AGLI Recortes de Prensa   Domingo 17  Noviembre  2019

El abrazo del miedo
Jesús Cacho. vozpopuli 17 Noviembre 2019

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, Pedro y Pablo, rubricaron el martes su acuerdo con un estrecho abrazo, uno de esos intensos magreos cuerpo a cuerpo al que únicamente faltó el beso en la boca, en reedición de aquel famoso “beso de la muerte” con el que Erich Honecker y Leónidas Breznev sellaron en Berlín su alianza en junio de 1979, beso de solidaridad socialista, achuchón de los que quitan el hipo entre dos personajes que pugnaban por sobrevivir (al miedo en la ex República Democrática Alemana; a la miseria de la extinta Unión Soviética), un beso de “hermanos” en apuros, entonces, que fue más tragedia griega que gesto erótico, un morreo de circunstancias, ahora, capaz de taponar las vías de agua que anegan las dependencias de nuestros Picapiedra tras los malos resultados del 10-N, grotesco arrechucho de los que comprometen, de los que empañan para siempre un futuro. Pablo cierra los ojos cuando abraza a Pedro (“Amor empieza por desasosiego,/ solicitud, ardores y desvelos;/ crece con riesgos, lances y recelos;/ susténtase de llantos y de ruego”), porque fuera de ese forzado chick to chick no hay vida ni para Pedro ni para Pablo, que estamos ante un ósculo envenenado, letal anhelo que anuncia la vuelta del Frente Popular con el deseo de acabar con ese desprecio mutuo que siempre enfrentó a comunistas y socialistas sobre la piel de toro.  (cheek)

El abrazo del miedo, sí. El flamante Gobierno socialcomunista que el martes se anunció en sede monclovita se ha dejado en la gatera del 10 de noviembre 1.415.000 votos en números redondos y diez escaños. Por encima del desastre anunciado de Ciudadanos y más allá del coscorrón de Podemos, el gran perdedor de esta estulta elección ha sido Sánchez, el tipo que, ambicionando llegar a los 150 escaños, ha retrocedido a los 120. Por mucho que airee su condición de candidato más votado, no hay perdedor más cualificado que él en tanto en cuanto responsable único de esa arriesgada vuelta a las urnas con la que pretendía conquistar los cielos para terminar dejándose los dientes sobre el asfalto en un tortazo de dimensiones histéricas, grotesca cosecha escrupulosamente ocultada por los medios de comunicación afectos, que son casi todos. ¿Con qué prestigio, con qué crédito, con qué autoridad, podía este perdedor adentrarse en la compleja operación de formar un Gobierno con algún sentido de lo “nacional”?

En realidad, Sánchez debería haber dimitido el lunes 11, después del ridículo alcanzado en estas nuevas elecciones que nadie quería, que han paralizado el país durante meses y han costado cientos de millones. Fue lo que hizo el ex premier británico David Cameron el 24 de junio de 2016, al día siguiente de haber perdido una absurda consulta sobre la continuidad del Reino Unido en la UE que nadie le había pedido. “Han pasado ya tres años desde la celebración del referéndum de la salida del Reino Unido de la UE. No ha habido un solo día en el que no haya pensado en mi decisión de convocar esa consulta, ni en las consecuencias que acarreó hacerlo”, asegura el ex premier en el arranque de “For The Record”, su libro de memorias de reciente aparición. Un error que le perseguirá mientras viva, llamado a tener una profunda influencia en la vida de millones de británicos.

“Cualquier dirigente político cabal lo hubiera hecho sin dudarlo. Pero Sánchez ha resultado no ser un dirigente cabal, sino un insensato sin escrúpulos que no duda en destruir el partido que con tanto desacierto ha dirigido antes que reconocer su enorme fracaso”. El párrafo pertenece a un editorial de El País publicado el 1 de Octubre de 2016. “Salvar al PSOE” se titulaba el escrito, que acompañaba un subtítulo según el cual “El cese inevitable y legítimo de Pedro Sánchez es la única salida para el partido” (…) “Hemos sabido que Sánchez ha mentido sin escrúpulo a sus compañeros. Hemos comprobado que sus oscilaciones a derecha e izquierda ocurrían únicamente en función de sus intereses personales, no de sus valores ni su ideología, bastante desconocidos ambos. Admitimos no tener gran confianza en su capacidad de rectificar…”. Esto publicaba El País cuando todavía no era el Pravda en que se ha convertido hoy, un panfleto al servicio de la izquierda radical enemiga de la Constitución. En la noche del martes, destacados miembros de la redacción del diario que sostienen Santander, Telefónica y La Caixa brindaron con cava para celebrar “el Gobierno del Frente Popular”.

Gobierno del miedo, sí. El miedo que se apoderó de Sánchez tras los resultados del domingo pasado y que le ha llevado a refugiarse en los brazos del 'Coletas' antes de que su nombre saltara a la palestra y fuera señalado con el dedo como el gran obstáculo que se yergue ante el futuro de una mayoría de españoles. Porque si algo bueno han tenido esos comicios ha sido el poner en evidencia, incluso para los más lerdos del lugar, que el problema del PSOE, y el de España por extensión, se llama Pedro Sánchez Castejón, un aventurero de la política sin escrúpulos, dispuesto a todo con tal de dormir en La Moncloa. Por suerte tenía al lado a otro náufrago necesitado de un salvavidas que le permitiera seguir vivo después de varias elecciones perdiendo votos de forma imparable. También Pablo necesitaba un acuerdo rápido, y por eso cierra los ojos cuando, en profunda comunión, se abraza con Pedro, pilares ambos dañados de un dique que se hunde en plena tormenta.

Rivera tenía razón
Miedo es la palabra. Enfrentado al dilema “susto o muerte”, Sánchez ha elegido fundirse con Iglesias sin haber intentado siquiera una protocolaria conversación con un Pablo Casado al que el lance ha pillado con las calzas en los tobillos tras las tapias de un cementerio de pueblo. Al final, Rivera estaba en lo cierto: Sánchez tenía hecho el pacto con Podemos y su “banda”, pacto que guardó en un cajón en la esperanza de fortalecer su posición el 10-N hasta el punto de permitirle gobernar en solitario sin la compañía de gente tan poco glamurosa, tan escasamente soigné como ese 'Coletas' con aspecto de no haber pisado nunca una ducha, que acude en vaqueros al acto más importante de su vida. Estamos ante un pacto cuya trascendencia el tiempo dirá, pero que claramente apunta al final del Régimen del 78 y el principio de un periodo de incertidumbre en el que todo está en juego, empezando por la Constitución y terminando por la propia Monarquía (hay quien sostiene que Felipe VI se enteró el martes, estando ya en La Habana, del apaño urdido por Pedro y Pablo).

Ocioso resulta describir el horizonte económico que nos aguarda con un presidente débil al frente del Ejecutivo y un vicepresidente que tiene a la Venezuela chavista por modelo. Se viene más gasto público, más deuda, más déficit, más impuestos, más destrucción del tejido empresarial y más paro. Naturalmente, más subsidios. Más gente a vivir del momio. Como el viernes publicaba este diario, Podemos espera colocar un centenar de altos cargos en el Gobierno. Las masas reclaman gasto y los políticos irresponsables se apresuran a satisfacerles. No pocas operaciones a punto de madurar se han parado en seco, mientras el dinero huye tratando de ponerse a salvo de los sacamantecas. Justo lo contrario de lo que necesita el país, que no es otra cosa que atraer inversión dispuesta a generar actividad y empleo.

No es probable que el experimento dure mucho, puede que 12 meses, tal vez 18, quizá 24 de caída al vacío. La izquierda española y sus aliados nacionalistas parecen reclamar el paso durante una temporada por las calderas de Pedro Botero de la destrucción de la economía (y tal vez del régimen constitucional), las mismas calderas en las que se coció Grecia antes de empezar a crecer como lo hace hoy, una vez aventadas las soluciones milagrosas que pregona el populismo rampante. Y se viene también una “solución” al problema catalán con un Gobierno necesitado del apoyo separatista y un vicepresidente partidario del derecho a decidir. Cataluña es la clave del arco del incierto horizonte que nos aguarda. Se avecina una crisis institucional de grandes proporciones. El mismo martes, el peneuvista Aitor Esteban, uno de esos “moderados” muy del gusto de nuestros Chamberlain de ocasión, reclamaba a Pedro y Pablo “una solución a los problemas de encaje territorial de la nación vasca y de la nación catalana”, mientras que ERC, la formación que tiene la llave de la investidura, se daba prisa en aclarar que todo dependerá de que “el candidato socialista acepte negociar el derecho de autodeterminación”.

Las exigencias del nacionalismo
Hay quien argumenta que el listón de las exigencias del nacionalismo estará situado a tal altura que el experimento no llegará a ver la luz porque Sánchez no podrá saltarlo, no tendrá valor, cómo se va a atrever, no hombre no, eso es imposible… Pero a uno se le antoja que el sujeto no se hubiera embarcado en operación tan arriesgada de no haber tenido todos los cabos atados con antelación. Estamos ante un tipo dispuesto a todo con tal de disfrutar del poder en solitario y, como mucho, en compañía de esa mujer que se exhibe dando palmas desmayadas al modo 'dama pija' sobre un tablao de la calle Ferraz.

-¡No te preocupes, Begoña, que de aquí no nos sacan ni con buldócer!

No es aventurado pensar que sacará adelante la investidura y también, aunque más difícil, los primeros Presupuestos Generales del Estado (PGE). Pura cuestión de precio. Y si hay Presupuestos habrá legislatura para al menos un par de años. Lo que es seguro es que no habrá unas terceras elecciones. Escaldado, Sánchez es el único candidato que bajo ninguna circunstancia podría ir a nuevas generales sin grave riesgo para su salud. No sé si a estas alturas hay algún margen para la cordura en el candidato socialista. Tampoco sé si en el PP de Casado aletea alguna idea distinta a la de esperar a ver pasar por la puerta el cadáver de su enemigo, para intentar después reinar sobre un paisaje de escombros. Los clásicos del PSOE están muy enfadados, se dice en la Corte, pero no se advierte en ellos disposición heroica alguna a protagonizar revuelta de mayor cuantía. Felipe se ha limitado a enarcar una ceja cual gatazo cansado y castrado, y uno de Extremadura ha dicho que se va del PSOE si ocurre lo que parece va a ocurrir, cuando lo cierto y verdad es que hace tiempo que el nuevo amo les puso en la calle a todos.

He ahí un país prisionero del capricho de un buscavidas de la política, un vendedor de humo sediento de protagonismo, contra el que nada parecen poder ni partidos ni instituciones. País inerme, perdido en el mar de los sargazos de su inanidad. “¿Debe la democracia, por principio, tolerar a aquellos que quieren destruirla?”, se pregunta Raymond Aron. Acabamos de ver en Chile lo que cuesta volver del revés la que parecía nación más estable y próspera de América del Sur. Quince días a hierro y fuego han bastado para poner a Sebastián Piñera de rodillas, dispuesto a pagar el rescate de la nueva Constitución que reclama la izquierda. Lo estamos viendo en nuestra Cataluña. “O independencia o barbarie”, es el nuevo lema de los CDR de Torra y familia. Cortar carreteras, bloquear trenes e incendiar contenedores constituye un “adecuado ejercicio del derecho de manifestación”. Territorio sin ley, país sin Gobierno. No hay sociedad civil, ni intelectuales, ni empresarios. Los Botín, Pallete y Fainé callan emboscados sin decir ni mu. Y los dueños de las televisiones desde las que diariamente se conspira contra la unidad de España siguen haciendo caja, que es lo suyo. Este es país de cobardes. Y de traidores.

El más difícil todavía
Gregorio Morán. vozpopuli 17 Noviembre 2019

Es una expresión que todos aprendimos en el circo, cuando los circos formaban parte de nuestra infancia. Ahora que prácticamente los circos han desaparecido cabe utilizarla para otras actividades, por ejemplo, la política. Lo estamos viviendo desde hace meses, pero en los últimos días alcanza la categoría de espectáculo circense de alto riesgo, algo así como el de los trapecistas, no se sabe si con red o sin red -este último prohibido por la normativa, pero dado que son los propios artistas, así se les llamaba, los que imponen las reglas del espectáculo, esto les consiente hacer lo que les dé la gana, para pasmo de los espectadores-.

Gracias a ese arte que nos concedieron los dioses y que nos diferencia de otras especies animales, que no es otro que el de mentir, podemos convertir las derrotas en victorias, las tropelías en batallas épicas y la angustia del funambulista ante el riesgo de deslomarse en imaginativo creador de alternativas. Sin metáforas ni embelecos: vivimos en una situación política fuera de control y el circo no da para trapecistas sino para payasos. No hay un Gobierno, pero sí un presidente; una singular anomalía porque sus funciones se limitarían a tratar de tener una mayoría que le permitiera dejar las funciones y empezar a gobernar.

Una vez conocidos los catastróficos resultados electorales del pasado domingo, Pedro Sánchez proclamó a los íntimos: “Ahora estamos en mejores condiciones para formar gobierno”. Tratándose de hombre no demasiado pródigo en luces, y por tanto exento de sentido del humor, cabría pensar que era un chiste pero aseguran que no, que iba en serio quizás para justificar la temeridad de convocar elecciones a partir de las recomendaciones de dos estadistas de notoriedad en su campo: Iván Redondo y el especialista en traiciones José Félix Tezanos, un veterano que se inició en esos quehaceres allá por los 70, en la actualidad sociólogo de Palacio.

¿Cómo abordar el fracaso? Negándolo, como hacen los niños. Si además se tiene la convicción de que la ciudadanía adicta es idiota, de lo que hay pruebas sobradas, estamos en la buena vía para que Ábalos, el falaz, y Carmen Calvo, la desvergonzada, legitimen las nuevas verdades oficiales: el PSOE no convocó las elecciones, fue culpa del bloqueo, ese ente maléfico que se creó el Sánchez en funciones cuando atisbó la tierra prometida de un arrollador ascenso electoral, garantizado por el sin crédito Tezanos y el sin principios Redondo. No las convocamos, pero tampoco las perdimos; fue un reajuste tendencial ¡ahí queda eso! El ascenso de Vox representa un peligro para el PP. Podríamos seguir desgranando las nuevas verdades para uso de tertulianos de la casa. Nada se resiste a la trituradora mediática. El fracaso electoral socialista se ha convertido en un bálsamo: salieron a ganar y perdieron el partido, pero aún son los primeros, no hay duda, y eso le permite al Sánchez en funciones asumir el marrón que él mismo ha creado.

¿Y dónde está el marrón? El principal consiste en el descrédito del sistema. Los agujeros que dejó la clase política y los partidos gobernantes se han ido haciendo boquetes. Tiene su gracia el que los universitarios que pasaron de PNN (Profesores No Numerarios) a funcionarios del Estado gracias a un trágala basado en el consenso del que fueron grandes beneficiados, ahora lo denosten. La Transición tuvo un precio y ya escribimos algunos lo suficiente sobre el asunto. Lo que sucede ahora es un producto más reciente; no es responsabilidad de sus padres sino de los hijos asentados. A cada uno su culpa ¿o acaso creen que el adocenamiento del pensamiento de esa neoizquierda inclinada hacia los problemas identitarios no es una prueba de la hegemonía conservadora? Hacer de Torra y Puigdemont dirigentes populares y demócratas es otro sucedáneo del pensamiento único. En Cataluña, sin ir más lejos, lo políticamente correcto esconde una querencia tan reaccionaria como la del Partido Popular de Casado. Pero ocurre como en el fútbol: los hooligans de mi equipo nos son más familiares que los del equipo adversario.

Lo más inquietante de las elecciones pasadas no es ni la profecía autocumplida de Albert Rivera, ni siquiera el abrumador ascenso de la extrema derecha que tiene tantas charcas donde abrevar, empezando por la inseguridad ciudadana. Está en los clásicos del siglo XX: donde hay vacío se cubre de basura en forma de racismo o xenofobia, masas convictas y grandes palabras. Luego está el miedo, un cemento pringoso. Si alguien lo duda que venga a Barcelona. Nada más llamativo que la impunidad de un joven ignorante llamando fascista a quien le peta, entre otras cosas porque no sabe lo que significa y no tiene a nadie que se lo explique, como no sea el abuelo, que se cuidará muy mucho de que le pregunten sobre sus años durante el fascismo de verdad.

En las identidades como señuelo está el rasgo más llamativo de nuestra vida política. Conmueve que los ciudadanos de Teruel hayan creado un partido en la defensa de su supervivencia, cual tribu en peligro de extinción. Teruel Existe, con su diputado y sus dos senadores, debería estudiarse por esos politólogos de pantalla para desentrañar un deterioro secular que amenaza desde los supuestamente brillantes años 80 la sociedad española. Ya nadie recuerda al ministro socialista Solchaga cuando decretó el fin de los trenes locales, lo que dejó a la España periférica obligada a comprar un coche, gastar gasolina o emigrar a las capitales.

¿O sea que para que el poder del Estado y la actividad del Gobierno se acuerde de ti es necesario crear un partido? Ya ocurrió en Cantabria. Con toda seguridad gran parte del rechazo a la clase política venga de ahí. Si no tienes partido, no eres nada, y como los grandes no te representan más te vale que hagas uno a la medida de tus posibilidades.

Una carencia, un partido. Una perspectiva que nos enfrenta a la singularidad de nuestro actual reto intelectual y político. Las políticas identitarias en un siglo de altas tecnologías tienden a marcar las diferencias frente a los que nos rodean y sobre todo romper con la defensa de las clases más deterioradas. Ahí está el peligro de Vox. Nada que ver con Teruel Existe, que es como una excrecencia del siglo XIX en pleno XXI.

Ese es el poso que no hay estómago que trague. Formar un Gobierno a golpe de calculadora porque a la gente le ha dado un vahído y los dirigentes montaron una tangana. El más difícil todavía.

El PS
Luis Ventoso ABC  17 Noviembre 2019

Sánchez no ha resultado un dirigente cabal, sino un insensato sin escrúpulos que no duda en destruir el partido que con tanto desacierto ha dirigido. Hemos sabido que ha mentido sin escrúpulos a sus compañeros. Hemos comprobado que sus oscilaciones a derecha e izquierda ocurrían únicamente en función de sus intereses personales, no de sus valores e ideología.

Lo anterior me lo he agenciado de la hemeroteca de otro diario, porque retrata con claridad y rigor la trayectoria política de Pedro Sánchez y su elástica relación con la verdad. Se trata de un editorial del principal periódico pro PSOE, publicado el 1 de octubre de 2016, un día antes de que Sánchez se viese forzado a dimitir como secretario general. Su caída llegó tras un Comité Federal grotesco, en el que hubo insultos, gritos y hasta sollozos. El asunto de fondo que desató aquella gresca tabernaria en las entrañas del partido sigue vivo y puede marcar ahora el buen o mal futuro de España. Lo que en último extremo se debatía entonces era si Sánchez podía gobernar con el apoyo de los separatistas y Podemos, como él quería, o si esa operación debía ser abortada por el bien del país. Con Sánchez se alinearon los barones filonacionalistas, como Iceta, Armengol, Idoia Mendía, Odón Elorza, Batet.... En contra, todo el PSOE con un mínimo sentido de Estado, incluidos seis de sus siete presidentes autonómicos. Ximo Puig, Vara, Lambán, Page, y muy especialmente Susana Díaz, apoyaron la operación para descabalgar a Sánchez, muñida entre bambalinas por Rubalcaba y González y alentada incluso por Zapatero.

Tras una asombrosa resurrección política, que sin duda tiene su mérito, Sánchez acabó consumando la operación que en 2016 le había costado la cabeza. Y ahora promete agravarla, pues pretende gobernar coaligado con un partido comunista antisistema y con el sostén de ERC, cuyo dirigente máximo cumple 13 años de cárcel como cerebro de una sedición para proclamar una república independiente. Sin embargo esta vez no están emergiendo socialistas patriotas dispuestos a frenar el desatino. Al PSOE se le ha ido escurriendo la E de «español» y ahora es lisa y llanamente el Partido Sánchez. Sonroja ver a Felipe González, o a Page, lanzando sutilísimos pellizquitos de monja, en lugar de advertir a las claras que apoyarse en partidos separatistas antiespañoles para gobernar España es inaceptable. Abochorna contemplar a Susana Díaz, que detesta a Sánchez con todo su alma, peloteando sin rubor ni memoria al que ahora llama cariñosamente «Pedro».

¿Qué ha cambiado? El político al que aquel periódico amigo llamaba hace tres años «dirigente sin escrúpulos» ostenta hoy el poder. La facción más cabal del socialismo sabe que el plan de Sánchez es estricnina para España, pero calla para no perder sus canonjías. Si queda un poco de vergüenza y patriotismo todavía están a tiempo de reaccionar. Al fin y al cabo, como explica Soraya Rodríguez, que se largó del PSOE asqueada, «nadie ha explicado tan bien lo malo que es un Gobierno con Podemos como el propio Pedro Sánchez». Eso sí, era el Sánchez de hace dos meses, antes de la enésima mutación.

El triste apoyo a Pedro Sánchez de Susana Díaz y los barones en un PSOE penoso
EDITORIAL ESdiario_com 17 Noviembre 2019

Nadie con autoridad en el PSOE ha sido capaz de evitar la infumable sumisión de su partido al populismo y al soberanismo, impulsado por un Sánchez sin principios que solo piensa en sí mismo.

Cualquier dirigente del PSOE tendría muy sencillo argumentar su oposición a un Gobierno de coalición de su partido con Podemos, intervenido y dependiente a la vez de los partidos independentistas: le bastaría con recordar las palabras de Pedro Sánchez de hace apenas unos días, cuando explicaba su negativa a ese pacto apelando, muy gráficamente, a que un acuerdo así le haría perder el sueño "al 95% de los españoles".

Hay más, por si acaso con eso no les bastaba. Fue Sánchez quien señaló que Podemos representaba un proyecto "bolivariano" y quien explicó que, de aplicarse sus políticas, el resultado sería la vuelta a las "cartillas de racionamiento", esto es al hambre y la pobreza.

Y algo parecido señaló del separatismo, sobre el que recomendó un endurecimiento del delito de rebelión en el Código Penal, y frente al que se comprometió a no deberle la presidencia porque "no se lo merecen los españoles".

Bochornoso silencio
Son tantas y tan evidentes los diagnósticos que el propio Sánchez hizo sobre las consecuencias de un pacto que sin embargo encabezó en la moción de censura y ahora pretende convertir en Gobierno que no hace falta remitirse a la oposición, ni a ningún rival político o mediático del PSOE, para rechazar lo que está en marcha.

Sin embargo, nadie en el PSOE ha levantado la voz, repitiendo el bochornoso silencio que de hecho fue clave para resucitar a Sánchez: cuando su propia Ejecutiva le obligó a dimitir fue precisamente por intentar un pacto así tras perder de nuevo las Elecciones en 2016.

Ni un solo dirigente en activo se haya levantado para alzar su voz crítica, resulta deplorable para España y para la propia historia del PSOE

Pero cometió el gravísimo error de no explicarlo con claridad, permitiendo que el hoy secretario general convirtiera a sus compañeros en una especie de traidores que quería investir a Rajoy y a él en el único representante de las esencias socialistas: así derrotó a Susana Díaz, en unas Primarias tóxicas donde unos pocos militantes -cada vez menos y más sectarios- decidieron el rumbo del país y no solo del PSOE.

Que con esos antecedentes y lo que está a punto de pasar no hay habido ni un solo dirigente en activo se haya levantado para alzar su voz crítica, resulta deplorable para España y para la propia historia del PSOE, un partido crucial en la estructuración de un país hoy amenazado por la mezcla de populismo y nacionalismo.

Por mera supervivencia
Solo exmandatarios como Rodríguez Ibarra o Felipe González se han opuesto, con claridad o con gestos, a un error histórico que pone en riesgo pilares esenciales de la España nacida en la Transición por los intereses y caprichos personales de un dirigente nefasto que sostiene lo uno y lo contrario, sin pudor alguno, en función exclusiva de sus necesidades.

Ni Page ni Vara, quizá los más incómodos, han sido capaces de pasar de la sugerencia o la indirecta, con las que pretenden soplar y sorber a la vez, cuidando a su electorado propio -tan renuente a este pacto- sin dejar de respaldar de hecho a su alocado líder.

Quien mejor simboliza esa deplorable sumisión, no obstante, es Susana Díaz, entregada definitivamente al sanchismo por razones de estricta supervivencia personal: solo su temor al relevo, que en realidad ya firmaron los andaluces quitándole de la presidencia, justifica su respaldo a un pacto que contradice la historia del PSOE y acelera la degradación de la España constitucional que pretenden Podemos y el soberanismo.

Que nadie con peso haya surgido para reclamarle a Sánchez la apertura de una negociación de Estado con el PP y Ciudadanos retrata al conjunto del PSOE como una mera careta de un dirigente sin memoria ni escrúpulos ni valores, capaz de todo con tal de llegar a la presidencia o mantenerse en ella.

El candado flojo
Ignacio Camacho ABC 17 Noviembre 2019

La hegemonía cultural de la izquierda empieza por la apropiación del lenguaje frente a un liberalismo desentendido del poder sugestivo, casi mágico, de las palabras. En política, el acierto en la elección del término crea marcos mentales favorables que a menudo determinan por anticipado el éxito de una causa. Es, por ejemplo, el caso de la voz «progresista», que asociada a un partido, a un proyecto o a una idea crea un sintagma de indiscutible eficacia. Hasta doce veces la repitieron Pablo Iglesias y Pedro Sánchez -éste en diez ocasiones- durante la presentación de su pacto de esta semana. Un Gobierno bautizado como «progresista» o «de progreso» asume de inmediato una propiedad taumatúrgica que lo sitúa en clara posición de ventaja; quien se le oponga o lo critique será estampillado con una etiqueta reaccionaria.

Ha sucedido también con la palabra «igualdad» y su derivado «igualitario». Este caso es aún más sofisticado porque implica un decisivo salto en la escala de valores del debate contemporáneo. En torno a la igualdad, el sedicente progresismo ha encontrado el espacio en el que reagrupar un pensamiento desarmado desde que el Muro de Berlín cayese derribado hace treinta años. Entonces fue la libertad el concepto determinante en la derrota del comunismo, pero los liberales se olvidaron de defenderla en un nuevo orden que daban por definitivo. Hoy, ante la reaparición de la ideología vencida bajo identidades falsas y mantras de consumo transversal y masivo -populismo, feminismo, nacionalismo, proteccionismo, ecologismo, etc-, la derecha se ha refugiado en la noción de autoridad y de patriotismo sin reparar en sus connotaciones de conflicto. Son sustantivos que implican deber, obediencia, espíritu de servicio, y nadie quiere obligaciones en un mundo cuya pedagogía social ha abolido los paradigmas de la disciplina, el esfuerzo o el sacrificio.

Ese pulso entre igualdad y libertad, desequilibrado en favor de la primera gracias a la indiscutible supremacía dialéctica y propagandística de la izquierda, es el eje de la disputa política que el acuerdo entre el PSOE y Podemos coloca en el centro de la escena. La alarma de las élites económicas ha desenfocado de entrada el problema al evaluar de manera incorrecta sus consecuencias. El riesgo esencial de esa alianza no está en su previsible impacto negativo sobre el empleo, la productividad o la estabilidad financiera, sino en su aspiración expresa de sustituir la primacía de las libertades individuales consagradas en la Constitución por la de unos derechos sociales o colectivos de formulación etérea y que incluyen también, en paradoja manifiesta, reclamaciones de desigualdad territorial o propósitos confesos de independencia. Cualquier contradicción parece caber, sin embargo, bajo el paraguas de un «progreso» que en la práctica consiste en la revisión encubierta de los principios de la Carta Magna que mantienen a duras penas la cohesión nacional, la autonomía del individuo y las reglas básicas de la sociedad abierta. Súmese la evidencia de que la investidura requiere el concurso de partidos separatistas y sediciosos cuyos líderes cumplen condena, el recelo explícito sobre la Corona que mantiene la mayoría de los socios del sanchismo y, en dirección opuesta, la supresión de las autonomías que Vox propone como fantasiosa panacea, y se obtendrá un inquietante panorama para el régimen nacido hace cuatro décadas. Con el agravante de que la significativa mengua de Ciudadanos ha debilitado el bloque moderado comprometido en su defensa.

El razonable factor de inquietud que dimana del consorcio frentepopulista en ciernes tiene que ver con el alineamiento general de sus miembros contra el orden constitucional vigente, al que sólo lo enlaza un PSOE de lealtades y convicciones tan débiles como la capacidad de compromiso de su jefe, que ni respeta su propias decisiones ni ha logrado aún exponer una definición de su idea de nación mínimamente consistente. Nacionalistas valencianos, gallegos y vascos, soberanistas catalanes y comunistas bolivarianos componen un conglomerado cuya característica común es la hostilidad al modelo fundacional de nuestro sistema democrático. Por mucho que el ejercicio -más bien usufructo, en su caso- del poder pueda imbuir al revolucionario Iglesias de un cierto sentido pragmático, su personalidad política e ideológica no ha cambiado tanto como para arrumbar en el olvido su proclamada determinación de romper lo que llamaba «el candado del 78», es decir, el blindaje legal del actual marco. No logrará el vicepresidente in pectore abrir ese cerrojo mañana ni pasado, pero su paso por el Gabinete, con el respaldo de esa temeraria aleación de rupturistas iluminados, le otorgará evidentes oportunidades de aflojarlo.

Se acercan, pues, malos tiempos para esa Constitución que hace once meses celebraba su cuadragésimo cumpleaños con un ufano Sánchez en la cabecera de los actos. El centro y la derecha poseen capacidad de bloquear cualquier reforma de sus pilares básicos, pero no es aventurado presumir una etapa de presión y desgaste o intentos oblicuos de enmienda, al modo zapaterista, por métodos solapados. Si esto sucede, será la secuela irresponsable de la huida hacia adelante emprendida por el presidente para disimular el fracaso de la repetición electoral compartiendo los mandos del sistema con sus adversarios. No con los de su figura ni de su partido, sino con los del Estado.

Tiempos difíciles para España. Regresó el Frente Popular
El abrazo del oso: amenaza para la economía y freno a la inversión
Miguel Massanetdiariosigloxxi 17 Noviembre 2019

Bien, es posible señores que alguien haya querido ver en lo que está sucediendo en la política española posterior a las elecciones legislativas del día 10 pasado, una ventaja respecto a lo sucedido como consecuencia de los resultados de los anteriores comicios del pasado mes de Abril. Podríamos decir que los días que se invirtieron en inútiles negociaciones, extrañas manipulaciones, secretas entrevistas y nulos resultados no hicieron sino alargar el sufrimiento de esta pobre España, irreconocible, completamente entregada al desconcierto de políticos y ciudadanos y, sin duda, amenazada de que, todo lo que puedan hacer los futuros gobernantes de este país, ni sirva sino para extremar el distanciamiento entre españoles, alejar a nuestra nación de los principios y métodos que sostienen nuestros colegas de la UE, distanciarnos más, si es que cabe, de los EE.UU de América y entrar en una nueva dinámica, sin duda impulsada por la entrada de los comunistas de Podemos en el futuro gobierno del país que, como ya se han encargado de anunciar los vencedores de los pasados comicios, va a consistir en lo que para ellos será un gobierno “progresista” que, para los que sabemos cómo se las gastan estos señores de las izquierdas y, especialmente, estos discípulos del gran sátrapa venezolano, el dictador señor Maduro, no es más que anunciar el gran despilfarro de los recursos de la nación; el aumento sin control del gasto público; el incremento, imposible de controlar, del déficit público; y el intento de engañar a los ciudadanos, con la firma apresurada de un acuerdo entre socialistas y podemitas, muy apresurado por cierto, de un mini-programa, una mera exposición de intenciones, sin garantía alguna de que se puedan cumplir, en el que se promete tratar cuestiones tan obvias como son: “Consolidar el crecimiento y la creación de empleo” (Pues hemos empezado mal ya que los últimos meses no han sido precisamente buenos avales para que nos creamos que esta oferta vaya a ser cumplida); “Lucha contra el cambio climático”, (todos sabemos que esta tarea no se puede emprender simplemente permitiendo que esta niñata ensoberbecida, la tal Petra, navegue a bordo de una ridícula embarcación a vela, a través del Atlántico, para que pueda asistir, invitada por nuestra ministra Montero, a este evento que se va a celebrar en Madrid sobre el cambio climático, suponiendo que la frágil embarcación no tenga algún percance que le impida llegar a tiempo. Por cierto que estos señores del cambio climático no han conseguido que Europa sea un ejemplo y, entre tanto, se han quedado fuera a los EE.UU, la China y otras naciones que son, precisamente, los principales productores de los gases que amenazan con acabar con la vida en la Tierra. “Políticas feministas” ¡Todavía más¡ ¿Es que no basta con esta constante, enfermiza, cansina e insoportable campaña de aquellas que quieren compensar sus años en los que se ocupaban de algo, tan necesario, como es el cuidado del hogar y la educación de los hijos; empeñadas en demostrarnos que todas, sin excepción alguna, deben de estar por encima de los varones para así poder resarcirse de no haber ido a la guerra, de haber sido respetadas por toda la familia; haber tenido hijos; saber cocinar de maravilla, coser vestidos, tejer la lana o mantener un nivel de moral dentro de la familia capaz de evitar que los hijos vayan, como ocurre ahora, practicando la filosofía relativista que les impulsa a renegar de sus padres y algo normal para las niñatas de hoy, haberse acostado con varios hombres sólo por vicio antes de contraer matrimonio, si es que todavía queda alguien que sigue esta costumbre; no considerar el aborto asesino como un derecho de la mujer o, en fin, no practicar el “aquí te sigo, aquí te pillo”, como un deporte propio de la juventud al que, en otros tiempos, se calificaba como “libertinaje”.

No vamos a seguir desgranando los diez punto del acuerdo, porque cualquier gobierno que se precie los suscribiría con los ojos cerrados y, de hecho, lo han venido haciendo sin tantos aspavientos y con tan pocas posibilidades de cumplirlos, dado el enfoque, completamente contrario a que la población española pudiera, siguiendo las directrices de comunistas y socialistas, conseguir en manera alguna, llegar a alcanzar alguna de ellas; sino, más bien, todo lo contrario, como ya ha advertido el Banco de España, Bruselas, la CEOE y el FMI, sin que parezca que sus admoniciones hayan tenido el más mínimo efecto sobre nuestras ministras en funciones ( no da la sensación de que lo estén, dada su frenética actividad) la señora Montero y la señora Calviño que, fanatizadas hasta el grado de la obnubilación para poder pensar como es debido, siguen insistiendo en que todo va bien y que estamos en magníficas condiciones para seguir endeudándonos más, gastar todo lo que nos dé la gana en mejoras sociales y, por si fuera poco, merecer al aplauso del resto de la CE que, no lo duden ¡ nos va a felicitar calurosamente, cuando llegue el momento en el que, España, regrese al punto en que el gobierno socialista de Zapatero tiró la toalla y dejó a la derecha española la ingrata tarea de intensar sacar al país de la situación de pre-quiebra en la que lo dejaron!.

Alguien ha dicho que, lo que sucedió el día en el que se escenificó el gran abrazo entre Sánchez e Iglesias, aquella muestra exagerada de reconciliación no fue, en realidad lo que parecía, sino es que tuvieron que apoyarse mutuamente para evitar caerse, tal era la congoja que les embargaba a ambos ante el peligroso trance en el que se encontraban. El primero que convocó elecciones para apabullar a la derecha con un supuesto triunfo aplastante (No olvidemos que su colaborador Tezanos pronosticaba en el CIS ¡menudo planchazo!, una victoria del PSOE de entre 130 y 150 escaños) Perdieron tres y, el chuleta de Pablo Iglesias, el mismo que no dejaba dormir al señor Sánchez, se dejó el prestigio y la vergüenza perdiendo otros diez escaños cuando, en sus primeros comicios, se situó en 72. Ambos estaban a dos pasos de ser defenestrados y ambos decidieron que “de perdidos al agua”. Una reunión rápida, un acuerdo improvisado como el que agarra el salvavidas como último recurso para no ahogarse, y ya tenemos ¡el gran pacto! Entre perdedores va el juego. Pero no lo duden, quienes vamos a perder, de verdad, en todo este caos político, vamos a ser los ciudadanos y, de entre ellos, los más perjudicados seremos los de la clase media, porque nos viene encima ¡la de Dios es Cristo! En forma de una avalancha de impuestos que nos van a llegar, tanto de las modificaciones de los impuestos que ya estamos soportando, sino que se van a crear nuevos, porque es evidente que estos que nos van a gobernar tienen en mente exprimirnos a base de impuestos, con la excusa de que “hay mucha gente necesitada” y, mucho nos tememos que, los que ellos consideran necesitados, no sean más que todos aquellos paniaguados a los que quieren pagar los favores recibidos, entre los cuales, no lo duden , los primeros van a ser ellos mismos que, como ya viene ocurriendo con los nuevos políticos ocupantes de los municipios, las comunidades autónomas y de las diputaciones provinciales, han sido los primeros en no perder tiempo en elevarse sus retribuciones antes de que alguien pudiera adelantárseles.

En realidad, dando por buena aquella expresión que se atribuye a Carl Marx: “La historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa” Podríamos decir que nos encontramos en un caso parecido al que se encontraba Grecia con la subida al poder del señor Psipras, su revolución comunistoide y su petulancia arrogante con la que se enfrentó a la CE, amenazando con no pagar la abultada deuda que amenazaba con hundir a Grecia y pretendiendo que se les aplazara, se les condonara en parte y se les concedieran condiciones más favorables de las que se habían concedido a otras naciones, que también tuvieron que ser rescatadas. Pisaron duro y les salió la criada respondona. Ni Varufakis, el ministro de economía ni Psipras consiguieron más que empeorar las cosas de modo que, finalmente, tuvieron que ceder ante las exigencias de Bruselas y se vieron obligados a aceptar condiciones más duras de las que, en un principio, se les habían ofrecido y ellos rechazaron. Quien tenga ojos para mirar que vea y quien tenga oídos para oír que escuche, porque no hace tantos años que ocurrió aquello y es posible que, todo este panorama que nos tienen preparados la entente socialista-comunista que se ha acabado de crear, tenga que pasar por el cedazo de Europa y, es muy posible que, los que han venido confiando erróneamente en las mentiras ( Dalí creó el “gran Masturbador” y Sánchez podríamos decir que se han convertido en “El gran embaucador”) de nuestro presidente en las instancias europeas, acaben por darse cuenta de que, un sujeto que se aviene a formar tándem con los comunistas de la peor calaña, como son los de Podemos, no es persona en la que unos gobiernos que creen en la libertad de mercado, en la propiedad privada y en los métodos capitalistas, puedan aceptar y se encuentren muy a gusto ante un socio que ha introducido a la izquierda extrema en Europa.

Los que han salido ganando en toda esta complicada combinación política han sido, sin duda, los soberanistas catalanes, que se han convertido, otra vez, en “el objeto de deseo” de Sánchez e Iglesias, porque no parece factible que sin la cooperación, al menos la abstención de ERC o los de la antigua Convergencia, sea posible que el señor Sánchez consiga ser investido de nuevo. Sin embargo, no le va a ser fácil porque, así como los del PNV ya le han dicho que le van a apoyar, naturalmente, con otra rebaja sustancial del pago de la cuota vasca; en el caso de los soberanistas, no se trata tanto de compensaciones económicas, algo que en otros tiempos es posible que hubiera bastado, sino en otro tipo de compensaciones, como es el caso del indulto de los condenados por sedición y malversación de caudales públicos o, lo que ya han puesto sobre la mesa consistente en una reunión, sin condiciones previas, de tú a tú, entre España y Cataluña, en la que se pueda tratar de todo y, cómo no, del derecho de los catalanes a la autodeterminación.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos cuesta pensar qué es lo que, este manipulador de la realidad y embaucador profesional en el campo político, que es Sánchez, va a hacer para conseguir que los catalanes dejen de pedir lo imposible, para que traguen pasar por las Orcas Caudinas y abstenerse si, como es evidente que no le va a ser posible hacer al actual presidente, como sería el autorizarles el hacer una consulta en la que se les permita, a los catalanes, decidir si quieren seguir en España o, por otra parte, no les dé plenas garantías de que, en un futuro próximo se lo va a permitir. Claro que aquí sí que nos encontraríamos en lo que, fácilmente, se podría considerar un “casus belli” que, evidentemente se toparía de lleno con nuestra Constitución y con la gran mayoría de ciudadanos españoles, que no estarían dispuestos a que una cosa semejante se pudiera producir. Puede que el aumento espectacular de los votantes del PP sirva para que el señor Pedro Sánchez, ya no hablo de Pablo Iglesias que lo considero irrecuperable para razonar, se palpe las ropas antes de salirse del ámbito de la Constitución. Y aquí, señores, podríamos decir, de estos aspirantes a gobernarnos, lo que dijo a los troyanos Laocoonte, sacerdote de Neptuno, al que mataron los griegos en la guerra de Troya: “No me fío de los griegos ni cuando hacen regalos”

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Que nadie se engañe: ERC ya ha pactado con Sánchez a cambio de nada
Carlos Dávila okdiario 17 Noviembre 2019

Charlábamos el jueves otro periodista y este cronista con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, gran aficionada al baloncesto por cierto, cuando ésta absolutamente convencida nos dijo: “Que nadie se engañe, todo lo tiene pactado; Esquerra se abstendrá por nada”. Los tres coincidimos en la sentencia. Lo demás son juegos artificiales porque, al fin ERC sabe que su escenario más favorable es éste: un Gobierno frágil socialcomunista en el que los muchachos y muchachas radicales de Iglesias terminarán por tener mucho más poder que los súbditos del presidente perjuro, Pedro Sánchez. Ni una alternativa con otro socialista que no sea el aún presidente como la adelantada en este periódico a favor del jefe de Castilla-La Mancha, Page, ni, desde luego, una nueva convocatoria electoral, favorecerían a Junqueras, el preso con mayor influencia de España ahora mismo. Por eso: “Gobierno Frankestein” a cambio solamente de algo tan etéreo como un “compromiso de diálogo”.

Y por cierto, un dato más a los aportados por Carlos Cuesta: también el jueves el presidente regional Page suspendió de sopetón un almuerzo previamente pactado con un grupo veterano de periodistas de la capital. Según parece alegó una sorpresiva indisposición física, algo que no le impidió asistir a otras reuniones también programadas. Dado lo insólito de la suspensión, la pregunta imprescindible era ésta: “¿Acaso Page creía inconveniente esta convocatoria por no tener que expresar alguna opinión comprometida?” No hubo respuesta pero los llamados coincidieron en el diagnóstico: Page no esta en estos momentos para aclarar sus posiciones. No es de extrañar porque los discípulos del presidente-perjuro: “Les garantizo con mi palabra rotundamente que el PSOE no alcanzará nunca acuerdos con Podemos” (Moción de Censura contra Rajoy 1 de junio de 2018), han salido a la palestra para demoler de antemano cualquier maniobra en contra de su preboste. Lo ha hecho por ejemplo el oscurísimo, y muy peligroso me dicen, secretario de no se sabe qué Alfonso Rodríguez Gómez de Celis o cosa así, que ha arremetido nada menos que contra Felipe González diciendo: “Ese hombre se ha equivocado”. Con la prestancia que al parecer le caracteriza.

Así, mientras se atisban algunos movimientos iniciales y aún dispersos que pudieran conducir a la sustitución de Sánchez, éste y su tropa perfilan el acuerdo con Esquerra que ya ha bendecido desde su confortable cárcel catalana Oriol Junqueras. Cada vez son más los observadores que aseguran que cuando el aún presidente y su aliado de conveniencia, Pablo Iglesias, firmaron el horrendo documento de coalición, Esquerra ya había sido informada de que contaban con ellos. “Incluso, me dicen, antes de abrir las urnas Sánchez ya había contactado con Junqueras por persona interpuesta, poniendo en valor su gesto de no responder en el Debate a la cuestión nuclear de un posible acuerdo con los independentistas. De forma que, como afirma con toda razón, la presidenta de Madrid, ERC se sumará a la investidura a cambio de nada o mejor dicho y por el contrario, a cambio de mucho : ¿o es que no es mucho conseguir un Gobierno que deje a los independentistas seguir con su monserga.

Esquerra, eso sí, ya soporta la presión de sus antiguos coligados, unos en la cárcel, otros fugados, y los más cortando las autopistas, para lograr el objetivo del referéndum, algo a lo que Sánchez ni siquiera se ha opuesto frontalmente. Pero si ello no es posible sembrar la sedición para hacer de España un país ingobernable al precio que sea, incluso al de colocar a su Cataluña natal en los niveles más bajos de desarrollo europeo. Puigdemont, Torra y su cuadrilla no están pirados; saben muy bien lo que hacen. Y ¿qué es lo que hacen? Pues me remito a lo que suele afirmar el actual presidente de la patronal catalana, Fomento del Trabajo Nacional, Josep Sánchez Llibre: “Alentar el caos porque para ellos cuanto peor, mejor”. Este lunes, Sánchez Llibre, será anfitrión sin embargo de todos estos individuos en la entrega de premios que “Foment” tiene establecidos anualmente. Allí, en Barcelona, también estará la inefable Celáa, la infortunada ministra que, obedeciendo las órdenes de su jefe, Sánchez, se marcó una amenaza en toda regla contra la escuela concertada. Un asistente a la convención en la que formuló tal despropósito, ha dicho al cronista: ”No fue una improvisación, lo llevaba todo escrito; fue un globo-sonda para que nos vayamos haciendo a la idea de lo que perpetran los socialcomunistas.

(Con los comunistas mandando tanto como en el 36)
Esto es un proceso revolucionario
EDUARDO INDA okdiario 17 Noviembre 2019

Los primeros síntomas de este nuevo Gobierno son aterradores. Y, mucho me temo, que tan sólo un pequeño botón de muestra de lo que está por venir con el estalinista Pablo Iglesias como presidente de verdad por mucho que en su cartera ponga “Vicepresidente del Gobierno de España”. Lo habitual, desgraciadamente, cuando hay gobiernos de coalición. Manda el pez chico, no el grande, un grande que es perfectamente consciente de que el chico no tiene nada que perder y que un simple feo le puede dejar sin el oropel de Moncloa, los lujos del Falcon y los pajarillos y las florecillas de Quintos de Mora o Doñana. Conclusión: mandará el que se metió en el bolsillo 35 de los 350 diputados de la Cámara Baja, es decir, la décima parte. Muuuyyy fuerte. Tiempo al tiempo.

El ninguneo al Rey es premonitorio anticipo de lo mal que lo va a pasar una institución que cuenta con el odio declarado del que será vicepresidente, el sujeto malencarado que se emociona viendo cómo apalean a un policía, cómo azotan hasta sangrar a una mujer y cómo se guillotina a un monarca o a un adversario político. Un individuo que quiere declarar la República por las bravas y mandar a Don Felipe al puerto de Cartagena como su bisabuelo. Anunciar quién será el próximo presidente pasándose por el arco del triunfo la ronda de consultas del Rey es una vulneración del artículo 99 de la Constitución y, por ende, una ilegalidad como la copa de un pino. Hacerlo en pleno viaje del jefe del Estado a Cuba, donde le has mandado en un obvio desprecio a los derechos humanos, es un chuleo de marca mayor, propio de un Sánchez que va de Bogart por la vida y que, para colmo, está amedrentado por su vicepresidenciable.

Pero hay más síntomas para la intranquilidad. Esa presentación pública del preacuerdo de Gobierno PSOE-Podemos sin preguntas es fiel antesala de lo que le ocurrirá a la libertad de expresión en los próximos meses con un Pablo Iglesias que, recuerdo, ahí está la hemeroteca, es partidario de “nacionalizar todos los medios de comunicación privados”. Obviamente, este fenómeno no se consumará de la noche a la mañana sino que tardará tiempo, tal vez años, pero a ningún analista de la historia se le escapa que una vez que coja carrerilla será imparable. Empezarán con alguna ley que, en embustera defensa de la veracidad, otorgue al Gobierno o a algún paniaguado la potestad de sentenciar qué periódicos, radios o televisiones dicen la verdad y cuáles están abonados a las fake news. Medidas aparentemente blandas que se noten poco para que, cuando nos demos cuenta, sea imposible reaccionar porque o bien has tenido que cerrar, bien hay un nuevo régimen que directamente te ha ilegalizado. Sobra puntualizar que OKDIARIO es el objetivo a batir número 1 de esta banda, que diría Albert Rivera.

El pensamiento único, que iba ya por buen camino, lo tiene ahora expedito para imponer esa VERDAD que es más falsa que Judas. Porque cuando una VERDAD considera mentira todo lo que defiende el discrepante es que estamos ante una MENTIRA tan burda como despótica. Vamos por muy mal camino teniendo en cuenta que la opinión publicada es la que conforma la opinión pública y que el 75% de la opinión publicada está en estos momentos en manos de la izquierda o, más bien, de esa extrema izquierda que impone su semántica, su relato y su imaginario con puño de hierro en guante de acero.

El tufo despótico del preacuerdo va más allá. Iglesias, caudillo por la gracia del diablo de una Sociedad Limitada llamada Podemos en la que el otro 50% está en manos de su Irena, se ha vuelto a ciscar en las normas internas de su formación que obligaban a pasar por el tamiz de la militancia la entente con Pedro Sánchez. El secretario general socialista lo tiene más fácil: alteró los estatutos para poder hacer lo que le viniera en gana y luego someter su realganismo al arbitrio de la militancia. Para sortear a esas bases a las que el presidente no quiere ver ni en pintura, bastaba con denominar “preacuerdo” a lo que en realidad es un acuerdo puro y duro. Una cuestión semántica que no es precisamente baladí.

Que nadie se engañe: estamos tal vez ante el peor momento para la democracia constitucional de los últimos 41 años excepción hecha del 23-F. O no porque el 23-F que comenzó metiéndonos el miedo en el cuerpo a todos los demócratas españoles degeneró en charlotada, tal y como se puede comprobar repasando los vídeos del asalto al Congreso por parte de un Antonio Tejero que tiene más de Torrente, “el brazo tonto de la ley”, que de Francisco Franco. Tan cierto es que los Picapiedra, Pedro y Pablo, han sido elegidos democráticamente como que el hijo de Satanás de Adolf Hitler llegó al poder tras pasar por las urnas o como que Hugo Chávez se aprovechó de su contundente victoria en las elecciones de 1998 para instaurar una dictadura de facto y ahora con su sucesor Maduro prácticamente de iure.

Los últimos acontecimientos vividos en España sugieren que vamos por muy mal camino. Tanto Hitler como Chávez desmontaron el poder judicial para gobernar sin el más mínimo contratiempo. Ya se sabe que lo de la separación de poderes no mola demasiado a los políticos democráticos y directamente nada a los que esconden ínfulas tiránicas. Las tres sentencias que más interesaban y afectaban a los planes de La Moncloa han salido como ellos querían, sin matiz alguno. Han representado una victoria por goleada para Sánchez. El fallo del 1-O no sólo deja en sedición lo que a ojos de todo el mundo y especialmente de los cuatro fiscales constituía una rebelión sino que, además, encubre un indulto al permitir excarcelar a los golpistas antes de que se cumpla la mitad de la condena. Vamos, que en Año Nuevo estarán en la calle campando a sus anchas y mofándose de este Estado tonto que nos ha caído en desgracia.

La de Alsasua es un regalete a unos proetarras que, de la mano de Bildu, garantizan el sillón a la socialista Chivite en el Gobierno de Navarra. Lo de Franco es para mear y no echar gota: tan cierto es que basurosa Ley de Memoria Histórica en mano, y también apelando a la ética más elemental, se podía exhumar al dictador del Valle de los Caídos como que se privó a la familia de un derecho tan elemental como es el de poder reinhumar a su deudo donde les salga de los pelendengues. Si no ha habido maniobras orquestales en la oscuridad, desde luego lo parece. Y las cosas suelen ser como parecen. El asalto a la Justicia es más importante en un proceso revolucionario que el asalto a los cielos. Y eso el coletudo lo tiene clarinete. Mientras tanto, las calles, las estatuas y los estadios olímpicos dedicadas a multiasesinos como Carrillo, Pasionaria, Largo Caballero, Prieto o Companys ahí siguen desafiando a la verdad histórica y al Parlamento Europeo.

El proceso revolucionario es idéntico al de ese Frente Popular que en 1936 nos condujo al acabose, destruyendo el primer experimento seriamente democrático de nuestra historia y provocando un golpe de Estado que nos condujo a una dictadura que pervivió 36 años (eso sí, menos que la dictadura nacionalista que sufren los catalanes desde 1980). Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Pues bien, lo de ahora es lo mismito que lo acontecido entre 1936 y 1939: la unión de socialistas, comunistas e independentistas para arrasar a todo el adversario ideológico. Y en aquel momento procesal de la historia, como me huelo que sucederá en el que se nos viene encima, los moderados acabaron arrinconados por los exaltados.

Ahora, como entonces, la explosión de España está servida. Las cesiones de Sánchez a los independentistas ni comienzan ni terminan con el fallo (literalmente fue un fallo) sobre el 1-O. Hay que recordar que el baranda de un partido impecablemente constitucional con Felipe González okupó Moncloa gracias a los “síes” de ERC y PDECat. Y lo hizo apenas ocho meses después de que estos dos partidos perpetraran un golpe de Estado. También recibió los votos de los embajadores en las instituciones de los asesinos de 11 socialistas, me refiero obviamente a Bildu. Y qué decir del plácet que dio el presidente del Gobierno a ese relator que proponía el racista, xenófobo y golpista Torra para arbitrar una “negociación bilateral” que nos vendieron como la panacea a la situación límite en la que el fascismo indepe ha metido a Cataluña.

Golpistas, proetarras, Iglesias y, mucho me temo que también Sánchez (que no el PSOE), tienen in mente sepultar la España del 78 y propiciar un régimen constituyente al más puro estilo chavista para, con la excusa de acabar con los restos del franquismo, instaurar en España un sistema totalitario de signo contrario con apariencia democrática. Ni más ni menos, ni menos ni más. El que no quiera verlo, que continúe haciéndose trampas al solitario. Esto no es algo que se vaya a materializar de la noche a la mañana. No. Antaño, los cambios de régimen eran cuasiinstantáneos porque se hacían a sangre y fuego. Hoy son infinitamente más lentos, por aquello de que la violencia está afortunadamente mal vista, y por ello infinitamente más efectivos a largo plazo. Nadie todavía ha demostrado la falibilidad de la gota malaya. Nuestro presidente en funciones es un vulgar aprendiz de Azaña porque, aunque en talento político e intelectual está a diez mil millones de años luz del alcalaíno enterrado en Montauban, es calcadito en su afán de ceder, ceder y ceder con tal de mantener la poltrona. Cuidadín porque eso de vender tu alma al diablo termina siempre como el rosario de la aurora y con Belcebú mangoneándote como si fueras una vulgar marioneta. Menos mal que seguimos en la UE porque es lo único que puede salvarnos de acabar como en el 36. Claro que la UE tampoco es ya lo que era…

¿Esto es lo que nos espera?
Puestas una detrás de otra, las perlas que Iglesias ha ido enjaretando en su discurso casi estremecen y, a la vez, permiten vislumbrar lo que le espera a España si Sánchez lo mete en La Moncloa
Álvaro Martínez ABC 17 Noviembre 2019

Tras el llamado «Pacto del abrazo» (del oso), este batallón cree pertinente abrir unas comillas y ver el corpus intelectual (por llamar de alguna manera a semejante ideario) de Pablo Iglesias, el supuestamente elegido para vicepresidir el Gobierno de España. Este ha sido su discurso. Sin trampa ni cartón, todo es suyo. Ahí lo tienen, de seguido y sin anestesia:

«Cualquier demócrata debería preguntarse si los presos de ETA no deberían ir saliendo ya de las cárceles».

«Sin personas como Otegui no habría paz. Y a los que han contribuido a una situación de paz y de futuro, aunque tengamos muchas diferencias, hay que reconocérselo y hay que agradecérselo».

«A los que gobiernan, los pies les huelen a franquismo. A muchos policías se les debería caer la cara de vergüenza cuando se convierten en matones al servicio de los ricos».

«El enemigo capitalista solo entiende un lenguaje: el de la fuerza».

«Nunca he dejado de proclamarme comunista».

«Una huelga no es una manera de medir un Estado de Derecho. Es una guerra. Y en una guerra nos gusta ir con nuestra mejores armas. Nosotros no somos un ejército, somos una guerrilla en todo caso, pero no nos queremos dejar nuestros Kalashnikov en casa».

«Qué envidia me dan los españoles que viven en Venezuela, un país que puede convertirse en ejemplo democrático para los ciudadanos del sur de Europa».

«¿Qué es lo que hace un gobernante decente? Expropiar. Decir “¡exprópiese!” es decir democracia».

«Pido disculpas por no romper la cara a todos los fachas con los que discuto en televisión».

«Nosotros no decimos ¡Viva el Rey! decimos ¡Viva la República! Un país moderno, feminista, no se merece que a la jefatura del Estado se acceda por fecundación».

«No queremos vivir en un país con presos políticos y no queremos que se conozca la democracia española porque haya presos políticos, nos parece un escándalo».

Lo que antecede es solo una pequeña muestra, diminuta pero ilustrativa, del discurso público de Iglesias. Podrían llenarse periódicos enteros con sandeces aún más radicales. Abramos ahora otras comillas para conocer qué pensaba Pedro Sánchez de su nueva pareja de baile, hace solo año y medio.

«No pienso pactar con populistas de los que hay en nuestro país».

«Les garantizo rotundamente que el PSOE no alcanzará acuerdos con Podemos, porque Podemos no encaja en mi programa».

«Pactar con Iglesias sería perjudicar a los más débiles. Ni antes ni durante ni después pactara el PSOE con Podemos; somos un partido de izquierdas que mira al centro y que atrae al centro».

«Iglesias ha hecho de la mentira su forma de hacer política. Miente más que habla».

Ya ven, Sánchez... un hombre de palabra.

Patriotismo de juguete
«Si me pongo patriótico, quiero que gane España». Gerard Piqué Bernabéu (Barcelona, 1987) ha aprovechado que hace tiempo que dejó la selección española de fútbol para, en el parón liguero, promocionar la Copa Davis, que esta edición estrena el formato ideado por Kosmos, la empresa del jugador de Barcelona... Bueno, una de sus empresas porque en realidad Piqué es un holding en sí mismo que lo mismo te vende un piso, que una hamburguesa, que unas gafas de sol, que unas bebidas energéticas, que un equipo de fútbol, que un videojuego o que un e-sport, los llamados deportes electrónicos, que consisten en ser un hacha con los juegos de ordenador y tener una silla, así que ejercicio físico, poco. Es el sillón ball del siglo XXI.

Algunos de estos proyectos fracasaron, pero otros van, presuntamente, viento en popa. Cuando Piqué está de promoción de sus negocios se vuelve afable, simpaticote y hasta «patriótico». Cuando entra en fase b, se enfurruña y lo mismo se encara airado y faltón con dos guardias cuando le ponen una multa de tráfico, que lloriquea lastimosamente y arremete medio furioso contra España. Porque el central del Barcelona no ha dejado nunca de apoyar el «procés», a los presos golpistas (para él «presos políticos») y la desdichada aventurita en que la banda de lazo ha metido a los catalanes y al resto de los españoles. En varias ocasiones se ha negado a contestar directamente a la pregunta sobre si es o no separatista, bastante innecesaria por otra parte habida cuenta de lo anterior. Y para ello se ha inventado la cuatrinacionalidad, de tal forma que tiene declarado que sus hijos son «colombianos, libaneses, catalanes y españoles». Visto lo visto, parece que Piqué solo se pone «patriótico» (español) cuando hay dinero de por medio, como en la Davis que acoge Madrid esta semana.

Negrín
El doctor Negrín presidió el primer gobierno de coalición del PSOE con comunistas y nacionalistas vascos y catalanes
Jon Juaristi ABC 17 Noviembre 2019

Ya desde su mismo título (Mientras dure la guerra), la reciente película de Alejandro Amenábar alude a una leyenda antifranquista según la cual Franco se habría esforzado en prolongar la contienda civil para convertir la jefatura del Estado que sus conmilitones le habrían otorgado en Burgos, pero sólo de forma provisional, en una dictadura personal sin fecha de caducidad. En otras palabras, como el título que asumió el 1 de octubre de 1936 debería serle retirado tras el fin de las hostilidades, Franco se las habría ingeniado para hacer durar estas, a fin de eliminar posibles competidores dentro de su bando y perpetuarse en el poder.

Si esto hubiera sido así (es decir, si Franco hubiera alargado innecesariamente la guerra), habría coincidido en ello con el presidente del gobierno republicano, Juan Negrín, que preconizó la resistencia a ultranza frente a los sublevados hasta que estallase una nueva conflagración europea en la que España pudiera integrarse como un escenario más del enfrentamiento armado entre el fascismo y las democracias. Negrín omitía aludir al papel que podría jugar en ese inminente conflicto la URSS, porque el pacto entre Hitler y Stalin había dejado fuera del tablero a los soviéticos. Según él, la futura guerra se libraría exclusivamente entre fascistas y demócratas. Y eso era precisamente lo que Stalin quería que todos creyeran mientras preparaba al Ejército Rojo para un choque con la Alemania nazi que sabía inevitable (aunque conveniente para sus propios designios).

La política de negarse a capitular ante el avance no tan lento de las tropas franquistas fue sin duda la de Negrín, pero, sobre todo, la de los soviéticos, los principales interesados en un final numantino de la II República. Y la correa de transmisión de la política estalinista dentro del gobierno republicano no estuvo sólo a cargo de ministros comunistas (Hernández, Uribe y Moix), sino también de ministros socialistas bolchevizados como Álvarez del Vayo y González Peña. Dispuesto como estaba a resistir a los franquistas, Negrín no puso inconveniente en transformar su gabinete en un gobierno títere de la Unión Soviética, con las consecuencias que no se hicieron esperar y que nadie ignora: primera, la deserción y huida a Francia del propio presidente de la República dejando sobre el terreno una sola Jefatura del Estado (la del enemigo); segunda, la división y ruptura del PSOE entre partidarios de Indalecio Prieto y de Negrín, y, tercera, el golpe de Estado del Consejo Nacional de Defensa, que llenó las cárceles de la capital con leales al gobierno de coalición negrinista (comunistas en su totalidad), antes de entregar Madrid a Franco con aquellos dentro.

En su empeño por mantenerse en la Presidencia del Gobierno, Negrín siguió servilmente las indicaciones de los diplomáticos y asesores soviéticos, que organizaron junto con el PCE y el PSUC la movilización del Ejército Popular y las fuerzas de orden público del gobierno y de la Generalitat contra la CNT y el POUM. O sea, los llamados «sucesos de mayo» de 1937, una auténtica guerra civil dentro del bando republicano. Un año más tarde, se desembarazó, también para contentar a los soviéticos, del único catalanista burgués y del único nacionalista vasco de derechas de su gobierno, Ayguadé e Irujo, sustituyéndolos por un comunista del PSUC y un dirigente de Acción Nacionalista Vasca, o sea, del Bildu de esa época. Pero algo positivo cabe decir del catastrófico doctor Negrín: fue un académico de prestigio internacional que no plagió a nadie. En fin, no sé por qué cuento cosas tan conocidas y recordadas por todo el mundo.


El PSOE balear financia a una ONG que alienta el odio contra España y sus empresas en Sudamérica
M.A. Ruiz Coll okdiario 17 Noviembre 2019

El Govern balear, que preside la socialista Francina Armengol, ha financiado con 240.000 euros a la asociación ONGD Enseyants Solidaris (Maestros Solidarios), que se dedica a sembrar el odio contra España y contra las empresas españolas en distintos países de Hispanoamérica.

La ONG Enseyants Solidaris está estrechamente vinculada al sindicato independentista STEI, que es con diferencia el mayoritario entre los profesores de Baleares. Durante años, el presidente de la ONG ha sido Pere Pol, quien en las Elecciones Locales de 2015 encabezó la candidatura independentista de Més per Mallorca en el municipio de Binissalem. Los proyectos internacionales de ambas organizaciones están coordinados por Juan Rodríguez Recio.

A este mismo partido, Més per Mallorca, pertenece la consellera de Asuntos Sociales del Govern balear, Fina Santiago, que es quien ha aprobado la concesión de subvenciones a ambas entidades independentistas.

Gracias a la financiación del Govern balear, la ONGD Enseyants Solidaris desarrolla distintos programas de cooperación en países como Guatemala, Honduras, El Salvador, Perú, Argentina y Marruecos. En el primer caso, monta planes de capacitación para profesores y huertos escolares para alumnos en 14 escuelas de la región de Chimaltenango (Guatemala).
Pero la ONG independentista financiada por el Govern balear aprovecha todas estas actuaciones para poner en marcha campañas contra España y contra las empresas españolas en Suramérica.

Cada 12 de octubre, la asociación tiene un especial recuerdo para el descubrimiento de América con mensajes de odio contra España, publicados en las redes sociales, como el siguiente: "América no fue descubierta. Fue invadida y saqueada. Y 500 años después seguimos siendo colonizados. Este 12 de octubre celebra el día de la resistencia indígena".

La asociación Ensenyants Solidaris que ha recibido 240.000 euros del Govern balear también utiliza este dinero público para montar campañas, con constantes mensajes en las redes sociales, contra las empresas españolas que operan en Latinoamérica.

Gracias a la financiación del Govern y de otras instituciones públicas, Ensenyants Solidaris también desarrolla campañas a favor del feminismo entre los alumnos. No lo hace desde la defensa de la igualdad de derechos, sino desde posiciones ideológicas de la propaganda de extrema izquierda.

"Por un feminismo de clase, transformador y combativo", se titula el cuaderno de actividades didácticas publicado por esta asociación con motivo del 9 de mayo, Día Internacional de la Mujer.

El documento elaborado para trabajar con los alumnos en clase explica lo siguiente: "Desde el feminismo exigimos un cambio de sociedad estructural y desde los cimientos, donde el capitalismo y el neoliberalismo no tengan cabida, una sociedad ecologista, anticapitalista, antipatriarcal, diversa, plural… en definitiva, una sociedad donde todos y todas seamos libres".

Es decir, para que las mujeres sean libres hay que destruir el capitalismo y la economía de libre mercado. Este enunciado niega una evidencia: la igualdad de derechos entre hombres y mujeres sólo se ha alcanzado en las sociedades liberales y capitalistas, precisamente las mismas que quiere destruir esta asociación.

La Conselleria de Asuntos Sociales del Govern balear, que dirige la independentista Fina Santiago (del partido Més per Mallorca) concedió en 2016 subvenciones que suman 45.885 euros a la ONG Ensenyants Solidaris. Al año siguiente, la partida de estas ayudas se elevó a 60.300 euros.

El mismo departamento del Govern balear dio en 2017 otros 61.282 euros, en cuatro subvenciones, a la ONG vinculada al sindicato independentista de profesores STEI. Por último, en lo que llevamos de año la asociación ha recibido otros 72.400 euros del Govern.

Ensenyants Solidaris también recibe financiación de otras instituciones públicas, como los ayuntamientos de Palma y Artà, también gobernados por Més per Mallorca. Además cada año recibe de la Editorial Santillana (vinculada al grupo Prisa) lotes de libros de texto valorados en 400.000 euros, para distribuirlos en Guatemala.


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