AGLI Recortes de Prensa   Martes 10  Septiembre 2019

Un nuevo curso escolar sin ley
Editorial El Mundo 10 Septiembre 2019

La irresponsable deriva del Gobierno provisional de Pedro Sánchez, que con su actitud intransigente y poco dialogante mantiene bloqueada una salida política a la vez que pone a los organismos del Estado a preparar nuevas elecciones, está provocando un profundo deterioro en el funcionamiento de las instituciones, cuyo principal perjudicados son los ciudadanos. No son pocos los indicadores que vienen advirtiendo sobre las nefastas consecuencias que para la economía está teniendo ya esta actitud temeraria, cuyos efectos pueden lastrar la creación de empleo y está provocando importantes problemas de financiación de los servicios ante la falta de unos Presupuestos que permitan dar vía libre a las partidas autonómicas. Hay, sin embargo, otras consecuencias de efectos menos visibles a corto plazo pero que dejarán secuelas en la formación de varias generaciones de españoles, justo las que llevan años iniciando el curso escolar sin una ley que regule sus estudios. Y de ellas son explícitamente conscientes PSOE y Podemos.

Este año, el curso escolar se inicia también sin ley. Como viene siendo habitual en un país en el que la Educación no ha alcanzado nunca la consideración de estructural política de Estado sino solo la de coyuntural arma política, el cambio de Gobierno que vino tras el triunfo de la moción de censura trajo la inmediata anulación de la ley educativa vigente (la Lomce, aprobada por José Ignacio Wert), antes incluso de tener otra preparada. De hecho, la conocida como ley Celaá, una normativa improvisada por la actual ministra y portavoz del Gobierno y aprobada apresuradamente en Consejo de Ministros el 15 de febrero, se encuentra a la espera de superar el trámite parlamentario para su ratificación, y son muchas las voces en el PSOE que piden que antes de que eso ocurra se aproveche para ampliarla, lo que sin duda impediría que se hiciera efectiva este curso.

Pero si irresponsable fue el PP, que retrasó la aplicación de la Lomce y cuando se decidió a hacerlo el ministro Méndez de Vigo la había derogada ya parcialmente, más aún lo es el PSOE. Este partido abandonó en marzo de 2018 el pacto educativo por la Educación y desde entonces se mantiene paralizado el sistema educativo. Aún no se han revertido las políticas de austeridad -que amplió las horas lectivas de los profesores, no solucionó la situación de los interinos y redujo las partidas presupuestarias para Educación-, las becas siguen funcionando con el sistema ideado por Wert y nadie sabe cómo funcionará la selectividad ni de qué forma se obtendrán los títulos de la ESO y el Bachillerato, ya que las revalidas quedaron de facto eliminadas, aunque formalmente están en vigor. El desprecio hacia la Educación de los sucesivos gobiernos está afectando a la calidad de la formación de los futuros ciudadanos y trabajadores y terminará por pasar una factura al progreso del país.

Lo que el PSOE no puede decir
Cristina Losada  Libertad Digital 10 Septiembre 2019

Poco falta para que Iglesias Turrión, el que iba a dinamitar todos los consensos constitucionales, acceda a la categoría de hombre de Estado. Categoría cuya definición se da por supuesta, pero que la mayoría de las veces encubre la indefinición. Con frecuencia, se le concede alegremente a quien está en la antípoda de serlo. Fue el caso sonado de Jordi Pujol, al que se la concedieron sus contemporáneos: políticos y prensa. Alguna prensa. Así ocurre que, gracias a la simulación, ciertos políticos parecen, durante algún tiempo, auténticos pilares institucionales y de la gobernabilidad cuando realmente son lo contrario.

En los debates electorales de abril, el dirigente de Podemos sorprendió con un cambio de personaje. El tipo radical que quería romper el candado de la Constitución y hacer tabla rasa del "régimen del 78", el demagogo que fulminaba a los políticos en nombre del sufrimiento de la gente, apareció transfigurado en la piel de un ponderado mediador que pedía a los demás que no se pelearan y hablaba de la necesidad de hacer cumplir ciertos mandatos constitucionales.

De entonces acá, el propio partido ha ido adaptándose a la actitud aparentemente responsable del nuevo personaje de Iglesias. Hay una voluntad de proyectar una imagen amable. Hasta han puesto como portavoz a una mujer que prescinde del tono tenso y exigente de otras y otros. Y esta gran operación de maquillaje ha dado algunos frutos. En julio, antes de la investidura fallida, se acogieron con comprensión los esfuerzos podemitas por desmontar las excusas del PSOE para no ceder a sus demandas en un Gobierno de coalición. Ahora, como si nada hubiera ocurrido, estamos en lo mismo. En cuánta razón tienen, a pesar de todo, los de Podemos, y en qué sensatos e institucionales son, si se compara.

Llamativo, en este aspecto, era un artículo de Juan Luis Cebrián en El País que defendía el Gobierno de coalición de socialistas y Podemos –después de haberse mostrado a favor de uno del PSOE y Ciudadanos–. Decía que Sánchez no puede gobernar con 123 diputados cuando hay "amenazas a la unidad del Estado, a la continuidad de la monarquía parlamentaria y hasta de la propia democracia". Cierto, cierto, no parece factible gobernar con la escasa fuerza de 123 diputados, pero ¿se puede gobernar con esas amenazas dentro del Gobierno? ¿Se debe?

Iglesias simula y los socialistas disimulan. Sus excusas no pasan la prueba. Si dicen, como acaban de decir, que el escollo para gobernar con Podemos es su posición sobre Cataluña, la pregunta es cómo hace unos meses no les pareció insalvable. Ciñéndose a la letra pequeña, todo son contradicciones. Y los pretextos, pretextos. Pero son pretextos porque los socialistas no pueden ni quieren decir la verdad. No pueden decir, no creen que les convenga decir, que por nada del mundo quieren gobernar en coalición con un partido como Podemos. Es comprensible que no quieran. Lo incomprensible es que no lo digan.

En Alemania, los socialdemócratas pueden anunciar antes de las elecciones que no van a pactar a nivel federal con el partido a su izquierda, Die Linke. Es más, se sabe que antes que una coalición con Die Linke prefieren la Gran Coalición con la derecha. Pero aquí esto es impensable. Es anatema para un izquierdismo sentimental, nostálgico de revoluciones pendientes. Un izquierdismo que los socialistas han cultivado demagógicamente, atizando un odio cerval a la derecha y a cualquier acuerdo con ella. Y alentando, a la vez, una indiferencia glacial hacia esos grandes asuntos de Estado que ahora esgrime malamente como impedimentos para gobernar con Podemos. Llegados a este punto, sólo les queda disimular.

Los partidos se rompen la cabeza
RAÚL DEL POZO El Mundo 10 Septiembre 2019

Las ideas se piensan, las ideologías se creen y se organizan en religiones y partidos. Los partidos nacieron como asociaciones libres, con el objetivo de conquistar el poder aunque embellecieran su objetivo diciendo que los constituían ciudadanos unidos para promover el interés nacional, la paz y hasta la felicidad. Populares y optimates, güelfos y gibelinos, girondinos y jacobinos, versalleses y comuneros, rojos y azules, partidos de derechas y de izquierdas... Ahora en España se parecen mucho todos y su acción es limitada porque la política está diseñada por la UE; se parecen tanto, que hay que ponerles colores diferentes para distinguirlos; apenas se diferencian en el estilo de la propaganda. Los ciudadanos los siguen, algunos con la intolerancia que se profesa a las sectas.

Los partidos administran las convicciones, el poder, la conciencia y los impuestos; reciben dinero de los contribuyentes y además recurren a la financiación ilegal desde la Transición; a veces con el apoyo de las tiranías. Esas organizaciones piramidales funcionan sin democracia interna; cooptan a los diputados, colocan a los cuadros, engordan el Estado; se rodean de asesores, fontaneros. Sus congresos son eucarísticos, sus primarias, tramposas. Ahora sabemos que los supervivientes del bipartidismo recurrieron a los polis de las cloacas del Estado. Pero ni los viejos ni los nuevos cumplen las reglas, y además, se pisan la manguera unos a otros y denuncian sus fechorías recíprocas.

En la semana se decidirá si hay Gobierno o elecciones. Los dos partidos necesarios para la mayoría se engañan, se zancadillean, se menosprecian. A pesar de la ineptitud que demuestran y el bloqueo que practican paralizando el país, las encuestas anuncian que el PSOE mejora la intención del voto, lo cual indica que los ciudadanos van a seguir votando si las elecciones se celebran en noviembre. Pero el PSOE teme que Pablo Iglesias, para vengarse, les haga la putada de darles el voto gratis en la investidura para luego derribarlos en una emboscada parlamentaria.

¿Por qué a pesar del escándalo de ineptitud que están dando los ciudadanos les siguen votando? Porque siguen siendo imprescindibles; no hay democracia sin partidos, pero cada día se nota más el encabronamiento de la gente. Llegaron los del 15M diciendo que los del bipartidismo eran la misma mierda y no nos representaban; luego, el multipartidismo ha multiplicado por cinco la mierda y los gastos. Como le ha dicho Felipe González a Soledad Gallego-Díaz, no es concebible que PSOE, PP y Cs estén utilizando Cataluña para romperse la cabeza, y tampoco lo es que manipulen la investidura para devorarse, cosa que ni siquiera hacen las familias de la mafia.

Independentismo y populismo, caldo de cultivo para la delincuencia
Jaime Manuel González Martínez okdiario 10 Septiembre 2019

Que Barcelona se ha convertido en una ciudad sin ley desde que Ada Colau se hizo con las riendas de la capital es una evidencia que vienen reflejando todas las estadísticas. La condescendencia del populismo hacia algunos compartamientos delictivos y, por contra, la nula simpatía que siente por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, ha provocado que la delicuencia campe a sus anchas. Es lo que tiene estar más cerca de quienes delinquen que de los encargados de velar por la seguridad y el cumplimiento de la ley.

Los datos de Barcelona son llamativos y evidencian con toda su crudeza la magnitud de un problema que no se resuelve echando balones fuera ni acusando a la prensa de generar miedo, porque el miedo no lo generan los medios de comunicación, sino los criminales que desatan la violencia en las calles mientras se reduce el número de efectivos policiales. Pero sería un ejercicio de miopía quedarse solo con la situación que se vive en Barcelona y no reparar en que, según los últimos datos disponibles, el incremento de la delincuencia se ha ido extendiendo por toda Cataluña.

Mucho tendrá que ver el hecho de que el independentismo ha instado a la insumisión civil y a la violencia callejera como estrategia para hacer frente al Estado. Cuando se anima a desobedecer y a incumplir las leyes se crea un peligroso caldo de cultivo que es germen de la delincuencia. Entre el populismo de Colau, amiga de okupas y manteros, y el secesionismo que ha hecho bandera de la desobediencia a la ley, la inseguridad ciudadana crece de forma indefectible.

La retroalimentación de intereses entre populismo e independentismo ha derivado en un cóctel explosivo que están sufriendo en su piel los ciudadanos, víctimas de una táctica tan siniestra como intencionada de degradación de la autoridad del Estado.

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El precio inmoral del poder de María Chivite
Editorial El Mundo 10 Septiembre 2019

En marzo, el Parlamento navarro aprobó una ley que, bajo el pretexto del reconocimiento a todas las víctimas de violencia política, equiparaba vergonzosamente a quienes padecieron los crímenes de ETA y a quienes los perpetraron. Se trata de una norma que incorpora sin rebozo el marco mental abertzale para, invocando abusos policiales, diluir la infame responsabilidad de los asesinos que prolongaran por medio siglo la sanguinaria dictadura del terror. Lo más triste es que su aprobación solo fue posible por el voto favorable del PSN de María Chivite, paradigma ya de la falta de escrúpulos del sanchismo.

Esa ley humillante para la Policía y la Guardia Civil, que se dejó la vida en la lucha contra el terrorismo, fue recurrida ante el Tribunal Constitucional por PP, Cs y Vox, y el TC ha admitido a trámite el recurso. Ayer, solícita a las demandas de sus socios, Chivite volvió a posicionarse en contra del constitucionalismo. El PSN firmó con Bildu, Podemos, Geroa Bai e Izquierda-Ezkerra una declaración institucional que no solo carga contra los partidos recurrentes sino contra el mismo TC por "atacar el autogobierno foral". La facción navarra del PSOE no solo es rehén del nacionalismo más radical: ya comparte sus tesis. Es el precio inmoral del poder.

Una Diada contra el Estado
 La Razon 10 Septiembre 2019

La Diada, la fiesta oficial de Cataluña en la que se conmemora la derrota de los austracistas por los borbónicos dentro de una larga guerra de sucesión europea, era hasta hace una década una celebración con un cariz institucional en la que participaba todo el arco político, con altas dosis de folclore y mitología nacionalista. El «proceso» la ha convertido en una celebración patrimonio exclusivo de los independentistas que, incluso por los historiadores oficiales, ha sido presentada como una guerra de «secesión», momento originario de la lucha de Cataluña por la recuperación de sus libertadas. Este acto de manipulación es la representación, clara y palmaria, de la división que vive ahora la sociedad catalana, en la que quedan pocos ritos colectivos que compartir.

Si el 6 y 7 de septiembre de 2017 el Parlament aprobó las leyes que suponían la ruptura con la Constitución y el inicio de la «desconexión» con la ausencia de la mitad de la cámara, con más razón una festividad como la Diada no iba a dejar de ser utilizada al servicio del independentismo, hoy instalado en la Generalitat. En los últimos años se había convertido en una demostración de fuerza que marcaba el calendario político, una exhibición de que el nacionalismo permanecía unido y no iba a renunciar a su único objetivo: la ruptura de la legalidad democrática para alcanzar la independencia.

Ahora ya ni tienen sentido estos ejercicios de masas, de una elaboración coreográfica intimidante basada en la presentación de Cataluña como un «solo pueblo» uniforme y sin fisuras, porque hace tiempo que la Generalitat sustituyó la política por la agitación y todo es una demostración de la «voluntad del pueblo». Este año, además, la Diada se ha presentado como una respuesta a la sentencia del Tribunal Supremo sobre el 1-O, que previsiblemente se anunciará antes del 16 de octubre, como un rechazo a cualquier resolución que no suponga la libre absolución de los procesados.

Toda una amenaza frontal al Estado de Derecho en la que se ha puesto al frente el mismísmo presidente de la Generalitat, Joaquim Torra. Es más, ha llegado a amenazar con no acudir a la vista de los próximos 25 y 26 de septiembre, en la que se le juzgará por desobediencia al no retirar los lazos amarillos de la fachada de los edificios del Gobierno catalán en la pasada campaña electoral de abril. «El éxito de la Diada será la mejor antesala de la respuesta a la sentencia del Tribunal Supremo, la mejor oportunidad para escenificar la fuerza y el potencial del movimiento soberanista», dicen en una carta los presos y fugados independentistas.

No cabe duda de que a efectos de dicha sentencia no servirá de nada, aunque sí en ahondar la división en la sociedad catalana. Hay preocupación por parte de los independentistas con su pérdida de poder de convocatoria, el agotamiento de su discurso victimista y la notoria pérdida de apoyos en sus propias filas. Esta percepción está corroborada por un sondeo de NC Report que publicamos hoy: un 66,2% dice que no asistirá a las protestas que tendrán lugar mañana por toda Cataluña.

Tras el objetivo anunciado por Torra y Puigdemont de buscar el enfrentamiento abierto con el Estado, sólo se esconde la profunda división en la que vive el bloque independentista, representado por ERC, que apuesta por una posición más posibilista y alcanzar así la presidencia de la Generalitat, y la facción que dirige el PDeCAT –que a su vez vive una pugna encarnizada por hacerse con los restos convergentes–, que ve peligrar su histórica cuota de poder. Y algo más: no admitir que el independentismo ha sido derrotado en su suicida choque contra un Estado democrático les lleva a posiciones de un radicalismo que sólo indican su pérdida de sentido de la realidad.

Amarga Cataluña
Miquel Giménez. vozpopuli  10 Septiembre 2019

Una conjura contra todo lo que se oponga a delirio separatista se abate sobre Cataluña. Son tiempos amargos

El ataque sufrido por el blog Dolça Catalunya en los últimos días no es ni casual ni un hecho aislado, en expresión que tanto gusta repetir a los ortodoxos del sistema pijo progre. Hace ya un tiempo, separatistas y socialistas llevan a cabo una intensísima labor de zapa contra lo que consideran su enemigo más temible: el constitucionalismo. En pocos meses, Societat Civil Catalana, que alumbró las manifestaciones multitudinarias en favor de España y la Constitución, se ha visto infiltrada por el PSC, descafeinada y convertida en un elemento prescindible. Que la gran preocupación de estas gentes sea ahora la ley de lenguas es síntoma inequívoco de que la han vaciado de aquel espíritu combativo que la animó en los viejos tiempos.

El asociacionismo anti separatista se mueve entre conspiraciones torrezneras, personalismos estúpidos y una atomización cada vez mayor, lo que le conduce a una esterilidad total. Que Dolça Catalunya haya sido linchada desde un medio que, aparentemente, está al lado del orden democrático, tampoco es algo baladí. Todo obedece a un plan meticuloso e inteligente que emana desde los despachos del PSC, destinado a recuperar su espacio político. Eliminar a todos esos que van con la bandera española es su obsesión, su prioridad. No es combatir contra los golpistas, denunciar la opresión que vivimos quienes no comulgamos con la estelada o luchar por la igualdad entre catalanes. No. Su objetivo, repito, es barrer del mapa a esos que ellos consideran extrema derecha, los populares, los naranjas, lo que nos atrevemos a elevar nuestra voz crítica.

Les estorbamos, porque somos el único obstáculo que tienen para poder llevar a cabo sus planes, que no son otros que pactar con los separatistas “moderados” y que el monopolio nacionalista continúe unas décadas más hasta que se vean con fuerzas para volver a intentarlo. Zapatero lo decía sin ambages en Al Rojo Vivo ayer mismo. Hay que dialogar. Pero, ¿dialogar acerca de qué? ¿Acerca de cómo saltarse la ley, de cómo blanquear el fascismo en las aulas, de seguir tolerando que los medios públicos catalanes sean meros altavoces del racismo catalanista?

Ellos están en ese camino y temen a cualquiera que les diga que, por ahí, no. En la segunda manifestación de SCC, Anna Balletbó y Josep María Sala, al verse rodeados por aquel mar de catalanes que portaban desacomplejadamente por igual banderas españolas y senyeras, se miraron angustiados preguntándose “Bueno, pero esto, ¿quién lo controla?”. Es evidente que ahora el control lo están empezando a ejercer ellos y eso solo puede tener un final: la vuelta al fétido oasis de aguas putrefactas en el que robar u oprimir salía gratis siempre que apoyases con tus diputados al PSOE. Tampoco debe ser casual que a Pujol lo inviten a cenas en el Ecuestre y que éste diga que no quiere que lo entierren con una estelada o que la unilateralidad es muy mala. Los silencios del viejo patriarca se pagan, como todo lo que hacen los nacional separatistas.

Es una amarga Cataluña en la que poco hay ya de aprovechable, porque incluso las personas más bienintencionadas se hartan de tanta politiquería y se marchan a sus casas, con la náusea de quien no quiere transigir con el chalaneo de los partidos. Es un momento difícil para la gente sensata, para quienes creyeron que habían conseguido frenar el monstruo separatista. Naturalmente, llegará la sentencia por el 1-O, y los separatistas harán de todo, y llegarán elecciones autonómicas adelantadas y seguramente las generales, pero nadie moverá un dedo para que en esta maltratada tierra retorne el buen juicio y la sensatez política.

A la pseudo izquierda no le interesa esa vía, la única decente en cualquier estado democrático; a los separatistas, menos. Luego habrá quien se extrañe de que socialistas y Puigdemont hayan pactado el gobierno en la Diputación de Barcelona. Cosas veredes, amigo Sancho. Pero todas amargas, aunque siempre nos quedarán los Dolços.

El libro de Caín
Adoctrinamiento en la escuela catalana
Jesús Lillo ABC 10 Septiembre 2019

Dice uno de los manuales de Ciencias Sociales de la acreditada editorial Teide -«Al servei de l’educació des de 1942»- que es importante «conocer la situación geográfica de un lugar para entender cómo funciona su sociedad y cómo son la cultura y las costumbres de la gente que lo habita». Viendo el mapa de Cataluña que la editorial presenta a los alumnos catalanes de Primaria, lindando con España por la parte del Ebro y con vistas al mar, cualquiera es capaz de entender que a los habitantes de esta comunidad les entren por el cuerpo unas ganas locas de subirse a la parra y declarar la independencia cada vez que les tocan «Els segadors» y los dineros. La geografía, qué si no, predetermina las costumbres de una región que en los libros de texto que encarga la Generalitat fue un reino independiente desde la Edad Media, obligado a malvivir a la sombra de sus indeseables vecinos de la Corona de Castilla.

Se queja la patronal de los editores de las singularidades territoriales e identitarias que los ejecutivos regionales, no solo el catalán, les obligan a introducir en sus libros de texto para adecuarlos al ecosistema del aldeanismo de nuestra España diversa y plural. No denuncian. Copian y pegan. Callan y otorgan. Son cómplices necesarios de la manipulación que el poder autonómico, nacionalista redomado o con simples aspiraciones folclóricas, ejerce entre los menores de edad. Declararse «al servicio de la educación», como hace la editorial Teide en la declaración de principios con que se abre a las redes sociales, es un ejercicio de cinismo que se explica por sí solo, como la cuenta de la vieja, ciencias puras. Si la Fiscalía logra poner cámaras en las aulas para evitar abusos, como propuso ayer, en Cataluña tiene material de sobra para grabar un buen VHS.

Estar al servicio de la educación desde 1942 ha permitido a la editorial catalana dominar al arte de la adaptación al medio político, que en horario lectivo pasa por confundir la épica con la ética. El régimen franquista fue un excelente banco de pruebas para la mitología aplicada a las Historia y las Ciencias Sociales, asignatura troncal de cualquier plan de estudios basado en la hipérbole, la distorsión y la fabricación de agravios en serie. Que Teide lleve «al servei de l’educació des de 1942» garantiza su experiencia y buen hacer en una materia tan sensible para el autoritarismo como la educación reglada. La Generalitat quiere a los mejores.

Esta España que reniega de sus símbolos y su integridad
“El hombre no vive, como las bestias salvajes, en un mundo de cosas meramente físicas, sino en un mundo de signos y símbolos.” Pitigrilli
Miguel Massanet diariosigloxxi 10 Septiembre 2019

Estamos empezando a creer que hemos entrado en una cinta, sin fin ni retorno, en la que la sociedad se deja trasportar, sin casi oponer resistencia, hacia los dominios de la insensatez, la amoralidad, la falta absoluta de principios éticos, el caos, el desenfreno y la más absoluta e incontrovertible falta de otros objetivos que no sean lo que los romanos definían como el “carpe diem, quam minimum credula postero ‘Aprovecha el día, no confíes en el mañana’” del poeta romano, Horacio.

Es imposible concebir que, hoy en día, sea posible que un gobierno de la nación española, ya esté en el pleno ejercicio de sus poderes o en situación de interinidad, como es el caso del gobierno de España, actualmente “en funciones”; renuncie a aplicar la ley, deje que se le burlen a la cara una serie de insurrectos catalanes y no haga nada, tome medida alguna o inicie procedimientos sancionadores para impedir que, la propaganda separatista siga formando parte de la mayoría de medios de comunicación asentados en la comunidad catalana. La insistencia con la que la TV3 o Catalunya Radio se saltan las reglas en muchos de sus programas, utilizando frases injuriosas hacia España, sus autoridades, sus tribunales de justicia, su Constitución y las instituciones de las que nos dotamos los españoles, al tiempo que siguen haciendo propaganda para captar adeptos, pidiendo a los ciudadanos catalanes que se unan a aquellos que tienen como objetivo y finalidad la separación de la autonomía catalana del Estado español, para constituirse en estado independiente.

¿Cómo es posible que nuestros gobernantes se muestren ajenos a lo que se está perpetrando en emisoras radiofónicas o en los platós de la TV catalana, desde donde se miente descaradamente a cerca de la justicia española, se acusa a nuestros jueces de ser prevaricadores, se defiende a unos presuntos delincuentes contra la soberanía nacional, culpando a la Justicia española de ser causante de una persecución contra unos señores por sus ideas y no, que es lo que realmente ha ocurrido, por estar persiguiendo a una serie de señores, políticos catalanes, a los que se les acusa de hechos tan graves como son el querer atentar contra la unidad de la nación española, cometer prevaricación, malversación de caudales públicos y, todo ello, con la agravante de que, muchos de los encausados, eran funcionarios públicos dispuestos a saltarse las leyes estatales para favorecer la insurrección de una parte de los ciudadanos catalanes.

Aquí se ha tolerado que se quemasen retratos de los reyes, de los políticos y de las autoridades, públicamente; lo mismo ha ocurrido con banderas españolas y demás símbolos de la soberanía nacional. No ha ocurrido nada y, para más INRI, a algunos tribunales les ha parecido que estos actos de puro gamberrismo no constituían infracción alguna por pertenecer, según su criterio, a una forma de la libertad de expresión. Buscar entre los ciudadanos españoles del Siglo XXI a algunos que se hayan atrevido a denunciar a los culpables de los continuos sucesos que ocurren en escalerría, donde se pone en la picota a la guardia Civil, se les injuria, se les ataca, se les denigra y se les hace la vida imposible, es buscar una aguja en un pajar. Proteger a quien se atreva a izar una bandera nacional en Cataluña o el País vasco es impensable y, aún más, se considera que el que lo haga comete una provocación respecto a aquellos que se han hecho los dueños, con sus amenazas y chantajes, de las calles de todas aquellas localidades vascas y catalanas.

Es más, el propio gobierno socialista en funciones (para hacer semejantes estupideces parece que no tienen pegas, algo que no sucede cuando deben abonar las cantidades que se les deben pagar a las autonomías, en concepto de financiación) no ha tenido la menos objeción a permitir que, en Navarra ( antigua aspiración de los etarras de hacerse con dicha autonomía para completar lo que, para ellos, es la nueva nación vasca y, de esta forma, intentar hacerles la competencia a los separatistas catalanes) y en su parlamento hayan entrado representaciones del partido de los etarras ( antigua ETA), sólo para conseguir que la socialista, señora Chivite, pueda ocupar la presidencia evitando, con ello, que Navarra suma, la coalición de C´s, PP y los nacionalista navarros, los que ganaron las elecciones, hayan podido renovar el mandato que venían ostentando desde hacía años, gracias a incorporar a los abertzales de Bildu.

Es evidente que el señor Pedro Sánchez y sus huestes socialistas, mientras siguen en este peloteo con los señores de Podemos (no olvidemos que son partidarios de ceder en la cuestión catalana) manteniendo en vilo a la ciudadanía respeto al resultado final de semejante tejemaneje, que lo único que consigue es que la situación de interinidad en la que se encuentra el gobierno provisional, se vaya alargando de una forma excesiva, de la que los verdaderos perjudicados son, precisamente, los españoles que se ven privados de la seguridad jurídica que le proporciona el que los temas fundamentales objeto de la actividad parlamentaria, como es la tramitación de nuevas leyes, queden a la espera de que los proyectos sean estudiado y aprobados en el Parlamento de la nación.

Sin embargo, el no querer entrar en el tema catalán, algo que es evidente que el señor Sánchez quiere evitar a toda costa, se está produciendo que, en la Generalitat catalana, con un parlamento catalán en horas bajas y poco actividad y un presidente Torra prácticamente enfrentado al resto de partidos catalanes, incluso los que también piden la independencia; se está facilitando que, en los organismos afectos al soberanismo, que son prácticamente la totalidad de los que funcionan en Cataluña, se tengan actos, tertulias, reuniones, simposios etc. encaminados, todos ellos, a fomentar el separatismo, atacar al gobierno central, desacreditar a los jueces españoles criticando todas sus decisiones, incluso o preferentemente las del TS, y defender a ultranza a los políticos que siguen en prisión preventiva, en tanto aparece la sentencia en la que se decidirá sobre su futuro. Así, en la TV3 y dirigido por una de las periodistas catalanas más involucradas en la propuesta soberanista, la señora Helena García Melero, por las tardes se emite un programa de opinión, titulado “Tot es mou”, en el que la directora, acompañada de un ramillete de los más radicales y fanáticos defensores de la independencia de la comunidad catalana, se dedican, con una devoción más que monserratina, a calumniar, disparatar, desbarrar, despotricar y poner de chupa de dómine a cualquiera que se muestre contrario a su obsesión separatista, aunque los asistentes, entre los que no faltan abogados, se olviden de que lo que vale en un juicio no son los argumentos de los letrados en defensa de la causa de sus clientes, sino lo que definitivamente resuelven los jueces y que, presuponer que los jueces van a faltar a la imparcialidad, a la decencia y a sus obligaciones como tales, para prevaricar, es dudar de que la Justicia se aplique tal y como se deriva de la legislación española con honradez, rigor y lealtad a la Constitución.. Claro que, si lo que se pretende es que los encausados por los hechos de 1ºO, sean juzgados de acuerdo con los conocimientos legales de la señora Rahola y de la misma Helena Melero y, ya no digamos, del ínclito y paranoico señor Quim Torra, entonces podemos estar seguros de que esto, por mucho que lo intenten y hagan propaganda de ello, no va a ocurrir en manera alguna porque sería tanto como elevar a la categoría de sublime el fruto de la mayor ignorancia y desprecio por la democracia.

Lo que ya no podemos decir es que, de lo que vaya a suceder, una vez que el TS dé a conocer la sentencia sobre las responsabilidades probadas de los encausados, si el señor Sánchez, que en ninguna ocasión lo ha querido desmentir de una forma categórica y los condenados, tal y como está previsto en la Ley, lo pidieran al nuevo gobierno que pudiera salir de la sesión de investidura o de las elecciones que se pudieran celebrar, a falta de acuerdo para lo primero; es muy posible que el nuevo ejecutivo se decidiera a enmendar las posibles sentencia del TS mediante la aplicación del derecho de indulto que les está reservado exclusivamente al Gobierno, siempre previa consulta al tribunal que emitió la correspondiente sentencia.

Estamos, pues, ante una situación en la que el señor Sánchez, mientras se muestra dispuesto, como no podía ser de otra manera, a aceptar la sentencia que pudiera salir del TS, sólo para el caso en que considerase que le sería favorable a sus intereses particulares, primero o a los del PSOE en segundo lugar, el usar de esta facultad excepcional de indultar a todos o parte de los posibles condenados, es muy posible que lo utilizara como una forma de chantajear a los nacionalistas. Existe otros medios, menos aparentes y más fáciles de llevar a la práctica que el posible escándalo que pudieran producir unos indultos en el caso de unas condenas tan graves si se confirmaran las peticiones de los fiscales, que consistiría en aplicar condiciones penitenciarias de cumplimiento de las condenas favorables, como la de trasladar a todos los posibles reos a prisiones cercanas y dentro de la autonomía catalana o aplicar medidas de gracia como las que se pueden obtener por buena conducta, impartir clase o cualquiera de las maneras con las que hoy es posible que, una condena de larga duración, quede convertida en un mero paseo por las cárceles, antes de que se les conceda un tercer grado.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, en este caso con más conchas que un galápago, acostumbrado a que, la experiencia de muchos años de observar a los políticos y la política, desde el puesto de su “doctorado” como observador desde el nivel de la calle, no me voy a sorprender lo más mínimo sí, todo este entramado que han montado los separatistas en Cataluña, acabe con la puesta en la calle de los posibles condenados, ante el asombro y disgusto de quienes, desde el TS, los hubieran condenado y la satisfacción y regocijo de todos los separatistas que, seguramente, se servirán de ello para seguir en su campaña de ir acosando al Estado español convencidos de que, no van a tardar mucho tiempo en conseguir lo que llevan pidiendo desde hace años. Y ¿el resto de España qué diría en este caso? ¡Pues que va a decir, que no sea previsible en un pueblo que abjura de su bandera; le importa un rábano que una parte de España reniegue de ella y que sólo le importa el fútbol, la revista As o Marca y, si se tercia, la lotería! Pues van a claudicar, porque no olvidemos que ya hay un tercio de la nación española que se está volviendo objetora de la unidad de la nación y aspira a seguir el ejemplo catalán. Todo ello con un gobierno de izquierdas al mando del señor Sánchez y con todo un plantel de ministros incapaces de decir una palabra sensata, no cabe esperar nada que no sea el desmoronamiento integral del Estado español y, como es natural, ¡esto duele, y mucho!

Y Alfonso Alonso sacó su puñal
Julio Ariza eltorotv.com 10 Septiembre 2019

Dicen los que le conocen de antiguo que es de poco fiar. Que tan pronto está desaparecido por la calle de Dato -¿dónde vas Alfonso Alonso?- como saca la faca y atesta el golpe al compañero de cuadrilla, y reaparece después, con cara de pío pío, celebrándolo por la misma calle Dato, a mí me gusta el pipiripipipí, etc. Habladurías no más.

Alfonso Alonso lleva semanas apareciendo en los medios para dejar un mensajito al PP nacional: nosotros somos diferentes, Pablo, y somos de centro, Pablo, y somos foralistas, Pablo, y por lo tanto, somos especiales, Pablo, y queremos ser autónomos, Pablo, pero de centro pastelero, Pablo, con el PNV, Pablo, que aquí hay que sobrevivir y para seguir existiendo solo nos queda el óbolo del señorito, Pablo, el PNV, Pablo, así que o nos dejas seguir en el machito o te montamos un cirio interno considerable, Pablo.

Cada vez que Alonso le dice a Casado a través de los medios que es él distinto, que es foralista, que es de centro y que quiere ser útil, le está llamando centralista, derechista e inútil a su Presidente. Y lo hace en esta especie de precampaña electoral que nos embarga (luego la culpa será de los otros). Primera daga.

Segunda puñalada: dice Alonso lo que ya avanzó su adelantado Maroto desde la aldea euskérica de Sotosalbos (Segovia): “España Suma no se ha hablado dentro del PP”. Dos cosicas, Alfonso, a este derrame intelectual de última hora: la primera es que tampoco parece que se haya hablado de tu giro foral-nacionalista en los órganos del partido (por cierto un foralista es la antítesis del PNV al que tú estás entregando en bandeja tu electorado y tu partido). Segunda: si dices lo mismo que Maroto con unos días de diferencia y cerca ya del Congreso del PP vasco (o de lo queda de él, o sea nada) ¿no será porque Maroto es tu caballo de Troya, o sea el de Soraya, para desalojar a Casado de Génova? Pablo, piénsalo bien: ¿y si Maroto fuera un agente doble, un infiltrado, un submarino malo? ¡Ay; si prosperara el recurso contra su empadronamiento fake!

Tercera faca: dice mosén Alonso: “los vascos somos distintos”, y concluye, como para arreglarlo, “como los castellanos”, “como los gallegos”…”y además tienen que serlo”. Qué pena. ¿No existen los españoles, entonces? ¿Está proponiendo acaso, de diferencia en diferencia, la España de los distintos, la España de las identidades plurinacionales, la España Confederal? Si no la propone, la piensa. Alonso se ha rendido. Ha sucumbido y por eso ya no tiene utilidad alguna en la política vasca, más allá de la limosna de Urkullu. Lo malo es que esa es una puñalada constitucional.

Donde aparece el verdadero Alonso es cuando dice: “uno tampoco se puede ahogar en sus principios”. Es decir, entre los principios y yo, Yo. Los principios que no molesten, oiga, que es muy incómodo vivir con la conciencia a cuestas. Como el bueno de Groucho (al que se va pareciendo): “estos son mis principios pero si no le gustan tengo otros”. ¿No escucha Groucho Alonso la carcajada de Urkullu desde Ajuria Enea? ¿No escucha por quién doblan las campanas desde Sabin Etxea? Si el pérfido Arzalluz aún viviera sonreiría mascullando: estos españoles, que flojitos son…Esta puñalada, la cuarta, que es trapera, se la pega Alonso directamente al corazón España.

Alfonso y Maroto han llevado al PP vasco a su práctica desaparición política y a la insignificancia social en esa Comunidad y, con ello, le han arrebatado una seña capital de identidad nacional al PP, porque el partido popular del País Vasco era mucho más que la sección regional de un partido: era la espina dorsal de un partido nacional que tenía en el vasco un referente político esencial, estructural, que esta pareja ha tirado a la basura. Han dilapidado una increíble herencia, como esos hijos medio empanados que dilapidan la fortuna de los padres y abuelos de taberna en taberna. Si hoy el PP no pinta nada y no es nada y no existe en el País Vasco es porque Alonso y Maroto lo han llevado hasta la insignificancia, error tras error, frivolidad tras frivolidad, bobada tras bobada, egoísmo tras egoísmo. Eso sí, es más fácil, en ese escenario, buscar al enemigo interior-exterior que hacer un mínimo de autocrítica y de reflexión. Parece como si la culpa de que el PP haya pasado de ser primera fuerza política en Álava a obtener cero escaños en las últimas generales fuera de Pablo Casado y no del dúo dinámico Alonso-Maroto (bueno, parte de culpa la tiene Casado por haberlo puesto al frente de una campaña electoral diseñada para pegarse el trastazo).

El dúo dinámico Alonso/Maroto (ya saben: “quisiera ser un eco de tu voz/para poder estar cerca de ti”) parece remar al compás. Yo que tú, Pablo, aceptaba el envite y que se fueran marchando cuanto antes. Chulerías, ni media. Amenazas, ni media. Que vayan soltando amarras estos chicos tan listos de Vitoria y que vuelva el PP que no cree ahogarse en sus principios, que quiere sumar en el proyecto español y que defiende la nación española sin pedirle perdón a D. Sabino. O César o nada, Pablo.

Alonso, boga que boga en el aire, se ha inclinado por el toreo fatuo de salón. Vamos, la nada. Inútil postureo postmoderno en busca del perdón (que nunca llegará) del postnacionalismo (que no existe) para postPP que va a dejar de existir en el País Vasco.

Los obispos catalanes, con el separatismo
EDITORIAL  Libertad Digital 10 Septiembre 2019

Los obispos catalanes se han dirigido este fin de semana a su grey para animarla a participar en los actos organizados por las fuerzas separatistas con motivo de la Diada, día nacional de Cataluña que jamás debió serlo (los partidos constitucionalistas no deben dejar de abogar por su sustitución por la muy cívica festividad de Sant Jordi). Una vez más, los obispos de Solsona y Gerona, junto con el arzobispo de Barcelona (monseñores Novell, Pardo y Omella, respectivamente), han llevado la voz cantante en la conversión de la Iglesia en Cataluña en caja de resonancia de una ideología cainita, basada en el odio y que está dinamitando la convivencia en el Principado. Todo muy católico.

En sus hojas parroquiales, los tres pelados reivindicaron este domingo el proceso secesionista y llamaron a sus fieles a convertirse el miércoles en vociferante masa antiespañola. El obispo Novell dice rezar a diario por los golpistas presos; el obispo Novell hasta ha tenido la indecencia de utilizar a la Virgen en su infame agitprop radicalmente anticatólico, pues en su día afirmó que, al haber nacido en "un país ocupado y oprimido" y sido "emigrante por motivos políticos", María sabía perfectamente "lo que significan las esteladas". En cuanto al Pardo obispo de Gerona, se ha mostrado partidario de un referéndum de autodeterminación para –ha afirmado, sin vergüenza– "conocer lo que deseamos los ciudadanos", mientras que el arzobispo Omella cree que los despliegues supremacistas propios de la Diada representan "un ideal cristiano más necesario que nunca", porque –miente sin el menor sonrojo– suponen "una invitación a descubrir todo aquello que compartimos y que nos une".

Esto es lo que da de sí la Iglesia católica en Cataluña; una Iglesia que se desangra espiritualmente hablando y, en consecuencia, sin fieles pero implicada de hoz y coz en un movimiento político liberticida que está convirtiendo el Principado en un erial. El clero separatista es una vergüenza para la Iglesia, de cuya vocación universal hace escarnio con su imperdonable apuesta por el sectarismo supremacista, tan corrupto en todos los órdenes.

Ya es hora de que el papa Francisco, tan lenguaraz cuando le interesa, ponga en su sitio a unos personajes que están haciendo un daño tremendo a Cataluña y a la propia Iglesia, donde tan altas responsabilidades detentan.


 


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