AGLI Recortes de Prensa   Viernes 13  Septiembre 2019

El CIS convierte al PSOE en el partido único
OKDIARIO 13 Septiembre 2019

En la reciente historia democrática no hay un caso de manipulación de la opinión pública más obsceno que el que viene perpetrando el CIS que preside el socialista José Félix Tezanos, una máquina de propaganda electoral pagada con el dinero de todos los españoles y que no tiene más empeño que lograr la perpetuación de Pedro Sánchez en el poder. Siempre al quite para favorecer los intereses de su jefe, Tezanos teje y desteje a su antojo para configurar un escenario en el que el PSOE aparece como una suerte de partido único y las demás formaciones políticas se sitúan a años luz del socialismo, peleando por las migajas de un banquete en el que Sánchez engorda siempre en detrimento de sus adversarios.

Obviamente lo que pretende el CIS es generar un estado de opinión en la sociedad española, condicionar las decisiones políticas e influir chuscamente en el resultado electoral. La última encuesta conocida, realizada antes del fracaso de la investidura de Sánchez, otorga al presidente en funciones un triunfo rotundo en el caso probable de que haya que volver a las urnas: un 32,2 % de los votos, casi 20 puntos de distancia sobre el PP.

Con esos porcentajes, el PSOE obtendría una holgada mayoría absoluta, muy cerca del récord histórico de 202 escaños de Felipe González. Las aviesas intenciones de Tezanos, que en cada encuesta aplica el método que más le interesa en función de lo que le sea más rentable a Sánchez, consisten en dibujar una falsa realidad política para que los españoles se rindan a la evidencia de unos datos presuntamente científicos. Muy en la línea de lo que hacía Goebbels en la Alemania nazi cuando aplicaba el llamado "principio de la unanimidad" para crear la idea de que todo el mundo pensaba lo mismo.

El CIS sigue la misma línea de trabajo. Y no parará hasta que Sánchez y el PSOE consigan el 100% de intención de voto.

Otro plagio más: una vergüenza de Pedro Sánchez; otra de Manuel Cruz
EDITORIAL ESdiario 13 Septiembre 2019

El presidente del Senado plagió, de manera descarada, un manual de Filosofía que probablemente tuvo además un uso comercial en sus aulas, según esa controvertida costumbre de "recomendar" a los alumnos la adquisición de los libros de texto que el catedrático de turno ha escrito.

No es discutible la copia literal de párrafos enteros de distintos autores, sin ser citados en ningún caso, tal y como ha demostrado el diario ABC con una prolija e incontestable documentación que cualquier, con un mínimo de decencia intelectual, debe confirmar.

Se podrá debatir sobre la gravedad y las consecuencias de estos comportamientos, pero no sobre los hechos en sí, incontrovertibles e inapelables: el presidente del Senado hizo algo académicamente repudiado, y tal vez obtuvo con ello algún tipo de beneficio.

Sánchez plagió su tesis y además mintió para fabricarse una coartada. Y el presidente del Senado, también

Algo que ya ocurrió con el propio presidente en funciones, protagonista de una escandalosa tesis copiada de forma descarada, convertida luego en libro y finalmente tapada con una vergonzosa coartada fabricada desde la propia Moncloa, con recursos públicos y mentiras que ESdiario desmontó documentalmente.

La Moncloa mintió para tapar el plagio de la tesis Pedro Sánchez
En el caso de Sánchez, el rédito de esa falacia fue además enorme: habilitarse como doctor, lo que le permitirá algún día si lo quiere disponer de una carrera universitaria bien retribuida.

La desfachatez extrema
Los plagios de Sánchez y de Cruz son un hecho, y se han cometido desde unas siglas que accedieron al poder por una supuesta necesidad de regeneración ética y democrática a la que apelaron para contradecir a las urnas e impulsar una controvertida moción de censura.

Al presentarla, el líder socialista tuvo la desfachatez incluso de referirse a la dimisión de un político alemán por plagiar, como ejemplo del listón de exigencia que él mismo se impondría.

La complicidad mediática, inexistente con casos tan graves pero no más que éstos como el de Cifuentes, y la insólita torpeza de PP y Ciudadanos para colocar este asunto en el epicentro de la vida política española, han hecho el resto: se puede plagiar y lograr así un beneficio, siempre y cuando se haga en nombre de las siglas correctas. Tristísimo.

Tesis Pedro Sánchez
Las 5 preguntas clave sobre la tesis plagiada de Sánchez que siguen sin respuesta un año después
Segundo Sanz okdiario 13 Septiembre 2019

Un año después de que estallara el caso de la tesis doctoral plagiada del presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y de que éste amenazara con querellarse contra OKDIARIO, Abc y El Mundo por publicar informaciones sobre este fraude académico, hay sobre la mesa cinco preguntas clave a las que ni el líder socialista ni la Universidad Camilo José Cela (UCJC) han dado respuesta. Tampoco lo han hecho ni su directora de tesis, Isabel Cepeda, ni el tribunal amigo que lo evaluó. Su entorno de aquella época también guarda silencio sepulcral, como es el caso de Carlos Ocaña, asesor del entonces ministro de Industria, Miguel Sebastián, y coautor con Sánchez del libro ‘La nueva diplomacia económica española’ (Editorial Delta, 2013), con contenido idéntico al de su tesis.

Pese a que la oposición pidió explicaciones a Sánchez en el Congreso de los Diputados e incluso llegó a constituirse una comisión de investigación en el Senado a instancia del PP (no pudo acoger ninguna comparecencia al producirse el adelanto electoral), el secretario general de los socialistas nunca ha dado la cara en sede parlamentaria sobre los plagios en su tesis, más allá de mentir hace ahora un año cuando dijo al líder de C’s, Albert Rivera, que dicho trabajo estaba accesible en Teseo y, en realidad, no era así.

OKDIARIO formula aquí las cinco grandes incógnitas sobre la tesis ‘fake’ de Sánchez, presentada a finales de 2012 bajo el título ‘Innovaciones de la diplomacia económica española: análisis del sector público (2000-2012)’, que aún no han sido resueltas:

1) ¿Planearon Sánchez y Ocaña publicar primero el libro sobre diplomacia económica? ¿Se valió el líder socialista del material privado que en dicha tarea habían recabado del Ministerio de Industria para luego elaborar su tesis?
Hay varios indicios que abonan esta idea. Uno de ellos es, por ejemplo, como ha publicado OKDIARIO recientemente, que Sánchez llegó a registrar su polémica tesis doctoral con un título distinto al que luego empleó para la presentación y defensa de la misma. Así lo ha revelado la wiki SánchezPlag, espacio colaborativo de internautas, a partir de un trabajo de 2015 del investigador Manuel Blázquez Ochando que recuperó fichas incompletas de tesis doctorales procedentes de la base de datos TESEO.

En concreto, ese título distinto que llegó a registrar Sánchez fue ‘La UE: ejemplo de integración económica regional’. Como directora ya aparecía Isabel Cepeda, y como descriptores temáticos: "Economía del área europea" y "Economía sectorial". En cambio, la tesis defendida fue sobre diplomacia económica y el descriptor que figura en su ficha es "Economía Internacional".

2) ¿Cuándo aplicó Sánchez a su tesis los programas anti-plagio que esgrimió el Gobierno para negar que hubiera plagio? ¿Qué licencias de software utilizó? ¿Y dónde están esos informes?
Moncloa reaccionó rápido para desmentir el plagio de Sánchez y decir que sólo hay "coincidencias" con los documentos originales al 13% según el programa Turnitin y al 0,96% según PlagScan. Sin embargo, esta maniobra presentó importantes lagunas. Por ejemplo, se desconoce cuándo realizó Sánchez tales chequeos a su tesis. No hay certeza de si fue tras la dimisión de la ministra de Sanidad, Carmen Montón, días antes por plagiar su TFM o con el ‘Tesisgate’ del presidente ya en la prensa. Tampoco se sabe cómo puso usar Sánchez tales programas antiplagio, puesto que estas herramientas no conceden licencias "privadas". Y lo más significativo, Presidencia nunca ha mostrado los informes de esos chequeos (¿se usaron recursos públicos?), que siempre van a dar un porcentaje de plagio inferior al real puesto que no acceden a documentos reservados (esto es, que no son públicos), como material del Ministerio de Industria fusilado en la tesis de Sánchez.

OKDIARIO efectuó el mismo examen que teóricamente llevó a cabo La Moncloa con el programa Turnitin y el resultado fue que el porcentaje de contenido copiado no es del 13% sino del 16%. Por su parte, la firma alemana PlagScan emitió un comunicado en el que elevó esas coincidencias a un 21%. ¿No es suficiente plagio para Sánchez dimitiera? En Alemania, sí.

Por ejemplo, Sánchez copió párrafos enteros de un discurso del entonces ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, pronunciado el 6 de junio de 2011. El actual jefe del Ejecutivo no entrecomilló ese discurso y lo presentó como si fuera una investigación propia al referirse a los "principios básicos" del nuevo Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX). Sánchez se limitó a poner una nota al pie, que luego recogió también en la bibliografía.

3) ¿Quién o quiénes como responsables académicos de la UCJC dieron el visto bueno al trámite y la defensa de la tesis?
La Universidad Camilo José Cela de Madrid (UCJC) rechaza hacer públicos los nombres de las personas que autorizaron tanto lectura de la tesis ‘fake’ de Sánchez como la composición del tribunal amigo. La Institución Educativa SEK, propietaria de la universidad, se niega a indicar qué expertos formaron parte de los filtros académicos por los que pasó la tesis antes y después de su depósito en octubre de 2012.

Tras interesarse OKDIARIO por tales filtros académicos, al margen de la directora de la tesis, Isabel Cepeda, y los componentes del tribunal que le dieron apto ‘cum laude’, la contestación de la Camilo José Cela ha sido la de no arrojar luz alguna en otro ejercicio de transparencia cero. "La UCJC dio respuesta a este asunto, basándose en toda la documentación existente en la Universidad, confirmando que el proceso de evaluación, interno y externo, de la tesis del doctor Sánchez Pérez-Castejón del año 2012 se produjo de acuerdo a la normativa vigente y a los protocolos de verificación y control habituales en el ámbito universitario", señaló la institución a este periódico recientemente.

Nadie de la UCJC ni ninguno de los autores plagiados se ha dignado a pedir a la institución académica que sea revisada estas tesis, donde la wiki (espacio colaborativo) denominada SánchezPlag —primer apellido del presidente del Gobierno y diminutivo de ‘plagiarism’, plagio en inglés— ha detectado que al menos el 51,9% de la tesis doctoral del jefe del Ejecutivo está plagiado o contiene errores, según la investigación online que publicó OKDIARIO.

4) ¿Por qué tuvo Sánchez bloqueada al público su tesis doctoral durante seis años?
Desde que presentó y defendió este trabajo a finales de 2012 hasta que estalló el ‘Tesisgate’ en septiembre de 2018, Sánchez mantuvo su tesis doctoral bajo siete candados. Sólo se podía consultar presencialmente en la biblioteca de la Universidad Camilo José Cela y bajo su autorización expresa. El hecho de tener tanto recelo a hacerla pública es indicativo de que esta tesis no era una investigación relevante que aportara nuevos conocimientos. Sánchez debió ser consciente de ello y nunca quiso que su publicación —el libro fue la coartada— truncara su proyección política, siendo entonces un perfil que empezaba a ser tenido en cuenta para el futuro del Partido Socialista.

Entre otros expertos, el economista y ex presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) Manuel Conthe hizo en declaraciones a OKDIARIO un análisis especialmente demoledor de la tesis de Sánchez: "Desde un punto de vista científico, la tesis parece superficial, banal e inane. Se comprende que Pedro Sánchez haya querido mantener su tesis en secreto: no solo por la infinita mediocridad intelectual que sus conclusiones rezuman; sino también por su tono acrítico y laudatorio".

5) ¿Por qué se tapa el presunto delito de plagio que hay en el libro-tesis de Sánchez y Ocaña por fusilar una conferencia del diplomático español Manuel Cacho?
El diario El País publicó el 20 de septiembre de 2018 la siguiente noticia: “El libro de Pedro Sánchez y Carlos Ocaña copia párrafos de la conferencia de un diplomático”. El subtítulo fue: “La Moncloa sostiene que se trata de ‘un error involuntario’ y los coautores se comprometen a subsanarlo en el plazo más breve posible".

Pero aquí lo mollar: Sánchez y Ocaña copiaron sin entrecomillar ni citar la fuente original decenas de párrafos de cinco de las siete páginas de una conferencia que el diplomático español Manuel Cacho pronunció en un simposio de la Universidad Camilo José Cela (UCJC) el 25 de febrero de 2013. En total, citan sin referir 454 palabras.

De los otros cinco copiados que hay en el libro-tesis, la versión de Moncloa, según recogió el rotativo de Prisa, fue que "todo está en orden" porque eran documentos o intervenciones de instituciones del Estado y "no generan derechos de autor por no tener la consideración de obras, ya que son de uso público al formar parte del debate político".

Sin embargo, el plagio de Sánchez y Ocaña a Manuel Cacho si es materia de delito, a tenor del fallo del Tribunal Supremo en abril de 2019 que archivó la querella de Vox en relación a la tesis del líder socialista.

El Alto Tribunal, que apuntó a la Camilo José Cela para que ésta salga de su inacción, esgrimió que "la mayor o menor originalidad de una tesis, su valor dogmático y, en fin, lo verdaderamente innovador de su contenido, son cuestiones que han de ser evaluadas en el ámbito académico y totalmente ajenas al Derecho Penal". El Supremo se basó en que no se le puede aplicar el delito de plagio (contra la propiedad intelectual) porque no hubo intencionalidad de lucro por parte del autor con la tesis doctoral. Pero, ¿y al libro?

Sociedad civil: la última etiqueta
Miguel Ángel González.vozpopuli  13 Septiembre 2019

Tomarle el pulso a un ente abstracto, como esa etiqueta de 'sociedad civil', ha sido el ejercicio de márketing político de este verano

Bueno, pues en el verano fabricaron y difundieron una nueva etiqueta: sociedad civil. Dicen que la oficina de propaganda del actingPresident, que a este paso va a ser acting de por vida, se las sabe todas en la creación de eslóganes. Desde que se ha admitido, casi sin excepción, que el lenguaje crea la realidad, una especie de renovado nominalismo marca el devenir de este tiempo. Eso ya lo sabe, y lo padece, todo el mundo, con ese prestigio tenaz de eufemismos, neologismos y circunloquios con que tapar la incomodidad de la palabra vieja, tan poco connotativa.

También en España se progresa adecuadamente, y el primero el gobierno. Aquel Zapatero, nunca suficientemente denostado, hizo mucho por imponer a su alrededor ?un alrededor que llegaba a todo el país? la manipulación nominal de las cosas. Este Sánchez, y casi con él la recua entera del espectro político, no le va a la zaga. Uno está con los tiempos. Este Sánchez, en realidad, es todo él un nombre, una etiqueta.

El hombre/etiqueta no dice frases que expliquen un pensamiento, sino que se limita a hablar con consignas y cartelitos. Uno de los últimos, y mira que ya casi se ha pasado, ha sido sociedad civil. El sintagma se las trae, porque ya en sí mismo es un pleonasmo, con que empezamos bien. El adjetivo civil aplicado a sociedad cumple una función de epíteto, como decir nieve blanca, hierba verde y esas cosas literarias. Un derroche tonto. Pero a la oficina presidencial de propaganda, con un Iván Redondo a la cabeza, le pareció un hallazgo. Se decía que el presidente Sánchez tenía que tomar el pulso a la sociedad civil para montar un programa de gobierno que proponer al partido Podemos y, a su través, a la sociedad votante. Porque, ahora vamos cayendo, la sociedad civil de Sánchez no es la sociedad votante, aunque pueda parecerlo. En la sociedad votante hay mucho indeseable que no es sociedad civil ni de lejos. Y ser sociedad civil te da derecho a un pensamiento, una sonrisa angulosa, una mirada del gran dirigente.

Por eso el sintagma de marras no nace inocente. En el pleonasmo lleva su marca discriminatoria: el presidente se reúne con la sociedad civil, con los buenos, porque lo que no cubre la locución es sociedad no civil, es decir, todos aquellos que no me quieren. Cuando a un término totalizador se le pone un adjetivo se crea de inmediato una exclusión a través de un matiz trampa.

Ese civil no es humo de pajas, por tanto, sino una forma de señalar que el presidente quiere oír a los suyos y que, por tanto, gobernará para los suyos, para esa parte de la sociedad que lo merece. Las audiencias presidenciales, entonces, son actos de discriminación, de exclusión social, que al tiempo sirven de advertencia y admonición a la izquierda montaraz: si queréis estar conmigo, tranquis y a obedecer, como los demás; si no, arrasaré con todos en nuevas elecciones, cuando la sociedad civil se haya hecho ya mayoritaria.

La fábrica de etiquetas está a pleno rendimiento, y esta que nos ocupa ha sido la reina del verano. El presidente la ha puesto en práctica sin que se sepa muy bien cómo ni nadie lo haya explicado de alguna manera. Las audiencias con una claque misteriosa se han sucedido por diferentes sitios, como si los miembros de esa sociedad civil formasen una suerte de logia capaz de mostrar las necesidades de un país entero.

La cosa se ha ido celebrando, pues, medio en secreto, sin que apenas nadie se haya ocupado de indagar qué se hacía ahí. Y los periodistas los que menos. El periodismo, de suyo perezoso, está alcanzando cotas de desidia extrema con este nuevo mundo conectado. A nadie le interesa ir en persona a ver qué pasa, porque ya habrá alguien de por allí que nos teclee alguna frase que poner luego en un titular. Así pasaba, de hecho, con las reuniones a dos bandas de mister President. Los medios se han limitado a reproducir, medio bostezando, que estaba haciendo reuniones por España para tomar el pulso de la sociedad civil.
Una metáfora ridícula

Y casi nadie, ni de la civil ni de la incivil, se preguntaba por la naturaleza de esas reuniones, por el significado concreto de esa metáfora ridícula de tomar el pulso a un ente abstracto. No se preocupaba la gente, que andaba en los hoteles, como para preocuparse los periodistas, que bastante tienen con leer las redes sociales para ver qué hay que poner.

Al final, claro, la etiqueta ha sido un exitazo: todos sabemos ya que Sánchez no ha perdido el tiempo, que se ha pasado el verano (más allá de los votos, a quién le importan los votos) consultando a la gente, que ha conocido de primera mano lo que la gente necesita y que, coño, podemitas, ¿cómo no vais a apoyar gratis a quien ya sabe de memoria cómo gobernar este país? Definitivamente habéis perdido el contacto con la realidad. La próxima vez me suplicaréis una portería.

(Traducción del alemán de Carlos X. Blanco)
La dictadura de las buenas intenciones
DAVID ENGELS  latribunadelpaisvasco.com 13 Septiembre 2019

(...) Perdidos entre la obsolescencia del pasado y el descrédito de la modernidad, es probable que la parálisis de la UE y de los Estados nacionales y el crecimiento de los factores de crisis aumenten hasta el punto de que la implosión ya no pueda evitarse. La inseguridad jurídica, los disturbios violentos, el declive económico, el empobrecimiento y la inseguridad política estarán entonces probablemente a la orden del día hasta que sólo la violencia pueda restaurar la paz y el orden. Tal vez Occidente necesite, tal vez quiera, una cura así de drástica para darse cuenta una vez más de que no todo es negociable después de todo: que más allá de las frases bonitas y los compromisos perezosos hay verdades que no se pueden ignorar, como la familia, los amigos, la lealtad, la valentía, la confianza, el deber, la responsabilidad (...)

[Img #16320]En medio de la crisis más profunda de la República Romana, Cicerón escribió: "Por nuestros errores, no por ninguna desgracia, conservamos la palabra Estado, pero hace tiempo que perdimos su sustancia" . Esta cita siempre me ha conmovido profundamente, porque refleja nuestra sensación contemporánea. De hecho, el mundo europeo está atravesando su peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial, y el hecho de que el Tratado de Roma celebrara su LX aniversario en 2017 debería ser más motivo que nunca para hacer un balance crítico de la unificación europea y de las fuerzas espirituales que la sustentan. Como belga multilingüe que creció a la sombra de la antigua ciudad imperial de Aquisgrán, no puedo dejar de confesar mi europeísmo sin restricciones y acoger con alegría la unificación europea como un proceso históricamente esperado. Sin embargo, por esta misma razón, siento una obligación especial de abordar abiertamente la profunda preocupación con la que veo la evolución actual. La crisis de Europa no se basa en el desempleo masivo, los refugiados, la deuda nacional, la reducción de la población, la globalización, la miseria de la educación, la tecnocracia o la obsolescencia, como puede leerse según las preferencias políticas de los partidos; se trata, en estos casos, de fenómenos puramente superficiales. La crisis de Europa se basa en una actitud espiritual que ha reinterpretado, erosionado y desacreditado los valores de nuestro continente con el pretexto de llevarlos a la victoria en todo el mundo. La unificación europea no frenó este desarrollo, sino que lo aceleró al no definirse a sí misma como la guardiana de la unidad de Occidente como una comunidad espiritual y cultural del destino, sino al desacreditarla a largo plazo reduciéndola a intereses puramente económicos y tecnocráticos. Para decirlo sin rodeos: la UE ha unido a Europa, pero ha abolido Occidente.

Hoy cosechamos los frutos de este proceso: la nueva Europa también está en su fin; un fin que, sin embargo, no tiene los rasgos de un trágico hundimiento en el fuego y la muerte, sino más bien de un declive democrático promovido por el Estado: un abandono mental acelerado por la política educativa, una crisis permanente firmemente establecida por nuestro sistema económico y un empobrecimiento espiritual inducido por el materialismo y la arrogancia. Deterioran la voluntad y la indignación hasta un punto tal en que es demasiado tarde para evitar el colapso interior. La falsa complacencia del "último hombre", como Nietzsche lo describió con asco, y Fukuyama con admiración, puede ir seguida de una rebelión final. Sus primeros síntomas aparecen en todas partes en forma de "populismo", no muy diferente éste al de la caída de la República Romana en el siglo I a.C. Pero al mismo tiempo que la mentalidad actual, también el último remanente de democracia que queda, también caerá. Si uno pregunta a un europeo contemporáneo qué logros asocia mentalmente con la UE, probablemente se referirá a la paz, la prosperidad y la movilidad; tres valores que se convirtieron en los principales pilares del proceso de unificación europea con el Tratado de Roma en 1957 y la fundación de las Comunidades Europeas. No se debe negar que estos son componentes importantes de todo orden social, pero una mirada más atenta revela una imagen bastante cuestionable de esta supuesta historia de éxito.

En cuanto al cumplimiento de la exigencia "Nunca más guerra", esto parece comprensible después de dos guerras mundiales, pero como cemento de la unificación europea es harto pobre en la medida en que el rechazo colectivo de la violencia es sólo una variable negativa, no positiva. Todavía está muy lejos de una voluntad compartida para crecer juntos, y es muy cuestionable hasta qué punto la Europa "pacífica" del siglo XXI está mental y culturalmente más unida que la Europa belicosa del siglo XVIII. También esto requiere un considerable olvido histórico para responsabilizar a las instituciones europeas de setenta años de paz: la paz de Europa vino menos de la voluntad libre de los destrozados Estados-nación de "renunciar" a la guerra que de la Guerra Fría de cincuenta años entre la OTAN y el Pacto de Varsovia con su potencial de escalada nuclear. Incluso después de la caída del Muro de Berlín, la UE seguía careciendo de pruebas de su capacidad en materia de política exterior: ni la guerra en Yugoslavia ni la guerra civil ucraniana, ni el colapso de los estados vecinos islámicos pudieron ser controlados.

En cuanto a la prosperidad de Europa, también surgen dudas sobre si la actual primacía de la economía sobre el espíritu es realmente deseable y hasta qué punto setenta años de prosperidad fueron realmente el resultado de una planificación inteligente. Ni la gestión del potencial de reconstrucción de la posguerra ni la reaparición del desempleo con la saturación de la demanda se convirtieron en el punto de partida para una reflexión fundamental sobre la distribución de la vasta riqueza creada por el progreso tecnológico. La polarización entre ricos y pobres se enmascaraba simplemente por el aumento del gasto social financiado por la deuda, mientras que la existencia del socialismo obligaba a mantener la "economía social de mercado". Después de 1995, esta fachada ya no era necesaria, y de repente surgió la petición de medidas de austeridad, de una mayor movilidad del capital, de una relajación de los acuerdos salariales, con el resultado de que el desempleo en Europa alcanzó niveles récord, la política presupuestaria ya no protegió a los ciudadanos, sino que transfirió la propiedad general a las manos de las grandes empresas, y ya era sólo cuestión de tiempo antes de que la próxima crisis financiera destructiva golpeara a Europa.

Por último, en lo que respecta a la movilidad, se perdieron más oportunidades de las que se aprovecharon. La posibilidad de reunir a personas con economías de bajos ingresos y generadoras de ingresos a través de la movilidad laboral habría brindado oportunidades sin precedentes no solo para proporcionar un equilibrio material, sino también para tomar conciencia de la diversidad cultural y la solidaridad de Occidente. Pero el trasfondo de estas medidas no era el interés de Europa, sino sólo de las élites. La "globalización" multicultural de la externalización de la industria a Asia y la importación -materialmente justificada- de refugiados económicos de los países islámicos próximos demostraron que la "movilidad" no trataba de reforzar la idea europea, sino que se trataba más bien de la mayor explotación posible de los derechos laborales y de votos. Es precisamente esta remodelación cultural del continente, que se ha producido en un tiempo relativamente corto, lo que ha llevado al actual cuestionamiento fatal de nuestro sistema político y de sus valores fundamentales, más aún que la pobreza y la guerra permanente.

Por lo tanto, la paz, la prosperidad y la movilidad no están en su mejor momento. Pero incluso si no fuera así, no dirían nada sobre la naturaleza moral, política o espiritual de la UE en términos puramente materialistas: la dictadura militar romana también garantizó la paz interna; el despótico imperio mongol también hizo posible una gran movilidad interna; la China comunista también se esfuerza por aumentar la prosperidad de sus habitantes. Pero, ¿no puede la disposición a la guerra y al abandono en favor de los valores ideológicos ser moralmente superior a la cobardía de mirar hacia otro lado en favor de la "paz mundial"? ¿No puede la paz social de un Estado pobre pero solidario ser más duradera que la envidia omnipresente de la sociedad de consumo desaforada? ¿No puede ser que el habitante nómada de la metrópolis sólo encuentre la soledad, mientras que muchos aldeanos llevan una vida en la que se realizan de forma segura?

La verdadera identidad de una comunidad no deriva de sus objetivos materiales, sino más bien, como ya reconoció Montesquieu, del espíritu que la mueve. Este espíritu parece haberse vuelto cuestionable hoy porque se ha alejado de sus raíces culturales y espirituales. Culturalmente, porque los tiempos en que los europeos se veían a sí mismos en una continuidad ininterrumpida con las tradiciones centenarias de Occidente ya han pasado. En el mejor de los casos, la historia se percibe como una carga anticuada que sólo los "perdedores de la modernización" reaccionarios pueden invocar. En el peor de los casos, se trata de un conjunto de atrocidades por las cuales no hay disculpa suficiente, incluso después de tres generaciones. De la identidad colectiva que una vez estuvo garantizada por la historia, sólo queda la culpa colectiva. Por ello, la UE se define a sí misma sólo como un Estado universal culturalmente independiente y puramente geográfico. La alienación espiritual proviene del hecho de que la extinción del cristianismo y la reducción de cualquier forma de espiritualidad a un asunto privado en nombre del secularismo, en última instancia, reemplazan todo valor absoluto con la relatividad de la negociación permanente. Esto sólo aparentemente garantiza una configuración libre e imparcial de la sociedad. En realidad, degrada cualquier valor moral a un vacío semántico. ¿Qué significa el imperativo kantiano tan a menudo invocado por la UE, según el cual sólo esas máximas deberían convertirse en directrices individuales que, al mismo tiempo, podrían convertirse en ley general, si las minorías autoproclamadas imponen su voluntad a la mayoría y muchos ciudadanos ya no son capaces de ver a través de la presión social y de los medios de comunicación cuando el supuesto interés general viola realmente su dignidad? Así, en las últimas décadas hemos tenido que experimentar un confuso y dramático vaciamiento del significado de todos los conceptos en los que se ha basado nuestra sociedad: las fronteras entre la izquierda y la derecha se han desdibujado por un compromiso con el orden mundial liberal dictado por la supuesta "coerción" [angeblichen «Sachzwang»]. Allí, el debate político entre el centro y el extremismo ha degenerado en un rompecabezas de significados ambiguos, donde fundamentalistas de todo tipo se estilizan como garantes de la tolerancia, la igualdad y la democracia. Al mismo tiempo, se acusa a las fuerzas del "medio" -no siempre sin justificación- de establecer una dictadura de buenas intenciones.

En vista de esta renovada confirmación de la "dialéctica de la ilustración", ¿qué significa el comienzo de la fase álgida del Tratado de Lisboa: "Los valores en los que se basa la Unión son el respeto de la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, el Estado de Derecho y el respeto de los derechos humanos...] en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres"? El fanatismo de todo tipo se reinterpreta en Europa como un acto de tolerancia a prueba; el declive del sistema educativo se convierte en un triunfo de la igualdad social; la autoridad aceptada de las formas patriarcales de opresión deviene autodeterminación feminista; el enriquecimiento intolerable del mundo financiero está para estimular adecuadamente a los "emprendedores"; la vigilancia electrónica se entiende como un muro de protección contra el terrorismo; y esto mismo suele convertirse en un caso particularmente lamentable; la democracia, en cuanto va más allá de los meros actos de aclamación, se convierte en un "peligro" populista; la provocación en el arte y la educación se asimila al elitismo; los procesos de apoteosis del Estado de derecho se prolongan durante décadas; el vandalismo se asimila a la crítica legítima del presunto Estado policial; los controles fronterizos se entiende que están para atentar contra la dignidad humana; los pobres y los desempleados van entenderse como los perdedores de la globalización; el declive de la población se debe a pagos por culpabilidad histórica; la evasión de impuestos se entiende que es para fomentar el desmantelamiento del Estado de bienestar; y la creación de guetos se entiende como un canto al pluralismo y la cultura de la acogida. Los partidos nacionalistas hablan de Occidente, los partidos cristianos ponen a los musulmanes profesantes en sus listas, los partidos socialistas fortalecen el orden mundial ultraliberal y los partidos comunistas hablan en contra de la alienación. Pero todos se insultan entre sí llamándose fascistas y mentirosos. ¿Qué le queda al ciudadano más que el cínicamente resignado "Qué es la verdad" de un Poncio Pilatos? Esta situación no puede ser permanente. En este momento, el deseo de puntos fijos de pensamiento firmes y universalmente válidos busca una primera expresión en la peligrosa exuberancia del extremismo, el fundamentalismo, el populismo, Brexit, crisis del euro, inmigración masiva. Elecciones en Francia y Alemania - el choque entre el mundo político, que se avecina en 2017 [N. del T.: el artículo original en alemán es de 2017] será duro y permanecerá indeciso durante muchos años. Así como el sistema actual es insostenible, el mundo supuestamente ideal, en el que Europa y el cristianismo eran sinónimos, ha pasado a ser irrepetible. Perdidos entre la obsolescencia del pasado y el descrédito de la modernidad, es probable que la parálisis de la UE y de los Estados nacionales y el crecimiento de los factores de crisis aumenten hasta el punto de que la implosión ya no pueda evitarse. La inseguridad jurídica, los disturbios violentos, el declive económico, el empobrecimiento y la inseguridad política estarán entonces probablemente a la orden del día hasta que sólo la violencia pueda restaurar la paz y el orden. Tal vez Occidente necesite, tal vez quiera, una cura así de drástica para darse cuenta una vez más de que no todo es negociable después de todo: que más allá de las frases bonitas y los compromisos perezosos hay verdades que no se pueden ignorar, como la familia, los amigos, la lealtad, la valentía, la confianza, el deber, la responsabilidad.

Pero la sociedad que emerge de esos tiempos de crisis tendrá poca semejanza con nuestro mundo de hoy. Si la UE se desintegrará primero y luego se reconstituirá como el "núcleo de la UE" alrededor de Alemania y sus estados vecinos subordinados, o si continuará su actual cambio de poder de Bruselas a Berlín con algunas pérdidas como Gran Bretaña o Grecia, es en última instancia tan irrelevante como la cuestión de si los populistas llegarán a un acuerdo con las élites o si las élites serán populistas. A pesar de contar una constitución libre y democrática mantenida externamente, nuestro orden de Estados pronto será cosa del pasado. Será sustituido por un Estado autoritario paneuropeo. Uno puede (y lo hará sin duda) lamentar esto. Pero para hablar con Tito Livio, cuya relevancia sólo puede ser apreciada hoy en día, vivimos en un tiempo en el que "no podemos soportar ni nuestros vicios ni los remedios".

******************* Sección "bilingüe" ***********************

El Gobierno progresista que quieren los españoles
Juan Francisco Martín Seco republica 13 Septiembre 2019

Al grito de “Dios lo quiere” se inició la primera cruzada, y con ella los múltiples excesos y barbaridades cometidos por los países católicos en el intento de conquistar lo que llamaban Santos Lugares. El “Dios lo quiere” los acompañó en todas las contiendas. En general, es una constante en todas las religiones hacer a Dios portador de la ley; poner en su boca lo que se desea que el pueblo acepte. En ocasiones, el resultado ha sido positivo. Se trataba de convertir las reglas necesarias para la convivencia en preceptos divinos para que así la conformidad fuese más fácil y generalizada. En otros casos, los efectos han sido extremadamente perniciosos al justificar las mayores atrocidades en nombre de Dios.

En nuestras sociedades secularizadas se ha producido una traslación. El Dios lo quiere se convierte en el pueblo lo quiere, la sociedad lo quiere, la nación lo quiere, Cataluña lo quiere. Todos los nacionalismos se arrogan ser ellos solos, y solo ellos, los representantes de todo el pueblo. Ya Pujol hace treinta y cinco años en la plaza de Sant Jaume se envolvió en la señera para identificarse con Cataluña y escapar así de la acción de los tribunales. Convirtió la actuación de la justicia por una vulgar estafa, la de Banca Catalana, en un ataque del Estado a Cataluña.

Esta postura se ha venido repitiendo durante todos estos años en Cataluña. Se puede cometer todo tipo de tropelías siempre que el objetivo sea la independencia. Esta es la diferencia fundamental de la corrupción en esta Comunidad con la que se produce en el resto de España. En cualquier otro sitio la desviación de caudales públicos no admite justificación, es condenada siempre por la opinión pública, aun cuando el que la cometa no se haya lucrado personalmente y lo defraudado sea para el propio partido o para propagar una determinada ideología. En Cataluña no. Se justifica hasta el propio enriquecimiento, con tal de que vaya unido a la propagación del independentismo. En los últimos años vemos cómo los golpistas, para justificarse, manifiestan que sus acciones, a pesar de que hayan violado la Constitución, el Estatuto y la ley, y hayan malversado fondos públicos, obedecen a un mandato superior el del pueblo de Cataluña. El pueblo lo quiere.

A Sánchez, de tanto tratar con los independentistas, se le ha pegado algo de esta actitud cuasi mágica. Y él y sus mariachis para presionar a los otros partidos de cara a la investidura no dejan de repetir que el Gobierno de Pedro Sánchez es el que “los españoles quieren”. Postura de una gran jactancia, y que de ninguna manera se deduce de los resultados de las elecciones generales. Los colectivos no votan, votan y manifiestan sus preferencias las personas, preferencias muy diferentes y a menudo antagónicas, tanto más en los momentos actuales en los que se ha roto el bipartidismo y existe mayor pluralidad en el espectro político.

A tenor del resultado de las elecciones generales, Pedro Sánchez podría afirmar con cierta razón que ese gobierno, el que formaría en solitario, lo quieren el 26,68% de los españoles que acudieron a las urnas, que son los que les han votado. Ir más allá es presunción e impostura, porque en el otro extremo se encuentran Ciudadanos y el PP, que han obtenido el voto del 32,56%, y no creo que estos votantes quieran precisamente el Gobierno de Sánchez. Si el gobierno fuese de coalición con Podemos podría dar un paso más y afirmar que es el gobierno que en principio quieren el 42,99% de votantes, aunque no convendría olvidar que a Ciudadanos, PP y Vox les ha votado el 42,82, lo que indica hasta qué punto se encuentra dividida la sociedad, hasta qué extremo está fragmentado el “querer de los españoles”.

Paradójicamente, el desempate en los momentos actuales está en manos de los golpistas y separatistas y la victoria es de quien esté dispuesto a aceptar su apoyo. Ello fue lo que ocasionó que Pedro Sánchez con 88 diputados se hiciese con el gobierno y expulsase a Rajoy, que contaba con 133. Y eso es también lo que hace que ahora Pedro Sánchez acaricie la investidura, siempre, claro está, con permiso de Podemos. Ese gobierno progresista del que habla Sánchez no se puede decir que sea el que quieren los españoles (solo algunos españoles), pero parece que sí es el que quieren los independentistas, a juzgar por las manifestaciones de Rufián y de Ortuzar. Nadie se muestra más interesado que ellos en que gobierne Sánchez. Por algo será.

Pero precisamente este interés mostrado por los que han dado un golpe de Estado o los que defienden abiertamente el derecho de secesión en España es el que debería poner en guardia y hacer recelar no ya a ese 42,88%, que ha votado a los tres partidos de derecha o centro derecha, sino incluso a algunos de entre ese 42,99% que ha votado al PSOE o a Podemos. ¿Dónde se encuentran todos esos miembros del Comité Ejecutivo Federal del PSOE que condenaban incluso sentarse a negociar con los partidos que defendiesen el derecho a decidir?

El gobierno que propone Sánchez tampoco es progresista. A tenor de las 370 medidas publicadas, yo diría que es más bien populista. El documento es una carta a los Reyes Magos. Es un conglomerado de todas las peticiones presentadas por las distintas asociaciones afines y que han desfilado por la Moncloa. No mantiene una estructura coherente ni fija prioridades. Se puede dar la misma importancia a la reforma laboral o al problema de las pensiones que a las carencias de los bomberos forestales o la subvención a las mujeres para que emprendan carreras técnicas o de ciencias.

El documento no presenta ningún cálculo del coste de las medidas y, en consecuencia, no dice cómo las van a financiar. El capítulo dedicado a los impuestos es pobrísimo, huye de tocar los grandes tributos en los que se basan la progresividad y la suficiencia del sistema -lo que sería impopular- y cifra todo el incremento de los ingresos en la creación de una serie de gravámenes hasta ahora desconocidos y sobre los que existen muchas dudas acerca de su viabilidad, efectos y capacidad recaudatoria, desde luego totalmente insuficiente para financiar el país de las maravillas que describe el documento. Pero eso le preocupa poco a Sánchez, le da lo mismo. Las medidas no están pensadas para ponerlas en práctica. Solo sirven para el postureo, la publicidad y la propaganda de cara a unas nuevas elecciones que es en lo que realmente está interesado. ¿Cómo si no puede decirle a Podemos que no quiere su voto gratis para la investidura, sino un pacto de adhesión incondicional y sin la menor crítica para toda la legislatura?     www.martinseco.es

Crónica de un triste entierro
Jesús Cacho. vozpopuli 13 Septiembre 2019

El procés falleció ayer de muerte natural en las calles de Barcelona. Lo hizo precisamente en la Plaza de España, punto kilométrico cero de la Diada, una metáfora digna de acompañar el final de una epopeya de cartón piedra que tanto daño ha causado a Cataluña y al resto del país, tantos destrozos personales y familiares ha provocado, tantos lazos afectivos ha pulverizado, tanta irracionalidad ha instalado en tanta gente, tanta miseria, tanta pena. El cansancio cristalizó ayer en Barcelona en una manifestación que fue apenas un pálido reflejo de lo acaecido años atrás, nada que ver, desde luego, con aquella impresionante masa que a lo Elias Canetti en septiembre de 2012 deslumbró a Arturito Mas y le animó a subirse en marcha a un tren que creía imparable, llevándole a continuación a disolver el Parlament para reforzar su poder. Sabemos que la noche del 25 de noviembre de 2012 acabó con el Cameron catalán pasando de 62 a 50 escaños (“¡jódete, Arturo!”), en uno de esos históricos revolcones a los que tan merecedores se hacen los falsos profetas.

Hartos de manipulación y engaño. Hastío, indiferencia y asco. Queda todavía mucho fanático en pie, cierto. Quedan los cientos de miles de bocas agradecidas, funcionarios aparte, que viven del régimen clientelar instaurado por Pujol y su Sagrada Familia al inicio de la Transición. Miles de familias que siguen viviendo de esta aventura enloquecida, tipos que siguen controlando el presupuesto, siguen tirando de un dinero público que se resta a políticas de desarrollo y/o a programas de ayudas sociales. Invertir por la patria y olé. Esos, y las decenas de miles de radicales antisistema, la izquierda poscomunista, inesperada compañera de viaje dispuesta a hacerle el caldo gordo a esa “revolución” populista de derechas, ese Movimiento Nacional reaccionario lanzado por una élite conservadora con masía en la Cerdanya, dispuesta a dotarse de Estadito propio con jueces a la carta. Cabecita de ratón. Muchos de esos señoritos convergentes están hoy hasta el gorro, incapaces de soportar un brote más del pegajoso engrudo que los hacedores de patrias huidos a Waterloo y sus maniobras sobre el terreno, patéticos Torras, siguen excretando sin pudor.

Todos hablan ya de “errores”, de “excesos” y de “lo mal que se han hecho las cosas”; todos quieren poner tierra de por medio; todos se apuntan ahora al bando de la “moderación”, cuando hace unos años exponían ufanos su condición de tripulantes de la nave que conducía a la Cataluña nacionalista, contra más de la mitad de Cataluña, hacia la tierra prometida de esa Dinamarca del Sur donde todos nadarían en vino y rosas. La Diada llegaba, por eso, en el peor momento, hasta el punto de que ha sido la parte civil del golpe (Òmnium y ANC) quien se ha encargado de movilizar a la grey, incapaces quienes durante años prometieron que “esta vez sí”, “ahora sí”, de asomar su jeta falsaria al balcón de los delirios colectivos con nuevas promesas de imposible cumplimiento. Lo han hecho aparcando la independencia y tirando de los presos, el único ungüento a mano capaz de mantener prietas las filas, recias, marciales, por la Gran Vía Diagonal van. Los presos, y esa sentencia que llega de Madrid por vía estrecha, el tablón a la deriva al que se aferran los náufragos del prusés.

Más que una manifestación, lo de ayer fue un entierro, el certificado de defunción callejero de un gigantesco engaño que, desenmascarado al fin, llevó a más de la mitad de quienes se manifestaban antaño a quedarse en casa, probablemente víctimas de un irreprimible sentimiento de vergüenza ajena. El “proceso” está muerto, aunque el trampantojo no se vendrá definitivamente abajo hasta que, tras el canto del cisne, rebote del gato muerto, que acompañará la publicación de la sentencia, no se salga de la vía y descarrile en el cruce de intereses que hoy enfrenta a una ERC recrecida con el matonismo de los Puigdemones y sus secuaces, dispuestos desde la distancia a morir con las botas puestas y el estómago lleno. Ese choque de trenes –esta vez sí, choque de trenes- supondrá ir a elecciones autonómicas de las que saldrá una nueva correlación de fuerzas, con ERC como indiscutible fuerza hegemónica dispuesta a gobernar muchos años en alianza con los socialistas del PSC. Con la familia Pujol en casa y con los ricos convergentes de vuelta en sus masías. Con la independencia convertida en un objetivo a muy largo plazo, como la conquista de los cielos para la católica gente de antaño. Business as usual.

Una sociedad muy enferma
Un sociedad sana haría examen de conciencia, reconocería errores, desenmascararía a los vendedores de peines y les condenaría para siempre al ostracismo, dispuesta a caminar de nuevo por la senda de la certidumbre y la razón, esa senda que, con la libertad por compañera, ha propiciado el crecimiento económico y el confort moral a los ciudadanos de los países más avanzados, en el marco de nuestras democracias parlamentarias. Porque siempre he dicho que el de Cataluña (como el del resto de España, por supuesto) es un problema de democracia, de déficit democrático, de pobre calidad de la democracia, carencias que un movimiento xenófobo y supremacista como el separatismo ha exacerbado al máximo. Pero Cataluña es una sociedad muy enferma, víctima de un cáncer cuyas metástasis están extendidas a todos los niveles. Y no hay doctores, dentro de Cataluña, en el resto de España, en el Madrid capitalino, con capacidad para iniciar esos tratamientos antitumorales que, por la vía de las grandes reformas, reclama el enfermo. En todas partes mediocridad asfixiante.

Por eso la circunstancia de esta Diada demediada, la llegada de esta muerte anunciada no es una buena noticia más que para los hooligans. Poco o nada que celebrar. Como las olas que rompen en la playa, esta, ahora en reflujo, volverá un día a tomar fuerza si, aprovechando lo acontecido, no se hace algo, algo importante a nivel de Estado y de sociedad civil, catalana y española. Primeramente en el terreno de la Educación en la escuela, en el terreno de los valores compartidos, en línea de acabar con la falsificación de la historia y restaurar la verdad de siglos de vida en común en toda su extensión. No basta solo con desenmascarar a los embaucadores, los vendedores de crecepelo dispuestos a progresar con su siembra de odio. Hay que hacer algo más. Hay que acabar con la estafa educativa a todos los niveles, porque si no se actúa en tal sentido es claro que más pronto o más tarde el problema volverá y con más fuerza.

Hay que ajustar las clavijas presupuestarias a los gobiernos de la Generalitat. No puede ser que los impuestos de los ciudadanos se dilapiden en “embajadas” en el exterior y otras prácticas del mismo tenor. Y hay que acabar con la utilización de los medios de comunicación públicos al servicio de la élite separatista y contra los intereses de una mayoría de catalanes. Lo de TV3 es una situación insólita, ciertamente incomprensible, en el panorama de las democracias europeas. Una criminal dejación de la Administración Pública. Es imprescindible lograr al menos cierta neutralidad en los espacios públicos, nutridos con el dinero de todos los españoles. Siendo conscientes de que esto, solo esto, únicamente esto, no arreglará en absoluto los déficits que padece una democracia como la española necesitada a gritos de un reseteo integral que incluya, como primer objetivo, la recuperación del prestigio de las instituciones. Todo parado, sin embargo. Desde finales de 2013 no se acomete una sola reforma. Somos un rebaño tutelado por gañanes milagrosamente convertidos en pastores, solo interesados en sus riñas de poder. Con nadie en el puente de mando, España es como uno de esos barcos fantasma que describe Conrad, navegando sin rumbo perdidos en la niebla. Pura inercia.

Chivite, marioneta de separatistas y proetarras
OKDIARIO 13 Septiembre 2019

La secuencia de los hechos es la siguiente: la presidenta de la Comunidad Foral de Navarra, la socialista María Chivite, se comprometió durante la reciente audiencia en la que fue recibida por el Rey a levantar el veto que el anterior Ejecutivo impuso al Monarca para evitar su presencia en los actos oficiales navarros. Chivite, concretamente, invitó a Felipe VI a presidir una reunión del Xacobeo 2021, así como a recuperar la presencia de la Casa Real en la entrega de los premios Princesa de Viana.

Pero el ofrecimiento de Chivite tiene pinta de durar muy poco, porque Uxue Barcos, líder de Geroa Bai, le ha recordado a la presidenta que "existe una mayoría republicana en el Parlamento". Convertida en una marioneta en manos de separatistas y proetarras, que fueron quienes la hicieron presidenta del Gobierno foral, Chivite ha tratado de desviar la atención criticando a Navarra Suma en lugar de hacer valer su cargo para corregir a Uxue Barcos. De modo que todo apunta a que el infame veto de los bilduetarras y separatistas al Rey seguirá en vigor.

Bildu y Geroa Bai saben bien que están ante una oportunidad histórica de afianzar su estrategia de "euskaldunización" de Navarra y han visto en la ambición política de María Chivite una baza a explotar. Por ahora todas sus demandas han sido aceptadas por la dirigente socialista, capaz de vender Navarra y deshonrar la memoria de sus compañeros socialistas asesinados por ETA. No podía caer más bajo en menos tiempo: una a una todas las reivindicaciones de Bildu y Geroa Bai han contado con el visto bueno de una presidenta títere.

Que nadie tenga duda de que la advertencia de Uxue Barcos -"existe una mayoría republicana en el Parlamento"- conseguirá que Chivite no haga nada para levantar el veto al Rey. Porque gracias a la traición del socialismo, en Navarra siguen mandando los mismos

La Diada muestra el doble rasero de los Mossos
Sergio Fidalgo okdiario 13 Septiembre 2019

Buena parte del constitucionalismo catalán denuncia continuamente que parte de los Mossos d’Esquadra, la policía autonómica que tiene la competencia de seguridad en esta región, se está convirtiendo en una policía política. Que ya no son la policía de todos los ciudadanos, porque los mandos, buena parte de ellos de ideología secesionista, hacen la vista gorda ante los excesos separatistas. Nada nuevo en España, ya tuvimos un buen ejemplo de este tipo de situaciones por parte de la Ertzainza durante los años de plomo del terrorismo de ETA.

La anécdota de la Diada se produjo cuando durante la ofrenda floral del Govern en el monumento a Rafael Casanova, ante las narices de Quim Torra, sonó a todo trapo el himno de España. Un par de catalanes libres de nacionalismo se encargaron de esta acción de resistencia pacífica desde un cercano hotel. Rápidamente, y en cuestión de minutos, los Mossos d’Esquadra les encontraron, les identificaron y les levantaron un acta. Todo un modelo de eficacia policial.

Lástima que esta ‘eficacia’ solo se produce cuando hay constitucionalistas de por medio. Alejandro Fernández, el presidente del Partido Popular catalán, que ha prometido asistencia jurídica a estos dos activistas libres de nacionalismo, difundió en Twitter un mensaje que resume el doble rasero de los Mossos: “Si organizamos un acto en Barcelona y nos montan una cacerolada es ‘sana libertad de expresión’ pero si ponen el himno español es ‘alterar el orden público’”.

Y el eurodiputado de Ciudadanos Jordi Cañas insistió en esta línea de denunciar el sectarismo de la policía autonómica catalana y anunció que “vamos a denunciar en Europa el abuso policial de los Mossos persiguiendo a ciudadanos por poner el himno de España. Les va a salir caro a sus mandos políticos usar la policía de todos como policía política. Palabra”.

En cambio, cuando son los chicos de Arran, u otros colectivos radicales, los que están de por medio la cosa cambia. Estarán de acuerdo conmigo que es mucho más grave quemar fotografías del rey Felipe VI, Macron o símbolos de partidos políticos en la vía pública que poner el himno de España a todo trapo. Pues en el centro de Barcelona, al lado de la Catedral, las llamas lucieron que daba gusto en un acto que era de público conocimiento tanto de lugar, como de hora. ¿Lo impidieron los Mossos? Estarían haciendo macramé, porque a los jóvenes separatistas les quedó una falla de lo más aparente. Y con un diputado de la CUP disfrutando del ‘show’ totalitario con cara de satisfacción.

Y ante el Parlament, cuando los CDR decidieron montar un intento de asalto para demostrar su talante ‘pacífico’ y ‘democrático’, otros ‘simpáticos’ radicales quemaron una bandera de España ante las narices de un buen número de Mossos d’Esquadra bien alineados y pertrechados con todo tipo de material antidisturbios. No consta que los agentes de la policía autonómica hayan intentado ‘identificar’ a los que ultrajaron la bandera de todos los españoles.

Los Mossos están destruyendo a marchas forzadas el escaso prestigio que atesoran. Les han pillado espiando a políticos y dirigentes cívicos constitucionalistas; se han dedicado a perseguir a ciudadanos que quitaban lazos amarillos de la vía pública, comportamiento avalado por una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, mientras hacían la vista gorda con los que los ponían; su diligencia para detener a radicales separatistas que han cometido delitos, que reivindican públicamente, roza el ridículo…

Hay miles de agentes de los Mossos que solo quieren ser policías, y hacer bien su trabajo. Pero no se han plantado, y permiten como día a día este cuerpo policial degenera. No sólo por sus mandos, sino por los miles de activistas separatistas que llevan uniforme y ponen por delante su ideología al respeto que deberían tener por las leyes de nuestro país. Todos tenemos en mente el compadreo que centenares de ‘mossos’ tuvieron con los organizadores y participantes de la consulta ilegal del 1 de octubre, y como dejaron tirados a los policías nacionales y guardias civiles que tuvieron que asumir en solitario la responsabilidad de cumplir las órdenes judiciales.

Los catalanes no separatistas estamos indefensos, cualquier día podemos acabar en comisaría por cualquier minucia y sufrir las consecuencias de una policía política que nos desprecia. Urge que el Estado nos defienda. En un Estado de derecho la arbitrariedad no puede existir. Y en Cataluña no todos somos iguales ante un cuerpo armado de más de 17.000 agentes, y dirigidos por unos radicales que presumen cada día de que no van a cumplir las leyes democráticas de nuestro país.

La Diada y los presos del «procés»
Roberto L. Blanco Valdés 13 Septiembre 2019

El Estado de derecho se basa en un principio medular, sobre el que pivota toda su estructura: el de igualdad ante la ley. Tal principio, que nuestra Constitución formula con meridiana claridad en su articulo 14, significa que los españoles somos iguales no solo para beneficiarnos de los derechos y garantías contenidos en las leyes, sino también para cumplirlas y para obedecer las sentencias que se dicten en su aplicación.

Los separatistas catalanes y, más en general, quienes se proclaman nacionalistas en los diversos territorios españoles -nacionalistas que apoyan sin pensárselo dos veces el supuesto derecho de los secesionistas a incumplir las leyes y a desobedecer los pronunciamientos de los jueces- actúan, sin embargo, convencidos de que la igualdad ante la ley les afecta para exigirla, pero no para cumplirla.

Anteayer se celebró en Cataluña la manifestación de la Diada, considerada por sus convocantes como el comienzo de un llamado «tsunami democrático» dirigido a conminar a los jueces del Tribunal Supremo a que prevariquen y no apliquen las leyes en el juicio del procés y a proclamar, como si tal cosa, que si la sentencia no fuera del gusto de los separatistas se la pasarán por el arco del triunfo y llamarán a la desobediencia civil. Y todo ello con Torra, el presidente de la Generalitat, que es una autoridad del Estado, a la cabeza. ¡Todo, como puede verse, muy civil y también muy democrático!


Dado que Cataluña tiene transferida la competencia en materia penitenciaria, las reiteradas declaraciones de las autoridades de la Generalitat en contra del cumplimiento de un eventual pronunciamiento del Supremo que declarase culpables a los presos del procés suscita la delicada y gravísima cuestión de si la permanencia de los reos en cárceles catalanas puede asegurar que, en caso de una sentencia condenatoria, estos cumplan, con arreglo a la ley, las penas que les hayan sido impuestas. ¿Son de fiar unos serveis penitenciaris que dependen de una consejera de Justicia, Ester Capella, de ERC, cuyas palabras al respecto no dejan lugar a dudas sobre cuales son sus intenciones: «Los quiero fuera»? ¿Se imaginan el inmenso escándalo que se organizaría si, llegado el día, las autoridades de la Generalitat, que se han atrevido ya a todo, optasen por poner en libertad fraudulentamente a los presos condenados?

Tal hipótesis, que en cualquier país de nuestro entorno sería impensable, por descabellada, no lo es en un territorio cuyas autoridades, tras incumplir durante meses leyes y sentencias, declararon de forma ilegal la independencia de Cataluña amparados en el poder que les otorga una Constitución que destruyeron con sus actos.

Si hubiera condenas, ¿deberían estar los reos bajo la custodia penitenciaria quienes han demostrado con contumacia no sentirse vinculados ni por las leyes ni por las sentencias de nuestro Estado democrático? La inmensa mayoría de los españoles conocemos la respuesta.
 


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