AGLI Recortes de Prensa   Jueves 12  Diciembre  2019

Sánchez no es Zapatero
Gabriel Albiac ABC 12 Diciembre 2019

No, no es Zapatero. Fue un espejismo ver en Sánchez la reencarnación del leonés que pilotó este país, toda vela desplegada, hacia la ruina. Lo de la tesis plagiada llevaba a suponer que la inteligencia de éste estaba a la envergadura despampanante de la de aquel. Pero hay que ser muy listo para plagiar enterita una tesis doctoral, que te pillen y que no pagues por la fechoría un solo céntimo.

Zapatero hundió al país y acabó por regalar al PP su más vistoso éxito electoral: y eso, con un candidato tan seductor como Mariano Rajoy, tiene su mérito. Sánchez lleva ya un año y medio de gobiernos transitorios; si hace falta, prorrogará la provisionalidad indefinidamente; en el ínterin, el hombre que al borde estuvo de la decapitación dentro de su partido ha decapitado a todos sus opositores, ha incinerado y aventado los cadáveres de la vieja guardia felipista, ha reducido a la antaño opulenta faraona andaluza a una anorexia ciertamente envidiable. En suma, ha liquidado el PSOE sin necesidad de cambiar las siglas: donde leí «Socialista», leo «Sanchista». Y el que quiera conservar su puesto, pues ya sabe. Y el que quiera medrar con cargo público, tres cuartos de lo propio.

Sánchez es la política del siglo XXI. Lo digo sin un asomo de ironía. Nada de memoria doliente de abuelos fusilados: eso queda para los vejestorios que exhiben retoñas punkis en sarao obamita. En contraste con el cejuno panticorto, los trajes de Pedro Sánchez están bastante bien cortados. Es además un chico guapo, sin asomo de histrión inglés ni de personaje de novela de Kosinski en versión cinematográfica del Míster Chance Peter Sellers.

Zapatero era una anacronía andante: hablaba la rayada lengua de los años treinta; lengua de corcho, enternecedora tal vez, pero risible. Pedro Sánchez habla como un ejecutivo analfabeto. Pero ser analfabeto no es defecto para uno cuya tarea consiste en ir ejecutando. Con eficiencia. Las demasiadas letras, los demasiados libros, introducen preguntas, dudas. Un ejecutivo eficaz no debe preguntarse nada. Debe sólo apisonar en su camino a cualquiera que pueda serle una resistencia. Y es lo que el actual inquilino de La Moncloa ha hecho, hasta ahora, con raro arte. Ni un solo listo queda en la dirección del PSOE. Es la hora de los Lastra. Nadie que sepa leer tiene ya sitio en el socialismo español.

¿No hay objetivo estratégico en la cabeza del presidente? No. No lo hay. Es su mayor virtud: táctica sólo. El líder hodierno -no sólo en política- desprecia los objetivos y las estrategias. Nada de eso sirve para lo único en lo cual ocupa sus neuronas: el propio beneficio en un territorio sobrepoblado de predadores. Perder el tiempo en grandes proyectos e ideas distrae de aquello que es, de verdad, lo único para lo cual la vida de un político modernísimo está planificada. Instalarse en el palacio presidencial, barrer el exterior de enemigos, barrer el interior de camaradas, asalariar como es debido una guardia pretoriana que sólo de los beneficios de su jefe dependa. Y dejar pasar el tiempo. Sin prisa. Ni ideología.

¿Es Iván No-Sé-Cuántos, como tantos dicen, o es Sánchez el inventor del concepto? Pregunta por completo irrelevante. Lo es la mercadotecnia, hoy única política: bello autómata. Y en ese automatismo no existe, hoy por hoy, salida: Sánchez, Junqueras, Iglesias ganan en todas las hipótesis. Día a día, se irá pagando el precio para que la máquina ruede. No hay límite en ese precio. Ninguno: tampoco la independencia de Cataluña.

Pedro Sánchez, todo un ejemplo de indecencia política
OKDIARIO 12 Diciembre 2019

Esta ronda de consultas ha constituido una afrenta al papel de árbitro y moderador del Rey. Todo ha venido marcado por la actitud de un Pedro Sánchez incapaz de entender que las formas en democracia constituyen el cauce institucional que las dota de esencia y de sentido. El artículo 99 de la Constitución establece cuál es el papel del jefe del Estado tras unas elecciones generales. No es un mero enunciado de carácter exclusivamente retórico, sino la descripción de un proceso tasado en el que el Rey es informado del sentido del voto y de la voluntad política de cada una de las fuerzas parlamentarias, a fin de que pueda determinar si procede la designación de un candidato a presidente del Gobierno. Sánchez no ha respetado los tiempos del Rey y ha tratado de instrumentalizar su figura, porque ha supeditado su propio interés político al papel constitucional de Felipe VI.

La política española es un despropósito en el fondo y en las formas. La decisión de ERC de no acudir a la ronda de consultas, además de una vergüenza democrática, ha impedido que el Rey pueda formarse una opinión cabal y directa sobre los apoyos con los que cuenta Sánchez ante una eventual investidura. Que haya sido el propio presidente en funciones quien informara al Rey no deja de ser una anomalía democrática, en tanto que la Constitución establece que serán todas las fuerzas con representación parlamentaria quienes den cuenta al jefe del Estado de su decisión. ERC, cuyo voto es crucial para que Sánchez sea investido presidente del Gobierno, se ha negado a informar al Monarca en una actitud intolerable que revela la degradación acelerada de la democracia española. Provoca indignación que un grupo de golpistas plante al Rey y encima se jacte de estar ante la "oportunidad histórica de sentar al Estado a negociar".

Todo vale para Sánchez con tal de mantenerse en La Moncloa, incluso permitir la humillación al Rey y ciscarse en la dignidad de España y de los españoles. La unidad nacional está seriamente amenazada; el jefe del Estado ha sido ninguneado y el presidente del Gobierno en funciones, impasible, sigue a lo suyo después de que haya sido designado oficialmente candidato. Estamos ante la demostración más clara de indecencia política de la democracia.

Predicar con el ejemplo
José Manuel Sánchez Fornet okdiario 12 Diciembre 2019

Mi padre, albañil sin estudios, educó a cinco hijos en determinados valores de comportamiento. Necesitaba hablar poco porque predicaba con el ejemplo y solo una vez me dio una charla “de hombre a hombre”, cuando tenía 13 años y dejé la escuela para trabajar. Me dijo cosas como: no cojas nada que no sea tuyo; lo que se dice, se hace; que no tengas que avergonzarte por lo que haces; no agaches la cabeza ante nadie por poderoso que sea. He procurado ser fiel a esos consejos.

No sé qué educación han recibido los políticos que rigen los destinos del país. Por sus comportamientos ninguno de ellos cumple los mínimos requisitos éticos que son exigibles a un político en una democracia. Mienten, manipulan, despilfarran, amantes de la pompa y el boato y ninguno es coherente en su comportamiento, en lo que hace con lo que dice que hay que hacer. Nunca se aplican a ellos y sus partidos lo que predican a la ciudadanía. Son como un maltratador que imparte lecciones de buena conducta o como el kamikaze que da lecciones de conducción responsable. Así se comporta la inmensa mayoría de nuestra clase política.

En el discurso todos están contra el cambio climático y en los hechos todos siguen derrochando y contaminando. Usan sus potentes coches blindados, aviones oficiales y helicópteros presumiendo de poder, con postureo para ir a la vuelta de la esquina como hace Pedro Sánchez; Usan coches de gasolina que consumen 18 litros a los 100 km. como Barden, o viajan en jet privados como hace Alejandro Sanz. Estos tres y otros muchos pijoprogres de salón tratan de darnos lecciones a los demás desde un cinismo hipócrita que rebela al más pacífico ciudadano. Un despropósito en cualquier sociedad democrática donde lo normal sería que nadie que se comporta así tuviera ninguna posibilidad de ser elegido ni pudiera predicar de palabra lo contrario de lo que hace. Arrojan sus cínicas prédicas sobre gente corriente con coches de gasoil porque el eléctrico no lo podrán pagar, que vive en barrios de ciudades dormitorios desde donde van andando, con lluvia, nieve, viento, calor o frio hasta la estación de tren o autobús que no suele coincidir en la puerta de su casa.

Predicar con el ejemplo sería la solución para acabar con las prácticas corruptas que inundan las instituciones en este país. Decir la verdad. Menos pompa y boato, menos coches oficiales y escoltas, menos tarjetas de crédito, menos colocación de amigos en las distintas administraciones, menos chiringuitos mamandurrias a vividores con nuestro dinero, entre otras, son una exigencia ética de un régimen democrático. Cualquier pelamimbres de un ayuntamiento compra votos con subvenciones, o tiene un despacho como el del director general de la Junta (que su novia remodela con dinero de todos) donde se puede jugar un partido de fútbol, y cada vez que cambia el Gobierno entre 500 y 1.000 amiguetes pasan a cobrar del presupuesto público salarios de escándalo en un país con 13 millones de pobres.

La política, si alguna vez fue una vocación de servicio público que exigía renuncias, hoy es un ascensor social para que gente sin escrúpulos ni conocimiento empiecen en las juventudes de un partido y, apoyando al líder de la secta, ir escalando puestos hasta llegar donde nunca debería estar en función de sus nulas capacidades y conocimientos. Científicos, ingenieros, doctores… en el paro, emigrantes en el extranjero o con salarios de miseria y políticos desde que eran menores de edad cobrando salarios obscenos propios de dictaduras bananeras.

La pantomima penitenciaria con Junqueras para disimular que saldrá en breve
EDITORIAL ESdiario  12 Diciembre 2019

La sospecha de que la Justicia está participando en la política española para auxiliar al pacto desconocido entre Sánchez y Junqueras empieza a ser insoportable.

La aparente adversidad que supone conceder el segundo grado penitenciario a Oriol Junqueras y los otros ocho políticos catalanes condenados no es tal, por mucha queja artificial que los afectados y sus partidos hayan querido lanzar.

Se trata, en realidad, de una decisión política de la consejera de Justicia de la Generalitat destinada a evitar que la "excarcelación" de sus compañeros no pueda ser entorpecida por la Fiscalía del Tribunal Supremo.

De haber concedido el tercer grado directamente, que en la práctica es un régimen de casi total libertad, los mismos fiscales que han protestado de manera agria por la complaciente sentencia que desechó la rebelión y no exigió el cumplimiento de la mitad de la condena para obtener prebendas penitenciarias, hubieran podido impugnar la liberación.

Con el segundo grado, que es el habitual para todos los presos a excepción de los peligrosos, se evita la jurisdicción nacional y se protege el objetivo final: convertir la sentencia en papel mojado, sin necesidad de que Junqueras pida el indulto ni de que Sánchez se lo conceda, y liberarlos con honores antes de seis meses.

Todo por el pacto
Quizá cuando el pacto entre el PSOE y ERC esté culminado, Sánchez investido y el contenido del mismo, sin duda del agrado soberanista, puesto en marcha y conocido por una opinión pública que asiste a la secuencia de los hechos cuando ya son inevitables.

Esperando a ERC: por esto reniega Sánchez de un necesario pacto constitucional
La sensación de apaño y componenda es insoportable, y la sospecha de que la propia Justicia se ha implicado en todo ello, resulta frustrante. Porque de haberse apreciado el delito de rebelión, como justificaban con ingentes pruebas los fiscales; o de no excluirse de la sentencia la negativa a premiar a los reos antes de que cumplieran el 50% de sus condenas; nada de esto hubiera ocurrido.

Los barones del PSOE rompen su silencio y cargan contra ERC
Presidentes autonómicos piden que se explore la vía con Ciudadanos y PP en lugar de un pacto con «indeseables» o «desestabilizadores»
Ainhoa Martínez larazon 12 Diciembre 2019

Consiguieron pararlo en 2015. En vísperas de un Comité Federal, un domingo 28 de diciembre (Día de los Santos Inocentes) que se alargó hasta la madrugada, los barones territoriales del PSOE impidieron –vía resolución– que Pedro Sánchez pactara con partidos independentistas. «La autodeterminación, el separatismo y las consultas que buscan el enfrentamiento sólo traerán mayor fractura a una sociedad ya de por sí divida. Son innegociables para el Partido Socialista y la renuncia a esos planteamientos es una condición indispensable para que el PSOE inicie un diálogo con el resto de formaciones políticas». Cuatro años después y tras arrollar en las primarias a los críticos de su partido, Sánchez vuelve a sondear una alternativa que se le cegó abruptamente primero, que se exploró sucintamente en la moción de censura y que ahora supone la principal vía para mantener La Moncloa, aunque el propio presidente renegara hace escasas fechas de unos soberanistas «que no son de fiar». Hasta este momento, las reticencias de ciertos territorios se habían defendido con cierta discreción y con apelaciones a la defensa de la Constitución y a no depender de aquellos partidos que, en su día, la violentaron.
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Sin embargo, este silencio en el que se habían sumido los críticos, más cercano a la resignación que a la abierta oposición, ha saltado por los aires en las últimas horas con varios pronunciamientos que dejan claro que en el PSOE aún conviven muchas almas que no comparten este giro hacia el soberanismo. El más vehemente fue, una vez más, el presidente de Aragón, Javier Lambán, que opina que solo un pacto con Ciudadanos puede suponer una salida para «este diabólico laberinto» de la investidura, lo que supondría no necesitar los 13 votos de ERC, «un partido tan indeseable para mí de cara a la gobernabilidad de España», destacó Lambán.

En la misma línea que el presidente de Aragón se expresó también el de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, que pide explorar la vía constitucionalista para que la gobernabilidad de España no dependa de «los desestabilizadores». Tan de «perogrullo» lo considera García-Page que ayer volvió a insistir en su crítica al pacto con los independentistas, con un ejemplo irónico y quizá más visual que el de la desestabilización. «Yo para Reyes lo que no quiero, como no creo que quiera ningún español y española es vaselina. Queremos tener unos buenos Reyes, un buen 2020 y tener la conciencia tranquila», comentó. En la misma línea, mostró su interés en conocer de primera mano qué es lo que se negocia a puerta cerrada con los soberanistas: «Sería muy bueno saber los colores, los matices y hasta, si es posible, las intenciones».

Lubricantes
Ningún barón del PSOE irá más allá del escarceo dialéctico ni usará su poder institucional para cuestionar al Gobierno
Ignacio Camacho ABC 12 Diciembre 2019

Qué pena no ser Jaime Campmany, ilustre antecesor de esta columna, para glosar con toda la fecunda riqueza del castellano la rústica metáfora de la vaselina de García-Page. Cuánto jugo le hubiera sacado el maestro a esa escatológica frase, con su zumba murciana, su rico acervo de refranes y esa maña tan socarrona que se daba para la letrilla y el romance. Uno quisiera parecerse a él en estos trances, o haber logrado aprender del también difunto Alcántara el delicado arte de la ironía estilizada y elegante, del certero dardo verbal que vuela envuelto en el suave celofán del lenguaje. Pero todo lo que se le ocurre al respecto a este escribidor corre el riesgo de resultar impublicable, por escabroso o por socialmente incorrecto, o de caer en la broma fácil. Digamos, pues, para no pisar terreno pantanoso por tratar de ser brillante, que la gráfica alusión del presidente manchego sugiere, con elegancia más que cuestionable, que le escuecen por salva sea la parte los tratos de Sánchez con los separatistas catalanes. Y que como el toma y daca cuaje en plenas navidades va a tener que echar mano del popular lubricante. Podía haber sido menos rudo pero entonces no hubiese acaparado titulares ni llamado la atención de nadie.

Sucede que esta oposición es meramente retórica, de boquilla, puro postureo. Más clara y más honesta que la de otros barones socialistas, desde luego, pero ni él ni el aragonés Lambán están dispuestos a ir más lejos. Hablan para su gente, para poner a salvo su propio trasero ante unos votantes alarmados por el posible acuerdo, a sabiendas de que su voz carece del mínimo peso en un partido cuyo líder ha laminado a golpe de referéndum la influencia de los escalafones intermedios. Ya es algo; a Susana Díaz no se le ha escuchado ni eso. El malestar de los dirigentes del PSOE más tradicional es cierto porque a su electorado le chirría el acercamiento a un nacionalismo supremacista que trata a las regiones menos desarrolladas con evidente desprecio. No pasarán, sin embargo, de la expresión más o menos transparente de su desaliento, que caerá en vacío porque el sanchismo ha erradicado cualquier atisbo de debate interno. Ninguno plantará cara más allá de estos escarceos dialécticos; ninguno usará su poder institucional para cuestionar la estrategia del Gobierno. Entre el patriotismo de partido y el de país se quedan con el primero. Así es también en todas las demás formaciones, aunque resulte un pésimo consuelo: un poquito de discrepancia para aparentar autonomía de criterio y a la hora de la verdad, todos quietos y firmes ante el mando supremo.

Así que, salvo un milagroso ataque colectivo de razón constitucionalista, los disidentes del pacto con ERC van a tener que hacer en estas fiestas provisión de antiácidos y de bálsamos de parafina. Para digerir ruedas de molino y para proteger del escozor… las palmas y las rodillas.

Jiménez Losantos: "Los liberales tenemos que prepararnos para la resistencia; todo pinta muy mal y no hay oposición"
El presidente de Libertad Digital recogió este martes el Premio Libertad 2019, concedido por el Club Liberal Español.
Jesús Fernández Libertad Digital

El presidente de LD, Federico Jiménez Losantos, recogió este miércoles en el Hotel Wellington de Madrid el Premio Libertad 2019, concedido por el Club Liberal Español a Libertad Digital por, según el presidente de la entidad, Fernando Entrena, "defender la libertad" de una forma constante y desde la independencia: "Para los que creemos en la libertad, Federico es un estímulo y nos da un balón de oxígeno". Tras recoger el diploma, el director de Es la mañana de Federico de esRadio pronunció un discurso en el que se remontó a los orígenes del "régimen liberal democrático" español, hasta llegar a "la cuestión de fondo" del presente: "Los liberales tenemos que prepararnos para la resistencia. Todo pinta muy mal y no hay oposición".

Jiménez Losantos expuso que la Escuela de Salamanca "desarrolló el comienzo real de la Economía como ciencia" y que, desde el final del siglo XV hasta comienzos del XVII, en España "se piensa la libertad como no se ha hecho nunca". Recordó que, en nuestro país, "la libertad no es una fruta moderna, no es una fruta importada", y citó, entre otros, al padre Mariana, a Jovellanos o a su paisano Isidoro de Antillón, quien en las Cortes de Cádiz prohibió "la delación y el tormento; luego presenta una ley contra el castigo físico de las escuelas, y una ley contra la esclavitud. Era uno de los grandes defensores de la soberanía nacional".

El presidente de LD continuó señalando cómo, "a lo largo del siglo XIX, se va abriendo el liberalismo en España" y que, con la Restauración, se consigue la "estabilidad del sistema liberal democrático".

Refiriéndose al presente, Jiménez Losantos criticó que "el duopolio maldito de la televisión, creado por Zapatero, blindado por Rajoy y disfrutado por esta horda, hace que prácticamente toda la televisión sea procomunista, y que se esté urdiendo un Gobierno cuya matriz básica es el comunismo". El galardonado denunció que el Estado de las Autonomías ha vuelto "a poner fronteras donde el liberalismo clásico las abolió" y que, con este modelo, "5 diputados nacionalistas, con el veto a los Presupuestos, se pueden cargar cualquier proyecto nacional". "Vivimos bien, pero vamos muy mal. Porque la libertad es, sobre todo, un bien moral. No es simplemente un hecho material", añadió.

El presidente de LD señaló las diferencias entre el concepto de "dinero" y el de "propiedad" –"La propiedad exige la ley, y la ley exige la libertad. Y no hay otra salida"– y remató su discurso animando a los liberales a prepararse "para la resistencia", porque "todo pinta muy mal" y la oposición está ausente: "Mientras la derecha piense que estamos ante un cambio de régimen y no ante un cambio de Gobierno, esto no tiene solución. De aquí a dos años, no quedan ni los rabos".

"Esto se va a pulverizar"
En el turno de preguntas, Jiménez Losantos se refirió a las "nacionalidades" de las que habla la Constitución, "un arreglo para que, entonces, Barcelona fuera la ciudad donde más se votó" la Carta Magna que, con el paso de los años, "se ha vuelto en contra". "Estamos ante una Constitución en la que el acuerdo primero, el consenso, ha sido bueno al principio. ¿Qué ha pasado luego? Que los partidos se han quedado las instituciones", agregó.

Refiriéndose al presidente del Gobierno en funciones, el presentador de Es la mañana de Federico dijo que "Sánchez siempre ha elegido el mal" e insistió en la crítica al mutismo de los partidos de la derecha. Así, señaló que Pablo Casado, junto a Inés Arrimadas, "debería estar todos los días encadenado en La Moncloa, diciendo: ‘¡Queremos un Gobierno que defienda a España!". También tuvo palabras para Vox: "Lo peor son los nuevos ricos: no sirvas a quien sirvió, dice la sana sabiduría popular española".

Y, de nuevo, Jiménez Losantos instó, sobre todo, a PP y Vox –sí que destacó la última propuesta "constitucionalista" de Arrimadas– a que rompan su silencio: "En el nuevo régimen no hay alternativa: esto se va a pulverizar. ¿Qué alternativa quedó en Croacia cuando se fue a la guerra con Serbia? Ninguna. Hasta mi paisano Lambán está aterrorizado porque quieren un pedazo de Huesca y otro de Teruel. O hay ahora un Gobierno constitucional, o tardaremos mucho en tenerlo".

Barbarie y frivolidad
Agapito Maestre Libertad Digital 12 Diciembre 2019

Es fácil llamar frívolo e irresponsable a alguien que hace gracias fuera de lugar. Pero lo difícil es llamarle frívolo e irresponsable por no haber cumplido su destino: la defensa de su país.

En medio de la frivolidad y la chabacanería que inundan la vida política española, repugna a la inteligencia escandalizarse por las declaraciones de Rajoy en un programa de entretenimiento de una cadena de televisión privada. El moralismo sobrevenido a algunos analistas políticos por esta aparición pública más parece fingido que real. Rajoy no es frívolo y chabacano por irse de cañas con el presentador. Tampoco es frívolo y chabacano por sus chistes malos, ni por simular olvido sobre lo sucedido el día que se ausentó del Parlamento, mientras se decidía la moción de censura contra él. Frívolo y chabacano es Rajoy por su irresponsabilidad política durante el tiempo que estuvo en el Gobierno.

Preguntemos, pues, sobre gestión al frente del Gobierno de España. ¿Cuál es el balance político de sus mandatos? ¿Qué aportó a la inteligencia nacional para dejar un país mejor que el recibido? ¿Por qué podría pasar a la historia reciente de la democracia española? Ahí es donde es menester hacerle la crítica. Ahí es donde le duele a este personal que no sólo se va de rositas, sino que se ríe a mandíbula batiente de los sufridos ciudadanos españoles. En términos políticos, tendríamos que preguntar: ¿qué hizo Rajoy para parar el proceso de destrucción de la democracia española que inauguró Rodríguez Zapatero, después de los atentados del 11-M? Nada. O peor, contribuyó a alentar un partido comunista, aliado de los secesionistas, que nos amenaza todos los días con traer aquí el horror y la pobreza que inundan Cuba y Venezuela.

Las políticas de Mariano Rajoy pasarán a la historia por proseguir, cuando no promocionar, leyes que lesionaban derechos ciudadanos básicos, como la igualdad de todos ante la ley, o la prohibición de interpretar libremente la historia de España. Mariano Rajoy fue el principal responsable dentro del Gobierno de no detener el proceso de blanqueamiento de ETA y, por supuesto, de darle aire al secesionismo catalán, negando lo evidente: ¡para qué actuar contra los delincuentes que organizaron el referéndum de autodeterminación, decían él y sus ministros, si no es legal! ¡Sospecho incluso que se molestaría porque salió el Rey a parar el golpe de Estado contra España! Ahí, sí, es donde debe situarse el análisis político contra Rajoy, y no en si fue a tomar cañas o hacer el payaso con un showman televisivo o como se le llame. Escandalizarse, sí, porque Rajoy vaya a su televisión amiga a vender su libro es un gritito de monja por haberse pasado comiendo dulces en el desayuno.

Es fácil llamar frívolo e irresponsable a alguien que hace gracias fuera de lugar. Pero lo difícil es llamarle frívolo e irresponsable por no haber cumplido su destino: la defensa de su país. La vida pública en general, y la política española en particular, es una mezcla de barbarie y frivolidad, y a ella contribuyen de modo decisivo unos medios de comunicación de masas acéfalos, o peor, al servicio del poderoso. A propósito de poderosos y sirvientes, lean las entrevistas serias, por llamarles algo, que le están haciendo a Rajoy en distintos medios sobre su libro y por qué no dimitió antes de la moción de censura, y sabrán, de verdad, qué es frivolidad e irresponsabilidad política y periodística. Aún no he visto entrevistador que se haya atrevido hacerle las preguntas que les he dejado más arriba.

Frivolidad es, en efecto, exagerar el gesto, solo el gesto, porque se carece de fe radical en la propia conducta. Se desprecia la fatalidad o el destino que nos ha deparado la vida y nos aposentamos en cualquier arbitrariedad. La razón periodística hoy en España es tan frívola y chabacana como la razón política.

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El estado general de cabreo
Amando de Miguel Libertad Digital 12 Diciembre 2019

La acción del Gobierno nunca ha entusiasmado mucho a la población, excepto en los periodos bélicos o revolucionarios. No es este el caso actual en España, cuando la política se reduce a las aburridas decisiones de cómo gastar el inmenso caudal de los dineros públicos. Debería producir un ánimo satisfecho en los españoles de cualquier condición. Mas la observación de las conversaciones en los cuartos de estar, en los bares y similares nos lleva a una conclusión opuesta. No es solo antipatía o rechazo lo que produce a muchas personas la contemplación de los gaznápiros y las gaznápiras del Gobierno. Baste registrar que hace escaso tiempo los españoles tuvimos que volver a votar porque al doctor Sánchez no le plugo formar Gobierno con las Unidas Podemos. "Le quitaba el sueño", según propia confesión. Pues bien, después de esos segundos comicios, el doctor Sánchez parece que ha decidido formar Gobierno con las mismas Unidas Podemos, más envalentonadas que nunca. Aun así, el penoso proceso de constituir un Gobierno de corte feminista y progresista puede que necesite un par de meses más hasta la ansiada investidura. El personal (que dicen "ciudadanía") ya no sabe qué es peor: si un definitivo maridaje entre el PSOE y las Unidas Podemos o unas terceras elecciones generales. Hay quien dice que esos nuevos y definitivos comicios van a ser on line, como se hacen ahora las consultas a la militancia de cada partido. La hipotética alternativa de un Gobierno del PSOE en solitario con la anuencia del PP es la solución menos mala, pero resulta imposible y además no puede ser. En catalán se diría que es un romance.

Y así, entre unos y otros imaginativos apaños, la casa sin barrer. Los retóricos "ciudadanos", el honrado pueblo español, ha sido reducido a "la gente". Solo le queda una opción: la de cabrearse.

Bien es verdad que, después de tantos tumbos, lo que quieren los españoles es depender del Estado todo lo posible. Ese ha sido el efecto de dos años de Gobierno "en funciones". Esa pretensión de los contribuyentes significa un colosal dispendio del dinero público. Tanto es así que los pacientes españoles asisten al escandaloso espectáculo de las grandes fortunas personales que han ido levantado los políticos que han dirigido los Gobiernos. Lo mismo da que hayan sido nacionales que autonómicos. Ahora se comprende el ansia de obtener un sillón en un Consejo de Ministros.

Por lo mismo se entiende muy bien el reiterado esfuerzo del doctor Sánchez y sus mozas y mozos del partido por atornillarse a las poltronas del poder. Lo más descorazonador es que la hipotética alternativa de una especie de Gobierno de concentración nacional (PSOE+ PP+ Ciudadanos) no supondría un cambio sustancial de lo ya visto. De ahí el estado general de cabreo que digo por parte de los atónitos contribuyentes. Solo parecen estar seguros de una cosa: el próximo Gobierno va a traer más paro y más impuestos. Caben ciertas dudas sobre si, dentro de unos pocos años, se van a seguir cobrando las pensiones enterizas o con alguna rebaja. Los optimistas razonan que el Estado español no puede quebrar. Puede ser, pero ese desastre lo han experimentado ya otros países que parecían muy solventes; por ejemplo, Argentina o Líbano.

Lo que menos se tolera de modo general es que, al final, los de la Esquerra influyan tanto en la fórmula del Gobierno sedicentemente progresista y feminista. No es por nada, pero los de la Esquerra no se consideran españoles.

No consuela mucho oír (ahora se dice "escuchar") la cantinela de Pablo Iglesias sobre el inmediato resultado de su entrada en el Gobierno, favorecida por "las mayorías sociales". Lo traduce una manera más académica: "Hay que apostar por la empatía". A lo mejor se refiere a su mujer. El hecho es que el Gobierno va a mimar a legiones de paniaguados y paniaguadas que viven de las subvenciones públicas. Hoy los Gobiernos disponen de una ingente cantidad de dinero discrecional. Facilita la versión edulcorada de la antigua malversación de caudales públicos.

No consuela mucho que el próximo Gobierno vaya a subir los impuestos a los ricos, esto es, los que venden masivamente todo tipo de bienes o servicios. Como es natural, el efecto automático de esa mayor presión fiscal a los ricos será la subida de los precios. Más claro aún será el aumento del número de desempleados y mal empleados. Lo dicho, entre Argentina y Líbano, cada uno con su historia particular.

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Los presos, a la calle; Sánchez, a la Moncloa
EDITORIAL Libertad Digital 12 Diciembre 2019

Que nadie se llame a engaño: los golpistas presos van camino del tercer grado como Sánchez va camino de la investidura gracias a la abstención de ERC

En ningún Estado de Derecho digno de tal nombre la salida de unos delincuentes de la cárcel podría depender en forma alguna de los acuerdos de investidura de un candidato a presidir su Poder Ejecutivo. Esto, sin embargo, es exactamente lo que pasa en España por culpa de una Justicia politizada hasta la médula y por la falta de escrúpulos de Pedro Sánchez, dispuesto a negociar su investidura con los partidos a los que pertenecen buena parte de los condenados por el golpe de Estado del 1-O. Cómo sorprenderse, pues, de que las negociaciones entre el PSOE y ERC se desarrollen en función de la situación penitenciaria de los golpistas presos; o que la concesión del segundo grado a Oriol Junqueras y compañía haya coincido con las declaraciones de Pablo Iglesias en las que ha evitado apremiar a ERC para llegar un acuerdo que ya nadie considera se pueda alcanzar antes de las Navidades.

En cualquier caso, y por mucho que la excarcelación de los golpistas se haya ralentizado tanto como las negociaciones, que nadie se llame a engaño: los golpistas presos van camino del tercer grado como Sánchez va camino de la investidura gracias a la abstención de ERC, que desde el primer momento puso la excarcelación como condición sine qua non. De hecho, este martes el dirigente esquerrista Sergi Sabrià, al tiempo que decía respetar la concesión del segundo grado a los cabecillas del 1-O, advertía al PSOE que "el diálogo no puede ir acompañado de represión".

Hay que recordar que fue el propio Sánchez en funciones el que en su día no quiso poner obstáculos a futuras alianzas con los separatistas, por lo que instó, tanto públicamente como a través de la Abogacía del Estado, a la absolución de los golpistas por el delito de rebelión. Este criterio lo hizo bochornosamente suyo el Tribunal Supremo en una penosa sentencia que sólo los condenó por sedición y que, para colmo, les permitía acceder al tercer grado sin haber cumplido siquiera la mitad de la condena. Si a eso unimos el hecho de que Sánchez ya había autorizado el traslado de los criminales a cárceles catalanas dependientes de la misma Generalidad desde la que Quim Torra sigue adelante con el golpe separatista, era de esperar que las juntas de esas prisiones les concedieran enseguida el segundo grado, lo que les permitirá solicitar permisos de salida para "trabajar o hacer labores de voluntariado".

Así las cosas, no es de extrañar que Torra –cuyos correligionarios de JxCat se beneficiarán de las excarcelaciones de la misma forma que los de ERC– vuelva a presentar una moción para debatir la autodeterminación en el Parlamento regional de Cataluña; o que el Gobierno de Sanchez vuelva a reconocer como "interlocutor válido" a Torra, que sigue liderando desde la Generalidad el golpe de Estado en comandita con el golpista fugado, y autoproclamado "presidente de la República catalana en el exilio", Carles Puigdemont.

Las negociaciones para la constitución del Gobierno del Insomnio, presidido por Sánchez y vicepresidido por Iglesias o por Montero –tanto monta–, ya tuvieron un precedente en las que mantuvieron en su día en la cárcel Iglesias y Junqueras, por lo que es harto dudoso que Sanchez sea investido sin que salgan de prisión los presos a los que corteja.

La infamia ha traído ignominia
Isabel San Sebastián ABC 12 Diciembre 2019

Los hechos sumamente alarmantes que están teniendo lugar en España no se producen de forma inconexa ni obedecen al azar. No son acontecimientos aislados, sin relación entre sí. Muy al contrario, se derivan del «proceso» que puso en marcha José Luis Rodríguez Zapatero, a comienzos del milenio, con el empeño de liquidar el régimen constitucional nacido del consenso en 1978. Probablemente ni siquiera él mismo llegara a atisbar en aquel entonces el alcance demoledor que tendría su iniciativa, inspirada a partes iguales por el sectarismo revanchista y la cobardía, aunque lo cierto es que la bola de nieve echó a rodar y no ha parado de engordar. Pedro Sánchez es una pieza más del engranaje; una marioneta en manos de quienes mueven los hilos, que a estas alturas son los separatistas catalanes y vascos.

No es casual que los embajadores del PSOE se reunieran a hurtadillas con los representantes de ERC el mismo día en que un etarra convicto y confeso, autor de dos asesinatos, intervenía en la Universidad Pública del País Vasco, con honores de conferenciante, para reivindicar los derechos de sus colegas presos por gravísimos delitos de sangre. No digo que el terrorista López Abechuco y los integrantes de las citadas delegaciones se pusieran de acuerdo sobre la fecha o cualquier otra cuestión relativa a sus respectivas actuaciones, sino que ambas situaciones, igualmente oprobiosas, obedecen a una misma razón de fondo: una degradación paulatina de la calidad de nuestra democracia, cuyo umbral de tolerancia a lo inaceptable alcanza ya niveles de escándalo.

¿Alguien se imagina a un candidato a primer ministro francés, alemán o italiano suplicando respaldo a un partido frontalmente opuesto a la Carta Magna, cuyo máximo líder estuviera en la cárcel por sedición y malversación, después de haber proclamado la independencia de su región? (Porque la proclamó, sí, no fue una «ensoñación» como pretende hacernos creer ahora el Tribunal Supremo.) ¿Cabría en alguna cabeza que un yihadista recién salido de prisión fuese invitado a una universidad americana financiada con dinero del contribuyente para perorar sobre las condiciones de reclusión de sus compañeros? No. ¿Verdad? Pues eso y más está ocurriendo aquí, con creciente naturalidad. Vemos completamente normal que desde la institución llamada a formar a nuestros jóvenes se difunda la versión criminal de cuarenta años de terrorismo, mientras se silencia la voz de las víctimas. Que éstas sean humilladas por los mismos pistoleros que segaron la vida de sus seres queridos, dejándolas viudas o huérfanas. Que la gobernabilidad de la Nación descanse en manos de quienes están empeñados en destruirla. Que el presidente del Ejecutivo en funciones, desesperado por ser investido, diga hoy lo contrario de lo que afirmaba en campaña y califique de «conflicto político» lo que ayer era un «problema de convivencia». ¿Cuál es el nexo de unión entre los eslabones de esta cadena? El cambio del marco de referencia. La sustitución del eje que separa lo que encaja dentro de la Constitución y la legalidad de lo que queda fuera de ellas por la línea ideológica que divide a la derecha de la izquierda. O sea, el legado del Tinell. La herencia de Zapatero.

Lo que dio en llamarse «proceso de paz» no fue la derrota de ETA, sino su mayor victoria. Lejos de sucumbir a la fuerza de la razón, impusieron la razón de su fuerza a un socialismo que hoy secunda muchas de sus exigencias y cuenta con los votos de Bildu, actual marca de la serpiente. La infamia ha traído ignominia. Lo próximo será miseria.

Debate superado
Cristina Losada Libertad Digital 12 Diciembre 2019

La Universidad del País Vasco cede su espacio en la ciudad de Vitoria a una charla de dos ex presos de ETA. Dentro se les aplaude cálidamente. Son los héroes. Fuera, en el frío, medio centenar de personas protestan. Son los familiares de los asesinados por uno de los conferenciantes a los que ha querido acoger la UPV en el sagrado nombre de la libertad de expresión. Eran, los asesinados, Eugenio Lázaro Valle, jefe de la policía local de Vitoria, y Jesús Velasco Zuazola, jefe de la policía foral de Álava. Los dos tenían 46 años cuando fueron víctimas de ETA en 1980, el año en que la organización terrorista se cobró la vida de 98 personas. En el pequeño grupo que acompaña a sus familiares hay políticos del PP. Otros partidos manifestaron su rechazo a la charla o dijeron que era inoportuna o inadecuada, pero allí no están.

Están en otra parte. Están en esa parte llamada pasar página, expresión que siempre me provoca dudas: los que la emplean, cuando están leyendo y pasan página, ¿se olvidan por completo de las que han leído antes?, ¿reducen a la inexistencia las páginas anteriores?, ¿cómo lo consiguen? Están en que hay que dejarse de actitudes de confrontación. Con la página. Esa página de muerte que incomoda. Están en la impaciencia por pasarla, por ver cuándo, de una vez, la derecha –y esas víctimas por ella instrumentalizadas, remarcan– acepta que lo de ETA está superado, que ya no estamos ahí, en un pasado que es pura lápida, sino en el presente de la convivencia, en el fluir de la normalidad.

Lo ha dicho el propio Otegi, que es el hombre del mañana, el portavoz de ese estado de impaciencia con actitudes como la de protestar por la presencia de antiguos asesinos de ETA en un espacio público. Es la impaciencia con actitudes desfasadas, anacrónicas, que ya no corresponden. La impaciencia con gente que se ha encerrado en el ayer. Como dice Otegi, gente que quiere "mantenernos en un debate ya felizmente superado". Mantenernos, en primera persona del plural, porque Otegi se ha erigido en el representante del grupo transversal de hastiados con la persistencia en hablar de ETA. De los que están cansados de oír esas siglas, de que se pronuncien como si aún significaran algo.

Aquello que le parece "escandaloso" y una "catástrofe" a Otegi no es obviamente que se aplauda a los suyos. Es "la capacidad de la extrema derecha para condicionar la agenda política". Eso es todo lo que tenía que decir sobre la pequeña protesta por la charla de Abetxuko y Matanzas. Agenda de la extrema derecha. Y los hastiados coinciden plenamente con él. Mentar a ETA, organizar protestas contra antiguos etarras, recordar los atentados con más víctimas, todo eso es cosa exclusiva de la derecha y la extrema derecha. Las mismas derechas –señalan– que tanto se resisten a recordar a las víctimas del franquismo. Porque los hastiados ven lo de ETA como un debate felizmente superado, pero el de la guerra civil y la dictadura, ése no.

Son interesantes los hastiados, para empezar porque son muchos. Entre los políticos que participan de este particular cansancio los hay, claro, nacionalistas, pero los hay también socialistas. Y su impaciencia por pasar página, por borrarla, por hacer como si ETA nunca hubiera existido, no la reconocen como una agenda política. No ven ahí la agenda de los herederos de la organización terrorista ni la de aquellos a los que les interesa blanquearlos. Para pactar con ellos, por ejemplo. Pero no, para los pasapáginas, el borrado es simple ley de vida. Y, acogiéndose a esa ley, degradan a las víctimas del terrorismo al papel de tontos útiles y elevan a los terroristas a glamurosos hombres de paz y de palabra.

Politización carcelaria
María Jesús Cañizares cronicaglobal 12 Diciembre 2019

En un mundo ideal, que no es precisamente esa república catalana prometida, las instituciones deberían estar blindadas de cualquier injerencia política. Y sobre todo, de los partidos que dan apoyo a los gobiernos. La reflexión puede resultar ingenua, pero conviene recordarla, tras siete años de propaganda secesionista sufragada por la Generalitat. Es decir, con el dinero de todos los catalanes. El mismo que paga esos cargos institucionales que, demasiado a menudo, tienen miedo de morder la mano que les da de comer o sufren una especie de síndrome de Estocolmo ideológico. Un ejemplo de ello es el Síndic de Greuges, el otrora ecosocialista Rafael Ribó, don erre que erre en esas lides de tapar las vergüenzas de quien le paga, culpando a los pacientes que no son catalanes de las listas de espera. No vaya a ser que, como dijo el independentista Eduard Pujol, el tema sanitario nos distraiga de lo importante. El colectivo médico le ha dado un repaso a Ribó, pero ya son muchas las meteduras de pata de quien nunca acaba de retirarse debido al bloqueo político.

Pedir rigor y neutralidad a quien ejerce un puesto de confianza no es utópico. Al frente del área de comunicación de las consejerías del Gobierno catalán ha habido y hay excelentes profesionales cuya ideología, conocida en el mundillo periodístico, no les ha impedido ejercer su función de forma excelente. Desgraciadamente, algunos de ellos han sufrido represalias por ello.

Puede que airear las miserias mediáticas del Govern suene demasiado corporativo, pero no lo es si se tiene en cuenta que vetar, censurar o manipular la información pública afecta a los derechos de todos los catalanes, quienes, insistimos, son los que pagan ese servicio con sus impuestos. El penúltimo episodio de politización institucional tiene que ver con los presos independentistas y su clasificación penitenciaria. Como se sabe, las cárceles catalanas dependen de la Consejería de Justicia, en manos de ERC. Eso suscita muchos recelos, pero ahora no se trata de cuestionar a los profesionales que deben decidir si los exconsejeros y activistas independentistas condenados por el procés acceden a un régimen de semilibertad.

El problema surge cuando Junts per Catalunya (JxCat) utiliza el rechazo a la concesión del tercer grado a los reclusos para arremeter contra sus socios de Govern. A esas diatribas se ha sumado el dircom de la Consejería de Interior, Joan Maria Piqué, quien en foros convergentes critica a los republicanos por esa clasificación. Tampoco es de recibo que, a un encuentro con periodistas en la sede de ERC para explicar la estrategia de defensa de los presos, asista el jefe de la Oficina de Comunicación del departamento de Justicia, Oriol Burgada. ¿Una anécdota? Todo lo contrario. Su presencia, muy comentada entre los periodistas, era innecesaria y contribuye a hacer todavía más difusa esa línea que separa las instituciones, que representan a todos, y las actividades de un partido político.

No ser escrupuloso en esa distinción implicaría, por ejemplo, que un departamento dirigido por neoconvergentes hiciera publicidad de un mitin de campaña del partido al que pertenecen. A lo mejor ya ha ocurrido, pero con tanto ruido político y mediático, vete tú a saber. Por ello es importante liberar los edificios de la Generalitat de símbolos independentistas. Porque son de partido y no representan a todos. De ahí la polémica del lazo amarillo, por la que fue juzgado el presidente Quim Torra y que, curiosamente, ayer se sacó de la solapa el secretario general de Prisiones, Armand Calderó, en una rueda de prensa de la que solo se había informado oficialmente a unos pocos medios.

Es feo, muy feo, no disimular esas vinculaciones entre la cosa pública y la cosa partidista. Igualmente lo son las convocatorias de prensa restringidas, esto es, vetar a determinados medios de comunicación por motivos indeterminados, pero que generalmente tienen una línea editorial diferente a la consejería que organiza ese encuentro. Si nos llevamos las manos a la cabeza cuando Vox veta a periodistas que no considera afines ¿cómo no vamos a escandalizarnos cuando un Gobierno los excluye?

Sánchez disfraza su acuerdo con el separatismo
Editorial El Mundo 12 Diciembre 2019

Trata de ganar tiempo en la negociación con ERC y busca hacer cómplice a la oposición de sus cesiones a los independentistas

Después de finalizar una ronda de consultas en la que ha recibido a casi una veintena de fuerzas políticas en apenas dos días, el Rey encargó ayer a Pedro Sánchez la formación de Gobierno. En estricto cumplimiento de las previsiones constitucionales, Felipe VI ha aplicado el artículo 99 de la Carta Magna -que regula el procedimiento de investidura- preservando su neutralidad. Sánchez, tras su abrazo prematuro con Pablo Iglesias, se precipitó al lanzarse a la búsqueda de apoyos sin esperar a recibir el encargo formal del Rey. Ahora encara su tercer debate de investidura tratando de enmascarar sus cesiones al independentismo con una maniobra de distracción a dos bandas. Primero, escenificando una reunión con Casado y Arrimadas tras semanas de desprecio a la oposición y, sobre todo, convocando a todos los presidentes autonómicos en un ejercicio para diluir la restitución de la relación institucional con Torra. Resulta hipócrita, además de profundamente irresponsable, apelar a la concordia constitucional al tiempo que se restaura la interlocución con los mismos que perpetraron el golpe separatista en Cataluña.

La vuelta a Pedralbes sitúa a Sánchez más cerca de retener el poder, pero entrega las llaves del gobierno a un fugado como Puigdemont y a un condenado por sedición como Junqueras. La alianza con Podemos y las cesiones a los separatistas -incluido Bildu- sin que éstos renuncien a la autodeterminación inquieta a millones de ciudadanos, alarma a los mercados y pulveriza la acción del Estado para afrontar el desafío soberanista. Pese a que ahora intente aparentar la búsqueda de acuerdos con PP y Ciudadanos, la realidad es que ya ha elegido socios. Y la vía escogida no solo no garantiza la estabilidad, sino que vulnera consensos básicos al legitimar a los golpistas.

Las consultas con el Rey, a las que ERC declinó asistir, han servido para certificar que Sánchez no tiene blindada su investidura. Si fracasa, debería dejar paso a otro candidato. Sin embargo, aún existe margen para que explore una mayoría parlamentaria que evite convertir al Ejecutivo en rehén de sediciosos. Ello no exime de la crítica al presidente del PP por su inmovilismo. Los grandes partidos deben ser conscientes de la gravedad de los pasos que se están dando y actuar en consecuencia. No está en juego solo el gobierno, sino el mantenimiento de la sólida arquitectura constitucional que ha procurado el mayor periodo de libertad y de progreso de la Historia de España. En este trance, no caben añagazas partidistas sino altura de miras para alcanzar acuerdos transversales y de calado. Justo lo contrario que se dispone a perpetrar Sánchez ante el silencio cómplice de todo el PSOE. .

Sánchez y las situaciones insólitas
Juan Francisco Martín Seco republica 12 Diciembre 2019

Dicen que Esquerra no tiene ninguna prisa por llegar a un acuerdo con el PSOE. Y es que mientras no den el sí, tienen a Pedro Sánchez cogido por las solapas. Saben que su fuerza y su influencia disminuirán sustancialmente tras la investidura. Una vez nombrado, échale un galgo. Hay quienes dicen que este gobierno va a durar muy poco. Están un poco despistados. Con presupuestos y sin presupuestos, en cuatro años no va a haber quien mueva a Sánchez de la Moncloa.

El óptimo de Esquerra pasa, en consecuencia, por que la negociación dure lo más posible, pues mientras esta se mantenga permanecerá el chantaje. El problema es que la interinidad y el gobierno en funciones pueden alargarse indefinidamente ya que, según el artículo 99 de la Constitución, el plazo para la disolución de las Cortes no empieza a contar hasta el momento en el que se produzca una investidura fallida y, tal como han manifestado desde el PSOE, Sánchez no tiene intención alguna de presentarse en el Parlamento mientras no cuente con los apoyos necesarios. Curiosamente, una vez más y sin sentir el menor pudor, adopta la misma postura que con tanta virulencia criticó de Rajoy.

Las reivindicaciones que plantea Esquerra están claras: la amnistía para los presos y la independencia de Cataluña o, al menos, la celebración de un referéndum. Hay muchos comentaristas que afirman con total convicción que no es posible que el presidente del Gobierno acceda a tales exigencias. No estaría yo tan seguro. Con Pedro Sánchez todo es creíble. ¿Cuántas veces se ha dicho sobre él “imposible, no se atreverá a eso”? Tantas como las que ha sobrepasado todo lo que se tenía por líneas rojas.

Recordemos los inicios. Allá por el 2015, cuando comenzó todo, Pedro Sánchez, habiendo obtenido los peores resultados de la historia del PSOE desde la Transición, en lugar de dimitir, saltó por encima de Rajoy para proponerse como candidato e intentó conseguir los apoyos necesarios para la investidura. El Comité Federal del PSOE (entonces había Comité Federal, no como ahora) le vetó incluso sentarse a negociar con los partidos que defendiesen el derecho a decidir. Desde la perspectiva actual, tal prohibición induce al sarcasmo. A la vista de los acontecimientos posteriores, es evidente que Pedro Sánchez, ya entonces, acariciaba la idea de constituir el gobierno que Rubalcaba calificó de Frankenstein. Solo que no se atrevía a confesarlo. Por otra parte, era la única posibilidad que tenía de llegar a la Moncloa.

En aquellos momentos, como era lógico, pactar con los independentistas que defendían la declaración unilateral de independencia y que estaban ya en pleno proceso de insurrección era tabú, aparecía como algo totalmente impensable para los partidos constitucionalistas. Por supuesto, ni a Rajoy ni al PP se les pasó por la imaginación, a pesar de tener más escaños que Sánchez. Menos aún a Ciudadanos. Pero es que también era una opción fuertemente rechazada por todos los que representaban algo en el Partido Socialista y por la mayoría del Comité Federal de esta formación. Los comentaristas y tertulianos próximos a Sánchez aseguraban que bajo ningún punto estaba dispuesto a ser nombrado presidente por los votos de los secesionistas. Son los mismos que los que en la moción de censura aseguraron que no pactaría con ellos y los que ahora afirman que no puede ceder a sus reivindicaciones.

Pero a la vista de lo que ha ocurrido después, es claro que Pedro Sánchez estaba dispuesto a salir elegido presidente con los votos de los secesionistas y había escogido la única vía que pensaba factible para librarse de la atadura del Comité Federal: acudir a los militantes, que, en el fondo, son fáciles de engañar. Si entonces no acabó por poner en práctica su plan, fue porque ese mismo Comité Federal le forzó a dimitir para evitar que deprisa y corriendo convocase unas primarias cuya precipitación le garantizaba el triunfo, legitimándole al mismo tiempo para la negociación.

Que Sánchez ha estado siempre dispuesto a traspasar esa línea roja, la de que el gobierno de la nación dependiese de partidos que estaban en clara rebeldía, lo confirma el hecho de que no dudó en cruzarla en cuanto tuvo ocasión. Interpuso la moción de censura. Los sanchistas mantuvieron que para ganarla no pactaron con los secesionistas (que a esa altura eran ya golpistas). Los acontecimientos posteriores los desmintieron. Hay quienes continúan echando la culpa a Rajoy por no dimitir entonces. Me da la sensación de que están un poco ofuscados. La dimisión del entones presidente del Gobierno no hubiese arreglado nada, porque aun suponiendo que Sánchez hubiese cumplido su palabra (que es mucho suponer) y hubiese retirado la moción de censura, el resultado no habría sido unas nuevas elecciones, sino otra investidura y, en esas circunstancias, solo la podría haber ganado Sánchez, puesto que solo Sánchez estaba dispuesto a pactar con los golpistas.

En los momentos actuales, la negociación es ya abierta y pública. Nos hemos acostumbrado a que se den las situaciones más insólitas y extravagantes en nuestra realidad política, y es muy posible que terminemos viendo con naturalidad las futuras cesiones de Sánchez ante Esquerra, esas que ahora decimos que es imposible que acepte. Las Cortes se han convertido en una fiesta taurina o en un mercado persa. Resulta difícil pedir a los ciudadanos que sientan respeto por el Parlamento y por los procuradores cuando se prestan a ese juego que presenciamos el día de su constitución, y que anuncia y pronostica espectáculos del peor gusto. A los más viejos nos recuerda aquellas asambleas de la universidad en tiempos del franquismo. Para estudiantes estaban bien, aunque siempre un poco demagógicas, pero para diputados… Siente uno, una cierta vergüenza.

La Presidenta del Congreso (del PSC, por cierto, que es ahora la formación que manda en el PSOE) ha admitido todo tipo de juramentos chuscos y estrafalarios. Todo indica que permitirá las situaciones más delirantes y ofensivas con tal de no molestar a los que van a ser socios de su jefe. El juramento de la Constitución se ha transformado en una farsa, un esperpento, una gran mentira. Las múltiples versiones elegidas tienen todas la misma finalidad, ocultar que juran la Constitución, los mismos que quieren por todos los medios, legales o ilegales, acabar con ella. Algo de culpa tiene el Tribunal Constitucional por no querer embarrarse y cerrar el melón que un día abrió al haber aceptado lo de por “imperativo legal”, que en sentido estricto es una payasada porque -como señaló muy atinadamente el magistrado Marchena- todos lo hacen por imperativo legal. Pero los perjuros lo son con imperativo legal o sin imperativo legal.

Los sanchistas han asumido ya el término conflicto político, empleado antaño por ETA y actualmente por los nacionalistas catalanes. El lenguaje no es neutral y detrás se encuentra la concepción que se tiene de una determinada realidad. Con la expresión conflicto político los independentistas pretenden presentar lo que ocurre en Cataluña como el enfrentamiento entre dos entidades políticas soberanas que deben negociar de tú a tú, en igualdad de condiciones y con un intermediario internacional, relator o como se le quiera llamar. Con ese término intentan negar al mismo tiempo que exista un conflicto de otro tipo, en concreto, unas actuaciones delictivas y punibles.

Hablar de que el problema en Cataluña es político es decir una obviedad porque político es todo lo que afecta a la ciudad (polis), al Estado, incluyendo el Código Penal. El problema del independentismo comenzó además a ser penal desde el mismo momento en el que los partidos nacionalistas se rebelaron contra la Constitución, el Estatuto y las leyes. Fueron ellos los que se adentraron en el ámbito judicial, al querer romper el país por la fuerza, al dar un golpe de Estado y pretender mantenerlo vivo. Es un problema de orden público para España y de convivencia para Cataluña. Una parte no mayoritaria de la población catalana pretende despojar al resto de los catalanes y de los españoles de su soberanía y de su derecho de decidir sobre Cataluña.

Sí, nos estamos acostumbrando a las situaciones más incongruentes y disparatadas que están distorsionando nuestra realidad política. El Estado está consintiendo que aquellas formaciones políticas que han perpetrado un golpe de Estado, y que están dispuestas a repetirlo, continúen al frente de unas de las mayores Comunidades de España y, por lo tanto, contando con poderosos medios, entre ellos un ejército armado de 17.000 hombres, los mismos medios que les permitieron intentar subvertir el orden constitucional. Las contradicciones surgen en cascada.

Los encargados de controlar el orden público son los mismos que jalean o se ponen a la cabeza de la anarquía y el desorden. Los detenidos y los responsables de prisiones pertenecen a la misma secta. El presidente de la Generalitat, que lo es solo por gracia de la Constitución Española, reniega de ella, afirma que no la reconoce y que por su cuenta y riesgo los golpistas están redactando otra para Cataluña. El presidente del Gobierno español, como le recuerda Rufián a menudo, debe el cargo a los condenados por sedición, y ahora negocia de nuevo con ellos para asegurarse el puesto. Los líderes de las principales organizaciones sindicales van en romería a la cárcel de Lledoners con plegarias y rogativas dirigidas a quien la justicia ha considerado jefe de la intentona.

El Ministro de Fomento en funciones y secretario de organización de lo que queda del PSOE afirma que “hay que buscar cauces de expresión, de tal forma que no sea necesario, ni nadie tenga que recurrir a situarse fuera del ordenamiento jurídico”. Por nadie se entiende los golpistas. Bien es verdad que lo mismo podríamos hacer con los rateros, los ladrones, los defraudadores, etc., buscar fórmulas para que puedan robar, defraudar, estafar, sin que tengan que situarse fuera de la ley. Hasta ahora creíamos que el vehículo destinado a resolver los problemas políticos era el Parlamento. Pero he aquí que no, por eso el PSOE y Esquerra se van a negociar a Barcelona. Habremos de acostumbrarnos a las situaciones insólitas. Ábalos las califica de obvias y se pregunta por qué lo obvio genera escándalo. Puestos así, puede ser que terminemos admitiendo como obvio que al presidente del Gobierno español lo invista el Parlament de Cataluña.

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Page, Lambán, Díaz, Vara: ¿hay alguien ahí?
Si el PSOE reniega de su apuesta nítida por el constitucionalismo, estaríamos ante la definitiva ruptura del modelo de convivencia de 1978
Agustín Valladolid vozpopuli.es 12 Diciembre 2019

Una de las consecuencias políticas de calado que puede acabar provocando la sucesión encadenada de anomalías que viene sufriendo nuestro país -crisis económica-ausencia de reformas-rebelión nacionalista-debilidad institucional-fragmentación partidaria-, es la desaparición de formaciones de izquierda nítidamente constitucionalistas. De producirse algo así, estaríamos ante la definitiva ruptura del modelo de convivencia que, con grandes dosis de generosidad, este país puso en marcha en 1978. Dicho de otro modo: enfrentaríamos una realidad desconocida que declinaría el pacto generacional y pondría en riesgo la viabilidad del Estado tal y como lo hemos entendido hasta ahora, esto es, como proyecto común y solidario de todos y cada uno de los territorios que lo componen.

¿Estamos en un escenario remotamente parecido a este? Formalmente, la respuesta más desapasionada sería que no, pero en este preciso minuto, y a la vista de una negociación de llamativa opacidad y sobre la que recaen sospechas de cesiones incompatibles con los conceptos de igualdad interterritorial y lealtad institucional, lo alarmante es que tal hipótesis haya dejado de pertenecer al terreno exclusivo de lo absurdo para convertirse en algo no descartable. Y es que ya no se trata únicamente de que el Partido Socialista, arrastrado por su homónimo catalán, haya flexibilizado sus posiciones federalistas para acercarse a la más delicada frontera de lo confederal; es que Esquerra Republicana no se puede permitir un acuerdo que no transgreda en algún aspecto esencial no ya el espíritu, sino la letra de la Constitución.

"No aceptaré debate alguno sobre la autodeterminación, los indultos y la soberanía nacional". Esto afirmaba no hace mucho Emiliano García Page, no sé si fruto de un arrebato de ingenuidad o afectado por un sorpresivo ataque de raro cinismo, algo aparentemente incompatible con la rectilínea conducta del presidente castellano-manchego. ¿De qué se supone que según García Page están hablando Rufián, Vilalta, Ábalos y Lastra? ¿De la mejora del menú en la cárcel de Lledoners? ¿Qué hará García Page si al final su secretario general accede a abrir el melón de la autodeterminación? ¿Qué harán Lambán, el diluido Fernández Vara o la alicaída Susana Díaz si se acuerda la creación de una mesa negociadora que aborde la posible convocatoria de un referéndum siguiendo el modelo escocés? ¿Serán capaces de mantener lo dicho hasta ahora o plegarán sus principios a las necesidades del general secretario?

No son estas cuestiones menores, ya que de su desenlace no solo depende la formación de un Gobierno, sino muy probablemente el futuro de un proyecto que arrancó en 1979 y que ha sabido adaptarse al paisaje mejor que ningún otro (hasta el punto de llegar a afirmarse, con bastante fundamento, que el PSOE era el partido que más se parecía a España). Más aún, puede que no exageren quienes aseguran que, en esta delicada coyuntura, lo que se está jugando Pedro Sánchez es el futuro de la nación. En todo caso, lo que Sánchez está poniendo en riesgo en esta negociación es, cuando menos, la identificación de unas siglas -y la credibilidad de las mismas- con un sector hasta ahora central de la ciudadanía española. Y el riesgo es elevado, tanto como la tentación de aceptar lo inaceptable.

Al ceder a Oriol Junqueras el papel de guardagujas, Sánchez se ha situado en una posición subalterna en absoluto conciliable ni con el interés de su partido ni con el general del país. De ahí los silencios, la opacidad y los comunicados indescifrables. Junqueras no tiene prisa; más aún, la prisa es hoy el peor de sus aliados. Su objetivo es ganar las elecciones en Cataluña y no hará nada que pueda poner tal cosa en riesgo. Arrebatar a Puigdemont y a Torra el control de la Generalitat es su prioridad, y lo del Gobierno de Madrid es más cuestión de marketing que de necesidad real. Tiene, eso sí, un valor instrumental, en tanto que puede coadyuvar a alcanzar la finalidad principal.

Pedro Sánchez no puede permitirse una nueva repetición electoral. Sería, esta vez sí, su tumba política. Junqueras lo sabe y aprieta (y no le hace ascos a un Ejecutivo del PP que, según su estrategia de medio-largo, podría acelerar las adhesiones a la causa independentista). Casado lo sabe y no se mueve. Los barones del PSOE lo saben y en su mayoría callan. Confían (¿confían?) en el plan B. Pero, ¿y si no hay plan B? ¿Y si a estas alturas el único plan posible para devolver al partido a la senda de la centralidad es cambiar de caballo? Page, Lambán, Díaz, Vara: ¿hay de  verdad alguien ahí?.

Entender a Franco /El caso Besteiro/ ¿Quién es más canalla?
Pío Moa gaceta.es 12 Diciembre 2019

Para entender la significación histórica de Franco solo hay que hacerse esta pequeña reflexión: ¿quiénes le odian?

Le odian los etarras, por supuesto

Le odian los socialistas, de historia criminal y campeones de la corrupción.

Le odian los separatistas vascos, catalanes, gallegos y de cualquier región.

Le odiaba el “héroe de Paracuellos”, el mayor asesino de la guerra civil, transformado en apóstol de la “democracia” por otros odiadores.

Le odian los señoritos cutres y abyectos del PP, perfectamente capaces de escupir sobre las tumbas de sus padres y abuelos para parecer “demócratas” y congraciarse con los anteriores.

Este muy breve repaso permite entender quién fue Franco: para empezar, el hombre que derrotó a los cdelincuentes que querían someter a España a un régimen de tipo soviético y /o disgregarla en unos cuantos estaditos impotentes y resentidos, juguetes de potencias exteriores. Solo por eso, Franco merece un puesto de honor en la historia de España.

Pero además Franco libró a España de la guerra mundial en circunstancias dificilísimas, dejando el único país de Europa libre de deudas políticas y morales con Usa o con la URSS. Y permitió una reconstrucción ejemplar con las propias fuerzas de España, sin deudas con las finanzas useñas.

Asimismo venció al maquis y al más que delictivo aislamiento que le impusieron las potencias vencedoras en la guerra mundial. Venció diplomáticamente a Inglaterra en la ONU sobre la cuestión de Gibraltar. Y presidió el período de mayor auge económico que haya vivido España en su historia.

Y todo esto solo pudo hacerlo porque tuvo el apoyo y el agradecimiento de la vasta mayoría de un pueblo que había olvidado los odios mortales de la república. En este sentido ha sido el estadista más democrático que haya tenido España en siglos. Y en otro sentido más: en que aquella sociedad creada bajo su dirección quedó apta para una democracia no epiléptica como fue la república, le dio una victoria póstuma en el referéndum de 1976, rechazando una democratización antifranquista y apoyándola “de la ley a la ley”, desde la indudabilísima legitimidad del franquismo.
Pues bien, todos esos inmenso logros se propusieron anularlos desde la transición todos aquellos criminales enemigos, envolviéndose fraudulentamente en el manto de la democracia. Es más que hora de arrebatarles ese manto y que todo el pueblo vea las repugnantes desnudeces de los corruptos, delincuentes y criminales que están llevando a la destrucción a España y a la libertad.
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**Dediqué un ejemplar de Por qué el Frente Popular perdió la guerra al “Doctor Sánchez”, evidentemente no con la intención de que aprendiese algo de la historia de su país y su partido. A ese canalla lo que le gustaría, y lo que proyecta, es multar y encarcelar a quienes defendemos la verdad frente a la mentira que necesita una ley totalitaria para imponerse.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil
**¿Quiénes son más canallas: el Doctor y su banda, o los obispos y monárquicos que han permitido al macarra profanar el Valle de los Caídos y la tumba de Franco? “Hay alguien más despreciable que el verdugo, el ayudante del verdugo”.

**El Doctor es cómplice de los separatistas porque esa ha sido la política del PSOE desde siempre. Desde la huelga revolucionaria de 1917. Tienen gracia los “analistas” que creen que el PSOE “desearía” tener los apoyos del PP y C´s. Le son indiferentes.

**El PP puede perfectamente apoyar al PSOE, porque sus políticas con respecto a los separatismos y en todo lo demás, son casi idénticas. Lo único que los separa es la necesidad de engañar a sus votantes. Así, el PP puede muy bien apoyar la investidura del Doctor, incluso plantear un gobierno de coalición que, por supuesto no cambiaría nada.

**VOX está haciendo la política correcta: no confundirse con el PP y C´s. ¿Quieren estos dos partidos impedir que el PSOE se apoye en los separatistas? Pues apoyen su investidura. ¿Por qué no iban a hacerlo, insistamos, si las políticas de todos ellos son tan afines? Algunos ingenuos creen que con eso se iba a salvar España de algo.

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La defenestración de Besteiro
Para lanzarse a la guerra civil, el PSOE tenía que eliminar la oposición interna del sector de Julián Besteiro, que dirigía el sindicato UGT, principal fuerza de masas del PSOE. Besteiro era uno de los tres grandes dirigentes del partido, junto con Largo Caballero y Prieto, y ya en 1930 se había opuesto a los manejos de Prieto primero y Largo después, para imponer la república mediante un golpe militar. Desde entonces las diferencias entre ellos se habían mantenido. En julio del 33 había dicho en Mieres: “Nuestros adversarios están débiles, pero no podemos creer que estén deshechos, como cuando en la guerra estaba deshecha Rusia”, y poco después, en la escuela de verano del partido, había denunciado la falsedad de una amenaza fascista en España y despreciado la dictadura del proletariado como “vana ilusión infantil que se paga demasiado cara porque al final son las masas las que cosechan los desengaños y sufrimientos “. Calificó de “locura colectiva” la corriente revolucionaria. ”¿Es que no habrá posibilidad de salir de esta locura dictatorial (…)? ¿Es que nos vamos a contagiar de la peste del momento?”.

Pero, locura o no, la tendencia se imponía en el PSOE con gran fuerza. El AntiCaballero, pequeño libro escrito por la facción besteirista, describe el auge de “la avalancha roja” o “bolchevique” en el partido. Siguió una pugna interna ensañada. Amaro del Rosal, un líder partidario de Largo Caballero, describirá: “En la historia del Partido Socialista no existe un antecedente de una lucha ideológica tan agria, tan violenta en su fondo y en su forma”, “una lucha sin cuartel” . Los jóvenes socialistas llegaron a asaltar el domicilio de Besteiro, defendido por otros socialistas. “Trifón Gómez, besteirista, salvó la vida al final de un mitin en Zaragoza abriéndose camino pistola en mano”.

El 13 de diciembre, casi un mes después de las elecciones, desastrosas para el PSOE, se dirimieron las posturas en el Comité Nacional de la UGT. El besteirista Saborit declaró: “Nos ha asombrado un poco el empuje de las derechas (…) pero de ahí a suponer que hay una preparación en España de fascismo para (…) hundir la UGT y el Partido (…) Lo que niego es un fascismo preparado para asaltar el poder”. Temía que un golpe revolucionario trajese un contragolpe derechista, y se remitió a la gran popularidad de la dictadura de Primo de Rivera. “Para hacer frente a una acción violenta de la burguesía para implantar en España el fascismo, la Unión y el Partido se lanzan a la violencia. Solo para eso. Para organizar en frío un movimiento (…) por la dictadura del proletariado (…) niego la fuerza, niego la capacidad (…) y la posibilidad de hacerlo (…) Ahora El socialista publica artículos francamente comunistas (…) y es ahí, a mi juicio, donde está la raíz y la desviación”.

Le replicó Amaro del Rosal: “Pregunto si por encima de nuestra voluntad hay una situación objetivamente revolucionaria (…) Existe un espíritu revolucionario; existe un Ejército completamente desquiciado, hay una pequeña burguesía con incapacidad de gobernar (…) en descomposición. Tenemos un Gobierno que (…) es el de menor capacidad, el de menor fuerza moral, el de menor resistencia (…) Ahora todo está propicio”. Y contradiciéndose en parte remachó: “Automáticamente tendremos aquí, dentro de cuatro meses, el hecho alemán, porque si se dice que cuando nos veamos en el último recurso podremos ir a la revolución, tendremos que decir que hay que darles esa misma fórmula a la burguesía, en el sentido de que se esté quieta, que no se prepare”.
La línea guerracivilista no logró aún imponerse. El 16 de diciembre la ejecutiva del PSOE propuso a la UGT un movimiento “antifascista” contra Lerroux, acusándole en falso de proyectos dictatoriales. Dirá Saborit: “No se trataba de defender la República ni de velar por la integridad de su Constitución, sino de conquistar el Poder político (…) al mes siguiente de haberse verificado las elecciones”.

El 31 de diciembre, ante un pleno del comité Nacional de la UGT un desesperado Besteiro denunció como “absurdo, imposible”, “camino de locuras” la idea de un “Estado totalitario socialista”. Aún no se aceptó la propuesta revolucionaria, que volvió a ser rechazada los días 4 y 5 de enero. Hubo un intento de arreglo en una entrevista entre Prieto y Besteiro. El primero dijo: “Vais a llegar al Poder, si llegáis, empapados y tintos en sangre. Y para qué?” Vaticinó una segunda guerra entre socialistas, comunistas y anarquistas. Prieto objetó que bastaría neutralizar a unos cientos de cabecillas anarquistas y, ante el escepticismo de Besteiro, describió “el espléndido panorama de los recursos guerreros que poseían, y recitó una relación de generales, jefes y oficiales comprometidos a lanzarse al movimiento”.

La pugna persistió durante unas semanas. Los bolcheviques maniobraron para expulsar a los besteiristas del control de la UGT, primero de la Federación de Trabajadores de la Tierra y a continuación del Sindicato Ferroviario. A finales de enero, los bolcheviques cantaban victoria. El 21, Largo Caballero prometía en un mitin: “Vamos a conquistar el Poder (…) Pero yo añado que (…) hay que preparar a las masas para la revolución espiritualmente pero, sobre todo, materialmente (gran ovación. Una voz: “¡Vivan las ametralladoras!”)”. E insistió en un inminente peligro fascista en el que, desde luego, no creía.

Los bolcheviques venían forzando la dimisión de los besteiristras mediante una fuerte y violenta agitación. El 27 de enero tuvo lugar la última reunión de la ejecutiva sindical con presencia de besteiristas, y el 3 de febrero se reunía una nueva dominada por los bolcheviques. En el proceso también fueron sustituidas las directivas de la Agrupación Socialista madrileña, de la Federación de Juventudes Socialistas y del resto de los sindicatos. Largo y Prieto habían ganado en toda la línea. “Fueron los momentos de más intensa amargura que Besteiro pasó en toda su vida política”.
Y el camino a la guerra civil quedaba expedito

Ayuntamiento de Barcelona
El PSC se niega a que las empresas contratistas puedan presentar sus propuestas en español en Barcelona
El PSOE tumba con los independentistas que el castellano sea lengua vehicular en Cataluña
Raquel Tejero okdiario  12 Diciembre 2019

El PSC ha rechazado un ruego de Ciudadanos que pedía al Gobierno del Ayuntamiento de Barcelona incluir el español en las cláusulas lingüísticas que deben cumplir las empresas contratistas que quieran tener acceso a las licitaciones municipales.

El actual modelo obliga a todas las empresas que quieran presentar sus proyectos al consistorio a hacerlo en catalán. Esto supone un sobrecoste a las radicadas fuera de Cataluña que no estén familiarizadas con la lengua catalana. Por lo tanto, estos candidatos se ven obligados a contratar personal extra para traducir sus propuestas y que sean valoradas por el Ayuntamiento.

En todos los pliegos de cláusulas particulares que rigen las licitaciones se incluye la condición especial que indica, textualmente, lo siguiente: "Entregar toda la documentación necesaria para el cumplimiento del contrato en catalán”. Este aspecto es invariable y no depende del tipo de licitación de la que se trate. Aunque el contrato no afecte en ningún aspecto a la lengua, la empresa está obligada a traducir sus textos.

Sin embargo, el PSC se ha posicionado junto a su socio de Gobierno, el partido de Ada Colau, para negarse al ruego de Ciudadanos y, por lo tanto, marginar al español de este tipo de procesos.

Según Ciudadanos, esto supone una cláusila “discriminatoria”. El portavoz naranja en el ayuntamiento de Barcelona, Paco Sierra, ha lamentado lo ocurrido ya que considera que “se perjudica a numerosas empresas”.

“La legislación actual considera a la lengua catalana de uso preferente pero eso no quiere decir que se tiene que excluir al español como está ocurriendo en Barcelona” y ha afeado que incluso las transcripciones de sus "intervenciones son traducidas”.

El Ayuntamiento de Ada Colau se caracteriza por marginar al español en aquellos espacios que dependen del consistorio. Uno de los ejemplos es la edición únicamente en catalán de la guía de impuestos a la que tienen acceso los barceloneses. Además, en varias ocasiones ha creado carteles para actividades municipales en las que se han hecho traducciones al árabe, tagalo o el urdu.

Y el PSOE en el Parlament
El PSOE ha votado en el Parlament junto los independentista de JxCat, ERC y la CUP para tumbar las proposiciones de PP y Ciudadanos para que el castellano sea lengua vehicular en la educación pública en Cataluña.

La iniciativa de C’s, titulada ‘Proposición de ley de garantía de la enseñanza efectivamente trilingüe’, planteaba que catalán, castellano e inglés tengan estatus de lenguas vehiculares y que cada una de las lenguas tenga un porcentaje de uso ni inferior al 25% ni superior al 40% de las horas lectivas.

La del PP, titulada ‘Proposición de ley por la enseñanza plurilingüe en Cataluña’, establecía el catalán y castellano como lenguas vehiculares con un mínimo de 25% de horas lectivas para cada una, y que otro 25% se imparta en una lengua extranjera.
 


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