AGLI Recortes de Prensa   Domingo 15  Diciembre  2019

Una clase política inútil
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli  15 Diciembre 2019

Se acaban de conocer, hechas públicas por un empleado injustamente despedido, un cúmulo de irregularidades cometidas en el seno de Podemos, perpetradas o, por lo menos, consentidas, por sus máximos responsables. La lista es llamativa, incumplimiento de la norma sobre el tope de las remuneraciones, inflado de gastos de kilometraje, sobresueldos en negro, falseamiento de resultados de primarias, entre otras fechorías. El partido morado se une así, pocos años después de su entrada en el escenario nacional, a la venalidad desatada que han venido practicando durante décadas el Partido Socialista, el Partido Popular y la extinta CiU. Vistas, además, las cualidades que adornan al actual candidato a La Moncloa y al que se perfila como su socio principal, nos amenaza un Gobierno de coalición entre el fraude y el cinismo, lo que dibuja un inmediato futuro poco halagüeño.

España afronta problemas gravísimos, de naturaleza incluso existencial. Pocas naciones en el mundo se ven en este momento en peligro de desaparecer como tales por la subversión violenta de una parte de la población de una sus entidades subestatales, cuyo nivel de autogobierno y de reconocimiento simbólico, para mayor escarnio, es uno de los más altos del planeta. A esta tragedia, se añaden otras dificultades de profundo calado, una estructura territorial compleja, disfuncional e ineficiente que fomenta el separatismo, anima al despilfarro, fragmenta la unidad de mercado y quiebra el principio de igualdad entre los españoles; una deuda pública excesiva para la envergadura económica de nuestro país; una incapacidad reiterada de reducir el déficit; un sistema educativo de pobre rendimiento; un esquema de pensiones en quiebra técnica, una demografía severamente declinante; una justicia de independencia menguada; una Administración paralela en los planos municipal y autonómico que drena vorazmente recursos que deberían emplearse en atender necesidades perentorias de carácter social; una I+D+i netamente por debajo de lo requerido y una invasión escandalosa de los órganos constitucionales y reguladores, así como de los medios de comunicación públicos, por los partidos, que se reparten descaradamente por cuotas el Estado considerado como su botín, por mencionar las más lacerantes.

Frente a este panorama desolador y la notoria incompetencia de nuestra clase política para calibrar la seriedad y la urgencia de estos desafíos y para buscarles soluciones, se levantan voces fatalistas que afirman que los gobernantes son el reflejo de la sociedad de la que emanan y que por tanto no nos queda otra que resignarnos al fracaso colectivo que nos espera irremediable. Esta visión, típicamente rajoyesca, aparte de descorazonadora y estéril, revela la falta absoluta de comprensión de sus defensores de las causas de la prosperidad y el éxito de las colectividades humanas. Las naciones que han triunfado en la edad contemporánea y han alcanzado un notable nivel de paz interna, orden, seguridad, civilidad, crecimiento sostenido y bienestar social, lo han hecho por una combinación de mejoras en la educación, de la implantación de un conjunto de valores éticos vertebradores y de un diseño institucional acertado, siendo este último elemento el fundamental. Por eso, países que hace doscientos años eran extremadamente atrasados y pobres, Suiza, Suecia, Noruega, Dinamarca, Nueva Zelanda, Australia, Corea del Sur, han sabido construir órdenes constitucionales y legales que les han protegido del siempre posible mal comportamiento de sus políticos mediante eficaces resortes de rectificación y equilibrios de poder y contrapoder inteligentemente articulados.

Una máquina útil
No se requiere una mente especialmente esclarecida ni una sabiduría política más allá de lo que marca la pura evidencia para señalar el camino que nos permitiría escapar del callejón sin aparente salida en el que nos hemos adentrado. Bastaría que las fuerzas constitucionalistas cerrasen filas para formar un Gobierno de salvación nacional que neutralizase definitivamente el secesionismo aplicando rigurosamente la ley y poniendo en marcha un plan de amplio espectro y larga duración para desarraigar de la ciudadanía catalana el veneno de la obsesión identitaria, impulsase las reformas estructurales que transformasen el Estado en una máquina ágil y bien lubricada acabando con las duplicidades, redundancias y dispendios superfluos, devolviese la independencia a la justicia y liberase de la larga mano de los partidos a las instituciones. Esta agenda de cambio regenerador devolvería la confianza a los inversores, despertaría energías de nuestra sociedad civil ahora adormecidas y fortalecería el prestigio internacional de España.

Pero este programa inspirado en el patriotismo y la sensatez no es ni percibido como posible ni tan siquiera contemplado por una clase política inútil, alicorta y centrada en sus propias y mezquinas ambiciones mientras la Nación se descompone. Hasta que nuestros mecanismos de selección de elites políticas no dejen de operar a la inversa, es decir, evitando que la probabilidad de que los peores alcancen la cúpula de los partidos sea superior a la de que lo hagan los más aptos, no habrá forma de emerger del abismo en el que nos hundimos.

De la Gürtel de Bárcenas todito, de la Gürtel de Iglesias, nadita
EDUARDO INDA okdiario 15 Diciembre 2019

A mí no me van a contar la que se lio en España con los sobresueldos en negro y la financiación en B del PP porque lo desvelamos en rigurosa exclusiva Urreiztieta y un servidor. Fue un shock de tal magnitud que Mariano Rajoy a punto estuvo de tener que coger las maletas. Si aquel viernes de enero de 2013 no recibí 400 whatsapp, no recibí ninguno. Entré en tantos medios para dar mi parecer que acabé exhausto. Creo que sólo me quedó por intervenir en Radio Taxi. La puntilla llegó con otra exclusiva que destapamos casualmente coincidiendo con la fecha de la toma de La Bastilla (14 de julio): los sms del presidente a Luis Bárcenas con esa tan torpe como escandalosa leyenda para la historia. “Luis, sé fuerte, hacemos lo que podemos”, le escribió el gallego a su ex tesorero el 18 de enero al toparse en el desayuno con la portada de El Mundo.

Casi siete años después, OKDIARIO ha publicado un exclusivón de la mano de María Jamardo que cuantitativamente está por dilucidar pero que cualitativamente es prácticamente idéntico al que un servidor destapó aquel tercer viernes de 2013. Ni más ni menos que el pago de sueldos extra de 600 euros en A y 300 en B a la cúpula de Podemos. Lo mismito que hacía Bárcenas con el Politburó de Génova 13 en los días de vino y rosas de la mayoría absoluta.

El Partido Popular empleaba los billetes para calmar a sus élites que se quejaban de que ganaban mucho menos de lo que estaban acostumbrados en la vida privada. Lo que sucede en un país en el que el presidente del Gobierno, que maneja 400.000 millones de Presupuesto, gana 4.100 euros netos al mes. Una auténtica vergüenza teniendo en cuenta que sus homólogos alemanes, francés o inglés casi cuatriplican su remuneración. Ése es otro debate que convendría abrir para impedir que a la política vayan los más tontos y/o los más golfos. El talento hay que pagarlo. Yo no digo que nuestro premier gane como Pablo Isla, Ana Botín o Álvarez-Pallete pero de ahí a estar por debajo de un secretario de Estado o de la mayoría de los niveles 30 de la Administración media un abismo.

Y los caraduras podemitas emplean el cash y los sobresueldos en A para seguir vendiendo una austeridad más falsa que Judas. Tienen tal papo que continúan manteniendo el embuste que ya no se cree nadie menos la banda de periodistas de estricta obediencia pablista que no son precisamente pocos sino más bien la mayoría de la profesión. Lo de que cobran sólo 3 salarios mínimos (es decir, 2.700 euros) y el resto lo donan al partido es un cuento chino que obligaría a que la militancia los corriera a gorrazos. Ahora vemos que los dueños de esa Sociedad Limitada que es Podemos engrasan las voluntades de sus subordinados a base de billetes. Un modus operandi más siciliano que made in Spain.

Pero la Gürtel de El Chepas, como llaman sus detractores a Iglesias imitando sus sucios métodos de descalificar al rival por los defectos físicos, va mucho más allá. No sé si hasta el infinito y más allá pero casi porque la demagogia, la desvergüenza y la afición a la pasta del personaje es cuasipatológica. Los abogados encargados de lo que los modernos denominan “compliance”, los códigos éticos de toda la vida de Dios, han denunciado mil y una fechorías por parte de la parejita diabólica Pablo-Irena. José Manuel Calvente no tiene dudas cuando se le pregunta por qué se ha quedado en el paro: “Me han despedido para tapar sus sobresueldos en negro”. Fue poner el grito en el cielo, alertar de las corruptelas y acabar en la calle. Lo mismo le sucedió a su compañera Mónica Carmona. Bueno, a Calvente esta gentuza le ha montado un caso de acoso sexual del que no hay constancia alguna en ningún juzgado nacional.

Tanto Calvente como la otra responsable de compliance denuncian la existencia de una caja B en el partido, que se emplea para enriquecerse y encima chuleando a Hacienda. Así se las gastan los Bárcenas de alpargatas, como los bautizó Cristina Seguí en una memorable columna en esta casa. Item más: añaden que las votaciones internas tienen más trucos que una actuación de Juan Tamariz, Houdini o Copperfield. Nada nuevo bajo el sol, el problema es que nadie, salvo OKDIARIO obviamente, lo contaba. Una de nuestras reporteras votó hasta 9 veces en el plebiscito del casoplón de 270 metros cuadrados en Galapagar con 2.000 de parcela, piscinaco y casa de invitados. Honestamente, creo que las elecciones del siniestro Evo Morales fueron algo más limpias que las de los Ceaucescu de Galapagar. No mucho pero algo más, sí.

El penúltimo episodio (atentos porque el lunes habrá más madera) demuestra la catadura del argentino Echenique. Cuando se instaló en Madrid no optó por un barrio humilde, ni siquiera por uno de clase media, con un par se mudó al más caro: Salamanca. Lo desveló en primicia una vez más este diario. Ahora nos enteramos gracias a Calvente de que el alquiler lo abonaba el partido y que el antaño militante de Ciudadanos no lo declaró como toca, como percepción en especie. Se hizo un Monedero: sólo lo tributó cuando Calvente le dijo que eso podía ser un lío de tres pares de narices.

Por no hablar del chusco episodio de la explotación de la escolta de Irena Montera. La Ceaucescu de Galapagar la tenía de recadera, de choferesa de toda la parentela (no sólo de la pareja y sus hijos), de manitas en el casoplón y de mecánica. Le sisaron 30.000 euros en horas extra no abonadas. Las ínfulas de la portavoz parlamentaria son tan bestias que la hacía ir por la noche de Galapagar a Madrid (47 km ida, otros 47 de vuelta) a comprarles la cena, la comida para los perros y los pañales de los niños. Por cierto: los defensores de los parias de la tierra tienen dos personas de servicio. Flipante. Más que muchos banqueros de tronío.

Casoplón de Galapagar cuyo epílogo está aún por escribir. Alguien nos tiene que explicar qué carajo pintaba el tesorero de Podemos, Daniel de Frutos, en la firma ante notario de la adquisición de la mansión de La Navata. O qué llevaba dentro del maletín otra de las personas que acudió al fedatario público. O por qué se desembolsaron oficialmente 670.000 euros por una casa cuyo precio de mercado no baja de los 1,1 ó 1,2 millones.

Que España padece una pseudodemocracia, a años luz de la que alumbramos hace 40 años, lo certifica la bestial autocensura que muchos medios se han autoimpuesto con la Gürtel de Podemos. Los que desde el minuto 1 vimos que no eran trigo limpio hemos tenido que soportar, incluso, que buena parte del resto de la profesión nos llamase “mentirosos” para defender a su führer Iglesias. Como cuando contamos que habían trincado más de 7 millones de la narcodictadura venezolana. Como cuando levantamos las alfombras granadinas descubriendo que Maduro había transferido a Iglesias 272.000 dólares en el paraíso fiscal del Caribe. O cómo de solos nos quedamos denunciando su vomitivo machismo-sadismo al informar que en un chat interno se mostraba partidario de “azotar” a Mariló Montero “hasta que sangre”.

Iglesias y sus periodistas de cámara tienen un problema. Que su Gürtel y derivados se pueden ocultar a todos un poco de tiempo, a unos pocos todo el tiempo, pero no a todos todo el tiempo. El tic, tac, tic, tac, está en marcha. Resulta física y metafísicamente imposible en esta era de diarios digitales y redes sociales a mansalva. Espero que el pensamiento único, ése que sostiene que sólo hay corrupción en la derecha, que los ERE no son corrupción, que Chaves y Griñán son honrados e Iglesias el azote de la corrupción, no llegue a una Fiscalía que de momento no ha actuado de oficio contra esta banda. Porque sería síntoma inequívoco de que la autocracia de izquierdas que se adivina en el horizonte se ha abalanzado sobre todos nosotros cual tormenta perfecta. El pasado de Iglesias es negro, negrísimo, pero el futuro aún lo es más. Yo, en el mientras tanto, me quedo con la descriptiva frase que Calvente empleó para retratar a la SL Iglesias-Montero: “Son una mafia”.

El objetivo es echar a Policía y Guardia Civil del País Vasco
OKDIARIO 15 Diciembre 2019

PNV y Podemos pretenden reformar el actual Estatuto vasco para que la intervención de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en dicha Comunidad dependa en última instancia del Gobierno autonómico. Actualmente es el Gobierno de la Nación quien se reserva esa potestad, pero con la modificación que pretenden los nacionalistas y la izquierda populista, no habrá posibilidad de que la Policía Nacional intervenga en las tres provincias vascas si el Ejecutivo regional no da su visto bueno. La actuación no sería posible si la Junta de Seguridad del País Vasco, donde el Estado y el Ejecutivo autonómico tienen paridad de miembros, no está por la labor.

El cambio, obviamente, supone la exclusión de facto de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado del País Vasco, una vieja aspiración del separatismo radical. Por ahora, el PSE ha expresado sus reticencias a dicha modificación, pero a nadie se le oculta que, dadas las actuales circunstancias políticas, el Ejecutivo de Pedro Sánchez pueda dar su brazo a torcer, sobre todo teniendo en cuenta que la supervivencia de Pedro Sánchez depende del apoyo de los mismos que pretenden echar a la Policía del territorio vasco.

La medida puede tener consecuencias devastadoras, porque a nadie se le oculta que si las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no pueden intervenir en la totalidad del Estado, su papel como garantes de la Constitución se convertiría en papel mojado. Sería tanto como privarlas de ejercer su misión de proteger los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana. Para entendernos: sería tanto como configurar una zona de exclusión de la Carta Magna, arrojando fuera del País Vasco a quienes, precisamente, tienen como misión velar por el cumplimiento del orden jurídico.

Dada la realidad del panorama político nacional, la intención de nacionalistas e izquierda radical provoca escalofríos. Porque conviene no olvidar que quien tiene la obligación de defender el orden constitucional es el Gobierno de España. O sea, Pedro Sánchez. Para echarse a temblar.

La sedición despenalizada
En política no existen cesiones testimoniales porque el diablo se esconde en los detalles. Negociar contrapartidas «simbólicas» con el separatismo significa alimentar su imaginario de mitos, avalar su desafío y en última instancia otorgar al delito de sedición un indulto político
Ignacio Camacho ABC 15 Diciembre 2019

La integridad de la nación no es un capricho absolutista ni una herencia desfasada del liberalismo romántico. La unidad territorial es el concepto esencial sobre el que se fundamentan los Estados, que desde hace siglos se constituyen a partir de la delimitación segura de su espacio. Pero además, y sobre todo, esa cohesión jurisdiccional tiene en las constituciones modernas un correlato que es el principio de indivisibilidad del sujeto soberano. Si ese sujeto, el pueblo -el «we, the people» de Filadelfia-, la fuente de poder, se fragmenta o se descompone en pedazos, de modo automático quedan troceados también los derechos de los ciudadanos y rota la premisa cardinal del orden igualitario. Por eso cuando hablamos de constitucionalismo no estamos invocando un término abstracto sino el núcleo, la noción decisiva del pensamiento político contemporáneo. Muchas naciones reconocen y encauzan su pluralidad interna a través de un autogobierno más o menos descentralizado, pero la soberanía plena no admite sucedáneos ni se puede desarmar como si fuese un mecano sin destruir consensos sociales básicos.

En España, sin embargo, administraciones de distinto signo han cometido el error de tratar de aplacar las reivindicaciones nacionalistas y/o separatistas con privilegios sucesivos que han ido agotando el marco legal hasta reducir la estructura del Estado a un esqueleto competencial mínimo. Consumido el margen a partir del cual el modelo vigente quedaría en la práctica abolido, Pedro Sánchez trata de alquilar los apoyos a su reelección mediante el precio de unas concesiones de apariencia simbólica que según su argumento no dañarían la arquitectura institucional con un impacto efectivo. Suponiendo que eso sea cierto -y es mucho suponer en un dirigente con un sentido de la verdad tan tornadizo- continúa representando un planteamiento equívoco porque el nacionalismo es una creencia que se alimenta de símbolos, de representaciones figurativas con las que desarrollar su imaginario de mitos. Y esas «inocentes» contrapartidas testimoniales que el Gobierno presenta como meras psicoterapias huecas de contenido constituyen para los irredentos de la secesión un salvoconducto de legitimidad que avala su designio.

Así, por ejemplo, cuando el Gobierno admite la existencia de un «conflicto» otorga una coartada al desafío de independencia, que no vendría a ser más que una respuesta, si acaso desproporcionada, a esa presunta tensión dialéctica. En realidad, la propia negociación con ERC entraña una despenalización política de su flagrante ataque al sistema, una suerte de amnistía moral que anula de hecho la condena judicial y prefigura los argumentos de la defensa de los líderes convictos ante la Corte europea. Eso tiene poco de simbólico: representa una enmienda a la sentencia, o en el mejor de los casos una minimización del delito -sedición, nada menos- a través del borrón y cuenta nueva. Es fácil concluir que la consecuencia lógica de esa actitud indulgente o benévola derivará, más pronto que tarde, en medidas penitenciarias tendentes a mitigar el cumplimiento de las condenas. Si tal cosa ocurre -o más bien, cuando ocurra-, será inevitable que una buena parte de los ciudadanos cuya soberanía fue asaltada en la revuelta interprete los beneficios penales como una ofensa.

Pero más allá de eso está la cuestión de los principios primordiales. Negociar la estabilidad de las instituciones con los adversarios de la Carta Magna es algo mucho más grave que una simple demostración de buen talante. Sobre todo después de que se haya producido una insurrección contra las bases constitucionales y de que sus autores hayan proclamado, con reiteración inquietante, su voluntad de volver a llevar cabo el sabotaje. Cuando el recién reelegido dirigente del PSC, Miquel Iceta, se refiere a Cataluña como una «nación no independiente» está planteando un proyecto de tintes confederales que simplemente no caben en el ordenamiento jurídico actual por mucha generosidad con que pueda interpretarse. Lo que los socialistas están poniendo sobre la mesa, en su afán de amarrar la investidura de Sánchez, es un modelo de relación bilateral inaceptable incluso en el plano teórico porque si hay algo que el separatismo sabe es explotar cualquier resquicio mejor que nadie. Y el diablo de la política se esconde siempre en los detalles.

El empeño frentepopulista del presidente implica por ende la ruptura del bloque constitucional y un claro alejamiento de la moderación y del centro que ha reabierto en el PSOE un significativo debate interno. Pero el malestar de los dirigentes críticos no irá muy lejos: el acuerdo con los independentistas está casi cerrado, a la espera de que se concreten algunos flecos -públicos o secretos- y de que Junqueras elija el momento adecuado para darle el visto bueno. La vaselina que García Page teme recibir como regalo de Reyes no se demorará demasiado porque el partido no tiene ya capacidad de establecer contrapesos orgánicos. Y la forma en que Sánchez ha forzado a la Corona a entregarle un cheque en blanco demuestra su nulo compromiso con la responsabilidad de Estado. Si no le importa embarcar al Rey en un proceso de investidura completamente opaco no existe ninguna razón para pensar que vaya a frenarse en el último tramo. Esa huida hacia adelante tal vez no produzca estragos inmediatos pero a medio plazo es la garantía certificada de un colapso.

El conflicto
Antonio Burgos ABC 15 Diciembre 2019

Pues no es mala fórmula para acabar con los problemas. Se le cambia el nombre, como el que desenrosca y sustituye una bombilla fundida y pone una nueva, y listo. Se acabó el problema. Por este procedimiento, el problemazo del separatismo catalán ha terminado para Sánchez, a fin de asegurarse la abstención o el voto afirmativo para su investidura por parte de ERC, de Izquierda Republicana de Cataluña (vamos a llamar a las cosas en español, puesto que en esta lengua escribimos). Habrán advertido que en los últimos días ha dejado de existir el problema de la independencia catalana, el que llevó a la cárcel, condenados por sedición y malversación, a los convocantes y promotores del ilegal referéndum de autodeterminación de infausta memoria. Ya no existe el menor problema con la independencia catalana, pues, ni con la constitucional unidad de España: ahora tenemos sobre la mesa de negociación «el conflicto político» y listo.

Otra vez hemos perdido la batalla del lenguaje. El Gobierno en funciones ha asumido y hecho suyo sin el menor reparo ni resistencia el lenguaje de los separatistas catalanes. En el momento en que no sé si Sánchez, o Ábalos, o Carmen Calvo comenzaron a llamar «el conflicto político», como ellos, a la independencia de Cataluña, empezamos a perder la batalla. Ya han ganado ellos, consigan lo que consigan, logren lo que logren. Esto no es nuevo en España en materia de separatismos de territorios que no quieren pertenecer a la Patria común e indivisible que dice la Constitución, a la que el Gobierno de Madrid convierte en papel mojado con estas concesiones. Las palabras son más importantes que cuanto significan. Usarlas o no, aceptarlas o no, ya forma parte del planteamiento de un asunto: son un sí o un no. Digo que esto de adoptar el lenguaje del enemigo (sí, he dicho «el enemigo», ¿passsa algo?) ya nos ocurrió lamentable y tristemente con la ETA. Que empezó a ganar su batalla en el momento mismo en el que los que ponían la nuca para recibir el tiro de aquellos asesinos comenzaron a usar su mismo lenguaje. A llamar «comando» a las pandillas de pistoleros; «lucha armada» al terrorismo en todas sus variantes; y «cúpula militar» (con lo honrosa que es la palabra «militar») a los capos de aquella mafiosa jarca de criminales.

En Cataluña estamos asistiendo a la segunda edición de la batalla del lenguaje que perdimos con la ETA, que sabe Dios a precio de qué y por cuánto nos vencieron y dejaron de asesinar... porque quisieron y les interesó, no crean que sólo por la acción de la Justicia, de las Fuerzas de Seguridad y de la fortaleza del Estado. En Cataluña, de momento, aparte de llamar a la independencia «el conflicto político» ya hemos aceptado que la negociación para la investidura de Sánchez sea llamada «de Gobierno a Gobierno». Esto es, que a los dirigentes de una autonomía española más, como es la catalana, los ponemos a la misma altura que al Gobierno constitucional de la nación. ¿Cómo «de Gobierno a Gobierno»? ¿Pero qué es esto, esta forma de claudicar ante los que quieren destruir nuestro sistema? Será en todo caso la negociación entre el Gobierno del Reino de España y la presidencia y los consejeros de una de sus diecisiete autonomías, que no es lo mismo. ¡Pues nada! Con esto «de Gobierno a Gobierno» reconocemos a Cataluña no sólo la condición de nación, sino de Estado extranjero. Vamos, al cambio, como si negociaran España y Francia. Y más episodios de concesiones y claudicaciones que habremos de ver en esta batalla del lenguaje, en la que nos iremos tragando todos los términos de la jerga del separatismo para que Sánchez no se baje del Falcon. Ah, y mientras, 40.000 euros más para copas y tapas del «catering» a bordo del Falcón. Que ése sí que contamina y del que no se baja el tío ni aunque se lo mande Junqueras. El condenado por sedición que nos ha ganado desde la cárcel la batalla del lenguaje.

«No paramos de mejorar»
El PSOE y sus ocho naciones

Juan Pablo Colmenarejo ABC 15 Diciembre 2019

La vicepresidenta en funciones se dirigió al plenario del Congreso del PSC: «Los socialistas catalanes y los socialistas españoles…». Fin de la cita y casi de este Enfoque en ABC. Carmen Calvo aplaudió la aplastante victoria interna de Iceta, que ha mandado callar a Lambán demostrando, como dice el propio presidente regional de Aragón, «el daño que el supremacismo ha hecho en Cataluña», pero sobre todo quién manda. Ya puede irse García Page a la tienda más cercana a su despacho en Toledo para comprar un poco de «bálsamo de Fierabrás», esa sustancia con aspecto de cera, de cuyo nombre no quiero acordarme.

El viejo PSOE ha lanzado un par de arañazos al sanchismo y en eso se va a quedar porque el acuerdo con el sedicioso de Lledoners está hecho, por mano interpuesta, la de Iceta. Por cierto, el silencio del extremeño Fernández Vara es de nota. A Sánchez solo le importa ser investido cuanto antes aunque el precio sea entregar la igualdad constitucional de los españoles al mejor postor. El PSOE está traspasando a España su problema.

El PSC es un partido «soberano» en Cataluña y «solidario» con el PSOE. Los socialistas catalanes han dejado de ser tercera vía al proclamar sin matices que Cataluña es una nación y España, o lo que sea, plurinacional. Solo faltaba que Calvo desvelara el método a seguir. Se van a «producir nuevas leyes». La operación de poder supera la Constitución del 78, camino del desván de objetos perdidos. Lo van a hacer sin que se note y en esta ocasión no habrá Tribunal Constitucional ni Marchena que lo impida. Serán los primeros en quedarse fuera de juego. Los sediciosos van a pasar la factura del juicio en el Supremo y de la eliminación del Poder Judicial catalán del Estatuto de 2006. ¿Quién manda en la Fiscalía? Se le escapó a Sánchez antes del 10 de noviembre pero para todo lo contrario de lo que va a suceder. Como ha contado ABC, Sánchez ya tiene su Conde-Pumpido para que las togas se manchen con el barro del camino que lleva a la puerta de la celda de Junqueras.

Cuando Iceta exige que se respeten las competencias de Cataluña está anunciando como solución la desaparición definitiva del Estado en Cataluña. Habrá otro diferente en el que a los socialistas catalanes ya no se les distinguirá de los nacionalistas separatistas. Al tiempo y sin aspavientos. Tienen cuatro años por delante y muchas horas de televisión para que no se apague el fuego de Vox, la coartada perfecta. Sánchez va a continuar donde lo dejó pendiente Rodríguez Zapatero. Como dice con su elegante ironía Pérez Maura, «no paramos de mejorar».

Conllevancias
Superar la crisis política actual no exige propuestas originales, sino voluntades concurrentes
Jon Juaristi ABC 15 Diciembre 2019

En una tribuna de «El Mundo» del pasado viernes («Gobierno de sumisión»), Jorge de Esteban propone una fórmula para salir del presente atolladero político, sobre la que me parece interesante divagar (no diré discutir ni debatir, porque no hay espacio para ello en esta columna ni tiempo en el frenético calendario de la investidura o de su contrario). En síntesis, y tras una descripción muy bien argumentada del agujero en que ha metido a España el presidente en funciones, Jorge de Esteban propone la formación de un gobierno de salvación nacional (aunque no lo llame así) entre el PSOE, el PP y Ciudadanos; la modificación del título VIII de la Constitución (no explica, sin embargo, cómo podría hacerse mediante un proceso constituyente limitado a tal fin, máxime cuando se trataría de reducir el número de Comunidades Autónomas), y la concesión resignada al País Vasco y a Cataluña de «un estatus especial», toda vez que «no habría más remedio» que hacerla.

La propuesta, bienintencionada y aparentemente razonable, presenta diversos aspectos espinosos, y no es el menor la oposición que se le haría desde las CC.AA. a sacrificar, fueran las que fueren. Como Eduardo García de Enterría observara, la demanda real de autonomía en 1978 se limitaba al País Vasco y a Cataluña, pero diez años después las identidades particularistas eran ya mucho más numerosas, consolidadas y amplias. Reducirlas supondría una bronca considerable, y deslegitimaría más aún al Estado, porque se mostraría fuerte con los más débiles y sumiso y resignado ante los más fuertes. Pero lo peor de la propuesta reside, a mi juicio, en su constructivismo, un achaque frecuente entre los constitucionalistas (no entre los partidarios de la Constitución, sino entre los especialistas en Derecho Constitucional como Jorge de Esteban). Ya que no se puede explicar de una forma verosímil cómo podría llevarse a cabo un doble proceso de desconstrucción y reconstrucción del Estado de las Autonomías, se recurre a la retórica de las buenas intenciones, y así De Esteban arguye que «hay que convencer a los españoles de que lo que se puede hacer en otros países también se puede hacer aquí, porque la solidaridad no sólo va en un sentido cuando es algo justo». En abstracto suena muy bien, pero a ver cómo se convence de ello al empleado de un gobierno autónomo que va a desaparecer. Multiplíquese la dificultad por el número hipotético de casos de empleos autonómicos a extinguir y nos haremos una idea aproximada de la dimensión que podría alcanzar el problema. Comparada con la de Jorge de Esteban, incluso la propuesta federalista de los socialistas parece más viable, aunque sólo en apariencia, porque jamás sería aceptada por los nacionalistas vascos ni por los separatistas catalanes, los únicos a los que va -tácitamente- dirigida.

Por otra parte, la solución propuesta por De Esteban encubre una palingénesis. Nos devolvería al proceso constituyente de 1977-1978 e incluso al de 1931, cuyas limitaciones insalvables admitió Ortega en su memorable discurso del 13 de mayo de 1932 en las Cortes de la República, el de la famosa conllevancia (palabra que el filósofo no pronunció). Dado que el problema catalán, según Ortega, «como todos los parejos a él» en otras naciones, no tenía solución, lo más sensato sería conllevarse: los demás españoles con los catalanes y los catalanes con los demás españoles. Esa era, sin duda, la posición más razonable y más civilizada, que excluía a priori (y prudentemente) las soluciones finales. Para llegar a ella no eran necesarias propuestas políticas, sino voluntades concurrentes. Lo que hoy, desgraciadamente, no sobra.

El otro daño letal de los ERE en Andalucía
Editorial ABC 15 Diciembre 2019

Al margen de la esfera penal y el castigo que están mereciendo sus protagonistas en los tribunales, la gravedad del escándalo de corrupción de los ERE ha contribuido a herir severamente el tejido productivo andaluz. Buena parte de las dificultades que presenta, o al menos de su debilitamiento, tienen que ver con el sistema creado durante el régimen socialista que en vez de ayudar o crear las condiciones para reflotar las empresas en apuros dio todas las facilidades para que estas se liquidaran, de manera ostensiblemente irregular en muchos casos como están demostrando los tribunales. Era como ir apagando poco a poco nichos de empleo. Indemnización y a otra cosa. Todo con el dinero público que debería haber sido utilizado para el fomento y la creación de puestos de trabajo, para fortalecer el sector productivo. No era normal que con el extraordinario potencial que presenta Andalucía, fuera encabezando año tras año las estadísticas del desempleo. Así durante casi cuatro décadas, mientras la Administración autonómica se iba haciendo más y más gigante, hasta tal punto que se convirtió en la primera empresa de toda la región.

El daño del sistema de los ERE fraudulentos va más allá del menoscabo económico del erario público, de la malversación de caudales o la prevaricación por parte de los dirigentes políticos de entonces. En realidad fue un veneno para el tejido productivo de Andalucía, a la que se condenaba a la cultura del subsidio, tan abusivamente utilizada por el socialismo con el fin último de crear un sistema clientelar que fuera garantizado la permanencia en el poder. Y así vino ocurriendo hasta hace ahora un año, cuando los andaluces dijeron basta y evitaron en las urnas seguir depositando su confianza en quienes no la merecían.



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Para el PSC-PSOE, España es plurinacional pero Cataluña, no
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 15 Diciembre 2019

Pero un partido inserto en un partido español -ah, la maldita E de PSOE- no puede borrar lo español de Cataluña sin borrarlo del conjunto de España. Y ahí tropiezan.

Cómo será de grave la deriva separatista de la banda de Iceta -el PSC no es un partido político, sino una banda de chiquilicuatres- que hasta Valls ha publicado una tribuna tan razonable en El Mundo que no parece suya. Tal vez la inmersión en la Cataluña real le va abriendo los ojos sobre la realidad de la única categoría intocable para el exprimer ministro francés y concejal de Barcelona, que es La Sagrada Izquierda.

Hace ya más de cuarenta años que, en Cataluña, la Izquierda -el PSUC y luego el PSC- se pasó al separatismo, según la fórmula del pujolismo-leninismo acuñado por el comunista Vázquez Montalbán al servicio del Honradísimo -Vázquez dixit- Pujol. Su trabajo desde entonces ha sido el de criado o cipayo de la carcundia de Montserrat y el tribalismo catanazi. Y su tarea básica, la de perseguir el español y a lo español.

Iceta culmina la ingeniería social puesta en marcha a finales de la Dictadura por tinglados "unitarios" como la Escola d´Estiu Rosa Sensat y que se ha impuesto, artera y despóticamente, en la democracia. Su objetivo táctico era la expulsión del español de la Enseñanza y la Administración. Su objetivo estratégico es borrar como indeseable, ajeno e impuesto por el franquismo cualquier rasgo español de la realidad catalana. Pero un partido inserto en un partido español -ah, la maldita E de PSOE- no puede borrar lo español de Cataluña sin borrarlo del conjunto de España. Y ahí tropiezan.

Si España es una nación, Cataluña no es "un sol poble"
La fórmula socialista es proclamar que España no es una nación, ni siquiera un Estado nacional con siglos de existencia, sino una defectuosa construcción estatal que no puede ocultar su naturaleza "plurinacional"; una colmena de laboriosas abejas nacionales a las que un ejército de zánganos, lo único español en ese Estado disparatado, ha impedido libar su rica miel. Sólo matando a los zánganos, o sea, liquidando España, podrán las abejas nacionales plantar su colmena sin mezclarse con otras, elegir la reina de su melosa república y andar de flor en flor, tan ricamente. Y colorín colorado.

Eso, en Cataluña, donde Iceta lleva años "muriéndose de ganas" de ser presidente de la Generalidad. Para ello debería reeditar el Tripartito, el tercero ya, que además se doblaría en Barcelona y Madrid, según diseñó el multimillonario separatista y comunista Roures, con Junqueras e Iglesias. Y aquí viene lo difícil: ser separatista con Podemos y Esquerra en Cataluña es fácil. Ser separatista, o sea, anticonstitucional, en Moncloa es complicado. Sin embargo, Iceta y los icetáceos del Frente Popular Separatista tienen que conseguir que Cataluña sea lo que quiere la Esquerra, "un sol poble", para lo que será necesario prohibir que en Cataluña haya españoles, y la única forma de hacerlo es que no haya españoles en ninguna parte. Sólo apátridas que buscan colocarse en alguna nacionceja nueva, antes región o provincia. No hay otra salida en Derecho que torcerlo y retorcerlo hasta pulverizarlo.

El populismo judicial, pieza clave del frentepopulismo
Y no es imposible. Estamos viendo a diario que sobran jueces en España para ciscarse en la Ley y medrar en su carrera mediante lo que ha dado en llamarse populismo judicial. Desde la sentencia absolviendo a los golpistas para agradar al Gobierno, a la que obligó a la familia Franco a enterrarlo donde dijera el Gobierno, o al reciente "Caso Arandina", hijo de la fechoría del Supremo en el de La Manada, y aplicación del Derecho del revés de Carmen Calvo ("si una mujer dice que dijo no, es no") está claro que hay tribunales dispuestos a decir, y por unanimidad, que lo blanco es negro si lo quiere el Gobierno y lo respalda la horda mediática progre.

La tarea es legalmente imposible, pero eso a los socialistas les da igual, mientras Sánchez se siente en la Moncloa. Hay que destruir el sujeto político constitucional, que es el pueblo español, y convertirlo en objeto de otro sujeto: esa "nación de naciones", antes España, en la que sólo quedaría proscrita una nación, la española, a cambio de las "de momento, ocho" naciones de Iceta. Todos los españoles seríamos ya como los de Cataluña: extranjeros en su país, huérfanos en busca de una nación de acogida. Y lo harán. Mediante leyes mostrencas, contradictorias, delictuosas y delictivas, pero, entre el Constitucional, el Supremo y el CGPJ, vaya si lo harán. Ya ha dicho el PSOE que hablará con ERC de seguridad jurídica, no de Constitución.

Las Derechas tienen que moverse, ya
Aunque es improbable que el mayor traidor de la Historia de España, o sea, Sánchez, cambie de caballo en mitad del río, la gravedad de lo que ya abiertamente dice el PSOE, dispuesto a cargarse el régimen para formar Gobierno con los enemigos de la Libertad, la Propiedad y la Nación, debe hacer reflexionar al PP y a Vox. Mejor a los dos que a uno solo. Lo que el PSOE dice ahora es exactamente lo contrario de lo que dijo en la campaña electoral: que no quería depender de comunistas y separatistas. Y aunque al día siguiente de su mal resultado se abrazara con el marqués de Galapagar y partiera a humillarse ante los que decía que quería combatir, demostrando que no es de fiar, es evidente que la Oposición, los tres partidos nacionales, tampoco les parecieron muy de fiar a los españoles. Y hasta que no tengan ocasión de intentar convencerlos de nuevo, tienen la obligación moral de dejar claro ante la opinión pública que prefieren un mentiroso en solitario que un gobierno de mentirosos comunistas y golpistas, que viene a liquidar un régimen constitucional en el que, todavía, podemos votar PP, Cs y Vox.

En mi opinión, es necesario, urgente, antes de llegar a la investidura, que PP y Vox ofrezcan su abstención en favor de un gobierno del PSOE en solitario o con independientes, pero sin comunistas ni separatistas. No cabe esperar al desgaste de un gobierno que antes habrá desgastado a la nación. Y todos los medios de comunicación nacionales y constitucionales no sólo defenderemos esa posición, sino que la agradeceremos. Si saliera, porque siempre será mejor aguantar a Sánchez, que, además de Sánchez, a Iglesias de vicepresidente y a Delgado u otro garzonejo de ministro de Injusticia.

A Falconetti lo vamos a tener que soportar, de una u otra forma. Limitemos, pues, su capacidad de acción y preparemos la resistencia a su Gobierno. Para ello, lo primero es romper el único argumento de fuerza en su discurso: que no tiene otra opción que echarse en brazos de comunistas y golpistas. Ya sabemos que Abascal, Casado y Arrimadas odian a Sánchez, y que es un mentiroso. Pero los que les hemos votado no perdonaríamos que no hayan sido capaces, si no de formar Gobierno, de hacer oposición inteligente. No hay que pensar en la Investidura sino en el día siguiente. Y eso exige presentar a la opinión nacional, junto al ataque a Iceta y Sánchez, la evidencia de que tenían otra salida que buscarse esos socios. Y que, por haberlos elegido, el PSOE desaparecerá. Para defender a la Nación hay que sacrificar narcisismos, tragar quina y empezar a preparar ya esa alternativa que, hasta ahora, ni han sabido ni han querido crear las Derechas.

Las derechas
Nota del Editor 15 Diciembre 2019

Las "derechas" o sea el PP,  ha demostrado su absoluta inutilidad. Cuarenta años tomándonos el pelo. Centroman hablando catalán en la intimidad, el gallego leyendo el Marca. Y nosotros ciudadanos de quinta categoría, si, se me había olvidado que los votos no valen lo mismo, los nuestros están devaluados, así que bajamos a quinta clase, pero eso sí, seguiremos votando a Vox.

P.D. La última esperanza es que en el PSOE quede alguien con la suficiente fuerza moral y ética para enfrentarse al Dr Cum Fraude y tumbarle en las votaciones, algo así como el tamayazo.

Sánchez sitúa a España en manos del cabecilla del golpe del 1-O
Editorial El Mundo 15 Diciembre 2019

La ambición de poder de Pedro Sánchez y la falta de escrúpulos en la opaca negociación que el PSOE ha entablado con ERC dejan la formación de Gobierno en manos del independentismo catalán. Solo a un dirigente irresponsable y kamikaze se le ocurre abocar la gobernabilidad de la nación a quienes no tienen mayor aspiración, precisamente, que destruir la nación. Sin embargo, Sánchez parece dispuesto a no poner límites en sus cesiones al separatismo. El propio Miquel Iceta, quien ayer fue reelegido primer secretario del PSC, ya ha dejado claro que los socialistas harán lo que sea con tal de atar la investidura. Tras el retorno a Pedralbes y la restauración de la interlocución institucional con Torra mediante el ardid de una ronda con todos los presidentes autonómicos, el PSOE se muestra dispuesto a articular una relación bilateral para abordar lo que Sánchez define ahora como un «conflicto político».

Todo ello revela la capacidad de influencia del PSC en Ferraz y aboca a los socialistas a tensiones internas, que ya han sido verbalizadas por algunos barones. En todo caso, desde la perspectiva de los intereses generales, lo relevante es que el entreguismo de Sánchez a los separatistas sitúa a España en manos de un condenado por sedición y de un huido de la justicia para no responder por sus responsabilidades en la asonada golpista del 1-O. Y todo ello, en un contexto marcado por la intensa pugna que ERC y Junts per Catalunya libran por la hegemonía del soberanismo. Ello deja al futuro Gobierno al albur de la situación procesal de los líderes independentistas. La predisposición de Esquerra es la de abstenerse y, por tanto, facilitar la investidura de Sánchez en segunda votación. Sin embargo, la posición del partido que lidera Junqueras puede variar -como ya lo hizo en el trámite de los Presupuestos que provocó el adelanto electoral de abril- en función del fallo del próximo día 19 del Tribunal de Justicia de la UE con relación a la inmunidad del propio Junqueras. Si el TJUE da la razón al líder de ERC, Puigdemont sería el mayor beneficado desde el punto de vista político. Al ver reconocida su inmunidad, gozaría de libertad de movimientos en España y podría presentarse a los próximos comicios. Y cabe recordar que el botón de un eventual adelanto electoral en Cataluña obra en poder de Torra, el valido de Puigdemont. De ahí que ERC, presiado por la derecha soberanista de JxCat y la izquierda antisistema de la CUP, supedite el sentido de su voto en la investidura de Sánchez a sus intereses estratégicos en el mapa político catalán.

Ésta es la ratonera en la que España ha encallado, fruto del ansia de Sánchez por seguir en La Moncloa. Su temeridad desplaza al PSOE al borde del bloque anticonstitucional, tal como ayer le reprochó Casado. Orectifica o los efectos de su genuflexión ante el secesionismo serán letales para la cohesión nacional.

Pedro el Sinalagmático
Pedro J. Ramírez elespanol 15 Diciembre 2019
Mucho más importante que lo que Sánchez muestra es, por supuesto, lo que oculta. Pero lo que se está fraguando, en la ardiente oscuridad de sus negociaciones secretas con Esquerra, es de tal gravedad, que está teniendo que esmerarse en la densidad de las cortinas de humo con las que lo tapa.

Para que el PSOE pueda entrevistarse con Bildu ha tenido que montar una ronda de partidos, incluyendo a Vox.

Para poder recibir a Torra en la Moncloa, como si no se hubiera negado a condenar la violencia desatada tras la sentencia del procés, como si no hubiera insultado y desafiado a los jueces del TSJ catalán o como si no hubiera anunciado y reiterado que sigue en pie de guerra contra el Estado, ha tenido que montar una ronda de presidentes autonómicos, incluyendo a los de Murcia o La Rioja.

Para encubrir que no está dispuesto a contestar absolutamente a nada de lo que les preocupa a los españoles sobre su oficio de tinieblas, ha tenido que permitir que dos periodistas verbalizaran, en su presencia sorda e impávida, parte de lo que está en boca de todos.

Y aún no hemos pasado del aperitivo porque todo esto no afecta sino al ritual de las concesiones que va a entrañar la investidura, al blanqueamiento de los negros interlocutores con los que ha decidido negociar. Lo trascendente, lo que puede dislocar la España que conocemos, lo que puede helar la sangre de los más templados, es el contenido de ese trato. Y, por eso, para camuflarlo necesita, crear un trampantojo intelectual de apropiada envergadura. Puesto que esa montaña no va a parir un ratón, más vale taparla con sombras gigantescas.

Su liebre mecánica, o mejor aún, el búho de Merlín de su rebotica mágica, está siendo, cómo no, Miquel Iceta. El primer socialista que ha contestado, en su nombre, cuántas naciones hay en España: ocho o, tal vez, nueve y subiendo. La cuenta se basa en que ese es el número de comunidades que se han acogido en sus estatutos, de una manera u otra, a la opción constitucional de declararse “nacionalidades” y no meras “regiones”. Y, según Iceta, “nacionalidad y nación son sinónimos”.

No lo considera así nuestra Constitución que sólo utiliza la palabra clave para hablar de la "indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles". Es cierto que, acto seguido, introduce un elemento de confusión al garantizar "el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran".

Pero se trata de una confusión semántica, o más bien fonética, nunca conceptual, pues queda claro que las "nacionalidades", igual que las "regiones" -en realidad, regiones con mayor conciencia de su identidad histórica- no son sino partes de una única Nación, para la que se reserva, en régimen de exclusividad, la letra mayúscula.

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Lo significativo es la ubre de la que mama Iceta. Porque quien sí consideraba "sinónimos" ambos conceptos era Francisco Pi y Margall, un barcelonés que nunca se quitó la i griega que enlazaba sus apellidos y no hablaba catalán ni cuando le invitaban a los Juegos Florales, pero dejó su impronta proudhoniana en el libro Las nacionalidades.

Pi y Margall, diez veces más ambicioso que Iceta, plantea, como punto de partida, que "en la Península que ocupamos hubo un tiempo cien naciones, a las que no enlazaba vínculo alguno social ni político". En realidad se quedaba muy corto, pues al sostener que no existe otro sujeto de soberanía sino el individuo, debía haber contado tantas naciones como vascones, tartesios, íberos o celtas hubo en cada momento.

La doctrina federalista de Pi y Margall, basada en el "pacto" primero entre personas, después entre familias, luego entre ciudades y finalmente entre provincias, esconde en realidad un espíritu anarquista, abiertamente revolucionario, encaminado a la demolición del Estado nacional fruto de las Cortes de Cádiz. En el epílogo de Las nacionalidades lo da a entender cuando sostiene que "el derecho está en las provincias contra la nación y no en la nación contra las provincias".

Mucho más explícito había sido en La reacción y la Revolución, publicada veinte años antes: "Todos los hombres son ingobernables. Todo poder es absurdo... Debo destruir ese poder, he aquí mi objeto... Entre la monarquía y la república, optaré por la república; entre la república unitaria y la federativa, optaré por la federativa... Dividiré y subdividiré el poder, lo movilizaré y lo iré de seguro destruyendo".

Pocas veces puede decirse, con tanta exactitud, que en el pecado tuvo alguien su penitencia. Tras ser elegido, en junio de 1873, por las Cortes como segundo presidente de la Primera República, en sustitución de Estanislao Figueras, a la sazón fugado a París, Pi y Margall se vio obligado a probar su propia medicina, con el estallido de la revolución cantonal, en Levante y Andalucía. Considerado por todos como el padre intelectual del experimento que intentó vanamente sofocar, como decía Castelar, "a golpe de telégrafo" -aún no existían ni el teléfono ni el mimeógrafo-, apenas duró cinco semanas en el cargo.

Al margen de que el nacionalismo catalán se declarara en sus orígenes -especialmente a través de Valentí Almirall- feudatario de las ideas de Pi y Margall, es su planteamiento del pacto federal lo que resulta especialmente útil en estos momentos a Iceta y, por ende, a Pedro Sánchez. De forma rimbombante él definió su artefacto constituyente con un cuádruple pleonasmo: "Pacto sinalagmático conmutativo bilateral".

La prensa satírica de la época se quedó con lo de "sinalagmático", vocablo de origen griego, que en definitiva equivale a pacto de obligaciones mutuas, por su carácter abstruso y pretencioso. Pronto los políticos que defendían ese pactismo, desde abajo hacia arriba, fueron conocidos burlonamente como "los sinalagmáticos". A Pi y Margall se le retrataba caracterizado como el "mago de Astrakán", ora cocinando en su caldero mágico un guiso de serpientes, ora troceando, tijeras en ristre, el mapa de España.

Propongo que, a partir de ahora, también se denomine a Sánchez, Iceta y sus colaboradores como "los sinalagmáticos", toda vez que están utilizando esa concepción "plurinacional" de España, en la que las partes empezaban equiparándose con el todo -para subyugarlo después y terminar destruyéndolo- como uniforme de camuflaje para acceder a la "bilateralidad" que le exige Esquerra. Cuando Iceta pide el "autogobierno" de la "nación" catalana "sin interferencias indebidas del Estado", está remedando al Pi y Margall que en las Cortes de la Primera República proclamaba: "El Estado, en vez de limitar las funciones de las provincias, está limitado por las provincias mismas".

Tras el "café para todos" que acabó con las autonomías de primera y de segunda, haciendo irrelevante la distinción entre "nacionalidades" y "regiones", llega la "nación para todos". Con la particularidad de que, como en la Animal Farm de Orwell habrá unas naciones que serán "más naciones" que otras. Y, en todo caso, de momento y entre tanto, eso permitirá que España y Cataluña se sienten, sinalagmáticamente, en una mesa como la de Pedralbes y no se levanten de ella hasta que no hayan consumado su "pacto conmutativo bilateral".

***
Frente a ese disparate alzó su voz Ortega, la noche del 25 de septiembre de 1931, o más bien la madrugada del 26 de septiembre de 1931, en un vibrante discurso, durante uno de los maratonianos debates constitucionales de la Segunda República:

"Dislocando nuestra compacta soberanía, fuéramos caso único en la historia contemporánea. Un Estado federal es un conjunto de pueblos que caminan hacia su unidad. Un Estado unitario que se federaliza, es un organismo de pueblos que retrograda y camina hacia su dispersión".

Este argumento debería bastar para repudiar a quienes, desde la mala fe o la estúpida ignorancia, denominan "unionistas" a los catalanes defensores del orden constitucional. El que los separatistas sean "desunionistas", no les permite etiquetar antitéticamente a sus adversarios, como si todo sucediera en ese estado de naturaleza, en esa tierra de las mil danzas, de las "cien naciones" imaginadas. Nadie que siga los dictados de la razón debe consentir que en su presencia se manipule de esa manera el lenguaje.

Aquel discurso de Ortega incluyó una pesadilla muy propia de la hora en que fue pronunciado: "Ni vosotros ni yo estamos en esta fecha seguros de que el pueblo español, que se ha dormido esta noche dueño de una soberanía unida, no vaya a encontrarse al despertarse con su soberanía dispersa".

Y aportó una concreción, tan premonitoria como el antídoto propuesto para el veneno que se pretendía -y se pretende- hacernos engullir: "No podemos plantear la cuestión de la reforma de España, por el problema que nos trae Cataluña, en términos de soberanía, sino buscar una área menos estremecedora, pero mucho más amplia, el área del más extenso, pero más estricto autonomismo".

"Ahí está, señores, la solución", concluyó Ortega. "Y no segmentando la soberanía, haciendo posible que mañana cualquier región, molestada por una simple ley fiscal, enseñe al Estado, levantisca, sus bíceps de soberanía particular".

Ortega y Gasset frente a Pi y Margall. La fórmula "menos estremecedora" fue en 1978 el Estado de las Autonomías. En sí mismo, un gran acierto de España, con todas las ventajas prácticas del federalismo y sin su problema ontológico original. Pero el carácter abierto del Título VIII y la transferencia, sin control estatal, de la enseñanza y los medios de comunicación públicos, han estimulado el despliegue de "bíceps" regionales por un quítame allá ese pacto fiscal.

***
Si no pudiera tener consecuencias tan trágicas, como las engendradas una y otra vez en nuestra historia por el frentismo y el separatismo, la aventura en la que nos está embarcando Sánchez, resultaría simplemente cómica. Si Andalucía es una "nación", ¿por qué no mi Rioja natal?

Invocaré a tal efecto la "Constitución Republicana Federal del Estado Riojano", aprobada en la asamblea celebrada en 1883 en Haro. Su artículo 1 proclamaba al "pueblo riojano" como titular de su "soberanía" y, en función de tal, constituía "uno de los Estados soberanos de la federación española". Que esa "federación" no existiera más que en la imaginación de los firmantes era lo de menos. De hecho la fórmula fue precursora de la que utilizarían Maciá y Companys, en sus balconadas de 1931 y 1934.

El texto, claramente inspirado en las tesis de Pi y Margall, dotaba al Estado Riojano, también denominado en el propio articulado "cantón riojano", no sólo de poderes ejecutivo, legislativo y judicial, sino también de "una fuerza militar permanente constituida por voluntarios" pero con "cuadros de jefes y oficiales retribuidos".

Aunque La Rioja apenas rondara entonces los 20.000 habitantes, repasar hoy esos pomposos 91 artículos no produce más hilaridad y desaliento que muchas disposiciones incluidas en algunos de los Estatutos vigentes; y no digamos en el que tuvo que ser desmochado por el Tribunal Constitucional, a resultas de la irresponsable promesa de Zapatero de "aceptar" lo que "viniera de Cataluña".

Sin embargo, la acumulación de dislates termina generando sus propios anticuerpos cuando, en el artículo 23, tras establecer que "son riojanos los nacidos en La Rioja que... no signifiquen antes de cumplir los diecinueve años su deseo de no serlo", añade que también "son riojanos los navarros, por razones de reciprocidad".

Acabáramos. Magnífica solución: los riojanos son navarros, los navarros son aragoneses, los aragoneses son catalanes, los catalanes son valencianos, los valencianos son murcianos, los murcianos son andaluces, los andaluces son castellanos, los castellanos son gallegos, los gallegos son asturianos, los asturianos son cántabros, los cántabros son vascos y los vascos son riojanos, cerrando el círculo, siempre "por razones de reciprocidad". Y así, burla burlando a Junqueras y Torra, llegaremos a la conclusión de que todos somos, sinalagmáticamente, españoles libres e iguales. A ver quién lo mejora.

Un cartel en el campus
Jesús Nieto Jurado elespanol 15 Diciembre 2019

"En este campus ETA asesinó a Fernando Buesa y a Jorge Díaz". El mensaje es simple, rotundo, histórico, más contundente que el paginaje entero de Patria y que los ríos de tinta que han corrido.

Yo recuerdo el atentado contra Buesa y Díaz como el atentado de mi paso a la madurez: es trágico que los de mi generación fijen el tiempo entre atentados terroristas como otros lo hacían con las alineaciones del Atlético. Era cuando ETA, como siempre, mataba en días laborables.

Recuerdo el césped rabiosamente verde de la Universidad, el cadáver de Buesa con una sábana blanca y un ertzaina mudo y casi lloroso, y a Javier Rojo saltando el cordón policial con esa incredulidad de las muertes injustas. Esa intrahistoria que seguía al coche bomba.

Yo sé que ETA mataba siempre en días laborables, que después del atentado en España entraba un silencio que era roto por un aplauso que no servía de nada, por unas lágrimas que se iban disolviendo y por el brindis en el gazteche de cachorros que aún no tenían ni esbozo de bigote.

Veo el cartel colocado con su mensaje demoledor mientras dentro, Abetxuko, el asesino reincidente, y los asesinos por omisión y por aplausos debaten no sé qué historia del maco y de carceleros malos. Decir debate es presuponer actividad intelectual y no quiero meterme en jardines.

Lo que sé es que quitaron el cartel, y el cartel fue vuelto a poner en una dialéctica del bien contra el mal, de la civilización contra la barbarie, del terror contra la Constitución. Decía Tono que había que escribir cortito, que la gente leía antes "Prohibido cantar" que El Quijote, y por eso el cartel en mayúsculas, con una caligrafía de nervio y dignidad, nos dice mucho del tiempo que vivimos hace poco y aquí mismo. Lo colocó y lo recolocó un docente puro, un héroe, la resistencia que no cesa en Vascongadas.

No hay que perder el foco de la imagen, que es el cartel que renacía como el hígado de Prometeo entre batasunos. Ya hemos dicho que la vida y obra de Abetxuko nos importa poco si no es para consignar aquí que la Universidad se ha prostituido ante el mal. Poco hay que decir de quienes le ponen megafonía y atención a un asesino en un campus universitario que pagamos todos, fuero arriba o cupo abajo.

Duele que la Universidad ya compre el relato de los captores, que se le dé pie de página al bárbaro, que callen y otorguen los de siempre y los que pactan con los que tirotearon el nogal y ahora recogen las nueces.

Quitaron el cartel, a López de Abetxuko lo presentó Txema Matanzas y ahora Bildu es un socio fiable, un pacifista proactivo. Y el PNV es de izquierdas y en ese folio que recuerda los fantasmas del campus de Vitoria vamos todos.

La nueva generación que combate el blanqueo de ETA
Su abuela fundó la AVT, su madre vio cómo mataban a su abuelo y hoy ella ha tenido que ver al asesino dar conferencias en la universidad vasca
C. S. Macías | Madrid larazon 15 Diciembre 2019

El 10 de enero se cumplirán 40 años desde que la banda terrorista ETA atravesara con varias ráfagas de plomo los cristales del coche de Jesús Velasco, comandante de Caballería y jefe de los Miñones de Álava en presencia de dos de sus cuatro hijas. Su viuda, Ana María Vidal Abarca –fallecida hace cuatro años–, transformó su dolor en coraje y junto a Isabel O’Shea y Sonsoles Álvarez de Toledo fundó la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT). También convirtió a las mujeres de su familia en una generación de heroínas que no se callan ante la indignidad y la injusticia.

Casilda Chico Velasco tiene 30 años. Hija de Begoña Velasco –quien presenció con 15 años cómo asesinaban a su padre–; nieta de Vidal Abarca, alzó la voz el pasado martes ante la afrenta de la Universidad del País Vasco (UPV), en Vitoria, donde uno de los asesinos de su abuelo Jesús; José Ramón López Abetxuko, daba una conferencia a los estudiantes. «Nos estamos volviendo locos. ¿Qué tiene que enseñar a los jóvenes alguien que ha cometido un asesinato del que no se arrepiente?». «Por su culpa yo no conocí a mi abuelo», dijo a las puertas de la universidad. Estudió Administración y Dirección de Empresas y destaca que a su facultad iban a dar charlas emprendedores, catedráticos... pero nunca terroristas. Ese día, no esperó a que el etarra terminara su discurso, prefirió marcharse antes para no cruzarse con sus pasos. «Llegué muy motivada, pero una vez que leí se me puso un nudo en el estómago», recuerda. Lamenta que «al final, la gente mira para otro lado, quiere vivir cómoda y no exponerse». Sin embargo, a Casilda le educaron para «no darse por vencida, luchar y no conformarse». Pidió vacaciones en el trabajo para poder acompañar a su madre y a su tía porque «para ellas es muy doloroso».

La frase que más repite es «para ser honesta» junto con «España» y «abuela».

Fue en un campamento de verano cuando, una de sus primas, hija de Ana Velasco, comentó: «Al abuelo lo mataron». Casilda dice que se quedó en shock, porque no tenía información sobre ello. En ese momento empezó a investigar por su cuenta y fue uniendo cabos: recopiló recortes de periódicos que había por casa, revistas y una imagen de su «abu Ana» en la que salía abrazando el ataúd de su abuelo. El titular reflejaba que tenía una abuela coraje y que aún en su dolor gritó sin miedo: «¡Viva España!». Entonces Casilda buscó por Internet qué era ETA y qué era la independencia vasca. Llegó a una conclusión: «A mi abuelo lo asesinaron por querer a España y su unidad, por no dejarse chantajear».

Dice que se siente muy vasca por sus orígenes, que le encanta Madrid, y que le chifa el sur, donde veranea. «¡No entiendo por qué no es compatible!». «Me educaron en la tolerancia absoluta, en unos principios católicos, muy familiares y de respeto. Con lo duro que ha sido en mi caso, no me transmitieron odio ni rencor, simplemente justicia, y no quedarnos callados».

¿Ha sentido miedo alguna vez? «Si mi abuela a lo largo de toda su vida defendió a las víctimas, con la voz bien alta, en el momento más complicado, su ejemplo es mi inspiración para nunca tener miedo y defender lo que es justo: la paz, la unidad y el respeto». No solo inspiró a sus cuatro hijas, sino que dejó su legado también en sus nietos.

¿Cómo era ella? «La recuerdo en su faceta de abuela todoterreno. Tengo muchos recuerdos de ella y también de su faceta pública. La recuerdo como una persona divertida, familiar, transparente, cercana. Una abuela en vaqueros. Era el sentido común». Asegura que los mejores consejos se los dio ella. «Nos forjó un carácter que nos hace que queramos parecernos a ella». Ahora, cuando tiene que tomar una decisión o se ha enfadado con alguien, Casilda piensa qué haría su «abu Ana» y «actúo como creo que lo haría ella».

Ahora, Casilda espera un bebé al que llamará Iñigo. Dice que sale de cuentas el 11 de marzo y aún no sabe cómo le contará a su hijo lo que ocurrió en España y el asesinato de su abuelo. «Supongo que lo iré contando ligado a la historia de mi abuela, que un domingo estaba en misa, el lunes venía a recogernos y el día que mis padres se iban de viaje venía a casa y cenábamos tostadas con mermelada». «Quiero transmitirle la heroína que fue». Destaca que es «triste recordar» porque tampoco los tiempos y la historia están con las víctimas. «No existe firmeza con los presos de la banda y aún no hemos logrado quitarles de las instituciones».

Borrar la Historia
En los tiempos en los que Bildu se sienta a negociar presupuestos con el PSOE, vota en Pamplona y Bilbao por el fin de la dispersión ¿cree que se les está blanqueando? «Absolutamente, se está dejando atrás a las víctimas. ETA dejó las armas, pero se quiere borrar una parte de la historia que es fundamental. Me entristece que un partido como el PSOE esté vendiéndose a cualquier precio por hacer gobierno». También cree que el PNV ha lanzado el órdago a Sánchez porque «cuanto más pidan más van a conseguir». «No podemos dejarnos chantajear por los partidos que quieren destruir España».

La nieta de Ana María Vidal Abarca apenas sube ya por el País Vasco. «Voy dos veces al año» y asegura que no le sorprendería nada en unos cuantos ver a Otegi de Lendakari. «Podría ser, perfectamente. Veo al nacionalismo más fuerte que nunca. Para mí el nacionalismo es un problema de adoctrinamiento que viene generado por la economía, por no querer ceder parte de su dinero a las zonas más pobres» y lamenta que la sociedad esté más preocupada por los problemas de fuera, por los discursos de Greta Thunberg que por lo que está pasando en su país. «Vamos a luchar en todos los frentes y no mirar para otro lado con lo que ocurre en nuestro país», destaca.

Dice que, en su entorno, no ve odio y que ha recibido muchos mensajes de apoyo después de sus palabras del martes. Sin embargo «se te cae el alma a los pies cuando ves que la gente de la charla del otro día eran más de cien, más otras personas que habían ido a apoyarlo».

A la nieta de Vidal Abarca le preocupa cómo se quiere tergiversar la historia, la real, la que vivió su familia y casi mil asesinados por ETA; la que narran las calles de Vitoria, a su paso hacia la universidad vasca (UPV) donde, en cada rincón en tinta invisible recuerda la memoria ese «aquí fue asesinado...».«El presidente del Gobierno será una persona de mi generación y tienen que conocer la historia como fue. Animaría a los jóvenes a que estudien, se interesen por lo que pasó. Tenemos que formarnos». Asegura que «no es una batalla de relatos, es un hecho objetivo donde no hay doble cara. Mataron y hay más de 300 crímenes sin resolver». Y advierte del abandono a las víctimas. «Si cada vez somos menos los que ponemos voz, caerá en el olvido. Yo me comprometo a ponerles voz hasta el día del juicio final en lo que pueda».
 


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