AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 18  Septiembre 2019

Segunda oportunidad
Emilio Campmany Libertad Digital 18 Septiembre 2019

A la vista de la ausencia de candidato para un segundo intento de investidura, los medios debatirán profusamente acerca de quién es el culpable. Desde el punto de vista del elector de derechas, esto es completamente irrelevante. Dos egos que no caben en la Moncloa y en el palacio de Galapagar, respectivamente, han caído víctimas de su soberbia estúpida. Más estúpidos que soberbios, y soberbios son un rato, los líderes de la izquierda, después de haber ganado las elecciones, pudiendo contar con el voto aparentemente incondicional de casi todos los separatistas, han preferido medirse nuevamente en la arena electoral. Esto ofrece una nueva oportunidad a la derecha de evitar el desastre incalculable que, en las circunstancias actuales, la izquierda puede infligir a nuestra nación, por supuesto a su economía, pero sobre todo a su unidad.

Naturalmente, la derecha, que suele comportarse de manera tan estúpida como en esta ocasión lo ha hecho la izquierda, no suele perder ninguna oportunidad de perder una oportunidad. Y no hay nada que augure que esta vez vaya a ser diferente. Los tres partidos que supuestamente representan opciones liberal-conservadoras se presentarán, si no hay quien lo remedie, divididos. Y eso es una garantía casi segura de fracaso, pues, para que entre los tres sumen suficientes escaños para gobernar, todos deberían mejorar sus resultados hasta un punto impensable. Dado el egoísmo, la miopía y la falta de patriotismo de los líderes de PP, Ciudadanos y Vox, los únicos que pueden dar un revolcón a esos dos enormes mendrugos que son Sánchez e Iglesias son los electores de la derecha. Hay que contar, desde luego, con cierta desmovilización de la izquierda. Pero no bastará que una parte de ella se quede en casa esperando a ver "cómo suben los impuestos a los ricos". Tampoco basta la movilización de la derecha, que en esto, gracias a Dios, es más disciplinada que la izquierda. Inevitablemente, hay que concentrar el voto.

Casado está muy lejos de ser el Antonio Maura del siglo XXI. Su pusilanimidad es proverbial. Y a punto estuvo de desdecirse de su conversión al liberal-conservadurismo inmediatamente después del relativo fracaso del 28 de abril. Pero, para bien o para mal, es el que más apoyos suscita. Los otros, por otra parte, tampoco son mancos. La última jugada de Rivera puede ser útil para culpar a Sánchez de esta repetición absurda, pero él, siempre acusado de ser un veleta, no hace más que empeñarse en probar su volubilidad, su falta de fuste y la ausencia de toda convicción que no sea su deseo irrefrenable de ser presidente del Gobierno. Santiago Abascal ha estado más sólido durante estos meses, pero hoy es quimérico pensar que pueda ser a corto plazo el líder de la derecha española y ha permitido que su partido adquiera tintes utópicos y confesionales que, por muy conformes que sean con los principios, convierten la opción de Vox en necesariamente minoritaria, al menos por el momento. Si queremos librarnos de Sánchez, hay que votar a Casado, mal que nos pese, que a algunos, con razón, les pesará.

Última oportunidad: hay que votar a Vox
Nota del Editor 18 Septiembre 2019

Cuarenta años repitiendo los mismos errores, ya es hora de cambiar y no queda mas solución que votar a Vox

El triunfo de la impostura
Editorial El Mundo 18 Septiembre 2019

La ronda de contactos de Felipe VI con los líderes de los principales partidos concluyó este martes con el más desmoralizador de los fracasos. No podía acabar de otra manera cuando el único candidato posible desprecia todas las vías de acuerdo que se le abren a izquierda y derecha para ahorrarles a los españoles las cuartas elecciones generales en cuatro años. Había precedentes de un candidato que declina el encargo del Rey, pero Rajoy no tenía entonces sobre la mesa ninguna oferta de investidura que sumase. Pedro Sánchez disponía de dos cuando se presentó ante Felipe VI: una que reeditaba la mayoría de la moción de censura que le hizo presidente y otra que había propuesto Ciudadanos a cambio de tres medidas razonables en defensa del constitucionalismo y la moderación fiscal. Pero Sánchez nunca ha tenido interés en explorar con sinceridad ninguna negociación porque está convencido de que la repetición electoral le beneficiará y perjudicará a sus rivales. El coste institucional y económico de la prolongación del bloqueo lo pagarán todos los españoles.

Durante todos estos meses Pedro Sánchez ha consumado una monumental ceremonia del engaño, para la cual ha necesitado la solícita cooperación de un abrumador aparato mediático. Con Moncloa degradada de poder ejecutivo a fábrica de relato, su inquilino ha hecho gala de una soberbia sin precedentes que nos hace preguntarnos con quién espera pactar después de despreciar a todos sus socios posibles, uno detrás de otro. La arrogancia del sanchismo resulta tan descarada que no pierde el tiempo en disimulos: este mismo martes, mientras los representantes políticos acudían a Zarzuela, la RTVE de Rosa María Mateo mandaba cartas a los partidos para emplazarles al debate electoral. Pero la desfachatez alcanza su punto culminante cuando nos enteramos de que Sánchez viajará el fin de semana a Nueva York para dar una charla sobre el clima mientras deja morir el periodo de sesiones más idiota de la democracia.

Ciertamente podemos criticar al resto de líderes por moverse tarde o por no moverse; por hacer ofertas insuficientes o por no hacerlas. Pero solo al vencedor electoral cabe atribuir la principalísima culpa de este fracaso que renueva la excepcionalidad de la política española, de la que él ya fue protagonista en 2016. Fiel a su tradición noesnoísta, ajeno a cualquier interés general o sentido de Estado, el verdugo de la legislatura dejó sin opciones al Rey y compareció ante los medios para seguir vendiendo su imagen de víctima de los demás. Con ella irá a las urnas persuadido de que un número satisfactorio de ciudadanos aplaudirá su comportamiento. Si así es finalmente, habrá que preguntarse qué alternativa seria urge ofrecer al país. De alguien que actúa como Sánchez poco cabe esperar, por desgracia.

Sánchez, puro teatro
Editorial ABC 18 Septiembre 2019

La segunda ronda de contactos mantenida por el Rey con los distintos partidos permitió constatar ayer que Pedro Sánchez no tiene los apoyos necesarios para ser investido presidente y que España se ve abocada de nuevo a disolver el Parlamento y a convocar otras elecciones. A la vista del grotesco espectáculo político ofrecido ayer, Don Felipe ni siquiera ha considerado razonable impulsar una nueva sesión de investidura o prolongar los plazos para mantener tensionadas a las instituciones. No era hora de seguir con la impostura, sino de hablar claro. La de Sánchez desde la noche electoral de abril es la historia de un fracaso personal. Es la historia de un juego inane de tacticismo puro que permite concluir que el presidente en funciones jamás pretendió constituir Gobierno con su raquítica mayoría de 123 escaños, y que siempre manejó la opción de acudir a las urnas como mejor alternativa para él, que no para los españoles.

Nadie podrá presentar este fallido intento de conformar una legislatura estable como un fracaso colectivo de nuestro sistema democrático. El único culpable es Sánchez, que disponía de diversas alternativas para formar gobierno con Podemos o Ciudadanos y nunca intentó con sinceridad fraguar ninguna de ellas. Sánchez -y con él todo el PSOE- ha representado una simulación teatral durante cinco meses. Nunca quiso sellar con el PP pactos de Estado, y Casado le ofreció hasta once; nunca quiso aceptar una sola condición de Ciudadanos, y menos aún a última hora, con la quimera deliberada planteada por Rivera para sacudirse culpas; y nunca quiso aceptar un gobierno de coalición, ni de cooperación ni de nada en absoluto con Podemos porque su objetivo oculto es destruir la figura política de Iglesias. Sánchez se ha limitado a jugar con la paciencia de los españoles y a aprovechar la inercia a favor que marcan los sondeos para el PSOE. Quería legitimarse gratis y ahora se expondrá al riesgo de nuevas elecciones.

Resulta lamentable que en este complejo proceso prácticamente todos los partidos hayan boicoteado el papel del Rey, desvirtuando su mandato constitucional. Las llamadas telefónicas de última hora, los falsos ofrecimientos de reuniones in extremis, el intercambio de cartas de urgencia tras meses de parálisis deliberada, o las presiones de Podemos para que fuera Don Felipe quien forzase un acuerdo, han retratado al PSOE, Ciudadanos e Iglesias. Casado ha mantenido intacto el respeto institucional en unos momentos en los que el espectáculo de los partidos debió ser otro. El dirigente popular ha demostrado sentido de Estado y ha sorteado el ridículo correcalles de última hora con el que PSOE, Ciudadanos y Podemos han pretendido no aparecer como culpables del bloqueo.

España se encamina a las urnas amenazada por el peligro de una ralentización económica severa. Sánchez no es ninguna garantía de nada, sino un incapaz. No ha querido conformar Gobierno, lleva meses en precampaña y ni siquiera ha querido responsabilizarse del frenazo al que se enfrenta España, fiel a su costumbre de no afrontar los problemas, diluirlos en el tiempo y emplearlos en beneficio propio. Desgraciadamente, la oferta de última hora de Rivera no era sincera y estaba pergeñada para que La Moncloa la rechazase. Todo ha sido una añagaza para hacer caso omiso al razonable llamamiento hecho días atrás por los empresarios de conformar un Ejecutivo estable que diera certidumbre a nuestras finanzas. Conviene ser realistas. Todo ha sido fruto de una deriva irracional e irresponsable de Sánchez, por más que todos los partidos se culpen entre sí, y la consecuencia es que el debilitamiento económico de España nos acecha como una evidencia que aumenta la incertidumbre. Sánchez no es víctima, sino culpable, y apelar a abstenciones técnicas -y sin condiciones- de otros partidos era un sinsentido.

Desde el 10 de noviembre, cuando se abran las urnas, los españoles no merecerán más desprecios de la clase política, ni más agravios de un multipartidismo egoísta e incapaz, cerril en sus empeños tácticos y despectivo con sus votantes. Incluso los tiempos deben cambiar y acelerar la formación de Gobierno sin falta. El tono mitinero de Sánchez anoche debe poner a los españoles en guardia. Y especialmente al centro-derecha, que por desgracia parece pertinaz en su fractura, incisivo en sus errores e incapaz de aunar esfuerzos bajo el proyecto de «España Suma», que hoy sería una necesidad y la única alternativa frente al previsible triunfo de la izquierda. Convocadas ya las urnas, el 10 de noviembre no debería ser otra oportunidad perdida para la derecha.

España suma, si,  más errores:
Nota del Editor 18 Septiembre 2019

Si queremos que todo siga empeorando, aunque parezca que algo cambia, hay que unirse a España suma (más errores.  cuarenta años). Si queremos arreglar el desastre que los profesionales de la política han causado a España, no queda otra que votar a Vox. Lo lamentable es que habiendo tantos españoles que ya tienen bicicleta (segunda residencia), se empeñen en votar a una izquierda cuyo objetivo es quitarsela, como el cubano del chiste verdadero (que pondría aviones, yates,coches, fincas y demás propiedades (de otros) para el disfrute de sus camaradas, pero la bicicleta no, porque tenía una).

Sánchez, responsable de un gigantesco fraude a la democracia
OKDIARIO 18 Septiembre 2019

Las probabilidades de evitar que los españoles vuelvan a las urnas parecen, salvo sorpresa de última hora, agotadas definitivamente, de modo que las Cortes serán disueltas en breve después de que el Rey, tras la última ronda de consultas, haya constatado que en las actuales circunstancias no es posible designar un candidato a la presidencia del Gobierno. En el horizonte una fecha: 10-N, punto de partida de una nueva legislatura.

Que nadie se engañe: es lo que pretendía desde un principio Pedro Sánchez, jefe del Ejecutivo en funciones y responsable en exclusiva de un superlativo fraude democrático. Todos sus movimientos desde hace meses se enmarcaron en la premisa de que lo mejor para su interés personal era ir en contra de los intereses generales de los españoles. Esto es: forzar unos nuevos comicios generales antes de aceptar cualquier propuesta, premisa, o pacto que le obligara a renunciar al poder absoluto.

Dicho esto, y ante la posibilidad de que se hubiera conformado un Gobierno de coalición PSOE-Podemos, que rechazó Pablo Iglesias inexplicablemente, la convocatoria de nuevas elecciones representa una nueva oportunidad para que España sea gobernada por formaciones de probada e inequívoca lealtad constitucional. Se trata, en suma, de hacer de la necesidad virtud.

Sánchez no ha buscado el consenso -más bien se ha encargado de dinamitarlo- y se ha limitado a utilizar los 123 escaños del PSOE como permanente instrumento de bloqueo. Nadie que no fuera él podía haber sido investido presidente, de modo que se ha servido de esa situación para trazar una estrategia de chantaje en la que ha roto todos los cauces de diálogo, a izquierda y derecha, para someter a sus adversarios políticos a una disyuntiva inmoral: o aceptáis mi investidura gratis o habrá nuevas elecciones.

Lo que ha hecho Sánchez es pervertir la esencia de la democracia parlamentaria y comportarse como un trilero que ha jugado con la ventaja que le otorgaba el resultado de las elecciones de abril. Sánchez, en efecto, es un ventajista que ha movido las piezas a conveniencia para bloquear cualquier posibilidad que supusiera algún tipo de compromiso con nadie. Podría decirse que estos meses en los que los españoles demandaban diálogo para alcanzar un acuerdo de Gobierno, Sánchez ya estaba en campaña electoral con la mirada puesta en el 10-N.

La necesidad de una política económica sensata
José María Rotellar okdiario 18 Septiembre 2019

Todo parece indicar que se repetirán las elecciones generales y que, así, el 10 de noviembre tendremos que volver a votar para elegir Cortes Generales y, en última instancia, a partir de la composición de fuerzas en el Congreso, lograr la elección de un presidente del Gobierno.

Desde finales de abril, España no tiene un Gobierno con la plenitud de facultades, pues se encuentra en funciones, elemento que se ha alargado en el tiempo y que prorroga la inestabilidad política, económica y presupuestaria que surgió a partir del triunfo de la moción de censura. Donde antes había cuentas, estabilidad y confianza, ahora hay prórroga presupuestaria, inseguridad e incertidumbre.

Esto es grave, porque no tenemos política económica desde el punto de vista fiscal -la monetaria está entregada al BCE- y la economía necesita unas líneas claras de actuación con las que prepararse ante la situación de desaceleración económica que está viviendo, cada vez de manera más intensa.

Sánchez parece indiferente a esto, como le resulta indiferente aplicar una política económica u otra, siempre que él pueda conservar la cabecera del banco azul. Las líneas de política económica que ha enviado a Bruselas en la actualización del plan de estabilidad sabe que no son viables, porque la economía española no puede soportar más gasto ni puede recibir un duro golpe con una subida de impuestos tan importante como la que se refleja en dicho documento.

Ahora bien, lo que es una incógnita es si Sánchez ha presentado esa actualización para no llevarla a cabo, al igual que presentó el proyecto de Presupuestos, para que le fuese devuelto, y tras las elecciones, si gana, intente conformar una alianza sin los comunistas -sin su apoyo, ni desde dentro del Gobierno ni desde fuera- o si realmente, pese a conocer que esa política económica perjudicaría seriamente a España, pretende ejecutarla para seguir él en el poder.

Lo único cierto es que pasa el tiempo, cada indicador que se publica se deteriora y no contamos con una política económica sensata, más allá de la prórroga de los presupuestos. Esto genera mucha incertidumbre en la economía, que es una de las peores cosas que pueden pasar, porque retrae el consumo y la inversión y empeora las expectativas y, con ello, la actividad económica y el empleo.

Por eso, sería vital que una opción de política económica liberal-conservadora pudiese imponerse, pero con la disgregación actual se antoja difícil, salvo que Ciudadanos y Vox aceptasen, al final, la alianza propuesta por el PP. España necesita ajustar el gasto, no subir impuestos y bajarlos en cuanto sea posible, mantener las buenas reformas y ampliarlas e intervenir lo menos posible en la economía. Si Sánchez no tiene esa responsabilidad, deberían tenerla los partidos de centro-derecha: uno ya ha propuesto la colaboración, pero los otros dos la rechazan. Estos últimos deberían recapacitar para evitar que la economía española se deteriorase más.

El relato de Sánchez ha fracasado
 larazon 18 Septiembre 2019

Puede que algunos de los actores que han participado en esta larga comedia de cinco meses de duración sienta en su fuero interno –inconfesable, por supuesto– alguna satisfacción por haber alcanzado sus objetivos, pero, de ser así, habrá que decir que su éxito es un gran fracaso político. Pedro Sánchez ha convertido el periodo de tiempo que la Constitución prescribe para negociar las investidura en una farsa inaceptable que ha dañado a nuestras instituciones y a su clase política. A él, el primero. Como escribió el poeta Blas de Otero: «Aquí no se salva ni dios». Puede decirse que algo de la antipolítica que campa en algunas viejas democracias ha entrado también en España por la vía del filibusterismo y la impostura, que utilizan las instituciones y las leyes para bloquearlas. Habrá, de nuevo, elecciones, se supone que para que los ciudadanos recapaciten su voto hasta que se ajuste a los deseos de Pedro Sánchez, que se ha empeñado en gobernar con 123 diputados como si tuviera mayoría absoluta. Antipolítica, decimos, porque no ha habido voluntad de llegar a un acuerdo entre partidos que, declarándose plenamente constitucionalistas, ha rechazado como método cualquier diálogo sobre unas bases razonables, realistas y que afrontara los retos inmediatos que están ya encima de la mesa: sentencia del Tribunal Supremo sobre el 1-O, efectos del Brexit y anuncio de una recesión económica. Nada de esto ha sido suficiente y nos tememos que definirá una manera de entender la política como una actividad que se disputa en un tablero al margen de los intereses generales de la nación. La obsesión por tener una excusa que presentar a los electores, quitarse de encima las responsabilidades y culpar al adversario –lo que se dice fabricar el «relato»– ha primado más que buscar de verdad un acuerdo de investidura. Echar la vista atrás y recordar las «negociaciones» entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias –rehuyendo el encuentro personal– produce estupor. El líder del PSOE –partido, por cierto, que mantiene un disciplinado y sospechoso silencio– es el máximo responsable de este fracaso y, dado el escenario al que nos conduce, las cuartas elecciones en cuatro años, debilita su capital político.

Sin entrar en el «pecado original» –aquella obra de ingeniería robótica que fabricó la moción de censura– que ha llevado a esta situación, Sánchez ha utilizado todos los recursos legales que regula los tiempos desde la primera votación de investidura a la disolución de las Cámaras y, por supuesto, de la función del Rey. Siguiendo el artículo 99 es misión de Felipe VI proponer un candidato tras celebrar consultas, pero debe hacerlo sólo con la información real y veraz que le trasmita quien será candidato. Sánchez no tenía los apoyos y, aún y así, dijo tenerlos. Comprometió al Jefe del Estado al proponer el candidato al Presidente del Gobierno, cuando éste no había negociado con nadie, y podría dar a entender que es el propio Rey quien impulsa su nombre. Sánchez no ha intentado llegar a acuerdos con nadie, sino prolongar los tiempos hasta que transcurrieran los 47 días que obliga por ley tras el fracaso de la primera investidura. Lo ha hecho desarrollando una comedia de muy mal gusto y muy poco aconsejable para fortalecer nuestra democracia. Nadie se ha sentado a la mesa, nadie ha puesto un programa encima y, ni mucho menos, Sánchez tenía un proyecto de Gobierno, ni de cooperación, ni de coalición.

El papel de Albert Rivera, que entró en escena cuando el público empezaba desalojar el teatro, ha tenido una actuación lamentable que ha dejado dañado muy seriamente a su partido, aún más. Pablo Casado, que como presidente del primer partido de la oposición tenía un papel más limitado, ha cumplido por lo menos institucionalmente y se ha reunido cada vez que el candidato socialista se lo ha pedido. Existía una plan claro: si Sánchez renunciaba a que los socialistas navarros gobernasen con el apoyo de los proetarras, podía facilitarse su investidura con el apoyo de PP y Cs. No quiso y ahí cerró una posibilidad de acuerdo, lo que aseguraba su objetivo final: repetir las elecciones. Rivera ni siquiera tuvo el decoro de reunirse con el candidato cuando fue convocado, desentendiéndose del bloqueo y apareciendo luego como una estrella a soltar su monólogo el mismo día que el Rey iniciaba la roda de consultas, para poner una patética guinda final.

La comparecencia de Sánchez en La Moncloa tras el anunció de la Casa Real y de la presidenta del Congreso de que no hay mayoría y que, por lo tanto, se repiten las elecciones, fue un espectáculo bochornoso, impropio de quien aspira a la presidencia del Gobierno, haciendo un repaso de sus logros e iniciando la campaña electoral. Fue incapaz de explicar por qué no ha conseguido sumar apoyos, ni siquiera el de su aliado principal, como lo definía. Efectivamente, Podemos ha impedido en cuatro ocasiones la formación de un gobierno de izquierdas, pero el socio lo ha elegido Sánchez. Es comprensible que ni uno ni otro se fíen, pero, de ser así, debería haber buscando otros apoyos. El próximo 10 de noviembre habrá elecciones y Sánchez confía en mejorar su posición con la conocida estrategia de los «viernes sociales», pero corre un alto riesgo: la sociedad española ha asistido a un espectáculo impropio de una democracia seria y en la que el voto de los ciudadanos no ha sido tenido en cuenta.

Machirulos y chekistas
Pío Moa gaceta.es 18 Septiembre 2019

La ley de memoria histórica es un ataque a las libertades de todos y debe ser resistida por cuantos estimen la democracia y la verdad. Una hora con la Historia es una manifestación de la resistencia necesaria, y depende exclusivamente de sus oyentes. Estamos en campaña para conseguir que el mayor número de ellos difunda y comente el programa en las redes sociales, y que unas 300 personas contribuyan con 10 euros al mes. Sea usted uno de los resistentes. La cuenta es: BBVA «tiempo de ideas”, ES09 0182 1364 3302 0154 3346

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Píldoras contra el mareo

**En la universidad no saben si la ley de memoria histórica es norcoreana o soviética. Llevan años de intenso debate intelectual, sin ponerse de acuerdo.

**Preston, Viñas, Moradiellos, Juliá, Casanova y mil más enseñan que el Frente Popular era la república y la democracia. Con eso no aprendemos nada de historia, pero sí de lo que ellos entienden por democracia.

**La ley de memoria histórica puede llamarde de la cheka. Su contenido básico consiste en ensalzar como demócratas a los asesinos y torturadores chekistas. Tan demócratas como los autores de la ley.

**Nada más revelador que el plan de profanar la tumba de Franco haya de apoyarse en una ley totalitaria y prochekista.

**¿Por qué no recuerdan al actual jefe de gobierno su carácter fraudulento llamándole siempre Doctor? Porque el fraude es casi generalizado en la política y en la Triple M.

**Unidas Podemas y el PSOE están llenos de machirulos, es decir, de marimachos.

**No por necio deja de ser peligroso Pablo Mansiones, aunque ya va a menos. ¿Cómo ha podido tener tal carrera? Porque, salvo alguno que otro, los demás políticos no son mejores.

**Algunos felicitan al Doctor por estar toreando a Pablo Mansiones. Es un cabestro toreando a otro cabestro.

**Las machirulos de Unidas Podemas PSOE y PP están meditando sobre si exigir igualdad en la construcción, las minas y el asfaltado. Aún no lo tienen claro.

Cómo revertir el Plan 2000 de Pujol
Francesc Moreno. vozpopuli  18 Septiembre 2019

El constitucionalismo ha de dar el paso, ha de unirse en Cataluña para hacer frente al proyecto de ingeniería social que puso en marcha el pujolismo hace tres décadas

La evidencia que tras las sentencias del Tribunal Supremo sobre los políticos presos procesados por un presunto delito de rebelión , entre otros, se abre una nueva fase política en Cataluña ha creado fracturas tanto en el movimiento independentista como en el denominado constitucionalismo, a la hora de definir estrategias de futuro.

En este articulo me voy a referir exclusivamente a los no independentistas que es un conglomerado que desborda lo que comúnmente se denomina constitucionalismo y que abarca desde nacionalistas españoles, catalanistas, partidarios de un referéndum no unilateral para votar no a la independencia, globalistas no identificados con banderas, de extrema derecha hasta extrema izquierda, conservadores , progresistas o liberales, católicos o laicos. La manifestación del 8 de octubre los unió en un acto defensivo ante una situación de máxima emergencia, pero, pasado el momento de excepcionalidad, vuelve a dividirse, lo que es absolutamente lógico dada la diversidad de sus componentes.

¿Cabe un mínimo común denominador entre fuerzas tan diferentes?. En el pasado no ha sido posible por diversas razones pero sobre todo por el interés de PP y PSOE de disponer de ,los nacionalistas como aliados en el Parlamento español. Ha primado la confrontación derecha-izquierda para gobernar España que unos acuerdos mínimos para frenar, ahora ya es necesario revertir, el Plan 2000 de Jordi Pujol auténtica hoja de ruta que une a los independentistas más allá de sus diferencias y que , gobierne quien gobierne en Cataluña, nunca se ha puesto en cuestión, ni tan siquiera cuando el PSC detento la Presidencia de la Generalidad.

El objetivo común no puede ser otro que devolver a Cataluña las reglas básicas de un Estado de Derecho, de una democracia homologable que respete la pluralidad y los derechos de sus ciudadanos. Para ello es imprescindible tanto una actuación desde los gobiernos españoles de turno, prácticamente inexistente en los últimos cuarenta años, como desde el Gobierno de la Generalidad.

Desde el Estado sólo el poder judicial ha mantenido el tipo, aunque , en la práctica, de poco ha servido para conseguir una neutralidad básica de las Instituciones, la enseñanza de la lengua española, junto con la catalana ,en el modelo concreto que cada fuerza quiera defender , una escuela que no destile hispanofobia, unos libros de texto que no promueven el odio a España, que no ignoren, desprecien o distorsionen la historia común , la literatura e incluso la geografía.

Unos medios públicos que dejen de estar al servicio del secesionismo en toda su programación, desde los deportes a los espacios de humor, pasando por los infantiles o los documentales. Acabar con el dopaje, al menos en las escandalosas cifras actuales, de los medios privados de comunicación con dinero público, subvenciones, compra de ejemplares, publicidad institucional, que los hace rehenes del Govern además de atentar gravemente contra la libre competencia.

Lo demás, por ejemplo la propuesta de un estado federal, el indulto, la financiación, gobiernos municipales, y aún pactos para gobernar la generalidad, dan igual, si se aborda el problema de fondo. Que no vuelva a ocurrir como cuando el PSC gobernó en la Generalidad que cedió a ERC el control de las cuestiones nucleares que Jordi Pujol planteo en su Programa 2000. Como han hecho los nacionalistas, aceptar todos el programa 2000, los no independentistas deberían hacer lo mismo para revertir la situación y construir una sociedad libre en la que todas las opciones tengan igualdad de oportunidades.

No debería ser difícil, si no entre todos los no independentistas, al menos entre los partidos constitucionalistas. Permitir que persista sin oposición un proyecto de ingeniería social cuyo fin es la secesión de Cataluña sin combatirlo no debería ser una opción aceptable. El informe de España Global es un pequeño paso en la buena línea, pero todo el trabajo esta por hacer.

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Crisis institucional: el indigno Sánchez no puede salirse con la suya
EDITORIAL Libertad Digital 18 Septiembre 2019

Ya es oficial: el próximo 10 de noviembre se celebrarán unas nuevas elecciones generales, las cuartas en cuatro años, las segundas en este 2019. Y todo por culpa del líder del PSOE, Pedro Sánchez, uno de los peores políticos que haya padecido España desde la instauración de la democracia.

El comportamiento de Sánchez desde el pasado mes de abril es de todo punto intolerable. Aunque en el 28-A obtuvo un resultado muy discreto –nadie ha sido presidente del Gobierno con menos escaños–, ha actuado como si hubiera obtenido un triunfo arrollador por el que tuviera derecho a ser elegido presidente por aclamación. Así que no sólo no ha negociado nada, sino que poco menos que ha exigido obediencia y sumisión tanto a sus teóricos aliados como a sus rivales, a los que en campaña demonizó a modo y trató más bien como a enemigos. No sólo eso: ha hecho un daño tremendo a las instituciones, saboteándolas o poniéndolas directa e intolerablemente a su servicio. Y para qué hablar del uso obsceno que ha hecho de RTVE, a la que sigue hundiendo en el descrédito la biempagada comisaria socialista Rosa María Mateo.

Sánchez, el del "No es no" a Mariano Rajoy, al que desalojó del poder gracias a los golpistas catalanes y a los proetarras, ha dicho que no tanto a los comunistas de Podemos como a los centristas de Ciudadanos. Sánchez, el de los 123 escaños, 53 menos de los necesarios para disponer de mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados, no ha ofrecido nada a nadie y ya tiene lo que quería: una repetición electoral de la que espera salir reforzado para estar en aún mejor posición para imponer sus dictados.

El líder socialista es lo que parece: un ególatra sin principios ni vergüenza que quiere fagocitar a sus aliados y someter a sus rivales/enemigos. El inaudito doctor Sánchez ha demostrado una y otra vez no ser de fiar para nadie, algo que supieron antes que en ningún otro sitio en su propio partido, de ahí que en su día lo defenestraran y que, antes de convertirse en un sonrojante panfleto sanchista, El País clamara, en un antológico editorial titulado "Salvar al PSOE":

Ahora de lo que se trata es de salvar a España, una España con una formidable crisis económica en ciernes y unos golpistas con mando en plaza en uno de sus territorios más importantes, Cataluña. Salvar a España, por supuesto, del nefasto Sánchez, insensato sin escrúpulos que no duda en destruir la nación que con tanto desacierto ha dirigido antes que reconocer su fracaso. Ojalá los españoles hablen así de "claro" en las elecciones de noviembre.

10-N o las elecciones de la frustración
Editorial. vozpopuli  18 Septiembre 2019

La repetición electoral no es el fracaso de la política, como a veces oímos decir, sino de los políticos. De estos políticos. Las cabezas visibles de una generación que venía a regenerar las instituciones y que, lejos de eso, ha contribuido como nadie antes en democracia a debilitarlas. No es la política la que ha fracasado, sino sus principales exégetas; los que han situado sus ambiciones personales por delante de los intereses del país; los que se han demostrado incapaces de aparcar diferencias para consensuar un prontuario de inaplazables necesidades que atender y reformas pendientes de activar en beneficio de la nación.

Las del 10 de noviembre serán las cuartas elecciones que España celebre en cuatro años. Un auténtico disparate que tensiona inútilmente la sociedad, impide la toma de decisiones de largo alcance y transmite fuera de nuestras fronteras un alarmante mensaje de inseguridad. Por si fuera poco, la parálisis de la gestión pública y el bloqueo institucional se producen en uno de los momentos más delicados de nuestra historia reciente: justo cuando aquellos que pretenden la disolución del Estado se disponen a renovar su irresponsable apuesta por la secesión.

Es, por ejemplo, muy probable que conozcamos la sentencia del procés semanas antes de la nueva cita en las urnas. Estaríamos así ante la hipótesis más favorable a los intereses del independentismo que representa Carles Puigdemont, por cuanto el auto del Tribunal Supremo, de ser como parece condenatorio, reforzaría en plena campaña las tesis más radicales frente a las del sector más pragmático del nacionalismo catalán. Las fechas claves de la gestión del brexit o la amenaza de una nueva recesión económica, son otras variables que habrán de enfrentarse desde una lamentable posición de fragilidad.

De todo ello han sido plenamente conscientes, en las semanas transcurridas desde el 28 de abril, los líderes de los principales partidos políticos, sin que ninguno de ellos haya hecho el suficiente esfuerzo por evitarle a los españoles el bochornoso espectáculo de una nueva convocatoria electoral que, lejos de reflejar la buena salud democrática del sistema, lo que contrariamente evidencia es su debilidad. Las irritantemente rígidas -y no pocas veces frívolas- posiciones de los Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias; la común y enfermiza obsesión por competir a cara de perro con el vecino por un espacio achicado, en lugar de unir fuerzas para ensancharlo; o el infantil e inaceptable argumento de la falta de química con el que a veces se ha pretendido justificar la ausencia de acuerdos, son razones suficientes para cuestionar la idoneidad de la actual dirigencia si de lo que se trata es de defender los intereses del país.

Bien es cierto que, existiendo una responsabilidad general, el reparto de culpas ha de ser proporcional al peso de cada cual. En este sentido, la decepción que Albert Rivera y Pablo Iglesias han causado, respectivamente, en sectores del centro político y de la izquierda, o las muestras de endeblez que a veces transmite Pablo Casado, son ingredientes que explican la situación de decadencia que atravesamos. Pero solo en parte. La responsabilidad mayor ha de recaer en quien desde el primer momento tenía la obligación de ahormar un gobierno sólido y competente y, entregado al tacticismo insensato de los druidas del marketing político, ha eludido a conciencia cualquier vía de solución.

Se podría decir que señalar a Pedro Sánchez como el principal causante de esta situación no es más que una obviedad. Pero no lo es. Sánchez nunca ha pretendido formar gobierno. Su intención desde el primer día ha sido ir a unas nuevas elecciones generales para repetir el exitoso experimento de Mariano Rajoy en 2016. Todo ha sido un puro teatro que ha dañado el prestigio de la política y a las propias instituciones.

Por tanto, y a pesar de lo que dicen las encuestas, conviene dejarlo dicho, porque es a Sánchez, a su soberbia inabarcable, a su infinito afán de poder, a quien correspondería pagar la cuota parte más elevada de la factura que a buen seguro se disponen a cobrarse los ciudadanos el próximo 10 de noviembre en la urnas.

Sánchez es el único culpable de prolongar un cuatrienio negro en España
EDITORIAL ESdiario 18 Septiembre 2019

España no ha conocido respiro desde que, en 2015, Sánchez iniciara un camino de inestabilidad y bloqueo que ha rematado con una sonrojante repetición electoral con la que busca un premio.

España volverá a votar el próximo 10 de noviembre y lo que, en condiciones normales, es un genuino acto democrático, en las presentes es el síntoma de un deterioro institucional y político de dimensiones gigantes. Porque los españoles ya votaron el pasado 28 de abril y porque su vuelta a las urnas no es la culminación de un proceso natural, sino la constatación de un fracaso que, lejos de penalizar a su inductor, pasa factura al ciudadano y le obliga a responsabilizarse del entuerto.

No hay que engañarse al respecto de quién es el culpable, por mucho que la maquinaria publicitaria que le acompaña intente disimularlo y presentarle como una víctima: es Pedro Sánchez, y nadie más, el máximo responsable de este galimatías, cuando no su premeditado inductor.

Y no lo es de manera repentina y ocasional, sino de forma sostenida y perfectamente calculada. Comenzó a alterar el mapa institucional en 2015, con una derrota estrepitosa del PSOE que le llevó, sin embargo, a bloquear el país y a obligarle a repetir Elecciones seis meses después.

Sánchez arranca su campaña desde el atril de La Moncloa sin calibrar los riesgos
Prosiguió en 2018, tras dos años de bronca y parálisis, con una moción de censura con los mismos socios a los que ahora ha despreciado, aliados habituales en incontables ciudades y regiones. Y ha rematado ese cuatrienio negro con un adelanto electoral forzado, tras fingir que buscaba acuerdos con otras fuerzas políticas que, en realidad, ha saboteado de manera flagrante.

Sin principios
En todos esos casos, a Sánchez no le ha movido ni el interés general ni las necesidades de España. Siempre han pesado sus intereses particulares, sus expectativas de mejora y sus cálculos personales. Sin escrúpulo alguno a lograr el poder en Navarra gracias a Bildu o pactar unos Presupuestos Generales con Podemos o alcanzar La Moncloa con los votos de ERC o a intentar una investidura con Ciudadanos.

Sánchez lleva cuatro años bloqueando a España y pervirtiendo las instituciones para lograr sus objetivos. Y vuelve a hacerlo

El líder socialista ha hecho y dicho lo uno y lo contrario de manera endémica, en un ejercicio de desfachatez sostenida que, sorprendentemente, no le ha penalizado. Porque junto a la falta de principios, la otra característica esencial de sanchismo es la utilización perversa de las herramientas del Estado para maquillar su impudor y tapar sus contradicciones: así se explica, por ejemplo, el asalto por decreto y a dedo de RTVE, clave como altavoz de sus desvaríos.

Toda esa tensión debiera conducir al PSOE a una derrota histórica, ante la evidencia de que su líder malversa los procedimientos democráticos y falta el respeto a la inteligencia del ciudadano, pero sorprendentemente ha tenido hasta ahora el efecto contrario y, donde cabría esperar un castigo electoral, en realidad ha habido un premio.

¿Y el centroderecha?
La posibilidad de lograrlo de nuevo el 10N es de hecho la única explicación a esta repetición electoral, frente a la cual no cabe esperar grandes cambios. La combinación del hundimiento de Podemos con el fraccionamiento del centroderecha, conforma el paisaje imprescindible para que el único partido capaz de aglutinar buena parte del voto de un espectro ideológico mejore en las urnas.

Y así será si Podemos no encuentra un relato alternativo creíble y, sobre todo, si PP, Ciudadanos y Vox anteponen sus intereses sectoriales a la reformulación de sus propuestas y alianzas previas al paso por las urnas.

Si de verdad se juega tanto España como dicen, su altura de miras debe exceder de los cálculos gremiales que les llevó, hace nada, a entregar la victoria a un candidato con solo 123 diputados o a regalarle el Senado al PSOE. Sin esa colaboración de sus rivales, Sánchez no tendría el futuro que lleva años fabricándose.

Sánchez bloqueó cualquier posibilidad de investidura tras blindar el pacto con Bildu en Navarra
Carlos Cuesta okdiario 18 Septiembre 2019

Pedro Sánchez ha mandado España a elecciones tras decidir que el pacto de gobernación en Navarra con los separatistas de Geroa Bai y los proetarras de Bildu no se rompía bajo ningún concepto. Sánchez descartó ceder ante la petición de Ciudadanos en esa materia y señaló que no estaba dispuesto a hacer caer a la presidenta socialista de la Comunidad Foral, María Chivite, y a dejar gobernar a la lista constitucionalista Navarra Suma.

El presidente en funciones y candidato socialista a la investidura no quiso dejar caer a la presidenta del PSN pese a la propuesta de Albert Rivera, líder de Ciudadanos. Sánchez dejó claro que mantendría su alianza con los separatistas y proetarras navarros aunque ello supusiera condenar a España a unas nuevas elecciones generales.

Rivera había planteado a Pedro Sánchez varias condiciones para abstenerse y permitir su investidura presidencial. Una de ellas afectaba a la aplicación de la Constitución Española en Cataluña y la imposición de un 155 ante un previsible desacato del Gobierno autonómico catalán tras publicarse la sentencia del juicio del 1 de Octubre.

Bajada de impuestos
La segunda de las condiciones del líder de Ciudadanos afectaba a las subidas de impuestos anunciadas por los socialistas. La formación naranja las rechaza de plano y pide que se paralicen.

Sobre esas dos condiciones el Partido Socialista aseguró no tener problema en negociar con Albert Rivera y garantizar que la Constitución Española se aplicará en Cataluña de forma plena y que las subidas de impuestos no afectarán a la clase media.

Pero el meollo de la cuestión se encontraba en la tercera condición solicitada por Ciudadanos. Esa exigencia reclamaba la ruptura del pacto con Bildu en Navarra, algo que tenía que suponer obligatoriamente dejar caer a la presidenta socialista de Navarra María Chivite.

Y en ese punto el partido de Pedro Sánchez fue y es inflexible. No reconoce tener ningún acuerdo con la formación proetarra pese a que la abstención de Bildu es decisiva para mantener a la socialista Chivite en la Presidencia navarra. Y en consecuencia no acepta ninguna exigencia de romper la gobernabilidad actual de Navarra porque ni tan siquiera asume que exista ese pacto con los proetarras.

El resultado es que Pedro Sánchez no acepta la condición navarra y por lo tanto España se ve abocada a unas nuevas elecciones generales.

La mascletá de Rivera
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 18 Septiembre 2019

Con los fuegos artificiales me pasa como con los magos: durante un minuto me encantan y al cuarto de hora me aburren. Ayer, me sorprendió la audacia o la cara dura de Rivera haciendo como que hacía un esfuerzo para evitar las elecciones, cuando su no es no a "la banda de Sánchez" ha sido la tercera pata necesaria, tras el egoísmo de Sánchez y la soberbia de Iglesias y su Erudita, para que el velador de las urnas se sostenga. Pero la mascletá terminó y el pirotécnico se queda con el careto ahumado. Por favor, no lo llamen esfuerzo cuando dura un minuto ni patriotismo si es copiado.

Como todo alumno vago, Rivera ha querido copiar; y tocaba examen de responsabilidad política. Pero desde junio ha pasado poco tiempo y queda luz en la memoria. Recordábamos ayer, antes del número ilusionista, que Rivera aseguró en la investidura que PSOE y Podemos estaban formando Gobierno en la Habitación del Pánico.

Al día siguiente no hubo pacto ni Gobierno, pero Rivera no se explicó y siguió a lo suyo: ocupar el sitio de Casado. Por eso llamó "sanchismo" al PSOE y no ofreció formar Gobierno a Sánchez, que hubiera sido la segunda vez. Aunque entonces iba en serio, con 200 condiciones; no tres y en broma.

La responsabilidad de repetir elecciones, como Sánchez le espetó a Rajoy, es la del que tiene el encargo del Rey. Y Don Falcon ha pasado el verano volando y sin recurrir a "sus socios", como les llama Rivera, para formar Gobierno. Para él socios son todos y ninguno. Según. Pero cuando el pirotécnico se largó de vacaciones y se negó a reunirse con Sánchez, Casado lo hizo dos veces y le propuso tres pactos: sobre economía, Navarra y Cataluña. Rivera se burló. Y un día antes de que el Rey termine la ronda de consultas, va y se descuelga, hablando además en nombre de Casado, plagiando lo que el líder del PP le pidió a Sánchez. Con un par. Releyendo su entrevista última en EL MUNDO, con dos pares.

Rivera dice que vio la luz este domingo: comprendió que no habría pacto PSOE-Podemos. Yo creo que se le apareció la Virgen de la Encuesta, la de Prensa Ibérica, que daba a Ciudadanos 20 escaños menos; al PP, 15 más, Vox y Podemos repetían y el PSOE apenas subía.

Así que, al grito de "¡España no puede esperar!", ha dado una voltereta para quedarse en el sitio. A Falconetti le ha salido un Riveretti.

El último frente: los abogados de ETA
DANIEL PORTERO El Mundo 18 Septiembre 2019

La condena en la Audiencia Nacional al llamado 'frente de los abogados' que trabajaba al servicio de ETA sirve al autor para reflexionar acerca del relato que sobre el terrorismo trata de imponerse en el País Vasco, y para pedir la unidad de PP, Cs y Vox en la lucha contra los restos de la organización terrorista

Hacía años que no se celebraba un macrojuicio contra el entorno de ETA como el que ha tenido lugar en la sala de vistas de San Fernando de Henares (Madrid) contra los integrantes del colectivo de presos de ETA. Posiblemente el segundo con mayor número de acusados después del gran macrojuicio del sumario 18/98 que sirvió para demoler los cimientos de ETA y todo su entramado en los años 2006 y 2007. Esta vez ha sido el frente de abogados de ETA y sus estructuras recaudadoras de fondos para los asesinos.

Los 245 presos de ETA en las cárceles españolas y francesas junto con los más de 60 huidos de la justicia en países principalmente americanos, son el último reducto de ETA que le sirve para presionar al Gobierno de España en sus históricas reivindicaciones de acercamiento de los asesinos al País Vasco. La independencia del País Vasco y Navarra es una batalla que ya han perdido muy a pesar nuestra y sobre todo de nuestros familiares asesinados a lo largo de 50 años de historia de terror.

Anteayer en la Audiencia Nacional se ha logrado dar un duro golpe al colectivo de presos de ETA, también llamado EPPK. Hay que agradecer a la Guardia Civil y al Ministerio Fiscal, representado por Miguel Ángel Carballo y la asociación Dignidad y Justicia, quienes hemos investigado y trabajado hasta el final de este proceso. La AVT también asistió al juicio.

El EPPK, a través de su entramado de estructuras: Herrira, Colectivo de Abogados, Etxerat, KT, KG y Jaiki Hadi tenían una función concreta y asumían funciones de recaudación de fondos para dar asistencia jurídica -cientos de miles de euros al año-, asistencia social, médica así como la responsabilidad sobre los actos de homenaje y bienvenida, Ongi etorris, y movilización a favor de los presos asesinos. Siempre se ha sabido que la cúpula de ETA fue dirigida por el colectivo de abogados de la organización terrorista y, en este juicio, una de sus jefes, Arantxa Zulueta, lo ha reconocido en vista pública. Es cierto que existen otros jefes de ETA que bajo la apariencia de una toga continúan en activo moviendo los hilos de los estertores de ETA, algo que perseguiremos algunos hasta conseguir llevarlos también a juicio.

Con este juicio no solo se ha logrado condenar a la última estructura de la trama civil de ETA, sino que casi 20 de los acusados dejarán de cobrar de la administración pública, pues hoy, muchos de ellos, son personal de administraciones locales gobernadas por los herederos de Batasuna, hoy encarnados por Bildu.

Desde la declaración de ilicitud de actividades de Gestoras Pro Amnistía en 2001, de Askatasuna en 2002 y la posterior ilegalización de ambas organizaciones en 2008, el frente de cárceles de ETA no había contado con una organización de masas como referente organizativo que dinamizara las reivindicaciones a favor de los presos asesinos, viéndose obligada a utilizar organizaciones pantalla como Etxerat o eufemismos como el Movimiento Pro Amnistía. Es cuando entró en el juego Herrira, sucesora por tanto de Askatasuna, cuya formación fue anunciada públicamente en febrero de 2012, creada por ETA con el objetivo de "salir de la clandestinidad". Herrira movilizaba a la sociedad batasuna y nacionalista con una falsa apariencia de ser un movimiento creado por la sociedad vasca.

La historia y el relato de los asesinatos de ETA a lo largo de estas cinco décadas debe contarse como una eliminación sistemática de la población no batasuna ni acorde con los postulados de ETA en el País Vasco. ETA era una organización terrorista abrigada por satélite, un entramado de colectivos -uno de ellos el de abogados-, empresas, asociaciones, prensa y fundaciones que amparaban, financiaban y justificaban el asesinato o los crímenes contra la humanidad que se estaban cometiendo. Es una historia de asesinatos donde nuestros familiares pusieron las nucas, donde los "siervos y lacayos" de ETA ejecutaban los asesinatos y "pringaban" en las cárceles y donde sus jefes que daban las órdenes de los atentados salían indemnes o incluso se vestían con la toga para aparentar falsamente ser lo que no eran.

Sin embargo, nunca deberíamos escribir el relato de ETA en ningún libro de enseñanza mientras existan 379 asesinatos sin resolver, sin justicia alguna desde hace muchos años. No podemos permitir que casi la mitad de los asesinatos de ETA se diluyan y olviden en el tiempo porque la organización terrorista decidió hace ocho años dejar de matar. Aún hoy continúan activos muchos tentáculos de la organización terrorista, quienes, desde una violencia sin asesinato, continúan recaudando de forma ilegal para el acomodo de los presos de ETA, acechando, extorsionando, coaccionando a los que defienden España y cometiendo kale borroka a través de organizaciones como Sare, Ernai y todo el KT o núcleo duro de abogados en Francia. Dinámicas de ETA que continúan vivas como el denominado Alde hemendik -Fuera de aquí- que a lo largo de todo el año presionan y coaccionan para expulsar a Guardia Civil o Policía Nacional en el País Vasco y Navarra. Actos de homenaje continuados a los presos de ETA cuando salen de las cárceles para recibirles como héroes son otro ejemplo de que el germen del terror aún no se ha extirpado.

Por todo ello, todos los demócratas debemos sumar en una España unida. PP, Ciudadanos y Vox deben unirse en una gran coalición por la defensa de nuestro país, no solo en el País Vasco, sino en Cataluña y otros tantos lugares de nuestro país. Se deben dejar los egos de cada líder a un lado y pensar en el futuro de nuestros hijos ya que el PSOE está haciendo un flaco favor a una España unida amigando con Bildu en Navarra o codeándose con Podemos para un gobierno nacional. Incluso, ante posibles indultos a los acusados de romper Cataluña, España debe unirse. Los acusados de Herrira, es decir, de ETA, han recibido el apoyo expreso de los futuros socios de Sánchez, presidente en funciones, lo que es un mal augurio para nuestro futuro. Estaremos siempre atentos.

Daniel Portero es diputado del Partido Popular en la Asamblea de la Comunidad de Madrid y presidente de Dignidad y Justicia.

Los etarras que devinieron en abogados
Carlos Gorostiza. vozpopuli 18 Septiembre 2019

No irán a la cárcel, no se encontrarán con todos aquellos a los que no les permitían ni un respiro y los tenían en guerra constante con la autoridad

Frente de makos. Así es como ETA denominaba las acciones que llevaban a cabo los abogados a su servicio. No al servicio de los presos que supuestamente defendían sino al servicio estricto de la banda, ejerciendo de comisarios y, por supuesto, castigando la menor disidencia.

Después de muchos años de acompañar, togados, a los etarras en sus juicios y asegurarse en primera fila de que ninguno de ellos se apartaba un ápice de las consignas de la banda, que, como era obligado, renegaba de la legitimidad de los tribunales y que de ninguna manera se avenía a ningún tipo de acuerdo que le beneficiase penalmente, ahora les ha tocado a ellos y ellas sentarse en el banquillo.

Ha sido el último “macrojuicio” al entorno de ETA. Iba a durar meses pero han bastado 30 minutos para que uno tras otro, los 47 acusados hayan ido reconociendo que no actuaron en defensa de sus clientes sino que estaban al servicio de ETA. Han afirmado, como todo el mundo sabía, que transmitían las órdenes de la banda en las cárceles, que el objetivo era garantizar la cohesión del colectivo de presos, a los que engañaban con inminentes y gloriosas amnistías, y que estaban allí para mantener informada a ETA cuando algún preso tenía tentaciones de acogerse al más leve beneficio penitenciario.

Esos comisarios inflexibles, vigilantes de que el sufrimiento de los presos de ETA no decayese y punta de lanza de otras organizaciones que se ocupaban de atender a las familias de los encarcelados y también de expulsar de su seno con ignominia a las que pretendían que su hijo o familiar se acogiese a algún beneficio carcelario, por menor que este fuese; esos mismos, han negociado, acordado, confesado, reconocido y aceptado en media hora escasa lo que obligaron a soportar a cientos de etarras que se comieron uno tras otro los años que les correspondían por sus atentados y sus asesinatos (incluso se ha dicho que en algunos casos por asesinatos cometidos por otros miembros de la banda que ETA necesitaba en libertad).

Cara a cara con sus víctimas
No irán a la cárcel, claro, por eso ha sido tanto acuerdo y tanto reconocimiento instantáneo, para no ir. Para no encontrarse cara a cara con sus víctimas, a las que no permitieron el menor respiro mientras las mantenían enfrentadas al sistema penitenciario a cualquier precio. El mismo precio que valió para otros pero que ellos y ellas no van a pagar de ninguna manera.

Hay que decir que no son los primeros en seguir la senda de negociación que a tanto otros negaron con fervor. En 2016, los dirigentes de la izquierda abertzale más significados hicieron también lo mismo que estos de anteayer, al grito de “es tiempo de vaciar las cárceles” empezando -claro está- por no entrar ellos. Se conoce que en Euskadi también reza el refrán castellano de “la caridad bien entendida empieza por uno mismo”.

Y todo eso ha pasado ante la misma Audiencia Nacional, que hasta hace nada asimilaban al Tribunal de Orden Público de una dictadura bananera y represiva y que, en base a la Ley, le ha condenado estrictamente a las penas que corresponden para quienes se avienen a colaborar con la justicia democrática.

Es de imaginar la sensación que tendrán muchos presos, encerrados durante una vida prácticamente entera que ha quedado vacía, sin sentido alguno, salvo el de causar dolor, que a lo más que pueden aspirar es a volver, ya viejos, a una Euskadi que no reconocerán, cuando vean a quienes eran su contacto, a los que creían suyos, a quienes les exigían todos los sacrificios dentro de la cárcel, cómo salen de rositas haciendo justamente todo aquello que a ellos les prohibían en nombre de “la causa”.

Parecía que a la historia de ETA no le quedaba ya indignidad alguna pero no. Aún le quedaba la de su propia felonía interna. Media hora ha bastado para hacerse realidad.

El plan secreto de Pujol: “La identidad catalana debe ser hegemónica en todos los campos de la sociedad”

M.A. Ruiz Coll okdiario 18 Septiembre 2019

Es probablemente el mayor plan de ingeniería social que se ha llevado a cabo en Europa en las últimas décadas: cientos de millones de euros públicos gastados en la construcción de la "nación catalana" para sembrar el camino a la independencia.

El entonces presidente de la Generalitat, Jordi Pujol Soley, aprobó en 1990 el denominado "Programa 2000" que tenía como objetivo transformar la sociedad y convertir a Cataluña en una nación que, llegado el momento, reclamara su "derecho" a la soberanía.

En aquel documento aprobado por Pujol en agosto de 1990, al que ha tenido acceso OKDIARIO, están todos los ingredientes que han cultivado los sucesivos gobiernos de la Generalitat durante las tres últimas décadas: el adoctrinamiento en las escuelas para moldear la personalidad de las nuevas generaciones, la selección del profesorado afín a la ideología nacionalista, la imposición lingüística como elemento clave de la nueva "hegemonía cultural" que debía imponerse a la sociedad, el discurso victimista basado en un "memorial de agravios" imaginarios, la construcción de mitos históricos, la infiltración de todos los sectores de la sociedad (medios de comunicación, sindicatos, entidades culturales, asociaciones de padres…) por "personas de confianza" dispuestas a aplicar esta hoja de ruta.

El documento expone estrategias propias del propagandista del nazismo Joseph Goebbels, para aplicar un plan totalitario de construcción nacional en todos los campos de la sociedad.

En una carta firmada el 10 de agosto de 1990 con membrete de la Generalitat, el president Jordi Pujo Soley convocó a todos los consellers de su Govern a una reunión con Ramon Juncosa (quien ocupó varios cargos en el Departamento de Educación) con el fin de debatir su propuesta para "llevar a cabo una política activa de nacionalización".

Se trataba de un documento de 34 páginas mecanografiado en catalán, con varios anexos, que Convergencia (hoy PDeCAT) convirtió en su hoja de ruta hasta la independencia. El informe –que ha sido parcialmente desvelado hasta ahora por el semanario El Triangle– abarca los siguientes "ámbitos de actuación": pensamiento, enseñanza, Universidad e investigación, medios de comunicación, entidades socioculturales, mundo empresarial, proyección exterior, infraestructuras económicas y Administración (acción interna de la Generalitat).

Ya desde su introducción, titulada "Cataluña y su identidad", el documento aprobado por Pujol deja clara sus intenciones: "En estos momentos, no se trata tanto de recuperar la identidad catalana (este movimiento nace con la Renaixença y tiene su punto álgido durante el Noucentisme) como de reinterpretarla, afirmarla y hacerla hegemónica en todos los campos de la actividad humana. No sólo en el campo de la cultura, sino en el de la política, la economía, la Administración…"

Y añade a continuación: "Hoy disponemos de herramientas capitales para que el modelo cultural catalán pueda penetrar (en un proceso lento aún, pero que habría que hacer definitivo y permanentemente revisable) en el cuerpo social".

El plan secreto de Pujol abarca todos los ámbitos de la sociedad, como la enseñanza, los medios de comunicación y la economía.

Para ello enumera tres terrenos prioritarios: la escuela ("ahora en catalán, y después plenamente catalana, que pueda vehicular todos los contenidos socio-culturales catalanes)", los medios de comunicación de masas ("y especialmente los medios públicos audiovisuales", precisa en alusión a TV3) y el "sociocultural (entidades, presencial cultural…)".

Los sucesivos gobiernos de la Generalitat no se han apartado ni un milímetro de estos objetivos, invirtiendo para ello cientos de millones de euros públicos. El “plan de nacionalización” aprobado por Pujol incluía otras metas, ya que la independencia a largo plazo no debía afectar sólo a Cataluña, sino al resto de regiones sobre las que extiende su afán expansionista, como la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares.

El documento señala estos objetivos: “Hacer hegemónica la identidad catalana. Catalanización de la base de nuestro pueblo para construir una Cataluña fuerte dentro de unos Països Catalans fuertes, centro de gravedad del Mediterráneo noroccidental. Que este trabajo tenga el horizonte en la construcción de la plenitud nacional. Profundizar en el hecho diferencial catalán”.

Pese a presentarse simplemente como “nacionalista”, ya en aquel momento Jordi Pujol Soley había iniciado un proceso de transformación social con el fin de reclamar a medio plazo la independencia de Cataluña. Dos generaciones de niños educados en el sistema de "inmersión lingüística" y la reescritura del pasado de Cataluña debían ser suficientes para alcanzar esta meta.

Programa 2000
El "Programa 2000" señala a los escolares e inmigrantes como objetivos preferentes del proceso de "nacionalización".

El documento original del "Programa 2000" recalca que estos esfuerzos de "nacionalización" deben centrarse preferentemente en varios colectivos: "la población infantil y juvenil, la población de origen inmigrante, sectores de la Administración del Estado aún impermeables a la normalización lingüística y sectores de población catalana con identidad aún vacilante".

Tan vacilante como las generaciones de hijos de inmigrantes de otras regiones españolas, a las que se ha persuadido para que abracen esta nueva "identidad nacional catalana", como única vía para poder prosperar en la sociedad. En muchos casos, hoy son los más decididos integrantes de los CDR que pretenden imponer la independencia por métodos violentos, alentados por el propio presidente de la Generalitat, Quim Torra: "¡Apretad, hacéis bien en apretad!"

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