AGLI Recortes de Prensa   Domingo 20  Octubre  2019

La Transición que no cesa
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ El Mundo 20 Octubre 2019

Tanto hablar de la Transición y ahora resulta que transitábamos no hacia una meta, la de la reconciliación de los rojos y los azules, los franquistas y los antifranquistas o los continuistas, los reformistas y los rupturistas, sino hacia la línea de salida. Nueva versión de dos clásicos: el Viaje alrededor de mi cuarto, de Xavier de Maistre, y el Viaje a ninguna parte, de Fernando Fernán-Gómez. O, si lo prefieren, algo similar a un buen chute de farlopa, ese polvillo maléfico que clava en el suelo los pies de sus usuarios y los obliga a girar sobre ellos mismos como quien baila un chotis.

Los socialdemócratas -PP, Ciudadanos y PSOE- arriman el ascua a ella... A la Transición, digo, no a la farlopa. Los de la izquierda neofacha -Podemos y sus heterónimos- la culpan de haber cerrado en falso la querella de las dos Españas. Los nacionalistas la satanizan. Pero casi todos, excepto Vox, respaldados por la opinión pública y la mayor parte de la publicada, se acogen a la necesidad y posibilidad de llegar a un gran acuerdo de Estado, similar, en definitiva, al de los pactos de la Moncloa, que se remontan a octubre de 1977, para detener la glaciación parlamentaria y revertir el deterioro de la Constitución, de sus precuelas y de sus secuelas. Las nieves del tiempo agrietaron su sien.

Claro que en aquella época aún había políticos de cierta altura intelectual, aunque no siempre moral, como Suárez, Felipe, Guerra, Fraga, Calvo-Sotelo, Tierno, Roca e incluso Carrillo (Paracuellos aparte). No eran taumaturgos ni genios en su botella, pero tenían un pasar. Ahora, con la mediocridad reinante entre quienes desde el trampolín de la res pública se dedican a crear problemas en vez de resolverlos, el pactismo sabe a pasteleo ideológico y a pastiche de intereses de moqueta. Yo, al menos, lo entiendo así. Si fuese socialista no querría que Sánchez se diera el pico con Casado y si fuese pepeísta tampoco. Sus programas son incompatibles y ésa es la razón por la que muchos matrimonios terminan como la guerra de los Rose. Estamos donde estábamos.

Se habla de Franco tanto como se hablaba cuando murió. O más. Reforma, ruptura y revolución siguen sobre el tapete. Hispanus hispano lupus. Yo, que no soy de nadie, el 10 de noviembre me quedaré en casa. O no. Según me pille. Si no llueve... Puesto a votar, sólo lo haría por Vox, pero estas elecciones son un paso más hacia el abismo. ¡Basta ya de Transición!

Separada de España, muy improbable; arruinada, casi seguro
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli  20 Octubre 2019

Cataluña se encuentra sumida en un caos violento y destructivo que sus máximas autoridades alientan públicamente y organizan bajo cuerda en un ejercicio repulsivo de irresponsabilidad y deslealtad. El espectáculo dantesco de mobiliario urbano destrozado, automóviles ardiendo, vías de comunicación cortadas, aeropuertos y estaciones de ferrocarril paralizados, contenedores volcados y agresiones continuas a unas fuerzas del orden tan heroicas como insuficientes, arrastra por los suelos la reputación de una sociedad en otros tiempos ejemplo de cosmopolitismo, laboriosidad, sofisticación, urbanidad y creatividad y que hoy se desliza por la pendiente de la degradación poseída por el fanatismo, el odio, la irracionalidad y la barbarie.

No se ha visto en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial, excepción hecha de los horrores que ensangrentaron la antigua Yugoslavia en los años noventa del pasado siglo, una prueba más clara de que el nacionalismo identitario, totalitario y excluyente es la mayor plaga que puede caer sobre un país hasta enloquecer a sus habitantes y transformarlos en energúmenos deshumanizados.

Debilidad o traición
En paralelo a este desastre, España se muestra como el único caso conocido en la Historia de un Estado que entrega a su peor enemigo interno los instrumentos, recursos y medios para que éste lo destruya y que, una vez lo ha intentado de manera ilegal, agresiva y previamente anunciada, los vuelve a dejar en sus manos para que lo haga de nuevo. Semejante comportamiento sólo puede ser descrito como debilidad mental o traición, pero sus responsables lo califican de moderación, firmeza democrática y proporcionalidad. Es evidente que esta letal combinación de desprecio a la ley y demencia vandálica por un lado y pusilanimidad y escasez neuronal por otro, únicamente puede conducir a la catástrofe.

Las naciones corren el peligro de sucumbir cuando no se defienden de las amenazas existenciales que las acechan y tan peligrosas son las externas como las interiores, muy frecuentemente las que encierran en su propio seno resultan más serias que las procedentes de fuera. Hoy la población catalana se encuentra dividida en tres grupos, una pequeña minoría que practica el terror sobre sus conciudadanos junto con los que sin arrojar piedras ni blandir teas incendiarias se manifiestan en considerable número a favor de semejantes excesos y los animan; una mayoría silenciosa y apocada que sufre ovejunamente los destrozos y sus consecuencias y un reducido pelotón de gentes aguerridas y moralmente sólidas que se opone abiertamente a los separatistas, les planta cara y está dispuesta a pagar el precio de este valeroso enfrentamiento.

El daño causado por esta insurrección absurda y desaforada es enorme en términos sociales, políticos y, muy especialmente, económicos. Hoteles y restaurantes vacíos, comercios destrozados, cruceros que pasan de largo, turistas que huyen, inversiones perdidas, empresas a la fuga, talento que emigra en busca de latitudes más hospitalarias, son miles de millones de euros los que se vaporizan en el calor de las hogueras encendidas por bandas de jóvenes ofuscados a los que se ha insuflado en las escuelas y desde la televisión del régimen nacionalista una visión envenenada del mundo, un relato inventado sobre su pasado y una esperanza vana en un futuro que, gracias a la doctrina aberrante que ha deformado sus mentes, será irremediablemente tenebroso.

La ira desatada
Se les ha prometido que si rompen sus vínculos con España, la España democrática y constitucional que es la garantía de sus derechos y libertades, la España multisecular que les proporciona su proyección en el tablero internacional con el prestigio que dan dos mil años de ingente contribución a la configuración de la civilización occidental, la España productiva que paga las pensiones de sus abuelos, sus becas de estudio y los sueldos de sus funcionarios, si se apartan de ella para siempre, les dicen, conocerán una vida mejor, más plena, más justa, más satisfactoria y más próspera.

Prisioneros de este maléfico engaño, queman, destrozan, golpean, gritan eslóganes de rabia y de rencor y montan explosivos en sótanos escondidos con los que sembrar la muerte y la desolación. Es exactamente lo contrario, su ira desatada e irreflexiva les arrastra hacia el fracaso colectivo y la frustración individual. El camino errado que han emprendido no les lleva a una Cataluña desgajada de España, hecho altamente improbable por múltiples y poderosas razones de orden jurídico, geoestratégico, político y económico, pero sí les aboca a una Cataluña materialmente arruinada que tardará muchos años en recuperarse de tanta porfía obsesionada.

Feudalismos
La desaparición del Estado supone la feudalización del territorio y la guerra civil
Jon Juaristi ABC 20 Octubre 2019

Hay naciones sin estado, pero no me refiero a Cataluña. El mejor ejemplo que se me ocurre de una nación sin Estado es México. Es verdad que parece tener un estado, o muchos estados, porque, encima, se las da de ser un Estado de estados, un Estado federal, pero ni el Estado ni los estados de México sirven para otra cosa que para rendirse al crimen organizado, como se ha visto esta semana en Sinaloa, y se ve cada día en Michoacán, en Chihuahua, en el DF y donde se les antoje a los cárteles. Es el México de López Obrador, el pendejo que nos exigía pedirle perdón de rodillas por haber destruido la gloriosa civilización azteca. Pues mira tú quién nos lo exigía: nada menos que AMLO, que ha regalado el país a los narcos, o sea, a los aztecas del siglo XXI, a los señores caníbales de la nueva guerra florida, a los sacerdotes de la Santa Muerte.

Pero, a pesar de ello, a pesar de la feudalización del territorio, México es una nación. Desde el Chapo Guzmán hasta el último de los policías asesinados por sus sicarios (y los sicarios mismos, por supuesto), todos se sienten mexicanos y a ninguno de ellos se le ocurre separar un trozo del territorio nacional para montar una nación alternativa. ¿Qué ganarían con ello? Los narcos, nada. Están mucho más a gusto en un amplísimo espacio nacional sin estado (o con López Obrador y su banda al frente, lo que viene a ser lo mismo). Por eso rezan a la Guadalupana, como todo el mundo, aunque le pongan velas a la Calaca, su divinidad privada y corporativa heredada de los aztecas, a los que Cortes aplastó para gran alegría de los demás pueblos autóctonos.

Una nación sin estado como México puede mantenerse, a costa del sufrimiento de la mayoría, de la corrupción endémica, de la miseria, del terror y de la interminable escapada de los millones de sobrantes a los Estados Unidos, que son una nación con un Estado de estados. México es una nación desgraciada, pero una nación sólida, por más que lo sea de verdugos y víctimas. Casi todos los mexicanos son una cosa o la otra, en distintos grados. Lo que no puede mantenerse por mucho tiempo es un estado sin nación, como el nuestro.

La nación española fue destruida entre 2004 y 2011 por un tipo bastante parecido a López Obrador. El Estado aguantó, pero empezó a cuartearse. Lógico, ya que el presidente del Gobierno no creía que detrás del Estado hubiera una nación ni que la función del Estado fuera servir a otro señor que a su partido (y a él mismo en primer lugar). Toda vez que no había una nación clara, ¿para qué iba a servir el Estado? Pues para ganar la guerra civil de una vez a la derecha y vengar al abuelito. O sea, para destruir la nación. Ganar la guerra suponía conchabarse con los separatistas catalanes, firmar la paz con ETA y entregar el País Vasco a los nacionalistas vascos, en los que la izquierda española ha visto siempre a los legítimos representantes políticos de una nación distinta a la española desde que la izquierda española existe. Es decir, desde el Sexenio Democrático, cuando no había aún nacionalistas vascos.

¿Hay estados sin nación? Quizá, pero no duran mucho tiempo. Cuando la nación se destruye (y entre 2004 y 2011 los socialistas destruyeron deliberadamente la nación) el Estado se divide y se rompe. Cataluña no es una nación. Es, simplemente, la parte por donde ha comenzado a romperse un Estado póstumo. Ahora bien, la desaparición total del Estado no supondrá la liberación de naciones oprimidas que ni existen ni han existido. La desaparición del Estado dará paso, como siempre ha ocurrido cuando un Estado desaparece (incluso si permanece la nación, como en México), a la feudalización del territorio y a la guerra civil.

Bagdalona retrata al Supremo en su sentencia y a Sánchez en su impotencia
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 20 Octubre 2019

Lo que los facinerosos que mandan en Cataluña buscan es demostrar que ni Sánchez ni Iceta van a poder vender la “pacificación” de una Cataluña que, como Irak, han hecho pedazos, y de una Bagdad, convertida en Bagdalona, que seguirá ardiendo.

Tras esta segunda Semana Trágica catalana, con menos víctimas pero más imágenes que la de hace un siglo, el saldo policial es malo; el político, peor, y el judicial, funeral. Nunca una sentencia por unanimidad ha sido tan unánimemente desmentida por la realidad, nunca los sueños de la izquierda judicial han despertado tan de golpe, del Golpe negado; y, encima, con la desagradable sensación de haber mojado la cama. Pero ahí está el manchón.

Supremo Desprestigio
El Estado, en la parte esencial del Poder Judicial, está totalmente desprestigiado ante la opinión pública, justo por las esperanzas que el teatro de garantías del Supremo concitó. Los escribas quitamanchas de Los Siete Maléficos -o sea, como los Cinco Magníficos del Zaragoza, pero al revés- se refugian, tras análisis tan demoledores como los de Jorge de Esteban e Ignacio Gordillo, en la minuciosa argumentación que desmonta el intento de la abogacía golpista ante Estrasburgo de anular el juicio por falta de garantías. Pero esas sentencias son sólo indicativas, y, en lo que se refiere a la imagen exterior de España, los racistas progres europeos van a seguir rindiendo culto a la Leyenda Negra, como su miserable prensa demuestra. Y nada, nada compensará el desprestigio de su Justicia ante los españoles.

Diríase que para que la UE no absuelva de derecho -y repito: sólo indicativamente-, a los golpistas de Cataluña, el Supremo los ha absuelto de hecho, mintiendo retorcidamente a los españoles al calificar la rebelión que vimos todos como una mera ensoñación y asegurándose de que la pena de sedición se diluirá, dejando su cumplimiento en manos de los condenados. La negativa a la rebelión se acompaña de la negativa a la Fiscalía que pidió que los golpistas cumplieran, al menos, la mitad de la pena. Una vergüenza.

"No digas que fue un sueño", Luciano Kavafis, en El Dios abandona a Antonio, canto al trágico final de Marco Antonio y Cleopatra, pide al romano que abandona la batalla cuando el barco de ella huye a Alejandría, que asuma como gloria su derrota y sepa convertir su final en leyenda, venciendo estéticamente su condición mortal:

Dile adiós a ella, a la Alejandría que se va.
Y, sobre todo, no te engañes, no digas
que fue un sueño, que fue error de tu oído.

Nunca aceptes tan vanas esperanzas.

Como dispuesto desde siempre, como un valiente,
como a ti corresponde, que de tal ciudad has sido digno,
acércate con entereza a la ventana
y oye con emoción, pero no
con súplicas y quejas de cobarde,
como un último goce, los acordes
los excelsos instrumentos del glorioso cortejo,
y dile adiós a ella, a la Alejandría que así pierdes.

Zaragoza u otro fiscal del Supremo podría hoy parodiar a Kavafis:

No digas que fue un sueño, tú, Luciano,
que, sin ser El Apóstata, apostataste
de tu sagrada magistratura.

Tú, aunque no sólo tú, traicionaste a Alejandría,
hoy bajo el fuego de los bárbaros. No lo encendió
tu sola cobardía, no lo apagará vuestro valor tardío;
arderán como la yesca tu toga y tu pasado,
y arderá el futuro de cuantos te acompañaron
en ese sueño fingido. No podrás despedirte
de una Alejandría en llamas. Ni sus cenizas
podrán oírte, ni su recuerdo sabrá perdonarte.

Contra lo que dijo campanudamente Sánchez y festejó Rivera, con esta Sentencia unánime y ya exánime ni ha terminado un ciclo, ni han ganado los buenos. El Rey, tras la Sentencia, ha debido retirarse a una efeméride dinástica. En la Oposición, aparece Vox como partido, Cayetana como PP, y Rivera como Cs. Nunca juntos. Ni un entierro los movería.

Propaganda paragolpista
En cuanto al Gobierno, la mano que ha mecido la cuna y cavado la sepultura del Supremo, supera ya la ineficacia, teóricamente inalcanzable, de Rajoy. El Inánime usaba a Soraya como miniyó. Sánchez no delega, y si lo hace en Calvo, es peor. No puede reprimir su amor al foco, y el foco lo quema. Es tan estrepitoso que resulta indecoroso.

Pueden competir en propaganda paragolpista La Sexta, el clan de los Griso, el Socorro Rojo de TVE y la Izquierda zombi. Cuanto más insisten en diferenciar la media manifestación supuestamente pacífica de la media clamorosamente violenta, más queda en evidencia la parálisis del Gobierno. Si los violentos son tan pocos, ¿por qué no los disuelve el Gobierno? ¿Por qué no llama la ferrerada a destruir sus guaridas, en vez de representarlos? García Castellón ha ordenado el cierre de todos los dominios al servicio del Tsunami Guardiolo, que es el Golpe de toda la vida. Pero la propaganda más eficaz del golpismo la hacen la cadena creada por Roures y sus émulos en Barcelona y Madrid. El Duopolio A3/Mediaset, TV3 y el Grupo Godó. Y las radios golpistas, que en Cataluña son casi todas. Y medio Internet.

Torra, tras quemar Barcelona, llama a negociar a Sánchez
Sin embargo, cuando de cafres políticos se trata, nada supera nunca la constatación de su brutalidad tribal. Sin extinguir aún las llamas de estos días atroces, sin limpiar todavía la escombrera en que se han convertido las ciudades catalanas, Torra, representante del Estado y, a la vez, de los CDR y otros enemigos del Estado, ha instado a negociar "sin condiciones" al Gobierno de Sánchez, ese estafermo a cuyo lado Frankenstein era Nureyev.

La condición brutal del golpismo catalán se ve en su incapacidad de separar a los mafiosos que rompen por la noche los cristales de la tienda y los que, en la mañana siguiente, acuden a cobrar la "protección" al tendero, si no quiere que arda la tienda. Esa ha sido la base del negocio separatista vasco: la ETA desnucaba árboles y el PNV recogía las nueces en Madrid. Torra es a la vez matón y recaudador. Y Sánchez tiene que elegir entre ser extorsionado en Madrid y humillado en Barcelona, o viceversa. Digo Sánchez y no España, por piedad nacional. Lo que los facinerosos que mandan en Cataluña buscan es demostrar que ni Sánchez ni Iceta van a poder vender la "pacificación" de una Cataluña que, como Irak, han hecho pedazos, y de una Bagdad, convertida en Bagdalona, que seguirá ardiendo.


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¿Quién será el Urkullu catalán?
Jesús Cacho. vozpopuli  20 Octubre 2019

Tiene lo que está ocurriendo en Barcelona algo de guion escrito por mano aviesa que busca cocinar un plato cuyo sabor no probaremos pero cuya receta sospechamos. Las autoridades no han perdido el control, simplemente no han querido tenerlo nunca. Prohíben la utilización de material antidisturbios en serio, camiones lanzadera de agua, uso de pelotas de goma… ¿Dónde está el Cuerpo Nacional de Policía (CNP)? ¿Dónde la Guardia Civil? El dispositivo policial previsto por el Gobierno en funciones es cinco veces inferior al del 1-O. Los Mossos, como el CNP el viernes, parecen siempre en situación de clara inferioridad frente a una turba que, la cara embozada, baila ante un puñado de agentes que a duras penas se defienden en una esquina, la mayoría de las veces aguantando el chaparrón de adoquines, bolas de acero y ácido que se les viene encima. Cuatro detenciones para cumplir el expediente. Y al día siguiente la misma sensación de incredulidad en el espectador que en prime time asiste perplejo al espectáculo. ¿Quién está al mando? ¿Cómo se puede consentir tanto oprobio? ¿Quién lleva a las fuerzas y cuerpos de seguridad a afrontar estos episodios revolucionarios con la mano atada a la espalda del laissez faire más vergonzante?

Como si hubiera un pacto tácito (alguien podría preguntar a Emmanuel Macron cómo hace frente al desafío de los chalecos amarillos en París) destinado a permitir que la “revolución de las sonrisas” haga su trabajo mientras el Nerón que detenta la presidencia de la Generalitat se fuma un puro viendo arder Barcelona desde la azotea de la plaza de San Jaume. Torra y su jefe en Waterloo imaginaron la sentencia a los líderes del procés como la mejor ocasión que vieron los siglos para, en pleno bajamar de su Movimiento Nacional, conseguir hacer realidad el sueño de esa República Catalana con una explosión de ruido y furia. La gran diferencia con los chalecos amarillos: es el Gobierno de la Generalitat quien abiertamente rema aquí a favor del caos. Puigdemont y Torra han pretendido una reedición del golpe de Estado de 2017 cuando nadie lo esperaba. A través del fuego y el miedo.

Cuatro noches de pánico para una inmensa mayoría de la población refugiada en sus casas, y un quinto día para colapsar Barcelona con esas "marchas por la libertad" que no han sido sino perfecto trasunto de aquellas "marchas sobre Roma" que el fascismo italiano protagonizó en octubre de 1920 y que llevaron a Benito Mussolini a la toma del poder y al inicio de su régimen. Compendio casi perfecto del ADN totalitario de un Movimiento Nacional (conmemoración nueva del franquismo viejo) que persigue convertir en extranjeros al 60% de la población de Cataluña. Alianza entre una derecha conservadora y xenófoba, hijos todos del patriarca Pujol, y una izquierda comunista que le ha comprado el discurso y le sirve de coartada. Con los socialistas del PSC mirando de soslayo. Mundo al revés, tras el cual esconde su pellejo el totalitarismo más atroz. Alguien dijo que “los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos antifascistas”. Apretado aquelarre de los enemigos de la libertad.

El golpe de mano que Puigdemont y su mozo de estoques han pretendido dar esta semana tuvo su prueba de fuego el jueves en el Parlament de Cataluña. Sesión extraordinaria en torno a la sentencia del Supremo. Cuando todo el mundo esperaba unas palabras de condena a los actos de vandalismo registrados en la ardiente noche barcelonesa, Torra se descolgó con una propuesta que dejó atónitos incluso a sus colaboradores más cercanos. “Si para poner las urnas por la autodeterminación nos condenan a 100 años, habrá que volver a poner urnas para la autodeterminación”. El nada honorable president elevaba la apuesta indepe proponiendo a sus socios ni más ni menos que volver a votar sobre el “derecho a la autodeterminación”, y hacerlo antes de que acabe esta legislatura moribunda, es decir, ya mismo. La bancada de ERC no salía de su asombro.

La sesión había provocado honda preocupación en Moncloa. Miedo a que el loco de la colina lograra aprobar algún tipo de resolución que, en la línea descrita, supusiera llevar más allá el desafío al Estado, porque “en ese caso”, aseguran fuentes bien informadas, “Sánchez se hubiera visto obligado a tomar decisiones drásticas, desde luego la Ley de Seguridad Nacional e incluso a poner en marcha el artículo 155”. En previsión de que eso pudiera ocurrir, el presidente en funciones se había entrevistado durante la jornada del miércoles con los líderes de la oposición. Al final, resultó que Iceta tenía razón cuando el miércoles aseguraba a su amigo Pedro que ERC no secundaría ninguna nueva locura salida del magín del tándem Puigdemont-Torra. La sesión, en todo caso, vino a poner de manifiesto la absoluta soledad de un Torra a quien ni siquiera los comunistas de la CUP dan bola. Torra es hoy un cadáver que huele a kilómetros de distancia.

Un nuevo golpe en la sombra
Los planes del difunto pasaban, sin embargo, por validar el viernes en las arterias de Barcelona la resolución que pensaba hacer aprobar el jueves en el Parlament, para pasar a la historia como el hombre que hizo posible el milagro. Hacer realidad la República por la presión de las turbas en la calle. Elias Canetti y su “Masa y poder”. El viernes, en efecto, era el día marcado para el ahora o nunca. Pero las “marchas sobre Roma” de los habitantes de Tractoria apenas lograron reunir a 500.000 personas, si hemos de fiarnos de la Guardia Urbana de la señora Colau, otra amiga de la felicidad de los españoles. En su canto del cisne, el separatismo consiguió reunir a menos gente que en la última Diada y aproximadamente a la cuarta parte de la que sacó a la calle en la de 2014. El Movimiento Nacional está muy malito, a expensas de sus fieles en la Tractoria interior, de los pijoprogres de la burguesía idiota, good for nothings ansiosos de aventuras a la luz de una hoguera, y de los miles de topos de la izquierda radical y antisistema que crecen como hongos allí donde el Estado de Derecho renuncia a defenderse.

Y Pedro respiró aliviado. A Sánchez, como antaño a ZP, no le viene mal un poco de tensión, pero necesita tiempo para tomar alguna medida radical, electoralmente explotable, cuando nos hallemos a una semana de la cita electoral del 10 de Noviembre. Sin olvidar, además, el cadáver de Franco cual comodín a utilizar cuando más le convenga. Pero ahora es muy pronto, opina Iván Redondo. Correría demasiados riesgos de aquí al 10-N. Todo en clave electoral. Todo calculado para el encontronazo con las urnas. Y, mientras tanto, arde Barcelona, porque al señorito no le viene bien suspender ahora la Autonomía o incluso desplegar al Ejército, como hizo Macron con sus chalecos amarillos, o como en Santiago de Chile acaba de hacer el presidente Piñera tras decretar el estado de emergencia. España, en el punto más bajo en una larga historia de siglos. Si creíamos que con Mariano Rajoy lo habíamos visto todo en cuanto a degradación de nuestra democracia se refiere, hete aquí que no, que todo lo que es susceptible de empeorar empeora. Como dicen en Cuba, “lo bueno que tiene esto es lo malo que se está poniendo”.

Hay quien opina que hay que dejar que la “revolución” haga su trabajo, que los malos armen follón, levanten barricadas, quemen contenedores y arda algún que otro coche. Dejar incluso que las llamas lleguen a las ventanas de algunos pisos de la parte alta, que invadan los jardines de las masías donde pasa los fines de semana esa estúpida burguesía que a partir de 2012 compró la mercancía que mosén Pujol lleva predicando desde los noventa (Horizonte 2000), para que se acojonen de verdad. Esa burguesía cobarde y pelotuda se lo tiene que hacer en los pantalones para que, como tantas veces a lo largo de la historia, como ocurrió con Cambó, levante las manos asustada al ver la dimensión del destrozo, al ver en peligro sus haciendas, y acuda rauda a pedir socorro. Les falta cuarto de hora para que empiecen a gimotear. Están ya muy acojonados, porque el juego/fuego de unos pocos ha escapado a su control. El monstruo que han construido con la inestimable ayuda de los Gobiernos de Madrid y su criminal mirar hacia otro lado, ¡ay Mariano!, ¡ay Mariano!, se les ha ido de las manos.

La lógica apunta a que, tras la apoteosis del fin de semana, empiece a bajar la marea. Al descenso de la tensión en la calle sucederá, casi inevitablemente, el estallido de las contradicciones que anidan en el bloque independentista y en el propio Govern, lo que conducirá, más pronto que tarde, a elecciones autonómicas. En el independentismo se está dirimiendo una guerra sorda por ver quién se hace con el control de la situación tras la sentencia condenatoria, quien limpia la playa de los restos de este naufragio de dimensiones ciclópeas. La pelea enfrenta a los restos de Convergencia (Pujol-Mas-Puigdemont-Torra) con el trío formado por ERC-PSC-PSOE. Se enfrenta la mafia que ha gobernado en Cataluña los últimos 40 años, podrida hasta la raíz, con los herederos del desastroso tripartito de Pasqual Maragall. Es obvio que el Partido Sanchista Obrero Español ha llegado a algún tipo de acuerdo bajo la mesa con ERC, con Iceta de sumo sacerdote, aunque no faltan en las filas del viejo PSOE quienes sostienen que un pacto con ERC sería letal para el socialismo. De momento, la simbiosis ERC-PSC es más que evidente en cerca de 50 Ayuntamientos, además de en la Diputación de Barcelona. Una batalla que se libra en la sombra y sin que se note mucho.

Un pez fuera del agua
¿Quién será el Urkullu catalán? ¿Quién, el hombre encargado de enterrar los restos de esa aventura enloquecida que fue el procés, para restaurar, o al menos intentarlo, la convivencia entre catalanes? Sabemos, de momento, quien no lo será en modo alguno. En una de esas “marchas sobre Roma” que esta semana se han podido ver desfilando desde la agreste Tractoria, se pudo ver caminando a la derecha de Torra -la bandera negra de los hermanos Badia y sus escamots en primera línea- a algo parecido al espíritu de Juan José Ibarretxe, el ex lendakari vasco protagonista de otra aventura equiparable en éxito a la de Torra. ¡Qué gran trío, Puigdemont, Torra e Ibarretxe, para la miseria, material y moral, de un pueblo! ¡Qué gran trío reducido hoy a cenizas! Hay quien apunta a Artur Mas para la tarea de pilotar la nave de un procés obligado a tomar tierra y admitir la realidad de su derrota. Sorprendente, si tenemos en cuenta que estamos ante uno de los grandes responsables del desaguisado, un tipo que decidió romper la baraja constitucional y echarse en brazos del procés tras dejarse convencer por dos “listos” de la talla de Francesc Homs y José Antich, ex director de La Vanguardia y ahora al frente de un libelo separatista. “Mas podría ser el hombre”, asegura un conocedor de la sentina catalana. “Él lo quiere hacer. Decir que nos hemos equivocado, y que hay que cambiar de rumbo renunciando a las acciones unilaterales, en línea con lo que está pidiendo hoy mucha gente de su entorno asustada por la deriva que han tomado las cosas, gente que bajo ningún concepto quiere ir a la cárcel”.

Sería, en todo caso, un hombre de transición, nunca ese Urkullu que en el País Vasco enterró el hacha (y la serpiente) para optar por un utilitario entendimiento con Madrid. Como escribía días atrás Ignacio Vidal-Folch, “Todo ha acabado mal, y ahora nos queda asistir al penúltimo coletazo del pez fuera del agua del autollamado soberanismo”. El coletazo de los veinteañeros culpables de jugar a la revolución facilona ante unas fuerzas del orden con una mano atada a la espalda, menos culpables, en cualquier caso, que sus padres, esa generación que consintió ser conducida como un rebaño al aprisco del adoctrinamiento soberanista por cuatro caraduras, por esa burguesía kosovar que solo pretendía ponerse a salvo de la acción de unos jueces honestos dispuestos a ponerles entre rejas tras habérselo llevado crudo durante décadas. “El odio que hoy fomentamos sirve para cubrir los negocios de ayer y los intereses de mañana” (un Pujol que, por cierto, sigue en su casa). Culpable esa generación de Rufianes que se puso a la cabeza de la manifa para vencer su complejo de inferioridad y que ha engendrado unos nietos que ya no se reconocen en los abuelos de Jaén ni en sus apellidos castellanos.

Hoy el monstruo ha roto las rejas y ha salido a la calle dispuesto a quemar el colmado. El espectáculo dantesco de llamas y cascotes tiene acongojados a los cerebros de la Dinamarca del Sur. Acollonados y a punto de pedir árnica. Sánchez ha dicho que “el Estado dispone de todos los mecanismos para garantizar la legalidad democrática y la convivencia en Cataluña”. Dispone de todo eso y más, sí, pero no lo utiliza porque ahora mismo no le conviene. Ayer sábado, los CDR levantaron el cierre del paso fronterizo de La Junquera tras más de 24 horas de bloqueo. Eran apenas cuatro gatos. El señor Sánchez puede seguir tocándose los huevos en Moncloa.

Menos mal que no era rebelión
EDUARDO INDA okdiario 20 Octubre 2019

Por muy robot que uno sea, inteligente que parezca, precavido que ande o muy preparado que esté, es el factor humano el que cambia la historia de un hombre. O de un grupo de seres humanos. Eso es lo que, con la perspectiva que da el paso de los siete días transcurridos, cabe colegir que ha sucedido en la Sala Segunda del Supremo. La sentencia del 1-O parece destinada a contentar a todos, lo que toda la vida de Dios se ha dado en llamar decisión salomónica. En resumidas cuentas, una componenda que al final ha acabado cabreando a todo quisqui, a quienes estamos del lado de la legalidad y a los golpistas que querían un borrón y cuenta nueva desde el punto de vista sancionador.

El fallo, y nunca mejor dicho, de la Sala Segunda es de no creer. Sostener que lo ocurrido en octubre de 2017 no fue una rebelión sino “una ensoñación” roza por ser suaves la tomadura de pelo. Una ensoñación es, diccionario de la Real Academia en mano, “la acción y efecto de ensoñar”. ¿Y qué es ensoñar? Pues tomando de nuevo la biblia de la gramática española, “tener ensueños”. ¿Y qué diantres es un “ensueño”, se preguntarán con más razón que un santo? Pues ni más ni menos que un “sueño o representación fantástica de quien duerme” o “una ilusión o fantasía”.

La abracadabrante sentencia puntualiza que “no existió un peligro real de secesión” sino “una ensoñación”. Apostillan que los actos protagonizados por los barandas independentistas en esas semanas en las que España vivió peligrosamente no fueron más que “un artificio engañoso para movilizar a unos ciudadanos que creyeron estar asistiendo al acto histórico de la fundación de la república catalana”. Vamos, que la aprobación de las leyes de desconexión en el Parlament, el referéndum ilegal del 1-O, los más de 300 actos violentos certificados por la Guardia Civil y la declaración de independencia fueron una broma. Una patochada. Un chiste. Una gracieta.

Esta interpretación constituye un insulto a la inteligencia. Ahora resulta que el Supremo interpreta no los hechos sino la conciencia de los reos. Delirante. Por cierto: debió de ser también un sueño que tuve yo, una pesadilla de una noche de otoño, el cerco a la Conselleria de Hacienda del 20 de septiembre de 2017 cuando miles de personas a las órdenes de los fascistoides Jordis secuestraron literalmente a la comitiva que por orden del titular del Juzgado de Instrucción 13 de Barcelona registraba las dependencias de la Generalitat. La comitiva liderada por la secretaria judicial entró a las 8 de la mañana y permaneció retenida contra su voluntad 16 horas. Al final, se libraron de males mayores huyendo por la azotea, saltando al edificio contiguo que alberga el teatro Coliseum.

Pero no quedó ahí la ensoñación. Las hordas a las órdenes de los Jordis destrozaron tres vehículos de la Guardia Civil, que quedaron para los restos, y en su orgía de violencia sustrajeron varios fusiles que había en el interior. Pues bien, ni ésta ni las otras 300 actuaciones violentas acreditadas por el benemérito cuerpo son suficientes para tildar lo ocurrido de rebelión. El Código Penal prescribe que son reos de este delito “los que se alcen violenta y públicamente para derogar, suspender o modificar total o parcialmente la Constitución, destituir o despojar de sus facultades al Rey y declarar la independencia de una parte del territorio nacional”.

Si en octubre de 2017 los secesionistas no se alzaron violenta y públicamente para derogar la Constitución, mandar al Rey a paseo en Cataluña y declarar la independencia que venga Dios (o el diablo) y lo vea. La aprobación de las leyes de desconexión suponía tácitamente la anulación de la Carta Magna y la destitución de facto de Don Felipe como monarca constitucional en Cataluña. Y la declaración de independencia aprobada el 27 de octubre tampoco me la invento yo. Existió. Vaya si existió. En fin, que se dan todos los requisitos para calificar los hechos de rebelión, mejor dicho, de rebelión como la copa de un pino.

Como no podía ser de otra manera, el cabreo de los cuatro fiscales asignados al caso (Javier Zaragoza, Consuelo Madrigal, Fidel Cadena y Jaime Moreno) y el magistrado instructor, Pablo Llarena, es sideral. Normal. Hay que recordar que, para más inri, la fiscal general en un gesto que le honra dejó hacer y no puso un solo reparo a la calificación de los sucesos como rebelión. Tampoco podemos ni debemos olvidar que el gran Pablo Llarena concertó cada paso que dio con el presidente de la Sala Segunda, Manuel Marchena. A todo esto se le llama en mi pueblo dejarte tirado.

Por no hablar del putsch de una jefatura de la Abogacía del Estado que se fumigó al jefe de lo Penal, Edmundo Bal, por negarse en redondo a decir “sedición” donde siempre había escrito una sola palabra: “rebelión”. Le sustituyeron por la obediente Rosa María Seoane, que optó por ese “sí, bwana” que tan rentable resulta en este país todavía llamado España. Lo más mosqueante de todo es que la sentencia es en el fondo, y no precisamente por su pericia ni tampoco por su brillantez, una victoria involuntaria de esta abogada del Estado madrileña antaño persona de confianza del marianismo y del cifuentismo en la Comunidad de Madrid, ahora fiel escudera del sanchismo gobernante. En fin, esas cosas que le pasan al PP.

Con todo, lo más mosqueante es que las penas establecidas, que van desde el gratis total a Santi Vila, Carles Mundó y Meritxell Borràs hasta los 13 años de Junqueras, coinciden casi milimétricamente con los planteamientos de la Abogacía del Estado. Con los planteamientos de Pedro Sánchez, para que me entienda todo el mundo. Para que no dé el cante, han optado por meter un año más o un año menos de lo que solicitaba la Abogacía a la mayor parte de los encausados. Con alguno ha habido coincidencia matemática. Blanco y en botella. Sea como fuere, lo cierto que el gran triunfador es un Pedro Sánchez que contempla cómo el Supremo ha seguido consciente o inconscientemente sus dictados.

El Alto Tribunal, instituido por La Pepa en 1812, perdió el prestigio acumulado durante 207 años en menos de 48 horas. Las que discurrieron entre la publicación de la sentencia y los salvajes incidentes que pusieron patas arriba una ciudad, Barcelona, cuyas escenas se asemejan más a Bagdad que al cosmopolitismo de ese 1992 que la puso en el mapa con mayúsculas. Las escenas de guerra que se viven en la Ciudad Condal dejan en ridículo una sentencia con tufo politiquil y seguramente no porque haya habido interferencias directas de Moncloa.

¿La violencia de estos días es ya suficiente para catalogar los hechos de rebelión? ¿La invitación de Torra a la ciudadanía a “expresar su rabia” por el veredicto no es motivo más que suficiente para entender que es él quien está detrás de los violentísimos CDR entre los cuales, por cierto, hay varios familiares suyos? Sardá lo pudo decir más alto pero no más claro ayer en El Periódico: “Torra es el infiltrado”. ¿Las reuniones y las promesas del president a dos de los CDR detenidos por terrorismo eran también una “ensoñación”? Esto, señorías del Supremo, es un golpe de Estado perfectamente organizado. Es más, si hay malversación, como ustedes mantienen, eso significa que no estamos hablando del Ejército de Pancho Villa precisamente.

El servicio ha sido lo que en otros menesteres se denomina “un completo”. El Gobierno jura y perjura que no habrá indultos. Ni falta que hace, puntualizo yo. Porque la negativa de la Sala Segunda a aplicar el artículo 36 del Código Penal implica que los condenados podrán acogerse al tercer grado cuando lo estime Prisiones de la Generalitat. Dudo muy mucho que se coman el turrón en la cárcel. Será el siguiente escarnio de un Estado estúpido, el español. Un Estado que ha jugado demasiado a la ruleta rusa, un Estado que el lunes pasado apretó por sexta vez el gatillo del revólver reventándose los pocos sesos que le quedaban. Ni siquiera el gran Marchena, que apostaba por esa fórmula intermedia que es la conspiración para la rebelión, ha podido parar este suicidio.

Sánchez debe romper todos sus lazos con el separatismo
Editorial El Mundo 20 Octubre 2019

Pasan los días y cada tarde los violentos siguen ocupando e incendiando las calles de Barcelona y de las principales ciudades de Cataluña. Son las consecuencias de la incapacidad de Pedro Sánchez y del Gobierno socialista para gestionar una de las crisis de orden público e insubordinación institucional y política más graves de la reciente historia de España. Pero su «moderación», que no es más que la inacción generada por su incompetencia, está provocando, además, efectos perversos que dificultarán una pronta salida de la situación y el restablecimiento de la ley, el orden y la normalidad social y económica.

En lugar de "calmar los ánimos", Sánchez ha logrado sellar las fisuras que se habían abierto en el frente separatista, como demuestra la rueda de prensa conjunta de ayer entre Quim Torra y Pere Aragonés. Ambos aparcaron sus diferencias -centradas sobre todo en la firme y contundente repuesta de los Mossos a las agresivas acciones vandálicas- y escenificaron su unión culpando de los sucesos exclusivamente al Gobierno y a la actuación de la Policía Nacional. Sin un ápice de autocrítica y evitando condenar en todo momento la violencia, Torra apeló a la "responsabilidad", pero intentó sacar rédito del caos y el desorden que están imponiendo la acciones de guerrilla callejera para exigir "diálogo" y forzar una reunión con Pedro Sánchez. Por su parte, el vicepresidente de la Generalitat pretendió justificar las acciones de los radicales en la "frustración" de la población catalana por la sentencia del Tribunal Supremo. Es intolerable que el independentismo se niegue a condenar explícitamente la violencia callejera y siga sin reconocer ni dar validez a las sentencias de los tribunales de Justicia. Nadie en un Estado de derecho puede deslegitimar a quienes son los garantes del respeto al ordenamiento constitucional.

Pero la inacción de Sánchez está pasando factura también a los constitucionalistas. Tanto PP como Ciudadanos han pedido al presidente del Gobierno que el PSC rompa con sus socios independentistas de ERC y JxCat en las instituciones catalanas ante la deriva intransigente del Govern. Con razón, Pablo Casado exigió a Sánchez repuestas inmediatas para que la ley y el orden vuelvan a imperar en Cataluña si quiere seguir contando con su apoyo. En la misma línea, Albert Rivera le pidió la aplicación del artículo 155 y la destitución de Torra de la presidencia de la Generalitat. Los dos líderes del centro derecha se han mostrado dispuestos a colaborar en un frente constitucionalista como única vía de hacer frente de manera efectiva al separatismo.

Es cierto, como dijo el ministro del Interior, que en muchos países de Europa se dan ejemplos de violencia callejera que son contenidos por las fuerzas del orden. Pero en España la situación se ve agravada por la deslealtad institucional de un Gobierno autonómico. Y eso requiere una respuesta coordinada y firme que vaya más allá de la acción policial.

El cante supremo del juez Marchena
FRANCISCO ROSELL El Mundo 20 Octubre 2019

Entrado marzo, con el primero de los cuatro meses del juicio sobre el intento de golpe de Estado en Cataluña ya oficiado, todo apuntaba a que el presidente de la Sala II del Tribunal Supremo, Manuel Marchena, era el gran adalid de refrendar la calificación delictiva provisional que había efectuado el juez instructor, Pablo Llarena: delito de rebelión por alteración del orden constitucional, que no sedición por quebrantamiento del orden público. Todo lo contrario de lo que, a la postre, ha sucedido en un jalón más de esa feria de las unanimidades -trasunto de La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe donde describe el "banco de favores" que hacía operar la Justicia americana- en que se ha sumergido el más Alto Tribunal en lo que toca a fallos comprometidos y comprometedores. Así, cuando se les interpele, podrán gritar que, como en Fuenteovejuna, han hecho Justicia todos a una y diluir de este modo cualquier responsabilidad individual.

La valoración de Llarena, para quien el proceso secesionista es un movimiento en marcha, había sido revalidada unánimemente por otros tres magistrados supremos, así como por la Fiscalía General y la Abogacía del Estado, y el presidente de la Sala II y ponente daba pábulo a esa creencia. Pese a esa extendida sensación, que Marchena parecía avalar con su manejo de la batuta en el juicio, tras un dubitativo estreno, había quien dentro de la Sala, de gran fuste y experiencia, no lo tenía tan claro. Al contrario, se maliciaba que jugaba con doble baraja, y así lo percibía haciendo partícipes a quienes le acompañaban en un almuerzo marceño entre sesión y sesión.

Empero, era tal el magnetismo de Marchena que no era difícil albergar alguna duda sobre si el ilustre comensal podía estar desfogando cierta rivalidad -tan frecuente entre ropones- con relación a quien compartía apellido con el gran cantaor flamenco Pepe Marchena, cuya voz dulce, de canario, fue recibida como un reparador bálsamo en la España malherida de la postguerra. "Tenía una fábrica de caramelos de malvavisco en su garganta", enfatizaba Juanito Valderrama, si bien algunos colegas no le perdonaban su éxito contraponiendo a su meloso cante su petulancia. Baste resaltar como anécdota el día en que el maestro aceptó verse con un joven aficionado -luego gran flamencólogo y crítico, Manuel Martín Martín- al que citó a las diez de la mañana demorando su llegada hasta el mediodía. Momento en el que se presentó con un impecable terno verde macareno -como el manto de la virgen sevillana-, sombrero de igual color, disculpándose de esta guisa: "Chiquillo, ¿acaso no sabes el tiempo que cuesta vestirse de Marchena?".

Evocando aquellas confidencias alrededor de una mesa, no cabe duda de que el juez Marchena maniobraba para que esta vez -como gato escaldado- no le ocurriera lo mismo que cuando PSOE y PP apalabraron su frustrada designación como presidente del Consejo del Poder Judicial y del Supremo, y hubo de renunciar al destaparse aquel gatuperio entre Pedro Sánchez y Pablo Casado, a raíz de una filtración periodística de la ministra Delgado. Poniéndose la venda antes de la herida, Marchena deslizaba que su predisposición era la de una condena por rebelión, pero que ésta se revelaba imposible dado que la Fiscalía, en sus conclusiones finales, seguiría el camino de rectificación de la Abogacía del Estado, una vez destituido Edmundo Bal por un Gobierno sostenido por los votos secesionistas.

Esa sombra de sospecha era especialmente dañina para la credibilidad de unos fiscales que se habían batido el cobre secundando la impronta de su máximo responsable, el malogrado José Manuel Maza, al que se le fue la vida en el empeño. De hecho, tras su inesperada muerte en una clínica bonaerense, los cuatro fiscales de Sala le aguantaron el pulso a su sucesor Sánchez Melgar, quien, por su cuenta y riesgo, solicitó la libertad provisional para el ex consejero del Interior catalán Forn en base a una enfermedad que no le constaba ni a su abogado.

Con ese estreno de aúpa, reaparecía el fantasma del sometimiento del Ministerio Público a las conveniencias del Gobierno. De hecho, sonaba a película ya vista con los etarras De Juana Chaos y Bolinaga, excarcelados a cuenta de su estado de salud. No obstante, el designio torticero del fiscal general de liberar a Forn quedó en agua de borrajas al sufrir el revolcón de la Sala de Apelación del Tribunal Supremo. Melgar quedó como La Chata por dar gusto a Rajoy que, ciego como gato recién parido, quiso forzar la mano como en el póker en esa política de apaciguamiento del nacionalismo que no conoce raya divisoria entre partidos.

Luego, ya con Sánchez en La Moncloa, se registraría una nueva tentativa con la nueva fiscal del Estado, María José Segarra, quien llegaba de Sevilla precedida de sus buenos servicios al PSOE en el sobreseimiento de la corrupción. Segarra se dio de bruces con el roquedal del cuarteto de fiscales. Ello obligó a una contrariada ministra Delgado a destituir por las bravas al abogado del Estado. No en vano, si la rebaja de calificación de rebelión a sedición no era solicitada por nadie, era muy complicado que el Alto Tribunal pudiera hacerlo. De hecho, esa había sido una pertinaz reclamación de los socios separatistas de Sánchez.

Por eso, la teatralidad de Marchena buscaba quedar bien a costa de una Fiscalía que se había dejado los dientes refrendando la infatigable labor del instructor Llarena, quien procesó por rebelión a los 13 cabecillas de la sublevación. Atendiendo a la resolución final del Tribunal Supremo, la conducta de Marchena refresca un delicioso percance de Caracol El del Bulto, padre de Manolo Caracol y mozo de estoques de Joselito El Gallo. Al apearse del tren en la estación de Atocha, a donde llegó con un gran retraso procedente de Sevilla, la locomotora del Expreso pegó un rebufo de vapor que le empapó entero. Repuesto del susto, El del bulto recompuso la figura, se encaró con la máquina y desfogó su enojo: "Ese roneo, cojones, en Despeñaperros".

Análogamente, muchos lamentan que el roneo de Marchena durante el juicio no lo haya trasladado mejor a la sentencia, en vez de adornarse en las sesiones. Sin embargo, primero se trató de amparar en el Ministerio Público y luego, en vista de su firmeza, se lavó las manos escudándose en la unanimidad para ofrecer la sentencia que apetecía al Gobierno incluido el portillo de la traición de que no se les exija a los rebeldes el cumplimiento de la mitad, al menos, de la condena como exigía la Fiscalía. Gozando de mayoría absoluta o disponiendo de minoría absoluta, con personajes como Pascual Sala o Cándido Conde-Pumpido de arietes, el PSOE lleva imponiendo su jurisprudencia partidista desde que, por medio de la ley Orgánica del Poder Judicial de 1985, declarada "aconstitucional" por el Tribunal Constitucional, Alfonso Guerra decretara la muerte de Montesquieu y de la separación de poderes.

Clama al cielo que los unánimes magistrados de la sentencia del 1-O, como el caballo del picador que se tapa los ojos para no ver el morlaco, tilden de mera "ensoñación" un golpe contra la legalidad constitucional que vio toda España y que obligó al Rey don Felipe a requerir públicamente la intervención de las instituciones del Estado para hacer frente a la proclamación de la independencia de Cataluña. Como hizo su padre cuando la asonada de Tejero para derrocar a un Suárez que se anticipó a dimitir para que la democracia restaurada no fuera un paréntesis en la historia de España. ¿Alguien imagina el escándalo que se hubiera registrado si el tribunal militar que juzgó a los golpistas del 23-F hubiera resuelto que todo había sido la ensoñación de un teniente coronel tronado y que lo carros de combate que Milans del Bosch sacó a las calles de Valencia fueron un movimiento meramente aparencial destinado sólo a presionar al Gobierno para que negociara? No sólo no fue así, sino que el presidente Calvo-Sotelo recurrió la sentencia para que, en el ámbito del Tribunal Supremo, la pena fuera la máxima que contemplaban los códigos.

Cuando el genio de Rafa Latorre tituló su libro sobre el procés Habrá que jurar que todo esto ocurrió, nadie pudo columbrar que lo sería por medio de una sentencia del Tribunal Supremo que emite su particular damnatio memoriae para dar por no acontecidos hechos que han tenido lugar. Si en la instrucción, jueces y fiscales evitaron que el Estado de derecho se rindiera "a la determinación violenta de una parte de la población catalana", la Sala II ha coadyuvado al propósito del Gobierno y de sus socios parlamentarios de que se zanje la cuestión con un armisticio que haga que el episodio golpista se tenga por no ocurrido.

Con relación al fallo del Tribunal Supremo, y dada la artificiosidad de sus argumentos para eludir una condena por rebelión, su prosa a varias manos parece recrear la escena de Los intereses creados, de Jacinto Benavente, cuando Crispín arranca del juez la libertad de su amo bailando el orden de las comas en el escrito de condena: "Ved aquí: donde dice... 'Y resultando que no, debe condenársele', fuera la coma, y dice: 'Y resultando que no debe condenársele...'". Ello hace proclamar a Crispín: "¡Oh, admirable coma! ¡Maravillosa coma! ¡Genio de la Justicia!". Todo aquel arte de birlibirloque le lleva a concluir cínicamente: "Mejor que crear afectos es crear intereses". Por eso, una cosa es acatar la sentencia, y otra bien distinta es comulgar con las ruedas de molino de una condena por sedición bajo el trágala de que ello facilita su ratificación posterior por el Constitucional y por Estrasburgo, pero que supone un acicate para los juzgados y quienes los secundan. Si un Estado no respeta sus propias leyes, no pretenderá que otros lo hagan por él.

En el desenlace de la sentencia del 1-O, cobra actualidad necesariamente el breve diálogo de mayo entre Sánchez y Junqueras, con ocasión de la constitución de las nuevas Cortes. Cuando el líder de ERC le decía "tenemos que hablar" y el presidente en funciones le respondía: "No te preocupes". Si Rajoy, confundiendo la realidad con el deseo, se creyó la supuesta moderación de Junqueras frente a Puigdemont, pero cuando éste quiso frenar la declaración de independencia y convocar elecciones para evitar el artículo 155, fue empujado por ERC acusándole de haberse vendido por "155 monedas de plata", que dijo Rufián, ahora el PSOE transita por esa misma senda errada para reconducir la crisis catalana.

Ello atenaza a Sánchez a la hora de resolver cómo sofocar una insurrección en marcha que consume la independencia en la calle. El eterno candidato Sánchez sólo aplicará la ley cuando le rente electoralmente. Como el socialdemócrata Schröder, que ganó las elecciones alemanas que tenía perdidas en 2002 calzándose las botas de agua en las graves inundaciones de Sajonia para luego formar gobierno con los Verdes. De la misma manera, Sánchez puede apretar, llegado el caso, la mandíbula con el independentismo antes del 10-N, si sigue precipitándose en las encuestas, para después relajarla e ir sonriente a su encuentro. Como Iceta, oponiéndose a una moción de censura contra Torra, y a la semana siguiente pidiendo su urgente dimisión.

Rememorando las Lecciones de febrero, Solzhenitsyn se preguntaba cómo llegó a producirse la revolución rusa de 1917 cuando los insurrectos no estaban preparados para ella y concluía que la razón principal estribó en la inoperancia de un gobierno que "esperaba siempre que todo se arreglara solo" haciendo que el régimen zarista cayera en días. Tampoco aquí la actitud contemplativa del Gobierno va a servir para reponer la ley y el orden como salvaguarda de los ciudadanos. El Estado parece haber olvidado su propia fuerza como el elefante de Kipling a base de no ejercerla. Ello da alas a un independentismo que sólo puede ganar frente a quienes declinan de su deber.

Entre el 155 que se podía asumir por todos los partidos constitucionalistas y la sentencia que se podía firmar por todos los jueces supremos, el independentismo ceba la bomba del victimismo, engorda a ojos vista, se garantiza su impunidad y acelera la marcha para que el procés sea irreversible ante un Estado que se suicida tratando de apaciguar al tigre que lo ha de devorar con la resignación, pero sin sus ganas de luchar, de los cristianos arrojados a la arena del circo romano para satisfacción de la plebe y orgullo de su César. Las prematuras muertes del fiscal Maza y del juez barcelonés Ramírez Sunyer que emprendió las pesquisas sobre el 1-O han librado a ambos de la penalidad de conocer la sentencia de un Tribunal Supremo que, como colofón de una politización extrema de la Justicia, se ha vendado ambos ojos y ciega del todo se deja conducir por el lazarillo del poder político. Pena Suprema.

Violencia para la independencia
 larazon  20 Octubre 2019

Después de varias jornadas de violencia salvaje, es un hecho que derechos y libertades de los ciudadanos han sido subvertidos de facto en Cataluña. Las personas no pueden moverse por el territorio a su conveniencia, ni siquiera pasear o disfrutar de la presunta seguridad que el Estado les garantiza. Se les está fallando como si no vivieran en una de las 19 democracias plenas del mundo. No se puede, por tanto, relativizar ni mucho menos mentir con descaro a la gente que tiene sus calles en llamas y sus infraestructuras de comunicaciones violentadas por los una banda de facinerosos. Hay un escenario de enorme gravedad, probablemente el peor de la historia de la España democrática, y, por supuesto, existen responsables y culpables. En esta última categoría, hay una nómina extensa de políticos separatistas, que encabezan Torra y Puigdemont, al que se siguen todos esos corifeos que son copartícipes cuando no muñidores del desastre.

Porque es una evidencia para quien no se quiera engañar que esta Rosa de Fuego que sufren los ciudadanos de Cataluña, y especialmente de Barcelona, no es una casualidad coyuntural ni el fruto de una movilización espontánea de unos cientos de adolescentes descerebrados, sino de un plan. Sólo un gran ingenuo o un estúpido asumiría como cierta esa hipótesis, y no la verdad de una insurrección continuadora del golpe de 2017 por otros medios, en este caso la violencia extrema, la sangre y las brasas, para explotar la supuesta debilidad de un gobierno desnortado y de un Estado desguarnecido y desactivado. A lo que asistimos en las localidades catalanas es a un manifestación sediciosa o rebelde orquestada por la Generalitat y todos los ingentes medios de los que dispone tanto materiales como económicos, y es por eso que el único mensaje que sale de Torra y sus conmilitones supremacistas es que Pedro Sánchez debe sentarse a negociar ya la autodeterminación y la amnistía porque llegarán «tan lejos como el pueblo de Cataluña quiera llegar».

Si lo de 2017 fue un acto de fuerza para burlar la legalidad, lo de hoy es una insurrección violenta para abrasarla. Es un procés revolucionario cuyas víctimas más inmediatas son esa mayoría de catalanes que no responde a las consignas de la secta facciosa estelada, pero también el resto de los españoles a los que se quiere privar de su país y sus derechos, entre ellos el ejercicio de su soberanía. Pere Aragonés, vicepresidente catalán y de ERC, aparenta ser la voz pragmática. Lo transmite así en una entrevista con LA RAZÓN. Pero sólo será creíble cuando rompa con Torra. Además de culpables, hay responsables. Son los que, como el Gobierno y su presidente, responden con maniobras tacticistas con la mente puesta en las elecciones y quieren convencer a la ciudadanía de que Cataluña está tranquila y que sólo hay brotes localizados. Se escudan en la retórica de la proporcionalidad, tal vez porque no quieran echar más leña al fuego sin reparar en que las llamas ya lo devoran todo a su paso y en que puede que luego sólo tengamos que recoger cenizas. La izquierda extrema y el resto de los nacionalistas han reafirmado su carácter de enorme deslealtad al interés general de los españoles.

Buscan pescar en río revuelto y dinamitar de una vez el régimen del 78. Ante todo ello, y pese al instante crítico que atravesamos, con un adversario convertido en enemigo, el Estado tiene instrumentos contundentes y de una naturaleza democrática indiscutible. La Constitución, esa que ahora pretenden fulminar, dotó a los poderes públicos de herramientas para responder a los desafíos más críticos. Todas deben ser contempladas para restaurar el orden perdido y el imperio de la Ley contra los totalitarios que amenazan nuestras libertades. El 155 parece ser ya pasado, pues el tiempo corre. Es una exigencia deponer a Torra y a una administración separatista convertida en un peligro para los catalanes. El Gobierno tiene que dejar de pensar en las urnas y hacerlo en las personas y la nación. Estamos a tiempo. España y su democracia deben prevalecer.

La insurrección en marcha: asistimos a un proceso revolucionario
Julio Valdeón. larazon 20 Octubre 2019

No lo duden. Asistimos a un proceso revolucionario. Una política golpista de largo aliento. Coordinada desde arriba. Que pretende alcanzar por la vía de los hechos sus objetivos políticos. Mejor todavía si consigue poner algún muerto frente a las cámaras, si sugestiona a la opinión pública mundial de que un país de la UE, perfectamente democrático, es en realidad un gigantesco artificio en cartón piedra que disimula un Francoland temático que viene de Felipe II y alcanza hasta el final de los tiempos anunciados por Greta. Los gobernantes locales, algunos de ellos investigados por su posible vinculación con Tsunami Democràtic, el movimiento insurreccional que quiere hace pasar por hongkonesa una sublevación profundamente reaccionaria, juegan al doble pasatiempo de reprimir lo que alientan y alentar lo que apenas reprimen. El señor Torra plantado en mitad de la autopista, rodeado de piquetes, o sus consejeros frente a las alcachofas, con cara de besugos y discursos impresentables, no están locos, en absoluto, pero sí de parranda. De fiestón antidemocrático y comparsa fascista. Y los de abajo, los CDRs, los moteros salvajes, los gamberros brutales, y por supuesto los cientos de miles de manifestantes que los blanquean, sirven de ariete. Unos escriben por Telegram y otros aprietan. Unos comprimen las cuadernas del Estado, coagulan las calles, axfisian la convivencia, y los otros, más hábiles, recogen los frutos podridos de la cosecha.

En estos días aciagos cunde el desánimo entre los agentes de la policía y la Guardia Civil, acosados en unas manifestaciones bestiales. La ciudadanía que todavía valora en algo sus derechos políticos tiembla desesperanzada. Y el gobierno, el gobierno central, el gobierno en funciones, desatiende sus obligaciones, convoca ruedas de prensa con mucho de performance y menciona el cambio climático al tiempo que Barcelona salta en pedazos. Sánchez y sus mariachis, cabezas de huevo, analistas, editorialistas, paniaguados y expertos en demoscopia varios escrutan los contenedores en llamas, los adoquines planeadores, los cascos agujereados por rodamientos y los escaparates reventados, degluten encuestas y malician que en unas semanas a lo peor necesitan los votos de una banda criminal pilotada por una impresentable amalgama de racistas y prófugos de la justicia.

Cuando alguien, desde Madrid, cuestiona si estamos ante el legítimo derecho a la protesta o si lo que sucede es que unos vándalos, infiltrados, ojo, infiltrados, sabotean la buena fe de unos patriotas, quizá exaltados pero en cualquier caso admirables, o al menos románticos, idealistas, engañados, venga, engañados por sus líderes, que son malísimos, cuando alguien va y suelta semejantes rebuznos, no lo duden: trabaja por acción u omisión, por cálculo, analfabetismo, cobardía, miseria o cinismo, junto a los enemigos de la libertad. Cuando un ministro como Fernando Grande Marlaska, fogueado en la lucha contra el terrorismo nacionalista vasco, distingue entre violentos y no violentos, cuando segrega el movimiento independentista entre sujetos homologables y no, entre aquellos a los que puedes invitar a cenar y luego sacar a pasear el perro y los que romperían la vajilla y acabarían por meterle fuego al chucho, incurre un atroz funambulismo político que beneficia a los promotores y estrategas de la insurrección.

Pocas cosas más tristes, e intelectualmente deshonestas, que la equidistante miseria de desglosar secesionistas entre sonrientes y barbáricos, pacíficos y vandálicos. No es posible distinguir un independentismo antisistema y otro sistémico. El independentismo es naturalmente enemigo del sistema, del ordenamiento jurídico vigente, de la Constitución y de la soberanía nacional. El independentismo trabaja para robar una parte del país, barajar nuevas fronteras, adherir a nuestra condición la de forasteros en nuestro propio país, colocar bajo la bota a la mitad de la población en Cataluña. Más allá del disfraz no encontrarán polis buenos y polis malos. La sinfonía independentista suena colorista a mediodía y licántropa al atardecer, en cuanto sale la luna y con ella los niños de las alpargatas resuelven que ha llegado el tiempo de descalabrar a un funcionario público. Entre los independentistas, a lo sumo, descubrirán patriotas. Falanges y más falanges de patriotas. Dos millones de ultras de la bandera. Dos millones de cruzados de la sangre, campeones de la mierda, la fe y el escudo. Conjurados todos para destruir el demos. Como explicaba en un tuit la Confederación Española de Policía (CEP) «las calles de Barcelona no las han tomado anarquistas radicales italianos o griegos. Basta de mentiras. Todos los detenidos esta semana son catalanes. Jóvenes indepes de aquí que buscan reventar la convivencia». En puridad, si atendemos a sus reivindicaciones y procedimientos, son lo mismo un nazi y un lazi. Y no, no me vengan ahora con la manida Reductio ad Hitlerum. Lazis y nazis, nazis y lazis, tanto monta, descreen de la democracia representativa, apuestan por los cauces tumultuarios y anhelan una Estado fundado en las malolientes y venenosas heces identitarias. Ambicionan reventar la soberanía popular para decidir por todos en nombre de sus exclusivos privilegios, de su cuna y su casta, su lengua, su folklore, sus delirios. Por no hablar de su inquietante amor por las virtudes purificadoras del fuego, su gusto por la épica, su pasión por las teas y hogueras, esas olimpiadas de innegable regusto norcoreano y esas marchas tan coordinadas y poéticas que habrían embelesado a una esteta como Leni Riefens-tahl. Dejo para el final, por contener las náuseas, la grotesca visión de los Comunes, que en un tuit para la historia universal de la infamia han declarado que «la brutalidad policial es la principal gasolina del conflicto que se vive en las calles de Barcelona. Las agresiones de la Policía Nacional y los Mossos contra manifestantes, vecinos y periodistas son intolerables. Exigimos responsabilidades políticas!». Es gracias a este tipo de gente, a su infinita comprensión, a su maligno postureo, a su lúgubre equidistancia, que el proceso revolucionario, el tsunami totalitario, aceptado como animal de compañía, carcome los pilares de una democracia amenazada por el fuego.

La Policía se harta de Sánchez
Carlos Dávila okdiario 20 Octubre 2019

Y le adjetiva de por lo menos conmilitón de los sediciosos. Lo último que filtran los allegados del ocupante ocasional de La Moncloa es que está esperando a que caiga la fruta madura, o sea Torra y el fugitivo de Waterloo. ¡Pero apañados están Sánchez, su gurucillo Redondo, que aún está convencido de que ha llegado al poder para salvar a España, y gentes como la inefable Calvo, que cuenta sus apariciones públicas por desmanes contra la política digna y contra la gramática del catón! Apañados. Recaigan en cómo son las cosas en el entorno del inerte presidente que el viernes, en vez de ocuparse en construir una estrategia fiable para intervenir el espacio territorial de los sediciosos, los fontaneros del todavía presidente tuvieron que centrarse en dos rumores tóxicos; uno, que el Gobierno mismamente iba a aplicar el artículo 112 de la Constitución para, con el auxilio de la Diputación Permanente del Congreso, decretar el estado de alarma en Cataluña. Otro, un bulo igualmente asombroso llegado precisamente del lugar de los hechos: que los violentos de Torra se disponían a tomar el Parlamento regional.

Lo curioso es que ambas especies eran tomadas como creíbles, entre otras cosas porque los Cuerpos de Seguridad del Estado ni siquiera se molestaban en desmentirlas. Es tal el grado de antipatía que profesan la Policía y la Guardia Civil a su jefe máximo, el extinto juez Marlaska, que únicamente, según testimonio de un dirigentes sindical, están dispuestos a luchar con todas sus fuerzas contra las algaradas asesinas, no a engordar la estrategia tancredista que, al mando de Sánchez, está realizando el Gobierno en funciones, más en funciones que nunca, de la Nación. Información directa.

La estrategia suicida de la que, día a día, se van conociendo más datos. Por ejemplo, éste: ¿Sabían que hace diez días el cocinero de ninguna estrella del Centro de Investigaciones Socialistas, antes Sociológicas, anunció ante quien quisiera escucharle que ya tenía efectuado el “trabajo de campo” de una monumental encuesta preelectoral y que, en consecuencia, antes de este fin de semana, daría a conocer los resultados de su espionaje? ¿Por qué no ha cumplido con su palabra? En el propio CIS, los pocos que quedan tras la “liquidación Tezanos”, no entienden la demora, pero deberían entenderla porque, como decía aquel Franco a punto de abandonar su tumba de siempre: “Las cosas o no se entienden o se entienden demasiado bien”. Porque, ¿será capaz de publicar Tezanos un sondeo en abierta contradicción con los privados?

Gentes cercanas a La Moncloa sugieren que este sociólogo de pacotilla es el culpable de la decisión más errónea, y mira que ha tomado muchas, articulada por Sánchez: la convocatoria de elecciones. Hay incluso quien afirma sin ambages, que Tezanos y el gurucillo de guardia, le han proporcionado a su preboste unos datos electorales manipulados. Esta no es una estimación del cronista, sino que pertenece a un reputado demóscopo que conoce muy bien cómo se las gastan los colaboradores de Sánchez ya citados. Son también (Marlaska, no se engañen, es un cero a la izquierda) los que han dibujado el futuro electoral del aún presidente sobre dos elementos; el primero, el cansancio, que en su opinión, ya está anidando sobre los cuerpos de los violentos de Torra; el segundo, la esperanza de que Esquerra Republicana de Cataluña desde la cárcel ordene la defenestración de Torra, el susodicho alterador del orden. Pero ninguna de estas dos posibilidades está ocurriendo: los mozalbetes violentos de Torra están dispuestos a seguir ocupando Barcelona de parte a parte hasta que se marchen los odiados policías y, por otro lado, Torra ni va a dimitir, ni va a facilitar sus sustitución. En la vida normal, lo peor que se gasta, lo más peligroso, es un tonto con iniciativa. Este es el caso.

Y mientras la revolución enciende la Ciudad Condal y Sánchez, estulto y rehén de sus agresores, se queda quieto a puerta gayola, la ciudadanía a la que el interfecto le exige que le “pida la intervención”, sigue difundiendo por sus redes compradas que no está haciendo otra cosa que la que hizo Macron con los lazos amarillos. Mentira; Macron sacó el Ejército a las calles. Este no lo hará y así se ha transformado en por los menos conmilitón de los armados sediciosos.

Sánchez, amnistía galopante
Primero comparó a Torra con Le Pen, luego aprovechó su apoyo y ahora no se le pone al teléfono
Luis Ventoso ABC 20 Octubre 2019

La memoria es una facultad muy puñetera. Si te molestas en utilizarla, se convierte en un tremendo detector de cantamañanas. Contemplando estos días con pesadumbre el estallido de violencia separatista me venía a la mente que durante más de cinco años el PSOE y la prensa buenista a su vera clamaban a diario por el diálogo con estos mismos sediciosos que hoy incendian Barcelona y cortan autopistas. El desnorte del buenismo llegaba al extremo de establecer un reparto de culpas equitativo entre Rajoy y los independentistas. Quien inflamaba el conflicto catalán era el carpetovetónico Mariano, con su rancio empecinamiento en no dialogar. «Diálogo» era la palabra balsámica, el gran abrelatas, y en cuanto Madrid se pusiese a ello «el suflé» bajaría. Todavía hoy, con 182 heridos y un policía nacional en la UCI, el ministro Ábalos, una persona cabal a la que pierden sus desbarres dialécticos, ha soltado en un mitin que «lo que está produciéndose en Cataluña es la consecuencia de una acción u omisión de la gestión de Mariano Rajoy». Los ingenuos pensábamos que este gravísimo desafío contra España lo había sembrado taimadamente Pujol, que luego lo agitó Artur Mas para distraer sobre sus recortes y que finalmente los iluminados Junqueras y Puigdemont proclamaron la República, creyéndose su propia propaganda y pensando que el Estado no haría nada. Pero no, la culpa fue del PP.

La memoria, ay, qué bicho retorcido. Recuerdo también que el 18 de mayo de 2018 Sánchez compareció en Mérida y puso a parir a Torra: «Es el Le Pen de la política española», señaló el líder del PSOE, que lo tachó de «xenófobo y racista». Pero el día 31 de aquel mismo mes, Sánchez lanzaba una moción de censura contra Rajoy contando con el apoyo imprescindible del partido de Torra, al que solo trece días antes consideraba un dirigente execrable, racista y xenófobo. En julio de 2018 la relación ya iba viento en popa. Sánchez, deshaciéndose en sonrisas, recibía en La Moncloa a un Torra engalanado con su lazo amarillo. Tan bien se entendieron que en diciembre, hace solo once meses, el presidente de España toleró una suerte de cumbre bilateral con el de Cataluña en el palacio barcelonés de Pedralbes. Torra, lacito en solapa, entregó a Sánchez un documento con 21 exigencias, entre ellas, la renuncia al 155 y a la vía judicial, el reconocimiento del «derecho de autodeterminación» y una mediación internacional. Sánchez se metió el papelito en el bolsillo, ocultándoselo a los españoles, y el Gobierno explicó que todo había ido muy bien y que se sembraban las bases para un fructífero diálogo con el president. Una maravilla.

Ayer, solo once meses después, Torra, el agitador de los CDR, telefoneó a La Moncloa. Sánchez, muy digno, no se puso, exigiéndole que antes condene la violencia. Eso hizo el Sánchez de este sábado. Pero hay muchos Sánchez. Tantos como hojas del calendario, porque a veces la amoralidad táctica es un modo de transitar por la vida.

Sánchez, amnistía galopante
Primero comparó a Torra con Le Pen, luego aprovechó su apoyo y ahora no se le pone al teléfono
Luis Ventoso ABC 20 Octubre 2019

La memoria es una facultad muy puñetera. Si te molestas en utilizarla, se convierte en un tremendo detector de cantamañanas. Contemplando estos días con pesadumbre el estallido de violencia separatista me venía a la mente que durante más de cinco años el PSOE y la prensa buenista a su vera clamaban a diario por el diálogo con estos mismos sediciosos que hoy incendian Barcelona y cortan autopistas. El desnorte del buenismo llegaba al extremo de establecer un reparto de culpas equitativo entre Rajoy y los independentistas. Quien inflamaba el conflicto catalán era el carpetovetónico Mariano, con su rancio empecinamiento en no dialogar. «Diálogo» era la palabra balsámica, el gran abrelatas, y en cuanto Madrid se pusiese a ello «el suflé» bajaría. Todavía hoy, con 182 heridos y un policía nacional en la UCI, el ministro Ábalos, una persona cabal a la que pierden sus desbarres dialécticos, ha soltado en un mitin que «lo que está produciéndose en Cataluña es la consecuencia de una acción u omisión de la gestión de Mariano Rajoy». Los ingenuos pensábamos que este gravísimo desafío contra España lo había sembrado taimadamente Pujol, que luego lo agitó Artur Mas para distraer sobre sus recortes y que finalmente los iluminados Junqueras y Puigdemont proclamaron la República, creyéndose su propia propaganda y pensando que el Estado no haría nada. Pero no, la culpa fue del PP.

La memoria, ay, qué bicho retorcido. Recuerdo también que el 18 de mayo de 2018 Sánchez compareció en Mérida y puso a parir a Torra: «Es el Le Pen de la política española», señaló el líder del PSOE, que lo tachó de «xenófobo y racista». Pero el día 31 de aquel mismo mes, Sánchez lanzaba una moción de censura contra Rajoy contando con el apoyo imprescindible del partido de Torra, al que solo trece días antes consideraba un dirigente execrable, racista y xenófobo. En julio de 2018 la relación ya iba viento en popa. Sánchez, deshaciéndose en sonrisas, recibía en La Moncloa a un Torra engalanado con su lazo amarillo. Tan bien se entendieron que en diciembre, hace solo once meses, el presidente de España toleró una suerte de cumbre bilateral con el de Cataluña en el palacio barcelonés de Pedralbes. Torra, lacito en solapa, entregó a Sánchez un documento con 21 exigencias, entre ellas, la renuncia al 155 y a la vía judicial, el reconocimiento del «derecho de autodeterminación» y una mediación internacional. Sánchez se metió el papelito en el bolsillo, ocultándoselo a los españoles, y el Gobierno explicó que todo había ido muy bien y que se sembraban las bases para un fructífero diálogo con el president. Una maravilla.

Ayer, solo once meses después, Torra, el agitador de los CDR, telefoneó a La Moncloa. Sánchez, muy digno, no se puso, exigiéndole que antes condene la violencia. Eso hizo el Sánchez de este sábado. Pero hay muchos Sánchez. Tantos como hojas del calendario, porque a veces la amoralidad táctica es un modo de transitar por la vida.

Después de la sentencia… la política
Mikel Buesa Libertad Digital 20 Octubre 2019

En un país como España, donde la primera regla de la corrección política obliga a hablar con suavidad a los nacionalistas, a nadie debiera extrañar que la sentencia del Tribunal Supremo que acabamos de conocer constituya todo un ejercicio de eso mismo. Parece lamentable que la más alta magistratura judicial se haya dejado llevar por la corriente dominante en nuestro sistema político —sosteniendo una tesis infumable acerca de la "ensoñación" de los artífices del procés y dejando, de paso, con el culo al aire al Rey Felipe, o negándose a asegurar un mínimo cumplimiento de las penas dictadas—, pero así ha sido. Los magistrados dicen que a ellos "no (les) incumbe ofrecer soluciones políticas a un problema de raíces históricas" como si ello significara algo —pues todos los problemas sociales y políticos se engarzan en la sucesión de acontecimientos que configura la historia— y como si ello justificara las consecuencias que su esponjosa argumentación tendrá, inevitablemente, sobre la persistencia de los actos delictivos contra el Estado que no han sabido ni querido calificar en toda su contundencia penal. Quim Torra —quizás el único político genuinamente fascista que se nos ha colado en la gobernación española después del franquismo— se lo ha dejado bien claro: "Lo volveremos a hacer —ha dicho tras homenajear a quien le precedió en tales pretensiones y fue primero encarcelado por la República, y más tarde fusilado por el Régimen de Franco—, nunca desistiremos en el ejercicio del derecho a la autodeterminación". Claro que no se necesitaba al actual president de la Generalitat para constatarlo, pues fueron los propios condenados ahora por el tribunal presidido por Manuel Marchena quienes, despreciando cualquier signo de arrepentimiento, lo dejaron meridiano durante el proceso.

Pero el daño ya está hecho y ahora lo que resta es todo lo demás. O sea, dar rienda suelta a la política para ver si, después de esta batalla, se pueden reconducir las cosas hacia el respeto a la Constitución o si, por el contrario, el proceso nos lleva a dinamitar ésta y a deshacer definitivamente la unidad de España, tan trabajosamente construida durante los cinco últimos siglos. Nadie crea que esto son exageradas palabras, pues como señaló hace unos años, en sus Reinos desaparecidos, el historiador británico Norman Davies, "la transitoriedad es uno de los rasgos fundamentales tanto de la condición humana como del orden político" y, por ello mismo, "todos los estados y naciones, por grandiosos que sean, florecen una estación y luego son sustituidos".

Ya sé que es a la política a lo que apelan los nacionalistas para defender su posición. Oriol Junqueras, ahora condenado como cabecilla de la sedición, lo señaló durante el juicio al ejercer su derecho a la última palabra: "la mejor solución para todos es devolver el asunto al terreno de la política, de donde nunca debió haber salido". Pero que admitamos esto en un sentido abstracto no significa que, en concreto, vayamos a aceptar que el único desenlace político de tan intrincado negocio sea el de otorgarles toda la ganancia a los seguidores del reo. No se me oculta que los nacionalistas pueden acabar saliendo victoriosos, sobre todo si la política se conduce con la torpeza que le imprimió Mariano Rajoy —otro de los convencidos de que hay que hablarles con delicadeza para que no se ofendan— bajo la funesta influencia de la que fuera su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría —para quien, en esto, la política no era otra cosa que los dictámenes y actuaciones del cuerpo de Abogados del Estado—. Pero hay otras vías que nunca han sido exploradas por el gobierno de la nación —preso seguramente de su propia necedad y de sus necesidades de votos en el Congreso de los Diputados, conducentes ambos a la ceguera— pero que han resultado exitosas en otros casos, como el canadiense, donde contaron con políticos no sólo dotados de inteligencia, sino de claridad. Me refiero a la idea, que expresó Stephane Dion, de poner a los nacionalistas frente al procedimiento democrático.

José María Ruiz Soroa escribió sobre ello hace ya cinco años en el libro colectivo La secesión de España, sugiriendo una regulación del asunto que lo tratara como "un supuesto procedimental previo a la puesta en marcha del proceso de reforma constitucional … para el caso particular … que afecte a la unidad nacional". En concreto, Ruiz Soroa proponía que una ley estableciera "los trámites previos necesarios para iniciar ese proceso de reforma" concretando aspectos como la iniciativa de las Asambleas legislativas de las Comunidades Autónomas, la tramitación por el Congreso, la constatación de una voluntad clara de secesión por parte de la población afectada, la fórmula para preguntar en un referéndum, la mayoría exigible a éste, la posibilidad de la existencia de mayorías territorialmente distintas, la vacatio ulterior a un eventual fracaso de los proponentes o la obligación de negociar la secesión en el caso contrario y la efectiva reforma constitucional que se derivaría del acuerdo en tal negociación, todo ello sujeto naturalmente a la letra de la Constitución, respetándose que, en todo caso, "sería el sujeto de la soberanía, es decir el pueblo español, el que dirigiría y controlaría en todo momento el proceso, y de su voluntad dependería la culminación del mismo". En esto consiste el procedimiento democrático; y para darle paso se requiere más claridad de ideas y mejor voluntad política que la que hasta ahora han mostrado nuestros gobernantes. La democracia y la soberanía no es una cuestión de sentimientos, sino de procedimientos. Exijámoslos a los nacionalistas, más allá de las heridas infringidas o simuladas, y a nosotros mismos con la inteligencia necesaria para mostrar que, incluso en Cataluña o en el País Vasco, son mayoría quienes desean permanecer dentro de la unidad de España, sabiendo que, sin embargo, el resultado de un proceso de esta naturaleza no está predeterminado.

Un gobierno pusilánime y electoralista permite el caos en Cataluña
“Nuestra cobardía y nuestra desidia tienen la culpa de que el mañana y el ayer sean iguales” Jorge Luis Borges
Miguel Massanet diariosigloxxi 20 Octubre 2019

Tuvimos que escuchar del ministro Marlasca palabras que intentaban tranquilizar a los españoles respeto a los preocupantes sucesos que se producían en Barcelona y tuvimos que aguantar que el mismo jefe del ejecutivo, el señor Pedro Sánchez, les quitara importancia a los evidentes trances de salvajismo que, las turbas de los CDR, estuvieron protagonizando en la ciudad de Barcelona. En ambos casos para pretender justificar su resistencia a actuar, tal como las circunstancias lo han venido demandando, dejando de utilizar los recursos legales de los que dispone el Gobierno, aunque esté en funciones, para impedir que una multitud fanatizada se hiciera dueña de la ciudad, reclamando la libertad de los políticos catalanes a los que el TS ha condenado a diversas penas de privación de libertad. Pero, sólo quien conozca cómo actúan estos políticos que, actualmente, se han hecho con el poder en España; las artimañas de las que se han venido valiendo durante los meses que han estado al frente del ejecutivo y lo que son capaces de idear para evitar que, esta preocupante situación provocada por el independentismo catalán, los envuelva entre sus turbulencias y los arrastre consigo; puede ser capaz de entender que, en la actualidad, la única y principal preocupación del señor Pedro Sánchez y su corte de incompetentes ministros y ministras ( no sean que se enfaden por no nombrarlas) no es que Cataluña esté pasando por unos momentos que quizá sean de los más graves desde la transición; no que un orate como el señor Quim Torra esté al frente de la Generalitat animando a las turbas a que se levante en contra de España, se muestre insumisa con sus leyes y se dedique a llevar a cabo toda clase de salvajadas --- como destrozos, incendios, coches calcinados, corte de carreteras y de calles, paros de la actividad, juntamente con agresiones, disturbios, insultos y demás muestras de incivismo y revolución, tan propios de quienes lo único que pretenden es crear caos, inseguridad, miedo y alarma - con la intención de que, el Estado español, se avenga a dejarse chantajear por una minoría separatista que, sólo a causa de la falta de energía del gobierno de la nación, ha sido capaz de subírsele a las barbas, simplemente por ser conscientes de que, el señor Pedro Sánchez, no se atreve a incomodarlos demasiado por si precisara de su apoyo para ser investido, en un hipotética caso de que vencieran los socialistas en las elecciones del 10 de noviembre próximo y no llegaran a los escaños precisos para poder gobernar en solitario.

En realidad, como ciudadanos de a pie y residentes en Cataluña, nos cuesta entender que el señor ministro de Interior, señor Marlasca, pretenda vendernos, como si fuéramos una banda de pazguatos ignorantes, que todo este infierno que se ha desatado en Cataluña y que hoy se va concentrando en la ciudad de Barcelona, con cientos de miles de personas que se han venido desplazando hacia ella, con la intención de ocuparla y demostrar, al Estado español, que son capaces de parar la vida de los ciudadanos, impedirles ir al trabajo, que los niños no puedan asistir a sus clases o que nadie se atreva a circular por ciertos distritos de la ciudad ante el temor de convertirse en una víctima de los que, para la Generalitat, son “pacíficas personas”, pero que han conseguido levantar barricadas y provocar incendios ( unos 250 en la pasada noche), aparte de los daños y perjuicios causados en comercios, sucursales bancarias, terrazas y mobiliario urbano que, con toda seguridad, cuando se haga balance de todo lo que va a tenerse que reponer, después de este tsunami humano en la ciudad de Barcelona, las cifras van a sobrepasar los cientos de millones de euros.

Puede ser que el señor Quim Torra piense que ha llegado el momento de jugarse el todo por el todo para dar el último impulso a sus pretensiones independentistas y, también es posible, que Puigdemont, desde su paraíso de Waterloo, esté interesado en que en Cataluña se arme una revolución que le permita pasar desapercibido, ahora que se ha convertido en el nuevo objetivo del TS, que ha emitido una nueva orden europea de detención contra él; pero se me ocurre que muchos catalanes de buena fe, catalanistas y soberanistas, deben de estar empezando a pensar si, el conseguir un objetivo como el que se proponen, de la independencia de Cataluña, merece el alto precio que van a tener que pagar por ello. Empezando por algo que no se puede discutir por estar legislado en la UE (pese a que se intentó engañar al pueblo de Cataluña diciéndoles que una vez independizados serían inmediatamente admitidos dentro de la CE) consistente en una ley que impide que cualquier nuevo estado, que procediese de una de las naciones que forman parte de la UE, no podrá ingresar en la misma hasta que reúna las condiciones precisas y con la aceptación unánime del resto de países que la forman, incluida España. Esto supone que durante años Cataluña no disfrutaría de ninguna de las ventajas, ayudas, libre mercado ni libre circulación de personas y mercancías con el resto de Europa, viéndose obligada a pagar las tasas y aranceles existentes en virtud de la legislación mundial económica vigente.

Los responsables del turismo y todos los gremios relacionados con este tipo de actividad económica de Cataluña, se están llevando las manos a la cabeza con las pérdidas que están sufriendo que, seguramente, van a ser pocas si se tiene en cuenta el efecto que, entre el turismo que habitualmente se traslada a Cataluña para visitarla y disfrutar de sus ofertas, van a tener las imágenes, que están recorriendo el mundo, de los tristes sucesos por los que está pasando esta ciudad, en otro tiempo uno de los centros de más atractivo turístico. Una ciudad acaparadora de congresos, de ferias internacionales, de cumbres económicas que, por mor de unos insurrectos con ideas trasnochadas, con la obsesión de que van a conseguir doblegar al Estado y, de paso, que van a convencer a los europeos (hoy indignados por el brexit de los ingleses) de que se los ha de acoger con los brazos abiertos. Sólo unos ilusos que han perdido la facultad de razonar pueden llegar a obnubilarse de una manera tal que, incluso personas de talento, se han dejado arrastrar por unas ideas tan absurdas.

Por si no bastara, seguramente apoyados desde logias internacionales y por el anarquismo europeo, parece ser que han venido entrando en España refuerzos de anarquistas, comunistas y separatistas de países europeos como Alemania y Francia, con la idea de que el problema español respeto a Cataluña adquiera trazas de problema europeo que, de alguna manera, pudiera motivar que las autoridades de los países a los que pertenecen pudiera tomar partido en semejante desafío. No va a suceder lo que esperan, porque Europa es consciente de que, lo que menos les favorecería al resto de países del mercado libre, sería que los problemas que muchos de ellos tienen, relativos a alguna o algunas de sus provincias, que han tenido pretensiones separatistas, se pudieran animar a, siguiendo el ejemplo catalán, pedir para ellas un autogobierno algo que, naturalmente, ninguna nación estaría dispuesta a admitir.

En todo caso, no sé exactamente en lo que estará pensando en estos momentos el actual gobierno en funciones; aunque seguramente nos lo podríamos imaginar teniendo en cuenta el comportamiento que ha ido teniendo, desde que, con su moción de censura al gobierno del señor Rajoy, se hizo con el pode el señor Sánchez. Ya empezó engañando al personal cuando dijo que convocaría elecciones en un plazo de dos meses, algo que no cumplió; después se arrojó en los brazos de Podemos y todos pensaban que el “matrimonio” era un hecho, pero reculó; más tarde dijo que quería gobernar solo, pero no cuajó; finalmente, complacido por los auspicios de las encuestas y pensando que si iba a elecciones conseguiría situarse en torno a la mayoría (140 escaños o más) decidió liarse la manta a la cabeza y las convocó para el 10 de Noviembre, ya que sus posibilidades de ser investido presidente, casi milagrosamente, se esfumaron con anterioridad.

Podríamos decir que las idus de octubre no se les presentan, a los socialistas, tan bien como esperaban y, aunque ya quedan pocos días para que empiece oficialmente la corta campaña (una semana) sin embargo, los movimientos que vienen reflejando las distintas encuestas que vienen apareciendo, están dando resultados que, al menos, se pueden considerar como inesperados y, en algunos casos, muy sorprendentes. Los 140 escaños previstos que iba a conseguir el PSOE, parece que ya no van a ser posibles y ya hay alguien que pronostica que se pudiera quedar en los escaños que tiene actualmente e incluso, los más optimistas de las derechas, piensan que se podría igualar aún más la distancia entre el PSOE y el PP, si las actuales circunstancias se prolongaran durante un tiempo más. Algo hay de verdad y es que, el pueblo, cuando ve avecinarse una época de dificultades, un estancamiento económico o la vanguardia de una crisis, empieza a mostrarse más conservador y prefiere votar a aquellos partidos que sabe que son más eficaces para afrontar una época de vacas flacas, antes que confiar en aquellos otros partidos que no dudan en entramparse para ofrecer mejoras sociales que no van a poder llevar a cabo.

Creo que ha llegado el momento en el que, si tenemos que visitar una vez más las urnas, por cuarta vez en unos pocos años, valdría la pena que no nos dejásemos llevar por el brillo de la bisutería, no permitiéramos que nos embaucasen, una vez más, aquellos que dicen que se puede vivir de las subvenciones del Estado, algo que nunca ha sido cierto; ni hagamos casos de todos estos jubilados que no son capaces de entender que estamos ante un sistema de pensiones caducado e insostenible, que hace ya años que se está diciendo que debe cambiarse, pero que no hay ningún gobierno que sea capaz y tenga la valentía de modificarlo. Estos jubilados analfabetos que piden que se muevan las pensiones de acuerdo con el coste de vida, aparte de estar equivocados respeto a la diferencia que habría respecto a sus aumentos actuales, sin darse cuenta de que, con ello en una pensión media hablarían de 9 0 10 euros más al mes, en el mejor de los casos; no saben que lo único que deberían pedir es que se les siguiesen pagando las pensiones que actualmente reciben. Mejor sería que se pidiera que se nos bajasen los impuestos a los que ya no estamos en condiciones de mejorar nuestras pensiones, seguramente sería más ventajoso.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, estamos perplejos de que, el señor ministro de Interior, señor Marlasca, no haya pedido ser sustituido por otro que tuviera lo que es necesario tener para aplicar, sin miedo, las medidas que nuestras leyes tienen previstas para casos tan flagrantes de rebelión en contra de la patria. Y, en cuanto a nuestro presidente en funciones, que empiece a pensar que quizá sus cálculos, pese a ser economista, no se vayan a cumplir y, por encima de todo, que empiece a pensar que el interés de España está muy por encima de sus intereses personales. Le convendría.

Cataluña en llamas
¿No es hora de que el pueblo catalán se pregunte quien va a aprovecharse de las nueces chamuscadas de tanto árbol quemado?
Jorge Hernández Mollar diariosigloxxi 20 Octubre 2019

“Puigdemont y sus voceros, al igual que Hitler en París, ya ha dado la orden de incendiar Cataluña si el poder del Estado les impide consumar el referéndum el 1 de Octubre como paso previo a la desconexión de España. ¿Surgirá en el último instante un político sensato y razonable entre ellos, como el general Von Choltittz, que lo impida? De no ser así el Gobierno de la Nación y la sociedad española, tiene/tenemos la obligación grave de dar una respuesta firme y sin ambages al desafío secesionista”

De esta manera finalizaba un artículo que publiqué el 13 de Septiembre del 2017 y que titulaba “Arde Cataluña”, recordando los sucesos que se narraban en la famosa novela ¿Arde París? posteriormente llevada al cine. Pasados dos años después de haberse celebrado el referéndum ilegal del 1 de Octubre, los instigadores de la conspiración sediciosa independentista encabezados por el presidente de la Generalidad Quim Torra/Puigdemont han conseguido su propósito: crear el caos , enardecer las masas para rebelarse contra el Estado y dar cobertura a la violencia haciendo realidad su propósito firme y decidido de incendiar Cataluña.

Después de tres días incendiarios desde la publicación de la sentencia de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo de 14 de octubre, el presidente del gobierno en funciones Pedro Sánchez se limitó en su declaración institucional a hacer un canto a la moderación y firmeza democrática de su gobierno en funciones desmarcándose de cualquier medida prevista en la Constitución y leyes de nuestro ordenamiento jurídico que pudieran suponer cualquier intervención política para controlar los desmanes del gobierno rebelde de Torra.

Unas horas después el presidente Torra transmitía en su indecente televisión TV3 , recogida por los medios nacionales, una declaración en la que se desmarcaba de la brutal violencia callejera, achacándola a “grupos descontrolados e infiltrados”, haciendo al mismo tiempo una loa al pacifismo del movimiento independentista. Es decir dos mensajes perfectamente coordinados para evitar la aplicación del art 155 o cualquier otro procedimiento de intervención legal del Estado sobre la Generalidad.

Es evidente que al pueblo español se le está sometiendo a un tercer grado en un asunto de extrema gravedad como es el de la conspiración revolucionaria para desgajar una parte de nuestro territorio nacional con fórmulas que pueden ir desde el independentismo fascista de Puigdemont, Torra y Junqueras a un difuso federalismo nacionalista de Sánchez; todos ellos naturalmente bajo el paraguas de un encendido republicanismo que conduciría en un futuro hacia el fin de la Monarquía constitucional.

La tan querida memoria histórica de la izquierda progresista obliga a recordar el Pacto del Tinel que hace ya casi dieciséis años firmaron el Partido de los Socialistas de Cataluña, Ezquerra Republicana y Ezquerra Unida para acceder al Gobierno de Cataluña; el cordón sanitario al PP que Rodríguez Zapatero alentó o los apoyos del separatismo vasco y catalán para la investidura de Pedro Sánchez, sus socios prioritarios de gobierno desde la moción de censura a Rajoy. Todo ello demuestra la contumaz proximidad y noviazgo del partido socialista con los movimientos nacionalistas más radicales de Cataluña.

Con estos antecedentes es fácil llegar al convencimiento de que solo una mayoría suficiente del partido popular puede y debe desarbolar esta conspiración contra nuestra Constitución y la unidad de España que está siendo alimentada, justificada y consentida por la izquierda y por la derecha nacionalista vasca y catalana.

Aunar y sumar los votos en el centro derecha es la única fórmula para hacer frente a este tsunami antidemocrático y antiespañol. Nos jugamos la libertad, la paz y la unidad de España. Existe una gran inquietud en el pueblo español no solo por la deriva de los dramáticos acontecimientos en Cataluña, como ayer fueron los trágicos del País Vasco, sino por las profundas desigualdades políticas, económicas o sociales que sufre la ciudadanía en función de la autonomía en que se resida.

Si el 10 de Noviembre el resultado de las urnas nos arrastra a otro delirio de frustradas negociaciones para conformar un gobierno estable, la posibilidad de afrontar los graves problemas que nos acechan se convertiría en una dramática pérdida de con fianza en el modelo de convivencia democrática que nos otorgamos en la Constitución de 1978.

Por otra parte si el centro derecha lograra formar gobierno, se debería incorporar a hombres y mujeres que desde los distintos sectores de nuestra sociedad aporten experiencia y sabiduría para plantear con crudeza, realismo y patriotismo las cuestiones que hoy nos preocupan seriamente como la crisis económica que de nuevo nos acecha ; el hacer una profunda reflexión sobre el Titulo VIII de la Constitución, sin excluir una recentralización y ordenación de algunas competencias que han demostrado ser el núcleo de los conflictos que hoy ensombrecen la unidad e igualdad de los españoles o la sostenibilidad del actual sistema de pensiones que año tras año acumula un déficit muy alarmante de la Seguridad Social.

Tristemente nada de esto está siendo objeto de reflexión y debate de cara al próximo 10 de Noviembre porque las llamaradas del incendio de Cataluña no dejan ver el bosque de inquietudes y problemas que hoy ensombrecen la vida española. Decía Napoleón Bonaparte que “en las revoluciones hay dos clases de personas: las que las hacen y las que se aprovechan de ellas”. ¿No es hora de que el pueblo catalán se pregunte quien va a aprovecharse de las nueces chamuscadas de tanto árbol quemado?

Es la Cuarta Guerra Carlista
José García Domínguez Libertad Digital 20 Octubre 2019

Como en el XIX, karlistas, ahora los del Payés Errante, contra liberales. Los nietos putativos de Cabrera, otra vez, contra la sociedad abierta.

¿En qué país del mundo se ha visto que las huelgas generales las convoque siempre el Gobierno y que en ellas no participen nunca los obreros? En el país petit,no en ningún otro. Así, como siempre, esta vez tampoco los proletarios locales han querido saber nada ni de sus curitas laicos encarcelados ni de sus señeras cubanas. Salvo el Barça, que ya es la única gran empresa autóctona que queda en lo que en su día había sido la fábrica de España, ninguna gran factoría, empezando por las de Seat y Nissan, se ha querido sumar a la enésima bullanga institucional promovida por la Generalitat. Ninguna. Porque, al igual que hay dos Españas desde muy antiguo, también existen, aunque desde no hace tanto, dos Cataluñas: la que vive del mercado, del mercado de verdad, y la que vive del cuento, del cuento patriótico huelga decir. Como en el XIX, karlistas, ahora los del Payés Errante, contra liberales. Los nietos putativos de Cabrera, otra vez, contra la sociedad abierta. Porque tras ese manto de ficticia e impostada modernidad con el que los catalanistas siempre consiguen deslumbrar a algunos paletos mesetarios se esconde, y se acaba de ver otra vez en las calles de Barcelona, el rechazo cerril de la libre concurrencia.

Todos esos niñatos y niñatas de buena familia que llevan una semana jugando a disfrazarse de revolucionarios para escenificar en el asfalto urbano los episodios de acción de sus series favoritas de las plataformas de pago piensan, porque así se lo han hecho creer sus tutores, que están en guerra contra España. Pero contra quien están tirando piedras en realidad es contra el siglo XXI. ¿Una revolución encabezada por columnas de campesinos rentistas que viven de las subvenciones públicas, airados rústicos que acuden con sus tractores a la gran ciudad cosmopolita que siempre han mirado con resentido recelo para sumarse a otra legión de funcionarios absentistas, no menos dependientes del erario que ellos, para impedir con el auxilio de manadas de adolescentes ociosos que puedan trabajar los otros, los que no se ganan el sustento cotidiano con el cuento cuatribarrado? ¿Pero qué broma es esa?

La Cataluña contemporánea es, junto con Estados Unidos y Argentina, uno de los mayores melting pot de Occidente. Aquí, si se rasca hasta la tercera generación, casi todos somos charnegos. De ahí la importancia tan crítica del uso político del romanticismo cultural y lingüístico a fin de construir barreras invisibles frente a la competencia procedente del exterior. Y también de ahí la xenofobia apenas encubierta que caracteriza desde siempre a los dos partidos que encarnan la representación política de las clases medias autóctonas, Esquerra y los posconvergentes. Cada vez que la Generalitat convoca a través de alguno de sus sindicatitos funcionariales de juguete eso que llaman "paros de país", y acabamos de constatarlo otra vez, las dos Cataluñas se vuelven a escindir. Amén de los parásitos oficiales, obedece la que vegeta inserta en ese vasto entramado de mercados tan domésticos como cautivos, tutelados e intervenidos, la misma que da forma al caldo de cultivo moral que retrata al pequeño y mediano empresariado nacionalista. Y rehúsa adherirse la otra, la inserta en la economía competitiva que se ha integrado en las cadenas nacionales e internacionales de valor. No es una revolución posmoderna. Es la Cuarta Guerra Carlista.

Oleada de violencia con bula del Govern y de políticos separatistas
Gonzalo Baratech cronicaglobal 20 Octubre 2019

Los disturbios en cadena que esta semana convulsionan Cataluña no van a detenerse. Por el contrario, ya se ha anunciado que proseguirán sin desmayo en los próximos días, con su secuela de destrozos, incendios, secuestro de carreteras y un daño inmenso a la imagen de esta comunidad.

Además, concurre en los tumultos una circunstancia estupefaciente. Se trata de que gozan del impulso, el apoyo y los parabienes de amplios círculos independentistas y del mismísimo presidente del Govern.

Han transcurrido dos años del golpe sedicioso que el Ejecutivo autonómico asestó al Estatut, la Constitución y la democracia. Pero no parece sino que hayamos entrado en un siniestro túnel del tiempo y regresado a aquellos infaustos días de desórdenes.

Una turba de agitadores y delincuentes profesionales se ha cebado sobre el centro de Barcelona, noche tras noche. Ha conseguido que varias arterias del ensanche, en particular el elegante y señorial paseo de Gràcia, se asemejen a las calles de una población del Medio Oriente castigada por los bombardeos.

Estas exhibiciones de vandalismo extremo, con connotaciones de corte cuasi terrorista, entrañan una publicidad desoladora para la Ciudad Condal y para Cataluña entera. Si algún genio del marketing planease una campaña de propaganda encaminada a hundir a escala planetaria la reputación de un territorio, no podría haberla imaginado más efectiva.

La Barcelona cosmopolita y avanzada, que atrae mesnadas de turistas y acapara congresos internacionales, ha pasado a convertirse de pronto en un agujero negro tercermundista.

Los estropicios registrados esta semana en Cataluña coinciden con la divulgación de varios informes alarmantes de índole económica.

Así, la Alianza por la Excelencia Turística (Exceltur), institución sin ánimo de lucro que promueve España como destino vacacional, advierte de que los altercados de octubre de 2017 acarrearon a la urbe la pérdida de casi 200.000 visitantes y una merma de ingresos de 300 millones.

Asimismo, hay nuevas noticias aciagas sobre la fuga de empresas catalanas a otros lugares de España. De ella, por cierto, Crónica Global ha dado cumplida cuenta a sus lectores semana tras semana.

Cinco años después del comienzo de la estampida, ésta todavía no ha cesado, ni mucho menos. Y amenaza con perdurar durante largo tiempo, salvo que la actual situación de caos, descontrol y estragos desaparezca y emerja de inmediato una etapa de normalidad.

Según el Colegio de Registradores, en el primer semestre del presente año un total de 559 compañías catalanas decidieron abandonar la región. En el mismo periodo arribaron a nuestras latitudes 359 sociedades. El saldo arroja una mengua neta de 200 firmas, a razón de más de una por día.

Desde que Crónica Global empezó a publicar los traslados societarios cinco años atrás, el volumen neto de la diáspora ronda ya las 7.000 compañías.

El ritmo de los exilios se ha aminorado notablemente en comparación con los desastrosos ejercicios de 2017 y 2018, pero aun así, la huida de negocios no cesa. Nunca antes se registró una evasión de tanto bulto en la historia catalana. Por el contrario, nuestros lares eran un poderoso polo de atracción de actividades e inversiones.

Este éxodo sin precedentes es consecuencia directa de la deplorable gestión de unas cuadrillas de políticos irresponsables e ineptos. Desde las alturas del Govern se ha venido prestado aliento y auspicio a las huestes que invaden, bloquean y machacan las vías públicas.

Quim Torra excitó los instintos más primarios de las masas instándolas a “apretar”. Y a eso se han entregado con fruición digna de mejor causa.

Otra que ha quedado retratada de cuerpo entero es la alcaldesa Ada Colau. Portavoces de los sindicatos de la Guardia Urbana han denunciado que recibieron órdenes estrictas de no intervenir. Ante la mayor crisis de seguridad de las últimas décadas, los 3.000 policías locales han brillado por una ausencia aparatosa.

Tras los graves incidentes ocurridos en el aeropuerto, el centro de Barcelona y otros enclaves, la portavoz oficial Meritxell Budó mostró su “empatía y solidaridad” con los alborotadores. Por su parte, el presidente Torra no quiso ser menos y los felicitó efusivamente. ¡Y que viva la Pepa!

Las camarillas de Torra, Puigdemont y otros prebostes han hundido Cataluña en la anarquía. La cuna del seny parece hoy un terruño al borde de la quiebra, sujeto a los delirios de una colección de orates, desequilibrados e insensatos.

En mi opinión, los actuales dirigentes de Cataluña encierran tres características funestas. Cada una de ellas, por sí sola, sería preocupante en un político con mando en plaza. Pero las tres a la vez los convierte en un peligro público: son corruptos, populistas y demagogos. Algún analista político no hostil al secesionismo redondea el relato con un cuarto calificativo, el de aventureros.

Quim Torra, caudillo de este tropel de indocumentados, es además un racista redomado. En los vomitivos artículos de prensa que publicó antaño, rebajaba a los españoles a la miserable condición de bestias inmundas. Tales exabruptos repugnan a cualquier persona mínimamente decente.

En resumen, los estragos que esta colección de perturbados ha ocasionado --y sigue ocasionando-- a Cataluña son de proporciones dantescas.

Ya no son presuntos
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 18 Octubre 2019

Existe un recurso para evitar el desacato. El 10-N se celebrarán elecciones y hay tres partidos que garantizan el cumplimento de las sentencias.

Por fin podemos llamar a las cosas por su nombre, prescindiendo de evasivas hipócritas. Los políticos presos ya no son presuntos delincuentes, sino delincuentes convictos, con una sentencia firme del Tribunal Supremo. Benévola pero explícita. Como lo fue en su momento la del tribunal de Schleswig-Holstein, desestimada precisamente por su benevolencia pero que, aun así, aceptaba que al prófugo Carles Puigdemont se lo podía inculpar por malversación. Si se hubiera aceptado aquel fallo (en el doble sentido de la palabra), se podría haber añadido siempre al nombre de ese reo el estigma de "delincuente malversador" en lugar del engañoso expresident.

Sus favoritos son delincuentes
Pues sí, ahora quienes visiten solidariamente, homenajeen o pidan la excarcelación de estos presos y presas lo harán a sabiendas de que sus favoritos son delincuentes a secas, y no presuntos. Para una parte de la opinión jurídica y profana, en la que me incluyo, seguirán siendo golpistas culpables del delito de rebeldía, pero lo incontestable es que de ahora en adelante se podrá hablar, sin caer en falta, de los sediciosos y malversadores Oriol Junqueras, Raül Romeva, Jordi Turull, Joaquim Forn, Dolors Bassa, Josep Rull, Carme Forcadell, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart.

Cuando el presidente putativo y el vicepresidente de la Generalitat, junto al presidente del Parlament, instigan a los partidos secesionistas y los movimientos de activistas para que organicen la desobediencia civil, con el consiguiente perjuicio para el orden público, la actividad económica y la convivencia social, lo que hacen es, ni más ni menos, que amancebarse con los sediciosos y malversadores presos. Ya no les queda la coartada de invocar la presunción de inocencia de sus compinches aparentemente desactivados. Y escribo "aparentemente", porque los sediciosos habían instalado un auténtico foco de agitación rebelde (perdón, sediciosa) en la cárcel-residencia de Lledoners. Cuenta Isabel García Pagan ("Una sentencia sin punto y final", LV, 13/10):

El líder de ERC aprovecha cada visita de abogados en el locutorio. Manda. Imparte órdenes a sus interlocutores sobre el asunto más nimio del partido, fija estrategia y discurso. "Haz lo que te pido", "acuérdate de aquello", "ya me dirás cómo ha ido". Junqueras está en campaña más allá de la sentencia.

(…)
El líder de ERC no se arrepiente de nada y se reafirma: "estamos convencidos de que lo que hicimos está bien hecho". (…) "Ahora lo que hace falta es ser inteligentes, sumar fuerzas, simpatías".

Instigadores de la violencia
¿Trece años de cárcel serán suficientes para aplacar el odio antiespañol que inflama las vísceras de Junqueras desde que tenía ocho años de edad, como le confesó a Lluís Amiguet (LV, 12/11/2012)? La voluntad de reincidir en la conjura contra la integridad territorial de España y la convivencia fraternal de sus habitantes está presente en las declaraciones de todos los sentenciados, y también en las de los cobardes prófugos y en las del resto de la camarilla sediciosa todavía parapetada en los centros de poder.

No se necesita un millón de vándalos para sembrar el caos en una sociedad civilizada, donde los ciudadanos alternan normalmente el estudio y el trabajo con la vida pacífica en el hogar. Nadie los ha entrenado para resistir los atropellos de la kale borroka y por eso bastan pocos miles de gamberros para acosarlos e intimidarlos, mientras los gerifaltes planificadores del Tsunami depredador niegan descaradamente el auge de la violencia que ellos mismos han instigado al grito de "¡Apretad!".

"Si hay un muerto, ¿a quién pedimos cuentas?", se pregunta Xavier Vidal-Folch (El País, 14/10), y aporta un testimonio de que la violencia es inseparable del procés independentista:

No solo entiende, sino que llama a la violencia quien escribe: "Sin una determinada acción violenta, jamás Cataluña alcanzará su liberación. (…) Las acciones de masas realizadas hasta hoy, siendo necesarias y modélicas, se han demostrado poco útiles. (…) Han llegado los tiempos de la nueva violencia." Estas frases se espigan de un repugnante artículo en El Punt Avui 22-9. Lo firma un exsenador socialista converso al nacionalismo, afecto a la estupidez de que Cataluña es una colonia, creador por cuenta de Jordi Pujol de un sectario museo oficial de la historia catalana, y mayordomo del truculento simposio de historia-basura Espanya contra Catalunya. Se llama Jaume Sobrequés.

Carne de cañón antisocial
El conglomerado enemigo de España ha reaccionado de manera fulminante apenas se dictó la sentencia contra los delincuentes que lo encabezaban. El presidente del Parlament, Roger Torrent, fracasó en su primer intento de unificar preventivamente a patronales, sindicatos y entidades civiles, ciñéndose al modelo totalitario, para movilizarlos contra el Estado de Derecho. Pero a última hora prevaleció la voz del amo. Los títeres de CCOO, UGT, la patronal Cecot y otros 114 chiringuitos firmaron, junto a Òmnium y ANC, un manifiesto contra la sentencia que se leyó en la plaza Sant Jaume. Las comisiones directivas del Barça y del sindicato de médicos se bajaron los pantalones en solitario. Pero la que lleva la batuta es la carne de cañón antisocial que ahora bloquea la circulación por aire y por tierra, incendia el centro de Barcelona, ocupa los edificios públicos y particulares, agrede a las personas y sabotea la economía catalana siguiendo las instrucciones del comisario nihilista igualmente prófugo Toni Comín.

Los compinches de los sediciosos y malversadores no se dan por vencidos. Apelarán a todas las estratagemas legales e ilegales para cederles nuevamente el liderazgo de los pirómanos en las calles. La Generalitat controla las instituciones penitenciarias de su jurisdicción donde están recluidos estos delincuentes, y puede obrar prodigios para facilitarles la reincidencia concediéndoles, por ejemplo, la semilibertad del tercer grado. Los editorialistas complacientes hacen hincapié en la vigencia de este subterfugio. "La decisión final permite aplicar fórmulas para lograr la liberación de los condenados lo antes posible", festeja Lola García ("Buscando una salida", LV, 15/10).

Hay otras triquiñuelas. Si la familia Pujol-Ferrusola sigue en libertad después de que se destaparan sus chanchullos y es recibida con plácemes en Montserrat cuando acude a rezar por los delincuentes presos, ¿por qué Oriol Junqueras, los Jordis y el resto de la caverna no habrán de gozar de este mismo privilegio?

Existe un recurso
Existe, empero, un recurso para evitar el desacato a la justicia. El 10-N se celebrarán elecciones y hay tres partidos que garantizan el cumplimento de las sentencias. El Partido Popular, Ciudadanos y Vox. Ni amnistía, ni indulto, ni tercer grado. Cada ciudadano disfruta de libertad para optar por el partido más afín a su ideología o a sus intereses, pero tranquiliza saber que ninguno de los tres ha defendido jamás la plurinacionalidad de España, ni la prioridad de las lenguas regionales, ni tiene apéndices como el PSC conchabado con la mafia antiespañola en diputaciones y ayuntamientos..

Después del 10-N, el Gobierno del bloque constitucionalista, o de uno de sus componentes, podrá asegurar el cumplimiento de la sentencia firme impuesta a los sediciosos malversadores y poner el cerrojo del 155 a la repúblika ficticia de sus cómplices tribales. Todo depende de que obremos racionalmente a la hora de votar.

PS: El director de La Vanguardia, Marius Carol, se suma al gremio de divulgadores de fake news cuando repite, en su carta del 16/10, un bulo que han puesto en circulación el lenguaraz de asuntos exteriores de la Generalitat, Alfred Bosch, y sus corifeos mediáticos. El engañabobos, que pronto se viralizará en las redes sociales adictas a los delincuentes sediciosos, consiste en sumar las penas a las que estos han sido sentenciados y cifrarlas en más de 100 años, creando la falsa impresión de que se les ha impuesto individualmente un castigo desmesurado. Los trileros no respetan la inteligencia de su público y repetirán esta nueva mentira hasta la saturación.

Bildu, Sortu, Askapena, Alternatiba y Altsasu Gurasoak pactaron con los CDR el plan revolucionario de Cataluña
OKDIARIO 20 Octubre 2019

La Guardia Civil hace tiempo que sigue la pista de la conexión entre los grupos proetarras vascos y los CDR. La Benemérita tiene pruebas ya que demuestran esa coordinación, como ha publicado OKDIARIO. Y la investigación ha sido más allá. Hasta el punto de identificar los grupos proetarras que han participado en los contactos y apoyado la actual estrategia revolucionaria en Cataluña. Entre esos grupos identificados se encuentra la formación de Arnaldo Otegi, EH Bildu. Se encuentra igualmente Sortu, la matriz de Bildu, y otros grupos abertzales como Askapena, Alternatiba (Euskal Herria) y Altsasu Gurasoak.

La celebración del referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017 dio lugar a una serie de contactos entre las formaciones radicales, tal y como recoge la información de la Guardia Civil. Uno de esos encuentros se produjo semanas después del golpe de Estado del 1-O, tuvo lugar en Barcelona y se celebró el 16 y 17 de diciembre de 2017.

“Sabemos que ha habido más contactos puntuales y discretos entre los CDR y el entorno proetarra, pero ninguno de la magnitud de aquel. De donde se deduce que aquel encuentro sirvió para debatir y organizar la estrategia de mantenimiento del desafío separatista en Cataluña. El resto de encuentros han servido para mantener la coordinación, pero aquel fue el central”.

En ese encuentro se abordó la estrategia para proseguir con el objetivo de fraccionar España y lograr la independencia de Cataluña tras haber fracasado el golpe del 1-O. Y allí se debatió ya la estrategia de levantamiento del sentimiento separatista tras la publicación de la sentencia. Y es que nadie albergaba ninguna duda de que el fallo del Tribunal Supremo sería condenatorio.

Allí se dieron cita miembros de las citadas formaciones de Sortu, Askapena, Alternatiba (Euskal Herria), Altsasu Gurasoak y EH Bildu, todos procedentes del País Vasco. Y, junto a ellos, toda una colección de grupos separatistas y antisistema como Arran, Xarxa Roja Catalunya y toda una larga colección de CDR nacionales e internacionales –de Barcelona, Mallorca, París, México y Burdeos–.

La citada reunión sirvió para abordar lo que denominaron ‘Informes de los talleres’. Y, entre ellos, uno recogió precisamente el diseño de como mantener vivo el espíritu separatista en base a la "represión y presos/as políticos".

Aquella cita coordinó a un total de 122 grupos nacionales e internacionales y otros 14 dieron apoyo. Y, entre ellos, figuraba toda una larga lista de grupos de extrema izquierda y grupos radicales vascos como los ya citados –Sortu, Askapena, Alternatiba (Euskal Herria), Altsasu Gurasoak o EH Bildu–.

Los niños del procés: preadolescentes que se encaran con los policías en primera línea de fuego
A cara descubierta y sin conciencia del riesgo, niños y niñas tratan de enfrentarse a los agentes en los disturbios de Barcelona.
Pablo Planas (Barcelona) Libertad Digital

Insólitas imágenes. Niños y niñas de muy corta edad tratando de pegar a los policías nacionales de la Unidad de Intervención Policial (UIP). En medio del caos y el humo en el centro de Barcelona, una niña trata de agredir por la espalda a un agente. Le lanza un par de puñetazos a la espalda que topan con las prendas de protección del policía. Se ha debido lastimar los nudillos, pero la criatura no siente nada más que la adrenalina. Recibe un empujón del policía, pero ella vuelve a la carga. El uniforme no le impresiona. Gritos de "policía asesina" y "fachas". Más niños, estudiantes de secundaria, menores de 16 años que se encaran con los agentes.

Los policías utilizan las defensas a modo de eso. Tratan de pastorear a los muchachos, sacarlos de la zona sin causar males mayores. La acometividad de algunos de ellos obliga a agentes de paisano a practicar una inmovilización. Más niños y niñas que se encaran con los agentes y agentes que avanzan y tratan de asustar a los críos con suaves toques de porra. Es la revuelta de los niños del procés, los efectos de la doctrina nacionalista en lo que las entidades constitucionalistas definen como madrasas en vez de escuelas. Niños y niñas de primeros cursos en primera línea de los disturbios, alucinados y alucinando, sin conciencia del riesgo, dispuestos a encararse con la "policía asesina", jugando a la independencia.

Euskera para discriminar
JUAN JOSÉ LIZARBE BAZTÁN. ROBERTO JIMÉNEZ ALLI. El Mundo 17 Octubre 2019

Los autores explican la sentencia del TSJ de Navarra que anula el decreto del anterior Gobierno foral por el que se pretendía primar el euskera en el acceso a la Administración incluso en zonas no vascófonas

Hubo hace un tiempo un joven abogado de Estella (Navarra) que, siendo un significativo dirigente del PNV, también fue ministro de la República española. Se imaginarán nuestros amables lectores, que nada les fue bien, ni a él ni a la República. Cuando los ciudadanos consiguieron que la democracia volviese a España en 1977, fue senador en una coalición del PSOE-PSN con el mismísimo PNV en Navarra. A lo que vamos. Dijo una cosa muy interesante, aunque nunca le votamos ni al él ni al PNV: "El que persigue un imposible, consigue justamente todo lo contrario". Qué gran frase, y qué gran navarro. ¿Por qué decimos esto? Porque el anterior Gobierno de Navarra persiguió en materia del euskera un imposible y ha encontrado justamente lo contrario.

Así las cosas, nos encomendó UGT de Navarra hacer un Recurso. Y acaba de ser conocida la sentencia del TSJ de Navarra, que estimó sus acertadas y lógicas pretensiones respecto de un intento de discriminación y un ataque a la igualdad de oportunidades que intentó el Ejecutivo de Uxue Barkos -compuesto por Geroa Bai, Bildu, Podemos e IU- al aprobar el Decreto Foral 103/2017 de 15 de noviembre por el que se regula el uso del euskera en las administraciones públicas de Navarra, sus organismos públicos y entidades de derecho público dependientes.

Es preciso recordar que en la Comunidad hay establecidas tres zonas lingüísticas en virtud de la Ley Foral 18/1986: una zona vascófona, una mixta y una no vascófona, atendiendo a la realidad sociolingüística de cada zona. Esto dispone la conocida Ley del vascuence, e incluso la LORAFNA, que es más o menos, como diría nuestro Tribunal Constitucional, lo que en otros lugares de nuestro país se llamaría Estatuto de Autonomía.

Pues bien, el anterior Gobierno de Navarra decretó que en la zona mixta y en la zona no vascófona debía valorarse el euskera como mérito del 7% de la puntuación para el acceso a puestos de la Administración Foral por medio de concurso-oposición y del 6% en la provisión de puestos por concurso de méritos. A este respecto, el Tribunal Superior de Navarra ha anulado los artículos del meritado Decreto con este argumento, entre otros: "La aplicación imperativa de la valoración del euskera como mérito para cualquier puesto de trabajo que no tenga perfil obligatorio en la zona mixta y servicios centrales conlleva una discriminación en la provisión de puestos en la Función Pública que no se corresponden con los principios de racionalidad y proporcionalidad... en atención a las funciones a desempeñar y a la realidad sociolingüística del ámbito territorial correspondiente".

Lo que pretendía el anterior Gobierno de Navarra era favorecer a las personas vascoparlantes para el acceso a la Administración Foral en zonas donde se habla el euskera de forma muy minoritaria. En la zona mixta, lo usa principalmente el 2,15% de la población;y en la zona no vascófona, el 0,44%, conforme a los datos de los informes obrantes en autos. Es decir, por un ejercicio de voluntarismo no motivado se pretendía incorporar unos porcentajes de valoración para el acceso a la Administración Foral atentando al principio de proporcionalidad en relación al criterio de funcionalidad y racionalidad, careciendo de justificación alguna.

En definitiva, por la vía de hecho hacía casi imposible que una persona que no hablara euskera pudiera acceder a la Administración foral. O, lo que es lo mismo, suponía una discriminación en toda regla para la inmensa mayoría de los navarros. UGT no podía permitir esto, al igual que la mayoría de la población.

Otro elemento clave del Decreto recurrido es todo lo relativo a las relaciones con la ciudadanía, imagen, avisos y publicaciones, donde se buscaba imponer las notificaciones y comunicaciones, así como los escritos e impresos oficiales, también los rótulos de oficinas, uniformes, vehículos y señalización viaria entre otros de forma bilingüe, que el Tribunal ha declarado nulos de Pleno Derecho. Lo que el anterior Ejecutivo intentó fue imponer un bilingüismo en las materias referidas, omitiendo la zonificación que establece de la Ley del euskera. Cuestión que carece de todo sentido, conociendo la realidad sociolingüística de Navarra. La sentencia dice a este respecto que la lengua es un derecho del ciudadano y no de la Administración.

El TSJ de Navarra expone que el régimen lingüístico de las actuaciones de los servicios centrales no debe acomodarse a su ubicación geográfica, sino al destinatario de su actuación en cada caso, según la zona lingüística. Lo determinante -el parámetro de legalidad y, por supuesto, el sentido común- es el derecho del ciudadano, tal y como está configurado en la ley Foral del euskera. El alcance de tal intento frustrado es sumamente importante, pues supondría anteponer los supuestos derechos o intereses políticos del Gobierno de turno a los derechos de los ciudadanos.

En definitiva, se ha querido imponer una lengua de facto en materias muy sensibles, tratando subliminalmente de imponer por la vía de hecho, que no de promocionar, desconociendo u omitiendo los derechos de la mayoría de ciudadanos que no conocen ni hablan el euskera, produciéndose grandes discriminaciones.

Es sabido que para las formaciones nacionalistas la lengua, en este caso el euskera, es un elemento clave para apelar al hecho diferencial respecto del conjunto de España, y así vertebrar discursos que avalen sus posiciones políticas. Es conocida la pretensión, deseo u objetivo político del nacionalismo vasco de agrupar a Navarra con la Comunidad Autónoma Vasca para buscar posteriormente la independencia de España. Para ello, el euskera se usa como elemento uniformador es imprescindible. Y, en este campo, algunos ni vamos a jugar ni a participar.

Nosotros consideramos que el euskera es un patrimonio cultural de Navarra y una lengua propia de la Comunidad Foral. Y, desde luego, hay que cultivarlo y promoverlo. Pero indudablemente lo que no se puede hacer es imponerlo con unos criterios de claro sesgo político que discriminan y atacan a la igualdad de oportunidades de la inmensa mayoría de navarros y navarras.

Protejamos el euskera, defendamos el euskera, pero sobre todo convivamos todos los navarros independientemente de la lengua que utilicemos. Y opongámonos a las discriminaciones.

Que nadie quiera correr tanto. Seamos sensatos, dejemos a los ciudadanos que decidan el futuro del euskera en Navarra. Se hablará lo que los navarros queramos. Que nadie nos imponga nada, por favor. Para la promoción, todo lo que sea necesario, que aquí estamos y estaremos;pero para la imposición también estamos y estaremos, pero en contra.

Terminamos como hemos empezado, con la cita y con la pregunta: "¿Por qué querías discriminar?". Y por último: "Vive y deja vivir".

Juan José Lizarbe Baztán y Roberto Jiménez Alli son abogados.


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