AGLI Recortes de Prensa   Martes 7  Enero  2020

Votar en conciencia
Editorial El Mundo 7 Enero 2020

Ningún mandato legal impide a un diputado incumplir la disciplina de voto que trate de imponerle su partido político. Los constituyentes quisieron salvaguardar jurídicamente el voto en conciencia de los representantes públicos explicitando, en el artículo 67.2 de la Carta Magna, que "los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo". Además, según el artículo 79.3, "el voto de Senadores y Diputados es personal e indelegable". Bien lo sabía Margarita Robles, en octubre de 2016, cuando junto a otros 14 diputados del grupo socialista votó en contra de la investidura de Rajoy, contraviniendo lo que había decidido el Comité Federal del PSOE, entonces dirigido por una gestora, al frente de la cual se encontraba a Javier Fernández. "La Constitución", explicaba Margarita Robles para justificar su indisciplina, "expresamente dice que no hay un mandato imperativo para ningún diputado". Es seguro que la actual ministra de Defensa, olvidando su larga carrera como magistrada, no diría lo mismo ante la posibilidad de que algún diputado socialista decidiera no ser cómplice del acuerdo ilegítimo de Sánchez con los que quieren derogar la Constitución.

Entre los rebeldes de hace poco más de tres años se encontraban, junto a Robles, nombres como los de Meritxell Batet o Manuel Cruz, recompensados también con importantes cargos por Pedro Sánchez cuando éste recuperó la secretaría general socialista y llegó a La Moncloa con una moción de censura. Ninguno de ellos fue sancionado por el partido, a pesar de que el reglamento interno del PSOE contempla para los casos más trascendentes la expulsión o, en situaciones menos graves, una multa de hasta 600 euros para quienes no acaten las resoluciones del Congreso Federal. Esta última fue la sanción que se le impuso a Batet, Carmen Chacón y otros 12 parlamentarios cuando votaron, en contra de lo ordenado por Rubalcaba, a favor de una propuesta de CiU sobre una consulta soberanista en Cataluña dentro de la legalidad. Si hoy algunos de los 120 diputados del PSOE decidieran votar en conciencia, es probable que Pedro Sánchez no fuese tan indulgente con ellos.

Y sin embargo, ahora es más necesario que nunca interpelar a la conciencia de los representantes socialistas que, en privado, se muestran escandalizados con las cesiones de Sánchez a los independentistas y que representan el sentir mayoritario de sus votantes, ya que sólo el 27% de los electores del PSOE se inclina por un acuerdo con ERC, que fue negado por Sánchez durante la campaña. Decisiones valientes como la de Ana Oramas, que se arriesga a ser expulsada de Coalición Canaria, son un ejemplo de coherencia para intentar esquivar el abismo que amenaza a España, con un presidente sin escrúpulos que para permanecer en el poder está dispuesto a abrir un proceso constituyente de facto que fragmentaría el Estado.

Retrato moral de Pedro Sánchez Pérez-Castejón
Clara Zamora Meca okdiario 7 Enero 2020

Frecuentemente se ha señalado la incoherencia rebuscada de Pedro Sánchez. Su manera de hacer política es de una originalidad trabajada y artificiosa, lindante con el amaneramiento. Las circunvalaciones de su cerebro se disponen de manera que lo que de allí sale son ideas retorcidas, que forman espirales en vez de salir en línea recta, como ocurre con la mayoría de las personas. El violento esfuerzo que determina la creación de esos pensamientos, la trabajosa rebusca, es sólo un preámbulo para entender el desenvolvimiento de su personalidad.

¿Qué se esconde detrás de ese bello rostro lleno de marcas de acné juvenil? La destrucción. Estamos ante un espíritu complicado y sinuoso como de un reptil, recubierto de un explosivo conglomerado de pasiones y apetito sin freno. Un perpetuo desleal que presume de ser un saltimbanqui de la política. Imagino una sala oscura escondida detrás de su dormitorio, sin acceso visible, en la que, sobre una pared negra, se exponga el mapa de tus taras juveniles sobre las que va colocando cada nuevo paso hacia el poder, tomándose así su propia venganza. “Yo mando, yo soy el presidente, yo digo lo que hay que hacer. Callaos todos. Soy más capaz que todos vosotros”. Un ciego sectarismo arraigado profundamente en el alma turbia de sus contradicciones.

Hay un factor de salvajismo soterrado. Su extraordinario alcance no tiene tanto que ver con el egoísmo, ni con el orgullo ni el despotismo. Sólo pretende descomponer. Es una especie de guerra submarina o un bombardeo aéreo. Descomponer moralmente, descomponer el microcosmos, pisar y pisar. Marcarnos a todos con la enferma representación de su justicia. Con él, la inmoralidad ha crecido en proporciones indecibles. La mentira ha pasado a ser una costumbre nacional. Dentro de nada, en los restaurantes, quien deje su abrigo, no volverá a encontrarlo.

Se mueve por impulsos expansivos. Estamos atónitos ante la tremenda liquidación en perspectiva. Piensa y se mueve rápido, porque sabe que la vida es lo que es y no lo que la variable estructura de las sociedades quiere que sea. Cambiará la forma externa de vivir, sin que podamos alterar ni modificar los contenidos morales y sus ideas fatales. “¡Vaya afirmación más rotunda y pesimista!”, pensará más de uno. Desde luego que lo es; pero ¿alguien está haciendo algo para que no sea así? ¡Qué no haría un padre por su hija! ¿Por qué ha llegado hasta aquí? Ya vamos tarde.

¿Dónde está el soberbio Rey que habló después del referéndum independentista de Cataluña de 1 de octubre de 2017? En cuanto a las fuerzas privadas, ¿no ha contratado una de las empresas educativas más prestigiosas en el ámbito privado español a la mujer del retratado? En contra de las limitaciones de algunos roles establecidos, con determinación y el apoyo de muchísimos españoles, algunos deberían haber dado un paso al frente. El escenario parlamentario que hemos visto es ingobernable. Arde Zarzuela y los bomberos azules, verdes y naranjas intentan apagar el fuego. Teruel y Canarias existen.

Avanza el pícaro, ensanchando sus pulmones. El sol brilla con veladuras de tristeza. El prestigio de la inmoralidad se abre paso. Un pueblo culto, en general pacífico, esconde sus risas. El pistolero en acecho disparando a diestro y siniestro para curarse sus íntimas heridas, regocijándose en sus infinitas escenas de ridículo. ¡El inefable Pedro escalando con su fatuidad a cuestas las gradas del solio presidencial! Usted, doctor, a mí, otra doctora, no me representa. La danza de sus llamas es infernal y sólo construye pirámides de escombros.

El post-78
El debate de investidura vaticina un proceso deconstituyente, un proceso político orientado a uncambio de régimen
Ignacio Camacho ABC 7 Enero 2020

SI el debate del fin de semana fue -y lo pareció bastante- un spoiler o anticipo de la legislatura, es muy verosímil que hoy empiece una especie de período destituyente: un proceso político, el post-78, orientado a desencadenar a medio plazo un cambio de régimen. No tanto porque la Constitución corra riesgo de ser derogada como porque se pueda quedar sin los apoyos suficientes para sostener de hecho su andamiaje de soberanía nacional única, división de poderes, neutralidad institucional y subordinación universal a las leyes. Y sobre todo porque el espíritu de la alianza frentepopulista supone, a tenor de lo expresado por sus líderes con patente hostilidad dialéctica, la quiebra de los consensos fundacionales y la ruptura del pacto de convivencia. Con la dimisión del PSOE de su condición histórica de estabilizador del sistema, el Gobierno va a formarse en torno a un proyecto de hegemonía unilateral de la izquierda, aliada para el caso con un nacionalismo de clara vocación insurrecta al que Sánchez se ha plegado hasta el punto de bajarle todas las barreras. No se cortó al respecto Pablo Iglesias cuando anunció su intención de fundar una legitimidad política nueva de cuya tensión ideológica se reserva la tutela; un rol de acelerador político que entraña la verdadera función, reconocida o no, de su pactada vicepresidencia. El líder de Podemos llegó incluso a señalar a la vanguardia de sus enemigos: los tribunales, los medios de comunicación y la alta empresa, ante el silencio anuente de un presidente-marioneta al que sus socios han alquilado el usufructo del poder por persona interpuesta. Al centro y la derecha les espera una estrategia de arrinconamiento -el cordón sanitario- destinada a anular sus valores e ideas; el retorno a la vieja imposición republicana de media España sobre la otra media.

Ese modelo sectario se va enfrentar a los mecanismos de control y contrapeso sobre los que están construidos la sociedad abierta y el propio Estado, cuya capacidad de resistencia a la presión será la clave de este mandato, el contrafuerte constitucional frente al empuje del populismo de corte bolivariano y de un separatismo inesperadamente aliviado de las consecuencias políticas y penales de su fracaso. Las hipérboles retóricas de la oposición o el exceso de alarmismo no van a servir de freno al impulso de deconstrucción que inspirará el calendario legislativo; la ingeniería doctrinaria «progresista» cuenta con un potente blindaje propagandístico. La defensa del paradigma constituyente sólo podrá estructurarse a través de un sólido compromiso civil -y desde luego parlamentario- de las fuerzas liberales que aún creen en la cuestionada primacía del ordenamiento jurídico. Un esfuerzo colectivo para reivindicar la prevalencia del juego limpio y la convicción de que la democracia son leyes, instituciones, poderes independientes… y principios.

El régimen de Garzón y Rufián
Pablo Planas Libertad Digital 7 Enero 2020

Sostienen los garzones y rufianes que eso que ellos llaman "régimen del 78" no da más de sí. Tienen razón. Un régimen en el que tipos como ellos y los marqueses de Galapagar pueden llegar a ministros está en las últimas y no tiene sentido. Es evidente que el sistema electoral que beneficia a los partidos nacionalistas o el mismo sistema autonómico son auténticas catástrofes que han conducido a España a una situación terminal, perfectamente plasmada en la sesión de investidura de un tipo sin escrúpulos como Pedro Sánchez, un individuo sin principios que hace tres semanas iba a prohibir los referendos separatistas y ahora es uno de sus más firmes partidarios, entre otras múltiples contradicciones.

El presidente no es de fiar. Se ríe de sus adversarios políticos con una chulería que se agudiza con las mujeres, tal y como se ha podido comprobar en su maltrato a Inés Arrimadas y Ana Oramas. Sánchez recuerda a uno de esos gachós de los salones recreativos, un pavo de los que acariciaban el taco de billar mientras entornaba los ojos y perdonaba la vida a la concurrencia, uno de esos mendas a los que más vale no dar la espalda, chulángano fatal. Conviene decirlo cuando aún es posible porque ya ha avisado el fulano de que está dispuesto a impedir la libre expresión y que se diga la verdad, verdad que él confunde interesadamente con desinformación.

Del dicho "régimen del 78" a estas alturas solo se salva la figura del monarca, perfectamente encarnada por Felipe VI, quien en medio de la soledad más absoluta ha tenido este lunes el coraje de recordar a Sánchez el compromiso de las Fuerzas Armadas con España y su Constitución, ese mismo compromiso que el líder del PSOE de los barones cobardes está dispuesto a pisotear para seguir en el poder. Quedó claro cuando fue humillado por un personaje como Rufián, destilación esférica del sistema educativo alumbrado por la autonomía catalana, el matasietes que dijo que sin mesa de claudicación no habrá legislatura. No se había visto un chantaje tan obsceno en toda la historia de la democracia en España. Y Sánchez dobló la cerviz y se vengó después riéndose como un abusador de Arrimadas. Ese mismo Sánchez que asegura que hay un "conflicto territorial", como si estuviera en juego la posesión de un pedazo de Aragón entre Cataluña y el resto de España.

Ha llegado la hora de cambiar el sistema, de voltear el "régimen". Sin duda. Las autonomías no se sostienen, tampoco el sistema electoral que infla los resultados de los partidos nacionalistas en perjuicio de los electores de los partidos nacionales. Ya está bien de chantajes separatistas, de regionalismos egoístas, de patéticos localismos, de insultos, desprecio y odio a España y a los españoles en la sede de la soberanía nacional. Basta ya.

‘Putos no faltan’
Emilio Campmany Libertad Digital 7 Enero 2020

Pedro Sánchez se escandalizó durante el debate de su investidura por haber Inés Arrimadas llamado al transfuguismo. Lo que pasa es que a lo que apelaba la diputada naranja no era a que algún diputado socialista se convirtiera en tránsfuga. Eso es así cuando el traidor entrega el Gobierno al adversario o permite a éste conservarlo a cambio de alguna prebenda. Para empezar, la líder de Ciudadanos no ofreció nada a cambio. Y, sobre todo, no pretendía que el supuesto tránsfuga la hiciera presidenta a ella, sino tan sólo que evitara que Sánchez entregara España a golpistas y terroristas. El error de Arrimadas no estuvo en pedir a los socialistas que alguno traicionara a su partido. Eso es algo muy deseable en las circunstancias actuales e hizo bien la líder de Ciudadanos en reclamarlo. El error consistió en hacerlo apelando exclusivamente al patriotismo de los diputados socialistas. Por amor a España, ningún socialista que haya pasado los filtros que el PSOE pone a los posibles candidatos va a renunciar a nada. Ahora, si lo que se le ofrece es una bicoca que cuantitativamente, medida en moneda contante, sea superior a la que espera recibir por su sumisión a ERC y a ETA, entonces sí habría una oportunidad de encontrar al traidor que España necesita para liberarse de las garras de quienes hoy quieren destruirla.

Todos sabemos que es muy improbable que ningún socialista vote en contra de Sánchez el martes que viene. Pero, de haber alguno dispuesto a hacerlo, no será por patriotismo, sino que lo hará por venalidad. Lo que tendría que haber hecho Arrimadas, si quería tener una esperanza razonable de éxito, no es tratar de despertar el patriotismo de los interpelados, dormido en algunos, muerto en la mayoría e inexistente en los que queden. Lo que tenía que haber hecho es abrir una suscripción pública para que todos tuviéramos ocasión de financiar la traición que ansiamos los que queremos que España siga unida. El PSOE es un partido donde la corrupción es costumbre y en el que no se asciende si no se está al menos dispuesto a ayudar a ocultar las fechorías de los dirigentes. Quienes no desean ser encubridores de sobornos, apropiaciones y cohechos no ascienden. Y al final, para tener que ser cómplice de los latrocinios de otros, muchos terminan por convencerse de que es preferible ser autor principal y beneficiarse directamente de las francachelas. Que se lo digan si no a Javier Guerrero, director general de Trabajo de la época de los ERE, que, siendo testigo de lo mucho que se robó, decidió invertir una pequeña parte del dinero distraído en prostitutas y cocaína, hobbies a los que al parecer era un gran aficionado.

Necesitamos un socialista patriota. Pero, dado que eso no lo vamos a encontrar en el hemiciclo, lo que hay que buscar es uno con alma de traidor suficientemente venal. De esos, habrá de sobra. Lo que nos falta es alguien dispuesto a pagar lo suficiente. Como diría Ricardo Darín en Nueve reinas: "Putos no faltan, lo que faltan son financistas".

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Elogio de la judicialización de la política
Alejandro Tercero cronicaglobal 7 Enero 2020

Es un lugar común del independentismo la crítica a la “judicialización de la política” para cargar contra el Estado, hacer victimismo y justificar su ofuscamiento. Un argumento al que, en los últimos tiempos, también se suma buena parte de los terceristas, como se ha podido constatar en la sesión de investidura del presidente Sánchez.

Fue un error recurrir el Estatuto ante el Tribunal Constitucional, dicen algunos. No se debería haber iniciado un proceso penal contra los líderes del intento de secesión unilateral por sedición y rebelión, señalan otros. Qué pesados con denunciar una y otra vez la inmersión lingüística escolar obligatoria exclusivamente en catalán ante los tribunales, añaden muchos. Condenar a los alcaldes por no izar la bandera de España no sirve de nada, asegura más de uno. Hay que dejar de impugnar las leyes que aprueba el Parlament y los decretos del Govern y empezar a negociar, pontifica un número cada vez mayor de columnistas. Menudo despropósito --lamentan algunos-- es inhabilitar al president Torra por colgar una pancarta.

Pero lo cierto es que el Estatuto era inconstitucional --como demostró la sentencia del TC--; los dirigentes del procés cometieron sedición; la exclusión del español como lengua vehicular en los colegios públicos es ilegal; innumerables ayuntamientos incumplen la ley de banderas; la cámara y el gobierno autonómicos no dejan de promulgar normativas que exceden sus competencias, y la Generalitat se pasa por el forro la neutralidad exigida a una administración pública.

La justicia está, precisamente, para eso: para actuar cuando se incumplen las leyes. Es tan evidente que sonroja tener que ponerlo negro sobre blanco. Y, en estos últimos años, la justicia se ha visto obligada a intervenir con mayor frecuencia e intensidad porque el nacionalismo catalán también ha aumentado la frecuencia e intensidad de su desafío.

De hecho, stricto sensu, no ha habido judicialización de la política. Según la Real Academia Española (RAE), judicializar es “llevar por vía judicial un asunto que podría conducirse por otra vía, generalmente política”. Y este no es el caso. No hay forma política de reconducir a los que basan su estrategia política en saltarse la ley.

En realidad, el nacionalismo lleva muchos años saltándose las normas sin que el Estado haya actuado con la contundencia debida. La pasividad ante la política lingüística aplicada en Cataluña y ante el menosprecio hacia los símbolos nacionales son solo algunos ejemplos --por no hablar del disparate que supuso la despenalización de la convocatoria de referéndums ilegales (que confiamos sea corregida en breve, tal y como prometió el presidente Sánchez hace apenas unas semanas)--. Probablemente, si se hubiese actuado antes y con más determinación, los nacionalistas no hubiesen podido llegar tan lejos.

Una de las lecciones que nos deja el procés --tal vez la principal-- es que el problema del secesionismo catalán no tiene solución política (que no pase por un referéndum y por la independencia, claro; es decir, por la claudicación del constitucionalismo) y que al nacionalismo hay que combatirlo democráticamente sin descanso (lo que no es incompatible con el diálogo y la pedagogía, aunque la experiencia nos demuestra que es, cuando menos, una pérdida de tiempo).

El frente judicial es primordial en esa estrategia. Abandonarlo o suavizarlo ahora --cuando el sentido común dice que hay que reforzarlo-- sería un desatino mayúsculo. Seamos realistas: no es que la judicialización de la política sea un buen camino para recuperar la convivencia en Cataluña, es que es el único posible.

Sánchez paga con la integridad de España el rescate a unos secuestradores
EDITORIAL ESdiario  7 Enero 2020

El líder del PSOE arrodilla a su país, deja que lo humillen y lo pone en riesgo para garantizarse su permanencia: un acto de indecencia sin precedentes que su partido debe frenar.

Pedro Sánchez ha puesto en peligro la estabilidad institucional de España, renegado de su fantástico legado democrático desde 1978 y rehabilitado, cuando no entregado las llaves del Gobierno, a los principales adversarios del país para lograr una lamentable investidura.

Por duro que parezca, ésa es la conclusión de todo lo que ha venido haciendo el presidente en funciones para perpetuarse en La Moncloa. Y la primera ronda en el Congreso, fallida pero precusora de su investidura este martes, lo exhibió con estruendosa claridad.

Allí, un indigno aspirante a gobernar España permitió que un partido asociado al terrorismo como Bildu reescribiera el pasado de dolor, vejara a las víctimas, denigrara la Constitución, insultara al Rey y dejara claro que, en adelante, la estabilidad del Ejecutivo iba a depender del cumplimiento estricto de las exigencias de la nueva Batasuna: autodeterminación, acercamiento de presos y subordinación de la ley a su "democracia".

Fue indecente la intervención de Mertxe Aizpurúa, apelando a Otegi con chulería, pero lo más indigno fue la respuesta de Sánchez, por inexistente: se limitó a callarse ante los desprecios e incluso a agradecer la abstención de los filoetarras. Una indecencia sin precedentes.

Un secuestro
Exactamente lo mismo que ante ERC en la víspera: el partido de Junqueras dejó igual de claro que solo permitía la investidura de Sánchez como fórmula para obtener lo que busca, la independencia de Cataluña y la amnistía de los condenados por sedición, y volvió a amenazar con hacer saltar ese burdo consenso interesado si no se atendían sus reclamaciones.

No hay una "coalición progresista", como dice el PSOE amparado en sus seguidistas y acríticos altavoces televisivos, sino un secuestro de la voluntad ciudadana y la legalidad española por unos extorsionadores que ven, con razón, cómo Sánchez acepta el chantaje y paga el rescate para quedarse con un pírrico botín personal a costa del país entero.

La indecencia no es cuestionable, pues por mucho que el sanchismo intenta maquillar la naturaleza real de su investidura, los hechos prevalecen y sus interventores no engañan: le permiten seguir en La Moncloa para poner al Gobierno a su servicio.

Que Sánchez lo tolere y alimente es una indignidad cercana a la traición, pero además es el remate a una bochornosa mentira con la que engañó a los españoles antes de ir a votar: les dijo, de manera rotunda, que el independentismo encontraría en él un freno, y lo que ha hecho es ponerle una alfombra.

¿Y el PSOE?
Todos y cada uno de los 120 diputados socialistas pidieron el voto en sus circunscripciones con ese mensaje frente a Otegi, Junqueras o Iglesias; y a todos ellos les cabe la posibilidad de atender con decencia ese compromiso con el que obtuvieron su escaño.

No les votaron para lo que está haciendo Sánchez. Y si ahora le amparan en su fechoría, no serán solo cómplices de ella: se convertirán en coautores de una vergüenza sin precedentes que pone en riesgo casi todo en España. Y lo saben.

La explicación pendiente
Sánchez ha pasado de apoyar el 155 a abrir una negociación bilateral con el independentismo
Pedro García Cuartango ABC 7 Enero 2020

No hay más que echar un vistazo a las redes sociales y las páginas de los periódicos para constatar el intento del PSOE de convertir esta investidura en una campaña de desprestigio contra la bancada de la derecha, la expresión favorita de Pedro Sánchez en estos días.

Siguiendo la tesis de Lakoff de que siempre gana quien logra imponer su agenda política, los socialistas han intentado centrar el debate en la supuesta incapacidad del PP y Ciudadanos de aceptar los resultados electorales. Adriana Lastra llegó a acusarles de dar un golpe de Estado, mientras Sánchez insistía en presentar a esos dos partidos como un apéndice de Vox.

Es cierto que Casado y Arrimadas podían haber cedido sus escaños para dejar gobernar a Sánchez. Esa discusión sigue abierta. Pero el debate de investidura no tiene por objeto examinar a la oposición sino conocer las propuestas del candidato a presidente. Eso es lo sustancial.

Lo que hemos visto en las pasadas jornadas es la negativa de Sánchez a explicar su pacto con ERC, sus acuerdos con el PNV y cuál es el precio que ha tenido que pagar por la abstención de Bildu. En lugar de profundizar en estas cuestiones esenciales, el líder socialista ha preferido hablar del cambio climático, el euro, el feminismo y la desigualdad.

No desdeño la importancia de estos asuntos, que son de enorme interés, pero hubiera sido deseable que Sánchez explicara también por qué va a negociar con el independentismo fuera de las instituciones y la naturaleza de la consulta que se ha pactado.

Por lo que conocemos del acuerdo con ERC, existen razones para creer que está en peligro el régimen constitucional del 78 y los consensos básicos que han regido nuestra vida política durante 40 años. No me gusta jactarme de haber luchado en mis años universitarios contra Franco, pero debo recordar lo mucho que nos costó conquistar la libertad y la democracia. Eso se produjo por la creación de un amplio consenso social que obligó al franquismo a hacerse el harakiri. Y también porque Suárez, González, Fraga y Carrillo decidieron poner fin a sus diferencias para hacer posible la Transición.

Todo esto es lo que ahora se puede romper porque Sánchez ha dado un giro espectacular en su discurso y ha pasado de apoyar la aplicación del artículo 155 a abrir una negociación bilateral con el independentismo.

Por tanto, el candidato tiene la obligación moral y política de explicar en el Parlamento qué es lo que ha pactado, cuáles son sus límites y porque confía en que el nacionalismo será un socio leal para gobernar España. Y también qué piensa hacer si Torra persiste en su desafío al Estado.

Lo que haga ahora la oposición es relativamente secundario porque lo que importa es cómo va a gobernar Sánchez. No hay duda de que el Gabinete va a tener toda la legitimidad y la legalidad que deriva de su mayoría parlamentaria, pero ganar unas elecciones no es suficiente para eludir las explicaciones que le piden los ciudadanos. Quien calla otorga y hasta ahora hemos escuchado un atronador silencio que nos hace temer lo peor.

Un Gobierno contra España
Sergio Sayas Libertad Digital 7 Enero 2020

La sesión de investidura ha evidenciado que lo que Sánchez nos ofrece no es un Gobierno para España, sino un Gobierno contra España. Este hecho estaba ya bastante claro viendo quiénes son los socios con los que el candidato a la Presidencia pretende fraguar esta investidura pero, por si alguien albergaba aún alguna duda, la respuesta del presidente en funciones a la intervención de la portavoz de Bildu, este domingo, terminó por confirmarlo.

La señora Aizpurua, en su infame alocución, nos habló del fascismo, nos pretendió dar lecciones de democracia y derechos humanos y puso blanco sobre negro el chantaje al que los bilduetarras han sometido a Sánchez tanto para apoyar su Gobierno en España, como en la Comunidad Foral de Navarra.

Pero siendo este hecho de una enorme gravedad, no fue lo más relevante. Lo más vergonzoso de la sesión fue la respuesta acomplejada, sumisa y cobarde de un aspirante a presidente que ha aparcado cualquier principio moral y ético con el único objetivo de alcanzar el poder como sea.

Que el candidato Sánchez no le aclarase a Aizpurua que fascistas son quienes han asesinado en España a 857 personas sólo por el que hecho de pensar diferente; que no le recordara el sufrimiento que ha causado la extorsión, la amenaza y el miedo que los terroristas de ETA han infligido a las sociedades vasca y navarra, así como al conjunto de la sociedad española durante más de cuatro décadas, y que no le reprochara su negativa a condenar tanto dolor y tanta barbaridad es indigno de un presidente de España. Sobre todo, lo es porque responde a una mera estrategia estrategia de poder.

El Partido Socialista ha tomado una decisión y es la blanquear a Bildu. Lo vimos el pasado mes de agosto en Navarra cuando aceptaron los votos de Bildu para elegir como presidenta de nuestra Comunidad a la señora Chivite, y lo vemos ahora cuando la abstención de Bildu posibilitará también la elección de Sánchez como presidente de España.

Como estamos viendo, el Partido Socialista está dispuesto a traspasar cualquier línea roja de la decencia y a trabajar para que Bildu parezca una fuerza política democrática más sencillamente porque lo necesita para acceder al Gobierno.

Pero a Bildu no se le puede blanquear porque no hay nada más negro en la historia democrática de nuestro país. No hay suficiente pintura para blanquear tanto sufrimiento, tanta indignidad y tanta barbarie.

Tratan de disfrazar de diálogo lo que no es otra cosa que una estrategia indecente de blanqueo y revisten de respeto a la pluralidad lo que no es más que una renuncia a cualquier principio moral con el único objetivo de gobernar a cualquier precio, aunque el precio en este caso se llame España.

Nos esperan tiempos difíciles. No tendremos un Gobierno que piense en el presente y el futuro de nuestro país. Tendremos un presidente dispuesto a vendernos al independentismo para mantener su colchón en la Moncloa pero, por fortuna, la sociedad española ya ha demostrado muchas veces que, a pesar de sus dirigentes y de sus gobernantes, sabe encontrar el mejor futuro.

Sergio Sayas es diputado y portavoz de Navarra Suma en el Congreso de los Diputados.

¿Héroe o villano?
Agustín García okdiario 7 Enero 2020

Quizá algún diputado del PSOE se esté haciendo esta pregunta. Quizá tenga sus dudas sobre la conveniencia de pactar con separatistas y comunistas. Pero, ¿cómo apartarme de la voz de mi amo? ¿Seré por ello en un villano? Pues permítame preguntarle una cosa, señor diputado, si esos son sus temores: ¿Quién es el tránsfuga?, ¿quien dice una cosa a sus votantes y luego pacta la contraria, o quien se mantiene fiel a su programa?

Tránsfuga, señor diputado, es quien dice que no dejaría la gobernabilidad en manos de separatistas y luego corre a pactar con ellos, tránsfuga es quien aborrece de Bildu hasta que los necesita, tránsfuga es quien reniega de los populismos hasta que ve peligrar la comodidad de su palacio. Tránsfuga es quien anuncia penalizar el referéndum y luego promete consultas ilegales…

No será usted un villano, valiente diputado, si es coherente con lo prometido en las elecciones. No será usted quien traicione su palabra, sus principios o la historia de su partido.

Porque, ¿quién es el villano? ¿El que se mantiene fiel a su palabra y a su historia, o los que prefieren mirar hacia otro lado cuando se ofende la Rey? ¿Los que respetan las reglas de juego, como hasta hace tiempo hacía el PSOE, o los que manosean el concepto de libertad de expresión para no molestar a quienes no condenan la muerte de sus propios compañeros por defender la libertad? ¿Los que posan con los amigos de ETA en la foto o los que permanecen fieles a la memoria de las víctimas?

La mayoría –aunque sea de su comité ejecutivo– no convierte el error en acierto, ni la mentira en verdad. La ambición por el poder no dispensa de las promesas. Y la propaganda no borra la hemeroteca. Miré a su alrededor, Sr. diputado, a lo prometido, a las víctimas y a la España y a la Constitución que ha prometido defender, y luego respóndase quién es el tránsfuga ¿Vd o ellos? Quizá ellos sean mayoría pero no es la mayoría la que se mira al espejo cada mañana, sino usted.

Agustín García, profesor de Derecho Constitucional.

A la sombra de Bildu
Valentí Puig okdiario 7 Enero 2020

Es propio de la concupiscencia mediático-política que al dar por inminente, en un sentido u otro, un cambio en el poder se produzcan giros, readaptaciones al decorado, identidades mutantes o incluso opciones de trans-género. Algo tiene que ver con la escena cambiante que, de repente, se pueda relativizar tanto un debate de investidura en el que las formas y sustancias parlamentarias han llegado al máximo estrago. En fin: según el giro en curso, ahora las provocaciones de Bildu son lo que son, hay que considerarlas en su contexto y la anomalía corresponde de hecho a las reacciones inicuamente desproporcionadas de las bancadas de CS, Vox y PP. Para que Pedro Sánchez llegue a la Moncloa y Pablo Iglesias sea vicepresidente del Gobierno no hay reparo en minimizar una agresión de Bildu trasladándola al apetito ilícito y a un estruendo táctico del centro-derecha.

Es como si Bildu no hubiese dicho nada o, a lo sumo, lo mismo que ya se dijo en otras fases de la vida democrática española. Pero la razón política impone volver a la dimensión real de las cosas y, del mismo modo que no se puede ver como elementos equiparables la ejecución de Soleimani después de una sangrienta biografía de terror y la actuación de Donald Trump como causa de todos los males, de modo que el legado de Jomeini ya no sea uno de los daños apocalípticos nuestra época. Se recordó en el hemiciclo que el líder de Bildu participó en el atentado en el que por suerte no perdió la vida un hombre tan cabal, un hombre de libertad como Gabriel Cisneros. Eso ha sido ETA y Bildu no ha perdido perdón ni a las víctimas de todos los partidos ni a toda la ciudadanía de un país que está en las antípodas del autoritarismo.

Lo que dijo Bildu en el Congreso de los Diputados pudiera o no ser una transgresión del reglamento de la Cámara pero lo inquietante es que ni el candidato Sánchez ni la presidenta de las Cortes salieron en defensa de la jefatura del Estado. Quitar importancia a lo dicho por la portavoz de Bildu preanuncia un mandato que irá excediéndose una y otra vez, alarmantemente flexible con los márgenes de la legitimidad. A la luz de lo dicho por Bildu, tanto apresuramiento del candidato Sánchez se hace más proceloso de lo que ya era con la solicitud de abstención a ERC y el abrazo con Podemos.

Algo huele mal cuando lo que diga Bildu es considerado una expresión transitoria y la respuesta del centro-derecha se quiera interpretar como una pataleta por no haber ganado las elecciones, sin que el PSOE no diga nada, atenazado por los peores socios que pueda tener una investidura. Después de eso, todo lo que se diga desde la tribuna de San Jerónimo sabrá a poco.

La amenaza de liquidación del régimen de 1978
José María Rotellar okdiario 7 Enero 2020

Durante el fin de semana, se celebró el debate de investidura de Pedro Sánchez como candidato a presidente del Gobierno, así como la primera votación, en la que no ha resultado elegido por no conseguir el respaldo de la mayoría absoluta del Congreso, pero que de repetirse dicho resultado el martes, le servirá para serlo en segunda votación.

Sánchez ha demostrado ser una persona sin principios ni valores. No vela por el interés general, sino exclusivamente por el suyo particular. Nadie duda de que ganase las elecciones ni de su derecho a intentar formar Gobierno. Lo que es insultante para la democracia es que se apoye para ello en una extrema izquierda que es enemiga frontal de la monarquía parlamentaría que nos ha permitido disfrutar del mayor período de libertad, progreso y prosperidad de nuestra historia, en los independentistas cuyos líderes están en prisión por el intento de golpe de Estado de octubre de 2017, y en el que fuera el brazo político de los terroristas y asesinos de ETA. Ha preferido a los populistas, independentistas y todo el aquelarre que le acompañó en la moción de censura, a pactar unos mínimos con el centro-derecha.

En la vida no puede valer todo, pero parece que para Sánchez ese precepto no aplica. Ha negociado y cedido con los independentistas hasta un nivel inimaginable, máxime si el que cede es el que se sienta en la cabecera del banco azul, donde se sentaron antes que él, por ejemplo, Canovas y Sagasta, así como muchos otros jefes del Gobierno que, con sus aciertos y sus errores, han defendido a España en los últimos dos siglos. Ahora, Sánchez no defiende a España, sino que arriesga la unidad de la misma por un puñado de abstenciones; no defiende al Rey ni a las instituciones, sino que por otras abstenciones es comprensible con el partido de Otegui, con Batet de gran consentidora al desistir de sus obligaciones como presidenta del Congreso y de Las Cortes, al no llamar al orden a la diputada de Bildu cuando insultó al Rey, a la Constitución y a todas las instituciones- Batet que, además, perdió cualquier imagen de imparcialidad para dirigir los debates al intervenir de parte con un monólogo en el que miraba a los bancos de la derecha para decirles que había escuchado cosas execrables. Muy comprensible con el antiguo brazo político de ETA y muy intransigente con los partidos constitucionalistas-; y Sánchez tampcoo defiende a la Justicia, sino que habla de artimañas judiciales y extrajudiciales de la derecha, para contentar así, a ERC, no fuese a ser que hubiesen cambiado el sentido de su voto por las inhabilitaciones de Torra y Junqueras y le dejasen sin su cargo.

Sánchez está escribiendo una de las más execrables páginas de la historia de España y del PSOE. Ha preferido emular a Largo Caballero en lugar de a Besteiro; ha preferido profundizar en el camino iniciado por Rodríguez Zapatero -que aun así no se atrevió a tanto como Sánchez- que retomar el de la socialdemocracia de González. Sánchez ha buscado y ha agradecido los votos en forma de abstención -que serán casi tanto como un sí en la segunda votación- del preso por sedición Junqueras y del que fuera etarra, Otegui.

No hay presidencia del Gobierno ni cargo en el mundo que justifique nada de esto, ni pretexto de desbloqueo, pues podría haber logrado dicho desbloqueo buscando otros apoyos, los cuales no quería, pues a las cuarenta y ocho horas ya había sellado el acuerdo con Podemos y comenzaba a buscar el de los independentistas.

Lo que ha sucedido el fin de semana es de una enorme preocupación, inquietud y tristeza. Ya no se trata de que con el programa que Sánchez ha cerrado con Podemos la economía puede resentirse mucho, sino que lo sucedido este fin de semana en Las Cortes ha mostrado la peor cara de Sánchez y sus compañías, la de un radicalismo que pretende volver a dividir a España por la mitad, como la deriva que tomó la II República con el Frente Popular, que olvida la concordia y la reconciliación y que en su lugar prefiere el rencor, y que desprecia a la oposición mientras calla con los enemigos interiores de España y de sus instituciones, a las que Sánchez debería defender y representar, empezando por la defensa que debería haber hecho del Jefe del Estado y de la Constitución, pero que ha desistido de ello para asegurarse su elección.

Bajo las estatuas de los Reyes Católicos, las inscripciones de tantos nombres ilustres de nuestra historia y bajo la bóveda que resistió hasta los disparos del 23-F, este fin de semana se comenzó a perpetrar una de las que puede ser más tristes páginas de la historia de España, con lo que puede llegar a ser la liquidación del régimen de 1978, el de la monarquía parlamentaria, el de la Transición. En la mano de algunos socialistas está que eso no suceda, votando en contra de la persona que no está defendiendo a España y que a este paso va a acabar también con el PSOE, pues los ciudadanos habrán de pasarle una gran factura en las próximas elecciones por dichos acuerdos. Es obvio que el Grupo Socialista está muy controlado por Sánchez, pero algún díscolo al pensamiento de esta dirección se les habrá colado en las listas, que puede ejercer un acto de patriotismo en la segunda votación impidiendo -como además querrían la inmensa mayoría de votantes socialistas- esta barbaridad que está a punto de fructificar. Es difícil y seguramente sería purgado de inmediato, pero su acto sería un acto de honor, que es lo primero que deben tener todos los representantes de la soberanía nacional.

Rebelión de la socialdemocracia
Susana Campo larazon 7 Enero 2020

En mayo se cumplirán tres años desde que Pedro Sánchez derrotó a Susana Díaz en las primarias socialistas. Con esa sorprendente victoria se llevó a los «barones socialistas» por delante. Desde entonces, la formación navega entre aguas pantanosa, especialmente desde la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy de La Moncloa. Prueba de ello es que desde aquel día, la formación se ha ido acercado cada día a Podemos y el Partido de los Socialista Cataluña ha logrado imponer su tesis sobre Cataluña

Aunque Pedro Sánchez logre mañana ser investido presidente del Gobierno en segunda votación, el desgarro en las filas socialistas por el acuerdo con los independentistas –cuya letra pequeña sigue siendo una incógnita– es evidente. Una muestra de ello es que el pasado sábado, los presidentes regionales del PSOE dieron plantón a su líder durante su discurso de investidura. Solo la riojana Concha Andreu estuvo presente. Ni rastro del castellano-manchego Emiliano García-Page, el extremeño Guillermo Fernández Vara o el aragonés Javier Lambán, entre otros.El enfado va más allá del actual PSOE.

También algunos ex ministros e intelectuales españoles muestran su preocupación públicamente ante la deriva del presidente en funciones. Más de un centenar firmaron el manifiesto «La España que reúne» para alertar de las consecuencias de que Sánchez entregue el Gobierno a independentistas catalanes y a la izquierda abertzale. En una conversación con LARAZÓN, dos de sus rostros más visibles exponen los motivos por los que el gobierno de Pedro Sánchez nace condenado al fracaso.

Francesc Carreras, uno de los constitucionalistas más prestigiosos de España, militante socialista en la oposición al franquismo en Cataluña y fundador de Ciudadanos, sostiene que hoy «se confirma que España emprende un rumbo extraordinariamente peligroso que pone en cuestión las mismas bases constitucionalistas». Para el ministro de cultura durante el primer gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, César Antonio Molina, hoy arrancará algo «inaudito» en la historia política europea de los 20 últimos años: «un Gobierno respaldado por terroristas, independentistas juzgados y condenados y por gente muy dispar».

Después de cuatro años de elecciones y sin un Ejecutivo estable desde 2015, el nuevo Gobierno, que previsiblemente recibirá hoy la confianza de la Cámara, nacerá «con muchas contradicciones internas y débil», describe Carreras, quien está convencido de que «no llegará al final del mandato de cuatro años». Por su parte, Molina señala que «es un Gobierno de intereses de unos y otros, y esos intereses les puede unir o destrozar». Además, advierte de que «van a tener presupuestos que habrá que controlar» para que no sean derivados hacia otros menesteres. Ambos recuerdan que la desde fuera de nuestras fronteras, empieza a decaer la confianza, y ello unido al nuevo Ejecutivo, repercutirá en la economía y la deuda del país.

A solo unas horas de la segunda y definitiva votación, la pregunta es: ¿de quién es la culpa de que España vaya a ser gobernada con el apoyo de quienes quieren romperla y por el sucesor de la ilegalizada Batasuna? «Aquí, la culpa está muy repartida», dice el ex ministro de Cultura. En su opinión, el ex líder de Ciudadanos, Albert Rivera, se equivocó al no pactar con Sánchez tras las elecciones de abril. También carga contra el resto de partidos constitucionalista que «solo reaccionaron a última hora». Preguntado por qué el PSOE no ha evitado que Sánchez se entregue al separatismo, Carreras responde que «los partidos, no solo el PSOE, están estrechamente jerarquizados y no hay ninguna posibilidad para que desde dentro se produzcan cambios porque la obediencia es total», y añade, «quizás es uno de los graves problemas de la democracia».

Embustero o traidor son algunos de los calificativos que en las últimas horas recibió el candidato a la Presidencia. Para muchos ciudadanos, el líder socialista está vendiendo el país o comprando apoyos a cambio de infraestructuras. Ni a Carreras ni a Molina les sorprende. «El único principio que guía su acción es la conquista y conservación del poder, en el sentido más maquiavelo», describe el catedrático. «Es un actor extraordinario de un cinismo inquebrantable porque un día dice una cosa y al otro, otra. Aunque la mentira es una de las bellas artes, de la política al engaño, hay diferencia», puntualiza César Antonio Molina.Ambos tachan de desprecio absoluto el hecho de que Sánchez haya programado el Pleno en medio de las vacaciones de Navidad y critican el tono bronco de las intervenciones. «No hay esfuerzos por llegar al consenso, lo único que vemos es la descalificación del contrario», señala el fundador de Ciudadanos. «Es muy triste», asegura el ministro de Cultura, que añade «me da pena que antiguos cargos de responsabilidad no digan nada. Otros lo han dicho pero mucha gente está callada y eso les hace cómplices», concluye.


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