AGLI Recortes de Prensa   Martes 26  Noviembre  2019

Sánchez alienta el sueño de Iglesias de instaurar la III República
OKDIARIO 26 Noviembre 2019

Unidas Podemos se sumó hace unos días en Madrid, junto a otros colectivos de la izquierda republicana, a un acto en contra de la Monarquía por ser "un escollo para el desarrollo democrático y un dique de contención para la ampliación de los derechos y libertades de los sectores populares". Ahora, la formación de Pablo Iglesias ha prestado su aval a las asociaciones que organizarán un referéndum por la República el 9 de mayo de 2020 en el que planean llenar España de urnas de plástico para protestar contra la Monarquía.

A nadie se le oculta -no lo han negado nunca- que el objetivo de la izquierda populista es instaurar la III República, esto es desmontar la Monarquía constitucional y desmantelar las instituciones para constituir un Estado laico de corte anticlerical bajo los postulados más radicales en clara retroalimentación de intereses con el separatismo catalán y vasco. O sea, que pretende utilizar su entrada en el Gobierno como catapulta para una estrategia a largo plazo que pasa por acabar con la Corona como paso previo. Que Podemos organice un referéndum sin validez jurídica, al más puro estilo de los golpistas catalanes, revela como su objetivo es también el de subvertir el orden constitucional. Y lo hará, si Sánchez es investido presidente del Gobierno, compartiendo con el PSOE Consejo de Ministros.

El problema está en que Podemos no ha ocultado nunca sus intenciones, aunque Pedro Sánchez, en un ejercicio supino de hipocresía, no se quiera dar ahora por enterado. Que la gobernabilidad de España recaiga sobre una formación que pretende acabar con la Monarquía por ser "un escollo para el sistema democrático" debería ser motivo suficiente para que el jefe del Gobierno en funciones y secretario general del PSOE insistiera en lo que decía en vísperas de las últimas elecciones: que Pablo Iglesias es un peligro público. Pero Sánchez calla cínicamente ahora porque lo único que le preocupa es perpetuarse en el poder, aún a costa de que revienten las costuras de un país que va a poner en manos de la izquierda radical y los separatistas.

¿Catalán en toda España…? Cuando en toda España se pueda estudiar en español
OKDIARIO 26 Noviembre 2019

Con el argumento de que hay que poner en valor la riqueza lingüística en toda España, el PSC quiere quiere que la enseñanza del catalán -junto a las de otras lenguas oficiales- no se limite únicamente a Cataluña. Es la propuesta que el partido pretende aprobar en su XIV Congreso que se celebrará entre los días 13 y 15 de diciembre, junto al reconocimiento de Cataluña como Nación y de España como un Estado plurinacional.. La propuesta lingüística de Iceta merecería una reflexión siempre que Iceta reflexionara a su vez sobre la conveniencia de que el español, la única lengua común en todos los territorios, no fuera objeto de acoso en Cataluña y otras Autonomías por parte de quienes, como el independentismo y la izquierda radical, utilizan la lengua como instrumento de presión.

Y como Iceta no parece que tenga mucho tiempo para reflexionar, obsesionado en tender puentes con el separatismo a toda costa para allanar la investidura de su amigo Pedro Sánchez, lo de estudiar catalán en toda España debería ser, en todo caso, cuando en toda España se pudiera estudiar en español. De un tiempo a esta parte, al secretario general del PSC le han entrado unas ganas locas de hacerle gestos de afecto y comprensión al separatismo, tanto que se está pasando de cariñoso.

Dice Iceta que "nuestra manera de entender nuestra unión y la igualdad en la diversidad" es volar el artículo 2 de la Constitución para que Cataluña sea Nación y España un Estado plurinacional. O sea, hacer de España como esas muñecas rusas que atienden al nombre de matriuskas. Todo vale con tal de ganarse el apoyo del separatismo para que Sánchez pueda seguir en La Moncloa. Si eso ocurriera, ¿cree Iceta que los golpistas que llevan décadas adoctrinando a los niños catalanes en el odio a España cumplirán la ley que exige que un 25% de la enseñanza en Cataluña sea en castellano? Hoy por hoy ninguna escuela cumple dicha exigencia, pero Iceta quiere que todos los niños de España sepan catalán. Conmovedor.

Majaderías, locuras, traiciones
Nota del Editor 26 Noviembre 2019

Tantos años demostrando que cualquier cesión con las lenguas regionales es majadería y locura y traición, que da pena ver como algunos aún se dejan embaucar.

En manos de ERC
Cayetano González Libertad Digital 26 Noviembre 2019

Nunca los votos de trece diputados de un partido republicano e independentista, al que la nación española le importa una higa, habían sido tan decisivos para la investidura de un presidente del Gobierno. Nunca un prófugo de la Justicia había tenido tal capacidad de condicionar la formación del Gobierno de España. Esa es la doble y penosa realidad en la que nos encontramos en estos momentos por mor de un partido, el PSOE, y de un candidato, Pedro Sánchez, que han decidido llevar al límite su apuesta suicida por un Gobierno letal para los intereses de la Nación y de los ciudadanos que la conforman.

Si el fugado de Waterloo aplica el "cuanto peor, mejor", es decir, hacer el mayor daño posible a la democracia española, lo lógico es que ordene a Torra que convoque elecciones autonómicas en Cataluña, lo que provocaría una situación muy incómoda a ERC. En ese supuesto, con las encuestas a día de hoy dándoles como claros vencedores, ¿se atreverían los de Junqueras a apoyar, por acción u omisión, la investidura de Sánchez? ¿No sería eso dar mucha ventaja a las huestes de Puigdemont, que tendrían muy fácil argumentar en la campaña electoral que ERC se ha vendido a Madrid?

Esa situación sí sería muy incómoda para los de Junqueras, salvo que Sánchez les dé todo lo que necesiten para salvar la cara ante su electorado. Y como con el actual líder del PSOE no se puede descartar nada, habrá que ver hasta dónde llega en la mesa de negociación con los independentistas republicanos que se pondrá en marcha esta misma semana. ERC ya ha puesto sus condiciones: negociación de igual a igual, de Gobierno a Gobierno y calendario para la amnistía de los políticos presos y el reconocimiento del derecho de autodeterminación.

Los palmeros de Sánchez, siempre dispuestos a echarle una mano, se acogen a la promesa de este –como si el valor de su palabra valiera algo después de lo visto en las últimas semanas– de que nunca negociará nada que esté fuera de la Constitución. La propuesta del PSC conocida este lunes ya marca el camino: reconocimiento de Cataluña como nación, reconocimiento de la plurinacionalidad de España y un acuerdo entre los actores catalanes y el Gobierno del PSOE-Podemos que conlleve una reforma constitucional, por lo que tendría que ser votado en referéndum por todos los españoles. Ahí está el cóctel perfecto elaborado por Iceta: nación, plurinacionalidad, Estado federal, reforma constitucional y la palabra mágica: referéndum. Lo de menos, para los Sánchez e Iceta, es pararse a valorar el enorme alcance político que tendría reconocer que Cataluña es una nación, lo que supondría en la práctica lo de la plurinacionalidad. Eso a Sánchez le da igual. Baste recordar que se quedó mudo cuando en el debate entre candidatos en las primarias del PSOE, Patxi López le espetó: "Vamos a ver, Pedro, ¿sabes lo que es una nación?".

En la lógica de los hechos está que Sánchez conceda a ERC todo lo que este partido necesite para justificar ante su electorado e incluso ante el de Puigdemont un posible apoyo en la investidura del candidato del PSOE. El precio será altísimo. Esta situación, que es en la que se moverán en los próximos días y semanas los actores implicados, es dramática para el presente y el futuro de España. De salir adelante, supondrá el fin del régimen constitucional del 78. Nos encaminaremos hacia una segunda transición donde todo, absolutamente todo –Monarquía incluida–, será puesto en cuestión. Y eso será posible gracias a un partido, el PSOE, absolutamente rendido, sin ninguna capacidad de reacción, ante la apuesta suicida de su líder. Suicida para los socialistas pero, sobre todo, para España y para los españoles.

¿Qué ha hecho España para merecer esto?
EDITORIAL ESdiario 26 Noviembre 2019

Con mentiras y engaños antes del 10N, Sánchez hará ahora lo que negó de forma reiterada: gobernar con el populismo y quedar intervenido por el independentismo. Un horror y un riesgo.

Ya está todo ultimado para que Sánchez sea investido presidente con el apoyo, directo o indirecto, de Podemos y de ERC, más una lista de partidos menores que oscilan entre el nacionalismo insaciable del PNV o el focllore regionalista del PRC de Revilla.

Será pues un acuerdo sonrojante, pero nada sorprendente: es básicamente el mismo que ya utilizó el líder del PSOE para acceder por primera vez a La Moncloa en 2018, vía moción de censura, tras dos largos años de bloqueo institucional en los que Sánchez obligó a repetir Elecciones Generales, se negó a facilitar la investidura de Rajoy, intentó ser presidente él mismo pese a haber sacado el peor resultado de la historia de su partido, al que incluso partió en dos para seguir al frente.

¿Ahora España?
Así que el "pacto Frankenstein", bautizado así por su compañero Rubalcaba, es cualquier cosa menos inesperado, y su más que probable concreción define muy bien al beneficiario del mismo: un dirigente sin palabra, capaz de presentarse a las Elecciones con el lema "Ahora España" y el rechazo a este tipo de acuerdos por bandera para, una vez pasado el día de votar, sumergirse en lo repudiado con tal de mantenerse en el poder.

Lo cierto es que Sánchez va a dar al populismo de Podemos las mayores cotas de poder que jamás hubiera soñado y al independentismo la mayor influencia imaginable en el peor momento para España. Iglesias será vicepresidente y Junqueras, desde la cárcel, el interventor general del Ejecutivo.

¿Qué ha hecho España para merecerse algo así? Porque había otras alternativas que Sánchez ni ha explorado ni quiere; como tampoco las quiso tras el 28A, por mucho que intentara cargar en el PP y sobre todo en Ciudadanos la repetición electoral con la que buscaba, simplemente, mejorar sus resultados.

España nunca ha sido una nación de naciones: no existe la plurinacionalidad

No lo hizo y, lejos de rectificar y priorizar el diálogo con Casado y Arrimadas, ha mantenido la hoja de ruta de la moción de censura y la va a llevar hasta sus últimas consecuencias. Que no pueden ser buenas ni el lo económico ni en lo social ni en lo territorial.

La combinación de crisis, sectarismo y ruptura que se avecina no es una exageración injustificada, sino el efecto de la suma de lo que defienden y aplican los protagonistas de un Gobierno impropio de España e indigno de un país europeo.

Un crimen dormido”: regreso de Sánchez a octubre de 2016
Jose María Rotellar okdiario 26 Noviembre 2019

La maravillosa escritora inglesa Agatha Christie escribió, como caso final de la señorita Marple, la obra “Un crimen dormido”. A lo largo de dicha novela el lector verá cómo una joven recién casada rememora, poco a poco, al llegar a su nueva casa, recuerdos que no sabía tener, recuerdos que evocan un crimen cometido muchos años atrás y que ha permanecido dormido en su recuerdo.

Pues bien, Sánchez, tras su abrazo con Iglesias a las cuarenta y ocho horas de la celebración de las elecciones, resucitó este pasado domingo si no una especie de “crimen dormido”, sí su particular vuelta al pasado al realizar una consulta sobre una coalición de Gobierno con Podemos, que necesita también del concurso de los independentistas para que salga adelante. Todos recordamos la consulta que trató de hacer en la reunión de su comité federal, situando una urna tras una cortina. Entonces, lo echaron sus propios compañeros.

Ahora, al ampliar la consulta a la militancia, la ha sacado adelante sin problema. Ha resucitado una consulta dormida, pero a diferencia de la obra de Christie, aquí el protagonista sí que sabía perfectamente lo que había pasado en octubre -o, mejor dicho, lo que no pudo llegar a hacer- y ha trazado un plan para poder llevarlo a cabo en la actualidad.

Sánchez sabe que la militancia está conformada, en todos los partidos, por los más fervorosos votantes, muy ideologizados, que van a respaldar lo más radical de cada ideología. Por eso se presentó a la secretaría general del PSOE tras haberlo echado, porque sabía que en las primarias el aparato no podría controlar a los militantes. Por eso sabía ahora que iba a sacar adelante la propuesta de coalición gubernamental, porque un gobierno radical recibiría el apoyo de los más forofos de su partido.

Esta vuelta al pasado, a su objetivo de septiembre y octubre de 2016 de constituir un gobierno radical de izquierdas, sí que puede resultar letal para la economía española. Por más que el PSOE afirme que son un gobierno moderado, el programa económico de Podemos muestra su énfasis en todas las medidas más populistas y nocivas para la economía. A Podemos no le importa mucho el déficit, sino incrementar el gasto con demagogia. No le preocupa la deuda, sino saciar el ansia de muchos por aumentar los impuestos a la economía productiva. No les importa que se genere desempleo, sino intervenir el mercado de trabajo.

Todo eso lo sabe el PSOE. Sabe que si se unen a Podemos la economía va a deteriorarse mucho y que los españoles, en cuanto puedan, se lo censurarán con su voto. Sabe que esto no es más que una vuelta al pasado de Sánchez para ejecutar ahora su plan de entonces con el objetivo de iniciar una huida hacia delante, al necesitar tapar su fracasada estrategia electoral, donde perdió escaños el PSOE, perdió escaños la izquierda y perdió la oportunidad de formar un gobierno más moderado con Ciudadanos.

El PSOE lo sabe, pero no hace nada, no se atreve. Como la protagonista de “Un crimen dormido”, se encuentran atenazados por el miedo. Necesitan a una señorita Marple que les ayude a señalar la gravedad de este acuerdo, a desterrarlo y superarlo, que les haga ver que Bruselas nos podrá imponer sanciones si no se cumplen los objetivos de estabilidad, que les indique que con medidas populistas se destruirá riqueza y empleo. Si esa metafórica señorita Marple del PSOE -en forma de sus dirigentes sensatos- no actúa, la economía española se debilitará, pero el PSOE puede hundirse definitivamente con ella.



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El tripartito de Sánchez, Iglesias y Junqueras
Pablo Planas Libertad Digital 26 Noviembre 2019

El Tripartit no fue anteayer pero tampoco es cosa del Pleistoceno. Tampoco es de ayer aquella insensata promesa de Zapatero, que iba a aceptar cualquier cosa que aprobara el Parlamento de Cataluña, aunque no se remonta a la Reconquista precisamente. Todo aquello pasó a comienzos de siglo, mediados de la pasada década, por lo que no hace falta siquiera tener memoria para saber qué ocurrió y cómo fue. El tripartito, por ejemplo, fue el gobierno autonómico de socialistas, una cosa que se llamaba Iniciativa per Catalunya (los podemitas de entonces, viejos ávidos de poder y jóvenes ambiciosos que habían sepultado las siglas del PSUC bajo siete losas) y ERC, partido que lo primero que hizo al abrazar el poder fue ir a pactar con ETA una tregua solo para Cataluña a cambio de una estrategia conjunta y el blanqueo de los asesinatos en la región de dos concejales del PP, Ruiz Casado y Cano Consuegra, el guardia urbano Gervilla, el mosso Santos Santamaría y el exministro socialista Ernest Lluch.

Aquel tripartito estuvo presidido primero por Pasqual Maragall y luego por José Montilla y fue la escenificación perfecta de un Gobierno dividido en tres partes autónomas, tres parcelas de poder con sus propios programas, intereses y objetivos. Más que un Ejecutivo, resultó ser el reparto más o menos proporcional de los recursos y las competencias entre tres socios que habían acordado no pisarse la manguera mientras cada uno hacía de su capa un sayo. Así, los socialistas se dedicaron a reforzar todas las políticas de Pujol por temor a no ser considerados catalanes, mientras que en ERC pactaban con los terroristas y los de Iniciativa hacían lo típico de la izquierda más lerda, dirigir a los Mossos y manifestarse contra los Mossos, en el fondo un ensayo de lo que ocurre hoy con el Gobierno catalán de la posconvergencia y los junquerianos. Nada nuevo, pues.

Aquel engendro de Gobierno fue el que alumbró un Estatut que no votó ni la mitad del censo de Cataluña, un texto que el Tribunal Constitucional remozó suavemente, cosa que el separatismo vende como causa original de lo que llaman "conflicto catalán" o, con más propiedad, "Procés". Aquello fue también parte del sustento del zapaterismo, esas dos tenebrosas legislaturas que dieron pie a desastres como el de la memoria histórica, lo de España como una nación relativa, la negociación del Gobierno con ETA o una crisis económica agudizada por la escalofriante insuficiencia del PSOE, entre otras calamidades. Tras la primera legislatura, surgida del atentando del 11-M, las fuerzas de izquierda optaron a un segundo mandato agitando el espantajo del miedo a la derecha. En el tramo final de la segunda legislatura eran los propios socialistas quienes pedían que viniera la derecha para sacarles a ellos primero y de paso a España del atolladero.

Lo que viene es más o menos lo mismo, pero peor si cabe, un Gobierno de España con Podemos incrustado al timón, con Jaume Roures como referente de autoridad, con el proceso separatista como modelo, con la destrucción de España como consigna. A PSOE, Unidas Podemos y ERC, el próximo tripartito, les costará llegar a un acuerdo, apurarán los plazos hasta el último segundo, estarán siempre a punto de echarlo todo por la borda, pero acabarán poniéndose de acuerdo, igual que ocurre con las facciones separatistas, siempre a la greña y a navajazos pero capaces también siempre de arbitrar un consenso terminal contra España y los españoles. No falla. Al tiempo, hay gente en el PP y hasta en Ciudadanos que va pregonando las virtudes de la abstención para que el PSOE no tenga que depender de ERC. Ilusos. Depender de ERC es precisamente lo que quiere la mayoría de los socialistas, igual que a los populares les parecía normal depender de Convergencia.

El PSC contra España y contra el PSOE
Pablo Sebastián  republica  26 Noviembre 2019

Si alguien piensa que, otorgando a Cataluña el título de ‘nación’ (lo que es inconstitucional), los independentistas catalanes regresarán como corderillos al redil de la legalidad y al marco constitucional se equivoca. Más bien al contrario los soberanistas utilizarán la nueva concesión como un escalón y un reconocimiento más en pos de su ruptura con España.

Pues eso es lo que pretende el PSC y lo que ocultó Pedro Sánchez durante su reciente campaña electoral en la que hablaba de ‘la España plural’ -fue españolista en campaña y confederado en la investidura- hasta que, una vez terminadas las elecciones, el PSC le obligó a recuperar lo ‘plurinacional’ para su programa de Gobierno con Podemos.

El que Pablo Iglesias y Miquel Iceta no dejan de repetir para engatusar a ERC en pos de la investidura de Sánchez, e ir preparando las elecciones autonómicas catalanas de la próxima primavera.

En el origen de todo esto esa máquina de destruir España que ha sido y es Zapatero. El dijo que la nación española era ‘discutida y discutible’ y por ello le prometió a Pascual Maragall que apoyaría en Madrid ‘lo que decidiera el Parlamento catalán’, como si la soberanía nacional española no existiera y no residiera en el Congreso de los Diputados. Y de esos polvos estos lodos.

Por todo ello hace tiempo que el PSOE debió romper con el PSC para así presentar sus propias siglas en Cataluña. Pero la ambición de Sanchez y la ausencia de Oposición no facilitan ese paso mientras los barones y la vieja guardia del PSOE callan y se humillan al paso de su secretario general.

El Pedro Sánchez que algún día, demasiado tarde, comprenderá que el PSC camina desde hace tiempo hacia la independencia de Cataluña y en favor de un proceso de unidad con el Podemos catalán, donde habitan los restos del viejo PSUC, o incluso con la propia ERC.

Con la que ya comparte el título de ‘nación’, la petición de los indultos para los golpistas y el cierre en Barcelona de la comisaría de la Policía Nacional en Vía Layetana. Como si la Policía Nacional fuera la responsable de los violentos ataques que los CDR lanzaron contra ellos semanas atrás.

Allá Pedro Sánchez con su colección de concesiones al soberanismo de Cataluña a cambio de su investidura. Y allá el PSOE con la que será su histórica responsabilidad en este proceso centrifugador de la unidad nacional que está causando fisuras en las principales instituciones del país, como ya se atisba hasta en el Tribunal Constitucional.

Sánchez sabe los riesgos que corre (él y todos los españoles) mientras nos relata su particular versión del cuento de la lechera catalana según el cual tras los indultos, la promesa de la nación catalana, e ingentes cantidades de dinero público para Cataluña, ERC regresará a la casa constitucional y así se acabará, como por arte de magia, el desafío soberanista por parte de ERC.

Más bien al contrario. Porque subido en la montaña de regalos de Sánchez y una vez conquistada la Generalitat, Oriol Junqueras, el gran responsable del golpe catalán de octubre de 2917, volverá a plantear un referéndum ilegal y a liderar otra declaración unilateral de la independencia.

Porque, después de pasar más de dos años de cárcel por los delitos de sedición y malversación, se creerá ungido por los dioses y no dará un sólo paso hacia atrás sino dos hacia delante como el tiempo demostrará.

Y todo ello con la ayuda inestimable de un PSC que actúa contra España y contra el silencioso PSOE que destrozará, aprovechando que en nuestro país no existen al día de hoy en la Oposición dirigentes y fuerzas políticas que estén a la altura de tan peligrosa encrucijada y grave situación.

Un puñetazo en la mesa del diálogo
Conocidas las intenciones de Sánchez y la pretensión de ERC y el PNV, lo único que queda por esclarecer es cómo pactará el PSOE con Oriol Junqueras
Manuel Marín ABC 26 Noviembre 2019

Con la decisión del PSC de volver a invocar a Cataluña como «nación» en una «España plurinacional», y con la intención del Gobierno de convocar una «mesa de diálogo» con ERC, España regresa a la casilla de salida de 2005, cuando el PSOE de Rodríguez Zapatero cuestionó el modelo territorial. No hay ninguna innovación de Pedro Sánchez. Si acaso, una mayor vocación de cesión al independentismo. En la primera legislatura de Zapatero, la «mesa de diálogo», envuelta en eufemismos entreguistas, se formó virtualmente en la Comisión Constitucional del Congreso, donde su entonces presidente, Alfonso Guerra, impulsó el famoso «cepillado» del proyecto de reforma estatutaria catalana. Sin embargo, el «cepillado» de aquella «mesa» negociadora fue tal que el Tribunal Constitucional intervino quirúrgicamente el Estatuto con una lima del nueve. La abusiva cesión al soberanismo diseñada por Zapatero fracasó porque el TC desguazó la mesa de un puñetazo, pero el virus ya estaba inoculado.

Por entonces, la expectativa del PSOE era idéntica a la actual: amansar al separatismo con una perversión dialéctica que permitiese imponer una reforma constitucional encubierta a través de una modificación del Estatuto de autonomía, y reconocer a Cataluña como «nación». Hoy Sánchez quiere forzar el mismo debate en una «mesa» bilateral que consienta a la Generalitat arrogarse un papel de legitimidad jerárquica idéntico al del Gobierno. Todo es un deja vù que en su día se le frustró a Zapatero como instigador de un concepto «discutido y discutible» de la nación. Primero, porque desestabilizó internamente al PSOE hasta el punto de verse obligado a fabricar un artefacto político provisional como la «Declaración de Granada» para sofocar la ruptura interna entre el PSOE constitucionalista y el soberanista. Segundo, porque el TC no se doblegó a oscuras maniobras para avalar un Estatuto inconstitucional de fábrica, incluso cuando Zapatero impuso a su favor la prórroga automática del mandato de su presidenta, María Emilia Casas.

Y tercero porque, en un preludio de lo que hoy es el «espíritu de Pedralbes», el acuerdo in extremis de Zapatero con Artur Mas, entonces líder de la oposición en Cataluña, fue ejecutado con nocturnidad en La Moncloa a espaldas del presidente de la Generalitat, el socialista José Montilla, y del líder de ERC, Josep Lluis Carod Rovira. En definitiva, Zapatero negoció la definición de Cataluña como nación con el líder de la derecha catalana, traicionando al PSC y a ERC porque era el único modo de desatascar la negociación. Por eso ERC no quiere jugar a más reformitas estatutarias, sino al chantaje de la gobernabilidad.

Conocidas las intenciones de Sánchez y la pretensión de ERC y el PNV, lo único que queda por esclarecer es cómo pactará el PSOE con Oriol Junqueras una reedición del «doble tripartito» y la «nacionalidad» catalana…, y si ello no le obligará a incendiar el Tribunal Constitucional esta vez para que no dé más puñetazos en la mesa. La ventaja de Sánchez sobre Zapatero es que los antiguos barones de la disidencia socialista ahora duermen el sueño de los justos.

El hechizo dialogante
Cristina Losada Libertad Digital 26 Noviembre 2019

Ahora que vuelve el diálogo, hay que volver. Hay que volver a repasar qué ocurrió cuando, hace más de diez años, el diálogo fue el ardid de la intoxicación. Porque el diálogo, esa criatura que parece tan inofensiva como un peluche, no siempre es lo que parece. Nunca lo es cuando al otro lado está el chantaje. Es por eso muy oportuno el reciente manifiesto del Foro de Profesores llamado "Derecho a presionar" o el "conflicto" como extorsión, firmado por intelectuales y académicos, en réplica a una Petición pública en favor de una negociación política sobre Cataluña. Porque expone con una claridad inusual los hechos y las razones por los que ese dulce canto de sirena debe de ser desoído.

Cuesta. Cuesta desoirlo, porque cuando suena "diálogo" hay como un repicar de campanillas que despierta los sueños y sume en el torpor. El sueño: vamos a arreglar ese problema. Sentémonos, que no hay mal en ello, cómo va a haberlo, y veamos qué se puede hacer. Hablando se entiende la gente. Ahí están, siempre están las encuestas, para bendecir y extender el sueño. El CEO, centro de estudios de opinión de la Generalidad catalana, acaba de colocar una en el escaparate. Con un lacito dialogante. Titular a voleo: "El 68% de españoles apuesta por solucionar el conflicto catalán con diálogo". Otro: "El 68% de los españoles apuestan por el diálogo con Catalunya frente al 23% que prefieren mano dura".

Mano dura. Qué barbaridad. Para que se piense eso –qué barbaridad–, ponen "mano dura" y no, por ejemplo, "firmeza democrática". Dice el CEO, esto es, el Gobierno separatista catalán, que ha hecho el sondeo en toda España –y no en su campo de trabajo habitual– porque el CIS ya no formula preguntas sobre la situación catalana. Pero el CIS formuló preguntas sobre la situación catalana en su barómetro de enero de este año. Y las hizo precisamente, muy precisamente, con el sesgo en cuestión. El mismo. O diálogo o mano dura. ¿Qué prefiere usted? Piénselo bien, porque si dice "diálogo" será usted persona civilizada, tolerante, demócrata y buena gente. Pero si quiere mano dura, va a ser un autoritario, un intransigente, mala persona y posiblemente –no, ¡seguro!– un facha. Así se cocina la opinión, así se forja el talismán del diálogo, así se alimenta el sueño. Y el torpor, el letargo.

Lo hizo el Gobierno de Zapatero para que la caricia del diálogo suavizara el significado de una negociación política con una organización terrorista como la ETA. Y sus efectos. Todo es centrar la atención en la inocencia del procedimiento –sentarse a hablar–, crear la ilusión de que hay una solución –solución dialogada– y dejar que el brillo ilusionante oculte en las sombras el precio. Cuando un "conflicto" ya es conflicto, cuando pesa y molesta, cuando resulta insoportable, ¿cuántos no querrán que se haga algo para que se apacigüe? Es exactamente lo que tienen en mente los que engordan el "conflicto" día a día. En aquellos años de los que nadie quiere acordarse, también las encuestas arrojaban mayorías dispuestas al diálogo. Aunque preguntadas por cesiones concretas (presos, cuestiones políticas), las mayorías encogían sensiblemente. La contradicción: sí a negociar, no a ceder. Sí a la ilusión, no a sus efectos.

Sánchez no es un iluminado, como lo fue Zapatero, pero su inagotable oportunismo, acentuado por la necesidad, le lleva a laberintos similares. Ya intentó, en su gobierno de la moción de censura, regresar al Estatut anterior a la sentencia del Constitucional, otra obra de la época zapateril. Ya hizo suyo lo de de Pedralbes. Ya sentaba al relator. Y dio marcha atrás. Pero ha vuelto a internarse. Vuelta al dédalo del diálogo talismán. Con Iceta de guía, ya se sabe dónde para todo esto. Sólo Esquerra, decidida a exhibir su exceso de apetito, puede acabar hundiendo la mesa.

Vuelve el diálogo, vuelve la ilusión. A fin de romper el hechizo, para evitar el torpor, habrá que decir, explicar y exponer cuantas veces haga falta esto que declaraba el manifiesto del Foro de Profesores:

(...) los abajo firmantes no reconocemos la existencia de ningún "conflicto" ni admitimos ningún ámbito legítimo de negociación que no sea el Parlamento catalán o el Congreso, y siempre dentro de los cauces democráticos prescritos por nuestra Constitución. Cualquier mesa extraparlamentaria o negociación política bilateral sería una claudicación del Estado de Derecho a la que ningún Gobierno puede ceder.

El golpista Junqueras quiere a Sánchez en la Moncloa
EDITORIAL Libertad Digital 26 Noviembre 2019

Como era previsible, la militancia de la formación hispanófoba Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) ha votado a favor de un acuerdo con el PSOE que permita a Pedro Sánchez formar Gobierno. Tras impedir con su abstención en julio la investidura de Sánchez y empujar patéticamente a podemitas y socialistas a un pacto a la desesperada que evitara unas nuevas elecciones, los supremacistas del condenado Oriol Junqueras se han decantado de nuevo por Sánchez, al que auparon al poder en la ominosa moción de censura contra Mariano Rajoy.

La decisión de los militantes del partido golpista es coherente con los planes del capo Junqueras de manipular a su antojo la vida política nacional, mediante un apoyo en el Congreso a Sánchez que le permita alcanzar sus objetivos secesionistas y, de paso, garantizarse una mejora de su condición penitenciaria como paso previo la excarcelación.

A partir de ahora, Junqueras tiene oficialmente manos libres para hacer y deshacer a su antojo gracias a la escandalosa ambigüedad de la pregunta planteada a las borreguiles bases de ERC, pues no precisaba los límites de la negociación para la que presuntamente se ha pedido permiso a la militancia. En esto no se distingue ERC de otros partidos de izquierda como PSOE y Podemos, cuyos líderes mangonean a sus obsecuentes bases cada vez que lo necesitan con una suerte de plebiscitos que dicen mucho, y todo malo, tanto de los que los convocan como de los que se dejan acarrear a esas urnas cargadas.

Así pues, el camino para un Gobierno social-comunista aliado con los nacionalistas hispanófobos queda expedito, a falta de que Sánchez, Iglesias y Junqueras negocien los términos del pacto de la vergüenza. Los tres cuentan con el aval de sus respectivos partidos para llevar a buen término una negociación que, de hecho, comenzó mucho antes de que se hicieran esas consultas-farsa.

A Junqueras le interesa mantener a Sánchez en la Moncloa en una situación de dependencia absoluta, y eso es lo que se ha garantizado con la consulta de este lunes. Un presidente sin escrúpulos y sin mayoría parlamentaria es el sueño de los golpistas, que a partir de ahora tendrán mucho más fácil alcanzar su objetivo de hacer saltar por los aires el régimen constitucional.

ERC empuja a Sánchez a la ilegalidad
El 94 % de bases de ERC rechazan investir a Sánchez si no hay mesa de diálogo
Editorial larazon 26 Noviembre 2019

No es una casualidad que el PSC haga público el documento marco de su próximo congreso –que se celebra en diciembre– el día que la militancia de ERC dio su opinión sobre la investidura de Pedro Sánchez, por si le podía seducir. El 94% ha dicho no. No lo es porque el elemento más destacable de dicho documento es la aceptación de la España «plurinacional» y el reconocimiento de Cataluña como nación, lo que dicho así, dentro de esa jerga ambigua y polisémica, donde las palabras cambian de significado en función de quién las dice y para qué las dice. Los socialistas catalanes, de la mano de Miquel Iceta –que es mucho más que la voz de Sánchez en Cataluña– vuelve a desempolvar la Declaración de Barcelona y las conclusiones del 39º Congreso Federal del PSOE de junio de 2017 con las que creía dar con la solución para aplacar la ambición de los nacionalistas catalanes de romper con España en cuanto pudiesen –o viesen al Estado con signos de debilidad–, lo que no les aplacó, muy al contrario: tres meses más tarde, el 27 de octubre, los dirigentes de la Generalitat declararon unilateralmente la independencia, con las consecuencias penales ya sabidas.

Sánchez vuelve a poner encima de la mesa exactamente lo mismo, el reconocimiento de Cataluña como nación, no porque crea en ello, sino porque necesita los votos para seguir en La Moncloa. Desconocemos si es consciente de las consecuencias de este cambio, si se fijase en la Constitución, ya que dicho reconocimiento invalida la del 78 y sólo puede ser efectivo dentro de la Carta Magna. Reformar la Constitución con la mitad de los partidos en contra: imposible. Para empezar deberá responder si el reconocimiento como nación de Cataluña invalida el punto 2 del artículo 1 («La soberanía nacional reside en el pueblo español»), porque sería la primera vez que una nación con todas las de la ley renunciase a su aspiración de ser Estado, y además a favor del que considera su enemigo histórico. Bien que lo dijeron los propios nacionalistas ayer en respuesta a la propuesta de los socialistas catalanes: «Es entrañable que el PSC quiera reconocer a Cataluña como nación... cuando lo que necesitamos es ser un Estado». Así es, y ya sabemos que su objetivo en nada ha cambiado. ERC ha puesto cuatro condiciones –las de ayer–, que hace difícil la negociación con un partido dirigido por un condenado por sedición porque supondría servir en bandeja, ahora por la vía pacífica, lo que no consiguieron en un movilización sediciosa –referéndum incluido– que quiso acabar con la legalidad democrática. Pasemos por encima el primer punto en el que se pide un diálogo «de igual a igual», «de Gobierno a Govern», y centrémonos en la exigencia del «ejercicio del derecho de autodeterminación de Catalunya como reconocimiento y solución al sentir del pueblo catalán». Ahí está el remedio.

No será fácil trasladar el derecho a independizarse en esa futura Constitución federal que propone Iceta. Dada la imposibilidad de dar respuesta a qué autonomías y regiones pueden considerarse naciones –suponemos que sólo lo son las «nacionalidades históricas»–, no se está hablando de una estructura federal, sino de un «federalismo asimétrico» en la que Cataluña tendría un reconocimiento aparte y el País Vasco, si el privilegio de la foralidad le sigue saliendo a cuenta. Aunque este punto se suavice, no puede eludir lo fundamental: reformar el título VIII de la Constitución, lo que supone una nueva ordenación territorial, que permitiría fijar –no hay mal que por bien no venga– las competencias definitivas del Estado. No nos engañemos, el nacionalismo catalán no es de raíz federalista. Visto lo visto, no sabemos para qué se votó el Estatut de 2006 y aquel Preámbulo en el que se especificaba que «Cataluña quiere desarrollar su personalidad política». Todo indica que no ha sido capaz de hacerlo manejada por la clase dirigente más aventurera e inepta del siglo XX y lo que va del XXI.

Cataluña no es una nación
Editorial ABC 26 Noviembre 2019

El PSC volverá a recuperar en su ideario la exigencia de una «España plurinacional» y la reivindicación de Cataluña como «nación», olvidando el destrozo electoral que le causó haber incorporado a su programa el «derecho a decidir». Cuando rectificó ya fue tarde, pero ahora ese eterno complejo de partido soberanista que juega a no serlo vuelve a servir de muleta al independentismo con la anuencia de Pedro Sánchez. Una vez más, el socialismo se equivoca con tal de gobernar a toda costa. Y una vez más, el PSOE guarda un silencio cómplice ante la maniobra del PSC porque aquellos dirigentes críticos con el nacionalismo que en su día defenestraron a Sánchez conviven cómodamente en sus propias contradicciones. Otra vez el PSOE y el PSC se enfrentan a sus propios complejos y a su incapacidad para asumir un concepto coherente de modelo territorial acorde con la Constitución. Sánchez, a quien sus propios rivales en las primarias del PSOE retrataron años atrás porque se mostró incapaz de definir qué es una nación, ha iniciado un proceso irreversible de cesión al separatismo catalán y vasco, sencillamente porque necesita garantizarse la investidura al precio que sea. Y el PSC actúa como el acólito imprescindible poniendo alfombra roja al independentismo. Nada queda ya de su reciente compromiso, en pleno debate televisado ante millones de españoles, de castigar en el Código Penal los referendos ilegales. Y nada queda tampoco de sus «diferencias irreconciliables» con Podemos respecto a Cataluña. Sánchez hará todo lo necesario para gobernar, aunque en el proceso se dinamite el concepto de «nación española», o aunque tenga que sentarse en una «mesa de chantaje», que no de diálogo, con individuos condenados por sedición, malversación o desobediencia. Primero porque es su único deseo, y segundo, porque realmente cree en su fuero interno que España es un conjunto de «naciones».

Desde esta perspectiva, ERC dio ayer un paso definitivo asegurándose el control de cualquier negociación. De hecho su militancia rechazó respaldar la investidura de Sánchez si no es a cambio de una «mesa» de extorsión. Lo más grave no es que ERC exija, sino que el PSOE se pliegue. Y algo en ese sentido se mueve en las instituciones cuando en plena negociación para conformar una investidura de Sánchez, el Tribunal Constitucional se rompe en dos bloques para aprobar una sentencia que facilita un Código Civil paralelo para Cataluña, una de las «estructuras de Estado» que diseñó la Generalitat en 2017 como coartada para celebrar el 1-O. Si el TC empieza a amparar decisiones golpistas del Parlament y de la Generalitat capaces de causar una profunda fractura interna es porque emerge una renovada permisividad pseudo-jurídica con el separatismo ante la que conviene ponerse en guardia

ERE: explicar la dilación de la sentencia
Editorial ABC 26 Noviembre 2019

La publicación de la sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Sevilla se produjo después de varias peticiones de prórroga, hasta que, por casualidad o coincidencia premeditada, se hubieron celebrado las elecciones generales el 10-N. Este año ha sido muy activo electoralmente, con dos elecciones generales, una europea, locales y autonómicas. Los tribunales no han dejado de funcionar por este motivo en los procesos que tenían impacto político. El más claro ejemplo de esta normalidad ha sido la Sala Segunda del TS, que no se condicionó a sí misma por la nueva convocatoria de elecciones generales e hizo pública la sentencia del «procés» el 14 de octubre. Sin embargo, el caso de los ERE ha tardado más de un año en ser resuelto. No cabe cuestionar la complejidad de la causa. Sin embargo, la sucesión de aplazamientos ha levantado la duda acerca de si su publicación se retrasó intencionadamente hasta después las elecciones.

El PP ha pedido explicaciones al CGPJ sobre las causas de este peculiar calendario de la sentencia de los ERE. La petición de los populares no afecta a la independencia de los magistrados de la audiencia sevillana, porque se refiere a una cuestión de gestión interna del tribunal. No hay que albergar esperanzas de que el CGPJ ofrezca una respuesta convincente, pero la realidad es que los votantes andaluces se vieron privados de una información relevante -el saqueo de su dinero a manos llenas de los socialistas en el poder- para la formación de su opción electoral. Bien está que los tribunales eviten interferencias de procesos electorales con decisiones que no son definitivas, como las imputaciones, siempre que ese aplazamiento sea breve. En el caso de los ERE el aplazamiento ha sido de varios meses y con la preocupante apariencia de que iba acompasado al calendario electoral. La petición de explicaciones hecha por el PP es razonable.

ERE: explicar la dilación de la sentencia
Editorial ABC 26 Noviembre 2019

La publicación de la sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Sevilla se produjo después de varias peticiones de prórroga, hasta que, por casualidad o coincidencia premeditada, se hubieron celebrado las elecciones generales el 10-N. Este año ha sido muy activo electoralmente, con dos elecciones generales, una europea, locales y autonómicas. Los tribunales no han dejado de funcionar por este motivo en los procesos que tenían impacto político. El más claro ejemplo de esta normalidad ha sido la Sala Segunda del TS, que no se condicionó a sí misma por la nueva convocatoria de elecciones generales e hizo pública la sentencia del «procés» el 14 de octubre. Sin embargo, el caso de los ERE ha tardado más de un año en ser resuelto. No cabe cuestionar la complejidad de la causa. Sin embargo, la sucesión de aplazamientos ha levantado la duda acerca de si su publicación se retrasó intencionadamente hasta después las elecciones.

El PP ha pedido explicaciones al CGPJ sobre las causas de este peculiar calendario de la sentencia de los ERE. La petición de los populares no afecta a la independencia de los magistrados de la audiencia sevillana, porque se refiere a una cuestión de gestión interna del tribunal. No hay que albergar esperanzas de que el CGPJ ofrezca una respuesta convincente, pero la realidad es que los votantes andaluces se vieron privados de una información relevante -el saqueo de su dinero a manos llenas de los socialistas en el poder- para la formación de su opción electoral. Bien está que los tribunales eviten interferencias de procesos electorales con decisiones que no son definitivas, como las imputaciones, siempre que ese aplazamiento sea breve. En el caso de los ERE el aplazamiento ha sido de varios meses y con la preocupante apariencia de que iba acompasado al calendario electoral. La petición de explicaciones hecha por el PP es razonable.

Los liderazgos actuales
Joaquín Leguina ABC 26 Noviembre 2019

«Pablo Iglesias en el Gobierno me quitaría el sueño y no sólo a mí, también al 95% de los españoles» dijo Pedro Sánchez para -solo un mes después- darse un abrazo «fuerte y sincero» con aquel a quien tanto había denostado. La escena es, en verdad, lamentable y retrata a Sánchez como lo que es: un hombre carente de escrúpulos. Un cínico que cambia de chaqueta ideológica cada fin de semana.

Por otro lado, si un líder pierde 728.000 votos en menos de siete meses lo decente es abandonar el cargo. Eso es lo que debería haber hecho Pedro Sánchez, y lo mismo le tocaba hacer a Pablo Iglesias, que lleva ya mucho tiempo perdiendo apoyos electorales sin parar. Pero no sólo no van a dimitir, sino que mezclando el agua con el aceite van a crear un Gobierno con gran entusiasmo progresista. (Ya lo escribió Madame de Stäel «el desengaño camina feliz y sonriente detrás del entusiasmo»).

El nacimiento de ese «gobierno progresista» está en manos de Esquerra Republicana de Cataluña, pues sin el apoyo o la abstención de estos separatistas la investidura fracasará. Tampoco puede perderla si el partido de Junqueras vota a favor o se abstiene. Dicho de otra manera: Junqueras, condenado por sedición y malversación y enemigo declarado de la Constitución española, tiene en sus manos el futuro del Gobierno de España y el futuro de Pedro Sánchez, y ese regalo no le ha tocado en la lotería sino que se lo debe a Pedro Sánchez. En verdad, una soga que su líder, él solito, ha puesto en el cuello del PSOE con la bendición de esa plaga apellidada Iceta.

De todo lo anterior se ha dicho y escrito y con mucha razón durante los últimos días, pero quizá no se han enfatizado las causas que han conducido al actual desastre, que son varias, y sin duda una de ellas está en los liderazgos. En efecto, algo ha quedado «invisible» en el debate postelectoral y es la conversión de los liderazgos de los partidos en auténticas satrapías que han hecho desaparecer el intercambio de posiciones y la discrepancia dentro de las organizaciones políticas. Lo cual, en un sistema de listas cerradas y bloqueadas pone en manos de esos hiperliderazgos a todos y cada uno de los diputados que conforman el Congreso. Por ejemplo, las primarias que «volvieron» a Sánchez a Ferraz han conseguido crear un mandarinato, donde el ganador ha obtenido «legitimidad» para hacer lo que le da la gana… y lo primero que ha hecho es marginar a quienes no le han votado, es decir, a la mitad del partido, despilfarrando así material humano «sin medida ni clemencia».

Hasta la resurrección de Sánchez cualquier coalición que emprendiera el partido tenía que ser ratificada por el Comité Federal. Ahora ya no. Ahora se ratifica con el voto de los afiliados. Un triste descubrimiento: el plebiscito interno. Y conviene recordar que los plebiscitos son contrarios a la democracia representativa.

En pocas palabras: las primarias han significado la muerte de la democracia interna que exige a los partidos la Constitución en su artículo 6. Y es que a los partidos nunca les ha interesado aplicar ese artículo. Ni siquiera han cambiado los reglamentos de las dos Cámaras que componen las Cortes. Reglamentos que niegan la personalidad individual de diputados y senadores. Tampoco les está permitido hablar como individuos, sólo lo pueden hacer en representación de un grupo parlamentario; incluso sus sueldos no los perciben de «la empresa» para la cual trabajan (Congreso o Senado), sino que cobran de su grupo político correspondiente, tras las «rebajas» que éste les puede hacer.

Pero no sólo el PSOE, todos los partidos han acogido las primarias con gran entusiasmo como método de selección de líderes que consiste en que los afiliados los elijan en votación directa (lo del voto de los simpatizantes es, simplemente, una burla), y resulta que esos afiliados son una parte pequeña del electorado de ese partido. Pequeña y sectaria. Además, como se ha visto, una vez elegido el líder se cree legitimado para comportarse como único propietario del partido, lo cual le suele llevar a matar cualquier debate.

Sin duda, el bloqueo que ha llevado a la repetición de elecciones ha dejado muy tocado el ya disminuido prestigio de los líderes políticos, que se han mostrado incapaces de sacar al país de un parón institucional sin precedentes. Como ha escrito Raúl del Pozo refiriéndose al protagonista de la moción de censura: «Pedro Sánchez se va afianzando de bloqueo en bloqueo con estilo cesarista y, enmendando a Francisco de Quevedo, a Sánchez no le gobiernan ni textos ni tratos». Pérez Reverte, por su parte, ve a Sánchez desde una óptica más literaria: «Es el único interesante en sentido renacentista. Los torea a todos. Pedro Sánchez miente sin ningún complejo, con esa falta de escrúpulos que caracteriza al político de raza».

El desprestigio de los líderes también ha vuelto a poner en plaza pública la flojera curricular de la clase política actual. En otras palabras: una buena parte de los diputados y senadores no han trabajado nunca fuera de la política. Es decir, no son ni social ni laboralmente representativos de la sociedad española.
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Joaquín Leguina fue presidente de la Comunidad de Madrid

Varapalo a la imposición del catalán: el despido de un profesor en Mallorca por no hablarlo es ilegal
J.M.G.V. llevaba 16 años impartiendo clases de Educación Física en Palma. En 2017 fue despedido por no saber catalán. Ahora, la justicia le ha dado la razón
David López Frías elespanol 26 Noviembre 2019

"Pese a conocer perfectamente dicha obligación legal, vigente desde hace más de 15 años, usted ha ignorado por completo dicho requerimiento profesional, las comunicaciones de la Conselleria y todas las recomendaciones de la empresa para matricularse en los cursos correspondiente". Ese fue el texto con el que un colegio concertado de Palma de Mallorca despidió a uno de sus profesores más veteranos. ¿El motivo? No hablar catalán.

El colegio fue condenado por un juzgado pero recurrió. Ahora, el Tribunal Superior de Justicia de Baleares (TSJB) ha desestimado el recurso y ha condenado al colegio, en una sentencia a la que ha tenido acceso EL ESPAÑOL. El alto tribunal balear considera que el colegio tenía otras formas menos radicales de proceder contra el profesor que la del despido, que fue la que finalmente adoptó.

J.M.G.V., llevaba mucho tiempo dando clases en un centro concertado, situado en la calle Murillo de Palma de Mallorca. Desde septiembre de 1991. Su materia, además, poco tiene que ver con el idioma en el que se imparta: era el profesor de Educación Física, cargo que compaginó con el de director de un polideportivo en la capital de la isla. Se podría decir que J.M.G.V daba clases en ese colegio desde que la asignatura todavía se conocía como ‘Gimnasia’, y diez años antes de que entrase en vigor el decreto del gobierno balear que exigía que los docentes que impartiesen clases en las islas tuviesen pleno conocimiento de las dos lenguas oficiales del archipiélago: castellano y catalán.

En 2001 entró en vigor el mencionado decreto, que puso fechas límites para que los profesores obtuviesen la consiguiente titulación que certificase el conocimiento del idioma. Fecha que inicialmente se fijó para finales de 2001, pero que se fue postergando hasta 2006.

Pero no fue hasta 2016 cuando empezaron lo que desde el gobierno balear se llamó ‘proceso de regularización’. Esto es, unas pruebas para asegurarse de que los profesores que ejercían en las islas acreditaban el conocimiento del catalán. Si detectaban a un docente que no disponía de la acreditación lingüística de ambos idiomas, la Conselleria cortaría la financiación de ese puesto de trabajo al colegio concertado. Si no hay catalán, no hay dinero.

A principios de 2017, la responsable del colegio telefoneó a J.M.G.V., preguntándole si ya se había presentado a los exámenes de catalán. Recoge la sentencia que el profesor contestó diciendo que ya estaba harto, que no se iba a presentar y que informasen a inspección si querían. El centro, pues, se puso manos a la obra. Indagaron acerca de las evoluciones del profesor en este ámbito y confirmaron que no se había matriculado en los cursos de catalán, a pesar de que había firmado el compromiso de hacerlo.

Despido fulminante
Fue el paso previo al despido fulminante, que se ejecutó el 18 de septiembre de 2017. La decisión, sin embargo, estaba tomada desde julio, que fue cuando desde el gobierno balear, mediante la Dirección General e Planificación, resolvieron el cese de la financiación de su puesto de trabajo. Circunstancia que fue esgrimida por el centro para echarlo de su puesto de trabajo. El profesor recibió una misiva del centro en la que se le comunicaba que había incurrido en una falta muy grave, mezclando además unas supuestas ausencias al puesto de trabajo del profesor que finalmente no han podido ser acreditadas.

J.M.G.V. llevó el caso a los tribunales. En enero de este año, el Juzgado Número 1 de los Social de Palma le dio la razón y consideró que el despido era improcedente. La sentencia fue recurrida por el centro de enseñanza, aunque ahora el alto tribunal balear ha desestimado dicho recurso. Consideran el TSJB en su sentencia que los requisitos exigidos por la normativa laboral no son los mismos que los de la administrativa.

Según la Sala, “no estamos ante un despido por causas objetivas por fata de titulación que pudiera determinar una resolucion contractual laboral indemnizada, puesto que la causa objetiva relacionada con la falta del título no ha sido ni siquiera la actuación emprendida ni por la Administración Pública ni por el colegio (...). Si el objeto procesal es aquel contenido de la carta de despido disciplinario, no queda acreditada una "dejación absolutamente incompatible" del docente y que supongan un incumplimiento grave y culpable".

Prosigue la sentencia diciendo que “el propio colegio ha permitido que tenga cabida su extensa prolongación temporal, denotando congruentemente que este tipo de actuación no puede generar una causa de despido disciplinario”, y que desde el centro podrían haber recurrido la decisión de la Consellería de dejar de dotar económicamente su puesto de trabajo, y que dicha resolución no se le comunicó al profesor personalmente, por lo que tampoco pudo actuar contra ella en vía judicial ni en vía administrativa.

Se trata de una victoria histórica en los tribunales contra la imposición del catalán en las aulas baleares, y especialmente para un profesor que lleva más tiempo impartiendo clases en Baleares de lo que lleva la ley que obliga a hablar el catalán. La justicia ha dicho que su despido no era legal.
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