AGLI Recortes de Prensa   Jueves 19  Septiembre 2019

Los libros de texto y la conformación de las masas
Ernesto Ladrón de Guevara TBN 19 Septiembre 2019

La Asociación de editores se queja de que recibe presiones de las autonomías para modificar los contenidos de los libros de texto.

Ya sabíamos que los caciques territoriales y sus partidos dinamitadores de la nación española han estado configurando las cabezas de nuestros niños y jóvenes como si de un disco duro de ordenador se tratara, para que tengan una forma sesgada de ver la realidad; para ajustar la capacidad cognitiva de los nuevos ciudadanos a los planes y diseños de actuación de los feudales del siglo XXI. Es una nueva forma de esclavismo cultural y de tener amarrada a la gente a esos poderes de nuevo cuño que circulan por los miniestados creados por separatistas e izquierda. El objetivo es manejar a la gente a su antojo.

Una persona que no conoce la historia de sus ancestros, que solamente conoce los ríos de su nacioncita de campanario, que desconoce quién fue Pelayo o Viriato porque no es un “pope” de su región, es un individuo cuya mente es programable pues no tiene criterio propio fundado en aprendizajes objetivos, en realidades antropológicas ciertas. Su mente está preparada para asimilar mentiras, falsedades, que a veces son burdas, ridículas, pero que germinan en esa percepción de las cosas porque una base cultural sesgada, inexacta, incompleta y preparada para que esa persona sea guiada como si fuera un robot al servicio de quien ha diseñado la forma de crear una masa aborregada

Esa es la realidad. Por fin se ha atrevido la Asociación a denunciarlo. Pero ha tardado más de treinta años en hacerlo, mientras le ha ido bien. Lo que no nos dice la Asociación del gremio de editores es la subida espectacular del gasto de las familias en material escolar y libros de texto consentido por los gobiernos caciquiles, y que ha supuesto unos magros beneficios en el sector editorial mientras las familias se ven con el agua al cuello. Mucho de ese material es perfectamente prescindible por carecer de valor real en la formación académica del escolar. Son demasiadas las asignaturas que realmente sobran por prescindibles, muchas de ellas creadas para estructurar ideológicamente el pensamiento del educando, más allá de lo que el mismo Franco se atrevió en su Régimen, ridiculizado por el Florido Pensil. Quienes acusan al franquismo de modelar la escuela superan con creces aquella Escuela Nacional de la Enciclopedia Alvarez.

Esa es la realidad, y lo demás son cuentos chinos.

Tenemos 17 autonomías que se han constituido en miniestados que gastan y gastan a espuertas mientras que el país se depaupera progresivamente y se endeuda hasta las cejas.

Tenemos 17 autonomías que han desmantelado el sistema educativo nacional, que es la columna vertebral para que exista un Estado nacional. Sin sistema nacional de educación la nación no existe. Eso no lo digo yo, lo afirman los principales politólogos de la educación en el mundo, siguiendo la teoría política de la fundación de los Estados nacionales liberales desde su constitución tras la sustitución de las monarquías absolutas por los estados liberales y las democracias gestadas durante el siglo XIX en el mund

Tenemos 17 autonomías que son el abrevadero de los parásitos que viven gracias a sus partidos políticos.

Tenemos 17 autonomías, muchas de ellas con unas barreras lingüísticas que son la excusa para impedir la movilidad de los españoles, sus derechos individuales y el acceso a los bienes culturales, la consecución de plazas de trabajo en los servicios públicos, dejando sin efecto el artículo 14 de la Constitución que garantiza la esencial igualdad de todos los españoles.

Tenemos 17 autonomías que han dinamitado en la práctica los escalafones docentes, rompiendo los cuerpos nacionales y blindando el acceso al funcionariado para crear cuerpos de funcionarios propios en la práctica, rompiendo los nacionales, sobre todo en la enseñanza, principio esencial para construir un comisariado político que es una maquinaria perfecta para modelar las mentes para que sean buenas receptoras de los mensajes separatistas.

Y, entre tanto, la Ministra de Educación negando que existan problemas y contradiciendo a la Asociación de editores. Nos toma a los ciudadanos por idiotas.

Algunos vemos las cosas, señora Celaa. Todavía hay gente que piensa por sí mismo, sin convertirse en masa aborregada.

PP, Cs y Vox tienen que entenderse antes del 10N: después ya es tarde
EDITORIAL. ESdiario  19 Septiembre 2019

Las Elecciones ofrecen a PP, Cs y Vox la oportunidad que desaprovecharon el 28A, cuando regalaron el Senado y decenas de escaños al PSOE. No entenderse ahora sería inaceptable.

Las Elecciones Generales del 10N son, ante todo, un intento de Pedro Sánchez de mejorar sus propios resultados que se perpetra solo cinco meses después de que los españoles pasaran por las urnas. Es la segunda vez que se repiten comicios y, en los dos casos, el inductor ha sido el mismo; en diciembre de 2015 y en junio 2016 ocurrió lo mismo.

En aquel momento por la negativa del candidato socialista a aceptar el escrutinio de votos y negar lo que ahora él exigía: un desbloqueo de la investidura de Rajoy, que a diferencia de él no tenía apoyos de otros partidos salvo Ciudadanos y necesitaba la abstención socialista.

Saldadas las dos citas con fracasos históricos del PSOE, Sánchez recurrió a la moción de censura, sirviéndose de Podemos y del independentismo sin reparo alguno y pactando luego con Pablo Iglesias, nada menos, los Presupuestos Generales del Estado. Después disolvió las Cámaras, anticipó Elecciones, las ganó y ha estado medio año sin dialogar ni pactar en serio con nadie hasta llegar al momento actual.

La secuencia descrita no es una ficción, sino un escrupuloso repaso del currículo de un dirigente que, en definitiva, no ha dado respiro a España desde 2015 y que, paradójicamente, no ha dejado de crecer electoralmente hasta el punto de negarse ahora a aplicar lo que hace nada convirtió en un mantra para, está claro, maquillar su asalto a La Moncloa con apenas 80 diputados: las alianzas, el diálogo y el parlamentarismo eran meras excusas para camuflar su acceso a la presidencia con 50 diputados menos que Rajoy.

Pero no hay que engañarse. El resultado hubiera sido otro de no coincidir dos fenómenos a la vez que, juntos, magnifican un resultado que a Rajoy, sin ir más lejos, le obligo a ir a las urnas. Uno es el hundimiento de Podemos. Y el otro, más relevante, la dispersión del voto de centroderecha en tres siglas, lo que inutilizó miles de votos y regaló escaños al PSOE que jamás hubiera logrado.

El Senado del 155
El caso del Senado es paradigmático: allí los socialistas tienen mayoría absoluta, a pesar de que el voto sumado de PP y Cs -sin necesidad incluso de Vox- la hubiera logrado sin problemas. Algo que pasó también con el reparto de escaños en veinte circunscripciones, entregadas a la izquierda por esa división del centro y la derecha.

Sánchez cuenta con que eso vuelva a ocurrir, pues es plenamente consciente de que en España siguen existiendo dos bloques ideológicos sólidos y de que, hasta mayo de 2018, el suyo estaba a cinco puntos del centroderecha. Por eso impuso la moción de censura y aprovechó la división para convertir luego un resultado modesto en una gran victoria.

El 10N ofrece a PP, Cs y Vox una oportunidad de corregir eso y de traducir mejor en escaños el respaldo que acumulan entre los tres. No tiene sentido anunciar alianzas poselectorales y negarse a aplicarlas antes de las urnas para evitar la pérdida de votos y el regalo de escaños decisivos al dirigente al que dicen querer relevar.

Si esto es cierto, nada justificaría que PP y Cs, cuando menos, no acudan a las urnas de manera conjunta allá donde sea posible y tengan claro que así traducirán mejor sus votos en papeletas: otra cosa equivale a ayudar a Sánchez a lograr una representación que nace más de la incapacidad de sus rivales para entenderse que del apoyo cierto que tiene.

Un indicio antes de votar
No parece que Cs ni Vox estén muy dispuestos a coger la mano tendida por el PP para trabar esa alianza, resumida en el concepto "España Suma", pero hay tiempo aún para invertir esa sensación y dar un paso que descolocaría por completo a Sánchez y les acercaría a ambos a la victoria electoral.

Y no tendría mucho sentido que los mismos líderes que presentan la salida de Sánchez como una necesidad vital de España se negaran, por razones internas de vuelo raso, a adoptar las fórmulas electorales más adecuadas para lograrlo. Quien se niegue a hacerlo, pues, tendrá menos credibilidad para pedir el voto y podrá ser percibido, no sin razón, como un aliado del mismo PSOE al que considera urgente desalojar.

Los españoles tienen que recordar
Nota del Editor 19 Septiembre 2019

No hay qye olvidar que hemos llegado a esta situación por la traición del PP, que tiene que desaparecer. Hay que votar a Vox y dejarse de tonterías y de repetir los errores otros cuarenta años .

¡Viva la reacción!
Amando de Miguel Libertad Digital 19 Septiembre 2019

Tiene tanto predicamento el progresismo imperante en España que oponerse a él aparece como una maniobra indigna, condenable, en definitiva, facha. El progresismo es el resultado de una auténtica y decidida revolución (o involución) en las costumbres y en las leyes. Se muestra como la culminación de un secular movimiento que prima el hedonismo, el rechazo de principios morales y religiosos, el triunfo de lo mediocre y vulgar, la indigencia intelectual. En definitiva, el progresismo es una de las fuerzas más dañinas de nuestro tiempo. Solo que sabe disfrazarse con piel de cordero para parecer solidario o benéfico. Es la caricatura del progreso.

Es tal la hegemonía progresista en España que logra contagiar también a las fuerzas que podrían pasar por tradicionales, conservadoras o de derechas. Por ejemplo, un partido tan oligárquico y retrógrado como el Partido Nacionalista Vasco se muestra muy satisfecho de aliarse con la izquierda progresista. El Partido Popular y Ciudadanos podrán considerarse a sí mismos como de centro-derecha, pero tragan con la ideología de género (se entiende, el femenino), el feminismo exaltado, la legalización del aborto, la infausta ley de memoria histórica y tantas otras posiciones ideológicas del progresismo imperante. En resumidas cuentas, el sedicente centro-derecha vive acomplejado.

El progresismo que hoy domina solo podrá ser vencido mediante una activísima reacción moral de las fuerzas sociales y políticas. Tiene mala prensa eso de la reacción, lo que demuestra precisamente el predominio de la izquierda progresista. Es lástima que en la esfera de la actividad pública no se haya sabido sacar partido de los sentidos positivos que dan las distintas ciencias a la voz reacción. Véanse estas definiciones: "Acción o cambio producido en un ser vivo como respuesta a un estímulo"; "alteración producida en el organismo por un medicamento o vacuna"; "recuperación de la vitalidad normal después de una bajada"; "acción recíproca de dos o más sustancias químicas que dan lugar a transformaciones en ella".

En la política española la única fuerza con capacidad de reacción, sin complejos, es la minoritaria Vox. Por ejemplo, es la única capaz de enfrentarse al discurso dominante sobre la violencia de género, se entiende, la que se ejerce contra las mujeres y con prescindencia de las otras formas de fuerza ilegítima. Ese confuso sintagma no es más una tapadera para conceder subvenciones y preeminencia a los grupúsculos feministas. De tal forma que oficialmente se consigue el oscurecimiento de la violencia que puedan ejercer las mujeres contra los varones, los niños, los ancianos. Por eso Vox reivindica el planteamiento más generoso de la violencia intrafamiliar, aunque sería mejor llamarla violencia doméstica. No siempre llega al extremo del homicidio; basta con que unos estorben sistemáticamente la vida de los otros dentro de la esfera doméstica, incluyendo la venganza contra los exes (las personas divorciadas). Es una situación muy corriente, aunque de ella no se tenga constancia estadística.

En el rincón de la intelectualidad en lengua española, tan exiguo, destaca la suprema lucidez del colombiano Nicolás Gómez Dávila (Colacho), todo un clásico. Así plantea la cuestión sin pelos en la lengua: "El hombre inteligente llega pronto a conclusiones reaccionarias. Hoy, sin embargo, el consenso universal de los tontos le acobarda. Cuando le interrogan el público, niega ser galileo". Y así define al reaccionario, que buena falta nos haría en España: "El reaccionario no es un señor nostálgico, sino un insobornable juez". Sigue con la metáfora de la judicatura, tan cara a la cultura hispánica: "Los reaccionarios resultamos tediosos adelantando ante un tribunal de indiferentes la rehabilitación de los asesinados". Por ejemplo, en España, las víctimas de Paracuellos al comienzo de la guerra civil. No se trata de que los reaccionarios sean el envés de la izquierda, porque, sigue Colacho, "la izquierda y la derecha tienen firmado, contra el reaccionario, un pacto secreto de agresión perpetua". Asombra que un pensamiento tan lúcido no haya influido más en España. No puede hacerlo, pues la hegemonía progresista resulta apabullante, descorazonadora.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Las urnas nuevas del emperador
DAVID JIMÉNEZ TORRES El Mundo  19 Septiembre 2019

El 6 de junio, cuando nos empezábamos a poner esa ropa de verano que ahora vuelve al altillo, el Rey propuso a Pedro Sánchez como candidato a la investidura. Le faltaban unos cincuenta escaños para la mayoría absoluta, pero había sido la fuerza más votada en las elecciones, decía sentirse legitimado para formar gobierno y tenía dos vías posibles para obtener los apoyos que le faltaban. La más clara era formar una coalición con Podemos, partido al que el propio Sánchez había proclamado su socio preferente y con quien ya gobernaba en varias autonomías (siempre en solícito acuerdo con cualquier nacionalista que hubiera a mano). La otra vía era hacer una oferta a Ciudadanos y/o al PP que los animara a abandonar su rechazo a la investidura. Podía ofrecer una gran coalición (como la que Rajoy propuso en 2016 al propio Sánchez) o un pacto programático. El caso es que Sánchez aceptó el encargo del Rey y, después, se negó a transitar por ninguna de las dos vías. Se escabulló todo lo que pudo de la coalición con Podemos y, cuando este rechazó su propuesta -tan chapuceramente negociada-, se negó no ya a ampliarla sino hasta a volver a ponerla sobre la mesa. Por el otro flanco, en lugar de hacer una oferta lanzó a su aparato propagandístico contra Cs mientras guiñaba el ojo a Casado: nos vemos en el rebipartidismo. Aunque la obligación de conseguir apoyos seguía siendo de quien pretendía ser investido, el que se acabó moviendo fue Rivera: propuso abstenerse a cambio de tres condiciones razonables. El PSOE se hizo el distraído, murmuró que se estaba quedando sin cobertura. Antes de que las contradicciones de su posición se hicieran aún más evidentes, Sánchez dejó claro que no intentaría otra investidura. Escasos minutos después, decía a los ciudadanos que "lo he intentado por todos los medios, pero nos lo han hecho imposible".

El objetivo socialista es diáfano: que las nuevas urnas tapen las vergüenzas de estos meses mareando la perdiz y contribuyendo al bloqueo que dicen lamentar. Y, de forma más general, que esas nuevas urnas legitimen de una vez la aventura sanchista. Que escondan bajo un rico encaje de escaños todas las claudicaciones morales e intelectuales que ha supuesto la época de Sánchez al frente del PSOE. Que los ciudadanos se convenzan, al fin, de que cuando le miran no están viendo la desnudez de su oportunismo embustero, sino el traje imponente de un gran estadista. Solo hay un problema: las urnas son transparentes.

Un eclipse de la inteligencia
Gabriel Albiac ABC 19 Septiembre 2019

En ausencia de ideas, manda el odio. La política española es territorio de espíritus no demasiado ilustrados. A la política acaba yendo a parar lo peor de cada casa: quídams que de ningún otro modo lograrían ganarse el condumio. Nadie que posea talento estaría dispuesto a malograr su vida en la condición sierva de un apparátchik: epítome de la grisura bien pagada.

Los que tienen más aguante o mejor instinto asesino llegan, con un poco de suerte, un mucho de padrino y un demasiado de codazo en el hígado al colega, hasta el vértice de su partido. En circunstancias óptimas, pueden incluso llegar al Palacio de la Moncloa. «No te lo vas a creer, Mari Pili, pero me han hecho presidente del Gobierno» debiera ser la divisa del triunfador político. Basta hacer una relación de los títulos y saberes de los parlamentarios españoles para echarse a llorar y no parar en siglos. En cuanto a los gobiernos, ¿alguien recuerda las titulaciones académicas de los ministros de aquel onírico Rodríguez Zapatero?

En la Francia revolucionaria de 1789, Condorcet planificaba la configuración de una «aristocracia de la inteligencia» que desplazase a la rancia «aristocracia de la sangre» en el poder del Estado y que borrase, con ello, para siempre el Ancien Régime. Diseñó, con ese fin, una red docente específicamente consagrada a la formación de los altos funcionarios estatales, que codificaría la «comisión Lakanal» en 1794: ése fue el origen de las «grandes escuelas», en las cuales se forjó la élite política durante dos siglos. España es el contraejemplo. Aquí todo político, en diversa medida, apuesta por un analfabeto plebeyismo. Cada vez da más grima pagar sueldo a esa gente.

Las consecuencias son, claro está, letales. La inteligencia cataloga interrogantes, callejones sin salida, busca sus determinaciones, traza líneas de orientación en ese laberinto que es un Estado moderno; y ningún interés tiene en fobias o en filias, ni en ridículas ambiciones de individuos arribistas. La ausencia de inteligencia -y la ausencia de formación técnica y cultural que le va unida- no deja más modo de hacer política que el despliegue estratégico de amores y odios: loco teatro de un universo en cerril enfrentamiento de «amigos y enemigos». Bien entendido que «amigo» es, para un político, aquel que consolida su sueldo y «enemigo» aquel que aspira a quitárselo.

El ejemplo de estos últimos meses es clamoroso. Ningún partido político español -ninguno- posee una estrategia ni un programa diferenciables de los programas y estrategias de los otros. Da risa ver a sus líderes hacer bizantinismo de guardarropía para explicar a la clientela lo novedoso y salvífico de su proyecto. Y la realidad triste es que la nación hubiera ya saltado por los aires de no existir una UE que a) dicta la política económica y b) teme más que a un nublado a la balcanización de los países europeos.

En ausencia de conceptos, el odio ha tomado dimensiones sencillamente locas. Odia el que gobierna a quien aspira a gobernar en lugar suyo. Odia el que perdió el gobierno a aquel que le quitó la silla. Odia a todos el que aún no ha disfrutado de la púrpura… Podría ser cómico el espectáculo de esa gente que sueña sólo con acuchillarse. Podría serlo, si ese deseo no estuviera siendo proyectado sobre la pobre gente, la que nada ganará nunca ni con el gobierno de uno ni con el de los otros. El odio de los necios está siendo transferido a la sociedad española. Es un veneno mortífero, un eclipse total de la inteligencia.

España vuelve a las urnas el 10-N
El balance del bloqueo de Sánchez: 146 días de legislatura, 24 millones en sueldos y ninguna ley

Gonzaga Durán okdiario 19 Septiembre 2019

¿Qué va a costar la repetición de las elecciones a los españoles?
España vuelve a las urnas: el Rey constata que Sánchez no tiene apoyos y no habrá investidura

La actual XIII Legislatura finalizará el próximo martes 24 de septiembre después de que Pedro Sánchez, presidente del Gobierno en funciones, no lograse recabar apoyos para una investidura. El 23 era el plazo máximo para que hubiese una investidura, algo que no ocurrirá después de que el Rey Felipe VI no designase a ningún candidato por la falta de "apoyos necesarios". La presente legislatura, de 148 días de duración, deja un gasto de más de 23,8 millones de euros entre los parlamentarios y ninguna ley aprobada.

Este gasto total es la suma de los sueldos diarios de los diputados del Congreso y los miembros del Senado, las ayudas y subvenciones a los partidos políticos, los dispositivos empleados por los parlamentarios y sus viajes.

Los diputados y senadores cobran 99.529 euros diarios. A esto hay que añadir los extras y complementos que reciben los parlamentarios por pertenecer a las comisiones constituidas tanto en el Senado como en el Congreso. El gasto total de los sueldos de los parlamentarios en esta última legislatura ha sido de 16,28 millones de euros, según datos de ‘Newtral’.

Cada día, los grupos políticos reciben también ayudas en forma de subvenciones, unos gastos diarios que llegan a los 44.700 euros. En lo que ha durado esta legislatura, la cifra de gastos en este sentido habrá sido de 6,5 millones de euros.

Otro aspecto a tener en cuenta son los dispositivos adquiridos por el Congreso y el Senado. En la Cámara Baja se adquirieron 400 nuevos iPads para los diputados de esta legislatura, lo que ha supuesto un gasto de 504.673 euros en total, al costar cada uno cerca de 1.250 euros. En el Senado no se han llegado a obtener tabletas, pero sí 300 nuevos móviles de alta gama y otros 140 de gama media a través de un nuevo contrato. Estos dispositivos móviles para la Cámara Alta alcanzaron un gasto de 1.190.000 millones de euros.

Por último, hay que sumar los gastos en concepto de viajes de los diputados: 504.792,37 euros hasta la fecha. De los senadores se desconoce todavía sus gastos en este sentido debido a que la Cámara Alta no ha hecho pública aún esta cantidad. Desde las elecciones generales del 28-A hasta el 23 de septiembre, último día antes de que se disuelvan las Cortes Generales, han pasado 148 días.

Ninguna ley aprobada
La XIII Legislatura, además de ser corta, no ha supuesto ningún avance a nivel parlamentario, puesto que no se ha aprobado ninguna ley. La legislatura que acaba también ha tenido escasa actividad parlamentaria, prueba de ello es el Senado, donde tan sólo se han celebrado tres plenos: dos ordinarios y uno de sesión de control al Gobierno de Pedro Sánchez.

En el Congreso, siete sesiones del Pleno en total. El pasado 21 de mayo se celebró un pleno en el Congreso con motivo de la Constitución de las nuevas Cortes. El debate de investidura fallido de Pedro Sánchez tuvo lugar los días 22, 23 y 25 julio. El pasado 30 de julio se conformaron las comisiones parlamentarias, además de la Diputación Permanente. El 29 de agosto tuvo lugar un pleno extraordinario por la comparecencia de Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno en funciones, para explicar la actuación del Gobierno con la crisis de los inmigrantes rescatados por el Open Arms.

A esto hay que sumar dos sesiones de Control al Gobierno de Pedro Sánchez celebradas en septiembre y otros dos plenos ordinarios. Tampoco hay que olvidar las dos sesiones llevadas a cabo por dos de las comisiones parlamentarias constituidas.

¿Por qué 7,5 millones eligieron a lo peor?
Sigfrid Soria eltorotv.com 19 Septiembre 2019

El ser humano tiende a percibir merecer más de lo que tiene y aspira constantemente a mejorar sus condiciones, siendo probablemente esta característica común la que nos haya impulsado a evolucionar como especie. Entonces, ¿qué les ocurrió a los más de siete millones que votaron a Pedro Sánchez el pasado abril? ¿Acaso hay tantos españoles que no creen merecer más, que no aspiran a mejorar, que se conforman con el tipo al que votaron?

Seguidamente procedo a sobrevolar sobre el perfil del triste personaje. El presidente del Gobierno de España plagió su tesis doctoral en un 16%, según Turnitin, o en un 21%, según Plagscan, aunque Moncloa mintiera insólitamente con su 0,96% oficial. El mero hecho de que un relevante político plagie para obtener un título académico ya es suficiente como para que se produzca su dimisión irrevocable. El mejor resultado electoral de Pedro Sánchez fue el del pasado 28-A, con un 28,68% de los votos, que es el peor resultado del PSOE en la actual democracia. A este resultado se le acerca el de Rubalcaba en 2011, con un 28,76%, resultado tan malo que marcó el inexorable declive político de aquel siniestro aspirante. Pero si nos vamos al peor resultado del plagiador, un 22,01% en 2015, resulta que nos tenemos que remontar para obtener peor resultado que ese a la España de 1936 con Indalecio Prieto como líder del PSOE, un 20,09%. En cualquier caso, se puede afirmar que los resultados electorales de Pedro Sánchez comparados con los históricos del PSOE son de los peores de esa fuerza política golpista y ladrona, aunque su actual Secretario General esté permanentemente a punto de autoproclamarse emperador de la socialdemocracia europea. Ver para creer.

Prosigo con el repasito deteniéndome en el concepto de logística que tiene el presidente. A bodas de familiares, a conciertos con su mujer, de postureo a incendios e inundaciones, a Burgos, a actos de campaña electoral y a disfrutar de vacaciones: para todo eso y más, Falcon y Super Puma públicos, que es exactamente lo último que cabe esperar de uno que dice tener principios socialistas. Por cierto, una vez vino a Lanzarote de vacaciones, en Falcon por supuesto, infringiendo las normas de aviación pues apareció saliendo de la cabina con su perra Turca, sin transportín, y sin transportín también, e infringiendo pues las normas de tráfico, se montó con Turca en el cochazo oficial.

Alejándome de la anécdota y yendo al fondo, propongo reflexionar acerca de que el propio PSOE le rechazó y forzó su huida del liderazgo orgánico. Asimismo, conviene reflexionar sobre el hecho de que es el primer y único presidente del Gobierno de España que jamás ha sido investido tras resultado electoral pero que, además, ha fracasado en 4 intentos de investidura. Voy a repetir en letras el número citado: CUATRO. Para no extenderme, al objeto de que el lector no vaya a percibir ensañamiento, finalizo la descripción enfatizando algo que me parece fundamental: Pedro Sánchez es el único presidente del Gobierno de España que ha llegado a serlo sin que los españoles le votaran pues no era siquiera diputado cuando llegó a La Moncloa.

El problema es usted, señor Sánchez
Juan Francisco Martín Seco republica 19 Septiembre 2019

Algunos no lo saben, pero existe una asignatura que se llama Derecho Constitucional Comparado y que recoge los distintos modelos de organización política acuñados a lo largo de la historia en diferentes países. Todos ellos tienen sus propias reglas, lógica, y consistencia interna. Al elaborar su constitución, cada Estado se ha inclinado por uno u otro sistema. Así ha ocurrido con nuestra carta magna, aprobada en 1978, que tiene sin duda sus defectos, defectos que pueden corregirse, pero, eso sí, manteniendo siempre su coherencia. En los momentos actuales, época de irreverencia, carente de todo respeto, son muchos periodistas y políticos los que se creen capacitados para aconsejar cualquier cambio, mezclando normalmente churras con merinas, trasladando elementos propios de sistemas presidenciales y mayoritarios a los proporcionales y parlamentarios.

Pero ha sido el propio presidente del Gobierno el que desde la misma tribuna del Congreso de los Diputados ha propuesto la modificación del artículo 99. Todo ello tendente a que alguien, sin tener el suficiente respaldo de las Cámaras, pueda llegar a la Moncloa; dicho en román paladino, que Pedro Sánchez con 123 diputados pudiera gobernar como si tuviera mayoría absoluta. Ciertamente, Sánchez nunca hubiera planteado tal modificación en 2015 o en 2016, cuando era el PP con Rajoy el partido más votado. Pero ya se sabe, en Pedro Sánchez nada es permanente, todo depende de cuáles sean sus intereses. Siempre tiene, si le conviene, otros principios disponibles.

Es cierto que la actividad política está casi bloqueada desde 2015, pero en modo alguno tiene la culpa de ello la Constitución ni el artículo 99, sino la clase política, que no se ha acostumbrado a la nueva estructura del arco parlamentario y son incapaces de entenderse. No obstante, la pieza sustancial de esa desarmonía y que se encuentra siempre en el centro del tablero es Pedro Sánchez y su ambición política. Fue el gran obstáculo en 2015 y en 2016, cerrando cualquier posible solución que no pasase por su investidura como presidente del gobierno, hasta el extremo de que tuvo que ser cesado de secretario general de su partido para que se deshiciese el bucle que había generado en la política española.

El paréntesis duró poco porque, tras retornar a la Secretaría general del PSOE por ese procedimiento caudillista que son las primarias, y apoyándose en el “no es no”, aprovechó la primera ocasión que se le presentó para alcanzar la presidencia del gobierno, aunque fuese mediante ese gobierno Frankenstein que su partido no solo había rechazado rotundamente, sino que había considerado una locura, porque locura era pretender gobernar con 88 diputados y con los votos y el apoyo de los que acababan de dar un golpe de Estado y continuaban en la misma estrategia y persiguiendo el mismo objetivo.

Pues esa locura se llevó a cabo a través de una moción de censura de la que paradójicamente fue muñidor Podemos. Seguro que a estas alturas esta formación política se arrepiente amargamente de ello. A Pablo Iglesias le ha ocurrido lo mismo que a la rana de la fábula. Esta no tuvo en cuenta que estaba en la naturaleza del escorpión comportarse como tal. Pues bien, Pablo Iglesias debería haber previsto que se encuentra en la naturaleza de Pedro Sánchez actuar como un depredador político, que no le iba agradecer que le hubiese dado el gobierno y que solo consideraría a Podemos en tanto en cuanto le resultase útil como instrumento para sus fines.

No obstante, Pedro Sánchez fue consciente desde el principio de la anormalidad que representaba un gobierno asentado sobre un partido con 88 diputados y sobre un amasijo de fuerzas políticas de lo más heterogéneo y con finalidades antagónicas e incluso algunas de ellas anticonstitucionales. Por eso asumió el poder como una larga campaña electoral, seguro de que se vería forzado más pronto que tarde a convocar elecciones. Poco importaba el gobierno real de la nación, lo relevante para él era la rentabilidad política y electoral que se pudiese obtener en ese periodo de tiempo. De ahí la utilización abusiva del decreto ley, y las múltiples concesiones a los independentistas con la finalidad, estas últimas, de alargar lo más posible una situación irregular que lógicamente era inestable y se sabía precaria.

Las cesiones de Pedro Sánchez a los secesionistas no pudieron evitar que el gobierno Frankenstein mostrase sus contradicciones, y después de gobernar durante un año con los presupuestos de Rajoy resultó imposible aprobar unos nuevos presupuestos. Los independentistas enseñaron pronto su verdadera faz y fue preciso convocar unas nuevas elecciones. Bien es verdad que para entonces Sánchez ya había utilizado su estancia en el gobierno para hacer la correspondiente propaganda, lo que le sirvió para pasar en los comicios, de 88 diputados a 123, a costa de Podemos que perdió más votos que los que ganó el PSOE. No nos puede extrañar que, tras las elecciones de abril y ya con más diputados, Sánchez pretendiera renovar el gobierno Frankenstein, ya que para ello contaba con los nacionalistas e independentistas -al menos con los más pragmáticos- y esperaba que Podemos siguiese aceptando la condición de tontos útiles. Pero por lo mismo, también, es harto comprensible que Podemos, escamado de la etapa anterior, no estuviese dispuesto a jugar con las mismas reglas y pretendiese formar parte de un gobierno de coalición.

A pesar de tener tan solo 123 diputados (la misma cifra que tenía Rajoy cuando hubo que convocar nuevas elecciones en 2016 y la misma que alcanzó Pérez Rubalcaba en 2011 y que le hizo dimitir de secretario general del PSOE), en ningún momento Pedro Sánchez ha estado dispuesto a compartir el poder. Por esa razón, más allá de pedir la abstención, no ha querido hacer ninguna oferta seria a Ciudadanos ni al PP, tal como la hecha por Rajoy en 2015, y a la que Sánchez contestó con el “no es no”. Y es por la misma razón que ha pretendido que Podemos le concediese su apoyo, con la añagaza de un programa que, como todo el mundo sabe, después se cumple o no.

Descartó desde el principio un gobierno de coalición. En esa línea fue haciendo proposiciones, a cada cual más pintorescas, bajo el nombre un tanto ignoto de “gobierno de colaboración”, desde colocar en el gobierno a independientes hasta ofrecer cargos en la Administración o en las empresas públicas (cuando lo lógico es que sean ocupados por funcionarios) a miembros de Podemos. No tuvo más remedio que aceptar sentarse a la mesa para discutir un gobierno de coalición cuando Iglesias le descolocó excluyéndose del futuro gobierno, accediendo así al veto utilizado por Sánchez como excusa. Pero toda la negociación fue una farsa puesto que Sánchez y los sanchistas hicieron todo lo posible para abortarla. Tras una serie de reuniones en las que se mareó la perdiz, presentaron una oferta (la única) ridícula y humillante (véase mi artículo del 1 de agosto pasado) y además con plazo de caducidad. Lo que se buscaba es que se rechazase, para descartar así con ese pretexto definitivamente el gobierno de coalición.

Tras la investidura fallida, dadas las buenas expectativas electorales que le pronosticaban las encuestas y las reticencias de Podemos a pactar sin gobierno de coalición, Pedro Sánchez ha jugado claramente a unas nuevas elecciones, por eso en estos dos meses no ha hecho absolutamente nada para formar gobierno, excepto teatro, responsabilizando a los demás de la previsible disolución de las Cortes. Los ha empleado en construir el relato, presentándose como el único que puede ofrecer estabilidad, pero lo cierto es que la inestabilidad que sufre desde 2015 la política española solo tiene un culpable, Pedro Sánchez y sus ansias de llegar y mantenerse en la presidencia del gobierno sin importar los medios a emplear y con quiénes haya que pactar.

No es que desde abril haya estado perdiendo el tiempo condenando a la política española a la inacción, tal como afirman ciertos comentaristas de derechas. Es que España lleva cuatro años de parálisis política, funcionando a retazos y en provisionalidad. Desde el “no es no”, Sánchez ha estado en el origen del circo. Por eso, la mayor hipocresía es pretender presentarse en las próximas elecciones como garante de la estabilidad, habiendo sido el principal elemento desestabilizador. Para que la política española se estabilizase se precisaría la dimisión de Pedro Sánchez y el nombramiento de otro candidato por el PSOE, pero dado el control que las primarias le han dado sobre el partido y la transformación a que ha sometido a este, la hipótesis de la dimisión es un puro espejismo.

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No me toquen los buzones
Antonio Robles Libertad Digital 19 Septiembre 2019

Es nuestra responsabilidad no ser cómplices de tanta mentira, farsa, miseria, incoherencia…

En una democracia representativa, la responsabilidad primera recae en la voluntad general de los ciudadanos. Delegada electoralmente en sus representantes, son los diputados del Congreso los responsables de traducir esa voluntad general del pueblo en acciones de gobierno eficaces y universales que mejoren a todos los representados y al imaginario nacional que les otorga soberanía.

Visto lo visto, nuestros representantes han demostrado todo menos responsabilidad. Y lo han hecho demoliendo con empeño y desvergüenza todos los valores en los que se sustenta la confianza delegada de los ciudadanos en sus representantes. La coherencia, las promesas dadas, la lealtad, la honradez, el respeto a los electores y a sí mismos… Eso que politólogos y periodistas de moda justifican con autosuficiencia atribuyéndolo al cuajo de los políticos de raza. Vamos, que para ser político comme il faut hay que ser más tramposo que Pedro Sánchez. ¿O era Maquiavelo?

Desde ayer, sin embargo, no hay español corriente que no se cisque en la farsa de Pedro Sánchez y Albert Rivera, los dos cortados por el mismo patrón y las mismas ambiciones; en la bisoñez de Pablo Iglesias, ese asaltador de cielos con aires de estar de vuelta de todo sin haber ido a ninguna parte; en el mercenario Rufián con sueldo de charnego agradecido, ínfulas de estratega y ademanes de parvulario en busca de un presidente que le ría las gracias al negocio nacional, al diálogo perpetuo y al indulto como chantaje; en Pablo Casado, que no acaba de limpiar al PP allí donde es más necesario, en la foralidad navarra y vasca, y en la inmersión lingüística de la Galicia de Feijóo, en la soberbia intelectual de Cayetana Álvarez de Toledo, quizás lo más inaudito, porque ya que la soberbia es pecado capital, que al menos sea ilustrada e inteligente; y en la raza de Santiago Abascal, por no acabar de salir del Concilio de Trento y aborrecer el nacionalismo periférico mientras cultiva el propio.

Pues desde hoy deberíamos extender ese proceder crítico al mundo periodístico. Por mercenarios de esta farsa. Hay quien dirige medios o defiende posiciones ideológicas, o líderes políticos asumiendo tal condición. Nada que objetar. Pero cuando la inteligencia probada se pone al servicio de hacernos tragar, mientras se disimula neutralidad, con ruedas de molino, es patético. Esta misma semana, un periodista intentó convertir la desesperación de Albert Rivera, en una jugada maestra pergeñada con paciencia infinita y nervios de acero, para lanzar el órdago en el momento adecuado. Increíble, como si el resto de los mortales fueran imbéciles. ¿Qué diferencia hay entre la impostura de Sánchez y la periodística? Una, que la de Sánchez va en el cargo, y la periodística se esgrime como libertad de expresión.

Ahora bien, ni los políticos son los únicos culpables ni los plumillas, los únicos cómplices. Puestos a ser coherentes, los electores, eso que se dice "pueblo" en plan romántico, no podemos irnos de rositas. Los políticos nos han fallado, y nos han pasado la responsabilidad al pueblo llano. Es nuestra responsabilidad no ser cómplices de tanta mentira, farsa, miseria, incoherencia… y votar o no votar, por las mismas razones que nos han tomado el pelo los políticos. De lo contrario, la frase "Cada pueblo tiene el gobernante que se merece" será verdad. Y al cierre de la noche electoral será mejor que nos callemos y pongamos con glamour las posaderas.

Coda: hemos llegado al final sin hablar del titular: "No me toquen los buzones". No estaría mal que la campaña que ha surgido de forma espontánea en internet oponiéndose a que los partidos nos inunden con 56,5 millones de euros en propaganda electoral tuviera eco y seguimiento. Ya está bien, basta de llevarnos a las urnas desde casa con nuestro dinero, como se lleva al perro con el collar al cuello.

Nacionalismo propio
Nota del Editorl 19 Septiembre 2019

Vaya manera de meterse con quienes defendemos España. Ahora resulta que en vez de lengua propia tenemos nacionalimso propio. En vez de votar a Vox para que España no siga diendo destruída, echa basura disfrazada de inteligencia.

El PP sin competencia
Cristina Losada Libertad Digital 19 Septiembre 2019

Uno puede no ser fan del multipartidismo y no añorar tampoco la Edad de Oro. Aquella supuesta época dorada –siempre es mítica– en que dos partidos se repartían el pastel y no era tan complicado lo de las investiduras. Entonces, con la competencia entre partidos prácticamente limitada a dos grandes superficies –una en la izquierda, otra en la derecha–, parece, visto desde ahora, que todo rulaba mejor. O de forma más estable y predecible. Sin la tensión extra que introducen las constantes tentaciones de dar el sorpasso al competidor y las reacciones de los amenazados para triturar a ese competidor que les quita los que consideran sus votos.

De los problemas que ha traído la existencia de más competidores en un mismo campo político se ha dicho ya mucho. Desde abril, se habla sobre todo del lastre que supone la fragmentación para la derecha. Porque ahí la competición no es sólo entre dos, como en la izquierda, sino entre tres. Pero de lo que se habla menos es de si algún efecto de esta fragmentación es saludable. Naturalmente, el Partido Popular no verá nada bueno. Para él será todo negativo, nada positivo. Y lo que querría es que sus dos competidores dejaran simplemente de existir.

El otro día, Núñez Feijóo retrataba a los líderes nacionales como "una serie de políticos adolescentes a los que les hemos dado un Ferrari de 47 millones de pasajeros y están a punto de estrellarlo". La metáfora de Feijóo es potente y tiene gancho. Hay que suponer que el presidente gallego no incluye al líder de su partido, Pablo Casado, entre los púberes que conducen locamente ese Ferrari, regalo de unos padres inconscientes. Pero, con esa matización pendiente, lo que transmitía Feijóo en la entrevista era una añoranza de líderes experimentados, que comparten no pocos en estos momentos revueltos del multipartidismo. Y la definía con nombres como los de Rajoy y Rubalcaba.

Rubalcaba y Rajoy. Con esos nombres uno viaja a 2004. Al horror de los atentados del 11-M y a la reacción que organizaron el experimentado Rubalcaba y el novato Zapatero. Pero quiero limitarme al asunto de este artículo, que es ver qué pasaba cuando el PP ostentaba sin problemas la hegemonía en el centro-derecha. Y lo que pasó es que en 2004, después de aquellos días infames y de las elecciones, el Partido Popular quedó noqueado y desorientado. Aunque tuvo un número de votos y diputados que ya quisiera ahora. Pero en un momento crítico como aquel, frente a una victoria inesperada del PSOE que ni siquiera fue por mayoría absoluta, el PP se achantó, excepciones individuales al margen.

Un año después, la ola socialista llegaba a la región donde domina el PP, y lo desbancaba del Gobierno en coalición con los nacionalistas. Todavía estaba Fraga; fue su última vez. Y Feijóo se hizo con las riendas. Había sido el partido más votado, pero como si no lo fuera. Quienes realmente capitanearon la oposición a las políticas nacionalistas del bipartito PSdG-BNG, a la imposición lingüística en especial, fueron gentes de la sociedad civil, que crearon asociaciones, recogieron firmas, hicieron actos y manifestaciones y tuvieron que enfrentarse a las agresiones del nacionalismo radical. Unas veces contaron con apoyo de figuras del PP; otras, con su desconfianza: la habitual de los partidos hacia la sociedad civil que no controlan.

Son dos ejemplos, nada más. Aunque significativos. El PP, cuando estaba solo en el centro-derecha, ha pinchado en ocasiones decisivas, pese a conservar gran fortaleza electoral. Por qué ha sido así es otro tema. Tal vez se trata, como ejemplifica Feijóo, de que es más un partido de gestores de Gobiernos que de líderes de la oposición. Pero este es el problema de que la oposición a la izquierda y al nacionalismo dependa de un solo partido: puede desinflarse y fallar. Ya ha ocurrido. Y la ventaja de que haya más competencia es simple: no todos van a fallar al mismo tiempo. La existencia de competidores hace que todos procuren espabilarse. Un solo partido puede servir para ganar, y depende. Pero también puede que no sirva para nada.

La comisaria Mateo y su semejante Sánchez
EDITORIAL Libertad Digital 19 Septiembre 2019

Es un injustificable abuso que la comisaria socialista siga detentando un cargo que evidentemente no merece.

Por si alguien dudaba de que RTVE es una maquinaria al servicio de Pedro Sánchez, su muy sectaria administradora provisional se ha encargado de dejarlo bien claro en el escándalo de los debates electorales.

Rosa María Mateo dio inicio a su última cadena de despropósitos en plena ronda de consultas de Felipe VI con los partidos para una posible nueva sesión de investidura. Mientras el Rey escuchaba las propuestas de los distintos dirigentes políticos, RTVE daba en organizar los debates electorales de una cita electoral entonces inexistente, lo que ha hecho que la oposición ponga el grito en el cielo.

Y es que la biempagada comisaria socialista proponía la celebración de dos debates cara a cara, entre Pedro Sánchez y Pablo Casado y entre Sánchez y Pablo Iglesias, mientras marginaba al dirigente de Ciudadanos. Sin la menor explicación. Como absurda compensación, la comisaria ofrecía a Rivera un cara a cara con Casado, lo que evidentemente haría las delicias de su patrón Sánchez, por los indudables réditos que obtendría el partido socialista al ver enfrentarse a dos potenciales aliados a sólo unos días días de la cita con las urnas. Lógicamente, la indignación en Cs con la comisaria Mateo es máxima, y sus dirigentes ya han anunciado que recurrirán a la Junta Electoral Central su decisión de excluir a Rivera de los cara a cara con Sánchez.

En cuanto al líder de Vox, Santiago Abascal, quedaría vetado y su participación en la programación electoral de RTVE se limitaría a su presencia en un debate a cinco. Sin comentarios, verdaderamente. Estos niveles de descaro son estupefacientes aun teniendo en cuenta que se trata del PSOE y sus comisarios.

Después de purgar a decenas de profesionales por no ser como ella, la comisaria Mateo sigue haciendo alarde de su sectarismo con este tipo de enjuagues en beneficio de Sánchez, con el que comparte una desfachatada falta de escrúpulos.

Rosa María Mateo ha hundido la audiencia de los informativos y la escasa credibilidad que le pudiera quedar a RTVE como medio de comunicación imparcial. Si ya fue un error nombrarla, es un injustificable abuso que siga detentando un cargo que evidentemente no merece.

Nuevas siglas, EGC: Estado General de Cabreo
Agustín Valladolid. vozpopuli  19 Septiembre 2019

Voy a confesar algo que no sé si debo, porque puede que definitivamente me desacredite para el ejercicio de eso que llamamos, con perdón, análisis político: no he visto ni un solo capítulo de Juego de tronos. Peor aún, por no ver no he visto ni un tráiler. Y he de reconocer que igual no me habría venido nada mal tragarme toda la serie. De no haber sido tan pretencioso, quizá hoy sabría más de política, de esta política superficial cuyos protagonistas parecen seguir el guion escrito por sujetos que venden al líder de turno como si se tratara de una marca de café. De no haber desdeñado las series de moda, quizás habría sabido interpretar mejor los acontecimientos de estos últimos años, mitad realidad disparatada, mitad ficción.

Hay en Juego de Tronos un personaje, un tal Lord Varys, que dice cosas interesantes (googleando uno encuentra todo). Por ejemplo: “El poder reside donde los hombres creen que reside. Es un truco, una sombra en la pared. Y un hombre muy pequeño puede proyectar una sombra muy grande”. Imagino que Varys se refiere a Tyrion Lannister, el enano de la serie (eso, que había un enano, sí que lo sabía), pero lo que sería interesante descubrir es cuál de nuestros presuntuosos “enanos” políticos se ha tomado la memorable frase al pie de la letra. “Un hombre muy pequeño puede proyectar una sombra muy grande”. ¿Sánchez? ¿Casado? ¿Rivera? ¿Iglesias?

Que nadie se ofenda. Seguimos en clave de ficción. Lo lamentable es que es ahí, en el terreno de lo ficticio, donde han jugado sus cartas nuestros líderes políticos. En un escenario en el que a la realidad, entendiendo como tal los intereses y urgencias del país, se le ha reservado el papel de mero decorado. Un país, por cierto, demasiado tiempo entregado al tacticismo insensato de los druidas del marketing político. “La democracia ha muerto; bienvenidos a la sondeocracia”. Definición exacta de un lector fiel, pero incompleta. Es peor; mucho peor.

Aquí hemos descrito algunos síntomas del trastorno: “(…) la común y enfermiza obsesión por competir a cara de perro con el vecino por un espacio achicado, en lugar unir fuerzas para ensancharlo; o el infantil e inaceptable argumento de la falta de química con el que a veces se ha pretendido justificar la ausencia de acuerdos, son razones suficientes para cuestionar la idoneidad de la actual dirigencia si de lo que se trata es de defender los intereses del país”. Hoy, en pleno estado de general cabreo, tras cinco años de parálisis, de pérdida de oportunidades, de debilitamiento de las instituciones e ilusorio teatro, son muchos los ciudadanos que piensan, con sobradas razones, que estamos ante la peor generación de políticos desde que se aprobó la Constitución. Un peligroso dictamen, por la desafección que encierra, en buena parte provocado por el fiasco de eso que se dio en llamar la “nueva política”.

Dos pardillos
Los que venían a regenerarnos, a librarnos de todos los males del bipartidismo, han colaborado activamente al deterioro de la imagen de la política y, por ósmosis, de las instituciones. “La preocupación por la política alcanza su máximo histórico desde 1985, según el CIS”, titulaban no hace mucho este y otros medios. Para los españoles, los políticos en general, los partidos y la política son ya el segundo problema del país, sólo por detrás del paro. Albert Rivera y Pablo Iglesias dirán ahora lo que quieran, intentarán esquivar su cuota parte de responsabilidad señalando a los demás, pero su extraordinaria torpeza a la hora de gestionar la ilusión que un día despertaron, la escasa competencia que uno y otro han desplegado para convencer a los ciudadanos de su utilidad, les convierte, por méritos propios, en los principales damnificados del actual estado de decepción masiva.

Por si fuera poco, la imagen de Rivera e Iglesias ha acabado por parecerse a la de dos pardillos que, incapaces de mantener un discurso convincente y uniforme, a base de vaivenes no siempre justificados, han terminado cayendo en la trampa del que ahora presentarán (aún con mayor vehemencia, quiero decir) como el Mefistófeles de la política española, don Pedro Sánchez Pérez-Castejón, quien tomó hace tiempo la decisión de que se repitieran las elecciones pero ha tenido la habilidad de involucrar en este fracaso colectivo a los demás, y de que la que sin duda es una maniobra estrictamente partidista acabe pareciendo un accidente provocado por la inexperiencia al volante de los líderes de Ciudadanos y Unidas Podemos.

Queda mucho para el 10 de noviembre, pero las expectativas electorales de Cs y UP son directamente proporcionales a las de su creciente fragilidad. Esa es la cuenta que se han hecho en Moncloa: la de un voto útil que, ante tamaña inestabilidad, vuelve a concentrarse en los dos grandes partidos. El retorno al bipartidismo por incomparecencia del contrario. Veremos. El 10-N está muy lejos, y aunque el presidente en funciones tiene todas las de ganar, el final de esta penosa historia está aún por escribir.

Hasta ahora Sánchez ha tenido suerte. Su ilimitada osadía le ha permitido salir adelante en circunstancias a veces muy adversas. Pero antes, sin apenas equipaje, tenía poco que perder. Ahora es distinto. Se juega todo, y esta vez se le ha visto demasiado la patita. No quería un gobierno controlado por Podemos, y vigilado por los independentistas, y tenía razón. Pero no lo dijo cuando debía. Hasta el último momento ha alimentado la fábula de eso que denominó “gobierno progresista” y que no tenía la menor intención de formar. El engaño es una cosa muy fea, y hace tiempo que en política dejó de salir gratis. Toca rezar.

Una vela a Tezanos y otra a Monsieur Victor d’Hont. La abstención es más que una amenaza. Y la elevada deserción del votante de centro-izquierda, no descartable, sería para Sánchez lo más parecido a una catástrofe; un final de trayecto. Luego está la sentencia de los ERE, que puede perfectamente hacerse pública en plena pelea. Es más, ya hay quienes apuestan porque así será. Dirigentes históricos del socialismo andaluz condenados por el despilfarro de centenares de millones de dinero público. Un martillazo en las urnas. Un misil de seguro impacto electoral. Un imprevisto (o previsto, quién sabe) regalo para un Pablo Casado que, si es capaz de poner orden en su casa y gobernar la fogosidad de Cayetana Álvarez de Toledo (idónea para la batalla parlamentaria, pero una dudosa candidata para la reconquista del centro político), puede ser el gran beneficiado de este fracaso histórico.

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Crisis institucional: el indigno Sánchez no puede salirse con la suya
EDITORIAL Libertad Digital 19 Septiembre 2019

Ya es oficial: el próximo 10 de noviembre se celebrarán unas nuevas elecciones generales, las cuartas en cuatro años, las segundas en este 2019. Y todo por culpa del líder del PSOE, Pedro Sánchez, uno de los peores políticos que haya padecido España desde la instauración de la democracia.

El comportamiento de Sánchez desde el pasado mes de abril es de todo punto intolerable. Aunque en el 28-A obtuvo un resultado muy discreto –nadie ha sido presidente del Gobierno con menos escaños–, ha actuado como si hubiera obtenido un triunfo arrollador por el que tuviera derecho a ser elegido presidente por aclamación. Así que no sólo no ha negociado nada, sino que poco menos que ha exigido obediencia y sumisión tanto a sus teóricos aliados como a sus rivales, a los que en campaña demonizó a modo y trató más bien como a enemigos. No sólo eso: ha hecho un daño tremendo a las instituciones, saboteándolas o poniéndolas directa e intolerablemente a su servicio. Y para qué hablar del uso obsceno que ha hecho de RTVE, a la que sigue hundiendo en el descrédito la biempagada comisaria socialista Rosa María Mateo.

Sánchez, el del "No es no" a Mariano Rajoy, al que desalojó del poder gracias a los golpistas catalanes y a los proetarras, ha dicho que no tanto a los comunistas de Podemos como a los centristas de Ciudadanos. Sánchez, el de los 123 escaños, 53 menos de los necesarios para disponer de mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados, no ha ofrecido nada a nadie y ya tiene lo que quería: una repetición electoral de la que espera salir reforzado para estar en aún mejor posición para imponer sus dictados.

El líder socialista es lo que parece: un ególatra sin principios ni vergüenza que quiere fagocitar a sus aliados y someter a sus rivales/enemigos. El inaudito doctor Sánchez ha demostrado una y otra vez no ser de fiar para nadie, algo que supieron antes que en ningún otro sitio en su propio partido, de ahí que en su día lo defenestraran y que, antes de convertirse en un sonrojante panfleto sanchista, El País clamara, en un antológico editorial titulado "Salvar al PSOE":

Ahora de lo que se trata es de salvar a España, una España con una formidable crisis económica en ciernes y unos golpistas con mando en plaza en uno de sus territorios más importantes, Cataluña. Salvar a España, por supuesto, del nefasto Sánchez, insensato sin escrúpulos que no duda en destruir la nación que con tanto desacierto ha dirigido antes que reconocer su fracaso. Ojalá los españoles hablen así de "claro" en las elecciones de noviembre.

El colapso neuronal de Sánchez
Cristina Seguí okdiario 19 Septiembre 2019

A pesar del reiterado uso torticero y “madurista” de Moncloa para mitinear su campaña, mereció la pena sólo por asistir anoche al colapso neuronal de 18 segundos del presidente del Gobierno en funciones. Hasta ahora, la mayoría los presumiamos en la intimidad con Begoña o con su gabinete crisis forzando la máquina para resolver el descrédito de doctorados ilegítimos y autobiografías autofelatorias en las que Sánchez confunde a San Juan de la Cruz con Fray Luis de León o a Albert Einstein con mismísimo Hemingway. Anoche, en su comparecencia ante la prensa para explicar que “lo había intentado todo para evitar las elecciones”, pudimos comprobar por qué ese “chico del biombo trampa de Ferraz” es el presidente del Gobierno que más ha huido de los periodistas respondiendo a los aquelarres racistas de Torra a través de su Twitter y huyendo al extranjero cada vez que hordas de cientos de subsaharianos han rociado con heces y ácido a nuestras policías en las vallas.

Anoche fue una de las contadas ocasiones que no pudo anticipar o calibrar ni su proteccionista ejecutiva, plenamente consciente de que, por las limitaciones intelectuales de Sánchez, cada una de sus salidas a ruedo es un potencial riesgo de plasmar otra evidencia de su desarrollo cognoscitivo desértico.

A la pregunta del periodista de OKDIARIO, Joan Guirado “¿Dimitirá como líder del PSOE si tras el 10 de noviembre no consigue ser presidente del Gobierno?, Sánchez se inhibió hasta corpóreamente del certero golpe. Palideció, juntó las manos y abrió los pulgares encogiéndose de hombros en ese ademán de la inoperancia más absoluta para repetir más solo que nunca “soy el representante de la fuerza más votada”. Se transmutó en el Monchito de Moncloa abandonado durante 18 eternos segundos por su ventrílocuo, el que, hasta ahora, le ha hecho repetir que Podemos ha impedido un gobierno socialista hasta en cuatro ocasiones a pesar de que, en realidad, ha sido, precisamente, Iglesias el que le abrió el portón de la moción de censura de Mariano Rajoy. Declararse independiente de Podemos lo es tanto como que Monchito o Macario se declarara emancipado de José Luis Moreno, el creador de su existencia y de la hueca madera y del talante sectario de un tipo tan peligroso como desideologizado.

Pero no fue esa la más alevosa de las mentiras escuchadas a lo largo de estos días. De todas ellas, afirmar que el PSOE era una garantía de la defensa de la Constitución en tierra Navarra fue, con mucha diferencia la más repulsiva de todas, pues desde el domingo 26 de mayo, fecha de los comicios electorales navarros, fue el ahora número dos de Ábalos y hasta 2017 secretarios de organización del PSE, Santos Cerdán, el que fraguó personalmente la alianza de “la furcia” con la nueva Batasuna.

Era el pretoriano de Ábalos, el que con el beneplácito de Sánchez, más esmero y diligencia puso en esa preferida tarea sanchista y zapaterista de blanquear a Bildu, disuadiéndole, por ahora, de sus posturas maximalistas por una cuestión estética. Santos Cerdán ha sido al dircom de Chivite compartido con Otegi durante todo el proceso de fragua de poder socialista y batasuno en Navarra. En su impostura, y para comenzar aquel período con el mínimo recato y decencia que se espera de un partido con 11 militantes asesinados por ETA, Cerdán abrió el mes de mayo llamando al orden a Chivite impostadamente desde Ferraz mientras expedía sus billetes de tren a Navarra para tomarse el té con pastas con Otegi. Después, éste volvía de nuevo a la villa madrileña para contestar desde Ferraz sus propios correos electrónicos enviados por él mismo desde el ordenador de la sede socialista navarra sita Paseo de Pablo Sarasate Pasalekua, 15. Ese pastiche romántico del sanchismo y Batasuna alumbró a 16 de los 30 diputados de Chivite desde las entrañas Sabinoaranistas y filoetarras. Esa vergüenza de la que hoy ponen pies en polvorosa los familiares de los socialistas asesinados como José María Múgica.

Una defensa del pluralismo agonístico
PEDRO CARLOS GONZALEZ CUEVAS TBN 19 Septiembre 2019

El combate por la hegemonía en la derecha política española

El Partido Popular sigue aspirando a convertirse en el crisol de las diversas ideas e intereses de lo que genéricamente podemos denominar “derecha española”, que históricamente siempre ha sido una realidad social y política muy plural. De ahí su apuesta, ya prácticamente en plena campaña electoral, por una entelequia denominada “España Suma”.

Por supuesto, nadie, en el campo conservador, va a darle el menor crédito; y no sólo por intereses partidistas, sino por la experiencia de estos últimos años. Durante el período de su longeva hegemonía en el campo de la derecha, el Partido Popular se convirtió más bien en una olla a presión prácticamente inútil que, si ablandaba los alimentos, no sabía o no podía transformarlos en un todo homogéneo. En realidad, cuando el Partido Popular quiso absorber todo el espectro derechista absorbió igualmente todas las tensiones y conflictos que aquejaban a esos sectores de la sociedad.

En el seno del Partido Popular se reprimieron dichos conflictos, pero no se erradicaron, entre otras cosas porque era imposible, y en mayor medida por las características del liderazgo político de José María Aznar y luego de Mariano Rajoy. No sin razón, numerosos conservadores españoles se sintieron humillados y ofendidos; y lo eran por el propio partido al que habían votado durante años.

Ese sentimiento es producto igualmente de las contradicciones inherentes a la praxis de los partidos conservadores –y socialdemócratas- en el actual contexto sociopolítico. Mientras un sector de las derechas, que podemos denominar identitario, se muestra partidario del respeto a las tradiciones, al orden moral y religioso, a la estabilidad social y vital, a las ideas de patria y nación, otro, al que denominaremos cosmopolita, se muestra afín a la defensa de un orden socioeconómico globalizado, que necesita fluidez, ausencia de fronteras y de tradiciones, un orden que, en el fondo, se fundamenta en el cambio permanente. De ahí la sociogénesis de una nueva tendencia política derechista, que denominados “identitaria” o neopopulista, caracterizada por la defensa del proteccionismo económico y del Estado-nación. Para no pocos sociólogos y politólogos, como Iván Krastev, Wolfgang Streeck o Christopher Gulliuy, el conflicto político-social en la actualidad tiene como protagonistas a “cosmopolitas”, los beneficiarios del proceso de globalización, y “arraigados”, víctimas de dicho proceso.

En ese sentido, la política de Mariano Rajoy y su partido no sólo fue rechazada por su ineficacia ante el desafío separatista o la corrupción, sino por sus concesiones a los planteamientos de la izquierda social y cultural. El Gobierno popular centró su actividad en la economía, siguiendo a rajatabla los criterios de austeridad establecidos por la Unión Europea. Abandonó por completo el principio esencial de la autonomía de lo político. Las reformas brillaron por su ausencia. Nada se hizo en torno a la natalidad, el aborto o la memoria histórica. Es más, el Partido Popular asumió sin demasiada dificultad el discurso de la izquierda moral en lo relativo a política sexual, feminismo radical o a las reivindicaciones LGTBI. El Estado de las autonomías no sufrió la menor merma; todo lo contrario. Para colmo, el Partido Popular legitimó la política seguida por José Luis Rodríguez Zapatero respecto al terrorismo etarra. Como dijo Rogelio Alonso, se produjo “la derrota del vencedor”. De su estrategia ante el reto separatista catalán, y su colaboración con el PNV, a la vista están los resultados. En ese sentido, cuando se hace referencia a la eficacia del bipartidismo y de la hegemonía del PP en el campo conservador, yo me pregunto por los beneficios que esas políticas reportaron a los antiabortistas; a los que, como el que esto escribe, se opusieron públicamente a las leyes de memoria histórica; a las víctimas del terrorismo etarra; a los autónomos y obreros, que sufrieron las consecuencia de la política económica del ministro Cristobal Montoro; a los defensores de la unidad nacional, etc, etc.

El Partido Popular no podía salir indemne de esa situación; y, desde luego, no salió. La victoria de Pablo Casado fue consecuencia de ello. Sin embargo, su liderazgo venía lastrado por no pocas hipotecas. Y es que en realidad el nuevo líder del PP no había sido ajeno a los sectores afines a Rajoy, porque, entre otros cargos, había ocupado la vicesecretaría general de comunicación del PP, a través de la cual intentó, con su verbo fácil, hacer digerible a los paladares conservadores las discutibles políticas del Gobierno. Frente a él, se encontraban centristas como Núñez Feijóo. Y, como hemos visto hace poco, tampoco controla el aparato de su partido en el País Vasco.

Además, Casado ha tenido que enfrentarse a la competición con otros partidos que le disputaban el espacio político de la derecha. No obstante, existe aquí, en mi opinión, un claro equívoco. Y es que Ciudadanos no es un partido de derechas, sino de “extremo centro”; y, en consecuencia, no supone alternativa algún al desorden establecido; más bien su radicalización. Muy distinto es el caso de Vox; aquí nos encontramos ante una derecha clásica, nítida, inequívoca, sin concesiones, que defiende sin complejos las reivindicaciones histórico-políticas y culturales del conservadurismo español. En modo alguno se trata de un partido identitario o nacional-populista de derechas, aunque podría evolucionar hacia esas posiciones en el futuro. Ahora no lo es. En su ideario, predomina la perspectiva liberal y conservadora católica. Su programa económico es neoliberal. Vox ha asumido parte del discurso identitario, como la crítica a la globalización, la Europea federal o la emigración incontrolada; pero no la transversalidad ideológica y social desarrollada por los líderes identitarios, como Marine Le Pen o Matteo Salvini; y no ha intentado aún penetrar en el espacio de las clases trabajadoras afectadas por la globalización.

Asediado por el oportunismo de Ciudadanos, por la coherencia de Vox y por las presiones del sector “centrista” de su partido, Casado fue incapaz de desarrollar una táctica y una estrategia coherentes, acordes con la trayectoria del Partido Popular. Para colmo, a pesar de la gravedad de la situación política, los socialistas lograron transformar el debate electoral a partir de la dicotomía izquierda/extrema derecha; y no entre separatismo/unidad nacional. En consecuencia, el resultado electoral fue muy negativo para Casado. Solo sus relativos éxitos, en las elecciones municipales y autonómicas, en las que, gracias al apoyo de Ciudadanos y Vox, logró conservar Madrid, Castilla-León o Murcia, le han servido para apuntalar su precario liderazgo. Ahora, se inventa lo de “España Suma”, que nadie puede tomar en serio. Y, para colmo, con una portavoz que, como Cayetana Álvarez de Toledo, no sólo es la típica liberal cosmopolita, sino que con su actitud prepotente y pseudointelectual, lejos de fomentar acuerdos, provoca el rechazo y la antipatía entre sus hipotéticos interlocutores.

Pese a todo, Casado sigue disfrutando de los principales medios de comunicación de la derecha, ABC, El Mundo y La Razón, la COPE, etc. Además, el resultado negativo en las elecciones ha avivado en influyentes sectores económicos y mediáticos la nostalgia por el bipartidismo y de un Partido Popular “casa común” del conjunto de la derecha. Y, en ese sentido, la consigna parece ser acabar con Vox, el único partido político que, desde la derecha, ha sabido plantear el debate cultural y político desde una perspectiva agonística.

En mi humilde opinión, creo que se equivocan. Y es que es preciso asumir, pese a sus inconvenientes, la incoercible pluralidad de la derecha española, que no puede ni debe ser comprimida de nuevo en la olla a presión de un único partido. Quede claro que cuando hago referencia a las derechas me refiero a VOX y al Partido Popular. En ese espacio, Ciudadanos es un advenedizo, que no hace más que distorsionar el campo político. Pero es que, además, la dramática situación actual es consecuencia, en buena medida, de casi cuarenta años de “centrismo”, bipartidismo imperfecto y filonacionalismo. Porque aquí, gritan, gesticulan y escriben, entre nosotros, aquellos que declararon “español del año” a Jordi Pujol Soley; los que afirmaron que Juan Carlos I nunca se había equivocado en nada; los que dieron los medios de comunicación hegemónicos a la izquierda; los que promocionaron a Podemos para perjudicar al PSOE; los que defenestraron a Vidal Quadras de su liderazgo en el Partido Popular de Cataluña; los que interpretaron a Manuel Azaña en clave liberal-conservadora; los que aceptaron aquella interpretación sin haber leído al patético alcalaíno, tan sólo para ser tolerados por la izquierda cultural hegemónica; los que se autodenominaron “centro-reformistas”; los que afirmaron que “la economía lo es todo”; los partidarios del pacto a cualquier precio; los predicadores del “sentido común”, sin ser conscientes de que se no se trata de una realidad natural y espontánea, sino de una construcción sociohistórica; los que afirmaban que las leyes de “memoria histórica” carecían de significado político; los defensores a ultranza del Estado autonómico; los patrioteros constitucionales; los que olvidaron su pasado; los promotores de legislaciones culturales y lingüísticas discriminadoras del castellano, etc, etc.

La España actual no ha logrado todavía liberarse de este tremendo tumor político, ideológico y cultural. Debe hacerlo, porque la realidad social y política se impone. Otra cosa es que puedan articularse pactos y alianzas. Pero no es el tiempo de bipartidismos, consensos y centrismos; hemos entrado en una etapa de pluralismo agonístico. Es decir, la aceptación del disenso, tanto en el campo de la derecha como de la izquierda; el conflicto en torno a las diversas formas de concebir la cosa pública. No todos en la derecha piensan igual; y es preciso respetarlo. Como dice la politóloga de izquierdas Chantal Mouffe: reconocer la legitimidad del opositor y conducir el conflicto a través del debate y las instituciones. En definitiva, la lucha por la hegemonía. Y, como diría el refrán popular: “Cada uno en su casa y Dios en la de todos”.

 

La traca final de Abascal contra Sánchez: cuatro preguntas a cual más dura
ESdiario 19 Septiembre 2019

Ésta de apenas cuatro meses ha sido la primera legislatura de Vox en las Cortes. "Nos tendrán enfrente en la siguiente ", ha prometido su presidente en su última intervención.

La primera legislatura de Vox en el Congreso ha sido una muy corta. Aunque en estos cuatro meses de actividad parlamentaria -bajo mínimos- el partido de Santiago Abascal se ha hecho notar.

Y también lo ha hecho en su despedida de la Cámara, cinco días antes de la disolución oficial de las Cortes. Que dará paso a una precampaña y campaña electoral inciertas para Vox, puesto que las encuestas vaticinan que sufrirá los efectos del voto útil.

En cualquier caso, Abascal volvió a no dejar indiferente a nadie en su última intervención ante el Pleno, con motivo de la defensa de una interpelación urgente sobre las medidas que el Gobierno de España está adoptando y va a adoptar ante la nueva ofensiva anunciada por Quim Torra.

"¿Cómo va proteger el Gobierno a nuestras Fuerzas de Seguridad en Cataluña si las miran con sospecha y protegen a quien las agrede?, ¿Cómo va a responder el Gobierno ante una amenaza cuando el señor Sánchez ha llegado a La Moncloa de la mano de los que chantajean y amenazan?", preguntó el presidente de Vox a los socialistas. A los que a esa hora había en el hemiciclo y que, como Adriana Lastra, José Zaragoza y Rafael Simancas, le miraban sin ninguna simpatía.

"¿Cómo va a defender el Gobierno la unidad de España si llega al Gobierno de Navarra apoyado en los orgullosos herederos de ETA?, ¿Cómo va a defender el Gobierno la legalidad constitucional si para mantenerse en La Moncloa tiene que hacerlo apoyándose en los que desafían a la Constitución y en los que quieren destruirla?", continuó, ante las caras del diputado de Bildu Oskar Matute.

"¿Pueden ustedes responder a eso?, ¿Qué esperan, una mayoría absoluta?", insistió Abascal. Que antes de bajar del atril prometió: "Nos van a tener enfrente. Nos han tenido en esta corta legislatura y nos tendrán enfrente en la siguiente legislatura".

El pecado original de Sánchez
Jorge Vilches. vozpopuli  19 Septiembre 2019

Volvemos a otras elecciones, que, cierto, siempre es mejor que un mal gobierno. Pero mucho han de cambiar las cosas para que recuperemos la racionalidad política

Nuestra Constitución se elaboró siguiendo los parámetros del “parlamentarismo racionalizado”, aquella expresión creada por el jurista Mirkine-Guetzévitch en 1930 para definir los mecanismos que evitan la inestabilidad gubernamental provocada por el multipartidismo. Recogimos normas, como la moción de censura constructiva, cuyo objetivo era preservar la gobernabilidad. En realidad, era uno de los pilares mudos del sistema. Ahora todo ese entramado no vale nada, y su violación nos ha metido en un bucle de crisis parlamentaria y electoralde graves consecuencias.

Pedro Sánchez rompió esa racionalidad. Lo hizo con esa mezcla de ambición desmedida, venganza insatisfecha, ego patológico e irresponsabilidad, animada por un despechado gurú, y quebró una norma constitucional que, mal que bien, daba seguridad. Aquella moción de censura destructiva de 2018, ajena al espíritu del 78, opuesta al sentido garantista de la Constitución, fue el pecado original de la penitencia actual.

Nunca debió ser presidente del Gobierno un candidato sin programa ni apoyos constitucionalistas. Fue legal, claro, como tantas maniobras en regímenes que, como ya contó Linz en “La quiebra de las democracias”, acabaron por destruir las bases de la convivencia. Sin embargo, esa victoria numérica, personal, hueca, para echar al “corrupto PP”, no ha dado ningún fruto viable.

La responsabilidad no es solo de Sánchez, aunque sea el principal culpable, y se excuse, como un vendedor de humo, en que la gente equivocó su voto, que no supieron ver la suerte que asiste a España por contar con una maravilla como él. Hay más.

Maniobra antes del Rey
Los partidosde la nuevapolítica han fracasado estrepitosamente, no menos que los tradicionales. La propuesta de Albert Rivera a última hora no fue por sentido de Estado, ni por responsabilidad, ni para asegurar la gobernabilidad. Ni siquiera por patriotismo. La ocurrenciadel líder de Ciudadanos tenía un único objetivo: dejar en mala posición a Sánchez justo antes de su audiencia con el Rey.

Rivera solo buscaba el efecto inmediato, y no debió pensar mucho en sus consecuencias: abre una posibilidad de pacto con el antes “malvado sanchismo”, le obliga a volver a su posición de “centro” y, por tanto, a olvidar su obsesión por sustituir a Casado. Es más; ¿qué pasa con los que “dejaron” Ciudadanos por la negativa a pactar con Sánchez? El desconcierto ha sido tal que el propio Rivera ha dicho ahora que el gobierno de Chivite es admisible si “aparta el nacionalismo”, al tiempo que dice que Sánchez se ha ido del bando constitucional.

El previsible resultado del 10-N no hará presidente a Rivera, ni aunque repase la serie “Borgen”, ni le otorgará más escaños. La pregunta es si le dará tiempo a cambiar su discurso, como ya hizo en 2015 y 2016, y ver en Sánchez o en Casado lo que vio en Rajoy: una oportunidad de volver al “parlamentarismo racionalizado”. No lo hará porque ese tipo de estabilidad, como señalaba Mirkine-Guetzévitch, comienza en la campaña electoral: uniendo fuerzas constitucionalistas.

Si en verdad el sanchismo es el culpable de la crisis política, que lo es como ya indiqué arriba, y su partido, el PSOE, ha iniciado una fase hegemónica, solo cabe una solución: sumar antes para que la aritmética parlamentaria dé después la victoria. Las mayorías racionalizadas en multipartidismo se construyen de cara a las urnas. Es una cuestión de madurez política y de respeto a la ciudadanía, que debe saber con antelación a quién vota y para qué.

Los podemitas contribuyeron al pecado original del laberinto político en el que estamos inmersos, a esa moción de censura destructiva

Tampoco olvidemos a otro partido de la nueva política: Unidas Podemos, en guerra civil permanente, resquebrajado por la autonomía que van cobrando los comunistas de IU, la creciente protesta de En Comú Podem y Adelante Andalucía, y el fantasma del errejonismo. El viejo compañero universitario de Iglesias va a dar el salto a la política nacional y podría tener grupo propio uniéndose a los críticos, como los valencianos, andaluces y catalanes.

Todo ese ruido ha convertido de momento a Unidas Podemos en un partido inútil para sus propósitos declarados de formar un Ejecutivo de izquierdas. Y aquí tiene razón Sánchez: han impedido un gobierno socialista en cuatro ocasiones. A ver cómo convencen ahora a su electorado de lo contrario. Los podemitas contribuyeron al pecado original del laberintopolíticoen el que estamos inmersos, a esa moción de censura destructiva, y no ofrecieron ninguna solución real.

Entre unos y otros destruyeron la racionalidad del parlamentarismo, enturbiaron el funcionamiento del Congreso, despreciaron al Senado, intentaron usar al Rey, jugaron a desestabilizar, a subir la temperatura ambiental porque, como dijo el vacuo Errejón, entienden la política como una “tensión permanente”. La radicalidad de los discursos de estos chicos de la nueva política ha acabado por convertirse en su única forma de ser, en un pozo sin fondo, hambriento, que siempre pide más trazo grueso, más protagonismo, más telegenia, más postureo, más eslóganes.

Ahora vamos otra vez a elecciones. Bravo. Es cierto que son preferibles a un mal gobierno, pero mucho han de cambiar las cosas, las mentalidades, las actitudes, el comportamiento de la élite política, para que regresemos a la racionalidad, a esa forma tranquila y madura de gobernarnos, y obviemos el pecado original de Sánchez.

Cataluña
La Agencia Catalana de Consumo, 15 años con corrupción, independentismo y despilfarro
Al frente de esta institución se encuentra Elisabeth Abad, con uno de los patrimonios más elevados de la Generalitat, 664.174 euros
Álvaro Medina vozpopuli.es 19 Septiembre 2019

La Agencia Catalana de Consumo va a cumplir 15 años. Al frente se encuentra Elisabeth Abad, con uno de los patrimonios más elevados de la Generalitat, 664.174 euros, según los últimos datos publicados, que datan de 2018.

De hecho, la fortuna que atesora Abad se encuentra en el 'top ten' de la Generalitat, aunque en el noveno puesto. Su sueldo alcanza los 85.591,66 euros anuales, según los datos publicados por la Generalitat referentes a marzo de este mismo año.

En su currículum oficial "no consta como licenciada en Publicidad como para ingresar en el colegio de Publicitarios", según asegura una fuente interna del organismo. En el currículo oficial del Parlament la exdiputada de Convergencia Democrática de Cataluña, la extinta CDC, aparece como "técnica de Marketing y periodista en Barcelona", tal y como aparece en la web oficial. Según fuentes consultadas, este colegio "solo admite a licenciados en Publicidad".

En 2015, el Parlament permitió "a los profesionales sin titulación en Publicidad y Relaciones Públicas poder colegiarse si demostraban su experiencia en este sector. Pero daba un plazo, hasta el 31 de diciembre de ese mismo año.

Este pasado mes de febrero, la propia Abad y la decana del Colegio de Publicitarias y Publicitarios y Relaciones Públicas de Cataluña, Rosa Romà, firmaban un convenio de colaboración que facilite hacer un seguimiento del sector de la publicidad y fomentar el conocimiento del sector por parte de los consumidores. "Damos impulso a uno de los objetivos de la Agencia que es que los consumidores estén bien informados", dijo entonces Abad. Con este acuerdo "trabajaremos conjuntamente para perseguir la publicidad engañosa", afirmaba.

En el CV de Abad consta una licenciatura en Derecho, desempeño de profesora asociada a la Rovira i Virgili, adscrita al Departamento de Gestión de Empresas, y que desempeñó su labor como "periodista en diversos medios de la provincia de Barcelona", sin dar a conocer el nombre. Abad fue vicesecretaria de Acción Política y Comunicación del PP de Tarragona en 2008, y llegó a ser la presidenta del PP de Reus en 2009, llegando a ser teniente de alcalde de esa ciudad.
La corrupción en la alta dirección de Consumo

Dos casos sonados han afectado a directores generales de Consumo de Cataluña. El primero de ellos afectaba a Alfons Conesa, padre de la expresidenta de la Diputación de Barcelona y exalcaldesa de Sant Cugat del Vallés, Mercé Conesa.

El patriarca de la familia aceptó una condena de seis meses de inhabilitación tras un pacto con la Fiscalía el pasado 2018 por adjudicar de forma irregular un concurso a un despacho de abogados en el que trabajaba uno de sus hijos.

El caso fue resuelto tras una denuncia de CCOO a principios de 2013. El concurso se realizó bajo el pretexto de centralizar las denuncias por las participaciones preferentes vendidas por la banca a particulares. Para agilizar la labor, se externalizó el trabajo para entregarlo a AGM Abogados.

El motivo era un "contrato de prestación de servicios de análisis y evaluación de las reclamaciones presentadas por consumidores de productos financieros complejos". Conesa había ocultado el vínculo familiar con esta empresa. El juez le condenó en costas "como autor criminalmente responsable de un delito de falsedad de certificados del artículo 398 del Código Penal, sin que concurran circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal".

Otro de los altos cargos de Consumo de Cataluña afecta a su exdirector antes de convertirse en la Agencia Catalana de Consumo, Josep Tous, el empresario y amigo de Oriol Pujol, el hijo de Jordi Pujol, implicados ambos en el caso de las ITV. Tous aceptó el pasado año una pena de cinco meses de cárcel, que pudieron ser sustituidos por el pago de 22.500 euros. Tous era coordinador general en la Diputación de Barcelona cuando estalló este caso, y pese a estar suspendido de empleo y sueldo desde abril de 2012, su cese no se hizo oficial hasta un año más tarde, por lo que siguió cobrando un año entero desde ese anuncio.

Una entidad "inútil" y derrochadora
Las mismas fuentes apuntan que el organismo es "ineficaz e inútil". Tal y como muestran las memorias públicas, las sanciones impuestas por la Agencia Catalana de Consumo apenas han variado desde 2004 hasta 2019. En concreto, hace 15 años el importe de las sanciones fue de 2,255 millones de euros, frente a los 2,597 millones del pasado año.

Este dinero debe destinarse principalmente a acciones en favor de los consumidores, pero la institución se ha convertido en un paradigma del despilfarro, destinando "miles y miles de euros públicos a medios afines al independentismo o al catalanismo, tal y como se muestra en la web de contratación pública.

Entre otras partidas, la ACC ha destinado 36.800 euros a Rac1, la emisora del Grupo Godó; otros 7.088 euros para OndaCero Catalunya; 1.700 euros para espacios en el Diari Ara; otros 3.480 para el Jornal; 3.900 para Tarragona Radio; 6.750 euros para la Ser; 35.000 euros en publicidad institucional dirigida para usuarios del transporte aéreo y emitida en soporte digital; 115.000 euros repartidos entre diversos medios para darse a conocer mediante una campaña; otros 68.500 euros para una nueva campaña institucional; 8.400 euros para televisiones digitales independientes de Cataluña; otros 9.360 euros para UA1 Lleida Radio y otros 5.900 euros para un servicio de recogida de prensa.

"Es un granderroche en publicidad", afirman las fuentes consultadas, sobre todo porque las partidas más elevadas se destinan a medios afines al independentismo.

En el interior de Consum se cuelgan mensajes contrarios al 155, pese a ser una institución pública que debe guardar la neutralidad política en su puesto de trabajo, independientemente de la ideología que secunden sus funcionarios.

Cataluña
Las multas de la 'vergüenza' en Cataluña: 249 sanciones con 343.140 euros por no rotular al menos en catalán
Telefónica, Renfe, Alcampo, Vueling, Hipercor, Lidl, Ikea, Bankia, Bankinter, BBVA Seguros, Carrefour, DIA, El Corte Inglés, Air Berlin y Germanwings, entre otras, están en la lista de empresas multadas por este motivo
Álvaro Medina vozpopuli.es 19 Septiembre 2019

Multas lingüísticas, multas de la vergüenza. Así es como se conocen las multas lingüísticas impuestas por la Generalitat por no usar al menos el catalán para rotular. Entre 2015 y 2018, según ha podido conocer Vozpópuli, se han impuesto un total de 249 sanciones, cuyo valor asciende a 343.140 euros. Las sanciones son el 11% de las 2.262 totales impuestas por Consumo de Cataluña.

La Generalitat ha disminuido la recaudación por este motivo en el último año, pero se niega a eliminar estas sanciones, obligando a empresas públicas y privadas mostrar en su cartelería al menos la lengua catalana.

"Vulnerar los derechos lingüísticos de las personas consumidoras o usuarias o incumplir las obligaciones en materia lingüística que establece la normativa", es el concepto utilizado por la Generalitat para realizar su base de datos, pese a ser declaradas inconstitucionales desde enero del pasado año. El alto tribunal restringió la ley a las relaciones entre particulares y falló la no imposición del uso de una de las dos lenguas oficiales a las partes.

Según el informe al que ha tenido acceso este medio, la Generalitat detalla el número fiscal de la compañía, el nombre, situación, la infracción, el importe de la sanción y hasta la fecha en la que se impuso la multa, así como la cantidad finalmente recaudada.

La Agencia Catalana de Consumo no agrega las multas destinadas a una misma empresa. Así, por ejemplo, si varios establecimientos de Alcampo han sido sancionados, la institución informa de cada uno de ellos.

Por el importe de la cuantía, Alpa Telecomunicaciones ha soportado la más elevada, con 10.000 euros, pese a que su sede está situada en Pozuelo de Alarcón (Madrid). En el mismo municipio tiene su sede France Telecom, pero de poco le sirve para dar servicio en Cataluña. Fue sancionada con 8.000 euros. Alcampo es la tercera que más ha pagado por estos motivos, con 7.000 euros, la misma cantidad impuesta a distintos establecimientos de Carrefour y Cetha, un grupo comercial de empresas de telecomunicaciones.
Renfe Operadora y Renfe Viajeros, 6.000 euros

Con 6.000 euros hay un nutrido grupo de entidades, como otro centro de Carrefour, Supeco Maxor, la extinguida Iberia Líneas Áreas de España, Renfe operadora y viajeros y Tap Air Portugal.

La banca tampoco se ha librado de estas sanciones. Banco Popular, Bankinter, BBVA Seguros, Citibank fueron multadas con 5.000 euros, el mismo importe que ha recibido Sephora, Compagne Nationale Air France o Yoigo.

En los 4.000 euros aparecen El Corte Inglés, Hilo Direct Seguros y Turkish Airlines. Con 3.100 euros fueron multadas Equipafasa y Lidl.

Numerosas aerolíneas aparecen con 3.000 euros de multa en estos cuatro años. Entre las que destacan Air Berlín, Barcelona Centraletes y Solutions, Germanwings, Jet2, KLM, otro centro de Lild, Lufthansa, Maisons, Orange, SAS, Swiss, Vueling, Wizz Air y Easyjet. Game Stores y centros de Carrefour fueron multadas con 2.100 euros. En los 2.000 euros se encuentran Alcampo, Bankia, Hipercor, Media Markt, Triodos Bank, Viajes Halcón y tiendas del todo a cien y alimentación, como Xin Lin Super Express.
Ningún establecimiento se libra de estas sanciones

Las multas entre los 1.000 y los 1.500 euros han sido para Turkish Airlines, Worten, Iberia, varios supermercados Lidl, DIA, empresas de seguros, centros de salud y belleza, establecimientos del todo a cien...

Entre los 800 y 100 euros se encuentran el resto de entidades privadas sancionadas por Consumo. Centros de Leroy Merlin, Lidl, Marco Aldany, Schlecker, fruterías, supermercados, talleres, concesionarios, bares y tiendas como Azhar Iqbal, Rizwan Muhammad, Xiaojuan Qiu, entre otro nutrido grupo.

La normativa fue establecida por el tripartito de José Montilla, entre sus últimas medidas. El Gobierno posterior de Artur Mas las mantuvo en vigor, siendo 2013 el año de mayor recaudación por este motivo, con 133.850 euros, desde entonces, las multas han disminuido y bajado, hasta el 2015, cuando la recaudación registró máximos históricos, con más de 140.000 euros

El Programa 2000 de Pujol exigía “inculcar el sentimiento nacionalista a profesores, padres y alumnos”
M.A. Ruiz Coll okdiario 19 Septiembre 2019

El Programa 2000 aprobado por el presidente Jordi Pujol Soley en agosto de 1990 determinó como objetivo prioritario de la Generalitat controlar todos los aspectos del sistema educativo para poder reclamar a medio plazo la independencia de Cataluña.

El documento marca las líneas maestras para lograr este objetivo: imponer la enseñanza en catalán, adaptar el contenido de los libros de texto a los mitos del nacionalismo, utilizar el cuerpo de inspectores para garantizar la “catalanización de la enseñanza”, vigilar a los tribunales de oposición para que seleccionen a profesores afines y controlar las asociaciones de padres de alumnos a través de “dirigentes” de confianza.

Todas estas premisas se han cumplido después de tres décadas de aplicación del plan diseñado en 1990. Por eso ahora se ha convertido en una consigna de los independentistas el lema La escola catalana no se toca: junto con TV3, se trata de uno de los elementos clave de control de la población para lograr el separatismo sea mayoritario en las urnas a medio plazo.

El Programa 2000 enuncia como objetivo prioritario “impulsar el sentimiento nacional catalán de los profesores, padres y estudiantes”. Del mismo modo, señala que hay que “garantizar el perfecto conocimiento de la geografía, la historia y otros hechos socioculturales de Cataluña y potenciar el uso de la lengua catalana por parte de profesores, maestros y alumnos”.

La normalización lingüística y la adaptación de los libros de texto al credo nacionalista han sido los dos instrumentos para lograrlo. El documento, al que ha tenido acceso OKDIARIO, enumera más de una veintena de medidas para llevar a cabo el “proceso de nacionalización” de la enseñanza.

Ya en aquel momento, Jordi Pujol Soley consideró imprescindible “editar y emplear libros de texto sobre la historia, geografía, el arte, la literatura, la economía… de Cataluña y los Països Catalans. Establecer acuerdos con las editoriales para su elaboración y difusión, con subvenciones si es necesario”.

El control de las competencias de Educación ha permitido a la Generalitat controlar todos los contenidos de los libros de texto, en los que se ha llevado a cabo un proceso eliminación de cualquier rasgo de la realidad española.

El ámbito geográfico de los alumnos ha pasado a ser el de los inexistentes Països Catalans. Ha desaparecido de los libros de texto cualquier referencia a los símbolos nacionales españoles (como la bandera o la Constitución) para ser sustituidos por los de Cataluña.

La Corona de Aragón, de la que dependió durante siglos Cataluña, ha sido suplantada por la ficticia “Confederación catalano-aragonesa” (una expresión sin ningún tipo de rigor histórico, acuñada por algunos intelectuales nacionalistas en el siglo XIX).

El documento original del Programa 2000 incluye dos apartados que han resultado esenciales para que los independentistas se hagan con el control de la enseñanza: “velar por la composición de los tribunales de oposición” para que seleccionen exclusivamente a profesores de orientación nacionalista y utilizar “el cuerpo de inspectores para que vigilen la correcta aplicación de la normativa sobre catalanización de la enseñanza”. El plan especifica que es necesario “vigilar de cerca la selección de este personal”.

En cambio, la Administración central ha hecho dejación de sus funciones: primero el Gobierno de Rajoy y luego el de Pedro Sánchez, metieron en un cajón el informe elaborado por el cuerpo de la alta inspección que denunciaba la manipulación histórica y el adoctrinamiento en los libros de texto que se utilizan en las escuelas de Cataluña.

El Programa 2000 de Jordi Pujol enunciaba así las siguientes medidas:

Exigir el correcto conocimiento de la lengua, la historia y la geografía de Cataluña y de los Països Catalans a todos los profesores, maestros y alumnos. Elaborar las herramientas didácticas correspondientes y exigir a los inspectores su cumplimiento.
Catalanización de los programas de enseñanza. Análisis previo y aprobación de los contenidos por parte de personas responsables de confianza.
Promover que las Escuelas Universitarias de Formación del Profesorado de EGB incorporen los valores educativos positivos y el conocimiento de la realidad nacional catalana.
Realización de la campaña El país a l’escola con la máxima extensión posible, con renovación constante de actividades (canción popular, sarnadas, ballets, teatro, poesía, trabajos, vídeos, defensa del medio ambiente, viajes culturales, excursiones, jornadas de intercambio para estudiantes, escuela en la TV, fomento de publicaciones infantiles, visitas de empresas, actividades científicas y tecnológicas…)

Incidir en las asociaciones de padres, aportando gente y dirigentes que tengan criterios nacionalistas.
Hacer cumplir los mínimos establecidos respecto a la enseñanza en catalán.
Defender el modelo propio de reforma educativa. Realizar una campaña explicativa.
Potenciar las universidades catalanas, dotarlas de recursos humanos y de infraestructuras, de forma que se puedan contar entre las mejores de Europa.
Estimular el sentimiento nacional catalán de los estudiantes y profesores y promover el uso de la lengua en todos los ámbitos de la actividad académica universitaria y de investigación.
Promover y facilitar la creación de universidades privadas que surjan de la sociedad civil catalana.
Impulsar la presencia catalana en todos los programas europeos, los intercambios y la presencia internacional de Cataluña.


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