AGLI Recortes de Prensa   Jueves 9  Enero  2020

Gobierno ilegítimo
Agapito Maestre Libertad Digital 9 Enero 2020

El debate sobre la legitimidad o ilegitimidad de la investidura de Sánchez está abierto en canal. La legitimidad democrática no es algo que se adquiera de una vez por todas. Es un proceso irreductible a una regla aritmética. Y todo indica que Pedro Sánchez está lejos de haber alcanzado la nota mínima que le pudiera acreditar como presidente legítimo de España. La ilegitimidad del presidente de Gobierno no se justifica en vacíos juicios de intenciones sobre lo que hará o dejará de hacer el próximo Gobierno de España. Al contrario, es menester ceñirse a los hechos para saber que estamos ante uno de los Gobiernos con mayor déficit de legitimidad de la historia de la democracia.

Naturalmente, la investidura de Sánchez es adecuada a la ley. Por un voto más, por un único voto, ha salido elegido presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados. ¿Es suficiente esta conformidad a la ley para considerarlo legítimo? Es obvia la respuesta. Nadie en su sano juicio puede aceptar que esta investidura cumpla los más elementales requisitos para ser legítima. No estamos, reitero, ante un problema aritmético. Se trata de un asunto carácter moral y político. ¿Qué ciudadano normal puede asumir de buen grado el poder de un presidente del Gobierno que cambia completa y radicalmente el ideario y el programa de su partido durante la campaña electoral y el proceso de investidura? Las mil contradicciones y mentiras de este político son imposibles de borrar. La legitimidad de origen de este presidente está seriamente dañada. No sólo hace lo contrario de lo que dice en sus discursos, sino que no consiguió dar un solo argumento, durante su investidura, que consiguiera persuadirnos de por qué había cambiado radicalmente de posición y de aliados.

Sin embargo, fue su silencio, su antidemocrático silencio, frente a los terribles ataques que algunos diputados hicieron contra la nación entera lo que convierte a Sánchez en un presidente no sólo débil sino ilegítimo en términos políticos. Tuvo ocasión de adquirir un poco de legitimidad, es decir, de autoridad democrática, pero prefirió entregarse a quienes tratan de derribar el mayor bien de los españoles: el Estado-nación España. Es ilegítimo, sí, este presidente porque ha roto las bases de continuidad del pacto simbólico, entre las grandes fuerzas políticas que aprobaron la Constitución en 1978, para defender la unidad nacional.

Sí, exterroristas, separatistas, comunistas y socialistas han investido a Pedro Sánchez presidente del Gobierno. Ninguno de esos agentes políticos defiende idea alguna de la nación española. Ninguno de esos partidos está dispuesto a defender la unidad de la nación española. Ninguno de esos grupos políticos ha respetado el fundamento de la Constitución: la Nación. La investidura de Pedro Sánchez se ha llevado a cabo, como diría Ortega, vaciando al Estado de la "sangre nacional". Estamos a las puertas de la construcción de un monstruo institucional que puede derivar en una de esas trágicas confrontaciones colectivas que creíamos haber superado de nuestra historia. Quien cierre los ojos ante estos hechos no comprenderá jamás que esta presidencia del Gobierno nace con un déficit de legitimidad difícil de solventar durante su ejercicio del poder. Ojalá me equivoque. Ojalá Pedro Sánchez adquiera un poco de legitimidad con el nombramiento de sus ministros, porque eso significaría que aún hay alguna esperanza para que "esta navecilla de España no naufrague". Ojalá sea capaz el nuevo presidente del Gobierno de reconstruir alguno de los puentes que él mismo ha destrozado.

Cinco gobiernos en uno: el gallinero que gestionará España con desconfianza
EDITORIAL ESdiario 9 Enero 2020

Sánchez va a tener que gestionar España, en un momento de dificultades, con la desconfianza de su socio y la intervención del independentismo. Difícil funcionar así.

Aunque formalmente España tendrá un único Gobierno, el diseño que ya se ha esbozado del mismo presenta hasta cinco gabinetes distintos, un síntoma de que el recelo entre los socios y la intervención externa de sus aliados está y estará presente en su compleja acción.

De un lado estará el Consejo de Ministros formal, encabezado por Pedro Sánchez y el gabinete más amplio de la democracia, sustentado más en la necesidad de cumplir con sus compromisos con Podemos que en mejorar la eficacia de la gestión.

De otro estará el "Gobierno B" de Pablo Iglesias, compuesto por su propia vicepresidencia segunda y los cuatro ministerios que, salvo sorpresa de ultimísima hora, le han tocado en el reparto. Además estará el Gobierno en la sombra que Sánchez ya ha utilizado en La Moncloa, formado por sus principales asesores y "fontaneros" y concentrado en la gobernación real del país.

Va a ser casi imposible gobernar España con dos socios con recelo y una intervención externa del separatismo

Una comisión de hasta diez personas, del PSOE y Podemos, conformará el cuatro "Gabinete", sustentado en la desconfianza mutua aunque nominalmente dedicado a garantizar la sintonía del Ejecutivo formal y eliminar las aristas entre los dos partidos que lo impulsan.

La República de Sánchez: así dinamita la Transición su coalición de odiadores

Y finalmente, un quinto "Gobierno", el que desde fuera conforman los partidos independentistas que auparon a Sánchez en su investidura: no participan en las decisiones del Consejo de Ministros, pero nada podrá hacer éste sin su visto bueno ni sin pagar el delicado peaje.

Si la fragmentación del Parlamento apunta hacia una legislatura de tensión, enfrentamiento y dificultades extremas para alcanzar acuerdos; la triple confluencia de partidos en la acción gubernamental promete convertir la gestión de España, en un momento tan delicado, en un gallinero. ¿Se puede funcionar así? La respuesta es probablemente negativa, y no hará falta esperar los tradicionales cien días de gracia para comprobarlo.

Los separatistas pasan al cobro
Editorial ABC 9 Enero 2020

Si a ERC le importaba «un comino» la gobernabilidad de España, a Pedro Sánchez le han desaparecido las prisas por lograrla. Ya no urge combatir la pobreza extrema que acecha a once millones de españoles, ni rescatar de la precariedad a millones de trabajadores explotados, ni expulsar el heteropatriarcado de la sociedad. El ya presidente del Gobierno con plenas funciones ha aplazado la formación de su nuevo Ejecutivo hasta la semana que viene, dejando en ridículo a su futuro vicepresidente, Pablo Iglesias, quien ya había dado a conocer, con ansiedad apremiante, los nombres de su jefe de Gabinete y de una secretaria de Estado, entre otros cargos de la «pedrea» gubernamental. La Moncloa se le resiste unos días más al líder podemita, quien así recibe el mensaje de que, a pesar de los abrazos en el Congreso, Sánchez quiere unos días de liderazgo a solas, sin compartir fotografía con su vicepresidente comunista.

En realidad, la meca de La Moncloa para Sánchez lleva aparejada para España la formación de casi cuatro estructuras de Gobierno, la del PSOE, la de Podemos, la propia de La Moncloa y, como novedad, una dedicada exclusivamente a hacer de árbitro en esa tricefalia, que aparece en el último acuerdo de funcionamiento de la coalición. Y con tantas estructuras en lo que se vaticina un berenjenal administrativo, el acuerdo limita a los ministros hasta la libertad de expresión de los asuntos ajenos a su departamento mientras no sean aprobados por el Consejo de Ministros. No se fían los unos de los otros, piedra angular de un Gobierno nacido para satisfacer promociones personales pero pensando muy microscópicamente en España. Poco han tardado además en pasar al cobro los socios separatistas a los que Sánchez debe su nueva estancia en La Moncloa. ERC le reclamó ayer que el Gobierno se retire de todas las causas judiciales que se siguen contra el separatismo cuando este vulnera la ley y que en la infame «mesa bilateral» se trate la autodeterminación. De paso vino a discrepar la formación republicana con Carmen Calvo sobre si el pacto alcanza la negociación de presupuestos. Nueva amenaza. Tiene razón Don Felipe cuando ayer, en la promesa del cargo como presidente del Gobierno de Sánchez, afirmó que el acto fue «rápido, simple y sin dolor... El dolor viene después».

Sánchez parece que ya no tiene prisa, pero los separatistas sí, porque el líder socialista, además de embridar el unilateralismo de su socio comunista que ya se ha puesto a alardear de sus ministros, no representa para los secesionistas más que un comodín de su estrategia de impunidad y de secesionismo, de la que quieren obtener beneficios rápidamente, antes de que la legislatura implosione por su falta de viabilidad. A los separatistas también Sánchez les importa «un comino»; sólo les interesa lo que les valga y lo van a demostrar diariamente.

España una
Carlos García-Mateo okdiario 9 Enero 2020

Estamos en tiempos de realismo mágico. Me recuerda la anécdota, hecha ya costumbre popular, del pobre muerto en su caja y los vivos rompiendo en aplausos. ¿Qué país puede llegar a eso sin un camino de retorcimientos estéticos? España, sin duda. Abusando del Herodoto, se precisa echar la mirada atrás y así recorrer páramos hasta el ataúd en loor de palmeros. Yo observo un preciso desenlace: Sánchez subiendo a la tribuna, traje slim fit, aires de neotrilero, rampante amoral, mientras sus amistades políticas le ovacionaban. Hasta se permitió, tras el responso, un abrazo hediondo, un chocar adolescente de mano con quien más feliz estaba, el señorito Iglesias, nuestro Godoy de larga cola y sollozo republicano.

Suyo es el gobierno, flamante nacional-populismo. En fin, tomemos la senda reciente -aún fresca- de la Patria en pos de una oración, del réquiem con que los medios titulaban la función parlamentaria. La cosa es ordinaria, a izquierda y a derecha, en las calles como en los despachos. ¿Y qué vemos, en general? Por ejemplo, las evidencias de un fracaso formativo, o si prefieren el triunfo de la zafiedad.

España, gracias a los españoles, es un país feo, una organización adaptada a la ignorancia. Y en tal detritus, en las condiciones actuales de engordamiento intelectual del mismo, se exhibe con espléndidas hechuras. Cuando hablamos de clase media, hombre, deberíamos cuando menos echar una lágrima salada, suspender todo alborozo ante el muerto. El hilo de acontecimientos que ha parido esta España tiene que ver con la ineducación, también con la tradicional pereza. Podemos anotar un nuevo siglo sospechando que los noventayochistas siguen teniendo razón. De igual modo, en el teatro barroco hallaremos hondas usanzas. Y advertiremos, posmodernidad, el acervo de un orgulloso pueblo de cabreros. Ahora con aire bolivariano, si me permiten una leve sorna. Mi sugerencia, ya todo el pescado vendido, guarda relación con el escapismo. Refúgiense en líquidos y amoríos, liben las tiernas flores, quemen aquello susceptible de recordarles la vida que pudo ser

Cataluña en 2030
José García Domínguez Libertad Digital 9 Enero 2020

Al final, esta guerra la ganará el que consiga poner la demografía de su lado.

Cataluña no es un Estado independiente hoy, en el año veinte del siglo XXI, por una única razón que, sin embargo, nadie tiene en cuenta en los análisis políticos y que remite a una decisión económica adoptada por un pequeño grupo de tecnócratas al servicio del régimen de Franco a finales de la década de los cincuenta del siglo XX, individuos por lo demás completamente inconscientes y ajenos en su momento a la trascendental importancia histórica de sus actos en relación a la unidad política de España en el futuro mediato. Estoy hablando, el lector ya lo habrá adivinado, del Plan de Estabilización. Y es que de no haberse producido los grandes movimientos migratorios hacia Cataluña desde el sur y el noroeste de la Península, aquellos que en apenas cinco años provocaron que se doblase la población local, movimientos consecuencia directa de aquel cambio radical en la política económica de la dictadura, el 1 de octubre de 2017 una mayoría aplastante de los ciudadanos de Cataluña, quizá un porcentaje no lejano al 80% del censo, habría apoyado de forma activa el proceso independentista liderado por las élites autóctonas. Un escenario, ese contrafáctico que solo el cambio demográfico de los sesenta evitó, en el que la hiperlegitimación de los separatistas tanto en el marco internacional como en el propio interior de España muy probablemente hubiera llevado al triunfo final de los sediciosos con la proclamación real y efectiva de la República Catalana. A mí no me cabe ninguna duda de que habría sido así.

Por eso a los catalanistas inteligentes les preocupa tanto, y desde siempre, la demografía. Porque las mentes más lúcidas de los dos bandos enfrentados en la contienda civil larvada que vivimos en Cataluña saben que, al final, esta guerra la ganará el que consiga poner la demografía de su lado. Cataluña es hoy el laboratorio sociológico más importante de Occidente. Un laboratorio experimental que ya ha servido a estas alturas para certificar la definitiva impotencia de la política cuando trata de modificar tendencias y lealtades profundas de las comunidades humanas. Porque ni la propaganda institucionalizada, crónica y masiva, ni el control militante de los medios de comunicación ni tampoco el uso instrumental de la escuela y del idioma para modular la conciencia nacional de la población han funcionado a la hora de la verdad. Aquí, en Cataluña, la variable crítica que explica la lealtad o no de un individuo cualquiera a la causa de España es, y todos los sociólogos lo saben, la combinación entre la lengua materna y el lugar de nacimiento de los padres. Conociendo esos dos datos, se puede predecir con un margen de error mínimo si la persona en cuestión será independentista o no. Lo que nos ratifica en que la clave de todo sigue estando, como siempre, en la demografía.

Y ocurre que ahora mismo hay una revolución demográfica en marcha. Y no sólo en España, sino en en toda la región occidental de Europa. Las proyecciones a diez y quince años vista del INE son demoledoramente reveladoras a ese respecto. Teniendo en cuenta la estructura de la pirámide demográfica, cuando mueran los actuales pensionistas que mantienen de modo ficticio los aceptables niveles de renta per capita en todo el noroeste decadente y desindustrializado de la Península, algo que sucederá en ese intervalo de tiempo, se producirá una nueva migración masiva de los jóvenes de esas zonas hacia las dos únicas grandes áreas metropolitanas españolas que han logrado insertarse en las redes de la economía global, Madrid y Barcelona. Esta vez no serán campesinos casi sin escolarizar, sino ingenieros y especialistas en gestión empresarial, pero el movimiento de masas tendrá connotaciones que recuerden lo que ocurrió a principios de los sesenta. Por lo demás, lo razonable es suponer que en torno a la mitad de ese contingente termine recalando en Cataluña. Más de un millón de personas con toda probabilidad. O sea, más de un millón de nuevos votantes que van a cambiar de raíz el pétreo equilibrio actual entre el bloque españolista y el separatista. Porque eso va a ocurrir. Por eso hay que ser optimistas. Esta guerra la vamos a ganar. Solo es cuestión de tiempo. Y de muy poco.

Datos Eurostat
España es el segundo país de la UE con la tasa de paro más alta: 14,1% en noviembre
OKDIARIO 9 Enero 2020

El mercado laboral español está a la cola del resto de la Unión Europea. Así lo confirman los últimos datos de Eurostat, que desvelan que España es el segundo país de la UE con peores cifras de paro, con un 14,1%, solo por detrás del 16,8% de Grecia, que solamente dispone de datos hasta septiembre.

En cuanto a la tasa de paro de la zona euro, se mantuvo estable en noviembre en el 7,5%, repitiendo así su nivel más bajo desde julio de 2008, mientras que en el conjunto de la UE volvió a situarse en el 6,3%, su mejor lectura desde que en el año 2000 comenzara a elaborar sus registros Eurostat.

La oficina de estadística comunitaria calcula que 15,582 millones de personas carecían de empleo en la UE en el undécimo mes del año, de los que 12,315 millones se encontraban en la zona euro, lo que supone un incremento con respecto a octubre de 34.000 personas entre los Veintiocho y un descenso de 10.000 en la eurozona. En comparación con noviembre de 2018, la cifra de desempleados en la UE descendió en 768.000 personas, al tiempo que en la zona euro lo hizo en 624.000 parados.

En noviembre de 2019, la tasa de paro de Estados Unidos fue del 3,5%, una décima menos que en octubre, con un total de 5,81 millones de dese pleados, 18.000 menos que el mes anterior.

Entre los países de la UE cuyos datos estaban disponibles, las menores tasas de paro se observaron en la República Checa (2,2%) y Alemania (3,1%), mientras que las más altas fueron las de Grecia (16,8% en septiembre) y España (14,1%).

En términos interanuales, los mayores descensos del paro correspondieron a Grecia (del 18,8% al 16,8%), Bulgaria (del 4,8% al 3,7%) y Estonia (del 5,3% al 4,2%).

La tasa de paro masculina de la zona euro se situó en noviembre en el 7,2%, en línea con los meses anteriores, mientras que el desempleo femenino repitió en el 7,9%. En España, la tasa de paro entre los hombres disminuyó al 12,2%, una décima por debajo de la lectura de octubre, al tiempo que el desempleo entre las mujeres era del 16,3%, frente al 16,4% de octubre.

Paro juvenil
Asimismo, Eurostat ha informado de que en noviembre de 2019 había 3,22 millones de menores de 25 años desempleados en el conjunto de la UE, de los 2,25 millones estaban en la zona euro, lo que supone un descenso de 111.000 y 89.000 respectivamente en un año.

La tasa de desempleo juvenil entre los Veintiocho se mantuvo en el undécimo mes del año pasado en el 14,3%, mientras que en el club de países que comparten la moneda comunitaria repitió en el 15,6%.

Por su parte, España registró la segunda tasa de paro juvenil más elevada de la UE, con un 32,1%, solo por detrás del 32,5% de Grecia en septiembre y por delante de Italia, con un 28,6%.

En términos absolutos, la cifra de desempleados menores de 25 años en España en noviembre de 2019 fue de 512.000 personas, lo que implica un descenso de 6.000 jóvenes con respecto a octubre, pero un incremento de 9.000 en un año.

Gay de Liébana: «Este Gobierno es una amenaza en toda regla para nuestra economía»
Borja Jiménez okdiario 9 Enero 2020

El economista José María Gay de Liébana ha concedido una entrevista a OKDIARIO en la que ha analizado todos y cada uno de los riesgos de un Gobierno que, bajo su punto de vista, supone una «amenaza en toda regla para nuestra economía».

Pregunta (P): ¿Es este Gobierno una amenaza para la economía española?
Respuesta (R): No cabe la menor duda de ello. El dinero quiere destinos aburridos y plácidos, previsibles y estables. Un Gobierno no solo de izquierdas, sino excesivamente populista, constituye una amenaza en toda regla para nuestra economía.

P: Y más con la desaceleración que se avecina…
R: La coyuntura económica no es propicia en estos momentos de desaceleración y final del ciclo expansivo para que haya aumento de impuestos que, por más eufemismos que se empleen, castigarán a todo el mundo y fundamentalmente a las clases medias que llevan años yendo a peor.

P: Subidas de impuestos… ¿que alejarán inversiones de España?
R: Los inversores foráneos pondrán el freno de mano a invertir en España. Nuestros inversores nacionales se recatarán. Los empresarios se lo pensarán muy mucho antes de hacer ampliaciones e invertir.

P: ¿Y el empleo? La subida del coste laboral también puede ser un duro golpe para las empresas, ¿no?
R: La creación de empleo como consecuencia de los aumentos de cotizaciones sociales se frenará, y además por la contracción económica. La subida del salario mínimo es otro handicap que agregar para crear empleo. Lo peor: seguimos anclados a una tasa de paro por encima del 14%, que es la segunda más alta de toda Europa. La creación de empleo está disminuyendo como constatan los datos de la Seguridad Social.

P: Y, ¿cómo ves la criminalización y persecución a las grandes fortunas?
P: Se está amenazando a las grandes fortunas que indudablemente inician, si no han emprendido ya, un proceso de emigración. Y cuidado, porque España tiene una fuerte dependencia financiera – en forma de deuda – del exterior y también económica – inversiones de multinacionales aquí -.

La inestabilidad y la incertidumbre generan inquietud. Los miedos del capital se agudizan. El impacto psicológico de un gobierno populista enciende las alarmas. No solo nos veremos castigados por el sinuoso entorno económico internacional, sino también por la inestabilidad interna. España cruza el umbral de un periodo peliagudo.

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"El dolor viene después"
EDITORIAL Libertad Digital 9 Enero 2020

No es la primera vez que Pedro Sánchez promete el cargo de presidente del Gobierno ante un ejemplar de la Constitución pero sin crucifijo ni Biblia. Sea como fuere, sus alardes laicistas no tienen la más mínima importancia comparados con el embrollo que tiene planteado: cómo guardar lealtad al Rey y cumplir y hacer cumplir la Constitución y, al mismo tiempo, satisfacer las promesas que ha hecho a las formaciones republicanas de extrema izquierda, a los golpistas catalanes y a los proetarras vascos que, entre insultos a Felipe VI, le auparon al poder y que exigen a cambio la ruptura –todo lo disimulada que se quiera– del orden constitucional.

Quizá por ello, la toma de posesión de Sánchez no estado tan marcada por la fórmula protocolaria escogida por el felón para asumir la Presidencia como por la conversación informal que ha mantenido aquél con Felipe VI, en la que el monarca, en referencia a la ceremonia, ha comentado: "Ha sido rápido, simple y sin dolor", para acto seguido añadir: "El dolor viene después".

Y es que encaramarse a un tigre como ha hecho el descalificable capo socialista para mantenerse en el Poder puede ser, ciertamente, algo "rápido, simple y sin dolor"; lo que ya le resultará más lento, complicado y doloroso será mantenerse en la grupa de la bestia y dominarla, aunque aun así quien peor lo tendrá siempre será el sufrido ciudadano español, en manos de un hatajo de comunistas, proterroristas y golpistas comandados por el fraudulento doctor Sánchez.

De hecho, los problemas ya han empezado a manifestarse. Así, las manifestaciones de algunos miembros de Podemos o las filtraciones comunistas sobre la configuración del Gobierno han llevado a la vicepresidenta en funciones a salir a la palestra para sentenciar: "Habrá un solo Gobierno, a las órdenes de un presidente". Significativamente, PSOE y Podemos han firmado este miércoles un "protocolo preventivo" para evitar colisiones en el Ejecutivo.

Y eso no es nada comparado con los quebraderos de cabeza que le van a dar a Sánchez los golpistas de ERC, que ya le han amenazado con "bloquear" su Gobierno si no acepta negociar la autodeterminación y la amnistía. Y para qué hablar de las amenazas de los proetarras de Bildu, que Sánchez, sin vergüenza, ha abrazado como legítimos compañeros de viaje.

Por otra parte, la Generalidad de Cataluña, que sigue presidiendo el supuestamente inhabilitado Quim Torra, ha anunciado que este año exigirá al Fondo de Facilidad Financiera 10.257 millones de euros, un 27% más de los 8.047 que solicitó en 2019.

Tampoco serán leves los quebraderos que este Gobierno empobrecedor y liberticida, que se pretende adicto al gasto y al endeudamiento a cargo del contribuyente, sufrirá para cumplir los límites de déficit de una Unión Europea que no va estar dispuesta a envilecer la moneda única para satisfacer a un Gobierno manirroto que depende de unos sediciosos que buscan no sólo impunidad, sino financiación para su persistente y, más que consentido, apadrinado golpe de Estado.

Con todo, que nadie caiga en el error de creer que este doloroso panorama condena a Sánchez a presidir sobre una legislatura muy corta, casi efímera: la desfachatez y falta de escrúpulos del personaje pueden perfectamente llevarle a agotar el mandato, para desgracia de los españoles.

Cuba, Vietnam, Laos, China, Corea del Norte.. y ¡España!
Jaime Manuel González Martínez okdiario 9 Enero 2020

Cuando Alberto Garzón, futuro ministro de Consumo y líder de IU, prometa su cargo como miembro del Gobierno, España se convertirá en una rareza política nada reconfortante, pero indiciaria de la deriva de Pedro Sánchez: nuestro país será el único de Europa con un comunista en el Ejecutivo. Militante del PCE, Garzón no oculta su ideología, sino que presume de ella (en 2017 escribió el libro «Por qué soy comunista»). Colocar a Alberto Garzón en la cartera de Consumo es el colmo del surrealismo, si se tiene en cuenta que su modelo es Cuba. En suma, que el Gobierno de España se convertirá en un remedo del camarote de los hermanos Marx – Chico, Harpo y Groucho, más Karl- para completar el círculo de la vergüenza. Separatistas, proetarras y comunistas darán soporte al Gobierno socialista de Pedro Sánchez, que ha elegido como compañeros de viaje a los portadores de las ideologías más rancias del planeta.

Sólo Cuba, Vietnam, Laos, China y Corea del Norte profesan la ideología comunista -sinónimo de miseria y muerte-, lo que significa que Sánchez ha optado por el camino de la involución para sacar adelante su Gobierno «progresista». Lo de «progresista», dadas las circunstancias, es un eufemismo, porque no se puede conformar un Gobierno con las fuerzas más reaccionarias y dañinas para la democracia, salvo que lo que se pretenda es cargarse la democracia liberal y la Constitución de 1978 desde el propio Ejecutivo.

Lo de Garzón es una metáfora perfecta de la ruindad política de Pedro Sánchez, que para garantizarse su permanencia en La Moncloa ha roto el consenso constitucional rodeándose de los elementos más peligrosos y nocivos del paisaje político nacional para embarcarse en una aventura cuyo final amenaza con ser trágico para los intereses nacionales. El comunismo obtiene plaza en el Gobierno de España, con el apoyo de golpistas y proetarras. Y a eso le llaman «progresismo»

Coalición de debilidades
Cristina Losada Libertad Digital 9 Enero 2020

Sánchez quiso dar pruebas de sumisión. Y al hacerlo, siendo como era innecesario, mostró su debilidad.

Uno puede necesitar, en algún momento, el voto de sujetos o partidos poco recomendables. O directamente indeseables. Uno se puede ver obligado, incluso, a alianzas muy coyunturales con el diablo. Eso es así, puede ocurrir y ha ocurrido. En la historia política, en todas las épocas y lugares, hay ejemplos. Pero hay algo que nunca es obligatorio. Ni siquiera necesario. Porque no es preciso dar, en vivo y en directo, pruebas fehacientes de un sometimiento completo a esos poco recomendables o indeseables con los que uno, por los motivos que sea, se ha tenido que asociar. Sin embargo, esto fue precisamente lo que hizo y mostró Pedro Sánchez en las sesiones de investidura.

Lo hizo con la Esquerra y con Bildu, los dos socios más perniciosos que ha subido al carro de su presidencia. Nada le impedía tomar cierta distancia de ellos, guardar la preceptiva distancia de seguridad. Era perfectamente posible no fustigarlos y, a la vez, mantenerlos fuera de la zona reservada para socios de mejor condición. Podía haber evitado dar la impresión de que había, entre él y ellos, algo más que la descarnada maquinaria de la necesidad política. Hay tonos y modos que transmiten distancia, frialdad, superioridad y diferencias irreductibles sin poner en riesgo la transacción. El político, el político con experiencia y habilidad, solía tener facilidad para hacerlo. Tanta, que parecía innata. No es necesario exhibir que se está a partir un piñón: eso es de colegiales. Mucho menos está escrito que haya que bailarles el agua y reírles las gracias a esos con los que, se supone, hubieras preferido no tener que pactar.

Con el partido de los herederos de ETA adoptó una posición cabizbaja, como si así estuviera poniendo alguna barrera. No era la mejor postura para la ocasión. Ya que no iba a replicar, y no replicó, a las andanadas contra el Rey y otras; ya que se iba a limitar a decir que sus "serias discrepancias" con Bildu eran "de presente, de futuro, pero también de pasado, y ahí me quedo", bueno, por lo menos, cabeza alta. Y no hacía ninguna falta lisonjear con coincidencias en la ecología –ni en nada– a un partido al que el único hábitat que le interesa conservar es el de la comunidad del odio. Puesto que Sánchez no podía explicar cómo había perdido por el camino el compromiso de "con Bildu no", lo mínimo era enclaustrarse en la reserva y la circunspección.

La jactancia del portavoz Rufián, decidido a exponer ante el independentismo irredento la capacidad de la Esquerra para sentar donde le dé la gana al Gobierno español, obligaba a un ejercicio de contrapeso y neutralización. Pero Sánchez, por lo que se ve, no tiene la flexibilidad del junco, sino la blandura de la esterilla. A las voces amenazantes del diputado –"Si no hay mesa, no hay legislatura"– contestó deshaciéndose como azucarillo, agradeciéndole el tono, ¡precisamente el tono!, y dulcificando con humorística sonrisita, o eso pretendió, el anuncio de que en "algo" iba a discrepar. Poca cosa, no fueran a preocuparse.

El instante verdaderamente significativo fue cuando trazó la línea divisoria. Porque esos son los momentos de la verdad. Cuando puso, muy deliberadamente, a la Esquerra en su parte del campo, y colocó en la otra, como adversario común, a la derecha. "No voy a contar con una oposición leal", dijo Sánchez. "Pero esa es la desgracia que tenemos en España", y a continuación (no es literal): pero qué le voy a contar a usted, señor Rufián, también sufre usted a la derecha y a la ultraderecha. De modo que el PSOE y la Esquerra, juntos en el padecimiento. El PSOE y un partido contrario a la nación española y a la Constitución, juntos frente a los que defienden ambas. El PSOE y uno de los partidos que organizó el levantamiento sedicioso del 1-O, juntos y contentos de estarlo, en especial, los socialistas. Que los otros tienen más reservas.

No está nada mal para una sesión de investidura. No está nada mal como preanuncio de un presidente del Gobierno de España. Y era absolutamente innecesario. Más aún cuando ni siquiera la decisión de la Junta Electoral Central sobre Torra y Junqueras llevó a Esquerra a boicotear la investidura. Iban a pringar. Pero Sánchez quiso dar pruebas de sumi

Juicio del 'procés'
El Supremo inhabilita Junqueras: no podrá salir de la cárcel para acreditarse como eurodiputado
El Alto Tribunal resuelve la situación del líder de los republicanos catalanes, sin libertad ni permisos, tras la decisión europea que lo declaró diputado desde su elección el pasado mes de mayo.
María Jamardo okdiario 9 Enero 2020

Junqueras no podrá acudir al Parlamento Europeo el próximo día 13 de enero. La Sala Segunda de lo Penal del Tribunal Supremo ratifica la inhabilitación del líder de ERC que no podrá viajar a la Eurocámara para acreditarse como diputado.

El Supremo decide sobre Oriol Junqueras y despeja así la incógnita sobre su situación jurídica y política. Como avanzó OKDIARIO, el tribunal enjuiciador, con el magistrado Manuel Marchena a la cabeza, rechaza la petición de la Abogacía del Estado y decreta la suspensión inmediata de su condición como parlamentario, reconocida esta semana por la Eurocámara, en base a la sentencia condenatoria dictada en el juicio al ‘procés’.

La Sala Segunda entiende que al existir una condena firme sobre el líder de ERC -donde se incluye la inhabilitación absoluta durante 13 años- es jurídicamente imposible que adquiera la condición de parlamentario que el propio Supremo ya le había retirado.

El Supremo veía allanado el camino con la decisión de la Junta Electoral central (JEC) que -en respuesta a un recurso planteado por el Partido Popular- decidía inhabilitar a Junqueras de manera inmediata.

Mientras las Abogacía del Estado pedía al Supremo que permitiese a Junqueras ejercer como eurodiputado hasta que la Eurocámara levantase su inmunidad, una vez tramitado el preceptivo suplicatorio, la Fiscalía y la acusación popular apostaban porque la suspensión se produjese de manera inmediata.

La tesis del Alto Tribunal sostiene que la resolución del TJUE que reconoce la inmunidad de Junqueras desde su elección no hace referencia, en ningún caso, a la toma de posesión de un Europarlamentario que ya ha sido condenado en firme. Además, y dado que la posición de los magistrados era que no procedía anular su sentencia, tampoco resultaba posible restituir al líder de ERC unos derechos que había perdido de manera absoluta y que se prolongará durante todo el tiempo que dure la condena.

La clave: la prisión provisional a la que se refieren los apartados 30 y 93 y la conclusión segunda del fallo de la Gran Sala de Luxemburgo. Una situación que nada tiene que ver con la actual de Junqueras, y el resto de condenados, quienes cumplen en cárceles catalanas las penas impuestas por una decisión “firme y ejecutiva” del Supremo.

Confirma la decisión de la JEC
Por su parte, la Sala Tercera de lo Contencioso-Administrativo del Supremo rechaza por unanimidad suspender la decisión de la Junta Electoral Central (JEC) sobre Junqueras que, el pasado día 3 de enero, declaró su pérdida de condición como eurodiputado. La Sección Cuarta desestima la medida cautelarísima solicitada por el preso condenado por sedición y malversación.

La base de la decisión del máximo órgano en materia electoral entendió que Junqueras era inelegible -según el artículo 6.2.a) de la LOREG- una vez condenado a 13 años de cárcel, e inhabilitación para el ejercicio de cargo público por el mismo período, en la causa del ‘procés’.

Los magistrados de la Sala Tercera entienden que no es posible suspender una decisión sobre una realidad vigente. Esto es, Junqueras no puede pedir que se paralice el efecto de la resolución de la Junta Electoral Central porque la misma corresponde a una situación de pérdida de derechos políticos previa del líder de ERC, como consecuencia de la sentencia firme condenatoria dictada sobre él por el Supremo, el pasado 14 de octubre.

En su ponderación de intereses, los jueces consideran que es prioritaria la aplicación de un fallo penal firme, dictado por el Alto Tribunal, y que su inhabilitación inmediata no vulnera los derechos fundamentales invocados por Junqueras ni el derecho de la Unión «a la luz de la propia sentencia del TJUE de 19 de diciembre que menciona el recurrente» en su solicitud de medidas cautelares.

El auto concluye recordando que “la prevalencia obligada a la jurisdicción del orden penal impiden a esta Sala adoptar decisiones que pudieran interferir en la ejecución de una sentencia penal firme o entorpecer la eficacia de sus pronunciamientos”

Una burla a los catalanes
Teresa Giménez Barbat okdiario 9 Enero 2020

A los catalanes no independentistas. A los catalanes “libres de nacionalismo”, que dice un digital dolç. A quienes, como yo, estuvieron en un tris de regar profusamente las plantas cuando pasaba una hilera de procesistas entonando cánticos insultantes. A quienes incluso pensaron en dejar caer una maceta y no lo hicieron. A quienes les cortaron las vías del tren y llegaron tarde a una entrevista de trabajo. A quienes vieron a la misma alcaldesa que les frio cuando se les atrasó un IBI, saboteando el Ave. A quienes tuvieron que contenerse cuando les quemaron un contenedor debajo de su casa. A quienes pensaron en enfrentarse al piquete que le cerraba el paso a su camión y se aguantaron. A quienes no insultaron a los de la manifestación del lacito amarillo cuando pedían que volvieran quienes trataron de arrebatarles sus más elementales derechos. A quienes no devolvieron las pedradas a los “antifascistas” que destruían el mobiliario urbano. A los catalanes que confiaron en que, a los que nos habían dado un golpe de estado, a los que desde las instituciones nos habían cortado calles o autopistas, a los que nos habían puesto en peligro invadiendo lugares sensibles como el aeropuerto, a todos ellos, la Ley y el Estado les pondrían al final en su sitio. A los catalanes como yo, que nos han tomado el pelo.

Nos lo ha tomado el PSOE, nos lo ha tomado Pedro Sánchez. Nos ha dejado a los pies de los caballos. No es cierto que sus votantes hayan elegido el engendro de partidos que le ha apoyado. Que hayan elegido a un vicepresidente chavista de un partido que ha sido asesor de Evo Morales y que, posiblemente, llegue al gobierno con una sorpresa boliviana en su interior. A defensores de las dictaduras de Irán, Venezuela o Cuba. A Bildu-etarras que no se han arrepentido, que no hacen nada para aclarar los más de 300 asesinatos sin autoría, que rinden homenaje a los asesinos de tanta gente inocente.

No es cierto que le hubiesen votado tantos de saber de sus tratos con el PNV, de su negociación para que la Guardia Civil, esa que tanto sufrió y jamás se lanzó a la venganza, a esa tan apoyada y querida por la mayoría de los españoles, se la eche de Navarra.

Perdonen que hable “de lo mío”. Ya sé que está feo: que si Teruel existe, que si León no sé qué, que si nosaltres els valencians. Pero, oigan, que han pactado con quienes han destruido nuestra convivencia, han hecho huir a las empresas, nos insultan desde los medios públicos que pagamos entre todos y han corrompido nuestras policías autonómicas y locales. ¡Hasta a los bomberos! Un presidente del gobierno que habla en lenguaje nacionalista, que se refiere a un falso “conflicto” entre Cataluña y España, que denuncia la “judicialización de la justicia” o que asegura que en España hay “diversidad de identidades”. Un presidente que nos va a dejar a merced de un nuevo “Pacto del Tinell” donde las fuerzas “progresistas” (sic) tendrán poder suficiente para barrer a quienes no pensamos como ellos. Ser una basura rinde. Menudo ejemplo para todos nosotros.

Ya hemos visto que todos nuestros esfuerzos para “desescalar” el conflicto civil en Cataluña no nos ha servido de nada. Pedro Sánchez se saltó, en su descarnado deseo de poder, todas las líneas rojas de la democracia. Se ha burlado de los españoles, pero muy especialmente de los catalanes. No podemos callarnos más. Nos han perdido el respeto y se lo han perdido a toda España. Hasta en Europa nos toman por el pito del sereno. Debe de ser muy duro ser diputado en Bruselas y ver a los sediciosos como Pedro (exactamente, Pedro) por su casa. Basta ya. Prou.

Ni vencidos ni domesticados
Los separatistas que han hecho presidente a Sánchez están eufóricos. Ven en él a una pieza fácil de cobrar
Isabel San Sebastián ABC 9 Enero 2020

Pedro Sánchez es hoy presidente del Gobierno porque los separatistas catalanes y vascos han considerado que es su mejor apuesta para conseguir sus propósitos secesionistas. El político más débil, manejable y carente de principios de cuantos han pisado La Moncloa. Una pieza fácil de cobrar. Se lo dejaron muy claro durante la sesión parlamentaria del martes, escupiéndoselo a la cara cada cual a su manera. La de la Montserrat Bassa, portavoz de ERC, más zafia: «Me importa un comino la gobernabilidad de España». En otras palabras, yo habría votado «no» a su investidura porque odio a la España que usted representa, pero dado que confío en poder arrancarle la independencia de Cataluña, le voy a prestar una abstención condicionada a que cumpla con su compromiso de hurtar a los españoles la soberanía que les pertenece para transferírnosla a nosotros. Remataba así la intervención de su compañero, Gabriel Rufián, quien también hizo honor a su apellido al amenazarle con crudeza: «Sin mesa de negociación, no hay legislatura». Una extorsión en toda regla que dejó mudo al socialista, tan falto de dignidad como sobrado de prisas. Y eso que todavía no había oído lo peor...

Lo más grave de cuanto se ha dicho en el Congreso estos días aciagos no precisó de insultos o de actitudes chulescas. De hecho, pasó casi desapercibido entre la retahíla de «enseñanzas democráticas» a que nos tienen acostumbrados los albaceas de una banda terrorista que asesinó a novecientas personas, en nombre del pueblo vasco, sin una sola condena por parte de sus voceros. Salió de los labios de Óscar Matute, diputado de Bildu, con la fuerza demoledora que encierra una verdad descarnada: «Ni nos han vencido ni nos han domesticado». ¡Qué humillante puntualización para quien en tres ocasiones, durante ese debate, se había jactado con desvergüenza de encabezar el partido que, según él, derrotó a ETA!

«Ni vencidos ni domesticados». No se puede resumir mejor. Si estamos donde estamos, si el Gobierno de España incluye a un vicepresidente llamado Pablo Iglesias, que no hace mucho felicitaba a «la izquierda vasca y ETA por haberse dado cuenta de que la Constitución no instaura una suerte de reglas de juego democráticas, sino que mantiene una serie de poderes para, de una forma muy lampedusiana, cambiarlo todo para que todo siga igual» (sic). Si los costaleros de este Ejecutivo son dos fuerzas abiertamente enemigas de la Nación española y de las normas por las que se rige, hasta el punto de haber recurrido sistemáticamente a la violencia y protagonizado un intento de golpe de Estado, es precisamente porque ETA nunca fue derrotada, sino que negoció con Zapatero un «proceso», mal llamado de paz, cuya culminación era precisamente la voladura del orden constitucional que Sánchez y sus aliados se proponen liquidar ahora. «Ni vencidos ni domesticados». ¡Si lo sabrán ellos, que cambiaron las pistolas por actas de representación en las instituciones en cuanto se dieron cuenta de que les serían infinitamente más útiles para alcanzar su meta y les llovió del cielo un gobernante lo suficientemente vanidoso y cobarde como para caer en su trampa! «Ni vencidos ni domesticados». Más bien envalentonados ante la oportunidad histórica de construir finalmente su «patria» de vascos de sangre pura, con la complicidad de un partido hermano que no hace ascos a su trayectoria y el beneplácito de un jefe de gobierno que supera en vanidad, cobardía y ambición incluso al que les legalizó. ¿Qué más quieren ellos? Están eufóricos. Lo que está por ver ahora es a quién aflige el dolor que vaticinó ayer el Rey.

El doble engaño de ETA a los socialistas
EhBildu ha logrado convertir la derrota policial de ETA en un triunfo para sus posiciones
J.M. Zuloaga | Madrid larazon 9 Enero 2020

Corrían los primeros días de diciembre y un grupo de periodistas nos reunimos a cenar con el entonces delegado del Gobierno en el País Vasco, Julen Elgorriaga, que participaba en Argel en las negociaciones del Ejecutivo Socialista de Felipe González con ETA. Durante la conversación, escribió en una servilleta una serie de puntos que se abordaban en las citadas negociaciones. La impresión era que las cosas «iban bien» (señaló con una cruz los puntos más conflictivos, entre los que estaba el futuro de los presos) pero parecía optimista. Los terroristas, entre los que se encontraba Eugenio Echeveste, «Antxon», mantenían un contacto fluido con la «dirección» que vivía en la clandestinidad en Francia, en la que figuraba como cabecilla destacado José Antonio Urruticoechea, «Josu Ternera». Este organismo era el que decidía «la línea» de atentados que debían cometer los «comandos».

ETA, como pasó con el atentado contra el aparcamiento de la T-4 en el aeropuerto de Madrid, les estaba engañando. Esta gente no ha ido nunca con buena intención salvo cuando no han tenido más remedio al verse «cercados» por las Fuerzas de Seguridad y sin capacidad para seguir con sus acciones criminales.

La siguiente vez que vi a Julen, pocos días después, fue en la capilla ardiente de las once personas, seis de ellas menores, asesinadas en el brutal atentado contra el cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza. Nos miramos y me hizo, creo recordar, un gesto de incredulidad y, sobre todo, de dolor. Elgorriaga era un político, un buen socialista vasco, totalmente implicado en la lucha antiterrorista, al que le había tocado participar en las negociaciones de Argel en función de su cargo (los etarras querían a alguien que representara al Gobierno, aunque después subieron el listón).

Henri Parot, el jefe del «comando» que perpetró la masacre, declaró a la Guardia Civil, tras ser detenido en la localidad sevillana de Santiponce, que la acción criminal buscaba, ante todo, presionar al Gobierno en las citadas negociaciones. Detrás de esta siniestra estrategia estaba, entre otros, «Ternera». Aquellas negociaciones fracasaron. Con el paso del tiempo, se volvió a repetir el engaño y con los mismos actores: un Gobierno socialista, presidido por Zapatero, y ETA. El Ejecutivo estaba convencido de que las conversaciones iban por buen camino (eso era lo que transmitían sus representantes) y la banda perpetró el salvaje atentado contra un aparcamiento de la Terminal 4 de Barajas, con el resultado de dos personas muertas.

«Ternera» participó en esas nuevas negociaciones, después de haber huido de la Justicia que le reclamaba por el atentado de Zaragoza. Es verdad que fue desplazado por el sector más «duro», si es que en la banda se podía hablar de duros y blandos. De nuevo la estrategia de cometer un gran atentado para flexibilizar las posiciones del Ejecutivo se ponía en marcha. Pese a las negaciones rotundas, incluso en sede parlamentaria, las negociaciones siguieron y ETA, más que por propia voluntad sino por la presión de la Guardia Civil, que protagonizó los últimos golpes a la banda, se vio obligada a montar el paripé del fin de «las acciones armadas», entrega de las armas” y demás artimañas.

Porque lo que iban buscando, al no haber obtenido un triunfo «militar» era un «éxito» político. Si analizamos lo ocurrido en los últimos tiempos, habrá que reconocer que lo ha conseguido, no sólo por la habilidad de los representantes de su entramado sino por las necesidades políticas de los que tenía enfrente. Se han convertido en fuerza determinante en Navarra y en el conjunto de España a la hora de configurar mayorías para formar gobiernos. Y en el País Vasco no lo ha logrado por la fuerza del PNV.

Negociar con ETA (derrotada operativamente por las Fuerzas de Seguridad), con su entramado o con los que ahora se visten con la piel de cordero, es siempre complicado y hay que tener mucho cuidado si se pacta algo con ellos. Ahora no tienen la capacidad de matar y destruir, pero sí la de movilizar y causar muchos «dolores de cabeza» a sus interlocutores. Ya lo dijo en el hemiciclo del Congreso el diputado de Bildu Oscar Matute, parafraseando un lema de la guerra civil española: «no pasarán». Y añadió que «la lucha nunca termina» y que «no nos equivocamos de trinchera». En una frase, que «hemos ganado».

El antisistema era Sánchez
Agustín Valladolid. vozpopuli 9 Enero 2020

“Si no hay mesa no hay legislatura”. “Me importa un comino la gobernabilidad de España”. Las verdaderas intenciones de Esquerra Republicana de Cataluña en dos simples frases. Entre el chantaje y el desprecio. “Ni nos vencieron ni nos vencerán”. Lapidaria afirmación de Oskar Matute, Bildu, destinada a reforzar el relato de los herederos de ETA frente a las víctimas. ¿Pedro Sánchez? Silencio. “Que pretenda usted alcanzar la investidura con la ayuda del fascismo que nos asesinó en el País Vasco produce una náusea infinita”. Palabras desde lo más profundo del alma de José María Múgica, hijo del “Poto” Múgica, abogado y dirigente socialista asesinado por ETA. María Jáuregui, hija de Juan Mari Jáuregui, gobernador civil de Guipúzcoa entre 1994 y 1996, asesinado por ETA: “Mi aita también estaría feliz porque 1) ETA no existe; 2) Vamos a tener un gobierno de izquierdas”. ETA no existe, María, pero manda. Ese es el gran cambio que se confirmó el pasado 7 de enero.

Y eso es lo peor de todo: la sensación que queda de derrota, de que se han salido con la suya. Secesionistas y violentos. Una sensación que se ha agarrado a las tripas de muchos españoles y no será fácil de diluir. Y no tanto por la altanería del nacionalismo más radical, sino más bien a causa de la actitud de sumisión del presidente del Gobierno durante el debate de investidura. Hay amigos que, desde la izquierda, me recomiendan paciencia, que esto no ha hecho más que empezar, como dando a entender, en línea con lo sugerido por Pablo Casado, que una vez logrado el objetivo Pedro Sánchez no tendrá el menor reparo en rectificar, en engañar a sus socios de conveniencia. Se resisten a asumir que esto nada tiene que ver con la paciencia, sino con el descrédito de la política, con el desastre que supone aceptar la inmoralidad como herramienta de uso corriente para alcanzar el poder.

Sánchez es un personaje de difícil catalogación. Desde luego, lo que deberían hacer mis buenos amigos de izquierdas es desclasificarle de una vez como político progresista. Es audaz, osado, oportunista, si se quiere pragmático, pero no es progresista. No puede serlo quien acepta gobernar con el nacionalismo disgregador, quien utiliza con cinismo el pasado del PSOE para defenderse de las críticas a un plan que certifica la defunción del PSOE. El 7 de enero de 2020 se confirmó el nacimiento, engendrado en mayo de 2017, de otra cosa bien distinta al PSOE que hemos conocido, para lo malo y para lo bueno: el de un aparato de poder, estrictamente cesarista, en el que el debate brilla por su ausencia y en el que no es fácil encontrar a un militante de cierto rango que no viva del partido o del presupuesto, que viene a ser lo mismo.

Limitar la crítica; atar corto a los jueces
Yo puedo estar de acuerdo con quienes, desde una incuestionable coherencia, mantienen, como Pepe Nevado, que “si bajamos el volumen de la pasión, estamos ante el primer paso serio que se da en los últimos siete años para tratar de encontrar una salida a la crisis catalana que lleva a España de cabeza”. Puedo estar de acuerdo, pero ¿cómo se hace eso sin una amplia mayoría parlamentaria? ¿Cómo se alcanza tan anhelado propósito, para que sea duradero, sin contar cuando menos con el Partido Popular? ¿Cómo bajamos el volumen de la pasión, querido amigo, si en lugar de buscar puntos de conexión con la oposición -como se hacía antes, ¿recuerdas?- se la somete a la estrategia del totum revolutum de la ultraderecha, despreciando sus argumentos mientras se atienden los de quienes no tienen el menor reparo en reconocer, y vanagloriarse, de que les importa una mierda la gobernabilidad de España? ¿Cómo recuperamos un nivel deseable de concordia si dejamos en manos de la derecha, con toda intención, la defensa de las instituciones y del jefe del Estado?

Bien está que Íñigo Errejón solicite al nuevo Gobierno que elimine “las condiciones de la política del odio”, pero ¿no deberían empezar los señores Sánchez e Iglesias por dejar de alimentar con su política al partido de Santiago Abascal? ¿No sería altamente recomendable, para escapar del ambiente 'guerracivilista', que el presidente del Gobierno diera instrucciones inmediatas para que no se tachara de ultraderechista a cualquiera que ose criticar sus pactos con el secesionismo? No. Pierdan toda esperanza. Sánchez e Iglesias no quieren una derecha sensata; necesitan una derecha bronca (y Casado, de momento, pone bastante de su parte) para alimentar el nuevo relato: el que señala al Gobierno progresista (sic) como mal menor. Saben que el PP tiene que vigilar su flanco derecho, y que entre unos y otros han dejado a Inés Arrimadas un amplio espacio en el que trabajar para recuperar crédito y apoyo popular (a poco que deje de hacer ciertas chiquilladas y asuma que hacer política en Madrid nada tiene que ver con la que se hace en Barcelona).

No, el primer objetivo del nuevo Gobierno no va a ser destensar el ambiente sino, con la inestimable ayuda de su aparato de propaganda, mantener viva la llama de una intransigente y arcaica oposición. Y, ciertamente, van a necesitar mucha leña para mantener ese fuego, porque lo que se les viene encima es de aúpa: Cataluña, crisis, probable aumento del paro, financiación autonómica, subida de impuestos, potencial incremento de la tensión con el Poder Judicial… Todo lo enumerado -o lo que sugieren las medidas anunciadas- en el pacto de Gobierno. Demasiados frentes para tan débil Ejecutivo. Primer objetivo: sacar adelante como sea los Presupuestos para garantizarse al menos tres años en Moncloa. Segundo: limitar la crítica. Las fake news son un buen pretexto. Tercero: atar corto al Poder Judicial. El uso alternativo del Derecho. Enrico Berlinguer revivido; el marxismo gramsciano recuperado; la voluntad del pueblo como principal eje interpretativo de las leyes. Aténse los machos.

Postscriptum: ¿acabar con las fake news? Yo le digo cómo, señor presidente: aprobando una norma que despolitice los medios públicos, nacionales y autonómicos; apoyando a las asociaciones y colegios profesionales; y no tratando a los periodistas como en Uganda.

La resistencia cambia de bando
Jorge Vilches. vozpopuli  9 Enero 2020

La formación de un Gobierno socialcomunista con apoyo de los independentistas, basado en cambiar el régimen a su gusto sin contar con la oposición, es una preocupación bastante lógica. Ver a los diputados de Bildu, el brazo político de un grupo terrorista, y a ERC, partido condenado por golpismo, celebrar la constitución de ese Ejecutivo no puede tranquilizar a nadie que crea en la conveniencia de la democracia liberal en el marco de la Unión Europea.

Al tiempo que celebraban la victoria parlamentaria, se puso en marcha un discurso que deslegitimaba a la derecha, así, en general. No importa que sean varios partidos. El caso era identificar al enemigo: la derecha no acepta la democracia. La descalificación es grave si se profiere en el inicio de un proceso de reconfiguración de lo político, de las reglas de juego que van a constituir el nuevo Estadoespañol. Porque no seamos ingenuos: el alborozo de los independentistas y las lágrimas del comunista Iglesias solo tenían ese sentido, el de que habían tomado el Palacio de Invierno para dictar las normas, y excluir al “no demócrata”.

Socialistas, comunistas y nacionalistas de toda condición van a evacuar la nueva moral a través de la legislación, ese neopuritanismo que dividirá a la sociedad entre progresistas y reaccionarios, feministas y violadores, ecologistas y negacionistas, demócratas y derechistas. El caso es crear fronteras políticas, trincheras, a través del método de convertir cualquier asunto en un conflicto en blanco o negro.

Revancha guerracivilista
Sánchez y sus aliados dedicaron los días de la sesión de investidura a poner las bases de lo que será la marginación de los otros. Jamás se ha visto una toma del poder así en democracia, basada casi en exclusiva en sacar a la oposición de la ecuación política. El tono, las palabras y los ademanes fueron los de la revancha, inéditos en España desde febrero de 1936, cuando la bancada frentepopulista maltrató a los diputados de la derecha.

Hay quien dice que en España quedan tres elementos para ejercer la resistencia: el Rey, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y la Justicia. Mal asunto si lo que queda es eso; es más, tener que recurrir a cualquiera de estos tres es una muestra de la situación en la que estamos. El espíritu democrático y la conciliación no están de moda. Los electores del PSOE sabían que Sánchez es un mentiroso, y siguieron votándole; como sabían el latrocinio organizado en Andalucía y ahí está Susana Díaz. El motivo es que el socialismo es una religión que no contempla la apostasía por muchos pecados que se cometan.

La resistencia, por tanto, cambia de bando. Los modelos son Andalucía y Madrid, pero yendo un poco más allá. Ya no se trata de que cada partido tenga su cortijo para repartir cargos y presupuestos, para cuidar de los suyos e ir tirando. Estamos en una situación excepcional, marcado por un golpe de Estado en Cataluña en plena quiebra del sistema bipartidista, y su sustitución por un bloque hegemónico socialcomunista y nacionalista.

La izquierda y los independentistas ya han creado su antítesis, y así se vio en el debate de investidura: la “ultraderecha”. Todo era “ultraderecha”. Eso puede servir para movilizar al izquierdismo, y es un lastre para crear una verdadera alternativa. La unidad de acción entre los constitucionalistas debe ser un hecho; es decir, se acabó el tiempo de los particularismos y egoísmos, y comenzó el del patriotismo y la sensatez. En realidad, se trata de ser realista: sin unidad gana el adversario.

Esto que ocurre en España es una guerra de posiciones, y hay que reconocer que las izquierdas y los nacionalistas están ganando por la inacción de la derecha. Al alcance de la mano de las tres fuerzas del centro-derecha, del constitucionalismo, está la posibilidad, sin salirse de la ley, sino defendiendo su letra y espíritu, de generar una resistencia. Hay que resistir, sí, y también proponer un proyecto político común consistente y creíble, español y europeo, moderno, alternativo e ilusionante. Porque sería conveniente, por higiene democrática y decoro, que los de Bildu y ERC no vuelvan a ser los ganadores y se reían una vez más de todos.

Pedro Sánchez , cuatro años después (I)
Juan Francisco Martín Seco republica  9 Enero 2020

Le ha costado cuatro años, pero lo ha conseguido. En diciembre de 2015 nadie podía imaginarlo, ni tampoco hasta dónde íbamos a llegar en los desatinos. Era difícil, por no decir imposible, prever entonces la aberración que se iba a consumar en el Congreso el día 7 de enero de este año. Solo se le pudo pasar por la cabeza a Sánchez. Bueno, tal vez también a alguien más, al artífice, al ideólogo, a Iceta. Sánchez puede ser un inmoral, que lo es, pero de ninguna manera es tan listo. Iceta, por el contrario, es un Rasputín, curtido en no se sabe cuántos aquelarres políticos, que han constituido su única profesión y universidad, y dispuesto siempre a la intriga y a moverse entre dos aguas, como buen militante del PSC.

En diciembre de 2015 Sánchez no tenía a favor prácticamente nada. Había perdido las elecciones y, además, con unos resultados peores que los obtenidos por Almunia y Pérez Rubalcaba en sus respectivos comicios, tras los cuales ambos habían dimitido. Cabría suponer que Pedro Sánchez les imitaría. Nada de eso pasó por su mente, más bien acariciaba la idea de ser presidente de gobierno. Comenzó por negar cualquier diálogo o negociación con Rajoy, con lo que aparentemente quedaba bloqueado el camino hacia la formación de todo gobierno, ya que en aquellos momentos nadie contemplaba como viable un acuerdo con los nacionalistas catalanes, que estaban ya en un proceso claro de rebeldía. Sánchez, como más tarde se ha comprobado, no era de la misma opinión y continuó pensando de manera similar tras los comicios de 2016, en los que consiguió peores resultados y quedó aún a una mayor distancia del PP.

Los botafumeiros de Sánchez repetían a diario que este nunca pactaría con los secesionistas. Está claro, a la vista de los acontecimientos posteriores, que se equivocaban (o bien querían equivocarse). Sánchez, aparentemente, no disponía de ninguna baza, excepto la falta absoluta de escrúpulos y su capacidad para colocar su ambición y su yo por encima de cualquier otra consideración. Era capaz de pactar con el diablo si era preciso para obtener su objetivo.

Ha tardado cuatro años, pero finalmente lo ha logrado. Para ello ha tenido primero que desvertebrar totalmente su partido estableciendo, ayudado por ese mal invento de las primarias, un sistema caudillista en el que han desaparecido todos los contrapoderes. Ha montado una Comisión Ejecutiva, un Comité Federal y un grupo parlamentario a su conveniencia con personas de su total confianza. De ahí que haya conseguido que el tradicional pensamiento del PSOE en materia territorial haya dado un giro radical. Se ha echado en manos del PSC, lo que provocó que él y el PSOE en su conjunto hayan mantenido una postura confusa ante el secesionismo, una actitud ambigua que se proyectó en el 1 de octubre y en la misma activación del art. 155 de la Constitución. En esta ocasión condicionó su aprobación poniendo limitaciones tanto en su contenido como en su duración.

No tuvo ningún inconveniente en llegar a la presidencia del gobierno mediante la farsa de una moción de censura ganada con la complicidad de los nacionalistas catalanes, que para entonces eran ya golpistas. No puso ningún obstáculo en establecer una negociación humillante, de igual a igual con el gobierno de la Generalitat cediendo en casi todas sus pretensiones. No le importó incluso presionar a la Abogacía del Estado para que modificase su calificación en el proceso del 1 de octubre. Como el nacionalismo no tiene límite, llegó cierto momento en que Sánchez creyó que le era imposible aceptar todas sus reivindicaciones, no tanto por considerarlas inmorales o injustas, sino porque podían ser perjudiciales para sus intereses, que entonces pasaban más por convocar unas nuevas elecciones. Creía que los resultados le darían un mayor margen de maniobra.

El desenlace no fue el esperado ni en los primeros comicios (18 de abril) ni en los segundos (14 de noviembre), a pesar de que durante su estancia en la Moncloa supo utilizar partidistamente todos los engranajes de poder, y a pesar también de que durante este tiempo Sánchez cambió, sin el menor pudor, de discurso y de planteamientos todas las veces que consideró conveniente, diciendo digo donde antes decía diego. Al final ha elegido de nuevo el gobierno Frankenstein como la forma que mejor le garantiza su continuidad en la Moncloa. Este Gobierno será ahora más Frankenstein que nunca. Son diez las formaciones políticas implicadas, siete de ellas nacionalistas o regionalistas (eso, si consideramos a Podemos como partido nacional, que es mucho considerar pues en su interior conviven por lo menos tres o cuatro organizaciones distintas). Ciertamente, el aglutinante de este Gobierno no tiene nada que ver con la homogeneidad ideológica, sino con los intereses partidistas y provincianos de cada una de las formaciones. Cada uno extiende la mano para recibir el peaje, que Pedro Sánchez pagará con el dinero de todos.

Especial gravedad tienen los acuerdos con Bildu, PNV y Esquerra Republicana de Cataluña, porque los peajes, aparte de ser crematísticos, van a afectar a la estructura territorial y a la soberanía nacional. Las tres formaciones políticas se han mostrado muy satisfechas por el acuerdo. Esquerra y Bildu han declarado que se trata de una gran oportunidad. Si para ellos significa una gran oportunidad, echémonos a temblar el resto de los españoles. Pero quien ha mostrado más alegría quizás haya sido Andoni Ortuzar, quien ha llegado a decir que el nuevo gobierno era un regalo de reyes para todos los españoles. Hay que pensar que para quien es en realidad un gran obsequio es para el nacionalismo vasco; se les ha concedido todo lo que habían pedido en la carta a los reyes magos, es decir, todo eso que llaman “la agenda vasca”.

El PNV nunca da puntada sin hilo, y en esta ocasión son muchas las puntadas y muchos los hilos. Solo había que ver la cara de satisfacción de Andoni Ortuzar en la rueda de prensa. Con tal de lograr los seis votos que le podían hacer presidente, Sánchez les ha concedido todas sus reivindicaciones, incluso para el gobierno de una Comunidad vecina, como Navarra, dando a entender que es algo más que vecina, y todo ello con la pasividad de la señora Chivite y del resto del Gobierno navarro.

Lo malo de este acuerdo, al igual que del firmado con Esquerra, es que quien va a ser presidente del gobierno español asume un discurso muy querido por el nacionalismo, pero nunca aceptado hasta ahora por el gobierno central, tales como el compromiso “de cambiar la estructura del Estado al reconocimiento de las entidades territoriales acordando en su caso las modificaciones legales necesarias a fin de encontrar una solución tanto al contencioso de Cataluña como en la negociación y acuerdo del nuevo estatuto de la CAV, atendiendo a los sentimientos nacionales de pertenencia”. En román paladino, la concesión del carácter de nación (no solo cultural, sino también político) a Cataluña y al País Vasco.

En la misma línea aparece, tanto en el acuerdo con el PNV como en el acuerdo con Esquerra, el tópico tan querido por los nacionalistas de eliminar lo que llaman judicialización de la política. Negar en cualquier área social toda posibilidad a la actuación judicial es tolerar la anarquía, el desorden y la delincuencia, que es por ejemplo lo que se ha instalado desde hace tiempo en la política catalana. Precisamente el Estado de las Autonomías blinda a las Comunidades de tal manera que el Gobierno central carece de instrumentos adecuados ante las ilegalidades -incluyendo la rebelión frente al Estado- que los gobiernos y demás instituciones autonómicas puedan cometer, a no ser la compra de la paz con nuevas concesiones, que parece que es el camino que propugnan el PSC y Sánchez. Cuando una Autonomía aprueba acuerdos o leyes que son anticonstitucionales, pocas opciones le quedan al gobierno central como no sea acudir al Tribunal Constitucional, y cuando los políticos autonómicos cometen delitos tipificados en el Código Penal los tribunales no tienen más remedio que actuar. Impedir u obstaculizar en este caso la acción de la Fiscalía constituye cuando menos una prevaricación.

El peligro no está tanto en la judicialización de la política como en la politización de la justicia, y hacia ello se está escorando Pedro Sánchez. En función de sus intereses, que no son otros más que permanecer en la Moncloa, ha pretendido manipular a la Abogacía del Estado y a la Fiscalía. A esta última institución le ha resultado imposible controlarla hasta ahora; sin embargo, ha entrado a saco en la primera hasta sumirla en el mayor desprestigio. Primero fue la negativa de la ministra de Justicia a defender al juez Llarena cuando fue acusado por los fugados golpistas en un tribunal de Bélgica. En ese momento pretendió escudarse en un informe de la Abogacía del Estado. Después, fue el vergonzoso cambio de criterio en la tipificación penal de los hechos llevados a cabo por los acusados en el proceso del 1 de octubre. Cambio que se produjo por presiones del Gobierno, hasta el extremo de cesar al abogado del Estado responsable cuando este se negó a firmar un informe que no había hecho.

Más tarde, un acontecimiento, casi un vodevil. Pedro Sánchez pretendía la investidura. Con la intención de presionar a los otros partidos mediante los gobiernos de las Comunidades Autónomas, la doctora ministra de Hacienda tuvo la ingeniosa idea de encargar un informe a la Abogacía del Estado en el que se defendiese que un gobierno en funciones no tiene competencias para transferir las entregas a cuenta y devolver la liquidación del IVA a las Autonomías. La investidura no se llevó a cabo. Se disolvieron las Cortes y entramos en campaña electoral. Los intereses de Pedro Sánchez también cambiaron. Ahora quería presentarse ante la ciudadanía como pródigo y generoso, con lo que de nuevo se acudió a la Abogacía del Estado para que dijese lo contrario de lo que había sostenido antes, es decir, que un gobierno en funciones sí podía instrumentar las susodichas transferencias. El nuevo informe no tuvo más remedio que firmarlo la abogada general del Estado.

Por último, ha llegado la traca final. Lo nunca visto. Una vez más se demostraba que Pedro Sánchez se podía superar a sí mismo. Que estaba dispuesto a pasar por todo con tal de conseguir la investidura. Pedro Sánchez ha consentido que la postura a tomar por la Abogacía del Estado de cara a la situación en la que queda Junqueras después de la sentencia del Tribunal de Luxemburgo entrase públicamente en la balanza, como una mercancía más, de una negociación política y no demasiado limpia para su investidura. El tema ha sido tan vergonzoso que el informe de la Abogacía del Estado (órgano acusador) le ha sido presentado a Junqueras (delincuente) para su visto bueno antes de mandarlo al Tribunal Supremo.

Algunos periodistas y tertulianos, con tono docto, han querido ilustrar al personal manifestando que la Abogacía General del Estado es una subsecretaría del Ministerio de Justicia y, por lo tanto, tiene que obedecer al Gobierno. Lo primero es cierto; lo segundo, no. Al menos no en todos los sentidos. Toda la Administración depende del Gobierno, pero la ley y el ordenamiento jurídico están por encima de ambos. Es a ese ordenamiento jurídico al que de forma prioritaria los abogados del Estado, al igual que el resto de la Administración, deben supeditarse, máxime en un tema tan sensible como la posición que como acusadores en nombre del Estado mantienen ante los tribunales. ¿Alguien podría imaginar las consecuencias de que el Gobierno pudiese dar órdenes a los inspectores fiscales señalando los contribuyentes concretos que deben inspeccionar y a quién deben sancionar y a quién no?

Los que hemos trabajado muchos años en la Administración sabemos que las presiones políticas existen y que afectan -qué duda cabe- a los abogados del Estado, pero pienso que en temas menores y siempre con límites. Conocemos que los abogados del Estado, como buenos abogados, son especialistas en hacer cuando quieren informes ambiguos en los que no se sabe si van o vienen. Pero siempre dentro de un orden y sin traspasar determinadas líneas rojas. Ahora bien, en este caso se han traspasado las líneas de todos los colores. Difícil encontrar un informe tan alambicado, contradictorio y confuso como el presentado por la Abogacía del Estado al Supremo, y es que se ha querido servir a muchos señores. Solo comparable, por cierto, con el comunicado emitido por la asociación de abogados del Estado. Es totalmente imposible saber lo que querían decir. En algún artículo he señalado el papelón que estaba haciendo la abogada general del Estado. Hoy tengo que preguntarme, con tristeza, acerca del papelón que ha hecho la asociación profesional de abogados del Estado que, se quiera o no, va a terminar salpicando a todo el colectivo.

Intento gravísimo de politizar la justicia se encuentra también en ese punto del acuerdo firmado entre el PSOE y Podemos en el que proyectan que el acceso a la carrera judicial se realice por la puerta de atrás por el método de la selección a dedo. Pero este tema merece que le dediquemos un artículo completo otra semana.

El otro día en el debate, Sánchez repitió continuamente que el PSOE ha ganado las elecciones. Eso no significa nada en un sistema parlamentario en el que lo que cuentan son las alianzas. No las había ganado en el 2016 y, sin embargo, llegó a presidente de gobierno. Lo que a Sánchez le ha permitido estar este pasado año en la Moncloa y lo que le va a permitir ahora formar gobierno es el hecho de ser capaz de doblegarse y humillarse ante los independentistas, ante los que han dado un golpe de Estado, y aún permanecen en él cómodamente. La hégira de Pedro Sánchez demuestra sobradamente que Maquiavelo tenía razón y que en política -al menos a corto plazo- no gana el más honesto y sincero ni el más consecuente, ni siquiera el más inteligente y preparado, sino el más mendaz, tramposo y carente de escrúpulos, triunfa el que carece de todo principio, el que está dispuesto a resistir (manual de resistencia), el que se pega a los sillones y si es preciso se arrodilla para conseguir sus propósitos.

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‘Cordicópolis’ o el imperio del sentimentalismo
Zoé Valdés Libertad Digital 9 Enero 2020

Hay una "ideología sentimentaloide" frente a la cual es imposible el debate razonable.

El término Cordicópolis no es mío, lo he tomado prestado del inmenso Philippe Muray, de su libro El Imperio del Bien. Urgente sabotearlo, con el que este autor definió el mundo desde los años noventa hasta –sin saberlo porque murió antes– la fecha. Mucho antes, el novelista cubano-británico Guillermo Cabrera Infante también se refirió a una "ideología sentimentaloide" frente a la cual es imposible el debate razonable.

Ese no tan imaginario país o imperio de Cordicópolis, ese Imperio del Bien, se conduce mediante una ideología siniestra que sin embargo usa el corazón, y sus sentimientos derivados, como método de imposición y destrucción.

Lo ocurrido en Cuba en 1959, que mucho he estudiado y observado a través de mi propia experiencia, fue uno de los actos más abominables de sentimentalismo cursi y baratucho que se pueda haber vivido, provocado por una historia ignorada, y la arrogancia y mediocridad de la prensa norteamericana, que aunque vio el peligro lo prefirió por comodidad, y por sentimentalismo frente a un raciocinio necesario. El Gobierno norteamericano de la época y los sucesivos no se comportaron mejor, incluso teniendo gran peso de la culpa de lo que sobrevino en Cuba y en consecuencia en el mundo.

Hace unos días, una querida y respetada periodista, transparente y contundente con su claridad, preguntaba quién devoraría primero en ese acto suicida en el que contemplaremos impasibles la próxima y tal vez definitiva deriva de España: si Pedro a Pablo o a la inversa.

Pensé que sería Pedro, debido a su fatuidad, el gran tragón consumado. Pero, al notar el lagrimeo fácil y ridículo, una vez más, de Pablo, debo corregir. Será Pablo quien devorará a Pedro. Como ha ido devorando sin los votos necesarios la realidad española en los últimos años. Y si no miren dónde está Ciudadanos y dónde se encuentra Podemos. Así actúan los oportunistas: mientras te clavan el puñal en la espalda, te empapan la mejilla con sus gotitas de nada, para hacer ver que en ellos opera el sentimiento, ese efecto tan sobrevalorado por la masa.

Pablo Iglesias en su constante lloriqueo me recuerda a Raúl Castro –no sólo por el moño largo que el segundo llevaba a los inicios de aquella Revolucioné, cual espléndida folclórica–, sino porque Castro II, en este mundo que amasaron y perpetraron con su odio, no ha perdido oportunidad para lagrimear a su antojo.

Un ejemplo, cuando emitió aquel discurso, en el año 1989, dirigido al pueblo pero sobre todo a los familiares de los que en pocas horas su hermano y él mandarían fusilar, los Ochoa y compañía, implicados en el narcotráfico socialista; discurso en el que afirmó con la voz rajada y melosa que lloraba por ellos, por los hijos de los que iría a matar, mientras se afeitaba y se miraba en el espejo, en intimidad consigo mismo… Puaf, de vómito…

El narcotráfico socialista es un fenómeno inventado y manejado por los Castro. Son ellos los que crearon esas narcoguerrillas, como convirtieron a los etarras en hombres de negocios. Primero en la isla, donde se refugiaron, y después en Venezuela. Aunque los Castro siempre quisieron empezar por Venezuela, a la larga lo consiguieron. Después Nicaragua, Bolivia, Brasil, Argentina, Ecuador, cayeron como naipes… Se han ido posicionando tanto, que por fin llegaron a su anhelada España.

En España están ahora mismo a punto de tomar la presidencia, la vicepresidencia y los ministerios. Y digo la presidencia porque Pedro no gobernará, gobernará Pablo, hasta que lo transforme en polvo odiado y lo lance al primer tragante o inodoro. Los agentes del castrismo que han orientado y entrenado a toda esta gentuza de Podemos se hallan desde hace un tiempo en España, el Rey tuvo que recibirlos como diplomáticos (cuando fueron expulsados de USA por espías), han recorrido el país entero promoviendo el castrismo y brindando instrucciones precisas. Son gente que sabe introducir la garra en el corazón, estrujarlo, que duela, y que aun así la crean. Hasta que la creencia sea más fuerte y perdurable que el dolor mismo.

Pablo es uno de sus esos jefes formados por los Castro, y próximo gerente desde EspaCubazuela, de la Cordicópolis internacional socialista. Pablo llora para las cámaras y por dentro ruge de alegría, de placer, de odio, como la más fiera de las furias, porque sabe que ha llegado a un estatus inamovible. Sabe que España ha caído en sus manos, que nadie podrá tumbarlo y que, por el contrario, de un simple soplido, con la ayuda de las fuerzas castristas, destrozará a Pedro. Quedará sólo él con el machirulo de la silla de ruedas, eternos en el poder. Irene Montero, o Ireno Mantera, no será más que lo que ha sido, una fachada para demostrar que Pablo es un esposo y un padre de familia. En cuanto no necesite demostrarlo más, entonces veremos…

Pablo llora por fuera y odia intensamente por dentro. Tendremos unos días en que nos dejará respirar, pero en cuando empiece a planear cómo deshacerse de Pedro, aunque primero del Rey (como ya ha anunciado), volverá a ponérsele la cara como una postilla sanguinolenta, y cada hebra del pelo le empezará a ondear como ondeaban las serpientes en la cabeza de la medusa.

España, espero y deseo equivocarme, no existirá más. Quedará en un puñado de provincias, lo mismo que hizo Fidel Castro con Cuba, que, de una capital y cinco provincias, convirtió al país en un mendrugo de migas desmenuzadas y regadas a su antojo, para aplastarlas y empobrecerlas mejor.

España se convertirá en una ínfima parte de Cordicópolis, el Imperio del Bien, construido con el más profundo odio del Mal. Igual que aquella isla que "quiso construir el Paraíso y creó el Infierno".

España
Entrevista con la madre de la niña que ETA asesinó en 2002
Toñi Santiago, víctima de ETA: «El PSOE se ha manchado las manos con la sangre de mi hija»

Raquel Tejero okdiario 9 Enero 2020

A las ocho y media de la tarde del 4 de agosto de 2002 ETA asesinó a Silvia Martínez, una niña de apenas 6 años. La banda terrorista colocó un coche bomba cargado con cincuenta kilos de explosivos y metralla que estalló en las inmediaciones de la casa cuartel de la Guardia Civil en Santa Pola. Además de Silvia, un jubilado de 57 años, Cecilio Gallego, también perdió la vida en el atentado.

Dieciocho años después, Pedro Sánchez se ha convertido en presidente del Gobierno gracias al apoyo, entre otros, de Bildu. OKDIARIO ha hablado con Toñi Santiago, madre de la pequeña asesinada, para conocer su opinión al respecto.

PREGUNTA. Ayer se culminó la investidura de Pedro Sánchez con el apoyo de Bildu. ¿Cuál es su opinión?
RESPUESTA. Algo me removió profundamente y me hizo vomitar… las lágrimas del señor Iglesias, que va de la mano con Sánchez. Me produjo una enorme pena y es importante que nadie se olvide de que, a partir de ahora, va a gobernar la extrema izquierda, que es Bildu y que es igual a ETA. Esas lágrimas que Iglesias derramaba las sigo derramando yo a día de hoy cuando veo que gente como los que ayer se felicitaban se han vuelto a manchar las manos de sangre inocente como la de mi hija. Han vuelto a asesinar su memoria y dignidad con este tipo de cosas.

Además, hay más responsables. En el año 2012, además de juzgar a los asesinos de Silvia, el señor Mariano Rajoy, que tenía mayoría absoluta, evitó junto al PSOE que se ilegalizase a Amaiur y a Bildu. Siempre he dicho que había una hoja de ruta entre socialistas y el PP, especialmente Rajoy y Cospedal. Esto ha provocado lo que vimos ayer, que fue la culminación.

P. Han pasado 18 años desde el asesinato de Silvia y ayer tuvo que presenciar cómo se consolidaba este pacto, ¿qué le diría a Pedro Sánchez si pudiese?
R. Yo no le he deseado jamás a nadie lo que yo viví aquel 4 de agosto y lo que hemos padecido y llorado, y seguimos llorando, por nuestra hija. No le deseo a ningún padre o madre que tenga que vivir aquello, pero sí voy a decir algo alto y claro: lo que le deseo a este señor, que no es mi presidente porque no me representa, es que todos estos que ayer lloraban, tuviesen que soñar todas las noches lo que yo viví y pasé aquel día. Así se harían una mínima idea de lo que duele tener que ver morir y enterrar a un hijo. Esos asesinos son los mismos con los que hoy se dan la mano.

P. ¿Es Bildu sinónimo de ETA?
R. Evidentemente sí. Solo hay que mirar sus currículum. Sólo hay que tirar de hemeroteca y veremos cuántos condenados hay por apología del terrorismo. La gente que me escuche y diga que soy una facha o una fascista lo que tiene que hacer es tener un poco más de conocimiento. A mí, por desgracia, me ha tocado conocer quién es cada uno de ellos.

P. ¿Qué opina del argumento que sostiene que se puede pactar con ellos porque son un partido legal?
R. Están en el Congreso gracias a Rajoy por no ilegalizarles. Lo que cuenta son los principios. Ni Sánchez, ni Iglesias, ni el resto, tienen principios morales. Y contra eso no puedo luchar.

P. Sánchez sacó al dictador Franco del Valle de los Caídos hace apenas unos meses. ¿Cree que existe distinta proporcionalidad para tratar el franquismo respecto a las víctimas del terrorismo?
R. Yo tengo 47 años y lo que pasó en España, una guerra entre españoles, no lo he vivido. Sin embargo, en 2002 no había ninguna guerra. Había y hay una banda terrorista llamada ETA que, para cumplir lo que ellos querían, asesinaban a inocentes. Les daba igual que fuesen niños mujeres, hombres…y eso es memoria histórica y lo quieren tapar.

Por suerte o por desgracia yo sigo viva y seguiré defendiendo la memoria de mi hija. Por encima de mi hija y de la sangre que mi hija dejó en aquella casa no le voy a permitir a nadie que use el nombre de mi hija. Quieren callarnos y yo no lo voy a hacer.

Quieren silenciarnos de cualquier manera. La manera es insultándonos y despreciándonos. Donde yo vivo y mataron a mi hija, los socialistas humillan a las víctimas del terrorismo. A mí me han humillado pero lo que me hagan a mí no me duele, lo que yo he parido sí me duele.

Donde vivimos han propuesto que a la plaza se le ponga el nombre de Silvia y a una calle a Cecilio, que también murió ese 4 de agosto. Sin embargo, ellos quieren ponerle de nombre “4 de agosto”. Quieren tapar el hombre de Silvia y de Cecilio y no lo voy a permitir jamás.

P. ¿Qué cesiones cree que hará Sánchez a partir de ahora?
R. No lo sé. Lo único que pido es que no suelten a los asesinos de ETA. Que no los acerquen a sus cárceles en el País Vasco. El día que salgan los asesinos de mi hija quiero que alguien levante el teléfono y me lo diga. Las víctimas del terrorismo parece que molestamos y les digo que voy a seguir molestando. Por suerte o por desgracia estoy viva y voy seguir recordando a mi hija.
 


 


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