borrell, para que diera explicaciones sobre un documento elaborado por «España Global», organismo que dirige Irene Lozano, para contrarrestar la campaña de intoxicación internacional que ha puesto en marcha la Generalitat de Cataluña, en la que denigran a la democracia española.

Aunque el PSOE ha contado con los apoyos de PP, Ciudadanos y VOX para rechazar la comparecencia del titular de Exteriores, en un gesto inequívoco de sentido de Estado por parte de los tres partidos del llamado «bloque de derechas», la colaboración de Unidas Podemos en una más de las campañas de acoso y derribo del separatismo catalán contra el ministro Josep Borrell, que se ha convertido en la bestia negra de quienes pretenden dinamitar la Constitución, da cuenta de las dificultades objetivas que tendría cualquier forma de colaboración entre los socialistas y una izquierda radical que no ha abdicado de su apoyo al pretendido «derecho a decidir» de los nacionalistas y cuya reacción ante las sentencias que dicte el Tribunal Supremo contra los dirigentes del golpe en Cataluña permanece en la incógnita.

Si ya de por sí es muy cuestionable que un partido socialdemócrata en la órbita europea, y, por lo tanto, comprometido con el cumplimiento de los acuerdos de estabilidad presupuestaria y estabilidad fiscal firmados con Bruselas, pueda compartir, no ya las responsabilidades de gobierno, sino un programa económico y social común, que luego hay que plasmar en los Presupuestos Generales, se convierte en imposible cuando, como advertía en una entrevista con LA RAZÓN, publicada el pasado domingo, el ministro de Fomento en funciones, José Luis Ábalos, existe un profunda disparidad en la concepción del Estado entre el PSOE y la izquierda radical española. Y, así, señalaba el ministro, que no basta con reprimir, como ofrece Pablo Iglesias, unos planteamientos políticos, sino que es exigible la convicción en la defensa del Estado y la soberanía de los españoles, más allá de las normales diferencias ideológicas y de praxis entre distintos partidos políticos. Es una cuestión de fondo que, por supuesto, no se puede resolver desde el voluntarismo, al que parece haberse abonado el presidente Sánchez, convencido de que, al final, Pablo Iglesias y los nacionalistas no se atreverán a volver a las urnas.

Torra hunde a Cataluña en sus delirios separatistas
OKDIARIO  28 Agosto 2019

Leer el nuevo Plan Estratégico de Acción Exterior de la Generalitat hace que vengan a la mente las palabras de Alfonso Guerra cuando el ex vicepresidente del Gobierno socialista expresaba serias dudas a cerca de si a Quim Torra “le funciona bien la cabeza”. Erigir de la nada a Cataluña en una especie de ente soberano para, a continuación, trazar una suerte de nuevas relaciones bilaterales –atención– con Flandes, el cantón de Sarajevo y Occitania deja ya de ser un problema político; la cuestión adquiere tintes psicológicos.

Cataluña, sinceramente, no se merece esto. Cataluña es la segunda comunidad de España en número de habitantes, uno de los principales motores económicos de la nación y un centro cultural y artístico de primer nivel. La bufonada siniestra que ha supuesto el procés ha ido demasiado lejos. Ha desgastado y desgarrado a la propia sociedad catalana, que, pese al bombardeo propagandístico, en su mayoría no quiere la independencia. De hecho, comienza a percibirse un profundo hastío con esta cuestión. El problema perdura por la incapacidad de la oposición para articular una respuesta conjunta, y porque décadas de auténtico terrorismo intelectual impiden –de momento– que el hartazgo emocional pueda articularse en el plano de las propuestas políticas sugerentes. Pero el cansancio está ahí, y es creciente.

Mientras tanto, hasta que Cataluña no despierte, personajes como Quim Torra, Ada Colau o Carles Puigdemont seguirán viviendo sus particulares peripecias a costa del contribuyente y/o del militante. Su mezcla de mesianismo y picaresca –tan hispánica, por cierto– podría tener hasta gracia si hablásemos de personajes de ficción que desarrollan su actividad en el marco de una atropellada comedia, pero resulta que tienen responsabilidades políticas. Y aquí termina la humorada, porque sus decisiones afectan al futuro y al bolsillo de millones de ciudadanos. Hasta que Cataluña no despierte, los Torra y Colau de turno seguirán llenando sus bolsillos y peleando con molinos de viento mientras cabalgan sobre las instituciones.

Navarra: la sangre derramada, la sangre traicionada
EDITORIAL  Libertad Digital  28 Agosto 2019

Hay politicos que, con tal de instalarse o mantenerse en el poder, son capaces de traicionar a las víctimas de ETA.

La portavoz de EH Bildu en Navarra, Bakartxo Ruiz, no pudo ser más clara el pasado día 3 al advertir durante la sesión de investidura de la socialista María Chivite como nueva presidenta de la Comunidad Foral que la abstención de los proetarras no iba a salirle gratis al PSOE y que aquellos tendrían las llaves "para abrir y cerrar las puertas" de la legislatura. Ruiz llegó incluso a exigir públicamente a los socialistas las alcaldías de Huarte y Sartaguda a cambio de dicha abstención.

Pues bien, poco han tardado los socialistas en hacer el primer pago de la vergüenza a los batasunos. Este martes, el bildutarra Alfredo Arruiz ha sido elegido alcalde de Huarte en un pleno del que se ha ausentado ignominiosamente el PSN. Arruiz sustituye a la socialista Amparo López, que fue elegida alcaldesa el 15 de junio tras recibir el voto del Grupo Independiente de Huarte (GIH) y de Navarra Suma. Sin embargo, el pasado día 12 López anunció que abandonaba el Ayuntamiento para ser la nueva directora de Interior del Gobierno regional, lo que abría la posibilidad de que el PSN, junto a Navarra Suma, apoyara al candidato Iñaki Crespo, del GIH.

Pero los socialistas han preferido atender las exigencias de los proetarras y dejado vacante el sillón de concejal que les correspondía, lo que ha permitido a Arruiz hacerse con la alcaldía.

Ya podrá la portavoz del PSOE en el Congreso, Adriana Lastra, irritarse todo lo que quiera cuando le recuerdan, tal y como han hecho este martes Cayetana Álvarez de Toledo e Inés Arrimadas, este infame enjuague con los proetarras; y hasta tener la desvergüenza de proclamar: "Los socialistas sufrimos en carne propia el terrorismo etarra, tenemos las calles de Navarra y de Euskadi regadas con sangre de mis compañeros". Es precisamente esa sangre la que condena a su partido traidor. Ni Arruiz ni ningún otro miembro de Bildu han condenado jamás los crímenes de ETA, por lo que la soflama de la descalificable oportunista Lastra sólo añade ignominia a la infamia.

Lo peor de todo es que estas repugnantes componendas de los socialistas navarros con los proetarras están en consonancia con el proceder de Pedro Sánchez, que ya se encaramó al poder con el beneplácito del partido de referencia de los asesinos de esos socialistas de los que hace obsceno uso Lastra. Y es que hay politicos que, con tal de instalarse o mantenerse en el poder, son capaces de traicionar la memoria, la dignidad y la justicia que merecen las víctimas de la peor banda terrorista que ha padecido España.

Reabrir las heridas
Juan Van-Halen ABC  28 Agosto 2019

Recién cumplidos veinte años asistí cada tarde a la tertulia de los poetas del Gran Café de Gijón, nuestro café literario por excelencia, como un Le Deux Magots trasladado de la plaza de Saint-Germain-des Prés al paseo de Recoletos. Los dos cafés tienen historias paralelas, fundado el parisino en 1885 y el madrileño en 1888. Había publicado mi primer libro y mi entrañable José García Nieto, responsable de su publicación, asumió la temeridad de incorporarme a la tertulia con el beneplácito de Gerardo Diego que la presidía desde un cierto silencio sostenido, aderezado por fogonazos de su humor un tanto surrealista. Los años en que concurrí a aquella mesa me sentí como un cura de aldea en una reunión de obispos. Era el benjamín con bastante diferencia.

Más de medio siglo después rescato del cofre de mi memoria una de las enseñanzas de aquella tertulia: la reconciliación entre quienes habían sido adversarios no sólo de pensamiento sino de trinchera. Desde los años cuarenta, época dorada del Gijón, la tertulia de los poetas fue un monumento a la reconciliación. Allí, alrededor de García Nieto, se forjó la revista «Garcilaso», aparecida en mayo de 1943, cuya nómina de colaboradores era variopinta en sus procedencias, como lo sería en «Poesía Española» también dirigida por él. En mis años en la tertulia se convocaban a aquella mesa, como asistentes fijos u ocasionales, poetas, dramaturgos, novelistas, pintores… Desde Umbral a Cabañero, desde Montesinos a García Pavón, desde Fernán Gómez a Martínez Novillo, desde Cela a Manrique de Lara. Había quien padeció la cárcel y el exilio y quien pertenecía al bando de los vencedores. Allí nunca encontró espacio el resentimiento.

Gentes de la izquierda como Enrique Azcoaga, llegado del exilio; Jesús Acacio, que entonces escribía «Elegía de los vencidos»; Antonio Buero Vallejo, que vivió la tremenda experiencia del fusilamiento de su padre, militar, por milicianos comunistas, entonces correligionarios suyos, y padeció años de cárcel; Rafael Morales, el miembro más joven de la Alianza de Intelectuales Antifascistas; Ramón de Garciasol y Leopoldo de Luis que incluso tuvieron que cambiar sus nombres para vivir tranquilos. Ellos compartían mesa con supuestos antagonistas como Luis López Anglada, José Luis Prado Nogueira, Jesús Juan Garcés y Manuel Álvarez Ortega que, además de poetas, eran militares de diversos Cuerpos y Armas, y con José García Nieto, que había padecido cárcel en el Madrid de la guerra pero no lo contó hasta su profundo poema «1936-1939» incluido en su libro «Memorias y compromisos», de 1966, que tuvo la ocurrencia de que yo presentase. Más allá de las iniciales posiciones ideológicas era evidente el compromiso de la reconciliación, de mirar al futuro y no al pasado.

Aquellos representantes de la Cultura con mayúscula buscaban superar una tragedia que, en un lado u otro, había condicionado sus vidas. La guerra fue terrible para todos y la posguerra supuso persecuciones y sufrimientos para muchos. Hoy en la Cultura hay quienes se mueven a impulsos ideológicos y «al servicio de» respondiendo a una militancia utilitaria que respeto pero no comparto.

Desde la referencia a aquellas tardes del Gijón me pregunto a qué se debe la amarga resurrección de Caín. Es el odio que vuelve, el maniqueísmo rampante, el triunfo de lo supuestamente irreconciliable, las viejas causas perdidas que se quieren ganar después de ochenta años. No sólo haciendo vencedores a unos sino, sobre todo, derrotados a otros. Supone una superchería irresponsable creer que por el método de reescribir la Historia, falseando hechos y circunstancias, la Historia cambia. La Historia manipulada no se convierte en verdadera por aparecer en el BOE. A esa superchería la llamamos en España «memoria histórica». Francisco Vázquez la bautizaba recientemente en estas páginas: «(des)memoria histórica».

El término «memoria histórica» es intencionadamente confuso; aún más: incorrecto. La memoria es individual y la suma de memorias individuales -que chocan, son dispares, se desencuentran- no forma en ningún caso lo que quieren expresar quienes han acuñado la patochada. Para Gustavo Bueno «el concepto de memoria es esencialmente subjetivo, psicológico, individual: la memoria está grabada en un cerebro individual y no en un cerebro colectivo». Y aclara que «la tarea del historiador no consistirá tanto en recuperar la memoria histórica tal cual sino en demoler la memoria deformada».

La encomiable reconciliación ha de cerrar lealmente las heridas del pasado, no reabrirlas. Y para ello debe desterrarse el alimento del odio. ¿Qué nos ha ocurrido en España? En una Tercera anterior cité un decreto y hasta seis leyes, desde 1976 a 2007, encaminadas a conseguir la merecida reconciliación entre españoles. Es comprensible además de justo que quienes perdieron violentamente a seres queridos deseen saber dónde están sus cuerpos; pudieron hacerlo ya hace muchos años con normas anteriores a la Ley de «memoria histórica» de 2007 que, por cierto, el Gobierno de Rajoy no derogó desde su mayoría absoluta; a veces me preguntó el porqué.

La eliminación del adversario se produjo en ambas retaguardias de la guerra civil. La historiografía imparcial nos enseña dónde se prodigó más; no voy a insistir. Hace no demasiado se descubrió el horror de la mina de Camuñas, con cientos de asesinados que eran lanzados, muchas veces vivos, al hondo pozo entre capas de cal viva. ¿Por ser víctimas del bando llamado nacional no merecen su «memoria histórica»? Parece que sólo se valora una memoria parcial. Todo lo contrario de la deseada reconciliación.

Tengo claro que el artífice de la resurrección del odio y del enfrentamiento fue el presidente Rodríguez Zapatero, que no habló de «memoria histórica» en su investidura de 2004, ni figuraba en su programa electoral, pero que fue el señuelo del que se sirvió para azuzar a unos contra otros y movilizar a un radicalismo de los nietos que enmendaba la voluntad de sus abuelos. Algo así le ocurrió con el independentismo catalán al que dio oxígeno con aquella irresponsable promesa de que no se cambiaría ni una coma del proyecto de Estatuto de Cataluña que saliese del Parlament. Suplantaba a las Cortes Generales. Otra ocurrencia que estamos pagando todos.

Aquellos años de la tertulia de los poetas del Gijón son inolvidables para mí. Hoy se recuerda la tertulia en una placa, justo en el lugar en el que se sentaba Gerardo Diego, el único que tenía sitio fijo en la mesa. Todos los asistentes llevaban historias a sus espaldas pero habían desterrado el resentimiento tratando de cerrar heridas que hoy, tantos decenios después, está empeñado en reabrir quien tiene la responsabilidad de ser el presidente del Gobierno de todos.

Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando.

Un colegio de Barcelona obliga a los alumnos a trabajar sobre el “procès”
Recoge extractos de la Ley de Referéndum y es necesario para aprobar la asignatura de Lengua Catalana
Albert Martínez. La Razon  28 Agosto 2019

El “procés” ha entrado desacomplejadamente a la escuela catalana. Un centro educativo concertado situado en Barcelona se ha convertido en protagonista de la última controversia surgida en torno a la educación en Cataluña: los alumnos que suspendieron catalán en primero de la ESO han tenido que trabajar durante este verano sobre un texto de carácter independentista que contiene extractos de la Ley del Referéndum aprobada en las agitadas sesiones del 6 y 7 de septiembre en el Parlament. El ejercicio, que es una de las partes para que los niños de 13 años puedan superar la asignatura, consiste en corregir o poner tildes a las palabras. “El pueblo de Cataluña, a lo largo de su historia, ha manifestado democráticamente su voluntad de autogobernarse, con el objetivo de mejorar el progreso, el bienestar y la igualdad de oportunidades de toda la ciudadanía, y para reforzar la cultura propia y su identidad colectiva”, es como empieza el documento, al que ha tenido acceso este diario.

Los padres afectados prefieren guardar su anonimato y el del centro para evitar consecuencias indeseables, aunque no ocultan su cabreo contra el colegio. “Los niños con 13 años no deben leer temas políticos que representan a una parte”, han asegurado en declaraciones a este diario. Además, añade su decepción con el centro y enfado por ver a su hija obligada a leer este tipo de documentos. Asimismo, los padres recalcan que ya es el segundo incidente en la misma escuela. El centro educativo, contactado por este medio, no ha respondido a las llamadas.

Lo cierto es que el ejercicio, además, parece planteado con mofa a los niños que han suspendido Lengua Catalana. La tarea obliga así a los alumnos que han suspendido la asignatura a tener que leer una declaración con hondo significado político para el independentismo, ya que la Ley de Referéndum es una de las dos normas de ruptura que el separatismo aprobó en septiembre de 2017 y que, pese a ser suspendidas por el Tribunal Constitucional, se acabaron aplicando parcialmente: se llevó a cabo la consulta ilegal del 1 de octubre y el 27 de octubre aprobó la DUI.

El texto arranca con el preámbulo, donde se hace referencia a los “derechos históricos” de Cataluña como “fundamento” del autogobierno. Tras este fragmento aparece otro, mucho más extenso, bajo el epígrafe de “Declaración de soberanía y el derecho a decidir del pueblo de Cataluña”.
 


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