AGLI Recortes de Prensa   Sábado 28 Septiembre 2019

¿Qué podemos hacer?
Adrián Dupuy Libertad Digital 28 Septiembre 2019

¿Qué podemos hacer?, repite una y otra vez, casi entre lágrimas, el periodista nativo en la película de Peter Weir El año que vivimos peligrosamente, al tiempo que mira fotografías de niños desnutridos y deformes, renglones torcidos de Dios, mientras la banda sonora completa la escena con el crescendo de la tercera de las Cuatro Últimas Canciones de Strauss.

Es una escena que recuerdo a menudo, mientras dejo pasar la vida no haciendo casi nada, limitándome a ser bueno entre los míos, tratando –en casa, en el trabajo o en mi jardín– de conseguir esa placidez del alma que es el contento de la vida, y no saliendo al mundo más allá. Pero la eterna y trascendente pregunta me vale, bajando muchos escalones, para lo que ahora escribo.

¿Qué podemos hacer? Porque en España estamos muy mal, con otra convocatoria electoral en ciernes, y la perspectiva de que incluso pueda mejorar aquél que no puede dormir, para que muchos más terminemos insomnes.

Pedro Sánchez… ¡madre de Dios! Leía hace poco a Cayetana Alvarez de Toledo que no le gustan las descalificaciones ad hominen, y creo a mí tampoco, porque –como decía Cela– en tres cosas se conoce la cordura del hombre: en refrenar la ira, en escribir un libro y en gobernar la casa. Mi casa casi la gobierna mi mujer, escribo artículos, y trato de refrenar la ira… Pero uno recuerda al lúcido Forrest Gump, que decía "stupid is, stupid does", y, bien visto, tampoco pasa nada, porque el que se pavonea es un pavo, el que copia es un copión; el que hace sinvergonzonadas es sinvergüenza, y esas tenemos.

Pedro Sánchez… ¡madre de Dios! El gran periodista radiofónico Carlos Herrera se muerde la lengua todas las mañanas y se limita a calificarlo de "el personaje", que ahí sigue, para vergüenza de unos y asombro de otros, con perspectivas de mejora. Es alto y guapo, camina imitando a Obama, y ya no se puede decir nada más bueno de él. Se podría decir mucho más pero malo, y la retahíla de calificativos sería interminable y sonora, casi calumniosa… pero terminaría perdiendo fuerza. Prefiero exclamar irrespetuosamente: Pedro Sánchez… ¡madre de Dios!

Enfrente, Ciudadanos, Partido Popular y Vox, quienes, empezando por la defensa de España, tienen mucho más en común que lo que muestran sus líderes, sorprendentemente más interesados en marcarse golpes y abofetearse pullas que en organizarse bien para impedir el desastre.

Se me ocurre, para el Senado, que Vox renuncie a presentar candidatos en todas las provincias; y que, por lo menos para el Senado, Ciudadanos y Partido Popular concurran en todas con una única lista, en coalición (¿España Suma?), y que todos los votantes de los tres partidos asuman el compromiso de votar, aunque algunos a disgusto, para evitar un mal mayor, y que luego con los senadores de designación autonómica se pacte la forma de compensar la generosidad plus ultra de unos, no presentando candidatos, para permitir el éxito de los otros, mediante el voto directo. Y que los pactos se cumplan, y nadie se vanaglorie de haber engañado al otro, como hizo algún gilipolla después de conseguirse la Alcaldía de Madrid. Con los mismos resultados de mayo, el Senado sería de centro-derecha.

Se me ocurre, para el Congreso, que Vox renuncie a presentar candidaturas en las provincias de menos de seis escaños, que en esas pequeñas circunscripciones se avance y consolide el proyecto de España Suma (que casi triunfa en Navarra). Y que los votantes de Vox en esas pequeñas circunscripciones voten a España Suma. Vox no pierde ningún escaño que no habría de ganar, y no se pierden votos. Quizá Vox pierda presencia en las pequeñas circunscripciones. Pero evita el riesgo de que se les cuele alguna oveja negra, que siempre aparece con partidos de nueva creación a los que falta estructura, y a los que llegan advenedizos con fines no siempre honorables. En las circunscripciones grandes, y salvo lo dicho para el Senado, los tres partidos mantendrían su imagen propia y su independencia.

Se me ocurre, se me ocurre, todo esto casi a bote pronto... olvidando que la mediocridad de muchos lo va a hacer muy difícil y que no sé nada de sociología, por lo que tampoco estoy seguro de mi acierto. ¿Qué podemos hacer? Los que mandan deberían tener menos ego y más cordura, y los demás... lo que podemos hacer, lo que tenemos que hacer, es votar.

Votar todos a Vox
Nota del Editor 28 Septiembre 2019

Como la memoria no falla en estas cosas, está claro que seguir apoyando al PP es como empeñarse en llevar paraguas para que sigan orinando encima. La solución es votar a Vox y no repetir los mismos errores que se han cometido en los últimos cuarenta años. ¡ Ah, y si alguien vota a la "izquierda", que se asegure además de que no le roben el paraguas !.

Sánchez, un palurdo en Nueva York
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 28 Septiembre 2019

Primero nos condena a nuevas elecciones y luego se pira a Nueva York a hacer el ganso. Este turista constantemente aerotransportado no tiene arreglo. Le excita vivir entre las nubes. Hacía tiempo que los neoyorquinos no recibían a un palurdo con tanta prepotencia. La diplomacia española debe sentirse orgullosa por haber autorizado el vuelo del cisne. Su hoja de ruta, ir de ridículo en ridículo, demuestra que nuestro servicio exterior también anda en horas bajas. Lo que sí merece elogio es haber prohibido a la mujer del pirado a que abra la boca mientras dure la excursión. Y felicitemos a quien planeó el trip por no pagar exceso de equipaje al llevarse la exhumación de Franco a la ONU. Otro acierto del equipo en funciones

De ridículo en ridículo decíamos… ¿Habrá alguien capaz de negarlo? Juro que sí, lo negará ese bobalicón de Errejón, ducho en traiciones – que se lo pregunten a Monedero o a Iglesias –, pues tan flamante y reciente fichaje de Sánchez está dispuesto a aplaudir el pensamiento ilógico y las sandeces del ganso para sobrevivir como políticastro de ocasión. Tintín, sin el apoyo, ni el ímpetu que mostraba Carmena, no vale un peine. Errejón, a solas, a cuerpo valiente, no es más que una delicatessen caducada, teniendo el mismo tirón que una braga de mercadillo. El pirado en funciones, por corto de luces que sea, sabe elegir al lacayo que no le haga sombra. Siempre recluta a lerdos de quita y pon, de usar y tirar, para sus aviesos fines.

Tal híbrido de ganso y cisne nació fantoche y se cree con derecho a fardar de hacer bien todo, aunque todo le salga mal. El infradotado y petulante, es así. Hilvana camelos como quien cose, pisa la tribuna de la ONU y, ¡hala!, se pone a mentir en sesión continua. “¡Soy un presidente feminista!”, suelta al inicio de su discurso y abre las alas para mendigar aplausos. Pero ofende a cuantas mujeres saben que, no más cerrar su intervención, se echará en los brazos del presidente de Irán, que las lapida. Sánchez, el palmípedo, cada paso que da, suelta una cagada. Tres delegaciones, Francia, Reino Unido y USA, enemigas de Rohaní, lanzaron pestes contra el falso feminista, que fue a vender futuro para tapar muchos fracasos.

Ante la ONU no mencionó la insurrección de Cataluña, ni habló de que, durante sus inútiles días en funciones, la inversión extranjera se retrajo en dos terceras partes. Cuando las Cortes se diluían, el turista palurdo gozó del ocio neoyorquino, riéndose a carcajadas del pueblo español. Este ganso nos llevará directa, inevitable, rápidamente a la ruina total. Sigan votándole y, después, que nadie se queje de que nuestro gran país, anda en manos de un descerebrado, pues antes de votarle, ya sabían que este pavo inepto, sólo mira por sus veleidades y que nuestras angustias, le importan un bledo. Vota a Sánchez el 10-N y votarás depresión. O abstente. De no votar a los partidos que entienden de economía y que te sacarán a flote.

Nacionalismo es guerra
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com  28 Septiembre 2019

Por causa de la irresponsabilidad de los gobiernos centrales, y sobre todo por la decadencia moral y la deriva política desnortada del Partido Socialista, instaurada y materializada por un personaje ruin, egocéntrico, narcisista y con una ambición ilimitada al borde de la psicopatología, estamos en un proceso de descomposición que nos llevará al hambre.

Los pueblos, al igual que las personas, solo aprenden de las situaciones límites. Lo aprendieron nuestros padres (hablo desde mi atalaya de la setentena), que lo pasaron muy mal en la guerra y postguerra) pero, desgraciadamente, no supieron transmitirlo a los de mi generación para no remover la mierda de la guerra. Y los de nuestra generación quisieron poner sobre algodones a sus hijos, para que no vivieran las épocas de blanco y negro, con lo cual los que ahora son padres desconocen la realidad de la II República, la Guerra, la llamada Dictadura, y los esfuerzos para abrir nuevos tiempos de democracia y libertad. Y los hijos de nuestros hijos ya no sabrán nada de lo que ocurrió pues no habrá quien cuente lo que pasó. Y los libros de texto desvirtúan la verdad y omiten la realidad, con lo que todo se convierte en virtual, en una gran mentira.

Vamos a ver repetida la historia, por su desconocimiento. Nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos lo van a pasar mal, pues prevalece la mentira, y ésta lleva a errores graves que ya sucedieron, y que se repetirán, pues estamos condenados a reiterar la ignominia, a tropezar sistemáticamente una y otra vez en la misma piedra. Solamente que el trompazo cada vez es mayor porque la piedra es más grande.

Cataluña va directamente al enfrentamiento civil. Cuando el nacionalismo ve que pierde la hegemonía siempre recurre a métodos sucios, a bordear las reglas de la convivencia democrática, de la coexistencia. El nacionalismo es trilero por naturaleza, mentiroso, ruin, mezquino, traicionero, amante de la tiranía como sistema de gobierno. Los nacionalistas no son demócratas. Lo he dicho y repetido a la luz de la historia, a la luz de los acontecimientos ya vividos por quienes atravesamos el tránsito de la dictadura a la democracia. Algunos hemos vivido lo de “los árboles y las nueces”, aforismo ya conocido y convertido por el uso en refrán, cuyo autor ya no está en el mundo terrenal. No sé si en el infierno.

Cuando el nacionalismo pierde los papeles y no encuentra en el sistema jurídico el amparo a sus pretensiones, lo rompe. Cuando el nacionalismo ve que pierde credibilidad y sustento social, liquida los derechos fundamentales para expulsar del sistema a los que no son nacionalistas. Cuando el nacionalismo observa que la disidencia va tomando cuerpo, articula métodos de adoctrinamiento, de manipulación infantil convertida en perversión de menores, métodos de coacción social, de exclusión y discriminación; y a la postre de expulsión de contingentes de población que huyen para escapar de un ambiente irrespirable, solo oxigenado para quienes beben de las ubres de un presupuesto público utilizado para ganar voluntades. Y utilizando la propaganda mediante la compra de los instrumentos privados de información.

Y si el nacionalismo no logra, aún así, sus objetivos, porque todavía quede algún atisbo de Estado de Derecho y de mecanismos para aplicarlo, el nacionalismo recurre a la violencia. Lo vamos a ver pronto. Lo estamos constatando ya. Los CDR intentarán crear un contexto violento con el objetivo de que no se mueva nada que no esté dentro del paradigma independentista. Lo vimos en el País Vasco, lo comprobamos, lo experimentamos y lo sufrimos. Y aún estamos en el estigma del temor. Del temor a opinar en público (yo lo hago pese a los riesgos), del temor a hablar en voz alta en las cafeterías (todavía; quién lo puede negar), del temor a ser señalado como españolista, es decir facha, en términos característicamente goebbelianos.

Estamos condenados a repetir la historia. El nazismo nació así. El nacionalismo es guerra.


«En El Pardo lo vamos a quemar»: de aquellos polvos, estos lodos
OKDIARIO 28 Septiembre 2019

Si lo que trataba Pedro Sánchez con la exhumación de Franco era generar tensión -como Zapatero cuando le reconoció a Iñaki Gabilondo por mor de un micrófono indiscreto :"¿Qué pinta tienen los sondeos presidente?"."Bien, sin problemas, lo que nos conviene es que haya tensión"-, parece evidente que el socialismo ha excitado los instintos más bajos de los sectores más radicales de la izquierda. La Iglesia del distrito Fuencarral-El Pardo ha sido atacada con pintadas ofensivas en su fachada y en su patio interior. "Estáis manchados de sangre", "Viva el Frente Popular", "Asesinos fascistas", "Nazis" y "En El Pardo lo vamos a quemar", dejaron escrito los valientes.

Que el Gobierno ha utilizado la figura del dictador como coartada electoral para dividir a la sociedad y desatar los odios superados del pasado es una evidencia. No se ha movido por criterios de justicia, dignidad o solidaridad, como presume, sino por mera conveniencia partidista. Su discurso en la ONU asegurando que la democracia sería plena en España cuando en breve Franco saliera del Valle de los Caídos, amén de una aberración histórica y una ofensa al espíritu de concordia que trajo la Transición, no es más que un burdo ardid electoral.

Por supuesto que el Gobierno no está detrás de la profanación del templo madrileño, pero sí que ha generado el caldo de cultivo para que la izquierda más extrema aproveche la coyuntura de tensión que buscaba el Gobierno socialista para dar rienda suelta a sus ansias de revancha. Franco ha sido el instrumento que ha permitido al Ejecutivo excitar el ambiente social para crear la división que anhelaba. Una irresponsabilidad impropia de un partido de Gobierno.

Lo ocurrido en la Iglesia madrileña no es por casualidad. Cabe desear que se trate de un ataque aislado, pero el clima no invita al optimismo, porque el Ejecutivo no va a cejar en su empeño de rentabilizar políticamente la exhumación del dictador para vender la idea abyecta de que sólo a partir de ahora habrá verdadera democracia en España.

La Iglesia contra Franco
Redacción eltorotv.com 28 Septiembre 2019

Causa verdadera tristeza ver al portavoz de la Conferencia Episcopal de España (es mejor no tener portavoz para eso) avalando la profanación de una tumba contra la voluntad de la familia y apoyando el enterramiento en el lugar escogido por el poder político de turno. A un católico practicante le da pena infinita y una enorme vergüenza escuchar cómo la Jerarquía de la Iglesia Católica (la misma que apoyó el alzamiento, la misma que llevó a Franco bajo palio, la misma que gracias a Franco se hizo con la educación de los españoles, la misma que ocupaba una posición privilegiada en la sociedad española) viene ahora a legitimar moralmente uno de los actos más inmorales de cualquier gobernante: decidir sobre quien debe o no descansar en un lugar de culto, en que momento debe hacerlo, en que condiciones y en compañía de quien.

La Iglesia Católica pasa por momentos de gran dificultad. Hay quien habla de un posible cisma, de enfrentamiento entre cardenales, del dudoso acierto de Bergolgio con lo que algunos llama su apuesta por un pontificado progre. Saltan los bochornosos escándalos de pederastia y la Iglesia ha perdido su capacidad de liderazgo moral de la sociedad en demasiados lugares. Bajan las vocaciones. Baja el numero de católicos en el mundo mientras asciende vertiginosamente el numero de musulmanes y el de adeptos a las mil modalidades de las nuevas Iglesias Evangélicas. En Europa la situación es de repliegue moral sin condiciones.

En España, además, los católicos han tenido que soportar durante más cuarenta años el triste y cobarde papelón de los obispos vascos (y no solo de los obispos) frente al terrorismo, cuando no su complicidad moral con el crimen (hay que recordar a Setién y a los sacerdotes que se negaban a oficiar misa por las víctimas del terrorismo). Ahora, además, la Iglesia en Cataluña se ha entregado nuevamente al lobo. Montserrat se ha convertido en sala de exposiciones del separatismo (además de foco intolerable de pederastas) y los obispos están jugando otra vez a lo mismo que en el País Vasco.

Ahora viene la legitimación moral de la Conferencia Episcopal, por boca de su portavoz, de lo que no solo es un abuso de poder sino también una ofensa a muchos españoles y una enorme injusticia, y ellos, que tienen más mártires que nadie de la guerra civil, lo saben. Es una injusticia y es una cobardía. Es además una traición a su propia historia y a los miles de españoles católicos que murieron por el mero hecho de profesar la Fe.

La Conferencia Episcopal debería poner todo su empeño en trabajar para la concordia entre los españoles, no por arrimarse al poder. Ni antes tan franquista ni ahora tan antifranquista. Ellos saben que su misión en el mundo es evangélica, moral, testimonial. Qué tristeza.

Una patética demostración de impotencia
OKDIARIO 28 Septiembre 2019

En un rapto de ingenio muy propio de la formación populista, Podemos ha decidido usar ilegalmente la imagen del director de OKDIARIO, Eduardo Inda, como reclamo para recolectar fondos ante la próxima campaña del 10-N. "Va a dormir más tranquilo si no haces un microcrédito a Podemos", se lee en el cartel diseñado por la formación morada en el que aparece la cara del periodista. Todo un ejemplo de imaginación, un derroche de creatividad para conseguir que una militancia cada vez más exigua vuelva a rascarse el bolsillo.

Que Podemos no encuentre mejor argumento que utilizar el rostro de Eduardo Inda revela hasta qué punto la vacuidad de ideas es la seña de identidad de un partido que tiene que recurrir a la descalificación de distintos profesionales -junto a la imagen del director de OKDIARIO aparecen las de otros personajes del mundo de la empresa y la economía, como Ana Patricia Botín, presidenta de Banco Santander, o Antonio Garamendi, presidente de la CEOE-para tratar de recaudar fondos ante unos comicios que Podemos afronta no solo menguado de recursos, sino, lo que es mucho más grave, de propuestas y proyectos.

La impotencia que refleja la campaña recaudatoria del partido de Pablo Iglesias es sencillamente patética, no porque honre con sus ataques a Eduardo Inda -"tertuliano y ¿periodista?"-, sino porque es exactamente la campaña que cabía esperar de una formación que avanza a pasos agigantados hacia la irrelevancia política.

Si Pablo Iglesias entiende que la imagen de Eduardo Inda y otros personajes relevantes de la vida española puede obrar el milagro de enderezar el rumbo de una formación que ha llevado al borde del abismo, es que el secretario general de Podemos no es consciente del daño que le ha hecho a su partido.

Si el director de OKDIARIO es la baza comercial y electoral de la formación morada, es que Pablo Iglesias ha perdido definitivamente el contacto con la realidad y ya no le queda más recurso que el de la descalificación y la ofensa personal.

Al final, Pablo Iglesias se ha retratado. Recurrir a Eduardo Inda, Ana Patricia Botín o Antonio Garamendi como coartada para tratar de disimular sus errores no le va a servir de mucho. Si acaso para hacer más visible su irreversible proceso de dilución como dirigente político.

En torno a la figura de Francisco Franco: un análisis desde el realismo político
PEDRO CARLOS GONZALEZ CUEVAS  latribunadelpaisvasco.com 28 Septiembre 2019

“No vale decir, como dicen algunos frívolos, que Franco es simplemente un individuo grotesco, que tiene buena suerte, porque eso no es más que la versión invertida de la imagen de Franco hombre providencial difundida por la propaganda. ¿Puede, en efecto, imaginarse nada más providencial que veinticinco años de buena suerte?. Veinticinco años son muchos años. España y los españoles han cambiado, y aunque forzosamente hubieran cambiado también sin Franco, el hecho es que han cambiado con él. De la España que Franco deje han de partir quienes vengan cuando éste acabe, no de ninguna anterior”.

Así se expresaba, a la altura de 1965, Jaime Gil de Biedma, todo lo contrario de un franquista; gran poeta, hombre de izquierda y homosexual. El análisis destacaba por su realismo político y lucidez histórica. Hoy, cincuenta años después, la figura del general Franco vuelve a la actualidad, entre otras cosas, por la exhumación de sus restos mortales de la tumba del Valle de los Caídos. Una medida que, en más de un sentido, significa y representa una especie de trágico retorno de lo reprimido. Y que, por lo menos a mi modo de ver, es tributaria de un profundo resentimiento histórico y de la imposibilidad de aceptar el principio de realidad. En definitiva, la demostración de que una parte de nuestra clase política vive en la infantilidad.

La sociedad española padece una de las crisis más agudas de su historia contemporánea. No se trata sólo de una crisis social y económica, sino cultural y de identidad. La actualidad española se caracteriza por una falta de creatividad ciertamente singular y alarmante. Nuestra historiografía no es ajena a esa realidad tan descorazonadora, sino su reflejo. En ese campo, vivimos bajo de férula del tópico. Lo cual se manifiesta en la incapacidad por parte de la mayoría de los historiadores a la hora de dar una interpretación mínimamente realista de la figura de Francisco Franco, que vuelve de nuevo a la actualidad. En la mayoría de los casos, la interpretación de la figura del dictador suele caer en la siempre fácil y gratificadora demología, en el mal radical. Como diría Leo Strauss, 'reductio ad hitlerum'.

No caeré, por mi parte, en esa simplificación. El análisis de la figura del general Franco ha de hacerse desde la perspectiva del realismo político que profesó, tributario de Thomas Hobbes, Carl Schmitt, Julien Freund y Raymond Aron. A la hora de interpretar la figura histórica de Francisco Franco resulta indispensable contextualizarla en profundidad. Según señalaba Ortega y Gasset, la trayectoria vital de un ser humano es consecuencia de tres factores fundamentales: la vocación, la circunstancia y el azar. La vocación es el tipo de hombre que la persona en cuestión pretende ser. Consiste en el más íntimo deseo del hombre, en su auténtico “yo”. La circunstancia es el mundo de las cosas en derredor, las facilidades y dificultades con que toda vida se encuentra para realizarse. La circunstancia es un ingrediente esencial de la vida e incluye las facultades y aptitudes personales. El azar es un factor imprevisible que interfiere en ese sistema inteligible que forma la vocación y la circunstancia. Así pues, escribir una biografía es acertar a poner en ecuación esos tres valores.

Francisco Franco no fue, ni pretendió ser, un hombre de pensamiento. Fue un militar y un nacionalista español. Como demostraría a lo largo de su mandato, fue un político frío, realista e implacable, imbuido de una idea casi mesiánica de su misión histórica. Su figura resulta inexplicable sin la yuxtaposición de las dos grandes crisis de la sociedad española contemporánea, la de 1898, es decir, la de identidad nacional, y la de 1917-1939, es decir, la social y política. Franco fue un hombre que vio zozobrar los valores en que hasta entonces se asentaba el concepto de patria española; el declive del régimen liberal y parlamentario; las insuficiencias del proceso de “nacionalización de las masas” españolas; el ascenso de los nacionalismos periféricos catalán y vasco; el triunfo y la consolidación de la revolución bolchevique en Rusia y sus intentos de extensión al resto de Europa; el ascenso de los fascismos; y, sobre todo, la amenaza muy real, y nada retórica, de revolución social en España a lo largo del período republicano.

La guerra civil no puede interpretarse correctamente si no es a partir de la dialéctica entre revolución y contrarrevolución. En tal contexto, Francisco Franco se mostró como un conservador escéptico hacia las ideologías, cuya convicción última era que, como había demostrado la experiencia republicana, el gobierno y el orden sólo podían resurgir de la autoridad omnipotente y de una comprensión astuta de las pasiones de los hombres. Un pragmático y realista que llegó a la conclusión de que sin un Leviatán que castigase a los revolucionarios, la sociedad española era incapaz de escapar al caos. Con toda seguridad, se creyó llamado a ejercer la función de “dictador tutelar” por la que tanto habían clamado los regeneracionistas finiseculares, como Ricardo Macías Picavea, Lucas Mallada o Joaquín Costa. Su régimen fue, como señaló Rodrigo Fernández Carvajal, una “dictadura constituyente y de desarrollo”. Un sistema más personal que institucionalizado. Una “dictadura soberana”, en el sentido de Carl Schmitt, es decir, que no reconoce ni puede reconocer una normatividad preexistente, y que, en rigor, se atiene al auctoritas, non veritas facit legem, de Thomas Hobbes. Lejos de ser monolítico, el régimen de Franco fue, de hecho, plural, una maraña inextricable de organizaciones y tendencias rivales que competían y se hostilizaban entre sí, y de las que el dictador fue un hábil domador y domesticador. El predominio de una u otra tendencia –falangistas, tradicionalistas, monárquicos, tecnócratas- cambaría, según los períodos, las coyunturas y la decisiva voluntad de Franco, que tuvo, desde el principio, el papel de árbitro y mediador entre aquella abigarrada constelación de fuerzas sociales y políticas.

En ese sentido, mi opinión acerca de Franco se encuentra muy cerca de la que expresó Raymond Aron en sus Memorias. Su largo período de gobierno respondió a una “necesidad trágica”, nacida de la invertebración social, política, económica y cultural de la sociedad española, incapaz de generar en su seno los fundamentos de un orden político estable. No basaré, sin embargo, en ningún intelectual o sociólogo liberal o conservador, mi juicio sobre su triunfo o fracaso. Es el marxista Perry Anderson quien, en mi opinión, ha visto con mayor claridad la perspicacia de Franco y su triunfo final, en su lúcida obra El Nuevo Viejo Mundo: “Al término de la II Guerra Mundial, la democratización era una opción impensable para Franco: era arriesgarse a que el volcán político volviera a entrar en erupción. El caudillo no habría podido garantizar la seguridad del ejército, ni la de la Iglesia, ni la de la propiedad. Treinta años después, el régimen había cumplido su tarea histórica. El desarrollo económico había transformado la sociedad española, las bases políticas radicales habían desaparecido y la democracia ya no representaba una amenaza para el capital. La dictadura había hecho su trabajo tan a conciencia que el ineficaz socialismo borbónico no puede siquiera restaurar la república que Franco había derrocado”.

La victoria de Franco fue completa; de ahí el síndrome que padece, desde entonces, un sector de la izquierda española. No asumirlo es una muestra de infantilismo. Y lo mismo puede decirse del carácter de nuestra historiografía. Uno se maravilla de que antiguos comunistas como Renzo de Felice o judíos e izquierdistas como George L. Mosse o Zeev Sternhell y su escuela puedan escribir con tanta serenidad sobre el fascismo italiano, sobre el nacional-socialismo alemán o sobre la figura de Mussolini, y en nuestro país, de la mano de Ángel Viñas, Paul Preston, o Julián Casanova, estemos todavía, con respecto a Franco, en el esquema franquismo/antifranquismo, que resulta ya inaceptable en una cuestión de carácter historiográfico, y que es tan sólo válida en las plazas o en los comités de partido. Esa es nuestra miseria y ese es nuestro reto.

La exhumación de sus restos pretende ser una especie de revancha histórica. Sin embargo, ese tipo de medidas suelen tener, a medio y largo plazo, un efecto boomerang sobre aquellos que las han llevado a cabo. Quizás por eso me vienen a la memoria unas palabras del propio Franco en uno de sus últimos y más crípticos discursos: “Es virtud del hombre político la de convertir los males en bienes. No en vano reza el adagio popular que no hay mal que por bien no venga”.

(*) El historiador Pedro Carlos González Cuevas es uno de los principales estudiosos españoles de la derecha española y del pensamiento conservador. Autor de varios ensayos, próximamente publicará "Vox. Entre el liberalismo conservador y la derecha identitaria", editado por Ediciones La Tribuna del País Vasco.



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Catalanismo y terrorismo
José García Domínguez Libertad Digital 28 Septiembre 2019

Igual que cuando el resopón bullanguero del 1 de Octubre, estas vísperas de la nueva tormenta los burguesitos y las burguesitas del Ensanche de Barcelona han vuelto a recuperar aquel hábito tan suyo, el de ofrecernos sus concierto de cacerolas desde los balcones llegadas las nueve de la noche. La única diferencia entre el ruido de entonces y el de ahora es que antes tocaban las latas con entusiasmo para celebrar una asonada insurreccional contra la Constitución y la democracia, pero el domingo pasado lo hicieron para honrar y vindicar la gesta de esos siete terroristas nada presuntos que maquinaban escarmentar a los ciudadanos leales de Cataluña con un festival gratuito de amonal y Goma-2. Tan exquisitos y civilizados todos ellos, nuestros burguesitos y nuestras burguesitas, con su Torra a la cabeza, están celebrando que sus hijos nos quieren matar. Mas nadie se extrañe. Ellos y ellas, como sus abuelos y sus abuelas, son así y siempre han sido así. Porque la violencia homicida, exactamente igual que el racismo explícito, nunca ha sido ajena a la genuina tradición histórica del catalanismo político.

Cosa distinta es la tan extendida leyenda beatífica que ha logrado imponer en el resto de España la percepción de que el catalanismo, en contraposición al tosco y rural nacionalismo vasco, nació vacunado contra la tentación violenta. Nada más lejos de la verdad, sin embargo. Así, la vocación militarista y la querencia por el terrorismo fue ya un elemento doctrinal clave de una facción nada desdeñable de Esquerra Republicana de Catalunya durante el periodo de la Segunda República. Las distintas corrientes de Estat Català que luego confluirían en la ERC de Companys practicaron el pistolerismo antes de la proclamación del 14 de Abril y también después. Lo practicaron siempre. Y no se trataba, entonces como ahora, de atrabiliarios marginales sino de dirigentes destacados del Gobierno de la Generalitat de Cataluña. Pero es que luego, durante la dictadura, la notoriedad mediática de la acción sanguinaria de ETA en el País Vasco hizo que no se prestase suficiente atención a los muchos atentados con bombas del Front Nacional de Catalunya, el grupo catalanista responsable de los asesinatos de Viola y Bultó durante la Transición. Otra agrupación nacionalista y terrorista, el FNC (su brazo armado respondía por Ejército Popular Catalán –Epoca–), que muy lejos de suponer una extravagancia minoritaria y aislada dentro del movimiento catalanista se presentaría a las primeras elecciones democráticas en coalición con el partido de Jordi Pujol, CDC.

Pero tampoco acabaría ahí el feliz matrimonio entre la empalagosa retórica pacifista y kumbayá del catalanismo oficial y el discurso de las pistolas. Terra Lliure, los herederos de Epoca, tampoco surgió de ningún remoto arrabal sociológico muy distante de la corriente central del catalanismo canónico con mando en plaza. Bien al contrario, entre sus cuadros dirigentes no era nada extraño toparse con jóvenes amamantados ideológicamente en las juventudes de Esquerra o de CDC. Nada extraño. Por cierto, el instante de mayor virulencia dinamitera de los cachorros del catalanismo más asilvestrado, cuando Terra Lliure planeaba sembrar de bombas Barcelona en coincidencia con las Olimpiadas del 92, fue el momento en que un joven periodista de Gerona llamado Carles Puigdemont decidió de modo tan inopinado como súbito abandonar de un día para otro su puesto de trabajo en el diario El Punt a fin de partir a toda prisa hacia la frontera con el propósito de acogerse a un inusual año sabático lejos de España. Justo por aquel entonces la Guardia Civil acababa de detener en Barcelona a un comando y mucha gente en el entorno inmediato de la banda temía que cantaran. Casualidad, sin duda.

Sí: el clima empeora
Luis Ventoso ABC 28 Septiembre 2019

No hay duda: el clima ha empeorado. El deterioro avanza y se ha llegado ya al extremo de que padecemos episodios violentos. A estas alturas resulta indiscutible que detrás del problema late la mano del hombre.

Nos referimos, por supuesto, a la degradación del clima social, político y económico en Cataluña, obra de personas muy concretas. El cleptómano patriarca Jordi Pujol sentó los cimientos del sueño rupturista. Taimado y tirando a cobardón, jugaba con dos barajas. Por una parte se presentaba como hombre de Estado y pilar de estabilidad; el fiel de la balanza de la gobernabilidad por cuya taquilla pasaba siempre «Madrit». Aquella suerte de ponderado maestro Yoda incluso recibió las más altas condecoraciones estatales mientras maquinaba contra la nación. En realidad se trataba de un independentista fervoroso, cuya primera meta era fomentar en las aulas el extrañamiento hacia la idea de España e ir sembrando «país». Pujol dejó empaquetadas todas las estructuras de la futura República, a la espera de activar la espoleta de la «desconexión» ante la primera debilidad del adversario. Por puro afán de supervivencia personal, ese paso lo dio un trepa de principios volubles, un chico bien que hasta entonces venía renegando de la independencia: Artur Mas, el delfín. Al verse en la presidencia de la Generalitat con las arcas en quiebra y un agudo malestar por la crisis, Mas buscó un chivo expiatorio al que culpar de su fracaso y los recortes (España) y en 2012 lanzó el «proceso soberanista». Pero Artur todavía temía un poco al Estado. No así sus fanatizados sucesores, Junqueras y Puigdemont. Se creían de tal manera sus embustes propagandísticos que veían al Estado como un paquidermo disecado. El acelerón final les pareció posible, y pisaron el pedal hasta el fondo. Con toda su pachorra, Rajoy detuvo aquel golpe mediante el 155, al que en principio se oponían Rivera y Sánchez. Pero Rajoy no leía a Maquiavelo («Si toleras el desorden para evitar la guerra, tendrás primero desorden y después guerra»). Dejó la tarea a medias, con el cañón de TV3 abierto, y no tomó ninguna medida activa para dar la batalla cultural y sentimental en Cataluña (demasiado «lío»). La llegada al Gobierno de un oportunista de pocos escrúpulos, Sánchez, llevó la crisis al surrealismo. El líder del PSOE, que había apoyado el 155, llegaba a La Moncloa conchabado con los golpistas y recibía en palacio a Torra -al que antes llamaba Le Pen- ataviado con el lazo amarillo que simbolizaba la insurrección contra España.

El cacareado «diálogo» de Sánchez, un imposible, ha acabado en bombas caseras y en la aprobación el jueves en el Parlament del derecho de autodeterminación de los «Países Catalanes», una declaración de desobediencia institucional (las autoridades catalanas podrán fumarse la legalidad si les place), la amnistía preventiva de los golpistas y la expulsión de la Guardia Civil. Celaá, pura flema alienígena, no ve motivo para otro 155. Cualquier patriota español ve otra cosa: urge echar a Sánchez en noviembre y contar con un presidente capaz de restaurar el orden en Cataluña, hoy la balsa de la Medusa.

El timo de Poblet
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 28 Septiembre 2019

El independentismo catalán se ha convertido en una olla podrida donde pululan enemigos irreconciliables.

Es archisabido que el independentismo catalán se ha convertido en una olla podrida donde pululan enemigos irreconciliables, como explica sin eufemismos Lola García en "Desorientados" (LV, 26/9). Y a medida que se aproximan la sentencia del juicio a los golpistas y las contiendas electorales de España –y casi con certeza de Cataluña– aumenta el intercambio de navajazos fratricidas en el campo rebelde. Sobre todo porque los cabecillas de las distintas fracciones del levantamiento tienen claro que este se halla en hibernación, y lo que los mueve es el deseo de arrebatar a sus socios transitorios los restos del botín acumulado... mientras esperan el pistoletazo de salida para la nueva etapa.

Supremacistas disfrazados
Las estanterías se llenan de libros donde los estrategas del procés tratan de explicar las razones del fracaso, cargando la responsabilidad sobre espaldas ajenas, al mismo tiempo que siembran, con su habitual trapacería, las semillas de una próxima reincidencia en sus fechorías pasadas mientras aparentan arrepentirse de ellas. Incluso están lubricando la maquinaria para la nueva insurrección. Marcha atrás retórica, pero falsa. "Lo volveremos a hacer", anuncian los más desvergonzados.

La prensa complaciente colabora con la trama rebelde disfrazando a estos supremacistas incorregibles de "nacionalistas moderados". Rezan sucesivos titulares de La Vanguardia (15, 21 y 22/9):

– El nacionalismo moderado pide valor para admitir "el fracaso del procés".
– Nacionalistas moderados piden restablecer el trato fluido con el Estado.
– El nacionalismo moderado diseña un plan posibilista.

¿Moderado este vástago torticero del bloque etnocentrista que está aniquilando el Estado de Derecho y el humanitarismo al implantar el apartheid en Cataluña contra los conciudadanos españoles y castellanohablantes? Los 200 promotores del nuevo movimiento, entre los que predominan veteranos convergentes y socialistas, junto a precavidos buscavidas, se reunieron en el monasterio de Poblet el 21 de septiembre "a puerta cerrada y en medio de un clima de secretismo", según informa el diario citado. Y el dirigente Antoni Garrell sentenció que el proceso que conduce a la independencia "debe repensarse con perseverancia, paciencia y seny, renunciando a la unilateralidad".

El timo de Poblet. Lo dicho: marcha atrás retórica, pero falsa. Repitiendo el insolente estribillo que ya coreaban los alevines pujolistas en los años 1980, mientras su jefe escondía las ganancias millonarias del estraperlo familiar: "Hoy paciencia, mañana independencia".

Viejas querencias
También el marco nacionalcatólico evoca viejas querencias: en 1974 el monasterio de Montserrat fue la cuna de la corrupta y corruptora Convergència Democrática de Catalunya, y ahora el de Poblet lo es del nuevo engendro supremacista. Este ya no es el Poblet ecuménico al que Josep Tarradellas legó su archivo cuando quiso demostrar, con hechos, que repudiaba el sórdido bagaje político y moral de Montserrat.

Las exigencias de los contertulios de Poblet llevan el sello indeleble del irredentismo secesionista (LV, 15/9):

Estatuto del 2006: Recuperación de las disposiciones declaradas inconstitucionales u objeto de interpretación restrictiva por el TC. (…) Más transferencias en educación, lengua, cultura, derecho e inmigración. Garantizar los ámbitos de competencia exclusiva. (…) Nuevo acuerdo que incluya Agencia Tributaria única. Reivindicación de un sistema de relación bilateral con el Estado. Estatuto de participación de Catalunya en la UE. Reconocimiento de un régimen singular y claramente diferenciado para Catalunya. Referéndum acordado.

Y dos huevos duros (Groucho Marx).

Teoría conspiranoica
Aunque La Vanguardia no lo cita entre los asistentes al cónclave, El Confidencial (21/9) presenta a Jordi Amat como el guía intelectual de la plataforma del cenobio. Y Amat, columnista estrella del diario de los Godó, se ha apresurado a publicar un artículo que se ensaña con quienes desenmascaran la campaña antiespañola del Diplocat y del agitprop difamador ("El pacto que vendrá", LV, 22/9). Después de alabar la capitulación del mercachifle Pedro Sánchez ante las bravuconadas de Quim Torra en Pedralbes, saca de la chistera el documento La realidad sobre el proceso independentista, elaborado por España Global, para avalar una insidiosa teoría conspiranoica sobre un pacto latente entre el PSOE y Ciudadanos, urdido contra la cruzada secesionista.

Lo que irrita a este nacionalista moderado de Poblet es el hecho de que el texto en cuestión desmonta, una a una, las mentiras que sus correligionarios pirómanos irradian desde Waterloo, la Generalitat y los centros sediciosos, y evacuan a través de las seudoembajadas mercenarias del Diplocat, para enlodar la imagen de la democracia española ante la opinión pública mundial. Y es precisamente la propensión a amancebarse con el Diplocat lo que traza una de las líneas divisorias entre leales y traidores a España. Lorena Roldán, portavoz de Ciudadanos, acaba de denunciar que Laia Bonet, número dos del PSC, cruzó esa línea hacia el bando de los traidores cuando se incorporó al Pleno del Diplocat en representación del Consistorio de Barcelona (El Mundo, 20/9).

El señor Amat puede dormir tranquilo. El PSC y, con él, el PSOE están de su lado, sirviendo al Diplocat, cuya función antiespañola explica rigurosamente el documento que aborrece Amat. Quien, si damos crédito a su artículo "Incitar al tumulto" (LV, 24/9), también parece aborrecer, al igual que Quim Torra y el resto del conglomerado subversivo, la captura de los presuntos terroristas de los CDR.

Ciudadanos no conspira con el PSOE, como piensan quienes practican estas felonías a diario, sino que está, junto a los restantes partidos constitucionalistas, en el lado opuesto. El lado que salvaguarda la sociedad abierta de libres e iguales en la España constitucional y europea.

PS: ¿De qué lado está el prófugo Carles Puigdemont? Ya sabemos que no del de España y la UE. Toma partido en una entrevista con la agencia rusa Sputnik: "El expresident Carles Puigdemont ha defendido la retirada de las sanciones a Rusia, impuestas tras el apoyo de Moscú a los secesionistas ucranianos y la anexión unilateral de Crimea" (LV, 16/9). La opción del prófugo es, lógicamente, la autocracia rusa, histórico polo de atracción para los traidores a la civilización occidental.

Cataluña: situación prerrevolucionaria
Carlos Dávila okdiario 28 Septiembre 2019

Un gran empresario ya multiusos: electricidad, petróleo, servicios… y un político, Manuel Valls, que está fabricando con grandes dificultades un partido nacional (nacional de España, no de Cataluña), han advertido directa e indirectamente a Sánchez, por viajero interpuesto, la misma apreciación: "Cataluña vive una situación prerrevolucionaria". La respuesta confidencial ha sido demoledora: "No azucemos más el conflicto". Públicamente ha sido aún más meliflua. Marlaska -ya denominado en el argot madrileño "Pequeño Marlaska"– se ha limitado a expresarse así: "Bueno, sí: los independentistas ponen en tela de juicio el Estado de Derecho". O sea un pellizco de monja que a los insurrectos, Torra y Torrent aquí, Puigdemont de fuga permanente, les ha traído exactamente por una higa.

Valls hace meses que pretende a hablar con Sánchez. No se le ha puesto al teléfono. Si lo hubiera hecho tendría ya fresca la advertencia del que fue primer ministro francés: "Antes no podíamos descartar un grupo violento, ahora ya lo tenemos aquí". En plena campaña este grupo, que tiene fuertes concomitancias con los residuos sólidos de ETA, ha recibido el insólito apoyo de todo un Parlamento ignorando que García-Castellón, el juez de una de cal y otra de arena, ha calificado a los sujetos indeseables que pretendían sembrar de bombas Barcelona entera, de "terroristas". Esquerra Republicana de Cataluña mira a otra parte porque piensa que si "estos chicos nos hacen el trabajo sucio la confrontación con España será inevitable". En realidad, Esquerra es una mala imitación del PNV; los gudaris tipo Arzallus, Eguibar y otras hierbas llegaron durante años a un acuerdo tácito con los batasunos: "Vosotros nos limpiáis el terreno y luego vamos nosotros y lo ocupamos".

Sin humillación
Y, ¡tanto que lo han ocupado!: ya se han quedado con todo. Ahora Esquerra aspira a los mismo: a quedarse con todo tras esta campaña electoral y la que venga después de unos comicios regionales. Los empresarios quieren llevarse bien con los socios de Junqueras pero esta vez se han asustado; por eso denuncian que "Cataluña vive un situación prerrevolucionaria". Claro está que, al tiempo, juegan a dos barajas. Lean: este cronista le ha oído afirmar al citado preboste del principio que, textualmente: "No hay que cebarse con los que hace dos años perdieron la rebelión" porque, añadía: "Fíjense: la II Guerra Mundial se produjo porque, tras la anterior, los vencidos fueron humillados". O sea, es para quedarse de piedra.

Y ya en campaña electoral Sánchez no quiere humillar, es decir intervenir gallardamente un autonomía que se ha declarado en "desobediencia civil", porque, quizá, sus congéneres del PSC pueden perder votos acusados de españolismo fascista. Por eso, la increíble ministra de Justicia de Sánchez ha adelantado que el Gobierno va a impugnar las resoluciones del Parlament que ensalzan al terrorismo y pretenden, en otras lindezas, expulsar a la Guardia Civil de Cataluña. Otro pellizco de monja de la novia del ex-juez ahora millonario. Pero la dura realidad se está imponiendo: Cataluña, en situación prerrevolucionaria, tiene que ser la principal estrella de la campaña.

Diez años de prórroga social en Cataluña
Raúl Moreno cronicaglobal 28 Septiembre 2019

Vivimos enzarzados desde hace años en el debate identitario. El llamado “encaje” de Cataluña y España a propósito del proceso independentista ha evolucionado al debate sobre democracia, libertad y legalidad. Estos y otros términos ocupan de una u otra manera el tiempo político y mediático. Es tal la centralidad de esos debates que a menudo actúan como muro de contención de otros que deberían ocuparnos y preocuparnos. La realidad es muy tozuda, y la falta de iniciativa política durante estos años nos deja un presente muy complicado y un futuro muy incierto.

En Cataluña vivimos con prórroga presupuestaria desde el año 2017, pero en prórroga social desde hace diez. La despreocupación ha llegado a tal punto que este año ni siquiera el Govern de ERC y JxCat ha presentado los presupuestos en el Parlament. No ha existido en todo este tiempo ni una sola medida eficaz para paliar la situación de exclusión social que afecta a miles de familias. La Renta Garantizada de Ciudadanía celebra sus dos años en vigor con un dato nada esperanzador: con un 23%, Cataluña lidera la tasa de pobreza en comparación con el resto de comunidades autónomas. Una situación que afecta especialmente a mujeres, personas mayores, personas inmigradas y familias monomarentales. Lideramos también la pobreza infantil, y nuestra capacidad de reducción de la exclusión social mediante políticas de rentas y prestaciones es mínima.

De hecho, Cataluña destina un 20% menos a sanidad, educación y servicios sociales de lo que invertía en el año 2009, o lo que es lo mismo, invierte 606 euros menos por habitante. Y hay que destacar que esa reducción es especialmente hiriente en lo que se refiere a políticas sociales, ya que aquellas que no lo son sí han visto incrementado levemente su presupuesto. Destinamos menos a sanidad y educación que el resto de comunidades autónomas. Tan solo en servicios sociales se han aumentado poco más de 20 millones de euros: una cantidad insuficiente que nos sitúa en un 0,73% de la inversión total en ese ámbito, cuando la media española es de 11%.

Los últimos indicadores citados y publicados por Idescat y por el Índice de Desarrollo de Servicios Sociales tendrían que ser suficientes para alertar al Govern de las consecuencias de su inacción, y deberían empujarnos a todas las fuerzas políticas a buscar las soluciones necesarias a la crisis social que vivimos. Hay quien piensa que los próximos presupuestos de la Generalitat pueden ser una vía de salida a la situación actual. Pero mucho me temo que, con los datos adelantados por el Govern, los futuros presupuestos no recogerán la inversión necesaria para revertir lo que los mismos partidos de gobierno recortaron durante de la crisis.

Cuando hablamos de políticas sociales hay que hablar inevitablemente de política económica. Necesitamos ingresar más para gastar más. Pero más allá de la inversión, preocupa por igual la falta de modelo y la ausencia de debate sobre cómo queremos que sea la Cataluña social del futuro, tanto para aquellos que la sueñan independiente como para los que la vivimos autonómica. Falta proyecto.

Urge equiparar las prestaciones de las familias numerosas a las familias monomarentales. Deberíamos estar diseñando un nuevo sistema de atención que afronte el inminente envejecimiento de la población, asumiendo que con el actual modelo será imposible tener una tercera edad plenamente atendida. No debemos resignarnos a ver crecer las listas de espera en sanidad. Necesitamos un nuevo sistema de protección a la infancia y la adolescencia que evite que también los menores estén en lista de espera para acceder a un recurso residencial. Hay que incrementar inevitablemente las partidas sociales mediante una reforma fiscal justa y progresiva, que permita descongelar las tarifas para asegurar una calidad en el servicio y unas buenas condiciones laborales por parte de aquellos/as que los prestan. Si hemos decidido acertadamente que la escuela debe ser inclusiva, debe serlo de verdad. La Ley de la Personas Mayores, las personas con discapacidad o el modelo de dependencia deben dejar de ser un Powerpoint. La Renta Garantizada de Ciudadanía no puede ser interpretada por el Govern como una extensión de la anterior Renta Mínima de Inserción. Y habría que desplegar alguna de las leyes sociales aprobadas y sin reglamento, en algunos casos, desde 2010.

Imaginemos por un momento que cae el muro de contención que dificulta que estos y otros temas ocupen la centralidad de la agenda política. Las preguntas serían: ¿Debe Cataluña ser gobernada por aquellos que dicen llamarse de izquierda a la vez que mantienen unas agónicas partidas sociales? ¿Puede un gobierno abiertamente dividido hacerse cargo del futuro de siete millones y medio de catalanes? ¿Debemos ser gobernados por aquellos que no saben dónde van? Evidentemente, no. De ahí su interés por seguir apuntalando el muro.

Las competencias identitarias y el catalanismo que viene
Mercè Vilarrubias cronicaglobal 28 Septiembre 2019

Debemos agradecerle al notario y comentarista político Juan José López Burniol el habernos proporcionado el valioso término competencias identitarias. En un artículo de finales de verano en La Vanguardia, nos habló con claridad: en Cataluña existen las competencias identitarias, gestionadas por la Generalitat, y que comprenden la lengua catalana, la educación y la cultura. Nunca antes nadie con una cierta influencia nos había confesado con tanta sinceridad que las lenguas, la educación y la cultura son, en Cataluña, cuestiones identitarias.

Nada de una educación vinculada a la pedagogía y a la formación intelectual y científica. Nada de unas lenguas coligadas a los derechos lingüísticos y al bilingüismo. Nada de una cultura libre, cosmopolita y cuestionadora de dogmas y mitos. Nada de todo ello. En Cataluña, lenguas, educación y cultura sirven para fer país. Y a la calificación de estos ámbitos como competencias identitarias sigue, en el artículo de López Burniol, la inevitable segunda parte de la cuestión: como tales, estas competencias identitarias deben ser atribuidas a la Generalitat en exclusiva.

La idea en sí misma no es nueva: se trata de proponer el blindaje del catalán, además de la educación y la cultura en catalán. Es una antigua propuesta que surgió del mismo pensamiento catalanista que el de López Burniol ya en los primeros años del procés. La novedad está en el nuevo término. El notario dice lo mismo de siempre, pero en lugar de usar la fea y opaca palabra blindaje del catalán, nos deleita con competencias identitarias, que es un sintagma claro y cristalino.

Quienes, por su parte, también tienen aspecto de representar lo de siempre con lo de siempre son las diferentes corrientes catalanistas no independentistas que, este mes, han realizado diferentes reuniones para debatir cómo lograr un cambio en Cataluña, unos, o cómo articular un partido político unitario, otros. Hay movimiento en este sector que quiere impulsar un catalanismo moderado sin procés ni independentismo. ¿Qué se puede esperar de ellos en el campo lingüístico?

Hasta ahora, todos los indicios nos muestran que ninguno de estos grupos o actores tiene intención alguna de elaborar unos mínimos pensamientos objetivos y sólidos sobre la cuestión de las lenguas en Cataluña. Todo apunta a que van a tirar de competencias identitarias y van a pedir la competencia exclusiva para la Generalitat. Y es que parecen querer despojarse del procés y todo lo que ha conllevado, pero huyen despavoridos antes de cuestionar los dogmas del pujolismo, siendo el relato lingüístico uno de los más importantes.

La idea de que, en el campo lingüístico, la solución al problema independentista pasa por calificar las lenguas como cuestiones identitarias para seguidamente pedir la exclusividad de esta competencia para la Generalitat implica pensar como se ha hecho siempre. Supone adherirse plenamente al marco mental del nacionalismo lingüístico que propone como relato lo siguiente:

La problemática lingüística existe porque Cataluña padece una errónea injerencia del Estado que perjudica gravemente al catalán.
La razón de este obstructivo comportamiento del Estado se encuentra en su irremediable pulsión monolingüe y centralista.
Sin esta injerencia estatal, no habría conflictos lingüísticos en Cataluña. Blindemos pues la lengua catalana y apartemos de ella al Estado acosador.

Afortunadamente, las cosas han cambiado y mucho desde el inicio del procés. El relato de las competencias identitarias ha decrecido en apoyo social. Ahora solo los suyos les creen. Sin embargo, debemos estar atentos a este sector catalanista en pujanza. No es descabellado pensar que puedan querer empujar con fuerza la vieja idea del blindaje del catalán, idea que no desagrada a sectores socialistas y es apoyada con pasión por el conglomerado Podemos.

Es necesario decir no a esta propuesta porque supone, irremediablemente, agravar las problemáticas lingüísticas en Cataluña y reforzar el control nacionalista del relato lingüístico. Veamos algunas de las consecuencias de una hipotética implementación del blindaje del catalán en Cataluña:

Reforzaría a la Generalitat en sus normativas y prácticas lingüísticas.
Intensificaría el relato de la lengua propia que es victimizada y acosada también en democracia.
Incrementaría aún más la capacidad para legislar en favor de los derechos lingüísticos de los catalanohablantes y para seguir ignorando los derechos lingüísticos de los castellanohablantes.
Constreñiría el tratamiento de la diversidad lingüística en Cataluña a un único plan de proteccionismo lingüístico del catalán. Todo el foco de la propuesta del blindaje está en la lengua catalana, y, en consecuencia, borra a los hablantes del español y mantiene sus derechos lingüísticos en un limbo.
Ignora las demandas de, al menos, la mitad de los ciudadanos y ciudadanas catalanes, los cuales verían horrorizados como el problema lingüístico se agrava. Es, pues, una propuesta divisiva que solo tiene en cuenta a la mitad de la ciudadanía.

En conclusión, el relato de las competencias identitarias y su atribución en exclusiva a la Generalitat podría tomar impulso con el catalanismo que viene. Deberemos estar atentos a los pasos que se dan en el tema lingüístico por parte de este sector, el cual, nos dicen, llega para representar algo nuevo. En los próximos meses veremos qué hay de nuevo realmente y cuánto de lo viejo se mantiene.

Podemos ultraja a la Guardia Civil
Segundo Sanz okdiario 28 Septiembre 2019

El alineamiento de los podemitas con los CDR terroristas que pretendían atentar en Cataluña en fechas venideras, coincidiendo con el segundo aniversario del golpe y la sentencia del procés, es una ofensa a la Guardia Civil que no puede pasar inadvertida. Hay que decirlo claro. Porque se acercan unas elecciones generales y todavía puede haber quienes crean que los morados son una fuerza democrática. No, no lo son. Y lo han demostrado una vez más en estos últimos días con su reacción a la ‘Operación Judas’, que nada tiene que ver con el ajuste de cuentas de Errejón.

Podemos ultraja a la Guardia Civil cuando se mantiene equidistante y evita condenar la pretensión del separatismo totalitario de expulsar al Instituto Armado de Cataluña. Podemos ultraja a la Guardia Civil cuando firma junto a JxCat, ERC y la CUP una declaración en el Parlament en la que rechaza la detención de siete CDR con planes de hacer volar instituciones públicas e infraestructuras críticas. Podemos ultraja a la Guardia Civil cuando suscribe la farsa de que “hay una campaña de represión y criminalización del independentismo”.

Podemos ultraja a la Guardia Civil cuando califica a los CDR de “movimiento cívico y pacífico” mientras siete de estos radicales ya mezclaban explosivos junto a un mapa de la casa cuartel del municipio barcelonés de Canovelles. Podemos ultraja a la Guardia Civil, artífice del operativo que detuvo a los lazisunos, cuando sostiene que éstos han sido encarcelados por sus “ideas políticas” pese a haber probado ya sus bombas en una cantera.

Podemos ultraja a la Guardia Civil cuando su líder en Cataluña y negociador con el PSOE para la fallida investidura, Jaume Asens, afirma que la finalidad de esta operación es “preparar a la opinión pública para una posterior escalada represiva post-sentencia” del 1-O. ¿Y qué hay de garantizar la seguridad y la convivencia? ¿Y de velar por el cumpliento de la ley? Asens blanquea a los violentos CDR tanto como el xenófobo Torra.

Podemos ultraja a la Guardia Civil cuando mantiene que los CDR terroristas han sido acusados sin pruebas pese a los precursores de explosivos y los mapas de objetivos hallados, y las grabaciones y seguimientos durante más de un año. Podemos ultraja a la Guardia Civil cuando absteniéndose en la moción que pide su expulsión de Cataluña da alas a los que acosan a los agentes y sus familias en los cuarteles de Manresa, Vic o Travessera de Gràcia al grito etarra de “Pim pam pum que no quede ni uno”. Podemos ultraja a la Guardia Civil cuando exige que sea liberado el comando de Sabadell tras decretar el juez prisión sin fianza. Podemos ultraja el Estado de Derecho.

El PSOE se apoya en Bildu para evitar que se impidan los homenajes a etarras
Carlos Cuesta okdiario 28 Septiembre 2019

El PSOE sigue demostrando que su alianza con los separatistas y proetarras es estratégica. Una unión que pasa ahora en el País Vasco que permitirá que los homenajes a etarras se realicen con la misma permisividad que se han desarrollado en los últimos tiempos. El PSE-PSOE ha bloqueado el deseo del PP de Bilbao de endurecer los controles, bloqueo y tratamiento de los actos de enaltecimiento y homenaje a etarras que proliferan cada vez más y de los que, además, se alimentan los proetarras de EH Bildu para movilizar a su gente.

Los socialistas vascos, liderados por Idoia Mendia, de hecho, se ha aliado con el PNV para bloquear el deseo de los ‘populares’ de adoptar medidas para evitar esos homenajes a los etarras y para ello se ha apoyado en el voto de EH Bildu y Podemos. Un apoyo con los que los socialistas han logrado redoblar su fuerza y mantener la citada permisividad.

Esta moción, que fue presentada por el PP en el Ayuntamiento de Bilbao, ha sido tramitada este pasado jueves. La petición de los ‘populares’ pasaba por varios objetivos, el primero era el de “salvaguardar la memoria de las víctimas”; mientras que el segundo quería “evitar las humillaciones y defender siempre la dignidad de las víctimas”.

Otro de los objetivos del partido de Pablo Casado era el de “remover todos los obstáculos para construir una justicia efectiva, eficaz y real” y, el último, tenía la pretensión de asegurar que “se cumplirán y harán cumplir todas las leyes autonómicas y nacionales y el resto del ordenamiento jurídico que ampara los derechos de las víctimas del terrorismo”.

Con este motivo, el PP pretendía convertir en norma, con rango de ordenanza municipal, una mecánica que, de facto, bloquease la permisividad y falta de actuación ágil contra los homenajes a etarras. El plan del PP pasaba por extender este modelo de ordenanza posteriormente a otras ciudades vascas y navarras, de modo que el jaque al enaltecimiento terrorista cobrase una mayor fuerza.

Con ese objetivo se buscaba dar presencia directa en el control de los homenajes a “las organizaciones de víctimas del terrorismo” y se destacaba, además, que “se consideran víctimas del terrorismo exclusivamente las personas reconocidas con esta condición por el Ministerio del Interior”. Es decir, que no se aceptan como víctimas las pretendidas por la izquierda radical vasca por supuestas torturas policiales, ya que nunca han sido reconocidas oficialmente.

Las medidas concretas impulsadas por el PP pasaban por la “colocación de placas” en cada lugar donde se haya “cometido un asesinato terrorista”, con explicación del “motivo” del asesinato. También figuraba “impedir homenajes a terroristas adaptando todas las normativas municipales referentes al uso del espacio público con el fin de denegar todo tipo de autorizaciones” para estos actos, aunque fuese un acto “indirecto” de apoyo al entorno etarra. Además de un catálogo de sanciones y de suspensión de subvenciones a las asociaciones implicadas en los actos.

Y a todo ello, a todas las propuestas que ha planteado el PP, el PSOE ha dicho que no. Una decisión y un bloqueo que los socialistas ha hecho de la mano del PNV, así como con el voto de respaldo de Podemos y de Bildu. Un nuevo ejemplo de la viveza de los pactos cerrados por los socialistas con los proetarras y los separatistas.

La complicidad de Quim Torra
EDITORIAL ABC 28 Septiembre 2019

Como era previsible por la pública y prolongada interacción entre violentos y políticos, las declaraciones judiciales de los detenidos que se integraban el denominado «Equipo de Respuesta Táctica» desarticulado en Cataluña empiezan a arrojar datos de su vinculación con sectores políticos separatistas. Toda declaración de un sospechoso de terrorismo implicando a terceros debe ser acogida con cautela y puesta en reserva hasta que otras líneas de investigación prueben esas acusaciones. Sin embargo, es imprescindible que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, aclare sin género de duda si tenía o no alguna relación directa con los detenidos. Uno de ellos declaró ante el juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón que Torra iba a facilitarles la entrada al Parlament el 1-O, para ocuparlo y utilizarlo como escenario para proclamar la república catalana. Esta declaración judicial, cuya veracidad debe ser comprobada con el máximo rigor, se produce después de que el propio presidente catalán haya encabezado, desde el día de la detención misma, la protesta separatista, más como un «hooligan» activo de los Comités para la Defensa de la República que como máximo representante del Estado en Cataluña, en su condición de presidente del Gobierno autonómico.

Tampoco se ha privado Torra de jalear, en cuanto le ha sido posible, la actividad callejera de los CDR. Su famoso «apretad», dirigido a los miembros de los CDR reunidos en el primer aniversario del 1-O, cobra ahora tanto sentido como su empeño en descalificar la actuación de la Audiencia Nacional como de la Guardia Civil. Si realmente Torra se prestó a colaborar con los detenidos, se entiende que los defienda frente a las gravísimas acusaciones de la Fiscalía y que lidere un ataque contra los jueces y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Pronto se sabrá si Torra solo quiere apoyar a los «camisas pardas» del separatismo catalán, o busca protegerse a sí mismo. El presidente de la Generalitat debe ser, ante todo, muy sincero con su respuesta, porque al final todo se acaba sabiendo y a los mentirosos se les descubre enseguida.

Ahora bien, cautelas aparte, el más mínimo indicio de cooperación de cualquier dirigente político separatista con los detenidos en la «Operación Judas» debe dar lugar, de forma inmediata, a la correspondiente investigación penal. Esta no era la tramposa «revolución de las sonrisas» que prometía el separatismo, sino la pura y simple campaña coactiva y mafiosa que todo nacionalismo radical y antidemocrático acaba desatando contra la democracia y el imperio de la ley.

La Guardia Civil con los catalanes
 larazon 28 Septiembre 2019

El largo proceso de asalto a la legalidad democrática emprendida por el nacionalismo catalán nos ha ido dando pistas de cada uno los pasos para mantener la tensión. Los movimientos de la Generalitat son previsibles por más enloquecidos que sean, máxime cuando al frente está un activista al servicio de un fugado de la justicia que ha degradado el muy honorable cargo que ocupa hasta niveles que costará recuperar su prestigio y respeto. El independentismo tiene un problema que le impedirá salir del callejón en el que se ha metido si no lo resuelve: el golpe del otoño de 2017 fue un fracaso que ha dejado un destrozo que costará reparar. Creyó que podía derrotar a la legalidad democrática –según intoxicaron los medios de comunicación públicos y afines, publicistas a sueldo y asociaciones subvencionadas-– y el Estado de Derecho se impuso. No había otro camino.

Desde entonces, el «procés» da tumbos sin más estrategia que el enfrentamiento y la provocación, sin más líderes que unos iluminados irresponsables que han llegado hasta a defender a unos activistas de los CDR acusados de organizar presuntas actividades terroristas. En este contexto se inscribe el último desvarío del Parlament, que aprobó una resolución de expulsión de la Guardia Civil de Cataluña.

Al margen de que la Cámara se atribuye funciones que no le corresponden, el argumento que utilizaron recurre, como siempre, a la mentira y al insulto que se deriva de ella, porque decir que es un cuerpo que «se ha mostrado abiertamente como una policía de carácter político que está centrada en perseguir a determinados colectivos políticos y sociales» es una falacia que se desautoriza ella misma. Efectivamente, la detención de siete miembros de una organización independentista que estaban preparando explosivos no es actuar con «carácter político», sino en mandamiento de una investigación judicial ordenada por un magistrado de la Audiencia Nacional.

La división de poderes que la futura constitución catalana (Leyes de Desconexión) no contemplaba. Esta resolución no llegará a ninguna parte –el Gobierno ya ha anunciado que impugnará los acuerdos adoptados por el Parlament que llamen a la desobediencia–, pero cumplirá la función que se le ha asignado: señalar a la Guardia Civil e iniciar la habitual campaña de acoso que tan malos recuerdos nos traen. Desde los hechos de octubre de 2017, la Benemérita está sufriendo un acoso sin precedentes, precisamente porque desempeñó un papel ejemplar en la contención de un referéndum ilegal suspendido por el Tribunal Constitucional, una provocación irresponsable con la que los dirigentes de la Generalitat –ahora a la espera de sentencia por el Tribunal Supremos tras aquellos sucesos–llamaron a la población a saltarse la ley como si en una democracia eso no tuviera consecuencias.

La Guardia Civil actuó con profesionalidad, proporcionalidad y ateniéndose a un mandato judicial, mientras los Mossos d’Esquadra, bajo una dirección política implicada de lleno en el golpe, se desentendían de sus funciones. Vuelve a ponerse en marcha el mensaje del odio que tan sutilmente imparte el nacionalismo, para provocar el rechazo, aislamiento y, en consecuencia, imponer la doctrina de quién puede y quién no vivir en Cataluña. Actualmente, la comunidad cuenta con 3.540 efectivos repartidos por toda la geografía catalana, la mayoría de ellos con sus familias, donde se han enraizado y construido una vida, pero tras esta campaña hay dos terceras partes de agentes que quieren dejar Cataluña. Los partidos independentistas impulsores de su expulsión –JxCAT y ERC, con la generosa abstención de los de Ada Colau– tienen la quimérica ilusión de que el cuerpo dejará las funciones de policía fiscal, de vigilancia en puertos y aeropuertos, en frontera y en las de policía judicial que se les asigne, instalándose otra vez en la mentira y la provocación. De lo que estamos seguros es que la Guardia Civil siempre estará al lado de la Constitución y la legalidad.

Temor a una escalada de violencia: Más de 2.000 guardias civiles piden salir de Cataluña
Efectivos de la Benemérita relatan cómo ha subido la tensión por el desafío soberanista contra ellos. «Ahora se puede llegar a la agresión física».
Javier Gallego. Barcelona. larazon 28 Septiembre 2019

El Parlament, con los votos de los tres partidos separatistas y la abstención del partido de Ada Colau –«comunes»–, alumbró el jueves una propuesta de resolución en la que pedía la retirada de la Guardia Civil de Cataluña, el último paso del independentismo en su escalada de protestas y tensión contra un colectivo que se ha situado en el punto de mira por erigirse en uno de los principales diques de contención del «procés». El clima político, según denuncian en el seno del cuerpo policial, se ha hecho «muy complicado» en los últimos dos años hasta el punto de que en torno a 2.300 agentes destinados en la autonomía, que son cada vez menos por el vacío competencial que ha generado el traspaso de muchas de las funciones a los Mossos d’Esquadra, quieren abandonar Cataluña, según cifras de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), lo que representaría dos tercios de los efectivos.

El Instituto Armado tiene ahora 3.549 agentes en toda la autonomía, según los últimos datos oficiales (1.960 en Barcelona; 556 en Girona; 431 en Lleida; y, 602 en Tarragona) –de los que se estima que tan solo unos 150 son catalanes, el resto procede de otros puntos de España–. Una cifra que se ha mantenido estable en los últimos tiempos –incluso se han llegado a ganar efectivos en los últimos años–. Si bien, la plantilla nada tiene que ver con la de hace dos décadas y ha registrado una notable merma –hace 25 años, rondaban los 10.000 agentes de la Guardia Civil– acorde con la disminución de competencias, ya que desde el despliegue de los Mosssos d’Esquadra en 1998, sus funciones han ido menguando: ahora se desempeñan y asumen las funciones en la lucha antiterrorista y contra el narcotráfico; el servicio marítimo; puertos y aeropuertos; intervención de armas y explosivos; policía judicial; el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona); o, el Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (Geas). También hay presente un grupo de antidisturbios.

Ante este clima, que comparan incluso «con épocas pretéritas en el País Vasco» por las presiones que denuncian, siempre marcando distancias con el grado de violencia que allí se ejercía –en Cataluña no se ha registrado ninguna agresión contra ningún agente ni su entorno familiar–, los agentes han puesto encima de la mesa numerosas reivindicaciones para mejorar sus condiciones. Entre ellas, hay dos que destacan por encima del resto: declarar a Cataluña como Zona Conflictiva (como el País Vasco), lo que otorgaría un suplemento salarial de 600 euros; y, conseguir «preferencia» en el cambio de destino a los tres años –los agentes de la Guardia Civil, tras salir de la Academia, pasan un año de prácticas y después tienen la posibilidad de escoger destino entre las plazas vacantes que haya o, si no, pueden ser forzados por la Administración Pública a un determinado lugar, del que no pueden cambiar hasta que hayan pasado dos años (a partir de ahí, en función de la antigüedad en el cuerpo, hay más o menos margen para conseguir un cambio)–. «Ahora ha empezado a subir la tensión en Cataluña justo cuando en el País Vasco está bajando», lamenta un agente.

En este sentido, la segunda de las reivindicaciones se ha empezado a pedir con fuerza a raíz del «procés», ya que Cataluña ha dejado de ser «un destino atractivo», como así asegura el portavoz de la AUGC en Cataluña, Alfonso Merino, en declaraciones a este diario. Merino alerta del temor que ha empezado a cundir en el cuerpo ante la radicalización de ciertos colectivos independentistas e, incluso, ahora empieza a haber inquietud porque se puedan empezar a registrar episodios de «violencia física». Hasta ahora, según denuncian los agentes, todas las acciones del independentismo se habían limitado a organizar «escraches» o hacer pintadas en los cuarteles.

Si bien, tras la operación policial del lunes, en la que se detectó material apto para la fabricación de explosivos y fotografías y planos de algunas sedes policiales, se han acentuado los temores ante una posible escalada de violencia. Merino sitúa este estallido tras los registros en la conselleria de Economía del 20 de septiembre de 2017, una macrooperación de la Guardia Civil para evitar el referéndum del 1-O: desde entonces, la hostilidad hacia la Benemérita se ha multiplicado desde todos los sectores del independentismo. En este sentido, por ejemplo, Merino recoge las múltiples amenazas que circulan a través de las redes sociales o, en algunas movilizaciones, –como en las últimas en las que se han podido oír consignas contra las fuerzas policiales españolas como «pim, pam, pum, que no en quedi ni un (que no quede ninguno)» o «fuera las fuerzas de ocupación»–, así como la actitud que han mostrado el Govern, los partidos separatistas y otras organizaciones independentistas contra la Guardia Civil: desde la iniciativa parlamentaria aprobada el jueves a la participación de líderes políticos en diferentes manifestaciones para arropar a los sietes miembros de los CDR detenidos el lunes.

Lo cierto es que algunos de los más veteranos del cuerpo coinciden en situar esta beligerancia como algo reciente, fruto de la tensión que ha desatado el «procés» en la política y la sociedad catalana. Merino, por ejemplo, que lleva más de 25 años en la autonomía recuerda que cuando desembarcó en Cataluña, se encontró con una sociedad «más abierta, tolerante y respetuosa» con la Guardia Civil, algo muy alejado de la realidad actual. Precisamente, los agentes más asentados en Cataluña, porque llevan más años viviendo, son los que descartan salir de la autonomía a pesar de que las circunstancias no sean favorables. Pese a que los focos se han posado ahora sobre la Guardia Civil, lo cierto es que la Policía Nacional, también presente en Cataluña –hay 3.336 agentes, según los últimos datos oficiales–, se ha convertido en otro objetivo independentista y tampoco ha escapado a sus «escraches». Tampoco los Mossos, aclamados durante el 1-O por su tibieza, se salvan de los ataques del independentismo tras algunas de sus últimas controvertidas intervenciones –sobre todo las cargas policiales en algunas de las últimas manifestaciones–.


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