AGLI Recortes de Prensa   Domingo 22  Septiembre 2019

Jugar con fuego
Jesús Cacho. vozpopuli   22 Septiembre 2019

“La posibilidad histórica de ser presidente de Pedro Sánchez es una sonrisa del destino que me tendrá que agradecer”. La frase pertenece a Pablo Iglesias y fue pronunciada un 22 de enero de 2016. Aquel día, mientras Felipe VI recibía en La Zarzuela al líder del PSOE y a Mariano Rajoy en la ronda de consultas reales para encargar la formación de Gobierno tras las generales de diciembre de 2015, Iglesias atrapaba los titulares con una rueda de prensa en el Congreso en la que vino a resolver la ecuación de un plumazo haciendo a Sánchez presidente del Gobierno (la “sonrisa del destino”), y reservándose para sí la vicepresidencia y un buen número de ministerios. Con su habitual desparpajo, el marqués de Galapagar se adjudicaba Economía, Trabajo, Defensa, Justicia, Sanidad, Educación, CNI, RTVE… “Hemos decidido tomar la iniciativa y dar un paso adelante. En este momento no caben medias tintas” (…) “Mi propuesta es ser vicepresidente con Pedro Sánchez de presidente” (…) “Debe ser un gobierno plural, proporcional a los resultados obtenidos y paritario” (…) “Me gustaría que Xavier Domènech fuera ministro de Plurinacionalidad”. Un rosario de perlas. Una humillación que Sánchez no ha perdonado. Desde entonces tiene el presidente en ficciones atravesado a un Iglesias al que aspira a destruir el 10 de noviembre.

Con similar inquina obsequia a Albert Rivera. 13 de septiembre de 2018. Sesión de control al Gobierno. Sánchez, listo para responder una pregunta sobre Cataluña -la que el líder de Ciudadanos había registrado-, se vio sorprendido por un cambio de tercio que sobre la marcha improvisó Rivera, lanzando una carga de profundidad sobre la autoría de la tesis del “Doctor Cum Fraude”: “Hay dudas razonables sobre su tesis doctoral, ¿por qué la oculta? Por el bien de la Universidad, haga pública su tesis y no vete la ley que obligue a publicarlas”. Como un niño privado de pronto de su juguete favorito, como en esos debates en tv en los que pierde los papeles cuando alguien le canta las cuarenta, Sánchez monta en cólera. Con gesto duro, los maxilares tensionados, el dedo índice apuntando su carga de ira hacia la bancada naranja, el socialista trata de reponerse de la sorpresa amenazando a Rivera con un “te vas a enterar” que después intenta desmentir. “Desde entonces no lo soporta”, sostiene gente varia del propio PSOE.

¿Cómo podría Sánchez formar Gobierno con unos líderes –en las antípodas ambos del espectro ideológico- a los que personalmente detesta? Tal parece empeño imposible incluso para alguien con tan pocos escrúpulos como el líder socialista, un político que ha crecido mucho en los últimos tiempos, que no se parece en casi nada al esforzado quijote empeñado en peregrinar por las agrupaciones socialistas de media España, tras ser expulsado de la secretaría general por sus propios conmilitones en el otoño de 2016. Instalado en la Moncloa desde junio de 2018, sin control parlamentario alguno, durante los últimos 16 meses el personaje ha hecho un auténtico máster –este sí, de verdad- en alta política viajando por Europa del brazo de Macron y Merkel; un Erasmus de año y pico con cargo a los impuestos de los españoles. Ha aprendido el funcionamiento del aparato del Estado y se ha acostumbrado a codearse con los grandes. No se ha hecho mejor persona, sino peor enemigo. Su ambición no ha menguado, sino al contrario. Su soberbia tampoco. Valiente, rápido de reflejos, desahogado en la réplica, sin contrapeso alguno en el partido, sin sentido de Estado y dispuesto a utilizar las instituciones en su personal provecho, con el froidiano superyó magnificado por el sirope de la adulación, Sánchez Castejón se ha convertido en un enemigo formidable para sus contrincantes políticos.

Han sido cinco meses perdidos en el entramado de cartón piedra montado por un tahúr dispuesto a embaucar al personal con la tinta de calamar de falsas ofertas de pacto, negociaciones fallidas por principio y rondas de reuniones con “asociaciones civiles” todas de izquierdas y casi todas subvencionadas con cargo a los PGE. La decisión estaba tomada desde que el 29 de abril se levantó el telón en este gran teatro de pícaros. Si el amo del casino demoscópico asegura al fullero que dispone de un 80% de posibilidades de ganar en la ruleta de los votos si vuelve a apostar, el ventajista apostará sin dudarlo despreciando los riesgos del empeño. A tomar viento la formación de Gobierno y a elecciones de nuevo. A jugar, como buen tahúr.

¿Cinco meses perdidos? Depende. Son mayoría los expertos que sostienen que si la economía española, a pesar de hallarse en una senda de franca desaceleración, ha seguido creciendo y manteniendo un diferencial positivo respecto a nuestros socios de la UE, se ha debido precisamente a la parálisis de gran parte de las iniciativas planteadas por el Gobierno en funciones. En otras palabras: la formación a su hora de un Gobierno de coalición PSOE-Podemos hubiera empeorado significativamente la situación. Salvados, pues, por la campana de la desvergüenza de uno y la arrogancia de otro. No tienen sentido por eso, o lo tienen solo en parte, los lamentos de tantos empresarios cuando denuncian los efectos perversos sobre sus negocios de la actual “inestabilidad” política. Se van a enterar, nos vamos a enterar, de lo que es “estabilidad” cuando gobierne Sánchez, si es que alguna vez consigue formar Gobierno. Nos enteraremos cuando comience a aplicar el Plan de Estabilidad remitido a la Comisión Europea, y cuando empiece a adoptar las medidas populistas contenidas en esas disparatadas 370 iniciativas con las que supuestamente pretendió engatusar a última hora a Juntas Podemos. Nos enteraremos sin remedio el día que empiece a tirar del gasto público y a subir impuestos.

Regalos electorales
El diario El Mundo denunciaba este viernes que el Ministerio de Trabajo ha evacuado consultas a la Abogacía del Estado en orden a urdir la apoyatura jurídica suficiente para poder revalorizar las pensiones conforme al IPC en plena campaña electoral, dando así esquinazo al índice de Revalorización que legalmente las fija en el 0,25% mientras la Seguridad Social permanezca en la bancarrota. El Tesoro pagó este agosto 9.681,52 millones en concepto de pensiones, con un aumento del 5,03% con respecto al mismo mes de 2018, una estructura asistencial insostenible en el medio plazo para un Estado que todos los años necesita pedir prestado a los mercados cerca de 40.000 millones (10.251 en el segundo trimestre del año) de nueva deuda simplemente para mantener abierto el chiringuito. Ayer mismo, sábado, Pablo Casado acusó a Sánchez de “comprar el voto” por pretender liberar de prisa y corriendo los 7.200 millones de financiación autonómica hasta ahora bloqueados. Al parecer, la ministra de Hacienda en funciones, Marisú Montero, está dispuesta a desembolsar las entregas a cuenta (4.700 millones) y la liquidación del IVA (2.500) en pleno frenesí preelectoral, después de haber esgrimido que era imposible hacerlo al estar en funciones.

Habrá que atarse los machos ante la nueva oleada de “viernes sociales” que se avecina. La pasada se tradujo en dos rejones de muerte aplicados a una economía que, con sus dudas, seguía transitando por el ciclo expansivo iniciado en el cuarto trimestre de 2013. Por un lado, el aumento de los costes salariales de las empresas (subidas del SMI en 2018, sueldo de los funcionarios, y cotizaciones sociales), que ahora mismo están creciendo a un ritmo tres veces superior a la media de los países de la OCDE, lo que, sin paralelos aumentos de la productividad, supone una puñalada a la competitividad de nuestras empresas que dañará su posición exportadora. Por otro, el gasto presupuestario, que crece a un ritmo anual del 5%, un exceso desde todos los puntos de vista considerando, además, que los de Montoro, eternamente prorrogados, ya eran expansivos. La consecuencia es que nadie cree que España pueda cumplir este año el objetivo de déficit público suavizado al 2% gracias a la manga ancha de Bruselas.

La consecuencia es que, a la vuelta del 1 de enero de 2020, el nuevo Gobierno, si es que para entonces hay alguno, se enfrentará a un panorama muy preocupante. La economía española tiene carrete para seguir creciendo -por la cuesta abajo de la desaceleración, cierto- durante lo que resta de 2019 y una parte del 20, con independencia de los shocks exteriores que puedan afectarla, pero a partir del otoño del próximo año lloverá el llanto de una nueva crisis sobre una sociedad que no está en absoluto preparada, quizá tampoco dispuesta, para afrontar otra recesión de intensidad siquiera parecida a la soportada a partir de 2008. Nuestros políticos están jugando con fuego, aunque es justo reconocer la especial responsabilidad del señor que alimenta la caldera como presidente en funciones. Si todo sale como vaticinan las encuestas, Sánchez se verá obligado a elegir de nuevo, salvo sorpresa mayúscula, entre Rivera e Iglesias, dos líderes a los que detesta con ese odio africano que traslucen sus mandíbulas tensionadas cuando la menor contrariedad le sobreviene. Problemas de sueño a la vista. Nadie duda de que una solución de Gobierno PSOE-Ciudadanos caería sobre este país como agua de mayo. Si la alternativa, por el contrario, terminara siendo Podemos, entonces sí tendríamos que echarnos a temblar. Entonces se iban a enterar los empresarios, y con ellos el resto de mortales, de lo que significa “estabilidad” con Pedro Sánchez Castejón.

El mentiroso insomne, la Derecha extraviada y el votante ojiplático.
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  22 Septiembre 2019

Me gustan las elecciones porque no se suben los impuestos, y eso que llevamos ahorrado, y porque se actualizan -un digitófilo diría resetean- los datos de toda la sociedad sobre lo que le pasa o de cada ciudadano sobre lo que ocurre en su sociedad. La repetición electoral produce un argumento curioso: los mismos que dicen que los políticos no explican lo que hacen les reprochan que podamos pedirles cuentas y sancionarlos en las urnas. Es como si les reprocháramos a los demás lo que han votado, pero nos diera pereza enmendar, en la parte que nos toca, las decisiones que nos molestan.

Yo, por supuesto, votaré. Y si, como el patriarca de los Kennedy, pudiera votar cuatro veces por la mañana y cinco por la tarde, lo haría encantado. Y votaré por lo menos malo para la libertad y contra lo peor para España. No aspiro a que los políticos me salven, pero en la minúscula medida de mi voto, trataré de que no me ahoguen. No "todos son iguales". Algunos son mucho peores. Contra ellos votaré al que parezca menos malo.

Esquizosánchez o el Imperio de la Trola
El candidato Sánchez, no confundir con el Sánchez candidato de las elecciones de Abril, basará su estrategia para ganar escaños en atacar a Podemos y al separatismo catalán. Así, con tres capas de hormigón facial, se lo dijo a Ferreras Tres Capas de Calzoncillos; que "en un Gobierno con Podemos, ni millones de españoles ni él mismo podrían dormir tranquilos".

Ayer, Javier Somalo recordó los hechos necesarios para valorar sus dichos: la recompensa a los golpistas catalanes que con su voto unánime facilitaron su llegada a la Moncloa fue plenamente golpista: desbloqueo de las cuentas de los golpistas, reapertura de sus embajadas, negar que hubiera violencia y, por ende, rebelión en el Golpe, echar al Abogado del Estado Edmundo Bal por negarse a prevaricar al dictado del Gobierno y en favor de los imputados del 1-O, intento de la fiscal Segarra de que los fiscales del Supremo cambiaran el delito de rebelión por el de sedición, sugerir que indultarían a los golpistas si la condena era dura, negociar los Presupuestos con el preso Junqueras en la cárcel con Iglesias como enviado de Sánchez, asegurar el propio Sánchez en la SER que el problema catalán sólo podía resolverse votando en un referéndum ilegal, porque según él, los catalanes no habían votado su Estatuto y firmar el acuerdo de Pedralbes, incluido un relator internacional para mediar entre los golpistas catalanes y el Estado.

Pero siendo estos hechos pruebas inequívocas de la intensa actividad golpista del okupa de la Moncloa hasta convocar Elecciones Generales, aún es más demostrativo de su identificación con el separatismo los pactos con Podemos y los nacionalistas, la política pancatalanista del propio PSOE en la Comunidad Valenciana y Baleares, y, para rematar la faena, la entrega de Navarra al PNV y el partido de la ETA, con Podemos como socio. En toda la campaña, Podemos fue "el socio preferente", y Begoña daba saltitos y Sanchez sonreía cuando los suyos aullaban en Ferraz: "¡con Rivera, no!".

La fonoteca y la teleteca dan muchísimos más casos de las trolas de ayer desmentidas hoy o de lo que defiende Cum Fraude y ayer atacaba con Ferreras, el Follonero y demás patulea mediática podemita y separatista. Dieter Brandau hizo también este viernes un resumen impresionante. Pues bien, este pedazo de traidor o esta pobre víctima de esquizofrenia paranoide es el que no puede dormir si en el futuro debe hacer lo que viene haciendo. Y volverá a hacer, con la misma cara hormigonada, según pinten las urnas.

Las Derechas que desafían a la Ley D´Hondt
Queda tiempo para rectificar, pero hasta ahora Rivera y Abascal se han negado a participar en la alianza España Suma presentada por el PP o, para ser precisos, por Cayetana y los renovadores, contra la vieja guardia corruta de Rajoy y Soraya que incomprensiblemente ha resucitado Casado. La negativa de C´s, dentro del autismo de Rivera en los últimos años, ha sido la más despectiva -¡con Villegas, número 2 con Libertas, al frente!- pero tiene cierta lógica: el votante que duda entre el PSOE y C´s se iría más fácilmente al partido naranja si va solo que con el PP y más aún con Vox.

En el caso del Senado, sin embargo, creo que aliarse con el PP, se entendería perfectamente. Si no lo hace es por ombliguismo vanidoso y por la confianza que mantiene en heredar al PP. Hipótesis descartable hasta que va Casado y resucita a Rajoy, Alonso y toda la patulea foralista del PPV. No obstante, incluso en ese caso suicida, debe mantener el PP la propuesta de acuerdo para el Senado a las dos fuerzas políticas que lo flanquean. Y si no Rivera, que doy por perdido, creo que Abascal debería considerarlo.

En realidad, lo más incomprensible en este mes, que ha decidido lo que ya tenía decidido Falconetti hace tres, es la negativa de Abascal. Al mismo tiempo que demostraba en el Parlamento una seriedad indiscutible que aleja de Vox la imagen de partido friki, de un solo uso para cabreados, contestó con un rotundo no al acuerdo España Suma ¡hasta en el Senado! No lo explicó… porque no tiene explicación. Tiene aún tres semanas para hacer lo que le conviene al Partido y a España: acordar con el PP una sola lista para el Senado, que puede ser del PP pero con independientes de Vox, y, sobre todo, renunciar a presentarse en las provincias con pocos escaños y donde las elecciones recientes han demostrado que no consigue diputados y evita que el PP los consiga.

Las expectativas de Vox
Naturalmente, eso debería negociarse, pero no supondría, me parece, muchos problemas. A cambio, en las provincias grandes, podría caerle el Gordo de Navidad si hoy confirma el partido de Errejón que se presenta a las elecciones, porque Podemos pasaría de disputar la tercera plaza con Ciudadanos a tener que pelear en los últimos restos la quinta con Vox. Yo no creo que las expectativas para Vox sean tan malas como se cree, y que no dejan tan claro las encuestas. Aunque tonterías como la de Ortega Smith esta semana, evidentemente, favorecerán su reducción a fuerza testimonial.

Si Abascal se olvida de las paranoias internacionales, de ese Soros que tan pocos conocen y de ese Salvini que hasta ayer apoyaba el golpe en Cataluña, creo que en los debates -o debate- de TVE y si pudiera alguno más, hará un gran papel. Tiene ahora medios para buzonear que no tenía y si centra el esfuerzo de campaña en donde puede realmente sacar escaños, que no son muchas provincias, podría mantener un grupo parlamentario, como mínimo, semejante al actual, o cinco escaños abajo… o arriba. La supervivencia de Vox pasa por la prudencia. Que hasta ahora no muestra.

También lo de Ciudadanos es de una imprudencia temeraria, pero no veo posibilidad de cambio en Rivera. Si le sale bien la voltereta de última hora y conserva su número de escaños, no digamos si lo aumenta, la caída de la Derecha que anuncian las encuestas puede convertirse en caída de la Izquierda. Si se mantienen Ciudadanos y Vox y sube el PP, todo cambia.

El votante ojiplático y el sectarismo de partido
Naturalmente, el factor Errejón puede cambiar uno de los signos que preocupan a la Izquierda Fáctica: la abstención como fruto del desencanto por la incapacidad de aliarse de Iglesias y Sánchez. Errejón podría tal vez aumentar la participación, pero ¿quitaría más votos a Podemos o al PSOE? No está nada claro. Y si no se presenta, aumentará aún más la abstención.

En esas circunstancias, los que hemos votado PP, Ciudadanos y Vox, salvo en los casos extremos de mamarrachos adictos a la red, que prefieren que se hunda todo para que sobre las ruinas amanezca su secta en el Poder, lo que deseamos, pedimos, imploramos, es sólo que se centren en el único enemigo de la Nación y de la democracia, que es El Mentiroso Insomne. Cada uno puede defender que la suya es la mejor receta, pero no caer en la equiparación del enemigo y el adversario. Si ante el Imperio de la Mentira alzado por Cum Fraude las tres derechas son taifas que pelean entre sí, no habrá modo de evitar otra legislatura de Sánchez, quién sabe si de nuevo con los golpistas y los comunistas, asegurando la ruina económica para una década y un destrozo institucional prácticamente irreversible. ¿Cabe tener alguna esperanza en su patriotismo, su sentido común, incluso su interés, porque un gran triunfo de Fráudez sería una gran derrota para los tres?

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Y en todo caso, no dejaremos de insistir.

Vox por la memoria
Nota del Editor 22 Septiembre 2019

A ver si de una vez el PP desaparece. No es hora de olvidar todas sus tropelías,  engaños, ineficacia, traiciones, zancadillas a la sociedad civil. Hay que votar a Vox.

Lo coyuntural, lo estructural y la política estúpida
El tacticismo, la improvisación y el regate en corto se han impuesto. Pero hay una verdad que no admite dudas. Los problemas estructurales tarde o temprano sacan la cabeza.
Carlos Sánchez elconfidencial  22 Septiembre 2019

Los viejos profesores de economía solían recordar a sus alumnos que una cosa es la coyuntura y otra muy distinta la estructura. Lo coyuntural es lo efímero, lo que desaparece tras un corto periodo de tiempo, mientras que lo estructural es lo que permanece, lo que no se ve a primera vista, pero que, a largo plazo, lo determina todo. Tanto el crecimiento económico como las condiciones de vida, ya que refleja factores de naturaleza compleja, como el envejecimiento, el clima, la geopolítica o, incluso, las migraciones.

En tiempos de pensamiento débil -la postmodernidad se ha trasladado al ámbito del análisis económico- la tendencia natural es observar únicamente lo coyuntural. Es decir, fijarse en el último dato para articular un discurso casi siempre interesado y alejado del rigor, lo que necesariamente lleva a la confusión. Y lo que es más preocupante, elimina cualquier reflexión sobre las cuestiones de fondo. Es decir, conduce a la ignorancia sobre lo que hay detrás de las cifras. En palabras de Ortega, “no sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa”. O si se sabe, nada se hace. Una especie de anestesia general bajo el paraguas del manoseado “crecemos más que Europa”.

En los últimos años, por ejemplo, los gobiernos se han esforzado en demostrar que España es un oasis de bienestar habida cuenta de que el PIB ha crecido por encima de lo que lo ha hecho la eurozona. Y en verdad, así ha sucedido. El crecimiento medio de la economía española se ha situado ligeramente por encima del 3% desde 2015, mientras que en la eurozona ha sido del 2,1%.

Una mirada atrás
Se trata, desde luego, de una buena noticia, pero conviene no olvidar lo que sucedió en los cuatro años anteriores. Mientras que el PIB español cayó entre 2011 y 2014 un 3,8% (la segunda recesión) en la eurozona avanzó un 2,1%. Es decir, hay menos razones para el optimismo con solo echar atrás unos años la estadística. Es más, con base 100 en 2007, al comienzo de la crisis, la economía española ha crecido sustancialmente menos que la media de la zona euro, lo que explica, entre otras cosas, la existencia de una elevada tasa de desempleo (la segunda más elevada de la UE, tras Grecia). Y lo que no es menor relevante, es la causa del alejamiento de los niveles de renta existentes en la UE.

De hecho, la convergencia en paridad de poder de compra se ha frenado en seco. El PIB per cápita de España, en concreto, representó el año pasado un 92% del PIB del conjunto de la UE, brecha que es idéntica a la que había en 2013, pero también a la que había en 1996. Es decir, durante todos los años del euro, España no ha conseguido avanzar en la convergencia real. Lo estructural, por lo tanto, es que España tiene un problema de crecimiento. También, y aunque suele olvidarse, en su sector exterior, que arrastra desequilibrios históricos.

Aunque es verdad que el país ha logrado lo nunca visto, tener capacidad de financiación exterior desde 2013 (un 1,1% del PIB en el primer trimestre de este año), lo cierto es que el agujero sigue ahí, como una piedra que lastra el potencial de crecimiento, cada vez más cercano al avance del PIB real, lo que significa que si no hay nuevas palancas, la economía tenderá a languidecer una vez que el ‘efecto arrastre’ (los vientos de colas), tienda a desaparecer.

Conviene recordar que la deuda externa neta, es decir, lo que se debe al extranjero representa todavía el 77,1% del PIB , uno de los niveles más altos del mundo. En total, 945.000 millones que hay que devolver en cómodos plazos.

¿Menos déficit?
Con todo, si hay un sector que refleja la diferencia entre lo coyuntural y lo estructural, es en el de las cuentas públicas. Todos los gobiernos han presumido de la reducción del déficit presupuestario en los últimos años, después de haber alcanzado un histórico -11% del PIB en 2009. Es decir, un porcentaje equivalente a 118.194 millones de euros. Hoy, como se sabe, se sitúa en el 2,5% del PIB, pero si se analizan sus ‘tripas’ el resultado es muy distinto.

No lo dice ni la oposición ni un enemigo de España. La propia Comisión Europea, poco sospechosa de estar financiada por Putin o Soros, sostiene en su último informe sobre los desequilibrios macroeconómicos lo que sigue: “Se espera que el déficit estructural empeore ligeramente en 2018, hasta el 3,1% del PIB, y se mantenga prácticamente sin cambios durante los dos años siguientes si no hay cambios en las políticas”. Es decir, que, eliminando el ciclo económico, lo coyuntural, el déficit no solo no mejora, sino que empeora.

¿La consecuencia? El margen de maniobra para aplicar políticas fiscales expansivas de carácter anticíclico se estrecha, como han puesto de manifiesto el BCE y, más recientemente, la OCDE.

Habrá quien piense que esto es irrelevante, pero conviene recordar que el deterioro de las cuentas públicas coincide en el tiempo con el envejecimiento de la población española, que condicionará todas las políticas públicas: gasto sanitario crónico (con coste más elevado que el meramente asistencial), dependencia, pensiones o, incluso, financiación del transporte público.

Un reciente trabajo del Banco de España, por ejemplo, recordaba que los patrones de consumo cambian con la edad. La tendencia natural es a consumir productos de primera necesidad (alimentos o cuidados personales) a medida que se envejece, y esos son, precisamente, los menos gravados por la Hacienda pública (tipos de IVA reducidos o superreducidos o bases imponibles más bajas).

Según los datos del banco central, mientras que el tipo efectivo en el IRPF para los trabajadores con edades situadas entre los 55 y 65 años se sitúa en el 10%, a partir de los 65 años supera ligeramente el 7%. Y menos tipos efectivos significa, simplemente, menos recaudación, lo que no deja de ser preocupante cuando España ya ha acumulado derechos a cobrar una pensión que superan el 270% del PIB, según datos del BCE, como ha explicado este periódico. Sin olvidar que el agujero de las pensiones ya supone el 70% del déficit público, lo que da idea de que no se trata de un problema coyuntural vinculado al ciclo económico, sino de naturaleza estructural. Las cotizaciones ya no son suficientes para pagar las pensiones.

Paro de larga duración
Exactamente igual de lo que sucede con el paro de larga duración o la precariedad en el empleo, que afecta a cuatro de cada 10 trabajadores (temporales y a tiempo parcial). Y ya se sabe lo que pasó hace apenas una década, cuando nada más llegar la crisis muchas empresas se desprendieron ‘ipso facto’ de buena parte de sus plantillas. Precisamente, aprovechando una legislación que condena al 41,3% de los trabajadores a tener un empleo precario, y que pueden ser despedidos de un día para otro.

En realidad, llueve sobre mojado si se tiene en cuenta que a España -cada recesión eleva la tasa de paro por encima del 20%- le faltan todavía 950.000 puestos de trabajo para alcanzar los niveles de empleo del tercer trimestre de 2007 (20,75 millones).

Y qué decir del desempleo de larga duración, que afecta a 1,4 millones de trabajadores, lo que equivale a cerca del 40% de todos los parados, y que en un contexto de ralentización de la actividad económica tendrán más problemas para encontrar un empleo. Entre otras cosas, por las dificultades que incorporan los avances tecnológicos desde el punto de vista de la cualificación profesional.

Pero si hay un problema estructural, y no solo en España, es la desigualdad, la pobreza y la inclusión social con la generalización de un fenómeno imparable y que tiene que ver con los llamados ‘trabajadores pobres’, lo que explica la puesta en marcha de políticas públicas para pagar servicios esenciales como la luz, el gas o el alquiler de la vivienda. Es decir, los llamados bonos sociales que esconden, en realidad, situaciones de pobreza, aunque sea relativa y no absoluta. Si un trabajador o un pensionista no puede pagar la luz o la calefacción es que en realidad es pobre, aunque se quiera vestir de otra manera.

Pobres y pobres
La noticia buena es que desde el máximo registrado en 2014, alrededor de 1,2 millones de personas han dejado de estar en riesgo de pobreza o exclusión social. O que el porcentaje de
personas que sufren privaciones materiales graves, que constituye una medida de pobreza absoluta (no relativa), se situó en el 5,1% en 2017 (por debajo de la media de la UE, el 6,6%). La noticia mala, sin embargo, es que las desigualdades de renta, como sostiene la Comisión Europa, “siguen siendo elevadas”. La renta relativa del 20% más rico se mantiene en un valor equivalente a 6,6 veces la renta del 20% más pobre. Por lo tanto, por encima de la media de la UE (5,1 veces).

Y qué decir de la brecha de productividad de España con la Unión Europea, principalmente por el reducido tamaño de sus empresas., cuando está demostrado que la productividad, como escribía hace unos días el economista Juan Francisco Jimeno citando a Krugman, que “la productividad no lo es todo, pero en el largo plazo es casi todo” O de los escasos avances en innovación, y que en palabras de los técnicos de Bruselas se explica porque el país adolece de una inversión insuficiente tanto en I+D pública como privada, pero también por una escasa coordinación entre los distintos niveles de la administración y por una insuficiente evaluación de las políticas públicas. O del abandono escolar prematuro, que está muy por encima de la media de la UE y del objetivo nacional de Europa 2020, con una diferencia de 20 puntos porcentuales entre las comunidades autónomas con mejores resultados y aquellas con peores resultados.

El sistema político, sin embargo, a lo suyo. Cuatro elecciones generales en cuatro años. Y lo que te rondaré, morena.

Diagnóstico: estrés del sistema
«Burnout», síndrome del quemado. El estrés electoral ha provocado que la sociedad española reciba con una sacudida de cólera, hartazgo y desconfianza lo que debería ser un ejercicio de participación democrática
Ignacio Camacho ABC  22 Septiembre 2019

España está enferma de estrés electoral. La convocatoria de las cuartas elecciones generales en cuatro años, más los correspondientes ciclos de municipales y autonómicas, ha provocado en la sociedad una tensa sensación de hartazgo. Burnout, abrasión emocional, el «síndrome del quemado». El fracaso de las negociaciones de investidura de este verano, a pesar de existir varias posibilidades de conformación de mayorías, empuja a muchos ciudadanos a pensar que los políticos les han transferido sus propias responsabilidades y crea una patente e inquietante atmósfera de desafección y de desconfianza en la clase dirigente y en la política misma. De esta manera, lo que debería ser un saludable ejercicio de participación democrática ha sido recibido con una reacción colérica generalizada en la que muchos votantes proponen castigar con suspensión de sueldo a los parlamentarios, profieren en las redes sociales denuestos contra los representantes públicos o colapsan la web del INE para darse masivamente de baja en la recepción de propaganda domiciliaria.

En estas condiciones, el resultado de los comicios de noviembre contiene una notable dosis de imprevisibilidad. «Las encuestas efectuadas hasta hoy ya no sirven», afirma el sociólogo Narciso Michavila, uno de los expertos demoscópicos con mayor índice de acierto en sus proyecciones. «Puede que ni siquiera sirvan las que se hagan en estos días porque estén contaminadas de indignación popular». Si la cita con las urnas fuese hoy, la abstención alcanzaría probablemente proporciones históricas, y en todo caso constituye la principal preocupación de los estrategas de campaña, en la medida en que pueda evacuar una protesta silenciosa, una expresión de rechazo a la endogamia partitocrática. Paradójicamente, si las elecciones de abril fueron recibidas con amplia satisfacción para acabar con el paréntesis de provisionalidad surgido de la moción de censura de 2018, las del 10-N pueden convertirse en las más aborrecidas desde la restauración de la democracia. Nunca se había detectado en el cuerpo electoral tanto repudio a la invitación para tomar la palabra. Esa mezcla de decepción, impotencia y rabia.

Los partidos confían en que el enojo irá deflactando en las siete semanas que faltan. Pero se ignora su impacto en la participación y en la propia decisión de voto de quienes decidan ejercerlo. En el primer caso, los cálculos medios sitúan la abstención unos puntos por debajo del 70 por ciento. En el segundo, aún más difícil de predecir, la estimación de los profesionales apunta que entre siete y diez electores de cada cien pueden cambiar de papeleta. Esa cifra no sería una sacudida telúrica pero puede mover tres o cuatro decenas de escaños: quizá pocos para producir un vuelco pero bastantes para afinar la actual correlación de fuerzas.

Pedro Sánchez ha forzado las elecciones porque está seguro de ganarlas con mayor ventaja que en abril y de obtener un margen suficiente para gobernar en solitario. Sus asesores creen haber construido un argumentario -el manoseado «relato»- capaz de situarlo como víctima del bloqueo en vez de causa, pese a su reiterada reticencia tanto a coaligarse con Podemos como a entenderse con Ciudadanos. Los sondeos, desde luego, le benefician con un incremento virtual de diputados; en el año largo que lleva de presidente ha logrado asentar de nuevo al PSOE como el partido-alfa con el que se identifica de forma casi natural un tercio largo del electorado.

Aunque su gestión contradictoria, efectista y hueca ha desatado la fobia de la derecha, un hábil manejo propagandístico y mediático le ha situado en una suerte de centralidad política impostada que ha asentado su liderazgo. Y tiene el plus del poder y de los recursos del Estado, esenciales en un país de mentalidad subvencional que se refleja en los estudios de opinión pública -el último, el comparativo europeo de la Fundación BBVA- con un fuerte sesgo igualitario. Las elecciones son siempre un salto al vacío pero Moncloa espera sacar ventaja ofreciéndose como el valor seguro en medio de un panorama ultrafragmentado. En su primera comparecencia, la noche misma en que el Rey declinó proponerle como candidato -o rehusó él-, apeló sin tapujos al voto útil a su favor para salir del atasco.

Nada está, sin embargo, escrito de antemano, y menos en este clima de irritación y desgobierno. El fantasma de Vox, clave en la pasada movilización de la izquierda, se ha disipado como catalizador del voto del miedo, y los socialistas confrontan ahora contra Cs y Podemos. El sistema electoral les seguirá beneficiando mientras los votantes liberales y conservadores no se aperciban de que la división actúa en su detrimento. Pero centrar el guión de la campaña en la culpabilidad ajena del bloqueo entraña visibles riesgos: quedan casi dos meses y parece difícil sostener esa narrativa durante tanto tiempo.

La clave del desenlace será, sin duda, la del efecto del cabreo y la frustración, la de la huella del hastío. Aunque hay más factores: la creciente preocupación por el deterioro de la economía, por ejemplo, o la aparición en el centro-derecha de un cierto incentivo ante la sensación de segunda oportunidad para remontar un resultado que daba por perdido. Lo único que queda claro es que ya no habrá más margen para otro fracaso colectivo, que después de noviembre desembocaría en un colapso sistémico crítico.

Los españoles no se creen a Sánchez
 larazon  22 Septiembre 2019

Que la mayoría de los españoles no quería que se repitieran las elecciones lo confirma la encuesta de «NC Report», que hoy publica LA RAZÓN, y que, también, nos dice que las excusas aducidas por el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, no acaban de calar en la opinión pública. Es más, a la pregunta de si los partidos deberían de cambiar de candidato ante la incapacidad demostrada de llegar a un acuerdo, responde afirmativamente el 70,1 por ciento de quienes se declaran votantes socialistas. No sólo es el segundo porcentaje más alto de entre todos los consultados, tras el de los simpatizantes de Podemos –el 84,2 por ciento de los cuales pide un cambio de candidato–, sino que demuestra el descontento general que embarga a la izquierda por las fallidas negociaciones. Asimismo, el sondeo señala mayoritariamente al PSOE como responsable de que tengamos que volver a votar –así opina el 43,9 por ciento de los encuestados–, acusación que se convierte en abrumadora entre los seguidores de la formación morada, hasta alcanzar un 73,3 por ciento. Por el contrario, sólo el 24 por ciento responsabiliza a Pablo Iglesias del fiasco, y sólo un 10,6 por ciento señala a Ciudadanos.

Aunque conviene advertir de que nos hallamos ante un estudio de opinión con un trabajo de campo hecho en caliente, es decir, cuando el rechazo popular por lo ocurrido estaba más vivo, y que a medida que trascurra la campaña electoral volverán a pesar más las convicciones ideológica previas, no debería el candidato socialista desdeñar el efecto que pueda tener esta percepción de la realidad entre una población que, simplemente, no se cree el relato que nos trata de vender el PSOE y que, sin duda, tendrá reflejo en un incremento de la abstención.

Hay, sin embargo, en la encuesta de «NC Report» unos datos que revelan una cierta nostalgia del bipartidismo que es preciso considerar. Primero, porque hay una parte importante de los consultados –el 63,2 por ciento– que consideran a la «nueva política» como responsable del bloqueo institucional, opinión que comparten, incluso, quienes se declaran votantes de Ciudadanos, Podemos y, sobre todo, de VOX, y, segundo, porque son los simpatizantes del PSOE y el PP quienes se decantan mayoritariamente por reformar el sistema y establecer por Ley la posibilidad de que gobierne la lista más votada en ausencia de acuerdo.

Esta fórmula, que exigiría un consenso muy amplio entre las distintas fuerzas parlamentarias, apenas alcanza la aprobación del 44,6 por ciento de los encuestados, pero este bajo porcentaje se debe al rechazo frontal de los votantes de partidos minoritarios, conscientes de la dificultad de ganar unas elecciones, aunque sea en minoría. Sí hay acuerdo general en que se deben acotar los plazos de la negociación de la investidura, para evitar períodos de interinidad gubernamental tan largos como los actuales.

Finalmente, y no por ello menos importante, los españoles consideran muy positivo el papel del Rey, que, dicho sea de paso, se ha ajustado impecablemente a lo que establece la Constitución, aunque entre los simpatizantes de Unidas Podemos sea mayor el rechazo que la aprobación. Tal vez, a la tradicional animadversión de la izquierda populista para con la Monarquía parlamentaria, haya que sumar en esta ocasión el desencanto ante la ausencia, de una mediación, desde todo punto institucional imposible, de Su Majestad, como llegó a reclamar el líder morado, Pablo Iglesias, cuando comprendió que las vías de pacto con el PSOE estaban definitivamente cegadas, en una de esas contradicciones tan frecuentes de la izquierda. En definitiva, como señalábamos al principio, que los españoles están muy disgustados con su clase política es un hecho. Si afectará al proceso electoral, es aún una incógnita.

Casado sale a ganar
Editorial ABC 22 Septiembre 2019

El 10-N no es una reválida para Pablo Casado, a título personal, sino una nueva oportunidad para el centro- derecha español. La política española está incurriendo en un exceso de personalización que difumina el valor de las ideas políticas y la necesidad de alternativas de gobierno solventes. Por eso, tras el revés de las elecciones generales de mayo pasado y el repunte en las locales y autonómicas de abril, los nuevos comicios convocados para el 10-N deberían conducir a los líderes del PP y de Cs a un enfoque más político de sus responsabilidades con el país. En la entrevista que hoy publica ABC, Pablo Casado demuestra que opta por la política de ideas para confrontar con la izquierda. Ahora bien, esta confrontación ha cambiado sus ejes, porque ya no se basa en el bipartidismo casi puro que dominó la escena política española hasta 2016, sino en un multipartidismo que está sumiendo al país en la inestabilidad.

El mensaje de Casado a Cs es claro: «Si queremos ganar y ser alternativa necesitamos una estrategia conjunta». La división del voto de centro-derecha es, en algunas provincias, determinante para favorecer la victoria de la izquierda y si Ciudadanos no entiende esta realidad electoral de España y prefiere la situación actual, el resultado será también el actual.

Casado ha preparado al PP para afrontar el 10-N en mejores condiciones que las que tuvo para los comicios de mayo pasado. Ha renovado la cúpula del partido y, sobre todo, ha sabido tejer una red de pactos con Cs y con Vox de los que no solo no tiene nada que esconder, sino, por el contrario, mostrarse satisfecho por haber fijado programas de gobierno equilibrados, moderados y coherentes con un ideario liberal conservador. Mientras Sánchez mantiene a España anclada, desde la moción de censura contra Rajoy, en un permanente estado de incertidumbre, el PP sí ha acreditado cintura política en los pactos de Gobierno. A Casado tampoco le alcanza el ventilador de culpas que ha activado Sánchez para exonerarse de su responsabilidad por no ser investido. Y esta idea también debe calar en su partido, en el que algunos deben darse por aludidos con la reflexión de Casado de que «la política no es cuestión de edad» y de que «el problema son las políticas pueriles».

El PSOE hace cuentas muy alegres del futuro resultado del 10-N, sin recordar la prudencia que le imponía la debacle andaluza del pasado año. El centro-derecha no debe salir con mentalidad de perdedor, porque no hay nada sentenciado. Esta vez, las elecciones no cogen a Casado a medio camino de su liderazgo, sino consolidado y preparado para liderar la alternativa a la izquierda.

Uno de los bloques de hormigón en los piés del PP.
Nota del Editor 22 Septiembre 2019

Si sigue un poco más, finalmente se ahogará. Uno de los bloques de hormigón que hunde al PP es Núñez (Feijóo), que en Galicia demuestra que el PP tiene que desaparecer porque es un maltratador nato de los derechos humanos y constitucionales de los español hablantes.

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Pluralismo y libertad frente al totalitarismo de Bildu
Editorial El Mundo  22 Septiembre 2019

Contra quien insiste en devolver España a tiempos más oscuros a golpe de la intimidación, el acoso y la eliminación sistemática del que no comparte sus postulados totalitarios, solo cabe plantarse en frente. Firmes. Y recordarles, sin pestañear, que la misma lucha por la libertad que venció a la banda de asesinos que ellos aún representan en las instituciones será la que impida que hoy logren cercenar el pluralismo que convierte a España en una de las democracias más avanzadas del mundo. En un país de ciudadanos libres e iguales. Algunos medios de comunicación y partidos políticos han recibido la proposición no de ley presentada por Bildu en el Parlamento del País Vasco para prohibir la campaña electoral de PP, Cs y Vox en Euskadi como una absurda bravata sin relevancia. Craso error. Pues su petición es otra muestra de su peligrosa ideología, esa que tanto dolor y muerte ha sembrado no solo en España, sino en toda Europa: el fascismo más recalcitrante.

Los filoetarras consideran que la sola presencia de Pablo Casado, Albert Rivera o Santiago Abascal en dicha Comunidad Autónoma es un elemento perturbador que causa "altercados y situaciones violentas que todos rechazamos", "tensionando la convivencia", por lo que proponen eliminarlos del debate público. Eso sí, lo proponen "desde el respeto a la libertad de expresión de la ciudadanía, asociaciones y partidos políticos". ¡Qué gratuito ejercicio de cinismo! Quien continúa boicoteando actos del discrepante, alentado por el odio que aún pervive en las entrañas de su movimiento, se envuelve sin sonrojo en la bandera del pluralismo para justamente laminarlo. Pero obvian que, contra esta enfermedad, hay una medicina efectiva. La recupera hoy en nuestras páginas Borja Giménez al narrar cómo ha conseguido tras 18 años, con la infatigable labor de la Guardia Civil, aclarar el asesinato de su padre, el ex presidente del PP de Aragón Alberto Giménez Abad. La medicina, como explica, no es otra que trabajar para «que no haya olvido». Porque mantener la memora activa es esencial para que la sociedad se aleje de este fanatismo que aún tiene más de 300 crímenes pendientes de que la Justicia recaiga sobre ellos y recordar que a aquellos a los que hoy se homenajea cuando salen de prisión no son héroes sino ex pistoleros.

Y, mientras, ciertos partidos que necesitan del voto abertzale como aire para respirar siguen bailándole el agua y, aunque rechazan por burda su totalitaria petición, hablan de «manipulación». Es el flagrante caso del PNV, que califica la propuesta de «un poco delirante» para ipso facto acusar a los partidos constitucionalistas de buscar la crispación. O del PSOE, que advierte lo peligroso de la iniciativa pero hipoteca el futuro de Navarra a las manos radicales de Bildu. Cuánto habrá que esperar para que los otrora partidos constitucionalistas vuelvan a la senda que nunca debieron abandonar.

Las mil y una caras de Sánchezstein
FRANCISCO ROSELL El Mundo  22 Septiembre 2019

En El arte de la mentira política, el médico y satírico escocés John Arbuthnot hace una mordaz crítica de los dos partidos hegemónicos -los Whigs y los Tories- de la Inglaterra del XVIII. Partiendo de que existe una disposición fisiológica del ser humano al engaño, este polímata define la política como "el arte de hacer creer al pueblo falsedades saludables con un buen fin". Hecho este aserto de fácil suscripción pública, establece diferentes sofisterías. Así, junto a la "mentira calumniosa" o a la "mentira por aumento", refiere la "mentira por traslación", esto es, la que transfiere el demérito de una mala acción a los demás.

En España, lo ejemplifica el presidente en funciones, Pedro Sánchez. Una vez que no le ha quedado otra que poner boca arriba las cartas tapadas desde la noche del 28-A y de forzar una reedición electoral el 10-N con la que anhela engordar los 123 escaños cosechados hace cinco meses, carga sobre espaldas ajenas un fiasco que él ha perseguido deliberadamente. Como él mismo, por cierto, le afeaba a Rajoy cuando se hallaba en parecido trance tras los comicios de 2015. Con una salvedad, no nimia.

A diferencia del otrora inquilino de La Moncloa, que precisaba de la abstención del PSOE para desbloquear su investidura, Sánchez ha podido hacerlo a izquierda y a derecha. Bien con su declarado "socio preferente" Unidas Podemos, bien con Ciudadanos remozando el Pacto del Abrazo de 2016 con Rivera. Para negar tamaña evidencia, Sánchez reacciona con la desenvoltura que Jonathan Swift, coetáneo de Arbuthnot, aleccionaba en sus Instrucciones a los sirvientes: "Cuando hayas cometido una falta, muéstrate siempre insolente y descarado, compórtate como si fueras la persona agraviada".

En esta "gran timba nacional", de la que hablaba un Unamuno repuesto cinematográficamente por Amenábar con su reciente estreno sobre el sabio vasco, Sánchez iba de farol camuflando su decisión de ir a una reedición electoral que, a modo de segunda vuelta, le permita gobernar libre de pies y manos. Pero sin que los españoles tengan claro qué pretende hacer con ese hipotético cheque en blanco. Con un gobernante carente de principios y exento de escrúpulos, cualquier temeridad puede tener cobijo.

Nunca quiso pactar con aquellos a los que escogió como socios preferentes tras escuchar desde el balcón de Ferraz cómo sus corifeos, cual eco de sus deseos, coreaban «con Rivera no». Al tiempo que se volvía hacia su mujer lanzándole una sonrisa cómplice, les respondía complacido: "Yo creo que ha quedado bastante claro, ¿no?".

En su sobreactuación con Unidas Podemos, Sánchez pudo quedar atrapado en su juego al ofrecerle lo que no estaba en los escritos tratando de desnudar a Pablo Iglesias. En un impropio gesto de contención por parte de este último, el líder podemita asumió quedarse fuera del gobierno de coalición. Pero, como un ludópata que cree estar en racha de buena suerte y no quiere desperdiciarla, a éste le creció el ojo. Después de arrancar una vicepresidencia y tres ministerios, se llenó de codicia al reclamarle en el camarote de la negociación "... y dos huevos duros", al modo de Chico Marx en Una noche en la ópera.

Si el político pegado a una coleta se hubiera plantado, en vez de hacer saltar la banca, Sánchez habría tenido que transigir temporalmente con esa cohabitación al aguardo de, con cualquier excusa, acometer unas nuevas elecciones, no en otoño, como ahora, pero tal vez sí en primavera. Es lo que aconteció en la Francia del socialista Mitterrand en 1981 tras entrar cuatro ministros comunistas en un gabinete de coalición. Sus desastrosas medidas económicas -especialmente la nacionalización de la banca- sirvieron de antídoto a González cuando el naufragio de la UCD le franqueó el umbral de La Moncloa. Ello no evitó la tentación del simulacro a través de la expropiación del imperio Rumasa coaccionando a un Tribunal Constitucional que, desde entonces, arrastra aquel pecado original.

Cuando la otra noche compareció en La Sexta Sánchez para argüir que, caso de haberse substanciado el gobierno de coalición que él mismo ofrendó a Iglesias, "sería un presidente del Gobierno que no dormiría por las noches", conviene preguntarse quién llevó a la alcoba a su enemigo íntimo dependiendo de la estación del año. Lástima que su entrevistador Ferreras no rescatara de la videoteca la declaración que, en noviembre de 2017, le hizo a Évole. A modo de mea culpa que le redimiera para la historia, un defenestrado secretario general del PSOE le transmitía, en tono compungido para darle verosimilitud, que "me equivoqué al tachar a Podemos de populistas" y que "el PSOE tiene que trabajar codo con codo con Podemos". No había sabido "entender el movimiento que había detrás de Iglesias, la cantidad de gente joven que quiere renovar la política" y lamentaba no haber extendido a Podemos su pacto con Cs.

Al cabo de dos años escasos, Sánchezstein, el político al que la moción de censura Frankenstein rescató de la noche de los tiempos, el hombre de las mil y una caras, en un movimiento de travestismo, aparenta caerse del guindo con Podemos. Lo hace tras acudir a las elecciones de abril con un programa de bases común con la formación de Iglesias, de designarlo socio preferente cuando se abrieron las urnas, de aparejar gobiernos entrambos en ayuntamientos y autonomías en mayo, y de brindar un gabinete de coalición en junio. Para quitarle el sueño, vamos. Después de cobrarse estas ganancias, como el capitán de la gendarmería francesa en la película Casablanca, se escandaliza de que, en el café de Rick de la política española, se juega.

Sánchez no tenía el menor interés de pactar su gobierno con Iglesias. Como tampoco con Rivera. Éste se movió con audacia ofertándole una salida a la desesperada, una vez oficializada la ruptura de hostilidades entre el PSOE y UP. Lo hizo con el exclusivo objeto de desenmascarar al candidato socialista y evidenciar que no está dispuesto a dar marcha atrás en su pacto navarro con Bildu, ni a comprometer su acción futura en Cataluña.

Así como tampoco a deshacer el sablazo fiscal que prepara tras una campaña en la que volverá a tirar del presupuesto para granjearse los votos que precisa y en la que dispondrá de todo el aparato de poder a su servicio, como ya hiciera hace cinco meses. Cuando España establece un hito con sus cuartas elecciones legislativas en cuatro años, el candidato persigue -"gratis total"- que los contribuyentes le sufraguen los décimos de lotería que fuere menester hasta obtener, al fin, el premio gordo del sorteo del 10-N.

Pensar que, si los electores le hacen el caldo gordo el 10-N, lo que no ha ocurrido esta semana en Israel con Netanyahu tras echar los dados al cabo de cinco meses de vencer las elecciones, hará lo que ahora no ha estado dispuesto a hacer: bien un gobierno de coalición con PP, bien con Cs, es no conocer la naturaleza de Sánchez. Como Rajoy no quiso reparar en su aguijón de escorpión, pese a su visibilidad.

Porque lo que éste busca es una entente en Cataluña con el separatismo (ERC) que reconduzca políticamente la sentencia que, antes de que concluya octubre, emitirá el Tribunal Supremo sobre el intento de golpe de Estado del 1 de octubre de 2017. Sin olvidar su ayuntamiento con un PNV que, poniendo una vela a Dios y otra al Diablo, quiere sumar a su independencia económica de España a través del concierto económico su práctica independencia política gracias a ese eufemismo denominado concierto político que promueve a pachas con Bildu, mientras sus socios de gobierno del PSE silban distraídamente.

Con la serpiente crecida al calor de sus venideras víctimas, los filoetarras no se recatan, además, de plantear en el Parlamento vasco que los constitucionalistas de PP, Cs y Vox no puedan hacer campaña en el País Vasco. Tratan de dar carta de legalidad a lo que ya pugnan por la fuerza y con el amedrentamiento criminales. Por contra, como el PSOE ya se ha hecho perdonar por el brazo político de la banda terrorista ETA desde las negociaciones de Zapatero en adelante hasta su abrazo en el Parlamento navarro para que la socialista Chivite presida la comunidad foral, ya lo estiman como uno de los suyos. Ello hace remover de sus tumbas los restos de aquellos heroicos socialistas acribillados cobardemente por esos pistoleros enaltecidos al abandonar su reclusión.

Por eso, Sánchez no podía aceptar la condición básica que le puso Rivera con relación a Cataluña y a Navarra. Atendiendo a sus volteos de campaña, cualquier cosa es posible, por sorprendente que sea, en el aspirante socialista. En su devenir político, han transitado de aseverar que "en Cataluña no hay un problema de definición", como hizo en su primera etapa como secretario general, a transmitirle a Évole que "España es una nación de naciones y Cataluña es una nación dentro de otra nación que es España, como lo es también el País Vasco, y esto es algo de lo que tenemos que hablar y reconocer"; para retornar la otra noche, ya en modo electoral, a la casilla de partida.

Lo cierto es que, tras apostar por "perfeccionar el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado apuntado en el artículo 2 de la Constitución" o de rubricar la Claudicación de Pedralbes con Torra, cuando antes lo tenía por "el Le Pen catalán", esconde la estación término. Como echa tierra igualmente sobre el hecho indubitado de que si acomete estas segundas elecciones nuevamente como presidente en funciones es porque así lo facultaron los independentistas, junto a los podemitas. Mediante la moción de censura de mayo de 2018 contra un pasmado Rajoy por medio del puñal de la traición de una sentencia torticera del juicio sobre una pieza del caso Gürtel. Acudió como testigo y salió condenado en la práctica sin necesidad de que lo explicitara una sentencia como es de ley. Bastó un mero juicio de valor del ponente en el sentido de que no le había parecido convincente su declaración para, sin necesidad de deducir testimonio, periclitar su carrera política.

El buen conformar del español medio puede hacer que esté predispuesto no ya a aceptar pulpo como animal de compañía, sino a votar al cefalópodo por desistimiento. Advertido debiera estar, no obstante, sobre quien, después de desestabilizar la política española, se ofrece como factor de estabilidad desde una supuesta centralidad. Alcanzada tal impostura, habría que aplicarle el célebre epigrama del canario Juan de Iriarte: "El señor don Juan de Robres,/ con caridad sin igual,/ hizo este santo hospital/ pero antes hizo los pobres". Actitudes como éstas llevaban al escritor católico por excelencia Chesterton a exclamar: "¡Dios nos libre de los filántropos!".

Sánchezstein desatiende el consejo de John Arbuthnot en El arte de la mentira política. Quien fuera galeno de cabecera de la reina Ana de Gran Bretaña recomendaba a los políticos que no se creyeran sus particulares embustes. Un exceso de celo en el ejercicio del arte de la mentira podría hacer que algunos tomaran por ciertas sus propias patrañas y que intentaran resolver los asuntos de Estado en función de las engañifas que ingeniaron para satisfacer sus ambiciones de poder.

Lo hacía a sabiendas de que, en la práctica, era materialmente imposible encontrar políticos capaces de hacer semejante esfuerzo de contención. Mucho menos cuando el mayor de los mentirosos cuenta con crédulos a machamartillo en sociedades teleadictas con memoria de pez, cuya retentiva de homo videns dura lo que va de un telediario a otro.

10-N: lo mejor que nos podía pasar
EDUARDO INDA okdiario   22 Septiembre 2019

No por mil veces repetida, una mentira se convierte en verdad. El tan mayoritario como goebbelsiano y podemita periodismo patrio se ha pasado medio verano y parte del otro dándonos la matraca con el cuento ése de lo malo-malísimo que era repetir las elecciones. Que si la ciudadanía está harta, que si los españoles han querido un gobierno de coalición, que si se van a malgastar 140 millonazos con unos nuevos comicios, que si patatín, que si patatán. Olvidan que muchísima gente está encantada con esta segunda oportunidad, que si el electorado hubiera querido un gobierno de coalición habría otorgado mayoría absoluta a la suma de PSOE y Podemos y que el parné que se invierte en una contienda electoral genera empleo y riqueza, vamos, que no va a la basura. ¿O es que acaso las empresas que fabrican los sobres, suministran las infraestructuras necesarias o crean la tecnología lo hacen con mano de obra esclava o con robots?

¿Por qué contertulios, editorialistas y líderes de opinión se han pasado el verano con esta cantinela a cuestas? ¿Porque les preocupa la estabilidad del país? ¿Porque les ocupa la estabilidad de nuestras cuentas públicas? La inmensa mayoría de los plumillas podemitas, es decir, la absolutísima mayoría de los periodistas made in Spain, estaban próximos al orgasmo ante la posibilidad de ver a su jefe de filas en el Gobierno de España, solo o por Irena Montera interpuesta. Por ésta, y no otra razón, han insistido hasta el aburrimiento en que se forjase un gobierno de coalición en el que Iglesias y su banda estuvieran representados.

La estabilidad nacional les importa un pimiento o, como mínimo, lo mismo que a mí las plagas de mosquitos en Indonesia. Básicamente porque el podemismo aplica esa tan vieja como perversa teoría de que “cuanto peor, mejor”. No se les escapa que para imponer sus tesis necesitan que el sistema constitucional que nos regalamos los españoles hace 41 años se vaya al carajo. Por las buenas, democráticamente, nunca conseguirán nada en una nación sensata como pocas y centrada como ninguna. Lo que quieren es rematar la mejor etapa de nuestra historia para imponer a lo Chávez su pensamiento único. Ni más ni menos, ni menos ni más. Así empezaron, por cierto, en su paraíso favorito: la República Bolivariana de Venezuela.

Por si tras esta parrafada no les ha quedado claro, ahí van 10 razones para estar encantados de volver a ir a las urnas el segundo domingo de noviembre:

1.-La extrema izquierda comunista no ha conseguido entrar en el Gobierno de España. Lo que nos faltaba: tener a los machacas de Maduro y Jamenei en el sanedrín en el que se toman las grandes decisiones de la cuarta economía de la zona euro y la duodécima del mundo.

2.-Echenique y Montera, dos tuercebotas política e intelectualmente hablando, no se sentarán en el Consejo de Ministros. No tienen nivel ni para ser delegados de clase en el colegio, como para portar una cartera con una leyenda dorada en la que figura el consabido “ministro” o “ministra”. Aunque tal vez ellos hubieran optado por el más enrevesado e imbécilmente correcto “ministre”.

3.-Las deliberaciones de los viernes seguirán siendo secretas. ¿Alguien duda de que se hubiera quebrado este precepto legal semana sí-semana también? ¿Cuánto tiempo habría transcurrido entre el fin del Consejo y la publicación en los medios retro-progres de la letra pequeña de las decisiones adoptadas, de las discusiones entre ministros o de las opiniones políticamente incorrectas desgranadas en las dos horas y pico que duran las reuniones monclovitas? ¿Quince minutos? ¿Media hora? ¿Tres cuartos? Resulta incontrovertible que no hubiera pasado de la hora.

4.-Tener a Podemos en el Gobierno es tener a Bildu, la sucursal política de ETA, y a los golpistas catalanes, se llamen ERC o respondan a las siglas de la CUP. Un caballo de Troya de imprevisibles consecuencias. La piraña en el bidé, el enemigo en casa.

5.-Un Gobierno dentro del Gobierno. Los que hablan del desgobierno vuelven a dejar en el tintero un nada insignificante detalle: ¿qué es más caótico repetir las elecciones o tener dos ejecutivos en uno?

6.-¿Se imaginan la que se hubiera liado con estos pájaros controlando el Ministerio de Trabajo? La Securitate de Ceaucescu o la KGB de Stalin hubieran sido unos aprendices a su lado. El terror entre el capitalismo nacional estaría servido. Por no hablar del sistema de pensiones, que habrían hecho insostenible a base de dispararlas exponencialmente.

7.-La reforma laboral de Fátima Báñez, bendita culpable de que aquí se hayan creado 2 millones largos de puestos de trabajo en el último lustro, tendría los días contados. Nos la copiaron los socialistas franceses, la plagiaron sus sosias portugueses, pero en el lado este de la Península Ibérica habría pasado a mejor vida.

8.-El ilusionante Partido Popular de Pablo Casado tiene ante sí la posibilidad de quitarse la espinita clavada el 26 de abril con el peor resultado de su historia.

9.-Sin prisa pero sin pausa volvemos al bipartidismo. Las encuestas apuntalan la consolidación de los liderazgos de Sánchez y Casado y el consiguiente regreso a ese turnismo posmoderno que ha permitido la etapa de mayor prosperidad, estabilidad y paz en nuestra convulsa historia. Por algo los países más potentes del mundo son regímenes bipartidistas o bipartidistas imperfectos: los Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Suecia, Noruega o Dinamarca.

10.-Last but not least. La posibilidad de un Gobierno moderado, PSOE-Ciudadanos, o de una arriesgada a la par que necesaria abstención del PP está más cercana que nunca. Me juego lo que quieran a que Rivera no lo apuesta todo al “no es no” a Sánchez con el que se descolgó la campaña anterior mañana, tarde y noche. Afortunadamente, el escenario de un Ejecutivo PSOE-Podemos ha acabado en el contenedor de la historia, no veo yo a Sánchez sin dormir por las noches tras meter a los coletudos en su equipo ministerial. El concepto que el presidente tenía del indeseable caudillo podemita era inempeorable antes de esta primavera. Detesta sus formas, sus embustes, su chulería, su falta de palabra y su extremismo. El socialdemócrata que se esconde tras esos trajes perfectamente planchados (como percha no le gana nadie) ha llegado al odio infinito tras todo el juego de trileros al que le ha sometido su impresentable interlocutor. Son irreconciliables.

No soy ni seré nunca sanchista porque no soy ni he sido nunca socialdemócrata. Y porque, de momento, Sánchez no es González. Un González que jamás jugó con esa cosa de comer llamada unidad de España. La exitosa y no menos diabólica táctica de conquistar poder territorial al precio que sea no le hace merecedor de momento del favor del centroderecha. Navarra es, para mi desgracia, la epítome de cuanto digo. Es como los israelíes cuando arrebatan territorios sacralizados por la ONU a los palestinos: saben que quitarte de en medio será muy complicado por no decir imposible y, cuando menos, necesitará de muchos años para ser una realidad. Sánchez prefiere que le pongan una vez colorado que ciento amarillo si con eso se asegura Navarra, Baleares o la Comunidad Valenciana para muchos años. El 10-N es una oportunidad que ni pintiparada para centrar de nuevo a este país, para que Sánchez abandone a bilduetarras, golpistas y demás gentuza. Y para que se constituya un Gobierno que al menos no se cargue lo que tanto ha costado recuperar: la prosperidad tras la peor crisis conocida.

Y en contra de lo que sostiene la opinión publicada, los ciudadanos no decidieron el 26-A que hubiera un Gobierno de coalición. Más al contrario, lo liaron todo aún más si cabe al no concentrar el voto en los partidos mayoritarios de cada bloque. No sé yo, pues, quién es más responsable de esta segunda vuelta, si los políticos o esos ciudadanos que votaron pluripartidismo. En cualquier caso, qué carallo, de qué nos quejamos, votar es una maravilla. Hace no tanto, 43 años, estaba prohibido. Bienvenido sea el 10-N.

Mafias
Jon JuaristiABC  22 Septiembre 2019

La propuesta, presentada por Bildu en el Parlamento de Vitoria, de vetar la presencia en territorio vasco de los líderes nacionales de los partidos de la derecha durante la próxima campaña electoral, me recuerda otra que aprobó en su día, hace más de treinta años, la Junta de Facultad de la ídem de ciencias sociales, políticas y de la comunicación (creo que se llamaba así, más o menos, aunque era conocida como facultad de periodismo) de la Universidad del País Vasco, por la que se me declaraba persona non grata y se me prohibía la entrada en el recinto ferial de la dicha cosa. Obviamente un servidor de ustedes, a la sazón profesor en otra facultad de la misma universidad, se apresuró a pedir el traslado a aquella cuyo acceso se le vetaba. Traslado que se me concedió de inmediato. Entré en territorio prohibido fumando un puro. Un montecristo, para ser exacto. Todavía no había comenzado la persecución de los fumadores (Alfonso Alonso, que fue mi alumno en la facultad de Filología de Vitoria, suele recordarme, con irreprimible repugnancia, que yo fumaba una cajetilla entera de cigarrillos rubios durante la hora de clase. Una ruina). Lo del puro fue muy criticado a mi espalda y por lo bajinis, pero nadie osó echarme en cara tal comportamiento incivil y mucho menos echarme a la calle. Sugiero a Casado, Rivera y Abascal que pongan en stand-by sus prejuicios anticastristas, de aquí al 10 de noviembre, y que encarguen varias cajas de habanos por barba. Que empiecen a fumarlos en Alsasua, y a ver quién es el guapo.

Ahora bien, si tal propuesta prosperase en el Parlamento vasco, la primera que deberían presentar conjuntamente los tres partidos de la derecha en las nuevas Cámaras, gane quien gane en los próximos comicios, debería ser la aplicación inmediata del artículo 155 a la comunidad autónoma vasca. Pero esto no deja de ser otro puro. Puro wishful thinking, quiero decir. En el despropósito en que se ha convertido España es perfectamente predecible que, si los abertzales y la izquierda sumisa a ellos prohibieran la entrada de los tres tenores en Pintxolandia, estos sólo podrían recurrir a sus militantes más aguerridos para impedir que la fechoría se llevara a cabo.

Y es que, si en la política española priman y medran los farsantes, los macarras, los chorizos y los horteras de ambos géneros, en la vasca, en particular, siguen mandando los gánsteres de ETA al servicio del nacionalismo vaco en su conjunto. Un joven historiador de por allí, Gaizka Fernández Soldevilla, publicaba el pasado 2 de septiembre, en «El Correo», un atinadísimo artículo -«Aires de familia»- en el que volvía sobre algo bastante olvidado y que algunos sosteníamos desde los años ochenta, cuando ETA, con el pretexto de que el Estado opresor introducía heroína a granel en el País Vasco, comenzó a asesinar a yonquis y camellos, sus competidores en el control de una mercancía que servía de moneda en el mercado clandestino de armas y explosivos. A nuestro juicio, la ETA de aquella época era ya una organización mafiosa inserta en una banda terrorista. Hoy, desaparecido el terrorismo, sobrevive la mafia.

Y los comportamientos mafiosos siguen siendo algo muy normal en la práctica política en general y parlamentaria en particular del nacionalismo vasco. En un pasado aún muy próximo, la violencia gansteril de los sicarios abertzales sirvió para asesinar o expulsar del territorio vasco a quienes se oponían o podrían oponerse a los designios de dicho nacionalismo (y, por supuesto, para aterrorizar a los españoles en su conjunto). Hoy, la mafia parlamentaria etarra intenta evitar que los expulsados regresen a su exclusiva Sicilia del Cantábrico.

El frente vasco
ERNANDO PALMERO El Mundo  22 Septiembre 2019

No son pocas las naciones que a lo largo de la historia han alzado sus fronteras o han consolidado sus regímenes sobre el asesinato de sus enemigos. Cuando en uno de sus consejos, Critias, uno de los Treinta, tomó la palabra, justificó así la imposición de la tiranía sobre la democracia ateniense: "Consejeros, si alguno de vosotros considera que mueren más de lo que sería conveniente, reflexione que donde hay cambios de régimen en todas partes ocurre eso (...) Y si vemos a alguno opuesto a la oligarquía, en cuanto podemos le quitamos de en medio; y mucho más aún nos parece justo que sea castigado si uno de nosotros mismos ataca a este régimen". Era el año 403 a. de C. Al poco, la democracia fue restituida en Atenas y pudieron volver los desterrados. Se impuso, sin embargo, una amnistía que vino acompañada de un resignado silencio sobre los crímenes cometidos. Para vivir «pacíficamente», como relata Jenofonte en el segundo libro de las Helénicas (Gredos).

Muchas generaciones de europeos sufrieron a lo largo de los siglos XIX y XX las sangrientas consecuencias de la creación de los nuevos Estados europeos. Y en España, hemos llegado al siglo XXI asumiendo como normalizado el olvido impuesto en el País Vasco. Allí, el nacionalismo, después de cincuenta años de crímenes, exige impunidad para los criminales encarcelados. Al fin y al cabo, argumentan los nacionalistas, su proyecto separatista viene avalado por los electores de la comunidad autónoma. Y es el pueblo, encarando en sus líderes, el que dicta la ley. Así ha sido siempre para el nacionalismo. El socialista. O el conservador.

Desde la tribuna de invitados, por eso, el terrorista Otegi y el aranista Ortuzar, asistían el viernes en el Parlamento vasco al anuncio del nuevo estatuto para finales del mes de noviembre. Amparado en el respeto a "los derechos históricos de los territorios forales", que garantiza la Disposición Adicional Primera de la Constitución, el lehendakari Urkullu anunció que el nuevo texto incluirá el derecho de autodeterminación y la celebración de una "consulta habilitante", antes de que el nuevo Estatuto sea remitido a las Cortes Generales. De esta forma, violentando el orden constitucional, sólo el pueblo vasco dirá si es legal o no este nuevo régimen que mantendrá, a partir de entonces, una relación "bilateral con el Estado". Se evitan de esta forma, lo que le ocurrió a Ibarretxe en 2005: que el Congreso les diga que no es constitucional.

El frente vasco, mejor organizado que el catalán, será el primero en romper el Estado. Demostrando, como explicaba Critias, que toda nación se edifica sobre cadáveres.

Independentismo en Cataluña
Mossos independentistas difunden propaganda separatista desde una comisaría de Gerona
Pelayo Barro okdiario  22 Septiembre 2019

Denuncian a 7 mossos ante la UE por actuar como "policía política" al servicio del golpe separatista

Una asociación de Mossos de corte independentista lleva tiempo enviando sus cartas usando en el remite la dirección de una comisaría de Blanes. Todo a pesar de que no están reconocidas como representativas del cuerpo y por tanto no tienen derecho a ello. Otras plataformas han denunciado ante Interior que se está haciendo la ‘vista gorda’.

La asociación Sindicat Autònom de Mossos d’Esquadra (SAME) y la plataforma ‘Mossos per la Democracia’ (MXD) llevan meses escribiendo la dirección de su comisaría en los remites de sus comunicaciones a pesar de que la ley lo prohíbe. Y, sin embargo, ningún mando de su comisaría en Blanes (Gerona) se lo impide.

La denuncia parte de ‘Politeia’, una asociación de policías de Cataluña, que ha sido quien ha remitido una carta al consejero de Interior de la Generalitat Miquel Buch. Según esa queja, ambas plataformas usan la dirección ‘Calle Ter número 49’, correspondiente a la comisaría de Blanes, en todos sus escritos y comunicaciones.

Las dos asociaciones señaladas, SAME y MXD, no están reconocidas como ‘representativas’ y tienen una línea ideológica claramente identificada con el independentismo. En sus comunicados incluso hablan de “ocupación” por parte del “Estado” y se muestran como el único sindicato capaz de “plantar cara” . Firman sus mensajes con un ‘Salud y República’.

‘Vista gorda’ de mandos
Los denunciantes aseguran que “los mandos de la comisaría de Blanes, que según nos consta por datos fehacientes son conocedores de esta mala praxis desde hace mucho tiempo, consienten que el/los responsables (de estas asociaciones) utilicen para sus propios intereses la dirección de la comisaría”. El secretario general de el sindicato SAME es un agente destinado en dicho centro.

“Los sindicatos no representativos de los Mossos d’Esquadra’ no tienen los derechos de los sindicatos representativos: utilización de un local o despacho garantizado por la Administración, material de oficina, fotocopiadora, horas de representación…” denuncian desde ‘Politeia’. “Estaríamos delante de un privilegio ilegal o condescendencia interesada, lo cual se podría calificar como malversación” advierten.

Además, la plataforma policial denunciante recuerda que desde los perfiles en redes sociales de estas organizaciones de corte separatista se realizan “menosprecios, insultos y ataques contra otros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad públicas como Guardia Civil y Policía Nacional”, por lo que exigen a la consejería de Interior catalana que “fiscalice” su actividad, el uso de material de oficina que puedan estar realizando y que se les prohíba tajantemente el uso de la dirección de la comisaría de Blanes para sus comunicaciones.
 


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