AGLI Recortes de Prensa   Domingo 27  Octubre  2019

A Sánchez, Franco se la suda
EDUARDO INDA okdiario 27 Octubre 2019

—Quienes alcanzan el poder con demagogia acaban haciendo pagar al país un precio muy caro (Adolfo Suárez)—.

Soy fan de Adolfo Suárez no sólo porque en mi casa me educaron en el ucedismo sino, sobre todo y por encima de todo, porque es el político más visionario que ha dado nuestro país. Por algo su monumental obra política, la Transición, se estudia en las más prestigiosas facultades de Politología del planeta como ejemplo de buen hacer, tolerancia, sentido común, consenso y de esa palabra que él y Fernando Abril Martorell tanto empleaban, la concordia. Esa política de las renuncias mutuas que nos ha regalado el más longevo periodo de paz y prosperidad de una historia, la nuestra, que no es precisamente para sacar pecho.

Aún recuerdo cómo en la Universidad washingtoniana de Georgetown, en la que por cierto estudió nuestro Rey, me hablaban hace años con desmedida admiración de nuestro prácticamente incruento paso de una dictadura a la democracia. Chile, Argentina, Brasil y decenas de países del otro lado del Telón de Acero tomaron como hoja de ruta nuestra Transición para finiquitar décadas de autoritarismo. Y a la mayoría les fue tan bien como a nosotros. La tan suarista como made in Spain receta no es infalible pero casi.

El presidente Suárez, que sí falló a largo plazo por Clavero Arévalo interpuesto cediendo la Educación a las autonomías, tenía meridianamente claro el peligro de la siempre empalagosa demagogia. Una práctica traicionera que es como un chicle que puedes estirar hasta el infinito. Uno puede prometer y promete como si no hubiera un mañana lo que sabe que jamás cumplirá, meterse en camisa de once de varas hasta el Día del Juicio Final o montar mañana, tarde y noche un cisco de aquí no te menees para conquistar o retener la poltrona. La demagogia es ilimitada. Pero esa droga acaba como acaban todas las drogas: entre muy mal y peor. Como el rosario de la aurora.

Demagogo irresponsable fue el presidente Zapatero y demagogo desahogado es Pedro Sánchez. El inesperado presidente que salió del 14-M se comportó como un peligroso artificiero plagando de dinamita ese Pacto de la Transición que permitió que los herederos de quienes habían ganado la Guerra Civil y quienes la habían perdido se sucedieran en el poder en una suerte de posmoderno y sanísimo turnismo. El quinto presidente de la democracia no voló la España constitucional pero sí la dejó atestada de unas minas que destrozan las manos de todos aquellos que intentamos desactivarlas. El sucesor de su sucesor no es un iluminado ni un sectario superlativo como él, porque eso es física y metafísicamente imposible, sino más bien un fresco al que le da igual ocho que ochenta con tal de seguir viviendo en Palacio rodeado de edecanes, volando en Súper Puma o Falcon y yendo a todas partes con una cohorte de guardaespaldas que agigantan su diminuta figura política.

Sánchez gobierna a golpe de encuestas. Que le dicen que hay que pactar con Ciudadanos porque es más chic, allá que se va a tender la mano a Rivera; que no queda otra so pena de perder el maldito Falcon que te permite ir de marchuki cual marajá, ofertón que te crió a ese Iglesias al que odia aún más si cabe que al novio de Malú; que tiene que razonarle a Casado de las bondades de una abstención, no hay problema porque le leerá la cartilla aun a sabiendas de que él triunfó con la fórmula contraria. Así es este tipo cuya única ideología es él, después él y más tarde él. Una suerte de Rey Sol en versión chuleta madrileño. Un “yo-mí-me-conmigo” de manual. Milita en el PSOE como podría hacerlo en el PP, en Podemos, en la Fuerza Nueva de ese Blas Piñar que tanto molaba a su familia política o en el Movimiento Nacional si estuviéramos en el franquismo.

Su ansia de poder la estamos pagando muy cara. Qué se puede esperar de un sujeto que con tal de llegar a Moncloa fue capaz de aceptar los votos de los malnacidos que ocho meses antes habían perpetrado un golpe de Estado, de los proetarras y de los embajadores de Chávez, Maduro y los ayatolás iraníes. Aquella puñalada trapera reventó los consensos más elementales de un bipartidismo en el que había un mandamiento no escrito que rezaba algo tan perogrullesco como moralmente insoslayable: “No pactarás con ETA ni con los independentistas catalanes”. A él no lo enviaron de vuelta a casa con Begoña y las niñas porque le tuvieran manía sino porque había forjado ese gobierno o pacto “Frankenstein” del que hablaba el sin par Rubalcaba.

No sé si el sobrevalorado Iván Redondo, los sondeos, o ambos factores, le indicaron que había que echar del Valle de los Caídos al dictador para erigirse en la fuerza mayoritaria de la izquierda aplastando a ese tonto útil de Soraya que fue Podemos, creado para mermar el poder de la gran formación socialdemócrata que más años ha gobernado este país. Jamás de los jamases había escuchado a Sánchez hablar del ferrolano hasta que aterrizó tan legal como inmoralmente en Moncloa con un pacto contra natura de manual.

Entre otros motivos, porque su familia política militó en Fuerza Nueva. Su relación con Begoña es perfecto epítome de lo que fue esa Transición que consistió básicamente en que los enemigos irreconciliables se abrazaran y miraran hacia adelante dejando atrás un pasado diabólico. Está por ver los réditos que le genera la exhumación de la momia del general más joven de la historia de Europa. Conviene olvidar que eso de remover a los muertos suele terminar con desgracias mayúsculas: que se lo digan a lord Carnavon y a otros veintitantos egiptólogos que la espicharon tras profanar las tumbas de Tutankamón y otros faraones. A mí personalmente me da un yuyu que me mata y nunca mejor dicho. ¿Derrotará la maldición de Francokamón a Sánchez el 10-N? El tiempo lo dirá pero yo, por si acaso, me encomendaría a todo el santoral.

Lo más detestable de todo lo que hemos contemplado estos días es cómo el arrendatario de Moncloa ha convertido un evento ético en un acto electoral, en su gran mitin de campaña. Comparto al 100% las palabras de Pablo Iglesias y Albert Rivera, que desde el antagonismo coinciden a la hora de sostener que la exhumación debería haberse pospuesto más allá del 10-N. Un hombre de Estado la hubiera dejado para finales de noviembre o diciembre por aquello del qué dirán. Emplear recursos públicos para ganar votos es, además de un delito de malversación (al menos, en un país serio), otro electoral como la copa de un pino. ¿A qué espera la Junta Electoral para mover ficha? La realización de TVE, más propia de la nazi Leni Riefenstahl o de un biopic hollywoodiense de primera, y la comparecencia del presidente en Moncloa a las 15.00 para coincidir con todos los telediarios representan un atentado contra las más elementales normas de igualdad electoral. El enésimo tic absolutista.

Dijo el presidente que la exhumación “hace de España un país mejor”. Y yo digo que, de momento, no. Para empezar, porque pervive la fascistoide o estalinistoide (elijan ustedes, al fin y al cabo, es lo mismo) Ley de Memoria Histórica, una norma que desentierra el hacha guerracivilista, el rencor, el revanchismo, la parcialidad, la falsedad fáctica, la reescritura de nuestra historia, en resumidas cuentas, esa España que magistralmente calcó Goya en su insuperable Pelea a garrotazos. Y para terminar, porque la salida del dictador del Valle no soluciona ninguno de nuestros verdaderos dramas: los 3 millones de parados no han encontrado ocupación en las 72 horas transcurridas desde el mitin del 25 de octubre, tampoco se ha garantizado la sostenibilidad del sistema de pensiones, no se ha solucionado el problema catalán y la Ley de Dependencia continúa siendo papel mojado para millones de compatriotas.

La verdad también ha saltado por los aires del jueves a esta parte. Asegura el Gobierno que Franco construyó el Valle de los Caídos a modo de “mausoleo” personal lo cual es un embuste de marca mayor. El conjunto arquitectónico diseñado por Pedro Muguruza se concibió como monumento de reconciliación, es más, el dictador ni quería, ni pidió, menos aún ordenó, que le enterrasen allí. Fue una personalísima decisión de Juan Carlos I. Podrán afirmar lo contrario un millón de veces y un millón de veces será mentira. Pues eso, que se dejen de chorradas porque nunca fue un mausoleo. Cuidadín porque la reescritura de la historia es la inevitable semilla de todo régimen autoritario.

La patraña continúa con un Partido Socialista que se ha jactado hasta la saciedad estos días de haber saldado una "deuda histórica con la democracia y con las víctimas del régimen anterior". Si echamos la vista atrás colegimos que han tenido la friolera de 21 años para hacerlo, los mismos que han gobernado: de 1982 a 1996 y de 2004 a 2011. Sacar pecho por esta gesta es de una desvergüenza supina, la obvia en una formación que jamás ha destacado por su honradez material, moral e intelectual. Se ha dado el paso adelante ahora porque Sánchez necesita machacar a Podemos, recuperar la hegemonía absoluta de la izquierda, para gobernar sin cortapisas a partir del 11 de noviembre. Y punto. Basta ya de cuentos chinos.

Terminando volviendo a mi libro. Es indiscutible desde un punto de vista democrático que un tirano no puede reposar en un monumento pagado con el dinero del contribuyente. Tanto como que o hay memoria histórica para todos o no lo habrá para nadie. No estaría de más que legisladores y gobernantes patrios se lean la reciente resolución del Parlamento Europeo, que invita a retirar homenajes apologéticos a dirigentes comunistas en espacios públicos. Y que en consecuencia hagan un ejercicio de justicia histórica retirando calles, estatuas y hasta estadios olímpicos dedicados a multiasesinos como los comunistas Carrillo (6.000 muertos en Paracuellos, 270 de ellos niños) y Pasionaria, los socialistas Largo Caballero e Indalecio Prieto, y el independentista Companys. Un president de la Generalitat que firmó 8.200 sentencias de muerte de nacionales e incluso de gente normal cuyo único delito era ser católico, sacerdote, monja o estar afiliado a partidos de derecha. De momento, continúa el pensamiento único. Concluyo con una frase que viene que ni pintada. Su autor es un indiscutible demócrata, Winston Churchill: “Los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos antifascistas”. Ciertamente premonitorio.

PD: pido perdón por el verbo empleado en el titular. Pero como quiera que “se la repanfinfla”, “le importa un comino” o “le importa un carajo” se quedaban cortos para describir la amoralidad presidencial, he optado por el malsonante pero mucho más descriptivo “se la suda”. Puro castellano.

Pompas de jabón
Al margen de Franco, ¿qué balance real ofrece Sánchez como gobernante?
Luis Ventoso ABC 27 Octubre 2019

El Gobierno ha completado la retirada del ataúd de Franco del Valle de los Caídos, a la que le había instado el Congreso de 2017 sin votos en contra. Descontada esta operación, saludada por el Ejecutivo como la segunda llegada de la democracia, ¿cuál es el balance concreto de Sánchez?

-Estabilidad del país. En junio de 2018 España contaba con un Gobierno estable, al menos en comparación con lo actual, que acababa de sacar adelante los Presupuestos todavía en vigor. Sánchez lo reventó mediante una alianza bajo cuerda con los separatistas y la izquierda radical antisistema. Para justificar su maniobra se acogió a una frase de una sentencia de la Gürtel. Hoy sabemos que fue introducida con calzador por un magistrado afín al PSOE para presentar como sistémicos casos concretos de corrupción del PP. La Audiencia Nacional acaba de señalar en un auto que aquel juez, De Prada, «destruyó [con su apostilla] la necesaria apariencia de imparcialidad que debe reunir todo miembro de un tribunal de justicia». Tras derribar al Gobierno que había ganado los comicios, Sánchez ha traído otro incapaz de aprobar unos presupuestos, ha provocado dos elecciones generales consecutivas y Cataluña arde. España vive en un desgobierno, disimulado con marketing.

-Economía. Los hechos concretos de Sánchez son que ha subido el salario mínimo y las pensiones, ha embarullado la ley Hipotecaria y ha obligado a las empresas a un control estricto de los horarios. Gobierna con los presupuestos de Montoro. Acaba de ser apercibido por la UE por aumentar el gasto cuatro veces lo permitido y la Comisión ya advierte que nuestro próximo mandatario habrá de acometer duros recortes. Las pensiones tiemblan, sin plan alguno. Cuando el mundo se frena por la guerra comercial, el Brexit y la sospecha de que hay otro polvorín de deuda a punto de estallar, Sánchez propone más gasto y más impuestos. Además no ha aprobado medida alguna a favor de las empresas, solo trabas.

-El desafío territorial. ¿Llegó a arder Cataluña con Rajoy como ahora? No parece. La Operación Diálogo de Sánchez solo era una pantomima para intentar granjearse el apoyo parlamentario de Torra y Junqueras y poder seguir en La Moncloa. Parafraseando a Maquiavelo, Sánchez toleró el desorden para evitar la guerra y ha tenido primero desorden y después guerra. El problema se ha agudizado.

-Regeneración democrática. Empezó echando al ministro Huerta por un problema fiscal previo y a la ministra Montón por plagio. Cuando ABC descubrió que él mismo había plagiado se acabó la regeneración. Varios ministros han incurrido en desdoros societarios merecedores de cese según el código ético del PSOE. La ministra de Justicia, siendo fiscal, hizo comentarios homófobos en francachela con un policía corrupto sobre el hoy ministro del Interior y se reía cuando el comisario le explicaba su red de prostitutas para chantajes. Ahí sigue, muy seria ella en el Valle de los Caídos. TVE se ha convertido en el NODO de Sánchez y el CIS ha degenerado en un departamento de Ferraz.

Balance: pompas de jabón.

Juntacadáveres
Jon Juaristi ABC 27 Octubre 2019

Espectacular el numerito y además incruento, lo que es de agradecer. En rigor, es lo único que hay que agradecer, y no tanto a la organización del festejo como a la divina Providencia. Uno, que ha visto muchas películas de momias, se temía lo peor (una explosión del helicóptero en el aire, el catafalco cayendo en picado y un millón de zombies saliendo de sus fosas y desparramándose desde todos los puntos cardinales hacia Madrid, con vetustos uniformes militares, camisas que fueron nuevas bordadas en rojo mucho antes de ayer y monos de miliciano hechos jirones de velasco sobre terroríficas carcasas fosforescentes). Pero no pasó nada parecido, y ni siquiera el mal tiempo deslució la función. El día de su Exhumación fue un claro y fresco día de otoño.

Bueno, y ahora, ¿qué? Como se recordará, una Vidente llamada Carmen en homenaje a la Esposa, a la Hija y a la Nieta Mayor (si no, dígase, ¿por qué la habrían bautizado así en la misma pila en que cristianaron a Pepe Solís?) anunció que no habría paz ni democracia ni felicidad en la espaciosa y triste España mientras su Cuerpo permaneciera en la mastaba donde hasta el jueves estaba y que con exhumarlo bastaba. Es curioso, porque, en todos los guiones serios de películas de terror y en las novelas de lo mismo, lo que extiende el maleficio es el cadáver insepulto. De haber leído un poco más de literatura de género en vez de delirar con la ideología de género, Carmencita Carroñas habría exigido, como Costa, que pusieran siete llaves al mausoleo, pero no para sacarlo de allí sin alteraciones del orden público, como han acabado haciendo, sino para que no saliera nunca hasta el día de la Resurrección de la Carne y para que incluso entonces lo tuviera difícil.

Bueno, y ahora, ¿qué? ¿Qué ha mejorado en España desde el jueves hasta hoy? ¿Nota la gente los bienhechores efluvios prometidos? ¿Tenemos más paz, más democracia y más felicidad que el miércoles pasado? No cabe duda de que algunos se sienten más contentos. Por ejemplo, algunos ancianos del PSOE. Uno de ellos, en concreto, se felicitaba de que, por fin, después de cuarenta y cuatro años, se hubiera logrado el viejo sueño de exhumar al inexhumable. Pero, teniendo en cuenta que ustedes han mandado durante treinta de esos cuarenta y cuatro, ¿cómo no lo hicieron antes?, le preguntaba una corresponsal extranjera. No se podía hacer, respondía, porque todavía el franquismo sin Franco seguía muy vivo en los Aparatos del Estado. Ya, decía la periodista: entonces, ¿ahora está muerto? ¿Quién, Franco?, exclamaba súbitamente alterado el prócer socialista. No, hombre, lo tranquilizaba ella: el franquismo sin Franco. Y él: pues claro. Pero, si eso es así, insistía la corresponsal, ¿qué necesidad había de exhumarlo? ¿Tan urgente era? Y entonces el tipo balbucea y dice: era urgente, sí, porque hay muchos como yo que no queríamos morirnos sin haber visto este día glorioso.

¿De esto se trataba? ¿De aplacar el rencor y la mala conciencia de los abuelitos felipistas que pactaron con los franquistas una transición a su gusto, minando al Partido Comunista, como convenía a unos y a otros? Si así fuera, no sería del todo inexplicable la operación, por muy exagerada y costosa que haya resultado. Convengamos que incluso en lo de matar moscas a cañonazos hay cierto grado de racionalidad, pues las moscas son molestas y hay que matarlas. Alguna alegría había que dar a los más longevos de una izquierda que nunca se distinguió por plantar cara al franquismo cuando Franco vivía. Pero estas lanzadas a moro muerto, como son tan fáciles, crean adicción en los más jóvenes e imbéciles, dispuestos ahora a exhumar a todo bicho muriente.

Plaza de Colón
Abascal: «Vox se ha quedado solo, el resto de partidos tienen paños calientes con el separatismo criminal»
Vox toma Colón con miles de personas por «la unidad de España, el orden constitucional y la convivencia»
Fernán González okdiario 27 Octubre 2019

El líder de Vox, Santiago Abascal, ha cargado este sábado en la Plaza de Colón contra el resto de partidos que "se esconden debajo de las togas y las faldas de los jueces del Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo". El ‘número dos’ del partido, Javier Ortega Smith, ha tachado a los magistrados de "prevaricadores" ya que, apunta, "hubo rebelión en Cataluña".

Abascal ha defendido a Vox como el único partido que mantiene una "voluntad firme" de frenar al independentismo ya que "los demás se andan con paños calientes". Ha denunciado, en este sentido, la "inutilidad" del PP, el "oportunismo" de Ciudadanos y las "traiciones" del PSOE.

Ha recordado las numerosas movilizaciones convocadas por su partido ante el "golpe de Estado permanente" que cree que se está perpetrando en Cataluña y contra la "impunidad" de sus responsables, que "siguen libres o con penas de risa que les llevarán pronto al tercer grado".

"Ha habido una rebelión y esa rebelión sigue en marcha. Millones de españoles se han puesto en pie y sabemos responder con mucha más fuerza, determinación y coraje. A por ellos en las urnas, a por ellos en los tribunales, a por ellos en las calles, la victoria es de los valientes", ha afirmado, por su parte, Ortega Smith para recoger los aplausos de los presentes.

Todo es, según han denunciado, consecuencia del "marianismo" y el "inmovilismo" como forma de hacer política del expresidente Mariano Rajoy, a la que "ha dado continuidad" el actual presidente en funciones, Pedro Sánchez, uno de los más ‘pitados’ por los manifestantes cada vez que era citado. "Eso nos ha llevado a una Barcelona ardiendo, un Puigdemont fugado y unos separatistas que se ríen de la sentencia del Tribunal Supremo", ha acusado Abascal.

La Plaza de Colo´n este sa´bado con 20.000 simpatizantes de Vox. (Foto. EFE)

El líder de Vox ha lamentado además que las "prioridades" de Sánchez no estén en Cataluña sino en "sacar a un muerto para atizar el odio entre españoles", en alusión a la exhumación del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos. "El desenterrador de La Moncloa, el desenterrador de los viejos odios que hicieron tanto daño a la patria", ha lanzado como recoge EP.

Para enfrentar estas políticas ha ofrecido a los diputados de Vox que lleguen al Congreso de los Diputados tras el 10-N: "Frente a la ruptura de la unidad nacional, el orden constitucional, la convivencia y la concordia entre españoles, solo queda la ilegalización de partidos separatistas, la recuperación de competencias, la suspensión de autonomía catalana y la detención inmediata de Torra con una querella de la Abogacía del Estado".

Vox toma Colón con 20.000 personas por «el orden constitucional, la unidad y la convivencia nacional»
"Frente a la inutilidad del PP, el oportunismo de Ciudadanos, las traiciones del PSOE y el saparatismo criminal sólo está Vox"
Vox luce en Colón una gigantesca bandera de España del tamaño de una piscina olímpica
Fernán González okdiario 27 Octubre 2019

Vox ha vuelto a la Plaza de Colón. El partido de Santiago Abascal ha convocado una gran manifestación en el centro de Madrid con 20.000 personas bajo el lema: "Unidad de España, el orden constitucional y la convivencia nacional".

El líder del partido ha señalado que "la emergencia" es frenar los altercados en Cataluña y "no desenterrar a un muerto para atizar el odio entre los españoles que es lo que hace el ‘carroñero’ de la Moncloa", en referencia a Pedro Sánchez.

"España ni se negocia ni se rinde ni se dialoga, sino que se defiende con todas las consecuencias. Vamos a seguir en las calles. El resto de partidos andan con paños calientes, solo nosotros defenderemos la Nación española hasta el final", ha indicado Abascal que ha recordado el simbolismo de una plaza que preside un monumento de Blas de Lezo y que lleva el nombre del descubridor de América.

Sobre Cataluña el político vasco ha afirmado: "Vivimos un golpe de Estado permanente que empezó con Jordi Pujol, continuó con Artur Mas contra el que sólo se querellaba Vox, luego Puigdemont también impune y fugado y ahora Torra igualmente libre e impune". "Fuimos los primeros en pedir el 155 y todos nos criticaron entonces", ha sentenciado Abascal.

Acerca del PP ha indicado que "se instalaron en el ‘marianismo’, dejar que los problemas sigan, hasta ahí nos ha llevado la dejación de funciones". En este punto, Abascal ha mencionado al presidente en funciones Pedro Sánchez que, en su opinión, está manteniendo esta práctica. Ha sido el momento en el que se han desatado los abucheos de los presentes el jefe del Ejecutivo nacional.

Abascal ha comentado como al líder de Vox en Cataluña sus hijos le preguntaron si el país estaba en guerra. "Iban encapuchados, con ácido, a matar con motosierras… se permitió durante una semana por cálculos electorales de Sánchez", ha sentenciado.

"Frente a la inutilidad del PP, el oportunismo de Ciudadanos, las traiciones del PSOE y el saparatismo criminal sólo está Vox", ha concluido el líder del partido. Abascal ha comentado la situación de Cataluña y en particular ha cargado contra la gestión del Ministerio del Interior de las fuerzas de seguridad durante los disturbios.

"Nos hemos quedado solos. Gracias compatriotas por esta lucha constante, por no haberos rendido nunca", ha afirmado ante el "silencio cómplice" con los separatistas del que ha acusado al PSOE, PP, Ciudadanos e incluso al Tribunal Supremo.

Vox ha acusado a estos partidos de "esconderse" detrás de "las togas" y las faldas del Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo, que no se han librado de las críticas. El secretario general de Vox, Javier Ortega-Smith, ha tachado de "prevaricadores" a los magistrados de la sentencia del ‘procés’.

"Ha habido una rebelión y esa rebelión sigue en marcha. Millones de españoles se han puesto en pie y sabemos responder con mucha más fuerza, determinación y coraje. A por ellos en las urnas, a por ellos en los tribunales, a por ellos en las calles, la victoria es de los valientes", ha asegurado el ‘número dos’ del partido.

Han tomado la palabra el presidente de la formación, Santiago Abascal, y los dirigentes del partido Rocío Monasterio, Javier Ortega Smith e Ignacio Garriga. El presentador del acto ha sido el periodista Cake Minuesa.

La bandera más grande
El gran reclamo del acto ha sido la mayor bandera de España del mundo, según han asegurado. Una enseña que han transportado cerca de doscientos voluntarios y que tiene una dimensión de 1.000 metros cuadrados (50 de largo por 20 de ancho, el tamaño de una piscina olímpica). Pesa algo más de 130 kilos.

La mayoría silenciada hoy debe dejar de ser silenciosa
Editorial  El Mundo 27 Octubre 2019

Más de una treintena de plataformas, entre ellas Sociedad Civil Catalana, convocan este mediodía en Barcelona a manifestarse a esa mayoría de ciudadanos de Cataluña silenciada sistemáticamente por el independentismo en su afán totalitario de hablar y actuar en nombre de "un sol poble" inexistente. La catalana es una sociedad extraordinariamente plural. Y el secesionismo no ha sido nunca mayoritario ni siquiera en las urnas, por más que la traducción de los votos en escaños que opera la Ley D'Hont otorgue hoy al nacionalismo el control absoluto del Parlament. Más allá de adscripciones ideológicas, existe una mayoría de catalanes que rechaza lanzarse al vacío y que se siente a gusto en el proyecto común que es España. Y es imprescindible que así lo deje sentir en la calle en una convocatoria abierta como la de hoy, en una necesaria demostración de patriotismo cívico que haga frente al proceso en marcha contra la Constitución y la democracia que pone en riesgo los derechos y las libertades de todos.

Secundamos desde aquí a los convocantes de la manifestación que hacen un llamamiento para que una marea humana inunde a las 12 del mediodía Barcelona con una exigencia clara e inequívoca de concordia. Los ciudadanos, a título individual, deben ser los únicos protagonistas en un acto que no se plantea como un enfrentamiento contra nadie, sino como una llamada a recuperar el seny en un territorio donde la irresponsabilidad de algunos lleva demasiados años sembrando rauxa. Líderes de todos los partidos constitucionalistas -bienvenido sea que el PSOE se haya sumado- estarán presentes en una marcha de la que los organizadores han excluido a Vox, hecho éste cuando menos cuestionable.

 Santiago Abascal: espejo del catalanismo 'joseantoniano'
Josep Maria Cortés Cronica Global 27 Octubre 2019

Santiago Abascal vive inmerso en el recuento de los 50 escaños que le conceden los sondeos más optimistas. Tanto, que rechazó cualquier presencia de Vox el pasado jueves en la exhumación, para evitar desplomes inesperados. Pero delante del televisor estaba a caerse un burro, cuando el helicóptero Puma se posó sobre el campo de tiro de la Casa Real, en Mingorrubio. La profanación era un hecho, nada menos que en aquellos pastos, donde los alabarderos de Isabel II engordaban a los ciervos de la Sierra de Zarzuela.

Para el búnker nostálgico, el relativismo de la Iglesia ha traicionado la memoria de su benefactor, al que Pío XII --el Papa antisemita-- le impuso la Suprema Orden de Cristo. Así lo ve el general de división Juan Chicharro Ortega, presidente de la Fundación Francisco Franco, un patronato con entronque paradójico en el catalanismo de campanario que dominó la era convergente. Juan Echevarría Puig, expresidente de Nissan y de Endesa, y buen amigo de Jordi Pujol, presidió durante media vida esta misma fundación, un cargo que poco después ocupó circunstancialmente su hijo, Alejandro Echevarría, cuñado de Joan Laporta y exmiembro de la directiva del FC Barcelona.

Hubo un tiempo en que los mejores atletas del Antiguo Régimen practicaban la lengua vernácula en la intimidad de los cenáculos nacionalistas y alternaban esa práctica de salón con el uso de porras eléctricas en la calle para detener a los levantiscos camaradas del rojerío. El siniestro Tribunal de Orden Público era la última ratio. Y nada que ver, ¡nada!, diga lo que diga el procés, con el garantista Tribunal Supremo de nuestros días, donde la pulcra Sala Segunda de Marchena, siempre atenta a la carga de la prueba, ha ninguneado olímpicamente a la estrafalaria Acusación Popular de Vox (Ortega Smith y Pedro Fernández). Por encima del Ebro, el frente nacional nunca desfalleció. Hay entronques que lo demuestran, como el núcleo Garicano-Ribó, o el más venal de los Molins-López Rodó, por no hablar de los vaivenes de Gual Villalbí, aquel ministro sin cartera, que desempeñó la secretaria general de Fomento del Trabajo Nacional, el mejor observatorio de la economía catalana, como lo definió el llorado Ernest Lluch.

Después de la exhumación, los muy cafeteros piensan que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no quiere cerrar el filón político y ya prepara una segunda andanada: el desalojo de los restos de José Antonio Primo de Rivera, en su tumba de la Abadía benedictina de Cuelgamuros. Abascal ha prometido impedirlo y ¡voto a Bríos! que lo hará. El jefe de Vox es un esforzado del 23F neuronal, descendiente del dadaísmo enardecido, contra pariente, por lo menos, de Ezra Pound y émulo intelectual del cuñadísimo, Ramón Serrano Suñer. En su programa destaca suprimir las ayudas al cine y volver a la mili obligatoria. Se ha librado por los pelos de ser el centro de una película paródica de Berlanga (el último austro-húngaro), pero por lo visto, quiere vengar, por cuenta del puritanismo ramplón, la mala vida de chicos como Bardem y Alejandro Sanz.

Hace ya mucho que el empresario y mecenas, Folch Rusiñol, levantó en Paseo de Gracia un edificio modernista que fue sede del Círculo Ecuestre? y que más tarde se convirtió en la jefatura del Movimiento. La fiebre de los bancos durante la autarquía desmontó los arabescos del inmueble, suprimió los zaguanes de madera e implantó en su fachada la marca regional de Hispano Americano, con un toque futurista importado de la Italia de Marinetti. Para entonces, Fèlix Millet i Maristany (el padre del taimado del Palau) era el presidente del Banco Popular y, en Madrid, su abogado era el joven Josep Benet, que después sería senador y sumo sacerdote del catalanismo de izquierdas durante la Transición. En la capital, ambos practicaron de tapadillo los parabienes de la prelatura, entonces latente, de Sanjosemaría. Pero Benet fue además el secretario de la Comisión Abad Oliva, en Montserrat, y apechugó con el rindan armas de los requetés del tercio de Nuestra Señora en la entronización en la basílica de la Virgen morena.

Aquel día de 1947, el Generalísimo, ahora exhumado, fue el invitado especial en Montserrat y entró en la basílica bajo palio. El nacional catolicismo del Régimen se confundía ante el altar con el resistencialismo nacionalista. Estaban todos: los voluntarios de correaje, José Garí (Banca Arnús-Garí), Darío Rumeu, barón de Viver, presidente del Hispano Colonial y alcalde e Barcelona o el metalúrgico Mateu i Pla, exalcalde y presidente de Fomento del Trabajo Nacional; los mediopensionistas, Luis Sedó, Portabella, Peris Mencheta o Godó; los futuros fundadores del Òmnium, Carulla y Cendrós, y el puente entre el franquismo y el catalanismo, Félix Escalas i Chamení, hombre fuerte del Urquijo, consejero de Maquinista y Carburos metálicos, pero sobre todo colaboracionista del alzamiento nacional, mecenas de las Juntas de Ofensiva (JONS) de Onésimo Redondo y de la Escuela de Flechas Navales de Barcelona, a la que, aquel gran catalanista joseantoniano regaló el mercante San Mus en prueba de agradecimiento al Régimen. ¡Habíamos ganado la guerra!, se retuerce en su tumba la editora Esther Tusquets.

Lo de los 50 escaños del Vox el 10N empezó en los comicios de abril, cuando Sánchez Dragó pronosticaba que serían 70. Dragó es el autor de un bildungsroman sobre Abascal, La España vertebrada, un libro-entrevista modelo, elaborado desde la incontinencia del “y yo más”, que siempre impone el conocido autor. Como el líder de Vox lleva pegada en la frente la confusión del simbolismo patrio, el maestro de Gárgoris y Habidis le explicó en público la diferencia que hay entre cruces gamadas: “Las esvásticas budistas e hinduistas son verticales y levógiras. La de los nazis es dextrógira”. ¿Estamos?

¿Sacará 50 diputados Abascal? Por lo visto, una vez eliminado lo imposible, lo que queda, por improbable que sea, tiene que ser verdad.

El muerto viviente
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli 27 Octubre 2019

Las únicas siglas entre las que hoy se presentan a las elecciones a las que afecta de manera directa una mirada retrospectiva sobre los horrores entonces perpetrados por unos y por otros son las socialistas

El que fuera Jefe del Estado español entre 1939 y 1975 murió en su lecho tras una larga, dolorosa y encarnizadamente prolongada agonía y lo hizo en posesión de todo su poder y en olor de multitud. La cola kilométrica que se formó en Madrid en sucesivos días para rendirle un póstumo homenaje reunió a decenas de miles de ciudadanos de toda suerte y condición que espontáneamente quisieron darle un último adiós. Su forma de gobierno fue evolucionando desde la implacablemente represiva dictadura militar de los primeros años que siguieron a su victoria en la Guerra Civil al autoritarismo de un abuelo severo y anciano del período crepuscular de su mandato.

La asimilación del régimen que creó y que feneció con él con la abominación nazi no se sostiene si nos atenemos a los hechos y a los datos y no recurrimos a la invención rencorosa. El estudio del pasado ha de ser desapasionado, realizado con rigor analítico e interpretado en el contexto social, cultural y político en el que acaeció. El juicio de acontecimientos pretéritos con los ojos del presente no sólo es un error científico, sino la generación segura de enfrentamientos y la resurrección de rencores enterrados.

El Partido Socialista actual está unido por una línea temporal continua a la organización revolucionaria que fundara Pablo Iglesias en 1879 y de manera reiterada sus dirigentes se han referido y se refieren todavía con orgullo a su tradición centenaria, lo que permite suponer que asumen con todas sus consecuencias su trayectoria completa, con sus aciertos y sus errores, sus contribuciones positivas y sus crímenes. La defensa de los derechos de los trabajadores, la acción sindical heroica, la lucha por la mejora de las condiciones de vida de la gente humilde, su participación leal en esa admirable operación de reconciliación y esperanza que fue la Transición a la democracia, son elementos de su ejecutoria de los que pueden legítimamente vanagloriarse, la orgía sangrienta de la insurrección de 1934, las matanzas de retaguardia en la contienda fratricida, las amenazas homicidas a los adversarios ideológicos en el hemiciclo del Congreso, el pucherazo del Frente Popular en las elecciones de 1936 y el asesinato del líder de la oposición no son precisamente hazañas de las que sentirse orgullosos.

En un enfrentamiento armado entre compatriotas se cometen las peores atrocidades en ambos bandos -nada hay más cruel y desgarrador que el relato bíblico sobre Caín y Abel- y una vez arrumbadas las armas, consolidada la paz y atemperados los odios, es un ejercicio de irresponsabilidad y de bajeza ponerse a revolver sepulturas, avivar agravios enfriados y levantar de nuevo banderas apolilladas.

Ninguno de los grupos parlamentarios que hoy se sientan en la Carrera de San Jerónimo existía cuando Francisco Franco gobernaba España ni durante la Segunda República y la Guerra Civil, con una excepción, el del PSOE, que sí estuvo presente y activo entre 1931 y 1939. Hay bibliotecas enteras que explican con minucioso detalle cada actuación, cada decisión, cada discurso y cada medida de cada quién en aquella etapa convulsa y aciaga del pasado siglo. Por tanto, las únicas siglas entre las que hoy se presentan a las elecciones en nuestro país a las que afecta de manera directa una mirada retrospectiva sobre los horrores entonces perpetrados por unos y por otros son las socialistas.

Sociedad anestesiada
Sería por ello prudente por su parte algo más de contención, de ecuanimidad y de grandeza de espíritu a la hora de rememorar desgracias remotas en el tiempo, no sea que esas remembranzas trágicas le provoquen alguna grave incomodidad que ni siquiera la estrategia de comunicación más hábil y desaprensiva pueda evitar. Es posible que la sociedad española esté en estas primeras décadas del tercer milenio anestesiada por la ignorancia, la superficialidad y la omnipresencia del fútbol, pero hay un resto de buen sentido, decoro y gusto por la verdad que sigue ahí, alerta y despierto, y que es muy arriesgado infravalorar. Basta atender a la evolución de las encuestas de las semanas recientes para advertir este consolador fenómeno.

Se han puesto de moda las películas y las series sobre muertos vivientes. El Gobierno de Pedro Sánchez ha cometido la insensatez de levantar la pesada losa que cubría el eterno reposo de un personaje controvertido que las generaciones nacidas en nuestra renacida democracia no conocieron y que las que aún le contemplaron vivo dieron por bien enterrado hace nueve lustros. Enderezar ese cadáver ya inofensivo para agitarlo siniestramente de manera inescrupulosa en un combate imaginario saldado por la Historia, encierra para el que se ha entregado a tan macabra maniobra el peligro de recibir una mordedura no por simbólica menos letal.
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La «otra Cataluña» pide la palabra
larazon.es. 27 Octubre 2019

El nacionalismo catalán tiene dos principios capitales, entre una larga lista de creencias y dogmas: «Las calles serán siempre nuestras», gritan, y Cataluña es un «solo pueblo». Sobre el primero, lo han demostrado estos días pasados con una demostración de violencia nunca vista hasta ahora y la complacencia de la mayoría pacífica del independentismo, tan comprensiva con una reacción lógica ante la sentencia del Tribunal Supremo. Decir que las calles «siempre serán nuestras» presupone que por lo menos la mitad de la ciudadanía de Cataluña, que se declara no independentista, debe aceptar este hecho porque, en todo caso, esa gran mayoría silenciosa es una anomalía que, guste o no, debe acatar las reglas del juego de la asfixiante hegemonía nacionalista.

El segundo principio con el que se cierra la clave de bóveda sobre la que se sostiene todo el discurso nacionalista es la aceptación de un solo pueblo y un solo pensamiento. Es decir, una sociedad que comparte los mismos principios políticos inmutables y su destino, algo impropio de cualquier sociedad abierta, moderna y tolerante. Cataluña es diversa, pero con el inconveniente de que a una parte de ella se le ha negado la voz y se la ha excluido en nombre de una «Cataluña catalana» y nacionalista. Ya no sólo por parte de unos grotescos medios de comunicación públicos –esa TVE que actúa como partido único–, si no de la mismísima Generalitat, como ayer volvió a demostrar su presidente al recibir a 800 alcaldes de ayuntamientos que ha tomado partido a favor de la independencia. Esta prepotencia se frenó cuando el 8 de octubre de 2017, ante el asalto de las instituciones democráticas por los dirigentes de la Generalitat que ahora cumplen condena, esa sociedad silenciosa que había asistido a cómo el nacionalismo había arrasado la Constitución salió en su defensa.

Por si su fanatismo les impedía ver que Cataluña no era un «solo pueblo», ni aunque electoralmente quedase claro, más de un millón de personas salieron a la calle. La situación vuelve a repetirse dos años después ante el nuevo acoso al que está siendo sometida la sociedad catalana bajo una tenaza cuyas consecuencias todavía se desconocen: la de la violencia y la comprensión de ese pacifismo que arroja bolsas de basura y, de nuevo, las amenazas de la Generalitat de que «volveremos a hacerlo». Hoy, de nuevo, Societat Civil Catalana ha convocado una gran manifestación en Barcelona a la que han sido llamados todos los que defienden la Constitución. «Es hora de decir basta. Los ciudadanos catalanes hemos sido muy pacientes permitiendo que los nacionalistas se apropiaran de nuestras instituciones, sustituyeran las banderas que nos representan a todos (la bandera española, la senyera y la bandera europea), por esteladas», proclama en un manifiesto. Y añade: «Hemos asistido impotentes a la malversación de los recursos que son de todos para dedicarlos a fomentar la separación, a quebrar la convivencia, a enfrentar a los catalanes entre sí y con el conjunto de los españoles».

Ante este llamamiento es necesaria la unidad de los constitucionalistas, como ocurrió hace dos años, y al que se ha sumado a última hora el PSC. Ésa esa la única salida que tienen los socialistas catalanes , si quieren ser fieles a la mayoría de su electorado y conservar a esos votantes. Su estrategia de seguir apoyando un pacto con los nacionalistas para conservar algunos ayuntamientos es un campo minado, como se ha vuelto a comprobar con el vergonzoso manifiesto que ERC y PdeCAT han firmado con Otegi a favor de la autodeterminación. La salida política a este conflicto no pasa por aceptar los principios del independentismo, o ensayar tripartitos que fueron funestos, sino porque la Cataluña no nacionalista, los «otros catalanes», tomen la palabra y la acción política.
 
La pinza que viene entre el nacionalismo catalán y el vasco
Jesús Cacho V0z Populi 27 Octubre 2019

Mal le tienen que ir las cosas al presidente en funciones para que, tras el show de la exhumación de Franco, con aparición estelar en el Telediario de las 3 de la tarde, se presentara horas después en el cementerio de la Almudena dispuesto a rendir ofrenda floral a las “Trece Rosas”, y para, en la mañana del viernes, llamar de urgencia a Antonio Ferreras, al que sencillamente detesta, pidiendo una hora de exposición pública en La Sexta a mediodía. La situación cara al 10-N pinta tan gris tirando a marrón, que el entorno del presidente recibió este mismo viernes como una gran noticia la decisión del Partido Nacionalista Vasco (PNV) de no suscribir un manifiesto que una docena de partidos nacionalistas de distinto pelaje acababan de firmar en Barcelona reivindicando el "derecho de autodeterminación” y exigiendo la libertad de los líderes separatistas catalanes condenados por el Supremo. "Es el único partido nacionalista del que te puedes fiar", dicen que Iván Redondo musitó al oído de Sánchez.

La realidad, sin embargo, dista mucho de la visión beatífica que de las intenciones del PNV tienen en la sala de máquinas de la Moncloa. Muy al contrario, entre nacionalistas catalanes y vascos lleva tiempo cociéndose una operación que, a expensas de lo que decidan las urnas dentro de 15 días, podría concretarse en algo parecido a una tenaza, una pinza urdida por ambos contra el Estado de la que a este le resultaría muy difícil zafarse. Hagamos un poco de historia reciente: el 3 de mayo de 2018, tras varios años de conversaciones en la oscuridad con Íñigo Urkullu, lehendakari del Gobierno Vasco desde diciembre de 2012, con mediadores internacionales de por medio, ETA anunciaba "el desmantelamiento total del conjunto de sus estructuras" y "el final de su trayectoria y su actividad política".

Este era el tenor de esa declaración: "ETA no tiene miedo alguno a ese escenario democrático, y por eso ha tomado esta decisión histórica, para que el proceso en favor de la libertad y la paz continúe por otro camino. Es la secuencia lógica tras la decisión adoptada en 2011 de abandonar definitivamente la lucha armada. En adelante, el reto será construir un proceso como pueblo que tenga como ejes la acumulación de fuerzas, la activación popular y los acuerdos entre diferentes, tanto para abordar las consecuencias del conflicto como para abordar su raíz política e histórica. Materializar el derecho a decidir para lograr el reconocimiento nacional será clave. El independentismo de izquierdas trabajará para que ello conduzca a la constitución del Estado Vasco. Esta última decisión la adoptamos para favorecer una nueva fase histórica. ETA surgió de este pueblo y ahora se disuelve en él".

El día 5 de mayo de 2018, y en el marco de la reforma del Estatuto de Guernika, el PNV presentó en el parlamento vasco las Bases, pactadas con EH Bildu, para la creación de un "Nuevo Sujeto Político" vasco, en realidad un Estado vasco con capacidad de negociar de igual a igual una relación bilateral y de “no subordinación” con el Estado español, dentro de un marco "confederal" y con reconocimiento del derecho a decidir. Como valedores del acuerdo, Joseba Egibar (PNV) y Arnaldo Otegi (EH Bildu), los firmantes del Pacto de Estella.

El 19 de mayo de 2018, el PNV aprueba los PGE pactados con el Gobierno de Mariano Rajoy. El gallego elogia a los nacionalistas vascos: "Son un socio caro, pero estable, y son más de fiar que Ciudadanos". Apenas seis días después, el PSOE registra en el Congreso una moción de censura contra Rajoy, decisión que el secretario general socialista justifica como "respuesta política a la sentencia del caso Gürtel". El 1 de junio de 2018, Pedro Sánchez es investido presidente del Gobierno tras el triunfo de la moción, gracias al apoyo, entre otros, de un PNV que casi la víspera le había aprobado los PGE a un Mariano encantado de contar en el nacionalismo vasco con un "amigo para siempre".

El 6 de julio de 2018, la "Ponencia para la actualización del autogobierno vasco" del Parlamento de Vitoria aprueba las Bases del Nuevo Estatuto Vasco (cuyo Preámbulo había sido presentado el 23 de mayo), con el único voto a favor de PNV y Bildu. Podemos, PSE-PSOE y PP votan en contra, aunque por distintos motivos. Y el 12 de septiembre, dicha Ponencia acuerda encomendar la articulación de las Bases a una Comisión de expertos o Grupo Técnico, que da inicio a sus trabajos de inmediato.

El 30 de septiembre de 2019, y después de un año de marear la perdiz sin abordar la cuestión nuclear de la definición de ese Nuevo Estatus Político Vasco que el PNV había presentado de la mano de Bildu el año anterior, el representante peneuvista en esa Comisión, Mikel Legarda, número dos de su grupo parlamentario en el Congreso, presenta una propuesta de articulación del Título Preliminar en la que expresamente apela al "derecho a decidir del pueblo vasco", que vincula como una "exteriorización" de los denominados derechos históricos de ese "pueblo vasco" reconocidos en la Disposición Adicional Primera de la Constitución. El País Vasco o Euskal Herria posee identidad de “nación” y el euskera es el elemento identificativo de esa identidad nacional vasca.

El Nuevo Estatus Vasco
Legarda presenta también una propuesta de articulación del Título de las Competencias. Asumiendo que, según PNV y Bildu, los derechos históricos que ampara y respeta la Constitución ya no corresponden a los Territorios Forales (Álava, Guipúzcoa y Vizcaya) sino al Pueblo Vasco como su nuevo titular (algo que contraviene la disposición adicional y la jurisprudencia del Constitucional), la propuesta convierte en competencias forales prácticamente la totalidad de las competencias transferidas al País Vasco, de forma que sería necesario un pacto con el Estado –“Concierto Político” lo llama Bildu y acepta el PNV-, que en la práctica supone la desaparición de cualquier rastro de ese Estado en el País Vasco, que no tendría instrumentos para aplicar en el territorio las políticas comunes para garantizar el interés general y la igualdad de todos los españoles ante la Ley. No se separan de España, al menos literalmente, pero pretenden que el Nuevo Estatus Vasco se base en una relación confederal, sin renunciar a poder ejercitar en su día la autodeterminación con todas sus consecuencias.

Una propuesta radicalmente inconstitucional (que ambos partidos pretenden someter a referéndum consultivo antes de enviarla a las Cortes), puesto que no estaríamos ante una mera reforma del Estatuto de Guernica de 1979, sino ante la creación “ex novo” de un Sujeto Jurídico-Político al que ni siquiera ponen nombre, de momento, pero que atenta directamente contra el artículo 2 de la Constitución y otras normas constitucionales. Tan cerca como el 28 de septiembre pasado, en las Campas de Foronda, a escasos kilómetros de Vitoria, y en el curso del "Alderdi Eguna" (Día del Partido), el presidente peneuvista, Andoni Ortúzar, en presencia de Urkullu, sacó la cara por el proyecto pactado con Bildu, defendió el derecho a decidir, cargó contra el “redil español” y llegó a asegurar que “Nos quieren iguales… pero para empeorar. Esa es la idea que tienen algunos de su gran España. Luego querrán que los vascos se sientan españoles. ¡Ni por el forro!”

Más cerca aún, el 12 de octubre, y en un cara a cara en el Parlamento de Vitoria con Alfonso Alonso (PP), Urkullu reiteró ese derecho a decidir y su propósito de alcanzar una nueva relación con España basada en el principio de bilateralidad. Esta es la dirección por la que circulan las corrientes profundas de la política nacionalista vasca, y lo hacen casi en secreto, sin que la opinión pública vasca tenga conciencia clara de lo que se está cociendo entre bastidores, y mucho menos la opinión pública del resto de España, ajena por completo a esta peligrosísima deriva.    

Hace escasas fechas, el ex lehendakari Ibarretxe caminó a la derecha de Torra por una autopista por la que discurría una de esas “marchas por la libertad” que el separatismo hizo confluir en Barcelona el viernes 18, en plena ola de disturbios callejeros, en la idea de que surtieran el mismo efecto que la “marcha sobre Roma” tuvo en la toma del poder por Benito Mussolini en la Italia de 1922. El 1 de octubre, la eurodiputada Izaskun Bilbao, miembro del Euskadi Buru Batzar, máximo órgano ejecutivo del PNV, se alineó junto a Puigdemont en la manifestación que el ex president huido protagonizó ante el Parlamento Europeo. El 20 de octubre, Ortuzar, junto a una nutrida representación del PNV, encabezó la gran manifestación de San Sebastián en solidaridad con el independentismo catalán. Hombre clave en las relaciones entre nacionalistas catalanes y vascos es el etarra Arnaldo Otegui, convertido ahora en “héroe por la paz” por el independentismo radical catalán.

El precio del desarme y la disolución de ETA
Volvamos al principio. Urkullu y Otegui llegaron a un acuerdo para dar cobertura al "desarme" de ETA y su posterior disolución. Emplearon siete años en la operación, aunque finalmente lo consiguieron. Es evidente que por medio hubo un pacto político de largo alcance materializado en ese "derecho a decidir para lograr el reconocimiento nacional”, como clave del arco. Los votos de Bildu, del PNV y del separatismo catalán hicieron presidente a Pedro Sánchez el 1 de junio de 2018, y esos mismos votos, salvo sorpresa mayúscula, están llamados a volver a entronizarlo en la presidencia tras las próximas generales. El propósito del nacionalismo vasco, coincidente grosso modo con el del catalán, consiste en obligarle a abrir una mesa de negociación política con el reconocimiento de ese nuevo Estatus Político Vasco sobre la mesa, mediante una reforma constitucional que convierta a España en un Estado plurinacional, una especie de Confederación Helvética, aunque con derecho a volar por su cuenta tan pronto como la UE levante el veto a las regiones que se independicen de un Estado miembro.

Todo está en los pactos secretos suscritos por el PNV con Bildu para la disolución de ETA. Los que recogen las nueces. “Estoy deseando que pase el 10-N”, aseguraba Urkullu días atrás. Se trata de ver si, con un poco de suerte, tras las generales Sánchez sigue prisionero de los pirómanos catalanes a los que se añadiría presuroso el “moderado” presidente vasco al que tanto elogiaba Rajoy. Todo, o casi, dependerá de lo que ocurra a partir de la noche del 10 de Noviembre, una cita para la historia que podría obligar al PP a apoyar la investidura de Sánchez y a aprobarle sus primeros PGE ante la enormidad de lo que está en juego. La pinza entre los nacionalismos catalán y vasco amenaza con hacer añicos el Estado.

El separatismo azuza la calle para mantener su desafío
Editorial El Mundo 27 Octubre 2019

La presión social se ha convertido en un eje central de la estrategia independentista. Con la Generalitat instalada en la insurrección institucional, el separatismo rubricó en la manifestación de ayer en Barcelona el rechazo a la sentencia del Tribunal Supremo sobre el 1-O y la exigencia de la liberación de los políticos y líderes sociales condenados por sedición. La marcha convocada por ANC y Òmnium Cultural, aunque menos numerosa que algunas de las anteriores, demuestra la voluntad de sus dirigentes de usar las protestas contra la Justicia para canalizar la frustración de cientos de miles de ciudadanos por la estafa del procés. La obligación del Gobierno es la de responder con determinación. Sin renunciar, como ha hecho hasta ahora Pedro Sánchez, a ninguno de los instrumentos que contempla la ley, incluida la activación del artículo 155.

Las protestas callejeras, que contaron con una nutrida representación política separatista, rebrotan tras las inaceptables acciones de los CDR y del resto de organizaciones filoterroristas del independentismo. La Audiencia Nacional investiga el origen y la coordinación de los comandos violentos que incendiaron Barcelona hace una semana. A la espera de saldar responsabilidades, resulta muy preocupante la cobertura política que las facciones más radicales del secesionismo han encontrado en el Govern. Torra, rodeado de centenares de alcaldes, reiteró ayer su amenaza de volver a convocar otro referéndum ilegal. Y su vicepresidente, Pere Aragonès, exigió la "amnistía" para los golpistas que en octubre de 2017 intentaron subvertir el orden constitucional. Que el representante ordinario del Estado en Cataluña afirme que la autodeterminación "es un camino sin retorno" constituye una amenaza de extraordinaria gravedad que sitúa al Gobierno catalán fuera del marco del autogobierno. Ello exige que el Gobierno, aunque se halle en funciones, abandone de una vez el tacticismo electoralista y asuma su deber de hacer cumplir la ley en Cataluña. Una comunidad autónoma declarada en rebeldía equivale a poner en almoneda la soberanía nacional. Sánchez debe reaccionar y debe hacerlo cuanto antes.

¿Cómo hemos llegado a esto?
Juan Eslava Galán ABC 27 Octubre 2019

Todo empezó con la Transacción (perdón, quise decir Transición). Para Torcuato Fernández Miranda la fórmula autonómica era una gravísima irresponsabilidad «que no solo podrá despertar y acelerar el riesgo separatista, sino que las comunidades y regiones (…) podrían llegar a contaminarse de los mismos males y transformarse en franquicias de poder federal o casi (…) con el regreso a un caciquismo de amargo recuerdo».

De parecida opinión era el otro asturiano sensato de esta historia, Sabino Fernández Campo: «Se consideró que el café para todos era la solución, pero no todos se conformaron con el mismo café y las aspiraciones de disfrutar de más o de mejor clase no cesaron».

La torpe Ley Electoral confería una representatividad desproporcionada a los separatistas. Felipe González y Aznar acudían a las puertas del molt honorable o del lehendakari para mendigar los votos de CiU y el PNV y ellos los chalaneaban a cambio de nuevas competencias.

El que más aprovechó esta circunstancia fue Jordi Pujol, que en sus veintitrés años de mandato, entre 1980 y 2003, consiguió los dos objetivos vitales que se había marcado: el desmedido enriquecimiento de su familia mediante métodos mafiosos y el adoctrinamiento de la población catalana en el separatismo y el odio a España. Para este último fin se valió de dos controles típicamente goebbelianos: la compra o soborno de la prensa y la orientación hispanófoba de la educación (una parcela que el Estado central nunca debió transferir).

A Pujol sucedieron unos obedientes continuadores que llegan hasta nuestros días. Ello explica que, después de cuarenta años de intenso adoctrinamiento, el voto separatista haya crecido de un 15 a un 45%. No hace falta ser adivino para deducir que, si el adoctrinamiento antiespañol sigue en las escuelas, las nuevas generaciones que alcancen la edad de votar ascenderán esa cifra a un 80% dentro de otros cuarenta años, con lo que se habrá cumplido exitosamente el plan del antes molt honorable y hoy molt multimillonario Pujol: hoy paciencia, mañana independencia.

¿Reaccionará el Estado? No es probable. Mientras los separatistas consiguen sus metas, los políticos cortoplacistas de Madrid anteponen los intereses del partido a los de España y pactan con ellos para obtener la poltrona de la Moncloa o para mantenerse en ella. De este modo asistimos a la disolución de España que acertaron a profetizar los ya olvidados Torcuato y Sabino.

A la vista de los sucesos de Cataluña, muchos españoles se preguntan ¿cómo hemos llegado a esto?

Hagamos memoria. En plena crisis mundial, con la débil economía española hecha unos zorros, Artur Mas se presentó en la Moncloa con unos papeles preparados por el economista por la escuela de Chicago y enorme patriota Ramon Trias i Fargas, quien, tras estudiar las balanzas fiscales del Estat Espanyol, había llegado a la conclusión de que Cataluña financiaba la prosperidad de las otras regiones españolas, o dicho en modo separatista Espanya ens roba («España nos roba»). El déficit fiscal de Cataluña se cifraba en 16.000 millones de euros (después se ha demostrado que no sobrepasa los 3.000).

Lo que Artur Mas pretendía era un tratamiento fiscal privilegiado como ya lo disfrutan el País Vasco y Navarra (porque la Constitución de 1978 y el Estatuto de Guernica de 1979 reconocen los derechos históricos de los territorios forales). Conviene apuntar que Cataluña rechazó su propio pacto fiscal cuando se discutía la Constitución del 1978 por considerarlo una antigualla medieval (que sin embargo se sigue manteniendo para escándalo de la Comunidad Europea).

Rajoy hizo ver a Mas que en plena crisis no era conveniente favorecer descaradamente a Cataluña frente a las otras autonomías. La respuesta de Mas, torpe aprendiz de brujo, fue azuzar el independentismo y llevarlo a un extremo al que Pujol probablemente no se hubiera atrevido.

Lejos de nosotros la sospecha de otra oculta intención en la agitación del independentismo por parte de Mas y sus socios: escapar del lento pero inexorable brazo de la Justicia, del Tribunal Supremo que indagaba en las irregularidades financieras catalanas, sustituyéndolo por una versión catalana de Supremo más manejable y respetuosa con los corruptos.

El proceso iniciado por Mas ha ido creciendo descontrolado en manos de sucesores en los que se observa una mengua progresiva de capacidad intelectual hasta culminar con Torra, un hombre que difícilmente hubiera podido ejercer con solvencia la presidencia de una comunidad de vecinos y sin embargo, por una de esas carambolas del destino, se ve aupado a la máxima magistratura catalana en el delicado momento que vivimos.

Tras la huida de Puigdemont, dejando a sus correligionarios en la estacada, se pensó que su valido iba a ser una mera marioneta que dirigiría el prófugo desde Bruselas. Craso error. Quim Torra, un oscuro agente de seguros que figuraba en puestos alejados de las listas de candidatos como licenciado en derecho, editor y escritor (mejor escretor a juzgar por las perlas con las que muestra su odio a España), compensa sus limitaciones con una determinación suicida que supera con mucho a la de sus antecesores.

El nuevo molt honorable carece de ideas propias, pero ha adquirido, mediante lecturas, las de los ideólogos de su admirado Estat Català, el partido fascista catalán que floreció a imitación del de Mussolini en los años treinta del pasado siglo.

Los chicos incendiarios que días pasados han mostrado la cara violenta del procés contaban con las bendiciones de Torra, cuyo apoyo al incipiente terrorismo catalán se manifiesta en su negativa a condenar las algaradas, en su disculpa de los activistas de los CDR a los que se ocuparon productos para fabricar explosivos (supuestamente «materiales de fiesta mayor») y en sus posados fotográficos y afectuosos saludos con los históricos terroristas de Terra Lliure Frederic Bentanachs y Carlos Sastre, autores de numerosos atentados en el pasado y celebrados referentes de los alevines de terrorista que se crían hoy a los subvencionados pechos del CDR.

Mientras Casandra profetiza la ruina de Troya, en las llanuras del Escamandro meseteño solo se piensa en las próximas elecciones.
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Juan Eslava galán es escritor

España rendida a Torra, gracias a la inacción de Sánchez
Miguel Massanet diario siglo xxi 25 Octubre 2019
   
No dejamos de asombrarnos de sentirnos agredidos y de maravillarnos de la capacidad del señor Quim Torra de tergiversar los hechos, de confundir los conceptos, de prescindir de las leyes por las que se rige un Estado de Derecho y de anteponer un fanatismo desquiciado y neurótico al sentido común, la realidad de una nación democrática y la evidencia de que, un parte de un Estado, por muy especial que sea, por mucha industria que contenga, por mucho que sea el apego de sus gentes al idioma local y por el sentido identitario exagerado que pudieran sentir sus ciudadanos; nunca puede pretenderse que, por métodos violentos, por exigencias desafortunadas, por caminos ilegales o por intereses espurios de sus políticos; pudiera creerse legitimada para intentar romper la unidad de un Estado plenamente democrático, como es la nación española.

No nos queda otro remedio que reconocer que, en estos momentos de caos político, de alzamientos de minorías pretendiendo atribuirse derechos que sólo le corresponden a las mayorías e, incluso así, siempre de acuerdo con la Constitución y los trasmites ordinarios o extraordinarios que en ella se prevén para cualquier modificación que se pretenda hacer, siguiendo los cauces legales preceptivos. No podemos entender como nuestro ministro de Interior, nuestro presidente del gobierno en funciones y todo el resto de autoridades, pueden intentar hacernos comulgar con ruedas de molino reduciendo los graves disturbios y desobediencias que se han estado produciendo en Cataluña, durante los últimos meses, a meros “altercados públicos” que, para todos ellos, parece que no es preciso que, por parte del Gobierno de la nación española y demás instituciones públicas; se toleren, se permitan, se transija y se mire hacia el otro lado o se pretenda presentar tales desmanes como meros incidentes sin importancia cuando, señores, lo que se está poniendo en juego es nada más y nada menos que la unidad, la paz y la concordia entre todos los ciudadanos de la nación española.

El que se permita que en un Parlamento Catalán, que ya debiera de haber sido suspendido o aplicado en Cataluña el Artº 155 de la Constitución; tanto su presidente, el señor Torrent, como el presidente de la Generalitat, señor Torra, utilicen sus respectivos puestos para para defender a los insurrectos que incendian las calles o, para más INRI, pretender atribuir a los mossos, con ahínco y perdiendo las formas y la contención que siempre debieran ser inherentes a tales cargos representativos, la responsabilidad de los heridos y las cargas que se produjeron con motivo de los ataques y las agresiones, con lanzamiento de todo tipo de objetos contundentes contra aquellas unidades de orden público que, como es natural, no podían permanecer indiferentes ante una situación en la que peligraba su integridad. Hubiera sido una verdadera muestra de incompetencia el que, los mandos que dirigían aquella tropa, dejasen de ordenar cargar contra los tumultuarios, aunque ello supusiera que aquellos que infringían la ley y atacaban a las unidades policíacas, salieran trompicados en el enfrentamiento. Es admisible que, el mismo presidente de la Generalitat en persona, aquel al que le incumbe procurar que Cataluña cumpla las leyes y el mantener, a toda costa, el orden en sus ciudades; fuera el mismo que se atreviese a pedir que se investigase la actuación de sus subordinados de las fuerzas del orden, para determinar “si los mossos se habían excedido en el cumplimiento de su deber”, después de que éstos sufrieran en tales disputas, la friolera de 300 heridos, entre ellos, uno muy grave a consecuencia de una pedrada en la cabeza?

¿Qué hace el Gobierno en funciones ante tales hechos? ¡Nada, absolutamente nada! porque, señores, tenemos un ministro del Interior pusilánime o, no queremos pensar que pudiera ser así, un incompetente que es capaz de confundir un altercado público ocasional con una agresión tumultuaria, perfectamente organizada, con presencia de alborotadores y anarquistas de otras naciones y comando especializados en la lucha callejera, que tenían por objetivo inmediato crear el caos en Barcelona y atentar contra centros neurálgicos, como es el caso del intento de ocupación y bloqueo del aeropuerto de Barcelona. Pero aquí no nos enfrentamos solamente a la incompetencia de un Gobierno, ante unos hechos que evidente lo han superado. Estamos, señores, como en el caso vergonzoso de la exhumación de los restos del general Franco, ante un bien estudiado plan de propaganda electoral, perfectamente sincronizado, especialmente organizado, minuciosamente planeado y puesto en práctica para que, en el momento adecuado y a los pocos días de las legislativas que se van a celebrar en nuestra nación, surtieran los efectos previstos que, sin duda, pretendían favorecer a una organización política determinada, el PSOE que, sin duda, era al que más podrían beneficiar si, como esperaban, conseguían atribuir las culpas a quienes menos las tenían y que han sido los que, en todo momento, no han hecho otra cosa que pedirle al señor Pedro Sánchez, presidente en funciones, que aplicara la Ley, que impidiera las muestras de desacato a las leyes españolas y que restableciera el orden y la constitución en esta parte de España, Cataluña, un grupo de cuyos ciudadanos hace años que la están incumpliendo, sin que parezca que haya ninguna autoridad, y menos los gobiernos sucesivos que hemos tenido en España, que parezca que se haya tomado en serio acabar con semejante anomalía.

Y, en este contexto, asistimos a otro de los fenómenos de transformismo político que, por ser endémicos en estos personajes, ya no nos causan extrañeza aunque, en realidad, lo que más nos produce es una sensación de asco, de verdadero rechazo y repudio hacia quienes no parece que les importe nada si no es lo abultado de sus cuentas corrientes, sin que sus sentimientos sean capaces de superar los mínimos niveles de la ética, la moral o la decencia intelectual que, como ya es su costumbre habitual, han vuelto, a través del Fomento del Trabajo ya la asociación de pequeños industriales, la PIMEC; cuando se están dando cuenta de que, aquello que muchos de ellos, catalanistas de pura cepa, han estado provocando, financiando, defendiendo en privado y fomentado en su círculo privado de amistades; en cuanto se percatan que han entrado en juego otros que se toman el separatismo como algo que es de su exclusiva competencia y deciden emplear métodos más expeditivos para intentar alcanzar sus objetivos soberanistas con mayor rapidez, entonces entran en pánico, les espantan las perspectivas de una bajada radical de ingresos, se aperciben de que los pedidos disminuyen y, por encima de todo, vislumbran que los actuales sucesos de vandalismo que tienen lugar en Cataluña pueden representar que, en un futuro, una gran parte de sus negocios puedan ser afectados por las consecuencia que en su clientela de otros países pudieran tener, decidan no confiar en ellos y opten por otros destinos, empresas o socios industriales de otras regiones de España o de otros países en los que puedan confiar que situaciones, como las que se vienen dando en algunas partes de nuestra nación, no se vayan a repetir, lo que les garantiza que sus negocios no pueden verse afectados por situaciones que producen inseguridad a cualquiera que se vea afectado por ellas.

Y es que, en España, uno de los pecados capitales de parte de nuestros ciudadanos, consiste en ir acumulando “mala uva” a medida que sus proyectos de futuro se van desmoronando; su rencor sobre quienes, hace más de 80 años, sucumbieron ante la pericia de un general español o se han considerado perjudicados por no haber conseguido pasar de la mediocridad en sus respectivas ocupaciones y tienen tendencia de culpar de ello al gobierno de turno o a quienes piensan que les resulta menor perjudicial culpar y, si es posible, mejor si no está en condiciones de devolverles la pelota. Así tenemos, y hoy hemos tenido ocasión de comprobarlo en este pim, pam, pum organizado por la prensa de izquierdas (el 90% de la que tenemos en España) que, los unos por no tener ni idea de lo que pasó durante los antecedentes de la Guerra Civil y su posterior desarrollo, la mayoría; los otros por estar influidos por la educación sesgada que recibieron en las escuelas pública y las universidades y, unos terceros, por entender que, a pesar de haberse enriquecido en sus respectivos programas o artículos de opinión, siempre ha sido a base de cargar las tintas sobre la dictadura de Franco y, con la expulsión de los restos de Franco, de una manera humillante para su familia y los que valoraron lo que consiguió cuando libró al país de la lacra comunista; consideran que, el actual Gobierno, ha cometido una infamia que, con toda seguridad, en cualquier momento de su peripecia política, pudiera pasarles factura aunque, probablemente, en estos momentos estén exultantes de satisfacción.

Lo que no acabamos de entender es lo que quiso decir la ministra Carmen Calvo cuando habló de que la retirada de los restos de Franco se haría sin publicidad, en la intimidad, con pocos testigos y evitando que ni la familia ni los partidarios del extinto general pudieran agruparse para desagraviar, con su presencia, el acto de profanación de su tumba perpetrado mayoritariamente por la izquierda española que, sin embargo, no tienen nada que decir del sepulcro de Lenin o del señor Stalín en la Unión Soviética, actualmente República Democrática Rusa, - lugar de peregrinación de millones de nostálgicos del comunismo dictatorial del último; pese a que fue el responsable, con su expulsión de los rusos que hicieron fracasar el gran programa industrial ideado por “el padrecito Josiv”, de una matanza de más de 30 millones de rusos en su desplazamiento obligatorio a las inmensas llanuras de Siberia en la que fueron muriendo de hambre y de frio -. Sin embargo los organizadores de este macabro show parece que, lo que han hecho, ha sido montar un circo con el que han pretendido sacar rédito político, atribuyéndose la “gloria” de semejante acto de “valentía histórica”. Pero esas izquierdas siempre han tenido una memoria selectiva que les permite solamente recordar aquello que les resulta favorable, olvidando lo que les resulta incómodo de recordar

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la inquietante impresión de que hemos entrado en una fase de la política en la que las izquierdas pueden ir excretando la mala bilis que han ido acumulando en su hígado y, mayoritariamente, en la neuronas de sus cerebros de tarados, precisamente para, cuando ha llegado el momento en el que la Justicia se ha convertido en un fenómeno escasamente defendido, tener la posibilidad, como ha ocurrido con personajes tan atrabiliarios como el señor Wyoming o el periodista Miguel Angel Aguilar o la insistente y aburrida Pilar Rahola, hayan podido engañar a quienes han tenido el mal gusto de escucharles o leer sus artículos, con una sarta de mentiras, engendradas en sus mentes adoctrinadas que rezuman odio y rencor, para aprovechar la ocasión para denigrar, insultar, faltar a la verdad e injuriar la figura del general; sin que ninguno de ellos ni de sus antecesores fuera capaz de impedir que Franco estuviera al frente del gobierno español más de 40 años. Ahora, esta pandilla de cobardes, sabiendo que nadie va a devolverles sus insultos, se atreven a hacerse los machos aunque sería muy conveniente averiguar si ellos, tan defensores de los pobres, viven de acuerdo con la filosofía comunista, no como el señor Pablo Iglesias y la Montero en su magnífica mansión de Galapagar o acumulando inmuebles ¿No señor Wyoming?, hasta construir un confortable colchón de millones. Quizá convendría que Hacienda, que dice que somos todos, pudiera comprobar si usted, tan cumplidor y mesiánico rival del Torquemada de la Inquisición, es tan honesto como quiere vendernos. En todo caso, ante tanta ruindad, ignorancia, intentos de crear una historia falsa o fatuidad de presentadores, locutores o columnistas dispuestos a engañar a la gente sobre lo que ocurrió durante aquellos 40 años; sólo cabe el mayor desprecio, desdén, menosprecio y olvido. Y es que, señores, “ex nihilo, nihil”, de la nada no sale nada, y de esta casta de políticos que forman parte de esta poderosa izquierda que hemos consentido que se afianzara en nuestra nación, nadie se puede creer que, de tan obtusos y fanatizados políticos, salga nada que sea provechoso para nuestra patria o para los españoles, incluso para aquellos que se siguen creyendo que van a salir beneficiados si los aúpan al ...

PP advierte de que Sánchez da "carta blanca" a Puig para aplicar "un modelo lingüístico ilegal" en Comunitat Valenciana
DiarioSigloXXI  27 Octubre 2019

VALENCIA, 27 (EUROPA PRESS)
La portavoz de Educación del PPCV, Beatriz Gascó, ha advertido este domingo que el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, da "carta blanca" al 'president' de la Generalitat, Ximo Puig, para "aplicar en la Comunitat un modelo lingüístico ilegal" que "extiende las consecuencias del nacionalismo catalán a las escuelas valencianas".

Gascó ha denunciado que Sánchez "permite que se aplique en nuestro territorio una copia del modelo lingüístico de Cataluña cuyos resultados estamos viendo todos los días en sus calles".

Así se ha referido tras conocer que "el Gobierno de España ha decidido cerrar la Comisión Bilateral planteada por el último Gobierno del PP para recurrir la Ley de imposición lingüística". "De confirmarse este punto estaríamos hablando de una situación muy grave, máxime cuando estamos viendo las consecuencias que este tipo de leyes tienen en otros territorios", ha advertido.

La portavoz de Educación ha apuntado que esta comisión bilateral se planteó "después de que los tribunales tumbaran un modelo lingüístico" que "nada tiene que ver con esta tierra" y que "cercena el derecho de los padres a la hora de elegir la lengua en la que tienen que hablar sus hijos".

"Es ilegal porque no respeta la pluralidad que existe en la Comunitat, ni la ley de usos del valenciano, ni las zonas castellano parlantes, porque establece un modelo único donde como mínimo el 50% se da en valenciano por lo que los centros educativos destierran el castellano y se convierten en centros de línea en valenciano", ha explicado, al tiempo que ha defendido que el PP "promocionaba el valenciano, no lo imponía".

"NUEVA TRAICIÓN"
En esta línea, ha defendido que "esta realidad no la denuncia solo el PP" ya que "hay sentencias recientes del TSJCV advirtiendo que en muchos municipios los padres valencianos no tienen la opción de elegir que sus hijos estudien en castellano, por lo tanto validar ese modelo es una irresponsabilidad". "Estamos ante una nueva traición a los valencianos por parte del Gobierno de España", ha añadido.

La portavoz 'popular' en materia educativa ha tildado de "actuación" las declaraciones del 'president' de la Generalitat, Ximo Puig, a la hora de "defender" a la Comunitat Valenciana de las "ansias separatistas catalanas" porque "las rechaza con palabras y lo permite con los hechos". "Puig está abriendo la puerta a la catalanización de la Comunitat con una ley que quiere desterrar al castellano", ha criticado.

"Puig parece que está de acuerdo en aplicar una política educativa a la imagen y semejanza de Torra" porque "este modelo es claramente nacionalista, ya que es un plagio del modelo catalán, que margina el castellano de las aulas, que blinda la inmersión lingüística y que se apoya en asesores lingüísticos que espían en los centros, con un plan de normalización que exige que hasta las graduaciones sean en valenciano", ha aseverado.

Gascó ha señalado que "en un momento en el que la "deriva nacionalista está poniendo en juego la unidad de España es el momento de que Puig le pare los pies a los socios separatistas de su Consell y no venda esta comunidad, no siga el proceso separatista y defienda ante Sánchez la libertad constitucional de los padres a la hora de elegir la educación y la lengua en la quieran educar a sus hijos. Esta Comunitat, su presente y su futuro, se la juega con esta ley".

Finalmente, ha manifestado que el PP será el "muro de contención" de esta "hoja de ruta" y "seguirá trabajando" para "garantizar a las familias que este modelo que cercena derechos y que limita la libertad no sigue adelante". "Puig es el máximo responsable de la catalanización de las aulas valencianas", ha zanjado.

El PP valenciano no viaja a Galicia
Nota del Editor 27 Octubre 2019

Si el PP valenciano viajara a Galicia, se le caería el morro al suelo.


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