AGLI Recortes de Prensa   Jueves 26 Septiembre 2019

¿Qué necesita España?
Sigfrid Soria eltorotv.com 26 Septiembre 2019

España es un Estado fallido con un presente hipotecado y un futuro inviable. Los hechos irrefutables son que tenemos una deuda de 1,2 billones de euros que no para de aumentar, un déficit presupuestario del 3% del PIB y creciendo, un PIB en caída, una tasa de paro del 14% y aumentando, y la creación de empleo desplomándose. Somos la única democracia en el mundo que ha tenido 4 elecciones generales en 4 años, no tenemos presupuestos generales ni objetivos claros que perseguir. Sufrimos intentos de golpes de estado por parte de nuestras propias instituciones y ejercemos un infinito buenismo hacia quienes nos invaden con violencia. El sistema de Seguridad Social está en quiebra y las pensiones son insostenibles, no siendo impedimento estos dos hechos para que el presidente en funciones, y sin control parlamentario alguno, anuncie que España va a aportar 150 millones de euros al Fondo Verde de la ONU, con la misma frivolidad y unilateralidad con la que utiliza el Falcon para ir a bodas de familiares. ¿De qué partidas presupuestarias, si no hay presupuesto; con quién ha acordado ese gasto; por qué 150 y no 200 ó 300 millones? Nos estamos acostumbrando a que el plagiador se pasee por el mundo postureando con nuestro dinero, con nuestro presente y con nuestro futuro.

Pero, dado que hay elecciones generales dentro de poco y acogiéndome a la libertad de expresión que todavía me asiste, voy a proponer en este artículo de opinión una serie de medidas que cambiarían radicalmente el triste panorama que nos aboca al desastre. Ahí van:

Aplicación sine die del 155 en Cataluña. Disolución del Parlamento catalán y de la Generalidad. Cierre de TV3. Disolución de los Mozos de Escuadra habilitando un período transitorio para que los constitucionalistas se integren en la Policía Nacional. Despliegue permanente del Ejército de Tierra, Guardia Civil y Policía Nacional en Cataluña. Activar a la Abogacía General del Estado para detener y poner a disposición judicial a Torra, Torrent y a otros altos cargos golpistas de las actuales instituciones autonómicas de Cataluña. Toda esta situación excepcional debería prolongarse tanto como sea necesario y, en cualquier caso, hasta que desaparezca la permanente intención golpista.

Prohibición de la existencia de partidos políticos cuyos objetivos sean violar leyes y la destrucción de España. Ilegalización de los partidos políticos que planteen la destrucción de España.

Blindar nuestras fronteras a la inmigración ilegal. Construir muros electrificados allá donde la presión lo requiera. Expulsar a cualquier ilegal que esté en España, sea mayor o menor. Derogar toda normativa, generadora de efecto llamada, de atención sanitaria universal a no españoles. Oposición frontal a políticas europeas de cuotas de acogimiento de migrantes de países musulmanes.

Eliminación del Senado. Reformulación competencial, a la baja, de los estatutos autonómicos. Redimensión, a la baja, de las Asambleas y de los Parlamentos autonómicos; tanto como que se queden en un tercio de la composición actual.

Rescate de competencias transferidas a las Comunidades Autónomas como Educación, Sanidad, gestión de la Justicia, gestión tributaria y fiscal y gestión de parques nacionales. Homogeneización de servicios básicos en toda España y para cualquier español.

Eliminación del 100% de asesores políticos. Reducción drástica de vehículos oficiales al nivel proporcional al de los EEUU, que tiene 412 con 350 millones de habitantes frente a los más de 10.000 que tenemos en España con 47 millones. Eliminación de prebendas inexplicables a expresidentes del gobierno de España y autonómicos.

Adaptación, a la baja, de los gobiernos autonómicos a su nueva realidad competencial. Tanto como que queden al 25% de su actual dimensión.

Derogar toda la legislación que otorga al 50% de la población un trato especial frente al otro 50% al que discrimina. Afrontar legislativamente problemas de violencia en el entorno familiar respetando el artículo 14 de la Constitución.

Alcanzar un pacto de estado que marque una hoja de ruta presupuestaria y fiscal para que en cuatro décadas España liquide la deuda pública. En un lustro la eliminación del déficit público. En una década la eliminación del agujero de la Seguridad Social. Y elaborar un plan que viabilice las pensiones y legislar para blindarlas.

Máxima bajada de impuestos y carga fiscal a empresas, autónomos y personas físicas. Disminución del intervencionismo público y fomento de la actividad empresarial.

Eliminación de todos los Cuerpos policiales autonómicos y potenciación de Guardia Civil y Policía Nacional. Posibilitar la incorporación de los efectivos autonómicos en la Policía Nacional.

Blindar el uso del idioma español en toda España como único válido para opositar. Catalanes o vascos han de tener el mismo derecho a sacar una plaza en Canarias que los canarios en Cataluña o Vascongadas.

En democracia se puede hacer realidad cualquier deseo, siempre y cuando dicho deseo tenga el apoyo adecuado. El 10 de noviembre los españoles tenemos la oportunidad de elegir al Poder Legislativo que elegirá al presidente que liderará el Poder Ejecutivo. Estoy convencido de que la inmensa mayoría de españoles están de acuerdo con los 12 puntos de mi propuesta; ojalá haya una fuerza política que los asuma y ojalá muchos millones de compatriotas apoyemos a esa fuerza que nos aleje del agujero negro que nos acecha. Ojalá abracemos la viabilidad.

Franco y el final del pacto
Julio Ariza eltorotv.com 26 Septiembre 2019

La quietud en que en España habíamos dejado a los muertos de la guerra civil fue la clave de bóveda del éxito de la transición. Si los muertos quedaban tranquilos en el recuerdo de un error/horror colectivo -la guerra civil- los vivos tenían por delante el porvenir de un nuevo proyecto nacional. Ese proyecto de vida en común que los españoles supimos encontrar a la muerte de Franco se edificó sobre firmes pilares como el del respeto mutuo, la concordia y sobre todo el olvido. Olvidar es muchas veces necesario en la vida, cuando uno busca la paz, el reencuentro, curar las heridas.

Todos teníamos historias familiares, asesinatos, persecuciones, injusticias. Había dos opciones, o ir a saldar cuentas pendientes y enzarzarnos de nuevo en la división, el enfrentamiento y el odio, o pasar inteligentemente página y convertirnos en un país normal, donde la gente se respete y no se deteste por razón de origen, es decir, de qué lado cayeron el padre, abuelo, aquel tío, en una guerra que ocurrió hace ya 80 años. La muerte del abuelo se ha convertido ahora en un estigma, un rasgo identitario que nos sujeta al rencor y nos amarra al agravio.

Todas las familias españolas sufrieron la barbarie del contrario, por una u otra razón, a uno y otro bando, en vanguardia y en retaguardia, durante la república, la guerra o el régimen de Franco. Todas. Todas hicieron un esfuerzo de olvido y reconciliación. Hasta que Zapatero decidió sembrar nuevamente la semilla de la discordia entre españoles, el discurso de los los agravios, los rencores, los ajustes de cuentas: La Memoria Histórica, cuya ley el PP no tuvo el coraje histórico de derogar.

El último capítulo, especialmente grave, de esta historia de rencor, de división y de enfrentamiento entre españoles, es el empeño de Sánchez de expulsar a Franco de su enterramiento. Con ello Sanchez obliga al pueblo español a una especie de exorcismo colectivo completamente suicida: que salgan todos los demonios, los agravios, lo odios, y ya veremos que pasa. Un estadista, sin duda, este señor. Franco en el Valle era un símbolo: habíamos enterrado la guerra, con actores de los bandos juntos. Franco desenterrado a la fuerza y humillado es otro símbolo, en sentido contrario.

La profanación de la tumba de Franco en el Valle de los Caídos es la voladura incontrolada de ese gran pacto civil entre españoles, del pacto por renunciar a lo peor de un pasado y de abrazar juntos lo mejor de un futuro.

Luego está la vileza institucional de apropiarse del destino de un muerto, de arrebatárselo a la familia, de decirle a sus nietos que el cadáver no les pertenece, y a los españoles que cualquier gobierno puede hacer con sus muertos lo que le venga en gana al poder. ¿Cuántas veces podrá, a partir de ahora, cualquier gobierno de España, cambiar a Franco o a quien le venga en gana, de tumba, cuantas, y a cuántos? España siempre con la muerte acuestas.

Esto de Franco es como el triste destierro de la convivencia. Y lo peor es que no lo hacen por algún tipo de memoria, lo hacen por puro afán electoral, es decir, por ambición de poder.

A partir de ahora, ya sabemos que cualquier gobierno tiene poder absoluto no ya sobre la vida de cada uno sino también sobre la muerte de los muertos de cada cual.

Franco estaba en la historia. Esa historia estaba en el Valle de los Caídos, donde los muertos de ambos bandos, casi al 50%, descansaban en paz. Los españoles estábamos en la proyecto feliz de mirar hacia adelante. Pero no quieren dejarnos. Quieren reabrir las heridas. Quieren que volvamos a odiarnos, a dividirnos. Quieren que nuestros jóvenes hereden la discordia, que el peso de la guerra pese sobre sus hombros, que carguen con el ataúd del odio. El gobierno y sus cómplices le han pasado el muerto a los jóvenes, robándoles el destino.

Resucitan un Franco sin franquismo, un espejismo político como señuelo de manipulación electoral. No es solo una temeridad. Es una traición al pacto de convivencia. Y es una cobardía.

Es también un proceso cuyo próximo hito será la conversión de la Basílica en cementerio civil, previa voladura de la cruz más alta de Europa, desmontaje de la Piedad y expulsión de la Orden. Ya no queman iglesias, es verdad.

Franco fuera; Torra dentro
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 26 Septiembre 2019

Nadie con un mínimo de respeto por la democracia en España, por la Transición que la trajo, por la división de poderes que estableció, por la amnistía promulgada por Suárez, por los discursos comunistas en el Congreso elogiando esa amnistía en la que "los dos bandos se perdonaban", por los cuarenta años en que los hijos de los dos bandos de la Guerra Civil, los dos nuestros, nos enfrentamos juntos al terrorismo antiespañol, entramos en la Unión Europea, y logramos un nivel de vida inimaginable incluso en 1977, cuando el franquismo nos convirtió en la novena economía mundial; y nadie, pero nadie, que respete ese principio básico de una sociedad libre que consiste en no aceptar la mentira como verdad aunque lo proclame una mayoría episódica apoyada despóticamente por el Poder, puede alegrarse por esa sentencia del Supremo, cobarde por unanimidad, que vulnera la ley moral que en toda sociedad civilizada manda respetar a los muertos en sus tumbas.

La sentencia es un paso importantísimo en la deslegitimación del sistema de monarquía constitucional que sucedió pacíficamente a la dictadura, con dos hombres clave: Juan Carlos I, sucesor de Franco a título de Rey, y Adolfo Suárez, secretario general de FET y de las JONS. El guión para pasar «de la Ley a la Ley» era de otro franquista, Torcuato Fernández Miranda; las Cortes que votaron su disolución para dar paso a elecciones libres eran las franquistas; y el Ejército que respaldó el cambio de régimen era el de Franco, que derrotó a los que, con el PSOE de Largo y Negrín al frente, y Stalin detrás, querían convertir a España en una tiranía soviética, una "democracia de nuevo tipo" como Mongolia. La media España de Franco ganó la guerra que le declaró la otra media. ¿Y la culpan?

El Tribunal Popular Supremo, tan repopular como los del Frente Popular, respalda la obscena operación publicitaria guerracivilista del PSOE. Y vulnera escandalosamente los derechos constitucionales de la familia Franco, no sólo asaltando una tumba que hasta ZP nadie recordó y que nadie frecuentaba, sino dictando dónde enterrarlo y dónde no.

En los Franco se busca venganza contra una derrota de hace 80 años, mediante una injusticia que ningún ciudadano aceptaría para su familia y ningún partido para sus líderes. Otegi y Torra son tratados con más delicadeza.

Lecciones al doctor
Álvaro Martínez ABC 26 Septiembre 2019

El mundo entero sabe que España es desde ayer mismo una democracia plena porque él y nadie más que él «ha cerrado el círculo democrático» al sacar el cadáver de Franco de su tumba en el valle de Cuelgamuros. Semejante petulancia movería más a la risa que a otra cosa si no fuera porque utilizó la tribuna de las Naciones Unidas para embadurnarse de gloria y entrar por la gatera del autoelogio en la historia de España. Pero ya que según el doctor de Tetuán somos una democracia plena y «decente» gracias a él, y como la perla engreída fue proferida en Estados Unidos, no estaría de más que se le pegase algo de la transparencia y los códigos éticos que deben acompañar a la política que los estadounidenses llevan aplicando desde que inventaron la democracia moderna hace un par de siglos. Con Trump y sin Trump.

Ayer, la Casa Blanca hizo pública la conversación privada que Donald Trump mantuvo el pasado julio por teléfono con su homólogo ucraniano a cuenta de los tejemanejes del hijo de Joe Biden, su rival político. Se trata de una prueba vital para el proceso de «impeachment» emprendido por el Partido Demócrata contra él por animar a Kiev para que investigase ese asunto con el fin de perjudicar a un adversario político. Bien podría Trump haber ocultado el documento, o ir dando largas y más largas para torpedear el propósito de sus oponentes de echarle del Despacho Oval. No, la famosa conversación ya está al alcance de todos para ser valorada, convertida quizá en presunta guillotina.

Aquí, tampoco aspiramos a tanto. Nos conformaríamos, por ejemplo, con que más de un año después, el señor que se vanagloria de haber cerrado el «círculo democrático» en España atendiese la petición de la oposición para conocer, por ejemplo, quién le acompañaba en el viaje en Falcon a un concierto en Castellón. Un año y no hay manera que aclare quién componía aquel flete, el nombre del resto de los «grupies» que le acompañaron en el avión de la Fuerza Aérea.

Más grave fue aún que los españoles se enterasen por Torra, y dos meses después, de lo que Sánchez trató con él en la «reunión de la infamia de Pedralbes», ese documento que incluía la llegada de observadores internacionales a Cataluña para que mediasen en el proceso independentista. Así que lecciones de democracia y transparencia, las justas. O mejor, en su condición de consumado copista de tesis y libros, bien podría plagiar los hábitos de luz y taquígrafos que se estilan en otras democracias.

La independencia de Conde-Pumpido
Editorial ABC 26 Septiembre 2019

El Tribunal Constitucional reaccionó ayer a la información de ABC sobre su magistrado Cándido Conde-Pumpido con una nota de prensa en la que, además de desmentir el contenido de la información -pese a saber que es perfectamente veraz- pedía que se respetara la independencia de sus integrantes. El mismo caso de Conde-Pumpido es propicio para que el TC se aplique a sí mismo su rigor por la independencia judicial. Este magistrado ha redactado el borrador de sentencia en la demanda de amparo de los condenados por el Tribunal Supremo con motivo del asedio violento en 2011 al Parlamento de Cataluña. En aquel año, Conde-Pumpido era fiscal general del Estado y no sólo instó a la Fiscalía de la Audiencia Nacional para que presentara recurso ante el Supremo, sino que, además, hizo declaraciones públicas criticando la absolución acordada por la Audiencia Nacional. La independencia de un juez se manifiesta en cada caso que juzga a través de su imparcialidad, y Conde-Pumpido no la tiene -da lo mismo en qué sentido la haya perdido, a favor o en contra del justiciable-, porque sus declaraciones públicas como fiscal la anularon para actuar ahora como magistrado, aunque sea en el TC. La ley reguladora de este tribunal remite a la Ley Orgánica del Poder Judicial para aplicar a sus magistrados el mismo régimen de abstención y recusación que pesa sobre los jueces ordinarios. Por cierto, recusaciones que con saña aplicó la izquierda judicial a la que pertenece Conde-Pumpido a magistrados como Enrique López, Concepción Espejel o Juan Pablo González para impedir que juzgaran procesos que afectaban al Partido Popular, por el hecho de haber sido apoyados por este partido -como otros partidos apoyaron a otros jueces- para acceder a cargos judiciales. Ningún problema tuvo Conde-Pumpido en instruir en el Supremo, como magistrado, la causa contra la popular Rita Barberá, pese a haber sido designado fiscal general por Rodríguez Zapatero.

En el mismo TC hay precedentes que Conde-Pumpido puede utilizar para medir su imparcialidad -o para que se la midan sus compañeros de tribunal-, como fueron las recusaciones exitosas contra los magistrados Jorge Rodríguez Zapata y Roberto García-Calvo, quienes habían criticado públicamente la reforma de la ley del TC que permitió a su entonces presidenta, María Emilia Casas, prorrogar su presidencia. O la recusación del magistrado Pablo Pérez Tremps, quien fue apartado por sus compañeros para juzgar el recurso de inconstitucionalidad del Estatuto catalán, porque, como catedrático, había emitido un informe sobre el proyecto estatutario durante su tramitación.

No podemos estar más de acuerdo con el TC: hay que respetar la independencia de los jueces, tanto como los jueces deben respetar su imparcialidad.

Pero ¿qué victoria?
Cristina Losada Libertad Digital 26 Septiembre 2019

En alguna parte le he leído a un historiador que la exhumación de Franco significa que España ya ha madurado lo suficiente como para acabar, "sin demasiados aspavientos, con uno de los símbolos más visibles del legado franquista". Sobre lo de madurar, diré algo luego, pero de entrada pensemos en los aspavientos. Porque es justo al revés. En este asunto, todo, absolutamente todo, ha sido aspaviento. Aspavientos la movida de la exhumación y el histórico fraude de la memoria histórica. Aspaviento las celebraciones en la sede de Ferraz por la sentencia del Supremo. Aspaviento, las declaraciones de la portavoz Lastra, emocionada porque al fin, cuarenta y tantos años después de la muerte del dictador y al cabo de decenios de Gobiernos socialistas, se ha acabado la dictadura en España. Y aspaviento, el que para mí es el más significativo. La gesticulación de la victoria.

Lo dijo el presidente en funciones y lo repiten muchos concelebrantes: la exhumación es una victoria. "Es una gran victoria de la democracia española", dijo Sánchez. Pero ¿victoria sobre quién? ¿A quién se le ha ganado? ¿A Franco? A buenas horas. ¿A los nietos de Franco? Vale, hay una victoria judicial, pero cuando hablan de la victoria no se refieren al pleito. ¿A los Gobiernos del PSOE que no exhumaron a Franco? En fin. Pero lo esencial: una victoria supone un enemigo. Y ¿quién es el enemigo al que se ha derrotado? Digan los victoriosos quién es. Para los que nos formamos políticamente en el antifranquismo –para algunos, al menos– esto de la victoria en un contexto así nos suena, y nos suena fatal. Nos suena a guerracivilismo. Nos suena a celebrar la victoria sobre el enemigo y a mantener vivo el espíritu y la voluntad de aniquilar al otro bando. ¿Será el día de la exhumación, el Día de la Victoria, remedo de aquel otro?

Por qué es una victoria que los restos de Franco pasen de un monumento que es Patrimonio Nacional a una cripta que es Patrimonio del Estado es una cosa incomprensible. Si hubieran dinamitado el Valle de los Caídos como hicieron los talibanes con los Budas de Bamiyán, bueno, barbaridad aparte, podrían celebrarlo como hicieron aquellos fanáticos. Entonces, sí tendrían motivo para decir: "Hemos eliminado uno de los símbolos más visibles del legado franquista". Borrado de la faz de la Tierra el símbolo, borrado el Mal. Siempre dentro del pensamiento fanático, eso se entiende. Pero esto sólo se entiende como una fría instrumentalización política. Y no es que traten de reavivar viejos odios y viejos bandos, a todos los efectos, salvo en minorías, desaparecidos. Tratan de reinventarlos, reimplantando una raíz podrida.

España ya está madura, dicen. Hay quienes se consideren capaces de determinar la madurez de una nación. ¿Cómo la miden? No me lo digan. Sólo hay madurez cuando se hace lo que quieren los dispensadores de madurez. Y, de nuevo, es lo contrario. Si se puede hablar de la madurez de un país, aunque yo prefiriría no hacerlo, la principal muestra de madurez política en la España de nuestro tiempo se dio a la hora de hacer la transición de la dictadura a la democracia. La determinación por reconciliarse y la capacidad para plasmar esa voluntad fueron una gran demostración de madurez. En cambio, el empeño en destruir todo eso, que es el empeño de los que juegan con el guerracivilismo, es la mayor muestra de inmadurez que hemos visto en esta época. Primero con Zapatero, ahora con Sánchez. E Iglesias.

La madurez, dicen empujándonos al diván del psiquiatra, es afrontar el pasado. Pero eso ya se hizo en la Transición. Se hizo perfectamente. Para empezar, todo el mundo conocía el pasado al que no quería volver. Ahora, dicen que tenemos que afrontar el pasado gentes que no conocen el pasado. Personajes que gimen que la guerra civil se les ocultó. O que denuncian la amnesia de la transición. Vaya, se la ocultarían a ellos y será su amnesia. Que primero afronten su desconocimiento del pasado. Un país entero no tiene por qué ponerse al servicio de sus carencias y obsesiones. Ni de sus deseos de revancha, tan sobrevenidos como su antifranquismo. Ni puede aceptar que se apropien de las víctimas de la dictadura, que las pongan por delante, así, en bloque, cuando no todas se sienten ni sentirían representadas por quienes pretenden utilizarlas. Con fines espurios y con el peor de los medios: atizar el odio.

Casta eres tú, Pablo Iglesias
OKDIARIO 26 Septiembre 2019

Podemos ha sustituido en la Diputación Permanente del Congreso al diputado Alberto Rodríguez por el diputado Antón Gómez Reino-Varela, imputado por atentado a la autoridad en los disturbios de Alcoa. La consecuencia de esta sustitución en apariencia intrascendente es sustancial, porque metiendo con calzador y a última hora en la Diputación Permanente a Gómez Reino-Varela, este consigue mantener su aforamiento y evita ser juzgado por los tribunales ordinarios.

En suma, que el partido que irrumpió en el paisaje político denunciando los privilegios de la casta política y se mostró furibundamente en contra de los aforamientos por considerarlos la expresión más rancia de una democracia en declive ha recurrido a una chusca estratagema con el objetivo expreso de proteger a quien fue imputado por atentado contra la autoridad.

Gómez Reino-Varela se encaró con las Fuerzas de Seguridad que protegían las inmediaciones del Congreso de los Diputados e instó a los trabajadores de Alcoa a saltar el vallado policial. Muy gallito para incitar a la violencia siendo diputado, pero muy poco arrojado para afrontar su responsabilidad de ser juzgado como el resto de españoles.

La maniobra de Podemos no debería sorprender a nadie. Cuando era un profesor universitario que se paseaba por los platós de televisión dando lecciones de ética y justicia social, Pablo Iglesias encadenaba apelaciones incendiarias contra los privilegios, prebendas y bicocas de la clase política. Hoy es la expresión más palmaria de la casta. De sus llamamientos a la igualdad, la justicia social y la transparencia no queda más que un eco hipócrita.

No es de extrañar que Podemos esté en franca decadencia y que su secretario general se encuentre al filo del abismo político. Los españoles hace tiempo que se dieron cuenta de que Iglesias no era otra cosa que un oportunista sin escrúpulos con una infinita ansia de poder. ¿Qué es casta? Casta eres tú, Pablo Iglesias.

La normalización del franquismo
Javier Caraballo elconfidencial 26 Septiembre 2019

El Gobierno de Pedro Sánchez ha salido victorioso de su apuesta más ideológica desde que gobierna, la exhumación de los restos mortales de Francisco Franco del Valle de los Caídos, y ahora que lo ha conseguido, con esa carga de legitimidad, debería abanderar un movimiento nuevo en España, la normalización del franquismo.

Cada vez que miramos hacia atrás en esa triste historia inmediata de los españoles, nos detenemos siempre, porque esa debe ser la urgencia, en la reparación de la memoria de los cientos de miles de víctimas del franquismo y, por extensión, en las atrocidades de la Guerra Civil y en la represión de la posguerra. Pero el franquismo es mucho más que la Guerra Civil, más que los militares franquistas, más que las cárceles y más que los paredones; el franquismo es una parte de la historia de España, 40 años, que a muchos les tocó vivir por la simple razón de que nacieron en aquellos años.

La normalización social del franquismo nos tiene que llevar a contemplar esa etapa, a las gentes de esa etapa, sin el prejuicio condenatorio de la actualidad. Y tiene que ser el PSOE el partido que ahora, una vez conseguido que el dictador sea exhumado del Valle de los Caídos, con ese aval, abandere en España un movimiento que nos haga mirar hacia atrás sin rencor, con la grandeza simple y obvia de saber que hubo muchas personas durante la dictadura que merecieron un reconocimiento que se les niega por el mero hecho de haber nacido y vivido en esos años.

Científicos y profesores de escuela, poetas e ingenieros, alcaldes y gobernadores, empresarios, artistas, médicos de pueblo, cantantes nacionales… Es una atrocidad pensar que todos ellos merecen el olvido y la postergación por haber vivido durante el franquismo.

Muchos de ellos eran niños o ni siquiera habían nacido durante la Guerra Civil y lo que les tocó vivir luego fue un régimen que no habían elegido, pero en el que se consumiría la mayor parte de su vida. En los casi 40 años que duró la dictadura (si contamos desde julio de 1936, cuando se produjo el golpe de Estado contra la República, hasta noviembre de 1975, cuando falleció el dictador), en España se desarrolló una sociedad franquista, que vivía bajo los parámetros de moral y de comportamiento de aquellos años, pero también con los valores de ese tiempo, el esfuerzo, la decencia, la superación, la abnegación con la que tuvieron que sobrellevar la penuria de un país mísero y arruinado que solo quería vivir en paz.

Algunos se hicieron franquistas mientras que otros, simplemente, tiraban para adelante y callaban. Quien tenga la tentación de valorar con calificativos de hoy esas generaciones que vivieron el franquismo, que se guarde su impulso porque nadie tiene derecho a enjuiciar una etapa tan dura de la historia de España.

Es posible que muchos de los españoles que vivieron la dictadura, aunque fueran los últimos años, conozcan a una persona, o a varias, de su pueblo, de su ciudad o de su propia familia, que lo dio todo por sus vecinos, por su pueblo, que nada tuvo que ver con la guerra, que nunca mató a nadie, y que se le ha negado el reconocimiento por el mero hecho de haber vivido en aquellos años o de haber comulgado durante su vida con los principios del régimen franquista, aquello de los ‘40 años de paz’.

En el extremo de esa injusticia siempre estará, por la importancia de los personajes, la amistad de Manuel Alcántara, que se nos murió hace unos meses, y de José Utrera Molina. Se criaron junto en Málaga, jugando entre las ruinas, con el ruido lejano de los cañones que se iban alejando, y luego, la vida les llevó por caminos distintos hasta lo más alto. Utrera Molina ascendió como político en el régimen, fue ministro y gobernador civil; Manuel Alcántara se convirtió en una referencia periodística histórica y en un magnífico poeta. Nunca dejaron de tener una profunda amistad entre ellos, que les llevaba siempre a los años de la infancia junto al mar.

La llegada de la democracia trajo, también en paralelo, el homenaje, el halago y el reconocimiento a Manuel Alcántara, y el desprecio, el olvido y la postergación de Utrera Molina. Fue el propio Alcántara el que salía en defensa de su amigo, cada vez que le preguntaban, cada vez que despreciaban o ignoraban la obra de su amigo, realidades materiales que siguen existiendo en la actualidad y que en su tiempo supusieron grandes avances para mucha gente: “La decencia es personal. Pepe Utrera era eso que conocemos como una buena persona y hay muchísima gente que lo quiere. Nunca he entendido esa venganza de quitarle todos los honores que le habían dado”.

Nadie, jamás, le reprochó nunca a Alcántara que saliera en defensa de un ministro franquista, como fue Utrera Molina. No se hubiera atrevido nadie. La exhumación de Franco debería suponer un punto de inflexión en la relación de la democracia española con el franquismo. Una vez que el Tribunal Supremo ha autorizado la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos, una vez que el Vaticano ha apoyado esa exhumación de la basílica en la que se encuentran, todos los debates precedentes deberían desaparecer.

No tiene sentido ya seguir polemizando sobre la idoneidad o no de sacar de allí al dictador; tiempo pasado. Si el PSOE, como dice siempre, es un partido de Estado; si el PSOE, como repite, quiere consolidar la reconciliación de todos los españoles tras la dictadura, que se embarque ahora en algo insólito en la historia como lo fue en su día pasar pacíficamente de las leyes de una dictadura a la aprobación de una Constitución democrática: la normalización social del franquismo.

El presidente Pedro Sánchez ha ordenado sigilo en la exhumación del cadáver, pero convendría que un presentador o un ministro de luto compareciera otra vez en televisión española para repetir lo mismo que Arias Navarro: “Españoles… Franco ha muerto… Pero, esta vez, de verdad”.

Las mentiras del Valle de los Caídos
Redacción eltorotv.com 26 Septiembre 2019

Parte importante del aparato de propaganda que se ha puesto en marcha para expulsar el cadáver de Franco de su tumba es la naturaleza del Valle de los Caídos. Para qué se hizo, cómo se construyó, qué simboliza.

Se ha dicho que es el mauseolo de un dictador. Es mentira
Se ha repetido que es el monumento de los vencedores. Es mentira.

Se ha insistido en que lo construyeron esclavos y trabajadores forzados. Vuelve a ser mentira.

Daremos, siguiendo al historiador Alberto Bárcena, algunas pinceladas, unos datos, para poner las cosas en su sitio.

1.- El valle de los Caídos se construyó con la finalidad de recordar a los muertos de los dos bandos y el drama de la guerra civil. Fue un lugar de reconcicliación, como dicen expresamente los Decretos fundacionales del Valle de los Caídos firmados por Franco, y en especial el Decreto por el que se constituye la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, que convendría leer. Ese era además el amiento general, hasta el punto que el New York Times, nada sospechoso de franquista, dio la noticia de su finalización titulando que Franco tendía con ello “el ramo de olivo” a los derrotados de la guerra. No fue, en consecuencia, un monumento a la victoria sino a la paz.

2.- Franco no tenía previsto enterrarse allí. No dio instrucciones a nadie en ese sentido. Fue el Rey Juan Carlos quien tomó la decisión y al que ahora, a lanzada de moro moribundo, como dice el refrán, se enmienda la plana. Por cierto fue enterrado en loor de multitudes, con el pueblo español haciendo colas para rendirle último homenaje de cuerpo presente en el Palacio Real (medio millón de personas pasaron a dar el cabezazo).

3.- El Valle de los Caídos lo construyeron dos tipos de trabajadores: libres y presos que redimían penas por le trabajo, previa solicitud. No hubo esclavos, como se ha dicho. Un preso en redención de penas cobraba lo mismo que in trabajador libre, en razón de su oficio y cualificación. Respecto de la redención de penas por el trabajo, por cada día trabajado se redimían dos días de condena, al principio, y más adelante hasta 6 días de condena por día trabajado. En ese cómputo de redención se les contabilizaban las horas extras, los destajos, los domingos y fiestas de guardar y las bajas por enfermedad.

4.- Las obras duraron 20 años, pero solo durante los 7 primeros años trabajaron presos en ellas. A partir de 1950 (las obras empezaron en 1943) ya no quedaban presos porque o habían redimido la pena o habían sido indultados.

5.- Respecto de las condiciones de vida de los trabajadores libres y penados en el Valle, debe señalarse que se construyeron dentro del recinto unos poblados, unos destacamentos donde albergar a los trabajadores, a los penados, y las familias de los trabajadores y de los presos. Los presos vivían en el Valle con sus familias. Tenían niños en acogida. Había una escuela, a cuyo frente se situó a un maestro republicano, D. Gonzalo de Córdoba, cuyos alumnos cursaron todos el bachillerato en el Instituto San Isidro de Madrid. En verano, las familias pasaban allí sus vacaciones, hasta que el punto que en 1954 se limitó teniendo que justificar cada preso la estancia de las familias.

6.- Al terminar la guerra se constituyeron unas comisiones de revisión de las sentencias impuestas por los Consejos de Guerra, y esa comisiones conmutaron 16.300 penas de muerte que se transforman en penas de 30 años de prisión; los presos que llegan al Valle de los Caídos son esos que tenían penas de 30 años, la inmensa mayoría con penas por delitos de sangre en retaguardia. Pero algunos en 6 años de trabajo en el Valle habían redimido la condena. En 1950 el arquitecto de la obra pidió por escrito a Franco el indulto de los presos que aun no habían terminado de redimir penas, y Franco los indultó. Muchos, siendo ya libres, continuaron trabajando voluntaria y retribuidamente allí. No hubo trabajos forzados, nadie dejó de cobrar, todos fueron voluntarios. No pocos accedieron a unas viviendas de protección oficial en Madrid especialmente previstas para ellos, con un alquiler social.

5.- El 20 años de obra murieron 18 personas.

Una cosa es la historia y otra la manipulación ideológica de los hechos.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Carta abierta a unos jueces infames
Pío Moa gaceta.es 26 Septiembre 2019

Ruego a mis lectores y oyentes difundirlo del modo más amplio y reiterativo posible:

Ustedes saben perfectamente que el sujeto que aspira a profanar la tumba de Franco es un falso doctor. Es decir, que ha estafado a la universidad, a la opinión pública y a la democracia. Lo saben ustedes, entre otras cosas, porque ese sujeto amenazó con acciones legales a quienes pusiesen en duda su doctorado, amenaza que no fue capaz de cumplir. Un estafador y profanador de tumbas, aupado además al poder por los grupos más totalitarios y separatistas, no puede gobernar una democracia sin causarle los mayores perjuicios.

Dicho Estafador se apoya en una llamada ley de memoria histórica, y ustedes saben perfectamente que esa ley es a su vez una estafa a la democracia. Porque solo en regímenes totalitarios tipo Corea del Norte se impone desde el poder a los ciudadanos la historia que deben creer.

Ustedes saben además que esa versión de la historia es falsa. Lo prueba el mero hecho de que precise imponerse desde el poder y de forma totalitaria, tiránica. Es una Ley de la Estafa Histórica.

Ustedes saben bien, porque es su obligación como jueces, que dicha ley amenaza las libertades de opinión, expresión, investigación y cátedra. Amenaza que el citado Profanador y su gobierno intentan desarrollar en persecución abierta a quienes defendemos la verdad de la historia.

Asimismo saben ustedes de sobra que dicha ley pretende convertir en mártires de la libertad a los asesinos, torturadores y chekistas que, abandonados por sus jefes, fueron juzgados y fusilados al terminar la guerra. Por tanto, los autores de la Ley de Estafa Histórica se solidarizan precisamente con tales “mártires de la libertad”; y, como estos antaño, tratan hoy de privar de libertad a los españoles.

Ustedes saben perfectamente que el pretexto invocado por el Estafador, de que una democracia no puede admitir un monumento que honre a un “dictador”, es tan falso como el doctorado o la ley en que se apoya el desmán.

Ustedes saben que una institución importante de la democracia española es la monarquía, y que la misma se debe a Franco, por lo que la profanación de los restos de este es un ataque evidente a la monarquía. Y a la democracia.

Ustedes saben que Franco salvó a la Iglesia y la cultura cristiana del exterminio genocida a que la sometían aquellos “demócratas” con quienes se identifican el Profanador y su ley. El ultraje a los restos de Franco humilla así a la Iglesia y agrede de nuevo a la raíz cultural de España y de Europa. Muchos pueden fingir indiferencia, ustedes como jueces no pueden.

Ustedes saben que el paso del franquismo a la democracia se hizo en referéndum de 1976 “de la ley a la ley” por abrumadora mayoría. Es decir, se hizo DESDE el franquismo y CONTRA las pretensiones rupturistas de antifranquistas similares al Estafador. Y se hizo así porque la vasta mayoría del pueblo español tenía memoria inmediata y real del franquismo, opuesta a la memoria-estafa que intentan implantar hoy ¡por ley!

La memoria del franquismo era entonces la de un régimen que había vencido a un Frente Popular salido de elecciones fraudulentas, el cual había asesinado al jefe de la oposición y a cientos de personas más, que se había entregado, con el oro, a Stalin, organizado las chekas y llevado a varias regiones al borde de la secesión. Después, el franquismo había mantenido a España al margen de las atrocidades de la guerra mundial, había derrotado al maquis comunista, había reconstruido el país sin depender de nadie, había vencido a un delictivo aislamiento internacional, había presidido la época de mayor desarrollo económico vivido por España antes o después y había creado una sociedad próspera y políticamente moderada. Los votantes en el referéndum de 1976 querían precisamente una democracia fundada en los logros anteriores, de ningún modo una vuelta a un viejo pasado añorado solo por demagogos irreconciliables y a menudo alucinados como el Profanador.

Ustedes saben muy bien que ninguna democracia funciona en sociedades de miseria, grandes diferencias sociales y plagadas de odios políticos, como fue la república. Y saben que el franquismo creó las condiciones para una democracia estable y no caótica, y que por eso el pueblo decidió esa evolución. Y también por eso el Profanador y sus huestes, y los separatistas que añoran un pasado nefasto, se retratan en toda su sordidez moral al intentar vengarse ultrajando los restos de un gran estadista.

En cambio, ¿qué debe la democracia a gentes como el Estafador y su partido? Les recordaré algunos de sus “méritos”, que no deben olvidarse. Empezaron con la gravísima ilegalidad de la expropiación de Rumasa, madre de mil corrupciones, y con la declaración de la muerte de Montesquieu, es decir, de la independencia judicial. Esto debieran tenerlo ustedes muy en cuenta, por lo que les atañe y nos atañe a todos. La corrupción se extendió como una mancha hasta institucionalizarse en alguna región. Ese partido ofreció a la ETA la “salida política” reconociendo así sus crímenes como actos políticos, contra la Constitución y el estado de derecho. Tal medida no impidió al mencionado partido practicar el terrorismo de estado en un bandazo que no excluía el anterior. Su primera experiencia de gobierno se saldó con tres millones de parados y una grave crisis económica. Y su segunda experiencia fue peor: llegó a los cinco millones de parados, rescató a la ETA de la ruina a que la había llevado el gobierno anterior, primer gobierno que desde la transición había aplicado el estado de derecho a los etarras, promovió los separatismos como nunca antes, reconociéndoles una soberanía práctica, promovió el islam y una inmigración salvaje, entregó ilegalmente soberanía a la burocracia de Bruselas… Por no seguir: estas son las contibuciones del partido del Estafador a la democracia, contribuciones continuadas por el partido teóricamente opositor. Julián Besteiro, un socialista demócrata –rara avis– reconoció que el poder de los suyos se había asentado en “un Hilamaya de falsedades”. Ese himalaya opresivo y venenoso ha vuelto a cubrir en gran parte el clima social de España.

Ustedes deben saber, por oficio, que no hay libertad ni democracia sin estado de derecho; y ustedes deberían ser los garantes de ese estado contra los abusos, las demagocias y las estafas de personajes como el Doctor y su partido. Ustedes debían elegir entre defender el derecho o defender a los estafadores. Ustedes han optado por defender a estos últimos, en nombre, para más injuria, del “interés general”. El interés general de los profanadores y separatistas. Para perpetrar el gran desmán, todos juntos han debido vulnerar la decisión popular de 1976 y las normas más básicas de la convivencia libre y civilizada. De hecho han culminado ustedes la demolición del estado y la legalidad construidos en la transición, rematando de paso a Montesquieu. Han echado ustedes sobre sus hombros una tremenda responsabilidad que no es solo política, sino histórica. Y la historia demuestra que estas infamias no suelen salir gratis a sus autores ni, por mayor desgracia, a las sociedades víctimas de ellas.
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Cómo y por qué se descompuso el franquismo: https://www.youtube.com/watch?v=cU815eYcapY

El independentismo violento y la izquierda pirotécnica
Agustín Valladolid. vozpopuli 26 Septiembre 2019

No es que a él le haga falta, pero a los que todavía no leen los artículos que escribe en Vozpópuli-levantando acta casi a diario de lo que acontece en la Cataluña del procés- les voy a contar quién es Miquel Giménez. Bueno, se lo va a contar él mismo. Hace un par de años se definió en El Mundo como un “mal catalán para los que han hecho de la estelada un modus vivendi y del odio subvencionado una manera de ocultar sus felonías, sus vicios privados”. “Como mal catalán -escribía Miquel- provengo del ideario anarquista y me pasé muchos años militando en el PSC, sí, aquel partido al que le pintaban botifler en las persianas de sus agrupaciones o le quemaban la caseta de la Rambla el día de Sant Jordi”.

Así es Miquel Giménez, periodista, escritor con nueve libros publicados, un resistente que podría decirse que sigue siendo de izquierdas -de aquella izquierda que tenía claras sus prioridades- aunque quizás él no lo sepa, o lo haya olvidado a fuerza de observar el acelerado declive de los principales intérpretes de este concepto abstracto. Miquel ha escrito esta semana un artículo de los que hay que guardar para releer cada cierto tiempo: “¿Qué se creían ustedes?”, lleva por título, y arranca así: “Se acabaron los tiempos de mirar hacia otro lado, de fingir que nadie sabe nada, de poner carita de circunstancias cuando se acosa a un no nacionalista. Porque todos esos progres de salón son tanto o más culpables que los nacional-separatistas de lo que pasa en Cataluña. Son ellos quienes han blanqueado el sepulcro supremacista y violento en el que pretenden meternos a la mayoría de catalanes que no comulgamos con su fanatismo racista y, ahora tenemos la última prueba, violento”.

Violento, sí, por mucho que desde esa progresía de salón se intente desfigurar la realidad y presentar las detenciones ordenadas por la Audiencia Nacional como una operación de criminalización del independentismo en vísperas de la sentencia del Tribunal Supremo. “Hacen como en Turquía”, ha dicho el abogado de Puigdemont, Gonzalo Boye. Como operación “irresponsable” de la Guardia Civil ha calificado los hechos Jaume Asens, portavoz de los comunes en el Congreso.

Algunos medios también se entregaron con entusiasmo a la siembra de dudas: “El material violento de la operación Judas contra los CDR: pirotecnia y una urna del 1-O”, era el titular de un digital por lo común comprensivo con el soberanismo. Ridiculiza, que algo queda, debieron pensar. TV3, en su venenosa línea habitual: “Operación policial contra el independentismo” (sic). ¿Contra todo el independentismo? Y atentos a esta frase: “La prudencia nos aconseja esperar a conocer con mayor detalle el caso antes de definirlo como una intentona terrorista o un montaje estatal” (Editorial de La Vanguardia; martes 24). La equidistancia está servida, señor conde.

Cuarteles, alta tensión
Ácido sulfúrico, parafina, polvo de aluminio, termita ya mezclada, cloratita. Precursores necesarios para la fabricación de explosivos, prohibidos o sometidos a estricto control y enumerados en un protocolo de la Unión Europea. Planos de un cuartel de la Guardia Civil, torres de alta tensión como probables objetivos de fácil acceso. “Pirotecnia”. “Operación irresponsable”. Hay que estar muy ciego o ser muy imbécil para tirarse a la piscina así; para infravalorar la capacidad de autodefensa del Estado.

Esto va en serio señores. Si en lugar de en Sabadell o en Santa Perpètua de Mogoda las detenciones y registros se hubieran llevado a cabo en algún lugar de Euskadi, solo Bildu estaría hablando de operación para criminalizar al independentismo. Se ve que incautar polvo de aluminio y cloratita en un oscuro almacén de Mollet del Vallès es un golpe desproporcionado contra la pacífica “revolución de las sonrisas”; no así hacerlo en un caserío de Eibar; eso son palabras mayores. Si yo fuera vasco me cabrearía.

La Guardia Civil ha grabado durante año y medio a los detenidos. El teniente fiscal de la Audiencia Nacional, Miguel Ángel Carballo, tiene la “certeza” de que pensaban ejecutar una batería de acciones de carácter violento de forma inminente, “entre el aniversario del referéndum ilegal de autodeterminación del 1 de octubre y el anuncio de la sentencia del juicio del procés”. ¿Alguien cree que Guardia Civil y Fiscalía no se han atado bien los machos antes de tocar a rebato?; ¿a alguien se le pasa por la cabeza que un juez con fama de amarrategui, como Manuel García-Castellón, iba a ordenar registros y arrestos si no tuviera algo más que sospechas sobre la gravedad de lo que se avecinaba? ¿Pirotecnia?; ¿montaje estatal?, señor conde.

Regresemos a Miquel Giménez: “Ya va siendo hora de que las cosas se digan alto y claro: Cataluña está en manos de unos golpistas peligrosos que no van a dejar de insistir en su locura y recurrirán a lo que sea con tal de conseguir sus fines”. “A lo que sea”, señor conde. Sí, digámoslo claro: los antecedentes históricos no presagian nada bueno. No sería esta la primera ocasión en la que el supremacismo catalán contempla la violencia como herramienta política. Hay otros, pero el antecedente más próximo es el de Terra Lliure, organización terrorista que inició su actividad ya con Franco muerto (gran aportación la de los gudaris con barretina a la consolidación de la democracia) y que, después de más de un centenar de atentados y cinco víctimas mortales, se disolvió cuando alguien desde el pujolismo tuvo a bien llamar al orden a los cabecillas.

No, esto no es ninguna broma. Van en serio, muy en serio. Los únicos fuegos de artificio son los de una izquierda patética e incapaz de aportar soluciones, que no ha visto un obrero desde el estreno de Novecento, y que sigue ofreciendo insólita cobertura al caciquismo político de los que un día decidieron montar una infame operación de distracción para ocultar sus tropelías y ponerse a salvo de la acción de la justicia. Una izquierda irresponsable que, aupada en una irritante frivolidad, está a dos minutos de asumir, en la Europa del siglo XXI, el papel de padrino populista de esta anacrónica versión de la violencia política.

Los protegidos
La anomalía catalana no consiste en los comandos de violencia insurgente, sino en que las autoridades sean sus jefes
Ignacio Camacho ABC 26 Septiembre 2019

Anda Quim Torra, esa minerva del nacionalismo ilustrado, llamándose a escándalo porque de buena mañana llamaron a las casas de algunos CDR y no era el lechero. Tampoco los visitados eran de la Adoración Nocturna. El empate lo deshace a favor de la democracia el mandato judicial que llevaba la Guardia Civil cuando irrumpió en busca de un material explosivo que efectivamente encontró en el registro domiciliario y que no parecía destinado a la pirotecnia de unas fiestas patronales. El molt honorable aún no ha llegado a la lección del libro gordo de Petete que dice que en los regímenes de libertades la fuerza es un monopolio que ejerce el Estado para garantizar la defensa de los ciudadanos. Así está tan molesto porque a sus brigadas de choque -«apreteu i feu bé de apretar»- y a su cinturón de protegidos pretorianos se les hayan caído las máscaras de pacifistas por tener almacenados unos cuantos artefactos de terrorismo casero y unos manuales para preparar atentados. Al fin y al cabo, quién no tiene en la despensa un poquito de teramita, gasolina y demás compuestos incendiarios, que nunca se sabe cuándo la vida te puede poner en la tesitura de utilizarlos.

El gran problema de Cataluña no consiste en que haya un sector más o menos significativo de la población partidario de la insurrección para obtener la independencia, sino en que las autoridades forman parte de esa facción insurgente a la que dan estímulo y amparo desde las instituciones con el presidente de la Generalitat al frente. Es decir, que los representantes del Estado en la comunidad, que además tienen a su mando una Policía a la que impiden cumplir sus deberes, son los cabecillas del bando rebelde y como tales se manifiestan sin el menor inconveniente. Los comandos radicales, los que ejercen la borroka en las calles, los que arman alboroto cada vez más violento, los que intimidan a la oposición y pintan amenazas en las viviendas de los jueces, no hacen más que interpretar de manera drástica la voluntad expresa de sus jefes. Por mucho que lo maquillen con un pacifismo de colorete, el mito de la resistencia pasiva se vuelve cada vez más débil y tras su imagen desflecada aparece el retrato grupal de una vulgar banda de delincuentes… jaleada por una tropa de imbéciles.

Pero aunque sea potente la tentación de no tomarlos en serio, una nación que se aprecie a sí misma no puede aceptar esta anomalía durante mucho tiempo. Y llegará un momento en que además de los tribunales tendrá que cumplir con su responsabilidad el Gobierno. Los independentistas se han acostumbrado a despreciar el Derecho porque enfrente no encuentran más que pasividad, conformismo o encogimiento. El próximo desafío está al caer en cuanto salga la sentencia del Supremo. En plena campaña electoral, el resto de España va a medir con ojo atento hasta dónde está el presidente dispuesto a seguir haciéndose el sueco.

La vergüenza de que Torra esté al frente de la Generalidad
EDITORIAL Libertad Digital 26 Septiembre 2019

El esbirro de Puigdemont actúa de hecho como un CDR empotrado en las instituciones. Qué personaje más execrable.

El patético, incompetente, talibánico Quim Torra es un representante perfecto del separatismo catalán, ya que tiene todas las características por las que puede identificarse a ese movimiento liberticida: es terriblemente irresponsable y está dispuesto a someter las instituciones hasta hacerlas estallar, es un fanático obsesivo que no tiene la menor intención de superar su marco mental extremadamente limitado y está tan lleno de odio como para escribir –y obviamente creer– que aquellos que no comulgan con su credo son "bestias con forma humana".

Todos estos rasgos han vuelto a quedar de manifiesto en el terrible discurso que el presidente de la Generalidad ha excretado este miércoles en el Parlamento regional de Cataluña, en el que se ha situado del lado de los separatistas detenidos esta misma semana por terrorismo.

Por mucho que su llegada a la presidencia de la Generalidad carambolesca, y aunque no deja de ser un títere en manos del cobarde prófugo Carles Puigdemont, la responsabilidad del infame Torra en lo que pueda ocurrir en Cataluña es enorme: la figura del president tiene una gran importancia simbólica para muchos catalanes, y si no sólo no se desmarca con claridad sino que apoya los primeros brotes de actividades terroristas, el mensaje es tremendo. Y más en un momento como el actual, en el que la debilidad del separatismo lo hace extremadamente peligroso: cada día parece más claro que ya no tiene la capacidad para llevar a cabo las movilizaciones masivas del pasado, pero sí hay una minoría extremadamente fanatizada capaz de cualquier cosa... y que, para colmo, se ve jaleada desde las instituciones que les invitan a "apretar".

La mera existencia de los CDR es una aberración democrática que debería avergonzar a toda la sociedad catalana: es intolerable que un partido o movimiento político tenga una banda matonesca propia dispuesta a ejercer la violencia callejera y la intimidación contra el adversario. Pero, muy al contrario, en Cataluña se viene legitimando la intimidación y el acoso a todo el que no esté alineado con los golpistas.

Es el caldo de cultivo perfecto para el surgimiento de grupos como el que ha desarticulado esta semana la Guardia Civil. Un caldo de cultivo que remueve sin vergüenza Torra, que ha proclamado públicamente su simpatía por estos camisas negras del separatismo y que incluso ha presumido de que su propia familia está encuadrada en los infames CDR. Torra actúa de hecho como un CDR empotrado en las instituciones, lo que por supuesto le descalifica para ostentar la presidencia de la Generalidad, a la que no deja de mancillar. Qué personaje más execrable.


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