AGLI Recortes de Prensa   Lunes 18  Noviembre  2019

El terrorífico programa de PSOE y Podemos traerá una caída extrema de la actividad y paro masivo
José María Rotellar Libertad Digital 18 Noviembre 2019

Las medidas anunciadas y las que están por venir aumentarán el déficit por el incremento de gasto y por la caída de actividad económica y el empleo.

Tras la firma del acuerdo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para tratar de formar un Gobierno de coalición de izquierda radical, entre la parte más extremista del PSOE, que representa Sánchez -aunque si para mantenerse en el poder tuviese que disimular otra ideología, a buen seguro que lo haría- y los comunistas extremos de Podemos -ni siquiera "eurocomunistas"- la economía española se encuentra en un serio riesgo.

Ese terrible riesgo se deriva de las medidas que aplicarán. Es cierto que, de momento, sólo han publicado el acuerdo firmado, donde no se desgranan detalladamente las distintas medidas, pero sí que encontramos claros indicios del camino por el que irá dicho acuerdo.

Y dicho camino no es otro que el "camino a la perdición" de la economía. Para comenzar, el gasto aumentará con diferentes medidas, como la estandarización de las escuelas de cero a tres años, cuyo gasto difícilmente puede llevarse a cabo, o lo que llaman fortalecimiento de las pymes, que lo enfocan desde el punto de vista de las subvenciones, no de la eliminación de absurdas barreras burocráticas que impiden que las pequeñas empresas prosperen. Una vez más, el intervencionismo busca la subvención para repartir la miseria en lugar de liberar obstáculos que permitan crear riqueza.

Eso incrementará el gasto de manera importantísima, que podría llegar a ser insostenible. ¿Y cómo lo incrementará? Tenemos los ejemplos de los fallidos presupuestos de 2019, que fueron devueltos al Gobierno, y, especialmente, la actualización del programa de estabilidad que el Gobierno envió a Bruselas a finales de abril.

Allí, el Gobierno establecía una senda de déficit que es complicado que cumpla, pero que, según sus datos, es la siguiente:

Ese déficit, atenuado por un incremento optimista del PIB nominal, se mantenía vigente hasta 2021. Por su parte, el dato de ingresos que estimaba era el que muestra el siguiente cuadro:

Pues bien, a partir del déficit y de los ingresos podemos obtener el volumen de gasto que va a incrementar cada año, de manera que es el que sigue:

Es decir, que nos encontramos con unos incrementos importantísimos de gasto año a año, sostenidos con unos ingresos que no se cumplirán, pues pese a que suban los impuestos no van a ser capaces de que la actividad económica sea tan fuerte como para incrementar 95.505 millones de euros la recaudación entre 2018 y 2022.

Aunque no lo logren, en el documento firmado hablan de lograr el equilibrio presupuestario a través de una justicia fiscal. El equilibrio presupuestario no lo van a conseguir, porque el gasto va a ser tan alto como el comentado anteriormente, o incluso mayor, debido a las presiones de los comunistas de Podemos, con su batería de medidas de gasto, con el añadido de que los ingresos no van a crecer tanto; es más, puede que desciendan. No obstante, pese a que no les surta efecto en recaudación la subida de impuestos, sí que van a llevarla a cabo, de eso podemos estar seguros.

Los riesgos de cada medida
Esa subida que ya preparaba el PSOE en sus fallidos presupuestos era casi confiscatoria, con subidas en el IRPF de hasta en 4 puntos, 15 en las SOCIMIS, establecer el tipo mínimo efectivo del impuesto de Sociedades en el 15%, o subir las cotizaciones sociales, que, de momento, al ser devueltos los presupuestos, es lo único que han podido hacer.

No obstante, no van a renunciar a volver a hacerlo -ya lo dijeron: su política económica es ésa- y en coalición con Podemos esas subidas serán todavía mayores y en más impuestos. Por ejemplo, Podemos propone incrementar el impuesto de Sociedades en 10 puntos a la banca para, según ellos, devolver los fondos aportados por el sector público al sector financiero. Se olvidan de que sin la banca el sistema colapsaría, o, quizás, no se olviden, sino que podría ser que deseasen que colapsase el sistema capitalista.

Por otra parte, y también por la vía del gasto, el acuerdo impone una peligrosa demagogia en materia de pensiones, asegurando su revalorización conforme al coste de la vida, al tiempo que dice que va a garantizar la sostenibilidad de las mismas, cuando con la medida que propone se vuelve matemáticamente imposible. No es cuestión de ideologías, es cuestión de matemáticas: si no se acuerdan reformas que garanticen su viabilidad, el sistema de pensiones estallará, y, con su acuerdo demagogo, Sánchez e Iglesias habrán precipitado la explosión que empobrecerá a los pensionistas. Recientemente, en Libre Mercado explicaba muy bien Domingo Soriano que con los efectos que dicha medida, para su sostenibilidad, tendría, en forma de incremento del pago de cotizaciones, sobre cada trabajador.

En cuanto al mercado de trabajo, dice el acuerdo que van a garantizar el trabajo digno, estable y de calidad, que a buen seguro significará que van a derogar la reforma laboral de 2012, que es la que ha creado el marco más incentivador de empleo estable que hemos tenido en estos últimos cuarenta años.

Del mismo modo, seguro que detrás de esas grandes palabras falsas esconden volver a incrementar exponencialmente el salario mínimo, cuyo efecto pernicioso lo notará el empleo, especialmente los trabajadores menos cualificados, que serán expulsados del mercado de trabajo al no poder generar un valor suficiente para cubrir ese incremento de costes laborales que dicha medida impondrá.

Deberían ser conscientes de que subir el salario mínimo, por tanto, sólo conduce a mayor desempleo, pues las empresas, que son quienes demandan trabajo -y los trabajadores son los que lo ofrecen- van a disminuir su cantidad demandada de trabajadores si el precio del trabajo, que es el salario, está por encima del punto de equilibrio entre la demanda y la oferta. Por tanto, ¿qué habrá conseguido imponer un salario mínimo de 1.000, 1.200 ó 1.500 euros, como plantean PSOE y Podemos? Provocar escasez de demanda de trabajo en el mercado, que se traduce en menos empleo, con lo que enviarán al paro a muchas personas.

Por otra parte, también quiere intervenir el mercado del alquiler, lo que provocará que los propietarios de pisos no querrán ponerlos en alquiler, dado que a ese precio que está por debajo de mercado no les resultará rentable. Ahí, lo que se producirá es una escasez de oferta, con lo que muchas personas que desean que les alquilen un piso, no tendrán quién se lo alquile, lo que limitará el mercado de alquiler.

Todas estas medidas, y otras del mismo estilo que llegarán, aumentarán el déficit por el incremento del gasto y por la caída de actividad económica y el empleo, que hará aumentar la deuda y los desequilibrios de la economía española. Los ciudadanos sufrirán la confiscatoriedad de las subidas de impuestos, las empresas serán expulsadas por la carga tributaria que soportarán, se deslocalizarán, y al deslocalizarse no sólo ya no pagarán nada en impuestos, sino que no darán empleo y muchos trabajadores se irán al paro, con lo que disminuirá el poder adquisitivo, al perder su salario esos trabajadores que pasarán a ser desempleados, se ingresará menos, pues su tributación al IRPF y a la Seguridad Social será menor, y se incrementará el gasto, pues habrá más personas que tendrán que cobrar la prestación por desempleo. La caída extrema de actividad económica y el paro masivo están garantizados. Eso es lo que nos espera con un gobierno radical de izquierdas como el que pretenden formar.

Enderezar el déficit
Primo González republica 18 Noviembre 2019

Se presenta un complicado panorama al Gobierno español de cara a los próximos meses cuando tenga que presentar sus cuentas sobre la ejecución y cumplimiento de los objetivos de déficit. No solo los del año 2019, ya a punto de concluir, sino las perspectivas para el año entrante, en el que habrá ya, se supone, un nuevo Presupuesto, un nuevo Gobierno y nuevas orientaciones políticas y económicas.

Una de las primeras dificultades va a ser la de negociar con Bruselas el previsible incumplimiento del objetivo de déficit, que a finales de septiembre se había situado ya dos puntos del PIB por encima del objetivo que se había comunicado a Bruselas. Son de momento algo más de 20.000 millones de euros que habrá que recuperar en los meses finales del año, cuestión de por sí complicada sobre todo por la losa de la Seguridad Social.

La desviación de la deuda ha llevado el nivel de endeudamiento del país hasta cerca del 98% del PIB, es decir, unos dos puntos por encima de lo que se había acordado con Bruselas para el conjunto del año. El Gobierno de Pedro Sánchez ha ofrecido en su momento reducir la deuda sobre el PIB hasta niveles algo superiores hasta menos del 95% del valor de la producción de la economía. De momento, ese objetivo parece bastante ilusorio y lejano, además de estar alejándose de la realidad. Sin olvidar el hecho de que los tipos de interés a largo plazo han comenzado a subir ligeramente, como podremos comprobar en breve, cuando se ejecuten las subastas de Deuda Pública a 10 año, uno de los pilares de la Deuda Pública española.

Este año, la cifra de endeudamiento total ha batido récords históricos ya en dos meses, en junio y el más reciente mes de septiembre. Es decir, el control del déficit está en plena decadencia, las cifras no sólo no mejoran ni siquiera se mantienen. Por el contrario, estamos con un déficit creciente y esto no augura nada bueno para la posición negociadora española con Bruselas en los próximos meses.

Una de las principales motivaciones de este empeoramiento de las cifras de déficit público viene condicionada por el deterioro de las cifras de la Seguridad Social, que ya ha anunciado su decisión de echar mano quizás por última vez del saldo que aún mantiene en sus arcas el Fondo de Reserva de la Seguridad Social. El organismo pagará la paga de final de año tomando parte de los 3.600 millones de quedan, lo que podría dejar el saldo final para cuando concluya el año en unos 1.500 millones de euros.

La Seguridad Social acumulará una deuda a finales de año por una cifra superior a los 52.400 millones de euros y sus posibilidades de reducirla en el futuro parecen escasas, ya que el empleo ya no va a crecer como en años anteriores. De modo que en la mejor de las hipótesis, el déficit de la Seguridad Social añadirá más leña al fuego del déficit en el inmediato futuro. El nuevo Gobierno tendrá que echar muchas cuentas para enderezar todo este problema.

Temor en el mundo económico
Editorial ABC 18 Noviembre 2019

La Bolsa y los inversores han reaccionado con recelo al posible pacto de cogobierno entre socialistas y populistas, temor que comparten con la mayoría de nuestros socios europeos

Para alguien que como Pedro Sánchez firmó una tesis doctoral titulada «Innovaciones de la diplomacia económica española», debería ser relativamente sencillo, pese al plagio, interpretar las reacciones del mundo económico a sus intenciones de formalizar una coalición apoyada en las fuerzas del populismo de extrema izquierda con el aval de partidos independentistas y filoterroristas. Los temores que ha levantado el proyecto de coalición con Podemos se han visto claramente en la temperatura de la Bolsa. Además, como hoy informa ABC, interesantes operaciones de fondos extranjeros han quedado en el aire, mientras que socimis y fortunas estudian irse a Portugal ante el temor de nuevas alzas fiscales.

La perspectiva de que se sienten en el Consejo de ministros socios de Gobierno que defienden las mismas recetas que, por ejemplo, llevaron a la ruina más absoluta a un país tan extraordinariamente rico como Venezuela, constituye un factor que señala a la economía española como el mercado en el que cualquier decisión de envergadura debe posponerse. Y esto es ya un efecto negativo con consecuencias reales porque aquellas inversiones que podían haberse destinado a la economía española pero que han sido dirigidas a otro país están perdidas para siempre. Si se pudiera creer en la palabra de Sánchez, a algunos tal vez les tranquilizaría la promesa que lanzó públicamente de hacer vicepresidenta a la actual ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño, aunque no fuera más que para utilizarla de parapeto como Rodríguez Zapatero hizo con Solbes en su mandato. Pero en su caso, ni siquiera ese disfraz sería suficiente para tranquilizar a los mercados, no solo porque a estas alturas su palabra vale más bien poco, sino porque el sesgo ideológico de su principal asociado, Iglesias, es tan negativo para la economía que no hay disfraz que pueda ocultarlo.

Gracias a las reformas prudentes del PP, nuestras economía salió con mucho esfuerzo (sobre todo de los españoles) de una crisis terrible, pero aún se encuentra en periodo de reconstrucción. Con una gigantesca deuda pública acumulada, lo que la economía necesita es favorecer la inversión exterior y no aumentar los impuestos -lo que no siempre es igual que aumentar la recaudación- para expandir el gasto. Dentro del mercado único europeo, las empresas pueden trasladarse de un país a otro en busca de mejores condiciones fiscales y económicas, pero tanto Sánchez como, sobre todo, Iglesias, siguen prisioneros de los antiguos clichés ideológicos de la izquierda más rancia, consistentes en subir la carga fiscal de los españoles y gastar por encima de las posibilidades del Estado. Ya lo hizo Zapatero, provocando un déficit estratosférico que rozó el 9 por ciento. Sin haber recuperado todo el brío, un segundo experimento sería letal.

Siempre nos quedará Bruselas
Yolanda Gómez Rojo ABC 18 Noviembre 2019

El acuerdo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para crear una coalición de gobierno, aunque ya no le quite el sueño al presidente en funciones, sí preocupa, y mucho, a inversores y empresarios, que temen las consecuencias de poner en marcha las políticas populistas que Unidas Podemos incluía en su programa electoral. Y no es para menos. Subidas de los impuestos actuales y creación de nuevos tributos, contrarreforma laboral para aumentar la rigidez del mercado de trabajo, crear una banca pública, intervención del mercado de alquiler para limitar los precios, rentas mínimas para todos pagadas con el dinero de nuestros impuestos y un largo listado de subsidios y medidas que disparan el gasto público no parecen las mejores recetas para hacer frente a un momento de desaceleración económica tan delicado como el que atraviesa la economía española.

De momento, y por si acaso, quienes están trabajando a marchas forzadas son los grandes despachos de abogados, que atienden estos días a sus preocupados clientes, que les piden estrategias para esquivar la nueva tributación que se avecina. Y es que, que nadie se engañe, en un mundo globalizado, en el que el capital puede circular libremente y las grandes empresas no son nacionales sino multinacionales, una subida excesiva de impuestos se traducirá, en una deslocalización de inversiones y en una huida de capitales, de modo que al final, y como siempre, acabaremos pagando los mismos, las sufridas clases medias. Está más que demostrado que la mejor manera de aumentar la recaudación es tener impuestos progresivos sí, pero razonables, que atraigan la inversión y desincentiven el fraude a la vez que impulsan el crecimiento económico y el empleo. Y mucho me temo que no es por ahí por donde van las intenciones de Pedro, y mucho menos las de Pablo. Y lo malo es que no solo van a aplicar estas políticas, sino que intentarán que las comunidades autónomas que ahora están en manos de gobiernos de coalición de PP y Cs tampoco puedan tener impuestos bajos. Ya nos advirtió la ministra de Hacienda en funciones, María Jesús Montero, su intención de armonizar impuestos como Sucesiones y Patrimonio, lo que implica volver a pagarlos allí donde están muy bonificados (Madrid y Andalucía).

Menos mal que nos queda Bruselas. La esperanza ahora es que las férreas reglas presupuestarias europeas impidan, como ya ocurrió en Grecia o Portugal, los desmanes que prevén los programas electorales de socialistas y populistas. En el país vecino, el Gobierno dirigido por Costa no solo no ha subido los impuestos, sino que los ha bajado para atraer rentas altas e inversiones, y lo cierto es que le está yendo bastante bien a su economía. Sánchez quería un Gobierno a la portuguesa, y quizás lo consiga. ¿Sería mucho pedir que copie también su política económica?

Las cifras
El programa económico de Podemos prevé incrementar la presión fiscal en ocho puntos de PIB, hasta situarla en el 46%, lo que supondría aumentar la recaudación en unos 85.000 millones de euros. La mayor parte de esta recaudación vendría de subir los impuestos actuales o crear nuevos. Algo más modesto es el PSOE, que pretende subir los impuestos hasta converger con la presión fiscal europea, lo que supondría recaudar unos 50.000 millones más.

Desengáñese de sus señorías
Juan Manuel de Prada ABC 18 Noviembre 2019

Los obispos, siempre tan bizcochables, prefieren pensar (risum teneatis) que la ministra Isabel Celaá ha padecido «un lapsus» cuando ha afirmado con todo su santo cuajo (¡y en un congreso de la escuela católica!) que «de ninguna manera puede decirse que el derecho de los padres y madres [sic] a escoger una enseñanza religiosa o a elegir centro educativo sea parte de la libertad de enseñanza recogida en la Constitución». Es verdad que, de vez en cuando, a la ministra Celaá se le ocurre atribuir a Aristóteles alguna cita apócrifa; pero estos deslices, más que descuido, revelan premeditación, y hasta cierto taimado refinamiento. La ministra Celaá, si por algo destaca, es por sus cualidades sibilinas, expresadas siempre con una dicción elegantísima que no da puntada sin hilo. Resulta, desde luego, del género tonto pensar que Celaá, que habría podido quedarse tan pichi en su mansión de Berango, haciendo sus abluciones en sus siete cuartos de baño, haga el sacrificio de asistir a un congreso de escuelas católicas, donde los baños serán comunales, para improvisar un discursete sazonado de lapsus. La ministra Celaá fue a ese congreso con los deberes y las abluciones hechas; y cada palabra de su discurso estaba más calculada que las poses de Marlene Dietrich.

El catolicismo pompier ha querido corregir a la ministra Celaá, invocando citas del Tribunal Constitucional contrarias a su afirmación, que a su vez se funda en otras citas del mismo Tribunal. Y la ministra Celaá, en lugar de exponer al catolicismo pompier que en el barrizal positivista nada es verdad ni es mentira, le ha pasado la mano por el lomo socarronamente. Pero la cruda verdad ya la expuso Gregorio Peces-Barca cuando se discutía en el Congreso la redacción del artículo 15 de la Constitución:

-Desengáñense sus señorías. Todo depende de la fuerza que está detrás del poder político y de la interpretación de las leyes. Si hay un Tribunal Constitucional y una mayoría política proabortista, «todos» permitirá una ley del aborto; y si hay un Tribunal Constitucional y una mayoría antiabortista, personas» impedirá una ley del aborto.

Y lo que ha servido para permitir el aborto, servirá también para cargarse la escuela concertada cuando al poder político le pete. Y, habiendo una mayoría política partidaria de que la libertad educativa no incluya el derecho de los padres a escoger una enseñanza religiosa o a elegir centro educativo, tales derechos decaerán y santas pascuas. Y esto será así porque, como ya hemos explicado repetidamente, en el barrizal positivista vigente, la justicia ha dejado de ser el fundamento del derecho, y el poderoso de turno se convierte en creador de un derecho que ya no es expresión de la racionalidad jurídica, sino acto de voluntad del Estado Leviatán, puro nihilismo jurídico apoyado en conveniencias políticas cambiantes, cuando no en pulsiones y resentimientos ideológicos. Y la escuela concertada es una de las dianas predilectas del resentimiento de las fuerzas que hoy están detrás del poder político y de la interpretación de las leyes. Y tales fuerzas consideran -aunque no lo digan abiertamente, porque no suelen cometer lapsus- que hay que acabar con el derecho de los padres a elegir la enseñanza de sus hijos y sustituirlo por el derecho de los hijos a librarse de las creencias de sus padres. Así que el benéfico Estado Leviatán socorrerá a los hijitos, para que no sean sometidos a la dictadura ideológica de sus padres católico-talibanes. Por supuesto, esta destrucción de la escuela concertada no se hará de la noche a la mañana, sino mediante una lenta y progresiva asfixia económica, propiciada por leyes (¡el barrizal positivista!) que serán, una tras otra, bendecidas por el Tribunal Constitucional. Desengáñense sus señorías.

La realidad de una «política de buitres»
Antonio García Fuentes Periodista Digital 18 Noviembre 2019

En un reciente artículo y sobre la política de parásitos que se mantienen en España (e indudablemente en muchos países más) escribí lo que sigue: “puesto que ya se sabe que… «los buitres se pelean ante el cadáver a despedazar, del que se comen al final hasta la última piltrafa, huesos incluidos». Amén”.

Hoy cuando esto escribo, leo en prensa lo que sigue y que me provoca sonrisa amarga, por causas fáciles de comprender… “La negociación entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias sigue en su fase inicial. Sin embargo, en el partido morado ya empiezan a hacerse los cálculos sobre los futuros altos cargos necesarios para las tareas de Gobierno. Las fuentes consultadas en el partido de Iglesias cifran en «unas 100 personas» los fichajes necesarios para dirigir una vicepresidencia y tres ministerios «sociales». (Vozpópuli 15-11-2019). “Aún no han cazado el oso y ya están pensando lo que van a hacer con la piel y la carne; lo que demuestra descaradamente el fin pretendido en todo momento”.

Confirma con creces lo que vengo aseverando hace ya muchos años; o sea, que sufrimos una “política de mercenarios” que de lo principal o único que los mueve, a entrar en ese servicio, que dista enormemente de lo que debiera ser un verdadero “servicio público”; es el botín que persiguen esos mercenarios y a los que “bauticé hace ya muchos años “, como “políticos de panza y bolsillo”; y los que no solo van a vivir y vivir bien del dinero público, sino que todo el que puede, se incrusta en esa asquerosa política, para llegar a seguir viviendo igual o mejor, todo el resto de su indigna vida y que los mantengamos los que de verdad trabajamos y producimos bienes que enriquecen la economía nacional.

Por todo ello, alguna vez, y si de verdad llegan al gobierno, verdaderos y honrados políticos estadistas; tendrán que hacer un revisión o limpieza general de parásitos y eliminar lo mucho que sobra, en unas administraciones inútiles por lo sobre cargadas de parásitos; y las que como tales, sólo producen una ruina acumulable y que acaba por contaminar de tal forma al país que sea, que su final es la ruina más espantosa. Ruina que ya reflejé en mi “cuento”, “Los canarios del emperador”, publicado en mi ensayo “España aquí y ahora” (1984 la 1ª edic, y 1985 la 2ª – agotadas ambas si bien en libros “de viejo” aún su pueden encontrar ejemplares); y lo que no es nada nuevo en la triste historia del “mono humano”; que insiste y repite hechos que debieran haberse superado hace siglos, pero… “Panza y bolsillo siguen gobernando al mundo, amén de las mentiras más espantosas”; y es claro que así nos va… “al resto de monos u homínidos que seguimos andando sobre dos patas”.

En España y empezando por el inútil “Senado”, que no nos sirve para otra cosa que para mantener, un gasto enorme y sin ninguna utilidad, pero el que se mantiene para que vivan bien un ejército de políticos y todo el tinglado que conlleva mantener este monstruo inservible; y continuando por ejemplo, con las innumerables “ONGs que reciben subvenciones; y que no justifican su utilidad, continuando con los “defensores de pueblos y aldeas y no sé qué más cosas”; y un sinfín de covachuelas y garitos, que se fundaron, simplemente para meter en ellos, nepotes, políticos de la cuerda que sea; y terminando con ese absurdo abusivo de mantener, “dos casas reales y todos sus anexos”; puesto que con una “y bien controlada”; sobraría mientras no cambie la constitución y sea posible cambiar de sistema de Estado.

Pero si es que salimos de “lo nacional” y nos vamos a lo regional, provincial e incluso lo municipal; hay para “llenar una biblioteca dedicada sólo a derroches y malgastos”; como por ejemplo; ocurre en mi propio municipio (Jaén); donde hace ya muchos años, los pésimos gobernantes municipales, se empeñan en fundar, una televisión y emisoras de radio, simplemente para su propia propaganda; llegando a mantener en nómina, alrededor de medio centenar de empleados; lo que llega a acumular una deuda o déficits de varios millones de euros. Por lo que sea (no se ha aclarado) las instalaciones se incendian y se destruyen; y como no hay dinero (puesto que el municipio administrativamente está en quiebra) el nuevo alcalde y para “evitar lo negativo del hecho”; en vez de enviar a todos los empleados al subsidio del desempleo y como es lógico en estos casos; simplemente ordena que “los recoloquen en la nomenclatura municipal, cosa que no creo sea legal, pero que pasará como tantas cosas pasan en esta “descoyuntada” tierra de parásitos; donde la solución de tan “inteligente alcalde”, fue el subir impuestos, nada más sentarse en la poltrona.

Resultado del “trabajo” de una serie de “devastadores”, es la estampa de una ciudad, capital de provincia, donde todo o casi todo es un fracaso comercial, pierde habitantes, nadie emprende nada y los que se mantienen es de forma lamentable y sin esperanzas de otra cosa que la de sucumbir, “cuando les llegue su hora”. A pesar de todo ello, el alcalde cobra siete mil euros mensuales, que por “las catorce pagas reglamentarias sumarían noventa y ocho mil euros anuales” y el resto, de veintiséis concejales, también cobran pagas abultadas y que por lógica, ninguno de los 27 merecen; pero de todo esto ni se habla, ni se toca, aquí como en el cuento del convento de frailes… “albondigón y pollo por barba y caiga el que caiga”.

Y esta es la “España del progreso y que sucedió a la dictadura del General Franco”; donde y como queda claro los que progresan son los políticos que llegan a mangonear el dinero público, amén del grupo cada vez más numeroso de “ricos-riquísimos españoles”, que aumentan en número cada año, al igual que aumentan los de pobres o empobrecidos, que ya son masa; y me atengo a las cifras oficiales que se publican. Todo ello demuestra que “la riqueza nacional” no tiene una distribución más equitativa y menos leonina, que no beneficia nada más que “a los de siempre”.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

El riesgo de acostumbrarse a las falsedades
Editorial El Mundo 18 Noviembre 2019

El hartazgo por los continuos bandazos de una clase dirigente incapaz de asumir la necesidad de pactos está situado a la política española en unos niveles preocupantes de descrédito. "Las promesas solo comprometen a quien se las cree", sostenía cínicamente Mitterrand. El obsceno ejercicio protagonizado por Pedro Sánchez durante los últimos días muestra que los incumplimientos de los compromisos políticos no pasan excesiva factura en las urnas. Pasar en apenas 48 horas de rechazar la alianza con Podemos y de impostar un endurecimiento de su posición frente al independentismo a firmar un acuerdo de gobierno con Pablo Iglesias y buscar el apoyo de los separatistas solo está al alcance de un dirigente que siente un desprecio absoluto por la verdad.

En nuestras páginas de Papel analizamos hoy que la falta de palabra del líder socialista se enmarca en un escenario volátil y mediatizado por el ruido que generan las redes sociales. El zumbido martilleante de la conversación instantánea en las redes distorsiona la toma de decisiones. A ello se suma que el paso de un mapa político dominado por el bipartidismo a otro en el que opciones extremistas cobran peso ha coincidido con el auge de las fake news y el uso partidista de herramientas de comunicación social orientadas a condicionar el voto. El ciclo político opera las 24 horas y la emisión de mensajes sin solución de continuidad contribuye a licuar los discursos en un tiempo récord. De ello se valen todos nuestros representantes, aunque los bandazos de Sánchez golpean de forma especial el prestigio social inherente a la representación institucional.

Sánchez, al estilo trumpista, explota los recursos del populismo hasta el punto de virar sus compromisos sin atender a otra lógica que retener el poder. Promete una cosa y la contraria de un día para otro sin ruborizarse. Prometió detener a Puigdemont y ahora implora el respaldo separatista para su investidura. Aseguró que un gobierno con ministros de Podemos le quitaba el sueño, y después del 10-N corrió a firmar una coalición con la extrema izquierda. Prometió intervenir TV3 y tipificar el referéndum ilegal como delito, y ahora se muestra dispuesto a regresar a la rendición de Pedralbes. Y sostuvo que la insurrección secesionista era, ante todo, un problema de "convivencia", aunque ahora ya admite la naturaleza de un conflicto político. Machado explicó gráficamente esta falta de escrúpulos: "En política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela". Faltar a la verdad y quebrar el compromiso electoral con los ciudadanos de forma tan flagrante, tal como ha hecho Sánchez, socava la confianza en la política y abona el descrédito institucional.

Aún hay tiempo para rectificar
Editorial ABC 18 Noviembre 2019

España empieza una semana determinante para su futuro, en la que Pedro Sánchez aún está a tiempo de rectificar su propósito de imponer una mayoría de gobierno nociva para los intereses de los ciudadanos. Su acuerdo con el PNV y Unidas Podemos está hecho, con cesiones determinantes para adjudicar una vicepresidencia y varias carteras a Pablo Iglesias, pero aún no ha conseguido cerrar un acuerdo definitivo con partidos como ERC, que sigue imponiendo condiciones que deberían ser inasumibles para el PSOE. Por eso es lamentable que Sánchez deje caer en saco roto las advertencias de algunos barones de su partido sobre los peligros que acechan a España si los socialistas ceden ante el chantaje separatista. Ayer mismo, Joaquim Torra volvió a apelar como condición para apoyar la investidura que se negocie la autodeterminación de Cataluña con «relatores» incluidos. Y ERC insiste en el eufemismo de constituir una «mesa de diálogo», pretende imponer una «amnistía» para excarcelar de inmediato a los condenados por sedición, y celebrar un referéndum por la independencia.

Sánchez aún está a tiempo de tender la mano al PP, e incluso a Ciudadanos, y viceversa. Es el constitucionalismo lo que está en juego para no conducir a España por una senda «plurinacional», con el peligro añadido de una gestión económica de tintes cuasi-comunistas que generarán incertidumbre inversora, más endeudamiento y más déficit. España se halla en un momento crucial en el que varios partidos que aspiran a ser socios de Gobierno quieren dar por superado el espíritu de la Transición y la concordia ideológica. No es un «pacto de progreso» lo que está en marcha, sino un pacto destructivo. Y el PSOE, de la mano del PP, aún podría evitarlo si quisiera.

Espabila, PP
Luis Herrero Libertad Digital 18 Noviembre 2019

Por desgracia, todo parece indicar que el próximo Gobierno tendrá rostro comunista y alma separatista. Lo único que puede evitar que esa desgracia sin precedentes se materialice es una sobrepuja de ERC a la hora de fijar el precio de su abstención en la investidura. Si se sube a la parra y pide cosas que Sánchez no le puede dar, se acabó lo que se daba. En eso radica ahora mismo el interés de la situación política: en saber si Junqueras imposibilita o no el pre acuerdo suscrito por Sánchez e Iglesias. No haría falta escribir nada más para dar por demostrado que la viabilidad del nasciturus gubernamental depende de la decisión de un delincuente que quiere acabar con el Estado. Si fuera verdad que el socialismo repudia la idea de un Gobierno que dependa del separatismo catalán —como tantas veces dijo Sánchez durante la campaña—, el pre acuerdo de marras no se habría firmado jamás. Los dos firmantes saben de sobra que sin el beneplácito de Junqueras, el documento es papel mojado. ¿Cabe mayor dependencia?

Habrá quien diga —de hecho los voceros socialistas no paran de repetirlo— que una abstención del PP mataría dos pájaros de un tiro: acabaría con el bloqueo político y convertiría en irrelevante el sentido del voto separatista. Pero no es verdad. El bloqueo no significa imposibilidad de formar Gobierno, sino imposibilidad de gobernar. Ya teníamos Gobierno: el de la moción de censura. Y si dejamos de tenerlo fue por su incapacidad para gobernar. Ahora lo que se nos dice es que esa incapacidad solo puede subsanarla una de estas dos soluciones: o restituir el Gobierno que fracasó —el de la moción de censura— o investir a otro —coalición de socialistas y populistas con la abstención del PP— que está condenado al fracaso. ¿Alguien en su sano juicio piensa que el PSOE y Podemos están en condiciones de elaborar unos Presupuestos Generales del Estado que merezcan el voto afirmativo del PP? ¿Entonces, de qué diablos estamos hablando? ¿De qué sirve investir un Gobierno que no pueda gobernar? Esa película ya la hemos visto.

Un apoyo gratuito del PP al Gobierno progresista urdido por Sánchez no serviría para nada bueno. O nos llevaría a una nueva situación de bloqueo, o sentaría las bases para que se produjera un acercamiento posterior a los independentistas, amos y señores de la bisagra que da o quita mayorías absolutas. Hace bien Casado en negárselo. Pero se equivoca gravemente en no ofrecerle un apoyo condicionado. Gratuito, no —nada tendría de patriótica una abstención que arroja al Gobierno al dique seco o a los brazos de Junqueras—, pero condicionado, sí. ¿Condicionado a qué? A unos presupuestos razonables que nos permitan encarar la crisis que viene con ciertas garantías, y también a unos cuantos pactos de Estado que sirvan para fortalecer el Régimen del 78. Es la mejor solución posible. Es mala una nueva repetición electoral, es peor un Gobierno que no pueda gobernar, es mucho peor un gobierno que para gobernar tenga que pactar con ERC y no es posible —hoy por hoy— un Gobierno de coalición PSOE-PP.

La pregunta es: si la abstención condicionada es la mejor solución posible, ¿a qué espera el PP para proponerla? ¿Qué chorrada es esa de que Sánchez no le coge el teléfono o que no quiere exponerse a que le den el no por respuesta? Cada palo debe aguantar su vela. La responsabilidad del PSOE será rechazarla, si la rechaza, y la del PP será la de no haberla propuesto, si sigue en sus trece de no hacerlo. Si Casado cree que los electores le agradecerán que se haya quedado cruzado de brazos mientras España se iba al carajo, se equivoca. Y si cree que le fortalecerá liderar la Oposición a un Gobierno monstruoso, también se equivoca. Los monstruos asustan, y las personas asustadas buscan refugio tras los líderes que exhiben mejor musculatura. Desde ese punto de vista, Abascal tiene las de ganar. De abril a noviembre Vox consiguió casi el doble de apoyos que el PP y esa tendencia no tiene pinta de atenuarse. ¿A qué espera para darse cuenta? Para un político, un error de tiempo —que se lo pregunten a Rivera— es peor que para un escritor un error de gramática. El segundo se subsana; el primero, no. Y Casado ya ha perdido dos veces. O espabila, o se lo lleva la corriente.

Manifiesto: socialistas históricos y de Ciudadanos contra el pacto socialcomunista
Carlos Dávila okdiario 18 Noviembre 2019

Se prepara para mediados de esta semana un documento de los que ahora de llaman “transversales”, que firmarán gente muy distinguida del PSOE de siempre, de los iniciáticos de Ciudadanos y desde luego de personalidades independientes de todo jaez. El manifiesto aún no tiene título definitivo. Se encabezará o con una apelación genérica a la “Concordia” o con una llamada a responder a lo que el momento histórico en que vivimos requiere o, quizá más genéricamente como una carta abierta a los españoles. El texto, aún incógnito, se desvelará a mediados de esta semana, probablemente el jueves, y ahora mismo está siendo repasado en unas centenas de despachos para ver si cuenta con la aquiescencia de las personas requeridas. La idea ha surgido de socialistas impecables como Nicolás Redondo, los hermanos Mújica, los hijos de Fernando vilmente asesinado por ETA, Joaquín Leguina, Juan Claudio de Ramón y otros, entre ellos un ex-presidente autonómico andaluz, que completarán la relación de miembros históricos del PSOE extraordinariamente preocupados por la “situación grave en que se encuentra España”.

El documento estará firmado por antiguos simpatizantes del partido ayer de Rivera hoy no se sabe de quién, que ya han mostrado en algún otro episodio su discrepancia por la deriva inconcreta que adoptó Ciudadanos. El más relevante de estos personajes es el catedrático de Derecho Constitucional, articulista muy respetado, Francesc de Carreras, siempre crítico en los últimos tiempos con Rivera y el partido que él contribuyó a formar. Con él suscribirán el texto muchos otros convocados que empiezan por denunciar la gestión que Sánchez está realizando de su pírrica victoria electoral. Evidencian los promotores del manifiesto, todavía en fase de redacción definitiva, que la decisión del presidente en funciones de echarse en manos de los leninistas de Podemos es un mal ejemplo de lo que retrata una sociedad dividida que también se encuentra en permanente tensión, y no por razones ideológicas de importancia sino por simples apetencias partidistas.

El texto señalará, ¡cómo no! los enormes logros que se han conseguido para España en este tiempos que nació con la consensuada Transición, y que han forjado el periodo de mejor y mejor progreso social de nuestra reciente Historia. No debe ser este un recuerdo gratuito; se trata de enaltecer la política de reconciliación nacional que se construyó merced a la Constitución de 1978 y que ahora mismo no es que esté en almoneda, es más grave: es que se pretende arrumbar o revisarse para incluso condenada. Aquella política cerró la confrontación entre derecha e izquierda que en este momento se quiere reabrir. Se ha hecho profunda -vienen a decir los firmantes- la zanja que separa a las dos posiciones políticas. Esto es una acusación que viene a abjurar de la estrategia primero de Zapatero y ahora del propio Sánchez. Pero la denuncia no se ancla en esta constancia; no, se señala que la ruptura entre los partidos nacionales está ofreciendo “ilusión y esperanza” a los nacionalistas periféricos.

Para los firmantes no existe la menor duda; existen otra posibles opciones de Gobierno muy diferentes a la que han cuajado ya el PSOE de Sánchez y el Podemos de Pablo Iglesias. Porque el Ejecutivo que pretenden ambos ni podrá realizar las reformas que tiene pendientes España, ni conseguirá que cicatricen las heridas recientes. Para los promotores de este manifiesto está meridianamente claro, y así lo muestran, que ningún Gobierno de España puede depender de las fuerzas políticas nacionalistas. Apuestan -y en esto no difieren de otras iniciativas que se manejan en la actualidad- o por un Gobierno de coalición (lo que apunta a un entendimiento entre PSOE, PP y el residual Ciudadanos) o a un pacto parlamentario estable para encarar las dos grandes retos de esta España: la subversión independentista en Cataluña y la crisis económica que ya es lago más que un aviso; es una”. El documento finaliza con una afirmación rotunda: si todo lo dicho cae en saco roto, será la sociedad civil española en general la que obligue a los partidos a preservar la unidad y la concordia entre españoles. Nada menos.

Pedro Sánchez, y no la negativa de Casado, quiere un Gobierno nacionalpopulista
EDITORIAL ESdiario  18 Noviembre 2019

Rivera ya sufrió la campaña de señalarle como responsable de un bloque que se quiere repetir con Casado, como si a Sánchez no le quedara más remedio que pactar con lo peor. Una falacia.

De igual modo que Pedro Sánchez no quiso ni buscó un pacto con Ciudadanos tras el 28 de abril, optando por el acuerdo frustrado con Podemos y sobre todo por la repetición electoral; tras el 10N ha desechado cualquier alianza, o siquiera diálogo, con fuerzas que no sean la de Pablo Iglesias y las independentistas.

Sorprende que le resulte tan fácil al líder socialista engañar sistemáticamente a la opinión púbica sobre sus intenciones o, cuando éstas ya quedan claras, presentarlas como la inevitable consecuencia del veto de otros a los que previamente él había ninguneado. De no ser por el monocultivo socialista que existe en la televisión española, entregada a dar cobertura al sanchismo, esa burda manipulación jamás colaría.

Y, sin embargo, vuelve a intentarse, buscando implantar en la ciudadanía la idea de que es el PP el responsable de que a Sánchez no le quede más remedio que pactar con el nacionalpopulismo, esa amalgama de siglas que responder a dos inquietantes premisas ideológicas: el populismo de inspiración bolivariana y el independentismo más soez y excluyente de Europa.

No ayuda en nada a diluir esa falsedad que barones populares como Núñez Feijóo esparzan la idea de que el pacto entre el PSOE y el PP, que sería sin duda deseable para sofocar la tensión soberanista y atender con seriedad la crisis económica, es viable. Pues con ello parece sugerirse que, de querer Pablo Casado, ese pacto avanzaría.

El error de Feijóo
Que el dirigente gallego esté vendiendo una idea que Sánchez ha ninguneado de palabra y obra no sirve de otra cosa más que para justificar la verdadera apuesta del socialista, como si fuera consecuencia del rechazo de los populares a una oferta transversal que, simplemente, nunca ha existido ni en Moncloa ni en Ferraz.

Así minaron a Rivera y a Ciudadanos, haciéndoles culpables de un bloqueo que obedeció en exclusiva a la apuesta de Sánchez por volver a las urnas. Y una vez pasada España de nuevo por ella, vemos cómo la apuesta por los pactos sectarios y las trincheras ideológicas han sido más claras y contundentes. Que al menos quede claro que es el PSOE, desconocido con este líder, quien apuesta premeditadamente por cavar zanjas en lugar de por tender puentes.

El cortafuegos europeo, la gran esperanza de la economía española
Daniel Rodríguez Asensio Libertad Digital 18 Noviembre 2019

Es más beneficioso estar sin gobierno que con un Gobierno que desgobierne.

Ni 48 horas han sido necesarias para firmar el pacto de la vergüenza entre el nuevo partido de izquierda radical (PSOE) y el que ya se está convirtiendo en tradicional de ultraizquierda (Unidas Podemos y sucedáneos). Las urnas han hablado por segunda vez este año, y han dicho que España necesita grandes entendimientos de Estado para frenar una situación política, económica y social que cada vez preocupa más.

Los frentes son múltiples y variados: van de Cataluña a la más que probable recesión económica. Frente a esto, el pacto entre izquierdas nos acerca a una realidad, la de Argentina, a la que ninguno nos querríamos ni acercar. Y falta la factura de los separatistas, que solamente puede ahondar en la brecha territorial y el desmembramiento de una nación histórica, España.

La reacción a un plan chavista, kirchenista o como quieran ustedes ilustrarlo, con el notable listado de líderes populistas latinoamericanos, no se ha hecho esperar. La bolsa española cayó en una jornada de números verdes en toda Europa, la prima de riesgo ha tocado los 80 puntos básicos, y la banca, uno de los sectores que están en la diana, han perdido ya más de 6.300 millones de capitalización bursátil.

Mención especial merece Bankia, una compañía semipública, antigua caja de ahorros y gestionada por políticos, a la que tuvimos que rescatar para que millones de personas en España tuvieran asegurados sus ahorros y la vida económica fuera lo más normal posible. Desde el anuncio del pacto, los españoles hemos perdido 300 millones de euros más por su evolución bursátil (llegó a caer un 8%) y dificulta las sus posibilidades de venta.

Es cierto que los indicadores financieros y monetarios no reflejaron la catástrofe de este Gobierno, si sale adelante. Pero también es cierto que, tal y como hemos advertido en Libre Mercado, los mercados financieros están sedados, gracias al efecto placebo del BCE. Tanto la renta fija, como la variable, como la prima de riesgo. Dicho de otra manera, estos sistemas de precios sirven para conocer las tendencias pero en ningún caso la magnitud de los cambios que se están produciendo.

Aplausos a la caída del Ibex
Una situación, en cualquier caso, que perjudica a todos, y especialmente a las clases medias y bajas. Frente al sueño de la izquierda de ver a los grandes ejecutivos del Ibex saliendo a las calles a manifestarse, la realidad es que la colección de despropósitos que esconde el pacto firmado es tal que quienes van a volver a salir son los millones de parados a los que nos podemos enfrentar en los próximos años. Algunos líderes de opinión, de hecho, alardean de la bajada del Ibex como algo positivo para "la gente", porque, al parecer, en bolsa solamente invierten los ricos. Como si los 118.000 millones de euros que mantienen las familias españolas en renta variable de forma directa fueran obra de 4 grandes familias, o los más de 12.000 millones de euros que tienen invertido los 9,5 millones de partícipes en fondos de pensiones privados no fueran "la gente". Teniendo en cuenta que tenemos un techo de ocupados que no llega a los 19 millones, ojalá el 50% de la gente que se levanta todos los días a ganarse el sueldo y a sacar a su familia adelante fueran "ricos".

La realidad es que declaraciones como la del señor Garzón, posible Secretario de Estado de economía o similares, muestran abiertamente la enorme necesidad que tienen los intervencionistas españoles por perseguir el ahorro y generar ejércitos de yonkis de los recursos públicos.

Las cifras hablan por sí solas. El hachazo fiscal podría ascender a los 80.000 millones de euros, más de 4.300 euros al año por familia española, y la vuelta a 2011 parece cuestión de tiempo. Con un brindis al sol por la parte de los ingresos, acudirán a Europa y allá donde sea necesario para justificar la "economía verde" que, en realidad, será la enésima excusa para llevar a cabo otro Plan E, con sus consiguientes consecuencias sobre el déficit, el empleo y la capacidad de prosperar del país.

Nos salvarán los cortafuegos europeos
En el momento en el que los asesores del Presidente/Vicepresidente avisen de que la economía va a entrar en números rojos, algo que no ocurrirá antes de 2020, activarán el botón de la emergencia social y habremos firmado nuestra sentencia de muerte. Nos salvarán los cortafuegos europeos (espero), y la falta de soberanía monetaria.

Sin esos elementos de control, la argentinización (corralito incluido) estaba asegurada. Y, dado que ambos elementos de control son externos, es evidente que los españoles vamos a vivir mejor sin un gobierno que con éste Ejecutivo.

No sólo PSOE y Podemos van a cercenar libertades y ahogar fiscalmente a las familias. También van a engañar a los colectivos más dependientes del Estado y, por lo tanto, vulnerables. Sólo algunos ejemplos del papel mojado que han firmado Sánchez e Iglesias:

Afirman Sánchez e Iglesias que van a luchar por la "Justicia fiscal y equilibrio presupuestario. La evaluación y el control del gasto público es esencial para el sostenimiento de un Estado del bienestar sólido y duradero." ¿Esto significa que van a perseguir los chiringuitos políticos como los que tenían en Andalucía (agujero de 8.000 millones, agencia de empleo que destinaba el 95% del presupuesto a salarios, etc.)? Probablemente no. Más bien, van a seguir atacando a regiones como Madrid, bastiones de libertad, impuestos bajos y prosperidad económica. Porque resquebrajar España y acabar con el capitalismo es su objetivo final

También apuestan por un "blindaje de las pensiones de nuestros mayores: asegurar la sostenibilidad del sistema público de pensiones y su revalorización conforme al coste de la vida". El último dato de IPC señala un crecimiento del 0,1% por segundo mes consecutivo. Queda en evidencia una nueva congelación de las pensiones. Si no es por la vía del IPC lo será por la quiebra del sistema.

En definitiva, un pacto de Gobierno que nos lleva al desgobierno. No se puede tildar un Ejecutivo de "progresista" cuando ni aparece la palabra digitalización en su documento marco, cuando la economía del conocimiento se reduce a la burocracia y al asistencialismo, y cuando su carta de presentación es haber echado a Google de España y a los VTC de Barcelona.

Todo ello, 6 meses después de las primeras elecciones y con un coste (directo) de más de 200 millones que, al parecer, "también" pagarán los ricos. Mejor sin gobierno, que con uno que desgobierne

Celaá o el odio a la libertad
EDITORIAL Libertad Digital 18 Noviembre 2019

Celaá ha dejado perfectamente claras las intenciones de Sánchez de radicalizar su discurso en materia educativa para contentar a Iglesias y sus sicarios.

La ministra de Educación en funciones ha generado una sonada polémica en relación con el derecho de los padres a elegir el centro educativo que quieren para sus hijos. En el marco de unas jornadas celebradas por la patronal Escuelas Católicas, Isabel Celaá afirmó que "de ninguna manera se puede decir que el derecho de los padres a escoger una enseñanza religiosa o elegir centro educativo podrían ser parte de la libertad de enseñanza" que emana del artículo 27 de la Constitución, aseveración que sumió en el estupor a todos los presentes.

Se ignora de qué siniestro manual izquierdista ha podido extraer Celaá tal disparate, pues ese derecho figura en el referido artículo 27 de la Carta Magna, que recoge el derecho "a la educación" de todos los ciudadanos, reconoce la "libertad de enseñanza" y la "libertad de creación de centros docentes" y obliga a los poderes públicos a garantizar el libre ejercicio de todo ello. La Constitución, sí, vincula inexorablemente la libertad de enseñanza con el derecho de los padres a escoger el tipo de educación de sus hijos, aunque la ministra en funciones de chequista trate de disociar arteramente ambas realidades jurídicas para hacer un guiño a los ultras con los que su jefe ha firmado un preacuerdo de Gobierno.

La ministra y portavoz del Gobierno ignora intencionadamente repetidas sentencias del Tribunal Constitucional que consagran el vínculo entre la libertad de enseñanza y el de elección de centro. Así, la 31/2018, la más reciente, conecta expresamente el carácter de los centros educativos con el derecho de los padres a elegir el tipo de formación religiosa y moral que desean para sus hijos, y ese derecho con el de las familias a la elección de centro educativo. Es puro sentido común. ¿O cómo piensa la ministra que pueden los padres elegir el tipo de educación moral de sus hijos si se les impide optar por el centro educativo de su predilección?

Celaá ha dejado perfectamente claras las intenciones de Sánchez de radicalizar su discurso en materia educativa para contentar a Iglesias y sus sicarios. La reforma educativa del falsario doctor Sánchez, que no pudo tramitarse por la debilidad parlamentaria del PSOE, incluirá nuevas medidas para impedir que los padres eviten el aberrante adoctrinamiento ideológico que se inflige a los niños en tantas aulas, controladas férreamente por mafias sindicales que comparten con Celaá, Sánchez e Iglesias el odio a la libertad.

Los errores del Frente Popular: del indulto a Companys a la “caza al facha”
Tras los pactos poselectorales y la formación de un gobiernoPSOE - Unidas Podemos merece la pena recordar cómo fueron los gobiernos de la coalición de izquierdas en 1936 y por qué fracasaron por muy alejada que esa situación esté de nuestro presente
Jorge Vilches larazon 18 Noviembre 2019

La posible formación del primer gobierno social-comunista de nuestra democracia está generando muchas incógnitas sobre el modelo económico que quieren imponer, la unidad nacional, o la continuidad de la monarquía parlamentaria. La distancia que existía entre el PSOE y Unidas Podemos, contenedor hoy de la extrema izquierda española, parece que se ha diluido, y que los socialistas están dispuestos a asumir los postulados de los comunistas reconvertidos por el estilo populista. No falta quien habla de un Frente Popular, no solo por la obsesión por la Guerra Civil y la dictadura de Franco, o su deseo de convertir la Segunda República en su referente histórico, sino por los componentes de esa alianza. Incluso hay cierto espíritu de «frentepopulismo», de unión de las izquierdas y los nacionalistas contra las derechas, a las que se tiene por reaccionarias y enemigas del «progreso», con el propósito de «enderezar» la democracia tras un gobierno de los adversarios. Es imposible equiparar a los asociados de hoy con los de 1936 por muchas razones; entre otras, porque la violencia ha dejado de ser un instrumento político, salvo para ciertos independentistas. Tampoco la victoria electoral del PSOE este 10 de noviembre ha sido el resultado de un fraude electoral, como ocurrió en febrero de 1936. Pero, salvando las distancias, y despejando el miedo a una confrontación civil, merece la pena recordar cómo fueron los gobiernos frentepopulistas entre febrero y julio de 1936.

El gobierno republicano de izquierda, presidido por Azaña, se formó a toda prisa el 19 de febrero del 36. No había terminado aún el recuento ni se han revisado las actas electorales. Se trataba de un Ejecutivo débil, minoritario, formado solo por republicanos de izquierdas, aunque Azaña quiso contar con miembros de todo el arco, desde la Unión Republicana de Martínez Barrio hasta con Felipe Sánchez-Román, del Partido Nacional Republicano, aunque éste no quiso saber nada. Había participado en el Frente Popular, pero la entrada del Partido Comunista le pareció un error y un mal para República. Iba a ser un «caos», dijo, porque los bolcheviques acabarían dominando al Gobierno y agitarían la calle para su beneficio. Tenía razón. Finalmente, Azaña reunió a diez de Izquierda Republicana –su partido–, a dos de Unión Republicana, y a un independiente.

Al día siguiente, se dirigió al país por radio para asegurar que el Gobierno se dirigía «con palabras de paz». Sin embargo, el desorden público fue el gran problema: ataques a sedes de partidos de derechas, a iglesias, e incursiones violentas a cárceles para liberar a presos izquierdistas. El programa electoral del Frente Popular hablaba de amnistiar a los presos de la revolución del 34, seguir los procesos de autonomía regional, y reanudar las reformas del primer bienio. El acuerdo lo firmaron los republicanos de izquierdas con el PSOE, quien rubricó también en nombre del PCE, el trotskista POUM y el Partido Sindicalista. La victoria había abierto muchas expectativas en las izquierdas y en los nacionalistas, que vieron llegado el momento para satisfacer sus pretensiones políticas aunque estuvieran fuera del consenso que aconsejaba una democracia.

El primer gobierno frentepopulista empezó a cumplir: 15.000 presos fueron puestos en libertad de forma inmediata, disolvió la mitad de los ayuntamientos para poner a los expulsados en 1934, y los gobiernos civiles pasaron a manos izquierdistas. Companys, protagonista del golpe del 34, fue liberado, elogió la insurrección, y el Parlamento catalán lo eligió Presidente. El 1 de marzo del 36 socialistas y comunistas hicieron una demostración de fuerza con una manifestación que reunió en Madrid a 250.000 personas. No faltó el desfile de revolucionarios uniformados. Ese mismo día, el Gobierno publicó un decreto por el que se obligaba a los patronos a contratar con indemnización a todo despedido por las huelgas políticas desde 1934. Giménez Fernández, al frente temporalmente de la CEDA, dijo que «se llama fascista a toda persona que no se deja atropellar». De esta manera, algunos, los más radicales, acabaron diciendo: «¿Fachas? Que nos lo llamen». La violencia se convirtió en el principal problema. Tras la formación del Gobierno, una delegación del PCE fue a Moscú a recibir instrucciones. Las órdenes fueron apoyar y presionar al débil Ejecutivo en la dirección de la transformación socialista, y desarrollar fuera de las Cortes una estructura de poder, al modo de los soviets, cuya legitimidad fuera reconocida por ser la voz de la soberanía popular y «avanzar en la democracia».

Ese apoyo al Gobierno republicano de izquierdas permitiría ir avanzando poco a poco, en la guerra de posiciones gramsciana, hacia un programa comunista. De hecho, comenzó la ocupación de tierras alentada por el Gobierno, quien asumió la facultad de incautar cualquier terreno por «razones de utilidad social». Además, el Ejecutivo aumentó el gasto público en casi todas las partidas, anunció planes para cerrar colegios religiosos y la confiscación de colegios privados, e ilegalizó a Falange –muy violenta– lo que fue visto como un proceso para dejar fuera de la ley a los partidos que no fueran de izquierdas. Al tiempo, cada sesión de las Cortes era un escándalo: insultos, amenazas y golpes.

Los diputados comenzaron a portar armas, y para evitar altercados se tomó la precaución de cachearlos a la entrada. En este clima, el gobierno Azaña quiso hacer unas elecciones municipales con tono plebiscitario. Alcalá-Zamora, presidente de la República, vio en esto el paso final hacia un tipo de «República popular». Atacó entonces en el Consejo de Ministros la tolerancia de Azaña con la violencia izquierdista, la irregular atribución de escaños y la actuación de la Comisión de Actas. Argumentó que no podían convocarse las municipales. Fue su fin. El 7 de abril de 1936 fue destituido por un voto de censura promovido por el socialista Prieto. El Presidente fue acusado, según el art. 81 de la Constitución, de haber disuelto las Cortes inapropiadamente. Alcalá-Zamora calificó la maniobra de «golpe de Estado parlamentario», y al mes fue sustituido por Azaña. Calvo Sotelo, diputado, definió la situación: «la revolución devora a sus líderes».

La República ya estaba en manos de la izquierda y de los nacionalistas. El discurso contra las derechas subió de tono: todos eran «fascistas», ajenos a la República y violentos, lo que en algún caso era cierto. El mismo Azaña acusó a la CEDA de llevar cinco años alentando la violencia, olvidando que eran los anarquistas y los comunistas quienes se habían levantado contra la República desde 1931. De hecho, la Pasionaria fue encarcelada por ese motivo en dos ocasiones durante el gobierno republicano-socialista. El último gobierno antes de la guerra lo presidió Casares Quiroga, de Izquierda Republicana, en mayo del 36. Sentó en Trabajo a Juan Lluhí, de ERC. Aquel gobierno azañista sin Azaña siguió el programa del Frente Popular: desmantelar la escuela católica y privada, una reforma judicial para eliminar la independencia de los jueces, y continuar el cambio socialista. Mientras, la crisis económica se comía al país. La CNT y la UGT exigieron la colectivización de la industria y del campo, e iniciaron una ola de disturbios. Esa revolución, como dijo el Komintern, estaba en marcha. El golpe de Estado del 18 de julio fue tomado como una oportunidad para culminar la toma del Palacio de Invierno. Afortunadamente, aquel desenlace está muy alejado de nuestro presente.

Azaña y la apariencia
Azaña se preocupó mucho por su imagen: redecoró el Palacio de Oriente y se trasladó al Palacio del Pardo, aumentó el presupuesto presidencial y la flota de limusinas. Y preparó leyes que establecían penas graves para los ataques al Presidente dela República y a su familia.


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Los comunistas en el Poder, Sánchez en el Trono y la Derecha… en Babia
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 18 Noviembre 2019

Los tres grandes partidos que defienden la Nación y la Constitución han decidido sentarse a ver qué hacen comunistas, socialistas y separatistas.

El 12 de Noviembre, dos días después de las Elecciones Generales, Pedro Sánchez anunció un acuerdo de Gobierno y de Legislatura con los comunistas de Podemos. Tras mandar al Rey a humillarse en Cuba ante los Castro, Fráudez asumió el papel de Jefe del Estado, se encargó a sí mismo la formación de Gobierno y anunció que lo ha formado con los que votaron en contra de su investidura hace cinco meses, aunque para bien de España y tranquilidad suya, según ha repetido durante toda la campaña electoral:

"Ni antes ni después el Partido Socialista va a pactar con el populismo. El final del populismo es la Venezuela de Chaves (sic), la pobreza, las cartillas de racionamiento, la falta de democracia y sobre todo la desigualdad."

"Lo que el señor Iglesias defiende es un referéndum de autodeterminación en Cataluña que partirá en dos definitivamente a la sociedad catalana. Iglesias y Podemos defienden que hay presos políticos en España."

"Hoy podría ser presidente del Gobierno, con plenas competencias, pero de un gobierno de coalición en el que tendría que haber aceptado perfiles sin experiencia. Un gobierno de coalición hubiera fracasado"

"Sería un presidente del Gobierno que no dormiría por la noche… junto con el 95% de los ciudadanos, incluida la mayoría de votantes de Podemos, que tampoco se sentirían tranquilos."

Ayer, 16, Sánchez pidió a la militancia aprobar justo lo contrario: un pacto de Gobierno y Legislatura con Podemos: "Es imprescindible", "el único medio para evitar el bloqueo", "para hacer frente al auge de la ultraderecha" y para asegurar "la igualdad entre hombres y mujeres, que defienda los servicios públicos y la cohesión social, que apueste por el crecimiento y la innovación en la economía, que avance en el reconocimiento de nuevos derechos, que lidere la lucha contra el cambio climático, que fortalezca la cohesión territorial desde el diálogo y las leyes y no promueva la confrontación y el enfrentamiento entre españoles."

O sea, todo lo que no podía garantizar Podemos hasta hace seis días.

Antes de entrar en el Gobierno, Podemos ya manda
La claudicación de Sánchez ante Iglesias ha sido absoluta y cabría decir que innecesaria, de no mediar un proyecto: liquidar el régimen del 78, en lo que coincide con Podemos y los socios necesarios para ser investido, desde Otegui a Junqueras pasando Puigdemont -en el ámbito criminal-, y por el PNV y varios partidos regionales y provinciales -en el ámbito civil-. Ayer decía Javier Somalo que se nos viene encima un Gobierno PRESOE. Dada la preeminencia comunista, será un Presidium, como el de la URSS.

El poder político de Podemos en este gobierno no Frankenstein sino Drácula anunciado por el falsario de La Moncloa es tan evidente que antes del encargo del Rey, de la sesión de investidura en las Cortes, y de formar ese Ejecutivo cuya misión es enterrar el régimen constitucional y acometer el troceamiento de España mediante la desmembración del Estado, los ministros que no quieren dejar de serlo ya obedecen la política comunista. El de Exteriores calificó este viernes, como hubiera hecho Iglesias en defensa de su amigo cocalero, de "golpe militar" la resistencia civil y militar al golpe de Evo Morales, denunciado por la OEA como el mayor fraude electoral de la historia de Bolivia.

El de Educación negó el derecho a la enseñanza concertada, e incluso el derecho a la libertad de enseñanza, que consta en el artículo 27 de la Constitución y ha sido ratificada en todas las sentencias del Tribunal Constitucional salvo una, hace décadas, única esgrimida por Celaá ante 2.000 atónitos representantes de centros concertados, casi todos católicos. Por supuesto, ambos hacen ya méritos ante Podemos para formar parte de ese gobierno de concentración (léase Gulag) contra España y la Libertad.

La tarea de Podemos es servir de puente con el golpismo catalán, para lo cual Sánchez allanará los obstáculos legales, como la Fiscal General del Estado, que se interpongan entre el sedicioso Junqueras o el forajido de Waterloo y su investidura al frente de un Gobierno realmente dirigido por la ETA, ERC y el cártel de Caracas. El PSOE, o sea, el PSC, hará bulto. La política correrá a cargo de sus socios, que lo despedirán si no les obedece.

La parálisis de la Derecha ante el cambio de Régimen
El remedio que para sus dos fracasos electorales -los 750.000 votos perdidos por el PSOE y los 700.000 perdidos por Podemos- han encontrado el Doctor Cum Fraude, alias Don Trola, y el Marqués Rojo de Galapagar ha sido tan rápido como exitoso, porque se ha encontrado con las tres derechas tan desunidas y despistadas como en toda su estadía de okupa en Moncloa. Rivera se ha largado con Malú, dejando a Ciudadanos en la morgue. Y Vox, el gran triunfador, ha pedido al PSOE, PP y Ciudadanos que formen Gobierno, ya que los tres forman parte del "consenso progre". Es evidente que el Gobierno de Sánchez e Iglesias no tiene nada de consenso ni de progre, es un pacto para triturar el régimen constitucional con el apoyo del separatismo criminal, desde Otegui a Junqueras.

Sin embargo, Abascal dice creer que no habrá gobierno del Frente Popular o que Sánchez lo formará con PP y Cs, que considera menos malo esto último, pero que la cosa no va con él. Y exactamente lo mismo dijo Casado antes de desaparecer de escena el martes: que Sánchez forme Gobierno con sus socios naturales. Como si la liquidación de la monarquía parlamentaria, la destrucción del orden constitucional, la suelta de etarras y golpistas, la venta de plebiscitos separatistas y la ruina total ante la recesión económica fueran accidentes parlamentarios fáciles de enmendar. Como si los comunistas, cuando llegan al Poder, tuvieran por costumbre devolverlo.

Los tres grandes partidos que defienden la Nación y la Constitución han decidido sentarse a ver qué hacen comunistas, socialistas y separatistas. Los dos mayores, PP y Vox, a mirarse de reojo, a ver quién supera a quién. Es una actitud suicida y abyecta. Y que no vengan con la monserga de que prometieron a sus electores no pactar con Sánchez. Lo que trae Sánchez es el Gobierno de las tres erres: Ruina, Represión, República. Y no dirán que prometieron a sus votantes no hacer nada contra la crisis económica, en defensa de las libertades o ante el jaque mate de la Izquierda a la Corona.

Abascal, el único que no parece noqueado tras las elecciones de la semana pasada fue de hecho el más clarividente en la campaña ante esos tres problemas, sobre todo el último, que por importancia es el primero. Pues bien, ni siquiera Abascal ha ofrecido sus escaños para tratar de evitar que el Rey, tras la puñalada trapera de Marchena y sus Unánimes, tenga que deambular de dictadura en dictadura, a las órdenes de Sánchez, como ya hemos visto en Cuba. ¿Acaso espera, como el heredero de Rajoy, que le venga de rebote, primero el liderazgo de la Derecha y después el Gobierno?

La obligación de Casado sería presentar, como dice Cs, una oferta de Gobierno formal a Sánchez. ¿No la acepta? Peor para él. Nadie podrá decir que toda la derecha prefirió el interés de partido al nacional. Y la obligación de Abascal sería respaldar la oferta de Casado. Me temo que ninguno de los dos ha entendido de qué ha muerto Rivera: de inutilidad.

La trágica enseñanza de la Historia
Uno, muerto en la carretera, otro, muerto de miedo, y otro, de risa: así están los tres líderes de la Derecha que hace una semana concurrieron a las urnas. Los comunistas están en el Poder; Sánchez, en el Trono y la derecha, en Babia. De nada sirve la trágica historia del siglo XX. Por la real cobardía en 1931 y por la cobardía gubernamental en 1934, la Derecha tuvo que echarse al monte en 1936. Nadie vio llegar la República, y la tenían encima. Nadie vio llegar el Golpe, y lo estaban anunciando. Nadie vio llegar la Guerra, y ya la había proclamado el PSOE de Largo Caballero.

Uno se pregunta qué necesitan Casado y Abascal para convencerse de que es verdad lo que hasta el domingo denunciaban: que el Gobierno del Frente Popular Separatista busca acabar con España y con nuestra libertad. Es como si no fuera con ellos. Ni la una, ni la otra. Es como si todo fuera reversible, como si cuando ellos manden todo tuviera remedio. Pero a este paso, lo irreversible se impondrá y ellos, ilegalizados, jamás gobernarán. Lo malo es que, para entonces, el problema ya no será suyo, sino nuestro. De los que los hemos votado para que hagan algo. Y ese algo no era esperar.

El desconcierto creciente
Pedro de Tena Libertad Digital 18 Noviembre 2019

Lo que se ha incubado es el descrédito del consenso que se fraguó desde 1976 y que cuajó en la Constitución de 1978.

Decía Ortega que lo que más había faltado a los intelectuales en Europa era la responsabilidad. Añadía que el desconcierto era consecuencia de la falta de colaboración entre profetas y políticos, colaboración de la que los políticos habían desertado para apoderarse en exclusiva del futuro. Todo esto hoy parece casi una broma, porque lo que más desconcierto produce es que tipos que mienten, que plagian, que dicen una cosa hoy y la contraria mañana, que carecen del más mínimo escrúpulo, que no se sabe si tienen alguna idea propia o sencillamente tienen la que les conviene en cada momento, son los que tienen en sus manos el futuro de España. Y lo que es peor, ni por la izquierda ni por la derecha aparecen reacciones de calado que se opongan a las consecuencias que sin duda alguna vendrán.

¿Qué ha pasado en una nación como la española para que todo lo que zurció en la Transición se deshaga en un minuto sin que ni intelectuales ni profetas ni políticos abran la boca para explicar que aquella fue una gran solución colectiva a un problema de enfrentamientos permanentes desde hacía siglos? Sí, doy por hecho que lo que se va a deshacer si no lo remediamos no es sólo la nación española, sino asimismo la democracia, una forma de organización política que exige cesiones y contrapesos, equilibrios y acuerdos, en la creencia común de que no hay otra forma mejor de encauzar los destinos públicos.

Yo, lo confieso, estoy desconcertado. Creía y creo que no hay otra forma de gobierno convivencial salvo la democracia, por insuficiente, defectuosa e incluso desequilibrada que pueda parecer. Pero observo con inquietud que todo lo se había argamasado durante dos generaciones puede derrumbarse en poco tiempo porque hay algo que sigue fallando en muchos de los actores de la política: la buena voluntad de aceptar las reglas y las formas de la democracia. Durante los últimos 40 años, no se han desarrollado, perfeccionado, animado, enriquecido y explicado los principios básicos de la democracia. Al contrario, lo que se ha incubado, sin que pueda certificarse de manera precisa cómo, es el descrédito del consenso que se fraguó desde 1976 y que cuajó en la Constitución de 1978.

A la falta de lealtad de los nacionalistas vascos, con su pistola etarra escondida, siguió la deslealtad suave pero sistemática del separatismo catalán, que ha terminado por asaltar las calles y las instituciones. La llegada al poder de José Luis Rodríguez Zapatero supuso para uno de los pilares de la democracia española, el PSOE, la vuelta atrás hacia posiciones propias de la II República, con desdén hacia los socialistas más sensatos que advirtieron del error. Lo de Pedro Sánchez, unido ya al movimiento comunista de Podemos, es un salto hacia la desconciliación de los españoles. Desenterrar a Franco ha sido algo mucho menos grave que enterrar los valores derivados de la Transición.

Mientras tanto, los que deberíamos defender la democracia con uñas y dientes, liberales, conservadores, centristas, socialdemócratas de ley y constitucionalistas de todo tipo, parecemos sumidos en el más estúpido desconcierto, atenazados por nuestras responsabilidades en el desastre que viene. El problema es que los que impulsan el movimiento enfermizo hacia el pasado tienen prisa y que los demás, que quiero creer que somos una gran mayoría nacional, no tenemos quien nos inspire y nos señale una puerta de salida con un programa ordenado de reformas. El agobio va a ser insoportable.

Es la hora de una solución de Estado
Editorial larazon 18 Noviembre 2019

El resultado de las elecciones del pasado 10 de noviembre no llevó a engaño: el PSOE, pesé a ser el más votado, acabó siendo el partido perdedor. No consiguió el objetivo que se había propuesto: superar los 123 diputados de que disponía, bajando tres, incluso perdiendo más de 700.000 votantes. Además, la estrategia trazada desde La Moncloa fue un absoluto fracaso al no saber ver el hartazgo de la sociedad española al ser de nuevo llamada –cuatro veces en cuatro años– a las urnas. El socio principal de los socialistas –convertido en su adversario principal–, Unidas Podemos, también perdió siete escaños y los mismo electores que el PSOE. Los estrategas que rodean a Pedro Sánchez aconsejaron una operación relámpago para acallar las críticas dentro de las propias filas socialistas y, en horas, cerraron un acuerdo con Unidas Podemos que no habían conseguido en meses y se daba por muerto por campaña de insultos nunca oídos entre aliados.

No hasta ahora se había visto en acción una «fake news» tan evidente: Sánchez acusa a Iglesias de ser un peligro para su gobierno –lo de que él no podría dormir en paz teniendo a Podemos en el Consejo de Ministros– y semanas después acepta, exactamente bajo las mismas condiciones, coaligarse con él. Esta futura alianza nace, además, más debilitada, con una mayor dependencia de los partidos independentistas.

De forma mayoritaria, la posibilidad de que la futura investidura se lleve a cabo gracias a la abstención del ERC y EH Bildu es rechazada, según un sondeo de NC Report que publicamos hoy. Un 72,9% es contrario a esta opción, que no hay descartar, ya que el candidato socialista tendría sobre el papel 168 apoyos –sumados PSOE, UP, PNV, Más País, además de regionalistas–, frente a 169 en contra. Pero todo esto si ERC se abstuviese, lo que, de darse el caso, no será a cualquier precio. Ya lo ha puesto: mesa de partidos para la negociación con el Estado y aceptar la figura del «relator».

Además de este supuesto, sería necesario que los cinco diputados del partido defensor del terrorismo etarra también permitiera con su abstención la investidura de Sánchez o, en su ausencia, la de Junts <a href="http://www.libertadidioma.com/20191116.htm">
16</a> &nbsp;  per Catalunya, el partido de Torra y Puigdemont, un verdadero peligro para la convivencia y la seguridad nacional. Si ya la posibilidad de que Iglesias sea vicepresidente del Gobierno es rechazada por un 59,4%, la de que la dirección del país esté supeditada a la hoja de ruta de los secesionistas está descartada de plano. En este sentido, los encuestados se inclinan a que el PSOE gobierne en solitario (53%), lo que obligaría a que, de entrada, el PP se abstuviera, opción que acepta un 57,4% frente al 30,5%. Los estrategas de Sánchez cerraron nada más conocerse los resultados del 10-N –que suponía un retroceso a los de abril– la posibilidad de un acuerdo con los populares. Sin duda, exigiría un alto sentido de Estado a los políticos que dirigiesen este acuerdo, pero de llevarse a cabo supondría un salto histórico en la política española.

El grave contexto actual requiere de altura de miras y de centrar bien los objetivos comunes. Por un lado, está la crisis en Cataluña, que no se podrá resolver –es decir, haciendo viable el autogobierno desde el ejercicio responsable y pleno del Estatut– y recuperando la convivencia y la lealtad de la Generalitat sin la participación del PP. Mantener al margen a los populares, como desearía UP y los independentistas, en una reedición del catastrófico Pacto del Tinell sólo servirá para ahondar la crisis. Cualquier reforma de la Constitución o asegurar la estabilidad económica no puede llevarse a cabo sin el concurso del PP. Para esto es necesaria la participación de Cs, como así lo ven también los consultados –un 60,7% está a favor–, lo que aseguraría una solución de Estado ante la radicalización de la política española.

 


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