AGLI Recortes de Prensa   Domingo 15  Septiembre 2019

CIS: Centro de Impulso Sanchista
A este paso, el próximo barómetro de Tezanos igual concluye que no ha hallado a un español que no vaya a votar a Sánchez
Álvaro Martínez ABC 15 Septiembre 2019

No sé qué duda pueden albergar aún los socialistas europeos a la hora de conceder el premio «Olof Palme al socialdemócrata del año» a José Félix Tezanos, cuyas hazañas en favor del PSOE al frente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) son inigualables para la causa progresista, aunque en la refriega haya hecho añicos el prestigio de un organismo público donde desde su llegada la ciencia demoscópica ha cedido el paso a la entrega sin condiciones al sanchismo. Propulsión a chorro. No hay un solo socialista en todo el continente que haya trabajado con semejante denuedo por el socialismo. Ni uno. Su última maniobra ha sido sin duda portentosa: en los estertores de la negociación del PSOE con Podemos para volver a investir a Sánchez como presidente del Gobierno, alumbra una encuesta elaborada hace tres meses para asustar a Iglesias y que hocique, obediente, ante su secretario general. Naturalmente, el sondeo es un festival de votos para el PSOE, tanto que aún juntando los apoyos del Partido Popular, Podemos, Ciudadanos y Vox, en extraño totum revolutum, no darían caza al gran estadista del barrio de Tetuán. Así, según la revenida encuesta de Tezanos, todos se despeñarán en las próximas urnas menos Sánchez, que sigue, rampante y triunfal, conquistando el corazón de los españoles de una forma tan arrebatadora que hasta los de derechas le votan ya a manta de Dios. Hay quien ha traducido a escaños ese presunto aluvión de nuevos votos colocando al PSOE con 189 diputados, 66 más de los que consiguió el pasado 28 de abril. Porque a día de hoy, y 108 días después de que Begoña gritase «¡con Rivera, no!» en el balcón de Ferraz, la única verdad es que en las Cortes sigue teniendo sus 123 apoyos, a los que tras tres meses de negociación Sánchez solo ha podido sumar el voto del diputado de Revilla, quien bien podría tener un accésit al «Olof Palme» del año pues es hasta entrañable la entrega sin matices del dirigente cántabro al PSOE. No quiso Tezanos terminar la faena el otro día sin adobar al barómetro la tradicional clasificación de líderes para encumbrar definitivamente a Sánchez como el más valorado por los ciudadanos, muy por delante de Iglesias, Rivera o Casado.

En cualquier caso, esta instrumentalización del CIS como herramienta principal del sanchismo es lo esperable si uno elige para el organismo encuestador del Estado, no ya a un veterano militante, sino a un miembro de la dirección socialista que lleva trabajando para Ferraz desde hace casi cuarenta años. Elegir a Tezanos para dirigir el CIS y esperar de él algo de neutralidad es como poner a resumir un clásico Real Madrid-Barcelona al comentarista de TV3 o de RAC1, a los que parece que se les ha muerto alguien cuando tienen que narrar un gol de los blancos.

Once millones y medio de euros les va a costar en 2019 a los españoles el CIS, un 30 por ciento más que el año pasado y que, por ejemplo, en 2016, que también fue año electoral. Vistas las encuestas de Tezanos, y cómo sale su foto, esta ronda debería ir a medias entre el Estado y el PSOE.

El PP debe ser un instrumento al servicio de los españoles
Editorial El Mundo 15 Septiembre 2019

Un partido de gobierno no debe confundir nunca la necesidad de unidad con la pretensión de uniformidad, que no solo no es posible sino tampoco deseable. Un partido que aspire a gobernar España no puede ser una suma de facciones; antes bien debe ofrecer a los ciudadanos un mensaje reconocible en todas partes, defendido por una organización responsable en la que la diversidad resulte compatible con la lealtad.

Viene todo esto a cuenta de la marejada interna que ensombreció el arranque de la convención del PP vasco, con la que Alfonso Alonso quiso obtener de Génova el refrendo a su buscado "perfil propio". A nadie se le escapa la vinculación de Alonso con el marianismo como uno de los dirigentes más cercanos a Soraya Sáenz de Santamaría; etapa respecto de la cual Casado representa, si no un punto y aparte, al menos un proyecto de rearme ideológico más identificado con el aznarismo. Precisamente para dar esa batalla de las ideas nombró Casado portavoz parlamentaria a Cayetana Álvarez de Toledo, que en vísperas del cónclave vasco enfrentó el ejemplo de Mayor Oreja y María San Gil a la "tibieza" exhibida a su juicio ante el nacionalismo en las etapas posteriores, lo que explicaría los sucesivos fracasos electorales que han reducido la sigla a su cota de representación más baja. También afirmó que "la legitimidad de nuestro ordenamiento constitucional tenga zonas reservadas que se remiten a derechos históricos previos y no a la Constitución", palabras que fueron interpretadas como un ataque a la foralidad que el PP vasco siempre ha defendido. Pero Álvarez de Toledo no cuestionaba los fueros, que pertenecen al corpus mismo de la Carta Magna, sino solo recordaba la jurídica obviedad de que una democracia constitucional no puede reconocer legitimidades anteriores a ella misma, y mucho menos inspiradas en privilegios medievales. La foralidad es aceptable porque lo dice la Constitución, no porque haya caído del árbol de Guernica, según defiende el esencialismo nacionalista.

Sin embargo, su reflexión motivó el enfado de destacados dirigentes del PP Vasco. Borja Sémper o Antón Damborenea cargaron duramente contra la portavoz, reivindicando su militancia en los duros tiempos en que ETA les obligaba a llevar escolta. Mérito que no cabe discutirles. En realidad, a través de esta disputa están aflorando discrepancias soterradas que se arrastran desde las primarias que certificaron el cambio de liderazgo. Ese enfrentamiento debería quedar zanjado este mismo fin de semana, tras el discurso de clausura de Casado. España necesita más que nunca una alternativa al sanchismo y una oposición fuerte. No es momento de comparar méritos personales para arrojarlos contra el compañero de partido. El PP es un instrumento al servicio de todos los españoles, no una plataforma de promoción de perfiles propios.

El PP ha demostrado sobradamente su incapacidad.
Nota del Editor 15 Septiembre 2019

Por esta razón hay que votar a Vox y conseguir que el PP que nos ha empujado a este desastre, desaparezca.

El club de los estadistas muertos
FRANCISCO ROSELL El Mundo 15 Septiembre 2019

Hace ahora 30 años, el cineasta australiano Peter Weir estrenaba una película de gran emoción y belleza en aquel año de la caída del Muro de Berlín. De hecho, adquirió casi timbres de clásico al poco de llegar a la cartelera. Su título es El club de los poetas muertos. Ambientada tres décadas atrás (1959), relata la historia de un grupo de alumnos de un colegio norteamericano (la academia Welton) que fundamenta sus enseñanzas en la tradición, el honor, la disciplina y la excelencia.

Con el nuevo curso, se incorpora como profesor un antiguo alumno, John Keating, que interpreta magistralmente Robin Williams, quien romperá el discurrir monocorde de la institución merced a su amor a la poesía y a su generosidad. Frente a la rutina sacralizada de las lecciones repetidas sin querencia, de la monotonía de manual, míster Keating anima a sus estudiantes a que disfruten de la poesía para avivar sus sentidos y lograr que sus vidas resulten extraordinarias. Haciendo suyos unos versos de Robert Frost -"Dos caminos se abrieron ante mí. Tomé el menos transitado: eso marcó la diferencia"-, seduce a sus discípulos para que vibren con la literatura en todo momento y lugar.

Una auténtica revolución entre el disfrute vocacional propio y la fascinación del estudiantado, de un lado, y la resistencia académica y la perplejidad paterna, de otro. Esa comunión obra milagros en alumnos que, a la luz de la poesía, alumbran talentos ocultos. Pero también origina la tragedia del prosélito al que su pasión por las letras le lleva a chocar abruptamente con el rocoso autoritarismo del padre que coarta su personalidad bajo amenazas. A consecuencia del trágico desenlace de esa colisión de caracteres, el profesor Keating es expulsado sin honores ni reconocimientos de colegas y rectores del colegio. Pese a ello, en el adiós de la muda desesperación, mientras se retira silente, los colegiales le despiden salmodiando con rendida devoción las célebres estrofas de "Oh, capitán, mi capitán" de la elegía en la que Walt Whitman evoca la llegada del cadáver de Lincoln a Illinois tras ser asesinado al grito "Sic semper tyrannis!"("¡Así siempre los tiranos!").

"Por ti se izan banderas y los clarines claman. /Son para ti los ramos, las coronas, las cintas. /Por ti la multitud se arremolina, /por ti llora, por ti su alma llamea /y la mirada ansiosa, con verte, se recrea", así homenajea el eximio rapsoda al presidente libertador de los esclavos y al que, con ese pretexto, forjó una nación que podía haber devenido en una disgregada confederación. Opuesto a la secesión del sur esclavista, pronunció unas palabras proféticas y eternamente presentes: "Una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse. (...) No espero que la Unión se disuelva -no espero que se derrumbe-, pero sí espero que deje de estar dividida. Será del todo una cosa o la otra".

Pero, si el soñador maestro resucitó del parnaso a aquellos poetas muertos para exhortar a sus escolares a "coged las rosas mientras podáis, /veloz el tiempo vuela. /La misma flor que hoy admiráis, /mañana estará muerta", no urge menos revivir a aquellos estadistas que no se contentaron con hacer lo que pudieron, sino aquello que debían. A diferencia de aquellos otros que, catalogados de grandes hombres en atención a sus cargos, se mostraron bien pequeños a juzgar por sus hechos y actuaciones. Justo lo que acaece con el prolongado bloqueo político en España. En este brete, cobra vigencia el sarcasmo de Romanones cuando Melquíades Álvarez le interpeló desde la tribuna en estos términos: "¿Sabe su señoría, señor conde, lo que hizo Gladstone en circunstancias parecidas?", aludiendo el diputado reformista al gran estadista liberal británico William Gladstone. Oído lo cual, pese a su acusada sordera, el tantas veces ministro y parlamentario se volvió hacia los escaños de su partido y deslizó entre dientes: «¡Aquí, con esta ropa, querría ver yo a Gladstone!».

Esa inexistencia de estadistas, sin llegar al extremo de pedirles que sean capaces de oír el golpear en la distancia de los cascos del caballo de la historia y hábiles para agarrar las riendas del corcel cuando, a galope tendido, pasa por delante, brincar a la montura y calzarse los estribos, como refería el canciller de hierro Bismarck, explica la crisis de gobernación en España desde hace año y medio, aunque no tenga la patente de marca. Basta con mirar al Reino Unido y con no perder de ojo a Italia, pese al remiendo del presidente Mattarella al roto hecho por Salvini para forzar elecciones creyéndolas ganadas.

A este respecto, no cabe incumbencia mayor y directa que la del presidente en funciones, Pedro Sánchez. Primero montó en mayo de 2018 una moción de censura destructiva -cuando la Constitución impone que sea constructiva- contra un desnortado Rajoy con el estricto objetivo de ir a las urnas con el beneficio de encararlas desde el Gobierno, lo que le permitió ser la lista más votada, si bien a 53 escaños de la mayoría absoluta. Satisfecho ese propósito, aun en lo raquítico de su triunfo, emprendió una investidura deliberadamente fallida para acometer una especie de segunda vuelta este noviembre para, desde la misma posición de primacía que en abril, pegar el estirón que le permita gobernar en solitario con acuerdos a conveniencia.

Ahí se encierra todo el misterio del año y medio perdido desde el aguijonazo mortal de escorpión que le sacudió a un Rajoy al que se acercó unas semanas antes para que le ayudara a vadear el río. Todo ello después de descalificarlo personalmente -"usted no es decente"- y del "no es no" y cuántas veces debía decirle no a su petición de que el PSOE se abstuviera para desbloquear su investidura. Sibilinamente, Sánchez llegó al punto obsequioso de ofrecerse a Rajoy para ampliar el cicatero 155 aplicado tras el golpe de Estado perpetrado a pachas por Puigdemont y Junqueras contra el "Le Pen catalán" Torra (Sánchez dixit). Ello le reportó que Rajoy realzara, contraponiéndolo a Rivera, su carácter de hombre de Estado. Una vez defenestrado tras el aguijonazo mortal de la "moción de censura Frankenstein", el ya presidente Sánchez recibiría en La Moncloa a un Torra que entró con el lazo amarillo en la solapa y suscribiría con él la claudicación de Pedralbes, de la que renegaría apremiado por el anuncio de concentración auspiciada por el centroderecha en la madrileña Plaza de Colón.

Cuatro meses de simulación para teatralizar su aparente voluntad de acuerdo, cuando ésta era inexistente como fue vana la espera de Godot. Sánchez ha actuado como aquella pobre muchacha inglesa que, según el memorable doctor Johnson, tenía una prima en Barbados que, en una carta, le manifestó su deseo de que la visitará explayándose sobre las comodidades de las que gozaba y la felicidad de su situación. En vista de ello, emprendió el largo viaje y, al llamar a la puerta, su prima se mostró sorprendidísima de su presencia afeándole cómo se le había pasado por la cabeza viajar hasta allí. "Pues porque tú me habías invitado", respondió. "Pero es que -arguyó la prima- nunca pensé que se te ocurriría venir". A la primera oportunidad, tras sufrir las de Caín alojada en un cobertizo, la inocente puso rumbo de retorno a Inglaterra a la primera oportunidad.

Es lo sucedido con los ofrecimientos de Sánchez para supuestamente sacar adelante su investidura tras aceptar la alta encomienda de Felipe VI. En realidad, se lo ha tomado como un mero formalismo para hacer tiempo para las votaciones que, con todos los resortes del poder a su servicio, espera ganar de calle. Claro que no sería ni el primero ni el último aspirante que, confundiendo realidad y deseo, se extravía.

Como Vladimir y Estragon, los protagonistas de Esperando a Godot, su "socio preferente" Pablo Iglesias, al igual que en la obra de Samuel Beckett, se ha quedado aguardando en vano su incorporación a un imposible gobierno de coalición. En su consternación, ha desfogado su impotencia delirando con ocurrencias como hacer la prueba de gobernar al alimón unos meses. Si Sánchez no queda satisfecho, lo pone en almoneda, como si fuera una prenda de almacén, sin perder el PSOE el apoyo parlamentario de Unidas Podemos.

Si esto es así en lo que hace a UP, otro tanto atañe al centroderecha con quien no ha tenido el menor interés de avenir nada. Más allá de dimes y diretes de unos y otros, hubiera podido promover una gran coalición con el PP en línea con el que le planteó Rajoy al PSOE o bien una alianza con Cs en parangón con el abrazo programático que se dieron Sánchez y Rivera en 2015. A la hora de la verdad, la formación naranja no habría podido decir no a la hora de la verdad. Como tampoco los socialdemócratas alemanes pudieron tras hacer cuestión de ello en campaña y luego justificar su rectificación por razones de Estado perfectamente entendibles por sus bases y votantes. Fue esa misma grandeza de miras la que llevó a Lincoln a incorporar a sus tres rivales en 1860.

En la cita de abril, el electorado dispensó a Sánchez la descomunal oportunidad de pactar a derecha e izquierda, y lo ha desaprovechado para no decantarse de cara a las elecciones que ha perseguido con denuedo dando apariencia de centralidad. Con ello, un impredecible Sánchez, al que mueve exclusivamente sus inescrupulosos deseos de poder, sin que nadie sepa a qué atenerse con él, busca ampliar su mayoría sin aclarar cuál es su modelo de España ni qué derroteros va a tomar en economía. No obstante lo cual, puede presumirse lo uno y lo otro. De un lado, mirando a Navarra y de otro, observando su gusto por multiplicar el gasto y cargar la presión fiscal sobre las espaldas baldadas de la rentas del trabajo. Lo disfraza con el trampantojo de que cargará la suerte sobre unas grandes fortunas que pueden permitirse el lujo de "votar con los pies", esto es, marcharse y poner sus caudales al buen recaudo de países con temperaturas fiscales más benignas que la tórrida España.

De esta guisa, jugando con una opinión pública confundida, Sánchez ambiciona este 10-N un cheque en blanco con el que marchar libérrimamente en una dirección o en su contraria y en la que todo le esté permitido en un tiempo en el que han desaparecido del mapa estadistas de mirada larga y paso firme. Sólo restan improvisados dirigentes que brillan por su incompetencia y a los que, en su ciego partidismo, no les importa enrarecer la convivencia o mercadear con lo que sea menester.

Por esa pendiente, rueda cuesta abajo una política que se aleja cada día más de la dignidad debida y del respeto al ciudadano. Vote lo que vote, siempre queda al albur de aquellos a los que les interesa el poder como un fin en sí mismo. En los antípodas del estadista que sospecha de sí mismo cuando empiezan a gustarle los privilegios del poder, lo que únicamente se combate con "un espíritu de alerta especialmente desarrollado", como resaltaba el gran intelectual y presidente checo Václav Havel. Digno de engrosar, sin ninguna duda, tanto el club de los poetas muertos como el panteón de los grandes estadistas. "Oh capitán, mi capitán...", que lamentaban en su orfandad tanto aquel poeta inmenso como aquellos escolares de la Academia Welton.

Chicos malos para tiempos oscuros
RAÚL GONZÁLEZ ZORRILLA. Director de La Tribuna del País Vasco 15 Septiembre 2019

Prólogo al libro "Perfiles Identitarios", de Sergio Fernández Riquelme, que acabamos de publicar en La Tribuna del País Vasco.

Las llamas que devoraron parte de la catedral de Notre-Dame eran el símbolo más dramático y evidente del fin de Occidente. Nuestras naciones se desmoronan desconectadas de su historia, apartadas de sus tradiciones, aisladas de su legado cultural y despojadas de sus grandes valores referenciales. Patrias milenerias se suicidan al mismo ritmo desolador que se aniquilan fetos o se inmolan sus ciudadanos, que han convertido el quitarse la vida, sus vidas, en una de las primeras causas de muerte no natural en Europa. Mientras las iglesias arden en Francia y miles de judíos vuelven a abandonar el viejo continente, ahora perseguidos por las hordas antisemitas alimentadas por la extrema-izquierda política, y cuando el islam generosamente financiado por los países del Golfo comienza a imponer la ley islámica en numerosas zonas de Francia, Gran Bretaña, Alemania, Bégica o Suecia, la noche cae sobre nuestras ciudades. Con una clase media reducida a su mínima expresión, expoliada por los impuestos abusivos que las élites exigen para subvencionar sus objetivos y sus caprichos multiculturales, feministas, empoderadores, igualitarios, regeneracionistas y comunitarios, nuestras calles y plazas, cada vez más inseguras, más decrépitas, más extrañamente ruidosas y más confusas para quienes siempre hemos vivido, amado y trabajado en ellas, se hunden en la desidia, el olvido y el abandono.

En la hora del crepúsculo civilizacional que nos ha tocado vivir, vuelven los fantasmas de siempre arrasando la libertad, censurando opiniones, prohibiendo creaciones, insultando a nuestro Dios, imponiéndonos nuevas leyes y nuevos silencios y exigiendo nuevos tributos espirituales y materiales. Llega un invierno crucial para Occidente y trae con él un ingente frío moral que cae sobre nosotros en forma de avalanchas de ruina demográfica, de descomposición territorial, de consumo masivo de opiáceos y drogas sintéticas, de inmigración masiva, de reemplazo poblacional, de populismo sexual, de olvido de nuestro pasado, de insultos a nuestros ancestros y, sobre todo, de destrucción, desprecio y olvido de todo lo excelso y bello que a lo largo de más de 2.000 años nos ha legado nuestro acervo judeocristiano y grecolatino.

Pero, como muy bien explica Sergio Fernández Riquelme en algunos momentos de este magnético Perfiles Identitarios, los viejos europeos se resisten a morir y buscan su identidad, su esencia, sus valores, sus banderas morales, sus costumbres, su forma de ser y su memoria colectiva entre las nieblas purulentas de una geografía globalizada, neutra y deslavazada donde el rostro obligatoriamente cubierto de una mujer es ahora un ejemplo de libertad, donde se cierran iglesias mientras se abren decenas de mezquitas, donde no hay padres ni madres sino progenitores uno y dos, donde reinan jemeres verdes y oenegés oscuramente subvencionadas, donde hay niñas con pene y niños con vulva, donde se escupe al cristianismo que nos hizo como somos, se manipula nuestra historia, se prohíben clásicos literarios y se humilla al europeo tradicional: por ser europeo, por ser blanco y por ser hombre, si es el caso. Y por ser, junto a los estadounidenses, el epítome de lo occidental.

Ninguna civilización muere sin luchar, y menos aún cuando estamos haciendo referencia al conjunto de creencias, tradiciones, valores y construcciones sociales que a lo largo de la historia de la humanidad, han alumbrado lo mejor del mundo. Y, por ello, tras décadas agazapados, ocultos, silenciosos y silenciados, convertidos en carne de impuestos y en carne de cañón socialdemócrata, manteniendo a sus familias tradicionales sin apoyo de nadie y con la cabeza agachada, sintiéndose olvidados por las instituciones, sufriendo el incensante aumento de la inseguridad en las calles, padeciendo el terror islamista en mercadillos navideños, aeropuertos y discotescas, sintiéndose profundamente despreciados por los medios de comunicación del Sistema que les tratan como a escoria ignorante, ultraderechista, odiante y fanática, y siendo humillados como lo fueron los ‘rednecks’ norteamericanos que dieron la victoria a Donald Trump (por cierto, excelentemente retratado todo ello en el apartado de este libro dedicado al presidente norteamericano), el hombre y la mujer europeos vuelven a salir a la luz pública espoleados por la indignación, azuzados por el hambre de racionalidad, guiados por el sentido común, apoyándose en las redes sociales más cercanas, y negándose a seguir siendo por más tiempo los conejillos de Indias del multiculturalismo más soez, del marxismo cultural más aniquilador, del nihilismo más cruel y de la globalización más grosera.

El viejo ciudadano europeo sale nuevamente a la calle vestido con los andrajos que jamás se anuncian en la CNN, The Finantial Times, El País, Le Monde o The New York Times, y lo hace liderado en la mayor parte de las ocasiones por estos “chicos malos” para el consenso socialdemócrata, por estos hombres y mujeres que Sergio Fernández Riquelme retrata modélicamente en este libro, como solamente lo saben hacer los ensayistas más finos que tienen corazón de analistas sociales y alma de periodistas diestros: otorgando al lector la información justa y necesaria, proporcionando al estudioso un marco de comprensión historiográfico de lo que se está tratando y, finalmente, opinando con sutil elegancia sobre el tema expuesto.

Sergio Fernández Riquelme sabe que detrás de los protagonistas a los que acertadamente perfila en este volumen se aglutinan millones de hombres y de mujeres, millones de europeos con la garganta quebrada tras años de silencio forzado y con los andares agotados de quienes presienten que el final puede estar cerca, pero con la fuerza telúrica de quienes se saben poseedores de secretos añejos, de códigos inmemoriables, de la sabiduría y las destrezas que la mejor de las civilizaciones nos ha legado. Y, por ello, los espíritus patrióticos, las conciencias identitarias, los estandartes algo ajados que representan lo que fuimos y lo que orgullosamente deseamos seguir siendo inundan cada vez en mayor medida las calles, las plazas y las urnas para decir que sí, que seguimos estando aquí, que hemos abandonado los escondites donde un día nos guarecimos de la lluvia ácida y torrencial que cae en forma de ideología de género, de feminismo radical, de anticristianismo, de antijudaísmo, de imposición de las minorías y de promoción de la mediocridad, para votar, para gritar y para reivindicar en voz alta y allí donde sea posible, principios, valores, propuestas y reclamaciones básicas de puro sentido común pero que llevan años siendo abandonadas y despreciadas, arrinconadas por el totalitarismo socialdemócrata en el estercolero de la “ultraderecha”, de los “fachas”, de los “perpetuadores del odio”, de los “fanáticos” o, en el caso español, en el gran vertedero sin fondo del “franquismo”.

Para La Tribuna del País Vasco es un honor y un orgullo publicar este Perfiles identitarios que es, sobre todo, un trabajo ímprobo sobre cómo un puñado de hombres y mujeres, liderando determinados proyectos políticos, han logrado aglutinar a su alrededor a millones de ciudadanos, de naciones, orígenes, ideologías, convencimientos, preocupaciones y esperanzas muy diferentes, con posiciones políticas absolutamente transversales, pero que siempre se abrazan en un puñado de certezas inamovibles: la defensa a ultranza de los valores clásicos ligados a la gran civilización occidental que tantos y con tanto empeño quieren aniquilar; el convencimiento de que libertad y seguridad no son caras diferentes de una misma moneda sino condiciones previas sin las que todo lo demás no existe; la reivindicación de la grandeza y de la historia de nuestras patrias; la asunción de la familia natural como la base sobre la que se asientan nuestras sociedades; la oposición radical a que se utilice política y económicamente a la inmigración ilegal como caballo de Troya para alentar el reemplazo de la población original europea; el convencimiento de que el gran proyecto civilizatorio occidental no puede ser entendido sin dos milenios de tradición cristiana; la oposición radical al totalitarismo comunista y a su gran afín histórico, el totalitarismo nacional-socialista y, sobre todo, la creencia firme de que solo el esfuerzo, el trabajo y la lucha de los individuos, amparados en sus familias tradicionales, puede vencer a la era de la oscuridad en la que estamos sucumbiendo. Y, tal y como recoge Sergio Fernádez Riquelme, estos y apenas algunos más son los eslabones con los que se está construyendo la gran cadena que une, en ocasiones torpe y débilmente, a individuos y organizaciones tan dispares como Viktor Orbán, Donald Trump, Santiago Abascal, Marine Le Pe, Jair Bolsonaro, Vladimir Putin, entre los citados en este volumen,

Los análisis de Sergio Fernández Riquelme son como una fascinante muñeca rusa. Pueden leerse por su título, por su contenido más inmediato, pero según comienzas a escarbar van surgiendo nuevos temas, referencias complementarias, reflexiones relacionadas, argumentos paralelos y explicaciones que a veces pueden venir desde muy lejos, tanto geográfica como temporalmente, pero que siempre llegan en el mundo más oportuno para aclarar un concepto, para explicar una idea, para asentar un principio. Así están construidos estos “Perfiles identitarios” que, en el fondo, son solamente e lespejo de un mundo con más de 2.000 años de historia que ahora no pocos quieren dinamitar en apenas unas décadas, pero que hoy siguen presentes, quizás algo cansados y con cicatrices y arrugas bien marcadas, pero con más fuerza, con más razones, con más rabia, con más argumentos y con las mismas ganas de libertad que siempre. Frente a los nuevos marxistas, frente al Islam político, frente a la extrema-izquierda camuflada de terciopelo, frente al nihilismo burdo de las élites empresariales y financieras o frente a quienes tratan de dividir las viejas naciones para repartirse más fácilmente sus despojos, frente a los nuevos puritanos y los nuevos integristas, los viejos europeos que un día alumbramos Occidente hemos recuperado la voz. Y algunos de los protagonistas de este libro bien podrían ser algunos de nuestros abanderados.

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Iglesias inventa el Gobierno en cómodos plazos, y Rivera, el de rebote
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 15 Septiembre 2019

Vivimos los minutos de la basura, casi descontada la cita electoral, pero en materia de invenciones, soluciones imposibles y engañifas a granel, asistimos a sucesos extraordinarios. Lo más llamativo en el orden de las ocurrencias, no se sabe si para despistar al enemigo o a la opinión pública, es lo que Pablo Iglesias ofreció a Sánchez en los diez minutos de teléfono que al final consiguió: formar un gobierno a prueba hasta los Presupuestos Generales del Estado, y si para entonces se había demostrado su ineficacia, se disolvería y tan amigos, o sea, tan enemigos; pero si funcionaba -nadie sabe quién lo decidiría o con qué criterio- seguirían juntitos y en coalición.

Desprotección de la esposa a prueba
Yo de la Erudita de Galapagar, me mosquearía. La unión a prueba es una institución matrimonial de algunas tribus de Oceanía, y consiste en disfrutar del sexo y la convivencia, a veces hasta la procreación, sin firmar ante el brujo y la asamblea ningún compromiso matrimonial. Al principio, se quiso interpretar como un alarde de libertad sexual sin afán posesivo, pero estudios posteriores aclaran que en la unión a prueba todas las bazas están de parte del hombre, que prueba la satisfacción sexual que le produce la mujer y su capacidad de procrear, sin ratificar un compromiso y pasando a otra UTE (Unión Temporal Extramatrimonial). Cuando ni la fertilidad es suficiente, la madre queda a cargo de la criatura, sola o con la tribu, y si también puede evitar un marido desagradable, ella y la criatura quedan sin protección material. El triunfo del cristianismo en Roma como "religión de mujeres" se basó en asegurar la monogamia y la legitimidad de los hijos. El matrimonio político a prueba, sería, pues, un feo precedente para el civil.

Por otra parte, esta improvisación del Marqués de Galapagar debería también preocupar a su cultísima consorte, porque sugiere una voluntad de no dejar el cargo y seguir su camino solo, como cuando era Pablenin de Titania. Si, como hizo creer a tantos, acaso a ella misma, Iglesias pensaba dejar Podemos en manos de su cultísima esposa, estas ocurrencias llamadas a cosechar el rechazo y la mofa de Sánchez, su apetecido cónyuge, acaban con todo protagonismo en Podemos que no sea el del Líder. La del partido morado habría sido una sucesión a prueba. Otra pista que delata a Iglesias es que Podemos pidió ayer la creación de un "organismo" para acoger a mujeres "indígenas" desplazadas por el "cambio climático". Suena fatal.

A la Moncloa, de rebote y sin plazos
Si la estrategia de Iglesias es la de llegar al Gobierno como sea -anteayer por asalto; ayer, rechazando al PSOE; hoy, abrazándose a él- la de Albert Rivera es aún más difícil de desentrañar, porque todos los elementos en que se basa han sido, hasta ahora, desmentidos por la realidad electoral. Todo iba bien en las encuestas hasta que tropezó y finalmente cayó Rajoy. En el tropezón, Cs le asistió para que no cayese del todo, y lo mantuvo en el Gobierno, a cambio de promesas de regeneración que jamás cumplió.

Ciudadanos iba primero en todas las encuestas cuando se produjo la corrupta sentencia condenatoria de Rajoy. Y le faltó tiempo a Rivera para decir que aquella línea prevaricadora del juez De Prada, amigo de Garzón y los bildutarras, marcaba "un antes y un después" en la relación de Cs y PP. Lo que no sospechó es que lo que en él era un farol, en el PSOE era parte de un pacto con la purria separatista y la horda podemita para echar a Rajoy mediante una moción de censura. Cuando la anunciaron se quedó sin sitio, sin discurso y se esfumó como alternativa de Gobierno, hasta ahora mismo.

La caída de Rajoy arrastró la de las "niñas ashishinas", Soraya y Cospedal, que compitieron por sucederle. Entonces apareció Casado y la pugna quedó entre Soraya, con el apoyo directo de Rajoy y todo el aparato, salvo Cospedal, que apoyó a Casado contra su enemiga… y la hizo perder. Eso fue unos meses después de la caída de Rajoy, y si hasta entonces era verosímil que el voto del PP se pasara a Rivera como alternativa al PSOE, desde entonces se fue frenando esa traslación por exasperación.

En las generales de abril, Casado recibió la patada destinada a Rajoy, pero desde entonces el PP ha ido recuperando poco a poco su perfil de alternativa de Gobierno, mientras Rivera se enrocaba en su estrategia de sustituir al PP en vez de complementar al PSOE -o intentarlo al menos- para evitar que estuviera en manos de los comunistas y los separatistas. La convicción de que Sánchez tenía hecho, desde la investidura, un acuerdo de Gobierno con Podemos, respaldado por el PNV, ERC y demás pandilla, le llevó a asegurar durante la Investidura que "la banda de Sánchez" pactaba ya sillones tras la puerta del Salón de Plenos, en la "habitación del pánico".

No había "habitación del pánico"
Lo malo fue que al día siguiente se demostró que no había tal pacto. Y en vez de cambiar su estrategia, Rivera se enrocó e insiste en lo mismo, le tocó mucho las narices al PP para formar gobierno en Madrid y Murcia, y sigue empeñado en presentarse como alternativa a la izquierda, no se sabe con qué escaños, ni qué alianzas, ni qué programa, ni con qué relación con Vox, ineludible tercera pieza del electorado "a la derecha de la izquierda".

Yo fui el primero que sugirió para Rivera la "alternativa Borgen", la estupenda serie danesa en que un partido minoritario de centro es capaz de fraguar una alianza de Gobierno junto a los dos mayores y algún marginal. Pero la base de aquello era la percepción de que Birgitte no molestaba a los socialdemócratas ni a los conservadores, y podía aliarse con una extrema derecha que odiaba más a la derecha moderada que al centro-izquierda. Y en aquel momento, Rivera era visto con simpatía como "el mal menor", aceptable para los socialistas -por eso pudo acordar gobierno con Sánchez- y para un PP desnortado que conservaba muchos votos, pero sin horizonte.

Entonces sucedieron muchas cosas, todas nacidas del Golpe de Estado en Cataluña: la cobarde inhibición del PP, el súbito crecimiento de Vox como rechazo a Rajoy; la percepción de Rivera como el alter ego de la popularísima Inés Arrimadas… y la caída de Rajoy, Soraya y Cospedal. El mapa del centro-derecha se alteró sustancialmente, de dos partidos se pasó a tres… pero el discurso de Rivera no cambió.

Adiós a la hipótesis "Borgen"
Sin embargo, la posibilidad de una hegemonía de Ciudadanos sólo puede basarse ahora en sustituir al PP como líder de la Derecha -y con permiso de Vox- o al PSOE en el centro-izquierda. Esto último es muy improbable. Y lo primero, salvo terremoto, también. Rivera podría tras las elecciones tragarse su condena al "sanchismo", pero creo que no lo hará. Y que si "Borgen" fue posible en el pasado, en el futuro, antes veremos "El ala Oeste de la Casa Blanca" que "Los hombres en la sombra", que anticipó el milagro de Macron a partir del PSF y los poderes económicos. Reñido con el PSOE, enfrentado al PP y tratando como apestado a Vox, no sé de dónde puede sacar los votos que le permitan llegar a la Moncloa.

Hace dos años, podía llegar de rebote a la presidencia del Gobierno. Dentro de dos meses, no veo cómo puede siquiera mantener unos escaños que le permitan abjurar de todos sus dicterios contra el "sanchismo", que podría contar con la abstención del PP para no darle siquiera ocasión a Cs de aparecer como complemento presente y alternativa futura de Gobierno.

En fin, que si Iglesias quiere llegar al Gobierno ofreciendo el pago en cómodos plazos, Rivera pretende llegar a la Moncloa de rebote y en tres paredes, cuando ya no se juega al pádel del PP sino al frontón del PSOE. No sé cuál de los dos lo tiene peor.

Nueva cesión de Sánchez a los separatistas: negocia el traslado de la sede de la CNMC a Barcelona
Carlos Cuesta okdiario 15 Septiembre 2019

Pedro Sánchez sigue con sus negociaciones con los separatistas en plena recta final para lograr apoyos a su investidura. Y lo hace justo antes de tener que presentarse ante el Rey para prometerle la defensa de la Constitución por parte de su hipotético y futuro Gobierno. La última cesión que negocia con los separatistas el candidato socialista a la Presidencia es el traslado a Cataluña de la sede del organismo que controla la competencia entre las empresas en toda España, la CNMC, la Comisión Nacional de Mercados y Competencia.

El mandato presidencial es impulsar la “descentralización institucional del Estado, trasladando total o parcialmente las sedes de diversas instituciones y organismos a distintas ciudades”. Y uno de lo organismos elegidos para este cometido es nada menos que el regulador nacional de competencia. Un organismo con capacidad sancionadora cuando se vulneran las normas de competencia por parte de las empresas.

Hay que recordar que los partidos separatistas ya han solicitado en el pasado actuaciones contra empresas, en concreto, contra la Endesa presidida en aquel momento por Manuel Pizarro. En aquel caso los nacionalistas pidieron explicaciones en el Parlamento catalán, por ejemplo, porque consideraban que se perjudicaba a Cataluña reduciendo las inversiones en líneas eléctricas.

Ahora Sánchez plantea el trasladado del regulador encargado de controlar prácticas anticompetencia. Un organismo con capacidad para dictaminar y sancionar a las compañías si vulneran criterios de libre competencia.

Pedro Sánchez, de hecho, prepara una profunda cesión de poder a los separatistas para engrasar los acuerdos de gobernabilidad, ahora o tras las próximas elecciones. El presidente del Gobierno quiere apuntalar la alianzas con PDeCAT, ERC y PNV y no sólo baraja la reformas de sus Estatutos para ampliar sus competencias hasta el máximo, sino que, además quiere aumentar los fondos e inversiones que reciben Cataluña y País Vasco, y completar este regalo dando a la Generalitat un peso decisivo en los organismos que controlan la vida empresarial e, incluso, los fondos que reciben las autonomías.

Y es que el PSOE plantea también que el Consejo de Política Fiscal y Financiera -el organismo que gobierna y controla las finanzas autonómicas y que coordina el sistema de reparto de los fondos comunes y el modelo de solidaridad- deje de tener primacía del Estado para que la tengan las autonomías. Traducido: para que las tenga la Generalitat, que es con la que Pedro Sánchez negocia su reforma en estos momentos.

No se trata de la única cesión ni mucho menos. El PSOE quiere hacer partícipes también a las comunidades autónomas de la elección de los cargos clave en organismos como el Banco de España, la Comisión Nacional del Mercados y Valores (CNMV) o la misma Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).

Los socialistas quieren combinar todo ello con un aumento de la presencia de las autonomías en las instituciones europeas, algo que, además de la dificultad de coordinación del mensaje nacional ante Bruselas y el resto de organismos comunitarios, dará más eco a las reclamaciones nacionalistas de algunas de las regiones españolas.

Sociedad abierta y populismo
Miquel Porta Perales ABC 15 Septiembre 2019

EN 1945, Karl Popper publicó «La sociedad abierta y sus enemigos». A través de la crítica de Platón, Hegel y Marx, desautorizó el historicismo. Ese determinismo que tendría el don de la predicción y dice conocer el curso de la historia, que cree haber descubierto los ritmos, modelos, leyes o tendencias del devenir político, social y económico. El destino del hombre y la sociedad por científico decreto. ¿Acaso Karl Marx no decía haber desvelado las leyes naturales de la producción capitalista que trabajaban con necesidad férrea hacia el resultado inevitable que no era otro que la sociedad socialista? Una idea falsa, o «falsada», por utilizar la terminología popperiana. El futuro del hombre -señala el filósofo- no está determinado, sino que está abierto y es indeterminado. ¿De quién depende? De la libertad y responsabilidad del hombre.

Frente a ese pensamiento totalitario, enemigo de la libertad del hombre -se refiere al marxismo, el socialismo y el comunismo como manifestaciones de la sociedad cerrada que se propone conducir la historia a un estadio supuestamente superior e insuperable-, Karl Popper formula la idea de sociedad abierta. Sociedad -entendida como sinónimo de democracia- que permite la asociación de individuos libres y responsables que respetan mutuamente sus derechos en el marco de un Estado -que hay que respetar- que los protege. Una sociedad plural, afortunadamente imperfecta, en que se toman decisiones racionales y responsables. Más: la crítica como fundamento y la imagen de un futuro siempre abierto alejado de la profecía «científica» de quienes prometen -generalmente, previo sacrificio- el reino de la libertad, la igualdad, la justicia y la felicidad que nunca llegará.

Al respecto, Karl Popper señala los límites del ser humano cuando afirma que la mejor sociedad es la que brinda la mayor libertad posible y la que reduce al mínimo el sufrimiento evitable. En definitiva, no todo es posible. Una idea clave si tenemos en cuenta que, para nuestro filósofo, la diferencia entre sociedad cerrada o totalitaria, y sociedad abierta o libre, reside en que la primera quiere imponer su programa a la ciudadanía aduciendo que es científicamente irrefutable. Karl Popper, sensu contrario, se muestra partidario que, en asuntos políticos, como en asuntos científicos, hay que pensar y obrar de acuerdo con un racionalismo crítico -algo de socrático hay en ello: Sócrates «no sabe nada», pero detecta yerros razonando- que descarte errores a la luz de la experiencia. Toda teoría o enunciado ha de ser sometida a prueba. En el bien entendido de que una prueba favorable nunca demuestra la teoría o el enunciado. Todo es provisional. Todo es «falsable». Todo está sometido a la autocrítica y la reforma. Por lo demás, cabe añadir que, para nuestro filósofo, los problemas de la humanidad no obedecen a la perversidad del ser humano, sino al deseo -a veces, ilusorio- de mejorar el mundo. Un aviso -las experiencias sobran: ahí están las utopías infelizmente realizadas- para quienes comulgan con las ruedas de molino de los denominados -marxismo, socialismo y comunismo- relatos emancipatorios. Hoy, el vacío dejado por la quiebra de dichos relatos emancipatorios, ha sido ocupado por un populismo que deviene el nuevo enemigo de la sociedad abierta. Ese populismo que, nacido en la Rusia de la segunda mitad del XIX, ha ido adoptando distintas formas y manifestándose de maneras diversas. Ya en 1969, Ghita Ionescu y Ernest Gellner, en la Introducción de su compilación de textos «Populism. Its Meanings and National Characteristics», advertían que «un fantasma se cierne sobre el mundo: el populismo». Cincuenta años después, el populismo -que siempre ha estado ahí- ha despertado de nuevo con el objetivo de alcanzar la hegemonía política, social e ideológica. Y, también, con el objetivo de modelar -ingeniería social deliberada- la consciencia y el pensamiento del ciudadano. En España, por ejemplo.

No es fácil definir el concepto -proteico y escurridizo que suele variar en función del lugar en donde aparece-, pero no es menos cierto que todo populismo reúne algunas de las características señaladas por Enrique Krauze: secuestro de la palabra, invención de la verdad, prescripción de la realidad, movilización permanente, fustigación del adversario, fomento del rencor o desprecio por la legalidad democrática («¿Qué es el populismo?», 2005). El populismo o el discurso demagógico que remueve y promueve los sentimientos, las emociones, los temores, los odios y los deseos del «pueblo». El ensayista mexicano concluye que el populismo tiene una naturaleza «perversamente “moderada” o “provisional”: no termina por ser plenamente dictatorial ni totalitario; por eso, alimenta sin cesar la engañosa ilusión de un futuro mejor, enmascara los desastres que provoca, posterga el examen objetivo de sus actos, doblega la crítica, adultera la verdad, adormece, corrompe y degrada el espíritu político». Para conquistar el poder o la hegemonía. En España, decíamos antes. En la España de las primeras décadas del XXI existen seis manifestaciones populistas que merecen ser tenidas en cuenta. A saber: el populismo de izquierdas, el populismo económico, el populismo nacionalista, el populismo feminista, el populismo ecologista y el populismo humanitario. Vayamos -sucintamente- por partes.

El populismo de izquierdas (Podemos) que reeduca en los valores soi disant progresistas, reivindica una política que emane del «pueblo», cuestiona la democracia liberal en beneficio de una democracia «real» o coquetea con la utopía de la armonía perdida por recuperar.

El populismo económico -Podemos, UGT o CCOO- que resucita el antagonismo de clase, cuestiona el capitalismo o apuesta por una nueva institucionalidad al servicio del «pueblo».

El populismo nacionalista -JpCat, ERC o Bildu con el auxilio de Podemos- de corte exclusivista, victimista, supremacista, providencialista, autoritario y desleal que apela a los sentimientos e ilusiones del «pueblo» con el objetivo de una «reconstrucción nacional» propia.

El populismo feminista -Comisión 8 de Marzo o Podemos- que exige por decreto una representación femenina en todos los ámbitos y desea imponer la perspectiva de género en la política, la economía, el derecho, la empresa, la sanidad, la ciencia, la educación, la filosofía, la historia, el arte, la música o el liderazgo.

El populismo ecologista -Greenpeace, Ecologistas en Acción. Justicia Climática-Amigos de la Tierra o Podemos- que absolutiza presupuestos, teorías y proyectos, y se presenta como el único sistema global de interpretación del mundo capaz de diseñar un modelo que organice las relaciones entre política, sociedad, biología, economía y cultura y política.

El populismo humanitario -Opens Arms o Podemos- que frecuenta el chantaje moral y emocional, que dinamita la política europea de migraciones y refugiados al plantear -practicar- el incumplimiento de la legislación vigente.

Los seis populismos españoles -con la colaboración del PSOE, convertido en un catch all party que abraza a la carta cualquier populismo que brinde réditos electorales inmediatos: una manera de suplantar a los partidos en detrimento de la democracia formal- son la expresión de la sociedad cerrada. Porque se presentan como irrefutables por definición y aspiran a una sociedad planificada «científicamente» que decretaría el bienestar para todos. Así se coarta la libertad y responsabilidad del hombre en un mundo cuyo futuro es imprevisible. Así se lamina la Constitución y la democracia. Así se embauca y estafa al ciudadano. Y Ortega: «los demagogos han sido los grandes estranguladores de civilizaciones».
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Miquel Porta Perales es articulista y escritor

El Estado de derecho no se deja intimidar
EDITORIAL ABC 15 Septiembre 2019

La notable desmovilización del separatismo catalán, materializada en la concentración de la Diada del pasado miércoles, ha reflejado el agotamiento de una aventura política cuyo fin se reduce a estas alturas a exigir la libertad de los golpistas. Pese a las soflamas de sus cabecillas -con un Jordi Sànchez que ahora pretende provocar desde la cárcel la insumisión fiscal de los catalanes o un Quim Torra cuyo irredentismo apenas pasa de agitar a los CDR- el nacionalismo trata de salvar los muebles ante su público, claramente menguante, con una sentencia «amable», en palabras del presidente del PNV. Si la Diada de este año había sido planificada como una exhibición de músculo independentista para amedrentar al Tribunal Supremo y la clase política, la pérdida de apoyo callejero demuestra que la previsible condena de Oriol Junqueras y su séquito no va a provocar ninguna quiebra social en Cataluña, menos aún una revuelta, lo que tampoco sucedió durante la aplicación del artículo 155 de la Constitución. A través de leyes o sentencias, el Estado de Derecho es la mejor fórmula para garantizar esa «convivencia» que el Gobierno socialista insiste en considerar amenazada para tirar por elevación y no señalar a los genuinos responsables de la crisis catalana.

Con o sin multitudes, la Diada no puede ser la vara de medir de la respuesta judicial a un delito como el cometido por los golpistas del procés, ni aún menos la de un Ejecutivo que nunca ha rechazado la posibilidad de un indulto con el que pasar la página de aquella rebelión. En manos de Quim Torra, la Generalitat aprovecha la condescendencia del Gobierno de Sánchez para llamar de forma impune y continuada a la desobediencia y el choque institucional y para fingir la vigencia de un proceso separatista que está agotado, y no por el cansancio de sus seguidores, sino por la determinación del Estado de Derecho para atajarlo.

Feijóo y la política de Estado
EDITORIAL ABC 15 Septiembre 2019

El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, desgrana hoy en ABC toda una declaración de principios sobre el protagonismo que debería tener el PP en la actualidad. Desde la fortaleza gallega, donde los populares conservan su única mayoría absoluta autonómica, Feijóo ofrece ideas diversas para el futuro del PP, pero entre todas destaca una, hoy inviable, que mueve más a la utopía que a la política activa. El presidente gallego no esconde su preferencia por un pacto entre el PSOE y el PP para desatascar la legislatura y evitar la celebración de elecciones. Es la fórmula de la «gran coalición» que suelen aplicar democristianos y socialdemócratas alemanes para evitar depender de los partidos de extrema izquierda y extrema derecha. Antes juntos que depender de radicales. La idea de la «gran coalición» es tan atractiva por su patriotismo como arriesgada por su capacidad para, ante su fracaso, hacer culpables a quienes no lo son. El propio Fejóo reconoce que el pacto del PSOE en Navarra con nacionalistas y proetarras fue determinante para que no hubiera acuerdo entre ambas fuerzas políticas. Lo que no fue dicho pacto es una sorpresa, porque la tendencia del PSOE desde 2003 ha sido una constante opción por el acuerdo con los nacionalistas, sin distinción de radicalidad ni de pulsión separatista. Cualquiera valía como aliado con tal de ejecutar el pacto que realmente gusta al PSOE, el del Tinell, aquella alianza anti-PP fraguada con el separatismo catalán cuando los socialistas formaron gobierno en Cataluña. En efecto, Navarra fue la prueba de que este PSOE no tiene esos hombres de Estado a los que alude Núñez Feijóo en su entrevista, porque ningún dirigente socialista europeo pactaría con partidos golpistas, ni con formaciones separatistas que legitiman el terrorismo. Los socialistas españoles lo hacen. Nada más lejos de su intención que pactar con el PP una legislatura libre de influencias nacionalistas y populistas. Conviene recordar que la abstención del PSOE en la investidura de Rajoy se hizo a costa de echar a Sánchez y porque el líder del PP no tenía opción de sumar una mayoría absoluta. Sánchez sí la tiene, pero no le gusta y quiere que el PP encubra su chantaje a Podemos.

También tiene razón Feijóo cuando afirma que el electorado del PP habría entendido la «gran coalición». Sin duda, porque el electorado de centro-derecha sigue instalado en la moderación y en la estabilidad nacional como prioridad. Si no fuera así, Patxi López nunca habría sido lendakari gracias a los votos del PP, un buen ejemplo despreciado por los socialistas navarros. Es deseable que se den las condiciones para que el bipartidismo salga al paso de la incertidumbre con acuerdos generosos y patrióticos. Pero quien prefiere a Junqueras y Otegui como socios nunca se sentirá emplazado a otra cosa que no sea el sectarismo.

El PP de las mil caras (o caraduras)
Nota del Editor 15 Septiembre 2019

Menos  mal que el PP en Galicia recuerda constantemente que es un tinglado que tiene que desaparecer. A ver si por fin se deciden los españoles a votar a Vox para que en Galicia dejemos de ser ciudadanos de cuarta clase.

Lo que queda del 'procés'
Valentí Puig cronicaglobal 15 Septiembre 2019

Con la ley de consecuencias inesperadas podemos entender mejor por qué las astucias tan torpes de Artur Mas han desembocado en el Tribunal Supremo y en la escualidez del reciente Onze de Setembre pero, sobre todo, vemos con más claridad la perspectiva tan sesgada de todo el procés como improvisación ininteligente. La conocida ley de consecuencias inesperadas se refiere a aquellas acciones humanas que acaban teniendo efectos no esperados, imprevistos. Para paliar las protestas contra los recortes sociales, Artur Mas y sus gurús deciden que hay que encaramarse a la ola de insatisfacción general, representándola como reivindicación nacionalista radical, en beneficio propio. Hay que ser un gran líder para controlar dinámicas de tanta turbulencia y Mas no lo era. Si recurrimos a las especificaciones de la ley de consecuencias imprevistas, según Robert Merton la inherente complejidad del mundo es un factor a tener en cuenta: es evidente en el caso de Cataluña porque todo el proceso --en términos de razón, no de método transmisor-- ha sido analógico y no digital o, más aún premoderno, tanto por su lenguaje caduco como por sus objetivos improvisados contra toda evidencia jurídica, sin asegurarse un apoyo social sólido.

La actual división del independentismo y las evidencias sustanciadas ante el Tribunal Supremo demuestran que se partía de una simplificación primaria por completo contrapuesta a las complejidades del siglo XXI, a la trama jurídica del Estado y a la propia realidad histórica de Cataluña. Así hubo consecuencias inesperadas como las dos grandes manifestaciones unionistas y la victoria electoral de Inés Arrimadas. En fin, la épica de una república catalana llevó a un pseudo-referéndum descontrolada, con una Moncloa pasiva y como cogida por sorpresa, y una actuación policial que tuvo mucho impacto informativo aunque El Tribunal Supremo haya puestos muchas cosas en su sitio. Puede pensarse que en el diseño algo rupestre del procés una confrontación con el Estado --el símil tan erróneo del choque de trenes-- era simplemente decorativa, como la hipotética parafernalia preparatoria de un proyecto de Estado catalán independiente. En fin: como han reconocido algunos protagonistas de aquellas jornadas grotescas, se iba de farol. Descubierto el farol, otra consecuencia inesperada, cundió el desánimo en el voluntarismo de la secesión. ¿Ha sido un caso –según la tipología de la ley de consecuencias inesperadas- de intereses inmediatos que intentaban sobreponerse a intereses de largo alcance, como es el futuro de Cataluña?

Mientras tanto el flujo de oportunidades para los buscadores de renta --los rent seekers-- no disminuye. En la actual Generalitat --su administración paralizada y su sotto governo-- y en buena parte del entorno mediático pululan esos buscadores de renta, sin que haya ningún filtro institucional. En la escuela del tres por ciento se aprenden muchas cosas, como obtener ingresos o beneficio económico en los repliegues del poder político, alterando la vigencia de la seguridad jurídica y la igualdad ante la ley. Lo que debiera transaccionarse según las leyes de mercado, se logra tocando a la puerta de un despacho oficial. No parece que el 155 atajase esas prácticas. Además de la falta de credibilidad y la desconfianza que ha generado el procés, la institucionalidad autonómica queda erosionada por prácticas tan sectarias como anteponer el presupuesto de las embajadas de Cataluña a una mayor dotación, por ejemplo, para la formación profesional, del mismo modo que el presupuesto de TV3 es una afrenta a la Cataluña no independentista. Por la ley de consecuencias inesperadas, lo que quedará del procés es frustración, pérdida de confianza y la experiencia negativa de un largo desacato. Pero por ahora, los buscadores de renta subsisten

Los sueldos de los altos cargos de la Generalitat superan los 100.000 euros
¿Por qué no hay elecciones en Cataluña? 500 altos cargos con sueldos millonarios
Junts y ERC incumplen sus propios acuerdos, pues 32 directivos de las 191 empresas satélites de la Generalitat cobran más de 100.000€, en algunos casos superando la retribución de un consejero
María Jesús Cañizares cronicaglobal 15 Septiembre 2019

Cataluña ha reanudado su curso parlamentario con la incertidumbre de si se convocarán elecciones. La sentencia del Tribunal Supremo sobre el referéndum del 1-O- prevista para la primera quincena de octubre—será un punto de inflexión del procés que permitirá calibrar el músculo social de Junts per Catalunya y ERC--. La última palabra la tiene Quim Torra –en realidad Carles Puigdemont--, pero tampoco parece que los republicanos quieran adelantar acontecimientos. Uno de los motivos que se aducen, tanto a nivel social como parlamentario, para demorar ese adelanto electoral es el gran número de altos cargos que hay en juego.

¿Realmente es tan masiva esa cifra? Los datos de la Generalitat demuestran que sí, pues la Generalitat y sus empresas satélites tienen 501 altos cargos con sueldos que, en 53 casos, rebasan los 100.000 euros al año. La mayoría de estas generosas retribuciones, que se pueden consultar en este enlace, son recibidas por directivos de entidades dependentistes de la Generalitat. Especialmente llamativo es el caso de los altos cargos de la sanidad catalana, cuyos salarios son los más altos de todo el entramado de la administración.

Aunque los sucesivos gobiernos catalanes han ido reduciendo su faraónica estructura –simplificar la estructura organizativa de la Generalitat es una promesa electoral común a todos los partidos, especialmente en época de crisis económica--, lo cierto es que la cifra de entidades públicas sigue siendo elevada. A las 13 consejerías del Govern, con sus correspondientes secretarías, direcciones generales y delegaciones territoriales, se añaden un largo listado de empresas, un total de 191. Asimismo, los ocho "embajadores" de la Generalitat en el extranjero tienen el suelo equiparado al de un director general, 85.741 euros.

Un total de 53 cargos con sueldos 'cienmileuristas'
A saber: entidades autónomas (2), entidades de derecho público (45), sociedades mercantiles (28), consorcios (62) y fundaciones (34). Pero es que, además, los socios del Govern han incumplido sus propios acuerdos. En 2013, CiU y ERC pactaron que un alto cargo de la Generalitat no podía superar el sueldo de un consejero, que entonces ascendía a 109.663 euros. Desde entonces, las retribuciones de los miembros del Consell Executiu han ido subiendo, pero también los de directivos de empresas, colectivo donde siempre se incumplió esa medida racionalizadora.

Actualmente, un total de 53 cargos reciben sueldos superiores a los 100.000 euros. Se incluyen en este paquete al presidente Quim Torra, que cobra 153.235 euros –el más alto de España, pues el presidente Pedro Sánchez cobra 82.979 euros anuales--, y a los doce consejeros de su gobierno –que reciben 115.512 euros—. A destacar los sueldos de los responsables de las oficinas de los expresidentes, que cobran 103.602 euros.

Altos sueldos en Territorio y Salud ¿para evitar corruptelas?
Se da la circunstancia de que la mayoría de esos sueldos cienmileuristas se dan en las empresas satélites, donde 32 cargos superan esa cifra. En algunos casos con creces, especialmente en las sociedades que dependen de las consejerías de Salud y Territorio.

“Son los departamentos que gestionan un volumen mayor de contratos públicos, de ahí que se necesiten responsables con buenos sueldos para evitar tentaciones y corruptelas”, explican fuentes oficiales. Asimismo, algunos de esos directivos acumulan cargos, es decir, que la Generalitat se ahorra en el doble sueldo que, por ejemplo, supondría pagar al presidente y al director de una empresa pública determinada.

En cambio, desde la oposición política se consideran desmesuradas la retribuciones en un sector sanitario con problemas de lista de espera y precariedad laboral.

Llamativa resulta la cifra que cobra la gerente del Consorci Mar Parc de Salut de Barcelona, Olga Pané, 126.270 euros, mientras que el director/gerente de la Fundació de Gestió Sanitaria del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, Albert Salazar, recibe 120.003 euros. Un total de 13 cargos sanitarios superan esa mítica cifra de 100.000 euros anuales, según los datos de la propia Generalitat.

Y si en Presidencia destacan los sueldos de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA) –los de los directores de TV3 y Catalunya no bajan de los 109.000 euros--, la retribución más alta de un cargo de empresa pública corresponde al director de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC), Pere Calvet, nada menos que 146.977 euros, mientras que el presidente de esta entidad, Ricard Font, cobra 135.237 euros.


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