AGLI Recortes de Prensa   Lunes 21  Octubre  2019

Secuelas de una sentencia salomónica
Amando de Miguel Libertad Digital 21 Octubre 2019

Los recientes sucesos de la Cataluña en llamas se desprenden del fallo del Tribunal Supremo sobre el intento de sedición en Cataluña a través de una declaración de independencia manifiestamente ilegal. Se trata de una histórica sentencia judicial de cerca de medio millar de folios después de dos años de trabajo para juzgar a los conjurados. Muy cara nos resulta esta judicatura. Al final hemos asistido atónitos al parto de los montes, que decían los antiguos romanos. Es decir, tanto esfuerzo, tamaña dedicación de los egregios togados, para no satisfacer a nadie, excepto al Gobierno y sus hoplitas. Naturalmente, todos acatan la premiosa sentencia, pero solo un minúsculo partido testimonial, Vox, se ha atrevido a impugnarla.

No quiero decir (Dios me libre) que la sentencia sea injusta. Bastante tengo con sospechar que sus consecuencias van a ser infaustas para la salud democrática del honrado pueblo español. De momento, el fallo del Tribunal Supremo está contribuyendo a la agria división de los españoles en dos bandos irreconciliables, más o menos los de la última guerra civil. Ya es contumacia. Son muchos los españoles asombrados del precedente judicial que ha sentado doctrina: proclamar la República Catalana no es un acto de rebelión contra el Estado o la Constitución. Sus fautores no pasan de participar alegremente en una intentona de sedición contra el orden público, más o menos el prólogo de las recientes algaradas de Cataluña. Baste decir que el presidente de la Generalidad ha participado del piquete que ha detenido el tráfico en una autopista.

Pero lo peor no es la distinción jurisprudencial que digo, sino el probable resultado de que los condenados por el famoso juicio no van a cumplir las penas. Nadie piensa que los condenados por sedición se vayan a reinsertar o arrepentir, ni nada parecido. La gran paradoja es que los republicanos catalanes, lejos de amilanarse, se envalentonan y arman la de Dios es Cristo. Porque, desengañémonos, las airadas protestas del catalanismo político han sido alentadas por las mismas autoridades de Cataluña, que tendrían que haberlas contenido. De ahí que no carezca de lógica la ingenua pretensión de Vox de procesar al presidente de la Generalidad catalana.

Por otra parte, aunque de momento no impresionen mucho a las autoridades las algaradas de los separatistas catalanes (ellos se consideran patriotas), más bien pasarán a la Historia como cobardes, acollonados. No se parecen mucho a los republicanos irlandeses de hace un siglo. Esos sí que protagonizaron una auténtica lucha por la independencia de su pequeño país, bien que extraordinariamente sangrienta. Aun así, fueron tan inteligentes que no intentaron sustituir el idioma inglés por el gaélico irlandés. Está claro que Torra no es, ni remotamente, el De Valera catalán.

Lo más notable de la mencionada sentencia del Tribunal Supremo es que parece dictada por el Gobierno de España, al menos a su gusto. Sin embargo, esa jugada, lejos de conducir a la ansiada mayoría absoluta del doctor Sánchez en las inminentes elecciones, va a precipitar una amarga derrota. Nótese que él se imaginaba que los republicanos catalanes le irían a facilitar el Gobierno. Tarde piache, que diría Sancho Panza. Antes de llegar a tal benévolo desenlace, los catalanistas se han echado al monte, una vez más. Bueno, ahora es a las calles del Ensanche barcelonés.

Circunstancialmente, ahora se hace patente el error de haber traspasado a la Generalidad catalana las competencias de la administración penitenciaria. Ninguna otra región ha conseguido tamaño privilegio. Ya se ve que no ha servido para acallar la instalación de los republicanos catalanes en el poder de su región. Antes bien, un enjuague tal ha propiciado el levantamiento catalanista. Se dice hiperbólicamente el "tsunami democrático". Tampoco es que los separatistas sean un modelo de unidad. La prueba es que todavía no se sabe bajo qué bandera se amparan. ¿Es que no les basta la señera cuatribarrada de la vieja corona de Aragón?

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El problema nacional es el PSOE de Pedro Sánchez
Pedro de Tena Libertad Digital 21 Octubre 2019

Los primeros que percibieron que el ahora presidente en funciones era el problema fueron sus propios compañeros de partido. Cuando Pedro Sánchez llegó a la Secretaría General del PSOE, aupado por una Susana Díaz que se creyó muy lista, dejó claro desde el principio su inclinación a la elaboración de una nueva constitución española. Se trataba, y lo ha contado él mismo, de inventar un Estado expresión de una "nación de naciones" (España, Cataluña, País Vasco y Galicia, y ninguna más, no se olvide). En esa conjetura política, los separatismos, aliados de su PSOE en la operación, aceptarían un nuevo Estado federal en igualdad de condiciones con las regiones que quedaran unidas en la mutilada nación española. Se trataba, no de una segunda transición, sino de una ruptura con la transición democrática reconciliadora que comenzó tras la muerte de Franco. El desentierro del dictador sería la señal de salida para esa nueva alianza política que contentaría, creían Pedro Sánchez y su PSOE (Iceta, sobre todo), a los separatismos dando a las izquierdas una posición política hegemónica, gracias, precisamente, a su peso en las nuevas naciones. Se hagan los trucos que se hagan, esto es así.

Si se lee atentamente el Manual de resistencia de Sánchez y se repasan sus intervenciones públicas, se comprobará que ese es el camino trazado. Para conseguir todo esto era preciso, en primer lugar, hacerse con el poder dentro del PSOE, tras el fracaso de su inspirador, José Luis Rodríguez Zapatero. Pero una buena parte del PSOE, nada menos que sus barones más preclaros, se negaron al acuerdo estratégico explícito con los separatistas y a debilitar la unidad nacional y la constitución vigente. A pesar de que dentro del PSOE siempre hubo una fuerte corriente por el derecho de autodeterminación de algunas regiones españolas (Rubalcaba lo defendió en Suresnes, por ejemplo) y de que el propio PSOE de Felipe González apostó inicialmente por una ruptura antes que por el consenso constitucional, el ejercicio del poder y los asesinatos de ETA produjeron una reacción constitucionalista en el PSOE. La manipulación del atentado del 11-M y la llegada al poder de Zapatero dieron el pistoletazo de salida para el nuevo PSOE y el nuevo Estado.

Tras la defenestración de Pedro Sánchez, los separatismos coincidieron en que era vital que su elefante blanco lograra recuperar el poder socialista. Por eso el señor Torra, junto a otros más tapados, iba a manifestarse a la puerta de Ferraz en apoyo de Pedro Sánchez (hay prueba gráfica de ello). Tras cuarenta años de penetración educativa proseparatista y antiespañola en las jóvenes conciencias ciudadanas y con el dominio de los medios públicos, y no pocos privados, de comunicación, el proyecto parecía, por fin, posible. Tras el himalaya de asesinatos de ETA, el descrédito moral de su causa, y dada la situación de una Galicia controlada por el PP, la nueva fase debía desencadenarse en Cataluña. Las elecciones de 2016 frustraron el ascenso de Pedro Sánchez, pero quitaron la mayoría al centro-derecha constitucionalista. De ahí el golpe de Estado separatista catalán del 1-O, su tercer golpe antidemocrático desde 1934.

Instrumentando adecuadamente la corrupción del PP –mucha más ha habido siempre en el PSOE y en el separatismo catalán pujolista–, Pedro Sánchez convino, tras consultar con su bloque de cambio, separatistas y los neocomunistas lejanos al viejo eurocomunismo de la Transición, que era el momento de gobernar para acelerar el proceso. Naturalmente, el PNV, agazapado hasta última hora, bendijo y completó la maniobra. Rajoy y el estéril PP del congreso de Valencia consintieron la faena, nadie sabe bien por qué, y la moción de censura triunfó para dar paso a unas elecciones generales que permitieran un movimiento uniformemente acelerado hacia constitución de la nueva nación formada por las cuatro naciones señaladas. Pero el PSOE no logró una mayoría suficiente y comenzó una reacción, poco esperada, de la España constitucional.

El plan, sea quien sea su inspirador, era y es liquidar la realidad histórica de España y subordinar su futuro, republicano naturalmente, a cuatro minorías políticas: la social-neocomunista, donde todavía hay disputas por el control del proceso, y unos separatismos cada vez más alejados de su origen social e ideológico y resituados crecientemente a la izquierda. Luego ya se discutiría si Galicia se comía a Asturias, si País Vasco se tragaba a Navarra, La Rioja tal vez a Cantabria, y si Cataluña se merendaba a Valencia, Aragón y Baleares. Lo que quedaría de la España histórica serían las dos Castillas, Extremadura, Andalucía, Murcia, Canarias, Ceuta y Melilla (esto último, por ahora). Los demás españoles, contrarios a este diseño, serían aislados y sitiados, como ya ocurre en Cataluña, y ocurrió y ocurre en el País Vasco.

Pero al separatismo catalán, dividido y enloquecido, le ha dado un apretón tras la sentencia del Tribunal Supremo –por cierto, desacreditada de manera sonrojante por los hechos–, demostrando que el proyecto de Pedro Sánchez es ilusorio. Dicho de otro modo: los separatismos no quieren la España histórica ni ninguna otra. Los acontecimientos de esta semana en toda Cataluña demuestran que el plan de este PSOE-PSC es el problema. Su estrategia da alas a unos separatismos que nunca dejarán de ser lo que quieren ser. Pedro Sánchez no conducirá nunca una hipotética nueva España de cuatro naciones, sino que destruirá toda una nación histórica de Europa y quién sabe si, de paso, al propio PSOE.

Creo que ya no cabe otra cosa que admitir que las próximas elecciones del 10 de noviembre van a ser una consulta democrática sobre el futuro de la nación española. Quisiera creer que hay un PSOE que se siente parte de una España unida y reconciliada. Si tales socialistas existen, deben sumarse a las demás fuerzas constitucionalistas y contribuir a que Pedro Sánchez no gane las elecciones. El problema de España no es tanto su separatismo, que lo es, como un PSOE que lo anima y amamanta creyendo que lo domesticará en un nuevo marco constitucional. Las calles catalanas y los rescoldos de ETA son la prueba del nueve de que el enfrentamiento constitucional con todos los separatismos es inevitable, necesario y urgente.

El 10 de noviembre voten lo que quieran, salvo a Pedro Sánchez y al separatismo. España y la democracia están en riesgo cierto.

Torra está acabado, Sánchez probablemente también
Carlos Dávila okdiario 21 Octubre 2019

Un despacho de abogados, quizá entre los tres más importantes de España, celebró muy recientemente una reunión de socios en Barcelona. Terminó como el rosario de la aurora. Una letrada catalana lanzó sobre los presentes una soflama independentista que fue escuchada con estupor pero con educación por el resto de sus colegas. Al final, con enorme serenidad, el más activo de los socios, replicó: “Puedes decir lo que te parezca, incluso puedes acusar a “Madrid” de todos vuestros problemas, pero el dato es éste: antes de este conflicto nuestra facturación estaba al cincuenta por ciento entre Madrid y Barcelona, hoy vosotros estáis al cuarenta por ciento y Madrid al sesenta. Como decís por aquí: quizá os lo deberíais hacer ver”. La interpelada farfulló palabras ininteligibles y allí terminó el acto.

En la capital de España el pasado sábado el aún ministro del Interior, el juez antes respetado Grande-Marlaska, se desayunó con la presión unánime de los medios de comunicación urgiéndole a que, por los menos, se desplazara a Barcelona, la ciudad donde, según él, se puede pasear “con toda normalidad”. Y si esta presión era fuerte, lo era todavía más la de los disciplinados, por ahora, agentes de la Seguridad Nacional, uno de los cuales fue brutalmente apedreado, lapidado más bien, por las hordas independentistas que le han causado una conmoción patológica de la que en este momento no se recupera. Marlaska llamó a la monaga que tiene Sánchez en Televisión Española y le exigió que le enviara unas cámaras para captar el sublime momento en que el aún ministro tomaba de la mano a uno de los agentes malheridos. En Televisión Española, Carmen Sastre, una de las periodistas que se están enfrentando diariamente a los ultraizquierdistas que dominan el cotarro, decía a este cronista: “Es una vergüenza que el ministro vaya a Barcelona cinco días después rodeado de cámaras y en plan exhibicionista como si fuera uno de esos futbolistas que acuden a los hospitales infantiles el Día de Reyes para dar un juguetito a los niños enfermos”.

Realmente un escarnio para los propios policías que sólo reciben parabienes por lo bien que se están portando, mientras el Gobierno, en plan Tancredo, espera que sus agresores, cansados, regresen a sus casas para seguir pidiendo la secesión como si fueran personas decentes y no unos violentos. A Marlaska y a Sánchez se les ha dicho por activa y por pasiva que su mil veces requerido interlocutor, el activista Torra, ya es un personaje menor, un bulto sospechoso al que también le han sobrepasado las circunstancias. Ni siquiera su amigo de algaradas, el prófugo Puigdemont, pinta nada en esta batalla. Es una guerrilla urbana que ni siquiera el pobre Ábalos sabe cómo va a terminar aunque, eso sí, continúa escudándose en la revolución de los chalecos amarillo para afirmar, con la mayor ignorancia y desfachatez del mundo, que Macron soportó los embates sin hacer uso de armas. O sea, mentira y estulticia: Macron llevó a las calles de París al Ejército en pleno. Aquí están combatiendo unos esforzados agentes que, además, han recibido de sus jefes políticos la encomienda de que no se pasen de la raya en la represión. Aquí y ahora el protagonista es Sánchez ocupado constantemente en pedir al representante del Estado en Cataluña, el activista Torra, que condene la violencia, una exigencia que el faccioso no va a cumplir, entre otras cosas porque familiares suyos están en el menester de agredir a los policías.

La revolución secesionista ha llegado a tal punto, se están demorando tanto las decisiones, que, en opinión de varios analistas, entre ellos un ministro del Interior con Aznar; “ya ni siquiera se puede articular el 155, se ha quedado inservible, se tardaría un porrón de días en ponerlo en marcha”. En este momento, fíjense, los periodistas estamos a la espera de que el Gobierno, la señora Celaá o cualquier otro mindundi, nos convoque, como prometieron a quien quiera ir o al que no tenga otro remedio que ir, para contarnos cómo se va a realizar la exhumación de Franco, otro episodio en el que Sánchez creía encontrar el bálsamo para su depauperada política y que, por el contrario, ya se ha convertido en una risa nacional. Torra está acabado y un enorme contingente de la ciudadanía espera que Sánchez también.

Sánchez mejora a Rajoy
Federico Jiménez Losantos El Mundo 21 Octubre 2019

Parecía imposible, y moralmente quizás lo sea, pero, en términos estrictamente de Gobierno, Pedro Sánchez empieza a hacer bueno a Rajoy. Ha conseguido empeorar aquel desastre que supuso su bienio en minoría en la Moncloa, sobre todo su inacción ante el golpe de Estado en Cataluña. Todo lo anunciaron mil veces los golpistas; y mil veces lo negaron los genios del Gobierno del PP. "No habrá urnas", aseguraba Soraya, la listilla tontuela, en vísperas del referéndum del 1-O; "¿cómo va a haber urnas, si no tienen dinero?", reía Montoro, docto en apuñalar compañeros de partido y tesorero del golpe de Estado durante los seis años de su luctuosa estadía en el Vampirato Fiscal, fiero para todos salvo para el golpismo catalán. Le basta a Sánchez mantener su política con el FLA para favorecer a Cataluña, o sea, para seguir financiando las estructuras golpistas, que siguen intactas.

Pero el error tiene más perdón cuando es original que cuando copia. Y lo que viene haciendo Sánchez desde esa sentencia que ha sentenciado por muchos años el crédito del Supremo (y todavía pide respeto la APM) es copiar la política de avestruz de Rajoy frente al descaro golpista de la Generalidad: fingir que no ve lo que está viendo todo el mundo, porque los terroristas no se ocultan, se exhiben. También Sánchez, ay, se finge ciego.

Pero finge fatal. Marlaska, que ya ha conseguido mejorar a Zoido y está a punto de superar en ineptitud al desmemorialista Fernández Díaz, insistió ayer en que "lo de Cataluña es, exclusivamente, un problema de orden público", como repitiendo la grotesca argumentación lucianesca del chaqueteo del Supremo: de rebelión a sedición y asegurando la colocación. Pues un ministro que entrega cinco días la segunda capital española a las hordas organizadas de terroristas urbanos, alentados y escoltados por el representante del Estado, un tal Torra, debería haber dimitido ya, por inútil. O debería haber sido destituido por Sánchez, por incompetente.

Pero Marlaska sólo cumple las órdenes de Pedro-Mariano Sánchez, que se resumen en dos: no hacer nada y esperar a que escampe. Uno de aquellos abobados de Soraya reciclados por Casado, que tampoco aprende del yerro apaciguador de Rajoy, dijo en vísperas del trafalgar judicial: "La sentencia tendrá un efecto balsámico". ¡El eterno retorno de lo memo!

Lo que no se entiende
Gabriel Albiac ABC 21 Octubre 2019

Puede que sólo la oligarquía catalana se haya tomado en serio lo que formulara Curzio Malaparte en su Técnica del golpe de Estado: «El problema de la conquista y de la defensa del Estado moderno no es un problema político, sino técnico». La tesis parecía aventurada en 1931, cuando la política lo invadía todo y la técnica se reducía a embrionarios virtuosismos en radio y cine, primeros grandes medios para moldear la conciencia de masa. Hoy, debiéramos verla como una evidencia. Pero sólo la oligarquía catalana ha sabido aplicarla hasta el fin.

En su libro, Malaparte se escenifica haciéndole de guía al british Israel Zangwill, en su visita a los círculos infernales del golpe mussoliniano. Al socialista inglés, todo aquello se le antojaba una farsa: «Zangwill no quería creer que se estuviese ya en plena revolución». Lo de Mussolini, repetía, «no es una revolución. ¡Es una comedia, no puede ser más que una comedia!». Y Malaparte sonríe compasivo. Y trata de mostrarle la novedad de «la máquina insurreccional fascista». La violencia callejera -que la hay- es sólo una distracción. ¿Lo esencial? La toma de los nudos del Estado. «Los camisas negras habían ocupado todos los puntos estratégicos de la ciudad y de la provincia, es decir, los órganos vitales de la organización técnica, las fábricas de gas, las centrales eléctricas, la dirección de Correos, las centrales telefónicas y telegráficas, los puentes, las estaciones del ferrocarril»: todo cuanto permite, en suma, funcionar a un país. ¿Una comedia? Sí. Si se quiere. Pero a esa comedia se llama Estado. En Roma hace casi un siglo. En Barcelona ahora.

Desde Pujol a Torra, todo el trayecto técnico -institucional como mediático- del golpe ha sido un plagio del mussoliniano. Con la pasividad de los gobiernos de Madrid. Hay dos Estados hoy en Cataluña. Y el único que ejerce un verdadero poder es el ilegal: la Generalidad. La marcha sobre Barcelona ha sido un déjà vu de la marcha sobre Roma. Con su doble rasero: de día, andarines burgueses con Torra al frente; guerrilla urbana de alta precisión técnica en las noches barcelonesas: prohombres más camisas negras. Un clásico.

Pero hay dos cosas que desconciertan:
a) La financiación del golpe fascista italiano viene, en 1922, de una burguesía lo bastante estúpida como para soñar que a los matones podría luego quitárselos de encima. Su error fue, desde luego, trágico. Ahora bien, ¿quién está financiando este golpe de Estado en Barcelona, cuya primera consecuencia será -todos lo saben- la ruina catalana? ¿Existe una burguesía lo bastante estúpida como para suicidarse?

b) En 1922, la violencia de calle la ejercían piquetes que se autoproclamaban fascistas. Hoy, los choques barceloneses son ejecutados bajo símbolos, lemas y retórica primariamente izquierdistas. ¿Existe una extrema izquierda lo bastante estúpida como para alzar al poder a la burguesía más rancia y reaccionaria de Europa, la del racista Torra?

Hay algo en esta historia que no se entiende.

Cataluña pasa factura a Sánchez
Editorial ABC 21 Octubre 2019

La sentencia de la Sala Segunda del Tribunal Supremo que condena por sedición a Oriol Junqueras y ocho acusados más, no está dando al PSOE el beneficio que auguraban los furibundos críticos de la resolución judicial. Según la encuesta de GAD3 para ABC, en la semana posterior a la publicación de la condena a los dirigentes nacionalistas, el PSOE ha perdido tres escaños y el bloque de los socialistas con Unidas Podemos y Más País, en conjunto, cinco. Los socialistas están actualmente en las mismas cifras que en las elecciones de 28 de abril, con el 28,7 por ciento de los votos y 123 escaños. Unidas Podemos sigue su declive, con el 11,2 por ciento y 31 escaños, once menos que en los comicios generales. Errejón se confirma como una opción fallida para la izquierda, con un corto 3,7 por ciento de votos y sólo cuatro escaños. En total, la izquierda sólo suma 158 escaños con el 43,6 por ciento de los votos.

En el bloque de la derecha, con 155 escaños, el gran beneficiario es el Partido Popular, que suma cuatro escaños, hasta los 102 -a los que habría que sumar los 2 de Navarra Suma-, y se pone con el 23 por ciento de los votos a menos de seis puntos de los socialistas. Su liderazgo en el centro derecha es imbatible. Además, Vox se consolida como tercera fuerza política dentro y fuera del Congreso de los Diputados, con 33 escaños, mandando a Ciudadanos a la cuarta plaza. El auge de Vox y la caída de Ciudadanos cambian las coordenadas de una posible -y, por ahora, improbable- investidura de Pablo Casado. Si se confirman las estimaciones del partido naranja, las consecuencias serán perfectamente previsibles sobre el liderazgo de Albert Rivera y forzarán a esta formación a un replanteamiento de su proyecto político en el ámbito de un centro moderado y reformista claramente asumido por el Partido Popular.

Los bloques de izquierda y de derecha prácticamente se igualan a votos y escaños, lejos de la mayoría absoluta. El plan de Sánchez para absorber el voto de Unidas Podemos y rescatar otro de la abstención con el partido de Errejón apunta a un fracaso sin paliativos. Pedro Sánchez sólo sería presidente con una de estas dos opciones: o reeditando la mayoría de la moción de censura con extrema izquierda y el separatismo nacionalista -que añade un escaño de la CUP-, o pactando con el Partido Popular una fórmula de estabilidad institucional, muy compleja y precaria.

Empieza a apuntar otro escenario y es que el PP gane las elecciones, si mantiene su progresión. Ya está en 102, 36 más que abril. El descrédito del Gobierno en funciones por la gestión de la insurrección separatista en Cataluña corre paralelo a un afianzamiento de la posición política de Pablo Casado. Todo lo contrario de lo que preveía Pedro Sánchez.

Antisistemas sistémicos
Juan Manuel de Prada ABC 21 Octubre 2019

La imagen de un Gabriel Rufián expulsado por los suyos de una manifestación me ha recordado Los demonios, aquella novela donde Dostoievski probaba a ilustrar la genealogía del nihilismo violento, ese hijo malcriado de la democracia que viene a completar la obra iniciada por sus papás. El gran maestro ruso arremetía en su novela contra esos liberales que se dedicaban a culpar a la religión de todos los males que azotaban al país, mientras educaban en la impiedad y en la satisfacción del capricho a sus vástagos, que empezaban por abjurar de la fe, para después frecuentar cenáculos subversivos y terminar urdiendo atentados. Cuando el padre de la novela descubre con horror los manejos de su hijo le pregunta qué está haciendo; y el hijo le responde cínicamente: «¡Padre, completo la labor que tú has iniciado!».

Es una dinámica infalible que ahora cobra contornos truculentos en las calles de Barcelona. Hubo unos políticos que organizaron un trampantojo de secesión, culpando a España de todos los males que azotaban al país; y luego vinieron sus hijos dispuestos a completar la labor que ellos habían iniciado. Pero pretender que esta dinámica sea fruto meramente del adoctrinamiento independentista es coger el rábano por las hojas. A fin de cuentas, entre los vándalos que se han dedicado a causar todo tipo de estragos en Barcelona no hay sólo jóvenes indepes frustrados, sino también profesionales de la destrucción, algunos venidos de muy lejanas tierras, englobados en ese prototipo que difusamente llaman «antisistema» por no llamarlo por su verdadero nombre, que es «sistémico»; pues nada hay tan sistémico como un antisistema, que el fruto más granado, el vástago más acabado del sistema vigente.

En el clarividente prólogo de La tournée de Dios, Jardiel Poncela acierta a explicar el origen del proceso desintegrador que corroe a las sociedades liberales, que se dedican a halagar a sus jóvenes con un festín de derechos (de bragueta o de autodeterminación, lo mismo da) hasta convertirlos en monstruos de voracidad: «La palabra derecho -escribe Jardiel- sale de todas las bocas: “Yo tengo derecho”. -“¿Con qué derecho?”. -“Defiendo mis derechos”. -“¡No hay derecho!”-“Estoy en mi derecho”». Pero este festín de derechos tiene siempre muy mala digestión, pues se moldea una nueva generación «sin concepto ya del deber, engreída, soberbia y fatua, llena de altiveces, dispuesta a no resignarse, frívola y frenética, olvidada de la serenidad y la sencillez, ambiciosa y triste, que reclamándole a la vida mucho más de lo que la vida puede dar, corre enloquecida hacia la definitiva bancarrota». Y es una bancarrota rabiosa, porque -como el propio Jardiel observa- los hombres, cuando han perdido la perspicacia para ver dentro de sí, se convierten en alimañas sedientas de venganza.

En Cataluña esa sed de venganza se reviste con los ropajes del independentismo; pero en su fondo antropológico es puro resentimiento, que es siempre la estación final de ese proceso desintegrador que se inicia con el festín de los derechos. «El resentimiento -escribe Castellani- es indignación reprimida mal o insuficientemente que se irradia concéntricamente de objeto en objeto y de zona en zona anímica. Hay hoy día ideologías del resentimiento expuestas en lenguaje científico y con las mayores apariencias de objetividad. Este rencor convertido en septicemia no tiene más penicilina que una gran inyección de amor tan tremenda que sólo es posible por la Fe y por la Gracia -ayudadas de intermediarios humanos-, como suele Dios hacer sus cosas». Pero, ¿dónde están esos intermediarios? Tal vez Dios ya no quiera saber nada de España

Cataluña, la rebelión y las consecuencias
Antonio García Fuentes Periodista Digital 21 Octubre 2019

Hoy cuando escribo es dieciocho de octubre; día de huelga general en Cataluña, donde ya se acumulan hechos delictivos en cantidad abrumadora y de los que las leyes y los gobernantes, “se hacen el sueco”; y mienten más que hablan, para justificar lo ya injustificable.

LO QUE HA OCURRIDO EN CATALUÑA: Viendo en una fotografía publicada, el cómo unos “energúmenos incalificables y que dicen defender una república regional”; de cómo apalean a un indefenso oponente, que indefenso (reitero) yace en el suelo y sufre el brutal apaleo de media docena de delincuentes canallas, me surge la siguiente reflexión.

“La fotografía, muestra «la valentía de los cobardes y el ensañamiento de los canallas sin escrúpulos»; pero lo que se olvida es que esto es como, «la cerilla que se arrima a la broza seca de un frondoso bosque»; cuyo incendio si no se corta de inmediato, llega a ser devastador. Esto es lo que ocurre si los que dicen gobernar, NO GOBIERNAN Y CORTAN ESTOS ACTOS DE CANALLAS SIN ESCRÚPULOS, y A TIEMPO; luego y como siempre, paga el que menos culpa tiene. Para entender ello, no hay nada más que analizar EL ANTES, DURANTE Y DESPUÉS DE LA GUERRA CIVIL DE 1936-1939… ¿CUÁNTOS CRÍMENES E INOCENTES MUERTOS SE HUBIESEN EVITADO SI AQUELLOS GOBERNANTES HUBIESEN SABIDO GOBERNAR? piense el que tenga «caletre suficiente» y deduzca por sí mismo.

POLÍTICA QUE SE PRACTICA: Yo la denominé hace ya mucho tiempo, como de “panza y bolsillo”; puesto que el político (hombre o mujer) sólo se preocupa de esos dos “elementos materiales”. Olvida totalmente que al entrar en política, se debe a los intereses globales de la población que administra y sin discriminar a nadie. Por el contrario, sólo piensa en mantenerse en esa asquerosa política, e ir escalando en ella, aun cuando sea, “en o sobre, escalera de cadáveres humanos y destrucción de bienes ajenos a sus intereses”; o sea llegan a ser seres tan materiales e insensibles, que sólo les preocupa su yo, su fortuna, y su porvenir, el resto les da igual. Tampoco nadie les ha enseñado que “CARGO VIENE DE CARGA” y por tanto, a mayor cargo, mayor responsabilidad; por lo que el que no entienda ni acepte ello, lo que debe hacer es no entrar en esa IMPOLÍTICA; puesto que POLÍTICA es otra cosa mucho más noble; y por ello el que no sienta de verdad la vocación política, lo que debe hacer es no entrar en ella. De seguir todo ello como va, los terminales siempre serán catastróficos por demás. Y lo más terrible es que siempre, siempre, paga el que menos culpa tiene. Por tanto menos aplaudir al sujeto ya en política; y mucho más, exigirle resultados aceptables para una inmensa mayoría de la población a la que dice representar.

LOS DISCURSOS DE “HUNOS Y HOTROS”: Son tan burdos y embusteros, que por ello son increíbles. Todos esconden intereses privados que como único “lema” a mantener y cuidar, denota “los entramados de intereses materiales”, que atan a los que aparentemente dicen, ser bandos opuestos, pero que en lo esencial, son afines a esos intereses privados que son los que los movieron y mueven, a estar en esa asquerosa política que nos hacen padecer.

Y por tanto el indefenso “pagano de todo-“, menos distraerse en “embrutecedores espectáculos que dicen ser deportivos”; y mucho más en preocuparse, por los verdaderos problemas que nos afectan. El político como en tiempos del Imperio Romano y puede que en épocas anteriores y seguro en las posteriores, emplea el denominado “pan y circo”; y por ello no hacer mucho caso a los espectáculos que ofrece el poder, que sólo lo hace para “distraer y embrutecer a las masas de idiotas, para que sigan cada vez más idiotas y brutos; y no vean lo que en realidad les hace y perjudica el poder dominante”; y en esto no admito diferencias de sistemas, todos fueron y siguen siendo los mismos en este asunto, de distraer y embrutecer al indefenso súbdito, al que si pudieran lo volvían al estado de “siervo o esclavo”, que hoy afortunadamente no pueden. Puesto que no olvidemos lo que una mente privilegiada dejara escrito hace tiempo… “El poder corrompe y el mucho poder corrompe mucho más”.

Procuremos igualmente que de verdad existan leyes justas y que sus ejecutores, sean dignos de administrarlas, para que nunca, tengan que “alquilar o vender sus togas”; puesto que mucho de lo que pasa es debido, a “estos alquileres o ventas de lo que debe ser sagrado”.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más)

Franco al rescate
Sánchez necesita sacar el incendio catalán del primer plano de los telediarios. Es hora de recurrir al comodín de Franco
Ignacio Camacho ABC 21 Octubre 2019

Es hora de activar el comodín de Franco. Los disturbios de Barcelona han dejado al Gobierno tocado porque Sánchez ha preferido cuidar el día después de las elecciones, es decir, la posibilidad de contar con ERC en la aritmética de los pactos, y su campaña se ha bloqueado: no podía ir por ahí de mitin en mitin sin dar la sensación de abandonar el puesto de mando. El PP está haciendo cuentas de la lechera con los sondeos, que le permiten soñar -los sueños son gratis- con un vuelco inesperado. Lo más probable es que no sea para tanto pero los estrategas de La Moncloa necesitan hacer algo para recuperar la iniciativa del célebre «relato». La exhumación está a punto: los recursos de la familia, desestimados; la maquinaria de desenterramiento, en el Valle; la Guardia Civil, desplegada en el cementerio de El Pardo. Para lograr que el presidente deje de parecer agazapado, a la defensiva ante la crecida impune de los vándalos, ha llegado el momento de sacar a los pirómanos del primer plano de los telediarios.

El traslado de la momia no dará muchos votos directos pero permitirá al candidato escapar, siquiera provisionalmente, de un conflicto que se le está pudriendo. Humo de opinión pública sobre la humareda real de las hogueras de los violentos. Además ofrece a Vox la oportunidad de desplegarse sin rodeos, con su discurso expeditivo, efectista y enérgico, frente a la incomodidad de una derecha moderada que no termina de encontrar argumentos para oponerse y tampoco puede guardar silencio sin que una parte de su electorado le reproche un cierto complejo de encogimiento. Cada sufragio conservador que se escora hacia Abascal es un pequeño peldaño que Casado retrocede en su intento de escalar al primer puesto, y tal vez un diputado que el bloque liberal pierde en el apretado reparto provincial de restos. Por el flanco contrario, la maniobra reactiva al PSOE por su decaído flanco izquierdo y estimula la simpatía de los votantes de Podemos. Sánchez tiene en la mano un eficaz win-win, una apuesta ganadora exenta de riesgos, y la seguridad de acaparar la atención de los medios, dentro y fuera de España, armando ruido con un debate tétrico. Mucha ventaja a bajo precio para un dirigente con verdadera adicción a la política de gestos.

Porque más que el cumplimiento in extremis de una promesa, la lúgubre «operación Cuelgamuros» tiene a estas alturas un carácter de artimaña de autorrescate para un Gobierno en franca alarma por el estancamiento de sus expectativas electorales. La campaña, que presumía un paseo, se le ha abrasado en el fuego prendido por los insurrectos catalanes y va a echar mano -literalmente- de Franco para tomar aire. Ya es significativo que tras año y medio en el poder y unas elecciones ganadas sin resultados palpables, su oferta más relevante consista en remover de su tumba a un cadáver.

Cataluña: toca hacer efectivo el "No estáis solos"
EDITORIAL Libertad Digital 21 Octubre 2019

El pasado lunes comenzó en Cataluña una oleada de agitación y terrorismo callejeros orquestada por las fuerzas independentistas tras conocerse la sentencia del Tribunal Supremo contra los cabecillas del golpe del 1-O. A lo largo de toda la semana, centenares de grupos violentos camparon a sus anchas incitados por los capos separatistas. El propio presidente de la Generalidad, Quim Torra, se distinguió como un antisistema con coche oficial participando en algaradas organizadas por los liberticidas CDR, con los que tiene una afinidad incluso familiar.

Barcelona ha sufrido con especial intensidad la arremetida de los indeseables. No es de extrañar que muchos de sus vecinos se sientan abandonados por un Gobierno cuyo ministro del Interior asegura, sin vergüenza, que la situación en la devastada Ciudad Condal es de normalidad: para el nocherniego Fernando Grande Marlaska, trescientos policías heridos y doscientos agitadores detenidos son un mero "problema de orden público". Lo verdaderamente escandaloso es que este sujeto, que no pierde ocasión de exhibir su miseria moral, siga en el cargo.

El grado de inacción del Gobierno, en línea con la estrategia sanchista de actuar única y exclusivamente en función de los intereses electorales del PSOE, es injustificable, indignante e intolerable. El Gobierno tiene que actuar con absoluta contundencia y debe hacerlo ya, como le reclama Pablo Casado. Los españoles de Cataluña no deben seguir sometidos a la dictadura del miedo nacionalista, tienen todo el derecho a que se materialice el antológico "No estáis solos" que les dedicó Don Felipe hace dos años; y a los golpistas no debe seguir permitiéndoseles devastar la economía de la región ni seguir adelante con su golpe criminógeno, mucho menos desde los centros de poder del Principado.

La "puta guerra" que viven los policías en Barcelona: "Nos han tirado lavadoras, hachas..."
Libertad Digital 21 Octubre 2019

"Llevaban dos motosierras", "la mayor vergüenza de España": así se pronuncian los agentes sobre los disturbios del pasado viernes.

"Un puto infierno", "es la puta guerra", "nos han atacado con motosierras": así describieron algunos de los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado destinados en Cataluña los violentísimos incidentes registrados el pasado viernes en Barcelona.

Horas después de que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, dijera en rueda de prensa que "se puede visitar Barcelona con total normalidad", la ciudad condal fue el escenario de una verdadera batalla campal provocada por nacionalistas radicales y ultraizquierdistas. Este domingo, la Cadena SER reprodujo algunos audios de WhatsApp de varios agentes relatando lo que vivieron el viernes.

En la primera grabación, un policía describe el escenario como "un puto infierno": "Las hemos pasado putas. Hemos estado cinco horas recibiendo hostias. Toda la Vía Laietana hasta Plaza Cataluña. Tenemos cinco heridos, pero no son muy graves. La verdad, es que nosotros no hemos salido mal parados para todo lo que hemos recibido". "Era un puto infierno, tío –insiste–. No había visto eso en mi vida: hogueras, nos han tirado una bombona de helio, llevaban dos motosierras que se las hemos quitado… Increíble, tío".

En una segunda grabación, un guardia civil le dice a otro: "Gracias a Dios, no has estado aquí y no has visto la mayor vergüenza del GRS (Grupo de Reserva y Seguridad). Del GRS no, de España, diría yo". El agente cuenta que lleva "desde las cinco de la mañana trabajando, me he levantado a las cuatro y media, y quillo, le han pegado o le están pegando una somanta de palos, la más gorda del mundo, a la Policía, nosotros estamos a trescientos metros y no nos han dejado entrar. No nos hemos metido dentro". "Han traído policías desde Tarragona, hora y media-dos esperándolos, antes de que nosotros entremos, y habemos aquí mil tíos. Quillo, muy muy doloroso. Impotencia y una asquerosidad tremenda", añade.

En el tercer audio, otro policía afirma: "Esto es la puta guerra, no os imagináis lo que hay aquí. Nos han atacado con todo. Nos han tirado lavadoras, hornos, picos, palas, hachas… de todo. Rodamientos, tornillos, nos han atacado con motosierras… Es una puta locura esto. Hay compañeros heridos con manos rotas, brazos rotos… Esto es una puta locura".

Carta abierta a las instituciones del Estado
Gabriel Moris Libertad Digital 21 Octubre 2019

Hace unos cinco años, justo en el décimo aniversario del mayor atentado terrorista de la Unión Europea –y por supuesto de España–, escribí sendas cartas al Gobierno, al Congreso y a la Audiencia Nacional. Mejor dicho, era una carta dirigida simultáneamente a las tres instituciones citadas. Iban certificadas y con acuse de recibo. Sólo recibí una respuesta, además de los tres acuses de recibo; fue la del Congreso de los Diputados: en ella se nos comunicaba que hacían llegar la petición a la Comisión de Peticiones. Hasta hoy, hemos recibido la callada por respuesta. Parece como si hubiera una coordinación en esta actitud.

El objeto de la carta era hacer llegar a las tres instituciones una petición, realizada a través de la plataforma Change.org, consistente en reclamar a nuestro Estado de Derecho, con el aval de varias decenas de miles de firmantes, la investigación de los atentados del 11-M.

Desde mi óptica, pasados cinco años, las razones que nos llevaron a los firmantes a realizar dicha petición siguen en vigor, pero con mayor grado de urgencia, dado el tiempo transcurrido y la posibilidad de que prescriban los graves delitos pendientes. Para el pueblo español –objetivo de los crímenes– y para las víctimas, sufridoras directas de los enormes daños humanos causados, las razones de la petición no han cambiado. Lo incomprensible es el silencio mantenido por unanimidad ante una petición que resulta razonable para cualquiera que la analice objetivamente; máxime si se trata de instituciones clave de nuestro Estado de Derecho, garante máximo y único de la seguridad, la vida y el ordenamiento jurídico de España y las personas que la habitan. Si nuestras instituciones hubieran cumplido con sus deberes, esta carta, reclamando una respuesta, no tendría sentido; pero, lejos de respondernos, constatamos un consenso total en el silencio de todo el arco parlamentario y de sus representantes electos.

En mi afán por encontrar una explicación racional a todo lo ocurrido desde el 11-M, prefiero hacer un paralelismo –salvando las diferencias– con la Pasión de Jesús y sus personajes: Judas Iscariote, los mandatarios del judaísmo, los amigos que huyeron, el populacho, Poncio Pilato, la soldadesca, las santas mujeres y las caídas, la Verónica, el Cirineo, los que lo crucificaron, sus compañeros crucificados (Dimas y Gestas), María y Juan, etc. Cada uno de nosotros podemos identificarnos con el personaje más adecuado a nuestro papel en los hechos. Aún podemos rectificar si así lo creemos.

Para acabar esta carta, me viene a la memoria la vieja letra de un cante por soleares:

Yo me fié de la Verdad, y la Verdad a mí me engañó, si la Verdad a mí me engaña, ¿de quién me voy a fiar yo?

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A Sánchez se le indigesta Cataluña
 larazon 21 Octubre 2019

A tres semanas para las cuartas elecciones generales en cuatro años, el horizonte es del todo imprevisible con tantas variables en juego que a día de hoy las certidumbres son mínimas. Con seguridad, los expertos de La Moncloa manejaron una nutrida documentación demoscópica y prospectiva sobre el escenario electoral cuando forzaron el óbito de la legislatura con premeditación y urgencia. Los augures socialistas vislumbraron un campo de batalla electoral plenamente favorable con los adversarios políticos en inferioridad para dar una réplica suficiente. En esas proyecciones electorales de laboratorio, profilácticas y, por tanto, ajenas a los avatares de la sociedad y de la gente, todo cuadraba y se afianzaba una hegemonía socialista que facilitaría la investidura por la debilidad de los socios y por erigirse como la única salida al bloqueo.

Pero las circunstancias cambian y los vientos rolan. El aleteo de una mariposa produce fenómenos inverosímiles y el independentismo, también. La insurrección separatista, la violencia salvaje, esta semana dramática, ha desvirtuado la ecuación electoral lo suficiente para que los nervios en el Gobierno y en el PSOE se hayan desatado. El triunfo garantizado de antaño aparece hogaño cogido con alfileres. La encuesta de NC Report que LA RAZÓN publica hoy confirma que el PSOE cae por primera vez por debajo de los 123 escaños de abril (120-122) y se deja más de un millón de votos. Con esa devaluación, sumada a la de Unidas Podemos (34-36 parlamentarios, de seis a ocho menos que en abril), ahormar una mayoría de izquierda se antoja muy complicado, y probablemente a día de hoy sólo sería posible con el respaldo de Iglesias, claro, y todos los independentistas, PNV y EH Bildu.

El Gobierno paga la factura de su ineptitud y su medianía en la gestión de la crisis catalana, que de poder ser una oportunidad para relanzar sus opciones ha tomado el aspecto de convertirse en un descalabro monumental. La otra cara de la moneda es el centroderecha, PP y VOX, que explotan una posición y un discurso más sólido y coherente con lo que el electorado espera de unas fuerza responsables en un encrucijada tan grave como la catalana. Los populares de Pablo Casado superarían por primera vez desde las elecciones generales los cien escaños (104-105), con una subida de entre 38 y 39. El efecto catalán espolea también al partido de Abascal, que no sólo frena la sangría de anteriores sondeos, sino que superaría su representación actual en dos parlamentarios.

Y, sin embargo, las opciones de quebrar el bloqueo son relativas por el tremendo retroceso de Cs, que por ahora no capitaliza la insurrección secesionista. El revés sería muy grave pues la pérdida sería de entre 33 a 35 escaños para quedarse en los 22-24. Es evidente que el panorama resulta tan convulso que los bloques podrían modificarse aún más, porque, con estos resultados y las dinámicas presentes, ni siquiera el triunfo socialista que se intuía inapelable está garantizado. Lo cierto es que el PSOE está recogiendo los frutos amargos de sus errores en forma de inacción, y nada se percibe en el horizonte que anime el panorama, pues las malas noticias económicas se suceden y los contenciosos internacionales tampoco dan tregua. Pedro Sánchez pudo pecar de osadía y soberbia cuando selló la legislatura inopinadamente, pero eso no es óbice para que no tome decisiones ante acontecimientos gravísimos como es su deber sin que las urnas le nublen la perspectiva. Con la actual dinámica de voto, y en caso de ser la opción más votada, no estará en condiciones de pedir abstenciones gratis como ha hecho hasta ahora. España necesitará un gobierno fuerte y una mayoría consistente y decidida para tomar las medidas que el país espera y necesita desde hace años. Los ciudadanos eligen a sus representantes para que solucionen problemas, no para que se conviertan en uno de ellos. Es hora ya de aprender y madurar.

El precio de la generosidad
Carlos Mármol cronicaglobal 21 Octubre 2019

Tras siete noches (con sus días ciertos) de batalla campal en las calles de Barcelona, la ciudad que en algún momento de nuestra historia más reciente simbolizó lo mejor de la España mestiza, alternativa milagrosa a la rancia estampa castiza instaurada en el XIX, cualquiera con un mínimo sentido de la realidad --ese bien tan escaso en la Cataluña actual-- no puede sino concluir que lo que algunos llaman el conflicto, que en realidad es una guerra abierta entre la libertad y el totalitarismo, ha pasado a una nueva fase, más salvaje, descontrolada e incierta. La sentencia del Supremo, que no ha contentado ni a unos ni a otros, y que asombrosamente ha venido a dar por buena la ridícula tesis de defensa de los condenados –la rebelión de octubre de 2017 fue sólo un teatro para forzar una negociación con el Estado–, entierra la etapa precedente, marcada por los excesos del desafío consentido, e inaugura el tiempo de una guerra cuerpo a cuerpo, con barricadas, piedras, cargas policiales y el pulso (frontal) de la horda en contra de la democracia española, a todas luces imperfecta pero infinitamente preferible al Estado que ambiciona el independentismo, donde lo común es patrimonio de unos mientras el resto de catalanes (léase españoles) son extranjerizados en su propia tierra.

El espectáculo es dantesco y, al mismo tiempo, fascinante. El fuego siempre ha poseído cualidades hipnóticas, atávicas. Produce una sensación similar a contemplar el mar, al que nunca nos cansamos de mirar, hechizados por su rotundo sinsentido. Shakespeare escribió: “Hereje no es el que arde en la hoguera, hereje es el que la enciende”. Las sociedades modernas se caracterizan por la capacidad de generar convivencia entre los diferentes. En ellas cada uno conserva su propio espacio personal y, al mismo tiempo, comparte, si quiere, los símbolos colectivos. La pesadilla independentista es justo lo contrario: una distopía regresiva que ansía el retorno a un pasado inexistente como señuelo para construir una cárcel mental: sin barrotes, pero donde cualquier disidencia implica la muerte civil y, si llegase a triunfar esta revuelta, probablemente el exilio forzoso de aquellos que no quieren ser lo que la tribu alzada en armas quiere que sean.

El cuadro es apocalíptico. Se dice que los líderes independentistas han perdido el control de las masas. No está tan claro: da la impresión de que, agotada la vía de la rebelión institucional, lo que buscan ahora es que sean los gudaris de esquina quienes, desde el asfalto, a pedrada limpia, proclamen una república cuya moral implica el señalamiento, el hostigamiento y la intolerancia con el diferente. Es el gran momento esperado por sus ideólogos tras cuatro largas décadas de ingeniería social, inmersión lingüística y relativismo por parte de todos los gobiernos españoles, desde el que presidió Suárez al que ahora encabeza Sánchez. Barcelona arde, igual que la Roma de Nerón, mientras los turistas huyen o se hacen selfies y los encapuchados proyectan su odio cósmico hacia aquel que no les gusta con palos y adoquines. Importa muy poco que no tengan razón: esta lucha ya no es una cuestión política, y por tanto argumental, sino directamente violenta. De fuerza bruta.

Los grupos vandálicos que, con la disciplina de una milicia subversiva destrozan todos los días una ciudad que es de todos, no quieren razonar. Ni su educación ni su entorno los han dotado de instrumentos para hacerlo. Les inculcaron la fe ciega de los que creen estar haciendo historia con una petulancia cercana al ridículo. Incapaces de convivir con el que no es como ellos, encerrados en su burbuja identitaria de lugares comunes, lemas ingenuos y solidaridad selectiva, representan una forma contemporánea de totalitarismo incapaz de aceptar la libertad ajena. El Gobierno catalán, principal responsable de esta locura, está desaparecido, dislocado por las tensiones internas entre sus respectivas familias. El Estado, mientras tanto, nos vende conceptos como proporcionalidad y contención para disimular lo que es indecisión. Ningún país civilizado puede permitir que los totalitarios se hagan dueños de las calles. Ningún ciudadano catalán –sea o no nacionalista– tiene que soportar que la demencia de sus vecinos afecte a su integridad física. Sencillamente no es tolerable.

Topamos entonces ante una de las verdaderas raíces del problema: el independentismo, tras 40 años de catalanización, financiada con el dinero de todos (descontando, claro está, las comisiones pujolistas), sigue creyendo que nada de lo que hace tendrá coste porque, hasta la sentencia, no lo había tenido nunca. El fallo del Supremo, pese a las condenas, cuyo cumplimiento efectivo todos sabemos que no se va a producir, alimenta desde el poder judicial este viejo complejo que tiende a dibujar a los independentistas como meras almas descarriadas, en lugar de lo que son: militantes totalitarios. Por eso da por bueno el cuento de que sólo querían presionar al Estado mediante un teatro del absurdo.

No es verdad: la proclamación de la desconexión con España suponía dejar sin derechos de ciudadanía a la mayoría de la población de Cataluña, quedarse con los recursos sociales y despreciar la opinión del resto de españoles. Todo al mismo tiempo. Hubo un quebrantamiento (hasta televisivo) del orden constitucional, con independencia de que después la aplicación del artículo 155 destituyera al Govern de los necios.

El derecho a presionar es una infeliz invención de Marchena, cuyo comportamiento durante la vista fue tan ejemplar como asombrosa ha sido esta sentencia unánime, que parece diseñada en función de lo que pueda suceder en la corte de Estrasburgo. Entre hacer justicia y ser cuestionados por el alto tribunal europeo, los jueces del Supremo han elegido evitar lo segundo, sacrificando lo primero, como si lo que se juzgara al cabo fuera a la justicia española, en lugar de a unos condenados por sedición que, sabiendo lo que hacían, se aprovecharon de sus privilegios legales para burlar la ley que los amparaba.

Cataluña está atrapada entre una batasunización creciente y la infinita soberbia de sus élites, apoyadas por una izquierda española ciega, frívola y tibia ante el desafío moral que supone el prusés, donde se llama ideales a lo que son intereses espurios. El porvenir es una incógnita. Lo que ha dejado de serlo, y debería ser motivo de reflexión, es la razón última de esta guerra. El verdadero alimento del separatismo --en Cataluña, en Euskadi, en todos sitios-- no es el apoyo social de unas masas enfervorizadas y agresivas. Es --así ha sido durante cuatro décadas-- la generosidad del resto de España, que entregó el autogobierno a unas élites dogmáticas, les cedió el presupuesto y los resortes institucionales, comulgó con la imposición marcial del catalán en contra del castellano y se hizo la ciega y la sorda cuando los hechos evidenciaban que lo que los nacionalistas estaban sembrando --desde el primer día-- era esta tempestad de odio antiguo, ancestral, de caverna, en lugar de la tolerancia, el respeto y la libertad.

Cada piedra que lanzan los encapuchados contra la Policía, cada adoquín arrancado de las perfectas calles del Ensanche, cada coche incendiado, arde gracias a la gasolina de esta generosidad no correspondida y malgastada. Es hora de terminar con esta farsa. Al totalitarismo de aldea no se le combate practicando la equidistancia, ni equiparando a quienes respetan la ley con aquellos que quieren que las leyes se adapten a sus caprichos. Se le doblega recuperando el espacio de todos. Pensemos lo que pensemos. Y seamos quienes seamos.

Vox, terceros
EDUARDO ÁLVAREZ El Mundo 21 Octubre 2019

Vox lo arregabla metiendo entre rejas a Torra. Estado de derecho, independencia judicial... garantías democráticas... Pamplinas
Los españoles seguimos siendo esos bichos exóticos que atrajeron la atención de tantos viajeros decimonónicos con fiebres del romanticismo. Muchos mantienen hasta las hechuras trabucaires. Nos ha costado tanto abrazar el populismo xenófobo que parecía que nuestro país era un oasis en Europa vacunado contra el virus. Pero, una vez que la epidemia ha empezado a colarse por los parlamentos y los platós del entretenimiento, en vez de intentar al menos extender un cordón sanitario para combatir su propagación o resistirse a legitimar un ideario tan perverso -es lo que hemos visto durante décadas en casi todo el continente y lo que siguen procurando en naciones como Alemania-, aquí a la primera de cambio se ha actuado como si Vox fuera tan inocuo como el agua de manantial. Así, mientras en buena parte de Europa a la extrema derecha le ha costado Dios y ayuda -literal- aumentar su intención de voto, desempeñar un papel determinante en la formación de gobiernos, etc., aquí en el segundo asalto a las generales ya van terceros. Más le vale a Casado que no haya tri-repetición de comicios en 2020, que se lo meriendan. Y si esto se confirma a ver si a Pedro Sánchez le imputan por sedición, que esto sí que ha sido favorecer un buen golpe al sistema del 78, con el camino expedito.

En medio de "tanta fatiga" democrática como describía el superventas Van Reybrouck, los politólogos nos han explicado hasta la saciedad que los populistas aciertan en los diagnósticos pero yerran con las soluciones. Al partido de Abascal no le ha hecho falta ni lo primero. Se ha limitado a hacer política testicular. Y da lo mismo que todo se articule en torno a falacias e imposibles. En el mitin que dio donde Motos, por ejemplo, sobre la inmigración irregular soltó sin despeinarse que él a todos los menores extranjeros no acompañados (menas) los devolvía a sus países de origen en 24 horas. Qué más da que eso no puedan hacerlo ni los Orban ni los Kaczynski, porque los estados están obligados a cumplir los tratados internacionales. O el procés. Menudos pazguatos nuestros gobernantes. Vox lo arreglaba metiendo entre rejas a Torra esta misma tarde. Estado de derecho, independencia judicial, garantías democráticas... Cuántas pamplinas.

En fin. Un partido que dice cosas tan demagógicas como peligrosas se va a hacer con una buena bancada en el Hemiciclo. Pero qué simpático es Abascal con las hormigas de Antena 3. Y cuánta audiencia da. Ya nos arrepentiremos

Sánchez, acorralado
Isabel San Sebastián ABC 21 Octubre 2019

Las cosas se le han ido de las manos hasta el punto de amenazar la victoria electoral que todos los sondeos daban por segura, que él pensaba acrecentar sustancialmente y ahora corre el peligro de convertirse en derrota frente a un PP en pleno auge. Es la consecuencia lógica de jugar a ser aprendiz de brujo aunando la manipulación de la justicia, el intento estéril de apaciguar a quienes alientan o utilizan la violencia y el desprecio manifiesto de la voluntad popular. Ahora Pedro Sánchez se encuentra solo ante unos acontecimientos que han desbordado las peores previsiones, acorralado en su despacho de La Moncloa, sin atreverse a pisar las calles de Cataluña e impotente ante ese caos, viendo venir el 10-N con las encuestas a la baja, restándole votos y escaños cada día que pasa.

Nada de lo que tenía planeado ha salido como esperaba, excepto la sentencia del Supremo, que trató de contentar a todos y no ha satisfecho a nadie fuera del PSOE y sus terminales mediáticas. Lo que no calculó bien el socialista fue la reacción del independentismo a ese fallo, que ha superado los peores augurios a pesar de que el Ejecutivo puso su mejor empeño en que los jueces del Alto Tribunal condenaran por sedición y no por rebelión, tal como pedían la Fiscalía y la acusación popular, a costa de retorcer el brazo de la Abogacía del Estado, convertida escandalosamente en abogacía del Gobierno. El afán un tanto acomplejado de conseguir la unanimidad y la politización de la justicia a través del CGPJ, en cuyas manos están las carreras y nombramientos de sus señorías, hicieron el resto, empezando por denegar la solicitud de los fiscales para que los condenados cumplieran al menos la mitad de sus penas antes de poder acceder a la libertad. Una demanda contemplada en el Código Penal y sobradamente justificada, teniendo en cuenta que las medidas penitenciarias susceptibles de abrirles las puertas prematuramente dependen de independentistas que no se cansan de aplaudir a esos reos. ¿Alguien cree que los mantendrán presos un segundo más de lo indispensable para no acabar en la cárcel con ellos?

El presidente en funciones quiso mostrarse conciliador en la represión de esa sedición por la misma razón por la que ahora rechaza obstinadamente aplicar las medidas constitucionales (artículo 155 o Ley de Seguridad Nacional unida al cierre radical del grifo económico) que pide a gritos una situación fuera de control, caracterizada por el hecho sin precedentes de que la máxima autoridad del Estado en la comunidad autónoma se alinea descaradamente con quienes atacan a la Policía y levantan barricadas, además de amenazarnos con declarar la independencia. En cualquier país de nuestro entorno Torra habría sido depuesto antes de ser detenido, pero aquí sigue al frente de la Generalitat en nombre de la «moderación» que, según nos ha dicho Sánchez, es un modo de mostrar fortaleza democrática a los salvajes y su líder máximo. Lo cierto es que el candidato anda haciendo cálculos y ya no le salen las cuentas. Con el mapa electoral actual habría podido entenderse con Ciudadanos por un lado o con Podemos y Ezquerra por el otro, pero prefirió tentar a la suerte y forzar una repetición electoral tan innecesaria como irresponsable. Ahora solo le queda echarse en brazos de Pablo Iglesias, al que rechazó de forma humillante en verano, sumar al pacto a los de Junqueras, encabezados por un Rufián a quien se está cosiendo a toda prisa un traje de «separarista responsable», meter también en la cama a Otegui y rezar para que dé la suma.

El árbol y las nueces
Luis Herrero Libertad Digital 21 Octubre 2019

No conozco a nadie que sepa qué va a pasar a partir de ahora. Tal vez se vayan los agitadores que han venido de fuera, las detenciones y el rigor de la ley sirva de escarmiento a algunos pirómanos y el cansancio de la movilización permanente diluya las aglomeraciones callejeras. No tengo duda de que, en tal caso, el Gobierno esgrimirá el argumento de que su templanza ha conseguido que el suflé de la rabia independentista haya bajado por la ley de la gravedad, sin necesidad de entrar en el cuerpo a cuerpo, y que gracias a su moderación lo peor ha pasado sin mayores consecuencias. Pero no será verdad. Las consecuencias de lo que ha ocurrido estos días, y de lo que pueda ocurrir en los días venideros, no son de menor cuantía.

Las pintadas que han empezado a aparecer por doquier son todo un síntoma de lo que nos aguarda en la calle: "Nos han enseñado que ser pacíficos no sirve de nada". Eso que algunos llaman violencia de poca monta —ellos dicen de baja intensidad— convertirá la vida cotidiana en Cataluña en un paripé de normalidad diurna y agitación nocturna, o en el mejor de los casos —es un decir—, en espectáculos esporádicos de iracundia borroka protagonizados por jóvenes con embozo teledirigidos por el tsunami en la sombra. En todo caso, la sociedad catalana está condenada, desde ahora, a aprender a convivir con esa anomalía de los contenedores en llamas como si tal cosa.

No tengo duda de que los políticos independentistas condenarán la violencia que hemos visto estos días y dirán que ese no es el camino. Pero que lo digan, incluso que alguno de ellos lo crea de verdad, no significa que vayan a actuar en consecuencia para impedir que se repita. En el reparto de papeles de esta nueva etapa, a unos les toca mover el árbol y a otros, recoger las nueces. El objetivo inmediato, impulsado por una ERC disfrazada de cordero en medio de la jauría orquestada por Torra, no es consumar aún la independencia, sino ampliar la base social de sus partidarios. Y, para ese fin, todo lo que ha pasado en los últimos días es altamente provechoso.

El curso de inmersión separatista ya no se imparte solo en las aulas de un sistema educativo doctrinario y mendaz. Ahora, el eco vocinglero de la calle, la malversación informativa de TV3, el clamor de la clase dirigente —incluso de mucha de la que se dice defensora de la Constitución— se ha puesto al servicio de la leva. La sentencia del Supremo, a pesar de su pastelera benignidad, ha sido la excusa que esperaban los caudillos del procés para tocar a rebato a todos los suyos, presentes y futuros. La pregunta es: ¿cuántos de los jóvenes catalanes que se vayan incorporando al censo electoral en los próximos años habrán decidido esta misma semana abrazarse al voto independentista? ¿Ocho de cada diez? Probablemente me quede corto. Para poder sustraerse al ambiente de lapidación de la idea de España que se respira desde el lunes pasado en toda Cataluña hacen falta unos anticuerpos que el Estado dejó de suministrar hace mucho tiempo.

Que los pebeteros de humo negro dejen de tiznar el aire nocturno de Barcelona, si es que tal cosa sucede, no significará que el problema haya quedado resuelto. En todo caso será señal de que el procés ha entrado en una fase distinta, menos cagaprisas pero igual de ambiciosa. ERC quiere fulminar a Torra, títere de Puigdemont, para hacerse con el control institucional en unas elecciones autonómicas adelantadas al invierno de 2020, y seguir permeabilizando a la sociedad catalana para que los efluvios independentista vayan haciendo sazón en todas las capas sociales hasta conseguir que las urnas ganen el partido por goleada. Y, en ese nuevo diseño, si de vez en cuando los agitadores menean las ramas del árbol para que las nueces caigan más deprisa, mejor.

¡Qué triste sería ver al PSC convertido en cómplice de esa estrategia, subido a un gobierno de coalición con los mandados de Junqueras y Colau! ¿Será posible? Yo, por desgracia, no lo descarto.

La zona cero del «torrismo»
Juan Fernández-Miranda A 21 Octubre 2019BC

El pasado viernes noche en la zona cero del «torrismo» –Urquinaona– una decena de radicales corrían con su botín entre las manos: no era la bandera de su soñada República, ni la convocatoria de un referéndum para votar la independencia, ni siquiera un proyecto de reforma constitucional para reconocer la superioridad racial de los catalanes. No: el botín era una tele HD. Las revoluciones posmodernas se miden en pulgadas, al menos en la Cataluña de Torra.

En términos de comunicación, el mejor antídoto contra la sinrazón en la que se cuecen los indepes son las imágenes que estos días están publicando los periodistas a pie de barricada. La sola imagen de la prensa trabajando con casco neutraliza cinco años de propaganda de las sonrisas. Tres escenas más, todas del viernes noche: decenas de radicales arrancando baldosas con piquetas, plenamente organizados; un grupo de policías nacionales evacuando a un agente herido, desmayado; y la plaza Urquinaona atestada de adoquines tras la batalla. Esa obra de teatro en tres actos es el epitafio del «procés».

A los políticos indepes les urge catalogar a esa chusma como minoría; y es verdad, pero no toda la verdad. No todo el independentismo es violento hasta el punto de querer matar, afortunadamente. Pero también es cierto que la violencia no es solo golpear, diga lo que diga el Tribunal Supremo, también lo es imponer una forma de pensar y negar el pan y la sal al discrepante. Y de eso ha habido mucho en el proceso de ingeniería social del nacionalismo catalán: Pujol lo diseñó, Mas lo radicalizó, Puigdemont lo condujo al abismo y Torra se lanzó.

La pregunta no es qué hacer con Torra, personaje amortizado, sino cómo seducir a esa generación de catalanes que han nacido y crecido, y se han reproducido, en el proyecto de ingeniería social de Pujol. De todos esos, me llaman la atención los que no buscan un muerto, pero que estos días merodean en los disturbios cargados de sinrazones, una suerte de «voyeurs» del radicalismo.

Entre las decenas de radicales que el pasado viernes corrían TV en mano me llamó la atención una chica, por su aspecto y por su descaro. Era diferente, pero también había robado una tele, que portaba con elegancia, parada en la acera mientras los otros corrían. Una joven esbelta, con sus vaqueros pitillo ajustados, sus zapas negras –suela blanca– de «runner», la melena al viento y el rostro descubierto. Un «look» que no se ajusta ni al icono de los barbudos de Sierra Maestra ni al de los antisistema del G20. A esa chica, que este finde semana habrá visto alguna serie de Netflix o HBO en su tele nueva, no la imagino lanzando adoquines a matar, no la imagino agitando el árbol, pero se le da genial recoger nueces.

Tal vez el viernes noche, mientras observaba a los radicales del rostro oculto huir con el botín entre las manos, ella también pensó, o pudo haber pensado, que esa noche en Barcelona era la noche de su revolución pendiente. La realidad es que bajo los adoquines de Urquinaona no hay arena de playa, hay fibra óptica para conectar la tele. Al final, el torrismo es vandalismo y pillaje.
 

La conjura contra Torra
José García Domínguez Libertad Digital 21 Octubre 2019

A estas horas inciertas, el único proyecto estratégico conocido del núcleo rector del catalanismo político es tirar piedras. Tras más de un siglo ejerciendo la hegemonía social, política y cultural entre el grueso de las clases medias y menestrales autóctonas, en su lejano momento la columna vertebral de la sociedad catalana, ahora mismo, al testaferro Torra y a su patrón Puigdemont solo les queda ese argumento, el de las piedras. Pero ni siquiera la apuesta decidida por las piedras puede resultar viable a medio plazo como alternativa polpotista a la claudicación sin condiciones. Y es que la carta de los adoquines se podía jugar en Bilbao, como de hecho se jugó durante lustros, pero no en Barcelona. En Barcelona cabe hacer el animal durante una semana para que se desfoguen y pasen el luto los hijos putativos –y también los biológicos– de Torra, pero nada parecido a la kale borroka tendría aquí futuro. Y es que conviene tener muy presente a esos efectos asilvestrados que la capital de Cataluña representa a día de hoy uno de los principales destinos turísticos no de Europa, sino del mundo.

En 2018, el año pasado, casi 16 millones de visitantes foráneos (15,8 para ser precisos), la inmensa mayoría de ellos extranjeros (algo más de 12 millones) se dejaron en la ciudad unos 13.500 millones de euros. Esa, 13.500 millones de euros, es la pequeña diferencia entre quemar contenedores en el casco viejo de Bilbao y hacer lo mismo en el Ensanche de Barcelona. Bilbao, ni vivía ni vive de su imagen internacional, pero Barcelona sí. Y cada vez más. De ahí que la inquietud por el futuro incierto de esos 13.500 millones resulte algo muy presente en la trastienda de la vasta conjura que se acaba de poner en marcha dentro de la élite dirigente del nacionalismo para defenestrar al tándem Torra-Puigdemont, un golpe palaciego que dirige Esquerra Republicana pero que cuenta con apoyos que van desde Colau, que ha corrido a hacerle el vacío a Torra en su momento más difícil, hasta la antigua dirección de CDC, ahora aterrorizada ante la deriva de los acontecimientos y la falta de sentido de la realidad del president y del Payés Errante.

Cuanto está ocurriendo en las últimas horas, desde la negativa de Sánchez a cogerle el teléfono hasta la expulsión de Rufián en la manifestación de los CDR a instancias de los militantes de la ANC, procede interpretarlo en esa clave. Torra ni siquiera conserva en este instante el control sobre los Mossos, que han venido actuando de modo coordinado con la Policía Nacional gracias a que el consejero de Gobernación, Buch, que dispone del respaldo político de la Esquerra y de la dirección del PDeCAT enfrentada a Puigdemont, opera en todo momento por su cuenta y riesgo. Así las cosas, en la Plaza de San Jaime se da por hecho que el testaferro será inhabilitado judicialmente tan pronto como el próximo mes, cuando se celebre la vista en el TSJC por su desobediencia a la Junta Electoral en el asunto de los lazos amarillos. Ese es el momento procesal que los conjurados están esperando para promover a Pere Aragonès para la Presidencia, adelantar las elecciones y, de paso, asestar el golpe definitivo a Puigdemont. Y mientras tanto, más piedras.

Antorchas de libertad
Francesc Arroyo cronicaglobal 21 Octubre 2019

Edward Biarnays (Viena, 1891 - Massachussets, 1995) pasa por ser el fundador de los modernos métodos publicitarios. Entre sus logros está el haber convencido a millones de mujeres de lo bueno que era fumar. No sólo bueno: era un acto liberador. Definió el cigarrillo en los labios de una mujer como “una antorcha de libertad”. Hoy se sabe no sólo que fumar no convierte a nadie en libre, sino que además le corroe los pulmones. Pero así son las cosas.

Los publicitarios del prusés (que también venden como bueno algo pernicioso), se han apropiado de dos de los términos de Biarnays: antorcha y libertad. Primero encendieron unas antorchas en Montserrat y luego las bajaron a Barcelona para darles otros usos igualmente liberadores: prender fuego a cuanto pudiera arder con facilidad.

Entre los independentistas defensores de la violencia hay, al menos, dos tipos de individuos. Unos son los que queman cuanto está al alcance de su mano; otros los que les proveen de argumentos que justifiquen sus desmanes. Los segundos son, en general, gente bien que no utiliza la cerilla más que para encender los puros o la chimenea. Dejan el trabajo de la chamusquina para otros menos dados a frecuentar el dominio del lenguaje.

Estos tipos, vinculados en general a nóminas públicas, se pasan el día hablando de “España, Estado fascista” o denunciando la “represión sangrienta” o sosteniendo que los catalanes (todos) viven sin poder usar su lengua (no el idioma) y obligados a dejar de lado sus costumbres. Entonces van los otros, los de la mecha larga o corta, y se sublevan frente al fascismo y combaten la sangrienta represión en nombre de la defensa de las libertades. Abren camino a la libertad, a sangre y fuego.

Los bien pagados sostienen que las llamas son purificadoras y, tras el combate, llegará el paraíso, o poco menos. Y los patriotas de a pie, muchos de ellos jóvenes y dispuestos a vivir la épica de la fundación de la nueva patria igualitaria, se lanzan a las calles armados con la gasolina que les ha llegado a través de esas palabras.

A veces la cosa se desmanda y en los enfrentamientos alguien pierde un ojo o parte de los testículos o se lleva una somanta. No es problema, porque carne de cañón hay mucha y las balas de goma nunca encuentran cuerpos nobles. Los hijos de los dueños de las palabras siempre están en otra parte a la que no llega el olor a pólvora. Quizás de excursión con su padre, accidentalmente presidente del Gobierno de la Generalitat.

Ahí está el tal Quim Torra, andando bajo el sol junto a, dice él, la gente. Se deduce que los que no están con él no son gente, se merecen pues lo que les caiga.

Dice Miquel Iceta que Torra ha puesto la independencia por delante incluso de la convivencia. Es lo que tienen los fanáticos: el fin, para ellos, justifica cualquier medio. Siempre que ese medio no sea un incordio para uno mismo. A veces, pasa y sufren: ahí están los condenados a penas de cárcel. Pero no es porque se pusieran en primera fila para recibir directamente los golpes, es porque hicieron un mal cálculo. Incluso ellos pueden ser chapuceros. Quizás creyeron que, ya que los curas de Montserrat les bendicen, Dios les ha elegido también. Pero no es seguro que Dios exista y, si fuera el caso, tampoco es seguro que los curas sean sus mejores representantes. No importa: ellos, con Torra al frente, supeditan todo al bien supremo del pueblo elegido.

El problema real, sin embargo, no es sólo Torra, es que él está rodeado de muchos “torrats”, unos subvencionados y otros a los que se ha dicho que debajo del asfalto está el paraíso y si les pasa algo, habrá mil pubillas esperándoles.

Me cago en el relativismo

Miquel Giménez. vozpopuli 21 Octubre 2019

Hay un culpable mucho peor que el separatismo violento y cerril, que el supremacismo racista o incluso que la ceguera institucional. Hablo del relativismo

Relativizar es un verbo que se conjuga mal en esta Cataluña borracha de odio, de niñatos que juegan a ser revolucionarios y de burguesitos que aprietan los dientes con los ojos inyectados en sangre mientras murmuran 'apreteu, apreteu'. Los relativistas, con su aparente bonhomía, sus aires de superioridad moral un tanto blazé, su tonillo entre sabihondo y patético de fábula de Samaniego en la que los galgos ni son podencos ni son galgos, nos han jodido la vida pública. Mucho. El primer cornúpeta mental que carraspeó para decir luego con voz campanuda "Bueno, existe cierta violencia aislada, pero claro, hay que comprender…", añadiendo después una retahíla de imbecilidades de primero de sabio de barra de bar, debería ser encausado por delito de lesa inteligencia.

Porque uno puede relativizar con los aspectos tangenciales de la vida, pero hacerlo con lo que es lo medular, lo sustancial, la base de todo el edificio que venimos construyendo con mejor o peor fortuna desde Rousseau, es criminal. La violencia, y a fe de Dios que de eso hay mucha en Barcelona y en el resto de capitales catalanas, no admite relatividad alguna. O se está a favor y no se condena o se está en contra y se dice con toda la energía posible. Las medias tintas, tan cercanas a la pseudoizquierda en general y a la catalana en particular, solo sirven a quienes se creen imbuidos por el poder sobrenatural de hacer exactamente lo que les salga de los cojones sin tener en cuenta a nada ni a nadie.

Es el mismo relativismo que, cuando hablas del asesinato de Calvo Sotelo, no tarda ni medio segundo en arrojarte a la cabeza a Lorca, la matanza de Badajoz, los fusilados de Franco y, a poco que te descuides, incluso los de La Moncloa, como si una barbaridad pudiera eliminar a otras. Abrumar a quien discrepa con estadísticas de cadáveres víctimas del odio irracional nunca fue un método ni sano mentalmente ni bueno políticamente. Hay que relativizar, te dicen, porque no hay ni bueno ni malo, ni verdad ni mentira, ni blanco ni negro.

Ese es el mayor error, la de quienes, so pretexto de ser más buenos, más santos y más doctos que nadie, suprimen de un plumazo las más elementales nociones del Bien y del Mal"

Ese es el mayor error, la mayor traición a la libertad, la de quienes, so pretexto de ser más buenos, más santos y más doctos que nadie, suprimen de un plumazo las más elementales nociones del Bien y del Mal, así, en mayúsculas. De esa forma cobarde y pancista, evitan el compromiso de apoyar a una causa o a otra, de mojarse, de definir lo que son. De lo que se deduce que el relativismo es, a día de hoy, el mayor refugio de cobardes y miserables, de todos aquellos a los que les importa un higo que nos masacren al resto mientras ellos puedan seguir disfrutando de su vida cómoda y sin problemas.

Dicho lo cual, se comprenderá perfectamente que me cague en esa posturita de tertulia de salón de mesa camilla y tomando el té, parafraseando al gran Josep Pla, tertulias de miriñaques ideológicos con su canesú, donde más que hablar se regüelda y más que pensar se sestea.

Y hablando de todo un poco, ¿alguien sabe si Iceta tiene pensado construir un balneario en la sede del PSC? Por lo de las tertulias relativistas y por tomar las aguas socialistas, cosa que parece sentarles muy bien a quienes sostienen que aquí pasa poco o nada mientras cenan alegremente en reputados locales de restauración. Válgame Dios con el relativismo.

El suelo patrio
José María Albert de Paco. vozpopuli 21 Octubre 2019

El intento de levantar un dique entre el nacionalismo y la violencia, como si el primero no fuera en esencia un bullying a gran escala, es un clásico español. Las contorsiones de los locutores de televisión, tratando de compensar cualquier mención a los bárbaros con la postilla cuasi maquinal de que a pocos metros se celebraba una manifestación virtuosa, modélica, y, por qué no decirlo, catalana, componen un ceremonial siniestro, que recuerda al mito de un nazismo jovial, edificante, resueltamente compatible con la democracia liberal. (Lean, por favor, esa vibrante reconstrucción de la historia europea a partir de los demonios familiares que es Los amnésicos, de la periodista franco-alemana Géraldine Schwarz.)

Poco importa que los pacifistas que atestaron los Jardinets de Gracia se dieran al tiro al reportero, en rigorista aplicación de la consigna más coreada durante las jornadas del odio: “Prensa española, manipuladora”. Esta pertinaz agresión, este recurrente señalamiento, que en cualquier otro ecosistema político habría incitado a las más bellas almas a clamar: “¡No quieren testigos!”, en el mainstream español pasa por un ritornelo moralmente admisible, casi ejemplar. Y no cabe descartar que la piedra angular de la sumisión al diktat fuera la mordaza impuesta a El País a cuenta del caso Banca Catalana. Juan Luis Cebrián ha tardado cuarenta años en rechistar.

El modo en que España, y más precisamente la izquierda española, ha interiorizado la hegemonía nacionalista se ha puesto estos días de relieve en la aceptación acrítica de la propaganda supremacista. Y me temo que ‘aceptación acrítica’ es un sintagma que, para lo que hace al caso, peca de optimismo. “Marchas por la libertad” y “tsunami democrático”, forman parte de la misma hidra que dio “derecho a decidir”, “esto va de democracia” o “ni un papel en el suelo”.

Comunicado equidistante
Esta última, por cierto, cobró visos de verdad el pasado viernes, pero sólo porque ya no había suelo. Llevado al paroxismo, el campo semántico del procés se va poblando de criaturas mitológicas como xenofobia festiva, sabotaje cívico, racismo lúdico… Por lo demás, bastó la intervención de no más de dos docenas de ultras para que el progreísmo (ojo, editor, no falta ninguna ese) pudiera incrustar en su relato la más lujuriosa de sus fantasías: la de la guerra civil 2.0, de la que participan, cómo no, la mayoría de los corresponsales extranjeros, cuyo principal rito de paso en el oficio es emular a Hemingway (siempre a Hemingway, nunca a Dos Passos). La escaramuza del viernes en la calle Balmes no consistió en una banda de fascistas apaleando a un antifascista. Lo que ahí se ventilaba era un altercado entre fascistas. Una reyerta, sí, esa palabra que con tanto desahogo reservamos a Montoyas y Tarantos.

El día 14, en cuanto se hizo pública la sentencia, cientos de entidades catalanas divulgaron al unísono un comunicado (en puridad, otro editorial único) en el que manifestaban su preocupación por que el Supremo hubiera condenado por sedición a los instigadores del 1-O. La bacanal de destrucción que ha asolado Barcelona no le ha merecido una sola línea a esa trama civil. A estas alturas, y dado el estado de gravedad del policía al que reventaron la cabeza, incluso veo más probable que se esté gestando un Ciutat morta.

Dos ertzaintzas heridos y diez detenidos en una protesta de proetarras contra un mitin de Vox en Bilbao
OKDIARIO 21 Octubre 2019

Un grupo de radicales ha intentado boicotear un acto de Vox en Bilbao provocando unos disturbios que se han saldado con dos agentes de la Ertzaintza heridos y un total de diez detenidos. La concentración de protesta fue convocada por el grupo proetarra Sare Antifaxista en contra de un mitin de Vox.

La Ertzaintza ha cargado contra las más de 200 personas concentradas esta tarde frente al Palacio Euskalduna de Bilbao, donde se ha celebrado un mitin de Vox, en el que han participado su presidente, Santiago Abascal, y su secretario general, Javier Ortega Smith.

A partir de las cinco y media de la tarde, y respondiendo al llamamiento de Sare Antifaxista, alrededor de 200 personas se han concentrado ante el Palacio Euskalduna y han lanzado gritos contra Santiago Abascal, el PNV, contra el fascismo y reclamando la amnistía.

Media hora antes, sobre las cinco de la tarde, la Ertzaintza ha cortado el tráfico desde el Sagrado Corazón hacia el Palacio Euskalduna, ha desplegado un fuerte dispositivo, con una docena de furgonetas y el apoyo de un helicóptero, y ha extendido un cordón policial para situar a los participantes en la movilización en el parque de Doña Casilda, desde donde han seguido profiriendo gritos hasta la llegada de los dirigentes de Vox.

Su secretario general, Javier Ortega Smith, ha salido del Palacio Euskalduna y se ha acercado hasta los mandos de la Ertzaintza al frente del dispositivo, para denunciar que se estaba "impidiendo el paso" a los simpatizantes de Vox.

Según ha denunciado ante los agentes Ortega Smith, "esta gentuza viene a presionar, a coaccionar y a intentar que este acto no se pueda celebrar". Tras ello, ha preguntado a los ertzainas "quién ha autorizado esta concentración" y "por qué no se ha disuelto inmediatamente".

En ese momento, los gritos de los concentrados se han incrementado y la Ertzaintza ha comenzado a cargar contra las personas que participaban en la movilización, algunas de ellas con ‘ikurriñas’ y ‘senyeras’, y que han lanzado objetos contra los agentes.

Los participantes en la concentración se han dispersado hacia las calles adyacentes, y han corrido por la Gran Vía hacia la calle Licenciado Pozas, donde varios encapuchados han cruzados contenedores en la carretera y les han prendido fuego.

Los carreras de los radicales y la cargas de la Ertzaintza se han repetido por la zona de Abandoibarra y los aledaños de San Mamés, donde estaba jugando el Athletic. Algunos de los participantes en la movilización han levantado barricadas también en la carretera en Sabino Arana, cruzando contenedores, y otros incluso han entrado en el centro comercial Zubiarte, seguidos por los antidisturbios.


 


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