AGLI Recortes de Prensa   Lunes 2 Diciembre  2019

Montoro, con Sánchez y contra Casado
EDITORIAL Libertad Digital 2 Diciembre 2019

Cristobal Montoro ha sido, sin lugar a dudas, el peor ministro de Economía del PP y uno de los más dañinos en la reciente historia de España.

Entre recortar el gasto político o crujir a impuestos al contribuyente, especialmente al de clase media, Montoro fue el más sañudo defensor de lo segundo, para satisfacción de un Mariano Rajoy que utilizó la colosal mayoría absoluta que le habían confiado los españoles tras el calamitoso zapaterato para hacer cualquier cosa menos las reformas integrales que necesitaba la Nación, también en el ámbito económico.

Montoro perpetró el mayor incremento de la presión fiscal de la democracia. Por supuesto, lo hizo a traición, después de que su partido prometiera importantes bajadas de impuestos y desarrollar una auténtica alternativa al incompetente populismo socialdemócrata del PSOE de Rodríguez Zapatero.

Retirado de la política tras apostar por su semejante Soraya Sáenz de Santamaría en las primarias del PP, Montoro no solo no pide perdón a los contribuyentes a los que esquilmó y aterrorizó, sino que presume de su gestión, convencido de que no pudo ser más brillante. La fatal arrogancia de algunos es verdaderamente indignante.

Por si fuera poco, Montoro anda con ganas de meter el dedo en el ojo a quienes están tratando de resucitar al PP que dejaron en coma gente como él, Santamaría y Rajoy. Así, en contra de lo que viene defendiendo Pablo Casado, el notorio liberticida cree que no se debe prometer una bajada general de los impuestos ni, cuánta desfachatez, suprimirse Sucesiones y Patrimonio, tributos especialmente odiosos por trmenedamente injustos.

Para colmo, Montoro, socialista de todos los partidos menos del PP de Casado, niega que estemos a las puertas de una nueva crisis económica, con lo que no hace sino parecerse aún más a su nefasto colega Solbes, que se ganó su lugar en la historia de las infamias electoralistas en aquel célebre debate con Manuel Pizarro.

Como buen socialista, Montoro se alinea con Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, otros enemigos de la libertad que también detestan el programa de Casado y apuestan por someter a unos ciudadanos que, a sus ojos, son esencialmente paganos. Dios los cría...

Estado de desecho
Juan Manuel de Prada ABC 2 Diciembre 2019

Se ha divulgado en estos días un vídeo en el que Alfonso Guerra revela que miembros del Tribunal Constitucional prevaricaron bajo presiones, avalando la constitucionalidad de la llamada ley de violencia de género, que desde entonces permitió elevar las penas en los casos en los que el varón sea el agresor y la mujer la víctima, en flagrante conculcación del principio de igualdad ante la ley.

Desde esta modesta tribuna de papel y tinta hemos denunciado en reiteradas ocasiones que en España el Derecho ha dejado de ser determinación de la justicia, para convertirse en un barrizal positivista nacido del arbitrio del poderoso de turno, que utiliza las leyes y las sentencias judiciales para imponer su voluntad. Este uso arbitrario del Derecho es, sin duda alguna, el problema político más grave que padecemos; pero se trata de un problema que no conviene airear, no sea que las masas cretinizadas se percaten de que somos víctimas de la más terrible forma de totalitarismo, que es la que convierte el ordenamiento jurídico en una monstruosa «Gorgona del poder», según la célebre expresión de Kelsen.

España, repiten cínicamente nuestros políticos, es un «Estado de Derecho». Pero esto no significa, como piensan con ingenuidad las masas cretinizadas, que en España rija el clásico «imperio de la ley»; y mucho menos que el poder político esté sometido a un sistema de leyes. «Estado de derecho» alude a la capacidad demiúrgica del poder político para crear leyes a su conveniencia (leyes que respondan a la ideología reinante en cada coyuntura); «Estado de derecho» alude a la ilimitación jurídica del poder político, que para imponer sus designios se convierte en una fábrica de leyes cambiantes y a menudo incongruentes; «Estado de derecho», en fin, expresa que las leyes (y sólo ellas, sin fundamento alguno en un orden del ser) determinan lo que es justo, de tal modo que, al legislar, el Estado se convierte en creador caprichoso de la justicia.

En algún artículo anterior hemos citado esa frase estremecedora (por proterva) de Gregorio Peces-Barba, en la que explica que en España la interpretación de las leyes está al albur del poder político, mediante el control que éste ejerce sobre el Tribunal Constitucional (aunque, en realidad, este control se extiende también al Tribunal Supremo y a toda la administración de justicia, donde cada vez más jueces son meros jenízaros de la ideología reinante). Este vídeo pavoroso de Alfonso Guerra nos confirma, en efecto, que el Tribunal Constitucional no es más que un instrumento en manos del poder político para la conversión del Derecho en arbitraria voluntad de poder. Y lo mismo que el Tribunal Constitucional amparó en su día el aborto, como profetizase Peces-Barba, avaló esta llamada ley de violencia de género, que no sólo conculca el principio de igualdad ante la ley, sino también la presunción de inocencia.

Y lo hizo porque estamos en un «Estado de derecho», en el que el poder político configura arbitrariamente y sin relación alguna con una idea de justicia (es decir, de forma totalitaria) el horizonte vital de las personas sometidas a su dominio. Se unen así el nihilismo jurídico (barrizal positivista cambiante, tribunales lacayos que interpretan las leyes a gusto del que manda) y el nihilismo existencial, que nos obliga a vivir según establezcan los ingenieros sociales de turno. Así, el Derecho degenera en puro ejercicio de la fuerza, como en el célebre verso de Juvenal: «Hoc volo, sic iubeo, sit pro ratione voluntas». O, en román paladino: «Lo quiero, lo mando, sirva mi voluntad de razón». Llamadlo «Estado de derecho», si os apetece. Pero es un sórdido Estado de desecho.

Jamás funcionará
ERC no se contentará con dinero y más autogobierno
Luis Ventoso ABC 2 Diciembre 2019

Podemos mirar a otra parte, inventar eufemismos, probar falsos diálogos, hacer el pino puente y torturar el sentido común... Todo para no reconocer la verdad: a un nacionalismo separatista solo se lo derrota a largo plazo si se impone el afecto a la nación que agrupa a todos y a su cultura, héroes y tradiciones. Sé que no suena guay, pero me temo que al independentismo solo se lo vence con un nacionalismo superior más potente. El imperio austro-húngaro se deshizo como un azucarillo porque las identidades locales eran muy acusadas y al final solo el paraguas de la monarquía hilvanaba muy levemente a los diversos pueblos. Sin embargo, Estados Unidos preserva perfectamente su unidad, siendo bastante más diverso, plural y enorme que nuestra atribulada España y habiendo sufrido graves tiranteces rupturistas, Guerra de Secesión incluida. Se debe a que sus ciudadanos comparten un patriotismo hoy casi espontáneo. Véase las banderas en las casas, tradiciones como el 4 de julio, Halloween y el Día de Acción de Gracias, o el rol omnipresente de la religión. Les une un modo de vida, incluso en lo malo, como la paranoia con las armas. Los abraza una cultura compartida, desde los deportes a su escena pop, su cine y televisión. Pero la piedra angular de todo es su fabuloso ensamblaje institucional, un sistema de contrapesos y libertades pensado y aprobado hace tres siglos, pues, en contra de lo que piensan nuestros adanistas Pedro y Pablo, las constituciones no necesitan ser tuteadas por cada generación. Beyoncé, Elvis, los héroes de la Marvel, Harvard, la NBA, Wall Street, los gigantes de Silicon Valley... eso es lo que une a Estados Unidos, y no una exaltación excluyente de lo híper local azuzada por motivos políticos xenófobos. A ojos extranjeros, Burgos, Tarragona, Vigo, Bilbao y Málaga resultan social y culturalmente muy homogéneas, comparado con las inmensas diferencias que median entre Alaska y Florida, o Nuevo México y Connecticut. Pero la política estadounidense ha sabido fomentar el aprecio por lo común y su federalismo nunca ha sido felón con el proyecto nacional, como sí ocurre en algunas comunidades españolas.

Por todo ello, lo que pretende hacer Sánchez, eso que Borrell denomina «ibuprofeno para bajar la inflamación» con más autogobierno, jamás funcionará. Los receptores de esas nuevas competencias y prebendas no las quieren para gestionar mejor. Las ven tan solo como un modo de ir «sembrando país», que diría Pujol, de ir aumentando el extrañamiento social respecto a la idea de España hasta romper. Regalar a ERC más autogobierno para aguantar unos mesecitos en La Moncloa es colocar el ego personal por encima de los intereses del país y hacer el pánfilo, porque ellos solo se conforman con la autodeterminación. Bañar en euros a los catalanes, que ya están híper primados, es injusto e insolidario con otras comunidades (la financiación de Valencia, por ejemplo, es lamentable, y en Galicia, País Vasco, Extremadura o Asturias siguen esperando ese AVE que une todas las capitales catalanas desde 2008). Sánchez y sus corifeos entreguistas se disponen a perpetrar exactamente lo contrario de lo que le conviene España para perdurar.

La eficacia del cambio político en Andalucía
Editorial El mundo 2 Diciembre 2019

Es lógico que, en un contexto en el que España sigue con los Presupuestos de Montoro prorrogados y en comunidades como Cataluña sus líderes son incapaces de negociar unas cuentas hace años, el presidente de la Junta andaluza, Juan Manuel Moreno, saque pecho hoy en nuestras páginas por el hecho de que en 10 meses de Gobierno de PP y Cs vayan a aprobarse dos Presupuestos "en tiempo y forma". Es la clara demostración de lo bien que está funcionando este Ejecutivo de coalición, con el respaldo de Vox, que ha llevado el cambio a Andalucía tras casi cuatro décadas de un régimen socialista caracterizado por latrocinios como el de los ERE.

Se cumple hoy un año de las elecciones que descabalgaron al PSOE y que dieron paso a una forma muy distinta de gobernar. De momento, una reforma fiscal que profundiza en la racionalidad tributaria, un saneamiento de la Administración para desmantelar improductivas redes clientelares tejidas desde la Transición y la apuesta por nuevos modelos productivos están sirviendo para que Andalucía crezca hoy por encima de la media nacional. Mientras, España se encamina hacia el desastre político. Tiene razón Moreno en que un Gobierno de coalición PSOE-PP sería lo ideal y posible "sin Sánchez".

La España fracturada
Carlos Mármol Cronica Global 2 Diciembre 2019

Eduard Punset, economista, político y divulgador científico, que para regocijo de sus seguidores dejó una nutrida colección de frases ingeniosas, sostenía que las bacterias funcionan por consenso o se extinguen. Si aplicamos esta máxima al tablero político nacional obtendremos una conclusión exacta de lo que nos ocurre: España, sencillamente, no funciona. El país se encuentra paralizado en lo institucional –que nunca ha llegado a funcionar bien– por una crisis política que, a medida que pasa el tiempo y las elecciones se suceden, adquiere el aspecto de una profunda fractura que dejará cicatriz.

El síntoma más evidente de que no avanzamos es que no dejamos de votar lo mismo (a la fuerza). Hay quien piensa que nos encontramos en una encrucijada pavorosa: el desafío de los nacionalismos vasco y catalán, cuyas estrategias son distintas pero complementarias, profundiza en las heridas de la última crisis económica, transformada primero en social, y más tarde en política, con el avance de los populismos, gracias a la gasolina –incendiaria– suministrada por un bipartidismo que vendía como estabilidad el monopolio de la partitocracia.

La sentencia de los ERES en Andalucía, que ha condenado los últimos veinte años de absolutismo socialista en el Sur, de momento, es el colofón al diario acontecer de la corrupción moral que domina la agenda española, donde quienes meten miedo llevan décadas aprovechándose de los privilegios institucionales y los que prometen el paraíso en la Tierra dan pánico. Vivimos dentro de una tormenta perfecta: a la crisis política se suma la nueva crisis económica que se nos viene encima y cuyos signos nos auguran un escenario todavía peor si tenemos en cuenta que el crack de 2008, consumado en 2010 y convertido en tragedia colectiva en 2012, fue el verdadero big bang de este nuevo tiempo marcado por los extremismos.

En esta coyuntura hay quienes postulan –manifiesto mediante– la vuelta al consenso de la Transición, a la que le otorgan el mérito de haber logrado el instante de prosperidad más importante de nuestra historia. Es una forma, como otra cualquiera, de celebrarse a sí mismo y ahuyentar el miedo y la incertidumbre. O ambas cosas. Felipe González lo decía hace días en Buenos Aires: “España está abriendo su propia grieta”. Es cierto: vivimos estancados por una “política de bloques” en la que los discursos dominantes se sitúan en los extremos del espectro ideológico y los acuerdos resultan imposibles. Lo que nadie parece ser capaz de admitir a continuación es que la degeneración del sistema político del 78, que no es exactamente lo mismo que el marco constitucional, tiene sus raíces en la histórica generación política que protagonizó el tránsito de la dictadura a la democracia mediante una reforma que evitó la ruptura y cuyos sucesores, directamente, no dan la talla.

¿No fue el modelo autonómico una forma de dotar de mayor credibilidad un cambio acordado por las élites políticas de entonces? ¿No se instauró en ese momento la ley electoral que amplifica la representación de los nacionalismos, convirtiéndolos en árbitros de todos? ¿No fueron acaso los patriarcas de los dos grandes partidos –PP y PSOE– quienes avivaron, por omisión, los inquietantes proyectos de ingeniería social de los nacionalismos que nos han conducido a la coyuntura actual? Todas estas cuestiones, sumadas a la extensión territorial de la endémica corrupción de la política española, donde el modelo sociológico del siglo XIX pervive mediante nuevas máscaras, siguen presentes en nuestra vida pública.

Pareciera que no hemos salido de la política decimonónica del casino, donde el sectarismo era la trama única del teatro. Que la generación del bipartidismo alerte sobre la pérdida de la centralidad política es un hecho asombroso en un país donde, ni antes ni ahora, se han alcanzado ni respetado los consensos necesarios en materias tan importantes como el empleo, la educación o la sanidad. Un gobierno tras otro enmendaba al anterior, siguiendo el modelo del turnismo canovista, cuyo único punto común consistía en pactar el relevo entre los dos grandes competidores, sin alterar un sistema caciquil que alimentaba el aldeanismo mental.

Cuarenta años después, el resultado de las cegueras interesadas de socialistas y populares es la España fracturada en la que vivimos. El problema no es la pérdida del consenso. Es la ausencia de cualquier rastro de interés general –esa quimera– en un sistema político donde el populismo se ha vuelto transversal. Los bloques no nacieron ayer. Son de siempre. El pacto de la Transición sólo atenuó en el tiempo el viejo frentismo ibérico. El precio a pagar fue una tolerancia infinita con fuerzas políticas cuyo objetivo consiste en negar la viabilidad de España como proyecto común para sustituirlo por distopías identitarias (y patrimoniales) cuya idea de la democracia se basa en cuestionar la ley, en lugar de defenderla.

En paralelo, la brecha social crece: Europa acaba de anunciar que el paro en España no bajará del 12,8% hasta 2021 y que el sistema de pensiones es inviable. La deuda pública se ha situado por encima del 96% del PIB. La desaceleración económica empieza a notarse incluso en el sector inmobiliario y se traducirá, antes o después, en el ámbito financiero. La actividad empresarial vuelve a frenarse. Amplias capas sociales siguen pagando la factura de la cruenta devaluación interna de Rajoy mientras nuestros políticos se gastan en ocho años los 66.815 millones de euros del fondo de reserva de la Seguridad Social para, entre otras cosas, pagarle la extra a los funcionarios. El problema de España es, al mismo tiempo, simple y complejo. Nadie piensa en el mañana. Y nadie sabe cómo diablos exorcizarnos de nuestros demonios.

Ladrones: ¿Qué devuelven de lo robado?
Antonio García Fuentes Periodista Digital 2 Diciembre 2019

No se necesita ser muy inteligente, para no poder explicarse lo que ocurre en los juicios de ladrones y donde en los procesos se llegan a acumular “montañas” de papel, cantidades enormes de dinero robado y al final, cuando se dicta sentencia apenas aparece nada de lo robado y a los que condenan (que muchos se escapan no sabemos el porqué de ello) lo hacen en muy cortas penas; lo que no les impide a la mayoría, seguir teniendo una vida muy desahogada, seguro que fruto de los robos realizados y cuyas cuantías o capitales, los tienen en lugares seguros.

Con lo sencillo que sería, una vez demostrado el robo que fuere, meter en la cárcel al ladrón y de inmediato a trabajos forzados (si no es ello legal se legaliza y punto) y llamado por el juez, preguntarle por el producto del robo y donde lo tiene; y caso de “hacerse el tonto” y no decirlo, que siguiera en trabajos forzados hasta que depositase lo robado en la mesa o bajo el control del juez, más la multa que corresponda por el hecho delictivo; momento que marcaría el inicio del proceso judicial, sin que ello interrumpiese esos trabajos forzados ya referidos. O sea y más claro, que si no aparece la totalidad de lo robado, no hay juicio, lo que en sí, significaría “cadena perpetua y sin apelación posible”.

Y he dicho trabajos forzados y de la forma más natural que a mi mente vienen esas palabras, puesto que desde siempre, hasta las personas honradas han tenido que estar “forzadas” a trabajar para obtener su sustento o cuidar sus intereses; puesto que el trabajo y el esfuerzo es consustancial al ser humano… incluso los delincuentes, de alguna manera “tienen que trabajar para realizar sus fechorías”.

Si de verdad hubiese leyes sencillas y contundentes, seguro que muchos de los delitos que hoy se cometen no se cometerían; sencillamente por cuanto y como dice el viejo dicho del común del pueblo… “el miedo guarda la viña”.

Pero mientras se sigan con estos “líos tan liados” y donde hay brechas para solucionar muchas cosas que no debieran serlo; los ladrones y demás delincuentes, están mucho más protegidos que las personas honradas; y a la vista están los múltiples casos de indefensión y donde los que de verdad debieran ser castigados con la máxima severidad, al final salen indemnes o con tan pocos daños, que ello les permite seguir de por vida la carrera delincuencial que muchos y desde niños emprendieron; incluso estimulados por sus mayores, puesto que debido a esas leyes que no sirven para nada, al niño delincuente se le exime de cargos y penas que son muy discutibles, puesto que un delincuente “en edad de delinquir”, sabe lo que hace y define perfectamente lo que está haciendo bien o mal dentro de las leyes que rigen a los hombres en este planeta; eludir ello es de una idiotez digna de mejor causa.

Asombra leer cada día, los robos descubiertos y las cantidades asombrosas que suman, pero nunca aparece la noticia de que tal o cual ladrón, que fuera descubierto desde tiempo atrás, devolviese cantidad alguna de lo que en su día robó… y no me hablen de malversación, derivación y tantos subterfugios como se emplean con palabras absurdas, puesto que todo el que se queda con algo que no es suyo, es un ladrón y hay que emplear esa palabra y al hecho significarlo como un robo, puesto que robar es llevarse con malas artes lo que no es de uno.

La delincuencia abunda por lo blando de las leyes y la farragosidad de las mismas, lo que permite todos los abusos y latrocinios que se cometen, sobre todo en “la delincuencia de guante blanco”, la que antes de emprender sus sucios negocios y por tanto delictivos, estudian las leyes para en su momento saber por dónde eludirlas o quedar libres de incluso acusación alguna.

Por descontado que la fianza no debe existir en ningún código legal, puesto que ello es el salvoconducto para que el que tenga dinero, eluda de inmediato el estar en la cárcel, como un preso más. Y esto último es otra cosa a tener en cuenta… ¿por qué y dentro de una cárcel pueden tener privilegios absurdos unos sí y otros no… por cuanto el dinero se lo permite? Esta es otra aberración más a tener en cuenta; la cárcel debe ser lo más ingrata posible, precisamente para que el que entra en ella y logra salir, no le queden ganas de volver… “Ahora si a algunos la cárcel les resulta incluso más cómoda que la libertad, pues ocurre lo que ya ocurriera aquí en España a un tal “Taguas”, que cuando salía de la trena, delinquía de nuevo para entrar de inmediato, puesto que el desgraciado o ya deshecho humano, encontraba la cárcel como el mejor de los hogares de este mundo, ya que allí lo alimentaban, daban cobijo, vestían y cuidaban sus enfermedades sin esfuerzo o costo alguno”.

Aquello tan idiota de que… “hay que odiar al delito y compadecer al delincuente”; es de tal grado de idiotez, que no merece ni la risa; al que hay que repeler y significar todo cuanto se pueda, es al delincuente, que es el que produce el delito y al que hay que castigar con la máxima ejemplaridad, para que al salir de la cárcel se regenere y se integre… “como la mayoría y sin delinquir, tuvimos que hacer y muchos desde muy niños, por cuanto la situación y necesidades eran de tal grado que nos obligaron a ello… ¡Y no pasa nada! Es el propio individuo el que tiene que estimularse a sí mismo”.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

La ley del miedo y de la patraña
Pío Moa gaceta.es 2 Diciembre 2019

**Pancho I de la Pampa no se conforma con alabar a Lutero, sino que ha instituido el culto a la Pacha Mama en el Vaticano. Sospechosamente, se ha hablado muy poco de ello.

**Dice Alfonso Guerra que el Constitucional aprobó la ley de violencia de género “por presiones”. Y tanto, como que el propio Guerra se definió como matador de Montesquieu. Los dos máximos tribunales de España son una estafa a la justicia y la democracia. La injusticia institucionalizada. No se puede respetar lo que no es respetable.
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Protagonistas de la Transición: “vida y destino”: https://www.youtube.com/watch?v=x8propQCOiU
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La ley del miedo
Muchos dicen que la guerra civil y la propia figura de Franco deben ser olvidadas o “dejadas a los historiadores” y que no debían influir en la política actual. ¿No está usted alimentando los viejos antagonismos con su último libro sobre el Frente Popular?
–Son posturas absurdas. La historia influye en la actualidad necesariamente. El problema es si influyen distorsionando la política, envenenando la convivencia y rompiendo la continuidad nacional, como ocurre ahora. Y, por supuesto, lleva muchos años siendo “dejada a los historiadores”, que en su mayoría son hoy los mayores distorsionadores y falseadores del pasado, con las consecuencias que estamos viendo. Por eso es esencial restablecer la verdad.

Pero Jesucristo dijo “Que los muertos entierren a los muertos”.
–Bueno, esa frase tomada literalmente no significa nada y en todo caso se puede interpretar al gusto de cada cual. Seguro que algunos católicos del PP la interpretan en el sentido que usted dice, de olvidar el pasado y mirar al futuro. Lo cual es un modo de cooperar con la falsedad. No se puede asentar una convivencia en libertad sobre un Himalaya de falsedades. Como decía Cicerón, la verdad no se corrompe solo por la mentira, sino también por el silencio. Yo diría que el silencio que quieren tantos es la mayor complicidad con la mentira.

Pero, en historia, ¿qué es la verdad? ¿Acaso no están todos los historiadores influidos ideológicamente y por eso cada cual la cuenta a su manera?
–Si, es evidente esa influencia ideológica. Pero si hablamos de la guerra como una lucha de la democracia contra una reacción fascista o cosa parecida, o bien estamos mintiendo deliberadamente o bien considerando como manifestaciones de democracia el asalto armado al poder en 1934, la falsificación de las elecciones en el 36, la quema de iglesias y el asesinato de opositores, la tutela de Stalin o las persecuciones entre las propias izquierdas. En Por qué el Frente Popular perdió la guerra expongo esto, hablando de Preston, Juliá, Viñas y tutti quanti: no nos informan de la historia real, pero en cambio quedamos enterados de lo que ellos entienden por democracia.

Pero todos cometieron asesinatos y atrocidades.
–Pasa en todas las guerras. Algún ingenioso, creo que Josep Pla, vino a decir que cuando se parte una manzana por la mitad, es difícil que una de las mitades salga de naranja. No es la frase, pero algo así. Pues bien, el comportamiento de los dos bandos durante la guerra fue extraordinariamente distinto, a pesar de que “todos eran españoles”, como dicen los beatos. Aquí ha habido una enorme distorsión: las guerras no se libran porque sí, o por alguna locura colectiva, como pretenden los tontos o los que se quieren hacer los tontos. Cada bando defendía y trataba de imponer unos objetivos completamente opuestos. Y técnicamente, la causa fue la destrucción de la legalidad. Destrucción que claramente realizaron unos y no otros.

Usted ha dicho que su libro sobre el Frente Popular es definitivo. ¿Lo cree usted seriamente ?
–Lo es desde el punto de vista intelectual. Es un estudio muy sintético y cada una de sus partes puede desarrollarse enormemente, desde luego. Y claro está que los profesionales de la falsificación, como venía a llamarles Julián Marías, van a seguir con sus embustes, aunque cada vez más debilitados. Si han necesitado recurrir a una ley de memoria histórica ya demuestran su miedo, su completa incapacidad intelectual y su ausencia de espíritu democrático. Durante años hemos podido leer “explicaciones” como esta, de Trapiello: “El bando republicano (…) padecía la sangría permanente de unos partidos divididos. A unos les favoreció en la guerra la dictadura brutal y a los otros, en cambio, les perjudicó para ganarla el sistema democrático por el que luchaban y en el que creían, pese a su deterioro“. Cada palabra es una mentira: ni “republicanos”, ni “dictadura brutal” ni mucho menos democracia. A menos que el golpista Azaña, los racistas separatistas, los marxistas o los anarquistas fueran “demócratas”. Ahí está precisamente el nudo de la inmensa patraña que tanto está perturbando hoy mismo la política, fanatizando a muchos, en especial jóvenes, y oscureciendo el porvenir del país.

Méritos de la Falange / Los líderes del Frente Popular
Pío Moa Gaceta.es  2 Diciembre 2019

Protagonistas de la Transición: «vida y destino»: https://www.youtube.com/watch?v=x8propQCOiU
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Falange
De los cuatro partidos o familias del franquismo es probable que haya sido la Falange el que ha sufrido mayores ataques, debido a que sus afinidades con el fascismo (italiano) la hacían más vulnerable después de la guerra mundial. Sin embargo gran parte de esos ataques son puras calumnias o explotan defectos y fallos que ocurren en cualquier sistema social, de modo que si hacemos un balance, creo que los méritos pesan mucho más que los defectos. La Falange era quizá la familia o partido con mayor sensibilidad social, muy endeble en los demás y mayormente reducida a lo que llamaban caridad. No podemos despreciar esa caridad, puesto que se manifestaba en la red de asilos, orfanatos y hospitales mantenidos por la Iglesia, pero también es verdad que aceptaba una inferioridad de posición y condiciones de gran parte de la población, que no mejoraba al conjunto de la sociedad. El propósito de la Falange era una mejora de las condiciones generales contra, precisamente, los aspectos más viciosos y paralizantes de ese concepto de la caridad, denostado no sin razones.

Destacaré tres grandes méritos de la Falange, entre otros: 1) La Seguridad Social, a ella debida principalmente, y una de cuyas manifestaciones fue un aumento espectacular de la esperanza de vida al nacer, que a su vez condensaba otras mejoras diversas, como la de la vivienda. 2). La gran labor de la Sección femenina en la promoción profesional, el nivel de estudios, la higiene y los conocimientos generales de millones de mujeres, y la rápida caída de la mortalidad infantil. 3) La División Azul, que protagonizó la mayor gesta militar exterior española de los últimos dos siglos, combinando un espíritu realmente heroico, cada vez más reconocido, con una conducta humanitaria hacia la población civil. La Falange destacó también en las duras condiciones de posguerra en mantener el espíritu que terminó por derrotar las presiones y el aislamiento exterior.

No deja de sorprender la escasísima capacidad de los falangistas, desde la transición, para recordar estas y otras cosas, permitiendo que fueran sus enemigos quienes escribieran a su modo la historia del movimiento, a base de destacar los elementos más negativos. José Antonio, muy consciente de la importancia de la lucha cultural e ideológica, trató de formar en torno a él un círculo intelectual de alto nivel, cosa que no logró del todo, aunque sí en parte. Creo que él mismo lamentable el estilo algo ramplón de muchos de sus seguidores, poco dotados para la poesía o el pensamiento. La literatura, y en general la labor intelectual falangista, mejor o peor, espera un tratadista ecuánime.

Conocer lo que fue el franquismo es esencial para mantener la democracia y la unidad de España:
Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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Importancia de los líderes
En su libro sobre el Frente Popular, usted dedica una parte a cierta evaluación de sus líderes. ¿Cree usted que los líderes tienen especial relevancia en el devenir histórico?
–Eso es una vieja disputa. Los comunistas, como en el célebre poema de Bertolt Brecht, suelen negar el valor de los grandes personajes y exaltar en cambio el papel de «las masas». No puede ser más revelador el hecho de que en los regímenes comunistas la figura del máximo dirigente adquiera proporciones casi divinas. En fin, es obvio que en todas las actividades humanas surgen personas dirigentes que asumen también las mayores responsabilidades. Por decir algo, es muy difícil concebir la Revolución rusa sin Lenin, la china sin Mao, la invasión de la URSS sin Hitler o quizá la resistencia inglesa sin Churchill.

Esos son casos muy especiales. Pero en relación con el Frente Popular no aparecen personajes de tal influencia.
–No, la impresión general es de una gran mediocridad en todos los terrenos. Recuerde que ya lo señalé como una crítica de Besteiro a los otros líderes socialistas. Pero ello no obsta para que sea preciso trazar una semblanza de los principales, ya que ellos fueron los que sostuvieron las ideas, los objetivos y la lucha del Frente Popular durante casi tres años. Una historia queda muy confusa o incompleta si no aborda al menos los rasgos principales de ellos.

¿No hay una contradicción entre considerarlos mediocres y haber resistido tanto tiempo a alguien como Franco, a quien pinta usted casi como un estratega genial?
–Lo diré de otro modo: si atendemos a sus hechos y olvidamos la palabrería y los juicios gratuitos, Franco fue uno de los militares españoles o extranjeros más destacados del siglo XX. Pero, es verdad, usted puede preguntar cómo tuvo que hacer tal esfuerzo para derrotar a otros políticos y militares francamente mediocres? La respuesta está en los líderes comunistas. Ahora, cuando examinamos a esos líderes, como José Díaz, Hernández, la Pasionaria y demás, los encontramos igualmente mediocres. ¿En qué quedamos, entonces? Los comunistas españoles tenían una estrategia, al revés que sus aliados, pero no la habían elaborado ellos, sino que provenía de la Komintern, es decir, del Kremlin, del mismo Stalin en definitiva. Y por mucho que repugne aquel sistema, sus principales jefes no tenían nada de mediocres. Su inteligencia y amplitud de comprensión de las fuerzas y objetivos en juego se muestran bien en sus logros, aunque estos tengan mucho de diabólico, por emplear esta expresión. Los líderes comunistas españoles no tenían nada de brillantes, pero sí de disciplinados, y esto ya era una ventaja sobre sus aliados socialistas, anarquistas, separatistas o republicanos de izquierda. No encontramos entre ellos uno solo que destaque, pero es que además eran muy indisciplinados. Si no es por los comunistas y tras ellos Stalin, Franco habría vencido en menos de medio año. Digamos que tampoco el personal político y militar de que dispuso Franco mostró una brillantez excesiva, aunque en conjunto sí superior a sus adversarios. Franco supo hacer grandes cosas con medios materiales mínimos al principio, y con medios humanos medianos. El más destacado intelectualmente fue Serrano Suñer, que no obstante cometió algunos serios errores y que por su propia superioridad suscitó la aversión de muchos otros.

¿No tendría usted que haber tratado entonces más bien a los más destacados asesores militares y políticos enviados por Stalin?
–Sí se podría. Pero estos, aunque muy influyentes, eran simples mandados desde el punto de vista histórico. En el libro los menciono, así como el trágico final de muchos de ellos a manos del propio Stalin. Togliatti habría sido también un punto importante, porque era el principal agente de la Komintern. A pesar de todo ello, quienes llevaron disciplinadamente el peso de la acción fueron los comunistas españoles, procuraron hacerlo lo mejor posible y en fin de cuentas no lo hicieron mal, hablando en términos puramente técnicos.

Hay otras visiones de la historia, más científicas, que dejan en segundo término la influencia de las personalidades, dando primacía a las influencias y desarrollos económicos, por ejemplo.
–La economía es muy importante, claro está, pero no niega el papel de los dirigentes, pues estos son también responsables de las decisiones económicas. Además, lo datos meramente económicos favorecieron enormemente al Frente Popular, sobre todo en los primeros meses, lo que hizo que estuvieran muy confiados en la victoria… que no consiguieron. Realmente los nacionales no lograron la superioridad económica (aunque organizaran mejor la economía) hasta que conquistaron la zona norte, con la industria pesada y de armamentos, las minas de hierro, carbón y otros minerales y numeroso personal cualificado. Por otra parte analizo una decisión económica y política más transcendental del Frente Popular, el envío del oro a Moscú, que casi nunca se examina en sus términos y consecuencias reales.

Aun con todo ello, ¿pueden dar idea clara de los personajes unas pocas semblanzas muy condensadas? ¿No dejan fuera tal número de aspectos de sus biografías que por eso mismo se vuelven arbitrarias?
–En parte es así. Las motivaciones, trayectoria vital y destino de las personas son algo inagotable y en gran parte inasequibles al observador externo. Digámoslo todo: también al propio personaje, que mantiene a menudo mil ilusiones sobre sí mismo: «una cosa es lo que se piensa, otra lo que se dice y otra más lo que se hace». Pero la semblanza de un personaje histórico, aunque aluda necesariamente a los aspecto más personales, puede centrarse con bastante verosimilitud en su relación con los acontecimientos políticos que le afectan en medida decisiva y que a menudo son provocados por él mismo. Es lo que he querido hacer en el libro. Y repito que una historia que no preste atención a las personalidades protagonistas que orientan la acción general, es una historia mutilada.

Las masas, en definitiva, ¿carecen de importancia?
–Tienen suma importancia, porque sin ellas no hay dirigentes, que por otra parte surgen de ellas. Pero las decisiones no las toman «las masas» o «el pueblo», eso debe quedar claro desde el principio. Son cosas obvias, pero a menudo se complican con problemas falsos o rebuscados.

La resistencia democrática española
Pedro de Tena Libertad Digital 2 Diciembre 2019

La política es demasiado importante como para dejarla sin más en manos de los políticos profesionales.

El pasado jueves se presentó en Sevilla el libro de nuestro filósofo Agapito Maestre Ortega y Gasset, el gran maestro, del que ya dimos cuenta en Libertad Digital en enero. Que se reúnan cien personas en una librería, reconvertida para la ocasión en salón de actos, ya es meritorio. Más estimable aún parece cuando se repara en que tres cuartas partes de los presentes tuvieron que padecer de pie las dos horas largas de reflexión sobre el gran demócrata que fue Ortega y en que muchos más que llegaron vieron el sofoco y se fueron. El acto fue difundido por esRadio con una cuña que lo caracterizó como un encuentro de la resistencia filosófica española, libre de toda tela de araña, en Sevilla.

Tras los intervinientes habló el público. Una persona de las varias que pidieron la palabra preguntó: "¿Y qué podemos hacer nosotros en el momento que vive ahora España?". Aquella expresión, formulada tras haberse hablado mucho sobre la conferencia que diera don José en 1914 sobre Nueva y vieja política en el Teatro de la Comedia de Madrid, dejó flotando en el aire cargado del salón la cuestión del ocuparnos más del destino de nuestra nación en vez de preocuparnos, y quejarnos tanto, por él. Estamos todo el día lamentándonos del penoso rumbo que están tomando partidos y Gobierno, pero la sociedad civil, ajena a sus mangoneos y tacticismos, sigue actuando como mayoría silenciosa y estéril. Asistimos a lo que podría terminar en una grave crisis nacional, de algún modo semejante a la ocurrida tras el golpe de Estado socialseparatista de 1934 contra la República y lo que se desencadenó después, como bultos manejables de una masa a la deriva y no como sujetos con perspectiva, libertad y decisión, como hubiese querido Ortega.

Afortunadamente, se están levantando voces, no muchas todavía, ante el peligro que se avecina desde la llegada al poder de Zapatero (2004), tras el atentado terrorista más importante de la historia de Europa. En aquel momento, unidad nacional, dignidad constitucional ante el terrorismo, reconciliación total y cordial (otro calificativo de Ortega) comenzaron a desmoronarse. Hasta la violencia comenzó a tener género en vez de autores y víctimas.

Si muchos creían que el separatismo fue inventado por Sabino Arana y Pi y Margall, Prat de la Riba, Bosch Gimpera y otros, Zapatero ha confesado que sus maestros en nación de naciones, en Españas y privilegios de algunas regiones sobre otras fueron los socialistas Luis y Anselmo Carretero. Y así es, ciertamente, como lo es que en Suresnes se defendiera desde el PSOE el derecho de autodeterminación de las regiones españolas que ahora nos agrieta y asfixia la primera Constitución española que no se hizo contra nadie, que fue la de 1978.

En el acto de Sevilla se comenzó a hablar de la necesidad de una resistencia democrática española que no quiere excluir políticamente a nadie, ni siquiera a separatistas ni a comunistas bolivarianos, que están todo el día tratando de excluir a otros que ni han matado, ni han violentado ni han causado daños a nadie. La resistencia democrática española, de la que la resistencia filosófica sería sólo una de sus secciones (puede haber muchas, como la educativa, la universitaria, la empresarial, la cultural, la periodística…), debe tratar de consolidar a España como una nación unida de ciudadanos, provincias y regiones iguales en oportunidades, derechos y deberes, y cordialmente relacionada en su interior por la tolerancia recíproca y el respeto a la verdad y a las reglas democráticas.

Debe además transformar la democracia morbosa, que estamos empezando a sufrir, en una democracia activa y civil que no sea suplantada, ni manejada ni traicionada por los partidos. Y debe, resumo, defender sin complejos sus posiciones porque tiene derecho a ello, tanto derecho como cualquier otro a defender otra cosa. Yo creo que necesitamos esa resistencia democrática española, y la necesitamos organizada, vigorosa y enseguida. Si la guerra siempre fue demasiado seria como para dejarla sólo en manos de los militares, la política es demasiado importante como para dejarla sin más en manos de los políticos profesionales.

Somos muchos los que deseamos esta resistencia democrática española, pero nos hace falta apreciar la necesidad de una inteligente organización reticular. Resistencia democrática española es, acrónimo en mano, Redes. Pues eso. Necesitamos hacer pronto un primer gran acto en el Teatro de la Comedia de Madrid, actualizando los objetivos del gran maestro Ortega, y luego hemos de dar paso a una red política nacional coordinada al margen de los partidos que intervenga civilmente en el destino de la nación. Así lo creo, así lo escribo y así lo intentaré.

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España evaporada
Ignacio Camacho ABC 2 Diciembre 2019

La primera consideración que plantea el proyecto del nuevo Estatuto vasco es la de para qué hace falta un nuevo Estatuto vasco. Y no basta la respuesta de que lo reclama una mayoría de ciudadanos -o de partidos- vascos, porque un Estatuto es una ley orgánica paccionada que se aprueba en las Cortes y por lo tanto se supone que responde a una necesidad reconocida por el Estado. Si la española fuese una democracia fuerte, en la que el concepto de la soberanía contase con suficiente arraigo, el Congreso debería limitarse a inadmitirlo sin entrar en el fondo de su articulado. Simplemente, no es un asunto prioritario. La autonomía vasca funciona con notable éxito y sus márgenes son lo bastante amplios -hay quien opina que demasiado- para garantizar los servicios y los derechos de los ciudadanos. Ir más allá, sobre todo en el sentido que propone el borrador que hoy comenzará su curso parlamentario, supone la creación de un espacio confederal en el que la idea misma de España, y desde luego su presencia institucional, se evaporan de facto. Menos mal que el PNV, su principal promotor, pasa por moderado.

Entrando en detalles, el texto se anexiona en la práctica Navarra, se apropia de todas las competencias administrativas, se permite definir una «identidad nacional» vasca, con la consecuente atribución de un sujeto político distinto del que establece la Carta Magna, y se arroga derechos propios como el de una autodeterminación a la carta. El Plan Ibarretxe 2.0, planteado con cierto decoro y en una dosis de arrogancia algo más baja. Pero la voluntad de acuerdo es mera cortesía: subyace la amenaza de abrir un conflicto si el Estado no traga. Que tragará en mayor o menor escala porque Sánchez necesita a los nacionalistas dentro de su alianza de poder y porque el PSE y Podemos ya han consensuado gran parte de su traza.

Es más: el PP ha rechazado el boceto pero ha presentado su texto alternativo, lo que significa aceptar el marco mental y político planteado por el nacionalismo. O sea, el designio de avanzar en un autogobierno que la mayoría de votantes del centro-derecha español consideran ya desigualitario y hasta abusivo. Si ésta es la posición del único partido que en Euskadi defiende la lealtad al constitucionalismo, qué se puede esperar de los que la cuestionan desde un principio. Cada vez parece más remota la posibilidad de que los populares entiendan que para existir en el País Vasco no necesitan pedir permiso.

Domina en la política nacional, a derecha e izquierda, el pensamiento de que al PNV hay que agradecerle que no reclame la independencia. En eso consiste la supuesta moderación de una fuerza que se las apaña de tal modo que parezca que las elecciones generales se celebran para ver quién tiene el privilegio de negociar con ella. En el error de caer en su trampa va incluida la penitencia que acabará pagando España entera.

Juaristi y Bildu
Vicente Torres Periodista Digital 2 Diciembre 2019

Al contrario que Juaristi, yo no creo que ningún votante de Bildu pueda ser buena persona. En primer lugar, porque sus propuestas son egoístas y no pueden ser otra cosa; en segundo y más importante, porque cuenta con etarras en sus filas.

Los de Bildu, además, siempre juegan sucio, de modo que a una pregunta tonta que le hizo a uno de ellos un tertuliano de televisión, éste se refirió a Juaristi como antiguo etarra.

El antiguo director del Instituto Cervantes aprovecha la alusión para puntualizar que abandonó ETA a los dieciocho años, sin haber tenido nada que ver con ningún acto terrorista, pero también para explicar con orgullo que formó parte de la resistencia antifranquista. Parece mentira que uno de los españoles más cultos e inteligentes incurra en semejantes tonterías.

Porque toda la lucha contra el régimen de Franco corrió a cargo de bandas terroristas, ETA, GRAPO, FRAP… No puede decirse, por tanto, que combatieran contra Franco, porque la alternativa a su gobierno que pudieran presentar no podía ser nada atractiva para los ciudadanos. El régimen de Franco no era más que una excusa para dar rienda suelta a su deseo de hacer el mal.

Quien más problemas le creó a Franco fue el papa Pablo VI, pero para entonces el franquismo ya estaba en la fase final, ya faltaba poco para que llegara a la meta, que no era otra que morir por causas naturales.

Cuando se habla del franquismo como de un régimen perverso, y todas las dictaduras lo son, hay que explicar también por qué se llegó a ese punto. Hay que fijarse en cómo se comporta la izquierda ahora, y Bildu es parte de ella y tiene terroristas en sus filas, y ERC también es parte de ella e igualmente lleva terroristas en sus filas, y al frente del PSOE hay un tipo sin escrúpulos ni miramientos, y también hay un grupo comunista, que es Podemos, cuyos componentes todavía tienen menos escrúpulos y miramientos, y entonces se comprende que lo que hubo antes de Franco no podía acabar bien.

El rojazo de Piketty y Cataluña
José García Domínguez Libertad Digital 2 Diciembre 2019

El economista más influyente en la izquierda mundial habla en su último libro del nacionalismo catalán en los términos más críticos y duros.

La aparición en primera instancia del nombre de Steven Pinker, el famoso psicólogo canadiense autor de best sellers de vocación científica, en un manifiesto a favor de los separatistas catalanes, el lector lo recordará, ocasionó un revuelo entre sus seguidores locales que acabaría con una ulterior rectificación formal y la retirada de la firma en el documento. El caso de Pinker es uno más, el enésimo, de esa enciclopédica ignorancia cósmica a propósito de España y su realidad histórica que suele compartir la inmensa mayoría de los intelectuales mediáticos anglosajones (ninguno que no resulte ser anglosajón accede ya al codiciado olimpo de la influencia global), los selectos elegidos que sientan cátedra sobre lo humano y lo divino en los platós intercontinentales de televisión. De ahí que proceda celebrar la publicación, ahora también en español, de Capital e ideología, el último libro de Thomas Piketty. Aunque no porque vaya a revolver el gallinero panglosiano de los devotos del orden establecido. Piketty es un anticapitalista al que lee, y con atención, la élite capitalista de Occidente, algo que ningún rendido apologista del sistema resulta capaz de lograr ni por asomo. Pero yo no he venido aquí a vender su libro, que eso es asunto suyo, ni tampoco para glosar teorías económicas heterodoxas, cuestión que sospecho no me haría ganar demasiadas simpatías.

No, lo que hoy me interesa es otra cosa. El último libro de Piketty, un tratado de dimensiones disuasorias (más de mil páginas de apretada letra pequeña sin el clásico truco editorial de los rellenos de paja para hacer bulto), obra de una erudición histórica que asombra por lo desbordante, va a tener, lo está teniendo ya, un impacto notable entre los que crean la opinión de los que crean la opinión. Y no es un juego de palabras. Ese tocho monumental –exige un mínimo de medio año de lectura sosegada para recorrer todos sus capítulos con algún aprovechamiento– está ahora mismo encima de las mesas de lectura de las cátedras universitarias norteamericanas de Economía. Y también en los despachos de los directores de los grandes periódicos y revistas que consumen con atención devota las minorías rectoras que dan forma al establishment anglosajón. Por eso es tan importante para nosotros que en ese libro se hable, y en los términos más críticos y duros, del nacionalismo catalán. Y es que Piketty, acaso el economista más influyente a día de hoy en el ámbito de la izquierda mundial, aplica ahí su bisturí teórico a fin de hacer una autopsia intelectual de la mezquina miseria egoísta que se esconde en la trastienda del manido romanticismo cultural de los separatistas.

Por lo demás, en Capital e ideología no se explica nada que un español medianamente informado ignore. Como, por ejemplo, que el sentimiento identitario y secesionista de los habitantes de Cataluña está sospechosamente correlacionado con el nivel de renta y el nivel de estudios. Resulta que cuanto más dinero tienen los catalanes en el bolsillo y más patrimonio material y académico acumulan, más experimentan en el interior de su alma nacional la conmoción sagrada del país petit ocupado por els espanyols. La pulsión identitaria está demostrado estadísticamente que es un asunto de ricos en el caso de los pobladores del extremo noreste de la Península Ibérica. Cosas que aquí, salvo alguna progresía expatriada de Vallecas, sabe cualquiera, pero de las que el Pinker abajofirmante e indocumentado de turno no tiene ni la más repajolera idea. Somos el cuarto país de la Unión Europea, pero los grandes mandarines del pensamiento oficial anglosajón no saben mucho más del asunto catalán que de los indios misquitos de Nicaragua. Bienvenido sea pues el rojazo de Piketty.
 


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