AGLI Recortes de Prensa   Jueves 14  Noviembre  2019

Un Gobierno que asusta antes de nacer
EDITORIAL Libertad Digital 14 Noviembre 2019

No es de extrañar que los mercados estén tan alarmados al ver lo que Sánchez dijo en su dia que “no dejaría dormir tranquilos al 95% de los españoles”.

Por mucho que las medidas que recoge el preacuerdo entre el PSOE y la extrema izquierda podemita sean pocas y todavía muy ambiguas, por mucho que Sánchez haya ofrecido a Nadia Calviño la vicepresidencia económica y la haya presentado como adalid de la ortodoxia presupuestaria y por mucho que la ministra en funciones Reyes Maroto tenga la desfachatez de calificarlo de "Gobierno moderado", está visto que el Ejecutivo socialcomunista hace temblar la economía antes incluso de haberse conformado.

Y es que no es casual que, justo en el momento en que Sanchez e Iglesias se fundían en un abrazo, los mercados se dieran la vuelta y el Ibex 35 cosechara pérdidas, ampliando su desmarque del Eurostoxx. Además, este miércoles el selectivo español abrió con fuertes caídas, por encima del 1,5%, hasta cotizar en el nivel de los 9.100 puntos, pérdidas que mantuvo durante toda la jornada, hasta cerrar en el 1,2%.

Y no es para menos: ni la ambigüedad de las medidas del preacuerdo ni las falaces palabras del Gobierno en funciones para tranquilizar a los mercados y a los inversores pueden llevar a nadie engaño. El de Sánchez es el partido socialista más radical de cuantos hay en Europa y, para colmo, abre la puerta de su Gobierno a una formación comunista como Podemos, algo que ya no sucede en ninguna democracia occidental. Así las cosas, no hace falta ser un analista muy perspicaz para saber que Podemos, lejos de moderar, va a excitar todavía más las letales propensiones del PSOE de Sanchez a subir los impuestos, incrementar el gasto, incrementar el salario mínimo, controlar los alquileres, hacer más rígido el mercado laboral y subir irresponsablemente las pensiones a costa de los actuales trabajadores y de un mayor endeudamiento público. Todo lo contrario de lo que hay que hacer para espantar la crisis económica en la que el desgobierno de Sánchez nos ha sumido.

Algunos trataran de buscar consuelo en el hecho de que aún está por ver que Sánchez e Iglesias encuentren los apoyos suficientes para sacar adelante la investidura; pero, aun estando ciertamente el futuro siempre abierto, no menos cierto es que a Sánchez le basta el apoyo de Iglesias y de Errejón para salir investido presidente en segunda votación, mientras las formaciones separatistas no se sumen al PP, a Vox y a Cs en contra de este Gobierno social-comunista que, a diferencia también de cualquier otro Gobierno europeo, tendrá un vicepresidente y varios ministros partidarios del mal llamado derecho de autodeterminación de las regiones que conforman la nación española.

A este respecto, más sentido tiene buscar algo de consuelo en la pertenencia de España al euro y en la falta de acreedores que va a padecer este espantoso e irresponsable Ejecutivo. Con todo, aun cuando este hecho imponga límites al endeudamiento, las tragaderas de los burócratas del BCE que financian con dinero del contribuyente a los Gobiernos manirrotos son enormes y nunca han constituido un dique para la subida de impuestos. Así las cosas, para cuando el Gobierno de Sánchez ya no pueda seguir gastando y endeudándonos más por falta de acreedores institucionales, la situación económica nacional bien podría ser absolutamente calamitosa.

En definitiva: no es de extrañar que los mercados estén tan alarmados ante un Gobierno como el que Sánchez dijo en su día que "no dejaría dormir tranquilos al 95% de los españoles".

España tendrá un Gobierno de la izquierda radical intervenido por el separatismo
EDITORIAL ESdiario 14 Noviembre 2019

PSOE y Podemos se reparten el poder en una España amenazada por el separatismo y la crisis económica que dependerá, además, de los partidos que más hacen por acabar con España.

No hace falta irse a las filas del PP, Vox o Ciudadanos ni ver, leer o escuchar a los escasos medios de comunicación críticos que quedan en España para entender el peligro que supone tener en el Gobierno de España a un partido como Podemos y a personajes como Pablo Iglesias.

Y no es necesario porque es suficiente con escuchar todo lo que lleva diciendo de ese partido radical y de sus dirigentes antisistema Pedro Sánchez, el mismo que ahora les va a entregar la gobernación de España.

Fue él quien alertó de su inaceptable defensa de un referéndum de autodeterminación en Cataluña; de su voluntad de implantar un sistema como el de Venezuela en nuestro país; de su defensa de los "presos políticos" catalanes o, entre tantas otras joyas de la hemeroteca, de provocarle a él insomnio "como al 95% de los españoles".

Pues esa formación populista, chavista, proindependentistas y antimonárquica, que denigra la Transición y defiende a sátrapas como Maduro o Evo Morales; va a tomar las decisiones en España probablemente durante cuatro largos años. Y aún hay algo peor.

Porque siendo inquietante esa pinza, demostrativa por cierto de que la repetición electoral fue una decisión de Sánchez para subir en diputados y no una consecuencia del bloqueo de nadie, lo es más todavía que resulte insuficiente y necesite de respaldos aún peores.

España tendrá un Gobierno radical y populista intervenido, además, por los partidos que no creen en España

Porque la coalición radical de PSOE y Podemos no prosperará si no tiene el apoyo directo o indirecto, pero en todo caso cierto y con seguridad costoso, de buena parte del independentismo. El Gobierno de España estará pues intervenido por los partidos que menos creen en España y brindarán sus votos a ese Ejecutivo con fines estrictamente egoístas: lograr más prebendas, caso del nacionalismo vasco; profundizar en su proyecto independentista, caso del catalán.

Si la coalición demuestra la falta de escrúpulos de Sánchez y evidencia que el bloqueo siempre ha sido una estrategia; la desgana por buscar alianzas alternativas con el PP y Cs evidencia que, con ser populista y radical Podemos, es el PSOE actual el partido más sectario, frentista e hipócrita que existe en España. Ahora ya se ha quitado la careta del todo.

Y se le han acabado las excusas: lo que ocurra en adelante con la economía, la convivencia, Cataluña y el orden constitucional es exclusivamente responsabilidad suya.

La credibilidad de un mentiroso compulsivo
El pacto del PSOE contra la ultraizquierda
Álvaro Martínez ABC 14 Noviembre 2019

En la desconcertante precipitación que acompaña al siglo, donde las cosas son tan rápidas como evanescentes, se abre tiempo de quinielas tras las elecciones y «el pacto del abrazo del oso». Se aventuran semanas vaticinando quiénes formarán parte de un gobierno que, a diferencia del fundacional del sanchismo, nadie se atreve a motejar de «bonito», entre otras cosas porque fue el propio Sánchez el que dijo que con Iglesias en La Moncloa le iba a ser imposible pegar ojo. Llevamos apenas tres días desde las últimas urnas y ya se pronostican al menos tres vicepresidencias, a este paso más jefes que indios. Sánchez se comprometió a hacer a Nadia Calviño vicepresidenta económica hace apenas diez días, en el debate televisado. Como Iglesias puso mala cara, desde anteayer sabemos que el ilustre vecino de Galapagar también será vicepresidente, para insomne desasosiego de Sánchez si hacemos caso de la excusa que puso antes para no pactar con él. Y como algunos en el PSOE también fruncieron el ceño por el fichaje del podemita para La Moncloa, ayer se daba por seguro que Calvo seguirá siendo vicepresidenta para actuar de contrapeso a Iglesias.

Surgirán nuevos nombres pero pongan todos en cuarentena. Sánchez ha batido la plusmarca mundial de contradecirse. Recuerden que primero vio rebelión y luego sedición en los golpistas; que dijo que nunca gobernaría con quien afirme que hay «presos políticos» en España (como sostiene Iglesias); que jamás se apoyaría en partidos secesionistas para alcanzar el poder; que con menos de 130 diputados no se puede formar gobierno (tiene diez menos)... Y paremos porque todo en Sánchez es una enmienda a la totalidad a su corpus declarativo, tan frondoso y fiable como el de un charlatán de feria y que él se esmera en descuartizar para salir del paso en una urgencia de última hora. No sorprenden a estas alturas las nuevas mentiras ni los intentos de engaño masivo, sorprende el desvergonzado desahogo con que encadena las trolas que alumbra tomando por idiotas a todos los españoles. Por eso, insistimos, no conviene hacer mucho caso al chaparrón de nombres ministrables o vicepresidenciables, porque hablamos de la credibilidad de un mentiroso compulsivo.

«Gobierno de progreso»
Gabriel Albiac ABC 14 Noviembre 2019

En el año 2004, encargué a Gustavo Bueno, para la colección que yo dirigía, un ensayo contra los tópicos políticos. Bueno era la autoridad indiscutida del pensamiento español. También, para mí, el pensador mayor de nuestro siglo veinte.

Él me remitió un «panfleto». Que era un tratado exhaustivo sobre la democracia. Un «panfleto» contra nuestros políticos, que era un compendio de erudición y de ingenio. Desmenuzaba la inmensa tomadura de pelo, la gran estafa política de la España contemporánea. Y esa tomadura de pelo tenía un nombre: la invocación del «progreso histórico» como trivial religión, en cuyo nombre todo queda permitido a aquel que manda. El progreso, solía repetir don Gustavo, en uno de aquellos axiomas letales tan suyos, «es el nombre laico de la providencia divina». Tan infundado como ella. Y, en tanto que se finge racional, mucho más engañoso.

He tomado de mi biblioteca aquel volumen, que el maestro tuvo a bien dedicarme, tras leer el infantil comunicado al cual los inimaginablemente vanidosos Sánchez e Iglesias llaman un «acuerdo de gobierno». A Bueno, que era mucho menos paciente que yo, le hubiera desencadenado un ataque de justa ira. Estoy seguro. ¿Qué deriva de la lectura de ese «acuerdo»? Tan sólo una expresión sacramental: «Gobierno de progreso». Repetida hasta la náusea por los firmantes y sus súbditos. Como una litúrgica evidencia que eximiera del esfuerzo de aclarar qué es lo que, en ella, el sustantivo «progreso» significa.

Rastreemos nosotros ese significado que nuestros asalariados de lujo nos ocultan. La palabra «progreso» es reciente. No aparece en el más antiguo diccionario español, el Tesoro de Covarrubias de 1611. Su primer registro es el del Diccionario de autoridades, ya en 1737, que lo da como «continuación ó adelantamiento de alguna cosa ó en alguna materia», bajo la filiación del latín progressus, participio sustantivado del verbo progredior que significa «salir de casa o avanzar». Pero se «sale de casa» para pasear o para asesinar. Indistintamente. Se «avanza» hacia la gloria o hacia el patíbulo. Y en ninguna de las dos cosas hay más «progreso» que en la otra. Ni menos. La vida es sucesión (progressus) en el tiempo. Todo humano, aun el más pasivo, está en progressus: se mueve. O está muerto. La modificación no es un factor valorativo.

¿Qué es lo que hacen los políticos cuando superponen una valoración sobre un dato universal? Alzar una mitología ventajosa. Que se resume en esta doble necedad: «progresar es bueno», «progresista soy yo y mi enemigo es regresivo». Esa sencilla operación trueca la gestión del poder en una teología política: hacia el cielo o contra el cielo. Y no hace falta insistir sobre las consecuencias trágicas que tal asunción por los políticos de la potestad salvífica han tenido para la edad moderna. Si el progreso es la providencia que nos conduce al paraíso y si la guía de ese celestial destino ha sido puesta en mis manos, entonces todo, absolutamente todo, me está justificado. Lo peor del siglo XX vino de eso: la negra noche de los totalitarismos.

Progreso es todo en el decurso del animal que existe en el tiempo, es la secuencia irreversible del tiempo. O bien, es el engaño de quienes pretenden poner esa secuencia bajo el cobijo de un sentido guiado por el Dios-Historia. El maldito «sentido», que tan sólo genera mentira y muerte. El maldito «sentido» que -enseñaba Spinoza en el siglo XVII- es el padre y gestor de todas las esclavitudes. Esclavitud: Sánchez, Iglesias.

¡Era esto!
Agapito Maestre Libertad Digital 14 Noviembre 2019

¿Sánchez ha convocado las elecciones para ocultar su fracaso o, por el contrario, para dar un golpe definitivo a la nación española y formar un Gobierno revolucionario con los separatistas? Así terminaba yo la semana pasada mi columna, titulada "¿Bloqueo político o revolución stalinista?". La respuesta no se ha hecho esperar muchos días. Todo está a la vista. Basta con hacer constar una situación objetiva. Prosigamos, pues, nuestra misión de levantar acta de lo que pasa. No creo que pueda hacerse cosa mejor en defensa de nuestra maltratada democracia, cada día que pasa más inviable, según mi filosófico parecer, por la muerte del sustento clave de la Constitución del 78: la nación española.

Es obvio que había ciento de signos y comportamientos del Gobierno en funciones, declaraciones de los socialistas y actos jurídicos en favor de los presos por dar un golpe de Estado, la violencia organizada por los propios dirigentes de la Generalidad contra España, todas las instituciones del Estado, especialmente el Poder Legislativo, al servicio del Ejecutivo y, sobre todo, la mayoría de los medios de comunicación tragando con el rollo de la vetocracia y el bloqueo político, etcétera, etcétera, que anunciaban la entente, o mejor, el cambalache revolucionario entre los socialistas y los separatistas con la mediación de los comunistas para conformar un Gobierno de corte revolucionario que dé fin a la democracia del 78 y, por supuesto, a la prosperidad de todos los españoles. Yo mismo decía, aunque no estoy seguro de haberme hecho entender, que la mayor prueba de lo que se avecinaba la ofreció el propio Sánchez con un silencio cómplice ante la declaración revolucionaria de Iglesias:

Diga sin vergüenza, señor Sánchez, como hago yo ahora, que España no es una nación sino un conglomerado de nacionalidades.

Sin duda alguna, Sánchez ha dicho eso, y aún cosas peores, contra la nación española en otras ocasiones, pero en el debate era menester callar para no perder más votos. Y, sobre todo, había que callar para no recordar que él, Sánchez, era un títere puesto por los golpistas en la Moncloa. Ya no se trata de rebajar la conciencia nacional española para potenciar los famosos hechos diferenciales, comentaba yo, sino de apostar por un proceso revolucionario que acabe con el Estado-nación, España. En eso estamos. ¡Era esto, la revolución, que habían diseñado Pascual Maragall y Rodríguez Zapatero con la ayuda ideológica de los textos del arqueólogo Bosch-Gimpera y el oceanógrafo Carretero Jiménez, que tuvo sus mejores frutos en un estatuto catalán ilegal e ilegítimo, lo que pretenden llevar a cabo con precisión comunista, o sea, con la ayuda, a veces, de la violencia separatista y otras de las mentiras agresivas de las fuerzas del progreso y de la cultura (El País y todas las televisiones), Iceta y Sánchez! Preparemonos para lo peor. Nadie espere que el PSOE se haga liberal o centrista, los comunistas se transformen en socialdemócratas y los separatistas respeten en alguna ocasión un artículo de la Constitución. No. Esto no es un Gobierno de Frente Popular sino la entronización de la revolución permanente.

Así las cosas, poco importa ya preguntarse por quién lidera este proceso revolucionario contra España, qué más da que sean los socialistas, los comunistas de Maduro y Evo Morales o los separatistas de Junqueras. La cuestión ahora no es quiénes marcan la pauta del golpe de Estado contra España, sino quiénes se oponen a la destrucción de la Nación. ¿Es posible transformar la soberbia de los conservadores y la cobardía de los socialistas que alguna vez dicen España en una fuerza colectiva capaz de enfrentarse a este golpe de Estado a la democracia?

Crónica de la nueva España
Increíblemente, el PP se siente engañado por Sánchez

Carlos Dávila okdiario 14 Noviembre 2019

"Nos sentimos como el marido cornudo que sabía que se la estaban pegando pero aún confiaba en que sus sospechas fueran falsas". Un presidente regional del PP, de los más enfadados, abandonó el martes la reunión de la Ejecutiva de su partido acompañado de una ex-ministra, igualmente irritada, lanzando sapos y culebras y no precisamente contra el mentiroso Pedro Sánchez y su colega de fechorías, Pablo Iglesias, sino contra su partido, contra algunos ejecutivos de su partido, y más ampliamente contra el comportamiento electoral del centroderecha español. Según su testimonio, basado, confiesa, en informaciones muy precisas (algunas procedentes de colegas periodistas) Sánchez ordenó la negociación con Podemos y también con ERC no en la noche del domingo, sino apenas terminado el debate del pasado 4 de noviembre. Barruntó una posible derrota en las urnas y exigió a los medios afines que estimularan la presencia de VOX en las horas televisivas de mayor audiencia. La presencia de Vox y asimismo la de cualquier figura que pudiera ensuciar la campaña del Partido Popular. Todo se condujo a rajatabla, tanto que, con la mayor intención, la televisión gubernamental sacó del ostracismo a Cristóbal Montoro, el fiscalicida de la clase media hispana, el ministro mas odiado de la era Rajoy, y le convirtió en protagonista de la pantalla.

Todo ordenado y bien ordenado. En la otra parte, el núcleo más obediente de Sánchez se ocupó de entenderse con la mujer de Iglesias, Irene Montero, e Iceta en Cataluña hizo lo propio con Rufián, el dirigente de ERC más proclive al acuerdo. Todo ocurría mientras Sánchez, con un desparpajo descomunal, instaba a Casado y a su partido a comprometerse con una "abstención patriótica" que le volviera a situar a él en el sillón preferente del Palacio de La Moncloa. De forma sorprendente, los responsables de la campaña del PP se enredaron en esas apelaciones interesadas y durante días desmintieron que tuvieran la más mínima tentación de caer en las redes que le tendía el dúo maléfico Sánchez-Redondo. Así sucedió que empeñados en este menester, las posibilidades electorales del PP no dejaban de descender. Tanto que los 100 escaños o más que su demóscopo de cabecera le pronosticaba en la última semana de octubre y primeros días de noviembre, adelgazaron hasta quedarse en menos de noventa, los que al final, contando con Navarra Suma, ha conseguido Pablo Casado.

Por continuar con el símil procaz de la dirigente irritada: "Nos engolfaron y encima les dimos carrete". Como suena. La verdad corría por otros vericuetos en tanto el PP se desgastaba una y otra vez asegurando con toda rotundidad que "jamás, jamás pactaría con Sánchez". “¡Cómo si este tío pretendiera pactar con nosotros”, dice al cronista la fuente citada. Lo cierto no es más que esto: Sánchez e Iglesias acordaron un gobierno antes de las elecciones, el PNV transmitió que ayudaría con la condición inicial de que Podemos apoyaran sus Presupuestos regionales, Revilla desde Cantabria medía la fidelidad de su voto en metros de ferrocarril, y ERC, peleada a muerte con sus antiguos socios de la derecha independentista, transmitía que sí, que en una segunda vuelta su Grupo Parlamentario en Madrid estaría dispuesto -como ya lo está- a abstenerse en la segunda vuelta de la investidura. Todo pactado y bien pactado mientras Casado se desgañitaba intentado que a Ciudadanos y Vox les entrara un ataque de responsabilidad, y facilitaran la opción del centroderecha. Con el éxito conocido, un fracaso en este sentido que tiene algunos pormenores auténticamente sangrantes: ¿saben por ejemplo que los votos de Vox en Alava han servido para robarle el escaño a la hermana de Miguel Angel Blanco? ¿Saben también que en Castilla y León, los votos de VOX y Ciudadanos que han ido a la basura le ha quitado tres diputados al PP? ¡Qué bien se entiende que Sánchez haya patrocinado hasta el agobio la candidatura de Abascal! Sánchez, al fin, no ha hecho otra jugada que ésta: apoyar al centroderecha en su obsesión de permanecer desunida. Póngase simplemente al cabo con este ejemplo también manejado por el interlocutor inicial: muchos votantes de VOX lo han hecho porque este partido, en su opinión, ha sido el único que ha denunciado los desvaríos morales de la extrema izquierda; pues bien ahora el tándem Sánchez-Iglesias ya ha anunciado una Ley extrema de eutanasia. Como dice este dirigente: "Un pan como unas tortas".

Ensuciar la campaña del Partido Popular

Nota del Editor 14 Noviembre 2019

El PP ha demostrado que no sirve para defender España, por el contrario, es claramente culpable de todo tipo de traiciones contra España y los españoles, y por ello debe sesaparecer. Pretender sacar al PP de su agujero es una irresponsabilidad porque han demostrado que carecen de cualquier principio ético o de defensa de los valores constitucionales y de la defensa de España. El PP pudo hacer cambios por España cuando dispuso de mayorías absolutas y desperdició todas las ocasiones. El PP en Galicia es el claro ejemplo de la necesidad de su desaparición, su desprecio por los derechos humanos y constitucionales de los español hablantes es patético.

Las elecciones tragicómicas y el pírrico triunfo socialista
​Mención aparte merecen las maneras torticeras de las que se ha valido el PSOE para conseguir el voto de los españoles
Miguel Massanet diariosigloxxi  14 Noviembre 2019

Cuando alguien no mide bien sus decisiones, no tiene previsto lo que puede pasar en una apuesta tan atrevida, incierta, inoportuna o innecesaria como es convocar una consulta pública, cuando se han tenido en las manos todos los resortes para poder formar un gobierno mayoritario, conseguir apoyos a poco coste o aprovechar las debilidades de los otros para ganar tiempo, fortalecerse y consolidarse en una posición de ventaja y, contraviniendo lo que dicta el sentido común, la más elemental prudencia y lo que las experiencias de otros han revelado como un error, un político se lanza a la palestra sin llevar puesta la armadura, con la lanza crujida y el yelmo del revés, no puede esperar que la fortuna le brinde el resultado que esperaba conseguir y debe de enfrentarse a la realidad que, en estos casos, suele ser especialmente dura con el temerario que lo intenta.

Hemos votado, hemos abierto las urnas y ¿que nos hemos encontrado en su interior? Dice la mitología griega que el dios de dioses Zeus, disgustado porque Prometeo había intentado robar el fuego divino para dárselo a los hombres, ordenó crear una mujer, extraordinariamente bella, que se llamaba Pandora y a la que se la dotó de múltiples cualidades y, entre ellas, el don de la mentira,. El propio Zeus le entregó una caja para que se la llevara cerrada a Epitemeo, hijo del titán Jápeto y de la oceánide Clímene. Pandora no sabía que el interior de aquella caja, que se le hizo prometer que no abriría, contenía todos los males capaces de contaminar el mundo de desgracias e, ignorante de ello, hubo un momento en el que no pudo contener la curiosidad y la abrió. Todo su contenido de males y desgracias se esparció por todo el género humano. Algo parecido se puede decir del resultado de estas elecciones que, si se programaron para que el PSOE saliera triunfante y con una mayoría, si no absoluta, al menos lo suficientemente importante y amplia para no tener que buscar demasiados apoyos para poder gobernar con comodidad; la triste realidad ha sido que, de las las urnas, no ha salido más que una endiablada combinación y atomización de distintas opciones políticas que, si antes ya fue imposible llegar a acuerdos para la investidura del señor Sánchez, no vemos como ahora, con tres escaños menos en lugar de la gran mayoría plebiscitaria que esperaba; con su apoyo preferido, Podemos, con un resultado peor que le ha hecho perder diez escaños; sin el recurso de apelar a un acuerdo con el partido de Ciudadanos, descabezado por la dimisión de Rivera y capitidisminuido por el gran batazo electoral, que lo ha dejado reducido a diez míseros escaños para afrontar la próxima legislatura y convertido en una formación inoperante para constituir un apoyo efectivo para el PSOE.

Sin embargo, aunque la derecha, como es habitual en ella, se ha perdido en disputas entre los partidos afines en su ideario, lo cierto es que ha conseguido unos resultados bastante favorecedores y que hubieran podido ser mucho más rentables si, en lugar de enfrentarse los unos a los otros, hubieran decidido aunar fuerzas. Vox, por la que nadie, cuando se puso en marcha este periodo electoral en el que llevamos extraoficialmente una serie de meses, hubiera apostado un euro en su favor, respecto, a sus posibilidades de conseguir un resultado como el que obtuvo en las elecciones autonómicas y municipales de Andalucía, ha dado el gran aldabonazo el plantarse como tercera fuerza política en el Congreso de Diputados con 52 escaños. Es evidente que un resultado de la derecha como el que se ha producido no era lo que se esperaban los socialistas que, aparte de perder más de 700 mil votos, han tenido que soportar la humillación de quedar por debajo de los resultados del pasado mes de Abril.

No saben perder, no son capaces de admitir sus errores y se mantienen en su postura soberbia supina, intentando aparentar que todo marcha sobre ruedas para su formación y que, si algo va mal, no es por culpa suya, sino que se debe a que los demás partidos no se prestan a colaborar con sus políticas. Tenemos que escuchar al señor Ábalos decir una memez semejante afirmando que si hay más paro es debido a la “confianza que ahora tienen los españoles en encontrar trabajo” y, señores, semejante barbaridad la dice nada más y nada menos que un señor ¡¡un ministro en funciones!! O, a la vicepresidenta en funciones, señora Carmen Calvo, pidiendo al resto de partidos que presuntamente van a formar parte de la oposición “que arrimen el hombro sin exigir contraprestaciones”. ¡Si señora y que todos renuncien a lo que estiman que son las políticas que mejor le podrían convenir a España, cuando la que ustedes, en materia de endeudamiento, déficit público y gasto público, con especial fijación en una aumento desproporcionado en gastos sociales que proponen, piensan poner en práctica, cuando el país se sabe que no está en condiciones de endeudarse más y ya se nos ha advertido desde Bruselas, en repetidas ocasiones, de que los números que el gobierno presentó ante los comunitarios, relativos al 2020, no cuadran de ninguna manera, pese a que el Gobierno ya ha anunciado importantes subidas de los impuestos.

Mención aparte merecen las maneras torticeras de las que se ha valido el PSOE para conseguir el voto de los españoles. Empezó por ir prometiendo mejoras a diversos colectivos, a aumentar salarios a funcionarios, a contratar a nuevos servidores públicos y a intentar venderse como el único partido que, con sus políticas económicas, estaba en condiciones de llevar a España, de nuevo, a sus épocas más florecientes. Todos los ministros, sin excepción, se han prodigado ofreciendo el oro y el moro e intentando desacreditar mediante supercherías, descalificaciones y falsedades a los partidos de derechas y manteniendo una postura hipócrita de no injerencia en los temas de Cataluña, pese a que lo que ha sucedido en dicha autonomía ha revestido una gravedad muy superior a la que, en las restantes ocasiones en las que tuvieron lugar alborotos semejantes en dicha comunidad, se produjeron. Su negativa a tomar medidas excepcionales para impedir la repetición de los desórdenes que han tenido lugar en toda Cataluña, su negativa a aplicar el 155 cuando era evidente la necesidad de acudir a una medida que sirviera para calmar la revuelta catalana y la desfachatez del ministro de Interior, señor Marlasca, que prefirió considerar los incidentes que incendiaron las calles de Barcelona como simples casos de desórdenes públicos, sin mayor importancia Y no olvidemos la actuación vergonzosa, tendenciosa, prevaricadora y contraria al fair play y honestidad con los que un organismo público debiera de haber actuado, ajustándose a la verdad, cuando se sacó de la manga unas encuestas electorales, trabajadas por el CIS, en las que se les concedía a los socialistas un abanico de 130 a 150 escaños y a las derechas un número evidentemente menor para que el contraste sirviera de propaganda para el PSOE, que era el que, evidentemente, salía más beneficiado. Esperamos que su petición de dimisión sea lo primero que se haga para sacar, de un órgano tan prestigioso como era el CIS, a un personaje que ha utilizado su cargo para intentar perjudicar a los rivales de los socialistas mediante sus artimañas y trampas.

Doscientos millones de euros gastados inútilmente para que España, una vez más, se encuentre en una situación comprometida sin ninguna garantía de que, así como han quedado las cosas, exista alguna posibilidad lo suficientemente clara para que, de esta nueva etapa, surja una persona con verdaderas posibilidades de salir investido para hacerse cargo del gobierno del Estado español. ¿Cuánto tiempo se calcula que va a tardarse en que el Rey decida proponer a un nuevo candidato para formar gobierno? Y ¿cuánto en que, el candidato, consiga los apoyos precisos para conseguir ser investido? Porque, señores, así como han quedado los partidos en los que se podía confiar para apoyar a Sánchez, va a ser difícil que la suma de escaños precisa se consiga y, máximum, si como parece querer insinuar el señor Sánchez, quieren que se apoye a su candidato, sin que ello suponga para ellos el tener que comprometerse a mantener unas políticas determinadas o existan algunos temas de carácter nacional que se conviertan en tabú para ellos a cambio del apoyo de otros partido o, simplemente, si se les pide su abstención en la sesión de investidura del candidato.

Me temo que las llamadas a la “responsabilidad” que con tanta frecuencia parece que hacen las señoras ministras en funciones, no suponen la aceptación del fracaso que significa para su partido el hecho evidente de que no solamente no ha alcanzado las metas previstas sino que, para mayor abundamiento, ha tenido que ceder tres escaños de los que tenían anteriormente. Resulta ofensivo, petulante, ridículo y absurdo que, en el PSOE, quieran escenificar la pírrica victoria que han conseguido como un gran triunfo y no tomen conciencia de que, con ella, se ha aumentado la gran división que se ha producido entre el resto de las izquierdas y las cuentas pendientes que existen, en la actualidad, entre socialistas y podemitas a causa de las humillaciones a las que fueron sometidos, estos últimos, cuando intentaban llegar a acuerdos con ellos para apoyar la investidura de Sánchez. Tiempo habrá para más comentarios y, con toda seguridad, motivos para que los españoles vuelvan a acusarse de votar sin valorar las consecuencias de hacerlo sin reflexionar sobre ello.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, hemos podido comprobar cómo somos capaces de tropezar “n” veces con la misma piedra, sin que las laceraciones que semejante accidente nos producen nos sirvan de recordatorio, de aviso y de escarmiento para que, en posteriores ocasiones, seamos más precavidos en la toma de nuestras decisiones. Porque, lo quieran reconocer o no, seguimos estando al borde del precipicio al que, las ideas cerradas, necias e irrealizables del señor Pedro Sánchez, acaben por llevarnos de nuevo, como en el 2011 Zapatero, a las puertas del crash económico.

Consejo General del Poder Judicial
Los jueces alertan contra el mercadeo del futuro Gobierno socialcomunista para renovar el Poder Judicial
El anterior intento para la elección del juez Marchena, como candidato de consenso entre PSOE y PP, para ocupar la presidencia del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y el Tribunal Supremo, provocó división en las filas socialistas.
María Jamardo okdiario 14 Noviembre 2019

La renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) presidido en funciones por Carlos Lesmes desde el pasado 4 de diciembre de 2018, será uno de los principales escollos para el nuevo Gobierno de coalición PSOE-Podemos. Jueces y magistrados temen que el nuevo escenario parlamentario, fragmentado, complique los trámites para la elección de los nuevos vocales y "oscurezca" la imagen de la Justicia.

Según lo previsto en la Ley Orgánica del Poder Judicial, para la designación de los diez vocales –el Consejo está integrado por una veintena-que decide el Parlamento, es necesario contar con el voto favorable de tres quintos de la Cámara. Esto es 210 de los 350 diputados que conforman el Hemiciclo. Al igual que sucede con los diez restantes, competencia del Senado, que exigen 159 votos afirmativos de entre el total de 265.

Así las cosas y atendiendo a los resultados obtenidos en las elecciones del 10-N por el Gobierno socialcomunista pactado entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, los números se antojan complicados. Como punto de partida PSOE y Unidas Podemos acumulan tan sólo 155 escaños.

Si a ellos sumasen los 13 de ERC, los 8 de JxCAT, los 6 del PNV, 5 aportados por Bildu, 3 de Más País y Compromís -respectivamente- 2 de Coalición Canaria y, otros tantos, de la CUP, y los únicos obtenidos por el Partido Regionalista de Cantabria, el Bloque Nacionalista Galego y la plataforma local Teruel Existe, estarían situados en un cómputo, insuficiente, de 203 diputados.

De manera que el bloque opuesto, integrado por Partido Popular, Vox, Ciudadanos y Navarra Suma está en disposición de frustrar cualquier renovación si las maniobras de los grupos de izquierda, en connivencia con el independentismo, tratan de hacer caer la centralidad que debería ostentar el máximo órgano de gobierno del Poder Judicial.

Apoyo a la investidura
A los jueces les preocupa que Sánchez, candidato a la investidura y presidente del Gobierno en funciones, esté dispuesto a hacer concesiones al separatismo catalán sobre el Poder Judicial, a cambio de que le apoyen en su investidura.

Tras el trasvase de uno de los escaños obtenidos por el PNV en Álava a favor del Partido Popular -que suma su diputado 89 desde el País Vasco, de la mano de Beatriz Fanjul- el PSOE necesita el respaldo de los partidos independentistas catalanes y vascos, como mínimo. Por ello no descarta dar presencia a ERC y a PNV en el máximo órgano de gobierno de los jueces.

La entrada del primero de ellos, con un representante propio en el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), permitiría a los de Junqueras adquirir una posición privilegiada en el ámbito judicial para poder influir, por ejemplo, sobre la aplicación de las condenas a los golpistas del ‘procés’.

Sánchez quiere avanzar en el proyecto de José Luis Rodríguez Zapatero de fraccionar el Poder Judicial para entregar a la Generalitat de Cataluña el control de los jueces autonómicos. Algo que ha causado un profundo malestar entre jueces, magistrados y fiscales.

Separación de Poderes
Tampoco ha sentado bien entre los profesionales de la Justicia, el posicionamiento de la asociación progresista ‘Jueces y Juezas para la Democracia’ -de la que era miembro la actual ministra en funciones Dolores Delgado, en su etapa como fiscal- celebrando el acuerdo alcanzado este martes entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para su Gobierno socialcomunista.

Los magistrados integrantes de la misma en una afirmaban, en una nota publicada en su cuenta oficial de Twitter, que "apoyan" la conformación de un Gobierno "que sume las fuerzas progresistas y que opte por las políticas favorecedoras de la igualdad y la garantía de los derechos y libertades".

Esta declaración de intenciones, inédita en la práctica asociativa de los profesionales de la carrera judicial contrasta con la neutralidad de la Asociación Profesional de la Magistratura (APM) –mayoritaria en el Poder Judicial– o de la Asociación Francisco de Vitoria, que se han mantenido al margen de consideraciones políticas.

Desde ambos entes insisten a OKDIARIO en que continuarán trabajando para mejorar el ejercicio de la carrera judicial en España y aumentar la transparencia e independencia del Poder Judicial, frente a los intentos del Ejecutivo por interferir en el mismo.

Por ello, insisten en la importancia de abordar un cambio en el sistema de elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Tribunal Constitucional. Una medida que el PSOE ha incorporado tradicionalmente en sus programas electorales -y a favor de la que la propia Delgado se manifestó antes de ocupar la cartera de Justicia con el Gobierno ‘frankenstein’ socialista- pero que estuvo muy lejos de implementar cuando tuvo la ocasión de hacerlo.

Tribunal Constitucional
Tampoco será menor la renovación de varios magistrados que forman parte del Tribunal Constitucional que debería producirse en este mismo mes pero que, previsiblemente, se dilatará en el tiempo hasta que se confirme si el Gobierno socialcomunista de Sánchez sale adelante.

Se trata de cuatro de los actuales miembros del órgano judicial de garantías: su presidente, Juan José González Rivas; la vicepresidenta, Encarnación Roca; y, los jueces Fernando Valdés y Andrés Ollero.

Fuentes próximas al Constitucional confirman a OKDIARIO que el sector más conservador de los jueces que lo integran -y que permanecerán en sus respectivas Salas y Secciones pese al Ejecutivo de coalición y las vacantes que éste deberá cubrir- no permitirán maniobras orientadas a desvirtuar el juego de equilibrios tradicionalmente fijado para el Pleno del órgano judicial.

Policías en Cataluña
José Manuel Sánchez Fornet okdiario 14 Noviembre 2019

Varios miles de efectivos de Policía y Guardia Civil fueron trasladados a Cataluña para impedir el referéndum ilegal del 1-O de 2017. Muchos de ellos fueron alojados en el barco ‘Piolín’ en condiciones calamitosas, hacinados, mal alimentados y peor tratados, responsabilidad de políticos y mandos policiales. Quienes consiguieron alojamientos más decentes en hoteles fueron hostigados y tuvieron que abandonarlos. Miles de guardias civiles fueron alojados en cuarteles y residencias militares, durmiendo en naves con decenas de camas, pocos cuartos de baño, sucios y sin agua caliente.

Cabría esperar, tras la experiencia de hace dos años, que algo se habría aprendido. Pero no, este Gobierno del PSOE trata a los miembros de las fuerzas de seguridad con el mismo desprecio que el del PP. Los miles de policías y guardias desplazados a Cataluña soportan malas condiciones de alojamiento, difícil descanso, estrés derivado de la situación que enfrentan, alejamiento de su familia, una sociedad hostil, mal pagados y peor reconocidos en lo material, más allá del uso cínico que hacen todos los políticos alabando su tarea, buscando beneficios en forma de votos. Se ha producido la misma improvisación que hace dos años; siguen maltratados y despreciados, con exceso de horas de servicio y sin compensación justa.

¿En qué ley, norma, práctica de operativa policial, está escrito que los policías tienen que soportar durante horas lanzamiento de objetos contundentes, botellas, piedras, bolas de acero con potentes artefactos… sin que se organice un dispositivo para dispersar y detener a los violentos? ¿Qué Estado y qué clase política de un Gobierno responsable permite “lapidar” a los policías –casi trescientos heridos-, siendo su respuesta meramente defensiva, acomplejada, arriesgando la integridad física de los agentes? ¿Qué sentido común, político, de interés del Estado, permite que mientras los policías están con decenas de heridos, casi desbordados, más de 1.000 miembros antidisturbios de la Guardia Civil no sean utilizados? Mientras escribo esto, por fin, tras más de 36 horas de bloqueo de la A7 en la Junquera, de miles de conductores secuestrados, parece que los antidisturbios de Guardia Civil van a actuar secundando a la policía francesa. ¿No sabían ambas policías que se iba a cortar esa carretera desde hace dos semanas? ¿Por qué no han prevenido evitando el perjuicio ocasionado? ¿Hay algún responsable de ese recorte de derechos a la ciudadanía que pretendía circular por esa carretera? No, en España nunca nadie es responsable.

El Gobierno actual del PSOE como el anterior del PP, con sus ministros ausentes y utilizando a la Policía como escudos; el ministro Marlaska mintiendo, como Zoido, y de “picos pardos” mientras decenas de policías eran heridos; el director general de la Policía, un tal Pardo, desaparecido antes del combate; el DAO, con amplia experiencia en UIPs, superando en torpeza al anterior. Ponen en riesgo a los policías. Ni mandos ni políticos merecen los profesionales que dirigen. Y los sindicatos policiales han reproducido lo que ocurrió durante las olimpiadas de 1992. Hoy también las asociaciones de guardias civiles que entonces no estaban legalizadas). En vez de unirse y garantizar mejores condiciones de alojamiento, laborales, comida, descanso y un justo plus económico, están en competencia, en guerra fratricida entre ellos por sus cargos y mamandurrias. Exactamente como la clase política a la que tanto critican pero a la que tanto se parecen en la práctica. Una Plataforma por Cataluña de sindicatos y asociaciones de policías y guardias civiles debería existir hace tiempo para estos asuntos comunes de condiciones de trabajo y derechos laborales. Los políticos y mandos desprecian a los policías y guardias civiles ¿Qué hacen sus organizaciones representativas?

Las mentiras del separatismo
Melitón Cardona ABC 14 Noviembre 2019

El embajador Cuenca acaba de publicar en Ediciones Insólitas «Las mentiras del separatismo (Cataluña y Quebec)», una obra que considero de lectura indispensable para quienes puedan albergar dudas sobre los mantras separatistas porque las disipará por completo.

José Cuenca Anaya (Iznatoraf, 1934), además de pluma de primera fila, ha sido embajador de España en Bulgaria, Unión Soviética, Grecia y Canadá. Su experiencia en este último país le ha permitido condensar en prosa nítida y elegante la brillante gestión política y jurídica del Gobierno canadiense ante la amenaza secesionista del Quebec y compararla con la que nuestros dirigentes políticos han venido llevando a cabo hasta ahora. Sólo esa comparación da idea de la importancia de la lectura de su libro.

Como es sabido, los medios afines al separatismo catalán suelen alegar el precedente quebequés en apoyo de sus tesis, olvidando mencionar que la legislación constitucional canadiense, a diferencia de la española, no proscribe la posibilidad de secesión de una provincia. También olvidan mencionar que dicha posibilidad sólo es admisible «de conformidad con la legislación federal» y no en base a un supuesto derecho de autodeterminación, que ni la legalidad internacional ni la canadiense contemplan, lo que les conduce a alegar un supuesto «derecho a decidir» utilizado a ambos lados del Atlántico como bálsamo de Fierabrás por quienes pretenden alcanzar sus fines por cualquier medio menos el legal. Lo explica claramente mi compañero en su libro y vale la pena leerlo con detenimiento porque delimita el ámbito político del fanatismo y ya explicó Churchill que el fanático es alguien incapaz de cambiar de opinión ni de tema.

En cuanto a la gestión del problema, el Gobierno canadiense elevó una consulta al Tribunal Supremo (en Canadá no hay tribunal constitucional) con tres preguntas: ¿puede procederse unilateralmente a la secesión de Quebec?, ¿existe un derecho de autodeterminación amparado por el Derecho Internacional? y ¿en caso de conflicto entre el derecho interno canadiense y el internacional, cuál prevalecería? Casi dos años más tarde, los nueve magistrados del Supremo (tres de ellos quebequeses por imperativo legal) emitieron su dictamen: de existir una mayoría clara en respuesta a una pregunta clara «el proyecto de secesión gozaría de una legitimidad democrática» que obligaría a negociar con el Gobierno central, las asambleas provinciales y las comunidades aborígenes, porque «los derechos democráticos fundados en la Constitución no pueden disociarse de las obligaciones constitucionales». Por otra parte, ninguna norma de Derecho Internacional ampara el derecho de autodeterminación del territorio de un estado democrático. En virtud de esas dos respuestas, el Supremo concluyó que no existía ningún conflicto entre el derecho interno y el internacional que debiera ser examinado en el dictamen.

A la vista de tales pronunciamientos, el Gobierno canadiense acometió la tarea de promulgar una «Ley de Claridad» que, básicamente, establecía que, de producirse un referéndum, la pregunta sometida al electorado debería ser clara (en casos anteriores había llegado a estar formada por 117 palabras); la respuesta también debía serlo, entendiéndose que la regla del 50%+1 debería ceder ante la exigencia de una mayoría calificada y, por último, consagró la obligación de negociar con las demás provincias en temas como el reparto de activos y pasivos, la modificación de las fronteras, los derechos legítimos de los pueblos autóctonos y la protección de los de las minorías.

La última parte del libro está destinada a rebatir las mentiras del separatismo catalán, que resumo por falta de espacio: «Cataluña combatió vigorosamente contra Franco»; «Madrid tiene fobia a las urnas»; «España nos roba»; «la recién instaurada República catalana será reconocida por todas las naciones»; «la Cataluña desgajada de España seguirá siendo miembro de la Unión Europea» y «Cataluña será más próspera si se separa de España». El autor las desmonta todas con solvente contundencia.

El libro del embajador Cuenca constituye un envidiable colofón a una brillante carrera diplomática y literaria y, como me ha confiado, le gustaría que fuese su «último servicio a España».
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Melitón Cardona es embajador de España

El vestigio oculto que desvela la barbarie de Lenin y que la URSS escondió 70 años
En 1918, durante la revuelta de los kulaks, el líder comunista escribió una misiva en la que llamaba a asesinar de forma pública a un cengtenar de personas
Manuel P. Villatoro ABC 14 Noviembre 2019

Ya sea para mal, ya sea para bien, los mitos son una suerte de losa casi imposible de apartar. En el primer ámbito tenemos a nuestra castiza Leyenda Negra, una dolencia que historiadores y expertos han extirpado (no sin esfuerzo) en los últimos años a golpe de dato y ensayo. Sin embargo, en el otro extremo de la cuerda tenemos a personajes como Vladimir Illich Ulianov (más conocido por su nombre de guerra: Lenin). Encumbrado por la Unión Soviética por su lucha contra el antiguo régimen ruso, su momia todavía reside en un mausoleo dedicado a su persona en la Plaza Roja. La realidad, por el contrario, es que era un líder que abogaba por la crueldad como forma de combatir a sus enemigos. «¡Una revolución sin pelotones de fusilamiento carece de sentido», señaló en una ocasión.

Pero uno de los vestigios más claros de su barbarie no salió a la luz hasta 1991. Hasta entonces oculto por la Unión Soviética, en la década de los noventa se descubrió una misiva que el entonces líder del gobierno provisional Bolchevique envió a sus subordinados de la ciudad de Peza ordenando que ahorcan, a la vista de todos los habitantes, a un centenar de kulaks (campesinos adinerados). Según el revolucionario era un escarmiento por no haber querido enviar grano a las grandes ciudades de Moscú y Petrogrado. «Hacedolo de forma que, en cientos de kilómetros a la redonda, el pueblo pueda ver, temblar, saber, gritar: están estrangulando a y estrangularán hasta la muerte a los kulaks chupasangres», escribió.

Represión
La de los kulaks es de las tragedias que han sido pasadas por alto en la historia de la Unión Soviética. A nivel oficial el término significa «puño», pero la realidad es que pronto fue asociado por la Rusia de Lenin con los conceptos de «bastardo» y «tacaño». El origen de este odio hunde sus raíces en el 7 de noviembre de 1917. La jornada en la que, según explica el doctor en Historia Stephane Courtois en su popular obra «El libro negro del comunismo. Crímenes, terror y represión», los militantes armados partidarios de Vladimir Illich Ulianov se alzaron contra el gobierno de Aleksandr Kérenski en Petrogrado y, por descontado, el mismo día en el que consiguieron elevar a su líder y al Partido Bolcehvique hasta el poder de un gobierno provisional contra el antiguo régimen.

Para no soliviantar a las clases populares, sin embargo, Lenin disfrazó estos saqueos sistemáticos de alimentos como una lucha contra los campesinos más ricos; por entonces, los kulas: propietarios de granjas y cabezas de ganado que podían permitirse emplear mano de obra contratada, alquilar sus tierras y, además, habían adquirido un papel preponderante en las aldeas. Vladimir Illich Ulianov anunció su nueva política de colectivización del grano en un discurso que rozaba lo histérico: «Guerra despiadada contra los kulaks, muerte para todos». Les tildó, además, de animales chupasangre y les culpó de la falta de vituallas. Y es que, en sus palabras, habían decidido no entregar los alimentos para especular con el precio, y no por mera escasez.

Poco antes, en mayo, Lenin ya había enviado a Trotski (a quien le entregó la responsabilidad de garantizar el suministro de grano de las grandes ciudades) una directiva en la que imponía el servicio militar obligatorio y asignaba nuevas tareas al ejército. Entre ellas, convertir «el Comisariado de Guerra en un Comisariato de Abastecimiento Militar». «Esto es, nueve décimas partes del trabajo del Comisariado de Guerra se concentrará en adaptar al ejército a la guerra por el pan y a la ejecución de una guerra de este tipo durante tres meses, entre junio y agosto», añadía. Para terminar, también incidía en que los nuevos reclutas llevarían a cabo «operaciones sistemáticas con el objetivo de tomar la cosecha y hacer acopio de comida y combustible».

En agosto, como era de esperar, estalló una revuelta protagonizada por los kulaks. Después de ello, el mismo líder bolchevique se refirió varias veces a esta clase social en sus textos: «Ahora vemos perfectamente que los terratenientes, los capitalistas y los kulaks, que, claro está, odian a todos, por causas para ellos bastante lógicas, han actuado aquí también en formas poco distintas de las que tuvo la actuación de los terratenientes, los capitalistas y los kulaks de Ucrania y otros lugares cortados de Rusia».

En el mismo apartado también les tildaba de «lacayos del imperialismo anglo-fracés», una acusación bastante curiosa si consideramos que, el 3 de marzo de 1918, el mismo Lenin había cedido territorios limítrofes del país como Finlandia o Polonia a los imperios centrales como Alemania en el llamado Tratado de Brest-Litovsk para evitar sus ataques.

Su desprecio a estos campesinos (y su incitación a acabar con ellos) fue, cuanto menos, llamativo. En un discurso pronunciado ese mismo año afirmó que el Ejército Blanco (que representaba al antiguo régimen) se había nutrido de estos «campesinos ricos que se han lucrado con la guerra y viven del trabajo ajeno, del trabajo de los pobres». No fue lo únio que salió por su boca... «Sabéis que esos elementos han acumulado decenas y centenares de miles de rublos y que poseen enormes reservas de cereal. Sabéis que esa gente que se ha lucrado con las desgracias del pueblo, esa gente que hallaba una mayor base para el robo y la ganancia cuánto más horrenda era el hambre del pueblo en la capital, que esos elementos kulaks constituyen la base principal y más seria del movimiento contrarrevolucionario en Rusia», destacó Vladimir Illich Ulianov.

La carta de la vergüenza
En mitad de aquella vorágine de odio, Lenin envió varias misivas a los grupos volcheviques de diferentes regiones para que actuaran de forma cruel contra los kulaks. Una de esas cartas, fechada el 11 de agosto de 1918, demostraba tal barbarie que fue escondida por el gobierno de la Unión Soviética (y luego, el ruso) hasta 1991, poco después de la caída del Muro de Berlín. Los destinatarios del texto en cuestión (recogido en el nuevo libro de Simon Sebag, «Escrito en la historia» -Crítica, 2019-) eran sus partidarios en la ciudad rusa de Penza (ubicada en el centro del país, a orillas del río Sura). Lo cierto es que, en julio mismo año, los checos del Ejército Blanco se habían apoderado de esta urbe y otras tantas cercanas como Cheliábinsk, Tornsk, Omsk o Samara.

En la carta el líder bolchevique era más que crudo. «Lenin enviaba cartas como la siguiente, en la que ordena asesinar al azar», desvela Sebag en su obra:
«Camaradas, la insurrección de cinco distritos de kulaks debe sofocarse sin piedad. Tiene que hacerse así en interés de toda la revolución, porque ahora se está librando, en todo el país, la “batalla definitiva” contra los kulaks. Debemos ser ejemplares:

1-Ahorcad (asegurándoos de que los ahorcamientos se desarrollan a la vista del pueblo) a no menos de un centenar de kulaks, ricos, chupasangres, conocidos.

2-Dad publicidad a sus nombres.
3-Incautaos de todos sus cereales.

4-Designad a rehenes según el telegrama de ayer.

Hacedolo de forma que, en cientos de kilómetros a la redonda, el pueblo pueda ver, temblar, saber, gritar: están estrangulando y estrangularán hasta la muerte a los kulaks chupasangres.

Acuse de recibo y ejecución de este telegrama,
Saludos.
PD. Utilizad para esto a vuestros hombres más duros».

Una semana después, Lenin envió un nuevo telegrama para asegurarse de que sus órdenes se habían cumplido tal y como quería: «Estoy extremadamente indignado por no haber recibido absolutamente ninguna respuesta en cuanto a qué medidas serias han sido tomadas para la supresión despiadada de los kulaks de cinco volosts y a la confiscación de su grano». Añadía, además, que la inactividad podía ser considerada como un acto «criminal» y que todos los esfuerzos de los bolcheviques de Peza debían concentrarse en «eliminar todos los excedentes de grano que hubiera en las granjas de estos campesinos adinerados (granjeros que habían conseguido amasar algunas propiedades y un poco de liquidez).
Otras cartas

En realidad, y aunque esta carta fue descubierta con asombro, existen otras tantas misivas en las que Lenin insistía en que era necesario hacer valer la fuerza del Ejército Rojo (y de la tristemente mítica Cheka -Chrezvycháinaya Komíssiya-, la policía política del régimen) para requisar todo el grano que se pudiese.

El mismo 8 de agosto (tres jornadas antes de enviar la misiva desvelada en 1991) envió otra igual de sangrante: «Hay que formar inmediatamente una troika dictarorial (usted mismo, Markin y otro), implantar el terror de masas, fusilar o deportar a los centenares de prostitutas que hacen beber a los soldados, a todos los antiguos oficiales, etc. No hay un minuto que perder. Se trata de actuar con decisión: requisas masivas, ejecución por llevar armas, deportaciones en masa de los mencheviques y de otros elementos sospechosos».

Las revueltas se aplacaron, pero la semilla del odio quedó sembrada y, en 1929, Iósif Stalin anunció la «liquidación de los kulaks como clase». Fue entonces cuando el término se transformó en un sinónimo extraoficial de enemigo del estado soviético. En los dos años siguientes (hasta 1931) casi dos millones de estos granjeros fueron deportados a Siberia, Kazajstán o los Urales. Y otros tantos de ellos, puestos frente a un pelotón de fusilamiento.

Lo que se suele obviar es que, a la par, el Estado se apropió no solo de sus tierras y de su grano, sino también de las propiedades de otros tantos campesinos de menor entidad. Los que sobrevivieron fueron obligados a acudir a granjas colectivas. El camarada supremo, por su parte, se limitó a señalar que «la resistencia de esta clase debe ser aplastada en una guerra abierta» y que hacerlo «sin despojarles de sus propiedades» no era más que mero «parloteo» de los «desviados de derechas».

******************* Sección "bilingüe" ***********************

En manos de los separatistas
Editorial El Mundo 14 Noviembre 2019

Bastó un solo día después de la pomposa rúbrica del pacto entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para conocer el precio que el independentismo le pone a su eventual respaldo a un gobierno de coalición. ERC, partido clave para el PSOE y Podemos en la búsqueda de una mayoría parlamentaria, dejó claro ayer que supedita cualquier apoyo al regreso de Sánchez a la mesa de Pedralbes. Esto implicaría admitir la existencia de un conflicto en Cataluña -no un problema de convivencia, como reflejaba el documento firmado por Sánchez e Iglesias- y aceptar la mediación de un relator dirigido a establecer una negociación bilateral entre el Gobierno y la Generalitat. Asumir este chantaje sería tanto como arrodillar al Estado ante quienes siguen inmersos en un golpe contra las libertades y la unidad nacional.

Tanto Pere Aragonès, cabeza visible de ERC mientras Junqueras continúe en prisión, como Arnaldo Otegi fueron ayer explícitos en sus pretensiones. El vicepresidente catalán exigió articular una mesa de negociación sin líneas rojas. Por su parte, el líder de EH Bildu condicionó abrirse a apoyar la investidura a abordar el derecho de autodeterminación. Todo ello mientras el nacionalismo vasco negocia un nuevo Estatuto y justo cuando el separatismo no solo no renuncia a la vía unilateral sino que continúa dando cobertura a las acciones violentas y desobedece al TC, tal como se plasmó en la moción en favor de la autodeterminación promovida por la CUP. "Lo volveremos a hacer". La amenaza de Torra, quien pide a Podemos que facilite desde el Consejo de Ministros la amnistía de los presos, sitúa a Sánchez frente al espejo de su irresponsabilidad. Gobernar apoyándose en el secesionismo causa alarma. Y así lo han percibido los mercados. El Ibex y los bancos recibieron un duro castigo en la Bolsa tras anunciarse la coalición. El selectivo cayó un 2% en la mitad de la sesión, arrastrado por el desplome generalizado de las entidades. La banca se ha dejado 6.000 millones de euros desde el martes.

Armar un gobierno frentista, de la mano de una alianza inestable de populistas y separatistas, debería llevar a los críticos del sanchismo a alzar la voz. Emiliano García-Page sostiene hoy en EL MUNDO que el Gobierno de España "no puede depender" de quienes pretenden romper España. Más allá de la excepción del presidente de Castilla-La Mancha, ante el clamoroso silencio de los últimos días, cabe preguntarse si hay vida en el PSOE. Tanto el resto de barones refractarios a la podemización de su partido como algunos de sus referentes históricos se enfrentan al deber moral de evitar que Sánchez deje el Ejecutivo en manos de un partido cuyo líder ha sido condenado por sedición. Todos ellos tendrían que tener presente la advertencia de Rubalcaba sobre el peligro que supondría un Gobierno Frankenstein no solo para la gobernabilidad, sino para la defensa de la nación.

En manos de Bildu y ERC
Editorial larazon 14 Noviembre 2019

El cálculo que los estrategas de La Moncloa habían hecho para mantener a Pedro Sánchez en la presidencia del Gobierno pende de un hilo. Ese es el riego de disponer de una mayoría tan exigua, muy por debajo de lo recomendable para asegurar cualquier estabilidad y sostenida por nueve partidos. Seguimos en el mismo esquema político que propició el triunfo de la moción de censura en 2018, una suma de intereses contrapuestos con un común denominador: dejar fuera de juego al PP. Pero el PSOE debería saber que no puede haber solución a la crisis de Cataluña sin el Partido Popular. Ayer se confirmó que los populares habían ganado un meritorio escaño en Vizcaya para Beatriz Fanjul, en honor al esfuerzo de este partido por mantener el espíritu constitucional en años muy difíciles, que arrebata al PNV. De esta manera, los nacionalistas vascos pierden uno, con lo que los seis que tienen ahora serían insuficientes, una vez sumados al bloque favorable a la investidura de Sánchez, para superar a los que estarían dispuestos a votar no. Sobre el papel, el candidato socialista tendría 168 apoyos, frente a 169 en contra, pero teniendo en cuenta el supuesto de que ERC se abstuviera, lo que siendo el partido del que se trata sería bajo unas condiciones inaceptables para un partido constitucionalista. Pero es que, además, habría que contar con la abstención de Bildu o, en su defecto, de Junts per Catalunya. Es decir, en estos momentos la investidura de Sánchez está en manos de ERC y Bildu, dos formaciones abiertamente contrarias a la integridad territorial de España y, en el que caso de los abertzales, una herida moral en la conciencia democrática por su implicación con el terrorismo etarra. De nuevo el futuro del PSOE en La Moncloa depende de dos formaciones contrarios a los intereses nacionales, lo que no será gratuito. ERC ya ha exigido retomar los contacto de Pedralbes, con la figura del «relator», una verdadera humillación a un Estado democrático, y más ahora, cuando las instituciones catalanes agitan la calle y justifican la violencia. En cuanto a Bildu, no hay duda de sus pretensiones, según lo expresó ayer Otegi: abrir una «agenda democratizadora (sic) en profundidad» que atienda los derechos de autodeterminación del País Vasco y Cataluña y la libertad de los líderes independentistas. Son posiciones inasumibles, aunque en un caso de extrema necesidad nada indica por ahora que Sánchez no aceptaría la abstención bajo la evidencia de que los separatistas nunca aceptarían un gobierno que no fuese la coalición anunciada por Sánchez e Iglesias. No hay que olvidar que de los de 16 partidos representados en las Cortes, seis son independentistas (35 escaños), sin contar con los 35 diputados de Unidas Podemos favorables a ejercer el derecho de autodeterminación llegado el caso. Es decir, para que el futuro «Gobierno progresista» saque adelante sus leyes o apruebe los presupuestos tendrá que contar con 70 diputados empeñados en la desestabilización del Estado, sea por propiciar un cambio de régimen o la ruptura de la unidad territorial. España necesita entrar en una senda de moderación, que la política retome la centralidad, alejada de soluciones populistas a derecha y a izquierda y que, en un momento tan grave coomo el actual, los dos grandes partidos nacionales, PSOE y PP, lleguen a un acuerdo de estabilidad. Es cierto que Sánchez rechazó esta opción y precipitó el anuncio espectacular de un acuerdo con Iglesias –del que semanas antes había renegado–, pero no será fácil que un Gobierno que ha despertado la desconfianza del mundo económico y que va a necesitar aliados que son un peligro para la estabilidad eche a andar. Todavía hay soluciones que requieren de la responsabilidad de sus actores: Sánchez podría ser investido con el apoyo de los 10 diputados de Cs y la abstención del PP. Se debe imponer la política con mayúscula.

Sánchez también tendrá que arrodillarse ante Bildu
OKDIARIO 14 Noviembre 2019

La pérdida por parte del PNV de un escaño en Vizcaya, que pasa al PP tras el recuento del voto en el extranjero, tiene más trascendencia del mero hecho de que los populares alcancen los 89 asientos en el Congreso de los Diputados y los nacionalistas vascos se queden con los mismos seis que consiguieron en las elecciones de abril. La pequeña variación significa que, si Pedro Sánchez quiere ser investido presidente, tendrá que recibir los apoyos de la izquierda radical, las distinta formaciones regionalistas y, además, la abstención de ERC y también la de los proetarras de Bildu, contando con los votos contrarios de PDeCAT y la CUP .

Es decir, el escenario se le complica aún más al jefe del Ejecutivo. Y ese es, precisamente, el problema: que Sánchez tendrá que ampliar su abanico de concesiones a los separatistas catalanes y a los herederos de ETA. La pérdida del séptimo escaño del PNV fuerza al presidente del Gobierno a tener que ir todavía más allá: ya no basta con convencer al preso Oriol Junqueras, sino al ex terrorista Arnaldo Otegui.

ERC, Bildu y BNG ya han puesto condiciones: los independentistas catalanes, una mesa al margen del Congreso de los Diputados en la que los Gobiernos de España y Cataluña negocien de Estado a Estado (¿se acuerdan de Pedralbes y la figura del relator?) además de la plurinacionalidad, una consulta no vinculante y una solución a los presos golpistas. Bildu y BNG, por su parte, exigen el reconocimiento del derecho de autodeterminación.

¿Qué hara Sánchez? La respuesta, vistos los antecedentes, es relativamente sencilla: todo lo que sea necesario para asegurarse su permanencia en La Moncloa, aunque para ello tenga que tragarse la propuesta que hizo en el debate electoral de volver a incluir en el Código Penal el delito de referéndum ilegal. En las actuales circunstancias, esa propuesta dormirá el sueño de los justos, porque Sánchez es un trilero capaz de decir una cosa y la contraria para seguir abrazado al poder.

En condiciones normales, cualquier candidato a presidente con un sentido de la dignidad y una conciencia patriótica mediana renunciaría a entregar España a sus enemigos, pero Sánchez sólo piensa en su beneficio personal, aunque reviente la unidad nacional

El retorcido camino del ‘Gobierno del insomnio’
Agustín Valladolid vozpopuli.es 14 Noviembre 2019

¿Y si hay plan B? ¿Y si lo que en realidad busca el líder del PSOE es legitimarse para forzar la ‘abstención patriótica’ de Pablo Casado? ¿Ciencia ficción? Con Sánchez, mejor no apostar

Jugada maestra. El PSOE pierde 760.000 votos y 31 senadores y Pedro Sánchezcierra un pacto de gobierno en 48 horas. El fracaso relativo se torna éxito completo. Brillante. El proceso mental que llevó al líder socialista a renegar de las convicciones que defendía hace tan solo unos días es fácilmente deducible: Iglesias está peor y necesita una salida urgente, así que tragará; el PP ha mejorado, pero sigue convaleciente; Ciudadanos ha pasado a mejor vida; y lo mejor: la verdadera oposición, a quien voy a tener enfrente, se llama Vox. Abascal nos va a dar grandes tardes de gloria ayudando a la reagrupación, en torno al Gobierno, de todas las fuerzas de izquierda. Fin de la cita.

Dicho y hecho. ¿Por qué en todo caso tantas prisas? Sánchez tenía dos temores: que fuera tomando cuerpo la idea de un pacto de Estado que colocara a Pablo Casado a su misma altura y en el que, en estas excepcionales circunstancias, se sintiera representada la mayoría del país; y que los González, Guerra, Ibarra y compañía tiraran los pies por alto y salieran en tromba apoyando el compromiso temporal con el PP poniendo de manifiesto que un PSOE con solo 120 escaños debería buscar el apoyo de otras fuerzas constitucionalistas para liberar a España del avispero en el que lleva demasiado tiempo atrapada.

Sánchez le puso encima de la mesa a Pablo Iglesias un documento que hace unos meses el líder de Podemos habría considerado una ofensa. No por su contenido, sino precisamente por su falta de contenido. Iglesias ha firmado un papel en blanco que muy bien podría haber suscrito también su tocayo Casado. Pero todo se andará. Como siempre, la letra pequeña, por decir algo, es lo importante. Reparto nítido de carteras y de presupuesto. “El señor Iglesias no puede pretender un gobierno paralelo a su servicio” (Adriana Lastra, julio de 2019). Bla, bla, bla. Discretos y no tan discretos movimientos para incorporar a Esquerra. De nuevo el tripartito: apoyo en Madrid a cambio de aupar a Pere Aragonès al Palau de la Generalitat.

Sánchez temía dos cosas: que fuera tomando cuerpo la idea de un pacto de Estado y que los González, Guerra, Ibarra tiraran los pies por alto, de ahí la rapidez del acuerdo

Pablo Iglesias pasa de 71 a 35 diputados en tres años. Era cuestión de tiempo que se pusiera precio a su cabeza. Con este movimiento no solo se blinda con una vicepresidencia y un puñado de ministerios; además ocupa el espacio que estaba destinado a Íñigo Errejón. Un dos por uno de libro que bien merece un abrazo y las llaves del apartamento de invitados en el Palacio de La Moncloa.
Torra y el botón nuclear

Hay, sin embargo, un problema. La pieza que falta para completar el rompecabezas. El obstáculo que ni siquiera el asombroso contorsionismo de Sánchez e Iglesias puede por sí solo superar: la postura final de Esquerra Republicana de Cataluña, a día de hoy, no está garantizada. La abstención de los de Oriol Junqueras no es tan sencilla. Cualquier movimiento lateral de ERC, negociado con el PSC de Miquel Iceta, será presentado por Torra y Puigdemont como un paso atrás. El expresident y su edecán siguen redoblando la apuesta (“Torra defiende los cortes de las autopistas”) para encarecer las cesiones de Esquerra, que incluyen como contrapartida el apoyo socialista para hacerse cuanto antes con el control del Govern.

El temor plenamente justificado de Junqueras es que Torra apriete el botón nuclear de las elecciones anticipadas en el peor momento, cuando ERC firme un acuerdo con Sánchez que no incluya, porque no es posible y lo saben, el compromiso de negociar la celebración de un referéndum. Y es ahí donde se cuenta con Bildu. Arnaldo Otegi va a trasladar a Puigdemont que hay que tener paciencia, que lo importante es que en Madrid no haya un Gobierno homogéneo que refuerce el papel del Estado; que sólo con un Estado debilitado la independencia será algún día posible. Otegi tiene tarea, pero se ha puesto a ello con la satisfacción añadida de arrastrar en su misión destructiva al PNV, ese partido de coherentes y respetables hombres y mujeres de derecha de toda la vida que se disponen a apoyar a un Gobierno de izquierda populista.

Junqueras no tiene tan fácil la abstención: teme que Torra apriete el botón nuclear de las elecciones anticipadas si ERC traga sin el compromiso previo de un referéndum

En esas manos está a punto de ponerse Pedro Sánchez, aunque no faltan quienes opinan que aún no se ha escrito la última línea de este penúltimo capítulo del serial. El presidente en funciones ha podido constatar en estos años que se puede engañar a mucha gente varias veces, pero también sabe que no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. No va a ser Junqueras el que, en este contexto, se deje fácilmente embaucar. Al líder de Esquerra no le sirven unas líneas escritas en el agua como las que ha firmado Iglesias. Ni tampoco un compromiso que no choque frontalmente con el espíritu o la letra de la Constitución (o con ambas cosas a un tiempo).

Así que Casado, Pablo, no se despiste usted. Sánchez tiene plan B; y probablemente C y D, como poco. Si no consigue formar el “Gobierno del insomnio”, no habrá sido porque no lo haya intentado. De otros habrá sido la culpa. Como siempre. Y será entonces cuando todos los ojos, los de Bruselas, la mayoría de las cancillerías europeas, el Ibex 35, alcaldes y presidentes de comunidades autónomas, muchos compañeros de partido y probablemente millones de ciudadanos, se vuelvan hacia Génova 13. ¿Política ficción? Puede que sí; o puede que ese sea desde el principio el verdadero plan. Yo empezaría a escribir un borrador de declaración patriótica. Con Sánchez, nunca se sabe.

El acuerdo de investidura
Ignacio del Río republica 14 Noviembre 2019

Que una vulgar redacción propia de un alumno de primaria se convierta en el documento marco de un acuerdo de Gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos, sería una anécdota sino fuera porque tiene todas las papeletas para convertirse en una realidad con fecha enero de 2020. Y porque los 10.297.472 ciudadanos que ha votado a los 150 diputados de PP, Vox y Cs tendrán que soportar la demagogia, la irresponsabilidad y la claudicación de España ante un Gobierno que representa a 9.850.168 de electores que han obtenido 155 diputados.

Detrás de este Gobierno estarán los partidos que recogen las aspiraciones del movimiento caciquil y provinciano de los BNG, regionalistas Cántabros, PNV, nacionalistas canarios, Teruel Existe y Compromis valenciano fagocitado por Más País.

La España en mosaico que se diseña desde las tertulias del Casino de la calle principal de las provincias, cuyas paredes hace 100 años que oían los mismos lamentos de la boca de los ensimismados próceres, incapaces de mirar al mundo ni mas allá de sus pequeños intereses.

En esta España nuestra de los gobernantes que vienen, que no quieren la libertad que canjearon hace tiempo, no hay ninguna reflexión sobre la economía global, el reencuentro y el papel de Europa, la modernización del país al compás del tiempo de la tecnología, el sistema electoral, la emigración o las pensiones.

Frente al independentismo catalán que dirige y patrocina el sabotaje de España desde el poder público de las instituciones catalanes, el Gobierno de la Generalidad y el Parlamento, Sánchez se pone en manos de Iglesias que le diseña un modelo de gobierno con un programa económico alumbrado en el bar de la universidad por los profesores interinos y maquillado de izquierda bolivariana.

Derecho de autodeterminación para Cataluña con los nacionalistas vascos en lista de espera, Banca pública sobre las cenizas de las Cajas de Ahorros, más impuestos a las empresas y a los ciudadanos más activos, y modelo educativo intervenido cercenando la educación concertada, son propuestas que se presentan junto el trato digno a los animales, las casas de apuestas, las políticas feministas, combatir contar la precariedad en la cultura, la eutanasia y “asegurar España como país de memoria y dignidad”.

La elecciones han constatado una constante en las elecciones generales. El sistema acredita dos grandes bloques de derecha e izquierda que se mueve en moderados porcentajes en cada convocatoria. La diferencia fundamental hasta ahora es que el PSOE y el PP mantenían un acervo común en sus gobiernos asentado en el modelo de país definido en la Constitución de 1978. Un modelo que, desde 2004 con Zapatero, se agrieta en los principios que sustentan la Constitución. En el Estado con el reconocimiento de la bilateralidad, en convivencia con la memoria histórica, en Europa con la Alianza de las Civilizaciones, y en economía con el abandono de las políticas europeas de austeridad y de rigor frente a la crisis -el Plan de inversiones en aceras- lo que provoca la intervención y el rescate de la UE.

Un Gobierno contemplativo ante el sabotaje de las fronteras por los piquetes del independentismo catalán dispuestos a cerrar España y Barcelona, sin importarles los daños personales y económicos que están causando a miles de ciudadanos.

Un Estado que se mantiene inerte y con los brazos caídos, mientras nuestros vecinos franceses recuperan con sus fuerzas de seguridad nacional la normalidad en su frontera y nos devuelven a los saboteadores independentistas.

Y frente a este escenario, el fraccionamiento del centro derecha demuestra que la estupidez en la política la compra cualquiera, no tiene precio.

Recordando a Ortega después de estas elecciones con el Gobierno que se avecina, “no hemos heredado ideales y virtudes; ciertamente solo hemos heredado problemas.”

Arcimboldo
PSOE, Podemos, PNV, Esquerra, Más País, BNG, PRC, Nueva Canarias y un señor de Teruel. Y lo van a llamar Gobierno
Ignacio Camacho ABC 14 Noviembre 2019

Cuando el añorado Rubalcaba acuñó el concepto de Gobierno Frankenstein pensaba en un monstruo político relativamente simple: socialistas, comunistas, nacionalistas vascos y separatistas catalanes, que entonces -2016- aún no se habían echado al monte de la insurrección ni por tanto tenían a sus dirigentes en la cárcel. El bloque de la moción de censura añadió algunos más, como los batasunos, sin que el agravante de que ya se había producido el golpe independentista causara el menor escrúpulo en Sánchez. Pero el Gobierno que va a surgir del nuevo paisaje parlamentario requiere una alianza de más participantes. Cuenten: el PSOE, Podemos y sus mareas, el PNV, ERC, Más País -con un diputado nacionalista valenciano dentro-, los regionalistas cántabros, el Bloque gallego, Nueva Canarias y un señor de Teruel que pasaba por allí y puede acabar desempeñando un papel clave. Y de reserva, los cinco posetarras, los dos incendiarios de la CUP y los ocho delegados de Puigdemont calentando en la banda por si falla alguno de los titulares. Eso ya es una criatura bastante más compleja que el viejo y entrañable Frankie: más bien se asemejará a un cuadro de Arcimboldo, el maestro de la anamorfosis que componía figuras humanas a base de frutas, árboles, plantas y animales. He aquí lo que se conoce como un acuerdo estable.

El principal nexo de tan variopinta amalgama es que la mayoría de sus componentes siente por la Constitución un entusiasmo nulo o escaso. Los que se conforman con reformarla -para incluir el derecho de autodeterminación, por ejemplo- son los más moderados. Hay unos cuantos grupos que postulan la fragmentación del Estado, otros que fantasean con guillotinar al Rey y algunos que ya lo han declarado no grato; será muy divertido ver a ciertos adalides antimonárquicos ejercer de ministros de jornada, encargados de acompañar al soberano y refrendar sus actos. Habrá quien piense que ésta es una forma de integrar en el sistema a sus detractores más enconados y que el usufructo del poder los volverá necesariamente pragmáticos. Algo de eso ocurrirá, sin duda, al menos a corto plazo, pero la operación tiene bastante de temerario. Entre secesionistas, confederales, carlistones vascos y comunistas posmodernos y clásicos, el régimen del 78 no va a vivir en los próximos años su momento más plácido. Basta decir que su defensor mejor aquilatado en esa peña es Sánchez, el hombre de la palabra de ley y los principios compactos.

Llamar a este enjambre Frente Popular es una concesión generosa que le presume una cierta coherencia histórica; la áspera denominación de «banda» -ay, Rivera- se puede quedar corta. Es una montonera, un hato, un revoltijo, una «cosa» cuyo único vínculo común lo establece la difusa noción y el descriptible aprecio por lo que aún conocemos como nación española. El socarrón Romanones lo diría a su modo: «Joder, qué tropa».

Pacto para liquidar España
Sánchez e Iglesias se abrazan, venciendo la repugnancia que se inspiran, antes de echarse en brazos del separatismo triunfante
Isabel San Sebastián ABC 14 Noviembre 2019

En boca de Pedro Sánchez, y no digamos Pablo Iglesias, «progresista» es a «progreso» lo que «carterista» a «cartera». El pacto que han alcanzado esos dos boxeadores sonados no tiene más propósito que salvarse mutuamente de la paliza recibida en las urnas, a costa de abrazarse entre sí, venciendo la repugnancia que se inspiran, antes de echarse en brazos del separatismo triunfante.

Hace pocas semanas el presidente en funciones declaraba, campanudo, que introducir al líder de Podemos en su gabinete le provocaría insomnio. Con tres escaños menos él y siete su nuevo socio esa coyunda política es motivo de júbilo. El populista coletudo ha pasado de Bestia a Bella en un abrir y cerrar de ojos, porque la ambición del socialista no conoce límites, ni barreras éticas, ni sentido del ridículo. Cualquier felonía es válida con tal de conservar el poder. No hay traición demasiado abyecta ni precio excesivamente alto. Una vez perdida sin remedio la escasa credibilidad que pudiera conservar a ojos de los más ingenuos, Sánchez no tendrá inconveniente en romper, una tras otra, las promesas formuladas en campaña y aún antes: la de restablecer en el Código Penal el delito de convocatoria ilegal de referéndum, las recogidas en su programa en relación a los emprendedores, e incluso la más importante de todas: la que le obliga, como jefe del Ejecutivo, a guardar y hacer guardar la Constitución española. Honrar ese compromiso le enemistaría con los independentistas de cuyos votos depende el Frankenstein alumbrado a toda prisa con Iglesias, partidario de «buscar fórmulas» que hagan posible robarnos la soberanía para regalársela a quienes incendian las calles, bloquean carreteras, agreden a los agentes de seguridad, o a cualquiera que se atreva a plantarles cara, y preparan explosivos para cuando llegue la hora de emplearlos. Dicho en lenguaje carterista, «dialogar». En román paladino, ciscarse en la Carta Magna.

El candidato del PSOE no ha esperado la llamada del Rey para amarrarse la investidura en las Cortes. Su narcisismo está muy por encima de esas minucias formales. Hace mucho que tiene garantizado el respaldo vía abstención de Esquerra Republicana y Bildu/ETA, muñidores en origen del proceso de destrucción en el que se adentra nuestro país a velocidad creciente. Los demás actores en escena son comparsas insignificantes. El hueso duro de roer era el dirigente podemita, que se alza con la victoria tras forzar su entrada por la puerta grande en un gobierno de coalición donde ostentará una vicepresidencia. Sánchez se ha rendido a su adversario tras perder clamorosamente el órdago que le lanzó. Ahora Iglesias pondrá y quitará a su antojo en ese Ejecutivo hecho a retales, donde Junqueras y Otegui decidirán mucho más de lo que se nos permita ver.

Nos esperan tiempos difíciles en lo nacional, lo económico y lo que atañe a las libertades. En nombre de su «progreso» nos impondrán su moral, además de meternos la mano hasta el fondo del bolsillo con el fin de financiar sus experimentos sociales. No durará mucho el monstruo, es imposible que dure, pero para cuando caiga lo que hoy es un horizonte inquietante se habrá convertido en un erial. Solo cabe confiar en que la minoría de bloqueo conseguida por PP y Vox en el Congreso y el Senado impida que consumen su plan de liquidación de España y que, mientras dure la travesía del desierto, los de Casado no pierdan el norte, permanezca unida e integre poco a poco en su seno a los restos del naufragio ciudadano. Lo demás, aunque grave, será reversible con la ayuda de Europa.

Abascal pide la dimisión de Sánchez por “estafar a los españoles”
El líder de Vox comparece en el Congreso para valorar el preacuerdo entre PSOE y Podemos, que tilda de “muy mala noticia para España” y acusa a Sánchez de retirar a la Guardia Civil de La Frontera y no descarta la presencia del Ejército
larazon.es.  14 Noviembre 2019

Un día después de que PSOE y Unidas Podemos hayan firmado un principio de acuerdo para formar un gobierno de coalición para desencallar la situación política, el presidente de Vox ha comparecido para valorar el preacuerdo entre ambos partidos. Santiago Abascal ha sido muy duro y directo contra Pedro Sánchez al que ha acusado de “no tener escrúpulos” y de ser un “estafador profesional”. A su juicio, si el presidente del Gobierno en funciones tuviera “más dignidad” debería dimitir y abandonar la política por “estafar” a los españoles y cometer un “fraude electoral” al pactar con Pablo Iglesias.

En rueda de prensa desde el Congreso de los Diputados, Abascal ha asegurado que “el autoproclamado candidato a la presidencia del Gobierno, porque ni siquiera está propuesto por el Rey, ni tiene palabra ni vergüenza, ni escrúpulos, ni principios. Ha actuado como un estafador profesional ante la opinión pública no pactaría con Podemos ni con los separatistas".

Para Vox, el preacuerdo entre PSOE y Podemos es una “mala noticia para España” porque este pacto “significa que España va camino de la Venezuela de Chávez, de la pobreza y de la cartilla de racionamiento”. Según ha explicado, el pacto “determinará la destrucción de la clase media, la clase emprendedora, la restauración del odio y la división entre los españoles”.

Abascal ha reiterado en varias ocasiones que “si el señor Sánchez tuviese la mínima dignidad debería presentar su dimisión y anunciar su salida de la vida pública”.

Respecto a la situación en la frontera de La Junquera, donde hay convocadas protestas contra la sentencia del “procés”, Abascal ha acusado a Sánchez de haber ordenado la retirada de la Guardia Civil y ha exigido que “no se escatimen medios” para restablecer el orden. No ha descartado solicitar la intervención del Ejército si no basta con la presencia y actuación de las Fuerzas de Seguridad, informa Efe. "El Estado tiene muchísimos instrumentos, no hay que escatimar ningún esfuerzo", ha subrayado cuando se le ha preguntado si habría que recurrir a las Fuerzas Armadas. Pero ha rehusado expresamente dar "un titular" sobre este extremo, incidiendo en que "bastaría con que no se pidiera a la Guardia Civil que se retire" como, según apunta, se hizo este martes. A su juicio, primero hay que intentar restablecer el orden en el paso fronterizo con la Benemérita, la Policía y los Mossos d'Esquadra. "Y, si no es posible, habrá que intentarlo de la manera que sea", ha apostillado.

En este contexto, ha exigido al Gobierno de Pedro Sánchez que, en lugar de impedir trabajar a la Guardia Civil, ponga en marcha medidas para acabar con los cortes de carreteras que están "secuestrando a los catalanes" y costando "miles de millones" no sólo a la economía de esta comunidad sino a la del Levante y, en definitiva, a la de toda España.

Acuerdo PSOE-Podemos
Leguina: «Sánchez ha metido a España en un lío y no quiere pagar el coste: irse»
Luz Sela okdiario 14 Noviembre 2019

Joaquín Leguina (Villaescusa, Cantabria, 1941) analiza para OKDIARIO las consecuencias del acuerdo de gobierno entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. El ex presidente socialista de la Comunidad de Madrid concluye que Sánchez ha destruido al PSOE y le pide que dimita.

P. ¿Qué valoración hace del acuerdo de Gobierno?
R. Pues es el acuerdo del ‘Gobierno Frankenstein’, que diría Alfredo Pérez Rubalcaba. ¿Para este viaje nos llevan ustedes a unas elecciones? ¿Qué han conseguido estas elecciones? Destruir a una parte del centro político, una subida importante de Vox y ellos han perdido, entre los dos, bastante más de 1 millón de votos. Cuando uno pierde tantos votos, lo normal es irse. Pero como no lo van a hacer, porque además nadie se lo van a exigir…Han destruido a sus partidos, a sus organizaciones y no sé a donde van a parar.

P. ¿Cree que Sánchez siempre ha querido este acuerdo?
R. Yo creo que no. Lo que dijo hace un par de meses era bastante claro, no sé si con pretensiones de engañar al personal, o porque lo pensaba. Pero lo peor no es este Gobierno, lo peor es lo que lo acompaña. Porque ellos tampoco suman.

P. Necesitan a ERC, a Bildu…
R. Necesitan el apoyo o la abstención de otros partidos. Mire usted, se ha metido en un lío y nos ha metido a todos los españoles y no quiere pagar el precio de ese lío, que es irse, dejar que el PSOE recupere el pensamiento normal de cualquier socialdemocracia europea e ir a un frente constitucional para acabar con el asunto de Cataluña, que es lo más grave que nos está pasando.

P. ¿Qué consecuencias puede tener este acuerdo en el tema catalán? ERC ya habla de un "relator".
R. No lo sé. Creo que, si quiere sacar el Gobierno adelante, no tiene más remedio que tener los votos, por lo menos, de ERC, o bien absteniéndose o votando a favor. Y ERC va a exigirles poco menos que la independencia, o el derecho a decidir, como dicen ellos. Que, por cierto, Iglesias apoya. Se mete a un partido con más de 100 años que se llama Partido Socialista Obrero Español en un lío que no se ha metido nunca

P. ¿Ve a Sánchez aceptando un referéndum?
R. Sinceramente, no lo veo. Porque ya sería un suicidio en plaza pública.

P. ¿Cree que es un Gobierno de larga duración?
R. Si saca los Presupuestos, sí. Ahora estamos con los Presupuestos de Montoro, que no es precisamente el mejor ministro de Hacienda que hemos tenido, y es necesario tener unos distintos y abordar problemas de verdad. Pensiones, empleo… Y eso no se arregla cambiando una ley, se arregla cambiando el sistema industrial español.

P. Se avisa de una crisis económica.
R. Yo no quiero ser tan pesimista. Hay una parada producto de muchas cosas, entre ellas, el Gobierno de EEUU y su batalla con China. Pero, a pesar de ello, Europa todavía va creciendo, y España por encima de la media. Pero la industria española es de una gran debilidad y de ahí viene toda la inestabilidad en el empleo, los salarios bajos… A la hora de hacer unas políticas positivas no creo que las ideas de Podemos, que son más viejas que la tos, vayan a acertar en la solución que necesita este país en empleo y salarios.

P. Sánchez decía que no dormiría tranquilo con Iglesias en el Consejo de Ministros.
R. Y decía más. Decía que el 95 por ciento de los españoles tampoco. Pues yo me tomaré un Lexatin. Pero de verdad… ¿Después de haber dicho esto, te das la vuelta? Un poco de dignidad. Vete, no formes Gobierno con este señor, y todos contentos. Pero el objetivo de Pedro Sánchez se llama Pedro Sánchez. Nos ha caído el gordo.
 


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