AGLI Recortes de Prensa   Jueves 2  Enero  2020

El inaceptable silencio de Sánchez para explicarle sus apaños a los ciudadanos
EDITORIAL ESdiario  2 Enero 2020

Los pactos que está alcanzando el PSOE con el separatismo son intolerables, y la ausencia de explicaciones antes de la investidura es la mejor prueba de ello.

Sánchez va a ser presidente de España gracias a los votos, por acción u omisión, de quienes más ganas y esfuerzos le ponen al objetivo de que le vaya mal a España. Esa evidencia debería haber sido suficiente para que el líder del PSOE desechara mantenerse en La Moncloa -a la que llegó con esos mismos apoyos- gracias a ERC, para lo cual hubiera sido suficiente con que se aplicara lo que sostenía públicamente, con especial energía, hasta ayer.

Porque fue el presidente en funciones, cuya palabra no vale nada a lo que se ve, quien rechazó endeudar a la Presidencia con el doble peaje del populismo y del soberanismo y alertó de que una fórmula así le quitaría a él su sueño "y al 95%" de los españoles.

Es tan impúdica la capacidad de Sánchez de decir una cosa y hacer la contraria, ambas con impostada solemnidad, que ni la retahíla de ocasiones en que ha evidenciado esos volantazos son suficientes para superar el bochorno y la sorpresa. ¿Cómo puede merecer respeto y suscitar credibilidad un líder que ha hecho del engaño su principal herramienta?

Es intolerable que Sánchez pacte lo que pacta. E inadmisible que además no se vea obligado a explicarlo

Que esa sea la seña de identidad de un dirigente que además hizo de la regeneración y la transparencia una bandera para justificar su asalto al Gobierno con una moción de censura nefanda, lo hace aún más indecente. Pero lo que remata del todo el desastre es el silencio con el que está cerrando la negociación con el separatismo al que debía aislar en realidad.

Lo que se sabe de su pacto es un peligroso exceso, pues al parecer incluso avala la celebración de una especie de referéndum privativo de los catalanes o denigra al Parlamento situando la negociación en una mesa paralela.

Pero que además se niegue a explicarlo, compareciendo en público para dar todos los detalles antes de su investidura y admitiendo las preguntas de las que ahora se esconde, es inadmisible. Salvo para él, para quienes usarle y, al parecer, para un PSOE entero desconocido.

El cinismo inmune
Ignacio Camacho ABC  2 Enero 2020

Admítelo: ha conseguido asombrarte. A ti, que presumías de escéptico, que incluso cuando le oías repetir en todas las televisiones que jamás pactaría con Podemos apostabas con tus amigos a que a la primera oportunidad volvería a hacerlo. A ti, que te creías inmune a sus embustes porque desde el primer momento atisbaste de qué pasta estaba hecho. A ti, que ponías gesto de suficiencia cuando tus compañeros sostenían que las fuerzas telúricas de la política o del Estado, esos poderes invisibles que ya una vez lo detuvieron, serían capaces de volver a ponerle freno. A ti, que repetías a quien te quería oír que el plagio de la tesis era la prueba esencial, ontológica, de su carácter fullero. A ti, que casi admirabas el desparpajo con que tomaba a la gente el pelo y vaticinabas la inmunidad electoral de sus cambios de criterio. Ahora tienes que reconocer que ha superado tus expectativas al concederle al separatismo catalán un referéndum. Ni en el más cínico de tus cálculos pensaste que llegaría a eso. Pues ahí lo tienes: tú también eras un ingenuo.

Pero en el fondo tenías razón: el gran éxito de Pedro Sánchez ha sido la completa despenalización moral y social de la mentira. A base de convertir su palabra en una filfa, en un palique carente de sentido, en una cháchara vacía, ha conseguido que la contradicción compulsiva, el autodesmentido, la rectificación continua, carezcan de la más mínima consecuencia política. Que cualquier afirmación, cualquier promesa, cualquier negativa, cualquier simple frase que pronuncie adquiera de inmediato la condición de una baratija y le faculte por tanto a considerarla no dicha. Al destruir, por desgaste, el valor contractual del compromiso entre el dirigente y su pueblo, se siente liberado de todo lastre ético. Y lo ha hecho con tanta nitidez, de un modo tan reiterado y abierto que tal parece que la culpa no es suya sino de quien resulte tan inocente como para confiar en él o seguir creyendo en la remota posibilidad de que alguna vez se guarde a sí mismo un cierto respeto.

Por eso ahora te aferras a la esperanza de que también engañe a sus aliados. Y puede que lo haga porque al fin y al cabo su talante falsario dará la cara más tarde o más temprano. Pero ya está hecho el daño: ha dado legitimidad a la sedición, ha birlado al conjunto de los españoles su derecho soberano y lo ha troceado al gusto de los separatistas para que lo mantengan en el cargo. Ha entregado el régimen constitucional a sus enemigos y de paso se ha llevado por delante el poco crédito que le quedaba a la política como oficio digno. Sin embargo, incluso a ti, en tu maquiavelismo descreído, te ha costado encajar este último giro. Quizá esperabas que en medio de este desolador páramo de egoísmo, de deshonestidad y de desprestigio aún hubiese un rincón, un sitio, un refugio, un escondrijo, por pequeño que sea, para los principios.

Para qué va a servir el Gobierno de progreso
Cristina Losada Libertad Digital  2 Enero 2020

Va a servir, sobre todo, para que el progresismo organizado capte el caudal de fondos públicos adscritos a las iniciativas de propaganda.

En la presentación, sin preguntas, del programa de Gobierno, Sánchez quiso transmitir un estado de serena normalidad. Insistió en la normalidad de que haya en España un Gobierno de coalición alegando que los hay en abundancia en nuestro entorno. Naturalmente, no insistió en que esa normalidad que predicaba sólo unos meses antes le provocaba tal inquietud que, como dijo entonces, no hubieran podido dormir tranquilos ni él ni los españoles. Pero escamoteó igualmente el hecho de que las coaliciones de Gobierno comunes en los países europeos se parecen muy poco a la que ha forjado con Podemos. No hay ninguna en la que estén solos, tête à tête, socialdemócratas y poscomunistas. Incluso los precedentes posibles, en Francia, con Mitterrand o con Jospin, contaban con otros socios, más moderados.

Coaliciones, sí. Todas las que se quieran. Como ésta, en cambio, ninguna. Los socialistas y Sánchez lo saben. De ahí sus reticencias de antaño. De ahí que insistan en la normalidad ahora. Insistencia que equivale a una excusatio non petita. Pero sigamos observando la normalidad, pretendida o aparente, de esta coalición gubernamental. Porque hay algo muy normal en ella. Lamentablemente normal. Se aprecia, incluso salta a la vista, en una primera lectura del programa que, bajo un doble símbolo de desigualdad –sí, han utilizado el signo matemático que indica un número "mayor que"– se titula: Coalición progresista. Un nuevo acuerdo para España.

Nuevo, nuevo no es. Más bien lo contrario. Pero vayamos progresivamente, que es adverbio frecuente en el texto. De entrada, si aplicamos la desbrozadora para quitar del programa el ramaje ideológico y propagandístico –cosa difícil, por su frondosidad–, lo que queda es de una levedad inquietante. La conclusión más benigna es que grandes problemas, como el empleo, van a continuar siendo grandes problemas –o problemas más grandes– después de que se aplique, si se aplica, el programa. Pero lo importante, claro, es el ramaje que antes quisimos cortar para ver si había algo debajo.

Cómo no va a ser importante la propaganda. Cómo no va a ser importante el follaje ideológico. Es ahí donde mejor ejerce su especialidad un Gobierno de estas características y donde tiene campo abierto, sin molestos corsés como los que ciñen puntos clave de la política económica. Pero, además, señalan la vía de reparto. El reparto de dinero público. Una vía que abren singularmente todos y cada uno de los numerosos programas, planes integrales o no, comisiones, fiscalidades con perspectiva y estrategias que emergen, dichosas, de la espesura de las 50 páginas del Nuevo acuerdo para España. La más sugerente de todas ellas, un toque lírico en el ladrillo, es la "Estrategia frente a la Soledad no Deseada". Aunque todas cumplen una función. Una función conocida, clásica, diríamos. La del clientelismo. El Gobierno de progreso va a servir, sobre todo, para que el progresismo organizado capte ese caudal de fondos públicos adscritos a las iniciativas de propaganda.

Todos los programas de Gobierno incluyen humo. Es la normalidad lamentable. Pero el humo de este Gobierno de coalición va a salir el doble de caro.

El error de renunciar a la moderación
Editorial El Mundo  2 Enero 2020

La falta de acuerdo entre PSOE y PP y la deriva sanchista disparan la polarización

El ciclo de inestabilidad que abrió la crisis económica encontrará un punto de inflexión en el gobierno de coalición entre PSOE y Podemos, si es que Pedro Sánchez finalmente logra sacar adelante su investidura en el Pleno convocado para este fin de semana. La alianza entre los socialistas y la izquierda radical, sustentada en el nacionalismo vasco, el independentismo catalán y un piélago de formaciones minoritarias, supone un giro sin precedentes. Sánchez se empeña en presentar su decisión de coaligarse con populistas y secesionistas como la salida natural del PSOE. La realidad, tal como acredita el sondeo que hoy publicamos, es que la mayoría de los votantes socialistas prefiere gobernar gracias a la abstención del PP que de ERC, lo que muestra una inequívoca voluntad de apartarse de los extremistas.

Los pactos suscritos por el PSOE para intentar formar Gobierno y la incapacidad del PP para capitalizar la oposición en un momento extraordinariamente delicado están dejando al centro abandonado. Sánchez es responsable de imponer a los socialistas una senda hasta ahora inédita. Ello está provocando que los extremos se disparen en medio de un mapa político cada vez más polarizado y fragmentado. La encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO revela que, mientras PSOE y PP retroceden posiciones y Ciudadanos va camino de convertirse en una fuerza residual, Podemos y Vox rentabilizan una coyuntura marcada por la intensificación del eje izquierda-derecha, la opacidad de los enjuagues con el separatismo y la falta de audacia para ahormar acuerdos transversales. Mientras que la formación morada sube dos puntos y medio en intención de voto desde los últimos comicios, el partido que lidera Abascal alcanza el 16% del electorado. Vox le pisa ya los talones al PP, lastrado por un dato preocupante para Casado: un 76% de los votantes del PP quería que éste hiciera una oferta al PSOE que evitara acuerdos de investidura con ERC. El desplome de Rivera acredita la necesidad de construir el liderazgo político desde una actitud proactiva, la solidez ideológica y el coraje de encarnar una alternativa a quien parece dispuesto a poner en almoneda la nación.

Virar hacia posiciones radicales constituye un error histórico del PSOE que colisiona con los anhelos ciudadanos. La democracia articulada durante la Transición es heredera del consenso. De ahí que los pactos de gobierno siempre se forjaran desde un espacio de centralidad capaz de preservar los pilares en los que se asienta la arquitectura constitucional del 78. El grueso de los españoles exige moderación, equilibrio y capacidad de entendimiento. Resulta preocupante que nuestra clase política, empezando por el propio Sánchez, sea incapaz de asumir este mandato.

Ábalos, trabajo y conciliación
Pablo Planas Libertad Digital  2 Enero 2020

Ese pedazo de estajanovista de José Luis Ábalos, campeón mundial de las horas extras, esforzado titán de las más duras faenas, fenómeno agudo de sus labores, el trabajador por antonomasia, capaz de afrontar las más duras ocupaciones en medio de ingentes penalidades, acaba de poner el grito en el cielo de los héroes de la minería soviética ante las críticas por las festivas fechas de las sesiones de investidura. "El que quiera vacaciones puede dedicarse a otras actividades", ha proferido el pluriempleado secretario de organización del PSOE, diputado en el Congreso y ministro de Fomento en funciones.

Ábalos, portento del currelo, genio del pico y figura de la pala, martillo pilón de los ociosos, está dispuesto a sacrificar la primera semana del año, las vísperas y el día de los Reyes Magos con tal de que Pedro Sánchez pase de presidente en funciones a presidente esférico y el país, o lo que sea, disponga de un Gobierno con todos sus atributos y atribuciones. Dice ese ejemplo de integridad laboral y principal productor nacional de sudor que "España no se puede permitir estar en esta situación de provisionalidad sin poder acometer las urgencias de la población", ahí es nada. Y que "los representantes públicos no tenemos el privilegio de las vacaciones y los festivos".

Tremendo. Lo dice un diputado del Congreso que está más días cerrado que abierto, el preboste de un partido del país donde trabajar en un partido es sinónimo de no dar palo al agua, el ministro del ministerio de tocarse el níspero. Y se lo dice a toda esa progresía escandalizada porque PSOE y Podemos no dan ejemplo de conciliación de vida familiar y laboral y están dispuestos a nombrar a Sánchez con nocturnidad y alevosía, sin respetar el horario comercial para comprar los juguetes y explicarles a los niños que los Reyes no son los padres sino un rasgo del patriarcado heterosexual que habría que empezar a pensar en cargarse.

Menudo rebote llevan encima no pocos partidarios de las cabalgatas laicas, las reinas magas, los señores invierno y demás paridas anticatólicas con las previstas sesiones parlamentarias de los días 5 y 7 de enero. Qué pena. No van a poder estar con sus criaturas. Lo de que Sánchez haya pactado con el PNV la expulsión de la Guardia Civil de Navarra o con los separatistas catalanes un referéndum de autodeterminación es, al parecer, lo de menos.

Moribunda democracia
Agapito Maestre Libertad Digital  2 Enero 2020

El anuncio del Gobierno que hicieron Sánchez e Iglesias pinta mal para la democracia. Las formas y los contenidos son peor que preocupantes. Son la constatación de que las formas democráticas han desaparecido. La Abogacía del Estado ya no existe. Ahora es solo la Abogacía del Gobierno en Funciones. No hay institución del 78 que no esté dañada. Los días elegidos para llevar a cabo la investidura solo tienen un objetivo dejar claro que la Oposición es solo una palabra vacía. Mandan los separatistas, los comunistas y los socialistas. Ejercerán el poder sin respetar a nada ni nadie. La mitad de la población sigue como ganado lanar a separatistas, comunistas y socialistas. Y siempre hay que citar por ese orden a los que mandan, a los que nos tratan como súbditos, a los jefecillos de los clanes que han perdido las elecciones, pero juntos suman un voto más que la llamada Oposición. Se presentan como "demócratas,", pero desconocen el verdadero significado e la palabra. El resto de la población trata de ejercer sus capacidades ciudadanas, pero las agencias de socialización políticas de corte democrático están asustadas o dando gritos histéricos sin saber qué hacer.

Los separatistas, los comunistas y los socialistas conforman un conjunto de politicastros que vive de lo que desprecia: España. No gobernarán para la mitad de la población. Ojalá. Nos mantendrán asustados y en estado de zozobra permanente. La forma de presentar el pacto los separatistas, comunistas y socialistas solo puede tildarse con un palabra: zozobra –de sub y supra–. Denominamos zozobra al estado de quien no tiene piso o suelo estable en que apoyarse. Los españoles de bien empiezan a experimentar de modo más o menos lúcido qué es la zozobra. A la inseguridad en la que vive per se todo ser humano hay que añadirle el pacto de gobierno de separatistas, comunistas y socialistas. Ese pacto es solo un indicio de la tragedia que se cierne sobre los demócratas españoles. La prohibición de hacer preguntas a la prensa revela el destino patrio. No quedará nada de lo que fue construido entre el 76 y los atentados terroristas que llevaron a Zapatero al poder.

Asistimos al último embate de los terroristas, los separatistas, los comunistas y los socialistas contra la democracia. Estos politicastros desconocen por completo el sentido de la palabra autolimitación. Sin esa capacidad es imposible política alguna. Sin capacidad para autolimitarse nadie puede respetar al enemigo. Cuidado, amigo lector, yo no hablo de prudencia política sino de algo más elemental. Me refiero a la condición básica para hablar con el diferente. Por eso, precisamente, esta gente no gobernará para la mitad de la población, sino que ejercerá poder en beneficio propio y de las camarillas de sus respectivos partidos. Bajo el imperativo de que ellos suman un voto más que sus opositores ya están cometiendo todo tipo de tropelías.

La primera frontera, pues, asaltada por Sánchez-Iglesias no se refiere a negarle la palabra a los periodistas para impedir el desarrollo de una opinión pública política madura y desarrollada, sino a su propia conciencia de la limitación para ejercer el poder. La vía democrática para gobernar a los españoles ha entrado en fase terminal.

“Nos echaron de Cataluña y ahora nos van a sacar de Navarra”
Los agentes de Tráfico de la Guardia Civil de Navarra se quejan de que el ministro Marlaska no cumple su compromiso de mantenerles en la Comunidad Foral
J.M. Zuloaga | Madrid larazon  2 Enero 2020

Algunos agentes llegaron de Cataluña, cuando la Guardia Civil perdió la competencia de Tráfico, y ahora se encuentran con que les echan de Navarra, por un acuerdo del PNV con el PSOE, como si fueran una moneda de cambio de los políticos, según los momentos. Muchos guardias han organizado su vida en la Comunidad Foral como último destino (la edad media en algunos subsectores supera los 50 años), han comprado una casa, tienen a las mujeres y los hijos enraizados en esta tierra, un problema que afecta a casi 200 familias. Por eso, se le preguntó al ministro si nos quedábamos y nos dijo que sí.

De esta manera gráfica resumen la situación en que quedan los agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil en Navarra tras el citado acuerdo entre peneuvistas y socialistas.

Dimisión
Por ello, agentes de la Benemérita, a través de sus asociaciones, se muestran dispuestos a pedir la dimisión del ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, al considerar que ha faltado a su palabra en relación con la citada Agrupación. Fue el 16 de septiembre del año pasado. Había inquietud en dicha Unidad tras el anuncio realizado desde instancias gubernamentales de que la Benemérita perdería esta competencia, que ha detentado históricamente, en beneficio de la Policía Foral. La preocupación venía precedida de una reunión mantenida en su día por el actual presidente del Gobierno con la entonces jefe del Ejecutivo navarro.

El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, visitó la Comandancia de Navarra y, según fuentes de la Benemérita consultadas por LA RAZÓN, decidió reunirse con los agentes de la Agrupación para escuchar sus inquietudes. La Asociación Pro Guardia Civil (APROG) ha relatado con toda exactitud lo que ocurrió en aquella reunión. También lo confirman las fuentes consultadas por este periódico:

«Ante la expectación y la atenta mirada de Oficiales de la Comandancia, suboficiales, cabos y guardias civiles, el ministro negó rotundamente y sin ambigüedades que se fuera a producir ningún traspaso de competencias».

Una afirmación tan rotunda tranquilizó a los agentes que, en una visita posterior del director general del Cuerpo, se encontraron con el matiz en el sentido de que dicha transferencia no se produciría «de momento».

Lo que no pudieron pensar los agentes de la Agrupación es que el anunció de la pérdida de su puesto de trabajo, con los consiguientes problemas de índole familiar, lo iba a realizar un representante del Partido Nacionalista Vasco (PNV) y que, para colmo, se daba un plazo perentorio de seis meses para formalizar el traspaso de competencias.

De la noche a la mañana, en virtud de unos pactos para que el socialista Pedro Sánchez logre la investidura, se rompía con una tradición, que se inició con la fundación misma de la Guardia Civil en 1844, cuando vigilaba caminos y despoblados y Navarra no contaba con ninguna institución que cumpliera esas funciones.

De paso, convertía a los navarros en ciudadanos de segunda: un partido vasco negociaba por ellos y se les priva de la presencia en las carreteras de la Benemérita, auténtica unidad de referencia para la seguridad vial.

A lo largo de la historia, si se examinan las distintas legislaciones habidas en la Comunidad Foral, se observa que no ha ejercido la competencia sobre Tráfico hasta fechas recientes y que ha sido siempre la Benemérita la que ha detentado estas funciones.

No fue hasta 1928 cuando aparece una Policía de Carretera y Arbitrios, formada por seis agentes, sin ninguna competencia policial sino administrativa. A comienzos de la década de los sesenta, la Benemérita, ejerciendo siempre sus funciones de Policía estatal, despliega en Navarra la Agrupación de Tráfico. Aparece un cuerpo, dependiente de las diputaciones, pero sin competencia policial. Es a mediados de esta década cuando se forman una veintena de agentes forales y habrá que esperar a comienzos de los ochenta para que este cuerpo comience a ejercer funciones, entre ellas algunas derivadas de Tráfico. Y así hasta llegar a la situación actual de competencia compartida, avalada por una sentencia del Tribunal Supremo.

La anunciada, por el PNV, expulsión de los agentes de la Guardia Civil de Tráfico de Navarra es un hecho más, singularmente grave por la forma en que se ha realizado, del proceso de «vasquización» de la Comunidad Foral, al que, según parece, nada tiene que oponer el actual Ejecutivo que preside María Chivite.

Hasta este anuncio y la citada visita del ministro del Interior, las asociaciones de la Guardia Civil habían tratado de obtener información al respecto.

Según APROG, en noviembre de 2018, mantuvieron una reunión con el Delegado del Gobierno en la Comunidad Foral, «de la que no obtuvimos ninguna información. Posteriormente, el 15 de noviembre de 2018, las asociaciones profesionales en Unidad de acción, remitimos una carta a la Secretaria de Estado de Seguridad, solicitando una reunión urgente con el fin de obtener información de primera mano sobre el acuerdo de traspaso de competencias en materia de tráfico y seguridad vial en la Comunidad Foral de Navarra y, especialmente, la situación de los guardias civiles destinados en esa Comunidad».

«De esa solicitud no hemos recibido ninguna contestación . «Pensamos que cualquier acuerdo político no puede ir en perjuicio de los guardias civiles», agrega la citada asociación.


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El Estado al servicio de Sánchez
 larazon  2 Enero 2020

El año 2019 terminó con una bochornosa demostración de instrumentalización desde un Gobierno de una institución del Estado. El PSOE de Pedro Sánchez puso a su servicio la Abogacía del Estado para que tomara una posición favorable a que el líder de ERC, Oriol Junqueras –condenado a 13 años de cárcel por sedición y malversación– gozara de inmunidad y pudiese recoger su acta de eurodiputado. Era el «gesto» que los independentistas le estaban exigiendo a los negociadores socialistas para permitir la investidura de Sánchez. Cumplió con creces, pero ha abierto una crisis sin precedentes en el cuerpo de letrados del Estado, que trabaja al servicio de la legalidad de los procesos administrativos, pero no para los de un partido político. No era, por lo que se ve, una excepción, sino el síntoma de que la exigua mayoría del PSOE –120 diputados– le obliga a ceder ante verdaderos chantajes políticos, en tanto que supone una clara vulneración de la separación de poderes en beneficio, además, de un partido.

Ahora, la presión se ha dirigido hacia la Junta Electoral Central (JEC), que mañana se reúne para decidir que no se conceda el acta de eurodiputado a Junqueras, a petición del PP y Ciudadanos, una vez conocido el escrito del Tribunal de Justicia de la UE. Es decir, ante el escenario de que el líder del partido con el que Sánchez negocia su investidura no consiga su objetivo de acudir al Parlamento Europeo, ha intervenido directamente para que, de nuevo, tenga un «gesto» hacia los independentistas. De no ser así, se podría correr el riesgo de que la abstención de los independentistas no se diese lugar, con lo que fracasaría, por tercera vez, la elección de Sánchez como presidente del Gobierno. Es un riesgo demasiado alto que los negociadores socialistas no están dispuestos a correr. Pero, además, se abre otra variante que hace que la reunión de mañana de la JEC tenga una especial importancia. En esa misma sesión se estudiará el caso del presidente de la Generalitat, Joaquim Torra, condenado a inhabilitación por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña por desobedecer las resoluciones precisamente de la JEC de que retirara propaganda separatista de los edificios públicos.

En concreto, el organismo encargado de garantizar la transparencia electoral deberá decidir sobre dicha inhabilitación inmediata sin esperar al recurso del Tribunal Supremo. Pero se podría dar el caso de que mientras Torra es apartado de ejercer cargo público, Junqueras recobrara la libertad para viajar a Bruselas, una situación que, en el contexto de guerra interna entre ERC y los de Puigdemont, sería una valiosa munición a favor de este último. Ante esta tesitura, el Gobierno en funciones no tiene problemas en presionar al JEC, ya que en las previsiones socialistas se contaba con que Sánchez ya habría sido elegido presidente ante del día 3. No ha sido así, siendo la primera sesión de investidura precisamente un día después en la reunión de la JEC, el día 4. Hoy se hará pública la convocatoria oficial de la sesión, el mismo día que ERC debatirá en su Consejo Nacional si hace presidente a Sánchez. La presidenta del Congreso, Meritxel Batet, ha sido muy generosa con el grupo socialista al planificar que la reunión de los independentistas se pueda realizar antes de las sesiones de investidura los días 4, 5 y 7. Para entender los pasos que está dando el PSOE en su negociación con ERC hay que partir del hecho de que los socialistas no tienen como objetivo principal solucionar el «conflicto catalán», sino conseguir el apoyo de los independentistas en forma de abstención para investir a Pedro Sánchez. Por lo tanto, todos los pasos que se están dando por parte de los socialistas para satisfacer en lo posible las exigencias de los independentistas tienen un único objetivo. No importa el precio.

Los pactos destituyentes
Ignacio Varela elconfidencial  2 Enero 2020

Pedro Sánchez es un político pequeño de ambición desmedida. Pero siendo esa mezcla el motor subjetivo de su acción, sus efectos sobre la realidad van mucho más allá de la satisfacción táctica de una pulsión de poder. La naturaleza de origen de los aliados elegidos para sostener a su gobierno es inquietante de por sí. Siete de los diez partidos que respaldarán su investidura y formarán su mayoría parlamentaria mantienen una relación problemática, cuando no abiertamente impugnatoria, con los fundamentos de nuestro orden constitucional (los otros tres son fuerzas provinciales de voto clientelar).

La difusión simultánea de los compromisos adquiridos con los socios más importantes (UP, ERC y PNV) aumenta la preocupación. Leídos los documentos y escuchada la interpretación auténtica de sus firmantes, no es posible eludir el temor distópico de que se estén sentando las bases de un proceso destituyente en España. Un proceso encabezado, paradójicamente, por el partido más constituyente de todos, sometido por voluntad propia a una mutación dramática.

No se trata sólo de coleccionar sin distingos votos para una investidura. Todo apunta a un designio estratégico que, probablemente, está más claro en la mente de Iglesias que en la de Sánchez: la convergencia estable de la izquierda con los nacionalismos –con todos ellos- para formar un bloque de poder que imponga su hegemonía en todos los niveles de gobierno, cerrando el paso duraderamente a la derecha y, sobre todo, impidiendo cualquier fórmula de cooperación transversal entre los espacios ideológicos. El 7 de enero nacerá el primer gobierno claramente frentista de la democracia del 78, esa que se construyó precisamente para dejar atrás el frentismo que durante dos siglos fue la maldición histórica de España.

El precio que la izquierda paga por esta alianza no es sólo su renuncia al consenso nacional. Además, incorpora y hace suya la visión de sus compañeros de viaje: la de un Estado sin nación (porque la gestión de las identidades nacionales se traslada a los territorios), basado en la excepcionalidad política (el “hecho diferencial” como dogma), en la subsidiariedad del Estado frente a los poderes territoriales y en la bilateralidad selectiva: relaciones bilaterales de poder para algunos, amontonamiento multilateral para los demás.

Semejante modelo probablemente no suponga un gran sacrificio conceptual para Podemos, que jamás creyó en España como comunidad. Pero es ideológicamente destituyente para el PSOE. Atrás queda una larga trayectoria de defensa de un desarrollo federal del Estado autonómico. No hay nada tan antifederal como el modelo disgregador e insolidario del PNV, ERC, Bildu o el BNG; y nadie detesta tanto al federalismo –y al propio Estado autonómico- como los nacionalistas.

Hay un efecto aún más corrosivo para los fundamentos del sistema: la asunción –al principio sugerida, pero cada vez más explícita- de que la política está por encima de la ley. Convertir la “razón política” en coartada que justifica cualquier quiebra del principio de legalidad. El mero hecho de admitir la contraposición entre política democrática y legalidad es aberrante; pero dar el paso de usar la primera para enervar la segunda supone colocar una bomba de relojería en los pilares del edificio. Supone, también, pasarse con armas y bagajes a la cultura política del populismo.

Toda la negociación del PSOE con ERC ha girado sobre tres puntos: primero, cómo desactivar de hecho la sentencia del Tribunal Supremo por el golpe institucional en Cataluña. Segundo, cómo bloquear para el futuro el recurso del Gobierno a los cauces judiciales frente a las actuaciones ilegales de la Generalitat (ese punto también aparece en el pacto con el PNV). Tercero, cómo construir un mecanismo de negociación intergubernamental extramuros del Estado de las Autonomías. En realidad, son tres vías para regatear al ordenamiento jurídico, y hacerlo en el nombre de la política constituye sacrilegio. El éxito del partido independentista es lograr que el PSOE compre el producto entero… por trece monedas de plata.

La democracia española sufre en nuestro tiempo las mismas amenazas que todas, más dos que son congénitas y específicas:

Una es la aparente imposibilidad de que la derecha y la izquierda compartan un proyecto de gobierno a cualquier nivel. La gran mayoría de los gobiernos de coalición existentes en Europa son transideológicos: en ellos colaboran partidos conservadores y progresistas, que se unen para hacer frente al desafío nacionalpopulista o, simplemente, para dar estabilidad a sus países.

En las instituciones europeas funciona una concertación de conservadores, socialdemócratas, liberales y verdes en la que participan sin ningún problema el PSOE, el PP y Ciudadanos. Pero en la política doméstica, ambos bandos prefieren apoyarse en sus propios extremos nacionalpopulistas que dar un paso para entenderse entre sí. Algo hay en nuestra herencia histórica que provoca un foso emocional insalvable para hacer normal lo que en cualquier otro país es normal.

La otra es la crisis crónica de la identidad nacional, secuestrada durante décadas por una dictadura centralista y que sigue obstaculizando la reconciliación de los herederos de los perdedores de la guerra civil con la idea de España. De ello se aprovecha el nacionalismo para su chantaje.

Nadie hizo tanto por superar esos dos demonios familiares como el Partido Socialista que Felipe González se reinventó en 1975. Su compromiso con el consenso transversal para las grandes decisiones y con la rehabilitación cultural de la unidad de España fue tan meritorio como el de la derecha política al secularizarse y abrazar sinceramente y sin reservas el juego democrático. En ambos casos, contribuciones decisivas a la convivencia.

Pues bien, lo peor de la mutación sanchista, lo que la hace objetivamente maligna, es que fundamenta su carrera hacia el poder precisamente en la profundización de ambos fosos históricos: el que enfrenta irreversiblemente a la izquierda y la derecha y el que fomenta todo lo que es centrífugo en la complicada realidad territorial de España.

Con estos pactos de Gobierno, la izquierda rompe el contrato del 78, se arroga el derecho a transformar unilateralmente la arquitectura jurídica e institucional del país y promueve una reforma constitucional de hecho: una que no tocará la letra de la Constitución porque es aritméticamente imposible, pero que subvierte su espíritu. A la vez, el PSOE se desliga de su propia tradición de partido de Estado; y lo que es peor, dimite de su misión de defender la Constitución de sus enemigos. Lo que es tanto como dilapidar su propia herencia.
Un nuevo régimen

Si el experimento que se inicia el día 7 triunfa, asistiremos al nacimiento de un nuevo régimen político en España, basado en una nueva hegemonía. Será la victoria del proyecto de Pablo Iglesias por partido y persona interpuestos (en lugar de suplantar al PSOE, cabalgar sobre él). Si el experimento fracasa, la derecha tendrá asegurado el poder para un par de décadas y al PSOE –o a lo que quede de él- le esperará una larga travesía del desierto.

Frente a la vanidosa tesis zapateril de que el PSOE es el partido que más se parece a España, Rafa Latorre, siempre perspicaz, sostiene que más bien España termina siempre pareciéndose al PSOE. Habiéndose transformado en un partido unipersonal, ello abre la perspectiva de una España que cada día se parezca más a Sánchez. Feliz año nuevo.

Malas noticias para Sánchez: Beaumont tumba su segunda transición con un dato
ESdiario ESdiario  2 Enero 2020

En opinión del director de ESdiario, quedan en segundo plano las posibilidades reales que tiene el mandatario del PSOE de salir airoso del asalto “progresista” pergeñado por él y sus gurús.

Hemos llegado a un punto en la situación política española que para Antonio Martín Beaumont no es desproporcionado decir que "hace ya tiempo que los intereses de España dejaron de estar por encima de la ambición personal de Pedro Sánchez".

Según señala este jueves en su tribuna de La Razón, "el líder socialista ha quedado desnudo ante los españoles, dañando su liderazgo y su credibilidad –la que aún le quedaba– en este proceso de formación de un nuevo Gobierno".

Hasta tal punto que incluso para los suyos ha puesto muy difícil la digestión de estos acuerdos, "aunque su silencio les haga cómplices".

Por ceder ha cedido "parcelas que un presidente garante de la Ley tiene vedado entregar", habida cuenta de que el documento sellado por los negociadores de PSOE y ERC recoge una consulta para que solo los catalanes avalen o rechacen el fruto de una mesa de negociación entre Gobierno y Generalitat. Todo por seguir en La Moncloa.

Por eso, Beaumont se pregunta en voz alta "¿dónde terminará la soberanía nacional del pueblo español del artículo 1. 2 de la Carta Magna?" y el mismo se responde: "Disgregado".

Todavía peor si no se ponen reparos "en liquidar el prestigio y la utilidad de instituciones básicas del Estado que se colocan por conveniencia al servicio del Caudillo Sánchez".

En opinión del director de ESdiario, ante ese daño quedan en segundo plano las posibilidades reales que tiene el mandatario del Partido Socialista de salir airoso del asalto “progresista” pergeñado por él y sus gurús.

Los números no salen
Eso aunque hayan dado por sentado demasiado deprisa el respaldo que pueda recibir "el invento de ese elenco dispar que reúne al neo comunismo de Pablo Iglesias, a los independentistas de Gabriel Rufián, al PNV, a los filoetarras de Arnaldo Otegi y a una suerte de fuerzas regionalistas ávidas del minuto de gloria televisivo".

Y es que ni siquiera sumando todo ese mundo “plural” a los socialistas le daría hasta alcanzar los 210 diputados imprescindibles para aprobar una reforma constitucional de asuntos de calado que reuniese alrededor del sanchismo a los que, por distintas razones, están deseando poner en marcha la Segunda Transición española, reflexiona Beaumont para concluir que "los 151 diputados constitucionalistas de PP, Vox y Cs hoy son una barrera infranqueable. Imprescindible para frenar las ganas de Pedro Sánchez de acomodar la Constitución hasta hacerla “amable” a quienes en realidad no tienen como aspiración cambiarla, sino terminar con ella".

Pacto ERC-PSOE: la izquierda retrocede 90 años
Como en el Pacto de San Sebastián (1930), la izquierda vuelve a pactar con el soberanismo catalán, añadiendo al acuerdo al PNV y al 'abertzalismo' radical. José Antonio Zarzalejos elconfidencial  2 Enero 2020

El 15 de septiembre de 1932, el entonces presidente de la Segunda República Española, Niceto Alcalá-Zamora, firmó en San Sebastián el primer Estatuto de Autonomía de Cataluña. Quiso suscribirlo en la ciudad donostiarra porque allí, dos años antes (27 de agosto de 1930), se suscribió el Pacto de San Sebastián entre las fuerzas políticas de la izquierda española y las catalanas de Acció Catalana, Acció Republicana de Catalunya y Estat Catalá, todas ellas más o menos radicales pero contrarias a la unidad de España y al régimen de la Restauración. No faltó en la reunión una incrustación de la derecha liberal republicana ni de los nacionalistas gallegos, aunque sí el PNV.

Muchos autores —entre ellos, el recientemente fallecido Santos Juliá— han recordado el desarrollo de aquel debate y todos ellos consignan dos aspectos: los partidos catalanes plantearon el derecho de autodeterminación, y la izquierda, fórmulas alternativas, y al final no hubo un texto que reflejase los acuerdos, aunque sí un entendimiento porque, como relata el historiador Josep Contreras, “ni los catalanistas contaban con la fuerza para barajar fórmulas cercanas a la independencia, ni los republicanos españoles podían prescindir de Cataluña en el proceso de desgaste de la Monarquía” (páginas 128 y siguientes de 'Azaña y Cataluña. Historia de un desencuentro', del autor citado).

De la reunión —al no haberse redactado el detalle de los acuerdos— salieron los unos y los otros con propósitos y proyectos distintos que, a la postre, propiciaron la caída de la monarquía, pero también de la II República que se proclamó en 1931.

Un hombre tan ponderado y buen conocedor de la política catalana como Juan-José López Burniol se refería en 'La Vanguardia' el pasado 6 de diciembre a ese Pacto de San Sebastián de 1930 en un artículo que concluía así: “No piensen que traigo a colación estos hechos para establecer atrevidas comparaciones ni extraer trascendentes conclusiones. Mi propósito es modesto. Solo me atrevo a pedir que, si el Partido Socialista y Esquerra llegan a un acuerdo, cualquiera que este sea, lo concreten por escrito y lo hagan (…) con la verdad en el concepto, la propiedad en el lenguaje y la severidad en las formas. Dicho en plata: por favor, no nos engañen. No más ambigüedades”.

ERC aprueba este jueves, a través de su Consejo Nacional, salvo que lo impida un boicot de Torra-Puigdemont y sus demás aliados, un pacto con el PSOE al que se han unido ya, de forma indirecta pero indubitable, Unidas Podemos, el PNV y, también con altísima probabilidad, EH Bildu. Lo harán igualmente fuerzas de menor poderío parlamentario pero la mayoría de ellas significadas por su rechazo, abierto o implícito, a la Constitución de 1978.

Noventa años después, la izquierda española (toda, sin excepción) transita por la senda ya explorada del brazo del independentismo catalán, ahora con el contrafuerte adicional que constituyen el PNV y, sobre todo, la izquierda 'abertzale' (EH Bildu), que sigue siendo la albacea política de lo que ETA pretendió. Dicho todo con la claridad que el momento merece y con la dosis de inquietud que aconseja. Ocurre también que, al día de hoy, no se conocen en detalle los acuerdos suscritos entre el socialismo y el independentismo catalán de ERC, ni su viabilidad jurídica y política. Al parecer, habrían acordado una mesa entre gobiernos (no prevista en nuestro ordenamiento jurídico) y una consulta para ratificar los acuerdos a que esa mesa pueda llegar (¿conforme a qué legislación dicha consulta?).

De tal manera que en el fondo del acuerdo —excluida la comisión bilateral Generalitat-Estado prevista en el Estatuto catalán y descartada una ponencia en el Congreso y en el Senado— se trataría de que entrase en funcionamiento un mecanismo de interlocución al margen del sistema institucional basado en una bilateralidad anticonstitucional (tal y como la ha definido el TC, que mantiene que el Ejecutivo estatal se sitúa siempre en una posición de superioridad) que asestaría un mandoble de imprevisibles consecuencias al modelo constitucional de 1978.

Y en la forma, tres cuartos de lo mismo: opacidad, agudizando por ambas razones la similitud —salvando las distancias— entre el Pacto de San Sebastián y el que va a ratificar ERC con el PSOE, Unidas Podemos, PNV, EH Bildu y otros. Partidos todos ellos que, en esa mesa, van a la deconstrucción del llamado régimen de 1978, una presunción que solo ellos podrían neutralizar demostrando que pretenden una mera reforma. Pero ¿Oriol Junqueras o Arnaldo Otegi —ambos condenados penalmente— podrían asemejarse a líderes de carácter reformista? No lo parece. La investidura a matacaballo —relean la crónica de este miércoles en este diario de Juanma Romero— enmarca un planteamiento político al que no conviene la transparencia porque se le verían en demasía sus hilvanadas costuras.

En el núcleo duro de esta operación tan velada a la mirada pública y al debate social y político, están Iglesias y su Unidas Podemos. De siempre quisieron él y su partido un proceso constituyente que alterase de manera sustancial el modelo de Estado (confederal en vez de autonómico) y la forma de Estado (una república en vez de una monarquía). El Sánchez insomne lo sabía y le importaba. Pero ante el riesgo de perder la Moncloa, abrazó al dirigente morado, se apoyó en los que siempre negó como compañeros de viaje y se apresta ya a llevar a la izquierda española a un escenario retrospectivo en el que aparecen, como en el manifiesto de la 'Asociación republicana de amigos de Francia' la sección española, la vasca y la catalana.

Manuel Azaña, en sus últimas y más experimentadas horas, se negó a firmar el escrito así titulado y dirigido al presidente galo, Édouard Daladier, aduciendo lo siguiente: “Si catalanes y vascos quieren continuar en la emigración los costosísimos dislates que han cometido durante la guerra, allá ellos; si piensan recobrar la República y la posibilidad de hacer la burra nuevamente, sobre la base de las nacionalidades y 'dels pobles ibèrics', están lucidos. Me sorprende (un poco nada más) que los incluidos en el hecho diferencial se presten a ese juego. Pero en fin, allá ellos también. Como yo no tengo la obligación de soportar sandeces y soy, al cabo del tiempo, dueño de mis actos y único administrador de mis ideas, me he negado terminantemente a autorizar con mi aquiescencia ese proyecto”.

Sánchez no ha seguido a Azaña. La historia, según frase que se atribuye a Mark Twain, no se repite, pero rima. Y no se repite porque aquello acabó como el rosario de la aurora y esto de ahora hay que combatirlo, quienes estén en desacuerdo, con la palabra, en un planteamiento lúcidamente democrático, persuadiendo, convenciendo y ganando en las urnas y solo en las urnas. La coyuntura es inquietante, pero también representa una enorme oportunidad para el liberalismo y el conservadurismo democráticos españoles.

El sanchismo de nuestros sobresaltos
Amando de Miguel Libertad Digital  2 Enero 2020

Ahora se entiende por qué el régimen anterior se llamó 'transición'. Era el tortuoso camino que nos llevaba generacionalmente al caos.

En el régimen anterior (tímidamente apellidado "transición democrática", que ahora concluye) sobresalían las figuras carismáticas de algunos líderes de los grandes partidos: Suárez, González, Pujol, Aznar. Reconozco haber sido muy crítico con algunos de ellos, pero debo reconocer su enorme personalidad. Ya con la etapa decadente de Zapatero y Rajoy se empezó a imponer la figura del líder anodino, desangelado, lo que en castellano popular se dice "un sansirolé bendito". La culminación del nuevo arquetipo llega a su máximo esplendor con el doctor Sánchez, quien realmente inaugura un nuevo régimen en el que ahora entramos. Todavía no tiene nombre, pero tengo para mí que nos acerca a lo caótico.

A ver si no es un desbarajuste oceánico que el doctor Sánchez se haya pasado un año cogiendo cotufas en el golfo al tratar de formar Gobierno. Al final, la rueda catalina para lograr una tarea tan delicada ha sido el plácet de un partido tan estrambótico como Esquerra Republicana de Catalunya. Se dice pronto, es un partido que no se considera español ni constitucional; ni siquiera acepta la monarquía como forma de Gobierno.

La exigencia implícita de Esquerra para conceder su anuencia, para hacer su republicana gana, ha sido que los delincuentes encarcelados por golpistas y ladrones sean exonerados de toda culpa. Hay más, el más conspicuo de ellos ni siquiera fue a la cárcel porque se libró del procesamiento huyendo a otro país. Ello es que el forajido ha conseguido entrar por la puerta grande en el Parlamento Europeo, se supone que representando a España. No caben mayores embrollos. Bueno, sí caben. Todavía hay que ver un Gobierno de socialistas y comunistas con el paternal beneplácito de una Esquerra engreída. Lo menos que va a exigir la partida separatista, para ser consecuente con su credo, es un referéndum de independencia para Cataluña. Todavía hemos de ver el capítulo de las pingües indemnizaciones que el Estado español otorgará a los golpistas catalanes por los siglos de opresión que ha sufrido Cataluña. En síntesis, el nuevo régimen empieza a estar enfangado en múltiples conflictos. Además, todo ello en el orto de una grave crisis económica. Claro es que tal confluencia ha sido la tónica común al advenimiento de distintos regímenes: la Restauración, la II República, el Franquismo y la Transición democrática. Desgracia la nuestra.

Acabáramos. Ahora se entiende por qué el régimen anterior se llamó 'transición'. Era el tortuoso camino que nos llevaba generacionalmente al caos. Resulta inevitable personalizarlo en el sanchismo. Así queda escriturado en honor de su epónimo Sancho Panza, insigne Gobernador de la ínsula Barataria.

Con el Sanchismo triunfante, asoma la contingencia de la balcanización de España. Habrá quienes gocen con la resurrección del cantonalismo. Otros, más reservados, pensarán que esto va a ser, por fin, el auténtico Estado federal. No debe descartarse la eventualidad del irredentismo, consecuencia natural del independentismo de algunas regiones. Es claro que las Vascongadas persiguen la anexión de Navarra e incluso de los territorios de la vascofonía de Francia. No harán ascos a colonizar Castro Urdiales y parte de la Rioja que no es vasca. La Cataluña próxima a la independencia no parará hasta incorporar a las Baleares, el reino de Valencia y la franja de Aragón; sin olvidar la nostalgia del Rosellón. Claro que también tendrá que afrontar la lógica emancipación del Valle de Arán, con su lengua propia y todo.

Lo anterior puede contener algunas lucubraciones ociosas. Ciertos vaticinios igual no se cumplen. Cabe la opción de que sigamos así por decenios, con la misma ambivalencia y la incapacidad para formar un Gobierno estable. Los viejos nacionalismos regionales, acomodados como independentistas, continuarán chantajeando al Gobierno con la misma avilantez frente al Estado que les roba. Lo único seguro es que, tanto en Cataluña como en Vascongadas, continuará la misma preponderancia de la clase social autóctona y mediocre. Conseguirán que los charnegos o maquetos se vayan definitivamente a sus tierras de origen, de ellos o de sus mayores.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

España traicionada
Francisco Vázquez Vázquez ABC  2 Enero 2020

Consummatum est. Todo está cumplido. Pero que nadie se llame a engaño, porque lo sucedido ya viene de antiguo. Cuando, sin el menor rubor, el candidato Pedro Sánchez sea por segunda vez investido presidente del Gobierno lo será con los mismos apoyos parlamentarios que obtuvo la primera vez, el 1 de junio de 2018, con ocasión del voto de censura al Gobierno presidido por Mariano Rajoy.

Su nueva elección se producirá gracias a los votos de los partidos con los que el PSOE, desde las últimas elecciones municipales y autonómicas del 26 de mayo de 2019, tiene establecidas alianzas y coaliciones en autonomías y ayuntamientos de toda España, incluida Navarra, donde para lograr el gobierno, el PSOE no respetó la norma establecida de aceptar la candidatura más votada e incluso para obtener la mayoría pactó con Bildu, plataforma política de la banda criminal ETA.

Para ser nombrado presidente del Gobierno, el candidato del hasta hoy constitucionalista PSOE, ha negociado y ha pactado el apoyo de los partidos firmantes el pasado 25 de septiembre de 2019 de la llamada «Declaración de Llotja del Mar», documento impulsado por Arnaldo Otegui, que fue terrorista de ETA. Un manifiesto político que además del partido promotor, el batasunero Bildu, fue firmado por los tres partidos golpistas e independentistas catalanes, JxCat, ERC y la CUP, junto a los también independentistas partidos del BNG y Més per Mallorca, socios municipales y autonómicos de gobierno del PSOE, respectivamente en Galicia y en Baleares.

En dicha declaración, el revoltillo de partidos firmantes, todos independentistas y anticonstitucionales, demandan el reconocimiento del derecho de autodeterminación para sus «pueblos» y exigen la «liberación de los presos políticos y el regreso de los exiliados» (sic).

Por ello, cuando su secretario general sea proclamado presidente del Gobierno, el portavoz del PSOE deberá agradecer el apoyo recibido de los votos y de las abstenciones de partidos, unos como Podemos, que pasarán a formar parte del nuevo gobierno y otros como los independentistas, que conformarán la nueva mayoría parlamentaria que sostendrá al gobierno en minoría, debiendo aprobar en la legislatura presupuestos y leyes, sin que a día de hoy sepamos públicamente a cambio de qué, ¿o si lo sabemos?

El PSOE también dará obligadas gracias a sus nuevos socios, todos los partidos que en un desacato más se negaron a cumplir con la preceptiva obligación de despachar consulta con el Jefe del Estado en el trámite constitucional para designar un candidato a la Presidencia del Gobierno.

El PSOE también deberá dar rendidas gracias por su voto a todo cuanto partido aboga por la reforma de la Constitución, cuando no sencillamente por su derogación. Sin olvidar las miles de gracias debidas por el apoyo pactado a los partidos impulsores de la plurinacionalidad de España, del derecho a la autodeterminación de parte de sus territorios, de la independencia de los mismos y, por si faltara algo, partidarios de la abolición de la Monarquía.

Sobre todo el PSOE no deberá olvidar dar encendidas gracias a sus nuevos socios de gobierno, los comunistas radicales y populistas de Podemos, partido que, como quien no quiere la cosa, proyecta implantar en España un modelo socio-económico remedo de la Venezuela chavista y que con el eufemístico «derecho a decidir» pretende camuflar la autodeterminación demandada por los independentistas catalanes y vascos, además de haberse negado a firmar el pacto antiterrorista.

Y así, 41 años después de la masiva aprobación por el pueblo español de la vigente Constitución de 1978, nos encontramos en la España del presente con que el otrora principal protagonista de la ejemplar transición democrática y del proceso constituyente, el Partido Socialista Obrero Español reniega de su pasado y, para que su secretario general sea presidente del Gobierno, establece una alianza parlamentaria y un pacto de gobierno con todos los partidos, sin que falte ninguno, que en el referendum constitucional del 6 de diciembre de 1978 se opusieron a la aprobación de la Constitución.

Y triste y paradójicamente hoy el PSOE se alía con partidos que en su día no aceptaron el consenso constitucional e incluso promovieron el voto NO o la abstención en aquel referéndum: el PNV, ERC, el BNG, Bildu (entonces Herri Batasuna) y Podemos, el heredero directo de los partidos antisistema y comunistas radicales de entonces, tales como el Partido del Trabajo (PT), el Movimiento Comunista (MC) o la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT), grupos sectariamente ideologizados que ansiaban sustituir la dictadura franquista por una dictadura soviética, o castrista, o maoísta. Una auténtica sopa de siglas cuyo proyecto político lo continúa hoy nada menos que el nuevo socio de gobierno del PSOE. Así Pablo Iglesias y sus adláteres alcanzan una responsabilidad que les permite iniciar la estrategia del «entrismo» en las instituciones, primer paso para acceder al poder según sus manuales leninistas.

Esta nueva mayoría política impulsada por el actual PSOE es sencillamente un capítulo más en la hoja de ruta establecida por el partido nacionalista de los socialistas catalanes, PSC, cuando era liderado por Pascual Maragall y que el 14 de diciembre de 2003 firmó el conocido como «Pacto del Tinell», con ERC y con los comunistas catalanes. Este acuerdo inició la voladura de la Constitución de 1978, en la estrategia de instaurar un nuevo modelo de Estado, republicano y plurinacional que reconociese el derecho a la autodeterminación de Cataluña y el País Vasco, estrategia seguida hasta hoy puntualmente primero, por su inmediato sucesor Montilla y en la actualidad por Iceta, el muñidor y vocero de los pactos del PSOE con los independentistas catalanes.

El actual PSOE, sin oposición conocida a Pedro Sánchez, abandona pues el campo constitucionalista y forma un frente inédito hasta hoy en España, aliándose parlamentariamente con los partidos golpistas e independentistas partidarios del derecho a la autodeterminación, a la vez que forma el único gobierno en Europa con comunistas populistas de corte tercermundista. Unos y otros partidarios como primera medida de la reforma de la Constitución.

Como pocos serán los cambios económicos que Bruselas permitirá, el escenario político será de lo más favorable a los nuevos gobernantes que por encima contarán con el soporte propagandístico de medios de comunicación públicos y del oligopolio televisivo privado de «lo políticamente correcto».

La dialéctica versará sobre el diálogo para resolver el problema político de Cataluña y el País Vasco, la plurinacionalidad de España, el blindaje de las identidades nacionalistas, el derecho a decidir y las inevitables reformas estatutarias, contando como siempre con el comodín de la Iglesia Católica para animar el debate. Y con estos mimbres sabemos de sobra los cestos que nos esperan. Nunca España estuvo tan cerca de su fragmentación territorial y todo parece indicar el fin del ciclo constitucional actual. En la memoria de todos también el recuerdo de las negativas a pactar de Ciudadanos en las pasadas elecciones del 28 de abril y del PP en las últimas del 10 de noviembre.

Pero lo más triste para muchos es que un partido que durante 140 años se ha comprometido en la defensa de los ideales y los valores socialistas de la igualdad y de la solidaridad, por mucho menos que un plato de lentejas admita que las diferencias argüidas por el nacionalismo se conviertan en desigualdades entre las personas y los territorios de España.
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Francisco Vázquez Vázquez es socialista y exmilitante del PSOE actual

A buenas horas mangas verdes
Nota del Editor  2 Enero 2020

Tantos años blanqueando al PSOE y ahora se disfraza de convertido.
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