AGLI Recortes de Prensa   Lunes 9  Diciembre  2019

Este es el documento de los ERE que prueba que la Junta de Susana Díaz ocultó pruebas a la Justicia
Carlos Cuesta okdiario 9 Diciembre 2019

La Junta de Andalucía ha ocultado a la Justicia pruebas clave en el caso ERE. En concreto, ha negado en diversos documentos la existencia de un convenio de 1999 que afecta directamente a las ayudas concedidas por el Gobierno socialista del que formaba parte, entre otros, Carmen Calvo, la actual vicepresidenta de Pedro Sánchez en el Gobierno en funciones. OKDIARIO ya ha mostrado los documentos con los que se ha negado la existencia del citado convenio. Y hoy este diario muestra, además, el documento de la Agencia pública IDEA donde se revela la existencia del convenio que niegan los socialistas. El documento de IDEA -agencia dependiente de la Junta de Andalucía- alude a él, refleja sus principales datos y desvela incluso los trámites seguidos en su aprobación.

El documento en cuestión es el acta del Consejo Rector de la Agencia IDEA del 29 de octubre de 1999. Y en el se encuentra con todo lujo de detalles el siguiente párrafo: “Como es conocido, la empresa de referencia, tras adquirir de los liquidadores de hijos de Andrés Molina S.A., en liquidación, los activos necesarios para iniciar una actividad industrial agroalimentaria, especialmente, cárnica, precisa realizar inversiones, para lo que ha solicitado subvenciones previstas en el régimen de ayudas de la junta de Andalucía”. Y añade: “Dada la zona en que se enclava la actividad, la envergadura del proyecto y la especial situación socioeconómica de la zona, se estima conveniente acceder a anticiparle mediante un préstamo puente la cuantía total estimada de las mismas con cuyas percepciones se irá cancelando”.

Por si fuera poco explícito se aclara: “El Consejo rector adopta por unanimidad el siguiente acuerdo provisional, así como elevarlo al Consejo de Gobierno para su ratificación”. En ese Consejo de Gobierno es donde estaba Carmen Calvo.

En un acta posterior del Consejo Rector de Idea, fechada el 30 de marzo de 2000, se constata directamente que todos los trámites han sido superados y se relata un paso ya incluso posterior, “la firma de sendos convenios con la Consejería de Trabajo e Industria, uno para adelantar las ayudas a los ex empleados de hijos de Andrés Molina S.A., que no pudieron ser recolocados por Campocarne Andalucía S.A., y otro, para anticipar la subvenciones a esta empresa, objeto el convenio suscrito por la Consejería de la Presidencia con fecha 22 de diciembre de 1999”.

Todo ello se ha negado ahora por parte de la Junta Socialista actual a la Justicia. Todo ello se ha ocultado este pasado año.

Ocultación de pruebas decisivas
Así, la misma Junta de Andalucía socialista que cometió el mayor fraude de corrupción de la democracia española ocultó ya en 2018 y con actuales cargos del PSOE algunas de las pruebas decisivas que develaban su fraude de 680 millones de euros. Lo hizo para que esos documentos no llegaran a la Justicia. OKDIARIO ha publicado ya los documentos que demuestran la ocultación de pruebas llevada a cabo por los socialistas negando ante la Audiencia Provincial de Sevilla la existencia de acuerdos del Gobierno andaluz del año 1999 en los que se aprobaba el pago de partidas concretas de los ERE. Documentos remitidos desde la Consejería de Presidencia y desde la propia Agencia pública IDEA (Agencia de Innovación y Desarrollo de Andalucía), la misma que tiene en sus archivos el documento que prueba la existencia del mencionado Convenio.

El polémico y perseguido Convenio al que hace referencia estaba siendo reclamado judicialmente. Y es el documento por el que Gaspar Zarrías convirtió en un regalo los préstamos ventajosos concedidos una de las empresas de los ERE para que pagaran con fondos públicos el crédito que igualmente la Junta socialista le concedió. Traducido: que la empresa se quedó el dinero porque recibió un préstamo público y lo devolvió con subvenciones públicas.

Los sindicatos y el independentismo
Yolanda Gómez Rojo ABC 9 Diciembre 2019

Los secretarios generales de UGT y Comisiones Obreras han visitado esta semana a Oriol Junqueras, líder de ERC, en la cárcel de Llenoders, dicen que para conocer de primera mano cómo ve la situación política del país. Ante algunas informaciones periodísticas que aseguraban que la visita había sido para pedir el apoyo de la formación independentista al posible Gobierno de coalición de socialistas y podemitas, el líder de UGT, Pepe Álvarez, se justificó asegurando que no le pidieron exactamente ese apoyo y que solo hablaron de la necesidad de un pacto de fuerzas progresistas, entre las que incluye a los independentista de ERC, porque «con su voto puede cambiar leyes que beneficien a la mayoría».

Sinceramente dudo mucho de que a buena parte de los trabajadores españoles, cuyos intereses supuestamente defienden UGT y Comisiones Obreras, les haga la más mínima gracia que sus representantes sindicales se metan a hacer de intermediarios políticos con un señor al que los tribunales han declarado culpable de sedición y malversación de caudales públicos. No sé en qué medida pueden beneficiar a los trabajadores españoles las cesiones que un posible Gobierno PSOE-Podemos se vea obligado a hacer para obtener el apoyo de ERC. Quizás tuviera más sentido que Pepe Álvarez y Unai Sordo hubieran dedicado sus esfuerzos a convencer a Oriol Junqueras de que deje de hacer daño a los trabajadores, a los catalanes y a los del conjunto de España, impulsando un proceso independentista que ha provocado ya la huida de más de 4.000 empresas de Cataluña, y ha relegado a la que durante años fue la región más próspera de España, a un segundo plano.

Algún día los sindicatos y la izquierda de este querido país nuestro nos deberían explicar esa admiración o al menos condescendencia con unos partidos nacionalistas que defienden principios totalmente opuestos a los que en teoría siempre han sido la bandera de la izquierda: la igualdad entre los pueblos, la solidaridad entre ricos y pobres y la universalidad. Frente a esos principios, el condenado Junqueras cuyo apoyo buscan Sánchez, Podemos y los sindicatos, defiende la creación de una Cataluña independiente para crear fronteras donde no las hay y evitar así la solidaridad de Cataluña con otras regiones más pobres.

Flaco favor le hacen el señor Sordo y el señor Álvarez al sindicalismo español con esas actitudes, que solo sirven para dar más argumentos a sus detractores, que ya tienen unos cuantos con los escándalos que hemos conocido en los últimos años sobre los cursos de formación, y los ERE. El pasado miércoles conocíamos el procesamiento del ex secretario general de UGT Andalucía Francisco Fernández Sevilla y otras 14 personas en el caso conocido como «facturas falsas» por presuntos delitos de fraude de subvenciones y falsedad en documento mercantil, con un montante total superior a los 40 millones de euros.

Pero que nadie se equivoque, los sindicatos siguen siendo necesarios y fundamentales en nuestra sociedad y en nuestro mercado laboral para defender los intereses y los derechos de los trabajadores en las empresas, garantizando que los empleados también se benefician de la riqueza que generan, y para negociar las normas que les afectan. Que en los sindicatos, al igual que en los partidos políticos, haya manzanas podridas que se hayan aprovechado del dinero público no es suficiente para echar por tierra la esencial función que desarrollan para el buen funcionamiento del mercado de trabajo.

Los agentes sociales, empresarios y sindicatos, tienen una ardua tarea para recuperar la credibilidad entre aquellos a los que supuestamente defienden y representan, y créanme, intermediar con presos independentistas para que apoyen un Gobierno Sánchez-Iglesias no me parece la mejor fórmula para conseguirlo.

PSOE-PP-Cs, la apuesta de los empresarios
Mientras los sindicatos manifiestan sus preferencias por un Gobierno PSOE-Podemos, con la abstención de ERC, los empresarios hacen sus apuestas por un Gobierno moderado basado en un pacto entre socialistas, populares y Ciudadanos. «Ello permitiría aliviar la preocupación de un gran número de ciudadanos y empresas ante un programa de gobierno que consideran perjudicial tanto para la economía como para la estabilidad institucional», asegura el Círculo de Empresarios, presidido por John de Zulueta, en una carta difundida el pasado miércoles. El dinero es miedoso, y mientras duró la alternancia en el poder entre PP y PSOE, los empresarios se habían mantenido al margen. Ahora hacen sus apuestas. Hay mucho en juego.

Sindicatos con interés partidista
Editorial El Mundo 9 Diciembre 2019

De entre las muchas anomalías que se están produciendo en el intento de Pedro Sánchez de ser investido presidente con el respaldo de los independentistas no es menor el despropósito que supone la mediación de los líderes de UGT y CCOO, principales centrales sindicales de nuestro país. Desdeñando el rol que les corresponde, velar por los derechos de los trabajadores, vemos cómo Pepe Álvarez y Unai Sordo se meten a hacer politiquería y se esfuerzan para que ERC dé su bendición al Gobierno de coalición entre el PSOE y Podemos. Y el celestineo incluye visitas a la cárcel a Oriol Junqueras para rogarle que se sume a la foto del abrazo. Como si el secesionista no fuera por su naturaleza uno de los enemigos con el que cuenta hoy la clase trabajadora.

En vez de denunciar los privilegios de casta y los insolidarios derechos históricos que afectan tan negativamente a la igualdad y la prosperidad del conjunto de los españoles, las cúpulas de estos dos sindicatos se convierten en Cataluña en intermediarios entre los golpistas y el aspirante a seguir presidiendo España. Y ello por razones nada inocentes ni altruistas. UGT y CCOO tienen la esperanza de que un Ejecutivo de izquierda radical volverá a llenarles los bolsillos. En este sentido, hoy revelamos que, durante las dos legislaturas de Zapatero, ambos sindicatos llegaron a manejar hasta 100 millones de euros -buena parte concedidos por la Agencia Española de Cooperación Internacional- sólo para proyectos en el extranjero. Es una parte ínfima de las pingües subvenciones y ayudas de todo tipo que las centrales reciben. Y servía para mantener bien engrasadas dos estructuras -chiringuitos los llamarían algunos- dedicadas a programas de solidaridad internacional siempre bastante opacos. Con la crisis y la llegada al poder del PP se redujeron de forma notable esas ayudas y UGT y CCOO aplicaron drásticos despidos. Como ha sabido EL MUNDO, los responsables sindicales ya cuentan con recuperar el tiempo perdido con Iglesias en Moncloa.

Este ejemplo, que se puede extrapolar a todas las áreas en las que CCOO y UGT operan con fondos públicos, ayuda a entender por qué tanto empeño en que ERC dé su brazo a torcer. La voracidad sindical a la hora de hacerse con subvenciones contrasta con la necesidad urgente en España de regular este asunto. La AIReF, en un informe demoledor, alertaba hace meses de que en nuestro país se conceden cada año 14.000 millones en ayudas sin ninguna transparencia. Y así se crean redes clientelares y ocurren casos de supuesto latrocinio como la trama extremeña de más de 100 millones de euros en subvenciones a los sindicatos que está investigando la Justicia, por no hablar de la causa abierta en Andalucía por fraude contra el antiguo secretario general de UGT. No creemos que de la regeneración sindical pendiente hablen en la cárcel de Lledoners.

España y su realidad histórica
Agapito Maestre Libertad Digital 9 Diciembre 2019

Irradiaciones del vivir hispánico fue el título del ensayo de Américo Castro, que publicó la revista Las Españas, en un número del año 1947. Breve, preciso y brillante es el texto de Castro: España, los españoles y su forma de vivir aún son referencias imprescindibles para que Europa, el mundo, salga de su ceguera pragmática. Nadie lo comentó. Pasó desapercibido. Nunca más volvió a colaborar el humanista en esta revista de los exiliados españoles en México. Castro fue, como dicen los mexicanos, "ninguneado". Carretero y Bosch Gimpera, jefes ideológicos de Las Españas, no soportaban que alguien hablase de "lo español" y menos aún de las formas de vida de los españoles. Se negaban a usar la expresión "aspectos del vivir hispánico". Cuestionaban tanto que España fuese sujeto histórico como que los españoles fueran considerados un agente histórico colectivo. No estaban en modo alguno dispuestos a hablar de un "nosotros" español. Repudiaban, pues, La realidad histórica de España, título final que dio Castro, en 1954, a la obra que en su primera versión de 1948 llevaba el de España en su historia.

España era, sin duda alguna, algo más que una molestia. Era el principal enemigo a batir. Los "federalistas", los separatistas, los socialistas y los comunistas de ayer como los de hoy tenían un enemigo común: la nación española. Odiaban a España y, de paso, a todos los autores que consideraban un imposible estudiar España sin Castilla. Por lo tanto, despreciaban a Menéndez Pelayo, el 98, Ortega, Américo Castro, Sánchez Albornoz y Laín, quienes, a pesar de sus diferencias, partían de la imposibilidad de estudiar la historia de España moderna al margen de Castilla. Tampoco se libran de este prejuicio la actual historiografía "oficial" de las universidades españolas. La acusación de "castellanismo" a esos grandes estudiosos de la historia de España suena cada vez más a chascarrillo ridículo, pero forma parte del "pensamiento" políticamente correcto: Castilla, el centro o, en su defecto, Madrid son las principales culpables de los males de España… Absurdo. Hace tiempo que dejó de tener sentido, salvo para los separatistas, esa apelación a Castilla, porque fue subsumida definitivamente en la nación española. Ahí reside, como nos enseñó César Alonso de los Ríos, su grandeza: desapareció a favor de su propia criatura.

El propio Américo Castro en la importantísima introducción que puso a la última edición de La realidad histórica de España respondió a sus críticos:
Algunos piensan que a mí me interesa sólo la media España castellana y no la otra. Mas, en primer lugar, yo no tengo la culpa de que Castilla haya estado a punto de absorber totalmente a toda la Península; si no lo logró, el motivo tal vez fue haber llevado al extremo su abstracto poder imperativo ('la dimensión imperativa de la persona') junto con su casticismo orientalizado y teologizado, y su paralizante limpieza de sangre. De todas suertes, la lengua castellana y lo escrito en ella por gentes de las tres castas, ahí está. Si otras lenguas peninsulares no llegaron a tanto, la culpa no es de los castellanos, sino de las gentes que hablaban otras lenguas (…). Las lenguas se abren caminos ascendentes a través de lo escrito en ellas por quienes las hablan. (Castro, A.: La realidad histórica de España. 3ª ed. renovada. Porrúa, México, 1966, p.38).

Pero no creo que Américo Castro fuera cuestionado por sus discutibles afirmaciones e investigaciones sobre la historia de España y los españoles, por su castellanismo o por mantener que España tuvieran su origen en Covadonga con la Reconquista, por considerar al mismo nivel las castas cristianas, judías y musulmanas en la formación de España o por mantener que el epitafio de Fernando III, en la catedral de Sevilla, refleja el verdadero ser de España y no el epitafio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, en la catedral de Granada.

Ni la derecha ni la izquierda discute con Castro
Ninguna de esas cuestiones y otras mil que trata Castro en su obra, todas ellas discutibles desde el punto de vista científico, son motivos suficientes para ser rechazado. Es su voluntad resuelta e inquebrantable por desmitificar nuestro pasado la razón clave de sus desdichas. Su sistemática mitoclastia nunca fue bien recibida por nadie. Ni siquiera hoy Castro es estudiado con mirada limpia en las universidades españolas. Ni la derecha ni la izquierda, y mucho menos los separatistas, están dispuestos a discutir con Castro. Temen ser despojados de sus mitos en un debate científico. Cualquier cosa, pues, antes que dejarse arrebatar sus falsos dogmas. Ni quienes vivían de la queja sobre la eterna decadencia de España de los siglos XVI y XVII, ni quienes negaban que España hubiera integrado a sus pueblos prerromanos, en fin, ninguna tendencia extrema, exagerada, a la hora de pensar España podría aceptar de buen grado que "el pasado español siempre ha sido problema de difícil trato para quienes han intentado juzgarlo con mesurada reflexión" (p.23).

Además, pocos han querido comprender que la tarea crítica de Castro iba unida a su pasión, su genuino patriotismo, por España. Fue el primer autor en el siglo XX, después de la Guerra Civil, que puso pie en pared para combatir una historiografía que se alimentaba de lamerse sus propias heridas. La angustia y el descontento, los estros básicos de la historiografía española de todos los tiempos, tenían que dar paso a una "nueva luz" sobre nuestro pasado. No solo se trataba de aumentar nuestros saberes, conocimientos y materiales, sino de someterlos a un nuevo criterio crítico. Castro somete a crítica la historiografía vigente y pone en cuestión sus propios planteamientos. Su obra está abierta siempre a nuevas revisiones. De ahí que sean tan importantes las introducciones que hace a su obra clave. Eso fue algo inédito en un país acostumbrado a no enmendar jamás opiniones. Castro trae aire fresco. El realismo es su hilo conductor. Había que enfrentarse con el verdadero pasado español y no forjarse uno ilusorio.

Aunque esta ilusión, dice Castro, en un afán comprensivo poco común entre nuestros intelectuales por comprender al disidente, "es tan explicable como excusable, pues es directo reflejo de la inquietud sentida por algunos eminentes pensadores del siglo XIX y comienzos del XX, que incluso llegaron a dar por inválidos y vacíos los tres o cuatro siglos que nos han precedido" (p. 22). Esa forma de pensar y sentir, esa idea y sentimiento, en fin, esa manera de encarar nuestro pasado entre el arrebato y el dolor es una manifestación clara de "vivir desviviéndose", una nueva expresión, en realidad, un nuevo concepto elaborado por Castro para entender la historia integral de España. Respeto, sí, trae la obra de Castro sobre todo esos pensadores que "viven desviviéndose", pero a la par aporta un trabajo serio y riguroso para superar ese existencial pesimismo sobre la historia de España, o peor, un enfrentamiento a cara de perro contra todos los tópicos que se fueron acumulando en los libros de historias y manuales al uso sobre la historia de España en general y, especialmente, sobre esa visión dogmática que excluye a moros y judíos de la formación y desarrollo de España.

La realidad de la historia y sus contradicciones
Castro mira de frente la realidad de la historia de España y asume sus contradicciones. "La búsqueda de una realidad no fabulosa" de la historia de los españoles, primer capítulo de la obra de Castro, lejos de ser sometida a crítica y pública discusión, era sencillamente silenciada, entre otros motivos, porque sus propósitos excedían la esfera de la investigación sobre el pasado y trataban de ser útiles mediaciones para mejorar la vida de los españoles. La realidad histórica de España debería proyectarnos sobre el futuro, naturalmente, exonerada en la medida de nuestras posibilidades de todos los lastres negativos que se habían desarrollado en el pasado. La historia no era, pues, una cuestión del pasado, de sabiduría sobre lo sucedido en otras épocas, sino de una conexión entre el pasado, el presente y el futuro.

Ciento son las anomalías que descubre Castro en nuestro pasado, a veces bien justificadas y otras únicamente sugeridas, pero hay una que no podemos dejar de subrayar, en realidad, de reiterar en una sección titulada A vueltas con España: nuestra anómala manera de enfrentarnos al pasado. Ya desde el siglo XV, como puede estudiarse en la Coplas de Jorge Manrique, nuestras mentes más despiertas contemplan con horror su inmediato pasado como si no fuera digno de ser historiado. Una mezcla extraña de amor y dolor de España ha invadido siempre a nuestros grandes personalidades intelectuales y literarias: "El descontento y la angustia trazaron la pauta de la historiografía española (…). Unos lo desvalorizan (el pasado) y lo privan de estructura constructiva; frente a esa 'desvertebración', hay quienes niegan que haya habido decadencia española. Al derrumbarse la monarquía de 1931, hasta hubo quien propusiese como ideal político comenzarlo todo 'da capo', como si la historia de España no hubiera existido. Todo lo cual refuerza la sospecha de que la vida de los españoles ha sido única; para mí, espléndidamente única" (pp. 23 y 24).

Qué era lo español
Por eso precisamente, porque la vida de los españoles es singular y única, Castro concentró todas sus energías, después de la Guerra Civil, en descubrir qué era lo español. Se trataba de indagar la genuina autoctonía del pasado español y no tergiversarlo con ideologías y nomenclaturas ajenas a él:

Mi problema es, ante todo, el de la radicalidad de lo español no el de su frondosidad. El tema de ésta y otras obras mías no es la política, ni la religión, ni la economía, ni el catalanismo, ni el centralismo opresivo, ni la técnica, etc. Quienes amablemente sugieren (son bastantes) que escriba una obra sistemática y bien estructurada, no se dan cuenta de que mi interés se encuentra en lo español (por ejemplo) de la economía, y no en la economía de los españoles. (p. 7).

Lo genuinamente español, los españoles auténticos, esos "que espontáneamente se veían como una trabazón de cristianos, moros y judíos", no se compadece con esa tensión imperial "española"que, desde el siglo XV, nos incitaba y exigía a que nos creáramos gloriosos ascendientes para legitimar nuestro prestigio político y nos adornásemos con cultura humanística de la que estábamos lejos. Afirmar que Trajano y Séneca, concluye Castro, son españoles refleja una falta radical de sentido de la realidad histórica. Es una fábula, una alucinación, "explicable por una especie de psicosis colectiva". Es una ingenuidad que acabará desapareciendo de los libros, cuando "los lectores se den cuenta del sofisma implícito en dotar de un mismo sentido los vocablos 'Hispania' y 'España' -una identidad tan sofística como sería el fundir los sentidos de la 'Italia' de Augusto y el de la 'Italia' de la monarquía de los Saboya" (p. 147). He ahí una ironía, un ejemplo más de la crítica ejercida por Castro, contra quienes se rinden a explicar lo español recurriendo a quimeras como pudieran ser subordinarse a nuestro clima o a una especie de carácter psicológico que se repite a lo largo de la historia.

Sea como fuere, Castro no rehuye la autocrítica y, después de dar argumentos sólidos sobre por qué lo español es un "entrecruce de tres castas de creyentes", no excluye que su historia, pasión y saber de España sea producto de una quimera. Ahí va la prueba de su humilde saber. Perdonen la latitud de la cita, pero es imprescindible para percatarse de cuál es la verdadera dimensión intelectual y humana del personaje:

Me rendí a la evidencia de que la disposición de vida, hoy española, fue como tejido de tres hilos, sin que quepa excluir de él ninguno de ellos. Los historiadores sabios, en ciertas ocasiones, hablan de objetividad, tanto como los críticos literarios de tipo ´científico`. No quieren descubrir su intimidad al enfrentarse con fenómenos humanos, porque eso a un sabio, sobre todo si es alemán o inglés, le parece muy 'shocking'. Dan suelta, en cambio, a veces con gran cinismo, a sus odios y rencores sin la menor continencia. El antiislamismo y antijudaísmo llegan a límites cómicos, según he hecho y haré ver. Mas hay que poner valladares a la historiografía fabulosa. Hay que hurgar en intimidades sensibles del pasado, para muchos dolorosas, no por el gusto de hacer ciencia, sino para suscitar clarividencias y templar los ánimos frente al más incierto futuro que se va a presentar al Occidente después de la caída del Imperio Romano. Y el español, entre los europeos, quizá sea el menos en contacto con el sentido de su propio pasado. Estoy persuadido de que en el cielo de España no sonreirán las hadas y los hados mientras vida que fue, y sigue ahí latente en sus consecuencias, no sea manifestada, valorada y transmitida en formas de actividad que sin destruir aquélla, la hagan apta para enfrentarse con los problemas ante los cuales se hallan los habitantes de la Península. De ahí que para el historiador, su primer deber sea hacer volver a los hispanos de la alucinación respecto de sí mismos, y estimularlos a desechar la apatía ante el esfuerzo calculado, y a tomar precauciones ante la violencia como sustituto del vacío existencial. ¿Quimera? Puede ser. Mas ha habido otras mucho menos justificadas, y cuyas consecuencias fueron bastante funestas (pp. 66 y 67).

Reitero mi petición de excusas, amable lector, por la extensión de la cita, pero es toda una prueba para conocer el propósito último de toda la obra de Américo Castro. El grandioso esfuerzo intelectual de Castro por ver claro qué es lo español, qué son los españoles, no tiene mejor finalidad que liberarnos de nuestros fantasmas. Su empeño y compromiso es moral. Práctico, o mejor, político es el objetivo de La realidad histórica de España. Es necesario conocer el pasado de España sin prejuicios y sin deformaciones para saber enfrentarnos al problemático futuro. Sin una visión clara de su historia, el pueblo español "se me aparece como la figura de un esgrimidor, ya sin espada, que continuase agitando sus brazos y sus palabras, con la misma vehemencia de quien cruza su acero con el de un adversario ya inexistente. Si ya no hay castas, si somos simplemente españoles, ¿por qué no dirigir la voluntad, constructivamente, hacia la periferia de la personal y no hacia sus centros irreductibles?" (p. 265).

Pero de esta despedida de Castro del pasado casticista del pueblo español ya habrá tiempo de tratar cuando, en una próxima entrega, recojamos las críticas de su gran contradictor, Claudio Sánchez- Albornoz, quien al trazar el plan de su propia obra, España, un enigma histórico, hizo el mayor reconocimiento que puede hacerse de la obra castrista: "Como ha sido Castro el más sutil, el más audaz, el más ingenioso, el más original, el último de cuantos se han asomado a los horizontes del pasado de España, van a ser sus tesis las más discutidas en estas páginas" (Sánchez Albornoz, C.: España, un enigma histórico. T. I, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1956, pp. 18 y 19).

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Ni a la izquierda ni a la derecha
Pedro de Tena Libertad Digital 9 Diciembre 2019

De lo de las derechas y las izquierdas ya estamos hasta el gorro los que llevamos en la vida bastantes años. Tan hasta el gorro estábamos que incluso la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, en octubre de 1999, publicó en uno de sus Papeles y Memorias una serie de aportaciones acerca del significado real de derechas e izquierdas en el mundo actual donde no quedaba nada claro qué se quería decir en esa simple topología política más de 200 años después de la Revolución francesa. Lo único que sabemos con certeza es que si los que se dicen de izquierdas te califican de derechas es para identificarte con el franquismo, con el egoísmo, con la monarquía, con los empresarios, con el machismo, con la desigualdad, con los privilegios y un largo rosario de pecados sociales que te harán un monstruo pleno de maldad intrínseca. Si la cosa se pone radical pueden acusarte de ser incluso fascista o nazi o mataclima.

Al contrario, si uno de derechas califica a alguien de izquierdas, es para identificarlo con lo peor del comunismo internacional ahora bolivariano, con modos fanáticos de gobernar, con igualitarismos antilibertades, con una superioridad moral impostada, con el feminismo más inclemente (nosotras parimos, nosotras decidimos incluso sobre el código penal), con el sexo como bandera, con el Frente Popular golpista, con la beneficencia estatal ahora disfrazada de solidaridad, con los trabajadores asalariados, con la República, con una España descuartizada, con el chollo internacionalista del medio ambiente, con el proislamismo y el filoterrorismo…

Pero eso no son más que esquemas mentales enfermizos que unas minorías, que gozan de la regalía que concede la democracia española a los políticos, se aplican publicitariamente para alterar el resultado de unas elecciones que desde 1978 han convertido a los partidos políticos en verdaderos señores feudales del reino presupuestario –casi medio billón de euros anuales– y de la vida nacional. Entre 2008 y 2018, los Presupuestos han crecido de los 300.000 millones hasta los 472.000, mientras que el PIB ha crecido sólo de 1.1 a 1.2 billones, lo que da una idea del poder creciente de todos los partidos sobre la vida española y del peso de lo público sobre lo privado.

Ni unos partidos ni otros respetan demasiado la personalidad de los ciudadanos, ni su inteligencia, ni defienden sus libertades, ni atienden adecuadamente los servicios públicos (eso explica que la sanidad privada crezca como crecen otras cosas), ni actúan democráticamente dentro de sí mismos (son despotismos de hecho e incluso caudillismos) , ni cumplen lo que prometen en las campañas, ni permiten que decidamos el uso de nuestros dineros, ni defienden como país serio nuestras fronteras, ni la educación y la sanidad nacional comunes o la comunicación veraz y plural, ni un amor necesario por la Patria presente en cualquier francés o americano (hasta en el Trafalgar de Galdós se dibuja el patriotismo), ni actúan consecuentemente según sus valores y principios (ahí quedan Rajoy y su espantá o los de Galapagar con su chaletón), ni dicen la verdad como norma moral obligada (Pedro Sánchez dice y se desdice como quiere), ni respetan el dinero público…

Lo dejaremos ahí porque cualquiera de nosotros podría escribir veinte folios o más sobre el desastre de políticos –y sólo se ha mencionado a los que dicen ser españoles, más o menos– que asola a esta nación. De los Pujol, Junqueras, Puigdemont, señoritos nuecetarras y demás felones ni hablamos.

Por ello, hay que dejar claro que la necesaria resistencia democrática nacional, además de otros elementos, debe defender un modo respetuoso, democrático y nacional, de tratar a los que somos la inmensísima mayoría, fuente de la soberanía y del poder. La reacción nacional que deseamos no está a la derecha ni a la izquierda de nadie, como decía Gómez Dávila. Está frente a estos modos pervertidos de tratarnos como máquinas expendedoras de votos de vez en cuando para enseguida apoderarse del usufructo de nuestro capital político nacional.

El Estatuto vasco como chantaje
Editorial larazon 9 Diciembre 2019

Mal camino es el de presionar a un gobierno con un Estatuto de Autonomía de máximos en el que, por ejemplo, se reconoce el derecho de autodeterminación. Una ley fundamental no puede ser el resultado de una negociación, por llamarlo suavemente, para conseguir los votos necesarios para una investidura. El Estatuto de Autonomía del País Vasco se aprobó hace cuarenta años (fue refrendado el 25 de octubre de 1979), lo que ha supuesto el mayor nivel de autogobierno alcanzado en Europa por un territorio perteneciente a uno de sus estados. Hay que decir que está sancionado por el Rey Juan Carlos, entra en funcionamiento bajo la Monarquía parlamentaria y se ajusta a la Constitución de 1978, incluso en derechos propios que sólo el País Vasco tiene. Aunque en su artículo 2 se delimita el territorio de la comunidad autónoma a Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, también se incluye Navarra «en el supuesto de que esta última decida su incorporación de acuerdo con el procedimiento establecido en la disposición transitoria 4ª de la Constitución».

El texto sólo consta de 47 artículos (el de Cataluña de 2006 se compone de 223), lo que ya da la medida de que lo esencial del estatuto ya estaba contenido en los derechos históricos forales y, en particular, en el sistema de financiación y hacienda propia. El PNV ha puesto ahora encima de la mesa la reforma del Estatuto, que siempre hay que entenderlo como su mejora, algo que no había considerado como prioritario. Después de todo, la foralidad vasca y navarra no deja de ser un privilegio fiscal que se ha mantenido muy silenciado ante la Unión Europea, absolutamente contraria a este tipo de prerrogativas. Por lo tanto, para el nacionalismo vasco siempre ha primado la discreción, sobre todo porque la comunidad vive una situación de bienestar social y económica por encima de la media española, en tasa de paro (9,6 frente a la estatal de 13,9) y renta (34.079 frente al 25.854 del conjunto nacional). A nadie se le escapa que el PNV ha propuesto esta reforma aprovechando el momento de debilidad del Gobierno, da igual de qué color sea, como quedó claro al apoyar la moción de censura que llevó a La Moncloa a Pedro Sánchez, pero con las mismas condiciones que había pactado con el depuesto Mariano Rajoy: 540 millones de euros en inversiones en el País Vasco.

Precisamente, el nuevo Estatuto incide en esa misma «bilateralidad» con el Estado y, además, abre la posibilidad de ejercer el derecho de autodeterminación a través de una Disposición Adicional en la que se reconoce el «derecho a decidir pactado con el Estado». Hay que decir que el mayor impulsor del nuevo marco legislativo es, además del PNV y Bildu, Podemos, lo que para el futuro Gobierno de coalición de Sánchez-Iglesias puede convertirse en un asunto que agudizará aún más el problema territorial abierto por el independentismo en Cataluña. ¿A esto se refiere Sánchez cuando habla de la España plurinacional? Como dice el líder del PP en el País Vasco, Alfonso Alonso, en una entrevista que publicamos hoy, la oportunidad de esta reforma es porque «ahora ven una grieta constitucional y piensan que pueden colar lo que significa la soberanía nacional». Este nuevo Estatuto delimita una marco competencial en el que erradica del todo la presencia del Estado, aunque se contradiga frontalmente con los artículos 148 y 158 de la Constitución en la que se delimita las competencias autonómicas. El «choque de trenes» está servido si PNV y Podemos persisten en esta vía y quieren aplicar el «derecho de prevalencia», en el que «el Derecho propio de Euskadi en materias de su competencia es aplicable con preferencia a cualquier otro, y sólo en su defecto será de aplicación supletoria del Derecho de Estado». Los socialistas vascos no comparten este principio, aunque sí el futuro vicepresidente del Gobierno de España. El problema es que nadie sabe qué opina y, sobre todo, qué hará el candidato socialista a la presidencia.

Sánchez y ERC ya han pactado la liberación de los presos
Carlos Dávila okdiario 9 Diciembre 2019

Los separatistas de Esquerra y Sánchez ya tienen un primer acuerdo: disimular de antemano la reunión de las juntas carcelarias de tratamiento que esta semana, incluso puede ser que este martes, pueden tomar decisión sobre la libertad eventual de Junqueras y Forcadell, los líderes partidistas de la sedición de octubre. Escribo eventual porque no se trata, todavía, de sacar a los presos incondicionalmente de Lledoners y de la prisión donde aún habita Carmen Forcadell, la que fue presidenta del Parlamento regional, sino de ofrecerles unos permisos que, como dice un penalista: “Tengan vocación de continuidad”, o sea autorizaciones sucesivas, con cambios de grados, que prácticamente supongan la liberación total de los condenados. Ni el PSOE, ni Esquerra están filtrando nada sobre el particular aunque, según todas las apariencias, ambos concuerdan en apoyar estas medidas. ERC por razones obvias que no hay que explicar, y Sánchez porque así depara una muestra de complicidad y pacto con los separatistas. Por eso ni siquiera los medios más afectos al independentismo están ofreciendo noticia alguna de este episodio trascendental.

Y es que además Sánchez no quiere enfadar a los fiscales del Supremo que son los que, tras la opinión expresada de las mencionadas juntas tratamiento, deben apoyar, si es el caso, un adelgazamiento en el cumplimento de las penas dictadas en octubre por el Tribunal Supremo. Ya podemos adelantar que, al menos dos de los fiscales, uno de ellos desde luego Javier Zaragoza, no están nada de acuerdo con las pretendidas y muy claras resoluciones de las mencionadas juntas, entre otras cosas porque han dicho por activa y por pasiva que lo ocurrido en octubre de 2017 no fue, como al final dictaminó el Tribunal de Marchena, una sedición sino un auténtico golpe de Estado. No se entendería que con esta calificación, los fiscales ahora transigieran con lo que apoyan las juntas, el PSOE y desde luego Esquerra Republicana. Pero claro, Zaragoza ya opinaba, recién conocida la sentencia, que ésta solucionaba a Sánchez el problema; ya no necesitaría gastarse con el indulto. En los medios más informados de Cataluña no existe ninguna duda: las juntas van a pronunciarse a favor de la salida de la cárcel de los delincuentes. Días pasados, un personaje que está actuando de mediador entre el equipo negociador de Sánchez y el de Esquerra, decía: “No hay acuerdo posible de investidura si los presos siguen encarcelados”.

¿Qué es lo que se prepara pues? Pues un segundo grado que parezca un tercero, es decir que, en resumidas cuentas, los presos más que internos sean mediopensionistas o quizá ni siquiera eso. Lo que se percibe es que este martes se sentarán los colegas de los sediciosos y los monaguillos de Sánchez con la cuestión carcelaria resuelta. Todo apunta a que sí porque ¿qué mejor muestra de buena voluntad por parte de Sánchez que un apoyo decidido a la liberación de los políticos presos? Es comprensible que, habiendo pactado este proceloso asunto, el aún presidente quiera mantenerlo en secreto depositando en las citadas juntas de tratamiento la sola responsabilidad de la salida de la cárcel de Junqueras y sus secuaces. En su tónica habitual de mentira y desahogo Sánchez ya tiene pensada una respuesta como ésta: “Que conste que yo no he sido”. Ejemplar, como todo lo de este personaje infumable.

El conocimiento de lo que se perpetra con los delincuentes presos alimenta la impresión de que el pacto entre los socialistas y los republicanos está ya perfilado. Los medios catalanes no se han cansado de aconsejar a ERC que se suba a este carro porque, como ha escrito el periódico más conciliador de Cataluña: “Con ningún Gobierno le va a ir a los independentistas mejer que con éste que han pactado Sánchez e Iglesias”. ERC, en todo caso, va a exprimir sus exigencias hasta el final; conseguida, como queda escrito, la peliaguda excarcelación de los políticos presos, resta por pactar otro de los puntos más delicados de la negociación: el referéndum. Sánchez ya se lo ha ofrecido con dos pequeñas matizaciones: que se celebre para aprobar un nuevo Estatuto y que, ahora, en primera instancia, no figure como punto crucial del acuerdo. Sería demasiado escándalo para un presidente cuya única línea roja es no seguir en La Moncloa.

El Gobierno catalán pide más dinero
Editorial ABC 9 Diciembre 2019

Con una mano, la Generalitat patrocina a los CDR y su política de odio a España, y con la otra exige al Estado al que tanto odia que se sacrifique para que Cataluña pueda pagar sus facturas

Independientemente de cómo se resuelva la negociación entre el PSOE y ERC para la investidura de Pedro Sánchez, la Generalitat de Cataluña pedirá al Gobierno en 2020 unos 10.000 millones de euros para su financiación, lo que representa 2.000 millones más que en 2019 y la mitad del montante global destinado a todas las autonomías para el próximo año. Por muchos motivos, Cataluña no está legitimada para sostener que es una comunidad agraviada. Resulta extraño y cínico que los que pretenden declararse independientes del resto de España y constituir una «república» tengan que pedir al resto de los españoles la mitad de lo que se recauda para la sostenibilidad de su financiación autonómica. Con una mano, la Generalitat patrocina a los CDR y su política de odio a España, y con la otra exige al mismo Estado al que tanto odia que se sacrifique para que Cataluña pueda pagar, por ejemplo, su factura farmacéutica o las nóminas de sus empleados públicos. Hay datos contundentes y reveladores: Cataluña tiene los mercados cerrados, su bono es calificado de «basura» y tiene vedado endeudarse más porque el riesgo de su deuda es muy elevado. Más aún, la Autoridad Fiscal calcula que ese riesgo se prolongará hasta 2040, una vez que el Gobierno de España, no de ningún otro país, ha podido constatar que es el principal acreedor de Cataluña, con el 74 por ciento de su deuda. En definitiva, no debería ser nunca el Estado quien cediese ante el separatismo catalán porque su relación de dependencia de España es evidente.

El imaginario secesionista ha dibujado demasiadas veces escenarios irreales para convertir su utópica república en un edén. Pero todo es una ficción. Desde las balanzas fiscales hasta la historia que se enseña en los colegios catalanes. Desde la información que se ofrece al ciudadano en su radio y televisión públicas hasta la soberbia con que sus dirigentes se desempeñan mientras Sánchez y el PSOE les mendigan apoyo parlamentario. La única verdad del separatismo es que debe al resto de los españoles su propia supervivencia, porque el dinero no nace en los árboles catalanes. Más bien se recauda en el bolsillo de todos los contribuyentes y después se distribuye con los criterios de solidaridad interregional que establece la Constitución. Pero la Generalitat solo se da por aludida cuando el saldo es a su favor. Por eso resulta indignante la incapacidad de Sánchez de hacer pedagogía con la realidad en vez de alimentar el injustificado victimismo de la Generalitat. Pedir cada vez más dinero no es una solución para un Ejecutivo como el catalán, que ha decidido no legislar y no gobernar. Pero Cataluña es España, y siempre tendrá el apoyo del resto de españoles.

Reforma del Estatuto vasco
El PSOE avala los referéndums en el nuevo Estatuto vasco sin los límites que establece la Constitución
C. Cuesta y L. Sela okdiario 9 Diciembre 2019

El borrador acordado por PNV, PSOE y Podemos para el nuevo Estatuto vasco abre la puerta a la posibilidad de preguntar a la ciudadanía, sin el límite recogido en la Constitución española que atribuye al Estado las competencias exclusivas sobre la realización de referéndums.

La Constitución establece, en su artículo 149.1.32 que es competencia exclusiva del Estado "la autorización de la convocatoria de consultas populares por vía de referéndum" y de naturaleza vinculante.

Sin embargo, el texto acordado por los juristas, y en este caso sin objeción del PSE, blinda la potestad para "establecer el régimen jurídico, las modalidades, procedimiento, la realización y la convocatoria de los instrumentos de participación ciudadana y democracia directa, incluidas las consultas ciudadanas", con el único límite de "lo establecido mediante ley del Parlamento Vasco". No hay mención a la Constitución.

En el Estatut de Cataluña, por ejemplo, el redactado es similar, como en otros estatutos, pero incluso en ese caso se marcan los límites constitucionales: "Corresponde a la Generalitat la competencia exclusiva para el establecimiento del régimen jurídico, las modalidades, el procedimiento, la realización y la convocatoria por la propia Generalitat o por los entes locales, en el ámbito de sus competencias, de encuestas, audiencias públicas, foros de participación y cualquier otro instrumento de consulta popular, con excepción de lo previsto en el artículo 149.1.32 de la Constitución", reza el artículo del Estatut, que fue validado por el Tribunal Constitucional.

Fue en dicho artículo en el que se amparó el gobierno independentista de Artur Mas para sostener la Ley de Consultas que albergó la convocatoria del referéndum ilegal del 9 de noviembre de 2014.

Esa Ley fue aprobada con el voto a favor de los socialistas, que justificaron que serviría para preguntar por otras cuestiones de interés ciudadano, y no por la independencia. El diputado del PSC Ferran Pedret defendió que se trataba de "una buena herramienta para completar la democracia participativa" aunque marcó el límite en que "la ley no sirva para hacer la consulta del 9-N".

El ambiguo redactado de dicho artículo en el nuevo Estatuto vasco, incluso más laxo que el catalán, crea inseguridad ante los órdagos separatistas.

Rechazo al ‘derecho a decidir’
Sin embargo, los socialistas sí expresan su rechazo frontal al supuesto ‘derecho a decidir’, que defienden en el texto PNV y Podemos.

En este punto, se presentan dos opciones. Los nacionalistas defienden que "la plena realización de los derechos históricos del pueblo vasco, como manifestación institucional de su autogobierno, se exterioriza a través del derecho a decidir de su ciudadanía libre y democráticamente expresado, siendo su ejercicio pactado con el Estado".

Desde Podemos, mientras, se prescinde del polémico concepto, pero se camufla en supuesto "derecho de la ciudadanía a expresar su voluntad libre y democráticamente, siendo su ejercicio legal y pactado con el Estado".

En el PSE se rechaza: "He escrito muchas páginas criticando la idea de ‘derecho a decidir’ sin que se me hayan opuesto argumentos que me hagan reformular o modificar mi posición", rebate el experto designado por los socialistas Alberto López Basaguren. "En primer lugar no es un ‘derecho’. No lo es en la medida en que ningún texto jurídico -ni constitucional ni internacional- reconoce tal derecho como "derecho", prosigue.

Y añade que "el referéndum de estas características no es un elemento integrante del estándar democrático en el ámbito europeo ni internacional".

Considera Basaguren que ese referéndum "es la vía abierta a la fractura de la sociedad y a la entrada en un bucle político del que la sociedad sale maltrecha".

"No es casualidad de que en todas las sociedades democráticas avanzadas en las que, de una u otra forma, se ha ejercido el ‘derecho a decidir’ en esta versión, pasada la experiencia y una vez calmado el ambiente, la inmenda mayoría de la población no quiera volver a oír hablar de repetir la experiencia", añade.

Nueve naciones
Las consecuencias del tripartito de ZP afloraron a los diez años, pero ahora el ritmo histórico es mucho más rápido
Ignacio Camacho ABC 9 Diciembre 2019

En noviembre de 2005, y en una entrevista con el arriba firmante, Pasqual Maragall dijo sin inmutarse que en España había «tres naciones seguras y una probable». La probable era Andalucía, pero el entonces presidente de la Generalitat, en su quizá ya borroso tráfago mental, olvidó incluir en el catálogo a (el resto de) España, para la que más tarde propondría encontrar un nuevo nombre diferencial en su escalada de disparates. Quizá ya casi nadie recuerde este proceso centrífugo delirante que se abrió cuando Zapatero dio carta blanca a Cataluña y acabó en una segunda generación estatutaria repleta de «realidades nacionales». Miquel Iceta las ha contado y le salen nueve, cómputo en el que avala su visión frívola de un país que sirve identidades a la carta como el menú de un restaurante. Todo esto no es un desvarío transitorio de un manojo de orates: es la hoja de ruta con las que el socialismo catalán vuelve a orientar la estrategia (?) territorial de un PSOE abducido por el irresponsable proyecto de poder de Pedro Sánchez.

Urgido por la necesidad de una mayoría de investidura, el presidente ha entregado de nuevo al PSC la manija del diseño del Estado. Ante el silencio acomodaticio de los barones autonómicos, el Partido Socialista se ha convertido en una franquicia española de su fracción nacionalista catalana, cuyo líder es el muñidor del pacto para que la candidatura sanchista obtenga el necesario respaldo. Las consecuencias del primer tripartito, el del Estatut de Maragall y ZP, afloraron al cabo de una década de modo dramático, pero el ritmo histórico discurre ahora con plazos mucho más volátiles y acelerados. Si cuaja la alianza desintegradora que se está fraguando -con Podemos como elemento catalizador de un cóctel político incendiario-, el impacto sobre el modelo constitucional será mucho más rápido. Y causará más estragos porque la insurrección de 2017 no sólo no se ha desarticulado sino que conserva prácticamente intacta su capacidad de daño.

Esta negociación, dirigida en la sombra por Iceta, supone otorgar al procés una tardía carta de naturaleza. Por un lado indulta de facto -ya se verá si también de derecho- a los líderes de la revuelta, y por otro les da razón en sus pretensiones de vuelco del sistema. Ya ha habido una primera cesión, simbólica pero esencial, al asumir el Gobierno la existencia de un «conflicto político» en lugar de un problema de convivencia. La expresión del conflicto implica dos partes: bilateralidad dialéctica. Es decir, que el Estado no ha sido agredido, sino que es como mínimo corresponsable de la refriega por no hacerse cargo de la condición plurinacional, léase confederal, que el ordenamiento estatutario recoge y fomenta. A partir de ahí, la subasta queda abierta. Y hay nueve comunidades «nacionales» en potencial turno de espera para repartirse a trozos la soberanía en alegre almoneda.

Los hijos de los asesinados por el etarra Abetxuko lamentan que la UPV le permita dar una conferencia
OKDIARIO 9 Diciembre 2019

La organización de una conferencia a cargo de un asesino etarra en la Universidad del País Vasco sigue levantando las lógicas ampollas. Los propios hijos de dos víctimas mortales de atentados por los que el etarra José Ramón López de Abetxuko han tenido que salir a dar la cara para decir que es un "escarnio inconcebible en cualquier sociedad decente y digna" este hecho.

En un comunicado, Ana Velasco Zuazola, hija de Jesús Velasco Zuazolal, jefe de los Miñones de Álava, y Eduardo Lázaro Ezquerra, hijo de Eugenio Lázaro Valle, comandante del ejército y jefe de la Policía Municipal de Vitoria, han señalado que el final del terrorismo "no puede devolver la vida a los que fueron asesinados", pero han defendido que "lo mínimo que se puede exigir en un Estado de Derecho es que se respete y se honre su memoria".

Por ello, han considerado que es "profundamente doloroso" comprobar que las víctimas están "desamparados por las instituciones y por la Justicia" que, en su opinión, "tolera que puedan ocurrir estas ofensas tan graves contra las víctimas que también denigran a toda la sociedad".

Se han referido al acto de recibimiento que tuvo en Vitoria López de Abetxuko al salir de prisión en julio del pasado año tras cumplir 30 años de condena y han dicho que se sienten "profundamente dolidos, maltratados y avergonzados al comprobar que en España se pueden cometer impunemente agravios tan terribles", en referencia a el citado recibimiento y a la charla prevista en la UPV-EHU.

La charla de López de Abetxuko y de Matanzas está prevista para el martes y está organizada por la red de apoyo a presos de ETA, Sare. El Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco, Covite, y el delegado del Gobierno en Euskadi, Jesús Loza, ya han pedido su cancelación.

La Asociación Esteban de Garibay ha organizado una manifestación de rechazo contra la charla que el próximo martes dará el asesino de ETA, condenado a 30 años, José Ramón López de Abetxuko. Plataformas de víctimas como Covite han pedido al rector que la anule.

Hª criminal del PSOE (IV) PSOE y ERC preparan la guerra civil
Pío Moa gaceta.es 9 Diciembre 2019

Es preciso que la historia criminal del PSOE sea más y más conocida por la población. De este modo se entenderán sus políticas actuales y la dirección que siguen, y se impedirá su corrupta demagogia. Y eso depende de todos. Si pensamos más en lo que podemos hacer y menos en «lo que va a pasar», podremos derrotar a la «Triple M«. La ignorancia del pasado infantiliza, decía Cicerón. Y facilita la tiranía.

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PSOE y ERC preparan la guerra civil
En el XIII Congreso del PSOE, en octubre de 1932, la ponencia de táctica exponía: “El ciclo revolucionario que ha significado plenamente la colaboración socialista (…) va rápidamente a su terminación (…) El Partido Socialista (…) encaminará sus esfuerzos a la conquista plena del Poder para realizar el socialismo”. Es decir, buscaba ya entonces desestabilizar a la república e imponer su poder exclusivo.

En la Escuela de Verano del PSOE, en 1933, Largo Caballero se declaró más rojo que nunca , reivindicó la llamada dictadura del proletariado y atacó la “democracia burguesa” Llamó a emplear tanto la vía legal como la ilegal en la lucha por el poder y afirmó: “Las circunstancias nos van conduciendo a una situación muy parecida a la que se encontraron los bolcheviques”. El PSOE todavía estaba en el gobierno, colaborando con Azaña.

Antes de las elecciones de 1933, el presidente Alcalá-Zamora disolvió las Cortes para convocar nuevas elecciones, gobernando interinamente Lerroux y luego su lugarteniente Martínez Barrio La prensa socialista trataba de fascista al gobierno moderado de centro derecha y a los mismos republicanos de izquierda: “Es raro encontrar a estas alturas un periódico republicano que no haga su poquito de fascismo”. Fascismo era la palabra mágica que encubría sus propósitos de destruir lo que había de democracia en la república. El fascismo, decía su prensa “llevaría a los españoles al estado de naturaleza y a España a la muerte (…) El socialismo ha de acudir a la violencia máxima”.

Portada
El 1 de octubre de 1933, Largo explicaba en un mitin: “Asombra a algunas personas, incluso a correligionarios nuestros, que se hable de la conquista del poder (…) Nuestro partrido es ideológicamente, tácticamente, un partido revolucionario (…) y cree que debe desaparecer este régimen”. Y reivindicó la dictadura: “Aunque haya unos hombres que por motivos sentimentales, digan No, eso no, es algo horroroso, es inútil (…) ¿Vamos a decir que los rusos no hicieron lo que tenían que hacer? (…) En España se va creando una situación (…) que no tendrá más remedio que estallar algún día”. El PSOE estaba convencido de que la república que llamaban burguesa estaba casi en las últimas, y muchos años después Prieto diría: “se padecía el espejismo de que cuanto significaba reacción en España estaba derruido y sepultado”.

Ante las elecciones de 1933, Largo señaló: “La lucha ha quedado planteada entre marxistas y antimarxistas (…) y eso nos llevará inexorablemente a una situación violenta (…) Esto, dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil. Pongámonos en la realidad (…) estamos en plena guerra civil. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o por desgracia, tendrá inexorablemente que tomar” “El solo hecho de que haya mayoría burguesa en el parlamento es una dictadura”. “El día en que tengamos el poder, no tendremos titubeos ni dudas (…) Y que no nos pidan transigencias ni benevolencias” (…) La generosidad no es un arma buena. La consolidación de un régimen exige hechos que repugnan, pero que luego justifica la Historia”. “Cuando se habla con ellos (con los sindicatos rivales) de la implantación de un régimen como el que hay en Rusia, yo pregunto: pero eso lo vamos a hacer unidos, ¿no?” Llegaría “el momento en que no servirán para contener nuestro avance ni los ejércitos permanentes, ni la fuerza pública, ni la magistratura ni la policía”.

En ese designio, las elecciones previstas para el 19 de noviembre del 33 eran solo un paso: “Se ha dicho por otros camaradas que el acto del día 19 es el preludio de actos más importantes. ¡Naturalmente! ¿Pero es que se ha creído el enemigo que nos vamos a limitar a echar papeletas en la urna electoral?”

Gil-Robles amenazaba por una parte al parlamento y por otra hacía declaraciones conciliadoras pidiendo “Paz y cordialidad a quienes nos voten y a quienes no nos voten». Y con temor: “No aspiramos a un triunfo imprudente que nos lleve al Poder” (Iban a ser el partido «imprudentemente» más votado, pero renunciarían a gobernar, apoyando al Partido Radical, segundo en votos).

Largo pensaba de otro modo: “”Cuantas más dificultades encuentren nuestros enemigos (…) mejor. Que se destrocen, que se deshagan”. “Estamos dispuestos a no retroceder y a llegar a donde sea necesario. Necesitaremos someter a nuestros enemigos”.

Las elecciones salieron, como ya dijimos, contrarias a los socialistas, debido al voto femenino, según Prieto y otros. Pero no cambiaron de táctica. Una semana después, El Socialista dictaminaba “la agudización de la lucha de clases”. “La sociedad se escinde en dos bandos, uno dictatorial, burgués, el otro dictatorial, proletario Es preciso preconizar como solución única la dictadura del proletariado”

Para crear ambiente, el PSOE hacía circular bulos sobre un supuesto «golpe militar en Zaragoza”, “maquinaciones fascistas para apoderarse del Estado”, una “marcha monárquica sobre Madrid”; “detención de las comisiones ejecutivas del PSOE y la UGT” y así otros.

El PSOE no fue el único que reaccionó a las urnas planteando la guerra civil. También lo hicieron los separatistas catalanes, que seguían gobernando en Cataluña por no haber habido elecciones regionales. El partido de Companys había planteado las eslecciones “Contra el alud reaccionario, contra el fascismo, contra la dictadura” bajo el lema No pasarán, adelantándose en más de dos años a la frase de la Pasionaria. Y conocidos los resultados, se declaró “En pie de guerra”, título del editorial de su periódico La humanitat. “Ha sido toda la tropa negra y lívida de la Inquisición y el fanatismo religioso para apuñalar la democracia. No ha sido la Lliga ni Acción Popular la triunfadora. Ha sido, aquí y fuera, el obispo. Ha sido la Iglesia, ha sido Ignacio de Loyola, la llamada al fanatismo, a la locura, a la traición, a la miseria moral y mental de una conciencia de esclavo e iluminado”. Tras este brillante análisis pasaba a la respuesta: “Estar alerta, el arma al brazo y en pie de guerra (…) Tomen nota la Lliga, el obispo y su tropa siniestra (…) y mediten bien el significado de nuestras palabras (…) No amenazamos, advertimos. No hacemos literatura nosotros”. Y aseguraba con la misma desenvoltura: “Hemos sido generosos, cordiales comprensivos, amables”, pero el resultado de las urnas aconsejaba menos fraternidad: “Es la hora de ser implacables, rígidos,. Sin perder la serenidad, solo hay que escuchar una voz, que resonará, si hace falta, en el momento preciso.

Nada mejor que las propias declaraciones de unos y otros, «olvidadas» por los Preston, Viñas, Juliá y compañía, para entender sin lugar a dudas que PSOE y los separatistas catalanes creaban las condiciones para la guerra civil, convencidos de que iban a ganarlas.
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**¿Por qué perdió la guerra el Frente Popular? No fue un simple asunto técnico. En el libro lo trato desde cuatro perspectivas distintas. La principal es la última, la de las ideologías. Porque fue una guerra de ideologías.

**El caso de la Greta no es tan nuevo como parece. Ya Isaías clamaba, ocho siglos antes de Cristo: «¡Niños dominan al pueblo y mujeres lo gobiernan!».

**Imaginen un mundo gobernado por la histeria feminista. Pues está en marcha: leyes antidemocráticas, aborto masivo, «pensamiento» que sale de los genitales y se queda en él… La nueva cultura.

**Vi a Ortega Smith replicando a una arpía de la SER. Se defendió bien, pero deja cierto malestar. Defenderse es reconocer a esa gentuza autoridad moral para acusar. Es preciso contraatacar sin contemplaciones sus sucios discursos.

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Afinidades ideológicas

¿Por qué el PSOE rescató a la ETA de la miseria a que la habían llevado Aznar y Mayor Oreja? Por afinidad ideológica. La ETA y el PSOE comparten hasta un 90% de ideología. Los dos son socialistas, antifranquistas y antidemócratas a fuer de socialistas y antifranquistas; y son homosexistas, abortistas y feministas. Y son antiespañoles, la ETA de modo abierto y declarado, el PSOE de modo más dsolapado: detesta la España histórica y culturalmente real, y aspira a cambiarla de acuerdo con sus ideas (tan simples y similares a las de la ETA) de modo que “no la reconozca ni la madre que la parió”, como dijo su mayor intelectual.

Lo he explicado a menudo, pero algunos creen que lo decisivo en la acción del PSOE son cosas como el GAL o algunos asesinatos de socialistas por la ETA. El GAL no fue montado para acabar con la ETA, sino para obligarla a negociar transformándola en un poder político, que es lo que ha hecho Zapatero. Porque el PSOE comprende muy bien el terrorismo, ya que lo ha practicado abundantemente a lo largo de su historia. Y entre afines mafiosos hay a menudo peleas y asesinatos, como ya ocurrió durante la guerra civil. Los dos partidos identifican la democracia con el antifranquismo. Por lo tanto no pueden aceptar una democracia que viene directamente del franquismo. La ETA la rechazó siempre, el PSOE se vio obligado a resignarse a ella, pasajeramente, a causa de su debilidad. La ETA ha sido así, en buena medida, la conciencia del PSOE. Si no se entiende esto, no se entiende nada y, como de costumbre, el análisis político no pasa del chismorreo de ocasión, ajeno a toda perspectiva histórica.

No menos sorprendente es para muchos el apoyo y financiación sistemáticos de los gobiernos de UCD y PP a los separatismos. Un caso que no se da en ningún otro país, me parece. ¿Cómo es posible, piensan los ingenuos, si el PP es abiertamente proespañol, aparte de descender directamente del franquismo? Es posible por la misma afinidad ideológica democristiana de todos ellos. En la UCD, aunque materialmente basada en el Movimiento franquista, se impuso la ideología democristiana, debido a que el Movimiento estaba intelectual e ideológicamente vacío, incapaz de afrontar la nueva situación histórica. Y tanto el PNV de Arzallus como CiU de Pujol eran asimismo democristianos. Por así decir, todos estaban en familia y más o menos se entendían.

Había, no obstante, dos diferencias: también entonces se aceptó que democracia y antifranquismo eran equivalentes, con lo que la UCD y luego el PP quedaban en desventaja, al proceder del régimen anterior, mientras que el PNV y CiU tenían un plus de legitimidad por considerarse radicalmente contrarios a Franco…, aunque este apenas hubiera notado su oposición. Y con arreglo a ese plus podían presionar y exigir, y acusar y avergonzar a UCD y PP por no ser lo bastante “demócratas”. La otra diferencia era el propio secesionismo. UCD y PP defendían de palabra la unidad nacional, pero sin el menor brío y actuando en los hechos como auxiliares de los disgregadores de España, concediéndoles más de lo que estos mismos osaban exigir. A su vez, los disgregadores aceptaban de palabra la Constitución y la unidad del país, para ir minándolos en los hechos y progresando hacia la secesión. El PNV y la CiU, como el PSOE, se habían resignado provisionalmente a la democracia, debido a su debilidad inicial, pero desde el primer momento se afanaron en socavarla mediante la estrategia indirecta de falsear la historia para atacar al franquismo, origen precisamente de las libertades.

La situación actual de España no es casual, tiene una lógica clara y profunda. Es el resultado de un proceso de cuatro décadas de ciertas afinidades ideológicas. Y para evitar que todo desemboque en una gran tiranía y descomposición nacional es indispensable dejar en claro lo que fue y significaron Franco y su régimen, cómo solo de él y de ninguna oposición a él pudo ser posible la democracia, y cómo el antifranquismo posterior ha sido precisamente el cáncer de la libertad y de la nación. Mientras esto no se entienda, la dinámica fatal de estos años seguirá empujándonos al desastre o incluso a la guerra.


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