AGLI Recortes de Prensa   Domingo 26  Enero  2020

El 'vis a vis' de Ábalos y Delcy de la Pasta o España, capital Caracas
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 26 Enero 2020

No es fácil recapitular el cúmulo de mentiras, trolas y embustes del ministro de lo que antaño fue Fomento y ahora fomenta el tráfico ilegal de criminales contra los derechos humanos que busca la justicia internacional. Ábalos, que hasta hace pocos meses era el sanchismo con rostro humano, ha caído en una de esas trampas que alguien que presume de experiencia en el PSOE debería evitar, si no tender a los peores enemigos, que suelen ser los compañeros de partido. Decía Adenauer que existen los enemigos, los enemigos mortales y los más más mortales aún, que son los compañeros de partido. Adenauer nunca estuvo en un gobierno con comunistas: si algo hay más peligroso que un compañero de partido es un compañero de Gobierno. La duda es si la trampa a Ábalos se la han tendido los faisanejos de Interior o los garzonejos de Justicia, los dos bandos de las cloacas que pelean en las alcantarillas de esta coalición de Poder totalitaria y zarrapastrosa. Que ha caído como un pardillo es evidente. Que no sabe caer lo demuestra su frase: "A mí no me echa nadie". Más secretos financieros tenían otros y cayeron.

Muchas versiones y todas falsas
Cuando se filtró que la delincuente internacional Delcy Rodríguez, que tiene prohibido sobrevolar suelo español y de cualquier país de la UE por gravísimas violaciones de los derechos humanos, había aterrizado en Madrid y se había entrevistado con Ábalos, el ministro negó haber ido al aeropuerto. Cuando empezaron a salir datos y detalles del encuentro, dijo que sí había ido al aeropuerto pero que no la había visto. Cuando se supo que se habían visto, dijo que se habían visto pero no encontrado. Cuando se volvió a saber que sí se habían encontrado, dijo que sólo la había saludado dentro del avión en que visitó, a las tres y media de la mañana, a su amigo el ministro de Turismo de la narcodictadura venezolana que venía a Fitur.

Cuando se empezaron a contar los minutos que duró la entrevista con Delcy y no con el grotesco ministrejo bolivariano, dizque amigo de Ábalos, el ministro de lo que siempre se llamó Fomento y que tal vez ahora sea Ministerio de la lucha contra el déficit de caja del PSOE aclaró que sólo fueron dos minutos, para saludarla y recordarla que no bajara del avión, porque "lamentablemente, no podía pisar suelo español". Lo de calificar de "lamentable" una orden de captura internacional por gravísimos delitos contra los derechos humanos, muestra el estado de inquietud de Ábalos.

Pero no paró ahí el desgaste de su sistema nervioso. Otra filtración calculó en media hora la entrevista. Otra, en una hora. Y una tercera añadió media más a ese encuentro en la cumbre de la delincuencia internacional. Y al llegar a la hora y media, Ábalos decidió que Sánchez cronometrara el encuentro. Ya no había forma de disimular esa reunión que, según Ábalos, nunca tuvo lugar porque él nunca fue a Barajas; luego, que fue pero no la vio; luego, que la vio pero no se encontró con ella, luego que sí se encontró pero un momento; luego, que sólo el tiempo justo para amenazarla, por indicación del ministro del Interior.

Sale el Mentiroso Mayor del Reino
Y llegados a Marlaska y recordando el caso Faisán, Ábalos decide que el que le mandó a Barajas diera la cara. Y va Sánchez y dice que el gran Ábalos ha evitado un grave incidente diplomático, porque la Delcy quería bajar del avión, pisar suelo español, algo prohibido, e iba a liarse un follón. Por si confesar su negativa a detener a la delincuente internacional fuera poco, Sánchez elogió a Ábalos por sacrificarse de madrugada hasta convencer a la Número dos de Maduro de no meterse y no meternos en líos.

Iban diez versiones, rigurosamente contradictorias e indudablemente falsas, sobre el vis a vis de Delcy con Ábalos, cuando el valenciano, harto ya, sacó pecho y filtró o alguien filtró que había tenido que ir a Barajas porque la delictiva y delictuosa Delcy "había exigido que fuera alguien del PSOE". Y ahí pasamos a otra dimensión. Malo es que una delincuente de la banda de Maduro no sea detenida cuando su imprudencia le ha llevado a aterrizar en terreno donde rige una orden de captura contra ella. Muy malo, que, para evitarlo, llame a alguien del Gobierno, en principio uno de tres ministros: Interior, Justicia y Exteriores. Y muchísimo peor que llame a un representante de uno de los dos partidos de Gobierno, justo el que hasta ahora no estaba acusado de financiación ilegal por el régimen de Caracas.

En ese momento, la interpretación de la trampa letal contra Ábalos dejó de achacarse a los faisanejos de Marlaska y se empezó a atribuirla a los garzonejos podemitas, enemistados desde siempre con Marlaska y con Ábalos. Sería el primer episodio de la guerra entre los dos gobiernos que auguró el propio Sánchez si metía en su Ejecutivo ministros de Podemos. Los ha metido; y he aquí el primer caso en que, sin querer, dijo la verdad. Si el sector sociata repicó en sus televisiones la operación de Bolivia, que delataba la financiación de Podemos, éstos respondían mostrando, tras los 35 millones pillados a Morodo y el Gobierno de Zapatero, que también el PSOE se ha financiado por la misma narcodictadura. O sea, que cuidadito.

¿Por qué o por cuánto tiene Caracas pillado al PSOE?
El cúmulo de mentiras en que se ha pillado a Ábalos recuerda la situación del Gobierno del PP cuando la masacre del 11M de 2004, que, vista en perspectiva, fue el nacimiento del zapaterismo, hoy sanchismo, y el jaque mate al régimen constitucional. Zaplana confesó que "siempre fueron por detrás de los acontecimientos", como Pulgarcito detrás de las miguitas. Con la diferencia de que las miguitas no las ponía Pulgarcito sino los lobos de las cloacas que sembraron de pruebas falsas el sumario y, acosando las sedes del PP, cambiaron el signo electoral, que era adverso tres días antes.

Es difícil resistirse a la interpretación de la trampa contra Ábalos, porque le fueron llevando con engaños a engañarse a sí mismo y tratar de engañar a los demás, pero marlaskejos o garzonejos fueron filtrando datos que desmentían cada mentira, hasta que, desesperado, llamó a Sánchez y a éste se le ocurrió una jaimitada divertida para la Oposición y que al PSOE le hará poca gracia. Es evidente que Caracas es la verdadera capital de la España oficial o gubernamental, la de los socialistas y comunistas. Lo que no sabemos es el capital que ha invertido en comprarlos. Vendidos, están.

Director de Es la Mañana de Federico.

Próxima semana: nuevo varapalo de la Justicia a Junqueras y Sánchez
Carlos Dávila okdiario 26 Enero 2020

Esta semana también la Justicia aplicará otro correctivo al delincuente Junqueras. La Sala III del Tribunal Supremo, Sala de lo Contencioso Administrativo, responderá al recurso de los abogados del sediciosos para que se suspenda su inhabilitación mientras el propio Supremo no entre en el fondo de la cuestión y dicte sentencia definitiva, respondiendo que “verdes las han segao”, que Junqueras está inhabilitado y bien inhabilitado y que no hay escaño posible para él. Es otro varapalo que, como en el caso de Torra en esta semana que ha terminado ya, le va a propinar el magistrado Jorge Rodríguez Zapata, un juez de pedernal que fue miembro del Tribunal Constitucional en el momento en que esta institución tenía que pronunciarse sobre el Estatuto de Cataluña. Rodríguez Zapata fue el ponente de esta sentencia que, según los independentistas, ha sido causa de la revolución catalana. Esa imputación resulta ser una clamorosa falsedad porque la secesión no necesitó un detonante como éste, sino que fue fraguándose en el laboratorio permanente de Jordi Pujol.

Pues bien, esta sentencia que se conocerá mediados de semana, va a coincidir en el tiempo con la ya dictada contra Torra y, a mayor abundamiento, con la decisión que adopte este mismo lunes el Parlamento de Cataluña sobre el escaño del que ha sido presidente de la Generalidad. Si se atienden las noticias que viene filtrando el separatismo regional, el presidente de la cámara, Roger Torrent, le va a hacer una cuchufleta al Supremo y no expulsará a Torra, algo que, sin duda, le va a producir serios problemas penales. Rodríguez Zapata, protagonista de los dos procesos judiciales, ha redactado en ambos casos, también en el que ahora mismo anunciamos, que no admite la menor duda: este es el “juicio final” porque ni Junqueras, ni Torra tienen ya recorrido como parlamentarios. Eso sí, les queda el socorrido recurso al Tribunal Constitucional, pero si la información del cronista no es incierta, este Tribunal tampoco atenderá sus demandas. Así que fuera de la política durante bastantes años.

A no ser -que puede ser- que Sánchez y sus mariachis legalicidas se empleen a fondo con la reforma del Código y, con efecto retroactivo, ¡vaya escandalazo! liberen a los susodichos del delito de sedición. Los juristas más reputados, incluso los de procedencia ideológica izquierdista, están que se suben por las paredes. Están seguros sin embargo de que la maniobra de Sánchez es otra más de sus engañifas. Se ha inventado esta martingala de la reforma porque no puede ceder directamente a la presión de los sediciosos que exigen nada menos que una amnistía sin condiciones. En la Constitución Española -recordaba esta semana un letrado del Tribunal- no cabe esta figura; la amnistía se produjo una vez en la Transición y quedó por terminada como posibilidad. Nuestra Norma Suprema la descarta absolutamente, pero como los separatistas le han arrancado una promesa como ésta a Sánchez, el presidente ha movilizado sus magines y no ha tenido más idea que una reforma “express” de la Constitución. El mencionado letrado denuncia: “Una solemne idiotez; la reforma no podrá cumplimentarse de ningún modo”.

Pero, ¡ojo!, Sánchez no se va a parar en barras. Desde la Moncloa contestan a los juristas que rechazan la reforma del Código Penal porque no se puede perpetrar ‘ad hominen’, recordando que incluso una vez el Tribunal Constitucional se avino a aceptar una iniciativa. Fue cuando, con el voto de calidad de su presidente que entonces era don Manuel García Pelayo, se tragó literalmente la intervención nacionalizadora de Rumasa. Es curioso que apelen a aquel episodio que avergonzó a toda la Justicia universal, para ahora propender a una reforma para beneficiar únicamente a los sediciosos encarcelados. Ya se ve en todo caso hasta qué punto intentará llegar Sánchez para contentar a sus socios de investidura. Ya ha demostrado que para él las leyes son un estorbo; ahora se dispone a transgredirlas de nuevo. Pero se va a enfrentar con la Justicia que no dará un paso atrás. La prueba más evidente, es esta decisión del Tribunal Supremo que, de nuevo, inhabilita a Junqueras. Y es que, como suele decir el magistrado Rodríguez Zapata:”En Justicia, no hay más cera que la que arde”.

No sólo Ábalos debe comparecer
Editorial larazon 26 Enero 2020

En la entrevista en exclusiva que el ministro José Luis Ábalos concedió el pasado viernes a LA RAZÓN, y con independencia de otras consideraciones, el titular de Transportes se mostraba dispuesto a comparecer ante el Parlamento, al tiempo que reivindicaba el papel protagonista de España en la resolución de la crisis política venezolana. A este respecto, no sólo es obligada su comparecencia, dada la confusión sembrada entre la opinión pública por la nocturna peripecia aeroportuaria, sino que esta debe ser ampliada al ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, y a la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya.

El primero, porque el propio Ábalos le ha implicado directamente en el asunto al afirmar que tenía el encargo de su compañero de Gabinete de «no dejar que Delcy Rodríguez, –la vicepresidenta del Gobierno de Nicolás Maduro– se bajara del avión» y tocara suelo español, y la segunda, porque la posición del Ejecutivo de Pedro Sánchez ante el proceso de democratización de Venezuela se caracteriza por una palmaria incoherencia que necesita ser explicada en sede parlamentaria, más allá de las declaraciones crípticas de unos y otros, comenzado por las del propio presidente del Gobierno, ayer, en las que justificaba y respaldaba a Ábalos por haber, supuestamente, evitado una crisis diplomática cuyo alcance y génesis se nos escapa.

Ciertamente, convendría que el Ejecutivo aclarara de una vez por todas cuál es la estrategia política que pretende desarrollar en relación con Venezuela y, para ello, debería empezar por garantizar a los ciudadanos que realmente hay una unidad de propósito en el Gabinete de coalición, puesto que no parece de recibo que uno de sus vicepresidentes, Pablo Iglesias, con estrechas vinculaciones de larga data con el régimen bolivariano, se niegue a reconocer a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, pese a que el Gobierno de España, como el resto de los de la Unión Europea, sí lo hizo en su momento, tras considerar un fraude las elecciones presidenciales que dieron el triunfo a Nicolás Maduro y declarar ilegítima e inaceptable su reelección.

Que el resto de nuestros socios, especialmente Reino Unido, Francia y Alemania, vengan actuando en consecuencia, otorgando el trato de jefe de Estado al presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, como primer representante del único órgano con legitimidad del país hermano reconocido internacionalmente, acentúa más la incongruencia de la postura gubernamental. Así, cuando el ministro Ábalos afirma que Europa reconoce el liderazgo español en la búsqueda de una solución democrática para Venezuela, hay que preguntarse si la contemporización con la tiranía de Caracas, que viene alargándose en el tiempo, tiene otro final que no sea el refuerzo del régimen comunista de Nicolás Maduro, que no ha dudado a la hora de recurrir a la represión más brutal para acallar las voces de la disidencia.

De ahí, que la alternativa a una solución violenta de la crisis venezolana, que nadie desea, no puede ser la de dejar las cosas como están, hasta que la emigración forzada de sus ciudadanos allane el camino a Maduro, sino que se deban tomar medidas de presión diplomáticas y económicas, que trasladen a la dictadura la convicción de que sólo la renuncia del tirano y unas elecciones realmente libres pueden devolver a Venezuela al concierto internacional. Y no parece que el trato deferente a una de las principales colaboradoras de Nicolás Maduro en la represión de los derechos humanos, sea lo más eficaz para alcanzar el objetivo declarado. Esperemos, pues, que las comparecencias parlamentarias sirvan, al menos, para que el Gobierno nos aclare si está con Maduro, con la libertad o, incluso, esperando a ver si escampa, que es lo más probable.

Un necesario grito de libertad
Editorial ABC 26 Enero 2020

El presidente del Gobierno ha salido en defensa del ministro Ábalos y ha justificado su estrafalaria aventura en el aeropuerto de Madrid como una gestión que habría evitado «una crisis diplomática». A Sánchez no le preocupa que su ministro se hubiera inventado distintas versiones en el carrusel de explicaciones contradictorias que ofreció para justificar su reunión con la vicepresidenta de la dictadura venezolana, Delcy Rodríguez, porque él mismo tiene una tortuosa relación con la verdad y miente habitualmente. En cualquier caso, la crisis diplomática la habría provocado la dirigente chavista que intentó entrar ilegalmente en Europa. Para semejante personaje no tuvo ayer Sánchez la menor crítica. Porque lo que intenta preservar es su coalición con Podemos, un partido que hunde sus raíces y sus principios en el mismo lodazal que la dictadura chavista, que ha llevado a la ruina a uno de los países más ricos del mundo. Los inconfesables secretos que mantienen unidos al régimen criminal que detenta el poder en Caracas con la élite del principal socio del presidente del Gobierno son ahora igualmente tóxicos para Sánchez y el PSOE, y se guardan en un armario cuya llave está en manos de un desequilibrado como Maduro, que a partir de ahora tiene ya tomada la medida de hasta dónde puede presionar al Gobierno. No hay ninguna duda de por qué escogió Madrid la representante de la dictadura venezolana para hacer esa escala en su viaje a Turquía.

Tan subordinado está el presidente a los principios de su socio de coalición que ha aceptado también renunciar a los suyos propios respecto a la consideración de Juan Guaidó, aunque ello le convierta a ojos de nuestros socios europeos en un dirigente poco fiable. Al plantar al presidente legítimo de Venezuela ha debilitado el consenso mayoritario en la UE en cuya elaboración él había jugado un papel relevante. Y todo para no desairar a Iglesias, que solo considera a Guaidó «un señor importante de la oposición». De paso Sánchez enturbió aún más su relación con EE.UU.

Tuvo que ser la oposición del PP la que corriera el vergonzoso error de Sánchez, apoyando la manifestación de anoche en Madrid, que dio proyección internacional al grito de libertad de los venezolanos oprimidos por el chavismo. Dieron los populares a Guaidó el trató que merece el legítimo presidente de un país con lazos históricos con España. Casado, Díaz Ayuso y Almeida estuvieron a la altura de quienes, como antes Johnson, Merkel o Macron (que si se entrevistaron con Guaidó), tienen claro que no hay equidistancia posible entre la defensa de la libertad y el apoyo a un régimen tiránico del que huyen los venezolanos. Sánchez ya ha elegido bando y parece que es el segundo.

Visita del presidente encargado de Venezuela a España
Guaidó: «La democracia siempre está en riesgo»
Luz Sela okdiario 26 Enero 2020

El presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, ha advertido este sábado que «la democracia siempre está en riesgo» y que «es la labor de los ciudadanos fortalecerla».

Así se ha expresado el líder venezolano en su visita a Madrid, tras recibir la Llave de Oro de la capital de manos del alcalde José Luis Martínez Almeida. Previamente, Guaidó se ha reunido en la Casa de América con el líder del PP, Pablo Casado, y con la ministra de Exteriores, Arancha González Laya. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, rechazó encontrarse con el presidente encargado de Venezuela.

Guaidó ha destacado que los venezolanos harán «todo lo necesario para enfrentar la dictadura» de Nicolás Maduro. «Si tenemos que saltar verjas las saltaremos, si tenemos que empujar juntos una elección, lo haremos. Sabemos que no estamos solos», ha celebrado.

El dirigente opositor ha considerado que recibir el emblema madrileño es «un impulso» para perseverar en la defensa de los derechos humanos en su país. En este contexto, ha avisado que «hoy Venezuela también representa una amenaza a la región» con cifras como los «cinco millones de refugiados», los «cuatro euros del salario mínimo» o «el 83% de los hogares que no reciben agua por tuberías». «Venezuela sólo puede ser comparada hoy con Siria, Yemen o Sudán del Sur», ha resuelto.

Así, ha advertido que «en Venezuela no hay una guerra como tal, pero sí ‘bombas’ en contra de la libertad de expresión, de la institucionalidad o del respeto por el ser humano».

«Estar hoy aquí representa que los valores fundamentales en Venezuela resistieron. A pesar de las ‘bombas’ no van a destruir fuerzas incontenibles», ha avisado al régimen de Maduro.

Llave de Oro de Madrid
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y la vicealcaldesa, Begoña Villacís, han entregado a Guaidó las Llaves de Oro de la capital por ser «el auténtico presidente de Venezuela» y por «representar la libertad frente a la tiranía, la democracia frente a la dictadura, y la razón frente a la fuerza».

Se trata de un gesto protocolario que se repite cada vez que un jefe de Estado se encuentra en la ciudad en visita oficial. Esta distinción está recogida en el reglamento del protocolo del Ayuntamiento de Madrid, firmado en el año 1988.

Guaidó ha entrado al Palacio de Cibeles sonando de fondo el himno de Venezuela, al que le ha seguido el español.

Almeida le ha dado la bienvenida a «la casa de todos los madrileños» y de «todos los amantes de la democracia» y se ha dirigido en todo momento a él como «presidente».

«Representa la libertad frente a la tiranía, la democracia frente a la dictadura, y la razón frente a la fuerza. Hoy más que nunca debemos estar al lado de quienes defienden a riesgo de sus vidas las libertades y derechos fundamentales de sus ciudadanos», ha destacado.

«Le pido esperanza porque si ustedes están luchando, nosotros vamos a luchar y les pido que sigan luchando porque a la democracia solo concurren los demócratas, no los tiranos», ha dicho por su parte Villacís.

El engaño de Ábalos destapa una crisis latente dentro del Gobierno
Editorial El Mundo 26 Enero 2020

El giro de Pedro Sánchez con relación a Venezuela destapa las grietas en el seno del Ejecutivo

El Gobierno está tratando durante las últimas horas de aplacar el escándalo generado a raíz del atrabiliario e irresponsable encuentro de José Luis Ábalos con la vicepresidenta chavista Delcy Rodríguez en el avión que la trajo a Madrid desde Caracas. Tras modificar su versión varias veces, el ministro se enredó en una confusa explicación para terminar admitiendo haberse visto de forma "fortuita" con una de las jerarcas principales del régimen de Maduro. Ayer, tres días después de estallar el caso, Pedro Sánchez respaldó a Ábalos asegurando que "hizo todo lo que pudo para evitar una crisis diplomática", en la medida que el ministro operó para evitar que Rodríguez pisara territorio español, extremo que tiene prohibido por las sanciones recibidas por vulneración de los derechos humanos. Lejos de ser una explicación transparente sobre un episodio que erosiona la posición europea con relación a Venezuela, las palabras del presidente del Gobierno suenan a argumentario improvisado para intentar eludir su responsabilidad, que pasa por cesar a Ábalos si éste continúa mostrándose refractario a dimitir.

Después de quedar en evidencia el engaño del secretario de Organización socialista para ocultar su encuentro con la número dos de Maduro, resulta bochornoso que Sánchez presente como un gesto de pericia diplomática la opacidad de un encuentro cuya versión oficial fue desmentida hasta por la Policía. Lo que subyace debajo de este vergonzoso esperpento es el bandazo dado por el Gobierno en su posición sobre Venezuela y, por otro, la crisis solapada que divide al Ejecutivo de coalición. Pedro Sánchez, aunque le costó, acabó reconociendo a Juan Guaidó como legítimo presidente de Venezuela. Que se haya negado a recibirle, en contraste con Macron o Merkel, acredita el giro de Sánchez, rehén de los intereses y las exigencias de Podemos. El presidente sigue sin explicar con claridad la postura del Gobierno en un asunto medular en la geopolítica de América Latina. De esta forma, desaira a Guaidó, castiga con su pretendida equidistancia a los venezolanos que sufren la abyecta tiranía del chavismo y desampara al exilio venezolano, que ayer se manifestó de forma masiva en Madrid.

Ábalos debe renunciar a su cargo como consecuencia de una negligencia que bordea la ilegalidad si se acredita que Delcy Rodríguez abandonó el avión en Barajas para pisar territorio nacional. En todo caso, no estamos ante un patinazo aislado. Forma parte de un cambio -alentado por Zapatero- en la posición de Madrid sobre Venezuela, lo que está haciendo aflorar la división interna en el seno del Ejecutivo. "Yo vine para quedarme y no me echa nadie", afirmó ayer Ábalos, quien apeló a su hoja de servicios en su partido "desde 1976". El ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana puntualizó que PP, Vox y Cs -formaciones que han exigido su renuncia-, no tratan de tumbarle a él, sino al PSOE. Su tono desabrido y la inequívoca voluntad de enarbolar las siglas socialistas frente al aventurerismo "de otros" son mensajes velados dirigidos a La Moncloa. Las grietas internas en el Ejecutivo son cada vez más evidentes. La falta de liderazgo de Sánchez, sumado a las fricciones entre PSOE y Podemos, amenazan con convertir el Gobierno en una olla a presión cuyo precio pagará España en forma de ingobernabilidad.

Turistas
El socialismo español, con Rodríguez Zapatero a la cabeza, resucita el turismo revolucionario
Jon Juaristi ABC 26 Enero 2020

Al contrario que muchos antiguos compañeros de rojerío juvenil, jamás practiqué el turismo revolucionario. Algunos de aquellos (pocos ya, la verdad sea dicha), inasequibles todavía a las evidencias, siguen reprochándome que carezca de un conocimiento directo de la realidad del socialismo realmente existente. No lo lamento demasiado. A menos que las cosas cambien, conoceremos también aquí, en España, una versión estúpida, anacrónica y criminal de la especie, quizás en breve plazo. Sospecho que el destino no me ahorrará esa experiencia, no ya como turista sino como autóctono sufriente. Ni a mí ni a la mayoría de ustedes, no se hagan ilusiones. Pero a los impávidos camaradas de antaño, que Dios confunda, visitantes de lujo de los paraísos comunistas, a los que todavía no han cantado ni cantarán la palinodia, como lo hicieron Debray o Enzensberger, tampoco se les mostró otra realidad que los complejos residenciales para tontos útiles y otros comemierdas, como les llaman muy justamente los cubanos y ahora también los venezolanos del exilio: un sustantivo tan justo y tan en uso todavía que debería figurar con su acepción política en el Diccionario de la RAE (lo que aún no es el caso).

Pero lo cierto es que juré no pisar Cuba hasta la desaparición del castrismo, cosa que todavía no ha sucedido. A la Venezuela del chavismo viajé una vez, como profesor invitado por la Universidad Católica Andrés Bello, de Caracas. Ex alumno de otra de las universidades de la Compañía de Jesús, la de Deusto, fue mi estancia en la UCAB una experiencia que me enriqueció interiormente. Entendí al fin lo que la espiritualidad jesuítica ha tenido y conserva de resistencia a las tiranías. Allí, en un campus sitiado y hostigado por las turbas bolivarianas, palpé mejor la realidad del comunismo que en los hoteles Potemkin de las dictaduras tropicales de izquierda.

Bueno, pues resulta que Ábalos, el ministro de fomento del Gobierno de Sánchez, se ha entrevistado en Barajas con la vicepresidenta de la dictadura venezolana. Él lo niega y afirma que se limitó a saludarla a petición del ministro chavista de Turismo, que viajaba en el mismo avión que aquella y que era el verdadero objetivo de su visita al aeropuerto. No sé lo que entiende Ábalos por entrevistarse. Entrevistarse es todo lo que se produce vis a vis entre dos personas, pero vale también para todo tipo de semovientes. En el fondo, da lo mismo el tipo de entrevista que mantuvieran Ábalos y la segunda de Maduro. No es lo importante del asunto. Lo que intriga es qué tenía que tratar el de Fomento con el chorizo venezolano de Turismo.

Que la dictadura de Maduro se permita tener un Ministerio de Turismo no es la menos cínica de las macabras humoradas del asesino caribeño. Es sabido que los venezolanos viajan mucho últimamente al extranjero. Millones, pero llamar a eso turismo sería una licencia poética excesiva. ¿Qué debía negociar Ábalos con el sicario Plasencia?

Acaso -es una hipótesis- su entrevista con este último tuviera algo que ver con los viajes de Rodríguez Zapatero a Venezuela. Numerosos, muy numerosos, como él mismo reconocía esta semana en la SER, donde defendió con ardor a su amiguete Maduro y al régimen en que se mira con arrobo el actual Gobierno español, por llamarlo de alguna forma. Mira por dónde, a estas alturas del siglo XXI, ha resucitado el castizo turismo revolucionario gracias a los socialistas españoles (por adjetivarlos de alguna manera), fascinados seguramente por las maravillas de Maracaibo en la noche que han debido contarles sus socios del frente popular (o copular, que ya no sabe uno de qué va la izquierda de los nuevos tiempos).

La educación se da en la familia
Enrique Rojas ABC 26 Enero 2020

Leo estos días que dirigentes socialistas insisten en que los hijos no son de los padres, sino del Estado. Qué pena y que falta de criterio, hablar así. Tengo amigos socialistas que me han dicho la barbaridad que significa esto, el poco sentido educativo. La familia es la célula básica de la sociedad y debe ser cuidada con esmero de artesano. La escuela enseña, la familia educa. Hay una clara diferencia: enseñar es comunicar conocimientos y promover actitudes. Mientras que educar es acompañar a alguien para que saque lo mejor de sí mismo y se desarrolle como persona. Dejar la educación en manos del Estado recuerda regímenes totalitarios, fascistas, que se dedican al adoctrinamiento de la gente según sus propias ideologías.

¿Por qué los padres tienen el derecho de educar a sus hijos? La respuesta es: porque ellos los han engendrado y son ellos los responsables de enseñarles principios y cuestiones centrales sobre cuestiones como cuál es el sentido de la vida, la moral, el mundo de la afectividad, cómo enfocar de forma sana y equilibrada la sexualidad, etcétera. Para enseñar matemáticas o geografía o física, sí puede el Estado dar unas orientaciones generales sobre esas materias, pero en asuntos que atañen a una cierta intimidad, la libertad es de los padres. Los padres son los guardianes de sus hijos, por razones biológicas y sentimentales, pero no son los propietarios; es más, parte de la educación consiste en mostrarles la importancia de la libertad, como pieza clave del ser humano.

El artículo 27 de nuestra Constitución lo dice claramente en su apartado 2 y 3: «La educación tendrá como objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana… los poderes públicos garantizarán el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones». Por eso es clave en este nuevo Gobierno que tenemos llamar la atención sobre este punto. A quién no pertenecen los hijos es al Estado. El debate de fondo debe tener presente lo siguiente: en nuestro sistema jurídico constitucional la enseñanza pública tiene que ser neutra en materias de moral y costumbres y esto se traduce en que los temas de discusión ideológica no puede darlos en esos centros como ella quiera. La escuela pública no puede adoctrinar a sus alumnos en una concepción de la sexualidad, ni cristiana ni de la LGTBi, sino ésta se debe explicar simplemente desde la biología y no dar una opinión valorativa; que sean los padres los que se encargan de darles el significado que ellos les parezca más adecuado según sus ideas y creencias.

Cuando estos días he oído a la directora del Instituto de la Mujer o a la del Instituto de Igualdad, ellas tratan de explicar que tú puedes hacer con tu sexualidad lo que quieras, sin restricciones (salvo con menores de edad) y añado yo, la única frontera es el Código Penal, que lo expresa así: ese límite se refiere a los delitos contra la libertad sexual.

Aquí el asunto es que el Estado y la escuela pública sean neutros, en temas discutidos y discutibles, que tienen una especial relación con la moral y la religión. El Estado lo que trata de hacer es un proceso de ingeniería de conducta imponiendo su ideología, como ocurrió en épocas totalitarias bajo tres notas concretas: igualdad, tolerancia y respeto a la diversidad. Una cosa es respetar todo eso y otra, que esas minoría imponga una disciplina educativa sobre un tema tan central de la vida de su ser humano, como es la gestión de la sexualidad.

Hemos pasado de la revolución sexual del Mayo del 68 a lo que hoy está sucediendo: la revolución sexual global, que significa derribar naturaleza sexual de la persona humana en su dualidad hombre-mujer, para dar lugar a una especie de libertad sin cortapisas, que destruye la sexualidad natural humana y en consecuencia, el matrimonio y la familia. Esta ideología promete una vida sexual sin ninguna reglamentación. Los nuevos inquisidores llaman facha, retrógrado y de ultraderecha al que no sigue o acepta estas premisas. Se juega con el lenguaje descalificador. El nuevo inquisidor hace esclavos, mediante el espejismo de un sexo sin reglas. Es la eutanasia de la libertad. Pregonan la emancipación total de uno mismo. Ya no existe lo normal, sino que la conducta depende de lo que uno quiera. Eliminando la distinción entre hombre y mujer. Y a las nuevas generaciones se les enseña la ideología de género como un logro del pensamiento moderno. Es un nuevo totalitarismo. Adoctrinar a los niños y a los jóvenes de la completa libertad de elección sexual y todo lo que de ahí se deriva.

Hemos pasado de la lucha de clases a la lucha de sexos. Ya no es la separación entre amor y sexo, sino la trivialización de las relaciones interpersonales, en donde el otro es convertido en objeto. El otro es objeto de placer.

En la naturaleza está escrita una ley de moral o de conducta, la cual debe ser respetada. La ley natural es la gramática de nuestra naturaleza. Y no puede ser manipulada al antojo de estas ideologías sin base antropológica, que son una moda progre. Estamos ante una revolución cultural: la ideología de género y el transhumanismo producen un ser humano solitario y sin vínculos: nómada, desorientado y sin rumbo.

Somos los padres los encargados de transmitir una visión de los temas relacionados con la sexualidad y la afectividad, que se aleje de la permisividad y el relativismo, ese binomio disolvente que deja al ser humano perdido y sin rumbo y a la deriva. Sus hijos son hoy: la ideología de género y del transhumanismo.

Ese es el reto, hoy y ahora. La educación se da en la familia. Hay que dar esa batalla con buena cabeza y optimismo.
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Enrique Rojas es catedrático de Psiquiatría

Dolores Delgado, una fiscal general del Estado "contaminada"
Miguel Ángel Pérez Libertad Digital 26 Enero 2020

Dolores Delgado será una fiscal general del Estado "contaminada". Las fuentes fiscales consultadas por Libertad Digital sostienen que Delgado "tendrá muy poco margen de maniobra en asuntos muy importantes como Cataluña", ya que deberá abstenerse al haber sido ministra de Justicia y haber abordado este asunto en el Consejo de Ministros.

El Pleno del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) avaló por 12 votos a favor y 7 en contra que Delgado cumplía los "requisitos legales" exigidos para el cargo de fiscal general del Estado. No obstante, 7 de los vocales conservadores formulaban un voto particular discrepante en el que se referían a las complicaciones que tendrá Delgado desde el punto de vista operativo: "Quisiéramos observar también la dificultad que en la práctica puede plantear el hecho de que haya de abstenerse de intervenir en aquellos procedimientos judiciales de los que tuvo conocimiento en su etapa anterior como ministra de Justicia".

En este sentido, el artículo 96 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal LECrim establece que "los representantes del Ministerio Fiscal no podrán ser recusados; pero se abstendrán de intervenir en los actos judiciales cuando concurra en ellos alguna de las causas señaladas en el artículo 5219 de la Ley Orgánica del Poder Judicial LOPJ. Entre dichas causas, figura la siguiente: "Haber ocupado cargo público, desempeñado empleo o ejercido profesión con ocasión de los cuales haya participado directa o indirectamente en el asunto objeto del pleito o causa o en otro relacionado con el mismo".

Por lo tanto, Delgado no podrá intervenir en las causas relacionadas con Cataluña o con partidos políticos. También estará "maniatada" en uno de los causas más sensibles que se investigan actualmente en la Audiencia Nacional, el caso Villarejo.

Una comida con el exjuez Baltasar Garzón, con el que mantiene una estrecha relación desde hace años, y con varios mandos policiales mantenida en el año 2009 a la que asistió el comisario José Villarejo, ponía en el disparadero a Delgado mientras desempeñaba su cargo como ministra de Justicia.

En las grabaciones de esa comida publicadas en los medios de comunicación, Delgado llamó "maricón" a su hasta ahora compañero de Gobierno, Fernando Grande-Marlaska. Además, mientras Villarejo reconocía en dichas grabaciones haber creado una "agencia de modelos" para sonsacar "información vaginal" a políticos, "gente importante" e integrantes de consejos de administración. Delgado respondía: "Éxito garantizado". Al verse salpicada de lleno por este caso, debería abstenerse también del mismo.

El aterrizaje en la Fiscalía General del Estado no será nada fácil para Delgado. Antes de convertirse oficialmente en fiscal general, deberá comparecer en la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados que se constituirá en febrero.

El mundo judicial y fiscal está en contra de su nombramiento y muchos creen que su mandato será efímero. Tal y como contaba este diario, tras conocerse la propuesta de Pedro Sánchez para que Delgado fuese la fiscal general, puenteando al nuevo ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, la "preocupación, el estupor y la extrañeza" se apoderaba de los jueces y fiscales.

De hecho, fuentes fiscales y jurídicas advertían en este sentido de su estrecha relación con Garzón, inhabilitado por el Tribunal Supremo por el caso de las escuchas ilegales en el caso Gürtel: "Poner a Delgado de fiscal general es poner a Garzón", afirmaban.

Algunas fuentes consultadas apuntan que Sánchez la utilizará como "fiscal de transición" para sacar adelante todas las cesiones de los golpistas y que luego será sustituida por otro perfil menos polémico y politizado.

Delgado estrenará su poder al frente de la Fiscalía General del Estado designando libremente a más de una treintena de cargos del Ministerio Público. Entre dichos nombramientos, figuran al menos a 3 nuevos fiscales de Sala del Tribunal Supremo, la máxima categoría en la carrera fiscal, o al nº 2 de la Fiscalía Anticorrupción que dirige por Alejandro Luzón.

La fiscal general fiscalizada
Para intentar evitar el "manoseo político del Ministerio Público", Delgado tendrá en frente, a la propia carrera fiscal. Un enfrentamiento directo en cuestiones sensibles o en asuntos en los que debe abstenerse se podría saldar con una consulta a la Junta de Fiscales de Sala, como prevé el artículo 27 del Estatuto Fiscal para proteger la autonomía del Ministerio Fiscal.

Según dicho artículo, "el Fiscal que recibiere una orden o instrucción que considere contraria a las leyes o que, por cualquier otro motivo estime improcedente, se lo hará saber así, mediante informe razonado, a su Fiscal Jefe. De proceder la orden o instrucción de éste, si no considera satisfactorias las razones alegadas, planteará la cuestión a la Junta de fiscalía y, una vez que ésta se manifieste, resolverá definitivamente reconsiderándola o ratificándola. De proceder de un superior, elevará informe a éste, el cual, de no admitir las razones alegadas, resolverá de igual manera oyendo plenamente a la Junta de Fiscalía. Si la orden fuere dada por el Fiscal General del Estado, éste resolverá oyendo a la Junta de Fiscales de Sala".

El punto 2 del mismo artículo afirma: "Si el superior se ratificase en sus instrucciones lo hará por escrito razonado con la expresa relevación de las responsabilidades que pudieran derivarse de su cumplimiento o bien encomendará a otro Fiscal el despacho del asunto a que se refiera". Es decir, Delgado será fiscalizada en primer lugar por el propio Ministerio Fiscal.

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Auschwitz como deber
Luis Ventoso ABC 26 Enero 2020

Mañana se cumplen 75 años de la liberación por los soviéticos de los campos de trabajo esclavo y exterminio de Auschwitz-Birkenau, al sur de Polonia, en los suburbios de la ciudad industrial de Oswiecim. Los soldados rusos se encontraron con un lugar extraño y siniestro, semi vacío, con algunas instalaciones recién demolidas. Había inexplicables pilas de ceniza -humana- y almacenes atestados de pertenencias personales (zapatos, gafas, ropa, bolsos...). Por los barracones deambulaban con ojos mortecinos 7.650 presos esqueléticos, muy enfermos, deshumanizados por los malos tratos y la visión cotidiana del horror. Los SS los habían abandonado allí para agonizar mientras se llevaban a otros 60.000 presos hacia el Oeste, en lo que se convirtió en una «marcha de la muerte» donde se quedaron uno de cada cuatro. Auschwitz era una red de producción industrial con 39 centros satélite al servicio de importantes empresas alemanas (Agfa, BASF, Pelikan, Bayer...). Allí fueron asesinadas metódicamente entre 1,1 y 1,5 millones de personas, el 90% judíos; también polacos, gitanos, homosexuales.... El mal absoluto. El mayor genocidio de la historia, perpetrado en un espantoso siglo XX que también trajo las matanzas de Stalin e Hiroshima. El crimen fue obra de una de las naciones más cultas y ordenadas del mundo. La de Beethoven y Bach; la de Kant y Hegel; la de Schiller y Goethe. ¿Cómo pudo degenerar así? Revanchismo nacionalista, exaltación del yo identitario, que derivó en racismo, xenofobia y, al final, en crimen. Ojos voluntariamente cerrados. «Mejor no saber», al fin y al cabo el hombre fuerte ha traído «orden y prosperidad». La escalada fue gradual, aunque en fecha tan temprana como 1919, Hitler ya preconizaba la expulsión de los judíos. Después llegaron las Leyes de Nuremberg de 1935, que prohibían a los hebreos relacionarse con el pueblo ario. Comenzó la segregación, a la que siguieron los guetos. Con la guerra, las deportaciones, y finalmente, el exterminio sistemático.

Auschwitz I, fundando en junio de 1940 para presos polacos, se convertiría en el centro rector y campo de trabajo. Auschwitz II, Birkenau, se abrió en octubre de 1941 para el exterminio con las cámaras de gas. Buna-Monowitz, Auschwitz III, comenzó en mayo de 1942 y combinaba labor esclava y matanzas. El método era sencillo. Los judíos llegaban en vagones de ganado, tras cuatro o cinco días encerrados sin nada. Tras apearse del tren tenía lugar la «selektion». Los fuertes eran apartados para la labor esclava. Los viejos, los niños y los débiles eran enviados directamente a «las duchas», las cámaras de gas, donde los asfixiaban con cristales de Zyklon B, un matarratas. Los que pasaban el primer corte también solían acabar muriendo, por hambre y enfermedades, o extenuados por el trabajo forzado.

Hoy 120 supervivientes acudirán a los campos helados de Oswiecim para implorar que no haya olvido. Según las encuestas, la mitad de los jóvenes europeos ya no saben bien qué fue Auschwitz. Recordarlo es un deber. Ningún pueblo está a salvo de envenenarse de odio. Y el primer paso es siempre deshumanizar al adversario.

Los educados cómplices de Auschwitz
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital 26 Enero 2020

No fue solo cosa de brutos, amargados y envidiosos. Los campos de concentración, las cámaras de gas y las fosas colectivas empezaron a construirse en universidades, salones y consultorios.

Las películas, los ensayos, las novelas y los documentales sobre el Holocausto suelen centrarse en el sector más cruel y cercano a los que el Reich consideraba sus enemigos: los guardianes de los campos de concentración y sus jefes. También en los dirigentes políticos que tomaron las decisiones, en los burócratas que pusieron en marcha la maquinaria y en los uniformados que ejecutaron las órdenes de detener, secuestrar y entregar a las víctimas. De esta galería de asesinos y cómplices suelen omitirse a quienes no se mancharon las manos con sangre o tierra, sino con polvo de tiza o tinta, a los que llevaban corbata y batas blancas.

Adolf Hitler, escribe John Lukacs (El Hitler de la Historia), quería ganar una gran guerra para Alemania y quería eliminar a los judíos en Europa, y esos dos objetivos eran complementarios, es más, inseparables en su mente. Cerca del final se vio obligado a separarlos. En febrero de 1945 dijo que al menos había «sajado el absceso judío». No obstante, en esto también fracasó

Y el mismo historiador añade que "la súbita afloración de su antisemitismo como obsesión principal sigue siendo un misterio". Si bien esto es cierto, también lo es que los nacional-socialistas tenían una obsesión por la vida sana y la naturaleza, recogida de filósofos y científicos precedentes y exacerbada por ellos, que condujo al exterminio de millones de ‘Untermensch’ (seres inferiores).

Un Estado biopolítico
El historiador francés Bernard Bruneteau afirma (El siglo de los genocidios) que la mejor definición que le cabe al III Reich, más que la de un Estado racial, es la de un "Estado biopolítico",
es decir, un Estado que convertía la «preocupación por la vida» en el objetivo eugenésico de una «mejora de la raza». Esta búsqueda vitalista de una comunidad biológica constantemente purificada y, por tanto, perfecta, sólo se comprende teniendo en cuenta la «religión de la naturaleza» cultivada por las élites nazis

De esta cosmovisión (porque lo era), cuyos orígenes se encuentran en el darwinismo decimonónico, provienen las sucesivas leyes nazis sobre la conservación de la naturaleza, la prohibición de la vivisección, la persecución del tabaco y el alcohol, el fomento de la ‘vida sana’ y el deporte…; y, en siniestro equilibrio, las leyes sobre la eugenesia y la eliminación de los seres humanos que contaminaban la raza, fuesen minusválidos, judíos o eslavos.

Una de las esencias de la doctrina nazi consistía, en palabras del historiador británico Laurence Rees, en "la preponderancia de la nación racial, o Volk, sobre el individuo". En consecuencia, el individuo podía ser sacrificado para la supervivencia de la especie. Y si esto se admitía para los alemanes que encajaban en el modelo nazi, no sorprende el destino reservado para los alemanes ‘defectuosos’ o los judíos.

Volvamos a citar a Bruneteau:
El naturismo, las medidas eugenésicas y el discurso sobre la salud del pueblo condicionaron el espíritu genocida al decidir «científicamente» qué parte de la humanidad era más natural que otras y, en consecuencia, qué individuos no formaban parte de esta naturaleza o eran parásitos. Como repetía Hitler: «Un pueblo que se desembaraza de sus judíos vuelve espontáneamente al orden natural». Llegada esta fase, el poder soberano adquiría «la autorización para suprimir la vida indigna de ser vivida», como decía una eufemística fórmula oficial que reproducía el título de una obra alemana de 1920 en favor de la eutanasia.

Indignos de vivir
Una vez en el poder (enero de 1933), los nazis empezaron a aplicar su objetivo de purificación racial y, como todos los totalitarismos, lo hicieron poco a poco. Los bolcheviques comenzaron la destrucción de la sociedad rusa a la vez que luchaban por no ser derrocados. Fundaron la policía política, la NKVD, y el Ejército Rojo, y aprobaron un Código de Familia, que instauraba un divorcio irrestricto, y luego el aborto. La familia, como la moneda, tenían que ser arrasadas, para construir un ‘hombre nuevo’ libre de prejuicios burgueses y atrasados. Mientras, un siglo más tarde, los burgueses siguen considerando que lo más importante, sino lo único, es la economía.

En julio de 1933, el Gobierno del Reich permitió la posibilidad de suprimir la vida de todos los aquejados de enfermedad congénita, degeneración e inferioridad atávica con la Ley para la Prevención de Descendencia con Enfermedades Hereditarias, que instauraba ‘Tribunales de Salud Genética’. También se les prohibió a estos enfermos o minusválidos el matrimonio con los ‘sanos’.

Una vez empezada la guerra, Hitler en persona ordenó el programa Aktion T4, el asesinato de los enfermos mentales. Aunque su aplicación se detuvo debido a las protestas de las familias y de algunos dirigentes eclesiásticos, como el obispo católico Clemens Graf von Galen, entre enero de 1940 y agosto de 1941, ocasionó la muerte de entre 70.000 y 90.000 alemanes que, según la propaganda nazi, llevaban "una vida indigna de ser vivida".

De acuerdo con este proceso de lentos avances, las leyes raciales que excluyeron a los judíos alemanes de su ciudadanía y los fueron despojando no sólo de sus bienes, sino (más importante) de su dignidad de seres humanos, las aprobó el partido nacional-socialista, más tarde, en 1935.

La liberación de la profesión médica
Los campos de exterminio y los programas de esterilización y eutanasia no habrían podido aplicarse sin los médicos.

El principal elemento que, en opinión de Rees (El oscuro carisma de Hitler), explica la subyugación que ejercía el Führer sobre sus súbditos, incluso los más formados y ricos, es decir, los que podrían resistirse a sus encantos, residía en ofrecer a sus seguidores una poderosa sensación de liberación. No sólo liberación de la traumática pérdida de la Primera Guerra Mundial y la humillación de Versalles, como hizo en sus primeros años en la Cancillería, sino de la limitación de cualquier constricción convencional. (…) fue la profesión médica alemana de los años treinta la que más experimentó una sensación de libertad gracias a la presencia de Adolf Hitler.

La profesión médica, una de las más respetadas en Alemania como prueba que en 1939 más de la mitad de los universitarios la estudiaran, se adhirió sin apenas resistencia a los planes nazis. Casi la mitad de los médicos alemanes eran miembros del NSDAP y muchos de ellos, subraya Rees, aprobaban sus políticas raciales, como la esterilización obligatoria.

Ésta ya era legal en países democráticos, como Suiza (desde 1928), Suecia, Noruega y más de la mitad de los estados de Estados Unidos, donde se autorizaba su aplicación a ciertos enfermos mentales, pero fueron los nazis quienes la llevaron a una escala industrial.

A diferencia de parte del generalato, subraya Rees, la cúpula de la profesión médica alemana no opuso resistencia a la voluntad del Führer. Descargó a los médicos de códigos morales y legales, y, además, les concedió poder y ascensos. Tal como destaca el profesor Richard Evans, amparados por las leyes del Estado bio-político, esos profesionales podían satisfacer su curiosidad científica realizando investigaciones y experimentos con personas de manera impune:

Hay gran cantidad de puestos de trabajo en el ejército, las fuerzas armadas y la SS para el personal médico. Se crean institutos de higiene racial en todas partes, e impera cierta arrogancia, pues consideran que pueden experimentar con personas que ellos juzgan racialmente subhumanas o inferiores en un aspecto u otro, como los delincuentes y los prisioneros de los campos de concentración.

Auschwitz fue liberado hace ochenta años y la máquina de exterminio nacional-socialista alemana quedó expuesta al asombro y la vergüenza del mundo (aunque el Gulag se extendiera a Europa Oriental). Sin embargo, algo del Estado biopolítico que concibió y perpetró ese genocidio ‘científico’ permanece entre nosotros. Por ello Brunetaeu advierte "la inquietante dimensión moderna del nazismo y, por tanto, (…) las relaciones del Holocausto con una cierta modernidad occidental, alejándonos del tópico tan tranquilizador de un «regreso a la barbarie»".

Auschwitz: la utopía cumplida
José Sánchez Tortosa Libertad Digital 26 Enero 2020

Auschwitz es el nombre de la utopía de la industrialización de la muerte, de la producción tecnológica de cadáveres y su eliminación.

Auschwitz es el nombre de una utopía. Un no lugar, el lugar del vacío, una dimensión invisible, inaceptable en toda su crudeza, en toda su verdad despiadada, el agujero negro que engulló la vida de millones de europeos, reducidos a la nada. Es el civilizado sumidero de la civilización, de cuyas entrañas más profundas no puede haber testimonio en palabra humana.

Auschwitz no designa ya un marco espacial, geográfico. Es la palabra que se pone en lugar del no lugar, la palabra que oculta lo innominable, que permite ahorrarse la prolija secuencia del exterminio en masa: Einsatzsgruppen, Chelmno nad Nerem, Belzec, Sobibór, Treblinka, Majdanek, Maly Trostinez, Jasenovac, pero antes el programa de Eutanasia (Aktion-T4), las leyes de Nuremberg, el expolio y la concentración en guetos, La Noche de los Cristales Rotos, la Erntfest… Fue, acotando el marco al centro de trabajo, concentración y exterminio así clasificado (Auschwitz, Birkenau, Monowitz), un complejo urbanístico, un sistema coordinado de dependencias dotadas de funciones específicas, una galaxia compuesta por 3 campos base y 47 satélites que, sin embargo, no quedaba al margen del curso rutinario de la sociedad civilizada, sino que constituyó la más acabada consumación de sus ensoñaciones idealistas, el corolario patológico de unos anhelos fanáticos de progreso. Es, por tanto, el nombre de la utopía de la perfección genocida, de la industrialización de la muerte, de la producción tecnológica de cadáveres y su eliminación. Es la culminación de los ideales teleológicos desbocados de una Europa enferma, febril, el corolario de las aspiraciones de pureza e higiene social y política que todo buen europeo concienciado podía ansiar. El virus del otro, marcado administrativamente, una amenaza para ese futuro luminoso, había de ser aislado para desinfectar el cuerpo contaminado. Europa estaba en juego y la liberación de los pueblos, aherrojados por los corsés de las rancias sociedades burguesas, fue el sueño delirante que vomitó Auschwitz. La vieja Europa de los Estados multiétnicos ("antiguallas que hay que eliminar", en expresión de Goebbels), desmembrada por las cicatrices de las nuevas fronteras, efecto de la amputación de la ciudadanía política en aras de la pertenencia a la etnia y la identidad cultural o folclórica.

La solución a las crisis económicas, demográficas y políticas encontró salida en el sofisticado repliegue a políticas pre-políticas, a Estados étnicamente homogéneos. La solución a la convulsa marea de entreguerras fue la cancelación de la ciudadanía política. Había de ser una solución final. Para los grupos marginales, marcados socialmente por su falta de integración, como los gitanos, o para los integrados o asimilados, sin posibilidad de aferrarse a una identidad cultural lo suficientemente compacta, como los judíos, esa cancelación supuso la muerte masiva. La identidad fijada estatalmente equivalía para ellos a la extinción, perpetrada por los propios Estados de los cuales habían sido ciudadanos y eran ya apenas súbditos, muy pronto residuos que drenar.

Cronología inversa
La secuencia desde el día de la liberación reclama un recorrido en sentido cronológicamente inverso para ajustar el enfoque de lo que escondía Auschwitz, pero ya se había ido filtrando desde tiempo atrás, y poner ante el relato de la Historia las capas del exterminio según se fueron documentando y haciendo públicas.

Así pues, el 27 de enero de 1945, a media tarde, soldados soviéticos de la 60ª División del Frente ucraniano llegan al complejo. Allí, encuentran, entre al menos seiscientos cadáveres, más de 7000 presos vivos. Las SS habían dinamitado ya el Crematorio IV en la madrugada de ese mismo día y, antes, el 23 de enero, habían quemado los barracones llenos de ropa de la sección Canadá después de que la artillería soviética hubiera bombardeado Auschwitz. Fue entonces cuando los oficiales del campo iniciaron la salida.

El 20 de enero, exactamente 3 años después de la Conferencia de Wansee, el Obergruppenführer Schmauser había ordenado matar a los presos que quedaban. Se liquida a 200 judíos y se dinamitan los edificios de los crematorios I y II. La I. G. Farben, empresa principal del centro de trabajo de Monowitz, destruye sus archivos.

El 17 de enero se había tomado la decisión de evacuar a los que podrían recorrer a pie unos 45 kms. Unos 58000 prisioneros fueron trasladados a pie durante los dos días siguientes (Marchas de la muerte). Los demás, quedaron abandonados a su suerte en el campo.

En Noviembre de 1944 se había producido un reajuste administrativo, ante la inminencia de una más que previsible derrota en la guerra: Auschwitz II vuelve a depender de la matriz, Auschwitz I, perdiendo así su autonomía administrativa. Auschwitz III pasa a denominarse KL Monowitz, aunque no logra una total independencia administrativa del KL Auschwitz. Himmler consideró finalizada la solución de la cuestión judía en la práctica y el día 25 ordena desmantelar las instalaciones de exterminio. Se suspende el exterminio industrial de judíos.

El 7 de octubre los integrantes de un Sonderkommando habían iniciado una revuelta prendiendo fuego al Crematorio III. Mueren 450 presos y 3 guardias de las SS. En tal encrucijada, se abre el dramático conflicto de intereses entre la Resistencia y los integrantes del Sonderkommando:

"La preparación de la revuelta del Sonderkommando se llevó a cabo en coordinación con la Resistencia polaca, en el campo y en el exterior. Pero entre nosotros corría el rumor de que los resistentes del exterior se demoraban el mayor tiempo posible y lo aprovechaban para pedir continuamente más dinero para comprar armas. Seguro que no dejaban de atrasar el inicio de la revuelta. Para nosotros, cada día perdido suponía centenares de víctimas suplementarias y, también, que se acercara nuestro fin. Para ellos, cada día que pasaba suponía dinero para armarse y más esperanza de ser salvados por el avance de las tropas soviéticas. Pero si hubiéramos esperado a los rusos, la revuelta no se hubiera producido antes de diciembre: en aquel momento comenzamos a oír los disparos de la artillería que se acercaban". (Shlomo Venezia, Sonderkommando)

El mismo dictamen ofrece Raul Hilberg:
"En este punto, quedó completamente claro que las necesidades de los presos judíos divergían drásticamente de los intereses de los no judíos. Las víctimas judías veían poca posibilidad de supervivencia si seguían cumpliendo las órdenes, mientras que los gentiles, temiendo el efecto de las represalias alemanas y esperando la liberación por parte del Ejército Rojo, tenían mucho que perder en un levantamiento". (La destrucción de los judíos europeos)

Un mes antes, en Septiembre, la resistencia dentro del campo, a través de una radio clandestina polaca, había enviado un telegrama al gobierno en el exilio en Londres informando de que las autoridades de las SS planeaban cerrar el campo y asesinar a sus prisioneros (German Places of Extermination in Poland). A petición del gobierno polaco, los gobiernos británico y estadounidense hicieron públicos estos planes. Las autoridades de las SS los aplazaron.

Entre el 20 de agosto y el 26 de diciembre Auschwitz III fue bombardeado por la Fuerza Aérea Aliada. El 2 de agosto se liquida el campo familiar gitano. Perecen en las cámaras de gas cerca de 3.000 gitanos. Y entre el 10 y el 12 de julio, le toca el turno al campo familiar de Theresiendstadt, que contaba con unos 7.000 judíos cuyo fin les espera en las cámaras de gas.
El Holocausto fue la consecuencia necesaria de una serie de políticas demográficas, administrativas, diplomáticas, militares, policiales y económicas que, consideradas por separado, no tendrían por qué parecer demasiado escandalosas y apenas permitían vislumbrar en toda su dimensión semejante desenlace apocalíptico

En junio un informe sobre las acciones y el funcionamiento del campo, preparado por varios prisioneros huidos, había llegado a las autoridades aliadas, a Suecia y al Vaticano y es difundido por la BBC y la prensa suiza.

A mediados de mayo se produce el pico de la maquinaria de exterminio con la llegada de los trasportes desde Hungría. Durante mayo y junio se llegó a gasear a 10000 personas al día, sólo entre los judíos húngaros, según los datos que aporta Hilberg. Para afrontar el volumen de producción de cadáveres, el Hauptscharführer Moll dirigió la excavación de 8 o 9 fosas más de 40 metros de largo por 8 de ancho y 2 de profundidad en el patio del Crematorio V. Se reveló como un método de eliminación de cadáveres más barato y eficaz.

El 16 de mayo de se había iniciado la construcción de la vía muerta hasta las cámaras subterráneas, II y III, que facilitaba la llegada de los transportes hasta las puertas mismas de las cámaras. En Mayo la Fuerza Aérea Aliada había tomado fotografías en las que se podían apreciar las cámaras de gas y el humo de los crematorios.

Terminal
Esta cadena en sentido inverso da cuenta del último tramo operativo del mayor centro de exterminio nacionalsocialista. Deliberadamente, se expone aquí, en un ejercicio de reconstrucción histórica, la trama técnica de la maquinaria de destrucción en su periodo de mayor producción de cadáveres, y de su eliminación, y su veloz declive, hasta el abandono de las instalaciones tras el intento frenético por destruir pruebas. Como recuerda Shlomo Venezia:

"Por término medio, todo el proceso de eliminación de un convoy debía durar unas setenta y dos horas. Matarlos era rápido, lo más largo era quemar los cadáveres. Ese era el principal problema de los alemanes: hacer desaparecer los cadáveres".

La eficacia a la hora de resolver los problemas de intendencia se había convertido en el objetivo prioritario. Las disquisiciones sobre el valor de ciertas vidas humanas había sido ya solventado y los automatismos de un Estado diseñado para el genocidio en masa entraron en fase irreversible.

Un ejercicio como éste, que se remonta más allá de un año antes de la liberación de Auschwitz, ahondaría en los pasos necesarios sin los cuales no hubiera sido posible. Y si la mancha del Holocausto no fuera tan evidente, acaso se podrían sopesar en su justa medida política e histórica, sin atender a lo que vino después, las medidas adoptadas, aceptadas o toleradas. Todas ellas, tomadas de forma aislada, pueden ser vistas de modo menos severo y, por ello, mostrar analogías inquietantes con fenómenos actuales. El Holocausto fue la consecuencia necesaria de una serie de políticas demográficas, administrativas, diplomáticas, militares, policiales y económicas que, consideradas por separado, no tendrían por qué parecer demasiado escandalosas y apenas permitían vislumbrar en toda su dimensión semejante desenlace apocalíptico.

"Los secretarios de Estado (y junto a ellos la burocracia ministerial y el grueso del alto funcionariado) siguieron a Hitler porque estaban subordinados a él debido al concepto de legalidad puramente funcionalista típico de su clase profesional. Cayeron entonces en un estado de parálisis de conciencia y de autoengaño respecto de su responsabilidad, debido igualmente a ese tipo de legalidad, y acabaron actuando del modo habitual como funcionarios en la comisión de evidentes inhumanidades. (…)

Según la idea de legalidad del funcionariado alemán, el poder de Hitler no solo era legal, sino incluso la fuente de toda legalidad positiva." (Carl Schmitt, Respuestas en Nuremberg)

De ahí que la responsabilidad individual pudiera diluirse en el entramado estatal de piezas, funciones, disposiciones, trámites, órdenes, infraestructuras, departamentos, además del ecosistema ideológico y las inercias y presiones sociales, familiares, escolares y profesionales. Esa maquinaria multifuncional desplegada a diferentes ritmos, con fricciones y confluencias, coordinación y desorden, levantaba un espeso velo de opacidad operativa entre las causas necesarias del asesinato en masa y el asesinato mismo.

"Himmler, como Shirach entendió a la perfección, había querido cargar la responsabilidad del asesinato de los judíos —'la responsabilidad de un acto y no de una idea', como él mismo precisaba— sobre el conjunto de los más altos responsables del régimen. Esta era una manera de reforzar la cohesión en la cumbre del Estado y del partido, y pronto del ejército: todos, los que iban a ser informados oficialmente y los que no, habían contribuido, cada uno en su lugar, a ejecutar la política de deportación y de asesinato de judíos. Todos formaban parte de una comunidad de asesinos. Y su salvación estaba en la victoria de Alemania". (Florent Brayard, Auschwitz: Investigación sobre un complot nazi)

Un mundo sucumbió en Auschwitz. El Hombre, como ideal, como fe y esperanza, pereció allí, en ese innominable pozo sin fondo.

La efervescencia actual de nacionalismos voluntaristas, que ponen la voluntad del líder o del pueblo por encima de la racionalidad objetiva de la ley, la fe acrítica en el progreso y la afirmación de identidades monolíticas de raíz etnicista muestran, con toda la distancia que es preciso poner con respecto a un acontecimiento como el reseñado, lo fácil que es olvidar Auschwitz, hasta qué punto es invisible, por remoto pero cercano, por insoportable, por tentador en su monstruosidad, por humano demasiado humano, en qué medida ese no lugar de la Historia es estéril como ejemplo didáctico, recordatorio histórico y advertencia política si las utopías se envuelven en las luces de neón más atractivas para las sensibilidades de consumo de productos ideológicos mayoritarias hoy día.

Optimismo a las puertas de Auschwitz
Elías Cohen Libertad Digital 26 Enero 2020

La Segunda Guerra Mundial y el Holocausto son elementos definitorios de nuestras sociedades y de nuestro mundo. Las instituciones, nacionales e internacionales, las causas y los movimientos políticos, la información y las tendencias, el pensamiento, el desarrollo económico y social, etcétera, se mueven utilizando la misma brújula: fluctúan con la mirada puesta en la mayor guerra de la historia de los hombres y en el crimen más abyecto que se recuerda.

Y es que, al mínimo sobresalto, saltan todas las alarmas. Ahora están sonando de forma atronadora —no sin cierta justificación— mientras un susurro recorre pasillos, redacciones, oficinas y hogares: ¿puede volver a ocurrir?

La realidad en la que vivimos es un asedio constante a nuestras conciencias y a nuestra mente. Intentamos encontrar palabras para entender lo que sucede: "élites", "cambio climático", "disrupción tecnológica", "automatización del trabajo", "invierno demográfico", "nacionalismo", "vaciamiento rural", "migración", "posverdad"," fake news" "populismo", etcétera. Todo ello, violentamente aderezado con estímulos y distracciones constantes que nos impiden pararnos a reflexionar. No sabemos exactamente qué es lo que pasa, ni qué es lo que va a pasar, es cierto, pero sí sabemos que estamos en un punto de inflexión, experimentando un cambio, siendo testigos de un viejo mundo que se acaba y de un nuevo mundo que empieza. Sabemos que algo distinto se está cociendo y tenemos miedo. El miedo nos conduce a la ira, y la ira, al odio.

Es en los recovecos de la complejidad y de la incertidumbre en donde el odio al diferente, la culpabilidad colectiva y los proyectos políticos totalitarios se asientan y germinan

Zygmunt Bauman, filósofo polaco de origen judío —escapó de su país con la invasión nazi en 1939— llamó a esta nueva realidad el mundo líquido (La Modernidad líquida, 2000). En palabras de Bauman: "Vivir en condiciones modernas líquidas se puede comparar con caminar en un campo minado: todos saben que una explosión podría ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar, pero nadie sabe cuándo llegará el momento y dónde estará el lugar". Sus otras ideas en el plano político no son de mi parecer, pero, aquí, Bauman atinó.

Es precisamente en estas condiciones tan volátiles y etéreas en donde la oscuridad y el mal encuentran hueco para asentarse y brotar. Es en los recovecos de la complejidad y de la incertidumbre en donde el odio al diferente, la culpabilidad colectiva y los proyectos políticos totalitarios se asientan y germinan. Es así: cuando estamos caminando sobre la cuerda floja es cuando más atención debemos prestar a nuestro alrededor.

Atravesamos ahora tiempos de incesantes descubrimientos; nos deslumbran, nos engrandecen y hacen nuestra vida mejor. No obstante, el avance imparable de la tecnología y del progreso no debería pasar por encima la dignidad de las personas. En este sentido, no debemos olvidar, porque hacerlo sería una irresponsabilidad temeraria, que el Holocausto fue posible gracias a los adelantos tecnológicos de la modernización.

Fue el gran estudioso del tema, Raul Hilberg, quien nos reveló que los nazis fueron capaces de asesinar a millones de personas esparcidas por distintos países en un corto lapso de tiempo —once millones de personas, entre ellos seis millones de judíos, de acuerdo con las cifras arrojadas por el historiador Timothy Snyder (Bloodlands: Europe Between Hitler and Stalin, 2010)— porque se sirvieron de un complejo y sofisticado proceso burocrático en el que funcionarios, ejército y empresas eran parte sustancial del mismo. Tenían, además, cuentas de resultados. Hilberg relata que incluso los directores de los campos de exterminio competían entre ellos para alcanzar una cifra mayor de cadáveres, como gerentes de empresas del mismo grupo. Rudolf Hoss, comandante de Auschwitz, a este respecto, consiguió producir 400.000 cadáveres en el verano de 1944. Una tragedia humana —la tragedia del hombre contemporáneo, al decir del filósofo Gabriel Albiac— que provoca escalofríos: fabricar muertos del mismo modo que se fabrican productos materiales.

Ahora tenemos a nuestro alcance mucho más poder tecnológico y la posibilidad —como con toda herramienta— de usarlo para el bien o para el mal.

Por ello, en un día como hoy, en el que se recuerda a las millones de víctimas asesinados por el mero hecho de ser diferentes (no sólo fueron asesinados seis millones de judíos, también gitanos, discapacitados, disidentes políticos, y un largo etcétera de indeseables para el nuevo orden social concebido por el nacionalsocialismo) debemos tener presente la última frontera del progreso debe estar en la protección de las costuras que hicieron posible crear sociedades abiertas, libres y tolerantes.

Representantes políticos, agentes sociales y ciudadanos, todos, deberían, en un día como hoy, reafirmar su compromiso para con las libertades civiles. Porque los derechos personales inalienables, los contrapesos al poder, la responsabilidad individual, la presunción de inocencia, el respeto a las formas procesales, la libertad de prensa, o el principio de legalidad, entre otros, son las más altas vallas que nos protegen de matarnos los unos a los otros por rezar diferente, por mantener un pensamiento opuesto, por tener un color de piel distinto, por prestar fidelidad a otra bandera o por practicar otras tradiciones.

Sin embargo, ya sea por ingenuidad milenial o por amnesia histórica, me niego a pensar que todo caerá, que volverá a suceder algo así; me niego a arriar la bandera del optimismo. En el 75 aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, quiero escribir sobre el futuro y sobre la esperanza. A las víctimas nunca, jamás, debemos olvidarlas, pero el mejor homenaje que podemos darles es reafirmar que, mientras estemos vivos, trabajaremos para crear un mundo mejor, en el que las cámaras de gas sólo tengan lugar en los libros de Historia.

Aunque estos tiempos volátiles nos hagan creer que podemos caer de nuevo en guerras étnicas y matanzas indiscriminadas, tenemos que mantener el optimismo en que el futuro será mejor. El desfallecimiento y el derrotismo no son opciones. Sólo hay que atender a los datos: la esperanza de vida pasó de 48 a 72 años desde 1950. En 1960 uno de cada cinco niños se moría antes de cumplir cinco años; ahora sobreviven 24 de cada 25. En los últimos 30 años, el porcentaje de personas que viven en condiciones de pobreza extrema se ha reducido del 36% en 1990 al 9% en 2018. El analfabetismo ha caído desde el 44% al 15% en los últimos 30 años (datos extraídos de esta pieza de Kiko Llaneras).

Queda mucho camino por recorrer, es verdad, pero si levantamos la vista de nuestro ombligo nos daremos cuenta de que la humanidad ha mejorado mucho desde que los soviéticos liberaran Auschwitz el 27 de enero de 1945.

Cuando pontifico sobre esto con amigos y familiares, me hacen la misma salvedad: sigue habiendo antisemitismo, sigue creciendo y siguen matando judíos por ello. Es incuestionable: en España y en toda Europa, nuestros colegios y nuestras sinagogas están protegidas por la policía y las fuerzas de seguridad. En EEUU se ha vivido, durante el último año, la peor ola de ataques antisemitas que se recuerda. Siguen muriendo judíos por el hecho de ser judíos.

Aunque estamos infinitamente mejor que en la Segunda Guerra Mundial, nuestra existencia y nuestro derecho a ejercer nuestra diferencia no están normalizados. La situación de los judíos en un país o en un continente, en este sentido, sirve como termómetro de la tolerancia y de las libertades. Ana Palacio explica muy bien este problema, en esta tribuna publicada en El Mundo: "la pujanza del antisemitismo y la tibieza de la respuesta social son manifestaciones sintomáticas de una erosión de los principios fundamentales y las instituciones que estructuran nuestra convivencia".

Es una espada de Damocles que pesa sobre nosotros. ¿Caerá la democracia y volverá a levantarse un gobierno que tenga el exterminio de judíos como programa político? Yo no lo creo. A 75 años de la liberación de Auschwitz, los ciudadanos libres, judíos y no judíos, de todo origen o condición, debemos apostar por el optimismo. Se lo debemos a las víctimas y a las generaciones venideras.

Por los judíos muertos. Y por los vivos
Ángel Mas Libertad Digital 26 Enero 2020

En el 75 aniversario de la liberación de Auschwitz muchos lamentan las víctimas del pasado al mismo tiempo que denigran al Estado de los judíos vivos.

Un viaje al horror
El 27 de enero conmemoramos internacionalmente el Día de Recuerdo del Holocausto, que coincide con la fecha de liberación del campo de exterminio de Auschwitz. En ese infierno fueron masacrados un millón y medio de los seis millones de judíos asesinados en la Shoá. La Shoá constituye la industrialización del odio absoluto y la crueldad insondable con fines genocidas y Auschwitz es su máxima expresión, con capacidad para eliminar a veinte mil seres humanos cada día, aparte de los que morían como consecuencia de palizas, enfermedades o hambre.

Yo no he visitado Auschwitz. Hasta ahora me he resistido. No me veo con fuerzas de confrontar directamente e in situ el recuerdo del mal absoluto. Incluso escribir de ello me causa pudor. ¿Qué decir? ¿Qué adjetivos podría aportar para reflexionar sobre la pesadilla que llevó a sociedades avanzadas, a ciudadanos formados de naciones desarrolladas, a países enteros con sus instituciones y sus sistemas educativos, a participar en esta carnicería criminal? Y no me refiero sólo a los que perpetraron los asesinatos en los campos, los que operaron las cámaras de gas, los torturadores. Me refiero a los colaboradores, muchos de países ocupados. Me refiero a los que delataron a los judíos, los que ayudaron a cazarlos. Y también a todos aquellos que asistieron en connivencia silenciosa a todo lo que ocurría ante sus narices.

A día de hoy el pueblo judío es el único que no se ha recuperado demográficamente de la pérdida de vidas que constituyó la Segunda Guerra Mundial. Y tampoco lo hará nunca del todo cultural y socialmente del desastre que diezmó comunidades enteras, con sus costumbres, sus idiomas, sus liturgias y sus templos.

De este trauma histórico emerge una realidad judía nueva. La del pueblo judío que reconoce mayoritariamente la necesidad de ser capaz de defenderse sin la voluntad o la protección de otros. La del judío asertivo preparado para confrontar a sus enemigos en el campo del saber y la razón y también en el campo de batalla. Tras el trauma de la Shoá se asienta definitivamente la aceptación prácticamente universal en la diáspora de la necesidad de un estado fuerte que permita al pueblo tener un país en igualdad de condiciones con todos los demás, que proteja a sus ciudadanos y ofrezca un hogar a todos aquellos judíos que quieran buscar allí su hogar y su refugio.

Y, con todo ello, se asienta el compromiso de los judíos del mundo de apoyar a ese estado que nos ofrece el último y definitivo refugio contra odio ancestral que pervive contra nuestro pueblo. De ahí que la lealtad compartida que sentimos muchos judíos españoles hacia nuestra patria, España, y hacia el estado de los judíos, a pesar de lo que quieran hacer ver los antisemitas conspiranoicos, no sólo no es conflictiva, sino perfectamente natural y complementaria, pues se retroalimenta de la fidelidad a dos estados democráticos, con valores compartidos e intereses alineados. Por mucho que pretendan forzarnos a la falaz disyuntiva de confesar si queremos más a papá o a mamá.

Y como ha evolucionado la realidad de los judíos desde el Holocausto, también el antisemitismo ha adoptado nuevas formas desde las que expresar su obsesión ancestral y enfermiza. Una inquina ahora reforzada por lo que los que odian a los judíos más temen y detestan: los judíos que tienen los medios y la voluntad de defenderse y el compromiso de un estado que asegura el fin de la impunidad de los que ejercen violencia contra ellos, dondequiera que se produzca .

Cuando después del intento de exterminio perpetrado por los nazis pocos se atrevían a reconocerse como antisemitas, las conductas que históricamente han mostrado aquellos que aborrecen a los judíos, como su deshumanización y demonización, se comenzó a aplicar de un modo más socialmente aceptable, a un nuevo sujeto objeto de su rencor: el judío colectivo, Israel, que garantiza la libertad y seguridad de sus ciudadanos, la mitad de los judíos del mundo.

No hay que escarbar ni un poco para encontrar la terminología, la narrativa y los métodos, tales como el boicot, los libelos y la aplicación de normas discriminatorias y excluyeres que con tanta saña aplicaron los nazis tras su ascenso al poder, adoptadas hoy por los antisemitas que ponen en la diana a Israel y todos los que lo apoyamos.

Esos antisemitas son fácilmente identificables ahora: en España han conseguido puestos en el nuevo gobierno, han sido financiados por una la teocracia chita que busca la destrucción de Israel y sus ciudadanos y fomentan campañas para la exclusión social, política y económica de los amigos del estado judío aquí, Gobiernan la segunda ciudad de España y desde los consistorios y parlamentos regionales en los que participan aprueban declaraciones y disposiciones que nos convertirían en ciudadanos de segunda en nuestro propio país. Fomentan la discriminación a nuestra minoría desde las instituciones que deberían velar por nuestros derechos y libertades. Se llaman Podemos y el movimiento BDS. Operan en connivencia con la izquierda secesionistas, el yihadismo internacional y aliados de grupos extremistas de la llamada interseccionalidad. Y comparten sin rubor pancarta con neonazis racistas, pues los extremos se tocan y se alienan en su odio contra los valores occidentales que la tradición judía e Israel representan.

En este 75 aniversario de la liberación de Auschwitz asistimos a una condena prácticamente universal del genocidio que cometieron los nazis contra los judíos y el intento de exterminio de otros colectivos. Asistimos al consenso generalizado en los medios, la academia y la política de lamentar las atrocidades que llevaron al asesinato de un millón y medio de niños judíos indefensos. Lloran el recuerdo de los judios muertos. Pero muchos lo hacen a la vez que denigran, atacan e incluso jalean a los que buscan destruir al estado de los judios vivos, eliminar a sus ciudadanos y hostigar a los que los apoyamos. No nos engañan. Con diferente careta, son los mismos.

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Real Academia de la Mentira

Será que los españoles nos merecemos un Gobierno que nos mienta. Pásalo
Antonio Burgos ABC 26 Enero 2020

Pues a lo mejor tras la tragedia terrorista del 11-M el que no nos decía la verdad era Rubalcaba: «Los españoles no se merecen un Gobierno que les mienta. Pásalo.» Los hechos nos están demostrando que los españoles sí nos merecemos un Gobierno que nos mienta, y tragamos con él, y llamamos «ultraderecha» a quien lo ponga en cuestión. Es que no han parado de mentir desde que llegaron. Y nada te digo cuando ya han cogido la sartén por el mango de la investidura, en la que han empezado mintiendo al decir que han formado una Coalición Progresista, cuando han hecho un Frente Popular Socialcomunista apoyado por separatistas vascos y filoetarras vascongados.

Es tan sorprendente la habilidad que tiene Sánchez con la mentira que ha hecho de ella una de la Bellas Artes. Al tomar el poder y cambiar el colchón de La Moncloa ha hecho justo lo contrario de cuanto prometió en la campaña electoral. Hablando de colchón: dijo que no sería capaz de conciliar el sueño si tenía que gobernar con Podemos y ahora, con el de la coleta dictándole la política, pega cada ronquido que se oye en Pamplona. Allí el PSOE ha pactado con Bildu, con los herederos de los que asesinaron a tantos ediles socialistas. Afirmó que prefería no alcanzar el poder antes que pactar con los separatistas o aceptarles un referéndum, y ahí lo tienen, hocicando ante ERC, comiéndole en la mano a Junqueras y siguiendo lo pactado por debajo de la mesa con lo que manda desde Waterloo el prófugo Puigdemont. Cuando los venezolanos que siguen tratando de huir de la dictadura del sátrapa Maduro eligieron como presidente encargado a Guaidó, le falto tiempo para llamarlo por teléfono desde Davos, para decirle que lo apoyaba y que España estaría en punta de lanza en la UE para sancionar a aquella dictadura de derechos pisoteados. Y ahora no puede recibir a Guaidó, pero en cambio irá hasta Barcelona para hablar con Torra, al que el Supremo le retira su acta de diputado en el Parlamento catalán y, por tanto, la Presidencia de la Generalidad.

Son unos artistas de la mentira. Han hecho de ella una de las Bellas Artes: la Real Academia de la Mentira. Han obligado a poner en libre circulación en la política la propia palabra «mentira», hasta ahora considerada demasiado fuerte. Para evitarla, se solía decir: «Está usted faltando a la verdad». La verdad les importa una higa, con tal de aferrarse al poder. Y de contentar a sus socios comunistas, que no les dejan que reciba al presidente encargado de los venezolanos demócratas, diga lo que diga la UE en su apoyo y defensa.

Y como son como aquel estribillo por rumbas del Dúo Sacapuntas, «veintidós, veintidós», hay dos numerarios distinguidos en esta Real Academia de la Mentira en que han convertido al Gobierno, en el que han empezado engañando a sus propios votantes, al hacer justo lo contrario de lo que les prometieron en la campaña. Estos dos académicos distinguidos son Carmen Calvo y José Luis Ábalos. Calvo miente al decir que van a reformar el Código Penal para adaptarlo al espíritu europeo, cuando en realidad lo harán para poner en libertad y dar de hecho una amnistía a todos los condenados por sedición en el referéndum ilegal de la pretendida independencia catalana. Si aplican con carácter retroactivo esta reforma del Código Penal en beneficio de los golpistas catalanes, como parece, será ya limpiarse en las cortinas del Derecho. ¿Y Ábalos? Es capaz de inventar siete variantes distintas de una misma mentira, con tal de poner a España al servicio de los dictadores sudamericanos. Y lo más sorprendente es que quienes decimos estas cosas somos los fachas oficiales. La gente traga. Será que los españoles nos merecemos un Gobierno que nos mienta. Pásalo. Se están hartando de mentir y No Passssa Nada.

El agente antisistema
El proyecto de indulto encubierto a Junqueras, la legitimación de un Torra en rebeldía, los coqueteos semiclandestinos con Venezuela bajo la influencia de Pablo Iglesias... Sánchez está convirtiendo al Gobierno y al PSOE en un aparato de poder sin reglas al servicio de un programa de refundación del sistema
Ignacio Camacho ABC 26 Enero 2020

Una reforma penal ad personam para excarcelar por la vía rápida a un reo de sedición condenado por el Tribunal Supremo. Guiños a la «dictadura tiránica» venezolana -palabras de Felipe González- a cuyo servicio zascandilea el expresidente Zapatero. Una reunión de un ministro, rozando la ilegalidad, en el aeropuerto con la número dos de un narcorrégimen que tiene prohibida la entrada en territorio europeo. Una visita anunciada «con mucho gusto» del presidente del Gobierno a un jerarca autonómico declarado en rebeldía contra su inhabilitación legal y atrincherado en el Parlamento. Un pacto con Bildu en Navarra y un voto en la Eurocámara contra la investigación de los crímenes de ETA no resueltos. Se diría que en esta segunda semana de la «coalición de progreso» no ha quedado un facineroso político ni un adversario del Estado de Derecho sin recibir su correspondiente deferencia u obsequio. Demasiados peajes -más los que vendrán y veremos- como precio inmediato del apoyo a préstamo de unos grupos que en Francia o Alemania tendrían la consideración de elementos antisistémicos. Una deriva de ruptura marcada por Podemos y ejecutada con entusiasmo por un PSOE en el que son incapaces de reconocerse sus cada vez más escasos miembros comprometidos con el clásico modelo socialdemócrata moderno.

Porque ahí es a donde Pedro Sánchez, con convicción o sin ella, ha conducido al Partido Socialista: a la condición de un aparato de poder sin reglas que bajo la abstracta cobertura de una alianza de izquierdas actúa como locomotora de un programa de refundación del sistema. La reconversión del presidente, su aparatosa contorsión respecto a sus propias propuestas, lo ha convertido en el tractor de arrastre de la convergencia entre comunistas, separatistas y demás grupos empeñados en superar la Constitución a través de una revisión encubierta, ya que por sí solos carecen de masa crítica para hacerlo de otra manera.

Así, por más que en el diseño del Gabinete el presidente haya intentado transmitir la impresión de asentar su liderazgo y su influencia, sus prioridades en estos primeros balbuceos de gobernanza se parecen demasiado a las de Pablo Iglesias y transparentan la voluntad inequívoca de complacer a un Junqueras que no se ha recatado en exhibir sus exigencias. De este modo, el PSOE aparece como el ejecutor de políticas ajenas, sea para despejar el camino penal de los condenados del procés, para aliviar a los presos etarras o para proteger la vinculación de Podemos con Venezuela. El resultado es que mientras el propio Sánchez se esforzaba en el Foro de Davos por tranquilizar al mundo financiero y la alta empresa -pese a que el año pasado prometió allí mismo evitar el pacto con los populistas entre calificativos de enorme dureza-, sus pasos en el interior de España apuntan en la dirección opuesta. No sólo se muestra como el rehén de su precaria correlación de fuerzas, sino como el agente complacido de un proyecto de radicalidad extrema.

La idea de reformar el Código Penal, por el método expréss, para facilitar la pronta libertad de los independentistas presos revela una asombrosa y grave falta de escrúpulos a la hora de someter el ordenamiento a las demandas de unos socios cuyo declarado empeño consiste en socavar el régimen constitucional desde dentro. Aconsejado por su gurú de confianza, el primer ministro ha decidido acometer en las semanas iniciales del mandato las medidas más antipáticas, pero este uso común en casi todos los gobernantes delata en su caso un concepto desaprensivo del poder y de las más elementales pautas de lealtad institucional y de ortodoxia democrática. Encubrir en un paquete de modificaciones legales la rebaja del tipo preciso que afecta a los dirigentes del secesionismo constituye casi un fraude de ley al implicar para su aprobación el voto favorable de los partidos que obtendrán de la nueva norma un directo beneficio. Dicho de otro modo, se trata de un indulto embozado, subrepticio, que necesita el apoyo de los mismos que han cometido el delito. Implicar al Parlamento en un juego tan sucio, tan fullero, de tan bajo estilo, demuestra la impudicia con que el sanchismo parece dispuesto a subordinar su supervivencia al desapego de cualquier convencionalismo político.

Esa falta de respeto a los patrones y principios de la responsabilidad en el liderazgo es la que ha inspirado el vergonzoso episodio del ministro Ábalos subido clandestinamente al avión de la lugarteniente del fantasmón bolivariano. Si sólo se tratase de la entrevista, aun con nocturnidad y ocultamiento, podría pasar por un desafortunado mal paso diplomático. Coincide, sin embargo, con el desdeñoso repudio indirecto que supone la negativa de Sánchez a recibir a quien el año pasado reconoció como legítimo presidente venezolano, y del que ahora parece avergonzarse bajo el influjo claro de un Iglesias para el que Guaidó resulta inevitablemente un visitante poco grato.

A este respecto la cadena de despropósitos ha sido notable, desde el intento de negar el contacto hasta su inaceptable minimización como un asunto secundario. Un Gobierno y un partido que presumen de progresismo avanzado no pueden considerar una minucia la tragedia de un país hermano en medio de una emergencia humanitaria, con cuatro millones de exiliados y una condena internacional por violación de los derechos humanos. Y menos aún, alinearse con los responsables de ese descomunal atentado a los derechos democráticos, reunirse a escondidas con sus representantes plenipotenciarios y negarle en cambio la mano al líder alternativo que la Unión Europea ha respaldado. Le guste o no a Sánchez, ha quedado para la ocasión como Cagancho en Almagro, plegado a los intereses -¿cuáles exactamente, de qué clase de lazos?- de un aliado que desde hace años mantiene con el chavismo relaciones inconfesables y vínculos financieros parcialmente documentados, y de un Zapatero cuya supuesta tarea de mediador se antoja sospechosamente determinada por la procedencia de sus honorarios.

Convertido pues, hasta ahora, en títere o colaborador instrumental de Iglesias, de Junqueras, de Maduro, de ZP, de Otegi o de Torra, de Pedro Sánchez se espera que comparezca en algún momento en la defensa de la nación española a la que su cargo le obliga siquiera de forma teórica. Si no es mucho pedir, tal como van las cosas.

Análisis de una amnistía casi calcada a la del 36 con Companys
Sánchez, prevaricador en potencia
EDUARDO INDA okdiario 26 Enero 2020

Los pueblos que olvidan su historia, la repiten. Vaya si la repiten. En España, o Expaña, que ya no sé muy bien qué somos, estamos patológicamente predestinados a revivir los peores momentos de nuestra historia. Lo que estamos viviendo del 12 de noviembre (jornada del pacto socialcomunista) a esta parte no es que se parezca a lo acontencido aquel febrero de 1936 en el que se constituyó un Frente Popular que nos abocó a la Guerra Civil de la manita de Francisco Franco. No. Es que es una fotocopia de tal calidad que cualquiera diría que son episodios intercambiables a los que tan sólo hay que modificar la identidad de sus protagonistas para que sean literalmente clónicos.

Lluís Companys, presidente de la Generalitat en la Segunda República y jefe de filas de Esquerra Republicana de Catalunya, declaró el Estado Catalán el 6 de octubre de 1934 coincidiendo con la mal llamada Revolución del 34, que de revolución tuvo tan poco como mucho de golpe de Estado de la izquierda tras la victoria de una derecha, agrupada en torno a la CEDA (a ver si aprenden Casado, Abascal y Arrimadas), que no tenía derecho a existir. Vamos, lo mismito que perpetraron ese delincuente que es un Oriol Junqueras al que ahora visten de santo y el golfo de Carles Puigdemont el 27 de octubre de 2017 en el Parlament con esa declaración de independencia que fue el culmen a un golpe de Estado de manual y prácticamente idéntico al de 86 años atrás. El único contraste son, obviamente y como ya he señalado, los actores. Si entonces fue Companys, ahora es Junqueras, con Puigdemont de cobarde coprotagonista.

El Estat Català duró prácticamente lo mismo que la independencia de Cataluña de 2017: un pispás. Con la excusa del ascenso al poder de un Gobierno “fascista y monarquizante [sic]”, lo proclamó el 6 de octubre de 1934 y el 7 todos sus instigadores estaban encarcelados en el buque-prisión Uruguay en el puerto de Barcelona. El golpe de hace dos años lo solventó Mariano Rajoy en menos de 48 horas: el 27 por la tarde se declaró la independencia y el 29 el presidente anunciaba en Moncloa la suspensión de la autonomía echando mano de ese 155 que luego él acabaría desnaturalizando. Tres cuartos de lo mismo sucedió en la República, aunque en este caso el 155 de la época se hizo de rogar bastante más: no llegó hasta el 2 de enero de 1935.

Pero donde no hay prácticamente divergencias, exceptuando el modus operandi, es en el epílogo de una y otra asonada: un periodo de cárcel cortito, no vaya a ser que sus señorías pasen miedito o se les pegue algo malo del resto de los presos, y amnistía que te crió. Entonces, como ahora, fue constituirse el Frente Popular, fruto por cierto del robo de las elecciones del 36, y aprobarse por parte de la ¡¡¡Diputación Permanente de las Cortes!!! una amnistía total para todos los implicados en el levantamiento de 1934. A Companys le mereció la pena subvertir la legalidad: pasó entre rejas únicamente 17 meses de los 30 años a los que fue condenado por rebelión.

Él respondió a la magnanimidad de la Cámara Baja, en la que participó incluso la CEDA, decretando más de 8.129 penas de muerte contra los que él denominaba “enemigos del Estado Catalán”. Religiosos, carlistas, dirigentes de la Lliga Regionalista, militantes de la CEDA y monárquicos fueron los grandes objetivos de la ira de este multiasesino que ahora cuenta con estadio olímpico, estatuas por doquier e infinidad de calles en Cataluña. De su maldad da cuenta el hecho de que se negó a frenar el fusilamiento de mi paisano Manuel Irurita, obispo de Barcelona, que había intercedido por él cuando fue encarcelado y condenado a muerte a caballo de 1934 y 1935.

Junqueras está a cuatro o cinco meses de plantar sus reales en la calle tras el anuncio del Gobierno socialcomunista de rebajar las penas por sedición, casualmente, cuando se está tramitando esa gran prueba de fuego que son para Sánchez los Presupuestos Generales del Estado. Y eso que la prisión no fue precisamente un mal trago ni para Companys ni muy especialmente para Junqueras. El modelo de reclusión con el que se ha obsequiado a Oriol Junqueras en Lledoners se asemeja, salvando las perogrullescas distancias, más al que disfrutó Pablo Escobar en Medellín que al de los otros 60.000 presos que componen la población penitenciaria española. En esto, como desgraciadamente en casi todo y más cuando el Estado está de por medio, siempre ha habido clases. El baranda de ERC no goza de los lujos de los que se benefició el patrón del mal colombiano pero hace lo que le da la realísima gana: da entrevistas cuando se le pasa por el forro de sus caprichos, come a la carta y desde prisión da instrucciones a los secuaces que están más allá de las rejas.

El Tribunal Supremo y Pedro Sánchez han desempeñado esta vez el papel que representaron la Diputación Permanente del Congreso y Manuel Azaña en el peor año de nuestra historia reciente. La Sala Segunda allanó el camino tomándonos por imbéciles al resto de los españoles cuando calificó de “ensoñación” ese pack golpista que conforman las leyes de desconexión, el referéndum ilegal y la declaración de independencia. O, para que todo el mundo lo entienda, de “sueño”. Vamos, que los españoles que (empezando por el Rey) presenciamos un golpe de Estado somos unos fantasiosos, cuando no directamente unos mentirosos, si no unos enfermos mentales.

Despejado el terreno por la Sala Segunda, hubiera sido mucho más farragoso el camino de la amnistía con una condena por rebelión, ahora ha entrado en acción el tipo más desahogado e indecente que se recuerda por estos pagos: Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno anuncia una reforma del Código Penal a la carta para rebajar las sanciones por sedición y rebelión. Y, en otro insulto a la inteligencia de sus conciudadanos, nos suelta por boca de la no muy inteligente Carmen Calvo que “es para adecuar nuestra norma a la de otros países europeos” olvidando que en la legislación comparada europea las penas son similares a las contempladas en España y que la reforma del Código Penal del socialista Belloch dejó en 1995 las cosas tal y como están en la actualidad.

Prevaricar es ni más ni menos que “dictar una resolución injusta a sabiendas”. Una definición que se ajusta como anillo al dedo al paso que pretende dar Sánchez con el concurso de sus socios golpistas, proetarras y comunistas. Le da de sobra para reformar el Código Penal que, como todas las leyes orgánicas, precisa de mayoría absoluta. Sus 120 votos, los 35 del hijo putativo de Maduro, los tres de Errejón, los 13 de ERC, los 8 de JxCat, los 6 del PNV, los cinco de Bildu, los dos de la CUP y el único diputado del BNG totalizan 193, muy por encima de la mayoría absoluta.

Emiliano García-Page es el único de las decenas de miles de socialistas estupefactos con la deriva a la que está sometiendo Sánchez al partido que no se calla. El presidente de la Junta de Castilla-La Mancha no le llamó “prevaricador” literalmente pero su amonestación al inquilino de La Moncloa casa a las mil maravillas con ese artículo 404 del Código Penal que castiga estas conductas: “Con los derechos de los españoles, con el Código Penal, no se mercadea, estas cosas no las pueden decidir quienes, aún hoy, siguen diciendo que si pueden, lo volverán a hacer”. Blanco y en botella: el que mercadea con una ley, prevarica. Pues claro. Espero que el centroderecha denuncie en los tribunales al presidente del Gobierno por este brutal, descarado, descarnado e indigno acto de prevaricación. Se irá de rositas porque en este país no hay dios que meta mano a un presidente. Pero al menos cumplirán con su obligación moral. Siempre nos quedará el consuelo de que la historia acabe condenando al felón Sánchez. Y de que sea más pronto que tarde. Porque como apunté hace tres semanas si todo esto no es un golpe de Estado, desde luego se parece un montón.

Confirmado: para Sánchez «con la ley no basta»
Editorial ABC 26 Enero 2020

A 48 horas de que se celebre el pleno del Parlamento catalán, el Gobierno sigue poniendo por delante la decisión sobre la pérdida del escaño del inhabilitado Quim Torra que tomen los partidos separatistas (que dominan la Cámara) frente a la resolución de la Junta Electoral Central, avalada por el Tribunal Supremo, que insta a Roger Torrent a retirarle de inmediato el acta al presidente de la Generalitat. Eso se traduce de las palabras del ministro de Sanidad, Salvador Illa, a la sazón «número dos» del PSC, que ayer dijo que el Ejecutivo acatará lo que haga el Parlament. Habida cuenta de los antecedentes de desobediencia a lo que sentencia la Justicia, parece ilusorio dar por hecho que la Cámara autonómica «vaya a respetar las decisiones judiciales», como ayer mismo afirmó Illa, que quizá haya olvidado que la anterior presidenta del Parlament está en la cárcel condenada por sedición. Más aún, el propio Torra ha señalado que no piensa dejar el acta, perseverando en la desobediencia por la que fue condenado. El patrón del Gobierno social-comunista parece claro en este asunto, «con la ley por sí sola no basta», pues el propio Sánchez lo aseguró en su discurso de investidura. Quizá fuera esta una de las razones por las que ERC facilitó su llegada a La Moncloa. Hasta el momento, son las componendas y los «pactos» partidistas con la facción separatista los que ganan claramente ventaja sobre las decisiones de los tribunales, lo que de facto pone en jaque la legitimidad de las instituciones.

Hemos llegado a esta situación porque hace unos años un dirigente, Rodríguez Zapatero, abría el cajón de los truenos al afirmar que aprobaría «cualquier» reforma del Estatuto catalán que apruebe el Parlament. Luego resultó que él mismo redactó, al alimón con Artur Mas, que era altamente inconstitucional. Y allí empezó todo. Nada han aprendido los socialistas de aquel error.

Mentira
Luis Herrero ABC 26 Enero 2020

El ministro Ábalos se reúne con la vicepresidenta de un tirano que tiene prohibido el acceso a la zona Schengen. Lo hace con nocturnidad y liturgia sigilosa porque se sabe en pecado. Cuando lo pillan, niega. La mentira se hace insostenible y tiene que cambiar cuatro veces de versión en 24 horas. Juega con las palabras para tomarnos por tontos. Más de una hora en la cabina de un avión con Delcy Rodríguez, la mano derecha de Maduro, no es una «reunión». Tampoco es una «conversación». ¿Entonces, qué es? Cuando se le preguntan, Ábalos estalla: «Nadie me pregunta por la subidas del SMI o de los sueldos de los funcionarios. Solo quieren saber si me reúno con uno de Venezuela o no… Importantísimo, ¿eh? Temas fundamentales para la sociedad…». Al ministro no le parece un asunto relevante. Lo que puedan pensar más de cuatro millones de expulsados por el hambre y la violencia, casi mil presos políticos y todos los demócratas que luchan por sacudirse la dictadura tiránica de un sátrapa le trae sin cuidado. Sus ideas están por encima de la responsabilidad política. Lo único que le importa es imponer su punto de vista como si no existieran otros que también persiguen un lugar al sol.

Horas antes, el Tribunal Supremo respalda la decisión de la Junta Electoral Central de desposeer a Torra de su escaño en el Parlament de Cataluña. Se extiende un plazo de 48 horas para que el presidente de la cámara autonómica certifique la ejecución de la medida. A Torra se la sopla. Dice públicamente que no piensa obedecer. El conflicto institucional está servido. Junts llama a todos los diputados independentistas a la rebeldía solidaria. El eco del conato de insumisión se apodera de los titulares periodísticos. La canallesca le pregunta a Sánchez qué opina del asunto y el presidente responde sin inmutarse: «Hoy no toca hablar de eso». Solo le faltó decir, como Ábalos en el caso Delcy Rodríguez, que no era un tema de interés para la sociedad. ¡Qué importa que el presidente autonómico con el que se va a reunir dentro de diez días para hablar del derecho de autodeterminación de Cataluña mande a hacer puñetas la autoridad del Tribunal Supremo! Bah, son bagatelas. No importa lo que piense el resto del mundo. Tampoco que su responsabilidad política le obligue a proteger las reglas del juego del sistema democrático. Su idea —cualquiera que ésta sea— debe prevalecer. Para eso es él quien manda.

La deriva absolutista con que Sánchez y su cuadrilla han comenzado a ejercer el poder en esta legislatura se abre camino a marchas forzadas. La imposición de Dolores Delgado como fiscal general fue el primer gran aviso de lo que se avecinaba. La apariencia de imparcialidad y el criterio mayoritario de jueces y fiscales eran menudencias baladís que no debían tenerse en cuenta. Lo único que importa, a partir de ahora, es la prevalencia de su punto de vista. Y si para hacerlo posible es necesario mentir, como ha hecho Ábalos a la hora de encubrir su «affaire» con la vicepresidenta venezolana, pelillos a la mar. Son gajes del oficio. La resolución de una presunta crisis diplomática, al parecer, lo justifica todo. En Los Ayacuchos, Galdós le hace decir a Fernando Calpena que lo que le falta a España, para poner en paz el gallinero político, es el culto a las formas. Pincho de tortilla y caña a que si levantara la cabeza y viera el espectáculo de estos días, don Benito nos mandaba a todos a la mierda.

El marco mental del enemigo
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli  26 Enero 2020

Josep Bou es un pequeño-mediano empresario catalán que ha demostrado su coraje al enfrentarse al nacionalismo hegemónico como presidente de la organización Empresaris de Catalunya, una meritoria agrupación de oponentes al separatismo y defensores del orden constitucional y de la plena inserción de su Comunidad en una Nación española unida, democrática, plural e integradora. Desde este foro, ha denunciado con contundencia los enormes perjuicios que el procés ha causado a la economía catalana y ha exigido a los secesionistas el respeto a la ley y a los derechos fundamentales de todos sus conciudadanos. Hasta aquí, la actuación del hoy concejal independiente del PP en el Ayuntamiento de Barcelona ha mostrado siempre coherencia, sensatez y claridad de ideas. De repente, sin motivo que explique semejante giro, Bou se ha descolgado con unas declaraciones en Radio 4 que han levantado la lógica tormenta: “Presentar a Cayetana fue un error. Para Madrid, Ciudad Real o Toledo, sí, para aquí, no, porque los catalanes queremos gente de casa. Esto funciona así”. “El PP ha de tener gente de aquí, que sea catalana, que tenga apellidos catalanes y que hable en catalán” ha rematado el locuaz edil liberal-conservador.

Ante este episodio perturbador, surge de inmediato una pregunta: ¿Cómo puede ser que un representante destacado de una formación política se sitúe de manera tan incomprensible dentro del perímetro doctrinal de su peor adversario ideológico y no disponga de un mecanismo de alarma cerebral que le impida caer en una contradicción tan flagrante? No es un descargo para él, pero sí es interesante hacer notar que no es el único que en las filas del PP regala al mundo perlas de similar porte. Por ejemplo, oír a una ex-presidenta de las Cortes afirmar en un programa de televisión de gran audiencia que “El Estado de las Autonomías es lo mejor que nos ha pasado”, a un Secretario General contemplar la posibilidad de incrementar las transferencias de competencias a Cataluña con el fin de calmar a los golpistas o a un ex-presidente de Gobierno de esa misma fuerza enorgullecerse públicamente de haber subido el IRPF siete puntos después de haber prometido bajarlo, indica que nadie está libre del pecado de las incursiones sumisas en territorio conceptual hostil en el actual primer partido de la oposición.

Puestos a buscar explicaciones de estos sinsentidos, una primera que viene a la cabeza es que sus motivaciones sean de tipo electoral. Así, estos dirigentes del partido azul harían planteamientos opuestos a sus convicciones para ganar votos, es decir, aceptarían implícitamente que sus adversarios políticos socialistas y separatistas son mucho más eficaces que ellos a la hora de arrastrar a la opinión hacia sus tesis y que, por tanto, no les queda otro remedio que sumarse parcial y renuentemente a ellas con el fin de mantener el apoyo de la ciudadanía. En otras palabras, confesarían su incompetencia argumental y comunicativa frente a sus rivales.

Una segunda vía para entender este descorazonador fenómeno consistiría en concluir que unos cuantos integrantes de la cúpula del PP carecen de principios y de una base conceptual y moral definida y que, flotando en un relativismo cínico y un completo vacío intelectual, dicen en cada momento lo que creen que les conviene o que suscita menos hostilidad, la conocida máxima rajoyana de no meterse en líos. Si tal opinión parece que es mayoritaria, pues nos adherimos con el fin de evitar incomodidades y de no alterar el placer suave de la siesta.

Y una tercera y la más inquietante es que realmente hayan sido contaminados por el marco mental del enemigo y lo hayan incorporado a su propia visión del mundo, en la línea de la célebre dedicatoria de Hayek de su libro Camino de Servidumbre “a los socialistas de todos los partidos”. Desde esta perspectiva, el infeliz Bou, tras décadas de bombardeo de supremacismo identitario sobre sus indefensas neuronas y en ausencia de suficientes anticuerpos ideológicos y éticos, cree sinceramente que para ser cabeza de lista en Barcelona hay que tener árbol genealógico étnico y cultural catalán de suficiente arraigo para que la pureza del producto sea aceptable.

La incapacidad de sucesivos líderes de los partidos ahora llamados constitucionalistas de reconocer la trascendencia de la guerra cultural de la que la política es la apariencia y la consecuencia, ha hecho que los gérmenes patógenos del totalitarismo, el colectivismo, la ideología de género, el hedonismo insustancial, el transhumanismo, el nacionalismo identitario y el fanatismo intolerante se multipliquen y prosperen incluso en sus propias filas. En medio de este panorama desolador, aquellos que verdaderamente se comprometen con los valores de la sociedad abierta y luchan todos los días contra la barbarie pese a los sacrificios y los peligros que eso implica, se desesperan al comprobar como su número va menguando y, lo que es peor, la frecuencia con la que deben jugarse el cuello bajo fuego supuestamente amigo.

Consuelo Ordóñez reprocha a Sánchez que gobierne con el apoyo de quienes asesinaron a su hermano

OKDIARIO 26 Enero 2020

La presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite), Consuelo Ordóñez, ha denunciado este sábado que, desde que ETA montó «el teatro de su disolución», el objetivo de «la deslegitimación del terror se ha abandonado por completo, desde Madrid hasta en Navarra, desde gobiernos de izquierdas hasta de derechas».

Ordóñez ha hecho esta reflexión durante el responso religioso celebrado este sábado en el cementerio donostiarra de Polloe para conmemorar el 25 aniversario del asesinato a manos de ETA de su hermano y ex teniente alcalde de San Sebastián, Gregorio Ordóñez (PP).

Al homenaje, que posteriormente ha continuado con la colocación de una placa ante el restaurante donde Ordóñez fue tiroteado el 23 de enero de 1995, también han asistido su viuda, Ana Iribar, y su hijo, Javier, además de numerosos amigos y compañeros entre los que se encontraban dirigentes del PP vasco y varias víctimas del terrorismo, además del líder de Vox, Santiago Abascal.

«Hace unos años», ha afirmado Consuelo Ordóñez durante su intervención, «cuando ETA estaba operativamente acabada, el Estado quiso llegar a su final con atajos, con negociaciones indecentes, precisamente por la vía que mi hermano siempre defendió que no era la que una democracia debía seguir. Y ahora estamos viviendo las consecuencias de ese final de ETA negociado».

«Estamos viendo», ha añadido, «cómo los mismos que durante décadas sometieron a los ciudadanos y la democracia, hoy hacen política con alfombra roja en las instituciones que siempre habían atacado».

«¡Qué fácil es cambiar el rumbo de la historia con un tiro en la nuca y cuánto rédito político está dando!», se ha lamentado la dirigente de Covite, quien ha afirmado que se indigna cada vez que escucha que «el Estado de Derecho ha derrotado a ETA y que no se ha pagado ningún precio político por su final».

«Me indigna que se dé por bueno el final del terrorismo cuando perviven, en presente, los objetivos políticos por los cuales mataron», ha sentenciado durante el acto, informa EFE.

«Me indigna escuchar ese discurso de que la violencia de ETA, las cinco décadas de terror sistemático y selectivo, no han servido para nada», ha insistido Ordóñez, antes de recalcar que si esto hubiera sido así «los que diseñaron esas estrategias de terror no podrían ejercer hoy ninguna influencia en la política de nuestro país para lograr los mismos objetivos por los que creyeron que era necesario asesinar y perseguir a miles de personas».

«Lo último que hemos visto es que en Navarra se han pactado los presupuestos con las siglas herederas de Batasuna», ha subrayado, antes de afirmar que estas «mismas siglas» han resultado «decisivas para que, con su abstención, nuestro presidente del Gobierno (Pedro Sánchez) sea investido».

«Estoy convencida que mi hermano diría que, mientras los que le mataron sigan teniendo soporte político y apoyo social, no están derrotados«. «Gregorio se sacrificó, de manera consciente, no por la sociedad en la que vivía, sino por la sociedad en la que aspiraba a vivir», ha concluido.
 


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