AGLI Recortes de Prensa   Lunes 11  Noviembre  2019

Las cautelas del establisment
Juan Manuel de Prada ABC 11 Noviembre 2019

José María Pemán lanzaba sus ironías sobre la consigna «cada hombre un voto», que el sufragio universal enarbola orgullosamente, considerándola una versión devaluada de ciertas tendencias filosóficas que gustan de sustituir la razón por la voluntad. En teoría, el sufragio universal sirve para determinar «lo que el país quiere». Pero el «querer» es una facultad bastante insegura: lo primero que quiere el hombre, nada más nacer, es la luna… Y así hasta el día de su muerte, en que sigue queriendo cosas imposibles, como ir al cielo, habiendo sido más malo que la sarna.

Por querer, la gente quiere muchas veces cosas quiméricas. De ahí que el sufragio universal -proseguía Pemán- haya sido siempre corregido por alguna «cautela extralegal». Antaño esa «cautela» eran el amaño y el fraude, el pucherazo, el escrutinio fantasioso, etcétera. Hoy esta cautela -prosigue Pemán, con una clarividencia pasmosa- es «eso que los sajones llaman un establishment, un entramado de intereses que eliminan la aventura y votan por la estabilidad». Este entramado de intereses, durante algún tiempo, logró que el «querer» de la gente no se saliese por peteneras, no se echase al monte, no se adentrase en barrizales peligrosos, mediante el invento del bipartidismo, que permitía unas votaciones muy pacíficas, como si la gente votara entre la Coca-Cola y la Pepsi-Cola.

Pero el multipartidismo ha hecho añicos estas cautelas; y ahora las votaciones deparan resultados cada vez más amedrentadores para el entramado de intereses que forman el establishment, al que sólo le va quedando el recurso de repetir elecciones una y otra vez, como regurgitaciones de una deliciosa fabada, en la esperanza de que el pueblo vuelva al redil del bipartidismo, resignándose a elegir entre Coca-Cola y Pepsi-Cola. Este recurso desesperado, como se ha visto, de nada ha servido, salvo para que el doctor Sánchez acumule meses en Moncloa, como quien acumula puntos con esas tarjetas que luego te permiten gorronear hoteles; y para que el «querer» de la gente, harto de Pepsi y de Coca-Cola, se decante hacia bebidas espiritosas que el establishment contempla con espanto. Resulta, además, muy aleccionador comprobar cómo, en su afán cada vez más desesperado por lograr que su entramado de intereses prevalezca, el establishment no tiene empacho en arrojar al cubo de la basura los partidos que antes encumbró, como ha hecho con Ciudadanos, al que dio alas con la intención de convertirlo en el partido bisagra del bipartidismo; y cuando su líder se rebeló contra tan penoso papelón, lo empujó al descrédito, haciendo creer a la «opinión pública» que sus votantes le demandaban «centralidad» (cosa que se ha probado falsa, pues todos los votos que ha perdido Ciudadanos los han ganado los partidos de derechas).

Ahora el establishment intentará hacer algo parecido con el Partido Popular, para lograr que preste su apoyo al doctor Sánchez, siquiera con una abstención en la investidura; y en breve veremos a todos los tertulianeses y folicularios sistémicos pidiendo al Partido Popular este sacrificio por «grandeza política», «responsabilidad de Estado», «patriotismo» y demás gargarismos hipócritas. Si el Partido Popular hiciese tal cosa, se irá por la vía rápida a la basura cósmica, como ayer se fue Ciudadanos, que ahora ya sólo puede ser bisagrita de saldo; y Vox seguirá creciendo, desde el espléndido aislamiento que le ha decretado el establishment, que por mantenerlo allí recurrirá a todo tipo de «cautelas extralegales» de demonización. Si el Partido Popular se suma a ellas, habrá firmado su sentencia de muerte.

Fracaso de Sánchez y gran éxito de Abascal
EDITORIAL Libertad Digital 11 Noviembre 2019

Pedro Sánchez baja en votos y escaños y a día de hoy tiene aún más complicado formar gobierno de lo que lo tenía en abril.

Después de haber forzado la repetición de las elecciones, Pedro Sánchez ha conseguido varias cosas notables, empezando por perder unos 750.000 votos –casi siete décimas en porcentaje– y tener tres escaños menos de los que tenía.

Además, mientras que en abril el segundo partido estaba a 12 puntos de distancia del PSOE, en esta ocasión el PP se ha quedado a poco más de siete: los socialistas se quedan en el 28% y los populares rozan el 21%.

Por último, Vox, el partido al que el PSOE, sus terminales mediáticos y el propio Pedro Sánchez han demonizado, al que han llamado franquista, fascista y extrema derecha en los mejores casos, ha pasado de 24 a 52 escaños. Como se ve, la "alerta antifascista" decretada por la izquierda ha sido otro rotundo fracaso.

Con estas mimbres, Pedro Sánchez tiene a día de hoy aún más complicado formar Gobierno de lo que lo tenía en abril: no existe la posibilidad de hacerlo con Ciudadanos, que se ha convertido en una fuerza irrelevante; la irrupción de Vox le pone muy difícil al PP la abstención; y, finalmente, el pacto con Unidas Podemos suma 10 escaños menos de los que sumaba y está a veinte de la mayoría absoluta.

El Gobierno Frankenstein tendría que pasar por tanto por un pacto con no menos de cinco partidos y la ERC de Junqueras tendrá probablemente la llave tanto de la investidura como de unos futuros Presupuestos. Está claro, en suma, que la gran estrategia política de Sánchez y sus asesores ha sido un fracaso.

Gran éxito de Abascal
Del otro lado, el gran ganador de esta noche electoral ha sido, sin ninguna duda, Vox, y muy especialmente Santiago Abascal. Su partido ha pasado de 24 a 52 escaños, ganando prácticamente un millón de votos.

Es un gran éxito de una formación que ha sabido enfrentarse a los asuntos que han rehuido tanto el PP como Ciudadanos, que ha planteado una alternativa en cuestiones que está claro que preocupan a una parte del electorado y que ha sido tan beligerante como el que más con la cuestión catalana y en plantar cara al separatismo tanto en Cataluña como en otras zonas.

Y es un éxito personal importante del propio Abascal, que ha sido el principal responsable de que Vox haya logrado dar una imagen en los medios de seriedad y cercanía que hacía mucho más difícil creer la campaña de acusaciones en su contra.

Fracaso sin paliativos de Ciudadanos
Otro de los datos de la noche electoral es, sin duda alguna, el fracaso estrepitoso de Ciudadanos. Los de Rivera han perdido bastante más de la mitad de los votos y pasan de 57 diputados a 10, una debacle sólo comparable a la de UCD en 1982.

Así como Abascal es para bien el gran responsable del resultado de Vox, Rivera lo es para mal en su partido. Desde este punto de vista, debería haber dimitido en la propia noche electoral, y convocar un congreso es claramente insuficiente: si no quiere arrastrar a su partido, debería irse ya.

Una situación complicada
Con estos resultados, la realidad es que España sigue enfrentándose a un panorama muy complicado: si hay un Gobierno, lo más probable es que sea uno que pase por el apoyo de aquellos que quieren destruir el sistema democrático y la propia nación y, en cualquier caso, y esto no está claro si es motivo para la preocupación o para la esperanza, será muy inestable.

El centro-derecha constitucionalista va a tener que mejorar en muchos aspectos para que el país supere esta situación, aunque sea en el medio plazo.

No hay 3.640.000 franquistas
Javier Somalo Libertad Digital 11 Noviembre 2019

A falta de que los partidos expresen sus estrategias de pactos, España sigue igual pero no es la misma después de estas elecciones generales.

A nadie se le oculta que hay dos protagonistas claros y por cuestiones diametralmente opuestas: Ciudadanos (10 escaños) y Vox (52 escaños). Era algo que barruntaban todas las encuestas y que se convirtió en clamor tras el debate de TVE pero que requería el veredicto de las urnas. Como sólo tenemos los resultados, a ellos hay que ceñirse. Y son elocuentes:

El PSOE ha perdido casi 800.000 votos
El PP ha ganado más de 600.000 votos
Vox ha ganado casi un millón de votos
Ciudadanos ha perdido dos millones y medio de votos

No hay sumas posibles en el centro-derecha ni en la izquierda y la repetición electoral vuelve a ser una posibilidad que, desde luego, se convertirá en argumento durante las negociaciones para formar gobierno. Pero merecen análisis los cambios sucedidos en el electorado en sólo siete meses y que nos han traído ascensos y debacles inéditos, si salvamos, por el contexto, la caída de la UCD.

Quizá la primera conclusión que se extrae de las tablas de escrutinio sea que la demonización de Vox no ha funcionado. El grupo Prisa, siempre zapador del PSOE, empleó la campaña electoral en alertar de que la principal novedad de estas elecciones era la existencia de un "partido franquista". Era, por supuesto, la aplicación práctica de la exhumación del cadáver de Franco, ejecutada por el gobierno en funciones de Pedro Sánchez como hito de su forma de entender España. Pero Santiago Abascal ha llevado a su partido a más de tres millones seiscientos mil votos… y no hay tantos franquistas en España por mucho que se empeñe la izquierda.

Otra lección de estos comicios es que el centro puro como adscripción política no es compatible con el hartazgo ciudadano que convive con un golpe de Estado al que pocos quieren llamar por su nombre. Un golpismo que, por cierto, también ha concurrido inexplicablemente a las elecciones. Ciudadanos es un partido valioso para España y, aunque su caída al vacío no tenga paliativo posible, conserva políticos en sus filas que son necesarios para reconducir, cuando sea posible, la situación.

Pero Albert Rivera, que no ha querido dimitir en la noche electoral, se ha tomado estas elecciones como si fueran unas elecciones más y ya había desgastado muchas de sus energías en criticar a Vox durante las negociaciones para gobernar Andalucía, Madrid y Murcia. En esto, el PP ha demostrado mucha más inteligencia política porque de una necesidad no podía hacerse vicio sino virtud. Pablo Casado ha superado los cinco millones de votos y, con 88 diputados, puede y debe ser el eje político que dé salida al bloqueo institucional.

Pablo Iglesias fue claro en su mensaje a Sánchez: "Creo que se duerme peor con más de 50 diputados de extrema derecha que con ministros de Unidas Podemos". Él, desde luego, sí. Pero la frase de Iglesias resume muy bien el fracaso del plan de Sánchez al que se le notó demasiado que siempre tuvo en mente aprovechar la ventaja que otorga firmar decretos para mejorar un resultado electoral, cosa que no ha conseguido.

El presidente en funciones todavía ha tenido la poca vergüenza de celebrar que ha vuelto a ganar tras esta "repetición automática de las elecciones", como si no hubiera tenido posibilidad de formar gobierno. "Automática"… no cabe mayor cinismo y falta a la verdad. En su comparecencia tras las elecciones Sánchez dijo que "la responsabilidad es formar gobierno", como si eso fuera una novedad y no una obligación. Mientras sus simpatizantes le coreaban "¡Con Casado, no!" y "¡Con Iglesias, sí!", Sánchez, que quería convencerse de que ha nacido para ganar cuando todo apunta a lo contrario, sentenció: "Esta vez, sí o sí, vamos a conseguir un gobierno progresista". Pero ya conocemos al autor de la frase.

Es muy posible que esta semana empiecen a aflorar las verdaderas intenciones de cada cual y que el PP de Casado asome la carta de la dimisión de Sánchez –el "sí es no"– como condición para un eventual pacto. Es cierto que eso dejaría a Vox como la referencia en la oposición aunque el PP haga valer su postura como sacrificio patriótico. Abascal y Casado no se han entendido mal en la formación de gobiernos locales y regionales pero siendo Vox la tercera fuerza política de España, no auguro facilidades. Tampoco pasaría nada. Sigue habiendo un golpe de Estado perpetrado por la Generalidad de Cataluña y alguien debe vigilar también desde fuera.

Lo que no pase por un gobierno de salvación escrutado por otra fuerza política sólo puede llevarnos a una repetición electoral o a un abismo que obligue a los libros de texto a recordar los hechos y comicios olvidados de 1931, 1934 y 1936, cuando no había franquistas pero sí existían el PSOE y la ERC.

España merece el desbloqueo
larazon.es.  11 Noviembre 2019

Para este viaje, no hacían falta estas alforjas. Pedro Sánchez quiso convocar elecciones, cuando pudo ser investido, para mejorar sus resultados y ha fracasado rotundamente: no gana más representación parlamentaria y pierde tres escaños. En conjunto, el resultado deja un Parlamento más ingobernable que el anterior, motivo por el que se produjo el adelanto de los comicios.

Los datos son inequívocos y debería obligar a una reflexión en profundidad al candidato socialista por la estrategia seguida, sobre todo cuando ha quedado patente que los cálculos que hizo para seguir en La Moncloa partían del principio de que necesitaba el voto de Unidas Podemos y los partidos independentistas catalanes, que persisten en un desafío descomunal al Estado.

La situación es compleja, por lo que exige que Sánchez y Pablo Casado desbloqueen la situación cuanto antes. Este es el objetivo principal La única novedad tras el escrutinio no es menor: Vox ha duplicado su resultado, pero sin entender los motivos reales de su crecimiento. La construcción de un enemigo a medida tiene consecuencias: sólo en el ámbito constitucional, con 52 diputados, puede presentar recursos de anticonstitucionalidad, algo clave en la actual coyuntura política. El Partido Popular ha crecido en 22 diputados, lo que es muy loable, aunque previsible tras la debacle del pasado abril. Pablo Casado no ha sabido agrupar el voto del centroderecha, superar las cifra de los 100 escaños y ahora cuenta con un serio competidor por su ala derecha dispuesto a recoger el malestar que la crisis en Cataluña ha provocado.

El partido de Pablo Iglesias ha sufrido una seria caída de siete diputados y la pérdida de más de 620.000 votos, lo que abre un escenario realmente esperpéntico, y es que el partido que ha sido incapaz de formar un gobierno de coalición con el PSOE, ahora quiera repetir el mismo plan aunque con menos apoyos. Y un nuevo factor: el crecimiento de los partidos independentistas, catalanes y vascos, dejaría a un posible gobierno de izquierdas en manos de fuerzas que han resultado disolventes para el orden constitucional.

La debacle de Ciudadanos no es ajena a esta situación. De aspirar a ser una fuerza centrada, liberal, en la tradición de los partidos bisagra, una opción que evitase la dependencia de los nacionalismos, es ya una fuerza residual que tiene en juego su propia continuidad. Sánchez ha ganado las elecciones con unos resultados que no eran los esperados, muy lejos de los objetivos que quería alcanzar, pero la iniciativa ahora es suya. Conocemos por experiencia cuál es el protocolo a seguir, pero ya no cabe desnaturalizar un proceso que comprometa al Jefe del Estado anunciando que dispone de una mayoría cuando no era sí. Sánchez debe negociar con la perspectiva del desbloqueo como principal objetivo y debe partir de un dato ineludible y que cambia las perspectivas de éxito: ya no basta con la abstención de los 88 diputados del PP en la segunda votación de su investidura.

Se abre una perspectiva compleja en la que estará en juego la altura de miras de los líderes políticos. Es exigible un sentido de Estado, porque España no puede estar sumida en un bloqueo permanente que convierta la interinidad en un castigo permanente. Sobre el papel, el resultado de ayer no mejora la situación del pasado abril, pero, por apuntar un aspecto positivo, habrá que leer muy bien los resultados y, sobre todo, escuchar a la experiencia de la frustrada pasada legislatura. Si Sánchez insiste en un gobierno de izquierdas con el apoyo del independentismo tendrá asegurada una reacción desde la derecha más radical y la política española basculará hacia posiciones de ingobernabilidad.

Hay que negociar y hacerlo con lealtad.

Inda: «Cuando España no suma, divide, a ver si la derecha aprende de una vez»
OKDIARIO 11 Noviembre 2019

La imposibilidad de Pedro Sánchez de llegar a un acuerdo de Gobierno con sus socios podemitas ha desembocado en unas nuevas elecciones. Una jornada electoral en la que pensaba sacar rédito al supuesto hundimiento de Podemos, y que ha visto como PP y Vox han disparado sus escaños en el Congreso, especialmente la formación de Santiago Abascal. "El gran derrotado de esta noche electoral no es, en contra de lo que pueda parecer, Albert Rivera. Y eso que Rivera se ha pegado una bofetada histórica, de las que hacen época y que recuerda, salvando las distancias, a la de la UCD en el año 82″, argumenta Eduardo Inda.

Para el director de OKDIARIO el gran derrotado este día 10 de noviembre es Pedro Sánchez. "Un Sánchez que convocó las elecciones pensando que tendría 140-145 diputados y al que su gurú particular, José Félix Tezanos, el jefe del CIS al que pagamos todos los españoles, le pronosticaba hasta 150 escaños, una nueva trola de Tezanos pagada con dinero público", sentencia Inda.

La otra cara de la moneda se encuentra en el lado opuesto en lo ideológico. "Los dos grandes triunfadores son, por este orden, Santiago Abascal y Pablo Casado", resalta Inda. "Un Abascal que ha pasado de 0 a 52 escaños en menos de seis meses, que se dice pronto. Y Pablo Casado porque todos le daban por muerto en abril y ahora tiene 22 escaños más", recuerda atendiendo a los resultados finales de la noche electoral. Además, Inda recuerda que a Casado "le daban por muerto todos, empezando por un Albert Rivera que aquella noche se autoproclamó nuevo jefe de la oposición. ¡Menuda vista Albert, querido Albert!".

Pero en estas segunda elecciones al director de OKDIARIO resalta lo que podía haber dado un giro de 180 grados a la gobernabilidad en España. "La gran duda, o no, es de qué estaríamos hablando si la derecha hubiera concurrido unida a las elecciones" bajo la marca España Suma. La respuesta de Inda es concluyente: "Pues tendría mayoría absoluta, o muy cerca, que daría gobernar España con mucha comodidad".

Y es que hay un dato que recuerda el director de OKDIARIO y es que "la derecha ha sacado más votos que toda la izquierda junta", por lo que la unión de fuerzas habría desalojado a Sánchez de la Moncloa y esta noche se estaría hablando de otra cosa.

Para finalizar, Inda tiene un deseo: "Espero, confío y deseo que la derecha aprenda de esta segunda elección y que tenga bien claro que cuando España no suma, España divide, y cuando España divide pues pasa lo que pasa, que gobiernan los incompetentes".

Cuando el PP deja al PSOE ganar el quinto frente de la guerra civil
Nota del Editor 11 Noviembre 2019

El gobierno de los incompetentes y carentes de todo principio ético del PP fué la causa de que muchos españoles no volvamos jamás a confiar en ellos, de modo que el PP tiene que desaparecer y quienes siguen creyendo que el PP es la solución, siguen en el limbo. Y a estas alturas hablar de derecha no tiene sentido, y menos aún de extrema derecha. Somos españoles y pretendemos que la constitución se cumpla según lo que dice, no lo que abortan los tribunales politizados y desacreditados. El PSOE tiene que desaparecer, pero antes debería levantar las losas de su corrupción, falsedades y traiciones.

España Suma habría sumado
OKDIARIO 11 Noviembre 2019

El resultado del 10-N demuestra, con los datos en la mano, que la propuesta de unidad nacional que encarnaba España Suma -ese proyecto impulsado por el PP del que ofreció participar a Cs- habría cambiado sustancialmente el resultado de los comicios al doblegar a la izquierda. Los 1.600.000 votos conseguidos por la formación de Albert Rivera sólo se han traducido en diez escaños, una rentabilidad sufragio/diputado ridícula. De haber aceptado Rivera entrar en el proyecto, España Suma se habría traducido en bastantes más escaños que los 98 que han cosechado la suma de PP (88) y CS, hasta situarse en el mismo nivel de porcentaje cosechado por el PSOE (120) sin contar los 52 escaños de Vox. Al borde de la mayoría absoluta. De ahí el error histórico de un Albert Rivera que ha anunciado un congreso extraordinario en el que podría presentar su dimisión tras fracasar estrepitosamente.

Por bloques, la izquierda pierde apoyo y ve reducida su ventaja sobre la derecha, que avanza levemente tres escaños gracias al incremento del PP y al extraordinario resultado de VOX, formación que de la mano de Santiago Abascal ha afianzado su posición en el escenario político nacional, una progresión exponencial que revela la musculatura de un partido que es ya tercera fuerza al canalizar la indignación de muchos españoles. Especialmente significativo ha sido su avance en todos los territorios, pero muy significativamente en Madrid, Andalucía y Murcia, donde es primera fuerza.

En esencia, la situación es la misma que en abril, pero si cabe más compleja. La apuesta de Pedro Sánchez se ha revelado como un gigantesco fracaso. Pierde tres escaños, además de la mayoría absoluta en el Senado, y para ser investido presidente tendrá que contar forzosamente con Unidas Podemos, que ha se ha dejado en el camino siete diputados, más ganarse el apoyo directo o indirecto del independentismo. Para ese viaje, no hacían falta alforjas. El error de cálculo del jefe del Ejecutivo en funciones ha sido de los que hacen historia; solo la negativa de Ciudadanos a apoyar el proyecto España Suma ha permitido que Sánchez pueda seguir en La Moncloa; eso sí, su futuro político depende exclusivamente de la izquierda radical y de los separatistas.

Pedro Sánchez ha ganado las elecciones, pero no puede vender como un triunfo su resultado. Todo lo contrario, porque toda su estrategia pasaba por crecer sustancialmente en escaños y disponer de suficiente margen de maniobra para ser investido presidente sin contrapartidas. Pues bien, las contrapartidas a la izquierda radical y el independentismo tendrán ahora que ser mayores que las de abril, porque el populismo radical y los separatistas van a vender todavía más caro que entonces su apoyo.

El dibujo que surge de las urnas es más oscuro, si cabe, que el de hace siete meses. El centro derecha ha perdido una oportunidad histórica de doblarle el pulso a la izquierda por la cerrazón de Albert Rivera. Él lo ha pagado muy caro, pero mucho más los millones de españoles que han votado fragmentados a partidos del centro y la derecha y a a estas horas observan cómo la situación sigue peor que estaba. España Suma sumaba. Otra oportunidad perdida.

La España que resta
Nota del Editor 11 Noviembre 2019

El Dr Cum Fraude no ha fracasado, al contrario, ha demostrado que con el abusivo uso de todos los medios públicos es capaz de cometer las mayores barbaridades sin que millones de votantes se den por enterados. El problema no está en sumar, está en ver porqué los españoles que restan siguen empeñados en apoyar al PSOE guerracivilista, corrupto, desprestigiado, inepto, cleptómano,traidor a España, irrespetuoso, y que se apodera de todos los recursos del estado, hasta los judiciales para seguir cometiendo tropelías y apoyando a los terroristas y separatistas.

El estrepitoso fracaso de Sánchez
José María Rotellar okdiario 11 Noviembre 2019

Sánchez, como estratega, no tiene precio. Cada vez que ha provocado una repetición de elecciones, se deja escaños por el camino y crece tanto el PP como el espacio de centro-derecha. Podrá argumentar que sigue siendo el más votado, y presionará hasta la saciedad para lograr la abstención de sus oponentes sin ofrecer nada a cambio, pero eso tiene corto recorrido.

Ha intentado extremar la campaña y le ha salido mal. En menos de seis meses, Casado ha conseguido incrementar el número de escaños del PP en más de veinte, con un 33% más de representantes en el Congreso y veinticinco asientos más en el Senado, donde el PSOE pierde la mayoría absoluta.

Eso ha permitido iniciar la reunificación del centro-derecha, pues Ciudadanos queda prácticamente eliminado del tablero, camino de lo que podría ser su disolución, al no conseguir más que una decena de escaños y quedarse sin ningún senador, salvo los de designación autonómica. Esa reunificación que ha comenzado a lograr el PP es clave para que el centro-derecha pueda volver a gobernar, pues ha ganado en votos a la izquierda, pero ha quedado algunos escaños por debajo, pese a que la izquierda se deja casi diez por el camino y el centro-derecha mejora unos cuantos diputados respecto a abril.

Por otra parte, Vox ha conseguido un gran resultado, que le lleva a más que doblar sus representantes y a convertirse en la tercera fuerza política en el Congreso de los Diputados, con una representación importante, pero lejos del partido que lidera el bloque de centro-derecha, que es el PP.

Sánchez apostó por la nueva convocatoria electoral solicitando un apoyo masivo a su política, y los españoles le han contestado claramente, censurando su estrategia. Su fracaso es total. Sánchez se ha equivocado completamente, deja una situación más ingobernable todavía y ha bajado en número de escaños. España no puede seguir pendiente de los deseos personales de Sánchez, de sus caprichos o de su tacticismo. Hay una situación económica que está empeorando a pasos agigantados y es preciso llevar a cabo una serie de reformas que permitan que España esté mejor preparada para minimizar el impacto de la desaceleración y estar en condiciones de volver a crecer sólidamente.

Ha quedado demostrado que Sánchez no está capacitado para ser el que lidere esas reformas ni un gobierno que las lleve a cabo. Por tanto, ante su fracaso, no le queda otra salida que renunciar a su puesto, elemento que ayudará, sin duda, a desbloquear la situación.

Entre la reacción nacional y la revolución institucional
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 11 Noviembre 2019

El problema político no está en la derecha, sino en España. Y por culpa de Gobiernos de PSOE y PP. La izquierda, traidora a la Nación, es la culpable.

No creo que las elecciones de hoy decidan definitivamente el dilema que desde hace cuatro años afronta España: una revolución que desde las propias instituciones dinamite el orden constitucional o afrontar ese movimiento subversivo que encabeza el PSOE y teledirigen ERC, ETA, PNV y Podemos, organizando con los tres partidos leales a la Constitución -PP, Vox y Cs- una decidida reacción nacional. Sea cual sea el resultado de hoy, los españoles tendrán que elegir entre la revolución o la reacción.

Intereses de partido e interés nacional
Sánchez ha hecho algo más que desenterrar a Franco: ha resucitado el problema al que se enfrentaron las derechas españolas -tan fragmentadas como hoy- en 1936: reaccionar ante la apisonadora revolucionaria o tratar de contemporizar con ella por si se amansaba, que no se amansó. Por ahora, ni el separatismo vasco, ni el pancatalanista, ni sus aliados comunistas -de Podemos a la CUP- van a renunciar a lo único que los mantiene unidos, en torno a un PSOE que es a la vez secuestrador y rehén: derribar el régimen constitucional del 78. Y hoy, tal vez desde hoy eso tendrá que cambiar, las derechas no quieren afrontar juntas el peligro. Por huir de una polarización en el presente, aseguran una polarización mayor en el inmediato futuro. Por no renunciar a sus intereses de partido pueden perder partidos e intereses.

En toda esta campaña, los tres partidos enfrentados a Sánchez y sus socios separatistas y comunistas han demostrado un egoísmo partidista por encima de cualquier interés nacional. Su horizonte real, no retórico, nunca ha sido echar del Poder a la Izquierda sino encabezar la Oposición de las Derechas, hasta que el empeoramiento económico y el desgaste político facilite una alternativa comodona, a lo Rajoy, por fallo del contrario. En el rajoyismo se ha encerrado, sin necesidad, Casado. En su perplejidad se ha agitado Rivera. En su papel de alternativa de sistema se ha instalado Vox. Ninguno, solo o acompañado, se ha visto capaz de ganar a Sánchez. Si salta la sorpresa y pueden formar Gobierno, serán los primeros en sorprenderse.

La absurda rajoyización del PP
El PP no ha creído nunca que España sumara, sino que la España no socialista debería sumarse al PP. Rivera, que a quien debe sumarse es a él. Y Abascal, seguro de que su momento aún no ha llegado, ha hecho una buena campaña para fortalecerse en la oposición, no para llegar al Gobierno. La ventaja de Vox es que la Ley de Memoria Histórica, las Autonomías, la Ley de Violencia de Género y el asalto a la tumba de Franco, que deberían haber movilizado a los dos partidos más importantes hasta hoy, PP y Cs, los han paralizado. Y esa parálisis para defender lo que muchos de sus votantes piensan puede permitirle a Abascal, que lo ha hecho gallardamente, pasar de Pepito Grillo del sistema constitucional a única alternativa u oposición real a la revolución que se nos viene encima.

Cuando Ana Pastor -la que se dice amiga de la Pastor de Ferreras- dice en La Sexta que "lo mejor que le ha pasado a España es el Estado de las Autonomías", cualquier exvotante del PP y muchos que aún lo votan podrán pensar que eso es lo mejor que le ha pasado a la Izquierda: tener de socio al PP, pero no a España. La radicalización del Doctor Cum Fraude es lo único que invita al voto útil a Pablo Casado. Y no en todos los distritos.

Si Ana Pastor, la Número Tres de Rajoy -las dos Niñas Ashishinas siempre por delante- es la Número Dos de Casado por Madrid, cabe pensar que Rajoy sigue de Uno. No sé si el PP acierta en esta estrategia electoral de hacerse el muerto, porque ese es el estado de la derecha social española: vegetativo. Lo dudo, porque si estuviera muerta nunca habría emigrado a Ciudadanos y Vox. Pero, en todo caso, el problema político no está en la derecha, sino en España. Y por culpa de los Gobiernos del PSOE y del PP. La izquierda, traidora a la Nación, es la culpable. Pero, ¿cabe confiar en el PP para hacer frente a esta liquidación nacional? Esta noche sabremos, al contar los votos de Vox, cuántos dejaron de confiar para siempre en el PP.

Sánchez tiene difícil remedio
Tal vez hoy empiece el eclipse, no extinción, de Ciudadanos. Es una mala noticia para los españoles en general y la derecha en particular. Pero, salvo milagro en las urnas, el liderazgo de Rivera parece amortizado. Dada la lealtad que Inés Arrimadas siempre le ha mostrado, será el propio Rivera el que, con el desaparecido Villegas, organice su sucesión.

Y puede que el personaje más siniestro de la política española, que es Pedro Sánchez, tenga hoy en las urnas los 140 escaños para los que nos ha hecho volver a votar. No lo creo, pero si así fuera, mientras el que mande en el PSOE sea el PSC, seguirá comprometido con el golpismo catalán y acaudillará el derribo, a corto o medio plazo, del orden constitucional. Es verdad que se trata de un político sin escrúpulos, que, si le conviene, puede abrazar cualquier causa. Pero desde que los peores enemigos de España y de la Libertad lo pusieron en Moncloa, nunca le he visto abrazar una buena.

'El País' ya no da miedo
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital 11 Noviembre 2019

Uno de los más veteranos redactores de El País, tanto que ha sobrevivido a los expedientes de regulación de empleo y las purgas ideológicas y generacionales, ha escrito que el veto de Vox a los periodistas del grupo PRISA en los actos del partido de Santiago Abascal le recuerda el franquismo:

Para recordar la dictadura franquista a Miguel González le habría bastado, en sus muchos años de trabajo en El País, cruzarse con Juan Luis Cebrián, redactor en Pueblo y jefe de informativos de TVE en 1974, o con Eduardo Haro Tecglen, asalariado de cabeceras de la Prensa del Movimiento, o con Jesús Polanco, el editor que hizo su fortuna con el Ministerio de Educación del franquismo. También le habría bastado con hojear las tribunas de Pedro Laín Entralgo y Antonio Tovar, destacados intelectuales del sector pro-nazi de la Falange, de los que habrían querido meter a España en la guerra mundial al lado de Alemania, y que escribieron en el diario falangista Arriba, hasta que las tornas cambiaron.

Vista la conducta de El País como intelectual orgánico del régimen, no creo que el enfado de sus redactores se deba a su deseo de cumplir el derecho a la información de los ciudadanos, pues el artículo 20 de la Constitución se refiere a "información veraz" y todavía no sabemos qué tres fuentes de la lucha antiterrorista confirmaron a los redactores de PRISA que entre las víctimas del atentado del 11-M había terroristas islamistas; tampoco el periódico se ha disculpado por la miserable campaña sobre los ‘niños robados del franquismo’ que se ha demostrado falsa.

Esa pataleta responde más bien a que un sector de la derecha ya no reconoce a El País como dueño de la opinión pública. Lo único que le queda a la prensa progresista de papel de pago es la superstición de que sigue decidiendo la agenda y las opiniones políticamente correctas, como la abstinencia de carne para salvar la Tierra y las angustias de las mujeres al ir al retrete.

En los consejos de redacción de El País y la SER, los jefes se dirán: "¿Quiénes se creen que son esos fachas? Les llamamos partido de ultraderecha, decimos que son franquistas, xenófobos y racistas, peores que el PNV y ERC, y nos cierran las puertas de sus sedes, ¡a nosotros, a la prensa de calidad!".

Y es que cuando la derecha se rebela ante El País… no ocurre nada. No caen piedras del cielo ni se producen terremotos ni la ONU nos condena.

En la campaña para las elecciones generales de 2000, José María Aznar se negó a conceder una entrevista a El País… y ganó por mayoría absoluta. Después de los años patéticos de Mariano Rajoy y Ana Pastor, en la campaña para las elecciones al Parlamento Europeo de 2009, Jaime Mayor Oreja tampoco aceptó sentarse con quienes le insultaban, y quedó por delante de la lista del PSOE. Ahora, Vox hace otro tanto. No parece probable que Santiago Abascal vaya a ganar las elecciones del día 10, pero… está más cerca. Sean buenos, malos o regulares los resultados de Vox, el partido no ha pagado ningún peaje al amo del calabozo. Porque sabe que las puertas están abiertas.

España y los españoles necesitamos una reacción auténtica
Pedro de Tena Libertad Digital 11 Noviembre 2019

Es más que necesaria en una España deteriorada por simples, malvados, ignorantes, avaros y fulleros.

Esto de escribir, ermitaño como nunca en la columna, se hace más penitencial cuando transcurre una jornada electoral decisiva y lo único que sabemos es que necesitamos, todos, una reacción auténtica para reconstruir una convivencia que creíamos asegurada. Como creo que será difícil y lento desmontar todo el entramado legal e institucional que nos ha llevado a la infección moral y política que padecemos, apostaré por los anticuerpos que tenemos que segregar para impedir el triunfo de la disolución nacional.

Uno de los estos anticuerpos es la constitución de una asociación de reaccionarios, esto es, de personas que queramos reaccionar libre y contundentemente contra el orden establecido por la corrección política, la mentira, la cobardía y la estupidez. Ya sé que, para un comunista, reaccionarios somos todos los demás, incluyendo a los demócratas, a los socialistas e incluso a los anarquistas. Y sé que, para un socialista de Pedro Sánchez, reaccionarios eran incluso los barones que lo defenestraron. Sé que para un separatista vasco es reaccionario todo ciudadano español, incluso por razón de sangre, al igual que para un separatista catalán reaccionario es todo el que se oponga a su disparatada invención identitaria.

No. Hablo del reaccionario en el sentido del colombiano Nicolás Gómez Dávila. Añado simplemente que la reacción ante lo que ocurre es más que necesaria en una España deteriorada por simples, malvados, ignorantes, avaros y fulleros. Os selecciono algunos de sus fogonazos escoliados para la reflexión sobre este lunes, porque esa asociación nos va a hacer falta desde hoy mismo.

– El reaccionario anhela convencer a las mayorías, el demócrata sobornarlas con la promesa de bienes ajenos.
– El reaccionario inventó el diálogo al observar la desemejanza de los hombres y la variedad de sus propósitos. El demócrata practica el monólogo, porque la humanidad se expresa por su boca.

– El reaccionario, hoy, es meramente un pasajero que naufraga con dignidad.
– El reaccionario no se vuelve conservador sino en las épocas que guardan algo digno de ser conservado.
– El marxista no duda de la perversidad de su adversario. El reaccionario meramente sospecha que el suyo es estúpido.

– Sabiendo que no puede ganar, el reaccionario no tiene ganas de mentir.
– No es una restauración lo que el reaccionario anhela, sino un nuevo milagro.
– Ser reaccionario no es creer en determinadas soluciones, sino tener un sentido agudo de la complejidad de los problemas.

– El arte es el más peligroso fermento reaccionario en una sociedad democrática, industrial y progresista.
– Al reaccionario derrotado le queda siempre el recurso de divertirse con las simplezas del vencedor.
– El pensamiento reaccionario ha sido acusado de irracionalismo porque se niega a sacrificar los cánones de la razón a los prejuicios del día.

– El reaccionario no anhela la vana restauración del pasado, sino la improbable ruptura del futuro con este sórdido presente.
– Los reaccionarios se reclutan entre los espectadores de primera fila de una revolución.
– El entusiasmo del progresista, los argumentos del demócrata, las demostraciones del materialista, son el alimento delicioso y suculento del reaccionario.

– El reaccionario no argumenta contra el mundo moderno esperando vencerlo, sino para que los derechos del alma no prescriban.
– Al izquierdista que proteste igualmente contra crímenes de derecha o de izquierda, sus camaradas, con razón, le dicen reaccionario.
– Lo que el reaccionario dice nunca interesa a nadie. Ni cuando lo dice, porque parece absurdo; ni al cabo de unos años, porque parece obvio.

– Es reaccionario quienquiera no esté listo a comprar su victoria a cualquier precio.
– El pintoresco traje de revolucionario se descolora insensiblemente en severo uniforme de policía.
– La izquierda llama derechista a gente situada meramente a su derecha. El reaccionario no está a la derecha de la izquierda, sino enfrente.

Es para abrir boca. Es urgente una asociación de reaccionarios españoles. Pase lo que pase a partir de hoy.

Pares femeninos
Pío Moa gaceta.es  11 Noviembre 2019

Conocer lo que fue el franquismo es esencial para mantener la democracia y la unidad de España:
Los Mitos Del Franquismo (Historia)

Franco concita los odios de los separatistas, los delincuentes del PSOE y comunistas y los miserables del PP. Solo este dato ya demuestra su excepcional talla de estadista.

También lo demuestran estas otras curiosidades: carlistas declarando a Franco enemigo, falangistas acusándole de haber anulado a la Falange, monárquicos declarándose los mayores enemigos suyos, católicos gruñendo que Franco «utilizó» a la Iglesia para su poder personal.

Por eso la defensa de la memoria de Franco, de sus enormes logros, es esencial en una política en profundidad, para una regeneración de la democracia. Y debe acompañarse de la denuncia y crítica sin contemplaciones a sus repugnantes enemigos.

Defensa de la memoria de Franco y denuncia del carácter criminal de sus enemigos. Un primer gran paso en la campaña: Por qué el Frente Popular perdió la guerra«.

**Señala justamente Stanley Payne que oponerse a la ley de memoria histórica es un deber moral. Es un deber moral y democrático, lo vengo señalando desde el principio. Aceptar una ley totalitaria es hacerse cómplice de la tiranía.

**La aceptación de la ley de memoria histórica revela mejor que cualquier discurso la degradación intelectual, moral y política de la universidad. Universidad de auténtica basura, creada por décadas de embuste profesionalizado, que decía Julián Marías.

**Hablan los charlatanes de una «gran coalición PSOE-PP». Una coalición entre el partido criminal y el partido basura que precisamente han llevado al país a la situación actual, cada vez más dramática.

UNA HORA CON LA HISTORIA
116 – Opiniones sobre Franco | Por qué el Frente Popular perdió la Guerra Civil https://www.youtube.com/watch?v=4vTedAZOkFg
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Dada la experiencia de estos años, lo lógico sería que arrasara VOX, único partido que defiende a España y la democracia. Sin embargo no es así. Y en ello interviene un factor que casi nunca figura en los análisis políticos: el factor embrutecimiento del electorado. No pasan ni pueden pasar en vano cuatro décadas de embustes y tergiversación de la historia, a los que se han dedicado prácticamente todos los partidos y medios, con la escasa resistencia de algunos francotiradores. Por eso la gente no acaba de ver las realidades más evidentes. Eso está cambiando, pero con demasiada lentitud. Esperemos que no sea tarde

El legado de Franco (2) en Una hora con la historia: https://www.youtube.com/watch?v=m061Xun50VU

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Pedro Sánchez fracasa en las elecciones: es la hora de una gran coalición
Editorial El Mundo 11 Noviembre 2019

PSOE y PP deben articular un gobierno capaz de superar el bloqueo y la parálisis reformista

El resultado de las elecciones generales de ayer arroja un escenario político más inestable, más fragmentado y más ingobernable. Los españoles volvieron a las urnas como consecuencia de la irresponsabilidad de Pedro Sánchez y de su incapacidad para formar Gobierno. El presidente en funciones, con desprecio del riesgo que supone alargar la parálisis en pleno desafío secesionista y justo cuando las señales de desaceleración económica se acumulan, optó por forzar una repetición electoral en lugar de explorar un acuerdo con Ciudadanos. Después del 28-A, Sánchez disponía de la opción artimética de sumar una mayoría mirando a la izquierda o a la derecha. Ahora, en cambio, su tacticismo y frivolidad han permitido un rearme de opciones radicales, al tiempo que aboca a un mapa postelectoral de digestión compleja. La victoria socialista es tan clara como el ascenso del PP. Por tanto, solo un gran acuerdo de fuerzas constitucionalistas, con vocación reformista y con el espíritu de concordia inherente a la génesis de nuestra democracia, permitiría acabar con el bloqueo. Los intereses generales de España exigen una gran coalición entre PSOE y PP. Es una fórmula inédita en nuestro país, pero absolutamente necesaria para afrontar los retos presentes apoyándose en una mayoría parlamentaria estable. Sánchez no puede ser un obstáculo a esta posibilidad, por lo que ambas fuerzas deben explorar otras opciones si fuera preciso.

Antes de los comicios, y después de que descarrilara el paripé de negociación que llevó a cabo con Podemos, Sánchez pidió a los españoles "hablar claro". Pues bien, ayer rechazaron el respaldo que pedía a su persona al plantear las elecciones a modo de plebiscito. Si lo que pretendía, aconsejado por sus asesores áulicos, era apelar al voto útil para ampliar la ventaja que el PSOE obtuvo en abril, el resultado -con una participación levemente inferior a la de abril- revela su incapacidad para aprovecharse tanto del retroceso de Podemos como del hundimiento de Ciudadanos. Sánchez ha fracasado en su intento de jibarizar al centro y a la izquierda, en aras de obtener una mayoría rotunda. A partir de ahora, debería asumir los errores del pasado y descartar la formación de un Gobierno apoyado en los socios que le auparon en la moción de censura. Ni el independentismo, anclado en el radicalismo de la deriva violenta del procés, ni tampoco los populistas son socios fiables para encarar las reformas pendientes. Máxime teniendo en cuenta que Pablo Iglesias no acepta el veto que encajó en julio. Sánchez tendría que aceptar que el PSOE se encuentra en minoría y fijar con claridad el rumbo de sus pactos. Sin bandazos ni concesiones a la irresponsabilidad, debe apostar por un acuerdo desde la centralidad, la estabilidad y la moderación. Lo contrario sería prolongar la incertidumbre, con un coste severo tanto para la defensa de la nación como para el impulso de una batería de reformas que permita restablecer la confianza de Bruselas.

En todo caso, las generales de ayer volvieron a dibujar un cuadro polarizado por dos bloques incapaces de superar el umbral de la mayoría absoluta. Ello obliga a una reflexión en ambas direcciones. Por un lado, la dura pugna en el espacio de la derecha se salda con un avance notable del PP, impulsado por el giro a la moderación liderado por Pablo Casado, y con una subida extraordinaria de Vox. El partido que preside Santiago Abascal, apoyado en un programa de corte populista y beneficiado tanto por la crisis de autoridad en Cataluña como por la exhumación de Franco -ejecutada torpemente por el Ejecutivo en funciones-, se nutre del desplome de Cs. Sánchez, de hecho, fue el primer interesado en polarizar la campaña para liquidar el centro. Aunque no dimitió, Rivera verbalizó anoche una ejemplar asunción de responsabilidades tras admitir el mal resultado de su partido "sin paliativos". Algunos de los principales dirigentes de Cs perdieron ayer sus escaños. El levantamiento del veto a Sánchez antes de que expirara el plazo de la investidura le ha pasado factura en un escenario polarizado. En todo caso, ahora será la dirección naranja la que evalúe los pasos a dar. Si Rivera se retira, Arrimadas está en condiciones de reactivar una opción centrista y liberal con capacidad de influencia en el Gobierno de turno.

De otra banda, en el ámbito del centroizquierda, Podemos no frena la sangría que acusa desde que en 2016 obtuvo 71 escaños, aunque resiste en un contexto de división de la izquierda. Errejón, por su parte, fue incapaz de aprovecharse del desencanto del votante de izquierdas por la falta de acuerdo entre PSOE y Podemos.

Mención aparte merece el preocupante ascenso de los nacionalistas y secesionistas. Un tercio de los diputados en el Congreso defienden posiciones anticonstitucionales. Tras la irrupción de la CUP, el independentismo catalán dispondrá de una representación en la sede de la misma soberanía nacional que pretenden vulnerar. A esto se suma el leve incremento del PNV y de Bildu, y el acceso al Congreso de formaciones nacionalistas como el BNG o de corte regionalista, como Teruel Existe. Todo ello abona la atomización parlamentaria y la tendencia cantonalista de un electorado cansado de las promesas incumplidas del bipartidismo.

Este periódico ha subrayado la forma artera con la que Sánchez aterrizó en La Moncloa, así como la instrumentalización partidista de las instituciones. Sin embargo, con el resultado del 10-N en la mano y teniendo presente el hastío por el desgobierno, el conjunto de las fuerzas constitucionalistas deben asumir que la correlación de fuerzas obliga a un acuerdo con altura de miras. En ningún caso se puede extender el bloqueo. Unas terceras elecciones en un año serían inasumibles. PSOE y PP tienen ante sí el desafío de hacerse cargo de un país sumido en el inmovilismo reformista, el hartazgo social y la amenaza secesionista a la unidad nacional.

Peor, imposible
Luis Herrero Libertad Digital 11 Noviembre 2019

Sánchez ha cosechado un desastre sin paliativos que en cualquier país democrático hubiera supuesto su dimisión irrevocable

Ya sabíamos que la clase política que nos ha tocado padecer durante estos últimos años de emociones fuertes es la más bochornosa y mendaz de cuantas hayamos tenido en España desde 1977. En su afán por superarse a sí misma de elección en elección, su conducta de anoche sobrepasa cualquier límite imaginable. Estar peor es imposible. Hace siete meses, Pedro Sánchez nos pidió a los electores que habláramos más claro y le diéramos los votos suficientes para poder liderar un Gobierno estable que no le quitara el sueño. A su demanda los votantes han respondido arrebatándole 750.000 votos, tres escaños en el Congreso y la mayoría absoluta en el Senado. Un desastre sin paliativos que en cualquier país democrático hubiera supuesto la dimisión irrevocable de su máximo responsable.

Pero Sánchez es diferente. Es más cínico, más ambicioso, más ladino, más vanidoso y más fulero que ninguno de sus pares europeos. No solo no dimitió, sino que anoche se presentó ante los suyos como un héroe imbatible especializado en concatenar victorias memorables. Aparte de la patética sonrisa con la que quiso enmascarar su humillación en las urnas, nos obsequió con una promesa: "Ahora sí o sí vamos a conseguir un Gobierno progresista". Naturalmente, no dijo cómo pensaba alcanzar su propósito.

El bloque de la izquierda (PSOE, Podemos y Más País) suman 158 escaños. Imaginemos por un momento que son capaces de alcanzar un acuerdo entre los tres (previa bajada de pantalones de Sánchez aceptando a Iglesias como vicepresidente del Gobierno) y que acuden de la mano a la sesión de investidura. Para ganarla en primera votación necesitarían el apoyo de 18 diputados más. Sumando a PNV, PRC, BNG y Teruel Existe aún les faltarían 8. Osea, que dando por sentado que ni Junts (8) ni CUP (2) se subirían a ese carro, haría falta el voto afirmativo de ERC. Para la votación en segunda vuelta los noes asegurados suman 164 (PP, Vox, Ciudadanos, Navarra Suma, CC, CUP y Junts). Para superar esa barrera sería necesario que el PNV votara a favor (no bastaría el voto favorable de cántabros, gallegos y turolenses) y que se abstuvieran ERC y Bildu. ¿Es ese el Gobierno progresista de Sánchez se ha comprometido a conseguir sí o sí?

Otro líder que anoche no estuvo a la altura de las circunstancias, sin llegar a los límites bochornosos de Sánchez, fue Pablo Casado. Aunque el PP ha ganado 650.000 votos y 22 escaños desde abril, su cosecha está muy por debajo de lo razonable, teniendo en cuenta que Ciudadanos ha perdido dos millones y medio de apoyos. Lo que el electorado de la derecha le dijo ayer al presidente del PP, grosso modo, es que dos millones de sus antiguos votantes prefieren votar a Vox o quedarse en su casa antes de volver a la casa del Padre. ¿Acaso ese dato sirve para justificar su autocomplaciente discurso de anoche? ¿El hecho de que Vox haya cosechado casi el doble de votos que el PP tras la debacle de Ciudadanos es motivo de alegría para Casado?

El PP sale de esta contienda con un balazo debajo del ala, por mucho que trate de ocultarlo, y con una grave responsabilidad entre las manos. De él depende, y solo de él, que España pueda tener un Gobierno que se mantenga alejado de podemitas e independentistas. Si se encampana en declararse incompatible con el PSOE y no trata de alcanzar algún tipo de acuerdo con Sánchez (que no tiene por qué ser la cacareada gran coalición), será responsable de darle una segunda vida a Frankenstein —lo que apuntillaría lo que queda de España en Cataluña— o de condenarnos a repetir de nuevo las elecciones. En el primer supuesto, Vox se lo merendaría de un bocado en la bancada de la Oposición colindante, y en el segundo, las urnas lo reducirían a pavesas como han hecho esta vez con Ciudadanos.

Las cosas, como son: Casado lo ha hecho de pena durante los últimos meses. Creyó que Abascal había dejado de ser una sanguijuela electoral y sabía que Rivera iba camino de pegarse el costalazo de su vida. En ese instante dejó de invocar el 155 —en la campaña de abril afirmaba que no aplicarlo era un delito de prevaricación— y volvió al discurso de "acompasar los tiempos", bendijo el perfil propio del fracasado e inane PP vasco de Alfonso Alonso (que ha vuelto a quedarse sin un solo escaño en el Congreso), se dejó "sorprender" por La Sexta comiendo con Rajoy justo antes de que comenzara la campaña, y les dijo a sus barones lo que muchos querían oír desde hacía tiempo: "El PP debe ser reconocible por moderado". Ahora cabría añadir esta coda: "Y también por repudiado". El lider del PP dio por bueno el resultado que pronosticaban las encuestas electorales —casi 100 escaños— y optó por imitar a los trémulos entrenadores futbolísticos que ordenan echarse atrás para aguantar el marcador en los minutos finales del encuentro. Bravo, míster.

El tercer ridículo de la noche lo protagonizó Rivera. Después de suscribir la segunda mayor debacle electoral de la historia, tras la de UCD, no dimitió. Sobran los comentarios. Las idioteces solemnes se definen por sí mismas.

Un triunfo para Vox, pero un desastre para España
José García Domínguez Libertad Digital 11 Noviembre 2019

Vamos al desastre. Y por el camino, a las cuartas elecciones consecutivas.

O se suicida Tezanos o hace lo propio Michavila, pero los dos a la vez es evidente que no caben ya en este mundo. Segunda y no menos evidente conclusión: imposible de todas todas alumbrar nada parecido a un Gobierno estable que pudiese dar carpetazo de una vez al ya legendario Presupuesto interminable de Montoro. O sea, cuartas elecciones consecutivas dentro de un año, tal vez antes. Tercera evidencia insoslayable: Cataluña, su nacionalismo cerril, estéril y asilvestrado, ha devenido incapaz de construir nada, pero su exasperante capacidad para desquiciar al resto de los españoles, en cambio, se ha convertido en crónica. El resultado de ayer en las urnas de la Península toda se fraguó entre los contenedores de basura de Barcelona convertidos en barricadas flamígeras, mientras los semáforos del Ensanche ideado por el higienista Cerdá se derretían por el calor de las llamas al modo de las más delirantes estampas dalinianas. Su única pericia es desquiciar a España, a España con todas sus letras y con todas sus querencias ideológicas, que no sólo a la derecha española. Cataluña y su guerra civil larvada es una penitencia que los españoles, todos los españoles, tanto los que suspiran por la derecha como sus compatriotas de la izquierda, ya están hartos de seguir arrostrando con paciencia infinita.

Porque hasta su paciencia infinita tenía un límite, ese que la fanática ceguera de los catalanistas ha terminado de desbordar. Porque ahora mismo no hay españoles de derechas, por un lado, y españoles de izquierdas por otro. Tras el dictado de las urnas, lo único que hay son españoles, españoles a secas, que no aguantan las poses inanes y la retórica huera a propósito del principal problema de la nación. ¿A qué extrañarse, ante un estado de ánimo tal, de que Albert Rivera, que ha dedicado la campaña a confraternizar con el perrito faldero Lucas y a dar paseos en moto con los colegas, se haya visto arrasado, literalmente arrasado, por un Santiago Abascal que ha dado la vuelta a la Península prometiendo que él suprimirá la Generalitat de Torra y Puigdemont? La estampa de Barcelona en llamas, estampa después reproducida y multiplicada mil millones de veces, hasta el hastío, por todos los canales de televisión, lo ha decidido todo. Y quien mandó que Barcelona ardiera fue el Payés Errante con su Tsunami informático teledirigido desde la Plaza de San Jaime.

Quizá esté incurriendo yo mismo en esas teorías de la conspiración de las que tanto he alardeado de descreer, pero cuando el testaferro Torra y su amo decidieron apretar plantando fuego en las calles de la segunda capital de España, cuando decidieron que todo el mundo viese que el Estado sobrevive apedreado y acorralado en su ínsula Barataria, tenían que ser muy conscientes de las dos consecuencias inmediatas que podría provocar su orden. La primera, que Vox, sus expectativas electorales, se iba a disparar de inmediato. La segunda, que Ciudadanos, su obsesiva pieza a batir desde que Rivera irrumpió con tres diputados en el Parlament, resultaría el principal perjudicado de la expansión de los de Abascal. Sabían que eso iba a pasar y acaso no les desagrade que haya pasado. Pero no sólo las expectativas de Ciudadanos se quemaron en el asfalto de Barcelona aquella noche, el estancamiento súbito de un PSOE que parecía disparado hace únicamente un par de meses también viene del fuego purificador expandido por el Payés y su alucinado propio. La Barcelona insurrecta y bullanguera fue la tumba política de aquel Don Tancredo de Pontevedra y lo será más pronto que tarde, de hecho ya lo está siendo, de su sucesor. España, en fin, es definitivamente ingobernable a estas horas. Ni siquiera una reforma constitucional urgente del artículo 99 que desbloqueara la investidura de Sánchez podría garantizar la pervivencia de un Ejecutivo imposibilitado de aprobar nada en las Cortes. Vamos al desastre. Y por el camino, a las cuartas elecciones consecutivas.

El PSOE es la auténtica ‘fábrica de separatistas’: con Sánchez tienen un 50% más de escaños que con Rajoy
Carlos Cuesta okdiario 11 Noviembre 2019

El PSOE no ha dejado de lanzar un mensaje en los últimos tiempos: que el PP era una “fábrica de independentistas”. Pero la realidad es que la auténtica fábrica de separatistas es el Partido Socialista. Las últimas elecciones generales celebradas con el PP de Mariano Rajoy arrojaron un resultado conjunto de todas las fuerzas separatistas de 24 diputados. Los comicios de este 10-N, con Pedro Sánchez en La Moncloa, han dado como resultado nada menos que una escalada de los escaños separatistas del 50%: pasan de aquellos 24 escaños a un total de 36 sillones.

En aquellas elecciones de 2016, el PP logró 137 diputados y el PSOE 85. Y las fuerzas separatistas acumularon 9 escaños de ERC, 8 de CDC (ahora PDeCAT), 5 de PNV y 2 de EH Bildu. En total: 24 actas.

En las elecciones celebradas este domingo, el PSOE ha logrado 120 diputados y el PP 88. Es decir, los socialistas logran menos que aquel PP y los ‘populares’ más que aquel PSOE de Sánchez. Pero, lo más relevante es que en este 10-N los escaños de los separatistas se han disparado. Traducido: con Sánchez se han disparado. Pasan de aquellos 24 escaños a nada menos que 36 diputados. Y lo hacen con el siguiente reparto: ERC logra 13; JXCAT (PDeCAT) se hace con 8 sillas: el PNV se queda con 7; EH BILDU consigue 5 escaños; la CUP logra 2 diputados; y el BNG se hace con 1 escaño. Es decir, resultado: 36 diputados separatistas.

El discurso del PSOE pretendía lanzar esa idea con un fin: el de justificar su mítica frase del choque de trenes, de que tan culpable del golpe separatista eran los independentistas como el PP. Los primeros por no ceder, y los segundos por lo mismo.

El PSOE llegó más tarde al poder. Y lo hizo ofreciendo todo tipo de cesiones: un relator internacional para negociar de igual a igual -como si se tratase de dos soberanías diferenciadas-; un sistema fiscal de cupo camuflado; la entrega del poder judicial; inversiones multimillonarias; etc. Y el resultado es el observado: que la presencia separatista en el Congreso se ha disparado.


 


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