AGLI Recortes de Prensa   Sábado 9  Noviembre  2019

10-N: una inesperada oportunidad
EDITORIAL Libertad Digital 9 Noviembre 2019

Inesperadamente, este 10N se ha convertido en una oportunidad que sería una verdadera lástima que España no aprovechase.

Nada parecía indicarlo hace sólo un par de meses, cuando era evidente que iba a haber nuevas elecciones y parecía que serían un paseo militar para Pedro Sánchez y los suyos, pero finalmente este 10N se ha convertido en una oportunidad que sería una verdadera lástima que España no aprovechase.

El presidente en funciones y sus consejeros áulicos habían diseñado una estrategia que les tendría que llevar por encima de los 140 escaños y a un gobierno en minoría pero relativamente confortable. Sin embargo, la realidad que señalan la mayor parte de los sondeos es que es posible que se quede por debajo de los 123 que tuvo en abril y con aún menos posibilidades -y estas políticamente muy dolorosas- de formar gobierno.

Es evidente el nerviosismo de Pedro Sánchez y del PSOE: los errores de esta última semana de campaña han sido importantes y la catarata de actos de este viernes -tres mítines y tres entrevistas en sólo un día- muestran a las claras que están intentando apurar hasta el último voto -a pesar del evidente riesgo que implica tanta exposición- y lograr una movilización de su electorado que parece no llegar.

Así, tras el duro resultado del 28A, que ya empezó a mejorarse en las elecciones municipales y autonómicas de un mes después, el centro derecha llega a estos comicios con una oportunidad inesperada, que sería lamentable no aprovechar: la suma de sus tres partidos puede superar a la de PSOE, Unidas Podemos y Más País y, aunque es muy complicado que lleguen a formar gobierno, esa superioridad en el Congreso -que podría ser muy significativa en el Senado- sería un varapalo durísimo para Sánchez.

Durísimo pero más que merecido: probablemente en toda la historia de nuestra democracia no ha habido ningún político que reúna semejantes dosis de incapacidad en la gestión, oportunismo y falta de escrúpulos. Pedro Sánchez es un peligro para este país porque ni sabe ni dispone de un equipo medianamente solvente, porque es capaz de cualquier cosa con tal de mantenerse en el poder y sobre todo porque, como ya ha demostrado y no ha sido capaz de desmentir durante esta campaña, está dispuesto a contar con todos los enemigos de España y al precio que sea con tal de mantenerse en el Falcon.

De hecho, Sánchez está dando en los últimos días inmejorables pruebas de esta falta de respeto a las normas: sus afirmaciones sobre la Fiscalía y su dependencia del Gobierno; el uso de Moncloa para su campaña una y otra vez; o, muy especialmente, su infame campaña para utilizar, una vez más, el miedo a Vox como ariete con el que movilizar a su electorado.

Un miedo basado, por supuesto, en falsas acusaciones de fascismo y franquismo que se han esparcido con la ayuda de unos medios de comunicación sumisos al poder como nunca y que, al menos por el momento, parecen haber resultado contraproducentes: todo indica que Vox logrará un resultado histórico que puede contribuir a esa derrota de Pedro Sánchez.

Con este panorama el votante de centro derecha debe ser consciente de su responsabilidad y acudir al colegio electoral. Cada uno que decida si vota al PP, a Vox o a Ciudadanos en virtud de sus convicciones, de lo que estime que es más conveniente o de las expectativas de cada partido en su circunscripción, pero que no dejen de aprovechar esta inesperada oportunidad de cerrar el paso a Pedro Sánchez, porque el socialista y sus pactos son un peligro para España.

La ultraderecha ya está aquí
A esto se le llama colar el mosquito y tragarse el camello
Juan Manuel de Prada ABC 9 Noviembre 2019

El temor a que el doctor Sánchez no mejore sus resultados electorales ha agitado durante los últimos días una campaña de demonización de la llamada «ultraderecha». Todos los tertulianeses y folicularios sistémicos se han remangado como un solo hombre (¡y una sola mujer, oiga!), alertándonos con una farfolla de fétidos lugares comunes sobre los peligros que corre nuestra opípara democracia, si se produce un ascenso de Vox. Y no hay zombi demócrata que se precie que no se haya puesto a contar los extranjeros que hay en las mamadas o manadas de violadores, para corregir al líder de Vox.

Y, mientras tanto, el doctor Sánchez se ha dedicado tranquilamente a decir y hacer de forma efectiva las cosas que los tertulianeses y folicularios sistémicos atribuyen a esa ultraderecha hipotética con la que asustan a las masas cretinizadas. Así, por ejemplo, el doctor Sánchez se ha comprometido a traer a España a Puigdemont, cagándose en el altarcillo demócrata de la separación de poderes. Y como el zurullo evacuado resultase demasiado maloliente, ha tratado luego de disipar sus efluvios… ¡jactándose de mandar sobre los fiscales!, para finalmente hacerse perdonar sus deposiciones alegando cansancio. Pero el zurullo del doctor Sánchez no ha sido fruto del cansancio, sino acto fallido propio de quien sabe que jueces y fiscales son lacayos encargados de otorgar cobertura jurídica a sus designios, como ocurre en cualquier régimen ultraderechista que se precie (y como prueban las resoluciones últimas del Tribunal Supremo), olvidando que la devolución del prófugo Puigdemont depende de jueces y fiscales belgas.

Pero el doctor Sánchez no se limita a deponer ante el altarcillo de la separación de poderes. También invoca el «orden público» para amparar la censura, que es otro recurso muy socorrido de todos los regímenes ultraderechistas. Mientras los tertulianeses y folicularios sistémicos nos alertan sobre el ascenso del partido llamado Vox, el doctor Sánchez se ha sacado del magín un engendro leguleyo que deja en mantillas la llamada «ley mordaza», tan denostada por todos los zombis demócratas. Con la coartada de combatir la «desinformación» (risum teneatis), y utilizando como burda excusa el conflicto catalán, el Gobierno en funciones presidido por el doctor Sánchez acaba de evacuar un decreto ley que permite cerrar sin mandato judicial «redes o servicios de comunicaciones electrónicas», al igual que «las infraestructuras susceptibles de alojarlas». Resulta, en verdad, enternecedor que todos los zombis demócratas de España anden ocupadísimos, contando los extranjeros de las mamadas o manadas de violadores, mientras el doctor Sánchez se saca de la manga regulaciones dignas, por lo menos, de Turquía o China. Y el caso es que los zombis demócratas suelen ser gentes adictas a las redes sociales, donde pueden repetir cual loritos los regüeldos del pensamiento sistémico precocinado (¡retuitead, retuitead, malditos!) como si fuesen ideas propias. Pero, misteriosamente, no han rechistado ante el ultraderechista decreto ley del doctor Sanchez.

Y, en fin, tampoco han rechistado ante la convocatoria paternalista de nuevas elecciones. Este recurso de sacar las urnas cada vez que el tirano de turno quiere ver refrendados sus designios es una de las maniobras más socorridas de todo régimen ultraderechista que se precie. Pero de esto tampoco dicen nada los tertulianeses y folicularios sistémicos, demasiado ocupados en alertarnos del ascenso de Vox con su farfolla de fétidos lugares comunes, mientras esconden los mastodónticos zurullos del doctor Sánchez. A esto se le llama colar el mosquito y tragarse el camello; pero, como sabe cualquier zombi demócrata, citar el Evangelio es también ultraderechista.

España necesita un Gobierno capaz
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 9 Noviembre 2019

Necesitamos con urgencia otro Gobierno y otro presidente, pero no en disfunciones – políticas y mentales – y enrocado en La Moncloa, siendo incapaces de resolver nada en absoluto. Se busca un nuevo mandatario, culto y valiente, para cambiarlo por este ejemplar de cisne inculto y cobarde, que persiste en llevarnos a la ruina total. Necesitamos alguien capaz de devolvernos la confianza perdida, de activar la economía con inteligencia, de acabar con la industria del gasto inútil y desbocado, gasto que, de no dilapidarse, serviría para garantizar el pago de los pensionistas. Se busca un nuevo presidente, capaz de poner firmes a quienes se ríen de la Constitución, queman retratos del Rey e insultan a los ciudadanos que se identifican como españoles. En fin, cuantos se animen a votar este domingo, habrán de elegir, entre desastre y esperanza. Ojalá que el nuevo líder, esta vez cabal y a lomos de la coalición de partidos dispares que sea, no nos fría a impuestos y nos guíe a un futuro próspero y tranquilo.

Mientras Iglesias estrena piños que reparan su imagen de lumpen millonario, surgen frases de campaña que deben recordarse. “Un candidato que no cree en España está inhabilitado para gobernar” (Casado). “Hay que ser humilde” (Sánchez, el soberbio). “En estas elecciones nos jugamos el orden constitucional o el caos” (Rosa Díez). “La chusma miserable se retrata a sí misma” (Abascal, tras haber sido difamado su padre por Errejón). “El PSOE nunca permite que tengamos elecciones tranquilas” (Federico). “Al nacionalismo hay que plantarle cara; cuando lo haces, retrocede” (Cayetana). “Ante situaciones excepcionales sin dudarlo hay que tomar medidas excepcionales” (Rocío Monasterio). “Seguimos creando empleo, el crecimiento es sólido” (la ministra Montero, ignorando los nuevos datos de la EPA: pues el paro subió en casi cien mil personas).

Pero hay otros titulares, bochornosos por estúpidos o esperanzadores por sabios. “Pongamos un impuesto a la banca” (Irene Montero, que sabe tanto de economía, como un retrasado mental). “Esto, cada vez, me recuerda más a la campaña de Andalucía” (dice, la maravillosa Arrimadas). Rivera, adoquín en ristre, la apoya: “Se puede y hemos de sacar a Sánchez de La Moncloa”. Luis Herrero, el más certero y ponderado analista político que habemos en esta convulsa nación, nos convence: “En el ambiente flota la sensación de que el hastío, por decirlo suavemente, ha calado hasta los tuétanos en una sociedad cansada de políticos incapaces de resolver los problemas de acuerdo al manual de instrucciones que promulgan las urnas”. Quien no le entienda votará, inadecuadamente, el domingo 10-N.

A España la vinculan en el orbe, con este presidente maniquí, que no da la cara, ni la talla, para representarnos en el exterior. Se busca un nuevo presidente que represente a nuestra nación con dignidad.

Cuando la realidad te 'atropella': seis problemas que deberá afrontar el ganador tras el 10-N
Tras siete años sin apenas reformas, el Gobierno que salga de las urnas se encontrará un panorama marcado por la ralentización del crecimiento.
D. Soriano Libertad Digital 9 Noviembre 2019

Tras siete años sin apenas reformas, el Gobierno que salga de las urnas se encontrará un panorama marcado por la ralentización del crecimiento.
Los candidatos de los cinco grandes partidos, junto a María Blanco, en los instantes previos al debate del pasado lunes. | EFE

No hay nadie más optimista que un político en campaña. Si está en el Gobierno, porque todo va bien y seguirá siendo así tras renovar la confianza de los electores. Desde la oposición el punto de partida es que todo va mal, pero cambiará una vez que ellos logren desalojar al que en ese momento reside en La Moncloa. El diagnóstico es contrario pero, en los dos casos, el pronóstico es el mismo: una vez que comiencen a aplicar su programa, la economía española irá como un tiro y los nubarrones que ahora nos preocupan pasarán dejando como mucho una ligera llovizna.

En este otoño de 2019, sin embargo, hay algunas circunstancias especiales: para empezar, España lleva cuatro años sin Gobierno. O sin un Gobierno que haya podido aplicar una política coherente. La aritmética parlamentaria es la que es y ha provocado presupuestos prorrogados, leyes no aprobadas, mociones de censura y muchos meses de interinidad. Todo esto ha generado una cierta sensación de bloqueo (la palabra de la campaña, sin duda) y de deberes sin hacer. Como si se estuvieran acumulando los papeles en la carpeta de pendientes.

A esta situación se suma, además, la amenaza de una crisis anunciada como pocas. De hecho, si al final no se produce casi será una decepción para algunos, porque llevamos meses anticipando el cataclismo: unos culpan a Trump, otros al Brexit y los hay que señalan al Gobierno de Pedro Sánchez, pero nadie duda de que la desaceleración que se acerca será profunda y peligrosa. Si en 2007-08 la crisis sorprendió a casi todo el mundo, ahora podemos decir que lo inesperado sería que no hubiera una recesión (o una ralentización muy importante) en los próximos dos años.

El problema es que esa recesión o ralentización casa mal con la parálisis reformista que sufre España desde comienzos de siglo. En realidad, desde hace años, la táctica preferida desde Moncloa, sea cual sea el partido en el poder, podría definirse como "esperar y no tocar salvo que sea imprescindible". Dejar pasar el tiempo y que los problemas se solucionen solos. No siempre pudo observarse a rajatabla: por ejemplo, desde mediados de 2010 a mediados de 2012, hubo algunas tímidas reformas (pensiones, impuestos, gasto público, laboral). Pero no nos engañemos: las parejas Zapatero-Solbes, Rajoy-Montoro o Sánchez-Calviño siempre dieron la sensación de sentirse más cómodas gestionando la herencia recibida y centrándose en temas políticos que dándole la vuelta al calcetín de la economía española.

La cuestión es si el ganador del 10-N podrá mantener esta línea. Y no sólo por la crisis. Hay una serie de acontecimientos, en España y en el extranjero, que determinarán y limitarán su margen de actuación. Probablemente en la noche electoral, subido al balcón de Ferraz, de Génova o de donde toque, el vencedor no esté pensando en eso sino en disfrutar de su triunfo. Pero que tenga cuidado, porque la realidad, en ocasiones, te atropella, quieras o no. Y en este 2019, además, no hacer nada puede no ser suficiente. O, incluso peor, puede ser en sí misma la elección equivocada.

1. Europa y recesión: la ralentización del crecimiento económico de la UE ya es un hecho. El dato interanual en el tercer trimestre del año ya rozaba el 1% (a finales de 2017 estaba por encima del 2%). Y bajando.

¿Qué implica todo esto? En primer lugar, que los países con los que hacemos más intercambios comerciales o nos mandan más turistas están de capa caída. La economía española cada vez está más diversificada geográficamente, pero no podemos engañarnos, seguimos dependiendo, mucho más que otros miembros de la UE, de los países de nuestro entorno.

Pero ni siquiera eso es lo más importante en términos políticos. Para el próximo ocupante de La Moncloa, Europa será un reto porque la relación entre los socios siempre se complica en momentos de recesión y porque España no parte de una posición especialmente buena. Entre 2010 y 2012, los años centrales de la última gran crisis europea, cuando parecía que el euro e incluso la Unión podían saltar por los aires, las tensiones no se dispararon por el nivel de deuda pública o por una décima de déficit arriba o abajo: el problema fue de desconfianza.

Eso es lo que no quieren entender los que piden a Alemania, Holanda o Finlandia que sean más flexibles con los objetivos del Pacto de Estabilidad o Crecimiento. Si fuera tan sencillo como dar más margen a los países para ajustar las cuentas públicas al momento del ciclo, ya estaría todo resuelto. Entre otras cosas porque es lo que se ha hecho en estos años. Pero el quid de la cuestión está en si los socios se fían unos de otros: los que pagan y garantizan la deuda soberana y la solvencia del euro frente a los que se benefician de la solidez de esa moneda común.

Desde 2015, con la resolución de la crisis griega, hemos vivido un impasse. Casi todos los países crecían con fuerza y eso, junto a la política muy acomodaticia del Banco Central Europeo (BCE), ha permitido que nos olvidásemos un poco de las tensiones de aquellos años. Ahora, con Alemania en recesión o rozándola, la cosa no será tan sencilla. Habrá que hacer sacrificios y habrá que pensar si se puede mantener la expansión del balance del BCE sin fecha fin. En esa situación, los incumplimientos de otros socios ya no se verán con tanta magnanimidad.

Si vuelve la tensión a los mercados de deuda pública, los países que menos han hecho en los últimos años por resolver sus desequilibrios estarán en el centro de todas las miradas. Sí, Italia nos gana en este punto, pero somos los siguientes de la lista. España se pasó diez años, de 2008 a 2017, con un déficit superior al 3% del Pacto de Estabilidad, incumpliendo sus compromisos e ignorando a sus socios. El año pasado se cerró en un 2,5% de déficit público sobre el PIB y este año la previsión era reducirlo algo más, pero las últimas noticias sobre recaudación y gasto generan algunas dudas al respecto. Es cierto que este tema ha salido de los titulares, pero podría volver en cualquier momento.

Quién será la Grecia de 2020: ese socio incómodo y poco cumplidor, con un déficit incontrolado y una deuda pública por encima del 100% del PIB, que no hace reformas y espera que todos sus problemas se los solucionen en Bruselas y Fráncfort, que centra la atención de los mercados y enfada a los demás miembros de la Eurozona. Es una buena pregunta que hacerse y el vencedor del 10-N tendrá que luchar duro para que España no sea la primera opción.

2. Brexit: otro maremoto que llegará a las costas del próximo Gobierno lo quiera o no. Si en las elecciones británicas del próximo diciembre gana Boris Johnson con una mayoría suficiente, habrá Brexit más pronto que tarde (con acuerdo provisional, eso es cierto, pero también con muchos flecos pendientes). Si no, la cosa puede ser todavía peor: un Gobierno en minoría dirigido por un extremista como Jeremy Corbyn (aunque los partidos que podrían conformar una coalición con los laboristas ya han anunciado su veto a su actual líder) que se ha comprometido a celebrar un segundo referéndum. En resumen, alargar la incertidumbre y la parálisis. Hablamos del quinto socio comercial de nuestro país y de la principal fuente de turistas. Más allá de lo que pueda pensar cada uno sobre las consecuencias del Brexit a medio plazo, en la próxima legislatura será un quebradero de cabeza muy importante.

3. Impuestos y gastos: sea quién sea el vencedor este domingo tendrá que hacer frente a una disyuntiva muy complicada. La pregunta es: voy a desdecirme de mis promesas en impuestos o en el gasto. Y sí, tendrá que incumplir en uno u otro campo (o, lo más probable, en los dos).

Estas elecciones no han sido especiales en esta cuestión. Como siempre, los partidos llenan sus programas de promesas irrealizables, sin hacer demasiado caso a las matemáticas: la izquierda asegura que subirá todos los grandes gastos sin subir los impuestos a la clase media y la derecha que bajará todos los grandes impuestos sin tocar los gastos. Hasta ahí, lo normal: business as usual.

La diferencia en este caso es que la realidad se hará patente mucho antes y con más intensidad, si puede decirse así. En un contexto de crecimiento económico, esas cuentas un poco maquilladas pueden defenderse algo más. Los ingresos suben y te permiten subir algunas partidas sin tocar los impuestos o, al revés, mantener el gasto bajando los tipos. Además, si tienes la deuda pública controlada, como en 2007, cuando entramos en la crisis con un nivel del 35% del PIB, hay cierto margen para mitigar los peores efectos de la fase recesiva del ciclo.

Ahora, la deuda ronda el 100% del PIB. Por eso, si se cumplen las previsiones de crecimiento para los próximos dos años, será complicado que el próximo Gobierno tenga mucho margen por este lado. De hecho, en realidad, lo más probable es que ocurra lo contrario: que cerremos este 2019 con un déficit al alza o manteniendo las cifras de 2018 y que los próximos PGE tengan que ser más bien contractivos (y no olvidemos lo que decíamos en el punto 1 sobre Bruselas). En resumen, habrá que reconocer ante los electores que se mintió al menos en uno de los dos lados del Presupuesto y habrá que convencer a los socios de Gobierno de que compartan el castigo previsible en las urnas. No importa demasiado si es Pedro o Pablo el que se queda en La Moncloa, con estas previsiones y los resultados que apuntan las encuestas, el escenario se presenta dramático para cualquiera de ellos.

4. Financiación autonómica: Cristóbal Montoro ya prometió en 2011 que el PP reformaría el actual sistema de financiación autonómica si llegaba al poder. Llegaron, con mayoría absoluta… y seis años después ahí sigue, sin cambios, lo que pactaron Zapatero y ERC en 2009.

Esta bofetada de realidad no es como las tres precedentes, que llegarán sí o sí, lo quiera o no, el vencedor de las elecciones. Aquí podría hacerse un poco más el despistado e intentar alargar el proceso, a lo Montoro, que cada tres meses aseguraba en el Consejo de Política Fiscal y Financiera que el año siguiente se pondría a la tarea.

En este punto el problema es que el sistema ya no da más de sí. No es sólo que tenga una década y que la financiación, ingresos y gastos de las regiones hayan cambiado. Eso también. Pero, además, hay un elemento adicional: las dos grandes regiones del régimen general, Cataluña y Madrid, no aguantan más. En un caso por presionar un poco más con la carta del victimismo y en el otro porque las cifras son muy exageradas en su contra, lo cierto es que los dos gobiernos regionales harán lo posible para que se abra el melón. ¿Lo conseguirán? Eso no está nada claro. El sudoku de la financiación autonómica es tan complejo, los equilibrios tan delicados y los intereses tan dispares que es lógico que nadie quiera tocarlo salvo que sea estrictamente necesario. Pero lo que es evidente es que será un nuevo e importante quebradero de cabeza para el Ejecutivo que salga de las urnas, que tendrá que lidiar con sus barones y con los barones del principal partido de la oposición, con los nacionalistas y con Bruselas, con las necesidades de Hacienda y las expectativas electorales en cada región.

5. Pensiones: aquí la duda no es si habrá recortes, sino quién los soportará. Si se sigue el guion marcado hasta ahora, los recortes, cuando lleguen, se concentrarán en una o dos generaciones, las que se tengan la mala suerte de jubilarse en el momento en el que haya que hacer el ajuste (y también las que se jubilen después, pero en ese caso, al menos, habrán tenido la oportunidad de prepararse).

Las pensiones son el típico problema en el que no vale quedarse parado. Esa decisión, que por otro lado es la que han tomado la mayoría de los partidos, es en sí mismo una toma de posición: ligar las pensiones al IPC y enterrar la reforma de 2013 no hará menos necesario que antes el recorte del gasto de aquí a una década o década y media; sólo conseguirá que ese recorte lo soporten menos cohortes de jubilados.

La evolución de los gastos e ingresos del sistema no engaña a nadie: hace diez años, teníamos un saldo positivo de 10.000 millones al año en la comparación pensiones contributivas vs cotizaciones sociales. En 2018, los números rojos superaron los 17.500 millones. E incluso el gráfico podría ser peor, porque sólo hemos incluido las pensiones contributivas, cuando las transferencias de la Seguridad Social a las familias suman 15.000 millones de euros más: el déficit real del sistema se acerca más a los 30.000 millones que a los 17.000 millones que ahora mismo hay de diferencia entre pensiones contributivas y cotizaciones (y para 2019 hemos tomado las muy optimistas cifras contenidas en el proyecto de PGE).

En cualquier caso, esto son habas contadas. Por el lado de los ingresos hay poco margen, con unas cotizaciones y unos impuestos al trabajo que ya están entre los más elevados de Europa. Se pueden esconder los gastos durante unos años, haciendo trilerismo contable (lo llamarán "separación de fuentes de financiación") y aprovechando el incremento de recaudación por la subida del empleo. Pero cualquier intento serio de controlar el déficit y lanzar un mensaje de confianza en las cuentas públicas pasa por una reforma de las pensiones. ¿Nuestra apuesta? Una reforma paramétrica de las muy duras, elevando bastante los requisitos para acceder a la jubilación (años cotizados, años para cobrar el 100%, cálculo de la base), y algún mecanismo que regule la prestación en función de la esperanza de vida. Vamos, una mezcla de las reformas de 2011 y de 2013, pero sin decirlo porque es impopular. Y sin tocar a los ya pensionistas, a los que se prometerá el IPC de revalorización anual hasta que la caja esté vacía por completo.

6. Reforma laboral: en este punto, como en el de la financiación autonómica, el primer intento del Gobierno, tanto si es del PP como del PSOE será pasar desapercibido. Hacer como que se hace pero sin hacer nada. Aprobar algún cambio cosmético pero sin una reforma sustancial, como la que se planteó en 2012. Pero si la evolución del paro es la que han marcado las últimas EPA y se detiene la creación de empleo, habrá que hacer algo antes o después.

Quizás sea en este punto en el que más importe el resultado de las elecciones y la composición de un futuro Gobierno. Por lo visto en 2016, tras los pactos PSOE-Cs y PP-Cs hay un modelo en el que podrían ponerse de acuerdo los tres grandes partidos. En un mundo ideal, en el que los responsables de economía de estas formaciones estuvieran pensando en llegar a un acuerdo y no en los votos que pueden perder a manos de Podemos o VOX, se sentarían a negociar y en poco tiempo alcanzarían un consenso alrededor de un par de puntos clave: reducción de los tipos de contrato (incluso podría plantearse el famoso contrato único que Cs defiende desde hace años) y mochila austriaca. Con eso, una reforma de la formación (para los parados y para los trabajadores ocupados) y la flexibilidad en términos de negociación colectiva que introdujo la reforma de 2012, debería ser suficiente por ahora. Y sí, como denunciaba Podemos hace unos días, la visión de los responsables económicos del PSOE (sobre todo, si Nadia Calviño termina con mando en plaza en esta área), PP y Cs no está tan alejada. La pregunta es si ganará la economía o la política. En los últimos 20 años, en España, la balanza casi siempre se ha decantado por ésta última.

Para que España sume
OKDIARIO 9 Noviembre 2019

Las elecciones del 10-N suponen una oportunidad para desalojar de La Moncloa a Pedro Sánchez, cuya gestión al frente del Gobierno se ha caracterizado por la más obscena instrumentalización del poder. Pocas veces un Ejecutivo ha trazado una estrategia más partidista que la desplegada en apenas año y medio de mandato por Sánchez, cuyo objetivo principal, casi exclusivo, ha sido el de garantizarse la continuidad en el cargo.

Los intereses generales de una nación como España, sometida al permanente desafío del independentismo catalán, se han supeditado al interés particular y partidista de un gobernante obsesionado por la permanencia en La Moncloa. Por decirlo de una manera clara, Sánchez ha rehuido la acción política orientada a solucionar los problemas más acuciantes de los españoles y se ha lanzado a una estrategia de mercadotecnia en la que todas sus decisiones han tenido un fin propagandístico.

Rechazó formar Gobierno convencido de que unas nuevas elecciones le catapultarían hacia una mayoría que obligaría a sus adversarios a darle manos libres sin apenas contrapartidas y eligió el 10-N como fecha para consumar sus objetivos. El 10-N ya está aquí. Sin querer, Sánchez ha convertido los comicios del domingo en una oportunidad para todos aquellos concernidos con una idea de España pujante y vigorosa, capaz de quitarse de encima el insoportable lastre que viene soportando ante el creciente desafío de un independentismo que ha encontrado en el tacticismo hipócrita del actual presidente del Gobierno el elemento que andaba buscando para conseguir sus fines. De la mano del independentismo, Sánchez llegó a La Moncloa y sus posibilidades de permanecer en ella dependen también de quienes no se sienten concernidos con ninguna idea de España y solo buscan la ruptura de la unidad nacional.

Para que España sume, para que pueda librarse del yugo separatista y proyectarse al futuro convencida de sus inmensas posibilidades hay que evitar que Pedro Sánchez logre su objetivo. Los españoles hartos del chantaje separatista tienen que tener muy claro que hay momentos en la historia de las naciones en los que se impone reflexionar más que nunca sobre el sentido del voto. Para que España sume, se impone el voto razonable, aquel que tiene más posibilidades de erigirse en alternativa real al socialismo. Porque todas las opciones constitucionalistas son igual de válidas, pero no todas tienen la misma eficacia para conseguir el propósito de evitar que Pedro Sánchez siga gobernando.

Cuarenta años de voto por miedo, cuarenta años de estupidez
Nota del Editor 9 Noviembre 2019

Con la experiencia de cuarenta años sufriendo los mismos atropellos, insultos, cobardías, abandonos infligidos por los partidos "mayoritarios", no queda mas remedio que arremeter contra ellos para conseguir que desaparezcan y votar a Vox

Votar por España
 larazon 9 Noviembre 2019

La campaña electoral que se cerró anoche –afortunadamente, más corta de lo normal– no se recordará por sus intensos y esclarecedores debates entre los candidatos. Pasaría sin pena ni gloria si no fuera porque lo que se dirime mañana es decisivo para el futuro de la gobernabilidad del país. Incluso está en juego algo aparentemente más sencillo: si los partidos mayoritarios serán capaces de desbloquear la situación política y permitir que la legislatura eche a andar.

Si nos guiamos por lo que hemos oído estos días a cada uno de los líderes, el bloqueo se perpetuaría, algo que de cumplirse sería una verdadera catástrofe. La decisión de repetir elecciones sin ni siquiera llegarse a formar Gobierno fue de Pedro Sánchez, y no fue producto de su imposibilidad de sumar apoyos, que los tenía –siempre habló de una mayoría de izquierdas–, sino de una estrategia trazada en la que puso a su servicio los resortes legales del Estado para convocar elecciones –lo que sólo corresponde al Rey– y mejorar así su posición parlamentaria.

Mañana se comprobará si el plan de superar holgadamente los 123 escaños del PSOE se cumple, porque al fracaso de adelantar los comicios se sumará ahora el de no alcanzar los objetivos. De ser así, Sánchez quedaría muy devaluado políticamente, en una situación muy comprometida e imposibilitado para ser el candidato socialista, una exigencia que, nos tememos, no está entre los principios del secretario general del PSOE, aunque tendrá su peso a la hora de negociar.

El pasado verano, la izquierda, socialistas y Unidas Podemos, representaron uno de los espectáculos políticos más esperpénticos que se hayan visto en nuestra democracia: teniendo supuestamente la mayoría, fueron incapaces de formar un Gobierno e investir a Sánchez con el apoyo envenenado del independentismo insurgente. Con este bagaje se han presentado de nuevo a las elecciones, repartiéndose responsabilidades y culpas, compartiendo egos insaciables e irreponsabilidades.

Aquel Gobierno no salió adelante –por el bien de los intereses de los españoles– y evidenció un hecho: en la actual situación política –en pleno desafío del secesionismo catalán con un salto cualitativo violento y ante una nueva recesión económica– Iglesias no es un socio fiable y ni mucho menos ERC, ni estos son los mejores aliados del PSOE.

En estas circunstancias, es la hora del centroderecha, de PP, Cs y Vox, de saber movilizar a sus votantes, lo que será clave si se confirma un nivel de abstención alto; de momento, sabemos que el voto por correo ha descendido un 26% respecto a las generales del pasado 28 de abril. La posición que mantengan estos partidos va a depender de la implicación activa de su electorado, por lo que hacer un llamamiento al voto útil es un mero recurso electoralista –que ya ni se mantiene en izquierda y derecha– para arrebatar votantes.

Reivindicar como propiedad todo el voto de la derecha no tiene ningún sentido cuando, además de ser contrapoducente para la movilización de su electorado, va en contra del hecho innegable de que el mapa política ya no se reparte entre dos partidos. Hay nuevos actores que reclaman legítimamente el voto y hacer cálculos con el hundimiento del Cs es un mal negocio. El PP de Casado no debería perder de vista que la cuota nada desdeñable de poder que administra su partido –en Andalucía, Castilla y León, Murcia, Madrid o en el ayuntamiento de la capital– es gracias a las formaciones de Albert Rivera y Santiago Abascal. En papel que en este bloque puede desempeñar Cs es una incógnita, pero por prudencia no se le puede dar por vencido. Magro avance sería para el centroderecha no tener, por ejemplo, la mayoría en el Senado, lo que sería una pieza clave ante cualquier reforma constitucional. Tras el rotundo fracaso de Sánchez para formar Gobierno, el centroderecha tiene la oportunidad de avanzar y ofrecer la estabilidad que España necesita.

Las consecuencias del 10-N
Editorial ABC 9 Noviembre 2019

La alternativa es clara para mañana: o dar a España la opción de un gobierno serio y bien dirigido o sacar a nuestro país del circuito de las democracias europeas estables

En las elecciones que se celebran mañana, los españoles van a decidir más que la composición de un Parlamento. Incluso más que las opciones de gobierno en las que pueden moverse el PSOE y el PP. Son unas elecciones en las que los votantes deben sentirse concernidos por la inflexión histórica que pueden suponer para el desarrollo del sistema democrático español. En primer lugar, España decide mañana su configuración ideológica, no tanto por los resultados adversos o insuficientes que vayan a obtener la socialdemocracia y el conservadurismo liberal, sino por la probable consagración de opciones que se presentan y que reclaman el voto para una impugnación populista de la democracia parlamentaria y del Estado constitucional de 1978. A esta situación se ha llegado, sin duda, porque la izquierda se liberó, de la mano del PSOE de Zapatero, de cualquier compromiso con los consensos constituyentes y abrió de la caja de Pandora del revisionismo histórico y la deslegitimación del régimen constitucional. A partir de entonces los sentimientos políticos extremos, a derecha e izquierda, han cuajado en dos formaciones que mañana pueden alcanzar un centenar de escaños, en el mejor de los escenarios contemplados por algunas encuestas. Ha sido el PSOE el que ha nutrido esa radicalización, alimentando su margen izquierda con discursos de los años treinta del siglo pasado, que también han exacerbado a una parte de la derecha instalada desde el comienzo de la transición en las coordenadas del orden constitucional.

Por otro lado, el votante decide mañana si de nuevo opta por la fragmentación desestabilizadora o recupera el sentido pragmático del voto para reforzar la capacidad del sistema parlamentario para formar gobiernos. El decaimiento del bipartidismo fue recibido como una muestra de pluralismo político, lo cual, aun aceptando que sea así, ha supuesto la mayor etapa de inestabilidad política desde 1978. Con cuatro elecciones en cuatro años, el experimento de la representatividad absoluta ha fallado. Ya saben los españoles a lo que conduce la dispersión del voto. Si las encuestas se confirman y los candidatos se mantienen a partir del lunes en los vetos recíprocos, habrá nuevas elecciones en el primer trimestre de 2020. El voto es libre, pero también responsable. España se adentra en una crisis económica, mientras subsiste, y se agrava, el desafío separatista en Cataluña. La Unión Europea se acerca al Brexit, mientras sufre tensiones centrífugas eurófobas. Iberoamérica está convulsa y el Mediterráneo, entre la presión migratoria, el polvorín de Siria e Irak y las revueltas populares, sigue siendo un foco de preocupación. La alternativa es clara para mañana: o dar a España la opción de un gobierno serio y bien dirigido para afrontar estas situaciones o sacar a nuestro país del circuito de las democracias europeas estables.

La dispersión del voto
Nota del Editor 9 Noviembre 2019

Las ovejas no dispersan el voto, los ciudadanos tienen sus propios intereses que condicionan su voto y por tanto en buena lógica, apelar al voto no dispereso es  un método para incitar a que los ciudadanos copien a las ovejas.

Tras cuarenta años de tomadura de pelo, desde los 100 años de honradez a centroman hablando catalán en la intimidad y ambos vendiendo España a trozos por un puñado de votos, ha llegado la hora de votar a Vox que defiende España y por tanto a los españoles.

España se juega mucho para caer en la autocomplacencia
Daniel Lacalle elespanol 9 Noviembre 2019

“Now it’s my assumption, I’m really up the junction”. Chris Difford, Glenn Tilbrook.

En menos de dos años, todos los indicadores económicos han pasado de dar sorpresas positivas y revisiones al alza a empeorar de manera evidente y generalizada. La tendencia a achacar esta ralentización a factores externos es un subterfugio.

Los chivos expiatorios de la mal llamada guerra comercial y el brexit deberían ser rechazados por cualquier analista serio, ya que esos dos factores existían hace meses cuando el gobierno se vanagloriaba diciendo que la economía se fortalecía y negaba la ralentización. Además, la última revisión a la baja de estimaciones de la Comisión Europea, por fin, se acerca más a las expectativas de analistas que ya existían hace meses. El consenso de Bloomberg ya reflejaba una caída que no es “alarmista”, como asevera el gobierno. Sigue siendo optimista.

¿Por qué? El hachazo a las estimaciones de crecimiento de la Comisión Europea para 2019 y 2020, equivalente a casi 9.000 millones de euros en su conjunto, aún considera un entorno de consumo y de aportación del sector exterior que se presentan a todas luces diplomáticos por no decir optimistas. Nos dicen que España crece “más que la media de la Unión Europea”, pero la frase en sí misma no dice nada: hay 15 países que crecen bastante o mucho más que España, con mucho menos paro y en los que no se ha llevado a cabo una revisión a la baja de estimaciones tan abrupta como la española.

La carta que ha enviado la Comisión Europea al Gobierno de España también especifica claramente la evidente necesidad de ajustes en el gasto. “El borrador de plan presupuestario para 2020 muestra un aumento de gasto de 3,8% que supera el máximo aumento de gasto recomendado del 0,9%”.

España se juega mucho porque no tenemos la capacidad de enfrentarnos a una recesión que tienen otras economías. Mientras Alemania tiene el paro más bajo en 30 años, Estados Unidos el más bajo en 50 años y Reino Unido, a mínimos de 75 años, España, en términos desestacionalizados lleva todo 2019 sin reducir realmente el paro, según datos de la EPA.

La tasa de variación trimestral de la ocupación desestacionalizada se sitúa en un mero 0,09% (prácticamente cero y el peor dato desde 2014), y los resultados desestacionalizados de paro muestran una subida del paro en dos de los tres trimestres del año. El efecto devastador de la enorme subida de impuestos al trabajo escondida bajo el SMI hace que España haya pasado de ser unos de los líderes en creación de empleo a uno de los que menos empleo crea.

Con unas estimaciones de crecimiento de la economía para 2020 y 2021 que se sitúan en 1,5% y 1,4% según la Comisión Europea, España ni crecerá más que la media de la UE-27 ni crecerá al nivel de la mayoría de los países de la Unión Europea en ese periodo. Pero es que, con esas expectativas de crecimiento España se ve abocada a seguir destruyendo empleo si se aplican las políticas equivocadas.

En el debate político se nos repite una y otra vez que no se pueden bajar impuestos porque hay déficit pero, oh sorpresa, sí se pueden disparar los gastos aunque haya déficit. Interesante.

La evidencia del efecto positivo de bajar impuestos y reducir gasto comparado con subir gastos y aumentar impuestos es clara. Está demostrado con ejemplos de toda la OCDE desde 1970 que “los estímulos fiscales basados en recortes de impuestos tienen más probabilidades de aumentar el crecimiento que aquellos basados en aumentos de gastos. En cuanto a los ajustes fiscales, aquellos basados en recortes de gastos y ningún aumento de impuestos son más propensos a reducir el déficit y la deuda sobre el PIB que aquellos basados en aumentos de impuestos. Además, los ajustes en el lado del gasto en lugar del lado de los impuestos tienen menos probabilidades de crear recesiones”.

También está demostrado que un aumento del tamaño del gobierno es contraproducente para el crecimiento a largo plazo y está comprobado en 108 países “un efecto negativo del tamaño del gobierno sobre el crecimiento. La calidad institucional tiene un impacto positivo en el crecimiento real, y el consumo gubernamental es consistentemente perjudicial para el crecimiento”.

Por otro lado, está demostrado que contar con el efecto mágico de multiplicadores fiscales de gasto público no funciona en economías endeudadas y abiertas, donde el resultado es negativo.

Finalmente, está demostrado que los programas de reducción de déficit aumentando gastos e impuestos nunca han generado la consolidación presupuestaria esperada, porque se sobreestiman los ingresos y, en muchos casos, también se infraestiman los gastos.

España se enfrenta a dos opciones de política económica. Una que significa muchos más impuestos y más gastos, y que lleva inevitablemente a paro, caída de ingresos y muchos más recortes a largo plazo, y otra que significa menos impuestos, un gasto controlado y evitar que la desaceleración vuelva a convertirse en una crisis.

La idea populista de que si viene la recesión los recortes “serán para arriba” es de tal nivel de ridiculez que no debería merecer un comentario. La recesión y el paro siempre recaen de manera más dura sobre los menos favorecidos, y unas pocas subvenciones no cambian esa realidad. Por eso la mejor política social es atraer inversión, fortalecer la renta disponible de las personas, facilitar la creación de empleo y el crecimiento del tejido empresarial y reducir la burocracia.

Tenemos enormes oportunidades en tecnología, sanidad, energía y sector financiero. No les pongamos trabas.

No podemos caer en la política del avestruz, negar los problemas, y luego culpar al enemigo exterior. España tiene la obligación, desde la responsabilidad, acuerdo y reconocimiento de la realidad mundial, de mostrar al mundo que, en un entorno incierto, el lugar donde invertir es nuestro país.

Poner zancadillas al empleo, el ahorro y el crecimiento nunca ha sido una política social. Ya nos pasó eso de pasar de la excusa “España crece más que la media” a “España sufre una crisis mayor a la media”. Evitémoslo.

Todos tenemos que cambiar la mentalidad en España. Dejar de mirar hacia dentro y hacia el pasado y mirar hacia fuera y hacia el futuro.

Los cuatro grandes riesgos de la economía española que tendrá que afrontar el nuevo Gobierno
Borja Jiménez okdiario 9 Noviembre 2019

La economía española afronta cuatro grandes riesgos económicos con los que tendrá que lidiar el Gobierno que los españoles decidamos que hemos de tener tras las elecciones de este domingo, 10 de noviembre. La situación en Cataluña, la recesión global que se cierne, el ‘Brexit’ y la guerra comercial abierta por Estados Unidos, son las cuatro principales incertidumbres cuyos efectos el nuevo Ejecutivo tendrá que minimizar.

Cataluña
A pocos sorprende que la situación provocada por el independentismo en Cataluña es uno de los principales riesgos, no sólo para la política española, sino también para su economía. No lo dice un analista, ni un economista, ni un gestor. Lo dicen todos, incluso los más respetados.

Grandes instituciones económicas como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) o el Fondo Monetario Internacional (FMI) no han dudado en alertar al respecto. Los primeros recogen en un estudio que el independentismo podría tendrá un "fuerte impacto" en la economía española, mientras que los segundos advierten del "riesgo de contagio" en la "preocupante" situación de Cataluña.

Pero, por si estas instituciones no fueran suficientes, BlackRock, el mayor gestor de activos del mundo, también ha situado hace escasos días al independentismo catalán como uno de los principales riesgos de la economía europea. De hecho, la gestora alerta de un posible impacto en países como Reino Unido, Francia o Alemania.

También grandes empresas del Ibex 35, como Telefónica o Meliá, han advertido sobre las peligrosas consecuencias que podría tener la continuidad del conflicto independentista catalán.

Recesión Global
La segunda mitad del año ha sacado a relucir la debilidad de la economía española -y la de medio mundo-. Pese a que a comienzos de año España crecía con soltura, el segundo semestre ha mostrado la realidad: señales de debilitamiento que anticipan la recesión.

Las exportaciones apenas logran avanzar a un ritmo anual del 1,1%, casi la mitad que las importaciones; la inversión directa extranjera ha registrado un fuerte frenazo -apenas entraron 7.600 millones de euros en el primer semestre, frente a los 36.700 millones un año antes-; la creación de nuevos puestos de trabajo pierde impulso; los principales indicadores, tales como la cartera de pedidos o el índice PMI de gestores de compra, muestran un declive industrial preocupante y el desempleo alcanza niveles no vistos desde 2012. Síntomas y más síntomas de agotamiento con los que tendrá que lidiar el nuevo Ejecutivo.

‘Brexit’
Reino Unido invirtió 3.125 millones en el mercado español durante los primeros seis meses de 2019, lo que significa un 79,49% más que durante el mismo periodo de 2018. Esto pone a Reino Unido como el principal inversor en la primera mitad del año, motivo de intensa preocupación para la economía española.

Y es que el desenlace del ‘Brexit’ puede provocar un cisma en nuestra economía, sobre todo en caso de que se lleve a cabo una salida de la Unión Europea sin acuerdo, es decir, el conocido como ‘Brexit’ duro.

Los diputado laboristas dieron a finales de octubre el visto bueno a la petición del primer ministro británico, Boris Johnson, por lo que el Reino Unido celebrará elecciones anticipadas el próximo 12 de diciembre.

La crisis del ‘Brexit’ ha provocado una deriva política en las islas británicas sin parangón. Los laboristas liderados por Jeremy Corbin han accedido a adelantar los comicios tras la negociación mantenida con el primer ministro. Johnson no ha conseguido aglutinar la mayoría suficiente para sacar adelante su propuesta para el Brexit, lo que provocó una nueva prórroga por parte de las autoridades de la UE… y por tanto un aumento en la incertidumbre política y económica comunitaria.

Guerra comercial
Pese a que a priori podría parecer que la guerra comercial entre Estados Unidos y China podría llegar a su fin por el acuerdo a través del cual está previsto que se cancelen, en distintas fases y de manera proporcional, la subida de los aranceles, lo cierto es que prácticamente nadie se fía.

"Si las dos partes suscriben la primera etapa del acuerdo deberán cancelarse los aranceles según el contenido y la proporción del mismo", explicó el portavoz del Ministerio chino, Gao Feng, en su habitual rueda de prensa, donde subrayó que la posición de China es clara: "La guerra comercial dio comienzo con la imposición de aranceles y debe terminar con la eliminación de los aranceles".

"En las últimas dos semanas, los líderes de las dos partes han llevado a cabo discusiones serias y constructivas sobre cómo abordar adecuadamente sus preocupaciones centrales y acordaron cancelar el aumento de tarifas en etapas en función del progreso del acuerdo", añadió.

Sin embargo, los expertos consultados por OKDIARIO advierten de que nada se puede tener asegurado con las dos potencias… y menos con Donald Trump al frente de Estados Unidos.

Retos para el 11-N
José María Gay de Liébana okdiario 9 Noviembre 2019

Sea cual sea el resultado que arrojen las elecciones el próximo domingo 10 de noviembre, se plantean retos ante la encrucijada de la economía española. Para quien suscribe, son dudas existenciales sobre nuestro futuro que, con su venia y a vuela pluma, a modo de síntesis de urgencia, me limito a apuntar.

¿Podemos hablar de recuperación económica sólida cuando nuestros indicadores son algo renqueantes y ponen de manifiesto que simplemente vamos tirando? Los últimos datos conocidos acerca del crecimiento de nuestra economía no son malos, pero, a mi entender, sí son débiles. Estamos al pairo. Nuestra navegación económica no es firme y sinceramente le falta solidez y solvencia. El descenso del PIB desde 2016 hasta 2019 y con todos los visos de agudizarse algo más durante 2020, es un toque de atención para navegantes.

¿Hay soluciones efectivas para erradicar el paro y cambiar seriamente y sin politiqueos la formación básica, profesional y universitaria, adaptándolas a las necesidades reales de nuestra economía? De nuevo, los últimos datos publicados por Eurostat son contumaces y colocan al desempleo en España en la cuerda floja con una tasa del 14,2% en septiembre, por detrás de Grecia, cuyo paro gradualmente se va rebajando y es ya del 16,9%. España prácticamente dobla la media paro de la zona euro en septiembre que es del 7,5% y estamos muy por encima del nivel de paro de la Unión Europea que es del 6,3%.

Deberíamos aprender de otros modelos de países europeos como Chequia, con un desempleo de solo el 2,1%, de Alemania con el 3,1%, de Polonia con el 3,3% o de Hungría con el 3,4%. Y si mala es nuestra tasa de desempleo, peor todavía y más grave es el desempleo juvenil que lidera los rankings europeos con el 32,8% frente a una media en Europa del 14,5% y en la zona euro del 15,9%. La plaga del paro, desde que estalló la crisis en 2008 y cuando se sintieron sus primeras embestidas en 2009, por más que en parte queramos pensar que se ha mitigado, sigue causando estragos tanto entre los propios desempleados que quedan fuera del mercado de trabajo, y algunos hace ya bastantes años que están en órsay, como en quienes se ven obligados a aceptar, porque no hay otra alternativa, un empleo precario o, lo que más o menos viene a ser lo mismo a efectos prácticos, el subempleo.

¿Sabemos qué modelo económico-productivo tiene que seguir España y cuál tiene que ser su patrón de crecimiento? En este punto, subrayemos que hasta el momento presente no hemos tenido oportunidad de escuchar a ninguno de los candidatos proponer enfoques sobre un golpe de timón en nuestra andadura económica. Por consiguiente, el 11 de noviembre continuaremos con las mismas cantinelas de siempre. Y paulatinamente, la economía española se irá socavando. En España, lo de la innovación sigue siendo un vocablo acertado que impacta favorablemente entre la concurrencia, que suena bien, pero que cuesta demasiado llevar a la práctica, quizás porque estamos demasiado acomodados con lo nuestro y faltos de estímulos y acicates para dar pasos adelante. Nuestras empresas, con frecuencia, responden a hormas rancias en las que de vez en cuando se atisba algún ramalazo innovador, pero el esfuerzo en investigación y desarrollo de nuestro país es muy bajo si se compara con los países de nuestro entorno y del contexto desarrollado. Y la clase política decididamente no está por la labor de pensar en nuestro modelo productivo ni de implementar un sólido patrón de crecimiento que haga de nuestra economía una referencia competitiva y productiva, salvo que sea forzando devaluaciones salariales. Estamos desangelados en cuanto a capacidades de innovación.

¿Habrá alguien capaz de embridar, no sólo de palabra, sino con hechos y resultados, la lacra del gasto y el déficit público y el lastre de nuestra deuda pública? No insistiré otra vez con esos preocupantes argumentos tan reiterativos que periódicamente esgrimo. Me limito a precisar que nuestro déficit público entre 2008 y 2020 acumulará la friolera de 837.000 millones de euros perdidos a causa del mayor gasto público sobre los ingresos obtenidos por el conjunto del Estado y que la deuda bruta total de España – pasivos en circulación de nuestras Administraciones Públicas, que constituyen el monto total de pasivos exigibles del conjunto del Estado – suma hoy 1.774.125 millones de euros que equivalen al 145% de nuestro PIB. De no remediarse esas tonalidades tan perjudiciales, nos abocamos hacia un desastre.

Por más impuestos que la izquierda se proponga recaudar, succionando dinero del sector privado que tendría una clara aplicación hacia el gasto, el ahorro y la inversión, ese numerario, extraído de nuestros bolsillos nutrirá las cañerías del incesante gasto público que en buena parte está caracterizado por tics endogámicos, esto es, reservado para el propio establishment político sin que redunde en mejoras para la sociedad, más allá de la seducción de puntuales propuestas electorales tendentes a que la pesca de votos dé sus buenos réditos.

¿Está nuestra clase política capacitada para encarrilar a España en el actual e imperante entorno disruptivo? Los latidos económicos del capitalismo tecnológico que son los que marcan el paso en el mundo, cada vez están más alejados de nuestras latitudes. Por acá seguimos con las mismas empresas de siempre, con iguales paradigmas económicos que años atrás y la evolución y revolución tecnológica que está cambiando al mundo, exceptuando casos concretos, suena aquí a mensajes celestiales que no van con nosotros. Un pequeño garbeo por California, por esos incipientes e imparables pasajes teñidos de otros coloridos económicos, aleccionan en pos de hacia dónde deberíamos enfocarnos para escalar posiciones. De lo contrario, nuestro retroceso cada vez será más acusado.

¿Se plantea alguna formación una reforma fiscal cabal y con empatía, alejada de remiendos chapuceros? No puede, ni mucho menos, hablarse de seriedad y altura de miras en cuanto a reformas tributarias cuando dos figuras están convirtiéndose en ejes fundamentales de la pseudo reforma fiscal: armonizar el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, de un lado, y hacer lo propio con el Impuesto sobre el Patrimonio. Del primero cabe decir que, bajo primorosas promesas de un sistema fiscal moderno, del siglo XXI, progresivo y no sé cuántos ditirambos más, se pretende romper la competitividad fiscal entre comunidades autónomas, que ha esbozado los lindes de un más o menos marcado federalismo tributario, poniendo a los muertos como objeto del deseo recaudador y propiciando un particular caldo de cultivo de lo que sería la necrofilia tributaria. Así el progreso fiscal depende de la muerte de los moribundos y de sus caudales para que los gobiernos de turno, autonómicos y amparados por el gobierno central, se lancen hacia el muerto cual aves carroñeras para pegarse un festín tributario. Por tanto, uno de los grandes pilares de la mejora del sistema fiscal español, como flash de reforma de calado, estriba en potenciar la fiscalidad mortis causa.

De la segunda figura tributaria, el Impuesto sobre el Patrimonio, baste decir que se trata de un tributo que está en desuso en la mayor parte de países de nuestro entorno por retrógrado, desfasado, trasnochado, por sus vestigios con reminiscencias bélicas – para financiar guerras de antaño – y, hasta cierto punto, por su poder confiscatorio.

Y entre ambos impuestos, el de Sucesiones y el del Patrimonio, se agitan las dudas de lo que sería no ya una doble tributación sino una triple tributación si se considera el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, el inefable IRPF. Porque la secuencia tributaria es que uno obtiene sus rentas y paga el IRPF por ellas, y con el dinero restante, que ya ha tributado, en vez de gastar, ahorra e invierte, con lo cual se ve penalizado por el Impuesto sobre el Patrimonio. Más impuesto sobre rentas que ya en origen y en percepción han tributado y que luego, al no gastarse, vuelven a tributar cada año. El colmo llega con la defunción. Lo que queda de aquellos patrimonios que, en su día, al obtener fuentes de renta implicaron tributación por el IRPF y luego por el Impuesto sobre el Patrimonio, la traca final impositiva corre a cargo del Impuesto sobre Sucesiones. En definitiva, que uno se queda casi pelado coincidiendo con su paso al cielo, al infierno, al purgatorio o al limbo de los justos.

Por si eso fuera poco, se empeñan los políticos de izquierdas en proponer mayores cargas tributarias para nuestras empresas, jugando con la figura primordial del Impuesto sobre Sociedades, justo en un momento en el que el empresariado se dispone a navegar, si no lo está haciendo ya, por las procelosas aguas de la desaceleración económica, cuando no crisis amenazante. No es éste momento propicio para redoblar presiones fiscales en un país que en 2018 ha aumentado el ratio de sus ingresos fiscales – impuestos y cotizaciones sociales – sobre el producto interior bruto hasta el 35,4%, sino más bien estos son tiempos en los que el raciocinio debiera de imponerse atajando los ramalazos de gasto público improductivo y desprendido.

¿De verdad hay algún partido político que tenga conciencia de que nuestro sistema de pensiones se encamina hacia la bancarrota? ¿Alguna opción política es consciente que de seguir por la actual senda deficitaria por la que nos despeñamos, no será factible sostener el actual estado del bienestar? Los números de la Seguridad Social son escalofriantes. El envejecimiento de la población, incuestionable. Más defunciones que nacimientos. La longevidad va en aumento. Los nuevos jubilados devengan pensiones mucho más elevadas que hace pocos años. La hucha de las pensiones, esto es, el fondo de reserva de las pensiones que alcanzó a finales de 2011 un saldo de 66.815 millones de euros, sin que entonces apenas existiera deuda contraída por los Organismos de la Seguridad Social, hoy – diciembre de 2019, para ser más exactos – está a punto de reducir su saldo a 1.543 millones de euros y en estos momentos la deuda de la Seguridad Social arroja un saldo de 51.193 millones de euros que acabará 2019 no lejos de los 60.000 millones de euros.

Lo peor del asunto es la marcada tendencia deficitaria del sistema de la Seguridad Social que en 2012 obtuvo un saldo negativo de 10.171 millones de euros, en 2013 de 11.541 millones, en 2014 de 10.763 millones, en 2015 de 13.150 millones, en 2016 se disparó a 18.096 millones, en 2017 fue de 16.775 millones y en 2018 de 17.088 millones, con una previsión de déficit para 2019 del orden de los 19.000 millones.

En esos años, de 2012 a 2019, el montante teñido de rojo de los números de la Seguridad Social vomita casi 117.000 millones de euros perdidos. Difícil tesitura, por ende, en cuanto a la sostenibilidad del sistema de la Seguridad Social, con serias dudas acerca de su suficiencia financiera. El cambio de modelo del sistema de reparto al de capitalización, en buena lid, no puede postergarse “sine die” y cuanto antes se afronte el problema, antes podrá detenerse esa hemorragia imparable.

Por hoy, concluimos aquí si bien es cierto que cada uno de los puntos expuestos por sí solos dan para abordar un tratado específico y someterse a estudios concienzudos que aporten luz y soluciones ante esas brechas que acechan tanto a la economía española como a nuestras finanzas públicas. El reproche, en vísperas electorales, que cabe hacer a nuestros líderes políticos es que hayan esquivado esos temas como, sin duda, muchos otros que serán susceptibles de agregarse en ese sucinto vademécum que superficialmente se ha descrito. ¡Qué Dios reparta suerte!, que la necesitaremos…

El sieso de la barrila
Sánchez es tan populista como Iglesias y Abascal, pero más cobarde, como se ve en Cataluña
Alberto García Reyes ABC 9 Noviembre 2019

La imprecisión de Sánchez choca como una ola en un acantilado contra el rigor de la Real Academia Española. El diccionario permitía hasta ayer calificar al todavía presidente como baldragas y desde hoy también como sieso. La lengua siempre es una buena herramienta para el alivio. Desde el Tesoro de Covarrubias hasta el reguetón, el español acumula cientos de epítetos que parecen inventados expresamente para definir el espíritu inconsistente del doctor: fulastre, zamacuco, cenizo, abanto... Pero a esta hora de la reflexión, que en virtud del nivel de los candidatos a gobernar España es más bien disquisición colérica, el adjetivo más preciso para describir al inquilino de la Moncloa es irresoluto. Este hombre nos tiene con el miedo en las canillas en Cataluña. No sabemos, porque él se ha encargado de cebar nuestras incertidumbres, si se va a poder votar sin coacciones en los colegios catalanes. Y mira que sabemos cosas. Sabemos, por ejemplo, que los casquivanos del socialismo andaluz se gastaron la subida de impuestos en largas noches de neón y ahora todos callan en la comisión de investigación del Parlamento porque el humo de las luces rojas provoca afonía. Sabemos también que a Susana Díaz el cartero la ha llamado más de dos veces para que acuda a explicar cómo funcionaba el tendido eléctrico de la Junta, pero ha perdido la llave del buzón. Y sabemos también que el PSOE nos está machacando con la barrila, palabra que desde hoy acepta la RAE, del fascismo. Según la maquinaria de la progresía, que está formada por militantes y voceros mediáticos, se está produciendo en España una invasión de fachas con bigote y tirantes, unos aliens de ultratumba que vienen a conquistar el territorio edénico de la esperanza en nombre del leviatán franquista. Ese es su único argumento político en una coyuntura de recesión económica, con el paro trepando por las paredes de las casas porque, según Ábalos, «hay más confianza para encontrar trabajo», y con las visas del erario achicharradas en los burdeles de Andalucía, la tierra de los ERE.

Sánchez cometió en plena campaña electoral la «imprecisión» de aseverar que la Fiscalía depende de él. La soberbia aprieta. Y en eso se parece de forma desgarradora a los populistas de ambos extremos. Pablo Iglesias llegó a enviar un documento al PSOE durante sus primeras negociaciones para que el Fiscal General del Estado, los magistrados del Tribunal Constitucional o los vocales del Consejo General del Poder Judicial fuesen designados por su «compromiso con el programa del Gobierno». Y Santiago Abascal lleva toda la campaña diciendo que si él gana las elecciones detendrá y pondrá unas esposas a Torra. En realidad, son iguales. Se diferencian sólo en sus aberraciones: unos quieren criminalizar a los ricos y otros a los inmigrantes. Y Pedro Sánchez ha entrado a formar parte de ese grupo de bananeros de inspiración totalitaria que desprecian la autonomía de los otros poderes del Estado, pero en su caso con un agravante: quiere dominar el Judicial y el Legislativo mientras elude sus obligaciones como responsable del Ejecutivo.

Si mañana hay problemas para votar en libertad en Cataluña, el único responsable será el señor Sánchez. Un cobarde sin ideales. Un medroso incapaz de tomar medidas contra aquellos de los que depende su sillón. Un sieso con el que nos va a ir de sieso. El primer sieso, según la nueva acepción incluida ahora por la RAE, que es sinónimo de desabrido, y el segundo, según la acepción de toda la vida. Si usted no la recuerda, búsquela en el diccionario. Ya verá como asiente con la cabeza en cuanto la lea.

El español, entre el pasado y el futuro
Editorial El Mundo 9 Noviembre 2019

El XVI Congreso de la Asociación de las Academias de la Lengua Española -un evento que se celebra cada cuatro años y que a lo largo de esta semana ha tenido a la RAE como anfitriona en Sevilla- viene a certificar el relevante trabajo que realizan las 23 academias de la lengua y el buen momento que vive la colaboración entre ellas. Gracias a esta labor, el español se ha convertido en uno de los idiomas más vivos del mundo, más abiertos al mestizaje y con mayor capacidad de enriquecer su léxico y ortografía, sin perder por ello su homogeneidad. Como recordó ayer el Rey Felipe VI en el discurso de clausura, a través de "un método de trabajo al que han llamado panhispánico", los académicos trabajan juntos en "la defensa de la unidad y la calidad del español". Un compromiso que este periódico ha venido impulsando desde su fundación hace ahora 30 años, convirtiendo el español no solo en una eficaz herramienta de información y comunicación, sino en un espacio de cultura compartido con millones de hispanohablantes.

Porque no hay que olvidar que nuestro idioma lo hablan más de 500 millones de personas (aproximadamente el 7,8% de la población mundial) y que, después del chino mandarín, es la segunda lengua materna más hablada del planeta y la segunda más usada en internet, tras el inglés. Se trata, por tanto, de un patrimonio lingüístico que desempeña además un relevante papel como nexo cultural con Iberoamérica -gracias a una historia compartida de cinco siglos- e incluso en EEUU, donde se está implantando de forma natural a pesar del acoso nacionalista de la Administración Trump. Una actitud equivocada, ya que en América, como en Europa y el resto del mundo, el español es una fuente de riqueza económica; y en el caso de nuestro país, un activo que la Marca España debería potenciar como estrategia global, aprovechando la presencia del español en la Red.

Pero en el Congreso no solo se habló del legado del pasado y de las posibilidades del presente. También de los retos del futuro. En este sentido, el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, presentó el proyecto LEIA (Lengua Española en Inteligencia Artificial), una iniciativa que cuenta con la colaboración de las principales empresas tecnológicas -Telefónica, Google, Microsoft, Amazon, Twitter y Facebook- que persigue un doble objetivo: el primero, que las "máquinas", explicó Muñoz Machado, "no nos rompan la unidad de la lengua". El segundo, la necesidad de aprovechar las posibilidades que ofrecen la revolución digital y la inteligencia artificial para desarrollar herramientas que fomenten el uso correcto del español.

Fue también Muñoz Machado quien presentó ante los Reyes, como colofón del congreso, la edición de la RAE de las Obras Completas de Cervantes: nueve volúmenes que son el fruto del trabajo de 20 años y la colaboración de más de 100 expertos. Y que vino acompañada de una "primicia sabrosa", como la definió Francisco Rico, director de la Biblioteca Clásica de la RAE: la incorporación de La conquista de Jerusalén, una obra cervantina hasta ahora inédita, demostrando así que Cervantes es un autor que nunca se agota.

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¿Vox o Ciudadanos?
Santiago Navajas Libertad Digital 9 Noviembre 2019

Votar liberal es votar a Cs, votar conservador a es votar Vox. Votar al PP es votar a la derecha progre, es decir, cobarde y acomplejada.

Rajoy tuvo un arranque de lúcido coraje, por una vez en su vida, y desafió a conservadores y liberales a que montasen su propio partido fuera del PP. Fue hace diez años y en este tiempo tanto Ciudadanos como Vox se han erigido como alternativas en el campo de la derecha a la inercia del PP a contemporizar con el marco de valores de los socialistas y a ceder ante las exigencias materiales de los nacionalistas.

La última muestra de que el PP es un partido, hoy por hoy, imposible de votar para alguien liberal-conservador fue la claudicación de Pablo Casado en el debate realizado por las mujeres de cada partido. El PSOE tiene representantes femeninos del calado de Carmen Calvo y Adriana Lastra, así que enviar a un debate de mujeres a María Jesús Montero es hacer de la necesidad virtud. Pero el PP mandó a Ana Pastor y relegó a Cayetana Álvarez de Toledo, lo que es peor que un crimen: un error.

Ana Pastor es la muestra de que votar al PP es votar a una socialista de derechas. Dijo Pastor que el Estado de las Autonomías es lo mejor que nos ha pasado a los españoles. Que podría haber sido verdad si no fuese por la pereza y la cobardía de políticos como ella o Rajoy, que no supieron enfrentar la deslealtad constitucional de los nacionalistas y se dejaron arrastrar por el oportunismo cortoplacista de los socialistas. Por ello, el PP no puede liderar el proceso constituyente que hay que llevar a cabo en España para reconducir el Estado de las Autonomías hacia lo que debió ser en un principio: un Estado integral con transferencias a las regiones por motivos de eficiencia racional y no de sentimentalidad identitaria. Tanto el proyecto rupturista de Vox como el reformista de Ciudadanos apuntan en la buena dirección: a romper con el dogma de que hay que someterse obligatoriamente a los chantajes de los nacionalistas –porque si no, dan un golpe de Estado (lo van a dar de todos modos)- y de los socialistas –si no ganan ellos, se van de España en el primer avión (nunca se van)–.

La pereza y la cobardía son las dos causas de la minoría de edad intelectual, según estableció Kant en ¿Qué es la Ilustración? Es decir, los dos rasgos que han caracterizado al PP desde que Rajoy tomó el relevo de Aznar. Fue muy cómodo para el perezoso Rajoy dejarse llevar por el tsunami ideológico socialista, que impuso la Ley de Violencia de Género o la Ley de Memoria Histórica, y por la marea nacionalista, que con la inmersión lingüística vulnera los derechos de los ciudadanos que querrían elegir el español como lengua de educación. Y la cobardía es lo que llevó a Soraya Sáenz de Santamaría a convertirse en la política favorita de El País y a Feijóo en el lehendakari de Galicia.

Dejar a Cayetana Álvarez de Toledo fuera del debate es la señal de que el PP es incapaz por sí solo de presentar una alternativa liberal o conservadora a los socialistas y a los nacionalistas. Votar liberal es votar a Cs, votar conservador a es votar Vox. Votar al PP es votar a la derecha progre, es decir, cobarde y acomplejada, al estilo de Soraya Sáenz de Santamaría y Feijóo. Así que hacedle caso a Rajoy y votad, liberales, a Inés Arrimadas y, conservadores, a Rocío Monasterio. El resto es socialismo.

ANC, Sánchez y ‘los verdaderos conductores’ del proceso independentista
Manuel Cerdán okdiario 9 Noviembre 2019

Los mismos personajes que se presentaron ante el Tribunal Supremo durante el juicio del proceso como unos corderitos -basta recordar la confesión de Jordi Sánchez- han mostrado su lado más hostil. A los constitucionalistas catalanes ya no les pilla por sorpresa el cinismo de los dirigentes de ANC porque conservan en sus retinas aquellas imágenes del intento de asalto a la Consejería de Economía el 20 de septiembre de 2017, diez días antes de instalar las urnas ilegales.

Los hooligans de ANC -que ahora se visten de Tsunami Democràtic o de CDR- pretendían de manera violenta impedir que la Guardia Civil, con una orden judicial bajo el brazo, rescatara de las dependencias de la Generalitat las pruebas que desvelaban la trama del golpe contra el Estado. Y ANC se convirtió en el motor y cómplice de la asonada secesionista.

Y aquel complot es el que ha llevado a Jordi Sánchez a la cárcel con una condena de nueve años por un delito de sedición. Aunque no les guste a los próceres independentistas los sentenciados son delincuentes comunes a quienes se les aplica las leyes. Hay que recordarles que el Código Penal fue aprobado democráticamente por el Congreso de los Diputados, en el que Convergencia i Unió -la coalición del pujolismo– siempre ha disfrutado de un estatus especial tanto durante los gobiernos de Felipe González como en los José María Aznar, como agradecimiento a su papel de partido bisagra.

El Tribunal Supremo considera al ex presidente de ANC como "el verdadero conductor", junto a Jordi Cuixart, de los episodios violentos ocurridos el 20 de septiembre y el 1 de octubre de 2017 en Cataluña. Tienen que dar las gracias de que sus penas hayan sido de las más reducidas porque, aún formando parte de la sedición, no reunían la condición de "autoridad".

No obstante, hay que incidir en que el protagonismo de los Jordi fue determinante durante todo el proceso. Según la Fiscalía del Supremo, Sánchez y Cuixart se encargaron de arengar durante el golpe a lo activistas de ANC y Òmnium Cultural.

El nacimiento de una nación
ANC fue constituida el 10 de marzo de 2012 en una asamblea organizada durante el congreso Barcelona Acción. Tomaba cuerpo un movimiento independentista, que auspiciaba financiaba bajo manga el pujolismo. Ya un año antes, más de mil quinientas personas se habían reunido en lo que bautizaron como Conferencia Nacional per l’Estat Propi, donde se nombró un Consejo Permanente. ¿Se imaginan quién deambulaba por allí con cara de despistado y aires supremacistas? Han acertado: un tal Joaquín Torra, cuyo nombre figura en las actas de constitución. El mismo activista que, convertido en Quim Torra, preside ahora el Gobierno catalán, gracias al capricho de Puigdemont.

ANC fue, junto Òmnium Cultural, la convocante de la primera gran manifestación a favor de la secesión, el 11 de septiembre de 2012, con Artur Mas en la Generalitat. El molt honorable era el primer presidente catalán de la Democracia que tuvo la osadía de convocar un referéndum ilegal sobre la independencia, en noviembre de 2014.

Carmen Forcadell fue elegida como la primera presidenta de ANC y Carlos Castellanos como vicepresidente. En mayo de 2015, Jordi Sánchez sustituyó a Forcadell que prefirió la vía de la política, presentándose a las elecciones catalanas como número dos por Barcelona de Junts per Cataluña, el sucedáneo de Convergencia.

Tras el referéndum ilegal de 2017, la Guardia Civil cerró la web de ANC -assemblea.cat-, constituida los mismos testaferros caribeños que luego montarían la plataforma en Internet de Tsunami Democràtic. Meses antes, ANC ya había dado a conocer su "Propuesta-ponencia de hoja de ruta", que fijaba los plazos para alcanzar la independencia. Este era uno de sus postulados: "ANC organizará las movilizaciones necesarias" para apoyar al Parlamento catalán como "único depositario de la soberanía del pueblo catalán".

El embrión del golpismo
ANC fue uno de los embriones del golpe del 1-O y, ahora, se retroalimenta con una extrema contumacia. Como Mussolini (1922), con su Marcha sobre Roma, o Hitler (1923), con el Putsch de Munich, ANC cumple su "hoja de ruta" aleccionando a los CDR para tomar las calles catalanas con violencia.

Jordi Sánchez ha demostrado una cualidad especial para mostrarse como un gran experto en golpes de estado. Que se lo pregunten a la escritora catalana Liz Castro, que le ganó en 2015 las elecciones al Secretariado Nacional de ANC en número de votos. Luego Sánchez le ganó la batalla por la Presidencia gracias a una sucia maniobra que obtuvo la ayuda de los poderes fácticos del independentismo.

Curiosamente, Forcadell, que procedía de ERC, acabó en CiU y Sánchez, que era un hombre próximo a Convergencia, se radicalizó hasta acabar con sus huesos en la cárcel. Pero ambos transformaron el movimiento social ANC en un lobby del independentismo. Acabó siendo una extensión de los gobiernos de Puigdemont y Torra, que son quienes han engordado sus arcas con dinero de los presupuestos generales.

ANC, en contra de Òmnium Cultural que sí lo hace, jamás ha publicado el estado de sus cuentas, sobre todo porque se ha convertido en una máquina de ganar dinero. Una parte importante de los fondos proceden del merchandising, aunque la mayor tajada llega vía subvenciones del poder autonómico. La mayoría de las veces, de tapadillo.

Gracias a las maniobras del catalán David Madí, de quien OKDIARIO ha dado probada cuenta de su capacidad manipuladora, Convergencia logró fagocitar a ANC. Y ese vínculo se tradujo en un incondicionalismo hooligans con la llegada de Torra a la Generalitat. Algunos observadores destacan que sin la participación de ANC el proceso nunca habría alcanzado las metas conquistadas.

El manual de la violencia
ANC, a la que algunos intelectuales catalanes ya han calificado como un sucedáneo del peronismo argentino, ha adoptado como suyo el manual del profesor norteamericano Gene Sharp ("De la dictadura a la Democracia, un sistema conceptual para la liberación"). La misma hoja de ruta que ya había sido aplicada durante la Primavera Árabe y en otros movimientos sociales conocidos por ‘colores’, según la terminología de las organizaciones de George Soros. El libro, traducido al catalán y volcado en la página del Instituto Catalán Internacional para la Paz (ICIP), fue financiado por la Generalitat, como ya desveló OKDIARIO.

Para que se hagan una idea, Sharp habla en su obra de “plantadas y piquetes”, “huelgas estudiantiles”, “suspensión de actividades sociales y deportivas”, “huelga general”, “huelga de payeses y trabajadores agrícolas”, “desobediencia civil de leyes ilegítimas”, “no cooperación judicial”, “no obedecer una orden directa”, entre otras. ¿Les suena tal retahíla de consignas con lo vivido hace unos días?

How dare you, Pedro!
Javier Somalo Libertad Digital 9 Noviembre 2019

Cuando los políticos no chillan es casi peor. Es el caso de Sánchez, el candidato “cansado” y presidente en funciones que se atreve a tantas cosas.

No hay como una (otra) campaña electoral para perder el respeto por los políticos. Sobre todo, porque chillan dentro de millones de hogares para que les oigan en una plaza de toros o en un polideportivo los que ya les iban a votar de todas formas. Pero se empeñan en chillarnos a todos.

Claro que, cuando no chillan es casi peor. Es el caso de Pedro Sánchez, el candidato "cansado" y presidente en funciones que, sin levantar la voz para no perder su engolamiento, se atreve a tantas cosas:

A decir en RNE –más bien, a obligar a un periodista a recitar– que el fiscal general del Estado es del Gobierno y, como tal, actúa a sus órdenes para hacer realidad una promesa electoral lanzada en el debate de TVE: traer a España a Puigdemont. Si no se le ha resistido Franco…

A intentar enmendar tamaña cacicada diciendo que quizá se equivocó pero que fue "por cansancio". Se cansa Pedro si no va en Falcon. Se cansa Pedro si da entrevistas. Lo adelantó Ketty Garat en Libertad Digital pero lo confirmó el candidato en La Sexta durante una fisio-entrevista de urgencia con Ferreras en la que había que deshacer el entuerto de la Fiscalía y, sobre todo, apuntalar la Operación Cuelgamuros, lanzada por Prisa contra Vox: hay un partido franquista, digo más, una tendencia nazi como la que llevó al poder a Hitler a principios de los años treinta… Todo eso se escucha en la SER y se lee en El País, además de otros conflictos erótico-escatológicos de compleja explicación que atormentan a algunas columnistas. El caso es que al laboratorio del PSOE le creció el monstruo como le pasó a Rajoy con Podemos.

A montar un chiringuito de Seguridad en La Moncloa en la incomprensible jornada de reflexión para aparecer en las fotos, como siempre, mirando papeles. Si la cosa se pusiera muy complicada, sólo cabe desear que paguen las horas correspondientes a los servicios de comedor del Palacio aunque vaya Marlaska.

A usar ese Palacio de La Moncloa como sede electoral del PSOE sabiendo que, como la campaña es corta, le basta con un aviso de la Junta Electoral Central. Ya se han encargado sus terminales mediáticas de publicar "campañas sucias" del PP dirigidas a ciudadanos desinformados, irresponsables, sin criterio, vulnerables y necesitados de un abrigo que sólo es capaz de regalar la izquierda pensando por ellos día y noche.

A hacer añicos el consenso adulto que trajo la concordia nacional tras la guerra civil y la dictadura porque lo de mudar a Franco, según confesaron los gabineteros de Sánchez, es "un disparador de votos"… aunque no se conozca con certeza de qué votos. En rigor, el único partido "franquista" de esta campaña ha sido el PSOE.

A fingir dureza contra el golpismo que le llevó en litera a La Moncloa y con el que estuvo reunido en Pedralbes con banderas, protocolo y pacto escrito. Es curioso –más bien, es de manual– cómo el PSOE suele condenar golpes de los que tiene siempre noticia anticipada y en los que, en algún momento, aparece como actor. Lo mismo hoy en Pedralbes que en 1980 en Lérida o en la lista del Gobierno Armada o en algunos instantes sepultados del 11-M. Siempre por delante, ya en la génesis como en la condena, salvo en 1931, borrado de nuestra Historia pero, en todo caso, reivindicado como acto fundacional.

A suspender un partido de fútbol Barça-Real Madrid por cuestiones de seguridad pero animar al voto en Cataluña sabiendo que el votante no nacionalista está públicamente censado por los big data, experimento del nuevo periodismo que se centra en indagar más sobre los ciudadanos que sobre el poder. O a visitar la Barcelona humeante exhibiendo parapeto antibalas y subfusil montado.

A decir que en Alemania –la de su Merkel– un ministro dimite por un plagio…

A mencionar siquiera la corrupción ajena como la razón que motivó una moción de censura siendo líder del partido líder en corrupción, con más de 500 investigados sólo en Andalucía y miles de millones de euros despistados.

A negarse a formar gobierno pese al encargo del Rey y convocar nuevas elecciones, con los instrumentos del poder en la mano, para intentar cobrar ventaja a golpe de decretos.

A temer el insomnio si siente cerca a Podemos pero dormir a pierna suelta junto a Bildu y ERC. A ver franquismo y hasta nazismo en Vox sin atisbar a ETA en Bildu o a Terra Lliure en ERC o a los CDR de Torra, el de la cumbre de Pedralbes, que ya aprenden a hacer bombas.

Ante tanto atrevimiento, pero con los ojos dentro de las órbitas, sin chillar ni estirar el cuello, sólo cabe decir: How dare you, Pedro! Y después votar, claro.

Fatiga de estadista
El bueno de Sánchez se olvidó los principios constitucionales porque estaba cansado
Luis Ventoso ABC 9 Noviembre 2019

La Real Academia acaba de aceptar, entre otras, la palabra «bordería». Ha hecho bien, porque tal comportamiento no escasea. El miércoles, Sánchez se creció en Radio Nacional y en tono displicente se jactó de que la fiscal general del Estado está sometida a sus órdenes. El presidente en funciones se cepillaba así al viejo Montesquieu y hacía gala de una sorprendente burramia constitucional, inesperada en un erudito que incluso ha merecido un sobresaliente cum laude por una interesante tesis doctoral. Los fiscales se le echaron encima y los sediciosos separatistas aprovecharon de inmediato su desliz para cargarse de razón. El patinazo fue tan sonado que hasta un personaje que se quiere tanto como nuestro eventual presidente se vio obligado ayer a rectificar sus palabras, algo insólito en él. Aunque lo hizo a su modo, claro. En una amical entrevista en la tele colorada, Sánchez achacó su gambazo a la fatiga de la campaña: «No fui preciso. Son muchas entrevistas, muchas horas...», lamentaba el bueno del presidente, al tiempo que predicaba que debemos «ser humildes» (lo cual, dicho por él, convertía la entrevista en una comedieta de situación, en la que ya solo faltaban las risas en off).

La excusa del estadista es razonable. Tanto Falcon, tanta entrevista, tantos meses sin aprobar una sola ley, dejan tal poso de cansancio que a cualquiera pueden olvidársele los principios constitucionales. Pero tal vez estemos ante un caso de fatiga crónica y haya que hacer un gran crowdfunding progresista para enviar un lote de Micebrina Gingseng a La Moncloa, a ver si el estadista recobra vigor. Y es que ayer seguía totalmente extenuado. El pasado 28 de septiembre, ABC publicó en su portada una de las mayores exclusivas de los últimos años en España, pues situaba al presidente de una comunidad autónoma en la instigación de un serio delito contra el orden público: «Torra planeó con los CDR tomar el Parlamento tras la sentencia del 1-O», rezaba el titular. El miércoles se abrió el sumario del caso y todos los medios volvieron a hacerse eco del asunto, convertido en tema informativo estelar en televisiones y prensa. Además, la investigación ha revelado también que los CDR intentaron fabricar explosivos, señalaron objetivos para posibles acciones terroristas y planearon la toma del aeropuerto de Barcelona. Todo confesado por los propios detenidos en vídeos que el público ya puede ver. Lo que se ha destapado es gravísimo: los propios CDR implican a Torra en sus planes de asaltar el Parlamento para proclamar otra vez una república. En cualquier democracia de más solera, la Justicia ya estaría actuando y la reacción del Ejecutivo central sería inmediata. ¿Y cuál ha sido la respuesta de Sánchez? Pues la siguiente: «El señor Torra lo que tiene que hacer, como le ha pedido Iceta, es comparecer en el Parlament». ¡Oh! Caramba. Torra estará sudando frío ante tan contundente llamada al orden.

En efecto: el presidente está cansado. Tanto, que tal vez convendría relevarlo el domingo y dar paso a alguien capaz de reinstaurar el imperio de la ley.

Francisco Oya, el profesor que se opone al adoctrinamiento: «El independentismo me jubila»
El primer docente en Cataluña que fue represaliado por combatir el adoctrinamiento acusa a las autoridades educativas de forzar su retiro
Esther Armora ABC 9 Noviembre 2019

En enero de 2019 el Consorcio de Educación de Barcelona (en el que están representados la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona) sentenció a diez meses de suspensión de empleo y sueldo al profesor Francisco Oya, uno de los pocos docentes que se ha atrevido a «alzar la voz contra el adoctrinamiento» en las aulas catalanas. La orden quedó en el tintero. El Consorcio no la aplicó en el plazo del que disponía legalmente para, según denuncia el afectado, «intentar forzar su jubilación y desactivar uno de los frentes más activos en la lucha contra la imposición de la ideología en la escuela». Seis meses después, el Govern hizo efectiva la multa contra el profesor, que ha interpuesto un contencioso-administrativo a las autoridades educativas por «aplicarla de forma irregular, al estar notoriamente fuera de plazo». En el documento, al que ha tenido acceso este diario, se indica que la sanción se aplicará «desde que la presente resolución sea firme en vía administrativa en el transcurso de un mes contado a partir del día siguiente de su notificación».

Portavoces del Consorcio de Educación niegan, por su parte, las irregularidades. Mantienen que «al no recibir, por parte del profesor, acuse de recibo de la sanción cuando ésta se emitió, a finales de enero, su aplicación se demoró. Según el Consorcio, en marzo se recibió el acuse y la sanción fue publicada en el Diario Oficial de la Generalitat, aunque no se aplicó hasta agosto porque el docente estaba de baja y después vino el período vacacional.

Cuando se le abrió el expediente disciplinario, Oya fue arropado por el sindicato CSIF, que le prometió encabezar una lista electoral en Barcelona en las elecciones sindicales de marzo de 2019, proporcionarle una liberación sindical, y cubrirle el impacto de la suspensión laboral. Finalmente, según denuncia, el sindicato le ha «abandonado» sin darle explicaciones y, sin ningún tipo de protección, se ve abocado a una jubilación forzosa. «Era una oportunidad para ofrecer un paraguas sindical a aquellos profesores perseguidos por el secesionismo. Si yo me jubilo, se habrá perdido la batalla», concluye el docente.

En enero de este año el Consorcio de Educación emitió una resolución en la que le suspendía de empleo y sueldo durante 10 meses. Desde entonces, usted ha seguido cobrando la nómina. ¿En qué mes ha hecho efectiva la suspensión? y ¿por qué cree que le aplican la sanción ahora después de tanto tiempo?
El 31 de mayo se me comunica oficialmente la aplicación de la sanción. Y se empieza a hacer efectiva en julio. Imagino que se pretendió, por parte del departamento, que la noticia no coincidiera con fechas electorales, para que no pudiera ser utilizada como munición de campaña electoral contra las fuerzas que sustentan al gobierno catalán. Y también, por si acaso, yo acababa decidiéndome por la salida de la jubilación y así se quitaban un problema de encima.

¿Cuántos meses puede usted aguantar sin poder trabajar?
Recibí pequeñas ayudas solidarias. Mención especial merecen diversos miembros del Foro de Profesores que, además, hicieron público un comunicado denunciando la situación. Pero, para una persona que depende de su trabajo, esta situación es insostenible.

Usted presentó una primera demanda por las acusaciones que conlleva la resolución y ahora vuelve a denunciar al Consorcio por aplicarla fuera de plazo de forma irregular. ¿Qué espera de estos dos procedimientos?
Por el momento, el poder Judicial es el único fiable. Pero la Justicia es lenta y las necesidades materiales de una familia urgentes.

¿Por qué se ensañaron con usted las autoridades educativas? ¿De qué le acusan?
El supremacismo catalán ha utilizado la escuela como arma de ingeniería social. Disidente que consigue colarse —y tenga la osadía de manifestarlo— es cazado implacablemente. Acusaciones: «machista, racista y homófobo». Sin pruebas razonables, salvo la palabra del director, que dispone de «presunción de veracidad» según la inspección. Tiene su gracia, pues el factor que desencadenó mi expediente fue facilitar textos históricos a mis alumnos —desvelando el racismo y la xenofobia del catalanismo— porque «dejaban mal a los nacionalistas».

Implementado el artículo 155, en el departamento se les ocurrió que la mejor manera de demostrar que seguimos mandando es ir a por este profesor. Y así lo hicieron, sin que nadie en el Ministerio moviera una pestaña, pudiendo archivar el expediente.

Tras hacerse pública la resolución, usted se arropó en el sindicato CSIF. Incluso éste le propuso ser su líder en Barcelona. ¿Por qué ahora le ha abandonado?
CSIF me propuso encabezar la lista por Barcelona. Una liberación sindical me permitiría visitas a centros, contactos y promover un sindicalismo constitucionalista. Un seguro antiexpedientes me protegería. Pero el espectáculo de un profesor represaliado en los institutos, inmune a la sanción y promoviendo un sindicalismo independiente resultaba excesivo. Y se han impuesto los procedimientos mafiosos habituales, con rendición incondicional de CSIF: no hay lista electoral, ni liberación sindical, ni desafío al sindicalismo oficialista. Tras cuatro meses sin sueldo no he percibido aún la compensación económica estipulada en el seguro. Sigue pendiente un paraguas sindical eficaz para los profesores acosados. Y tengo mis dudas de poder contar con CSIF para ello.

«Paraguas sindical»
¿Por qué se resiste a jubilarse?
Tenía la esperanza de poner en marcha el paraguas sindical para profesores en situación de riesgo. La oportunidad era excelente y si yo me jubilo esta batalla se pierde. El independentismo me quiere jubilar de las aulas, pero la guerra continuará.

¿Cómo puede acabarse con el adoctrinamiento en las aulas?
El Estado debe recuperar competencias educativas: autorización previa y control de calidad de los libros de texto; recuperar la red de centros públicos de titularidad estatal cedida a la Generalitat; pruebas de nivel, a finales de cada etapa, establecidas por el Ministerio e iguales para toda España; rotación, por toda España, de los profesores; pago de las nóminas de los profesores y control directo de la inspección educativa por el Ministerio.

¿Un cuerpo de inspectores nombrado casi íntegramente por el Govern garantiza la neutralidad ideológica en las aulas?
Hay notorio interés del separatismo por el control de los inspectores. Es imprescindible que la función inspectora recaiga exclusivamente en el Ministerio para garantizar la neutralidad ideológica de la escuela.

Con él empezó la persecución a los profesores constitucionalistas
Francisco Oya se sintió perseguido desde el primer momento que empezó a impartir clases en el instituto Joan Boscà de Barcelona. Pero el acoso creció coincidiendo con la escalada de tensión política y social que vivió Cataluña desde el referéndum ilegal del 1-O. Fue objeto de escraches, insultos y pancartas tachándole de fascista, franquista y homófobo. El motivo es que el profesor de Historia, preocupado por la formación de sus estudiantes, se atrevió a repartir un material complementario al manual oficial de historia de España establecido por su departamento de ciencias sociales por su escasa parcialidad.

Oya ha estado en el ojo del huracán siempre «por intentar mantener la neutralidad en las aulas» y «rebelarme a la dictadura de los separatistas», afirma a ABC. El profesor estaba convencido de que con él había empezado la persecución a los profesores constitucionalistas.

También está muerto Hitler y en Alemania es delito enaltecer el nazismo
OKDIARIO 9 Noviembre 2019

Con el peregrino argumento de que tras la disolución de ETA ha cambiado "la realidad social del tiempo en que vivimos", la Fiscalía ha solicitado a la Audiencia Nacional que se archive la investigación vigente sobre el homenaje celebrado, en diciembre de 2018, al etarra José Miguel Beñaran, "Argala", ideólogo de la organización terrorista. La petición se formula coincidiendo con el sobreseimiento definitivo de la causa abierta por el recibimiento al también etarra Kepa Etxeberría -que se ha hecho público este pasado martes- en Rentería, en marzo de este mismo año.

El argumento es que una vez que ETA ha entregado las armas y declarado el alto el fuego definitivo de su actividad criminal, el delito de enaltecimiento terrorista necesita que se desprenda de las manifestaciones de apoyo a ETA la existencia de una amenaza colectiva directa. Esto es, señalamiento explícito de terceros concretos para acabar con su vida o o riesgo real de amenaza de atentados. O sea, que se pueden gritar consignas y proclamas a favor de ETA y sus integrantes que supongan una humillación a las víctimas del terrorismo, pero si no hay amenazas de muerte no hay delito.

Eso de que extinguida ETA se extinga también el delito de enaltecimiento terrorista es un razonamiento absurdo, porque sería tanto como afirmar que muerto Hitler ya no existe el delito de enaltecimiento del nazismo. Con la tesis de la Fiscalía, el delito de enaltecimiento del terrorismo -aunque esté contemplado- deja de existir en el Código Penal. Da la sensación de que la Fiscalía baja las manos y acepta que la "nueva realidad social"sirva de coartada para que etarras con delitos de sangre sean homenajeados con total impunidad.

Nadie parece reparar en que la dignidad de las víctimas del terrorismo necesita ser protegida y reparada. Los verdugos, vitoreados; las víctimas, humilladas, y el Estado, lavándose las manos.
 


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