AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 13 Noviembre  2019

El infierno que nos depara Sánchez
Miguel Ángel Belloso. vozpopuli  13 Noviembre 2019

El grupo de acólitos irreductibles que celebra en la calle Ferraz de Madrid todas las gestas, ya sean pírricas, del Partido Socialista, gritaba el pasado domingo “con Iglesias sí”, lo mismo que el 28 de abril gritaba “con Rivera no”. Algunos amigos míos que tienen el pecado de la generosidad intelectual piensan que estas cosas no importan, porque la política produce ineluctablemente extraños compañeros de cama. Pero esto no es verdad, al menos en España.

Yo me precio de conocer al Partido Socialista como a la madre que me parió porque nací en un pueblo donde ha ganado siempre desde las primeras elecciones democráticas, y lo volvió a hacer el 10 de noviembre, y así siempre estuve persuadido con antelación de que Pedro Sánchez derrotaría a Susana Díaz en las primarias de la época. Ante la masa más fiel en una noche de domingo heladora, el presidente en funciones, que es el político contemporáneo más inepto de la historia del país -tras haber sobrepasado con creces al despreciable Zapatero- contestó a la servidumbre que esta vez “sí habría un gobierno progresista en España”.

Pese a que el PSOE se ha dejado en la gatera tres escaños y 700.000 sufragios en seis meses, todavía ha sido, por desgracia, el partido más votado. Ha perdido el órdago que lanzó buscando un respaldo adicional que no ha conseguido; ha fracasado en su demanda de que el país hablara más claro, ofreciéndole un apoyo que le permitiera prescindir de hipotecas enojosas, pero a este personaje singular, que es Sánchez, que tuvo que soportar el oprobio de su defenestración como secretario general del partido y que después recuperó el mando sobre la base del tesón y del trabajo bien hecho, llegando a ser presidente del Gobierno -ya fuera malversando el principio constitucional de una moción de censura de carácter constructivo-, cualquier desafío le parece menor con tal de seguir en La Moncloa. Y está dispuesto a consumar este reto final en favor de un “Gobierno progresista” aunque tenga que ceder, ineludiblemente, ministerios a Podemos o bajarse los pantalones con los independentistas de Esquerra, pagar el peaje correspondiente al pérfido PNV o lo que haga falta. Este político que nos ocupa está hecho con un patrón único, que es de cemento armado, y que entronca con la tradición socialista más vil, presidida por su odio visceral a la derecha.

Cuando mis amigos intelectualmente sobrepasados me decían que este personaje acabará arrugándose y pactando con el PP, porque no queda otro remedio, me daba la risa. Cuando los sesudos editorialistas de los periódicos más sensatos postulan que “sólo un gran acuerdo de las fuerzas constitucionalistas con vocación reformista y con el espíritu de concordia inherente a la génesis de la democracia puede acabar definitivamente con el bloqueo” todavía me río más. No me parece mal que esgriman por anticipado su carta a losReyes Magos. Lo que digo es que su propuesta caerá seguro en saco roto. Entre otras cosas porque el Partido Socialista, desde el advenimiento letal de Zapatero, hace tiempo que se ha apartado, en el sentido estricto de la palabra, del espíritu constitucional.

Aunque pese a los pocos días que han pasado casi parezca una anécdota, la exhumación deFranco abunda en el propósito genuino de Zapatero de rechazar la transición política y la monarquía parlamentaria como la continuación del franquismo -que es lo que fue, de “la a la ley”, como dijo Torcuato Fernández Miranda-. Lo que busca Sánchez, el hijo putativo de Zapatero, y lo que comparte con el señor Iglesias de Podemos, es imponer la idea de que la democracia que se instala en España en 1978, de donde tiene que venir, que su origen y legitimidad debe ser la infausta y criminal Segunda República y el Frente Popular en el poder el 18 de julio de 1936, borrando así de un plumazo setenta años de historia, los 35 de Franco, los 40 años de la transición, y las herencias y consecuencias de esos 70 años en todos los órdenes. Por eso permite que se incendie Barcelona, que Cataluña continúe al margen de la ley y por eso se ha entregado al PSC que dirige la vedette Iceta, que baila al son del separatismo.

Además de con la intención de ganar un poder adicional que no ha conseguido, Sánchez convocó las elecciones con el pretexto de que no podría dormir tranquilo en La Moncloa con la gente de Podemos en el Gobierno. Pues si no quieres café, aquí tienes dos tazas. Ahora no va a tener más remedio que tragar con una sobredosis de aceite de ricino, porque lo que en ningún caso hará, en contra de lo que piensan mis amigos intelectualmente sobrepasados, es gobernar con la derecha del PP. Esto lo ha dicho por activa y por pasiva, y conociendo al PSOE como a la madre que me parió, en este caso me lo creo. Y casi voy a decir que me alegro.

Naturalmente, no me alegro de que el país vaya a vivir un infierno, que es lo que va a suceder porque el ritmo de crecimiento económico se va a detener más pronto que tarde, porque el paro va a empezar a aumentar de manera alarmante -como de hecho ya sugieren las estadísticas- y porque la inversión internacional se va a esfumar, sino porque está comprobado fehacientemente que mis compatriotas sólo aprenden a hostias, cuando la recesión nos deja su probado reguero de destrucción de tejido productivo y de empleo y entonces llaman a la puerta de los que siempre han demostrado capacidad para arreglar los problemas colosales que genera indefectiblemente el socialismo, y más todavía el de la última hornada de Zapatero y ahora de Sánchez.

No puede haber un Gobierno de coalición de Sánchez con el PP de Casado, primero porque el presidente en funciones siente una aversión inexorable por la derecha, pero también porque es literalmente imposible un acuerdo entre quien quiere gastar más, subir los impuestos, intervenir aún más la economía o dar más poder a los sindicatos con el que se propone justamente lo contrario, que es reducir la presión fiscal, liberalizar más el modelo productivo, intentar racionalizar el sistema de pensiones y controlar el gasto público.

Me produce una tremenda conmoción que una parte tan importante de mis compatriotas todavía piense que es sostenible nuestro elefantiásico Estado de bienestar, que es posible seguir subiendo el salario mínimo, a costa de perjudicar gravemente la competitividad de las empresas, o que es factible elevar demoníacamente el gasto social como pretende Podemos, devastando fiscalmente a las personas más capaces de generar riqueza, crecimiento y empleo. Pero esto es lo que va a hacer inevitablemente el señor Sánchez dando entrada en el Gobierno, esta vez sin excusas, como le pedían los acólitos trastornados de la noche del domingo en Ferraz, al señor Iglesias y los partidarios del chavismo, del peronismo, de Evo Morales y de toda la escoria de la humanidad sin excepción.

Esto es lo que han decidido los españoles y no hay otro remedio que admitirlo y pensar, como creo, que si así lo han decidido que así sea. Cuanto peor vayamos a corto plazo, pues la legislatura previsible será afortunadamente efímera, mejor iremos en el futuro. La factura que pagaremos, a cambio, será impresionante, pero los que votan a la izquierda siempre piensan, ingenuamente, que estas facturas las abonan los demás, los que llaman ricos, cuando lo cierto es que los principalmente perjudicados serán la gente en situación más precaria. Si estos, reiteradamente engañados pero inasequibles al desaliento, o los convencidos, continúan aferrados a las fórmulas de la izquierda tantas veces fracasadas, no tengo más que decir que tienen bien merecido el dolor que les espera irremisiblemente.

Esta España se autodestruirá en 3, 2, 1… pero sigue viva
Juan Ángel Soto okdiario 13 Noviembre 2019

Tras la enésima votación, el Congreso continúa igual de fragmentado que en abril y los acuerdos para la formación de un gobierno no resultan más sencillos, sino, antes bien, más complicados. El ya confirmado Ejecutivo de izquierdas salido de las urnas habrá de contar con el apoyo, o al menos la aquiescencia, de quienes, investidos de una posición negociadora inflada por su sobrerrepresentación parlamentaria, quieren romper la unidad de España.

Así, descontando el pacto de Estado entre PP y PSOE, la negociación promete ser intensa para el PSOE, quien, además, ve perjudicada su fuerza y legitimidad respecto a abril, tanto por su número de escaños como por el hecho de que los españoles no permitirán una tercera ronda electoral. Los líderes políticos son muy conscientes de ello y, salvo sorpresa mayúscula, están obligados a entenderse. No obstante, no vale cualquier entendimiento ni cualquier gobierno, pues la inestabilidad política, ante las tensiones territoriales y las dificultades económicas actuales, pasará una grave factura a los partidos protagonistas, así como a la prosperidad y el bienestar del país.

Sin embargo, levantando la vista más allá de la polvareda originada por la cita electoral, se vislumbra un fenómeno tan interesante como desesperante. España no podrá alcanzar su mayoría de edad en todos los sentidos (democrático, económico, etc.) hasta que no deje atrás los “Gobiernos Frankenstein”, los Estados plurinacionales, el 15% de electores españoles que han resultado ser “fascistas”, etc. Esto, tan evidente para los enemigos de España, internos y extranjeros, también habría de serlo para los que se dicen patriotas o, al menos, constitucionalistas.

Se atribuye a Bismarck la afirmación de que España se trata de la nación más fuerte del mundo porque, tras siglos intentando autodestruirse, sigue viva. Pues bien, esta frase, que bien pudo haberse pronunciado al sur de los Pirineos, quizá sea mucho decir, pero constituye una obviedad el enorme coste de oportunidad de la falta de entendimiento. La irrelevancia internacional de España resulta cada vez más notable, su política exterior brilla por su ausencia, y la fortaleza de su Estado de derecho se ha deteriorado rápidamente con el mundo entero como testigo. Por si fuera poco, cada vez hay menos tiempo para la reacción, la reparación y la preparación. Se atisban aguas bravas, y navegamos en un cascarón de nuez que ni Sánchez ni Iglesias podrán tripular con éxito.

España puede, y debe, alcanzar acuerdos y consensos que permitan una situación política de estabilidad, de manera que sea posible adoptar las reformas que precisamos. Aunque, a estas alturas, como decía el profesor Francisco Cabrillo hace unos días, muchos se conformarían con “no empeorar las cosas con reformas insensatas”. Esta es la España cainita de hoy. La España tribal de siempre. ¿Para siempre?

Juan Ángel Soto, Director de Civismo

España tendrá un Gobierno de la izquierda radical intervenido por el separatismo
EDITORIAL ESdiario 13 Noviembre 2019

PSOE y Podemos se reparten el poder en una España amenazada por el separatismo y la crisis económica que dependerá, además, de los partidos que más hacen por acabar con España.

No hace falta irse a las filas del PP, Vox o Ciudadanos ni ver, leer o escuchar a los escasos medios de comunicación críticos que quedan en España para entender el peligro que supone tener en el Gobierno de España a un partido como Podemos y a personajes como Pablo Iglesias.

Y no es necesario porque es suficiente con escuchar todo lo que lleva diciendo de ese partido radical y de sus dirigentes antisistema Pedro Sánchez, el mismo que ahora les va a entregar la gobernación de España.

Fue él quien alertó de su inaceptable defensa de un referéndum de autodeterminación en Cataluña; de su voluntad de implantar un sistema como el de Venezuela en nuestro país; de su defensa de los "presos políticos" catalanes o, entre tantas otras joyas de la hemeroteca, de provocarle a él insomnio "como al 95% de los españoles".

Pues esa formación populista, chavista, proindependentistas y antimonárquica, que denigra la Transición y defiende a sátrapas como Maduro o Evo Morales; va a tomar las decisiones en España probablemente durante cuatro largos años. Y aún hay algo peor.

Porque siendo inquietante esa pinza, demostrativa por cierto de que la repetición electoral fue una decisión de Sánchez para subir en diputados y no una consecuencia del bloqueo de nadie, lo es más todavía que resulte insuficiente y necesite de respaldos aún peores.

España tendrá un Gobierno radical y populista intervenido, además, por los partidos que no creen en España

Porque la coalición radical de PSOE y Podemos no prosperará si no tiene el apoyo directo o indirecto, pero en todo caso cierto y con seguridad costoso, de buena parte del independentismo. El Gobierno de España estará pues intervenido por los partidos que menos creen en España y brindarán sus votos a ese Ejecutivo con fines estrictamente egoístas: lograr más prebendas, caso del nacionalismo vasco; profundizar en su proyecto independentista, caso del catalán.

Si la coalición demuestra la falta de escrúpulos de Sánchez y evidencia que el bloqueo siempre ha sido una estrategia; la desgana por buscar alianzas alternativas con el PP y Cs evidencia que, con ser populista y radical Podemos, es el PSOE actual el partido más sectario, frentista e hipócrita que existe en España. Ahora ya se ha quitado la careta del todo.

Y se le han acabado las excusas: lo que ocurra en adelante con la economía, la convivencia, Cataluña y el orden constitucional es exclusivamente responsabilidad suya.

VOX y el régimen zapaterista
Pío Moa gaceta.es 13 Noviembre 2019

Juicios pro y contra Franco, en Una hora con la historia:
https://www.youtube.com/watch?v=4vTedAZOkFg

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El llamado sistema (mala palabra) que desgobierna España es el régimen de Zapatero. Todos los partidos (PP, PSOE, Podemas y separatistas) son zapateristas: colaboración máxima con los separatismos y disolución de la soberanía española, leyes totalitarias de memoria histórica y de género, abortismo e inmigración masivos, antifranquismo farsante como disfraz de la hispanofobia, rescate de la ETA y falsificación de la historia… Este régimen cambiaba radicalmente el que se decidió en el referéndum del 76 y se impuso a raíz de los atentados del 11-m de 2004, aunque ya antes el PP lo venía impulsando de muchos modos. Hay un zapaterismo de izquierda, que quiere ir más allá en la misma dirección, y un zapaterismo de derecha, que quiere consolidar los «logros» de Zapatero y «mirar al futuro» partiendo de ellos. Este es el contenido básico del zapaterismo, que ha impuesto la «ruptura» que le fue imposible en 1976 debido a que la memoria del franquismo estaba fresca para la inmensa mayoría y no podía ser falsificada por la «memoria histórica» de los sucesores del Frente Popular.

VOX viene representando lo contrario al zapaterismo. Por eso el zapaterismo, de izquierda y más aún de derecha, procuró durante años asfixiarlo tras un muro de silencio. Roto ese muro, trata de integrarlo en el régimen como uno más, reduciendo a matices unas diferencias que son y deben seguir siendo radicales, de fondo. La trampa ahora es la necesidad de evitar que el Doctor gobierne con los votos de Podemos y de los separatistas. Pero quienes quieren evitarlo han seguido durante decenios las mismas políticas que el Doctor y, por supuesto, aspiran a seguir en lo mismo: jamás han hecho la más mínima autocrítica. Para ellos la cuestión es el «centrismo», cuyo contenido es, en suma seguir al PSOE, falsear la historia y apoyar a los separatistas. Es absolutamente necesario que VOX no caiga en la trampa, más peligrosa precisamente por su éxito reciente. Dentro de la línea en general excelente de Abascal, hay una vaga sugerencia de aspiración a ingresar en el club. Nada podría ser más nefasto para España y la democracia.

Abascal ha dicho muy bien que VOX ha dado voz y cauce a millones de españoles que no estaban representados en ninguno de los partidos-mafias actuales. Esos millones pueden ser muchos más. Con un buen discurso y una política de fondo y no solo de ocasión, pueden ser una amplia mayoría.

Dos observaciones: casi todo el mundo está de acuerdo en que Zapatero es algo parecido a un imbécil. ¿Cómo pudo, entonces, cambiar el régimen y marcar su sello sobre todos los partidos? Imagínenlo.

En la derecha, el problema de fondo ha sido la democracia cristiana. Al llegar la transición no había en la derecha otra salida. La UCD se basó orgánica y popularmente en el Movimiento, pero el discurso franquista llevaba ya años en descomposición, y solo pudo adoptar la ideología democristiana impuesta desde el Vaticano II. Ahora bien, los separatistas resulta que eran también cristianos y «demócratas». Así que la afinidad ideológica estaba por encima de todo lo demás, como lo ha estado para el PSOE la afinidad ideológica con la ETA. Hubo en la UCD, ya en la transición quienes pretendían eliminar su propia presencia en Vascongadas y Cataluña, porque allí los «nacionalistas» eran ya de su misma cuerda. El disparate no se impuso entonces, pero la idea fue aplicada de modo progresivo, deliberada o espontáneamente, de modo que hoy el PP ha dejado prácticamente de existir en ambas regiones en beneficio del separatismo, y en Galicia el PP se diferencia en la práctica muy poco de los separatistas.

VOX tiene por delante un dilema decisivo: o da voz a millones de españoles y moviliza la alternativa al zapaterismo, o contribuirá al hundimiento de España y la libertad. Y sin una visión histórica clara, sin una política de fondo, la política de ocasión puede llevar a lo segundo. Hay que prestar máxima atención a los próximos movimientos.

Conocer lo que fue el franquismo es esencial para mantener la democracia y la unidad de España:
Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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**Tanto las dos cartas, al votante del PP y del PSOE, y el mensaje a los catalanes, expuestos en este blog, mantienen todo su interés explicativo. No son simplemente electoralistas. Deberían ser insistentemente difundidos.
**Es preciso denunciar el aborto en una doble vertiente: el moral como liquidación de vidas humanas ligado a una degradación de la sexualidad (la sexualidad zoológica, que decía Julián Marías) y la desaparición de cien mil posibles españoles cada año, causa de envejecimiento social, combinada con una inmigración masiva fomentada por unos gobiernos inmorales y dementes.

El 95% de los españoles no podrá dormir
 larazon 13 Noviembre 2019

El pasado 19 de septiembre, Pedro Sánchez concedía una entrevista a Antonio García Ferreras en La Sexta en la que hizo las siguientes declaraciones: «Yo sería presidente del Gobierno y tengo que reconocerle que sería un presidente del Gobierno que no dormiría por la noche, junto con el 95 por ciento de los ciudadanos de este país que tampoco se sentirían tranquilos». El motivo de su insomnio era Pablo Iglesias. Pocas veces se había oído decir palabras tan claras a un político e insultar con tanta determinación a su futuro socio. No fue una improvisación, sino una descalificación en toda regla del que quería sentarse junto a él en la mesa del Consejo de Ministros. Abundando en ello, una vez que el periodista le insistió en esta extraña contradicción, remachó que Pablo Iglesias era el «principal escollo para que hubiera la formación de un Gobierno de coalición», por su aceptación de la autodeterminación de Cataluña, por la inexperiencia de su partido en tareas de gobierno y porque, además, ponía en duda que el líder del Podemos fuese un demócrata.

Pasados apenas dos meses de esa declaración, que vilipendió al líder de UP como hasta ahora nunca se había visto, ambos firmaron ayer un «preacuerdo» para formar un «Gobierno progresista de coalición». Lo que ayer no explicaron (no aceptaron preguntas; eso sí, hubo una solemnidad muy impostada) es qué había cambiado para que ahora sí se diesen las condiciones para esa coalición. Los únicos datos fiables de los que disponemos son los resultados electorales del pasado domingo: el PSOE perdió tres escasos (120) y UP, siete (35). Es decir, el electorado castigó la estrategia de bloqueo, aunque por diferentes motivos. Sánchez quiso redoblar su representación parlamentaria y no lo consiguió e Iglesias forzó una presencia en el Gobierno a la altura de su ambición.

El resultado de las elecciones ha abierto un escenario que no habían previsto –y de lo contrario sería de una perversidad que pondría los pelos de punta– y que, de nuevo, cambia el mapa político español: Cs, la opción de centro liberal, prácticamente ha desaparecido –le quedan 10 diputados– y Vox se consolida como tercera fuerza en la estela de los partidos populistas derechistas europeos. Lo más probable es que Sánchez no tuviera previsto este escenario y, por lo tanto, no le quedase más salida que volver a los brazos de Iglesias, pero aceptando las condiciones de éste.

Habrá que admitir que es una victoria para el líder de Podemos, aunque otra cosa serán las consecuencias de este «Gobierno progresista», si es que finalmente acaba constituyéndose. Los diez puntos suscritos son de una sospechosa inconcreción y ni siquiera dan respuesta a cuestiones que habían sido una condición para que UP entrase en el Gobierno. Nada se dice de la derogación de la reforma laboral; de las pensiones sólo consta que habrá una «revalorización conforme al coste de la vida; apunta algo sobre una «reforma fiscal justa progresiva... en la que se eliminen privilegios fiscales (suponemos que no se referirá a los regímenes forales). Y en cuanto a Cataluña son vaguedades como «garantizar la convivencia en Cataluña».

Sin duda, este no sería el Gobierno que necesita España ante el desafío separatista. De entrada, las bolsas reaccionaron ayer a la baja desde que Sánchez e Iglesias aparecieron juntos en las Cortes, con una caída de un 0,87, que no es mucho, aunque luego no se recuperó, lo que puede indicar que hoy siga la misma tendencia. Sánchez ha querido ocultar su fracaso con un movimiento escénico espectacular, aunque negando la opción más razonable y centrada: un acuerdo entre PSOE y PP que hubiese permitido la investidura, algo que el socialista rehuyó. Sánchez puede volver a ser presidente, pero dependerá de un cúmulo de pequeños partidos que no hará fácil la gobernabilidad. En todo caso, empieza la función de nuevo.

El tafanario de Sánchez y el artículo 99

Desde que se convirtió en presidente del Gobierno no ha parado de menoscabar a la Jefatura del Estado
Ramón Pérez-Maura ABC 13 Noviembre 2019

Artículo 99. 1 de la (aparentemente) vigente Constitución española: «Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los Grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno». ¿Conoce alguien qué consultas ha realizado el Rey y con qué representantes designados por qué partidos políticos? Más bien parece que mientras Sánchez mandaba al Rey a Cuba a un viaje que mancha el buen nombre de la Monarquía española, el presidente del Gobierno en funciones aprovechó la página del artículo 99 de la Constitución para limpiarse lo mencionado en el titular de esta columna. Desde que Sánchez se convirtió en presidente del Gobierno no ha parado de menoscabar la institución de la Jefatura del Estado. Ayer lo hizo con especial saña mientras los Reyes eran obligados a posar ante la imágen de dirigentes cubanos que han violado los derechos humanos sin pedir perdón jamás.

Después de perder millón y medio de votos por la genialidad estratégica de Iván Redondo, el asesor tenía que dar un golpe de efecto para seguir cobrando su sueldo. Ayer lo hizo con creces e incluso se atrevió a posar ante las cámaras rodeado de los supuestos negociodares del acuerdo. Un (pre)acuerdo de gobierno con diez puntos que tenían enunciados que hasta yo apoyaría: 1) «Consolidar el crecimiento y la creación de empleo». ¿Hay alguien en contra? 2) «Trabajar por la regeneración y luchar contra la corrupción». Como para oponerse a ello. 3) «Lucha contra el cambio climático». Hay que tener demasiado valor para decir que el clima va a seguir cambiando hagamos lo que hagamos, como lleva haciéndolo miles de años. 4) «Fortalecer las pequeñas y medianas empresas». Ésta es la noticia más relevante del acuerdo. Porque es muy bueno saber que ya hasta los comunistas están a favor de los empresarios. 5) «El reconocimiento de la dignidad de las personas». ¿Hay alguien que se oponga? 6) «Asegurar la cultura como derecho». ¿Quién niega ese derecho? 7) «Garantizar la seguridad, la independencia y la libertad de las mujeres» ¿Es que Ana Pastor, Rocío Monasterio e Inés Arrimadas están en contra? 8)«Revertir la despoblación» ¿Pedía algún programa electoral seguir vaciando España? 10) «Justicia social y equilibrio presupuestario». Fabulosa petición del presidente del Gobierno que gasta sin fin, incrementando el déficit sin parar. Y 9) «Garantizar la convivencia en Cataluña». El colmo. Podemos ha firmado este documento en la misma mañana en que en el Parlamento de Cataluña ha realizado una nueva llamada a la autodeterminación violando las decisiones del Tribunal Constitucional. Para el socio de Sánchez «la igualdad entre todos los españoles» que proclama el acuerdo presentado ayer en las Cortes Españolas pasa por la autodeterminación de Cataluña. Éste es el socio que hogaño demuestra por qué decía Sánchez hace una semana que le producía pesadillas tenerlo en el Gobierno. No sería para menos. Pero no es verdad. Porque como no me canso de repetir, este Gobierno demuestra cada día que la mentira es un instrumento legítimo de la acción política. Veamos ahora hasta cuándo dura esta farsa patética.

De la ingobernabilidad a la desgobernabilidad
Juan Ramón Rallo EC 13 Noviembre 2019

La investidura de Pedro Sánchez ya es un hecho tras su acuerdo de gobierno con Unidas Podemos. Es verdad que coalición solo suma 155 diputados (ironías del destino), pero el resto de apoyos parlamentarios pueden comprarlos a golpe de talonario. Por consiguiente, ya podemos tomar el texto consensuado por ambas formaciones como la base programática del nuevo Ejecutivo que padeceremos los españoles. Y aunque el documento no es demasiado específico, sí hay varias políticas económicas que se desprenden del mismo.

Primero, nueva reforma laboral. Este es, de hecho, el primer punto del acuerdo: “Combatir la precariedad del mercado laboral y garantizar trabajo digno, estable y de calidad”. En principio, revisar el marco laboral español no es algo necesariamente negativo, por cuanto la precariedad en forma de temporalidad constituye un grave problema que debe ser resuelto con urgencia. La cuestión, claro, es cómo hacerlo. El PSOE no ha aclarado cuáles son sus propuestas al respecto, pero Unidas Podemos sí: prohibir (o restringir enormemente) la contratación temporal al tiempo que no se rebajan (o incluso se incrementan) los costes de la contratación indefinida. En tal caso, puede que la temporalidad se termine reduciendo, pero solo a costa de reducir la creación de empleo. ¿Mejor en el paro que con un empleo temporal?

Segundo, aumento muy considerable del gasto público. El acuerdo menciona explícitamente una subida de los desembolsos en educación (guarderías públicas), sanidad, dependencia y pensiones (actualización conforme al IPC). No se adjunta una estimación de cuánto puede suponer todo ello, pero como poco nos estaremos moviendo en el entorno de 1 a 1,5 puntos de PIB. La cuestión, claro, es cómo financiarlo mientras avanzamos hacia el equilibrio presupuestario (el cual también aparece explícitamente mencionado en el punto décimo del acuerdo).

Así, en tercer lugar, Podemos y PSOE confían en una mayor “justicia fiscal”, lo que en la terminología de la izquierda equivale a subir impuestos a “los más ricos”. En este sentido, ambas formaciones probablemente restablezcan el sablazo impositivo que ya habían pactado en el anteproyecto de Presupuestos para 2019 y que se terminó estrellando contra el muro del Congreso. A saber: impuesto a las transacciones financieras, impuesto digital, subida del IRPF a las rentas más altas, incremento del Impuesto sobre Sociedades y aumento del impuesto sobre el diésel. También se añadirá a semejante 'pack', el brutal rejonazo contra los autónomos consistente en obligarles a cotizar en función de sus ingresos y, asimismo, probablemente asistamos a una recentralización fiscal que pase por fijar tipos estatales mínimos en los impuestos sobre el Patrimonio y sobre Sucesiones. En todo caso, más allá del daño que todas estas medidas vayan a causar a una economía en desaceleración, recordemos que la recaudación que el propio Gobierno esperaba por todas ellas apenas alcanzaba el 0,5% del PIB. Por consiguiente, ya nos topamos con un obstáculo de partida: o no se aumenta el gasto como se ha prometido, o se suben más los impuestos no solo a los ricos sino al conjunto de la población o nos olvidamos del equilibrio presupuestario.

Cuarto, más gasto para, como decíamos, comprar el voto de las formaciones regionalistas y nacionalistas. A la postre, el Gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos no es viable sin una ensalada de síes procedentes del PNV, Partido Regionalista de Cantabria, Teruel Existe, BNG o Coalición Canaria: a todos ellos habrá que regarles con millonarias transferencias para que se avengan al acuerdo, lo cual incrementará la factura presupuestaria en alguna décima de PIB. El propio acuerdo parece ponerse la venda antes de la herida al contemplar explícitamente el “apoyo decidido a la llamada España vaciada”.

Y quinto, vamos a avanzar en la dirección de una economía mucho más regulada en multitud de ámbitos. Acaso el ejemplo paradigmático de esto sea el mercado inmobiliario. El acuerdo habla de convertir la vivienda en un derecho y no en una mercancía, esto es, de sacar la vivienda del ámbito del mercado. Es muy dudoso que lleguemos a semejante extremo, pero sí podríamos ver una limitación (aún mayor) de la libertad de las partes en este ámbito: por ejemplo, vía controles parciales sobre los alquileres que terminarán volviendo la vivienda menos accesible. Asimismo, la sobrerregulación también será observable en la “reindustrialización” y en la “transición ecológica” que contempla el acuerdo: en lugar de fijar un precio sobre el CO2 y dejar que el libre mercado transite hacia modelos productivos menos intensivos en este gas, PSOE y Podemos pretenden decidir —vía mandatos legales y subvenciones— en qué sectores han de invertir las empresas españolas.

En definitiva, y a falta de mayor concreción, estamos ante un acuerdo que va a traer más impuestos, más gasto, más déficit y más regulaciones. Todo lo contrario de lo que necesitaríamos para capear la desaceleración que nos aflige. Termina la ingobernabilidad y comienza la desgobernabilidad.

¿Jaque mate a Casado?
José García Domínguez Libertad Digital 13 Noviembre 2019

Cuando falla una estrategia, lo racional es cambiarla. Y cuando falla radicalmente, lo racional es cambiarla radicalmente. Toda la estrategia del PSOE durante la campaña electoral giró en torno a una premisa que se reveló errada en cuanto se procedió al recuento de las papeletas: la premisa de que, tras la muy descerebrada espantada de Rivera, dejando huérfano y vacío el espacio del centro, los socialdemócratas podrían heredar una porción significativa de ese territorio templado de la opinión. Pero, llegada la hora de la verdad, no heredaron nada; nada de nada. Todo el electorado disidente de Ciudadanos migró en masa hacia la derecha, diseminándose entre Vox y el Partido Popular. Todo. Al PSOE, pese a sus esfuerzos por captarlos, no acudió nadie. Y eso significa que la estrategia no solo era equivocada, sino que era radicalmente equivocada. La lección, por lo demás, se antoja clara: el PSOE no tiene nada que rascar a su derecha. O, lo que viene a ser lo mismo, el PSOE no puede dar la espalda, ya no, a lo que hay a su izquierda. Pablo Iglesias Turrión va a ser vicepresidente del Gobierno de la cuarta economía de la Unión Europea merced a ese error de bulto. Algo que invita a pensar no en el Frente Popular del primer tercio del siglo pasado, sino en el efímero destino del último Gobierno izquierdista, genuinamente izquierdista, que hubo en el hemisferio occidental europeo, el de la Unión de las Izquierdas en la Francia de 1981, aquel que presidió François Mitterrand.

Y es que el programa primigenio de la alianza entre socialistas y comunistas franceses, un ambicioso plan de estímulo de la demanda interna ideado cuando la libertad de movimientos de capitales dentro de la Unión Europea ya hacía imposible cortar las hemorragias del dinero con rumbo al exterior de las fronteras, duró poco más de doce meses. El tiempo que tardó en llegar el colapso. Y tras el colapso, el retorno a lo inevitable, la ortodoxia convencional. Un cuarto de siglo después, Syriza no pudo hacer algo muy distinto en Grecia. Y aquí, pese al ruido y la furia, tampoco se hará. Por que no se puede. Y es evidente que no se puede. Pero si alguien sigue pensando que sí se puede, solo tiene que observar la política seguida en los últimos años por el BCE a la hora de comprar deuda pública de los países de la UE. Porque si el BCE compra tu deuda, tú puedes endeudarte y gastar. Pero si no la compra, ni puedes endeudarte ni puedes gastar para estimular tu economía. Así las cosas, el BCE compró deuda de Portugal, país disciplinado pese a su Ejecutivo de izquierda, pero no compró deuda griega, país cuyos dirigentes se mostraban reticentes a entender las normas. El mundo de hoy funciona así. Y conviene traerlo sabido de casa.

A Podemos en el Gobierno no le va a quedar más remedio que olvidar a toda prisa sus fantasías económicas de asamblea de facultad. Y por eso tendrá que centrarse en lo que mejor sabe hacer: la política de gestos, los saltos de la rana de cara a la galería. Ya no pueden desenterrar a Franco otra vez, pero desde la Pasionaria a las Brigadas Internacionales, el vicepresidente va a tener varias decenas de conejos antifascistas en la chistera con los que mantener entretenido a su público hasta el próximo adelanto electoral. Algo, la retórica revolucionaria de cartón piedra y la sobreactuación impostada desde un despacho oficial, que inevitablemente llevará a una polarización crispada de la vida política española en el futuro inmediato. Algo, la tensión escénica permanente, que solo puede beneficiar a Vox. A Vox y solo a Vox. Casado lo va a tener muy difícil a partir de ahora para seguir con el cambio de rumbo hacia el centro que inició justo tras los comicios abril. Iglesias sentado en el Consejo de Ministros va a convertir esa tarea en una misión casi imposible. Con Abascal presionándole por la derecha y Podemos prodigándose en poses iconoclastas desde el BOE, a Casado no le va a quedar más remedio que volver a la política de trincheras. Mal asunto, muy mal asunto. Sobre todo si se tiene en cuenta que los barones del partido únicamente le van a dar tres oportunidades antes de cortarle la cabeza. Y ya ha quemado dos.

¡Que los árboles de Rivera no nos impidan ver el bosque de Sánchez!
Enrique Navarro Libertad Digital 13 Noviembre 2019

La cagada de Sánchez ha sido monumental. Sólo su dimisión y la presentación de un candidato fiable podría revertir la situación.

Mal haríamos en centrar el análisis de estas elecciones en la debacle de Ciudadanos, porque estaríamos obviando qué ha ocurrido el 10-N y quién es el auténtico perdedor. ¡Que los árboles de Rivera no nos impidan ver el bosque de Sánchez!

Hay tres elementos que penalizan los españoles a la hora de votar: primero la incoherencia, segundo la ausencia de fidelidad a unos principios cualesquiera que éstos sean y finalmente la frivolidad. Estos factores se encuentran tanto en la desaparición de Ciudadanos, como en la gran derrota de Pedro Sánchez.

La aproximación camaleónica y cortijera de Pedro Sánchez a la política le han traído unos resultados calamitosos, unas elecciones a las que él, en su soberbia, nos condujo, sin importarle los costes ni los riesgos (que ya eran evidentes).

Unas elecciones convocadas para dinamitar a Podemos, y que lejos de conseguir este propósito han dejado en el electorado de izquierdas la impresión de que Iglesias acertaba al no pactar con Sánchez. ¡Como para fiarse de alguien que consigue la abstención de ERC en julio y busca en agosto la del PP!

Pretendía ocupar el centro político, y acaba de dejarle en bandeja al PP un espectro enorme, con una muleta gigantesca en Vox, que si algo tiene claro es impedir que la izquierda gobierne en España, aunque ahora suspira para que sean los populares los que pacten con el PSOE, un escenario idílico para los intereses de Abascal.

La catadura moral de quien enardeció a la militancia devolviéndoles una voz, como si alguna vez la hubiera perdido, negando la gobernabilidad al PP, y, sin el mayor recato, pretender ser ungido presidente con la abstención del PP, es el mayor ejemplo de incoherencia política de nuestra historia reciente. ¿Acaso va a consultar a la militancia pactar con el PP la abstención? Seguramente no; porque la militancia sólo es útil cuando sirve a sus propios intereses.

El sanchismo versión 1.0 consistía en llegar un acuerdo con independentistas y Podemos para alcanzar el poder con "el sano" propósito de no soltarlo nunca; en utilizar el negro pasado de España para rascar votos, sin importarle soliviantar a millones de españoles que ahora claman por políticas que creíamos abandonadas.

El sanchismo se ha suicidado. Ya nos parecen cómicas las encuestas de Tezanos; la locura de invadir los medios de forma apresurada la ultima semana de campaña cuando se anunciaba la debacle. Hasta la exhumación de Franco en plena campaña, que se ha demostrado inútil electoralmente. El sanchismo versión 1.0 incluso estaría dispuesto a llevarnos a unas nuevas elecciones, hasta que por aburrimiento consiguiera sus ansiados 140 diputados, pero ya no es posible.

El PSOE le ha hecho dos grandes favores a la derecha: cargarse a Ciudadanos, cuyos votantes acudirán en masa a votar al PP convirtiéndole en la fuerza más votada en unas nuevas elecciones y dividir el voto de la izquierda todavía más con la estrategia Errejón, que al final ha restado más votos en el PSOE que en Podemos. Vamos, que ha hecho un pan con unas tortas.

En estas condiciones nacerá el sanchismo 2.0 porque ni Sánchez va a dimitir, aunque fuera por la gobernabilidad de España -un concepto que solo es aplicable cuando sirve para elegirle presidente- ni va a buscar el gobierno de coalición con Podemos. El sanchismo 2.0 pretende plantear la cuadratura del circulo, gobernar con Podemos con la abstención del PP; y eso es imposible porque ambas opciones están descartadas: ni siquiera puede contar con la abstención de Ciudadanos, que ya tiene otras cuitas diferentes que la gobernabilidad de España para terminar suicidándose apoyando al PSOE.

Ante esta realidad, el sanchismo 2.0 pretende perpetuarse en funciones, no tiene otro plan, que una patada a seguir a ver si ocurre un milagro sea el que sea. No acudirá a la investidura si no tiene un acuerdo que le asegure la gobernabilidad y no lo va a tener.

El PP no tiene ninguna alternativa; si Sánchez gobierna con la abstención del PP, el próximo presidente del gobierno será Abascal; si entra en una coalición, en cuatro años la disputa electoral será entre Vox y Podemos. Vamos que la cagada de Sánchez ha sido monumental y al PP no le deja otra opción que el voto negativo.

No obstante, lo anterior, no se puede negar que el PSOE ha ganado las elecciones y debe ser el partido que gobierne en España, pero no puede liderarlo quién le ha llevado a una situación límite y por segunda vez en apenas cuatro años. El problema de Pedro Sánchez es que nadie se fía de él. El PP sabe que si gobierna Sánchez será imposible articular una mayoría para desbancarle, y además es consciente de que acabará pactando el indulto, el referéndum y las políticas fiscales con Podemos, y a ese juego no puede prestarse el Partido Popular.

Podemos no va a prestarse a un juego que le puede dar excelentes resultados en unos meses. Iglesias no va a entrar en un contubernio con el PP y PSOE, ni va a exigir menos de lo que ya pidió en Julio, ¿Pará qué si no le ha ido tan mal en las elecciones? Y el camaleónico Sánchez ahora dirá que sí se fía de Pablo Iglesias y de tenerle en el consejo de ministros a pesar de su inexperiencia, y esto una vez más le hará menos de fiar.

Sólo la dimisión de Sánchez y la presentación de un candidato fiable podría provocar un cambio del panorama, pero eso no parece que vaya a ocurrir; el sanchismo 2.0 es el resistir hasta que el entorno sea favorable; no importa que no haya presupuestos ni reformas; la opción es resistir y buscar culpables fuera o incluso dentro del propio partido que ya el sanchismo 2.0 ha puesto en marcha la maquinaria de encontrar culpables, y no los está buscado en Moncloa, sino en Ferraz.

Sin embargo, el PP haría mal en hacer parafernalia del no es no; una mesa de partidos constitucionalistas debería ser el primer paso para hablar de acuerdos de gobierno, y el PP debería ser quien promoviera una iniciativa que, en caso de prosperar, permitiría tener una agenda de cambio y un gobierno. Sólo en un marco pluripartidista sin exclusiones en posible asegurar la marcha de la legislatura; no le auguro mucho éxito a esta mesa, si es que llegara a convocarse, pero al menos servirá para retratar a cada uno y determinar responsabilidades, que en los tiempos que corren no es poco. Es la hora de España y los nombres no son importantes sino las ideas, y esta altura de miras necesaria está muy lejos de la realidad actual, así que tendremos un largo 2020 en funciones; y Sánchez asomándose todos los días al balcón de Moncloa para ver si escampa.

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Todos contra Vox

Antonio Burgos ABC 13 Noviembre 2019

Para la progresía y lo que no es la progresía, para las radios y las televisiones, para los tertulianos y los conductores de informativos, hay un nuevo deporte nacional: insultar a Vox. Primera regla imprescindible de este deporte: no se puede decir «Vox» a secas, como decimos PP, PSOE o Podemos. Hay que remarcar cada vez que se cita que nos estamos refiriendo, naturalmente, al «partido ultraderechista Vox». Bildu no es «el partido ultraizquierdista proetarra», ni Podemos «el partido populista neocomunista», no. Todas las calificaciones despectivas o simplemente definitorias han de ser obviadas, según las reglas de este deporte nacional, excepto para la estigmatización de Vox.

¿Saben a qué me recuerda este linchamiento? Pues a la dictadura de Franco, en la que se demonizaba a los comunistas, de forma que creía la gente que poco menos que tenían cuernos y rabo. Ahora pintan con cuernos y rabo, como peligrosísimos diablos, a los dirigentes de Vox. Creen que demonizan a sus dirigentes y a su ideología, pero en realidad están demonizando a 3.640.063 patriotas españoles que se sienten tales con su voto y que no son ni racistas, ni fascistas, ni machistas, ni homófobos, ni xenófobos. De momento, a más de un millón de votantes más de los de Podemos-IU, a los que nadie osa colocarles la etiqueta de populistas o comunistas antes de citar su nombre. Por lo visto es un pecado de lesa progresía sacar la bandera de España, defender la unidad de la Patria, las libertades, la igualdad, afirmar que las autonomías son un despilfarro, cuando no una duplicación innecesaria de administraciones. Todo eso que dice Vox y por lo que lo insultan viene en la Constitución. Pero, claro, conviene según las reglas de ese nuevo deporte nacional poner en duda la constitucionalidad de Vox. Que los golpistas separatistas catalanes se salten la Constitución por su incumplimiento en materia de autodeterminación, golpismo, sedición y por el desprecio continuo a la soberanía nacional no debe ser calificado de ninguna forma. Al separatista Torra que no condena la violencia independentista hay que citarlo, en todo caso, como «el molt honorable», igual que el que con sus siete niños se llevaba el dinero a espuertas a Andorra y decía, encima, que España era la que le robaba, y no le cantaban aquello que decíamos los chiquillos del Arenal: «Ese que va ahí / ha robao un queso, / y lleva toa la pringue / en el pescuezo». Vox, que yo sepa, no ha robado ningún queso, ni ha metido la mano en el cajón de los caudales públicos, ni pagado prostitutas con el dinero de los parados, ni se ha llevado la tela a Andorra o a los paraísos fiscales. A pesar de eso, está no en los paraísos, sino en el infierno de la descalificación. ¡Cuidado que atreverse a sacar 52 diputados, mucho más que el doble de las elecciones de abril! ¿A quién se le ocurre tamaña provocación?

Y luego hablan de la igualdad. Para Vox no hay igualdad que valga en algo tan elemental como en la forma de ser mentada y respetada en los medios informativos. Y nada digo de los tertulianos y columnistas que se han especializado en levantar un cordón sanitario en torno a Vox, para que no den más por saco con la bandera de España contra el separatismo independentista de los golpistas catalanes, o contra las denuncias falsas de las feministas profesionales que están fijas en plantilla. Para Vox, leña al mono. Para sus votantes, ni el menor respeto. Aquí nadie alza la voz porque con un pasado de asesinatos y con sus 5 diputados, Bildu haya conseguido grupo parlamentario propio. A nadie le escuchará usted decir ni escribir «el partido anticonstitucional y proetarra Bildu». Eso queda para Vox. Lo tienen más que merecido. ¿A quién se le ocurre sacar 52 diputados y 3.640.063 votos? Son la ultraderecha, ¡claro que son la ultraderecha! Un peligro. En cambio la CUP o ERC, una bendición de Dios. Gloria bendita. ¿No te digo lo que hay?

El abrazo de la vergüenza
Editorial El Mundo 13 Noviembre 2019

Cuando se analiza la trayectoria política de Pedro Sánchez se tiene la sensación de una permanente huida hacia adelante. Cada vez que se ha topado con las reglas aceptadas hasta el momento en la tradición constitucionalista de su partido, en lugar de respetarlas ha decidido romperlas con tal de granjearse su supervivencia personal, el único proyecto en el que cree. Sus promesas caducan en horas, sus afirmaciones carecen de valor, todo en su discurso es reversible en función exclusiva de la voluntad de poder.

No ha pasado ni una semana desde que el candidato socialista plantease una campaña moderada -hoy sabemos que mentirosa- para crecer hacia el centro, impostando mano dura en Cataluña a través de la Fiscalía y anunciando la vicepresidencia de Nadia Calviño como garantía de ortodoxia económica. Una vez abiertas las urnas y constatada la pérdida de 750.000 votos, Sánchez hace de la necesidad falsa virtud, vira radicalmente y cierra en tiempo récord un preacuerdo con su otrora antagonista, aquel cuya presencia en un Consejo de Ministros le provocaba insomnio, aceptándolo ahora como vicepresidente. La maniobra relámpago ha cuajado tan rápido porque ambos líderes querían cortar cualquier reproche externo o incluso interno a sus respectivos retrocesos electorales; y en el caso de Sánchez, para blindarse ante cualquier presión que amenazase su puesto. Con su abrazo -todo un símbolo de la podemización definitiva del PSOE de Sánchez-, el presidente en funciones abraza el extremismo, con un Comité Federal sometido y unas baronías escandalosamente mudas. Tampoco Podemos ha pasado por la reglamentaria consulta a las bases: cuando se trata de asaltar los cielos no hay tiempo para formalidades.

Lo que ayer era inaceptable para Sánchez hoy sigue siéndolo... pero ya no para Sánchez. Su carrera es un monumento al cinismo. Tomó un atajo tramposo para doctorarse; otro para acceder a la secretaría general; otro para regresar a ella cuando fue expulsado por pretender hacer lo que ayer anunciaba; y ha tomado el más fraudulento de todos para acercar su siempre postergada investidura, aunque el Gobierno de España haya de quedar en manos de ERC y Bildu, cuyas abstenciones son necesarias. Que un condenado por sedición como Junqueras y otro por terrorismo como Otegi vayan a tener la llave de la gobernabilidad dibuja un panorama de pesadilla. Más enfrentamiento, más degradación institucional, más caos.

Pese a perder siete escaños, Iglesias se alza como vencedor absoluto de la repetición electoral. De materializarse este acuerdo en el Congreso, el próximo vicepresidente del Gobierno de España será un ferviente partidario del derecho de autodeterminación, de la nacionalización de la banca y sectores estratégicos como la energía y de la insumisión fiscal a Bruselas. Por mucho que prometa lealtad a Sánchez, Iglesias tendrá mucho poder en el Gabinete, podrá repartir cargos y colocar afines y será inevitable que desarrolle redes clientelares dentro de la Administración. No extraña que el Ibex reaccionara a la noticia desplomándose.

Sánchez forzó el 10-N para eliminar a Iglesias y a Rivera, pero solo logró esto último, sometiendo a España a una polarización extrema que ha pulverizado el centro y disparado a la derecha radical. Con Vox como coartada trata ahora de legitimar su acuerdo frankensteiniano, camuflando con el eufemismo de progresista lo que no es más que una operación de radicalismo político inédita en un Ejecutivo desde la II República. Ya es irónico que "la banda" que había profetizado Rivera en lo que entonces sonaba a mero histrionismo parlamentario lleve ahora camino de consumarse, justo un día después de la dimisión del líder naranja. Pero quienes padecerán semejante engendro gubernamental, capitaneado por el político con menos escrúpulos de la reciente historia democrática, serán todos los españoles.

Un acuerdo que destrozará la economía y reventará la unidad de España
OKDIARIO 13 Noviembre 2019

El acuerdo alcanzado en tiempo récord entre el PSOE y Unidas Podemos para la formación de Gobierno, demuestra, con independencia del daño que para España podría suponer un pacto con la izquierda radical y los independentistas de ERC, que Pedro Sánchez es un trilero político que ha convertido a los españoles en rehenes de su estrategia partidista. El tiempo perdido y los centenares de millones gastados en la nueva convocatoria electoral los vamos a pagar los españoles, utilizados como si fueran cobayas en el laboratorio particular del presidente del Gobierno en funciones.

Sánchez decidió abrir de nuevo las urnas porque creyó que aumentaría su mayoría parlamentaria y podría forzar al resto de formaciones a apoyar su investidura sin ninguna contrapartida. Que ahora haya corrido a buscar el apoyo de la formación de Pablo Iglesias demuestra que los 120 escaños cosechados el domingo -tres menos que en abril- han supuesto para Sánchez un revés a su estrategia y la constatación de que está en una situación de evidente debilidad.

El escenario que se abre en el horizonte es, sencillamente, espeluznante: el PSOE en manos de la izquierda radical y de los independentistas catalanes, con Pedro Sánchez convertido en una marioneta cuyos hilos manejarán los populistas y los separatistas. La reedición del Frente Popular. Peor, imposible. A nadie se le oculta que el paso siguiente será garantizarse la abstención de la formación que tutela Oriol Junqueras, condenado en firme por un delito de sedición, y la de los proetarras de Bildu. Para echar a correr. Por supuesto, los independentistas y los herederos de ETA van a cobrarse muy caro su apoyo. El reconocimiento de la plurinacionalidad, en primera instancia, y una posterior consulta no vinculante en Cataluña, además, claró está, del compromiso del Gobierno de adoptar las medidas necesarias para que los golpistas catalanes actualmente en prisión recuperen cuanto antes la libertad.

Esto es lo que ha conseguido Pedro Sánchez: colocar a España a un paso del abismo. Todo por mantenerse en el poder. Pocas veces, un gobernante ha sido más nocivo que el actual presidente en funciones. Nunca antes se había atrevido nadie a traspasar todas las líneas rojas para continuar en La Moncloa.

Coalición tóxica para España
Editorial ABC 13 Noviembre 2019

Habrá dos gobiernos en uno. El primero, dirigido por un candidato socialista incapaz de asumir los principios de una socialdemocracia responsable; y otro, manejado por un admirador de las dictaduras comunistas más recalcitrantes

El acuerdo anunciado ayer por Sánchez e Iglesias esboza un panorama inquietante para España porque augura cesiones al independentismo, una merma del constitucionalismo, altas dosis de intervencionismo estatal, un empobrecimiento económico y una pérdida de libertades. Será una coalición de gobierno tóxica para los españoles porque está sustentada en un presidente del Ejecutivo incoherente y sin palabra y porque por primera vez en democracia habrá en La Moncloa una vicepresidencia ocupada por un líder comunista que alcanzó su liderazgo con un discurso destructivo del sistema democrático, y con un populismo demagógico, de corte ultraizquierdista, basado en la demolición del espíritu de la Transición, peligroso en definitiva para los intereses de España.

Sánchez ha claudicado ante Iglesias sin siquiera dar una mínima opción a pactar un Gobierno de coalición con el PP, o a encabezar un Ejecutivo de concentración con otras fuerzas constitucionalistas. Conocido ya el frontal rechazo de Cs a avalar con sus votos un gobierno de extrema izquierda como el que se va a configurar, a Sánchez solo le cuadrará un acuerdo con ERC, con lo que conlleva de sometimiento al separatismo y a su chantaje contra el Estado de Derecho, reactivado ayer mismo en el Parlament mientras Sánchez se abrazaba con Iglesias en el Congreso. Resulta alarmante la dejación de funciones que ejerce el PSOE con el silencio cómplice de muchos de sus líderes, que, siempre en privado y de manera acobardada, reniegan de cualquier cesión de poder a Iglesias y ahora callan. Sánchez sostenía solo hace unos meses que «no dormiría tranquilo» con Iglesias en La Moncloa y que sus discrepancias con Podemos respecto a Cataluña eran insalvables. Pero todo era una patraña oportunista, diseñada para engañar masivamente a la ciudadanía. En solo dos días, Sánchez e Iglesias han resuelto sus «infinitas diferencias», urgidos por la evidencia de que entre ambos han perdido un millón y medio de votos y de que no podrían ir a otras elecciones. El acuerdo se completó con un gesto de pésimo gusto político, como es hacerlo público mientras el Rey se encuentra en Cuba.

¿Qué le espera a España? Un retroceso evidente. En el terreno de los principios, un deterioro de los valores derivado de una ideologización divisora de la sociedad que permitirá la estigmatización de más de la mitad de la ciudadanía por el mero hecho de no ser social-comunista. También, la merma de las libertades que siempre han llevado aparejados los gobiernos radicales. En el ámbito político, a España le aguarda una regresión al revanchismo adoctrinador, a la fractura emocional y a la imposición sectaria de leyes que debilitarán al constitucionalismo y contribuirán a la destrucción del modelo territorial consensuado en 1978. Y en lo económico espera una sangría para el bolsillo de los españoles, especialmente de la clase media, a la que la izquierda siempre castiga para proteger su farsa del «Estado social» y las «políticas progresistas», el gran embuste terminológico que enmascara lo que siempre concluye en una regresión. Bajo la perversión del lenguaje, asistiremos a otra feria del gasto público, del endeudamiento, de la asfixiante presión fiscal y del desempleo. Sus recetas son de sobra conocidas en España.

Tras la moción de censura, España ya dio un paso atrás con Sánchez. El separatismo se envalentonó gracias a la fallida estrategia de «apaciguamiento» y trató de imponer «relatores» para la ruptura de España. Con Sánchez todo se frivolizó, desde el feminismo hasta la inmigración. Desde la historia hasta la política exterior. Desde el medio ambiente hasta la Justicia. Ahora, con Iglesias como controlador de Sánchez, como promotor de un falso derecho de autodeterminación para Cataluña, o como la máxima expresión de la manipulación política y el cainismo patrio, España se someterá a su prueba más dura. Habrá dos gobiernos en uno, eso que tan irrealizable le parecía antes a Sánchez. Uno, dirigido por un candidato socialista incapaz de asumir los principios de una socialdemocracia responsable; y otro, manejado por un extremista, admirador del chavismo y de las dictaduras comunistas y experto en purgas orgánicas. Un gobierno impulsor de una economía irreal, y sostenido sobre un partido que nació exigiendo la derogación de la Constitución y apelando al fin de la monarquía parlamentaria. La lógica debería apuntar a un gobierno de corta duración porque la izquierda es incapaz de compartir el poder entre sus distintas facciones. De momento trata de repartirse el poder. Ahora se percibe con nitidez que el centro-derecha debió agruparse bajo la marca España Suma, porque si algo ha conseguido, solo es restar y facilitar la llegada de la ultraizquierda al Gobierno de España.

Si una mayoría no hubiera creído las mentiras contra Vox
Nota del Editor 13 Noviembre 2019

Hemos llegado aquí por la inepcia del PP y cualquier propuesta suya no es creíble. El PP tiene que desaparecer, ha demostrado sobradamente su incapacidad para arreglar los desmanes del PSOE frente populista bolivariano. La solución está en Vox, la dispersión del voto al PP culpable es un disparate.

Presidente sin palabra
Hasta ayer, Sánchez rechazaba con desprecio un acuerdo con Iglesias
Luis Ventoso ABC 13 Noviembre 2019

Si los independentistas vuelven a hacer algo como lo que hicieron hace dos años, ¿Unidas Podemos va a apoyar al Gobierno de España en la aplicación del artículo 155 de la Constitución? Hay diferencias insalvables respecto a Cataluña entre el PSOE y Unidas Podemos. ¿Merece la pena tener un Gobierno condenado a fracasar y vernos abocados a nuevas elecciones dentro de cinco o seis meses? Con Podemos como socio, el presidente no dormiría por la noche, junto con el 95% de los españoles, que tampoco se sentirían tranquilos. Habría perfiles sin experiencia y el Gobierno fracasaría. Hay discrepancias políticas muy serias. No se puede tener un socio que habla de presos políticos y no de políticos presos. No se puede volver a ir en la dirección de un acuerdo con Podemos.

Me he permitido la licencia poética de plagiarle el párrafo anterior a un plagiador insigne. Son todas frases literales de Sánchez de hace unas semanas, cuando rechazó con rotundidad y desprecio el Gobierno con Podemos que ayer presentó ufano. Una vez más, nos abochorna con el peor rasgo que ha incorporado a la política española: la aceptación de la mentira. Tenemos un presidente cuya palabra es calderilla, que proclama un día una cosa y al siguiente la contraria, pero al que no se penaliza por mentir. De hecho ha vuelto a ganar las elecciones. Gana porque domina el mapa televisivo, donde no existe una sola cadena potente conservadora. Gana porque ha convertido organismos del Estado en arietes partidistas (véase el bromazo del CIS). Gana también porque la derecha decidió inmolarse partiéndose en tres. Con esos gallardos votos verdes, al día siguiente nos hemos despertado con un peligroso Gobierno de coalición de los socialistas y la ultraizquierda. Abascal estará muy feliz con sus 52 escaños. Pero yo no estoy nada feliz viendo a Podemos, populismo de matriz bolivariana, sentado en el Ejecutivo de mi país mientras el Parlament aprueba la autodeterminación, nuestra policía hace el ridículo en La Junquera y la economía tiembla ante un horizonte de más impuestos y persecución a las empresas.

El Sánchez de hace unos días tenía toda la razón: Podemos es un socio imposible en un país puntero del primer mundo, pues son incapaces siquiera de respetar la unidad nacional. En los ayuntamientos han acreditado una incompetencia lacerante: no sabían ni gastar el presupuesto o limpiar las calles. Son un partido antisistema, que tiene como meta liquidar lo que llaman despectivamente «el Régimen del 78», que va contra la monarquía y que tiende una alfombra roja a los separatistas. Son un partido revanchista y divisivo, empecinado en reabrir las heridas de las viejas guerras de sus abuelos. Son un partido alérgico a las libertades personales, que pronto iniciará una cruzada de ingeniería social contra el catolicismo y el pensamiento autónomo. Son un partido de doble moral, cuyos jefes viven como potentados mientras persiguen el esfuerzo ajeno. Son una calamidad para España. Pero por cortesía de un egotista cuyo único credo es pernoctar en La Moncloa van a complicar tu vida y la mía con solo 35 escaños.

La inmolación del  PP
Nota del Editor 13 Noviembre 2019

Efectivamente. el PP deebe inmolarse. Ha demostrado sobradamente que es el problema. Vox es la solución, pero muchos se han dejado engatusar por los cantos de sireno del voto repetido al mismo error.

"Los enemigos de la democracia liberal"
Todos los encuentros de Sánchez e Iglesias nunca habían dado como resultado un pacto de Gobierno
Julio Valdeón. larazon 13 Noviembre 2019

El martes 12 de noviembre de 2019 la palabra «progresista» ingresó en el lazareto de la historia. «Un gobierno progresista», dijo Pedro Sánchez, «integrado por fuerzas progresistas» y que «va a trabajar por el progreso de España».

Conviene entender que el socio necesario, Unidas Podemos, y el vicepresidente al mando, Pablo Iglesias, son los mismos que hace apenas seis meses eran vistos como gente de mal vivir, indeseables que no defiende «la democracia española».

Sánchez, loado sea, no podía permitirse «el lujo de tener a un vicepresidente del Gobierno con una divergencia muy seria en un área fundamental». Sánchez, y con él la práctica totalidad de los españoles, no dormiría si osaba franquear el consejo de ministros a semejante chorbo. En su lugar reclamó «a un vicepresidente que defienda la democracia, que diga que este país es un Estado democrático y de Derecho y que el Poder Judicial es independiente del Ejecutivo».

Sánchez, claro está, ve progresistas y fascistas igual que Donald Trump distingue héroes y traidores y, más en general, los populistas del mundo unidos vislumbran amigos y enemigos del pueblo, leales y desleales a la causa de la libertad, emisarios de la democracia o emperadores de la calamidad en función de las genuflexiones cosechadas. Sánchez, por cierto, ha aprovechado que el Rey Felipe VI estaba de visita oficial en Cuba para anunciar preacuerdos de gobierno mucho antes de cualquier ronda de consultas y, ya puesto, pregona una de las vicepresidencias, graciosamente concedida a Iglesias.

El gobierno que nace deja en cueros el primer Frankenstein. Franquea el chantaje de las oligarquías locales imaginables, posibilita la coacción de los gurús identitarios y consagra la influencia en cuarto creciente de unos criminales, delincuentes condenados por sedición y malversación, al tiempo que hace buenos los delirios de los cantonalistas, blanquea a ex terroristas y portavoces y regala un masaje, otro más, a los separatistas.

Con todo lo más letal ha sido contemplar la indecente legitimación de un partido que nació con el objetivo de impugnar y/o derribar el régimen del 78.

Una formación iliberal, que apuesta por los plebiscitos frente a los mecanismos representativos, que en varias ocasiones ha apoyado el derecho de autodeterminación y la celebración de un referéndum en Cataluña. Un partido cuyos principales ideólogos vendieron consejos al chavismo. Si el nacionalismo de Vox son las plegarias atendidas de unos irresponsables, niñatos de la gasolina, politólogos hibernados, nenes de la casta amamantados en las ubres intelectuales del peronismo, la aprobación institucional de Podemos nos coloca frente al despeñadero.

Quedamos al albur de una gente enemistada con el sistema. Que no es otro que la democracia. Imperfecta, golpeada por la crisis económica y de representatividad, roída por el fantasma de la desigualdad, discutida por los casos de corrupción y etc. pero también homologada como una de las veinte mejores del mundo por todos los organismos internacionales y único dique realmente existente frente al áspid totalitario.

¿Qué ha cambiado respecto al mes de abril? La desertización del espacio del centro, con Ciudadanos en el forense, Albert Rivera recluido con su caniche y el PP violentado por las sobreactuaciones y excesos equinos del voxismo.

Lo que no varía ni un centímetro es la ofensiva insurreccional y golpista en Cataluña. Mientras Iglesias y su ya socio hablaban de diálogo y patatín el parlamento autonómico votó nuevamente por la autodeterminación. Su atroz respuesta a la sentencia del Tribunal Supremo, favorecida por los zumbados de la CUP, no acabó en el boletín de la cámara porque el Constitucional advirtió a Roger Torrent de las consecuencias. Dice el PNV, por boca de su portavoz, Aitor Esteban, que «Este gobierno debería afrontar y dar solución a los problemas de encaje territorial de la nación vasca y la nación catalana en el Estado».

El chantaje, la coacción y un lenguaje inservible son algunas de las marcas de fábrica de los demonios juramentados contra la democracia.

Cuarenta años después de propiciar un histórico pacto por la reconciliación y un memorable acuerdo para que vivieran juntos los distintos como libres e iguales avanza sin brida el cáncer de la disgregación. «No nos dejéis solos con los españoles», suplicaba en 2016 Pablo Iglesias con ocasión de una charla en una Herriko Taberna. Que nadie dude de que en su cabotaje rumbo a la liquidación del Estado seguirá contando con ellos.

Una mala noticia para España
 vozpopuli.es 13 Noviembre 2019

En apenas 24 horas, el desbloqueo se evaporó. Lo que durante meses resultó un imposible, se ha hecho realidad en un santiamén. PSOE y Podemos han alcanzado un acuerdo para formar “un Gobierno rotundamente progresista” con vocación de agotar la Legislatura. En un movimiento sorprendente e inesperado, que lleva el aroma inconfundible del asesor monclovita Iván Redondo, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han suscrito un pacto que han presentado en una ceremonia desangelada, torpe y fría, anticipo de los tiempos inquietantes, a la par que borrascosos, que nos aguardan. Nunca el PSOE llegó tan lejos, nunca uno de los dos principales partidos de Gobierno de nuestro país fue capaz de sucumbir a semejante tentación. España está a dos pasos de estrenar el Gobierno más radical de su historia reciente. El mundo económico tiembla y Europa nos mira con preocupación.

Hace tan sólo unas semanas, Sánchez confesaba que “no podría dormir tranquilo” con ministros de Podemos dentro del Gobierno. Antes había vetado a Iglesias como vicepresidente y había mostrado sus reticencias hacia una formación que defiende el 'derecho a decidir' en Cataluña. Todo ha cambiado como por ensalmo. El resultado de las urnas, tan poco favorable para los colores socialistas con la pérdida de 750.000 votos, ha precipitado lo que antes se antojaba rechazable. Estamos ante el clásico “donde dije digo” que pone una vez más de manifiesto la falta de escrúpulos de un personaje que a su ansia de poder une una pésima relación con la verdad y con cualquiera de los valores que cabría suponer en un líder de la socialdemocracia europea, entre ellos un cierto grado de decencia y patriotismo.

El comunicado que acompaña el anuncio del pacto es apenas un brindis al sol lleno de lugares comunes. Está por ver qué apoyos van a lograr Sánchez y su socio para hacer efectiva la investidura y, desde luego, la posterior acción de Gobierno. Aunque PSOE y Podemos apenas sumen 155 escaños, no parece que vayan a tener demasiados problemas para lograrlo, siempre y cuando cuenten con la anuencia, en forma de abstención, de ERC, algo que se da por descontado.

Estamos ante la formación del primer Gobierno de coalición desde la restauración de la democracia. Un hecho de enorme relevancia histórica que, lamentablemente, va a concretarse en la fórmula más inquietante para los intereses de nuestro país. El llamado “Gobierno progresista” es apenas un eufemismo que a duras penas esconde la realidad de un futuro Ejecutivo integrado por los elementos más radicales de la izquierda española, desde lo más sectario de este PSOE ‘podemizado’ hasta el elenco variopinto de un partido con vocación comunista que no ha dudado en alinearse con los postulados chavistas y los dineros de la teocracia iraní, amén de haber defendido planteamientos abiertamente anticonstitucionales, en línea todo ello con las amistades independentistas y abertzales de un Iglesias que no ha dudado nunca en mofarse del himno, la bandera y todos los símbolos de los españoles.

Las urnas han hablado, en efecto, y no demasiado bien de un Sánchez que, atenazado por el pánico, ni siquiera ha intentado la apuesta razonable de un Gobierno de coalición con el PP, la fórmula que en estos momentos de tribulación, y no solo económica, más hubiera convenido al país. Un gobierno sólido y firme, con 208 diputados, al estilo de los ejecutivos que funcionan en media Europa. El socialista, sin embargo, no ha querido escuchar a un Pablo Casado que, reunido este martes con su Ejecutiva para analizar el resultado electoral, se ha mostrado demasiado prudente a la hora de reaccionar tras la jornada electoral, hasta el punto de haberse visto sorprendido por el golpe de efecto de este anuncio que no esperaba.

Nuestro país afronta desafíos de enorme gravedad y no solo en el terreno económico, en plena desaceleración y con la amenaza de destrucción masiva de empleo, como es norma en toda crisis que se precie, sino en el más resbaladizo de la política, con un problema nuclear de la importancia del envite planteado en Cataluña por el separatismo, con una Generalitat instalada en una abierta rebelión contra el Estado al que debería representar, hasta el punto de haber convertido esa región en un territorio sin ley donde la Constitución es papel mojado, como estos días se está comprobando en el puesto fronterizo de La Junquera.

España precisa abordar reformas drásticas, postergadas desde hace más de un lustro, no solo para volver a crecer y abordar el definitivo saneamiento de sus cuentas públicas, sino no perder el tren de un futuro que parece alejarse a toda prisa de nosotros. Unas reformas y unos proyectos de futuro que exigirían la unión de fuerzas diversas desde la convergencia de posiciones políticas centradas, pero nunca desde los extremismos. Por eso, el anuncio de este martes es una pésima noticia para España. Tras los resultados electorales del 10-N, Vozpópuli tituló en su portada: “Sánchez conduce España al caos”. Mucho nos hubiera gustado equivocarnos, pero no han bastado ni 48 horas para que se confirme esa visión. Si nadie lo remedia antes, España está abocada a experimentar el mayor retroceso de su historia reciente.

Murphy ya tiene gobierno
El pacto entre Sánchez e Iglesias nos obliga a recordar la Ley de Murphy: si algo puede ir mal, irá mal
Miquel Giménez vozpopuli.es 13 Noviembre 2019

Añadamos que, tras Murphy, llegó otra meta esclarecida, la del filósofo O’Toole, que formuló su célebre postulado: “Murphy era un optimista”. Mucho nos tememos que ambas tesis se van a cumplir en el caso de que Sánchez e Iglesias encuentren los apoyos parlamentarios suficientes para sacar adelante el primer gobierno de coalición español en la historia de nuestra democracia. Como catalanes recordamos con un pánico cerval los tripartitos de Maragall y Montilla, y como a aquel ir y venir se le denominó, muy justamente, el Dragon Khan. Añadamos que de aquellos tripartitos nacieron estos separatismos, porque sin el Estatut que Maragall se sacó de la manga y que nadie le pedía, ni siquiera Convergencia, hemos devenido en este aciago y desdichado procés.

Desde luego, si los impactos se miden por sus ondas concéntricas, la cosa pinta ruina para los que no somos separatistas, porque ya están Torra y los suyos frotándose las manos. Saben que los votos separatistas y bilduetarras le hacen más falta a Sánchez que el pan que come y, claro, van a tener que tragarse sapos y más sapos si quieren su apoyo. Es la vieja tesis de Convergencia, el chantaje a cambio de ofrecer “gobernabilidad”. Quizás algunos dirán que en el texto del preacuerdo se explicita diálogo para Cataluña, sí, pero dentro de la Constitución. Algunas alegaciones. En primer lugar, no es Cataluña quien necesita dialogar, sino los separatistas. Ya está bien de meternos a todos en el mismo saco, con el consiguiente rédito que obtienen los de la estelada. Segundo, la Constitución se hizo de manera que ahí cabe casi todo. Otra cosa es que su reforma requiera muchísimos trámites y algo de lo que hace años carecemos, es decir, consenso.

Pero que los vientos soplan en esa dirección es indiscutible. Que entre las personas presentes anunciando el pacto estuviese Jaume Asens, mano derecha de Colau y furibundo defensor del separatismo, es significativo. Ya se habla públicamente de que el régimen del 78 ha terminado y ahora comienza un tiempo nuevo, tremenda chorrada pijo progre que no significa nada, porque todo tiempo conjugado en futuro es nuevo. Un eufemismo más para ocultar lo que en realidad quieren decir: vamos a cargarnos la Constitución, la nación española, la unidad territorial y, ya si eso, la monarquía. Ese es el programa del nuevo Frente Popular versión 2.0, que nadie lo dude.

Que mientras aguantamos la respiración ante tamaño error histórico la Guardia Civil detenga a gente presuntamente implicada en el desvío de fondos públicos hacia organizaciones próximas a la ex Convergencia, que La Jonquera haya estado monopolizada por los ridículos bien pagaos con cancioncitas incluidas o que en el Parlamento catalán estén con el sempiterno asunto de votar el derecho a la autodeterminación –la primera vez fue con Pujol en la década de los ochenta del pasado siglo – carece de relevancia.

Lo que cuenta es que el doctor Sánchez puede razonablemente considerarse presidente –lo que dure Iglesias sin desmelenarse-, que Torra y su mariachi combo pueden acabar saliéndose con la suya, que no es otra que hacer ver que consiguen algo y seguir chupando del bote, y que Pablenin va a gobernar. Recuerdo la conmoción que supuso en la Italia del siglo pasado la posibilidad de que los comunistas de Berlinguer entrasen en el gobierno de Craxi, socialista él, que tuvo que salir por patas cuando la operación Mani Pulite, recuerden, la que investigaba la Tangentópolis, la corrupción institucionalizada en el país de Verdi y de la Mafia.

Murphy y O’Toole se quedaron cortos, me dicen que comentan desde Langley a Berlín.

La transformación de Navarra: así se ha convertido en un infierno fiscal
Es la sexta Comunidad con la tributación más asfixiante para el contribuyente y las empresas.
Patricia Malagón Libertad Digital 13 Noviembre 2019

Navarra Suma ha sido la fuerza más votada en las elecciones en la Comunidad Foral, donde ha revalidado sus dos escaños, mientras que el PSN ha perdido uno de los dos que logró en abril en favor de EH Bildu, que se sitúa como tercera fuerza por delante de Podemos, que mantiene su representante.

Los resultados de los comicios del pasado domingo son un buen indicador de que Navarra seguirá siendo el infierno fiscal en el que se ha convertido desde que, en 2015, el Parlamento de Navarra, presidido por Geroa Bai, Podemos, EH Bildu e Izquierda-Ezquerra, aprobara una reforma fiscal, que ha lastrado la economía navarra considerablemente. La nueva normativa subió los tipos impositivos del IRPF, del Impuesto de Patrimonio y del Impuesto de Sociedades. Tras el aumento fiscal, Navarra pasó a ser la Comunidad Autónoma con el tipo de IRPF más alto de España y la segunda que más grava el patrimonio. Además, es la decimocuarta región con el Impuesto de Sucesiones más alto.

Todo esto se traduce en un claro empeoramiento fiscal de la región. Según el Índice Autonómico de Competitividad Fiscal, elaborado por la Fundación para el Avance de la Libertad, Navarra ha pasado de ser la séptima Comunidad más atractiva fiscalmente en 2017 a ser la sexta con la tributación más asfixiante para el contribuyente y las empresas. Este claro empeoramiento ha hecho que Navarra sea la región que más ha endurecido su sistema fiscal en los últimos años.

De hecho, la coalición Navarra Suma ha asegurado que la comunidad foral "tiene el peor IRPF de toda España y los navarros son los que más pagan por este impuesto". "De este modo, en el caso de las rentas bajas y medias ocupan el puesto 18 de 19 y en las rentas medias altas, el 19 de 19", ha apuntado en un comunicado. En cuanto al tipo aplicable del IRPF subió entre 0,5 y 4 puntos a partir de los 32.000 euros de base liquidable (el tipo máximo se elevó del 48% al 52%).

A esto se añade que el mínimo exento del Impuesto de Patrimonio se redujo de 800.000 euros a 550.000, el umbral de tributación se situó en 1 millón de euros (anteriormente era de 1,5 millones). Finalmente, en el Impuesto de Sociedades se subió el tipo a las grandes empresas del 25% al 28% y a las pymes y micropymes del 19% al 23%.

El IACF estudia seis gravámenes diferentes: el Impuesto sobre la Renta, el Impuesto sobre el Patrimonio, el Impuesto sobre Sucesiones, los Impuestos propios autonómicos, el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados y el Impuesto sobre Hidrocarburos. Navarra ha ocupado desde el año 2017 la primera posición en estos dos últimos, con una puntuación de 10. Sin embargo, en el resto de tributos ha visto empeorar duramente su situación.

Por su parte, la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Navarra realizó una encuesta entre los empresarios locales para valorar cómo les había afectado la nueva normativa fiscal. El 70,3% de los empresarios consideran que la reforma fiscal de 2015 y la anterior les ha afectado negativamente en los resultados empresariales. De igual manera, consideran, en un 64,6%, que la nueva normativa ha afectado de manera negativa a la inversión. Mientras que el 52,2% creen que también ha repercutido de forma negativa en la retribución del personal.

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