AGLI Recortes de Prensa   Domingo 3  Noviembre  2019

Este es el Plan del PP para la reconquista de Cataluña
Carlos Dávila okdiario 3 Noviembre 2019

Con una argucia veinteañera pero eficaz, Pablo Iglesias ha logrado torcer el pulso de la campaña a Pedro Sánchez. Le ha obligado a renegar del cualquier pacto posterior con el PP, lo cual, mírese por donde se mire, le ha venido de perillas al propio Casado que, tras esbozar someramente su “Plan España para Cataluña” se dispone en los próximos días a llenar de contenido esta iniciativa. Hace unos días en Madrid, la candidata popular por Barcelona, Cayetana Alvarez de Toledo advertía de que cualquier entendimiento, no hablaba desde luego de pacto con el PSOE, pasaría, si pasa, por una enmienda a la totalidad de todas las políticas realizadas desde el comienzo de la Transición con Cataluña.

Por formular un muestrario más o menos preciso de este Plan habría que empezar por negar el manoseado diálogo con los independentistas, un “dialogo” que en opinión de este nuevo PP es sólo un cúmulo de cesiones con las que clásicamente se ha tratado de impedir o retrasar al menos, la voluntad secesionista de los dirigentes nacionalistas. De este modo, y este sería un segundo punto, el Plan avanza  que no hay apaciguamiento posible con el nacionalismo porque sería, en todo caso, otro reinventado ejercicio de renuncia a los postulados que ahora se pretende implementar. El PP  tiene claro que hay que trabajar con la  que sus dirigentes ya denominan “La Resistencia”, un movimiento social todavía sin articular que, sin embargo, se ha puesto negro sobre blanco en la Universidad, con profesores y alumnos casi heroicos y también entre los Mossos D’Esquadra. Pero la “Resistencia” no se arma sin medios y sin inversiones económicas muy fuertes no solo desde las arcas del Estado, sino desde la iniciativa privada que, como apunta un dirigente popular: “Está más interesada que nadie en volver a Cataluña”. Más dinero para combatir al secesionismo; esta es la terapia,

Hay aspectos de este Plan, de este muy inicial muestrario singularmente atractivos: la reconquista, desde luego,  de las instituciones sociales, una aventura de muy difícil cumplimiento porque, por ejemplo: ¿cómo se hace para colocar constitucionalistas en la Directiva del Barcelona, santo y señala hoy del separatismo más radical? o ¿cómo formalizar la que ya se define como “Red de Escuelas Paralelas” que combatan contra un inmersión pedagógica, histórica y lingüística que han dejado al español como idioma prácticamente residual? Son, como se constata, iniciativas interesantes que, claro está, no pueden nacer con vocación de resultado inmediato. De ninguna manera, confiesan sus productores: el Plan tiene que recorrer un camino muy largo que no logrará visualizar logros a corto plazo.

Pero aunque la ambición pueda ser la principal característica de este Plan, hay decisiones rápidas que nunca se han puesto en marcha para evitar el enfado de los posibles aliados nacionalistas. Entre estas decisiones que se deben adoptar urgentemente, una muy precisa  porque ¿saben, sin ir más lejos, que la Alta Inspección del Estado en materia educativa tiene en el Cataluña únicamente un solo funcionario? Solo uno, palabra.  Así, los independentistas han vivido cuarenta años en la impunidad de unas medidas pedagógicas absolutamente marginadora de la realidad de castellano y cuanto su enseñanza encierra.

El Plan parece utópico pero, en opinión de sus propaladores, o se emprende ya o Cataluña en poco más de diez años será independiente del resto de España por la incomparecencia final de nuestro Estado. Hace falta -me dicen- un rearme moral para desarticular la complicidad que los sucesivos gobiernos constitucionales, desde UCD al PP pasando naturalmente por el PSOE, han tenido con los ahora golpistas. Con demasiado optimismo se da por sentado en este momento que el nacionalismo político excluyente ya ha fracasado. Queda por verlo. En todo caso, la iniciativa del PP, a fuer de ambiciosa, es extraordinariamente necesaria. No obstante es imposible hoy por hoy que el PSOE la suscriba. Sánchez está en la España federal y en el plurinacionalismo, o  sea la receta que nos ha llevado hasta el desastre en este instante crucial de la Historia de España.

La reconquista que termina en Galicia
Nota del Editor 3 Noviembre 2019

Desde los tiempos de "Centroman" (Aznar), que afirmaba que en España se podía hablar en español, como si ello fuera suficiente para olvidar la imposición de las lenguas regionales, el PP sido un desastre para España y si alguien duda de su traición, ineficacia, irrelevancia, que se pase por Galicia donde el españos es lengua impropia.

Los niños no deben ser “escudos humanos”, ni terroristas ni electorales
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 3 Noviembre 2019

Nadie ha llegado tan lejos en el uso y abuso de los niños, de sus propios hijos.

La última ha sido Irene Montero, que tiene una cuidadora, una salus, 24 horas al día para cuidar de su prole, pero acudió con su bebé a TVE para ganar la primera imagen del debate electoral, donde actuó como telonera de su macho alfa. En eso no se diferencia nada de Carolina Bescansa, que aun teniendo millones para varias salus y disponer de guardería en Las Cortes, montó el número de darle de mamar al bebé, al que luego ha archivado en alguna parte, pero denuncia ante jueces afines a quien pregunta dónde está.

La Erudita no le dio noche libre a parte del servicio. Pablo Alfa debe descansar para salir en El Hormiguero y calumniar a Amancio Ortega sin que Motos le pregunte qué pruebas tiene de que el fundador de Zara "evade impuestos" al donar las mejores máquinas para tratar el cáncer, ni qué gana en imagen si pierde dinero, lo único que le interesa, según Don Chaletón.

Sabíamos del nacimiento del tercero de la dinastía de los Pablenines, porque nos lo contaron como si hubieran inventado la maternidad. Se echó en falta que en el debate le preguntaran a Montero por los bebés que se mueren de hambre o por falta de cuidados médicos en Venezuela, donde ellos se amamantaron con el dinero robado por los narcocacos bolivarianos. ¡Las derechas, tan blanditas! Monasterio critica lo de Franco, pero no se atreve a censurar al Papa, y llega a decir que "no tiene nada que ver con la profanación". ¡Si la Abadía es jurisdicción del Vaticano y no de Osoro!

Hitler, Stalin, Palestina y Cataluña
Todos los dictadores y casi todos los presidentes democráticos han utilizado a los niños en campaña electoral. Hay retratos de Hitler y Stalin prácticamente idénticos, con un niño en brazos en carteles de propaganda, mientras asesinaban sin piedad a millones de criaturas de todas las edades. Obviamente, Reagan, cuando posaba con un niño en Oklahoma, no pensaba aniquilar a media Humanidad si no admitía la superioridad de la raza aria (no se conocía tanto como ahora la superioridad racial catalana separatista) pero a Stalin, como a Lenin, le era igual poblar la URSS de miles de niños con padres fusilados o en el Gulag, Sobrevivían vendiéndose y robando, pero eso no alteraba la marcha triunfal del socialismo al comunismo. Los niños judíos no eran, para Hitler, niños humanos, sino una subespecie exterminable. Pocas cosas más estremecedoras que el montón de botitas y zapatos de niños asesinados en el Guetto de Varsovia que pueden verse en el Museo del Holocausto de Jerusalén. Ese con el que Dolores Delgado compara al Valle de los Caídos, que hay que ser antisemita y siniestra.

Pero en la política moderna nadie ha llegado tan lejos en el uso y abuso de los niños, de sus propios hijos, como los terroristas palestinos, que los usan como "escudos humanos" en sus intifadas o esconderse armas en escuelas y hospitales para que, si hay tiros o bombas, haya niños muertos para la prensa occidental, ávida siempre de blanquear lo antioccidental, mejor si es antisemita, que siempre fue un rasgo distintivo de la izquierda anticapitalista. Basta leer "La cuestión judía" de Marx, cuyo abuelo era un rabino que se bautizó protestante para ascender socialmente en Alemania. En la URSS, todo el Gobierno de Lenin tenía ancestros judíos o lo era, salvo Stalin. Él prefirió la tradición rusa de asesinar judíos, el pogrom, cuyo fin básico era robar y violar, con la excusa de vengar a Jesucristo.

Los comunistas de la rama bakuniniana no dudaban en matar niños con bombas que tiraban en sitios frecuentados por gente corriente, sin perfil político. "Cuanto más inocentes, más culpables son", decían Netchaev y compañía, frase copiada por Bertolt Brecht para justificar las masacres de su jefe Stalin. El fin siempre justifica los medios para gente sin conciencia. Pero lo importante es la técnica del terror, siempre idéntica: despojar de la condición humana a sus víctimas, y hacer fácil cualquier crimen. La ETA lo hizo tan bien que hasta fue bendecida por sus curas, abyección a la que no llegó la Iglesia Ortodoxa rusa, que condenó sinceramente los abusos a los judíos. No sólo la religión, una ideología abstracta como el comunismo puede borrar todas las barreras morales contra el crimen, sea de los niños-soldados, sea contra niños. Cataluña ejemplifica la inhumanidad totalitaria: niños muy pequeños llevados por sus padres a cortar carreteras sentados, o sacándolos de clase. Señoritos jugando a palestinos en Tele-Odio o en TV3.

¡Salvemos a Greta del abuso electoral!
La Junta Electoral Central, de la que no teníamos noticia desde que prohibió la presencia de Vox en el debate de las elecciones, ha reaparecido con una resolución tremenda: abrir expediente a Sánchez y La Sexta por el uso electoral de la Moncloa. ¡Hasta 300 euros podrían caerle de multa a Tres-capas-de-calzoncillos! Claro que, para él, será una propina en Dubai. Y si paga la empresa, calcúlese el estropicio en las cuentas. En cuanto a Sánchez, lleva dos años utilizando el dinero público para hacer campaña electoral en beneficio de su persona y su partido. ¡Y se dan cuenta ahora!

Pero nunca es tarde para hacer algo. Teresa Ribera, ministra de Transición Ecológica, Climática, Ambiental y Calefacción Boreal ha invitado a Greta, la víctima de abuso infantil más famosa del mundo, a venir a España, que, con Chile tomado por el terrorismo callejero, albergará la cumbre del Cambio Climático. La pobre niña, que ha hecho ricos a sus padres a cambio de convertirse en una zumbada sin escolarizar, que mira con odio guionizado por la secta a los que la ven como un fenómeno de feria, dice que no puede llegar a España a ilustrar con sus conocimientos a los científicos. Porque Greta se niega a tomar un avión, que contamina. El velero del niño Casihragui, que cuesta millón y medio de euros, es distinto.

Pero con 16 años, Greta no estudia ni se trata de sus serios trastornos psicológicos: Asperger, Trastorno Obsesivo Compulsivo y claros síntomas de esquizofrenia paranoide, mesianismo y omnipotencia infantil, fantasías inducidas por sus padres y amplificadas por el enorme negocio de empresas veganas que se benefician de las legislaciones proteccionistas occidentales.

En cualquier país civilizado, una niña que a los 16 años ya va a clase porque está salvando el Planeta sería arrebatada inmediatamente de las manos de esos padres sin escrúpulos y entregada a los servicios sociales. Nadie que no esté idiotizado por la ideología progre y que la haya visto en ese zoco de todos los delitos, salvo, hasta Greta, del tráfico de menores mirando poseída a la cámara y recitando el "¡Cómo os atrevéis!" dejará de advertir que esta niña acabará mal, mucho antes que el Planeta, y que la única forma de evitarlo, o de intentarlo, con los medios hoy al alcance de la psiquiatría, la psicología y el tratamiento de las disfunciones cognitivas, es sacarla del circo mediático, desprogramarla del papel de Juana del Arco Iris y tratar de que se parezca a una niña algo trastornada pero de sólo 16 años. Eso lo haría una ministra que no sea indiferente al abuso infantil, ante una menor que habla en nombre de la ciencia y no ha hecho el bachiller. No de una ministra de Sánchez, que no sé cómo no le ha mandado ya el Falcon.

¡Dejad a los niños en casa y en paz! ¡Al menos en campaña electoral!

La burda corrupción del PSOE-A
Editorial ABC 3 Noviembre 2019

Con sus tiempos, la Justicia va afrontando el burdo clientelismo del que el PSOE andaluz se sirvió durante 40 años mientras hacía de la Junta su cortijo. Como hoy publicamos, ahora es el Tribunal Supremo el que confirma que el Gobierno de Susana Díaz vulneró la ley de forma torticera para beneficiar en un concurso de derechos mineros a Matsa, empresa entre cuyos directivos figura Paula, hija del ex presidente Manuel Chaves. El descaro de la Administración llegó al punto de añadir criterios de valoración que no estaban incluidos en los pliegos y que acabaron favoreciendo de forma determinante a Matsa.

Y no era ésta, para mayor escarnio, la primera vez que la Junta había maniobrado en favor de la empresa de la hija de Chaves. Este diario destapó en 2009 el escándalo que supuso que él mismo siendo presidente de la Junta votara la concesión de una ayuda de 10 millones de euros a la compañía. El dirigente andaluz se deshizo en insultos y amenazas contra EL MUNDO por desvelar tan flagrante caso de nepotismo. Las irregularidades publicadas fueron corroboradas por la Justicia y Matsa tuvo que devolver ese dinero.

A Andalucía ha llegado el cambio, pero, por desgracia, sigue arrastrando los casos de una época en la que, como se ha visto con los ERE -la sentencia del juicio por la pieza política se espera en breve-, las instituciones fueron gangrenadas por una corrupción que EL MUNDO ha denunciado sin respiro.


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(Pero el diablo sí le quiere dar la segunda a Sánchez)
Dios no da una tercera oportunidad
EDUARDO INDA okdiario 3 Noviembre 2019

No me lo han contado porque yo estaba allí. En Ferraz. En el sanctasantórum socialista. En aquel 3 de marzo de 1996 que cambió (a mejor) la historia de España. Felipe González acababa de perder por los pelos unas generales que un mes antes no es que tuviera difíciles sino que más bien se contemplaban desde el partido del puño y la rosa como un imposible físico y metafísico. En el ecuador de enero a febrero todas las encuestas le situaban a una media de 10 puntos de un José María Aznar que terminó siendo mucho mejor gestor que él pero que como candidato, como producto electoral, gastaba dos o tres tallas menos que su antagonista. El secretario general socialista había obtenido 9,4 millones de votos frente a los 9,7 millones de la foto del cartel electoral popular. Lo que se antojaba una victoria rotunda del PP se transformó en eso que el sobresaliente Alfonso Guerra definió con su gracejo habitual como “amarga victoria”.

El hombre que más años ha gobernado en España, al que vi esta semana en plena forma, igual por cierto que a su antaño íntimo enemigo José María Aznar, compareció ante los suyos a eso de las once de la noche en medio de un fervor tal que un extraterrestre que hubiera tocado tierra por primera vez en su vida habría colegido que era el vencedor de la batalla electoral por quinta vez consecutiva. El sevillano de madre santanderina tuvo que rogar silencio al auditorio tras más de cinco minutos de incesantes aplausos:

—¡Nos ha faltado una semana y un debate!—, exclamó en una reflexión que lejos de ser una fanfarronada constituía una verdad incontrovertible. En aquellos comicios no hubo cara a cara televisivos. Ni en plural, ni tampoco en singular. Ya en la calle, el vehículo oficial del a la sazón presidente del Gobierno tuvo que parar, ya que la muchedumbre congregada no les permitía avanzar. Ni corto ni perezoso, el mesías González se bajó del coche entre las caras de preocupación de sus 20 guardaespaldas, se subió al quicio de la puerta trasera y saludó efusivamente a una militancia socialista que cualquiera diría que estuviera contemplando el nuevo advenimiento.

Esta anécdota puede servir para ilustrar la cara de tontos que se les puede quedar a Pablo Casado y a todo el centroderecha patrio el próximo domingo por la noche si se cumplen los augurios de unas encuestas que dibujaron hará cosa de un mes un subidón del PP pero que un mes más tarde continúan estancadas en los mismitos 100 escaños. Hablo, obviamente, de los sondeos privados, no de esa última fumada de Tezanos que ha degradado al CIS hasta límites inimaginables. Pronostica hasta ¡¡¡150 escaños!!! a su señorito, Pedro Sánchez. De no haber sorpresas, al treintañero palentino le habrá faltado un mes, tal vez dos, para consumar la gesta y dar la vuelta a la coyuntura política de un país más necesitado que nunca de un liderazgo fuerte, sensato, honrado y, fundamentalmente, transversal.

Lo peor que le puede ocurrir al centroderecha en particular y a la derecha en general es que el 10-N certifique que de haber ido juntos a las urnas, o de haber votado útilmente, lo que es una tan amarga como frustrante derrota podría haber sido un estupendo orgasmo político. Los españoles que aman la libertad, la unidad nacional, los impuestos bajos, la creación de empleo y riqueza, la reunificación de la Educación, la longevidad del sistema de pensiones y que volvamos a estar en el mapamundi (por cierto, como en tiempos de Aznar) no podemos dejar pasar esta reválida que Dios (si existe) o el destino nos ha regalado.

Dentro de siete días, antes de salir de casa rumbo al colegio electoral correspondiente, párese a pensar, reflexione, tire de cabeza y no de corazón, métase una ducha de agua fría de ésas que te dejan nuevo y recuerde que actuar en sentido contrario es hacerle un favorcete a Sánchez. Y no están los tiempos precisamente para regalarle cuatro años más a un individuo que se acuesta con todos los enemigos de la nación más antigua de Europa: Otegi, Junqueras, Puigdemont, Iglesias y ese tonto a las tres que es un Quim Torra que sostiene que el resto de compatriotas tenemos “una tara en el ADN” y “hablamos el lenguaje de las bestias”. Debe ser que no se ha mirado al espejo.

Meterla (la papeleta, claro) sin pensar en una Ley Electoral que castiga severamente la división es poco menos que suicidarse tirándose por el madrileño puente de la calle Segovia: óbito seguro. Es quitarse metafóricamente la vida para regalársela a una persona que ha provocado una caída del crecimiento económico de un punto de PIB. Cuando llegó a La Moncloa por una moción de censura legal pero no menos bastarda, España crecía al 3%. Tres veces lo que Alemania o Francia, cinco por encima de Italia y casi el doble que la media de la zona euro. Este año tendremos que dar gracias a Dios si el 31-D cerramos ejercicio presupuestario en el 2%. Todo apunta a que no, en cualquier caso, crucemos los dedos. Participar en la fiesta de la democracia pensando en “joder a Sánchez” puede acabar resultando un ejercicio de masoquismo de manual concediendo larga vida a un frívolo que está empezando a nutrir de conciudadanos las listas del paro.

Elegir representantes sin pensar en que, al menos en las provincias pequeñas hay que agrupar el voto para no servir en bandeja más escaños a la izquierda guerracivilista sanchista, supone en el fondo dar carta de naturaleza a un Gobierno que ha optado por dejar a nuestros policías y guardias civiles a los pies de los caballos en Cataluña. Es asentar en el puesto, por ejemplo, a un sujeto como Fernando Grande-Marlaska que montó un pollo a los guardias civiles que siguieron durante año y pico a los terroristas CDR. Es mantener el coche oficial a un inempeorable ministro que ha ordenado a los antidisturbios que hagan “un uso limitado de las pelotas de goma” en esas batallas cuerpo a cuerpo que emparentan Barcelona con Bagdad. Es refrendar al peor titular de Interior de la historia, a un ministro que recorta medios a unas UIP que hacen frente a chusma que literalmente va a matarlos.

Naturalmente, que cada uno haga lo que le venga en gana. Pero, luego, que no se quejen. Nada tengo en contra de Ciudadanos o ese Vox al que alimentan las instituciones gubernamentales conscientes de que la división de la derecha permitirá a Pedro y a Begoña tirar cuatro años más de Falcon para irse de fiestuki. Pero lo que no son cuentas, son cuentos. Las elecciones de 1996 vuelven a ser perfecto epítome de cuanto digo: con menos de 300.000 votos de diferencia, y un punto porcentual (38,79% frente al 37,63%), Aznar obtuvo 15 asientos más que González en la Carrera de San Jerónimo.

El centroderecha puede hacer un Andalucía y dar la sorpresa si la izquierda se queda en casa y, sobre todo y por encima de todo, si echa mano de la razón y no del corazón. Los restos en esas 20 provincias en las que el escaño decisivo se resuelve por decenas de votos pueden hacer, incluso, que más sea menos. Me explico: que aún sacando PP, Ciudadanos y Vox más sufragios que la suma de PSOE, Podemos y Más País, tenga menos diputados. Así de caprichosa es una Ley Electoral que pide a gritos su reforma para no tener que depender nuevamente de golpistas y proetarras. No le den más vueltas: como decían los romanos hace 2.000 años, la unión hace la fuerza. Tan sencillo como eso. Aprovechemos esta segunda oportunidad que nos ha deparado el destino…, más que nada, porque el diablo sí está dispuesto a concedérsela a Sánchez.

Oportunidades perdidas
Nota del Editor 3 Noviembre 2019

Cuarenta años repitiendo los mismos disparates y algunos siguen empeñados en que los demás sigan igual. La solución es votar a Vox y conseguir que el PP desaparezca y el Dr Cum Fraude termine de cargarse la izquierda empeñada en ganar la guerra civil y el PSOE de la honradez de los ERE y demás.

Un proyecto para España 2050
Jesús Cacho. vozpopuli  3 Noviembre 2019

Como casi todo el mundo que me conoce un poco sabe, soy capitán de la Marina Mercante, un oficio antaño propio de aventureros intrépidos y de gente del común condenada a vagar por las cuatro esquinas para ganarse la vida. Mi primer viaje como piloto me llevó a bordo de un petrolero desde las costas de Libia a Portland, Maine, en los Estados Unidos, atravesando en pleno mes de enero ese temible Atlántico Norte capaz de poner los pelos de punta al más aguerrido. Fue mi prueba de fuego, uno de esos temporales fuerza 9 en la escala Beaufort, con olas de 20 metros en trenes de a tres que conforman lo que llamamos “mar montañosa” que, al romper, se transforma en “mar confusa” hasta que el orden de esas moles de agua vuelve a restablecer su imponente ritmo trino. Como tercer oficial, me correspondía guardia en el puente de 8 a 12, pero aquella mañana el capitán y el primer oficial estaban a mi lado. El silencio podía cortarse entre el fragor del oleaje. Advertí que estaban tan asustados como yo. ¿Cómo afronta un barco cargado con  60.000 toneladas de petróleo un temporal de esa clase? El capitán ordena reducir máquina a “poca avante” y pide al marinero que maneja el timón que ponga rumbo al viento para recibir los trenes de olas por una de las amuras formando un ángulo de 20 grados entre la proa y la dirección de la tormenta. A eso los marinos lo llaman, lo llamamos, “ponerse a la capa”, y de ahí lo de “capear el temporal”. Se trata de aguantar hasta que pase lo peor, poniendo el barco a resguardo de esfuerzos estructurales extremos que podrían ponerlo en peligro. Aguantar y rezar para que una avería no nos deje sin máquina, porque en tal caso quedaríamos a merced de las olas.

La experiencia someramente descrita me parece una casi perfecta metáfora para describir la situación por la que atraviesa nuestro querido país. España es ahora mismo un barco que se ha quedado sin máquina en plena tormenta, un navío de gran tonelaje al pairo y sin rumbo, zarandeado por uno de las mayores tempestades de su historia reciente. Una gran borrasca que combina factores externos (Brexit, proteccionismo comercial, eclosión de nacionalismos y populismos, pérdida de cualquier referente liberal -entendido ello como una filosofía de vida más que como una forma de gestionar la Economía- y otras cuestiones que sería largo enumerar aquí) con problemas internos, el más grave de los cuales es la situación en Cataluña. Prisionera de un nacionalismo supremacista y xenófobo desde hace décadas, Cataluña es hoy un territorio sin ley del que ha desaparecido el Estado y cualquier signo de democracia entendida como garantía de seguridad y ejercicio de libertad. La añorada Barcelona donde estudié Náutica en mi primera juventud vive hoy bajo la bota de una masa levantisca de extrema izquierda a quien en la sombra maneja el propio presidente de la Generalitat y su guardia de corps, gente toda perteneciente a la elite de una derecha reaccionaria. Una masa de revolucionarios de salón corta carreteras, paraliza transportes, cierra universidades y agrede con la cara tapada a unas fuerzas del orden que actúan con la mano atada a la espalda por culpa de un Gobierno de la nación, ahora en funciones, que se niega a aplicar la Ley para no perjudicar sus expectativas electorales.

Nunca, desde el final de la Guerra Civil, fue la situación española tan delicada. Nunca el futuro tan en el alambre. Nunca tan cierto el riesgo de balcanización y de pérdida de la libertad y el progreso que desde la muerte del dictador ha garantizado la Constitución del 78. Nunca tan evidente, tan dolorosamente cierta, esa carencia de auténticos hombres de Estado capaces de tomar el toro por los cuernos sin partidismos y enmendar el rumbo de la nave mediante los pactos de Estado que la situación reclama con urgencia. España como barco a la deriva. Soy hijo de un pequeño agricultor de Tierra de Campos crecido en el ejemplo de honradez y trabajo que me legó mi progenitor. Trabajando de sol a sol, mis padres formaron una familia feliz, sacaron adelante ocho hijos en aquella España pobre de los cuarenta y los cincuenta, y agrandaron su precario patrimonio comprando tierras de labor sobre la base de no gastar nunca una peseta más de lo que ingresaban. Con el rechazo al endeudamiento convertido en norma de vida, algo que sin duda conocen los españoles que hoy peinan canas y que nuestra clase política parece haber olvidado. Siempre honrando la palabra dada a la hora de vender la cosecha, con la simple rúbrica de un apretón de manos. Siempre con la austeridad como regla de oro, la certidumbre de que había que trabajar duro para salir adelante y la esperanza, el convencimiento de que aquellas penurias merecían la pena porque luchábamos por un futuro mejor. Éramos pobres, pero teníamos un proyecto de vida.

Necesidad de un proyecto de futuro
Que es precisamente lo que se echa de menos en esta España rica y hastiada. La España que reclama derechos pero rechaza obligaciones, la sociedad muelle acostumbrada a que papá Estado le resuelva la vida desde la cuna a la tumba, que ignora el sacrificio, desdeña el esfuerzo y desprecia a quien arriesga tiempo y dinero invirtiendo con la intención de crear riqueza. La España del siglo XXI en la que tantas veces resulta tan difícil reconocerse. La España carente de un proyecto de futuro colectivo. Un país en el que no se ha abordado una sola reforma digna de tal nombre desde finales de 2012, reformas que hoy se reclaman con urgencia tanto en el terreno de lo económico como de lo político y social. Un país con un Estado del bienestar difícilmente financiable a largo plazo por culpa de una estructura territorial que es fuente de corrupción y de gasto incontrolado. Un país vampirizado por unas elites regionales decididas a mantener a capa y espada su Estadito propio, porque prefieren ser cabeza de ratón antes que cola de un león capaz de defender con ventaja los intereses colectivos en el mundo globalizado de hoy.

Empeñados en mirarnos el ombligo de las pequeñas miserias diarias, España está perdiendo la batalla del futuro. Nadie piensa aquí en el largo plazo; todo el mundo opera con las luces cortas del más agraz oportunismo y del personalismo más ramplón. El reparto del trabajo, por ejemplo. Las máquinas que antes apretaban tornillos de forma mecánica, nunca mejor dicho, en una factoría de automóviles, ahora ya son capaces de trabajar con autonomía gracias a la inteligencia artificial. La revolución del robot capaz de pensar. Dentro de diez años probablemente no haya taxistas, ni conductores de metro, ni de  autobuses, y gran parte de los empleos del sector servicios habrán desaparecido. ¿Cómo vamos a afrontar un cambio que en su radicalidad amenaza nuestra forma de vida actual? ¿Cómo vamos a repartir el escaso trabajo del futuro en una sociedad dispuesta a vivir más años? ¿Qué queremos hacer de España? Nuestro país necesita recuperar algo de aquella ilusión que en la dura postguerra tenía por arrobas. El anhelo de un proyecto. Urge construir un proyecto colectivo para las próximas décadas. ¿Cómo queremos que sea España en el 2050? ¿Qué queremos hacer con nuestro futuro? ¿Qué país aspiramos a dejar en herencia a nuestros nietos dentro de 30 o 40 años? Y esa es la gran tarea a la que de grado o por fuerza debemos convocar a nuestra clase política, más allá de sus pequeñas miserias diarias.

A pesar de la intensidad de la tormenta que hoy nos acongoja, estoy seguro que este país va a salir adelante, seguro de que vamos a ser capaces de superar la tempestad y poner la nave colectiva rumbo a un futuro mejor. Capaces de seguir creciendo económicamente y de acabar de una vez por todas con las fuerzas centrífugas propagadoras de la división y el odio entre españoles. Capaces de hacer efectiva la democracia en Cataluña con la fuerza de la Ley. Formamos parte de uno de los mejores países del planeta, un país visitado por millones de turistas cada año que disfrutan de nuestro estilo de vida, nuestra alegría de vivir, nuestra laboriosidad, nuestros profesionales de primer nivel en cada faceta de la economía, pero también de nuestro patrimonio cultural, nuestra comida y nuestro sol. Un país al que le gusta disfrutar y también trabajar, obligado ahora a pensar en cómo abordar los retos del futuro. El empeño consiste en hacer que nuestra clase política sea capaz de acompañar los ritmos de esa gran sociedad que es la española. Mucho podremos hacer en esa dirección dentro de una semana, al colocar nuestro voto en las urnas. En ese empeño, en la idea de contribuir con nuestro granito de arena a la construcción de ese proyecto de futuro, estará siempre un medio liberal y de progreso como Vozpópuli. Ese es el reto de quienes hacemos este diario, una apuesta en la que no podemos fallar.

Nota. Este texto sirvió de base para la salutación final que el director de este medio dirigió el miércoles 30 de octubre a los participantes en el debate económico organizado por Vozpópuli.

Ni un día más
Alejo Vidal-Quadras. Vozpopuli  3 Noviembre 2019

Últimamente no voy demasiado a Barcelona, mi ciudad natal, la de los tres Alejos Vidal-Quadras que me precedieron en línea directa, mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo, de mi hijo mayor, Alejo, y de mi nieto Alejo. Esta larga lista de Alejos Vidal-Quadras o Aleix Vidal-Quadras nacidos en Barcelona que abarca seis generaciones me suscita una perplejidad: ¿Cómo es que yo tengo perfectamente acomodada mi múltiple identidad barcelonesa, catalana, española y europea y esa sexta parte de independentistas nacidos en el resto de España necesita perentoriamente un Estado propio que defienda su desbordante, incendiaria, recién adquirida y al parecer excluyente identidad catalana? La conclusión es que el problema de Cataluña no es ser una nación sin Estado, sino una región donde no hay suficientes psiquiatras.

Cuando visito mi ciudad los recuerdos se agolpan en mi cerebro y hay uno en particular que ha quedado grabado en mi memoria. Se trata de la primera sesión de investidura a la que asistí en el Parlamento de Cataluña el 29 de Mayo de 1988. Jordi Pujol se encontraba en la cúspide de su gloria y transido de sus dos grandes amores, su amor al dinero ajeno y su amor a Cataluña, por este orden. Es como si lo estuviera viendo. Subió a la tribuna, emitió su característico carraspeo, torció la cabeza en perfecta concordancia con su carácter, es decir, en ángulo oblicuo, y pronunció solemnemente unas palabras que siempre tengo presentes. Dijo:

“Catalunya es una nació. Ho és per la seva cultura i el seu dret, ho és per la seva historia, que ha seguit el seu propi camí, ho és per les seves institucions, ho és per la seva mentalitat col.lectiva, ho és per la seva colocació própia en el context general espanyol, europeu i mediterrani, ho és per la consciència que té de tot això i per la voluntat de defensar-ho

Mis facultades analíticas se pusieron de inmediato a trabajar -yo procedo de las ciencias duras- y me pregunté: ¿Mentalidad colectiva? ¿Qué es eso? ¿Siete millones de personas pensando lo mismo a la vez? Un estremecimiento premonitorio recorrió mi cuerpo. Y ¿defenderse? Los catalanes ¿hemos de defendernos? ¿De qué? Ya entonces Cataluña disponía de un Parlamento con amplísimas facultades legislativas, un Gobierno, un abultado presupuesto, una bandera, un himno, lengua co-oficial, decenas de miles de funcionarios, competencias exclusivas en educación, en sanidad, Pujol recorría España en olor de multitudes acogido como hombre de Estado y paradigma de seny y bonhomía, por tanto ¿cuál era la amenaza? Y comprendí que si la amenaza no existía, habría que inventarla, y volví a estremecerme.

Tuve así, sentado en mi escaño en aquel ya lejano año de 1988, un primer atisbo en la elocuente perorata del Muy Imputable de un concepto perverso de nación, el de nación entendida como el depósito de una identidad étnica, lingüística y cultural estática, inconmovible y eterna, de una entidad antropomórfica dotada de mente y voluntad a la que los individuos que la forman deben reverencia, acatamiento y renuncia a cualquier rasgo de su personal forma de estar en el mundo en aras de la supremacía y la plenitud de ese ídolo exigente, implacable, absoluto y frecuentemente sangriento. En ese momento comprendí que mi vida adquiría pleno sentido: oponerme a este horror con todas mis fuerzas hasta neutralizarlo por completo. Y eso es lo que he venido haciendo, junto con otros muchos catalanes no abducidos por el nacionalismo, compatibilizando esta absorbente misión con otras actividades, más que nada por una cuestión de salud mental.

Tras cuarenta años de engaños, sobornos e ingeniería social implacable, los líderes separatistas han conseguido convencer a la mitad de los catalanes de que la Autonomía no es suficiente y de que necesitan la Independencia. El brillante resultado de esta larga y costosa operación es que se quedarán sin Independencia y sin Autonomía. Los separatistas nunca conseguirán una Cataluña independiente, pero sí una Cataluña arruinada. Persiguen la soberanía y la prosperidad y alcanzarán la intervención de la Autonomía y la miseria. Soñaban en ser la Dinamarca del Sur y corren el riesgo de ser la Siria del Oeste.

Hoy la mitad de los catalanes están furiosos y frustrados porque los separatistas les han prometido lo que nunca tendrán, porque es imposible. Y la otra mitad están furiosos y frustrados porque los separatistas les quieren transformar en extranjeros en su propio país saltándose la Constitución y las leyes. Por tanto, la totalidad de los catalanes están furiosos y frustrados y los separatistas han conseguido por fin su objetivo: en su furia y en su frustración, los catalanes ya son un solo pueblo, un sol poble, un solo pueblo de gente frustrada y furiosa.

Supremacía étnica
Se ha partido desde la Transición de conceptos equivocados, de planteamientos irreales, de un ingenuo wishful thinking. Se creyó que cambiando la estructura territorial del Estado y proporcionando a los nacionalistas todos los elementos para destruirlo no lo harían y respetarían las reglas del juego. Se olvidó que el nacionalismo identitario es una ideología intrínsecamente perversa, necesariamente destructiva e inevitablemente violenta. Al operar sobre sociedades plurales impone coactivamente una determinada lengua, la supremacía de un grupo étnico concreto y una particular y sesgada interpretación de la Historia. El resultado no puede ser otro que el enfrentamiento, la división, la violencia, la inestabilidad social y el empobrecimiento económico, como quedó inapelablemente demostrado en el siglo pasado.

La solución no es dar a los separatistas más autogobierno, más dinero y más reconocimiento simbólico, una pulmonía aguda no se cura inyectando más neumococos. Los que proponen eso, negociación, diálogo, más concesiones, o tienen nublado el juicio o son colaboracionistas conscientes o inconscientes, y el colaboracionismo es una posición escasamente honrosa cuando la democracia y la libertad están amenazadas, algo que debiera considerar seriamente Miguel Iceta.

Hemos llegado a un punto en el que no queda otro camino que privar a los golpistas de todos los medios e instrumentos que están empleando para liquidar a España como Nación democrática, unida, plural y próspera. Es urgente la intervención de la Autonomía y la formación de un Gobierno de concentración nacional de todas las fuerzas constitucionalistas sin excepción, como sucedería si la agresión inequívocamente existencial viniese del exterior. Y esa medida, sin duda traumática y drástica, pero insoslayable, debe ir acompañada de la petición del apoyo solidario de los restantes Estados Miembros de la UE y de la comunidad internacional.

España no debe ser ni un día más el único Estado del mundo y de la Historia que proporciona absurdamente a su peor enemigo los medios para que lo destruya. Hemos de poner fin de una vez por todas a esta anomalía masoquista. El 10 de Noviembre se nos presenta una oportunidad que quizá sea la última. Si no la aprovechamos, mereceremos lo que nos suceda. Y la certidumbre de que algunos hicimos todo lo que pudimos, no será un consuelo, sino la constatación de un imperdonable fracaso. No nos lo podemos permitir y quiero creer que no lo permitiremos.

Garantizar el orden público en Cataluña
Editorial ABC 3 Noviembre 2019

Lo que la sociedad espera son soluciones de los responsables políticos para que el separatismo no siga imponiéndose en la calle

Reconoce el ministro de Interior, en la entrevista que hoy publica ABC, que en Cataluña «hay un grave problema de orden público». Y hace bien Fernando Grande-Marlaska en llamar a las cosas por su nombre, corrigiendo aquel primer y equivocado intento de restar importancia a la violencia de los CDR tras la sentencia del «procés», cuando afirmó que, con las calles ardiendo, se podía visitar Barcelona «con toda normalidad». No se queda el responsable de Interior en la gravedad del asunto, sino que en la entrevista afirma que en aquella revuelta «había estrategia, organización y mando», aunque prefiere esperar a que la justicia le ponga el nombre penal que merece a ese turbión de violencia y que bien podría asociarse con el terrorismo.

Reconocido el problema, lo que la sociedad espera son soluciones de los responsables políticos para que el separatismo no siga imponiéndose, en demasiadas ocasiones con impunidad, en la calle. Los CDR son la punta de lanza de esta estrategia coactiva que, algaradas aparte, mantiene cautiva a la ciudadanía catalana que, por ejemplo, ha visto cómo estos grupos a los que Torra animaba a «apretar» han cortado más de 500 carreteras, bloqueado decenas de vías férreas y hasta colapsado el principal aeropuerto de Cataluña. ¿Es normal lo vivido esta semana en la universidad? No hablamos solo de molestias o trastornos para los catalanes en el día a día, hablamos también de su seguridad.

El Estado debe dar respuesta a esta estrategia de alteración permanente de la convivencia y conculcación de las libertades en Cataluña. Y toda vez que es ingenuo pensar que la Generalitat colaborará, pues más bien se convierte en animadora de esta coacción, es el Gobierno quien debe garantizar los derechos de los ciudadanos y arreglar ese «grave problema de orden público» del que habla Marlaska, vía Ley de Seguridad Nacional o, ya pasando a mayores, aplicando el artículo 155 de la Constitución, que para eso está.

Votar por Cataluña, votar por España
Editorial La Razon 3 Noviembre 2019

Casi medio siglo después de que la democracia volviera a andar por la piel de toro, la sociedad española se enfrenta al riesgo insólito, pero cierto, de que en una parte del territorio nacional no puedan celebrarse con normalidad unas elecciones. En efecto, en Cataluña, no sólo nos hallamos ante la amenaza de disturbios y bloqueos de centros electorales por parte de unos grupos antisistema de adscripción separatistas, sino ante el hecho de que son las propias instituciones autonómicas, que ostentan constitucionalmente la representación del Estado, conviene no olvidarlo, quienes alientan el desorden callejero, comenzado por el presidente de la Generalitat, Joaquín Torra, en equilibrio permanente sobre el delito de rebelión.

En otras circunstancias, sin la fragmentación del escenario político actual, con diversos partidos disputándose apoyos en el mismo espectro ideológico, no nos cabe duda de que habría una contundente respuesta de los poderes públicos en defensa de uno de los actos básicos de cualquier sistema democrático que se precie, como es el de poder acudir a las urnas en libertad y sin coacciones de ningún tipo. Tal es así, que los tres líderes del centro derecha, a quienes este domingo ha encuestado LA RAZÓN, coinciden, con muy pocos matices, en el grave diagnóstico de la situación, pero difieren sobre las medidas que cabría haber tomado.

Desde el Partido Popular, Pablo Casado, insiste en que la aplicación en su momento, con el correspondiente requerimiento al presidente Torra, de la Ley de Seguridad Nacional no sólo habría reforzado la defensa del estado de Derecho en Cataluña, sino que habría garantizado el respaldo jurídico e institucional a los Mossos, hoy sujetos a la inicua presión de sus propios responsables políticos.

Albert Rivera, por parte de Ciudadanos, mantiene su apuesta por la suspensión de la autonomía, entendemos que por la vía del 155, y, con memoria selectiva, critica las limitaciones con las que el Gobierno de Mariano Rajoy aplicó ese mismo artículo en 2017.

Por último, el presidente de VOX, Santiago Abascal, cree que ambas propuestas llegan tarde y son insuficientes. En su opinión, ha llegado el momento de aplicar el artículo 116, que, como conocen nuestros lectores, es el que regula los estados de alarma, sitio y excepción.

Que entre los dirigentes del centro derecha existe unidad de propósito respecto al desafío separatista catalán es cierto, pero también lo es que la pugna electoral tiende a incidir más en las diferencias que en los puntos de acuerdo. La situación se vuelve más compleja si cabe ante la posición de pasividad que está adoptando el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, ciertamente condicionado por las necesidades electorales del PSC.

Porque la pregunta que se hace la mayoría de los ciudadanos, y que tiene en vilo a los diferentes cuerpos policiales, es cómo pretende impedir el candidato socialista, que es quien más caudal político se juega en las urnas, que los grupos violentos del CDR y del mal llamado «Tsunami democrático» lleven sus amenazas a los hechos y traten, efectivamente, de distorsionar las elecciones en el Principado. Comienza, pues, una semana decisiva para el futuro de la nación con Cataluña, una vez más, como elemento polarizador de unas elecciones y con un Ejecutivo que, por lo que estamos viendo, no parece advertir que el cambio de estrategia del secesionismo, con la violencia como instrumento de acción, exige nuevas medidas de prevención y, en su caso, contención. En todos los procesos electorales y en las proyecciones de todos los candidatos está muy presente el día inmediatamente después, cuando ya sólo cuenta la realidad aritmética de los votos. Pero en la situación actual, lo que pueda suceder en Cataluña condicionará los resultados.

No eran infiltrados: 27 de los 32 encarcelados por los disturbios de Barcelona son separatistas catalanes
El jefe de los CDR, Torra, dice que el terrorismo callejero es obra de ¡¡¡»infiltrados»!!!
La ‘kale borroka’ separatista pide refuerzos: guerrilla urbana de toda Europa llega a Barcelona
Pelayo Barro okdiario 3 Noviembre 2019

Los jueces han enviado a prisión hasta ahora a 32 personas por su participación en la violencia en Cataluña registrada durante las últimas semanas. De todos ellos, el 83% son activistas vinculados con el independentismo catalán. El resto pertenecen a movimientos antisistema. En este último grupo hay algunos extranjeros.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, afrontó el problema de la violencia callejera en Cataluña advirtiendo de que el independentismo es "un movimiento pacífico". Y que el caos que se vivía en el centro de ciudades como Barcelona, Gerona o Tarragona tras la sentencia del procés era cosa de "infiltrados". Pero los datos que obran en poder de la Justicia le desmienten rotundamente.

En las últimas semanas, los jueces han enviado a prisión a 32 individuos detenidos durante los disturbios (en total fueron más de 300) alegando el riesgo de reiteración delictiva. Es decir, que si les dejaban libres volverían a incendiar las calles y a lanzar adoquines a la policía. Según datos del Ministerio del Interior a los que ha tenido acceso OKDIARIO, el 83% de esos 32 encarcelados militan en movimientos independentistas radicales. En torno a 27 de ellos.

Este grupo mayoritario de detenidos está adscrito a plataformas como Arran, los Comités de Defensa de la República (CDR) y otras facciones de corte violento que están detrás de la organización de las algaradas.

Minoría antisistema
El resto de los detenidos, un 17%, se encuadran en diversos movimientos de tipo antisistema. Provienen de ambientes ‘okupa’ y suelen participar en citas violentas en las que no hay motivaciones independentistas. Son radicales de extrema izquierda. Entre este grupo hay varios detenidos que no son españoles. Proceden de países como Italia y Francia.

Las cifras son contundentes y desacreditan la posición oficial del Gobierno catalán sobre la violencia en Cataluña. Los infiltrados a los que hizo mención Torra son, según los datos de Interior y de los juzgados catalanes, independentistas dispuestos a quemar las calles de Barcelona. Y a volver a hacerlo en cuanto salgan en libertad.

Refuerzos para los CDR
Los refuerzos llegados del extranjero acudieron a Cataluña tras la llamada de los propios Comités de Defensa de la República (CDR). Los servicios de información policiales ya alertaron, como contó OKDIARIO, de que integrantes de movimientos violentos de corte antisistema preparaban viajes a Barcelona para el fin de semana siguiente a la publicación de la sentencia del procés. Aquellas fueron las jornadas más violentas de toda la crisis.

Lo que sabían también en la división de información de los Mossos es que iban a acudir a la llamada de los CDR una serie de "viejos conocidos" que ya han participado en otros momentos ‘históricos’ del terrorismo callejero. Por ejemplo, en la cumbre del G-8 en Barcelona en 2007. "Son nómadas de la violencia, pero normalmente se concentran el fin de semana. Son excursiones violentas", explicaron fuentes de los Mossos.

Sin embargo, pese a que su ayuda fue significativa para crear un clima de violencia como el que se ha venido viviendo en las últimas semanas en Cataluña, el grueso de las ‘operaciones’ ha recaído sobre el independentismo radical catalán. Como así lo atestiguan los datos de Interior.

«El zorro» que lucha contra el adoctrinamiento
El “Diego de la Vega” del siglo XXI. Se esconde tras un antifaz y emula al célebre personaje para defender los derechos de los «oprimidos» por la imposición del soberanismo en aulas
Ángel N. Lorasque. La Razon 3 Noviembre 2019

Enfundado en unos pantalones negros, capa, sombrero de ala ancha y antifaz. Se hace llamar «El zorro antiadoctrinamiento» y recorre las calles de Barcelona en pro del respeto al castellano en la educación catalana. Su salto a la fama llegó el pasado domingo durante la manifestación constitucionalista de la ciudad condal, pero su lucha viene de antes. Nos citamos con él y acude, como no podía ser de otra manera, con su uniforme. Nos pide que su nombre de pila no conste en el reportaje, prefiere que le llamemos «El zorro», le gusta diferenciar entre su «personaje y su persona», es más habla del personaje de don Diego de la Vega en tercera persona. Está indignado. «Harto», asegura del adoctrinamiento independentista que corre como la pólvora en el sistema educativo catalán. Y esta semana, como no podía ser de otra forma, para él ha sido la gota que ha colmado el vaso.

Las manifestaciones de estudiantes contra la sentencia del «procés» se han sucedido desde el martes, primero en las universidades, luego en secundaria. Centenares de estudiantes han acampado de manera indefinida en la Plaza de la Universidad para exigir el fin de la «represión» y para que el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, depure responsabilidades de la Policía Nacional y los Mossos y lleve a cabo una «amnistía total» de los políticos separatistas condenados. También reclaman a voz en grito «un futuro digno para nuestra generación». Algo que no ha hecho sino hervir la sangre de «El Zorro». «La imposición lingüística del catalán es una vergüenza», asegura como preámbulo de su discurso bien estudiado. Él no es catalán, ni español, vino hace 12 años de México y desde entonces reside en Barcelona. «Fue a raíz del 1-O, en 2017, cuando me di cuenta del grado de adoctrinamiento que había en las escuelas, sobre todo en los colegios e institutos, y cómo afectaba a las personas de fuera, a los adolescentes que se incorporaban al sistema educativo y no entendían nada y, por lo tanto, suspendían y se sentían marginados», subraya. Entonces comenzó a darle vueltas y tras pasar por diferentes asociaciones españolistas que operan en Cataluña, decidió realizar la lucha por su cuenta. Lo primero fue elegir un personaje que llamara la atención, que no pasara desapercibido, «quería que simbolizara lo hispano y no hay mejor héroe que El Zorro. Así que me compré el disfraz en internet, me lo puse y salí a la calle. Mi objetivo último siempre ha sido concienciar a los pequeños de lo que está ocurriendo, y la mejor manera de hacerlo era con un personaje de cuento, un héroe para los niños», afirma. Un símbolo que ya se ha convertido en un clásico en toda manifestación. «El Zorro ha venido aquí para ayudar a los pequeños, para decirles que tengan esperanza, que esto va a cambiar y que sepan que nadie les va a humillar por no hablar catalán, espero servirles de apoyo moral», dice. Asevera que este personaje de ficción simboliza la ayuda a los necesitados, «igual que El Zorro hizo con los indígenas en California, todos lo conocen por sus buenas obras», apunta. También quiere que su labor tenga efecto en los padres de familia y les advierte de la que se les vendrá encima si siguen permitiendo la imposición lingüística de los separatistas. Él no tiene hijos, nos cuenta, pero conoce experiencias nefastas que compañeros suyos de trabajo han sufrido en relación con la imposición del idioma catalán. «La hija de un compañero de trabajo llegó a Barcelona con muy buenas calificaciones, pero como no hablaba catalán no consiguió graduarse, así que toda la familia tuvo que irse a Madrid y él buscar un nuevo trabajo allí, es una injusticia», proclama.

Es ya una constante ver la imagen de «El Zorro» a la cabeza de las manifestaciones por una Cataluña española

También nos suplica que no publiquemos su profesión, es condición imprescindible para acceder a nuestra entrevista, ya que teme represalias. No sería la primera vez que le echan del trabajo por no comulgar con los independentistas. «En mi día a día me corto a la hora de expresar lo que pienso y eso ha tenido sus consecuencias. A la hora de renovar contratos con alguna de las empresas que he trabajado me dieron largas», dice con un depurado acento mexicano.

Pese a que en ninguna manifestación ha sufrido el ataque de quienes no piensan como él, este hombre de 46 años ha decidido añadir una prenda extra a su disfraz: el chaleco antibalas. «Pero es de mentira, de fantasía, me parecía interesante ponérmelo a modo de defensa», matiza. De hecho no le vino mal cuando decidió plantar cara a los radicales en las noches en las que Barcelona ardía entre barricadas y pedradas. La primera vez que se embutió en las mallas negras fue durante una manifestación de apoyo a las Fuerzas de Seguridad hace un par de meses. Acudió también para protestar en la sede del Colegio de la Abogacía después de que se suspendiera un debate pro castellano de la asociación «Hablamos español», con la que ha simpatizado durante mucho tiempo. «No falté a la concentración del 12 de Octubre y, por supuesto, me he desplazado hasta la Plaza de la Universidad para mostrar mi apoyo a los estudiantes que quieren ir a clase y que están en contra de estas huelgas ilegales», añade. Pese a su defensa a ultranza del castellano, explica a LA RAZÓN que él no está en contra del catalán, que defiende la diversidad lingüística, pero que esto no debe de ser motivo para discriminar a aquellos que no lo hablan. «No es justo que no puedas acceder a un trabajo porque no domines el catalán, es muy frecuente toparte con esta situación y más si lo que buscas es un trabajo en la administración pública. Esto es totalmente discriminatorio», protesta.

Aunque se reconoce simpatizante de Vox, explica que una cosa es lo que él como individuo piense de política y otra lo que haga «El Zorro», el cual es apolítico. «Es más, Vox convocó manifestaciones en la Plaza de Artós, pero yo no fui a esa concentración sino a la general, la que no estaba relacionada con ningún partido, porque esto no es una cosa de afinidad política sino de respeto de los derechos que nos implica a todos», subraya.

¿Y qué dicen sus amigos y familiares de su particular lucha? «Pues sólo los saben mis amigos más cercanos y lo respetan, pero mi familia no sabe nada y prefiero que siga así, por eso pido discreción en cuanto a mi identidad», insiste. La aceptación que ha tenido en la calle ha sido muy positiva, «la mayoría de la gente me apoya, se toman fotos conmigo, me aplaudne, en general todo ha sido muy positivo y me encanta ver como los niños se ilusionan al verme, además, siempre llevo un megáfono y yo se lo dejo a ellos para que puedan decir lo que quieran, dice. Ante la tensión que se vive en las calles de Barcelona tras la sentencia del «procés» no sería de extrañar que alguien le hubiera increpado por sus acciones, «pero de momento no ha ocurrido nada y espero que siga así, lo que sé seguro es que estarán rabiando al verme vestido de un personaje hispano como ‘’El Zorro’’», dice. Está convencido de que su lucha surtirá efecto y por eso no descansará hasta «vencer a los villano» con su única arma, la palabra, «ah y mi disfraz», añade con orgullo.

El perfil
Bajo el nombre impostado del personaje que se ocultaba tras la máscara de «El Zorro» se esconde un mexicano de 44 años que se ha lanzado a visibilizar los efectos perniciosos que ha tenido en esta región de España la imposición del catalán por parte de los independentistas.

 


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