AGLI Recortes de Prensa   Viernes 29  Noviembre  2019

Se cuece a fuego lento un acuerdo letal para España
OKDIARIO 29 Noviembre 2019

Delegaciones del PSOE y ERC se reunieron en el Congreso de los Diputados en la primera jornada de negociaciones para tratar de alcanzar un acuerdo de investidura. Resultado: ambas partes coinciden en la necesidad de seguir manteniendo contactos. Lo que sí parecen haber conseguido los independentistas es lograr que el Gobierno ya hable abiertamente de "conflicto político" en Cataluña.

No es baladí que el Ejecutivo socialista se acerque progresivamente al lenguaje de los separatistas, señal de que la estrategia diseñada por el PSOE pasa por ir articulando su discurso a las demandas del partido que lidera desde prisión Oriol Junqueras. Horas antes de la reunión, Carmen Calvo dejaba otra perla indiciaria del cambio en el discurso socialista: "Es una oportunidad extraordinaria para lanzar un mensaje de altura en la política, por nosotros así va a ser y va a ser con un partido que es otra izquierda histórica de este país, si bien lo es, evidentemente, en el territorio de Cataluña".

Calificar a ERC de "izquierda histórica en Cataluña" no deja de ser un guiño muy significativo, toda vez que esa "izquierda histórica"tiene a su máximo responsable, junto a otros dirigentes, en la cárcel por un delito de sedición. Que Carmen Calvo ponga el acento en el carácter histórico de la formación separatista y obvie que participó activamente en la estrategia de subversión del orden constitucional es muy revelador de que el PSOE acude a las negociaciones dispuesto a aceptar todas las exigencias de los independentistas que estén en manos de ser concedidas por Pedro Sánchez. Conceder la autodeterminación no está entre las facultades -por fortuna- del presidente del Gobierno en funciones, por lo que presumiblemente el PSOE irá en sus concesiones hasta el límite del marco constitucional, pero con el compromiso, como ha informado OKDIARIO, de implicarse en una reforma de la Carta Magna que satisfaga en buena parte a los golpistas catalanes.

En suma, el PSOE empieza a blanquear la imagen de ERC con guiños como el de "izquierda histórica en Cataluña". Primera concesión a la espera de que avancen las negociaciones. Se está cociendo a fuego lento un acuerdo letal para la unidad de España.

La responsabilidad de la derecha
Emilio Campmany Libertad Digital 29 Noviembre 2019

A donde nos dirigimos no se llega arrastrado por unos cuantos. Unos empujan y otros se dejan llevar.

Es patente que España padece una gravísima crisis política. Solucionarla exige identificarla correctamente. Lo primero que solemos hacer los españoles cuando nos sacude una desgracia es echarle la culpa a alguien. En este caso, lo fácil es hacer responsable a Pedro Sánchez. Por supuesto, el presidente en funciones no es inocente. No obstante, si caemos en la cuenta de que llevamos tres presidentes seguidos que son ejemplos notables de inepcia y cobardía, deberíamos preguntarnos si no habrá algo más que una racha de mala suerte.

Y claro que hay más, mucho más. Para empezar, vamos a conmemorar la caída del Muro de Berlín metiendo a los comunistas en el Gobierno. Y a pesar de lo peligroso que eso es, lo que asusta es el auge de la extrema derecha. Si Vox fuera un partido fascista, que no sería algo peor que ser comunista, podría entenderse, pero no es el caso. Con todo, la crisis que padecemos no está provocada por el auge de partidos situados en los extremos del espectro ideológico. La gravedad de la situación procede de la amenaza de los independentistas, que no son sólo los catalanes. No obstante, hay que reconocer que ellos solos no podrían hacernos mucho daño. Nuestra debilidad está causada por la disposición de las izquierdas, tanto la socialista como la comunista, a pactar con ellos una reforma constitucional que muy bien podría acabar con España como nación. Quienes crean que tal reforma nunca se llevará a cabo porque la derecha, cuya connivencia es necesaria, se negará a participar podrían equivocarse. La derecha lleva colaborando con la paulatina degradación del régimen desde que nació en 1978. Ha ido cediendo en todo, muy especialmente en avances de la izquierda y de los nacionalistas que son groseramente inconstitucionales. Valga de ejemplo el aborto, que atenta contra el derecho a la vida, o la legislación sobre violencia de género, que conculca la igualdad de los españoles ante la ley. Pero está también la imposibilidad de educarse en español o la exigencia del dominio de una lengua local para poder ser funcionario público. Si se ha tragado todo esto, ¿qué puede extrañar que un día se acepte la plurinacionalidad de España?

En este ambiente en que está en almoneda la existencia misma de nuestra nación, en que el Gobierno de España está a punto de pactar su programa con quienes protagonizaron un golpe de Estado y no renuncian a volver a intentar otro, el PP, representante de la tradicional derecha española, por demostrar lo muy centrado que está, debate si unirse o no a la izquierda en el cordón sanitario a Vox. Una izquierda que ni por asomo cree que haya que recetar esa misma medicina a los nacionalistas, cosa que por otra parte el PP tampoco exige. Y Vox se deja agredir porque cree que le rentará electoralmente.

La crisis la padece España. Por culpa de los nacionalistas y la complicidad de la izquierda, por supuesto. Pero también por negligencia de la derecha. A donde nos dirigimos no se llega arrastrado por unos cuantos. Unos empujan y otros se dejan llevar.

Los ERE, un caso de corrupción en busca de autor
Juan Francisco Martín Seco republica 29 Noviembre 2019

Llegó por fin la sentencia de los ERE. La justicia española es lenta, pero, por muchos obstáculos que se le pongan, suele terminar su tarea; y en esta ocasión las trabas han sido infinidad y, si no, que se lo digan a la juez Alaya. La sentencia al final se ha publicado, aunque deja dos cuestiones sobre la mesa. La primera estriba en conocer la razón de haberse pospuesto su publicación hasta después de las elecciones y, más extraño aun, cómo se ha conseguido que no se filtrase nada. La segunda es respecto a si la premura para firmar el acuerdo entre Sánchez e Iglesias, aun cuando estaba sin concretar y en barbecho, no ha tenido por finalidad adelantarse a la publicación de la sentencia. Curiosamente, aunque de forma no premeditada, yo también me adelanté, pues el 24 de octubre escribí un artículo en estas páginas titulado “Cien años de honradez”, que tiene plena aplicación en estos momentos. Es más, tengo el temor de que, al menos parcialmente, hoy pueda repetirme.

Las reacciones del PP y de Ciudadanos han sido las esperadas, teniendo en cuenta que Sánchez se hizo con el gobierno pactando con golpistas, pero con la excusa de la corrupción. Es lógico que ahora se le tiren a la yugular con todas sus fuerzas. Lo que ha sido sorprendente, sin embargo, ha sido la actitud del partido socialista, tanto el de Andalucía como el federal. El primero en salir a la palestra ha sido Bono -antes muerto que sencillo- para declarar que pone la mano en el fuego por Chaves y Griñán. Lo siento, Magdalena, de ti no ha dicho nada. Ha recurrido al mismo argumento manejado por el PSOE a lo largo de todo el tiempo que ha durado el proceso: no ha habido enriquecimiento personal. Los acusados no se han llevado ni un euro a su casa. Quizás a su casa no, pero a su pueblo parece ser que sí.

En cualquier caso, y esto es lo importante, ello no quiere decir que no haya habido lucro, y un lucro colectivo, pues sus beneficios se han extendido a todo el partido socialista. Un lucro no puntual, sino constante y permanente. Según parece, se ha creado a lo largo de diez años toda una trama de corrupción, una red clientelar (seguramente no habrá sido la única), que ha permitido al partido y a sus dirigentes perpetuarse en el poder. Hay una tendencia en la sociedad y en muchos comentaristas a restar importancia a la malversación de fondos públicos cuando no va unida al propio enriquecimiento. Lo cierto es que hay otras maneras, tanto o más corruptas que esta, cuya gravedad depende de la finalidad a la que se dedican los recursos. La inmoralidad de la financiación ilegal de un partido político se encuentra en que truca y rompe la neutralidad del juego democrático.

El dopaje de una formación política puede adquirir formas distintas de la aportación directa de recursos. La utilización, por ejemplo, de medios públicos para campañas de publicidad a favor de un gobierno; la creación de una red clientelar como en el caso que nos ocupa; el empleo de dinero público para llevar a cabo una rebelión contra la Constitución como en el independentismo catalán. Todas estas actuaciones son otras tantas formas de financiación delictiva de las formaciones políticas. El hecho de que la sentencia de los ERE no haya condenado al PSOE, al no haber habido aportación directa de recursos a la caja del partido, no quiere decir que (independiente de la calificación penal) no sea partícipe a título lucrativo, puesto que ha sido el principal beneficiario de la malversación.

Lo más jocoso de lo que ha ocurrido estos días es el intento desesperado de la dirección federal del PSOE por desentenderse del tema y hacer como si no tuviesen nada que ver en el asunto. Comenzando por Pedro Sánchez que ni está ni se le espera, y que ha dado la espantada por toda respuesta, y continuando por la rueda de prensa dada por Ábalos, propia de una antología del disparate político pretendiendo que en lo que ha ocurrido en Andalucía, el PSOE no ha tenido nada que ver, tan solo han sido unos cargos políticos de la Junta que pasaban por allí y que por casualidad ocupaban esos puestos.

Ábalos fue más allá, montó la defensa sobre un intento desesperado por mostrar una supuesta diferencia entre este caso y el de la Gürtel. El PSOE había sido totalmente transparente colaborando al cien por cien con las autoridades judiciales, y apartando de inmediato las manzanas podridas. El PP, por el contrario, había intentado ocultar la realidad, destruyendo pruebas y poniendo toda clase de obstáculos a la actuación judicial. Tales argumentos resultan un tanto irónicos y dejan descolocados a todos los que hayan seguido, aunque sea por encima, el proceso de los ERE. Los que hayan conocido la multitud de añagazas, trampas y dificultades que tuvo que sufrir la juez Ayala antes de dejar el proceso, y los retrasos, demoras y dilaciones que se produjeron después, no podrán por menos que tomarse a chirigota, aunque con indignación, las palabras de Ábalos.

La federación de Andalucía es lo suficientemente grande y tiene tal relevancia en el PSOE y en sus resultados electorales como para suponer que su dopaje influye en todo el ámbito del partido y que, en cierta forma, todos sus militantes son partícipes a título lucrativo de sus posibles fechorías. Por supuesto, en mayor medida cuanto más alto esté situado uno en la organización. Su secretario general, toda la dirección actual y el gobierno en su conjunto se han beneficiado de ese dopaje y seguramente a ese dopaje deben, al menos parcialmente, los resultados electorales de los que disfrutan y, por lo tanto, el cargo que ostentan.

Sánchez y su Gobierno persiguen aislar la responsabilidad en el ámbito del PSOE de Andalucía y en Susana Díaz, evitando el contagio, lo que no parece demasiado fácil, porque ¿qué serían Sánchez y Ábalos de no ser por el PSOE, incluyendo al PSOE andaluz? Es innegable que este escándalo toca de lleno a Susana Díaz, era consejera entonces y la sentencia mantiene claramente que la decisión fue de todo el Consejo de Gobierno. Además, fue designada por Griñán como su sucesora, y en este cargo obstaculizó todo lo que le fue posible el desarrollo del proceso; pero no es menos verdad que tanto Carmen Calvo como María Jesús Montero eran también consejeras en esa etapa, y que, al margen de las discrepancias que después pudieron surgir, Sánchez fue catapultado contra todo pronóstico a la secretaría general del PSOE por Susana Díaz y por el PSOE andaluz para evitar que Eduardo Madina ganase las primarias.

No resulta tampoco muy coherente la postura de Pablo Iglesias, él tan combativo contra la corrupción del PP, parece no importarle demasiado la del PSOE, con tal de salvar el pacto y, con él, los sillones. Cosas del pasado y del bipartidismo. ¿También pertenecen al bipartidismo sus amigos de Cataluña con el 3%, y con las malversaciones de recursos públicos destinados a la financiación del procés, es decir, a preparar el golpe de Estado?

Del hecho de que no haya habido enriquecimiento personal de los condenados se quiere concluir que no se les puede exigir a estos la devolución de las cantidades defraudadas. No es cierto. La responsabilidad contable atribuye una obligación subsidiaria a los autores de la malversación. Esto es, que en el caso de que no se pueda cobrar a los beneficiados, la exigencia del reintegro recae sobre las autoridades o funcionarios causantes de la pérdida de los recursos públicos.

La gravedad de la malversación cometida con los ERE radica en que no ha sido puntual ni singular. No es ocasional ni circunstancial. Es una corrupción sistemática y rigurosamente planificada desde arriba, desde las instancias más elevadas de la Autonomía y de la organización regional del PSOE. De forma premeditada, se estableció un sistema específico de concesión de las ayudas, al margen de todo procedimiento administrativo, y libre de los controles adecuados, en especial de la fiscalización del gasto. La finalidad, poder disponer de los recursos públicos con total discrecionalidad, cuando no con absoluta arbitrariedad.

Hay una correlación significativa entre la corrupción y la ausencia de fiscalización previa de la Intervención. Los políticos, bajo el pretexto de una gestión más ágil y moderna, tienen siempre la tentación de sacudirse el yugo de la intervención, y para ello crean todo tipo de organismos o entes de distintas formas jurídicas, pero con una característica común, la supresión o flexibilización de los controles. Puede ser que en un principio no se pretenda la defraudación, pero se ponen las condiciones para que surja y, con mucha frecuencia, esta se acaba produciendo. Casi todos los casos de corrupción se han dado allí donde no hay intervención previa o esta es muy débil, tal como en las Autonomías o en los Ayuntamientos.

Quedé gratamente sorprendido de que fuese un empresario, Jaime Malet, presidente de la Cámara de Comercio de EE.UU. en España, quien el otro día en televisión pusiese el dedo en la llaga, señalando lo que vengo escribiendo con bastante frecuencia, que la corrupción anida principalmente en las Comunidades Autónomas. Es un defecto más, y no el menor, de nuestro Estado de las Autonomías. Otro motivo quizás para modificar la Constitución, pero no precisamente en la línea que quiere el PSC y que Pedro Sánchez está importando al PSOE.

www.martinseco.es

La quiebra del centro
Juan Van-Halen ABC 29 Noviembre 2019

Durante un tiempo el centro político aparecía cercano al mito. Los analistas consideraron que las elecciones se ganaban desde el centro y acudían a ejemplos señeros. No era el menor aquel inteligente viraje que Felipe González impuso en el PSOE cuando abandonó el marxismo y lo acercó a la realidad social con el resultado de 202 diputados. Más tarde Adolfo Suárez fundó su centrismo: UCD; fue un partido de gobierno. En la Transición, una sociedad centrada impuso políticas centradas.

En la llamada nueva política, los jóvenes de izquierda tienen una versión, no vivida y tendenciosamente contada, de aquellos años irrepetibles. Por eso achacan a sus padres no haber conseguido la tan cacareada ruptura y haberse avenido a aceptar una reforma «de la ley a la ley». Con esa opinión demuestran frivolidad y desconocimiento. Un personaje tan pragmático y avisado como Carrillo asumió la reforma; sabía que el exilio y los radicalismos eran incapaces de alzar un futuro deseable sin el concierto decisivo del reformismo interior.

Cuando en 1971 Nixon envió a Madrid al diplomático y general Vernon Walters para indagar de Franco qué sucedería a su muerte, el entonces jefe del Estado le dijo que tras él «vendrá la democracia pero no ocurrirá nada fatal». Y ante la insistencia de Walters en saber cómo estaba tan seguro, Franco le contestó: «Porque yo voy a dejar algo que no encontré al asumir el gobierno». El enviado de Nixon pensó que se refería a las Fuerzas Armadas, pero su interlocutor aclaró: «La clase media española; diga a su presidente que confíe en el buen sentido del pueblo español». Franco intuía lo que llegaría tras él y que la fuerza centrada de la clase media modularía el inmediato futuro.

La moderación del PSOE, ya dañada por Zapatero, fue arrasada por Sánchez; como arrasó la concordia entre españoles, la reconciliación, la superación del pasado y la aceptación de la Historia como fue. El narcisismo rampante del presidente en funciones, su interés personal en permanecer en La Moncloa a cualquier precio, dejó atrás la conveniencia de todos para asumir sólo lo útil para él. Desde esa autoestima sublimada, Sánchez resucitó el odio y posibilitó el retorno al radicalismo. Los socios de su atípica y falaz moción de censura, un golpe parlamentario con curiosa ayuda judicial, lo evidencian. Ahora repite esos socios y les entrega el futuro de todos. Sánchez no aprende del fracaso.

La consigna de la izquierda, aupada por los medios de comunicación cercanos, que son muchos y poderosos, es insistir en la idoneidad de un Gobierno «progresista» para salvar a España (ellos hablan de «país») de la extrema derecha, o sea del fascismo. El adjetivo «fascista» lo utiliza la izquierda con prodigalidad contra esto y aquello cuando le conviene. Ahora lo emplea contra Vox. La izquierda y los medios de siempre ubican a Vox en la extrema derecha, pero el partido más beneficiado por el voto el pasado 10-N no es fascista ni de extrema derecha. Podemos está situado en la extrema izquierda y sus dirigentes se reconocen comunistas, pero eso no se dice; para demostrarlo están videos y hemerotecas.

Podemos, cuya aspiración declarada es liquidar el sistema nacido de la Transición, incluidas la Constitución y la Monarquía, se suma a actos bajo la convocatoria «Adiós monarquía, hola democracia», jalea a golpistas del independentismo catalán, habla de presos políticos y asume con naturalidad la relación con los herederos del terrorismo. Pablo Iglesias se emociona si sus acólitos atacan a policías y guardiaciviles, se jacta de no utilizar la palabra España y desprecia la bandera española. Por todo ello, pues nadie defiende lo que no cree, Podemos estaría inhabilitado para formar parte del Gobierno de la Nación. Sólo se le puede ocurrir tal dislate a quien se sitúe extramuros de la Constitución, sea un cínico o un estulto con cierta soberbia chulesca. Sánchez ha sido fagocitado por el neoleninismo y no al revés. ¿No hay en el PSOE dirigentes que se rebelen?

Sánchez resucitó a Franco y con ello dio alas a supuestos franquistas que nunca se habían sentido tales, y apostando por el radicalismo de izquierdas, en una caricatura del frentepopulismo de los años treinta del siglo pasado, se convertirá en impulsor de sus antípodas políticos. Con su prólogo exhumador ya engordó a Vox el 10-N. En una sociedad en otro tiempo claramente centrada y ya camino de la crispación, el presidente en funciones, con cientos de miles de votos perdidos en las últimas elecciones, potencia una opción que deplora. Y haciendo de la mentira su fórmula habitual.

Por su parte, el PP acertará al leer correctamente los mensajes de la situación. La posición de Casado no es fácil tras su reconfortante resultado electoral. Cuando escribo estas líneas no ha movido ficha. Si se desliza al centro, en otro tiempo amplio caladero de votos, podría clamar en un desierto. Tenemos el espejo de Ciudadanos, despistado entre derecha e izquierda. Si se desliza a su derecha, el espacio estará ya ocupado. Debería buscar las esencias de un PP ni viejo ni nuevo; de siempre. Perseverando en la que, a mi juicio, es su propuesta más lúcida: España Suma.

Si la derecha constitucional, en la que obviamente incluyo a Vox, no va coaligada en las elecciones, tendremos por delante duros inviernos políticos en manos de una izquierda radicalizada en extremo que condenará a España, otra vez, a la ruina y al desprestigio ante el asombro de Europa que ya ha enviado señales de alarma. Con Podemos en el Gobierno ¿cuánto tardarán, por ejemplo, Teherán y Caracas en saber al detalle las discusiones del Consejo de Ministros, entre otras informaciones sensibles? Creo que fui el primero que apuntó, y en estas páginas, ese riesgo; luego el propio Sánchez coincidió. Conoce la opinión de nuestros aliados tradicionales.

Sánchez reiteró que no deseaba alterar su sueño con ministros sin experiencia política ni de gestión. Tienen como usos preferentes las mañas aprendidas en las asambleas de facultad. Poco más en su equipaje; carecen de «relato». ¿Qué personajes formarán los equipos de los ministerios? Desde la experiencia en ayuntamientos que gestionaron o gestionan, los que no conciliaremos el sueño seremos los españoles.

La quiebra del centro político como referencia es una mala noticia. Supone el debilitamiento del espacio moderado. Si yo fuese de Vox agradecería a Sánchez su inestimable apoyo; históricamente los radicalismos se contrarrestan con fuerzas contrarias. Sucede cuando amplios sectores sociales se consideran amenazados y la consecuencia puede no ser tranquila. Por no referirme al curioso y ambivalente término «progresista», que se inició en el XIX para acoger a los liberales y a menudo sirve hoy para amparar patochadas y, sobre todo, para enmascarar a extremismos que no se atreven a enseñar su verdadero rostro.
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Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la historia y de bellas artes de San Fernando

Agradecimiento al Dr Cum Fraude
Nota del Editor 29 Noviembre 2019

Como español y además votante de Vox, he de agradecer al Dr Cum Fraude todos sus esfuerzos por destrozar al PSOE, launque los daños colaterales están resultando desastrosos.
También hay que agradecer al lector del Marca, todos sus esfuerzos para conseguir que el PP desaparezca, al haber perdido la confianza que muchos ciudadanos depositaron y que fueron vílmente traicionados.

Hispaniae Oppugnatio
«El comunismo es la ideología que más dolor ha causado sobre la tierra, y debería extirparse de la vida pública y guardarse en las grandes bibliotecas, que es para lo que ha nacido»
Martín-Miguel Rubio Esteban ABC 29 Noviembre 2019

«Proelians interficietur». En España no puede reinar el hastío sobre su misma existencia ni un indiferentismo total que engendre primero el caos y luego la misma muerte nacional. La existencia misma de España es un hecho de realidad histórica que no permite libertad de opinar y elimina la ilusión producida por ciertos malentendidos fantasmales, aunque ello pueda suponer la pérdida de preciados, entrañables y queridos errores, sean cuantos sean.

Hace tiempo que los españoles hemos dejado ya la verde llanura de Mecone, reencontrada en la época de la Transición bajo la guía del Rey Don Juan Carlos, y hoy nos arrojan a las ergástulas de la mano de un gobierno comunista bolivariano. No hay precedentes en la Historia de que los comunistas, una vez aupados al poder, no supriman la democracia representativa de modelo benthamiano-hamiltoniano. Mientras las derechas se afanaban en la campaña electoral en arrojar la deslealtad de La Moncloa, se estaba gestando ya en tartáreos aquelarres de traidores a España y comunistas chavistas, «domestici hostes», el infame pacto para destruir el país para siempre. Dum Romae consulitur, Saguntum expugnatur.

Pero siempre hemos superado los negros fantasmas de nuestra salubérrima España, y la voz de España, su voz única, permanece. Porque la voz de España es eterna, pero siempre temeraria, estremecedora y escalofriante. Y los que salgan a la caza mortal del facha, siguiendo las consignas del vicevergobreto, «Hispanienses deterrere sperans», fracasarán. «Cetrati exspectant». César llamaba con razón a los españoles cetrati, porque somos un pueblo que resistimos más que atacamos, porque somos más escudo que espada.

Solicitar ahora a Sánchez, induperator que va a ser comido por su vicevergobreto, un pacto amable desde una derecha amedrentada ante lo que viene sería como dar coba a sus antojos de niño mandón, y aceptar el chantaje que nos hace para seguir gobernando «acerbissime». Podemos estar disfrutando de las últimas semanas de libertad, y los últimos meses de bienestar material. Pero incluso en ese caso Sánchez y sus amigos comunistas también acabarían saliendo del poder. Los cetrati rescataríamos de nuevo la libertad.

Se preguntaba hace unos días el indómito Hermann Tertsch, a propósito del trigésimo aniversario de la caída del Muro, cómo es posible que el comunismo, que en su vesánica letalidad ha exterminado aún más seres humanos que el nazismo, siga manteniendo prestigio en el mundo, sobre todo en Europa y entre los intelectuales de base, cuando debería ser secluido de la cosmovisión occidental con la misma contundencia que el nazismo y cualquier otra alimaña que traiga desolación. La respuesta es compleja.

El prestigio del letígero comunismo deviene en primerísimo lugar de la potencia intelectual de quien muy principalmente lo forjó filosóficamente, su conditor, Carlos Marx. Este joven judío alemán escribió con sólo veintidós años su tesis doctoral, Diferencia de la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro, lo que le hace sin duda un superdotado en la Filosofía del Mundo Clásico. Apuntaba ya en esta tesis su genio futuro, sin duda superior, en la investigación social. La desviación del átomo epicúreo -parékbasis- quiebra los «fati foedera», esto es, los pactos del destino, y de esa resistencia interna que muestra cada átomo ingrávido a la ley de la línea recta nace la libertad, la libertad como esencia y fundamento (stoicheîon) de la mecánica de la materia. La resistencia a la caída en línea recta es también la primera forma de conciencia y rebeldía singularizadora. Marx dice en este trabajo que nuestra vida no está necesitada de ideología y vanas hipótesis, sino de que vivamos sin turbación. La ataraxia monacal como paraíso comunista.

La resistencia del átomo a la línea recta da a luz la libertad de la autoconciencia. Como se ve, el joven Marx estaba más cerca de un Cobden o de un Stuart Mill que de un comunista. El prestigio del comunismo aumentó, además de por su egregius conditor philosophus et dicti studiosus, por otros grandes pensadores e intelectuales que lo abrazaron, además de centenares de escritores y artistas, que convirtieron el comunismo más en un movimiento cultural-religioso que en una fuerza política. No siempre la teoría filosófica cuando baja a la arena de la política hace el bien, sino que puede crear un infierno de desolación. Tal es el caso de Karl Marx. Tal lo fue el del divino Platón y las ideas que quiso aplicar en Siracusa. El prestigio cultural no se traduce siempre a humanidad y filantropía, y a menudo las ideologías -término de Destutt de Tracy, profesor de Napoleón-, como inquisidoras y cotillas de pensamiento, engañan al sentido de la vista y hacen ver espejismos.

El comunismo es la ideología que más dolor ha causado sobre la tierra, y debería extirparse de la vida pública y el debate político, y guardado en las grandes bibliotecas, que es para lo que ha nacido.
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Martín-Miguel Rubio Esteban es Escritor

Levítico
Daniel García-Pita Pemán ABC 29 Noviembre 2019

El caso de los ERE, en lo hasta ahora sentenciado, multiplica por infinito las cantidades malversadas en la Gürtel, divide por infinito los años de cárcel impuestos y eleva considerablemente el nivel de representación política de los culpables. El choriceo repetido al por menor resulta más grave que el asalto al expreso de Andalucía. Cada caso es una pena. Así es la Ley. La sentencia no se ha filtrado antes de las elecciones ni hace imputaciones al PSOE en base a conjeturas no probadas. Como tiene que ser. No culpemos por tanto a la Ley ni a la Justicia del desbarajuste político al que nos enfrentamos, que es consecuencia de la desmembración del centro-derecha y, en Cataluña, de su condescendencia creciente con el separatismo.

Cuando vota, el pueblo ejerce su soberanía, castiga implacable y no se equivoca nunca. Los responsables son siempre otros. Carlos Rodríguez Braun, analista sutil, dice con acierto que el mejor amigo del hombre no es el perro sino el chivo expiatorio.

El rito está prescrito con toda precisión en el capítulo 16 del Levítico. Intervienen un cordero y dos chivos. Uno era degollado. El segundo, con la imposición de las manos de Aaron, se hacía portador de todos los pecados del pueblo y era enviado al desierto para ser presa de Azrael. De aquí su denominación de chivo emisario. La eficacia del mecanismo de traspaso de culpas podrá ser discutible, pero el significado del rito no ofrece duda alguna.

En ausencia de chivo, en las cruzadas se hizo muy popular la costumbre de exhibir la cabeza de algún turco en una lanza como símbolo de culpabilidad de todas las desgracias. De dicho hábito macabro viene al parecer la expresión «cabeza de turco» para la designación urgente de culpables de conveniencia. No fue simbólica la cabeza de Ali Pachá, general de la armada otomana en Lepanto. Levantada en una lanza en la propia nave Sultana, produjo un efecto de gran desmoralización entre los enemigos. A diferencia del chivo expiatorio, la escabrosa costumbre de izar las cabezas de turcos en picas y estandartes no es un símbolo claro, a mi juicio, de imputación infundada de culpas ajenas. Es, en todo caso, una cuestión irrelevante. Lo esencial es encontrar a los responsables de las dificultades que nos afligen.

Rivera no necesitaba atribución metafórica alguna de culpabilidad. Disuadido por su ambición, decidió abandonar el papel de bisagra de Ciudadanos por demasiado subordinado y el de partido de referencia en Cataluña por demasiado provinciano. Insistió en el gravísimo error a pesar de los mensajes que enviaban las encuestas. Su culpabilidad era clara. Con su dimisión aceptó ser chivo expiatorio de los demás compañeros de dirección del partido. No consta que sus colegas le impusieran las manos sobre su espalda en el curso de la Ejecutiva donde dimitió. Pero tampoco que hayan hecho reconocimiento público de su responsabilidad colectiva. Envían a Rivera al desierto para expiar la responsabilidad de todos ellos.

Para satisfacción de la izquierda, Vox ha herido más profundamente aún al centro-derecha. Ha encontrado cabezas de turco para nuestros problemas con enorme facilidad. Autonomías y emigrantes. Sin necesidad de grandes matizaciones. Nada de denunciar excesos concretos en el régimen autonómico, que los hay; responsabilidad total del sistema, en el que, para bien o para mal, está a gusto la mayoría de los ciudadanos de Galicia, Andalucía, Canarias, las dos Castillas, etc. etc. El régimen autonómico es uno de los principales consensos que hizo posible la transición. ¿Y los emigrantes? Son los culpables de todos nuestros males: a título no exhaustivo, que las españolas no procreen lo suficiente para garantizar el futuro de las pensiones, que la tarea de recoger la fresa en Huelva resulte demasiado dura para los españoles adscritos al PER, o los fallos de un sistema sanitario que funciona razonablemente bien. Una política seria de inmigración es precisa, pero no puede construirse a partir de una distorsión de la realidad. Se enorgullecen de sustraer votos a la izquierda; el efecto práctico es que le facilitan el poder. En la peligrosa tarea de evaporar el espíritu de la transición Vox se arriesga a hacer pinza con los extremistas de Unidas Podemos.

Sánchez se ha puesto manos a la obra. En una situación de grave crisis, el presidente Estanislao Figueras se evadió discretamente a París sin despedirse de nadie. Declaró como toda explicación que estaba «hasta los co... de todos nosotros». En contra de sus manifestaciones anteriores, Pedro Sánchez ha ofrecido a Unidas Podemos un gobierno de coalición. Ha actuado sigilosamente como Figueras, sin endoso alguno de los órganos directivos del partido. Pero no ha manifestado como él hartura de sus responsabilidades presidenciales. Por el contrario, tiene grande entusiasmo para emprender la difícil tarea de darnos estabilidad. No será un gobierno acorde al sentir centrista -de izquierda o derecha, pero centrista- de la realidad española, sino que se apoyará en la extrema izquierda. Para más inri, pretende que sea gobierno estable y duradero. ¿Cómo justificarlo? Sánchez ha construido una cabeza de turco dramática a partir de Don Juan Tenorio: llamó al centro y no le oyó, y pues sus puertas le cierra, etc. etc. ¡Qué magnífica coartada le ha facilitado Ciudadanos! El populismo de Vox la refuerza. El temor del PP de verse desplazado por Vox la consagra definitivamente. Y los electores, puesto que no se equivocan y no son responsables de nada, se lamentan y soportarán con justa indignación la «estabilidad» que se nos viene encima.

Falta el apoyo de los partidos independentistas. PNV es tradicionalmente una cuestión cuantificable. En Cataluña el problema es más grave. La rebelión callejera de los incendiarios no se borra fácilmente de la memoria -corta pero no tanto- de los españoles. Ni siquiera la apelación al diálogo será suficiente para justificar las contraprestaciones. Para cerrar un trato es preciso expiación previa de los desmanes. El rito del chivo ha comenzado. Sus compañeros de procés le impondrán las manos y quedarán habilitados para el pacto. Luego lo enviarán al desierto. O a Bruselas. Quien sabe.

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Daniel García-Pita Pemán es miembro correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación

Siguen empeñados en que repitamos los errores. Pero tenemos razón y seguiremos votando a Vox
Nota del Editor 29 Noviembre 2019

El tinglado de las autonomías es el mayor disparate aplicado a España. Y su arreglo comienza por la derogación de todas las leyes de lenguas regionales y la recentralización de todos los servicios públicos para optimizar la aplicacion óptima de los recursos que extraen de nuestros bolsillos.

Lo del CIS es de juzgado de guardia
OKDIARIO 29 Noviembre 2019

Con el dinero de todos los españoles, el CIS hace una macroencuesta de intención de voto en los días previos al 10-N -en plena campaña electoral- y el Centro de Investigaciones Sociológicas le otorga al PP siete puntos menos que los obtenidos en las urnas (13,7 frente al 20,8) y a Vox casi seis menos (8,1 frente a 13,7), lo que supone una infrarrepresentación de la derecha de 14 puntos, una brecha entre la predicción y la realidad constatada tan brutal que por decencia y dignidad profesional debería llevar a su presidente, el muy socialista José Félix Tezanos, a presentar su dimisión. El error del CIS no puede pasarse por alto, porque dispone de medios materiales y humanos más que suficientes para al menos no hacer el ridículo. Salvo que no se trate de un error, sino de una estrategia orientada a generar un clima de opinión pública en el que el PSOE se convierta en el partido hegemónico sin posibilidad de alternativa.

Resulta un sarcasmo que el CIS se atreva a presentar ahora, 18 días después de las elecciones, una encuesta de intención de voto que dibuja un escenario radicalmente distinto al que salió de las urnas. Con esta encuesta, Tezanos se retrata como un inútil o como un sectario, o las dos cosas. Si los sondeos del CIS fueran gratis, la encuesta provocaría risa, pero el Centro de Investigaciones Sociológicas cuenta con un presupuesto de 11,4 millones de euros anuales, después de que en el último ejercicio se incrementara en 3.338.000 euros ante la posibilidad -como ocurrió- de que se adelantaran las elecciones.

Casi tres millones y medio de euros más tirados a la basura, no porque el CIS no disponga de profesionales de probada capacidad técnica, sino porque su presidente ha impuesto una metodología en la que el sectarismo ideológico prima por encima de todas las cosas. En el colmo de la desfachatez, Tezanos se justifica con el argumento de que el CIS "no es una casa de adivinanzas". En ese tiene razón. Es una casa, que pagamos todos, al servicio exclusivo del Partido Socialista.



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La indignidad del PSOE

EDITORIAL Libertad Digital 29 Noviembre 2019

Comunistas bolivarianos apoyados por regímenes dictatoriales, golpistas y terroristas: estos son los compañeros de viaje de los socialistas.

En sólo unos días, el PSOE ha generado dos imágenes que resumen la absoluta falta de dignidad de un partido y de una cúpula dirigente que están demostrando ser capaces de todo con tal de ocupar o retener el poder.

La primera fue la de María Chivite, presidenta de Navarra gracias a Bildu, negociando con los proetarras los presupuestos forales de 2020. Cuando llegó al poder el pasado verano, la socialista negó por activa y por pasiva haber pactado con los herederos de ETA, pero las concesiones posteriores y esa imagen hablan por sí solas: los que han justificado, apoyado y hasta jaleado el terrorismo nacionalista vasco son ahora aliados del PSOE en una región tan sensible al problema separatista como la Comunidad Foral.

La segunda imagen ha tenido por escenario el Congreso y se ha producido este jueves: la de la reunión entre el partido que maneja el Gobierno de España, aunque sea en funciones, y el que tiene a su máximo líder en la cárcel condenado por sedición.

La indignidad del PSOE es tal que no sólo se ha reunido con ERC, siglas manchadas por los hechos de octubre de 2017 y por la insistencia de sus dirigentes en que lo volverían a hacer, sino que ha transigido con que uno de sus interlocutores sea un sujeto procesado por esos gravísimos hechos, Josep Maria Jové, al que incluso se ha llegado a llamar "el arquitecto del 1-O".

Con su habitual forma patética de expresarse, la vicepresidenta Calvo ha iniciado la labor de blanqueamiento de ERC hablando de "otra izquierda histórica". Es curiosa la desmemoria histórica de los socialistas con un partido que ha demostrado su voluntad de destruir el actual orden constitucional; que fue la primera formación que se sirvió del modo de actuar e incluso de la simbología fascista en España; que ya participó en otro golpe de Estado, el de 1934 contra la República; que fue el refugio de militantes de la banda terrorista Terra Lliure y que tuvo hasta hace bien poco un presidente –Heribert Barrera– que era un execrable racista y un xenófobo.

Si tremendo es pactar con ERC, no lo es menos hacerlo con Bildu, también imprescindible para la investidura de Sánchez. Se trata de un partido liderado por un personaje siniestro dos veces condenado por terrorismo; de un partido que aplaudía a los que daban los tiros en la nuca o que incluso ponía las dianas; que formaba parte de la estructura de la banda terrorista ETA; que organiza y llena de gente los homenajes a los asesinos etarras cuando salen de la cárcel.

Es absolutamente inconcebible e injustificable que, mientras demoniza a Vox por cada cosa que dicen o hacen los de Abascal, el PSOE confiera legitimidad democrática a partidos que no sólo tienen un historial terrible, de hecho criminal, sino que han expresado en repetidas ocasiones su voluntad de acabar con España.

Comunistas bolivarianos apoyados por regímenes dictatoriales, golpistas y terroristas: estos son los compañeros de viaje de unos socialistas que, mientras dan lecciones de ética y de memoria histórica, dejan claro que pactarían sin problemas con un partido nazi… siempre que pasase por ser de izquierdas.

Pedro Sánchez, sin líneas rojas
Editorial larazon 29 Noviembre 2019

Una vez que ha quedado claro, al menos para el bloque de la izquierda, que la llave de la investidura del candidato socialista está exclusivamente en manos de ERC, puede afirmarse sin temor a error que Pedro Sánchez ya ha renunciado a las líneas rojas que él mismo había trazado durante la campaña electoral.

Que, ayer, en la mesa de negociación, un ministro de un Gobierno español, por muy en funciones que se encuentre, admitiera como interlocutor a Josep María Jové, que no fue sólo uno de los máximos impulsores del golpe separatista en Cataluña, sino que está imputado por el TSJC por los supuestos delitos de malversación de fondos públicos, desobediencia grave y revelación de secretos, es la mejor argumentación de lo que decimos y hace que pasen a segundo plano otras novedades, como la adaptación del lenguaje socialista a la terminología del nacionalismo catalán –ya no estaríamos ante un problema de convivencia en Cataluña, sino enfrentados a un «conflicto político» que es preciso superar– o la reaparición en algunos medios del Principado de la palabra «amnistía», fórmula política que está expresamente prohibida en nuestra Constitución.

Se nos dirá, y es cierto, que el PSOE se mantiene firme en el rechazo al llamado derecho de autodeterminación, pero, sin duda, no irán por esos derroteros las demandas finales de ERC, cuyos dirigentes son muy conscientes de que ningún gobernante puede transgredir el ordenamiento constitucional sin sufrir las consecuencias. Por el contrario, Oriol Junqueras y compañía sí albergan la esperanza de forzar una legalidad paralela para Cataluña, vía una reforma estatutaria que recoja el hecho nacional y establezca una relación de bilateralidad con el Estado, situación, por descontado, que consideran meramente temporal en su ruta a la independencia. De hecho, los ofrecimientos de conspicuos dirigentes socialistas a los nacionalistas catalanes en el sentido de ampliar las competencias autonómicas de Cataluña son muy preocupantes, sobre todo, en un escenario como el actual de debilidad del Ejecutivo y cuestionamiento de la arquitectura jurídica sobre la que se fundamenta nuestra democracia.

Ayer mismo, otro de los partidos nacionalistas con los que necesariamente tiene que contar el candidato Sánchez, el PNV, votó en el Parlamento de Vitoria a favor de una moción consensuada con Bildu que establece el derecho a la autodeterminación del País Vasco y la anexión de Navarra. Con todo, lo grave no es tanto el acuerdo de investidura que pueda alcanzarse con ERC, que, como ya hemos dicho, sólo depende de los intereses y la estrategia última de la Esquerra –sólo limitada por el riesgo de perder posiciones entre el electorado independentista catalán más radical–, como el día después, cuando el presunto Gobierno de coalición de Pedro Sánchez tenga que aprobar los Presupuestos Generales del Estado y vuelva a depender de los partidos nacionalistas, claro, pero, también, de una miriada de formaciones a la búsqueda de su pedazo en la tarta del gasto público, y no sólo.

El problema es que una vez que se cruzan líneas que se declaraban infranqueables –el propio Pedro Sánchez había asegurado que Bildu nunca podría ser un interlocutor válido para el socialismo español y ahora vemos al PSN negociando con los proetarras– es muy difícil prever la deriva que puede tomar un acuerdo en el que una de las partes tiene más que ganar, como es el caso de ERC, algunas de cuyas pretensiones, si bien simbólicas, podrían poner en jaque la dignidad del Estado. La preocupación entre los ciudadanos es palpable y no en vano se multiplican los manifiestos y las cartas abiertas de experimentados políticos e intelectuales de distintas ideologías que piden un gran acuerdo entre los constitucionalistas.

Las facturas pendientes del «procés»
Editorial ABC 29 Noviembre 2019

Las responsabilidades económicas de los dirigentes nacionalistas catalanes por el proceso separatista del 1-0 pueden alcanzar tales dimensiones que se han colado en la prioridad de la agenda de Esquerra Republicana de Cataluña para negociar con el PSOE la investidura de Pedro Sánchez. Como consecuencia de las denuncias presentadas por Sociedad Civil Catalana, la asociación Abogados Catalanes por la Constitución y la Fiscalía, el Tribunal de Cuentas ha citado en enero de 2020 a Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y a numerosos altos cargos de la Generalitat para requerirles el pago de los gastos causados por la intentona separatista de 2017. Por el momento, la cifra es millonaria. La Sala Segunda del Tribunal Supremo acordó en la sentencia por el 1-O comunicar al Tribunal de Cuentas las condenas para depurar las responsabilidades económicas derivadas de las malversaciones de fondos públicos. Las facturas del «procés» se ponen al cobro.

En definitiva, el Estado de Derecho sigue funcionando al margen de los intereses políticos que mandan en la necesidad actual del PSOE y de ERC, ayer reunidos para pactar la investidura de Sánchez. El Tribunal de Cuentas comunicará el próximo año a los responsables nacionalistas la cuantía de la que deben responder, les exigirá fianzas y, si no pueden ofrecerlas, se les embargarán bienes. Nada de esto es ajeno a los efectos de una cadena de conductas ilegales perpetradas desde la propia administración autonómica catalana, con fondos públicos, en una etapa de quiebra financiera de la Generalitat para sostener servicios sociales básicos.

La inminencia de estas consecuencias económicas en los bolsillos de unos dirigentes acostumbrados a pagar sus fiestas separatistas con dinero ajeno es el motivo por el que ERC va a reclamar al PSOE, como condición a su apoyo a Sánchez, que frene los embargos a sus dirigentes implicados, como Junqueras, Raül Romeva, Carlos Mundó, Dolores Bassat y Meritxell Serret. La autodeterminación es importante para ellos, pero no tanto como evitar la ruina económica personal y familiar, que no será, si se produce, más que la consumación de un riesgo libremente asumido por quienes decidieron jugar con fuego, amenazando al Estado con la ruptura de España, malversando fondos públicos y rompiendo la convivencia en Cataluña.

Nada deberían hacer el PSOE ni el Gobierno en funciones para frenar el proceso del Tribunal de Cuentas contra estos dirigentes separatistas, porque sería una claudicación inaceptable. Y si es aceptada finalmente esta condición para avalar a Sánchez, es lógico esperar que el posible acuerdo con unos y con otros del candidato socialista tenga otras zonas oscuras que no sean explicadas a los españoles.

El sapo de Esquerra

Cristina Losada Libertad Digital 29 Noviembre 2019

Tiene pinta de que a la Esquerra le ha picado el mismo bicho que antes le picó a Podemos. Fueron el bicho y su veneno los que hicieron creer a Iglesias, después de las elecciones de abril, que podía conseguir lo que quisiera de Sánchez. Los que le impulsaron a rechazar aquellos puestos de Gobierno que se le ofrecieron, diciendo que era como darles la caseta del perro. Y los que le incitaron a echarle pulsos, durante semanas, al que tenía que ser su socio. Hasta que vio que los socialistas no temblaban ante una nueva convocatoria de elecciones no se le pasaron los efectos de la picadura. Aunque llegados a aquel punto de nada le serviría humillarse públicamente en el Congreso anunciando que si allí, en aquel instante, Sánchez le daba a Podemos una de las migajas del mantel gubernamental, entonces sí que habría acuerdo, investidura y final feliz. Se contentaba entonces con una sola miga, pero, ay, era demasiado tarde para rectificar. La suerte estaba echada.

Los síntomas se parecen mucho. Peor aún: los de Esquerra son más bocazas. No resisten la tentación de alardear de su condición de imprescindibles. No se resisten a presumir de que tienen la sartén por el mango. Creen tenerla. Lo creen con una confianza que rezuma. Lo dijo Rufián, que exuda y exulta: "Como es un Sánchez derrotado, se le puede sentar a hablar". Y los otros, tragando el sapo. Qué remedio. Qué remedio, ahora. Pero el sapo tragado siempre se puede devolver. No es cosa tampoco de una o dos frases chulescas, no es sólo macarrismo retórico. La lista de condiciones para investir a Sánchez que pregona Esquerra es ya el programa máximo del Frente Popular de Judea de los Monty Phyton, si aquel grupo de trastornados se hubiera puesto a hacer un programa. Quieren mesa de negociación entre Gobiernos, quieren la autodeterminación, quieren el referéndum, quieren un calendario –¡que sea ad calendas graecas!–, quieren un abrazo público, quieren un compromiso firmado: ¿ante notario o ante el corazón de Macià?

Falsa la reliquia de Macià. Eso sí. Pero ¿falso lo demás? ¿Está Esquerra practicando el exceso para el consumo interno? La competencia en el campo separatista se presenta feroz, a ver quién es más belicoso, a ver quién va más lejos. La escena recuerda, en cierto modo, a la pugna faccional de Esquerra en los años 30. Y cómo no recordar las palabras que se le oyeron a Companys después de salir al balcón a proclamar el "Estado Catalán de la [inexistente] República Federal Española" aquel famoso octubre: "Ahora no podrán decirme que no soy nacionalista". Claro que añadió: "Pero ahora veremos qué ocurre y en qué para todo esto". Es sabido lo que ocurrió. Diez horas después, capitulaba ante el general Batet. Pero esto de Esquerra ahora, ¿son bravuconadas para consumo interno? ¿Fingen borrachera para estar a la altura de la melopea de Torra y Puigdemont y, al final, sobriamente, van a rendirse?

Los socialistas lo creen. Confían, aunque no rezuman. Han pergeñado el relato de que hay que dejar atrás el eje separatistas-no separatistas y volver a la vieja y añorada divisoria izquierda-derecha, donde Esquerra se unirá al abrazo del PSOE y Podemos, porque tiene – suponen– un corazoncito de izquierdas en alguna parte. Pero ahí está el oxímoron. Es decir, lo que Rufián llama oxímoron: "Sería un oxímoron tener un Gobierno que se califica de izquierdas y mantiene a políticos en la cárcel". Añádase a la lista, y el programa ya tiene todos los elementos necesarios para componer la carta de suicidio de Sánchez. O la carta o el título de candidato que ha fracasado en más investiduras. Como fracase en ésta, ya se doctora en la materia.

Pablo llama a Pedro
Carlos Herrera ABC 29 Noviembre 2019

-Hola Pedro, soy Pablo; ¿tienes cinco minutos? Esta conversación podría comenzar así, siempre y cuando Pedro descolgase el teléfono, cosa que no ha hecho hasta ahora y que, a buen seguro, no tiene muchas ganas de hacer. Pero Pablo tendrá que intentarlo, de forma discreta, sin anuncios previos. «Voy a verte y te cuento qué se me ha ocurrido». Sin necesidad de ocultarse pero sin alharacas, Pablo se planta en Moncloa, se sienta en el sofá blanco y se dispone a beber el espantoso café de la casa.

-El Parlamento cuenta con unos cien diputados dispuestos a reventar las costuras del país que te ha votado a ti para dormir en este colchón. Son, más o menos, los que quieres que te apoyen para gobernar. No lo entiendo, pero es lo que hay. Lo que te propongo es cambiar el plano, la fotografía y la orientación. Ahora mismo las estructuras productivas de media España están temblando solo de pensar que puedas organizar un gobierno con estos gañanes, que por lo visto es lo que te apetece. Pero si lo que tú quieres es gobernar solo yo te ofrezco una solución. Creo que puedo contar con Ciudadanos para esto. Entre vosotros y nosotros sumamos unos doscientos y pico diputados, suficientes para investirte con desahogo. Sé que la investidura no es suficiente para garantizar una legislatura tranquila, pero piensa que meter a Podemos en el Consejo de Ministros y apoyarte en gente como los de Esquerra, el PNV, Bildu y todo lo demás puede torturarte el resto de tu mandato. Ese Gobierno te dura lo justo. Nosotros te apoyamos, quiero decir que te votamos directamente, y te dejamos gobernar. Sólo te pedimos cuatro cosas que no te habrán de condicionar más que lo meramente razonable.

Tú te comprometes a no subir impuestos, a no agobiar a las empresas en un momento delicado de recesión como el que puede llegar. Dejas la Reforma Laboral más o menos como está, o, si acaso, retocas algún aspecto que no la deshaga pero que justifique tu programa. Te comprometes a seguir las normas de estabilidad fiscal y financiera de la Unión Europea, especialmente el compromiso del déficit. Olvidas la tentación de indultar a delincuentes que han promovido un Golpe de Estado contra el orden constitucional. Le explicas a tus colegas del PSC que ahora no es el momento de jugar a las naciones ni de abrir debates de plurinacionalidades que no aportan nada positivo para la estabilidad de España, incluido el intento «aprovechategui» del PNV de estudiar un nuevo estatuto vasco que quiera desmontar la presencia del Estado en aquella Comunidad. Entre los tres respaldamos al Rey sin someterle a tensiones innecesarias. Y a partir de ahí decides tú la política del día a día. Yo te ayudo a sacar adelante unos presupuestos en los que no creo que vaya a ser muy difícil ponernos de acuerdo, haces la política social que creas que corresponde y determinas si prefieres invertir en trenes o en autopistas, yo que sé. De esta forma garantizamos estabilidad y nos protegemos ante las sacudidas que van a venir y que se anuncian delicadas. Evitamos que seas un nuevo Zapatero. Yo me voy igual de discretamente que he venido y te dejo a ti la iniciativa. Tú lideras la operación, haces como que me llamas y yo vuelvo con las cámaras y los plumillas. Tú quedas como el hombre de Estado que promueve un pacto que habrá de gustar mucho en Europa y Ciudadanos y yo como españoles responsables que te decimos que sí. España no tiene nada que perder con este acuerdo, antes al contrario, ¿Qué te parece?.

De ser Pedro un tipo con la cabeza sobre los hombros consideraría seriamente esta oferta. Ocurre, desgraciadamente, que lo más probable es que diga que no. Es el atractivo del abismo.

La indignante pantomima de Pedro Sánchez para entregarse al final a ERC
EDITORIAL ESdiario 29 Noviembre 2019

Es un engaño mayúsculo a los españoles lo que está haciendo el PSOE sin dar ninguna explicación en dos semanas. Y presagia lo peor para el país.

Ni toda la cobertura mediática que tiene Pedro Sánchez puede maquillar la evidencia sangrante de que está a punto de poner fecha para su investidura gracias a un partido cuyo líder, Oriol Junqueras, está en la cárcel por alzarse ilegalmente contra la Constitución y, por tanto, contra España.

Y ese blanqueamiento pastueño y acrítico tampoco es suficiente para esconder el objetivo peligro, cuando no la locura, de entregar la estabilidad institucional de España a una formación que busca con ahínco todo lo contrario: desestabilizar y debilitar al país para, con esa degradación, tener más sencillo alcanzar sus objetivos.

No es algo discutible ni lo uno ni lo otro, y que sin embargo se haya naturalizado tan evidente despropósito lo dice todo del cambio de paradigma político obrado en la España de Sánchez, fácil de resumir en pocas palabras: ya vale todo, hasta el bochorno y el contrasentido más absolutos, con tal de alcanzar o retener el poder.

La primera reunión entre el PSOE y ERC fue, en ese sentido, una pantomima para melodramatizar el camino hacia el acuerdo e ir anestesiando a la opinión pública para que, en unos días, digiera la intolerable alianza con cierta normalidad. Intentar presentar las conversaciones entre ambos partidos como una quimera de incierto resultado es una falta de respeto, toda vez que ya alcanzaron un pacto, el de la moción de censura, que ahora repetirán pero a un precio más alto.

De entrada, los socialistas ya han aceptado de algún modo la célebre mesa de partidos y las reuniones de tú a tú con la Generlitat, legitimando peticiones que desprecian la naturaleza democrática de España: ya existen sobrados espacios donde debatir, negociar y acordar. Pero el hecho de que al separatismo no le sirvan ni el Congreso ni el Parlament denotan que lo único que les conforta es la imposición unilateral de su criterio.

Sánchez pone la directa con ERC: el sapo que va a tragarse para poder mandar

Darle pábulo, como hace Sánchez sin dar ninguna explicación a los españoles desde hace dos semanas, es un escándalo de proporciones siderales acrecentado por la evidencia de que tenía -y tiene- otras alternativas que simplemente a desechado con infinito desprecio.

Doble intervención
El líder socialista intenta vender la idea de que, para sofocar el mayor conflicto territorial de España en décadas, la mejor fórmula es pasar a depender de quienes lo han generado. Y pretende además que parezca culpa del PP o de Ciudadanos, repitiendo la misma estrategia falaz que perpetró contra Rivera para repetir Elecciones.

Que Sánchez se sienta más cómodo con Junqueras que con Casado y le parezca mejor entender con ERC o Bildu que con el PP define al personaje y anticipa el mayúsculo problema al que se enfrenta España. Porque es imposible, sin más, que nada salga bien con un Gobierno intervenido doblemente por el populismo neocomunista de Podemos y el separatismo más agresivo de Europa.

Sánchez ha de ser desafiado por el PSOE
Antonio Robles Libertad Digital 29 Noviembre 2019

Hasta los más poderosos tienen los pies de barro, y todo César puede engendrar dentro el puñal que frene su desmesura. Ante la legitimación del rencor secesionista que Pedro Sánchez está dispuesto a asumir por seguir en la Moncloa, los Pages, Lambán y Varas de turno pueden hacer algo más que darse golpes de pecho piadosos para abortar su cesarismo.

¿Se dará cuenta Sánchez de que, llegue donde llegue en su compadreo con los secesionistas, ya ha blanqueado su lenguaje virtual de la plurinacionalidad, la autodeterminación o la amnistía de presos políticos? ¿Se dará cuenta de que son el lenguaje y la dramaturgia el paso previo para crear realidad? ¿Se dará cuenta de que al aceptar hablar de mesa de negociación bilateral entre Estado español y nación catalana ya le están ganando la partida de la simbología? ¿Se dará cuenta de que el plurilingüismo y la plurinacionalidad, cuestionar el artículo octavo de la Constitución, son caballos de Troya nacionalistas para lograr acortar plazos al derecho de autodeterminación primero y la independencia después? Ojo con la Ley de Lenguas del PSC. Lo habíamos advertido. Sólo es una estación. Los nacionalistas caminan sin prisa pero sin pausa hacia su solución final. El problemas no son ellos, son el Estado y sus Gobiernos, siempre lo han sido. Es hora de rebelarse.

Los Pages de turno tienen la oportunidad de comportarse como hombres de Estado. Si el intruso del PSOE quiere volar España después de hacerlo con su partido, pueden retirarle el apoyo a su investidura. Si él se ve obligado a adular a sus enemigos territoriales para lograr sus votos, ¿por qué le han de resultar gratis los de sus barones territoriales? ¿No se alía él con populistas y secesionistas, ambos conchabados para acabar con el mal llamado "régimen del 78", como paso previo para romper España como espacio del bien común? ¿Cuánto más debería asegurar los votos de quienes lo defienden?

Pues si lo puede hacer sin ningún rubor ni vergüenza contra el Estado, es un imperativo ético, una necesidad política, utilizar el acta de diputado, individual e irrenunciable, por encima de consignas de partido, con el fin de evitar el desguace de España en nombre de su propio poder.

Por encima de cualquier delirio de grandeza, todo Estado ha de procurar la defensa de su soberanía y el bien de todos sus ciudadanos, y si él mismo está constreñido por sus propias reglas, no lo están cada uno de sus diputados, cuyas actas son personales e intransferibles. La delegación democrática, no lo olviden, es individual e inviolable.

Nadie, ni su propio partido, les puede obligar, chantajear o secuestrar el voto en contra de su voluntad.

Por tanto, si en el PSOE todavía queda algún patriota, o simplemente algún representante del pueblo consciente de su responsabilidad, y además cree sinceramente que el líder de su partido está echándose en manos de los enemigos de la soberanía nacional, o en proceso de hacerlo, ha de ser consecuente y votar en contra de su investidura. Eso sería un acto de lealtad a la nación que representa, a las siglas de su partido socialista, obrero y español, y un aviso para navegantes. Nadie, absolutamente nadie, puede disponer de esa soberanía a su antojo.

Entre la lealtad al partido y la lealtad a la nación que te ha elegido para representarla, no hay duda alguna, la nación como espacio soberano del bien común. El PSOE ha de desafiar a Sánchez, o al menos presionarlo internamente.

Entiendo que en Podemos, ERC, PDeCAT, Bildu y demás casquería populista tengan el derecho a desear la disolución de España, o convertirla en una república bananera. Ellos no están en contradicción con sus principios. Pero Page, Lambán o Fernández Vara sí. Además de la plana mayor del PSOE histórico. El apoyo a la La España que reúne lo certifica.

No es vana ilusión. Estamos tan acostumbrados a la degradación de los valores en que se sustentan los ideales políticos de los Estados de Derecho, que su defensa la confundimos con la bisoñez política. Ande yo caliente y ríase la gente. El eco antiguo sigue replicándose.

El editorial del victimismo y la dignidad de Cataluña
Manuel Toscano vozpopuli.es 29 Noviembre 2019

Esta semana se cumplen diez años del famoso editorial conjunto que publicaron doce diarios catalanes, encabezados por La Vanguardia y El Periódico de Catalunya. La pieza llevaba un título resonante: ‘La dignidad de Cataluña’. Si recordamos, el editorial pedía prudencia, pero carecía de ella. Quienes lo redactaron se adelantaron a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el nuevo Estatut, que no se conocería hasta finales de junio de 2010, con la idea de que estaba en juego la dignidad de Cataluña. Que venía a ser tanto como declarar que una sentencia contraria al nuevo Estatuto constituiría una afrenta contra la dignidad de ésta. ¡Un agravio más que añadir al listado enumerado en el mismo editorial!

Bajo el barniz solemne, no faltaba ni la complacencia ni el victimismo en aquel texto. Nada de lo cual parece ajeno al uso retórico del término "dignidad". En lugar de considerar la decisión del alto tribunal como parte del normal funcionamiento de las instituciones en una democracia constitucional, donde los jueces tiene por misión velar por que los poderes públicos actúen de acuerdo con la Constitución y las leyes se ajusten a ella, el editorial optó por pintar la situación con los tintes más dramáticos. Y lo hacía arrogándose la representación de toda la sociedad catalana: "Estos días, los catalanes piensan, ante todo, en su dignidad; conviene que se sepa".

Esa apelación altisonante no casaba bien con datos conocidos. En el referéndum para la aprobación del Estatuto la participación no llegó a la mitad del censo, con una abstención del 51,15%, y los votos favorables no pasaron del 36% sobre el total del censo, lo que muestra la indiferencia de una parte significativa de la sociedad catalana. Por no mencionar que formaciones políticas como ERC, que aplaudieron el editorial conjunto y airearon después el agravio, hicieron campaña por el ‘no’. Así se escribe la historia.

La retórica de la dignidad
Lo que me interesa ahora es el despliegue del lenguaje de la dignidad, pues presenta dos características reseñables. En primer lugar, con la dignidad no se negocia, vienen a decir quienes lo usan, sugiriendo que es algo tan hondo como estimable. Quien no nos trata con dignidad no nos respeta, esto es, nos rebaja y nos humilla; por ello un ataque contra nuestra dignidad llega a herirnos más profundamente que la lesión de nuestros intereses o la vulneración de un derecho, pues representa un menosprecio que uno no puede ni debe consentir. La retórica de la dignidad, por así decir, viene cargada con alto voltaje.

Además, se ha convertido en moneda corriente atribuir la dignidad no sólo a las personas, sino también a grupos y colectivos. En el mencionado editorial, incluso cuando habla de los catalanes, la dignidad no se predica de forma distributiva, asignándola a cada uno de ellos, sino colectivamente, es decir, a todos ellos tomados conjuntamente. Hace unas semanas un catedrático de la Universidad de Barcelona alababa la dignidad de las universidades públicas catalanas a propósito de un manifiesto de sus claustros, por poner otro ejemplo; como no es infrecuente hablar de la dignidad de un pueblo y hasta de las lenguas. Esta atribución colectiva no deja de tener algo de misterioso, por lo que vale la pena detenerse en ella.

La cosa se complica porque no son pocos los autores que denuncian que el término "dignidad" es poco más que una expresión que suena muy bien, pero vacía de sentido. Hay quien sostiene que es un "concepto desesperadamente vago", como dice una especialista en bioética; Steven Pinker habló sin tapujos de "la estupidez de la dignidad", por entender que se trata de una "noción blandita, subjetiva, inapropiada para las serias exigencias morales que se le encomiendan"; y no falta quien la toma por un tapón argumentativo (rational stopper), al que uno recurre cuando se queda corto de argumentos. De hacer caso a estos críticos, la atribución colectiva de la dignidad distaría poco de la individual: un mero eslogan, sin un sentido claro, que se agotaría en su efecto retórico o emotivo. Es ciertamente tentador aplicarlo al editorial.

Si en lugar de eso rebuscamos en la historia, es habitual citar a Kant a propósito de la dignidad. Según el filósofo, aquello que tiene dignidad no tiene precio de ningún tipo. En tal caso, es clase de valor no fungible, tan elevado que no admite comparación ni compensación en términos de otras cosas; por ello no está sujeto a regateo, como decíamos. Lamentablemente, si hacemos caso a Kant, su atribución colectiva está fuera de lugar. Para el de Könisgberg, tal valor sólo se predica de la moralidad sensu stricto y también de las personas en tanto que son capaces de moralidad; es decir, en tanto que agentes morales individuales, razonables y autónomos.

Hoy hablamos de dignidad sobre todo en relación con los derechos humanos, tal y como los conocemos a partir de la Declaración Universal de 1948; la popularidad de aquella difícilmente se explica hoy sin la de estos. Todos los grandes documentos internacionales de derechos humanos incluyen en el preámbulo una mención a "la inherente dignidad de la persona humana". Sea cual sea el modo en que interpretemos ese valor inherente, parece claro que en el contexto de los derechos humanos la dignidad es entendida de forma igualitaria, como algo que corresponde a todos por igual, y estrictamente individualista, pues se atribuye exclusivamente a cada individuo. Tampoco encaja aquí la atribución colectiva.

Es fácil ver por qué. La dignidad se utiliza en el lenguaje de los derechos humanos para marcar que solo las personas tienen importancia moral última y en consecuencia han de ser consideradas como titulares de derechos fundamentales que aseguran su independencia e inviolabilidad. Pero ese estatus moral fundamental no puede transferirse a otras entidades o agregados colectivos, como pueblos, naciones o culturas. Tales agregados, al igual que las instituciones, tienen un valor derivado y nuestro juicio sobre ellos dependerá del modo en que afectan, para bien o para mal, a la vida de las personas. La medida de su valor sólo puede ser instrumental, en función del servicio que presten a los derechos o al bienestar de sus miembros individuales. Es lo que significa el individualismo moral que subyace a Kant o al lenguaje de los derechos humanos.

Por esa razón hay que pensárselo bien antes de atribuir dignidad a entes colectivos como los pueblos o las naciones. De hacerlo, estaríamos otorgándoles personalidad o estatus moral en pie de igualdad con los individuos. Lo que viene a ser tanto como rebajar la importancia de estos, pues su inviolabilidad e independencia podrían ser sacrificadas en aras del pueblo o la nación. De ese modo, la dignidad colectiva supone convertir la dignidad de los individuos en un valor fungible; cuanto más elevada la primera, más depreciada queda la segunda. Se tornaría dudoso hasta el nombre.

Las palabras arrastran los jirones de su historia, que decía Austin, y el término "dignidad" tiene una larga historia. La dignitas romana representaba la distinción o la nobleza de quien ocupa una posición elevada o un alto rango, por lo que merece un trato deferente. De ahí que evoque el orgullo herido de quien no es tratado con la consideración que merece y por eso la retórica de la dignidad es altamente inflamable. Combinada con la atribución colectiva, que carece de sustancia y queda al arbitrio de quienes se arrogan la representación del grupo, es una receta perfecta para la demagogia y la intransigencia.

El riesgo de la división judicial
Editorial El Mundo 29 Noviembre 2019

La discrepancia en el TC será usada por el separatismo ante Europa

Por primera vez se ha roto la unanimidad judicial en un fallo que afecta al desafío separatista catalán. Ha sido en el Tribunal Constitucional, que ayer rechazó el recurso de amparo interpuesto por Junqueras contra la decisión de mantener la prisión provisional dictada por la Audiencia Nacional. Nueve magistrados se manifestaron a favor de ese rechazo pero otros tres, adscritos al sector progresista -Juan Antonio Xiol Ríos, Fernando Valdés Dal-Ré y María Luisa Balaguer Callejón-, discreparon con sendos votos en contra. Sí, el TC ha descartado por abrumadora mayoría que Junqueras viera vulnerado su derecho a la participación política, pues su prisión preventiva se atuvo a las exigencias constitucionales de previsión legal, finalidad legítima y proporcionalidad. El riesgo de fuga y de reincidencia eran más que evidentes. Sin embargo, la división interna que ha quedado en evidencia arroja conclusiones inquietantes.

La primera de ellas abunda en la lacra de la politización de la Justicia. Con la renovación del Poder Judicial pendiente del desbloqueo por la vía reincidente del reparto partidista, se agudiza la tentación de tomar posiciones. No hace falta subrayar el lamentable descrédito que este comportamiento inflige a la Justicia española. Pero resulta más bochornoso cuando concierne a un asunto nuclear como la defensa de la integridad territorial del Estado, que debería concitar el máximo consenso. Por lo demás, el garantismo no obliga a admitir a trámite todos los recursos. El alarde de condescendencia del TC abre una brecha y da munición al separatismo.

Porque el ámbito judicial español no es una isla: sus decisiones -y sus votos particulares- tienen repercusiones en el exterior que los estrategas jurídicos del separatismo explotan en su beneficio desde el primer minuto del procés. En ese sentido, la discrepancia en el TC será utilizada para presionar al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) que en diciembre debe pronunciarse sobre la inmunidad parlamentaria que reclaman para sus clientes los abogados de Junqueras y Puigdemont. Y tras el TJUE, aguarda Estrasburgo como estación término. La posición ya explicitada por el abogado general de la UE -en un informe no vinculante pero sí influyente- compra el argumentario separatista al considerar que el Supremo privó de sus derechos políticos a Junqueras cuando le impidió salir de la cárcel para adquirir la condición de eurodiputado. Fue la propia Eurocámara la que prohibió a Puigdemont recoger el acta por su condición de fugado de la Justicia española, y el criterio vigente establece que la inmunidad arranca cuando la condición de eurodiputado se hace efectiva al recoger el acta. Pero ahora el TJUE podría modificar ese criterio y fijar en el momento de la mera elección el punto de origen de la inmunidad, lo que desataría una catástrofe institucional y un conflicto sin precedentes entre la UE y España.

¿Se aprende español en la inmersión lingüística?
Mercè Vilarrubias cronicaglobal 29 Noviembre 2019

Recientemente, el PSC ha anunciado que en su congreso de mediados de diciembre debatirá la política lingüística catalana. El partido considera que, rotos todos los consensos en Cataluña, incluido el lingüístico, es necesario repensar las cosas en este campo. Este anuncio está siendo acogido con satisfacción por parte de muchos que desde hace tiempo esperábamos que el PSC pudiera empezar a elaborar un discurso propio sobre este tema, un discurso que partiera de la realidad social y afectiva del bilingüismo. Sin embargo, como era previsible, el anuncio ha levantado oposición, porque hay también muchos otros interesados en que nada cambie en la política lingüística catalana.

Uno de los argumentos que se esgrimen para frenar todo cambio es que el sistema de inmersión logra que los alumnos y alumnas adquieran un dominio de ambas lenguas oficiales, el catalán y el castellano. Ya que el sistema logra el aprendizaje de ambas lenguas hasta niveles avanzados, ¿para qué cambiarlo? Nos aseguran que se cumple escrupulosamente la Ley de Educación de Cataluña (LEC), que en su artículo 10.1 estipula que “los currículos deben garantizar el pleno dominio de las dos lenguas oficiales al finalizar la enseñanza obligatoria”.

Este argumento se sostiene, sin embargo, en una premisa equivocada: una escuela monolingüe, es decir, que enseña en una sola lengua, consigue el pleno dominio de dos. Así, ¿sin más? Lógicamente, los alumnos pueden acabar la enseñanza habiendo adquirido un pleno dominio del catalán, puesto que son educados en esta lengua; es la lengua vehicular única, y en la que se realizan todas las actividades escolares. Pero en cuanto a lograr el pleno dominio del español, debemos aceptar honestamente que las cosas ya no están tan claras. De entrada, un programa lingüístico que enseña sólo en una lengua, pero consigue una alta competencia en dos, no puede por menos que levantar sospechas.

Nadie ha conseguido contestar a la pregunta crucial: ¿cómo es posible que un programa lingüístico que enseña en una sola lengua logre que los alumnos adquieran un pleno dominio de dos?

Sabemos, porque nos lo muestra la experiencia y está suficientemente desarrollado teóricamente, que el desarrollo del lenguaje formal y complejo, escrito y oral, requiere muchos años de aprendizaje. Por esta razón, en prácticamente todas las escuelas del mundo, desde la educación Primaria hasta la Secundaria, la impartición de asignaturas tiene siempre dos objetivos: la adquisición de los contenidos propios de la materia y el desarrollo del lenguaje. En las escuelas, el lenguaje se desarrolla a través de su uso, o sea, a través de la realización de tareas académicas.

Así pues, en Cataluña, los alumnos aprenden catalán esencialmente a través de realizar las tareas escolares de todas las asignaturas en esta lengua. A ello se añade lo que aprenden en la asignatura de catalán, centrada en el estudio de la gramática. Pero el uso, la práctica de la lengua se da a través de las asignaturas.

Respecto al español, en el sistema de inmersión no se realiza ninguna asignatura en esta lengua, por lo que no hay uso ni práctica de la lengua. Toda la enseñanza se encuentra limitada a la asignatura de lengua española, la cual también se basa esencialmente en el estudio de la gramática descriptiva (qué es un adjetivo, un adverbio, una frase subordinada), igual que en la asignatura de lengua catalana. La inevitable consecuencia de ello es que se priva a los alumnos de la principal herramienta para el desarrollo del español formal y culto. Lo que sí llevaría a un desarrollo sólido y óptimo del español sería el realizar algunas asignaturas en esta lengua porque ello permitiría practicar y usar la lengua.

Para los defensores de la inmersión a ultranza esto no es un problema. Admiten, los que son honestos, que el español no se aprende ni practica en la escuela, pero no pasa nada, porque el español está “en la calle”. El español puede aprenderse en la calle, por lo que es superfluo el aprenderlo en la escuela, nos dicen. Lo que deliberadamente se omite, sin embargo, es que este aprendizaje “en la calle” está necesariamente restringido a los registros orales y coloquiales de la lengua. Y que, por lo tanto, el aprendizaje del español en sus registros cultos y formales no puede aprenderse en la calle; debe tener lugar en la escuela.

Un ejemplo puede ilustrarlo: la práctica totalidad de los alumnos catalanes saben decir “Es muy necesario que hagamos esto”, pero sólo algunos saben expresarse diciendo “Tenemos una necesidad acuciante de realizar esta tarea”. El lenguaje de la primera frase es coloquial y puede aprenderse en la calle, mientras que el lenguaje de la segunda es culto y se aprende en la escuela o, en todo caso, lo pueden aprender algunos alumnos concretos que leen mucho en español fuera de la escuela o que viven en un entorno culto que les expone a un español rico y elevado.

Así, los hechos empíricos nos muestran que el sistema educativo catalán carece de un programa estructurado para que los alumnos acaben la enseñanza dominando el español de forma correcta, rica y precisa tanto de forma oral como escrita. Más bien, el enfoque parece ser que cada alumno llegará donde llegue en su conocimiento del español, dependiendo de si es su lengua materna, de si lee mucho en esta lengua fuera de la escuela o de si tiene un entorno culto que la usa.

En conclusión, desde un punto de vista pedagógico, el actual modelo de inmersión no puede considerarse adecuado para el aprendizaje del español. El sistema no está diseñado para enseñar esta lengua; está diseñado para lograr un dominio del catalán, y nada más. Los alumnos y alumnas que sí logran un alto conocimiento del español es debido a que ellos mismos lo han conseguido por su cuenta, sus padres lo han alentado o su entorno en general lo ha favorecido. Pero no es porque la escuela haya proporcionado este aprendizaje. No hay duda pues de que el PSC hace bien en replantearse la cuestión.

Preguntas para despistar
Nota del Editor 29 Noviembre 2019

Esto de hacer humo para que no se vean los trucos,  está ya muy gastado. Lo que hay que hacer es derogar todas las leyes de lenguas regionales y mandar al desempleo a todos los millones que viven  a costa de machacar los derechos humanos y constitucionales de los español hablantes

País Vasco
El PSOE acepta la «nación vasca» en el nuevo Estatuto si no conlleva reivindicaciones de soberanía
El PSOE no reniega del polémico concepto de 'nación' para la actualización del Estatuto del País Vasco, aunque asegura que no supone el derecho a "constituirse en Estado"
Luz Sela okdiario 29 Noviembre 2019

El PSOE está dispuesto a encajar el concepto de ‘nación’, ansiado por PNV y Bildu y que genera una amplia polémica entre socialistas, en el nuevo Estatuto de Guernica, aunque con limitaciones.

Las propuestas de los expertos designados por los distintos grupos del Parlamento se presentarán el próximo lunes. Pero, en estas últimas semanas, los debates para tratar de consensuar un nuevo texto estatutario han evidenciado la ruptura del segmento político vasco: por un lado, el intento del PNV por distanciarse de Bildu -con quien en su día pactó la propuesta base de la reforma- propiciando un acuerdo más amplio incorporando a Podemos y PSOE y, por otro, el desacuerdo en términos clave como el llamado ‘derecho a decidir’.

En plena polémica por la defensa de Miquel Iceta del concepto ‘nación’ -como reveló OKDIARIO- los socialistas vascos no renuncian a debatir sobre esa singularidad en el nuevo Estatuto, que comenzará su tramitación en los próximos meses. Así lo confirmó este jueves el PSE, en pleno debate en el Parlamento vasco de una iniciativa por el 40 aniversario del Estatuto de Guernica.

La propuesta del PSOE vasco no es nueva, pero sí toma un especial sentido ante el órdago del separatismo catalán, en plenas negociaciones de Pedro Sánchez con ERC para su investidura y también tras el rechazo explícito de algunos barones socialistas a reconocer ‘naciones’ distintas a la española.

En el partido de Idoia Mendia la acepción se acoge aunque con matices y fuera de la propuesta netamente soberanista que propugnan PNV y Bildu. En 2016, en el documento que vertebra su postura territorial, los socialistas ya hablaban de una "nación", en tanto "comunidad que se autodefine como tal por razones culturales históricas o lingüísticas" y que "no presupone el derecho político a constituirse en Estado". "Los socialistas vascos no sacralizamos el concepto ‘nación’, que en los últimos tiempos está sufriendo una profunda modernización y reformulación de su significado orgininal en el mundo occidental, ni tampoco lo consideramos un tabú", suscribían desde el PSE.

Añadían también que "el Tribunal Constitucional ya aventuró que una definición como nación de esa naturaleza (no jurídico-política) podría ser perfectamente compatible con la Constitución, que ya distingue entre nacionalidades y regiones" y que el preámbulo del nuevo Estatuto debía ser aprovechado para "hacer un reconocimiento explícito de la pluralidad de identidades y sentimientos que existen en la sociedad vasca, y que tienen como nexo común la asunción de la singularidad del País Vasco en términos de ‘nacionalidad'".

Debate por el ‘derecho a decidir’
El debate sobre el denominado ‘derecho a decidir’ es la piedra angular de la andadura estatutaria y condicionará el alcance de la reforma y el entendimiento entre los grupos.

Al margen del acuerdo parcial que se avanza entre PNV, PSOE y Podemos, este jueves se añadió otro elemento a la ceremonia de la confusión: la aprobación, en la Cámara vasca, de una iniciativa parlamentaria en favor de la autodeterminación, presentada conjuntamente -antes del disenso de las últimas semanas- por PNV y Bildu.

El texto -enmienda a una proposición del PSE por el aniversario de Guernica- insta a una relación con el Estado basada en "la igualdad, la bilateralidad y el pacto", a renovar el catálogo de competencias y apela de forma decidida al "derecho a decidir".

El texto salió adelante, aunque recibió el voto en contra del PSE-EE, que avisó de que no permitirá propuestas que "se salten la legalidad", y el PP, que alertó de un intento de imponer la independencia "de facto". Podemos, por su parte, sí se mostró favorable a articular el ‘derecho a decidir’, aunque finalmente sus parlamentarios -salvo Pili Zabala, que votó a favor- se decantaron por la abstención.

El texto de los socialistas, rechazado, instaba a una apuesta por el ‘autogobierno’ y por el cumplimiento de la transferencia de competencias.

Desde el PNV, Joseba Egibar subrayó la urgencia del "mayor consenso posible" para la reforma del Estatuto, si bien aseguró que el acuerdo no significa renunciar a la "identidad nacional" vasca. Además, se mostró partidario de que el Estado español respete la "plurinacionalidad" y permita la "coexistencia" de las naciones que engloba.

Por parte de Bildu, muy críticos, se reclamó a los nacionalistas a explicar si están dispuestos a dejar la apuesta por el ‘derecho a decidir’ que se incluía en aquel pacto y en la iniciativa aprobada este jueves en un mero "desiderátum".

El portavoz del PSE, José Antonio Pastor, subrayó que no asumirá "ningún supuesto que se salte la legalidad" a la hora de afrontar el proceso para actualizar el Estatuto, y que tampoco permitirá que se establezcan "categorías ciudadanas" en el futuro marco de ‘autogobierno’ vasco.
 


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