AGLI Recortes de Prensa   Domingo 29  Septiembre 2019

Sánchez y las mil y una caras de su receta económica
Editorial El Mundo 29 Septiembre 2019

El presidente del Gobierno en funciones tiene tan acostumbrados a los españoles a los continuos devaneos en sus posiciones políticas que, realmente, éstos ya no saben a qué atenerse en cuestiones medulares como la economía. EL MUNDO revela hoy que, durante su reunión a puerta cerrada con inversores de Wall Street, Pedro Sánchez exhibió un perfil de socialdemócrata moderado y pro-bussines. En una intervención en inglés, reivindicó su rechazo a la entrada de Podemos en el Gobierno -finalmente frustrada por el descarrilamiento de los escarceos negociadores entre el PSOE y la formación morada- y suavizó sus planes laborales y fiscales. Este discurso contrasta con los 370 puntos ofrecidos a Podemos, un paquete de medidas cuyo coste es de 30.000 millones de euros. Que el líder socialista apueste por un programa económico cimentado sobre la seguridad jurídica y la moderación fiscal resulta plausible. El problema es su falta de credibilidad por los reiterados giros de cadera, que le han llevado a prometer la derogación de reformas como la del mercado de trabajo a modo de reclamo electoral.

Esta ambigüedad resulta especialmente inquietante en un contexto claro de desaceleración. El Banco de España ha certificado esta semana que la economía se frena, lo que le ha llevado a rebajar cuatro décimas su previsión de crecimiento: del 2,4% al 2%. Además, el organismo supervisor alertó de un fuerte deterioro en la creación de empleo, cuyo ritmo cae a la mitad desde mayo. A ello se suma el frenazo en el sector de la construcción, uno de los motores del PIB español. Según Tinsa, los precios de la vivienda en Barcelona cayeron este año -en términos interanuales- por primera vez desde 2013. Y, aunque en Madrid subieron, su comportamiento en 2019 también refleja síntomas de agotamiento. Todo ello, analizado en conjunto, genera desconfianza en los mercados e incertidumbre entre los ciudadanos. Como asegura hoy en este periódico Javier Fernández Lasquetty, consejero de Hacienda de la Comunidad de Madrid, el Ejecutivo de Sánchez se ha convertido en "una máquina de ahuyentar inversores".

El empeoramiento del contexto económico y la desastrosa experiencia previa a la crisis de hace una década obligan a Sánchez a fijar una política alejada de sablazos tributarios. Lo sensato es contener el gasto, cumplir con los objetivos de déficit y no tocar la normativa laboral, clave de bóveda de la recuperación económica. El líder del PSOE debe aclararse: o apuesta por el pragmatismo o se lanza a una senda expansiva que deterioraría aún más la coyuntura. Mostrar mil y una caras en una materia tan sensible resulta letal para la economía española.

Factura y fractura de la memoria histórica
Editorial ABC 29 Septiembre 2019

La sentencia del Tribunal Supremo sobre la exhumación de los restos de Francisco Franco cierra de manera provisional la campaña emprendida por el Ejecutivo de Pedro Sánchez tras la moción de censura con la que el año pasado llegó a La Moncloa, una obsesión obstaculizada por la Justicia, más preocupada por las garantías jurídicas que por las necesidades y urgencias electoralistas del presidente del Gobierno en funciones. Sacar a Franco del Valle de los Caídos ha sido la prioridad, casi absoluta, para una Dirección General de Memoria Histórica que Sánchez se apresuró en crear a finales de junio de 2018, al poco de tomar posesión, y cuya función apenas ha pasado de desbloquear los trámites jurídicos que durante más de un año han frenado este proceso de exhumación. A razón de 15.768 euros, el diseño del logotipo republicano que el Ministerio de Asuntos Exteriores quiso hacer circular desde las embajadas y los consulados de España, es una de las escasas iniciativas -encargada por Exteriores y neutralizada tras la oportuna denuncia de ABC- que ha llevado a cabo esta fantasmal dirección general, ahora sin titular y de la que se hace cargo su subdirector general.

El reparto de contratos a dedo, por un valor de 311.000 euros, y la firma de convenios con asociaciones nacionales y extranjeras muestra el reducido margen de maniobra de un organismo concebido en exclusiva para exhumar los restos de Franco y consagrar de forma falaz el republicanismo de los años treinta como sinónimo de democracia plena. Invertir en la concordia entre los españoles, rota desde los tiempos de Rodríguez Zapatero, no tiene para Pedro Sánchez tanta rentabilidad electoral como trabajar por el enfrentamiento ideológico e institucionalizar una memoria sesgada y excluyente.

Algo más que una exhumación
EDUARDO INDA okdiario 29 Septiembre 2019

Claro que un dictador no puede estar enterrado en un edificio público. Y eso que hay numerosas y notorias excepciones: Napoleón, que yace en Los Inválidos en pleno centro de París, u otro implacable asesino como es Lenin, cuya impoluta momia se puede ver cuatro días a la semana en la bellísima Plaza Roja de Moscú. Éstas son las más famosas pero hay muchas más. Claro también que cualquier familia, sea la de un asesino en serie o la de un santo varón, goza del inalienable derecho a enterrar a su ser querido donde le dé la realísima gana. No sólo es un precepto moral de primero de Filosofía del Derecho sino también incuestionablemente legal.

La resolución de la Sección Cuarta de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo es tan impecable en el primer apartado como mosqueante en el segundo. Los seis magistrados que el martes dictaron sentencia sobre la exhumación de Francisco Franco optaron increíblemente por aceptar todas las demandas del Gobierno, incluida la prohibición a los nietos de sepultar al abuelo donde ellos habían decidido: el panteón que poseen en La Almudena. Un desenlace esperable por cuanto tres de los magistrados son abiertamente filosocialistas y otro peneuvista, es decir, próximo a un partido que aboga por la independencia del País Vasco.

Ahora resulta que con Franco se hace exactamente lo mismo que se criticaba a Franco; es decir, inhumar al enemigo ideológico donde a ti, no a sus parientes, te apetece. El sátrapa que gobernó España durante 36 años llevó por su cuenta y riesgo miles de cadáveres de combatientes republicanos al Valle de los Caídos y ahora, en una vendetta de manual siciliano, se hace lo propio con él. Consejos vendo que para mí no tengo.

De todas formas, hay que agradecer al presidente del Gobierno que haya solucionado el más grave problema que afecta a los españoles: el lugar en el que está enterrado un tipo que los menores de 25 años no tienen puñetera idea de quién es y que los mayores habíamos olvidado hace tantos años que habíamos perdido la cuenta. Franco es más importante para los ciudadanos que esos 3 millones de parados y que los otros 2 que vendrán si continúa este Gobierno derrochón y sacacuartos. Sacar a Franco de Cuelgamuros preocupa y ocupa más a los españoles que esa crisis a la que nos lleva de nuevo el socialismo por ese Zapatero bis llamado Pedro Sánchez. Impedir al clan Franco enterrar a su abuelo donde les plazca es más urgente ética, moral y pragmáticamente que meter en vereda a los golpistas catalanes. Y, claro está, la gente considera más perentorio echar al dictador de un nicho que no eligió él sino el Rey Juan Carlos que esa inmigración ilegal que va a acabar haciendo saltar por los aires nuestro Estado de Bienestar.

Dicho todo lo cual vayamos al fondo de la cuestión que no es otro que la imposición a machamartillo, por métodos indudablemente goebbelsianos y estalinistas, del pensamiento único. Un pensamiento intocable que sostiene que la Guerra Civil fue una contienda de buenos contra malos cuando en realidad los unos fueron tan malos como los otros. Hay que recordar que hubo más muertos en la retaguardia franquista, los mal llamados nacionales, unos 100.000, que en la espuriamente denominada republicana, alrededor de 50.000. A ello hay que agregar las 50.000 sentencias de muerte dictadas por los ganadores en la posguerra. Muchos olvidan que si bien es cierto que el régimen franquista fue práctica y teóricamente una tiranía no lo es menos que si hubieran vencido los republicanos aquí se hubiera instaurado una satrapía a las órdenes de la Unión Soviética. Ni más ni menos, ni menos ni más. Por no hablar de los 10.000 religiosos asesinados vilmente por la izquierda gobernante en los meses previos a la rebelión liderada por Francisco Franco.

No me canso de repetir en OKDIARIO, en La Sexta y en Telecinco que la necesaria salida de Franco de un monumento público debe ir acompañada de la eliminación de las calles dedicadas a criminales de marca mayor como Santiago Carrillo, que ejecutó sin pestañear a 6.000 personas en Paracuellos. De las vías y estatuas en honor a Pasionaria, que entre otros ordenó el asesinato de José Calvo-Sotelo. “Es la última vez que este hombre habla aquí”, amenazó tres días antes de la muerte del político conservador, según contaba un testigo directo, el gran Josep Tarradellas. Igual suerte deberían correr los bustos y las placas callejeras dedicadas a Largo Caballero, el Lenin español, uno de los responsables por no decir el responsable del golpe de Estado frustrado del 34, que se saldó con 1.500 muertos. Y qué decir de ese hijo de Satanás que responde al nombre de Lluís Companys, que dictó 8.200 sentencias de muerte. Un Companys que tiene hasta un estadio, el Olímpico de Barcelona, a su nombre. Manda huevos

Más allá del peligroso democráticamente hablando pensamiento único, hay algo aún peor, que es ese sentimiento guerracivilista que se ha impuesto en España de Zapatero a esta parte. La fascistoide Ley de Memoria Histórica borró de un plumazo el consenso suscrito entre españoles en 1978 para olvidar el pasado, darse la mano, abrazarse y caminar juntos rumbo al futuro. Ese Pacto de la Transición, que es lo mejor que hemos hecho nunca jamás en este país que tan gráficamente retrató Goya en su magistral Pelea a garrotazos. Desenterrar esos fantasmas del pasado es letal porque despierta lo peor de cada uno de los 46 millones de españoles. Es reactivar a la fiera que llevan dentro muchos compatriotas que detestan a la otra media España. Supone dividir a una sociedad moderna, que había dejado los rencores en el baúl de la historia, en buenos y malos, en legítimos y bastardos ciudadanos o en conservadores y progresistas, división cargada de mala baba desde su mismísima concepción.

Estamos como en el 34, en el 35 y en el 36: con la izquierda y especialmente la extrema izquierda de la manita de los independentistas con el indisimulado objetivo de cargarse el sistema, entonces la República democrática, ahora la España constitucional. Su objetivo último es instaurar uno en el que el centroderecha y la derecha no tengan derecho ni a respirar salvo que pasen por el aro de ese pensamiento monocolor que avanza en España cual moderno Atila gracias a la ímproba y nada desinteresada tarea del 70% de los periódicos, las radios, las televisiones y ese nuevo vehículo de agit-prop que representan las redes sociales.

Los que siempre hemos apostado por la Tercera España, la de Marañón, la de Ortega, la de Sainz Rodríguez, la de Menéndez Pidal, la de Madariaga o la de Sánchez-Albornoz, estamos horrorizados. A nadie se le escapa que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Y nosotros no somos esos Estados Unidos o ese Reino Unido que acumulan más luces que sombras. Pues eso. Que se quiere matar civilmente a media España. Esto no es Franco sí-Franco no. Entre otras cosas porque a la mayor parte de los españoles nos repugna el dictador. La cuestión es más sencilla y cruel: media España sí-media España no. Cuidadín porque estas armas las carga el diablo.

¡Otra vez no, por favor!
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ El Mundo 29 Septiembre 2019

Abascal me lo pone difícil. El año pasado fui al mitin de Vistalegre. Me sentaron en la segunda fila, detrás del Alto Estado Mayor, y media España se enteró. Siempre me ha gustado que me silben los oídos, pero ahora, con la edad, me estoy quedando un poco sordo y prefiero el silencio a la algarabía. Que los fachas de izquierdas me llamen facha de derechas tiene su lógica, pues se lo llaman a todo el que no comparte sus ideas, pero cansa un poco, la verdad.

El día en que Vox dio por hecho un futuro espaldarazo electoral que después se quedó en mohíno premio de consolación me juré a mí mismo que nunca volvería a asistir un mitin, lo organizara quien lo organizase. ¡Menudo coñazo, con todo dios berreando consignas sin parar! Un par de meses después ya había faltado a mi palabra, pues fui a los de cierre de campaña del PP y de Vox en las elecciones andaluzas, pero lo hice por necesidades del guión del libro que entonces iba a escribir.

Y ahora, convocada ya la segunda edición de Vistalegre y decidido yo a pasar de largo ante ella, me entero de que los heraldos abascalinos han propuesto en el Congreso cosas tan sensatas como revertir algunos de los nombres de las calles recientemente modificados al abrigo de la Ley de Memoria Histórica, derogar cuanto antes la citada ley por atentar contra la libertad política, de pensamiento, de investigación y de cátedra, sellar de una vez por todas las fronteras de Ceuta y Melilla para que dejen de ser coladero de ilegales y supuestos refugiados por nadie perseguidos, y negarse a condenar el franquismo y la guerra civil para que la historia vuelva a ser coto de estudio reservado a los historiadores.

¡Hombre, Santi! ¡No me fastidies! ¡No te salgas con ésas, porque si lo haces, tentado por la cordura de tales propuestas que no responden a ideología alguna, sino a los dictados del sentido común, voy a tener que personarme el 6 de octubre en Vistalegre en contra de mis deseos! Ten piedad. Prométeme que no me darás trato de Vip para que no vuelvan a silbarme los oídos o, mejor aún, ordena a tus chicos que antes digan alguna barbaridad. Por ejemplo: que el 11 de noviembre os sumaréis a los manejos del tricentrito socialdemócrata para que todo el país vuelva a estar en manos de un partido minoritario al que en las últimas legislativas sólo votó una persona de cada cinco. Basta con eso para que me quede en casa sin necesidad de ponerme tapones en los oídos.

Rafael Bardají, el Darth Vader de Vox: "España ha llegado al límite, aquí no caben más inmigrantes"
"Los españoles deben ser tratados con un plus sobre los inmigrantes"/ "Cuando miraba el 'Aquarius' no veía a gente en peligro de nada"/ "Vox no está contra las mujeres, quiere protegerlas mejor" / "¿Por qué no exhumamos a un responsable de asesinatos como Carrillo?".
Daniel Ramírez elespanol 29 Septiembre 2019

Rafael Bardají (Badajoz, 1959), miembro del Comité Ejecutivo de Vox, aconseja a Santiago Abascal detrás del escenario, lejos de las listas electorales y liberado de las peleas por el poder. Por eso, a mala uva, sus detractores le apodaron Darth Vader. Un personaje que le encandila. Tanto que colecciona sus máscaras.

Antes de viajar a Vox, trabajó para José María Aznar como asesor de Defensa. Le recomendó, por cierto, la intervención en la guerra de Irak. Bardají detecta la gasolina que riega el debate político. Y, luego, Vox prende el mechero. No le pesa reconocer que el partido -que el próximo domingo busca repetir en Vistalegre el lleno de hace un año- crece aupado por sus posturas acerca de la inmigración, la violencia de género, el islam o la memoria histórica. De Donald Trump, con cuya Administración ha colaborado, dice haber aprendido a surfear los márgenes de lo "políticamente incorrecto".

Figura de senador republicano, en las esquinas de su verbo tranquilo se atisba el placer de quien sabe que no necesita alzar la voz para escandalizar a su interlocutor. El votante de Abascal pensará: "Verdades como puños". Otros dirán: "Qué barbaridad".

Experimentado provocador, acepta de buen grado que le provoquen. Ahora acaba de ser nombrado consejero de una compañía que fabrica armas. Un amigo, al conocer la noticia, le dijo: "¡Es que eres la bomba!". Explota en tres, dos, uno...

Usted es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Años después, le siguieron Iglesias, Errejón y el núcleo duro de Podemos.
La Facultad siempre ha estado orientada a los movimientos de protesta. Cuando yo estudiaba, coincidí con Verstrynge, que venía de la extrema derecha... y con trotskistas y maoístas. Había de todo. Recuerdo con gran cariño la tolerancia y la discusión entre los distintos. Eso ha cambiado con el paso del tiempo. La gente no ha radicalizado su pensamiento, pero se ha vuelto más reacia al debate, al ejercicio racional de escuchar al adversario.

De joven, ¿coqueteó con el comunismo?
Nunca me sentí atraído por el PC, pero era el único movimiento de izquierda y oposición al franquismo. Por aquellos años, quería un cambio de régimen. El comunismo servía de pivote a muchas plataformas, pero siempre me pareció tremendamente estalinista. Yo tendía hacia corrientes más trotskistas.

¿Y cómo un trotskista acaba en Vox? ¿Cuál de los dos extremos es el lado oscuro de la fuerza?
Ambos son muy oscuros [ríe]. Las circunstancias son las que son. Aunque, en los setenta, el régimen se había flexibilizado, existía una limitación de las libertades. Forzar el cambio me parecía lo más normal y así lo sigo pensando. Pero de ahí a comulgar con las visiones totalitaristas de la izquierda... Soy un conservador libertario. El individuo es, junto a la familia, el núcleo social básico.

¿Cuál es su relación con Donald Trump? Se ha especulado mucho con esto. ¿Lo ha saludado alguna vez?
Sí, a ver, le cuento… Me he dedicado a temas de Seguridad y Defensa toda la vida. Por eso he tenido amigos en las distintas Administraciones norteamericanas. Desde la época de Ronald Reagan hasta la actual. Cuando Trump se instaló en la Casa Blanca, me encargaron un asesoramiento que debía responder a algo así como: "¿Cómo debe ser la relación del presidente con los estados europeos? En sus visitas a la OTAN, por ejemplo.

¿Cómo es Trump en las distancias cortas?
Le he visto poco. Es una persona con un instinto brutal. Cree conocer a su interlocutor en cuestión de segundos. También es un tipo transaccional. Si tienes algo que le interesa, te ofrece algo que te interese a ti para conseguirlo. Todo es muy contractual. Quiere ganar y ofrece algo a cambio. Es un trader.

Usted mantiene una estrecha relación con Steve Bannon, que fue gurú de Trump. ¿Era ése su principal contacto con la Casa Blanca?
No, yo siempre he entrado de la mano del asesor de Seguridad Nacional. Conozco a Bannon, sí, y mantuvimos una serie de reuniones. Le había tratado antes y le he seguido viendo después.

¿Qué hizo, hace y hará usted en Vox?
Lo que he hecho es lo mismo que hago y seguiré haciendo. Colaboro aportando ideas, pienso en cómo encarar la situación nacional, detecto temas que puedan tener impacto. Ayudo a mejorar la estructura del partido, la toma de decisiones, las relaciones internacionales… No soy la mano que mece la cuna. Soy amigo de Santiago Abascal, me pidió ayuda y estoy a su disposición. Sigo en el Comité Ejecutivo de Vox.

Permítame una traducción provocadora de lo que ha dicho: usted se dedica a detectar los temas que generarán incendios en el debate político.
Bueno, llevo muchos años en esto, tengo una edad y una sensibilidad para saber qué temas funcionan en términos de atractivo político. Vox posee una gran ventaja sobre el resto. Emplea asuntos transversales que atraen a gente de Podemos y el PP. Violencia de género, memoria histórica, criminalidad e inmigración, islamización de Europa... Hay que saber percibirlos en su momento y utilizarlos como bandera política.

Ustedes suelen recurrir a este tópico: “No somos políticamente correctos”. ¿Es una excusa a la que agarrarse para decir barbaridades?
Venimos de unos años de mucha censura. Bueno, quizá pueda darse ese caso, que uno parezca más radical de lo que es... Ese clima nos empuja a ser más provocadores de lo que otros consideran necesario. En España, enseguida te acusan de ser un fascista. Romper esa dinámica a base de provocaciones es lo único que se puede hacer. No me parece que Vox se pase tres pueblos.

¿Qué aprendió Vox de Trump para encarar la última campaña electoral? Se dijo que, incluso, les brindaron alguna tecnología.
No hay relaciones formales ni institucionales. Por mi parte, intenté sacar lecciones de los movimientos de nueva derecha que nos pudieran servir. El de Estados Unidos era el caso más obvio, la única victoria importante a excepción del brexit. Eso que usted apunta del Big Data... Con lo pequeñito que era Vox, aquello resultaba para nosotros la Guerra de las Galaxias. A la gente le gusta seguir las manos negras por todas partes.

Una periodista del Washington Post me preguntó cuál era la influencia de Bannon en Vox. Yo le contesté: "La que le den los periodistas". No nos sentimos atados ni asesorados por Trump. Vox ha crecido porque ha sabido encontrar los elementos temáticos y conectar con una franja de la población. No hemos tenido herramientas especiales, ocultas ni extranjeras.

¿Qué lecciones extrajo de la victoria del trumpismo para orientar a Vox?
Que no hay que conformarse con seguir la narración dentro de los márgenes de lo políticamente correcto. Siendo provocador se causa más impacto. También, la utilización exhaustiva de herramientas como Instagram. Pero, en definitiva, pusimos el foco en eso que le comentaba: detectar los temas que son tabús para muchos, pero que para parte de la población resultan cercanos y necesarios.

¿Qué le dijo Bannon, cuando se reunió con él, acerca del posible éxito de Vox en España?
En ese momento, él creía que lo que había pasado en Estados Unidos podía replicarse en Europa. Parecía una ola que subía. Creía que apelando a la ruptura de los partidos tradicionales, a la degeneración de las instituciones, a la debilidad del bipartidismo… Veía posible abrir ese espacio.

Bannon rompió con Trump. ¿Por qué?
Bueno, Trump rompió con Bannon. En un momento dado, Bannon pensó que el círculo familiar estaba desorientando al presidente, llevándolo a un camino tradicional, y no rupturista. Calificó a su hija como "más tonta que una piedra". La familia es importante para Trump y esa gota colmó el vaso. Bannon creía que podría servir de imán para todos los movimientos de derecha alternativa que estaban surgiendo en Europa. Las cosas han ido en otro sentido.

¿Trump sabe lo que es Vox?
¿Él personalmente? No tengo ni idea. La Administración norteamericana, sí. Tienen analistas para distintos temas.

Pero, si le preguntan directamente: “Mr. Trump, ¿have you heard about Vox?
Tengo mis dudas. No lo sé. No tengo elementos de juicio. No lo esperaría. El presidente de Estados Unidos está en millones de cosas.

Ha dicho que colabora con Vox en la planificación de reuniones internacionales. ¿Orquestó la visita de Abascal a Salvini?
La relación con Salvini viene de antes. Fue polémica porque él empezó apoyando al separatismo catalán. Santiago le presionó para que se desdijera. Yo no he intervenido, no ha sido necesario. A Salvini le he tratado poco. He coincidido en varias reuniones y en algún sarao internacional más distendido. Es un animal político. Entiende bien los temas que llegan a la gente. El órdago que lanzó saliendo del Gobierno para forzar elecciones le ha salido mal. No significa que esté acabado.

¿Vox no tiene más que perder mostrando su amistad con Salvini?
Ese tipo de imágenes con líderes internacionales tienen poco impacto en el votante. No es relevante. Me importan las soluciones, que se generan aquí y no vienen de fuera.

Si el 'Aquarius' hubiera estado frente a una costa española, y no italiana, ¿habría apostado por acogerlo?
España debería haber recibido el barco y deportar inmediatamente a todos los que estaban a bordo.

¿A sus países de origen?
Adonde hubiera sido posible. Queman los pasaportes y tiran la documentación para que no se pueda identificar su país de origen. España tiene acuerdos de repatriación con varios estados. Lo ideal es lo que marca la ley: desembarcar en la costa más cercana y segura.

Yo no quiero que se mueran a bordo, por supuesto, los recibiría y les daría elementos suficientes para mantenerlos bien, pero inmediatamente los mandaría en avión o barco a otro país. No se debe premiar a quien entra en España cometiendo una ilegalidad.

Vox se define como un partido defensor de la civilización cristiana y occidental. En los Evangelios se apela a la caridad. Algunos de esos inmigrantes estaban enfermos y venían de sufrir torturas en sus países. ¿No es incompatible con la caridad deportarlos?
El perfil de inmigrante irregular que viene a España no es el más pobre en sus países de origen. Son de clases medias-altas porque pagan un dineral a las mafias que les traen. No hablo de que mueran de sed, enfermedad o hambruna. Hay que curarles, pero con el límite temporal de que, en la primera opción, tienen que ser repatriados. No suelen estar en la escala más pobre, sobre todo cuando no vienen de zonas de conflictos.

La caridad cristiana bien entendida no exige el suicidio de una civilización. Siento que pasen esas cosas fuera de España, pero no somos responsables ni tenemos la llave para que cambien. Las llegadas deben admitirse en función de parámetros como, por ejemplo, el mercado laboral: si nos hace falta gente, que entren, pero de manera legal, como cuando se fueron los españoles a Alemania en los cincuenta.

El efecto llamada hace flaco favor a los inmigrantes legales y a los propios españoles. Aumenta la criminalidad, crecen los manteros. Y, encima, suponen una carga muy grande para el Estado. ¿A quién proteges como país? ¿A los tuyos o al resto del mundo? A los españoles, que han construido este país con su esfuerzo y su sudor. Mire los cien primeros nombres de un listado de vivienda social, habrá dos de origen español, el resto son latinos o musulmanes.

Entonces, ¿usted es partidario de priorizar a los españoles en la concesión de viviendas públicas y en la atención de los comedores sociales?
La obligación de cualquier Estado es primero con sus nacionales.

Pero, ¿priorizaría por ley a los españoles?
Los españoles tienen que ser tratados con un plus de diferenciación positiva, no a la inversa. Se han invertido los parámetros. Hay que hacer una tarea más fuerte y directa para situar al español en el centro del Estado. Sin duda.

Cuando hablaba del 'Aquarius', me ha recordado a Marcos de Quinto y sus “bien comidos”. Viendo las fotografías y la expresión de aquellos inmigrantes… Tengo la sensación de que era justo al revés.
Mire, por desgracia, muchas de las mujeres que vienen son vendidas por su propia familia. Les dan un buen dinerito y saben que aquí van a ser esclavizadas. Eso responde a una estructura social y cultural de esos países de origen que no vamos a arreglar ni pretendemos arreglar.

Cuando miraba las fotos del Aquarius no veía a gente en peligro de nada. Esas enfermedades tan drásticas de las que hablaban los médicos a bordo, ¿dónde están? ¿Cuánto han tardado en salir de los hospitales? Existe un discurso de la exageración. Esos buques están en connivencia con las mafias y luego cantan la obligación moral de que les atendamos. Esto es tráfico de personas y así debe ser tratado.

Tomo su ejemplo: dice que hay mujeres que son vendidas por sus propias familias. ¿No habría que evitar, precisamente por eso, la deportación a sus países de origen? Las estaríamos enviando a lugares donde son capaces de deshacerse de ellas por dinero.
El mundo ni es justo ni es perfecto. No puede ser que paguemos los españoles esas imperfecciones. La responsabilidad está en las estructuras sociales y culturales de esos países. Si España disfrutara de bonanza económica, cohesión social y nacional, podríamos admitir más inmigrantes. En esta situación de disolución de la imagen nacional, de crisis económica y de un relativismo galopante, el número de inmigrantes que podemos absorber es mucho menor.

Hemos llegado a un límite: aquí no cabe nadie más. Y lamento mucho las situaciones dramáticas, pero no las hemos causado nosotros ni las vamos a resolver. Además, de esas mujeres, ¿cuántas acaban en un club de alterne y carretera? No les estamos prometiendo un futuro mucho mejor.

¿Blindaría las fronteras españolas con muros?
No concibo un país que no defienda sus fronteras. Hay que ver con qué mecanismos se pueden hacer más impenetrables. Las vallas de Ceuta y Melilla se están demostrando ineficaces. La Guardia Civil está maniatada. ¿Un muro de ladrillo o piedra mejoraría la situación? Es posible, no lo sé. Pero sí sé que debemos cambiar de manera urgente.

¿A qué se refiere?
Por ejemplo, autorizaría a los agentes a utilizar herramientas que ahora no tienen: gases lacrimógenos o pistolas teasers.

Usted arguye: “Como la identidad nacional corre el riesgo de disolverse, no vamos a acoger a nadie más”. ¿Eso no es nacionalismo español?
Yo soy nacionalista español, lo digo muy orgulloso. No voy a ser nacionalista americano, boliviano o filipino.

Hay una diferencia entre patriota y nacionalista. El primero está orgulloso de su país; y el segundo, por ese motivo, se cree superior a los nacidos en otros lugares.
Eso son definiciones que uno se inventa. La diferencia entre nacionalismo y patriotismo puede ser lo sofisticada que usted quiera pero, al final, son lo mismo. Yo no entiendo el nacionalismo como los arios. Somos producto de una historia, de un estado, no me arrepiento de lo que ha pasado y entiendo cuál es el mínimo común denominador de esta sociedad.

No soy portugués ni chino. ¿Por qué un senegalés va a ser español? No puede serlo. Hay cosas objetivamente imposibles. Eso es para mí el nacionalismo. Los españoles no somos mejores ni peores, pero tenemos intereses distintos que nos definen. Lo de patriota suena más a gesta heroica.

Entenderá perfectamente, entonces, a los nacionalistas catalanes. Ellos, igual que usted, dicen sentirse catalanes, y no españoles. Por eso buscan la independencia, “defienden su Estado”.
Creo que los nacionalismos comparten cierta base de sentimiento irracional. Dicho esto, es difícil imaginar un sentimiento más artificial que el nacionalismo catalán. Su base es la historia falseada. Es como si me dice, ¿podemos entender el cantón de Cartagena? Sólo desde el punto de vista de tres gatos, pero no en términos de evolución histórica. No pueden tener la misma base que una nación creada hace quinientos años.

¿Cómo solucionaría usted el conflicto catalán? ¿Ha teorizado al respecto?
Hay varios mecanismos, todos a largo plazo. Debemos ir reduciendo la infraestructura ideológica del separatismo, eliminando progresivamente esas cámaras de resonancia: televisiones y escuelas. Invertir en educación, revertir la hegemonía monolingüística… Todo pasa por ahí. Es cuestión de años.

Hablemos del 10-N. Usted era del PP, ahora es de Vox. ¿Qué le parece la idea de España Suma?
No sé a quién suma. Es una ocurrencia electoralista para parecer que el PP está abierto a incorporar en una gran tienda a todo el mundo. Está dirigida a los votantes de Ciudadanos para que Rivera parezca irresponsable. En mi humilde opinión, allí donde se ha gestado, como Navarra, ha sido un fracaso absoluto. Siento muy poca atracción por esa idea. Es una táctica burda e infantil, un abrazo del oso a quienes están en los márgenes del PP.

Tras leer algunos de sus artículos me da la sensación de que usted considera de izquierdas a PP y Ciudadanos.
Son socialdemócratas. Favorecen una serie de medidas que tienen que ver con la socialdemocracia de los años cincuenta y sesenta. Los sitúo en el centro izquierda.

¿Qué piensa de la exhumación de Franco?
Es una instrumentalización política para agitar a sus bases. No está bien jugar con la Historia. ¿Por qué no exhumamos a un gran responsable de asesinatos como Santiago Carrillo?

¿Realmente quiere exhumar a Carrillo?
No, yo quiero dejar a todos los muertos en paz, allá donde estén, en el cielo o en el infierno.

Carrillo, a diferencia de Franco, no tiene un mausoleo en su honor.
Bueno, enterrarlo allí fue decisión del Rey Juan Carlos. Es lo que hay. No tengo el más mínimo interés en remover el pasado. Es un ejercicio que solo divide. Y más cuando se orienta al rédito electoral. Sánchez ha actuado con mala fe. La izquierda se ha vuelto loca y nos está llevando al abismo. No me imagino a Macron exhumando a Napoleón.

En calidad de experto internacional, ¿cómo evalúa la visita de Sánchez a la ONU?
He visto la parte que ha dedicado a ensalzar la exhumación de Franco. Se ha equivocado de tribuna. Hablar de democracia y de ajustar cuentas con dictadores muertos… imagino que la sala estaría vacía. Los turnos de España suscitan poca atención. Es parte de su campaña electoral, entiendo que lo haga.

Hace unos días, los concejales de Vox se presentaron con su propia pancarta -”la violencia no tiene género”- en un homenaje a una mujer asesinada. ¿Se pasaron de la raya?
No. Es coherente con lo que hemos mantenido. La violencia es intrafamiliar: afecta a mujeres, hombres, padres, niños… Hay que abordarla desde esa visión más completa. En segundo lugar, creemos que todo lo que conlleva la ideología de género está al servicio de unas estructuras que pervierten el discurso y sacan beneficio económico de ello. Vox no está en contra de las mujeres, quiere protegerlas mejor. Se ha creado una situación en la que parece que los hombres asesinados son inferiores.

No es que sean inferiores… Estadísticamente, es violencia de género porque los hombres asesinan a las mujeres en un altísimo porcentaje de casos. ¿Cuántas mujeres asesinan a sus maridos? ¿Percibe la diferencia numérica?
Se pueden poner medios, pero sin justificar que hay una violencia específica para las mujeres. Hemos caído en una cultureta en la que parece que la mujer es víctima de todo y el hombre es el mayor asesino. Debemos endurecer las penas, ir en contra de cualquier tipo de agresor, pero eso no significa que haya que poner bases legales y culturales por las que el hombre siempre sea sospechoso.

La solución se confecciona a raíz del problema. Si la mayoría de asesinatos son de hombres a mujeres, ¿cómo la ley no va a tener eso en cuenta?
El problema que ha generado esa ley es un entramado de instituciones que viven del erario público y alimentan un discurso irreal. La ley no ha mejorado la condición de las mujeres, sino de aquellos que se mueven alrededor de la violencia de género. La ley ha tenido un efecto perverso, ha generado una industria ineficaz que además culpabiliza a los hombres.

La propuesta de Vox acerca de las armas levantó mucha polémica. ¿Cuál es su criterio?
En España ha desaparecido algo básico para la civilización: el derecho a la autodefensa. Legalmente, no existe. Vox propuso, en contra de lo que se dijo, que uno pueda defenderse en su casa cuando es atacado: puede ser una escopeta, un cuchillo o una sartén.

Si hoy en día me atacan, tengo que poner el otro carrillo para no acabar en la cárcel. El derecho a la autodefensa debe incluirse en el Código Penal. Se favorece más a quien comete el acto criminal que al que se defiende.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
La rebelión institucional en Cataluña puede revolucionar las elecciones

Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 29 Septiembre 2019

Todo lo que pasa en España desde hace años es fruto podrido de lo más podrido de la política nacional, que es la complicidad de los gobiernos de Madrid con el nacionalismo-separatismo-golpismo catalán, que todo es uno y lo mismo desde hace casi cuarenta años, cuando Pujol se hizo con el Poder en Cataluña y con los escaños suficientes para someter al PP y al PSOE a sus planes. Algo que ni sociatas ni peperos han lamentado jamás.

En los últimos cuatro años, el golpismo catalán se ha llevado por delante al partido y luego al Gobierno de Rajoy. Y dado que Sánchez sigue exactamente el mismo camino, sería lógico que corriera la misma suerte en las urnas del 10 de Noviembre. Algunos dicen que, dada la acreditada falta de escrúpulos del Greto del PSOE, podría aplicar un 155 que no fuera sólo el anuncio como con Rajoy, apoyado en su inacción por Rivera y el propio Sánchez, sino de verdad, con todas las consecuencias. ¿Sánchez oportunista y heroico? Lo dudo muchísimo.

El parlamento catalán vitorea a los terroristas
Sobre todo, tras ver la abyecta actuación de Iceta ofreciendo apoyo a Torra si se porta mejor o disimula un poco, en el aquelarre golpista del Parlamento catalán, cuya mayoría asnal -el burro es el símbolo del separatismo- proclamó a gritos y con Torra a la cabeza su apoyo a los terroristas encarcelados por la Audiencia Nacional cuando preparaban, con abundancia de explosivos, una cadena de atentados por el 1-O y la sentencia del Golpe. Nunca en el Parlamento Vasco se levantaron nacionalistas y comunistas a apoyar a los etarras. Sólo el partido de la ETA. Y a los cedarras los han jaleado Torra, ERC, JxCat y la CUP, con la abstención cómplice de los Comuns de Asséns, un separatista que parece más de la CUP que de ERC. La diferencia prueba que el nacionalismo mal llamado "moderado" está más radicalizado que el PNV, EA, Madrazo y demás cómplices de la ETA. Y que el nuevo terrorismo catalán cuenta con absoluto apoyo institucional.

Es evidente el paralelismo con las jornadas de desconexión del 5 y 6 de septiembre (incluido el aviso de los letrados) que precedieron al Golpe callejero, con el referéndum permitido por Rajoy y la proclamación de la República por 64 parlamentarios durante unos minutos -los suficientes en cualquier país serio sin pena de muerte para pasar veinte años en la cárcel-. Pero esta vez es aún más grave, porque se trata de una rebelión previa a la posible condena por rebelión -cuando la vea me la creeré- de los golpistas de 2017. Con el aderezo esencial del terrorismo como parte legítima de ese Golpe que Rajoy no quiso desactivar y Sánchez ha querido reactivar para que los separatistas lo apoyen en su estadía monclovita, que anhela eterna. Veremos si no se lo lleva por delante, por cobarde, como al propio Rajoy.

Celáa, Marlaska y un Gobierno desnortado
El calendario de rebelión institucional de la Generalidad y su banda en Cataluña se ha visto alterado por la acción de la Audiencia Nacional y la Guardia Civil a espaldas del Gobierno, que, como se ha visto en la reacción de Sánchez, Marlaska y Celáa, no es que hubiera perpetrado otro faisán, sino que lo ha echado de menos. Marlaska no ha dudado en corear a Torra y Torrent atacando a la AN, a la que perteneció cuando parecía juez. Celáa ha calificado de "declaraciones" los vítores al terrorismo, como si el Supremo no fuera a juzgar una "declaración", la de la República Catalana. Y el Gobierno en general, con Sánchez falconeando por Nueva York, ha dado la sensación de estar absolutamente superado por los acontecimientos.

Han coincidido dos circunstancias para esta especie de colapso en la habitualmente arrolladora presión publicitaria del Gobierno. La más grave es que le salgan vitoreando a la ETA catalana todos sus socios de Moción, pero la que realmente les ha afectado es la evolución de las encuestas, que empieza a ser, sencillamente, calamitosa. Por resumir, el PSOE ya no sube sino que hasta baja en escaños, Podemos se ha roto pero debilitar a Iglesias no refuerza a Sánchez, aunque drene la abstención de izquierdas; el PP sube, Vox se mantiene, y lo único positivo es el desplome de Ciudadanos. Pero, el PSOE no podría formar gobierno ni siquiera juntando a Podemos, Errejonemos y el PNV. Necesita a ERC, que a la hora de la verdad siempre se pliega a Cocomocho y Torra, con los cedarras como fuerza de choque.

La abstención de la derecha puede frenarse
Si el hecho de no formar Gobierno PSOE y Podemos alentaba una gran abstención de izquierdas -que se frena fletando el partido de Errejón- la abstención de las derechas, desanimadas por la falta de cualquier acuerdo electoral, puede convertirse en movilización ante el golpismo catalán, que es algo que solivianta al votante derechista más que los pactos de partidos. Vox se ha blindado, creo yo, quedándose solos en la defensa de la tumba de Franco. Casado ha dado una asombrosa voltereta y ha vuelto al discurso de Rajoy, asumido ahora por Sánchez: veremos si esas "declaraciones" son tan graves y en su momento se verá si se aplica el 155, que ahora no está claro. Así que Ciudadanos tiene la posibilidad de salir de la fosa que cavó Rivera.

Lo único sobre lo que no se puede decir que Rivera no haya insistido hasta la extenuación en las dos sesiones de investidura frustradas ha sido en la necesidad de aplicar ya, pero ya, el 155 en Cataluña. Y lo que parecía prematuro o aventurado, porque Junqueras y los presos andaban indecisos antes de la sentencia, de pronto se ha convertido en el principal argumento electoral. Porque ya no se trata de la estabilidad del Gobierno sino de la continuidad nacional. Y el votante de Ciudadanos, que es siempre el que más duda antes de votar y por eso el que menos se clarea en las encuestas, se puede movilizar, olvidando los dislates, ausencias y caprichos de Rivera, ante un factor que, como a los que votaban al PP y votan a Vox, les saca de quicio y de casa: el golpismo catalán y la inacción del Gobierno de España. Si se añade la gallarda actuación de Carrizosa -ah, si fuera el candidato- la vuelta del voto naranja decepcionado puede ser algo más que una hipótesis.

La resurrección de Rivera
Esa cobardía, esa pasividad, ese recurso al recursito a los tribunales que patentó Rajoy y la brigada Aranzadi de Soraya, y que está siguiendo al pie de la letra Sánchez, es lo que, tras la deserción de voto por la izquierda, que se fue a Cs, llevó a la salida del voto del PP por la derecha, hacia Vox. Cuando pareció que Rajoy iba a aplicar el 155 en letra y espíritu, acabando con las instituciones golpistas, de TV3 a la Generalidad, el PP subió una barbaridad. Cuando se vio que huía convocando nuevas elecciones y sin tocar el poder golpista, se hundió. Y Vox pasó de 40.000 votos a 2.700.000. Tal vez, casi seguro, podría haber subido, pero no esa barbaridad en un año.

Si el PP rebla, vuelve al sorayismo y se pega al Gobierno del PSOE, deja a Vox campo libre para asentarse; y a Ciudadanos, para recuperarse. El factor nuevo es que la movilización de la derecha contra el golpismo favorece a Cs, Vox y PP; y perjudica a las izquierdas, sobre todo al PSOE. Y tanto la participación como la resurrección del centro nacional español puede poner patas arribas todos los cálculos que llevaron a la repetición electoral. Cuando peor se porten los golpistas catalanes, mejor le irá a Rivera, que es lo peor que le puede pasar a Sánchez. Hete aquí como el Mal, sin pretenderlo, por su propia maligna naturaleza, puede ayudar al Bien, aunque no pase de regular.

El 155, como arma electoralista
 larazon 29 Septiembre 2019

La campaña electoral que se avecina presenta demasiados flancos abiertos para los cuatro partidos que, en realidad, cuentan y, en consecuencia, llena de dudas a los distintos comités de planificación política sobre la estrategia a seguir. Hay, sin embargo, un punto de coincidencia general al atribuir a la crisis en Cataluña el eje sobre el que debe discurrir el relato de los candidatos, incluso, por encima de asuntos tan acuciantes o más, como son la ralentización del crecimiento de nuestra economía, que ya se anuncia en las peores previsiones del PIB, y la caída del mercado laboral. Se nos dirá que tanto los problemas que plantea la sedición institucional en el Principado, –azuzada desde el separatismo con la intención de amedrentar a los jueces del Tribunal Supremo que, en este preciso momento ultiman la redacción de la sentencia contra Oriol Junqueras y el resto de los políticos juzgados por el golpe independentista– como el deterioro de la situación económica, con múltiples indicadores con las luces rojas de alarma encendidas, tenderían a favorecer a las formaciones de centro derecha frente al partido del Gobierno y que, así, vienen reflejándolo la mayoría de los sondeos de opinión.

Y, sin embargo, la gestión de la previsible escalada de la tensión en Cataluña, en donde ya se adivinan los primeros indicios de una reedición de la rebelión protagonizada por la Generalitat y la Cámara autonómica, no sólo puede opacar el discurso socioeconómico de los candidatos, sino dar al presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, unos triunfos plausibles a poco que sea capaz de manejar bien la situación.

Como hoy publica LA RAZÓN, los estudios demoscópicos indican que la mayoría de la población se vuelve hacia quien tiene la responsabilidad ejecutiva cuando se trata de solventar una crisis importante, y la catalana lo es, con independencia de consideraciones ideológicas. Es decir, que Sánchez se vería reforzado si mantiene una actitud de firme defensa del orden constitucional, para lo que reclamaría la asistencia y apoyo de los otros partidos constitucionalistas, PP y Ciudadanos, desactivando la campaña de presión por el 155 que, previsiblemente, pondrían en marcha estos últimos. Es más, incluso la suspensión de la Administración autonómica entraría en los planes del propio Sánchez, como golpe de efecto electoralista.

No se trata ahora, por supuesto, de evaluar las bondades y riesgos de tal decisión, sino de advertir a Pablo Casado y a Albert Rivera de que entablar con los socialistas una carrera por la radicalidad antinacionalista sólo puede favorecer el discurso de VOX, además, naturalmente, de situar a Pedro Sánchez en una posición a caballo entre la moderación y el papel de guardián de la Ley. Porque es evidente que el candidato socialista y su equipo asesor están tratando de manejar los tiempos, con Cataluña como pivote, una vez descartada cualquier posibilidad de acuerdo de investidura con los partidos separatistas catalanes, al menos, mientras se mantengan vivos los ecos de la sentencia del Tribunal Supremo. Incluso, aunque perjudicara, lo que es dudoso, la posición electoral de los socialistas catalanes, los cálculos de Sánchez se dirigen a un electorado mucho más amplio. Ayer, el mismo dirigente político que aceptó, en un hecho insólito, negociar en Pedralbes la hoja de ruta del separatismo catalán, cambió a ese discurso nítido y firme de defensa constitucional al que antes nos referíamos, con advertencias directas hacia los separatistas, rechazo a la manipulación de los políticos presos por parte de la Generalitat, subordinación de cualquier diálogo al cumplimiento estricto de la Ley y demostración de orgullo patrio hacia la labor que desempeña la Guardia Civil. Todo lo que, al parecer, en Mariano Rajoy era crispación.

El as de Sánchez
No se extrañen si él mismo promueve el 155 como baza electoral
Luis Ventoso ABC 29 Septiembre 2019

España gasta memoria de pez. Pero contra la amnesia perviven las inclementes hemerotecas. A comienzos de diciembre del año pasado ocurrió algo inaudito, pues no sería tolerado en ninguna nación de nuestro entorno. Un grupo de vándalos separatistas de los llamados Comités en Defensa de la República (CRD) cortó durante quince horas la autopista AP-7 a su paso por Tarragona con una barricada de neumáticos. Protestaban por el encarcelamiento de los golpistas. ¿Una anécdota? La AP-7, que arranca en Almería, es la vía que conecta nuestro litoral mediterráneo con Francia. Una arteria de transporte medular para España fue cegada por unos trescientos activistas, mientras la policía autonómica catalana silbaba a su vera con los brazos caídos. El Gobierno de Sánchez optó por hacer el avestruz. Alegó que las competencias eran de los Mossos y permitió que un puñado de radicales taponasen el paso a Francia de miles de conductores durante todo un día. Por su parte, Torra no solo impartió a su policía la orden de pasividad, sino que animó a los CDR a «apretar». Torra, presidente de Cataluña, es institucionalmente la máxima representación del Estado español allí.

Esta semana ha sido desarticulada una célula de los CDR que preparaba bombas artesanales, que había hecho ya ensayos y que además planeaba asaltar el Parlament. ABC publicó ayer que uno de los siete acusados de «terrorismo» ha confesado al juez que el plan de tomar la Cámara era conocido por Torra y su equipo, que iban a darles facilidades. A ello se suma que el Parlament acaba de aprobar mociones por la autodeterminación de los «Países Catalanes» y a favor de la insurrección de las instituciones catalanas contra la legalidad española. No se me ocurre qué más méritos han de contraer los sediciosos para que se reponga la legalidad en Cataluña con otro 155. Al propio Sánchez se le escapó ayer -o no se le escapó- esta frase: «El independentismo debe volver a la legalidad». Ergo la está incumpliendo y el presidente de España lo tolera a sabiendas.

Y ahora llegamos a una posibilidad que no se está contemplando. El móvil político de Sánchez es ante todo su ombligo, preservar el poder. Sus principios de plastilina se van moldeando según corra el viento electoral. Así que no cabe descartar que se saque este as de la manga: cuando se acerquen las urnas, podría aparcar su mantra del «diálogo» y sorprender promoviendo con contundencia otro 155. La jugada resultaría maestra electoralmente. A los votantes buenistas les explicaría que él lo intentó todo por la vía del entendimiento, pero que topó con un muro de incomprensión e intransigencia. A los votantes que exigen mano dura contra el separatismo les daría lo que demandan, con el consiguiente plus electoral. Y sí, ya sabemos que la operación supondría una incongruencia increíble, al venir del presidente que llegó al poder de mano de los separatistas, que recibía a Torra en La Moncloa con su lacito amarillo puesto, que negoció en secreto con él un diálogo con observadores. Pero hablamos de Sánchez y ahí solo rige un único principio: lo que en cada instante le venga mejor... a Sánchez.

El campo de Marte catalán
FRANCISCO ROSELL El Mundo 29 Septiembre 2019

El nacionalismo catalán simulaba ser de Venus pero siempre fue marciano

En su discurso como Premio Nobel de 1970, el disidente comunista Alexandr Solzhenitsyn, víctima del peor totalitarismo del siglo XX, advertía de una circunstancia que, a veces, se olvida y que siempre conviene tener presente. La violencia sólo puede ser disimulada por la mentira y ésta, a su vez, únicamente puede ser sostenida por la violencia, existiendo entre ambas "el más íntimo y el más profundo de los vínculos naturales". El autor de Archipiélago Gulag, obra clave en el ocaso del comunismo en la extinta URSS, refería que esa saña progresaba desvergonzada y victoriosa mediante su exultante justificación.

Desde la convicción de que el poder puede hacer cualquier cosa y de que la justicia no puede hacer nada en cambio, Solzhenitsyn observaba cómo aquellos demonios de la novela de Dostoievski -en apariencia una fantasiosa pesadilla provincial del siglo XIX- se esparcían e infectaban a países donde, por la vía de explosiones y atentados, podrían muy bien llegar a triunfar. A tamaño dislate contribuían jóvenes que, al carecer de experiencia y al faltarles años de sufrimiento, refrendan "jubilosamente nuestros depravados errores rusos del siglo XIX creyendo que han descubierto algo nuevo". Ello les hace relativizar -e incluso aclamar- la última temeridad. Pero también lo facilitan quienes, habiendo vivido más y comprender los graves riesgos en ciernes, no osan oponerse a ellos; al contrario, los adulan para no parecer retrógrados, para disfrutar de la eterna adolescencia o, simplemente, para no hacerse notar.

Unos y otros encarnan el "espíritu de Múnich" que jaleó a Chamberlain tras claudicar ante Hitler, al creer que había cosechado la paz que no tendría, y que no encuentra otro modo de enfrentarse a la bestialidad que el apaciguamiento. A juicio del premio Nobel, el "espíritu de Múnich" es una enfermedad que anula la voluntad de gobiernos y personas en la falsa idea de que "mañana, ya verás, todo estará bien", pero nunca termina de estar porque la cobardía se hace tributaria de la maldad.

Al cabo de 40 años, aquel alegato de Solzhenitsyn describe con precisión el tiempo presente de una Cataluña con un Gobierno en insubordinación -ya previno el juez Llarena, al concluir su instrucción del sumario del 1-O, que el proceso seguía en marcha- y que, ya desprovisto de la máscara de la "revolución de las sonrisas", ha uncido el soberanismo con el terrorismo. Lo ha hecho al condenar la última detención de un comando de los autodenominados comités de defensa de la república (CDR) acusados de preparar atentados con explosivos este octubre, como anticipo a la sentencia del Tribunal Supremo contra los cabecillas de la asonada. Viendo a los diputados separatistas gritar "Libertad, libertad" para un grupo armado, a la par que votaban la expulsión del mismo cuerpo que logró su desarticulación, hay que inquirir aquello mismo que Samuel Johnson planteó en su día: "¿Cómo es que los más clamorosos gañidos por la libertad los oímos entre los tratantes de esclavos?".

No se conoce, desde luego, precedente en el que un Gobierno, a la sazón representante máximo del Estado en Cataluña, y un Parlamento legitimen de forma tan artera a unos supuestos terroristas. Pero tampoco nunca un ex presidente en fuga, como el prófugo Puigdemont, había presumido de que "damos miedo, y más miedo que daremos", según exclamó el 1 de julio de 2017 ante medio millar de alcaldes en la Universidad de Barcelona en abierta amenaza al Estado; ni que otro en ejercicio, su valido Torra, alentara a esas guerrillas de los CDR al grito enronquecido de "Apretad, apretad, hacéis bien en apretar" con ocasión del primer aniversario del referéndum ilegal, tras confesarse uno de ellos y jactarse de que "yo tengo toda mi familia apuntada a los CDR", convirtiéndose en cómplice de sus acciones.

Éste ha pasado de negarse a condenar los actos tumultuarios de los CDR -ni siquiera cuando señalaron con excrementos las sedes del Pdecat y ERC y amenazaron al Govern por no aplicar los resultados del simulacro de referéndum del 1-O- a respaldar su explosivo terrorismo. Es más, según uno de los arrepentidos del Equipo de Respuesta Táctica (ERT) estaba al corriente de los planes y otro de ellos mantuvo contacto directo con él, según la investigación.

En el archipiélago Orwell catalán, merced a su absoluto control de los medios, bien entregados a la mentira, bien resignados a la servidumbre voluntaria de un silencio ominoso, el manejo de la información le permite amalgamar la realidad a conveniencia e incluso hacerla olvidar como si no hubiera sido. Así, Pilar Rahola, autora de la biografía de MasEl rey Arturo y consejera áulica de Puigdemont, determina que los CDR son "un movimiento cívico, transversal y con gente de buena fe". O la televisión oficial considera "una gran acción mediática" colocar una bomba en el Parlamento. De este modo, corrobora la distorsión cognitiva del nacionalismo. "El nacionalista -escribió Orwell, que vivió la Cataluña de la Guerra Civil- no sólo no desaprueba atrocidades cometidas por su bando, sino que tiene una notable capacidad para ni siquiera enterarse de ello".

Lo peor, empero, es que esa ceguera voluntaria sea adoptada por aquéllos que, como Chamberlain, han de refrenar y reconducir esa deriva totalitaria. Por más que los votos que hoy los sostienen en La Moncloa provengan de declarados insumisos al Estado, no desean enemistarse con ellos por si han de precisar de sus sufragios tras la ruleta de la fortuna del 10-N o anhelan que, haciéndose los distraídos, devolverán el tigre a su jaula.

En ese delirio de la sinrazón, cobraría sentido la confusa reacción del Gobierno con respecto a la detención del supuesto comando terrorista de los CDR. Llama poderosamente la atención la bronca del ministro Marlaska a los mandos de la Guardia Civil, revelada por EL MUNDO, porque éstos no le pormenorizaron la operación Judas -reveladora denominación que alerta de posibles traiciones- cuando 72 horas le anticiparon el calado de la misma. No se puede desconocer -mucho menos un ministro-juez- que esos guardias civiles, si bien están bajo su mando operativo, son policía judicial y, en consecuencia, se deben al juez de la causa.

Sabedor, además, Marlaska de cómo se la jugaron como magistrado los cargos policiales del ministro Rubalcaba al sabotear el 4 de mayo de 2006, para no interferir las conversaciones secretas de Zapatero con ETA, el desmantelamiento del aparato de extorsión de la banda en el bar Faisán mediante un chivatazo a miembros de la organización sobre su detención inminente. Como Marlaska hizo figurar en las diligencias sobre la delación, los jefes policiales, más atentos a Rubalcaba como ministro que a él como juez, no le dieron cuenta de la filtración hasta discurridas 72 horas cuando "disponían del teléfono profesional de este instructor y su móvil".

Por eso, al margen de que a Sánchez y a Marlaska les resulte difícil entender algunas cosas cuando su sueldo depende de no entenderlas, parece evidenciarse que ahora como entonces el Gobierno en funciones hubiera preferido que esta operación judicial no se hubiera anticipado a la sentencia del 1-0. Habría supuesto una temeridad que, conociendo la inmediatez de los planes terroristas, el juez García Castellón hubiera supeditado su urgente actuación al calendario político.

Desgraciadamente, quedan atrás aquellos pretéritos tiempos -engañosos por lo demás- en los que los nacionalistas vascos parecían de Marte, a causa del terrorismo, y sus colegas catalanes simulaban ser de Venus. Pero no es que estos últimos, tras 40 años en Venus, hayan mutado de naturaleza para cultivar con entusiasmo los campos de Marte, pues siempre fueron marcianos. Pese a su máscara venusina, blasonando el cacareado seny de los tiempos dorados del pujolismo, el nacionalismo catalán ha ejercido una violencia, más sutil si se quiere. Pero violencia al fin y al cabo, como sufren hoy en día muchos catalanes que no se someten a las horcas caudinas del separatismo obligatorio.

De la misma manera, tampoco el nacionalismo vasco, al adquirir una envoltura venusiana tras el adiós a las armas de ETA, ha dejado de ser de Marte. Asume un pragmatismo no violento que le reporte, a cambio de no seguir descerrajando las pistolas, ventajas considerables. Amén, claro, de los pingües beneficios de un provechoso cupo que le libra de contribuir solidariamente en proporción a su alto nivel de renta. Persiguiendo una vieja aspiración del nacionalismo de txapela, éste apremia ahora un concierto político que le dote de carácter de Estado Libremente Asociado atendiendo a la fórmula fijada en Puerto Rico en 1952.

Probablemente, el aparente cruce de caminos entre ambos nacionalismos haya que fijarlo en el encuentro del otrora consejero-jefe de la Generalitat con Maragall, Carod-Rovira, en ese momento president en funciones, y por tanto primera autoridad del Estado en Cataluña, con la organización terrorista en enero de 2004 en Perpiñán. A resultas del mismo, ETA estableció su protectorado catalán, mientras seguían asesinando en el resto de España. "Euskal Herria y Catalunya -según los amanuenses etarras- son las cuñas que están haciendo crujir el caduco entramado del marco institucional y político" español.

Traducido a román paladino, un socio del PSOE -promotor del pacto antiterrorista con Aznar- otorgaba a ETA la vitola de garante del camino emprendido por ERC hacia la independencia. En caso contrario, el perjuicio está asegurado: Cataluña dejaría de ser zona franca del terrorismo sanguinario y sufriría nuevos atentados tan crueles como los de Hipercor o de la casa-cuartel de Vic. Un socio de Zapatero guarnecía a los catalanes bajo el paraguas terrorista y situaba al resto de españoles en la línea de fuego de unos asesinos. Ante el silencio del PSOE, Carod y ERC perpetraban la fechoría de convertir en votos propios las esquelas de defunción ajenas, al igual que había ocurrido con el pacto suscrito en Estella entre el PNV y ETA. A raíz de la encamisada, Bono advertiría a Zapatero: "José Luis, con Carod allí, no podrás ir a un entierro de víctimas de ETA".

Ya, a principios de los 80, el entonces ministro socialista de Exteriores, Francisco Fernández Ordoñez -antes lo había sido con UCD-, hizo una confidencia a sus colaboradores más directos que resultaba sorprendente por el momento en el que la efectuó. Pese a que no habían cejado de registrarse atentados durante los Gobiernos de Suárez y González, se mostraba más preocupado por el nacionalismo catalán que por el vasco, si bien dudaba de si el día en el que desapareciera ETA la reivindicación separatista no se contagiaría al conjunto de partidos abertzales.

Aun dispensándole una gran amistad a Jordi Pujol, se maliciaba que, detrás del lenguaje ambiguo y de su equívoco comportamiento, ocultaba un independentista pragmático que aguardaba la hora oportuna. En vez de clamar sus sentimientos por los tejados -explicaba-, roía competencias para que el Estado fuera un cascarón huero. Al tiempo que producía su vaciamiento y sacaba al Estado de Cataluña, Pujol establecía las bases de lo que Tarradellas, ya fuera de la Generalidad, tildó de "dictadura blanca" y que catalogó de más peligrosa que las rojas. "La blanca -argüía- no asesina, ni mata, ni mete a la gente en campos de concentración, pero se apodera del país".

Los recelos de Fernández Ordóñez se veían, pues, corroborados por el anciano Tarradellas al que algunos independentistas quisieron ingresar en un psiquiátrico cuando estaba en el exilio. En una carta de 1981 al entonces director de La Vanguardia, Horacio Sáenz Guerrero, le testimoniaba que, tras darle posesión a Pujol en un acto en el que éste se negó a cerrarlo con vivas a Cataluña y a España, tenía el presentimiento de que iba a iniciarse una etapa que "nos haría recordar otros tiempos muy tristes y desgraciados para nuestro país".

"¿Cómo es posible -se preguntaba y conviene preguntarse 38 años después- que Cataluña haya caído nuevamente para hundirse poco a poco en una situación dolorosa, como la que está empezando a producirse?". Pues seguramente practicando el mal, mientras proclamaba el bien. Fue la estratagema de un Pujol que, mientras se llenaba los bolsillos, siempre concibió que, "hecho el país, hay que hacer el Estado" en una España que, con respecto al nacionalismo, ha estado guiada por una izquierda ciega y una derecha paralítica.

Entrevista con el presidente de Vox
Abascal: «Sólo cabe proceder a la detención de Torra»
Acostumbrado a sentir el odio en su propia tierra y vacunado contra críticas e insultos, el presidente de Vox descarta toda forma de acuerdo previo con PP y Cs
Juan Fernández-Miranda ABC 29 Septiembre 2019

Entre andamios, cajas y botes de pintura, en la nueva sede nacional de Vox se respira la ilusión de las mudanzas a mejor. A pesar de que el 28-A no se cubrieron expectativas y de que las encuestas no les son favorables, el partido aún vive en la sensación de estar creciendo y afronta la repetición electoral como una nueva oportunidad. Si este sentimiento es realidad o ensoñación las urnas lo dirán, pero entre tanto Santiago Abascal recibe a ABC en la cuarta planta de un edificio moderno ubicado en el distrito madrileño de Chamartín.

Esta semana el desafío separatista en Cataluña ha dado un nuevo salto hacia el abismo: los radicales preparando explosivos y los políticos mirando para otro lado, cuando no justificándolo. Si usted fuera presidente, ¿qué medidas adoptaría?
—Yo creo que estamos ante un Parlamento regional y una Generalidad en absoluta rebeldía, estamos en la vía eslovena, en la vía terrorista y ante un separatismo que se comporta peor incluso que el PNV en sus peores momentos:cuando se aprovechaba del terrorismo de ETA lo hacía con cierto disimulo. En este caso, el presidente de la Generalitat está defendiendo a unos personajes que han encontrado con explosivos y con la intención de atentar. Solo cabe proceder a la detención de Torra. Si somos elegidos al día siguiente daríamos la instrucción al ministro del Interior para que, ante la comisión de un delito flagrante, se procediera a la detención de Torra y se le pusiera a disposición judicial con una querella de la Abogacía del Estado adosada a la espalda. Eso es lo que habría que hacer en este momento.

¿Con qué expectativas afronta el 10-N?
—Celebramos tener la oportunidad de poder volver a llamar a los españoles a una gran movilización, como la que logramos para sorpresa de todo el país en las pasadas elecciones. Ahora tenemos medios de los que antes no disponíamos: participar en los debates, acreditar haber defendido nuestras posiciones electorales en la tribuna parlamentaria;eso va a jugar un papel muy importante. Sabemos que el votante de Vox es un votante muy fiel y por lo tanto tenemos buenas expectativas.

¿Incluso mejorar resultados?
—Es nuestro objetivo, sin ninguna duda.

Sine embargo las encuestas apuntan a una bajada, mayor o menor
—Nunca hemos hecho mucho caso a las encuestas y tenemos razones para ello. Nos fiamos más de nuestras sensaciones y capacidad de movilización.

¿Habrá cambios en las listas?
—No prevemos cambios importantes ni en las personas ni en los mensajes.

¿Reta usted a Pedro Sánchez a un debate cara a cara?
—Por supuesto. Lo he intentado sistemáticamente en la tribuna parlamentaria y no lo he logrado, porque el señor Sánchez, en un gesto de desprecio no solo al presidente de Vox sino a los 2,7 millones de españoles que nos votaron, ha eludido debatir conmigo.

¿A qué lo atribuye
A un intento de desprecio y demonización de Vox y a un in tento de mezclar a Vox, PP y Cs como si fueran la misma fuerza política

Sin embargo, tras el 28-A Sánchez definió a Vox como la ultraderecha.
—El presidente del Gobierno es un personaje absolutamente carente de fiabilidad política y de escrúpulos y que sólo ambiciona el poder. Le hemos visto cambiar de socios y decir una cosa y la contraria. Le da igual Juana que su hermana. No creo absolutamente ni una de sus palabras.

Se han quedado solos criticando la decisión del Supremo de autorizar la exhumación de los restos de Franco
—En el año 2005 el Partido Socialista dijo que para restañar heridas había que desenterrar a las personas que no habían podido recibir sepultura por parte de sus familias. Era algo a lo que nadie se podía oponer. En el 2019 hemos acabado con la idea de desenterrar a muertos contra la voluntad de las familias y obligándoles a darle sepultura donde el Estado dice. Es decir la izquierda vende exactamente lo contrario de lo que pretende. Y lo que pretende es la deslegitimación del gran abrazo de la Transición, y la deslegitimación de la Monarquía.

Sin embargo, es una petición del Poder Legislativo, ordenada por el Ejecutivo y avalada por el Judicial.
—Nosotros no estamos en el debate de la legalidad. Esta decisión puede ser legal o ilegal, pero entendemos que desenterrar a los muertos es absolutamente inadecuado. Hay leyes y decisiones políticas injustas y esta es una de ellas.

Aun a riesgo de ser considerados nostálgicos del franquismo
—No nos preocupa. Nosotros somos cercanos a la libertad para opinar sobre historia. Estoy seguro de que hay gente en Vox crítica con el franquismo, otros que no tienen una posición sobre el franquismo y otros que defienden la obra de Franco. Todos tienen cabida en Vox, porque nosotros no decimos a los españoles qué es lo que tienen que pensar sobre el pasado. Les llamamos para una tarea colectiva que mira al futuro, que busca reconstruir los puentes entre los españoles, por muy dura que sea nuestra posición. No tenemos miedo de lo que nos digan, porque lo hemos padecido con todas nuestras posiciones políticas. Hay un insulto, una caricatura sistemática, para cada una de nuestras posiciones, pero no tenemos miedo ante ninguna de esas etiquetas.

¿Le preocupa que las opciones desde el centro a la derecha no sumen el 10-N?
—Por supuesto que me preocupa, pero me preocupa el problema de fondo:que eso que se llaman opciones de centro-derecha no sean más que salvavidas de la dictadura progre en muchas instituciones. Lo digo porque esa equiparación de tres partidos políticos no obedece a la realidad. El PPha sido corresponsable de la dictadura progre porque no ha sido capaz de oponerse a las leyes ideológicas de la izquierda cuando ha gobernado y ha sido corresponsable de una respuesta débil en Cataluña. En memoria histórica, aborto, eutanasia, ideología de género realmente estamos lejos. Es un partido que defiende el estado de las autonomías, y nosotros no lo hacemos. En posición migratoria no defiende lo mismo que nosotros. El PPlo sabe, pero ese abrazo del oso que pretenden con nosotros no es sincero, es propaganda electoral.

La única forma de que ustedes puedan llegar a gobernar es con algún tipo de acuerdo con el PP y Cs. Usted descarta alguna fórmula de acuerdo previo para rentabilizar los votos desde el centro a la derecha.
—Esos acuerdos solo funcionan a posteriori. A veces 1+1+1 no da tres, da menos. Hay personas que no votarían una coalición, sobre todo porque es una coalición contradictoria. Lo estamos viendo en Madrid, Murcia y Andalucía. El compromiso de Vox es evitar gobiernos de izquierda y hemos cumplido.

Vayamos a los datos: en el Senado hubo seis millones de cruces a candidatos de Vox que no sirvieron para nada. En el Congreso consiguieron representación en 18 provincias y fracasaron en 34, lo que supuso 689.000 votos tampoco sirvieron para nada, y podrían haber ido a otras opciones...
—Eso parte de la idea de que los votantes de Vox, si no existiera Vox, votarían al PP o Ciudadanos y es una idea errónea. En Andalucía hemos demostrado que sumamos más por separado, porque hay mucha gente que jamás había votado al PP, que estaba en la abstención, que incluso había votado al PSOE, que decidió apoyarnos. En Madrid, en Andalucía, no habría habido mayorías si no existiera Vox. Nosotros no podemos concurrir con partidos que no piensan como nosotros. Es verdad que en el Senado los votos de Vox no han sido útiles, el sistema electoral imposibilita nuestra representación. Sin embargo vamos a ir a todas las provincias en el Congreso sin ninguna duda. Nosotros somos un partido nacional, no como Errejón, que dice Mas País porque no se atreve a decir Más España. No se atreve a presentarse en toda España porque no está haciendo una oferta a los españoles, sino al Partido Socialista. Se ha convertido en un salvavidas de los poderosos. Decía Hugo Chávez vive y ahora monta un partido para dar el poder al PSOE: se ha convertido en la veleta morada. Nosotros no somos eso, el salvavidas ni la muleta del PP, sino la representación de 2,7 millones de españoles.

¿Cree que la irrupción Más País iguala el duelo entre izquierda y derecha?
—Nunca se sabe. Una vez que un partido se funda compite con todos, no hay enemigo pequeño. Hay que contrarrestar a todos. No creo que Errejón solo vaya a quitar votos a la izquierda. Igual que Vox no está llamando al votante del PPy Cs, está llamando a todos los españoles.

4,5
Ponga una nota a los gobiernos de Andalucia, Madrid y Murcia
—Un cuatro y medio, por no ponerles una nota peor. En principio es mejor a que gobiernen los otros, pero están actuando en muchas medidas igual que la izquierda. Hay un riesgo evidente de que no les apoyemos los presupuestos.

El rapto de Cataluña: 'Solo un dios puede salvarnos'
Los partidos han raptado a Cataluña. Todos se mueven por intereses electorales. Heidegger lo dejó claro: cuando falla el pensamiento solo un dios no teológico "puede salvarnos"
Carlos Sánchez elconfidencial 29 Septiembre 2019

Cuando Rudolf Augstein y Georg Wolff entrevistaron en marzo de 1966 a Martin Heidegger para el semanario alemán 'Der Spiegel', no podían imaginar que aquel encuentro pasaría con el tiempo a convertirse en uno de los testimonios más dramáticos de la historia de la filosofía del siglo XX.

Heidegger había sido acusado de colaborar con el nazismo y de aceptar en silencio prácticas antijudías, como la quema de libros, durante su etapa como rector de la Universidad de Friburgo, y fue en aquel contexto, extremadamente difícil para él, en el que el filósofo alemán accedió al encuentro, aunque con una única condición: la entrevista no se publicaría hasta después de su muerte. El fallecimiento se produjo una década después, en mayo de 1976, y fue entonces cuando el semanario alemán, fundado precisamente por Augstein, uno de los entrevistadores, publicó el resultado de aquel diálogo, en el que una frase destacaba con luz propia: "Solo un dios puede aún salvarnos".

El autor de 'Ser y tiempo' se refería a que "en el actual estado de cosas del mundo" ni la filosofía ni ninguna otra disciplina académica, incluida la política, podía resolver los problemas de una sociedad dominada por lo que el alemán denominaba "cibernética", un término muy utilizado en aquellos días, y de ahí que reclamara la necesidad de un dios no teológico construido a partir del pensamiento, situado entre lo dionisíaco y lo apolíneo. Es decir, entre la pasión sagrada y la representación serena. Entre lo terrenal y lo racional. El propio Heidegger era consciente de que era una tarea imposible, y de ahí que utilizara la expresión 'pasarela' para referirse al tránsito en busca de 'las cosas mismas', una idea central en el pensamiento del filósofo alemán.

Nada mejor que el ejemplo de Cataluña para visualizar las dificultades para encontrar no ya una pasarela, sino un escarpado camino, aunque sea angosto y lleno de peligros, en busca de lograr una salida a una cuestión que envenena la política española. Hasta el punto de que buena parte de la inestabilidad, cuatro elecciones en cuatro años, tiene que ver la pérdida de centralidad del sistema de partidos. Precisamente, a raíz de que los nacionalistas catalanes se echaran al monte y olvidaran ese papel moderador que caracterizó a quien gobernó durante décadas, aunque nunca en coalición, con el PSOE y con el PP.

Un rehén político
El resultado es que Cataluña se ha convertido en un rehén político para unos y para otros, como históricamente ha ocurrido con el pueblo palestino en el avispero de Oriente Medio, donde todas las superpotencias han intentado influir en la región. Sin duda, porque utilizar a Cataluña como argumento político tiene premio.

Quien mantenga una posición más intransigente es quien se lleva el gato al agua. En definitiva, la estrategia de la tensión a costa del Estado, de sus instituciones y de la propia estabilidad política.

Si ERC y lo que queda de la vieja Convergència se disputan irresponsablemente la hegemonía del frente independentistas (de hecho, sus líderes recibirían con alborozo un nuevo 155, como ha publicado en este periódico Marcos Lamelas); los partidos nacionales han visto en Cataluña un inmenso festín de votos, lo que explica la existencia de una enorme sima que nadie se atreve a cruzar. Obviamente, porque tiene un indudable coste político para quien busque una solución. La pasarela de la que hablaba Heidegger ha saltado por los aires.

No es una posición equidistante ni un blanqueamiento de la demencial postura del independentismo, cuya cultura democrática hace tiempo que se esfumó, sino la constatación de que, si Cataluña es España, y lo es, son los partidos nacionales quienes deben ofrecer una alternativa en el marco de la Constitución. Y hoy por hoy ni el PSOE, ni el PP, ni Ciudadanos, tampoco Unidas Podemos, han sido capaces de articular una propuesta para resolver un problema que existe, aunque a veces se quiere resituar como si se tratara de un asunto "entre catalanes".

Sin duda, porque la política española ha entrado en un círculo vicioso, que, como se sabe, es lo contrario a un círculo virtuoso. La continua convocatoria de elecciones hace imposible atender a problemas de Estado, como es la situación de Cataluña y, ante esta evidencia, hay que convocar nuevas elecciones porque no se alcanzan mayorías estables. Una espiral absurda.

Esta instrumentación de Cataluña como un valioso activo político explica mejor que ninguna otra cosa, más allá de su oportunismo antropológico, la errática estrategia de Sánchez con Cataluña. Justamente, el mismo líder político que hace pocos meses todavía decía que "una crisis política requiere una solución política". Cataluña, de alguna manera, forma ya parte de su viraje hacia el centro político para ocupar el espacio político de Ciudadanos en esa comunidad, cuya inexplicable gestión de su mayoría en el Parlament ha dejado un hueco enorme que el PSC de Miquel Iceta pretende ocupar.

La ira de los españoles
Y hay razones para pensar que la apuesta por el 10 de noviembre no fue casual. Forma parte de un calendario bien calculado que pasa por capitalizar la ira de muchos españoles (es una redundancia decir que también de catalanes) ante el disparate nacionalista, y que ya de forma casi recurrente y hasta cansina se visualiza en octubre. ¿O es que alguien pensaba que las semanas previas al 10-N serían una balsa de aceite a las puertas de una sentencia que el nacionalismo victimista instrumentará en aras de lograr la hegemonía interna? ¿No hubiera sido más razonable alejar las elecciones de la sentencia para que Cataluña deje de condicionar de una forma determinante al resto del país? Cataluña, siempre Cataluña.

La errática estrategia de Sánchez frente al independentismo —sus aliados en la moción de censura—, sin embargo, no ha caído del cielo. Está basada en una evidencia. Ciudadanos y Vox no han crecido casi en vertical (ahí están sus resultados) por lo atinado de sus propuestas económicas o sociales, ni siquiera por el carisma de sus líderes, sino por su posición sobre lo que ocurre en Cataluña, lo cual es un incentivo perverso que ahora pretende recoger el presidente del Gobierno mostrando una presunta firmeza que poco tiene que ver con el Sánchez de la moción de censura que reclamaba una salida constitucional a la crisis catalana. Solo Rajoy, y ahí están los resultados del PP, no vio en Cataluña un banderín de enganche electoral. Y así le fue. Cataluña hundió a Rajoy y todo el mundo ha aprendido la lección.

En el fondo, lo que se pone de relieve es la intrínseca capacidad del actual sistema de partidos para destruir, pero su insolvencia para construir un nuevo clima de convivencia, que es el mejor caldo de cultivo para el independentismo. Incluso, convirtiendo en estéril todo lo que se toca. Hasta el punto de que cada elección está marcada por la agenda catalana, que, a su vez, deriva en un plebiscito permanente sobre el nivel de apoyo popular al independentismo. Un laberinto fatal y endiablado del que España es incapaz de salir.

Lo que sucede, sin embargo, no es un conflicto entre España y Cataluña, como pretenden los soberanistas, sino entre españoles. Precisamente, porque lo contrario sería lo mismo que aceptar una realidad política (el célebre sujeto político con potestad para decidir) que no existe, y que es el terreno en el que quieren jugar los partidarios de la independencia. Cataluña vs. España. España vs. Cataluña.

Soberanía popular
Y si se trata de un problema entre españoles (aunque le duela a Junqueras, Mas o Torra) deben ser los partidos que representan la soberanía popular quienes deben procurar una solución. Es decir, son los líderes políticos nacionales quienes deben fijar el perímetro constitucional en el que debe buscarse una solución para Cataluña en el marco de una renovación del pacto territorial dibujado en la Carta Magna, y al que se le han roto muchas costuras.

Y ahí está, por ejemplo, el vergonzante espectáculo del partido de Errejón, mojando aquí y allá, como si España fuera un país confederal, para demostrar que continúa vigente el célebre ¡Viva Cartagena! de la I República. Todos quieren su diputado —gallegos, murcianos, aragoneses— para fragmentar un poco más el Congreso de los Diputados, y se irán con quien les garantice un escaño que ahora, piensan, no les asegura Iglesias.

En definitiva, un absurdo calendario político que hace que las elecciones vayan a girar de nuevo en torno a Cataluña, lo cual es un disparate para un país con significativos problemas, como el desempleo, la desigualdad o la productividad.

La realidad, sin embargo, es muy distinta. El PSOE, sí o sí, necesitará tras el 10-N a Ciudadanos o a Unidas Podemos, salvo que quiera gobernar con una exigua mayoría gracias a la abstención del PP, lo que instalaría al país ya de una forma estructural en la más absoluta inestabilidad política con Cataluña, como una pesadilla, como telón de fondo.

La filosofía, sin embargo, como dijo Heidegger en la entrevista con 'Der Spiegel', no da más sí. Ha llegado a su fin. Hay que pasar de las musas al teatro. Lo contrario es el hartazgo.

El estado (real) de nuestra autonomía
Roberto L. Blanco Valdés. La voz 29 Septiembre 2019

Retraída por la acción de políticos acomplejados, poetas llorones y empresarios descastados, la Galicia que entró en 1977 en democracia sentía una indisimulada admiración y, aún sana envidia, por el resto España y, sobre todo, por el País Vasco y Cataluña. Cuarenta años después, y gracias sobre todo al esfuerzo de una sociedad que ha combinado sabiamente paciencia (que no es ni de lejos conformismo) y reivindicación, que ha sabido hacer compatible el orgullo de lo propio y la sincera participación en lo común, que habla con igual normalidad gallego y castellano, y que, en fin, se siente reconciliada consigo misma, son los otros (también los catalanes y los vascos no nacionalistas) los que admiran a Galicia por su estabilidad y sus avances.

Frente al caos de la política española en general -y de la catalana en particular- en Galicia ha prevalecido la gobernabilidad, aunque ese sea, también, el principal desafío al que hoy se enfrenta nuestra hiperatomizada oposición si aspira a hacer efectiva la alternancia. La Galicia autonómica, con la Xunta al frente, ha toreado una crítica e imparable contracción presupuestaria manteniendo en lo esencial los servicios públicos autonómicos, respetando las reglas de gasto establecidas y sin que se endeude más de lo prudente una administración que es de todos y no de quienes tienen el deber de gestionarla.

Esa Galicia estable y bien gobernada en un contexto de ingobernabilidad general y trágico desastre en Cataluña es también la de las empresas admiradas en todo el mundo (Inditex) y la de las que, no tan conocidas, venden en España y exportan fuera, con un saldo comercial que registró un superávit de 4.500 millones de euros en 2017, cuando, con 21.676 millones, las exportaciones alcanzaron una cifra nunca vista. Es la Galicia de la producción audiovisual competitiva y la que ha colocado a La Voz en el lugar de cuarto diario nacional en una comunidad con 2.700.00 habitantes, solo por detrás de dos diarios de Madrid (6.640.705 habitantes) y uno de Cataluña (7.565.099).

Es verdad, claro, que tenemos problemas: desde la aguda crisis demográfica o la pérdida de peso del sector industrial hasta la interminable finalización del AVE, pasando por la financiación, el cobro efectivo de los fondos que el Estado nos adeuda o el retraso en consolidar como merece a un personal sanitario de calidad excepcional.

De todo ello se habló en el reciente debate sobre el Estado de la autonomía, en el que, más allá de las legítimas discrepancias que definen a todas las sociedades democráticas, los partidos, pese a la clara situación preelectoral en la que estamos, fueron capaces de llegar a acuerdos generales o parciales que ponen de relieve que en Galicia siguen tendidos muchos puentes que fuera se han dinamitado. Esa aceptable concordia y la gobernabilidad definen, de hecho, el estado real de nuestra autonomía. Un patrimonio que sería una irresponsabilidad dilapidar.

Hablar con normalidad gallego y castellano
Nota del Editor 29 Septiembre 2019

¡ Oh loado señor feudal de la Chusma de Galicia ! ¡ Tus logros son verdaderos hitos en la secular superación de los seres humanos !.

Es lo que falta en el panfleto anterior. Porque eso de hablar con normalidad dos idiomas no significa nada y lo real es que en la Galicia (i)legal, el idioma español ha sido erradicado.

Memoria de 50 años de terror: películas que cuentan la verdad sangrienta de ETA
El Instituto de Seguridad y Cultura organiza unas jornadas para «divulgar la realidad de la violencia y reivindicar a las víctimas».
Fernando Cancio, Rocío Esteban. Madrid. larazon 29 Septiembre 2019

El año 1980 fue el más sangriento de la ya de por sí sangrienta historia de ETA. Ese año, la banda terrorista acabó con la vida de 98 personas, dejó heridas a más de 430 y secuestró a 22 ciudadanos. Entre el 5 de enero y el 11 de diciembre, los terroristas asesinaron a guardias civiles, policías, militares, políticos, empresarios, civiles... y entre todos ellos, un niño de 13 años. Un negro año que el director de cine Iñaki Arteta plasmó en el documental «1980: España bajo el terror de ETA». En él, no sólo abordó la actividad asesina de los terroristas, sino también el silencio impuesto por la sociedad vasca y el aislamiento sufrido por las víctimas. Una cinta que sirvió –y sirve– para dar voz y no olvidar una parte de la historia que muchos quieren blanquear. Por ello ha sido elegida por el Instituto de Seguridad y Cultura para abrir, el próximo día 30, un ciclo de cine en el que el terrorismo etarra es el protagonista de una forma u otra.

Y es que aunque han pasado ya poco más de 10 años del último atentado de ETA en España, casi una década del que es también su último asesinato en Francia y casi ocho años desde que la banda terrorista anunciara el fin de su actividad armada, son muchos los que aún quieren reescribir la historia tras más de 850 muertos a sus espaldas. Por este motivo, el Instituto ha organizado este evento que, bajo el título «El terrorismo de ETA en la gran pantalla», busca dar a conocer esta realidad no sólo a través de las películas, sino también del testimonio de personas que la vivieron. «Uno de los objetivos del Instituto es promover el debate de cómo la sociedad civil puede tener un papel activo en la prevención del extremismo violento. De ahí este ciclo de cine, que busca llegar a un público que normalmente no se sentiría atraído por otro tipo de actos en los que se aborda el fenómeno del terrorismo y, en cambio, aquí puede encontrar un espacio cómodo para debatir». Así explica el por qué de este ciclo Alfonso Mateos, coordinador del Instituto, quien añade que uno de los objetivo es el de «divulgar la realidad del terrorismo de ETA utilizando películas y documentales». En concreto, además de «1980», también se proyectarán «El Lobo», de Miguel Courtois, y «Todos estamos invitados», de Manuel Gutiérrez. La primera cinta podrá verse el lunes en el Auditorio Mutua Madrileña de Madrid, mientras que las dos restantes los días 14 y 28 de octubre. Un ciclo que inaugurará en su primera jornada el consejero de Justicia, Interior y Víctimas de la Comunidad de Madrid, Enrique López.

En esta tarea de «divulgación» no se olvidan de «reivindicar el papel de las víctimas y de la reacción de la sociedad civil frente a la violencia ejercida durante tantos años por ETA». De ahí que entre los participantes del acto se encuentren «testigos, unos, y protagonistas, otros, de esa sociedad civil y su reacción», destaca Mateos. Unos testigos que participarán en un coloquio posterior a las películas y que son José María Múgica, hijo de Fernando Múgica, político asesinado por ETA; el director de cine Iñaki Arteta; los periodistas Fernando Lázaro o Antonio Rubio y los políticos Nicolás Redondo y José Eugenio Aspiroz.

LA RAZÓN ha hablado con Arteta y Múgica, quienes debatirán en la jornada inaugural tras la proyección de «1980», documental que dirigió el primero de ellos. Tal y como cuenta el director de cine, con esta producción «quisimos explicar cómo era posible que en una democracia como la nuestra fuera realidad un ataque tan agresivo contra la sociedad por medio del terrorismo ultranacionalista. Tratamos de mostrar las actitudes que se tomaron respecto al terrorismo en esa época, respecto a las víctimas», apunta.

Arteta, quien lleva años denunciando el terrorismo de ETA a través de su obra, tiene claro que «los episodios importantes del país hay que tenerlos siempre a mano y éste, en concreto, ha atravesado toda la democracia». Eso sí, considera que «quizás no hemos aprendido de lo que hemos vivido en esa época terrorista tan salvaje». Por ello cree que actividades como este ciclo de cine ayudan a concienciar y a que la sociedad entienda lo que ocurrió en España cuando se asesinaba sin piedad a personas inocentes. «Tiene que estar presente en nuestro día a día, también por una cuestión de nuestra memoria de país y de las víctimas, porque los nacionalistas, ultranacionalistas y etarras implicados en los años negros siguen entre nosotros». Y añade: «Debemos tirar del pasado en el presente para tener un criterio y saber reaccionar cuando se conocen noticias como, por ejemplo, los homenajes a etarras».

José María Múgica, hijo del dirigente socialista Fernando Múgica, asesinado por ETA en 1996, tiene una opinión similar. Para él, «todo lo que sirva para divulgar la memoria es imprescindible. Hay que guardar la memoria de lo que fue aquél tiempo terrible del terrorismo». A Fernando, padre de José María, le mató ETA de un tiro en la nuca en San Sebastián, con él delante, tal y como actuaba la banda, sin miramientos: «Tenían esa voluntad de arrasar a sangre y fuego», afirma mientras recuerda que lo hacían «al servicio de un proyecto de destrucción, totalitario y criminal».

Es por este motivo por el que tiene claro que hay que contar la historia tal y como fue, sin intentar blanquearla, «como hacen ellos mismos y sus herederos». «Hablamos de una historia siniestra que perduró 50 años y hay un interés evidente en blanquear esa historia». Y añade: «Pasar página es otra forma de blanqueo y esto es peligrosísimo, porque es el blanqueo de la desmemoria».

Así que para Múgica, la clave está en «hacer frente a quien quiere blanquear u obtener el blanqueo a través de la desmemoria». Pero, ¿cómo? Por un lado, «tenemos que hacerlo en el plano de la acción de la Ley. Las conductas delictivas no pueden quedar impunes». Pero también se refiere a «un combate que no sólo es el de la memoria o la justicia, sino el de las ideas, que es lo que perdura». Por ello, afirma tajante que esas «ideas de destrucción tienen que ser derrotadas y es un objetivo que nos tiene que unir a todos. No podemos pensar que la acción terrorista terminó y con ello todo. Esas ideas de odio subsisten y deben ser derrotadas».

Con el documental de Arteta dará comienzo un ciclo que el Instituto quiere que recorra España. «La intención es convertirlo en itinerante. Queremos que Madrid sea la primera etapa de una gira que nos permita llevar el ciclo a distintas ciudades», señala Mateos, quien destaca que se muestran «convencidos de que despertará mucho interés allá donde vaya». Y aunque de momento comenzarán con estas tres cintas, la idea es ir ampliando el catálogo en las distintas ediciones que se irán celebrando, dependiendo «de los apoyos que logremos».

Eso sí, la elección de las tres primeras películas, aunque «complicada», tiene un motivo que en cierto modo marcan los protagonistas. Con «1980», el año de mayor actividad asesina de la banda, «se da voz a las víctimas, a su sufrimiento y al silencio impuesto durante tantos años», explica Mateos. Mientras, con «Lobo», basada en hechos reales, se aborda la labor y capacidad de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, capaces de infiltrarse en el seno de la organización terrorista. Por último, con «Todos estamos invitados» se entra de lleno en la ficción, pero retratando «una historia con la que mucha gente en el País Vasco podrá sentirse identificada, la de aquellos que, por no callar ni asumir los silencios impuestos por la banda, sufrieron en primera persona el ahogamiento social y la marginación que, en muchos casos, fue un paso previo al atentado».


Recortes de Prensa   Página Inicial