AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 8  Enero  2020

No pienses en un elefante
Pedro García Cuartango ABC 8 Enero 2020

La imagen que refleja mejor lo que pasó ayer en el Congreso es el gesto de Pedro Sánchez cuando Pablo Casado acudió a felicitarle tras la votación de investidura. El líder del PP le tendió la mano y el presidente se la estrechó durante unas décimas de segundo, sin mirarle ni decirle ni una sola palabra, como si fuera un apestado, sin ocultar el menosprecio que siente por su adversario.

Sánchez ha vencido pero no ha convencido, ha obtenido la mayoría parlamentaria pero no ha explicado los pactos y ha aparecido como un líder condescendiente y obsequioso con quienes quieren liquidar el régimen del 78 y romper la Constitución. Y, sobre todo, ha traicionado sus promesas electorales.

«Más vale honra sin Gobierno que Gobierno sin honra», le reprochó Casado. Pero el vencedor de la investidura ni se inmutó porque es obvio que su sentido del honor nada tiene que ver con el de Méndez Núñez, el capitán que mandaba la flota en la bahía de Callao y que dijo aquella frase sobre la honra y los barcos.

«La bancada de la derecha»
Nuevamente Sánchez desaprovechó la ocasión de responder a las preguntas de la oposición sobre su alianza con los independentistas, pero no dejó pasar la oportunidad de arremeter contra «la bancada de la derecha», su expresión favorita, con la que quiere sugerir que Vox, Ciudadanos y el PP son la voz del mismo amo.

Lo que ha intentado el líder socialista a lo largo de estos días ha sido convertir su investidura en una moción de censura contra la oposición. Y no le ha salido mal el empeño porque se ha debatido más sobre una pretendida falta de lealtad de la derecha que sobre su programa de Gobierno y los pactos con ERC y el PNV.

Sánchez incurrió en el fácil tópico de citar a Don Manuel Azaña para llevar el agua a su molino cuando recordó aquella frase de que «todos somos hijos del mismo sol». Casado y Abascal también citaron al presidente de la República. Pero perdieron la ocasión de recordar sus durísimas críticas al nacionalismo catalán por la traición a la causa republicana, recogidas en sus memorias. Azaña murió sin entender por qué Companys se había portado tan mal con él cuando se refugió en Barcelona en las últimas semanas de la guerra.

Ahora que se les llena tanto la boca a los independentistas cuando pronuncian la palabra «república», tendrían que acordarse de la intentona de golpe de Estado de 1934 y del bochornoso comportamiento de ERC con el Gobierno legítimo de la nación en aquellos días.

Pero no hace falta remontarnos tanto en el tiempo. Ayer, Montserrat Bassa, hermana de la ex consejera de Trabajo que cumple la condena impuesta por el Supremo, afirmó que la gobernabilidad de España le importa «un comino». Y responsabilizó a Sánchez, y no a los tribunales, del encarcelamiento de los dirigentes independentistas.

«Rectifique de dirección porque usted va en sentido contrario», le dijo Laura Borràs, la portavoz del partido de Puigdemont, tras recordarle que ha cambiado más de principios que Groucho Marx. Con estos mimbres va a tener que hacer el cesto el flamante presidente de Gobierno.

Pero eso no parece un problema para un partido como el PSOE que maneja con mano maestra la propaganda y los tiempos, que ya ha demostrado que es capaz de lidiar con toros más fieros y que, desde su supuesta superioridad moral, no pierde ocasión de presentar a sus adversarios de la derecha como unas fuerzas al servicio de la reacción y del gran capital.

Tirando del manual de George Lakoff, el autor de «No pienses en un elefante», Sánchez y los suyos han impuesto el marco mental que ha dominado un debate en el que han acusado, una y otra vez, a esa «bancada de la derecha» de no aceptar los resultados electorales y de fomentar el catastrofismo.

Adriana Lastra reflejó claramente ayer esa estrategia cuando tachó de «matonismo» el discurso de la oposición y presentó a los diputados que han apoyado a Sánchez como «los 167 valientes». Por lo visto, votar en contra, como hizo Ana Oramas, es una cobardía.

En el colmo de la exageración, Lastra afirmó que «el extremismo de la derecha es el peor cáncer de nuestra democracia» y ello después de denunciar la persecución y las amenazas que, según sus palabras, han sufrido algunos de sus diputados por negarse a romper la disciplina de voto. No hay mejor manera de perder la credibilidad que incurrir en caricaturas tan burdas. Para rematar su discurso, se le escaparon unas lagrimitas por su sacrificado líder, que ha tenido que hacer tantos sacrificios.

Pero ni Lastra ni Sánchez, salvo los tópicos de rigor, se molestaron en argumentar por qué había que refrendar la investidura del candidato. Lo que intentaban era que la votación fuera un castigo a Casado, Arrimadas y Abascal, una moción de censura por su atrevimiento a denunciar que el rey va desnudo.

Volviendo a Lakoff, lo que el presidente del Gobierno y sus asesores consiguieron fue evitar la imagen del elefante, ese elefante que son esos pactos para negociar fuera de las instituciones el futuro de Cataluña, una consulta que nadie ha explicado y la creación de una nueva legalidad a la que se refirieron tanto Rufián como Aizpurua. En este sentido, es cierto que Sánchez logró imponer su marco mental durante buena parte de las tres jornadas.

Pero, a partir de mañana, poco vale ese éxito porque tendrá que gobernar y afrontar los muchos retos que tiene el país, empezando por el desafío de Torra y terminando por el deterioro de la situación económica. Claro que siempre le quedará el recurso de echar la culpa a la oposición o a una conjura del capitalismo internacional.

Casado y las alusiones al Rey
El futuro no está escrito, pero no es posible ser optimistas a la luz del desarrollo de un debate de investidura en el que tanto unos como otros han caído en un cainismo que no augura nada bueno. Casado volvió a estar acertado en poner en evidencia las contradicciones de Sánchez, pero tal vez debería haber evitado las alusiones al Rey porque lo peor que puede suceder en este país es que la monarquía se convierta en objeto de banderías políticas.

Este nuevo Gobierno es legal y legítimo, ha ganado las elecciones, pero no ha dicho la verdad. Y, como no se puede engañar a todos todo el tiempo, pagará por ello un alto precio.

La investidura como autogolpe
Manuel Lucena Giraldo ABC 8 Enero 2020

¿Tenemos la obligación de suicidarnos? El título del panfleto publicado por Winston Churchill el 24 de septiembre de 1924 en el «Nash Pall Mall» no dejaba lugar a dudas. Bajo su punto de vista, el apoyo británico a la Liga de Naciones era necesario en nombre del interés común. La desaparición de la vida civilizada no era una opción. Tampoco la melancolía. Con su retranca habitual, tras observar su gran éxito de difusión, un cuarto de millón de copias vendidas en dos semanas a ambas orillas del Atlántico, escribió a Lord Robert Cecil y le señaló: «¿Ve usted que no soy tan imposible de regenerar, como usted ha supuesto?». El episodio expone la solidez de la moral churchilliana, mucho antes de la gran hora de la dignidad, en 1940, cuando ya como primer ministro Churchill hizo frente a la invasión alemana en casi completa soledad.

Los principios personales permanecen. El mundo cambia alrededor. En estos días padecemos en España, con una mezcla de alarma y melancolía, el proceso inverso. La realidad parece dirigirse a toda marcha hacia el abismo que implica la desaparición de la Constitución de 1978, que nos reconoce y constituye como nación, nos vertebra, organiza y protege de la barbarie, mientras las convicciones gubernamentales resultan indetectables. Abrumados, intoxicados -los que se dejen- por el agitprop (agitación+propaganda) del populismo izquierdista, la máquina de crear marcos conceptuales, ingeniería social y clientelismo, observamos cómo una parte no desdeñable de los españoles, la inmensa mayoría moderada, busca referencias. La frase «cómo hemos podido llegar a esto» representa un lugar común estos días. Tanto para los que no comprenden lo que pasa, como aquellos que parecen encantados de que acontezca así, en un evidente y reconfortante ataque de nihilismo.

Merece la pena intentar una reflexión en el siempre difícil territorio del pensamiento y el lenguaje político, en el cual los españoles han sido siempre maestros. No es casualidad que palabras de uso tan universal como «caudillo» o «liberal» hayan aparecido en español y pasaran luego a otros idiomas. La forma abyecta del poder tiránico se pronuncia en nuestro idioma. También la forma contemporánea de construcción política que vertebra un gobierno limitado y una sociedad abierta. Sin duda, el deslizamiento del liderazgo político hacia el cesarismo y de la partitocracia hacia la oligarquía («forma de gobierno en la cual el poder político es ejercido por un grupo minoritario», según el diccionario de la RAE) llevan operando largo tiempo. Sin embargo, lo que ocurre ante nuestros ojos remite a tensiones institucionales visibles ya en el siglo XVII, por una razón sencilla. Los constitucionalistas se hallan ante el horizonte mental de la limpieza de sangre, premoderno, preciudadano, anterior a los derechos humanos y la nación de ciudadanos libres e iguales.

El aparato del supremacismo y el racismo de los nacionalismos radicales, catalán y vasco, el uso abusivo de la lengua propia como palanca de limpieza étnica, la obsesión por el reconocimiento hipertrofiado de diferencias reales o inventadas, la tiranía de las identidades de grupo sobre las individuales y personales, todo remite a una sociedad orgánica de gremios, corporaciones y grupos con libertades (solo para ellos) y privilegios, basados en fueros «de distinción». Es decir, con estatutos de vasallaje asimétricos, o como se constata estos días, la voladura de un poder judicial garantista, definido por la sujeción de todos a la misma ley y jurisdicción. La reacción posfranquista de una parte significativa de las elites regionales fue ciertamente acomodarse en el Estado de las autonomías, sin perder jamás su horizonte. Primero, combatir que España funcionara como nación unitaria y, segundo, cooptar al Estado para garantizarse un estatuto de atracción, privilegio y supervivencia multiplicada. Quizás han olvidado que para muchos españoles todavía la lealtad, pieza fundamental también en aquella sociedad premoderna, no resulta negociable, pues hay promesas y juramentos de obligado cumplimiento, a la unidad de España, a la Corona y al ordenamiento constitucional.

Una ruptura de sistema facultaría que el amplísimo porcentaje de ciudadanos respetuosos del Estado de Derecho, aquellos que acatan como han hecho siempre las formulaciones del poder ejecutivo, se pudieran plantear su lealtad. Esta es una virtud y una emoción política de doble vía. Somos leales a una persona o institución, pero esa lealtad se encuadra en una forma de reciprocidad o redistribución que enmarca y engloba una comunidad emocional, en este caso la nación española. Existe un límite en la deslealtad que rompe el contrato social, trasunto del edificio constitucional.

Volvamos al siglo XVII, en el cual el padre toledano Juan de Mariana (1536-1624) definió la moderna teoría de la tiranía, en el contexto de una oposición posible contra un usurpador en el gobierno o, incluso, de un monarca que hubiera caído en la tiranía. Su famosa obra «Del rey y la institución real» (1599) formula el problema de modo impecable. «Un tirano manchado con todo género de vicios disfruta del poder no por sus méritos ni por concesión del pueblo, sino por la fuerza. Y aún cuando haya accedido al poder por voluntad del pueblo, lo ejerce con violencia y no lo acomoda a la utilidad pública, sino a sus placeres, a sus vicios. Se esfuerzan por expulsar a los mejores. Atacan directamente o bien apelan a calumnias y secretas acusaciones para impedir que los ciudadanos se puedan sublevar, procura arruinarlos imponiendo cada día nuevos tributos, sembrando pleitos, suprime todas sus posibles garantías y defensas, les priva de las armas para desmoronar su confianza en sí mismos. Prohíbe hablar de los negocios públicos y se vale de espías para que no se informen ni hablen libremente. No permite que nadie proteste, estima que está exento de la ley, obra de tal manera que todos los ciudadanos se sientan oprimidos por toda clase de males con una vida miserable y les despoja de su patrimonio para dominar él solo en los destinos de todos».

Mariana pensaba en la convulsa monarquía de la España de Felipe II que daba paso a la era de los validos, con su hijo Felipe III y su nieto Felipe IV. Figuras ejecutivas que alumbraban la división entre gobierno y administración y con ella la adaptación posible a una moderna división de poderes: aquellos que gobiernan, aquellos que legislan y aquellos que juzgan, todos en un rentable equilibrio dirigido al bien común superior, identificable con lo que es «asunto de Estado», frente a lo que corresponde «al gobierno». Rodeados y apoyados, merced al aparato constitucional, de instituciones y cuerpos técnicos. Lo impecable del esquema reside en que no puede contentar a todos, aunque sí a la mayor parte. En términos utilitaristas, aspira a lograr el mayor bien para el mayor número. Esa es la foto de la España de hoy. Por eso resulta incomprensible la arriesgada agresión al consenso constitucional, que equivale a una forma de autoeliminación por desistimiento y abandono de los gobernados.
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Manuel Lucena Giraldo es miembro de la Academia europea

Nación y nacionalismo
Daniel Berzosa López ABC 8 Enero 2020

Pedro Sánchez ha sido investido presidente del Gobierno, entre otras defecciones, por el acuerdo entre el PSOE y el PNV, cuyo punto 4 propone el cambio de la «estructura del Estado» para atender a las «identidades territoriales» y los «sentimientos nacionales de pertenencia» que hay en Cataluña y el País Vasco. En la misma línea, hemos escuchado a sus otros socios de investidura. Unas semanas antes, el primer secretario del PSC afirmó que había contado nueve naciones en España (las dos citadas, más Galicia, Aragón, Valencia, Baleares, Canarias, Andalucía y Navarra); porque sus estatutos de autonomía «dicen que son nacionalidades, o nacionalidades históricas. Nación y nacionalidad son sinónimos».

Se constata que muchos siguen sin entender el significado de la nación en el Estado constitucional. Ni el Estado puede existir sin la nación, ni la nación sin el Estado. Ciertamente, al hablar de una nación concreta, no se pueden ignorar otros elementos que la nutren (religión, lengua, genio, historia…); pero no son determinantes, desde la lógica del Estado constitucional, en esa simbiosis Estado-nación que es imprescindible para establecer un régimen de libertad y democracia.

Las denominaciones «nación hispana», «nación española» o el reconocimiento de sus habitantes como «españoles» se han empleado desde la romanización. En el siglo II, lo hace Lucio Anneo Floro (quien, por cierto, vivió en Tarragona). Lo leemos en los concilios III y VI de Toledo (años 589 y 638) y de Fráncfort (año 794). Ahí está, luminoso, el legado de don Gil de Albornoz, quien, en 1364, instituye su heredero universal a un colegio, «la cual casa o colegio quiero que se llame Casa de los Españoles». En el sínodo de Pisa (1409) y el concilio de Constanza (1413), los representantes de los reinos hispánicos se agrupan en la «nación española» con voto único. En los siglos XVI y XVII, Garibay, Morales, Mariana, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Cervantes, Ribadeneyra, Gracián, López Madera, Salazar o Peñalosa emplean expresamente el término «nación española».

No obstante, hasta las revoluciones burguesas de finales del siglo XVIII, el término «nación» no tuvo significación política y, por primera vez, se usó en la batalla de Valmy (1792). Los franceses combatieron al grito de «¡viva la nación!», declarando que su lucha era por el pueblo, nuevo y único soberano. El 2 de Mayo de 1808, los españoles hicieron lo mismo tras el bando del alcalde de Móstoles, quien introdujo la palabra «nación» con tal sentido.

Más atrás, se hablaba también de nación en la Grecia clásica -donde se define la democracia como forma de gobierno-; pero para diferenciarla del Estado. La nación agrupaba a toda Grecia y todos los griegos, quienes no dudaban sobre la nacionalidad griega de un ateniense o un espartano. La pregunta es por qué los griegos no necesitan la «nación» para construir su democracia y, sin embargo, los Estados Unidos y la Francia del siglo XVIII, paradigmas y exportadores del Estado democrático contemporáneo, tienen que tenerlo en cuenta, y cualquier Estado que quiera serlo.

Se debe a que la democracia que introduce el Estado constitucional es representativa y no directa; es decir, hay distinción entre gobernantes y gobernados, representantes y representados, elegidos y electores. Estos tienen la misión de representar el conjunto de los ciudadanos del territorio del Estado o nación, con independencia de cualquier consideración, condición o circunstancia (raza, sexo, religión, idioma, ideología, lugar de residencia…).

En un Estado constitucional, lo determinante es ser ciudadano, pertenecer a la nación de ese Estado y, por tal motivo, estar sometido a la Constitución, norma que iguala a gobernantes y gobernados. El término nación, unido al de poder soberano o constituyente (Siéyès), que es quien hace la Constitución, cristaliza con sentido y razones jurídicas para que el gobernante no se convierta en soberano y usurpe el poder al pueblo. No hay representación sin nación, pero si no hay nación tampoco puede haber representación. La nación es una necesidad jurídica, no política. Por eso es decisiva en el Estado democrático.

Ya, en el siglo XIX, algunas burguesías locales rechazan esta concepción igualitaria de la ciudadanía del Estado-nación constitucional. Alimentan conceptos míticos de nación y hablan de esta como nacionalismo de un solo factor (raza, lengua, religión). Esta ideología practica el chantaje al poder central. Es la industria del nacionalismo y la que se ha desarrollado más concienzudamente en España desde la Constitución de 1978, haciendo peligrar la democracia constitucional.

En el siglo XXI, sigue vigente y pujante esta concepción sectaria de la nación, a causa del neocaciquismo de boletín oficial de ciertos partidos políticos y los intereses de algunos grupos de presión, que han desmontado la opinión pública nacional mediante la propaganda y la subvención. El dilema es similar al que animó las revoluciones contra el Antiguo Régimen: libertad o esclavitud; igualdad o privilegio; ciudadanía o tribalismo. Lo incomprensible para un pensamiento ilustrado es que el Partido Socialista Obrero Español se sume entusiasta a esta destrucción de la nación española y la igualdad de sus ciudadanos.
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Daniel Berzosa López es profesor de derecho constitucional y abogado

Las cinco catastróficas consecuencias económicas del nuevo gobierno socialcomunista
Borja Jiménez okdiario 8 Enero 2020

El nuevo Ejecutivo de Pedro Sánchez llega a la Moncloa con una batería de medidas y políticas que pueden resultar catastróficas para el conjunto de los españoles. Según los expertos consultados por OKDIARIO, y tal y como admiten algunos de los principales bancos de inversión, estas son las cinco principales catástrofes económicas que veremos con Sánchez e Iglesias dirigiendo el país.

Hachazo fiscal
La principal consecuencia de la nueva formación de Gobierno será la del hachazo fiscal con el que viene amenazando tanto Sánchez como Iglesias. Esta subida de impuestos se estima en más de 5.600 millones de euros, y será gracias a la creación de nuevos tributos -como la tasa Google o la tasa Tobin-, a subir tanto el IRPF a las rentas más altas, como el tipo mínimo de sociedades y a castigar a determinados sectores como la banca, las compañías energéticas o las inmobiliarias cotizadas (socimis).

Javier Rivas, profesor de finanzas en EAE Business School, explica que es muy probable que el nuevo Gobierno inicie una subida fiscal "para equilibrar el incremento en gastos que ya ha anunciado, no solo en políticas sociales sino, probablemente también, regionales a cambio del apoyo de determinados partidos".

"La desaceleración económica puede ser una traba más para un Ejecutivo que, de entrada, ya estará debilitado por el estrecho margen con el que tendrá que operar. En este sentido, puede ser aún más difícil para el nuevo gobierno tomar decisiones sobre nuevos impuestos", continúa Rivas.

La agencia de calificación, Moody’s, espera un mayor gasto (incluso para las regiones) pero también impuestos más altos y de nueva creación para mantener el déficit presupuestario bajo control.

Aumento del gasto regional
La cesión de todo tipo de concesiones a los gobiernos autonómicos que han permitido a Sánchez ser presidente del Gobierno traerá consigo una consecuencia: un aumento de la inversión estatal para aquellas regiones que han apoyado a Sánchez.

Rivas recuerda, en este sentido, que el dilema vendrá en cómo compaginar una justicia fiscal autonómica (rebaja de las imposiciones a las autonomías, que es lo que le pedirán ERC y PNV) con un incremento del gasto social y todo esto, cumpliendo los objetivos de déficit.

Además, en este sentido Moody’s advierte de que, pese a que se ha logrado finalmente formar Gobierno, "la mayoría es pequeña y el país carece de experiencia con gobiernos de coalición multipartidistas". En cuanto a cualquier impacto crediticio, "el presupuesto 2020 será la primera indicación clave de la dirección de la política económica del nuevo gobierno", explica la agencia.

Reversión reforma laboral
La reversión o derogación de la reforma laboral llevada a cabo por el Ejecutivo de Rajoy es otra de las grandes amenazas para la economía española, explican los expertos. En este sentido, el economista Juan Ramón Rallo cree que los mayores daños los veremos cuando la economía se desacelere fuertemente: "En ese caso, no contaremos con la reforma laboral para minimizar la destrucción de empleo y, además, el sector público estará mucho más endeudado, con lo que habrá dudas serias sobre nuestra solvencia".

Moody’s, por su parte, coincide a la hora de señalar que un riesgo clave sería una reversión de las reformas anteriores del mercado laboral.

Más desempleo
Uno de los daños colaterales del fuerte incremento fiscal y de la más que probable nueva subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) será el del desempleo. Los expertos consultados por OKDIARIO coinciden a la hora de prever un aumento de los despidos y, por tanto, del paro.

El economista Daniel Lacalle explica que "vamos a ver una importantísima subida de impuestos al ahorro y a la inversión en pleno periodo de desaceleración. Esto generará, como mínimo, un parón en las decisiones de contratación e inversión".

Fuga de empresas e inversores
Otra de las consecuencias directas de la reforma laboral, del aumento del coste por empleado y, en definitiva, de la subida de impuestos a las empresas será la huida de las mismas y, lo que es casi peor, de los inversores que las sostienen.

Rivas recuerda que podemos asistir a "un escenario en el que los cambios fiscales del nuevo Gobierno de coalición produzca consecuencias como la fuga de inversores, empresas y grandes fortunas, con un más que probable incremento del desempleo en nuestro país".

OKDIARIO entrevista a Antonio Rus
El detenido por ir a la sede del PSOE con la rojigualda: «Soy el primer represaliado de estos bolivarianos»

Fernán González okdiario 8 Enero 2020

Antonio Rus Fuentes, de 57 años, fue detenido la pasada semana por manifestarse con una bandera de España ante la sede del PSOE en la madrileña calle de Ferraz. Pasó 10 horas en el calabozo y este martes ha sido absuelto por un juez de los delitos de resistencia y desobediencia a agente de la autoridad. OKDIARIO ha hablado con él. Anima a los españoles a protestar este domingo contra el pacto de PSOE, Podemos y fuerzas separatistas ante los Ayuntamientos de toda España.

P: La izquierda siempre ha sido la defensora del derecho a la manifestación y de los ‘Rodea al Congreso’ pero ahora no le apoyan, ¿ve una incoherencia ahí?
R: No es que sean incoherentes. El fin de la izquierda es destruir España. Por tanto, cualquier persona, asociación, organización, partido político… que quiera defender la unidad de España está de más para la izquierda de este país. Intentan acallarnos. Yo estuve 10 horas en un calabozo. Eso les gustaría a ellos: volver a poner las checas. Yo seguro que estaría en una con agrado para ellos. Me considero el primer represaliado de este Gobierno bolivariano. Pónganse a la cola y vayan cogiendo número. Vamos a ser muchos. Ustedes los periodistas también.

P: ¿Cómo surge la idea de protestar en Ferraz?
R: Llevo tres años haciendo cosas por mi país. Había estado en manifestaciones en Barcelona. La primera cuando los independentistas defendían a Puigdemont en Europa. Mi bandera española y yo estuvimos allí. Recuerdo cuando en la embajada española me regalaron este cordel con la bandera. (Se emociona al borde de las lágrimas…)

P: ¿Qué sintió cuando la Policía le redujo?
R: Rabia. Se estaban pisoteando mis derechos constitucionales.

P: ¿La Policía se equivocó?
R: Critico de dónde salió la orden. Contra la Policía Nacional no tengo nada. Han puesto demasiado para la libertad de este país. También la Guardia Civil o el Ejército. Es de dónde viene la orden. Es Sánchez.

P: ¿El PSOE o el Gobierno se han puesto en contacto con usted?
R: Nada. Al revés. Sin embargo, en Madrid y Barcelona vecinos y turistas me han visto celebrando el día de la Constitución, oponiéndome al independentismo… y nunca he tenido ningún problema. No doy miedo a nadie.

P: ¿Y la sociedad civil?
R: Estoy inmensamente agradecido. A las personas que estamos aquí y a toda la sociedad. Ha sido insuperable, me he visto desbordado. He ganado un Mundial, de verdad. He ido a Barcelona varias veces reclamando a este PSOE felón que no haga lo que está haciendo. Ahora, con el apoyo de la sociedad civil, me han dado el título de ‘valiente’. Y eso es lo que tiene que ser la sociedad española.

P: ¿Va a seguir manifestándose?
R: Por supuesto. Convoco a todos los españoles el domingo 12 a las 12 del mediodía a la plaza de su ayuntamiento o donde estén. Yo estaré en uno y me gustaría no estar solo. Si vamos todos los españoles no estaremos solos.

"Quiero valientes"
P: Se le conoce como el ‘héroe de Ferraz’ pero otros creen que debería haber cruzado la calle, como le pedía la Policía, ¿qué les dice a estos?
R: De cobardes está el mundo lleno. Quiero una sociedad de valientes. Si un artículo de la Constitución me protege, es sagrado e inviolable. Si estos felones la quieren convertir en un panfleto bolivariano tenemos que oponernos a que estos pánfilos consigan lo que quieren.

P: ¿Cómo se ha desarrollado el juicio?
R: Ha quedado en nada. El fiscal no ha presentado acusación y me voy como llegué a la sede de Ferraz, con todos mis derechos. Aviso a los del PSOE de que en la sede me volverán a ver. No soy un cobarde y no me van a quitar los derechos.

P: ¿Es lo que esperaba del juicio?
R: Yo no hubiese aceptado otra cosa. O a la cárcel o totalmente inocente. Eso de una multa de 1.000 euros, no. Quería salir completamente inocente. El artículo 19 de la Constitución, esta Carta Magna que se quieren cargar los felones de este Gobierno, hay que respetarlo. Es el artículo que yo exhibía, que me protegía a mí, a mi bandera y a mi pancarta. Lo único que ponía era: “Mi corazón jamás dejará de gritar ‘Te quiero España’".

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Unidad constitucionalista frente al Gobierno de la Vergüenza
EDITORIAL Libertad Digital 8 Enero 2020

Ya no es tiempo de hacer especulaciones sobre la situación en que se encontraría España si los partidos constitucionalistas hubieran ofrecido en su día a Pedro Sánchez, como mal menor, su abstención ante la conformación de un Gobierno en solitario de los socialistas, sin más condición que la ausencia de acuerdos con el separatismo y la extrema izquierda podemita. Ahora toca afrontar el hecho dramático de que se va hacer realidad el peor Gobierno de cuantos podría haber presidido el nefasto Sánchez; un Sánchez que tiene como compañeros de viaje a partidos que, según sus propios dirigentes, buscan la destrucción del orden constitucional y de la propia nación española.

A este respecto, poco añaden las palabras que la diputada de ERC, Monserrat Bassa, ha evacuado este martes en el Congreso: "Me importa un comino la gobernabilidad de España"; o las de los proetarras de Bildu, que se han presentado como garantes de la continuidad de Sánchez al frente del Ejecutivo; o las del vicepresidente in pectore Pablo Iglesias contra la Monarquía. Y es que todas ellas, por repulsivas que sean, no aportan nada nuevo, ya sabe todo el mundo cuál es la calaña de los comunistas, los proetarras y los golpistas que el Gran Felón ha elegido como aliados.

Así las cosas, PP, Vox y Ciudadanos han de trazar una estrategia para combatir de la mejor forma posible a un Gobierno aberrante que no tratará de dar continuidad al régimen constitucional de 1978, sino de liquidarlo.

Poco importa en estos momentos saber si Sánchez ha fraguado esa infame alianza porque es un nihilista sin escrúpulos capaz de todo o, tal y como ha asegurado Pablo Casado, porque es él mismo un "radical" que comparte buena parte de los principios y objetivos de los antisistema a los que se ha asociado. Lo decisivo es que ha elegido como puntales de su Gobierno a quienes sólo le seguirán en la medida en que erosione o permita que se erosione el orden constitucional. Frente a este panorama sobrecogedor, la única forma de resistir y combatir es la unidad de las formaciones leales al orden constitucional.

Aunque los magníficos discursos de Pablo Casado, Santiago Abascal e Inés Arrimadas contra el Gobierno de la Vergüenza, que en realidad trata de imponer un nuevo régimen, sean un buen punto de partida, es necesario que esa coincidencia y altura de miras se plasme cuanto antes en acuerdos de colaboración y acción política conjunta. Difícilmente podrá preservarse la unidad de España si la derecha se mantiene desunida, lo cual no ha de pasar necesariamente por una reconstitución que haga desaparecer las legitimas diferencias entre PP, Vox y Ciudadanos; pero sí ha de dar lugar a coaliciones o acuerdos preelectorales que plasmen que lo que les une y está en riego de desaparecer, por la acción de un Gobierno social-comunista tutelado por los separatistas, es mucho más que lo que los separa.

Pedro Sánchez habrá sido aupado a la Presidencia del Gobierno con la más exigua y radical de las mayorías, pero sus tragaderas y falta de escrúpulos deben servir de alerta para que el centro-derecha no cometa el error de pensar que la presente legislatura será muy corta y de escaso recorrido. Lo será sólo en la medida en que Casado, Abascal y Arrimadas no tengan reparos en cogerse de la mano y dejen de defender por separado la unidad de España y el orden constitucional.

El PP ha demostrado su absoluta deslealtad al orden constitucional
Nota del Editor 8 Enero 2020

El PP desperdició todas las oportunidades que tuvo para haber evitado la terrible situación actual, así que es la hora del relevo por un grupo que tiene claros los principios de la defensa de España: Vox.

Un Gobierno contra la democracia liberal y la España del 78
Editorial OKDIARIO 8 Enero 2020

Como estaba previsto, con la investidura de Pedro Sánchez se cierra una etapa de la historia de España marcada por la democracia liberal, el progreso y la igualdad de todos los españoles. Fin de ciclo para cuatro décadas de desarrollo que acaban ahora abruptamente por la claudicación de un presidente del Gobierno que ha vendido la dignidad de España y de los españoles. España se configura ahora como una nación en la que los defensores de la Constitución tendrán que enfrentarse al Gobierno y a sus socios contrarios a la España de 1978. La situación es crítica, porque no hay nación desarrollada en el mundo en el que el Ejecutivo ostente el poder con el apoyo de los enemigos del marco constitucional y el Estado de Derecho.

Estamos ante un caso insólito de implosión nacional alentada por el Gobierno, una aberración que degrada la convivencia entre todos los españoles y sitúa a nuestro país en una encrucijada histórica. Porque a partir de hoy, España empieza un proceso de involución que cursará de forma paralela a la degradación y dilución de sus instituciones. Eso es exactamente lo que han exigido las fuerzas separatistas para apoyar la investidura de Pedro Sánchez: aniquilar los diques de contención de nuestro ordenamiento jurídico, encarnado en la Carta Magna, enemiga a batir por golpistas, izquierda radical y proetarras. Ese era el sueño eterno de los enemigos de España, que se ha hecho tristemente realidad por la felonía de un presidente del Gobierno que no ha dudado en convertir a los españoles en rehenes de su pacto indigno con quienes han dejado claras sus intenciones de pasar por encima de la Monarquía constitucional. Lo dejó bien claro la representante de ERC cuando afirmó que la gobernabilidad de España le importaba un pito. Ese es el problema, que los socios de Sánchez han encontrado en la debilidad del presidente del Gobierno una ocasión histórica para conseguir sus fines.

La coalición con Podemos romperá de cuajo la estabilidad y seguridad económicas, demoliendo todo el entramado de reformas que hicieron posible que España saliera de la mayor recesión de su historia. La investidura de Pedro Sánchez rompe, en suma, con cuatro décadas de progreso en libertad y nos sitúa ante un futuro inquietante que solo podrá despejarse desde el arrojo y la unidad de la inmensa mayoría del pueblo español.

Un Gobierno contra la mitad de España
Editorial larazon 8 Enero 2020

Pedro Sánchez ya es presidente. Ha sido un candidato agónico que hasta el último minuto, y por dos votos, no ha conseguido la confianza del Congreso. Es el presidente que accede a la jefatura del Gobierno con menos diputados a favor, apoyos que, además, tienen un valor simbólico que abre incógnitas preocupantes sobre el futuro y la estabilidad del país. Esta es una debilidad política que le ha obligado a buscar unos aliados que, por primera vez, se sitúan fuera de los partidos constitucionalistas. Las tres jornadas de investidura, los días 4, 5 y la de ayer, han sido la escenificación de que entramos en una nueva etapa política desde la Transición: una alianza del PSOE y la izquierda populista con independentistas catalanes y vascos. Hay que decir que el espectáculo ha sido deplorable y triste a partes iguales, porque a falta de exponer un programa sobre los asuntos clave que afectan al país –desaceleración económica, reformas para paliarla, educación, sanidad, bienestar y la crisis territorial en Cataluña–, fue una sucesión de consignas con adornos de cursilería realmente difíciles de digerir. Rotos los límites del consenso fundamental de la Constitución y de la racionalidad política, se abrió un espectáculo de pura sentimentalidad populista a la que no faltaron las inconsolables lágrimas del Pablo Iglesias. A los largo de estos tres días, Sánchez puso en el centro de la Cámara un «monstruo» llamado La Derecha al que todos sus socios, sin excepción –Unidas Podemos, ERC, PNV, Bildu–, con más o menos infantilismo, pero todos compartiendo ese odio atávico que el populismo ha inoculado hasta en partidos tan de orden y devotos como el nacionalista vasco, golpearon en un aquelarre antipolítico que dejará huella. Todos han tenido su momento y recibieron el aplauso del mismísimo Sánchez, que incluso agachó la cabeza sumisamente ante ataques tan indecentes como los de ERC –le llamó «verdugo» a la cara del candidato por su papel en Cataluña– y los proetarras de EH Bildu, que insultaron gravemente a las instituciones del Estado, al Rey y a nuestra democracia. Fue un espectáculo triste porque va a costar coser lo que este pacto ha destrozado y, lo más sangrante: el PSOE actuando como maestro de ceremonias.

Ahora toca digerir lo que ha sucedido y reparar, por el bien del país, esa fractura abierta y que representa a la perfección un frentismo propio de los años treinta. Sánchez ha alcanzado su soñado objetivo y jurará hoy como presidente del Gobierno ante el Rey, pero ahora, dejando atrás en lo posible lo que hemos visto estos tres días, debe asumir la responsabilidad de ser el presidente de todos los españoles. Es decir, de los que están a favor del pacto con los independentistas y de los que son contrarios, que electoralmente supone la mitad de la población. La animadversión que el propio Sánchez ha demostrado hacia el PP –ni siquiera estuvo a la altura cuando Pablo Casado le estrechó la mano al ganar la votación– es un mal ejemplo y, sobre todo, estéril. El nuevo presidente ha dado un giro de ciento ochenta grados a su alianzas, pero poco podrá hacer si quiere abordar reformas en profundidad, ni tocar la Constitución, sobre todo en Cataluña, sin el concurso del PP. El líder de los populares le preguntó a Sánchez en la primera sesión del debate cómo pensaba afrontar el recorte de 7.800 millones de euros para 2020 que le exigía la Unión Europea. No supo qué contestar. Utilizó la consabida subida de impuestos, pero sin especificar nada concreto, sólo el mantra de la marca podemita del «impuesto de los ricos». Ese será un tema que el nuevo Gobierno deberá afrontar y de nada servirá la agitación demagógica empleada estos días. Ni un minuto empleó el candidato socialista en la reforma de las pensiones que, por cierto, ambos partidos habían dejando muy adelantada en la pasada legislatura para cerrar la brecha entre ingresos por cotizaciones y gastos en un plan de cinco años. ¿El nuevo giro de PSOE –que Adriana Lastra interpretó con un izquierdismo bochornosamente iletrado– supone que se aparca este reforma? Sin embargo, Sánchez puede crear un peligroso agravio entre comunidades, si hace una quita de la deuda en Valencia para pagar el voto de Compromís, en contra de otros gobiernos que han sabido ajustar con rigor sus cuentas, aunque estén gobernadas por el PP. Por lo tanto, la fiesta del frentismo de estos días debería terminar y empezar a gobernar en serio.

En próximo día 22, ERC le reclamará la formación de la «mesa bilateral de diálogo, negociación y acuerdo para resolución del conflicto político», al cumplirse los 15 días exigidos, órgano desde el que saldrá la propuesta que, posteriormente, lo catalanes deberá votar en un referéndum. Este será el primer compromiso que el presidente deberá cumplir. Ayer, una diputada de ERC dijo desde la tribuna que le «importa un comino la gobernabilidad». Es lógico y coincide con el sentimiento interno de un partido cuyo objetivo es la desestabilización del Estado para tener mejor posición de fuerza en sus objetivos secesionistas. Con lo que no han contado es con que Sánchez ha roto amarras con la verdad, de lo que ha hecho toda una filosofía política. Si ha llegado a La Moncloa después de pactar con aquellos de los que había renegado y calificado de «peligro» y «antidemocráticos», nadie descarta que vuelva a mentir. Es lógico, por lo tanto, que esta legislatura esté condicionada por dos hechos: unos socios abiertos enemigos de la Constitución y un presidente para el que la palabra no tiene valor alguno.

Sánchez consuma la ruptura con la Transición
Editorial El Mundo 8 Enero 2020

La quiebra del compromiso constitucional del PSOE aboca a España a un Gobierno rehén de ERC

Después de fracasar en dos ocasiones y cinco votaciones, Sánchez logró ayer ser investido presidente del Gobierno por la más exigua mayoría del Congreso en la historia democrática. El principal lastre con el que arranca el nuevo Ejecutivo no es el riesgo que plantea para la gobernabilidad la coalición formada entre el PSOE y los populistas, ni un programa económico que causa alarma entre los empresarios e inversores, ni tampoco la debilidad de una base parlamentaria que exige el entendimiento de una decena de fuerzas políticas. La principal rémora es la hipoteca firmada por Sánchez con el independentismo disolvente de la idea de nación que hasta ahora había cohesionado a la democracia española desde la Transición.

El Gobierno resultante de una sesión de investidura urdida aprovechando las vacaciones navideñas no es el que quería la mayoría de españoles. Sánchez vetó a Pablo Iglesias después de las elecciones de abril y ahora le va a nombrar vicepresidente. Y él mismo se comprometió en reiteradas ocasiones a no pactar con los secesionistas y los herederos de ETA, a los que ahora ha convertido en aliados para vergüenza y sonrojo de los socialistas que empeñaron mucho -incluso su vida- en la lucha contra el terrorismo. Las líneas rojas franqueadas por Sánchez son tantas y tan hondas que se puede concluir que estamos ante la consumación de la ruptura del PSOE con la Constitución de 1978. El pacto fundacional de nuestra democracia pivota sobre el consenso y una exigencia de centralidad preservada hasta la fecha por todos los gobiernos, a izquierda y derecha. Los puentes de esta continuidad histórica son los que dinamita Sánchez para saciar su ambición de poder. No solo mediante la entrada en el Consejo de Ministros de un partido de izquierda extrema, satélite del populismo bolivariano y abiertamente republicano, sino por apoyarse en aquellos que perpetraron el golpe del 1-O, como ERC; o que aún no condenan la violencia como método para la consecución de fines políticos, como Bildu. Jamás el PSOE alcanzó tales cotas de indignidad.

El líder socialista, ante la aquiescencia sumisa de unos barones convertidos en meros peones del jefe supremo, ha decidido hacer descansar la legislatura en Esquerra, que no ha renunciado a la autodeterminación. Entregar a este partido la llave de la estabilidad constituye un ejercicio temerario y profundamente irresponsable. La portavoz de ERC, hermana de Dolors Bassa -condenada a 12 años por sedición-, humilló al PSOE tachándolo de "verdugo" y exigiendo la nulidad del juicio del procés y la amnistía para todos los dirigentes presos. También aseguró que a ERC le importa "un comino" la gobernabilidad. Sus palabras ponen a Sánchez frente al espejo de sus contradicciones y reflejan que la legislatura durará lo que quiera Junqueras, en la medida que el PSOE se ha rendido ante el separatismo a cambio del poder.

La fragilidad parlamentaria, las concesiones a los independentistas y el descaro de los bandazos de Sánchez explican por qué el PSOE -incapaz de defender al Rey y a los jueces ante el ataque de los secesionistas y proetarras- se ha lanzado en bloque a criminalizar a la oposición de PP, Vox y Cs. Esta maniobra responde al intento de disfrazar la radicalización propia, expresada eufemísticamente por Iglesias en el llamamiento a mantener la «firmeza democrática» frente a la derecha.

La imagen de Susana Díaz en la tribuna de la Cámara Baja junto a Miquel Iceta muestra que Sánchez ha consumado el plan que en 2016 no pudo llevar a efecto por el veto de su partido. El PSOE asume su podemización e Iglesias -no son de extrañar sus lágrimas de ayer- se erige en el gran ganador del pulso mantenido con los socialistas desde la eclosión del 15-M. Sánchez despeña al PSOE por el sumidero de la historia. España tendrá un Gobierno Frankenstein cainita, incapaz de afrontar las reformas y los desafíos pendientes.

Pucheros
Iglesias llora de emoción
Álvaro Martínez ABC 8 Enero 2020

Más emocionado que cuando entró en el chalé de Galapagar, seguramente susurrando «mira Irene, todo esto es nuestro». Más exultante incluso que cuando aquel mitin fundacional de «La Mallorquina», allá en la Puerta del Sol donde todo había comenzado años atrás en un 15-M de acampada en tienda Quechua y hasta con taller «Trans-marica-bollo». Puede que más conmovido que cuando se le fue el comandante Chávez, su guía, su inspiración, su patrón (nunca mejor dicho, que le tuvo a sueldo)... Pablo Iglesias lloró ayer en las Cortes cuando Sánchez salió presidente. Tiene motivos para tanta emoción pues con el peor resultado de su breve historia, con 1,5 millones de votos menos que hace apenas siete meses, el populismo de ultraizquierda se cuela en La Moncloa de la mano del sanchismo, aquel que renegaba de Podemos cuando era una pesadilla que impedía conciliar el sueño al doctor. La hemeroteca está llena de esos espantos en cuanto se le mentaba a Iglesias. Ya no merece la pena recordarlos, aunque esos sonrojos sean casi de anteayer y formen parte sustantiva de la triste historia de esa gran enciclopedia de la mentira en la que se puede resumir el ideario (bueno, o eso que le ronda la cabeza) de Sánchez. Lágrimas contritas las de este Iglesias, gimoteos llenos de hipidos de cuando le sacó en esas mismas Cortes lo de la «cal viva» del PSOE, aquella casta de «cloaca» a la que ahora se abraza en busca del «cielo» que prometió tomar «al asalto». No le ha hecho falta, Sánchez le ha abierto de par en par la misma puerta por la que se han colado los separatistas a los que les importa «un comino la gobernabilidad de España» y van a lo que van, los nacionalistas de «cucharón y paso atrás» (a ver qué saco de esta ronda), los proetarras que brindaban cuando todos llorábamos de verdad tras el último tiro en la nuca, aquel chaval de la beca y un señor de Teruel, entre otros.

¿No va a llorar? Si no se lo cree: vicepresidencia, cuatro ministerios (uno para Irene, claro), secretarías de Estado, direcciones generales y lo que haga falta... ¿No va llorar? Si entre los 120 diputados del PSOE no ha habido uno solo que diga no a pactar con ese elenco de «demócratas» que insultan al Rey, a la Justicia y a la Constitución en las Cortes, sin que el tancredo de Tetuán tuerza al menos el gesto o les afee la afrenta a los españoles, que es ahí donde tiene domiciliada su soberanía, y quienes desde ayer tienen motivos para hacer pucheros de verdad por lo que se les viene encima.

Las consecuencias del sanchismo

María Claver okdiario 8 Enero 2020

De las múltiples derivadas y análisis que se me ocurren sobre la investidura de Pedro Sánchez, me voy a centrar en dos cuestiones: la primera es la falta de escrúpulos de un candidato a la presidencia del Gobierno que convoca unas elecciones generales para evitar una coalición con los populistas e independentistas y, secuestrando la voluntad de los suyos en las urnas, pone en marcha finalmente un gobierno en coalición con los primeros y apoyado por los segundos; y, por otro lado, el daño irreversible que ha hecho a España someter la defensa de los intereses generales a las necesidades presidenciables del flamante Sánchez. El primer asunto es un problema de credibilidad personal, la del propio Sánchez y la de todos esos que han clamado por el derecho a la verdad y que ahora repliegan sus plumas ante el nuevo gobierno. El segundo es más grave, es una traición cuyas consecuencias pagaremos más pronto que tarde.

La decisión del Tribunal Supremo de despenalizar el delito de rebelión, supeditando su aplicación a la existencia de una conspiración militar, sume a España en la peor de las desprotecciones porque, de facto, arrastra a todos los tipos penales que salvaguardan al Estado de los delitos más graves como, por ejemplo, es también el delito de alta traición. Es un anacronismo considerar que, en plena revolución tecnológica y de las comunicaciones, las amenazas sólo pueden llegar de la mano de un uniforme militar o de un ejército extranjero. Es difícil que veamos a un español facilitando “al enemigo la entrada en España, la toma de una plaza, puesto militar, buque o aeronave del Estado o almacenes de intendencia o armamento” como dice nuestro Código Penal en parte de su articulado referido a la alta traición. No estamos en el siglo XX, las cosas ya no funcionan con tanques o invadiendo el espacio aéreo. Ahora se negocian acuerdos e investiduras con golpistas, convictos o fugados.

Tampoco debería el constitucionalismo generar expectativas sobre una presumible inconstitucionalidad en las actuaciones de Sánchez, se equivocan: primero, hemos visto como la Constitución es hoy un concepto discutido y discutible; segundo, la Esquerra sabe que no está en disposición de afrontar una independencia real en estos momentos; y, tercero, Sánchez no pretende ser incomodado por alguna voz disonante del Poder Judicial. Lo que ha ocurrido esta tarde es que el eterno candidato Sánchez ha recogido los frutos de su impagable ayuda al independentismo: el blanqueamiento de los delincuentes. Nada más, pero nada menos.

El asunto más preocupante es que, con el único paraguas de una Unión Europea infiltrada y tambaleante, España se ha introducido en un callejón sin salida: ¿Por qué debería otro Estado deslegitimar lo que un presidente del Gobierno ha legitimado?; ¿por qué los tribunales europeos deberían avalar lo que las propias instituciones españoles han cuestionado? Habrá un antes y un después de Sánchez en el cruzada del independentismo fuera de nuestras fronteras y ésa es la mayor línea roja que ha pisoteado. El independentismo ha obtenido una victoria moral entre su público objetivo, ha logrado cambiar inercias en el complicado tablero diplomático, ha desgastado al Estado español y mantiene sus estructuras intactas para avanzar hacia el órdago definitivo. Al secesionismo le ha salido redonda su estrategia gracias a la ambición sin límites de Pedro Sánchez y una extrema izquierda barnizada de progresista. A partir de este momento, procedamos con calma e inteligencia.

Otegi y Junqueras eligen al presidente de España: una indignidad histórica
EDITORIAL ESdiario_com  8 Enero 2020

El independentismo ha elegido a Sánchez para tener más fácil alcanzar sus objetivos. Y Sánchez ha aceptado y buscado ese regalo envenenado por razones indecentes y sectarias.

Pedro Sánchez ha rematado con inapelable coherencia su indigna carrera política, que comenzó bloqueando a España tras perder dos Elecciones Generales; prosiguió fracturando a su partido haciendo pasar por traidores a los dirigentes socialistas que aceptaban el resultado de las urnas; avanzó con una moción de censura infumable por venir respaldada por todo el separatismo y ha culminado con su investidura como presidente con esos mismos apoyos y una inmensa factura a pagar por delante.

Que esa miserable secuencia haya tenido un premio tan alto en lugar de un castigo no obedece a un estado de alucinamiento colectivo, y esto hay que decirlo, sino a las facilidades que le ha dado el centroderecha al PSOE presentándose dividido y enfrentado al desafío, incluso cuando los errores de cálculo de Sánchez le dieron en noviembre la posibilidad de enmendar sus errores de abril.

España no se ha volcado con Sánchez, precisamente, y de ello da cuenta la evidencia de que ha llegado de nuevo a La Moncloa con menos diputados de los logrados por Rajoy cuando tuvo que disolver las cámaras y acudir de nuevo a las urnas.

En este punto, conviene hacer un claro reproche a PP, Cs y Vox, en la dosis que cada uno merezca: no han resultado solventes para canalizar en escaños el respaldo que sus ideas tenían en la sociedad española. Y no resulta compatible denunciar una situación de emergencia para España y luego no ser capaces de organizarse para atenderla con las mayores garantías.

Ni toda la propaganda presidencial puede tapar la evidencia: a Sánchez le han elegido presidente Otegi y Junqueras

Si el problema para el país era tan grave, y a fe que lo es, anteponer los intereses gremiales de cada sigla y de sus miembros ha sido un bochorno. Y una inmensa ayuda para Sánchez.

Pero nada de eso justifica ni adecenta la indignidad de la carrera de Sánchez, que ha sacrificado la cohesión de España para obtener un botín estrictamente personal, alimentando unos objetivos antidemocráticos, subordinando al poder Ejecutivo a los mismos y blanqueando la abyecta historia de formaciones como Bildu, encabezada por un terrorista condenado como Otegi.

La socia de Sánchez le arrastra por el suelo: "Me importa un comino la gobernabilidad de España"

Es un avergüenza histórica, tolerada por un PSOE desconocido controlado por una dirección y unos barones sin escrúpulos, que se intenta tapar invirtiendo los términos para maquillar su enorme gravedad: presentando a los independentistas como garantes de una mayoría en favor de España y a los constitucionalistas que señalan el atraco como unos vulgares ultraderechistas.

Dos delincuentes eligen a Sánchez
Le guste o no a la inmensa maquinaria mediática que auxilia a Sánchez, al presidente de España le han elegido dos partidos dirigidos por condenados por delitos de terrorismo o sedición. Y lo han hecho porque consideran que así será más fácil alcanzar sus metas. Nadie, por sectario que sea, puede negar el peso de los hechos.

Que son bien fáciles de resumir: España no se ha desbloqueado, sus mayores adversarios han puesto al frente a un presidente intervenido y dispuesto a pagar el rescate del secuestro. Una pena, una vergüenza y un peligro. Todo junto.

Por la traición del PP estamos cayendo por el precipicio
Nota del Editor 8 Enero 2020

Si el PP hubiera aprovechado alguna de las numerosas ocasiones que tuvo para haber tomado alguna medida a favor de España, no estaríamos camino de Venezuela.

El apunte de Francisco Marhuenda: La grosera sinceridad de los independentistas
 larazon 8 Enero 2020

Este martes asistimos a la última jornada del debate de investidura más lamentable de la historia de la democracia española. No tiene parangón y espero que nunca se vuelva a repetir, aunque reconozco mi pesimismo. El nivel de las intervenciones fue más adecuado para una taberna de los barrios bajos que para la representación de la soberanía nacional. Era un día importante que quedó reducido a un esperpento político que bien merecería la pluma de Galdós o Valle-Inclán, aunque una vez más la realidad supera la ficción. La izquierda ha decidido crear un relato sustentado en el frentismo, porque los que no asuman al futuro gobierno social-comunista serán fachas y adalides de la coalición del apocalipsis.

La grosera sinceridad de la independentista Montse Bassa, hermana de la encarcelada Dolors, al afirmar que “me importa un comino la gobernabilidad de España” refleja muy bien la catadura de los aliados de Pedro Sánchez. Lo lógico en ese momento es que el líder socialista se hubiera levantado para anunciar que retiraba su candidatura y seguidamente hacerlo el líder de la oposición, Pablo Casado, para pedirle que la mantuviera, porque podía contar con el apoyo de los 88 diputados del PP. Y que le hubiera seguido Arrimadas con sus 10 diputados así como otros que entendieran que España no puede dar la imagen de que la investidura ha sido posible gracias a los independentistas y los herederos de ETA. Nadie tiene la grandeza política de abandonar sus intereses personales, para defender el bien común que deberían guiar la actuación de los que se consideran patriotas y aseguran defender el espíritu constitucional.

Los cristianos creemos en la reconciliación y el perdón, pero también en que los que lo reciben se arrepientan de sus actos y hagan propósito de enmienda. No fue así. La nueva mayoría de gobierno apoyó las palabras de los representantes de ERC y de Bildu, se sintieron complacidos con los ataques de Baldoví, que se debe creer Catón, o el fariseísmo del portavoz del PNV que se ve a sí mismo como un arcángel entre infieles esgrimiendo esa superioridad tan característica del nacionalismo vasco que es un insulto a la inteligencia. Y sigo viendo la imagen seria e incluso preocupada de Sánchez que tuvo que tragar mucha quina mientras escuchaba a sus aliados cabalgando en el tigre del fanatismo. Nada queda del líder socialista que apoyaba fervorosamente el 155, criticaba y vetaba con dureza a su futuro vicepresidente o se hubiera levantado iracundo ante la estulticia de los herederos de ETA.

Es fácil recordar el insomnio presidencial, porque es un buen recurso literario, y me temo que lo sufrirá. Se han roto los consensos de la Transición y los acuerdos entre los dos grandes partidos que tan beneficiosos han sido durante estas décadas. No voy a caer en el fanatismo sectario de culparle sólo a él, pero la realidad es que se agudiza la crisis institucional. Es algo que nos retrotrae a tiempos aciagos de la historia de España, ya que desde las Cortes de Cádiz son demasiadas las ocasiones en las que la intolerancia y el fanatismo han sido la moneda común.

A los socios de Sánchez les importa un comino España, porque esperan sacar ventajas de la crisis institucional y la debilidad del gobierno. Una vez más hay que recordar que ninguno de ellos engaña, como tampoco lo hacen los que quieren unas soluciones plurinacionales que son solo la antesala de la ruptura definitiva de la unidad nacional. Es difícil olvidar la actitud de los diputados socialistas, que entiendo que mantuvieran la disciplina de voto porque para muchos hace frio fuera de la política, pero lo mismo se puede aplicar al resto del hemiciclo porque pocos son los que tienen la vida resuelta sin ejercer un cargo público. No lo digo desde una visión elitista, sino que me limito a constatar que no hay nada más angustioso que circunscribir las expectativas profesionales a la generosidad de un partido o un líder.

Lo que nos espera con el nuevo Gobierno
Amando de Miguel Libertad Digital 8 Enero 2020

Primera providencia. El nuevo Gobierno socialista no es el que han elegido los españoles. La prueba es que en su formación ha contado el peso decisivo de dos fuerzas francamente minoritarias e incluso excéntricas: los comunistas de estilo vagamente latinoameriano y los secesionistas vascos y catalanes.

La gran reforma que va a imponer el heteróclito Gobierno es elevar los impuestos dizque "a los ricos". Es el signo de que Unidas Podemos es el que verdaderamente domina la nueva singladura política. Es evidente que los llamados "ricos" trasladarán sus capitales a otros países o subirán los precios. Es decir, al final los paganos seremos todos. Que conste que en "los ricos" no se incluyen los que disfrutan de coches oficiales.

El Gobierno tratará de controlar los precios a través del BOE. Ya ha empezado a hacerlo con los alquileres. La consecuencia inmediata de tales intervenciones será la escasez y, de rebote, la elevación real de los precios. Si tal efecto se dificultara por las autoridades de consumo, aparecerán fenómenos de contrabando o de mercado negro. En definitiva, las medidas para castigar fiscalmente a los "ricos" provocarán más desigualdades y más delitos. Es lo que ha ocurrido siempre que los comunistas han estado al frente de ministerios económicos.

Al nuevo Gobierno se le va a llenar la boca con la palabra transparencia y otras análogas. Lo más probable será el efecto adverso de que cundan todavía más la opacidad, la ocultación, el secretismo. Es algo que no deja de ser contradictorio en una sociedad con tantos medios y tantas facilidades de comunicación. De momento, el Gobierno parece reacio a las verdaderas conferencias de prensa, que son la marca de los países verdaderamente democráticos. Por ejemplo, en España no se estila que los periodistas repregunten en dichas conferencias de prensa.

Es difícil que, a estas alturas, la población española vaya a aceptar con gusto la organización de la vida pública con un socialismo ribeteado de comunismo y separatismo. Así que lo más probable es que se hagan reformas de tipo ideológico y no económicas. Por ejemplo, apoyo a los musulmanes, controles a la Iglesia Católica, adopción de medidas de tipo federalista más bien simbólicas, derribo del arco de la Moncloa en Madrid. Se va a reforzar todavía más la preeminencia de Cataluña y de Euskalerría Sur (que incluye a Navarra). Asombra la estrambótica influencia que puede tener un partido llamado Bildu, heredero fiel de la ETA. En vascuence bildu es tanto como decir "convento, congregación, secta". Siempre se dijo que la ETA se gestó en los seminarios diocesanos del País Vasco.

Ahora nos hemos percatado de que el Estado de las Autonomías fue un original oxímoron que ha terminado en disparate. Por ejemplo, se nos ha inoculado el absurdo de que el País Vasco ejerza una especie de protectorado, al menos cultural, sobre Navarra. O que ocurra algo parecido en el caso de Cataluña respecto a Baleares y Valencia. Menos mal que, para compensar tales desviaciones, el nuevo vicepresidente (o valido) del Gobierno ha hablado ya de "nuestra patria". Quizá pase a decir "nuestra matria".

El toque feminista del nuevo Gobierno se va a notar en seguida con la rebaja de los impuestos en los productos de higiene femenina. Se impondrá por ley el llamado "lenguaje inclusivo". Por ejemplo, ya no se podrá decir "los españoles" como genérico, sino "las españolas".

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Antonio Burgos "hiela el corazón" de los españoles con una "pregunta malvada"
ESdiario 8 Enero 2020

En la jornada de resaca de reflexión de la investidura por "la mínima" de Pedro Sánchez todos los análisis políticos de opinión se muestran pesimistas, pero el escritor va un poco más lejos.

Definitivamente no se habla de otra cosa este miércoles en las columnas de opinión que de la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno este martes y entre los analistas que se suman a la jornada de resaca de reflexión, Antonio Burgos opta por las metáforas deportivas en su columna de ABC: "El resultado obtenido por Sánchez en su investidura, con sólo dos votos de diferencia, victoria por la mínima que se dice en el lenguaje deportivo, me recordaba más a marcador del Villamarín o de Mendizorroza que a elección parlamentaria de un presidente del Gobierno de España".

Eso sí, matiza, "por la mínima, ha ganado lo peor".
Se considera "tan torpe" que no aprende las novedades que nos esperan, pero lo que no olvida son las viejas enseñanzas de la Historia: "En 1931, de unas elecciones municipales salió un cambio de régimen y el advenimiento con pucherazo de la II República. En 2020, de la investidura de un presidente de Gobierno al tercer intento, nos ha salido nada menos que un acuerdo de peaje encaminado directamente a otro golpe de régimen y a pegarle el golletazo a la Constitución de 1978".

Recuerda Burgos que "los que han propiciado la Coalición Progresista, dijeron ayer que les importa un comino la gobernabilidad de España" y añade que "lo peor es que no es sólo la gobernabilidad: es España misma la que les importa una higa, porque están por otras labores de mesas de diálogo de Gobierno a Gobierno y tiro porque me toca, de autodeterminación y de amnistía para los políticos presos, que me imagino se dirá ya presos políticos".

Al hilo de las rebajas de enero, ironiza con que "Sánchez encontró a las dos Españas baratitas, por dos votos de diferencia. En las que curiosamente la que era la buena pasa a ser la abyecta y viceversa. Y quien no piense así, es facha o ultraderecha".

En este sentido admite que "yo mismo estoy escribiendo estas cosas en el muro de las lamentaciones de la Patria mía porque soy un facha, que piensa que este Gobierno es muy representativo... de quienes lo han propiciado; pero no de la mayoría de españoles que, por voz de Inés Arrimadas, de Casado, de Abascal o de Ana Oramas siguen creyendo en la dignidad y en la Constitución".

Cree apesadumbrado el escritor que la palabra "dignidad" no entra en el "neolenguaje de esta coalición socialcomunista sostenida por separatistas catalanes y vascongados y por filoetarras" y concluye con una "pregunta malvada: ¿hubiera sido el mismo el resultado de la victoria por la mínima de la Presidencia si en vez de por llamamiento, dando el careto ante los que les pagan el sueldo y las mamelas, los diputados hubieran votado en conciencia mediante papeleta? ¿No dicen que el voto es secreto? ¿Por qué en la investidura ha de ser a cara descubierta, para que confirmemos que Teruel existe, sí, pero que la representa un tío con menos vergüenza que dignidad o que las anchoas de Revilla merecen toda complacencia tras el ejemplo de coherencia ofrecido ante las dos Españas?".

En resumen: "Hemos de poner la calefacción a tope para que una de las dos Españas resucitadas por Sánchez, la que quiere destruirla y ganó por la mínima, no nos hiele el corazón".

Gobierno en precario
Liberal Enfurruñada okdiario 8 Enero 2020

Atada y bien atada tenía el Felón su sexta votación de investidura y por fin lo consiguió. A cambio de un colchón en la Moncloa habría vendido su alma al diablo si le hubiera hecho falta, pero no lo necesitó. A Sánchez le ha bastado con purgar a fondo su partido después de reformar sus estatutos para quitarle poder a su Comité Federal, prometer en campaña electoral que con Pablo Iglesias no se iba a tomar ni una cerveza, que a los separatistas no los iba ni a saludar, que prohibiría los referéndums sobre independencia, que traería detenido a Puigdemont y que con Bildu no iban a pactar, hacer un rollo de papel higiénico con sus promesas y usarlo después de ciscarse en todos sus votantes, abrazarse al chavista, hacerlo vicepresidente a él, ministra a su pareja y a tres comunistas más, incluido ese que tiene como modelo a Cuba, bajarse los pantalones ante los filoetarras de Bildu, llevarse a la Guardia Civil de Navarra, demoler la Abogacía del Estado y ya con eso ha sido suficiente… por hoy.

Era imposible que ninguno de los 167 disputados que le habían prometido su voto incumpliera su promesa y votase en conciencia. Primero porque todos ellos tienen mucho que perder y nada que ganar, porque entre sus intereses no aparecen los generales de España, ni siquiera mantener la dignidad del que cumple sus promesas. Y en segundo lugar porque ERC ya había informado de que harían inútil cualquier arrebato de dignidad socialista cambiando el sentido de sus votos de la abstención al sí en caso de resultar necesario. Y perdida toda esperanza, el sacrificio habría resultado inútil.

Se podrá formar por fin ese Gobierno al que socialistas y comunistas repetidamente llaman “progresista”, tergiversando el auténtico significado del sustantivo “progreso”, que define la acción de ir hacia delante, de avanzar; actividad que resulta absolutamente incompatible con el comunismo, por mucho que éste se apellide “del siglo XXI” para intentar diferenciarse del movimiento reaccionario causante de tanta muerte, represión y miseria que en realidad representa siempre el comunismo. Siempre, en todo momento y en todo lugar, allí donde el comunismo de los Iglesias, Montero y Garzón ha rozado el poder los derechos y libertades de los ciudadanos han retrocedido y lo único que ha progresado ha sido la miseria, la represión y los patrimonios personales de esos líderes que se enriquecen rápidamente a costa de empobrecer a sus pueblos. Y este Gobierno socialista y comunista nace hipotecado a separatistas y filoetarras que el único progreso que favorecerán será el que más perjudique al resto de españoles a quienes nos consideran sus enemigos.

“El matrimonio entre la mentira y la traición”, como acertadamente califica Santiago Abascal al Gobierno de Pedro Sánchez no será para nada progresista, pero sí será absolutamente precario, porque todas las cesiones, traiciones, fraudes y mentiras a las que el Felón se ha visto obligado para mantener el Falcon ya le han caducado hoy tras lograr su investidura. A partir de mañana cada nueva votación precisará de una nueva traición, cada negociación necesitará su propia cesión y cada proyecto una nueva renuncia. Este Gobierno precario resistirá lo que los barones del PSOE sean capaces de soportar la fuga de votos en sus respectivas Comunidades. Este Gobierno precario durará lo que aguante la indignidad de esos 120 socialistas que han mentido a sus electores y que a partir de mañana tendrán que convivir con la vergüenza de haber traicionado a sus vecinos a cambio de un plato de lentejas. Este Gobierno precario caerá en cuanto quieran los golpistas, los filoetarras y los comunistas, quienes a partir de hoy tienen al PSOE cogido por sus partes menos nobles.

Jaque mate a 1978
Juan Ángel Soto, director de Civismo okdiario 8 Enero 2020

A la tercera va la vencida, pero Pedro Sánchez ha necesitado seis votaciones para ser investido presidente del Gobierno con un escasísimo margen de dos votos (167 a favor y 165 en contra); el más estrecho en cuarenta años de democracia. Aun así, la negociación entre PSOE y los diferentes partidos de izquierda y nacionalistas ha dado sus frutos y Sánchez seguirá como inquilino de La Moncloa.

A lo largo de estos días de debates y votación, hay quienes han visto con normalidad, interés, e incluso sorna, muchos de los discursos pronunciados por varios de sus señorías, con especial mención a los antisistema de la CUP o a los portavoces de Bildu. Estos han puesto de manifiesto, como hace unas semanas las estrafalarias fórmulas de muchos para acatar la Constitución, que el nuevo Ejecutivo se halla en un régimen distinto al instaurado en 1978. Como poco, entramos en un periodo de transición entre el anterior y lo desconocido. Sí se puede aventurar que estamos ante un cambio de régimen. Y esto es así por tres motivos fundamentalmente.

En primer lugar, por quiénes lo configurarán. El nuevo Gobierno estará en deuda con aquellos que le hayan prestado su apoyo (o aquiescencia). Lo ejemplifica el caso de Navarra, donde Bildu está cobrando muy caros los favores al PSN en la investidura de Chivite, y también lo harán el PNV, ERC, Bildu y demás turba separatista y populista.

En segundo, es muy importante el cuándo. Se trata de una cuestión contextual, del panorama en que este nuevo Ejecutivo comienza su andadura. A la desaceleración económica internacional se suma una inestabilidad política mayúscula que difícilmente va a superar a tenor de su nefasto historial como gestores.

Por último, está la cuestión de qué se ha pactado. Por lo que sabemos de los acuerdos del PSOE con Podemos y ERC —y también por lo que desconocemos— implican liquidar la Constitución de una forma tan implícita como evidente. No hay nocturnidad en este asedio: se ha producido a plena luz, desde la tribuna del Congreso.

Todos estos cambios revisten tal profundidad que suponen más que un mero reemplazo del Ejecutivo. Para comprobarlo, basta echar un breve vistazo atrás, y remontarnos a la Cuarta República Francesa, pues los paralelismos son cristalinos y, precisamente por ello, inquietantes.

Como parece haber sucedido con Cataluña en el caso de España, el detonante para el colapso de la Cuarta República Francesa se produjo con la crisis de Argelia de 1958: su colonia con mayor población gala, que buscaba denodadamente su escisión de la metrópoli. También como en Cataluña, la situación se agravó por las tensiones entre la población que quería seguir formando parte de Francia, y los que deseaban separarse, con la consiguiente fricción interna y fractura social.

Los tiempos han cambiado mucho en sesenta años, y el uso de la violencia resulta cada vez más residual de cara a conseguir réditos políticos en Occidente, incluso aquellos legítimos, como la preservación del Estado de derecho. Quizá, esto explica por qué en Cataluña no se ha desatado un conflicto con aires guerracivilistas. Ni que, al contrario que en la Argelia de 1958, se haya rebelado una facción del ejército para, unilateralmente, poner fin al deseo separatista. No obstante, la tensión se asemeja hasta el punto de que hay políticos que han instado a las Fuerzas Armadas a detener este golpe.

Pero lo especialmente revelador es que la Cuarta República Francesa, además de por los choques nacionalistas y separatistas señalados, se derrumbó, sobre todo, por falta de consenso político y una sucesión de gobiernos que se formaban y disolvían con rapidez. Así, hubo 21 primeros ministros entre 1947 y 1958. Si bien no podemos augurar una corta vida al Ejecutivo que nace hoy, sí que su recorrido estará plagado de obstáculos.

Por finalizar con la comparación, en la Francia de finales de los años 50, ante el colapso total, el presidente De Gaulle encabezó un proceso para la disolución de la Cuarta República Francesa y convocó una convención constituyente que daría lugar a la Quinta. En la España de hoy, Sánchez —por motivos ideológicos o solo pragmáticos, igualmente deleznables— está haciendo lo mismo: cambiar el orden constitucional. No obstante, hay una diferencia. La Quinta República nació a través de un proceso constituyente de reforma, mientras que el nuevo régimen español lo hará por medio de la subversión del mismo. Un orden constitucional que, con sus virtudes y defectos, ha traído el mayor periodo de concordia, convivencia, prosperidad y libertad de la historia de nuestro país. Una Constitución que es el pilar de un régimen que merece la pena preservarse, y más ante la alternativa de pesadilla que desde hoy nos gobierna.

Esquerra humilla y apuntilla a Sánchez
Carlos Dávila okdiario 8 Enero 2020

“Cualquiera con dignidad se hubiera alzado contra la humillación que Esquerra ha perpetrado contra Sánchez”. El diputado José María Mazón, el único que tienen los regionalistas cántabros en Madrid, habla así de un episodio que, por su virulencia, fue protagonista de la asombrosa intervención de la representante del independentismo de ERC. A partir de ahora el presidente electo ya sabe lo que le espera: una legislatura, probablemente corta, en la que uno de sus socios, el que le ha devuelto a La Moncloa, le ha advertido de que ellos, los secesionistas, están en otra cosa, que la gobernabilidad de España les trae por una higa. Los socialistas que ahora mismo están fuera del Parlamento, no daban crédito a semejante degradación. “Se puede pactar hasta con el diablo, pero no a costa de que el diablo se te orine en la cara”. “Si hace falta -me decía mi interlocutor- que escribas quién soy; hazlo: ya no podemos más”.

Pues algunos sí, por ejemplo, el presidente de la Comunidad de Valencia, Ximo Puig, que fue el único correligionario de Pedro Sánchez con cargo autonómico que viajó a Madrid para aplaudir al neopresidente. ¡Y cómo lo hacía! Los demás, se quedaron en casa para no visualizar un ejercicio de indecencia como el acreditado por Sánchez. Fuera del hemiciclo, en la tribuna de invitados, el jefe de Gabinete del monclovita, el mercenario Iván Redondo (así se define a sí mismo) se mataba las manos festejando las ocurrencias de su protegido. Él se siente triunfador, reconoce que es un “táctico” que se mueve, como un Simeone cualquiera, “partido a partido”.

“Yo, afirma continuamente, he conseguido dos cosas: dividir a las “tres derechas” (otro de sus ingenios) y dividir a los independentistas”. La cosa, en su opinión, le ha quedado de miedo. Sin embargo, la realidad es cruenta y lo que va a permanecer durante mucho tiempo tras esta bochornosa investidura, son, por lo menos, unas constancias que marcarán los meses del nuevo tiempo sanchista. En primer lugar, la certeza de que este político redivido y soberbio, no tiene la menor intención de defender ni a la Monarquía, ni a su actual representante Felipe VI. Después, que ya sabemos sin duda que ETA nos ha ganado, que como bien dijo Santiago Abascal: “La banda es la compañía aseguradora de este Gobierno”.

En tercer lugar, que este Gobierno contra natura puede hacer aguas a las primeras de cambio, sin inr más lejos cuando se trate de tomar posición en el brutal conflicto entre Estados Unidos e Irán. También -hay que repetirlo- es una constancia que, a partir de ahora mismo, el porvenir de Sánchez depende de lo peor de cada casa: de los proetarras de Bildu que le van a hacer una huelga general el 30 de enero, y de Esquerra que ya le ha dicho que “la legislatura depende únicamente de nosotros”. No se puede marginar además otro aviso: la coalición del Frente Popular es ya un remedo ventajoso de la que llevó a España al abismo antes de la guerra.

Pero es que, a mayor abundamiento, los citados independentistas, junto con los leninistas de Iglesias, han avanzado que se emplearan a fondo para liberar a los que ellos denominan presos políticos” ¿Se avendrá Sánchez a aceptar esta exigencia? El secretario general del PP, Teodoro García Egea, no alberga la menor duda: “naturalmente que sí”. La salida a la calle de los conmilitones de Junqueras forma parte de esa eufemística “desjudicialización” con la que ha amaga el nuevo presidente y que consiste, antes que en nada, en abortar cualquier iniciativa judicial que intente penar las actividades subversivas del independentismo.

Y todo esto se va a producir en un clima que huele a guerracivilismo. No es una broma, ni nada que pueda arrumbarse, el hecho de que tres oradores de este Parlamento desenterraran frases y términos que fueron de común uso hace ya casi un siglo. “No pasarán” nos advirtió el cómplice de ETA”; “Seréis derrotados” avisó Lastra desde su complicidad con Sánchez; “El miedo ha cambiado de bando”, recordaban los colegas de Pablo Iglesias apenas cercenadas los últimos llantos de su jefe. Son anuncios que no hay por qué desdeñar.

En este grosero ambiente, solo empieza a crecer un rumor que, más pronto que tarde, tiene que convertirse en noticia: la posibilidad de que, de una vez por todas el centro y la derecha se tomen España en serio y se apresten a combatir conjuntamente la tragedia del Frente Popular. Este rumor, desde luego, merece más concreciones. Las haremos.

Sánchez cita en plan ‘fake’ a Azaña que siempre acusó a Cataluña de traición
Manuel Cerdán okdiario 8 Enero 2020

Pedro Sánchez tuvo ayer la gran oportunidad de su vida de mantener la boca cerrada cuando usó en vano el nombre de Manuel Azaña, el último presidente de la II República, para justificar su gobierno sáncheztein con Pablo Iglesias y con el permiso de Ezquerra Republicana de Cataluña (ERC). El doctor fake utilizó de manera fake la memoria del jefe de Estado republicano. Toda una hazaña, pero con hache.

Azaña tenía muy claro desde que se inició la Guerra Civil de que “la resistencia de la República se apoyaba en Madrid y Cataluña”. Por eso el que fuera presidente de la República, entre 1936 y 1939, se lamentó del comportamiento de los partidos políticos y sindicatos catalanes en un artículo que publicó en la prensa internacional durante su exilio en Callonges-sous-Salève, en la Alta Saboya francesa, cerca de la frontera suiza: “Desde julio de 1936, hacían todo lo necesario (y bastante más de lo necesario), para aumentar temerariamente la importancia de la región en los problemas de la guerra. No puede negarse que lo consiguieron, por acción y por omisión. Por acción, atribuyéndose funciones, incluso en el orden militar, que en modo alguno les correspondían; por omisión, escatimando la cooperación con el Gobierno de la República”.

Y Azaña no omitía en su escrito la traición de los catalanes hacía el Estado republicano que, siendo él presidente del Gobierno en 1932, los había beneficiado con el mejor Estatuto de Autonomía de la historia de Cataluña: “Después que, a consecuencia, del alzamiento, y aprovechándose de la confusión, los poderes públicos de Cataluña se salieron de su cauce, se produjo la reacción necesaria por parte del Estado, que se había visto desalojado casi por completo de aquella región”.

¿Les suena el lamento de quien era el jefe de Estado de una España en plena guerra civil? Los republicanos catalanes, que ahora sacan pecho frente a una Jefatura de Estado monárquica, se mostraban igual de traidores y viles con un régimen republicano que necesitaba su fuerza para enfrentarse al ejército de Franco.

Pero como los hechos históricos se manifiestan de manera cíclica, según Azaña, “los que oficialmente representaban la opinión catalana solían decir que Cataluña y su gobierno eran vejados y atropellados por el gobierno de la República, que les arrebataba no solamente las situaciones de hecho (las cursivas son del autor del texto) conquistadas desde el comienzo de la guerra, sino las facultades que legalmente les confería el régimen autonómico”.

La historia se repite
Más de lo mismo ochenta años atrás y, aún peor, cuando en teoría se enfrentaba a un envite fascista, que tanto manosean ahora Pablo Iglesia y Gabriel Rufián en sus discursos populistas. ¿Y qué decir del comportamiento ruin y mendaz de los políticos catalanes que eran retratados por el propio presidente de la tan ansiada República a la que hicieron añicos desde el egoísmo supremacista?

Pero Azaña no se amilanó cuando decidió narrar las miserias de sus socios guerracivilistas: “Miraban en el Ejército de la República, reorganizado en Cataluña desde que en mayo del 37 el Estado recuperó en la región el mando militar, un ‘ejército de ocupación’. Consideraban perdida la autonomía y menospreciada la aportación de Cataluña a la defensa de la República”.

Pero esa no era la única queja del entonces jefe del Estado que acusaba en su artículo a los políticos catalanes de estar más atentos a “las ambiciones políticas locales del nacionalismo catalán……. que estorbaba gravísimamente la función del poder central”. Según Azaña, ese comportamiento “influyó perniciosamente hasta el último momento” en la respuesta a las tropas franquistas.

Y Azaña, sin quererlo, pone en el punto de mira a los actuales socios del Gobierno sáncheztein: “Los dos problemas eran: el nacionalismo catalán y el sindicalismo anarquista y revolucionario”. Y ahí los tienen: los podemitas, con los antisistemas, borrokas y anticapitalistas en La Moncloa y los independentistas, herederos de aquellos traidores de la República, en una mesa de negociación en la que poco importa el diálogo y sí mucho el logro de un referéndum.

Mientras tanto, el doctor fake Sánchez se dedica a esgrimir citas históricas de la persona que, con dignidad, puso en su sitio a los felones de la II República.

Azaña, que una vez más acertaba en la diana con sus comentarios sobre Cataluña, criticaba a los catalanes por actuar desde una posición de “raza”. Aseguraba que se consideraban “distintos, cuando no contrarios de los demás españoles”.

El ex presidente republicano responsabilizaba de muchos de los acontecimientos de la época a “un partido o Liga” -en referencia a la Liga Regionalista de Francesc Cambó-, “profundamente burgués y conservador”, que “colaboró en algunos ministerios de la monarquía y les arrancó la concesión de una autonomía administrativa para Cataluña”.

Y, una vez más, sin pretenderlo, Azaña daba otro salto en el tiempo hasta finales del siglo XX y comienzos del XXI. Ahí quedaban retratados los Pujol, Mas, Puigdemont y Torra y toda la burguesía nacionalista catalana, que ahora se ha echado al monte del republicanismo aparentemente de izquierda.

La misma canción
Azaña se adelantaba a la España actual, la del procés y del golpismo del 1-O, cuando escribía: “Producido el alzamiento de julio del 36, nacionalismo y sindicalismo, en una acción muy confusa, pero convergente, usurparon todas las funciones del Estado en Cataluña…. Pero el levantamiento de la guarnición de Barcelona fue vencido el 20 de julio”.

Y el entonces presidente de España destacaba el determinante papel de la Guardia Civil que se mantuvo fiel al Estado, la misma República que tanto ensalzan ahora Sánchez, Iglesias y Rufián de manera trufada. Los hechos se repiten como si nos encontráramos envueltos en un bucle del eterno retorno nietzscheano.

Azaña también se lamenta de “los catalanistas conservadores” que “se pusieron decididamente al servicio de la que era entonces Junta de Burgos” para librarse “del peligro comunista y de la revolución”. Los mismos que ahora reivindican la tricolor desde las filas del fugado Puigdemont y del inhabilitado Torra: los herederos del pujolismo y de la burguesía más segregacionista catalana, rancia y supremacista catalana.

Azaña relataba cuáles fueron las situaciones de hecho contra la República de las que pretendieron valerse sus socios catalanes, como ahora pretenden aprovecharse los dirigentes de ERC: los cuarteles militares fueron ocupados por las “milicias antifascistas”; el Gobierno catalán se apropió de la fortaleza de Montjuich; la policía de fronteras, las aduanas y los ferrocarriles fueron arrebatados al Estado; el Liceo, “propiedad de una empresa privada en el que se representaban zarzuelas madrileñas y óperas francesas o italianas”, pasó a llamarse Teatro Nacional de Cataluña; el gobierno catalán emitió unos billetes ilegítimos al margen del Banco de España; crearon un ejército catalán… Y así un despropósito interminable.

Pero el mayor gesto insolidario del Gobierno catalán, según Azaña, fue la creación de un Ministerio de la Guerra, denominado Consejería de Defensa, para proteger sus fronteras, que comenzó siendo dirigido por un militar profesional pero pasó a manos de “un obrero tonelero”. Según Azaña, entre los independentistas catalanes “dominaba la creencia de que la guerra se decidiría en otra parte, lejos de Cataluña”.

Y en el ámbito económico, aquella Cataluña independentista, que emprendía por su propia cuenta una especie de guerra de Gila, pedía ayuda a papá Estado cuando se quedaba con las arcas vacías. También lo cuenta Azaña: “Exhausta su tesorería, el gobierno catalán se volvía al gobierno de la República, para obtener su auxilio, mediante la liquidación de suministros de material de guerra y de gastos hechos por cuenta del Estado, y otros conceptos, que daban origen a discusiones, compromisos y regateos muy penosos, con los que enredaban las cuestiones de política general, y cuya solución, cuando parecía haberse encontrado alguna, dejaba descontentas a las dos partes”.

¿Les suena la misma canción ochenta años después? Una vez más el eterno retorno. Con Cataluña la historia se repite una y mil veces y Sánchez va a propiciar una nueva situación de hecho, como la define Azaña.

En plena guerra, en 1938, se lamentaba el ex presidente republicano: “El gobierno catalán suspendió o prohibió la fabricación de un pedido contratado directamente por el gobierno de la República”. ¿Y cuál fue la respuesta del Estado?: “Militarizar en septiembre del 38, sometiéndolas al Ministerio de la Guerra, las fábricas del material”. Todo aquello, según Azaña, entre otras causas, condujo a la República al gran desastre militar.

El grito de Romanones, -“¡Vaya tropa!”- serviría de titular para los lamentos del último jefe de Estado de la II República. Un epitafio para el nuevo Gobierno sáncheztein y para los republicanos guerracivilistas Sánchez, Iglesias y Rufián. La historia es cíclica y se repite. También la traición y la felonía.

El presidente demediado
Ignacio Camacho ABC 8 Enero 2020

No le ahorraron una humillación postrera antes de que los suyos pudieran prorrumpir en una ovación que era menos de alegría que de alivio. A la alegre pandilla de Rufián le costaba ceder el liderazgo de la insolencia antidemocrática a Bildu y se empeñó en mejorar el desparrame tardoetarra del domingo. Así, la hermana diputada de una condenada por sedición convirtió la sesión al fin triunfal -a la tercera- de Sánchez en «la investidura del comino», acusándolo de verdugo y pasándole por la cara la vejatoria indiferencia de su apoyo más despectivo. El candidato volvió a tragar, dame pan y dime tonto, como tendrá que seguir tragando todas las afrentas que se le ocurran a los verdaderos dueños de su destino. Antes había llamado «contencioso territorial» a lo que una vez fue un «problema de convivencia» y después un «conflicto político»; como le siga quitando importancia acabará considerando el desafío secesionista un capricho propio de chiquillos. Luego fue Pablo Iglesias el que le robó el protagonismo, primero con el montaje escénico de lágrimas y ramos de flores y a continuación anunciando, no ya sus ministros, sino los cargos subalternos de una vicepresidencia que aún no ha asumido. El Sánchez del verano tenía razón: habrá dos Gobiernos estancos como había predicho, dos equipos de obediencia separada e intereses distintos. Y es sólo el principio. Todos los aprietos que va a pasar los pronosticó él mismo.

Es el precio de camuflar su fracaso en esta victoria arrastrada a base de encajar desdenes y agravios; la factura de este poder arrendado a un racimo de radicales que cada mañana le servirán para desayunar un sapo. Es el importe debido de su ansiedad por sostener de cualquier manera un liderazgo que sus propios socios van a someter a menoscabo. Es el presidente, sí, y un presidente legítimo, pero demediado, cabeza nominal de un Gabinete escindido cuyo peso político, ideológico y mediático va a acaparar el rival al que intentó enterrar y al que por pura necesidad ha acabado resucitando para agarrarse a él como tabla de náufrago.

Tiene lo que quería, al menos en parte, pero está sometido al programa de Podemos y a un separatismo insurreccional al que ha tenido que prometer la impunidad y un referéndum, y al que deberá complacer en sus exigencias y requerimientos para sacar adelante siquiera el primer presupuesto. Le da igual porque no tenía otro objetivo ni otra agenda que salvar su puesto como fuera, porque nunca ha creído en otra cosa que en su supervivencia. Al final le han cuadrado, por los pelos, las cuentas, pero tendrá que atenerse a la amarga sentencia de la toná flamenca: «Desgraciaíto el que come / el pan por manita ajena; / siempre mirando a la cara/ si la ponen mala o güena». Se trata de una soleá o un martinete pero en esta sedicente coalición progresista, negociada con un preso que cumple condena, se canta por carceleras.

Por la mínima y lo peor
Dijeron que les importa un comino la gobernabilidad de España
Antonio Burgos ABC 8 Enero 2020

Miré los muros de la Patria mía, y en vez de usarlos como el de las lamentaciones y pedir prestados pañuelos para hartarme de llorar, preferí usar el humor como arma de detracción masiva. El resultado obtenido por Sánchez en su investidura, con sólo dos votos de diferencia, dos, «victoria por la mínima» que se dice en el lenguaje deportivo, me recordaba más a marcador del Villamarín o de Mendizorroza que a elección parlamentaria de un presidente del Gobierno de España. ¿O de Expaña? Ah, no, que no se dice ya Gobierno: es «Coalición Progresista». Tenemos que aprender urgentemente el Neolenguaje. Estoy por empezar a hacer un Diccionario del Neolenguaje en el que, por ejemplo, Frente Popular socialcomunista se dice «Coalición Progresista» y sedición independentista con referéndum ilegal y condena del Supremo es «conflicto catalán». Por la mínima, ha ganado lo peor.

Soy tan torpe que no aprendo las novedades que nos esperan, pero no olvido las viejas enseñanzas de la Historia, las que según Santayana estamos condenados a repetir, y a la vista está. En 1931, de unas elecciones municipales salió un cambio de régimen y el advenimiento con pucherazo de la II República. En 2020, de la investidura de un presidente de Gobierno al tercer intento (como los toreros que descabellan muy malamente), nos ha salido nada menos que un acuerdo de peaje encaminado directamente a otro golpe de régimen y a pegarle el golletazo a la Constitución de 1978. Menos mal que para estas personas no hay problemas de conciencia, pero ¿cómo van a cumplir y a hacer cumplir la Constitución los ministros que han de prometerlo así ante el Rey en las próximas horas? Los que han propiciado el Frente Popular, perdón, la Coalición Progresista, dijeron ayer que les importa un comino la gobernabilidad de España. Lo peor es que no es sólo la gobernabilidad: es España misma la que les importa una higa, porque están por otras labores de mesas de diálogo de Gobierno a Gobierno y tiro porque me toca, de autodeterminación y de amnistía para los políticos presos, que me imagino se dirá ya presos políticos.

En las rebajas de enero se ofrecen grandes oportunidades. Ayer mismo, en las rebajas de enero de su investidura, Sánchez encontró a las dos Españas baratitas, por dos votos de diferencia. En las que curiosamente la que era la buena pasa a ser la abyecta y viceversa. Y quien no piense así, es facha o ultraderecha. Yo mismo estoy escribiendo estas cosas en el muro de las lamentaciones de la Patria mía porque soy un facha, que piensa que este Gobierno es muy representativo. Sí, muy representativo... de quienes lo han propiciado; pero no de la mayoría de españoles que, por voz de Inés Arrimadas, de Casado, de Abascal o de Ana Oramas siguen creyendo en la dignidad y en la Constitución. Ay, la dignidad. Esa palabra no entra en el neolenguaje de esta coalición socialcomunista sostenida por separatistas catalanes y vascongados y por filoetarras. Y una pregunta malvada: ¿hubiera sido el mismo el resultado de la victoria por la mínima en el Mendizorroza de la Presidencia si en vez de por llamamiento, dando el careto ante los que les pagan el sueldo y las mamelas, los diputados hubieran votado en conciencia mediante papeleta? ¿No dicen que el voto es secreto? ¿Por qué en la investidura ha de ser a cara descubierta, para que confirmemos que Teruel existe, sí, pero que la representa un tío con menos vergüenza que dignidad o que las anchoas de Revilla merecen toda complacencia tras el ejemplo de coherencia ofrecido ante las dos Españas? Me dirán que No Passssa Nada. Pues anda que sí que va a pasar: esperen al primer Consejo de Ministros del viernes. ¡Cataclás! Pasa que hemos de poner la calefacción a tope para que una de las dos Españas resucitadas por Sánchez, la que quiere destruirla y ganó ayer por la mínima, no nos hiele el corazón.

El gobierno comino
Nace un pato cojo que caminará lo que permita Junqueras
Luis Ventoso ABC 8 Enero 2020

Meritxell Batet, la nacionalista catalana del PSC que preside el Congreso, ejerce su moderación con sosiego. Suele permitir que los portavoces se despachen sin apremiarlos ni reconvenirlos (incluso cuando insultan al Jefe del Estado, como Bildu el domingo). Pero ayer Batet rompió su tónica tranquila urgiendo varias veces a la oradora de ERC, Montserrat Bassa, para que fuese rematando su discurso. ¿Por qué le entraron esas prisas súbitas a Batet? Pues porque Bassa, hermana de una dirigente sediciosa condenada a 12 años de cárcel, se vino arriba y cantó «La traviata» sobre el pacto Sánchez-ERC. «La gobernabilidad de España me importa un comino», confesó desde la tribuna del Congreso. Y acto seguido explicó que lo único que buscan invistiendo a Sánchez es alcanzar «la República catalana independiente desde la cordialidad con España» (frase perfectamente omitida en el Telediario de ayer de TVE, no vaya a ser que el pueblo perciba el talón de Aquiles de nuestra gloriosa «coalición progresista»).

Éxtasis. Sánchez levitaba en su pedestal. Hasta dirigió a los fotógrafos que lo retrataban. El vicepresidente Iglesias prorrumpió en gruesos lagrimones, cual ayatolá iraní, conmovido por haber asaltado al fin un cachito de cielo. La euforia seguirá unas semanas. Por decreto se pueden hacer muchas cosas. El Gobierno de la «coalición progresista» tiene apoyos para cepillarse la reforma laboral y subir el sueldo mínimo, anotándose así dos tantos propagandísticos de «sensibilidad social». Pero los golpes de efecto iniciales serán solo un espejismo. A la larga, Sánchez es un pato cojo, como denominan en la jerga americana a los presidentes de cartón-piedra. Si ERC ha mantenido el apoyo al PSOE pese a las inhabilitaciones de Junqueras y Torra, Sánchez tiene que haberles presentado un ofertón bajo cuerda, algo más que competencias y dinero. Así que cuando se acerquen los presupuestos, ERC le pasará su factura: o me das el referéndum, o despídete del chiringuito. Con tal de dormir en La Moncloa, Sánchez es capaz de continuar con las cuentas de Montoro ad infinitum. Pero el suyo pasaría entonces de Gobierno Frankenstein a Gobierno zombi, pues carece de mayoría para reformar la Constitución y en la actual no cabe lo que exige ERC.

Esta fotografía no llega al gran público, debido a las televisiones. Toda la trompetería oficialista predica ya un mismo argumento: la derecha española es antidemocrática y cuasi fascista y se niega a aceptar que ha ganado una mayoría progresista, que arreglará el problema territorial dialogando y traerá «justicia social». Efecto Pavlov: en cuanto las cadenas machaquen esta sintonía varias semanas, el público concluirá, en efecto, que Casado y Arrimadas -no hablemos ya de Abascal- son los nietos de Franco y deben ser aislados. Pero el Gobierno del comino continuará renqueando. Porque alberga dos hiperegos. Porque los radicales de este camarote de los Marx -sección Karl- tropezarán con el rigor fiscal de la UE. Y, sobre todo, porque el surtidor de gasolina del coche lo maneja Junqueras, que no se apeará jamás de su república de Exin Castillos.

En la boca del lobo
España está hoy peor que en 1981. Entonces la inmensa mayoría apoyaba la democracia. Hoy la (magra) mayoría del Congreso apoya la mentira
Ramón Pérez-Maura ABC 8 Enero 2020

Disimulado entre la festividad de Reyes, los roscones y los regalos, España ha vivido el pasado fin de semana uno de los momentos más trágicos de su historia. Todos sabemos, el mundo entero reconoce con envidia, el éxito sin igual que fue la Transición. Un modelo de cómo pasar de un régimen autoritario a una democracia en la que no había prohibiciones como las hay en Alemania -defender el nazismo- o en Estados Unidos -defender el comunismo- u otros casos repartidos por el mundo. Aquí se podía defender todo. Ahora ya, cada vez menos. Hoy sólo se puede defender un totalitarismo que ha puesto sus primeros peones en el poder, porque ahí lo han colocado los votos de los españoles, como bien ha dicho Pedro Sánchez en el debate de investidura -fue una de sus pocas verdades-. Olvidó la oposición contestar a Sánchez que a Adolf Hitler también le puso en el poder el voto democrático de los alemanes. Tan democrático como el que ha investido a Podemos y al PSOE hogaño.

Este Frente popular no disimula su voluntad de arrasar las instituciones. Sánchez lleva tiempo dando señales de ello. Pero si él se negó en el debate a defender a la Corona ni de los bilduetarras, ¿por qué va a hacerlo el próximo vicepresidente Iglesias? El artículo 62 de la Constitución establece que una de las competencias del Rey es «nombrar y separar a los miembros del Gobierno, a propuesta de su presidente». Pablo Iglesias ya ha tenido a bien comunicar a la opinión pública quiénes van a ser los ministros de su cuota de poder. A uno de ellos, Manuel Castells, incluso lo llevó ayer a las Cortes porque, siendo de Hellín, Albacete, Castells ha dedicado tanto tiempo a París, California y Barcelona que las Cortes españolas le resultan desconocidas. Iglesias anuncia al Rey sus ministros una semana antes de nombrarlos.

La forma en que se está atacando constante e inmisericordemente a la Corona es la mejor prueba de que Sánchez viene a arrasar todo. El Rey es un estorbo. La única sonrisa que se atisbó a Sánchez en toda la Pascua Militar del 6 de enero fue cuando llegaron los Reyes al Palacio Real. Ahí estaba Sánchez, siendo él el que recibía al Rey en la casa oficial del Rey. La que le gustaría que sea su casa.

Lo que hemos vivido en los últimos cinco días es el finiquito de la Constitución de 1978 como referente de la legitimidad política. El PSOE ya no lo tiene. Y los «valientes» dirigentes del PSOE que se irían del partido si pasaba lo que ha pasado este fin de semana siguen instalados en su poltrona, véase Guillermo Fernández Vara, o desaparecidos en combate, como Juan Carlos Rodríguez Ibarra.

Sólo queda una esperanza para los que creemos que no se puede ser tan ciego como para anteponer tu voluntad de ser presidente a cualquier precio -o ministro, o subsecretario, o subdelegado del Gobierno en Albacete...- a la supervivencia de la España constitucional, que ayer quedó al borde del precipicio con más de medio cuerpo colgando. Esa esperanza es la mentira. Sánchez ha llegado hasta aquí mintiendo a todos. Tengo dicho que él ha legitimado el uso de la mentira como arma política aceptable. Hasta ahora la empleó contra los rivales que tiene a su derecha. Quiero creer que esta vez la ha empleado para subyugar a los que tiene a su izquierda.

España pasa hoy por una situación mucho peor que la posterior al 23 de febrero de 1981. Entonces la inmensa mayoría de la nación apoyaba la democracia. Hoy una magra mayoría del Congreso de los Diputados apoya la mentira. Y triunfa.

Vox tensiona a los populares
Tercera jornada de la sesión de investidura de Pedro Sánchez
Carmen Morodo larazon 8 Enero 2020

El Gobierno de coalición abre una nueva etapa histórica en la izquierda, pero también dentro de la derecha. En este bloque tendrán que resolver si avanzan hacia la fractura entre una derecha moderada y lo que llegue a ocupar del espacio electoral Vox, en el extremo de la derecha, o si el PP consigue consolidar su operación para aglutinar el voto, una vez que en estas elecciones de noviembre creen que ya ha dado el «asalto» a Ciudadanos (Cs).

La primera prueba de fuego está encima de la mesa, por la vía de la maniobra del partido de Santiago Abascal de trasladar a la calle la oposición al pacto del PSOE con ERC. Las primeras movilizaciones están anunciadas para este fin de semana, y la primera respuesta del PP a esta decisión, según las fuentes consultadas por este periódico en el entorno de Pablo Casado, es que «mientras unos van a llevar el Parlamento a la calle, nosotros vamos a llevar la voz de la calle al Parlamento».

«Vamos a ser la voz en el Hemiciclo de la sociedad indignada con este Gobierno». Una aseveración que hay que asumir con alguna prevención, porque en la cúpula popular no han debatido aún esta cuestión y porque la portavoz en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, hizo unas declaraciones la pasada semana en esRadio que apuntaban en esta dirección. Antes de que Vox les ganara la mano con el anuncio de que quieren extender a toda España el espíritu de Colón.

Aquella fue la primera concentración constitucionalista contra la negociación de Sánchez con ERC para sacar adelante los Presupuestos. Estalló y llevó a las elecciones de abril del pasado año porque entonces el PSOE no quiso aceptar lo que ahora ha firmado con el partido de Oriol Junqueras para conseguir esta investidura.

La respuesta inicial de Génova al llamamiento de Vox a «tomar» la calle es que ellos van a centrar su «movilización» en el Parlamento y en los tribunales, «recurriendo todo aquello en lo que haya margen para suplir el abandono del Gobierno a los fiscales y jueces».

Si el PP secunda o no las protestas en la calle no es una diferencia de matiz, sino sustancial y simbólica del choque de discurso y de estrategias en el que se mueve el centro derecha. La sintonía del PP con Ciudadanos es prácticamente total, y así se ha visto en el debate de investidura. Para los populares la formación naranja ha dejado de ser una amenaza, la dan por desmantelada tras las elecciones generales, y por eso ya ni están en competencia ni ahorrarán gestos en la búsqueda de complicidades para intentar recuperar más voto del que en su día arrebató Albert Rivera al PP de Mariano Rajoy.

Pero con Vox es otra pelea. La presión para tirar del PP hacia la derecha va a ser constante. De Vox, y de otros primeros espadas de las siglas populares, como la citada portavoz parlamentaria. La tensión de siempre entre centro y derechización que también cohabita entre algunos de los asesores del líder popular. Y siempre con la sombra del ex presidente del Gobierno José María Aznar en la trastienda, con sus hilos directos de influencia sobre el núcleo de poder de Génova.

En 2020 el PP se enfrenta de salida a unas elecciones en Galicia, en las que el partido espera que el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, anuncie que vuelve de nuevo a presentarse. Es su única opción, creen, para mantener la mayoría absoluta y el poder, aunque la batalla está difícil y además obligue al político gallego a renunciar de nuevo a su compromiso de no optar a un nuevo mandato. Supondría ir a por la cuarta mayoría absoluta. Casado no puede permitirse perder este feudo territorial del PP y la estrategia nacional tiene que acompasarse con las necesidades de la organización regional, guste o no guste. El PP gallego tiene un perfil y un discurso propio, sin romper en ningún caso con la unidad nacional. Pero sin conectar tampoco con ninguna estridencia que aparte a las siglas del centro y de la moderación.

Con todas las diferencias con respecto al objeto de disputa, el clima actual recuerda bastante al que condicionó la Legislatura que salió de las elecciones generales marcadas por los atentados del 11-M, en marzo de 2004. El Congreso se polarizó. No había la fragmentación actual, pero derecha e izquierda rompieron todos los puentes y convirtieron aquella etapa en un choque destructivo en el que todo quedó condicionado por aquella «teoría de la conspiración», instigada por algunos satélites mediáticos que susurraban en los oídos a destacados dirigentes de la cúpula popular. Allí estaba Cayetana Álvarez de Toledo, a quien el PP la recuerda como la promotora de «una radicalización» en compás con los ex ministros Ángel Acebes y Eduardo Zaplana. La estrategia fue un fracaso y después de perder unas elecciones generales Mariano Rajoy tuvo que hacer «limpia» y desprenderse de todas las caras vinculadas a esa «teoría de la conspiración» y al llamado «PP duro».

Ahora, en el partido temen que algunos de los inspiradores de aquella estrategia vuelvan a intentar repetir la jugada. No hay discusión sobre la oposición frontal al Gobierno de Sánchez y a su pacto con ERC, ni sobre la consecuencias que pueden derivarse del mismo para España. La diferencia está en el importante matiz de las formas.

España les importa un comino
Carmelo Jordá Libertad Digital 8 Enero 2020

Gobernar un país con aquellos que lo odian va a ser una tarea complicada.

La diputada de ERC Montse Bassa ha sometido este martes al PSOE a una de las peores humillaciones políticas que he visto en mi vida. Con la superioridad moral que por lo visto te da tener una hermana delincuente, la separatista ha hecho un discurso en el que ha insultado a España, a sus instituciones, a los diputados y específicamente a los socialistas. Mientras, Meritxell Batet abroncaba a la bancada del centro-derecha. La escena ha sido dantesca.

Eso sí, a la impúdica exhibición de sentimentalismo y moralina indepe de la Bassa –que, mire, señora, a nosotros sus problemas familiares no nos importan una mierda, con perdón, y si su hermana no quería ir a la cárcel, que no hubiera delinquido– tenemos que agradecerle un momento de sinceridad de particular interés: cuando ha dicho que a ella "personalmente" le importa "un comino" la gobernabilidad de España.

¿Quién habría podido imaginar que a una separatista catalana el país al que lleva años insultando y del que quiere separarse no le quita el sueño? Sí, todos lo sabíamos, pero decirlo justo unos minutos antes de que tu voto ponga un Gobierno en ese país que te la refanfinfla añade a la cosa un descaro –y una humillación a tus socios– para el que no todo el mundo está capacitado.

También estamos seguros de que España es la preocupación última de Bildu, partido que de hecho ya lo ha demostrado en multitud de ocasiones, especialmente cuando sus amigos, esos a los que todavía dan tratamiento de héroes en los pueblos del País Vasco, colocaban bombas en las calles españolas.

Más allá de los juicios morales que vienen al caso, y desde luego yo soy de los que creen que el comportamiento ético o moral debe ser una de las consideraciones primeras de la política, este Gobierno bolivariano nace con un enorme hándicap: descansar en y depender de aquellos a los que España les importa un comino. Lo quieran o no, gobernar un país con aquellos que lo odian va a ser una tarea complicada.

De hecho, aunque se llenen la boca hablando del bien común, lo único que tienen en común todos los que por acción o abstención han permitido que Sánchez siga de presidente es que quieren su parte. Y hay serias dudas, y no me refiero sólo a lo económico, de que haya partes para todos y por tanto el reparto sea posible.

Pero por lo pronto al PSOE parece no preocuparle demasiado el asunto: visto su comportamiento durante la sesión de investidura, incluso durante las últimas semanas, es evidente que lo único que quitaba el sueño a los socialistas era el futuro de Pedro Sánchez. Desde ese punto de vista, a ellos sí les preocupa la gobernabilidad, no como a Montse Bassa; pero cada día está más claro que también les importa un comino España.

Érase una vez… España
Pablo Sebastián republica 8 Enero 2020

La película de Quentin Tarantino ‘Érase una vez…Hollywood’ ha sido una de las vencedoras de los ‘Globos de Oro’ y se perfila como favorita a los Oscar de 2020. El año recién estrenado donde, en el escenario del Congreso de los Diputados español, ya hemos asistido a la representación de un espectáculo político que anuncia tensiones e incertidumbres en un horizonte inmediato y con un nuevo relato que bien podría titularse: ‘Érase una vez…España’.

Porque con la culminación de la investidura de Pedro Sánchez entramos en un cambio de Régimen con el que se supera la gloriosa Transición y se pone en marcha, por primera vez, un Gobierno de coalición de las izquierdas entre PSOE y UP. Ejecutivo que apuntalan los diputados separatistas de PNV, ERC y Bildu, desde otra orilla ajena al marco constitucional español.

Lo que anuncia inestabilidad y alta tensión política, judicial y social, como lo adelantó antes de la votación final la diputada de ERC Monserrat Bassa, llamando ‘verdugos’ a los diputados del PSOE y afirmando: ‘me importa un comino la Gobernabilidad de España’.

Todo ello mientras la alargada sombra de Manuel Azaña y la II República se proyectaban en el hemiciclo desde donde los portavoces de Podemos y PNV, Pablo Iglesias y Aitor Esteban, le decían a Pablo Casado y al PP: ‘si quieren defender a la Monarquía, eviten que la Monarquía se identifique con ustedes’. Sabia recomendación por parte de quienes podrían haber añadido: ‘y el que avisa no es traidor’.

Pedro Sánchez, el rojo y el resistente, es el tenaz gran triunfador de esta jornada de su investidura por dos votos de diferencia: 167 a su favor y 165 en contra. Y es el nuevo presidente legítimo y constitucional de España que hoy asumirá su cargo ante el Rey Felipe VI prometiendo ‘guardar y hacer guardar la Constitución’.

La Constitución Española de 1978, nuestra Carta Magna de convivencia y libertades democráticas, ha sido precisamente la gran damnificada de los debates de la investidura por las embestidas que sufrió por parte los socios de Sánchez de ERC y Bildu, a los que el candidato Pedro Sánchez escuchó impasible y en silencio a pesar de que se atacaba a la Constitución y al Rey.

Sabiendo, como sabe Sánchez, que los acuerdos que ha firmado con ERC, PNV y Bildu para lograr la investidura son inconstitucionales y encierran otros pactos ocultos (sobre presos de ETA y ERC) de la mayor gravedad. Los que muy pronto van poner a prueba la firmeza de la Constitución, de los Tribunales y la legalidad. El conjunto del ordenamiento jurídico español que Pedro Sánchez pretende superar con su discurso de la no judicialización de la política. Un anunciado ‘dejar hacer y dejar pasar’ que el imperio de la Ley no consentirá.

Y puede que todo ello ocurra antes de lo que muchos se imaginan porque si el inhabilitado Quim Torra disuelve el Parlament catalán y convoca nuevas elecciones catalanas, antes que el Tribunal Supremo lo expulse del cargo, el presidente Sánchez se verá ante la tesitura de tener que conceder el indulto a Junqueras (y demás condenados por el golpe catalán). Para que el líder de ERC pueda ser candidato a la Generalitat, de acuerdo con la parte oculta de los pactos del PSOE con ERC (la cuestión de la ‘amnistía’ le llamó Rufián).

Y si no hay indultos no habrá legislatura ni Presupuestos de 2020, como lo advirtió sin rodeos Rufián. Aunque antes tendremos que conocer cuáles son las decisiones del Tribunal Supremo sobre la inhabilitación de Torra, y sobre la sentencia del Tribunal de la UE de Luxemburgo relativa a las inmunidades de Junqueras, Puigdemont y Comín. Asunto sobre el que hace poco publicó en el diario El Mundo un excelente artículo (o ‘dictamen’) el catedrático de Derecho Penal Enrique Gimbernat.

De manera que además de sus primeras medidas económicas y sociales (subidas de pensiones, SMI, funcionarios e impuestos) el nuevo Gobierno de coalición tendrá que ocuparse en los próximos días de abrir la negociación en Cataluña, y de abordar la apretada agenda judicial que le espera, bajo la atenta vigilancia de ERC.

Así arranca la legislatura y así continuará durante los primeros 100 días de Gobierno de coalición que marcarán el devenir del Ejecutivo y la fortaleza de su pretendida estabilidad.

Y con España como testigo de la nueva etapa que acaba de comenzar, con la certeza de que sí, Sánchez tiene sus razones (su expulsión del liderazgo del PSOE en octubre 2016, entre otras) y ambiciones para actuar como lo ha hecho.

De igual manera que la Constitución también tiene su fuerza y sus anclajes de acero que nadie podrá sortear y que son la mejor garantía para que España siga siendo la gran nación que es. Y la que seguirá siendo cuando esto sea Historia y la nave del Estado regrese a las aguas más tranquilas de la normalidad democrática y constitucional.

¿Sesión de investidura o juicio sumarísimo contra la derecha?
“Lo que no nos mata nos hace más fuertes.” Friedrich Nietzsche
Miguel Massanet diariosigloxxi 8 Enero 2020

Aunque ya creíamos estar curados de espantos y presumiéramos de que nada nos era ajeno en temas de política, deberemos reconocer que, como siempre que uno pierde el sentido de la modestia, hemos padecido de un pecado de autosuficiencia, un síntoma que nos debería alertar para no aventurarse el terreno de la falta de humildad, uno de los peores defectos de los que padecemos los de la raza humana. Porque, señores, si lo que, superando grandes e intensos momentos de aburrimiento y otros, no menos prologados, de supina indignación ante determinadas comparecencias de determinados miembros del congreso de Diputados, indignos, por supuesto, de pertenecer a la más alta cámara de representación de la voluntad popular, confundiendo el ágora donde se promulgan las leyes, debiera deliberarse sobre los principales problemas que afectan a nuestra nación y velar para que, la Constitución, fuera respetada en su totalidad, como la más alta institución de la que deben depender todas las leyes que la desarrollan y garantía de que, los tres poderes del Estado, según Montesquieu, cumplan las funciones que, cada uno de ellos tiene conferidas, sin que ninguno de ellos interfiera en las funciones de los otros dos pero, a la vez, cada uno pueda vigilar y poner coto a las posibles irregularidades que pretendieran cometer el resto.

El hecho es que, lo que debería haber sido, según la costumbre y como está establecido, un parlamento o discurso, a cuenta del aspirante, en el que diera cuenta a sus señorías de su programa de gobierno; de los medios con los que cuenta para poderlo llevar a término; del programa económico que tiene previsto para el país, de la carga fiscal que van a tener que soportar cada uno de los ciudadanos para mejorar los servicios que le corresponde al Estado poner a disposición de los ciudadanos; del déficit máximo al que podrá llegar el gasto público del propio Gobierno y de las comunidades; de sus proyectos respecto a mejoras sociales; de cómo se va afrontar el espinoso tema de la enseñanza pública y con qué medios piensa contar para garantizar la igualdad de oportunidades y que los que obtengan mejores calificaciones dispongan de las becas suficientes para que puedan acceder a la universidad; del tema pendiente respecto al mantenimiento de las pensiones y de la edad en la que se podrán jubilar los españoles, sin que estén pendientes de lo que decida hacer al respecto por cada gobierno que llegue al poder; de la sanidad pública, de la defensa y el ejército; de las regulaciones de la huelga (J pendiente de una Ley orgánica que la regule) de un nuevo sistema electoral que supere las carencias manifiestas del actual sistema de la Ley d’Hont; etc.

Contrariamente a lo esperado el candidato a la investidura, el señor Pedro Sánchez, ha abandonado todos dichas cuestiones para empezar su exposición con un ataque directo a los señores de la oposición; una verdadera catarata de acusaciones, reconvenciones, descalificaciones y censuras, acusando a los partidos que no se han plegado a sus deseos, que no han ayudado a que consiguiera los apoyos necesarios para ser investido como presidente del Gobierno, de no ser buenos españoles y de no preocuparse por el destino de la patria. Con esta inmensa facilidad para mentir, engañar, insultar y calumniar que viene caracterizando al señor Sánchez, no ha desperdiciado segundo, no se ha permitido un respiro ni ha dado tregua alguna, de modo que pronto se ha visto que, de programa de investidura nada; del dinero que se precisaba para el gasto de todos los estipendios de tipo social que tiene previstos, menos; del aumento de la carga fiscal, ni mu; de cómo va a tratar el tema de la deuda pública y sus necesidades de mayor endeudamiento, ni jota; de los tratos secretos que han convenido, con los separatistas del señor Junqueras, la señora Lastra ( que merece comentario aparte) y el señor Ávalos, en dura competencia con su jefe de filas, el señor Sánchez en este maratón de embustes y engaños al que tienen sometidos a los ciudadanos españoles en esta ardua y agotadora tarea de adoctrinamiento para que los españoles aceptemos por las buenas que, en este gobierno, evidentemente con todas las trazas de convertir a la nación española en un sombrajo de lo que ha sido en los últimos años, incluyendo los de crisis; ni una sola palabra, ni un indicio salvo que seamos tan cándidos que nos creamos que, todo lo que han estado discutiendo durante las reuniones secretas, cerradas a cal y canto a la prensa, que han mantenido “en plan de igualdad” ambas comisiones negociadoras, es todo lo que se ha hablado sobre el futuro de Cataluña y las condiciones que los envalentonados separatistas de ERC les habrán impuesto a estos personajillos, meros aprendices y faltos de la preparación y conocimientos necesarios para afrontar, con las debidas garantías de no meter la pata y dejarse engañar por sus adversarios políticos que, dicho de paso, tampoco pueden presumir de ser la flor y nata de la inteligencia y los conocimientos que, el poner en juego la unidad de España y su entrega al frente populismo, deberían, al menos, unas representaciones que inspiraran mayor confianza y no unos meros comparsas crecidos de la facultad de ir ascendiendo, dentro de su organización, a base del peloteo y el arribismo que son, como sucedió en su día con el señor Montilla, que verdaderas nulidades alcancen puestos de tanta importancia sin merecerlo, por supuesto.

Pero lo más curioso de todo ha sido que, contrariamente a lo habitual, toda la izquierda española y el separatismo, tanto vasco como catalán, en lugar de atacar o alabar las condiciones del candidato para gobernar España; buscarle aquellos defectos que pudieran criticar o, incluso, remar en favor de sus respectivas posiciones partidistas; todos ellos, sin excepción, han dirigido su artillería de mayor calibre en contra del PP, Ciudadanos o VOX, como si estos partidos de tendencia conservadora fueren el enemigo a batir y la investidura de Sánchez un mero trámite administrativo. Todos manifestando indignación por el hecho de que no contribuyeran a este gran desatino de permitir entrar en el Gobierno de España al partido comunista, colaborador con el señor Maduro, nada menos que con cuatro ministerios y una vicepresidencia y con la posibilidad de que el ministerio de Trabajo cayera en manos de los comunistas y el de universidades en manos del señor Castells, un recomendado directo de la ínclita señora Ada Colau, alcaldesa de la ciudad de Barcelona, otra comunista del grupo Podemos. Hemos tenido que contemplar a un rastrero y lacayo de su señor, Pablo Iglesias, desconocido en su papel de colaborador sumiso de su jefe, que se ha tomado muy en serio su papel de ayudante espontáneo de la señora Batet que, en su función como presidenta de la cámara, de encargada de poner orden a los bancos de la derecha que, indignados ante tanta ignominia de la izquierda explotaban ruidosamente; intentando frenar, con sus intervenciones, la rabia contenido de los que se sentían insultados por la representante de Bildu verborrea de la representante de Bildu, y vean ¡qué curioso señora Batet!, no ha llamado la atención por sus insultos y calumnias a la señora Aizpurua, vertidos impunemente sobre los congresistas representante de los partidos aludidos y todo, naturalmente, basado en virtud de la “sacrosanta y todopoderosa libertad de expresión” que, aunque a usted, señora Batet, no se lo parezca, también está limitada cuando su uso se pueda considerar que constituya un delito en contra de la fama, la honra o una calumnia o injuria en contra de una persona o colectivo.

Y, puestos a la tarea, debemos comentar que, si es cierto que la cara< es el espejo del alma, la de la señora Mertxe Aizpurua, representante de Bildu en el Congreso de Diputados, cuando hacía uso de su turno de la palabra, era la viva imagen del odio, el rencor y la vesania que le estaba retorciendo el alma mientras, externamente, se veía obligada a fingir una compostura contenida cuando, desde las bancadas del PP, VOX y Ciudadanos, llamaban asesinos a los de Bildu, sin faltar a la verdad ya que, de todo el mundo es conocida la íntima ligazón existente entre los asesinos de ETA y los que les han sucedido en su integración (evidentemente fingida y a desgana) en el régimen constitucional.

En cuanto a la señora presidenta del Congreso, envarada en su figura de mandamás y consciente de que no podía permitir que a los socialistas, especialmente conchabados en su papel de unidad y apoyo al candidato, no ha podido disimular la evidencia de que su actuación ha tendido en cada momento a permitir que tanto el candidato cpomo el resto de grupos, con mención expresa a la perorata de la señora Lastra cuando hablaba en nombre del grupo socialista que, valiéndose de que la señora presidenta le ha permitido que se expresase con toda la crudeza que ha querido, explayándose y demostrando la baja catadura moral y su evidente desconocimiento de la más elemental cortesía, educación, moderación y, porque no, carece de esta habilidad dialéctica propia de los buenos oradores que saben, sin acudir al insulto, molestar más con su fina ironía que aquellos que, como el señor Rufian, no saben más que utilizar palabras mal sonantes, porque su cultura y preparación no les ha permitido más que aprender al idioma barriobajero propio de este lumpen reciclado que, desafortunadamente, formará parte de este Gobierno que, salvo un milagro, nos vamos a tener que tragar durante cuatro años.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no nos queda más remedio que insistir una vez más que las perspectivas del futuro inmediato para nuestra nación España, nos inducen a un pesimismo con la única y remota esperanza de que, la atomización de los apoyos a los que ha tenido que recurrir, a la desesperada, el señor Pedro Sánchez para conseguir su ansiada investidura. Es evidente que él tampoco sabeel tiempo que va a poderse mantener en el poder porque, en realidad no va a depender de él, sino de lo que decidan aquellos que por conveniencia piensen sacar tajada de su gobierno. Nadie puede, en este momento, afirmar si este nuevo gobierno sólo durará seis meses o si conseguirá aguantar los cuatro años de legislatura. En todo caso, como dice un proverbio chino, es muy probable que al señor Sánchez le suceda aquello de que: “Ganar un proceso es adquirir una gallina y perder una vaca”, en este caso que nos afecta, es posible que ni la gallina haya ganado.

Dos gobiernos por el precio de uno. La democracia agoniza
“Tal vez sea la propia simplicidad del asunto lo que nos conduce al error”. Edgar Allan Poe
Miguel Massanet diariosigloxxi 8 Enero 2020

Sin duda alguna el señor Pedro Sánchez, del PSOE, se ha salido con la suya, por poco es verdad, pero lo suficiente para que España hay entrado en una segunda reedición de aquel Frente Popular, propugnado y subvencionado por la URSS en aquellos, ya lejanos tiempos de los años treinta, del siglo pasado. Nada, no obstante, que no se viera venir y sólo la creencia en un milagro que, por supuesto, no se ha producido, alentaba las esperanzas de algunos de aquellos españoles, de la vieja guardia, que no se resignaban a dejarse llevar por el desánimo y el fatalismo de lo que se presentaba como un resultado inevitable. Si se me permite, para contrarrestar el lamentable espectáculo de aquellos enemigos de España manifestando su regocijo por el resultado de las urnas, debo decir que, para los españoles, no estos de los que alardeaban los socialistas en el Congreso presumiendo de que España también les pertenecía sin tener en cuenta que, como se ha visto, no han tenido inconveniente en ponerla en las zarpas de comunistas y separatistas, sabiendo que, entre sus objetivos, está acabar con la monarquía, darle una salida política al problema catalán que, a la vista está, acabará siendo algún tipo de subterfugio para facilitar a los independentistas catalanes conseguir sus objetivos. Las consecuencias de esta primera traición a la patria, del PSOE y sus apoyos, va a ser que el País Vasco, uno de los que a la chita callando han contribuido de una manera eficaz al entronamiento de Pedro Sánchez que acaba de producirse, esta misma mañana, en el Congreso de Diputados, para vergüenza de todos aquellos que con sus votos han contribuido a darle paso a una coalición que tiene, entre sus objetivos inmediatos, aparte de ceder soberanía nacional, permitir el fraccionamiento de España como medio más fácil de poder hacerse con los gobiernos de cada una de las particiones.

Por de pronto, ya hemos tenido ocasión de escuchar a los de Bildu, reforzados por sus alianzas con el PSOE, atreverse a enfrentarse con el mismo Jefe del Estado sin que, la señora Batet, la presidenta del Congreso, supuestamente experta en Derecho; se haya tomado la molestia de consultar el reglamento de la cámara para enterarse de que hay limitaciones evidentes a la libertad de expresión, cuando se sobrepasa una determinada línea roja que, evidentemente, para ella, una persona que por su cargo estaría obligada a mantenerse imparcial, sólo cuenta si se trata de favorecer a su propio partido, el PSOE. Un ejemplo anticipado de lo que nos espera a los españoles, que no comulgamos con la ideología socialista ni comunista, ni mucho menos con los separatistas catalanes y vascos.

Hoy, el periódico catalán La Vanguardia, lleva en su primera una fotografía del acto que tuvo lugar en el salón del Trono Real con motivo de la Pascua militar. Si es cierto que una imagen vale más que mil palabras, en esta ocasión concreta, la contemplación de las imágenes de los reyes de España y la del mismo señor Sánchez, reflejadas en dicha fotografía, seguramente serían las más representativas de lo que se está produciendo en este país, en el que acaban de tomar posesión de su gobierno aquellos grupos políticos que llevan años pidiendo que se acabe con la monarquía, para cambiar el régimen actual, por el de una república que, por supuesto, no se parecería ni a la francesa ni a la alemana, porque los señores que nos van a gobernar son, precisamente, lo que se podría calificar como la antítesis de lo que es una democracia al estilo de Europa occidental o de los EE.UU de , en las que existen representantes de las derechas y de las izquierdas y se respetan los resultados de las urnas, sin que, aunque gobiernen republicanos o demócratas, la Constitución que se dieron en su momento, deje de ser respetada por igual cualquiera que sea el partido que gobierne. Los rostros de Felipe VI y de la reina Leticia expresan, sin pretender ocultarlo, una gran preocupación por aquel momento que están viviendo y, tampoco parece que el compartir, con sus majestades, aquel acto de la Pascua militar de exaltación a las FF.AA sea algo del gusto de nuestro actual Presidente. Podríamos decir que es una escena más propia de la sala de un dentista, que la de una fiesta de la democracia que debiera de alegrar a todos los que participan en ella.

Y es que las noticas que vamos conociendo no son precisamente las que nos hubiera gustado escuchar. Ya la misma composición del nuevo gobierno, aún antes de que se haya confirmado oficialmente, da motivo a la primera preocupación. Se habla de que se van a producir dos fracciones o grupos dentro del gobierno, que parece que van a actuar independientemente la una de la otra. Una, que sería la que quedara en manos de los seguidores del Presidente Sánchez, que agrupara a los ministros que escoja dentro del grupo de colaboradores que le han venido siendo fieles durante este periodo electoral que acaba de trascurrir y, otros que, si la información es buena; dependerán en todo del señor vicepresidente, Pablo Iglesias, que será quien los organizará e implantará aquellas políticas que sean propias de sus ideas comunistas que, seguramente, no diferirán demasiado de las que aconsejaran al señor Maduro que pusiera en práctica, en Venezuela, y cuyos resultados, evidentemente mejorables, han contribuido a que aquel país se encuentre en la depauperada situación en la que se halla ahora.

Aparte de la vicepresidencia, que se reserva para sí un emocionado Pablo Iglesias (hoy anegado en un mar de lágrimas ante la confirmación de su victoria) que nunca se hubiera podido imaginar que, después de unas elecciones en las que fracasó rotundamente y que puso en peligro su continuidad al frente de Podemos, haya conseguido que, aquel que juró y perjuró que nunca pactaría con comunistas y separatistas, haya cambiado de opinión y hoy se esté morreando con ambas formaciones de izquierdas, mientras se están repartiendo los despojos de lo que en tiempos de más gratos recuerdos, fue esta España, cuando se hizo la transición ejemplar y nos dotamos de una Constitución que hoy, lo que queda de la oposición, se va a ver obligada a defender con todo el coraje de que sean capaces, para evitar que entremos dentro del bloque de las naciones sojuzgadas por regímenes que, simulando ser democracias, en realidad no son más que reproducciones, en pequeñas escala, del régimen estalinista de la Unión Soviética. No tenemos noticias de quienes serán los ministros que, el señor Sánchez, va a elegir para las carteras (principalmente las relacionadas con la economía) que se ha reservado para dirigir personalmente, pero ya parece que hay candidatos destinados a ocupar los ministerios que han quedado bajo la dirección del señor vicepresidente que, al parecer, serán: un ministerio nuevo de Consumo, con competencias sobre la regulación del juego, que le va a ser asignado al actual líder de IU, señor Garzón; otro ministerio, nada menos que el importantísimo de Trabajo, que va a ser ocupado por una militante de IU, la señora Yolanda Díaz, mientras que el ministerio de Igualdad parece que se lo tienen reservado para Irene Montero. Cerrando la lista se habla de Manuel Castell, un sociólogo, al parecer propuesto por la misma Ada Colau, al que se pondría al frente del ministerio de Universidades. Un ramillete de comunistas con todas las competencias en materia laboral y de enseñanza, capaces de constituirse en la mayor pesadilla jamás creada para poner a los empresarios al borde de un ataque de nervios.

Y por si a alguien le quedaran ganas de pensar que, todo eso que nos está ocurriendo, es sólo un mal sueño; una pesadilla de la que vamos a despertar en cualquier momento; conviene que le echen un vistazo a lo que está sucediendo fuera de España, en la UE. Contemplen la facilidad con la que el Parlamento Europeo ha decidido que Puigdemont, Junqueras y Comín, pese a la resolución que tomó la Junta electoral Central y de la comunicación que envió al organismo europeo, ha decidido ignorarla y ha insistido en que “ después de la Sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, fechada el 19 de diciembre de 2019, en su sesión plenaria del 13 de Enero del 2020 el Parlamento tomará acta de la elección como diputados europeos de Antonio Comín, Oriol Junqueras y Carles Puigdemont, con efectos 2 de julio del 2019” . En todo caso no parece que esta misma Europa que unánimemente se mostró contraria a tomar en cuenta los esfuerzos de los separatistas catalanes de que tomaran en cuenta sus aspiraciones independentistas, parece que, en cuanto el tema ha entrado en la vía judicial, ni en lo que hacer referencia a las euro-órdenes, ni en cuanto a las alegaciones de nuestros máximos tribunales de Justicia, les van prestando la más mínima consideración. Quizá sea hora de que nos dejemos de tantas monsergas y les enseñemos las uñas a estos señores que, al parecer, no son capaces de entender otro idioma que el de se empiece a amenazar a Europa con represalias capaces de entorpecer la resolución de alguno de sus graves problemas para los que precisan de la aceptación unánime de sus socios.

Y, antes de finalizar, felicitar a la señora Oramas, de Coalición Canaria, por su valentía, su sentido de la decencia política, su amor por la Justicia y su compromiso con la unidad de la nación española. Posiblemente le pueda costar su cargo dentro de CC pero, sin duda alguna, su gesto merece ser considerado como único en una Cámara en la que, el conservar el sueldo de congresista, prima sobre cualquier otra consideración de tipo ética o moral.

O así es como, señores, desde la óptica de un simple ciudadano de a pie, conviene hacer alguna aclaración ante algunos ejemplos del socialismo europeo de los que se ha querida valer esta señora, Adriana Lastra, sobre la cual va a recaer una parte importante de la ignominia que le va a caer el PSOE de Sánchez, por haberse humillado a rebajarse ante las exigencias del independentismo catalán, por haber sido una de los negociadores de la inmundo acuerdo. Se apoya en el éxito del PS portugués, que ha colaborado de una forma responsable y eficaz para que la intervención que sufrieran pudiera ser contrarrestada por una adecuada política económica, que nada en absoluto tiene que ver con esta alocada propuesta de gasto público a la que nos va a abocar el nuevo Gobierno. Es evidente que, en Europa, salvo el ejemplar caso portugués, la social democracia está en horas bajas, los gobiernos de izquierdas se hallan de capa caída y, en ningún caso, ha ocurrido que, los partidos socialistas europeos, pusieran a los gobiernos de sus países ante el hecho inaudito de hacerles vender parte de su nación, ante las peticiones extemporáneas de alguna región que hubiera pretendido semejante objetivo. Creímos que, con Rodríguez Zapatero, los socialistas habían tocado fondo y que, su calamitosa gestión serviría de ejemplo a las nuevas generaciones del PSOE; no parece que haya sido así y, con harto pesar, nos tocará reconocer que hemos entrado en una nueva etapa en la que el panorama político español, para bien o para mal ¬-esto el tiempo nos lo dirá -, vamos a tener que afrontar una etapa en la que no sabemos lo que el destino nos va a deparar. Entre tanto: “Gloria a la patria que supo seguir, sobre el azul del mar, el caminar del Sol”.

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