AGLI Recortes de Prensa   Domingo 10  Noviembre  2019

Entre la reacción nacional y la revolución institucional
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 10 Noviembre 2019

No creo que las elecciones de hoy decidan definitivamente el dilema que desde hace cuatro años afronta España: una revolución que desde las propias instituciones dinamite el orden constitucional o afrontar ese movimiento subversivo que encabeza el PSOE y teledirigen ERC, ETA, PNV y Podemos, organizando con los tres partidos leales a la Constitución -PP, Vox y Cs- una decidida reacción nacional. Sea cual sea el resultado de hoy, los españoles tendrán que elegir entre la revolución o la reacción.

Intereses de partido e interés nacional
Sánchez ha hecho algo más que desenterrar a Franco: ha resucitado el problema al que se enfrentaron las derechas españolas -tan fragmentadas como hoy- en 1936: reaccionar ante la apisonadora revolucionaria o tratar de contemporizar con ella por si se amansaba, que no se amansó. Por ahora, ni el separatismo vasco, ni el pancatalanista, ni sus aliados comunistas -de Podemos a la CUP- van a renunciar a lo único que los mantiene unidos, en torno a un PSOE que es a la vez secuestrador y rehén: derribar el régimen constitucional del 78. Y hoy, tal vez desde hoy eso tendrá que cambiar, las derechas no quieren afrontar juntas el peligro. Por huir de una polarización en el presente, aseguran una polarización mayor en el inmediato futuro. Por no renunciar a sus intereses de partido pueden perder partidos e intereses.

En toda esta campaña, los tres partidos enfrentados a Sánchez y sus socios separatistas y comunistas han demostrado un egoísmo partidista por encima de cualquier interés nacional. Su horizonte real, no retórico, nunca ha sido echar del Poder a la Izquierda sino encabezar la Oposición de las Derechas, hasta que el empeoramiento económico y el desgaste político facilite una alternativa comodona, a lo Rajoy, por fallo del contrario. En el rajoyismo se ha encerrado, sin necesidad, Casado. En su perplejidad se ha agitado Rivera. En su papel de alternativa de sistema se ha instalado Vox. Ninguno, solo o acompañado, se ha visto capaz de ganar a Sánchez. Si salta la sorpresa y pueden formar Gobierno, serán los primeros en sorprenderse.

La absurda rajoyización del PP
El PP no ha creído nunca que España sumara, sino que la España no socialista debería sumarse al PP. Rivera, que a quien debe sumarse es a él. Y Abascal, seguro de que su momento aún no ha llegado, ha hecho una buena campaña para fortalecerse en la oposición, no para llegar al Gobierno. La ventaja de Vox es que la Ley de Memoria Histórica, las Autonomías, la Ley de Violencia de Género y el asalto a la tumba de Franco, que deberían haber movilizado a los dos partidos más importantes hasta hoy, PP y Cs, los han paralizado. Y esa parálisis para defender lo que muchos de sus votantes piensan puede permitirle a Abascal, que lo ha hecho gallardamente, pasar de Pepito Grillo del sistema constitucional a única alternativa u oposición real a la revolución que se nos viene encima.

Cuando Ana Pastor -la que se dice amiga de la Pastor de Ferreras- dice en La Sexta que "lo mejor que le ha pasado a España es el Estado de las Autonomías", cualquier exvotante del PP y muchos que aún lo votan podrán pensar que eso es lo mejor que le ha pasado a la Izquierda: tener de socio al PP, pero no a España. La radicalización del Doctor Cum Fraude es lo único que invita al voto útil a Pablo Casado. Y no en todos los distritos.

Si Ana Pastor, la Número Tres de Rajoy -las dos Niñas Ashishinas siempre por delante- es la Número Dos de Casado por Madrid, cabe pensar que Rajoy sigue de Uno. No sé si el PP acierta en esta estrategia electoral de hacerse el muerto, porque ese es el estado de la derecha social española: vegetativo. Lo dudo, porque si estuviera muerta nunca habría emigrado a Ciudadanos y Vox. Pero, en todo caso, el problema político no está en la derecha, sino en España. Y por culpa de los Gobiernos del PSOE y del PP. La izquierda, traidora a la Nación, es la culpable. Pero, ¿cabe confiar en el PP para hacer frente a esta liquidación nacional? Esta noche sabremos, al contar los votos de Vox, cuántos dejaron de confiar para siempre en el PP.

Sánchez tiene difícil remedio
Tal vez hoy empiece el eclipse, no extinción, de Ciudadanos. Es una mala noticia para los españoles en general y la derecha en particular. Pero, salvo milagro en las urnas, el liderazgo de Rivera parece amortizado. Dada la lealtad que Inés Arrimadas siempre le ha mostrado, será el propio Rivera el que, con el desaparecido Villegas, organice su sucesión.

Y puede que el personaje más siniestro de la política española, que es Pedro Sánchez, tenga hoy en las urnas los 140 escaños para los que nos ha hecho volver a votar. No lo creo, pero si así fuera, mientras el que mande en el PSOE sea el PSC, seguirá comprometido con el golpismo catalán y acaudillará el derribo, a corto o medio plazo, del orden constitucional. Es verdad que se trata de un político sin escrúpulos, que, si le conviene, puede abrazar cualquier causa. Pero desde que los peores enemigos de España y de la Libertad lo pusieron en Moncloa, nunca le he visto abrazar una buena.

España no puede perder más tiempo
Editorial ABC 10 Noviembre 2019

Convocadas a la medida de las expectivas y los cálculos particulares de Pedro Sánchez y su equipo de asesores, con los que ayer no tuvo pudor en ignorar la jornada de reflexión para posar en una burda imagen de propaganda partidista tomada en La Moncloa, las elecciones generales de hoy sitúan a los votantes ante la alternativa del desbloqueo parlamentario o de la ingobernabilidad a la que como consecuencia de la fragmentación del voto se ha abonado España. Las cuartas elecciones celebradas en los últimos cuatro años corren el riesgo de convertirse en la enésima semifinal que disputan la izquierda y la derecha, cada una por su lado, para hacerse con la hegemonía del voto de sus respectivas parroquias de seguidores, unas primarias encubiertas en las que los verdaderos problemas y retos a los que se enfrenta España, crecientes según pasa el tiempo y se retrasan las reformas y las decisiones políticas, resultan secundarios para los partidos. El frenazo del crecimiento económico o el desafío del separatismo no pueden esperar a que Pedro Sánchez logre -en la jornada de hoy o dentro de unos meses, en una próxima convocatoria electoral- la representación parlamentaria que considere necesaria para gobernar en solitario. España no puede permitirse perder más tiempo, ni una nueva prórroga de los presupuestos que Mariano Rajoy dejó en herencia y que, paradójicamente, han servido hasta ahora de muro de contención para el irresponsable populismo económico que anuncia Sánchez.

El pulso que el PSOE libra con Podemos está en la raíz de las segundas elecciones generales de este 2019, una batalla sectorial y cainita cuyo traslado a un centro-derecha también fragmentado ha contribuido a perpetuar la provisionalidad que condiciona y lastra el futuro inmediato de España. Con la opción de Ciudadanos muy debilitada como bisagra -primero dejó caer a Rajoy y más tarde jugó la baza, también puramente táctica, de no apoyar a Sánchez-, el centro-derecha reaparece hoy como la única alternativa para impedir que el PSOE tome las riendas de la nación en un momento de especial gravedad, definido por amenazas internas y externas. El extremismo que sembró Rodríguez Zapatero, ahora cultivado por Sánchez, no solo ha dado pie a la fractura y la radicalización de una izquierda descentrada y partida, sino a la división política de la derecha, que de la mano de Aznar y Rajoy y desde la unidad proporcionó a España los mejores años de su reciente historia legislativa. Por acción u omisión, también se acumularon errores, expuestos y denunciados en estas mismas páginas, pero no en el grado caricaturesco que algunos insisten en presentar a los votantes para priorizar su guerra particular y sacrificar los intereses de Españas. Son estos, y no otros, los que hoy nos llevan a las urnas.

Huele a chamusquina
Si se cumplen las encuestas nos vemos en las quintas elecciones
Luis Ventoso ABC 10 Noviembre 2019

Aunque politólogos, políticos, gacetilleros y oráculos de las casas de sondeos nos pongamos estupendos, nadie tiene ni flores sobre qué pasará hoy en las urnas. Ahí radica el encanto de la democracia, en la libertad del público para hacer de su capa un sayo y sorprender. Por las televisiones desfila un tropel de gurús electorales, pero lo cierto es que en los comicios de abril nadie clavó al detalle la dimensión del castañazo del PP, a Vox se le dio de más y a Cs, de menos.

Nuestras leyes electorales, que se han quedado antiguas en la era digital, prohíben publicar encuestas en la recta final. Pero lo cierto es que partidos y firmas de demoscopia han seguido testando a los votantes bajo cuerda. Los susurros que llegan de esos estudios no cambian demasiado lo que ya se ha venido diciendo. El PSOE se quedaría más o menos como está, pinchando así el globo de Sánchez de lograr una mayoría más holgada y acorde al alto concepto que tiene de sí mismo. El PP se rearmaría y subiría bastante. Vox experimentaría una potente crecida, al calor de las llamas catalana. Cs pagaría sus volantazos con una caída acusada. Iglesias salvaría los muebles de la dacha de Galapagar y Errejón, personaje absolutamente sobrevalorado, prácticamente no rascaría bola.

Pues bien, de darse al final esos resultados los podríamos calificar de calamitosos. PSOE y Ciudadanos ya no sumarían mayoría absoluta, perdiéndose así la opción más razonable para haber formado un Gobierno en abril (operación que se frustró por un empacho de egos: Sánchez creyó que con 123 escaños pelados era Alejandro Magno revivido y Rivera empezó a levitar y verse como líder de la oposición). Tampoco habría esta vez alternativa por la derecha, pues a pesar de la crecida de Vox no sumaría, toda vez que los verdes pescan en parte en los caladeros de PP y Cs. Si se confirma que Abascal se robustece, a Casado además se le volvería tácticamente imposible facilitar la investidura de Sánchez, pues estaría poniendo la alfombra roja a la expansión de Vox, que se quedaría con el monopolio de la oposición frontal al PSOE.

Así que la única solución que se vislumbra sería precisamente la más lesiva para España: «Frankenstein 2», es decir: el PSOE gobernando otra vez con el sostén de Podemos y los separatistas. Pero se trataría de un parche sin recorrido. El infantilismo económico del podemismo y el fanatismo de los independentistas en su exigencia irrenunciable de una República sentarían a Sánchez a lomos de un tigre, con unos socios imposibles. Aprobar unos presupuestos resultaría más arduo que los doce trabajos de Heracles. El Gobierno reventaría y en la próxima primavera estaríamos de nuevo volviendo a las urnas (y con los presupuestos de Montoro, para no variar).

Hay una alternativa a ese desaguisado, por supuesto: que los españoles aparquen por un día sus emociones, renuncien al voto visceral, piensen en la estabilidad del país y agrupen sus papeletas entorno a las dos marcas mayoritarias. Pero me apuesto un buen cocido otoñal regado con un tinto de alcurnia a que no lo veremos. Nos hemos italianizado. Con el problema añadido de que no somos italianos.

Marcas mayoritarias para seguir como ovejas
Nota del Editor 10 Noviembre 2019

Hoy tenemos la única oportunidad de demostrar que España puede mejorar votando a Vox. Empeñarse en repetir los errores de estos cuarenta años es demencial., suicida.

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Votar: «Ya está bien de que nos chuleen los partidos independentistas»
Carlos Dávila okdiario 10 Noviembre 2019

Esta campaña marcada sobre todo por los metepatas de Sánchez y la insurrección catalana ha terminado con una polémica desatada en la Asamblea de Madrid. Resulta que, en principio, los tres partidos del centroderecha hicieron prosperar una propuesta destinada a llevar al Parlamento nacional la ilegalización de los partidos independentistas. Y se armó un belén. Ciudadanos, por boca y actos de su jefe madrileño, Ignacio Aguado, se sumó a la iniciativa pero, al cabo, Rivera se encocoró y rectificó con aquello tan socorrido de donde dije digo, digo Diego. O sea, nada que no sea común al normal comportamiento de este partido naranja ahora mismo en la UVI de la política. Recuerdo cuando el cómico cántabro de Ciudadanos, Felisuco, reducido ya a escombros en la región, se marcó un escándalo provocando al personal cercano, a los nacionalistas vascos, con un atropellado: “En Alemania los partidos independentistas no son legales”. A Rivera le pareció de perillas la ocurrencia de su prócer periférico y le respaldó con un: “Félix no ha dicho nada que no sea verdad”.

Ahora la verdad se conoce que a Rivera no le ha venido del todo bien y ha hecho cambiar de opinión a su chavalito de Madrid, el voluble Aguado, porque en estos días de penuria doméstica una ocurrencia así pudiera haber trastocado aún más su campaña con el perrito Lucas. El PP ha dejado que el agua fluya porque esta polémica no le ayuda para los resultados de esta jornada. Ya está todo el pescado vendido y meter un anisakis en esta juerga electoral es un auténtico desvarío porque, no se olviden de este pronóstico: como a partir de las once de la noche de esta nueva cita electoral los escaños del PNV -que van a ser seis- se necesiten por uno u otro lado, los partidos nacionales irán a su conquista. El PNV es un partido golfo que sólo mira su hucha y la independencia gota a gota y se dejará querer tanto por el PSOE como por el PP. Al tiempo. O sea, que esto de la ilegalización de los biznietos del xenófobo y estúpido Sabino (ahora los peneuvistas le han rebautizado como “Sabin”) no pasará a mayores.

Pero no sucede nada porque se plantee la hipótesis. Hay tres precedentes: uno en Alemania con los monárquicos del Partido de Baviera, otro en Francia con Iparretarrak, y un tercero en Portugal con una minúscula organización de las Azores pretendo rememorar. En la República Federal Alemana el Artículo 21/2 de la Constitución descarta ilegaliza a los partidos que pongan en peligro “la existencia de la República Federal Alemana”. Los independentistas del Partido de Baviera son cuatro gatos ultraconservadores a los que, por cierto, han copiado Puigdemont, Torra y demás rufianes los lazos amarillos. Los habitantes de ese Estado no les hacen el menor caso como se demostró hace meses cuando quisieron forzar una referéndum de autodeterminación. El Tribunal Constitucional les dio con la puerta en las narices, los cerverceros (uno de ellos es campeón regional de consumo de “bier”, creo que tostada) se aguantaron pacíficamente y allí no hubo nada. O sea, a las tinieblas exteriores y a no molestar.

En Francia, Iparretarrak, la franquicia gala primero de Batasuna y ahora de los proetarras de Bildu, se ilegalizó en 1987 de acuerdo con el Artículo 4 de la Constitución vecina y allí a todo el mundo le pareció de perillas. Algo similar sucede en Portugal donde incluso el Artículo 10 de su Norma Suprema prohíbe presentarse a los partidos regionalistas. Es decir; o son nacionales o a la rúa. ¿Para qué mas ejemplos? Nadie en sus países se estremece con estas reglas y nadie duda de que los estados en cuestión sean impecablemente democráticos. Aquí al PNV, a la ladrona Convergencia de siempre y a algún que otro Bloque por ahí perdido, ni siquiera nos atrevemos a “tocarles” con una ley electoral que no prime sus pírricos contingentes electorales. Está bien que en esta campaña haya surgido la polémica. No ha habido tiempo para hacerla centro de las disputas interpartidos, pero ya ha quedado en la consciencia de la gente. Esta gente, todos nosotros, que votamos en esta fecha y que deberíamos apoyar a las formaciones que, al menos, han osado establecer la discusión sobre el tema. “Ya está bien de que nos chuleen los partidos independentistas”. Pongo comillas; la frase no es mía es de un/a altísimo/a dirigente del Partido Popular

Echemos hoy a nuestro Rey Sol: Pedro Sánchez

EDUARDO INDA okdiario 10 Noviembre 2019

Hoy puede ser un gran día que diría el genio Joan Manuel Serrat. Los españoles de bien tenemos la oportunidad de cambiar la historia, una historia cuya deriva en los 17 meses de sanchismo es harto alarmante. Jamás alguien cambió tanto las cosas a peor en tan poco tiempo. Sin ir más lejos una economía que, cuando aterrizó en Moncloa tras una sentencia precocinada por ese juez De Prada tan sensible con el mundo etarra, crecía al 3% y ahora lo hace por debajo del 2% y que probablemente cerrará el año en un raquítico 1,9% como mucho, tal y como vaticinó la Unión Europea esta misma semana en otro palo a estos nuevos Zapateros de la vida que son Sánchez y su ministra Calviño.

Lo que no son cuentas, son cuentos. La titular de Economía puede sostener que todo va de cine, que estamos mejor que otros y que si hemos caído es por culpa de la guerra comercial China-EEUU, pero la verdad es que las cifras son aterradoras. El 1 de julio de 2018, cuando nuestro jactancioso presidente tomaba posesión, generábamos un punto más de PIB que en estos momentos. Conclusión: en estos 17 meses hemos perdido 11.000 millones de euros de riqueza. A este paso, en otro par de años, los que puede estar Sánchez en el poder si hoy no lo mandamos de vuelta a su casa de Pozuelo, padeceremos una recesión de ésas que hacen temblar hasta el misterio y a las que tan acostumbrados nos tienen los socialistas.

Y del paro qué quieren que les diga. La última EPA, la peor en un mes de octubre desde ese 2012 en el que superamos el 26% (el mismito que registraba EEUU cuando el crash de 1929), es para echarse a temblar. Perfecto anticipo de que lo peor está aún por venir si continúan estos arruinapaíses. Lo peor, con todo, fue la excusa oficial del Gobierno ante una estadística que colocó encima de la mesa 102.000 desempleados más a modo de muertos civiles en octubre: “El paro aumenta porque hay más confianza para el logro de un puesto de trabajo”. Sencillamente, un insulto a la inteligencia o una broma de pésimo gusto.

Pero lo verdaderamente preocupante es el autoritarismo con el que ejerce su gobernanza el hombre que roba tesis, el autor de libros de autoayuda por negra interpuesta. Sus declaraciones de esta semana sugiriendo que traerá al delincuente Puigdemont a España porque “la Fiscalía depende del Gobierno” son el colmo de un mandato marcado por un despotismo nada ilustrado. Recuerdan a ese Luis XIV, Rey de Francia y Navarra y copríncipe de Andorra, que acuñó una frase que ilustra a las mil maravillas el tenor de su hégira: “El Estado soy yo”. El Rey Sol, sobrenombre por el que ha pasado a la historia, se pasó por el forro de sus caprichos los ya de por sí escasísimos contrapesos existentes en el país vecino allá por el siglo XVII.

Unas elecciones marcadas por el desafío independentista
Editorial El Mundo 10 Noviembre 2019

Las elecciones generales que hoy se celebran en España, consecuencia de la mezcla de insolvencia y frivolidad con la que Pedro Sánchez malgastó los resultados del 28-A, depararán un escenario de gobernabilidad aún más fragmentado y más complicado del que depararon los últimos comicios. El presidente del Gobierno en funciones fue incapaz de armar una mayoría parlamentaria, pese a disponer de opciones a izquierda y derecha, y no ha dudado en apoyarse en los medios del Estado con fines partidista, desde el CIS hasta los medios de comunicación de titularidad pública. Este empeño en instrumentalizar las instituciones le llevó ayer, en plena jornada de reflexión, a presidir el comité de seguimiento sobre la situación de Cataluña, a modo de última foto de campaña. Forzar una repetición electoral con la intención de mejorar el resultado del PSOE en abril constituye un acto mayúsculo de irresponsabilidad, agravado por la envergadura del desafío independentista.

Sánchez era consciente de que la sentencia del Tribunal Supremo iba a redoblar el pulso separatista. Pese a ello, fue incapaz de ofrecer un acuerdo al PP y Cs, lo que hubiera facilitado la estabilidad. El líder socialista puede ser hoy víctima de su propia ambición. El ansia de poder le llevó a trazar alianzas con fuerzas políticas cuyo objetivo es destruir la nación. Navarra es un caso paradigmático, así como la disposición de Sánchez a gobernar apoyándose en populistas y secesionistas, incluido el brazo político de ETA. Nada indica que, en caso de tener opciones aritméticas, Sánchez no intente reeditar un Gobierno Frankenstein, de la mano del independentismo. En campaña no ha descartado pactos con ERC y el partido de Torra, pese a impostar un endurecimiento del discurso respecto a la Generalitat.

Los españoles no pueden fiarse más de un dirigente incapaz de fijar una posición sólida y coherente con relación al modelo de Estado y la unidad nacional. Las veleidades del PSOE en materia territorial lastran la defensa de la nación, justo cuando los comandos violentos del independentismo preparan más movilizaciones callejeras. EL MUNDO revela hoy que los empresarios han exigido a Torra que frene la kale borroka de Tsunami Democràtic. La radicalidad de esta organización, sumada a la actividad filoterrorista de los CDR, deberían haber movido al Gobierno a activar las medidas que contemplan las previsiones constitucionales cuando una autonomía se declara en rebeldía. Sánchez, en cambio, ha preferido agitar el voto del miedo a cuenta de Vox para esconder su fracaso a la hora de contener la insurrección soberanista.

En este turbulento contexto votan hoy los españoles. La abstención determinará la correlación de fuerzas. En todo caso, a partir del lunes, el deber de los partidos constitucionalistas pasa por poner fin al bloqueo y articular un frente común para encarar tanto la amenaza secesionista como la desaceleración económica.

Una oportunidad para el orden constitucional
 larazon 10 Noviembre 2019

Los españoles acuden hoy otra vez a las urnas para elegir una nueva composición del Congreso y del Senado. Es la cuarta vez en cuatro años. El dato, que es preciso repetirlo tantas veces como sea preciso para que no se diluya como una minucia en la acelerada memoria colectiva, define por sí solo la frustrante incapacidad de la clase política para asumir sus responsabilidades principales, que pasan obligatoriamente por gestionar de forma eficaz y valiente el mandato del pueblo español. El país recorre este desesperante camino con las alforjas cargadas de escepticismo sobre el coraje y la convicción de nuestros representantes en cuanto a supeditar sus alicortos intereses al bien común de una nación que tiene la desesperante sensación de haberse quedado encallada desde hace un cuatrienio como si la interinidad institucional no fuera un accidente, sino una condena «in eternum». Naturalmente, esto no puede ni debe ser así y es el derecho, pero también el deber de la opinión pública exigir que los receptores de la voluntad popular entiendan que la provisionalidad es un limbo intolerable para una nación con tantos retos y peligros como los que se ciernen sobre el presente y el futuro de la nuestra.

Hoy, está llamada a ser una de las jornadas decisivas de la historia democrática reciente, pues debiera convertirse en la palanca que desencadenara los acontecimientos precisos para encarrilar el país y aplicar corriente a sus circuitos fundidos. Hablamos de una España en tiempo crítico porque los riesgos para el orden constitucional, para el país unido, integrador, acogedor, libre, seguro, equitativo y próspero que hemos conocido en las últimas cuatro décadas, nunca han sido tan cercanos y ciertos como los actuales. Creemos no exagerar un ápice cuando aseguramos que el Estado, y con él sus conciudadanos, todos, tenemos por delante un horizonte desestabilizador que pone en jaque toda la arquitectura de derechos y libertades que nos han convertido en una de las 19 democracias plenas del mundo.

En este punto, el continuado movimiento insurreccional patrocinado por la Generalitat separatista de Cataluña es clave por su función dinamizadora de una pulsión involucionista contra el régimen liberal y representativo. La deriva no se ha frenado con la condena a los responsables del procés. El Estado es continuamente zarandeado y con él la mayoría de catalanes que no comparten el credo sectario y quimérico de la ruptura. La decadencia es tal que hoy no se da seguro que los electores puedan ejercer su derecho al voto con libertad plena sin coacciones ni intromisiones.

Como ejemplo, sirva el contenido del sumario de la Operación Judas y los planes de los presuntos terroristas de los CDR detenidos. Hoy, LA RAZÓN adelanta que las investigaciones apuntan ya las conexiones de esta célula con el entorno directo del prófugo Puigdemont. Así de grave y contundente es la amenaza que debe llevar a la ciudadanía a interpretar el 10-N como una oportunidad de fortalecer el orden constitucional en general y en Cataluña, en particular, con una mayoría que permita al Estado acelerar el paso para deshacer la retirada emprendida desde hace décadas en aquel territorio.

El supremacismo catalán es además un elemento dinamizador de una corriente aniquiladora de la España del 78 con colaboracionistas en otros territorios y en la izquierda más desafecta. La pugna territorial no puede cronificarse como un elemento distorsionador por degradante de la nación. Será una obligación empujar a Cataluña hasta la linde constitucional.

Tras cuatro años de inacción gubernamental, España enfila una coyuntura adversa en el orden económico. El Gobierno repite el guión socialista de tiempos pasados y relativiza la tormenta que toda la ciencia y la política contemplan ya. Los índices macroeconómicos no mienten como tampoco la sabiduría de las familias que han pulsado el botón del ahorro. No hay brotes verdes, ni espacios para presupuestos expansivos, sino oportunidad y necesidad de emprender las reformas estructurales y de otro orden extraviadas entre el ruido y las trincheras partidistas. El panorama internacional tampoco será condescendiente con nuestra inestabilidad institucional. El Brexit es un hecho y no será inocuo, más aún para quienes carguen con el lastre de un Gobierno débil, difuso o errático. No nos lo podemos permitir. Se exige lo mejor de todos. Especialmente de quienes ocupen los escaños, pero también de los españoles que tenemos que atender el deber cívico sobre el que pivota la democracia: el voto. El bloqueo endémico de la situación no es una alternativa tolerable. Que se plantee la opción de unas terceras elecciones resulta desconcertante y ruinoso. La clase política no puede crionizar una sociedad hasta el momento en que le venga bien. En los comicios anteriores, hubo combinaciones posibles y razonables que hubieran realizado un buen servicio al país, pero especialmente la izquierda fue incapaz de actuar con altura de miras. La mezquindad en política es un ingrediente tóxico. España no puede seguir frenada por más tiempo.

Las elecciones de hoy deben ser un mandato para cuatro años. Habrá sumas sensatas y convincentes que demandarán coraje y argumentación, pero la sociedad española tiene la madurez y la experiencia que a los políticos les faltan. Si estos se enquistaran en el desencuentro, en la ceguera estúpida y corrosiva que dicta entender que la razón de partido está por encima del interés general, que la ecuación es unívoca, entonces habrá que exigir a los que apadrinen el fiasco que se marchen y dejen su sitio para otros que entiendan que España, los españoles, su libertad y su bienestar son lo que realmente importa. Pero, de momento, votemos.

Solo cabe la solución transversal entre PSOE y PP
Pablo Sebastián republica  10 Noviembre 2019

Los españoles estamos en una encrucijada de difícil solución que obliga a los primeros dirigentes políticos del país a cruzar el ‘Rio Bravo’ de sus diferencias políticas, ideológicas, territoriales, y hasta personales, en pos de un acuerdo de investidura y de Gobierno que permita encontrar un lugar de estabilidad institucional y constitucional para afrontar los problemas del país.

Los que van del desafío soberanista catalán, ahora por violentos derroteros, a la crisis económica que empieza a causar estragos en el tejido social. Y de especial manera en los ámbitos más débiles de la sociedad.

En esta crisis política e institucional en la que estamos inmersos tiene una especial responsabilidad el Partido Socialista y su secretario general Pedro Sánchez que, aunque de momento lidera las opciones electorales, tampoco está en condiciones de alcanzar una cómoda mayoría para su investidura y la estabilidad del Gobierno para la aprobación de los nuevos Presupuestos.

Pero si la prioridad de Sánchez no es España sino revalidar su presidencia a cualquier precio y con cualquier aliado, aunque algunos de ellos estén fuera de la legalidad y del marco constitucional, entonces la solución de Sánchez será inestable y nos llevará al bloqueo institucional.

Y en ese caso Sánchez, inventor del ‘no es no’ que ha contagiado a otros, acabará siendo el primer problema nacional y el amo del bloqueo. Hasta que en su partido -como ocurrió en octubre de 2016-, le pida que se aparte del liderazgo si el PSOE quiere seguir siendo uno de los pilares nacionales de la gobernabilidad del país.

La aventura del gobierno en minoría de Sánchez, tras la moción de censura a Mariano Rajoy -que salió huyendo del Congreso de irresponsable manera- que apoyaron Podemos, PNV, ERC, PDeCAT y Bildu, acabó mal durante la votación de los Presupuestos pactados entre PSOE y Podemos.

Y meses después y tras las elecciones del 28 de abril tampoco fue posible la investidura de Sánchez ni el intento, lógico, de Unidas Podemos de entrar con el PSOE en un Gobierno de coalición.

Lo que le ‘quitaba el sueño’ a Sánchez e impidió a Pablo Iglesias ‘tocar el cielo’ del poder aunque él resultara vetado por Sánchez. Y con ese segundo fracaso de Sánchez llegamos a la repetición de las elecciones del 10-N que hoy se celebran en medio de gran incertidumbre y con serios pronósticos de inestabilidad. Y con enormes dificultades para un Gobierno de la izquierda porque, además de a UP, habrá que integrar a ERC con indultos incluidos a los golpistas y a sabiendas que el soberanismo no dará un paso atrás,

Aunque de votar hemos conocido la sentencia del Tribunal Supremo sobre el golpe de Estado catalán de octubre de 2017, la respuesta violenta de los soberanistas y especialmente de los CDR que corteja el President Torra, y la electoral exhumación y traslado con honores de los restos de Franco. Lo que se hizo para jalear una campaña electoral manipulada desde Moncloa donde incluso ayer, en plena jornada de recesión, Sánchez hizo publicidad electoral con una falsa reunión sobre Cataluña.

Lo que nos lleva al comentario anterior de que Sánchez es capaz de todo -menos de anteponer el interés general de España- con tal de seguir en el poder. Pero Sánchez ha fracasado en dos intentos de investidura, en marzo de 2016 y el pasado mes de julio, y si fracasa por tercera vez habrá perdido su última oportunidad.

En la orilla conservadora de la política Pablo Casado desde el PP no tuvo un buen despegue en los comicios del mes de abril con sus 66 escaños. Y a la espera estamos de la gran remontada que anuncia y promete en menoscabo del PSOE y sobre todo de Cs, porque si no la consigue (al menos superando los 90 diputados) por errores propios y el ascenso de Vox, su liderazgo en el PP quedará en entredicho.

Como lo está de manera muy señalada el de Albert Rivera en Cs por causa de su incapacidad a la hora de gestionar los 57 escaños que logró el 28 de abril y con los que podría haber formado un gobierno estable y de coalición con Sánchez. O haber buscado ahora un pacto electoral con el PP -como en Navarra-, en el ‘España Suma’ que le ofreció Casado. Y que Rivera rechazó una vez que abandonó el centro para disputar liderazgo conservador.

Ahora las dos grandes incógnitas de la votación de hoy están en saber hasta dónde baja Cs y hasta dónde asciende Vox, el partido de Santiago Abascal, desde sus actuales 24 diputados.

Como está por ver si Sánchez supera los 123 escaños del mes de abril y si incluso avanza hacía los 150 que le pronosticó Tezanos desde el CIS. Y qué resultado obtienen el PP y Podemos, partido este último que confía en repetir sus 42 escaños, una vez que Carmena dejó en evidencia a Íñigo Errejón.

Así están las cosas y todo apunta a que la fotografía política nacional que saldrá esta noche de las urnas obligará a los primeros dirigentes del PSOE y PP a buscar una solución pactada transversal, por encima de las diferencias ideológicas, territoriales y programáticas.

Hoy ya no se fía (tras cuarenta años de tomadura de pelo).
Nota del Editor 10 Noviembre 2019

Pues eso. Ni harto de vino se puede confiar en el PP y menos en el PSOE. Ambos partidos tienen que desaparecer.


 


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