AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 6   Noviembre  2019

A Pedro Sánchez le estalla la economía
 larazon  6 Noviembre 2019

Con las últimas cifras del desempleo en la mano, se entiende cabalmente el empeño del presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en adelantar el debate electoral al lunes pasado. Porque los datos que tenía que hacer públicos el Ministerio de Trabajo son demoledores si se ponen a la luz de los mensajes de optimismo y relajación con los que el Gabinete socialista viene despachando las alertas y advertencias sobre el frenazo de nuestra economía. Y que el candidato del PSOE, como hizo durante el citado debate, exhiba como gran solución el anuncio del nombramiento de un vicepresidente del ramo, no contribuye, precisamente, a tranquilizar a una opinión pública que mantiene muy presente el nombre de otro fichaje estrella socialista, Pedro Solbes, que acabó atrapado entre el mero voluntarismo político y la cruda realidad.

Porque, una vez más, los hechos acabarán por imponerse sobre el discurso electoralista de la izquierda. No sólo porque en este mes de octubre el incremento del número de inscritos en las oficinas de empleo sea el más alto desde 2012, sino porque el número de contratos indefinidos lleva ocho meses seguidos cayendo a plomo, con un acumulado anual del 4,8 por ciento. Asimismo, aunque las cifras interanuales nos dicen que se sigue reduciendo el desempleo, con 77.000 parados menos con respecto a octubre de 2018, se trata del peor dato de los últimos cuatro años. En 2016 la caída del paro fue de 411.000 trabajadores, y los dos años siguientes, incluso ya camino de la parálisis política, la reducción nunca fue inferior a las 250.000 personas.

Podríamos seguir desgranando más cifras negativas, como el incremento del 7,2 por ciento del paro juvenil o la subida del 11,6 por ciento de las prestaciones por desempleo, hasta los 1.591 millones de euros, pero sería abundar en lo expuesto, porque lo que importa es el plano general de una economía que se desacelera insensiblemente y que, como siempre ocurre en España, golpea primero al mercado de trabajo.

Que en estas circunstancias el partido que sostiene al Gobierno en funciones haya tratado de eludir el debate forma parte de la más elemental estrategia electoralista, pero no dice nada bueno de lo que podemos esperar de su futura gestión. Más aún, si ésta viene condicionada al final por las exigencias de una extrema izquierda populista, que nutre su programa de la barra libre del gasto público, compensada, eso sí, en el incremento de unos hipotéticos ingresos tributarios que, de llevarse a efecto, acabará por asfixiar a las empresas y a las clases medias trabajadoras.

Tal vez, la crisis en Cataluña, grave y con perspectivas de empeorar a medida que se aproxima la cita con las urnas, sea un factor prioritario en el discurso de todos partidos políticos, pero no se debería sustraer a la sociedad española este otro debate económico, cuya trascendencia no escapa a nadie. Es cierto, y no queremos obviarlo, que las señales que emite la economía mundial son contradictorias. De hecho, muchos de los ingredientes de la sospechada recesión son de carácter político, como las restricciones al libre comercio de la Administración Trump o el Brexit, y que, como tales, pueden revertirse. Pero, igualmente, estamos asistiendo a la reducción paulatina del crecimiento de las grandes y medianas economías, con clara incidencia en la Unión Europea.

Con el agravante para el caso español de que nuestra deuda pública está ya al límite de lo tolerable y el margen de reacción es mucho menor que el que había al principio de la anterior crisis financiera mundial. Es imperativo que los candidatos, en esta recta final de la campaña, planteen a los electores qué medidas piensan adoptar ante un cambio de escenario y, sobre todo, cómo prevén ajustar los presupuestos del Estado. Porque de promesas maravillosas, ya tenemos bastante.

Las elecciones y la importancia de la economía
José María Rotellar okdiario 6 Noviembre 2019

La economía es una disciplina que no siempre es sencilla. La política económica, las decisiones que conlleva y los impactos que provoca no son fáciles de entender en muchos casos, pues tiene muchas derivadas, muchos condicionantes y, en algunos casos, más parecen postulados de laboratorio que circunstancias que se puedan dar en la vida cotidiana de cada uno de nosotros.

Sin embargo, sí se dan y sí tienen mucha importancia. Todo, al final, es economía, incluso lo que podamos considerar más alejado de ella. Ir al cine o a cenar, elegir como lugar de vacaciones el norte o el sur, fuera o dentro de España, playa o montaña, entraña, al final, un componente económico en la decisión, y no sólo o necesariamente basado en el precio, que también.

Detrás de cada decisión que tomamos, se esconde una elección. Detrás de cada elección, un análisis de beneficio y coste marginal, y asociado al elemento elegido y al descartado, se encuentra el coste de oportunidad, que hemos de tratar de minimizar con nuestra decisión para que la misma tenga unos criterios racionales. Traducido quiere decir que todos nosotros, como seres racionales que somos, debemos elegir lo que es mejor y descartar lo que es peor.

Pues bien, esa buena elección en materia económica no se circunscribe sólo a nuestro día a día, sino que también debe realizarse a la hora de elegir el programa económico con el que concurren los partidos políticos a las elecciones, de manera que nuestra elección sea el del programa que mejor incentive la actividad económica y el empleo. Es más, para ese día a día que menciono, es esencial que elijamos bien a la hora de votar, pues no hay una única política económica posible, sino que las hay diferentes, y distintas políticas dan distintos resultados.

Así, lo primero que es esencial es que no se niegue la realidad. Cuando en 2007 y 2008 el gobierno negó la realidad, lo que consiguió fue un empeoramiento del problema, que desembocó en seis millones de parados y un endeudamiento público que se dobló. Muchos españoles lo pasaron muy mal, pudiendo salir adelante en muchos de esos casos gracias a la institución más importante con la que contamos, que es la familia, aunque alguna ideología trate de postergarla. Esa negación de la realidad parece que empieza a repetirse ahora. A tiempo estábamos en 2008 de enderezar la situación, pero no se hizo entonces. Ahora, tenemos la oportunidad de no perseverar en ello.

En segundo lugar, debemos desconfiar de quien promete subir todos los años el salario mínimo sin fin. Hemos de preguntarnos que si tan positivo es subirlo, ¿por qué no establecerlo en 5.000 euros, o, mejor, en 10.000 euros al mes? Lo mismo con las pensiones: quien no reconoce el problema y hace electoralismo de este tema, está yendo, realmente, contra los intereses de los pensionistas presentes y futuros. Si la realidad indica que hay que hacer reformas para garantizar su viabilidad y conseguir, así, mantener el poder adquisitivo de los pensionistas, hay que contar el problema, proponer la solución y aplicarla, sin miedo, porque será beneficioso y garantizará la viabilidad del sistema. El negar -de nuevo, la negación- la realidad sólo puede esconder un posible intento de engaño para recolectar votos antes de que el problema estalle.

Y en tercer lugar, pensemos que las promesas de aumento exponencial del gasto público son imposibles de asumir, pues no podemos seguir endeudándonos -además, la deuda tampoco es la solución- y hemos de pensar en que cuando alguien nos promete muchas medidas de aumento de gasto no está proponiendo, paralelamente, muchas medidas de aumento de impuestos. Y si los impuestos suben, los ciudadanos tendrán menos dinero en su bolsillo para vivir, las empresas se irán a lugares donde no les sea tan costoso el pago de impuestos y, con ello, el empleo se destruirá, que derivará en menos dinero para quienes pierdan su puesto de trabajo.

Por tanto, aunque para muchos pueda resultar aburrida, incomprensible y lejana, la economía está presente en nuestras vidas a cada instante, y va a marcar cuál va a ser el conjunto de posibilidades de vida que tengamos. Por ello, es esencial que prestemos atención a los programas y que votemos fríamente con la cabeza aquel programa que más beneficie a la economía y a la creación de empleo. Ejemplos de qué ha pasado en los últimos cuarenta años al aplicar unos programas y otros tenemos para poder tomar una decisión racional con todos los elementos de análisis a nuestro alcance.

«España no va bien»
Los agoreros no venden, quizás por eso en el debate del lunes se habló tan poco de la situación económica
Yolanda Gómez Rojo. ABC 6 Noviembre 2019

La situación que atraviesa la economía española tiene bastantes similitudes, por causas propias y ajenas, con aquella que se vivía en febrero de 2008, en vísperas electorales en el famoso debate entre el entonces número dos del PP por Madrid, Manuel Pizarro, y el vicepresidente económico de Zapatero, Pedro Solbes. Estamos, sin ninguna duda, ante un proceso de desaceleración económica, con muchos riesgos de agravarse ante la incertidumbre internacional generada por el Brexit y la guerra comercial entre Estados Unidos y China; la creación de empleo se desacelera y se incrementan las listas de parados; las exportaciones, tan importantes para sacar a España de la crisis, empiezan a tambalearse e incluso empeoran las cifras de ventas de coches y viviendas.

En aquel debate, también con una economía en desaceleración, Pizarro dijo que España no iba bien, y desgranó un ambicioso plan de reformas y rebajas impositivas para afrontar la crisis que se avecinaba. Solbes, por su parte, dedicó su intervención a negar la existencia de la crisis y defender la herencia de los cuatro años en los que había gobernado el PSOE. Ese día, la mayoría de las encuestas dieron por ganador a Solbes. «A nadie le gustan los cenizos», se argumentaba. Hoy, todo el mundo coincide en lo acertado del diagnóstico de Pizarro. Sin embargo, ese famoso debate sigue condicionando a nuestros políticos. Sus asesores les han dicho que al votante no les gustan los agoreros, y solo así se explica lo poco que se habló el lunes de economía: ni por parte de la izquierda, ni por parte del centro-derecha, y solo eso explica que ninguno de los cinco candidatos se atreviera a hacer un diagnóstico sobre la crisis que se avecina. Y difícilmente se puede atajar algo que no se reconoce. Y de eso ya tenemos experiencia.

El Gobierno de Zapatero estuvo sin reconocer la crisis hasta 2009, cuando la recesión ya estaba encima, con lo que las medidas que se adoptaron esos años fueron de gasto, gasto y más gasto, como si no hubiera un mañana. Quizá si se hubiera actuado antes, la factura no hubiera sido tan grande. Y lo que estamos escuchando estos días a Pedro Sánchez, y a Nadia Calviño, ¡nos suena tanto a lo que oímos a Solbes hace más de una década!

Tampoco han cambiado mucho en estos años las recetas de unos y otros, aunque ahora hablemos de bloques en lugar de hablar de partidos. El centro-derecha apuesta por bajar los impuestos y hacer reformas para hacer una economía más competitiva y crear empleo. La izquierda, quiere desmontar reformas aprobadas, la laboral o de las pensiones, y aumentar el gasto social. Mi opinión: la única forma de poder repartir la riqueza es crearla antes y generar empleo, y difícilmente eso se puede conseguir ahuyentado la inversión y subiendo los impuestos a las empresas. Solo hay que mirar hacia atrás.

El eje quebrado
El debate premió a los dos candidatos populistas porque se está rompiendo el eje moderado que vertebraba la política
Ignacio Camacho ABC 6 Noviembre 2019

El debate del lunes dejó una mala noticia para los liberales, y es que fueron los dos candidatos populistas quienes salieron premiados. Iglesias y Abascal -o al revés, monta tanto- quizá no creciesen en votos pero sin duda consolidaron el de sus partidarios, lo que en el caso del resto de sus rivales no está tan claro. Ambos contaban con la ventaja esencial de sentirse liberados de cualquier compromiso viable o pragmático: les bastaba con soltar sus disparatados programas de máximos y batirse el uno contra el otro en plan bizarro para galvanizar a sus respectivos electorados. El líder de Podemos tiene experiencia en este tipo de asaltos y el de Vox, situado por sorteo en el centro del escenario, entró inseguro y algo desorientado pero luego supo aprovechar con intuición y habilidad el espacio que los demás le dejaron porque los gurús del PSOE y el PP habían dado la consigna de ningunearlo. Para desgracia de la España moderna, la que está harta de fantasmas del pasado, el momento más vivo de la aburrida noche fue el rifirrafe a cuenta de la memoria histórica y de Franco.

Esa noticia del auge extremista es especialmente perniciosa para la derecha, porque en el bando opuesto los socialistas ya tienen más o menos cogida la medida a Iglesias aunque no logren reducirlo a la dimensión que ellos quisieran. Pero con Vox por encima de los cuarenta o los cincuenta escaños que le dan las encuestas y con Cs en vía muerta pese a la agitada sobreactuación de Rivera, no habrá modo de cuajar una alternativa moderada a la hegemonía de la izquierda. La posverdad trumpista de Abascal, sus expeditivas recetas propias de un Gil y Gil sin guayabera, encuentran eco en un votante harto de que separatistas y comunistas se le suban a la chepa. A ese español cabreado con las autonomías, la inmigración, el feminismo o las doctrinas políticamente correctas le ha salido una cierta vena antisistema y suspira por un envite autoritario que le dé una patada a la mesa. Se siente atropellado y las garantías jurídicas le parecen una monserga: oye hablar de meter en la cárcel a Torra -¿quién? ¿el Gobierno con una Stasi a sus órdenes directas?- y vibra como si recibiese una corriente eléctrica. Quiere a la Legión en Cataluña y a los menas en la frontera; un estado de opinión fruto de la flojera con que la democracia ha abandonado sus mecanismos de autodefensa.

Porque este florecimiento del antiliberalismo por ambos extremos responde al fracaso previo del clásico paradigma bipartidista europeo. Abascal es más templado que Salvini o Le Pen pero su clientela comparte el mismo proyecto de garantizar el orden antes que los derechos. Y en España ese orden está además amenazado por un independentismo insurrecto al que el Gobierno trata con excesivo respeto. La política española tiene un problema serio: se está quebrando el eje que la vertebraba desde el centro.

Cuarenta años de tomadura de pelo. Hay que votar a Vox
Nota del Editor 6 Noviembre 2019

Los españoles de cuarta clase no estamos cabreados con las autonomías, estamos siendo machacados por ese tinglado despilfarrador e inútil del que se nutren los de siempre.

Las garantías jurídicas son un cuento chino, como descubre con dolor cualquiera que haya tenido que pasar por el trance jurídico, que no llega ni a partida de dados, porque están trucados. Hasta el de Strassbourg, que a muchos juristas les dá tanto miedo, es una pura  indecencia donde se conoce el resultado de antemano en función de los jetas en lance.

La estrella se llama… Abascal-Vox
Fernando González Urbaneja republica 6 Noviembre 2019

Del debate electoral de jefes de fila en abril el candidato que más réditos obtuvo fue Pablo Iglesias; su tono moderado, sereno y dialogante dejó en evidencia a los otros tres candidatos-contendientes que pretendieron desdeñar a Iglesias para centrase en sus recíprocas descalificaciones recíprocas, con Sánchez en actitud defensiva. Pablo Iglesias ganó votos aquella noche, los que no ganaron los otros candidatos. El pasado lunes el modelo ha tenido un curioso bis, los contendientes eran cinco y el marginal no era Iglesias sino Abascal (VOX), al que todos trataron de ignorar, especialmente durante la primera mitad del programa.

Abascal fue preparado, ensayado, con sus argumentos afinados para buscar la eficacia de la simplificación que impone la televisión. Ante el silencio y desdén de los otros candidatos Abascal colocó toda la mercancía de VOX, la de la extrema derecha europea, que a lo largo del siglo XXI consigue del orden del 15% de los votos en muchos países dejando en precario a los partidos tradicionales.

Una de las singularidades de la política española, además de la estabilidad, era la ausencia de extremistas, especialmente a la derecha. El PP asimiló ese segmento del electorado hasta que el “procés” catalán y la gestión apaciguadora que hizo Rajoy del problema, quebrantó ese modelo. Los independentistas catalanes han enervado nacionalistas españoles intolerantes e intransigentes que encuentran cobijo en VOX.

De Abascal decían que tenía poco recorrido, que no aguantaba preguntas ni debates. Pero la noche del lunes desmintió esa tesis con rotundidad. Cuando los otros candidatos percibieron que Abascal estaba ganando la partida, especialmente Iglesias y Rivera que iban a contener su retroceso, toparon con un candidato preparado que respondió a las acusaciones de franquista y paniaguado con habilidad inesperada.

Nadie sabe lo que va a pasar el domingo, pero hay coincidencia en que VOX puede ser el partido estrella, el ganador relativo que consolidaría un grupo parlamentario numeroso y ruidoso. En el PP esta posibilidad les está amargando las expectativas de recuperación, incluso ven muy improbable alcanzar el tercer dígito, los cien diputados. Y en el PSOE perciben que VOX también puede complicar la legislatura, además de restarles votantes tradicionales decepcionados, críticos con el sistema.

El lunes nadie rebatió el argumentario de la “extrema derecha” que caló en indecisos a los que nadie aportó razón y datos ciertos. No era improbable la estrategia de Abascal, lo que sorprende es que ni Sánchez, ni Casado asumieran que VOX es un adversario, que sus argumentos fuertes deben ser rebatidos. No se atrevieron o no supieron hacerlo y ahora tendrán que asumir las consecuencias.

CODA: los comentarios de Pedro Sánchez sobre la función de la Fiscalía del Estado y el socorro que atropelladamente le han prestado la vicepresidenta Calvo y el Presidente del Senado son datos relevantes. Van más allá de la “pillada” en un medio o del comentario apresurado que se saca de contexto. Aquí el “contexto” está demasiado claro, estos políticos tienen problemas para entender la democracia, andan mal de lecturas y reflexión, por muy doctores que sean. Son un claro e inquietante ejemplo de “pensamiento desordenado”. Dan la medida del problema. Mucha medida.

Nacionalistas españoles intolerantes e intransigentes
Nota del Editor 6 Noviembre 2019

Esto de que si te pegan un guantazo debes poner la otra mejilla debe estar bien para el que pega, pero para el que recibe no parece una propuesta aceptable, por ello, no cabe otra opción que votar a Vox, para que si te pegan un guantazo, al menos te libres del segundo, aunque ello signifique ser intolerante e intransigente.



Ignacio Garriga: "El Estado de las Autonomías ha servido de palanca a los separatistas"
El diputado de Vox arremete contra el PSC por su intervención en el debate de TV3.
Maite Loureiro Libertad Digital 6 Noviembre 2019

Apenas unas horas después de participar en el debate político de TV3, el diputado de Vox por Barcelona, Ignacio Garriga, ha concedido una entrevista en Es la Mañana de Federico, de esRadio, en la que ha denunciado el acoso que sufre su partido por parte de los separatistas por ser "los únicos que les han puesto frente al espejo" denunciando las "debilidades del sistema del que se han aprovechado". En este sentido, ha defendido que su partido "no viene a mimetizarse con el sistema" sino a "cambiar las cosas de verdad".

Garriga ha asegurado que el PSC quedó en evidencia durante la contienda al confesar que están dispuestos a pactar con los separatistas, con "los enemigos de España". "Fue una oportunidad muy buena para que los votantes del PSC y del PSOE vieran su gran traición", ha criticado duramente en referencia a José Zaragoza.

El diputado de Vox ha defendido que su partido "aporta algo más" que el resto de formaciones constitucionalistas por reclamar una solución distinta para Cataluña a la que se ha intentado hasta ahora y que pasa, asegura, por "la ilegalización de los partidos separatistas". "La única manera de aplacar al golpismo es con la firmeza de la ley", ha recalcado.

Por ello, ha defendido la necesidad de acabar con el Estado de las Autonomías que "ha servido de palanca a los separatistas" y ha pedido "desmantelarlo" poco a poco empezando por la recuperación de las competencias. En su opinión, PP y PSOE son responsables de la actual situación que se vive en Cataluña donde, ha dicho, no se puede andar libremente por la calle a pesar de que el Gobierno de Pedro Sánchez "siga hablando de normalidad". "¿Esta es la democracia que han construido los partidos de siempre?", se ha preguntado.

Una ausencia de normalidad por la que, según ha denunciado, su partido no tiene interventores suficientes para cubrir todos los colegios de Cataluña y a muchos hogares no han podido llegar las papeletas de Vox. "Confiamos que después del 10-N tengamos la fuerza suficiente para exigir el restablecimiento del orden constitucional", ha reclamado.

¡Alerta antifascista!: se desata la histeria colectiva ante el ascenso de Abascal
El imparable ascenso de Vox tras el triunfo de Abascal en el debate desata una oleada de histeria de izquierda a derecha.
Pilar Díez Libertad Digital 6 Noviembre 2019

El Mundo
El periódico que dirige Francisco Rosell pasa de Vox y tira por la economía. "El paro ya crece como en el peor momento de la crisis". "Los españoles acudirán a las urnas este domingo bajo una de las coyunturas económicas más pesimistas de los últimos años", pero "la economía no está teniendo el peso que debería en esta campaña", dice el editorial. Y tiene razón. Los columnistas hablan del debate, de Cataluña, mucho de Vox. Federico Jiménez Losantos tiene una visión muy original de quién ganó el debate. "Pese a la ausencia de vida periodística en el inacabable pestiño, el candidato ganador fue, si duda, Junqueras, cuya compañía desea más el candidato del PSOE que la del potentado de Galapagar, que ahora no pide sillones sino sofás. Rivera ha caído por su empeño en ser Casado, y Casado quiere ser Rivera. Así que, vacío el amplísimo carril derecho, Abascal entró hasta la cocina". Y es que lo de Abascal en el debate ha sido un revulsivo en los últimos días de campaña. No se habla de otra cosa. "Sánchez reformula la última parte de la campaña: el PSOE como único modo de parar a Vox". "Casado se lanza a frenar la subida de expectativas de Vox". Raúl del Pozo sentencia: "Abascal se creció y descubrió que con esos antifascistas bizcochos, en dos elecciones más , arrolla y lo llevan a la Moncloa". Pues no te digo yo que no.

El País
El País tiene el susto metido en el cuerpo y dedica todo el periódico a alertar sobre Vox, desde el mismo editorial que lleva a la portada. Primero compara a Vox con las hordas indepes de Cataluña. "La amenaza para la convivencia que representa el ultranacionalismo en España no deriva de que sea catalán, sino de que es ultrancionalismo, con los mismos rasgos autoritarios, las mismas obsesiones identitarias y las mismas argucias demagógicas que el exhibido por Abascal". Que se sepa, los de Vox no van pegando y escupiendo a la gente por la calle. "Abascal gustó de presentarse a sí mismo como el arrojado adalid de un movimiento enfrentado a una dictadura que solo existe en su retórica y en su fanatismo", le dijo la sartén al cazo. El País "recuerda" a Abascal que "las únicas medidas que se han impuesto en España sin estar respaldadas por el voto mayoritario de los ciudadanos no son las de ningún perverso progresismo" sino las de la dictadura de Franco, de la que, según Soledad Gallego, Abascal tiene una "inconsolable nostalgia". Pero si no había nacido. "La presencia de una fuerza como Vox en un debate electoral en el que se dirimía el inmediato futuro político de España, así como la escalofriante naturalidad con la que los argumentos xenófobos e intolerantes de su líder se codearon impunemente con los del resto de los partidos, debería encender sin más demora todas las alarmas". Habría que recordar a El País que Abascal estaba en ese debate debido al respaldo del mismo voto de los ciudadanos al que apela. ¿O es que el voto sólo se respeta si responde a los intereses de El País? Pepa Bueno le toma el relevo al editorial en su columna. "Lo que resulta asombroso es que por un puñado de votos, no hubiera un coro de cuatro voces que impugnara en ese plató la cantidad de simplezas antidemocráticas que soltó, con eficacia, el líder de Vox (…) Todos hemos afrontado el dilema de ignorar o desmontar las recetas de la extrema derecha, pero cuando las encuestas la sitúan como tercera fuerza en el Congreso, el dilema desaparece". Vaya, esta vez se les ve realmente asustados, sin la impostura que acostumbran. ¡Qué viene el lobo!

ABC
"Sánchez no sabe, no contesta", dice sobre los datos del paro. Luis Ventoso ve otro peligro en el ascenso de Vox. "Sus soluciones sencillas y su apelación nacionalista confortan a muchas personas legítimamente enfadadas. Y sumará muchos votos de desahogo. Que en la práctica contribuirán a más Sánchez al mermar la única alternativa realista", que para él es el PP, claro. Ignacio Camacho se teme lo mismo. "El debate premió a los dos candidatos populistas porque se está rompiendo el eje moderado que vertebra la política". "Con Vox por encima de los cuarenta o cincuenta escaños y Cs en vía muerta, no habrá modo de cuajar una alternativa moderada a la hegemonía de la izquierda. La posverdad trumpista de Abascal, sus expeditivas recetas propias de Gil y Gil sin guayabera, encuentran eco en un votante harto de que separatistas y comunistas se le suban a la chepa". Y es que "vencedor de este debate solo ha habido uno: Abascal", dice Carrascal con rotundidad. Que esta vez lo de Vox puede ser cierto lo demuestra lo sucedido ayer en Dos Hermanas. "El candidato de Vox abarrotó anoche el auditorio de Dos Hermanas, baluarte del socialismo con un tipo de público que no responde al tópico de la derecha". Que tiemble El País.

La Razón
"Sánchez teme perder las elecciones en la jornada de reflexión" por la violencia en Cataluña. Sería justicia poética por lo del 11-M. "Preocupación por cómo pueda afectarle en las urnas una nueva oleada de violencia en las calles en vísperas de las elecciones o el mismo domingo y que la opinión pública no comparta su respuesta". ¿Eso es todo lo que le preocupa de lo que está ocurriendo en Cataluña? Pues es un miserable. Si deja a esos salvajes campar a sus anchas con la excusa de la moderación y la proporcionalidad no se merece ser presidente del Gobierno. Que se ponga las pilas y en lugar de intervenir el espacio digital que baje a la puta calle. Lleva La Razón una encuesta de NC Report que lleva la contraria al mundo entero. "Sánchez fue el perdedor y Casado el ganador, seguido de Iglesias. El PP es el que más voto recibió tanto de Vox como de Ciudadanos". Parece el CIS de Tezanos. Menos mal que este lo pagan ellos de su bolsillo. El caso es que en la página de al lado dicen que "Abascal ha subido 32.000 votos al día en dos semanas". Y que "Abascal ha sido el ganador para los ciudadanos en las encuestas y también el mejor para muchos periódicos". ¿A quién ha preguntado NC Report? ¿A Casado? David del Cura pone a caldo a Vox. "Abascal supo aprovechar las verdes praderas que le dejaron sus contrincantes para galopar a calzón quitado y chorro libre". Dice que tendremos que prepararnos para que el domingo los listos de turno se pregunten "¿cómo ha podido pasar?". "Pues porque lo han alimentado y nadie le ha matizado, corregido, apuntado o denunciado. Cada uno tendrá sus razones partidistas para haber dejado chospar el político ultramontano", dice. Vox "tiene un corpus ideológico que trasciende el ámbito conservador para engarzar directamente con el afán de la Falange". Debería ficharle El País. El puntito graciosillo del día lo pone Ussía. "¿En qué estaría pensando Iglesias durante el debate para confundir una manada con una mamada?". Lo mejor del debate con diferencia. Es un obseso sexual.
La Vanguardia

"Vox vuelve al centro de escena", firma Enric Juliana, que nunca le perdonará a Sánchez que repitiera las elecciones. "Pedro Sánchez enarbola de nuevo el miedo a Vox para llamar a la Mayoría Cautelosa". Así, con mayúsculas. Cree Juliana que Sánchez no respondió a Abascal "para que el ascenso de Vox sea el principal tema de discusión en los próximos días", que al PSOE "ahora le interesa la polarización con Vox". Para nada, Juliana, al PSOE le ha pillado el triunfo de Abascal tan con el pie cambiado como a todo el mundo. "El tema de conversación de los últimos días será: ¡Que viene Vox!". La cosa es que esta vez parece cierto. ¿Será como en el cuento de Pedro y el lobo?

La exhumación de una reflexión silenciada: el respeto por la memoria y la figura de Franco
Pedro de Tena Libertad Digital 6 Noviembre 2019

Francisco José Soler Gil, físico y filósofo, se rebela contra la "corrección" política de la izquierda

Francisco José Soler Gil es un filósofo que ha dedicado casi toda su vida a las cuestiones o preguntas que él llama "últimas". Las preguntas últimas se refieren "al origen temporal del universo, o la eternidad de su pasado; a su finitud o infinitud hacia el futuro; a la razón de ser de las leyes de la naturaleza; al origen y el destino del hombre; a su lugar en el conjunto de lo que existe; al por qué de todo esto..."

Por una vez dedicado a una cuestión "penúltima", como es la política, y por consideración hacia sus hijos, fidelidad a su propia memoria y lealtad hacia sus deudos, ha escrito Sobre el respeto a la memoria de Francisco Franco: Carta abierta a mis hijos acerca del olvido, la "memoria histórica" y la reconciliación, un libro que ha editado él mismo y que ha subido a la plataforma Amazon. Mejor así, porque hubiera sido casi imposible encontrar un editor que afrontara los riesgos de la incorrección política que exhibe.

Es sabido que los verdaderos filósofos, los que aman la sabiduría y la verdad, se atreven a pensar desde los comienzos de las diferentes civilizaciones a veces con duras consecuencias. Desde sus personales perspectivas y con los conocimientos disponibles en sus épocas, se obligan a dar cuenta de una explicación, de una ordenación razonada de la insólita y única, por ahora, experiencia autoconsciente humana con herramientas conceptuales que ayudan a la comprensión que creen conseguir. Soler Gil se ha atrevido a pensar y a decir lo que piensa, algo que debería ser normal en una democracia sana y fértil. Pero no, no es así.

Antes de que la legión de tontos incansables que ya denunciaba Ortega levante los puños gritando "anatema", "blasfemia" o, traducido a nuestros días, "fascista", "franquista", "reaccionario" sin estar dispuestos siquiera a pensar un momento o a examinar los hechos y razonamientos que se exponen, recordaré, porque es pertinente aquí, que yo mismo fui encarcelado, poco después de la muerte de Franco, por el régimen ya agónico que le sucedió.

Estructuras básicas de convivencia
No me gustaban ni me gustan las dictaduras. Tampoco la violencia ni el caos social o el desorden civil. Todos ellos acaban con las libertades y la correspondencia de derechos y deberes que hacen posible la convivencia. Coincido, pues, en lo fundamental con Soler Gil, al que tampoco gustan esos extremos pero que cree, como muchos millones de españoles creyeron, que la sublevación del general Franco estuvo justificada por el peligro de disolución de una nación, por el desprecio que el régimen republicano hizo de la vida y de la ley y por la necesidad de devolver a los ciudadanos unas estructuras básicas de convivencia.

Francisco José Soler es un filósofo que ha dedicado su vida a lo que antes se conocía como Filosofía de la Naturaleza y que ahora podemos llamar Filosofía de la Ciencia, con especial dedicación a las relaciones entre ciencia y Dios, entre los descubrimientos y métodos científicos y las creencias religiosas.

Para los que pueden pensar, o mejor, impensar, que lo de Dios es un tema baladí, antiguo o superado, baste recordar que el mismo Bertrand Russell reconoció en un debate sobre Dios en la BBC – qué medios de comunicación los de aquellos británicos, qué envidia -, con el jesuita Frederick C. Copleston, que Dios era una de las cuestiones esenciales de la filosofía.

Sus cuestiones "últimas"
Soler Gil ha escrito numerosos libros, colaboraciones en libros colectivos y artículos sobre sus cuestiones "últimas". Investigador en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla y miembro del Grupo de Investigación de Filosofía de la Física de la Universidad de Bremen hasta 2017, desde hace años se ha dedicado, de modo singular, a la filosofía de la cosmología.

Una breve semblanza de su trayectoria vital incluye que nació en 1969 y que estudió Física y Filosofía en la Universidad de Granada. En 1998 se incorporó en Alemania, donde reside, al grupo de investigación de Filosofía de la Física, bajo la dirección del catedrático Prof. Dr. Manfred Stöckler hasta su muerte y se doctoró en Filosofía en 2002 por la Universidad de Bremen con la calificación "magna cum laude".

Después se centró en el estudio de la cosmología de Stephen Hawking y continuó sus estudios sobre filosofía de la física cuántica, el concepto del tiempo en la física relativista y en la consideración de los modelos cosmológicos que se disputan hoy la imagen del universo. [I] Pero esta vez ha decidido penetrar en la galaxia política nacional y decir lo que no puede decirse. La exhumación forzosa del cadáver de Franco ha exhumado a su vez un conjunto de reflexiones hasta ahora sumidas en un silencio considerado benéfico para la convivencia.

Una recuperación honorable de la memoria histórica veraz
Nuestros padres no hablaron mucho, en general, con sus hijos de lo que ocurrido en la II República y en la Guerra Civil. Parecía haberse aceptado un pacto no escrito para no hacer más insoportable los recuerdos de una violencia que llegó a romper familias, pueblos, ciudades y la propia nación. Por eso, cuando murió Franco y se dio comienzo a la Transición democrática, se siguió el mismo camino de libertad sin ira sin volver la vista atrás.

Soler lo dice así:
Pero, por otra parte, si había habido dos Españas en guerra, y si cada una de ellas tenía sus recuerdos trágicos, sus relatos, sus agravios, sus lealtades y sus deseos enfrentados, ¿cómo podríamos reconciliarnos de otro modo? Sólo el olvido de todo eso, y la renuncia a nuestra carga histórica de razones de los unos contra los otros podría ayudarnos a cerrar la herida, y restituir la unidad de la sociedad.

Pero aquella buena voluntad fue dinamitada por la operación de la "memoria histórica" puesta en marcha por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero cuyo objetivo – ya es evidente -, no era ni es dotarnos de una memoria histórica veraz, completa y compartida sino relegar al olvido a quienes consideraron justificada la sublevación militar dirigida por Franco contra el desvarío ilegal, antidemocrático, golpista, disgregador y no pocas veces criminal, de muchos de los partidos que terminaron convirtiendo voluntariamente la II República en una guerra civil.

Si antes tal vez fue bueno apostar por el olvido reconciliador, ya no es posible. Es el camino que recorre valientemente en este libro Francisco José Soler Gil. El olvido, tal vez fuera deseable para la reconciliación, pero no fue bueno para el conocimiento de la verdad histórica. Don Julián Besteiro consideraba que en la España republicana se contaba un "himalaya de mentiras" [II] y este "himalaya", que el filósofo socialista atribuía a los comunistas españoles, vuelve hoy a tratar de amontonarse en unas conciencias para las que los hechos apenas tengan valor de verdad.

La versión de los supuestos "memoriosos" históricos es conocida. La II República fue un oasis de democracia, respeto a la ley y proyecto de convivencia social truncado por el golpe clasista y militar del general Franco en julio de 1936. El auxilio de las potencias nazi y fascista y la tibieza de las democracias europeas derivó en la derrota final a la que siguió una sangrienta represión que acabó con las aspiraciones democráticas durante casi 40 años.

La transición democrática impulsada por el rey Juan Carlos, Adolfo Suárez y Santiago Carrillo, sobre todo, no fue más que una maniobra del franquismo para sobrevivir y su Constitución de 1978 no puede considerarse una norma democrática compartida y es preciso, pues, que desde las escuelas, los Institutos y las Universidades se exponga una nueva "historia" oficial donde la reconciliación inicial se convierta en la victoria póstuma de los derrotados en la guerra civil.

Ni que decir tiene cuántos agujeros, y estos sí que son negros y densos, tiene esta versión canónica que se quiere imponer especialmente a los más jóvenes. Por ello, la carta que Francisco Soler Gil escribe a sus hijos es una rebelión por la verdad de parte que representa. Su carta quiere darles a conocer la memoria de los excluidos por esta operación hemipléjica que pretende borrar de la memoria a la media España que no quiso seguir aquel camino incivil de la II República.

Por ello, dice a sus hijos:
¿Por qué he encendido mi ordenador, y he comenzado a escribir en un documento titulado 'Sobre el respeto a la memoria de Francisco Franco'? Lo hago por dos motivos: En primer lugar, porque, de no hacerlo, me temo que ya no está lejos el día en el que pensareis que vuestro padre sentía respeto por un monstruo, y que vuestro bisabuelo combatió por ese monstruo. Y os avergonzareis de mí, y de vuestra familia paterna en general.

Una historia de buenos y malos
El resultado de la operación sectaria emprendida es que "mientras que se pueden dedicar calles, plazas, monumentos y homenajes a las figuras más destacadas de uno de los bandos de nuestra contienda civil, está prohibido hacerlo con las del otro bando, incluso en los lugares en los que la población querría otra cosa. Se han destruido, en aplicación de la ley, todo tipo de placas, símbolos y monumentos de uno de los bandos, al tiempo que se fomenta la multiplicación de placas, símbolos y monumentos conmemorativos del otro. Los libros de texto han sido dirigidos hacia una historia de buenos y malos, no mucho más matizada que la que aprendí en la vieja Enciclopedia Álvarez".

Aun no se ha consumado la subversión de la historia.

Falta, por ejemplo, perseguir legalmente todo lo que pueda ser calificado de «apología del franquismo». Y mucho me temo, hijos míos, que esta misma carta que os estoy escribiendo ahora, podrá ser calificada así... De manera que, quizás antes de lo que pensáis, vais a tener que afrontar la situación de tener un padre delincuente.

Es así, como del olvido tolerante se ha pasado a un intento "de venganza y laminación moral de uno de los bandos por parte de los herederos del otro".

Nada nuevo tal vez. Acaso la tolerancia y las libertades son pequeños paréntesis incrustados entre dominaciones ideológicas sucesivas de inclinaciones totalitarias. O sea, que tal vez añade el autor "la reconciliación a la que creí que nos estábamos acercando en los años ochenta y noventa no habría sido sino un espejismo: el afortunado y fugaz momento libre del tránsito desde la 'formación del espíritu nacional» a la «educación para la ciudadanía'".

Un acto de rebelión
El libro del filósofo Soler Gil es un acto de rebelión, un libro contra la oscuridad que trata de reventar la historia real que fue.

Yo soy el nieto de un combatiente voluntario en el bando nacional, como tantos otros. Y si los nietos de los combatientes aceptáramos, en pro de la paz, la injusticia que supone la condena póstuma a Franco, y al resto de los sublevados, no estaríamos manchando la memoria de personajes históricos remotos, sino la memoria de aquellos en quienes nuestros deudos depositaron su confianza, y por los que lucharon. Y estaríamos, por tanto, dolosamente, convirtiendo en culpables o invisibles a nuestros familiares.

La guerra sucedió por algo y los muertos murieron por algo, en uno y otro bando. Pero hay un bando que "ha dejado que la historia del siglo XX la escriba el sector más revanchista de la izquierda. Y el resultado no ha sido la reconciliación, y el comienzo de una nueva etapa, sino el lastre de un complejo de culpabilidad muy difícil de manejar". Por ello, la derecha en general es la heredera de los "culpables" y "se encuentra inevitablemente en una situación de inferioridad moral con respecto a la izquierda" y no pocas veces trata de renegar de su pasado. Es decir, habrá una parte de España totalmente amnésica y una parte que impone su memoria.

Por ello, Soler Gil, casi heroicamente, exige a las derechas españolas que dejen de jugar en condiciones desiguales y se decidan de una vez a "reivindicar la figura de Franco".
¿En qué consiste el respeto por la figura de Franco?

Lo aclara desde el principio para los vagos y maleantes del espíritu y la propaganda:

¿Significa que hay que declararse enemigos de la democracia, y partidarios de una dictadura? ¿Significa que hay que pedir que vuelva la censura (... que en realidad no se ha ido nunca... o quizás sí se fue por un momento breve, hacia finales de los años ochenta, para volver luego, con nuevos métodos y renovada energía...)? ¿Significa que añoremos un régimen de partido único, o que exijamos el fin las autonomías, y la absolutización de la soberanía nacional española?

No, se responde. "Soy demócrata. Soy europeísta. Soy autonomista. Recelo de la concentración excesiva de poderes, y me agradan en cambio los contrapesos, y los sistemas (que algunos llaman «ineficientes») en los que la acción gubernamental puede ser ralentizada y contrarrestada desde todo un abanico de instancias", desarrolla.

Para Soler Gil, el respeto por la figura de Franco es consecuencia del fracaso de la II República, cuya deslealtad hacia los derechos, creencias y libertades de los españoles hizo posible y necesario el levantamiento militar. De este modo, el respeto por la figura de Franco "consiste, ni más ni menos, que en sostener que fue legítimo, y bueno para España, que se produjera en esos momentos la sublevación militar. Y que fue bueno que Franco ganara la guerra, y dispusiera luego de varias décadas de tutela política sobre el país, hasta el envejecimiento de la generación de los combatientes", sentando las bases económicas y sociales de una clase media que finalmente es la que sustenta la democracia española actual.

Pero no es cosa de todo o nada. Ni todo fue justificable ni todo fue admirable ni todo fue admisible. Sin embargo, quienes respetan la figura y el legado global de Franco deben dejar de callar, deben alterar su destino de españoles tatuados por una culpa asignada por otros que sólo podrán "redimir" aceptando su inferioridad moral y un vasallaje cultural.

Es ahora el momento de exigir el respeto por la figura de Franco, no desde una nueva "memoria histórica" opuesta a la vigente, sino desde la libertad para la investigación de la verdad sin imposiciones ni adoctrinamientos. Y es el momento porque "conforme el tiempo va pasando, las nuevas generaciones van perdiendo el contacto con las fuentes directas de información, que podrían desmentir el relato establecido. Dentro de un par de décadas, estaremos muertos los últimos que escuchamos directamente a los testigos de la época. Y vosotros, y sobre todo vuestros hijos, ya no os sentiréis ligados a los testimonios que nosotros aún escuchamos, y que nos obligan."

Por ello, culmina: "El auténtico estorbo a la reconciliación somos los que aún sabemos lo suficiente de los hechos ocurridos como para aceptar el relato urdido para dar cierre a este episodio histórico. Una vez que nosotros hayamos desaparecido, se habrá culminado la reconciliación", es decir, la imposibilidad de una reconciliación sincera desde la igualdad en la aceptación de hechos y responsabilidades.

Las derechas españolas, de no enarbolar su visión de los hechos, "seguirán suspirando por un reconocimiento y un perdón que nunca van a recibir del todo... Aplaudirán las películas, los conceptos, las banderas y los temas que la izquierda proponga… pero no dejarán de ser los parias de la política española. Y no diré que no lo tienen bien merecido".

Lo dicho. El libro valiente de un filósofo que se ha sentido obligado a pensar en voz alta sobre su experiencia sin complejos desde un afán de reconciliación que o es recíproco y veraz o no será.

[I] Francisco José Soler Gil ha publicado por el momento 8 libros, 4 en castellano, 3 en alemán y 1 en inglés y ha escrito capítulos al menos en otros 6 libros colectivos. Publica habitualmente en prestigiosas revistas de filosofía como Journal for the General Philosophy of Science, Philosophia naturalis, Complex Systems, Theoria, Thémata, etc. Algunos de sus últimos títulos son El universo a debate, Mitología materialista de la ciencia, Lo divino y lo humano en el universo de Stephen Hawking, Aristóteles en el mundo cuántico, 60 preguntas sobre ciencia y fe, entre otros.

[II] Cuenta el socialista Andrés Saborit en su libro sobre Besteiro que el pensamiento íntimo de don Julián, reflejado en unas cuartillas de marzo de 1939, que reproduce, se referían a "ese Himalaya de falsedades que la prensa bolchevique ha depositado en las almas ingenuas…" Por ello, era preciso impedir "el dominio completo de los restos de la España republicana por la política del Comintern (La Internacional Comunista)" y evitar de ese modo que "los habitantes de esta zona hubiesen tenido que sufrir probablemente durante algunos meses, no sólo la prolongación criminal de la guerra, sino el más espantoso terrorismo bolchevique, único medio de mantener tan anormal ficción, contraria evidentemente a los deseos de los ciudadanos".

Autonomista en la lejanía

Nota del Editorl 6 Noviembre 2019

Sin sufrir los desmanes de las autonomías no es difícil dejarse embaucar por la "descentalización de poderes", pero espero que tenga tiempo para documentarse un poquito del tinglado autonómico, de la inmersión lingüística, del deslpifarro, de la inutilidad e ineficacia, y seguiendo con la descentralización, a ver cuando llega al nivel individual, porque hasta el nivel municipal ha demostrado ser un fiasco.

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El 10 de noviembre, un día clave para España
Para el señor Sánchez la palabra bloqueo no tiene el significado que habitualmente se le da a la expresión en el DLE
Miguel Massanet diariosigloxxi 6 Noviembre 2019

En un plis plas, señores, nos volveremos a encontrar ante las urnas para cumplir con nuestro “deber de ciudadanos”, ya convertido en algo habitual gracias a la incompetencia de nuestros políticos, incapaces de ponerse de acuerdo; evidentemente condicionados por sus egoísmos personales y de partido. Nos preguntamos, una vez más, si en esta particular ocasión, este voto que vamos a emitir va a servir para algo más que para que se alborote el gallinero político intentando encontrar la fórmula magistral que les permita cuadrar sus múltiples combinaciones para sacar adelante una investidura que, a la vista de cómo se presentan estos nuevos comicios, nadie parece poder garantizar que, recontados los votos, España no se vuelva a encontrar en un callejón sin salida, una nueva encrucijada o una situación de desconcierto, como la que tuvo lugar cuando la investidura fallida del señor Pedro Sánchez. Por enésima vez, nos vamos a exponer a que, la falta de previsión del PSOE y sus directivos, su excesivo optimismo y su convencimiento de que ninguno de los partidos de la oposición tenía posibilidad de ponerles en apuros respecto a la previsión de los resultados de esta nueva consulta que ellos, en su excesiva confianza en una victoria aplastante, dieron por seguro que les iba a ser completamente favorable.

Si descontamos las encuestas del CIS del señor Tezanos que, en su afán de favorecer desde aquel organismo oficial, no ha tenido inconveniente en cocinar a su gusto, aderezado con los condimentos que le han parecido oportunos, los resultados de unas encuestas, supuestamente realizadas entre 18.000 personas que, vean ustedes hasta donde llegan los que están vendidos a un determinado credo político, han dado supuestamente unos resultados que contradicen diametralmente los del resto de apuestas que, con más o menos diferencias, coincidían en lo esencial y marcaban una clara tendencia que no era, precisamente, la que más favorecía al PSOE y a sus aspiraciones de arrasar que, evidentemente, es lo que pensaban el señor Sánchez y sus asesores cuando decidieron adelantar la fecha de las nuevas elecciones.

En estos momentos, quien tenga el valor de adelantar una opinión respecto a lo que va a suceder el día 10 de este mes de noviembre, se expone a caer en el más completo ridículo. Partidos que parecían condenados a desaparecer del arco parlamentario parece que pueden llegar a ocupar el 4º o 5º puesto en cuanto al número de escaños conseguidos, otros a los que se les pronosticaba 140 o 150 escaños es posible que se puedan dar con un ladrillo en los dientes si consiguen mantener los resultados de los anteriores comicios y, otros a los que se les consideraba en franca caída, olvidados por sus electores y condenados al ostracismo, casi todas las encuestas les auguran unos resultados espectaculares. Claro que hablamos de encuestas y todos sabemos que, en ocasiones, las consultas populares “las carga el Diablo” y sucede todo lo contrario de lo que estaba previsto.

Por ejemplo, los socialistas tienen puestas todas sus esperanzas en la habilidad del señor Iceta de navegar entre dos aguas, lo que esperan que le permita sacar un buen resultado en Cataluña. Algunos, incluso, esperan que van a conseguir superar a los partidos nacionalistas ganándoles en escaños. Sin embargo, y es una de las cosas que se le recrimina al CIS cuando llevó a cabo sus encuestas, no parece que se haya tenido en cuenta el gran desgaste que la actitud del PSOE respecto a los independentistas catalanes, ha producido a dicho partido durante las últimas semanas, el problema que tienen respecto a los condenados por el TS en cuanto a sus actuaciones en el 1ºO, los problemas que les vienen causando las actuaciones de las fuerzas del orden público y la imagen que están dando, en cuanto a la desorientación supina, en el manejo de los últimos sucesos causados por los CDR en Cataluña, incitados claramente por el señor Quim Torra, en los que el Gobierno de la nación, en su pretensión de contentar a todos ha conseguido algo que es difícil: acaparar las críticas de todos, los constitucionalistas, las izquierdas y de los propios soberanistas catalanes.

Hete aquí que la política actual del líder del PSOE, señor P.Sánchez, diríamos que la única que le queda para intentar salvarse del estropicio que él mismo ha armado, es la de presentarse ante los electores como víctima, como protagonista de una encerrona fraguada por la derecha en la que incluye, sin base ni evidencia alguna, un inexistente pacto ente VOX, Cs y el PP para lo que él no duda en denominar “bloqueo”. Para el señor Sánchez la palabra bloqueo no tiene el significado que habitualmente se le da a la expresión en el DLE que, en su acepción 2ª, cuando dice: “El que consiste sólo en declaraciones escritas, sin estas apoyado por fuerzas bastantes para que resulte efectivo”, para él significa que los distintos partidos, con sus particulares ideas de la gobernación de una nación, no hayan querido someterse a sus condiciones draconianas consistentes en que, sin negociar ni ceder nada a aquellos a los que se lo pedía, se hayan negado a plegarse a su actitud dictatorial, negándose a otorgarle la confianza, en el caso de su investidura.

Y es que, el concepto que tiene el señor P.Sánchez de lo que es una democracia como el que, al parecer, le merece el concepto de nación, parece que no se ajusta, en absoluto, al que tienen la mayoría de los españoles que aman a su país y no participan de sus extrañas opiniones respecto a “una nación de naciones”, que es una manera de destruir, mediante el empleo de falsas definiciones, la unidad de la nación española, que queda meridianamente clarificada en nuestra Carta Magna. El peligro, señores, está en que, aparentando mostrarse inflexible, inabordable y seriamente decidido a impedir que los nacionalistas se salgan con la suya, no parece que, ante la evidencia de que el separatismo sigue muy vivo en Cataluña y que, sus alianzas con multitud de municipios de las tierras catalanas para gobernar juntamente con soberanistas, parece que no van a dejar de existir, pese a que todos ellos forman parte de este grupo numeroso que se ha conjurado públicamente para conseguir la independencia de la nación catalana de España.

Resulta una incongruencia con el concepto de nación soberana y en la que existe un Estado de derecho que, cuando los reyes de España tengan que asistir a un acto en el que se conmemoran hechos relacionados con la realeza que atañen a Girona; a la familia real no se la permita acudir a aquellas tierras por miedo a que la fuerza pública no sea capaz de contener a unos miles de revolucionarios que piden la república y sea preciso sustituir el lugar en el que se celebren los actos previstos donde, por cierto, tampoco se tiene la certeza de que no se organicen los alborotos correspondientes. Un estado de cosas que, para nuestro ministro de Interior, señor Marlasca, parece que no son más que alteraciones del orden público a las que no relaciona las unas con las otras para, como debería ser, trazar el verdadero mapa de lo que es, ni más ni menos, que una insurrección generalizada que ya hace tiempo que viene sucediendo sin que ninguna autoridad, ni el Gobierno Central, haya tomado las medidas pertinente para evitar que, cosas semejantes, tengan lugar impunemente en una democracia europea.

La verdad es que los españoles, me refiero a los que nos atenemos a lo establecido en nuestra Constitución y no queremos que haya quienes, sea de una forma encubierta o mediante trucos legales, intenten convertir a nuestra nación en un paraíso comunista o que pretenda que se la vaya descuartizando otorgando carta de nacionalidad independiente a cada facción de ciudadanos, o cada autonomía en la que, por procedimientos ilegales, sin respetar las reglas establecidas en nuestra Carta Magna, decidan, sin la conformidad del resto de ciudadanos españoles, atribuirse el derecho de decidir, unilateralmente, apartarse del resto de comunidades autónomas del país. Los catalanes se han otorgado, a sí mismos, el derecho de calificar su insurrección de democrática, cuando para ello han tenido que infringir todas las reglas de la democracia que consisten, esencialmente, en ajustarse a las reglas que, los ciudadanos, a través de un referéndum entre todos los españoles, nos dimos.

No parece que, con los trapicheos propios del señor P.Sánchez, tengamos la seguridad de que, una vez instalado en el poder, si es que lo consigue, no decida indultar a los culpables de sedición a los que el TS ha condenado a años de cárcel, ni parece dispuesto a evitar la vergüenza de que, valiéndose de reglamentos carcelarios, estos sujetos se paseen por las calles en dos meses o iniciar un proceso, como ya se atrevió a insinuar Iceta, mediante el cual, a través de cesiones continuas, llegara un momento en el que Cataluña llegara a ser, de hecho, independiente; un supuesto que, en modo alguno, se puede considerar factible.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos encontramos ante un dilema que, es muy posible que no hayamos tenido otro igual, a través de todos los años en los que vivimos en democracia. En realidad, no nos encontramos, como podría suceder en los EE.UU, ante unos republicanos y unos demócratas que se turnan en el poder, sin que ninguno de ellos tenga la más mínima intención de romper su tradicional sistema de gobierno, ni se le ocurra modificar su Constitución vigente desde los tiempos en los que se separaron de la metrópoli inglesa. La izquierda, representada por P.Sánchez y sus seguidores, se puede equiparar a aquella misma que dio lugar a que, en España, unos españoles se mataran los unos a otros debido a que, el país, se había convertido en ingobernable, se cometían asesinatos en las calles y el caos reinaba en toda la nación española. Darle cuatro años a P.Sánchez y su gobierno para gobernar España, representaría entregar a los españoles en las manos de unos políticos que no tenderían objeción en aliarse con los comunistas financiados por el dictador Maduro, de Venezuela, con tal de poder hacerse con el poder. Lo malo de estos gobiernos totalitarios con los que se nos amenaza, es que cuando se suben al poder ya no se rigen por la democracia y empiezan a convertirse en dictatoriales, lo que impide que se pueda restaurar la necesaria alternancia como ha ocurrido con todos los gobiernos comunistas que existen en Suramérica y en los países que, en el resto del mundo, siguen parecidas doctrinas.

Vox, nada nuevo
El malestar ante un mundo en cambio ha provocado un auge de partidos basados en la identidad
Luis Ventoso ABC 6 Noviembre 2019

Este sábado se cumplirán treinta años de la caída del Muro de Berlín. Planeo festejarlo con un brindis con un buen riesling alemán, porque simbolizó el desmoronamiento del horroroso imperio comunista, que solo trajo deshumanización, economías torpes y represión (muchas veces criminal). La caída del Muro certificó el triunfo de la democracia liberal. Sin embargo ese modelo, que tanto progreso ha reportado, se encuentra hoy muy cuestionado. Lo notable es que su enemigo más eficaz e insidioso medra en su propio seno. Se trata de los partidos populistas, que sin llegar a proponer derribar la democracia liberal, sí la cuestionan.

La crisis que arrancó con la implosión de Lehman en 2008 dejó un enorme reguero de malestar. Además, esa desazón se ha visto cebada por la globalización, que provoca sensación de desarraigo y desconcierto, y por el hecho de que la trepidante economía digital está acelerando la desigualdad. Muchos padres occidentales temen que sus hijos pueden vivir peor que ellos, un horizonte descorazonador. Como ya sucedió tras el sofocón de 1929, un tsunami económico se traduce enseguida en la búsqueda de soluciones políticas drásticas, con ideologías extremistas y de culto al líder. Por entonces surgieron fascismo, comunismo y nazismo. Pero como la historia se repite primero como tragedia y luego como farsa, lo que ha brotado esta vez son partidos populistas que descartan la violencia y aceptan la democracia, aunque la despellejan y desprecian sus reglas.

El primer y más clamoroso éxito del fenómeno llegó en 2016, con el Brexit y la victoria de Trump. Ambos recogieron la queja de lo que los anglosajones llaman «left-behinders», aquellos que sienten que se han quedado atrás, que su «dignidad» no ha sido respetada. Populistas como Trump y Boris ofrecieron a esos votantes devolverles su identidad mediante una reivindicación nacionalista del terruño, un ancla patriótica de certidumbre para un público desconcertado. El populismo es también victimista. Siempre se culpa a un enemigo exterior -«la casta» en Podemos, el «establishment sabiondo» en los brexiterios, «Madrit»...- y a la inmigración, que a su juicio corrompe la identidad nacional. Se idealiza un tiempo pasado, un país idílico que nunca existió, y se propone recuperar el gran hogar común de la mano de un líder fuerte y expeditivo (Trump, Le Pen, Salvini, Orbán, Bolsonaro...), con ideas claras y soluciones drásticas y simples para problemas harto complejos. El individuo, portador de derechos en la democracia liberal, se diluye ahora en «la gente». La identidad nacional debe primar sobre el cosmopolitismo, en una revuelta heroica «contra los amos del universo» (que paradójicamente muchas veces encabeza uno de ellos, caso de Trump). La gente es pura. Es la élite la que es mala y la machaca.

Vox no es nada original, ni exclusivo de España. Sus soluciones sencillas -o simplistas- y su apelación nacionalista confortan a muchas personas legítimamente enfadadas. Y sumarán muchos votos de desahogo. Que en la práctica contribuirán a más Sánchez, al mermar la única alternativa realista.

Disparate: alternar entre el PP y el PSOE. Solución para España: Vox
Nota del Editor 6 Noviembre 2019

Como ciudadano de cuarta clase, ni mi dignidad, ni mis derechos humanos y constitucionales son respetados, así que pretendo que siendo español hablante pueda disfrutar de ellos y para conseguirlo votaré a Vox y no repetiré el mismo error de cuarenta años de disparates, inmersiones, 3%, filtros y sobrevaloracione de las lenguas regionales y demás zarandajas.

El test de Budó y el fuagrás
La Generalitat de Torra sigue sin ver violencia
Álvaro Martínez ABC 6 Noviembre 2019

Analicemos la frase. «No visualizo ninguna imagen de ninguna agresión a una persona que sufriera. La seguridad estaba garantizada». Fue pronunciada ayer por la consejera de Presidencia de la Generalitat, Meritxell Budó, un día después de las pruebas gráficas de cómo se comporta la «gente de paz»: guantazos, escupitajos, insultos y acoso violento contra quienes intentaban asistir a los premios de la Fundación Princesa de Girona. Del análisis penden tres posibilidades:

A) Que Budó ha sufrido un ataque de ceguera.

B) Que Budó toma por idiotas a los españoles.

C) Que Budó no considera que insultar, golpear, escupir y acosar sean una forma de agresión.

Sin duda, y visto los precedentes, con Torra defendiendo al comando del CDR apresado por preparar atentados, la C es la opción más fiable en este caso, porque la B se puede aplicar a toda la trayectoria de los cabecillas de la «banda del lazo», casi cada vez que abren la boca, y porque dieron la vuelta a España la imagen del empresario Castañer recibiendo un crochet de derecha del CDR de servicio en la Diagonal, o la del edil del PP Josep Bou recibiendo un salivazo de un matón del piquete.

En realidad hay una cuarta posibilidad, la D, que Budó diga la verdad y no haya visualizado «ninguna agresión a una persona que sufriera», porque a lo mejor piensa que los agredidos no solo merecen una buena galleta o un escupitajo sino que además la agradecen. Esta última opción tampoco es desdeñable pues el fuagrás que parece habitar en la cabeza de Budó, en sustitución de la materia gris convencional, no da para alardes cognitivos.

Eso en lo referido a la pérdida de papeles de la Generalitat de Torra, tan desnortada que no supone novedad. Pero casi más deprimente es que el Gobierno de la Nación [nos referimos a la española, por si Sánchez duda entre las diez o doce naciones que avista en España] afirme que la estancia de los Reyes y sus hijas en Cataluña se ha desarrollado «con total normalidad». Así lo cree Carmen Calvo, a la que encajan como un guante las opciones A y B del test de Budó. Normalidad para Calvo es que el acto se tenga que celebrar a 105 kilómetros de Gerona, que haya que blindar la Diagonal y que a Castañer, Bou y otros muchos los inflen. Hace quince días, calles y vías cortadas, fuego en las calles y policías entre la vida y la muerte; la semana pasada, sabotajes en la Universidad y esta, a palos con los constitucionalista. Sin novedad en el sanchismo.

Las seis lenguas de la Princesa
Almudena Martínez-Fornés ABC

La Familia Real regresó ayer a Madrid tras dejar en Barcelona una llamada a la convivencia, el respeto y la tolerancia. La visita, la primera de la Princesa de Gerona a Cataluña, terminó con una jornada sin protestas en las inmediaciones del Palacio de Congresos, donde los Reyes y sus hijas estuvieron participando con inusual normalidad en esa tierra en los actos de la Fundación Princesa de Girona. Lo cierto es que durante la estancia de la Familia Real en Barcelona hubo menos protestas de las que se esperaban, algo que sorprendió a los propios Mossos. La seguridad aconsejó que la Familia Real no se hospedara en su residencia oficial en Barcelona, el Palacio de Albeniz, sino en el Hotel Juan Carlos I, situado al lado del Palacio de Congresos, y esta renuncia evitó duplicar los dispositivos de seguridad y la vigilancia de los trayectos.

Ayer también se hablaba del gesto del matemático Xavier Ros-Oton, que acudió a recoger su premio Princesa de Girona con un lazo amarillo en la solapa y que luego él mismo se quitó para cenar con los Reyes. Podía haber renunciado al premio cuyos valores y principios van en contra de toda ideología excluyente y violenta, pero prefirió hacer apología de su ideología separatista en presencia del Rey.

Pero el hecho de verdad relevante de la primera visita de la Princesa de Girona a Cataluña ha sido oír a la Heredera de la Corona hablando un impecable catalán, que ha aprendido a la vez que el vasco y el gallego. Y si en Oviedo la Heredera de la Corona sorprendió por su pronunciación en inglés, en Barcelona se atrevió con el árabe, idioma que tanto ella como su hermana estudian desde hace tiempo.

Los ciudadanos de cuarta no podemos perder el tiempo con las lenguas regionales
Nota del Editor 6 Noviembre 2019

Queda muy bonito para la foto que los ciudadanos de primera hablen una lengua regional, pero es un insulto para los ciudadanos de cuarta clase que no tenemos derechos humanos ni constitucionales fundamentales porque nuestra lengua materna es el español y tenemos que trabajar.

Antes de que los ciudadanos de primera clase se atrevan a hablan cualquier lengua regional, deberían asegurar que los español hablantes no tenemos los derechos constitucionales conculcados

 


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