AGLI Recortes de Prensa   Viernes 18  Octubre  2019

Pavorosamente inútil
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS Libertad Digital 18 Octubre 2019

La última aparición de Sánchez como estrella televisiva nos permitió comprobar dos cosas: que la impunidad de los que queman Barcelona es también culpa del Gobierno de Madrid; y la pavorosa inutilidad de Sánchez, jefe de un Ejecutivo que parece Ejecutado. Sólo Carmen Calvo, en su estreno como derviche verbóvaga en el Instituto Cervantes, ha logrado superar en inanidad conceptual al presidente del Gobierno. Rajoy tampoco hizo nada contra el golpismo catalán, pero por un problema de orden moral: su falta de valor y el desprecio a los demás. A Sánchez le sobra valor, pero es rigurosamente incompetente. Con el arrojo de Sánchez y la astucia de Rajoy saldría un presidentito aceptable. Con el valor de Rajoy y el talento de Sánchez, sale... Soraya.

Hace apenas dos años, como en la canción de Sabina, a la viceprincesa de la boca de fresa no se le oían más que dos terminachos: moderación y proporcionalidad. Cuando Mariano se despertaba de la siesta solía repetir moderado y moderación. Baby Macbeth prefería trinar, como un gorrión gordezuelo, proporcionalidad. Y a dúo: "el Gobierno no caerá en la provocación ni en la sobreactuación". Mentira: sobreactuaban diciendo que no pasaba nada cuando pasaba de todo y caían en la provocación separatista habitual: fingir que negocian lo que quieren imponer.

De la nefasta experiencia del PP, Sánchez podría haber aprendido algo. El miércoles por la noche, en las pantallas partidas de las televisiones, vimos que no: mientras decía asegurar la libertad ciudadana, Cataluña, ardiendo por los cuatro costados, lo desmentía. También copió de Soraya que "la prudencia es prueba de fortaleza", pero se ve que toda la fuerza se le va por la boca; y que, como alabó el Marqués del Gulag, "no piensa hacer nada en Cataluña".

Para probar que no existe ese Golpe ensoñado por el Tarot Supremo, Marlaska se fue a cenar al Válgame Dios, buen sitio para que te vean. Pero Fraga en Palomares y su sucesor en el Válgame son ejemplos antagónicos de publicidad política: el ministro de Turismo y el embajador USA se bañaron para demostrar que la caída de bombas nucleares no contaminaba el agua. Funcionó. En Interior, Fraga le dijo a Tamames "la calle es mía", para que el PCE no buscara apropiársela. Funcionó. Marlaska sólo puede decir "la calle es suya", o sea, de los catanazis. Y dimitir.

En manos de Iceta
Emilio Campmany Libertad Digital 18 Octubre 2019

Lo que está pasando sucede porque Sánchez quiere. O, mejor dicho, porque Iceta, que es dueño del alma de Sánchez, lo desea. Fue el PSC el que devolvió a Sánchez a la Secretaría General del PSOE. Fueron los socialistas catalanes quienes forzaron al Gobierno a hacer cuanto en su mano estuviera para que la sentencia no apreciara rebelión y se conformara con sedición. Además, fue el PSOE el que, en sucesivas reformas, hizo que la redacción del Código Penal en estos asuntos fuera tan vaga que se pudiera, en caso de algún desafío separatista, pastelear lo que hubiera menester. Fue el PSC el que se rebeló contra el Constitucional y el que ahora en la Diputación de Barcelona ha votado contra el Supremo. Cuando Sánchez aceptó que hubiera un mediador en el falso conflicto entre Cataluña y España, lo hizo por exigencia del PSC. No es casualidad que Sánchez hiciera a dos militantes del PSC presidentes del Congreso y del Senado. Sánchez sólo quiere una cosa: ser presidente del Gobierno cueste lo que cueste. Para poder serlo, tiene que ser primero secretario general del PSOE. Y quien le dio el cargo y lo mantiene en él es Iceta. Así que Sánchez hace lo que Iceta diga.

Vaya usted a saber qué salió en las encuestas inmediatamente posteriores a la convocatoria de nuevas elecciones para que este PSOE vendido al nacionalismo catalán eligiera como lema "Ahora España". Sin embargo, es obvio que Sánchez no piensa hacer nada en su defensa, ni ahora ni nunca. Sí necesita, para cortar la sangría de votos que padece, aparentar que hace algo. Por eso ha convocado a los líderes de los partidos de ámbito nacional, para fingir que quiere recabar su apoyo a cualquier medida que sea necesario tomar. Es una impostura. Lo revela el que haya incluido a Podemos en la ronda. Lo ha hecho porque sabe que Iglesias, partidario de la violencia como instrumento de cambio político, no aprobará nada que vaya contra los desórdenes públicos desatados por sus correligionarios de extrema izquierda. No obstante, no hay que engañarse: en esto, Iglesias no es más que un pretexto para justificar la obediencia a las órdenes de Iceta, que son las de no hacer nada.

Es deplorable que, a cambio de sinecuras, cargos, momios, prebendas y subvenciones, los dirigentes socialistas del resto de España estén dispuestos a dejarse dirigir vía persona interpuesta por uno que, con independencia de cuán socialista sea, es nacionalista catalán y, cuando menos, no está dispuesto a hacer nada para evitar que nuestra nación se rompa. Iceta resulta patético cuando baila en público el "Don’t Stop Me Now" de Queen, pero no es ningún imbécil y sabe muy bien lo que quiere. Y tiene agarrado por salva sea la parte a quien hoy por hoy tiene la obligación de impedir que lo consiga. Mientras esto siga siendo así, las cosas no pueden más que empeorar. O el PSOE se libra de Sánchez y de la tutela del PSC o los españoles nos libramos de los socialistas. Si no ocurre alguna de esas dos cosas, el futuro no puede ser más que negro.

El Gobierno, ciego y mudo ante la huelga ilegal en Cataluña
OKDIARIO 18 Octubre 2019

Por mucho que Quim Torra -cada vez más patético- se esfuerce en trasladar la idea de que los autores de los gravísimos actos de violencia registrados estos días en Cataluña no son independentistas, sino "infiltrados", el nada honorable presidente de la Generalidad de Cataluña no ha convencido a nadie, salvo a un puñado de fanáticos.

En realidad, el problema, siendo grave, no es tanto que un grupo muy nutrido de secesionistas radicales desate la violencia, porque eso de la "gente de paz" hace tiempo que no es más que la expresión falsaria y grimosa con la que Torra pretende ocultar la realidad, sino que el máximo responsable del Estado en Cataluña sea el instigador intelectual y presuntamente material -perdón por lo de intelectual- de los gravísimos actos de violencia callejera.

Que Torra siga siendo el presidente de Cataluña es una indecencia, una indignidad democrática que sólo se explica por la actitud de ese rentista político que ostenta la presidencia del Gobierno en funciones. Pedro Sánchez sigue echando cuentas para tratar de cuadrar el círculo. ¿Intervenir o no intervenir la Generalidad de Cataluña? El jefe del Ejecutivo deshoja la margarita pensando en qué le será de mayor utilidad, si aplicar la Ley de Seguridad Nacional, el artículo 155 de la Constitución o seguir apelando a la moderación y la proporcionalidad para no hacer nada.

La huelga general ilegal que han montado Torra y sus brazos violentos es la demostración de que en Cataluña el ordenamiento jurídico es una quimera, un mero trampantojo. La huelga general es manifiestamente ilegal porque se sustenta en motivaciones políticas ajenas al interés profesional de los trabajadores, tal como queda meridianamente claro en el Real Decreto sobre Relaciones Laborales de 1977. Pero la Generalidad dio su consentimiento por la sencilla razón de que la ha convocado ella a través de dos sindicatos independentistas.

La pregunta es hasta cuándo el Estado tendrá que seguir derrochando dignidad y paciencia. Hasta cuándo habrá que esperar a que el Gobierno entienda que la defensa de la unidad nacional no puede depender del interés personal de Pedro Sánchez.

No son pacíficos, quieren parecerlo
Antonio Robles Libertad Digital 18 Octubre 2019

Buscan la foto para que cuajen todas sus mentiras en una imagen internacional. No son pacíficos, quieren parecer pacíficos. Los violentos no son una parte del todo, la violencia explícita sólo es el pus de un cuerpo social infectado de odio. Y no hay mayor violencia que el odio.

Ante las imágenes explícitas de violencia, los equidistantes exquisitos se han aprestado a diferenciar entre el independentismo no violento y grupúsculos aislados descontrolados que aprovechan las protestas para desacreditar al conjunto. Avalan a los chamanes que dirigen el delirio. En la cima de la negación, Quim Torra ve infiltrados. ¡Cuánta proyección! Todo menos aparecer tal como son, depurada muestra de violencia enmascarada. Todo el proceso lo es.

La violencia nacionalista es, antes que nada, voluntad de poder, marca de territorio, esfuerzo por extranjerizar, estigma y exclusión contra cualquier disidente a su identidad nacional, cultural y lingüística. Imposición, violencia en suma. Y cada una de estas agresiones es el comportamiento generalizado de los funcionarios del régimen y de cuantos salen a la calle pacíficamente para despreciar los derechos compartidos de 47 millones de españoles. Sus derechos son sagrados, ¿y los de los demás no?

La violencia es la mueca supremacista de su revolución de las sonrisas, y se concreta a diario en la monopolización de los medios de comunicación, y de cualquier institución. Se percibe en sus insultos, en el desprecio a todo cuanto huela a España y a nuestra lengua común, en negar a un niño el derecho a estudiar en su lengua materna, en el desprecio de la Constitución, en el incumplimiento de sentencias, en las multas por rotular en castellano, en la intimidación a cuantos porten una bandera española, en la intolerancia para aceptar emociones nacionales distintas, en la exclusión laboral por no participar del aquelarre. Y, sobre todo, en la falsedad con que afirman su revolución de las sonrisas. Quien los conozca, sabrá de qué les hablo; quien no, que pruebe a rascar un poco en sus convicciones.

Y todo ello, amparados tras una neolengua nacida de la perversión del lenguaje para enmascarar su desprecio al Estado Democrático tras un lenguaje obsesivamente democrático. ¿Qué mayor violencia, que alardear de libertad y democracia mientras las niegas de facto?

Multan, persiguen, excluyen en nombre de agravios enfermizos. Formas sutiles de violencia, una lluvia fina que cala y acompleja hasta conformar sumisiones y vergüenzas. El chantaje emocional como cruel venganza de corazones envenenados de odio por sus mayores.

En esa intimidación del rebaño hay más violencia, y más perversa, que en un sopapo físico. Éste te pone en guardia, aquella destruye tu autonomía cognitiva y te convierte en una marioneta de emociones ajenas.

Esa violencia implícita es el alma de la revolución de las sonrisas y su máxima expresión, el odio a la historia compartida. Esa violencia implícita es el ecosistema emocional de donde brota la violencia explícita de estos días de fuego. La historia de esta interminable cadena de agravios es pura intimidación, una violencia antigua diseñada por Pujol y alimentada a diario por madrazas y TV3. Violencia intimidatoria que nos venden en nombre del derecho a la libertad de expresión y manifestación, cuando es puro atropello a los derechos de quienes no compartimos sus quimeras. Los unos queman farolas, los otros ocupan autopistas, carreteras, cierran vías de tren en nombre de la fuerza intimidatoria de su número. Son complementarios.

Una imagen vale más que mil palabras: cuatro madres con sus carritos de bebés cortando calles y chantajeando emocionalmente a ciudadanos de bien. Rompen todas las reglas, y explotan los mejores valores humanos. Como cuando en plena guerra el Daesh escondía las armas en mezquitas, hospitales y escuelas. Chantaje emocional, violencia de la peor calaña.

Esta es la obra tóxica de un ser abyecto con síndrome obsesivo compulsivo. Esta es la sociedad enferma diseñada por Jordi Pujol durante los últimos 40 años. Esta es la consecuencia de tanto consentimiento.

Esto no nació ayer
El Estado español lleva años alimentando a las fuerzas que ahora lo agobian
Luis Ventoso ABC 18 Octubre 2019

Un presidente autonómico fuera de control, que se pone al frente de una marcha que corta la autopista que une España con Francia, que anuncia otro referéndum a la brava, que intriga con los radicales que queman las calles y los ha animado en público («¡apretad!»). La segunda ciudad de España sumida en un aquelarre de violencia y fuego durante varias noches. La policía desbordada y el Gobierno central «esperando acontecimientos» para decidirse a actuar, porque Sánchez teme que tomar medidas para restaurar el orden le pueda restar votos el 10-N en Cataluña.

Los españoles y sus sucesivos gobiernos resistieron durante décadas las embestidas salvajes de ETA, en un impresionante esfuerzo de sangre, sudor y lágrimas. Con ese estoicismo de todos, con esa constante lealtad a la unidad de España, se acabó derrotando al terrorismo. ¿Asumirían la ciudadanía y los políticos de hoy un sacrificio similar a aquel? ¿O acabaríamos cediendo con fórmulas eufemísticas? No lo sé. Es política ficción. Lo que sí sé es que la fotografía de estos días en Cataluña arroja dos conclusiones: 1. -El separatismo tiene cada vez menos miedo a la hora de desafiar al Estado. 2. -Los Gobiernos y la sociedad española son cada vez más tolerantes y blandos ante los desmanes nacionalistas. El patriotismo y el respeto por nuestras propias normas han menguado de manera alarmante.

¿Cómo se ha llegado hasta aquí? ¿Por qué han ganado los nacionalismos disgregadores tanta cancha, osadía y respaldo social? Pues por una sucesión de malas políticas en la instauración y desarrollo del llamado «Estado de las autonomías». Su balance real es el siguiente: todas las reformas que se han ido acometiendo se han orientado a reforzar el poder autonómico, convirtiendo en la práctica a las comunidades en miniestados. No se ha dado un solo paso para fomentar el patriotismo español, la unidad de la nación y el fortalecimiento del esqueleto del Estado, que se ha replegado casi por completo en Cataluña y el País Vasco.

En el arranque de su Gobierno, González se mostró reticente a desmontar España en el mostrador de las comunidades. Pero en 1992 acordó con el PP el primer gran paquete de transferencias. En su largo mandato, el presidente socialista acabó entregando 1.368 competencias. Además, a partir de los años noventa se incurrió en el error de recurrir al apoyo de partidos nacionalistas antiespañoles para formar Gobierno cuando no había mayoría absoluta. Pujol le tomó el pelo a España. Se presentaba como la argamasa del sistema, un cabal «hombre de Estado», mientras bajo cuerda iba forjando los cimientos del Estado catalán. Aznar también pasó por taquilla en 1996 y en un gravísimo error transfirió la educación no universitaria y la sanidad. Este desdichado relato se completa con Zapatero, un irresponsable, que por su historia familiar -un abuelo republicano fusilado- confundió España con Franco, declaró la nación española «un concepto discutido y discutible» y abrió la caja de pandora del separatismo con unas reformas estatutarias que no estaban en el debate público.

Torra no nació solo. Lo hemos creado entre todos.

Cuando no hay amparo
¿Dónde están los políticos?, se preguntan algunos. ¿Dónde están los que deben gestionar la salida a esta absurda locura?
Carlos Herrera ABC 18 Octubre 2019

Los catalanes tienen serios problemas; los suficientes como para estar preocupados. Una turba hiperventilada que considera que la calle es suya y a la que desde los poderes locales se le ha hecho creer que es así, goza de una libertad de movimientos absolutamente inaudita. Cierto es que, en esta ocasión, los policías autonómicos están echando el resto, cosa que no hicieron dos años atrás, pero ello no impide que se quemen vehículos, se prendan fuegos, se corten carreteras o se saboteen infraestructuras, todo ello ante la mirada complaciente de quienes mandan los operativos de seguridad. El problema al que vengo a referirme y que debe crear perplejidad en buena parte de los catalanes que quedan adscritos a la sensatez es el que tiene que ver con la contradicción surrealista que vive el antaño reino de la modernidad y el progreso industrializado: el mismo presidente gestor de la vida administrativa catalana es el que corta las carreteras o el que insta a las masas a que boicoteen los accesos al segundo aeropuerto del país o a que impidan la salida de los trenes destino a ninguna parte, mientras los alegres muchachos lobotomizados por la educación del odio queman neumáticos, levantan barricadas y disparan cohetes a los helicópteros que sobrevuelan las algaradas. Hay algo que falla, y los catalanes no suelen ser gente acostumbrada a que las estructuras elementales que generan el beneficio diario se pongan en peligro por acción de sus propios gestores. Los ciudadanos de Cataluña empiezan a tener miedo, todos; incluidos los pasteleros acomodaticios que siempre encuentran una excusa para justificar a los más rupturistas y que en esa comunidad son legión. Las circunstancias más extremas, las que presumían que nunca podían concurrir en la tierra de la sensatez pastueña elevada a característica programática, están haciendo tambalear ese convencimiento tan septentrional de que, en aquella esquina, no estaba contemplada la autodestrucción.

Está ocurriendo. Cataluña se aboca a una sorprendente muerte lenta a la que se llega por el amedrantamiento de aquellos que alimentan la sangre de la comunidad a través de la inversión, propia o ajena. Los jubilados no quieren vacacionar con el Imserso, los congresistas prefieren cambiar el lugar de celebración por cualquier otro, los turistas dudan si acercarse a Barcelona, las empresas salen en goteo lento pero continuado y los propagandistas de las innegables bellezas de la comunidad empiezan a dudar de la conveniencia de difundirlas. La que, teóricamente, era Revolución de las Sonrisas se ha transformado en una cohorte de violentos anarcoides que no dudan en hacer la vida imposible a sus propios conciudadanos, a los que parecen odiar y a los que, a los hechos me remito, culpan de todos los supuestos males que aquejan a la vaporosa y absurda idea de la independencia. En Cataluña empieza a cundir la sensación de abandono de una buena parte de la población que, incluso, puede empezar a darse cuenta de que clase de gente es en la que ha confiado. No digamos si esa parte de la ciudadanía es la que no comparte ni por asomo las tesis independentistas: cuando les acosa el poder maléfico establecido, tanto en la calle como en las oficinas, miran hacia quienes pueden salvarles de su infierno y ¿a quien encuentran?: a Sánchez.

Encuentran a un sujeto que tal vez no le quita importancia a lo que ocurre, pero que lo parece. Y a un ministro del Interior que dice que todo pasará gracias a la colaboración de las policías. Se dan de bruces con un presidente que le debe mucho a gente nacionalista, independentista y extremista como para mostrar una firmeza que sea algo más que una colección de interesados gestos electoralistas. ¿Dónde están los políticos?, se preguntan algunos. ¿Dónde están los que deben gestionar la salida a esta absurda locura?


Elecciones Generales 2019
Denuncian a Sánchez ante la Junta Electoral para evitar que haga campaña con la exhumación de Franco
Varios ciudadanos han presentado denuncias ante la Junta Electoral Central contra Pedro Sánchez para evitar la inminente exhumación de Franco y que se haga campaña electoral con el traslado del dictado al cementerio de Mingorrubio.
Teresa Gómez okdiario 18 Octubre 2019

Varios ciudadanos anónimos han presentado multitud de denuncias ante la Junta Electoral Central solicitando que se suspenda, de forma temporal, la exhumación de Francisco Franco del Valle de los Caídos hasta que se celebren las elecciones generales previstas para el próximo 10 de noviembre.

En estos documentos, a los que ha tenido acceso OKDIARIO, los denunciantes manifiestan que el Gobierno de Pedro Sánchez está utilizando "la exhumación de los restos mortales del dictador como campaña publicitaria de carácter ilícito en el proceso electoral". Además, recuerdan que esta decisión está fuera de las propias de un Gobierno en funciones recogidas en el artículo 21 de la Ley 50/1997.

Sánchez ha recogido la exhumación de Franco en su programa electoral como uno de sus logros (pagina 184 del programa electoral) y así lo han entendido los candidatos de otros partidos –como Pablo Iglesias– que ha solicitado públicamente al presidente que "no utiliza este tema como munición electoral", según recogen las denuncias presentadas.

"Se hará pero no ahora"
Las fuentes consultadas por OKDIARIO explican que no tienen intención de evitar el cumplimiento de una sentencia dictada por el Tribunal Supremo que, por ley, entiende que ha de cumplirse.

Sin embargo, no comparten que este tema sea utilizado de manera ilegítima para influir en la decisión de los ciudadanos que están llamados a acudir a las urnas el próximo mes. Defienden esta postura amparándose en los artículos 19 K, 20, 50.1, 50.2 y 139.6 de la Ley Orgánica 5/1985 del 19 de junio del Régimen Electoral General y por ello solicitan incoar un expediente sancionador al PSOE y, por ende, ordenar la inmediata suspensión de la exhumación.

Algunos de los denunciantes ya han recibido respuesta de la Junta Electoral Central, que les ha remitido un escrito trasladando a los denunciantes que remitan sus denuncias a la Junta Electoral Provincial de Madrid al considerar que éste es el órgano competente.

Éste es el cruel terrorista que encabeza la huelga en una Cataluña secuestrada
Marco Ballesteros. ESdiario  18 Octubre 2019

La coacción en Cataluña alcanza este viernes el clímax con un paro impuesto por el independentismo y un cabecilla siniestro con un currículo de sangre y dolor. Es éste.

La ley no avala huelgas generales convocadas por razones políticas, pero en eso también Cataluña es una excepción y padecerá este viernes un paro impuesto que no deja alternativas: con al menos dos autovías ya cerradas, en Gerona y Lérida, la actividad quedará paralizada tras cuatro noches de altercados violentos que no parecen efímeros.

¿Pero quién es el cabecilla de la llamada "vaga general"? Técnicamente, la Intersindical Alternativa de Catalunya, un sindicato con escasa implantación real pero mucha ascendencia en el independentismo, del que intenta ser su brazo "laboral" para completar la estructura "civil" soberanista, calcada en tantas cosas al mundo abertzale del País Vasco en los 90, poblado de entidades que cubrían todos los nichos sociales para reforzar el mensaje de Batasuna.

Y al frente de ello aparece un personaje cruel, con un pasado de sangre y ferocidad marcado por uno de los atentados más terribles que nunca se han cometido en Europa. Se llama Carles Sastre, y bajo su apariencia de catalán cercano ya la jubilación esconde a un radical tremendo.

El comando de Sastre adosó una bomba al pecho del empresario y le hizo saltar por los aires sin piedad

Nacido en Hospitalet en 1955, Sastre ha pasado por todos los grupos terroristas nacidos en Cataluña hasta convertirse en el patrón del sindicato soberanista, dejando tras de sí un reguero de sangre que solo en una ocasión le llevó a la cárcel.

El mismo que este viernes clamará por la democracia y la libertad fue condenado en 1985 a 48 años de cárcel como coautor del asesinato de José María Bultó Marqués, propietario entre otras firmas de la célebre Bultaco, mito del mundo de las motos españolas hasta la década de los 90. Su ejecución fue más propia del yihadismo moderno.

Sus asesinos le pusieron una bomba en el pecho bajo amenaza de activarla si no pagaba 500 millones de pesetas. El empresario se negó, se recluyó en su casa en Pedralbes buscando una alternativa y, cuando decidió acudir a Comisaría para buscar ayuda, estalló con el artefacto detonado a distancia. Corría el año 1977.

Más crímenes
La Audiencia Nacional consideró probada la participación de Marqués en la preparación y ejecución del crimen, en un comando compuesto por cinco personas que también incluyó a los asesinos del exalcalde de Barcelona Joaquín Viola, y de su esposa, en otra bárbara acción en 1978: tres personas irrumpieron en su domicilio, retuvieron a la pareja, exigieron un botín y, al no lograr nada, detonaron otro explosivo que mató a ambos y decapitó al político.

Ésos eran los socios y amigos del responsable de la "huelga de país" que va a parar a la fuerza Cataluña. Se llama Carles Sastre, militante de Terra Lliure y otras marcas siniestras, condenado por asesinato y presentado como "preso político" por TV3.

La violencia independentista hace perder 100 millones de euros al sector del transporte español en apenas cuatro días
Natalia Mateos Magariño okdiario 18 Octubre 2019

La Confederación Española de Transportes de Mercancías (CTEM) estima que las pérdidas económicas derivadas de la violencia independentista alcanzarían los 20 millones de euros diarios, por lo que resultarían en un total de 100 millones de euros esta semana. Ovideo de la Roza, Presidente de la asociación, ha destacado en declaraciones a OKDIARIO que "no sabemos cuándo va a terminar esta situación pero se debe actuar con inmediatez".

Y es que según los cálculos elaborados por la CETM, el bloqueo de carreteras en Cataluña afecta a alrededor de 20.000 camiones al día y en palabras de la Roza "ya llueve sobre mojado". De los 20 millones de pérdidas diarias, 15 corresponden a comercio internacional con países europeos y cinco a comercio nacional. Pero además, hay que tener en cuenta que los transportistas no son los únicos afectados por esta situación, sino que los agricultores y productores también están sufriendo pérdidas importantes y retrasos en el cumplimiento de sus contratos.

"Esta situación en Cataluña ya la hemos vivido varias veces a lo largo de los últimos años. La AP7 es fundamental para el transporte internacional y lo que están haciendo los independentistas supone un grave problema para toda la economía española. Lo único que queremos es que se actúe con rapidez y contundencia porque estamos hartos de recibir amenazas y de que nuestro medio de vida llegue incluso a sufrir daños", ha señalado de la Roza OKDIARIO.

Huelga general
Pero es que además la situación no parece que vaya a mejorar con una huelga general convocada este viernes en toda Cataluña y un presidente del Gobierno que no toma medidas para frenar esta oleada de violencia. "Con la huelga estamos realmente atemorizados, no sabemos que va a pasar ni si vamos a poder trabajar" protesta el Presidente de CTEM.

Una de las principales preocupaciones del sector es que si los destinatarios de las mercancías españolas continúan viendo cómo los productores españoles no hacen sus entregas o no cumplen los tiempos marcados en los contratos, podrían optar por adquirir estos productos en otros mercados. Por ello, las diferentes asociaciones de transportistas españoles han decidido dirigir su descontento y su preocupación al Gobierno, para que sea este quien tome las medidas necesarias.

Una de las medidas adoptadas por el gremio para intentar mejorar esta situación ha sido la de recomendar a las empresas adelantar sus envíos "en la medida de lo posible" y buscar alternativas de recorrido ante la probabilidad de que encuentren dificultades para acceder a los centros de carga y descarga por la huelga general convocada para este viernes en Cataluña.

Crisis humanitaria de refugiados
Avalancha de refugiados ante la inacción de Sánchez: a Madrid llegan tantos como la población de Teruel
El Gobierno deja tirados a los inmigrantes a los que abrió las puertas: Sánchez les deniega el asilo
Fernán González okdiario 18 Octubre 2019

La capital de España está viviendo en las últimas semanas una crisis humanitaria por la llegada de refugiados y solicitantes de asilo. Los albergues municipales están llenos y los Ministerios de Empleo e Interior, administraciones competentes en el asunto, no están actuando como reclama el Ayuntamiento.

En parte por el efecto llamada del Gobierno de Pedro Sánchez, el número de personas que ha llegado a Madrid en lo que llevamos de 2019 es superior a la población de la ciudad de Teruel (35.000 personas). Otra comparación que realizan en el Ayuntamiento capitalino es que están llegando tantas personas como ocho barcos Aquarius a la semana a la urbe.

El año pasado llegaron a la Comunidad de Madrid 20.700 solicitantes de asilo y hasta septiembre de este año han llegado ya 35.000. A final de año serán más del doble que en 2018. De ellos, muchos vienen en situación de vulnerabilidad. El Consistorio ya ha atendido a casi 2.500 en lo que va de año, 4.000 desde marzo de 2018. Esto es una presión tremenda para la red de emergencia del Ayuntamiento, comentan fuentes municipales.

El alojamiento a refugiados es competencia del Gobierno de España. Los albergues municipales son para los ‘sin hogar’, no para familias, que llegan sobre todo de Venezuela. Así que la Corporación de José Luis Martínez-Almeida va a pedir al Gobierno que cumpla con sus obligaciones porque la red municipal no da para más. En las últimas noches algún grupo con niños se ha visto obligado a acampar al raso en las aceras frente a los servicios sociales.

El alcalde ha indicado este jueves que el Ayuntamiento está estudiando las posibles ubicaciones de emergencia para acoger a estos solicitantes de asilo y refugio que están durmiendo en la calle. Espera poder trasladar las opciones a Interior "a finales de esta semana". Almeida se ha alegrado de que el Gobierno de Pedro Sánchez "por fin ha reconocido que esto es competencia suya y no del Ayuntamiento de Madrid". "Sin tener competencias para ello, el Ayuntamiento ya tiene acogidas a 1.098 personas solicitantes de asilo o refugio", ha apuntado.

En este sentido, el concejal de Bienestar Social, Pepe Aniorte, ha explicado en rueda de prensa que el grueso de las personas que están llegando de países de América Latina y Central, sobre todo de Venezuela (un 80%). Son personas, ha relatado, con estudios que tendrán fácil integración socio laboral en la sociedad española. En especial, cree que haría "un gran labor en territorios de la España vaciada si el Ministerio, que creo que está en esa clave, los lleva a zonas especialmente despobladas".

Por su parte, el embajador de Nicolás Maduro en Madrid no está trabajando en esta crisis humanitaria vinculada a su país. Fuentes consultadas por OKDIARIO reflejan que la administración chavista no reconoce el problema del éxodo venezolano: "No tienen ese asunto sobre la mesa".

Sin embargo, el embajador de Juan Guaidó en la capital española Antonio Ecarri se ha puesto manos a la obra. "El Despacho del embajador Ecarri está haciendo consultas en diferentes organismos para conocer la situación en toda su dimensión, a fin de poder gestionar las soluciones a las que hubiera lugar", indican fuentes de su entorno a esta cabecera.


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Sí, hubo golpe de Estado
Juan Francisco Martín Seco republica 18 Octubre 2019

La figura del golpe de Estado no se encuentra en el Código Penal (al menos en el nuestro). No es un concepto jurídico. Pertenece a la teoría política. En ese sentido, no tienen razón los que mantienen que después de la sentencia del Tribunal Supremo no se debe hablar de golpe de Estado. La denominación política aplicada a los acontecimientos ocurridos en Cataluña no depende de su tipificación penal. Sea cual sea esta, los hechos se ajustan como anillo al dedo a lo que la teoría define como golpe de Estado. Se puede estar o no de acuerdo con la sentencia, pero ello es totalmente independiente de que, con toda propiedad, se pueda seguir calificando de golpe de Estado lo que ha ocurrido en Cataluña y se pueda continuar llamando golpistas a los partidos secesionistas.

Por otra parte, el hecho de que la sentencia haya optado por la tipificación de sedición, en lugar de rebelión, no lava al Gobierno de Pedro Sánchez de la infamia de presionar a la Abogacía del Estado para que cambiase su postura en el proceso. Es más, habría que preguntarse hasta qué punto la inferencia no ha sido la contraria. Es decir, si el cambio de opinión de la Abogacía del Estado no ha colaborado a que la sentencia se haya decantado por la sedición y no por la rebelión. En cualquier caso, el giro de la Abogacía seguro que ha facilitado al Tribunal Supremo pronunciarse tal como lo ha hecho, lo que hubiera resultado más difícil de justificar si las tres acusaciones hubiesen mantenido la misma calificación.

No se puede negar -a no ser con mala intención- que la división de poderes se da en el sistema democrático español al menos con la misma solidez que en los demás países europeos. Prueba de ello se encuentra en el gran número de políticos que se hallan procesados o en la cárcel; muchos después de ocupar puestos muy relevantes en el organigrama de aquellos partidos que se han turnado en el gobierno durante treinta años. Incluso el cuñado del rey permanece en prisión. Pero una cosa es que el poder judicial sea independiente del gobierno y de los poderes fácticos y otra muy distinta que no se produzca ninguna influencia. Pecaríamos de inocentes si no aceptásemos que esta se da en todos los países y, por supuesto, también en el nuestro.

No es preciso ser especialmente desconfiado para sospechar que en esta ocasión alguna presión ha habido para que el Tribunal Supremo haya optado por la sedición en lugar de la rebelión. No digo que fuese determinante, pero sí que ha coadyuvado junto con el hecho de que los magistrados se marcasen desde el principio el objetivo de que la sentencia se dictase por unanimidad. Y tras esa finalidad hay que reconocer el gran esfuerzo que ha realizado el Tribunal, o al menos el ponente, para después de aceptar unos supuestos irreprochables, llegar a unas conclusiones que no parece que sean las que de ellos se derivan, sino las que estaban dispuestos a consensuar todos los magistrados, un mínimo común múltiplo. Quizás tengan razón los que afirman que la unanimidad termina siendo la dictadura de la minoría.

La sentencia acepta las premisas de la Fiscalía según las cuales la violencia que exige el artículo 472 del Código Penal no tiene que ser forzosamente física, sino que puede ser también compulsiva, equivalente a la intimidación grave. La violencia psíquica, por tanto, no puede descartarse como elemento integrante del delito de rebelión. Los magistrados argumentan profusamente, desbaratando la tesis de casi todos los que defendían que no se había producido este delito, puesto que todos ellos se basaban en que no se había utilizado la violencia física.

El Tribunal, desde el punto de vista jurídico, fundamenta consistentemente esta interpretación, pero es que desde el mismo sentido común resulta difícil mantener otra tesis, cuando el artículo 473.2 considera agravante el hecho de portar armas, por lo que hay que suponer que el artículo 472 incluye también en el delito de rebelión otro tipo de violencia distinta de la militar o de la armada. Es más, desde el campo de la Psicología parece bastante claro que la intimidación o la amenaza puede ser tanta o más coactiva que la mera fuerza física. Incluso el empleo de las armas puede surtir efecto con la simple amenaza, sin necesidad de utilizarlas.

La sentencia recoge también la tesis del ministerio fiscal de que la violencia ha estado presente en los acontecimientos de Cataluña. Literalmente afirma: “La existencia de hechos violentos a lo largo del proceso de secesión ha quedado suficientemente acreditada”. Y, a continuación, pasa a analizar los principales acontecimientos en los que se ha producido esta violencia, en concreto, el 20 de septiembre y el 1 de octubre de 2017. No obstante según el Tribunal, y no puede sorprender a nadie, no basta la presencia de violencia para proclamar que los hechos integran un delito de rebelión. Los magistrados mantienen que se precisa que la violencia sea “instrumental, funcional y preordenada”. Hasta aquí todo puede ser perfectamente coherente. Parece una obviedad afirmar que en el delito de rebelión la violencia tiene que configurarse como instrumento y estar ordenada hacia alguna de las finalidades que marca el artículo 472, pero es que al menos las especificadas en los puntos 1 y 5 parecen adecuarse perfectamente a la perseguida por los procesados. Evidentemente es esto lo que otorga gravedad a esa violencia y la distingue de cualquier otra algarada por muy amenazadora que sea.

Sin embargo, llama la atención lo que a partir de este momento se afirma en la sentencia. Comienzan los esfuerzos para retorcer los hechos y los razonamientos hasta llegar a la conclusión que se desea. No puede por menos que extrañar que se afirme que “los actos paradigmáticos de violencia del 20 de septiembre y del 1 de octubre se tratarían de actos de culminación de un proceso, no de actos instrumentales para hacer realidad lo que ya era una realidad”. No parece que con la violencia del 20 de septiembre y del 1 de octubre se culmine nada, sino que constituye más bien un medio, un instrumento para conseguir la única finalidad perseguida a lo largo de todo el tiempo, la separación de Cataluña del resto de España. Esta es la causa final que informa todo el proceso desde 2012. Todos los actos y pasos dados, unos violentos y otros no, son medios e instrumentos para obtener la finalidad última, la independencia proclamada unilateralmente y sin someterse a los mecanismos constitucionales. Ello no implica que algunos de estos medios, a su vez, no constituyan un fin intermedio para otros actos, pero todos reciben su sentido último de la causa final. Es difícil creer que la violencia ocasionada a lo largo de esos cinco años se ordene a una finalidad distinta de la secesión.

Concretamente, la violencia desplegada por el independentismo el 1 de octubre iba dirigida a la celebración de un referéndum, referéndum que era condición necesaria y suficiente para la proclamación unilateral de la independencia. Aún más, las leyes de desconexión establecían entre ambos (referéndum y secesión) una conexión ineluctable, puesto que obligaban a que si el resultado del referéndum era positivo el Parlamento “debía” (no “podía”) declarar la independencia en 48 horas.

Afirmar, tal como hace la sentencia, que la finalidad de los independentistas era tan solo forzar al Gobierno central a la negociación es una aseveración gratuita y totalmente contradictoria con los hechos y con las manifestaciones de los propios golpistas, que no solo se ratifican en la finalidad de la secesión, sino que mantienen que lo volverán a hacer. Los magistrados basan el argumento, por ejemplo, en el testimonio del señor Vila, pero no parece que este exconsejero sea el más representativo de todos los condenados. La negativa del Gobierno a permitir la independencia estuvo clara desde 2012, y no podía ser de otra manera puesto que no lo permite la Constitución. Los golpistas plantearon siempre la negociación como sí o sí y, de acuerdo con ello, el 20 de septiembre, el 1 de octubre y los días posteriores estaban ya en otro escenario diferente del de la negociación, el de la vía unilateral.

Mantener que todo fue un engaño a la población por parte de los dirigentes y que estos últimos no se lo creían es un juicio de valor sin soporte fáctico y difícil de aceptar, como también es un juicio de valor y muy osado el mantener a posteriori que la secesión no tenía ninguna posibilidad de triunfar. Los rebeldes disponían de todo el poder que concede controlar la Comunidad más fuerte de España, que cuenta con un ejército de 17.000 hombres armados, y nadie podía anticipar cuál sería el comportamiento de los mossos. Los sediciosos habían dedicado años a crear las estructuras de Estado. ¿Qué habría pasado si hubiesen logrado una respuesta internacional distinta y hubiesen consolidado su propia hacienda pública? Ellos mismos ponen el ejemplo de Eslovenia.

Que la secesión fracasase no es señal de que no se cometiese el delito de rebeldía. La misma sentencia reconoce que este delito pertenece, según la doctrina penal, a los delitos de consumación anticipada, es decir, que no se precisa esperar a que triunfe para considerar que el delito se ha consumado. Que el Estado no perdiese nunca el control de la situación o que los responsables se asustasen ante el 155 no quiere decir que la independencia no se declarase públicamente y que el presidente de la Generalitat, ante el requerimiento del presidente del Gobierno central se negase siempre a manifestar lo contrario. Desde luego, no quiere decir que todo fuese una ensoñación o una quimera.

En fin, los magistrados, después de descartar el delito de rebelión, se ven obligados a hacer auténticas piruetas y cabriolas jurídicas e intelectuales para amoldar los hechos al delito de sedición. Se esfuerzan para convertir un delito contra la Constitución en un delito contra el orden público. Cosas de la unanimidad.

www.martinseco.es

Qué divertido quemar la ciudad
Cristina Losada Libertad Digital 18 Octubre 2019

Los graves disturbios en Cataluña son la prueba que los sentimentales aportan para su previo juicio sobre la sentencia: no ayuda. Los sentimentales ven todo esto con pena de amor, aunque lo han visto así desde el principio. Su consejo siempre ha sido el sentimiento, nunca la ley, nunca la fuerza, nunca el rechazo a las pretensiones de sus queridos independentistas. All you need is love y diálogo. Y, claro, ve tú a decirles que las sentencias no están para ayudar ni para dejar de ayudar, sino para condenar, si procede, al que ha cometido un delito. Luego, eso sí, pedirán las condenas más duras del mundo para los de La Manada. O para los corruptos del PP. El sentimiento no se fija.

Ahora, cuando los dirigentes independentistas han soltado a sus bandadas de adolescentes para que se diviertan quemando las calles de Barcelona, los sentimentales nos enseñan aún más su pena, penita impostada por los terribles daños que ha provocado la sentencia. No tanto los materiales, que esos, ya se sabe, no les importan –salvo cuando tocan lo suyo–, sino los afectivos y emocionales, los daños al amor, que es la sustancia que venden. Pero no nos engañe su gelatina. Están diciendo que los disturbios no los provocan los separatistas, sino la sentencia.

Igual que la alcaldesa Colau, que es el sentimiento encarnado. No sabía cómo decir que los que están incendiando Barcelona no son los que están incendiando Barcelona, y dio por fin con la manera. El pirómano, ha dicho, es Albert Rivera. Es instructivo ver cómo procesan la violencia callejera de los separatistas los que han sostenido la entelequia de su consustancial pacifismo. La violencia que preñaba el plan nacionalista y todo el proceso que culminaría en el otoño de 2017, esa la han negado devota y profusamente. Sin embargo, con la ciudad en llamas, ya tienen, aun con renuencia, que mirar al monstruito, si no de frente, de reojo. Verlos es ver la disonancia cognitiva en acción.

Los propagandistas más exaltados, las agitadoras con púlpito en los medios públicos catalanes, dicen que "así no" o que los disturbios son "imágenes intolerables" o que perjudican al independentismo. Durante años calentaron el material humano, lo llevaron al punto de ignición y ahora rehuyen las consecuencias. ¿Así no? Pero si los niñatos están haciendo exactamente aquello que les han pedido. Aquello que les han enseñado. Y se lo están pasando en grande mientras queman contenedores, coches o comercios, atacan a la policía y escapan como conejitos cuando, en algún momento, los antidisturbios usan una pequeña parte de sus medios. Han tener orden de no emplearse a fondo. Por lo de los sentimentales: no hay que exacerbar, no ayuda. Cuando es al revés: ayuda muchísimo.

Pero ¿cómo que así no? Fue así, sí. Los dirigentes separatistas han soltado a los chicos de la gasolina para montar uno de sus escenarios favoritos: el escaparate que muestre al mundo el terrible conflicto que ha provocado, de nuevo, el Estado español. Lo han hecho deliberadamente. Dieron el pistoletazo de salida a las protestas en una reunión que celebraron en Ginebra el prófugo Puigdemont, el suplente en la Generalitat y los partidos y organizaciones pantalla habituales. Allí acordaron lanzar la plataforma fantasma que, a través de una aplicación, está sirviendo para organizar los altercados. Con Guardiola de portavoz fuera de España. Con los agitadores de todos conocidos, dentro. Esas que dicen "así no" son las que han hecho posible que unos cuantos miles de adolescentes paralicen y quemen la ciudad en la que viven como si fuera un videojuego.

El proyecto separatista creció en Cataluña gracias a lo contrario del crecimiento, gracias a un cultivo constante de la inmadurez, gracias a una actitud y un comportamiento como los de los niños consentidos. Que sean los adolescentes, poco más que niños, los que hoy protagonizan la gran rabieta del separatismo, rompiendo lo que encuentran a su paso, es la expresión acabada del largo proceso de infantilización.

Sigue el "procés" golpista
EDITORIAL Libertad Digital 18 Octubre 2019

Torra anuncia un tercer referéndum separatista
El proceso golpista y secesionista, ese que Artur Más aseguró públicamente en 2012 que “no pararán ni tribunales ni constituciones”, sigue vivo.

Tal y como hicieran sus antecesores al frente del proceso golpista y secesionista iniciado en Cataluña en la Diada de 2012, el presidente de la Generalidad, Quim Torra, se ha comprometido este jueves, pública y solemnemente, a perpetrar antes de que concluya la legislatura un referéndum no menos ilegal que el que Artur Mas anunciara en su día para el 9 de noviembre de 2014 y que el que su sucesor, Carles Puigdemont, fechara para el 1 de octubre de 2017.

Por tercera vez, habría que agradecer la anticipación con que los golpistas anuncian su intención de cometer, desde las propias instituciones autonómicas, tan graves desafíos al Estado de Derecho y a la democracia; desafíos que financian no los propios golpistas sino sus víctimas, los contribuyentes españoles.

Conviene recordar que, aunque la Constitución contiene un artículo, el 155, que permite intervenir la Administración regional en rebeldía para que sus responsables no lleguen a consumar tamaño ataque contra el interés general de la Nación, el Gobierno de Rajoy se negó por dos veces –con la complicidad del resto de la clase política– a aplicarlo. Y eso a pesar de que el 155 se ideó no para castigar sino para impedir que ataques al régimen constitucional como los referéndums del 9-N y el 1-O llegasen a consumarse desde las instituciones del Estado.

Recuérdese que el Gobierno de Rajoy –con la complicidad de los partidos constitucionalistas con representación parlamentaria– coronó su irresponsable indolencia con una tardía y, para colmo, denigrante y absurda aplicación del referido 155, reducido a mero mecanismo para una convocatoria electoral que, tal y como era de prever, devolvió el poder regional a las mismas formaciones que vienen protagonizando el golpe de Estado separatista desde 2012.

Afortunadamente, en esta tercera fase del inconcluso proceso golpista ya hay partidos constitucionalistas dispuestos a aplicar el 155 como respuesta, bien al delito de desobediencia perpetrado por Quim Torra por la colocación en edificios oficiales de lazos amarillos en solidaridad con los golpistas presos, bien al solemne anuncio que el presidente de la Generalidad ha hecho este jueves sobre la elaboración de una "Constitución republicana" para la primavera del año que viene.

Con todo, las tres preguntas que ha planteado Cs a Torra como arranque formal del proceso de aplicación del 155 no pueden ser más elusivas y absurdas. Así, en lugar de preguntarle, simplemente, si se retracta o no de su compromiso, hecho público este mismo jueves, con la celebración de un nuevo "referendum de autodeterminación" y con que "en la primavera de 2020 se consolidarán unas propuestas que sirvan de guía en la elaboración de una Constitución republicana", Ciudadanos propone la pregunta de si el presidente regional "acata" la indignante y vergonzosa sentencia del Tribunal Supremo sobre el 1-O, sentencia que permitirá en pocos meses salir de las cárceles (catalanas) a los golpistas presos sin necesidad alguna de indulto por parte del Gobierno español. ¿Sabrán, por otra parte, los representantes de Ciudadanos que acatar no significa otra cosa que cumplir unas sentencias que, en cualquier Estado de Derecho, se pueden y a veces –como es el caso de las relacionadas con el 1-O y el 9-N– se deben criticar con plena libertad?

En lugar de preguntar a Torra si se compromete o no a guardar y hacer guardar la Constitución y a no modificarla si no es mediante los mecanismos que contempla la propia Carta Magna, Cs propone preguntarle si "va a seguir alentado los disturbios violentos" en Cataluña. Vamos, como si Torra no tuviera la acreditada desfachatez de desvincularse de esa violencia, tal y como ha hecho en su -con todo- subversivo anuncio de este jueves.

Algo más de sentido tiene preguntarle, como mero requisito formal y procesal, si "va a cumplir los mandatos del Tribunal Constitucional", pues, de responder ahora afirmativamente, se desdeciría de las veces que se ha comprometido a no cumplirlos y podría entrar en conflictiva contradicción con sus correligionarios.

Lo que es evidente es que el proceso golpista y secesionista, ese que Artur Mas aseguró públicamente en 2012 que no pararían "ni tribunales ni constituciones", sigue vivo. Y que Torra pretende seguir liderándolo. En cambio, no es seguro que haya desaparecido el cúmulo de debilidades y cobardías, políticas, judiciales y mediáticas, con que se ha pretendido atajarlo.

Cumplir y hacer cumplir la ley
Pío Moa gaceta.es 18 Octubre 2019

Antifranquismo contra democracia. La pesadilla totalitaria: https://www.youtube.com/watch?v=5NmnO7rrSSM
En la próxima sesión expondremos una galería de antifranquistas ilustres.
Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

El cumplimiento de la ley hace milagros. Su incumplimiento, pesadillas.

Aunque los cargos políticos juran o prometen cumplir y hacer cumplir la ley, un rasgo de la putrefacción de esta democracia es que nunca lo han hecho. Recordemos el caso de la ETA, una organización de asesinos profesionales en pro de la secesión de “Euskadi”. Desde muy pronto en la transición se le ofreció la “salida política”, que suponía hacer del asesinato una forma reconocida –y recompensable—de hacer política. Es decir, una vulneración fundamental del estado de derecho. Con ello vinieron las negociaciones clandestinas de igual a igual del gobierno y los criminales, siempre negadas por los gobiernos para engañar a la gente, y expuestas por la propia ETA para poner en ridículo a aquellos despreciables farsantes. El PSOE recurrió por un tiempo al terrorismo, no para destruir a la ETA, sino para presionar en pro de más negociación y “cambiar la Constitución”, como dijo alguno de sus responsables. Todo esto debe ser recordado, pues ya empezó a pudrir el estado de derecho desde muy pronto.

Aquello se acabó, harto tardíamente, cuando Aznar y Mayor Oreja –contra una opinión extendida en el PP– decidieron aplicar la ley, el estado de derecho. Recuérdese también cómo cuando se anunció la ilegalización de las terminales políticas terroristas muchos se echaban las manos a la cabeza o amenazaban, con advertencias hasta desde Londres: se va a crear una verdadera tempestad revolucionaria en Vascongadas. Por el contrario, en poco tiempo fueron desmantelados la mayor parte de aparatos y organizaciones etarras, reduciéndose caso a cero su capacidad de matar. Y, mejor aún, la ETA perdió rápidamente prestigio y respaldo social, por primera vez. Por cierto que entonces los separatistas catalanes y vascos avanzaron aún en su radicalismo.

Importa entender una de las causas de la política criminal de los gobiernos hacia la ETA: la identificación, igualmente delictiva, de democracia con antifranquismo: ¿quién más antifranquista, por tanto más demócrata, que la ETA? Se sentían todos de algún modo hermanos en el antifranquismo, como decía el jefe del grupode prensa 16, tan influyente en aquellos años, y podía decirlo “El País”. Finalmente llegó Zapatero, otro delincuente que debería estar en la cárcel junto con sus amigos etarras, a rescatar al grupo asesino y convertirlo en una potencia política que presiona por la disgregación de España y por un avance en la putrefacción de la democracia. Estas cosas no deben olvidarse.

Ahora tenemos un caso parecido en Cataluña. Estoy convencido que todo está cocinado entre la pandilla del Doctor y la de Torra. Las dos dependen una de la otra, y el Doctor ha avisado: si no le apoya Torra, vendrá la “extrema derecha”. El trato implica barra libre para que por unos días los separatistas inunden las calles con sus manifestaciones y agresiones, que vienen muy bien, dentro y fuera de España, para justificar el separatismo. Tanto el PSOE como el PP piensan, pisoteanco la Constitución y la ley como siempre han hecho, en ir a una confederación. Una confederación es un proceso unitario entre estados diferentes, pero cuando se parte de un estado unitario, la confederación es un proceso de disgregación, que puede terminar fácilmente en guerra civil. De hecho, si no de derecho, la confederación ya existe, pues tanto los gobiernos del PP como del PSOE han vaciado de estado a Cataluña y Vascongadas, y siguen un proceso similar en otras regiones. Desde la transición han actuado en ese sentido, han alentado financiado y permitido todas las ilegalidades e imposiciones separatistas, su inmersión lingüística contra los lazos que unen a la nación, su propaganda de odio a España dentro y fuera del país, como si fueran ya una nación distinta con su propia política exterior, su adoctrinamiento contra España y la democracia en las escuelas, etc. La lista de vulneraciones de la legalidad se haría interminable.

¿Cuál es el remedio? Muy simple: aplicar la ley, como se hizo con la ETA. El hecho de que durante tantos años no haya sido así convierte a los gobernantes en delincuentes, y eso debería tenerse muy en cuenta. Mucha gente cree que aplicar la ley “incendiaría a Cataluña”. Muy al contrario, como en el caso de la ETA: tras unos momentos de posible caos, volvería a esa región a la calma y permitiría a los catalanes vivir en paz y libertad y prosperar junto con el resto del país. Pero es obvio que ni el PP ni el PSOE aspiran a tal cosa. Aspiran, en los hechos, ya que no en las palabras estafadoras que suelen utilizar, a proseguir en su política de disgregación de España, que dividiría a esta en una serie de estaditos práctica o plenamente independientes, hostiles entre sí y títeres de potencias exteriores. Y hay que decir ¡basta! La ley debe ser aplicada y los delincuentes ir a la cárcel. Digamos que todo ello puede aplicarse a la profanación de los restos de Franco, que tan de relieve está poniendo la miseria moral de casi todos los políticos, de los fariseos que dirigen la Iglesia, de los monárquicos y de quienes se dicen demócratas pero no le importa cumplir la ley norcoreana de memoria histórica.

Claro que ¿quién podría cumplir eso? Hasta ahora, nadie. Ahora ha surgido el fenómeno VOX, al que intenta fagocitar el PP para proseguir son su política de siempre, la única que sabe hacer. Pues bien: si VOX acierta a distanciarse de todos haciendo llegar un mensaje claro a todos los catalanes y demás españoles, estas elecciones pueden marcar un antes y después en la demencial política seguida durante tantos años. Puede significar el principio de una auténtica regeneración democrática.

La sentencia y el Programa 2030
Manuel Peña Díaz cronicaglobal 18 Octubre 2019

El 28 de octubre de 1990, un treintañero José Antich revelaba en El País un bosquejo de las líneas del Programa 2000. En su crónica constataba quiénes lo habían elaborado --Jordi Pujol, Miquel Roca, Macià Alavedra, Joan Guitart, Joan Vallvé y Josep Laporte-- y recordaba que el documento ya estaba circulando entre los consejeros y demás secretarios generales de los departamentos desde el verano de 1989.

Es sabido que el objetivo principal de dicho programa era debilitar el Estado social y democrático de derecho, en tanto que negaba la igualdad entre los ciudadanos y atacaba indirectamente la separación de poderes, que debían ser inoculados y ocupados por nacionalistas, al servicio de su credo. En este proyecto se añadía la estratégica “sensibilización ciudadana hacia el reforzamiento del alma social”, mediante el incentivo de “tener más hijos para garantizar su personalidad colectiva”, vigilando “la composición de los tribunales de oposición” para todo el profesorado, catalanizando la enseñanza, e introduciendo “gente nacionalista en todos los puestos claves de los medios comunicación” o en “los cargos directivos de las instituciones financieras”, además de “incidir sobre la administración de justicia y orden público con criterios nacionales”.

No hubo reacción en el Gobierno español ante la descarada intención del nacionalismo catalán de modelar la Comunidad Autónoma a su medida. Mientras, Pujol canalizaba las ansiedades identitarias de sus juventudes nacionalistas (los Rull, Turull, Forn y pujolets de entonces), reconducía las pulsiones de los grupos más extremos (MDT, CUP y Crida) y administraba la memoria histórica de ERC, liderada por un servil Hortolà. El lema convergente “Anem per feina!” de 1979 se concretaba de manera clara y meridiana para los suyos. Pero para que el Programa 2000 fuera un éxito, fue clave el PSC, primero por equidistante y después por cómplice.

¿Y ahora qué? El final del Programa 2000 no acaba con la sentencia, no habrá sumisión ni acatamiento al Estado de derecho, al contrario. En Lledoners, los líderes independentistas han tenido tiempo y espacio para elaborar y reinventar su proyecto, que también puede tener el horizonte de una década para su cumplimiento, o cómo seguir poniendo huevos independentistas sin necesidad de gallinas. Ese plausible Programa 2030 puede estar listo para ser filtrado en el momento más adecuado. Y, mientras llega esa fecha, la clave vuelve a ser el PSC, que transitoriamente puede recoger las nueces sin necesidad de haber vareado el árbol. Recordemos que fue Iceta quien en un ejercicio de prospectiva planteó que si, llegado el momento, el 65% de los votantes apoyaran la independencia, los socialistas se replantearían su posición, es decir, dejarían la equidistancia para retornar a ser cómplice en tanto que partido catalanista puesto de perfil.

La sentencia no ha solucionado el problema. Los demócratas pueden invitar a los identitarios a retornar al Estado de derecho, pero como nacionalistas es de esperar que tarde o temprano den una coz a la convivencia y a la democracia. Su cinismo no tiene enmienda. Así se comportó Diógenes cuando fue invitado en una reluciente casa y el dueño le pidió que no escupiese en el suelo. Su reacción fue escupirle en la cara. El anfitrión le preguntó por qué lo había hecho, y el filósofo cínico le respondió: “Porque es el único sitio sucio de la casa”. Y, pese a todo, siempre habrá alguno que prefiera limpiarse el escupitajo y poner el otro lado de la cara, porque ante todo está el derecho a la libertad de expresión y a la confrontación, el huevo antes que la gallina.

TV3, el odio y la sentencia
Vicente Gil esdiario 18 Octubre 2019

Llevo 24 horas viendo TV3 por obligación profesional y, aunque vivo en Madrid, empiezo a sentir ganas de bajar a la calle a quemar un contenedor.

El machaque televisivo es constante desde que se conoció la sentencia del "procés". Es de manual. Ni Goebbels lo superaría. Como lo fue en aquel 1-O de 2017. Como lo es desde hace 35 años en cada minuto de su programación y, particularmente, de forma estratégica, en la infantil y juvenil.

Hace 25 años, quienes cubríamos las guerras de Bosnia, Croacia y Eslovenia (esa que tanto añora Quim Torra) advertíamos: que a ETA se le podría derrotar en el País Vasco, pero que el odio antiespañol que se estaba inoculando silenciosamente a varias generaciones en Cataluña a través de la escuela (adoctrinamiento) y la TV3 (propaganda) sería, a la larga, mucho más grave y difícil de resolver.

Yo vivía entonces en Barcelona (1992) y lo veía en mi entorno burgués-pujolista-convergente. Los hijos de ese mundo salieron de ERC y los nietos ya están en los CDR, acusando a sus mayores de "traidores". Se revuelven ya contra si mismos. Pijitos bien comidos y bebidos, que han crecido en esta España y en esta democracia que tanto les dijeron, desde pequeños, que tenían que detestar.

TV3, el altavoz del Golpe
Crearon un monstruo y se les fue de las manos. Y ahí están, hoy, sus "cachorros", de varias generaciones, cortando carreteras y asaltando edificios oficiales, convencidos de las mentiras con las que les han lavado el cerebro durante décadas a base de prostituir la historia, mientras los Pujol lo que lavaban en Andorra era el dinero negro de su negocio redondo llamado "Cataluña SA" (consentido por PSOE y PP).

Soy periodista desde hace 30 años y no puedo desear el cierre de un medio de comunicación. Pero TV3 no es un medio de comunicación. Es un medio de propaganda al servicio del odio, de la separación, del golpismo ("sedicente" o "rebelde", me da igual).

Lo más duro es que todos nosotros (murcianos, extremeños, andaluces, riojanos, madrileños …) seguimos financiándolo sin que nadie haga nada. Pagando con nuestro dinero los sueldos de estos supuestos periodistas, que contribuyen, cada día, sin descanso, 24 horas sobre 24, al fin político del independentismo: seguir manteniendo la tensión y generar más odio. A ver si, con suerte, ahora llega el muerto que no les dio el 1-O (y la templanza "exasperante" de Rajoy).

Porque a Sánchez solo le interesa Sánchez y su único fin es ganar las elecciones. Y, frente al desafío, hará lo que sea.

Porque saben que su derrota real será … que no pase NADA; que el "pueblo catalán" siga su vida normal mañana o pasado, o dentro de un mes, cuando baje la tensión, mientras sus "capos" siguen en la cárcel.

Llevará décadas
Ya pasó con el 155. Iba a ser el fin del mundo y no pasó NADA porque sintieron, por primera vez, en toda su dimensión, el peso de un Estado ausente durante décadas. Ahora hace falta que sigan sintiéndolo. Revertir esto llevará décadas. Pero hay que empezar. Y cuanto antes.

Hace falta en Moncloa un gobierno que afronte con perspectiva, altura de miras y sentido de estado este grave desafío a nuestra paz. Un gobierno que ponga a España por delante. Un liderazgo claro e incondicional. Un liderazgo de principios. Y no lo hay.

Recordando a Milosevic
Porque a Pedro Sánchez solo le interesa Sánchez y su único fin es ganar las elecciones. Y, frente al desafío, hará lo que sea. Una cosa (mano dura, Ley de Seguridad Nacional …) o la contraria, o las dos a la vez, según le dicte, por días, de aquí al 10-N, su Rasputín monclovita, Iván Redondo.

Acabo estas líneas, levanto la mirada del ordenador y ahí sigue TV3, mamporreando la pantalla. Y vienen a mi memoria de corresponsal las soflamas incendiarias de la radio y la TV pública serbia del sátrapa Milosevic, que fueron decisivas para encender la mecha de aquella guerra que tanto añora Torra. Y en mi memoria, también, quienes, por ver lo que veíamos venir, nos llamaron, hace 25 años, "fascistas" y "exagerados". Ahí los tenéis.

El golpe permanente
Ignacio Camacho ABC 18 Octubre 2019

Todo el mundo sabe ya -incluso Sánchez, aunque disimula- que el presidente de la Generalitat no existe. Quim Torra es una marioneta que maneja Puigdemont desde Waterloo, el lugar donde más pronto o más tarde lo acompañará si no acaban en la cárcel ambos o escapan fuera de la UE para esquivar la euroorden que el juez Llarena ha cursado. En los escasos ratos en que ejerce como ser humano más o menos autónomo, el vicario del prófugo se aleja de su despacho para cortar carreteras o estimular a los comandos de choque callejero con arengas de ánimo. Sus propios correligionarios tienden a ignorarlo y lo más suave que dicen de él en voz baja es que está chalado; ayer mismo propuso otra consulta de autodeterminación y apenas le hicieron caso. Sólo el Gobierno de España le expresa aún un respeto institucional que resulta extraño a la vista de las evidencias que acumula para merecer de inmediato, medidas constitucionales mediante, el desalojo del cargo o como poco la intervención acusatoria de la Fiscalía del Estado.

Ajeno a esa burbuja de vacío, que lo asemeja a aquel caballero inexistente de la novela de Italo Calvino, Torra persiste en desempeñarse con los atributos usuales de un político. Y así, siguiendo las consignas de su líder, ha dado en anunciar el retorno al sendero prohibido, al referendo unilateral por cuyo anterior capítulo hay un distinguido grupo de sus colegas en presidio. Tras la sentencia, el orate de Bruselas debe de haber decidido que ya no le queda otro camino que el de proseguir el desafío: la dinámica del golpe permanente que tanto excita a los sectores más arriscados del independentismo. Desde la comodidad de su ficticio «exilio» ha ordenado a su títere que pida a gritos una nueva aplicación del 155.

Sánchez no parece dispuesto. Necesita a ERC como futuro interlocutor de su estrategia de desinflamación, léase apaciguamiento, y espera que tras las elecciones hagan efecto sus dosis de ibuprofeno. De momento ha logrado que las huestes de Junqueras le brinden el gesto de desmarcarse del presidente fantasma y dejarlo solo con nuevo-viejo proyecto. Pero tiene un problema, y es que en medio del actual incendio, muchos españoles esperan que mande a Cataluña más guardias, no una brigada de farmacéuticos. Y con unas vitales elecciones por medio, lo que le pueda beneficiar en Cataluña le perjudicará en el resto de un país cansado del eterno encogimiento ante los insurrectos.

Al final, los sucesivos Gobiernos de la nación acaban siempre enfrentados al mismo escenario: la falsa dicotomía entre un nacionalismo disfrazado de pragmático y otro más exaltado que amenaza recurrentemente con tirar los pies por alto. Y uno tras otro caen en idéntico engaño, embaucados por el simulacro sin darse cuenta -o sin querer dársela- de que se trata de un chantaje simultáneo basado en un truco tan rancio como el del policía bueno y el malo.

Entre el chantaje y el sabotaje
Editorial vozpopuli.es 18 Octubre 2019

El "paro de país" convocado este viernes en Cataluña nada tiene que ver con el legítimo ejercicio del derecho de huelga que ampara nuestra Constitución. Tampoco responde a una demanda compartida por el conjunto de la sociedad, sino a la estrategia de amedrentamiento diseñada por el independentismo y activada de forma injustificable por instituciones que deberían representar y defender los intereses de todos los ciudadanos, en lugar de apadrinar el chantaje y el sabotaje como herramientas de presión política.

La actitud del presidente de la Generalitat, del conjunto de su gobierno, y en especial de su consejero de Interior, amparando desde una deplorable pasividad las acciones violentas y permitiendo la intimidación por la fuerza de los ciudadanos que no comparten su enloquecida deriva, dista mucho de ser la que se espera de autoridades responsables, y debiera tener consecuencias políticas y legales.

El nacionalismo quiere convertir la jornada de hoy en un hito histórico, que puede muy bien serlo pero en el sentido opuesto al que pretenden el muñeco Torra, su jefe Puigdemont y el conjunto de este infame supremacismo que está llevando a Cataluña hacia un profundo y oscuro precipicio.

Porque los acontecimientos que se están viviendo estos días en las calles de Cataluña son únicamente un nuevo tramo del verdadero procés, el de demoledor impacto que la locura nacionalista va a tener en la convivencia y en la economía de una comunidad que hasta no hace mucho lideraba muchas de las variables españolas y europeas que miden la tolerancia social y a la riqueza económica.

La convocatoria de hoy, disfrazada de movilización en defensa de la libertad de políticos condenados por intentar un golpe a la democracia y a las libertades de todos, no tiene nada de grandeza"

Y la convocatoria de hoy, disfrazada de movilización en defensa de la libertad de políticos condenados por intentar un golpe a la democracia y a las libertades de todos, no tiene nada de grandeza, no es sino el penúltimo episodio de una estrategia concebida para acabar con el discrepante y expulsar de la vida social, incluso del territorio, a quienes se siguen sintiendo españoles.

Ese es el verdadero objetivo, contra el que hay que actuar desde la prudencia y la inteligencia, pero también desde la convicción de que no valen paños calientes, de que no puede quedar impune la irresponsabilidad de quienes han azuzado el enfrentamiento, ni la de aquellos otros que, desde el Gobierno de la Nación, esconden su responsabilidad bajo el manto de un cálculo estrictamente electoralista.

Torra es un peligro para Cataluña
 larazon 18 Octubre 2019

El objetivo del independentismo es desestabilizar al Estado. Es innegable que sólo busca desbordar a las instituciones democráticas con una ocupación de la calle e imponer un nuevo orden con la desaparición del Estado en Cataluña. Es una estrategia ensayada desde el 1-O: forzar a la violencia desde un pacifismo que ya nadie se cree. El presidente de la Generalitat, Joaquim Torra, convertido en el instigador de las protestas e incapaz de rechazar con energía los actos de violencia, lanzó ayer, de nuevo, un llamamiento a continuar el enfrentamiento. Anunció en el Parlament su compromiso de realizar un nuevo referéndum en lo que resta de legislatura: «Habrá que volver a poner las urnas para la autodeterminación», dijo. El objetivo, añadió, es acabar la legislatura «validando la independencia».

Si en la madrugada del miércoles Torra balbuceó que rechazaba la violencia ante el paisaje desolador de los ataques de los CDR que tanto ha cuidado, horas después volvía a indicar el camino a seguir: el enfrentamiento con el Estado, al que muy eufemísticamente llama «desobediencia civil». En la práctica es pasar por encima de los derechos de la mayoría de los catalanes contrarios a su ideario nacionalista excluyente. Esta situación de violencia puede prolongarse durante todo el fin de semana, incluso cronificarse en el tiempo con mayor o menor intensidad, pero Torra, su gobierno y el prófugo Puigdemont no deberían despreciar la capacidad de aguante de un amplio sector de población que asiste con indignación, día a tras a día, al espectáculo de ver como se pisotean sus derechos y se impone, paso a paso, la hoja de ruta nacionalista.

Sorprende que ante este alarmante deterioro de la convivencia, el PSC no haya reaccionado ante el peligro que supone Torra, y mientras rechazaba sumarse a la moción de censura del pasado día 8, ayer pedía la dimisión del presidente catalán porque suponía un riesgo para el autogobierno. De nuevo Miquel Iceta, ante este creciente malestar de la ciudadanía y la incomprensible inacción de los gobernantes, incapaces de tomar medidas para frenar la violencia, ha decidido sumarse. Nunca es tarde, aunque sea por motivos electoralistas. Inevitablemente, nos recuerda al comportamiento que tuvo en octubre de 2017, cuando se sumó a última hora a la gran manifestación de Sociedad Civil Catalana ante el temor de que sus propios votantes le abandonaran.

Ahora, de nuevo, el próximo día 27 se vuelve a convocar una gran protesta de todo el constitucionalismo en una situación límite. El Estado, el conjunto de la sociedad y los partidos que defiende los principios constitucionales deben hacer frente a este nuevo envite. Hay, además, consecuencias económicas, ya no digamos sociales, como el hecho de que la Seat haya anunciado la paralización de su producción durante tres días ante la imposibilidad de que trabajadores y suministros puedan llegar a las factorías. Hoy está convocada una huelga general política con el apoyo necesario de la Generalitat, un capítulo más de la imposición del nacionalismo y las unidades de choque de los CDR frente a la Cataluña que trabaja.

La situación de desgobierno es absoluta, la Generalitat se ha convertido en un mero aparato político del nacionalismo y las instituciones de autogobierno están en un proceso de descomposición. Forzar, como están haciendo, a la sociedad catalana a aceptar el avasallamiento al que está siendo sometida, tendrá graves consecuencias y se verá pronto. Esté donde esté el centro de decisiones del independentismo, en la plaza Sant Jaume, en Waterloo o en una misteriosa app, la situación debe reconducirse inmediatamente antes de males aún peores. El responsable será Torra, pero será compartido con muchos si un incendiario como es el presidente de la Generalitat continúa en el cargo.

La coartada de la moderación
Editorial ABC 18 Octubre 2019

El todavía presidente de la Generalitat, Quim Torra, no merece más dosis de esa moderación, ni de esa proporcionalidad que abandera Sánchez como respuesta a la insurrección separatista en Cataluña. Sencillamente porque una y otra constituyen la coartada para dejar hacer y que pase el tiempo, mientras Barcelona se retrata como una ciudad fuera de control y los policías heridos se cuentan por decenas. En este escenario dramático, la presencia del Estado para frenar la sustracción de Cataluña al régimen democrático es insuficiente, porque se limita a lo policial y a rebufo de los acontecimientos. La actuación de los cuerpos policiales es heroica, entre otras razones, porque es la única que el Estado está desarrollando frente a una guerrilla organizada y un gobierno autonómico presidido por un cómplice de la violencia. La situación es insostenible y si no se adoptan medidas legales urgentes será cada día más difícil restaurar el imperio de la ley y la seguridad ciudadana. En este contexto de ausencia política e institucional del Estado frente a la insurrección separatista, se explica que el presidente Torra no sólo pidiera en el Parlamento catalán, ayer, contención a los Mossos frente a los terroristas urbanos de los CDR, sino que también anunciara un nuevo referéndum de autodeterminación en 2020. Que los partidos nacionalistas no respaldaran esta propuesta no es porque no compartan la estrategia secesionista, sino que discrepan de la táctica de Torra. La sentencia del Tribunal Supremo sobre el «procés» marca pautas para que el Estado reaccione más y mejor ante un nuevo asalto independentista.

Sánchez y Torra protagonizaron sendas intervenciones públicas en las que quedaron identificados como las imágenes clásicas del apaciguador fracasado y del nacionalista envalentonado, respectivamente. España no necesita un Chamberlain que proponga a los españoles más «esperar y ver», cuando lo cierto es que España lleva cuarenta y un años, desde 1978, esperando que el nacionalismo sea leal, y no lo ha sido, y viendo cómo el Estado solo se manifiesta con fuerza legítima cuando la situación llega a límites innecesariamente críticos. No hay moderación, proporcionalidad ni firmeza en permitir que Torra siga siendo presidente de la Generalitat -un sujeto cuyas relaciones con los CDR encarcelados por terrorismo serían suficientes para detenerlo-, en no aplicar la Ley de Seguridad Nacional o el artículo 155 de la Constitución, en no promover que a los detenidos en Cataluña se les aplique la legislación antiterrorista y sean trasladados a la Audiencia Nacional y en no iniciar la ilegalización de grupos políticos alienados con la violencia de estas jornadas. La prueba de la firmeza es una acción política con decisiones concretas y hechos inequívocos. Las declaraciones melifluas de Sánchez se diluyen en el fragor de la violencia separatista.

Los Mossos son «perros» para una TV3 desatada
Sergio Fidalgo okdiario 18 Octubre 2019

Si TV3 no existiera, el procés no habría llegado tan lejos. Ha sido el combustible que ha mantenido encendida la caldera secesionista a toda máquina. Desde este medio de comunicación se han coorganizado las principales movilizaciones de los últimos años gracias a su labor de apoyo constante. También ha sido clave en la continua deslegitimación de las principales instituciones españolas a los ojos de millones de catalanes. Y lo han hecho con profesionalidad, porque se puede ser un buen o un mal propagandista, y en la televisión de la Generalitat abunda tanto el dinero para tener medios técnicos a la última como la gente que sabe hacer bien su trabajo.

En los medios de comunicación de la Generalitat se ha informado, desde el momento que se hizo pública la sentencia del 1 de octubre, cómo seguir a Tsunami Democràtic, la fantasmagórica plataforma que ha impulsado las principales algaradas que han asolado Cataluña los últimos días, como el intento de toma del aeropuerto. Y vende como “festivas” y “cívicas” las principales protestas secesionistas. Y no faltan abundantes coberturas en directo en los que no se buscan encapuchados a los que entrevistar, sino adorables personas de mediana edad o jóvenes animosos que incitan a participar en las ‘marchas’ o en las concentraciones. Y cuando aparecen imágenes de los disturbios, o de las calles ardiendo, se tiende a relativizar, como si fuera cosa de una minoría totalmente desconectada del movimiento independentista.

TV3 se ha convertido en un gigantesco anuncio al servicio de la propaganda secesionista, y no hay movilización independentista sin una cámara de la televisión autonómica sirviendo de altavoz a los organizadores. Ya forma parte del paisaje, por no decir de los convocantes. Sólo falta añadir en las pancartas de los que protestan el logo de “patrocinado por Televisió de Catalunya”. Aunque todo se andará, es solo cuestión de tiempo, porque poco a poco van perdiendo los pocos escrúpulos que les quedaban.

La mayoría de los que opinan en los medios de comunicación de la Generalitat en estos días denuncian el “exceso” de la sentencia y la “injusticia”, y las voces de los que denuncian lo que consideran un “abuso” de “España” sobrepasan con mucho a los que consideran que la decisión del Supremo ha sido justa, e incluso que se ha quedado corta. Un ejemplo, en TV3 hemos escuchado a Toni Soler, uno de sus principales proveedores de contenidos, decir que “Jordi Cuixart ha recibido la misma condena que los miembros de ‘la manada’”.

Perdonen que insista en Soler, pero es que es la punta de lanza de la propaganda secesionista en TV3, porque usa la sátira humorística para difundir sus mensajes, y tiene dos de los programas de más éxito de la cadena, Està passant y Polònia. En el primero lleva toda la semana cargando contra las fuerzas de seguridad, incluyendo los Mossos d’Esquadra, buscando ridiculizarlos. ¿Por qué? Por impedir la ‘barra libre’ a las algaradas secesionistas.

En el programa de este miércoles compararon, sin cortarse un pelo, a la policía autonómica con perros. Para decir a continuación que “la culpa no es de los perros, sino del amo”. Y pusieron la fotografía del consejero de Interior de Generalitat, Miquel Buch. Por si no conocen a Toni Soler, que sepan que no es un mindundi, dado que su productora facturó más de 70 millones de euros a la televisión autonómica catalana entre 2010 y 2018. Y lleva años tratando de gañanes y fachas a los agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional con la excusa del ‘humor’.

Sigamos: el lunes por la noche entrevistaron a la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzié, en un programa ‘informativo’ del canal de ‘noticias’ de Televisión de Cataluña. Aunque más que una entrevista fue un publirreportaje en el que los encargados de poner los rótulos de sus declaraciones más destacadas incluyeron uno que incitaba directamente a la participación: “Las carreteras se tendrán que cortar. Nos acompañarán moteros y tractores. Será una movilización importante”.

Es tan escandalosa la manipulación en TV3 que, en los últimos años, cada vez que se acercan unos comicios, la Junta Electoral les prohíbe usar términos como “presos políticos” o “exiliados”. Y, por supuesto, usan este hecho para hacer más propaganda victimista, como si les censuraran, cuando lo único que hace la máxima autoridad electoral es intentar garantizar que un medio de comunicación público no sea una herramienta de propaganda partidista. Pero en Cataluña ya no queda ni un atisbo de imparcialidad en los organismos que controla la Generalitat. Eso sí, las ‘víctimas’ son siempre los secesionistas. Va en su ADN.

A los ‘indepes’ les falla el suelo
Fernando González Urbaneja republica 18 Octubre 2019

La intervención del presidente de la Generalitat en el Parlamento catalán causó asombro entre sus conmilitones independentistas ya que pareció proponer para 2020 una nueva hoja de ruta con una constitución y un referéndum (otro) como pasos previo a la república catalana, a Ítaca. La sorpresa residía en que no lo había comentado ni consensuado con nadie. Los ‘indepes’ están unidos en el objetivo pero en poco más, no coinciden en lo demás y los recelos son permanentes. Disputan el liderazgo y la iniciativa y, sobre todo, los procedimientos. ERC quiere liderar el proces, pero el neopujolismo de Puigdemont y Torra (¿cómo llamarles?) no está dispuesto a ceder la primogenitura. Y en discrepancia con ambos grupos actua la izquierda radical de las CUP (que son diversos) y las organizaciones independentistas oficiales (Omnium y Asamblea) y las informales (CDR, Tsunami…) que tienen creciente poder y estructuras opacas pero muy disciplinadas.

El independentismo ha llegado muy lejos, tiene fuerza en la calle, capacidad para amedrentar, objetivos definidos y demasiadas ensoñaciones. Han montado una película, un relato para ellos mismos que hace caso omiso de la realidad para instalarse en la ficción.

Una de las debilidades de su relato es la errónea apreciación de lo que llaman el enemigo, la España para ellos casposa. A lo largo de todo el “proces”, durante los últimos siete años, uno de los argumentos de fuerza de los ‘indepes’ ha sido la fragilidad del reino de España y la fortaleza independentista. Su construcción mental parte de una tesis falsa: “somos distintos” sustentada en una conclusión más falsa aun: “somos superiores”. Todo ello pintado de pacifismo, democracia y decencia. “Nosotros somos buena gente”, ha reiterado en cuantas ocasiones ha podido Oriol Junqueras, uno de los ideólogos, líderes y mártires de movimiento. Un curioso argumento de autoridad, si son “buena gente” no harán cosas malas. Si conculcan las leyes tendrán buenos motivos para ello. Con esa lógica que el señor Torra imagine que el uso de la violencia es cosa de infiltrados pero en ningún caso de los buenos catalanes, “distintos y superiores” a los demás.

Esa construcción mental que tuvo mucha audiencia hace dos años entre corresponsales extranjeros románticos e ignorantes va quebrantándose con el paso de los meses y ha salido malparada estos últimos días. Las imágenes de los incendios de estos días ha sido tan potente como las del uno de octubre, y en esta ocasión los protagonistas del disparate son los ‘indepes’. Se les ha hundido el suelo y desde la noche del miércoles los dirigentes tratan de recuperar el buen tono, la movilización amable que pretende que cortar carreteras y paralizar ciudades es un derecho legítimo, que conculcar las libertades de los demás (si son ellos los que lo hacen) está bien, ya que son buena gente, patriotas.

Ahora les falla el suelo y se sorprenden ante la fortaleza de esa España casposa que desprecian y que desconocen. Se sorprenden de que la Europa que creían favorable les da la espalda y les señala que el cumplimiento de la ley es la condición necesaria de las democracias. No van a rectificar, no van a renunciar a Ítaca, pero tampoco llegarán a semejante ilusión; algunos de ellos ya los saben pero ninguno se atreve a reconocerlo abiertamente. De manera que lo que toca es la conllevanza, cierta indiferencia y no perder la calma ni el foco.

Los 12 diputados del PSC bloquean a Sánchez
Marcello republica 18 Octubre 2019

Pedro Sánchez no tomará ninguna decisión en Cataluña aunque arda por los cuatro costados porque sabe que si lo hace, para reponer el orden público y la legalidad, pondrá en peligro los 12 escaños que el PSC-PSOE obtuvo en Cataluña en las elecciones del pasado 28 de abril. Y esos 12 escaños son, al día de hoy, fundamentales para que Sánchez pueda ganar los comicios del 10 de noviembre y mantenerse en el poder.

De manera que Sánchez no moverá un dedo en Cataluña a pesar que sabe (y lo oculta) que su presidente Quim Torra ha pactado con los CDR el uso de la violencia -como aparece en unas grabaciones que están en la Audiencia Nacional- lo que obliga a la Fiscalía del Estado a actuar de forma inmediata contra Torra.

Pero Sánchez teme que toda actuación suya en Cataluña desviará a parte de los electores que votan al PSC hacia opciones más radicales como son en la izquierda catalana las de ERC, En Comú Podem (Iglesias y Colau), Más País (Errejón) y las CUP que por primera vez se presentan a estas elecciones generales. Lo que hace que cinco partidos de izquierda se están disputando 20 escaños en Cataluña.

Y si los 12 escaños que el PSOE tiene en Cataluña son determinantes para Sánchez, también lo son los 24 que tienen la Comunidad de Andalucía, los 11 de Madrid y los 10 de Valencia. Cuatro territorios autonómicos donde el PSOE ha cosechado en las elecciones del 28-A un total de 57 diputados de los que Errejón aspira a llevarse 10, las CUP 2 y varios más el PP, sobre todo en Andalucía donde ahora controlan la Junta y donde Susana Díaz está de capa y brazos caídos.

Además, la crisis catalana puede permitir a Cs recuperar algo de su impulso perdido y la actitud de no intervención de Sánchez contra Torra también ha de restar al PSOE votos y escaños en otros territorios españoles además de en las cuatro Comunidades mencionadas.

Por ello, resulta imposible explicar el inmovilismo de Sánchez frente a la violencia catalana y el desbordamiento de la legalidad sin incluir en todo ello el temor electoral de Sánchez. Al que las últimas encuestas sitúan en votos y escaños por debajo del resultado que el PSOE obtuvo (123 escaños) en los comicios del 28-A.

Y si esa tendencia negativa se confirma Sánchez tendrá más problemas para lograr su investidura de los que tuvo el pasado mes de julio y ello le obligará, si quiere un gobierno de izquierdas, a contar con ERC. Un motivo añadido por el que el presidente en funciones se niega a actuar en territorio catalán.

A sabiendas Sánchez que para contar más adelante con la abstención de ERC en su investidura -como ocurrió el pasado 25 de julio- después de la noche electoral del 10-N Sánchez deberá conceder los indultos a todos los golpistas condenados por el Tribunal Supremo. Porque Oriol Junqueras quiere la plena libertad y el final de su inhabilitación para ser candidato en las elecciones de Cataluña y presidir la Generalitat.

Aquella breve conversación que mantuvieron Junqueras y Sánchez en el Congreso de los Diputados en la que el catalán, acercándose al escaño de Sánchez, le dijo ‘tenemos que hablar’ y Sánchez le contestó ‘hablaremos’, se puede resumir en el siguiente doble objetivo de ambos: Pedro Sánchez será presidente del Gobierno de España y Oriol Junqueras presidente de la Generalitat.

Cataluña: ¿un Estado fallido?
Llevamos demasiado tiempo aceptando en Cataluña situaciones que son cualquier cosa menos normales. Las calles de Barcelona cada vez se parecen más a las de un Estado fallido
Isidoro Tapia elconfidencial 18 Octubre 2019

En el otoño de 2017, el Gobierno de la Generalitat no quería colaborar en el cumplimiento de las resoluciones judiciales (así lo ha declarado probado el Tribunal Supremo). La pregunta ahora no es si quiere, sino si puede hacerlo. Entonces estábamos ante un Gobierno rebelde. Ahora, en cambio, las imágenes que llegan de las calles de Barcelona cada vez se parecen más a las de un Estado fallido.

Llevamos demasiado tiempo aceptando en Cataluña situaciones que son cualquier cosa menos normales. Un presidente autonómico que se pone al frente de una marcha que corta irregularmente una autopista; una portavoz del mismo Gobierno que muestra su “empatía” con los manifestantes que han intentado bloquear la infraestructura más importante de Cataluña (el aeropuerto de El Prat), enfrentándose a la policía autonómica cuando esta intentaba precisamente evitarlo.

Unos manifestantes que, en el tercer día de protesta, se dirigen a la Consejería de Interior, a cuyo titular han convertido en su particular bestia negra, sin que el presidente salga en su defensa, y no se atreva más que a balbucear una descafeinada condena de la violencia, como este jueves contaba Rafael Méndez.

Algunas informaciones periodísticas apuntaban que el jefe de los Mossos se habría negado a dimitir pese a las exigencias de Torra, que buscaba entregar un sacrificio a los sectores más radicales. Torra sigue haciendo malabarismos en el difícil papel dual de bandolero y guardia civil, de jefe sioux y vaquero. Lo más destacado ahora es que Torra parece haber perdido el control de los dos bandos: ni controla las protestas callejeras ni es capaz de dirigir de forma eficaz (o ineficaz, nadie sabe a estas alturas cuál es su verdadero objetivo) las fuerzas encargadas de preservar el orden en Cataluña.

Una mitad del Gobierno catalán está en la calle protestando, la otra mitad intentando reprimir la violencia. El desgobierno en el seno del Ejecutivo catalán es absoluto. No se trata de una coincidencia puntual, sino que responde a contradicciones internas muy profundas: el Gobierno carece de mayoría parlamentaria, sosteniéndose sobre el grupo radical de la CUP para aprobar sus iniciativas (durante gran parte del último año, ni siquiera disfrutaba de esta precaria mayoría, debido a la negativa de cinco diputados independentistas por ceder su escaño en el Parlamento catalán). Los últimos presupuestos aprobados fueron los de 2017. La parálisis de iniciativas legislativas o políticas es prácticamente absoluta.

Dentro del propio Ejecutivo catalán, son demasiadas las facciones existentes para que este organismo (de naturaleza colegiada) pueda funcionar con normalidad: a la división entre ERC y PDCAT, que tradicionalmente habían representado las dos almas del nacionalismo catalán, hay que añadir la implosión de los segundos en una constelación de bandos: Carles Puigdemont, desde su refugio belga, apuesta por las posiciones más maximalistas de desafío al Estado; Artur Mas acaricia, de forma cada vez menos disimulada, la ambición de recoger los cascotes rotos del nacionalismo convergente.

Y Torra, cada vez más aislado, como contaba este jueves Marcos Lamelas en este medio, se resiste a convocar unas elecciones que podrían conducir a un sorpaso tantas veces previsto que no cabe sino anunciarlo esta vez con las debidas precauciones: el que situaría a ERC liderando el bloque soberanista.

Torra: "La respuesta es clara, se tendrán que volver a poner las urnas"
Es sencillamente imposible que un Gobierno sometido a estas tensiones internas pueda al mismo responder de manera eficaz a una situación de emergencia externa, como la que está teniendo lugar tras la radicalización de las protestas. La situación de los mandos intermedios debe ser esquizofrénica, recibiendo instrucciones no solo divergentes sino sencillamente contradictorias, mientras al mismo tiempo los propios funcionarios deben salvaguardar su situación personal, ante la perspectiva de que una escalada del enfrentamiento desemboque en una causa por desobediencia como en 2017, con las consecuencias que la sentencia del Tribunal Supremo ha hecho evidentes.

En 2017, la rebeldía de la Generalitat nos situaba directamente en el ámbito del artículo 155 de la Constitución: “Si una comunidad autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España”, dice este artículo. Ahora, en cambio, la situación es otra.

Lo preocupante no es tanto la desobediencia de la Generalitat (aunque se debe vigilar al milímetro que efectivamente no se produzca, porque algunos responsables políticos se están acercando peligrosamente a la línea que la delimita). De lo que se trata es de garantizar el funcionamiento normal de las instituciones.

Porque si la Generalitat no es capaz de garantizar el ejercicio de las libertades y los derechos más básicos, de preservar el orden público y la seguridad de los ciudadanos, si el Consejo de Gobierno está partido por la mitad y es incapaz de tomar decisiones, el Estado en Cataluña ha dejado de funcionar. Que es precisamente el ámbito de aplicación de la Ley de Seguridad Nacional: “Una situación en la que, por la gravedad de sus efectos y la dimensión, urgencia y transversalidad de las medidas para su resolución, requiere de la coordinación reforzada de las autoridades competentes en el desempeño de sus atribuciones ordinarias, bajo la dirección del Gobierno” (art. 23 de la Ley de Seguridad Nacional).

Si ante un Gobierno rebelde, en 2017, se activó el artículo 155 de la Constitución (seguramente tarde y de forma parcial), ante un Estado fallido, ahora, no deberíamos cometer el mismo error.

La cercanía de las elecciones hace que cualquier movimiento de los principales partidos se mire con suspicacia. El presidente del Gobierno en funciones debería dejarse de rondas de consultas tan baldías como muy publicitadas, que tan a menudo utiliza para proyectar su propia autoridad. Si lo que quiere es asegurarse el apoyo de otros partidos, debería utilizar más la discreción y menos la apertura de los telediarios. Y los partidos de la oposición deberían evitar exigir condiciones políticas para apoyar al Gobierno en esta coyuntura, por mucho que los acuerdos de los socialistas con las fuerzas independentistas requieran de una convincente explicación política, que hasta ahora no hemos escuchado.

Sin caer en el dramatismo histórico, no convendría olvidar la semana trágica de Barcelona en 1909, que provocó la fulminante caída del Gobierno de Maura. O los continuos desórdenes en Cataluña durante la década siguiente, que contribuyeron a la crisis y el descrédito del régimen de la Restauración. Es necesario restablecer la cadena normal de funcionamiento del Estado en Cataluña.

Y hacerlo de forma rápida, efectiva y sin cálculos partidistas. La Ley de Seguridad Nacional ofrece el marco adecuado. Cuanto antes se active, mejor. Antes de que sea, otra vez, demasiado tarde.

Así es la circular repartida en los colegios a favor de la huelga "contra la represión franquista"
Cataluña vive hoy la segunda huelga general en dos años y el adoctrinamiento en los colegios es claro
I. Trujillo. larazon 18 Octubre 2019

Cataluña vive este viernes su cuarta huelga general en menos de dos años vinculada al proceso independentista, convocada por los sindicatos independentistas Intersindical-CSC y Intersindical Alternativa de Catalunya (IAC) para protestar por la sentencia del 'procés'. Una vez más, como ya ocurriera en 2017, el adoctrinamiento en los colegios y el señalamiento de aquellos que no la secunden queda patente en las circulares enviadas a los padres.

Un usuario de twitter ha publicado una de las circulares enviadas a los padres de los alumnos de tercero, cuarto de la ESO y Bachillerato de un instituto catalán. En ella, además de afirmar que harán huelga, dejan claro sus motivos. Y uno de ellos resulta bastante sorprendente. A la protesta por la sentencia, añaden, según se puede ver en el escrito, otra causa: "Contra la represión franquista".

Esta circular se repite en un gran número de colegios en institutos de Cataluña, donde "la represión franquista" aparece como motivo de esta huelga en las notas de autorización para padres de alumnos. Esta circunstancia, junto al señalamiento en el patio de aquellos alumnos en contra del paro, no han pasado desapercibidos para muchos usuarios que denuncian en redes sociales el "grado de manipulación, adoctrinamiento y locura" al que se ha llegado en los centros catalanes, animados desde la propia Consejería de Educación de la Generalitat.

"Huelga de escolares y bachilleres en Cataluña contra la represión franquista. Ya saben con qué argumentos, desde dónde y quién arenga a los chavales a la revuelta y a la violencia callejera... ¿Adoctrinamiento en los colegios? ¡Qué va!" o "¡Chavales de 12 y 13 años protestando contra Franco!" se puede leer en algunos de los comentarios.

Lo más escandaloso para muchos de los padres es que la protesta contra la "represión franquista" sea la razón esgrimida en el propio escrito enviado por el Departamento de Educación de la Generalitat y exigen al Gobierno de Pedro Sánchez y a la inspección educativa poner fin a este tipo de adoctrinamiento.

Bomberos golpistas que no hacen nada mientras arde Barcelona: "Encendemos la llama de la libertad"

Elena Berberana Libertad Digital 18 Octubre 2019

Policía y comunidades vecinales denuncian que los bomberos llegan a las hogueras y "no hacen nada, se quedan mirando el fuego"

Es la pregunta qué más se ha pronunciado en estos días de caos y revuelta en Barcelona, ¿dónde están los bomberos?, ¿cómo es posible que las hogueras ardan y estén peligro niños y bebes sin que aparezca ni un solo efectivo?

Los bomberos catalanes no esconden su postura y se autoproclaman independentistas. En varios vídeos se ve cómo utilizan el camión para hacer de escudo y proteger a los CDR de las cargas policiales.

Los CDR levantan barricadas de llamas con la total tranquilidad de quienes saben que las mangueras no vendrán. Porque los Bomberos de la Generalidad y Ayuntamiento de Barcelona ya no ocultan ni disimulan de parte de quién están. En Sabadell han protagonizado escenas en las grúas de sus camiones animando a los manifestantes a protestar contra los españoles.

Vecinos con mangueras
Estos días se ha visto cómo los vecinos se han tenido que remangar y tirar cubos de agua, coger extintores de los pasillos de su edificio para intentar apagar las llamas. Varias comunidades vecinales de Calle Aragón y Paseo de Gracia han denunciado a este diario que los bomberos dejaban que las llamas ardieran horas y horas, charlaban entre ellos, fumaban cigarrillos y se mantenían a una distancia prudencial sin hacer nada. "Son cómplices de que Barcelona arda durante horas. Llegaban y se quedaban mirando el fuego sin actuar. Es terrible", comenta Sandra Ortiz, una afectada de la zona.

En uno de los vídeos, incluso se observa cómo varios bomberos utilizan el camión como escudo para proteger a los CDR de las cargas policiales. "¡Los bomberos son nuestros!", gritaban las guerrillas urbanas entusiasmadas por la ayuda prestada.

Incluso, los funcionarios han creado una cuenta oficial en Twitter (Bomberos por la República) donde tienen en primera plana al huido de la justicia española Carles Puigdmont. "Gracias por vuestro compromiso con el país catalán, nos sentimos acompañados por vosotros y muy agradecidos porque compartís nuestras ideas. Os doy las gracias desde la distancia, muchas gracias y ¡visca Cataluña libre!", exclama el político independentista fugado dirigiéndose a los bomberos.

"Encender la llama..."
Los Bomberos por la República se describen como "bomberos por la defensa de la República Catalana. Apagamos incendios y encendemos la llama de la libertad". En su cuenta oficial, se hacen eco de las tesis esquizofrénicas que la Generalidad propone: "los fuegos los avivan los infiltrados". Los bomberos catalanes apoyan un tuit en el que acusan a un helicóptero de la policía avivar las llamas arrojando combustible. La realidad es otra, lo que se ve en la escena son cenizas y papel que sobrevuelan entre el humo de los incendios.

La asociación de Policías en Cataluña, Politeia, también ha querido dejar patente la dejación de funciones que están llevando a cabo los funcionarios del cuerpo de bomberos: "Arde la Troya de Ada Colau y bomberos sin aparecer, Mossos desbordados, Guardia Urbana haciendo lo que les dejan...", señala el organismo. Y agregan en su cuenta oficial: "Su prioridad es la república", refiriéndose a los bomberos.

Los Bomberos de la República desvelan que no representan a todos los trabajadores, aunque sí a buena parte de ellos. Es tanto el compromiso con su ansiada república que estos días están dando instrucciones sobre cuál debe ser el comportamiento en las manifestaciones. En las órdenes se evidencia que la obstrucción a sus compañeros de la policía es clara:

"Si vienen furgonetas, todo el mundo sentado en el suelo. Si vienen policías, todo el mundo sentado en el suelo. Si estamos sentados, y hay uno que tira cosas, estará muy claro quién es. Se lo aísla. ¿Se entiende?", especifican los bomberos.

En este sentido, se puede leer cómo publican mensajes de otros tuiteros en su cuenta dando promoción a texto de este calibre: "A por ellos. Nazis controlan algunas calles en Manresa, Lleida y Tarragona, hay heridos de diversa consideración, #AlertaUltra". El suceso describe al grupúsculo de jóvenes que salieron con la bandera de España a hacer un cordón delante del cuartel de la Guardia Civil en Manresa ante el inminente ataque de los CDR. Cabe aclarar que en ningún momento hubo heridos y los chicos estaban en absoluta inferioridad de condiciones, se mostraron pacíficos, pero para los bomberos por la República, esto son falacias inventadas.

Visitas a la cárcel
Además, en el blog oficial de los funcionarios se encuentran múltiples declaraciones y fotografías de "libertad a los presos políticos".

Y también, un grupo de ellos fueron hasta la cárcel de Estremera a visitarlos.

Quizás, ahora se entienda por qué no aparecen los bomberos o no están donde tienen que estar. Cumpliendo con su deber.

 


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