AGLI Recortes de Prensa   Domingo 5  Enero  2020

Investidura contra la Constitución
Editorial ABC 5 Enero 2020

El balance de la primera jornada de la sesión de investidura es claro: Pedro Sánchez va a presidir -si consigue la mayoría necesaria- un gobierno que pretende derogar el sistema constitucional de 1978. Obviamente, Sánchez no definió este objetivo de forma explícita, pero los hechos hablan por sí solos, empezando por la catadura de los socios que ha elegido para su mandato. El propio Gabriel Rufián se encargó de proclamar de forma tan clara como hiriente todo lo que el candidato socialista, al que humilló desde la tribuna del Congreso, quiso ocultar y maquillar en su discurso. Entre eufemismos, Sánchez no dudó en fijar el eje de su intervención en la descalificación del Estado de Derecho, el imperio de la ley y el control judicial sobre lo público. Su ataque a los tribunales de Justicia se manifestó en frases de pretenciosa altura de miras, pero cortas de ética política, como si la aplicación de la ley fuera el problema y no la solución, como si fuera viable una democracia al margen de la ley. Por eso fue temerario a la hora de comprometerse con los independentistas y comunistas en «dejar atrás la vía judicial» para Cataluña, como si estuviera en sus manos dejar en vía muerta los mecanismos que protegen la ley y la Constitución.

Antidemocracia. No explicó Sánchez cómo va a desactivar lo que llamó «judicialización» de lo que para él ahora es un «conflicto político» en Cataluña. Sólo un político con pulsiones totalitarias puede comprometerse a semejante disparate, porque el Estado de Derecho tiene vida propia a través de los jueces, de los fiscales y de los ciudadanos, los cuales, como bien saben Junqueras y Torra, pueden querellarse a través de la acción popular. Tampoco Sánchez puede prohibir que cincuenta diputados o senadores impugnen ante el TC sus mesas bipartitas y sus más que previsibles leyes de plurinacionalidad y sentimientos nacionales. El peligro de que un político con este planteamiento acceda al poder es más que evidente, porque si algo carcome la democracia es la relativización de la ley.

Socios de Gobierno. Todo resulta coherente porque Sánchez defendió ayer como única vía posible la mayoría parlamentaria forjada con comunistas, separatistas y golpistas. De semejante coalición sólo cabe esperar un ataque constante a la primacía de la Constitución y la Ley y a la independencia de los tribunales. Un pacto de extremistas de izquierda y separatistas sólo encuentra su razón de ser en el desmantelamiento de la democracia parlamentaria y la convivencia constitucional. La normalidad pacífica de instituciones y ciudadanos es incompatible con estos socios de gobierno, que necesitan el conflicto para justificarse a sí mismos. Y, en efecto, el objetivo máximo de esta coalición es derribar la monarquía parlamentaria, porque la Corona representa los valores opuestos a los defendidos por Unidas Podemos y ERC.

Un gobierno intervencionista de extrema izquierda. Este discurso condescendiente no fue más que la piel de cordero extendida sobre una voluntad decidida de hacer ahora la ruptura que el PSOE no hizo en 1978. Pero para lograr este objetivo, el gobierno que quiere formar Sánchez necesita entrar a saco en la sociedad española y despojarla de sus resortes de libertad crítica. Este es el contexto en el que cobran sentido los avisos contra la enseñanza concertada, y también se entiende así esa iniciativa difusa y peligrosa contra la «desinformación», que tiene el tufo chavista de amedrentar a la prensa libre para que no moleste en una etapa en la que Sánchez necesitará muchos callejones oscuros para hacer lo que la luz constitucional no le permitiría. La exclusión de los medios de comunicación en la firma del pacto de gobierno con Pablo Iglesias fue solo un indicio de una política de comunicación que alternará el amiguismo con la opacidad mediante ese anunciado «cordón sanitario» contra la desinformación y las «fake news».

Demasiados silencios. El discurso de Sánchez fue vergonzante porque silenció las erupciones más intransigentes del nacionalismo catalán tras las decisiones de la Junta Electoral Central sobre Torra y Junqueras. Las descalificaciones de Adriana Lastra contra este órgano muestran el rumbo que tomará el futuro gobierno de Pedro Sánchez, en cuyo horizonte se alza el indulto a los condenados por el proceso separatista en Cataluña. Sólo esta medida de gracia explicaría el anuncio de Sánchez de dejar atrás la vía judicial. Prepárense los tribunales que aún tienen que juzgar a los sediciosos separatistas, porque sobre ellos va a caer una enorme presión, en la que el papel de la Fiscalía General del Estado será determinante, tanto para servir sumisamente al nuevo gobierno como para actuar de contrapeso constitucional.

Nuevo intento separatista. El eje político de la futura legislatura será, de nuevo, el experimento del PSOE con la organización territorial del Estado. Ya lo perpetró con el estatuto catalán de 2006, sustancialmente inconstitucional. Ahora volverá a intentarlo con vías similares, revestidas de legitimidad democrática, pero tan inconstitucionales como aquella que pactó Zapatero con Mas. La liquidación del Estado constitucional de 1978 exige romper la unidad de la soberanía nacional, que es el pueblo español. A este objetivo sirven el reconocimiento socialista de los «sentimientos nacionales» y del carácter «plurinacional» de España. Insólita adhesión del socialismo español a lo peor del Antiguo Régimen que culminará con la convocatoria de una consulta o referendo sólo en Cataluña.

Respuesta firme de Casado. Frente al discurso remilgado y tedioso de Sánchez, Pablo Casado respondió de forma eficaz y contundente con la intervención que le era exigible como líder del centro-derecha. Sánchez dejó claro que ha fraguado la «única mayoría» posible, certificando que la causa de la coalición con Unidas Podemos y los separatismos nunca fue el rechazo del PP a apoyar a Sánchez, sino su voluntad de liderar un gobierno sectario de confrontación. A partir de ahí, Casado debe sentirse legitimado para liderar una respuesta política y social tan firme como lo fue ayer su réplica parlamentaria al candidato socialista. El problema no será el sistema productivo de la economía española, el mercado laboral o la estructura de impuestos, sino la continuidad de España como un Estado constitucional basado en su unidad.

Una tarea de todos. El líder del PP debe ser consciente de la responsabilidad que recae en su partido, porque el gobierno al que tendrá que hacer frente será implacable en sus medios y en sus fines. Estará más que justificado que el PP -en conjunción con el resto de partidos constitucionalistas- se oponga a la colonización de las instituciones del Estado de Derecho, como el TC o el CGPJ, por los socios corrosivos de quienes repudian el imperio de la ley. Y no sólo deberá velar por estas instituciones. El PP y demás partidos constitucionalistas saben que Sánchez quiere presidir un gobierno que es un peligro real para las libertades públicas y los derechos fundamentales de los ciudadanos. Está formado por ideologías que se han retratado con el apoyo a dictaduras sangrientas y a vulneraciones de la ley y la Constitución. Será un gobierno que nazca con los estigma de las peores ideologías del siglo XX, el comunismo y el nacionalismo supremacista. El socialismo constitucional ha desaparecido en el pozo negro de la ambición de Sánchez y del revanchismo de la izquierda, hipnotizada por el rencor de la memoria histórica y decidida a volver sobre los pasos de una crispación que habían sido borrados por la concordia constitucional.

¿Sobrevivirá España otra vez al Frente Popular?
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli  5 Enero 2020

Hace ochenta y cuatro años y mediante un pucherazo monumental llegó al poder en España un Gobierno socialista-comunista-separatista dispuesto a aplicar un proyecto radical basado en el odio de clase, la destrucción de la propiedad privada, el anticlericalismo feroz y la fragmentación de la Nación en pretendidas nacioncillas laminadoras de la pluralidad interna de las sociedades catalana y vasca. El resultado de esta operación de corte totalitario y antidemocrático es de sobras conocido, una cruel guerra civil que dejó el país arrasado y cuatro décadas de dictadura.

La Transición y su obra más destacada, el sistema institucional y político consagrado en la Constitución de 1978, pretendió poner los cimientos de una etapa nueva que nos salvase de repetir los trágicos errores del pasado. El gran pacto civil que la posibilitó y la plena integración en la Unión Europea y en el mundo occidental democrático, junto a un notable desarrollo económico, parecía garantizar el éxito de empresa tan loable como sensata. Sin embargo, este aparentemente brillante logro albergaba dos patologías potencialmente mortales en su seno, El Estado autonómico y la partitocracia.

La pasividad suicida, cuando no el colaboracionismo activo, de los dos grandes partidos, ante este diseño tan eficaz como implacable, lo ha hecho triunfar hasta los extremos que ahora padecemos

El primero proporcionó a los nacionalistas en Cataluña y en el País Vasco, irrelevantes al inicio del cambio, pero que nunca habían renunciado a su propósito final de liquidación de la unidad nacional, los instrumentos políticos, educativos, simbólicos, administrativos, políticos y de creación de opinión necesarios para llevar a cabo un trabajo paciente e implacable de ingeniería social que transformase a sus Comunidades en focos activos de separatismo violento. La pasividad suicida, cuando no el colaboracionismo activo, de los dos grandes partidos nacionales, ante este diseño tan eficaz como implacable, lo ha hecho triunfar hasta los extremos que ahora padecemos. El segundo ha propiciado un nivel de corrupción que ha rozado en determinados territorios y ocasiones la categoría de sistémico a la vez que ha pervertido la función y la naturaleza de los órganos constitucionales y reguladores, sin que ni siquiera el poder judicial haya escapado a su acción disolvente.

Hoy, contra toda lógica y en un olvido suicida de nuestra experiencia histórica, volvemos a las andadas en un contexto sin duda muy distinto, pero con rasgos cualitativos inquietantemente semejantes a los de 1936. Por supuesto, la renta per cápita española es mucho más alta que entonces, las desigualdades sociales se han atenuado, la pertenencia a la UE y a la OTAN actúan como amortiguadores de disparates excesivos y la población está totalmente alfabetizada, pero nunca hay que infravalorar la tendencia de los seres humanos a entregarnos a la irracionalidad y a nuestros peores instintos. Véase lo que sucedió en Rusia en 1917, en Alemania en la década de los treinta del siglo pasado o en la antigua Yugoslavia en fechas relativamente recientes. Como señaló lúcidamente Jean Rostand, nunca se puede decir que algo es demasiado horrible para que suceda porque lo horrible también sucede.

Deuda, desempleo, crisis...
Aparte del riesgo evidente que para la misma existencia de España como entidad política, histórica y jurídica reconocible representa el Gobierno que se dispone a formar Pedro Sánchez, existe otro factor que aumenta la probabilidad de catástrofe que no ha sido suficientemente advertido y es su programa económico. En un contexto de evidente desaceleración, cada una de las medidas que han anunciado los eventuales socios de este Ejecutivo llamado Frankenstein son letales para el crecimiento, la competitividad y la creación de empleo. Si se materializan las subidas de impuestos, la derogación de la reforma laboral, el incremento del salario mínimo, el control de los alquileres, la indexación de las pensiones al IPC y el conjunto de actuaciones “sociales” que disparen el gasto público, el desempleo volverá a niveles insostenibles, la deuda se descontrolará y con ella la prima de riesgo y las inversiones se paralizarán o huirán. El clima de conflictividad así generado, combinado con el desgarro separatista, calentará el caldo propicio para que el populismo colectivista y los independentistas intenten derrocar la Monarquía y todo se descontrole hasta desembocar en un choque abierto de consecuencias imprevisibles.

Por consiguiente, la pregunta que cabe plantearse en esta hora crucial de España no es si las cosas irán mejor o peor, sino si la Nación sobrevivirá a lo que se nos viene encima y, si lo consigue, cuál será el precio. A los que venimos anunciando desde hace por lo menos dos décadas que la evolución de los acontecimientos conduciría al presente desastre se nos ha marginado, silenciado o acusado de catastrofismo y hemos tenido que esforzarnos infructuosamente en corregir el rumbo que consideramos equivocado siempre bajo fuego supuestamente amigo. Ahora que nuestras predicciones están a punto de cumplirse, nos queda por lo menos la tranquilidad de conciencia de que hicimos lo que pudimos. No escaparemos a las dolorosas consecuencias de no haber sido escuchados, pero la responsabilidad será de los que, prisioneros de su soberbia, su ignorancia, su ambición o su falta de luces, cerraron sus oídos a la verdad.

Sánchez, por el triunfo de la Confederación
Iván Vélez Libertad Digital 5 Enero 2020

Mientras los diputados nacionales electos que se dieron cita este jueves en la Carrera de San Jerónimo para participar en la primera sesión de investidura se replegaban, en el Parlamento catalán una votación tan efectista como carente efectos prácticos sirvió para mostrar el apoyo de las fuerzas sediciosas al presidente autonómico, Joaquim Torra. La farsa, una más de las escenificadas en ese corral de tragicomedias hispanófobas, ofreció la apariencia de una desobediencia a la reciente inhabilitación del más alto representante del Estado en esas tierras, emitida por la Junta Electoral Central. En pleno éxtasis voluntarista, los representantes políticos de las diversas sectas catalanistas reivindicaron, en un inconsciente homenaje al barón de Barón de Münchhausen, el derecho a la autodeterminación y exigieron la amnistía de los presos golpistas, "presos políticos" según la jerigonza lazi.

Todo ello ocurría mientras en Madrid todavía flotaban en el aire las palabras proferidas por Gabriel Rufián, a las que Sánchez respondió con unos dulces susurros en los que agradecía las intolerables exigencias planteadas por quienes pueden garantizarle, con una calculada abstención, su estancia en la Moncloa a cambio de aceptar condiciones intolerables para el presidente de una nación, obligado a negociar de tú a tú con una de sus partes. En efecto, aunque la enumeración de las medidas "sociales" era obligada, el debate tuvo como cuestión central el por Sánchez llamado "contencioso territorial", fórmula con la que se tratan de encubrir momentáneamente las aspiraciones secesionistas de la amplia mayoría de sus apoyos, aquellos que reclaman, no ya el emponzoñamiento de las togas, sino su desaparición, que no otra cosa sino la impunidad es lo que quiere decirse cuando se pide que el "contencioso" se mantenga en la estricta esfera de "la política". Frente a las aspiraciones nacionales, identitarias y sentimentales, todas ellas asumibles e integrables dentro de un Gobierno "progresista", según la clasificación sanchista, se alza la zona en sombra, hábitat de "la derecha", cuya existencia sólo es tolerable si ofrece incondicionalmente su apoyo al madrileño y permanece en una suerte de estado estacionario al que no poco ha contribuido ella misma durante unos años de mandato continuista de las principales directrices del zapaterato. En lo más recóndito de esta zona oscura, en la manida caverna, habita un partido cuyo nombre no se sostiene en los labios de Sánchez, Vox, al que el doctor se refiere como una "ultraderecha" a la que adivina sus verdaderas intenciones: la vuelta a un franquismo todavía agazapado dentro de un colectivo que, movido por extraños resortes, concita cada vez más apoyos electorales.

Autoproclamado parteluz de la política española, el maniqueo Sánchez divide en dos el hemiciclo desde su tribuna y, confiado en los poderes taumatúrgicos de la palabra diálogo, aquella que frotaba a diario su predecesor y mentor, Zapatero, se cree capaz mantener mínimamente embridados a quienes han planteado sin tapujos unas aspiraciones imposibles de alcanzar sin hacer saltar por los aires la soberanía, única por más fórmulas plurinacionales que se balbuceen de la nación española. Sépalo o no el architornadizo Sánchez, la célebre "nación de naciones" es un imposible, razón por la cual lo más parecido a esa estructura sobre la que pretende mantener el control, forzando la legalidad con consultas destinadas a expropiar parte del territorio nacional a la amplia mayoría de los españoles, deberá adoptar un perfil llamado federal que, en el fondo, es confederal. Radica ahí la principal diferencia con Unidas Podemos, mucho más clara, que no menos voluntarista, en sus planteamientos. Mientras el PSOE mantiene la reliquia nominal de un comité federal totalmente desactivado, eco lejano de aquella financiación alemana al Clan de la Tortilla, Unidas Podemos opera en el Congreso con una variedad de rostros con los que trata de hacer visible, añadiendo algún guiño regional, su orden confederal, mucho más acorde con su proyecto. Sin embargo, dentro de la pretendida isocefalia del partido morado destaca la testa de Iglesias, irradiadora, al parecer, de unos poderes de seducción capaces de hacer regresar al redil estatal a aquellas naciones liberadas de su prisión. En consonancia con su confesada fe bolivariana, el vecino de Galapagar, solemne caballo de Troya del secesionismo, se ofrece, en la sede de la soberanía nacional, para asesinar, urnas mediante, a la madrastra España, para luego hacer coincidir a las naciones liberadas en el viejo proyecto alemán: la Europa de las regiones. Este, y no otro, es el inestable proyecto sobre el que pretende sostenerse, sobre un fondo de pluripalmeros, medios mercenarios e intereses europeístas, Pedro Sánchez a partir del día 7, fecha en la que, previsiblemente, al compás de una política cautiva de los intereses particularistas, aumentará la tensión en las calles, pues el poder no sólo se ejerce de un modo descendente.

Aló, presidente Iglesias: 52 reflexiones sobre la España que se avecina
El gran triunfador de la jornada ha resultado ser un Iglesias cuyo programa económico, territorial y social ha sido asumido sin reservas por Sánchez.
Cristian Campos elespanol 5 Enero 2020

1. "Hay alguna cuestión en la que discrepo con usted" dijo Pedro Sánchez tras la intervención de un Gabriel Rufián que le atribuyó nada más y nada menos que un golpe de Estado a la Junta Electoral y que amenazó con tumbar el Gobierno a las primeras de cambio si este no convoca la mesa de diálogo en el plazo exigido por ERC.

2. "Alguna cuestión" dijo Sánchez. Matices, apenas, frente a un discurso que hablaba del PSOE como si se tratara de un títere en manos de los nacionalistas catalanes. De un discurso que hablaba sin paños calientes de la amnistía de golpistas y de la ruptura "pactada" del orden constitucional.

3. "Si no hay mesa no hay legislatura. Ya lo hemos hecho antes y podemos volver a hacerlo" dijo Rufián. Traducido al español recto: no habrá Presupuestos Generales del Estado si el PSOE no se somete a las exigencias de los republicanos.

4. También dijo Gabriel Rufián, para demostrar que él no odia España, que no renuncia a Machado, a Cervantes, a Rosalía o a Alejandro Sanz. Para ERC, España son Los 40 Principales; Italia, Ferrari y Maquiavelo; y Reino Unido, Shakespeare y los Beatles.

5. Se comprende entonces que un vínculo tan débil, tan frágil, pueda ser roto sin mayores problemas. Siempre nos quedará la FNAC si nos asalta el ataque de nostalgia por la nación perdida.

6. Para Pedro Sánchez, las sentencias y los dictámenes de la Justicia y de otras instituciones del Estado son "zancadillas" y "artimañas" de lo que él llama "la ultraderecha".

7. Nunca antes en cuarenta años de democracia el Gobierno había atacado y deslegitimado con tanta saña al Poder Judicial como el PSOE durante los últimos meses. Pero especialmente durante las últimas 24 horas, a raíz de la decisión de la Junta Electoral respecto a la inhabilitación de Quim Torra y Oriol Junqueras.

8. No resulta extraño que algunas voces hayan empezado a hablar ya de chavismo. La referencia no es exagerada. Los primeros pasos de Hugo Chávez también consistieron en la deslegitimación de las instituciones del Estado que él no controlaba directamente.

9. El resto de la historia venezolana es conocida. La hoja de ruta ha sido estudiada a fondo por Unidas Podemos. Está por ver que sea aplicada en España.

10. Esa será la principal batalla de la legislatura que se nos avecina. El intento por parte del PSOE y de Podemos, con el más que previsible apoyo de los nacionalistas, de modificar las estructuras del Poder Judicial para que este quede totalmente inerme frente a los planes de la coalición de Gobierno y sus socios.

11. Pablo Casado tiene sin embargo un arma en la manga. O, más bien, un escudo. Cualquier intento de reforma del Poder Judicial –y muy especialmente del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial– deberá contar con la aprobación del PP.

12. Dicho de otra manera. Prácticamente ninguno de los pactos a los que se ha comprometido el PSOE con ERC y el PNV tiene la más mínima posibilidad de salir adelante sin el visto bueno de Pablo Casado. Incluido cualquier nuevo Estatuto soberanista que pretenda reconocer a ambas comunidades como naciones.

13. Lo que se avecina durante los próximos cuatro años no es un nuevo Gobierno, sino el intento de imponer un nuevo régimen esquivando la preceptiva reforma constitucional.

14. Un régimen cuyo diseño no es obra del PSOE, y ni siquiera de Pedro Sánchez o de Iván Redondo, sino de Pablo Iglesias.

15. Los 35 escaños de Podemos, uno de cada diez del Congreso de los Diputados, han conseguido imponer no ya su programa, sino su idea de España, a un partido con ciento veinte. Las consecuencias del radical cambio de rumbo del PSOE son terra incognita.

16. El PSOE de Pedro Sánchez se ha situado al margen del pacto constitucional del 78. De esto no cabe duda alguna a la vista de lo vivido ayer sábado en el Congreso de los Diputados.

17. Para Pedro Sánchez, un centímetro más allá de su persona sólo existe ultraderecha. Incluso el Estado de derecho es ultraderecha si este obstaculiza sus objetivos no ya políticos, sino personales.

18. Tan arrolladora, pero sorprendentemente flexible, es esta visión de la realidad, que el mismo Miguel Ángel Revilla, que no tardó ni un solo minuto en ser señalado como "falangista" por los periodistas afines al nuevo régimen en cuanto su partido anunció su no a Sánchez, pasaría a ser considerado de nuevo como un impecable demócrata progresista si hoy domingo cambiara el sentido de su voto y le diera su sí al presidente en funciones.

19. La medida del ultraderechismo es, en definitiva, el interés coyuntural de Pedro Sánchez. El equivalente del kilogramo universal de París en el terreno de la ideología.

20. Tan compleja es la idea del ultraderechismo que maneja Pedro Sánchez que el mismo Pedro Sánchez de hace cuatro semanas sería ultraderechista según el Pedro Sánchez de hoy por su insistencia en negarse a pactar con Podemos y los nacionalistas.

21. Subió Alberto Garzón, probable futuro ministro del Gobierno español, a la tribuna de oradores y se dijo muy orgulloso de defender la ideología más criminal de la historia de la humanidad, la que más hambre, muerte y miseria ha provocado en todos y cada uno de los países en los que se ha impuesto. Con esos mimbres nacerá el nuevo Gobierno.

22. Cuando entrevisté al historiador catalán Enric Ucelay-da Cal este me respondió a la pregunta de qué diferencia a la extrema derecha del fascismo con una sola palabra: "la chulería".

23. Según Ucelay-da Cal, el fascismo no se avergüenza de su ideología ni trata de maquillarla porque su desprecio por las convenciones morales y políticas de la democracia es total. Aplíquese lo dicho a ese Alberto Garzón que se enorgullece sin complejos, en el Congreso de los Diputados, de su ideología totalitaria.

23. "Desjudicializar la política" es sin duda alguna una de las aspiraciones esenciales de todo fascismo. Que en la España de hoy esa "desjudicialización" sea vista como un rasgo de progresismo entra en el terreno de lo sicalíptico.

24. Pedro Sánchez aludió varias veces al "libre desarrollo de las identidades nacionales". El progresismo del PSOE consiste en el retorno a las etnias, a la tribu, a la aldea. ¿Ciudadanos libres e iguales? Alejad de mi esa antigualla. ¡Barro y sangre! ¡Clanes, cabilas y facciones!

25. Empezó Sánchez su intervención rememorando la historia del PSOE. Vamos a dejar de lado su evidente olvido de la mitad de esa historia y el embellecimiento de la restante. Porque tan romántica remembranza no tenía otro objetivo que borrar cualquier tentación de tamayazo que pueda albergar alguno de los 120 diputados socialistas.

26. "Si votas 'no' no me estarás traicionando sólo a mí, sino a ciento cuarenta años de historia socialista" estaba diciendo Pedro Sánchez.

27. Tan frágil es la palabra de Sánchez que resulta 100% imposible hacer la exégesis de su discurso sin encontrar de inmediato al menos media docena de ejemplos en sentido contrario al que defienden sus afirmaciones. Y eso sin hacer una búsqueda exhaustiva en Google.

28. Un ejemplo. Las alabanzas a la cohesión territorial de Pedro Sánchez. El mismo Pedro Sánchez que acaba de concederle al PNV la potestad de expulsar a la Guardia Civil de Navarra o de decidir su política fiscal. O el mismo que ha amenazado con intervenir las comunidades de Madrid y Andalucía. O el que ha apoyado las tentaciones secesionistas de León respecto a Castilla. O el que ha amenazado a Miguel Ángel Revilla si este no vota a favor de la investidura del candidato socialista. O el que ha amenazado a Ana Oramas, de Coalición Canaria, por el mismo motivo.

29. Un respeto exquisito por la cohesión territorial, efectivamente. El mismo que tiene Pedro Sánchez por las formas de la democracia.

30. Dijo Pedro Sánchez que los votantes del PP no se sienten representados por el discurso de Pablo Casado. Luego le reprochó a Inés Arrimadas que esta hablara de los votantes socialistas sin conocerlos. En Pedro Sánchez, las contradicciones afloran con sólo unos minutos de diferencia. A veces, en la misma frase.

31. Pedro Sánchez también reescribió la historia de la Constitución, de la que borró a Manuel Fraga, Gabriel Cisneros o Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, y hasta de ETA, cuyo fin atribuyó a Zapatero y Rubalcaba. En la mente de Pedro Sánchez, el PSOE inventó España en 1936 y el PP se alzó contra ella en julio de ese mismo año.

32. Habló Pablo Iglesias de "los demócratas en prisión y en el exilio" y de su "trabajo" por la investidura de Sánchez, en referencia a los golpistas de ERC y JxCAT. Este hombre será vicepresidente del Gobierno español y decidirá sobre las vidas y las haciendas de 46,6 millones de españoles.

33. España es hoy un país del que se han borrado los ideales de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad. En su lugar tendremos vasallaje, desigualdad y etnias.

34. No cabe duda. La palanca que Podemos utilizará para "asaltar los cielos" será la llamada "voluntad popular". Poco más que una oclocracia asamblearia. Inés Arrimadas hizo la pregunta correcta a los diputados del PSOE. "¿Es eso progresismo?". No, no lo es. Pero el PSOE no es ya, si lo ha sido alguna vez, un partido progresista.

35. El discurso de Pablo Casado fue magnífico, vibrante. Nadie ha criticado más que yo su inacción de los últimos días. Ayer estuvo espléndido. Sin duda, suyos fueron los mejores discursos de la jornada.

36. Dijo Rafa Latorre en Onda Cero que hacerle oposición a Sánchez es muy fácil. "Sólo hay que soltarle lo que decía Sánchez hace un mes". En esa sencilla afirmación está resumida la liquidez del personaje.

37. "Defendemos y defenderemos la economía social de mercado, tal como lo estipula la Constitución" dijo Sánchez. Otra victoria de Podemos, que no entiende por "economía social de mercado" lo mismo que entiende cualquier demócrata sensato con un mínimo conocimiento de las reglas más básicas de la economía. Entre ellas, la poderosa autoridad de los incentivos.

38. "El dinero no está siempre mejor en el bolsillo de quienes poseen una fortuna. A menudo el dinero está mejor en las escuelas y en las bibliotecas que nos hacen más sabio". De Podemos, a Pedro Sánchez se le ha pegado hasta la cursilería.

39. Sánchez tuvo, sin embargo, su momento cuando le reprochó a Pablo Casado los propios pactos del PP con el nacionalismo. Los ha habido, son innegables y han contribuido sin duda alguna al caos actual. Lo mejor que se puede esperar de Pablo Casado es que haya aprendido la lección de los errores de su partido en el pasado. Alberto Núñez Feijóo, desde luego, no la ha aprendido.

40. Resultó llamativa la insistencia de Sánchez en atribuirse el legado de Zapatero, Rubalcaba y González cuando ninguno de ellos le apoyó en las primarias. De las escasas simpatías de Rubalcaba y González por Sánchez podría escribirse una enciclopedia.

41. Si hay alguien, en fin, que no puede erigirse en continuador de la tradición del PSOE de los años 80 y 90, ese es Pedro Sánchez. Como mucho lo será del PSOE de Zapatero. Y con matices.

42. "Ojalá fuera usted la mitad de patriota que el señor Albert Rivera. No le llega ni a la suela del zapato" le espetó Pablo Casado a Pedro Sánchez, muy insistente en la idea de que el patriotismo de PP y Ciudadanos es un patriotismo de banderita, zarzuela y toros.

43. Dice Xavier Domènech, ex de Podemos, que la primera tarea del nuevo Gobierno será "la modificación de la Ley Orgánica del Poder Judicial y la del Tribunal Constitucional para garantizar algo llamado la 'separación de poderes' y el respeto a la voluntad popular".

44. Es un secreto a voces que esa será, efectivamente, la prioridad del nuevo Gobierno.

45. Que su intención sea "garantizar la separación de poderes" y no su demolición, o "el respeto a la voluntad popular" y no su imposición a los discrepantes, es otro secreto a voces.

46. Nos esperan cuatro años de polarización, de quiebra de la convivencia y de enfrentamiento alentado desde el mismo Gobierno. El señalamiento de ciudadanos particulares, periodistas e instituciones o administraciones discrepantes desde el Consejo de Ministros será constante. Que no quepa la más mínima duda de ello.

47. El objetivo es una España polarizada en la que por puro tensionamiento de la convivencia se empuje a la derecha hacia Vox, y a la izquierda hacia el PSOE, Podemos y los nacionalistas. Una España dividida, sin centro político, amontonada en los extremos. Una España predemocrática.

48. Dijo Santiago Abascal en medio de un discurso muy dirigido a su público: "Con 24 escaños Pedro Sánchez ni nos contestaba, no nos miraba, ni siquiera en ese debate del que quería salir corriendo. Con 52 nos pide que le miremos. Como convoque elecciones otra vez nos va a pedir pactar. Porque todo le da igual". Hay que reconocer que Abascal ha comprendido mejor a Sánchez que muchos socialistas.

49. El pesimismo en la derecha es hoy una evidencia. Pedro Sánchez será investido y la demolición de la actual estructura del Estado empezará en fecha tan temprana como finales de enero, con la mesa de Gobiernos pactada con ERC.

50. Pero existen motivos para la esperanza. La propia debilidad de la coalición de Gobierno. Unos líderes solventes y muy experimentados en la derecha y en el centro. Y unas instituciones del Estado que no se rendirán tan fácilmente como podría parecer a los intentos de control por parte del PSOE, Podemos y los nacionalistas.

51. Toca, eso sí, trinchera ideológica. La guerra de propaganda será descarnada. Y lo de ayer sábado, donde el candidato a presidente no dijo una sola verdad diáfana que no fuera susceptible de corrección o enmienda, fue sólo un avance.

51. Haría bien el PP, eso sí, en comprender que la guerra que se avecina no se gana sólo con gestión, sino también, y muy especialmente, con propaganda. Por suerte para los populares, el PSOE sólo domina una de las dos artes.

Un debate sobre la identidad nacional
José María Marco Libertad Digital 5 Enero 2020

Una de las imágenes que quedarán del muy histórico pleno del Congreso de estos días será la de los diputados del PSOE en silencio mientras se escuchaban vivas al Rey, a la Constitución y a España. Ahí está casi todo. Con Pedro Sánchez a la cabeza, el PSOE ha hecho de la Corona, la Constitución y la nación española materia de división partidista.

Es la consecuencia inmediata de la negativa, propia del progresismo y del socialismo españoles, a conceder legitimidad democrática a quienes no comparten sus ideas y sus obsesiones. Eso es lo que está en el fondo de lo que hemos visto estos días y de lo que veremos en los próximos años. No se trata sólo de ambición personal, como la que demuestra Sánchez. Estas no podría alcanzar el punto al que ha llegado si no estuviera sostenida por algo que hace verosímil, y aceptable, que un candidato a la Presidencia del Gobierno trate con desprecio y hostilidad a todos aquellos que defienden la unidad y la continuidad de la nación española y en cambio se muestre amigable, y obsequioso, con quienes tienen como objetivo primero de su política la destrucción de la nación de la que quiere ser presidente el candidato.

Para explicar esta posición, Sánchez aduce la diversidad intrínseca de la naturaleza de la nación española. La nación española está compuesta de diversas sensibilidades –y ya se sabe que lo de las sensibilidades no admite discusión alguna–, que dan pie a comunidades políticas, pueblos o naciones, que esa nación española debe reconocer como tales si quiere reconciliarse con su verdadera naturaleza.

Llegamos así a un concepto muy particular de la nacionalidad. Por un lado, volvemos a los años 70, antes del debate y la redacción de la Constitución, cuando el PSOE preconizaba la existencia de diversos pueblos españoles y la necesidad de reconocerlos como tales para una construcción viable de la nación española, que entonces era una República federal y ahora es un Estado igualmente federal.

Por otro, estamos ante una nueva reflexión sobre la identidad, esta vez nacional, que otorga a esta una forma móvil, cambiante, subjetiva. Hasta hace poco tiempo, todo lo que esto último implica tenía una realidad propia, al margen de lo que constituye la comunidad política. España podía haber sido un gran ejemplo de esta posibilidad que combinaba unidad política y pluralismo cultural, además de político. Ya no es así. Ahora la identidad nacional también se declina en dimensiones variables, cambiantes según el emplazamiento, la historia y la sensibilidad, entre otros muchos factores, del sujeto.

De ahí la virulencia de Sánchez contra aquellos que no comparten su idea de la nación. No sólo ofrecen una posición discrepante. Es que esta posición, incompatible con la primera, reprime lo que se consideran derechos –derechos básicos–, porque así pasan a ser consideradas las variables subjetivas de esa nacionalidad. Sánchez ni siquiera se plantea la posibilidad –el hecho, en términos históricos– de que en el interior de esas identidades nacionales (hasta ahora subnacionales con respecto a la española) exista a su vez una nueva diversidad que debería ser tenida en cuenta a la hora de construir la nacionalidad correspondiente.

Como es de rigor en el progresismo español, Sánchez no se toma en serio la diversidad o, por utilizar un término menos cargado de demagogia, el pluralismo. Ni el pluralismo político, elemento puramente instrumental siempre, ni el de las identidades, incluidas las nacionales. Lo que le ocupa, o lo que le obsesiona, es la unidad nacional española. Y para adaptarla a su propio concepto está dispuesto a enarbolar una forma de diversidad que aspira a acabar con el pluralismo allí donde se implante y que, por lo tanto, y como ya está demostrado en el País Vasco y en Cataluña, aspira a acabar con cualquier posible dimensión española de su propia identidad.

Por el momento, el experimento iniciado por Pedro Sánchez y el PSOE nos conduce a una situación en la que los excluidos son quienes afirman la unidad y la identidad nacional españolas. Mientras tanto, dialogan o conversan entre ellos –colmo de la tolerancia, la civilización y la cultura– los que la niegan por represora o prescinden de ella como de un trasto inútil y anticuado. Un estorbo. España, la Corona, la Constitución han dejado de ser elementos comunes a todos los españoles. Su valor y su vigencia dependerán a partir de ahora de la perspectiva en la que cada cual se sitúe. De pronto cuaja en su significado político el gigantesco esfuerzo de deconstrucción (antes se decía ‘demolición’) realizado durante tantos años.

Teatro del absurdo. Sánchez interpreta a Sánchez en el Congreso
“El que miente necesita tener buena memoria” Quintiliano
Miguel Massanet diariosigloxxi 5 Enero 2020

Nada que no estuviera previsto, nada que justificara el mono-tema con el que el señor Sánchez ha pretendido gastar una parte importante del tiempo que tenía para defender su investidura en el Congreso de los diputados. Para alguien que no supiera lo que se estaba tramitando esta mañana en la sede de la soberanía popular, la Cámara Baja, seguramente le hubiera costado llegar a la conclusión de que, el orador en uso de la palabra, el señor Pedro Sánchez, presidente en funciones prácticamente desde hace año y medio, que estaba hablando para promocionarse, con el objeto de conseguir, después de varios intentos fracasados, ganarse la investidura como presidente del Gobierno de la nación española. En realidad, se pudiera pensar que de lo que se trataba, en los 20 primeros minutos de su intervención, era de que se estaba en un mitin de su partido dedicado, exclusivamente, a poner de chupa de dómine a una oposición que, por supuesto, no aspiraba a gobernar y que, si estaba convocada a tal evento era, precisamente, para tomar la decisión de votar o no la investidura del candidato y no, por supuesto, para recibir una andanada de descalificaciones que no venían a cuento amén de constituir un intento reprobable de desviar la atención de los que presenciaban el acto, de modo que sus carencias, muchas carencias y no pocas cuestiones que vienen rozando peligrosamente la ilegalidad por la forma y los métodos con los que se han limado asperezas con los separatistas catalanes, utilizados por quienes fueron enviados a negociar con ellos, por parte del PSOE, como la señora Lastra ( una persona sin preparación para asumir tal responsabilidad) y el señor Ábalos, otro de los embusteros irredentos, de los que se vale el partido de Sánchez, para mantener a su “amo” fuera del foco de la opinión pública, cuando su trayectoria política le sigue impulsando a una deriva que, ciertamente, no habla bien de una persona que no tiene escrúpulos cuando se trata de alcanzar el poder a toda costa y pese a todo aquello que se pudiera oponer a ello.

Lo que sucede es que el señor Pedro Sánchez es una persona incapaz de sentir vergüenza alguna cuando rompe sus promesas, se desdice de lo que hace unas pocas horas afirmó con todo el énfasis del mundo, y, en cierta manera, nos trasmite un sentimiento de vergüenza ajena cuando comprobamos la baja catadura moral, ética y humana de este personaje en el que, probablemente, va a recaer la inmensa responsabilidad, ayudado por los comunistas, de llevar adelante ( dudamos que pueda ser así) el destino de España y de los españoles. Ha repetido en varias ocasiones que los socialistas habían ganado las cinco últimas elecciones celebradas en España (todo ello en un periodo de un año), por supuesto no ha dicho que, en cada una de ellas había sacado menos apoyo de sus votantes y que, en la última de noviembre, sufrió un varapalo de bajar en 700.000 el número de ciudadanos que dejaron de votarles, mientras que en la misma votación los populares subieron a los 90 escaños una cifra mucho más elevada de la que consiguieron en los 66 diputados de la consulta de Abril.

Y puestos en materia nos preguntamos si, cuando hacía propaganda electoral antes de los últimos comicios en los que perdió 3 escaños, respecto a los resultados de la anterior votación, comprometiéndose a que no iba a ceder ante las exigencias de los separatistas catalanes y que presentaría leyes que declararían ilegales los posibles referéndum que se llevaran a cabo por entidades autonómicas sobre cuestiones relacionadas con la unidad indivisible de España; los que votaron a los socialistas hubieran sabido que en su proyecto de futuro el señor Sánchez tenía previsto olvidarse de sus promesas para negociar la unidad de España precisamente con los separatistas de ERC, estando su máximo directivo encerrado en la cárcel de Lledoner e inhabilitado por la JEC, ¿Hubieran votado como lo hicieron al PSOE o, por el contrario, hubieran cambiado el signo de su voto para apoyar a otras formaciones políticas, que se comprometieran a respetar la integridad de la nación española?

Debiera aprender a pensar antes de meterse en semejantes jardines porque, a diferencia de lo que seguramente piensa el señor Sánchez, no todos los españoles son tan borregos como para no saber contar que dos más dos, suman cuatro y es posible que, dentro de su propio partido, el Partido Socialista Español, haya muchos de sus afiliados y simpatizantes que suelen votar por ustedes que si se hubieran enterado de las martingalas que ha tenido que hacer para conseguir hacerse con el Gobierno, de las traiciones conocidas y por conocer que ha perpetrado con la nación española, es posible que se hubieran quedado ustedes por detrás del PP y, quizá, de VOX. Y, en mencionado a esta formación política, dirigida por el señor Santiago Abascal, pude que según la visión torticera, interesada, oscurantista, antifranquista y laicista de las izquierdas lo que dice este señor prefieran calificarlo de “ultraderechista” y no es extraño que intenten presentar a su partido como un peligro para España porque, lo que es cierto, que el peligro que pudiera representar VOX no es precisamente para España, en modo alguno, porque los que deben temerlo son los que intentan desacreditarlo porque si hay algo cierto, y las últimas encuestas respeto a intención de voto en España indican que los dos principales partidos tradicionalmente más votado van perdiendo puestos y que Podemos, en menor medida y VOX de una forma más destacada siguen en ascenso, lo que no nos extraña porque los que han votado a Podemos, que fueron pocos y les hicieron perder 7 escaños, ahora, al tener la posibilidad de aliarse con un probable gobierno de izquierdas con el PSOE y la bajada de pantalones de Sánchez que, de hablar de que no dormiría tranquilo si tuviera a uno de Podemos en el gobierno a convertirse en su lazarillo, encajando la entrega de 4 ministerios y una vicepresidencia, para Pablo Iglesias. La jugada del comunista no le puede haber salido mejor; de estar cuestionado por su propio partido a alcanzar formar gobierno con los socialistas.

Lo que sucede y esto no parece que lo haya reconocido el PP, a medida de que España se va acercando a un tipo de gobierno como algunos que existen en países donde el comunismo ha ido enseñando, a sus ciudadanos el peligro, de caer bajo un sistema dictatorial como es el de Venezuela o era el de la Unión Soviética, bajo el camarada Josiv Stalin, los españoles de orden, los que quieren una democracia al estilo de las de occidente y no quieren que se repitan aquello de las dos Españas ( una situación que estamos en víspera de que se reproduzca de nuevo); los que no quieren que se les Price de sus derechos individuales, que les impidan alquilar sus pisos de acuerdo con la oferta y la demanda, que su derecho de propiedad no se convierta en que sus bienes vayan a parar a las arcas del Estado para que luego, como ha sucedido con los ERE de Andalucía, resulte que van a parar a los bolsillos de aquellos funcionarios que estiman que lo del Estado es de todos y, en consecuencia, no se cortan a la hora de meter mano en aquello que, si es de todos, ¡pues yo me llevo mi parte!

Si tenemos que hacer caso de todo lo que ha ofrecido hacer Sánchez cunado se encuentra a la cabeza del Gobierno, deberíamos pensar que España es una nación sim problemas, que dispone de pozos de petróleo, oro y minas de diamantes, como es el caso de la república de Sudáfrica. No obstante más bien tenemos la impresión de que todo es fruto de ensoñaciones, cuentos de La Lechera, papeles emborronados con operaciones irreales y la equivocada idea que aumentando los impuestos a los ricos estos, que no son tontos, se conformarían y admitirían que lo que, actualmente ya llega, en los tramos más altos del impuesto, a descuentos cercanos al 60% podría subir todavía más hasta llegar a lo que se entendería como una forma ilegal de incautación de todo aquella parte de los emolumentos que un ciudadano o una sociedad pudiera percibir lo que significaría que se premiaría por dejar de trabajar. No sueñen con recaudaciones importantes conseguidas a través de esta ilusoria penalización a los ricos. Es más, si se los atosigara o se los intentara perjudicar, como ya han hecho en otras ocasiones, no tienen inconveniente en trasladar su residencia a otros países donde se les trate mejor o bien, y esto todavía sería peor, si se tratara de multinacionales, las direcciones de la sociedades afectadas podrían decidir dejar inoperantes lo centros de trabajo en España para trasladar la producción a otras plantas situadas fuera del país.

No lo quieren admitir pero saben que, si no aumentan la carga fiscal a la clase media, una clase que siempre acaba siendo la más perjudicada, ni pueden endeudarse por encima de los límites que permita Europa ni tampoco pueden aceptar que el déficit público y privado se dispare por encima de lo que tolera la UE, lo máximo que podrían conseguir recaudar de más, agobiando a las empresas y atornillando el nivel de vida de los ciudadanos se ha calculado en unos 7.000 millones de euros de mayor recaudación para Hacienda y sin embargo, sólo el establecer en España una base mínima para todos los españoles que no tuvieran trabajo o lo que ganaran fuera insuficiente ya se ha calculado por encima de los 30.000 millones de euros. Y esto no contempla todas las ofertas de financiación que han venido prometiendo a todas las autonomías para conseguir el apoyo en esta sesión de investidura.

Y queda por saber, porque nadie quiere explicar nada, ¿cómo van a conseguir aprobar los PGDE (los del señor Montoro, renovados dos veces si, al parecer, no se ha hablado de esta cuestión para que quedara el compromiso de aprobarlos dentro de los pactos que han celebrado el PSOE con cada una de las comunidades autónomas? Otra incógnita importante porque si, cuando entre en funciones el nuevo gobierno y se ponga a trabajar en los del 2021, ¿deberá, de nuevo, negociar con cada una de las comunidades o partidos políticos con representación parlamentaria para que, en el Congreso de diputados, presten su aprobación a ellos?

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la rara impresión de que estamos asistiendo, en el congreso, a una operación perfectamente orquestada en la que el actor principal tiene un guion que le han preparado sus adláteres y una clac con instrucciones de que, cada dos frases que diga su jefe de filas, aplaudan con entusiasmo un minuto y, en las más sonadas, este minuto puestos todos en pie. Y una observación sobre el comportamiento del señor Pablo Iglesias en su turno de intervención en la sesión de hoy: ¿Se ha confundido respeto al papel que le corresponde en esta investidura? Se ha pasado todo el tiempo como si el que se investía era él, atacando sin consideración a la derecha y a lo que él denomina la ultraderecha como si la investidura fuera cosa de su partido. Se suponía que, aún que el contubernio ya esté pactado, que ya se hayan distribuido los ministerios que les corresponden y que sus arrumacos con Pedro Sánchez todavía siguen en fase de amor romántico; lo menos que se les puede pedir es que intenten disimular y la hagan alguna pregunta facilita al aspirante para que no se vea que ya todo está vendido y que, la patente de corso que se les ha atribuido en esta farsa, no les impide guardar las formas, al menos para que no nos acabemos creyendo que estamos ante un nuevo caso de amor apasionado. Pero, eso sí, si estuviéramos en la piel del nuevo aspirante a la investidura, nos guardaríamos muy mucho de tener cubiertas las espaldas no fuera que en unos meses Sánchez, respeto a su socio Iglesias, tuviera que repetir la famosa frase de Julio Cesar cuando fue apuñalado por Brutus: “Tu quoque, fili mi!”

Oramas se rebela contra su partido y votará ‘no’ a Sánchez: «Hoy se inicia la demolición de España»

OKDIARIO 5 Enero 2020

Ana Oramas ha dado la sorpresa de la tarde en el Congreso. Durante su intervención en la sesión de investidura de Pedro Sánchez, la diputada de Coalición Canaria anunció que votaría "no, no y no" al Gobierno socialcomunista, pese a que previamente su partido había anunciado la abstención. Un gesto de coherencia personal que le costará caro ya que su formación decidió después abrirle a la diputada un expediente disciplinario.

La cara de Sánchez era un poema. "No, no y no" le dijo Ana Oramas al Gobierno de Sánchez desde la tribuna del Congreso, complicando un poco más la débil aritmética parlamentaria con la que cuenta Sánchez para seguir en La Moncloa.

Oramas recordó que "hoy se inicia la demolición de la España que conocemos. Nunca jamás se había planteado una situación como la de hoy, una decisión culpa de la izquierda y de la derecha que lo permite. Señor Sánchez, ha pactado usted con los que quieren dinamitar la España de 1978. Usted no está cometiendo un error, usted está a punto de traicionar a toda la sociedad española".

"Se arrodilla usted ante el secesionismo, ha negociado con los partidos que declararon unilateralmente la república catalana y está dispuesto a abrir un diálogo bilateral entre España y Cataluña, el mayor triunfo para los secesionistas", ha proseguido Oramas para denunciar la estrategia política del futuro presidente del Gobierno.

También mencionó Oramas a Casado: "Usted es corresponsable de lo que está pasando, no se lave las manos como Poncio Pilato. Hablo por las mujeres y hombres que fueron a votarnos a un colegio electoral. No les voy a traicionar. No le vamos a permitir que chantajee a los canarios. Por eso voy a votar ‘no’ a la investidura".

Ha sido la sorpresa de la tarde, ya que se contaba con la abstención de Oramas. La decisión de los canarios era de gran importancia desde que el partido de Miguel Ángel Revilla, el PRC, comunicó que no apoyaría a los socialistas después del acuerdo con ERC.

Coalición Canaria abre expediente disciplinario a Ana Oramas por votar ‘no’ a la investidura de Sánchez
OKDIARIO 5 Enero 2020

Coalición Canaria (CC) ha anunciado que abrirá un expediente disciplinario a su diputada nacional Ana Oramas por votar ‘no’ a la investidura de Pedro Sánchez en contra del criterio de la dirección del partido, que había acordado por unanimidad la abstención.

A través de su cuenta oficial de Twitter, CC señala que "Ana Oramas será escuchada por adoptar una posición de voto contraria a la decisión del CPN. Coalición Canaria actuará con sus estatutos para las indisciplinas que se produzcan por cualquier militante del partido. Y máxime cuando la decisión ha sido por unanimidad de nuestro máximo órgano".

La dirección de Coalición Canaria había acordado el viernes por unanimidad abstenerse en la investidura de Sánchez. Sin embargo, cuando ha subido a la tribuna del Congreso, Oramas ha anunciado su decisión de votar en contra.

En una contundente intervención, ha afirmado: "Hoy se inicia la demolición de la España que conocemos". Oramas ha afirmado que Pedro Sánchez "aspira a ser presidente de España con el apoyo de quienes quieren destruir España. Usted quería un Gobierno gratis total, no le salió. Ahora está dispuesto a pagar el mayor precio que nadie pudo imaginar. Ha pactado usted con los que quieren acabar con la democracia del 78 y la monarquía parlamentaria, se arrodilla usted ante el secesionismo".

Las concesiones realizadas por Sánchez para que ERC facilite su investidura constituyen, según Oramas, "el mayor triunfo para los secesionistas y la mayor ofensa para el resto de Comunidades autónomas. Usted está dispuesto a traicionar a toda la sociedad española por un puñado de votos", ha añadido.

Ana Oramas ha sido coherente así con su intervención en la anterior sesión de investidura, cuando anunció que jamás apoyaría un Gobierno de Pedro Sánchez del que forme parte Podemos. Pedro Sánchez le ha respondido advirtiéndole de que su decisión tendrá consecuencias para Coalición Canaria (CC).

El gesto personal de Oramas no cambia, en cualquier caso, el resultado de la votación: Pedro Sánchez tiene garantizados en estos momentos 167 votos a favor frente a 165 en contra, por lo que salvo sorpresas de última hora podría ser investido presidente por mayoría simple el próximo martes en la segunda votación.

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La investidura de un traidor
OKDIARIO 5 Enero 2020

Pedro Sánchez, por si alguien tenía alguna duda, se ha retratado en la sede de la soberanía nacional. Lo ha hecho con delectación y mucha dosis de vanidad y soberbia. En cualquier caso, eso es lo de menos, porque lo fundamental es que ha apuntalado su proyecto de ruptura constitucional con el apoyo de los enemigos de España. La única reflexión que podía hacerse Sánchez y no se hará jamás es la de preguntarse cómo es posible que le merezcan mayor confianza los partidos que pretenden romper el marco constitucional que las formaciones leales con la Carta Magna.

El problema no está en la izquierda radical, los separatistas o los proetarrras, sino en el giro copernicano del socialismo y su máximo dirigente. Quienes no se sienten concernidos con España y los españoles no engañan, porque el único que ha engañado a España y los españoles, incluidos los propios votantes socialistas, ha sido Pedro Sánchez, cuya traición no tiene precedentes en nuestra historia democrática.

Lo que ha quedado claro es que el plan de ruptura constitucional forma parte de una estrategia trazada a conciencia, urdida no de forma sobrevenida y ejecutada por voluntad del presidente del Gobierno con el fin expreso de ocupar el poder. Nada ha sido improvisado, sino que responde a un movimiento planeado con la intención de perpetuarse en La Moncloa a través de una siniestra estrategia de retroalimentación de intereses entre el socialismo y las fuerzas contrarias a la unidad nacional.

Lo que ha hecho Sánchez ha sido bendecir a los enemigos de España y cargar contra quienes alertan del riesgo de fractura del marco constitucional. El golpe contra el Estado promovido por el presidente del Gobierno responde a la voluntad firme del secretario general del PSOE de abandonar el bloque constitucionalista para liderar el ominoso frente de los contrarios a la Monarquía constitucional.

Y lo ha hecho libre y conscientemente. El socialismo ha unido su destino a la izquierda radical, los separatistas y los proetarras para poner fin a la España que nació con la Constitución de 1978. Si no lo consigue no será porque no vaya a poner todo su empeño en tan siniestro objetivo, sino porque España y los españoles le doblen el pulso. Es el reto que tenemos por delante. Demostrarle que la dignidad nacional es más fuerte y más grande que su voluntad de traicionarnos.

Frente al nuevo Terror Rojo, España sólo resistirá unida
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 5 Enero 2020

La única posibilidad que tiene España de sobrevivir al golpe mortal que quieren asestarle el Felón y sus compinches es la unidad.

En uno de los mejores momentos de su resurrección parlamentaria, Pablo Casado le dijo al presidente Felón: "Su discurso da miedo". Y a las dos horas, Pablo Iglesias, ese resentido patológico con ínfulas de Lenin, añadió más razones para respaldar ese juicio. Porque lo que ambos han presentado en la moción de Investidura del gobierno socialcomunista es, simplemente, eso: un régimen de terror. Porque ellos no aspiran a ser un Gobierno, sino un régimen, cuya base es y sólo puede ser el Terror Rojo.

Sí, el mismo que reinó en España de 1936 a 1939 y que hace ochenta años derribó por la fuerza un socialista, Julián Besteiro, alzándose junto a la división del anarquista Cipriano Mera y el coronel republicano Casado, contra el Gobierno de otro socialista, Juan Negrín, en el que mandaba Moscú, y que quería prolongar una guerra perdida al precio de cientos de miles de muertos para enlazar con la Segunda Guerra Mundial. No sabía el ladrón que Hitler y Stalin ya habían pactado empezarla juntos, entrando a sangre y fuego en Polonia para repartírsela. Así, Stalin podía invadir los países bálticos y Hitler tomar Francia y los Países Bajos, sin preocuparse el monstruo rojo del monstruo pardo y viceversa. Dos años estuvieron así. Y si Hitler no hubiera invadido Rusia rompiendo su alianza, Europa sería hoy una granja nazi o un campo de concentración soviético. Libertad, ninguna.

El Ministerio de la Verdad del Doctor Fráudez
El programa económico que presentó ayer el Felón fue íntegramente comunista. Ruina asegurada. El Programa político, burdamente separatista. Y como la argamasa entre separatismo y comunismo es Podemos, no podía faltar la Cheka contra los enemigos del régimen. El mayor mentiroso de la historia moderna dijo que era intolerable cómo corría la mentira en España. Y digo yo que correrá para que él no la pille, porque, si la pilla, se la queda.

Sin embargo, cuando un gobierno de comunistas y separatistas, de la estirpe bildutarra, catanazi y bolivariana dice que alguien miente, lo que anuncia es que lo meterá en la cárcel. Y cuando un chulo de playa, un mussolini de Armani, dice que va a instalar un cordón sanitario "para las ideas, no para las personas", como repitió matonescamente, lo que anuncia es que a las personas que no renuncien a las ideas que a él o a sus socios comunistas y separatistas no les gusten, las liquidará; por lo civil, en la Sextapo; por lo penal, con unos jueces fuera de la Ley, ese molesto estorbo

Un gobierno esencialmente comunista
El ministerio de la Verdad que anunció Sánchez para perseguir la mentira, sin duda porque quiere ser el único con licencia para perpetrarla, fue una amenaza. El marqués de Galapagar, vicepresidente del "Gobierno dentro del Gobierno", como hace poco llamaba el Felón al grupo podemita, la convirtió en certeza. Y apuntó a los dos blancos de ese odio patológico que respira y que, a fuer de comunista, es liberticida: jueces y medios de comunicación, o sea, el imperio de la Ley y la libertad de opinión. Ya sabemos cuál será el corazón de este Gobierno infame, felón y traidor cuya tarea es destruir España: la represión. Y al frente de esa checa contra la media España que piensa, a la que la otra media odia, estará Pablo Iglesias.

No va ser un Gobierno dentro del Gobierno, sino el Gobierno mismo. Don Felón aspira a ser un Allende con suerte, un Dorticós sin Fidel Castro. Pero tiene de vicepresidente a un Che de mercadillo y no tiene al Ejército. No le va a salir barato el Golpe y no va a contar con la lealtad de quienes le desprecian. Y malo es que te desprecie Iglesias, pero que lo haga Rufián y se lo agradezcas es peor. Sucede que como los maltratadores que pagan en casa con la familia los desaires de oficina, seremos los ciudadanos y muy en especial los jueces decentes y los pocos medios de comunicación no comprados por el IBEX-35, como El País y La Ser, para defender el Golpe, los que pagaremos lo único que en Sánchez es cierto e indubitable: su ira.

Este Gobierno es comunista porque todas las medidas económicas anunciadas lo son, y porque la medida política esencial, que es saltarse la Ley, es el complemento necesario de una economía al estilo de Venezuela. Al final, el comunismo es mentira y terror, mentira en la oposición y en la propaganda y terror en el Poder y en su idea del consenso social: el miedo. Pero las dos herramientas son acabar con la propiedad y sometiendo la Ley al poder Político. Las dos proclamadas ayer como bases del Gobierno. No hay más alternativa que la resistencia, ni otra enmienda que a la totalidad.

La necesaria Unidad Nacional
Así las cosas, la única posibilidad que tiene España de sobrevivir al golpe mortal que quieren asestarle el Felón y sus compinches es la unidad. De los partidos, los medios de comunicación y de aquellos ciudadanos que quieren defender a nuestra Nación sirviendo al Estado de Derecho. Sobre todo, los que se mueven en el ámbito de la Justicia y del Orden Público. No hay duda de que para destruir España el Felón necesita la colaboración de jueces y fiscales corrompidos por su ideología o por el narco-dinero, que a no dudar y viendo quién está en la Vicepresidencia, fluirá abundantemente.

Cada obstáculo que, como la resolución de la Junta Electoral Central, se oponga a los planes de los golpistas apoderados del Gobierno de Madrid, reducirá el peligro de las bandas de Sánchez, que las acaudilla a todas pero que a todas debe obedecer, y acortará el tiempo que esta pandilla tiene para ejecutar sus designios. Marchena, el gran traidor a la causa de la Justicia en España, cuyos efectos de sometimiento a Sánchez ya están bien a la vista, tiene la ocasión en lo que debería ser mero trámite de respaldar a la JEC de poder practicar su deporte favorito, que es mirarse al espejo. Quiero decir que podría empezar a mirarse, porque ahora es como Drácula: no se refleja.

Para los jueces y fiscales que lo son y quieran serlo, aún al precio de su ascenso, tienen una ventaja conceptual para fortalecer su posición moral: el Poder revolucionario que va a consistir en un Gobierno contra el Estado se enfrenta al orden legal existente en su totalidad, en la forma y el fondo; a todas y cada una de las leyes; a los tres poderes justos y separados, incluido el Ejecutivo, que deja de serlo al invadir el Legislativo y matar el Judicial.
La indignidad de todos y cada uno de los socialistas

La lección de dignidad que dio ayer Ana Oramas en el Parlamento, la mínima acción de decoro que pidió Inés Arrimadas -también resucitada- al menos a uno, siquiera uno solo, de los diputados socialistas, confirmará el martes 7 que ninguno de ellos merece ser representante de la soberanía nacional. ¿Cómo pueden Margarita Robles, Josep Borrell y algún otro que pasa por español, prestar su voto a la liquidación de su país, sólo para conservar algo de poder dentro de esa siniestra y flatulenta nada llamada Pedro Sánchez?

La diferencia de este PSOE con el masónico de 1931, el golpista de 1934 y el criminal y guerracivilista del 36 es que, entonces, hubo un sector que se opuso a la criminal empresa de acabar con media España: fue el de Julián Besteiro, primero en la UGT y luego en el partido. El Ábalos de la época, que se llamaba Indalecio Prieto, prefirió unirse al golpista Largo Caballero y eso provocó el Golpe contra la República del 34, el robo de las elecciones del 36 y la guerra civil que buscaron y perdieron con deshonor. Pero incluso entonces hubo algún socialista en el poder o con algún cargo que mantuvieron viva la llama del servicio a la nación española. Besteiro de nuevo. ¿Hay algún Besteiro en el PSOE del Felón? Temo que ninguno.

La indignidad de Teruel Existe
Aunque irrisorio al lado de la fechoría del Felón, no es menos triste el caso de Guitarte, esa negación de la condición de representante de la soberanía nacional que se presentó a las elecciones, tras fracasar en la Chunta Catalanista -nada de aragonesista- tiene rechazar la lengua de todos los aragoneses para imitar simiescamente a la Esquerra Republicana de los Països Catalans, una de cuyas reivindicaciones es merendarse una parte de Huesca y otra de Teruel. ¿Para eso nacieron? ¿Y por eso, si el 7 votan al Felón, dejaran de existir para siempre, esas desventuradas siglas de Teruel Existe? ¿Pero cómo va a existir Teruel si deja de existir España? ¿Harán carreteras, aves, fibras ópticas y anchos de banda para Teruel el PNV, al ETA y ERC? ¿Las hará el Felón, investido con su minúsculo pero decisivo apoyo, cuando no ha cumplido nunca con nadie al que pudiera atropellar?

Guitarte, el chuntero nacionalista dizque aragonés, más catalanista que español, dice que le han prometido repoblar lo que llama -con palabras ajenas, porque el hombre no ha escrito nada interesante- la España Vaciada. De lo que se ha vaciado España, por lo menos en Teruel, es de inteligencia y de dignidad. El tal Guitarte, para engañar a mis paisanos, dijo que Teruel quería existir "como Revilla". Pues hasta Revilla lo ha dejado en evidencia. Todavía tiene una ocasión de arrepentirse. Si es decente la aprovechará. Si no, le dará muchas obras el PSOE, pero no va a poder acercarse al Torico. Las acciones tienen consecuencias. Y las traiciones, más.

Director de Es la Mañana de Federico.

Cuando te vuelves loco para mantener el poder
EDUARDO INDA okdiario 5 Enero 2020

Me temo muy mucho que la brutal detención de un ciudadano que portaba una bandera constitucional y gritó “¡Viva España!” ante la sede socialista de Ferraz es un símbolo y por ende un síntoma de lo que está por venir. No era un peligroso yihadista portando un cuchillo de escalofriantes dimensiones, ni un terrorista esgrimiendo un arma con siniestras intenciones y desde luego tampoco un franquista deseoso de vengar la exhumación del dictador. Nada que ver con el exquisito trato que se dispensa a los terroristas callejeros catalanes que cortan carreteras, el AVE o el aeropuerto de El Prat. O con quienes queman fotos del Rey, banderas constitucionales y ensucian con lazos golpistas la vía pública en Cataluña.

Las primeras consecuencias de la mayor ignominia en 42 años de democracia. Un botón de muestra light de lo que veremos y padeceremos en versión heavy. Las consecuencias de un pecado original que no es otro que el pacto de gobernabilidad con los comunistas financiados por las narcodictaduras venezolana y boliviana (esta última, afortunadamente ya extinta), con los golpistas catalanes y con esa repugnante Bildu que representa a quienes asesinaron a 11 socialistas y a otros 845 españoles.

Decía el general Fulgencio Coll y decía bien que la entente con ERC es un delito de traición que, en una democracia normal, le supondría un impeachment al presidente del Gobierno con mayores posibilidades de triunfar que ése al que está sometido Donald Trump. Aunque cierto es que aún no ha perpetrado ningún delito, y por tanto sería dudosa la imputación en estos momentos, la aplicación del contenido del compromiso supondría un delito de traición y otro de prevaricación como mínimo.

¿Acaso es legal la celebración de un “plebiscito en Cataluña” en el que se someterá a refrendo lo decidido en una “mesa de negociación bilateral”? ¿No es flagrantemente inconstitucional cambiar la ley para que sólo los catalanes decidan sobre un asunto que, Carta Magna en mano, deberían votar todos los españoles? ¿O es que no vulnera el Código Penal ese epígrafe del acuerdo que afirma que “se superará la judicialización del conflicto” y, consecuentemente viene a subrayar que el Gobierno, es decir, la Fiscalía, no perseguirá los delitos perpetrados por los golpistas de 2017 a esta parte? ¿Puede irse de rositas alguien que pacta con los bilduetarras la salida de la Guardia Civil de mi tierra, Navarra?

No menos ilegal es a mi juicio el “sí” del felón de La Moncloa al PNV para que el País Vasco y Cataluña puedan competir internacionalmente en todo tipo de disciplinas deportivas. Algo que en términos prácticos acabará por cargarse la potencia de fuego de nuestras selecciones nacionales en fútbol, baloncesto, tenis, balomnano, hockey hierba y tantos otros deportes. Constituye otro delito de marca mayor “adecuar el Estado para que País Vasco y Cataluña sean naciones”. Una decisión en sintonía con las tesis del tan jeta como analfabeto funcional de Miquel Iceta, al que “le salen ocho o nueve naciones en España". Un imposible físico y metafísico en estos momentos dado que para reformar la Constitución son necesarios los votos de tres quintos de la Cámara y PP, Vox y Cs ya han dicho que nones.

Por no hablar de lo que se atisba en lontananza con esa “Ley contra la desinformación” que ha anunciado Sánchez en la tribuna de la Carrera de San Jerónimo. Norma que, obviamente, está diseñada para combatir a los disidentes en general y más concretamente a OKDIARIO. Para decidir qué es verdad y qué no, como en los mejores tiempos de la tenebrosa Unión Soviética. El orwelliano Ministerio de la Verdad que urde Pablo Iglesias arremeterá básica y obsesivamente contra este proyecto de libertad. Tiempo al tiempo. Las posibilidades de supervivencia del sistema democrático y de la libertad de expresión van a ser directamente proporcionales al valor de un Poder Judicial que en este envite será el único capaz de parar el amordazamiento que nos prepara esta gentuza.

Ya en el terreno puramente programático, tan legítimo como cualquier otro, las medidas económicas que le ha sacado Podemos al PSOE nos abocan a un zapaterazo de tomo y lomo. Pedro Sánchez, el presidente fake, el ladrón de doctorados en Economía, se va a superar a sí mismo, a esos 19 meses de Gobierno en los que el Reino de España ha perdido un punto y pico de PIB esfumándose 13.000 millones de riqueza. La brutal subida de impuestos, que casualmente se corta en el tramo en el que tributan Pablo Iglesias y su compañera de casoplón, volverá a surtir el mismo efecto bumerán que todas las anteriores. Todo mi apoyo a la prohibición de las amnistías fiscales anunciada por Sánchez. Eso sí, el embustero de él circunscribió esta vomitiva figura jurídica al Gobierno de Rajoy, olvidando que el PSOE ha llevado a cabo tres en democracia (dos con González y una encubierta con Zapatero). Es decir, más que nadie.

Otra tragedia es la derogación de la reforma laboral de esa gran ministra que fue Fátima Báñez. El milagro de Fátima, imitado por el Gobierno socialcomunista portugués y por el Ejecutivo liberal francés, provocó la creación de más de 2 millones de puestos de trabajo. Dios quiera que me equivoque pero su abolición provocará el efecto contrario en forma de desempleo masivo y desolación para cientos de miles de familias españolas. La limitación de los alquileres se cargará el mercado inmobiliario, uno de los sostenes de nuestra economía, en menos de lo que canta un gallo. Los grandes fondos mundiales están dejando España a la carrera al modo que lo hacen los vecinos cuando su inmueble estalla en llamas. La pobreza que tanto anhelan los Ceaucescu de Galapagar para recuperar el esplendor de los 72 diputados y las posibilidades de ejecutar el sorpasso al chulo de Pedro Sánchez está garantizada.

Peor aún que todo lo anterior, excepción hecha del referéndum a la carta de los golpistas, es la invasión definitiva del Poder Judicial. Por cierto, el mismito camino que emprendió Hugo Chávez en Venezuela cargándose sin miramientos, lenta pero decididamente, el Tribunal Supremo. La prostitución de la Abogacía del Estado, con la vicepresidenta del Gobierno supervisando el dictamen sobre Junqueras, es la prueba del algodón de la muerte de Montesquieu en este país que pronto dejará de llamarse España. La inminente amnistía de Junqueras y demás golpistas será el chuleo definitivo a un Alto Tribunal que perdió muchos puntos con una sentencia del 1-O que envalentonó a los independentistas y allanó el camino a Pedro Sánchez.

Que Pedro Sánchez es un mentiroso, un chulo, un jeta, un plagiario, un mediocre y un censor ya lo sabíamos. Aparentemente nada letal. Lo que nunca pensamos es que los que sostenían que tras ese rostro de galán de cine (“El guapo” le llaman sus adversarios orgánicos) y esas maneras falsamente amables se escondía un tríope tuvieran razón. En técnica psiquiátrica, se define de esta manera a las psiques tres en uno que contienen rasgos narcisistas, maquiavélicos y psicopáticos a nivel subclínico. Como quiera que yo no soy Freud ni Enrique Rojas, tampoco Luis Rojas-Marcos, María López-Ibor o Celso Arango, lo simplificaré: el presidente del Gobierno se ha vuelto loco con esta cesión que nos retrotrae al espíritu del 36, asesina el Pacto de la Transición y siembra de dinamita la unidad de España. Todo sea con tal de mantener el Falcon, el Súper Puma, el Airbus, el Palacio, los mayordomos y las infinitas prebendas que conlleva el cargo. Sus exitosos retoques médicos le permitirán esconder los agujeros estéticos pero no los socavones éticos. Acabará mal. Muy mal. La gran duda es si será antes o después de haberse llevado por delante a la segunda nación más antigua de Europa.

Las mentes vacías, las neveras llenas
Jesús Cacho. vozpopuli 5 Enero 2020

Circula estos días por las redes un viejo vídeo que tiene como protagonista a José María Gil-Robles, en el que el político de la CEDA se explaya a gusto sobre las debilidades esenciales que advertía en el texto constitucional que en 1978 estaba a punto de aprobar el Parlamento: “Para mí hay tres puntos que son difícilmente admisibles en el proyecto: el primero, la enseñanza. La Constitución no garantizará la verdadera libertad de enseñanza, aquella que permite a los padres escoger el colegio que quieren para sus hijos. Ese derecho en la práctica lo tendrán los padres que tengan medios económicos suficientes, frente a quienes no los tengan. En segundo lugar, encuentro un peligro muy grave en el reconocimiento constitucional de las nacionalidades (…) lo que puede traer como consecuencia una serie de pretensiones de tipo secesionista que de ningún modo puedo considerar admisible. Y, en último, creo que la Constitución establece unos mecanismos de relación entre los poderes del Estado que acabarán porque no exista en España una democracia sino una partitocracia, es decir, el triunfo de los partidos políticos, equivalente de hecho al triunfo de la minoría que mangonea esos partidos a base de una mayoría de diputados sumisos y transigentes, y una opinión pública totalmente marginada”. La verdad es que Gil-Robles lo clavó.

Lo clavaron también muchos otros, voces que clamaron en el desierto al advertir del huevo de la serpiente que el texto llevaba en su seno desde su nacimiento, a cuenta particularmente de las “nacionalidades”. Uno de los que con más fundamento lo argumentaron fue Julián Marías. “España ha sido la primera nación que ha existido, en el sentido moderno de esta palabra; ha sido la creadora de esta nueva forma de comunidad humana y de estructura política, hace un poco más de quinientos años. Antes no había habido naciones”, escribió el 15 de enero de 1978 en El País. “Políticamente, las expresiones «Monarquía española» y «Nación española» han precedido largamente a «España», como se refleja en “El Tesoro de la lengua castellana o española”, de Sebastián de Covarrubias (1611)” (…) “Según el texto constitucional hay en España dos realidades distintas, a saber, «nacionalidades» y «regiones». En una Constitución, habría que decir cuáles son esas regiones. Pero lo más importante es que no hay nacionalidades -ni en España ni en parte alguna-, porque «nacionalidad» no es el nombre de ninguna unidad social ni política, sino un nombre abstracto, que significa una propiedad, afección o condición” (…) “Es decir, España no es una «nacionalidad», sino una nación. Los españoles tenemos «nacionalidad española»; existe la «nación España», pero no la «nacionalidad España» ni ninguna otra”.

De aquellos polvos, estos lodos. De aquel “café para todos”, ese “Estado de las Autonomías” con el que los autores de la Constitución, con Adolfo Suárez al frente, pretendieron escamotear la realidad de las llamadas “nacionalidades históricas” catalana y vasca. Hoy, el Estado autonómico se ha convertido en un paquidermo imposible de financiar salvo en épocas de boom económico, sin haber sido capaz de satisfacer o aplacar las aspiraciones de los nacionalismos catalán y vasco que, en un ejercicio de radical deslealtad para con el texto que contribuyeron a alumbrar [“Votadas las autonomías”, decía Azaña en uno de sus celebrados discursos, “el organismo de gobierno de la región es una parte del Estado español, no es un organismo rival, ni defensivo ni agresivo, sino una parte integrante del Estado de la República Española. Y mientras esto no se comprenda así no entenderá nadie lo que es la autonomía”], se han dedicado a tironear la democracia con la ayuda inestimable de una Ley Electoral fuente constante de inestabilidad, en un ejercicio que a la traición constitucional ha unido una voracidad económica insaciable.

Cortocircuitado el proyecto Ibarretxe, el problema catalán estalló con fuerza al socaire de la mayor crisis económica conocida por nuestro país en muchos años. Crisis económica que vino a enmascarar una crisis política e institucional de carácter terminal, crisis de agotamiento del modelo político salido de la Transición, herido de muerte por la corrupción de una clase política que “ha desarrollado en las últimas décadas un interés particular, sostenido por un sistema de captura de rentas, que se sitúa por encima del interés general de la nación” (César Molinas). Sin auténtica separación de poderes, esa corrupción ha sido el pedernal que ha ido desgastando los perfiles de una democracia anémica y mal servida por la ausencia de instituciones y organismos de control independientes del Ejecutivo, capaces de haber metido a tiempo en la cárcel a los grandes ladrones. Corrupción del felipismo y corrupción no menor del rajoyismo. Majestuosa corrupción en el caso de Juan Carlos I, la mancha de aceite que desde lo más alto salpicó a toda la sociedad. Corrupto régimen clientelar en el País Vasco donde es imposible vivir, incluso pensar, al margen del PNV, y corrupción al por mayor (“Vostès tenen un problema i aquest problema es diu 3%”) en el caso de los nacionalistas catalanes, para bien y para mal los más españoles de entre los españoles.

Un ladrón llamado Pujol
Cualquier movimiento político o social con pretensiones hegemónicas hubiera quedado desacreditado, desarticulado para siempre, en el momento mismo en que su fundador, Jordi Pujol i Soley, inventor de la patria catalana (su “Programa 2000”), reconoció a cara descubierta su condición de defraudador a la Hacienda Pública, su esencia de vulgar ladrón, con una fortuna escondida en el exterior de cientos, algunos dicen que miles, de millones. No ocurrió así. Porque el “Movimiento Nacional” (suprema ironía posfranquista) catalán se ha convertido en una religión, con una feligresía inasequible a las contradicciones de esa oligarquía xenófoba y trincona de derechas que lo maneja a su antojo, que da empleo público a 250.000 personas-familias, y que en un momento determinado decidió que no quería ir a la cárcel, optando por romper la baraja para poder contar con “Estadito” propio y jueces a la carta nombrados por ellos mismos.

En esa batalla estamos, con mayor virulencia que nunca desde la Diada de 2012. En el punto más bajo de la crisis política aludida, que en esencia es crisis terminal de esa partitocracia (“Los partidos se apoderaron del poder político del Estado, y es el poder político el que concedió las libertades”, Antonio García-Trevijano) que ya en 1985 decidió acabar con la división de poderes y que ha terminado por fagocitar las instituciones. Los partidos se han convertido en estructuras de poder férreamente jerarquizadas, casi en sociedades anónimas comandadas por un CEO todopoderoso –y cada día más pedestre, más culturalmente inane- que reparte canonjías y que, sobre todo, “otorga” las listas electorales de las que dependen los garbanzos de una serie de políticos que lo pasarían mal para encontrar empleo en el sector privado. El riesgo de que un aventurero sin escrúpulos llegara un día a hacerse con el poder en una de esas grandes estructuras de tinte mafioso, caso del PSOE, haciendo saltar por los aires el sistema, era evidente. Es lo ocurrido con Sánchez Pérez-Castejón, un tipo acostumbrado a mentir con desahogo, un lego sin ideología conocida, pendiente solo de dar satisfacción a su enfermiza ansia de poder. Sánchez ha desnaturalizado al PSOE que conocimos en la Transición hasta el punto de que el partido que él controla con mano de hierro no se parece en nada al de Felipe González. Este golpista vocacional ha sacado al PSOE del banco constitucional para inscribirlo en la banda que hoy forman los enemigos de la Constitución.

Bien es cierto que el último intento de cuadrar su sueño cesarista se saldó con la pérdida de 800.000 votos y tres escaños, pero este PSOE largocaballerista sigue siendo el partido más votado en España, aunque apenas lo haga el 65% de los que en octubre del 82 lo hicieron por Felipe. Le vota una sociedad víctima del desastre educativo sobre el que advirtió Gil-Robles. Una Educación que prima la servidumbre voluntaria frente al pensamiento crítico. Una sociedad víctima propiciatoria de unos medios mayoritariamente controlados por la izquierda y de la basura televisiva que diariamente expelen canales como Telecinco, propiedad de unos italianos que los jueves se mudan a Milán para pasar el fin de semana. Una sociedad sobre la que han caído como lluvia ácida las nuevas ideologías –nuevas religiones- que el mendaz Zapatero (un tipo que se está haciendo rico en Venezuela como intermediario entre Maduro y empresas de medio mundo) esparció por España a partir de 2004. Una sociedad infantilizada, incansable en sus demandas al Estado benefactor, reacia a asumir obligaciones, reñida con cualquier pensamiento liberal. Sociedad de siervos vocacionales, enemiga del “paso erguido del hombre libre” de Bloch. Las mentes vacías, las neveras llenas.

Tiempo de caciques locales
A picotear en el cuerpo exangüe de nuestra desacreditada partitocracia acude ahora toda clase de cuervos ávidos de sacar tajada. Justo castigo a la socialdemocracia, de derechas y de izquierdas, que ha gobernado este país desde la muerte de Franco y que se ha mostrado incapaz de regenerarse desde dentro. Caciques locales, como los de Teruel Existe, lugareños avispados dispuestos a labrarse un futuro sobre las aspiraciones de la pobre gente olvidada, ajena al cogito ergo sum. Epígonos del cántabro Revilluca encantados con la idea de hacerse famosos sobre los tablaos de Telecinco y La Sexta. Detrás de los de Teruel vienen los caciques de Soria, los de León (“Si todo el mundo tiene su chiringuito, León tiene más derecho que nadie”), los de Cartagena (contra Murcia), los de Linares (“Jaén nos roba”), los del Bierzo y los que caigan. Todos dispuestos a unirse al cortejo que encabezan los separatismos catalán y vasco, enemigos de la unidad y la igualdad entre españoles. España en almoneda.

La irrupción en tromba de este buscavidas de la política apellidado Sánchez anuncia el fin del sistema político de la Transición y su sustitución por otro cuya esencia desconocemos pero cuyos perfiles imaginamos. Fin de trayecto. El de ayer fue el discurso de un liberticida dispuesto a la consolidación mostrenca de las dos Españas, la España partida en dos bloques irreconciliables. Con su habitual desparpajo, trató de vendernos las bondades del programa electoral de Podemos, escrito al alimón con ERC, destinado a convertir España en una granja orwelliana cinco estrellas al modo nórdico y a base de dinero público para todos que nadie sabe de dónde saldrá (porque los ricos ya han puesto el suyo a buen recaudo), aunque lo sospechamos, y que más pronto que tarde terminará por arruinar la economía española para hacerla más cercana a Venezuela que a Dinamarca. Cuidándose mucho de contar la verdad sobre los verdaderos pactos alcanzados con ERC y Bildu, a quienes en poco tiempo podría perfectamente dejar en la estacada. Como un anticipo de lo que nos espera, las cámaras del Congreso que ayer retransmitían la señal (controladas por una filial de Mediapro, el holding del Jaume Roures financiador del separatismo catalán) se dedicaron a desacreditar el discurso del líder del PP enfocando de forma reiterada las risitas despectivas de Sánchez mientras aquel hablaba. Nunca unas muecas mostraron tanto desprecio y dieron tanto miedo. He ahí a un tipo dispuesto a gobernar para media España contra la otra media. Malos tiempos para la libertad.

Emergencia nacional
EDITORIAL Libertad Digital 5 Enero 2020

Este sábado, en la sede de la soberanía nacional, Pedro Sánchez ha dejado ominosamente claro que, a día de hoy, él es la más grave amenaza para el orden constitucional y su régimen de libertades. Haciendo suyo el discurso, el lenguaje y las justificaciones de sus socios o más bien cómplices de ERC –incursos en un golpe de Estado que tiene por más reciente entrega la escandalosa ratificación del inhabilitado Quim Torra como presidente de la Generalidad por parte del Parlamento regional de Cataluña–, el indigno candidato socialista a la Presidencia del Gobierno se ha humillado ante los enemigos declarados de la Nación y perpetrado un discurso para regalar los oídos a los liberticidas de Podemos que hasta hace dos días le quitaban el sueño y afrentar a las formaciones del centro-derecha, cuyos representantes han estado a la altura de las circunstancias y vapuleado al Gran Felón, que está protagonizando una de las páginas más negras de la historia de la España democrática.

Así, al Sánchez que tenía la indecencia de proclamar que "no se va a romper España [ni] la Constitución" y que "se equivocan gravemente quienes ponen en duda el compromiso de la izquierda con España" –y que como los terroristas de ETA ayer y los separatistas catalanes hoy pide someter y amordazar a la Justicia para resolver mediante un "diálogo" orwelliano lo que, dice ahora, es un "conflicto político"–; a semejante traidor capaz de pasar por encima de todo, empezando por la sangre de los socialistas asesinados por el terror nacionalista, tanto Pablo Casado como Santiago Abascal e Inés Arrimadas le han retratado como el peligro público que es y le han puesto frente a su tremenda responsabilidad por dejar el destino de la Nación en manos de comunistas, proetarras y golpistas en ejercicio. "No le voy a preguntar cuándo se jodió el Perú, le voy a preguntar cuándo se jodió el socialismo constitucional", le asestó en un momento dado un brillante Casado que también le acusó de haber resucitado el procés después de que fuera "derrotado judicialmente" (cómo extrañarse, siendo Sánchez el más fiel discípulo del infausto José Luis Rodríguez Zapatero, el resucitador de ETA), así como de hacer oportunismo de la peor estofa a la hora de hablar de España: "Ojalá fuera usted la mitad de patriota que el señor [Albert] Rivera, no le llega usted ni a la suela del zapato", le retrató, en un emotivo gesto de reconocimiento hacia el exlíder de Ciudadanos, que ya alertó en julio del "plan" de la "banda" de Sánchez para liquidar el orden constitucional.

En cuanto al líder de Vox, denunció que lo que se estaba viviendo en el Congreso de los Diputados no era una sesión de investidura sino una "emboscada a la Constitución" comandada por una "persona sin escrúpulos", un "Tirano Banderas" del que no se fían ni sus propios compinches separatistas, "por eso le piden que cumpla a toda prisa los acuerdos infames a los que han llegado". Abascal no quiso dejar pasar la oportunidad de dirigirse a Tomás Guitarte, el único diputado de la formación de nuevo cuño Teruel Existe, cuyo voto se presume trascendental en la jornada del próximo martes: "Ninguna migaja ni mendrugo o festín que le ofrezcan justifica una traición a España, porque España también existe", le encareció. Pero cuando le llegó su turno de intervención Guitarte no hizo otra cosa que lloriquear, lamentarse de las presiones que dice estar sufriendo y hacerse la víctima. Guitarte, en fin, demostró no ser ni parecerse a Ana Oramas, la diputada canaria que anunció que romperá la disciplina de su partido y votará no a Sánchez por la más elemental de las razones: "No pienso traicionar a este país ni a sus ciudadanos". Así que habrá que temerse lo peor de este advenedizo que quizá tenga el futuro de la Nación en sus manos.

Por lo que hace a Inés Arrimadas, expuso de manera demoledora la hipocresía de un Partido Socialista conchabado con quienes abogan por institucionalizar la desigualdad entre individuos y territorios o incluso pretenden convertir a millones de españoles en extranjeros en su propio país. E invocando el ejemplo de Oramas urgió a los parlamentarios del PSOE a hacerse cargo de la gravedad extraordinaria de la situación y dar el decisivo, patriótico paso al frente de decir no al Gran Felón: "¿No hay un solo socialista valiente dispuesto a frenar a Sánchez para abrir la vía constitucionalista? ¿Ni uno?". El martes saldremos de dudas. El martes quedarán definitivamente retratados estos 120 representantes del pueblo español, al que Sánchez y su banda de separatistas pretenden despojar de la soberanía nacional.

"Ahora sólo importa España y España no se va a rendir": ojalá algún diputado socialista haga suya esta frase de ese Pablo Casado que tuvo la grandeza de homenajear a un rival político como Albert Rivera y de evocar a una socialista admirable como la matriarca de los Pagaza para que el partido de Joxeba no cometa el peor y más imperdonable de los errores: "A sus pasos los llamarán valientes. ¡Qué solos se han quedado nuestros muertos!".

Impresión: imparable caída del doctor ‘cum fraude’
Carlos Dávila okdiario 5 Enero 2020

La impresión muy generalizada en el Parlamento, incluidos socialistas presentes (algunos) y ausentes, es que el declive, la cuesta debajo de Sánchez, el doctor ‘cum fraude’, ha dibujado en esta insólita investidura una etapa definitiva. Su discurso en principio pareció como retrataba la secretaria de Organización del PP, Ana Beltrán: “El latazo de un maestro ciruela”. Se refería sin duda Beltrán a ese clásico de la imaginería clásica que puso una escuela y no sabía leer. Sánchez, en otro rasgo tópico de los ufanos falaces, se ha presentado esta vez como un moderado pretencioso que, en contraposición, ha apostado por un programa radical, trufado de independentismo barrenero y de leninismo de ‘soviet’ caribeño.

El presidente, ya por poco tiempo en funciones, disimuló en lo posible este pacto con los segregacionistas y se empleó en afear al PP sus pobres y últimos resultados electorales (él, se lo recordó Casado, los tuvo en principio peores) y a Vox su pertenencia a una ideología pasada y fustigadora de la mejor modernidad. En ningún momento Sánchez tuvo la delicadeza de explicar al personal español qué es lo que ha pactado con los Junqueras y Torra, tampoco con Iglesias, porque su decálogo de acuerdo con los leninistas no es más que un remedo de propósitos ambiguos, cuya única clarificación es ésta: que se va a cargar la reforma laboral de Fátima Báñez, y que va a apretar la cintura fiscal de los ciudadanos hasta su más miserable asfixia fiscal. Y a propósito, ¿saben los españoles, también los socialistas que han votado a Sánchez, lo que les va a costar esta pirueta sanguinaria que va a aplicar sin recato? Pues, en opinión de “casi” todos los economistas (no hay que referirse a los que están en la nómina de La Moncloa) más allá de los 35.000 millones de euros. Una bagatela para que Sánchez continúe tirando con la pólvora del Rey.

La impresión universal es que Sánchez lo ha pactado todo. En resumen: mucho más de lo que aparenta haber acordado. Él no tuvo la gallardía de exponer en la sede de la soberanía nacional en qué consiste el referéndum de independencia que es, con toda seguridad, lo que ha comprometido con Esquerra. Pero tenemos una pista: los periódicos catalanes, ¡no hablamos ya de las radios y las televisiones! han reconocido, unos subrepticiamente, otros bien a las claras, que esta consulta será “sólo” para catalanes y que en ella se dilucidará el futuro político de Cataluña. Este Sánchez no es ya que se haya contagiado del léxico del separatismo, “conflicto político” por ejemplo, sino que, con mucha mayor gravedad, ya ha advertido que la política, el habla de diálogo, está por encima de la ley, es decir: lo mismo que vienen sosteniendo los sediciosos para los cuales el Derecho no es más que un molesto amuleto al que hay que tirar cuanto antes al río más próximo. O sea, la judicialización al carajo; la impunidad ha hecho carne. Eso es, o será, prevaricación.

Tal es el escándalo que a última hora y contra todas las informaciones que suponían su colaboración con la feloncía de Sánchez, Ana Oramas le dijo un NO rotundo, pleno, de los que escuecen para siempre a Sánchez. Oramas, en un discurso nacional y no nacionalista, produjo la indignación en el socialismo cómplice del independenismo y el aplauso de todo el cenro derecha. Oramas volvió a ser ella. Hasta Batet en la Presidencia torcía el gesto como diciendo "¡Válgame Dios!". Penosa la conducta de Meritxell Batet, la acólita del este presidente en descomposición, que atendía de mala gana las instrucciones del dúo impertinente Sánchez-Calvo que, en cada momento, ordenaba a la pésima presidenta cómo tenía que actuar.

Pese a estos gestos de jerarquía íntima, el cuesta abajo en la rodada de Sánchez es más que un deseo tangible también en el feudo socialista; es una constancia para cerrarse en poco tiempo. Fíjense en esta reflexión de un periodista de antigua filiación socialista que, tras soportar, entre pasmado e irritado, las intervenciones de Sánchez, concluía de esta forma: “No se le puede aguantar; ni nosotros, ni los barones que sólo están esperando a constatar cómo este Gobierno impresentable se mete un tortazo de muerte”. Y terminaba: “Esperemos que no les dé tiempo a hacer demasiado mal”. Aquí sólo queda añadir: por la transcripción.

La investidura del mendigo
Javier Somalo Libertad Digital 5 Enero 2020

La derecha, brillante en los discursos, contundente en los argumentos, demoledora en las réplicas, ha perdido mucho tiempo mirándose los escaños

La infame sesión de investidura que tendrá en vilo a España en la Noche de Reyes es un oscuro boceto de la serie negra que nos espera. Pocas veces la ambición de poder ha supuesto tanta humillación ante tan grosero chantaje.

Cayetana Álvarez de Toledo pidió que se leyera públicamente el acuerdo alcanzado entre el PSOE y ERC antes de iniciar el Pleno de investidura ya que era pertinente conocerlo. La presidenta de la Cámara, Meritxell Batet, zanjó la solicitud diciendo que "es de sobra conocido". Desde luego que lo es, pero si la investidura de un presidente pende de un acuerdo que cambiará por completo la estructura de España, lo lógico era que constara en acta la petición de su lectura pública, que la Historia se escribe a diario.

Tras la denegación, Batet dio la palabra al candidato Sánchez Pérez-Castejón. Ovación estalinista de entrada con la ya entusiasta bancada comunista de Pablo Iglesias en pie. En el discurso todo quedó claro y resumido en una frase: "La ley, por sí sola, no basta". Todo un lema de gobierno para "superar", dijo Sánchez, "el conflicto político que lesiona Cataluña". Después de esto, hablar de cambio climático o digitalización resulta absurdo, casi insultante.

Además del anuncio del sacrificado voto negativo personal de Ana Oramás, que le puede costar la suspensión, destacó por su brillantez el discurso, y sobre todo las réplicas, de Pablo Casado. Acertado en fondo y forma, el líder del PP puso en serios aprietos a un candidato incapaz de salirse del guion con el que debe satisfacer a comunistas, independentistas, proetarras, regionalistas y provincialistas… lo que España ha votado para gobernar, según sostiene aún el pobre ponente. A lo intachable del discurso de Casado sólo le falta continuidad y su reflejo en hechos cotidianos. Si ese es el tono, no se entiende que se pregunten si es más o menos radical que antes. Es el único posible. Y eso conlleva una enorme responsabilidad.

Santiago Abascal volvió a estar contundente en lo que a Historia socialista se refiere –la que se oculta en la Ley de Memoria– sobre todo, en su vertiente criminal tal y como figura en las actas del Congreso desde los años de Pablo Iglesias Posse. Tantas veces se ha escondido que todas las ocasiones que sirvan para recordarlo serán pocas. La intervención del líder de Vox también retrató al Sánchez más barriobajero, quizá el más auténtico de todos sus perfiles.

El otro Pablo Iglesias, Turrión, habló desde el Poder y como temible adelanto de lo que será su venganza si se consuma la investidura. Volvió al ceño violento y al señalamiento pero ya como vicepresidenciable de aquellos que, según él mismo, usaban la cal viva.

Lanzó avisos a los "poderes económicos y sus terminales mediáticas" aunque no se refería a Roures. Adelantó que "habrá algaradas callejeras" y hasta "puede que también haya algunos togados que pongan por delante su ideología reaccionaria respecto al derecho". Dice que todo ello se responderá "con la ley, con la ley y con la ley". Y ya sabemos qué es la ley para un bolivariano de nómina. Sólo falta sospechar en quién puede recaer la cartera de Justicia pero parece que será otro "éxito garantizado".

Mientras los diputados socialistas nacionales atendían a otro Pleno –el de Cataluña– con un presidente inhabilitado pero en plena forma golpista, para saber si pasan a la final, llegó el turno de Gabriel Rufián: "Si no hay mesa no hay legislatura", dijo el de ERC tras mucho y torpe adorno. Es decir, si no hay garantías de referéndum de independencia en Cataluña, si no hay rendición completa y consumación del golpe, no hay Moncloa. Por eso Sánchez atendía a Rufián con cara de miedo, sin medias sonrisas ni poses de galán de bolera. Después del susto canario, Teruel existe –y tiembla– más que nunca ¡y que viva Rufián! por los años compartidos "en el exilio republicano" y supongo que por los descerrajados en la década de los treinta… el Falcon bien vale una antológica humillación.

Inés Arrimadas, por mermado que esté su partido en el hemiciclo y por muchas burlas que haya suscitado por parte del asfixiado candidato, lanzó un demoledor discurso sin papeles contra la investidura de la infamia. Intachable y necesario.

Hasta el martes 7 de enero no sabremos si el mendigo del poder consigue limosna suficiente. Pero consta en acta que es a España a la que Sánchez pone de rodillas. La derecha, brillante en los discursos, contundente en los argumentos, demoledora en las réplicas, ha perdido mucho tiempo mirándose los escaños en el momento en el que la izquierda irresponsable más ansía una revancha.

Si lo de este sábado sirve para una reflexión a la altura de la gravedad, quizá no sea tarde para España aunque el pobre Sánchez, sumiso con los golpistas y chulo –no hay otro adjetivo– con los constitucionalistas consiga mantener las llaves del Falcon en el bolsillo.

Lo único que importa es la ciudadanía
Rosa Díez okdiario 5 Enero 2020

Basta con transcribir algunas frases del discurso de investidura de Pedro Sánchez para que seamos conscientes de la apuesta por la ruptura del orden constitucional que inspira a quien presidirá el próximo Gobierno de España.

Sánchez comenzó su intervención mintiendo al aseverar que los españoles hemos elegido ese gobierno que él se dispone a presidir. Mentira: esa coalición de gobierno con los populistas bolivarianos de extrema izquierda que defienden las dictaduras de Irán, de Venezuela o de Cuba lo ha elegido él. Ese gobierno apoyado por los bildu-etarras que siguen defendiendo la historia de terror de ETA y que homenajean a los asesinos de ciudadanos inocentes que murieron por defender la democracia que Sánchez pretende pisotear, lo ha elegido él. Ese gobierno apoyado por los delincuentes sediciosos y ladrones, condenados en firme por los tribunales de justicia por graves delitos contra la democracia, lo ha elegido él. Ese gobierno apoyado por el PNV merced a un pacto el que Sánchez ha acordado expulsar a la Guardia Civil de Navarra o que va a adecuar las instituciones del Estado a la idiosincrasia del nacionalismo vasco, lo ha elegido él.

Sánchez siguió su intervención atacando a la oposición y calificando de “zancadillas “ las ultimas resoluciones judiciales. El modelo de Sánchez es un país en el que no existe ni oposición ni separación de poderes; el modelo de Sánchez es el del caudillo Chávez, el de Mussolini y, por cierto, el de Franco. Desenterrado Franco, un nuevo caudillo “de izquierdas” ha llegado a España. Se llama Pedro Sánchez. Y como al anterior no le gustan los medios de comunicación críticos con su régimen, no le gustan los tribunales de justicia y no le gusta la oposición.

Sánchez ha defendido en su discurso la idea que manejan los golpistas para declarar su impunidad ante las leyes democráticas: que los Tribunales no perseguirán a los delincuentes si estos son políticos en ejercicio. Por eso el candidato del PSOE ha explicado (vergüenza da hasta decirlo) que ha pactado con el partido del delincuente Junqueras para “devolver a la política un conflicto político y dejar atrás la deriva judicial”. Relean: el candidato del PSOE que presidirá el Gobierno de España ha llamado “deriva judicial” a las resoluciones de los Tribunales de Justicia. Cuando Torra decía eso Sánchez le llamaba el Le Pen español…

Otro párrafo alucinante de la intervención de Sánchez- verdaderamente sorprendente para alguien que como yo ha mamado las ideas de la izquierda, que es socialdemócrata y que ha sido educada política y democráticamente en la idea de la igualdad de derechos entre los ciudadanos- es su afirmación de que en España hay “diversidad de identidades”, y que por eso le gustan las Autonomías. Escuchar a un socialista defender las “identidades” (que es la manera moderna de definir la raza, esa idea supremacista que ha costado millones de muertos a lo largo de la historia de la humanidad) es un contrafuero, porque no hay nada más casposo ni más reaccionario que la apelación a la identidad.

Claro que en España hay multitud de identidades: más de cuarenta millones de identidades, tantas como españoles. Pero la única identidad que importa en democracia es la ciudadanía, que es única y que no tiene nada que ver con las identidades que defiende Sánchez y sus socios supremacistas catalanes y vascos.

El discurso de Pedro Sánchez podría resumirse en una de sus frases más determinantes: “La ley por si sola no basta”. ¿No? ¿Y cual es la alternativa a un gobierno basado en el respeto a las leyes? ¿La sublevación golpista? ¿El despotismo? ¿El imperio de la ley del más fuerte? Todos los totalitarismos han comenzado por el desprecio al imperio de la ley. Después llegó la deslegitimación de los Tribunales de Justicia. Y, finalmente, el golpe. Este es el espíritu del discurso de Pedro Sánchez.

Estamos en un momento crítico para la democracia. Se que al decir esto me arriesgo a que los socialistas me amenacen con llevarme ante los tribunales de justicia, esos tribunales a los que Sánchez quiere liberar de la obligación de juzgar a sus socios de gobierno, esos que hoy mismo advierten que repetirán los delitos de sedición y latrocinio. Pero tenemos la obligación de hablar alto y claro respecto de lo que está pasando en España y sobre lo que aventura el hecho de que el candidato del PSOE, Pedro Sánchez, se haya saltado en la sesión de investidura todas las líneas rojas de la democracia.

Los ciudadanos demócratas debemos salir a la calle y sublevarnos cívica y categóricamente contra este gobierno que amenaza con suprimir la separación de poderes y promete la impunidad para quienes delincan contra el orden constitucional. Hemos de sublevarnos porque lo que está en riesgo no es la ruptura del mapa sino la ruptura de la ciudadanía, la supresión de nuestros derechos. Hemos de sublevarnos porque defender la democracia es nuestro deber cívico y nuestra obligación como ciudadanos de pleno derecho que aún somos.

La España de Sánchez: 8 naciones y una mancomunidad
Carmelo Jordá Libertad Digital 5 Enero 2020

Que Pedro Sánchez es una máquina de mentir no era algo que fuésemos a descubrir a estas alturas, pero su despliegue de trolas durante la primera jornada de la sesión de investidura ha sido algo que podría recoger el Libro Guinness de los Récords para colocarlo, por ejemplo, al lado del mayor comedor de salchichas o de la más grande colección de relojes de cuco.

Sin embargo, intervención tras intervención y mentira tras mentira, a Sánchez se le ha ido entreviendo alguna verdad, es lo normal cuando tus ideas son tan poco profundas que acaban transparentándose como tela fina.

Y entre estas verdades que hemos entrevisto a mí me llaman la atención dos: la total falta de escrúpulos –tampoco es novedad– y la idea de España que tiene, aunque más bien deberíamos decir ideica, porque la cabecica no da para más.

Sánchez ha dicho lo contrario de lo que dijo hace unos meses y probablemente algo diferente de lo que dirá en unas semanas, sólo se mantiene inalterado el tono extremadamente chulesco que suele gastar en sus intervenciones en el Congreso, en las que siempre muestra una seria indignación cuando alguien no nacionalista amenaza con no votarle, ahí sí que se cabrea.

Mientras tanto, en un momento en el que parece que todo se puede poner en almoneda, Sánchez se ha limitado a hablar de cómo la diversidad enriquece a España y de otras vaguedades, y se ha mostrado orgulloso de cosas como la sanidad, la educación, los servicios públicos y los impuestos. Ahí están, esos son, los únicos motivos de orgullo español para el hombre que quiere presidir España.

Así, dando por hecho que asume la doctrina de las naciones de Iceta –y si algo podemos dar por hecho es que es el catalán el que decide sobre eso en el PSOE–, podemos descubrir qué es de verdad España para Sánchez: ocho naciones desperdigadas por ahí y una mancomunidad de servicios públicos y cobro de impuestos.

Todas y cada una de esas naciones merecen respeto cariño y unas formas parlamentarias exquisitas, lo hemos visto este sábado: incluso la que en cierto sentido representa un Rufián al que sólo le han faltado escupirle en la cara al del PSOE. Unos desprecios a los que Sánchez respondía con coba, cera, cariño y una delicadeza parlamentaria con la que se podrían cultivar orquídeas en lugar de cardos borriqueros, que, modestamente, me parece una forma vegetal más comparable al portavoz-intelectual de Esquerra.

En cambio, como bien ha comentado Arrimadas, todo lo que ha sido amor y lisonja con cada uno de los separatistas era insulto, displicencia y chulería con los constitucionalistas, porque si algo ha dejado claro Sánchez es que, si tiene que elegir, él prefiere las nacioncitas a la mancomunidad. Y visto así, es difícil reprochárselo, porque ¿quién puede sentir algo de cariño por una mera mancomunidad?

Guía de la sesión de investidura: cómo traducir al español recto las afirmaciones de Sánchez
La tormentosa relación de Sánchez con la verdad y el lenguaje recto hace necesaria una labor de exégesis que permita conocer el verdadero sentido de sus palabras.
Cristian Campos elespanol 5 Enero 2020

1. "Nadie va a romper España y nadie va a quebrar la Constitución"
No les quepa la más mínima duda de que vamos a romper España, pero antes romperemos la Constitución porque así nos será más fácil romper España luego.

2. "Un agradecimiento a mi partido, el PSOE. Gracias, compañeros y compañeras, por la enorme confianza que depositáis en mí"
Si a alguno de vosotros se le está pasando por la cabeza hacer un tamayazo, que se lo piense dos e incluso tres veces.

3. "Con los resultados de las últimas elecciones, y una vez manifestada la posición de cada formación, no cabía otra mayoría que la que hoy presentamos"
Existían claras mayorías alternativas a la de PSOE, Podemos y los separatistas, pero este ha sido siempre nuestro plan. Albert Rivera tenía razón, pero por suerte nos hemos librado ya de él.

4. "El PSOE es, como dicen sus siglas y acredita su historia, un partido español"
El PSOE ya no es, como dicen sus siglas y acredita su historia, un partido español.

5. "Los ciudadanos nos están reclamando una España que conviva con moderación y no una España de exclusión y radicalismo"
Y por eso formamos gobierno con los radicales de Podemos y con el apoyo de ERC y Bildu.

6. "Del otro lado, una coalición curiosa y variopinta liderada por el PP, en la que figuran desde la ultraderecha hasta la ultraizquierda antisistema catalana, el independentismo unilateral y los restos de Ciudadanos"
En oposición a una coalición de extraordinaria homogeneidad formada por populistas, comunistas, chavistas, malversadores, etarras, ultraderechistas, cantoneros, defraudadores, supremacistas, ágrafos, arribistas, carlistas y golpistas.

7. "Creemos en una economía social de mercado; pero no creemos en una sociedad de mercado"
Vamos a acabar con la libertad de mercado.

8. "Es rotundamente falsa la concepción neoliberal para la que la sociedad no existe y que solo toma en cuenta a individuos y familias"
En realidad, la concepción liberal es la de una Nación formada por ciudadanos libres, iguales y soberanos, pero mi público desconoce ese tipo de sutilezas políticas y jurídicas, así que… ¿qué más da?

9. "Es evidente que los sentimientos no pueden imponerse por la fuerza"
Salvo en Cataluña y el País Vasco. Ahí, ancha es Castilla. Nuestro compromiso es que no dejaremos de mirar hacia otro lado ni un solo minuto durante los próximos cuatro años.

10. "Y estos sentimientos pueden tener mayor o menor fundamento racional, pero son innegables"
Qué importa que los nacionalistas catalanes se hayan inventado una nación que no ha existido jamás. Las alucinaciones colectivas también deberían ser fuente de soberanía.

11. "Esta es una crisis heredada, de la que ya advirtió el PSOE estando en la oposición"
A mí que me registren. Yo sólo pasaba por aquí. ¿PSOE? No me suena.

12. "Llevamos demasiado tiempo con querellas, muchas de ellas estériles, que restan tiempo a los asuntos que podrían proporcionarnos a todos mayor prosperidad y progreso"
Que quede claro que estoy hablando de PP y Ciudadanos, no de los nacionalistas catalanes.

13. "Retomar la senda de la política, dejando atrás la judicialización del conflicto"
Los delitos de la Generalidad y de los partidos y las asociaciones nacionalistas afines deben quedar impunes. Los políticos y sus desvaríos están por encima de la ley.

14. "La ley por sí sola tampoco basta"
Los españoles demócratas vais a vivir a partir de ahora como han vivido durante cuarenta años los catalanes constitucionalistas: olvidados por la ley y al albur del capricho del cacique que en ese momento ocupe la Moncloa.

15. "Permitiendo dejar atrás la deriva judicial que tanto dolor y fractura ha causado en buena parte de la ciudadanía catalana y española"
Habéis herido los sentimientos de los golpistas y los malversadores catalanes, jueces canallas.

16. "Necesitamos más que nunca sentarnos a hablar. Precisamos más que nunca del diálogo"
Salvo con PP, Ciudadanos y Vox. Con esos no hay diálogo posible, sólo cesión gratuita de votos.

17. "España necesita que se rompan los bloques"
Y por eso nos hemos atrincherado en un bloque junto a la extrema izquierda y los nacionalistas, y rechazado cualquier tipo de pacto con el centro y el centroderecha.

18. "El libre desarrollo de las identidades nacionales"
No sólo vamos a permitir, sino que vamos a incentivar el enfrentamiento entre ciudadanos españoles por motivos de sexo e ideología, pero sobre todo por su comunidad de origen.

19. "Decimos no a la gestación subrogada"
En tu cuerpo manda Podemos.

20. "La nueva Ley de Educación debe garantizar la inclusión y la eliminación de la segregación escolar por las condiciones de origen de los estudiantes, por sus necesidades educativas especiales o por sexo"
Vamos a destrozar la vida de los alumnos con necesidades educativas especiales sacrificándolos en el altar de teorías pedagógicas delirantes que no soportan el más mínimo escrutinio del sentido común.

21. "Vamos a frenar las subidas abusivas de los alquileres poniendo techo en zonas de mercado tensionado"
Vamos a provocar una subida estratosférica de los precios de los alquileres intentando que funcionen las mismas estrategias de control de precios que han fracasado históricamente en todos los lugares en los que se han aplicado con anterioridad.

22. "En materia de alquiler turístico, reforzaremos las potestades de las comunidades de propietarios para que puedan condicionar el ejercicio de esa actividad"
Vamos a bloquear la única fuente de ingresos para decenas de miles de pequeños propietarios y actuar contra el turismo, una de las principales industrias españolas.

23. "Declararemos el 31 de octubre como día de recuerdo para todas las víctimas del franquismo, y el día 8 de mayo como el día de reconocimiento a las víctimas del exilio"
Vamos a romper el pacto del 78, el de la reconciliación entre españoles. Volveremos a las víctimas de primera (las del franquismo) y las de segunda (las del Frente Popular, las del nacionalismo y las del comunismo). Volveremos, de nuevo, a las dos Españas.

24. "El Gobierno aprobará una nueva Ley de Seguridad Ciudadana, que sustituya a la Ley Mordaza, para garantizar el ejercicio del derecho a la libertad de expresión y reunión pacífica"
Salvo si eres un anciano que te manifiestas frente a la sede del PSOE con una bandera de España.

25. "Dentro siempre del respeto escrupuloso a la libertad de expresión e información, impulsaremos una estrategia nacional para la lucha contra las fake news"
Crearemos un monopolio estatal dedicado a la producción de fake news. Crearemos un Ministerio de la Verdad y promulgaremos un nuevo delito penal que castigue cualquier tipo de información verídica que perjudique o pueda perjudicar las mentiras oficiales distribuidas por los medios afines.

26. "La España de las autonomías es una realidad incuestionable y consolidada que no admite marcha atrás"
Sólo admite marcha adelante. Incluso pasando por encima de la Constitución.

Un Gobierno que tiene como 'enemiga' a la Constitución
Editorial El Mundo 5 Enero 2020

Rufián, con la chulería de quien tiene al Gobierno rehén, advirtió de que sin mesa para la autodeterminación, "no habrá legislatura".

Celebrado por primera vez en fin de semana, víspera de la festividad de Reyes, casi de tapadillo vergonzante en un gesto más de claudicación ante ERC, se está celebrando el debate de investidura que, previsiblemente, acabará con Pedro Sánchez como presidente el martes y con un Pablo Iglesias como número dos que, ayer, recuperó su tono más biliar para empezar a hacer frente a sus "enemigos": jueces, medios de comunicación, poderes económicos... Pareciera que empieza a ser una realidad su legendaria advertencia cuando coqueteaba con que Podemos asaltara los cielos: "El miedo va a cambiar de bando".

España volverá a tener así Gobierno tras más de un año y medio de una parálisis que comenzó el mismo día en que la moción Frankenstein descabalgó a Rajoy. Pero ni ello equivale, por primera vez en nuestra etapa democrática, a que esté garantizada la gobernabilidad, antes al contrario, ni se disipan sino que se agravan enormemente la crisis institucional que padecemos y el riesgo de quiebra de nuestro ordenamiento constitucional. Parafraseando libremente la célebre cita de Julián Marías, habrá Gobierno, pero no habrá merecido la pena. Hoy los españoles no tienen más motivos para confiar en el inmediato porvenir de este país.

Máxime porque, tras lo escuchado ayer en el Congreso de boca de quien va a ocupar la vicepresidencia del Gobierno, el frentismo vuelve a instalarse en el debate público y la izquierda radical está decidida a agitar discursos del miedo y a presionar con un activismo callejero que sustituya los mecanismos institucionales formales. Lo advirtió Pablo Iglesias, que, a la vez en que jaleó en el Hemiciclo a "políticos exiliados" y a quienes cumplen condena por gravísimos delitos como el de sedición -en alusión a Junqueras y otros líderes independentistas que ahora van a ser glorificados desde la misma Moncloa-, no tuvo empacho en tachar de "enemigos" a jueces, medios de comunicación y "poderes económicos". En realidad, la que se ha acabado convirtiendo en enemiga de los nuevos socios del primer Gobierno de coalición es la Constitución misma y el marco jurídico-institucional que de ella emana.

El PSOE ha abdicado por desgracia de su papel medular en el sistema felizmente alumbrado en 1978 y mutado hacia un irresponsable populismo que deja debilitada la bandera constitucionalista cuando más necesaria es su defensa para que la nuestra siga siendo una nación de ciudadanos unidos por la igualdad. Resultó especialmente certera la intervención, en ese sentido, del líder popular, Pablo Casado. Es Sánchez el máximo responsable de esta mudanza desde el corazón del constitucionalismo hasta inusitados márgenes antisistema como estrategia sin escrúpulos para mantenerse en el poder. Pero no es el único responsable. La historia juzgará el silencio cobarde de tantos socialistas que están decididos a estrellarse con su Ulises contra las rocas. Qué colores les sacó una valiente Ana Oramas que, coherente con sus principios, votará no a "arrodillarse ante el independentismo" y a una "ofensa" a todas las comunidades autónomas. También desenmascaró en una vibrante intervención Inés Arrimadas, de Cs, a los socialistas al ponerles frente al espejo de la contradicción que representa intentar vender como "progresista" un pacto con los nacionalistas etnicistas más reaccionarios. El aún presidente en funciones sabe que humilla al conjunto de los españoles cuando llega a pactos inadmisibles con partidos como ERC o Bildu; cuando da un volantazo populista en materia económica para satisfacer a Podemos;y cuando desacredita a las instituciones del Estado porque éstas son el único freno democrático a cuantos pretenden erigirse por encima de la Ley que a todos nos obliga tanto como nos protege. Fueron intolerables las descalificaciones contra la Junta Electoral Central y la frivolidad de tachar de «artimañas jurídicas» los mecanismos del Estado de derecho.

Comenzó el debate con un prolijo discurso del candidato que fue un estéril intento de escapismo. Casi dos horas para repetir muchas promesas tantas veces escuchadas como incumplidas por sus predecesores y abusar de golpes de efecto en la mejor tradición sectaria de polarización como fue el anuncio de expropiación del Pazo de Meirás. Y todo para pasar de puntillas sobre el asunto clave que exigía una explicación inequívoca: en qué consiste el pacto con ERC. Es una anomalía democrática y una vergüenza que los socialistas sigan escamoteando qué van a conceder a los independentistas en una transacción bilateral, como si fueran gobiernos de dos estados.

La soberanía nacional no se puede cuartear, pero Sánchez está decidido a desnaturalizar una Nación de más de cinco siglos que ni es «discutible y discutida» ni una mera suma de "identidades nacionales". Por lo pronto, vamos hacia un vaciamiento de la Constitución misma para lograr un fin imposible: saciar la voracidad de los independentistas. Quim Torra, instalado en el desacato, lo dejó claro ayer en el Parlament: la hoja de ruta secesionista no se toca. En paralelo, Rufián, en el Congreso, avisaba que ERC no se conforma sino con la "independencia". Con la chulería de quien sabe que tendrá al Gobierno -y a todos los españoles- como rehén, advirtió de que sin mesa bilateral inmediata para abordar la autodeterminación, "no habrá legislatura". Sánchez y los suyos, en sus escaños, ni se inmutaron ante el chantaje. Debe de ser ya efecto del insomnio.

La bandera arriada
La víspera del debate de investidura, la bandera de España fue arriada en la sede de la Generalitat catalana. Esa retirada desafiante, que ni siquiera se produjo tras la declaración de independencia, simboliza la gravedad del problema que Sánchez trata de hurtar en su dimensión verdadera
Ignacio Camacho ABC 5 Enero 2020

EL primer mandato de un debate consiste en evitar el marco mental del adversario. Pedro Sánchez no sólo no lo quiso eludir ayer, sino que con su primera frase -«no se va a romper España, sino el bloqueo»- lo abordó de lleno: metió al célebre elefante de Lakoff en el hemiciclo y ya no hubo manera de sacarlo en toda la jornada del Congreso. Y cada vez que el postulante, o Pablo Iglesias en su nuevo papel de sostén del Gobierno, repetían como una jaculatoria que la nación no corre peligro, el pacto con los independentistas tomaba cuerpo como eje de una investidura cuya clave última estaba fuera del pleno: en la Cataluña donde Torra se volvía a declarar en rebeldía ante el Estado de Derecho y donde los socios del candidato se ratificaban en el acuerdo mientras acusaban a la Justicia española -ellos, precisamente ellos, los autores de la sedición condenada por el Supremo- de dar un golpe encubierto. Ésa es la gran anomalía del momento, la apoteosis del dislate en que el sanchismo ha instalado al país entero tras haber sometido a las instituciones a un vergonzoso descrédito.

La noche anterior, tras el veredicto de la Junta Electoral que inhabilitaba de inmediato al presidente de la Generalitat catalana, en la fachada del Palau de Sant Jaume fue arriada durante un buen rato la bandera de España. Esa retirada desafiante, que ni siquiera se produjo en 2017 durante la declaración de independencia, simboliza la gravedad del problema que Sánchez trata de hurtar en su dimensión verdadera. En esas horas de confusión, en las que el PSOE y Podemos vieron peligrar la alianza que habían pergeñado con Esquerra, los portavoces gubernamentales se alinearon con el separatismo para atacar de forma explícita y abierta la legitimidad del organismo encargado de hacer cumplir una sentencia. No fue un arrebato fruto del nerviosismo, como quedó demostrado en la insistencia con que el discurso presidencial abundó en la necesidad de «revertir la deriva judicial» del conflicto para reconducirlo por la vía del «diálogo político». Al afirmar que «la ley por sí sola no basta», el presidente venía a legitimar la desobediencia y el golpismo, y afeaba indirectamente a los tribunales su empeño en perseguir y juzgar los delitos. Poco podía extrañar, en este clima de desvarío antijurídico, que Iglesias agradeciese en la tribuna el apoyo efectivo que los líderes sediciosos habían otorgado al pacto de investidura «desde la prisión o el exilio».

La aberrante irregularidad de la situación empequeñeció el debate propiamente dicho. En términos objetivos, lo que se está produciendo en estos días igualmente raros por su carácter festivo, es la elección de un presidente respaldado por un racimo de adversarios de la Constitución, una parte de los cuales ha vuelto además a amotinarse contra el ordenamiento sin que el aspirante formule una sola objeción ni explique qué piensa hacer ante tan provocador reto. Tampoco aclaró los pormenores del acuerdo con ERC ni el alcance o las características del prometido referéndum; se limitó a leer su genérico programa -en realidad subsumido en el de Podemos- y a confrontarse con la oposición en un rutinario, y bastante hierático, ejercicio dialéctico. Hasta el portavoz del PDECat tuvo que reprocharle que omitiera cualquier referencia a un Torra que esa misma tarde se estaba atrincherando en el Parlamento. Lo único que le importaba, la abstención de los republicanos, la había amarrado tras una víspera de desasosiego, y lo demás constituía un trámite que debía pasar, un formalismo del procedimiento. Por añadidura, todo el mundo era consciente de que su palabra carece de valor, que se extingue con su propio eco, y por tanto que todo lo que dijese no podía ser más que parloteo estéril, huero. Ha mentido tanto que incluso la crítica a sus embustes provoca ya un cierto aburrimiento. Sólo hubo un instante cómico, cuando anunció una «estrategia contra la mentira», que provocó en la bancada de la derecha un regocijado cachondeo.

La paradoja, obvia, es que la mejor crítica a su proyecto la ha hecho él mismo, como le demostró -lo tenía bien fácil- Pablo Casado limitándose a citarlo. El líder del PP hizo un discurso sólido, firme, bien estructurado, muy duro en forma y fondo, con el que se trabajó el liderazgo de la oposición ante un Abascal faltón, algo disperso y sin el tono vibrante que le ha encumbrado. Daba igual: Sánchez no hizo el menor caso y se enredó en reproches ideológicos y golpes bajos para evitar cualquier aclaración provocando una pelea en el barro. Algo sí dejó claro: que el Gobierno socialcomunista mantiene inquietante disposición a negociar sobre el modelo de Estado; que está dispuesto a trazar un perímetro de aislamiento político alrededor de sus adversarios y que serán el PSOE y Podemos, junto a ERC, Bildu y demás honorables aliados, quienes determinen qué ideas y valores deben excluirse mediante el tristemente famoso cordón sanitario.

Pero todo eso era mera inercia parlamentaria. La cuestión esencial, la de las consecuencias de la alianza con los secesionistas, quedó intacta a pesar del brillante esfuerzo de Casado por evidenciarla. Tuvo que ser Gabriel Rufián, al final de la tarde, quien la desvelase al menos en parte, humillando al líder socialista con su habitual jactancia. El presidente-candidato repitió varias veces el mantra abstracto de que no habrá ruptura de la integridad nacional y su vicepresidente in pectore sacó a relucir su concepto populista sobre la gente como auténtica patria. Ambos mantuvieron blindada toda información sobre los pormenores reales de un trato que amenaza con convertir a la Constitución en letra superada, y en cambio se manifestaron con mucha explicitud sobre su intención de estigmatizar todo atisbo de discrepancia. Ése apunta a ser, a tenor de sus propias palabras, el verdadero cometido de Iglesias: el de ministro de la Verdad y la Propaganda, el de censor plenipotenciario de las opiniones que pueden o no ser aceptadas.

La investidura de la cabalgata está encarrilada; los Reyes van a traer a Sánchez e Iglesias un mecano para armar y desarmar la estructura constitucional de España. El bloque de la moción de censura, el modelo Frankenstein, es el eje del proceso destituyente que comienza arriando, como símbolo de una nueva época, la bandera de la convivencia.

La investidura fake
Santiago Navajas Libertad Digital 5 Enero 2020

Sánchez y el PSOE no son sino la marionetas de los que van a gobernar realmente España: Iglesias y Rufián.

El momento más trivial del debate de investidura fue también el más revelador: Pisarello, secretario podemita en la mesa del Congreso, invitaba a Pedro Sánchez a subir a la tribuna. El peronista lugarteniente de Colau, que agredió a un diputado del PP en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona cuando este trataba de colgar una bandera de España, inauguraba ritualmente la sesión. Parafraseando a Chateaubriand, el populismo abrazando al narcisismo.

Pisarello es autor del libro Procesos constituyentes. Caminos para la ruptura democrática. En el mismo, el dirigente de la extrema izquierda plantea eliminar la Constitución de 1978 iniciando un proceso constituyente tan subversivo como subliminal. Como señaló en un artículo,

hace falta mucho más que una nueva Constitución: otras leyes, otra administración, otras formas de seleccionar los jueces, la continua gestación de contrapoderes populares y la promoción de formas cooperativas, post-capitalistas, de consumir, de producir, de distribuir y de gestionar los bienes públicos y comunes.

Y es que Sánchez y el PSOE no son sino la marionetas de los que van a gobernar realmente España: Iglesias y Rufián. El de Sánchez no ha sido un discurso de investidura sino constituyente: España puede dejar de ser una nación articulada en un Estado de las Autonomías para convertirse en un Estado confederado plurinacional. Una plurinacionalidad cifrada en ocho naciones, según Iceta: Galicia, Aragón, Valencia, Baleares, Canarias, Andalucía, País Vasco y Cataluña. Quizás Navarra mañana… Pero España como nación ni está ni se la espera en el proyecto iglesio-rufianesco bendecido por Otegi, con un Sánchez secuestrado por su ambición ciega de poder a cualquier precio.

La identidad nacional española va a ser atacada, minusvalorada, olvidada, silenciada... por parte de un PSOE que va a sustituir la vertebradora E de España por la aséptica E de Estado. Y donde la España liberal será sustituida por otra populista que nos llevará a la crisis económica y la censura social. Pisarello puede ser un felón pero al menos no engaña: vivimos en una auténtica ruptura democrática para dar cabida a lo que Sánchez, un traidor al espíritu de la Constitución, ha denominado en su discurso constituyente "libre desarrollo de las identidades nacionales", obviando que en la Constitución del 78 solo hay una soberanía nacional, la española, matizada en cada autonomía por sus peculiaridades particulares. Pero nacionalidad no es sinónimo de nación en la CE78, como pretende Iceta, sino de accidentes regionales que modulan la fundamental esencia española. No fue por casualidad que Sánchez ocultase en una de las réplicas a Manuel Fraga como uno de los padres de la Constitución. El que pretende luchar contra las fake news trata de reescribir la historia de España borrando a sus adversarios políticos. Recordemos que Fraga votó que sí, como la mayoría de los parlamentarios de AP en el Congreso. Y el partido pidió el sí en el referéndum a la Constitución del 78. Esa misma Constitución que catedráticos como Pérez Royo –antes en la órbita de la extrema izquierda, ahora en el paradigma nacionalista, siempre en los modos histéricos– proponen volar por los aires será sometida a una inmersión ideológica para transformarla a través de la corrupción semántica y el activismo judicial.

Todo esto es posible porque la definición de patriotismo de Pedro Sánchez se circunscribe a tener una visión socialista en lo económico y político, ligada al intervencionismo y el paternalismo, sin ningún vínculo con la historia, la lengua y los ancestros. Un patriotismo sectario, acomplejado y avergonzado. La combinación del patriotismo demediado de PSOE y Podemos con el nacionalismo excluyente de los nacionalistas configura el peor escenario posible: el asalto a los tribunales para acabar con la separación de poderes. Para ello, adoctrinarán a los jueces en cursos de formación de género y, como anuncia Pisarello, procederán a seleccionarlos ideológicamente. Solo de esta manera, intimidando a los jueces, se conseguirá la rendición del Estado de Derecho ante los golpistas, la realidad tras el eufemismo de Sánchez de "acabar con la judicialización del conflicto". Pablo Iglesias va más allá y amenaza directamente a los que llamó "togados reaccionarios" en plan bolivariano.

Y es que el socialista Sánchez confunde interesadamente los bienes públicos genuinos con la imposición de su visión condescendiente a la ciudadanía según los parámetros de la ingeniería social, imponiendo su sistema estatalista contra los individuos y las familias. Eso no es progresismo sino autoritarismo. Sánchez dice que no va a romper ni España ni la Constitución. Y le creo. Pero es que su plan es otro: deconstruir España reduciéndola a su mínima expresión; y manipular la Constitución para convertirla en una extensión del ideario socialista y nacionalista. Iglesias y Rufián aplauden.

En el orden económico, si malo es que Sánchez diga que el dinero de cada español está mejor en el bolsillo del propio Sánchez que en el de cada ciudadano, peor es que lo envuelva en la retórica populista contra "los ricos" y que pretenda convertir al Estado en un ogro filantrópico. En cuanto al feminismo, la versión radical de Sánchez es la peor versión del mismo, porque la ideología de género convierte a las mujeres en criadas de los criterios de Tía Carmen Calvo y Tía Irene Montero, que les imponen qué hacer con sus vidas, sus ideas y sus cuerpos, señalándoles cómo pensar ("El feminismo es de todas, no bonita, nos lo hemos currado en la genealogía del pensamiento progresista, del pensamiento socialista") y prohibiendo la gestación subrogada como si las mujeres fuesen incapaces de tomar decisiones por sí mismas.

La lucha contra la desinformación que anuncia Sánchez es, en boca de un socialista, un peligroso anuncio de la persecución ideológica que se avecina. Por supuesto, no lo llamarán censura sino persecución contra el "discurso del odio", satanizando a los disidentes del progresismo. Es sintomático del talante de Sánchez que se atreva a dar lecciones sobre fake news alguien como él, con una tesis plagiada y la televisión pública, el CIS y hasta el CSIC al servicio de intereses partidistas y una agenda ideológica sectaria. Acertó Pablo Casado cuando lo denominó "presidente fake". Pero se quedó corto: toda la legislatura será un gigantesco, grotesco y patético fraude. Termina el debate con las izquierdas –la ultra izquierda (PSOE), la ultra ultra izquierda (Podemos) y la ultra ultra ultra izquierda (ERC y Bildu)– encantadas de conocerse, saludarse, aplaudirse y abrazarse.

Las calzas amarillas de Malvolio
Pedro J. Ramírez elespanol 5 Enero 2020

No es de extrañar que Sánchez haya querido perpetrar esta alevosa investidura, de la manera más furtiva posible, en un sábado y domingo que nunca han pertenecido a la política. Porque cuando se han retirado las aguas y ha aparecido la negociación que durante semanas permanecía sumergida, lo que tan sólo parecía la roca de su fatua obcecación ha resultado ser la punta de un inmenso batolito de claudicaciones y traiciones, en el que inexorablemente encallará y quedará varada nuestra democracia, si las demás instituciones no lo impiden.

Cuando Sánchez habla de “recomenzar” y “dejar atrás la judicialización del conflicto” que, según él, afecta bilateralmente a las “relaciones entre Cataluña y España”, está leyendo el guion pactado previamente por Pablo Iglesias, verdadero hombre fuerte de la situación, con los separatistas. Ese guion, parte de la amnesia sobre los delitos cometidos por los golpistas de octubre del 17 -único origen de la “judicialización”- y desembocará en el borrón y cuenta nueva de las excarcelaciones, la autodeterminación y la destrucción del régimen del 78, si no lo impiden el Supremo, el Constitucional y, por supuesto, la Junta Electoral.

Como acaba de quedar demostrado, todavía hay jueces en Madrid. Por eso los órganos indepes hablan ya del “deep State”, como trama de altos funcionarios que desde las profundidades del Estado boicotean las concesiones que Sánchez ha hecho al dictado de Iglesias. A unos y a otros les sobran los jueces y el Rey. Nuestros últimos baluartes.

En todo caso, esta apropiación indebida de la Noche de Reyes por el más oportunista y arrogante de cuantos gobernantes hemos tenido, no puede quedar impune. Este crimen simbólico no debe quedar sin castigo literario y será nada menos que William Shakespeare quien me ayude a acudir al rescate de una emblemática fiesta que, antes que a encender las ilusiones de los niños, estuvo dedicada, en tiempos medievales, a mofarse de las fantasías de los locos.

Si hay alguna idea que resume lo que nos espera en 2020 la volvió a expresar Marta Vilalta el pasado lunes. La portavoz de Esquerra ya había fijado los términos de su relación con Sánchez, definiéndole como el "enemigo" con el que se "negocia". Ahora justificaba su decisiva ayuda para investirle presidente, alegando que "vale la pena que el independentismo aproveche esta oportunidad".

Los griegos no explicaron mejor la jugada del caballo de Troya. Para Esquerra, se trata de "aprovechar" la grieta que ha abierto el PSOE en el recinto de la España constitucional y situar en su interior un artefacto -el gobierno de coalición con Podemos- que sirva de vehículo a sus planes de destrucción de la ciudad.

Porque una "oportunidad" para el "independentismo" sólo puede suponer una oportunidad para la independencia. Eso es lo que ha quedado plasmado en el comunicado del jueves que anuncia una negociación bilateral y sin límites, sometida a la “validación” de los catalanes -y sólo de los catalanes- por los “mecanismos” legales que “puedan preverse”.

Como explica un jurista clave en el actual entramado institucional, una fortaleza se puede intentar tomar mediante un asalto frontal, volando sus murallas o mediante el desbordamiento, fruto de una inundación paulatina. Lo primero habría sido la rebelión, o sea un golpe de Estado clásico. Lo segundo ha sido, y continua siendo, la sedición, un golpe de Estado postmoderno, al que ahora da alas el mismo presidente del Gobierno obligado a cercenarlo.
***
Esta técnica tiene mucho que ver con la tortura de la gota malaya. Cada día cae un mililitro de agua sobre la frente del Estado. En sí misma, esa gota no haría ningún daño, pero acumulada a todas las precedentes y a las que presumiblemente seguirán, no sólo va generando la inundación sino que erosiona y taladra toda voluntad de resistencia.

Poco a poco, las instituciones y la propia sociedad van bajando los brazos, asumiendo incluso el lenguaje, el campo de juego, la lógica discursiva de su torturador. Llega un momento en que el atacado termina viéndose en el espejo, tal y como lo describe el atacante y comportándose en consecuencia.

Ya no es más que un zombie diseñado por el agresor. Así se ha comportado en su discurso de este sábado Sánchez. Y lo peor de todo es que aún cree estar actuando según su propio albedrío. Aún cree estar controlando la situación. ¿Y si se equivoca y ya no tiene marcha atrás? Más que trágico, su sino comienza a ser patético.

Pocos engendros ejemplifican ese estadio cataléptico como el informe, cocinado para él, que ensuciará siempre el prestigio de la Abogacía del Estado. Baste imaginar el ridículo mundial que haríamos si el Tribunal Supremo siguiera su consejo y permitiera a Junqueras acudir cuando quisiera a Estrasburgo, pero rodeado de "medidas" que garantizaran, cada vez, su regreso a prisión.

O sea que, además de vigilarle durante el trayecto, una unidad de la Guardia Civil tendría que cubrir todas las salidas de la Eurocámara y controlar todos sus movimientos, reuniones políticas y actividades sociales incluidas, en la ciudad de Estrasburgo. Qué más quisiera Esquerra que mofarse así de la democracia española, de forma aun más ostensible de como viene haciéndolo Puigdemont.

Lo peor de todo es el aire de dignidad herida con que Sánchez y los suyos pretenden mantener la farsa de que la Abogacía se ha limitado a aplicar "criterios técnico-jurídicos". O sea que si ha modificado radicalmente la postura que mantuvo en Luxemburgo, descartando toda "incidencia" de la inmunidad de Junqueras, una vez que ya había sido condenado, no es porque lo haya exigido Esquerra, sino como fruto de una reflexión intelectual.

¡Cómo nos desprecian estos mandarines pagados de sí mismos al pretender embaularnos tamañas ruedas de molino! Afortunadamente la Junta Electoral les ha puesto en evidencia, convirtiendo la esponja en estropajo.

Claro que tal ley del embudo, permite al mismo Sánchez que, hace apenas dos meses, "no podría dormir" con ministros de Podemos y prometía volver a penalizar la convocatoria ilegal de un referéndum, y hasta traer cargado de cadenas a Puigdemont, jactarse ahora de estar formando un Gobierno "progresista", con Pablo Iglesias como vicetodo e Irene Montero como vicetodo del vicetodo; y de que, junto a ellos, será capaz de resolver el “conflicto político” entre España y “Catalunya”, mediante esa “consulta” sólo entre catalanes.

Como decía antes, Sánchez ha comprado la mercancía. Nada echará más gasolina al fuego del derecho a la autodeterminación que reconocérselo a medias y por arte de birlibirloque. Lo que en noviembre le parecía delito, pretende vendérnoslo en enero como virtud. ¿De verdad el cóctel explosivo que forman su ambición y su falta de escrúpulos pueden llevar a Sánchez a creerse, ni siquiera remotamente, lo que acaba de decir?
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Esa es la pregunta que, desde hace varios siglos, espectadores y críticos vienen formulándose al escuchar en escena a Malvolio, el inquietante pavo real de "Noche de Reyes", considerada por el recién fallecido Harold Bloom como "la más grande de todas las comedias puras de Shakespeare". Fue escrita con el título de Twelfth Night para ser representada el día de la Epifanía, en la noche número 12 después de la Navidad, como agasajo a un huésped italiano de Isabel I.

Haciendo honor a su etimologia griega, la Epifanía era el día de la “manifestación” de cosas que permanecían ocultas. Una especie de anticipación del Carnaval, como remedo de las saturnales romanas, fijadas en la misma fecha. Por eso, todo es simulación, enredo y juego de espejos en “Noche de Reyes”. Empezando por los equívocos alrededor de los gemelos Viola y Sebastián, en una comedia que anticipa muchos de los trucos del vodevil.

En medio del disloque, Shakespeare sitúa la figura del mayordomo Malvolio, el presunto hombre íntegro y consecuente, aferrado al "no es no" a los fastos de la corte. Y como suele hacer con sus más complejas criaturas, le da la oportunidad de “manifestar” lo que oculta esa apariencia estricta. He aquí también el sentido -por supuesto, desconocido para él- que cobra ahora la Epifanía de Pedro Sánchez. Como le dijo en una célebre ocasión González a Almunia, “Joaquín, date a conocer, muéstrate como eres”.

La llave del grifo se abre cuando tres bribones hacen creer a Malvolio, mediante una carta falsificada, que la bella condesa Olivia está enamorada de él. Y que espera, como señal de complicidad o "guiño" -tal y como requería Esquerra de la Abogacía-, que Malvolio haga algunas cosas que sorprendan a todos. La más notoria es que, en contraste con su lúgubre atuendo habitual, se ponga unas "calzas amarillas". Sí, sí, amarillas.

Lo verdaderamente singular es la facilidad con que el mayordomo se cree tocado por el destino para convertirse en "conde Malvolio". Cuando se describe a sí mismo “en el solio de mi grandeza, con mi bata de terciopelo rabeado, llamando a mi alrededor a mis criados”, no es difícil imaginarse a Sánchez con las gafas negras, apoltronado en el Falcon, camino de alguna cumbre del G-80.

La más pícara de los tres pícaros, la camarera María, que hoy sería podemita y con la que Bloom dice que “harían una buena pareja de suma negativa”, define a Malvolio como "un asno rebuscado que se jacta de saberlo todo sobre el Estado, sin haber leído ningún libro, y nos lo espeta a grandes brazadas, como un segador que corta el heno de los prados; y va tan infatuado de sí mismo y se cree tan repleto de excelencias, que está firmemente convencido de que todo el que lo mire, lo amará". O sea, alguien capaz de poner, el día menos pensado, una foto gigante suya, cubriendo la fachada de la sede del partido.

Haciendo honor a ese retrato, Malvolio se inviste las ostentosas calzas amarillas, mientras besa su propia mano y musita: "No tengas miedo de la grandeza... algunos han nacido grandes... otros alcanzan la grandeza... y a otros se les echa encima la grandeza". Este último es su caso y él ha decidido atender la llamada de la Fortuna, sin reparar en mientes.

Shakespeare empuja entonces a Malvolio por la pendiente de su esbozo de programa de investidura: "Seré orgulloso, leeré autores políticos... mandaré a paseo a mis conocidos groseros, seré meticulosamente el hombre debido... Doy gracias a mi estrella y soy feliz. Seré original y altanero con mis medias amarillas".

Y más adelante añade, a modo de ese subtexto que muchos hemos captado bajo el arrogante discurso de este sábado: "Todo concuerda, ni un adarme de escrúpulo, ni un escrúpulo de escrúpulo, ningún obstáculo, ninguna circunstancia incrédula o insegura, nada que pueda ser un puede ser, se interpone entre mí y la plena perspectiva de mis esperanzas". Ni la Constitución como límite, ni el sentido del ridículo como barrera.
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Más dura será la caída. Tan pronto como queda en evidencia que las calzas amarillas no impresionan a la condesa y generan la irrisión del resto -de igual manera que esa “consulta” de Sánchez no satisfará a los indepes y pondrá en pie de guerra a los demás españoles-, sabemos que la suerte de Malvolio está echada.

Lo teatralmente inesperado es la dureza de su castigo, encerrado en la más oscura de las celdas y obligado a profesar doctrinas aberrantes, para seguir siendo el hazmerreir general, en medio de las tinieblas. “Lo que le sucede es tan violentamente desproporcionado, que el fardo de su humillación debe considerarse uno de los grandes enigmas de Shakespeare”, alega Harold Bloom.

Pero con ojos contemporáneos, y no digamos dentro de esta analogía, la tentación de compadecer a Malvolio, a cuantos Malvolios vamos conociendo, a este Malvolio desorejado en particular, se supera cómodamente. Es más fácil concordar con otro gran crítico como Harry Levin: “Como sicofante, como trepador social y como snob oficioso merece de sobra que lo pongan en su sitio. Zaherir a Malvolio no es sadismo, sino catarsis”.

Así debe ser y así será, si así os parece. Puesto que Sánchez se ha empeñado en llevarnos al teatro usurpando esta “Noche de Reyes”, para comprar con iniquidad los ropajes del poder -la "capa del armiño", le dijo Casado, en una de sus brillantes intervenciones-, no salgamos ya del teatro hasta que concluya la función. Seguro que en el futuro inmediato nos zaherirá, ofenderá y dañará desde el escenario, junto a sus cómplices, o más bien mentores, perforando nuestros bolsillos y nuestros corazones. Pero, como dice el más cuerdo y lúcido de todos los personajes de “Noche de Reyes”, o sea el Bufón, “el molinete del tiempo trae siempre sus venganzas”.

Si quiere gobernar contra más de media España, que lo intente. Si pretende engañar también a aquellos con los que ahora nos engaña, buena suerte. Pero, cuando este martes se consume la negra investidura de las calzas amarillas, comenzará, entre abucheos y con la resistencia del público al límite, el último acto de la burda farsa.

Eso significa que quedará un día menos para el final. Un final mucho peor que el de González, Aznar, Zapatero o incluso Rajoy. Se admiten apuestas. Pero en todo caso, un día menos para el final de su temeraria partida. Para su final de partida.
 


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