AGLI Recortes de Prensa   Domingo 8  Septiembre 2019

Mercado laboral
España tiene 3,5 millones de parados reales, casi medio millón más de lo que dicen las cifras oficiales
Calixto Rivero okdiario  8 Septiembre 2019

El número oficial de parados es de 3,06 millones de personas, una cifra que se queda por encima de la barrera psicológica de los tres millones de parados pero que aún es muy elevada en comparación con la del resto de los países de la Unión Europea. Sin embargo, hay casi medio millón de parados más de lo que dicen las estadísticas oficiales de Trabajo.

Según el último informe del Departamento de Empleo, Educación, Diversidad y Protección Social de CEOE, España sigue cerca de la barrera de los 3,5 millones de parados (concretamente hay 3.535.074 parados reales con los últimos datos de agosto) si no se excluye a los desempleados que están realizando cursos de formación o que son demandantes de empleo con disponibilidad limitada o con una demanda de empleo específica.

Los empresarios lo recogen así en su informe: “Aunque hemos abandonado la barrera de los tres millones y medio de desempleados, al situarnos en 3.065.804, la cifra más baja en un mes de agosto de los últimos diez años, seguimos próximos a dicha barrera -3.536.074- si contabilizamos a los excluidos de las listas oficiales por encontrarse en alguna de las situaciones reguladas en la Orden de 11 de marzo de 1985 y, en concreto, por estar realizando cursos de formación o ser demandantes de empleo con ‘disponibilidad limitada’ o con ‘demanda de empleo específica’.

A juicio de CEOE, esto hace necesario seguir impulsando y consolidando el mantenimiento y la recuperación del empleo.

Según los datos de la Encuesta de Población Activa del segundo semestre el número de parados es de 3,2 millones de personas (exactamente 3.230.600 desempleados), según el Instituto Nacional de Estadística.

Incertidumbre en la inversión y en el empleo
Pero el elevado número de parados que sigue habiendo en España, un problema que se agravaría en el caso de que se desencadenara otra crisis tal y como apuntan multitud de indicadores, no es el último problema del mercado laboral. De hecho, la temporalidad uno de los lastres por la ausencia de reformas estructurales que permitan a los empresarios contratar.

Por ejemplo, en su última valoración de los datos de desempleo del Ministerio de Trabajo la patronal achaca la caída de 30.644 contratos indefinidos en agosto de 2019 sobre el mismo mes de 2018, un 19,91% menos, a “las incertidumbres existentes que dificultan las decisiones inversoras y de contratación de las empresas”.

CEOE insiste en el documento que “la guerra comercial de China y Estados Unidos, el temor a los efectos del Brexit, el frenazo de la economía en la zona euro, particularmente en Alemania, y el desconocimiento de las reglas del juego en el corto y medio plazo, están lastrando decisiones inversoras de las empresas que afectan al empleo”, por lo que los empresarios piden medidas anticíclicas en un marco de estabilidad y moderación.

España, el reino del absurdo
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli 8 Septiembre 2019

Hace tiempo que muchos españoles tienen la sensación de que su país va en mala dirección. Problemas hay en todas partes, por supuesto, y si dirigimos la vista alrededor el panorama no es precisamente alentador, Francia con sus chalecos amarillos, Italia y su crónica inestabilidad política, Alemania y su preocupante ascenso de los neonazis, el Reino Unido y su 'brexit', y así podríamos seguir. Sin embargo, en nuestro caso hay un factor que no se da en nuestros vecinos y socios de la UE y que consiste en que los males que nos aquejan presentan un componente extraño que nos desazona especialmente y que a bastantes habitantes de la piel de toro nos hace sentir algo idiotas.

Veamos algunos ejemplos que ilustran este carácter singular de nuestras desgracias. No se conoce ningún Estado del mundo en el que en una parte de su territorio las familias no puedan escolarizar a sus hijos en la lengua oficial de ese Estado. Somos el único lugar del planeta dónde semejante e increíble situación se produce sin que nadie, empezando por el Gobierno y el Parlamento, haga nada por remediarlo. Tampoco se sabe que haya otra nación civilizada en la que si unos desaprensivos ocupan ilegalmente una vivienda perteneciente a un honrado ciudadano, él legítimo dueño no pueda desalojar a los sinvergüenzas que viven en su propiedad si no es después de un prolongado y farragoso proceso judicial que puede durar hasta un año o incluso más. Si a este escandaloso abuso se une el hecho de que el propietario debe seguir pagando los correspondientes impuestos y los consumos de electricidad, gas y agua mientras los invasores se ríen en sus barbas, el escándalo es monumental.

Continuemos. ¿Puede alguien en sus cabales imaginar a un jefe de gobierno de un land alemán o austriaco, de una región francesa o italiana o de un estado norteamericano proclamar públicamente en la capital nacional que no piensa acatar una sentencia judicial y que se propone declarar unilateralmente e inconstitucionalmente la independencia de esa entidad sub-estatal mediante la subversión en la calle y que el tipo vuelva después tranquilamente a su región, reanude sus funciones y nadie mueva un dedo para ponerle en su sitio? Pues eso sucede en nuestros pagos y todos tan contentos. Tampoco es habitual en ninguno de los cinco continentes que un ladrón sea detenido veinte, treinta o cuarenta veces por ejercer su oficio en la vía pública y salga a la calle a las pocas horas de su última fechoría sin ser enviado a prisión por una larga temporada. En España, nuestro código penal establece tan sana costumbre.

Y qué decir de una asamblea legislativa, sede de la soberanía del pueblo, en la que sus miembros pronuncian fórmulas de toma de posesión de sus escaños abiertamente contrarias al reglamento de la Cámara y a la Constitución sin que el presidente de la institución actúe fulminantemente para negarles la condición de parlamentario hasta que su juramento o promesa no se adecue plenamente al ordenamiento vigente. Otra originalidad digna de mención consiste en que un cabeza de grupo parlamentario se presente en la audiencia de consultas del jefe del Estado a la hora de proponer un candidato a presidente del Gobierno en mangas de camisa y zapatillas deportivas y el servicio de protocolo palaciego lo acepte y el primer mandatario se trague esta inaceptable falta de respeto con estoica impavidez.

Todos estos dislates son el pan nuestro de cada día y no pocos observadores de tal desastre se preguntan hasta qué nivel llegaremos de deterioro y de absoluto desprecio a nosotros mismos. Cabe plantear la interesante cuestión de si este conjunto de aberraciones son consecuencia de un mal diseño institucional o de una clase política de nula calidad humana, intelectual y moral. En realidad, los dos elementos se retroalimentan, unos políticos mediocres, ignorantes y venales legislan a tenor de su capacidad y articulan una arquitectura constitucional gravemente defectuosa que, a su vez, propicia la elevación a los puestos de máxima responsabilidad de sujetos incompetentes, incultos y carentes de escrúpulos. Desde la Transición hasta hoy España ha ido cayendo por una pendiente resbaladiza hasta convertirse no ya en una nación fragmentada, endeudada y pésimamente gobernada, sino en algo aún más alarmante, en el reino del absurdo.

Investidura de Pedro Sánchez
El bloqueo político no castiga a los diputados: 23 millones en sueldos y subvenciones a los grupos
Gonzaga Durán okdiario 8 Septiembre 2019

Los ‘viajes a casa’ de los diputados cuestan más de medio millón al Congreso en 4 meses sin actividad
Sánchez desprecia al Senado: no se someterá más al control antes de la posible disolución el 23-S

El bloqueo político costará a los españoles 23 millones de euros. Es la cantidad total en caso de que se disuelvan las Cortes Generales el próximo 24 de septiembre y se convoquen nuevas elecciones.

Este gasto se desglosa de los sueldos diarios que reciben los diputados y senadores y de las subvenciones que reciben cada día los partidos políticos presentes en las Cortes Generales. Los parlamentarios cobran 99.529 euros diarios, a los que hay que sumar los 44.700 que reciben los grupos políticos en subvenciones. En total, 144.229 euros diarios.

Además de los sueldos y de las ayudas a los grupos políticos, hay que tener en cuenta los 400 nuevos iPads que adquirió el Congreso para los diputados de la presente legislatura. Se destinaron 504.673 euros a pagar estos nuevos dispositivos, con un coste aproximado de 1.250 euros, según informa ‘Newtral’. En el Senado no se ha tenido que efectuar ningún gasto en tabletas, pero sí se firmó un nuevo contrato para la obtención de 300 nuevos móviles de alta gama y unos 140 de gama media. Esta adquisición supuso para la Cámara Alta un gasto de 1.190.000 millones de euros.

Pedro Sánchez debería ser investido antes del lunes 23 de septiembre. De no ser así, se disolverán las Cortes Generales el martes 24 de septiembre y se convocarán elecciones para el 10 de noviembre. Desde las elecciones generales del 28-A hasta el 24 de septiembre habrán pasado 149 días de bloqueo político. 149 días de parálisis que costarán a los españoles 23 millones de euros en sueldos a parlamentarios, subvenciones a los grupos políticos, tabletas y dispositivos móviles.

Nuevas elecciones, 180 millones
Pero estos gastas no acaban aquí. Una repetición electoral costaría a los españoles hasta 180 millones de euros. Esta cifra se desglosa en 125 millones en costes de organización, más los entre 50 y 60 millones en ayudas electorales para los partidos políticos. Cada grupo político recibe subvenciones en función de los escaños y votos cosechados en los pasados comicios.

Las elecciones generales de 2015 tuvieron un coste de 185 millones de euros, mientras que las de 2016 fue de 174 millones. Los comicios del 28-A llegaron a los 180 millones: 41,4 millones en subvenciones para los partidos políticos y los 139 restantes en costes de organización.

Poca actividad parlamentaria
La presente legislatura ha tenido escasa actividad parlamentaria. El pasado 21 de mayo se celebró un pleno en el Congreso con motivo de la Constitución de las nuevas Cortes. El debate de investidura fallido de Pedro Sánchez tuvo lugar los días 22, 23 y 25 julio. El pasado 30 de julio se conformaron las comisiones parlamentarias, además de la Diputación Permanente. Y el 29 de agosto tuvo lugar un pleno extraordinario por la comparecencia de Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno en funciones, para explicar la actuación del Gobierno con la crisis de los inmigrantes rescatados por el Open Arms.

Meritxell Batet, presidenta socialista del Congreso, también ha bloqueado cualquier sesión de control al Gobierno de Pedro Sánchez. El jefe del Ejecutivo lleva más de seis meses sin someterse a este tipo de plenos, ni el Congreso ni en el Senado. La última sesión de control al Ejecutivo socialista fue el pasado 28 de febrero, semanas antes de que se celebrasen las elecciones generales del 28-A. El último desprecio de Sánchez al Senado fue el pasado martes, al negarse a comparecer el próximo 10 de septiembre en la Cámara Alta, como pedía la oposición.

Unas elecciones que el PSOE prepara con impúdica ventaja
Editorial El Mundo 8 Septiembre 2019

El tiempo dirá si tanto tacticismo sirve para colmar la ambición de Pedro Sánchez. Pero no es pequeña irresponsabilidad del que sigue siendo presidente de España, aunque sea en funciones, supeditar la gobernabilidad a puros intereses personales y partidistas. Cada vez está más claro que la investidura no era sino un Macguffin, ese elemento de suspense que en tantas películas mantiene entretenido al espectador sin que tenga en realidad relevancia en la trama. En la que nos ocupa, pocas dudas quedan ya de que el objetivo de Sánchez siempre ha sido volver a las urnas para intentar mejorar unos resultados que el 28-A le supieron insuficientes, y que el teatro político de estos meses en torno a la investidura sólo estaba destinado a distraer al sufrido ciudadano y a dejar el tiempo correr.

En el mitin preelectoral de ayer -no otra cosa fue el acto de Sánchez en Toledo rodeado de alcaldes y concejales para exhibir músculo municipal- al fin se escuchó al presidente reconocer "el alto riesgo" de elecciones el 10 de noviembre mientras García-Page le secundaba diciendo que el partido "está preparado para pedir la confianza de los ciudadanos".

Pero a la impostura le acompaña una desvergonzada utilización de organismos del Estado puestos ya al servicio socialista ante esas casi seguras elecciones de otoño, y eso es inadmisible. Y, así, a la instrumentalización tan burda del CIS se unen hechos no menos escandalosos como lo que está ocurriendo en RTVE. La administradora única, Rosa María Mateo -camino de eternizar su provisionalidad-, ha reorganizado la cúpula de la radiotelevisión pública y ha puesto al frente de toda la estructura de Informativos a un periodista sin experiencia audiovisual para afrontar con un control más férreo los decisivos meses que se avecinan hasta los comicios. Y, sin que nadie se atreva aún de forma oficial a hablar de elecciones -lo que permitiría al menos a todos los partidos competir desde ya en igualdad de condiciones-, en RTVE están licitando contratos para los programas especiales de las elecciones. Como si Mateo supiera ya más de este asunto que el mismo Jefe del Estado, lo que demuestra hasta qué punto Sánchez daña el normal funcionamiento de las instituciones.

Así las cosas, sería un gran error por parte de los partidos de centroderecha que representan la única alternativa al sanchismo que repitieran la misma estrategia divisiva y de dura confrontación que en abril puso la victoria en bandeja a Sánchez. Albert Rivera rechaza hoy en nuestras páginas la posibilidad de una coalición España Suma como la que plantea el PP con argumentos como que restringe la libertad real de elección de los ciudadanos. Aunque el líder de Cs sí apuesta por un futuro Gobierno con los populares. Si los principios políticos no se ajustan a los condicionantes de la realidad -en este caso al reparto de escaños que impone la Ley D'Hondt-, se corre el riesgo de que volver a las urnas no cambie nada.

¿Fue democrático el franquismo?
Pío Moa Gaceta.es 8 Septiembre 2019

Hoy día solo se acepta la democracia como factor de legitimidad. Por consiguiente, el franquismo era ilegítimo, contra lo que usted afirma.
– El Frente Popular era lo más contrario posible a lo que entendemos por democracia, tanto si atendemos a su apoyo popular, como a sus políticas concretas. Su apoyo popular inicial no pasó de un tercio de la población, probablemente menos, porque aquellas elecciones fueron fraudulentas. Y a continuación redujo a la nada la legalidad republicana y los restos de libertades de la república. Y conforme pasaron los meses y se reanudó la guerra, su apoyo popular no hizo más que decrecer. Al final terminó en guerra civil entre ellos mismos. Y se dio entonces un doble fenómeno: el pueblo, en su gran mayoría no quería democracia, porque se la había identificado con el caos y tiranía del Frente Popular; y a su vez la democracia era imposible con partidos como aquellos. Si entendemos por democracia algo parecido al Frente popular, o la misma república, entonces resulta muy sensato declararse antidemócrata. El franquismo gozó de un gran apoyo popular, sin el cual no habría podido derrotar al maquis ni al aislamiento internacional; funcionó de acuerdo con una legalidad no arbitraria, por tanto no tiránica como la del Frente popular; y nunca tuvo oposición democrática, sino totalitaria y separatista. En ese sentido fue un régimen democrático y legítimo. Ahora mismo los antifranquistas son también antidemócratas, y tienen que vulnerar unas leyes e imponer otras de tipo norcoreano como la de memoria histórica.

Perdone, pero eso de que el franquismo fue una democracia suena como un chiste, empezando porque el propio régimen se declaraba contrario a la democracia.
–Parece difícil de entender porque en España la democracia es una palabra sin valor, una palabra mágica que usan por igual la ETA, los comunistas, el PP, el PSOE, Unidas Podemas y demás. Cada cual entiende por ella lo que le conviene. En sí mismo, el concepto es un oxímoron. El poder no puede ejercerlo el pueblo, porque este no es un conjunto homogéneo, sino que en él hay muchas corrientes. Y porque, por definición, el poder se ejerce sobre el pueblo. Por consiguiente la democracia consiste, en una primera aproximación, en la conformidad del pueblo con el poder. Todo régimen estable y no asentado en el terror es al mismo tiempo monárquico, oligárquico y democrático: quien gobierna realmente es una oligarquía, a cuya cabeza suele haber un líder, y se mantiene porque la mayor parte de la población está de acuerdo o le opone poca resistencia. Por eso, de acuerdo con esa definición, ha habido una multitud de regímenes legítimos por democráticos a lo largo de la historia. Sería ridículo negar legitimidad a todos los poderes anteriores al siglo XX, porque no cumplían los requisitos de lo que hoy, en sentido más restringido, se entiende por democracia, y que es algo históricamente muy reciente: un régimen con libertades políticas, limitación del poder y sufragio universal en elecciones períódicas. Observe que el sufragio universal podría utilizarse contra las libertades con un despotismo como ningún tirano ha tenido hasta hoy, por eso es precisa una legalidad que salvaguarde dichas libertades por encima de cualquier victoria electoral. En el franquismo, debido a la completa quiebra de la legalidad republicana, las libertades políticas fueron permitidas solo a los cuatro partidos o familias del régimen. No fueron anuladas, sino restringidas. Y nunca se abolió la libertad personal, como sí hicieron regímenes como el soviético, modelo real del Frente Popular. Y como intentan hacer ahora los antifranquistas con la ley de memoria histórica. Y tampoco había elecciones periódicas al modo de ahora, pero sí hubo referéndums sobre cuestiones cruciales, y un apoyo popular claramente mostrado en hechos como los que he señalado.

Ud ha dicho que una democracia no funciona en países pobres y con grandes desigualdades sociales y odios políticos. Pero el franquismo superó sin duda esa situación ya en los años 60 ¿No podía haberse pasado entonces a una democracia normal?
–Quizá hubiera sido posible, pero el hecho es que prácticamente nadie lo pedía, o mejor dicho, que quienes insistían en ello eran precisamente los comunistas y terroristas. Y el recuerdo del Frente Popular seguía pesando. Casi nadie quería realmente una vuelta a un régimen donde los comunistas, socialistas y separatistas volvieran a campar a sus anchas. El elemento que decidió el cambio no fueron los comunistas o la ETA, ni partidillos o personajillos de la oposición, sino la Iglesia con su abierta hostilidad al régimen después del Vaticano II. La postura de la Iglesia habría podido causar un derrumbe o cambio traumático, como ha habido otros en nuestra historia. Pero la sociedad salida del franquismo era sólida, rica y moderada, ya no tenía nada que ver con la república y el Frente Popular. Por eso decidió cambiar desde los logros y la legitimidad del franquismo a una democracia parecida a otras de Europa occidental. Y esa decisión viene siendo sometida a una involución permanente desde entonces. El franquismo ha sido, con diferencia, la mejor época de la historia de España desde hace al menos dos siglos, y ahora el antifranquismo está tratando de destruir su magnífica herencia. Y eso es lo que debemos impedir.

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La España de Sísifo
Alfonso Pinilla. vozpopuli  8 Septiembre 2019

La democracia surgida de la Transición se halla en las horas más difíciles de su existencia, endiablado cruce de caminos donde la parálisis interna coincide con una tormenta internacional –política y económica– de imprevisibles consecuencias. El vodevil al que nos tiene sometidos este PSOE de pasarela no debería hacernos perder de vista que estamos en una crisis sistémica, de “régimen político”, en las puertas de una posible mutación que conducirá a la estructura institucional española por insospechados derroteros. Porque desde la radicalización del “procés” se halla en juego, nada más y nada menos, que la unidad de la soberanía nacional. Eso sin contar con la crisis económica que asoma en lontananza, con serios indicadores –internos y externos– dando la voz de alarma en un país asediado por la deuda, condenado por el déficit y abocado, sin debate, al derroche de dinero público por culpa del intocable “consenso socialdemócrata”.

La Moncloa y sus alrededores se hallan instalados en la ficción de una política postmoderna cuya víctima es, sin trampantojos, la democracia. Véase Italia, véase el Reino Unido. Los molinos se convierten en gigantes o cómo la compleja realidad queda reducida a 280 caracteres. He ahí el drama del mundo actual: la simplificación, la frivolidad, la conversión de la vida –difícil, espinosa– en un cuento infantil que siempre termina bien, aunque sea mentira. El olvido sistemático, en fin, de la sencilla sabiduría de Sancho, antes de caer preso en la locura de su amo: “¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no los podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?”.

Pero era tarde, la realidad ya no importaba, sólo el espectáculo, y así le fue al malhadado don Quijote. España de gigantes en Falcon o con chalé neo-comunista en Galapagar; España de Ciudadanos que vinieron para desactivar nacionalismos, pero los consolidan con su “no es no, señor Sánchez”; España de irresponsables que consideran la nación, y por ende la “autodeterminación”, como “algo discutido y discutible”; España de rencorosos que actualizan las guerras pasadas para ganar los conflictos presentes; España del “carpe diem” que gasta más de lo que ingresa como si no hubiera mañana.

Estos son los mimbres de los futuros dramas. La crisis económica del 2008 fragmentó el bipartidismo porque la sociedad, enfadada, reaccionó contra una estructura política desacreditada por la corrupción e incapaz de regular los desajustes. La próxima crisis que nos amenaza, quizá más grave que la anterior, posiblemente cuarteará la Constitución, envenenará aún más la convivencia e inflamará los conflictos hasta dar el golpe de gracia a la, ya maltrecha, democracia de 1978. Y no estamos construyendo diques para contener las desbordadas aguas del futuro desencanto, ni tejiendo redes para amortiguar la caída.
Advertir del cercano precipicio

Abocados a un Estado del Bienestar en peligro por las deudas contraídas y sin defensas políticas, ni intelectuales, ante la demagogia rampante de populistas y nacionalistas, España se desliza hacia una “estable inestabilidad”. Una suerte de “mala salud de hierro” que ni garantiza ni soluciona nada. Otra vez nuestra Historia de siempre, la España-Sísifo que conduce hacia la cima del futuro una democracia que acaba sepultándola porque no sabe vivir en ella, porque no sabe vivir con ella.

Ni la élite empresarial, ni la intelectual, ni la política tienen suficiente valentía para avisar del cercano precipicio. Y es que la inercia de la masa –narcotizada con los mantras institucionalizados del feminismo, el animalismo y otros “ismos” por el estilo– forma una corriente demasiado grata como para apearse. Que siga la orquesta del Titanic tocando en cubierta, a pesar del iceberg. Bailar al son de lo políticamente correcto, aceptar y confundirse con “el ambiente” es el peor mal de nuestro tiempo. No es nuevo, al iniciarse los años 30 del pasado siglo ya lo advirtió Ortega con unas palabras rabiosamente actuales: “Existir es resistir, hincar los talones en tierra para oponerse a la corriente. En una época como la nuestra, de puras corrientes y abandonos, es bueno tomar contacto con hombres que no se dejan llevar”.

Hombres que no se dejan llevar por el fatal destino de Sísifo.

El reparto de instituciones como botín
ELISA DE LA NUEZ El Mundo 8 Septiembre 2019

Decía La Rochefoucauld en una de sus famosas máximas que la hipocresía es un homenaje que el vicio rinde a la virtud. Pues bien, en España ya hemos pasado esa fase en la que todavía se guardaban mínimamente las apariencias en cuanto a la independencia de una serie de instituciones clave para el buen funcionamiento de nuestra democracia, nuestro Estado de Derecho y nuestra sociedad.

Quizá uno de los momentos culminantes de la crisis política e institucional que arrastramos desde hace años en España y que pone de relieve ese salto cualitativo ha sido la oferta del PSOE a Unidas Podemos de cederles una serie de puestos en instituciones supuestamente independientes como son los organismos reguladores (CNMV, CNMC...) u otras que actúan como contrapoderes del poder político (Defensor del Pueblo, Tribunal de Cuentas, Tribunal Constitucional) o que son organismos públicos -o eran hasta hace poco- de carácter técnico como el CIS. Por no hablar de RTVE, cuyos intentos de despolitización por ahora han fracasado.

Afortunadamente, Unidas Podemos ha rechazado la propuesta. Pero, en todo caso, conviene tener presente el momento en que nuestros representantes decidieron que no hacía falta disimular ni rendir más homenajes a la virtud institucional. Se consideran expresamente los cargos en estas instituciones como sillones que los políticos pueden repartirse como les parezca, que para eso han sido elegidos. Casi es de agradecer la crudeza del reconocimiento de que todas y cada una de nuestras instituciones supuestamente neutrales, profesionales e independientes son parte del botín político y que lo de menos para ocupar los cargos es la competencia, la capacidad y por supuesto la independencia de los candidatos. Desde luego, así sabemos a qué atenernos. Eso sí, nos podrían ahorrar el paripé de los procedimientos, las comparecencias en el Congreso y los cvs de los candidatos más o menos respetuosos con las exigencias legales porque al parecer son una enorme farsa. Por no hablar de la humillación que supone para los aspirantes a tales plazas, dado que el mensaje está claro: va a primar es la lealtad al partido de turno.

Pero si desde la óptica del Ejecutivo -no solo de éste, sino de todos los anteriores- estas instituciones "complementan" las tareas del Gobierno aunque "no se encuentran supeditados al mismo", tenemos un problema político de primera magnitud porque forma parte de la esencia de la democracia representativa liberal en sociedades complejas y abiertas la existencia de instituciones contramayoritarias, profesionales y neutrales que funcionan como controles o límites al poder político. Evidentemente, los populistas y los demagogos no lo ven así pero precisamente porque son populistas y demagogos. La pregunta que cabe hacerse es si el desparpajo con el que ahora se habla de estas cuestiones por partidos de gobierno no refleja ese mismo espíritu populista. No olvidemos que en el mundo en el que vivimos las democracias se debilitan desde dentro, no desde fuera, y el deterioro institucional es una señal inequívoca. De nuevo miremos el espejo de Cataluña.

Y qué podemos decir de la maltrecha separación de poderes en un país donde el mayor desafío institucional que hemos sufrido desde la Transición, el del secesionismo catalán, prácticamente sólo ha encontrado respuesta en los tribunales de justicia, siendo por tanto crucial que éstos no sólo sean sino que se perciban como profesionales e independientes. Pero lo cierto es que, pese a la profesional actuación de los magistrados del Supremo y del acierto de la retransmisión del juicio oral del procés, el barómetro del CIS de julio dice que un 44,2% de los españoles considera que el grado de independencia del TS es muy o bastante bajo (el 66% en Cataluña) si bien también es cierto que en la misma encuesta un 47,7% desconoce la existencia del Consejo General del Judicial y un 44,2% no sabe cómo se elige.

Recordemos que el CGPJ -cuya historia es la de un progresivo deterioro institucional desde el primer Consejo al actual- es el órgano encargado de velar por la independencia de los jueces. Además tiene encomendados los nombramientos discrecionales de los altos cargos judiciales así como el régimen disciplinario de los jueces (la zanahoria y el palo según la descarnada expresión de su actual presidente, Carlos Lesmes). Los partidos políticos se lo llevan repartiendo tranquilamente desde hace décadas, de forma cada vez más desvergonzada. En todo caso, desde el famoso whatsapp del portavoz popular en el Senado Ignacio Cosidó celebrando el éxito del PP en el reparto pactado con el PSOE y su control de la Sala de lo Penal, poco hay que añadir.

En definitiva, el reconocimiento público de que los vocales del CGPJ son cromos a cambiar en un posible pacto con Unidas Podemos cierra el círculo del desastre institucional. El mensaje que envió Manuel Marchena como presidente in pectore elegido por el PPSOE (que no por los vocales como dice la Ley) al renunciar al dudoso honor de deber su puesto no a sus indudables méritos profesionales sino al dedazo político tampoco ha sido recibido. La prueba es el reciente nombramiento por el PP como consejero de Justicia, Interior y Víctimas del Terrorismo de la Comunidad de Madrid de Enrique López, ejemplo máximo de lo que se considera un político togado. Nombramientos que, dicho sea de paso, contribuyen difundir la percepción de que la Justicia está politizada, con grave detrimento de la inmensa mayoría de los jueces y magistrados que son efectivamente independientes.

Lo mismo cabe decir del resto de las instituciones a repartir. Por ejemplo, si se quiere luchar de forma efectiva contra la desigualdad y la injusticia puede ser una buena idea tener una economía más competitiva, que luche eficientemente contra los muchos cárteles que tenemos en España. Y para eso hace falta un organismo regulador potente, independiente, profesional y con criterio. En nuestro caso, se trata de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, otro organismo sometido a los vaivenes de la política y del concepto patrimonial de lo público. En la actualidad hay que renovar al presidente, vicepresidenta y tres vocales procedentes de una etapa en que el PP tenía mayoría absoluta, estándose a la espera del futuro cambio de cromos. Incluso uno de los vocales de la CNMC llegó a estar en la Junta Directiva del PP. Otro de los vocales actuales es marido de la ministra de Medio Ambiente. No está de más recordar que, según su Estatuto, los miembros de la CNMC son independientes del Gobierno, de las Administraciones Públicas y de cualquier interés empresarial o comercial. En este aspecto estamos a años luz de los países avanzados de la OCDE donde tales situaciones serían impensables.

Porque quizá lo más relevante es que con esta patrimonialización descarnada de las instituciones nos estamos alejando cada vez más de los estándares exigidos en las democracias avanzadas, empezando por los de la Unión Europea. ¿De verdad que esta instrumentalización es tan diferente, en términos de deterioro de la democracia y del Estado de derecho, de la que realizan las democracias iliberales o de la que proponen los líderes populistas? Quizá formalmente todavía sí, en la medida en que nuestras normas proclaman una que luego los políticos en la práctica se ocupan de desmentir. Para su funcionamiento también es fundamental contar con personas capaces y expertas profesionalmente: no basta con los empleados públicos o los funcionarios para resistir las presiones de una dirección política e inexperta, máxime cuando su carrera profesional depende en gran parte del favor político. Ahí tenemos el caso del CIS para dejarlo claro.

De nuevo, nos corresponde a la ciudadanía exigir que terminen las farsas institucionales. Nuestros políticos -que ya son la segunda preocupación de los españoles- tienen que aprender a convivir de una vez con instituciones independientes y con criterio profesional cuya función es precisamente controlarles o servirles de contrapeso. Es esencial para la buena salud de una democracia e imprescindible para el buen funcionamiento de una sociedad compleja.

Elisa de la Nuez es abogada del Estado, coeditora de ¿Hay derecho? y miembro del consejo editorial de EL MUNDO.

Investidura trampa de Sánchez
FRANCISCO ROSELL El Mundo 8 Septiembre 2019

En toda su majestad de gran monarca republicano, Charles de Gaulle llegó a la conclusión de que "el poder es la impotencia". No se sabe si lo coligió antes o después de apreciar la imposibilidad, según decía, de gobernar un país con 240 variedades de queso. Por ello, el padre de la Francia de la posguerra y hacedor del mito de su propia liberación del nazismo, lo que explica su ingratitud con Gran Bretaña y con Estados Unidos, era un versado estratega de hacer como si en las situaciones más inverosímiles.

Así se lo confió a Alain Peyrefitte, ministro, confidente y biógrafo suyo, tras declarar Argelia su independencia en 1962. Al inquirirle si tenía esperanza de que retornaran pronto aquellos expatriados de origen galo (los llamados pieds-noirs) que habían huido deprisa y corriendo, le respondió -según recoge Peyrefitte en su memorable y memorística C'était de Gaulle- que actuaría haciendo como si (en faisant comme si) estuviera persuadido de que lo lograría. "Todo lo que he conseguido ha sido haciendo como si", le reiteraría aquel austero jefe del Estado que, cuando invitaba a sus nietos a merendar al Elíseo, lo pagaba de su bolsillo, como muestra de que el prestigio del hombre de Estado se solidifica con detalles aparentemente baladíes.

Sin embargo, de la misma forma que haciendo como si pueden culminarse empresas de difícil logro, como ambicionaba De Gaulle, también puede suponer una estratagema, en el tablero de la política, para burlar al adversario dejando que el tiempo haga el trabajo que uno no está dispuesto a afrontar. Es lo que acaece con la investidura trampa que el presidente en funciones, Pedro Sánchez, urde desde la noche electoral del último domingo de abril para concurrir a otra cita con las urnas el próximo 10-N en condiciones aún más ventajosas que hace cuatro meses.

Si existían sospechas sobre la farsa, se despejaron a medida que se le fue descorriendo el maquillaje por efecto de los focos y defecto del aire acondicionado en la presentación de las 370 medidas del programa con el que el PSOE concurrirá a las urnas. Una especie de prontuario con el que el PSOE, con vistas al Mes de Difuntos, busca patrimonializar la izquierda. Lo hizo en un deslumbrante marco -"Y esto, ¿quién lo paga?", que dijo Josep Pla, cegado con el derroche de luz que iluminaba la Gran Manzana al arribar en Nueva York- que raramente podía corresponderse con el inicio de negociación con su "socio preferente" Unidas Podemos.

Si acaso, se asemejaba a una boda. Por poderes, claro, dada la ausencia de la otra parte contrayente. Como cuando Felipe González contrajo matrimonio con Carmen Romero en 1969 en una ceremonia en la que le representó su otrora mejor amigo y luego alcalde andalucista de Sevilla, Luis Uruñuela, por encontrarse Isidoro en Burdeos en una reunión del PSOE en el exilio.

No es la circunstancia de Sánchez con el líder podemita Pablo Iglesias, quienes flirtean evitándose. Esperando que uno se rinda en los brazos del otro, parece habérseles roto el amor no precisamente de usarlo, como en la popular copla. Sea por ello o por problema de dote, ambos están resueltos a darse un tiempo hasta la vuelta de las votaciones; uno creyendo que dispondrán de mejores aldabas y otro pensando que, aunque sea así, obtendría lo mismo aun con menos al poseer el número complementario de los 176 escaños de la investidura.

Echando la vista atrás, hay que rememorar lo mucho que se censuró a Rajoy por declinar el ofrecimiento de Felipe VI en enero de 2016 para intentar formar Gobierno. Se le acusó incluso de humillar al monarca al rehusar ir a la investidura tras preconizar que el único Ejecutivo "sensato" -palabra que no se le caía de la boca- era uno de coalición con PSOE y Ciudadanos o bien otro con apoyo externo de ambos. Empero, resulta más pernicioso el fraude que parece dispuesto a consumar Sánchez tras asumir tal encomienda para valerse de esa cédula real para ir de nuevo a elecciones en mejores condiciones que sus contrincantes a los que, en paralelo, les endosa la culpa de provocarlas al no hacerle presidente porque él lo vale. Como si fuera una obligación de éstos y no del aspirante.

Desde el escrutinio último de las urnas, pudiendo abrirse de capa a derecha e izquierda, todo su afán ha sido teatralizar una larga precampaña que, ciertamente, parece haber cumplido el objetivo de encaminarse a un cónclave plebiscitario en torno a un dilema ya clásico: o yo o el caos, si bien esa disyuntiva no siempre se ha inclinado del lado de quienes abocan a sus conciudadanos al abismo. A veces, se vuelven como un bumerán y descabalgan a quienes perseguían eternizarse chantajeando al elector. Teniéndolo todo de cara, la suerte se vuelve esquiva y hace que los elementos hundan a una Armada Invencible o precipiten una debacle napoleónica en Waterloo, o que un fallo de la refrigeración proyecte la imagen sudorosa de un presidente que evoca aquella otra de un derrotado Nixon ante las cámaras en 1960 frente a Kennedy por mor de cosméticos y afeites

Ante un escenario parejo al de 2016, cuando Rajoy se presentó con los 123 que posee Sánchez, ganando 14 diputados que es el número que rondaría el PSOE, si se promedian los sondeos que se vienen publicando, el presidente en funciones, echando mano de la "geometría variable" de Zapatero, consumaría su primera legislatura completa. Claro que, de no rectificar la deriva de aquél, lo cual no parece probable atendiendo a cómo disparan el gasto las 370 propuestas de marras, España reeditaría la segunda legislatura de ZP. Valiéndose de la aparente seriedad de Solbes como garantía en contrario, agravó la recesión con medidas placebo que desviaran la atención al modo como la orquesta del Titanic tocaba en cubierta para mantener la calma mientras la insumergible naufragaba sin remisión.

Lo malo es que la oposición de centro derecha ya descuenta esa fatalidad y, en vez de pertrecharse para atajar ese eventual triunfo socialista, sólo le ocupa salir lo mejor librada posible del envite para liderar la alternativa al anunciado fracaso de Sánchez. Por eso, hay que olvidarse de que el proyecto de Navarra Suma se extrapole a toda España.

De hecho, no hubiera sido factible si no lo hubiera promovido un tercero (UPN) en una autonomía donde PP y Cs rondan la irrelevancia. Pero impracticable entre quienes compiten por el mismo espacio ideológico en pos de su liderazgo. Ya se exhibió cuando el foralista Esparza hubo de suscribirlo por separado con Casado y Rivera por la negativa del segundo a hacerse la foto con el primero. Como decía Jacques Chirac, "no hay sitio para dos cocodrilos machos en el mismo meandro".

Podría aventurarse que, en última instancia, se avendrán para aplicar la fórmula para el Senado y las circunscripciones cortas de escaños, lo que rentabilizaría al máximo los sufragios, pero ir más lejos se atisba imposible con la excusa de servirle en bandeja un nuevo señuelo al PSOE que movilice al votante de izquierda como lo fue Vox en las convocatorias de abril y mayo.

Con la agitación de la campaña, habrá que ver si la trifulca de PP y Cs no arriesga su coalición en la Comunidad de Madrid tras el ya de por sí dificultoso parto que alumbró la Presidencia para los primeros. Con un socio con medio cuerpo dentro del Gobierno y con el otro fuera, con el vicepresidente Aguado socavando a la presidenta Ayuso a propósito del aval que recibió la empresa de la que participaba el padre de ésta y que no pudo devolver al quebrar. Si esa circunstancia conocida de antemano a la investidura no impidió que Cs diera su plácet a Ayuso, la imputación de las ex presidentas Aguirre y Cifuentes por la supuesta financiación irregular del PP madrileño con fondos públicos ha dado pie a que Cs allane la creación de una comisión de investigación que ponga en la picota a Ayuso y extienda la impresión de que todo el PP madrileño sin excepciones, incluido el que trata de regenerar Casado, es corrupto.

Sin duda, va a ser el leitmotiv de Cs, del que parece haberse adueñado la confusión, para recuperar perfil tras el vacío dejado por Arrimadas en Cataluña y las deserciones de cualificados integrantes disconformes con la línea liberal marcada por Rivera. Por eso, aprovechando las recientes imputaciones en la instrucción judicial de la operación Púnica, Rivera emula aquel "Delenda est Carthago" con el que, con obsesiva reiteración, Catón el Viejo concluía sus discursos ante el Senado, viniera o no a cuento, hasta desatarse la última guerra púnica que serviría de pretexto a Roma para arrasar Cartago como a ninguna otra.

Ello entraña una adversidad añadida para Casado, quien remonta en las encuestas merced a recuperar antiguos votantes, tras salvar unas elecciones a las que llegó recién escogido para mandar el PP y cuyos talentos multiplicó con una inteligente negociación de los pactos en autonomías y municipios.

Además de dejarse crecer la barba para que su cara parezca menos aniñada, ha reforzado su poder interno prescindiendo de sorayistas y cospedalistas. Al tiempo, pone tierra de por medio con el aguirrismo, pese a criarse en sus pechos. Aunque haya descontentos, Casado goza del provecho de que no hay líderes alternativos que capitalicen el malestar o la disconformidad con sus resoluciones. El presidente gallego Feijóo, llamado primero a suceder a Rajoy y luego a ser la alternativa al nuevo líder, ha renunciado a su destino, más allá de sus pronunciamientos de cabo suelto. Ya ni tan siquiera es seguro que se presente a la reelección en la Xunta y no haya que rescatar a Ana Pastor de la Mesa del Congreso.

El presidente del PP deberá rodar un equipo de debutantes, donde la designación de Cayetana Álvarez de Toledo levanta recelos entre peones claves en la elección de Casado como García Egea o Maroto, por ajustes de poder. A ello se suman quienes, sin negarle brillantez y talla intelectual, opinan que su elitismo no ayuda a la imagen de un partido que debe proyectar cercanía. La portavoz deberá atender tanto el fuego ajeno como el propio.

En ese cúmulo de circunstancias, más unas arcas entelarañadas y sin caudales, Casado afronta su reválida. De ahí que propugnara una abstención conjunta con Cs, pero la deriva navarra del PSOE y su entente con Bildu para hacer presidenta a Chivite lo impide taxativamente por razones de principio, pero también porque así figura en el acta fundacional de Navarra Suma. Un lector de clásicos de la política contemporánea como Casado -con mejor provecho que Boris Johnson, el biógrafo de Churchill- debiera arrogarse la fuerza de la voluntad para haciendo como si, al modo de De Gaulle, darle la vuelta al destino que Sánchez prefigura a sus adversarios con su investidura trampa.


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