AGLI Recortes de Prensa   Lunes 27  Enero  2020

Sánchez, al rescate del chavismo criminal
EDITORIAL Libertad Digital 27 Enero 2020

La fechoría perpetrada por el ministro de Transportes, el torrentesco José Luis Ábalos, al reunirse en Barajas con Delcy Rodríguez, que tiene prohibido pisar suelo europeo por su posición principalísima en el organigrama del criminal régimen chavista que padecen en Venezuela, ha colocado a España en el foco internacional y valido al Gobierno del infame Pedro Sánchez críticas de todo punto justificadas, tanto en EEUU como en la UE y, por supuesto, entre los venezolanos que luchan por liberar a su país del venenoso socialismo del siglo XXI.

Sorprendido en su grotesca mentira inicial, el impresentable Ábalos ha ido cambiando la versión de su encuentro con la indeseable Rodríguez a fin de dejar atrás un escándalo que, como no podía ser menos, has trascendido nuestras fronteras y las de Venezuela. Finalmente admitió haberse reunido con ella pero... de forma fortuita, y a ver quién se extraña si acaba dando alguna versión más este personaje clamorosamente indigno para ser ministro del Gobierno de España.

Más allá del espectáculo bochornoso que está protagonizando Ábalos, lo sustancial es que Sánchez ha puesto a España al servicio de un régimen asesino cuyos capos tienen las manos manchadas de sangre y han devastado Venezuela con saña.

Las repugnantes maniobras del nefasto, tóxico José Luis Zapatero en favor del tirano Nicolás Maduro –de las que ojalá haya de dar cumplida cuenta ante un juez mucho más pronto que tarde– tienen su proyección en el ámbito institucional español con los movimientos en el Gobierno de Sánchez –innegable heredero de ZP– y el lacayo chavista Pablo Iglesias para blanquear a la mafia narcobolivariana, que ha hecho de Venezuela una cruza de Estado fallido y canalla.

Sánchez ha lamido las botas del sanguinario Maduro negándose a recibir a Juan Guaidó, presidente encargado de Venezuela –reconocido como tal por las principales democracias del planeta–, y por supuesto se niega a destituir a un Ábalos indefendible que para colmo se comporta con un matón de tres al cuarto. Cuesta imaginar siquiera una indignidad mayor.

Pero lo cierto es que no cabe esperar otra cosa de un sujeto que se ha encaramado al Poder de la mano de proterroristas, golpistas y –los tiene de hecho en su Gobierno– neocomunistas bolivarianos, que de buena gana enfeudarían Madrid a Caracas.

Pellizcos de monja
Manuel Marín ABC 27 Enero 2020

Resulta recurrente dar por hecho, como una costumbre ancestral, que en el PSOE persiste una eterna fractura interna, una división inextinguible, que hay diversidad de criterios cainitas, y que los minoritarios están sojuzgados porque Pedro Sánchez los mantiene secuestrados con un poder omnímodo e irreversible. Desde ámbitos ajenos a la estructura orgánica del PSOE, tanto progresistas como conservadores, surgen de vez en vez voces que apelan a ese socialismo moderado, institucional, pragmático y constitucionalista que debería configurar una socialdemocracia moderna ajena al populismo de extrema izquierda, y por supuesto, al nacionalismo excluyente. Se crea una percepción virtual de la pésima convivencia entre dos almas en el PSOE en continua lucha por la hegemonía interna, y se invoca a los barones como contrapeso.

Sin embargo, conviene preguntarse si realmente algo de esto es cierto; si el PSOE no es ningún rehén de su secretario general, sino si sencillamente la inmensa mayoría del socialismo ya piensa como Sánchez, actúa como Sánchez y se ha adaptado a Sánchez. Conviene preguntarse si la militancia y sus votantes más fieles no contravienen sus postulados ni le discuten sus decisiones por pura connivencia y afinidad real, y no por la mágica coartada tan dictatorial y propia de todos los partidos de que «quien se mueve, no sale en la foto». A Sánchez, el PSOE, como concepto global de unas siglas que encarnan un proyecto político revisionista, no le teme, sino que lo protege. La clásica minoría vociferante y escandalizada con sus maniobras de ocultación, o con su tajante ordeno y mando en una dirección federal férrea y sin disidencia posible, no existe. Y si existe, está difuminada y carece de toda influencia. Pero no porque Sánchez haya ahogado las voces disonantes -que lo ha hecho sin misericordia-, sino porque objetivamente sus bases piensan hoy de modo más parecido al suyo, o al de José Luis Rodríguez Zapatero, que al de Felipe González, Joaquín Almunia o Alfredo Pérez Rubalcaba. Sánchez no ha cambiado al PSOE. Es el PSOE quien ha cambiado con Sánchez, y el matiz es relevante.

La realidad se impone. Con Sánchez, la oposición interna languidece. O directamente agoniza. Felipe González, Alfonso Guerra, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Emiliano García Page, Javier Fernández, Nicolás Redondo, Francisco Vázquez o Joaquín Leguina representan a un socialismo derechizado. Pero no porque así lo haya impuesto el adoctrinamiento interno de Ferraz, que también, sino porque la militancia hace tiempo que lo cree. En medio queda un residuo de dirigentes amalgamados en su incoherencia que reniegan de su hemeroteca y que navegan en aguas sin territorio a la espera de un perdón que Sánchez jamás les dispensará. Susana Díaz, hoy seriamente discutida en el PSOE andaluz y en trámites de desahucio inminente, es el principal exponente. Pero junto a ella deambulan sin rumbo, como pidiendo permiso para acceder a la corte de Sánchez, Javier Lambán, Ximo Puig, Patxi López o Fernández Vara, todos ellos aclimatados a una atmósfera tóxica en un ejercicio de supervivencia extremo.

Dar por hecho que Sánchez es el «policía malo» y García Page el «policía bueno» no es sensato. Es todo más complejo. Y más cínico. La existencia de un profundo debate interno, de disidentes ideológicos latentes a la espera de que Sánchez tropiece, o de un componente reactivo soterrado frente a su secretario general, es una ilusión óptica. El partido se sometió a Sánchez sin reservas, como antes lo hizo a Zapatero, cuando la militancia tomó conciencia de que el PSOE y el PP habían entrado en una fase irreversible de turnismo, y de que el logro del poder permanente solo era factible aliándose al separatismo en sus distintas formulaciones y acepciones.

El PSOE carece de una estructura crítica sólida. Y no porque Sánchez la haya acallado, sino porque su electorado ha terminado por aceptar que el constitucionalismo ha quedado desfasado para la izquierda. La política de alianzas de Sánchez no se basa solo en una mera cuestión de oportunismo coyuntural para acceder al poder, sino en la firme creencia de que el socialismo solo podrá sobrevivir apegado a los radicalismos de izquierda y al soberanismo secesionista. Podemos arrebató al PSOE una concepción de la izquierda que críticos como Felipe González y unos cuantos románticos de las siglas habían diluido en aras del pragmatismo, o de un concepto cuasi liberal de la socialdemocracia. Eran, y son, unos traidores intelectuales de la izquierda fetén. Por eso, y no por las mazmorras de castigo de Ferraz, Sánchez carece de resistencia.

Sánchez no es un estratega de la política, sino un fajador orgánico, un chantajista de las emociones y un trilero de las ideas. Pero conquistó el partido consciente de que solo rompiéndolo emocionalmente tendría opciones. Si no lo hubiese hecho, Podemos habría convertido al PSOE en un partido residual. Y eso es lo que le agradece la militancia con su mutismo frente a cesiones que en otras épocas habrían sido inasumibles para el PSOE. Ese clásico atavismo de la derecha que le permite regodearse cuando algún socialista reprende a Sánchez, como si realmente le amenazase una disidencia sólida, es absurdo. Son pellizcos de monja. Sánchez está ya a otra cosa.

TEMOR A QUE SE TIRE DEL HILO DE LOS PAGOS DE MORALES Y MADURO
Delcy Rodríguez vino a España a pedir a Sánchez que no investigue la financiación bolivariana a Podemos
Carlos Cuesta okdiario 27 Enero 2020

Delcy Rodríguez ha venido a España para trasladar un mensaje: el de que sus intereses no pueden ser puestos en duda. Y menos, por aquellos que pactan con sus tradicionales aliados: con Podemos. La vicepresidenta de Venezuela y mano derecha de Nicolás Maduro tenía que hacer saber que la cercanía y confianza de su régimen con el partido de Pablo Iglesias es tal y como parece. Y que, por lo tanto, si el PSOE pretende utilizar parte de la información que está aflorando sobre los pagos de Venezuela, Bolivia, Ecuador o Uruguay a Podemos para beneficio propio y para acabar apartando al partido morado, la reacción por parte de Venezuela no se hará esperar.

No se trataba de un mensaje de cortesía ni mucho menos. No se trataba, tampoco, de hacer llegar ningún comunicado de buenas intenciones. Al revés, se trataba de informar de que, de igual modo que de Caracas pueden salir datos sobre ingresos de los fundadores de Podemos, también pueden salir de otras personas que en el pasado han tenido contacto con Venezuela. Y datos que, a lo mejor, a los socialistas no les sirven para su cometido.

Venezuela no está tranquila con la evolución de Pedro Sánchez. Es verdad que el presidente español ha pactado con Podemos, un partido en el que se encuentra buena parte de las personas que colaboraron activamente con el chavismo en su época en la Fundación CEPS. Colaboraron y cobraron.

Las visitas a Venezuela, Ecuador o Bolivia de Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa o Íñigo Errejón fueron habituales de la mano de esta fundación. Y su implicación en el apoyo al populismo ha sido más que notoria. Y todo ello está siendo ya investigado por el Tribunal Supremo de Venezuela en el exilio, por la Fiscalía de Bolivia y hasta se ha presentado ya por parte de Vox una denuncia por la financiación de Podemos ante la Fiscalía Anticorrupción.

El propio PSOE ha incorporado a su programa buena parte de las exigencias de gasto y políticas de Podemos. Pero eso no es suficiente para Venezuela ni para Delcy Rodríguez.

Las pasadas Navidades registraron un intento de entrada de agentes españoles en la residencia de la embajadora mexicana en La Paz. El objetivo era el de sacar a dos ex ministros de Evo Morales de ese refugio -donde se habían cobijado para eludir la acción de la Justicia boliviana-. Los dos en cuestión eran los ex ministros Quintana y Arce (de Presidencia y Justicia), y ayudarle a salir de su refugio sin ser entregados a la Justicia de Bolivia es algo que va en contra de los intereses de este país y de EEUU, que analizan el papel de ambos en la narcodictadura boliviana.

Pero desde Venezuela observaron el capítulo con más escepticismo que el que muchos valoraron en un primer momento. Esa intentona de entrada evidentemente buscaba hacer un favor inmediato a Podemos porque tanto Quintana como Arce tienen información sobre los pagos realizados por Evo Morales a la formación morada. Pero Maduro no tiene tan claro que la pretendida incursión de agentes españoles no buscase un segundo objetivo: quedarse con la información que puede hacer daño a Podemos para usarla por los socialistas en el momento en el que ya no sea tan necesario Pablo Iglesias -con la Ley de Presupuestos ya aprobada y constatada la obvia imposibilidad casi absoluta de que pueda triunfar una moción de censura contra Pedro Sánchez-.

Y Delcy Rodríguez ha preferido decir en primera persona al Gobierno que espera que eso no ocurra, que no haya fuego ‘amigo’ contra Podemos. Y que, en caso contrario, el régimen de Maduro también podrá sacar determinada información que puede tener de operaciones pasadas o adoptar determinadas respuestas.

La vicepresidenta del dictador populista también quería recordar un segundo punto: que no aceptan el reconocimiento por España de Juan Guaidó como presidente de Venezuela y que, por lo tanto, esperaban en ese momento que Sánchez cumpliese con lo dicho: que no habría recepción a Guaidó con el protocolo debido a un presidente. Tal y como ha ocurrido.

Sobre Venezuela

España tiene que recobrar el predicamento que ha perdido entre las naciones hispánicas
Juan Manuel de Prada ABC 27 Enero 2020

Ya hemos escrito que el doctor Sánchez es el auténtico «hombre sin atributos», un no-lugar anegado por el vacío. No debe extrañarnos, pues, que primeramente reconociese como presidente de Venezuela a Guaidó y que ahora se niegue a recibirlo. Ni siquiera se trata del birlibirloque más demencial del personaje, que -por ejemplo- prometió antes de las elecciones que reformaría el Código Penal para introducir el delito de referéndum ilegal y ahora ha prometido una «consulta» a quienes convocaron uno, a la que vez que con una reforma del Código Penal se dispone a sacarlos de la cárcel.

Pero las contradicciones de esa nada devoradora que es el doctor Sánchez no deben obnubilarnos y hacernos aplaudir, como pretenden las dinámicas de la demogresca, la pantomima que ayer se celebró en torno al visitante Guaidó, que no es el presidente de Venezuela, por mucho voluntarismo y fervor ideológico que algunos quieran ponerle (como, por ejemplo, en los años cuarenta el gobierno de España no era el gobierno de la República en el exilio). Y entiendo perfectamente que Maduro pueda provocar una profundísima aversión, como bolivariano que es; pero sospecho que quienes más lo odian son otros hijos de Bolívar (o de su hermano en la cofradía del mandil George Washinton) cuyo único problema con Maduro es que no les reparte beneficios. Maduro es el presidente de Venezuela, todo lo malo que queramos; pero podría ser tan pésimo que no vacile en desatar una guerra contra quienes tratan de derrocarlo. Y sospecho que muchos de los que tratan de derrocarlo están deseando que tal guerra se desate, para que intervengan los hijos de Washington. Pero quien ame a Venezuela, en lugar de aplaudir pantomimas, debería preocuparse por encontrar el modo de hacer del malísimo Maduro alguien menos malo, influyendo en él hasta conseguir que haga algo bueno, aunque sea a regañadientes, en beneficio de Venezuela.

Para lograr esto, España tiene que recobrar el predicamento que ha perdido entre las naciones hispánicas. Pero tal predimento no se recupera suscribiendo las sanciones que imponen los gringos o sus colonias de la Unión Europea, sino estableciendo una política distintiva, en donde España pueda ejercer un ascendiente efectivo y duradero. Escribir cosas tan elementales y en sintonía con el pensamiento tradicional español sirve para que los fanáticos que sólo anhelan el derrocamiento de Maduro, sin importales los estropicios que se puedan originar, lo tachen a uno de podemita. Por eso hoy queremos concluir este artículo con las líneas que ABC publicó allá por 1964, después de que el buque mercante español «Sierra Aránzazu» fuese hundido por los gringos (y tres tripulantes muriesen víctimas del ataque), por tratar de llevar alimentos a la Cuba de Fidel Castro, burlando el injusto embargo decretado por los Estados Unidos: «¿Es que no está claro que España tiene con Hispanoamerica una antigua, permanente, absolutamente irrompible relación que se mantiene por encima de cualquier avatar político, incluso de aquellos que nos son impropicios; que resiste las mutaciones de regímenes y gobiernos, sean favorables o no, porque se basa en un hondo, entrañable lazo humano con los pueblos hermanos de América y con los españoles de allá? Esta relación no puede someterse a juicios ideológicos o a esquemas de política inmediata. O se entiende como un asunto de familia -de una familia a la que España no quiere renunciar en ninguno de sus miembros-, o no se entiende en absoluto».

Sorprende que algo que se entendía con naturalidad en pleno franquismo no lo entienda la derecha española, infiltrada por los hijos de Bolívar y Washington, en 2020.

Venir para quedarse
Gabriel Albiac ABC 27 Enero 2020

No escandaliza que un político mienta: sea de la ideología que sea. Ni que delinca: hágalo bajo unas siglas u otras. La mentira es la política. Y el delito. Bajo máscara filantrópica. Eso enseña Maquiavelo.

¿Mintió Ábalos? Sí. ¿Delinquió? Está por demostrar. Pero no es esto lo más grave en la comedia de enredos que se juega entre el dictador Maduro y los dos que, en la Moncloa, buscan tejer las claves de un poder no compartido. Las mentiras de Ábalos no son más clamorosas que la mentira de la tesis doctoral de Sánchez. O que sus insomnios. Ni acoger a una archipámpana chavista, sobre la cual caía la prohibición formal de pisar el territorio de la UE, sería un delito más grave que el de avenirse a concertar acuerdos con un presidente autonómico inhabilitado por el Supremo. Todos mienten, todos delinquen. Cuando pueden. La clave está en hacerlo como quien rinde servicio a la ciudadanía. «Ábalos trató de evitar una crisis diplomática y lo logró»: Doctor Sánchez dixit. Que me lo condecoren. Son futesas de lo más común en política. Si no movieran a asco, moverían a risa.

Pero hay algo, esto sí, de verdad grave. La afirmación brutal del vicepresidente: «Vine para quedarme». ¿Sospecha, al menos, al decirlo, hasta qué punto esa fórmula encanalla la función que él, transitoriamente, representa? Porque la democracia es, ante todo, la transitoriedad estricta en el ejercicio del poder. De todas las indignidades asumidas por el vicepresidente, «vine para quedarme» es la más ofensiva. Nadie viene al poder «para quedarse». Salvo aquel en cuya cabeza giran los automáticos engranajes mentales de los despotismos. Franco vino para quedarse. Para quedarse llegaron Castro, Chávez... El que se quiere perpetuo, se adentra en un territorio salvaje. Y peligroso.

Representar es avatar transitorio en la vida de un ciudadano. Que no viene «para quedarse» en ningún sitio, porque tiene ya su sitio en la vida profesional y privada. Y la política no puede ser, en un sujeto que a sí mismo se respete, un oficio. Es un servicio. Transitorio. No se viene a ella para vivir en ella y de ella. Por eso es tan peligroso que los donnadies alcancen el poder. De la nada social al alto beneficio que proporciona el cargo público, hay un abismo vertiginoso. Quien haya conseguido dar ese gran salto promocional del cero al infinito, matará antes de tolerar el retorno a un origen precario que ahora se le hace odioso. «Vine para quedarme».

Delcy Rodríguez era un doble riesgo para esa perpetuidad. Por un lado, Podemos ve avanzar el riesgo de que, después de Bolivia, una Venezuela no chavista pudiera desvelar el origen misterioso de sus finanzas. Por el otro, el PSOE tiene una vía de agua peligrosísima en el no menos misterioso juego de Zapatero en la corte de Maduro. El chantaje que la extraña viajera podía ejercer era dual: las cuentas de Iglesias, las cuentas de Zapatero. Cruciales ante el horizonte de una acechante noche de los cuchillos largos. Y la eternidad va a jugarse en ella.

Delcygate
Lo peor de ciertos escándalos de perfil turbio es que no se pueden explicar sin que afloren asuntos aún más oscuros
Ignacio Camacho ABC 27 Enero 2020

Hay algo peor que tratar de explicar un escándalo opaco, y es que bajo la oscuridad haya asuntos aún más turbios y más difíciles de justificar que el propio escándalo. Quizá por eso el Gobierno prefiera aguantar unos días el inevitable alboroto del Delcygate -ya soltará alguna liebre de distracción el aparato de propaganda- antes que revelar detalles que lo dejen en situación aún más desairada. Nada bueno puede salir de ese encuentro nocturno y semifurtivo en Barajas; salga lo que salga alguien va a quedar en posición poco grata. Ábalos, que ya lo está, Sánchez, Marlaska, Zapatero o Iglesias con sus peligrosas conexiones venezolanas. La ocultación y/o la mentira simple y llana siempre resultarán más rentables y menos comprometedoras que la verdad desnuda y descalza, y al fin y al cabo el ministro es uno de esos hombres de confianza dispuestos a comerse cualquier marrón para sacar a su jefe de una tesitura complicada. Los ajedrecistas -como Redondo- llaman zugzwang a esta clase de circunstancias en la que el jugador se ve envuelto en una trampa porque cualquier pieza que mueva lo deja en desventaja. Es un lose-lose, perder o perder, una elección inexorablemente autolesiva, desfavorable, aciaga.

Si Ábalos fue a deshacer un lío que había montado ZP, malo. Si la escala de la vicepresidenta de Maduro tenía que ver con Podemos, peor. Si estaba por medio la visita de Guaidó a Madrid, catastrófico. En cualquiera de los casos, el criterio común de la Unión Europea -defendido oficialmente por Borrell, para mayor escarnio- quedaba desautorizado. Y Sánchez, en entredicho tanto si se hallaba al margen como si sabía algo. Puenteado en su autoridad o colaborador necesario de una posible ilegalidad o, como mínimo, de un desafío diplomático. Con la evidencia añadida del mecenazgo que su principal aliado recibió del régimen bolivariano, y la sospecha por parte de Iglesias de que el ministro fuese enviado a buscar material comprometedor con el que presionarlo. De una manera o de otra, el Gabinete aparece enredado en una operación clandestina de la que no puede sacar más que estragos. Una crisis en la que se ha metido solo, un pantano en el que mientras más chapotee más se hunde en el fango. Una bicoca inesperada para la oposición… si ésta fuese capaz de encontrar sus propias fuentes de datos.

Lo más probable es que Moncloa aplique el manual escapista. Maniobras de atención alternativa y apelaciones a la necesidad de cerrar filas contra el acoso de la derecha y de la prensa crítica. El clásico enroque victimista de quien no tiene mejor salida. Pero el affaire dejará secuelas, y acaso las que más preocupen a Sánchez sean las que afectan a la correlación interna de fuerzas. Porque, como él mismo dijo, Podemos lleva a cuestas sus vínculos con Venezuela y porque allá donde ande por medio Zapatero acaban brotando más pronto o más tarde los problemas.

La mentira en la política española
Pedro de Tena Libertad Digital 27 Enero 2020

Si los partidos, todos o algunos, no quieren que se regule sobre la mentira, hagámoslo posible desde la resistencia democrática de la sociedad civil española.

Que los hombres mentimos, se sabe siempre, desde Caín y Ulises a Pinocho y a Pedro Sánchez (hay una breve historia de la mentira que lo narra). De no ser algo tan obvio, ¿por qué entre los diez mandamientos de la ley mosaica y del cristianismo se iba a incluir el deber de no decir falso testimonio mi mentir? Exactamente. Es que estamos inclinados a hacerlo y ello puede perjudicar la convivencia en determinados campos.

Somos los únicos seres vivos que podemos mentir para obtener ventajas sobre otros seres vivos con los que coincidimos en un espacio vital. Un perro no miente, ni un león, ni un piojo. Hacen lo que tienen que hacer y pueden hacer. Las personas, no. Hacemos lo que queremos y podemos, aunque lo que queramos no podamos preferirlo del todo como tronó Schopenhauer. Esto es, ante cualquier circunstancia, una persona puede mentir o no mentir, lo que nos hace seres extraordinarios en una naturaleza regida por leyes con las que pueden predecirse y producirse sucesos. Kant ya se admiraba de su conciencia moral libre frente al cielo estrellado y forzoso.

En este asunto no cabe hipocresía ni debate estético sobre su decadencia. En la guerra se miente todo lo que se puede. En la vida también, en la vida familiar, económica, técnica, política e incluso la cultural (¿acaso un plagio no es una mentira?) y científica. Ni Galileo ni Newton ni muchos otros científicos relevantes estuvieron libres de conductas poco honestas.

Pero hay al menos dos esferas de la vida pública donde el interés general de los ciudadanos exige que no se mienta: en el comercio y en la política. Para comprar un producto o comprar un programa político necesitamos estar suficientemente seguros de que lo se nos vende es lo contratado, esto es, que se ajusta a lo prometido como objeto de consumo o como acción de gobierno.

En el caso de comercio, la sanísima competencia está obligando a que, de incumplirse las condiciones del contrato, haya consecuencias: se devuelve el producto, se recupera el dinero o se denuncia ante los tribunales. Pero en el caso de la política, nada de esto sucede, aunque está en juego algo mucho más importante como es el destino de la comunidad en la que se convive y el uso del dinero público. Aunque se supone que un político demócrata cogido en una burda mentira debería dimitir, y algunos dimiten, la mayoría no lo hace nunca. El caso de España se está convirtiendo en escandaloso. Un presidente miente en su currículo académico y miente durante su campaña electoral insistiendo en que no hará lo que no tardó en hacer ni dos días cuando fue elegido por unos ciudadanos a los que engañó. Uno de sus ministros, ese que dice que a él no lo echa nadie, ha mentido varias veces seguidas en un día. Oigan y ahí siguen ambos.

La mentira en la política nos afecta de manera muy directa. Si alguien pide nuestro voto diciendo que no pactará jamás, por eso del insomnio, con los comunistas ni con los separatistas ni con los terroristas y luego lo hace, su elección no puede ser válida y alguien debería tener el poder de denunciarlo de oficio como alguien debería tener el poder de decidir la convocatoria de nuevas elecciones a las que el mentiroso no pueda presentarse.

Del mismo modo, los programas electorales deben ser considerados como los prospectos de los medicamentos o los contratos de compraventa, no algo que se hace para no cumplirse como autobiografió el cínico Tierno Galván. Si Pedro Sánchez se hubiera anunciado como un antibiótico, la salud de muchos usuarios habría empeorado o algo más grave.

Esto es, necesitamos que la democracia española dé un paso político contra la mentira, incluido el perjurio judicial, hoy casi gratis. Pero para ello es necesario que alguien proponga que la Fiscalía General del Estado y las presidencias de los tribunales más importantes del Reino (seguramente también el Defensor del Pueblo) sean elegidos directamente por los ciudadanos. Además, hay que incluir la mentira como causa de dimisión forzosa en el lugar que proceda del ordenamiento jurídico. En la Constitución, se recoge el derecho a recibir "información veraz por cualquier medio de difusión". ¿Y no son los partidos medios de difusión de información? Si mienten conculcan los derechos ciudadanos y deben pagar por ello.

Si los partidos, todos o algunos, no quieren que se regule sobre la mentira, hagámoslo posible desde la resistencia democrática de la sociedad civil española.

Auschwitz: el recuerdo no basta
Margaritis Schinas ABC 27 Enero 2020

Menos de un kilómetro separan la entrada principal del complejo y el monumento conmemorativo internacional del campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau, apenas hay un kilómetro. Una distancia que los visitantes pueden recorrer en tan solo diez minutos. Y que, sin embargo, resulta estremecedora.

Con cada paso que se da por esas vías férreas que condujeron hacia una muerte horrible a más de un millón de hombres, mujeres y niños, se sobrecoge el ánimo por el devastador fracaso de la humanidad al no haber impedido el exterminio masivo de inocentes a tal escala, y por la gran responsabilidad que sobre todos nosotros recae: asegurarnos de que nunca vuelva a suceder. Reza sobre el monumento un severo recordatorio: «Que este lugar sea por siempre para la humanidad un alarido de la desesperación y una advertencia».

Este año se celebra el 75.º aniversario de la liberación de Auschwitz. En Europa y fuera de ella se están organizando multitud de actos conmemorativos: es una ocasión señalada para rendir homenaje a los seis millones de judíos y demás víctimas que murieron a manos del régimen nazi por razón de su etnia, su identidad o sus creencias.

Una ocasión para decir: no olvidamos. Sin embargo, no basta con recordar. El 23 de enero, en el quinto Foro Mundial del Holocausto celebrado en Jerusalén, los presidentes de la Comisión Europea, el Consejo Europeo y el Parlamento Europeo enviaron un mensaje rotundo: «Todos los Estados miembros de la Unión Europea se mantienen unánimes en su determinación de que ninguna forma de racismo, antisemitismo y odio tenga cabida en Europa; haremos todo lo que sea necesario para combatirlas».

Sin embargo, los incidentes antisemitas van, lamentablemente, en aumento. En una encuesta reciente realizada a judíos europeos, uno de cada tres declaró haber sido víctima de acoso cuando vestía o exhibía públicamente objetos con los que se le podía identificar como judío.

Los tiroteos en Halle y Bruselas nos recuerdan implacablemente que, 75 años después del Holocausto, el antisemitismo sigue cobrándose vidas y poniendo en jaque el tejido mismo de nuestras sociedades. Cuando un hombre abre fuego en una sinagoga en la fiesta de Yom Kipur, no estamos solo ante un atentado contra la comunidad judía. Se trata de un atentado contra todos nosotros. Contra nuestros valores y principios fundamentales. Contra la unidad, la diversidad y la cohesión de nuestras sociedades. Contra todo lo que constituye nuestro modo de vida europeo.

Como tesalonicense, sé bien cuán inmensa ha sido la aportación de la cultura judía a nuestro patrimonio europeo, y conozco demasiado bien las estremecedoras secuelas del Holocausto en una ciudad que fue un próspero enclave judío sefardí, conocido como «Madre de Israel» por su comunidad ladino parlante.

Bajo mi responsabilidad, la Comisión Europea ha formado un nuevo equipo especializado en la lucha contra el antisemitismo, con el fin de reforzar y coordinar los esfuerzos de todos los Estados miembros para el desarrollo de estrategias nacionales que abarquen la lucha contra los delitos de odio y de incitación al odio, la protección y la integración de las comunidades judías, la educación y la sensibilización.

La seguridad sigue siendo la mayor preocupación de las comunidades judías. Estamos ultimando la Unión de la Seguridad. Queremos una Unión en la que todos los europeos se sientan seguros y protegidos, independientemente de su fe, su origen o su lugar de residencia. Seguiremos apoyando las medidas de los Estados miembros para prevenir la radicalización, combatir la incitación al odio en línea y garantizar la seguridad física de las comunidades judías.

En paralelo, debemos intensificar nuestros esfuerzos en el ámbito de la educación, que es la herramienta más poderosa de la que disponemos para prevenir a largo plazo los incidentes antisemitas. Debemos educar a nuestros hijos, informar a nuestros ciudadanos y formar a nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad y al personal de la administración de justicia sobre la Shoá y sobre las formas modernas de antisemitismo. Contar con un plan educativo ambicioso e inclusivo y escuelas que lo apliquen adecuadamente puede ser un factor fundamental para cambiar las percepciones y las actitudes.

Y, por último, tenemos que reconocer que el antisemitismo no es solo un problema europeo, sino que requiere una respuesta global y, con este fin, la Unión Europea debe aunar fuerzas con todos los países y organizaciones internacionales dispuestos a defender los derechos humanos, nuestros valores de igualdad, pluralismo, diversidad y las libertades de religión y de expresión.

Hoy, junto con los supervivientes del Holocausto y líderes políticos de todo el mundo, recorreré a pie la distancia entre la puerta de la muerte y el monumento de Birkenau, para honrar, en nombre de la Unión Europea, a quienes allí murieron y a los millones más que han sufrido y siguen estando amenazados por el azote del antisemitismo.

Es nuestro deber.

No solo recordar, sino también no callarnos y actuar.
=============================================
Margaritis Schinas es el vicepresidente de la Comisión Europea para la Promoción de nuestro Modo de Vida

‘Homo homini lupus’
Gabriel Moris Libertad Digital 27 Enero 2020

El hombre es un lobo para el hombre. A algunos esta frase les recordará a Plauto, a Hobbes o a algún otro de los pensadores que a lo largo de la historia han abordado este tema. Séneca, en cambio, dijo que "el hombre es algo sagrado para el hombre". Mi intención al elegir el título es analizar un caso real, en el que el hombre ha actuado así para con sus semejantes.

Si observamos la variada serie de documentales con que nos ilustran en algunas cadenas de televisión sobre la fauna mundial, podemos descubrir que en la inmensa mayoría de las especies animales –depredadoras incluidas– existe un respeto total, incluso una defensa frente a los agresores, entre los miembros de la misma especie. Podemos incluir al lobo entre los que así se comportan.

En la Biblia encontramos numerosos casos en que el hombre agrede e incluso mata a sus semejantes. Caín es un caso paradigmático de este comportamiento.

Para no alejarnos de la actualidad, propongo centrarnos en un caso muy presente y doloroso, al menos para los que lo padecemos desde hace ya casi dieciséis años: las matanzas humanas en los trenes de Cercanías. ¿Alguien imagina algo similar entre lobos, hienas o incluso entre buitres? Lo más que hacen entre ellos es disputar un trozo del botín, pero para procurarse el alimento son aliados incondicionales. No creo que el 11-M fuera concebido como modus vivendi para los que lo planificaron, lo ejecutaron y aún hoy lo siguen ocultando. Ello no impide que algunos hayan encontrado en él, hasta hoy, una forma de satisfacer sus apetitos más ruines o sus inseguridades. ¿Sigue en vigor la pregunta cui prodest?

Lo cierto y verdad es que, pasados dieciséis años, nos dirigimos con paso firme hacia la prescripción de un delito que, siendo declarado de lesa humanidad, no sólo no prescribiría sino que podría ser juzgado por la Corte Penal Internacional de La Haya. Esta vía podría devolver un hálito de esperanza a las víctimas y a todo el que sienta que estos crímenes están pendientes, contra toda ley y toda lógica. Igual los autores y los que impiden que aflore la verdad no comulgan con esta idea y siguen el camino que tan buen resultado les ha dado hasta hoy. Europa ha sufrido atentados terroristas en pleno siglo XXI, pero creo que ni en gravedad, ni en su investigación y tratamiento, hay un solo caso equiparable. En esto, como en otras disciplinas, también somos campeones entre las democracias europeas.

No en vano la UE declaró el Once de Marzo día europeo de las víctimas del terrorismo.

Algunas frases de personas públicas pueden ayudarnos a la reflexión sobre este olvidado macrocrimen:

– "España se merece un Gobierno que no le mienta". Desde marzo de 2004, todos los Gobiernos y las instituciones han ocultado la verdad del 11-M.

– El juez Gómez Bermúdez: "Hay cosas tan graves que es mejor que no se sepan". Respuesta a la interpelación sobre la autoría intelectual de los atentados por Inma Castilla de Cortázar, a la sazón presidenta del Foro de Ermua.

El 31 de octubre de 2007, después de dictada la sentencia por el ponente, el Sr. Rajoy, jefe de la oposición, manifestó que esta era la primera sentencia, pero que se seguiría investigando hasta que se conociera toda la verdad. Nada de esto se hizo durante sus legislaturas con mayoría.

– "Mataron inocentes por oscuros objetivos de poder", frase de monseñor Rouco en el funeral de Estado del décimo aniversario del 11-M.

Después de lo que antecede, resulta nauseabundo el silencio de los que proponen leyes contra el maltrato animal olvidando los crímenes a personas, mientras rinden homenajes a los agentes del terror.

Hace casi dos mil años, nuestro Séneca, con su gran lucidez mental, afirmó: "El hombre es algo sagrado para el hombre". Hoy no está en vigor.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

No ceder al chantaje del PNV
Editorial El Mundo 27 Enero 2020

EL PNV no está dispuesto a dejar pasar la oportunidad para ampliar sus competencias que le brinda uno de los gobiernos más débiles e hipotecados de la democracia

Por eso, consciente de que el PSOE volverá a necesitar su apoyo parlamentario para la aprobación de los Presupuestos, el consejero de Hacienda y Economía del Gobierno vasco, Pedro Azpiazu, se apresuró a recordar públicamente al Ejecutivo socialista que están dispuestos a exigir la transferencia de las pensiones, una demanda que llevan esperando "desde hace 40 años", en referencia al contenido del artículo 18 del Estatuto de Guernica de 1979, donde se recoge esta aspiración. El PNV no oculta que su objetivo último sería la creación de una Seguridad Social vasca, lo que de facto lo convertiría en un Estado casi independiente. Pero también sabe que la caja única de la Seguridad Social está garantizada constitucionalmente. Su aspiración, por lo tanto, se limita en un primer momento a exigir la capacidad de abonar las pensiones y tener oficinas propias, lo que significaría un paso previo a la creación de un organismo vasco. El Gobierno no puede ceder al chantaje nacionalista. La ministra de política Territorial y Función Pública, Carolina Darias, debe dejar claro al PNV cuando se reúna con ellos en los próximos días que ese objetivo es claramente inconstitucional. Como también lo es la cesión de las competencias penitenciarias, el otro punto fuerte que exigirán los nacionalistas vascos al PSOE.

Se trata, esta última, de una vieja demanda nacionalista. No sólo del PNV. También, de la izquierda abertzale y la propia ETA, ya que la gestión de los tres centros penitenciarios vascos es parte de la política antiterrorista. Sin embargo, pese a que los etarras han dejado de matar, no existe de momento el necesario consenso constitucional para llevarlo a cabo. Además, visto el precedente de Lledoners, donde la Generalitat está interfiriendo políticamente de forma descarada para favorecer a los condenados por el golpe del 1-O, no cabe duda de que el PNV haría el mismo uso interesado de una política que sólo corresponde a planificar y ejecutar al Gobierno.

Mutis con dinamita
Luis Herrero Libertad Digital 27 Enero 2020

¿Y si Sánchez se libra de la negociación bilateral con el gobierno catalán? Puigdemont ansía reventar el trabajo de Junqueras y ahora tiene la oportunidad.

¿Y si a Sánchez le salvara la campana y la flor que tiene en el culo le permitiera sortear el calvario de la negociación bilateral de Gobierno a Govern que comprometió con ERC a cambio de la investidura? En el firmamento la la política catalana empieza a vislumbrarse una conjunción astral que puede hacerlo posible. Puigdemont está empeñado en reventar el trabajo de Junqueras en pro de la mesa de diálogo y la aprobación de los primeros presupuestos autonómicos en tres años y ahora tiene la ocasión de conseguirlo. Puede hacerlo de dos formas: o consiguiendo que el Parlament desoiga el requerimiento de la Junta Electoral, avalado por el Tribunal Supremo, de desposeer a Torra de su acta de diputado, o propiciando de una vez por todas el adelanto electoral. Los dos caminos llevan al mismo sitio.

El secretario general del Parlament debe remitir en las próximas horas a la Junta Provincial de Barcelona la credencial del sustituto de Torra en el escaño. Si no lo hace, todas las decisiones que adopte la Cámara catalana a partir de ahora —incluida la tramitación presupuestaria— acabarán siendo invalidadas y, a más a más, los miembros de la Mesa que secunden la desobediencia sumarán sus nombres a una nueva querella. Conclusión: Torrent terminará inhabilitado y Aragonés convertirá en melancólico su esfuerzo negociador con los comunes para sacar adelante los presupuestos. ¿Estará dispuesta ERC a pagar tan alto precio por salvar la condición parlamentaria de Torra? El problema es que, si no lo hace, permitirá que Puigdemont esgrima en solitario la bandera de la defensa de las instituciones catalanas y el horizonte electoral de Junqueras se tornará más sombrío. ¿De verdad estaría dispuesto a negociar con el Estado represor que ha desposeído al Molt Honorable del acta de diputado que le otorgaron las urnas?

El otro camino para aguarle la fiesta a ERC es disolver el Parlament. Antes de que Torra pierda su escaño, mejor que lo pierdan todos. El fantasma de la convocatoria electoral inmediata ha vuelto a pasearse de nuevo durante este fin de semana por las galerías de la política catalana. Hay quien piensa, de hecho, que el acto de Puigdemont en Perpiñán, previsto para el miércoles que viene, será el primer acto de campaña. La disolución, en caso de producirse, frustraría la aprobación de los Presupuestos y mandaría la mesa de diálogo al limbo del escenario post electoral. ¿Se atreverá JxCat a dar ese paso? El debate interno, según mis espías paraguayos, es muy intenso. Por una parte no están dispuestos a permitir bajo ningún concepto que Torra deje de ser diputado, pero por otra necesitan tiempo para vestir su apuesta ante el electorado.

Por eso no es descartable que las fuerzas independentistas se pongan de acuerdo este lunes, en la Mesa del Parlament, para alumbrar una solución dilatoria. En el orden del día del pleno sólo hay un punto que requiere votación, los Presupuestos de la Cámara. Una simple retirada de la iniciativa retrasaría unos días la crisis y les daría el tiempo que necesitan para ver cómo salen del paso. El principal problema es que, mientras tanto, el calendario de acontecimientos previstos juega en su contra. Esta semana están citados en el Tribunal de Cuentas todos los miembros del Govern y los altos cargos —Josep María Jové incluido— que planificaron el referéndum ilegal del 1 de octubre. Se les reclaman entre 3 y 4 millones de fianza.

Sobre casi todos ellos pesan, además, imputaciones por delitos de malversación, desobediencia, falsedad documental, revelación de secretos y prevaricación. Su horizonte penal es horrendo. Solo por la malversación podrían caerles ocho años de carcel. ¿De qué les sirve a ellos la rebaja en las penas de sedición que ha puesto Sánchez encima de la mesa como gesto de buena voluntad para allanar el camino del pretendido diálogo? Es seguro que, estas circunstancias, Torra acudirá a la entrevista con Sánchez dispuesto a hacer un mutis grandioso. Su inhabilitación definitiva es cosa de pocos meses. ¿Qué mejor despedida que dinamitar la mesa de diálogo que ERC negoció con el PSOE en contra de su voluntad?

Director de En Casa de Herrero y Cowboys de Medianoche y tertuliano de Es la Mañana de Federico y Fútbol es Radio.

 


Recortes de Prensa   Página Inicial