AGLI Recortes de Prensa   Sábado 21  Septiembre 2019

Del comando Rubalcaba al ‘soviet’ de Mateo
Segundo Sanz okdiario 21 Septiembre 2019

Lo de la Radio Televisión Española (RTVE) de la administradora única provisional, Rosa María Mateo, a propuesta del PSOE, empieza a cruzar límites goebbelianos en lo que a difusión de propaganda se refiere, cuando en realidad debería aspirar a ser una cadena plural e independiente. Para eso es pública y sostenida con el dinero de todos los contribuyentes. Sin embargo, en poco más de un año la que fuera telonera de la campaña de Alfredo Pérez Rubalcaba en las generales de 2011 ha rebasado las fronteras de la neutralidad política rodeándose de un grupo de ejecutores —con nombres y apellidos— que en la Casa conocen como el ‘soviet’, con mucho poder en el Consejo de Informativos.

Esta colonización del ente público, poniéndolo al servicio de los intereses del Gobierno, no sorprende. Lo que produce tanto estupor como vergüenza es lo zafio y chabacano con que Mateo y los suyos perpetran sus cacicadas. Ellos dejan la estela de ‘aquí no ha pasado nada’ y disfrazan todo de supuesta “ética periodística y rigor informativo”, pero sus burdas maniobras les retratan. Porque esta pléyade ideologizada no es en el fondo (en las formas ya le han superado) el ‘comando Rubalcaba’, el de los movimientos en la sombra y el sigilo. Lo de Mateo es ópera bufa, mientras que Sacaluga y compañía eran música barroca de una afinada orquesta. Sacaluga entrevistó a Sancristóbal en la cárcel por el caso Gal a mediados de los noventa y ahora ‘Informe Semanal’ ha hecho lo propio con el preso separatista Junqueras en la prisión de Lledoners a preguntas de Núria Roca. La técnica del blanqueo para ayudar a La Moncloa tampoco es nueva, pero con Mateo la falta de independencia se ve a leguas. Su modo de actuar es tosco, silvestre y descarado.

Tras empezar a preparar en agosto las elecciones del 10 de noviembre y ni siquiera disimularlo, el último zarpazo de la factoría de Rosa María ha sido anunciar debates electorales de Sánchez contra Casado e Iglesias, y no contra Rivera (tercera fuerza) y Abascal. En la nota decían que esto es “máxima pluralidad”, pero cuando los naranjas fueron a pedir explicaciones, les remitieron a… Moncloa. ¡Toma ya! En RTVE han aplicado aquí lisa y llanamente el Principio del método de contagio, acuñado por Goebbels, que consiste en reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Y esto es lo que quieren los asesores de Sánchez: enfrentarlo en ‘prime time’ a quienes impidieron su investidura y aislarlo del que se mostró más dispuesto a permitirla en el tiempo de descuento.

Es decir, ignorar al líder de Ciudadanos en esa suma individualizada de la oposición con la que el gurú Ivan Jode moldea su estrategia: la de polarizar el voto, fomentar bloques de izquierda y derecha y dejar el centro vacío, el que da la victoria en las urnas, para ocuparlo con el Partido Socialista. Ello, con la inestimable colaboración de Mateo y sus modos tribales. “Es ist nicht die Aufgabe der Propaganda intelligent zu sein, sondern ihre Aufgabe ist es, zum Erfolg zu führen” (La tarea de la propaganda no es ser inteligente, sino conducir al éxito).

250 DÍAS DE PARÁLISIS
¿Cuánto nos cuesta la incompetencia de Sánchez? Obras paradas, fondos congelados y leyes en el cajón, su legado
Redacción. España. gaceta.es 21 Septiembre 2019

Con el 10N en el horizonte, el Gobierno en funciones y con capacidades limitadas de Pedro Sánchez durará, como poco, ocho meses. Casi 250 días de parálisis que afectan no solo a la administración central, sino a comunidades y ayuntamientos y también a reformas legislativas que siguen esperando en el cajón.

Lo primero que se echa en falta son unos presupuestos actualizados. Por primera vez en democracia, no va a quedar más remedio que prorrogar por segundo año consecutivo las cuentas públicas del Estado.

Al igual que este 2019 con el PSOE en el Palacio de la Moncloa, el futuro Ejecutivo -en el que caso de que logre formarse- echará a andar 2020 con los presupuestos que aprobó el Gobierno de Mariano Rajoy hace dos ejercicios.

Por muchas prisas que quiera darse, el calendario electoral hace imposible la aprobación de unas nuevas cuentas públicas antes de que termine este año.

Celebradas las elecciones y elegidos los nuevos diputados y senadores, las Cortes se constituirán aproximadamente un mes después de los comicios, ya entrado el mes de diciembre.

Salvo una improbable mayoría absoluta o una coalición de Gobierno definida a priori que pudiera acelerar la investidura, no parece probable que pueda haber nuevo Gobierno antes de Navidad. Y eso siendo optimista.

Aunque el nuevo Ejecutivo ya tuviera preparada unas cuentas y las llevara inmediatamente al Congreso, la tramitación parlamentaria de la ley más importante de cada ejercicio se prolonga durante al menos tres meses. Entre unas cosas y otras, nada indica que haya nuevos presupuestos antes de verano.

No tener unos presupuestos al día complica cuestiones tan cotidianas como la revalorización de las pensiones, el salario de los empleados públicos o las transferencias de fondos a las comunidades autónomas.

Para aplacar las ansias de las comunidades, que cifran el agujero en unos 4.500 millones de euros, la ministra de Hacienda en funciones, María Jesús Montero, ha avanzado que antes de que acabe el año el gabinete librará remesas de tesorería adicional para que los gobiernos autónomos puedan hacer frente a sus compromisos de pago.

Sin esos fondos pendientes, las comunidades tienen en vía muerta nuevos proyectos o tienen dificultades para pagar en tiempo y forma los ya existentes.

Aunque se dice habitualmente que sin presupuestos es imposible gobernar, hay cuestiones que no dependen directamente de las cuentas públicas sino de una mayoría parlamentaria suficiente y, sobre todo, de un Ejecutivo con plenas facultades que pueda llevarlas adelante.

En el cajón de los asuntos pendientes figura la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), el máximo órgano de los jueces, que solo puede actualizado con un amplísimo acuerdo entre los partidos, aún mayor si cabe a que se exige para la investidura.

La situación de interinidad tampoco ha permitido renovar órganos de control como la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Parte de su cúpula directiva, empezando por su presidente, José María Marín Quemada, cumplen mandato este mes.

Otro nombramiento especialmente delicado que se ha quedado pendiente es el del nuevo responsable del Centro Nacional de Inteligencia.
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Félix Sanz Roldán, que había encadenado mandatos en el CNI con los sucesivos gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, dejó vacante el puesto en julio pasado.

Cargo que ha tenido que ser ocupado de forma interina por su segunda en los servicios de inteligencia, Paz Esteban López.

Eso en el capítulo de nombramientos, nada comparado con el de leyes y reformas postergadas, que se cuentan por decenas.

El Congreso volverá a cerrar sus puertas el próximo lunes sin haber aprobado ni una sola ley en más de medio año. En este tiempo los diferentes grupos han registrado medio centenar de proposiciones de ley, pero todas han caído en saco roto.

La reforma de la LOMCE, la conocida como Ley Wert, prometida una y otra vez por el PSOE, entre otros, también tendrá que esperar, y ya acumula seis años escolares en vigor.

Tampoco tendrá recorrido para lo que queda de año la regulación de la eutanasia que la semana pasada pasó su primer examen en el pleno de la Cámara, pero que decaerá como el resto de iniciativas.

La lucha contra los accidentes de tráfico es otra víctima del bloque político.

Las distracciones, sobre todo el uso del teléfono móvil al volante, son ya la primera causa de las muertes en carretera y, por eso, Tráfico quiere incrementar las sanciones por estas prácticas.

La regulación de los patinetes o de la velocidad en el centro de la ciudades o medidas de amplio calado social y que cuentan con apoyo político, como las contempladas en el Pacto contra la Violencia de Género, también se han quedado en el tintero de una legislatura que apenas ha durado cinco meses.

Cinco meses de producción legislativa nula y con un BOE prácticamente en blanco. La incógnita es por cuánto tiempo.

La verdad de las mentiras
Iglesias se ha retratado como un ingenuo capaz de tomar en serio a un político que sólo cuando miente es sincero
Ignacio Camacho ABC 21 Septiembre 2019

En los últimos meses de su mandato, y sobre todo a partir del conflicto catalán, Mariano Rajoy estableció una línea de contacto fluido con Pedro Sánchez. Y estaba encantado: a menudo ponderaba en privado el sentido de Estado del líder socialista, contraponiéndolo al de un Albert Rivera al que consideraba un tarambana. Por esas fechas, Sánchez acariciaba el puñal de la moción de censura que le acabaría clavando por la espalda. Quizá haya sido la única persona capaz de engañar al taimado político de Pontevedra, hazaña mayúscula que por ejemplo nunca logró con Rubalcaba. Pero desde que llegó al poder ha demostrado que es imposible confiar en su palabra: se cuentan por decenas las veces que ha dicho una cosa y ha hecho (a menudo incluso también diciéndola) su contraria.

Por eso cuando Pablo Iglesias afirma sentirse embaucado sólo está delatando su propia confusión entre la realidad y sus deseos. No es difícil creer que el presidente le dijera que estaba dispuesto a formar con él un Gobierno; lo raro, o lo que demuestra su inmadurez, es que lo tomase en serio. Aun así, allá por julio hubo un momento en que durante aquella turbia negociación de trileros estuvo sobre la mesa una oferta con una vicepresidencia y tres ministerios; Iglesias la rechazó, en un ataque de altanería, y ahora le resulta difícil digerir ese error manifiesto. Pudo tratarse de un farol pero si lo hubiera aceptado -«no lo merezco pero lo trinco», solía decir Di Stefano cuando le daban un premio-, los viernes se sentarían en el Consejo cuatro dirigentes de Podemos. El país salió ganando, a fin de cuentas, y ellos perdiendo pero hay que ser un tipo ciertamente soberbio para que cuando alguien te ofrece medio gabinete, o aunque se trate de un tercio, pedirle que además sea sincero. Sánchez sólo lo es cuando miente; la verdad la usa como herramienta ocasional para despistar a los ingenuos.

Ninguno de los dos es un dechado de franqueza, pero ambos deberían saber que lo que digan en esta campaña va a tener consecuencias. Los ciudadanos ya no toleran que sus representantes se crucen toda clase de reproches y después pretendan hacer borrón y cuenta nueva. Están hartos de cháchara de coyuntura o de conveniencia y las redes sociales son una implacable hemeroteca. A la gente no le importa la tranquilidad con que el presidente duerma, pero si afirma que la coalición le quita el sueño está formulando una promesa. Y por mucho que las circunstancias cambien con los resultados, un candidato decente está ahora obligado a mantenerla. El prestigio menguante de la política, su pésima reputación como actividad sin nobleza, tiene mucho que ver con la reducción del discurso público a mera logomaquia hueca. Y nada provoca más indiferencia que la cínica convicción de que las ofertas electorales sólo vinculan a aquellos que se las crean. Merecemos -¿recuerdan?- un Gobierno que no nos mienta.

La fiesta «rave» de la democracia
Juan Manuel de Prada ABC 21 Septiembre 2019

Cualquier estudioso de la narratividad conoce las eficacias del estilo iterativo: las epopeyas de Homero están llenas de repeticiones, paralelismos, series gemelas de versos que envuelven y subyugan al lector (al oyente, en origen); y lo mismo ocurre con nuestros cantares de gesta medievales. Luego este estilo iterativo sería utilizado por el cine con muy diversos fines, hasta alcanzar su paroxismo en Al filo del mañana, una película de ciencia ficción muy notable, en la que el protagonista, Tom Cruise, queda atrapado en un bucle temporal y todos los días tiene que ponerse a matar marcianos como un descosido. Al demócrata español le ocurre ahora como a Tom Cruise, sólo que en lugar de levantarse para matar marcianos tiene que levantarse para ir a votar una y otra vez, en una incesante fiesta de la democracia.

¡Ah, la fiesta de la democracia! «Un hombre, un voto», decían antaño sus entusiastas promotores. Pero ahora cada hombre (¡y cada mujer, oiga!) tiene que votar dos, tres, cien veces si hace falta, hasta que salga el resultado que conviene. Antaño, cuando había que adulterar una votación, se perpetraba un pucherazo y santas pascuas; ahora nos convocan a votar una y otra vez, en una fiesta «rave» inacabable que nos va dejando exhaustos, hasta que ya no sabemos si estamos votando lo mismo o lo contrario, si ya hemos votado siete veces o todavía no hemos votado ninguna. Si la política -como afirmaba con sarcasmo Valéry- es el arte de consultar a las gentes acerca de lo que nada entienden y de impedirles que se ocupen de aquello que entienden, mediante la repetición constante de las elecciones se consigue dejar a la gente inmersa en un marasmo de incomprensión, como le ocurría a Tom Cruise en la película de los marcianos.

Pero vivir atrapado en un bucle electoral también tiene sus recompensas, oiga. En primer lugar, inmersos en el barullo de pasiones encontradas que siempre provoca la inminencia de unas elecciones, los votantes no nos percatamos de que las instituciones públicas están siendo utilizadas como un tabladillo de la farsa en beneficio de logreros como el doctor Sánchez. Ya se sabe que el demagogo sólo ama a sus votantes en período electoral; pero cuando se encadenan los períodos electorales, los votantes nos sentimos constantemente amados por nuestro demagogo de cabecera. Además, un período electoral interminable es el auténtico paraíso democrático, pues todas las promesas de salvación se mantienen vigentes; en cambio, tras las elecciones sólo hay purgatorio (si nuestro partido ha ganado las elecciones, pues enseguida empezará a incumplir sus promesas electorales) o infierno (si nuestro partido ha perdido las elecciones, o no puede formar gobierno). Y votando una y otra vez se consigue de forma más convincente la finalidad última del sufragio electoral, que como Gómez Dávila nos enseña, «no pretende que los intereses de la mayoría triunfen, sino que la mayoría lo crea». El pueblo nunca elige; como mucho, ratifica lo que otros han elegido antes. Y, para que el pueblo ratifique bien, hay que salir a votar una y otra vez, con ardor y bizarría, aunque no entendamos nada, como Tom Cruise salía a matar marcianos en Al filo del mañana; así hasta ratificar la vuelta al redil del bipartidismo, con el doctor Sánchez ejerciendo de Práxedes Sagasta de baratillo.

Así se cumple aquel designo de Bloy: «Las elecciones constituyen, cada vez más, el testimonio de una aceleración inaudita, fatal, verdaderamente simbólica y profética hacia la pequeñez de espíritu, la bajeza de corazón y la idiotez». Feliz fiesta «rave» de la democracia para todos y todas.

La campaña electoral más inútil
José García Domínguez Libertad Digital 21 Septiembre 2019

En la España política de aquí y ahora, la de la ingobernabilidad crónica de septiembre del año 19, sumar resta y dividir suma. No es una frase efectista para tratar de multiplicar lectores, es una constatación empírica. El hastío, que es el muy transversal estado de ánimo hoy dominante en el censo tras ya cuatro elecciones generales concatenadas, amén de sus respectivas réplicas autonómicas y locales, tiene siempre una consecuencia abstencionista inmediata que solo resulta susceptible de ser esterilizada con alguna eficacia haciendo que el sentimiento colectivo más primario y atávico, o sea el miedo, se apodere de los telespectadores-votantes. En política, únicamente el miedo mueve montañas. Fue el miedo inducido a Podemos lo que obró el milagro de que Mariano Rajoy aguantase una segunda legislatura en la Moncloa pese a su exasperante tancredismo quietista, mientras los catalanistas preparaban su asonada a plena luz del día y sin siquiera entretenerse con el menor disimulo cosmético.

Como también fue el miedo, si bien el de la parroquia de enfrente, lo que provocó el prodigio no menos insólito de que la tan anunciada resurrección del general Queipo de Llano en Sevilla, el pánico coral al facha tras la irrupción de Vox en el Parlamento andaluz, llevase a sacar de la modorra dominguera a varios cientos de miles de potenciales abstencionistas de izquierdas cuando las últimas generales. Por eso el objetivo inconfesable de todas las campañas electorales es siempre llenar el cuerpo de miedo a los electores propios. Porque la propaganda política sin el miedo es como el vino sin alcohol: un placebo inane en el mejor de los casos. De ahí el problema que tienen ahora mismo los ivanes redondos de todos los partidos. Y es que el miedo ya no da miedo. Y sin dosis industriales de miedo, se ha dicho ahí arriba, no hay nada que rascar contra la abstención diferencial de los nuestros, sean quienes sean los nuestros, que eso es lo de menos. Es el drama de los ivanes de guardia, que Vox ya no asusta a nadie luego de que todo el mundo se haya cerciorado de que lo máximo que proce temer de un gallardo Ortega Smith es que enarbole educadamente una inocua pancarta en la calle.

Pero es que sus antípodas antisistémicas tampoco suscitan a estas horas ni el temblor de piernas de las viejecitas a la salida de misa. Podemos, aquel tan temible tigre de Bengala de no hace tanto, es ahora un inofensivo tigre de papel; un triste espantapájaros cesante que a nadie espanta, y más desde que el presidente del Gobierno se dedicó a ningunearlos con desprecio infinito desde la misma noche electoral hasta hace apenas un cuarto de hora. Así las cosas, ni el mismísimo Willi Münzenberg, que para quien no lo conozca era el Iván Redondo de Stalin, sería capaz de asustar al prójimo el próximo 10 de noviembre. Vamos de cabeza, pues, a un récord de abstención. Y cuando eso ocurre, a las leyes de la física electoral les pasa como a las de la física cuántica: toda lógica lineal se trastoca. Y restar suma, verbigracia el inopinado éxito de la derecha triplemente mutilada en Andalucía. Mientras dividir suma, así el probable efecto positivo para el conjunto de la izquierda de una eventual candidatura de Errejón llamada a evitar la desmovilización abstencionista de un segmento notable de antiguos votantes de Podemos, los ahora tentados de quedarse en casa el día de autos por el desencanto con Iglesias. Ya se sabe, es política, no lógica formal.

Los intelectuales y España
José Varela Ortega: "España se ha salvado por la falta de talento de los populistas"
RAÚL CONDE El Mundo  21 Septiembre 2019

Nieto del filósofo Ortega y Gasset, José Varela Ortega (Madrid, 1944) es heredero de una estirpe cuajada en el liberalismo y la razón. Publica España. Un relato de grandeza y odio (Espasa). No es una historia al uso ni un alegato ideológico, sino un prolijo ensayo de más de mil páginas en las que aborda el pretérito de nuestro país a partir de los prejuicios y los estereotipos que cuelgan de la imagen nacional. Presidente de la Fundación Ortega-Marañón y director de la Revista de Occidente, es doctor por la Universidad de Oxford. Autor, entre otros volúmenes, de Los amigos políticos. Partidos, elecciones y caciquismo en la Restauración (1875-1900) y Los señores del poder y la democracia en España.

¿España es un 'rara avis'?
No lo creo, el Spain is diferent es puro tópico. Me eduqué con un hispanista, Raymond Carr, que empezó diciéndome que no era hispanista. España tiene peculiaridades, como cualquier país, pero no un pasado tan distinto del Reino Unido o de Francia. Los españoles de los años 20 y 30, antes de 1936, tenían arraigada la idea de que la historia de España era mucho menos cruenta que la de algunos de nuestros vecinos. Voltaire admite que las monarquías españolas son menos sangrientas y vengativas. La Guerra Civil marca y retoma una impronta romántica. La idea es que la España del 36 era un espejo distorsionado de lo que iba a suceder en Europa. Había un clima de terror y de horror, que es lo que ocurrió en nuestro continente entre 1914 y 1945. Esto de que Europa es un continente pacífico no es verdad.

¿Tenemos los españoles tendencia a saltarnos el imperio de la ley?
Posiblemente, desde la invasión de 1808 se ha mantenido una tendencia de arramplar con todo y tirar por la calle de en medio. Eso lo dice Vicens Vives, un gran historiador catalán, y Cánovas antes que él. La invasión francesa sacó al país de sus casillas. Lo que nosotros llamamos Guerra de la Independencia es una revolución política y social, pero también una ruptura del orden constitucional y legal. La idea de soberanía nacional se inventa por eso:para contestar el hecho que Napoleón hubiera colocado la frontera en el Ebro. Se dice: aquí no se trocea el país más que por la voluntad del conjunto de los españoles. Si usted repasa todas las constituciones democráticas desde 1812 verá que dos artículos que se repiten en todas son los que indican que el país no es patrimonio de nadie porque la soberanía corresponde al conjunto de la ciudadanía de la nación. Por eso ahora el Rey no puede acceder a las pretensiones de los nacionalistas catalanes. Y esa es la diferencia principal con el Reino Unido, donde la soberanía no es de los ciudadanos, sino del Parlamento, entre otras cosas, porque Carlos de Habsburgo le cortó la cabeza a los procuradores castellanos rebeldes, mientras que, un siglo después, los parlamentarios ingleses le cortaron la cabeza a Carlos Estuardo.

¿Por qué el Gobierno de turno no explica todo esto con claridad para evitar que la propaganda independentista cunda entre la prensa internacional?
La labor de la Secretaría de Estado de Comunicación ha sido patética. Los corresponsales extranjeros más avezados me decían que les reunían para hablar de los Reyes Católicos... Si en cualquier país de nuestro entorno alguien se salta la ley, le meten en la cárcel. Otra cosa, siendo justos, es que los independentistas tengan razón cuando consideran desmedida que la prisión preventiva se alargue casi dos años. No solo por los políticos presos, sino por todos.

¿Somos una nación sólida?
Es una nación con algunos complejos, pero muchísimo más sólida que lo que demasiada gente cree. Sería un grave error por parte del nacionalismo catalán y vasco creer que se puede dar al traste con todo de un mandoble golpista. Viví durante el franquismo y no me gusta ningún nacionalismo. Mitterrand tenía razón cuando dijo que el nacionalismo es la guerra. Esos nacionalismos quieren rehacer la Paz de los Pirineos, que es de 1659, pero variar fronteras pone muy nerviosos a los europeos porque tenemos muy mala experiencia. La pulsión separatista resulta explosiva para Europa. Ya lo vimos en la antigua Yugoslavia.

Savater afirma que "los símbolos nacionales de España refuerzan el Estado de derecho y, en ese sentido, no son desdeñables". ¿Está de acuerdo?
Es verdad. La banderita de Marianita Pineda [liberal del siglo XIX ejecutada en la Década Ominosa, durante el reinado de Fernando VII] no era exactamente rojigualda, pero es la que encarna la democracia, la igualdad y la nación de ciudadanos. Hay dos tipos de nacionalismo. Uno gira alrededor del concepto de ciudadanos libres e iguales. Otro es el de sangre y territorio, basado en la etnia, las diferencias y la raza. Ésa no es la tradición francesa, española e italiana. Y, por cierto, esta cosa del tribalismo nacionalista etnocentrista no tiene nada que ver con las tradiciones de la izquierda, que en el fondo se remontan a la Ilustración.

¿Cree que la izquierda ha blanqueado ese "tribalismo nacionalista"?
Hombre, no asume sus postulados abiertamente, pero tampoco los combate, como lo hacía el pensamiento marxista antes. Salvo excepciones como Nicolás Redondo Terreros o Joaquín Leguina, la izquierda no adopta una posición beligerante para combatir ideológicamente al nacionalismo. Transige con estas cosas separadoras, etnocéntricas y tribales, en lugar de defender el principio universalista e internacionalista de la izquierda. Es lo que Félix Ovejero llama la deriva reaccionaria de la izquierda. Hace unos años escribí en la Tercera de Abc que, en estas capitulaciones morganáticas con el nacionalismo, la izquierda se ha dejado algo más que plumas de su identidad programática. Se ha vaciado de contenido ideológico. Ha pinchado en hueso filosófico y eso no se enmienda en un chalaneo de porcentajes. Un discurso más interesado en la identidad que en la semejanza; centrado en etnias, en lugar de la humanidad; en el nacionalismo, antes que el internacionalismo; que trafica igualdad por privilegio; que traduce diferencia cultural en desigualdad sociopolítica, confundiendo el derecho a la diferencia con la diferencia de derechos; que promueve derechos históricos a costa de los individuales; que habla de territorios, en vez de ciudadanos libres e iguales; que, en lugar de exigir el derecho a la igualdad y predicar la virtud de la solidaridad, calcula balanzas fiscales, que no impuestos individuales y progresivos...Un discurso así, en suma, licuará la izquierda.

¿El colaboracionismo con los nacionalistas no se puede imputar también a la derecha?
Lo de la derecha es un poco de tontería. Se ponen nerviosos en cuanto dicen algo porque son acusados de franquistas y todavía entran al trapo.

¿Qué opina del bloqueo político de ahora?
Todos están en un teatro y parece que a la gente le gusta. Cuando uno en política hace teatro es que no sabe hacer otra cosa. Mire, me preguntaba antes por las peculiaridades de España. Pues bien, no conozco ningún país de primer nivel en que haya un político que copie su tesis y no dimita. Insólito. Eso no se hace. Y si se hace, hay que reconocerlo y pagar un precio.
En 2013, en una entrevista en 'El Cultural' de EL MUNDO, aseguró: "Están dadas las condiciones para que surja un demagogo con ansias de poder, que hay muchos, pero además se requiere talento para vender su producto populista y eso, afortunadamente, es más difícil".

Por ahora, nos ha salvado la falta de ese talento. Resulta conmovedor que un leninista peronista como Pablo Iglesias recurra al Rey para solucionar la negociación de la investidura. Al revés de lo que decía Kennedy, piensa que se puede engañar a todo el mundo durante todo el tiempo. ¡La próxima vez irá a ver al Nuncio para solucionar el tema! ¿No quedábamos en que lo suyo era pasokizar al PSOE y asaltar el Palacio de Invierno? Pero, efectivamente, el populismo no ha podido armar la que ha armado en Italia, Holanda o Reino Unido. Lo que tenemos es una colección de gente inane y bastante analfabeta, con una ambición desmedida como todo político. Todo político profesional tiene una vanidad sin límites. En La fiesta del chivo, Vargas Llosa retrata al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo como un hombre que vivía holgadamente, pero al que le daba igual la riqueza. Para él, la riqueza era un medio para financiarse la droga del poder. ¿Usted ha visto a este pobre hombre que nos preside en funciones enseñando a los niños La Moncloa? ¡Le tourné du propriétaire! ¡Es conmovedor! Pero todos los señores del poder son así. Las cosas como son. Ya lo dijo don Gregorio Marañón del Conde-Duque: ambicionaba el poder como el avaro el oro.

¿La dicotomía entre el 'español militante' y el 'español indolente', que aparece en las descripciones de los embajadores venecianos en la corte de Felipe II, es una de las ideas centrales de su libro?
La palabra militante la aclararé en una segunda edición. Me refiero a militante no en el sentido meramente bélico, sino constante, emprendedor y enérgico. Ése tipo de español, que lo hay y lo había, frente al indolente que es el de la fiesta y siesta. Ambos estereotipos se oponen. Y es verdad que los españoles de la Ilustración se tragan el estereotipo del indolente propagado desde Francia por Voltaire, Montesquieu y Diderot, que pinta a España como un país católico y fanático, y contrario a la modernidad. Se lo tragan a pesar de que el estereotipo lo fabrican personas que no habían pisado nunca España.

¿Cuándo surgen las caracterizaciones que aún hoy penden de la imagen de España?
En la época imperial. La reconquista de Granada tiene un impacto enorme en Europa. Y la de América produce una admiración sin límites. El auge de la monarquía y de la cultura hispánicas deslumbra. Mucho después, el Romanticismo fue fundamental para crear la imagen del español apasionado, rebelde y exótico, en que lo antiguo y primitivo se considera fascinante.

¿A qué imágenes se asocia 'lo español'?
Ahora a una imagen mucho más rica y compleja que en el pasado, pero persiste la idea que vendemos desde el siglo XIX: colorido, fiesta, diversión, animación, buen tiempo, vida en la calle. El profesor José Carlos Mainer decía que España "tiene el exotismo dentro de sí misma, lo que es un privilegio y una condena". Es verdad. ¿Cómo compaginamos vender ordenadores y construir trenes AVE con la idea andalusí del flamenco? Se puede hacer. Hace 80 años, Italia tenía una imagen de opereta. Hoy se asocia al diseño, el buen gusto y la belleza.

En la diatriba intelectual entre María Elvira Roca Barea ('Imperiofobia y leyenda negra', Siruela, 2016) y José Luis Villacañas ('Imperiofilia y el populismo nacional-católico', Lengua de Trapo, 2019), ¿de qué lado se sitúa?
Son libros de muy distinta entidad y ambos diferentes a mi enfoque. El de Roca Barea me enseñó muchas cosas y creo que ella no debería entrar en ninguna polémica con un librito que no tiene el menor interés. Combatir la leyenda negra me parece exagerado y un tanto anacrónico. El sujeto es de naturaleza del todo diferente: tengo serias dudas sobre la capacidad de los españoles de hoy para emprender hazañas ciclópeas como la conquista de América.

¿Qué recuerda de su abuelo, Ortega y Gasset?
Empezaré diciendo que era inocente del producto. Lo veía todos los días hasta los 12 años porque comía en su casa. Era muy divertido y nos hacía muchos regalos. Nos preguntaba muchas cosas y nosotros a él también. Su casa estaba forrada de libros. Pero fue una relación estrictamente familiar.

En su discurso 'Rectificación de la República', pronunciado el 6 de diciembre de 1931, Ortega proclamó: "Si la Constitución crea desde luego la organización de España en regiones, ya no será la España una, quien se encuentre frente a frente de dos o tres regiones indóciles, sino que serán las regiones entre sí quienes se enfronten, pudiendo de esta suerte cernirse majestuoso sobre sus diferencias el Poder nacional, integral, estatal y único soberano". ¿Qué diría hoy?
Bueno, ese párrafo sólo sería posible comprobarlo con una reforma profunda del Senado como Cámara territorial. Pero, en todo caso, sería injusto y pretencioso que yo intente suplantar su opinión. Él era moderadamente pesimista a la hora de creer, como pensaba el Azaña de antes de la guerra, que el problema territorial se podía solucionar hablando con políticos. Pensaba que era mucho más complicado. También es cierto que en el Estatuto de Cataluña, en 1932, se pone mucho más cuidado en la enseñanza que el que se tuvo en la Transición, quizá por complejos. Entonces, se introdujo un artículo que autorizaba al Estado a crear instituciones educativas en el territorio de la región a cualquier nivel y que la enseñanza en esos centros estatales fuera en castellano.

¿La herencia liberal que encarnaron Ortega y Marañón pervive en la política de nuestros días?
No en los mismos términos, pero creo que la gente es mucho más liberal de fondo. Tolera discrepancias, es más dialogante y se ha renunciado a la violencia, cosa que sí existía en los años 20 y 30. ETA pierde la guerra porque la gente no quiere violencia. El doctor Marañón aseguraba que ser liberal es una actitud y un modo de ser. El español de antes, por contra, no perdonaba la corrupción y la falsedad. El partido de Lerroux, que era una fuerza política importante en el centro, se hundió por pequeñas corruptelas que hoy nos darían risa. Fernando Cos-Gayón, que fue ministro a finales del siglo XIX, falleció en 1898 y su familia no pudo pagar el entierro. ¡Y ese hombre fue muchos años ministro de Hacienda!


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Nessun dorma, presidente
Javier Somalo Libertad Digital 21 Septiembre 2019

Ahora parece como si Pedro Sánchez pretendiera patrocinar otro España Suma: ni quiere independentistas ni quiere a Iglesias. Pero por mucho que tema no dormir por las noches, son precisamente esas compañías las que le hicieron presidente por primera vez, sin voto popular, a través de una moción de censura con la que empezó todo, por culpa de Sánchez y gracias a Rajoy.

Pero Sánchez tampoco quiere a Rivera y por eso le vuela el cráneo con el mismísimo Pirulí, el cañón de hormigón armado de TVE, sede de su ministra de Propaganda, Rosa María Mateo, desde donde se dispara el fuego pesado con pólvora del rey, o sea, con dinero ajeno. No es un bulo. Juan Carlos Girauta le contó a Luis Herrero que el vocero de Mateo fue Enric Hernández, ex director de El Periódico y ahora comisario de información. Pregunten en Moncloa si quieren un careo con el inquilino. Nosotros recibimos órdenes, le faltó añadir.

Con tanta propaganda pública e intoxicación subcontratada por lo privado podría resultar complejo descifrar los mensajes electorales que nos asolarán en estos cuartos comicios en cuatro años. Pero hay una forma bien sencilla de hacerlo. Juzguemos por los hechos, no por las palabras. Veamos lo que hacen, no lo que dicen. Y en los nueve meses que Pedro Sánchez estuvo en La Moncloa colocado por los que le producen insomnio no fue poco:

Empezó por la anulación del control previo de las cuentas de los golpistas en la Generalidad de Cataluña. Según dijo Celaá entonces, sólo era un "gesto de normalidad política". Lo lógico y natural con unos golpistas que llegaron a proclamar la República de Cataluña. Como no pasaba nada, no tenía sentido tener a los pobres rebeldes en la miseria. Y si ya podían sacar dinero del cajero sin permiso, por qué no reabrir las embajadas. Pues se reabrieron las embajadas, aberración estructural donde las haya porque Cataluña está representada en el exterior por España, más allá de las calçotadas que quieran hacerse en Amberes como gracia gastronómica.

En esta realpolitik colaboracionista estaba incluido también el acercamiento de los presos golpistas a Cataluña, asunto que podría parecer normal por cuestiones de economía procesal pero que no lo es de ninguna manera porque la competencia penitenciaria está cedida por el Estado en Cataluña, que así de bien pensado está el sistema nacional. En esta fase fue cuando el Gobierno de Sánchez empezó a deslizar la idea de un posible indulto. Y si sonó el río es porque estaba infestado de peces, por eso Ciudadanos, con el apoyo del PP, puso como condición para el pacto-pirueta de último minuto la garantía escrita –poco asusta al doctor lo escrito por otros– de que no habría tales indultos.

Y cómo olvidar la rebaja de la acusación de rebelión que hasta entonces tenía clara la Abogacía del Estado. Pues nada de rebelión; como mucho, sedición porque no hubo la violencia necesaria. Faltaron las armas, llegó a decir Calvo obviando que las urnas fueron transportadas por mossos que no llevaban precisamente piruletas en el cinto y quitándole hierro al hecho de que la Guardia Civil y la Policía Nacional fueran asediadas hasta el punto de robar sus armas de los coches patrulla. Hay testimonios suficientes en las actas del juicio. Pues el que no durmió aquella noche, y seguro que muchas más, fue Edmundo Bal, único abogado del cuerpo estatal que se negó a hincar la rodilla y que terminó destituido por "por cuestiones de confianza".

Como puesta de largo –la guinda está por poner– llegó el Pacto de Pedralbes en el que el Estado español representado por Sánchez negoció de tú a tú con la Generalidad –ERC y PDeCAT le habían llevado La Moncloa pero quedaban por aprobar unos Presupuestos– sin mencionar la Constitución española en momento alguno y proponiendo la figura de un mediador para hablar sin cortapisas y, sobre todo, sin conocimiento público.

Y de Cataluña llegamos a Navarra pasando por Bildu, el partido del etarra Arnaldo Otegi. "Todos los partidos con escaños son legales y legítimos", dijo en junio Isabel Celaá. Todos menos Vox, "un partido con ideario inconstitucional" que para el Gobierno es como "volver al armario del franquismo". Esto lo dijo Carmen Calvo. Y sin rubor ni amargas noches de vigilia el partido de Otegi hizo presidenta de Navarra a la socialista María Chivite y como primer plazo del pago, los socialistas de Navarra convirtieron en alcalde de Huarte al bildutarra Alfredo Arruiz ausentándose vilmente de la votación. El negocio sigue vigente y por eso Chivite ha evitado recientemente apoyar una moción que osaba invitar a los Reyes a los Premios Príncipe de Viana. Este mismo viernes, Pablo Casado y Santiago Abascal le han recordado a Sánchez que la traición en Navarra sí es una causa merecedora de desvelos. El de Vox ha ido más allá –que Casado– reclamando la ilegalización de Bildu. ¿Exagerado? En el País Vasco, el socio de Sánchez quiere vetar la entrada a los tres líderes del centro derecha mediante una proposición no de ley en el parlamento de Vitoria. Lo que les espere cuando vayan será culpa también del socio patrocinador que vive en La Moncloa.

El cuanto a los terrores nocturnos por Podemos, sería fácil dar la razón al presidente si no fuera porque sólo lo finge. En calidad de ex vicepresidenciable fallida en funciones, Irene Montero dijo esta semana: "Nosotros lo que queremos es cambiar la vida de la gente". No cabe duda de que sería el único partido que, en caso de gobernar, cumpliría a rajatabla su promesa porque, lo que es cambiar, cambiaría y mucho la vida de la gente e incluso la de las personas. Imaginen. ¿Y si Irene hubiera aceptado? ¿Dormiría bien el presidente? Pero ahora parece que el del jersecito de lana, el nieto perfecto de Manuela, no resultaría tan peligroso como el de la coleta y seguro que no se le aparecería a Sánchez por debajo del colchón con un guantelete de cuchillas. O quizá descubran que el púber chavista puede inflar las cuentas de las derechas. Es lo que nos queda por sufrir hasta que los nigromantes y arúspices del PSOE decidan qué maniobra cotiza más en las encuestas de Tezanos. España es siempre lo de menos…

La princesa Turandot buscaba pretendiente sin intención alguna de contraer matrimonio. Era una venganza personal por hechos pasados que le generaron un odio patológico y cruel hacia los hombres. En la falsa ronda nupcial hubo una larga lista de víctimas pues nadie era capaz de resolver los tres enigmas que la princesa impuso como requisito para acceder al matrimonio. Y errar suponía morir. Sólo un príncipe extranjero lo consiguió pero renunciaría y moriría también si ella era capaz de adivinar su nombre. La cruel Turandot ordenó que nadie durmiera en Pekín hasta conocer la identidad del extranjero o se desencadenaría una matanza sin precedentes. Sin embargo, la princesa acabó rendida a los encantos del extranjero que, tras besarla, le susurró su nombre: Calaf. Al alba, la propia Turandot desveló el enigma del extranjero ante el pueblo: su nombre es el amor, dijo. Y todos, hasta los grotescos y despiadados ministros Ping, Pang y Pong –que cada cual trate de trasladarlos de la ópera a la realidad–, se acariciaron el cuello en señal de alivio pues el enigma letal que caía sobre ellos estaba resuelto en el plazo fijado. Pero las víctimas de aquella ronda de pretendientes, incluida la mujer que por amor se negó a revelar el nombre de Calaf aun conociéndolo, siempre pondrán en entredicho el pretendido final feliz de la bella ópera que no pudo concluir Giacomo Puccini.

Pues nadie duerme tranquilo pese a que todos conocen su nombre: la traición. A ver si esta vez la oposición acierta a desenmascarar al insomne que se hace pasar por víctima y lo muestran como lo que es y por lo que ya ha hecho. Sobran argumentos. Quizá si pronuncian su verdadero nombre consigan desalojarlo del Poder y, de paso, darle un final alternativo más justo al Turandot de Puccini. Hasta entonces, desde luego, nessun dorma.

Javier Somalo, director del Grupo Libertad Digital.

El insomnio de Pedro Sánchez
Editorial ABC 21 Septiembre 2019

Fue Carmen Calvo, la vicepresidenta del Gobierno en funciones, la que descubrió el desdoblamiento de la personalidad política de Pedro Sánchez. Con su acreditado academicismo, Calvo enseñó a los españoles que lo que Pedro Sánchez dice como secretario general del PSOE no vale para Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Sin embargo, el propio presidente del Gobierno en funciones ha mejorado la aportación de su vicepresidenta al afirmar que «no dormiría tranquilo con Podemos en el Gobierno». Lo dice el mismo Pedro Sánchez que en julio ofreció a Podemos una vicepresidencia y varios ministerios para lograr un gobierno de «progreso», que hoy le quita el sueño. Queda pendiente saber qué ha transformado a Podemos de socio preferente a apestado preferido en sólo dos meses.

Ni Carmen Calvo puede explicar esta incoherencia política y ética. Porque hay mucha falta de ética política en unas declaraciones dirigidas única y exclusivamente a engañar a la opinión pública sobre la responsabilidad de las nuevas elecciones generales. Pedro Sánchez tiene una relación compleja con la verdad como principio del gobierno de lo público. Lo demostró con su tesis doctoral, por citar un ejemplo. Pero ahora incurre en un falseamiento doloso de su trayectoria más reciente, porque él y su partido no han dudado en pactar en gobiernos autonómicos y municipales con quienes súbitamente les quitan el sueño. El argumento previsible de la factoría de Ferraz es que no es lo mismo La Moncloa que Barcelona, La Rioja o la Comunidad Valenciana, pero sucede que sí es el mismo Podemos en todos los casos, defendiendo el derecho a la autodeterminación, la existencia de «presos políticos», la inocencia de los matones abertzales de Alsasua y los ataques a la Corona. El Sánchez que espetaba a Rajoy que la responsabilidad de no tener investidura es de quien no tiene mayoría hoy se dedica a crear culpables de no haber querido ser presidente de Gobierno con los mismos votos que aceptó para echar al expresidente del Partido Popular.

La izquierda, en su conjunto, tiene ocasión de valorar cómo está representada políticamente por unos partidos que, diciéndose de izquierdas, no han querido ponerse de acuerdo para facilitar una legislatura. La realidad es que el problema no es Sánchez o Iglesias, con sus ambiciones personalistas y fobias recíprocas, sino de lo que ambos representan: la incapacidad de la izquierda -desde la socialdemocracia al populismo comunista- para asumir el gobierno de una sociedad europea, moderna y plural como es España, necesitada de una política reformista, moderada y apoyada en los valores constitucionales de unidad y solidaridad.

La dormidina
En julio dormía a pierna suelta encamado con Podemos; en septiembre le repelen
Luis Ventoso ABC 21 Septiembre 2019

En 2015, Sánchez regaló graciosamente las alcaldías de varias importantes ciudades españolas a Podemos y sus franquicias asociadas, cuando ni siquiera habían ganado las municipales y rechazaban «el régimen del 78», la Monarquía y la Constitución. Activistas, predicadores progresistas y diletantes, que luego demostraron que no sabían hacer la o con un canuto, como Doña Manuela y Colau, fueron obsequiados por el PSOE con el gobierno de capitales como Madrid, Barcelona, Zaragoza o La Coruña. La limpieza de las calles y otros servicios básicos empeoraron drásticamente. Los presupuestos ni siquiera se ejecutaban y no aparecía una sola idea para mejorar la vida práctica de «la gente» y su economía. Pero aquella situación de deterioro no provocó insomnio alguno a Sánchez, su responsable último, que dormía como un buda mientras los vecinos soportaban la roña y el desorden.

En junio de 2018, Sánchez urdió en la sombra una turbia operación con Podemos para granjearse el apoyo de los separatistas, echar a quien había ganado las elecciones y okupar La Moncloa sin haber sido el más votado, algo que jamás había ocurrido en la democracia española. Encamarse con los populistas antisistema de Iglesias, con los golpistas catalanes y con Bildu no le quitó el sueño ni un segundo.

En julio de 2019, Sánchez cortejó a Podemos calificándolo de «socio preferente», era el aliado imprescindible para «un proyecto progresista». Para intentar sacar adelante su investidura, llegó a ofrecerles tres ministerios y una vicepresidencia. En julio, hace solo dos meses, tener a Podemos dentro de su Gobierno no le quitaba el sueño.

Septiembre de 2019, se aproximan unas nuevas elecciones. Sánchez y su Rasputín de cabecera han llegado a la conclusión -cierta- de que los votos se pescan en el centro (algo que también está aprendiendo Casado). Así que el eventual presidente aparece en la tele al rojo vivo en tono moderado y contrito, y en una entrevista a la carta fustiga a los separatistas y los comunistas de Iglesias y explica que si tuviese a Podemos en su Gobierno «no podría dormir de noche».

Por primera vez he de reconocer que concuerdo de pleno con una valoración del hacendado de Galapagar, quien ha calificado el comportamiento de su exsocio tachándolo directamente de mentiroso. Sánchez está intentando hacer aquello que Abraham Lincoln consideraba un imposible: «Engañar a todo el mundo todo el tiempo». El 10 de noviembre sabremos si el pueblo español está definitivamente aborregado por la propaganda y las televisiones y da por bueno que le tomen el pelo, o si conserva un atisbo de buen juicio político para descartar como mandatario a quien hace de las trampas su divisa.

De entrada, yo no apostaría por el sentido común. En la España de Sánchez una mentira repetida una docena de veces pasa a convertirse en una gran verdad (ahí sigue, por ejemplo, el presidente plagiador del Senado, filósofo de piel de rinoceronte, que sobrelleva el deshonor académico la con jeta incólume de un pícaro de Quevedo). La España eterna.

La izquierda, genuflexa ante el separatismo
Editorial El Mundo 21 Septiembre 2019

Queda claro, aunque ahora ensaye una retórica electoral beligerante con el nacionalismo, que Sánchez no tiene ninguna voluntad de detener la deriva reaccionaria de la izquierda

La izquierda afronta las elecciones generales del 10 de noviembre sumida en la frustración del fracaso de Pedro Sánchez a la hora de formar Gobierno y con el horizonte de profundizar en la división de sus filas, si finalmente Íñigo Errejón confirma su candidatura. A pesar de las diferencias ideológicas y orgánicas, hay algo que las fuerzas de izquierda siguen compartiendo: su transacción con el nacionalismo, su fútil y contraproducente empeño en tratar de domesticar al tigre del soberanismo y su porfía en confundir los síntomas de distensión con la genuflexión ante formaciones que desafían el marco constitucional. El propio Quim Torra, a quien el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha dado 48 horas para retirar la pancarta sobre los presos del balcón de la Generalitat, ha reiterado su desafío insurreccional si la sentencia del 1-O es condenatoria.

En este contexto, la entrada del PSC en el Consejo de Diplocat, el ente articulado por la Generalitat en 2012 para publicitar el proceso independentista y fortalecer la acción exterior del Govern, resulta inaceptable. El partido que lidera Miquel Iceta ha justificado el acceso a este órgano de Laia Bonet, concejal del PSC en Barcelona, por la capacidad de controlar sus actividades desde dentro. Es un pueril subterfugio que esconde la cuestión de fondo: la legitimación de un órgano que Josep Borrell calificó de "instrumento fundamental para intentar la internacionalización del procés". El ministro de Asuntos Exteriores debe desautorizar a sus correligionarios. Sin embargo, el hecho es que la decisión del PSC constituye una prueba palmaria de la incapacidad de los socialistas para embridar la pulsión secesionista de Ada Colau, en la medida que Bonet se ha incorporado al Diplocat en calidad de representante del Consistorio de la capital catalana. Si a ello se suma que Colau ya ha anunciado que Jaume Asens, de perfil netamente soberanista, volverá a encabezar la candidatura de confluencia de Podemos por Barcelona el 10-N, queda clara la voluntad del conjunto de la izquierda de perpetuar su estrategia de connivencia con los secesionistas. Una hoja de ruta que entronca con los aliados de Pedro Sánchez en la moción de censura, aunque ahora el líder socialista trate de apartarse de ellos por mero cálculo electoral.

Cabe recordar que el Diplocat fue concebido por el Gobierno catalán como parte de las "estructuras de Estado" que, en teoría, deberían apuntalar la futura república catalana. El objetivo era articular una diplomacia propia, socavando las competencias de la Administración del Estado y sobrepasando por completo la representación exterior -fundamentalmente vinculada al comercio- del resto de comunidades autónomas. Según el Tribunal de Cuentas, recibió 16 millones de euros durante los seis años del proceso. El Gobierno lo cerró tras la aplicación del artículo 155 en diciembre de 2017, aunque Torra volvió a reabrirlo en julio del año siguiente, coincidiendo con la reapertura de las embajadas.

Todo ello provocó la fiscalización de las distintas delegaciones de la Generalitat, además del cerco judicial al Diplocat a raíz del juicio por el 1-O. Con estos antecedentes, causa estupor y honda preocupación que los socialistas, en lugar de fortificar el bloque constitucionalista, se pongan de rodillas ante el separatismo. Queda claro, aunque ahora ensaye una retórica electoral beligerante con el nacionalismo, que Sánchez no tiene ninguna voluntad de detener la deriva reaccionaria de la izquierda.

La penúltima infamia del nacionalismo vasco
Editorial ABC 21 Septiembre 2019

Los proetarras de Bildu, albaceas políticos de una banda criminal que ha asesinado a casi mil personas, han propuesto que el Parlamento vasco vete la presencia de Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal en esa comunidad autónoma durante la próxima campaña electoral. Al efecto, la formación liderada por Arnaldo Otegui -un sujeto con un pavoroso pasado de terrorista multirreincidente- ha registrado una proposición no de ley para que la Cámara vasca expulse de facto a PP, Cs y Vox del territorio con la excusa de que «no tensionen la convivencia y no usen Euskal Herria para sacar votos en España», eso sí «desde el respeto a la libertad de expresión de la ciudadanía, asociaciones y partidos políticos», señala la iniciativa.

No cabe mayor cinismo ni mayor infamia. Hace unos meses asistimos allí a gravísimos incidentes de acoso a los partidos constitucionalistas, cuyos dirigentes tenían que salir escoltados por la Policía ante la jauría vociferante que los amenazaba. Ahora, y preventivamente, van más allá y utilizan una herramienta legislativa para que ni siquiera se les deje entrar. Va a más por tanto el totalitarismo de ese nacionalismo montaraz que trata de imponer el pensamiento único ¡por ley! Todo recuerda demasiado a los movimientos políticos de masas que aterrorizaron Europa en el pasado siglo. Por tropelías como la de ayer era tan importante que el socialismo no pactara con Bildu en Navarra.

Por eso Sánchez hubo de atender a las voces que le alertaban de que era un inmenso error, y una muy mala noticia para España, apoyarse en los herederos políticos de ese estremecedor caudal de sangre inocente derramada. Y por eso es imprescindible que el PNV, guarecido siempre en ese confortable y rentable silencio, y el PSE, aunque solo sea por respeto a sus muertos, aíslen a Bildu y no a quienes defienden la Constitución.

Rosa Díez y España suma: luces y sombras
Diego Vigil de Quiñones Otero okdiario 21 Septiembre 2019

La semana pasada tuvo lugar en el Congreso un acto por “lo común” en el que Rosa Díez y Álvaro Pombo comparecieron en el Congreso de los diputados junto a Pablo Casado, Cayetana y el líder del PP catalán. Pese a los días trascurridos, tal vez dicho acto sea el más trascendental de los que han tenido lugar este otoño para el futuro de la derecha. La re-aparición de Rosa Díez resulta a priori es buena idea pues se trata de una persona con gran autoridad en la lucha contra el secesionismo y por la regeneración de nuestra democracia. No hay que olvidar tampoco que UPyD, estuvo junto “a las tres derechas” en la foto de Colón y que en una hipotética España suma sería interesante contar con lo que queda de los magenta.

Pero más allá de estas consideraciones, haber centrado en Rosa Díez la simbolización del afán de sumar algo presenta también en mi opinión algunas sombras, que creo se pueden resumir en tres (una para cada partido llamado a coaligarse):

Primero, respecto al PP, Rosa Díez representa el centralismo y eso causa un gran problema con toda la corriente foralista y regionalista que caracteriza al PP en Galicia, el País Vasco, Navarra, Aragón, el Reino de Valencia o las Baleares. Por mucho que le guste a Cayetana el discurso de “libre e iguales”, éste puede ser muy perjudicial a la boyante posición del PP en Galicia, Aragón, Baleares y Valencia, y pondría en riesgo la pírrica posición del PP vasco y navarro. A mes a mes, la presencia en el acto del líder del PP catalán supone apostar por una línea de dudosos frutos: vista la fuerza del PP en el resto “dels països” más bien cabría pensar que, si alguna posibilidad de futuro tiene el PP en Cataluña, será cultivando la sana foralidad y no con el centralismo jacobino.

Segundo, respecto a Ciudadanos, no podemos olvidar que Rosa Díez fue la principal causante de que no hubiese un acuerdo UPyD- Ciudadanos. Usar a Rosa Díez como pretexto para sumar Cs al PP resulta como mínimo paradójico. Aunque bien mirado, tal vez ella mejor que nadie para entonar el mea culpa y mostrarle a Cs el camino que ella un día no quiso recorrer.

Tercero, respecto a Vox, Rosa Díez tampoco parece la persona más adecuada para recuperar los dos millones y pico de votantes de Vox. Hay que recordar que una de las cuestiones en las que Vox ofrece algo más que el PP, además de la lucha por la unidad nacional, es la defensa de la familia y la vida. Y Rosa Díez siempre fue partidaria del aborto. ¿Acaso pretende Pablo Casado echar para siempre del PP a los votantes provida con los que él mismo simpatiza?

Más allá de estas tres sombras (que tal vez hayan de estar para enriquecer el cuadro) la recuperación de Rosa Díez puede ser positiva si se aclarase qué parte del antiguo programa de UPyD estaría dispuesto a asumir el PP o España suma en materia de regeneración. En concreto las propuestas sobre sistema de elección de los jueces, la reforma de ley electoral o lucha contra la corrupción, si fuesen acogidas como elemento de cohesión de esa suma, devolverían al PP y/o sus socios gran parte del crédito perdido entre sus votantes.

Solo para masoquistas
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 21 Septiembre 2019

Solo a los masoquistas los entusiasma el via crucis del procés que un conglomerado totalitario puso en marcha en Cataluña.

La palabra "populismo" se ha convertido en un comodín ideal para descalificar, desde el punto de vista liberal y democrático, casi todos los movimientos de masas activados por la demagogia de políticos inescrupulosos. Efectivamente, los populismos tienen en común la apelación a la visceralidad; el enfoque simplista de los problemas sociales más complejos; y la polarización gregaria entre "nosotros", los puros y buenos, por un lado, y "ellos", los impuros y malos, por otro.

'Repúblika' en cuarentena
Sin embargo, hay que distinguir, por lo menos en Cataluña, a aquellos populismos que prometen vías fáciles para conseguir el acceso al cuerno de la abundancia en el paraíso terrenal, de aquellos otros que exigen sacrificios, privaciones y enfrentamientos con los prójimos y con el Estado y las leyes para excluir a los diferentes y fundar una falsa repúblika en cuarentena. Los primeros reclutan a los atolondrados rapaces. Los segundos solo a los masoquistas nostálgicos de la servidumbre feudal o del oscurantismo carlista.

Solo a los masoquistas les entusiasma el via crucis del procés que un conglomerado totalitario puso en marcha en Cataluña. Lo cual explica por qué los ciudadanos prudentes y racionales que se dejaron seducir por los cantos de sirena del 2012, o incluso por los trampantojos pujolistas del 1980, están abandonando el rebaño, como se comprobó en la última Diada. Ni antes eran 2 millones ni ahora han sido 600.000. Que se den por satisfechos con la mitad de esta cifra, y aun así son demasiados. No debería haber tantos masoquistas enviciados con el aislacionismo, el racismo y el empobrecimiento social, económico y cultural que traerá consigo el Catexit, gemelo del nefasto Brexit.

Travestido de pragmático
El despertar, de todos modos, ha sido tardío, porque la cruda impronta sádica de los cabecillas estuvo a la vista desde el vamos y debería haber bastado para disuadir a los abducidos sensatos. Los distrajeron, precisamente, los efectos hipnóticos del populismo. Porque en el 2013, cuando el ridículo tentetieso Artur Mas emprendía la navegación hacia su Ítaca de cartón piedra, Oriol Junqueras, hoy travestido de pragmático, ya se ponía al frente de los flageladores (LV, 13/11/2013):

ERC amenaza con impulsar una huelga general en Catalunya si el gobierno español no reconsidera su postura y permite celebrar la consulta. "Si hemos sacado dos millones de personas a la calle… ¿quién dice que no podríamos parar la economía catalana durante una semana?", ha planteado Oriol Junqueras en Bruselas. (…) "Nosotros también tenemos nuestros instrumentos", ha advertido Junqueras. Los efectos de un parón en la economía catalana se notarían en el conjunto del Estado, argumenta, y podrían afectar a la estabilidad de los mercados financieros. "¿Qué impacto tiene sobre el PIB español? ¿Y qué opinión tendrán los acreedores de la deuda española? ¿Y qué pasa con la prima de riesgo española?".

Como el escorpión
Como el escorpión de la fábula, Junqueras estaba dispuesto a inmolarse junto con todos los catalanes para obedecer, en este caso, a su instinto sádico antiespañol. Y así lo entendieron aquellos cofrades suyos que, aunque nacionalistas, no eran masoquistas ni suicidas. Su reacción fue fulminante (LV, 14/11/2013):

Ayer mismo fue un miembro del Govern quien desautorizó públicamente al líder republicano. Felip Puig, conseller de Empresa i Ocupació, descartó que sea posible una huelga como la propuesta por Junqueras. "La economía catalana no puede parar ni dos horas". (…) Uno de los más contundentes ha sido el presidente del grupo parlamentario de CiU en el Congreso, Josep Antoni Duran i Lleida, que ha considerado que Junqueras "no tiene dos dedos de frente" al declarar lo que ha declarado. (…) Para Duran el mensaje es "totalmente contrapuesto a los intereses de Catalunya", porque incluso, ha dicho, no se puede garantizar que se pare el conjunto de la economía española pero sí se perjudica la economía catalana.

El modelo hongkongués
El panorama se ha aclarado desde aquellos días de euforia supremacista. Si bien los sádicos continúan maltratando a Cataluña desde dentro y fuera de su territorio, y los masoquistas siguen sometiéndose disciplinadamente a los rigores del tormento cainita, la gente normal vuelve paulatinamente a la cordura. Pero los sádicos no se resignan a ver raleadas las filas de su comparsa y prometen redoblar sus esfuerzos para socavar los cimientos de la sociedad y sembrar el caos. Ahora su modelo es el hongkongués. No para combatir una dictadura como la china sino para imponer la autóctona.

En su incursión por la para él exótica Madrid, nuestro deslenguado Goebbels de pacotilla, Quim Torra, avanzó que lo primero que se producirá [después de la sentencia del Supremo] será la "confrontación democrática" (LV, 6/9):

Y "una respuesta popular de la ciudadanía" siempre en clave de "desobediencia pacífica" -con una referencia incluida a Hong Kong- y que podía incluir una "huelga de país". De hecho, Torra advirtió que como president liderará "una respuesta de país" que "debe reflejarse en las instituciones catalanas para la nueva y excepcional etapa que se abrirá". "Un programa que vuelva a poner la independencia en el objetivo de su acción política", añadió.

A medida de la minoría
Todo a medida de la minoría masoquista. Otra vez evocando la "huelga de país" que promovió Junqueras y que ahora el presidente de una patronal tan poco comprometida con el constitucionalismo como es Pimec rechaza, diciendo: "Si ya estamos en un momento de desaceleración, solo falta ir poniendo palos en las ruedas a la economía". El establishment catalán lo ratificó por boca de Marius Carol, director de La Vanguardia ("Catalunya no es Hong Kong", 7/9):

En el imaginario catalán hemos pasado de aspirar a ser Dinamarca a querer copiar a Hong Kong, aunque lo sensato es que Catalunya quisiera ser Catalunya, sin renuncias pero sin aventuras. Las manifestaciones de Torra han sido contestadas por su consejera Àngels Chacón que rechaza un paro de país permanente como respuesta a la sentencia porque se puede causar un daño irreparable a la economía. Hong Kong ha perdido más de 1.200 millones desde que empezaron las protestas por las cancelaciones turísticas y la caída de las ventas. Catalunya no es Hong Kong. Y a lo mejor es la hora de volver a hacer política.

Inquisición tribal
A la "huelga de país" los sádicos suman, para complacer la patología del colectivo masoquista, el "consumo estratégico". Lo impulsan los energúmenos de la Assemblea Nacional Catalana en las redes sociales para boicotear a las empresas desprovistas del visto bueno de la inquisición tribal. La patronal Foment del Treball denunció esta iniciativa ante la Autoridad Catalana de la Competència por "anticompetitiva" y ha pedido medidas cautelares a los tribunales para que paralicen la web antes de presentar una demanda por "competencia desleal". Josep Sánchez Llibre, presidente de Foment, tildó esta campaña de "irracional" y "barbaridad".

Irracional y barbaridad. Dos calificativos que se pueden aplicar a todo el arsenal del procés contra el orden constitucional, la Monarquía parlamentaria, la economía productiva, la cultura universal y la convivencia ciudadana.

Sádicos, fuera.

Los papeles de Pujol
Pujol diseñó la estrategia para colocar a independentistas en todos los medios de comunicación
M.A. Ruiz Coll okdiario 21 Septiembre 2019

La clave del plan de Pujol para extender el separatismo: que TV3 llegara a Baleares y Valencia

El PDeCAT sostiene públicamente que dio el paso al independentismo a causa de la sentencia del Tribunal Constitucional que recortó el Estatut de Autonomía pactado por Artur Mas con Zapatero.

Sin embargo, el Programa 2000 aprobado en secreto por Jordi Pujol Soley en agosto de 1990 demuestra que, ya en aquel momento, su objetivo era llevar a cabo un “proceso de nacionalización” que permitiera reinvindicar la independencia de Cataluña una vez se alcanzara un apoyo social suficiente en las urnas.

El documento original del Programa 2000, al que ha tenido acceso OKDIARIO, incluía una estrategia para colocar a personalidades afines al independentismo en todos los puestos clave de la sociedad: desde los medios de comunicación, a la educación, los sindicatos y las entidades sociales.

Esta es también una de las principales medidas incluidas en el apartado del Programa 2000 titulado: “Medios de comunicación (televisión, radio, cine, vídeo, publicidad, media escrita”. El documento dice literalmente que hay que “introducir gente nacionalista con una profesionalidad y una gran calidad técnica en todos los puestos clave de los medios de comunicación”.

Esta medida no sólo se aplicó en TV3, la televisión pública de la Generalitat, sino que también debía hacerse extensiva a los grandes medios privados de Cataluña. En aquel momento, la principal apuesta de Pujol era el diario independentista Avui.

El Programa 2000 dice al respecto que hay que “convertir el diario Avui en un gran diario de alcance nacional, dotándolo de medios técnicos y los referentes en redacción, corresponsalías y colaboradores que lo conviertan en un diario competitivo. Actuar de manera parecido con un semanario de información general y con un magazine”.

El semanario elegido fue El Temps, editado por Eliseu Climent desde Valencia. A raíz de una denuncia presentada por Ciudadanos (Cs), la Fiscalía Superior de Cataluña abrió el pasado mes de abril una investigación por presunto fraude en las subvenciones que la Generalitat ha concedido durante los último años, por importe de 10 millones de euros, a Acció Cultural del País Valencià (ACPV), que preside el mismo Eliseu Climent.

El Programa 2000 aprobado por Pujol preveía también la “creación de una agencia de noticias catalana, de espíritu nacionalista y de gran solvencia”. Hubo que esperar nueve años hasta que, en 1999, nació la Agencia Catalana de Noticias (ACN): aunque primero fue alumbrada por el Consorcio de Comunicación que formaban las diputaciones de Gerona, Lérida y Tarragona, tres años después la Generalitat asumió su gestión a través de la Corporación Catalana de Medios de Comunicación (CCMC).

Es habitual que, cuando dan una rueda de prensa Carles Puigdemont en Waterloo o Marta Rovira en Suiza, sólo tengan delante tres micrófonos: los de TV3, Catalunya Ràdio y la ANC. Los tres medios públicos de la Generalitat. En las ultimas elecciones sindicales, todos los representantes elegidos por los trabajadores de la Agencia Catalana de Noticias (ACN) han correspondido al sindicato del asesino de Terra Lliure Carles Sastre, Intersindical CSC, que también es mayoritario en el sector de la educación.

El Programa 2000 incluía en el mismo apartado otras medidas como “potenciar la prensa en catalán” e “incidir en la formación inicial y permanente de los periodistas y de los técnicos en comunicación para garantizar una preparación con conciencia nacional”.

El afán de Pujol por imponer su modelo nacionalista a toda la sociedad se hacía extensivo, incluso, al mundo de la publicidad. Otra de las medidas aprobadas en 1990 señala que hay que “inducir a las empresas de publicidad a crear un mensaje publicitario positivo que transmita el modelo cultural y social catalán”.

Con el pretexto de favorecer la edición en catalán, los gobiernos de la Generalitat han repartido una lluvia de millones de euros públicos, en forma de subvenciones, a los periódicos impresos y digitales, para condicionar su línea ideológica.

La primera noticia sobre la existencia del Programa 2000 la publicó Josep Antich el 28 de octubre de 1990 en la edición del diario El País en Cataluña. Aquel mismo periodista, Josep Antich, dirige hoy uno de los digitales que subsisten casi exclusivamente gracias a las ayudas de la Generalitat y que se muestran más beligerantes a favor del proceso de independencia.


 


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