AGLI Recortes de Prensa   Sábado 19  Octubre  2019

Ante unas elecciones históricas / Tiempo de escarabajos
Pío Moa gaceta.es 19 Octubre 2019

Solemos llamar momentos históricos a aquellos en que la sociedad se juega algo importante. Y los actuales lo son, marcados por la profanación de la tumba de Franco y por el golpe de estado permanente desde Cataluña. La profanación y ultraje a los restos de Franco lo es también a la monarquía, a la Iglesia y a la transición democrática decidida en referéndum de la ley a la ley, desde la legitimidad del franquismo y contra quienes querían volver a las demencias criminales del Frente Popular. Demencias que están volviendo. Esto, en el plano político. En el plano simbólico es una profanación del Valle de los Caídos, símbolo de la derrota del comunismo y los separatistas, de la reconciliación entre los españoles y de la paz que se mantiene desde entonces y que ahora unos desalmados quieren arruinar. Si finalmente los delincuentes consiguen profanar la tumba debe proclamarse que Franco volverá, más vale pronto que tarde, al lugar que le corresponde, justamente al Valle de los Caídos, y que el tremendo desafuero no saldrá gratis a sus responsables.

En cuanto al golpe de estado permanente, es otra cara del mismo proceso, resultado de la permanente vulneración de la ley, no tanto por los separatistas como por los gobiernos del PP y el PSOE. Es decir, estamos ante un proceso avanzado de disgregación nacional , de destrucción de la Constitución y de la democracia decidida por el referéndum de 1976. Y no podemos seguir por ese camino que es el de la ruina de España y una posible nueva guerra civil traída por unos políticos sonámbulos que quieren repetir la estupidez y la canallería que caracterizó al Frente Popular, Marañón dixit, con el que se identifican.

Ante estas amenazas radicales a España y a la convivencia en paz y en libertad, la consigna debe ser Regeneración Democrática. Esta fue la consigna con la que después de la etapa de Felipe González, esa fue la consigna con que alcanzó el poder el PP de Aznar, para traicionarla de inmediato y «pasar página» dejando como estaban, es decir, empeorando, la decretada «muerte de Montesquieu», la corrupción, el «antifranquismo» farsante, el apoyo a los separatismos, mayor que nunca antes, la posición satélite en la UE y en la OTAN, o la colaboración con la ETA mediante la «salida política» (esto último fue corregido, con gran éxito durante su segundo período, y es casi el único punto realmente positivo de su gobierno). La Regeneración Democrática, que debe incluir la tumba de Franco en el Valle de los Caídos, debe ser el movimiento que vuelva al país a la paz y la libertad.

Hoy ha surgido un fenómeno político nuevo que es VOX. Si este partido acierta a clarificar una política de gran alcance, tiene también la posibilidad histórica de convertirse en el factor decisivo de la regeneración en unas elecciones que puede ganar mucho más allá de todas las expectativas, empezando por la propia Cataluña. No son unas elecciones más. Esperemos que sus dirigentes así lo comprendan.

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Hoy volvemos a lo mismo, al tiempo de los escarabajos
Al estudiar el pasado siempre me llamó la atención el carácter siniestro y absurdo de las dos repúblicas. Recoge Lerroux en algún escrito un dicho de la Restauración: “No todos los republicanos son canallas, pero casi todos los canallas son republicanos”. Lerroux fue uno de los republicanos más esforzados, fue quien convirtió el republicanismo en un movimiento de masas a principios del siglo XX, y tuvo ocasión de señalar en sus memorias las intrigas y odios feroces en su propio movimiento, sin excluir incitaciones a asesinarle. Tendencia a la algarabía, la maniobra ruin o la corrupción si llegaba la oportunidad.

Esa tradición pareció cambiar a principios de los años 30, cuando muchos de los principales escritores del país cobraron afición a la república, aportándole una especie de seriedad intelectual. Ortega y Gasset, uno de los más descollantes, quiso convertir a Cambó a la fe republicana, pero el catalán, buen conocedor del paño, le replicó que del nuevo régimen sólo podía esperarse una era de convulsiones. Ortega, furioso, se marchó dando un portazo, y poco después firmaba, con Marañón y Pérez de Ayala, un manifiesto antimonárquico que tuvo extraordinaria influencia sobre la opinión y valió a los tres el apelativo “Padres espirituales de la República”.

Vale la pena recoger las opiniones de dichos padres espirituales, sólo seis o siete años después, sobre el régimen que tanto habían ayudado a traer. Ortega criticaba ácidamente la frivolidad de los intelectuales extranjeros firmantes de adhesiones a una imaginaria democracia española de la que ignoraban casi todo. Pérez de Ayala escribía con dureza más directa contra los republicanos: “Cuanto se diga de los desalmados mentecatos que engendraron y luego nutrieron a sus pechos nuestra gran tragedia, todo me parecerá poco. Nunca pude concebir que hubieran sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza”; “En octubre del 34 tuve la primera premonición de lo que verdaderamente era Azaña”.

Marañón expresa incluso más vívidamente sus sentimientos: “¡Qué gentes! Todo es en ellos latrocinio, locura, estupidez. Han hecho, hasta el final, una revolución en nombre de Caco y de caca”; “Bestial infamia de esta gentuza inmunda”; “Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales, y aún no habremos acabado. ¿Cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado?”; “Horroriza pensar que esta cuadrilla hubiera podido hacerse dueña de España. Sin quererlo siento que estoy lleno de resquicios por donde me entra el odio, que nunca conocí. Y aun es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos”.
Y así sucesivamente. No menos significativas son las continuas invectivas de Azaña, rebosantes de amargura y despecho hacia los “botarates”, “incapaces” o “loquinarios” que, a su juicio –y los conocía bien, bastante mejor que a sí mismo–, componían los cuadros de mando del republicanismo. Capaces solo de una política tabernaria, de amigachos, incompetente, de codicia y botín sin ninguna idea alta». Las memorias de otros dirigentes de entonces tienen parecidos tonos. (En LD, 13-4-2o05)

¿Cómo es posible que estemos volviendo a lo mismo? Muy sencillo, porque estas frases son desconocidas para la inmensa mayoría. Porque la historia la han falsificado a fondo los herederos de aquellos estúpidos y canallas escarabajos, que ahora están en el poder, haciendo con él lo que siempre han hecho. Porque quienes tenían el deber de oponerse han obrado como sus auxiliares y la historia ha pasado en balde, sin permitir la experiencia. Mientras los auxiliares de los escarabajos «miran al futuro».

La exasperante parálisis de Sánchez

Editorial ABC 19 Octubre 2019

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, volvió a insistir desde Bruselas en el mensaje de la moderación y la proporcionalidad para hacer frente, según su voluntarista juicio, a la violencia insurreccional que se ha apropiado de las calles de Barcelona. Sánchez se aferra a esta actitud confiando en que pase algo que le dé la razón, porque sus decisiones están siendo meramente contemplativas de una violencia que es inaceptable en un Estado democrático europeo. Lo que es evidente a estas alturas es que su mantra de la prudencia encubre su desbordamiento por la situación. Barcelona es la síntesis de una pérdida de control de las calles por el Gobierno central, que tiene a la contra no sólo la guerrilla urbana de los CDR, sino también al propio ejecutivo autonómico presidido por Quim Torra.

Las promesas de que no habrá impunidad, hechas a dúo por Sánchez y su ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, son la prosa fatua que pone la acción del Estado postrada ante la toma inevitable de Barcelona por los violentos y emplaza a los ciudadanos a confiar en una futura intervención judicial. Otra vez, solo los jueces. La violencia desatada ayer por los independentistas alrededor de la Jefatura Provincial de Policía demuestra también que los grupos violentos están organizados y saben cómo enfrentarse a los cuerpos policiales. Es hora de que esta violencia sea tratada ya como terrorismo urbano, con las consecuencias previstas en el Código Penal y en la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Pero, incluso, para que los jueces actúen es necesaria una presencia policial mucho más amplia que la desplegada por el Ministerio del Interior hasta el momento, porque sin ella no habrá detenidos, ni pruebas contra los agresores.

El diálogo y la moderación pertenecen a una fase posterior a la recuperación del orden público. Ahora mismo, ambas palabras sólo significan desistimiento frente al nacionalismo violento y al colaboracionismo de las autoridades autonómicas. Tras cuatro jornadas de violencia desatada, ni Sánchez ni Grande-Marlaska pueden presentar un balance positivo de su estrategia en Cataluña. Por el contrario, la persistencia de la guerrilla urbana evidencia que tanto su discurso político apaciguador, como las decisiones operativas policiales no han dado resultado alguno. La parálisis de Sánchez es una lacra para la defensa del Estado en otro momento crítico del conflicto separatista en Cataluña. La jornada de ayer fue el retrato de la doble moral del nacionalismo, que quiere blanquear su complicidad con los violentos a costa de imágenes familiares y lúdicas de esas «marchas por la libertad», exultantes de propaganda pacifista mientras el trabajo sucio se lo hacían los CDR destrozando la Via Laietana.

No son pacifistas, son golpistas
OKDIARIO 19 Octubre 2019

La interpretación que algunos medios de comunicación -está feo citar, pero se sobreentiende que nos referimos a las terminales mediáticas de la izquierda, que son muchas- están dando de las informaciones, sustentadas en imágenes en directo de los vandálicos incidentes provocados por los independentistas radicales en Barcelona, rezuman en los últimos días un sectarismo ideológico que raya en la manipulación.

Lo que estamos viendo es un estallido de ira separatista que no admite demasiados matices, pese al empeño de algunas televisiones en subrayar que se trata de "una pequeña minoría" y que "la inmensa mayoría de independentistas es pacífica y expresa legítimamente su indignación por lo que consideran una sentencia injusta". No es verdad. No son pacifistas, son golpistas.

Por supuesto que no todos los independentistas son violentos, pero la práctica totalidad de los violentos que han incendiado Barcelona son independentistas y partidarios de subvertir por la fuerza el orden constitucional, salvo un puñado de esos a los que las terminales mediáticas de la izquierda llaman "fascistas" o "ultraderechistas". Ese afán por repartir culpas por igual entre unos y otros es sencillamente vergonzoso, porque lo que está ocurriendo en Barcelona es responsabilidad al 99,9% de grupos separatistas instruidos en tácticas de guerrilla urbana.

Provoca asombro comprobar cómo la actitud violenta de cuatro energúmenos calificados de "españolistas" se pone, por parte de algunos informadores, al mismo nivel que la violencia ejercida por millares de radicales independentistas. Son estos quienes han convertido Barcelona en un campo de batalla, alentados por el presidente de la Generalidad, Quim Torra, pero para algunos profesionales de la información, unos y otros se retroalimentan en la violencia y son responsables por igual de lo que está ocurriendo.

No estamos ante una "pacífica marea" de ciudadanos ejerciendo su legítimo derecho a la libertad de expresión. Falso. Lo han podido comprobar con sus ojos millones de españoles por televisión. Las terminales mediáticas de la izquierda pueden seguir desinformando a su antojo, pero la verdad, por fortuna, salta a la vista.

¿A qué esperáis Sánchez y Marlaska para ir a Barcelona a apoyar a vuestros policías?
OKDIARIO 19 Octubre 2019

Dice el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, "¡Válgame Dios!", que se puede visitar Barcelona "con total normalidad". Si la "total normalidad" se refiere a las cinco noches de violencia extrema desatada por la ira separatista habrá que darle la razón: total normalidad, señor ministro. Centenares de heridos, una población atemorizada, carreteras cortadas, barricadas incendiarias, mobiliario urbano destrozado y una sensación de indefensión que se intensifica cada día. El escenario ideal para visitar Barcelona.

Mientras las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se enfrentan sin descanso desde hace días a los violentos radicales separatistas, el ministro del Interior, a 625 kilómetros de distancia, contempla desde su despacho -cabe suponer- lo ocurrido para concluir que no hay ningún problema en visitar Barcelona "con total normalidad". Pues la pregunta es obvia: ¿Y por qué no visitan el ministro y el presidente Sánchez la ciudad para comprobar sobre el terreno lo tranquilo que se puede caminar por sus calles? Muy probablemente, los agentes podrían ilustrarle sobre qué lugares visitar sin temor ninguno.

El ministro del Interior no pasa por sus mejores momentos. Las críticas de la Policía desplegada en Barcelona por no haber encontrado un hueco en su agenda para viajar a la Ciudad Condal y expresar su apoyo y solidaridad con los agentes que se están jugando la vida en los enfrentamientos contra los separatistas no son otra cosa que la expresión de la indignación creciente entre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Tienen razón.

En situaciones de excepcionalidad como las que se están viviendo en Barcelona y otras ciudades de Cataluña, Sánchez y Marlaska deberían estar allí donde la Policía se enfrenta a un escenario de violencia extrema, allí donde la vida de millones de personas se está viendo gravemente alterada por la radicalidad de los separatistas.

Horas después de decir que "se puede visitar Barcelona con total normalidad", Marlaska matizó y dijo que "Barcelona vive una realidad complicada". Realidad complicada: ¡Válgame Dios!

Al menos no mientan
«No habrá impunidad», dice Sánchez cuando ya la está habiendo
Luis Ventoso ABC 19 Octubre 2019

Al mediodía de ayer, exactamente cuando el ministro Marlaska aseguraba que «se puede visitar Barcelona con total normalidad», el emblemático templo de la Sagrada Familia cerraba sus puertas por temor al vandalismo separatista. ¿Dónde está la «normalidad»? Desde Bruselas, Sánchez advertía en tono solemne: «No habrá espacios para la impunidad». Lo hacía mientras la AP-7, arteria que une España y Francia, estaba cerrada en La Junquera, con colas de 30 kilómetros, porque un grupo de alegres CDR perfectamente impunes tuvieron a bien cortar el paso a miles de vehículos. En el Prat, 58 vuelos se quedaron en tierra. La Seat mandó a sus 3.500 empleados a casa. Uno de los supermercados Mercadona que decidieron abrir fue invadido por la turba y los piquetes forzaban el cierre de comercios. A partir de las cinco de la tarde comenzó la violencia desatada en Barcelona, con imágenes propias del Beirut de los malos tiempos, colofón de una «huelga política» que nuestra legalidad no admite. Las llamas subían al cielo tras las furgonetas de la Policía Nacional. Los radicales intentaron asaltar la Jefatura Superior y lanzaron bolas de acero a los agentes. ¿Dónde está la «normalidad», señor ministro? ¿Cuál es esa «impunidad» que usted no tolera, señor presidente, cuando la violencia lleva cinco días rampando impune? El mandatario que soporta Cataluña incluso cortó personalmente una autopista y no ha pasado nada. Por favor, al menos no nos mientan.

La imagen que transmite España desde el lunes es la de un país de riesgo, lo que pagaremos con mermas en el turismo, la inversión foránea y el prestigio internacional. Además Barcelona se está convirtiendo en imán para anarquistas antisistema de toda Europa y puede comenzar un peligroso efecto contagio (ayer ya hubo incidentes en el País Vasco). Se ha tolerado que una minoría de separatistas violentos, espoleada por el propio Torra, haya secuestrado la vida pública de una comunidad puntera. No ha habido previsión gubernamental ante un desafío anunciado. ¿Qué dice Sánchez mientras la guerrilla urbana destroza Barcelona? Pues que el Gobierno lo tiene todo previsto, pero que «la sociedad no entendería» que se tomasen ya medidas de emergencia (léase la Ley de Seguridad o el 155). Falso. Lo que la sociedad no entiende es que su Gobierno haga el avestruz mientras el orden público se hace añicos en la segunda ciudad de España.

Sánchez, maniobrero hasta el final, no olvida que dentro de 22 días hay elecciones. Está sopesando si intervenir en serio en Cataluña le puede aportar o restar votos. Probablemente en unos días tomará las medidas que hoy dilata y entonces se investirá en ropajes de patriota. Pero puede que el público haya despertado: se está desinflando en los sondeos.

Muchos españoles se sienten abandonados, muy en especial nuestros queridos compatriotas catalanes, y ayer, digamos la verdad, echamos de menos un gesto al respecto de nuestro magnífico Rey. A las nueve de la noche, mientras las calles seguían ardiendo, comparecía Marlaska para minimizar la huelga ilegal y las manifestaciones salvajes. Este es el No Gobierno que tenemos.

Gurús y neófilos
Juan Manuel de Prada ABC 19 Octubre 2019

El errabundo Puigdemont, en su esfuerzo por evitar que se acuse al independentismo de alentar la violencia, publicaba un tuit en el que exhortaba a sus secuaces a las movilizaciones pacíficas. ¿Y qué obtenía como respuesta? Una vomitona de increpaciones y reproches que afeaban su cobardía, a la vez que le dejaban claro que las «movilizaciones pacíficas» ya habían probado su inutilidad y que, por lo tanto, había llegado la hora de realizar acciones más contundentes.

A la postre, el «independentismo mágico» (recuperamos la acuñación de Gabriel Rufián) empuja a sus adeptos a la algarada. Aunque los exhorte retóricamente a las «movilizaciones pacíficas», la última estación de esta carrera es inevitablemente violenta; porque la quimera, harta de darse topetazos una y otra vez con una realidad que la desmiente, acaba por revolverse furiosa. Lo cierto es que los indepes han probado toda suerte de «movilizaciones pacíficas», exprimiendo hasta la extenuación el concepto de happening: han colgado banderas de los balcones y empapelado toda Cataluña de lacitos amarillos, han bajado a la playa y subido a la montaña, han organizado manifestaciones y convocado huelgas, han hecho el pino puente y la voltereta lateral con tirabuzón añadido. Pero la quimera que les prometía el «independentismo mágico» no se ha hecho realidad. El errabundo Puigdemont sabía que nunca se haría realidad: de ahí que, cuando tuvo que proclamar la sedicente república catalana, se achantase con un pronunciamiento ambiguo que sus adeptos entendieron como un gatillazo; de ahí que luego tomase las de Villadiego, dejando en la estacada a sus compañeros de viaje. Pero todo aquel trampantojo dejó tras de sí mucha frustración entre sus adeptos, que hartos de pegarse topetazos contra la pared de la realidad están dispuestos ahora a reventarla con algaradas. Primero el gurú envuelve a los neófitos de la secta con una farfolla de falsas promesas y les pide que se preparen para el Advenimiento. Luego resulta que tal Advenimiento no se produce, pero los neófitos, en lugar de volverse desencantados a sus casas, aceptando que el gurú era un vendedor de crecepelos, concluyen que hay que llegar más lejos que el gurú para forzar el Advenimiento. La condena del Tribunal Supremo, en realidad, no ha hecho sino de catalizador de la frustración generada por las quimeras del «independentismo mágico».

He estado en Barcelona durante toda esta semana de algaradas, trabajando en bibliotecas y archivos repartidos por toda la ciudad. Así (además de constatar que los archivos y bibliotecas de Cataluña funcionan maravillosamente, gracias sobre todo a un personal diligente y servicial), he podido comprobar con mis propios ojos que Barcelona no era esa especie de Aleppo redivivo que los medios de comunicación han pretendido pintar, con todo tipo de excesos truculentos. Los destrozos y violencias han sido provocados fundamentalmente por una juventud rabiosa y sin alicientes, a la que le ocurre lo mismo que describía Enrique Jardiel Poncela en el prólogo de La tournée de Dios: «No saben a qué achacar su mal sabor de boca y se revuelven contra esto y contra aquello, sedientos de venganza y convencidos de que debe de haber alguien o algo culpable de que ellos no se encuentren a gusto». En Cataluña, el «independentismo mágico» ha logrado encauzar el mal sabor de boca de esta juventud rabiosa, haciéndola creer que el culpable es el Estado opresor, la España invasora y ladrona, etcétera. Y, como siempre ocurre, los neófitos han ido más lejos que el gurú que los alimentó de quimeras.

La ciudad descosida
La rebelión pendientede Barcelona no es contra el Estado sino contra el desvarío identitario que la arrastra al colapso
Ignacio Camacho ABC 19 Octubre 2019

Como toda creencia populista, el nacionalismo resuelve sus contradicciones echándole a otro la culpa de todos los fracasos propios. Cualquier frustración queda conjurada mediante la invención de un enemigo al que atribuir todo lo que perjudique al proyecto colectivo; la existencia de ese antagonista ficticio evita al pensamiento (?) nacionalista el compromiso de enfrentarse a la incertidumbre de destino. Así, es de sobra conocido el éxito propagandístico que en Cataluña ha obtenido la idea de señalar a España como responsable exclusivo del conflicto; la construcción minuciosa de ese mito victimista refuerza el sentido de pertenencia a la tribu, crea una conciencia social de pueblo oprimido y libera a los dirigentes separatistas del enojoso cometido de dar explicaciones sobre sus numerosos estropicios.

Además de las triunfantes teorías del expolio fiscal, de la democracia secuestrada o de la maquinaria represora, la supuesta desafección española sirve también para excusar la patente decadencia de Barcelona. La ciudad que no hace mucho era ejemplo de modernidad, diseño y progreso ha degradado su brillante modelo en una vertiginosa espiral de aislamiento. Su aspiración de capitalidad mediterránea declina por una pendiente de mediocridad, rutina y tedio, sin que la sociedad civil -y la política mucho menos- encuentre el modo de devolverle el esplendor pretérito. Entre el soberanismo y el populismo la han convertido en la meca de los antisistema europeos. Han frenado la economía, lastrado el turismo y desacelerado la competitividad; la belleza es más difícil de destruir pero están en ello y lo lograrán si no frenan el proceso de autocomplacencia y ensimismamiento.

Sin embargo, para muchos de sus habitantes no hay otro problema que el de un Estado que cercena su voluntad de independencia. Gran parte de la mesocracia heredera de la antigua pujanza burguesa ni siquiera es capaz de rebelarse ante esta oleada violenta que arrasa su paisaje urbano en un rabioso frenesí de hogueras. Se resiste a entender o a admitir que está ante un desguace de la convivencia y que ese cisma cívico no viene de fuera. Barcelona se halla en un punto crítico que puede ser de no retorno si su gente no se da cuenta de que tiene en juego no ya su prestigio sino su condición de ciudad abierta. Le falta liderazgo, proyecto y referencias, y los que tiene van en dirección opuesta a su tradición cosmopolita, vanguardista y moderna.

Si ese tejido dinámico se descose o se pierde será muy difícil recuperarlo: no desde luego a corto plazo ni con una dirigencia envuelta en un designio iluminado. Lo que los sucesos de esta semana han aventado es el peligro de colapso que late detrás del desvarío identitario. La rebelión pendiente de los barceloneses y de los catalanes en su conjunto no es contra el Estado, sino contra la distopía que los conduce por el camino equivocado.

España sufre mayor presión fiscal normativa que la media de Europa y la OCDE
Daniel Lacalle elespanol 19 Octubre 2019

“Send lawyers, guns and money, lord get me out of this”. Warren Zevon.

Durante toda la campaña electoral van ustedes a escuchar que España recauda poco y que las grandes empresas o “los ricos” no pagan. Sin embargo, y como siempre ocurre, es totalmente incorrecto.

Primero nos dicen que hay que armonizar impuestos en las comunidades autónomas. Pero claro, armonizar, en diccionario PSOE-realidad, significa “subir”. Es curioso, porque si quieren que todos los impuestos estén centralizados y decididos desde Madrid es que quieren que desaparezcan las comunidades autónomas, porque poca autonomía puede darse si solo existen para gastar más y subir impuestos.

Pero lo más interesante es que el gobierno en funciones, cuando habla de “armonizar” no incluye el País Vasco, Navarra o Canarias. Es decir, no se trata de armonizar, sino de subirles los impuestos a un par de comunidades.

La falacia de financiar enormes aumentos de gasto político con subidas de impuestos a “los ricos y grandes empresas” ya la hemos desmontado en varias ocasiones en esta columna. Lo paga usted.

En el centro de todo este problema se encuentra algo que ya hemos repetido muchas veces. España no tiene una presión fiscal baja. España recauda un 11% menos que la media de la Unión Europea porque tiene el doble de paro, empresas mucho más pequeñas y débiles y más economía sumergida.

Al calcular la “presión fiscal” (ingresos fiscales sobre PIB) se lleva a cabo el error porque se incluye en el PIB la economía sumergida que no contribuye y se ignora el enorme diferencial de paro y de tejido empresarial con otras economías. Así, el esfuerzo fiscal de ciudadanos y empresas que contribuyen se dispara mientras los políticos nos repiten que se recauda “poco”. Y en vez de atacar la economía sumergida y el paro, atacan a los creadores de empleo y ciudadanos, creando una espiral descendente en la que siempre nos suben los impuestos y luego dicen que se recauda poco.

El estudio publicado por el Instituto de Estudios Económicos y la Tax Foundation como parte de su Índice de Competitividad Fiscal Anual muestra claramente la realidad de una fiscalidad en España que está muy lejos de ser competitiva y que además es muy superior a la media de la UE y la OCDE. En una presentación realizada por Gregorio Izquierdo, director del Instituto de Estudios Económicos, se mostraban unas conclusiones francamente desalentadoras:

-La mayoría de los países nórdicos (Finlandia, Noruega, Suecia) tienen una fiscalidad más competitiva que la española en cuanto a empresas, creación de empleo y capital y en fiscalidad de la propiedad. Lo que siempre nos ocultan de los países nórdicos es que recaudan más fundamentalmente porque tienen un IVA más alto y homogéneo.

-El Impuesto de Sociedades supera los promedios observados en la OCDE, la UE-28 y el conjunto de las economías del mundo. La falacia de que las grandes empresas no pagan impuestos viene de sumar a los beneficios en España los generados –y tributados– en el resto del mundo y llegar a un resultado falso. La realidad es que los grandes grupos pagan un 18,96% y las entidades financieras en su conjunto un 22,43% sobre su base imponible, según datos de la AEAT. Los seis grandes bancos pagaron un 31% a Hacienda en 2018. Santander tuvo un tipo del 35,4%, seguido de BBVA, con un 27,2%; Bankinter, con un 27%; CaixaBank, con un 25,4%, Bankia, con un 24,2%, y Sabadell, con un 20%.

-En impuestos directos e indirectos España está en el puesto 14º de la lista de competitividad fiscal, mientras que los impuestos a la propiedad nos llevan al puesto 32.

-Nuestro país caería cinco puestos en el índice de competitividad fiscal si se aplicase la batería de nuevos impuestos anunciados por Pedro Sánchez, tras haber conseguido mejorar algunos puntos hasta el puesto 23 en los últimos años.

-La presión fiscal que soportan las empresas en España es 1,2 puntos porcentuales superior a la de la media de la Unión Europea. La presión fiscal normativa derivada de la carga del Impuesto de Sociedades es un 16% superior a la media de la Unión Europea.

-España tiene una presión fiscal normativa que es un 8,1% superior a la media de la Unión Europea y muy superior a la media de la OCDE.

Todo esto lo sabe perfectamente el contribuyente, el empresario y todos los creadores de empleo. La fiscalidad española no solo es poco competitiva con respecto a nuestros socios y vecinos, sino que supone un escollo a la mejora del patrón de crecimiento, la creación de empleo, al aumento de la inversión y a la fortaleza del tejido empresarial. Lo peor es que, encima, una fiscalidad no competitiva significa menores ingresos y mucho más cíclicos.

Los que miran la fiscalidad desde un punto de vista exclusivamente recaudatorio deberían llevarse las manos a la cabeza ante la evidencia de los miles de millones de euros de recaudación que se pierden por pérdida de competitividad y de atractivo inversor. En vez de buscar maneras ingeniosas de culpar y expoliar a los que contribuyen y generan riqueza, deberían pensar en la fiscalidad como instrumento para atraer inversión y empleo. Pero cuando lo que se busca no es el progreso, sino el control, eso no importa.

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El diálogo está que arde
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 19 Octubre 2019

El Nobel Camilo José Cela calificaba a los políticos con pocas luces de “cebollones”, por no llamarles directamente infradotados. Decía que así, disimulando lo que era un simple diagnóstico, lograba que no se enterasen del oprobio ni se ofendiesen. Pues bien, Sánchez, un cebollón que cree ser el doble de Mahatma Ghandi, sigue apostando por el bla-bla-blá, su única solución para sofocar el infierno catalán, donde el diálogo está que arde. Hay soluciones menos incendiarias que no hacer nada –quedándose de brazos cruzados– en la Moncloa mientras ve crecer la hoguera. Hay soluciones drásticas y efectivas capaces de devolver la paz a una región convulsa que perdió su prestigio en aquel golpe de estado que simularon los mismos títeres que ahora han convertido el guiñol en una falla.

Claro que hay soluciones, la Constitución las contempla todas. Y los políticos que defienden España, desde Casado a Rivera, sin olvidar a Arrimadas e incluyendo a Abascal, las recuerdan con desesperación ante el que opta por hacer el don Tancredo, por algo es un presidente en disfunciones. Sólo sus socios, domados en el club del bla-bla-blá, Iceta, Iglesias, Errejón y demás blandos unidos, apoyan a un inepto que desoye, sistemáticamente, la gran determinación de los cuerpos policiales y Guardia Civil para solucionar el caos. La solución está clara, hay que intervenir, de inmediato, esa obscena autonomía, hay que poner firmes, si no encarcelar, a los diversos y muy peligrosos comandos radicales de Torra, sustituyendo a este cafre en su cargo.

A tales tribus hay que cortarles las alas y cerrarles el grifo para que no sigan infamándonos, a costa del dinero que obtienen de nuestras arcas, cifra cien-millonaria que traducen en su idioma nativo como: “Lo que nos roba España”. ¿Se puede debatir con un hooligan, sin antes meterlo en cintura? ¿Es posible pactar con la irracionalidad de la que hacen gala los hinchas del procés, cuyo tosco caudillo Torra, apenas es un esclavo telemático del que se fugó con el rabo entre las patas a Waterloo? ¿Se puede dialogar con unos vándalos que lanzan a las fuerzas del orden frascos de ácido y cócteles Molotov a la cara? Quemar coches y mil contenedores, cortar autopistas, ahumar niños, escupir a cualquiera que porte una bandera española, hacer piras con retratos del Rey, incendiar Zara y agredir a señoras de edad, ¿no es violencia? No, ¡qué va!, son meros y altruistas homenajes pacíficos.

¿Para qué está El Ejército, La Legión, los GRS –élite de la Guardia Civil– aparte de para apagar incendios? ¿Por qué susodicha gallina del bla-bla-blá no los pone en acción –que es lo suyo– y los manda en bloque a Cataluña a pacificar una región insurrecta? ¿Por qué no se carga de un plumazo a la rata que mueve los hilos de los CDR, a ese demente que llama bestias salvajes a los españoles? ¿Por qué no lo encierra en la misma cripta de donde piensa sacar a Franco con el fin de agenciarse un montón de votos podridos? Sólo la luz de una cerilla alumbra nuestra debilitada esperanza: Puigdemont, otro loco de manual psiquiátrico, celebra el estrepitoso fracaso separatista haciendo el ridículo en Bruselas.

¿A qué espera Pedro Sánchez?
Editorial El Mundo 19 Octubre 2019

El presidente del Gobierno en funciones debe dejar ya de especular con las elecciones del 10-N y aplicar el artículo 155

Nos preguntamos a qué está esperando el Gobierno de España para intervenir en Cataluña. Desde que el lunes pasado se rompió el dique de la "violencia generalizada" -las comillas son de Moncloa-, la situación se ha ido degradando día a día. Cada hora que pasa, y pese a la encomiable entrega de los Mossos d'Esquadra, la Guardia Civil y la Policía, se hace más evidente que la Generalitat no solo no se basta para restablecer el orden público sino que ofrece constantes evidencias de que no tiene ese objetivo por prioritario. Porque su única prioridad, en palabras del todavía presidente Quim Torra, sigue siendo la independencia de Cataluña. Torra trata de rentabilizar políticamente la espiral de salvajes disturbios para relanzar la confrontación unilateral con el Estado, amenazando con otro referéndum y arrastrando a una ERC que, por mucho que discrepe en privado, nunca se atreve a romper en público con el valido de Puigdemont.

La situación es insostenible. Y el artículo 155 sirve exactamente para coyunturas como esta, en la que los dirigentes de una autonomía ni quieren ni pueden ya asumir el control constitucional. Resultan ridículos los esfuerzos de Marlaska por vender una «normalidad» que nadie percibe en Barcelona, cuyos vecinos llevan una semana soportando los destrozos, sabotajes, incendios, colapsos, huelgas y otros hitos del nuevo programa insurreccional que se desarrolla ante nuestros ojos. Las imágenes son impropias de la cuarta democracia de Europa. El daño reputacional para una ciudad que es emblema de nuestro turismo resulta ya incalculable. La sensación de inseguridad campa a sus anchas y el miedo cunde incluso entre los agentes. La vida de los ciudadanos ha sido secuestrada por el capricho de los violentos, empeñados en declarar la independencia por la vía de los hechos revolucionarios, pues no se fían ya de la voluntad de sus políticos ni de los procedimientos presuntamente pacíficos y reglamentarios que hasta ahora habían servido para enmascarar el designio totalitario del procés. La protesta por la sentencia del Supremo y en favor de la libertad de los condenados es un pretexto: se trata, como siempre, de consumar la secesión como sea.

Sánchez está atrapado por su decisión de forzar una repetición electoral cuya campaña sabía que coincidiría con los efectos de la sentencia del 1-O. Acaso creyó que la protesta no alcanzaría un nivel de virulencia propio de guerrilla urbana, capaz de sustanciar causas judiciales por terrorismo. Pero ya es tarde para lamentar errores de cálculo: tiene que dejar ya de pensar como candidato socialista del 10-N y comportarse como el presidente que se debe a la seguridad y a la libertad de sus gobernados. Repetir mecánicamente el mantra de "firmeza, unidad y proporcionalidad" no sirve de nada si se queda en mera propaganda para intentar ganar un tiempo que los catalanes ansiosos de protección no tienen. Invocar una "legitimidad social" para justificar su pasividad es otra trampa conceptual que un presidente apoyado por la oposición no necesita, pues entre PSOE, PP y Cs representan a una abrumadora mayoría de españoles preocupados por el caos creciente en Cataluña. Sánchez debe dejar de escudar en la moderación -¿no es moderado aplicar al ley?- su poco disimulado deseo de no hacer nada que perturbe sus alianzas pasadas, presentes y futuras con independentistas; los mismo que le hicieron presidente en la moción de censura, con los que gobierna comunidades y ayuntamientos y de los que puede depender su futura investidura.

Depredadores de la prosperidad de Cataluña
Editorial ABC 19 Octubre 2019

Hace unos días, la patronal Fomento del Trabajo emitía un comunicado, casi un SOS, alertando de que la respuesta que el separatismo está dando a la sentencia del «procés» -bloqueo de las vías de comunicación, sabotajes al transporte y algaradas vandálicas, entre otras actividades coactivas- supondrá un nuevo «torpedo en la línea de flotación» de la economía de Cataluña, que tras este disparate secesionista ha perdido aquel antiguo vigor que la hizo célebre como polo de riqueza. Hablamos de la fuga masiva de empresas (camino de las 6.000) y la pérdida a chorros de la confianza de los inversores, pero en realidad todos los indicadores señalan ese paulatino pero drástico empobrecimiento.

ABC ha venido dando cuenta de estas nuevas y graves consecuencias de esta respuesta de corte insurreccional a la decisión de la Justicia, descabelladamente alentada por las autoridades autonómicas. Citemos solo algunas: Seat suspende su producción, incapaz de garantizar que suministradores y empleados puedan llegar a las plantas de producción; más de 120.000 plazas hoteleras de los viajes del Imserso, en el aire por el temor de los pensionistas a visitar Cataluña; los transportistas se dejan 25 millones de euros al día por la imposibilidad de distribuir las mercancías a exportar... Eso en los grandes números, pero qué decir de las pequeñas historias de miles de comerciantes y autónomos cuya actividad y libertad se ha visto mermada por esta intromisión violenta y «por narices» del separatismo.

La caprichosa y estúpida huelga general de ayer ejemplifica a la perfección esta estrategia suicida. Se estudiará en todo el mundo la operación de destrucción de la riqueza y la prosperidad ejecutada por unos políticos irresponsables que están arrastrando a la ruina al pueblo que dicen defender y que en los tratados de Economía terminarán apareciendo como grandes traidores al interés general de Cataluña, por no hablar del desastre social que han dejado como envenenada herencia a los catalanes.

Pedro el Maquiavélico
Segundo Sanz okdiario 19 Octubre 2019

El ansia de poder del Doctor ‘Cum Fraude’ no conoce límite. Desde finales de julio ya era sabido que España estaba condenada de nuevo al bloqueo. Fundamentalmente, porque a Sánchez ni se le pasaba por la cabeza pactar con Podemos investidura alguna en septiembre cuando los morados iban a ponerse del lado del separatismo en octubre y cargar contra el Supremo por su condena a los golpistas. Sin embargo, lo que empieza a ser más que preocupante es que dentro de esa estrategia electoral haya un presidente del Gobierno en funciones dispuesto a anteponer intereses partidistas a la convivencia y la seguridad en Cataluña y la integridad territorial del país.

“La firmeza, moderación y proporcionalidad” que promete Sánchez mientras los disturbios separatistas hacen estragos a la ciudadanía y a la economía son la manera marketiniana de camuflar su inacción momentánea para no intervenir competencias y ganar así tiempo a costa del sufrimiento ajeno. Una parálisis circunstancial, porque todo apunta —y he aquí lo grave del atrevimiento del personaje— a que Pietro Il bello irá endureciendo su respuesta al secesionismo a medida que se acerque el 10 de noviembre.

Los banderas negras ya lo han avisado: “Hem començat un camí de no retorn”. No van a parar de sembrar el odio en las calles de Cataluña y atacar infraestructuras críticas por mucho que el indigno Marlaska asegure que maneja información por la cual “los hechos vandálicos van a disminuir”. Para sostener esta apreciación, que tiene más de cábala que de certeza, el titular de Interior apela al efecto disuasorio de “la actuación coordinada, la cooperación del conjunto de las Fuerzas y Cuerpos de Policía con un resultado que estamos viendo importante”, recalca el ministro.

Y lo dice sin ruborizarse cuando ha quedado de manifiesto que la actuación de los Mossos d’Esquadra no ha sido las más eficiente. El lunes no montaron ningún perímetro alrededor de El Prat y permitieron que los energúmenos se colaran en las instalaciones del aeropuerto provocando el caos y la cancelación de más de un centenar de vuelos. Y durante toda la semana, la policía autonómica que todavía dirige el Gobierno de Torra no ha llegado a tiempo para evitar numerosos cortes de carreteras y vías ferroviarias, incluida la alta velocidad.

Cada minuto que pase sin que Pedro el Maquiavélico decida controlar la seguridad de la Generalitat, ya sea vía Ley 36/2015 o aplicación del 155, será una inyección de aire al conflicto. Y cada minuto que prolongue este impasse, no rompiendo puentes con posibles socios de investidura hasta que los sondeos lo ordenen o la sangre llegue al río y buscando aproximarse al 10-N con fines puramente electoralistas, será motivo extra para que lo pague en las urnas. No todo vale. El fin no justifica los medios cuando están comprometidas vidas humanas y la unidad de España. “El que tolera el desorden para evitar la guerra, tiene primero el desorden y después la guerra” (Niccolò Machiavelli).

La batalla de Barcelona: más violencia separatista ante la "moderación" del Gobierno
Pablo Planas (Barcelona) Libertad Digital 19 Octubre 2019

Los CDR se envalentonan y queman la ciudad a plena luz del día mientras los dirigentes separatistas intensifican las soflamas.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, decía tener información al mediodía sobre un hipotético descenso de la tensión y la violencia en Cataluña y destacaba que Barcelona se puede visitar "con total normalidad". El presidente en funciones, Pedro Sánchez, aseguraba que la moderación contribuía a calmar los ánimos. No habían pasado ni tres horas de tales declaraciones cuando el centro de la capital catalana volvía a convertirse en un escenario apocalíptico con grupos de jóvenes lanzando toda clase de objetos contundentes y artefactos incendiarios contra la Policía Nacional, atrincherada en el entorno de la Jefatura Superior de Policía, en la Vía Layetana.

A diferencia de los últimos días, la violencia se desató por la tarde, a plena luz del día y con cientos de miles de independentistas manifestándose a pocas calles de donde los elementos más aguerridos de los Comités de Defensa de la República (CDR) hostigaban a los efectivos de la Policía Nacional y asediaban su sede en Cataluña. Situación explosiva y ambiente prebélico. El gobierno de la Generalidad y los partidos separatistas se desentienden de la violencia de las bases separatistas. En esta ocasión no se trata de proclamar la independencia en el Parlament sino de que el "pueblo" la proclame por la vía del desbordamiento y la insurrección popular.

El asesino de Bultó
La huelga general convocada por el sindicato separatista Intersindical CSC, dirigido por Carles Sastre, el asesino del empresario José María Bultó, ha sido un fracaso en toda regla. Sólo la función pública de la Generalidad y la enseñanza han seguido de forma mayoritaria el paro. El consumo de energía ha sido similar al de un día normal. Otra cosa ha sido la manifestación, 525.000 personas según la Guardia Urbana de Barcelona, más gente que el pasado "Onze de Setembre" tras una semana de "estado de excepción" en el separatismo, con los medios afines bombardeando propaganda, con manifestaciones de calentamiento, marchas separatistas sobre Barcelona, la ocupación violenta del Aeropuerto, cortes de carreteras y de vías de tren, terrorismo callejero por las noches y cierre de las aulas.
La teoría de los infiltrados

En paralelo a la manifestación, miles de miembros de los CDR se han lanzado contra la Policía Nacional y han vuelto a pegar fuego al centro de la ciudad, con especial incidencia en la citada Vía Layetana y plaza Urquinaona. Los Mossos no han hecho acto de presencia. Los partidos separatistas y hasta el propio Govern censuran sus cargas de los últimos días. Y cobra fuerza entre el independentismo la teoría de los infiltrados y los agentes provocadores difundida primero por Torra y luego por los medios afectos a la causa separatista. La violencia, según esa tesis, es culpa de la presencia policial, del impacto emocional causado por las sentencias y de policías camuflados. Se habla incluso de que tales alborotadores reciben sobres con dinero tras las algaradas. El paraíso de las "fake news". El grueso del separatismo conserva una imagen virginal de sí mismo, la visión de una revuelta cívica, pacífica y festiva, el triunfo del adoctrinamiento.

Leña al fuego
A pesar de la violencia de los últimos días, los dirigentes separatistas insisten en sus arengas. La presidenta de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), Elisenda Paluzie, ha exigido a los partidos una nueva declaración unilateral de independencia. El vicepresidente de Òmnium, Marcel Mauri, lee una carta de Jordi Cuixart que echa más leña al fuego. "Intentan escarmentar a la población" y "esto es un golpe del Estado a la democracia", dice Mauri. Dejan hablar incluso a Carles Sastre, fundador del grupo terrorista Terra Lliure, condenado a 48 años de cárcel y que nunca ha dado el más leve síntoma de arrepentimiento. "Somos imparables", asegura. Más declaraciones. El presidente del Parlament, Roger Torrent, se suma a las soflamas: "La ciudadanía ha dicho que por mas cárcel y represión no se puede parar la democracia".
La violencia continúa

El centro de Barcelona sigue en llamas. La ciudad ha quedado colapsada por la llegada de miles de personas de toda Cataluña convocadas por la ANC. Quim Torra se manifiesta por Twitter. Da la enhorabuena a la entidad separatista por las marchas sobre Barcelona. Nada sobre la violencia. El separatismo dobla el órdago al Estado. Las calles son suyas. El "Tsunami democràtic" sigue activo en las redes, cambia de dominios y redobla la agitación digital. A las ocho y media, horas después del comienzo de la batalla de Barcelona, los Mossos se suman a la Policía Nacional. Un agente ha resultado herido grave. Se han practicado una decena de detenciones. La violencia separatista continúa. Periodistas de TVE han sido agredidos por los separatistas. Los fuegos y los disturbios se extienden por la ciudad como una mancha de aceite conforme avanza la noche.

Devastación en el centro
Los separatistas vuelcan contenedores, montan barricadas con vallas y jardineras, prenden cualquier material susceptible de arder, posan ante los destrozos, desafían a los agentes de Mossos y Policía Nacional, confraternizan con los bomberos y lanzan toda clase de objetos contundentes e incendiarios. También se entregan al pillaje y a la simple destrucción. Mossos y Policía Nacional no dan abasto, son insuficientes para contener las oleadas de violentos, que cambian de escenario en función de los movimientos de los agentes. Ronda de San Pedro, ronda Universidad, la plaza del mismo nombre, la plaza de Cataluña, Arco del Triunfo, paseo de San Juan, plaza Urquinaona... Todo el centro de la capital catalana es pasto de la devastación.

Los graves disturbios en Barcelona tienen sus réplicas en Gerona, Lérida y Tarragona. El separatismo ha declarado la guerra al Estado. El balance de la quinta jornada es un aumento sustantivo de la violencia. El Govern simula gabinetes de crisis mientras Grande-Marlaska advierte sobre la aplicación del Código Penal. Cataluña arde sin control. Ya son dos los policías nacionales heridos graves. Se especula con que el Gobierno reaccionará por fin este fin de semana.

Vía Caietana
Javier Somalo Libertad Digital 19 Octubre 2019

Y el mejor mensaje, es el muy dantesco lanzado por Cayetana, rodeada de supremacistas y burgueses cromañones: “Pierdan toda esperanza”.
Twitter

Hay pocos mensajes reconfortantes en esta semana que algunos quieren convertir en los fets d’octubre a pocos días de una nuevas elecciones.

Fuera cual fuera la sentencia del Tribunal Supremo sobre el golpe de Estado que sigue en pie, salvo la absolución, habríamos tenido a la gran productora cinematográfica que es la Generalidad de Cataluña ejecutando su representación, delictiva, mafiosa, violenta y golpista, pero representación al fin y al cabo y con final inesperado. Esto no le resta un ápice de gravedad al asunto, al contrario, ni excluye la posibilidad de que tengamos el primer muerto pero lo visto esta semana en las calles de Barcelona obliga a pensar en un guion en el que ya asoman algunas tramas muy preocupantes.

La fundamental es que parece que el Gobierno de Sánchez se ha creído ese guion y empieza a interpretar su parte como si conociera el desenlace. De otra forma sería inexplicable que el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, recomiende Barcelona como destino turístico en la misma frase en la que habla de los "grupos violentos" o que admita tener "información" de que la violencia va a decaer pero nunca la seguridad de que la vaya a reprimir su Ministerio. O que reconozca la existencia de "fuegos violentos", quizá para distinguirlos de los que avivan las sufridas castañeras (o castañeros), si es que les queda sitio en la Barcelona de los manteros.

Tampoco tiene explicación, como recordó Raúl Vilas en la tertulia de Federico, que se autoricen concentraciones de cedarras (CDR) poco después de desmantelar una célula que ya había ensayado con explosivos y tenía planes inequívocos de atentar… y no pase nada. Ya vimos a un Gobierno anterior pactando con los rebeldes que, para no hablar de referéndum, sacaran las urnas a la calle, como cosa festiva y simbólica, sin la oficialidad de los colegios electorales. Y por eso, el gabinete Rajoy negaba que se fuera a celebrar el referéndum… hasta que lo vio con sus propios ojos, siempre después que el resto de los ciudadanos. ¿Ha vuelto a suceder lo mismo con esa violencia menguante de la que habló el ministro? No hace falta nada más para exigir la destitución inmediata del ministro del Interior. Como ha dicho la Policía Nacional, siempre víctima de los tiempos políticos, "hay vidas en juego".

Pedro Sánchez, experto en giros de último minuto, va contando los días en su agenda electoral para que todo cuadre, desde Franco hasta los disturbios golpistas. Ayer parecía como si la estrategia del Gobierno fuera la de dar cuerda a la Cataluña de las hogueras y los asaltos hasta que llegue el momento propicio para dar el tirón, por supuesto con la vista puesta en las elecciones de noviembre. Firmeza electoral, quizá. Fraude, seguro. Y cuando llegue el primer muerto –o mejor, antes– habrá que preguntar al Gobierno en qué basaba su "información" de que la violencia decaería sin más. Y habrá que lamentar de nuevo –si no hay que hacerlo ya, porque los hechos superan el tiempo de cualquier artículo de opinión– que un Gobierno de España se creyera el espíritu festivo de los rebeldes, el guion cinematográfico de la Generalidad de Cataluña.

"Sabemos quiénes son y pagarán", los instigadores de la violencia. Es frase de Pedro Sánchez, que empieza a tener cara de mudanza presidencial y que contradice la placidez turística de Marlaska. Y tanto que lo sabe: como que le llevaron a La Moncloa montado en una moción de censura. Y no, no pagarán si el PSOE sigue en La Moncloa.

Decía que hay pocos mensajes reconfortantes, pero los hay. Y uno de ellos lo transmitió Cayetana Álvarez de Toledo en la plaza de San Jaime, rodeada de energúmenos que la llamaban "zorra" y "guarra" y la querían echar, no ya de Cataluña sino de España. Salvo el mal rato que pasó su escolta, la imagen de Cayetana, con las manos en los bolsillos, acercándose a los cromañones hiperventilados resume la actitud de firmeza que tanto se echa de menos. La muestra de manifestantes que rodeó sin éxito a la portavoz parlamentaria del PP era bien representativa: todas las edades, aspectos y condiciones, y todos xenófobos, atrabiliarios y supongo que machistas aunque nadie lo denunciará. No hace falta que prendan hogueras ni tronchen árboles, no necesitan pasamontañas o barras de hierro ni hacen botellón-molotov porque eso lo tienen subcontratado con profesionales o ninis de riñón cubierto. Son como son y nos los ha presentado, sin caretas, Cayetana Álvarez de Toledo. He ahí la Cataluña que quiere decidir su futuro sin saber que, con tales especímenes, carece de él. ¿De verdad que España tiene que consentirlo sin más?

Contra las barricadas, los adoquines, las hogueras y el hostigamiento a los policías que nos han contado de primera mano Miriam Muro y Esmeralda Ruiz desde, por ejemplo, la barcelonesa Vía Laietana, hay otra vía posible: la firmeza del que sabe que tiene la Ley de su lado. Y en eso, afortunadamente, están algunos, desde el PP hasta Vox pasando por Ciudadanos y, salvo que alguien se sincere, sin rastro del PSOE. Es la única salida.

Y el mejor mensaje, es el muy dantesco lanzado por Cayetana, rodeada de supremacistas y burgueses cromañones: "Pierdan toda esperanza". Es todo lo que una democracia que se precie puede dedicar a los que la quieren subvertir: que se vayan al Infierno. Empieza a resultar de lo más "proporcional".

Javier Somalo, director del Grupo Libertad Digital.

De la revolución de las sonrisas a la guerrilla urbana: los radicales mandan en Barcelona
Las marchas pacíficas y los esfuerzos por mantener la 'revolución de las sonrisas' quedaron eclipsados por la peor noche de violencia desde que estalló el conflicto independentista
Ángel Villarino. Rafael Méndez. Barcelona. elconfidencial 19 Octubre 2019

Dos manzanas, ocho minutos a pie según Google Maps, menos de 600 metros separaron ayer los dos mundos del independentismo catalán. En Gran Vía con Gracia estaba el de los últimos dos años: más o menos festivo, casi siempre pacífico, con niños y globos, con sus 'tietas' de gafas de pasta, sus tractores y sus jubilados con lazos en la solapa. En Laietana y Urquinaona estaba el otro, el que más asusta: radicales echando gasolina a los contenedores, lanzando cócteles molotov y despedazando adoquines para convertirlos en metralla contra la policía.

"La revolución de las sonrisas" y los discursos grandilocuentes; y el de los abertzales y su tsunami violento. El primero, numeroso como siempre, pero sin capacidad de sorprender ya a nadie. El segundo, cada vez más preparado y con energía para colapsar a tres fuerzas antidisturbios actuando juntas: las de los Mossos, la Policía Nacional y la Guardia Civil.

Después de cuatro noches de disturbios, cada vez más violentos, Barcelona amaneció ayer tranquila en su huelga general, llamada "paro de país". Era viernes pero parecía un domingo. La participación, muy por debajo de lo esperado, no consiguió paralizar la ciudad, aunque sembró dudas entre los turistas y mantuvo a muchos con el alma en vilo.

En el centro, donde campaban los estudiantes desde primera hora, había muchos negocios abiertos. En la periferia, alejada de las protestas, la excepción eran los locales cerrados. Los servicios mínimos aguantaron y quién quiso se movió por la ciudad en autobús o metro. Guarderías, colegios, oficinas, a media asta pero sin colapso, y con mucha gente trabajando desde casa para evitar desplazamientos y piquetes innecesarios.

La protesta comenzó bloqueando el acceso a la Sagrada Familia. Los independentistas se sentaron en la puerta buscando un lugar icónico y no dejaron que entrara ni saliera nadie. Fabián, turista, un argentino, estaba sorprendido. "La mujer de mi papá es catalana. Nos avisó de que podría haber problemas por el fallo judicial, pero nos dijo que el viernes ya no habría nada. Obviamente calculó mal". Fabián estaba tranquilo: "Estoy acostumbrado a los quilombos".

Mientras los operarios del Ayuntamiento escondían los restos de la violencia del día anterior, el ambiente seguía siendo festivo a primera hora de la tarde. Llegaron seis columnas de todos los rincones de Cataluña y sus tractores. Un grupo de chavales bailaban en un remolque y los padres enfundados en esteladas paseaban por la revolución de las sonrisas a sus hijos. A las tres de la tarde, horas antes que en días anteriores, comenzaron los problemas.

Se empezaron a mezclar los varios ambientes de la revuelta independentista. Había chavales casi de instituto, con esteladas al cuello y cara descubierta, de granos y ligoteo, que bebían cerveza y disertaban, a veces de forma inconexa, sobre el fascismo. Luego la gente mayor, gentes que en muchos casos han abrazado el independentismo de forma tardía y que sienten que es ahora o nunca. Esos protagonizaron una gigantesca marcha como las de 2017: consignas independentistas, gritos contra el España y eslóganes a favor de la democracia y de lo que llaman "presos políticos". "España tiene la fuerza, pero Cataluña tiene la razón". "El único terrorista es el Estado fascista", se leía el viernes en unas pancartas.

Todos esos ya estaban en el 'procés' pero la novedad, lo que cambia todo, es lo que empezó a despuntar a media tarde y fue creciendo en número y virulencia con las horas: hay grupos radicales entrenados para destrozarlo todo, algunos llegados de fuera, duchos en técnicas de guerrilla urbana, capaces de convertir una calle en un infierno en cuestión de minutos. Gente con casco de moto, la cara tapada, gafas de esquí o de soldador y generalmente vestidos de negro: esos se quedaron al margen hace dos años, cuando el Govern controlaba todo a través de ANC y Òmnium.

Si las noches anteriores las barricadas no ardieron antes de las nueve de la noche esta vez comenzaron por la tarde. En la zona cero de la revuelta, ardían contenedores que dejaban una negra columna de humo. Uno de ellos, en la calle Trafalgar, se descontroló inmediatamente. Era tan grande el fuego que amenazaba con saltar a los edificios. Algunos jóvenes se iban. "Se han pasado". Pero los antisistema dejaron pasar a los bomberos.

La protesta está organizada. Si llega una ambulancia, abren la barricada para que pase. Los bomberos son aplaudidos: los Mossos, temidos y golpeados. Los manifestantes tienen su propia asistencia para los heridos: los "sanitarios por la república", que vestidos con chalecos amarillos esperan en la retaguardia, donde van llegando los contusionados. Una chica con un golpe en un ojo y mareada es atendida y cuidada.

Los antidisturbios aguantaron durante horas en Laietana. El epicentro de las protestas ha ido moviéndose: El Prat, la delegación del Gobierno, la Consejería de Interior… y ahora era la jefatura superior de policía. Los radicales les lanzaban piedras y durante horas visitante quedaron atrapados entre los dos frentes. La situación estaba descontrolada y los Mossos recurrieron a su camión cisterna, una tanqueta comprada en 1994 que nunca habían usado y con la que dispersaron a los manifestantes. Cuando controlaron la plaza, los radicales se dispersaron por todo el centro. Tanto, que era difícil eludir los disturbios. Las sirenas, las carreras y el humo ocuparon todo el centro.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, afirmó en rueda de prensa en Madrid que los violentos eran en realidad 400, a los que prometió aplicarles el Código Penal con dureza. No eran 400 sino muchos más. Corrían y en unos segundos con vallas y contenedores montaban una barricada. Algunos vecinos comenzaron a combatir la quema de contenedores. Un señor sacó la manguera desde el primero y comenzó a regar el fuego que prendía bajo su balcón: "Señor, ahorre agua", le gritaban. En otra calle, una señora que se encaró con ellos y se mofaron: "Señora, tómese la pastilla". Los bares cerraban con los clientes dentro mientras fuera se escuchaban los disparos.

Los Mossos son muy pesimistas con la evolución. Aunque en Barcelona ha habido protestas violentas en el pasado, con el 15-M, cuando cercaron el Parlament, no habían visto algo parecido. Nadie sabe cuánto puede durar la protesta. Los CDR consideran que van ganando, que los antidisturbios están cansados y sin relevo suficiente. El sábado llegan nuevos agentes enviados por Interior, que ayer autorizó a la Guardia Civil a actuar en el centro de Barcelona... y el 10 de noviembre hay elecciones.

De la manifestación, al asedio brutal a la Jefatura Superior de la Policía en Barcelona
La Policía Nacional resiste durante más de diez horas en Barcelona las acometidas de miles de radicales
Pablo Muñoz. Jesús Hierro. Miquel Vera. ABC 19 Octubre 2019

«Son infiltrados», decía Quim Torra en el Parlamento para explicar las batallas campales de esta semana en Barcelona. Pues no es verdad. Anoche, después de la manifestación convocada como punto culminante del paro secesionista, miles de jóvenes asistentes acudieron a Vía Laietana a apoyar a los encapuchados que desde el mediodía lanzaban todo tipo de objetos contra los agentes. Es más; durante el trayecto se les veía sacar de sus mochilas el «kit» de guerra: casco, pañuelo para taparse el rostro, gafas de buceo y botellas de agua para combatir la posible utilización por parte de las Fuerzas de Seguridad de gases lacrimógenos. Minutos después lanzaban adoquines, cócteles molotov, objetos impregnados de ácido, botellas y cuanto tuvieran a mano, en una depurada guerra de guerrillas que los cabecillas controlan bien.

La manifestación previa fue, sin duda, una movilización equiparable a la Diada. Que fuera algo mayor o menor da lo mismo, porque el hecho cierto es que cientos de miles de ciudadanos salieron a las calles para protestar por la sentencia del Tribunal Supremo. Es verdad que la mayoría se comportó de forma pacífica, pero también que junto a ellos, codo con codo, marchaban aquellos que han convertido estas noches en un infierno la Ciudad Condal. Y que no recibieron reproche alguno por su comportamiento, como si las salvajadas de los últimos días hubieran sido cosa de «jóvenes revoltosos» pero con buen corazón.

Las seis marchas que ayer confluían en la Ciudad Condal no crearon más problemas que los derivados de los cortes de carretera que provocaban a su paso y que convertían los accesos a Barcelona en una ratonera para decenas de miles de conductores. El tono fue festivo en general, y la mayor parte de la gente se disolvió sin problemas cuando acabó el acto.

Era, claro, la cara amable del nacionalismo. Pero quedaba por mostrar la otra, la del odio y la furia, que quiera o no ha sido alentada muy especialmente por el presidente de la Generalitat Quim Torra en medio de una total impunidad y el silencio cómplice de muchos nacionalistas que sí detestan la violencia. Comenzó a mostrarse pronto, al mediodía, por tanto horas antes de la marcha, pero entonces era un grupo de unos 200 individuos, muy violentos pero relativamente sencillo de controlar para las UIP. Pero la cara más dura quedaba por llegar.

Si duros han sido los enfrentamientos de las noches anteriores, lo que ocurría anoche no ya solo en Vía Laietana, sino también en la plaza Urquinaona y calles adyacentes lo superó con creces. El paisaje humano no invitaba al optimismo: jóvenes en edad universitaria y chicos y chicas de instituto, incapaces de conocer el alcance de sus actos pero que son utilizados por los radicales porque saben de su inconsciencia. Al ser viernes, además, las ganas de «juerga» eran aún mayores, aunque estos días las universidades han estado prácticamente vacías.

En las diez horas de incidentes que se llevaban al cierre de esta edición se vivieron escenas terribles. Los policías apenas podían contener a la masa y tenían que utilizar gases lacrimógenos, que hacían el ambiente irrespirable. Las escenas de pánico de los más jóvenes, que ni siquiera podían contener las lágrimas, les ponía sobre la pista de que aquello no era un juego. Sus compañeros de más edad, sin embargo, mucho más curtidos, tenían gente en la retaguardia con ese agua que te alivia el picor de garganta y de ojos que provocaba el material antidisturbios.

Contención policial
Por cierto; nadie podrá decir que hubo provocación por parte de la Policía; no actuó hasta que la situación fue insostenible, y en las primeras horas con una contención que, vista desde fuera, parecía incluso excesiva. Pero comenzaron los lanzamientos de cohetes de pirotecnia, de cócteles de molotov, se levantaron barricadas que eran luego quemadas y se intentaba destrozar los vehículos policiales, cuyos conductores dieron una lección de manejo del volante al conseguir no atropellar a ninguno de los enloquecidos.

Cada lanzamiento de adoquines, de cócteles molotov, era jaleado por la masa. Lo mismo que el destrozo del mobiliario urbano, utilizado bien como munición o material para levantar barreras. Las obras próximas eran asaltadas para apropiarse de todo aquello susceptible de ser lanzado contra los agentes. Y a no más de un kilómetro de allí la gente aún hablaba de la supuesta brutalidad policial.

Entre cohetes, petardos y las detonaciones de los lanzamientos de los botes de humo y las pelotas de goma, la zona parecía un auténtico campo de batalla. A pesar de eso, algunos locales de bebidas seguían abiertos y haciendo su agosto, porque no hay que olvidar que el alcohol, el hachís y otras sustancias son también combustible de estos individuos.

Pasadas las nueve de la noche los Mossos d’Esquadra enviaban refuerzos en auxilio de la Policía Nacional, que también aumentaba su fuerza en la zona. Los violentos, mientras, planeaban su respuesta. Los daños van a ser importantes, una noche más.

Se extienden las algaradas
Al cierre de esta edición los incidentes habían llegado a la calle Pau Claris y no había el menor indicio de que la situación fuese a solucionarse pronto. Los CDR, además, aspiran a que la violencia se cronifique y lo peor es que no hay responsables del nacionalismo que de una vez intenten parar esta ola de violencia.

Como informó ABC, mandos de la Policía y los Mossos consideran que lo que ocurre en Barcelona no es un problema de orden público; es una rebelión, una parte de la sociedad que se ha levantado contra el Estado y que utiliza medios violentos. Ayer, de momento, el juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón abrió una pieza por terrorismo.

El incendio
Fernando Díaz Villanueva. vozpopuli  19 Octubre 2019

Cuando Pedro Sánchez compareció el miércoles pasado desde el Palacio de LaMoncloa a muchos se les antojó que era demasiado tarde; el desorden en Cataluña ya era tal que sobraban las palabras y había que pasar a los hechos. Pero Sánchez no quería pasar a los hechos. Se limitó a pedir calma a pesar de que tanto el PP como Ciudadanos y Vox le habían insistido que aplicase el artículo número 155 de la Constitución o, en su defecto, la Ley de Seguridad Nacional que pondría a los Mossos bajo control del Ejecutivo.

Sánchez prefirió ponerse de perfil, y tenía buenos motivos para ello. Los altercados en Barcelona son obra de un grupo no muy numeroso pero sí muy decidido y organizados por activistas protegidos y amparados por el Gobierno regional. Esto no es una suposición, es un hecho. El mismo Torra se apuntó encantado al happening durante el corte de la autopista AP-7 y recorrió un tramo junto a los manifestantes rodeado de cámaras para que todos supiesen que estaba ahí. Luego, esa misma noche, cuando el centro de Barcelona ardía por los cuatro costados, aseguró que los disturbios eran obra de infiltrados, que su gente era pacífica.

Algo, como vemos, simplemente inaudito pero que, según están las cosas en España, nos parece hasta normal. Hemos terminado por asumir que una parte del Estado -la Generalidad de Cataluña- se haya rebelado contra el mismo Estado y, ya legal o ilegalmente, trate de minar su autoridad y su legitimidad constantemente. Todo lo más que ha cambiado ha sido el método. El de ahora entraña menos riesgo para los capitostes de la Generalidad y descarga todas las responsabilidades sobre una barahúnda amorfa de manifestantes, algunos incluso menores de edad.

Tras el fracaso de la anterior intentona hace dos años, que se estampó contra la Justicia y que tuvo como consecuencias inmediatas la fuga de Puigdemont a Bélgica, el encarcelamiento de parte de su Gobierno y la posterior ruptura del bloque independentista, al sector cercano al expresident no le quedaban muchas opciones para mantener vivo lo suyo. El tiempo pasa inexorable y todo se olvida, incluso las gestas patrióticas como la que creyó consumar el de Amer.

Esto les está pasando factura en las urnas. En las elecciones de abril, ERC duplicó los votos de JxCat, el partido de Puigdemont. Si las elecciones autonómicas se celebrasen mañana, ganaría de calle ERC y eso supondría que los ex convergentes se quedarían sin la presidencia, que es una fuente de poder, influencia y fondos de la que no pueden prescindir. A lo sumo, y sólo si ERC se aviene a pactar con ellos (que también podría hacerlo con el PSC), podrían entrar en el Gobierno con algunas consejerías. Esto por un lado; por otro, Puigdemont y su extraviada causa cada vez quedan más lejos, y no ya en el extranjero, sino en la misma Cataluña. Es esencialmente un personaje grotesco tratando de mantenerse con vida y así es como cada vez más gente le percibe.

Un fugitivo olvidado
El Consell per la República que lanzó desde Waterloo hace un año ha captado apenas 80.000 socios según su página web, un número sensiblemente inferior a los votos que, por ejemplo y siendo el partido menos votado, obtuvo el PP en las autonómicas de 2017. Las diadas han ido a menos en estos años, han empezado a descolgarse esteladas de los balcones y, las que permanecen, amarillean ajadas por el tiempo. El tema, su tema, ha pasado a un segundo plano, le cuesta conseguir titulares y ya ni le piden entrevistas en la prensa internacional.

Así las cosas, al puigdemontismo sólo le quedaba un cartucho: dar el do de pecho coincidiendo con la sentencia del procés. Pero, claro, ¿cómo hacerlo sin terminar entre rejas? Porque ahora saben que la Justicia actúa y que si transitan por la misma vereda que transitó Puigdemont hace dos años se verán pasando frío este invierno en Soto del Real acusados de sedición. Con esa vía cerrada sólo cabía armarla en la calle, organizar un 'maidan' con barricadas, vehículos incendiados, infraestructuras cortadas y la correspondiente huelga general con toda la población atemorizada.

Pero los señoritos de la parte alta de Barcelona no saben hacer eso. La policía, además, pega y puede dejarte un buen moratón en el lomo. Hasta ahí no se van a rebajar, al menos ellos, pero sí las fuerzas de choque de la CUP y asimilados, grupos de extrema izquierda, profesionales del ramo de la algarada callejera que llevan años pidiendo un levantamiento violento, tomar las calles, sembrar el caos y meter fuego a Cataluña. Nada nuevo, el programa base de cualquier partido que sueñe con derribar el sistema, ocupar el Congreso y esas cosas que se hacen en las revoluciones. Ahí los señoritos han encontrado numerosos aliados dentro y fuera de Cataluña. Es una alianza extraña y contra natura pero sirve para la función que le han asignado. El independentismo conservador se ha terminado echando en brazos de la izquierda ultramontana y la izquierda ultramontana en brazos del independentismo conservador.

Era previsible que en lugares como Madrid o Sevilla gente afín a Podemos y Más País saliesen esta misma semana a la calle para solidarizarse con los que protestan en Cataluña. Les envidian y quisieran hacer lo mismo en sus respectivas ciudades, pero ni en Madrid, ni en Andalucía existe una anomalía como el nacionalismo reaccionario que se apoderó de Cataluña hace ya años, una cepa que ha terminado mutando en una parodia del fascismo italiano con los camisas negras subcontratados en otro partido. No es casual que la última bandera que ha adoptado la ya riquísima vexilología independentista sea de color negro tomada de un grupo terrorista de los años 20.

De la extrema izquierda nada debería extrañarnos. Vive en un mundo aparte completamente desconectada de la realidad. En España concretamente está instalada en la mística de los años 30, la Guerra Civil y la revolución pendiente de aromas latinoamericanos. Lo anormal aquí es el comportamiento de la burguesía catalana cuyo bienestar le iba en su proverbial sensatez. Son los dueños absolutos de aquello y suelen tener al Gobierno en Madrid cogido por salva sea la parte.

Ceder ante los violentos
Algo así sólo se explica en clave de pura desesperación individual de un tipo que ha hecho de su causa personal un movimiento que, derrotado en todos los frentes, ya sólo puede expresarse mediante la violencia desatada en la calle. De ese movimiento forma parte Quim Torra que, de un modo u otro, espera sacar algún beneficio de esta ola de disturbios en forma de un indulto que incluya también a su jefe. La violencia, por más que nos pese, funciona. Lo vimos en el País Vasco durante décadas. El Gobierno en Madrid quiere ahorrarse problemas y siempre termina cediendo ante los violentos. Esa es la cruda realidad aunque no nos guste escucharla. Cuanta más violencia pongas encima de la mesa, más caso te harán.

De ahí que Sánchez sea tan reacio a intervenir. Recordemos que a Rajoy le costó mucho aplicar el 155, siendo aquello mucho más grave que lo de esta semana y, cuando lo hizo, se decantó por un 155 muy suave para no levantar suspicacias. Sánchez tiene ahora el problema añadido de que en 20 días se presenta a unas elecciones en las que se lo juega todo y no quiere dar ni medio paso en falso. Eso también lo sabían los que han puesto esto en marcha. Huelen la angustia en Moncloa y se saben impunes. Por eso han incendiado Cataluña.

El buen nacionalista
JORGE BUSTOS El Mundo 19 Octubre 2019

El buen nacionalista se asoma a la calle, aspira el hedor a plástico quemado y murmura: "Així no". El buen nacionalista no entiende lo que está pasando: ellos son gente de paz. Lo han sido siempre, lo han demostrado una y otra vez. Su fuerza es la sonrisa, sonreían incluso a pesar de saberse un pueblo milenario oprimido por un Estado remoto, cerril y atrasado. Resultaba agotador andar reclamando en Madrid lo que les corresponde -el lugar que la Historia les adeuda- a los gobiernos de PSOE y de PP. Durante demasiado tiempo han sido la locomotora de esa ristra de vagones que a duras penas traquetea Ebro abajo, sin impulso propio, lastrado por inercias africanas. Pero un día eso se acabó. La hora de aligerar peso sonó en sus corazones. La Dinamarca del noreste peninsular debía marchar hacia su destino. Y el procés echó a andar sobre los ejemplares raíles del pacifismo. El mundo les miraba.

El buen nacionalista contempla los esqueletos calcinados de los vehículos, las imágenes virales de las palizas callejeras, el padre que pone a salvo a su bebé del avance de las llamas que rasgan la noche. Y murmura: "Així no". No le sale otra cosa. Violencia y Cataluña son agua y aceite: una mezcla imposible. Seguramente la mayoría sean infiltrados. Y los demás serán chavales que están en la edad. Pero ojo, tampoco es excusa. Primero paciencia, luego independencia. No podemos hacerle el juego a los tribunales españoles justo ahora que Europa entera descubre sus reminiscencias franquistas. El fuego no ayuda a la causa. Las cosas arden y da pena. Quina tristesa.

Nuestro hombre, nuestra mujer se consuela así de la fealdad que estos días le devuelve el espejo. El narciso complejo de superioridad que llamamos nacionalismo le impide reconocer su reflejo en los rasgos menos agraciados de sus propios hijos. Porque suyos son. Nuestro hombre, nuestra mujer los parió, los crio, les enseñó con su ejemplo a distinguir a los buenos catalanes de los malos, esos colonos sureños que no se asimilan como deben y que deberían agradecer la venia de hablar en el Parlament. Hoy esos críos han crecido. No lo suficiente para desarrollar el respeto al diferente, pero sí desde luego para prender una barricada. A la vanguardia de todas las revoluciones siempre figuran los señoritos calavera, los niñatos convencidos de la inferioridad ajena, los pijos adoctrinados en la tolerancia a su propia violencia porque el daño infligido a un charnego y al orden que lo protege siempre será colateral.

En carta a Hannah Arendt, su maestro Heidegger escribió: "Lo súbito requiere, tanto en lo bueno como en lo malo, de un largo tiempo de gestación". Por eso al buen nacionalista se le pone cara de gilipollas ante el huevo ya roto de la serpiente. No es fácil asumir que lleva 40 años incubando fascistas.

El 1-O no fue un sueño, es un golpe de Estado
Miguel Ángel Pérez Libertad Digital  19 Octubre 2019

El Tribunal Supremo publicaba este lunes la sentencia sobre el golpe del 1-O, bautizada como la más importante de la historia de la democracia. Se esperaba mucho, quizá demasiado y la verdad es que decepcionó principalmente por dos aspectos: la calificación jurídica (sedición y no rebelión) y la interpretación onírica de los hechos.

La historia del 1-O se podría dividir en 3 partes. En la primera, el magistrado Pablo Llarena realizó muy buena instrucción de la causa de la mano de la acusación encabezada por los 4 fiscales del Supremo y Vox, que ejercía la acusación popular. La segunda parte, estuvo marcada por el juicio oral. Los fiscales Javier Zaragoza, Consuelo Madrigal, Jaime Moreno y Fidel Cadena sostuvieron con coraje los pilares de la rebelión, mientras el magistrado y presidente del tribunal, Manuel Marchena, dirigió con mano de hierro y guante de seda las 52 sesiones de un juicio muy complicado y mediático. Marchena consiguió enmudecer la soberbia de independentistas como Joan Tardá o Gabriel Rufián. Incluso a un mosso golpista le hizo balbucear.

Sin embargo, guárdate de los Idus de marzo, o mejor, dicho de los Idus de octubre. La tercera parte de la causa, la más esperada, la más ansiada, la más ilusionante también, la del desenlace, provocó la zozobra. Quizá se esperaba que la sentencia se convirtiera en el Bálsamo de Fierabrás contra el golpe de Estado del 1-O, que comenzó hace dos años y continúa. Quizá, se pensó que los 7 magistrados del tribunal iban a salvar a España de los golpistas catalanes, pero son únicamente jueces, nada más y nada menos.

De lo que más ha dolido de la sentencia es "la ensoñación, la quimera", la alegoría que relata el Supremo sobre lo acontecido en Cataluña y que se sigue sufriendo hasta nuestros días. Según El Mundo, el autor intelectual de la citada ensoñación fue el magistrado Luciano Varela. No fue un sueño, fue real, es real, es un golpe de Estado. Tampoco ha convencido el argumento de que todo era un pulso para presionar al Gobierno. El objetivo último siempre fue la independencia, con negociación o sin ella.

Sedición sí, rebelión no...
Al inicio del juicio, se trasladó quizá erróneamente a la opinión pública, que para demostrar la rebelión, había que acreditar la violencia. El tribunal ha acreditado "episodios indiscutibles de violencia", sin embargo, ésta no fue "instrumental, funcional y preordenada", sólo si se cumplen estos requisitos puede considerarse rebelión, según el Supremo. No obstante, en el golpe sí parece que la violencia fue instrumental y por eso el fallo por sedición y no por rebelión, ha provocado la desazón y una especie de coitus interruptus en el fervor popular.

En este contexto, hay que sopesar también las penas de cárcel. Para Oriol Junqueras, la Fiscalía pedía 25 años, y se le ha condenado a 13, que no estarían nada mal si se cumplieran íntegramente. El problema es que el sistema penitenciario español es demasiado garantista con los penados. Prueba de ello, los 'Jordis', que tras ser condenados a 9 años, al haber permanecido ya 2 en prisión provisional durante la instrucción de la causa, conseguirán en enero sus primeros permisos penitenciarios, simplemente escandaloso.

Que el Supremo rechazase la aplicación del artículo 36.2 del Código Penal como solicitaban los fiscales para evitar que se conceda el tercer grado a los golpistas por parte de la Generalidad, tampoco ha ayudado mucho a que el fallo del tribunal sea visto con buenos ojos. En honor a la verdad hay que aclarar que todo parece indicar que la Generalidad les clasificará en segundo grado, el común para la mayoría de los presos, y que les aplicará el artículo 100.2 de régimen penitenciario para disfrutar de los permisos y ventajas del tercer grado. De esta forma, se evitará el escándalo en la opinión pública.

La aplicación del 100.2 en segundo grado puede ser recurrido por la Fiscalía ante el juez de vigilancia penitenciaria y en segunda instancia ante la correspondiente Audiencia Provincial. En el caso de que a los presos golpistas se les clasificara en tercer grado directamente, el fiscal podría recurrir ante el juez de Vigilancia Penitenciaria y en segunda instancia, ante el tribunal sentenciador. Es decir, el Tribunal Supremo tendría la última palabra para rechazar la hipotética clasificación de los golpistas en tercer grado.

El partido de vuelta en Europa
En la sentencia, hay aspectos muy importantes que conviene valorar. Casi la mitad de sus 493 páginas dan respuesta de forma detallada y pormenorizada, a otro aspecto muy importante y a priori menos comercial que los años de condena y la calificación jurídica. Los magistrados contestan una por una, o mejor dicho, desmantelan una por una, las supuestas vulneraciones de derechos fundamentales reclamadas por las defensas de los ya condenados.

El Supremo minimiza notablemente la posibilidad de que el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, TEDH, pueda cursar una supuesta vulneración alegada por los golpistas. Entre ellas, la tutela judicial efectiva, la presunción de inocencia, el derecho de defensa, el derecho a un proceso con todas las garantías, el juez ordinario predeterminado por la Ley, el recurso en segunda instancia, o la imparcialidad del juez... Todo ello queda perfectamente contestado y argumentado por los magistrados del 1-O en la sentencia.

Este aspecto también es relevante y no hay que olvidar la derogación de la doctrina Parot. También es cierto, que los fallos de Estrasburgo en nuestra legislación son declarativos y no directamente ejecutables, es decir, no son vinculantes, aunque haya que preservar la buena imagen de la justicia española en Europa.

En fin, la sentencia tiene aspectos negativos y también positivos. El problema es que las grandes expectativas y la gran esperanza depositada en una posible condena por rebelión se ha ido al traste y la jugada no va más. Por lo demás, el 1-O no fue un sueño y el golpe de Estado continúa.

Grietas en el tinglado
Antonio Escohotado Libertad Digital 19 Octubre 2019

Cuando mi generación se manifestaba contra el franquismo era ya un tópico para la prensa extranjera que la policía se había mostrado "brutal" con manifestantes "pacíficos", por más que mis colegas y yo no nos abstuviésemos de insultar a aquellos grises, y tirarles lo que anduviese a mano, aunque la mayoría fuésemos pardillos sorprendidos por su cargas a caballo con porras king size, y solo unos pocos portasen piedras, grandes pernos o ladrillos.

No había pelotas de goma ni botes de humo, y pronto o tarde cada multitud salía corriendo con las cargas –donde como en las pelis de monstruos alguna dama se torcía siempre el tobillo en el momento más inadecuado, granjeándose ella y sus escasos paladines verdugones de más-, a menudo bajo la amenaza de algún energúmeno de paisano, que sacaba su pistola para amenazar con la solución final a "los malditos rojos". Y pasaron los años, blindando a los viejos grises con atuendos cada vez más futuristas, aunque el elemento disuasorio supremo para disturbios reveló ser la simple manguera de alta presión, refinada en Alemania con el añadido de algún tinte indeleble.

Que yo sepa, ni una gamberrada más con neumáticos y contenedores incendiados volvió a perturbar el orden en aquellas tierras, porque la perspectiva de salir calado y tener que tirar la ropa disuadió a jovenzanos cada vez más ablandados por la vida muelle. He ahí, sin embargo, que en la España de 2019 la destrucción de propiedad pública y privada por medios pirómanos encuentra todo menos el agua como respuesta, y quienes contemplan los telediarios de La 1 no resultan informados siquiera de semejante alternativa. El señor Marlaska prefiere atenerse al principio de libre manifestación, filtrando de manera más o menos subliminal el mensaje de que arde Cataluña, pues la sentencia del Supremo indignó al sacrosanto pueblo.

Por supuesto, el trasfondo de su pasividad es el enjuague montado por el PSOE con los partidos independentistas, de cuyo apoyo depende para gobernar, y tenemos por delante semanas divertidísimas hasta los comicios, pues su Presidente dice que "no descarta nada", y tiene "todo bajo control", aunque le aterre secretamente un horizonte de traiciones ampliadas entre sus compañeros de viaje, combinado con giros bruscos en la intención de voto. Hace un mes rechazó ser investido merced a partidos etiquetados por él mismo como ultra extrema derecha fascista; pero la sandez y el rencor acumulado por los actuales defensores de la independencia erosiona la etiqueta a un ritmo difícil de prever por su CIS, y bien podría estar arrepentido total o parcialmente de seguir con su enjuague "antifascista".

Lo hilarante del caso es la materia gris representada por Sánchez, Puigdemont, Torras, los Jordis, la cúpula bildarra y el equipo de economistas reunido en Unidas Podemos. ¿Conocen ustedes un conjunto más fiel a la expresión bizarro? A simple vista, ni una sola persona sobresale por saber o experiencia, y su denominador común no es tanto vivir del cuento como poder seguir haciéndolo indefinidamente, guiado por luminarias como el juvenil diputado Rufián o el no tan joven profesor Cotarelo. Qué ameno resultará el curso de las cosas hasta el trance de las urnas, y qué regalo imprevisto para una opinión pública apacentada por magnates como el señor Roures, a cuyo juicio no hallamos en la obra de Marx una sola referencia a los ricos como ciudadanos indeseables.

Viendo cómo se aferran al mando sujetos como los instalados en Caracas, La Habana o Teherán, extrapolando a la esfera humana técnicas descubiertas por artrópodos para agarrarse a las pieles de distintos parasitados, la posibilidad de que tres semanas basten para desprogramar el lavado de cerebro sigue siendo remota. No en vano la enseñanza secundaria y la superior llevan un siglo difundiendo cierta historia "intelectual" sin parentesco con la real, y no en vano fuentes como TV3 o La Sexta atraen a tantos en detrimento de canales como Viajar o National Geographic, a despecho de emitir el triple de publicidad, junto con la masa de infundios amarillistas articulada en definitiva como corrección política.

Pero Internet llegó para cambiarlo todo, del mismo modo que la inteligencia artificial se instalará arruinando las expectativas del necio y el malvado, y lo que la mano prejuiciada levantó será reformado por la mano empírica, el espíritu objetivo operante desde el tránsito de la sociedad clerical-militar a las democracias liberales, cuando el mercado de personas volvió a ser el de bienes y servicios. El culto a la sumisión lo repuso el largo brote de conciencia totalitaria, y aunque pueda parecer otra cosa –y recibir abundantes subvenciones algún tiempo-, tomar en cuenta el resto del horizonte apunta a que sus recidivas se agitan como el animal al estirar la pata. Por supuesto, seguirá habiendo convencidos de que las multinacionales son seres satánicos, de que la pobreza crece, e incluso de que no terminó la segunda guerra mundial; pero están en franca retirada.

Por mucho que pretendan vilipendiar a Occidente, por ejemplo, topan con el revés de que sus capitales sean ahora Tokio y Singapur, y que ningún consejo sea tan bienvenido como la esencia del socrático: vive y deja vivir, afánate en aprender a prestar servicios útiles. A escala micro, la posibilidad de votar otra vez en España parecía un despilfarro absurdo de tiempo y dinero. Quizá no lo sea, y una vez más el espíritu objetivo permite desafiar el plan de charlatanes estafadores. Veremos si la ciudadanía está más o menos a la altura de lo posible, y una buena fe informada sigue ganando terreno a su inverso.

Macarena Olona: "El verdadero golpe de Estado será cuando los condenados salgan de prisión por la puerta de atrás"
Macarena Olona analiza en una entrevista para Libertad Digital los disturbios de Cataluña y la sentencia del 1-O
Maite Loureiro Libertad Digital 19 Octubre 2019

Macarena Olona nos recibe en la nueva sede de Vox, un edificio de cuatro plantas situado en la calle Bambú de Madrid en el que todavía se están instalando. Toma asiento para responder a nuestras preguntas en una semana muy complicada por la sentencia del 1-O y los graves disturbios registrados en Cataluña. "Marlaska debe dimitir", asegura indignada la secretaria general del grupo en el Congreso que se caracteriza por su férrea defensa de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Como abogada del Estado destinada al País Vasco conoce bien la importancia de su labor para garantizar el orden público.

PREGUNTA: ¿Cómo valora la actuación del Gobierno esta semana en Cataluña?
RESPUESTA: Es inadmisible que el ministro Marlaska y su equivalente en la Generalidad de Cataluña no hayan adoptado todas las medidas necesarias a los efectos de impedir las bochornosas imágenes que estamos viendo y sobre todo el riesgo para la seguridad de las personas porque esta situación. Lo más grave es que era previsible. Porque si algo estamos viendo en la ejecución del golpe de Estado que se viene perpetrando desde el pasado 1 de octubre de 2017 es que las autoridades catalanas y sus su acólitos, cuyos fines son lograr una absoluta desestabilización del Estado de Derecho en Cataluña, lo están anunciarlo con bombo y platillo, con lo cual deberían haber previsto todas las medidas necesarias. Primero para no lanzar a nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad a una ratonera y segundo para que no se viesen paralizados servicios públicos esenciales como el transporte terrestre o aéreo con el grave daño a la imagen que estamos causando respecto de España a nivel internacional, además de las molestas y daños personales que se están ocasionando a ciudadanos que están viendo mermados sus derechos fundamentales.

Hoy por hoy es discutible que pueda aplicarse el artículo 155 de la Constitución Española dada la situación de disolución de las Cortes pero desde luego nuestro texto fundamental permite la declaración de los estados de alarma, sitio y excepción y concretamente ante la parálisis de servicios públicos en Cataluña, procede declarar ya por parte del Ejecutivo socialista el estado de excepción y someter a la Diputación Permanente del Congreso la pertinente autorización ¿A qué está esperando el Gobierno socialista, Marlaska? ¿A que tengamos un muerto encima de la mesa? Parece que es lo que están esperando.

P:¿Qué opina de la sentencia del 1-O?
R: Si algo podemos agradecer al juez Marchena es el especial mimo y cuidado que ha tenido para velar por los derechos fundamentales y las garantías de los encausados de tal manera que el objetivo inicial y último que tienen los golpistas y condenados, que es poder acudir a Estrasburgo para que nos saquen los colores y conseguir tumbar el fallo dictado por el Tribunal Supremo, no se consiga. Ha funcionado el Estado de Derecho y hoy por hoy lo que tenemos es, afortunadamente, una sentencia condenatoria. Dicho esto, desde Vox, y yo personalmente, hubiésemos preferido que el resultado de esa condena fuera muy diverso.

Nosotros defendemos que ha existido una violencia que el tribunal no niega en su fallo de 493 folios, en eso desde luego fue indigno que el Ejecutivo de Sánchez obligase al abogado del Estado, Edmudo Bal, a suprimir del escrito de acusación toda mención a la violencia. El tribunal constata la existencia de una violencia, es evidente, lo vimos todos en directo, pero yo creo que ha pesado mucho, y se han producido filtraciones al respecto, la voluntad de nuestro presidente magistrado, su señoría Marchena, de lograr un fallo unánime.

P: ¿Cómo se explica que los condenados puedan salir en breve a la calle?
R: Consideramos peligroso que el tribunal haya rechazado la petición que hizo el Ministerio Público para que los condenados no pudieran obtener el tercer grado hasta que no hubieran cumplido la mitad de sus condenas. Tenemos además una puerta de atrás que no es simplemente la del tercer grado. Son esos beneficios penitenciarios que, lo acabamos de ver, han permitido que salgan a la calle el señor Oriol Pujol y el señor Iñaki Urdangarín. Esos beneficios penitenciarios se adoptan por la administración penitenciaria que, en el caso de Cataluña, es la única comunidad a la que están transferidos desde 1983.

Pero si estamos viendo que es la propia administración catalana la que está perpetrando un golpe de Estado, la que está jaleando a quienes ya han sido detenidos con artefactos explosivos: apreteu, apretad, lo volveremos a hacer. Jaleando desde las instituciones públicas a que continúe el golpe de Estado. ¿Cómo no vamos a tener fundadas sospechas en que precisamente esa administración catalana va a aplicar a los golpistas catalanes el tercer grado encubierto para que salgan por la puerta de atrás de las cárceles? Ahí se va a producir el verdadero fracaso del Estado de Derecho si se consuma lo que vengo anticipando.

P: ¿Ha habido presiones políticas?
R: El tribunal tenía una posibilidad de zanjar posibles y previsibles problemas que vamos a tener en el futuro y que, de materializarse, como yo vaticino desde hace meses, vamos a constatar que el verdadero golpe de Estado se va a consumar a raíz de la sentencia condenatoria cuando veamos salir a los condenados por la puerta de atrás de las cárceles. Es cierto que el Ministerio Fiscal tiene la posibilidad de recurrir ante el juzgado de Vigilancia Pnitenciaria pero no es menos cierto que el Ejecutivo de Sánchez ha convertido a la abogacía del Estado en la Abogacía del Gobierno y fue el anterior Gobierno del PP quien convirtió al ministerio Fiscal en el Ministerio del Gobierno.

Tenemos al fiscal Maza,desde luego, de lo que supuso una presión injente del poder político, un intento de inejerencia a unos niveles, de verdad, que es mejor que permanezcan en la oscuridad. El ministerio Fiscal, estando dotado de un estatuto de independencia, se rige, al igual que la Abogacía del Estado, por el principio de jerarquía y eso supone que son permeables a las presiones políticas. Pero no es algo que yo diga desde el plano teórico, es que lo hemos constatado. No se está produciendo a la fecha en esta legislatura pero sí en la pasada.

P: ¿Cómo se puede evitar?
R: Ante todo tiene que existir una voluntad firme política que hasta la fecha no se ha producido. Se debe proceder a aprobar el sistema de designación de los miembros del Consejo del Poder Judicial, a la aprobación de tribunales especializados en delitos económicos y más concretamente de lucha contra la corrupción. Medidas que eviten todo lo que hemos visto que se ha producido que no se han aprobado, antes al contrario. En el año 2016 con la mayoría absoluta del PP, en la instrucción penal, donde antes existía un plazo que no era vinculante que nunca se cumplía, al albur de esta reforma impuesta con el rodillo de la mayoría del PP se limitó el plazo máximo de la instrucción penal a seis meses con opción a prórroga, con la desvergüenza de no dotar a la administración de justicia de medios adecuados. ¿Sabe usted a qué a conducido esa reforma? A la impunidad de los corruptos, a que salgan por la puerta de atrás por el archivo al haber transcurrido el plazo máximo establecido de instrucción.

Si no se ha derogado en la anterior legislatura esa Ley es porque PP y Cs aprovecharon su mayoría en la Mesa del Congreso para ampliar hasta en 67 ocasiones el plazo de presentación de enmiendas a una proposición de Ley que tenía un sólo punto. Sus manos están manchadas de corrupción por más que tengamos ahora al señor Rivera tan digno diciendo que no quiere tocar ni con un palo al PP porque son unos corruptos cuando le ofrecieron la posibilidad de unirse a España Suma. No tienen vergüenza. No hay coherencia. Lo importante es tener memoria.

P: ¿Qué opina de la reacción del PP y Cs a la sentencia?
R: Me causó sorpresa que el PP dijese que va a promover una reforma del código penal para suprimir el requisito de la violencia en el delito de rebelión. Me causó perplejidad porque es una posibilidad que han tenido y que sin embargo no han hecho, con lo cual brilla por su falta de coherencia ese mensaje que claramente es electoral. El delito de rebelión está contemplado en nuestro ordenamiento jurídico desde el año 1900 y nunca se ha exigido la violencia, se exigía simplemente que se declarase la independencia para resultar condenado. Esos antecedentes se incorporaron al código penal de 1928 y se mantuvieron vigentes hasta el año 1955 cuando Belloch, con el código penal que se aprueba, introduce la violencia pública para condenar el delito de rebelión.

Esa exigencia fue impuesta por los nacionalistas vascos y catalanes vía enmienda y no es baladí que se exigiera y se transigiera porque saben perfectamente que no necesitan la violencia para reventar nuestro Estado democrático desde dentro porque ya están en las instituciones y se valen de ellas, no para representar la soberanía nacional, sino para conseguir sus fines rupturistas e independentistas.

P: ¿Negociarán con PP y Cs después del 10N si dan los números para formar Gobierno?
R: No podemos anticipar el resultado de las elecciones y por tanto será cuando sepamos los números concretos que haya decidido la ciudadanía, cuando podamos sentarnos a reflexionar con seriedad y profundidad. Lo que sí puedo decirle, a título personal si me lo permite, es que estoy absolutamente satisfecha de la valentía del señor Rivera que por fin ha dado un paso al frente y ha dicho lo que todos estábamos diciendo. A mí, me ha costado mucho cuando ustedes desde los medios de comunicación nos calificaban como las tres derechas refiriéndose a CS, PP y Vox porque es evidente que Cs con quien forma un todo es con el PSOE y concretamente con el señor Sánchez.

Si finalmente los números dan y tenemos una mayoría suficiente que es la que espero que tengamos, será para hacer presidente a nuestro presidente, a Santiago Abascal, que es lo que espero porque estoy convencida que será lo mejor para España. Pero si efectivamente conseguimos que sea Cs el que tenga que sentarse con el PSOE lo que yo le puedo decir desde mi experiencia en esa mesa de negociación (con PP y Cs para Madrid, Murcia o Andalucía) es que tendré la suerte de no volver a sufrir a unos dirigentes nacionales que desde luego se comportaron como niños caprichosos y como un partido extorsionador al modo más rancio del PNV pensando únicamente en sus intereses personales y no en el interés general de España. Desde luego Vox no está en eso.
Bajo ningún concepto Vox es machista

P: Como mujer, ¿qué siente cuando acusan a su partido de machista?
R: Me causa tremenda perplejidad ver cómo determinados medios de comunicación, sin ningún sonrojo, se ponen a disposición de esos partidos políticos que están lanzando esos bulos infundados acompañados de ataques personales hacia algunos de nuestros dirigentes que están aguantando estoicamente las embestidas. ¿Partido machista? Mire, yo tengo el honor de haber asumido el cargo de secretaria general y portavoz adjunta de Vox en el Congreso. Le puedo asegurar que no es por ningún tipo de cuota o por ser mujer. Nadie me ha honrado con esa posición teniendo en cuenta mi sexo como no se ha considerado que nuestro portavoz deba ocupar ese privilegiado puesto por razón de su condición masculina.

Nosotros no miramos el sexo de las personas. Miramos su cualificación, sus méritos, y sobre todo buscamos una esencial igualdad que es la que yo trato de promulgar. Ante esos ataques injustificados, qué quiere que le diga, estoy de siete meses y medio de embarazo, en mi partido político sabían todos que estaba embarazada y en modo alguno me han cercenado las responsabilidades que me han ido encomendando y que son un privilegio. ¿Eso es partido machista? Pues yo puedo atestiguar en primera persona que bajo ningún concepto.


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